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337.

7
R548m
I

UNIVERSIDAD TECNICA DE MANABI


BIBLIOTECA CENTRAL
PORTOVIFJO - ECUADOR

1
P A TR IA TECNICA

f ila d a en
fp R T O V lE ^

U T M

025124 9
Manual de Economía Ambiental
y de los Recursos Naturales
Manual de Economía Ambiental
y de los Recursos Naturales
Pere Riera
Departamento oe E conomía A plicada
U niversidad A utónoma de Barcelona
i
$

Dolores García
Departamento oe E conomía A plicada
U niversidad de las Islas Baleares

Bengt Kristrom
Departamento de E conomía F orestal
U niversidad Sueca de Ciencias A grarias

Ruñar Bránnlund
Departamento de E conomía
U niversidad de U meá (S uecia)

THOMSON
Tfs/I

Australia • Canadá • España • Estados Unidos • México • Reino Unido • Singapur


THOMSON
------------ * -------------

Manual de economía ambiental y de los recursos naturales


© Pere Riera Micaló, Dolores García Pérez, Bengt Kristróm y Ruñar Brannlund

Gerente Editorial Área Universitaria: Diseño de cubierta:


Andrés Otero Reguera Digraf

Editoras de Producción: Preimpresión:


Clara Ma de la Fuente Rojo Copibook
Consuelo García Asensio
Olga Ma Vicente Crespo Impresión:
Unigraf, S.L.
Móstoles - Madrid

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Santiago Buenos aires (Argentina) Caracas
T

Contenido

Prólogo xi
Capítulo 1. Introducción 1

1.1. La economía ambiental ................................................................ 2


1.2. El medio ambiente y la naturaleza como factores de producción 5
1.3. Los recursos naturales y ambientales como bienes de consumo . 7
1.4. Costes privados y sociales .......................................................... 9
1.5. Los límites al crecimiento .......................................................... 12
1.6. Economía ambiental y economía de los recursos naturales ....... 16
1.7. Los pesimistas, los optimistas y los economistas ambientales .. 18
Ejercicios .............................. ................................................................. 21

Capítulo 2. La asignación de recursos con efectos ambientales 23


2.1. El problema de la asignación de recursos .................................. 24
2.2. Mercados perfectamente competitivos ....................................... 29
2.2.1. Funciones de demanda .................................................. 30
2.2.2. Funciones de oferta ....................................................... 33
2.2.3. Oferta y demanda ......................................................... 36
2.2.4. Los dos teoremas del bienestar ..................................... 37
2.3. Fallos del mercado ..................................................................... 38
2.4. Externalidades ......................: .................................................... 39
2.5. Bienes públicos .......................................................................... 43
2.5.1. La tragedia de los bienes comunales ........................... 47
2.6. No convexidades ........................................................................ 49
2.7. Fallos de información ................................................................ 52
2.8. ¿Cuál es el objetivo del análisis? ............................................... 53
Ejercicios ................................................................................... : ........ 54

I
' 1

viii CONTENIDO

7.5.4. índice de Gini ............ 194


7.5.5. Otros índices ............. 198 -

7.6. Elasticidad renta de la demanda f98


Ejercicios ......................................... 201

Capítulo 8. Contabilidad ambiental ................................


8.1. Antecedentes ....................................................................
8.2. Cuentas nacionales ..........................................................
8.3. Componentes del PIB .....................................................
8.4. El PIB como medida de bienestar ...................................
8.5. Medida del PIB con aspectos ambientales ......................
8.5.1. Recursos ..............................................................
8.5.2. Servicios ambientales ..........................................
8.5.3. Recursos no renovables .......................................
8.5.4. Renta sostenible ..................................................
8.5.5. Recursos renovables ...........................................
8.5.6. Ocio .....................................................................
8.5.7. Gastos preventivos .............................................
8.5.8. Emisiones transfronterizas .................................
8.5.9. Un PIB ambiental ajustado .................................
8.5.10. La propuesta del SEEA ..... ................................
8.6. La empresa y la contabilidad verde ................................
8.6.1. Tipos de información ambiental de la empresa ..
8.6.2. Contabilidad ambiental en la empresa en Europa
Ejercicios ....................................................................................

Capítulo 9. Aspectos internacionales. Aplicaciones de teoría


de juegos ............................................................
9.1. Problemas ambientales internacionales ................................
9.2. Introducción a la teoría de juegos ........................................
9.2.1. El dilema del prisionero ..........................................
9.3. Un modelo con dos países ....................................................
9.3.1. Acuerdos bilaterales vinculantes .............................
9.4. Un modelo con muchos países ..............................................
9.4.1. Acuerdos internacionales voluntarios ......................
9.4.2. Acuerdos internacionales vinculantes ......................
9.5. Economías pequeñas y abiertas ............................................
9.5.1. Impuestos no armonizados .......................................
9.6. Comercio internacional y medio ambiente ...........................
9.7. Intereses particulares y política ambiental ...........................
Ejercicios .........................................................................................

© ITES-Paraninfo
CONTENIDO IX

Capítulo 10. Crecimiento y medio ambiente 251

10.1. Antecedentes ......................... 252


10.2. El Club de Roma .................. 255
10.3. La curva ambiental de Kuznets 257
10.4. Aplicación .............................. 265
10.5. Política ambiental, competencia y crecimiento 267
10.5.1. La hipótesis de Porter ...................... 267
10.5.2. Críticas a la hipótesis de Porter 271
Ejercicios 272

Capítulo 11. Recursos no renovables 275

11.1. Los recursos naturales 276


11.1.1. Recursos renovables y recursos no renovables 277
11.2. La demanda y la oferta de recursos naturales no renovables 278
11.2.1. La demanda de recursos no renovables ............... 278
11.2.2. La oferta de recursos no renovables ... 279
11.2.3. ¿Se agotan los recursos no renovables? 280
11.3. La asignación de un recurso no renovable a lo largo de dos periodos .. 281
11.3.1. Costes operativos de extracción nulos ................................... 281
11.3.2. Costes operativos de extracción positivos ............................ 283
11.3.3. Evolución de precios y oferta de una empresa de un recurso
no renovable ........................................................................... 286
11.4. Los precios de un recurso no renovable: la regla de Hotelling 287
11.4.1. El concepto de renta de escasez ............................ 288
11.4.2. La regla de Hotelling: la senda de precios óptima 289
11.5.- El principio de Hotelling y la eficiencia social ................. 294
11.5.1. Existencia de externalidades .................................................. 296
11.5.2. Divergencia entre las tasas de descuento privada y social ... 296
11.5.3. Información imperfecta ...................... 297
11.5.4. Mercados oligopolistas o monopolistas 297
11.6. Cambios en la senda de precios de equilibrio .. 298
11.6.1. Mejoras tecnológicas en las técnicas de extracción 298
11.6.2. Cambios en el tipo de interés ................................ 299
11.6.3. Aparición de tecnologías de sustitución ....... 300
11.6.4. Aparición de nuevos yacimientos de recursos 301
11.7. Los recursos no renovables reciclables ........................ 301
11.7.1. Extensión del periodo de explotación del recurso ................. 302
11.7.2. Competencia entre la industria extractora y la del reciclaje .. 303
11.8. Otras consideraciones ............................................................................ 305
Ejercicios .......................................................................................................... 306
>

X CONTENIDO

Capítulo 12. Recursos renovables ....................................................... 309


12.1. El problema de los recursos renovables: marco general ...................... 310
12.2. La gestión de las pesquerías: visión estática ........................................ 311
12.2.1. Explotación sostenible a lo largo del tiempo ........................ 311
12.2.2. Ingresos totales ...................................................................... 315
12.2.3. Costes totales .......................................................................... 316
12.2.4. Maximización de beneficios: la solución socialmente óptima 317
12.2.5. Gestión eficiente de la pesquería con externalidades ............ 318
12.2.6. Solución con libre entrada: el equilibrio bioeconómico ....... 320
12.3. Gestión de la pesquería a lo largo dé varios periodos ......................... 323
12.3.1. Nivel de capturas y crecimiento del recurso ......................... 323
12.3.2. Explotación óptima de la pesquería con costes de explotación
nulos ....................................................................................... 324
12.3.3. Explotación óptima de la pesquería con costes de explotación
positivos .................................................................................. 326
12.4. La regulación de las pesquerías ............................................................ 326
12.4.1. El problema de sobreexplotación .......................................... 326
12.4.2. El problema del exceso de capacidad ................................... 327
12.4.3. Los instrumentos de política pesquera ................................... 328
12.4.4. TAE y TAC ........................................................................... 329
12.4.5. Cuotas individuales transferibles ............................................ 330
12.4.6. Impuestos correctores ............................................................ 331
12.5. La gestión económica de los bosques .................................................. 332
12.5.1. El turno forestal óptimo ......................................................... 333
12.5.2. La solución biológica: el turno interno .................................. 333
12.5.3. El turno económico óptimo .................................................... 335
12.5.4. El turno económico óptimo con costes del su e lo ................... 337'
Ejercicios ........................................................................................................... 338
r

Indice analítico ................................................................................................... 341


r

Indice de nombres propios .............................................................................. 353

© ITES-Paraninfo
La fascinación por el estudio económico del medio ambiente y de los recursos
naturales parece crecer con los acontecimientos que se van desarrollando en este
siglo X X I. La evolución de los precios energéticos, los nuevos mercados de derechos
de contaminación o de emisiones, la creciente presencia de instrumentos económicos
en la legislación ambiental, son sólo algunos de los factores que contribuyen al
interés por comprender mejor lo que ocurre con nuestro entorno, y por cómo modifi­
car su gestión con el fin de aumentar nuestro bienestar.
Este libro desea contribuir a la comprensión de la economía ambiental y de la
economía de los recursos naturales desde una perspectiva académicamente rigurosa
pero al mismo tiempo asequible para personas sin conocimientos específicos previos
en economía. Ello lo hace adecuado para un público amplio, si bien el formato elegi­
do es el de libro de texto. El contenido técnico de la parte más económica es bastante
limitado, y todos los conceptos que se utilizan se explican con antelación.
La lectura del libro puede realizarse siguiendo el orden en el que se ha escrito o
bien por bloques de capítulos. La ventaja de su lectura en el orden en el que se pre­
sentan los capítulos es que los conceptos se explican a medida que aparecen, y se dan
por conocidos a medida que avanza el libro, con lo que no hay riesgo de que concep­
tos nuevos para el lector se den por sabidos.
El libro puede también abordarse por bloques sin seguir un orden predetermina­
do. El primer capítulo es de carácter introductorio, y presenta algunos conceptos bá­
sicos en economía ambiental, como por ejemplo la distinción entre costes privados y
sociales, externalidades, o el cómo la disciplina económica ha incorporado los recur­
sos naturales en su análisis. Además, ofrece una panorámica sobre cómo la economía
ha enfocado la resolución de problemas ambientales.
Los Capítulos 2, 3 y 4 tratan del tema central de la economía ambiental. En el
Capítulo 2 primeramente se analizan las consecuencias, en términos de bienestar para
t
xii PRÓLOGO

i *

la sociedad, de los daños que con nuestra actividad económica infringimos en el en­
torno. Así, se presenta el modelo de mercado perfectamente competitivo, es decir,
aquel que reúne las condiciones bajo las cuales el mercado conduce por sí mismo a la
situación ideal de máximo bienestar. A continuación se describen las situaciones am­
bientales que provocan que el equilibrio de mercado deje de ser el resultado más de­
seado. Si el Capítulo 2 describe el escenario de mercado, su bondad y sus fallos, los
Capítulos 3 y 4 tratan de los instrumentos económicos para corregir dichos fallos y
obtener en consecuencia un mayor grado de felicidad en el conjunto de la sociedad.
Así, el Capítulo 3 se centra en políticas que actúan sobre los precios, básicamente los
impuestos y las subvenciones. El siguiente, en cambio, recoge políticas ambientales
alternativas, como las basadas en la ampliación y creación de mercados, y también
los denominados acuerdos voluntarios.
Un segundo gran bloque de contenido marcadamente distinto es el constituido
por los Capítulos 5, 6 y 7. El Capítulo 5 incluye una breve discusión sobre el concep­
to de valor, y presenta los métodos de valoración llamados de preferencias reveladas;
esto es, el método de los precios hedónicos y el método del coste de viaje. El Capítu­
lo 6 se dedica exclusivamente a los métodos de preferencias declaradas, fundamen­
talmente al método de valoración contingente. En ambos capítulos las distintas técni­
cas de valoración se ilustran con aplicaciones reales. El Capítulo 7 aborda en cambio
la evaluación de las inversiones y políticas de intervención, con un especial énfasis
en el método del análisis coste-beneficio. Asimismo, incluye algunas medidas de de­
sigualdad con las que evaluar los efectos distributivos de las políticas ambientales.
Los Capítulos 8, 9 y 10 son algo más misceláneos. El primero de ellos se centra
en la contabilidad ambiental, principalmente en cómo ciertos impactos ambientales
se pueden incorporar a contabilidad nacional, aunque también se aborda más breve­
mente cómo la información ambiental progresivamente se va integrando en las cuen­
tas de las empresas. El Capítulo 9 discute algunas cuestiones ambientales de dimen­
sión supranacional, como pueden ser la adopción de acuerdos internacionales de
regulación ambiental, o la coordinación en el diseño de políticas ambientales. En él
se introduce de forma sencilla la teoría de juegos, una de las herramientas analíticas
utilizadas en el análisis de este tipo de problemas. Asimismo, se discute sobre la rela­
ción entre comercio y medio ambiente. El Capítulo 10, por su parte, se centra en otra
cuestión también habitualmente tratada desde la economía ambiental, la de la rela­
ción entre calidad ambiental y nivel de desarrollo económico de los países.
Finalmente, el cuarto y último bloque del libro está dedicado a la gestión de los
recursos naturales renovables y no renovables. Aunque las reglas económicas que
guían la explotación a lo largo del tiempo de uno u otro tipo de recursos naturales
están relacionadas, existen notables diferencias. Por ello, los recursos no renovables
se tratan específicamente en el Capítulo 11, en el que se describen también algunos
mecanismos económicos que permiten que los recursos no renovables en general no
se agoten. Los recursos renovables ocupan el Capítulo 12, en el que en particular s
discute la gestión de las pesquerías y de los bosques. El énfasis se pone en identificar

© ITES-Paraninfo
I

PRÓLOGO XÍii

el nivel de explotación del recurso renovable que logra el máximo bienestar para la
sociedad.
El libro es producto tanto de la actividad investigadora como docente de los cua­
tro autores, pero se ha beneficiado de las sugerencias, consejos y aportaciones de
otros especialistas. Agradecemos especialmente la ayuda de los profesores Raúl
Brey, Renán Goetz, Xavier Labandeira, Antoni Llull, Joan Mogas, Santiago Rubio,
Ginés de Rus, Amedeo Spadaro y Elisabeth Valle, así como de numerosos estudian­
tes que han utilizado versiones previas de este libro. No obstante, seguramente en
pocas ocasiones es tan cierta como aquí la prevención habitual: la responsabilidad de
los errores y lagunas es enteramente de los autores.

JP

© ITES-Paraninfo
I

CAPÍTULO

* 1

Introducción

I: '
■ I

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¡
M
1.1. La economía ambiental
1.2. El medio ambiente y la naturaleza como factores de producción
|
J ÍX
1.3. Los recursos naturales y ambientales como bienes de consumo
•M:

H M

! 1.4. Costes privados y sociales


>1 . 1.5. Los límites al crecimiento
1.6. Economía ambiental y economía de los recursos naturales
1.7. Los pesimistas, los optimistas y los economistas ambientales
Ejercicios
i

r
2 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Este capítulo constituye una introducción a la economía ambiental y a los conceptos


y cuestiones más importantes para esta disciplina. El capítulo se divide en dos partes.
En la primera parte se explica la rápida evolución de la economía ambiental, mien­
tras que en la segunda se describen distintos problemas ambientales. Comenzaremos
por describir los fundamentos de la economía ambiental y cómo esta disciplina está
muy relacionada con otras como la economía ecológica. Luego discutiremos el uso
de los recursos naturales y ambientales desde dos perspectivas. Primero considerare­
mos los recursos naturales y ambientales como factores de producción, y después
analizaremos el medio ambiente desde la perspectiva de los consumidores. A conti­
nuación nos fijaremos en la importante distinción entre costes privados y sociales. El
capítulo concluirá con una discusión ligada al concepto de desarrollo sostenible. Así.
se mostrará una aproximación pesimista, una optimista, y también cuál es la perspec­
tiva de la economía ambiental.

La economía ambiental
A menudo se perciben la economía y el medio ambiente como dos realidades incom­
patibles, con lo que el estudio de la economía ambiental parecería tener poco sentido.
Sin embargo, la economía y el medio ambiente son elementos mutuamente depen­
dientes. Sin una calidad mínima del entorno no existiría la economía. Las personas y.
por tanto, la economía, dependen fundamentalmente de los procesos naturales de sos­
tenimiento de la vida que proveen los ecosistemas. A lo largo del libro veremos va­
rios ejemplos de este hecho. Al mismo tiempo, las condiciones de nuestro entorno y
el uso de los recursos naturales dependen del desarrollo económico. Etimológica­
mente, la palabra economía significa administración de las cosas de la casa. Más con­
cretamente, la economía estudia la administración cuando hay escasez de recursos.
La finalidad de gestionar es obtener el mayor bienestar de estos recursos limitados.
Cualquier sociedad debe decidir cómo usar sus recursos de la mejor manera posible.
Son recursos el capital humano (trabajo), el capital (máquinas, ordenadores, edifi­
cios, etc.) y los recursos naturales, como la tierra, los bosques, los minerales o el
agua. La sociedad puede utilizar estos recursos de distintas formas y. por tanto, afec­
tar al bienestar de sus ciudadanos en mayor o menor grado. Si nuestros recursos (y
nuestra capacidad de producir y consumir) no fueran escasos, no habría problemas de
utilización de los recursos, de decidir a qué actividad concreta los asignamos. Po­
dríamos construir universidades, centros de salud, infraestructuras de transporte,
tener más vacaciones, etc., sin tener que renunciar a otras cosas. En economía am­
biental nos centramos particularmente en los recursos ambientales, y pensamos en
cómo utilizarlos para beneficio de las generaciones presentes y futuras. Partimos de
la base de que los recursos naturales y ambientales son escasos. La capacidad del
medio ambiente para absorber la polución es limitada y. por lo tanto, tenemos que
usarlos sensatamente.
En las últimas décadas la economía ambiental se ha desarrollado muy rápida­
mente como disciplina científica. Ello se debe fundamentalmente a que las relaciones

© ITES-Paraninfo
I

INTRODUCCIÓN 3

Recuadro 1.1
LA ACTIVIDAD ECONÓMICA

Habitualmente entendemos por actividad ción de materias primas hasta la distribución I


económica la de producción o consumo de y venta del producto final. La de consumo
i

bienes y servicios. La expresión «bienes y va desde la compra hasta la generación del


servicios» se suele simplificar, utilizando residuo. Algunas actividades de consumo se
sólo «bienes» para denominar tanto a los realizan a lo largo de mucho tiempo (como i

I bienes físicos (mercancías) como a los ser­ utilizar una vivienda) y hablamos de bienes
vicios. La actividad productiva va desde la duraderos, mientras que otras son más pun- I
planificación de la actividad y la extrae- tuales (comerse una manzana).
............... - ................................ ........... - ............... ......... ........ ...................... ............ ........ ............. ............................................................... ......... .............. — .............. ........ - r ----- - T m i r - n . T . m . m i

entre medio ambiente y economía se han hecho más patentes en los últimos años.
A menudo observamos conflictos entre la actividad económica y la preservación de
la calidad ambiental. Al mismo tiempo ha mejorado nuestro conocimiento sobre las
complejas relaciones que se dan entre la economía y el entorno, y aparece como más
necesario el análisis de esta interrelación. Además, el mayor conocimiento acerca de
los impactos ambientales sobre las actividades humanas y de las actividades huma­
nas sobre el medio ambiente ha contribuido al desarrollo de la economía ambiental.
Por ejemplo, ahora sabemos que la combustión de combustibles fósiles incrementa la
concentración de carbono en la atmósfera, lo cual a su vez puede contribuir al cam­
bio climático. El uso de combustibles fósiles también comporta otros tipos de conta­
minación, como por ejemplo la del dióxido de azufre, el cual perjudica tanto a las
personas y otros seres vivos, como a los edificios.
Otro caso podría ser el de la tala de bosques. En áreas donde habitan muchas
especies, ésta puede llevar a la extinción de algunas de ellas, quizás muy valiosas
para las personas, por ejemplo por razones médicas. Dos medicinas contra sendos
tipos de cáncer, en concreto la enfermedad de Hodgkins y la leucemia infantil, se
obtienen de la selva tropical de Madagascar. Un problema seguramente igual ,de
preocupante es la pérdida de funciones de distintas especies en un sistema ecológico
complejo. De acuerdo con algunos ecólogos que estudian esta cuestión, la biodiversi-
dad o riqueza en especies es importante para garantizar la estabilidad y flexibilidad
de un sistema ecológico. La combinación de nuevos conocimientos junto con la cre­
ciente generación de residuos y los límites de la naturaleza en la provisión y renova­
ción de los bienes incrementa la necesidad de hallar principios útiles que contemplen
el hecho de que los recursos de la tierra forman parte de un sistema más o menos
cerrado. El desarrollo económico combinado con el crecimiento de la población hace
que debamos tomar decisiones cada vez más complicadas, con efectos tanto pre­
sentes como futuros. Así, las decisiones que tomamos hoy van a afectar a las genera­
ciones futuras y a sus posibilidades de disfrutar de una buena calidad de vida. La
economía ambiental supone una buena oportunidad para discutir principios útiles
aplicables al uso de los recursos naturales.

© ITES-Paraninfo
4 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Enmarcada en el ámbito de las ciencias sociales, la economía ambiental forma


parte del estudio económico, y es esencialmente una parte de la llamada microecono-
mía. Esta parte de la teoría estudia las unidades pequeñas de la economía, es decir,
los hogares y las empresas, así como la interacción entre ellos. Un supuesto crucial
en microeconomía es que los actores, o sea los individuos (familias y empresas), se
comportan racionalmente en sentido económico, procurando obtener el mayor bie­
nestar o beneficio en sus decisiones. Ello no necesariamente significa que los indivi­
duos sean egoístas y que sólo se preocupen de su propio bienestar o beneficio, puesto
que las labores altruistas pueden incrementar su propio bienestar. Como veremos en
el Capítulo 5, en el marco de la microeconomía podemos explicar y entender el lla­
mado valor de existencia de los recursos naturales, por ejemplo.

Recuadro 1.2
LA RACIONALIDAD EN ECONOMÍA

En argot económico, se dice que los acto­ de cada bien que creen les reportará mayo­
res o agentes económicos (consumidores o res beneficios. Es decir, saben discriminarl

productores) se comportan racionalmente entre dos opciones cuál es la mejor para


cuando al tomar una decisión lo hacen de ellos y actúan en consecuencia. Un sinóni­
acuerdo con los presupuestos habituales de mo habitualmente utilizado en economía
¡ la teoría económica, reflejen o no compor­ para referirse a la satisfacción o bienestar
tamientos reales concretos. Ello implica que los bienes nos procuran es «utilidad». i
que cada agente conoce mejor que nadie lo Si por ejemplo nos hace feliz (nos da utili­
| que le conviene, y actúa en consecuencia, dad) que otras personas, presentes o futu- i
| procurando el mayor bienestar para sí mis- ras, disfruten de un bien ambiental, aunque
i mo. Así, dados unos precios de compra- nosotros no lo hagamos, este altruismo nos
i venta, los consumidores adquieren la canti- puede llevar a tomar la decisión «racional»
j dad de cada bien que mayor satisfacción de contribuir con nuestro dinero a la con­
i creen que les va a procurar, mientras que los
I
servación de dicho bien. En todo el libro
productores sacan al mercado la cantidad supondremos que los agentes económicos
nos comportamos racionalmente.
------------------------------- --------- -- ___________________________________________________________________

El punto de partida del análisis económico ambiental suele ser la economía de


libre mercado perfectamente competitivo, y se suele dirigir hacia el estudio de los
problemas relacionados con el buen funcionamiento de los mercados. La teoría
muestra cómo la economía y los sistemas ecológicos están mutuamente conectados,
y por qué ambos constituyen importantes componentes de nuestro bienestar. Una dis­
ciplina muy cercana es la de la economía ecológica, y el lector quizás se pregunte
cuál es la diferencia entre economía ambiental y economía ecológica. Una diferencia
es que la economía ecológica es una disciplina con menos tradición que la economía
ambiental. Hay diversas posturas sobre cuáles son los componentes clave de la eco­
nomía ecológica. La Sociedad internacional para la economía ecológica (ISEE) pro-

© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 5

porciona la siguiente definición: «La economía ecológica va más allá de las concep­
ciones convencionales de las disciplinas científicas y pretende integrar y sintetizar
muy distintas perspectivas disciplinares para lograr un mundo ecológica y económi­
camente sostenible». De acuerdo con algunos conocidos autores como Robert Cons­
tanza, Hermán Daly y Joy Bartholomew, los economistas ecológicos son muy escép­
ticos sobre el progreso tecnológico, mientras los economistas ambientales son más
«optimistas». También consideran a la economía ambiental como una materia donde
los problemas se estudian bien a muy corto plazo, bien a muy largo plazo. Según
estos autores, el horizonte temporal en la economía ambiental, tal y como lo interpre­
tan los economistas neoclásicos, no pasa de los cincuenta años. Sin embargo, buena
parte de la investigación reciente en economía ambiental trata del problema de la
asignación de recursos en un horizonte temporal muy largo. De lo que se trataría en
cualquier caso es de elegir el horizonte temporal que sea relevante para el problema
que se estudia.
En España y América Latina se encuentra una buena representación de econo­
mistas ambientales y economistas ecológicos. En España, por ejemplo, ambas pers­
pectivas se enseñan en la licenciatura de ciencias ambientales en buena parte de las
universidades en las que ésta se imparte. En América Latina la situación es más va­
riable entre países y universidades. El volumen de obras especializadas o de divulga­
ción en lengua castellana empieza a ser amplio en ambos campos.

El medio ambiente y la naturaleza como factores


de producción
Nuestros recursos naturales y ambientales se han contemplado habitualmente como
elementos para utilizar en la producción de bienes ( de producción). Se han
utilizado como materias primas en la producción de bienes y servicios. Por ejemplo,
en la edad de piedra esta última se utilizaba para confeccionar herramientas. Durante
mucho tiempo este factor de producción seguramente se percibió como práctica-
mente ilimitado. La gente que vivía en la edad de piedra difícilmente podía perci­
bir la piedra como un factor limitativo o como un recurso escaso. Más bien era él
conocimiento sobre cómo confeccionar las herramientas lo que constituía un recurso
escaso. El posterior desarrollo, y sobre todo la revolución industrial, ha llevado a un
uso creciente del medio ambiente y los recursos naturales, lo cual ha contribuido a
la toma de conciencia de que el entorno y los recursos naturales son en realidad es­
casos.
De acuerdo con la teoría económica tradicional, la sociedad dispone de diversos
factores de producción que pueden clasificarse en las categorías siguientes: trabajo,
capital y recursos naturales, incluida la tierra. En la actualidad, esta visión tradicional
se ha modificado sobre todo con respecto a la noción de capital. Podemos pensar en
el conjunto de recursos en términos de tres tipos de capital: capital natural, capital
real y capital humano. Los ecosistemas también se pueden contemplar como parte de
nuestro capital, en este caso natural, por analogía con el capital real (máquinas, edifi-

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6 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

cios, etc.), que son importantes para la producción. Ciertamente los ecosistemas son
importantes para nuestro suministro de agua, para la producción de alimentos y de
recursos renovables. Los ecosistemas contienen la información genética y los proce­
sos necesarios para el desarrollo de la vida. Los ecosistemas también pueden asimilar
la contaminación, prevenir inundaciones y mantener una dispersión adecuada de los ■
gases en la atmósfera, entre otras funciones. | j
El capital humano es una medida del conocimiento y capacidad de las personas
para combinar los recursos en la producción. La educación se contempla como una
inversión en capital humano.
Una forma de aproximarse al problema de cómo utilizar nuestros recursos am­
bientales y en qué forma éstos contribuyen al sistema económico es utilizando lo que
se conoce como una función de producción. La función de producción muestra cuál
es la producción máxima que se puede obtener a partir de distintas cantidades de
inputs o insumos (factores). Si se denota la producción de bienes con Q, entonces
podremos escribir una función general como en (1.1).

Q — F(Z, K, L) (1.1)

donde Z denota el conjunto de inputs que son recursos naturales y ambientales, o el .*


medio ambiente, o si se quiere el capital natural; L denota el input trabajo; y K repre­
senta el capital real. La letra F denota la propia función, e indica cómo se relacionan
los factores de producción y el output Q. Es decir, cuánto producto se obtiene como
máximo con una determinada cantidad de trabajo, capital y recursos ambientales. En
general supondremos que cantidades adicionales de cualquier factor de producción
(trabajo, capital o recursos ambientales) hacen aumentar la cantidad de producción Q.
La Ecuación (1.1) ayuda a entender dos aspectos que serán importantes desde la
perspectiva de la economía ambiental y de los recursos naturales. El primer aspecto
es el de la sustituibilidad entre los distintos factores de producción. ¿Será posible
sustituir recursos ambientales o naturales por capital o trabajo? El segundo aspecto es
el de si los recursos ambientales son estrictamente necesarios para la producción de
Q. Si estos recursos no fueran necesarios para la producción y fueran fácilmente sus-
tituibles por los demás factores, entonces la reducción en la disponibilidad de recur­
sos naturales tendría un impacto limitado sobre la pérdida de bienestar de la sociedad
en términos de disminución de las posibilidades de producción. Si. por el contrario,
fuese imposible sustituir efectivamente los recursos ambientales en la producción, la
extinción de estos recursos supondría una pérdida de producto para la sociedad. Ello
denota que es importante usar los recursos de la naturaleza de manera inteligente. En
las Ecuaciones (1.2) y (1.3) mostramos dos ejemplos de cómo pueden ser estas fun­
ciones con capital natural y real.
Q= K ( 1. 2 )

Q = a-K + p 'Z (1.3)

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INTRODUCCIÓN 7

Si observamos la Ecuación (1.2), vemos que ambos factores de producción son nece­
sarios; es decir, no podemos sustituir enteramente un factor por el otro. Si Z fuese
cero en la Ecuación (1.2), entonces necesariamente la producción Q sería tam­
bién cero. Y lo mismo con K igual a cero. Sin embargo, eso no significa que las
proporciones entre cantidades de cada factor deban ser fijas. Por el contrario, pode­
mos hasta cierto punto sustituir el input ambiental por los otros factores de produc­
ción y viceversa. Veamos un ejemplo de la tecnología que refleja la Ecuación (1.2).
El papel, por lo menos el papel habitualmente utilizado para confeccionar libros
y periódicos, se produce a partir de las fibras de celulosa de los árboles. Con la tecno­
logía actualmente disponible, no podemos reemplazar totalmente la fibra de los árbo­
les. En otras palabras, los bosques constituyen un factor de producción necesario para
el papel. Pero no es necesario que la proporción de recursos forestales que se utilicen
para un determinado tipo de papel deba ser siempre la misma. Por ejemplo, podemos
producir papel de diversas maneras. Una posibilidad es extraer la fibra de los árboles
de forma mecánica. Otra tecnología consiste en simplemente hervir la madera en una
solución química. Con el procedimiento mecánico, utilizamos una proporción relati­
vamente alta de recursos forestales en la función de producción, comparado con el
procedimiento químico. Además, con la tecnología mecánica se precisa consumir
una mayor cantidad de energía por tonelada de papel producida. En otras palabras,
existen diversas posibilidades de sustitución. Nos encontramos con algo similar
cuando producimos acero. No lo podemos producir sin el hierro procedente de las
minas, pero las posibilidades de sustitución son numerosas. La forma concreta que
adopte la función de producción así como los valores de a y /?, representarán de algu­
na forma estas posibilidades de sustitución entre los inputs.
Por su parte, la Ecuación (1.3) representa una clase de funciones de producción
en la que la tecnología permite que se pueda prescindir de un determinado factor para
la producción. Aunque la cantidad de Z fuese cero, de acuerdo con la función de
producción (1.3) sería todavía posible producir cantidades positivas del bien Q, siem­
pre que utilicemos el otro factor de producción en las cantidades adecuadas.
Esta discusión ilustra que desde la perspectiva de la economía ambiental es
importante saber determinar la cantidad de recursos naturales o ambientales que de­
beríamos utilizar en la producción de los distintos bienes, así como también será im­
portante conocer en qué medida los factores de producción se pueden sustituir entre
ellos.

Los recursos naturales y ambientales como bienes


de consumo
Los recursos ambientales y naturales se utilizan como factores de producción y, por
tanto, contribuyen indirectamente al bienestar de las personas. Además, contribuyen
también directamente a nuestro bienestar. Ciertamente, la humanidad ha utilizado

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8 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

siempre los servicios que el medio ambiente ofrece. Esos servicios pueden tomar la
forma de frutos, verduras o carne que obtenemos del sistema ecológico, además de
servicios de recreación y la belleza del patrimonio natural, que actualmente pueden
representar un componente importante del bienestar de muchas personas. Mucha
gente da valor a algunos recursos ambientales aunque no los utilice en este momento
o ni siquiera planee utilizarlos; aun así, podemos todavía preocuparnos por la natura­
leza o valorar un determinado recurso natural. Por ejemplo, buena parte de la socie­
dad le otorga algún valor al hecho de que no se extingan algunas especies naturales,
como sería el caso de las ballenas azules, aunque muchos de nosotros no tengamos
intención alguna de ir a observar expresamente a estas ballenas. Si el entorno se dete­
riora porque aumentamos rápidamente el uso de nuestros recursos naturales, esto
puede llevarnos a una pérdida de calidad de vida.
Pensemos pues en los recursos ambientales y naturales como bienes de consumo.
Esta idea puede ilustrarse a partir de las llamadas funciones de utilidad. La siguiente
ecuación muestra una de estas funciones:

U = H(C, Z)
donde C representa el consumo de los bienes ordinarios y Z el consumo de los bienes
ambientales. Algunos ejemplos de bienes ambientales que podemos incluir en Z son
la calidad del aire, los servicios recreativos, o la recolección de setas y frutos, entre
muchos otros. Incluimos también aquellos bienes que apreciamos por su mera exis­
tencia. La letra U denota el nivel de utilidad o grado de satisfacción o bienestar que
nos proporcionan distintas cantidades o combinaciones de consumo de C y Z. Final­
mente, la letra H representa la función de dependencia entre la utilidad y los compo­
nentes de la función de utilidad (C y Z).
El supuesto más habitual consiste en suponer que el nivel de satisfacción, que
es subjetivo de cada persona, crece al aumentar el consumo, pero que además este
incremento va disminuyendo progresivamente; la segunda naranja que nos come­
mos de postre no nos reporta tanta satisfacción (utilidad) como la primera. El su­
puesto de que el incremento de la utilidad va disminuyendo progresivamente con el
consumo tiene implicaciones como, por ejemplo, que los países puedan atribuir
mayor importancia a la calidad ambiental a medida que aumente su riqueza. Eso
implica que si el país es rico, entonces la utilidad marginal (adicional) de consumir
un poco más es relativamente pequeña. Ello implica también que los bienes am­
bientales serán relativamente más valorados a medida que la economía crezca. En
el Capítulo 10 discutiremos con más detalle la relación entre desarrollo económico
y calidad ambiental.
Como hemos dicho, los bienes ambientales Z pueden contribuir de distinta forma
al bienestar individual. Podemos pensar en valores de uso como consumir naranjas o
visitar un espacio natural, pero podemos pensar también en valores de existencia, si
la persona valora el recurso por su mera existencia. Cuando consideramos el medio
ambiente como un bien de consumo, automáticamente se presentan diversos y com-

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INTRODUCCIÓN 9

piejos problemas, especialmente interesantes para el economista ambiental, puesto


que muchos de estos bienes y servicios provistos por el medio ambiente no pasan por
el mercado, y en consecuencia ignoramos su precio. ¿Cuál es el precio de un hermo­
so paisaje? ¿O cuál es el valor de pasear por el bosque?
Hay otros aspectos adicionales que conllevan problemas interesantes desde el
punto de vista de la economía ambiental. El primero es que muchos bienes ambienta­
les son consumidos o utilizados por muchos de nosotros a la vez, en el sentido de que
mi consumo del bien no afecta el consumo de otra persona. Si observo las cataratas
de Iguazú u otras bellezas naturales, otra gente puede disfrutarlas al mismo tiempo.
El segundo hecho es que muchos bienes ambientales no tienen propietario directo, o
como se dice en economía, los derechos de propiedad no están bien definidos. Gene­
ralmente, nadie es propietario de la cumbre de una montaña y, por tanto, nadie nos
impide subirla ni hemos de pagar por ello. De forma parecida, es difícil mantener
derechos de propiedad sobre los océanos o la atmósfera. Esta falta de definición de
los derechos de propiedad incrementa el riesgo de sobreexplotación o consumo exce­
sivo de un recurso. Ciertamente, a veces hemos escuchado noticias acerca de la cap­
tura rápida e indiscriminada en ciertos bancos de peces de los mares y océanos, sobre
la deforestación de zonas de selva, o sobre problemas de calidad del aire. Desde la
economía ambiental, esos problemas se atribuyen a veces a la ausencia de una clara
definición de los derechos de propiedad. Sobre ello volveremos en el Capítulo 2.

Quizá una de las aportaciones más interesantes de la economía ambiental consista en


la explicación que realiza de los impactos que causamos con nuestra actividad econó­
mica. Los impactos ambientales, que pueden ser intencionados o no, no pasan por el
mercado y, por tanto, no observamos su precio. En la década de 1920 en Inglaterra se
dio un serio problema en la calidad del aire debido a la combustión de carbón. El
economista inglés Arthur C. Pigou publicó un famoso libro en 1924 en el que refería
una investigación realizada en 1918 por las autoridades de Manchester. Dicha inves­
tigación comparaba los costes de lavar la ropa en Manchester, ciudad que en aquel
tiempo experimentaba una notable polución atmosférica, con los costes de lavar ropa
en Harrogate, donde el aire era relativamente más limpio. Se encontró que el coste de
lavar ropa en Manchester era 290.000 £ mayor que en Harrogate. Estos costes adicio­
nales no los tenían que pagar aquellos que causaban la emisión contaminante. Rep­
resentan lo que en economía se conoce como externalidad negativa o coste externo.
Otro ejemplo, algo más próximo en el tiempo y quizás más fácil de entender, es
el de la externalidad generada por una compañía que produce papel y genera además
aguas residuales contaminadas. Su vertido de aguas residuales empeora la calidad del
agua potable y otras aguas. Puede generar un impacto negativo sobre el pescado en .
aquella zona. En consecuencia, los pescadores tendrán que buscar un lugar más alejado
de la fábrica papelera y, por tanto, los costes de pescar serán- mayores. En otras pa-

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10 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 1.3
EXTERNALIDAD

La externalidad es un coste o un beneficio, ción de bienestar a terceros lo son sobre el


según sea una externalidad positivá o nega­ medio ambiente, la externalidad recibe el
tiva, y en consecuencia se mide en unida­ calificativo de externalidad ambiental, ya
des monetarias. Corresponde a la variación sea positiva o negativa.
de bienestar (aumento o disminución) que Una externalidad es positiva cuando ha­
experimentan terceras personas debido a la ce aumentar el bienestar de las terceras
actividad económica de alguien. Así pues, personas, y negativa cuando éste dismi­
el origen está en una actividad económica, nuye. Una actividad económica puede cau­
ya sea de producción o de consumo, y sar externalidades positivas para parte de la
quien soporta el impacto es una tercera población y negativas para otra. Asimis­
persona, no tenida plenamente en cuenta mo, pueden notarse inmediatamente o al
por quien lo provoca. Las externalidades cabo del tiempo. Incluso pueden cambiar
son pues subjetivas de cada persona. Co­ de signo con el tiempo. Se trata en defini­
rresponden a la percepción de impactos. tiva de percepciones subjetivas de las per­
Cuando los impactos que causan la varia­ sonas.

labras, la producción en la empresa de papel hace aumentar los costes de producción


de las empresas o personas dedicadas a la pesca. Les crea una externalidad negativa.
A los impactos de estas actividades, como hemos dicho, los solemos llamar efec­
tos externos o externalidades. El impacto de la papelera sobre la actividad de los pes­
cadores es un ejemplo de externalidad negativa. Pero podríamos encontrar también
muchos ejemplos de externalidades ambientales positivas.
------------ ..... ................ ..... —
.. •----- -------------------------------------------— ....................... ......... ................................................. .......................................................................................................................................................................................................

Recuadro 1.4
EJEMPLO DE EXTERNALIDAD POSITIVA
El aumento en su bienestar experimentado propio el cambio en la utilidad de estas ter­
por un consumidor de transporte al obser­ ceras personas. El beneficio externo del
var en su desplazamiento al trabajo un con­ ejemplo corresponde al aumento de bienes­
junto de jardines bien cuidados, propiedad tar del consumidor de transporte. El origen
de otros ciudadanos, sería un ejemplo de se encuentra en la actividad jardinera, que
externalidad positiva. es una actividad económica de producción
¡ El ejemplo contiene los elementos típi- en lo que afecta al trabajo de cuidado del
j eos de una externalidad. Su origen es una jardín y de consumo en tanto lo disfrutan
actividad económica. Otras personas que­ sus dueños. Y dicha actividad la realizan
dan afectadas en su bienestar. Quien la rea­ sin tener expresamente en cuenta a terceras
liza no tiene totalmente en cuenta como personas como son los transeúntes.
______________ __ _______________

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INTRODUCCIÓN 11

Este ejemplo, al igual que lo hacía el de Pigou, muestra que deberíamos distin­
guir entre coste privado y coste social. Intuitivamente hablando, la diferencia entre
costes sociales y privados proviene de los impactos que sobre los costes de produc­
ción genera la fabricación de papel o la utilización de carbón, y que no quedan refle­
jados en los precios. En otras palabras, la empresa de papel utiliza gratuitamente los
recursos ambientales. A los contaminadores no se les obliga a compensar a los pesca­
dores o a los hogares de Manchester por el incremento de costes que les cáusan. El
coste privado es el que tiene la empresa de papel en su producción, y el coste social
es este mismo coste más el que soportan los pescadores como consecuencia de la
peor calidad de las aguas. La diferencia entre el coste social y el privado es justa­
mente la externalidad.

Podemos ilustrar la diferencia entre costes privados y sociales mediante el Gráfi­


co 1.1, que representa el ejemplo mencionado de externalidad negativa derivada de la
producción de papel.

En el eje horizontal representamos la producción de papel, mientras que en el


vertical mostramos el número de peces capturados. La curva del Gráfico 1.1 tiene
pendiente negativa, lo que significa que la relación entre la producción de papel y la
captura de peces es negativa. Así, si la producción de papel aumenta se obtiene un
número inferior de capturas. Supongamos que inicialmente se producen P0 unidades
de papel y F0 capturas de pescado. Supongamos además que incrementamos la pro­
ducción de papel en tantas unidades como las que se representan entre P0 y P x. Este
aumento en la producción de papel significa que habrá más aguas residuales en el
entorno, lo cual a su vez hace que disminuyan las posibilidades de capturar peces.
Con el mismo esfuerzo pesquero que antes, el nuevo nivel de producción de papel
hace que las capturas de pescado se reduzcan desde F0 hasta Fx. Por consiguiente, los

Pesca ( )

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12 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

costes sociales de incrementar la producción de papel son iguales a los recursos adi­
cionales necesarios para incrementar la producción de papel, más el valor de la re­
ducción en la captura de peces; es decir, el valor del pescado que no se ha podido
capturar. En otras palabras, existe una diferencia entre costes privados y sociales, que
en este ejemplo es simplemente igual al valor de la disminución de la pesca.
Si lo pensamos un momento, veremos que las externalidades o impactos sobre
terceras personas del tipo que hemos visto en los ejemplos anteriores son muy fre­
cuentes. En la economía moderna, la presencia de externalidades es más la norma
que la excepción. En el Capítulo 2 veremos cómo las externalidades llevan a
del mercado y a una asignación incorrecta de los recursos. En el sencillo ejemplo de
la fábrica de papel y los pescadores, la asignación incorrecta de recursos proviene del
hecho que si no se corrigen las externalidades, se produce demasiado papel y se cap­
turan demasiado pocos peces.
Así, una pregunta importante que se plantea desde la economía ambiental es has­
ta qué punto las distintas externalidades llevan a una asignación incorrecta de los
recursos. Es importante estudiar cómo podemos mejorar esta asignación y la forma
en que deberíamos hacerlo, porque con ello podemos lograr un mayor bienestar so­
cial. La sugerencia de Pigou fue que deberíamos utilizar un impuesto igual al valor
de la externalidad negativa. De esta forma, siguiendo a Pigou, se debería establecer
un impuesto sobre la quema de carbón.
El economista norteamericano Ronald Coase. ganador del premio Nobel, propuso
una aproximación alternativa a la de Pigou para corregir los efectos externos, y apun­
taba que las externalidades se deben a una definición imprecisa de los derechos
de propiedad. De acuerdo con Coase, podemos solucionar el problema reformando
los derechos de propiedad. Pigou sugería el uso de impuestos como instrumento de
corrección, mientras que Coase señalaba que el problema se puede solucionar de for­
ma voluntaria siempre que pueda resolverse el problema de los derechos de pro-*
piedad.
Así, y siguiendo con el ejemplo, la empresa pesquera podría tener asignado por
ley el derecho a decidir cuánta contaminación se puede realizar en el río. Podría ven­
der parte de estos derechos a la empresa papelera, siempre que el precio de venta no
fuese inferior a los costes externos que la actividad papelera le provocaría. Volvere­
mos sobre esta cuestión en el Capítulo 4.

Los límites al crecimiento


En los últimos años la relación entre crecimiento económico y medio ambiente ha
ocupado un lugar central en los debates ambientales. El concepto de desarrollo soste-
nible, por ejemplo, está asociado a la idea de que puede existir un límite al creci­
miento económico. En ausencia de cambio tecnológico, crecimiento económico sig­
nifica que utilizamos más cantidad de nuestros limitados recursos, y que no se puede

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INTRODUCCIÓN 13

dar un aumento en la cantidad de dichos recursos debido al hecho de que la tierra


constituye un sistema cerrado.
El principio físico de equilibrio natural significa que hay un equilibrio entre lo
que tomamos del entorno y lo que a él devolvemos. Este principio se deduce de las
leyes de la termodinámica. La primera ley de la termodinámica nos dice que el total
de energía y materia se mantiene constante en los sistemas cerrados. Significa que la
energía o materia no se puede destruir ni dispersar. La energía consumida o la mate­
ria utilizada deberá retornar en algún momento. Lo que es importante es que lo que
retorna a la naturaleza es igual en masa a lo que extrajimos en primer lugar. Pero lo
que tomamos y lo que devolvemos no tiene por qué tener la misma forma o estructu­
ra. Y ello puede causar problemas ambientales considerables.
La segunda ley de la termodinámica, también llamada la ley de la entropía, des­
cribe en qué grado la materia y la energía están organizadas o estructuradas. Cuanto
menos estructurada esté la materia o la energía, mayor será la entropía en el sistema,
con lo que será menos utilizable. Lo contrario también es cierto. Cuanto menor sea la
entropía en el sistema, mayor serán las posibilidades de uso de la materia o la ener­
gía. El petróleo o el carbón son ejemplos de sustancias bien estructuradas que nos
dan un nivel muy elevado de utilidad cuando las quemamos. Al realizar la combus­
tión del petróleo su masa no varía pero sí su forma, que pasa a ser menos estructurada
y menos útil o incluso peligrosa para nosotros. En otras palabras, la combustión in­
crementa la entropía en el sistema.
El equilibrio natural consecuencia de la primera ley de la termodinámica se ilus­
tra en el Gráfico 1.2. Empezando por la parte de arriba del gráfico vemos que las
empresas toman los recursos naturales A como materia prima para fabricar productos

Hacia el Hacia
B medio Escorias, el medio
ambiente gases, ambiente
líquidos

Empresas de recursos naturales


(minas, ganado, etc.)

B+R

Hogares
Residuos

Residuos
Reciclaje

Equilibrio material: A = B + C + D

Gráfico 1.2. El equilibrio natural y las interacciones económicas y ecológicas.


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14 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

que den mayor utilidad a las personas. El campesino abona los campos con nutrientes
para obtener vegetales y alimentar a la ganadería. Las empresas mineras extraen hie­
rro del subsuelo. Y así podríamos poner muchos ejemplos. El resultado de estos pro­
cesos se utiliza en un segundo nivel en los hogares (flecha 2 gráfico), o bien se
usa para producir alimentos, electricidad, etc. (flecha A¡ hacia empresas de distinto
tipo). Los productos de estas empresas van a los hogares para su consumo, tal y como
muestra la flecha E. La consecuencia más interesante e importante del principio de
equilibrio natural es que el flujo de salida A debe ser compensado por un flujo de
retorno de la misma magnitud. En consecuencia, al final la suma de los residuos que
directa o indirectamente generan las empresas de recursos naturales ( , C y D). aun­
que la generación de residuos finales se retarde gracias al reciclaje (F + R), debe
igualar el total extraído A. Lo podemos expresar de otra forma: el medio ambiente no
es solamente proveedor de distinto tipo de cosas, sino que también es receptor de
residuos procedentes de la actividad humana.
Podemos utilizar el Gráfico 1.2 para discutir muchos temas interesantes que se
derivan del principio de equilibrio natural. Pero aquí nos limitaremos a discutir sólo
algunos de ellos. Así, las operaciones de limpieza de las diferentes emisiones conta­
minantes no van a reducir la masa de lo que se devuelve a la naturaleza. Solamente
van a influir sobre la forma de estos retornos. En otras palabras, con independencia
de las tecnologías de limpieza que podamos inventar para tratar estos retornos a la
naturaleza, todo lo que haremos será cambiar la forma de lo que devolvemos a la
naturaleza. Esto no es irrelevante, dado que la forma en sí misma es muy importante.
Dependiendo de la capacidad de asimilación del medio ambiente, éste por sí mismo
absorberá en mayor o menor medida los residuos que generamos. Un segundo aspec­
to importante en la relación entre ecología y economía es el del reciclaje. Pensemos
en lo que sale de las fábricas, equivalente a lo que llega a los hogares (E ) más los
residuos (B + R). El equilibrio natural nos dice que el flujo hacia las empresas debe
ser igual al flujo de salida, o lo que es lo mismo, B + R + E = R + A ] + F. Por tan-'
to, vemos que para un nivel dado de producción E que llega a los hogares, cuanto
más se recicle (F) menos recursos A x serán necesarios. En otras palabras, con más
reciclaje o reutilización podemos reducir el flujo total de recursos que tomamos del
medio ambiente. Entendemos por reciclaje, reciclaje neto. La energía y los recursos
que se utilizan en el propio proceso de reciclaje también deben tenerse en cuenta.

La contabilidad de los distintos flujos en cada economía nos permite tener co­
nocimiento de lo que ocurre y poder intervenir de forma más apropiada. Cómo se
realizan estas cuentas y cuál es su relevancia son cuestiones que se discutirán en el
Capítulo 8.

El Gráfico 1.2 también nos puede servir para discutir el concepto de desarrollo
sostenible. La definición más conocida de desarrollo sostenible es la que proporcionó
en 1987 la Comisión Mundial Sobre Medio Ambiente v Desarrollo. más conocí-
da como Comisión Brundtland al estar presidida por la Primer Ministro noruesa
Gro Harlem Brundtland. En su informe Nuestro futuro . la Comisión define el

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INTRODUCCIÓN 15

desarrollo sostenible como aquel que permite satisfacer las necesidades presentes sin
comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Esta
definición de desarrollo sostenible es ampliamente aceptada, quizá porque es muy
general. Sin embargo, esta definición dista mucho de ser operativa. A fin de transfor­
marla en una definición que nos sea útil, debemos dar respuesta a varias preguntas
difíciles. ¿Son compatibles crecimiento económico y desarrollo sostenible? ¿Realiza
suficientes sacrificios la presente generación en su estilo de vida? ¿Cómo deberíamos
distribuir los posibles costes del desarrollo sostenible entre los habitantes de un mis­
mo país o de distintos países? ¿Deberían los ciudadanos de los países menos desarro­
llados renunciar al estilo de vida de los países más desarrollados? ¿Qué medios debe­
ríamos utilizar para conseguir el desarrollo sostenible? En definitiva, debemos
preguntarnos, y también responder, la siguiente pregunta: ¿qué desearán las futuras
generaciones?

La primera pregunta, crecimiento en contraposición a desarrollo sostenible, se


encontraba ya planteada a partir del rápido crecimiento de la economía occidental
que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Durante la década de los años sesenta se
puso en duda la relación entre crecimiento económico y aumento del bienestar. ¿Era
posible continuar utilizando los recursos del planeta de esa forma? La respuesta pare­
cía ser que el modelo de consumo no era sostenible. La explotación de los recursos
parecía poder provocar su extinción. En 1972, en un informe titulado Límites del cre­
cimiento, del Massachusetts Institute of Technology (MIT) realizado para el llamado
Club de Roma, se concluía que muchos de los recursos naturales se agotarían alrede­
dor del año 2000. Después del año 2000 la producción industrial per cápita necesaria­
mente disminuiría hasta niveles comparables con los de inicio del siglo X X . Ahora
sabemos que estas predicciones eran erróneas. Nuestros recursos naturales no se han
agotado, y la tendencia de la producción no es a la baja. En el Capítulo 10 volvere­
mos sobre este tema con una discusión más detallada.
La respuesta a la última pregunta, la de qué desearán las generaciones futuras, es
de gran importancia para saber si el estilo de vida actual es compatible con el desa­
rrollo sostenible. La pregunta es difícil, y no tiene una respuesta clara, pero la de­
finición proporcionada por la Comisión Brundtland se puede interpretar como que
debemos permitir a las generaciones futuras unas oportunidades de disfrute de una
vida satisfactoria como las que nosotros mismos hemos heredado. ¿Significa eso que
no podemos utilizar ninguna cantidad de recursos naturales, sobre todo si no son re­
novables? Cuando consumimos un litro de gasolina éste ya no podrá ser consumido
por las generaciones futuras. Pero, ¿podríamos utilizar este litro de gasolina nosotros
a cambio de dejar en herencia a las futuras generaciones otro tipo de stock de capital,
como más hospitales, escuelas o infraestructuras, por ejemplo?
No pretendemos dar respuesta a estas preguntas en este capítulo ni tampoco en el
libro, pero la economía ambiental puede contribuir a aclarar algunos aspectos de es­
tas cuestiones. En buena parte ello depende de la definición operativa que tomemos
de desarrollo sostenible. Esperamos que este libro pueda proveer al lector con ele-

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16 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

mentos de análisis que le sean útiles. Ciertamente, una única disciplina, la economía
ambiental en este caso, o cualquier otra, no puede proporcionar una respuesta defini­
tiva a todas estas preguntas. No podemos proporcionar una respuesta objetiva a mu­
chas preguntas concretas sobre estilos de vida y cuestiones de equidad o distribución
de recursos. Pero con una buena teoría y unos estudios empíricos relevantes podemos
esclarecer algunos aspectos y, en definitiva, tomar mejores decisiones.
Como hemos dicho, es difícil, si no imposible, responder con claridad a las pre­
guntas anteriores sin disponer de una noción operativa y clara del concepto de desa­
rrollo sostenible. Lo que podemos hacer desde la economía ambiental, incluso sin
redefinir el concepto de desarrollo sostenible, es encontrar métodos para valorar los
cambios en la calidad ambiental e investigar qué costes corresponden a distintos ob­
jetivos de mejora. La economía ambiental se puede fijar también en las conexiones
entre los sistemas ecológicos y económicos. Ello requiere de una estrecha colabora­
ción entre economistas y científicos, una cooperación que se ha intensificado mucho
en los últimos años. Otra tarea importante para la economía ambiental consiste en
evaluar la eficiencia de los distintos instrumentos de política ambiental. Volveremos
con cierto detalle sobre estos temas en distintos capítulos.

Economía ambiental y economía


de los recursos naturales
La utilización de la misma etiqueta para distintos conceptos suele llevar a confusio­
nes. Eso pasa con el término economía ambiental. El Gráfico 1.2 nos puede ayudar a
explicar mejor este concepto y a distinguirlo de otro, estrechamente relacionado, que
es el de economía de los recursos naturales. A veces se denomina economía ambien­
tal al estudio de la relación de las actividades económicas con el medio ambiente. Es
' decir, el estudio de las distintas relaciones que contiene el Gráfico 1.2. Sin embargo.,
otras veces, se asigna el término economía ambiental a un campo más restringido de
estudio. En su acepción más general, la economía ambiental contiene dos disciplinas:
la economía de los recursos naturales y la ambiental.
La economía de los recursos naturales se dedica al estudio de la relación de la
actividad económica que toma recursos de su entorno para llevarla a cabo. Es decir,
los recursos como parte de la función de producción, como inputs o insumos para la
actividad humana. En términos del Gráfico 1.2, estudiaría las relaciones contenidas
en A. Tradicionalmente, la economía se ha centrado más en los recuadros «fábricas»
y «hogares», y en los flujos A y, A2‘: yE. Las relac
actividades económicas hacia el medio ambiente, constituyen el campo de estudio de
la economía ambiental en sentido estricto; es decir, el resto de flujos. Estas definicio­
nes son quizás demasiado restrictivas, pero pueden servir como una primera aproxi­
mación.
La economía de los recursos naturales estudia aspectos muy diversos. Aquí desta­
caremos dos, con relación a los recursos renovables y no renovables. Los recursos

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INTRODUCCIÓN 17

renovables incluyen los bosques, las pesquerías, la ganadería, el agua. Los no renova­
bles son aquellos cuyo periodo de reposición es demasiado largo, a escala humana,
como para considerarlos renovables. El petróleo constituye un buen ejemplo de re­
curso no renovable, al igual que la mayoría de minerales.
Respecto a los recursos renovables, una de las preguntas fundamentales que se
hace esta disciplina es la de cuál es el ritmo de explotación óptimo de este recurso.
Pongamos por caso un banco de peces. Un resultado de claro interés para los econo­
mistas de los recursos naturales sería encontrar el número de capturas que lleva al
máximo rendimiento sostenible; es decir, aquel flujo de capturas que a lo largo del
tiempo da a la sociedad el máximo beneficio. No sólo se trata de identificarlo y calcu­
larlo, sino que se tratá de ver bajo qué circunstancias una sociedad conseguirá que se
explote el banco de peces a este ritmo, y que no haya sobreexplotación. Si el recurso
pesquero es de libre acceso, a lo mejor una empresa tendrá incentivos para capturar
todo el pescado que pueda, antes de que las empresas de la competencia se le adelan­
ten, con lo cual el recurso renovable podría correr peligro de extinguirse. Esta cues­
tión se tratará con más detalle en el Capítulo 12.
Los recursos no renovables presentan un problema similar, agravado por el hecho
de que no hay reposición como para los recursos renovables. Uno de los problemas
que conlleva su uso es que se exploten a un ritmo excesivamente rápido. La econo­
mía de los recursos naturales estudia entre otras cosas cuál sería la serie de precios a
lo largo del tiempo que garantizaría el ritmo de explotación óptima del recurso. A
medida que aumenta el precio del recurso, disminuye la cantidad demandada del
mismo, con lo que el ritmo de agotamiento también disminuye. Los precios consti­
tuyen un elemento de racionalización en el consumo de los recursos. Por ello, hallar
los precios idóneos en cada periodo es importante. De ello hablaremos en el Capítu­
lo 11.
Los Capítulos 2 a 7 tratan fundamentalmente, aunque no en exclusiva, de econo­
mía ambiental, tal como se está presentando en este capítulo introductorio, mientras
que los Capítulos 1, 9 y 10 son aplicables a las dos disciplinas. En ambos casos, tanto
en el campo de la economía ambiental como en el de los recursos naturales, cabe
introducir una nueva distinción, en función de lo que se estudie. Así, podemos inten­
tar explicar, analizar o describir una cierta realidad o fenómeno económico; o bien
podemos estudiar la manera de cambiar ese escenario, o cómo una política lo cam­
biaría o acercaría a la situación socialmente deseable. En economía se utilizan con
frecuencia los términos «positivo» y «normativo» para designar al primer o al segun­
do tipo de análisis, respectivamente.
En efecto, podemos pensar en la labor de los economistas como en dos estadios
diferenciados. En primer lugar, los economistas solemos plantearnos un diagnóstico
de la situación. Analizamos las relaciones entre medio ambiente y actividad econó­
mica. Miramos cuáles son las cantidades producidas y consumidas de un determina­
do bien, y si éstas son las óptimas, o si nos pueden proporcionar mayor bienestar
todavía, aumentándolas o disminuyéndolas, teniendo en cuenta nuestras limitaciones

© ITES-Paraninfo
r

MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

tecnológicas, ambientales, de tiempo, etc. Ésta es la parte más explicativa, llamada ;


analítica o positiva. En segundo lugar, si del análisis se deducen ineficiencias, se I
pueden proponer formas de corregirlas mediante un instrumento u otro. Se puede >i
anticipar también cómo un instrumento u otro de corrección va a actuar. Por ejemplo, i
se pueden proponer impuestos para disminuir la producción de un bien cuya produc-
ción, o consumo, tenga un impacto negativo para el medio ambiente, de forma que
con este impuesto se produzca o consuma en menor cantidad. Y se puede comparar
también esta política con la prohibición de producir o consumir más allá de una can-
tidad determinada, por ejemplo. De esta forma, se podría elegir el instrumento que <
proporcionara mayor bienestar al conjunto de la sociedad. Este segundo estadio co­
rresponde a la parte más de política económica o economía normativa. \

1 Los pesimistas, los optimistas


B y los economistas ambientales
Simplificando bastante, podemos estereotipar las actitudes ante los problemas am­
bientales según tres prototipos de actitudes: la pesimista, la optimista y la de la eco­
nomía ambiental. Las tres visiones difieren cuando se trata de averiguar si el medio
ambiente constituye un límite fundamental al crecimiento económico. La primera vi- •
sión, propuesta por quienes llamamos aquí los pesimistas, se basa en la idea de que la
tierra forma un sistema cerrado, y también en el principio de equilibrio natural, para
concluir que efectivamente existe un límite al crecimiento. El crecimiento económi­
co se ha basado en un uso acelerado de los recursos naturales. Dado que los recursos
son limitados, tarde o temprano se van a agotar, lo cual hará imposible seguir cre­
ciendo o ni siquiera mantener la actividad. De acuerdo con el principio de equilibrio
natural, el creciente flujo entre el medio ambiente y la actividad económica, compor­
tará inevitablemente un incremento en el flujo de residuos hacia el entorno. Cuantos
más residuos devolvamos a la naturaleza, mayor será el riesgo de que la capacidad de
asimilación del medio ambiente no sea suficiente. De acuerdo con esta visión, habría
ciertamente un límite superior al máximo nivel de producción. Este límite superior
sería más alto o más bajo dependiendo de hasta qué punto se pueda reciclar y de
cuánto podamos sustituir el uso de recursos no renovables por recursos renovables,
incluida la energía.

En el otro extremo se encuentra lo que llamamos aquí la visión optimista. Se basa


en la convicción de que la visión pesimista se levanta sobre falsas hipótesis. Los opti­
mistas dirían que si se permite actuar libremente a las fuerzas del mercado, los recur­
sos de la tierra no se agotarán nunca y el crecimiento económico podrá sostenerse
indefinidamente. Esta visión optimista suele estar de acuerdo en que los primeros
estadios del crecimiento económico comportan un incremento en el uso de recursos
con el consiguiente aumento de presión sobre el medio ambiente. Pero, sigue el razo­
namiento, un aumento en la extracción de recursos va a hacer aumentar los precios
de estos recursos, con lo que va a haber más incentivos para encontrar técnicas mejo-

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INTRODUCCIÓN 19

res de extracción y uso de estos recursos. Así, exagerando un poco, nunca se extrae­
ría el último litro de petróleo, dado que su coste sería prohibitivo. De la misma
forma, el incremento del flujo de residuos hacia la naturaleza y la consiguiente conta­
minación harán aumentar los costes de gestión de estos residuos. Cuanto mayores
sean los costes de gestión de residuos y contaminación, mayores serán también los
incentivos para reciclar y reutilizar más. Con el crecimiento económico, la porción
de residuos finales en relación con lo producido será cada vez menor. Y ello hará,
concluye esta visión, que el crecimiento económico pueda seguir indefinidamente.
Una hipótesis clave sobre la que se sostiene el razonamiento optimista es que es posi­
ble la sustitución entre recursos naturales y otros factores de producción, gracias a las
innovaciones tecnológicas. Así, hasta cierto punto, los recursos de la naturaleza se
podrían sustituir por factores de producción elaborados por las personas. En conse­
cuencia, el crecimiento económico sólo estaría limitado por la propia supervivencia
de la raza humana y por la capacidad de ésta para resolver los problemas con los que
se va a encontrar. Por lo tanto, de acuerdo con esta visión, nuestra propia ingenuidad
sería el factor limitativo fundamental.
/

La visión de la economía ambiental (o por lo menos la de los autores de este


libro) está más próxima a la visión optimista que a la pesimista. A diferencia de am­
bas, añade el problema de los llamados fallos del mercado que llevan a asignaciones
o usos incorrectos de los recursos en la sociedad. Ello en sí mismo puede obstaculi­
zar el crecimiento económico a largo plazo. La ausencia de derechos de propiedad
bien definidos, la existencia de externalidades y de información imperfecta, dan lu­
gar a esos fallos del mercado. Así, en parte no sería el crecimiento económico en sí
mismo lo más criticable con relación al medio ambiente, sino el hecho de que los
precios actuales emitan señales erróneas, por lo menos por lo que se refiere al uso de
bienes y servicios ambientales que no tienen precio (aunque sí valor), al no ser éstos
objeto de intercambio en el mercado.

Gomo hemos ya señalado, y así insistiremos a lo largo del libro, las externalida­
des negativas llevan, si no se corrigen, a que se produzca o consuma demasiado del,
bien o servicio cuya producción causa la externalidad. Si las emisiones de aguas con­
taminantes de una fábrica no se ven sometidas a un precio, y tienen un efecto negati­
vo sobre la pesca del entorno, estas emisiones se producirán en demasía desde el
punto de vista social. Así pues, si las emisiones no tienen un precio, se emitirá la
señal de que la calidad del agua no es un recurso escaso y valioso. Una tarea impor­
tante consiste en diseñar una política ambiental que mande la señal correcta a los
productores y consumidores. Como veremos en los Capítulos 3 y 4, estas políticas
pueden basarse en mecanismos de precios, reformas de los derechos de propiedad,
campañas divulgativas, y otras regulaciones, además de los acuerdos voluntarios en­
tre las partes. Es beneficioso para el conjunto de la sociedad que aquellos que utilicen
un recurso escaso paguen todo el coste en el que incurren. Así, se emiten las señales
adecuadas y los agentes económicos (productores y consumidores) pueden actuar en
consecuencia. •

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20 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Se pueden criticar diversos aspectos de esta perspectiva de la economía ambien­


tal. Una crítica habitual se ilustra mediante una analogía interesante con un bote so­
brecargado. Así, mediante el mecanismo de precios conseguiríamos repartir el peso
de la carga de forma óptima por los espacios del barco. Los precios son las señales
que se emiten para saber dónde colocar una nueva unidad de carga, para que sea me­
nos probable que vuelque. Pero los precios no nos dicen nada sobre cuándo parar de
cargar el bote para que no se hunda. Aunque esté muy bien repartida la carga, si ésta
es excesiva, el barco se irá a pique. Así, si nos obsesionamos sólo en mirar qué precio
deberíamos poner a los bienes cuyas producciones o consumos causan externalida-
des, quizá nos olvidemos de la capacidad total de carga del sistema ecológico. Sin
embargo, lo que esta crítica realmente nos indicaría es que los precios se han asigna­
do mal desde un principio. Cuando los precios son lo suficientemente altos, la canti­
dad que se carga debería disminuir drásticamente.
Otra de las críticas a la perspectiva de la economía ambiental se dirige en reali­
dad a la teoría económica. Mucha gente muestra su escepticismo sobre las hipótesis
de racionalidad que constituyen piezas importantes de esta teoría. Como veremos a
lo largo del libro, tanto las teorías como los casos empíricos que desarrollemos se
basarán en la hipótesis de comportamiento racional por parte de los consumidores y
productores. Con esta hipótesis suponemos que los consumidores realizan sus deci- 0 J

siones de consumo procurando obtener el mayor bienestar con su elección, dadas sus *
limitaciones de renta y tiempo. De manera similar, decimos que los productores se
comportan racionalmente si al tomar sus decisiones de producción se guían por el
principio de querer obtener el máximo beneficio. Se ha escrito mucho sobre la capa­
cidad de las personas de tomar decisiones racionales. Y se han obtenido resultados en
•• #

todos los sentidos. Es curioso que muchos estudios científicos sobre el comporta­
miento de los animales avalen las premisas de racionalidad que utilizamos en teoría
económica. Los pájaros minimizan los costes energéticos en los que incurren en su
búsqueda de comida respecto al riesgo de encontrar o no comida en distintos sitios.
Hay estudios de laboratorio sobre ratones que muestran cómo estos animales cum­
plen en su comportamiento con las hipótesis que hacemos en teoría económica. Aun­
que, naturalmente, estos estudios no constituyen una prueba de que los humanos se
comporten racionalmente. En todo caso, la visión optimista —y la de la economía
ambiental— se basa en la hipótesis de que las personas se comportan racionalmente
en sus actos económicos, es decir, los consumidores maximizando su bienestar y los
productores su beneficio.
Vamos a concluir esta discusión sobre las visiones optimista y pesimista con un
ejemplo. Si la visión pesimista hubiera podido guiar las decisiones que se tomaron en
la década de los setenta del siglo xx, probablemente se hubieran adoptado medidas
para restringir el consumo de teléfonos. La razón es que las reservas de cobre conoci­
das en aquel momento se hubieran agotado rápidamente debido al vertiginoso creci­
miento de la demanda de ampliación de las redes telefónicas en el mundo. Ahora
podemos comprobar que las reservas de cobre no se han agotado y que el parque
telefónico ha ido creciendo espectacularmente. Ello es debido en buena parte al desa-

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INTRODUCCIÓN 21

rrollo tecnológico que ha introducido el uso generalizado de telefonía móvil y de


cables de fibra óptica. Este ejemplo ilustra dos cosas. Primero, el que haya creci­
miento económico no significa necesariamente que estemos explotando en demasía
el medio ambiente. Segundo, a menudo las posibilidades de sustitución son mayores
de lo que nos imaginamos, a juzgar por la historia de la ciencia y la tecnología. Cier­
tamente, parece que a medida que la economía crece, los países más ricos producen
un menor impacto ambiental negativo por unidad de producto —si bien producen
más en total— que los países menos desarrollados. Por lo menos eso parece confir­
marse a partir de un cierto nivel de desarrollo. Esta discusión la retomaremos en el
Capítulo 10.

1. Considerando la siguiente función de producción entre la cantidad producida Q


y los factores K, L y Z para una cierta empresa, Q = Z + AL + 2K:
a) ¿Puede la empresa sustituir totalmente los recursos naturales Z por los
otros factores K y L, o por el contrario son imprescindibles para la produc­
ción del bien?

b) Proponer una cierta combinación de valores para los factores L y K que


justo compensen por la no utilización de 1 unidad del factor natural Z.
c) Reescribir la función de producción de la empresa de forma que no pueda
haber producción sin recursos naturales Z.

2. Representar en dos gráficos distintos la relación Q (producción) entre K (capital)


. y Z (recursos naturales) procedente de las funciones de producción Q = K* •ZP y
Q = a •K + ¡3 •Z con los coeficientes a y /? igual a 1 y para un nivel de produc­
ción Q igual a 10 unidades monetarias, asignando el eje horizontal a unidades
de K y el vertical a unidades de Z. ¿En cuál de los dos gráficos no sería posible
producir las 10 unidades sin recursos naturales? En ambos casos, ¿cuánto capi­
tal hay que consumir cuando sólo podemos asignar una unidad de recursos natu­
rales? ¿Y para Z = 0,5, Z = 0,25 y Z = 0,1? ¿Cuál de las dos formas funciona­
les de la función de producción le parece más realista? Argumentar la respuesta.
Nota: en la primera función se puede fijar a = ¡3 = 0,5.

3. ¿Por qué es relevante el concepto de «derechos de propiedad» en la economía


ambiental y de los recursos naturales? Ilustrarlo con un ejemplo.
%

4. Explicar la diferencia entre coste privado, coste externo y coste social. Poner un
ejemplo.

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22 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

5. Dar un ejemplo de cada uno de los siguientes tipos de externalidades ambien­


tales: I1
}

a) Negativa para un consumidor, procedente de una actividad económica de J


producción. ' .
b) Positiva para un productor, procedente de una actividad de consumo.
i I
c) Negativa para un consumidor, procedente de una actividad de consumo.
d) Positiva para un productor, procedente de una actividad de producción. \
|
6 . ¿Podría suceder que los efectos externos al consumir un bien fueran superiores
a los efectos privados, ya sean efectos positivos o negativos? Argumentar la
respuesta mediante ejemplos.

7. ¿Por qué puede ser interesante estimar el valor de las externalidades ambienta­
les en el mundo real?

8 . Diseñar un gráfico del flujo entre la economía y el medio ambiente que ponga
mayor énfasis en la parte de residuos y reciclaje que el que refleja el Gráfi­
co 1.2.

9. Explicar la diferencia entre economía ambiental y economía de los recursos"


naturales.

10. Poner un ejemplo distinto al del libro que vaya a favor de la visión de los opti­
mistas. ¿Cuál podría ser el ejemplo de predicción de los pesimistas con mayor
acierto hasta ahora?

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de recursos con
efectos ambientales
t

2.1. El problema de la asignación de recursos


2.2. í Mercados perfectamente competitivos
2.3. Fallos del mercado
2.4. Extemalidades
2.5. | Bienes públicos
* X;,

2.6. Jj No convexidades
2.7. | Fallos de información
2.8. ¿Cuál es el objetivo del análisis?
Ejercicios
24 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

En este capítulo vamos a presentar y discutir algunos de los conceptos básicos de la


economía ambiental. Empezaremos argumentando por qué la calidad ambiental y los
recursos naturales se pueden considerar desde una perspectiva más general de asigna­
ción de recursos económicos, es decir, de cuánto esfuerzo dedicamos a unos bienes y
servicios en comparación con otros. Sobre este punto ya presentamos una primera
aproximación en el Capítulo 1, y aquí lo vamos a ver con mayor detalle. ;

Recuadro 2.1
RECURSOS

Se suele denominar con el término recur- mineros, etc.), los recursos humanos (tra-
sos a los distintos componentes que con- bajo con distintos grados de calificación), o
tribuyen a la actividad económica. Por los bienes de capital como los edificios,
ejemplo, los recursos naturales (agrícolas, máquinas, etc.

El punto de partida es que nuestros recursos (tiempo dedicado al trabajo, maqui­


naria, materias primas, etc.) no son ilimitados, sino escasos, y que tenemos que tomar
una serie de decisiones sobre cómo utilizarlos, con independencia del sistema econó--
mico mediante el que se asignen estos recursos, ya sea de mercado o de planifica­
ción. Con la teoría económica podemos analizar los pros y contras de distintas for­
mas de realizar dichas elecciones. Parece lógico empezar por un modelo base —el de
competencia perfecta en un sistema de mercado, que presentaremos más adelante—
y discutir cómo la asignación de recursos funciona en este modelo idealizado. Como
veremos, cuando se trata de bienes ambientales a menudo queda justificada la inter­
vención en el mercado, dado que las personas tendremos incentivos para abusar del
uso de aquellos recursos ambientales que no tienen un precio en el mercado. Existen
distintos casos en los que el mercado falla en esa característica ideal de conseguir la
asignación óptima de recursos para la sociedad. Así, podremos caracterizar distintas
formas de fallos del mercado. Cada forma llevará su propia receta para corregirlo, ya
sea mediante impuestos u otros instrumentos económicos. Nos ocuparemos de ello
en los Capítulos 3 y 4.

En el Capítulo 1 iniciamos la discusión del concepto de escasez, un concepto funda­


mental en economía. Como dijimos, para que se dé un problema económico, debe
darse algún tipo de escasez. Podemos resumir brevemente este punto de vista dicien­
do que los recursos productivos de la economía, es decir, el trabajo, los recursos na­
turales y el capital, son escasos en relación con la demanda social de bienes y servi­
cios, la calidad ambiental y otros tactores que contribuyen al bienestar humano.

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 25

Recuadro 2.2
ASIGNACIÓN ÓPTIMA DE RECURSOS

Cada persona puede dedicar mayor o me­ sos a una actividad si incrementándolos,
nor esfuerzo a una determinada actividad. y por tanto quitándolos de otras activida- \

La cantidad de recursos que en conjunto le des, mejoramos nuestro bienestar. Y final­


dedicamos es nuestra «asignación de re­ mente llamamos asignación óptima de re­
cursos» a esa actividad. Decimos que la cursos a la situación en que no haya
asignación es excesiva si transfiriendo re­ ninguna asignación distinta que propor­
cursos de esta actividad a algunas otras cione mejor bienestar, o en general, consi­
conseguimos mejor nuestro objetivo, en ga mejor su objetivo. En el caso de una
este caso obtener mayor bienestar con actividad de producción el objetivo suele
nuestras actividades económicas. Por otro ser la obtención del máximo de beneficios
lado, asignamos demasiado pocos recur- con los recursos disponibles.
i
*

Se pueden plantear muchísimas cuestiones respecto a la asignación de recursos


en general, y en particular sobre los conflictos con el uso de nuestros recursos am­
bientales y naturales. ¿Deberíamos salvar una especie en peligro de extinción si
con ello perdemos la posibilidad de beneficiarnos del consumo de otros recursos?
¿Deberíamos aumentar los impuestos ambientales a pesar de que con ello algunas
empresas vayan a la quiebra? ¿Qué cantidad de recursos no renovables, como el
petróleo, debería utilizar nuestra generación? Puede que parezca casi imposible
responder a éstas y otras cuestiones, pero la economía ambiental nos proporciona
una forma útil de organizar nuestros pensamientos sobre estos temas.

Recuadro 2.3
FRONTERA DE POSIBILIDADES DE PRODUCCIÓN Y FRONTERA
DE POSIBILIDADES DE UTILIDAD
•>

Una frontera de posibilidades de produc­ gar el punto A. Cuando dedicamos todos


ción entre varios bienes nos indica la pro­ nuestros recursos al bien 2 y nada al bien
ducción máxima que podemos alcanzar de 1, producimos cero de 1 y hasta A de 2. De
un bien, dados los niveles de producción forma parecida se interpreta el punto B,
de los demás bienes, el total de recursos con todos los recursos dedicados a produ­
productivos de que gozamos y la tecnolo­ cir unidades del bien 1. El punto C repre­
gía de que disponemos. senta una combinación donde se producen
' Para comprenderlo mejor, examinemos unas cuantas unidades del bien 1 y unas
el gráfico de este recuadro. En él se repre­ cuantas del bien 2. Comparándolo con el
sentan dos bienes que podemos producir, punto D, vemos que seguimos produciendo
el bien 1 y el 2. Examinemos en primer lu­ lo mismo del bien 1 pero más del bien 2,
• v.- •’ . . v * . *v. . * *• • v •

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26 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

y al estar no más lejos de la curva o fronte­ lidades de producción». Nos indica, para j
ra (entre ésta y el origen) es todavía posible cada cantidad producida de un bien, cuánto
con los recursos que tenemos. Si éstos fue­ podemos producir como máximo del otro
ran los dos únicos bienes, y no tuviéramos con los recursos disponibles. Otra forma de
en cuenta el factor temporal, parecería que ver cada punto de esta frontera es como la
lo razonable no es quedarse en el punto C, cantidad factible máxima de un bien a par- i
sino producir más de alguno de los bienes, tir de la cual sólo puede producirse más del
o incluso de los dos. En cambio, el punto E otro renunciando a unidades del primer i
no es asequible con nuestros limitados re­ bien. Las combinaciones representadas por |
cursos. La curva sobre la que se encuentran los puntos encima de la frontera son combi- j
A, D y B, se denomina «frontera de posibi- naciones eficientes de producción de bienes.

