Kon
en la mitología inca era el dios de la lluvia y el viento que venía del sur, hijo de los dioses Inti y Mama
Quilla.
Leyenda del dios Kon[editar]
Kon era un dios antiguo que pobló la tierra de seres humanos y les brindó agua y frutos; salía de entre las
montañas y la gente siempre esperaba su llegada ya que con él venían las lluvias para la prosperidad de sus
tierras de cultivo; pero los humanos se olvidaron pronto de las ofrendas que debían darle por ser el creador.
Entonces Kon los castigó quitándoles las lluvias y transformando las fértiles tierras en los inmensos desiertos de
la costa. Kon solo dejó algunos ríos para que con mucho esfuerzo y trabajo los humanos puedan subsistir.
El dios Kon fue el creador de esa primera generación de hombres que poblaron la tierra; pero un día fue
vencido por el dios Pachacámac quien los convirtió en monos, zorros y lagartos para luego crear una nueva
generación de seres humanos. Kon era considerado el dios creador del mundo por culturas de la costa
peruana como Paracas y Nazca, que lo representaban volando con máscaras felinas y portando alimentos,
cabezas trofeo y un báculo; o bien con su cabeza y ojos prominentes por lo que también es conocido como el
"dios oculado".
Apareció por el mar, desde el Sur, no tenía huesos ni carne, sin embargo su forma era humana. Andaba mucho
y ligero, como hijo del Sol recorría las sierras y valles solamente con la voluntad y su palabra. Crea el mundo, lo
puebla con seres humanos a los que provee de abundante agua y frutos.
Desde las tierras del Norte llegaría Pachacámac, también hijo del Sol, desterrando a Kon y destruyendo su
creación, para hacer una nueva generación de hombres y proveerlos de cuantas cosas tienen.
El cronista novohispano Pedro Gutiérrez de Santa Clara (1521 ~ 1563) escribió:
"Cuentan los indios muy viejos, que lo oyeron de sus antepasados, que el primer dios que hubo en la tierra fue llamado
Cons (Kon), el cual formó el cielo, la luna, estrellas y la tierra, con todos los animales y todo lo demás que hay en ella. Y
formó con su resuello todos los indios y los animales terrestres y aves celestes y muchos árboles y plantas. Y que después
de esto se fue a la mar y que anduvo a pie enjuto sobre ella, y sobre los ríos, y que crió todos los peces que hay, con su
sola palabra, y que hizo otras cosas maravillosas, que después se fue de esta tierra y se subió al cielo".
Tiempo después, llegó a la tierra otro dios, "más poderoso que Cons", llamado Pachacámac, que quiere decir "hacedor del
mundo o reformador, el cual destruyó todo lo que había hecho Cons. A los indios que Cons había creado los convirtió en
simios o monas, y los envió a vivir a los Andes y a los valles que hay por allí". Pero, misericordioso, Pachacámac creó a
otros hombres "y muchas indias muy hermosas", "así en la serranía como en los llanos". Los que poblaron la serranía,
hallaron una tierra "fresca", por haber salido recién del diluvio.
La versión mitológica de la creación está caracterizada por dos dioses que actúan sucesivamente, hay dos
creaciones la de Kon y la de Pachacámac que resulta definitiva; habiéndose retirado ambos, el Sol y la Luna -
presentes todos los días- quedaron como dioses principales, pero no en calidad de creadores. El mito además
parece indicar dos corrientes civilizadoras, la primera que llega del mar por el Sur (Kon) y la segunda, desde el
Norte representada por Pachacámac, que ganó la confrontación.
EL DIOS KON
JUNE 25, 2015 SECRETOSENLAHISTORIA LEAVE A COMMENT
Kon es un antiguo dios costero de la mitología peruana, adorado por culturas como Paracas y Nazca.
Hijo del sol que fue el creador del mundo, dios volador sin huesos ni carne, pero tenía forma humana, era
rápido e intrépido. En el principio. Kon creó el mundo y pobló las tierras bajas cercanas al mar con variedad
de plantas y animales. Brindó agua y frutos a sus hijos los humanos sin que sientan la necesidad de trabajar
su tierra.
Mientras pasaba el tiempo, sus criaturas se olvidaron de su creador, le dejaron de obsequiar ofrendas ya que
llegaron a sentirse auto suficientes. Al ver esto, Kon amenazó con castigarlos, pero los humanos dejaron de
temerle, entonces el dios los castigó quitándoles las lluvias y transformando las tierras fértiles en inmensos
desiertos costeños, dejando sólo algunos ríos para que con esfuerzo pudieran subsistir.