Bien 2

B i |¡

Bien 1

De manera similar, la frontera de posi- que nos puede dar cada combinación em
bilidades de utilidad entre dos bienes nos tre unidades consumidas del bien 1 y del
viene dada por la satisfacción máxima bien 2.
V—........... ............................................................................................................... J

Consideremos una curva, a la que llamamos curva o frontera de posibilidades de


utilidad, que describe una determinada relación entre nuestro bienestar material y el
proveniente de la calidad ambiental, como en el Gráfico 2.1. Ciertamente, la forma
de la curva podría ser distinta a la representada en este gráfico, sobre todo en los
extremos de la misma, pero para la cuestión que deseamos ilustrar aquí podemos su­
poner que la forma propuesta sea la correcta. Cada punto de la curva representa el
máximo nivel de utilidad asociado a la calidad ambiental que podemos disfrutar, para
cualquier nivel dado de consumo (PIB en el Gráfico 2.1). Mirándolo de otra forma,
podemos interpretar la curva como representación del máximo nivel de utilidad deri­
vada del consumo que la economía permite alcanzar para cualquier nivel determina­
do de calidad ambiental. Examinemos algunos puntos de la curva del Gráfico 2.1. El
punto A representa un nivel de consumo más alto y una calidad ambiental más baja

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 27

U (PIB)

U (Calidad ambiental z)
$

Gráfico 2.1. Curva de posibilidades de utilidad.

que el punto B, donde sacrificamos parte del bienestar material para incrementar la
calidad ambiental. El punto C representa el caso donde la calidad ambiental es la
mayor de los tres casos que comparamos, pero al mismo tiempo nuestro bienestar
material es el más bajo.
Una de las preguntas que se hace la economía es la de cuál de los tres puntos, A,
B o C, es óptimo desde el punto de vista de la sociedad. No podemos conseguir
mayores niveles de calidad ambiental sin renunciar al bienestar material, y lo mismo
al revés. Si pudiésemos incrementar la calidad ambiental sin sacrificar nada a cam­
bio, entonces la sociedad debería optar por esa solución. Sin embargo, en la medida
en que contemplemos combinaciones a lo largo de la frontera —los puntos que repre­
sentan combinaciones eficientes—, mejoras en el bienestar debidas a incrementos en
el consumo de un bien se hacen necesariamente a costa de algún otro bien, con la
consiguiente reducción en su «consumo».
Elegir entre las combinaciones A, Bo C, o cualquier o
forma parte del problema de la asignación de recursos. Si elegimos no talar un deter­
minado bosque para así preservarlo, estamos eligiendo utilizar este bosque de una
forma determinada. Los recursos que hubiéramos obtenido con la tala de árboles del
bosque se podrían haber utilizado para papel, muebles u otros usos para la sociedad.
Es decir, al conservar el bosque en lugar de cortarlo se incurre en un coste de oportu­
nidad que consiste en renunciar a lo que se obtendría cortándolo —lo mismo que al
cortarlo se incurre en un coste de oportunidad equivalente a la renuncia de su conser­
vación—. Sea como sea, debemos decidir a lo largo del tiempo cómo utilizamos los
recursos de la sociedad. Si por cualquier razón decidimos no utilizar algunos de nues­
tros recursos, esta «no elección» es también en realidad una forma de elegir cómo
usar nuestros recursos. •

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28 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

De acuerdo con la teoría económica, podemos resumir el problema fundamental


de la asignación de recursos en tres preguntas:
1. ¿Qué debemos producir? ^ '
i
2. ¿Cómo debemos producirlo? í
3. ¿A quién destinamos los bienes producidos? i
Es fácil perder de vista la relevancia de estas preguntas en las discusiones diarias
sobre la administración de nuestro medio ambiente y los recursos naturales. Tome- .
mos como ejemplo la cuestión energética. Con toda su complejidad, la política ener­
gética ilustra muy bien el problema de la asignación de recursos. Por ejemplo, ¿debe­
ríamos utilizar determinados ríos para producir electricidad, o deberíamos usar esos
mismos ríos con otras finalidades? Éste es un caso de qué producir con los recursos
en un país determinado. Cuando los gobiernos de Brasil, Argentina y Paraguay deci­
dieron construir la gran presa de Iguazú para abastecer de energía eléctrica a muchos
habitantes de los tres países, tuvieron que renunciar a otros usos del río y de las tie­
rras inundadas. Estos recursos podrían estar produciendo otros servicios en lugar de
energía.
La pregunta de cómo producir la electricidad es muy controvertida y la percep- .
ción social varía de un periodo a otro. Algunos países, como Francia, basan su pro­
ducción principalmente en la energía eléctrica que proviene de las centrales nuclea- *
res, mientras que en España, país vecino del anterior y también miembro de la Unión
Europea, la proporción de electricidad proveniente de las centrales nucleares nunca
ha sido alta y va disminuyendo con el tiempo. España podría sustituir la producción
de energía en centrales nucleares por energía procedente de la combustión de com­
bustibles fósiles, pero a su vez ello también crearía problemas ambientales.
La tercera y última pregunta fundamental en la asignación de recursos era sobre
la distribución: ¿a quién destinar los bienes producidos? Siguiendo con la cuestión
energética, en España, como en muchos otros países, la electricidad es más barata
para las actividades industriales que para los hogares. Es decir, aquellas unidades con
un consumo más intensivo de energía se ven subvencionadas o favorecidas. Así, para
un mismo nivel de gasto realizan un mayor consumo de electricidad. En otras pala­
bras, se da una transferencia de los hogares, que pagan más cara la electricidad, hacia
las empresas, para que la puedan recibir más barata. Sin entrar a juzgar si ésta es una
política acertada o equivocada, lo que sí refleja es una opción respecto de a quién
destinar los recursos, es decir, una cuestión distributiva. El ejemplo de la electricidad
podría fácilmente aplicarse a otros recursos, como por ejemplo el agua, mucho más
cara para los hogares que para su uso en la agricultura en la mayoría de países.
A menudo resulta interesante añadir una cuarta pregunta fundamental acerca de
la asignación de recursos: ¿cuándo producir? Ésta es una pregunta clave para la eco­
nomía de los recursos naturales, y también para algunos aspectos de la economía am­
biental. Esta cuestión se discutirá a lo largo del libro. Cuánto petróleo deberíamos
utilizar hoy en lugar de mañana constituye un buen ejemplo de lo importante que es
la cuestión temporal en la asignación de recursos.

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I

LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 29


t

La teoría económica nos enseña que en una economía de mercado perfectamente


competitivo el propio mercado resuelve de manera eficiente el problema fundamen­
tal de la asignación de recursos. Entendemos aquí por eficiencia que los recursos de
la sociedad se utilizan de la mejor forma posible; es decir, que no hay ninguna utili­
zación alternativa de los recursos que genere mayor bienestar al conjunto de las per­
sonas. Ello implica que los productores producen los bienes al mínimo coste posible
y en la cantidad que los consumidores demandan.

Recuadro 2.4
MERCADO PERFECTAMENTE COMPETITIVO

En el modelo de mercados perfectamente decisiones tomadas sin coordinación previa


competitivos suponemos que hay muchos por muchos consumidores o productores,
compradores y vendedores, de manera que bien por el Estado al intervenir con impues­
ninguno de ellos individualmente conside­ tos, subvenciones, multas, prohibiciones o
rado puede cambiar los precios debido a la algún otro tipo de regulación, bien por otros I
demanda u oferta que realizan. motivos como cambios tecnológicos, etc. |
Ello implica contemplar los precios como Supondremos también que los agentes
señales. Es decir, los productores y consu­ tienen información perfecta sobre los pre­
midores reaccionan en su propio interés cios y calidades de cada producto. Y que |
(procuran obtener los máximos beneficios los productos de un mismo tipo son básica­
o bienestar) dados los precios que obser­ mente equiparables los haga un productor u
van, aunque ambos pudieran preferir otros otro. Es decir, que los bienes son homogé­
precios. En particular, los compradores neos. Además, los recursos productivos son
suelen preferir precios más bajos y los pro­ móviles, es decir, fácilmente trasladables
ductores más altos. De hecho, cuando el de una a otra actividad. I
mercado deja de ser perfectamente compe­ Finalmente, supondremos que los agentes
titivo y los productores pueden forzar los maximizan su bienestar. Ello implica que
precios, como en el caso de los monopolios los productores tomarán sus decisiones eco­
o los oligopolios, suelen forzarlos al alza. nómicas para procurarse el máximo benefi­
De forma similar, los monopsonios, o com­ cio, y los consumidores adquirirán los bie­
pradores únicos, suelen forzar los precios a nes para obtener el máximo bienestar o
la baja. Cuando un productor o un consu­ utilidad. Este supuesto de racionalidad com­
midor pueden individualmente modificar porta también que cada consumidor sabe,
los precios con sus decisiones de produc­ para sí mismo, comparar y ordenar cualquier
ción o consumo, se dice que tiene poder de combinación de consumo de más a menos
mercado. En este libro sólo contemplare­ preferida. Por ejemplo, si prefiere dedicar sus
mos situaciones sin poder de mercado, recursos a n unidades del bien 1 y m del bien
donde los precios se modifican bien por 2, o rí del bien 1 y m! del bien 2.

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'

30 M A N U A L DE E C O N O M ÍA A M B IE N TA L V DE LOS RECURSOS N A TU R A LES


I

Enumeremos las características de un mercado perfectamente competitivo* #

• Muchos compradores que representan una proporción pequeña del mercado.


• Muchos productores que representan una proporción pequeña del mercado.
• No hay cooperación entre consumidores. *
• No hay cooperación entre productores.
• Los bienes son homogéneos.
• Hay información perfecta.
• Perfecta movilidad de los recursos productivos.
Además, como veremos más adelante, los mercados competitivos dejan de ser
eficientes si:
• Generan externalidades.
• Proveen bienes públicos.
Más adelante nos centraremos especialmente en las dos últimas condiciones, aun­
que como veremos la información perfecta es también importante en el análisis del'
medio ambiente como parte del problema de asignación de recursos. Pero antes de
adentrarnos en estos campos, presentaremos un poco mejor las bondades de este mer­
cado ideal que es el perfectamente competitivo. Será para este capítulo y los dos si- I
guientes la base de la que partiremos en nuestros análisis. Empezaremos presentando
las funciones de demanda y oferta, y los conceptos de excedente del consumidor y
del productor.

2.2.1. Funciones de demanda


" « . . . • * ' *' * * * ‘ *" ' ** v * " •’ 1^
A M

Las funciones de demanda nos indican para cada consumidor o para el conjunto de i
ellos, qué cantidad de un determinado bien se querrá y podrá consumir a medida que
varía su precio de compra. Cuando representan a un solo consumidor, se habla de
funciones de demanda individual. Cuando se refieren al conjunto de los consumido- 1
res las llamamos funciones de demanda agregada o de mercado. La función de de- :
manda de mercado se obtiene sumando, para cada posible precio, las cantidades de­
mandadas de cada uno de los consumidores. En ocasiones nos referimos a esta suma
como suma horizontal. La cantidad de un bien que queramos y podamos consumir
dependerá básicamente de nuestras preferencias por éste y los demás bienes, del pre­
cio relativo del bien respecto a los demás y de lo limitados que sean nuestros recur­
sos. Ya hemos visto en este capítulo que al dedicar nuestros recursos a algo dejamos
de dedicarlos a otra cosa. Si adquirimos muchas unidades de un bien, no podremos
adquirir tantas de los otros. Si las unidades de un bien son relativamente muy caras,
adquirir una unidad más supondrá un mayor sacrificio de los demás bienes. Final­
mente, si aumentan nuestros recursos, podremos aumentar la cantidad de consumo de
los distintos bienes.

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 31

Una forma útil y cómoda de trabajar con funciones de demanda es representándo­


las gráficamente. Por convención, no representaremos exactamente una función de
demanda, sino su inversa. Es decir, aunque generalmente explicamos que la cantidad
demandada está en función del precio, nosotros seguiremos la convención de repre­
sentar la curva de demanda colocando en el eje vertical los precios y en el horizontal
las cantidades. Sin embargo, por comodidad no nos referiremos a estas representacio­
nes como curvas inversas de demanda, que sería lo más correcto, sino como curvas
de demanda. El Gráfico 2.2 muestra una curva de este tipo. Por simplicidad solemos
representar la función como una recta, pero puede ser curvilínea, ya sea combada
hacia el origen o al revés.
El punto A sobre la curva de demanda tiene dos lecturas que nos van a interesar.
Por un lado se puede ver como la cantidad, xA, que el demandante puede y desea
adquirir si el precio fuera pA. Podría adquirir menos, pero no sería lo que mayor satis­
facción daría al consumidor. Quizás podría también consumir más, pero tampoco eso
daría mayor bienestar al consumidor, dado que debería renunciar a consumir alguna
unidad de otro bien que le da mayor satisfacción. Así, cada punto encima de la de­
manda representada (en este caso la recta) nos indica la cantidad óptima para un con­
sumidor determinado, o para el conjunto de ellos si se trata de la demanda de merca­
do, que va a consumir del bien X a medida que varia el precio por unidad de este bien.
Por otro lado, se puede contemplar también al revés. Es decir, como el precio
máximo (para el punto A, pA) que el consumidor está dispuesto a pagar por una deter­
minada unidad del bien X (la unidad que hace la número xA). En otras palabras, cada
punto encima de la curva se puede interpretar como la máxima cantidad de dinero
que un determinado consumidor estaría dispuesto a pagar por cada unidad del bien X,
habiendo consumido ya todas las unidades anteriores. Ello puede dar la intuición de
por qué las funciones de demanda se representan con pendiente negativa, o sea de

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32 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

arriba a la izquierda hacia abajo a la derecha. Seguramente por el primer vaso de


agua en una comida estamos dispuestos a pagar mas que por el segundo, y por éste
más que por el tercero, etc. En el contexto de este libro, llamaremos valor a la máxi­
ma disposición a pagar por cada unidad del bien y reflejará la utilidad que le reporta
al consumidor dicha unidad. Así pues, la representación gráfica del valor de una uni­
dad determinada de un bien será la altura hasta la función de demanda correspon­
diente a esta unidad {pA
).

Recuadro 2.5
DEMANDA

La cantidad demandada es la que los con­ tiempo, la altura de un punto sobre la fun­
sumidores pueden y quieren consumir dado ción de demanda puede interpretarse como
un precio determinado. la cantidad máxima de dinero que, para es­
La función de demanda es la que rela­ ta unidad del bien, los consumidores están
ciona precios con cantidades demandadas. dispuestos a pagar como máximo; es decir,
Un punto sobre la función de demanda se como la función de valores del bien.
puede leer como el número de unidades del La diferencia entre el valor y el precio
bien que, dado este precio, los consumido­ de adquisición se denomina excedente del
res pueden y desean consumir. Al mismo consumidor.

Explicadas ya las dos formas básicas de interpretar las funciones de demanda,


introducimos a continuación la función de precios. Habitualmente, cuando adquiri­
mos bienes, como por ejemplo botellines de agua, el precio que pagamos por cada
unidad es el mismo. Si en el supermercado hemos comprado esta mañana dos botelli­
nes a 1 euro cada uno, el botellín que adquirimos por la tarde nos lo cobran también a
1 euro. Es decir, el precio es el mismo para cada unidad. Así, la representación gráfi­
ca del precio es una línea horizontal, de pendiente cero, tal como muestra el Gráfico
2.3. Excepto en el caso en que lo indiquemos expresamente, el precio se expresará
por unidad, es decir, en términos marginales (unidad a unidad) y vendrá definido por
el valor de la última unidad comprada o vendida en el mercado.
Si el precio es efectivamente p para cada unidad de X, entonces el punto A corres­
ponde a una unidad que se ha adquirido por una cantidad de dinero p pero por la que
el consumidor estaría dispuesto a pagar como mucho pA. Dado que el valor (pA) es
mayor que el precio (p)que deberá pagar por esta unidad el consumid
quirirá obteniendo así un «beneficio» igual a la diferencia entre p Ay p. A la diferen­
cia entre el valor de una unidad para el consumidor y su precio de adquisición se la
denomina excedente del consumidor de aquella unidad. Intuitivamente, es como el
«beneficio» o el «ahorro» del consumidor, dado que es la diferencia entre lo que en
realidad paga y lo que estaría como mucho dispuesto a pagar. Observemos ahora lo
que ocurre con el punto B, para la unidad xB. Su valor es pB (la altura hasta la función
de demanda en xB), mientras que el precio es superior (p). Si el consumidor adquiriese

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 33

esta unidad (xB), obtendría por ella menos bienestar (pB) que lo que paga por ella (p),
es decir, por no dedicar el dinero p a consumir alguna unidad de otros bienes que
también le dan bienestar. Por tanto, no tendrá interés en consumir xB si el precio es p.
Tendría✓
un «excedente negativo». La última unidad que estará dispuesto a consumir
es jc. Esta será, para el consumidor, la cantidad demandada de «equilibrio».
Dado que el consumidor comprará y consumirá hasta x unidades del bien, en cada
una de las unidades anteriores obtendrá un excedente. La suma del excedente asocia­
do a cada unidad consumida formará el total del excedente del consumidor. La repre­
sentación gráfica de esta suma será lógicamente el área que aparece rayada en el Grá­
fico 2.3.

2.2.2. Funciones de oferta


i

Así como la función de demanda indicaba la cantidad óptima que el consumidor de­
seaba y podía adquirir a cada posible precio de compra, la de oferta denota la canti­
dad de producto que el oferente o productor querrá y podrá poner a la venta a cada
precio de venta. Si la función de oferta se refiere a un solo productor, ésta es indivi­
dual, y si es la del conjunto de ellos se denomina función de oferta de mercado o
agregada. Que la función de oferta tenga una forma u otra depende básicamente de la
tecnología disponible, de la combinación de factores de producción (trabajo, capital,
capital natural) y del coste de estos factores. Es decir, depende de lo costoso que para
los productores sea producir cada unidad del bien en cuestión.
El Gráfico 2.4 muestra una función típica de oferta. No tiene por qué ser rectilí­
nea. Podría ser curvilínea, pero nosotros representaremos las funciones de oferta con
líneas rectas por simplicidad. Tampoco tienen por qué tener necesariamente su ori-

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?

34 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

gen en el punto de intersección de los dos ejes de coordenadas. Es más, habitual­


mente no será así, pero por simplicidad y comodidad las representaremos a menudo
de esta forma sin que por ello pierdan validez los argumentos que presentaremos. El
lector puede reproducir los gráficos variando las formas de las funciones de oferta y
demanda. ]
El punto A en el Gráfico 2.4 tiene, al igual que acontecía con la función de de­
manda, dos interpretaciones que utilizaremos en este libro. Dicho punto se puede ver
en primer lugar como la cantidad idónea, xA, del bien X que el productor u oferente
puede y desea poner a la venta cuando el precio es pA. Podría producir menos canti­
dad, pero entonces no obtendría tanto beneficio, como se verá más adelante, al intro1
ducir el concepto de excedente del productor. Quizás podría producir algo más, pero
entonces empezaría a perder beneficios, como también se verá.
En segundo lugar, los puntos de la representación de la función de oferta se pue­
den interpretar verticalmente como los precios mínimos a los que está dispuesto a
vender cada unidad el oferente. Naturalmente al oferente le suele interesar vender a
mayor precio, pero a un precio inferior no le interesa ofrecer esa cantidad, porque le
cuesta demasiado producirla. Para verlo, podemos reinterpretar la función de oferta
de la siguiente manera. A corto plazo, los productores sólo pueden modificar a vo­
luntad algunos factores de producción, no todos. Por ejemplo, a corto plazo no pue­
den construir una nueva fábrica, dado que se necesita bastante tiempo para ello. Al­
gunos factores sí se pueden variar. La función de oferta representa cómo varan los
costes de aumentar la cantidad de esos tactores variables para producir cantidades
adicionales del bien X. Ciertamente, si en una panadería con un solo horno y una
habitación de un tamaño determinado contratamos a una persona más, podremos ha­
cer más pan, pero cada persona adicional que contratemos no será tan eficiente como

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 35

la anterior, dado que la capacidad del horno no ha aumentado. Así, cada pan adicio­
nal es relativamente más caro de producir, y para quererlo producir, la empresa exigi­
ría un precio mayor. Parece lógico que la función de oferta sea, pues, creciente, con
pendiente positiva.
Al interpretar la función de oferta como el coste mínimo al que las empresas
ofrecen su producto, mientras el precio real de venta, p, es superior a dicho coste, el
oferente obtendrá beneficio de la decisión de producir y vender dicha unidad. Eso es
lo que refleja el punto A del Gráfico 2.5. El precio mínimo de venta para la unidad
es de pA, mientras que la unidad se venderá al precio p. Este precio p será el ingreso
asociado a esta unidad, y restándole el coste pA le queda al productor un beneficio
neto asociado a la decisión de producir y vender la unidad xA. Este beneficio es el
excedente del productor para esta unidad. De nuevo, en el punto B no se da un benefi­
cio sino una pérdida, dado que el coste es mayor que el ingreso. Por lo tanto, la unidad
xB lleva asociada un excedente negativo para el productor. Por esa razón el oferente no
tendrá incentivos en poner a la venta tantas unidades de X. Ésta es la justificación de la
primera forma de interpretar la función de oferta descrita más arriba.
Volviendo al excedente del productor, el oferente deseará producir unidades has­
ta que el coste pase a estar por encima del ingreso (precio) y por lo tanto dejen de
darle beneficios (excedente). La última unidad antes de empezar a tener alguna pér­
dida es x en el Gráfico 2.5, y es la unidad en la que la función de oferta y la ho­
rizontal del precio coinciden. De esta forma, x puede verse como el punto de «equili­
brio» para el productor, dado el precio p. Si efectivamente la producción es de x
unidades, entonces los oferentes habrán obtenido un excedente igual al área que apa­
rece rayada en el Gráfico 2.5. Producir hasta x es la mejor decisión que pueden tomar
los oferentes.

Gráfico 2.5. Excedente del productor.

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36 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 2.6
OFERTA

La cantidad ofertada es la que los oferentes mo tiempo, un punto sobre la función de


pueden y quieren producir dado un precio oferta informa sobre la cantidad mínima de
determinado. dinero que, para esta unidad del bien, los
La función de oferta es la que relaciona oferentes están dispuestos a ingresar sin te­
precios con cantidades ofertadas. Un punto ner pérdidas. Es decir, como la función de
sobre la función de oferta se puede inter­ costes para esa unidad del bien.
pretar como el número de unidades del #
La diferencia entre el coste y el precio
bien que, dado el precio asociado, los pro­ de venta se denomina excedente del pro­
ductores pueden y desean vender. Al mis- ductor.

2.2.3. Oferta y demanda


Hemos comprobado que donde coinciden el precio y la función de demanda es tanto
la cantidad de equilibrio que demandarán los consumidores como la cantidad eficien­
te u óptima para éstos, dado que con esta cantidad obtienen el mayor bienestar. De la.
misma forma hemos visto que donde coinciden el precio y la función de oferta nos
indica la cantidad de equilibrio para los productores, que es también la óptima para
ellos. Poniendo oferta y demanda juntos, como en el Gráfico 2.6, vemos que para p*
coinciden en la misma unidad la cantidad óptima de oferta y demanda, jc*. Diremos
que el mercado está en equilibrio cuando esto sucede. De aquí en adelante denotare­
mos con asterisco las cantidades y precios de equilibrio de mercado. Fijémonos en el

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I

LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 37

mismo gráfico que el excedente total o conjunto de excedentes para productores y


consumidores es el área rayada, y que producir más allá de je* sería perjudicial tanto
para oferentes como demandantes, en términos de excedentes. Lo mismo ocurriría si
se produjeran y consumieran menos unidades que x*. Entonces el excedente no sería
el máximo, dado que habría una parte de beneficio y de excedente del consumidor
posible pero no realizado.

2.2.4. Los dos teoremas del bienestarf


i

Gracias a la teoría económica, y tal como hemos resumido hace un momento, sabe­
mos que, bajo ciertas condiciones, los mercados perfectamente competitivos llevan a
situaciones óptimas o eficientes. A menudo calificamos estas situaciones con el tér­
mino Pareto óptimo o Pareto eficiente, que es una forma quizás más técnica de refe­
rirse a que la economía de mercado competitiva es eficiente. Una situación se llama
Pareto óptima cuando nadie, ningún oferente o demandante en este caso, puede me­
jorar sil situación (su excedente) sin que la de alguien empeore.
Dos de las propiedades de un mercado perfectamente competitivo se pueden re­
sumir con los llamados primer y segundo teorema del bienestar. El primer teorema
del bienestar nos dice que cualquier equilibrio de mercado es Pareto eficiente. Esto
significa que no hay ningún intercambio posible de bienes que permita aumentar el
bienestar de alguien sin empeorar el bienestar de otra persona. Así, si dejamos que
los mercados perfectamente competitivos actúen libremente, el sistema de precios en
sí mismo garantizará un uso Pareto óptimo de los recursos de la economía. Este es un
resultado teórico que es cierto solamente bajo condiciones que no se dan necesaria­
mente en la realidad. Lo más probable es que nunca veamos una economía que cum­
pla con todos los ideales del mercado perfectamente competitivo. Buena parte del
resto de este capítulo se dedica a analizar casos donde el ideal teórico de los merca­
dos perfectamente competitivos no se cumple.
El segundo teorema del bienestar es en cierto sentido el reverso del primer teore-.
ma. Podemos expresarlo de la siguiente forma: a toda situación Pareto óptima se pue­
de llegar repartiendo la renta de distinta forma y dejando entonces al libre mercado
competitivo llegar a la cantidad de equilibrio. Esta nueva cantidad será la cantidad
Pareto óptima; es decir, corresponde a un determinado equilibrio de mercado. Ello
significa que si deseamos pasar de una situación Pareto óptima a otra, podemos lle­
gar a esa otra situación mediante transferencias de renta. Intuitivamente, nos dice que
deberíamos dejar que el mercado actuara libremente, pero entonces deberíamos utili­
zar algún sistema para redistribuir la renta o ingreso entre la sociedad, de forma que
alcancemos sin mayor intervención, dejando actuar al mercado competitivo, la nueva
situación Pareto óptima. El segundo teorema sugiere todavía una cosa más: que se
puede desligar la parte de eficiencia de la de equidad (de la parte de la distribución
de la renta en la sociedad). Por tanto, si deseamos realizar una política orientada a la
equidad, la forma de hacerla, nos sugiere este segundo teorema, no es vía precios

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38 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES 1

(por ejemplo, financiando determinados productos para personas de determinados ni­


veles de renta), sino vía reparto de renta, porque luego los precios ya se ajustarán
hasta llegar a un equilibrio que comporte la producción y consumo de la cantidad
eficiente (Pareto óptima) de cada bien. En parte, este poder desglosar el análisis de
eficiencia del de equidad es lo que nos permitirá en el libro dedicar mucha atención
al primero e introducir el segundo algo más adelante. Ciertamente, puede que no sea
fácil para el gobierno realizar estas reasignaciones de renta, y además las transferencias
forzadas de renta no están exentas de problemas. De ello hablaremos en el Capítulo 7. .
El primer y segundo teorema del bienestar constituyen dos pilares de la teoría
microeconómica. Nos proporcionan los elementos teóricos sobre por qué la econo­
mía de mercado puede ser eficiente, y nos permiten estudiar cómo desviaciones de
nuestro escenario ideal afectan la asignación de recursos y la eficiencia en una eco­
nomía de mercados perfectamente competitivos. Sin estos dos resultados teóricos,
podríamos decir muchas menos cosas acerca de las ventajas e inconvenientes de la
economía de mercado perfectamente competitivos.

Fallos del mercado


Como hemos visto, los mercados perfectamente competitivos hacen que los consu-*
midores y los productores, cada uno por su cuenta, sin coordinación entre ellos, tien­
dan a producir y consumir una cantidad (**) de «equilibrio», donde ni compradores
ni vendedores tienen incentivos para variar dicha cantidad. De esta forma no se crean
más que coyunturalmente ni excedentes ni escasez en ningún bien, gracias a los pre­
cios que se van formando para cada bien con esta multitud de decisiones de produc­
ción y consumo descentralizadas, sin coordinación del Estado ni de ninguna autori­
dad. Pero con mercados competitivos no sólo se llega a producir y consumir una
cantidad de equilibrio a un precio de equilibrio. Además, esta cantidad de equilibrio
es la óptima, la eficiente, la más deseable para la sociedad. Por consiguiente, los mer­
cados perfectamente competitivos tienen la virtud adicional de ser deseables desde el
punto de vista de generar el mayor bienestar conduciendo a la cantidad de equilibrio
de cada bien, dada una distribución determinada de la riqueza. Cambiando esta distri­
bución, se tiende de nuevo hacia un equilibrio eficiente, aunque distinto del anterior.
Es lo que veíamos en el primer y segundo teorema de la economía del bienestar.
Sin embargo, en la realidad muchos mercados adolecen de ineficiencias. No son
perfectamente competitivos. Ello puede ocurrir por diversas causas, algunas de las
cuales analizaremos a continuación. Sea por la causa que sea, cuando el mercado
deja de ser perfectamente competitivo, pierde la segunda característica. Es decir,
la cantidad de equilibrio de mercado a la que se llega deja de asegurar el máximo
bienestar para la sociedad, ya sea porque con esta cantidad de equilibrio se produce y
consume demasiada cantidad del bien o porque por el contrario se producen y consu­
men menos unidades de las que serían socialmente deseables en términos de exce­
dentes. Cuando eso sucede, cuando el mercado llega a una cantidad de equilibrio dis-

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 39

tinta de la que da un excedente máximo, entonces se dice que el mercado falla en su


virtud de generar por sí mismo el máximo bienestar. Se produce un fallo de mercado.
A continuación vamos a ver los fallos de mercado más habituales desde la pers­
pectiva de la economía ambiental. En primer lugar veremos la causa más extendida y
que presentamos ya en el primer capítulo: las externalidades. Le seguirá la presencia
de bienes públicos y la mala definición de los derechos de propiedad. Finalmente,
veremos dos causas más de fallos de mercado, la presencia de no convexidades y
problemas de información.

4? Externalidades
En el capítulo anterior introdujimos la noción de externalidad. Es una noción impor­
tante para el análisis económico, dado que cuando se generan externalidades el mer­
cado ya no lleva a una asignación óptima (la cantidad de equilibrio de mercado no es
la socialmente eficiente). Ni la producción ni el consumo deberían generar efectos
externos que no se reflejen totalmente en los precios del mercado. Cualquier cambio
en el uso de recursos que el mercado captura completamente no constituye una exter­
nalidad en el sentido en el que aquí lo utilizamos. Si compro una barra de pan más y
con ello impido que otra persona la adquiera, no estaré generando propiamente una
externalidad sobre el otro potencial comprador, aunque le afecte, dado que ya pago
todo el precio por dicha barra de pan. Si la única empresa de un sector en una peque­
ña localidad quiebra, eso puede en sí mismo generar muchos efectos negativos adi­
cionales, sobre todo a los hogares de los empleados en esta empresa. El hecho de que
los consumidores del producto de esta empresa no deseen hacer los sacrificios nece­
sarios (o sea, pagar un precio lo suficientemente alto por su producto que permita a la
empresa seguir obteniendo beneficios) le indica al productor que los recursos inmo­
vilizados en la empresa tendrían mayor valor invertidos en alguna otra actividad eco­
nómica. Por tanto, si cae el mercado de bienes producidos por una empresa, ello no
genera en sí mismo un efecto externo.
Como vimos en el capítulo anterior, las externalidades pueden ser positivas o ne­
gativas. Así, la producción de papel puede causar efectos externos negativos sobre
los pescadores con sus emisiones de contaminantes al agua. Por otro lado, los jardi­
nes privados bien cuidados causan un efecto externo positivo sobre los habitantes del
barrio. La agricultura, por ejemplo, puede causar externalidades tanto positivas como
negativas. Por ejemplo, la mejora de bienestar debida a paisajes atractivos y la pérdi­
da de utilidad por contaminación de suelos debido a un uso excesivo de productos
químicos.
Los paisajes suelen quedar «al margen» del mercado. Como consumidores de
productos agrícolas, al comprar estos productos compensamos a los agricultores por
los costes en los que incurren en la producción, pero no está incluida en el precio una
compensación expresa por producir un tipo u otro de paisaje. Generen un tipo de
paisaje u otro, el precio de las verduras no varía. De la misma forma, casi nunca

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40 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

encontramos agricultores que tengan que pagar por los daños ambientales que a ve­
ces ocasionan.
Las externalidades las podemos representar gráficamente. Si las representamos
en términos marginales, viendo el daño o beneficio que cada unidad en particular
produce a los externos, dibujaremos una función de costes o beneficios marginales
externos. Centrémonos en los costes externos por el momento. Si cada unidad que se
produce o consume de un bien genera cada vez una pérdida de bienestar de un euro,
por ejemplo, al conjunto de externos de la sociedad, entonces su representación en
nuestros gráficos habituales será una línea recta horizontal de altura un euro. Si por el
contrario cada unidad en sí misma añade una pérdida de bienestar menor que la uni-
m

dad anterior, dibujaremos una función de costes marginales externos decreciente, con
pendiente negativa. Finalmente, si los costes externos de cada unidad son un poco
mayores que los de la unidad anterior, entonces la representación gráfica será una
curva creciente, de pendiente positiva. En el Gráfico 2.7 se muestra una función de
costes marginales externos de este último tipo. Las tres representaciones son po­
sibles, e incluso la combinación entre ellas. En este libro, por claridad expositiva
supondremos prácticamente siempre que se trata de funciones de coste marginal cre­
ciente, rectilíneas y que pasan por el origen de los ejes de coordenadas. El lector
puede reproducir los gráficos variando a su gusto estas tres características. Lo mismo
sucede para los beneficios marginales externos. Pueden tomar cualquier forma. Por
simplicidad, nosotros supondremos casi siempre que tienen la misma forma que los
costes marginales externos, con lo que sólo deberemos cambiarles la etiqueta para
pasar de externalidades negativas a positivas.
Con la presencia de externalidades, la sociedad relevante se compone no sólo de
productores y consumidores, sino también de «externos». Por lo tanto, para el con-

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»

LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 41

junto de la sociedad el coste de cada unidad será la suma del coste de esta unidad
para los privados (el coste de producir esa unidad) más el coste de esta misma unidad
para los externos. Eso es lo que refleja la función de costes sociales del Gráfico 2.7.
La función de costes marginales sociales (CMgS) es la suma «vertical» de la de cos­
tes marginales privados u oferta ( gC)y la de costes marginale
M
Por su parte, los beneficios sociales son los de los consumidores —dado que no hay
externalidades positivas—, representados por la función de demanda (D).
Aplicando el principio de igualar costes marginales sociales a beneficios margi­
nales sociales para hallar la cantidad socialmente óptima del bien en cuestión, vemos
que el óptimo social (x**) está situado a la izquierda del punto de la cantidad de
equilibrio de mercado competitivo (x*). Es decir, el mercado, por sí mismo, lleva a
producir y consumir demasiada cantidad del bien, dado que lo socialmente eficiente
sería que se produjera y consumiera menos.
Examinemos un poco más la identificación de la cantidad socialmente óptima (el
óptimo social, x**). Vamos a ver de dos formas distintas cómo, efectivamente, x**
$

representa en los Gráficos 2.7 y 2.8 la cantidad más deseable. Si tomamos como refe­
rencia una cantidad mayor, como x', y ésta fuese la última unidad producida, dicha
unidad reportaría un coste a los externos (altura á en el Gráfico 2.8) que es mayor
que el excedente para los consumidores y productores (altura b'), que es la diferencia
entre el coste de esta unidad y la máxima disposición a pagar por ella. Lo mismo es
cierto para cualquier unidad a la derecha de x**. Además, a la derecha de x* cada
unidad representa una pérdida de bienestar tanto para los externos como para los pri­
vados, dado que el coste de producción es mayor que la disposición a pagar. Cuanto

Gráfico 2.8. Óptimo social en presencia de externalidades negativas.

•i
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42 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

mayor es la producción a la derecha de x**, mayor es la disminución de bienestar


para el conjunto de la sociedad. Analicemos ahora el caso contrario. Si hubiera me­
nos producción, como por ejemplo x", esta última unidad aportaría mayor excedente
a los productores y consumidores (b") que ahorro de costes a los externos (a ).-Por
tanto, para el conjunto de la sociedad es mejor que esta unidad se produzca. Pero ello
es cierto también para las demás unidades a la izquierda de x**, como se puede com­
probar fácilmente. Para que se realice todo el beneficio social posible, la cantidad a
producir y consumir es la que iguala el beneficio de los privados (b) con el coste de
los externos (a), lo cual ocurre justamente en la unidad x**.

La segunda forma de ver que x** representa el óptimo social para este bien X es
mediante las áreas que denotan los excedentes. El área nel Gráfi­
co 2.9 representa el excedente de los privados asociado a producir la cantidad de
equilibrio de mercado x*. En concreto, A + C corresponde al excedente del consumi­
dor y B+ Da
l del productor. Por su lado, los externos experimentan u
bienestar igual a E+ F.¿Es la situación mejo
moslo. De ser así, los privados perderían C + D, porque las unidades entre x** y x*
no se producirían ni consumirían. Por su lado, los externos ganarían F, por la misma
razón. Y como F es mayor que C+
Ahora el bienestar social sería A + B — E en lugar de A + B + C + D — E — F. Fi­
jémonos finalmente en que de ser x! la última unidad en lugar de x**, nos quedaría
todavía una parte del área de pérdida de bienestar por parte de los externos (entre la
función de costes marginales externos, el eje horizontal y las verticales en x** y x')
que sería mayor que la correspondiente para los privados (consumidores y producto-

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 43

res), por lo que disminuyendo x' podría mejorarse todavía el bienestar social. Se deja
para el lector el razonamiento equivalente con x".
Lo que sucede con externalidades negativas, sucede de forma análoga con exter-
nalidades positivas, sólo que x** se ubicará a la derecha de x* en lugar de a la iz­
quierda. En otras palabras, cuando se producen beneficios externos al consumir o
producir un bien, de éste se produce y consume demasiado poco si se deja [Link]ón
en manos de cada uno de los consumidores y productores, o sea en manos del merca­
do. Para verlo, basta con sustituir la etiqueta «coste marginal externo» por «beneficio
marginal externo» en el Gráfico 2.7. El lector puede comprobar que el coste marginal
social se ubica por debajo de la función de oferta en lugar de por arriba, y que ahora
costes y beneficios marginales sociales se cortan (igualan) en una unidad de producto
a la derecha de x*. Se deja también para el lector la comprobación de que esta unidad
es efectivamente el óptimo social reproduciendo los Gráficos 2.7, 2.8 y 2.9 con las
modificaciones correspondientes.
El resultado hallado nos dice hasta dónde, en presencia de externalidades —y el
consumo o producción de multitud de bienes genera externalidades—, el mercado
debería corregirse. Por ejemplo, para los bienes que con la tecnología actual no se
pueden consumir o producir sin externalidades ambientales negativas, no sería so­
cialmente deseable que se eliminara por completo la externalidad, cosa que acontece­
ría si no se produjera ni se disfrutara de ninguna unidad del bien. Si no es deseable
renunciar por completo a muchos bienes, entonces ¿hasta dónde debemos renunciar?
La economía nos da un criterio basado en el bienestar de la sociedad: hasta donde el
bienestar social sea máximo, es decir, hasta t ** en nuestros gráficos.
Una vez visto que el mercado falla en la virtud de generar el óptimo social cuan­
do hay presencia de externalidades e identificada la cantidad que debería producir y
consumir, nos podemos preguntar por la forma de corregir este tipo de fallos. A ello
dedicaremos los siguientes dos capítulos. Sin embargo, antes de pasar a explicar la
política económica ambiental de corrección de externalidades ambientales, vamos a
ver otras posibles causas de fallos de mercado.
i

Bienes públicos
Existe otra posible causa de fallo del mercado, que surge cuando los bienes son pú­
blicos. En este contexto, los llamados bienes públicos o colectivos no son los provis­
tos por el sector público, así como los bienes privados no son tampoco los provistos
desde el sector privado necesariamente. En el contexto de esta parte de la economía,
los bienes públicos son simplemente los que cumplen las siguientes dos condiciones,
los provea quien los provea.
1. Una vez provistos no se puede excluir a nadie de su consumo.
2. El consumo del bien por parte de un individuo no disminuye la capacidad de
otras personas para consumir el mismo bien.

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44 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
f

A la primera condición la llamamos de no exclusión, y a la segunda de no rivali­


dad en el consumo. Por su parte, los bienes privados son los que permiten la exclu­
sión de por lo menos algún consumidor y presentan rivalidad al consumirse. Una ba­
rra de pan es un bien privado, dado que al adquirirla alguien puede impedir a los
demás tenerla y al consumirla ya nadie puede consumir esta misma barra. El paisaje
forestal es un bien público, dado que una vez provisto por los propietarios forestales
no se puede impedir a las personas que lo contemplen, y el hecho de que alguien lo
mire no disminuye el disfrute de otra persona al observarlo.
Fijémonos primero en la primera condición y luego en la segunda. El que un bien
no sea excluible puede presentar problemas si su provisión se confía a la iniciativa de
los productores. Por ejemplo, los paisajés forestales los conforman los propietarios
forestales al producir madera. Imaginemos una plantación de árboles que el propieta­
rio ha dispuesto en filas perfectamente alineadas conformando una cuadrícula. Puede
que nos gustara más todavía el paisaje forestal si fuese irregular. Pero el propietario
no recibe ninguna compensación por parte de los demás por el paisaje que crea, sólo
por la madera que produce y que puede extraer con menor coste al disponer los árbo­
les de forma alineada. Además, el propietario lo tiene algo difícil para cobrar a los
beneficiados por el paisaje por su disfrute. Si nos pide a nosotros que contribuyamos,
que le paguemos una determinada cantidad por disponer la plantación siguiente de
forma irregular, estaremos tentados a no contribuir. ¿Por qué? En primer lugar por­
que la contribución individual de una sola persona no va a modificar seguramente la
decisión del propietario (seguimos con la hipótesis de que un solo agente no tiene
suficiente influencia para por sí solo hacer variar los precios y, en esta ocasión, las
decisiones de los demás). Y en segundo lugar porque, caso de el propietario cambiar
la disposición de los árboles, tampoco nos podrán excluir de disfrutar del nuevo pai­
saje, debido a la primera característica de todo bien público. Es decir, cada individuo
tiene incentivos para aprovecharse de la situación, y comportarse como un aprove­
chado, o polizón o fre-id,es decir, no pagar y consumir igualmente el bien públi
co. En el ejemplo vemos una razón económica por la que la no exclusión lleva a los
bienes públicos a ser provistos por el mercado de forma escasa. La calidad paisajísti­
ca no será la socialmente óptima, sino que estará por debajo de lo socialmente más
deseable. El mercado falla al proveer una cantidad (en el ejemplo, la calidad, o la
distribución de los árboles) que no es la óptima. El resultado del mercado no sería
pues eficiente para el conjunto de personas.
Parte del problema con la no exclusión proviene de una mala definición de los
derechos de propiedad. La calidad del aire es otro ejemplo de bien público donde es
difícil definir los derechos de propiedad. Las señales de radio o televisión son tam­
bién bienes públicos. Sin embargo, el progreso tecnológico ha facilitado el que se
pueda excluir a bajo coste a aquellos que no pagan por el uso de ciertas frecuencias,
para evitar que se beneficien sin pagar. Cuando ello sucede, y el canal es codificado,
pasa a perder la condición de bien público; decimos que se «privatiza» el bien públi­
co, aunque no es estrictamente un bien privado, tal y como veremos más adelante.
Muchos de los bienes ambientales tienen características de bien público.

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 45

Recuadro 2.7
DERECHOS DE PROPIEDAD

Los derechos de propiedad designan quién pietario legal posee los derechos de propie­
tiene de facto el derecho de uso del bien. dad efectivos sobre la madera de los árbo­
A menudo, derecho de propiedad y propie­ les, en tanto en cuanto está protegida su ta­
dad legal coinciden, pero no tiene por qué la por parte de terceras personas, pero no
ser siempre así. Por ejemplo, cuando com­ tiene los derechos de propiedad sobre los
pramos una barra de pan, adquirimos los paseos recreativos por el bosque. En este
derechos de propiedad del mismo así como último caso se considera que los derechos
la propiedad legal. En muchos países los de propiedad no están claramente asigna­
bosques pueden ser de propiedad privada, dos o bien definidos. Retomaremos el con­
pero el propietario no puede impedir que cepto de derechos de propiedad al tratar los
las personas paseen por su bosque. El pro- llamados bienes comunales.
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Detengámonos ahora en la segunda condición de los bienes públicos, la de no


existencia de rivalidad en el consumo. Significa que ninguna unidad provista se agota
o pierde atractivo por el hecho de que alguien la consuma, o de que todo el mundo la
consuma. Así, cada unidad no se la queda (consume) el mejor postor en exclusiva,
sino que la puede disfrutar todo el mundo. Por lo tanto, el valor de cada unidad no
viene dado por lo que pagaría como máximo el individuo que más está dispuesto a
ofrecer por esa unidad. Eso es lo que sucedía con los bienes privados. Ahora, en cam­
bio, el valor de cada unidad viene dado por la suma de la máxima disposición a pagar
de cada uno de los individuos. El valor que otorga la sociedad a cada unidad de un
bien público es la suma de los valores que cada individuo da a cada unidad. Eso es lo
que se representa en el Gráfico 2.10, suponiendo una sociedad con sólo dos indivi­
duos, el A y el B. La suma de las curvas de demanda individuales, o curva de deman­
da de mercado o agregada, resulta de la suma vertical de las curvas de demanda de
los individuos, y no de la suma horizontal, como pasa con los bienes privados.

Si la agregación de las curvas de demanda fuese horizontal (bienes rivales), no


sería racional consumir ninguna unidad del bien Z, dado que ningún demandante
quiere pagar más de 20 € por ninguna unidad y el coste de proveer cada unidad
(CMg) supera los 20 € . Sin embargo, al tratarse de un bien público, y por tanto no
rival en el consumo, hay por lo menos 4 unidades que, para el conjunto de los de­
mandantes, tienen un valor superior al coste. Sería socialmente eficiente proveer esas
cuatro unidades. La utilidad de esta distinción la encontraremos particularmente en
las aplicaciones de análisis coste-beneficio (Capítulo 7). Dado que una unidad más
de un bien público puro beneficiará a todo el mundo, la provisión óptima del bien
dependerá de la suma de lo que queramos pagar por él entre todos y del coste de
producir el bien público. En los Capítulos 5 y 6 explicaremos varios métodos para
estimar la disposición a pagar por los bienes públicos.

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46 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

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i
Recuadro 2.8
BIENES PÚBLICOS LOCALES

Algunos bienes se comportan como públi- por la actividad económica afecte a todo el
eos sólo para determinadas personas o en planeta, pero un determinado paisaje fores-
determinadas áreas. Son los llamados bie- tal sólo afecta a los que lo contemplan, que
nes públicos locales, en contraposición a son las personas que pasan por el lugar. Un
los bienes públicos puros. Por ejemplo, determinado paisaje forestal sería un bien
puede que el cambio climático provocado público local.

En economía tenemos un abanico casi continuo de bienes que van del privado
puro al público puro (Cuadro 2.1). Si variamos el grado de exclusión y rivalidad, po­
dremos pasar del bien público al bien privado con matices intermedios. Los canales

Cuadro 2.1. Bienes públicos y privados


-----, . J . V' V ------------------------------- -------------------------------

Excluible ' No excluible |


< .V."V

; v ©S - ; -
'^ • Alimentos • Pesca
• Vestidos • Carreteras
Rival 1 ^ ^
• Autopistas de peaje congestionadas
P-
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congestionadas
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j
a • Televisión codificada

• Defensa
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No rival
• Red eléctrica • Calidad del aire
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- ; ' . . ' ; • ■ • Autopistas de peaje
-4
3
• Carreteras no
j - : - . \ '' j ©
no congestionadas congestionadas

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 47

de televisión o radio codificados son un ejemplo de bien en el que se puede excluir a


los consumidores que no pagan, a pesar de mantener la característica de no rivalidad
en el consumo. La pesca es un ejemplo en el que, en determinados lugares, no se
puede excluir a nadie de pescar, pero la captura de cada pez afecta a las posibilidades
de captura de otro pescador, por lo menos respecto a aquel mismo pez. Estos bienes,
que son rivales pero sin exclusión, se suelen denominar bienes comunales, y los tra­
taremos a continuación.

I
Recuadro 2.9
¿BIENES PÚBLICOS O DE PROVISIÓN PÚBLICA?

Nótese que los bienes públicos, tal y como Los autobuses urbanos forman parte del
los hemos definido, no tienen por qué estar llamado transporte público, pero son en
provistos por el sector público. El paisaje que realidad bienes no rivales y de cuyo uso se
forma un conjunto de bosques de propiedad puede excluir. Cuando se congestionan, en
privada constituye un bien público. Algunos hora punta, dejan de ser no rivales y pasan
autores, para evitar la confusión, llaman bie- a ser bienes privados a pesar de que puedan
nes públicos a los bienes provistos por el sec- estar provistos por el sector público. Las
tor público, y bienes colectivos a los que calles por las que circula el transporte pú-
aquí, siguiendo a la mayoría de autores, blico sí pueden considerarse bienes públi-
nos hemos referido como bienes públicos. eos (locales), en ausencia de congestión.
MKCCM

2.5.1. La tragedia de los bienes comunales

No es nada fácil definir los derechos de propiedad sobre algunos recursos, como la
atmósfera, los océanos, etc. En este caso podemos esperar que una economía descen­
tralizada, de mercado, lleve a consumir más cantidad de recursos de este tipo de la
que sería socialmente deseable. La experiencia nos dice que la sobreexplotación de
los bancos de peces en los océanos tiene su origen en la mala definición de los dere^
chos de propiedad. Cada pescador tiene individualmente incentivos para pescar todo
lo que pueda mientras obtenga beneficio, sin preocuparse de si es mejor no agotar el
recurso para poder seguir pescando en el futuro. Si él no realiza la pesca, nada le
1
garantiza que no la haga otro pescador.

1
Otro ejemplo interesante es el de la extracción de petróleo. Supongamos que dos
empresas extraen petróleo del subsuelo. Es posible que ambas estén sacando petróleo
de la misma bolsa aunque se encuentren en dos lugares geográficamente separados.
Así, las posibilidades de producción de una empresa dependerán de la cantidad que
* la otra extraiga. Si los derechos de propiedad solamente están definidos sobre la su­
perficie de terreno, va a ser muy difícil que se sepa quién controla el petróleo del
subsuelo; los derechos deberían definirse sobre el subsuelo, lo que no siempre es téc­
nicamente fácil.

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48 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES t

En un conocido artículo, el biólogo Garret Hardin describe el problema básico de


los bienes comunales. Un recurso que es de todo el mundo no es de nadie en particu­
1
lar, argumenta Hardin. Da un ejemplo de latrag <

en un propietario de vacas y describe cómo se comportaría éste si la hierba para ali­


mentarlas se encontrara en unas tierras comunales. Si suponemos que al propietario
de las vacas solamente le preocupan sus propios beneficios, irá añadiendo vacas a
pastar en esas tierras siempre que haya suficiente hierba de la que pueda obtener be­
neficio. Pero ello afecta a las posibilidades de beneficio de otros propietarios de va­
*
cas. Es el mismo caso que hemos explicado con los otros ejemplos. La consecuencia
es que los incentivos son a explotar en demasía el pasto, dado que la tierra comunal
pertenece a todo el mundo y a nadie en particular. Es decir, el recurso se va a agotar
inevitablemente, según Hardin. Ésta es la llamada tragedia de los bienes comunales,
bienes rivales sin exclusión.
------------- — ------------------------ ------------------------- — ---------------------------- ------------- ------------------ ----------------------------------------------- ---------------------*— ■ ~ >

Recuadro 2.10
INTERNET

Para buena parte de los ciudadanos Internet tores de recursos informáticos han optado I
I
se comporta como un bien no rival pero ex- por solucionar el problema de la utilización
cluible, dado que debemos pagar a una em­ en exceso de los espacios de los senadores
presa proveedora para tener acceso. Sin mediante la reasignación de derechos de
embargo, para la comunidad universitaria u propiedad. Habitualmente se limita la cuota
otras, Internet puede considerarse un bien de disco duro que cada usuario puede utili­
no rival y no excluible; es decir, se com­ zar. Los gestores de servidores comerciales i %

porta como un bien público. También los cobran por la cantidad de espacio que se uti­ i
servidores de correo electrónico, o de pági­ liza. La solución adoptada es «privatizar» el I
nas web, son servidores de uso no exclui­ espacio de disco duro de los servidores.
ble para muchas comunidades universitarias Esta solución recuerda a la que se adop­
y no rivales en ausencia de congestión. Al tó en Inglaterra en el siglo xvn con el mo­
ser no excluible, los usuarios carecen de in­ vimiento de los cercados de las tierras co­
centivos para ocupar menos espacio del ser­ munales. Ahí también se optó por reasignar
vidor con sus mensajes electrónicos o sus los derechos de propiedad, que pasaron del
páginas web. Rápidamente pueden conges­ común o conjunto de vecinos de la locali­
tionarse, devenir rivales y comportarse, por dad, a los vecinos individualmente consi­
tanto, como bienes comunales. Muchos ges­ derados, cada uno con su propia parcela.

Tenemos muchos otros ejemplos de bienes comunales que, sin embargo, se ex­
plotan de forma algo menos dramática a la anunciada por Hardin. En general, parece
que el caso de la tragedia de los bienes comunales sería más aplicable a recursos
disponibles en grandes áreas geográficas, como los océanos y la atmósfera, o en cuya
explotación intervienen muchos agentes económicos. El problema puede ser mucho
menor para recursos locales. En la teoría económica moderna se ha discutido mucho

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 49

sobre la importancia de las normas y en cómo evolucionan a lo largo del tiempo. Por
ejemplo, podemos encontrar recursos comunales en pueblos indígenas que no se so­
breexplotan, lo que se puede deber al desarrollo de normas comunes. En España se
da un caso tradicional de gestión de recurso comunal sin sobreexplotación. Es el del
Tribunal de las aguas de Valencia, que gestiona el regadío en parte de esta región
mediterránea, de forma que los regantes de río arriba no hipotecan el regadío de las
tierras situadas río abajo. En el Capítulo 9 trataremos este problema desde la perspec­
tiva de la teoría de juegos y veremos las posibilidades de llegar a acuerdos ambienta­
les a nivel internacional.

No convexidades
Otro problema que puede acontecer en los mercados competitivos es el de la presen­
cia de no convexidades. Pensemos en el problema antes mencionado que puede darse
entre los de aguas arriba y aguas abajo. Una sociedad (A) situada aguas arriba genera
emisiones contaminantes que afectan a otra sociedad ( situada aguas abajo. Así, el
bienestar de la gente en B dependerá, en parte, de la actitud de la población en A. A
mayores emisiones en A, mayores serán los problemas ambientales en B. Suponga­
mos que los habitantes de B emigran si la contaminación que sufren es demasiado
alta. Ello supone un límite inferior al bienestar en B, dado que por debajo de este lí­
mite la gente se trasladará de ciudad, o bien dejará de consumir el agua contaminada.

Gráfico 2.11. No convexidad y emisiones óptimas.

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50 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

En el Gráfico 2.11 se muestra cómo el bienestar afectado por los daños ambientales
depende de las emisiones de la sociedad A.
La hipótesis que hemos realizado y descrito supone que la curva de daños am­
bientales acumulados no puede ser convexa para todos los puntos del eje horizontal.
Los daños en B se incrementan cuando las emisiones en A aumentan, pero se llega a
un punto en el que las emisiones en A son tan grandes que no se van a concretar en ^j
pérdida de bienestar en la gente habraB,tenido quetoda
dado que emigrar, bl coste
marginal se hará cero por encima de un determinado nivel de emisiones. Este sería,.
un ejemplo de lo que en economía se llama convexidad.

Recuadro 2.11
NO CONVEXIDAD

La no convexidad se refiere a la zona raya- ver en el gráfico que parte del segmento
da del Gráfico 2.12 de este recuadro. que une los puntos 1 y 2 está por encima de
La definición de función convexa impli- la función, y parte por abajo (tramo corres-
ca que al dibujar una recta entre dos puntos pondiente a la zona rayada), de donde de-
cualesquiera, 1 y 2, de la función se cum- ducimos que la función representada no es
pie que todos los puntos de la línea recta convexa en todos sus tramos,
estén por encima de la función. Podemos

Gráfico 2.12. Valor de la pérdida de bienestar en B (aguas abajo)


como función de las emisiones en A (aguas arriba).
J
t

¿Por qué puede ser relevante el que la función sea o no convexa? Para entenderlo 1
más fácilmente, podemos relacionarlo con el ejemplo de la empresa fabricante de
papel (o comunidad A) y los pescadores (comunidad By aguas abajo), y considerar lo
que sucedería si las funciones de beneficios y costes marginales fueran no convexas,
tal como se ilustra en el Gráfico 2.11. Denotamos con D la función de demanda o
valores marginales privados de la población en A, y por CMgP los costes marginales
de producir en A. La cantidad de emisiones de equilibrio para A es c* unidades. En
cambio, la curva de los costes marginales provocados en , que denotamos con

© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIÉNTALES 51

CMg(B), tendrá ahora distinta forma de la que tenía el coste marginal externo en grá­
ficos anteriores. Cuando las emisiones llegan al punto en el que toda la gente de B
emigra, punto b, entonces el coste marginal externo de un incremento de las emisio­
nes en A pasa a ser cero. El coste conjunto para o coste marginal social, se
denota con CMgS.
En general será razonable asumir que marginalmente los costes ambientales en
un determinado sistema ecológico son crecientes, pero que a partir de cierto punto
empiezan a descender. El motivo puede ser que el sistema esté tan dañado que un
incremento marginal de las emisiones comporte unos daños marginales inferiores. En
el Gráfico 2.11 vemos que CMgS y D se igualan en más de una ocasión; parece haber
más de un nivel óptimo de emisiones, uno para la cantidad a, y otro en z*.
Si mantenemos la regla de que D = CMgS define la condición de asignación óp­
tima, deberemos encontrar alguna forma para discriminar cuál será la situación ópti­
ma cuando la condición se cumpla en más de una ocasión. Una manera de hacerlo es
calculando los beneficios y costes totales para cada posible cantidad óptima. Así, po­
demos calcular los excedentes, y comprobar cuándo el excedente total es mayor. El
lector podrá comprobar por sí mismo que el punto a en el Gráfico 2.11 es el óptimo
global, en línea con los análisis presentados antes en este capítulo. El problema es
que el valor de las emisiones vuelve a ser positivo para niveles de emisión mayores
que b y menores que z*. El motivo es que si incrementamos las emisiones por encima
de b no se producirán daños adicionales sobre la sociedad B, dado que ya no quedará
nadie aguas abajo de acuerdo con nuestro ejemplo. Por lo tanto, si permitimos que el
nivel de emisiones llegue a z* el valor social se incrementará por el valor del área Y.
Pero vemos que el área X, que representa pérdidas netas para el conjunto de es
mayor que Y, lo que significa que la cantidad a es la socialmente preferida en este
caso. Si el nivel óptimo de emisiones se decide mediante una negociación voluntaria
entre A y B,la presencia de no convexidades no debería ser un problema si la función
de costes es conocida. Se podría encontrar el nivel de emisiones socialmente óptimo
en A si se siguiera el procedimiento descrito más arriba.
Sin embargo, cuando sólo tenemos un conocimiento limitado o «local» de la fun­
ción de daños, las no convexidades causan problemas. Para ilustrar esta situación,
podemos cubrir la parte izquierda del Gráfico 2.11 ocultando hasta el punto b inclui­
do. Con la información visible, creeríamos que lo socialmente óptimo es producir
hasta z*, y no nos propondríamos ninguna corrección. Sin embargo, al descubrir la
parte izquierda, y adquirir una información más global, podemos comprobar que sí
debería corregirse la situación hasta reducir la actividad de A al punto a. El lector
puede reproducir el análisis gráfico con un caso menos extremo, donde en lugar de
desaparecer súbitamente la externalidad sobre B, simplemente disminuye lo suficien­
te como para que existan 3 puntos donde se cumple la igualdad entre demanda y
coste marginal social.
Probablemente, la presencia de no convexidades es bastante común cuando trata­
mos con externalidades. Las no convexidades afectan a la eficiencia de los instru-
* *W . 9

ITES-Paraninfo
52 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

mentos económicos. En principio, podemos pensar que las no convexidades son un


caso específico del problema general de la información que trataremos en el siguien­
te apartado: fallos de información. Ciertamente, con frecuencia no conocemos dema­
siado bien lo que sucede cuando nos planteamos grandes cambios en los sistemas
económicos o ecológicos. Aquí no somos demasiado precisos con lo que queremos
decir con cambios pequeños o grandes; variara de una aplicación a otra. La cuestión
es que sabemos mucho mejor qué reacciones ocurren cuando los cambios en los sis­
temas económicos y ecológicos son pequeños. Obsérvese que en presencia de conve­
xidad, la información local sería ya suficiente. Bajo condiciones de convexidad sólo
tenemos una solución óptima. En este caso, nuestro procedimiento de búsqueda local
nos conducirá en algún momento al óptimo global. |

Fallos de información
Acabamos de señalar algunos problemas que proceden de la falta de información
perfecta sobre los sistemas económicos y ecológicos. Otros tipos de fallos en la infor­
mación han recibido mucha atención de la teoría económica en los últimos años. Uno
de los problemas es el denominado problema del moral y otro el llamado pro­
blema de la selección adversa. Un ejemplo de daño moral típico se puede encontrar,
en los mercados de seguros. Si el dueño de un coche compra un seguro antirrobo, sus
incentivos para cuidar la seguridad del coche son bastante distintos una vez ha firma­
do el acuerdo. Una vez ya ha firmado el contrato no le es tan costoso al propietario
del coche que se lo roben y se puede volver más descuidado. Naturalmente, la com­
pañía se seguros desearía que el propietario tuviese el mismo cuidado que sin seguro.
No obstante, ya que el seguro disminuye necesariamente el coste del robo para el
propietario, los incentivos de ser precavido para disminuir riesgos disminuyen tras la
firma del contrato.

Un ejemplo de selección adversa se puede encontrar en el mercado de los coches


de segunda mano o de ocasión. Habitualmente, el comprador de un coche usado no
conoce el estado del coche por el que se interesa. Por tanto, supongamos que el com­
i
prador quiere pagar 15.000 € por un buen coche usado de una determinada marca y
calidad. Sin embargo, sólo pagaría 10.000 € por un coche de la misma marca con un
motor en peor estado. Supongamos que no conoce de antemano cuál es el peor coche.
El vendedor probablemente conozca mejor la calidad de los coches, y está dispuesto
a vender el bueno por 14.000 € y el malo por 9.000 € . El comprador sabe que corre
el riesgo de comprar el coche malo. Supongamos que la probabilidad de que eso ocu­
rra es del 50 por ciento, y que el comprador querrá pagar 13.000 € por un coche de
calidad media. No comprará el coche bueno dado que le costaría 14.000 € y al no
saber seguro que va a obtener el coche bueno no ofrecerá los 14.000 € . sino *13.000
como mucho. El que queda asequible a este precio es el malo. Así, en este ejemplo,
sólo los coches malos se intercambiarían en el mercado de ocasión, aunque los com­
pradores quisieran pagar el coste de un coche mejor.

© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 53

Estos son ejemplos cotidianos, y podríamos encontrar bastantes más. Pero, ¿por
qué nos interesan estos problemas al discutir la asignación óptima de los recursos
ambientales? Pongamos algunos ejemplos.
¿Tienen incentivos las empresas para contaminar más de lo que está permitido?
Pueden ahorrar en costes de descontaminación o prevención, pero entonces se arries­
gan a ser pillados y tener que pagar las consecuencias. Por tanto, podemos pensar en
las empresas contaminantes como productores que sopesan el riesgo de ser descu­
biertos. Si las empresas creen que el riesgo de ser descubiertas es pequeño, entonces
hay un mayor incentivo a contaminar más de lo que está permitido. Si las empresas
pueden comprar un seguro que las cubra de las multas que pudiesen tener al exceder
los límites permitidos de emisiones, entonces estaríamos en una situación de daño
moral tal como hemos descrito más arriba. Ciertamente, puede ser difícil imaginar­
se exactamente cómo este mercado de seguros podría funcionar en determinados
países.
Respecto a la selección adversa, podemos pensar en una empresa que trate de
diferenciar sus productos presentándolos como ambientalmente mejores. Suponga­
mos que es más caro producir productos ecológicos. Puede que sea más barato para
el productor, aunque más caro para la sociedad, producir papel que utiliza materia
prima procedente de los bosques cuya tala constituye un daño ambiental muy sentido
en la población, si la alternativa es obtener el papel de bosques gestionados con crite­
rios ambientales que encarecen el precio de la madera. Los productores querrán pro­
veer productos «verdes» en el mercado siempre que los consumidores estén dispues­
tos a pagar el coste extra. De ser así, los consumidores deben poder calibrar la
calidad ambiental del producto de forma similar a la del ejemplo de los coches de
segunda mano. Si se hace difícil calibrar la calidad ambiental del producto, el consu­
midor solamente estará dispuesto a pagar el precio medio. No tiene mucho sentido
pagar más si no somos capaces de percibir las diferencias entre distintos productos.
En este caso, los productos de menos calidad se venderán antes que los de mayor
calidad (los «ecológicos»). Las llamadas «certificaciones verdes» pueden considerar­
se, en parte, como una forma de abordar este problema.

@ ¿Cuál es el objetivo del análisis?


El objetivo principal de nuestro análisis es ver si el mercado por sí mismo logra ge­
nerar el máximo bienestar para el conjunto de la sociedad a partir de las actividades
económicas de producción y consumo. En caso de que lo logre, podríamos pensar
que este sistema ya funciona. Pero si falla en esa deseable tarea de proveer el máxi­
mo bienestar, entonces aparece una justificación económica para intervenir o mo­
dificar el funcionamiento de este mercado. En los Capítulos 3 y 4 veremos distintas
formas de corregir los fallos del mercado para conseguir producir la cantidad social­
mente óptima de cada bien. No hemos dicho apenas nada hasta ahora de un segun­
do objetivo, el del reparto de la riqueza entre los miembros de la sociedad. Qué

© ITES-Paraninfo-
54 M A N U A L DE E C O N O M ÍA A M B IE N TA L Y DE LOS RECURSOS N A TU R A LES
. I

tan igualitaria queremos que sea la sociedad es algo que discutiremos dentro del con­
texto ambiental en el Capítulo 7.
En términos de eficiencia, la regla general es que el coste social y el beneficio
social marginales se igualen. Ello nos determinará la última unidad que es deseable
producir y consumir. Significa que deberíamos ver si para la última unidad producida
y consumida el coste y el beneficio asociados a esta unidad son iguales. Algunos
costes y beneficios ambientales pueden ser algo difíciles de medir. Por ejemplo, be­
neficios como la mejora de las posibilidades recreativas de un espacio natural, mejo­
ras en la salud, o en la vida de las piedras de edificios emblemáticos, por ejemplo.
Cómo medir esos beneficios, cómo medir en unidades monetarias la disminución de
bienestar causada por externalidades negativas o el aumento derivado de beneficios
externos, o por la provisión de bienes públicos, es lo que veremos con cierto detalle
en los Capítulos 5 y 6.

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Ejercicios
1. Reproducir el Gráfico 2.7 con una externalidad positiva.

2. Reproducir los Gráficos 2.8 y 2.9 con una externalidad positiva.


3. ¿Bajo qué condiciones debería reducirse a cero la producción en un mercado
con externalidades negativas? Mostrarlo gráficamente.

4. La economía da como criterio fundamental para saber cuánta externalidad am­ J


biental negativa deberíamos tolerar, el del bienestar social máximo. Otras disci­
plinas aplican criterios distintos para corregir el equivalente de las extemalida-
des ambientales, los impactos ambientales. Proporcionar ejemplos de criterios
utilizados en otras disciplinas, como el derecho, la ciencia política, la ecología,
la ingeniería u otras, y discutirlos en comparación con el criterio económico.
i i

5. Parte de la actividad legislativa europea tiene por objetivo «Proponer directrices


para la aplicación del principio de precaución, permitiendo garantizar un nivel 1
elevado de protección del medio ambiente y de la salud humana, animal o vege- ;
permitan
ción completa del riesgo. Evitar que se utilice el principio de precaución como
pretexto para acciones proteccionistas» ([Link] leg es
lvb/[Link]). Discutir el «principio de precaución» desde la perspectiva de
la economía ambiental.
6 . Dar un ejemplo distinto a los mencionados en el libro de cada tipo de bien según
presenten las siguientes características:
a) Excluible y rival.
b) Excluible y no rival.

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LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 55

c) No excluible y rival.
d) No excluible y no rival.

7. Reproducir el razonamiento de la tragedia de los bienes comunales con un


bien distinto a los mencionados en este capítulo.

8. Justificar por qué en ausencia de no convexidades la regla de coste marginal


social igual a beneficio marginal social sirve para identificar la cantidad so­
cialmente óptima de un producto.

9. Reproducir el Gráfico 2.11 representando una externalidad con un tramo cre­


ciente y un tramo decreciente que implique tres puntos de cruce entre la fun­
ción de demanda y la de costes marginales sociales. Analizar las consecuen­
cias.

10. Mostrar gráficamente un problema de no convexidad con externalidades posi­


tivas y discutir sus consecuencias.

11. Discutir la siguiente afirmación: «los expertos en medio ambiente generan a


veces un problema de daño moral».

© ITES-Paraninfo
CAPÍTULO

* S ^. *

Política
económica
ambiental (I).
/

3.1. § Impuestos y subvenciones


3.2. La fiscalidad ambiental
3.3. Aplicaciones de fiscalidad ambiental
3.4. Doble dividendo
3.5. Prohibiciones
Ejercicios

/
7
58 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

En el capítulo anterior examinábamos bajo qué condiciones los mercados por sí mis­
mos llevaban al óptimo social. Es decir, cuando las decisiones de los ciudadanos,
productores o consumidores, dejados a su propia iniciativa, de forma descentralizada,
sin coordinación general, hacían que se tendiera a producir y consumir las cantidades
de cada producto que nos generaban el mayor bienestar (excedente) al conjunto de la
sociedad. Vimos también que a veces los mercados fallan en su virtud de generar las ém i

cantidades óptimas de cada bien y servicio, ya sea por la generación de externalida-


des, provisión de bienes públicos o de bienes comunales, presencia de no convexida-,
des, fallos de información u otros. Contemplada la posibilidad de fallo del mercado, %
parece lógico preguntarse desde la economía si dicho fallo puede corregirse y cómo. »
El análisis realizado en el capítulo anterior, comprobando si las asignaciones de re­
cursos llevaban a situaciones socialmente óptimas, pertenece al área de la ciencia
económica llamada positiva. La intervención en la economía para corregir esos fa­
llos, o para otras finalidades, pertenece generalmente al área de la economía normati­
va, o de política económica. Este capítulo y el siguiente se centran en el análisis de
instrumentos de política económica ambiental. Es decir, en cómo corregir los fallos
de mercado de actividades que afectan al medio ambiente, y más en particular cuan­
do se generan externalidades ambientales.
Los instrumentos de política económica pueden actuar forzando una modifica-^
ción de los precios, por ejemplo vía impuestos. El objeto de este capítulo es el análi­
sis de instrumentos basados directamente en la modificación de precios, mientras que
el próximo capítulo examina otros instrumentos de intervención. De entre las políti­
cas de precios veremos en primer lugar la fiscal, consistente en la introducción de
impuestos y subvenciones. A continuación presentaremos algunos casos prácticos
con resultados algo inesperados, y discutiremos la idea del doble dividendo. Final­
mente, analizaremos cómo actúan las prohibiciones legales y las multas por violación
i M

de dichas prohibiciones.

i
Impuestos y subvenciones
Los impuestos y las subvenciones actúan de forma bastante similar, sólo que con sig- ®
no contrario. De hecho, las subvenciones se definen a veces como impuestos negati- l
vos. Nos centraremos básicamente en el análisis de los impuestos, pero el lector lo
puede extender en todo momento al caso de las subvenciones.
Existen varios tipos de impuestos. Algunos se aplican sobre la renta o ingresos de
las personas. Otros gravan el simple hecho de poder realizar una actividad económi­
ca. Hay impuestos sobre la propiedad inmobiliaria o incluso sobre el patrimonio de
las personas. Se grava la importación de productos. Tenemos impuestos sobre las
compras que realizamos, como el impuesto sobre el valor añadido o IVA, o como los ?
impuestos especiales sobre carburantes, o sobre bienes de lujo. Las empresas pueden
soportar impuestos por emisiones contaminantes. A veces se distingue según su fina­
lidad entre impuestos recaudatorios e impuestos correctores de fallos del mercado.

© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 59

si bien ambos reportan ingresos a la administración. También distinguimos entre im­


•' h
puestos locales, regionales, estatales. En definitiva, hay impuestos de muy distinta
t naturaleza. En este capítulo nos centraremos en los impuestos unitarios correctores
de fallos de mercado debidos a externalidades. Empleamos la etiqueta de unitarios
U
para referirnos a impuestos que se aplican por unidad producida o consumida, o por
unidad de algún componente de la producción o consumo, como la emisión de ele­
mentos contaminantes.

*
Recuadro 3.1
i IMPUESTOS

«... la Constitución de Estados Unidos de-


f>] danos llevaron al gobierno a los tribunales
cía que un impuesto que gravara las rentas argumentando que la Constitución prohibía
M de los ciudadanos por parte del gobierno explícitamente dicho impuesto. Las peleas
era inconstitucional. Pero en 1862, durante legales duraron años y llegaron hasta el
i
i la guerra civil norteamericana, se propuso Tribunal Supremo que dio la razón al pue-
la introducción del impuesto sobre la renta blo: el impuesto sobre la renta era inconsti-

l
como algo excepcional, como un “ impues- tucional. Para seguir satisfaciendo su avi­
i to extraordinario para financiar la guerra” , dez y sus ansias recaudadoras, el gobierno
t Los tipos impositivos eran del 3 por ciento debía cambiar la Constitución. Y así es co­
para los ciudadanos que ganaban menos de mo se introdujo la decimosexta enmienda
10.000 dólares y del 5 por ciento para los constitucional el 25 de febrero de 1913. A
que ganaban más. Dos años más tarde, los partir de aquí, los tipos impositivos han su-
tipos subieron al 5 y 10 por ciento respecti- bido y subido hasta alcanzar los obscenos
vamente. Una vez finalizado el conflicto niveles de la actualidad»,
armado, el gobierno abolió todas las leyes Cita del libro de Xavier Sala i Martín
especiales que se habían aprobado para la (2002). Economía liberal para no econo-
guerra excepto, naturalmente, el impuesto mistas y no , Barcelona, Plaza y
sobre la renta, que se mantuvo. Los ciuda- Janés, página 120.

'.v.-• V-''-•v*. ■/ > y / . y ■ .■ yyyy ;y»s\ . y / s . \ .. y y v / A s V / j j v ;<y y y . / A ; / y.v.

1.1. Impuesto unitario sobre el productor


. . . . - • - • •

Empecemos analizando gráficamente los efectos de los impuestos unitarios en los


mercados en los que se introducen. El Gráfico 3.1 muestra cómo actúa un impuesto T
sobre la producción. Supongamos que se trata de un impuesto de valor constante t.
\

i Dado que para cada unidad producida del bien X el productor debe pagar la misma
*
cantidad de dinero, la forma de la función T será rectilínea de pendiente cero (hori­
zontal) y altura t. La función original de oferta o de costes marginales privados,
i

O = CMgP, se verá afectada por dicho impuesto. Ahora, para cada unidad, el coste
para el productor será igual al coste original más el impuesto. Así, si para la unidad

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60 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

x', el coste sin impuesto de producirla fuese c , ahora sería de c + t. El mismo razo­
namiento se aplica a cualquier otra unidad del bien X ( ", etc.) con lo que se obtiene
una nueva función de oferta (con impuesto) igual a la original más el valor del im­
puesto para cada unidad, O + T = CMgP + T. A menudo se dice que un impuesto
sobre la producción desdobla la curva de oferta.

Como siempre, la cantidad de equilibrio de mercado del bien X sin impuesto es la


que corresponde a la unidad que iguala el coste para quien la produce (oferta) y el
valor para quien la consume (demanda), es decir, la unidad x *, y que lleva asociada
el precio de compraventa de cada unidad. En la unidad coinciden el coste margi­
nal, el valor marginal y el precio, como veíamos ya en el anterior capítulo. La canti­
dad de equilibrio de mercado con impuesto sigue la misma regla, es aquella unidad
para la que el coste marginal de producirla, ahora con impuesto incluido, es igual al
valor para los consumidores. Esto sucede para xr Con impuesto, ésta será la última
unidad consumida y producida cuando el mercado esté en equilibrio, y es por tanto la
que indica el precio de mercado de este bien, pc, es decir, el precio marginal o por
unidad de producto que paga el comprador. Fijémonos sin embargo en que éste es el
precio que va a pagar el consumidor por cada unidad, pero no el que va a recibir el
productor. En efecto, de lo que el consumidor paga para adquirir cada unidad adqui­
rida, el Estado se queda con una parte lijada en t por cada unidad de producto, de
forma que el productor ingresa menos dinero. Así, para cada unidad, el productor
ingresará lo que paga el comprador por ella (pt.) menos lo que deberá devengar al
Estado en forma de impuesto (t).Es decir, ingresará p v por ca
Pv = Pc ~ t' Respecto al precio sin impuesto, /?*, el precio de compra se ha encareci-

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 61

do y el de venta abaratado, perjudicando tanto a compradores como a vendedores, en


beneficio del Estado.

Con un gráfico sencillo como el anterior podemos obtener ya diversas conclusio­


nes, algunas quizás algo inesperadas. En primer lugar, y como seguramente intuía­
mos, un primer efecto de los impuestos es que reducen las cantidades de equilibrio a
las que el mercado tiende. En nuestro ejemplo, la cantidad pasa de a xr Eri segun­
do lugar, es como si dejara de haber un solo precio y pasara a haber dos, un precio de
compra y otro de venta. Dejan de coincidir coste, valor y precio en una misma unidad
de producto. Ahora, para la unidad correspondiente al equilibrio coinciden valor y
precio de compra por un lado, y coste y precio de venta por otro. La diferencia entre
ambos precios corresponde justamente al impuesto. Finalmente, el impuesto supone
la introducción de un tercer agente además de productores y consumidores: el Esta­
do. Dicho agente pasa a obtener un ingreso, que gráficamente corresponde al área del
rectángulo que tiene por altura la diferencia entre los precios de compra ) y de
venta (pL), o sea t, y como base la distancia entre el origen y xt.
i

El Estado consigue su ingreso a costa de los excedentes de productores y consu­


midores. Veámoslo en el Gráfico 3.2. Sin impuesto, el excedente del consumidor co­
rresponde a la suma de las áreas A + B + C, dado que es la suma de las diferencias
entre valor y precio para cada unidad consumida. De forma similar, el excedente ori­
ginal del productor es el formado por D + E o área co
ción de costes marginales y la recta de precio. Tras el impuesto, el excedente de los
consumidores es sólo A, o suma de las diferencias para cada unidad entre su valor y
el nuevo precio que pagan por ella. El área C se ha perdido, dado que en lugar de
producir y consumir x* unidades de producto sólo se proveen xt. El área B correspon-

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62 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

día antes del impuesto a excedente de los consumidores, pero tras el impuesto forma
parte de los ingresos del Estado. Se puede interpretar como la contribución en térmi­
nos de bienestar de los consumidores al ingreso estatal. En cuanto a los productores,
el área E se pierde por los motivos ya expuestos para el área C. El área D equivale a
la contribución de los productores al ingreso del Estado, y el área F es lo que final­
mente les queda a los productores como excedente (la suma de las diferencias entre
precio de venta y coste).
De este sencillo análisis de excedentes extraemos una nueva conclusión. Si el
mercado no tuviera ningún fallo, es decir, x* fuera la cantidad óptima de producción
y consumo del bien x,producir menos (x,) no sería óptimo, y por tan
implicaría menos bienestar para el conjunto de la sociedad. ¿Cuánto menor sería el
bienestar social? El equivalente a C + E, dado que las áreas A y F se mantienen co-

Recuadro 3.2
INGRESOS POR IMPUESTOS UNITARIOS Y PÉRDIDA IRRECUPERABLE
DE EFICIENCIA

No siempre un mayor impuesto le supone al ingreso menor. Este caso es el que ilustra el
Estado una mayor recaudación. Un impues- siguiente gráfico. Con un impuesto menor,
to comporta una menor producción y un t, se consigue una recaudación (área som-
menor consumo. Cuanto mayor sea el im- breada) mayor que con un impuesto más al-
puesto, menor será la cantidad producida y to, t' (área punteada). El impuesto T no sólo
consumida. Así, aunque el Estado recaude comporta menos recaudación fiscal, sino
más dinero por unidad, al disminuir el nú- también menos bienestar social, al ser mayor
mero de unidades puede encontrarse con un la pérdida irrecuperable de eficiencia.

© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DÉ PRECIOS 63

mo excedentes del consumidores y productores respectivamente, y B + D son trans­


ferencias entre agentes (de consumidores y productores al Estado). En otras palabras,
los excedentes C y E se pierden por culpa del impuesto. Esa pérdida se conoce como
pérdida irrecuperable de eficiencia, o pérdida irreversible de bienestar. Más adelan­
te veremos que ante fallos de mercado debidos a la presencia de externalidades nega­
tivas, un impuesto puede suponer una ganancia neta de bienestar en lugar de una pér­
dida. Pero si no hay fallos de mercado, los impuestos unitarios suponen un coste neto
en términos de bienestar para el conjunto de la sociedad, por lo menos en el mercado
que analizamos.

3.1.2. Impuesto unitario sobre el consumidor

Hemos visto algunas de las consecuencias de un impuesto sobre el productor en un


mercado sin fallos. La cantidad de equilibrio de mercado con impuesto es inferior a
la que habría sin impuesto. El impuesto «desdobla» el precio en dos, encareciendo el
que paga el consumidor y abaratando el que recibe el productor. Supone, además, un
ingreso para el Estado a costa tanto de los consumidores como de los productores, a
pesar de haber puesto la carga «técnicamente» sobre los productores. Finalmente, se
da una pérdida irrecuperable de eficiencia ligada al impuesto. Todas esas conclusio­
nes se mantienen si el impuesto recae inicialmente sobre el consumidor y además se
añade una nueva: el reparto del impuesto que resulte entre productores y consumido­
res será el mismo, con independencia de que se ponga inicialmente el impuesto sobre
*

el productor o sobre el consumidor.


Veámoslo gráficamente. Empezamos definiendo en el Gráfico 3.3 el impuesto T
unitario de valor constante t, y las funciones de oferta y demanda que determinan la
cantidad y precio p* de equilibrio de mercado. Al poner el impuesto sobre los
consumidores, una parte del gasto que éstos hagan irá al Estado y otra irá a manos de
los productores, pero la cantidad máxima de dinero que estarán dispuestos a pagar
por cada unidad de producto será la misma, vaya el dinero a un agente o a otro. Co­
mo el valor marginal del producto para los consumidores ( ) no varía con o sin
el impuesto, la función de demanda relevante para los compradores será la misma, D.
Sin embargo, para los vendedores no, dado que parte del dinero de la transacción no
va a ellos, sino al Estado. Así, para los productores, la función de demanda relevante
será D — T. Como siempre, los productores estarán dispuestos a poner en el mercado
unidades del bien hasta que lo que perciban por su venta no sea inferior a lo que les
cuesta producirlo, es decir, x, en el Gráfico 3.3. La intersección de
(donde se igualan p v y CMgP) define la cantidad y precio de equilibrio. La intersec­
ción de ambas curvas determina el precio que percibirán los productores, p v, pero los
consumidores pagarán este precio más el impuesto, o sea pc. De nuevo, el impuesto
desdobla el precio en dos, el de compra y el de venta, cuya diferencia es justamente
el impuesto. De hecho, superponiendo los Gráficos 3.1 y 3.3 puede comprobarse
como los precios y cantidades de equilibrio tras el impuesto son exactamente los mis­
mos, recaiga primariamente el impuesto sobre los productores o sobre los consumi-

© ITES-Paraninfo
64 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

dores. Ello es lógico dado que a las nuevas curvas CMgP + T y D — T les separa la
misma distancia t respecto a CMgP y D, y por tanto coincidirán en xr
Es más, la pérdida irrecuperable de eficiencia y el reparto de cargas entre produc­
tores y consumidores es la misma en ambos casos, recaiga originalmente el impuesto
unitario sobre productores o sobre consumidores, sobre las empresas o sobre los ho­
gares. Veámoslo en el Gráfico 3.4. Como en el 3.2, las áreas A + B + C representan

© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 65

el excedente del consumidor antes del impuesto y D + E + F las del productor. Tras
esto, C y Es
e pierden (la pérdida irreversible de bienestar), y y son las
transferencias que consumidores y productores hacen respectivamente al Estado. Los
consumidores se quedan con el excedente equivalente a A y los productores con F.
Superponiendo los Gráficos 3.2 y 3.4 se comprueba que en efecto las pérdidas irrecu­
perables de eficiencia son las mismas, así como los repartos de las cargas de los im­
puestos entre productores y consumidores.

3.1.3. Elasticidades precio de la oferta y la demanda


¿De qué dependerá que sean los consumidores o los productores los que se lleven la
peor parte en el pago de los impuestos y en la pérdida irrecuperable de bienestar? De
la forma de estas curvas en los tramos en los que afecta el impuesto, o elasticidades
de la oferta y la demanda respecto al precio. Veámoslo en el Gráfico 3.5, que servirá
también para adquirir la idea intuitiva del concepto de elasticidad.
La diferencia entre el gráfico de la izquierda y el de la derecha es que en el pri­
mero la función de demanda es bastante más vertical que la de oferta, mientras que
en el segundo sucede al revés. En nuestro caso, en que representamos las funciones
de oferta y demanda con líneas rectas, puede comprobarse que cuanto mayor es la
pendiente de una curva (más vertical), menos importantes son los cambios en las
cantidades ofertadas o demandadas para un mismo cambio en los precios. Por ejem­
plo, suele considerarse que la función de demanda de gasolina tiende a ser bastante
vertical. De esta forma, incrementos en el precio del litro de gasolina sólo resultan en
pequeñas disminuciones de su consumo. El mismo incremento de precios supondría
una mayor disminución en el consumo si la función de demanda fuera más horizon­
tal. En el primer caso se dice que la demanda de gasolina es muy inelástica (cambios
en los precios modifican poco las cantidades demandadas), mientras que en el segun­
do sería más elástica (la variación en el precio resulta en una gran variación de la

X, X X X. X X

Gráfico 3.5. Reparto de pérdidas entre consumidores y productores


ijiiw » ii» < w ir i»M H w i f f 'r r - T T r m r - - J H ii i i w Twiii n » ii< >T »rii« » w i w i i i nril » i iT « n w n iiim r r T i i T T i i r n T rn T iT T r iT iiT '* iirTTTTi“ rT-‘ -nr ir n ,~ r i — t t i — — r“~r t — i— i — i --------------------------- m r— m 1 mmmmmm ——m — — — — —

para distintas elasticidades de oferta y demanda.

© ITES-Paraninfo
66 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES j

cantidad demandada). Cuando la demanda es muy inclástica se precisan impuestos


muy fuertes para obtener disminuciones notables en la cantidad de equilibrio del bien
sujeto a imposición.
En términos de bienestar, puede verse en la parte izquierda del Gráfico 3.5 que el
mayor coste lo soportan los consumidores debido a la relativamente poca elasticidad j
precio de la demanda respecto a la de oferta. Los consumidores se ven afectados por \
una mayor pérdida irrecuperable de eficiencia que los productores y también por una
mayor contribución al ingreso fiscal del Estado.
|1
La situación es la inversa en la parte de la derecha del Gráfico 3.5, donde la curva <
de oferta es más vertical que la de demanda. Para ofertas más inelásticas, son los ;
productores los que mayor carga soportan tanto en términos de pérdida irrecuperable
de bienestar como en transferencias al Estado.

Recuadro 3.3
ELASTICIDADES PRECIO DE LA OFERTA Y DE LA DEMANDA

La elasticidad precio de la oferta indica en dada) y la variación porcentual del precio.


qué porcentaje variará la cantidad de pro­ Por ejemplo, si la cantidad ofertada aumen­
ducto que los oferentes estarán dispuestos a ta de 1.000 a 1.200 (un 20%) al subir el
poner a la venta al variar en una cierta pro­ precio de 10 a 11 (un 10%), la elasticidad
porción el precio del bien. De forma simi­ precio de la oferta que refleja este cambio
lar, la elasticidad precio de la demanda re­ es de
laciona el cambio porcentual en la cantidad 20%
demandada con el cambio que se produci­ ---- = 2
10%
ría en el precio. La elasticidad precio es
pues una medida de sensibilidad de cómo La elasticidad depende de los valores
responden la oferta o la demanda a varia­ concretos de partida y de llegada. Por tan­
ciones en el precio. to, no es en realidad lo mismo la pendiente j
Matemáticamente, se puede calcular me­ que la elasticidad, dado que esta última de­
diante el cociente entre la variación por­ pende además de los valores de la función
centual de la cantidad ofrecida (o deman­ en el punto concreto en que se mida. 1

3.1.4. Subvenciones unitarias

Tras examinar algunos de los efectos de los impuestos unitarios, pasamos a analizar
de forma más breve los efectos de las subvenciones. Al tratarse de instrumentos muy
parecidos, el lector debería estar en disposición de anticipar las consecuencias de las
subvenciones y adelantarse por su cuenta a replicar los gráficos anteriores.
Las subvenciones pueden verse como impuestos de signo negativo. Gráficamente
las podemos representar como impuestos en el cuadrante inferior (valores negativos).

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 67

o más cómodamente en el cuadrante positivo simplemente cambiando la etiqueta T


por —T o por S. Seguiremos esta última convención, como puede verse en el Gráfi­
co 3.6.
Si la subvención recae originalmente sobre los productores, éstos verán disminuir
sus costes precisamente en la cantidad de la subvención, de forma que la función
CMgP — S queda por debajo de la función de oferta original. Recuérdese que el cos­
te y la subvención son de signo contrario. En consecuencia, estarán dispuestos a ven­
der más barato, por lo que la cantidad total demandada se incrementará de x* hasta
xs. Es decir, hasta la unidad donde se igualan marginalmente los valores de la deman­
da y de la oferta subvencionada. La nueva cantidad de equilibrio (determinada por la
última unidad comprada y vendida) es la que determina el precio. El comprador pa­
gará por esta unidad, y por cada una de las anteriores, pc, mientras que el productor
recibirá este dinero más el de la subvención 5. De esta forma sigue desdoblándose el
precio, pero al contrario de lo que pasaba con los impuestos, el precio de compra, pc,
es ahora inferior al que percibe el vendedor, p v. La subvención abarata el precio de
compra y aumenta el de venta, con lo que tanto productores como consumidores ga­
nan en bienestar.
Sin embargo, en el conjunto de la sociedad vuelve a producirse una pérdida irre­
cuperable de bienestar. ¿Por qué? Veámoslo en el Gráfico 3.7. En efecto, los consu­
midores disfrutaban originalmente del excedente que equivale a las áreas A y los

© ITES-Paraninfo
68 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Gráfico 3.7. Reparto de excedentes con una subvención unitaria sobre la producción. j

productores de C + D. Tras la subvención, el excedente del consumidor es el defini­


do por la diferencia entre valor y precio de compra para cada unidad del bien. Es
decir, las áreas A + B + C + G, con la consiguiente ganancia equivalente a C + G
unidades monetarias para los consumidores. El nuevo excedente de los productores
corresponderá a la diferencia entre el coste y el precio de venta con subvención hasta
la última unidad xs, o sea C + D + B + E, con la consiguiente ganancia de B + E ?
para los productores. Así, la ganancia conjunta de excedente entre consumidores y
productores es de B + E + C + G. Por otro lado, el Estado subvenciona por un total
deB + E + C + G + F + H. Es decir, que parte de la subvención (B + E + C + G) 1
se transfiere a productores y consumidores, pero la otra parte de la subvención ^
(F + H) corresponde a una pérdida neta para la sociedad, a una pérdida irrecuperable
de eficiencia.

Las conclusiones recuerdan a las ya vistas para el caso de los impuestos. La sub­
vención desdobla el precio y aumenta la cantidad de equilibrio de mercado. Si el
mercado no tuviera ningún fallo, es decir, x* fuera la cantidad óptima de producción
y consumo del bien x, producir más (xs) no sería óptimo, y por tanto la subvención
implicaría menor bienestar para el conjunto de la sociedad. La pérdida irrecuperable
de eficiencia por culpa de la subvención equivaldría al área + A pesar de que la
subvención beneficiaba primariamente a los productores, las ganancias a costa del
Estado se reparten entre productores y consumidores. Se deja para el lector el com-

© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 69

probar que si la subvención recae primariamente sobre los consumidores, las conse­
cuencias son las mismas y que el reparto de beneficios entre productores y consumi­
dores dependerá de las elasticidades de las funciones de oferta y demanda.

□% La fiscalidad ambiental
Hemos empezado el capítulo viendo las consecuencias de introducir impuestos y
subvenciones unitarios en mercados ideales, sin fallos. En esta sección veremos có­
mo introduciéndolos en mercados con fallos causados por externalidades ambientales
se puede conseguir aumentar el bienestar del conjunto de la sociedad en lugar de
disminuirlo. Para ello, vamos a retomar la situación de externalidades analizada en el
capítulo anterior en los Gráficos 2.8 y 2.9. Este último, un poco simplificado, se re­
produce aquí como Gráfico 3.8. En él puede observarse cómo la presencia de la ex-
ternalidad negativa hace que el excedente total en la cantidad de equilibrio de merca­
do x* no sea máximo, dado que si reducimos la cantidad hasta t ** los privados
(consumidores y productores) pierden menos (C + D) que lo que ganan los externos
II con la reducción (F). El bienestar general o social es máximo en t **, cantidad del
I|j*f
•i
})
bien X a la que denominamos óptimo social.
f

i
i
i
1
|

(
i

Gráfico 3.8. Excedentes en presencia de externalidades negativas.


%

3.2.1. Corrección con impuestos unitarios!


¿Cómo podemos conseguir que consumidores y productores tengan los incentivos
para pasar de producir y consumir la cantidad de equilibrio de mercado a la canti-

© ITES-Paraninfo
70 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

dad socialmente óptima x**? Una forma es modificando los precios


mediante impuestos o subvenciones unitarios. Forma parte de lo que
se denomina a veces fiscalidad verde. Ya vimos en capítulos anterio­
res que en mercados competitivos, tengan fallos o no, los precios son
señales que los individuos toman como dadas, y a las que reaccionan
eligiendo a qué dedicar sus recursos. También hemos visto al inicio de
este capítulo que un impuesto encarece el precio de compra y abarata
el de venta, por lo que podría ser, en efecto, un instrumento de correc­
ción de externalidades negativas. Lo mismo para las subvenciones.
Éstas abaratan el precio de compra y encarecen el que perciben los
productores, con lo que se produciría mayor cantidad, que lo que
Arthur Cecil Pigou
resultaría deseable en presencia de externalidades positivas. Entonces,
(1877-1959).
la cuestión es ¿qué valor debería tener el impuesto o subvención por
unidad del bien para que productores y consumidores por su propia cuenta tiendan a
producir y consumir la cantidad socialmente óptima, x**?

A esta pregunta respondió en la segunda década del siglo X X el economista britá­


nico Arthur C. Pigou. Para deducir el mismo resultado que Pigou, podemos hacer el
siguiente razonamiento. ¿Qué ocurriría si en el Gráfico 3.9, con la externalidad nega­
tiva CMgE, introdujéramos un impuesto ambiental unitario de valor t'l ¿En cuánto se
corregiría la cantidad de equilibrio de mercado? Veámoslo. Sabemos que da igual
poner el impuesto sobre el productor o sobre el consumidor. Lo pondremos aquí so­
bre el productor y el lector puede reproducir el razonamiento poniéndolo sobre el
consumidor. El primer efecto del impuesto es desdoblar el precio de mercado. Para
identificar los nuevos precios debemos identificar primero la última unidad que se
producirá y consumirá con impuesto. Para ello, dibujamos la función de CMgP + T .

CMgS <
CMgS f

€ / €
CMgP + T
9 f

/ CMgP + r

CMgP

PeC Pe
P *
Pv P CMgE
f 9
Pv
t"
t'

x** X f X * X X," X** X*

Gráfico 3.9. Corrección subóptima de una externalidad negativa mediante


un impuesto sobre la producción.

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I

POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 71

O sea, la función de oferta o de costes marginales privados una vez introducido el


impuesto de valor t'. Esta función la representamos sumando verticalmente, unidad a
unidad, el CMgP y la altura t'. A partir de la intersección de la demanda y esta nueva
función de oferta encontramos la nueva cantidad de equilibrio con impuesto. Vemos
que esta cantidad, xt>, está situada entre r* y i** O sea, que la corrección del im­
puesto no ha sido suficiente, no ha sido la óptima. Se ha quedado corta. Ha .sido su­
bóptima. El lector puede comprobar que si el valor del impuesto por unidad, t, hubie­
ra sido algo mayor, la corrección de la cantidad de equilibrio hubiera sido también
mayor, acercándose más al óptimo social x**. Veamos en la parte derecha del Gráfi­
co 3.9 lo que sucedería si el impuesto tuviera un valor t" en lugar de t'. Siguiendo el
mismo razonamiento que en el caso anterior, deducimos que la corrección es excesi­
va, que la nueva cantidad de equilibrio, xr , se encuentra por debajo de la socialmente
óptima, t **.
Si t' corrige demasiado poco y t" corrige demasiado, ¿cuál será entonces el im­
puesto óptimo? Por aproximación vemos que será aquel impuesto unitario cuyo valor
sea igual al de la externalidad en el óptimo social. O sea, el valor t que corresponde
al valor del CMgE en x**. Éste es el resultado que dedujo Pigou: la presencia de una
externalidad negativa puede corregirse de forma óptima mediante un impuesto unita­
rio de valor igual al de la externalidad en el óptimo social. Esos impuestos óptimos se
conocen habitualmente como impuestos pigouvianos.
CMgS
/
/

Gráfico 3.10. Corrección óptima de una externalidad negativa con un impuesto


pigouviano T .

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72 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

3.2.2. Análisis de bienestar con impuestos unitarios


En términos de bienestar, los impuestos pigouvianos suponen un aumento neto de
bienestar en lugar de una pérdida irrecuperable de eíiciencia. Veámoslo a partir del
Gráfico 3.11. En él se reproduce la corrección óptima de la externalidad negativa
mediante un impuesto pigouviano como el del Gráfico 3.10. Los excedentes antes de
la corrección son los que ya vimos para el Gráfico 3.8. O sea, por parte de los priva­
dos, consumidores y productores, y tras renombrar las áreas con letras algo distintas,
un excedente deA + B + E y d e C + D + Frespectivamente, y una pérdi
nestar de los externos igual a G + H. »
Tras la corrección pigouviana, el excedente del consumidor se reduce a A y el del
productor a D.A cambio, el Estado ingresa + C, que correspondían antes a
dente del consumidor y productor respectivamente. Además, consumidores y produc­
tores pierden Ey ,pero esta pérdida se ve más que compensada
F
los externos, H, debida a la disminución de las externalidades al reducirse la produc­
ción de x* a x**. Ahora sólo soportan la externalidad equivalente a G. ¿Pero cuánto
en concreto es la ganancia social, la ganancia de los externos a costa de los privados
(consumidores y productores)? La diferencia entre H y E + F, que es /. Efectiva­
mente, el área E + F + / es✓ igual al área H. Para comprobarlo, observem
el lado vertical izquierdo del trapecio H. Este es igual, por construcción gráfica, a la
altura del lado izquierdo del triángulo que forman conjuntamente y y que corres­
ponde a la distancia que hay entre CMgP y CMgS en la cantidad socialmente óptima,
x**. El lado vertical derecho del trapecio H coincide en altura con el lado derecho
del triángulo /, y corresponde a la distancia entre el CMgP y el CMgS en x* o el valor

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 73

CMgP

P,

P CMgE
P

Gráfico 3.12. Ganancia neta de bienestar con impuesto pigouviano

de la extemalidad en la cantidad de equilibrio de mercado antes de la corrección.


Para cualquier punto entre x* y t **, la distancia hasta el CMgE en H corresponde a
la distancia para el mismo punto entre el CMgP y el CMgS. En resumen, el área I
representa la ganancia neta de introducir la corrección pigouviana. Es ganancia con­
seguida por los externos a costa de los privados que causan la extemalidad (produc­
tores y consumidores), al lograr corregir (o «internalizar», en argot económico) la
extemalidad mediante el impuesto. Otra posibilidad es identificar el triángulo I to­
mando como referencia las curvas de demanda, D, y ésta menos el valor marginal
social, D — ,C
gEcomo muestra el Gráfico 3.12. Se deja al lector la explicación del
M
porqué en efecto I representa la ganancia social neta y coincide con la I del gráfico
anterior.
Para terminar el análisis gráfico de esta parte y consolidar conocimientos, vea­
mos todavía otra forma de representar esta área I de ganancia neta social tras la
corrección (Gráfico 3.13). Dividimos en primer lugar el trapecio H en dos triángulos,
J y K. El lector puede comprobar directamente la igualdad de las áreas / y O de
forma indirecta, puede comprobar que el área del triángulo K corresponde justamente
al área E+ [Link] lo tanto, el área de J tendrá que coincidir necesariamente con
área de 7 de los Gráficos 3.11 y 3.12.
Resumiendo, la internalización de externalidades negativas mediante impuestos
pigouvianos conlleva una ganancia social neta. Obsérvese que las externalidades ne­
gativas no desaparecen por completo. No sería deseable, con la tecnología actual­
mente disponible, «sobrecorregir» las externalidades, y en particular no sería desea­
ble eliminar por completo los costes externos, dado que según los ejemplos gráficos

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74 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Gráfico 3.13. Representación alternativa de la ganancia neta de bienestar


con impuesto pigouviano.

I * > Vi
no podríamos ni consumir ni producir estos bienes, con la pérdida correspondiente de
bienestar social. El lector puede comprobar cómo, con externalidad cero, en nuestros
gráficos la producción sería también cero y el bienestar social también sería nulo. Sin
embargo, para casos más extremos, donde el CMgP sea desde la primera unidad su­
perior a los excedentes totales privados, lo óptimo sería no producir ni consumir el
bien. A veces la utilización de CFC (clorofluorocarbonos) se ha apuntado como
ejemplo de esta situación. i j

13.2.3. Corrección con subvenciones unitarias


........ ~ ..... .... ............ .................. ................................... . . |

El análisis en términos de bienestar de la introducción de un impuesto pigouviano g


puede replicarse para el caso de externalidades positivas con subvenciones unitarias
óptimas. Lo veremos de forma algo más breve, pero el lector puede reproducir por su
cuenta las distintas variantes del análisis anterior con nuevos gráficos. Empecemos
por identificar la subvención óptima (Gráfico 3.14). De forma parecida a lo que
acontecía con los impuestos, la subvención unitaria óptima será la que tiene como
valor el de la externalidad positiva en la cantidad socialmente óptima. Comprobé­
moslo. Con la subvención unitaria de valor s se obtiene la curva CMgP — S por de- j
bajo de la función de oferta o costes marginales privados. Ello hace que la última ;
unidad demandada sea x** que es justamente la socialmente deseada, dado que es
donde marginalmente se igualan los valores de las funciones de demanda. D. y de cos­
tes marginales sociales, CMgS. También hace que se desdoble el precio entre pc y p v. j

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 75
mm

Gráfico 3.14. Corrección óptima de una externalidad positiva con una subvención óptima S.

Si en lugar de la altura s,la subvención tuviera un valor superi


CMgP — eS'staría por debajo del CMgP — S, siendo la última unidad adquirida
mayor que t **, con lo que la corrección sería excesiva. El lector puede comprobar
también que con un valor s" inferior a 5 , la corrección no es suficiente para conducir
al óptimo social.

3.2.4. A nálisis de b ien estar con subvenciones unitarias

El análisis en términos de áreas de excedentes para subvenciones es quizás algo má¿


complejo en su presentación que el de impuestos pigouvianos, de forma que nos ayu­
daremos de una tabla de excedentes antes y después de la corrección óptima. Empe­
cemos por el principio, identificando los agentes de que se compone la sociedad. An­
tes de la intervención, la sociedad se compone de privados y externos, y los privados
se descomponen en productores y consumidores. Tenemos, pues, tres tipos de agen­
tes. Con la intervención entra en escena un cuarto: el Estado. A cada actor le corres­
ponden tres filas en el Cuadro 3.1.
A continuación, identificamos los excedentes antes de la intervención (Gráfi­
co 3.15). Para los consumidores equivale al área y para los productores, a
C + D. Los externos también tienen excedentes positivos, dado que la externalidad
es positiva, y equivalen a /. Finalmente, el Estado no es relevante para el análisis
antes de la intervención, porque aún no participa en el mercado.

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76 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Cuadro 3.1. Excedentes antes y después de la subvención óptima,


identificados a partir del Gráfico 3.15

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE'PRECIOS 77

El siguiente paso es identificar los excedentes tras la subvención. Los consumi­


dores retienen el excedente A + B, al que añaden el equivalente a C + F, dado que
definimos excedente del consumidor como la diferencia entre valor y precio, donde
el valor o máxima disposición a pagar por cada unidad del bien nos viene dado por la
función de demanda, y el precio por el nuevo precio que paga el comprador con sub­
vención, pc. Por otro lado, los productores retienen su excedente original C + D, al
B+
w

que añaden E
, dado que definimos excedente del productor como la
diferencias entre precio y coste marginal. En este caso el precio relevante es el precio
de venta subvencionado, p v. Tanto el valor de + como el valor del excedente
adicional de los consumidores C + F corresponden a transferencias del Estado en
forma de subvención. Por tanto, son en realidad pérdidas para el Estado e ingresos
para los privados. En términos sociales, ahí no hay ni ganancia ni pérdida neta, sólo
transferencia entre agentes. Pero el Estado desembolsa, además, el equivalente a
G + H. De momento, pues, G+
sólo por examinar lo que pasa con los externos. Al aumentar la cantidad del bien de
x* ax**, el beneficio externo aumenta adicionalmente el equivalente al área J. Ense­
guida veremos la utilidad de dividir el área J entre K y L. De momento, sabemos que
por un lado se pierde G + H y que por otro los externos ganan J, que es lo que refleja
la última fila del Cuadro 3.1. Si la ganancia de los externos fuese superior a la pérdi­
da G + H, esta diferencia sería la ganancia social neta.
Fijémonos ahora en la división del trapecio J entre K y L. El triángulo K tiene el
mismo área que el triángulo que conjuntamente forman y Para comprobarlo,
observemos primero el lado derecho del triángulo K. Corresponde al valor de la ex-
ternalidad en el óptimo social. Es la misma altura que el lado derecho de triángulo
que forman GyH T
. omemos esos lados verticales como la base de los respectivo
triángulos. La altura del triángulo vendría entonces dada por la distancia entre x** y
x*, que es común a ambos triángulos. Aplicando la fórmula de cálculo del área del
triángulo se obtiene el mismo valor para ambos. Si K equivale a G + H, entonces el
saldo J — G — H será necesariamente igual a L. El área L es la ganancia social neta
asociada a la corrección óptima de un mercado con presencia de externalidades posi­
tivas como el que refleja el Gráfico 3.15. Se deja para el lector el identificar gráficar
mente el equivalente al área L partiendo de los Gráficos 3.11 y 3.12. Para ello sólo
tiene que añadir al Gráfico 3.15 las curvas CMgP - BMgE y D — BMgE respectiva­
mente, e identificar el triángulo correspondiente.
Antes de finalizar el análisis teórico de impuestos y subsidios ambientales ópti­
mos, nos queda todavía un caso interesante por comentar. Supongamos un mercado
que genera externalidades negativas. Hemos visto que se pueden corregir mediante
impuestos pigouvianos. Pero también se podrían corregir subvencionando a los pro­
ductores y consumidores para que dejen de producir y consumir las unidades excesi­
vas del bien. En concreto, con una subvención que les compensara de las pérdidas de
excedente ocasionadas al dejar de producir a partir de la cantidad socialmente ópti­
ma. El valor mínimo de esta subvención debería ser igual al valor de la externalidad
en el óptimo social. De esta forma los productores (consumidores) estarían dispues-

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78 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

tos a renunciar a la producción (consumo) de esas unidades extras. Aunque podamos


llegar al mismo resultado en este mercado en términos de excedentes, con la provi­
sión de sólo x** unidades del bien, no sena lo mismo desde el punto de vista de
justicia social. En efecto, podemos pensar que no sería justo que el daño externo lo
causaran los privados y lo tuviéramos que compensar el conjunto de la sociedad y no
los mismos privados. Estas cuestiones las discutiremos con algo más de detalle en ei
próximo capítulo. Al margen de esta cuestión distributiva, se suele asimismo consi- ■’i
derar que a largo plazo la subvención atraería más inversiones a este mercado, con lo
que la situación podría incluso agravarse.

Aplicaciones de fiscalidad ambiental


Vista la base teórica de la modificación de precios por impuestos y subvenciones uni­
tarios, pasamos ahora a examinar algunos casos prácticos de fiscalidad ambiental. En
la legislación ambiental española el uso de instrumentos económicos, como los fisca­
les u otros que veremos en el próximo capítulo, fue más bien excepcional hasta la
entrada de España en 1986 a la Unión Europea, entonces denominada Comunidad
Económica Europea. Posteriormente, la introducción de instrumentos económicos
fue en aumento, si bien no ha llegado todavía al nivel de otros países europeos de#
mayor desarrollo. De entre los instrumentos económicos ambientales que se hallan
en la legislación central española, los fiscales son los más habituales. Dentro de los i
fiscales, aproximadamente dos de cada tres casos corresponden a subvenciones y uno
a impuestos. No siempre las subvenciones lo son por generación de extemalidades
positivas, o para la provisión de bienes públicos. A veces no se corresponden con el
tipo de correcciones que acabamos de ver en la parte teórica. Además, a menudo
violan el principio de quien contamina paga. En la práctica fiscal se suele requerir '
que los impuestos sean considerablemente simples, fáciles o poco costosos de gestio­
nar y controlar. ' j
' H
Veremos a continuación cuatro casos prácticos de política fiscal, que correspon­
den a distintos niveles de la administración. Empezaremos por analizar la interven­
ción en el mercado de la gasolina y de la compra y utilización de los automóviles. 1
Ahí podremos examinar varios tipos de impuestos y también subvenciones. Tras ello. %
analizaremos una pequeña parte de la compleja política de intervención en la agricul­
tura mediante subsidios. Después veremos los impuestos sobre la generación de resi­
duos. Finalmente comentaremos la efímera ecotasa balear, o impuesto a la pernocta­
ción de turistas en las Islas Baleares, que nos servirá para aclarar algunos conceptos.

3.3.1. Impuestos al transporte

Uno de los sectores económicos con mayores impactos ambientales es el del trans­
porte por carretera. Desde la misma construcción de las carreteras y calles, hasta el
consumo de gasolina, pasando por la producción de los vehículos o por su tratamiento

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 79

cuando devienen residuos, los costes externos son numerosos, variados y de conside­
rable valor. ¿Podemos corregir esas externalidades mediante impuestos pigouvianos?
En caso afirmativo, ¿dónde deberíamos ponerlos? La respuesta a la primera pregunta
es afirmativa, por lo menos para buena parte de las externalidades. El dónde ubicar
los impuestos depende esencialmente de la externalidad concreta que estemos con­
templando.
Veamos algunos ejemplos. En algunos países se pone especial énfasis en gravar
la adquisición de automóviles, como en Dinamarca, un país sin fabricación propia
donde el impuesto de adquisición de un vehículo nuevo es del 180 por ciento (se
podrían comprar casi tres autos sin impuestos por el precio de uno con impuestos).
Un impuesto sobre la compra de automóviles, del tipo del impuesto de matriculación
existente en muchos países, no es un buen instrumento para corregir la molestia que
produce el ruido del tráfico, o la contaminación atmosférica. La razón de que no lo
sea está en que una vez pagado el impuesto, y adquirido el auto, este sobreprecio deja
de influir sobre la decisión de utilizar más o menos el automóvil, dado que el pago
del impuesto es independiente del uso posterior que se haga del vehículo. En pala­
bras algo más técnicas, el coste del impuesto de matriculación del automóvil, deviene
un coste irrecuperable o hundido, en tanto en cuanto no sea posible recuperarlo en
parte por su posible venta posterior, y en consecuencia no se tiene en cuenta al tomar
sucesivas decisiones sobre si utilizar o no el vehículo. Lo relevante pasa a ser el bie­
nestar que nos reporta este viaje adicional en relación con lo que nos cuesta el des­
plazamiento y el bienestar que podríamos obtener si dedicáramos ese dinero a otra
cosa. Sin embargo, el impuesto sobre el coste de adquisición sí ayuda a corregir
otras externalidades, como las generadas por los vehículos como unidades. Por
ejemplo, la molestia que pueda ocasionar a terceros la ocupación de espacio físico
de estos vehículos. En algunos países, este impuesto se complementa con el pago
de un depósito que se retorna al propietario si al final de la vida del vehículo lo
retorna a unos centros especiales de recuperación, de forma que su impacto como
residuo sea menor.
Para corregir las externalidades provocadas por la utilización del vehículo, es me­
jor un impuesto sobre la gasolina, por ejemplo, que sí penaliza su intensidad de uso.
Ciertamente, si es más caro realizar un viaje extra, en conjunto se harán menos viajes
con el impuesto que sin él, generando así menos ruido, menos contaminación atmos­
férica, etc. Casi todos los países establecen fuertes impuestos sobre los carburantes
para el transporte. Fácilmente estos impuestos sobrepasan el 100 por ciento del pre­
cio del carburante antes de impuestos. En comparación con otros bienes, la demanda
de gasolina para automoción tiende a ser bastante inelástica respecto al precio, por lo
que se requieren fuertes aumentos en el precio para obtener modestas disminuciones
en la cantidad de consumo. El lector puede comprobar gráficamente como los más
perjudicados en este caso son los consumidores. Puede identificar gráficamente
también el ingreso para el Estado. De hecho, el origen de los fuertes impuestos
sobre la gasolina en la mayoría de países no obedece a razones ambientales, sino
recaudatorias.

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80 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

R e c u a d r o 3.4

COSTES IRRECUPERABLES O HUNDIDOS

Los costes irrecuperables o hundidos (sunk de matriculación correspondiente, y que la


costs) son aquellos en los que se ha incurri­ decisión a tomar es si ir de un determina­
do con anterioridad a una nueva decisión do lugar a otro con él o si dedicar este
sobre en qué utilizar nuestros recursos, y tiempo y dinero a ir a ver una función de
que no podemos recuperar sea cual sea la teatro al lado de casa. Si nos decidimos
decisión, y en particular si cesamos la acti­ por lo primero, tendremos el coste de la
vidad económica correspondiente. Una de gasolina correspondiente; si por lo segun­
las consecuencias de los costes irrecupera­ do, el coste de la entrada. En ambos casos
bles en los que ya se ha incurrido es que no lo que pagamos en su día en forma de im­
se deben tener en cuenta al tomar una nue­ puesto de matriculación no varía y, por
va decisión. En efecto, nuestras decisiones tanto no debería influir en la toma de esta
en cada momento no dependen de cuánto decisión.
llevemos gastado ya en algo, sino de cuánto En realidad, el ejemplo del vehículo es
beneficio obtendremos si ahora incurrimos adecuado para introducir un pequeño ma­
en un gasto adicional. A veces, para expre­ tiz. No todo lo pagado por el vehículo es en
sar esta idea, se dice que las personas racio­ realidad un coste irrecuperable, como lo
nales pensamos en términos marginales. que nos costó al adquirirlo, dado que segu­
Por ejemplo, supongamos que ya hemos ramente se puede vender y recuperar así
adquirido un vehículo, pagado el impuesto parte del valor inicial invertido.

Un impuesto sobre los carburantes corrige molestias externas por el uso en gene­
ral del automóvil. Sin embargo, sirve poco para discriminar usos concretos en luga­
res determinados que generan externalidades especiales. Por ejemplo, una extemali-
dad típica en el transporte es la molestia que un automóvil crea sobre otro cuando *
empiezan a congestionarse las carreteras. Para este caso particular, el instrumento
más habitual es el peaje por utilización de vías generalmente menos congestionadas.
El coste de un peaje suele estar en función de la longitud del recorrido y de algunos
otros parámetros. Así, pueden ser rígidos o flexibles. A menudo vemos en autopistas
peajes únicos para un mismo recorrido, sea en hora punta de congestión o a las cuatro '
de la madrugada. Algunas autopistas discriminan entre tarifas en horas punta y en
horas valle. Finalmente, algunas (las menos) tienen sistemas mucho más flexibles, en
los que los precios van variando según el grado de congestión. Así. se avisa a los
a

automovilistas mediante carteles luminosos, por ejemplo, del coste de usar una vía
paralela menos congestionada. Cuanta mayor congestión en la vía normal, mayor de­
manda hay para usar la alternativa y mayor es el precio para evitar que ésta también
se congestione. Otro ejemplo de externalidad especial no totalmente corregida por el
impuesto general sobre la gasolina es la que se produce en los lugares de mayor tráfi­
co de las ciudades, donde la concentración de ruido y de contaminación atmosférica,
además de la congestión, son particularmente fuertes. A veces se imponen ahí peajes

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 81

urbanos. El término peaje urbano se suele utilizar para referirse a cualquiera de las
distintas formas de pagos adicionales cuya finalidad es la disminución del tráfico en
las ciudades o en determinadas zonas de las mismas. Estas formas van desde la más
habitual, que es pagar por aparcar en la calle, por ejemplo mediante las denominadas
zonas azules, a formas bastante sofisticadas de control electrónico de presencia del
vehículo en las zonas de pago de la ciudad, con el cargo económico correspondiente.
1

.3.2. Subsidios agrarios

La política agraria es bastante compleja y se podría tratar en distintas partes de este


libro. Por ejemplo, tiene a menudo un componente internacional, de protección a la
competencia exterior o de subvención a las exportaciones. Lo que sucede en los mer­
cados cuando se tienen en cuenta terceros países será objeto de estudio en el Capítu­
lo 9. Por otro lado, la Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea, y también
la de otros países, ha puesto quizás el énfasis en garantizar un precio mínimo de mer­
cado. Más recientemente, la preocupación ambiental ha estado más presente, y a me­
nudo se dan subvenciones a los agricultores a condición de que cambien algunas
prácticas agrarias por otras ambientalmente menos dañinas. Buena parte de la justifi­
cación académica para abogar por una política de subvenciones es la de que los agri­
cultores generan tanto externalidades negativas como positivas, pero que el saldo fa­
vorece a las positivas. Así, a veces se describe el papel de los agricultores como
gestores o pastores de la naturaleza.
No todas las transferencias que reciben los agricultores son directamente moneta­
rias. Algunas lo son en forma de rebaja en la adquisición de algún factor de produc­
ción. Una de las transferencias se da en forma de precios menores en el agua de rie­
go. Este caso concreto de subsidio es el que vamos a comentar aquí. En España,
como en tantos otros países, el agua de riego está fuertemente subvencionada. Su­
pongamos que la subvención sea del 90 por ciento sobre la factura real. Así, para
cada euro que paga el agricultor en concepto de agua de riego, la sociedad paga 9 € .
Supongamos que un agricultor concreto termina pagando al año 100 € por el agua de
riego utilizada, en lugar de los 1.000 € que le costaría si tuviera que pagar todo el
coste. ¿Es éste un buen instrumento desde el punto de vista de la eficiencia? Segura­
mente no. Veamos por qué y qué alternativas se podrían plantear.
Para el agricultor que recibe la ayuda de 900 € en forma de precio subvenciona­
do del agua, esta cantidad de dinero representa un beneficio, un incremento de bie­
nestar. Para la sociedad que lo paga a través del Estado supone una pérdida. En el
agregado se trata pues de una transferencia. Sin embargo, esa transferencia no es
neutra, dado que distorsiona los incentivos en el mercado del agua al variar su precio
y es de esperar que termine utilizándose más agua de la que sería deseable. Imagine­
mos que en lugar de subvencionar el precio del agua de riego, le damos a este agri­
cultor los 900 € en mano, para que los dedique a lo que quiera, y dejamos de subven­
cionar el consumo de agua. De nuevo, el saldo es neutro, y el monto de la subvención

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82 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

el mismo. Si el agricultor no dedicara esos 900 € en mano integramente a agua de


riego, y en cambio al ser el precio del agua mas cara terminara consumiendo menos
al cabo del año, podría dedicar parte del dinero a otras cosas que le dan más satisfac­
ción. Eso ocurriría si la función de demanda de agua de riego para este agricultor no
fuera totalmente inelástica en este tramo de precios. El lector lo puede comprobar
gráficamente. Así, el agricultor obtendría mayor bienestar del dinero en mano que en
subvención al agua, mientras que el resto de la sociedad transferiría la misma canti­
dad anual de dinero, con lo que su coste no variaría. Habría, por tanto, una ganancia
neta de bienestar social.
Además, si el ahorro de agua repercutiera en menos costes para otros usuarios
(externalidades negativas), se daría un aumento adicional de bienestar. Si el uso del
agua comportara externalidades negativas, pero el resto de la actividad de los agri­
cultores generara externalidades positivas mayores, tendría sentido subvencionar uni­
tariamente estas otras actividades que generan beneficios externos, pero no subven­
cionar el uso del agua. Se podría argumentar además, que en caso de externalidades
negativas no totalmente internalizadas en el precio del agua, el agricultor (y el resto
de consumidores de agua) debería pagar el litro por encima y no por debajo del pre­
cio de libre mercado, dado que debería aplicarse el correspondiente impuesto pigou-
viano para que el bienestar social fuera mayor. El mismo razonamiento es extensible
a numerosos bienes que disfrutan de subvenciones al consumo, a menudo bajo argu- *
mentos de equidad o de justicia social. Sin embargo, hay otras formas de transfe­
rencia de rentas que son neutras respecto a los incentivos de mercado, que no dis­
torsionan los precios y no conllevan pérdida de bienestar social. Trataremos de ello
en el Capítulo 7. .
•j

3.3.3. Im puestos sobre residuos ) j


{ I
El ejemplo de los impuestos sobre residuos sólidos urbanos, es decir, sobre las basu- -
# \ O
ras domésticas, permite ilustrar por qué antes de preocuparnos por la introducción de
un impuesto pigouviano deberíamos asegurarnos de que realmente exista un mercado
que funcione como es preciso para el bien que queremos gravar. El esquema básico .
de funcionamiento de la recogida de basuras en España y en muchos países es el
siguiente. La administración local toma la responsabilidad de gestionar el proceso en *
su conjunto. Para ello suele contratar una empresa que haga la recogida de residuos
en las zonas residenciales y las deposite en un vertedero o una incineradora, y quizás
parte de los residuos reciclables se depositen en plantas de tratamiento y recupera­
ción. Los lugares de destino final de los residuos cobran a esta empresa de acuerdo al
peso o volumen que depositen. Para poder cubrir estos costes, así como los de mano
de obra, maquinaria, beneficio empresarial, etc., la empresa encargada de recoger las
basuras recibe el dinero de la administración, la cual lo recauda a su vez de los ciuda­
danos. Si aumentan los costes, por ejemplo debido a un impuesto ambiental por uni­
dad depositada en los vertederos o plantas incineradoras, la administración asumirá
los costes y los pasará a los ciudadanos.

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 83

Dependiendo de cómo se pasen los costes a los ciudadanos, el resultado puede ser
la generación de más o menos basuras. En muchos países, esta política fiscal ha lle­
vado a generar menos basura o, por lo menos, a separar en origen mayor cantidad de
residuos reutilizables o reciclables. Sin embargo, la misma política fiscal no tiene las
mismas consecuencias en un sistema de cobro como el que hay en España. La clave
está en la forma en cómo la administración recauda el dinero de los ciudadanos, en la
forma de pago por la recogida de basuras. Ésta lo financia a partir de impuestos, o
sea del presupuesto general, o mediante tasas específicas. Cuando hay una recauda­
ción específica, se paga un importe anual que puede responder a distintos criterios.
Quizás el más habitual sea el de dividir el coste anual por el número de hogares, y
repercutir así el coste a cada familia. Muchos municipios dividen su término en dis­
tintas zonas, y el coste es mayor o menor en función de la zona. Otras veces es el
valor catastral de las viviendas el que marca el criterio con el que se calcula el coste
para los hogares, o la superficie de la vivienda, o el número de metros lineales de
fachada, o cualquier otro. Lo importante aquí es que no se carga a cada hogar de
acuerdo a la cantidad de basura que se genera. Es decir, si una familia concreta gene­
ra una bolsa más o una bolsa menos de basura, su pago es el mismo. El pago anual
que realiza le da pues derecho a que le recojan una cantidad virtualmente ilimitada de
residuos. Una vez pagada la tasa, ésta pasa a ser un coste irrecuperable ya realizado,
un coste del pasado que no va a afectar a decisiones posteriores. La introducción de
un impuesto en el vertido o incineración supone por tanto un aumento de coste global
para el conjunto de hogares; pero para cada hogar en concreto, generar menos resi­
duos no le va a evitar el deber asumir el aumento del pago anual. Mayor pago por
parte de los hogares no tiene como consecuencia, curiosamente, una reducción en la
cantidad de residuos generada en cada hogar.

Lo que sucede en el fondo es parecido a lo que veíamos en el capítulo anterior, y


que veremos con más detalle en el Capítulo 9, Recuadro 9.5, sobre la tragedia de los
bienes comunales, donde el acceso al recurso era libre (a precio cero) y terminaba
agotándose. La clave de la explicación económica está en que este sistema de tasas o
de pago anual fijo, independiente de la cantidad generada por cada hogar particular,,
supone en realidad un precio (marginal) por unidad de residuo de cero euros. El coste
marginal, así como el precio medio, es claramente positivo, y puede llegar a ser muy
alto, pero el precio marginal es siempre cero, sea cual sea el coste. Si generamos una
bolsa más de basura al año, pagaremos por su recogida lo mismo que si no la hubié­
ramos generado, es decir, la diferencia es cero. Si, por el contrario, por cada bolsa
nos cobraran por ejemplo un euro, generar una bolsa más al año nos supondría pagar
un euro más, y diez bolsas más, diez euros más. Si el impuesto por incinerar una
bolsa de basura fuera de diez céntimos de euro, con el sistema actual los hogares
pagarían más cara su cuota anual, pero una vez pagada la cuota no tendrían que pagar
más por cada bolsa. Con el sistema de precios positivos, los hogares pagarían un euro
con diez céntimos por bolsa, y once euros por diez bolsas. Tendrían incentivos a no
generar más bolsas, porque deben pagar un precio superior. Es más, seguramente la
gran mayoría de hogares reduciría la generación de residuos al año si tuviera que

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84 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

pagar por cada bolsa. En cierta forma podríamos reclamar que nos cobraran por nues­
tra basura, porque queremos pagar menos y soportar al tiempo menos externalidades.
i

En muchos países se practica el pago según generación de residuos, y los siste­


mas de cobro que se utilizan son de lo más variados. En algunos lugares sólo admiten
basura en bolsas homologadas, que se compran en el supermercado, por ejemplo, a
un precio que incluye el pago por el servicio de recogida. En otros lugares se cobra 4
sólo por el volumen o peso de la basura general mediante contenedores especiales
con código de barras identificativo del hogar que se lee al vaciar el contenedor al -
camión de recogida al tiempo que se pesa, con lo que cuanta más separación para el *
reciclaje se haga en el hogar, menos se paga. Otros sistemas son más sofisticados,
como los contenedores comunes con apertura por tarjeta magnética y balanza incor­
porada, que permiten cobrar a cada hogar por unidad de peso generada. En general
los resultados son básicamente los mismos: aumento significativo del reciclaje y dis­
minución de residuos finales.

3.3.4. Im puestos recaudatorios con finalid ad es a m b ie n ta le s ]

Otro caso práctico interesante para aclarar algunos conceptos es el de la llamada po­
pularmente ecotasa balear. La introdujo el gobierno regional de las Islas Baleares *
como forma de financiar inversiones en medio ambiente e infraestructuras turísticas.
Al ser las islas un fuerte destino turístico, éste contribuye al desgaste de las carrete­
ras, mantenimiento de las playas, servicios de vigilancia, saneamiento, etc., pero sin
pagar por ello impuestos en las islas, excepto los que gravan el consumo. Además,
contribuyen a la degradación ambiental sin pagar explícitamente por las políticas de
recuperación. Con este planteamiento en mente, podría parecer lógico que se cobrara
a los turistas un tributo específico con destino a estos dos conceptos, inversiones en
infraestructuras y medio ambiente. El día primero de mayo de 2002 entró en vigor
este impuesto consistente en gravar las pernoctaciones en establecimientos públicos, \
como hoteles, hostales, camping y otros. El valor del impuesto por noche variaba un
poco según el tipo y categoría del establecimiento, e iba desde los 25 céntimos de
euro hasta los dos euros por noche. Con un cambio de color en el gobierno regional. 1
la popularmente llamada ecotasa balear se suprimió en octubre de 2003. Como era ;
de esperar, mientras estuvo vigente tuvo un impacto en forma de menos turismo, se­
gún muestran las estadísticas oficiales.
No se cuestiona aquí la buena lógica fiscal de este impuesto, sino su etiqueta de
impuesto ambiental. De hecho, lo que mediante traducción literal abusiva del térmi­
no anglosajón ecotax se denominó con asiduidad en los medios de comunicación
«ecotasa», ni era «eco» ni era «tasa». Empecemos por el final. No era una tasa, sino
un impuesto. Solemos distinguir entre estos dos instrumentos de financiación públi­
ca. La tasa corresponde a un gravamen por un servicio público concreto, y su recau­
dación sólo se puede destinar a este servicio. A veces se interpretan las tasas como
precios públicos (en terminología algo abusiva). El impuesto, en cambio, es un gra-

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 85

vamen no ligado al pago por un servicio concreto, ni a la provisión de este servicio.


Así, se pagan impuestos sobre la propiedad urbana o sobre la renta o el consumo,
pero tasas por recogida de residuos o por saneamiento de aguas. Aunque en este caso
el destino de la recaudación estaba acotado por ley a dos campos, el ambiental y
turístico, no puede considerarse una tasa por pago de provisión de un servicio concre­
to, sino un impuesto. %

Tampoco es un impuesto ambiental, a pesar de ser ésta una de las posibles finali­
dades de la recaudación. Tal como se entiende habitualmente en economía, y lo he­
mos presentado en este capítulo, se suele adjudicar la etiqueta de impuesto ambiental
a aquel que corrige una externalidad ambiental, independientemente de que su recau­
dación se destine o no posteriormente a mejoras ambientales. En cierto modo, sin
embargo, podría argumentarse que sí contribuyó a la corrección de las externalidades
ambientales al reducir el turismo en una cierta cantidad. Pero la actividad de los tu­
ristas que genera las externalidades ambientales, al igual que la de los residentes, no
se ve afectada una vez pagado el euro adicional en la factura del hotel. Por ejemplo,
ningún turista tiene incentivos en dejar de ir a una playa o desplazarse en auto por la
isla una vez pagado el impuesto. La lógica es parecida a la de los costes irrecupera­
bles de la tasa de residuos o del impuesto sobre los automóviles. Una vez pagado el
impuesto de pernoctación, este gasto ya está hecho sea cual sea la actividad del turis­
ta a lo largo del día.
Existen diversas alternativas al impuesto por pernoctación para abordar los pro­
blemas ambientales por vía fiscal. Si la intención del legislador fuera corregir las ex­
ternalidades causadas por el uso de automóviles en las islas, por ejemplo, sería prefe­
rible fijar el impuesto ambiental sobre la gasolina, sea ésta adquirida por conductores
locales o turistas. Si la preocupación fuera por la masificación de visitas a determina­
dos espacios naturales, se podría arbitrar algún sistema de pago por visita. Si por el
contrario la externalidad a corregir es la causada por el crecimiento urbanístico, tam­
poco el pago extra por pernoctación parece la solución. En el sistema urbanístico es­
pañol, fuertemente intervenido, la administración local posee buena parte de los de­
rechos de propiedad, con lo que depende precisamente de ella la cantidad e incluso
forma de construcción. En un sistema menos intervenido, el aumento de impuestos
urbanísticos podría ser una opción a explorar.

Para terminar la parte de impuestos y subvenciones de este capítulo vamos a exponer


brevemente una idea atractiva en política fiscal ambiental, como es la del doble divi­
dendo. La etiqueta doble dividendo corresponde a una traducción, quizás demasiado
literal, del término inglés (double dividend). Denota la idea de que mediante la susti­
tución de impuestos de finalidad puramente recaudatoria por impuestos ambientales
que tienen como finalidad la corrección de fallos de mercado, se pueden obtener dos
beneficios, o dos «dividendos». Por un lado, se corrige el fallo de mercado y por otro

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86 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 3.5
DOBLE DIVIDENDO FUERTE Y DÉBIL

La idea del doble dividendo o beneficio El doble dividendo débil se produce


doble que genera un impuesto ambiental cuando los beneficios fiscales (los no am-
pigouviano, o que si no es óptimo por lo bientales) que la sustitución de unos im-
menos mejore el bienestar social, es que puestos por otros genera en bienestar para la
además del beneficio derivado de la corree- población son mayores que el bienestar que
ción ambiental, se genera todavía otro bene- obtendrían los individuos si la recaudación
ficio (el beneficio fiscal, o incluso laboral u del impuesto ambiental se devolviera equi-
otros), al aprovechar este ingreso extra del tativamente a la sociedad en forma de dine-
Estado para disminuir, en la cantidad recau- ro (el mismo importe para todo el mundo),
dada, los impuestos sobre las rentas del tra- en vez de utilizarse para rebajar otros im­
bajo u otros impuestos distorsionantes de la puestos. O sea, que compara dos reformas
economía. La idea es pues la de sustitución fiscales: la primera con introducción de im-
(,reciclaje) entre impuestos, de forma que puestos ambientales pigouvianos (o que por
con la introducción de impuestos ambienta- lo menos hagan mejorar el bienestar social)
les unitarios del tipo pigouviano el Estado y la reducción de otros impuestos en la mis-
termine recaudando lo mismo. ma cantidad recaudada; y la segunda con la
Esta idea se corresponde con la del doble introducción de los mismos impuestos pi-
dividendo fuerte. Éste se produce cuando gouvianos y el retomo de la recaudación a
los beneficios fiscales (los no ambientales, o partes iguales entre todos los ciudadanos. En
segundo dividendo) que la sustitución de ambas reformas, el Estado se queda con los
otros impuestos por el ambiental genera en mismos ingresos, pero para que haya doble
bienestar para la población en general, son dividendo débil, la primera reforma debe ge-
mayores que con la situación original, an- nerar mayor bienestar social que la segunda.
tes de introducir los impuestos pigouvianos Como puede verse, la noción de doble
ambientales. Compara, por tanto, dos esce- dividendo débil y fuerte es eminentemente
narios, el primero el de la reforma fiscal fiscal, más que ambiental, dado que la dis-
que introduce impuestos pigouvianos y re- tinción depende de lo que pasa con este be-
corta en igual magnitud otros impuestos; y neficio y no con el beneficio ambiental. La
el segundo escenario, que es el statu quo o existencia de cualquiera de las dos formas,
la no introducción de los impuestos am- fuerte o débil, puede ayudar a los gobier-
bientales y dejar en consecuencia el siste- nos a decidirse a adoptar reformas fiscales
ma fiscal sin cambios. En ambos escena- verdes, con la introducción de impuestos
ríos el Estado ingresa lo mismo. Se dará un ambientales. En general se considera que el
doble dividendo fuerte si el primer esce- doble dividendo débil se suele conseguir,
nario genera mayor bienestar social que el mientras que es mucho más dudosa la con­
segundo, con independencia de la mejora secución generalizada del doble dividendo
que pueda provocar con la corrección am- fuerte. Depende, entre otras cosas, de cuán
biental. distorsionante sea el sistema fiscal sobre el
que se aplica la reforma.

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 87

se evitan las distorsiones derivadas del impuesto sustituido. Un ejemplo típico de im­
puesto a sustituir es el impuesto sobre el trabajo. Si la recaudación por este impuesto
se sustituyera por recaudación a través de nuevos impuestos ambientales, se conse­
guiría la internalización de las externalidades (primer dividendo o dividendo ambien­
tal), y además dejar de penalizar el mercado de trabajo (segundo beneficio, o divi­
dendo laboral), con el consiguiente aumento de bienestar social. Si el impuesto
ambiental permite aumentar la eficiencia económica por la vía de disminuir los im­
puestos directos, entonces se obtendrá también otro dividendo, el dividendo fiscal.
La OCDE es una de las organizaciones que más ha insistido en recomendar dise­
ños fiscales ambientales que conlleven dobles (o múltiples) dividendos. Se puede en­
tender como un paso más en el proceso de simplificación fiscal iniciado en la década
de los ochenta y que paulatinamente van adoptando la gran mayoría de países desa­
rrollados. Así, la idea del doble o incluso múltiple dividendo ha inspirado en muchos
países, principalmente europeos, la llamada reforma fiscal verde o ambiental. Sin
embargo, la introducción de estas reformas fiscales centradas en la idea del doble
dividendo ha sido más lenta y menos generalizada que la simplificación fiscal antes
»

mencionada. Las propuestas de reforma fiscal verde en los distintos países en los que
se ha aplicado, como Alemania, Reino Unido, Holanda y los países escandinavos, se
han caracterizado por la neutralidad fiscal, es decir, por la sustitución de impuestos
ambientales por otros anteriormente existentes, generalmente impuestos directos so­
bre los ingresos de las familias, en lugar de la simple introducción de impuestos adi­
cionales.
A pesar de que las conclusiones de los numerosos trabajos de evaluación de estas
nuevas políticas fiscales en términos de doble o múltiple dividendo no son unáni­
mes, parece haber consenso en que la introducción de impuestos pigouvianos (o de
impuestos correctores que mejoren en algo el bienestar social con la corrección am­
biental) en sustitución de otros impuestos distorsionantes es deseable en términos de
eficiencia social. Además, a la ganancia ambiental se puede unir quizás, con la susti­
tución, la ganancia fiscal. En general, se considera también que entre dedicar la re­
caudación del impuesto pigouviano a recortar otros impuestos, o dedicarla a finalida­
des ambientales, de forma que el dinero recaudado por una cuestión ambiental se
dedique a su vez a mejoras en este mismo campo ambiental, lo más deseable es gene­
ralmente lo primero. Donde hay menos consenso, en cambio, es en la cuestión del
impacto puramente fiscal. Existen dudas sobre si se produce de forma generalizada
un beneficio neto asociado a la sustitución de impuestos distorsionadores por im­
puestos pigouvianos, más allá del beneficio derivado de la corrección ambiental {do­
ble dividendo fuerte).

I Prohibiciones
Hemos visto hasta ahora modificaciones de precios por la vía fiscal. En esta parte
final del capítulo analizaremos otra forma de corrección de externalidades, a través
de la modificación de precios por la introducción de prohibiciones.

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88 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
¡ 11

Cuando las prohibiciones son absolutas y efectivas y, por tanto, nadie las trans­
grede, se pueden interpretar económicamente como equivalentes a precios infinitos
para las unidades no permitidas. Supongamos que ante la presencia de externalidades
negativas en un mercado como el representado en el Gráfico 3.16, el Estado decide
prohibir la producción y consumo de unidades por encima del óptimo social x**.
Ello lo podemos representar mediante la función de costes marginales privados (ofer­
ta). Así, los productores tendrán un coste determinado para producir cada unidad adi­
cional del bien X, tal como define la función CMgP. Al introducir la prohibición
efectiva, es como si el coste de producir cada unidad no permitida fuera infinito, por
lo que nunca llegarían a producirse. Por ello se suele representar la función de costes
marginales privados como vertical (o como si la producción se hiciera totalmente
inelástica) a partir de la última unidad permitida. Esto es lo que ilustra el Gráfi­
co 3.16. La consecuencia inmediata es que sólo se producirán x** unidades del bien X.
Sin embargo, la cantidad de producto no será la única variable afectada. El precio tam­
bién aumentará, de p* a p', coincidiendo con lo pagado por la adquisición de la última
unidad. Intuitivamente, para x* habrá exceso de demanda, lo que hará subir los precios
hasta p'. El lector puede comprobar que, en la forma en que lo hemos presentado aquí,
la ganancia social neta es la misma que con el impuesto pigouviano, pero el reparto de
excedentes es distinto. De todas formas, en el próximo capítulo matizaremos algo esta
afirmación, al hablar de los mercados de derechos de contaminación.
No es difícil encontrar ejemplos muy variados de prohibiciones a la producción y
consumo superiores a una determinada cantidad en un periodo de tiempo dado. Algu­
nas administraciones regulan la cantidad máxima de emisiones que una industria
puede generar en un año. En algunas ciudades con especiales problemas de contami-

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 89

nación se han aplicado políticas que prohíben la circulación a los vehículos depen­
diendo del día de la semana y número de terminación de la matrícula del vehículo, y
es habitual que el número autorizado de taxis tenga un límite predeterminado. Los
municipios regulan hasta qué horas pueden permanecer abiertos por la noche estable­
cimientos como bares o discotecas que generan externalidades a los vecinos. Sin em­
bargo, todas esas prohibiciones no son necesariamente exitosas. Por ejemplo, pueden
generar incentivos perversos. Además, no suelen ser completamente efectivas. En
otras palabras, que su violación no comporta costes infinitos, sino costes más limita­
dos. A menudo comportan sólo el pago de una multa.

1. Mostrar gráficamente el reparto de costes y beneficios entre consumidores, pro­


ductores y Estado al introducir una subvención sobre los productores en un mer­
cado competitivo sin fallos cuando:
a) La curva de oferta presenta una forma más vertical que la demanda.
b) Cuando la curva de demanda presenta una forma más vertical que la oferta.
Repetir el ejercicio con una subvención sobre los consumidores. Discutir los
resultados.

2. Mostrar gráficamente cómo la introducción de un impuesto excesivamente alto


en un mercado con externalidades negativas puede empeorar el bienestar social.

3. De forma similar al ejercicio anterior, mostrar gráficamente cómo la introduc­


ción de una subvención en un mercado con externalidades negativas puede em­
peorar el bienestar social.

4. Discutir casos en los que el Estado puede empeorar el bienestar social mediante
la intervención en mercados con presencia de externalidades.

5. Reproducir los Gráficos 3.8, 3.9 y 3.10 para el caso en el que la externalidad es
positiva y la subvención se aplica sobre el consumidor.

6 . Reproducir el Gráfico 3.11 de análisis de bienestar con impuesto pigouviano pa­


ra el caso en el que tanto la curva de demanda como la de oferta presentan una
pendiente más plana. Repetir el análisis con ambas curvas más verticales. Dis­
cutir los resultados.

7. Reproducir el Gráfico 3.12 de análisis de bienestar con subvención óptima con


un beneficio marginal externo de pendiente más vertical y con pendiente más
horizontal. Discutir los resultados.

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90 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

8 . Utilizando la regla de cálculo del área de un triángulo, comprobar que en los


Gráficos 3.11 y 3.12 las áreas de los triángulos / son idénticas.

9. Representar gráficamente un caso en el que sea socialmente óptimo prohibir la


producción y consumo de un bien debido a la externalidad ambiental que pro­
duce.

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CAPÍTULO
Qí . > >A

M
i
W

Política
económica
ambiental (II).
Otros instrumentos

4.1. ¡¡ Ampliación de mercado


4.2. a Los mercados de derechos de contaminación
4.3. f¡ Acuerdos voluntarios
Ejercicios

i
92 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

En el capítulo anterior hemos visto cómo se pueden corregir los fallos de mercado
creados por la presencia de externalidades, positivas o negativas, mediante modifica­
ción de precios, especialmente a través de la política fiscal. Hay, sin embargo, un
conjunto de otros instrumentos que no se basan directamente en cambiar las señales
que en los mercados dan los precios, sino que logran las correcciones por otras vías.
Son los que examinaremos en este capítulo. Se podría argumentar, por ejemplo, que
las empresas pueden por sí mismas solucionar los problemas ambientales que produ­
cen, siempre que hacerlo les reporte suficientes beneficios. Desde hace unos cuantos
años se observa una tendencia de las empresas a tener una actitud más cuidadosa con
el medio, incluso más allá de lo que la regulación ambiental obliga. Además, las em­
presas tienden con más frecuencia a hacer pública su política ambiental. Lo vemos en
los anuncios de las propias empresas, sobre todo las de mayor tamaño. El medio am­
biente parece haberse incorporado como una variable a tener en cuenta en las deci­
siones de las grandes compañías. Ello puede llevar a preguntamos si realmente se
precisa de la intervención del gobierno. Si los consumidores estamos dispuestos a
pagar más por productos ambientalmente mejores, las empresas proveerán estos pro­
ductos y aparecerá un mercado para ellos. De hecho vemos que hasta cierto punto así
es. Paradójicamente parece que argumentemos ahora que no tiene por qué haber fa­
llos de mercado por externalidades.

Sin embargo, existe un problema básico que hemos visto ya. Los consumidores
se pueden comportar como aprovechados, como free riders. Cada consumidor en
particular puede pensar que su contribución a la calidad del medio al comprar un
producto «ecológico» es insignificante, y optar por el producto contaminante más ba­
rato. Además, no todos los problemas ambientales se reducen a las externalidades ni
tenemos mercados en los que puedan quedar corregidos. Por ejemplo, quizás sea difí­
cil que la protección de determinadas especies pueda solucionarse mediante mecanis-^
mos de mercado, aunque para algunas sí pueda funcionar.

Sea como sea, tenemos muchos ejemplos de problemas ambientales que no se


solucionan por sí mismos y que podrían solventarse desde la perspectiva de procurar
el máximo bienestar social con nuestros escasos recursos. En este capítulo veremos
algunos de estos instrumentos. Empezaremos por un caso curioso. Veremos cómo los
fallos de mercado por externalidades pueden interpretarse como que el mercado es
demasiado limitado, al dejar fuera del mismo a los externos. Así, el primer instru­
mento que analizaremos es el de la ampliación del mercado, en línea con los trabajos
del economista Ronald Coase. Para ello será crucial definir con precisión quién tiene
el derecho de propiedad sobre el medio objeto del daño ambiental. Aprovecharemos
este aspecto para introducir los principios de «quien contamina paga» y de «la vícti­
ma paga». Explicaremos también cómo pueden funcionar los mercados de derechos
de contaminación. Después, y en línea con las soluciones de mercado, veremos la
adopción de medidas voluntarias por parte de los contaminadores. Hablaremos de las
etiquetas verdes o ambientales o de las certificaciones, por ejemplo.

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 93

Ampliación de mercado
Volvamos a nuestro ejemplo del Capítulo 2 con los productores de papel y los pesca­
dores. Miremos en este ejemplo cuánto pescado se capturará y cuánto papel se produ­
cirá si ambos mercados son perfectamente competitivos. Parece razonable suponer
que la industria papelera produciría demasiado papel a expensas de los beneficios de
los pescadores (x* en lugar de x**, en el Gráfico 4.1, que reproduce el 2.7). Natural­
mente el productor de papel tiene incentivos para seguir produciendo papel mientras
su excedente sea mayor que cero. El resultado es una excesiva producción de papel y
de contaminación al mismo tiempo. Es decir, se destinan demasiados recursos a esta
actividad: el mercado falla en su asignación de recursos. El mercado no puede resol­
ver este problema por sí mismo, dado que los precios no incorporan la señal del daño
a los recursos acuáticos, en este ejemplo. El precio p* es demasiado bajo.
Ya hemos visto que una posible solución consistiría en introducir un impuesto
pigouviano sobre la producción de papel, que hiciera subir adecuadamente su precio.
i

Pero, ¿no podrían la empresa productora de papel y los pescadores sentarse en una
misma mesa y llegar a un acuerdo sobre el nivel de emisiones que maximizara sus
beneficios conjuntos? Sabemos que si el mercado del papel es perfectamente compe­
titivo, producirá un nivel de emisiones correspondiente a la producción de x* unida­
des de papel en el Gráfico 4.2, en perjuicio de los pescadores. Entonces, los pescado­
res podrían plantearle al productor de papel una compensación para que reduzca las
emisiones contaminantes. Dicha compensación podría cubrir las pérdidas en el sector
del papel y todavía dejar un beneficio para los pescadores. Eso lo podemos ver fácil­
mente comparando la variación de excedentes entre privados (sector del papel) y ex­
ternos (sector pesquero) al pasar de x* a x**. Vemos que esta reducción disminuye

x ' x * X

Gráfico 4.1. Mercado con externalidad negativa.

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94 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

x * * x * X

Gráfico 4.2. Excedentes en un mercado con externalidad negativa.

los costes de los pescadores en el equivalente al área F, que es mayor que la pérdida
de los privados, o área D + C. Por tanto, los externos podrían fácilmente compensar .
a los privados para que redujeran su producción.
Sin embargo, lo primero que debemos definir claramente es quién ostenta los de­
rechos de propiedad sobre los recursos hídricos, lo cual afecta directamente a la pro­
ducción, si suponemos que con la tecnología actual sólo sabemos producir contami­
nando. En la medida en que podamos definir los derechos de propiedad sobre los
recursos hídricos, las negociaciones voluntarias deberían llevar a una situación mejor
que la que se obtiene mediante el mercado en la situación de partida. Si adoptamos
este punto de vista, entonces el problema de la corrección de las extemalidades ya no
parecerá tan grave, en el sentido de que los agentes económicos pueden simplemente
llegar a acuerdos entre ellos y elegir los niveles de extemalidades que maximizan sus
beneficios conjuntos. Este tipo de razonamiento es el que aplicaba el economista bri­
tánico, y premio Nobel de economía, Ronald Coase en sus investigaciones sobre los
derechos de propiedad. Por ello a esta solución se la conoce a veces como cocisicma.

4.1.1. Derechos de propiedad y" el te o re m a de Coase


...

A pesar de que llevamos hablando del mercado en buena parte del libro, quizás sea
pertinente ahora preguntarnos ¿qué entendemos por mercado? Puede parecer muy
evidente, pero cuando lo pensamos vemos que su definición no es nada inmediata.
Aquí entendemos el mercado como una institución que hace posible que los indivi­
duos lleguen a un acuerdo sobre algo que les beneficia mutuamente. Una condición
necesaria para la existencia de un mercado es que los derechos de propiedad estén
bien definidos, en el sentido de que no existe ambigüedad sobre quien los ostenta.

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1

POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 95

Cuando vendemos un bien, transferimos en realidad su derecho de pro­


piedad al comprador y, si no está del todo claro a quien pertenece el
bien antes y después de la transacción, va a ser difícil poder definir el
mercado para este bien.
Ronald Coase discutió la importancia de los derechos de propiedad
en una economía de mercado. Sostenía que en la medida en que éstos
estén bien definidos, los acuerdos voluntarios entre agentes económi­
cos nos van a llevar a soluciones Pareto eficientes (óptimas). Eso, en
presencia de externalidades, se conoce a veces como el teorema de
Coase, y sólo es válido bajo determinados supuestos restrictivos. El
Ronald Coase (1910).
teorema se basa, entre otros, en el supuesto de que los costes de tran­
sacción o negociación son lo suficientemente pequeños como para
poderlos ignorar. Podemos pensar en los costes de transacción como
obstáculos que dificultan los acuerdos voluntarios entre las partes. Los costes de tran­
sacción pueden tomar distintos aspectos. Pueden ser costes monetarios directos, cos­
tes asociados al proceso de negociación, o costes de identificar los resultados de dis­
tintas acciones. Por ejemplo, el coste del registro de la propiedad, de verificación de
la calidad del agua o de garantizar el cumplimiento de los compromisos.
El Gráfico 4.3 nos puede ayudar a entender el denominado teorema de Coase.
Supongamos primero que los derechos de propiedad (sobre la contaminación del río,
en nuestro ejemplo) están claramente definidos y se han asignado a los privados, o
sea a los productores y consumidores del papel cuya producción genera la extemali-
dad. Como son los privados los que deciden, producirán y consumirán, de entrada,
hasta x*, porque es la situación de equilibrio de mercado y la que mayor bienestar les
reporta. En el ejemplo del papel, se producirían y consumirían x* toneladas de papel
al año. Ello afectaría a los pescadores, pero ahora los derechos de propiedad sobre la

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96 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

calidad del agua están bien definidos, a favor de los privados. Con ello, aparece un
nuevo actor en el mercado del papel y la posibilidad de unos intercambios volunta­
rios entre agentes del sector pesquero y agentes del sector del papel que hasta ahora
no habíamos considerado. Esta ampliación del mercado del papel al mercado de la
contaminación del río permite que los hasta ahora considerados externos (los produc­
tores y en su caso los consumidores del pescado) participen como tales, aunque sea
indirectamente, del mercado del papel. O dicho de otra forma, al negociar derechos
de propiedad sobre la contaminación del río, lo hacen afectando a la cantidad de re­
cursos que se dedicarán a la producción y consumo de papel. En cierta forma, intuiti­
vamente, los externos dejan de ser propiamente «externos», y pasan a ser unos agen­
tes privados más, si se quiere, aunque los seguiremos llamando «externos».
Así, los externos ahora pueden dirigirse a los privados del sector del papel y pe­
dirles que produzcan y consuman un poco menos a cambio de compensarles por ello.
Supongamos que los externos plantean disminuir la producción de papel de x* hasta
x'. Una forma de razonar este proceso es en términos marginales, unidad a unidad.
Tomemos la unidad x'. En conjunto, los externos estarían dispuestos a pagar hasta la
altura á como máximo para que no se llegara a producir esta unidad en concreto, y
los privados demandarían una compensación de por lo menos b' para renunciar a ella.
Cuando lo máximo que los externos están dispuestos a pagar supera la cantidad míni­
ma que aceptarían los privados, habría seguramente acuerdo sobre no producir esta
unidad, con el pago correspondiente. Según el Gráfico 4.3, ello es lo que sucedería
para la unidad x' (< a'> b'), así como para cada unidad entre x' y
algunas unidades a la izquierda de x'.
¿Hasta dónde llegaría el proceso? El Gráfico 4.4 lo ilustra. Dado que se llegaría a
reducir la producción y consumo de papel por lo menos hasta (Gráfico 4.3), nos

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 97

podemos preguntar si también se reduciría hasta una cantidad superior, x". Observa­
mos que evitar que se produzca esta unidad en concreto beneficia a los externos en
a", que es menos de lo que su renuncia perjudicaría a los privados, b". La máxima
disposición a pagar de los externos es inferior a la mínima disposición de los priva­
dos a ser compensados. Por tanto, no habría acuerdo voluntario entre privados y ex­
ternos. Ello nos indica que no se llegaría tan lejos en la corrección de la externalidad
mediante negociación voluntaria entre las partes implicadas. Lo mismo sucedería con
x'". La última unidad sobre la que habría acuerdo es x**, aquella unidad para la cual
lo que ganan los externos si no se produjera, coincide con lo que pierden los privados
si renuncian a ella. Por tanto, de asignar los derechos de propiedad a los privados, y
permitir la negociación de éstos con los externos, se llegaría, según nuestro sencillo
modelo, a la misma solución a la que se llegaba con impuestos pigouvianos: al ópti­
mo social.
Justificado el primer resultado (que asignando los derechos de propiedad a los
privados, y con negociación libre entre privados y externos, se llega al óptimo social,
corrigiendo la externalidad), pasamos a deducir el segundo: que llegamos al mismo
punto si los derechos de propiedad se asignan a los externos. Lo comprobaremos en
términos marginales, como antes. El Gráfico 4.5 ilustra el razonamiento. Partimos
ahora de lo que sucede cuando la producción y el consumo de papel es de cero unida­
des. Dado que son los externos los que poseen el derecho de propiedad sobre el agua
del río, los privados no la pueden contaminar sin el permiso de los pescadores, con lo
que podemos suponer que de entrada no habrá producción de papel. Sin embargo,
sabiendo que producir papel es rentable, los privados propondrán a los externos que
les dejen contaminar un poco el río (producir papel), por ejemplo hasta x'. Los exter­
nos seguramente exigirán a cambio una compensación suficiente. Como la máxima

Gráfico 4.5. Teorema de Coase con derechos de propiedad asignados a los externos.

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t

98 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

disposición a pagar de los privados es mayor que la mínima disposición a ser com­
pensados de los externos, para cada unidad hasta x', podemos pensar que se llegará a
un acuerdo y que se producirá por lo menos hasta esa cantidad. Sigamos hasta x . Se
aplica el mismo razonamiento y comprobamos que lo que los externos demandarán
como mínimo en compensación por permitir la producción de esta unidad es mayor
que lo que como mucho están dispuestos a pagar por ella los privados ( > Por j
tanto, no se llegará a producir esta unidad. En el recorrido entre x' y x", hallamos el
punto en el que coindicen la pérdida marginal de los externos (altura a) con la ganan-
cia marginal de los privados (altura b). Esto sucede en t **. A sí pues, llegamos al
mismo resultado: si se amplía el mercado asignando los derechos de propiedad sobre ,
la contaminación a los externos, de forma que privados y externos puedan llegar
libremente a acuerdos comerciales entre sí, desaparece el fallo de mercado. La asig­
nación de recursos pasa a ser Pareto óptima. Ciertamente, en este caso nadie puede
mejorar su situación sin que algún otro agente empeore, aun contemplando la com­
pensación efectiva de los que ganan a los que pierden.

Recuadro 4.1
• .+ ■ ■ ■ ' • .• •••■ ' .V-í: •'
\ .y-- ,-
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TEOREMA DE COASE __________ ________ _______________ _______

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Los fallos de mercado causados por la pre- a los externos, aunque ello sí tendrá conse-
sencia de extemalidades se pueden corregir cuencias distributivas,
mediante la asignación de derechos de pro- Una de las condiciones más exigentes es
piedad para así facilitar que aparezca un la de ausencia de costes de transacción. A
mercado entre privados y externos. La so- menudo, cuando los privados y los exter- á
lución será óptima (bajo ciertas condicio- nos son numerosos, los costes de negocia-
nes) y no dependerá de si los derechos de ción son demasiado altos y la solución coa-
propiedad se han asignado a los privados o siana deja de ser eficiente.
*
6

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ü 4.1.2. A nálisis de bien estar


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Antes de ver un caso de aplicación práctica del teorema de Coase y discutir sus limi- •
taciones, analicemos las consecuencias en términos de bienestar. Insistimos en que el
teorema de Coase se cumple con independencia de a quién le otorguemos los dere­
chos de propiedad. En cambio, en general la distribución de renta no es indepen­
diente de la distribución de los derechos de propiedad. Por cierto, que una de las
condiciones necesarias para que se cumpla el teorema de Coase y se dé una misma
solución eficiente es que no haya efecto renta. Es decir, que la asignación de los de­
rechos de propiedad a unos u otros no modifique el nivel de renta o capacidad de
compra de los agentes, y por tanto no altere sus decisiones. Supongamos por ejemplo
que los derechos de propiedad los tienen los externos, y que las empresas deben pa­
gar para que se les permita emitir contaminación. Existe efecto renta si estos pagos

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 99

óráfico 4.6. Cambios en el bienestar con la solución coasiana cuando los derechos
de propiedad se asignan a los privados.

incrementan los costes de las empresas de forma que se desplace su curva de costes
marginales privados (la oferta). La solución eficiente sería distinta. Eso debería que­
dar más claro tras examinar primero el caso más simple.

Empezaremos asignando los derechos de propiedad a los privados. El punto de


partida es de nuevo el de equilibrio de mercado, x* en el Gráfico 4.6. Por tanto, los
privados tienen un bienestar de A + B y los externos una pérdida de bienestar de
C + D + E. Tras las negociaciones voluntarias, la cantidad final de producto se re­
duce hasta x**, con una pérdida de bienestar para los privados equivalente a B y una
ganancia para los externos de D+ [Link]
mostró en el capítulo anterior (tienen en común el lado izquierdo, que puede tomarse
como «base», y la «altura» x* —x**). Por tanto, el saldo es de una ganancia neta de
E que se repartirá en mayor medida hacia los externos o hacia los privados depen­
diendo de los acuerdos a que hayan llegado ambas partes. Obsérvese que ésa era tam­
bién la ganancia social neta cuando la corrección se realizaba mediante impuestos
pigouvianos, pero la diferencia fundamental es que ahora el Estado no se queda parte
de los excedentes de consumidores y productores. El reparto, por tanto, es distinto.

Vistas las consecuencias en bienestar de asignar los derechos de propiedad a los


privados, pasamos a asignarlos ahora a los externos. Se deja para el lector el razona­
miento de cómo pasamos de una situación inicial con cero bienestar asociado a una
nula actividad papelera, a un beneficio social de A — C en el Gráfico 4.7 tras la co­
rrección coasiana. Nótese que el bienestar final es el mismo en los dos casos (Gráfi­
cos 4.6 y 4.7).

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100 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Gráfico 4.7. Cambios en el bienestar con la solución coasiana cuando los derechos
de propiedad se asignan a los externos.

4.1.3. ¿Debería pagar el contaminador o el contaminado?


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Acabamos de ver en la comparación de los Gráficos 4.6 y 4.7 que es muy distinto, en
términos distributivos, que paguen los contaminadores o las víctimas de esta conta­
minación (cuando se asignan los derechos de propiedad los externos o los privados,
respectivamente). Entonces, ¿debería ser el que contamina o la víctima de la conta­
minación, quien pagara por el daño externo ambiental que se produce? Ambos casos
son factibles, y ya sabemos que llevan al mismo resultado en términos de eficiencia '
(bajo determinadas hipótesis), si bien a primera vista puede parecer extraño que sean
los contaminados quienes deban pagar por la contaminación. De acuerdo con el prin­
cipio de quien contamina paga, es el contaminador el que debe pagar por los daños f
que causa. Pero también podemos hacer que pague el contaminado. Entonces lo lia- j
maremos principio de la víctima paga.
1 *}

El origen de la expresión «principio de quien contamina paga» se halla en al­


gunas discusiones que tuvieron lugar principalmente en el área de los países de la
OCDE a principios de la década de los setenta (del siglo xx). En aquel momento se
tenía la sospecha de que, bajo la apariencia de inversiones ambientales, se estaba en
el fondo subvencionando a las empresas, con la consiguiente distorsión en un comer­
cio internacional que se pretendía de libre competencia. Para evitar este problema se
introdujo el principio de quien contamina paga. Bajo este principio, es la empresa
contaminante quien debe pagar el coste de reducir las emisiones, con lo que no debe­
ría recibir subvenciones para alcanzar dicha finalidad. !