Habitantes de la costa REPORT THIS AD
Los habitantes empezaron a morir, cuando Chaklla, un rey del valle del Mantaro que decidió sacrificarse por
todos, subió hasta la parte más alta de una coordillera en Ticlio y pidió que lo enterraran dejando un pequeño
agujero por donde correrían sus lágrimas, que posteriormente formarían el río Mamaq, ahora llamado el Río
Rímac. Su amada, la princesa Kisa, subió hasta el pico de la coordillera de San Pedro de Cata y de la misma
manera rogó que le pasara lo mismo que a Chaklla, sus lágrimas formaron el río Santa Eulalia que al
converger en un punto con el Río Rímac pudo volver fértil otra vez el valle de Lima.
Desde las tierras del sur llegó Pachacámac, también hijo del Sol, desterró a Kon y destruyó su creación para
hacer una nueva generación de hombres y proveerlos de todo lo que necesitaban.
Dios Pachacamac
El cronista mexicano de las guerras civiles del Perú, Pedro Gutiérrez de Santa Clara (1521 -1563) escribió:
Tiempo después, llegó a la tierra otro dios, más poderoso que Cons, llamado
Pachacámac, que quiere decir hacedor del mundo o reformador, el cual
destruyó todo lo que había hecho Cons. A los indios que Cons había creado
los convirtió en simios o monas, y los envió a vivir a los Andes y a los
valles que hay por allí. Pero, misericordioso, Pachacámac creó a otros
hombres y muchas indias muy hermosas, así en la serranía como en los llanos.
Los que poblaron la serranía, hallaron una tierra fresca, por haber
salido recién del diluvio.
Luego de haberse retirado ambos, el Sol y la Luna, presentes todos los días, quedaron como dioses
principales pero no como creadores.
Vichama, mito y realidad
En los albores culturales andinos, una civilización pesquera y
agrícola surgió en Végueta. Un extraordinario legado
arqueológico en las afueras de Lima.
HALLAZGO. A finales del año pasado se develaron figuras antropomorfas en alto relieve en el edificio de las Cornisas.
Foto: zona arqueológica Caral
Cuenta el mito que una mujer solitaria y hambrienta –creada y abandonada por Pachacamac- desató su furia contra el Sol. El astro,
conmovido, la fecundaría con sus rayos. Cuatro días después, ella alumbraría un varón. Su nacimiento generó una serie de sucesos
relacionados al surgimiento de una civilización costera.
Y es que ese niño despertaría la cólera de Pachacamac, quien lo raptó para matarlo y despedazarlo. Al ver el desconsuelo de la
madre, el Dios enterró los restos del pequeño. Ese fue el origen de diversos frutos y alimentos. De esa manera, pensaba el asesino,
ella no volvería a pasar hambre, lo que aliviaría su dolor.
Se equivocó. Ella quería venganza y el Sol acudió en su ayuda, entonces, con el ombligo y el cordón umbilical de su hijo, crearía a
otro ser: Vichama. Después de andar por el mundo, él volvería en busca de su madre. No la encontró. Pachacamac la había
asesinado y, al enterarse del retorno del viajero, decidió sumergirse en el mar para siempre.
Los ecos del mito de Vichama aún se escuchan en Végueta (Huaura, Lima), donde se encuentra la ciudad agropesquera que lleva
el nombre de ese personaje. Erigida en el periodo del Arcaico Tardío (3000-1800 a.C.), las investigaciones han demostrado que
sus pobladores mantuvieron una relación estrecha y fructífera con Caral, la primera civilización andina.
Durante el recorrido por los 17 edificios ceremoniales de gran tamaño y las unidades residenciales del complejo, el arqueólogo
Pedro Vargas explica que la ciudad albergó a una élite gobernante que era parte de un sistema administrativo, político y social de
características regionales. De pronto esas interpretaciones se convierten en contemplación en el edificio de las Cornisas.
Aquí hay 24 personajes antropomorfos en alto relieve que participan en un baile ritual para evitar la hambruna. En el mural resalta
un sapo con manos humanas (este animal simboliza la fertilidad), y un rayo (signo de la lluvia y la bonanza). Imágenes
perdurables, al igual que el relato milenario del mito de Vichama.