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 101

España es uno de los países que, estando adherido al principio de quien contami­
na paga, al mismo tiempo ha utilizado en su legislación de las últimas décadas ayu­
das a las empresas. La práctica de subvencionar para emitir menos supone una viola-
j ción del principio en tanto en cuanto la administración pública, en nombre de las
víctimas, compensa al contaminador por reducir el daño ambiental, y en consecuen­
cia la externalidad. En cierta forma, puede verse como una aplicación del tipo de
solución de Coase. Se trata de un acuerdo voluntario como los descritos, donde la
administración pública hace una oferta para reducir emisiones (la subvención) y la
empresa voluntariamente decide si «pacta» o no, si acepta la subvención a cambio de
reducir las externalidades que causa. Haciendo abstracción del principio de quien
contamina paga, el problema de la administración reside en encontrar el volumen de
1/
subvención óptima que permite conducir la producción a x**.
A pesar de que el principio de la víctima paga puede parecer algo difícil de acep­
tar, podemos encontrar ejemplos en los que éste se aplica sin demasiada contesta­
ción. Por ejemplo, los países más desarrollados pueden proporcionar asistencia técni­
ca a otros países en vías de desarrollo mediante inversiones en tecnologías que
permiten reducir las emisiones contaminantes. De esta forma los daños ambientales
en los países receptores de la ayuda se pueden reducir a un coste mucho menor que el
que tendría la misma reducción en los países de la OCDE, por ejemplo. Así, a pesar
de que los países de la OCDE se puedan ver en este caso como víctimas de la conta-
j minación, puede que tenga sentido económico para estos países conseguir algunas
i- /
reducciones de la manera más barata posible, instalando tecnologías menos contami-
nantes en algunos países carentes de ellas.
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II I 1

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4.1.4. L im ita c io n e s !
' ■ ¿s . . , : v > . />\ y. . . ■ ■ ■ ■ ■ / ■ ■' ■ •

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El teorema de Coase parte de una serie de supuestos, alguno de ellos bastante restric-
I tivo. Quizás el más relevante, y que ya hemos mencionado, es que se supone que no
1 hay costes de transacción. En la práctica éstos pueden ser altos y limitar la aplicabili-
dad de la solución de Coase en presencia de externalidades. En general, cuando los'
! agentes que deben ponerse de acuerdo son muchos y no existen en vigor instrumen­
tos de coordinación entre ellos, la negociación voluntaria entre las partes suele ser
1V
difícil. Dicho de otra forma, los costes de la negociación son demasiado altos para
i que resulte una solución económicamente viable e interesante para las partes impli-
f cadas. En ocasiones, los costes de transacción no son lo suficientemente altos para
que no se produzca la negociación, pero sí impiden que se alcance la solución social­
mente óptima. Es lo que veremos a continuación.
; Supongamos una función de costes de transacción (Q , como la representada en
* el Gráfico 4.8, cuyo valor constante por unidad producida y consumida es c. Fijémo­
( nos en el caso en que
1
los derechos de propiedad
t se asignan a los externos, dejando
para el lector la comprobación en el caso de asignación de derechos a los privados.
Para ello representamos la situación habitual en el Gráfico 4.8 con la inclusión de C.

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102 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Gráfico 4.8. Mecanismo de Coase con costes de transacción y derechos de propiedad


asignados a los externos.
... V .................. .—
..... ...

Este coste de transacción puede asumirlo una parte, la otra, o ser repartido entre am-‘
bas. La única diferencia es distributiva; la cantidad de producto que finalmente ab­
sorberá el mercado, tras las negociaciones oportunas, va a ser la misma. A efectos
argumentativos, consideraremos el supuesto quizás más lógico de que los costes de
transacción los asume la parte más interesada en negociar, o sea los privados (dado
que en este caso no tienen los derechos de propiedad).

Recuadro 4.2 j
COSTES DE TRANSACCIÓN j: I

Los costes de transacción son aquellos en intercambia. Pueden ir asociados al proceso


los que se incurre en una compraventa (en de obtención de información, al tiempo in­
este caso de derechos a contaminar), más vertido en la negociación, a la certificación
allá del coste monetario del bien que se del cumplimiento de los acuerdos, u otros.

El razonamiento es parecido al que realizábamos para el Gráfico 4.8. Suponemos


de entrada que sin negociación, la cantidad de producto será cero, dado que los exter­
nos no van a dejar que los moleste esta actividad económica. La solución social­
mente óptima sabemos que es x** (donde las alturas a y b son idénticas) y x* es a la
que querrían llegar los privados. Por tanto, los privados se aproximarán a los exter­
nos y les pedirán que les concedan «permiso para contaminar», o sea, producir y con­
sumir. Más adelante mostraremos que los mercados de permisos de contaminación se
inspiran, hasta cierto punto, en las aportaciones de Coase. Supongamos que los priva-

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 103

dos pidieran producir hasta x'. Entonces, los externos reclamarían una compensación
de por lo menos a' para esta unidad en concreto. Los privados estarían dispuestos a
pagar b', pero como ahora incurren en un coste de transacción igual a c, en realidad
estarán dispuestos como mucho a pagar b' — c a los externos, y c a terceros para
organizar los acuerdos, mantener la vigilancia sobre los mismos, etc. Como en este
caso particular b' — c es mayor que a', podemos esperar que haya voluntariamente
acuerdo en permitir producir esta unidad, así como todas las anteriores.
Examinemos ahora qué sucede en x". Esta unidad en particular reportaría a los
externos un malestar de a", por lo que éstos exigirían por lo menos esa cantidad para
permitir su producción y consumo. Por su parte, los privados estarían dispuestos a
pagar b" en total, de cuya cantidad una parte, c, se requiere para cubrir los costes de
transacción. Por tanto, lo máximo en que podrían compensar a los externos sería en
b" — c, que es inferior a lo que requieren los externos ( Por eso, en la negocia­
ción no se llegaría tan lejos como x". Ya vemos, pues, que no se alcanzará la situa­
ción socialmente óptima de producir y consumir x**.
f
i

Finalmente, nos queda ver hasta qué unidad permitirán los externos que se pro­
duzca. Será justamente x'", donde a’", lo que los externos demandarán, será igual a lo
que los privados están dispuestos a pagar una vez deducido el coste de transacción
con el que cargan, b"' — c.
Dejamos para el lector la comprobación de que cuando los derechos de propiedad
se asignan a los privados, la nueva cantidad de equilibrio tras la negociación volunta­
ria sería superior a x**. En particular, dependiendo del valor de los costes marginales
externos, o bien ni siquiera se llegaría a modificar la producción y consumo origina­
les de x* unidades, o bien la nueva cantidad estaría ubicada entre x** y x*.

Los mercados de derechos de contaminación


La discusión de Coase sobre el papel fundamental que desempeñan los derechos de
propiedad es de gran importancia para entender el funcionamiento de los mercados.
Pero cuando queramos aplicar el teorema de Coase a la economía ambiental, debe­
mos tener presente que el teorema se basa en unos supuestos bastante restrictivos,
como hemos apuntado. Estos supuestos no tienen por qué cumplirse en la realidad,
especialmente en el caso de los programas ambientales. Las externalidades ambienta­
les suelen afectar a mucha gente, lo cual a su vez provoca que los costes de transac­
ción puedan ser particularmente altos. Así, la polución generada por el tráfico rodado
en la ciudad puede afectar a un gran número de residentes y visitantes, y es difícil
entrever cómo se conseguirían acuerdos voluntarios directamente de la negociación
entre conductores y viandantes, por ejemplo, incluso si podemos otorgarles los dere-
0

chos de propiedad a una de las partes. Otro caso parecido lo constituyen las emisio­
nes de los llamados gases invernadero, por su efecto sobre el clima del planeta. A
pesar de todas las dificultades, podemos encontrar efectos de estos acuerdos a nivel
nacional o entre distintos países, o a menor escala, dentro de un mismo grupo de

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104 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
'i « J

empresas, como muestran algunos protocolos internacionales o determinadas prácti­


cas empresariales. Sobre ello volveremos parcialmente en el Capítulo 9.
Lo que nos interesa en este apartado es mostrar un ejemplo que, en alguna medi- j
da, utilice por lo menos en parte la idea de Coase. Examinaremos cómo funcionan
los mercados de permisos de derechos de contaminación. De hecho, no describire­
mos ninguno en particular, sino distintos aspectos que muchos de estos mercados j
contienen, si bien para cada caso suelen darse formas algo distintas de proceder.
Los mercados de derechos de contaminación son mercados «construidos» por la
voluntad de la administración o, en menor medida, por voluntad de un grupo de em­
presas. Para poder diseñarlos, debe en primer lugar quedar claro qué contaminantes
se consideran en este mercado y cuáles de las actividades económicas que los gene­
ran se ven afectadas por la regulación. Por ejemplo, puede tratarse de NOx o de SOx, I
por ejemplo. Las actividades económicas contempladas suelen ser de producción, y
generalmente afectan a empresas claramente identificadas y localizadas. Cuando la
contaminación es difusa, la construcción de estos mercados es más complicada. La
combinación de empresas, territorio y contaminantes define la llamada burbuja. Así,
el mercado se desarrollará dentro de esta burbuja. A veces las burbujas se limitan
geográficamente a partes de un área metropolitana, por ejemplo, pero a veces tienen
ámbitos muy superiores, e incluso internacionales, como en el caso de la aplicación’
del Protocolo de Kyoto.
La política que da lugar al mercado suele consistir en permitir, dentro de la bur­
buja, un nivel de emisiones inferior al que venía aconteciendo. Para ello, se precisa
conocer el nivel de emisiones en el conjunto de la burbuja, así como el atribuible a
cada empresa en particular. En nuestros términos, la política busca provocar el cam­
bio de x* a otra cantidad menor de producción (de emisiones), idealmente a x**.
Una vez conocido el nivel inicial de emisiones y determinado el nivel objetivo de
la política, se trata de emitir tantos bonos de producción como sean precisos para no
pasarse de la producción (emisiones) objetivo (por ejemplo, x**). Cada bono corres­
ponde a un número predeterminado de unidades de emisión de contaminantes anua­
les (u otra unidad de tiempo). Por tanto, un bono es en realidad también un permiso
de contaminación. De ahí el nombre de mercado de permisos de contaminación. Na­
turalmente, el conjunto de empresas deberá disminuir su producción, dado que el to­
tal de bonos emitidos no es suficiente para seguir produciendo x* (o las emisiones
asociadas a este nivel de producción, con la tecnología utilizada).
Decididos cuántos bonos se pueden emitir para el conjunto de empresas de la
burbuja, el siguiente problema es cómo repartirlos entre ellas. Existen distintas fór­
mulas, la más extendida de las cuales consiste en realizar un reparto gratuito en pro­
porción a la contaminación que históricamente estuviera provocando cada empresa.
Para denominar esta práctica se utiliza a menudo el término inglés grandfathering.
Otra fórmula utilizada para efectuar la distribución de permisos de contaminación es
la de la subasta.

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 105

Ya repartidos los bonos entre las empresas, puede empezar la actividad de inter­
cambio (mercado). Para ilustrarlo, tomemos de ejemplo dos empresas. La empresa A
emite mucha menos contaminación por unidad producida que la empresa B, la cual a
lo mejor pertenece a un tipo de actividad industrial distinta, utiliza una tecnología
menos limpia, o simplemente es menos eficiente. Supongamos además que ello tiene
como consecuencia que a la empresa A la reducción de emisiones que le toca realizar
le supone de entrada un coste mucho mayor que a la empresa B. En este caso, A
puede proponerle a B que reduzca su producción (emisiones) un poco más de lo que
le tocaría de entrada, o sea que utilice menos bonos o derechos de contaminación de
los que le han sido adjudicados, y que esos bonos que B deje de utilizar se los venda
a la empresa A para que los utilice. Ciertamente, la empresa B estará de acuerdo con
la transacción siempre que le salga a cuenta, o sea, siempre que le compense la pérdi­
da económica por la reducción extra. Cuanto mayores sean los costes de reducir las
emisiones para B, más probable será que le pueda salir a cuenta vender sus derechos
a contaminar a A. Estamos en definitiva aplicando la misma lógica económica habi­
tual que nos ha servido para comprender el mecanismo de Coase. En tanto en cuanto
haya un número suficiente de empresas tipo A y tipo B, en nuestro ejemplo sencillo,
se producirá competencia y actuará la ley de la oferta y de la demanda para ir defi­
niendo el precio de transacción de cada bono en esta burbuja en particular.
Una variante del ejemplo anterior se da cuando a una empresa del tipo B le sale
finalmente más a cuenta cerrar su actividad y vender los bonos a las demás empresas.
Algo parecido ocurre con una nueva empresa que desee instalarse en la burbuja: de­
berá comprar a otras empresas un número suficiente de bonos para poder llevar a
cabo su actividad productiva.
Naturalmente, se precisa de un cierto control para verificar el cumplimiento de
las emisiones de acuerdo con los bonos de cada empresa, y de un sistema de multas o
penalizaciones en caso de incumplimiento. Todo ello se añade a los costes de tran­
sacción necesarios para organizar dichos mercados.
*

Los mercados de derechos de contaminación se pueden sofisticar de forma pare­


cida a como se sofistican los mercados reales. Por ejemplo, algunas burbujas gozan
de un cierto sistema bancario. Una empresa que desea vender bonos y no encuentra
comprador al precio que los quiere vender, los puede «depositar» en el banco a la
espera de que alguien los adquiera al precio deseado. Así, las reducciones extras de
emisiones en un año se pueden compensar con reducciones menores al año siguiente,
etc. También los compradores pueden adquirir bonos «a crédito». Así, puede que en
un determinado año las emisiones sean algo superiores a lo permitido, pero a cambio
de menores emisiones en los demás años. Los «intereses» o precio de los créditos se
fijan de acuerdo con la oferta y la demanda, como es de esperar.
Algunas variantes de mercados de derechos de contaminación restringen las tran­
sacciones a las empresas de la burbuja. Otras lo abren a otras empresas e incluso a
particulares de todo el mundo. Así, a veces, grupos ecologistas realizan colectas para
comprar bonos y retirarlos de la circulación, con lo que fuerzan una reducción mayor

© ITES-Paraninfo
106 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

que la establecida inicialmente. En los Estados Unidos, para algunos mercados, la


Agencia Norteamericana de Protección Ambiental (EPA) ha realizado concursos públi­
cos entre empresas privadas para gestionar parte de la construcción de esos nuevos
mercados. Así, por ejemplo, la empresa Cantor, especializada en intermediación en ¡
bolsa, mantiene la gestión de mercados de SO2 o NOx entre otros. Si el lector está '
interesado, puede adquirir directamente bonos, y venderlos más adelante, o no, de
acuerdo a sus preferencias y al precio que alcancen ([Link]
*4m T

De hecho, se podría pensar que con un mercado de bonos abierto no haría falta
una política ambiental que fijara un nivel inicial de emisiones permitidas. Se trataría *
directamente de una aplicación del principio de Coase, si bien con los derechos de
propiedad asignados a los contaminadores (principio de la víctima paga) y con costes
de transacción (la organización del mercado, la vigilancia del cumplimiento, etc.).
Pero en caso de prefijar el nivel de reducción, el lector puede preguntarse qué se
gana con la creación de este mercado de emisiones si, por lo menos en la versión de
mercado restringido a las empresas de la burbuja, se llega a un resultado parecido al
que se obtendría si la política consistiera simplemente en obligar a cada empresa a
reducir la cantidad correspondiente. La respuesta está en los costes en los que hay
que incurrir para conseguir la reducción. Si los costes de reducción de las emisiones
son notablemente distintos entre las empresas, entonces el mercado puede llevar a
ahorros considerables de recursos. Se puede conseguir la reducción a un coste sensi­
blemente menor que simplemente con la prohibición legal de emitir por encima de
un determinado límite. Ciertamente, si las diferencias entre empresas son pocas y los
costes de transacción altos, la opción de mercado de derechos de emisiones perdería
su atractivo.
Por otra parte, en la práctica se da a menudo la utilización conjunta de varios
instrumentos de política ambiental para abordar un mismo problema. Por ejemplo, no
es raro encontrar el uso de mercados de derechos de contaminación combinado con ,
impuestos y prohibiciones legales.

Acuerdos voluntarios
Vista la corrección de fallos de mercado por el procedimiento de Coase, dedicaremos
el resto del capítulo a otros instrumentos de política ambiental, distintos a los inspira­
dos en Pigou y Coase. Seguramente, la familia de los acuerdos voluntarios constituye
una de las variantes más atractivas, y que durante los últimos años ha cobrado más
fuerza. Algunos autores han hablado incluso de una nueva generación en materia de
política ambiental.
Los acuerdos voluntarios como mecanismo de corrección de extemalidades am­
bientales consisten en acciones por las cuales los agentes económicos se comprome­
ten a reducir los impactos ambientales que provocan, más allá de lo estrictamente
estipulado por la ley. En general, abordar estos cambios suele comportar la asunción

© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 107

de ciertos costes. Si la participación en los acuerdos voluntarios es alta, esto permiti-


!: ; rá reducir significativamente las externalidades negativas (sin que esto signifique ne-
¡1 cesariamente que se alcance el óptimo social).
j Este tipo de iniciativas voluntarias se ha promovido a menudo desde organizacio­
nes ecologistas internacionales y también desde la administración pública, tanto en el
ámbito de la Unión Europea como en Estados Unidos y otros países. Según algunos
| estudios, desde 1990 la Agencia Norteamericana de Protección Ambiental ha puesto
| en marcha más de 30 programas voluntarios. En el contexto europeo, la Unión Euro­
pea adoptó en 1992 el quinto Programa europeo de acción ambiental, en el que pro­
ponían la intensificación del diálogo con los distintos sectores productivos y la adop­
ción de acuerdos voluntarios y otras formas de autorregulación como mecanismos
para la resolución de problemas ambientales. En la Unión Europea existirían en vigor
más de 300 acuerdos voluntarios, buena parte localizados en Holanda y Alemania.
La principal ventaja de este tipo de instrumentos para el sector público es que son
i menos costosos de introducir y gestionar.
|

El siguiente apartado presenta las distintas categorías de acuerdos voluntarios, y


dedica una atención especial al instrumento conocido como etiquetado verde o ecoló­
gico. A continuación se discuten las razones que pueden impulsar a las empresas a
modificar de forma voluntaria su comportamiento ambiental. Por último, se discuti-
»1
jí i
rán las ventajas que para el sector público puede tener la popularización de los acuer-
dos voluntarios, y cuán eficientes resultan éstos comparados con los instrumentos de
I política económica ambiental más tradicionales.

4.3.1. T ip os de acuerdos vo lu n tario s


i
■ i
Los acuerdos voluntarios pueden clasificarse conforme a diferentes criterios. Algu-
! nos programas pretenden reducir impactos muy específicos, con frecuencia las emi-
i siones de carbono y de otros contaminantes tóxicos, la gestión de residuos e impactos
U sobre la calidad del agua. Otros programas pretenden afectar de forma integral distin­
tas fases del proceso productivo, y disminuir diversos impactos ambientales provoca-
I dos por la actividad de las empresas. Suele ser el caso de los programas de etiquetado
, verde, por ejemplo.
: La exigencia en cuanto al tipo de finalidad ambiental a conseguir también resulta
' muy variable. Así, las empresas pueden por ejemplo comprometerse a cumplir obje-
1 tivos estrictos y cuantificables, como el tipo y volumen de las emisiones, o bien los
compromisos pueden atañer únicamente a modificaciones en los procesos de produc­
ción o en los protocolos de actuación dentro de la empresa. En este segundo caso los
objetivos a alcanzar se definirían de forma más flexible.
‘ Seguramente la forma más frecuente de clasificar los acuerdos voluntarios sea en
base al grado de participación de la administración pública. De más a menos inter­
vención, encontramos las siguientes categorías de acuerdos voluntarios: los progra­
mas voluntarios públicos, las iniciativas bilaterales y las iniciativas unilaterales por

© ITES-Paraninfo
108 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

parte de las empresas. A continuación se describen las principales características de


cada grupo de acuerdos (un esquema aparece en el Recuadro 4.3).

R e c u a d r o 4.3

TIPOS DE ACUERDOS VOLUNTARIOS

Programas públicos. Se desarrollan desde nistración pública. Ejemplo: «convenios»


la administración pública, y luego las em- de Holanda.
presas deciden su adscripción. Ejemplo: la
Compromisos voluntarios. La iniciativa
certificación EMAS (Eco-Management
proviene del sector privado, que se com­
and Auditing Schemes).
promete a mejorar ciertos estándares am-
Iniciativas bilaterales o acuerdos negocia- bientales. Ejemplo: ISO 14000, etiquetado
dos. Algunos de los puntos del acuerdo verde. Todos esos ejemplos se mencionan
ambiental (objetivos, medios, calendario...) en este capítulo, al desarrollar las tres for-
resultan de un proceso de negociación en- mas de acuerdos voluntarios,
tre el sector industrial afectado y la Admi-

¡ |1
Los programas públicos de carácter voluntario consisten en protocolos que desa­
rrolla la autoridad ambiental competente y que son luego suscritos por agentes priva­
dos. Los protocolos los diseña la autoridad ambiental competente, que define los re­
quisitos de participación en el programa, los criterios ambientales a cumplir, los
criterios en las tareas de control, seguimiento y en la evaluación de los resultados.
Para las empresas participantes, las ventajas son variadas. Pueden consistir en la ob­
tención de asistencia técnica o de subsidios (por ejemplo, para llevar a cabo activida­
des de I + D que mejoren el rendimiento ambiental de la empresa). O pueden conse­
guir mejorar la reputación pública de la empresa, por ejemplo si la participación en el
programa público permite la utilización de algún logotipo o distintivo ambiental. En
ocasiones, la participación en el programa público permite esquivar parcialmente las
regulaciones directas obligatorias. Así, por ejemplo, en la Unión Europea se han de­
sarrollado programas encaminados a reducir la emisión de gases con efecto inverna­
dero, con ventajas para las empresas participantes en forma de menores impuestos
por tonelada de C 0 2 emitida.
Existen muchos ejemplos de este tipo de programas públicos. Uno bastante arrai­
gado es el formado por los sistemas de gestión ambiental. Un sistema de gestión am­
biental afecta a todas aquellas partes de la organización de la empresa que afectan su
desempeño ambiental. Así, incluye la estructura organizativa, la planificación de las
actividades, los procedimientos, los procesos y los recursos a desarrollar, entre otros,
así como implantar, revisar y mantener la política ambiental. En función del estándar
de diseño que se utilice se concretará de una u otra forma. Un sistema de gestión de
carácter público, aplicado en la Unión Europea, sería el de los Sistemas de Ecoges-
tión y Ecouditoría Ambientales (EMAS), en vigor desde 1993.

© ITES-Paraninfo
T ;
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 109

En Estados Unidos uno de los programas frecuentemente citado es el «Programa


33/50», cuyo objetivo era el de priorizar la reducción de 17 sustancias químicas tóxi­
cas. Las empresas participantes gozaban de flexibilidad en lo que concierne al volu­
men en las reducciones de emisiones y en los procedimientos para conseguir tales
reducciones.

Las iniciativas bilaterales o acuerdos negociados surgen de la negociación entre


la administración pública y las empresas de un determinado sector. Estos acuerdos
tienen cierta tradición en Europa, y por ejemplo en Holanda constituyen el instru­
mento clave en su política ambiental, en donde reciben el nombre de «convenios».
Así, en ese país se han firmado acuerdos destinados a reducir las emisiones de gases
invernadero y otros contaminantes con más de 50 sectores industriales, y los acuer­
dos son vinculantes para las empresas. El parlamento del país decide los objetivos
medio ambientales a conseguir, los métodos y calendario para la consecución de los
mismos se negocian con la industria, y las empresas tienen la obligación individual
de cumplir los objetivos de los acuerdos. En Alemania, en cambio, donde los acuer­
dos bilaterales también tienen cierta tradición, es la industria en su conjunto y no las
empresas individualmente consideradas la que tiene la obligación de cumplir lo esti­
pulado en el acuerdo.
El último grupo de acuerdos voluntarios es el constituido por los compromisos
unilaterales que se deciden en el seno de las empresas. Pese a lo voluntario de las
medidas, las empresas podrían delegar en terceros la evaluación del acuerdo adopta­
do. Ello tiende a reforzar la credibilidad sobre el compromiso de la empresa y contri­
buye al éxito del mismo. Podemos distinguir más de un tipo de acuerdo voluntario
unilateral. Una primera posibilidad es que las empresas desarrollen sus propios pla­
nes para mejorar sus resultados ambientales. Otra posibilidad es la de adoptar como
propios códigos de conducta desarrollados por asociaciones de la industria o de co­
mercio. Éste fue el caso de la «iniciativa por un cuidado responsable en cuanto a la
protección ambiental y la seguridad», que puso en marcha la industria química cana­
diense en 1984. En la actualidad la iniciativa se ha extendido a 40 países. Cumplir
con sus normas es una condición necesaria para poder formar parte de las asociacio-,
nes de la industria química de los diferentes países.

Recuadro 4.4
EL ETIQUETADO VERDE

El etiquetado verde o ecológico en los pro­ que la empresa informa voluntariamente


ductos proporciona a los consumidores in­ sobre algún aspecto del proceso de produc­
formación sobre sus efectos sanitarios y ción (por ejemplo, pueden utilizar un sím-
ambientales. Existen tres tipos de etiquetas bolo que muestra si el envase es reciclable).
que incluyen información ambiental. Un ti­ Otro tipo son las etiquetas obligatorias se­
po son las declaraciones voluntarias, en las gún los Gobiernos, por ejemplo la informa-

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110 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

ción sobre la eficiencia energética de los Para poder utilizar la etiqueta verde, la em-
electrodomésticos o la presencia de CFCs o presa deberá asumir los costes (de haber­
sustancias tóxicas. Y por último, están las los) de modificar sus impactos ambienta­
que aquí se tratan, y que se denominan pro­ les, y pagar una cuota por pertenecer a la
piamente etiquetas verdes. Éstas se diferen­ organización que otorga el sello ambiental.
cian de las anteriores en dos aspectos: la Y en tercer lugar, la organización debe ha­
empresa las elige voluntariamente, y repre­ cer publicidad del sello a fin de que los
sentan de hecho un sello de aprobación, consumidores lo conozcan y confíen en él. |¡
otorgado por terceros, respecto a los im­ Este conocimiento y confianza sería una
pactos ambientales que la actividad de la condición necesaria para que algunos con­
empresa genera. sumidores se muestren dispuestos a pagar
En la actualidad son muchos los países, un precio mayor por comprar el producto
incluidos los de la Unión Europea, que han con la etiqueta verde.
adoptado programas públicos de etiquetado Apenas se han cuantificado los impactos
verde que animan el desarrollo de procesos sobre los precios derivados del uso del eti- i
y productos con menos impacto ambiental. quetado verde, y se han realizado en cam­
En Estados Unidos, por ejemplo, existen bio bastantes encuestas investigando sobre
también numerosos programas de etiqueta­ la orientación «verde» de los consumido-
do verde desarrollados por organizaciones res, su disponibilidad a pagar algo más por.
sin ánimo de lucro. Existen asimismo orga­ productos cuya producción ha sido más
nizaciones que pretenden impulsarlos a ni­ respetuosa con el medio ambiente. Una de
vel internacional, como la ISO (. las condiciones para que la adopción de
nalStandards )A
sociatn, la red global
etiquetas verdes resulte rentable para los
de etiquetado verde (Global Ecolabeling productores es que los mayores precios
NetWork, GEN), o una sección de la ONU permitan recuperar asimismo los mayores
(la United Nations Task Forece on Envi- costes en los que la empresa debe incurrir
ronmental Labeling). para cumplir los estándares ambientales
El objeto de una etiqueta verde es el de que le dan derecho a la certificación y el
identificar productos preferibles de acuer­ uso de la etiqueta verde.
do a la evaluación de los impactos ambien­ En el caso de los productos agrícolas, los
tales que producen, comparados con otros estudios muestran que la utilización de pro­
de su misma categoría. Esta evaluación se cesos productivos más limpios incrementa
realiza externamente. La organización que los costes de producción. El coste de un
otorga la certificación realiza básicamente producto agrícola con etiquetado verde
tres tareas. Primero, decide los estándares puede hallarse a medio camino entre el
ambientales que exigirán, que pueden va­ coste del producto desarrollado con rutinas
riar muchísimo. Pueden centrarse en un tradicionales y el del producto procedente
único impacto ambiental, o en un conjunto de la agricultura ecológica u orgánica. No
de impactos que se dan a lo largo del ciclo está del todo claro, en cambio, que los
de vida del producto. La segunda de las ta­ mayores precios de estos productos permi­
reas consiste en decidir las certificaciones. tan siempre recuperar los costes.

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 111

Y por último, veremos el caso en el que la empresa debe cumplir ciertos estánda­
res en su comportamiento ambiental, estándares que le permitirán certificarse am­
bientalmente ante terceros. La certificación externa permite a la empresa conseguir
certificaciones ambientales y la utilización de etiquetados especiales, y con ello la
i posibilidad de diferenciar su producto del de la competencia. En una perspectiva
internacional, la organización internacional de estándares, ISO, ha proporcionado las
pautas para definir los estándares de la gestión ambiental y para el etiquetado verde
de los productos, por ejemplo en su ISO 14000. La certificación ISO 14000 define
’ procedimientos que las empresas deben seguir y requieren la revisión y certificación
externa de la empresa, pero al tiempo permite a las empresas definir de forma flexi­
ble sus objetivos ambientales. En la siguiente sección veremos por qué una certifica­
I ción ambiental externa puede favorecer los intereses de la empresa.

14.3.2. ¿Por qué las em presas suscriben acuerdos voluntarios? 1


*

Una primera pregunta que podemos hacernos es qué puede explicar el que una em-
/

presa esté dispuesta a voluntariamente adoptar códigos de gestión ambiental o reali­


zar cambios en sus técnicas de producción, por citar dos ejemplos, cuya puesta en
marcha le reporte unos mayores costes. Aun siguiendo con el supuesto que hemos
venido utilizando de que las empresas toman sus decisiones con el fin último de ma-
! ximizar sus beneficios, podremos hallar diversas explicaciones, todas ligadas a la
idea de que la empresa espera, en última instancia, obtener unos mayores beneficios
al seguir estos acuerdos ambientales. A continuación se desarrollan las relaciones en­
I
tre la adopción de acuerdos voluntarios y tres resultados: la reducción de los costes
de producción, la posibilidad de vender a precios mayores y la evitación de regula-
dones ambientales más severas.
Comenzamos por la justificación vía costes. Así, en la medida en que la política
ambiental (decidida voluntariamente) mejore la utilización y el acceso a ciertos re­
cursos energéticos y materiales, las empresas pueden ganar eficiencia, y disfrutar por
tanto de unos menores costes. De alguna forma, este argumento parte de la base de
que la empresa, antes de la adopción de los compromisos voluntarios, no estaría pro­
duciendo de la forma más barata o eficiente posible. Esta justificación se explicará
con más detenimiento en el Capítulo 9, y se corresponde con lo que se denomina la
hipótesis de Porter, según la cual una regulación ambiental más estricta puede deri­
var en mejoras de eficiencia considerables.
Otra forma de entender el punto anterior es la siguiente. Algunas empresas en­
tienden los residuos y las emisiones que generan como el síntoma de una mala utili­
zación de los recursos productivos que emplean. Estos elementos no deseados que
resultan del proceso productivo provienen en definitiva de inputs (materias primas o
semielaboradas) por los que hay que pagar, y que no se han conseguido transformar
en producto para vender, sino en restos que no reportan ganancias a la empresa.
Podría asimismo pensarse que una mala actuación en materia ambiental de alguna
%

forma refleja prácticas empresariales desfasadas y falta de innovación.


• •

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112 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 4.5
¿QUÉ GANAN LAS EMPRESAS ADOPTANDO ACUERDOS VOLUNTARIOS?

Las empresas pueden beneficiarse de la Por último, puede incluso darse el caso
adopción de acuerdos voluntarios en mate­ de que la adopción de acuerdos voluntarios
ria de gestión ambiental por las siguientes haga disminuir los beneficios obtenidos de
vías. Por un lado, los cambios en los proce­ la empresa, y que aun así ésta decida sus­
sos forzados por los nuevos objetivos am­ cribirlos. Esto sucedería por ejemplo si con
bientales pueden comportar reducciones de la adopción de estos acuerdos se consigue
costes. Los menores costes irían asociados evitar una política ambiental más estricta,
a una mejor utilización de los recursos pro­ que aún erosionaría más los beneficios.
ductivos y a ciertas ventajas a la hora de Las cuestiones anteriores se han señalado
contratar trabajadores y de conseguir finan­ como posibles ventajas de las que las em­
ciación en el mercado de capitales. presas pueden beneficiarse al participar en
En segundo lugar, si los cambios en la acuerdos voluntarios. No obstante, está por
gestión ambiental de la empresa consi­ ver hasta qué punto reflejan fielmente lo
guen hacerse visibles para los consumido­ que sucede en la práctica. Así, suele asumir­
res, y si existen consumidores que valoren se que la mejora de los procesos desde un
positivamente el que la empresa sea más punto de vista ambiental en realidad conlleva
respetuosa con el medio ambiente, ésta po­ aumentos de costes para las empresas. Exis­
dría colocar sus productos a unos precios ten estudios al respecto que lo confirman,
mayores. por ejemplo para los productos agrícolas.

Cumplir unos mínimos en materia ambiental puede tener otras recompensas. Al


evitar la entrada en «listas negras», se evitan posibles reacciones adversas por parte
de los accionistas o quizás de la comunidad local en la que la empresa actúa. En un
momento dado esta buena sintonía podría traducirse en más facilidades y menores
costes a la hora de conseguir financiación del mercado de capital, por ejemplo.
%

Otra de las ventajas proviene de la vertiente de los ingresos. Aun suponiendo que
la adopción del acuerdo voluntario incremente los costes de la empresa, cabría aún la
posibilidad de que la empresa consiga mayores beneficios, siempre y cuando logre
incrementar los ingresos en una proporción mayor. Si la mejor política ambiental de
la empresa le permite ganarse una cierta reputación, y si consigue con ello que su
producto destaque frente a los de los competidores, ganará un cierto poder de merca­
do. Dicho de otro modo, en la medida en la que los consumidores aprecien el esfuer­
zo ambiental llevado a cabo en la empresa, y valoren más el producto conseguido,
también estarán dispuestos a pagar algo más por él. Mejorando sus estándares am­
bientales, la empresa estaría añadiendo a sus productos un componente que podría
traducirse en el mercado del producto en un premio, o un sobreprecio. Desde esta
perspectiva, la empresa puede estar dispuesta a involucrarse en un acuerdo voluntario
porque espera que éste le acabe reportando mayores ingresos.

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POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 113

Pese a lo intuitivo del argumento anterior, a veces no está claro que los mercados
recojan estos sobreprecios. En primer lugar, es preciso que el consumidor sea capaz
de discernir unos productos de otros en base a los impactos que su producción ha
originado. Esto puede conseguirse a través de sistemas externos de certificación, por
ejemplo mediante el etiquetado verde. En segundo lugar, es preciso que exista un
grupo de consumidores verdes, es decir, compradores que otorgan un mayor valor a
aquellos productos que se han elaborado con métodos más respetuosos con el medio
ambiente. Aunque estas dos circunstancias se den, no está garantizada la consecución
de un precio mayor para el producto certificado. Algunos autores han identificado
situaciones en las que este sobreprecio no aparece, como por ejemplo cuando el co­
lectivo de consumidores verdes es pequeño respecto del total de consumidores.

La última explicación es que el acuerdo voluntario sea visto por la empresa como
un mal menor. Como ya se ha mencionado, en ocasiones los acuerdos voluntarios
llevan asociados ciertas medidas de apoyo por parte del sector público, medidas que
en definitiva permiten alcanzar los objetivos ambientales a unos menores costes. En
otras ocasiones la participación en programas voluntarios ha supuesto para las em­
presas la exención de algunas de las obligaciones que se derivan de la regulación
ambiental obligatoria. Si existe el temor de que la alternativa al acuerdo voluntario
sea la entrada en vigor de unas normas de comportamiento que obliguen a incurrir en
costes aún mayores, a la empresa le convendría elegir el acuerdo voluntario. Por últi­
mo, y si la empresa es lo suficientemente importante, la empresa puede esperar que
su participación presente en acuerdos voluntarios pueda posicionarla mejor cara a in­
fluenciar la regulación ambiental futura en su sector. De conseguirlo, podría gozar de
cierta ventaja respecto a las rivales.

. s,v* v.

3. La eficiencia de los acuerdos vo lu n tario s com o a lte rn a tiv a ■ v *y .

de p o lítica a m b ie n ta l f - /. <* <•>:•


.V •V ...... .
■>s \< *ÍJ

La política ambiental basada en los acuerdos voluntarios es relativamente reciente y


es aún pronto para poder evaluar su efectividad. Se basa en una aproximación al pro­
blema de corrección de las externalidades en el que las administraciones públicas
ceden el protagonismo a las empresas, que disponen de una mayor flexibilidad para
corregir los impactos ambientales que provocan. Este enfoque puede comportar ven­
tajas desde la perspectiva del sector público, que de hecho ha impulsado estos meca­
nismos voluntarios, y también desde la perspectiva de la sociedad en su conjunto.
Existe aún poca evidencia empírica que muestre cómo varían los costes para las em­
presas que adoptan acuerdos voluntarios o si éstas disfrutan de mayores precios al
vender sus productos. Sin embargo, el atractivo de esta idea es grande: si las empre­
sas verdaderamente se benefician al adoptar acuerdos voluntarios, esto permitiría a la
administración despreocuparse de su vigilancia, puesto que las empresas serían qui­
zás las primeras interesadas en mostrar que cumplen con los acuerdos. Veámoslo con
algo más de detalle.

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114 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

Una primera ventaja para el sector público es que, incluso cuando éste juega un
papel (de importancia variable) en la aplicación de los acuerdos voluntarios, segura­
mente los costes de administración son menores comparados con los de una regula­
ción más directa. Por ejemplo, introducir impuestos (pigouvianos, idealmente) re­
quiere de un largo proceso en el que hay que legislar sobre muchos detalles, y
posteriormente la administración también debe incurrir en costes de gestión, de con­
trol y de inspección, por citar algunos. Además, este tipo de medidas suelen suscitar
un cierto grado de impopularidad y de oposición desde los sectores sujetos a regula-.•
ción. Por su parte, los mecanismos voluntarios reciben mayores apoyos desde los %
sectores afectados, y suelen resultar menos costosos para la administración. *
* ^ \ i

Otra de las ventajas que se atribuyen a los acuerdos voluntarios, por lo menos en
alguna de sus versiones, es que dan a las empresas una mayor autonomía cara a mo­
dificar sus procesos. De alguna forma, permiten soluciones más ajustadas a las condi­
ciones en las que actúa la empresa, por lo menos comparados con regulaciones más
directas que suponen la introducción de estándares uniformes. En la medida que la
empresa es la que mejor conoce sus procesos de producción, podrá alcanzar los obje­
tivos ambientales marcados de forma más eficiente.
Otras razones pueden aconsejar la promoción de este tipo de medidas. Las otras
formas de intervención no están exentas de problemas, dado que el sector público,
también falla al intervenir en los mercados. Para empezar, no dispone de toda la in­
formación sobre los costes que para los privados tiene la mitigación de impactos am­
bientales. Luego, existen los ya mencionados costes administrativos, de seguimiento
y de asegurar el cumplimiento de la política. También en el caso de la solución coa-
siana, existen los costes de negociar y fijar los términos de los acuerdos, y de nuevo
los de control y vigilancia del respeto a los derechos de propiedad. Además, las agen­
cias gubernamentales pueden también perseguir otros objetivos que no sean los de
eficiencia en el mercado. - ¿1 ■I
I II
Los acuerdos voluntarios, no obstante, también tienen sus limitaciones. Para em- "
pezar, si no todas las empresas contaminantes los suscriben, será más difícil que se
corrijan de forma idónea las externalidades. Por tanto, en general no suelen conducir
al óptimo social. Este aspecto al margen, hay algunos aspectos que si son tenidos en ^
cuenta mejoran su rendimiento. A continuación se señalan algunos de estos aspectos 1
clave.
El éxito de los acuerdos voluntarios se ha asociado a factores tales como la pre­
sencia de terceras partes en la determinación de los objetivos ambientales, y en el
control y proceso de declaración del grado de cumplimiento de los objetivos. Debe
existir asimismo un mecanismo creíble de sanción en caso de incumplimiento (para
los acuerdos vinculantes). Si no se dan estas condiciones, otros dos escenarios pue­
den hacerlos exitosos. O bien que las propias empresas esperen ganancias caso de
mejorar su comportamiento ambiental (incentivos basados en el mercado). O bien
que exista la amenaza creíble de una legislación ambiental más estricta y costosa (co­
mo alternativa a los acuerdos voluntarios).

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I

POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 115

Además de estas condiciones de carácter general, la forma específica que adopte


el acuerdo voluntario puede comprometer sus posibilidades de éxito. Veamos un
ejemplo de acuerdo voluntario que presenta deficiencias en tres frentes. Pensemos en
un acuerdo negociado a nivel de un sector productivo. Un primer problema puede
aparecer en la determinación de los objetivos del acuerdo voluntario. En ocasiones se
ha denunciado que éstos en realidad representaban mejoras ambientales que, se ha­
brían producido de todas formas sin acuerdos, puesto que eran más el fruto de avan­
ces tecnológicos acaecidos en el sector que de una voluntad expresa por parte de las
empresas. Este obstáculo no es fácil de superar para la agencia ambiental pública,
porque las empresas quizás disponen de información que la agencia no posee.
Otro problema cuando los objetivos y las sanciones por incumplimiento se defi­
nen a nivel de sector industrial y no de empresa individual es el problema de free-
riding. Es decir, las empresas tendrán pocos incentivos individuales a cumplir los
objetivos del acuerdo, esperando a que sean las otras las que lo hagan e incurran en
los costes de ajuste necesarios, disfrutando en cambio de las ventajas que colectiva­
mente beneficien al conjunto del sector. Lógicamente, si la mayoría se comporta así,
el acuerdo voluntario fracasará y no se alcanzarán los objetivos.
Por último, y siguiendo en el marco de los acuerdos negociados, supongamos que
el objetivo consiste en una reducción global de emisiones de contaminantes a nivel
de sector. En ocasiones, esta reducción de emisiones se distribuye equitativamente
entre las empresas de la industria. Tal aproximación no resultaría eficiente, porque
ignoraría el hecho que los costes de reducir las emisiones pueden diferir entre las
empresas. Dicho de otra forma, podrían repartirse las reducciones de las emisiones
de una forma distinta de manera que al final se consiguiera el mismo volumen total
de reducción, pero conseguido a un coste menor. Bajo esta circunstancia, el acuerdo
voluntario resulta inferior a otro instrumento de política alternativo ya discutido, co­
mo es el de los derechos de contaminación negociables.

1. Mostrar gráficamente qué sucedería con la cantidad de contaminación óptima


del río en el ejemplo de papel y pesca, si se diera una mejora tecnológica en la
producción de papel, de forma que la contaminación por unidad producida dis­
minuyera. Reproducir en este caso el razonamiento de Coase asignando los de­
rechos de propiedad a los privados.
2. Comparar para un mismo caso de fallo de mercado por externalidades negativas
si el excedente social es el mismo tras la corrección coasiana que tras la pigou-
viana.
3. Mostrar gráficamente un caso en el que los costes de transacción sean tan altos
que la mejor solución para el conjunto de la sociedad sea la de no aplicar la
solución coasiana.

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116 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

4. Sobre el ejercicio anterior, identificar el área correspondiente a la pérdida net


de bienestar social que se daría de producirse y consumirse la cantidad x **;
______ i |

5. Mostrar gráficamente el caso particular en el que los costes de transacción pasa»


a ser lo suficientemente altos para que justo la variación en el beneficio socia
sea igual a cero al moverse marginalmente de la situación de partida:
a) para el caso de los derechos de propiedad asignados a los privados, y
b) para el caso de los derechos de propiedad asignados a los externos.
1
6 . Imaginar un escenario en el que productos que tienen etiquetas verdes se vender
al mismo precio que otros que no las tienen. ¿Qué podría haber llevado a h
empresa a querer adoptar para su producto la etiqueta verde?

7. Algunos estudios muestran que son más proclives a adoptar acuerdos volunta­
rios las empresas grandes, y además aquellas que en el pasado precisamente se
han mostrado poco respetuosas con el medio ambiente. ¿Cómo podrían justifi­
carse estas dos circunstancias?

8 . Enumerar tres ventajas y tres inconvenientes de los acuerdos voluntarios come


instrumentos de política ambiental respecto a instrumentos económicos como
los impuestos pigouvianos y los derechos transferibles de contaminación.

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CAPÍTULO

Valor ación
ambiental (I).
Métodos de
U
S!:
preferencias reveladas

COI\,
•V \r d

he *?

5.1. El concepto de valor


5.2. Método de los precios hedónicos
5.3. Método del coste del viaje
Ejercicios

i
i ■

<
§*

' i

*
118 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

En los capítulos anteriores hemos hablado a menudo de externalidades y también de


bienes públicos. Hemos visto como la presencia de ambos suele llevar a fallos de
mercado, o sea, a producir y consumir demasiado o demasiado poco de un bien. Lo
que no hemos visto es cómo estimar el valor que tiene para la sociedad un bien públi­ I
co, o el coste o beneficio externo de una determinada acción económica. Éste será el I
objeto de este capítulo y del siguiente. Para los bienes de mercado hemos utilizado ,
las funciones de demanda y oferta y hallado el precio del bien, pero las externalida- H
des y los bienes públicos suelen carecer de mercados donde poder observar su «pre­
cio». Debemos recurrir a otras formas de estimación de su valor. Para ello, la econo- 'H
% 4

desarrollado i
efectos de este libro, los dividiremos en métodos indirectos o de preferencias revela-
das y métodos directos o de preferencias declaradas.
Los métodos de preferencias reveladas se explican en este capítulo. Son procedi­
mientos de estimación de valores que se basan en precios observables en mercados
de bienes que nos van a ayudar a obtener el valor del bien (de no mercado) que que­
remos valorar. Estos precios resultan de hecho de las decisiones del conjunto de indi­
viduos. Por ejemplo, veremos cómo podemos estimar el valor de una determinada
característica ambiental a partir del precio de la vivienda, en tanto en cuanto una vi­
vienda que goza de un mejor entorno se vende más cara que otra similar en todo lo
demás pero ubicada en un lugar con peor calidad ambiental. Así, podemos observar
el precio de un bien (el de la vivienda) que incluye información sobre otros bienes, i ■

algunos de ellos ambientales (nivel de contaminación atmosférica, acústica, calidad


del paisaje del entorno, etc.). Examinaremos dos métodos de valoración por preferen­
cias reveladas, el de los precios hedónicos y el del coste de viaje. La otra familia de
métodos de valoración es la que se basa en la declaración por parte de la sociedad de
sus preferencias, lo que se consigue mediante el diseño de mercados hipotéticos a
través de encuestas, y será objeto de estudio en el próximo capítulo. 7
¿II

El presente capítulo empieza con una pequeña discusión sobre el concepto de va­
lor en economía y su concreción en economía ambiental. Tras ello, se introduce el
método de los precios hedónicos y a continuación el del coste de viaje. Este último
tiene diversas variantes y veremos algunas de ellas. Ambos métodos se ilustran con
1
casos prácticos.
i
ñ
□ tJ El concepto de valor
La palabra «valor» tiene distintos significados, según se use desde el lenguaje común
o desde una u otra disciplina científica. En el diccionario de la Real Academia Espa­
ñola la definición ocupa bastante espacio, con 13 acepciones distintas, varias de ellas
de corte económico. Es curioso que la palabra «valorar» no esté completamente de
acuerdo con esas acepciones. El diccionario de la lengua esnañola define valorar co­
mo «señalar el precio de algo». Parecería haber, en la mente de los académicos, una i
cierta identificación entre valor y precio. Por otra parte, el poeta español Antonio

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VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 119
C
Machado escribe en uno de sus «Proverbios y cantares» que «Todo necio/confunde
valor y precio». Para nosotros, en este libro, valor y precio no van a ser necesaria­
mente lo mismo, aunque en ocasiones pueden coincidir. El Recuadro 5.1 presenta
una pequeña selección de ejemplos sobre la evolución que ha experimentado este
concepto.

Recuadro 5.1
EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE VALOR

!El pensador griego Platón escribía que «só- mercado, más influenciable por los vaive­
!lo lo que es raro tiene valor, y el agua, que nes de la oferta y la demanda. Principal­
es la mejor cosa de todas [...] es también la mente los economistas Smith y Ricardo tu-
más barata». En la afirmación se encuentra vieron mucha influencia en la diseminación
la idea de que no es lo mismo valor y pre- de esta forma de entender el valor. Adam
ció, que no necesariamente coinciden. El Smith distinguía además entre tipos de va-
j valor sería lo fundamental (lo «ideal»), lor de forma parecida a como lo hacía Aris-
Aristóteles insistió en la distinción entre el tóteles. En palabras del autor de La riqueza
verdadero valor de algo para las personas y de las naciones, «Hay que observar que la
j el valor de intercambio (o precio): «Todas palabra Valor tiene dos significados distin-
■:las cosas que poseemos tienen dos usos [...] tos, y a veces expresa la utilidad de algún
| uno es propiamente el uso, y el otro, no tan objeto particular, y a veces el poder de
propio, es secundario. Por ejemplo, un za- compra de otros bienes que la posesión de
pato se usa para calzar y se usa para ser este objeto comporta. El uno se puede 11a-
intercambiado; los dos son usos del zapa- mar “ valor de uso” ; el otro, “ valor de
to». Siguiendo a San Agustín, para Santo cambio” . Las cosas que tienen un mayor
¡Tomás de Aquino el valor de algo estaba valor de uso tienen con frecuencia poco o
¡relacionado con el divino propósito. Por ningún valor de cambio; y, por el contrario,
i1 ejemplo, comentaba que el precio por un aquellas que tienen el mayor valor de cam-
Icaballo podía superar el precio de un escla- bio tienen con frecuencia poco o ningún
i vo, pero que el valor por un esclavo era su- valor de uso».
perior dado que ostentaba una posición su- Seguramente el origen del uso actual del
i perior en el orden de la naturaleza de concepto de valor, tal como lo usaremos en
acuerdo a la creación divina. En el Renací- este libro, tiene su precedente directo en el
miento se volvió a la idea de valor como ingeniero francés Arséne Jules Dupuit,
reflejo de la satisfacción personal por el quien a mediados del siglo XIX modelizó el
uso que ya se encontraba en Aristóteles. concepto de «utilidad marginal decrecien-
Los empiristas británicos, en cambio, to- te». El concepto no era nuevo, pero sí lo
marón otra aproximación. Para John Loe- fue su formulación en términos de curva de
ke, David Hume, Adam Smith y otros, el demanda decreciente. Así, Dupuit propuso
verdadero valor de las cosas estaba en lo que la curva de demanda correspondía a la
que costaba producirlas. Este era su verda- máxima disposición a pagar por sucesivas
dero valor, su «precio fundamental» o «pre- unidades del bien o «el máximo sacrificio
ció natural» al que tendería el precio de expresado en dinero que cada consumidor

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120 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

querría hacer para adquirir un objeto». Ésta posición a pagar por ella por los deman­
era la medida del valor. Al mismo concep- dantes, y observamos en un mercado com-
to llegó el economista británico Alfred petitivo el precio del bien en cuestión, en- A
Marshall pocas décadas después, con una tonces para una unidad adicional del bien el
formulación más matemática, y con mayor precio y el valor coinciden. Ésta es la forma
influencia —nada exenta de polémica— en habitual de medir el valor de las cosas en es- 1
los economistas de la época y posteriores. tos mercados (para cambios relativamente
Utilizando este concepto de valor, pode- pequeños en las cantidades consumidas). Sin - « i*

mos ver que en determinadas ocasiones, embargo, la ausencia de precio de mercado


valor y precio coinciden. Se pueden «con- no significa ausencia de valor. Sólo que su
fundir» numéricamente, si bien responden medida no es tan inmediata. De métodos pa-
*
y i* -
ÍRm

a conceptos distintos. Si el valor de una ra estimar el valor para bienes de no mercado


unidad se interpreta como la máxima dis- tratarán este capítulo y el siguiente.

i

El concepto de valor es quizás uno de los más complejos en


economía, y su discusión excede en mucho la simplificación pre- *

sentada en el Recuadro 5.1. Sin embargo, en el contexto de este li- &

bro, el concepto de valor será algo relativamente claro y sencillo, si


bien veremos algunas pequeñas complejidades del mismo. Si recor­
damos las funciones de demanda, el valor para una unidad dada de
un bien corresponde a la altura hasta la función de demanda para
esta unidad. El Gráfico 5.1 representa una función de demanda in­
dividual para el bien X. La altura h0 correspondiente a la unidad x0
es el valor de esa unidad para el individuo representado. Es la canti­
Arséne Jules Dupuit dad máxima de dinero que está dispuesto a pagar por esa unidad, su
(1804-1866).
máxima disposición a pagar (DAP). De la misma forma, /?, eS el
valor que para este individuo tiene la unidad x,. Como ahora consu­
me más unidades, el valor de x¡ es menor que el de x0, consecuencia
de la forma decreciente de la función de demanda, como ya se dis­
cutió en el Capítulo 2.

Ahora nos podemos preguntar cuál sería el valor de un cambio


entre x0 y x h o sea, por el conjunto de unidades (xq —x0). El lector
puede intuir que el valor corresponde al área entre x0 y x,, bajo la
curva de demanda. Para comprobarlo basta con ver que para cada
Alfred Marshall unidad entre las dos de referencia la altura hasta la curva de deman­
(1842-1924). da corresponde al valor para esta unidad concreta. Así, para el con­
junto de unidades, el valor será el de la suma de alturas, o sea el
área. En realidad, el modelo se puede complicar algo más y tener en cuenta los cam­
bios de renta cuando realizamos un pago o variamos la cantidad de consumo, pero .M

aquí no lo precisamos y nos bastará este modelo más sencillo.

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VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 121

Gráfico 5.1. Valores marginales y discretos.

El Gráfico 5.1 nos permite también aclarar otro aspecto importante asociado al
concepto de valor. Todo valor corresponde siempre a un cambio en las unidades de
un bien. Este cambio puede ser marginal (de una unidad) o discreto (de varias unida­
des). Un ejemplo de cambio discreto es pasar de x0 unidades del bien a x x unidades.
El área por debajo de la función de demanda entre x 0 y x { es el valor del cambio
(discreto) entre consumir sólo hasta x 0 o hacerlo hasta x,. Pero, ¿cuál será el cambio
que corresponde al valor /z0? Será el valor del cambio (marginal) entre consumir o no
la unidad x0. En otras palabras, será el valor correspondiente a un cambio marginal
en x, partiendo del nivel de consumo x0. A este valor lo llamamos «valor marginal»
en x0. Así, en un mercado competitivo, el precio (que es el precio marginal en la
cantidad de equilibrio, como vimos en el Capítulo 2) es en realidad el valor marginal
que para los consumidores tiene una unidad adicional a partir de la cantidad que se
está consumiendo en la sociedad (con frecuencia, la de equilibrio en el mercado). Es
por esta razón que habitualmente, cuando tenemos mercados no muy distorsionados,
tomamos el precio como aproximación al valor (marginal) del bien.

5.1.1. Tipos de valores 1

Por una parte, los bienes ambientales, como los demás, tienen valor para las personas
en tanto los pueden disfrutar («usar» o «consumir»). Sin embargo, a menudo obtene­
mos bienestar de los bienes ambientales sin disfrutarlos directamente, sin «usarlos».
Por ejemplo, podemos estar muy satisfechos de saber que cierta especie en peligro de
extinción deja ahora de estarlo porque se ha podido recuperar, aunque no tengamos
intención de irla a ver en su hábitat. O podemos sentirnos mal por la contaminación

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122 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

causada en las costas por un petrolero accidentado, aunque no hayamos visitado nun­
ca dicho litoral ni tengamos intención de hacerlo. En otras palabras, nuestro bienestar
puede variar aunque no seamos usuarios (consumidores) del bien en cuestión. El va­
lor de esta variación corresponde en consecuencia a un valor de no uso (también lla­
mado de uso pasivo).
Existe una notable variedad de valores de no uso, y los distintos autores que tra­
tan de los mismos tienen una cierta tendencia a formar su propia clasificación. A
continuación veremos algunos ejemplos de valores de uso pasivo. Si nos gusta saber
que en una reserva integral se mantiene un cierto tipo de ecosistema con poca inte:
vención humana es porque, seguramente, obtenemos bienestar de este conocimiento,
aunque al ser una reserva integral no sé nos permita el acceso a la misma. Para noso­
tros tiene en este sentido un valor de no uso que podríamos tildar de existencia. De
forma similar, la preservación de ciertas especies, puede conllevar un valor de exis­
tencia para muchas personas. Si en realidad lo que nos hace sentir bien es preservar
estos ecosistemas o esas especies para las futuras generaciones, el valor suele llamar­
se de herencia. Si lo que nos atrae es el mantener la posibilidad de disfrutar de un
espacio en el futuro nosotros mismos, entonces solemos hablar de valores de opción.
Y así podríamos definir otros tipos de valores. Ciertamente, las divisiones no suelen
ser del todo diáfanas, y puede resultar algo difícil decidir si un determinado bien nos
proporciona un tipo u otro de valor. De ahí la ausencia de una sola clasificación cla:
ra. Pero lo importante no son las etiquetas. Lo relevante es que hay bienes que pue­
den proporcionarnos valor más allá de su consumo directo, y puede que debamos
tener esto en cuenta, por ejemplo, al decidirnos por un método u otro de valoración.
Tal como decíamos en la introducción, en este capítulo presentaremos métodos basa­
dos en informaciones de precios de mercados ya existentes que contienen informa­
ción sobre el bien que nos interesa valorar. Pero como lógicamente son mercados
para consumidores, ya podemos intuir que dichos métodos pueden tener serias limi­
taciones para capturar los valores de no uso. Al final del próximo capítulo veremos
qué métodos son más adecuados para estimar los distintos tipos de valor.

Método de los precios hedónicos


El primero de los métodos de preferencias reveladas (basados en mercados ya exis­
tentes) que desarrollaremos es el de los precios hedónicos. Veamos su intuición pri­
mero. Estamos en proceso de alquilar una vivienda, digamos un piso de tres habita­
ciones en una ciudad. De los apartamentos que visitamos dudamos entre dos que
tienen características muy similares, pero difieren en que uno se halla en una calle
especialmente ruidosa, mientras que el otro está una calle más allá, con mucho me­
nos ruido. Supongamos que la primera vivienda soporta una media de 60 decibelios
durante el día y la segunda de 45. El precio del primero son 600 € de alquiler men­
sual y el segundo 650 € . Si las únicas diferencias relevantes entre los dos pisos son el
precio y los decibelios, y nos decidimos por alquilar el primero de los dos, ¿qué esta­
mos «revelando» de nuestras preferencias sobre el ruido? Pues que soportar durante

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VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 123

el día en casa una diferencia de 60 a 45 decibelios no nos molesta lo suficientemente


como para pagar 50 € más al mes. Nuestro valor por esa diferencia de ruido es infe­
rior a esos 50 € mensuales. Si hubiéramos optado por el otro piso, sería porque nues­
tro valor por el beneficio de ahorrarnos la diferencia de decibelios sería de 50 o más
euros mensuales. Así, las preferencias que «revelamos» con nuestra decisión de al­
quiler en el mercado de las viviendas dan pistas sobre los valores que para nosotros
tienen unos bienes (en el ejemplo, la ausencia de ruido) para los que no tenemos mer­
cados en los que observar directamente esas preferencias.
Desgraciadamente, no es frecuente hallar situaciones donde dos bienes varíen pa­
ra las preferencias de las personas sólo en la característica cuyo valor nos interesa
valorar. Cuando visitamos distintas viviendas para alquilar, suelen variar entre ellas
en bastantes características a la vez. Por lo tanto, el método de valoración es algo
más sofisticado que el ejemplo del párrafo anterior. Volviendo al ejemplo, el precio
de alquiler no depende solamente del ruido que soporta la vivienda, o del número de
habitaciones. Otras muchas características influyen. Por ejemplo, la antigüedad de la
vivienda y su estado de conservación. Si es una casa aislada con jardín, adosada, o un
piso en un bloque de viviendas. Si es un piso, su altura y si tiene o no ascensor. La
distancia al centro o al transporte público. Las vistas y orientación. Y podríamos
seguir. Podemos pensar en el valor que tiene para nosotros el alquiler (lo que paga­
ríamos como mucho de alquiler) como una función de todas estas características. De­
penderá de cada persona que la forma de esta función sea una u otra. Para simplifi­
car, supongamos que el alquiler que estamos dispuestos a pagar es una función lineal
y aditiva de las distintas características de la vivienda. O sea que cada característica
contribuye, con un peso determinado, en la determinación del alquiler que finalmente
pagaríamos, de forma que la suma de todas las características (ponderadas por su
peso en la función) resulta en esa cantidad de dinero de alquiler. Por ejemplo, supon­
gamos por simplificar que para nosotros lo relevante de la vivienda sean sólo los me­
tros cuadrados (Xj) y calidad del aire medida en partículas en suspensión por unidad
de volumen (X2).Así, es razonable pensar que esperaríamos pagar más por el alquile
cuanto mayor sea el número de metros cuadrados y cuantas menos partículas en sus­
pensión haya. Pero no tienen el mismo «peso» los dos factores. Quizás me preocupa
mucho la calidad del aire y algo menos la cantidad de espacio, por lo menos dentro
de unos límites. Así, tendría más peso un factor que el otro al «formar» nuestro valor
del alquiler.
Matemáticamente, lo podríamos escribir como

Alquiler = b lX l — b2X 2 (5.1)

Hemos puesto un signo menos para indicar que menos partículas en suspensión
i contribuyen a un mayor precio de alquiler. Ahora todo lo deberíamos hacer es encon­
res de b {y b2 para hallar el valor del alquiler para nosotros, dados unos
4 metros cuadrados y una calidad del aire. El alquiler máximo que pagaríamos como
mucho refleja el bienestar (utilidad) que nos da una vivienda de unos ciertos metros

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124 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

cuadrados y calidad del aire, expresado en dinero. Ciertamente, la realidad es algo


más compleja, pero esta simple aproximación contiene lo más esencial de la explica­
ción de los precios hedónicos. Una vez obtenido el valor de b2, podríamos calcular
en cuánto una partícula más disminuye nuestro bienestar. Si o sea la cantidad de
partículas en suspensión por unidad de volumen de aire aumenta en l unidad, enton­
ces el valor del alquiler disminuirá b2 unidades (sólo tenemos que operar en la Expre­
sión 5.1 para verlo). Así b2 es, en nuestro ejemplo, el valor «marginal» del número de
partículas en suspensión (con signo negativo). Se deja para el lector el comprobar
que con una disminución de 3 unidades en la cantidad de partículas en suspensión la
ganancia en bienestar (su valor) es de tres veces b2.
Pero, ¿cómo podemos hallar los «pésos» bx y b2 en la práctica? Pues lo solemos
hacer aplicando la técnica estadística denominada análisis de regresión. Para ello, re­
cogemos en primer lugar distintas observaciones de cada una de las tres variables, en
nuestro simple ejemplo, o sea, del alquiler que observamos que se paga, del número
de metros cuadrados que tienen las viviendas y de la cantidad de partículas en sus­
pensión. Y eso lo hacemos para varias decenas o centenares (o incluso miles) de vi­
viendas. De cada una de ellas, el precio al que se alquiló, su tamaño y la calidad del
aire del entorno. Una vez tenemos esta base de datos, hay muchos programas infor­
máticos de estadística, incluido Excel, que permiten calcular los coeficientes («pe­
sos») bx y b2. Así, los resultados puede que no correspondan realmente a ninguna*
observación real, a ninguna combinación de alquiler, tamaño y calidad del aire con­
creta observada, pero son un «promedio» de todas las observaciones, constituyen una
«aproximación» a la realidad.
El modelo anterior es muy simple, con sólo dos variables explicativas del alquiler
(superficie y calidad del aire), y en la práctica solemos operar con modelos algo más
complejos. Siguiendo con funciones lineales aditivas, podríamos incluir hasta n va­
riables:
Alquiler = a +bxX x + b2X 2 + ••• + btlXn (5.2)

A diferencia de la Expresión 5.1, la 5.2 tiene n variables y (n + 1) coeficientes.


En efecto, hemos incorporado un coeficiente a que recogerá el valor del alquiler de la
vivienda asociado a características no consideradas en los n atributos de nuestro mo­
delo, pero que igualmente influyen sobre el alquiler. Este coeficiente a, lo mismo que
los distintos coeficientes b, los podemos obtener con el programa estadístico.
Supongamos que tenemos interés en el valor de la variable ambiental Xn. Formal­
mente, podemos obtener el valor marginal o «precio implícito» de Xn como la deriva­
da de la función Alquiler respecto a la variable Xn. En este caso lineal aditivo, la
derivada es directamente bn. Pero en otras formas funcionales la derivada puede ser
algo más compleja.
El método de los precios hedónicos es, pues, un método de precios implícitos o
de precios de componentes. El de los bienes inmuebles es sólo un ejemplo de los
muchos bienes cuyo precio refleja el de diversos componentes. Por ejemplo, los

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1

VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 125

R e c u a d r o 5 .2
í.
EJEMPLO DE APLICACIÓN DEL MÉTODO DE LOS PRECIOS HEDÓNICOS

iLa ciudad de Guadalajara, en México, tie- El coeficiente de la última variable to-


ine, como tantas de gran tamaño en ese ma signo negativo, lo que indica que a
ipaís, problemas de contaminación del aire. mayor número de días con contaminación,
Desde hace años, las autoridades de la ciu- menor es el alquiler observado de la vi-
dad advierten a la población de cuándo la vienda. El valor del coeficiente es de 90
| calidad del aire cae por debajo de un cierto céntimos de euro. Este número se inter-
j umbral definido en términos de presencia preta como la estimación del valor en que
en unidades físicas de diversos componen- disminuye el alquiler mensual de una vi­
tes. Es como una señal de alarma que ad- vienda por cada día más al año de conta-
vierte a los habitantes de la contaminación minación por encima del límite. Por tanto,
detectada por los sensores. Dichas medidas es el precio implícito (o valor) mensual
I se realizan sistemáticamente y se registran,
' ' ' , ’ , ; • ; y ; ; '.; -
por hogar de la variación en un día anual
- ' • . ' / ' .

de forma que al cabo del año se sabe cuán- de la calidad del aire. Si lo pasamos a días
tos días con calidad de aire por debajo del
3 ij
mensuales por hogar, un día más de mala ' . :

1 umbral de calidad predeterminado tiene ca- calidad del aire al mes implica una dismi-
I i ] , ./ >.'

•! da zona de la ciudad. Esta información se nución promedio en los alquileres de


cruzó con los precios de alquiler de las vi- 10,80 € (o sea, 0,90 multiplicado por 12
i viendas de Guadalajara y con algunas de
ja j
días al año). Éste sería el beneficio esti-
-V . •••':, ’-V'. X ;;:í'

las características de dichas viviendas, mado por hogar en Guadalajara (en euros
i aplicando así el método de los precios he- de 2004) de gozar de una mejor calidad
dónicos para estimar el valor de un día más del aire tal que hubiera un día más al mes
o menos de calidad por debajo del umbral con calidad «aceptable».
>de referencia. Pasado a euros de 2004, la
regresión dio los siguientes resultados:
íAlquiler = -177,94 + 0,03 renta + 14,73 hab + 0,36 A —0,90 Días

Federic° curid y Pere Riera- _______________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

automóviles contienen información sobre muchos bienes, incluidos contaminación


atmosférica, seguridad, tiempo o comodidad, entre otros. Cuando adquirimos electro­
domésticos estamos, entre otras muchas cosas, revelando nuestras preferencias sobre el
consumo energético. Los salarios suelen reflejar no sólo la productividad del trabajo (si
se quiere, la cualificación profesional), sino también la peligrosidad del mismo. Entre
dos productos, uno con etiqueta verde (como vimos en el Capítulo 4) y otro sin ella,
podemos preferir el primero, pero finalmente adquirir uno u otro dependiendo del
sobreprecio que comprar el primero represente. En todos estos mercados estaremos
revelando nuestras preferencias sobre bienes ambientales, bienes que no tienen en sí
mismos mercado, y en todos ellos se puede aplicar el método de los precios hedónicos.

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126 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 5.3
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL MÉTODO DE LOS PRECIOS HEDÓNICOS
I
Las primeras aplicaciones del método de podía justificar por la mejora de las carac- i :1
i
m

los precios hedónicos datan de los años terísticas de los bienes. Se trataba de un es-
veinte del siglo pasado en Estados Unidos, tudio de precios hedónicos, en definitiva.
Se utilizó originalmente para estimar el va- De hecho, de este estudio sale la etiqueta fw.
lor de la propiedad agraria en función de de «precios hedónicos», en tanto en cuanto % i

la fertilidad del suelo, la distancia a la ciu- reflejaban el bienestar o disfrute (que es lo *

dad de mercado, el valor de la construc- que significa originalmente hedónico en


ción, etc. Sin embargo, la aplicación más griego) que ofrecía cada componente. Así,
influyente en esos inicios fue en el sector cuando los precios suben porque las presta-
del automóvil, en 1939. La administración ciones del bien son mejores, esta inflación
norteamericana estaba preocupada por po- se conoce como «inflación hedónica». Al t
sibles prácticas de oligopolio en la indus- final, la administración no halló evidencia
tria automovilística, muy concentrada aire- de manipulación de precios. En los años
dedor de Detroit. Es decir, sospechaba que sesenta y setenta el método tomó otro im-
los precios eran abusivamente altos, mani- pulso con las contribuciones más formales
pulados adrede por la industria. En el pro- de otros economistas, en ese momento ya
ceso de debate, la asociación de fabricantes con acceso a ordenadores con nueva capa- 1
presentó un estudio de Andrew Court (eco- cidad de cálculo. El desarrollo del análisis
nomista en dicha asociación) en el que de regresión contribuyó lógicamente en
mostraba que el incremento de precios se gran medida al desarrollo del método.

A pesar de que se puede utilizar el método para la valoración de muchos bienes j


ambientales, de los métodos que veremos en este libro el de los precios hedónicos^ es j
el menos utilizado en valoración ambiental. La razón se debe, seguramente, a que no í
siempre podemos disponer fácilmente de los datos adecuados para realizar el análisis [
de regresión oportuno. En ocasiones, con los datos disponibles no podemos aislar el
componente que realmente nos interesa. Por ejemplo, nos podría interesar aislar el *
valor de la contaminación del aire por partículas en suspensión, como en uno de los i
casos anteriores. Pero puede que este tipo de contaminación esté muy correlacionada
con otras, como por ejemplo N 0 2, o S 0 2, o cualquier otro elemento, y que no poda­
mos aislarlo de estos otros. Asimismo podría suceder que nuestros datos correspon­
dan a una ciudad de contaminación muy homogénea en todos sus barrios.

olí Método del coste del viaje


El método del coste del viaje se basa también en información procedente de terceros
bienes. Es también en este sentido un método indirecto, de preferencias sobre bienes
ambientales reveladas en otros mercados. Su desarrollo fue posterior al de los precios

© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 127
s

Recuadro 5.4
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL MÉTODO DEL COSTE DEL VIAJE

A finales de la segunda guerra mundial, el ponde al valor recreativo del parque. El


k servicio de parques nacionales de Estados método descrito es el que posteriormente
k Unidos encargó un estudio sobre cómo es- se conoció como método zonal, y que se
.ii» timar el valor de los espacios que gestio- explica en este libro. Sin embargo, la pri-
naba, que entonces se contemplaban bási-
i í . -■
mera aplicación, siguiendo este método zo-
M: camente como bienes recreativos, mucho nal, no llegó hasta finales de los años 50,
más que de conservación. El economista al con una aplicación al parque nacional de
H
Hque se le hizo el encargo, Roy Prewitt, hizo
t o '
Yosemite, en California,
sta a su vez una consulta a una decena de ex- Este procedimiento zonal dominó
« pertos, prácticamente todos ellos econo- años sesenta y setenta. La evolución del
# mistas. La respuesta era siempre la misma, análisis de regresión ya mencionado para el
ce no se conocen métodos para estimar dicho método de los precios hedónicos, hizo que
O C valor. Sin embargo, Harold Hotelling, un las aplicaciones de esta variante mejoraran,
•f■ profesor de estadística de la Universidad de Pero la evolución de la estadística provocó
Columbia, en Nueva York, a quien también un cambio más drástico. Surgió el procedi-
■ |

s
:í|.Jt se le consultó, sugirió una forma de proce-
der. Curiosamente, Hotelling ganó años
i*I) después el premio Nobel de economía,
miento individual, que se puede estimar di­
rectamente por regresión, como se mostra-
rá en este capítulo. Esta variante ha sido la
3f.
aunque por otras aportaciones, a pesar de dominante en el método del coste de viaje
que en la universidad no le permitían dar desde los años noventa,
clases de economía. Encontraremos otra Se observa con cierta frecuencia que en
aportación de Hotelling en el Capítulo 11, ocasiones el método del coste del viaje se
sobre la gestión de recursos no renovables, utiliza indebidamente. Aunque se basa en
Basándose en los trabajos de Dupuit ya la información sobre los costes de despla-
mencionados, observó que es de esperar que zamiento que realizan los individuos, és-
la propensión a visitar los parques naturales tos no constituyen directamente una apro-
JI
disminuya con la distancia al parque, dado ximación al valor que deseamos obtener,
que el coste de desplazarse aumenta. Es Si el conjunto de costes en los que se in­
decir, a mayor coste, menor «demanda» de curre para visitar un parque fuese a su vez
visitas recreativas para un mismo parque, el valor, entonces el excedente que los vi-
Observando en qué proporción visitan el sitantes obtienen de su uso recreativo sería
parque las personas procedentes de zonas nulo, ya que todo el valor se iría en el cos-
sucesivamente más alejadas, se puede esti- te de visitar el parque. Dicho de otra for­
mar la función de demanda. Conociendo la ma, la desaparición del parque no compor-
función de demanda y los costes, ya pode- taría pérdida de excedente. La medida de
mos intuir que podremos estimar el exce- bienestar que deseamos estimar con el
dente del consumidor, que es en definitiva método del coste de viaje, no es el coste
el valor que buscamos. El valor que así del viaje, sino el excedente que el viaje
.
proponía hallar Hotelling en 1947 corres- provee.

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128 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES j j j

hedónicos pero el número de aplicaciones ha sido superior, por lo menos en el campo


ambiental. Sin embargo, el tipo de bienes que se pueden valorar con este método es
relativamente limitado. Deben ser bienes cuyo consumo requiera que realicemos des­
plazamientos. - |
#

5.3.1. M é to d o del coste de viaje zonal j j 4


09

Tomemos un ejemplo práctico real, aunque simplificado, para describir el procedi­


miento tal y como lo propuso Hotelling en 1947 y como se ha descrito en el Recua- *
dro 5.4. Se trata de una aplicación para estimar el valor recreativo del parque nacio­
nal de Aigiiestortes i Estany de Sant Maurici, en el Pirineo catalán. Los datos básicos
se obtienen por entrevista a una muestra de los visitantes al parque. Se les pregunta
por su procedencia, la forma de desplazamiento y otras pistas sobre el coste que les
supone la visita. A continuación, se dibujan sobre el mapa áreas concéntricas alrede­
dor del parque para delimitar distintas zonas de procedencia. Visitar el parque desde
la zona más cercana tiene un cierto coste. Cada zona tendrá un coste de desplaza­
miento igual al de la zona anterior más el de la primera zona, o la más cercana. Por
ejemplo, supongamos que el coste es estrictamente proporcional a la distancia reco­
rrida. Definimos la primera zona (zona A) como aquella para la que, en promedio, i
sus habitantes deben recorrer 180 km, entre ida y vuelta, para visitar el parque. Así,'
la siguiente zona (la B) se define como aquella cuya distancia promedio es de 360
km. La zona C tendrá una distancia promedio para sus habitantes de 540 km, la D de
720 km, y así sucesivamente. Como hemos supuesto que el coste es proporcional a la
distancia (gasolina, tiempo, etc.), debemos determinar el coste por kilómetro. Supon­
gamos que es de 20 céntimos de euros. Entonces, los costes para cada zona son los
que aparecen en el Cuadro 5.1.

Cuadro 5.1. Datos básicos para el ejemplo de aplicación del método zonal
del coste de viaje
Coste ida y vuelta Visitantes Porcentaje de visitantes
Zona Habitantes
al parque de la muestra sobre habitantes

A 36 20 100.000 0,02

B 72 100 800.000 0,0125

C 108 500 6.000.000 0,00833

D 144 0 0

El siguiente dato necesario es el número de visitantes de nuestra muestra que pro­


vienen de cada zona. Supongamos que de la zona más próxima observamos 20 visi­
tantes, de la B 100, de la C 500, y de la D, para simplificar, suponemos que no obser­
vamos ninguna visita, dado que el desplazamiento es ya demasiado caro. Podríamos

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VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 129

pensar quizás que deberíamos haber hallado un número decreciente de visitantes, en


lugar de creciente, a medida que nos alejamos del parque. Sin embargo, lo importan­
te es que esta disminución se dé en términos relativos. Puede que los visitantes desde
A sean menos que desde C porque A sea comparativamente una zona muy despobla­
da, pero que sin embargo se cumpla que la propensión a visitar el parque sea mayor
desde A que desde C. Es cuestión de proporciones. Por tanto, lo siguiente es averi­
guar la población de cada zona (aunque para D no hace falta, dado que el número de
visitantes es cero) y después hallar el porcentaje de visitantes de la muestra proce­
dente de cada zona respecto a la población de cada zona, como muestra la última
columna del Cuadro 5.1. Puede verse que, en efecto, el porcentaje de visitantes dis­
minuye a medida que nos alejamos del parque (se incurre en mayor gasto).
A

Estos son los datos que precisamos. Ahora es cuestión de realizar alguna simplifi­
cación adicional y operar con los datos. Utilizaremos dos supuestos. Primero asumi­
mos que, en promedio, las preferencias hacia el parque nacional son las mismas inde­
pendientemente de la zona de residencia. En promedio, dos personas que viven en A
y en C, por ejemplo, aprecian el parque de la misma forma. Segundo, asumimos que
las personas reaccionamos de la misma forma a incrementos en los costes, indepen­
dientemente del componente del coste que haya aumentado. En particular, si en lugar
de costar 20 € el viaje costase 30 € , reaccionaríamos de la misma forma que si el
viaje propiamente siguiese costando 20 € y se pusiera una entrada al parque por va­
lor de 10 € , o sea un coste total de 30 € .
Con las dos hipótesis anteriores ya podemos proceder con el razonamiento. Si ni
el precio actual de entrada al parque ni tampoco los costes de desplazamiento sufrie­
ran variaciones, entonces, ¿cuántas personas de nuestra muestra observaríamos que
van al parque? La respuesta no presenta demasiada dificultad: 20 de la zona A, más
100 de la B y 500 de la C, total 620 visitantes. Los mismos que ya observamos, dado
que nada ha variado. Por tanto, cuando el coste extra de entrada al parque es cero, el
total de visitantes observados en la muestra es de 620, como refleja el Cuadro 5.2.

Cuadro 5.2. Visitantes de la muestra según incrementos


en el precio de la entrada
Incremento en el precio de entrada Número de visitantes de la muestra

0 620

36 79,16

72 8,33

108 0

Ahora observemos qué sucedería si aumentáramos el precio de la entrada al par­


que en 36 es decir, en lo que incrementa el coste de desplazamiento al pasar de
una zona a la siguiente. Analizaremos qué sucedería entonces con las visitas desde

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130 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

cada una de las zonas. Desde la zona D ya no se realizaban visitas, por lo que si
además aumenta el coste, con más razón ningún individuo de esa zona visitará el
parque en nuestra muestra. Las personas de C ahora tendrán un coste total de 144 €
(108 + 36), como el que tenían originalmente las de D. O sea que los visitantes de C
que observábamos dejarían de ir. Veamos qué sucede con los de B. Los habitantes de
B ahora tendrían el mismo coste que originalmente tenían los de C (108 € ), y por
tanto esperaríamos que decidiesen ir al parque con la misma propensión con la que -
iban originalmente los de C. O sea, que los 800.000 habitantes de B visitarían el par­
que en un porcentaje del 0,00833 por ciento. Realizando la multiplicación, obtene- V
mos 66,66 visitantes. Utilizamos un razonamiento análogo para los 100.000 habitan- ‘
tes de la zona A, que ahora irían al parque en el porcentaje de 0,0125 por ciento,
puesto que ahora soportan el que antes era el coste de la zona B. Esto resulta en 12,5
visitantes de la zona A. El total de visitantes sería pues de 79,16.
El lector puede reproducir el razonamiento para un aumento del coste de entrada
al parque de otros 36 € , o sea 72 € extras en total. Puede comprobar cómo sólo los
habitantes de A visitarían el parque y lo harían unos 8,33 individuos, siempre en tér­
minos de la muestra originalmente observada, no en total real. Finalmente, el lector
puede comprobar también cómo para un coste extra de 108 € en la entrada no habría
visitantes en nuestra muestra.
El siguiente paso consiste en calcular, por fin, el excedente del consumidor. Para*
ello, podemos representar la función de demanda para el parque nacional (Gráfico 5.2),

I
i

de visitantes
de la muestra

Gráfico 5.2. Función de demanda recreativa según precio de entrada.

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VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 131

a partir de los datos contenidos en el Cuadro 5.2. Una vez representada, el excedente
del consumidor será el área bajo la curva de demanda, ya que la hemos calculado a
partir de incrementos «extras» en el precio de la entrada. Hallando las áreas de los
respectivos triángulos y rectángulos, el excedente total es de 14.310 € . Éste es el
excedente correspondiente a los 620 visitantes de la muestra. Por tanto, la media por
visitante será este valor dividido por 620, o sea 23,08 Interpretamos este valor
como el excedente o bienestar neto que de promedio cada visitante obtiene de su
visita al parque. Sería el bienestar que perdería caso de no poder visitarlo.

Una vez obtenida la media del excedente del consumidor, podemos multiplicarla
por el número de visitantes que tiene el parque al año para hallar el excedente total
anual de los visitantes. Aigúestortes tiene unos 300.000 visitantes anuales, con lo que
el valor en servicio recreativo que genera el parque se puede estimar en cerca de 7
millones de euros.

Este ha sido un ejemplo simplificado de una aplicación real del método del coste
de viaje zonal. En la práctica se suele considerar un número mucho mayor de zonas,
/ i

y la curva de demanda se suele estimar por regresión. Sin embargo, lo esencial del
método tal como lo propuso Harold Hotelling ha quedado ilustrado en el ejemplo.
Además de la complicación que añade el considerar más zonas, la cuestión más
compleja y sobre la que menos consenso hay es el cómo calcular los costes de des­
plazamiento. ¿Qué conceptos deben incluirse y cuáles no? No existe un estándar claro
al respecto. Normalmente, el coste de combustible o del billete del transporte público
se incluye, así como el coste del tiempo de desplazamiento. Otros estudios incluyen
también el coste del tiempo que dura la visita, o cualquier coste extra en pernocta­
ción, comida, etc. Más complejo es dividir los costes de una visita de varios días a
varios parques entre el gasto correspondiente a cada parque. La presencia de parques
alternativos es otra consideración que ha ocupado a muchos autores. La importancia
de esta cuestión radica en que el método y los resultados son muy sensibles al coste.
De hecho, el lector puede comprobar que si dobla el coste de desplazamiento por
persona en el ejemplo anterior, doblará el excedente obtenido.

5.3.2. M é to d o del coste de viaje zonal sin equidistancia M


:3kV

El procedimiento que acabamos de describir corresponde a la variante zonal del mé­


todo del coste del viaje tal como lo propuso Hotelling. Sin embargo, el procedimien­
to puede simplificarse algo, relajando la necesidad de definir zonas equidistantes en
costes. Volvamos al ejemplo anterior del parque nacional. El Cuadro 5.3 reproduce
i< parte de la información del 5.1, aquélla necesaria para poder representar la función
i
de demanda que relaciona el coste de desplazamiento con el porcentaje de visitantes
h

de cada zona respecto a su población. La representación gráfica se expone en el Grá­
fico 5.3. A partir de estos datos se puede calcular de forma más directa el excedente
del consumidor. Veamos cómo.
i

i
© ITES-Paraninfo
132 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Cuadro 5.3. Relación de demanda para el ejemplo de aplicación


del método zonal del coste de viaje
Coste ida y vuelta Porcentaje de visitantes
Zona sobre habitantes
al parque

A 36 0,02

B 72 0,0125

C 108 0,00833

D 144 •
0

Gráfico 5.3. Relación de demanda entre coste del viaje y porcentaje


de visitantes de cada zona sobre la población.

Consideremos en primer lugar los habitantes de la zona C, dado que de la D no


tenemos visitantes. Sabemos que a un coste de 144 € no observamos ningún visitan­
te, y que a un coste promedio de 108 € van en un porcentaje del 0,00833 (o lo que es
lo mismo, cada individuo iría con una probabilidad de 0,0000833). Podemos interpo­
lar los dos puntos con una línea recta. No sabemos en realidad qué forma tendrá real- 1
mente la interpolación; la línea recta es una de las posibles aproximaciones. El área j

© ITES-Paraninfo I
!

VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 133


I
por debajo de esta linea (o función de demanda) y por encima del coste (108 €),
multiplicado por la población de C, constituye el excedente del consumidor para los
habitantes de C que visitan el parque, según nuestra muestra. Multiplicando la base
j (0,00833%) por la altura (36) y dividiendo por dos, obtenemos una estimación de
0,0015 Multiplicando a su vez este valor por los 6 millones de personas de la zona
C, se obtiene el excedente de 9.000 € para los visitantes de la muestra de esa1 zona.

El proceso se repite ahora para los habitantes de B. Su coste promedio es de 72 € ,


y el área relevante será la que queda entre la curva de demanda y la horizontal a los
72 € . El lector puede comprobar que en el Gráfico 5.3 se nos dibujan así dos triángu­
los y un rectángulo. De hecho de uno de los triángulos, el superior, acabamos de
calcular su área. Hallamos a continuación las otras áreas y las sumamos para obtener
el total de 0,00525 € . Multiplicado por una población de 800.000 habitantes, nos da
un excedente de 4.200 € para la muestra de visitantes procedente de B.
I :I _
; El lector puede comprobar por sí mismo cómo para los habitantes de A el exce-
t

dente es de 1.110 € . Sumando los tres excedentes, obtenemos un total de 14.310 € .


Es el excedente que corresponde a todos los visitantes de la muestra, que eran 620.
Por simple división obtenemos el excedente medio por visitante, que es de 23,08 € ,
!■ como en el procedimiento anterior.

Este nuevo procedimiento de cálculo no sólo es algo más simple. Tiene la gran
ventaja de permitir una aplicación zonal del método del coste de viaje sin tener que
respetar el que los incrementos de coste de una zona a la siguiente sean siempre los
mismos. Permite una mejor adaptación del método a los datos con los que quizás nos
encontremos en la práctica, como muestra el ejemplo del Recuadro 5.5. En dicho
recuadro se muestra también una posible aplicación del método del coste de viaje
para valorar cierto tipo de daños ambientales.

Recuadro 5.5
i EL COSTE RECREATIVO DEL ACCIDENTE DEL PETROLERO PRESTIGE

Hacia finales de 2002, el buque petrolero a estimar la pérdida de valor recreativo que
Prestige se accidentó frente a las costas de comportó este daño al medio ambiente.
Galicia, en el noroeste de la península Ibé- Para ello, tomamos en primer lugar las
rica. Buena parte de su carga se vertió al estadísticas de población por comunidades
mar y llegó a las costas gallegas, portugue- autónomas y organizamos las zonas con-
sas y, también, cantábricas, hasta Francia, céntricas alrededor del litoral del País Vas-
Una de las comunidades afectadas en la co, tal y como muestra el cuadro de la pá-
costa norte fue la vasca, que vio cómo el gina siguiente. La clasificación se ha hecho
chapapote contaminaba parte de su litoral, atendiendo a los costes de desplazamiento
El método del coste de viaje puede ayudar medios.

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134 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Z on as de origen C om u n id ad es au tó n o m a s H a b ita n tes

Zona 1 País Vasco 2.101.478


Zona 2 Cantabria/La Rioja/Navarra 1.364.269
Zona 3 Asturias/Castilla y León 3.554.754
Zona 4 Aragón/Casti Ha-La Mancha/Madrid 8.327.239
Zona 5 Cataluña/Extremadura/Galicia 10.167.672
Zona 6 Andalucía/Murcia/Valencia 12.796.954
Zona 7 Resto —

A continuación observamos las estadísti­ . muestran también los cálculos del exceden- * g

cas de procedencia de turistas al País Vasco te del consumidor para 2003 (en euros de
por comunidades autónomas, y estimamos aquel año) siguiendo el procedimiento sim­
su coste medio de desplazamiento, conside­ plificado descrito en este capítulo. El valor
rando la proporción de aquellos que visitan del excedente al año que siguió al accidente
el litoral. El cuadro y gráfico siguientes se estima en unos 34 millones de euros.

C oste de viaje P o rcen ta je de E x ced en te co n ju n to


Z on as V isita n tes
por visitan te v isita n tes/h a b ita n tes d e los v isita n tes
Zona 1 55,00 14,09 296.029 10.275.132
Zona 2 71,17 7,39 100.857 4.301.180
Zona 3 94,29 3,90 138.601 6.567.575
Zona 4 120,94 1,82 151.711 9.037.650
Zona 5 167,01 1,69 172.186 2.800.293
Zona 6 185,67 0,44 56.714 973.377
Zona 7 2 2 0 ,0 0 0 ,0 0 0 0

Total 916.098 33.955.206

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*

VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 135

El siguiente paso consiste en comparar tado la misma evolución que para el con­
este excedente con el que habría habido junto de España. Este último subió mien­
caso de no haberse contaminado el litoral tras que el del País Vasco disminuyó tras
vasco. Para ello debemos formular alguna el accidente. Corrigiendo los datos de la
hipótesis sobre lo que hubiera sucedido. forma anunciada, el cálculo del excedente
Por ejemplo, que el turismo del 2003 com­ del consumidor se detalla en el siguiente
parado con el del 2002 hubiera experimen­ cuadro.
;

C o ste de viaje P o rcen ta je d e E x ced en te con ju n to


Z onas V isitan tes
p o r v isita n te v isita n tes/h a b ita n tes de los visitan tes
Zona 1 55,00 14,73 309.455 10.741.040
Zona 2 71,17 7,73 105.430 4.496.209
Zona 3 94,29 4,08 144.886 6.865.370
Zona 4 120,94 1,90 158.590 9 .4 4 7 .4 4 7

Zona 5 167,01 1,77 179.993 2.927.268


Zona .6 185,67 0,46 59.286 1.017.513
Zona 7 2 2 0 ,0 0 0 ,0 0 0 0

Total 957.640 35.494.846

La diferencia de excedente entre la si­ del orden de magnitud del daño ambiental
tuación con y sin accidente se estima así en recreativo. Además, el valor estimado es
aproximadamente un millón y medio de sólo el recreativo, no el ambiental en gene­
euros. Ciertamente, no es un cálculo parti­ ral, y en particular no se incluyen los valo­
cularmente exacto, pero sí puede dar idea res de no uso.
Fuente: Pere Riera y Verónica Farreras (2004) «El Método del Coste de Viaje en la valoración de daños
ambientales. Una aproximación para el País Vasco por el accidente del Prestige». Ekonomiaz, volumen 57,
[Link] trimestre.

5.3.3. M é to d o del coste de viaje individual

Veamos a continuación la última variante que contemplaremos del método del coste
de viaje: la variante individual. A su vez, la versión individual tiene distintas varian­
tes. Aquí sólo explicaremos la más utilizada.
En la versión zonal, uno de los datos clave para realizar el cálculo era la propor­
ción de visitantes sobre la población de las distintas zonas. En la individual, los datos
de referencia son directamente los de los visitantes individualmente considerados. En
este caso, lo más habitual (aunque no es imprescindible) es considerar una nueva in­
formación: el número de visitas que los individuos realizan en una unidad de tiempo
determinada (por ejemplo, un año). Volviendo al ejemplo del parque nacional, a los
visitantes de la muestra les pediríamos además cuántas veces lo habrían visitado du­
rante los 12 últimos meses, incluyendo esa visita. Es habitual que la gran mayoría de

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136 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

personas hayan realizado sólo esta visita, unos cuantos individuos 2 visitas, algo me­
nos 3 visitas, etc. De hecho, podríamos representar una función de demanda en ün
gráfico donde en el eje horizontal tuviéramos el número de visitas, y en el vertical los
costes. Las alturas hasta la curva de demanda representada corresponderían al prome­
dio de costes de los que van sólo una vez al año, dos veces, tres, etc. El procedimien­
to entonces sería parecido al anterior.
Sin embargo, hay otra forma (más habitual) de proceder, y es por análisis de re­
gresión. De forma parecida a lo explicado para los precios hedónicos, podemos plan- '
tearnos estimar una función que explique el número de viajes al año en función del
coste de desplazamiento y otras variables explicativas. Sería de esperar que el coste
contribuya a explicar, en promedio, el número de viajes que realizan los individuos.
A mayor coste, menor número de visitas anuales. Así, podríamos estimar una función
del tipo: • *

Viajes = a + b coste
donde Viajes representa el número de visitas al año del individuo; coste es su coste
de desplazamiento; y a y sbon los coeficientes a estimar. Aunque no inc
la explicación de cómo se obtiene, en este caso el valor o excedente del consumidor
por viaje sería el valor medio estimado de Viajes dividido por dos veces el valor de ,
con el signo cambiado. Pero lo más usual es utilizar modelos de los llamados de «da- *
tos de cuenta», como el modelo de Poisson o el binomial , que permiten
reflejar el hecho de que la variable número de visitas no es continua sino discreta. El
de Poisson es seguramente el más popular. En términos estadísticos, este modelo su­
pone una distribución del tipo:
(- X)lViaies
/ ( Viajes) = .
Viajes'.
donde Viajes\ es el producto factorial del número de viajes realizado por cada indivi­
duo al año, y A es un valor tal que ln A = a + b coste, siendo A la media del número
de viajes y ln la función logaritmo neperiano. Sea como sea, numerosos programas
informáticos estadísticos permiten la estimación fácil de este tipo de regresiones.
Una vez estimados los coeficientes a y b, el excedente del consumidor por visita co­
rresponde al valor del cociente —1 ¡[Link] Recuadro 5.6 m
esta forma de proceder.

Recuadro 5.6
EL VALOR DE LA RECOLECCIÓN DE SETAS

En España hay una cierta tradición de reco­ forestales, sino que a menudo son de acceso
lectar setas en los bosques, dado que los de­ libre (bien «comunal» en términos del Capí­
rechos de propiedad de las mismas no suelen tulo 2). Una de las comarcas productoras de
estar claramente asignados a los propietarios setas en Cataluña es la del Solsonés. Durante

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VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 137

os años 2001 y 2002 se muestrearon a los Los resultados de la regresión fueron los
uscadores de hongos de esta comarca a fin siguientes (con datos de 2001 y 2002, a
poder aplicar el método del coste de via- precios en euros de 2002):
je individual. Una vez recolectados los da­
tos (número de veces que cada persona iba ln X— 1,39 —0,04 Gasto + 0,05 Renta
a buscar setas a esa comarca en aquella El coeficiente del gasto resultó estadís-
temporada, coste de ir a buscar setas, kilos ticamente significativo. La medida de hie­
de setas recogidos, nivel de renta de la per- nestaf (o valor) asociada a un viaje se cal-
sona, etc.), se estimó con ellos el modelo cula a partir del cociente entre —1 y el
j (en concreto un modelo de Poisson) tratan- coeficiente del gasto, en este caso —0,04
do de explicar el número de viajes realiza- (o con más decimales, 0,036264). Así, el
do por cada recolector al Solsonés en la valor medio (excedente) estimado por vi-
temporada a partir del gasto incurrido en la sita es de 27,53 € de 2002. De ello hay
acción (desplazamiento, tiempo, coste ex- que deducir el valor de las setas recogidas,
tra de la comida, etc.) y el nivel de renta La cantidad media por recolector y día era
del individuo entrevistado. Siendo X la me- de 2,72 kilos y el precio medio de por kilo
dia del número de viajes, la relación exis- de 8 € . Por tanto, el valor medio ascendía
tente entre el logaritmo de X y nuestras va- a 21,76 € de 2002. Deduciendo el valor
jriables explicativas sería de las setas halladas del valor del viaje al
Ir
ti bosque, queda un excedente promedio de
ln X = a + b Gasto + c Renta 6,27 € por viaje.
i
Fuente: Juan Martínez y Pere Riera. Estudio en progreso.

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■ V.
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1. Enumerar distintos bienes cuyos precios sean susceptibles de ser utilizados en el
método de los precios hedónicos para estimar el valor de la calidad del aire.
, , , . ,. «a , . » r • ■ •

2. Si en una regresión hedónica tuviéramos la siguiente estimación:

Auto = a + bAnXi + ••• + bn\nXn

donde Auto representa el precio de un automóvil, a, blt ..., bn son los coeficien­
tes estimados (que pueden tomar signo positivo o negativo), ln indica el logarit­
mo neperiano y X,, ..., Xn son las variables explicatorias, siendo X„ una variable
indicativa de las emisiones a la atmósfera del automóvil, escribir la expresión
que permitiría estimar el valor de una variación en una unidad en las emisiones.

3. ¿Podrían estimarse por el método de los precios hedónicos daños ambientales


como los provocados por un incendio forestal? Pensar un ejemplo.

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138 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

4. Poner un ejemplo de un bien que pueda valorarse tanto por precios hedónicos
como por coste del viaje. Razonar la respuesta.

5. Imaginemos que mediante el método de los precios hedónicos y utilizando una


base de datos que incluye características de las viviendas de una ciudad hemos
obtenido lo siguiente:

Alquiler = 1,2 + 0,4 Superficie - 0,5 Distancia + 0,1 ZV

donde Superficie representa los metros cuadrados de la vivienda, la Distancia va


referida a la carretera más cercana y ZV recoge la superficie de zonas verdes en
el barrio en el que se sitúa la vivienda. Todas estas variables resultan significati­
vas al explicar el valor de la renta mensual de la casa.
a) ¿Cómo se interpreta la constante que aparece en la expresión?
b) ¿Cuadran los signos de los coeficientes estimados? Justificar la respuesta.
c) ¿Qué valoran más los individuos, un metro cuadrado de vivienda o de zona
verde? Justificar la respuesta.

6 . Discutir la siguiente afirmación: «Los costes medios de desplazamiento en los


que incurren los visitantes de un bosque representan los beneficios que obtienen
de su uso recreativo».

7. Un museo en una pequeña ciudad recibe cada año 3.000 visitantes. Durante
unos días se realiza una encuesta y se averigua lo siguiente sobre las zonas de
procedencia y los costes de desplazamiento de 150 visitantes.

Zona Coste de ida y vuelta Visitantes Población total


A 12 € 70 20.000
B 24 € 15 6.000
C 36 € 65 65.000
D 48 € 0 15.000

a) A partir de estos datos y utilizando el método del coste de viaje zonal,


calcular el excedente del consumidor total si: la entrada al museo es gra­
tuita.

b) A partir de la función de demanda obtenida en a), calcular la pérdida de


excedente si se introdujera un precio de 12 € la entrada.

© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 139

8 . Inventando los datos, resolver un ejercicio de valoración por el método del coste
de viaje zonal con zonas equidistantes procediendo de las dos formas explica­
das: primero mediante variaciones en el precio de entrada, y segundo directa­
mente. Comprobar que el resultado es idéntico.

9. Sobre el ejercicio anterior, averiguar cómo variaría el excedente total estimado


en los siguientes casos:
a) Al doblar el coste total considerado para cada individuo.
b) Al doblar el número de visitantes de cada zona.

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*

CAPÍTULO

Valor ación
ambiental (II).
Métodos de
preferencias declaradas

6.1. ¿Pagos o compensaciones?


6.2. Diseño de un ejercicio de valoración contingente
6.3. Fundamento teórico
6.4. Modelos de elección
Ejercicios

i
142 M A N U A L DE E C O N O M ÍA A M B IE N TA L Y DE LOS RECURSOS N A TU R A LES I
¡ i • J L I

En el anterior capítulo hemos visto cómo se pueden estimar valores con métodos in­
directos, basados en decisiones que conllevan realizar gasto en bienes cuyo precio es
observable en el mercado. En este capítulo nos centraremos en los métodos directos, j
de «declaración» de las preferencias, que no se basan en gastos indirectos. Una forma |
de presentar la intuición tras estos métodos directos o de preferencias declaradas es
ver nuestro objetivo como el de valorar bienes que no tienen mercado, y la estrategia •
consiste en construir uno, diseñarlo. Dichos mercados pueden construirse realmente ^
o simularse. Por ejemplo, podemos construir mercados de derechos de contamina- .
ción, como vimos en el Capítulo 4. O podemos realizar consultas públicas vinculan­
tes, como los referéndum, de las que deban decidirse si gastar o no cierta cantidad de ,
dinero a cambio de una política o inversión determinada. En algunos países se reali­
zan consultas del tipo referéndum de forma habitual, y en cierta forma pueden verse
como un mecanismo de mercado: de la misma forma que vemos el precio de una
prenda de vestir y decidimos si la adquirimos o no, vemos el coste de la política y *
decidimos si votamos a favor o no.

No obstante, no trataremos de estos mercados realmente construidos, sino de los


simulados. La intuición es que en lugar de realizar la consulta vía referéndum, por
ejemplo, la podemos simular. Preguntamos a la población si aceptaría pagar un coste
determinado para la política que se propone. Por ejemplo, podemos plantear una cier-,
ta mejora en la calidad del aire, lo cual nos costaría una determinada cantidad de
dinero. Es de esperar que quien estime que sus beneficios por la mejora ambiental
son mayores que el pago que debería realizar «declare» estar a favor de dicha políti­
ca, mientras que quien crea que va a recibir un beneficio inferior al coste sufrido
«declare» lo contrario. La consulta a la población puede realizarse mediante encues­
ta, describiendo en el cuestionario el bien a proveer y su coste. Todo lo que necesi­
tamos saber es si los individuos lo pagarían o no. Este procedimiento corresponde a
una variante determinada del método de valoración contingente, que a su vez es
uno de los métodos (el más utilizado) de la familia de métodos de preferencias de­
claradas.

El capítulo empieza con una introducción de algunos conceptos básicos, como


la máxima disposición a pagar para obtener mayor bienestar, o la mínima cantidad
que aceptaríamos en compensación por una pérdida de bienestar. Veremos que esta
cuestión está ligada a la de los derechos de propiedad que ya hemos examinado en
el libro. A continuación presentaremos distintas variantes del método de valoración
contingente. Tras ello, profundizaremos un poco más en la teoría económica que
sustenta la aplicación del método de valoración contingente en su formato más ha­
bitual, el dicotómico (tipo referéndum). Explicaremos cómo se realizan los cálcu­
los y pondremos algunos ejemplos. Finalmente introduciremos variantes algo más
complejas de valoración de bienes ambientales por métodos de preferencias decla­
radas, como son los modelos de elección, y terminaremos el capítulo con un recua­
dro sobre qué métodos de valoración son más adecuados para estimar distintos ti­
pos de valores.

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 143

¿Pagos o compensaciones?
Recordemos lo que comentamos sobre valores en el capítulo anterior. En términos
simples, el valor marginal de una unidad corresponde a la altura hasta la función de
demanda en esta unidad, como por ejemplo h0 para z0 en el Gráfico 6.1. De forma
parecida, el valor del cambio discreto entre z0 y Z\ es el área por debajo de la .función
de demanda entre los valores de z0 y Z\. Una cosa es el valor que le damos a algo y otra
es el precio que pagamos por cada unidad adicional del bien, tal como discutimos en el
capítulo anterior. Para un bien público, del que no podemos privar a nadie de su consu­
mo una vez está éste provisto, su precio (marginal) es cero, y el valor se iguala al exce­
dente para cada unidad, dado que definimos excedente del consumidor como la dife­
rencia entre valor y precio. Ahora bien, ya que proveer un bien público suele ser
costoso (a pesar de que su precio marginal sea cero), podemos estar interesados en
comparar todos los costes y todos los beneficios para saber el signo del saldo. Esto lo
haremos en el próximo capítulo; aquí sólo derivaremos los beneficios (el excedente).
Si estamos disfrutando de algo (un bien público Z) en z0 unidades, y nos plantean
poder disfrutar de más unidades, hasta Z\, no parecería extraño que nos pidieran un
pago por ello. ¿Cuánto estaríamos dispuestos a pagar como mucho? Pues como mu­
cho el área A , no más allá, dado que entonces estaríamos peor que sin el cambio.
Nuestra máxima disposición a pagar es nuestro excedente, o sea A. Sin embargo, po­
dríamos plantear la misma pregunta, formulada de forma algo distinta. Supongamos
que tenemos «derecho» a z¡ unidades del bien y lo que nos plantean es quedarnos en
sólo Zo unidades, renunciando a la mejora. Entonces, lo que parecería más natural es
que en todo caso nos compensaran para renunciar a la mejora. Cuanto más nos com-

Gráfico 6.1. Valores marginales y discretos.

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144 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 6.1
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL MÉTODO DE VALORACIÓN CONTINGENTE

El método de valoración contingente sur­ La cuestión a dilucidar era si el valor de la


gió a finales de los años cincuenta del siglo multa a imponer a los responsables del de­
XX. Este método ha tenido en sus inicios sastre ecológico se podía fijar en los tribu­
distintos nombres. Se le ha conocido por el nales de justicia por medio del método de
método de encuesta, de la estimación hipo­ valoración contingente, o por medio de
tética de la curva de demanda, del mapa de otros métodos, como el del coste de viaje. |
indiferencias, de estimación de preferen­ Al final del capítulo se explica la razón por
cias, y de mercados construidos. No fue la que con el método de valoración contin- 1
hasta finales de los años setenta que se uti- gente se puede estimar un valor sensible­
| lizó el nombre de valoración contingente, mente superior al que se obtendría por un
con el que comúnmente lo conocemos aho­ método de preferencias reveladas. La cues­
ra. El término contingente se utiliza aquí tión es que la administración norteamerica­
en el sentido de «dependiente» de cómo se na encargó a un panel de expertos (encabe­
| ha realizado el ejercicio de valoración, zados por dos premios Nobel de economía)
j A lo largo de los años sesenta y setenta el dilucidar si el método era adecuado para
| se realizaron numerosas aplicaciones, a su uso en sentencias judiciales. La conclu­
menudo orientadas a la comprobación de sión del panel de expertos fue esencialmente
posibles sesgos y a la propuesta de solucio- que sí, siempre que se hiciera de la mejor
| nes para mitigarlos. A lo largo de estos pri- forma que se sabía. Esta mejor forma la de­
| meros años el formato más popular de la tallaron los miembros del panel en un docu­
| pregunta de valoración era el abierto, ya mento, publicado en 1993, que durante al­
fuera en la modalidad del llamado formato gunos años sirvió de guía de referencia. Sin
de subasta, que se explica en el Recuadro embargo, este campo de la economía ha ido ;
j 6.3, o preguntando directamente por la má- avanzando con bastante rapidez y algunas i
! xima disposición a pagar. De todas formas, de las recomendaciones de aquel momento
¡ el número de aplicaciones del método era han sido contestadas y cambiadas como es­
| relativamente modesto. Se popularizó en tándar para las nuevas aplicaciones. !
J los años ochenta, sobre todo en Estados Los años ochenta y noventa fueron de
j Unidos. En Europa, su aplicación era rela- avances estadísticos en este campo. Ello
¡ tivamente escasa. En cambio, en los años permitió sofisticaciones considerables en las
noventa hubo una explosión en el número aplicaciones empíricas y la popularización
| de aplicaciones, también en Europa. Se ex- de otros métodos de preferencias declaradas
j tendió, además, el formato dicotómico en como los llamados modelos de elección. De
| la pregunta de valoración, que devino do- estos últimos hablaremos al final del capítu­
| minante a partir de la segunda mitad de los lo. Comparados con los de preferencias re­
| años noventa. veladas, en la actualidad los métodos de
| A la popularización del método contri- preferencias declaradas, principalmente el
j buyo seguramente el debate surgido a par- de valoración contingente y en los últimos
| tir del accidente en 1989 del petrolero Ex­ tiempos los modelos de elección, son clara­
xon Valdez enfrente de las costas de Alaska. mente los más utilizados en la práctica.

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 145

pensen, mejor para nosotros, pero nos podemos preguntar por la mínima cantidad
de dinero que compensaría esta renuncia. El lector puede comprobar en el Gráfi­
co 6.1 que este valor corresponde de nuevo al área A. Así, el valor de la mejora entre
o
Z y se puede interpretar como la máxima disposición a pagar por conseguirla (me
\
Z

dida 1) o como la mínima disposición a aceptar en compensación por renunciar a ella


(medida 2). Que deseemos plantear el problema de valoración de una u otra forma
depende básicamente de los «derechos de propiedad». Por ejemplo, tomemos’un caso
de calidad paisajística (Z). Ante nuestra casa se encuentra un solar vacío en el que
está previsto edificar una fábrica. Los vecinos plantean la posibilidad de sustituirla
por un parque, que mejoraría las vistas ostensiblemente. Parecería lógico que para
mejorarlas de z0 y Z\ se nos pidiera una contribución, dado que no tenemos los «dere­
chos de propiedad» sobre el solar. Ello contrasta con esta otra situación. Ante nuestra
casa se encuentra ahora un solar vacío donde está previsto construir un parque, pero
la administración nos propone dejarlo como está, renunciando al parque y a la mejora
en las vistas. En esta nueva situación parecería quizás más lógico que nos compensa­
ran por renunciar a la mejora, dado que nos sentíamos en posesión de los «derechos
de propiedad» sobre el futuro parque.
Acabamos de aplicar los conceptos de máxima disposición a pagar y mínima dis­
posición a ser compensado para una mejora en la calidad ambiental (o en la cantidad
provista de un bien). Veamos ahora lo mismo para un empeoramiento; es decir, para
un cambio de a z0. El lector puede comprobar que pensamos en un pago para evitar
Z \

el daño (medida 3) o en una compensación por permitir la pérdida de bienestar (me­


dida 4). De nuevo, los valores corresponden a A.
En nuestro modelo particularmente sencillo, las cuatro formas de medir el cam­
bio entre las unidades z0 y dan como resultado el mismo valor, A. Con un modelo
algo más sofisticado, que tuviera en cuenta el llamado «efecto renta» (cuando el
cambio o el daño propuesto modifican la renta o riqueza del individuo) las cuatro
medidas serían en general algo distintas. Sin embargo, en los numerosos estudios que
han comparado ambas formas de medir (pago o compensación) un mismo cambio
han concluido que en la práctica se observan diferencias muy acusadas, más allá de
lo que apuntaría la teoría. En concreto, y como el lector quizás haya anticipado ya, al
preguntar por una compensación mínima se obtienen valores promedio bastante su­
periores que cuando se pregunta por un pago máximo. Ello puede deberse a la pre­
sencia de algún sesgo, como el denominado «sesgo de comportamiento estratégico»,
al realizar el ejercicio de valoración. De sesgos hablaremos más adelante, al explicar
cómo diseñar un cuestionario.

jU ! Diseño de un ejercicio de valoración contingente


6.2.1. Cambio a valorar
El método de valoración contingente simula un mercado mediante un cuestionario en
el que se describe la provisión del bien. En consecuencia, lo primero que debemos

© 1TES-Paraninfo
146 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

tener claro (y generalmente debemos ser muy precisos en ello) es el cambio que de­
seamos valorar. Es decir, debemos tener muy claro qué es z0 y qué es z¡. Por ejemplo,
no sería lo suficientemente preciso decidir que queremos valorar el cambio entre te­
ner una bicicleta o tener tres. Hay muchos tipos de bicicletas. ¿Son de paseo, de ca­
rretera, de montaña, o quizás de tres ruedas para niños? ¿Con marchas, de aleación
de aluminio, de color amarillo chillón? Éstas y muchas otras cosas afectarán nuestra
disposición a pagar por las mismas. Si preguntamos por este cambio (dos bicicletas
más) y no lo especificamos mejor, cada persona se lo imaginará a su manera, y el .
valor que estimemos tendrá generalmente poca utilidad para nuestros análisis. Si por
ejemplo deseamos estimar el valor asociado a un cambio en la calidad del aire, debe­
remos saber de qué nivel de calidad partimos y a qué nivel nos sitúa el cambio, de
otra forma no sabremos los beneficios de una política más tímida o más decidida
(costosa), y por tanto no sabremos si los beneficios son superiores a los costes o no,
si vale o no la pena esa política ambiental. La definición del cambio puede exigir
también una definición temporal (¿va a ser este mismo año la mejora, o dentro de 10
años?), espacial (¿es sólo para esta comarca o para toda la región?), o de otra índole
siempre y cuando ello pueda influir en que su valor sea uno u otro.
Otro aspecto que es también muy conveniente tener claro desde un inicio es el de
para qué se va a utilizar el valor que obtengamos, o sea, cuál es la finalidad del ejer­
cicio de valoración. El ejercicio puede diseñarse de forma distinta en algunos aspec­
tos dependiendo de si se realiza para estimar el valor de una multa por un daño ecoló­
gico, por ejemplo, o para fijar un impuesto pigouviano, o para introducir el valor en
un análisis coste-beneficio de una determinada política, como veremos en el próximo
capítulo.
La definición exacta del cambio a valorar permitirá sustentar mejor la decisión de
si plantear un pago o una compensación. Ciertamente, también dependerá de otros
factores, como la forma en que se encuentren definidos los derechos de propiedad
sobre el bien en la sociedad. Por todas estas razones, y algunas más, todo ejercicio de
valoración debe empezar, pues, especificando detalladamente los distintos aspectos
del cambio que se desea valorar. ’

16.2.2. T ip o de e n tre v is ta !

Otra decisión a tomar en el proceso de diseño de un ejercicio de valoración contin­


gente atañe a la modalidad de entrevista a realizar. Hay diversas opciones. Se suele
entrevistar por teléfono, por correo, por Internet, cara a cara, o cualquier combina­
ción de las anteriores. Hay otras opciones, pero son más bien excepcionales. Lo más
habitual es realizar entrevistas cara a cara o por teléfono. Si se dispone sólo de acceso
a una guía de números de teléfono fijo, las entrevistas telefónicas podrán no resultar
del todo representativas de la población en la medida que muchos hogares no tengan
instalado teléfono fijo. Además, las entrevistas telefónicas tienen la limitación de no
admitir material gráfico (por ejemplo, fotografías) en el cuestionario, pero son más

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 147

baratas que las entrevistas cara a cara. Estas últimas son las más caras pero también
las más flexibles. Permiten utilizar material gráfico y tarjetas informativas. Se puede
utilizar un cuestionario escrito o entrevistar con un ordenador portátil. Las muestras
suelen ser más representativas que las realizadas por teléfono. Pero en cambio son
entrevistas más costosas y que suelen llevar cierto tiempo. Las entrevistas por correo
son bastante baratas, pero presentan algunos problemas. Seguramente el más .impor­
tante es que el porcentaje de cuestionarios efectivamente rellenados y devueltos pue­
de ser relativamente bajo. En algunos países este porcentaje de respuesta llega a
aproximadamente a las dos terceras partes, pero en otros es mucho más discreto. En
España no es raro encontrarse con compleciones del 10 al 20 por ciento. Otra opción
es entrevistar por Internet. Esta modalidad de entrevista permite mucha flexibilidad,
pero suele adolecer también de falta de representatividad: las personas que responden
no suelen constituir una muestra representativa del total de la población.

2.3. C u e s tio n a rio !


/

Habitualmente, el cuestionario en un ejercicio de valoración contingente tiene tres


partes principales. La primera es introductoria y sirve de preparación para la parte
central que es la que contiene la pregunta de valoración; la última parte sirve básica­
mente para recoger datos socioeconómicos. La elaboración del cuestionario es, con
mucho, la fase que mayor tiempo requiere en el diseño de un buen ejercicio de valo­
ración contingente. Habitualmente precisa de medio año o más de trabajo, de redac­
ción, mejora, prueba, nuevas mejoras, etc. El ejercicio suele ser tan bueno como bue­
no sea el cuestionario. El cuestionario es el que describe el cambio a valorar, el que
simula el mercado, el que en definitiva extrae la información sobre las preferencias o
pagos de las personas entrevistadas. El lenguaje debe ser conciso, claro, comprensi­
ble para todo el mundo y al mismo tiempo contener todo lo esencial de la descripción
del mercado que se simula. Son muchos los posibles sesgos en que se puede incurrir,
y también son muchas las formas de solucionar o por lo menos mitigar esos sesgos
potenciales. Entendemos por sesgo un error sistemático en el que se incurre al esti­
mar un valor. Por ejemplo, si un cambio tiene aspectos favorables y desfavorables, y
el cuestionario pone más énfasis en la descripción de los favorables, es posible que
parte de los entrevistados queden influidos por esa descripción y resulte de sus res­
puestas la estimación de un valor superior al que en realidad tienen estas personas. El
Recuadro 6.2 describe algunos de los sesgos más comunes.
Decíamos que la primera parte del cuestionario es habitualmente la introductoria.
Sirve básicamente para introducir a la persona entrevistada en el cambio del bien a
valorar. Le informa y le orienta a pensar en sus preferencias. A menudo contiene
descripciones de diversos aspectos del bien a valorar. Introduce algunas preguntas
que ponen en perspectiva el bien ambiental objeto de estudio y otras que piden a la
persona entrevistada ya un cierto esfuerzo de valoración, a lo mejor en una escala de
puntos, de los aspectos principales que rodean al cambio a valorar. En definitiva, esta
primera parte sirve de guía hacia la parte central, de valoración.

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148 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 6.2
SESGOS

Los cuestionarios de valoración contingen- entrevistador. Desde la psicología y otras


te pueden adolecer de diversos sesgos. A disciplinas se han estudiado numerosas for-
continuación se describen algunos de ellos, mas de mitigar estos efectos. Por ejemplo,
aunque la lista es considerablemente más en el cuestionario puede anunciarse antes
larga. de preguntar que «algunas personas opinan
esto y otras lo contrario», lo que da a en-
No neutralidad. El objetivo de las entre- tender en cierto sentido que tan correcto es
vistas en un ejercicio de valoración contin- opinar una cosa como ]a otra
gente no es el educar a la población, sino el
realizar una «radiografía» de sus preferen- Estrategia. Uno de los sesgos más arraiga­
das, obtener su verdadero valor. Por tanto, dos en la teoría económica es el del

llama-
debemos procurar ser «neutrales» en la re- do comportamiento estratégico. Este se da
dacción del cuestionario. De otra forma es- cuando la persona entrevistada miente
taríamos influyendo en el resultado, distor- adrede para obtener un resultado mejor pa-
sionando la radiografía que pretendemos ra ella. Por ejemplo, si me gusta la medida
obtener. Hay diversas formas de detectar el de mejora de calidad ambiental que se pro­
posible sesgo de la no neutralidad. Una de pone, y creo que mis conciudadanos se
ellas es incorporando una pregunta al final preocupan menos que yo por la calidad
del cuestionario donde se pide a la persona ambiental, puedo declarar un pago máximo
entrevistada por su impresión sobre quién por encima del real, esperando que así suba
ha financiado el estudio. Idealmente, no la media del valor que se estimará y sea
debería resultar claramente mayoritaria más probable que se implante la mejora
ningún tipo de organización (ecologista, anunciada. En este campo, la teoría econó-
gubemamental, empresarial, etc.). mica estudia vías para que las personas no
tengan estos incentivos a declarar valores
Complacencia Otro problema potencial es distintos de , verdaderos. De todas for-
el de la complacencia (o displicencia) con mas, al final ésta es una cuestión que debe
el entrevistador o con el promotor del estu­ dirimirse empíricamente.
dio. Por ejemplo, si se anuncia que el cam­
bio es una propuesta de un determinado go- Percepción. Existen numerosas variantes
bierno, ello puede llevar a exagerar el valor del sesgo de percepción. Una de ellas con­
declarado por algunos de los entusiastas de siste en un problema de escala. Por ejem-
este gobierno, y al revés para algunos de pío, varios autores han estudiado hasta qué
sus detractores. Otra manifestación más ge- punto una política que proteja un determi-
neral de este sesgo es responder lo que se nado número de ejemplares de una especie
considera adecuado, en lugar de lo que (mil, por ejemplo) se valora igual o de ma-
realmente se piensa. Por ejemplo, a una ñera distinta que otra política que proteja
persona puede importarle relativamente un número mayor de ejemplares (diez mil.
poco una mejora ambiental, pero declara por ejemplo). A veces las personas entre­
algo distinto para no «quedar mal» ante el vistadas pueden valorar la política de pro-

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 149

tección en general, sin percibir concreta­ continuación por proteger mil, este último
mente las diferencias entre proteger mil o valor es inferior al que se obtendría de pre­
j, diez mil ejemplares. Por otro lado y si­ guntar directamente por la protección de
r* guiendo con el ejemplo, se ha comprobado mil ejemplares. De nuevo, la habilidad del
I*'*
p también que si a una misma persona se le investigador al transmitir la simulación del
pregunta primero por su disposición a pa­ mercado a la población puede mitigar éste
gar por proteger diez mil ejemplares, y a y la mayoría de sesgos.

La parte central suele resumir el cambio a valorar y describe la forma de pago por
el mismo (o de compensación, si es el caso). También suele incluir diversas adver­
tencias antes de formular la pregunta de valoración, como que la decisión social a
tomar depende de las respuestas a este cuestionario, recordar a la persona que al res­
ponder tenga en cuenta su limitación presupuestaria, o si los pagos van a ser volunta­
rios o vinculantes para todo el mundo, por ejemplo. Una vez descrito lo esencial del
bien a valorar y cómo se va a pagar por él, con las advertencias correspondientes, se
I
procede a lo que es propiamente la pregunta de valoración. Esta puede tomar distin-
*

tos formatos, aunque básicamente los podríamos reducir a dos tipos: los abiertos y
los cerrados. El más habitual de los abiertos consiste simplemente en preguntar por la
cantidad que el individuo pagaría como mucho (o la cantidad mínima que aceptaría
en compensación). El más popular de los cerrados es el que pregunta al individuo si
pagaría o no una cantidad determinada. La respuesta esperada es sí o no (o no lo sabe
o no responde). La cantidad de dinero a pagar propuesta varía entre los individuos. A
este formato cerrado se le conoce como dicotómico simple (dicotómico porque la res­
puesta es sí o no). Más adelante expondremos su fundamento teórico y estadístico. El
Recuadro 6.3 resume distintas variantes de los formatos de la pregunta de valoración.

Recuadro 6.3
FORMATOS DE LA PREGUNTA DE VALORACIÓN

El formato de la pregunta de valoración respuestas son sí o no (o que no lo sabe o


contingente puede tomar básicamente dos simplemente no responde).
formas, el formato abierto y el cerrado En general, decimos que una pregunta
(aunque a menudo se combinan los dos). El de valoración tiene formato abierto si ter­
formato abierto se refiere a una pregunta a mina con una pregunta abierta, aunque se
la que se puede responder cualquier cosa, hayan utilizado antes preguntas cerradas.
por ejemplo cualquier cantidad de dinero. Pongamos un ejemplo. Era común en los
En el formato cerrado, en cambio, la pre­ años sesenta y setenta que en el cuestiona­
gunta ofrece determinadas opciones entre rio se describiera un cambio en la provi­
las que hay que elegir. Por ejemplo, se pue­ sión de un bien, por ejemplo una determi­
de preguntar si se pagaría o no una deter­ nada mejora en la calidad del aire, y que se
minada cantidad de dinero, y las posibles preguntara si se pagaría o no una determi-

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150 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

nada cantidad de dinero, pongamos 5 € . Si contener una escala gráfica, que a menudo
la respuesta era afirmativa se iba aumen­ va de cero euros a una cantidad de dinero
tando el monto económico hasta que el in­ que se considera lo suficientemente alta
dividuo decía que no, quizás al pasar de 9 a como para que nadie quiera pagar tanto. Se
10 € . Entonces se preguntaba cuánto se pa­ muestra la tarjeta al individuo que se está
garía, como máximo, entre esos 9 y 10 € . entrevistando y se le pide dónde situaría,
A pesar de haber realizado una serie de en la escala, su pago máximo. Suele ser
preguntas cerradas, se terminaba con una una buena ayuda, pero se detecta también
pregunta abierta. Esta forma de preguntar una cierta influencia de los límites de la es­
era conocida como de subasta, porque re­ cala. Se demuestra que se pueden obtener
cordaba una subasta al alza. valores distintos al utilizar una escala entre
De todas formas, la manera más frecuen- cero y 50 € , por ejemplo, que una escala
| te de realizar una pregunta abierta es sim- entre cero y 500 € , para un mismo cambio
[ plemente preguntando por el pago máximo del bien a valorar.
que el individuo estaría dispuesto a reali­ Ante la dificultad de declarar el pago
zar. Este formato, sin embargo, tiene algu­ máximo, y con los avances en la estima­
nos inconvenientes. En general a las perso­ ción estadística, creció en los años noventa
|
nas nos cuesta pensar directamente cuánto la popularidad de los formatos cerrados. I
pagaríamos como máximo por algo. Por Tras describir el cambio a valorar, se le su­ ¡
ello, a menudo se precede la pregunta giere al individuo que éste le costaría una'
abierta final de alguna pregunta cerrada (o determinada cantidad de dinero. Todo lo I
varias). No es nada raro encontrar ejerci­ que debe responder este individuo es si es­ t

cios de valoración que piden al individuo si taría o no dispuesto a pagar esa cantidad de I
pagaría o no una determinada cantidad de dinero. Con esta información podemos de­
dinero y a continuación preguntan cuánto ducir la media (o la mediana) de la máxima
como máximo. Es un caso muy particular disposición a pagar de los individuos, va­ i
\
I

del formato de subasta, donde sólo se ofre­ riando el pago que se ofrece de una sub­ I1
I

ce un precio. A veces se ofrecen dos pre­ muestra a otra. Más adelante se explica có­
cios y se termina con la pregunta abierta. mo se puede deducir esta media a partir de
Estas modalidades tienen el inconveniente las respuestas afirmativas o negativas. La !
de que el individuo suele tomar la cantidad facilidad de respuesta comparada con el
que se le ofrece como pista del valor. Así, formato abierto hace que disminuya signi­
si preguntamos a una submuestra de la po­ ficativamente el número de «no respues­
blación si pagaría 5 € y a continuación le tas». Sin embargo, no todo son ventajas. La
pedimos cuánto como máximo, solemos simplicidad para los entrevistados se con­
obtener un valor inferior al que extraemos vierte en la aplicación de modelos esta­ 1
\

de otra submuestra donde el pago inicial dísticos más sofisticados por parte del in­
fueran 20 € , por ejemplo. En cambio, se vestigador que precisan de determinados
tiende a creer que tiene la ventaja de ayu­ supuestos y hacen que el cálculo de la me­
dar al individuo a pensar en su máxima dis­ dia sea en general menos exacto.
posición a pagar. Esa pérdida de eficiencia estadística en
Otra variante del formato abierto es la el cálculo llevó a una variante todavía más
que utiliza tarjetas de pago. Éstas suelen popular de este formato cerrado: el formato

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 151

dicotómico doble (en contraste con el dico- le preguntaría por una segunda cantidad
tómico simple, que es como se conoce la menor, por ejemplo 2 € . Puede intuirse
variante anterior). Esta variante consiste en que de esta forma se obtiene mayor infor­
dos preguntas cerradas. A un determinado mación de un mismo individuo, lo que lle­
individuo se le pregunta por un pago, diga­ va a estimaciones estadísticas más eficien­
mos 5 € (como antes, esta cantidad iría va­ tes. Sin embargo, de nuevo, esa mayor
riando entre los individuos). Si afirma que eficiencia se consigue a un cierto coste. Se
los pagaría, entonces se le sugiere que el comprueba que la primera cantidad (los 5
pago podría ser mayor, por ejemplo 10 € y € ) influye en el individuo de forma pareci­
se le pregunta si también pagaría esta can­ da a como lo explicábamos para los forma­
tidad. Si hubiese dicho que no a los 5 € , se tos de subasta.

Otro aspecto que se suele incluir en esta parte central del cuestionario es el de
intentar averiguar las razones tras algunas de las respuestas recibidas y el grado de
seguridad en dichas respuestas. Por ejemplo, es habitual pedir la razón por la que no
se ha querido pagar por el bien propuesto, si fue éste el caso. Dependiendo de la
respuesta dada, el pago se considera un cero verdadero por el cambio, o por el con­
trario se considera una forma de protesta, quizás por el vehículo de pago. Éste es el
caso cuando alguien no desea pagar más impuestos alegando que ya paga suficientes,
pero en cambio si se tratara de un pago directo y finalista, a lo mejor sí pagaría algu­
na cantidad por el bien. Su valoración real no es cero, sino positiva, pero declara cero
protestando contra el pago de más impuestos en general. En cambio, si el no pagar se
debe a que con los ingresos que tiene prefiere dedicar el dinero a otras cosas, se suele
considerar que efectivamente su máxima disposición a pagar es nula y se cuenta co­
mo un cero real. A veces se introduce también una pregunta sobre qué tan seguro está
el individuo sobre el valor que ha declarado, o sobre la comprensión del cambio del
bien a valorar.

La parte final del cuestionario se suele dedicar a recoger los datos personales del
entrevistado, como edad, ingresos, nivel educativo, o lugar de residencia, entre otros.'
También se suele pedir al entrevistador que valore cuán atenta estaba la persona al
responder, o que anote la duración de la entrevista.

Una vez redactado un cuestionario que parezca satisfactorio, éste debe probarse.
La primera prueba se realiza en grupos reducidos de personas (alrededor de media
docena por sesión o algo menos). A partir de estas pruebas se suelen detectar aspec­
tos que requieren mejoras. Tras realizar las mejoras se vuelve a probar en estos gru­
pos reducidos. Cuando el cuestionario parece satisfactorio, se prueba en una muestra
reducida de la población general. Ahí se suelen detectar nuevos problemas. Si son lo
suficientemente importantes, se vuelve a la fase de grupos reducidos y se vuelve a
realizar una prueba real reducida. El proceso finaliza cuando no se detectan más pro­
blemas. Es entonces cuando el cuestionario queda listo para realizar las entrevistas
definitivas.

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i

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v ' \": ' 1 ' , V r-' i : I I ¿ IM i

152 M A N U A L DE E C O N O M ÍA A M B IE N TA L Y DE LOS RECURSOS N A TU R A LES

............................................... ......... ^ ........................^ • | |

6.2.4. Recolección de datos |


El siguiente paso es realizar el muestreo de la población y entrevistar a la muestre | i
seleccionada. Para ello debe tener una idea clara de cuál es la población relevante | i
Ésta no es una cuestión que siempre sea sencilla de responder, aunque en teoría pare- | j
ce muy fácil. Podemos pensar que la población teóricamente relevante es toda aque-j|
lia que con el cambio en la provisión del bien pueda sentirse afectada en su bienestar. I j
ya sea por valor de uso o de no uso. Sin embargo, en la práctica es algo más compli-;]!
cado. Primero, porque normalmente no tenemos la posibilidad de muestrear a toda la.
población. A menudo se restringe a un territorio administrativo. Si la valoración debe'
servir para emitir una sentencia judicial, para imponer una multa, a menudo la juris­
dicción se restringe a un Estado. Por otra parte, puede que la población relevante nc
sean personas individuales, sino empresas o familias. A veces nos interesa restringir
la población según alguna característica, como visitantes a un parque, personas con
problemas respiratorios, mujeres con hijos, o sólo a los mayores de edad. En ocasio­
nes la temporalidad es importante. ¿Nos interesan personas que hayan experimentado
algo en el último año (visitado un parque, dejado de ser fumadores), o en el último
mes, o hace más de cinco años, por ejemplo? Sea como sea, para poder extraer una |
muestra debe definirse con claridad la población de la que se va a extraer. ;
El muestreo suele realizarse de forma aleatoria, sistemática, por cuotas, o mixta |i
(mezclando varios sistemas), tal como indican los manuales de muestreo. En la prác- |l
tica, el número de individuos de la muestra depende a menudo de las posibilidades i
económicas del estudio. Idealmente, debería decidirse el número dependiendo del i
grado de error estadístico que se desee. En los años sesenta y setenta, muestras de i
unos cien individuos no eran excepcionales. Sin embargo, posteriormente muestras i
de 200 personas tienden a considerarse bajas. Son habituales muestras de entre 300 y ■1
500 individuos. Las que sobrepasan las mil observaciones se suelen considerar de unfpj
muy buen estándar. i J¡
f S■• y »

Es deseable que si las entrevistas se realizan con entrevistadores (es decir, no por '
correo o Internet ni por otra forma de administración propia), éstos no influyan en los |
entrevistados. Para ello lo ideal suele ser que los entrevistadores sean profesionales.
o alternativamente que reciban alguna formación al respecto. TI
i
Una vez realizadas las entrevistas (e incluso mientras se está en periodo de reco­
lección de datos) es conveniente realizar una o varias sesiones con los entrevistado-
res para detectar posibles problemas que hayan surgido en este proceso. Asimismo, o
bien la empresa que se contrata o bien los mismos investigadores deberían compro­
bar con una muestra de las personas entrevistadas que efectivamente contestaron a
las entrevistas, y que no hubo problemas durante las mismas.

6.2.5. Explotación estadística |


Una vez completados los cuestionarios, se procede a volcar las respuestas a una base
de datos. De ahí se procede a la explotación estadística. El objetivo principal es con-

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 153

seguir la estimación de la media (o la mediana) de la máxima disposición a pagar, o


k j
mínima disposición a ser compensado, de los individuos de la muestra. A menudo
esta información se acompaña de otra como la varianza, los intervalos de confianza,
o una regresión explicativa de los factores que influyen en la disposición a pagar de
los individuos.
Es especialmente conveniente al transmitir los resultados que se indique el año
para el que corresponden los valores, y expresar éstos con todas las unidades. Eso
implica que en la presentación de los resultados se indique el cambio en el bien al
i que corresponde el valor.
A continuación veremos el vínculo entre algunos de los tratamientos estadísticos
y la teoría económica en la que se basa el método de valoración contingente en su
variante de formato dicotómico.

t
/
' /
Recuadro 6.4 •• ■_ ' ... • .

EJEMPLO DE EJERCICIO DE VALORACIÓN CONTINGENTE


I
r T-

t i
CON FORMATO ABIERTO
•'
En 1999 se realizó en el ámbito del área situada aproximadamente en los 5 € (siem-
i metropolitana de Barcelona una aplicación pre en valores de 1999).
il
*TC del método de valoración contingente, con La curva de máxima disposición a pagar
; 'I la pregunta de valoración en formato abier- de los ciudadanos entrevistados puede
to, para estimar los beneficios del Plan me- interpretarse como una función de deman-
«I tropolitano de gestión de residuos munici- da, y el coste por persona como el precio,
(I
pales (PMGRM), y poder compararlos con Así, el área que queda entre la «curva de
sus costes. El PMGRM suponía una nueva demanda» y la «recta de precios» hasta que
forma de gestión de los residuos sólidos ur- se cruzan sería el «excedente del consumi-
I baños, con mayor preocupación ambiental, dor». Por otro lado, a partir del punto en
■\ si bien su coste era también superior al sis- que se cruzan ambas funciones y hacia la
tema de gestión hasta entonces utilizado, derecha, la diferencia entre la curva de de-
Tras explicar el plan en el cuestionario, se manda y la de precio sería un excedente
pedía en cuánto se contribuiría como mu- negativo. En otras palabras, el primer exce-
cho al mismo para que se pudiera llevar a dente (el positivo) nos indica cuánto ganan
cabo. El siguiente gráfico recoge las res- los ganadores, y el segundo cuánto pierden
puestas de las personas entrevistadas, orde- los perdedores. El saldo neto entre los dos
nadas en el eje horizontal desde la que más tipos de excedente fue, en esta ocasión, po-
pagaría hasta la que menos pagaría. De he- sitivo. Podemos concluir, por tanto, que en
cho se puede apreciar cómo las aproxima- base a esta información la percepción so-
damente 50 últimas personas no pagarían cial es que el PMGRM generaría a la po­
llada por el cambio de gestión. El gráfico blación más beneficios que costes.
muestra también el coste extra que por ha- Otra información que revela el gráfico es
hitante representa el PMGRM. Es la línea qué porcentaje de la población se esperaría

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T

154 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

M áxim a disposición a pagar


200

150
C/5
£
p 100
w
50

Individuos de mayor a menor disposición a pagar

que se opusiera al PMGRM (las que haya a ción a una propuesta de política ambien­
la derecha del punto de intersección entre tal, esta forma de representar las respues- j
las dos funciones) y cuántas lo apoyarían tas abiertas en un ejercicio de valoración
(las situadas a la izquierda del punto de contingente permite obtener una idea del
intersección). Por tanto, más allá del cálcu­ apoyo y rechazo que recibiría, en número e
lo habitual de la media y de la mediana de intensidad. ' / .v" ' X / ' ' ':v v . * v ; y". •; \ 1 /; *■ - s « 8 3

la máxima disposición a pagar de la pobla- i. V ' V.- •' ' «• - : • • •>»*.- <• f .■ , - , »/ ■ V
#

.......... ; || I
Fuente: Pere Riera y Guillermo Gándara (1999) Informe para el proyecto europeo ENV4-CT96-0236, «Impact
Assessment and Authorization Procedure for Installations with Major Environmental Risks».

o)oü Fundamento teórico


Un posible fundamento teórico de la valoración de bienes ambientales mediante el.,
método de valoración contingente reside en la teoría de la utilidad aleatoria. Para
ilustrarla, tomaremos el caso del formato dicotómico simple en la pregunta de valo­
ración. Recordemos que en este formato, a las personas entrevistadas se les pide si
aceptarían o no realizar un pago para obtener una determinada mejora, variando la*
cantidad de este pago de una submuestra a otra, tal como se ha apuntado anterior-i
mente.
Empezamos exponiendo la teoría de la utilidad, para posteriormente pasar al con­
texto de la utilidad con un componente aleatorio. Denotamos el nivel de bienestar o
utilidad como u (utilidad y bienestar se emplean aquí como sinónimos). Desde la
perspectiva económica, suponemos que derivamos utilidad del consumo que realiza­
mos y que ésta aumenta con el nivel de consumo (a mayor consumo, mayor bienes­
tar). Formalmente, podemos escribir la función de utilidad u = u(x), donde repre­
senta un vector que incluye la cantidad de consumo de bienes. Dadas las preferencias
de cada individuo, su consumo de bienes dependerá a su vez de la cantidad de rique­
za o renta de que pueda disponer y de los precios a los que deba adquirir los distintos

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 155

bienes. Así, x = x(px, y), con px representando un vector con los precios de los bienes
incluidos en x, e y los ingresos del individuos. Por tanto, la función de utilidad u se
puede expresar también de forma indirecta como función de los precios y la renta.
Cuando la función de utilidad se expresa de esta forma indirecta se suele denotar
como v en lugar de w. O sea,
1

u = v(px, y)

Los precios son generalmente observables para los bienes que tienen mercados
bien organizados, que suelen ser los bienes privados. Sin embargo, otros como los
bienes públicos, no gozan de mercados donde poder observar los precios, pero no por
ello dejamos de derivar bienestar de su consumo. Para que esta distinción quede re­
flejada en las funciones de utilidad directa e indirecta, las podemos reescribir respec­
tivamente como u= u(x,z), y
de bienes públicos (ambientales), o en general de bienes sin precio. Suponemos que,
por lo menos hasta cierto punto, se puede sustituir consumo de bienes privados por
consumo de bienes públicos, y viceversa, de forma que se mantenga constante el ni­
vel de bienestar u.
Supongamos que la expresión u = v(px, z, y) refleja nuestra situación, y que nos
piden si aceptaríamos pagar una cantidad de dinero (A euros), obteniendo a cambio
una determinada mejora en la provisión de bienes públicos, como por ejemplo la ca­
lidad del aire. Esta mejora permitiría pasar desde el nivel actual zü hasta el nuevo
nivel z \ siendo z1 preferible a z°. Es decir, si preferimos quedarnos con {px, z°, y) o
pasar a (px, z \ y —A), dado que en la nueva situación nuestros ingresos se verían
disminuidos en A euros tras pagar por la mejora. En el marco de la maximización de
la utilidad, la respuesta dependerá de cuál de las dos combinaciones creamos que nos
dé mayor bienestar. Si es la primera combinación con Zo entonces

v(px, z°, y) > v(px, z1, y - A)

siendo A demasiado dinero. Si es la segunda con Z\ pagando A,

v(px,z°, y) < v(px, z \ y -

siendo A suficientemente bajo. Y si nos da igual, v(px, z°, y) = z \ y ~ A).


Si lo máximo que estamos dispuestos a pagar por la mejora de z° a z1 son DAP euros,
la respuesta se puede obtener de la comparación entre A y DAP (nuestra máxima
disposición a pagar). Si nuestra DAP es inferior a la cantidad A que nos piden pagar,
entonces estaremos en la primera de las tres situaciones, donde es preferible quedar­
nos como estamos y renunciar a la mejora ambiental. Si estamos dispuestos a pagar
más de lo que nos piden, conseguiremos más utilidad pagando y obteniendo el cam­
bio. El tercer caso corresponde a la igualdad entre A y DAP, es decir, cuando nos
piden justo el máximo que estamos dispuestos a pagar. Lo que estemos dispuestos a

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*

156 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

pagar como mucho por el cambio, DAP,dependerá


nivel de renta, y de los precios, por lo que lo podemos representar como
DAP(px,z ° ,z ',y )
Tendríamos los siguientes tres casos:
Si DAP(px, z°, z\y) < A, se rechaza el cambio.
Si DAP(px, z°, zl, y) > A, se acepta el cambio.
Y si DAP( px ,z°, z \ y)= A, el individuo se mues
«
Ésta es la situación a la que nos enfrentamos como individuos, si nos atenemos a
la teoría de la maximización de la utilidad. Sin embargo, parece lógico suponer que
las preferencias de los individuos, y en particular sus DAP, son «privadas», o sea,
perfectamente conocidas por el propio individuo pero no por los demás. Eso supone
que el investigador interesado en averiguar la DAP de la población, no puede obser­ i

varla directamente. Puede observar algunas cosas, pero no todo.


Para el investigador (aunque no para el individuo), es como si la función de utili­
dad de las personas tuviera ahora un componente no observable. En concreto, la fun­
ción (directa) de utilidad toma la forma u = e), y la indirecta u = y,
donde e (épsilon) denota la parte de la función de utilidad que el investigador no*
observa completamente. Para el investigador, la variable utilidad (bienestar) pasa a
ser una variable con un componente aleatorio (e), y por tanto u pasa a ser una varia­
ble aleatoria, que deberá tratar como tal. Así, pasamos del contexto de la maximiza­
ción de la utilidad al de la maximización de la utilidad aleatoria (que es el modelo
económico en el que fundamentamos la valoración contingente).
Al ser la utilidad una variable aleatoria, la podemos tratar estadísticamente en
términos de probabilidad. Observando los precios, el cambio en el bien ambiental, la
renta del individuo y el pago propuesto, no podremos asegurar si este individuo pre­
ferirá rechazar el cambio, por ejemplo. En otras palabras, no podemos asegurar a
ciencia cierta que v(px, z°, y) > v(px, zl, y ~ A), o sea, que no desea el cambio. Pero
sí podemos expresar la probabilidad (Pr) de que no quiera el cambio. Esta probabili- ]
dad será igual a la probabilidad de que el nivel de utilidad actual sea superior al que i
obtendría con el cambio y el pago. Formalmente,

Pr {decir «no» al cambio} = Pr {v(px, z°, y, e) > v(px, z \ y ~ A, e)}


• * *■

Esto equivale a decir que la probabilidad de que rechace el cambio es igual a la


probabilidad de que su DAP sea inferior al pago propuesto A. O sea,

Pr {decir «no» al cambio} = Pr {DAP(px, z°, z \ y , e) < A)

Para el caso contrario (si incluimos en él la igualdad) tenemos

Pr {decir «sí» al cambio} = Pr{v(px, y, e) < v(px, y - A, e)}

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 157

0 expresado en términos de la DAP,


Pr{decir «sí» al cambio} = Pr z°, z \
Esta última expresión es justamente la que el investigador suele modelizar. La
DAP corresponde a la máxima disposición a pagar del individuo. Se suele suponer
que para el conjunto de individuos, esta variable aleatoria DAP sigue alguna distribu­
ción conocida, como la distribución normal, o la logística, etc. La parte superior del
Gráfico 6.2 muestra una típica distribución normal (aunque podría ser logística u
otra) de probabilidad, con la que el lector esté quizás familiarizado, donde en el eje
horizontal se representan los euros correspondientes a la DAP de cada individuo, des­
de menos infinito hasta más infinito, y la función está centrada en la mediana (que
coincide con la media para las distribuciones normal y logística) de la máxima dispo­
sición a pagar de los individuos (DAPM).
Sin embargo, en la práctica, estimar una función de densidad de probabilidad re­
sulta engorroso. Es mucho más fácil trabajar estadísticamente con una simple trans­
formación de la misma, con su función de distribución acumulada. Gráficamente,
consiste en representar qué proporción (por tanto, entre 0 y 1) del área bajo la curva
del Gráfico 6.2 (arriba) se ha acumulado, desde menos a más infinito euros. Es lo que
se representa en la parte inferior del Gráfico 6.2. El eje horizontal coincide con el del
gráfico superior, mientras que en el vertical se representa qué proporción se ha acu­
mulado desde menos infinito hasta más infinito para cada punto considerado del eje
horizontal. Por tanto, los valores en el eje vertical estarán entre 0 y 1, donde 1 corres­
ponde al total acumulado. En otras palabras, el eje vertical denota las probabilidades
entre 0 y 1. El lector puede comprobar que la curva inferior del Gráfico 6.2 corres­
ponde a la probabilidad de responder no al pago A propuesto. Para ello, basta fijarse
en alguna cantidad positiva de dinero (en el eje horizontal), y tomar ésta como la
cantidad A requerida. La altura hasta la curva representa la probabilidad de rechazar
dicha cantidad. Para otra cantidad A' mayor, obsérvese que la probabilidad de recha­
zarla'ha subido. Es intuitivo pensar que cuanto mayor sea la cantidad de dinero soli­
citada, más probable es que la propuesta de cambio se rechace.
Por convención y conveniencia, solemos querer representar la distribución acu­
mulada de la probabilidad de aceptar el pago. Si llamamos G(A) a la función con la m

que representamos la probabilidad de decir (la representada en la parte inferior del


Gráfico 6.2), entonces la función de distribución acumulada de la probabilidad de
decir sí será 1 - G(A), siendo G las unidades del eje vertical, o sea la proporción o
probabilidad, que va de 0 a 1. Las dos funciones se representan en el Gráfico 6.3. La
parte superior representa la probabilidad de rechazar el cambio propuesto en función
de A (reproduce la parte superior del Gráfico 6.2), y la inferior la nueva función
1 - G(A). El lector puede comprobar, como ejercicio, la interpretación de esta últi­
ma curva como la probabilidad de responder sí a los pagos propuestos. En esta mis­
ma línea, podemos interpretar esta función como una de supervivencia. Em­
pecemos por un punto arbitrario del eje horizontal (Gráfico 6.3 inferior), por ejemplo

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158 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

|----------------------------------------------- 1------------------------------------------------*--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- , \

-°° 0 D A P m A A ' + °° |

Gráfico 6.2. Función normal de densidad de probabilidad de la variable aleatoria DAP (arriba) S
y su función de distribución acumulada (abajo).

justo a la derecha del cero. La altura nos indica la proporción de personas que estaría
dispuesta a pagar esta cantidad por la mejora ambiental. A medida que nos desplaza­
mos hacia la derecha por el eje horizontal, «sobreviven» menos personas que todavía
responderían que sí al pago propuesto. Por eso, la función 1 —G(A) se denomina a
veces función de supervivencia.

La mayoría de veces los investigadores asumen una distribución normal, o logís­


, de la variable DAPentre la población, y estiman la función de

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 159

Gráfico 6.3. Representación gráfica de una función normal acumulada de la probabilidad


de no aceptar (curva superior) o aceptar (curva inferior) el pago propuesto.

supervivencia correspondiente mediante análisis de regresión. Dado que éste es sola­


mente un libro introductorio, en lugar de explicar este proceso estadístico (que el lec­
tor puede hallar de forma simplificada en el Recuadro 6.5) nos centraremos en una
forma de estimar la función de supervivencia que no requiere hacer ningún supuesto
sobre cómo se distribuye la variable aleatoria DAP. Ciertamente, ello tiene innega­
bles ventajas y a veces se considera como incluso más adecuado, aunque los investi­
gadores no opten por esta vía muy frecuentemente. Esta forma de estimar la función
de supervivencia que veremos a continuación se denomina no , porque
no le presupone ninguna forma predeterminada (al contrario de lo representado en
los Gráficos 6.2 y 6.3).

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160 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

R e c u a d r o 6 .5

ESTIMACIÓN DE UN MODELO LOGIT

Asumamos que la verdadera sigue media de la máxima disposición a pagar de


una distribución logística, similar a la re­ los individuos de la muestra, por ejemplo
presentada en el Gráfico 6.2. Tanto la dis­ por una determinada mejora ambiental, j
tribución logística como la normal son si­ Nótese que al ser la distribución supuesta
métricas. Los modelos de regresión logística, será necesariamente simétrica. Al
basados en el supuesto de distribución lo­ ser simétrica, el valor de la DAP media y el
gística de la DAP de los individuos se de­ de la mediana deben necesariamente coin­
nominan modelos logit. Cuando la estima­ cidir. La mediana será aquel valor de A que
ción supone una distribución normal, el tiene tanta probabilidad de ser aceptado co­
modelo de regresión se denomina probit. mo rechazado. Es decir, será aquel valor de
Los modelos logit son los más habitual­ A para el que la probabilidad de aceptación
mente utilizados, dadas sus buenas propie­ será 0,5. Es más simple estimar la mediana
dades. En este recuadro supondremos que que la media, ya que esta última implica
la variable DAP se distribuye logística- calcular la integral de la función de super­
j mente. Entonces la fórmula para la función vivencia 1 —G(A), o L. Como la mediana
| de supervivencia 1 —G(A), o L, como se es el valor del pago que corresponde a una
í denota habitualmente a menudo cuando se probabilidad L de 0,5, sólo hay que operar
usa el modelo logit, es en la función
^1
CSQC

L = 1/[1 + e ( a + b A ) ]
L = 1/[1 + e(0+hA)] = 1/2
donde L es la probabilidad a decir «sí» al Operando,
pago, y toma el valor 1 cuando la respuesta
es afirmativa y 0 cuando es negativa; el nú­ 2 = 1 + e(a+bA)
mero e es la constante 2,71828; A refleja el
pago propuesto, y va variando entre los O sea,
distintos individuos; y son los coefi­ e (a + bA) __ j

cientes a estimar estadísticamente a partir * . •'•*'* • V* • \ > . N% . • . f

de los datos (o sea, a partir de A y de L para Como cualquier número elevado a cero
cada individuo). es 1, el contenido del paréntesis debe ser
Buena parte de los programas estadísti­ igual a cero, por lo que
cos de regresión permiten la estimación de
modelos logit. De esta forma se pueden es­ a + bA = 0
timar los valores de a y b de acuerdo con
| los datos recogidos de las entrevistas en un Por tanto, el valor de A correspondiente
ejercicio de valoración contingente con a la mediana (y también medio) de la máxi­
formato dicotómico simple en la pregunta ma disposición a pagar de los individuos
de disposición al pago. entrevistados será:
Una vez estimados los valores para a y
b, se puede proceder a la estimación de la A = DAPm — —a/b

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 161

Veamos un ejemplo real de aplicación tra de 300 personas residentes en el área


de este procedimiento. La administración metropolitana, llamándoles la atención so­
: metropolitana de Barcelona se planteó la bre los cambios paisajísticos y de riesgo de
posibilidad de sustituir con líneas soterra­ incendio forestal en el parque. Los pagos
das los tendidos aéreos de las líneas de alta que se distribuyeron entre las distintas sub­
tensión que cruzaban el parque natural de muestras fueron de 3, 6, 20 y 30 € , en va­
Collserola. Se trata del parque que se ubica lores de 1998. Con las respuestas sé calcu­
en la sierra del mismo nombre entre las ló un modelo logit, obteniendo el valor de
ciudades de Barcelona y Sant Cugat del a — 0,00091 y b= —0,00000082. En co
Vallés, en pleno centro del área metropoli­ secuencia, la mediana (y la media) estima­
tana más habitada. Mediante un ejercicio da de la máxima disposición a pagar por
de valoración contingente en formato dico- esa medida se estimó en 6,62 € anuales
tómico simple, se propuso esta política de por persona mayor de edad, en valores de
sustitución de líneas eléctricas a una mués- 1998 (unos 8 € en valores de 2004).
..........

6.3.1. Estimación no paramétrica


Para explicar la aproximación no paramétrica utilizaremos un ejemplo numérico que
corresponde a un caso inventado.
Los pagos propuestos y la proporción de respuestas se incluyen en el Cuadro 6.1.
Podemos observar cómo de ser gratuita la mejora, nadie se opondría a ella, de acuer­
do con la primera fila del cuadro. Luego el cambio es un bien para todo el mundo, o
de forma más precisá, no constituye un mal para nadie. Ello simplifica algo el ejem­
plo, pero en la realidad a menudo nos encontramos con cambios que no son Pareto
superiores, es decir, que para alguien suponen un perjuicio. De ser así, tendríamos en
el Cuadro 6.1 y en su representación gráfica una proporción de respuestas afirmativas
inferior a 1 para un pago de 0 € , y quizás incluso proporciones positivas para distin­
tos «pagos negativos». Esta parte negativa debería restarse de la parte positiva cuyo
cálculo se expone a continuación. El lector interesado en la valoración de cambios
que no son estrictamente Pareto superiores encontrará un ejemplo en el Recua­
dro 6.6.
A partir de los datos del Cuadro 6.1 se puede dibujar la función del Gráfico 6.4.
Con esa información se puede deducir ya tanto la mediana como la media. La media­
na es el valor en euros que corresponde a un porcentaje de respuestas afirmativas del
50 por ciento. Es decir, el valor que en un referéndum dejaría justo tantas personas
aprobando el cambio, a este coste, como rechazándolo. Por lo tanto, en el gráfico, la
mediana es el valor que corresponde a la proporción 0,5 de respuestas aprobatorias:
unos 25 € .
La media, en cambio, sería el pago que estaría dispuesto a hacer el individuo me­
dio, y se calcula como el área que queda por debajo de la función representada en el

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162 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Cuadro 6.1. Ejemplo de respuestas a una pregunta de formato cerrado


en valoración contingente

Pago propuesto Proporción de respuestas Proporción de respuestas


(en euros) afirmativas negativas

0 1 0

5 0,8 0,2

20 0,6 0,4

30 0,4 0,6

50 0,1 0,9

100 0 1

Proporción A
de respuestas
afirmativas

0,8

0,6

0,5

0,4

0,2

0
0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 Pagos propuestos
Gráfico 6-4' Ejemplo de representación gráfica de las respuestas en formato cerrado
de valoración contingente con estimación no paramétrica.

Gráfico 6.4 (dado que no hay disposiciones máximas a pagar negativas). Las opera­
ciones sólo implican dividir el área en rectángulos y triángulos, y sumar sus áreas,
hasta obtener el valor total, que en este caso es de 27,5 € , como se puede comprobar.

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 163

Pero veamos la intuición del porqué esta área corresponde a la media del valor del
cambio. Para ello permutamos los ejes horizontal y vertical del Gráfico 6.4, tal como
muestra el Gráfico 6.5.

Interpretemos primero el eje horizontal, en términos de porcentajes, en lugar de


proporciones. Así, en lugar de estar definida la función entre 0 y 1, lo está entre 0 y
100. Interpretaremos el 100 como la totalidad de los individuos. Para simplificar la
exposición, supongamos que nuestra muestra es de exactamente 100 personas. En el
eje vertical se representan los pagos. Bajo esta interpretación, entonces los indivi­
duos estarían ordenados en el eje horizontal desde el que más pagaría hasta el que
menos quiere pagar (de izquierda a derecha). Observando el Gráfico 6.5 podemos ver
que el individuo número 10 (según la ordenación) valora el cambio en el bien en 50
€ (la altura hasta la curva en el punto 10 por ciento, o proporción 0,1). El individuo
en la posición 40 presenta un valor de 30 € , el de la posición 60 de 20 etc. Como
el precio es cero (es un bien ambiental público), la altura o valor es también el exce­
dente de cada individuo. Así, la suma de las 100 alturas corresponderá al excedente
de los 100 individuos. El excedente medio del consumidor será, consecuentemente,
el valor del área bajo la curva dividido por 100. El lector puede comprobar que este
excedente corresponde exactamente al área bajo la curva cuando en el eje vertical se
representan las proporciones entre 0 y 1.

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» 3
t

164 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

R e c u a d r o 6 .6

UNA APLICACIÓN DEL MÉTODO DE VALORACIÓN CONTINGENTE


CON PREFERENCIAS POSITIVAS Y NEGATIVAS

En un estudio de valoración contingente recuadro. Dado que se ofrece un cambio


llevado a cabo en 1998 para la zona urbana hacia una ciudad menos densa y con me-
de Barcelona y sus alrededores se quiso ob- nos preservación de suelos, los individuos J

información sobre las preferencias del primer grupo están dispuestos a pagar %
que la sociedad tiene sobre un cambio en el por el cambio (valores positivos), los del i
ritmo de crecimiento urbano. A veces se ve segundo deben ser compensados por acep-
el crecimiento de las ciudades como un tar el crecimiento más extensivo (valores
compromiso entre el grado de ocupación negativos), y los indiferentes asumimos
de suelos agrarios en las afueras de las ciu- que le otorgan un valor nulo al cambio,
dades y el nivel de densidad en las zonas Serán los que aparecen acumulados para
ya habitadas. Se supone que los individuos el valor 0.
prefieren tanto menores densidades como El vehículo de pago consiste en un in­
mayor preservación de suelos, pero que cremento en los impuestos municipales a
existe una disyuntiva entre ambos. Así, se pagar anualmente, durante 3 años. A partir
puede conseguir más preservación a costa de las (dobles) respuestas aceptando o re-,
de mayores densidades, o menores densi- chazando el precio a pagar (o la compensa-
dades a costa del sacrificio de más paisajes ción a aceptar) se pueden estimar la media
en los alrededores de las ciudades. y la mediana de la máxima disposición a
El cambio ofrecido a una muestra de pagar por un incremento del 10 por ciento
unos 350 residentes en la región metrópoli- en el ritmo de crecimiento hacia las afueras • ]
tana de Barcelona consiste en un aumento del conjunto de ciudades de la región me-
del 10 por ciento en el ritmo de expansión tropolitana de Barcelona. f
hacia las afueras de la ciudad respecto al El gráfico siguiente representa la proba-
ritmo actual de expansión, con la consi- bilidad de que el cambio se acepte en fun- ir
guiente reducción de densidad dentro de ción del valor ofrecido. La probabilidad se
las ciudades y la mayor pérdida de suelos y representa en el eje vertical, y los pagos
paisajes en las afueras. (permitiendo valores de euros positivos y
Gracias a una pregunta diseñada al efec- negativos) en el horizontal. La función de I
*
i
to, los entrevistados se dividen en tres distribución de los valores que se ha su-
grupos: aquéllos más preocupados por la puesto para realizar la estimación es la lo-
densidad y que prefieren ciudades más ex- gística. A mayores pagos (valores positi-
tensas, aquellos que valoran más la pre- vos), menor es la probabilidad de aceptar el
servación de suelos y prefieren ciudades cambio propuesto. De forma simétrica, a
más densas, y los que consideran ambos mayores compensaciones (valores negati-
aspectos igualmente importantes. Estos vos), mayor es la probabilidad de aceptar el
tres grupos están claramente representa- cambio.
dos en la función de distribución acumula- A partir de los valores resultantes de la j
da que se estime, y representada en este estimación se obtiene que la mediana de la

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLAFÍADAS 165
k

II l
ff
Á,

f > Probabilidad de
mostrar indiferencia
t
.

y
i

|
I

i
I

Preferencias negativas 7,9 Preferencias positivas

i distribución (probabilidad de 0,5) corres- negativos. Las dos medidas, mediana y me-
I i
ponde a un valor positivo, en concreto de dia, resultan de signo positivo. Esto indica
I casi 8 € en valores de 1998. Calculando la que en la zona estudiada la sociedad ve in­
•I
i14' media a partir de las áreas, ésta resulta ser
1 *
crementado su bienestar si se acelera el rit-
la
i de algo menos de 4 € . La media se calcula mo de crecimiento urbano hacia las afueras
a partir de las áreas sombreadas. Obsérvese en un 10 por ciento, siempre y cuando el
1I ]que como existen preferencias positivas y coste de esta ciudad más cara no sobrepase
negativas, al área sombreada en la parte de- los 4 (o bien 8) € por residente mayor de
I recha (valores positivos) hay que restarle el edad y año, durante tres años, en valores de
i área sombreada en la zona de los valores 1998.
IM

Fuente: Dolores García y Pere Riera (2003) «Optimal urban growth with environmental effects. A valuation
exercise». Urban Studies, vol. 40, núm. 10, pp. 1925-1936.

Modelos de elección
Hasta ahora nos hemos centrado en el método más usado de valoración por preferen­
cias declaradas: el método de valoración contingente. Pero tal como habíamos apun­
tado antes, hay otra familia de procedimientos de preferencias declaradas que en los
últimos tiempos han cobrado protagonismo: los modelos de elección. En el formato
dicotómico de valoración contingente íbamos variando el pago que requeríamos de
Ir ■i una submuestra a otra. Pues bien, en los modelos de elección variamos tanto el pago
como el cambio a valorar. Por ejemplo, podemos plantear distintos grados de mejora
de la calidad del aire, digamos tres (nivel 1, nivel 2 y nivel 3) y distintos pagos (por
ejemplo, A x, A2, A 3 y A4). A un grupo de individuos se le pregunta si pagaría A , por
una mejora hasta el nivel 1, a otro grupo el mismo pago para una mejora hasta el

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166 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

nivel 2, a otro hasta el nivel 3, a otro un pago de por una mejora hasta el nivel 1, a I
otro el mismo pago hasta el nivel 2, y así sucesivamente hasta realizar todas las com- I
binaciones entre pagos y niveles de calidad del aire. Éste sería un caso muy particular J
de modelo de elección. _ 1
Más en general, en los modelos de elección se suele utilizar al mismo tiempo |
varios bienes o, más aún, un bien con varias características. Por ejemplo, un bosque
que contiene varias características, como la provisión de un espacio recreativo, la
protección del suelo o la fijación de carbono. Cada una de estas características (que ;
en el argot de modelos de elección se denominan atributos) puede tomar distintos »
valores (denominados niveles). Como nos interesa conseguir valores monetarios, uno '
de los atributos debe ser monetario. Este atributo tiene distintos niveles. En el ejem­
plo del párrafo anterior, Á2, A3y A4. Así, los distintos grupos
distintas combinaciones entre los niveles de los atributos. A las combinaciones se las
denomina alternativas. La idea es la misma que en el párrafo anterior, pero ahora con
más de dos atributos (el monetario y varios atributos «físicos»). Habitualmente se
utilizan entre 4 y 6 atributos en total. No se usan más de forma simultánea porque la
persona entrevistada tiene lógicamente dificultades para comprender una política con
muchos atributos variando simultáneamente.
* I „■ V¿ (m

Una vez establecidas la alternativas, cada una con el nivel correspondiente de ca­
da atributo, éstas se agrupan en lo que se llaman conjuntos de elección. Cada conjun­
to de elección tiene un número limitado de alternativas, quizás tres, cuatro o cinco.
Veamos un ejemplo. Supongamos que tenemos tres niveles de calidad del aire (cali­
dad aire 1, 2 y 3) y dos niveles de ruido (ruido 1 y ruido 2), además de los cuatro
niveles de pago (A1?A2, A 3 y A4). Un posible conjunto de elección sería el que apare- ~
ce en el Cuadro 6.2. El lector puede sustituir los distintos niveles por valores numéri­
cos o establecer combinaciones distintas. La alternativa A tiene una particularidad:
todos los niveles son 1. Supongamos que el nivel 1 sea siempre el de no cambio, el
statu quo, la situación actual, si se quiere, donde el pago requerido suele ser de cero *. pk

euros. Esta situación se utiliza como referencia y suele estar presente en todo conjun- :
to de elección.
Cuadro 6.2. Ejemplo de conjunto de elección 1
’ M

Alternativa B
\A
Alternativa A Alternativa C Alternativa D

Calidad aire 1 Calidad aire 1 Calidad aire 3 Calidad aire 2


Ruido 1 Ruido 2 Ruido 2 Ruido 1

¿i A4 ^3 ^3

Cada grupo de individuos (submuestra) recibe un cuestionario con uno, dos, tres
o a veces incluso más conjuntos de elección. Lo que se le pregunta a la persona en­
trevistada respecto al conjunto de elección varía según qué método concreto se utili-

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLÁRADAS 167

ce de la familia de los modelos de elección. Se le puede pedir que declare con cuál de
las alternativas que se le presenta en el conjunto está más de acuerdo, cuál es la que
prefiere. Esta forma de preguntar corresponde al método de elección contingente.
Una variante muy utilizada es aquella en la que los conjuntos de elección contienen
l1 solamente tres alternativas, una de ellas el statu quo o situación sin cambio. De nue­
vo, hay que elegir la alternativa más preferida. A esta variante se la conoce como de
elección por parejas o a veces como experimento de elección.

Otro método es el de ordenación contingente. En él se pide a los individuos que


ordenen cada una de las alternativas del conjunto, de más a menos preferida. Final­
mente, otra posibilidad es pedir a la persona entrevistada que puntúe dentro de una
determinada escala cada una de las alternativas, de forma que esta puntuación refleje
la intensidad de sus preferencias. Es el método de puntuación contingente.
1
j
En todos los casos, existen modelos estadísticos para estimar las medias de los
pagos máximos que estarían dispuestos a realizar los individuos de la muestra por un
cambio en cada atributo. De hecho, el resultado que se halla corresponde a la media
de los valores marginales, es decir, de variar en una unidad el nivel de cada atributo.
Para obtener cambios mayores a una unidad a partir de estos valores marginales se
suele extrapolar, por ejemplo suponiendo una relación lineal entre el valor total y
variación en el atributo. Por ejemplo, si el valor marginal (de una unidad en la cali­
dad del aire) es de 0,5 € , entonces, el valor de mejorar la calidad del aire en 100
unidades tendría un valor estimado de 50 € .

Recuadro 6.7
EJEMPLO DE APLICACIÓN DE UN MODELO DE ELECCIÓN

A partir de 1990, un consorcio formado por ración urbanística se autofinanciara, sin te­
el Ayuntamiento de Madrid y la compañía ner que acudir a los impuestos o al presu­
ferroviaria RENFE, propietaria de buena puesto general. Dichas parcelas se ponían
parte de los terrenos, promovió el llamado en el mercado por el sistema de subasta, por,
Pasillo verde ferroviario de Madrid, en el lo que era fácil observar el precio al que se
distrito de Arganzuela. El proyecto urba­ estaban vendiendo. Éste era, en promedio,
nístico consistía en soterrar un tramo consi­ de 82.121 pesetas de 1994 el metro cuadra­
derable de la antigua línea de tren y cerrar do de suelo, o 665 € , a precios de 2004.
el trazado de circunvalación para trenes de Se planteó un ejercicio de ordenación
pasajeros entre las estaciones de Príncipe contingente para estimar el valor social del
Pío (antigua estación del Norte) y Atocha. metro cuadrado de zona verde en Argan­
Los terrenos así liberados se podían desti­ zuela, y compararlo con el del suelo lucra­
nar a otros usos. En su mayoría a zonas tivo. Sólo se contemplaban dos atributos, el
verdes, pero otras parcelas a edificaciones porcentaje de zona verde en la zona de
para viviendas, oficinas, comercios, etc. La nueva urbanización y el atributo moneta­
venta de estas parcelas permitía que la ope­ rio. En las entrevistas a una muestra de 800

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168 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

residentes, representativa de los madrileños media de 100.362 pesetas por metro cua- |
mayores de edad, se presentaban distintas drado de zona verde a precios de 1994 (812 j
opciones. Desde ampliar la cantidad de zo­ € , en valores de 2004).
na verde en el Pasillo verde a cambio de Comparando este valor con el del suelo j
I

realizar un pago, hasta disminuirla a cam­ lucrativo se puede ver que en una subasta
bio de recibir una compensación. Más del donde participara un representante de los
90 por ciento de los madrileños entrevista­ ciudadanos el suelo se habría adjudicado a
dos en su hogar pusieron en primer lugar éste. En otras palabras, hubiera sido social- j
las opciones de pago a cambio de incre­ mente más deseable aumentar la cantidad
mentar la zona verde, aun no viviendo ellos de zona verde, aunque ello hubiera signifi­
en Arganzuela. El resultado de la estima­ cado recurrir a la financiación mediante
ción fue de una disposición positiva a pagar impuestos o el presupuesto público.
Fuente: Pere Riera (2001) «Provisión óptima de suelo urbano para usos no lucrativos. El valor de las zonas
verdes». Catastro, núm. 41, pp. 55-66.

aiir ^ í« h h n i i — — — — — — — — — — — — — " S
| 1

i
t

Recuadro 6.8
1
(

RELACIÓN ENTRE VALORES Y MÉTODOS DE VALORACIÓN 1

l I

La elección del método de valoración ade­ de una determinada zona natural, segura­
cuado a cada caso depende de distintos mente lo pagamos pensando en la utilidad ;
factores. Por ejemplo, depende de la dispo­ que nos dará la visita al parque, y no en su I
nibilidad de datos, de las restricciones pre­ preservación para generaciones futuras. Si
supuestarias y de tiempo, pero también de­ estamos preocupados por tal preservación
pende del tipo de valor que queremos pero no visitamos este parque, nuestro va- ¡
medir. En el capítulo anterior introdujimos lor de no uso no aparece en la estimación ¡
distintos tipos de valores, en particular los que se realice por el método del coste del
valores de uso y de no uso (o uso pasivo). viaje. O si no alquilo un determinado in-<¡
Acabamos de ver en este capítulo los méto­ mueble, mis preferencias no quedan refle- i!
dos de valoración por preferencias declara­ jadas en el ejercicio correspondiente del
das y en el anterior los de preferencias re­ precios hedónicos. Ciertamente hay excep­
veladas. Entonces, ¿qué método es mejor ciones. Por ejemplo, puedo comprar produc­
usar para estimar un tipo de valor u otro? tos con etiqueta verde, como los que vimos |
En general, si estamos interesados en in­ en el Capítulo 4, aunque no vaya a visitar la i
cluir tanto los valores de uso como los de zona donde se cultivaron. Los métodos de !
no uso, lo adecuado suele ser la aplicación preferencias declaradas, en cambio, recogen
de métodos de preferencias declaradas. La ambos tipos de valores. En general, si nos
razón es que los métodos de preferencias piden un pago por la preservación de un
reveladas se basan en la revelación de parque, declararemos si lo pagamos o no
comportamientos en mercados reales, y és­ en función tanto del valor de uso como de
tos no suelen contemplar en sus precios va­ no uso que le atribuyamos a su conserva­
lores de no uso. Por ejemplo, cuando com­ ción. Lo difícil en estos casos suele ser el
pramos un billete de tren para ir a disfrutar poder desdoblar un tipo de valor del otro, j
-------------------- -------- ---------------------------------------

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VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 169

1. Indicar tres diferencias entre los métodos de preferencias declaradas y los méto­
dos de preferencias reveladas.

2. ¿Cuáles son las principales dificultades en la simulación de un mercado median­


te encuesta? ¿Qué problemas surgen si ésta no se realiza correctamente?

3. Se lleva a cabo un estudio de valoración contingente cuya finalidad es valorar


una mejora en una zona boscosa. Al final del cuestionario se incluye una pre­
gunta en la que se pide al entrevistado que diga quién cree que está detrás del
estudio. El 70 por ciento de los entrevistados responde que las empresas del sec­
tor maderero.
a) ¿Qué tipo de sesgo se está produciendo?
b) ¿Cómo afectará a la media estimada del valor? Justificar las respuestas.

4. Supongamos que queremos averiguar cómo los habitantes de una determinada


zona residencial valorarían un parque, cuyas características se han descrito cla­
ramente a lo largo del cuestionario. Plantear una posible pregunta de valoración
en los siguientes casos:
a) Preguntando por la disposición al pago y utilizando un formato abierto.
b) Preguntando por la disposición mínima a ser compensado, y utilizando un
formato dicotómico simple. ¿En qué situación sería más verosímil este últi­
mo escenario? Justificar la respuesta.

5. La administración plantea una reducción en el nivel de ruido de la ciudad de 5


decibelios y para averiguar si sería ésta una buena medida realiza un ejercicio
. de valoración contingente al efecto. Utiliza la variante de formato abierto y ob­
tiene que de una muestra de 100 ciudadanos mayores de edad, 20 de ellos real­
mente no querrían pagar nada, 30 pagarían como mucho 3 € , 20 pagarían 5 é ,
15 pagarían 10 € y los 15 restantes 12 € . ¿Cuál sería la media de la disposición
máxima a pagar de esta muestra? Y si la ciudad tuviera cien mil habitantes
mayores de edad, ¿cuál sería el valor total de la medida para el conjunto de es­
tos habitantes?
6 . Tras realizar una encuesta en el barrio para averiguar la disposición máxima a
pagar por un parque que se propone construir, siendo la alternativa dejar el espa­
cio como está, se obtienen los datos referidos a la probabilidad de contestar «sí»
a los distintos pagos requeridos (véase cuadro de la página siguiente).
a) Utilizando la forma de estimación no paramétrica, representar la función de
supervivencia y calcular el valor de la mediana de la máxima disposición a
pagar de los individuos.

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170 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

b) Por el mismo procedimiento, calcular la media de la máxima disposición


a pagar de los individuos.
c) ¿Se puede asegurar que la población prefiere el escenario con parque?
Justificar la respuesta. j

Proporción de
respuestas afirmativas 0 0,25 0,50 0,75 1

Precio propuesto 200 160 60 20 0

7. En un parque de una ciudad muy calurosa se propone plantar unos árboles que
darían sombra en verano, pero que ocasionarían alergias a algunos de sus veci­
nos. La plantación debería realizarse con dinero de los vecinos, con un único
pago de 30 € por vecino. Se realiza un estudio y los datos arrojan la siguiente
información sobre disponibilidad al pago y precios propuestos:

Proporción
respuestas afirmativas 1 0,8 0,5 0,3 0

Valores -8 0 -4 0 20 50 80

a) ¿Cómo se pueden interpretar los valores negativos?


b) Si se realiza un referéndum para someter a votación el proyecto, ¿se apro­
baría si se necesita la conformidad del 50 por ciento de los vecinos por lo
menos? Justificar la respuesta.

8 . ¿Qué tipo de valores recoge generalmente un ejercicio de valoración con­


tingente que pida a los visitantes a un parque cuánto pagarían como máximo
por la entrada al mismo? ¿Y un ejercicio de coste del viaje a los mismos visi­
tantes? ’

9. Se quiere estimar el valor que para los habitantes de una ciudad tiene una nue­
va zona verde de próxima creación. Discutir si al efecto serían adecuados los
siguientes tres métodos de valoración: valoración contingente, coste de viaje,
y precios hedónicos.

10. Se realiza un estudio de valoración contingente para averiguar los efectos am­
bientales (paisajísticos, básicamente) asociados a la construcción de una carre­
tera. Los datos arrojan una media de la máxima disposición al pago de los in­
dividuos de 30 € al año (para evitar los efectos ambientales adversos). ¿Qué
podemos asegurar sobre la aprobación de un proyecto de corrección total del
impacto ambiental que suponga un coste por persona de 50 € anuales? Discu­
tir la respuesta, utilizando los conceptos de media y de mediana.

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CAPÍTULO
Aj|^

Evaluación
de políticas
ambientales.
Eficiencia y equidad

7.1. | Evaluación de políticas


7.2. Criterio de Pareto y de Hicks-Kaldor
7.3. Diseño del análisis coste-beneficio
i
7.4. Criterios de evaluación distributiva
7.5. Medidas de desigualdad
I 7.6. Elasticidad renta de la demanda
Ejercicios
iI

fí,
172 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Valorar consiste simplemente en obtener un valor. Es decir, es algo «neutro». Por j


ejemplo, el conjunto de la sociedad valora un cambio en la calidad del aire en tantos ¡
euros. En cambio, evaluar es emitir un juicio de valor sobre la deseabilidad de algo. I
Por ejemplo, podemos sopesar si una inversión que mejore la calidad del aire hasta ¡
un determinado nivel vale o no la pena para el conjunto de la sociedad. Seguramente
si una mejora ambiental muy modesta costase una gran cantidad de dinero, muchas
personas no desearían que se dedicasen los recursos a esa finalidad, mientras que si
con poco dinero se consiguiese mucha mejora, puede que gran parte de la población /
lo favoreciese. Obtener alguna medida del grado de deseabilidad es en lo que consis- ,
te la evaluación. En los dos últimos capítulos hemos visto cómo podemos obtener '
valores ambientales. El conocimiento de dichos valores es útil en diversos contextos.
Por ejemplo, para el cálculo del importe de un impuesto pigouviano, como veíamos
en el Capítulo 3, o para el cálculo de compensaciones por daños ambientales. Otra de
las utilizaciones de disponer de ciertos valores ambientales es para su inclusión como
costes o beneficios en el marco del análisis coste-beneficio o de cualquier otro méto­
do de evaluación. El análisis coste-beneficio es seguramente el instrumento más utili­
zado desde la economía para la evaluación de políticas, proyectos, o inversiones en
general. Consiste básicamente en comparar los costes y los beneficios de una deter­
minada política, iniciativa o inversión para el conjunto de la sociedad. Eso incluye
los costes y beneficios para los impulsores de la iniciativa, pero también para el resto *
de la sociedad, o sea, los costes y beneficios externos. Sean privados o externos, a
menudo no disponemos de mercados competitivos en los que observar los precios
correspondientes. Conocer su valor permite incorporarlos en el análisis coste-benefi­
cio. En este capítulo veremos la lógica del análisis coste-beneficio y algunas de sus
aplicaciones con implicaciones ambientales.
Hasta ahora en el libro prácticamente sólo hemos tomado como criterio de refe­
rencia la cantidad total de bienestar en la sociedad, la eficiencia, sin importarnos có­
mo dicho bienestar se reparte, es decir, sin considerar la equidad. En este capítulo
introduciremos de forma explícita este criterio de distribución. Veremos cómo la
equidad es un criterio que admite distintas interpretaciones. Repasaremos algunas de
las más habituales. La desigualdad en la riqueza dentro de la sociedad admite tam­
bién distintas formas de medida, existen numerosos índices al efecto. Finalmente ve­
remos alguna aplicación del análisis de equidad al medio ambiente.

Hay distintas formas de abordar la evaluación de políticas ambientales (o de proyec­


tos o inversiones en general). Una de ellas es mediante una aproximación mediante
un referéndum, otra es con alguna variante del análisis multicriterio, y otra mediante
el análisis coste-beneficio o alguna variante del mismo. Aunque existen todavía otros
métodos para evaluar políticas, describiremos a continuación de manera sucinta las
dos primeras formas y con mayor detalle el análisis coste-beneficio, que es el proce­
dimiento más utilizado desde )a economía.

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 173

7.1.1. Elección social

Diversos autores proponen el marco de la elección social, un área dentro de la econo­


mía pública y del bienestar, como forma correcta de evaluación de políticas o deci­
siones sociales en general. En esencia se trata de la expresión de preferencias de la
población directamente sobre las opciones que se contemplan. Por ejemplo, imagine­
mos que se contemplan tres opciones: la política A, la política B, y el no adoptar
ninguna de las dos. Una forma de elección social consistiría en votar las tres posibili­
dades y adoptar aquélla con un mayor número de votos. Otro ejemplo, ahora con dos
opciones: adoptar la política A o no adoptarla. En este caso se podría plantear la elec­
ción social como un referéndum entre la población. Si la política A recibe la mayoría
de votos (o dos tercios, o un umbral determinado), se adopta; en caso contrario no se
adopta tal política.

Dos de las cuestiones que se analizan a menudo en el campo de la elección social


/

es si la forma de tomar la decisión es manipulable o no, y si es eficiente o no. Una


elección social es manipulable cuando alguien puede estar mejor no declarando su
verdadera preferencia. En el primer ejemplo, supongamos que preferimos la política
A, pero que entre la política B o ninguna de ellas, preferimos que no se adopte ningu­
na. Si creemos que A no tiene muchas posibilidades de ganar en votos, y que las
otras dos opciones son las que tienen más posibilidades de ser adoptadas, podemos
votar a favor de no adoptar ninguna política, a pesar de que nuestra preferencia es
que se adopte la política A.

Una elección social es eficiente cuando el bienestar que proporciona al conjunto


de la sociedad es el mayor que puede proporcionar. En el segundo ejemplo de elec­
ción entre la política A y no adoptar ninguna política, tipo referéndum, no se da nece­
sariamente la condición de eficiencia. Veámoslo. Imaginemos que el 49 por ciento de
la población está muy a favor de la política ambiental A, y están dispuestos a pagar
muy por encima del coste de dicha política. Por otro lado, el 51 por ciento está ligera­
mente en contra. En el agregado, el bienestar social de adoptar la política A sería
muy superior a no adoptarlo. Pero como la mayoría está en contra, si la regla de deci­
sión social es adoptar lo que indique la mayoría, se acabaría en una situación no efi­
ciente.

Parte de la investigación en elección social va dirigida a encontrar formas que no


sean manipulables o que sean eficientes. La evaluación de políticas por elección so­
cial tiene indudables ventajas, y en algunos países (como en Suiza) es una forma de
decisión pública bastante extendida. De hecho, cuando los gobiernos realizan encues­
tas a la población para averiguar qué piensan sobre una iniciativa que quiere propo­
ner, no está muy lejos de la práctica de la elección social, tal y como ésta se estudia
en economía. El Recuadro 7.1 muestra una aplicación del tipo referéndum sobre una
, i

política de disminución del riesgo en incendios forestales.

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174 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 7.1
EJEMPLO DE EVALUACIÓN POR REFERÉNDUM

La evaluación de políticas ambientales por creto, que en promedio terminaría quemán­


referéndum, en el marco de la elección so­ dose la mitad de la superficie forestal que
cial, no tiene por qué basarse necesaria­ venía viéndose afectada anualmente por los
mente en consultas organizadas por la ad­ incendios. Se estimó el coste de tal política
ministración en las que puedan participar en unos 6 € (a precios de 1999) por habi­
todas las personas con derecho a voto. tante, así que se pidió a los individuos de la
También se pueden basar en simulaciones muestra si aprobarían tal política a este
de referéndum, en la línea de los métodos coste. El resultado de la simulación de re­
de valoración por preferencias declaradas feréndum fue del 63 por ciento de «votos»
que veíamos en el capítulo anterior. Un a favor de pagar esa cantidad de dinero por
ejemplo de este modo de proceder es el si­ la política propuesta. Utilizando un inter­
guiente. valo de confianza del 95 por ciento, el re­
Se entrevistó a una muestra representati­ sultado del referéndum se hallaba entre el
va de la población catalana mayor de edad, 58,7 por ciento y el 67,4 por ciento de
y se le informó de que su gobierno estaba aprobación. En otras palabras, no se recha­
sopesando la adopción de una política de zaba que el referéndum no consiguiera las
prevención y extinción de fuegos forestales dos terceras partes de aprobación y se po­
en Cataluña que reduciría a la mitad la me­ día asegurar estadísticamente que superaría
dia del riesgo de incendios anuales. En con­ el 50 por ciento de aprobación.
Fuente: Pere Riera y Joan Mogas (2004) «Evaluation of a risk reduction in forest fíres in a Mediterranean re­
gión». Forest Policy and Economics, vol. 6, pp. 521-528.
‘ ■' '_________________________________________________ _______________________ ___________________________________________________________________________________________________________________________ ___________ ___________ _____________ ______________ ____ _________________________________________________________________________________________________________________________________________

7.1.2. Análisis m u lticriterio

Otra forma de realizar evaluaciones es mediante el método del análisis multicriterio,


el cual tiene numerosas variantes. Nosotros sólo expondremos una de las aproxima­
ciones más típicas. En esencia, este método de evaluación consiste en tener en cuenta
distintos criterios a la hora de juzgar la deseabilidad de un proyecto, de forma que
cada uno de ellos contribuye con un peso determinado. Se suele aplicar a opciones
mutuamente excluyentes, como por ejemplo la localización de un vertedero en tres
sitios distintos (hacerlo en uno de los lugares excluye hacerlo en los otros dos).
Veamos un ejemplo. Supongamos que estamos interesados en evaluar el plan de
riego de una zona, que puede conseguirse bien a partir de un trasvase bien a partir de
una estación desaladora de agua. El análisis multicriterio nos ordenará estas dos op­
ciones (o las que hubiere) de más a menos deseables de acuerdo con los criterios y
pesos adoptados. Para ello, lo primero que debemos hacer es seleccionar los criterios
que deseamos tener en cuenta para la evaluación. Supongamos que elegimos tres cri-

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 175

terios: el coste, la calidad del agua (medida en presencia de contaminantes) y el con­


sumo energético. A continuación medimos cada criterio para cada opción. Así, obte­
nemos el coste de cada opción, expresado en euros; la calidad del agua en cada op­
ción, expresada en sus propias unidades físicas o químicas; y el consumo energético,
expresado en unidades de energía. Al estar el valor para cada criterio expresado en
unidades distintas, no son directamente comparables. Para que lo sean, se suelen
transformar a una escala común, por ejemplo entre 0 y 1, o entre —1 y 1, etc. Supon­
gamos que optamos por lo primero. Existen numerosas formas de realizar esta trans­
formación, y hacerlo de una u otra forma puede influir en el resultado final.
Una forma de hacerlo es la siguiente. Supongamos que los costes son 200 y 400 € .
Entonces, podemos dividir el coste de la primera opción, 200 € , por la suma de los
costes de las distintas opciones (600 € , en nuestro caso). Ello da un resultado de 0,33
para la primera opción. De la misma forma, el valor para el coste normalizado entre 0
y 1 de la segunda opción sería 0,66. Procederíamos de forma similar con los otros
criterios.
Í

Ahora ya son comparables los valores de cada criterio, pero puede suceder que
queramos que un criterio pese más que otro. Por ejemplo, puede que queramos que el
coste pese el doble que la calidad del agua, y que a su vez ésta pese lo mismo que el
consumo energético. Así, tendríamos que si hacemos que el total de pesos sumen la
unidad, el peso para el criterio de coste sería de 0,5, el de la calidad del agua 0,25 y el
del consumo energético 0,25 también. Esta fase es bastante crucial, como puede su­
ponerse, y hay distintas formas de derivar los pesos. Quizás la más habitual es pre­
guntar al decisor por el peso que desea otorgarle a cada criterio. A veces, sin embar­
go, se consulta a grupos de expertos e incluso a la población en general.
Con los valores normalizados y los pesos para cada criterio, ya se puede operar.
La forma habitual es multiplicando cada valor por su peso y sumar los resultados
para cada opción. Por ejemplo, para la primera opción, el valor del criterio coste sería
0,33 multiplicado por 0,5. A este valor le sumaríamos el resultante para el segundo
criterio, y lo mismo para el tercero. Todo sumado resulta en un valor que a veces se
denomina el índice de pertinencia de la primera opción. Haríamos lo mismo con la
segunda opción, obteniendo el segundo índice. En el ejemplo hemos considerado tres
criterios que recogen aspectos negativos (costes, contaminantes y consumo de ener­
gía), de forma que las opciones resultan peores cuanto más alto resulte el valor del
índice. Así, cuanto más alto sea el índice de pertinencia, peor será la opción. La orde­
nación de los planes de riego sería, por tanto, del índice más bajo (el más preferido)
al más alto (el menos preferido).
Ciertamente el análisis multicriterio tiene sus atractivos, incluida la flexibilidad
que lo caracteriza. Por ejemplo, puede no indicar si la ordenación se realiza entre
opciones deseables o rechazables. En otras palabras, podríamos estar eligiendo entre
un grupo de opciones siendo todas ellas desastrosas socialmente, y que simplemente
nos quedemos con la menos «mala». Ésta es una limitación que supera el análisis
coste-beneficio.

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176 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
s - Jf

• \

7.1.3. Análisis coste-beneficio

La idea tras el método de evaluación del análisis coste-benefício es el cálculo, de en


qué tanto exceden los beneficios a los costes, o a la inversa. Si tenemos distintas
opciones, recomendaremos la que tenga mayores beneficios por encima de costes (o
la que tenga mayor tasa de beneficios, tal y como matizaremos más adelante), recha-i
zando directamente aquellas opciones con más costes que beneficios. Esta claridad I
intuitiva es uno de sus atractivos. De hecho, el análisis coste-beneficio se consolidói
como instrumento económico de evaluación de inversiones hacia los años cincuenta i
del siglo xx, pero fue hacia finales de los años sesenta y principios de los setenta
cuando experimentó una expansión más definitiva. A partir de entonces ha evolucio­
nado hasta la práctica actual. Su aplicación es casi rutinaria en la evaluación de
proyectos y políticas de infraestructuras. La etiqueta completa de este método es la
de análisis coste-beneficio social. El añadido de «social» es importante. Se trata de ;
los costes y beneficios del conjunto de la sociedad, más allá de los costes y benefi-
cios del promotor de la iniciativa. Si sólo se considerasen estos últimos, entonces
tendríamos un análisis económico-financiero como los que realizan habitualmente
las empresas al decidir una si llevar o no a cabo una inversión.
#

Una de las dificultades del análisis coste-beneficio


/
es que requiere una unidad de
medida común de los distintos costes y beneficios. Esta es casi siempre el dinero, lo
que obliga a obtener los valores de los distintos cambios en el bienestar de las perso­
nas, sean éstos debidos a cambios en la cantidad de bienes que tienen mercado, o de
bienes sin mercado, como la mayoría de externalidades. Pero estas últimas ya hemos
visto en los Capítulos 5 y 6 cómo valorarlas.

Aunque la intuición pueda parecer clara, no está exenta de polémica. El primer


aspecto importante es el propio criterio utilizado. Decíamos que para aceptar un
proyecto el criterio es que los beneficios superen a los costes, y que cuanto mayor sea
la diferencia, mejor será el proyecto. Pero hemos obviado explicitar que estas sumas
de costes y beneficios lo son para el conjunto de la población, donde puede haber
personas que mejoren su bienestar y personas que lo vean empeorado. Sólo nos he­
mos fijado en el resultado agregado. Veamos este criterio con algo más de detalle.

1 o l Criterio de Pareto y de Hicks-Kaldor


En el Capítulo 2 introdujimos el criterio de Pareto. Decíamos que una situación era
Pareto óptima (u óptima en el sentido de Pareto) si no era posible mejorar el bienes­
tar de alguien sin que nadie empeorara el suyo. A esta situación la llamábamos tam­
bién eficiente. Este criterio, establecido por el economista italiano Vilfredo Pareto.
permite comparar distintas situaciones (distintas políticas ambientales, por ejemplo).

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 177

Así, si encontramos una política por la que nadie sale perjudicado y


en cambio hay quien se beneficia, entonces decimos que esta política
es Pareto superior (o superior en el sentido de Pareto) a la situación
sin esta política. Seguramente pocos estaríamos en desacuerdo con
que la política es socialmente deseable, si mejora el bienestar de parte
de la población sin perjudicar a nadie. Ese consenso es ciertamente
1
uno de los motivos por los que éste es un criterio de referencia en eco­
nomía.

Vilfredo Pareto
Sin embargo, en la práctica, las posibilidades de encontrar políti­
(1848-1923). cas Pareto superiores respecto a la situación de partida son más bien
bajas. Así, es difícil que una determinada iniciativa no perjudique a
nadie. Eso reduce notablemente la aplicabilidad del criterio de Pareto
en la práctica. Ante esta limitación, dos economistas británicos, John
Hicks y Nicholas Kaldor, ambos premios Nobel de economía, realiza­
ron una propuesta similar, cada uno por separado. Aquí la resumire­
mos de la forma siguiente. Podríamos modificar el criterio de Pareto,
de manera que pudiéramos contemplar una situación como superior
(o socialmente más deseable) a otra si, en el agregado, la primera ge­
nerara mayor bienestar que la segunda. En otras palabras, supongamos
que actualmente estamos en la situación A, y que la queramos compa­
rar con otra situación B. Supongamos también que al pasar de A al
escenario B, hay individuos que obtienen una ganancia neta de bie­
John Richard Hicks
(1904-1989). nestar (un excedente), mientras que otros individuos experimentan
(i
¡I una pérdida de bienestar (sus costes son superiores a sus beneficios).
I

Finalmente, supongamos que la ganancia de los «ganadores» es supe­


rior a la pérdida de los «perdedores». Eso significaría que los ganado­
res podrían compensar a los perdedores por sus pérdidas y todavía
quedarse con un excedente positivo, obteniendo una ganancia neta en
bienestar. Según este nuevo criterio, la situación B sería preferible
(superior) a la A en el sentido de Hicks-Kaldor. El énfasis en la ejem-'
plificación de este criterio está en que los ganadores podrían compen­
sar a los perdedores, no que los compensen realmente. El no tener que
compensar realmente es lo que lo hace en la práctica mucho más apli­
cable que el criterio de Pareto. Si la compensación fuese efectiva, y
Nicholas Kaldor compensase realmente la pérdida de bienestar de los perdedores de
(1908-1986). forma que dejasen de serlo, entonces el criterio sería el mismo que el
de Pareto. La diferencia está en la potencialidad, en que no se dé nece­
sariamente la compensación.

Ciertamente, el acuerdo sobre el criterio de Hicks-Kaldor no es tan unánime co­


mo sobre el de Pareto. De hecho, está mucho más cuestionado. En cualquier caso, es
el criterio de base en el análisis coste-beneficio.

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178 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

1 DH Diseño del análisis coste-beneficio i


Son diversas las fases por las que el investigador atraviesa en la realización de un I
análisis coste-beneficio. Todas ellas tienen sus dificultades o complejidades. Comen- \
tamos a continuación, de forma sucinta, las principales etapas y sus principales difi-j
cultades. Para ello, se elige el ejemplo típico de construcción de una carretera. El
campo de las infraestructuras de transporte es uno que goza de mucha tradición en la.;
aplicación del análisis coste-beneficio. El caso que aquí planteamos como ejemplo .
permite seguir los principales pasos en la evaluación de este tipo de proyectos, y se- *
rán en muchos casos aplicables a proyectos de otro tipo y políticas en general.

7.3.1.
I
D efinición del cam bio a evaluar • i ii

Como siempre, el primer paso es definir con precisión lo que queremos evaluar. Su­
pongamos un tramo de carretera nacional que actualmente cruza la ciudad. Se propo- i
ne el proyecto de realizar una variante de esta carretera que transcurra por las afueras j
de la ciudad, con conexiones rápidas con el centro, para evitar los efectos de conges- j
tión circulatoria y aumentar la seguridad vial. Se plantea un análisis coste-beneficio j
para decidir si es conveniente realizar la inversión. Se compara el proyecto de la va- I
ríante con la alternativa de no realizarlo o statu quo. Como ya indicamos en los capí- 1
tulos anteriores dedicados a valoración, la evaluación también lo es siempre sobre un
cambio. En general, comparamos la situación sin política con lo que sucedería caso
de adoptar la política o iniciativa. I m

7.3.2. H orizo nte te m p o ra l¡ < ]

Los costes y beneficios no se producen en un solo momento. Generalmente se dan j


durante años, y esa dimensión temporal es algo fundamental que debemos incorporar
en el análisis, como quedará claro más adelante. Así, debemos decidir la duración 1
temporal de los costes y beneficios considerados a efectos del análisis coste-benefi- »
ció. La mayoría de aplicaciones a infraestructuras viarias limitan los efectos a 15, 20
o 30 años. Infraestructuras ferroviarias o de regadío suelen llegar a los 50 años y más.
A pesar de la gran dispersión en el límite temporal adoptado por distintos estudios,
debe tenerse en cuenta que cuanto más lejos en el tiempo quede un periodo, menor es
la influencia que ejerce sobre el resultado, ya que, como se explica en el Recua­
dro 7.2, penalizamos el futuro con una tasa de descuento que reduce notablemente su
aportación dentro del análisis coste-beneficio. En los proyectos en los que exista
mayor certeza sobre la durabilidad de los costes y beneficios, se tenderá a fijar un
límite temporal más alto; contrariamente, la incertidumbre en la evolución de los
efectos futuros de la infraestructura es un argumento usual para limitar el análisis a
relativamente pocos años.

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*

EVA LU A C IÓ N DE POLÍTICAS A M B IEN TA LES. EFICIENCIA Y EQ U ID A D

'w " v .................. .

Recuadro 7.2

TASA DE DESCUENTO

Las personas solemos ser impacientes, y no es la inversa. O sea, 104 (1 + r) € . En nues­


nos suele gustar la incertidumbre sobre el tro ejemplo, 104/1,04 € = 100 € . A esta
futuro, o puede que podamos obtener parti­ operación que «penaliza» un valor futuro se
do caso de obtener algo más temprano que la denomina descontar. De hecho, ésta es la
tarde. Sea por la razón que sea, en general forma habitual de descontar los costes y los
no somos indiferentes a que algo pase ahora beneficios en los periodos futuros (hacerlos
o dentro de unos años. Por ejemplo, si nos equivalentes a euros de ahora).
ofrecen un dinero ahora, digamos 100 € , La fórmula U0 — VV(1 + r) es la expre­
o dentro de un año, seguramente optaremos sión general de la que acabamos de usar en
por obtenerlos ahora. Una razón para ello el anterior ejemplo, con V0 denotando el
es que los precios suelen aumentar (hay in­ valor actual (los 100 € ) y el valor en el
flación) y por tanto el poder de compra de periodo siguiente (los 104 €). Los subíndi­
los 100 € el próximo año será inferior. ces corresponden a los distintos periodos,
Hay un efecto inflación. Pues bien, este con 0 denotando el periodo actual. Pero la
efecto lo desconsideraremos ahora, dado fórmula anterior sólo permite ajustar valo­
que podemos utilizar valores ya corregidos res de periodos consecutivos (de un solo
por la inflación ( < deflac,en el año de diferencia). Si son dos periodos, en­
argot
económico). Pero aun así, seguramente se­ tonces = v2/(i + r) y Vo = V'i/Cl + r).
guiremos prefiriendo los 100 € ahora que Sustituyendo V, en esta última expresión,
en el futuro. Podríamos invertir este dinero obtenemos V0 = [V2/0 + r)]/(l + r). Ope-
y obtener una ganancia igual a la tasa de rando, obtenemos V0 = V2/(l + r) • Así,
interés, r. Si éste es el único factor relevan­ cuando descontamos a lo largo de dos
te, entonces r es también la tasa de des­ periodos, en lugar de sólo uno, aplicaremos
cuento (ya quitado el efecto inflación). Así, esta fórmula. Si seguimos realizando el ra­
100 € este año son equivalentes a 100 € + zonamiento anterior veremos que para tres
+ (100*r) € , o sea, 100 (1 + r) € . Si la r periodos, la fórmula deviene VQ= V3/
anual es del 4 por ciento (o sea 0,04, expre­ (1 + r f. Y así sucesivamente. Por tanto,
sado como tasa o proporción), entonces en general, V0 = VJ{ 1 + r)‘, donde t indica
100 € de ahora equivalen a 104 € el próxi­ el periodo t correspondiente. El lector pue­
mo año. El rendimiento r es del 4 por cien­ de comprobar en cuánto queda reducida
to (ya extraída la inflación). una cantidad de dinero (un millón de euros,
Eso también lo podemos expresar al re­ por ejemplo) cuando la tasa de descuento,
vés. Si nos prometieran 104 € para dentro r, es relativamente alta (por ejemplo del
de un año, ¿a cuántos euros corresponden, 10%) y el periodo, t, bastante lejano (30
contemplados desde ahora? La operación años, o 50, o 100).

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180 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

7.3.3. Inflación
A. . C X - . - V -J . A U I W * . ' ' .* » I i P

La valoración de los costes y beneficios puede realizarse teniendo en cuenta o no la


inflación. Lo más habitual es que ya se quite el efecto inflación. Así, si creemos que
el coste será el próximo año de 100 € más la inflación, se anota solamente 100 €.
Para ello, debe decidirse qué año se toma de referencia. Lo habitual es tomar el pri­
mer año de análisis, el periodo inicial, al que denominaremos periodo cero. En lo
sucesivo del ejemplo procederemos de esta forma.

7.3.4. Costes y beneficios ¡

El siguiente paso consiste en identificar los principales costes y beneficios sociales.


En este ejemplo sobre la construcción de una variante de una carretera, considerare­
mos que los principales beneficios esperados son los de ahorro de tiempo y acciden­
tes. Los costes más relevantes son los de construcción (incluido el suelo y la señali­
zación), mantenimiento y externalidades ambientales. En la práctica se dan muchos
más costes y beneficios, pero es habitual reducir el número de éstos a unos pocos, a
menudo alrededor de la media docena en total. Se suele considerar que añadir otro
coste u otro beneficio que sólo haga variar ligeramente el resultado puede no valer la
pena si el esfuerzo de cuantificación es considerable.

17.3.5. C uantificación |

El siguiente paso es ya el de hallar los valores, para cada periodo, de cada coste y de
cada beneficio. De entre los costes mencionados para el ejemplo, el más importante
para este tipo de proyectos suele ser el de construcción. El coste del suelo se contabi­
liza por su coste de oportunidad, es decir, por lo que valdría si se destinase al mejor
uso alternativo a la carretera. Eso es así aunque el promotor de la carretera (suponga­
mos que sea la administración pública) sea ya propietario de los terrenos. Es frecuen­
te que los costes de construcción y los de mantenimiento, así como su periodifica-
ción, estén ya especificados en la memoria del proyecto de carretera. Algo más
complicada suele ser la valoración de las externalidades ambientales. Éstas pueden
ser negativas o positivas. Aquí supondremos que el saldo es negativo y que sola­
mente anotamos en la matriz de costes y beneficios este saldo negativo. Alternativa­
mente, podríamos incorporar las externalidades negativas por un lado y las positivas
por otro, por ejemplo. En cualquier caso, la estimación no suele ser inmediata. Habi­
tualmente se recurre a métodos de valoración tales como los presentados en los Capí­
tulos 5 y 6. Otras veces, sin embargo, los valores se transfieren de otros estudios. Es
decir, que en lugar de contar los impactos para esta vía concreta, se adopta (con las
correcciones pertinentes) la cuantificación realizada para alguna carretera similar o

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 181

que haya sido obtenida a partir de otros trabajos de valoración. A esta práctica se la
conoce en la literatura ambiental como de transferencia de beneficios.

El mayor beneficio que habitualmente se deriva de la construcción de variantes


de carreteras es el ahorro de tiempo que esas infraestructuras aportan respecto a su
ausencia (seguir utilizando la antigua vía). Este ahorro se da de forma directa para los
usuarios que se evitan los tramos urbanos, a lo mejor con semáforos, casi siempre
más lentos. Pero, al mismo tiempo, ejercen un efecto de descongestión para los usua­
rios de las vías locales que quedan sustituidas por las variantes. La ingeniería de trá­
fico ha desarrollado distintas técnicas y modelos para estimar estos efectos y proyec­
tarlos a lo largo de los años. Las horas ahorradas cada año pueden dividirse según
motivos del desplazamiento; por ejemplo, por motivos de trabajo y de ocio. Corres­
ponde a la economía el hallar y el aplicar un valor monetario a la cantidad de tiempo
ahorrado.

Cuando el motivo de desplazamiento es el de trabajo, se suele aplicar el valor por


hora del salario bruto. En España, el Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrece
datos actualizados de la evolución del salario medio de los trabajadores por Comuni­
dades Autónomas. Multiplicando los correspondientes valores en euros por las horas
ahorradas al año por motivo de trabajo, se obtiene la estimación del beneficio que
aportaría la variante de carretera por este concepto. El siguiente paso es el de hallar
el valor del tiempo de ocio ahorrado, si bien su cálculo es algo más complejo. Para
calcularlo, puede desarrollarse un estudio empírico en la línea de los desarrollados en
los Capítulos 5 y 6. Por ejemplo, si se aplica el método de valoración contingente, se
preguntaría por la disposición al pago por un ahorro en un desplazamiento por moti­
vo de ocio. Alternativamente, y en caso de que no fuera posible llevar a cabo un
estudio específico por limitaciones presupuestarias, de calendario o de otra índole,
puede utilizarse como aproximación el valor del salario neto, o acudir a valores acon­
sejados por otros estudios, como el 50 por ciento del salario bruto u otros. El produc­
to del valor de la hora ahorrada de tiempo de ocio, por las horas anuales ahorradas
por este motivo gracias a la mayor fluidez de circulación que aportan las variantes,
constituye el valor anual, expresado en euros, que los usuarios de ésta y otras vías
reciben por la inversión. Este número, sumado al calculado para el concepto de aho­
rro de tiempo por motivo de trabajo, da como resultado el valor total del ahorro de
tiempo para cada año.
El otro beneficio del ejemplo es la disminución de accidentes que las variantes
muchas veces aportan. El cálculo de la variación de accidentes para cada año entra
de nuevo dentro de la especialización de la ingeniería de tráfico. Los resultados sue­
len ser aproximaciones relativamente fiables del número de accidentes sin víctimas,
con heridos leves, graves o muertos, que la variante experimentaría, comparados con
los que se dan en la actual carretera en su tramo urbano. La valoración en euros de
los ahorros de accidentes no es ni inmediata ni carente de controversia. Se suelen

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182 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 7.3
EJEMPLO DE CÁLCULO DEL VALOR DEL TIEMPO DE OCIO

Una forma de calcular el valor del tiempo tiempo en su desplazamiento por carrete-
de ocio en desplazamientos a la naturaleza ra, si bien deberían a cambio pagar una
es mediante el método de valoración con- determinada cantidad de dinero en el des-
tingente. Se aplicó la variante dicotómica plazamiento, como sucede con las auto-
simple de este método (ya explicada en el pistas de peaje. El resultado del ejercicio
Capítulo 6) a una muestra de visitantes al resultó en un valor medio de 680 pesetas
parque de Monfrague, en Extremadura, por hora y desplazamiento al parque, a
A los entrevistados se les planteaba la po- precios de 1993, o pasado a euros de
sibilidad de ahorrar una cierta cantidad de 2004, 5,75 € .
Fuente: Pere Riera (1997) «El valor del tiempo recreativo al campo». Revista Española de Economía Agraria,
núm. 179, pp. 191-201.

considerar los valores de los daños materiales, los heridos y las muertes. Una aproxi­
mación al promedio del coste de los daños materiales en un accidente medio puede
deducirse de los datos facilitados por las compañías aseguradoras y de las autorida­
des de tráfico. De forma similar, a veces se aproxima el valor de heridas leves y gra­
ves, e incluso de las muertes, a partir de las compensaciones pagadas por las compa­
ñías de seguros, o a partir de datos hospitalarios. Esta aproximación suele subestimar
el valor social del efecto de los heridos en accidente. Por ello, a menudo se recurre a
otras formas de cálculo. En especial, la valoración monetaria de la vida humana pre­
senta problemas éticos y teóricos notables. Existen distintas formas de valoración de
la vida, todas ellas justificables desde cierto punto de vista y todas ellas siempre dis­
cutibles. Por ejemplo, a veces se ha calculado el valor de una muerte a partir del
valor que deja de producir el individuo. Una de las implicaciones de esta aproxima­
ción, es que la vida de los jubilados tendría un valor bien escaso, si no negativo. En
otras ocasiones se ha aproximado por la valoración que los otros hacen de la vida de
uno. En otras, por la valoración que uno hace de su misma vida. Como puede verse,
es éste un terreno lleno de dificultades. Sin embargo, el que sea difícil aproximar el
valor no significa que la vida humana no tenga valor, ni tampoco que tenga un valor
infinito. De hecho, a menudo nos comportamos como si tuviera un determinado va­
lor. Por ejemplo, al tomar el automóvil asumimos un cierto riesgo de accidente mor­
tal, pero seguimos viajando. Hay lugares de trabajo con mayor riesgo de accidente
mortal que otros. Para un mismo nivel de cualificación profesional, el salario en los
trabajos de mayor riesgo es superior. De hecho, ésta es una forma habitual de calcu­
lar el valor del riesgo de heridas y muertes, aplicando el método de los precios hedó-
nicos. En definitiva, el ahorro en el número de vehículos con daños materiales, y en
personas heridas y muertas debido a la realización de la variante se debe multipli­
car por los valores respectivos para obtener la expresión en euros anuales de este
beneficio.

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 183

Recuadro 7.4
EL VALOR DE LOS ACCIDENTES MORTALES

; Una de las formas de medir el valor de los A partir de la regresión hedónica, se ha­
accidentes de tráfico con resultado de lló el valor implícito de los elementos de
i muerte es mediante el método de los pre- seguridad del automóvil (bolsas de aire y
cios hedónicos aplicado a los gastos de los frenos antibloqueo). Este valor se puso en­
automovilistas en su auto. En el estudio tonces en relación con la contribución de
que aquí presentamos se reunieron datos de estos elementos de seguridad al riesgo de
precios de automóviles nuevos y de segun­ tener un accidente mortal. Así, el llamado
da mano de varias marcas y modelos en 28 valor estadístico de una vida humana ha­
países distintos, incluyendo a España. Ade-
|¿ V y . •'
llado fue de unos 6,6 millones de euros en
más de los precios, se recogió información valores de 2002. El resultado está en línea
sobre las características de cada auto (nú­ con otros estudios. Se comprueba también
mero de bolsas de aire, sistema de frenos que para los países menos ricos el valor es
antibloqueo, cilindrada, número de km, sensiblemente inferior a los 6,6 millones,
aire acondicionado, tipo de carburador, mar­ mientras que para los más ricos es clara­
ca y modelo) y del país de observación (ren­ mente superior.
ta per cápita y riesgo de accidente mortal).

Fuente: Pere Riera y Abir Mhawej (2004) «A fíxed-effects hedonic price model for statistical valué of live
estimations». Artículo en evaluación.

El Cuadro 7.1 muestra la organización típica de una matriz de valores para el


análisis coste-beneficio.

. Cuadro 7.1. Ejemplo ilustrativo de variables y valores en un análisis


coste-beneficio

Costes Beneficios
Periodo Saldo
Construc. Manten. Extern. Tiempo Accid.

0 145 0 25 0 0 -1 7 0

1 0 10 2 42 10 40

2 0 10 2 •
40 9 37

t • •

T 0 10 2 21 2 10

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184 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

7.3.6. Tasa de descuento


La suma «horizontal» de los valores de la matriz (Cuadro 7.1) no presenta ningún
problema especial, ya que se trata de unidades equivalentes. Así, podemos calcular el
saldo de beneficios menos costes. En cambio, la suma «vertical» de los valores, para
estimar cuanto mayor o menor es el beneficio respecto al coste, no es directa. Por un
lado, está el problema de la inflación, pero éste lo hemos evitado, expresando cada
valor a precios del periodo inicial, 0. Por otro lado, está el problema del coste de
oportunidad del dinero (lo que obtendríamos de invertirlo en otro lugar, r, tal como
recoge el Recuadro 7.2), nuestra impaciencia, nuestra preferencia por el presente res­
pecto al futuro. Para que las magnitudes de distintos periodos sean comparables, se
descuentan todas expresándolas respecto a un mismo periodo, generalmente el ini­
cial, 0, tal como describimos en el Recuadro 7.2. Para ello, debemos decidirnos por
una tasa de descuento. Una posibilidad es observar, para otras actividades de riesgo
similar, cuál es la tasa de rendimiento de las inversiones alternativas. Así, obtendría­
mos la tasa de descuento de mercado. Otra forma de proceder es hallar la llamada
tasa de descuento social para un determinado tipo de actividad. Es decir, estimar qué
peso o penalización le da el conjunto de la sociedad a la espera de un periodo adicio­
nal para obtener un beneficio. Una forma de estimar esa tasa es mediante alguno de
los métodos de preferencias declaradas ya explicados en el Capítulo 6.
Son habituales tasas de descuento del 3, 4, 5 por ciento, o incluso algo superiores
a veces. En proyectos forestales la tasa que se aplica puede bajar hasta el 2 por ciento
en algunos estudios. Lo más usual es adoptar una tasa de descuento, por ejemplo el 4
por ciento, y realizar al final un análisis de sensibilidad con otras tasas (recalcular los
resultados con otros valores de la tasa de descuento).
Un problema específico de marcado interés para la economía ambiental es cómo
deberíamos proceder para descontar el futuro a muy largo plazo, incluso a infinitos
periodos. En efecto, algunos de los impactos ambientales son muy persistentes en el
tiempo, incluso «irreversibles». Pueden afectar a futuras generaciones y permanecer
sus efectos durante muchas generaciones. Con el tipo de descuento (exponencial) que
hemos presentado, el descuento de un coste muy alejado en el tiempo hace que ésta
pueda devenir prácticamente insignificante, visto desde hoy. En cambio, otras formas
de descuento no penalizan tanto los periodos más lejanos en el tiempo. Se han pro­
puesto numerosas formas abordar este problema, aunque hasta el presente no parece
haber ninguna que se haya impuesto sobre las otras.

7.3.7. Resultados

Veremos tres de los indicadores que habitualmente se calculan en los análisis coste-
beneficio: el valor actual neto (VAN), el cociente entre beneficios y costes (B/C) y la
tasa interna de retorno (TIR).
Para calcular el VAN nos fijaremos en la última columna del Cuadro 7.1, que
representa el saldo de beneficios menos costes. Nótese que el saldo en el primer

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 1 85

periodo es negativo. Ello es lo habitual y es debido a que la acumulación de costes se


concentra al principio, con la construcción de la carretera, mientras que los benefi­
cios se distribuyen a lo largo de los años siguientes. La suma del saldo a lo largo de
todos los años corresponde al VAN, pero como sabemos que para poder calcular di­
cha suma debe aplicarse una tasa de descuento, debemos obtener los valores descon­
tados para cada año. La tasa de descuento, social o financiera, se aplica a la columna
del saldo de los diferentes periodos (o a las sumas parciales de costes y beneficios)
para hacerlos comparables, poderlos sumar, y obtener así el VAN. La forma de apli­
cación es la descrita en el Recuadro 7.2. Un VAN positivo significa que a esa tasa de
descuento, los beneficios superan a los costes. Cuanto más positivo, mayor será el
beneficio social (en términos absolutos) de la carretera o de la política o iniciativa
que se esté analizando. Un VAN negativo muestra costes agregados mayores que los
beneficios.
Otro indicador frecuentemente calculado es el cociente entre beneficios y costes.
Para ello, deben hallarse los valores descontados del conjunto de beneficios, y lo
mismo para el conjunto de costes. La suma «vertical» de estos flujos da el total de
beneficios sociales del proyecto y el total de costes sociales del proyecto. Restando
los beneficios menos los costes (B-C) resulta en el VAN, pero dividiendo B/C resulta
en el cociente que buscamos. Si el cociente es 1, significa que el valor del conjunto
de beneficios es igual al de costes. Un cociente de 2 significa que tenemos el do­
ble de beneficios que de costes. Un cociente de 0,5, el doble de costes que de benefi­
cios, etc.
El otro indicador de resultados que nos resta, la tasa interna de retorno (TIR) es
seguramente el más usado, especialmente a efectos comparativos, o para poder orde­
nar distintas opciones y, en definitiva, poder priorizar entre ellas. Otra forma habitual
de denominar la TIR es tasa derendimiento interno (TRI). La TI
beneficio social del proyecto. Es el equivalente a la tasa de rentabilidad de un nego­
cio privado. Por ejemplo, digamos que destinamos 100 € a una inversión y al cabo
del año, cuando se termina, recibimos 110 € , esto es, recuperamos el capital inverti­
do (los 100 € ) y obtenemos una ganancia del 10 por ciento (10 €). Este 10 por ciento
es la TIR de la inversión y los 10 € el VAN, si no aplicáramos ninguna tasa de des­
cuento. Fijémonos en que si aplicáramos una tasa de descuento anual del 10 por cien­
to, entonces, la ganancia neta (el VAN) sería de 0 € , porque los 110 € que obten­
dríamos al cabo del año serían equivalentes a los 100 € que inmovilizamos ahora en
la inversión. Es por ello que podemos definir técnicamente la TIR como el valor de
la tasa de descuento, r, que hace que el VAN sea cero. Aplicando esta propiedad,
podríamos tomar la columna del saldo sin descontar de beneficios menos costes, y
aplicarle una tasa de descuento, r, arbitraria. Si el resultado (la suma de la columna
de saldo descontado a r) es un VAN positivo, deberíamos volver a realizar los cálcu­
los con una r mayor, penalizando más el futuro, que es cuando solemos obtener más
beneficios que costes. Así, el peso de los futuros beneficios disminuiría y el VAN
disminuiría también. Iríamos realizando este proceso hasta que consiguiéramos un
VAN igual a cero. La rque consigue un VAN nulo sería el valor de

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186 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

embargo, afortunadamente hojas de cálculo tipo Excel y otras llevan ya incorporada


esta función, de forma que realiza la búsqueda interactiva de la r que satisface esta
condición.
Ciertamente, cuanto mayor sea la TIR, mayor es el atractivo social del proyecto. { >
Pero, ¿qué pasa con proyectos con, por ejemplo, una TIR del 1 por ciento anual? Las i
TIR por debajo de lo que consideremos una tasa de descuento adecuada denotan que - ,
el proyecto no es rentable. Aunque aún sería peor con TIR negativas. Una TIR igual. ^
a la tasa de descuento considerada adecuada sería un proyecto sin ganancias ni pérdi- ~
das sociales. Pongamos un ejemplo. Si la TIR estimada fuese del 1 por ciento anual y ‘
la tasa de descuento de referencia fuera del 4 por ciento, entonces el VAN de este ¡
• **

proyecto sería necesariamente negativo. Podemos intuir este resultado porque, proce­
diendo igual que antes, deberíamos ir bajando el valor de la r para que el VAN no
estuviera tan penalizado y fuera aumentando su valor. Cuando la r alcanzase el 1 por
ciento, entonces el VAN habría dejado de ser negativo y pasaría a ser cero. Si probá- ,
ramos una r del 0,5 por ciento, el VAN resultaría ya positivo.

7.3.8. Análisis de sensibilidad

Obtenidos los resultados, es habitual realizar lo que se denomina un análisis de sensi­


bilidad. Bajo esta denominación se incluyen variaciones en diversos aspectos que
modifican los resultados. Por ejemplo, se suelen presentar el VAN y el cociente B/C
con otras tasas de descuento. Si se ha utilizado para el análisis básico un 4 por ciento,
se pueden repetir los cálculos con un 3 por ciento, o un 5 por ciento. Se puede variar
asimismo el valor del tiempo utilizado, por ejemplo, y ver qué tanto influye sobre la
TIR o el VAN del proyecto, etc. Los análisis de sensibilidad permiten proporcionar
una mejor perspectiva en cuanto a la solidez de los resultados para la toma de deci­
siones, y permiten identificar cuáles son los elementos más críticos del resultado del
análisis coste-beneficio. - i ?!

Recuadro 7.5
f
ANÁLISIS COSTE-BENEFICIO DEL PASILLO VERDE FERROVIARIO ¥
DE MADRID

En el Recuadro 6.7 del capítulo anterior Los costes contemplados fueron los dis­
hemos presentado una forma de calcular el tintos gastos del consorcio inversor a lo lar­
valor de la zona verde (o no edificada para go de seis años, desde 1990 a 1995 inclui­
usos lucrativos) en el proyecto urbanístico dos. Quedaron fuera del análisis los costes
denominado Pasillo verde ferroviario de del nuevo material móvil ferroviario (que
Madrid, en el distrito de Arganzuela. En se supuso que no incrementaría), contem­
dicho proyecto se realizó también el co­ plando sólo los costes de gestión. En la
rrespondiente análisis coste-beneficio. parte de beneficios se incluyeron tres varia-

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I

EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 187

I
bles. En primer lugar, los ingresos corres­ partir de la entrada en funcionamiento de la
pondientes a los terrenos subastados para vía. Es frecuente alargar los análisis coste-
i edificar viviendas y comercios. En segundo beneficio ferroviarios hasta los 50 e incluso
lugar, la mejora ambiental valorada según 75 años.
la zona verde generada (incluidos usos de­ La TIR obtenida fue muy alta para un
portivos y otros equipamientos). Su valor proyecto de este tipo: del 54 por ciejnto. Si
se obtuvo por métodos de valoración de por ejemplo hubiese costes por la necesi­
preferencias declaradas, tal y como se ex­ dad de nuevos trenes, la TIR disminuiría
plicó en el Recuadro 6.7. El tercer benefi­ sensiblemente. Si se aumentara el horizon­
cio corresponde al tiempo ahorrado por los te temporal hasta los 50 o 75 años, o se
usuarios del ferrocarril, algunos de los cua­ añadieran los valores residuales de las in­
les vieron acortado el tiempo de desplaza­ fraestructuras al final, la TIR aumentaría.
miento. Se consideraron separadamente los El análisis de sensibilidad indicó que di­
motivos de trabajo y ocio para los despla­ fícilmente saldría una TIR lo suficiente­
zamientos y los viajeros que ya utilizaban mente baja como para pensar que se trataba
el ferrocarril, para los que se añadirían des- de un proyecto socialmente poco deseable.
de otros medios atraídos por las ventajas de En el Recuadro 7.6 se presentará un ejem­
la nueva vía férrea, y en la generación de plo en el que las hipótesis realizadas sí ha­
nuevos viajes. El horizonte temporal con­ cen variar el signo del resultado del coste-
templado en el análisis fue de 30 años a beneficio.
Fuente: Pere Riera (1995) Beneficio social del Pasillo srde Ferroviario de Madrid. Madrid: editorial Noesís.

- ---------- ------------------------- ------------------ —— — — — — ..............— —— — —v

*’ K' 'm . .... s 4 4. . . . . .. *


Recuadro 7.6
. . . . . ^ .y , ■ y - . ■* '• • .« ■/ y ' * ' * .. . . . ' . *v ’\ y . " / ■ V>V

ANÁLISIS COSTE-BENEFICIO DEL PLAN HIDROLÓGICO NACIONAL

En septiembre del año 2000 el gobierno es­ de dicho plan. El análisis arrojaba un VAN
pañol publicó el llamado hidrológico de unos 700.000 millones de pesetas a pre­
nacional. Básicamente, el Plan proponía cios de 1999 (para una tasa de descuento
una serie de trasvases entre cuencas hidro­ del 4%) y una TIR del 10 por ciento anual
gráficas, tomando agua de las cuencas con según el estudio, lo que resultaba bastante
mayores caudales a cuencas más deficita­ alta. No obstante, todo análisis de este tipo
rias (generalmente del norte hacia el sur). se basa en un conjunto de supuestos, todos
El principal trasvase se preveía entre el río y cada uno de ellos defendibles y critica­
Ebro y las regiones cercanas a la zona del bles. Cambiando los supuestos, cambian
Levante español (las Comunidades de Va­ también los resultados.
lencia y Murcia, sobre todo). Sin embargo, Un primer supuesto particularmente cues­
en 2004 se retiró el Plan, dejándolo sin tionable tiene que ver con el reparto tempo­
efecto. El quinto y último volumen de la ral de los costes y beneficios. El análisis
publicación del Plan correspondía al análi­ coste-beneficio publicado por el gobierno es­
sis económico. En su primera mitad desa­ pañol suponía que los alrededor de 600.000
rrollaba el análisis coste-beneficio social millones de pesetas de inversión inicial se

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t
i

188 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

v • 4. • a / • « '».* * f .< • y /a ^ 4 ' y v ív , ■' ' y r •* . * ’ - ■ '* fk ' - * ^ -■ y ? - v ? - 77* A ^ -T - a >' v . ' v / - T ■ .7 * ^ 4 A * * /v ^

ejecutarían en un solo día, el 1 de enero, y efectivamente la cantidad de agua prevista


que a partir del mismo día disfrutaríamos en el trasvase será la óptima al final de los
ya de todos los beneficios de tener agua 50 años y que la demanda urbana de agua
más abundante en las cuencas receptoras, irá creciendo proporcionalmente a lo largo
Este supuesto parece poco realista y es de este periodo. Utilizando este último su-
contrario a la buena práctica habitual del puesto y modificando asimismo el anterior
análisis coste-beneficio. El mismo equipo referido a la realización de la inversión no
redactor consideraba que en la realidad la de forma inmediata, sino durante 7 años, la
inversión se distribuiría a lo largo de 7 rentabilidad social pasa a ser negativa, es %¿
años, con unos porcentajes determinados, decir se sitúa por debajo de la frontera del I
Con este reparto, y respetando el horizonte . 4 por ciento considerada en el estudio ori-
temporal de 50 años de beneficios, la tasa ginal como límite de rentabilidad. En con­
de rentabilidad social del proyecto baja en creto, la TIR es del 3 por ciento, y la dife-
más de dos puntos (hacia el 8%) y dismi- rencia entre beneficios y costes (VAN) se
nuye el saldo positivo hasta los 500.000 salda en contra de las ganancias sociales
millones de pesetas. con algo más de 300.000 millones de pese-
E1 segundo supuesto afecta a los benefi- tas en pérdidas (más de 2.000 millones de
cios por abastecimiento urbano. Utilizando euros en valores de 2004).
los datos originales del estudio, este con- E1 equipo redactor siguió la práctica habi-
cepto representaba algo más del 70 por tual de no incorporar explícitamente los cos­
ciento del conjunto de beneficios sociales tes ambientales en este análisis, argumen­
del Plan, mientras que los efectos que so­ tando la dificultad de estimar tales costes,
bre la agricultura tendría la prevención del Sin embargo, en un momento determinado
agotamiento de los acuíferos superaban el realiza una propuesta de cálculo tras una
25 por ciento y las ganancias por nuevos interesante caracterización del valor del
regadíos en España sólo suponían el 2,5 agua «sobrante» en las cuencas de origen
por ciento restante. El estudio proponía un como valor ambiental de existencia. Propone
procedimiento para calcular el beneficio aproximar este valor por el montante de las
del agua para uso urbano consistente en es- compensaciones que se pacten. De incluirlas
timar los costes de suministrar, mediante en el análisis coste-beneficio, su rentabilidad
plantas desaladoras, la misma cantidad de social estimada sería todavía inferior, natu-
agua que las cuencas receptoras recibirían raímente. Cada 100.000 millones de compen-
con el trasvase. Incluso aceptando este pro- saciones (o costes ambientales), repartidos a 1
W-

cedimiento de cálculo, lo que no parece lo largo de los 7 años de inversión hace


muy razonable es que la demanda urbana disminuir alrededor de medio punto la tasa *
requiera toda esta cantidad de agua desde de rentabilidad social (TIR) del proyecto.
el primer año. Parece más realista suponer Como vemos, la validez de las conclu-
que en todo caso la escasez se produciría siones de un análisis coste-beneficio está
de forma progresiva, lo que comportaría sujeta a lo razonable de las hipótesis reali-
construir dichas plantas gradualmente a lo zadas, que en este estudio fueron en oca-
largo de los 50 años de vida económica del siones (muy) cuestionables. Cambiando al-
Plan. De ser así, entonces debería realizar- gunos supuestos quizás demasiado poco
se alguna previsión temporal de evolución realistas se pone seriamente en duda la de­
de la demanda. Por ejemplo, asumir que seabilidad económica del proyecto.
Fuente: Pere Riera (2001) «¿Es realmente rentable el PHN?». La , 22 de junio.

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 1 89

7.3.9. Efectos d istrib u tivo s

Los criterios de Pareto y Hicks-Kaldor que discutíamos antes obvian los efectos dis­
tributivos. Sin embargo, éstos pueden ser relevantes para el análisis coste-beneficio
en dos aspectos. Primero, porque no es lo mismo que un beneficio de, por ejemplo,
1.000 € vaya a parar a manos de una persona con poco o con mucho poder adquisiti­
vo. A menudo suponemos que las personas ricas no valoran un euro tanto como las
personas pobres. Es decir, que a medida que somos más ricos, no valoramos tanto lo
que nos aporta un euro extra. Este supuesto se conoce en economía por el nombre de
utilidad marginal decreciente de la renta (o del dinero). A finales de los años sesenta
y principios de los setenta del siglo xx salieron diversos artículos y trabajos abogan­
do por la introducción de este matiz en el análisis coste-beneficio. Se alcanzó un cier­
to consenso en la forma de introducirlo. Fue mediante la utilización de pesos. Así, si
un beneficio afectaba básicamente a población pobre, se multiplicaban estos benefi­
cios por un peso superior a la unidad, de forma que quedaban aumentados. Esta prác­
tica se extendió a algunos trabajos, sobre todo en países en vías de desarrollo, pero
nunca fue del todo aceptada ni devino una práctica estándar o generalizada en la apli­
cación del análisis coste-beneficio. Actualmente son muy pocos los análisis que in­
troducen pesos distributivos.
El segundo aspecto de la equidad en el análisis coste-beneficio que a veces se
menciona es que si el proyecto o la política es lo suficientemente grande, puede alte­
rar la distribución de bienestar entre la sociedad. Dicho de otra forma, si dos políticas
mutuamente excluyentes tienen la misma TIR (digamos del 10%), y la política A
resulta en una mejor distribución de la renta que la política B, parecería preferible
aplicar la A que la B. Hay formas de introducir esta información en el análisis coste-
beneficio, aunque tanto la forma como la discusión sobre su conveniencia exceden el
propósito de este libro. Sin embargo, los criterios distributivos en general constituyen
una parte importante de la evolución de políticas desde la economía. A ello dedica­
mos el resto del capítulo.

Así como el criterio de eficiencia es relativamente claro y el consenso sobre él dentro


de la disciplina de la economía es notable, no existe un criterio de equidad equivalen­
te. Más bien hay diversos criterios de equidad. Veamos tres de ellos: el utilitarismo,
el maximin y el libertario.

7.4.1. U tilita ris m o


\ * • ,* vVV •

Los criterios de equidad se han desarrollado básicamente desde el campo de la filoso­


fía, una disciplina muy ligada a la economía en los inicios de esta última. Desde fina­
les del siglo xvm, y sobre todo en la primera mitad del siglo xix, surgió con fuerza el

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190 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

James Mili John Stuart Mili


(1748-1832). (1773-1836). (1806-1873).

utilitarismo. Con el término utilitarismo se denomina una filosofía económica que


postula que el objetivo del Estado debe ser la provisión de bienestar a toda la socie­
dad. De acuerdo a la visión utilitarista, el bienestar social resulta de la simple suma
de las utilidades individuales, de forma que todos los individuos ponderan lo mismo.
El bienestar (o utilidad, felicidad, satisfacción) es el bien deseable que debe guiar la
política. Los padres del utilitarismo son, sobre todo, los filósofos y economistas in­
gleses Jeremy Bentham, James Mili y su hijo John Stuart Mili.
La consecuencia del utilitarismo en términos de distribución de renta en la socie­
dad se basa en el supuesto de utilidad marginal decreciente del dinero que ya hemos.
presentado en la sección anterior. Dado que el dinero genera mayor utilidad en ma­
nos de los pobres que de los ricos, el utilitarismo propone que el dinero se reparta de
orma más igual (equitativa) entre los miembros de la sociedad. El objetivo es que el
conjunto de utilidad o bienestar de la sociedad sea el máximo. Podría parecer que
este máximo se consigue cuando todo el mundo percibe las mismas rentas, cuando
nadie es más rico que otro, siguiendo el supuesto de utilidad marginal decreciente.
Sin embargo, eso no es así. La explicación es interesante, porque describe en parte la
relación entre eficiencia y equidad. Parece razonable suponer que las personas teñe-
mos más incentivos a esforzarnos si nuestros ingresos dependen de nuestro esfuerzo.
Si al esforzarnos mucho recibimos exactamente lo mismo que si nos esforzamos po­
co o nada, tendremos tendencia, quizás, a adoptar una actitud más relajada, o a pro­
ducir menos. Por lo menos es lo que se detecta en la práctica en diversas circunstan­
cias. Así, el reparto sería muy equitativo, pero en cambio la cantidad a repartir no
sería tan alta como podría serlo si los incentivos al esfuerzo fueran más adecuados.
En consecuencia, el utilitarismo no promueve la igualdad total de ingresos, sino un
«mejor» reparto de los mismos, hasta el punto en el que la cantidad de bienestar con­
junto de la sociedad sea máximo.

7.4.2. M a x im in

El segundo criterio que examinaremos se inspira en el influyente libro del filósofo


norteamericano John Rawls de 1971, Una teoría de la justicia. Al plantear qué políti­
ca sería la justa, Rawls considera que ésta sería la que mejorara la situación de los
más pobres, por ejemplo transfiriendo renta del conjunto de la sociedad hacia las per-

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 191

sonas con menos ingresos. Este proceder sigue un criterio maximin, es


decir, de maximizar el bienestar de las personas con menores rentas.
Es como si maximizáramos el bienestar en una sociedad extremada­
mente adversa al riesgo, donde la preocupación básica fuera por lo que
sucedería si nos «tocara» estar en la situación del individuo más pobre.
Parecería a primera vista que este criterio debiera llevar a una so­
ciedad totalmente igualitaria, si el reparto hacia los más pobres se rea­
liza repetidamente. Al final, mejorando siempre al más pobre, todo el
John Rawls
mundo tendría lo mismo. Sin embargo, los seguidores de la filosofía
(l 921-2002).
de Rawls no abogan por este resultado. De forma parecida al argu­
mento aducido por el utilitarismo, la igualdad total resultaría en una
cantidad menor de riqueza en el conjunto de la sociedad, debido a la menor intensi­
dad de los incentivos a producir, lo que comportaría que la renta de la persona más
pobre no fuese máxima. Seguramente, dejar algo de desigualdad repercutiría en
mayor producto global e incluso en un mayor nivel de riqueza para el individuo peor
situado (que es el objetivo de una política maximin).

w -

7.4.3. Libertarismo %

El último criterio que discutiremos, el libertario, es muy distinto a los otros dos. Qui­
zás el representante más conocido de esta posición sea el filósofo Robert Nozick
(compañero en la Universidad de Harvard de John Rawls, aunque de
pensamiento bien distinto), con su libro de 1974, , Estado y
utopía. Según esta filosofía, no es «la sociedad» como tal la que obtie­
ne rentas, sino sus individuos, y el Estado no tiene legitimidad para
quitar rentas de unos y dárselas a otros en nombre de «la sociedad». Si
alguien personalmente desea hacerlo, es libre de traspasar riqueza a
otra persona. Además de estas transferencias voluntarias, debería ser
básicamente el esfuerzo de cada uno y su habilidad lo que determinase
Robert Nozick
(1938-2002).
el nivel de renta de los individuos. Así, desde esta perspectiva el papel
del Estado queda muy disminuido. Debería, eso sí, evitar que se pro­
duzcan repartos de renta de forma no consentida (los robos, por ejemplo), y vigilar
también el cumplimiento de los acuerdos voluntarios entre los individuos, pero poco
más. En ningún caso distribuir renta como tal, contrariamente a las dos filosofías an­
teriores.
El énfasis de este enfoque está no en el resultado (el nivel de renta de cada indivi­
duo), sino en el proceso (de lo que depende que se consiga un nivel u otro). El Estado
puede intervenir para garantizar las reglas del juego, lo que incluye la igualdad de
oportunidades. Pero una vez establecidas las reglas, una vez garantizada la igualdad
en la posición de salida, el éxito depende de cada individuo. Así, respetar los incenti­
vos al esfuerzo ocupa un lugar central en esta forma de interpretar la equidad. En esta
misma línea está la teoría de John Romer, en defensa de la igualdad de oportunidades
v

versus la igualdad de rentas, o resultados.

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192 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Como vemos, no hay unanimidad en qué criterio debe utilizarse para analizar la
desigualdad de rentas en la sociedad, ni en cómo evaluar las políticas distributivas.
El lector probablemente se haya decantado por alguno de los tres, o puede que por
algún otro, pero parece difícil que todos los lectores opten por el mismo. Esta falta de
consenso explica, aunque sólo en parte, el que la economía ponga mayor énfasis en
los criterios de eficiencia que en los de equidad. Pero incluso si nos ponemos de
acuerdo en un criterio, nos quedan todavía otras dificultades por sortear. Aquí vere­
mos una de ellas, que es la de la medición de la desigualdad, sobre la que tampoco
hay consenso.
----------- —,---- . - ■ H N
R e c u a d r o 7 .7
FORMAS DE REPARTO DE RENTA

En el Capítulo 2 comentábamos que según los más ricos. Los impuestos progresivos,
el primer teorema del bienestar, los merca­ por el contrario, son aquellos mediante los
dos perfectamente competitivos llevan a si­ cuales los más ricos pagan más en propor­
tuaciones (asignaciones de recursos o canti­ ción a su renta y los más pobres menos
dades de bienes) eficientes en el sentido de (el porcentaje de pago, o tipo impositivo,
Pareto. Veíamos también que, según el se­ «progresa» a medida que los individuos son
gundo teorema del bienestar, repartiendo de más ricos).
forma distinta la renta y dejando actuar a los El segundo problema de los impuestos de
mercados competitivos, éstos llevaban de cuantía fija es que sólo mantienen la propie­
nuevo a situaciones Pareto óptimas. Final­ dad de no distorsionar los incentivos si no se
mente, vimos también en el Capítulo 3 que trata de montantes excesivos. En cambio, si
poner un impuesto a un producto en un mer­ son demasiado altos, y sobre todo si dan pie
cado competitivo (en el que no existen fa­ a una redistribución menos desigual de la
llos de mercado como las extemalidades o renta, aparecen distorsiones de otro tipo: se
bienes públicos) conlleva una pérdida de modifican los incentivos para esforzarse en
eficiencia. En este contexto anunciábamos la producción, para generar rentas. A menu­
que había mejores formas de recaudar dine­ do se presenta esta idea mediante la figura
ro que poniendo impuestos sobre el consu­ de una tarta. La equidad corresponde a la
mo. Así, recaudar impuestos directos de forma en que se cortan los trozos a repartir,
cuantía fija por persona habitualmente se más pequeños o más grandes. La eficiencia
considera mejor. Se trataría de impuestos tiene r°elación con el tamaño de la tarta. Si
cuyo importe para cada individuo no depen­ sabemos que nos va a tocar un trozo de un
de de cómo éste actúe. Por ejemplo, se tamaño determinado con independencia de
podría recolectar un impuesto de idéntica en cuánto hayamos contribuido a la taita,
cuantía de cada individuo. Estos impuestos probablemente bajarán los incentivos a es­
tienen la ventaja de no distorsionar los mer­ forzarnos mucho en nuestra contribución.
cados, pero suelen tener por lo menos dos En cambio, si el tamaño del trozo que nos
inconvenientes. En primer lugar, en su re­ quedamos depende del esfuerzo, el incenti­
caudación, son impuestos regresivos. Eso vo tenderá a ser mayor.
significa que en proporción los más po­ Volviendo a la política de impuestos, se
bres terminan pagando más a su renta que suele discutir en economía cuál sería la for-

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 193

ma más «justa» de distribuir la carga que ñas que gozan del mismo ingreso, pero una
suponen. Veamos brevemente algunas op- viviendo sola y la otra con varios hijos en
ciones. Una posibilidad es la de aplicar un edad escolar, paguen la misma cantidad de
principio de capacidad de pago. Así, los impuestos? Otra posibilidad es guiarse por
impuestos deberían reflejar la capacidad de el principio de los beneficiados. La idea es
pago de los ciudadanos. De este principio que las personas paguemos impuestos de
se derivan dos conceptos muy utilizados, acuerdo a cómo nos beneficiamos de ellos.
como son los de equidad horizontal y equi­ Así, por ejemplo, los impuestos que se des­
dad vertical. Siguiendo un principio de tinan a la construcción y mantenimiento de
equidad vertical, los más ricos deberían las carreteras deberían, bajo este principio,
contribuir más que los más pobres. Este cri- recaudarse de sus usuarios y no de la pobla-
terio de equidad vertical es el que da origen ción en general. Aplicando este principio,
a la idea de impuesto progresivo o regresi- seguramente los ricos terminarían pagando
vo, ya discutida en este recuadro. De acuer- más que los pobres, en la medida que sean
do a la idea de equidad horizontal, las perso- más beneficiarios de los bienes y servicios
ñas de un mismo nivel de renta deberían provistos por el sector público. De hecho, el
soportar la misma carga impositiva. Estos principio frecuentemente aludido en el cam-
conceptos no están exentos de problemas, y po ambiental de quien contamina paga se
en la práctica no se suelen aplicar a rajata- corresponde con este principio, que se podría
bla. Por ejemplo, ¿sería justo que dos perso- reformular como quien se beneficia paga.
J

Medidas de desigualdad
La medición de la desigualdad de renta en la sociedad no es algo inmediato ni nece­
sariamente simple. La forma de medirla suele utilizar índices de desigualdad. Se han
propuesto varios.

7.5.1. Varianza
i

Seguramente el más sencillo es el del coeficiente de la varianza. Este es un concepto


con el que quizás el lector esté ya familiarizado, por ser muy común en estadística.
Se trata de medir la renta de cada miembro de la sociedad y de encontrar la varianza
de la media de estas rentas (o su raíz cuadrada, que daría lugar a la desviación están­
dar). La varianza (V) mide pues la desigualdad a través de la dispersión de la renta de
los individuos respecto de la media. Se expresa como

( / “ A0

donde / es la renta del individuo i, p es la renta media de las n personas de la socie­


dad considerada. Citando se trata de magnitudes directamente comparables, coefi­
cientes V mayores indican distribuciones más desiguales. Una de sus desventajas, a

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194 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

efectos comparativos, es que resulta muy sensible a incrementos generalizados de los j


ingresos. Es sensible también a la unidad de cuenta. Por ejemplo, para una misma
sociedad, el valor de V medido en pesetas sería mucho mayor que la varianza medida i
en euros.
* ■

S | ' ^ ’ '»• v í V * Í V '*X y X ^ V\ . ’í , X * v ' i . ^,v V. •' < *. •> * / ' *" v ' ‘ v* , •*’ v#*. ,. v y . ’ > •- ** *’ , / 7 *v'' ^ .v *'•' V J l

7.5.2. C oeficiente de variación

Una forma de corregir este problema de sensibilidad al orden de magnitud de los -


valores es utilizar el coeficiente de variación (C)- Se trata de «normalizar» el índice •
anterior, dividiendo la desviación estándar (o raíz cuadrada de la varianza) por la me­
dia. Su expresión matemática queda por tanto

y /v
c = —

Cuanto mayor sea C, más desigualmente repartida estará la renta

.*A ‘ A '.y/A W /.'

7.5.3. V arian za del lo g aritm o de la renta

En la misma línea, otra medida algo más sofisticada es la Varianza del logaritmo de
la renta ( H)
. Formalmente:

Cuanto más se acerque a cero el resultado, más «equitativa» se considera la dis­


tribución de renta. Esta transformación otorga un mayor peso a las transferencias a
niveles más bajos de renta. Como desventaja, comparte con las dos anteriores que ^
sólo refleja diferencias respecto a la media.

¡¡7.5.4. índice de Gini f


Un índice seguramente entre los más utilizados y algo más elaborado es el llamado
índice de Gini. Para explicarlo, lo haremos gráficamente, a partir de las denominadas
curvas de Lorenz (o de concentración de renta) y las curvas de concentración de
gasto. Empecemos por la curva de Lorenz. Se trata de una representación gráfica de
un cuadro en el que sus lados indican porcentajes, entre 0 y 100, de renta y pobla­
ción. La población queda ordenada de izquierda a derecha, desde el individuo con
menos renta hasta el individuo con más renta, como indica el Gráfico 7.1. Interprete­
mos primero la diagonal, que es la línea de referencia. Situémonos, por ejemplo, en
el punto del 20 por ciento de la población y 20 por ciento de la renta. La interpreta­
ción de este punto sobre la diagonal es que el 20 por ciento de la sociedad más pobre

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 1 95

% de la población

Gráfico 7.1. Representación gráfica de la curva de Lorenz.

acumula el 20 por ciento del total de renta de la sociedad. El lector puede repetir la
interpretación para otras cenólas (porcentajes), por ejemplo el 50 por ciento, el 80
por ciento o el 100 por ciento. Podemos comprobar, pues, que la diagonal es la
representación gráfica de la distribución de renta completamente igualitaria en la
sociedad.
Interpretemos ahora la curva, representativa de la concentración de renta en una
sociedad no totalmente igualitaria. Tomemos de nuevo el 20 por ciento de la pobla­
ción más pobre. Ahora, la curva nos indica que este 20 por ciento acumula mucho
menos del 20 por ciento de la renta. Aproximadamente, acumula un 4 por ciento. El
50 por ciento de las personas con menos renta acumulan todas ellas juntas sólo alre­
dedor del 20 por ciento de la renta de toda la sociedad. El 80 por ciento de las perso­
nas más pobres acumulan aproximadamente la mitad de la renta total. Y el 100 por
ciento de la sociedad acumula necesariamente el 100 por ciento de la renta también.
Vemos pues, que esta curva representa la concentración de renta (la curva de Lorenz)
de una sociedad con desigualdad. El lector puede comprobar que si la curva estuviera
más alejada todavía de la diagonal (y recordemos que la diagonal representa la situa­
ción de total igualdad), la sociedad sería aún más desigual. Y también puede compro­
bar cómo una curva que estuviera entre la comentada y la diagonal representaría una
sociedad con desigualdades, pero no tan desigual como la descrita en el Gráfico 7.1.
Explicada la interpretación de la curva de Lorenz, pasemos ahora a presentar el
índice de Gini. El índice de Gini está directamente relacionado con el valor del área
que queda entre la curva de Lorenz real y la diagonal. En el Gráfico 7.1 esta área
corresponde a la zona rayada. Pues bien, el índice de Gini es el doble de esta área

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196 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

cuando en los ejes representamos proporciones de población y renta. De esa manera,


el índice de Gini va entre 0 y 1. Cuando tiene un valor de 0 es que la curva de Lorenz
coincide con la diagonal. Cuando toma valor 1, es un único individuo el que tiene
toda la renta, y la curva de Lorenz coincide con los ejes vertical y horizontal, de
forma que la base del triángulo es 1 (proporción acumulada de población) y su altura
es también 1 (proporción acumulada de renta). El área del triángulo es una mitad,
que multiplicado por dos da la unidad. Es el caso de máxima desigualdad. ;*1
Representar las curvas de Lorenz representativas de diversas sociedades (países,
regiones, etc.), o calculando los correspondientes índices de Gini, podemos comparar í
el grado de desigualdad entre distintas comunidades. Para comparaciones con las
curvas de Lorenz, surge un problema si éstas se cruzan o si las distribuciones corres- l\
pondientes no tienen la misma media, de forma que no es del todo claro qué sociedad
es más igualitaria. Es ésta una de las limitaciones de esta medida de desigualdad. Sea i
como sea, las comparaciones no tienen por qué limitarse a curvas de concentración ||
de renta. Se pueden introducir también curvas de concentración de gasto. Veámoslo
en un ejemplo práctico real.
El Gráfico 7.2 muestra para España las curvas de concentración de gasto en pea­
jes de autopista. Analicemos esta curva con relación a la de Lorenz. El 20 por ciento
de las personas más pobres de España gastan en peajes aproximadamente un 3 por^
ciento del gasto total de peajes en España, al tiempo que acumulan aproximadamente
el 10 por ciento de la renta. El 50 por ciento de la población más pobre realiza el 18
por ciento del gasto en peajes, mientras que acumula casi el 30 por ciento de la renta. I
Una interpretación visual más rápida revela que la curva de peajes está situada al

% de la población

Gráfico 7.2. Curva de concentración de gasto en peajes de autopista en España,


curva de concentración de impuestos y curva de Lorenz.

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EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 197

«exterior» de la de renta, si bien un análisis más fino debería tener en cuenta otros
tactores. Este resultado obtenido a partir de las curvas de concentración queda tam­
bién reflejado en los respectivos índices de Gini. El de los peajes es claramente supe­
rior al de la renta (a la diferencia entre ambos índices de Gini se la conoce como
índice de Kakwani).

El Gráfico 7.2 contiene todavía otra información. Tiene representada la cúrva de


concentración de impuestos. Al estar al «exterior» de la de renta, muestra que las
personas pobres contribuyen en menor proporción de lo que lo harían según su renta.
El sistema fiscal español es, según el Gráfico 7.2, progresivo.

Pasemos ahora a ver lo que ocurre con el transporte privado y público. Ello queda
reflejado en el Gráfico 7.3. Podemos quizás aproximar el transporte privado con el
gasto en gasolina, dado que buena parte del gasto se corresponde con lo que se gasta
en los automóviles privados. Esta curva de concentración cruza a la de la renta, por
lo que no podemos afirmar nada concluyente con la simple comparación de curvas.
Sin embargo, la curva de concentración de gasto en transporte público está por «den­
tro» de la de gasolina, renta e impuestos. Ello indica que las subvenciones al trans­
porte público son «progresivas» (redistribuyen la renta de forma más equitativa).

Finalmente, veamos un caso particular de transporte público como es el metro


(Gráfico 7.4). La correspondiente curva de Lorenz cruza la curva de impuestos, pero
se encuentra al exterior de la de renta y de transporte privado. El lector puede intuir
(en base a esta información) a qué tipo de resultado (más progresivo o más regresivo)
lleva una subvención al transporte por metro, comparado con una misma subvención
al transporte privado, o a las autopistas de peaje.

i oo%
90%

80%

70%

60% Transporte público


Peajes
50% Gasolina
Impuestos
40% Renta

30%

20%

10%

0%
0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Gráfico 7.3. Curva de concentración de gasto en transporte público

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198 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Gráfico 7.4. Curva de concentración de gasto en transporte por metro.

7.5.5. fjOtros índices¡


Además de los índices mencionados hasta ahora para medir la desigualdad en la dis­
tribución de la renta, existen muchos otros. El más popular es seguramente el índice
de Atkinson. Este índice incluye un parámetro que permite introducir en el cálculo el
grado de aversión de la sociedad a la desigualdad. Otro índice en esta línea es el de
entropía generalizada. Sin embargo, el estudio de dichos índices excede las preten­
siones de este libro, a pesar de tener propiedades muy interesantes. {
|

!M Elasticidad renta de la demanda


Terminaremos el capítulo con el concepto de elasticidad renta de la demanda y su
aplicación a bienes ambientales. El concepto de elasticidad nos sirve aquí para medir
cómo varía la demanda de cualquier bien en relación con la renta. Supongamos que
tenemos la suerte de doblar nuestra renta. Si nuestro gasto en recreación ambiental
también se dobla, es que nuestro gasto crece en la misma proporción que la renta. En
este caso decimos que la elasticidad renta de la demanda en recreación ambiental es
para nosotros de 1. Nótese que para cada individuo la elasticidad puede tomar un
valor distinto, y que para un mismo individuo la elasticidad no es siempre constante.
Por ejemplo, si nos vuelven a doblar el sueldo, es posible que aumentemos en más
del doble la demanda recreativa, por ejemplo. Si es así, ahora la elasticidad renta
tendría un valor superior a 1. Técnicamente diríamos que para nosotros este bien es
un bien de lujo. Si en cambio el consumo recreativo ambiental no aumentara tanto

© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 1 99

(no llegara a doblarse), se trataría de un bien básico o bien de necesidad. Se define


como bien básico aquel cuya elasticidad renta está situada entre 0 y 1.
El lector puede comprobar que cuando el consumo es independiente de los cam­
bios en la renta, la elasticidad es 0. Queda todavía otro caso, que es el de elasticida­
des negativas. Por ejemplo, puede que si aumentamos nuestra renta tomemos algo
menos el autobús y algo más el taxi. En este caso, el transporte en autobús Sería un
bien inferior (elasticidad negativa).
Conocer la elasticidad renta del gasto ambiental puede servir en el análisis distri­
butivo de las políticas ambientales. La teoría económica no ofrece ninguna indica­
ción sobre si los bienes ambientales deberían ser inferiores, básicos o de lujo. Se trata
puramente de una cuestión empírica. En consecuencia, algunos estudios han aborda­
do esta cuestión, para tratar de detectar empíricamente qué tipo de bienes son los
ambientales. Uno de los primeros trabajos que analizó esta cuestión utilizaba aplica­
ciones del método de valoración contingente. En concreto se calculó, para diversos
ejercicios de valoración, si la disponibilidad a pagar aumentaba más o menos que
proporcionalmente que la renta. Se dedujo que los bienes ambientales se podían con­
siderar bienes básicos o de necesidad. El Recuadro 7.8 describe un poco más este
estudio.

^ ^ m u i L m j M i c i i i i m m i m i i i w i i m i i n i í m t i n m itim riio iiiiiin iT rm ~ irT iiT O n iiiim im m :im ip o f* M M irtt^ ^


.
.............................. >............. m m m m m ............

Recuadro 7.8
ELASTICIDAD RENTA DE BIENES AMBIENTALES

¿Son los bienes ambientales bienes de lu­ persona que respondía al cuestionario y lo
jo? Para responder a esta pregunta un estu­ que declaraba querer pagar como mucho.
dio utilizó datos procedentes de ejercicios En ninguno de los distintos ejercicios
de valoración contingente que valoraban examinados se detectó que, en promedio, las
diversos bienes ambientales a partir de tra­ personas considerasen el bien ambiental que
bajos procedentes de distintos autores y estaban valorando como un bien de lujo.
países (España, Suecia, Francia, Países Ba­ Ello sugiere que invertir en medio ambiente
jos, Noruega, Finlandia, Estados Unidos y tendería a ser una política progresiva, y que
Australia). Para el cálculo, los datos bási­ en proporción a la renta, beneficiaría sobre
cos de cada ejercicio fueron la renta de la todo a las personas de menos ingresos.
Fuente: Bengt Kristróm y Pere Riera (1996) «Is the income elasticity of environmental improvements less than
one?». Environmental and Resource Economics, vol. 7, pp. 45-55.

Por otra parte, otros estudios han calculado la elasticidad renta a partir del gasto
que los gobiernos destinan a cuestiones ambientales. Así, se compara el presupuesto
por habitante que un gobierno dedica a protección ambiental en relación con su renta
per cápita, para diversos países o gobiernos. La conclusión en estos estudios es la
opuesta a lá anterior. De la actuación de los gobiernos se desprende que el medio

© ITES-Paraninfo
200 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

ambiente ps un bien de lujo (tal como lo definimos en economía, con una elasticidad
superior al). Esta contradicción se puede deber a diferentes factores. Uno de ellos es
que la interpretación que los gobiernos hacen de las prioridades ambientales de la
población les lleva a gastar en medio ambiente más de lo que gastarían los propios
ciudadanos. Pero puede haber también otras explicaciones, algunas de ellas más téc­
nicas, y que se escapan del propósito de este libro.

r
Recuadro 7.9
APLICACIÓN DE LOS ÍNDICES DE DESIGUALDAD AL ANÁLISIS
COSTE-BENEFICIO

Se realizó un análisis coste-beneficio para la hipótesis que se realice sobre la elastici-


dos programas de subvenciones públicas a dad renta de las externalidades ambiénta­
la reforestación en Polonia, uno para tierras les. Si se supone una elasticidad renta de 1,
privadas y otro para tierras de titularidad es decir, que las personas se benefician de
pública, a lo largo de los años noventa del la fijación de carbono en proporción a su
siglo xx. El análisis muestra que ambos renta, entonces resulta una política progre-
programas son socialmente rentables, con siva (en conjunto los más pobres se benefi-
una TIR del 14,4 por ciento y del 5,5 por cian más del programa que los más ricos,
ciento respectivamente. El análisis incluye mirado en proporción a su renta). Sin em-
los costes de inversión, suelo, trabajos sil- bargo, si se supone una elasticidad renta
vícolas y costes de transacción, así como igual a 0, es decir, que todo el mundo se
los beneficios por la generación de produc- beneficia por un igual de la fijación de car-
tos madereros y no madereros, y el benefi- bono con independencia de su renta, enton-
cio ambiental asociado a la fijación de car- ces el efecto es regresivo. Los resultados
bono. obtenidos responden al conjunto de efectos
Adicionalmente, se incorporó un análisis distributivos (todos los costes y beneficios
distributivo basado en la matriz de costes y considerados) y no sólo los ambientales,
beneficios, a la que se le añadieron los im- pero en este caso particular la hipótesis so­
puestos y subvenciones, dado que su efecto bre la distribución del ambiental resulta
no es neutro a efectos de distribución de crítica en la determinación del signo del re-
renta en la sociedad. La medida de desi- sultado distributivo.
gualdad utilizada fue el índice de Gini. Un estudio similar para los bosques de
Los resultados muestran que el signo del Cataluña muestra resultados relativamente
reparto (progresivo o regresivo) de la poli- parecidos, aunque con valores de TIR ne-
tica de subvenciones forestales depende de gativos en el análisis coste-beneficio.

Fuente: Tonatiuh Nájera, Adam Kaliszewski y Pere Riera (2004) «An efficiency and distributional cost-benefit
analysis of an afforestation programme in Poland». Artículo en evaluación.

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I

EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 201

Discutir las diferencias principales entre el método del análisis coste-beneficio y


el multicriterio para la evaluación de políticas ambientales.

Supongamos que dos proyectos de infraestructuras ambientales, el A y el B, se


evalúan mediante dos estudios, un análisis multicriterio y un análisis coste-be­
neficio. Del análisis multicriterio se desprende que el proyecto B es preferido.
Además, supongamos que los dos proyectos reducen el bienestar de la sociedad.
Suponiendo que la tasa de descuento apropiada sea del 4 por ciento, proponer
valores (inventados) para el VAN y la TIR de los proyectos A y B, de forma que
de ellos se desprenda lo arriba descrito.

¿Cuál es la diferencia fundamental de criterio entre una evaluación tipo referén­


dum y otra tipo análisis coste-beneficio? Discutir las ventajas e inconvenientes
dé ambas formas de evaluación basándose en los criterios de Hicks-Kaldor y
Pareto.

Uno de los problemas habituales en el análisis coste-beneficio es el riesgo de


incurrir en doble contabilidad (contar un mismo coste o un beneficio dos veces).
Desde esta perspectiva, si la variante de carretera explicada en el texto hubiera
sido de peaje, ¿se deberían haber tenido en cuenta los pagos o ingresos anuales
por peaje en el Cuadro 7.1? ¿Se trataría de un coste, de un beneficio, o de ambas
cosas a la vez?

En caso de que una política tenga efectos externos ambientales positivos y nega­
tivos, ¿daría igual para el resultado el que entraran en el análisis coste-beneficio
por separado (como beneficio los primeros y como coste los segundos) o que lo
hicieran en forma de saldo anual? ¿Qué ventajas podría tener una u otra forma
de proceder?
l

Si el análisis coste-beneficio de una política de subvenciones ambientales arroja


una tasa interna de retorno del 5 por ciento y nuestra tasa de descuento de refe­
rencia es del 8 por ciento, ¿qué podemos concluir en la evaluación de esta políti­
ca ambiental?

Simular un análisis coste-beneficio de una presa de agua, detallando dos o tres


costes y dos o tres beneficios, ninguno ambiental, para tres periodos, y que dé
una TIR por encima del 4 por ciento de referencia. A continuación añadir una
externalidad negativa que haga que la TIR caiga por debajo del 4 por ciento.

Discutir los criterios utilitarista, maximin y libertario aplicándolos a la distribu­


ción de notas entre los estudiantes de la asignatura >de economía ambiental y de
los recursos naturales.

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1 T
0

202 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

9. Poner un ejemplo de bien que típicamente sea:


a) de lujo,
b) básico (de necesidad), b -
c) inferior. *
*j
10. El siguiente gráfico utiliza, para una cierta región, la curva de Lorenz par;'
representar la distribución de renta y la curva de gasto en servicios ambienta­
les recreativos. ¿Qué se puede decir de la relación entre nivel de renta y gasfc,
ambiental? ¿Se trataría de un bien básico o de lujo? Justificar la respuesta.

% de la población

©ITES-Paraninfo

ft
I

CAPÍTULO

Contabilidad
ambiental

8.1. | Antecedentes
8.2. | Cuentas nacionales
8.3. | Componentes del PIB
8 .4 .1 El PIB como medida de bienestar
8.5. i Medida del PIB con aspectos ambientales
8.6. | La empresa y la contabilidad verde
Ejercicios
MmMMém
204 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

La contabilidad nacional es una forma estadística de resumir de manera sistemática


las actividades económicas de una región o Estado, como por ejemplo el español. I
Tradicionalmente, la contabilidad nacional no ha tenido en cuenta la utilización de !
los recursos naturales y otras acciones con consecuencias ambientales. La contabili- |
dad ambiental añade la dimensión ambiental a la contabilidad nacional. En este capí- tj
tulo abordamos la temática de la contabilidad ambiental, también llamada contabili­
dad verde. En primer lugar describiremos brevemente el desarrollo histórico de la 1
contabilidad nacional. A continuación haremos especial hincapié en el indicador qui- ;i
zás más utilizado de la contabilidad nacional, que es el producto interior bruto (PIB). 1
Discutiremos algunas características del PIB y sus limitaciones como indicador de
bienestar. Mostraremos también cómo puede construirse una medida de producto
«verde» alternativa que al mismo tiempo sea un indicador de bienestar preferible. El
capítulo finaliza con una descripción del estado de desarrollo de la contabilidad am­
biental en el ámbito de la empresa.

Antecedentes

Recuadro 8.1
EL PRODUCTO INTERIOR BRUTO
I
Por producto interior bruto (PIB) entende­ monetarias (euros, dólares, etc.). Lo mismo j ¡
mos el valor de mercado de los bienes fina­ ocurre con muchas de las otras magnitudes
les producidos en el interior de un territorio macroeconómicas que nombraremos. Cuan­
a lo largo de un periodo de tiempo. El do hablemos de consumo, o de exporta­
] periodo de tiempo suele ser de un año o de ciones, o de servicios ambientales, no nos
| un trimestre. El territorio suele coincidir referiremos a las unidades físicas de pro­
con el de los Estados o el de algún otro ám­ ducto, sino a su valor en el mercado. En ¡;
bito administrativo. Así, hablamos por cambio, la inflación la medimos mediante
| ejemplo del PIB español, del PIB argenti­ índices, y la ocupación en número de per­
no, del PIB andaluz, o del PIB europeo. sonas ocupadas.
Decíamos que el PIB es el valor de lo El producto interior bruto corresponde al
producido. La palabra valor la utilizamos valor de la producción final tanto de bienes
| aquí de forma distinta a como la usábamos como de servicios. Se denomina interior
en los Capítulos 5 y 6. Se trata del valor de porque se refiere a la producción y consu-
mercado. En general, el valor de lo produ­ mo dentro del territorio, con independencia
cido se mide por su precio de mercado, con de que las personas que los realizan residan
alguna excepción. Por ejemplo, para los habitualmente o no en este territorio. Otra
| servicios públicos para los que no existe posibilidad sería tener en cuenta solamente
propiamente un precio de mercado compe­ a los residentes habituales. Entonces habla-%li
titivo, su coste se toma como indicador de riamos de producto nacional bruto (PNB).
su valor. El PIB, pues, se mide en unidades Por ejemplo, un trabajador extranjero tem-

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CONTABILIDAD AMBIENTAL 205

poralmente en nuestro país contribuye al precios de mercado (PIBpm o PIBapm). Eso


PIB pero no a nuestro PNB.
t 4 es porque lo valoramos a precio de
i En ocasiones hablamos de producto in- do, o sea una vez le hemos añadido todos
terior bruto y en ocasiones de producto inte- los impuestos (como el impuesto sobre el
rior neto (PIN). La diferencia entre ambos valor añadido) y hemos restado las subven-
reside en si incluimos o no en el cálculo el dones (por ejemplo, las que reciben algunos
«desgaste» del capital utilizado para pro- productos agrícolas). Si sólo incluyéramos
ducción, es decir, la depreciación del capi- los impuestos sobre los productos (como el
tal (máquinas, edificios, etc.), o su amorti- IVA o los impuestos especiales), nos referi-
zación. Este desgaste se produce por la riamos al PIB a precios básicos. Si no in­
utilización de la maquinaria y resto de bie- cluyéramos ningún impuesto ni subvención,
'| nes de capital, por el paso de los años, o entonces tendríamos el producto interior
por obsolescencia. Cuando añadimos la de- bruto a coste de factores (PIBcf o PIBacf).
preciación en el cálculo es porque quere- A coste de factores significa considerando
mos expresar el valor del producto en tér- los salarios (remuneración del factor traba-
minos brutos. Si no se incluye, es que jo) y los beneficios (remuneración del factor
estamos realizando los cálculos en térmi- capital empleado). Esa distinción y otros as­
nos netos. pectos los explicaremos con algo más de de-
Finalmente, aunque no lo explicitemos, tenimiento en su momento, cuando veamos
nos referiremos al producto interior bruto a las tres formas distintas de calcular el PIB.
O

El PIB, junto con otras variables, se utiliza con frecuencia como medida del cre­
cimiento de la riqueza en un país. Se suele pues asumir que los habitantes de un país
con un PIB mayor están mejor que los de otro cuyo PIB sea menor. Así, los indivi­
duos de países con un nivel de bienestar material mayor, medido éste a través del
PIB, estarían mejor que aquéllos residiendo en un país en el que se disfrute un nivel
de bienestar material inferior. Es relativamente fácil de argumentar este punto de vis­
ta, al incorporar el PIB varios componentes importantes. Así, la prosperidad suele
conllevar por ejemplo servicios sanitarios y educativos, o infraestructuras mejores,
comparados con los que se disfrutan en países que crean menos riqueza. Una mayor,
renta significa asimismo un menú de opciones más rico en cuanto a viajes, servicios
de salud, etc. No obstante, la función del PIB no es la de ser utilizada como medida
de bienestar, tanto menos si consideramos sus limitaciones en lo que respecta al tra­
tamiento que realiza de los recursos naturales y del medio ambiente.
I
En los últimos años, se ha empezado a explorar en mayor detalle la utilidad de la
contabilidad ambiental para los gobiernos y las empresas. Así, se ha producido una
demanda hacia sistemas que proporcionen informaciones más exhaustivas en cuanto
al uso de recursos, y que incluyan más información que la incorporada en los siste­
mas de contabilidad tradicionales. Una empresa, por ejemplo, necesita a menudo más
información que aquélla estrictamente de costes e ingresos monetarios en lo que res­
pecta al uso de sus recursos. De la misma manera para un país, el poder acceder a un
sistema de información más detallado puede resultar asimismo interesante.

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206 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Nuestro punto de partida será el de los sistemas de contabilidad ¡


nacional tradicionales. Por limitaciones de espacio y pese a encontrar- ¡
se en pleno auge, hacia el final del capítulo trataremos menos extensa- )¡
mente cuestiones paralelas que se están dando en el ámbito de la con-,
tabilidad empresarial.
El actual sistema de cuentas tiene muchos predecesores. William
Petty, un genio del siglo xvil, inició sus investigaciones en lo que él
denominó aritmética política. Sus compilaciones incluían estimado- ,
nes de la renta nacional que aún hoy son útiles al calcular aspectos •
W illiam Petty
tributarios, por ejemplo. Puede que motivado por los cálculos de
(1623-1687). Petty, el científico francés Antoine Lavoisier escribió en 1791 de for­
ma algo optimista:
«Un trabajo de esta naturaleza cubre en unas pocas páginas to­
da la ciencia económica. La economía será una disciplina inne­
cesaria, puesto que los resultados de estas computaciones darán i

respuesta a todas las posibles preguntas.»


Otra destacada figura en el temprano desarrollo de las cuentas na-.
cionales fue el economista sueco Erik Lindahl. Este autor presentó en
los años 50 del siglo XX un sistema de contabilidad muy detallado;
basado en la teoría económica neoclásica. Sin embargo, sus esfuerzos
quedaron ensombrecidos por la aparición del Sistema de Cuentas Na­
Antoine Lavoisier cionales (SCN) de Naciones Unidas, en la actualidad el estándar a ni­
(1743-1794). vel mundial en contabilidad nacional. El SCN fue desarrollado duran­
te la segunda guerra mundial por los ganadores del premio Nobel
James Meade y Richard Stone. Ambos desarrollaron el sistema bajo la supervisión
del economista británico John Maynard Keynes. El objetivo principal era el de des­
cribir la economía de guerra de una forma estructurada, a fin de proporcionar una
base útil para la planificación económica.
Los sistemas de cuentas se han ido perfeccionando en las últimas décadas. Las
publicaciones de algunos organismos internacionales como las Naciones Unidas y la

John Maynard Keynes James E. Meade Richard Stone


(1883-1946). (1907-1995). (1913- 1991).

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t

CONTABILIDAD AMBIENTAL 207

OCDE han impulsado criterios de homogeneización de los sistemas contables nacio­


nales, que facilitan las comparaciones. En 1968 el departamento de estadística de las
Naciones Unidas revisó el SCN, dando lugar al denominado SCN-68. Ya en los años
setenta, en toda Europa se generalizó el nuevo sistema conocido como Sistema Euro­
peo de Cuentas Integradas (SEC) que es una adaptación del SCN a la estructura eco­
nómica de los países europeos. En Europa está en vigor el SEC-95 (o sea, de 1995).
1-

El SCN está sujeto a continuas revisiones, y las más recientes incluyen nuevas
formas de tener en cuenta los recursos naturales. El desarrollo de las cuentas nacio­
nales se ha dado en varios aspectos. Así, se han desarrollado distintos tipos de cuen­
tas que complementan las convencionales. Las Naciones Unidas han desarrollado un
particular sistema de «cuentas satélite» (cuentas más detalladas para un cierto sector,
como el ambiental, el turístico, etc.). La cuenta satélite permite cubrir mejor la conta­
bilidad asociada al medio ambiente. Ello se realiza en el marco del denominado Sis­
tema de Cuentas Ambientales y Económicas (System of Economic and Environmen-
tal Accounts, SEEA), y constituye un intento para coordinar estadísticas de economía
y del medio ambiente. El primer documento de orientación metodológica para reali­
zar un SEEA se publicó en 1993, aunque han ido apareciendo nuevas versiones desde
entonces. Más adelante describiremos brevemente esta propuesta, pero antes debe­
mos familiarizarnos algo con los sistemas tradicionales de contabilidad nacional.

Cuentas nacionales
El papel relevante de las cuentas nacionales en una economía moderna es innegable.
Apenas transcurren días sin que alguna de sus estadísticas importantes sea titular en
la sección de economía de los medios de comunicación. Así pues, las nuevas cifras
de crecimiento económico, los últimos datos sobre ahorro, o las noticias recientes
sobre la evolución del consumo, son con frecuencia protagonistas de la actualidad
diaria.
Resulta útil pensar en la contabilidad nacional como una forma estadística de re­
sumir de manera sistemática las actividades económicas de la nación (o de otro terri­
torio), los resultados económicos y sus relaciones con el resto del mundo, para un
cierto periodo o en un momento concreto. En un sistema de contabilidad nacional, las
distintas variables (el PIB, las exportaciones, la inversión, los salarios, el consu­
mo, etc.) están integradas y organizadas en diferentes «cuentas». Esto permite abor­
dar una amplia variedad de análisis de interés.
A las cuentas nacionales se les han atribuido tradicionalmente cuatro funciones
principales:
(i) Describir el estado de la actividad económica de un país correspondiente a
un cierto periodo de tiempo.
(ü) Identificar cómo la renta (o sea, los ingresos de la población) y sus cambios
afectan al consumo y a otras variables económicas.

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208 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

(iü) Hacer posible el análisis de la estructura de la economía en su totalidad


por distintos sectores.
0 ]

(iv) Facilitar la elaboración de presupuestos nacionales y de otras predicciom


necesarias para la política económica, anticipando sus consecuencias.
#

El sistema SEC-95 distingue tres subconjuntos al describir el sistema de cuentan


Uno es la cuenta de bienes y servicios. En otro bloque destacamos las denominadc.
cuentas corrientes. A su vez, las cuentas corrientes comprenden la cuenta de produc
ción, la de consumo e ingreso y la de ahorro e inversión. Describen el valor de Ij
producción, las rentas (ingresos) generadas por la producción y los destinos de est£ j
rentas, es decir, cómo se utilizan para consumir, para ahorrar y para comerciar co i
otros países. El tercer subconjunto contiene la cuenta de la relación con el resto dt i
mundo. Cada una de las cuentas se divide en subcuentas, permitiendo una radiografí í
más detallada de las operaciones realizadas en la economía.

Un principio básico de un sistema de contabilidad nacional es el hecho de qu


cada transacción tiene varias lecturas. Lo que para un agente de la economía re
presenta un gasto, será un ingreso para otro. Esta idea puede resultar más intuitiv
utilizando lo que se conoce como el flujo circular de la renta, desarrollado en el Re
cuadro 8.2.
in w rm T rn w iiw iiu i w i u w « a »>sv>n;» « > n n rfiiwiiHiTiw :w H w iw ñ rw i'iiw > i!m ie iiiiw w w > w iw » iiiiiii nw>!rijii*i j iw rrin iw iin n u M m m m u M iim i iw p u

Recuadro 8.2
EL FLUJO CIRCULAR DE LA RENTA

Mediante el diagrama del flujo circular de lizan pagos a las empresas por la compra ¡
la renta pueden representarse las relacio­ de los bienes y servicios que éstas produ- j
nes que se dan entre los diferentes sectores cen. Estos pagos supondrán unos ingresos J
de la economía, a través de la recepción de para las empresas que producen y venden •
ingresos y de los pagos que ejercen cada los bienes y servicios.
uno de los colectivos, así como de los bie­ Si incorporamos al sector público en el
nes que intercambian. Distinguimos los si­ esquema anterior, tendremos lo siguiente. I
guientes grupos de agentes: las familias, El sector público proporciona algunos ser- j
las empresas, el sector público y el resto vicios que utilizan tanto las familias como
del mundo. Aquellas relaciones que repre­ las empresas (sanitarios, educativos, provi­
sentan pagos o ingresos aparecen en el grá­ sión de infraestructuras), y éstas a su vez
fico en una elipse y en cursiva. pagan impuestos. Por su parte, el Estado
Pensemos por ejemplo en las relaciones transfiere rentas a algunos colectivos en
que se dan entre las familias y las empre­ forma de pensiones, subsidios al desem­
sas. Las empresas pagan salarios a sus tra­ pleo, subvenciones a empresas, el pago de
bajadores, dividendos a sus accionistas, o salarios a quienes trabajan para el Estado, o
alquileres, que van a parar a manos del co­ de intereses a aquellos que les han prestado
lectivo familias. Las familias también rea­ dinero. Teniendo en cuenta el resto de paí-

I
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CONTABILIDAD AMBIENTAL 209

ses, es común utilizar bienes que se han vender en el extranjero (exportaciones),


producido fuera dél país (importaciones) Hemos representado la relación entre el
i anto para consumir como para producir resto del mundo y la economía del país a
¡
otros bienes, y de la misma forma, no todo través de las empresas suponiendo que és­
to producido domésticamente se usa en el tas realizan todas las importaciones y ex­
i propio país, sino que una parte se suele portaciones.
£
Pagos~~2^>
ti Importaciones
Resto del
i\ mundo
«r
iS (^Ingres o s ^ ) Exportaciones Ingresos
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C impuestosto
Empresas Sector Público Familias
C su p u esto s}
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18
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U

La lección básica del flujo circular de la larios, intereses, pensiones, etc.) equivale
renta es que cada transacción tiene dos lee- al total de rentas que emplean, bien para
f turas, y que para que se realice un cierto consumir bienes o servicios, bien para aho-
i pago en concepto de compra es necesario rrar. El gasto de cualquier persona debe
!i
que antes se haya recibido un cierto ingre- constituir un aumento de renta para algún
so de renta asociado a la venta de algún otro. Por tanto, en el equilibrio el valor de
bien o servicio, y ello para todos los agen- la producción se iguala al de la demanda, y
F

tes de la economía. Por ejemplo, para las a su vez éstos se igualan a las rentas,
familias, el total de rentas que reciben (sa-

Probablemente el dato en sí mismo más importante que surge de las cuentas na­
cionales sea el del PIB. A continuación describimos las diversas aproximaciones que
permiten su cálculo y discutiremos la idoneidad de su uso como indicador de bienestar.

Componentes del PIB


u Antes de entrar en una discusión detallada sobre los pros y contras de este indicador,
describiremos cómo se calcula en la práctica. Se puede definir el PIB como el valor
i de la demanda final de la producción efectuada dentro de un país, correspondiente a
un cierto periodo de tiempo, habitualmente un año o un trimestre. Obsérvese que el

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210 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

PIB no describe el valor de toda la producción. Por ejemplo, si al precio de todos los
componentes de un ordenador le sumamos el precio del propio ordenador estaríamos
contando doblemente su valor, porque el precio de un procesador lógicamente ya está
incluido en el precio del ordenador.
Hay tres definiciones equivalentes del PIB, que exponemos a continuación, según
se mire desde el lado de la oferta (producción), desde el de las rentas que se generan,
(vía de ingreso), o desde el lado de la utilización de estas rentas (o vía del gasto), j
1
La primera de las vías es la de producción u oferta. Las actividades productivas*:
generan bienes y servicios, y se trata de calcular la aportación de cada actividad, o*
valor añadido, al proceso productivo. La expresión sería:
PIBpm = suma delos valores añadidos brutos + impue
El valor añadido resulta de la diferencia entre lo que a una empresa le cuestan los
inputs (materias primas, energía, productos semielaborados, etc.) y lo que ingresa
cuando vende su producto, bien a la empresa siguiente bien al consumidor final. Si el
valor añadido es bruto, entonces incluye la depreciación del capital, y podemos tener
en cuenta asimismo la intervención del Estado incorporando los impuestos netos
sobre los productos (o sea, la diferencia entre impuestos y subvenciones, tal como se
explica en el Recuadro 8.1). Así, para cada empresa calcularíamos el valor añadido
bruto a precios de mercado (VABpm), y de la suma de todas resultaría el PIB (-a
precios de mercado). Al ir sumando el valor añadido se consigue evitar el problema
de la doble contabilización al que anteriormente nos referimos.
La segunda vía de cálculo es la del ingreso o renta. Así, el valor de todo lo que se
produce se reparte entre los factores de producción (capital y trabajo) que colaboran
en el proceso productivo, y es igual a los ingresos de trabajadores e inversores de
cualquier tipo. Por esta vía el valor del PIB resulta de: ,
.' i
PIB = salarios + beneficios + (impuestos —subsidios) = RIB
donde RIB denota la renta interior bruta. O sea, que visto desde la perspectiva de los ’i
ingresos, el valor de lo que se produce en un territorio va a parar a los trabajadores en
forma de salarios o a los inversores en forma de beneficios ( indica aquí j
toda renta no salarial). Finalmente, como el Estado también interviene, parte de las {
rentas generadas al producir van al Estado en forma de impuestos, aunque una parte ,
retorna en forma de subsidios. Eso es lo que nos permite calcular el PIB a precios de *
mercado, tal como se comentó en el Recuadro 8.1. I
$ I
La tercera vía de cálculo es la del gasto o demanda. Así, los agentes económicos i
realizan gastos equivalentes al total que han ingresado. Por esta vía, el cálculo del
PIB resulta de:
PIB = consumo + inversión bruta + exportaciones —importaciones = GIB
donde GIB corresponde al gasto interior bruto. Esta definición nos indica que lo que
producimos en el interior de un territorio o bien lo consumimos en el interior de este
territorio (consumo total - importaciones), o bien lo invertimos, o bien lo consumen
en otros territorios (exportaciones). El consumo y la inversión suelen a su vez di vi-

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CONTABILIDAD AMBIENTAL 211

dirse en privados y públicos, referidos estos últimos a los realizados por el Estado.
En una economía cerrada (sin relaciones con otros países), el PIB sería simplemente
ií la suma de consumo e inversión. Otra forma de expresar la inversión es mediante la
variación en el stock de capital, dado que en definitiva es lo que hace la inversión,
crear capital, variar la cantidad del mismo. Esta creación de capital es lo que de he­
cho se corresponde con la partida denominada formación bruta de capital fijo. De
forma análoga, la inversión incluye la variación de existencias, o el cambio acaecido
desde el principio al final del periodo en la cantidad de materias primas, productos
finales, etc., de las empresas. Más adelante, al presentar la propuesta de contabilidad
ambiental recuperaremos esta aproximación de variaciones en los stock, referidas en­
tonces al capital natural.

La primera de las tres expresiones da lugar propiamente al PIB, la segunda a la


llamada renta interior bruta (RIB), y la tercera expresión al gasto interior bruto
(GIB). En realidad la magnitud económica, o cantidad de euros, es la misma en los
tres casos, sólo que a veces se denomina el concepto de una forma u otra atendiendo
a cómo se desglosa. Por tanto, aunque conceptualmente se pueda distinguir entre es­
tas tres magnitudes, contablemente PIB = GIB = RIB.

I
R e c u a d r o 8 .3

EQUIVALENCIAS

El producto interior bruto (PIB) es el valor PNN son los indicadores más habitualmente
todos los bienes y servicios que se producen utilizados para medir el conjunto de la acti-
en el interior de un determinado territorio, vidad economica
sin tener en cuenta que al producir se depre- nado periodo de tiempo.
cian las máquinas y otro tipo de capital en En contabilidad nacional, el valor del
general. Si descontáramos esa depreciación, exactamente el mismo
entonces en lugar de producto interior bruto mismo
(PIN), que el de la renta. Son identidades conta­
O sea, PIB = PIN bles. El producto resulta de adoptar como
Por otro lado, si el PIB no tuviera en base la producción de bienes y servicios; la
cuenta todo lo que se produce en el interior renta, de utilizar como perspectiva los in-
, del territorio de referencia, sino lo produci- gresos de las familias e inversores o produc-
do por los «nacionales» o ciudadanos de es- tores (salarios y otras rentas); y el gasto, de
\ te territorio, hagan éstos su actividad en él o enfocar el cálculo en base a las utilizacio-
excluyéramos nes que se hacen (consumo y ahorro o in-
producto generado por los no nacionales en versión). Son tres formas de entender una
nuestro territorio, entonces estaríamos mi- misma magnitud. Además del PIB y el
diendo el producto nacional bruto (PNB). Y PNN, las otras magnitudes más habitual-
si a éste le quitamos la depreciación del ca- mente utilizadas son quizás la renta nacio-
pital utilizado, entonces nos queda el pro- RNB)
ducto nacional neto (PNN). El PIB y el nacional neto o bruto (GNN o GNB).

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212 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

Ciertamente, existen numerosas dificultades al intentar estimar el PIB en la prác­


tica. Se precisa mucha información, con diferentes niveles de calidad, que necesita
ser integrada y procesada. Un problema difícil tiene que ver con los cambios de cali- |
dad, es decir, con el hecho que algunos bienes pueden hacerse más baratos al tiempo j
que «producen» más, o generan más servicios, como pasa con los ordenadores, por !i
ejemplo, que cada vez proporcionan mejores prestaciones. Así, por su precio de ven­
ta parecería que realizamos menos producto (PIB), cuando en realidad estamos
aumentando nuestra capacidad. Además, quedan aún por resolver de forma satisfac-
toria algunos problemas de clasificación y de valoración. Por ejemplo, la educación
se valora teniendo en cuenta sus costes de producción, y se considera un consumo
más que una inversión. i

©néJ El PIB como medida de bienestar


Pese a las variadas dificultades que rodean la medición del PIB, esta variable da se­
ñales útiles respecto a cómo se desenvuelve la economía, y en definitiva el bienestar
del conjunto de la población. La principal función de la variable PIB es la de medir la j
actividad económica, de manera que buena parte de las críticas que se le han dirigido. 1
por ser un mal indicador del bienestar social van mal dirigidas, puesto que el PIB no ¡
se concibió para ser utilizado como medida de bienestar. A continuación se discuté \
bajo qué circunstancias puede el PIB interpretarse como un índice de bienestar. j
Empecemos por ver algunas de las críticas más comunes. |
• El trabajo doméstico no está incluido. *
I
• No se detallan los aspectos distributivos.
• El valor del ocio no está reflejado en el PIB.
m

• No incluye aspectos que pueden ser relevantes para el nivel de bienestar. J


, . s 1
• Los daños ambientales no se recogen de forma explícita.
* |¡¡

• Los recursos naturales no reciben el tratamiento adecuado. ié


1

La mayor parte del trabajo doméstico no está retribuido pecuniariamente, por lo ,


que el PIB no lo incorpora. Nótese también que el PIB puede asimismo incrementar- '
se si la persona más rica mejora lo suficiente sus ingresos, aunque todos los demás
individuos empeoren. En otras palabras, no recoge información de aspectos distribu­
tivos. Para solucionar estas cuestiones se necesita de una definición de PIB más ex­
haustiva, más amplia, y se han realizado algunos esfuerzos en esta línea. El valor del
tiempo de ocio tampoco está directamente reflejado en el PIB. Podríamos tener dos i
países con idéntico PIB, donde en uno el promedio de la semana laboral sea de 40
horas, y en el otro de 60 horas. Podríamos argumentar razonablemente que el bienes­
tar es mayor en el país en el que se disfruta de más ocio, aunque su PIB fuera el 1
mismo. Además, ciertos aspectos que pueden ser relevantes para el nivel de bienes­
tar, como la tasa de crimen, o tantos otros, no quedan reflejados.

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CONTABILIDAD AMBIENTAL 213

Para el propósito de este libro, son las dos últimas críticas enumeradas las que
más nos interesan, las referidas a la cuestión de hasta qué punto la calidad ambiental
queda reflejada en el PIB. De hecho, no es correcto decir que la calidad ambiental no
se incluye en absoluto. Para verlo, recordemos el ejemplo de la fábrica de papel y la
pesquería del Capítulo 2. Supongamos que las emisiones de la papelera han aumenta­
do durante el año. Esto conduce a una menor producción para la pesquería,, y esta
reducción quedará reflejada en el PIB. .
En sus versiones anteriores, el sistema de cuentas nacionales (SCN) había incor­
porado los recursos naturales de forma más bien superficial, si bien la versión de
1993 supuso ya un cambio de tratamiento. La cuestión principal es la de si los recur­
sos naturales pueden considerarse capital productivo o real, y ser así incluidos en el
cálculo del PIB. Tradicionalmente, los recursos naturales como los bosques no ha­
bían sido considerados stock de capital real, en el sentido que tiene en el SCN. En
consecuencia, si un país utiliza parte de su stock de petróleo, esto incrementaría su
producto nacional, mientras que el hecho de que el stock de petróleo sea inferior no
queda reflejado en las cuentas.
Podemos concluir que el PIB, en la forma en que tradicionalmente se computa,
presenta claras deficiencias como medida de bienestar. Sin embargo, el PIB tiene
muchas otras ventajas como indicador. La cuestión central es la de determinar «qué
deseamos medir». Si la actividad macroeconómica es nuestro objetivo, entonces el
PIB puede ser una buena variable a utilizar. Si lo que deseamos es obtener un buen
índice de bienestar, entonces seguramente querremos ampliar los procedimientos
contables de alguna forma. Si lo que queremos es que tenga en cuenta los distintos
aspectos ambientales, entonces deberíamos mejorar este aspecto, tal como se verá
más adelante. De hecho, se han propuesto diversas medidas para distintas finalida­
des, aunque algunas son de difícil interpretación. En el siguiente apartado, examina­
remos la incorporación de aspectos ambientales.

□i Medida del PIB con aspectos ambientales


La introducción de los aspectos ambientales en el sistema de contabilidad nacional se
puede realizar bajo distintos conceptos. Nuestro objetivo en esta sección es el de pro­
poner una forma de conseguir un cálculo del PIB que contemple éstos y otros aspec­
tos de bienestar que el PIB generalmente no recoge. A este nuevo PIB lo podemos
llamar PIB ajustado. Aunque partiremos del concepto de PIB, podría utilizarse de
hecho el de PIN, que reflejaría la variación neta de capital, tal y como hemos señala­
do anteriormente. Veamos algunos de los elementos que debería incorporar.

.5.1. Recursos

Un punto de partida fundamental en la construcción de las cuentas ambientales es la


contabilización de los recursos. En los sistemas contables tradicionales, el stock de

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214 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

recursos está formado primeramente por el stock de capital real, como los edificios,
las máquinas, los ordenadores, etc. En contabilidad ambiental, se adopta una pers­
pectiva más amplia y nos centramos en el stock de recursos en su totalidad, incluidos
los de capital natural. El stock de recursos total puede separarse en tres partes: el
capital natural, el capital real y el capital humano, tal como ya explicamos en el Ca­
pítulo 1. Podemos pensar en nuestros ecosistemas como el capital natural, en analo­
gía con el capital real del sistema económico. De los ecosistemas extraemos agua,
alimentos y muchos otros recursos, ya sean renovables o no renovables, y nos ofre- .
cen muchos servicios. La totalidad de todos los ecosistemas representa una buena
parte de lo que podemos llamar nuestro stock de capital natural. j
El capital humano es un término que refleja la habilidad de los individuos para
combinar y utilizar los factores en la producción. Una persona puede invertir en su
capital humano mediante educación, por ejemplo, y ésta puede afectar de manera im­
portante el flujo de ingresos de toda una vida.
' ’E 1

Si no describimos nuestros recursos de una forma minuciosa, existe un cierto


riesgo de que desaprovechemos el recurso. Así, si sólo nos fijamos en la productivi­
dad de la agricultura y en los precios de los productos agrícolas, no resulta obvio que
obtengamos un buen reflejo de lo que sería una producción de alimentos sostenible
en el tiempo. De hecho, es posible que la productividad en la agricultura sea crecien-.
te, y que a la vez el sustento físico de la producción de alimentos esté siendo socavado.

8.5.2. Servicios a m b ie n ta le s ! |

Existen muchos ejemplos en los que los servicios ambientales no quedan reflejados
ni en el PIB ni en la contabilidad nacional en general. Esto sucede, por ejemplo, para
los bienes ambientales sin precio, como los valores recreativos de los bosques. En
cambio, sí se pueden incorporar en las cuentas ambientales. En los Capítulos 5 y 6
vimos distintas formas de medir el valor de tales servicios en unidades monetarias.
Sin embargo, en las cuentas ambientales, a menudo se utilizan los costes asociados a
la política ambiental como medida del valor de los servicios ambientales. Regulacio­
nes más estrictas conllevan costes para aquellos agentes que tienen que cumplirlas.
Estos costes se utilizan en ocasiones como una aproximación del valor que para la
sociedad tiene el disfrutar de una mejor calidad ambiental.
El economista japonés Kimio Uno fue uno de los primeros en proponer esta clase
de aproximación. Este autor sugirió que puede ser posible utilizar el coste de conse­
guir un cierto objetivo ambiental como base para la valoración. Así, si las autorida­
des deciden que las emisiones de carbono se han de reducir en un cierto porcentaje,
los costes de conseguir dicho objetivo podrían interpretarse como una aproximación
de cuánto la sociedad está dispuesta a pagar por conseguir esa meta. Se ha sugerido a
veces que los impuestos ambientales que actualmente se usan podrían ser utilizados
con el mismo propósito. Para que este método resulte útil, debemos suponer que los
representantes políticos elegidos representan razonablemente bien los sentimientos

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CONTABILIDAD AMBIENTAL 215

de los individuos, que conocen bien sus preferencias y legislan para maximizar su
bienestar conjunto. Hipótesis que se nos puede antojar poco realista.
Mk
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8.5.3. Recursos no renovables 1

Consideremos un país que posee un recurso, digamos petróleo, y que no cómercia


con otros países. Para simplificar, asumimos que no existen sustitutivos para este
producto, ni tampoco progreso tecnológico.. Cualquier petróleo consumido «hoy» no
puede consumirse «mañana», y por lo tanto, la elección consiste en cómo asignar
consumo entre el periodo presente y el futuro. Dados estos supuestos, mostraremos
que el producto nacional en este país sería cero, si lo medimos de forma correcta.
Esto puede parecer bastante extraño, dado que el producto nacional de los países pro­
ductores de petróleo suele ser más bien alto. Esencialmente, este resultado se debe a
un supuesto muy especial, el de que el «petróleo» no se puede utilizar para invertir en
otro stock de capital. En la práctica, el petróleo se comercia en el mercado mundial, y
las ganancias pueden por ejemplo utilizarse para comprar stock en otro país, o para
f invertir en otro stock en el propio país.
Supongamos que nuestro propósito fuera el de derivar un índice de bienestar en
el marco del modelo de país específico que acabamos de describir. Así, ¿cambiará el
bienestar si se producen pequeños cambios en los recursos disponibles? En general,
desearíamos que la medida de bienestar que utilicemos dé información sobre el bie­
nestar presente, pero también sobre el futuro. El consumo de un stock no renovable
conlleva menores posibilidades de consumo futuras. Este hecho debería reflejarse en
nuestra medida de bienestar. Recordemos que al calcular el PIB sumamos las inver­
siones (variación en la cantidad de capital) y el consumo, por lo que añadimos consu­
mo y el cambio en el stock de petróleo. Pero estos dos son equivalentes, porque si
consumimos 100 unidades de petróleo, también hemos sustraído 100 unidades de pe­
tróleo del stock disponible. El PIB, por tanto, sería cero. Nótese que el PIB en el
ejemplo de un único país de arriba, es simplemente igual al valor del consumo final.
i

Supóngase ahora que abrimos el país al comercio con el exterior, de forma que el
petróleo puede ahora intercambiarse por otros bienes en el mercado mundial. El pro­
cedimiento de cálculo del PIB es el mismo, así que le sumaríamos al consumo las
inversiones en todos los stock de capital. Puesto que ahora el país podría invertir en
otro stock de capital, ahora el PIB no necesariamente será cero.

4. R enta sostenible

Una parte importante de la literatura sobre contabilidad ambiental ha girado en torno


a la noción de renta o ingreso sostenible. Hay diferentes formas de utilizar el concep­
to de renta sostenible, pero una de las más interesantes fue la propuesta por Irving
Fisher, un economista americano, a principios del siglo xx. Este autor propuso una
medida de renta sostenible que muestra cuánto podemos consumir hoy, sin que esto
(

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216 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

suponga reducciones en el consumo futuro. El economista sueco Eric Lindahl tuvo


ideas parecidas unas pocas décadas después, al proponer que los ingresos fuesen de­
finidos como las rentas de todas las propiedades de valor (de todos los activos). Si
consumimos solamente la renta o rendimiento que nos proporcionan nuestros activos,
entonces podremos afirmar que nuestro consumo es sostenible en este sentido. En la
literatura actual, las nociones de ingreso propuestas por Fisher y por Lindahl son más
conocidas como renta hicksiana. John Hicks contribuyó con ideas muy similares en
los años cuarenta del siglo XX, así que quizás el término más apropiado debiera ser el.
de renta de Fisher-Lindahl-Hicks.
Entonces, ¿cuál sería la renta sostenible de la economía del ejemplo basada en el \
petróleo? Primeramente, hay que contar con que el recurso no renovable se extinguí- |
ría más tarde o más temprano. Así, se trata de distribuir un recurso finito a lo largo de
un número infinito de generaciones. Si los repartos en cada generación deben ser
iguales, entonces el tamaño de cada parte tiende a ser cero. Podemos así argumentar
que la renta sostenible sería cero, en este ejemplo.

8.5.5. Recursos renovables ¡


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Miremos ahora al problema de cómo los recursos renovables, tales como los pesque­
ros o los forestales, por ejemplo, deberían ser tratados en un sistema contable am­
biental. Si tratamos estos recursos como stock de capital, sabemos que deberíamos
incluir su variación en nuestra definición ampliada de PIB, tal y como hacíamos con
los no renovables.
Tal y como vimos en los Capítulos 5 y 6, muchos recursos no solamente son úti­
les como elementos que sirven para la producción, sino que pueden proporcionar un
valor de existencia en sí mismos. Las ballenas azules suelen asociarse, por ejemplo,
con valores de existencia considerables; muchas personas otorgarían un valor a la
persistencia del mamífero más grande del mundo, aunque no tengan en mente el ver-
las nunca en su hábitat natural. Éste sería un tipo de valor que necesitaríamos incluir,
o más bien el de los cambios que se produzcan en este valor en el periodo de referen­
cia (un año, un trimestre...).

8.5.6. Ocio

Cuando comparamos dos países cuyo PIB es aproximadamente el mismo, puede su­
ceder que el producto per cápita sea el mismo, aunque los tiempos de ocio cambien
mucho entre los países. Como la mayor parte de la población valora el tiempo de
ocio positivamente, deberíamos preguntarnos por si este componente debería incluir­
se en el cálculo del PIB ajustado. Una posibilidad es la de deducir el coste salarial, o
el producto del número de horas trabajadas por un salario promedio. Si el salario no
varía, la única forma de que el gasto salarial varíe es a través de un cambio en !el
número de horas trabajadas. Una hora más trabajada significa menos horas disponi-

© ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 217

bles para el ocio. De esta forma, el gasto salarial podría usarse como un indicador del
valor del ocio no disfrutado, o perdido. Existen también propuestas alternativas, co­
mo por ejemplo la denominada medida de renta total, que tiene en cuenta el valor del
tiempo de ocio.

8.5.7. Gastos preventivos


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Una crítica común que se realiza al PIB como medida útil de bienestar se centra en
los denominados gastos preventivos. Tales gastos incluyen los policiales, los de de­
fensa y los del sistema judicial que la sociedad utiliza para protegerse. Así, si se em­
plea a más policías para luchar contra el crimen, parecería como si un aumento de la
criminalidad conllevara un mayor PIB, puesto que estimula el número contratado de
policías. De igual forma, un accidente de tráfico puede parecer que incrementa el
PIB, porque pueden aumentar los gastos públicos asociados, por ejemplo los sanita­
rios (no está para nada claro que con ello el PIB aumente, por distintas razones, pero
/

supongámoslo por el momento). Además, un país puede también elegir gastar más en
defensa como reacción a una crisis internacional, lo que también parecería resultar en
que tales crisis incrementan el bienestar, de acuerdo con cómo se modificaría la va­
riable PIB.
Esta crítica sugiere que los gastos preventivos deberían deducirse del cálculo del
PIB ajustado. Existen unos cuantos problemas asociados con tal deducción. Tal y co­
mo ya se ha apuntado, no está claro que necesariamente el PIB se vaya a ver afectado
en los casos que hemos señalado, porque los recursos que se utilizan en accidentes o
crisis, etc., tienen usos alternativos. También resulta complicado ponerle un límite a
la noción de gasto preventivo, sin entrar en una discusión algo delicada. El gasto en
brigadas antiincendios, la policial y los tribunales de justicia pueden contemplarse
como gastos preventivos, pero la misma lógica sugeriría que también lo son los ali­
mentos y la utilización de medicinas. Así, podemos ver a los alimentos como un gas­
to que previene el hambre o algunos problemas físicos, y las vacunas como un gasto
que previene enfermedades. Al final, muchos de los gastos en los que podamos pen­
sar pueden ser interpretados como preventivos, lo que nos llevaría a la conclusión, si
los dedujéramos todos, de que en el límite nos podríamos quedar sin PIB.
Se ha sugerido antes que a lo mejor se podrían utilizar los gastos preventivos para
valorar los daños ambientales. Así, los gastos que la sociedad ha aceptado para des­
contaminar las aguas, las barreras que protegen del ruido del tráfico y gastos simi­
lares, se podrían usar para inferir el valor que la sociedad da a las externalidades
ambientales correspondientes. Si los utilizamos como valoración de los daños am­
bientales, los podríamos deducir del consumo para conseguir un mejor índice de bie­
nestar. No obstante, esta aproximación podría funcionar muy mal. Supongamos que
instalamos unas ventanas especiales que nos protegen del ruido de un aeropuerto cer­
cano. Parece razonable concluir que los gastos en las ventanas no nos proporcionan
una buena aproximación del daño subyacente ocasionado por la actividad aeropor-

© ITES-Paraninfo
218 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

tuaria, porque sólo estaríamos protegiendo los daños que se producen en el interior
de las viviendas. La aplicación de métodos de valoración como los expuestos en los
Capítulos 5 y 6 podría permitir una mejor aproximación.

8.5.8. Emisiones transfronterizas I |


Las emisiones no respetan las fronteras internacionales. La lluvia ácida es un buen
ejemplo de un problema ambiental transfronterizo. Parecería entonces que debería­
mos deducir los daños que exportamos a otros países, y también tener en cuenta
aquellos daños que se nos exportan desde otros países (que «importamos», en defini­
tiva). La consideración de estos efectos transfronterizos debe hacerse cuidadosa­
mente, porque es fácil contabilizar dos veces el mismo daño. Una posibilidad consis­
tiría en pedir a cada país la contabilización del total de contaminación existente en el
país; la otra consiste en tener en cuenta las emisiones domésticas más las exportadas.
Lo vemos con un ejemplo.
Supongamos que el país A y el B depositan cada uno una unidad de residuos o
emisiones en su propio territorio, y que exportan una unidad al otro país. Los daños
se valoran en 1 € por unidad. Así, cada país sufre un daño de 2 € y el total de daño
asciende a 4 € . Supóngase ahora que A exporta todas sus emisiones. De acuerdo con.
el primero de los enfoques (que cada país contabilice la contaminación con la que se
queda), el daño en el país A es de 1 € y en el país B de 3 € . En cambio, el segundo
enfoque (contabilizar en cada país las emisiones propias con las que se queda y las
que exporta) llevaría al país A a deducir 2 € de su PIB ajustado, y la misma deduc­
ción debería realizarse en el país B. En los dos casos, la suma de los daños en el
conjunto de países es de 4 unidades, y no habría doble contabilización.

8.5.9. Un PIB ambiental ajustado ^


: 11
Ahora ya hemos visto cómo podemos modificar el producto nacional medido con- |
vencionalmente a fin de obtener una mejor medida de cómo el bienestar evoluciona
en un determinado país. Nos hemos centrado en la diferencia entre las inversiones j
brutas y netas, pero también se ha discutido el impacto de la producción y del consu­
mo sobre la medida de bienestar. Nuestra discusión conduce a la siguiente propuesta
para construir lo que denominamos un PIB ajustado o PIB ambientalmente ajustado
(PIB(A)):
PIB (A) = Consumo + cambios en los stock de capital real
—daños ambientales (daños flujo)
+ cambios en los stock de capital natural
+ ajuste por la inclusión del tiempo de ocio

La primera fila describe el cálculo convencional del PIB. Recordemos que los
cambios en los stock de capital real reflejan las inversiones. Las tres líneas siguientes

© ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 219

recogen los ajustes y extensiones que acabamos de discutir, esto es: la inclusión de
los efectos de los daños ambientales; la inclusión de las variaciones en el stock de
capital natural; y la consideración de los tiempos de ocio. Si las variaciones de stock
fuesen netas (se deducen las depreciaciones), el indicador sería el PIN(A). Todos los
conceptos recogidos deben estar convenientemente expresados en unidades moneta­
rias. En la práctica, no obstante, el cálculo del PIB(A), o si se quiere del PIN.(A), no
está exento de dificultades. Los métodos de valoración que se han descrito en los
Capítulos 5 y 6 deberían aplicarse aquí con precaución, puesto que se han desarrolla­
do con otros fines. En concreto, resulta difícil el asignar valores a daños que se ex­
tienden mucho a lo largo del tiempo, como sucedería en el caso del cambio climático.

5.10. La propuesta del SEEA


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El Sistema de Cuentas Ambientales y Económicas (SEEA) de 2003 comprende cua­


tro categorías de cuentas. La primera incluye las que recogen los flujos de contami­
nación, energía y materiales para los distintos sectores. El segundo grupo de cuentas
se centra en la protección ambiental y en los gastos de la gestión de los recursos.
Serían gastos realizados para proteger el medio ambiente o para gestionar los recur­
sos naturales. En tercer lugar están las cuentas que tratan de los recursos naturales,
utilizadas para reflejar tanto el nivel de los stock como las variaciones ocurridas en
las cantidades de recursos como el suelo, las pesquerías, los bosques, el agua o los
minerales. Por último, se aborda la valoración de indicadores no únicamente basados
en precios de mercado y ajustados ambientalmente.

Desde un punto de vista económico, las medidas de PIB ajustado resultantes del
SEEA no tienen por qué cumplir con lo que esperaríamos de una medida de bienestar
correcta tal como la hemos discutido. Aunque este sistema contable puede ser de mu­
cho interés en otros campos, el atractivo del SEEA para los economistas es algo limi­
tado,- puesto que los fundamentos de la economía del bienestar que subyacen son dé­
biles. El SEEA no se basa de forma explícita en la teoría del bienestar. Por ejemplo,
el enfoque de los gastos preventivos como método de valoración de ciertos daños
ambientales resultaría inadecuado.

© La empresa y la contabilidad verde


Las empresas tienen la obligación de elaborar periódicamente documentos que resu­
men diversos aspectos de su actividad. Seguramente resulten familiares los términos
de balance de situación, inventarios o la cuenta de resultados. Se trata de cuantificar,
siguiendo unas normas dadas (recogidas en el Plan General Contable), el estado de
cuentas de la empresa, lo que comprende su patrimonio, las relaciones de gastos y de
ingresos, de beneficios y pérdidas, y la memoria de actividad de la empresa, entre
otros.

© ITES-Paraninfo
220 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

La literatura de gestión de empresa ha ido paulatinamente incorporando cuestio­


nes relacionadas con los impactos ambientales de las empresas. Sobre todo durante la
década de los noventa, el tratamiento de estos aspectos ambientales en la investiga­
ción contable se ha visto fomentado desde diversas instituciones, como el Grupo
Intergubernamental de Trabajo de Expertos en Normas Internacionales de Contabili­
dad y Presentación de Informes, de las Naciones Unidas, el Forum Asesor de Conta­
bilidad, de la Unión Europea, o la Global Reporting Initiative. En esos años también
se fraguaron los contenidos de la regulación normativa de la información ambiental •.
que posteriormente ha aparecido.
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8.6.1. Tipos de información ambiental de la empresa i |


La empresa dispone de más de una vía para informar sobre sus relaciones con el me- j
dio ambiente. La información ambiental presentada por la empresa puede clasificarse
en base a distintos criterios. En función de la naturaleza de la información, diferen­
ciamos la contabilidad ambiental financiera de aquélla no financiera.
Veamos en primer lugar en qué consiste la contabilidad ambiental financiera.
Tiene por objeto la estimación, registro e información de los activos (derechos), pasi­
vos (obligaciones), gastos, ingresos, contingencias (gastos futuros poco probables) y*
provisiones (gastos futuros probables) derivados de los impactos ambientales de la
empresa. Se trata pues de proporcionar información sobre el impacto financiero que
tienen los aspectos ambientales. Así, el desempeño ambiental de la empresa puede
hacerla incurrir

en costes, como por ejemplo los gastos de gestión de residuos o pago
de seguros. Estos son hechos que afectan al rendimiento (o sea, los beneficios o pér­
didas) de la empresa.
Estos aspectos financieros deben quedar registrados en las cuentas anuales, poste­
riormente auditadas, de las empresas. Este primer tipo de respuesta contable a los
problemas ambientales se basa en el modelo contable tradicional, que incorpora es­
pecíficamente partidas que describen hechos ambientales. Veremos que los últimos
avances normativos en materia de contabilidad ambiental en la empresa afectan en ,
buena parte a esta categoría.
En segundo lugar, existe la información ambiental no financiera. Esta informa- I
ción suele distinguirse claramente en su presentación de la contabilidad tradicional.
Se puede incluir en la Memoria, o el Informe de Gestión y el Informe Anual, o ser
publicada como informes ambientales separados. Su elaboración constituye una prác­
tica arraigada sobre todo en las grandes compañías. Incluye información sobre el es­
tado y actuación ambiental de la organización, información que habitualmente prepa­
ra la gerencia de la empresa, y que está destinada a agentes externos de la misma. La
información contenida en estos informes ambientales completa aquélla formulada en
otros documentos en términos financieros. Incluye información descriptiva (datos
cualitativos) y datos cuantitativos expresados en unidades físicas, por lo menos para
aquellos aspectos de más difícil valoración. Así, por ejemplo, la publicación de una

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CONTABILIDAD AMBIENTAL 221

declaración ambiental es obligatoria para las empresas que voluntariamente adoptan


sistemas de gestión ambiental, como por ejemplo los EMAS europeos (descritos en
el Capítulo 4).
En un estudio de 2001 sobre la comunicación ambiental de las empresas median­
te sus páginas web se seleccionaron empresas a partir de las publicaciones sobre Las
2000 mayores empresas españolas, y para las de ámbito internacional, se usáron las
listas The Internacional 800 y The orbes500
F Directory
ding Companies. Del conjunto de empresas de ámbito español que disponían de pági­
na web, el 27 por ciento presentaba algún tipo de contenido ambiental. Del conjunto
de empresas de ámbito internacional que disponían de página web, el 64 por ciento
presentaba información ambiental, y el 57 por ciento había creado un apartado espe­
cífico para informar sobre la gestión ambiental que realizaban. Para las empresas es­
tudiadas, la presentación de esta información era más probable cuanto mayor era la
facturación (valor de las ventas) de la empresa y si la empresa pertenecía al sector
industrial (tradicionalmente un sector muy contaminante).
t
/

Al margen de la voluntad de la empresa de hacer pública su política ambiental,


numerosos países ya han dictado normas contables obligatorias que exigen a las em­
presas la publicación de información contable ambiental. A continuación describi­
mos la normativa que afecta al ámbito europeo.

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8.6.2. Contabilidad ambiental en la empresa en Europa


Aunque nos refiramos al ámbito europeo, en realidad la propuesta de la Unión Euro­
pea está en consonancia con las normas internacionales (definidas en el International
Accounting Standards Committee, IASC). En el año 2000 la Comisión Europea ela­
boró el «Libro blanco sobre la responsabilidad ambiental». Al año siguiente, en
2001, la Comisión publicó la «Recomendación de la Comisión relativa al reconoci­
miento, la medición y la publicación de las cuestiones ambientales en las cuentas
anuales y en los informes anuales de las empresas» (referida en adelante como «la
Recomendación»). El objetivo era el de impulsar a los Estados miembros a la adop­
ción de medidas que garantizasen la divulgación de información ambiental en las
cuentas anuales de las empresas. Las propuestas incluidas no eran sin embargo de
obligado cumplimiento, si bien se instaba a los países miembros a que en un plazo de
pocos meses aprobaran legislación de carácter obligatorio en el ámbito nacional.
Muy resumidamente, la Recomendación alentaba a la elaboración de los informes
ambientales separados; animaba a la inclusión de datos ambientales en las cuentas e
informes anuales, que complementaran los informes separados, a partir de la crea­
ción de partidas específicas (que mencionamos en breve); y sugería la elaboración de
una memoria de gastos ambientales imputados en la cuenta de resultados, así como
los gastos derivados de sanciones y de multas.
Los distintos países han ido aprobando poco a poco esta legislación, adoptando
en diverso grado las propuestas contenidas en la Recomendación. Por citar unos po-

© ITES-Paraninfo

222 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

eos casos, la ley portuguesa ha recogido muy fielmente lo propuesto en la Recomen­


dación. En Dinamarca, la legislación afecta básicamente a grandes compañías de sec- l
tores económicos con fuerte impacto ambiental. En Francia la legislación ha incluido |
propuestas algo más innovadoras a las mencionadas en el documento europeo. Espa- i
ña también aprobó su normativa, que tratamos a continuación, y que recoge en buena
medida los contenidos de la Recomendación. j

En España, el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) es el or- .J


ganismo que prepara las normas a introducir en el Plan General Contable. En 2002 se .
aprobó la «Resolución del ICAC por la que se aprueban las normas para el reconoci­
miento, valoración e información de los aspectos medio ambientales en las cuentas
anuales». De hecho, esta normativa tenía un precedente, puesto que ya existía una
normativa obligatoria para las empresas del sector eléctrico.

En general, gastos y costes ambientales son aquellos que se realizan con el fin de
prevenir, reducir, reparar o evitar el daño sobre el medio ambiente. La normativa
describe diversas cuentas o conceptos que deberán estar presentes (si procede) en la
memoria empresarial. Mientras que el «gasto» de alguna forma se asocia con una
mayor producción de la empresa, el «coste» en cambio no contribuye a generar más
producto (sería el caso de las multas o sanciones). Veamos algunas de estas partidas ■
a modo de ejemplo. La responsabilidad ambiental recoge obligaciones de gastos ya i
adquiridas, que no obstante se liquidarán en el futuro. El gasto ambiental recoge en
cambio los gastos de gestión de residuos, de protección de suelos, de reducciones de
ruidos, efectuadas durante el ejercicio económico. Los activos de naturaleza medio
ambiental recogen aquellos elementos duraderos incorporados al patrimonio de la
empresa con el fin de reducir sus impactos ambientales. Las partidas de provisiones y
contingencias de naturaleza medio ambiental recogen los gastos de naturaleza am­
biental que sean probables o ciertos a la fecha del cierre del ejercicio, pero indetermi- i

nados en cuanto a su importe exacto. J


I u
Además de la creación de cuentas específicas como las anteriormente menciona­
das, la normativa española exige que en la Memoria se incluya un nuevo apartado
específico que recoja información ambiental, como las características y la descrip- *
ción de las instalaciones utilizadas para proteger y mejorar el entorno, los gastos del
ejercicio en materia ambiental o subvenciones ambientales recibidas, entre otros as­
pectos.

Aunque esté en vigor esta normativa para el caso español, y otras muchas en
otros tantos países del mundo, la realidad es que la práctica contable ambiental en la
empresa está aún poco arraigada. La información en unidades monetarias, por ejem­
plo, es aún poco frecuente. Se espera, sin embargo, que en pocos años las empresas
vayan incorporando parte de los elementos de contabilidad ambiental mencionados
no sólo para cumplir la legislación, sino también para mejorar su propia gestión. En
el Capítulo 10 trataremos de nuevo de la adopción de iniciativas ambientales por par­
te de las empresas.

© ITES-Paraninfo
I

CONTABILIDAD AMBIENTAL 223

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1. ¿Qué relación tiene el PIB con el nivel de bienestar de un país? ¿Qué críticas
recibe este indicador como medida de bienestar?

2. ¿Por qué diferenciamos el producto interior bruto y el neto (o el producto na­


cional bruto y el neto)?

3. Expresar la fórmula del producto interior ambientalmente ajustado propuesto


en el capítulo, PIB (A), a partir del PIN, añadiendo todas aquellas partidas que
sean necesarias.

4. Imaginar un escenario en el que un país no comercia con ningún otro. Si este


país utiliza un recurso no renovable sólo para consumir, ¿qué sucederá con el
valor del PIB(A)? ¿Cambiaría su respuesta si se tratase de un recurso renova­
ble? Discutir las respuestas.

5. Discutir si es correcta la siguiente afirmación: «Si en el cálculo del PIB inclui­


mos las variaciones en las reservas de un recurso no renovable, éste resultará
de cero».

6 . Proporcionar tres posibles razones que hagan que los habitantes de dos países
con un mismo PIB y una misma población puedan de hecho estar disfrutando
distintos niveles de bienestar.

7. Un país obtiene a final del año una cierta producción interior bruta (positiva)
de bienes y servicios. Imagine que la maquinaria, vehículos y otros bienes de
inversión no sufren depreciación en ese año.
• a) ¿Podría el valor del PIB(A) resultar menor?
b) ¿Y podría resultar mayor? Justificar las respuestas.

8 . Desde el punto de vista del concepto de bienestar que se ha utilizado a lo largo


del libro, ¿podría estar disminuyendo el stock de recursos naturales en un país
y no estar disminuyendo su nivel de bienestar? ¿Por qué?

9. Explicar de forma intuitiva en qué consiste la contabilidad ambiental de la em­


presa. ¿Tiene ésta alguna relación con los mecanismos voluntarios de política
ambiental que se explicaron en el Capítulo 4?

10. Distinguir las diferencias entre la contabilidad financiera ambiental y la no fi­


nanciera. ¿Pueden beneficiarse las empresas de las normativas que las obligan
a contabilizar de forma explícita los gastos, previsión de gastos futuros, etc. de
naturaleza ambiental? ¿En qué sentido?

© ITES-Paraninfo
I

CAPÍTULO

9
s
**• ///Oí

Aspectos
internacionales.
Aplicaciones
de teoría de juegos

9.1. Problemas ambientales internacionales


9.2. | Introducción a la teoría de juegos
9.3. Un modelo con dos países
9.4. Un modelo con muchos países
9.5. Economías pequeñas y abiertas
9.6. Comercio internacional y medio ambiente
9.7. Intereses particulares y política ambiental
Ejercicios
Ir.V .
226 M A N U A L DE E C O N O M ÍA A M B IE N T A L Y DE LOS RECURSOS N A TU R A LES
* \ 9 ' V I I
í

Hasta ahora hemos basado el análisis económico ambiental en las relaciones de ofer­
ta y demanda, las cantidades óptimas de cada bien y los equilibrios de mercado, fun- I
damentalmente. Pero ésta no es la única forma de proceder al hacer análisis económi- |
co. Otro instrumento muy útil para determinados análisis es la teoría de juegos. Es el |
instrumento que utilizaremos en buena parte de este capítulo y resulta particular- j
mente adecuada para ilustrar algunos de los problemas globales o internacionales que
presenta el medio ambiente. Son muchas las cuestiones ambientales que tienen una
dimensión transfronteriza cuya resolución requiere de la aplicación de políticas eco­
nómicas ambientales de ámbito internacional, con el acuerdo de varios países. La
teoría de juegos nos ayuda a entender las dificultades presentes en la consecución de
acuerdos internacionales, y más aún en su cumplimiento. También ayuda a entender
los mecanismos que hacen que los países estén interesados en adoptar voluntaria­
mente políticas ambientales de alcance internacional. La primera parte del capítulo
se dedica al análisis de este tipo de problemas, utilizando la teoría de juegos.
V ‘ * H

En la segunda parte del capítulo nos centraremos en aspectos ambientales del co­
mercio internacional. Veremos cómo ciertas regulaciones nacionales pueden en reali- ,
dad agravar algunos problemas ambientales globales. Por ejemplo, las emisiones de
carbono pueden quizás empeorar con regulaciones relativamente duras en un país, si
parte de la industria se ve obligada a localizarse en otro lugar debido al incremento
de costes por la nueva política ambiental. Veremos también por qué puede ser mejor *
que los impuestos varíen entre sectores. A menudo los gobiernos protegen algunos
sectores industriales de la competencia de terceros países, por ejemplo mediante sub­
venciones o impuestos menores. Finalmente veremos algunos aspectos de los grupos
de presión respecto a las regulaciones ambientales internacionales.

I ijJp9
Problemas ambientales internacionales
Los problemas ambientales no suelen respetar las fronteras administrativas. El pro­
blema de la lluvia ácida es un buen ejemplo. El viento puede desplazar azufre a mu­
cha distancia, de forma que la lluvia ácida que afecta a un país proviene a menudo de
emisiones originadas en otro. Para solucionar problemas de este tipo, algunos países
han adoptado acuerdos voluntariamente. Es el caso del Protocolo de Oslo para la re­
ducción de las emisiones de azufre. El protocolo establece que las emisiones de azu-
fre a la atmósfera debían reducirse en Europa para el año 2000 en un 50 por ciento de
las emisiones de 1980, y en un 60 por ciento para el 2010. Otro protocolo internacio­
nal, éste sobre el nitrógeno, compromete una reducción del 30 por ciento en las emi­
siones de óxidos de nitrógeno. Son muchos los protocolos y acuerdos internacionales
que distintos países han suscrito, incluyendo la protección de ecosistemas marinos,
especies en peligro de extinción, cambio climático o residuos.

Sin embargo, los protocolos y demás acuerdos parecidos no están precisamente


exentos de problemas. Así, tanto h adopción de nuevos protocolos globales como su

© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 227

posterior cumplimiento encuentran muchas dificultades. Para comprender algo más


i el porqué, podemos recurrir a la teoría de juegos. Por ello, empezaremos con una

breve introducción a esta teoría.
1

Recuadro 9.1
ALGUNOS ACUERDOS INTERNACIONALES •<* "
..... ' ... "' " ...........- .............................
f / • ■ • -V V. ; . ... : •/ • / • >, . • * •' *. \ :•* ; •' . ,

El «Protocolo al Convenio sobre la conta- ciado por las Naciones Unidas. Adoptado a
minación transfronteriza a larga distancia, finales de 1997, entró en vigor en febrero de
de 1979, relativo a una reducción adicional 2005, tras producirse su ratificación por par-
de emisiones de azufre», fue seguido de un te de países referenciados en el anexo I del
segundo protocolo firmado en Oslo en 1994 protocolo (básicamente los industrializados)
y ratificado por 25 países. Este segundo que fueran responsables de por lo menos el
protocolo es efectivo desde agosto de 1998 55 por ciento de las emisiones de dióxido de

4 y propone distintos porcentajes de reduc- carbono (C02) que se daban en 1990 por par-
• ción de emisiones por países para los años te de los países. La voluntad del protocolo es
[
2000, 2005 y 2010 respecto a las existentes
% / . , 0 . • V •:
que los países implicados disminuyan sus
' ’• . ** *• . . ’ ' : . ’ . . . . . . .. * . . . . .

en 1980. El texto puede consultarse en http:/ emisiones de gases invernadero. El texto de


/[Link]/env/lrtap/fsulf_hl.htm. la convención se puede obtener en http://
El «Protocolo de Kyoto de la Conven- [Link]/resource/docs/convkp/[Link]
ción marco de las Naciones Unidas sobre el y el del protocolo en [Link]
cambio climático» es otro protocolo auspi- ce/docs/convkp/[Link].

Introducción a la teoría de juegos


La teoría de juegos estudia las interacciones estratégicas entre dos o
más partes implicadas o agentes. Consideramos que existen interac­
ciones estratégicas cuando los agentes tienen la capacidad de afectarse
unos a otros, y esto los conduce a «tenerse en cuenta» al tomar sus
decisiones. Varios matemáticos empezaron a desarrollar esta teoría en
la primera mitad del siglo xx. Dos de los autores más destacados en
W $ Ti los primeros desarrollos fueron el matemático John von Neumann y el
John von Neumann
economista Oskar Morgenstern. Ambos publicaron un libro sobre teo­
1(1903-1957). ría de juegos en los años cuarenta que ha tenido mucha influencia.
Posteriormente, otro autor destacado fue el matemático John Nash, a
mediados de siglo. Pero la utilización de la teoría de juegos en economía no se gene­
raliza sino hasta los años ochenta. Las aplicaciones más habituales de teoría de jue- r

gos en la economía ambiental se hallañ en el análisis de acuerdos internacionales y


en cuestiones relativas a la asignación dé derechos de propiedad.

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228 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Hay muchas situaciones cotidianas en las que se dan interacciones


estratégicas entre personas, empresas o países. Un ejemplo bien sim­
ple podría ser el de dos personas que caminando en sentido contrario
se encuentran de frente y deben elegir el lado por el cual pasar. Segu­
ramente todos nos habremos encontrado en una situación similar, tra­
tando de llegar a «un acuerdo» sobre si tomar el lado derecho o el
izquierdo. La interacción estratégica en este ejemplo se da porque uno
no puede elegir el lado por el que proseguir con independencia de la •'
decisión que tome la otra persona, si no quiere correr el riesgo de cho­
car con ella, claro. 4

Oskar Morgenstern
(1902-1976).
Una de las hipótesis fundamentales tras la teoría de juegos es que
las personas nos comportamos racionalmente, en el sentido de que
elegiremos lo que consideremos mejor para nosotros mismos. Así, las
personas en un juego toman decisiones de acuerdo a una estrategia o
plan. Una estrategia consiste en el conjunto de decisiones a tomar a lo
largo del juego. En nuestro simple ejemplo de dos posibilidades, con
un solo periodo, una estrategia posible es tomar el lado derecho y otra
tomar el izquierdo. Claro que si la otra persona realiza simultánea­
mente el movimiento simétrico, el juego se puede alargar y complicar,
algo más. Con dos periodos o decisiones a tomar por cada jugador,
por ejemplo, una estrategia para uno de ellos sería tomar el lado dere­
cho y si la otra persona también lo toma, tomar el izquierdo. Otra es­
trategia sería tomar siempre el lado derecho, reaccionara como reac­
John Nash (1928).
cionara la otra persona. Una estrategia debe contemplar cualquier
contingencia a lo largo de toda la duración del juego, debe prever qué
hacer ante todas las situaciones posibles. Eso puede ser ciertamente muy complicado,
como en el caso de una partida de ajedrez, donde las combinaciones posibles son
muchísimas. En algunos juegos se dan estrategias dominantes, que serían aquellas
que un individuo elegiría cualesquiera que fuesen las decisiones de los demás.
En nuestro ejemplo
^ X de dos Xpersonas cruzándose Xpor la calle no hay^ una estrategia
o I
dominante, pero veremos la utilidad de este concepto en el juego del dilema del pri- %
sionero.
v <r
1
R e c u a d r o 9 .2

ESTRATEGIA DOMINANTE

Una estrategia es un plan para reaccionar Una estrategia dominante para un juga-
a circunstancias inciertas. Se trata de un dor es aquella que le proporciona resulta-
conjunto de reglas que contempla qué ha- dos mejores o al menos tan buenos como
cer en cada momento y circunstancia del cualquier otra estrategia, sean cuales sean
juego. las que adopten los demás jugadores.

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ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 229

T■«c,-
L •
Va

ni

R e c u a d r o 9 .3

SUBASTAS
Otro contexto en el 100.000 euros como mínimo, la segunda por
que se dan estrate- 105.000 y la tercera, la menos competitiva,
gias, en donde lo que por 110.000. Sin embargo, la primera em­
uno obtenga depende presa puede pensar que si propone una can-
del comportamiento tidad superior y todavía es la mejor oferta,
de los demás, es el de se quedará el contrato y obtendrá mayores
las subastas. Una for- beneficios. Y lo mismo pueden pensar las
ma habitual de subas- otras empresas. Es muy probable que el
tar es mediante ofer- ayuntamiento termine pagando más por di­
tas simultáneas en cho comportamiento. Imaginemos que todas
William Vickrey sobres cerrados. Pon- aumentan un 10 por ciento su mejor oferta,
(1914-1996).
gamos por caso que adjudicando el contrato por 100.000 euros.
un ayuntamiento desea contratar los servi- Una alternativa es la subasta tipo Vickrey,
cios de jardinería del municipio, o de reco- donde el contrato se da al mejor postor pero
gida de basuras, y para ello organiza una por el monto del segundo mejor postor. El
subasta, donde pide a las empresas que se lector puede comprobar que con este meca-
quieran presentar que entreguen en sobre nismo todas las empresas participarían en la
cerrado su mejor oferta por sus servicios, subasta con su mejor oferta real, sin que les
de manera que el ayuntamiento elegirá la compensara «inflar» su oferta. En el ejem-
que le salga más barata. Tres empresas se pío, el ayuntamiento terminaría pagando
presentan, la primera lo puede hacer por 105.000 euros, ahorrándose 5.000.

1I 9.2.1. ora»y 'S 'W **■$*%<# v*í

El dilema del prisionero


^ ****** - T g p f tf i?

^ Seguramente el juego más conocido sea el del dilema del , a veces traduci­
do del inglés por «dilema del preso» o «dilema del detenido». Se aplica en diversas
| disciplinas, incluyendo la biología o la ciencia política. La formulación de este dile­
ma con el ejemplo de presos se debe al economista Albert Tucker, quien lo utilizó
para introducir a estudiantes de psicología de la universidad californiana de Stanford
a este problema, planteado ya en 1950 por primera vez. La actuación típica se puede
ilustrar de la siguiente forma. La policía detiene a los autores de un atraco cerca del
lugar del crimen y los interroga en habitaciones separadas. Los ladrones no se pueden
comunicar entre sí, pero ambos saben que la policía les propone un mismo trato. Si
uno de los dos confiesa y el otro no, el delator sale en libertad y el otro cumple 5 años
en prisión. Sin embargo, si los dos se niegan a confesar el crimen, los dos son conde­
nados a 2 años con la acusación algo menor de tenencia ilícita de armas. Y si ambos
confiesan, los dos pasan 4 años en la cárcel. Es la situación que refleja el Cuadro 9.1.
El primer número en cada celda representa los años de cárcel que deberá cumplir en
cada posible situación el detenido A y el segundo los años para el ladrón B.

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230 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Cuadro 9.1. Dilema del prisionero


B confiesa B no confiesa

A confiesa 4 ,4 0 ,5

A no confiesa 5, 0 2, 2

¿Cuál será la mejor estrategia para A y para B? Los movimientos posibles son
dos para cada ladrón, confesar (delatando al otro) o no confesar, lo que da lugar a
cuatro escenarios posibles. Así, cada ladrón debe considerar las consecuencias de las
siguientes acciones:
• Confesar si el otro confiesa.
• Confesar si el otro no confiesa.
• No confesar si el otro confiesa.
• No confesar si el otro no confiesa.
El razonamiento de A es el siguiente. Si B confiesa, ¿qué le interesa más? Y si B
no confiesa, ¿qué es lo mejor que puede hacer A? La respuesta a la primera pregunta
es confesar, dado que A cumpliría 4 años en lugar de 5. Y la respuesta a la segunda
pregunta es la misma, dado que si A no confiesa saldrá en libertad en lugar de cum­
plir 2 años. El lector puede comprobar que B se enfrenta al mismo dilema y que su
mejor elección en cualquiera de los dos casos será confesar. En términos de teoría de
juegos, confesar es una estrategia dominante para cada preso. Con independencia de
lo que haga el otro, cada uno elige lo mismo, confesar. Así, la situación en la que los
dos confiesan constituye un equilibrio «en estrategias dominantes». Es de esperar por
tanto que los dos confiesen, y ambos vayan 4 años a prisión. Pero el dilema es intere-
(

sante porque, paradójicamente, si ninguno confesara sólo pasarían 2 años presos en la


cárcel. El dilema ejemplifica que lo mejor para los individuos en su conjunto (socie­
dad) puede ser la cooperación entre ellos, aunque los incentivos individuales vayan en
sentido contrario. El juego conduce a un equilibrio que no es una situación Pareto ópti­
ma. Recordemos de capítulos anteriores (por ejemplo, el 7) que una situación óptima
en el sentido de Pareto es aquella en la que ninguna persona puede incrementar su bie­
nestar sin que alguna otra lo vea disminuido. El equilibrio del juego no es Pareto óp­
timo porque ambos individuos podrían mejorar eligiendo la estrategia «no confesar».

i!Un modelo con dos países


Podemos aplicar este sencillo juego a problemas ambientales globales, como el cam­
bio climático. Para la ilustración basta con contemplar primero dos países solamente,
A y B. Más adelante ampliaremos el caso a múltiples países. Sendos gobiernos discu­
ten la posibilidad eje llegar a un acuerdo para reducir las emisiones de carbono. Su­
pongamos que las dos opciones que pueden adoptar son «reducir» y «no reducir»

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ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 231

dichas emisiones. Suponemos además que el acuerdo voluntario no implica ninguna


multa en caso de no cumplimiento.
El beneficio para cada país depende de la reducción total que se consiga. El coste
para cada país es un menor crecimiento económico y sólo lo soporta el propio país.
El Cuadro 9.2 muestra una situación posible en cuanto a los resultados para cada
país. La disposición relativa de los valores es como la del Cuadro 9.1, sólo’ que los
números concretos han variado. En este tipo de juegos, si existe certeza sobre los
resultados, la cardinalidad de los beneficios netos no tiene importancia para decidir
qué estrategia tomar, sólo la ordinalidad. Da igual cuánto mayor o menor sea un nú­
mero respecto del otro, o el número concreto utilizado (se pueden utilizar letras, por
ejemplo), sólo la igualdad entre ellos o el signo de la desigualdad importa.

Cuadro 9.2. Acuerdo sobre emisiones


' ' '

B reduce / • y y '* •*
B no reduce
y >y . •*• ,v ‘ . y .' *’• y! _ , *> . v • > ' ’' .* ! y * \ v : *• .% s^
.• ;V Á . t y y- .; • .. : y y '\ ■// ‘r * ’ 0

A reduce 1,1 -1,2

A no reduce ■ ■
2, - 1 0 , 0

./* • y * S .' x . •’ * / ; ■ /; • ■' ■ ' v .’Í ' a / / • v " . '/’

Una interpretación de los valores en la matriz del Cuadro 9.2 es la siguiente. Si


ambos países reducen las emisiones, ambos tienen su propio coste y gozan de un
beneficio mayor dado que las emisiones agregadas se reducen más. La ganancia o
beneficio neto (beneficios menos costes) es de 1 para cada país. Pero si A reduce y B
no, A sufre el coste interno de la reducción y termina con un beneficio neto negativo,
mientras que B se beneficia sin tener que pagar nada (beneficio neto de 2). Esto es
peor para A y mejor para B, respecto a la situación en que ambos países reducen
conjuntamente. Se da la situación simétrica cuando A no reduce y B sí. Finalmente,
la última casilla denota que si ninguno reduce están peor que cuando ambos lo hacen,
pero mejor que reduciendo emisiones en solitario (0, 0). Recordemos que los núme­
ros de la tabla son meramente ilustrativos y deben tomarse en sentido ordinal. Un 0 i

no significa que los beneficios netos sean necesariamente cero.


Al igual que con el primer ejemplo del dilema del prisionero, aquí cada país pen­
sará que reduzca o no reduzca emisiones el otro, estará mejor no reduciendo. Es de
esperar que tanto A como B adopten la estrategia «no reducir», bien no firmando el
tratado conjunto, bien incumpliéndolo. La racionalidad individual puede llevar a si­
tuaciones socialmente ineficientes, que no son las que dan mayor bienestar ni al con­
junto de la sociedad ni a los países individualmente considerados. Los incentivos indi­
viduales a comportarse como free rider (aprovechado) pueden ser lo suficientemente
fuertes como para llevar a los países a desarrollar políticas que no son las mejores para
todo el mundo, y ni siquiera para ellos mismos. Este simple ejemplo puede reflejar las
dificultades que encuentra (y sin duda encontrará) la ratificación y posterior cumplimien­
to del Protocolo de Kyoto sobre reducción de emisiones que contribuyen al cambio cli­
mático. La predicción del análisis anterior es que los países esperan beneficiarse de los

© ITES-Paraninfo
232 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

compromisos de otros países, pero ello acaba conduciendo a una situación en la que to­
dos están peor de lo que podrían.
f> ; *■| L
B2
* r4

9.3.1. Acuerdos bilaterales vinculantes i (


/

Modificar las reglas con las que «juegan» los países puede modificar asimismo los resul- u
tados. En particular, imaginemos que los países se plantean si formar parte o no del
acuerdo, sabiendo que si firman entonces deberán cumplir el acuerdo, que no será posi-w
ble incumplirlo. A esta situación la etiquetaremos de acuerdo vinculante. Utilicemos de *
nuevo el Cuadro 9.2. Para decidir qué es más conveniente, ahora hay que comparar las
ganancias cuando los dos países reducen sus emisiones con aquéllas obtenidas cuando no
hay acuerdo y nadie reduce emisiones. En este caso, A y B están mejor si firman el
acuerdo vinculante, comprometiéndose a reducir las emisiones. Como vemos, en la situa­
ción de imposibilidad de incumplimiento para el caso de sólo dos países, el resultado es
el opuesto al que obteníamos anteriormente. Otra cosa es la discusión sobre cuál de los
dos supuestos (el voluntario o el vinculante) resulta más útil para obtener resultados rele­
vantes en la práctica. i
El siguiente apartado analiza la viabilidad de acuerdos ambientales para el caso en
que éstos atañen a más de dos países. Veremos que el resultado general va a ser que el I
conjunto de países no adoptaría el acuerdo. t

yJQ Un modelo con muchos países A ■

En el caso con dos países, esperamos que ambos, A y B, sigan su estrategia dominante.
Haga lo que haga el otro, la estrategia óptima para un país es siempre la misma. Sin
embargo, hay muchos casos de interés donde no existe un equilibrio en estrategias domi­
nantes, sino que la estrategia óptima para cada jugador (país) varía en función de lo que
hagan los otros jugadores (países). Ello nos lleva al concepto de equilibrio de Nash. En !
un equilibrio de Nash ningún jugador puede mejorar su situación modificando unilateral­
mente su estrategia sin que los demás modifiquen la suya. Existen juegos sin equilibrios
de Nash, y juegos con múltiples equilibrios de Nash. *
i
En el ejemplo del dilema del prisionero con dos países existe un equilibrio de Nash,
aquel en el que ningún país reduce sus emisiones, correspondiente a la elección de las

Recuadro 9.4
EQUILIBRIO DE NASH

Un equilibrio de Nash es aquella situación en brío no cooperativo no es Pareto óptimo, y


la que ningún agente puede mejorar modifi- podría mejorarse mediante algún tipo de coo-
cando su estrategia, dadas las estrategias ele- peración.
gidas por los otros. Normalmente, este equili-

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ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORIA DE JUEGOS 233

estrategias dominantes por parte de los jugadores. El lector puede comprobar cómo
cuando ambos países optan por «no reducir» se da un equilibrio de Nash. La elección
de la estrategia dominante lleva pues a un equilibrio de Nash. Algo parecido sucedía
en el ejemplo inicial del dilema del prisionero.
Ampliemos el modelo a varios países. Presentaremos primero un análisis basado
en el esquema familiar de mercados con externalidades del Capítulo 2 y luego volve­
remos al juego del dilema del prisionero con más países. Supongamos que se incre­
menta el número de estrategias posibles para cada jugador. En la realidad se pueden
dar muchísimas estrategias, por ejemplo considerando distintos porcentajes de reduc­
ción de emisiones para cada país. Veámoslo de manera algo más formal. Definamos
primero el total de reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero de
todos los países, Z, como la suma de las reducciones individuales de cada país z¡.

z = X Z ;

l
$

Por otro lado, los beneficios para cada país individualmente considerado no de­
penden únicamente de las reducciones que éste realice, sino del total de la reducción,
Z. Denotamos estos beneficios como B¡(Z). Los beneficios marginales, o asociados a
cada unidad de reducción, los denotamos como BMg. Los beneficios marginales para
un determinado país i son
dB¡
BMgi = = BMgi(Z)

Reducir en una unidad las emisiones genera unos beneficios que disfruta no sólo
el país que realiza la reducción, sino todos los países, dado que se trata de una reduc­
ción en un mal público como es la contaminación atmosférica. Por lo tanto, tal como
vimos en el apartado de bienes públicos en el Capítulo 2, la agregación de valores es
«vertical». En consecuencia, los beneficios marginales totales o agregados para el
conjunto de países son iguales a la suma del valor marginal para cada país. Es decir,

BMg = X BMg¡(Z)
/
Pese a que el beneficio alcanza a varios países, el coste de la reducción marginal
de emisiones contaminantes lo asume el propio país que la realiza. Así, el coste mar­
ginal para un determinado país i , C Mg ¡ , es igual al sacrifi
realizar la reducción marginal de sus emisiones.
El Gráfico 9.1 refleja estos beneficios y costes. Para un determinado país, h, su
función de costes marginales para reducir emisiones, CMgh, es creciente como deno­
ta su pendiente positiva. Es decir, cada vez es más costoso conseguir una cierta re­
ducción de emisiones. En cambio, el beneficio marginal para h de su propia reduc-
t

ción, BMg,,, es decreciente, indicando esto que el bienestar conseguido por la primera

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#

234 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

* **
zh zh Reducción de emisiones z
Gráfico 9.1. Reducción de emisiones con y sin cooperación.

descontaminación es, en términos marginales, unidad a unidad, más apreciada que la


segunda, la segunda que la tercera, etc. De hecho, el lector puede alterar el signo de \
la pendiente de esta función y comprobar que se llega a las mismas conclusiones.»
Pero como las reducciones de h afectan a cualquier país i, estamos ante la presencia I
de externalidades ambientales positivas generadas sobre cualquier i por las decisio- í
nes de h. La suma de los beneficios marginales percibidos en h y en los demás países, |
BMg¡, puede interpretarse como el «beneficio social» de las mejoras propiciadas
en h, para el conjunto de países. El gráfico recuerda pues el problema de extemalida-
des planteado en el Capítulo 2. Si el país h sólo tiene en cuenta su propio interés,
reducirá emisiones contaminantes hasta z*, donde su coste y beneficios marginales se
igualan. Si sólo hubiera un país, no habría ningún problema. Sin embargo, al haber
varios países, lo socialmente óptimo sería que h redujera hasta donde se igualan
los costes y beneficios marginales sociales. Ésta sería la solución cooperativa que
— ^ — "

debería adoptar cada país. Pero individualmente, ningún país h tiene incentivos para
reducir tanto sus emisiones, dado que le supone un coste adicional excesivo. El lector
puede identificar en el Gráfico 9.1 el área de pérdidas que le supondría a h reducir
hasta z%*- Lo ideal para este país sería que fueran los demás los que redujeran más
allá de la respectiva cantidad Zh,y beneficiarse así, sin asum
de la externalidad positiva que le generarían. j
4

La solución cooperativa permitiría obtener la mayor diferencia entre beneficios y


costes para el conjunto de países. Pero ésta no es la única política posible. De forma
alternativa, consideremos una reducción de, por ejemplo, el 30 por ciento de emisio­
nes contaminantes en cada país, como en el primer protocolo sobre emisiones de azu­
fre. Este tipo de alternativa no es eficiente si los costes de reducción entre países son
distintos, tal como vimos ,en el Capítulo 4 al discutir los mercados de permisos de
contaminación.

© ITES-Paraninfo
t

ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 235

9.4.1. A cuerdos internacionales vo lu n tario s !


*v * . • • . v i* ->> ^ »-v>A v .-/< v . . ✓ J* , • s . i . •< , . >,! S

< De hecho, en el mundo en que vivimos, los acuerdos internacionales deben ser vo­
luntarios. Los países tienden a firmar acuerdos si van en su propio interés. Además,
no hay ninguna autoridad, o por lo menos ninguna con el suficiente poder, que en la
práctica consiga imponer sanciones a aquellos países que aun habiéndolo suscrito no
cumplen un acuerdo internacional de mejora ambiental. Hay organismos que super­
visan el cumplimiento de los acuerdos, pero no consiguen penalizar de forma efecti­
va a los que lo incumplen. Quizás en otros campos estas penalizaciones sí se den
hasta cierto punto, como en el caso de los acuerdos sobre comercio o sobre la seguri-
j
$
dad. Pero no en el caso ambiental, hasta la fecha.
Volvamos al esquema de la teoría de juegos para ilustrar una variante del dilema
del prisionero con múltiples jugadores. Supongamos que tenemos un acuerdo inter­
nacional voluntario de mejora ambiental, como por ejemplo el Protocolo de Kyoto.
Consideremos un país, A, que está debatiendo internamente si le interesa ratificar el
tratado o no. Supongamos además que firmar el acuerdo y, por tanto, reducir las emi­
siones propias, tiene un coste considerable, mayor que el beneficio que el país obtie­
ne de la propia reducción. Así, si A reduce sus propias emisiones y pocos países ha­
cen lo propio (A ratifica el Protocolo y son pocos los que lo ratifican), A se quedará
con más costes que beneficios. Eso es lo que refleja el —1 de beneficio de la primera
casilla del Cuadro 9.3, que sólo muestra los resultados para el país A. Si A decide no
reducir sus emisiones y los demás países tampoco (o sólo unos pocos lo hacen), el
beneficio de A sería 0, o un número superior a —1, dado que no incurre en los costes
y a lo mejor tendría algún beneficio externo. Recordemos que los números sólo tie­
nen sentido ordinal, no cardinal, en estos juegos. Supongamos además que en caso de
ratificar el tratado tanto A como un número considerable de países, los beneficios
para A son claramente mayores que en el caso de nadie reducir, dado que A se bene­
ficia de considerables externalidades positivas con la reducción generalizada. En
nuestro ejemplo, un beneficio de 1. Pero ciertamente el beneficio podría ser mayor si
con un tratado ratificado por muchos países, A se comportara como free rider y al
tiempo consiguiera todos los beneficios externos sin el coste de su propia reducción..
Un beneficio neto de 2 en el ejemplo del Cuadro 9.3.
Cuadro 9.3. Acuerdo múltiple sobre emisones
Pocos reducen Muchos reducen

A reduce - 1 1

A no reduce 0 2

¿Qué conviene al país A, ratificar el Protocolo de Kyoto, y reducir sus propias


emisiones, o no ratificarlo? Veámoslo. En el caso en que sean pocos los países que
reduzcan sus emisiones, A está mejor no reduciendo. Y curiosamente lo mismo pasa
si muchos países ratifican el protocolo, dado que A tendría un beneficio neto de 2 en
lugar del 1 que obtiene ratificándolo.

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236 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Hemos llegado por tanto a la misma conclusión alcanzada tras el análisis del Grá­
fico 9.1. Si la mayoría de países se comportan como A y no reducen sus emisiones,
acabarían consiguiendo una ganancia de 0, inferior a la que obtendrían si muchos
ratificaran el acuerdo y redujeran sus emisiones, en cuyo caso obtendrían una ganan­
cia de 1. Naturalmente, si los beneficios netos no siguieran la lógica del dilema del
prisionero, entonces la solución podría ser distinta.

R e c u a d r o 9 .5

LA TRAGEDIA DE LOS BIENES COMUNALES

En el Capítulo 2 introdujimos el concepto abusen. Es lo que refleja la casilla con el


de un tipo especial de bienes, que denomi­ número 4.
namos comunales. Eran aquellos que eran Muchos Muchos
rivales en el consumo, pero de cuyo con- cooperan abusan
| sumo no se podía excluir a los miembros A coopera 3 1
I de la sociedad. Garret Hardin utilizó este A abusa 4 2
tipo de bienes para ilustrar un caso donde
la racionalidad en un juego no lleva a una En cambio, si el individuo A también
solución óptima. Ello se puede modelizar coopera él obtiene menos beneficio (3). La
de forma parecida a la variante del dilema peor situación para A es cuando él coopera
del prisionero con múltiples jugadores del y los demás no (1). Finalmente, suponemos
Cuadro 9.3. Supongamos que las acciones que abusar cuando todos abusan (2) es peor
son cooperar o abusar. Si todos cooperan, para A que cooperar cuando todos coope­
el recurso no se explota por encima de su ran (3). Si éste es el orden de los beneficios
rentabilidad máxima sostenible a lo largo según la estrategia, el lector puede ver que
¡ del tiempo. En caso de abusar, el recurso para A lo mejor es siempre abusar, sea cual
| acaba rindiendo menos y en caso extremo sea el comportamiento de los demás, abusar
| deja de rendir en el futuro por agotamien- o cooperar. La solución socialmente óptima
[ to del mismo. Así, suponemos que para sería la de cooperar todos pero los incen­
¡ un individuo (A) lo que más beneficio le tivos llevan al abuso del recurso y, en el
I reporta es abusar, mientras los demás no ejemplo de Hardin, a su rápida extinción.

9.4.2. A cuerdos internacionales vin cu lan tes

En el caso de dos países, el resultado era el opuesto si los acuerdos eran voluntarios o
vinculantes. En el caso de múltiples países, se puede mostrar que incluso si el acuer­
do es vinculante, el resultado de equilibrio no lleva a que el conjunto de los países lo
suscriban. Más bien, sólo un número reducido de ellos adoptará el acuerdo ambien­
tal, a menos que se flexibilice el grado de cumplimiento de los compromisos ambien­
tales. No obstante, el tratamiento de esta cuestión trasciende el objetivo de este libro.

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ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 237

i Economías pequeñas y abiertas


En la segunda parte de este capítulo nos centraremos en otras cuestiones ambientales
en un entorno internacional, y sobre todo en las consecuencias que pueden tener para
países relativamente pequeños (que por sí mismos no pueden modificar los precios
internacionales) y con una economía abierta al exterior. Suponemos por tanto que los
agentes económicos de un país toman los precios internacionales como dados y que
compiten no sólo en el mercado doméstico o interior del propio país, sino en otros
mercados también. Por lo tanto, suponemos que los agentes de un país exportan a
otros y que los bienes y servicios que producen compiten en su propio país con los
producidos en otros lugares. Se trata, pues, de economías abiertas a la competencia
exterior. La hipótesis de economía pequeña no es esencial para el análisis que vamos
a realizar. Las mismas consecuencias se pueden derivar con economías grandes, ca­
paces de forzar precios internacionales, pero el supuesto de economía pequeña sim­
plifica el análisis de forma muy conveniente.
Ya podemos intuir que en este tipo de entornos, las condiciones internacionales
condicionarán la política ambiental que adopte un país determinado. Un país que
decida tomar la iniciativa y ser pionero en reglamentaciones de protección del medio
ambiente se va a enfrentar con la posibilidad de imponer un coste a sus productores,
costes que los de otros países no soportan, con la consecuente pérdida de competitivi-
dad. Ya discutiremos en el Capítulo 10 la hipótesis de Porter que cuestiona el que
una regulación más estricta resulte necesariamente en pérdida de productividad, pero
en este contexto nos basta con suponer que es posible que la cause. Entonces, si la
dimensión internacional no se ha tenido en cuenta, la medida de protección ambien­
tal unilateral puede ser contraproducente para el país. Por ejemplo, a lo mejor las
empresas pasan a localizarse en lugares donde la regulación ambiental les supone
menos costes. Ciertamente, ello no significa que las empresas se trasladen literal­
mente de un país a otro. Por lo general, desplazan parte de su producción; a menudo
es la parte de nuevas inversiones la más afectada. Por otro lado, puede que los bienes
importados desplacen a los interiores del país en cuestión. Ni qué decir tiene que el
aspecto ambiental es sólo uno de los múltiples que los agentes económicos conside­
ran al tomar sus decisiones.
Consideremos un problema ambiental de ámbito global, como el cambio climáti­
co. Analicemos los impactos de introducir en nuestro pequeño país un impuesto so­
bre las emisiones de carbono. Es posible que el resultado sea un incremento global de
las emisiones, si la producción de bienes en el país se sustituyese por importaciones
de bienes producidos por tecnologías con mayores emisiones de carbono en otras
partes del mundo. Por ejemplo, un impuesto sobre las emisiones de carbono en la
agricultura puede conllevar un aumento de las importaciones de productos agrícolas
con el posible aumento de emisiones globales. Dependerá de la tecnología utilizada
en los países de donde procedan las nuevas importaciones. En la práctica, se han de­
tectado efectos de este tipo, pero por lo general tienden a ser relativamente poco im­
portantes.

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r
*

238 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

a) b)

De todas formas, para comprender mejor por qué una regulación ambiental unila­
teral puede no suponer una mejora ambiental global, podemos utilizar un modelo
sencillo de oferta y demanda, con el que ya estamos familiarizados. Supongamos que
las empresas de nuestro país producen un bien, x, cuyo precio pm se fija en el merca­
do mundial, mediante la oferta y la demanda del producto. Es decir, que nuestro país
por sí mismo no puede variar este precio, y por tanto lo toma como dado, como una
señal a la que adaptarse. Veámoslo en el Gráfico 9.2. ¿ I
El gráfico de la izquierda, (a), ilustra la relación de oferta y demanda del produc­
to x en el mercado mundial, y cómo se forma ahí el precio de equilibrio, pm, y canti­
dad mundial de equilibrio, xm. La oferta procede del conjunto de productores (oferen­
tes) de todo el mundo, y de manera similar la demanda la determinan el conjunto de
consumidores (demandantes) en todo el mundo. Desde la perspectiva del productor
interior en nuestro país en el gráfico (b) de la derecha, el precio pm viene dado. He­
mos diseñado los gráficos para que nuestro país sea inicialmente exportador de este
bien, o sea que haya más cantidad ofrecida que demandada en el mercado interior. La
diferencia entre ambas cantidades al precio pm es la que hay entre la cantidad oferta­
da (x°) por nuestros productores y la demandada internamente en nuestro país (xd), y
corresponde a las exportaciones.
Supongamos ahora que nuestro país introduce unilateralmente un impuesto am­
biental t por unidad de carbono emitida, cosa que no hacen los demás países. Supon­
gamos también que dicho impuesto infringe un coste por unidad producida, t, a nues­
tros productores. Ello hará desplazar hacia arriba la función de oferta interior

© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JÜEGOS 239

a) b)

Gráfico 9.3. (a) Impactos sobre el mercado mundial de un impuesto ambiental unilateral,
(b) Impactos sobre el mercado interior.

(mayores costes marginales privados), dado que los costes por unidad se verán incre­
mentados en t, como refleja el Gráfico 9.3.
De acuerdo con nuestros supuestos de país pequeño, el precio mundial de equili­
brio, pm, no variará y, por tanto, el comercio mundial no se verá afectado. Sin embar­
go, el mercado interior sí, dado que la producción propia se verá desplazada por las
importaciones, como muestra la parte (b) de la derecha del Gráfico 9.3 con el desdo­
blamiento de la función de oferta hacia arriba. El caso que hemos ilustrado es algo
extremo, porque el efecto del impuesto ambiental es tan fuerte que se pierden todas
las exportaciones y el saldo neto pasa a ser favorable a las importaciones de x. Se
deja para el lector la representación gráfica del caso en el que sólo se pierde parte de
las exportaciones. Pero, ¿qué sucede con las emisiones totales? Pues depende de las
tecnologías utilizadas en la producción.
Si la producción de los bienes importados generara más emisiones de carbono
que las producidas en el interior, entonces las emisiones totales se incrementarían.
Sería un ejemplo de que «mover primero» y de forma unilateral en la protección am­
biental resulta inicialmente perjudicial para el medio ambiente.
#

Veamos ahora el caso contrario. Si la tecnología exterior es más limpia que la


nuestra, la medida ambiental tendrá efectos beneficiosos sobre la calidad ambiental.
Bajo los supuestos realizados hasta aquí, deducimos pues que a medida que la regula-

© ITES-Paraninfo
w
f

240 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

ción ambiental se extiende a más países, las virtudes de la misma se hacen global­
mente más evidentes, a pesar de que inicialmente el efecto pueda ser el contrario al
deseado.

Sea como sea, si la finalidad del legislador fuera solamente la de mejorar un pro­
blema ambiental de ámbito puramente interno, sin presencia de externalidades debi­
das a los comportamientos ambientales en otros países, entonces el impuesto ambien­
tal debería ser eficiente para los ciudadanos del propío país. Además, sería una forma •.
relativamente «barata» de conseguir el objetivo del legislador. Ciertamente, la regu­
lación comportaría un coste, por ejemplo para la industria exportadora, y para pro­
ductores y consumidores de este bien. Pero ya hemos sostenido repetidamente en este
libro que hay que pagar un coste para conseguir los beneficios de una mejora am­
biental. Claro que estos últimos deberían superar a los primeros para que la política
no fuera económicamente rechazable con el criterio de eficiencia que se utilizó en el
Capítulo 7.

El modelo que hemos representado en el Gráfico 9.2 nos informa también acerca
de los costes y beneficios de la cooperación internacional. Supongamos que se pudie­
ra imponer un mismo impuesto sobre emisiones de carbono en todo el mundo. Si el
impuesto afectara en efecto a todas las unidades de carbono emitidas al producir el
bien x, fuese en el país fuese, la función de oferta del Gráfico 9.2(a) se desdoblaría
hacia arriba de manera similar a la oferta en 9.3(b). Como resultado, el precio de
compra del bien sería más alto y la producción mundial inferior. Los efectos para un
país determinado serían los ya descritos en el caso anterior: disminuiría la produc­
ción y, en consecuencia, habría menores excedentes para productores y consumido­
res, que debería compensarse con una mejora de bienestar de la sociedad en su con-
junto gracias al disfrute de un entorno menos contaminado. La diferencia i
fundamental con el primer modelo de impuesto unilateral es que ahora las emisiones
globales disminuyen inequívocamente. ■ I
- ____— . • ,, . "■ r M, ' . • _ . • ’ ; | \ 1

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También podemos introducir en el análisis un elemento dinámico, asociado al


comportamiento de los tipos de cambio de la moneda nacional. Así, si la introduc­
ción de un impuesto unilateral modifica el saldo exportador del país, los tipos de
cambio (o precios de las monedas de unos países respecto a otras) también reacciona­
rán. Retomemos el caso representado en el Gráfico 9.3, por ejemplo, en el que el país
pasaba de exportador a importador neto del bien X. Si éste es un sector con suficiente
peso en la economía del país, el aumento de las importaciones contribuye a depreciar
la moneda del país (importar más obliga a ofrecer más moneda nacional para com­
prar divisas de otros países, con lo que la moneda nacional baja de precio respecto a
las extranjeras, o se deprecia). Esto hace que las importaciones se encarezcan y al
tiempo que se abaraten las exportaciones. Este efecto compensaría parcialmente la
pérdida de competitividad inicialmente provocada por la introducción del impuesto,
y se suavizarían los efectos sobre empleo, riqueza y emisiones.

© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 241

.5.1. Im p u esto s no arm o nizad os

Como estamos viendo, se pueden dar algunos efectos no deseados al introducir un


impuesto ambiental en una economía pequeña y abierta al exterior. Ello es especial­
mente así cuando el impuesto que se introduce no está armonizado con los demás
países. O sea, cuando los demás países, o parte de ellos, bien no tienen este impuesto,
bien lo tienen distinto, por ejemplo, más bajo. Seguiremos con el ejemplo de un im­
puesto a las emisiones de carbono, pero el lector lo puede extrapolar a otros ámbitos.
Centrémonos en dos bienes o servicios determinados, X e F, ambos producidos en
nuestro país. Supongamos que la producción de los dos bienes contribuye a agravar
un mismo problema ambiental global, como el de la concentración de carbono en la
atmósfera. El primer bien, X, se produce también en otros países, mientras que el
otro, Y, no tiene posibilidad de ser importado, quizás por tratarse de un bien protegi­
do en nuestro país. Para ambos bienes, las emisiones de carbono, z, son proporciona­
les a la cantidad producida. Denotamos con zA el total de las emisiones de nuestro
propio país, que igualan la suma de las emisiones de los únicos bienes que por sim­
plicidad consideramos en el modelo, X e Y. Es decir,
A _ X i_ Y
Z —Z -r Z

Analicemos primero el caso en que no distinguimos entre sectores. Al igual que


antes, introducimos de forma unilateral un impuesto ambiental (no armonizado) que
grave cada unidad de emisión de carbono y, por tanto, cada unidad de producción de
X e Y. Si las consecuencias son las explicadas anteriormente, las emisiones en nues­
tro país disminuirán, mientras que aumentarán las unidades de carbono emitidas en el
resto del mundo. El coste marginal (CMg) agregado de la contaminación ambiental
será pues función del total de emisiones. Es decir,

CMg(z) = CMg(zA + z")


#

donde zM representa el volumen de emisiones del resto del mundo. El impuesto


reducirá en cierta medida las emisiones interiores a costa de aumentar las del ex­
terior. Denotemos esa diferencia (d) en las emisiones, o reducción interior, con
dzA= dzx+ dzY. El efecto diferencial en todo el mundo de un impuesto en nuestro
país será
dz = dzA + dzM = (1 - k) dzA

suponiendo que dzM - ~ k d z A, con k tomando valores entre 0 y 1. El factor k repre-


senta la emisión por unidad producida en el resto del mundo. El signo negativo reco­
ge la idea que si bajan las emisiones en nuestro país, aumentarán en el resto del mun­
do, y viceversa. La utilización de un factor de sustitución de emisiones k entre A y M
nos permite expresar de manera formal, pero simple, la hipótesis de que la reducción
de una unidad de emisiones en nuestro país (A) conlleva el aumento en menos de una
unidad en las emisiones de otros países, al incrementarse en ellos la producción utili­

ce) ITES-Paraninfo
242 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

zando tecnologías algo más limpias (siempre que k no iguale 1). En otras palabras, 1
suponemos ahora que las tecnologías en otros países son menos contaminantes en Ij
términos de carbono liberado por unidad producida. Reducir en una unidad nuestras I
emisiones disminuye en (1 —k) las emisiones mundiales. En el ejemplo con el que ¡
iniciamos la segunda parte de este capítulo suponíamos que la reducción en nuestro
país en una unidad aumentaba la cantidad global de emisiones, lo que equivaldría a
suponer que k 1.
>

Recordemos la distinción señalada entre los dos bienes, e donde el segundo v


era un bien protegido, o sin sustitutos internacionales. Tal distinción permite exami- *
nar separadamente las repercusiones de poner un impuesto sobre un sector libre o en
un sector protegido. El impuesto sobre el sector protegido, Y, hará que toda la reduc­
ción de emisiones se quede en casa, que no tenga ningún efecto de sustitución en el
exterior, dado que el bien no tiene sustitutos en otras partes. Por tanto, tiene mayores
efectos ambientales positivos (reducción de emisiones) penalizar con impuestos a los
sectores protegidos que a los que compiten libremente en el comercio internacional.
La razón es que mientras las reducciones en z Y son de una unidad en todo el mundo
por unidad reducida en nuestro país, las de X son de menos de una unidad, en concre­
to de (1 —k).
En el Capítulo 3 mostrábamos que un impuesto ambiental unitario (pigouviano).
idéntico para todos los que generan la externalidad corregía óptimamente la extema-
lidad. Entonces hacíamos abstracción de las localizaciones de los agentes económi­
cos y suponíamos mercados perfectamente competitivos. En el caso que ahora nos
ocupa, con un sector Y protegido y uno X abierto a la competencia internacional, la
conclusión anterior debe matizarse. En general, un impuesto unitario único deja de
ser eficiente en este contexto. Para verlo, supongamos que los costes de reducir la
contaminación son los mismos en cada sector, como ilustra el Gráfico 9.4. En el grá­
fico hemos supuesto que cada unidad producida localmente supone asimismo una
unidad de emisión contaminante.
La curva de beneficios marginales netos (BMg) es la que resulta de la actividad
privada, es decir, el excedente total, del consumidor y del productor, o distancia entre
la función de demanda y la de oferta para cada unidad. En el equilibrio de mercado,
Zq, la distancia es cero, o sea BMg = 0. La curva de costes marginales externos mun­
diales causados por la producción de X en nuestro país (CMgE) es la que proviene del
daño ambiental que provocan nuestras emisiones al añadirse a las del resto del mun­
do. Analicemos primero el sector Y. Así, cuando no hay impuestos correctores, la
cantidad de emisiones será de z0 unidades, que corresponde al equilibrio de mercado
competitivo. Observando el mercado del bien protegido, F, el impuesto pigouviano
debería ser de valor íj por unidad de emisión (o de producción correspondiente de y),
puesto que ése es el valor del impuesto que hace que el beneficio marginal social sea
cero. Ello haría reducir las emisiones hasta Z\, lo que corresponde al óptimo social
para este mercado. La ganancia social neta tras la corrección corresponde al área
sombreada entre las funciones CMgE y BMg para el segmento entre z0 y Z\, en el
mercado protegido de Y.

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ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 243

Sector competitivo X Sector competitivo Y


€ €

CMgE (k = 0)
CMgE

t1 ti

CMgE(0<k< 1)

t
CMgE (k= 1)

i z 2 z0 y
Gráfico 9.4. Efectos de los impuestos ambientales en un sector de libre competencia
internacional y en un sector protegido.

Sin embargo, de introducir este mismo impuesto t x en el sector competitivo X,


éste sólo resultaría óptimo en caso de que k = 0. En ese caso, más producción do­
méstica de X no altera la producción mundial, y la curva de ( = 0) es análoga
a la del sector Y, puesto que no hay ningún efecto de sustitución entre las emisiones
de nuestro país y las del extranjero. Es decir, las reducciones de emisiones en nuestro
país (z0 —Z\) igualan las que se reducen globalmente, y por tanto t x también resulta­
ría óptimo.
9

En cambio, si la reducción en el país se ve parcialmente sustituida por produc­


ción y emisiones de otros países, la curva de costes marginales efectiva se modifica,
pasando a ser CMgE (0 < k <1). Una unidad adicional producida en el
que menos de una unidad deja de producirse fuera. Esto hace que las emisiones con­
juntas sean inferiores que en el caso en que no existe ninguna sustitución. Al ser la
producción doméstica sustituida parcialmente, dejar de producir tiene también menos
beneficios en términos de reducción de emisiones. En este caso el impuesto í, no
sería óptimo para el sector X, sino que sería excesivo. Las emisiones pasarían de z0 a
zx, cuando lo eficiente sería reducir sólo hasta z2- El razonamiento es similar al reali­
zado en los Capítulos 2 y 3. El área sombreada entre Zq y z2 es la ganancia de la
corrección con fx. Sin embargo, utilizar t x implica acumular también pérdidas socia­
les por valor del área rayada entre z2 y Z\.
Finalmente, con k = 1 una reducción en nuestro país comportaría un aumento de
la misma unidad en el resto del mundo, con un balance neto de cero unidades reduci-

© ITES-Paraninfo
244 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

das. Así, el variar la producción en el país no modifica en absoluto las emisiones


globales, o dicho de otra forma, es como si el efecto marginal de nuestra producción
sobre las emisiones mundiales fuese cero. Así, también el CMgE (k = 1) es cero, tal
como aparece representado en el gráfico. Por elevado que fuese el impuesto unilate­
ral, la corrección global sería nula. No debería haber corrección para X en nuestro
país solamente, dado que no comportaría ningún efecto neto global. Para llegar a esta
conclusión es crítica la hipótesis según la cual el impuesto se introduce unilateral­
mente en un país, sin que los demás lo hagan, por lo menos en el periodo de análisis
en que analizamos las consecuencias de bienestar.
Para terminar, y volviendo al caso, en que 0 < k < 1, consideremos ahora im­
puestos distintos para los dos productos, práctica corriente en diversos países. Así,
supongamos que nuestro país introduce un impuesto menor para el bien X del sector
competitivo, tal como tx en el Gráfico 9.4. Podemos ver en el gráfico que dicho im­
puesto sería socialmente óptimo. Justo en z2 el coste marginal externo iguala al bene­
ficio marginal externo global. Si se redujera más la producción de X en nuestro país,
se reducirían más las emisiones en todo el mundo, pero la reducción extra ya no sería
eficiente, dado que las pérdidas de los productores y consumidores nacionales no se
ven suficientemente compensadas por la ganancia adicional de los externos. En tér­
minos de áreas, es máxima la diferencia entre la parte sombreada entre z0, z2, CMgE.
y BMgE,o ganancia de los externos, y el área que queda entre z0, z2 y BMgE, o pé
da de los privados por la reducción.

Recapitulando, el impacto ambiental, y por tanto social, depende de dónde se lo­


calicen las emisiones. Si se producen desde un sector abierto a la competencia exte­
rior, deberemos tener en cuenta las repercusiones que modificar la producción tendrá
en el resto del mundo. En el caso particular de = 0, volvemos a la conclusión de
que el impuesto debe ser uniforme para los distintos sectores (siempre y cuando la
producción de una unidad genere unas mismas emisiones). Pero en la situación tam­
bién muy particular de k = 1, no tiene sentido penalizar al sector competitivo con un
impuesto, dado que todo lo que se reduzca en nuestro país se verá compensado por
aumentos idénticos en el extranjero. Todos los escenarios anteriores representan ca­
sos de introducción de impuestos unilaterales sin países seguidores.

2)0(2) Comercio internacional y medio ambiente


Una de las condiciones que favorecen el progresivo aumento de bienestar en el mun­
do es el comercio internacional. En general, el crecimiento económico de los países
depende básicamente de su productividad (la cantidad de riqueza generada por traba­
jador o por unidad de capital); por el contrario, los recursos naturales no son funda­
mentales para explicar el nivel de vida de los países, pero constituyen uno de los
factores que influyen sobre la productividad. Los países pueden especializar parte de
su economía en los sectores en los que presentan mayores ventajas comparativas. La

© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 245

productividad tiende a crecer con esa especialización. Tendría poco sentido que
* España sustituyera masivamente las inversiones en naranjos u olivos por inversiones
en árboles para pasta de papel. Es mejor para todos importar pasta y exportar cítricos
i
o aceite de oliva. Es mejor para España dado que de esta forma le cuesta menos el
papel y obtiene más ingresos por unidad de inversión en frutales, y es mejor para el
resto del mundo con mejores condiciones para producir pasta de papel que al mismo
tiempo pueden disfrutar de aceite puro de oliva a un precio mucho más asequible.

Recuadro 9.6
¿POR QUÉ EL COMERCIO INTERNACIONAL AUMENTA EL BIENESTAR?

El comercio internacional libre y volunta- los productores es mayor que la cantidad


rio beneficia tanto a la sociedad del país demandada domésticamente. La diferencia
exportador como a la del importador. Veá- entre ambas son las exportaciones. Si la
moslo. El primer gráfico muestra las cur- economía fuese cerrada, el precio interior
vas de oferta y demanda de un país peque- sería p, y para ese precio se produciría me-
ño exportador. Al precio del mercado nos y los consumidores domésticos consu-
intemacional, la cantidad ofrecida por minan más.
4

A partir del gráfico de arriba, en térmi- nen el excedente equivalente a las áreas A
nos de excedentes se observa que con una y B. El productor, por su parte, obtiene C
economía cerrada los consumidores obtie- de excedente. Tras abrir las fronteras a la
V

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246 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

tores ganan B y D, además de C. Los con- Antes de abrir fronteras, los consumido-
sumidores salen perdiendo mientras que res gozaban del excedente A y los produc­
ios productores ganan. En conjunto, sin tores de B y C. Tras abrirlas, los consumí-
embargo, hay una ganancia neta interior dores añaden a A el excedente de B y D,
equivalente a D. dado que los precios bajan. Por otro lado,
El país resultará importador si el precio los productores pierden B. En total, se da
interior de protección es superior al mun- una ganancia social neta de D, aunque los
dial, tal y como muestra el siguiente gráfi- productores salgan perjudicados. En defíni­
co. Con libre comercio exterior, los consu- tiva, sea el país importador o exportador,
midores del país compran más producto y permitiendo el libre comercio aumenta el
bienestar general.

Importaciones X

Cuando el comercio es libre y voluntario las dos partes esperan ganar con él, o de lo
contrario no seguirían dedicando sus recursos a esa compraventa.
Sin embargo, algunos estudios han apuntado que la presión ambiental aumenta
cuando los países especializan más su producción de acuerdo a sus ventajas compa­
rativas. Economistas como Hermán Daly, por ejemplo, advierten que debería haber
restricciones al libre comercio para así evitar algunos problemas ambientales. Si bien
eso puede suceder, no tiene por qué ser la situación general. Por un lado, la relación
entre comercio e impacto ambiental depende en buena parte de los bienes y servicios

© ITES-Paraninfo
I

ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 247

que se intercambien. Por otro lado, el comercio internacional no es precisamente un


sector carente de regulación. Además, los impactos pueden ser globales o locales.
Cuanto más globales sean, más personas deberían estar implicadas en su resolución,
y cuanto menos globales, más local podrá ser la regulación. Por lo tanto, quizás el
libre comercio no implique necesariamente incrementar los problemas ambientales o,
por lo menos, no implique una reducción del bienestar de las personas y países que lo
practican.
Con todo, el problema no es simple. Un aumento del comercio implica más trans­
porte. Ello lleva a veces a argumentar a favor de «comprar localmente». Siguiendo
con el ejemplo de los naranjos y los árboles para pasta de papel, la compra local
implicaría que nuestras naranjas o nuestra pasta de papel no se tuvieran que transpor­
tar a mayor distancia (o con mayores emisiones de carbono, por ejemplo) que las
importadas. Una posible solución sería introducir un impuesto sobre emisiones de
carbono, pero el problema es que el país importador no puede controlar de manera
fácil actualmente que el país exportador haya establecido el impuesto adecuado. La
solución es pues poco viable. Si la alternativa es comprar localmente, y por tanto
producir localmente, no es nada seguro que los impactos ambientales de producir ca­
da cosa en nuestro entorno no sean todavía mayores. En todo caso, deberían tenerse
en cuenta antes de decidir si vale la pena comprar localmente. Y desde la perspectiva
de la economía ambiental lo importante es comprobar si el bienestar del conjunto de
la sociedad, en el conjunto de países, incluyendo las externalidades y bienes ambien­
tales claro está, es mayor o menor con la política de producir y consumir localmente.
No está nada claro que la conclusión sea la de tener que limitar más el comercio
internacional, por lo menos de forma generalizada.

Intereses particulares y política ambiental


En ocasiones, la adopción de políticas de mejora ambiental se ve favorecida por pre­
siones de una parte de la industria afectada, por entender que va en su propio interés..
Se pueden hallar diversos ejemplos en la historia reciente. Uno con implicaciones de
comercio internacional es el de la introducción de catalizadores en los coches. La
legislación europea de 1985 sobre requisitos de los motores respecto a sus emisiones
llevó a la introducción en todos los países de la Unión de la gasolina sin plomo. La
legislación fue algo más dura en 1993, con la obligación de incorporar catalizadores
en la mayoría de vehículos nuevos. En aquel momento, los fabricantes alemanes de
coches poseían ya la tecnología adecuada, aventajando así a sus competidores euro­
peos. En Alemania, el contenido de plomo permitido en la gasolina estaba ya regula­
do desde 1976. Además, la compañía alemana Bosch tenía el monopolio de determi­
nados componentes de los catalizadores. Los economistas Levequn y Nadai
concluyen en un estudio al respecto que las presiones de la industria y de la adminis­
tración alemana tuvieron éxito al conseguir introducir esas novedades en la legisla­
ción europea de forma algo más temprana.

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248 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

R e c u a d r o 9 .7

¿POR QUÉ NO TENEMOS TODAVÍA VEHÍCULOS POCO CONTAMINANTES?

rentable en este sector más limpio, aunque 1


A veces se oye el argumento siguiente: «no
tenemos energía limpia por los intereses de no sea a corto plazo, vayan a impedirse las
la industria del petróleo», o «los fabricantes inversiones. Si las perspectivas futuras son
de automóviles impiden que aparezcan los de beneficios suficientemente altos, habrá
coches eléctricos o poco contaminantes». inversores que estarán dispuestos a tener
¿Hasta qué punto es así? Supongamos pri­ pérdidas a corto plazo y recuperarlas des­
mero que la industria energética o automo­ pués, como ha ocurrido en numerosos casos.
vilística más contaminante es distinta (dis­ Es más, las propias empresas energéticas
tintos inversores) de la menos contaminante. contaminantes tienen seguramente interés
La contaminante puede temer esa compe­ en explorar estos mercados. Si una empresa
tencia y, por tanto, no invertir en ella. Qui- de automóviles consigue desarrollar primero
zás puede presionar al gobierno para que no un modelo exitoso de coche menos contami­
subvencione la investigación en energías nante, ¿qué incentivos tiene en no hacerlo?
más limpias, o incluso que le ponga impedi­ Seguramente lo hará otra empresa. En defini­
mentos (aunque no parecería hacerlo con tiva, el argumento de los intereses creados
mucho éxito). Pero se hace difícil pensar parece más propio de sectores protegidos
que de haber una perspectiva de negocio que de economías en libre competencia.
1.......................... :....... ..... ................

1. ¿Qué diferencia hay entre un equilibrio al que se llega por estrategias dominan­
tes de los jugadores y un equilibrio de Nash? ¿Pueden coincidir? De ser así,
poner un ejemplo.

2. Interpretar el Cuadro 9.3 en términos de tragedia de los bienes comunales en


pesquerías.

3. En el capítulo se han analizado las situaciones donde el factor k de relación en­


tre producción y emisiones en distintos países era siempre inferior o igual a 1.
Discutir el caso con k > 1.

4. Discutir cómo influiría en los resultados del análisis de introducción de un im­


puesto unilateral el que los demás países también lo introdujeran de forma si­
multánea.
t

5. Discutir las consecuencias para terceros países de la política de subsidios a los


productos agrícolas de la Unión Europea, suponiendo primero que es menos
contaminante que la de los terceros países, y después que es más contaminante.

© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 249

6 . Considerar la siguiente afirmación: «Muchos países basan su comercio exterior


en exportar sus recursos naturales hasta agotarlos». De ser cierto, ¿debería co­
rregirse dicha situación? Razonar la respuesta.

7. Analizar económicamente la siguiente afirmación: «Los países pobres venden


barato».

8 . Discutir económicamente la siguiente afirmación: «Nuestro país debería ser


autosuficiente».

© ITES-Paraninfo
I CAPÍTULO

*
0

■**
jr

Crecimiento
y medio
ambiente

SC. y- • v \

¡10.1.1 Antecedentes
10.2. El Club de Roma
10.3. La curva ambiental de Kuznets
¡R - • y' » .v > w

110.4J Aplicación
10.5. Política ambiental, competencia y crecimiento
¡Ejercicios
252 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

La relación entre crecimiento económico y calidad ambiental ha sido objeto de dis­


cusión frecuente a lo largo del tiempo. Hemos presentado ya varias formas de descri­
bir las conexiones entre la economía y el uso de nuestros recursos naturales. Por
ejemplo, el Capítulo 8 detallaba la forma en que la contabilidad verde puede usarse
para explicar importantes interacciones económico-ambientales. Este capítulo trata
algunas de las hipótesis y teorías más intensamente discutidas con respecto a creci­
miento y medio ambiente. Comenzamos por echar una mirada a algunas teorías pre­
vias, desde una perspectiva más amplia que la hasta ahora utilizada en este libro, ya
que incluimos cuestiones sobre población y uso de recursos naturales. Luego segui­
mos con la denominada «curva ambiental de Kuznets», que propone una relación (no
lineal) entre el producto interior bruto (PIB) y una medida de la calidad ambiental.
La última parte del capítulo trata de la hipótesis de Porter. Según esta hipótesis un
país crecerá más rápidamente que otros debido a la «ventaja del primer jugador».
Esta ventaja se basa en un supuesto de relación entre política ambiental y desarrollo
tecnológico que sugiere que el crecimiento económico y una política ambiental más
estricta son complementarios. La política ambiental llevaría a una situación ventajo­
sa, porque puede generar tanto un ambiente mejor como un estándar material más
alto (mayor producción y consumo).

V.
X
!■
L Antecedentes
El estudio acerca de cómo el crecimiento económico y el uso del me-
dio ambiente y los recursos naturales se relacionan tiene una larga tra­
dición. Como explicamos en el Capítulo 1, muchos «pesimistas» y
«optimistas» han dado diferentes puntos de vista acerca del futuro. En
aquel capítulo nos centrábamos en el debate más reciente, dejando los
detalles de la discusión acerca de los orígenes de tal debate para este
capítulo. Quizás el personaje más conocido en la tradición que hemos
dado en llamar «pesimista» sea el economista inglés de los siglos
XVlll y xix, Thomas Robert Malthus. En sus no muy halagüeñas pre­
dicciones para el futuro, imaginó un final en el que el abastecimiento
de alimentos acabaría siendo insuficiente. Observó cómo el creci­
miento poblacional sobrepasaba el crecimiento en la oferta de alimen­
4
Thomas Robert Malthus tos, y llegó a la conclusión de que al futuro le esperaba una escasez de
(1766-1834).
alimentos fatídica. Según Malthus, las estadísticas mostraban una po­
blación tendente a crecer en forma geométrica (1, 2, 4, 8, 16, ...),
mientras que la oferta alimenticia lo hacía sólo en forma aritmética (1, 2, 3, 4, 5, ...).
Aunque las estadísticas de población de su tiempo eran rudimentarias, y era fácil co­
meter errores, las observaciones de Malthus fueron, en general, muy acertadas. De
hecho se han hallado tasas de crecimiento geométrico en poblaciones de muchos or­
ganismos. También es cierto que la producción de alimentos se realiza a partir de
factores, y que algunos se hallan limitados, como la extensión de tierra cultivable.

© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 253

Los críticos a las teorías de Malthus decían que el crecimiento poblacional sería
un problema sólo a muy largo plazo. Malthus respondía asegurando que la pobreza
de entonces en Inglaterra demostraba que tenía la razón. Según él, al sector agrícola
le resultaba imposible abastecer a la creciente población.
Las ideas de Malthus tienen seguidores modernos, y algunos están a favor de un
crecimiento cero de población. Esto es posiblemente una mala interpretación de las
ideas de Malthus porque él creía que el crecimiento poblacional (dentro de límites)
era una condición necesaria para alcanzar la prosperidad.
La pregunta de si Malthus estaba o no en lo cierto puede responderse desde dife­
rentes puntos de vista. Alguna de sus ideas generales acerca del problema de la po­
blación tiene profundas implicaciones. De hecho el problema de la sobrepoblación se
mantiene en los primeros lugares de la agenda política. Por ejemplo, en los años no­
venta, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) estimaba que más de 800 millones de personas en el tercer mundo sufrían de
malnutrición. Sin embargo, hay otra cara de la moneda, como lo sugiere el hecho de
que el precio de los alimentos haya venido disminuyendo con el tiempo, como se
muestra en el Recuadro 10.1. Malthus se equivocó al no prever los rápidos incremen­
tos que se dieron en la productividad agrícola. Por otra parte, estudios recientes acer­
ca de la población mundial indican que el nivel actual de población difícilmente po­
dría doblarse.
Hay numerosos precedentes de predicciones poco acertadas acerca de la disponi-
bilidad de recursos naturales. En la mayoría de los casos las predicciones parecen
haber sido demasiado pesimistas. Algunos estudios, por ejemplo, sostienen que no
habrá escasez de recursos naturales en el futuro, quizás con la excepción del fósforo.
Diversos autores encuentran, en resumidas cuentas, que hay pocos conflictos ver­
daderamente preocupantes entre el crecimiento y el uso de recursos no renovables.
Observan cómo el crecimiento económico entre los países de la OCDE ha mejorado
la calidad ambiental en lugar de deteriorarla. Estos autores exploran diversos meca­
nismos que pueden explicar las tendencias que muestran los datos observados. Un
mecanismo importante es el mercado mismo. A medida que aumenta el precio de los
recursos no renovables, aumenta también el interés económico en las reservas. Los
incentivos al desarrollo tecnológico también se ven afectados por los cambios de pre­
cio. Un precio alto en un material inducirá a su sustitución por otro. Un ejemplo con­
trario es el del platino que no tiene, al menos por el momento, un sustituto cercano.
Sin embargo, se espera que los avances tecnológicos permitan una reducción de su
demanda en un futuro próximo. Además, cuando el precio de alguna materia prima
sube, el reciclaje de ésta se hace más atractivo. De todo ello hablaremos con mayor
detalle en los capítulos siguientes.
0

Existen también otras aproximaciones para explicar las razones de por qué los
daños ambientales parecen hacerse menos intensos con el tiempo. Factores importan­
tes en estos argumentos incluyen una disminución en la intensidad de uso de la ener­
gía y una disposición a pagar por calidad ambiental que aumenta con la renta.

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254 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 10.1
LA TEORÍA ECONÓMICA Y LA ESCASEZ DE RECURSOS
. . . . . . • • . ■: ’ ’ ■ •// ■ ■ ' : . . ' •/ _ ' Y. • , ■/ > •. '■ ,> '/ '/ .f. •/ / ‘

Ya hemos visto en repetidas ocasiones que mandantes del bien en cuestión. En gene-
el precio de un bien juega un papel impor- ral, un bien presente en relativa abundancia
tante en la teoría económica. Por ejemplo, tendrá un precio relativamente bajo, y vice­
actúa como una señal para oferentes y de- versa. Cuando aumenta la demanda, por
E volu ción de p recios de algu n os alim en tos, 1975-1994

índice, 1975 = 100


Arroz
Trigo
Maíz
r Carne

*****
o o.

1975 1983 1985 1987 1989 1991 1993

E volu ción de p recios de algu n os recu rsos n atu rales, 1975-1994


230
índice, 1975 =
Petróleo
Bauxita
Cobre
- Acero

•o

1975 1983 1985 1987 1989 1991 1993


Fuente: World Resources Institute.

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CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 255

ejemplo debido a un incremento en el nivel manda. Los gráficos de este recuadro


de renta de las personas, esperamos que el muestran los cambios de precio para cier­
precio también aumente (si el abasteci­ tos productos alimenticios y recursos no re­
miento es constante). De acuerdo a la teo­ novables en los últimos 20 años. En los
ría de Malthus, esperaríamos entonces que gráficos no se logra evidenciar un aumento
un incremento poblacional llevara a un in­ en la escasez de recursos. Más bien, los
cremento en el precio de los alimentos. precios van cayendo a lo largo del periodo,
De la misma manera, esperaríamos que lo que sugiere, de acuerdo a la teoría eco­
aumentara el precio de los recursos no re­ nómica, que la oferta ha ido aumentando
novables, como resultado de una mayor de­ en relación a la demanda.

Al principio del libro hablábamos un poco de un influyente informe límites del


crecimiento) de principios de los años setenta realizado en el marco del llamado
«Club de Roma», y que auguraba el agotamiento de los recursos en pocos años. De
hecho, según este informe, la población debería estar ya en pleno declive debido a la
escasez de alimentos y de otros recursos (Gráfico 10.1). Veinte años después, apare-

1900 2100
Fuente: Donella H. Meadows, Dermis L. Meadows, Jorgen J. Randers y William W. III Behrens (1972)
L im its to G row th. Universe Books, Nueva York (versión española publicada en México por la editorial
Fondo de Cultura Económica) (véase también, [Link]
Gráfico 10.1. Tendencias según el informe L o s lím ite s d e l c re c im ie n to .

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256 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

ció una revisión de aquel estudio. El nuevo informe se tituló Más allá de los límites,
y pintaba también un futuro catastrófico para la humanidad caso de mantenerse las
tendencias de consumo y producción. Una de las diferencias notables en las prediccio­
nes de los dos informes radica en que el segundo posponía en algunos años el colapso,
si bien éste debería estar produciéndose ya en algunos aspectos (Gráfico 10.2).
Las predicciones de estos informes se basaban en la simulación de varios mode­
los en los que se recreaba una economía mundial, incluyendo una gran cantidad de
relaciones entre los sistemas ecológico y económico. Estas relaciones recogían sobre
todo los límites al uso de recursos. En particular fijaban el área para la producción
agrícola, introducían un límite superior al uso de recursos no renovables, así como un
límite superior a la capacidad de los sistemas ecológicos para asimilar los residuos de
consumo y producción. Se supone que la capacidad de asimilación disminuye a me­
dida que aumentan las emisiones.
La conclusión más importante en el primer informe era que los «límites al creci­
miento» se alcanzarían ya en el siglo XX. El crecimiento incontrolado tendría un im­
pacto funesto en las economías y poblaciones mundiales. El segundo informe men­
cionado modificó un poco estas predicciones de catástrofe después de introducir
ciertos cambios al modelo. Sin embargo, la conclusión principal seguía siendo la
misma: de no modificarse las tendencias, el mundo llegaría en poco tiempo a su lími­
te de producción industrial y agrícola y de uso de energía.
La conclusión a la que llegó el primer informe para el Club de Roma fue fuerte­
mente discutida en los años setenta. La mayoría de los economistas académicos se
mostraron más bien escépticos ante aquel análisis y argumentaron que al modelo uti-

1900 •-n esú^ada 210011


Meadows, 1992, p. 133 to\ac*otv, -o
World Oil: Duncan &
Youngquist, 1998

Recursos naturales

Esperanza
de vida

Fuente: Adaptado de Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jorgen J. Randers (1992) B e yo n d the
lim its : g lo b a l collapse o r a sustainable future. Earthscan, Londres (versión española, M ás allá de lo s lí­
m ite s d e l crecim iento. El País Aguilar, Madrid).

Gráfico 10.2. Tendencias basadas en el informe M á s a l l á d e l o s l í m i t e s .

© ITES-Paraninfo
t

CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 257

lizado le faltaban muchos mecanismos económicos importantes. Según los críticos,


el modelo era particularmente deficiente en recoger las posibilidades de sustitución.
Seguramente tarde o temprano el incremento en el consumo de determinados bienes,
o su escasez, haría subir su precio, lo que a su vez reduciría el consumo. Se aprove­
charían más los sustitutos y los precios altos inducirían al desarrollo tecnológico, co­
mo ya señalamos en el Recuadro 10.1. Por ejemplo, cuando subiera el precio del pe­
tróleo, disminuirá su demanda y otras fuentes de energía se volverían más atractivas.
El modelo no consideraba los tipos de mecanismos de mercado que acabamos de ex­
plicar. Probablemente el principal factor que explique el porqué de predicciones tan
catastróficas sea el no haber sabido incorporar al modelo estas relaciones básicas de
oferta y demanda.
Otras críticas se han centrado más en la noción del volumen de reserva de un
recurso. Como seguramente ha quedado ya claro en lo que llevamos de libro y como
se verá con mayor detalle en el Capítulo 11, en economía no estamos particularmente
interesados en la cantidad total de un recurso físicamente disponible en la tierra. Des­
de el punto de vista económico, lo que nos interesa de forma principal es la parte de
la reserva que es atractiva económicamente para ser explotada. En efecto, esto signi­
fica que la cantidad disponible de un recurso depende en parte de su precio en el
mercado. Un incremento en el precio del petróleo provoca que la exploración adicio­
nal en zonas más costosas pase a ser rentable. Como consecuencia, una predicción
hecha en base a un índice de reserva estático (el índice es independiente del precio de
mercado del recurso en cuestión) hablará casi siempre de un cuadro demasiado pesi­
mista del futuro del abastecimiento, por lo menos si no coinciden las cantidades de
reserva económicamente viable y la cantidad física total de los recursos no renovables.
Se pueden introducir todavía otros factores de naturaleza económica para expli­
car la desviación entre predicciones y realidad, como que los ingresos más altos pue­
den hacer cambiar los patrones de demanda. A medida que nos enriquecemos los
tipos de bienes que demandamos pueden cambiar. La demanda de servicios domésti­
cos y culturales, y de otros bienes y servicios, que utilizan menos cantidad de mate­
rial, tiende a aumentar. Una mayor renta también permite el desarrollo de sistemas de
reciclaje más eficientes, alargando en la práctica el periodo de explotación de un re­
curso no renovable. Finalmente, también se ha observado que la demanda de calidad
ambiental aumenta con la renta. Esto significa que la gente está dispuesta a renunciar
a determinados incrementos de su bienestar material, a medida que sus ingresos cre­
cen. Este tipo de argumentos está estrechamente relacionado con la llamada curva
ambiental de Kuznets, que se examina a continuación.

En el informe anual de 1992, el Banco Mundial presentó diversos gráficos mostrando


la relación entre renta (PIB) y calidad ambiental. El informe incluía un tipo particular
de curva que se conoce como la «curva ambiental de Kuznets», que mostraría que la

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258 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

relación entre crecimiento económico y emisiones contaminantes tie­


ne la forma de una U invertida, por lo menos para ciertas dimensiones.
Simón Kuznets era un conocido economista norteamericano de origen
ruso, premio Nobel de economía, que entre otras cosas estudió cómo
ha evolucionado la distribución de la renta de acuerdo al crecimiento
económico. Esta relación entre renta de un país y cuán equitativa­
mente está repartida la renta se representaría con una U. Es decir, en
las primeras etapas de desarrollo, o sea, cuando el país es «pobre», la
renta tiende a distribuirse en forma desequilibrada. A medida que la
economía del país crece, la distribución de renta se va equilibrando,
Simón Kuznets hasta un cierto punto de inflexión, en que la distribución de renta em­
(1901-1985). pieza a volverse de nuevo más desigual. En los Estados Unidos de
1950, los resultados de Kuznets provocaron una viva discusión políti­
ca. Por ejemplo, por un lado algunas personas sostenían que las crecientes disparida­
des de renta entre los «ricos» y los «pobres» alimentaban las simpatías comunistas.
Por otro lado, otros se fijaban más en que una economía en crecimiento tiende, hasta
cierto punto, a igualar la distribución de renta, incrementando los ingresos de la gran
mayoría, lo cual en algunos círculos políticos resultaba ser una conclusión interesan­
te de la economía de crecimiento.

La curva de Kuznets se aplicó posteriormente para analizar la relación entre renta '
y medio ambiente. Los resultados que el informe del Banco Mundial mostraba res­
pecto a esta relación y las discusiones que se suscitaron desembocaron en una exten­
sa actividad investigadora.

Utilicemos ahora el tipo de razonamiento de Kuznets para explorar las relaciones


entre renta y calidad ambiental. En la fase inicial de desarrollo la base industrial del
país es necesariamente pequeña. Ello significa que las emisiones contaminantes son
relativamente poco importantes. A medida que crece la economía, podemos esperar
que también las emisiones empiecen a crecer. En esta fase, la demanda de bienes y
servicios es también relativamente alta. Podríamos decir, que la utilidad marginal del
consumo es «alta». Pero con el crecimiento del consumo, su utilidad marginal decre­
ce, y muy probablemente la utilidad marginal de la calidad ambiental (que estaría
bajando) se incrementa.

A lo largo de este proceso se dará un progreso tecnológico, lo que significa que


uno puede producir más para cada nivel determinado de calidad ambiental. Las me­
joras en la eficiencia garantizan que en el proceso de producción se utilicen cada vez
menos materiales y energía por unidad producida. Es fácil encontrar ejemplos que
ilustren este tipo de afirmaciones. Pongamos el caso de la industria metalúrgica. El
desarrollo tecnológico ha permitido que ahora se pueda producir más acero utilizan­
do menos energía y materias primas. El proceso de Bessemer que se desarrolló a fi­
nales del siglo xix permitió la producción de acero a gran escala. Menos de 10 años
después de la introducción del proceso de Bessemer, el proceso de Martin entró en
escena. Ahora se podían usar los residuos de acero en grandes cantidades. En el futuro.

© ITÉS-Paraninfo
I

CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 259

Gráfico 10.3. Funciones de producción según el grado de desarrollo tecnológico.

seguramente podremos producir acero con mejores propiedades que hoy. Estos pro­
cesos utilizarán incluso menos energía y materiales por unidad producida.
Ahora es el momento de construir un modelo económico sencillo que explique la
mecánica de la curva ambiental de Kuznets. Para evitar complicaciones innecesarias,
supongamos que la producción en la sociedad (Q) depende sólo de la cantidad de
A

«petróleo» disponible (X) y de un factor tecnológico. Estos son dos componentes cla­
ves en la tecnología de la producción. Primero, un aumento del uso del petróleo en la
producción aumenta las posibilidades de consumo. Segundo, las mejoras tecnológi­
cas garantizan que podamos producir más a medida que pase el tiempo, para cual­
quier cantidad determinada de petróleo utilizada en la producción. El Gráfico 10.3
muestra las posibilidades de producción en este modelo.
Veamos primero el sentido de una curva en particular del Gráfico 10.3, por ejem­
plo la inferior, la Q{(z). Este tipo de funciones de producción ya las introdujimos en
el Capítulo 1. Relacionan la cantidad de inputs que utilizamos (petróleo, en nuestro
caso) con la cantidad de producto conseguido (y que en definitiva es igual al consu­
mo, en nuestra economía simplificada). Así, en el eje vertical representamos esa can­
tidad de producto. Nótese, sin embargo, que en el eje horizontal hemos puesto «emi­
siones» (z), como un factor de producción, en lugar de petróleo (x). Puede parecer
extraño que supongamos que las emisiones contaminantes se utilicen para producir
bienes. La idea es que hay una relación estrecha entre los materiales utilizados para
producir y las emisiones que provocan. En nuestro ejemplo, utilizamos petróleo, que
está a menudo relacionado con problemas ambientales. Supongamos, por ejemplo,
que la combustión de petróleo provoca emisiones de dióxido de carbono (C02). Dado
que las emisiones de C 02 son proporcionales al uso (combustión) de petróleo, en

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260 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

realidad da igual que digamos que las emisiones son un factor de producción. Es sim­
plemente un cambio que ayuda a ilustrar la teoría utilizando una sola gráfica en lugar
de varias. La curva Q \z ) pasa por el origen, lo que denota que sin inputs no hay
producto. Además, la pendiente de la curva se hace más suave a medida que se utili­
zan más recursos. Es decir, en proporción, cuando ya tenemos un nivel alto de pro­
ducción, aumentarla precisa (en proporción) de más unidades de recurso que cuando
el nivel de producto realizado es bajo. Las empresas que sean eficientes se situarán
encima de la curva. Es decir, para un volumen de recursos utilizados (o de contami­
nación) z, y con la tecnología 1, conseguirán un volumen de producto Qx. Si la em­
presa no fuera eficiente, el volumen producido sería inferior a Ql. Así, la curva se
puede ver también como una «frontera» de las posibilidades de producción con esta
tecnología. Los puntos sobre la curva y los que se hallan por debajo son factibles,
pero no los que están por encima de la curva.
Veamos ahora los cambios tecnológicos. Como podemos ver, la función de pro­
ducción se desplaza hacia arriba para cada periodo a lo largo del tiempo, a medida
que mejora la tecnología. Ésta es una forma simple de describir los avances tecnoló­
gicos. No nos preocupa aquí cómo se realizan dichos avances; simplemente tomamos j
el progreso tecnológico como dado. Así pues, en el primer periodo los recursos y los
conocimientos tecnológicos de la sociedad permiten una producción (y un consumo),
como el de la curva Ql(z),donde el superíndice 1 corresponde al pr
tiempo. Entre el primer y el segundo periodo se producen avances tecnológicos que
permiten unas nuevas posibilidades de producción como las que refleja la curva
Q2(z). Y así sucesivamente. Por eso, para una misma cantidad de z, el volumen
de producción Q correspondiente es mayor en cada periodo (<2*, Q2, 3 en el eje
vertical).

El próximo paso consiste en describir las preferencias de las personas en nuestra


economía. Para evitamos complicaciones que surgen cuando la gente tiene distintas
preferencias, supondremos que las preferencias de la sociedad se pueden describir
con un conjunto de curvas de indiferencia entre consumir más unidades de un bien a i
cambio de disminuir el consumo de otros (véase el Recuadro 10.2). Supondremos <
también que la utilidad marginal es decreciente en el consumo, es decir, que la utili- •
dad aumenta con el consumo, pero menos que proporcionalmente. Por ejemplo, se­
guramente, el primer ordenador que compramos para nuestra casa incrementa bastan­
te nuestra utilidad. El segundo ordenador puede que también incremente la utilidad,
pero seguramente el incremento de bienestar no será tan grande como con el primero.
En cambio, cuando se trata de emisiones contaminantes, suponemos que la desutili­
dad (pérdida de bienestar) marginal incrementa con la cantidad de emisiones. Si el
primer gramo de contaminante emitido disminuye nuestra utilidad, supondremos que
el segundo gramo la disminuirá aún más.

En el doble Gráfico 10.4, representamos estas relaciones. En el 10.4(a) vemos


cómo al doblar el consumo desde Q0 hasta 2*<20 aumenta la utilidad, pero me­
nos del doble, dado el supuesto de utilidad marginal decreciente. En cambio, en el

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CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 261

•mmm

R e c u a d r o 1 0 .2
!
<
1 LAS CURVAS DE INDIFERENCIA DE UTILIDAD

Las relaciones de indiferencia de utilidad como ejemplo, la curva Ux, que da justa-
L entre distintas combinaciones de consumo mente este nivel de utilidad. En el punto a
se suelen ilustrar con el caso más simple, consumimos 0 unidades de x, y hasta a de
que es el de una economía con sólo dos bie- x2, dándonos esa combinación de bienes
fei II nes de consumo (jq y x2).El siguiente gráfi- una utilidad igual a Ux. Ésa es la misma uti­
co muestra dos curvas de indiferencia, indi- lidad que nos proporciona la combinación b,
con 0 unidades de de Por tanto, al
renunciar a consumo de x 2 nos han tenido
que compensar con unidades de Es pare­
cido a lo que ocurre con el punto c, donde
consumimos algunas unidades de cada bien,
obteniendo al final la misma satisfacción.
Sin embargo, el punto comparado con el
c, tiene la misma cantidad de consumo de
x, y más de x2. Ello nos sitúa «por encima»
de la curva de indiferencia para situar­
nos en Es decir, nos da mayor bienestar
la combinación d que la a, b, o c.
Se deja para el lector la comprobación
de que el gráfico siguiente refleja la situa­
b i ción de curvas de indiferencia entre un
' . * • . '' .• • ;•
bien y un mal. Con arreglo al gráfico ante-
_ ' .

ferencia en el sentido que las distintas com- rior, es como si el bien Xj lo sustituyéramos
binaciones de consumo sobre cada curva por un mal (z) y el bien x2 por otro bien (C
proporcionan a este consumidor la misma o Q). La flecha indica hacia dónde aumenta
, utilidad, sea ésta la que sea. Tomemos el nivel de utilidad.

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262 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

(a) (b)

Gráfico 10.4(b) vemos que al doblar las emisiones desde z0 hasta 2*z0 la desutilidad
pasa de — U0a — Ux,lo cual es más del doble,
marginal creciente en las emisiones contaminantes.
0

Cambiemos ahora los Gráficos 10.4(a) y 10.4(b) para formar un gráfico de prefe­
rencias sobre consumo y calidad ambiental. Representamos el consumo (o sea, el
producto, Q, dado que se trata de la misma magnitud) en el eje vertical y las emisio­
nes que provocan la pérdida de calidad ambiental (Z) en el horizontal. Ux y U2 repre­
sentan curvas de indiferencia en dicho gráfico. Tal como se ha explicado en el Re­
cuadro 10.2, cada curva describe aquellas combinaciones de consumo de bienes y
servicios y calidad ambiental que el consumidor percibe como igualmente buenas.
Así, el consumidor puede preferir renunciar voluntariamente a parte del bienestar
material (consumo), si se le compensa con un mejor medio ambiente (Gráfico 10.5).
La flecha en el gráfico muestra la dirección y sentido en el que aumenta la utilidad.
Si aumenta el consumo y simultáneamente disminuyen las emisiones, el consumidor
debería haber mejorado su situación. En consecuencia, la curva de indiferencia U2
representa un nivel superior de utilidad que la representada por í/j.
Ahora ya estamos en situación de poder combinar las posibilidades de produc­
ción de la sociedad de nuestro ejemplo con las preferencias sobre consumo y calidad
ambiental. El Gráfico 10.3 mostraba cuánto consumo como máximo puede ofrecerse
a la sociedad para cada nivel de emisiones con una tecnología dada. Fijada esta tec­
nología, ¿qué punto de la curva que representa la función de producción es el mejor
desde el punto de vista de la sociedad? Eso dependerá del compromiso entre consu­
mo y calidad ambiental que la sociedad desee ejercer. Podemos ver que la mejor
elección que la sociedad puede hacer, dadas las preferencias y nivel tecnológico, es
el punto de tangencia entre una curva de indiferencia y la función de producción, como
vemos en el Gráfico 10.6, el cual combina el contenido de los Gráficos 10.3 y 10.5.

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CRECIMIENTO V MEDIO AMBIENTE 263

Gráfico 10.5. Curvas de indiferencia de utilidad entre un bien v un mal.

Gráfico 10.6. Cantidad óptima de producto dada una función de producción


y un conjunto de preferencias.

De acuerdo con el Gráfico 10.6, el punto b supone la combinación óptima entre


consumo y emisiones (calidad ambiental), dada la función Q{z). Naturalmente el
punto a, por ejemplo, sería también posible pero no estaríamos utilizando eficiente­
mente nuestras posibilidades de producción. En el punto a todavía es posible incre­
mentar la producción sin afectar para nada la calidad ambiental. Cuando se llega al
punto b (sobre la función de producción con la tecnología disponible) se termina la
suerte; cualquier cantidad adicional de consumo supondrá aumentar las emisiones
contaminantes. El lector puede comprobar cómo no hay ningún otro punto sobre la
función Q(z) que dé mayor nivel de utilidad que b.

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264 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

El Gráfico 10.6 describe las posibilidades de producción y las elecciones de con­


sumo para un periodo determinado. Al considerar el siguiente periodo, debemos te­
ner en cuenta que se daría progreso tecnológico (de acuerdo con nuestro modelo).
Este progreso permite aumentar el consumo sin arruinar todavía más el medio
ambiente, al menos en el sentido de que podemos consumir más sin aumentar las
emisiones contaminantes. Así, la elección de consumo depende de cómo cambie la
tecnología y de la forma que tengan las preferencias. Una posibilidad que parece bas­
tante lógica es que inicialmente uno prefiera consumir más y aceptar un aumento de
emisiones. Ciertamente, en los inicios del proceso de industrialización se necesitaba
mucha cantidad de material, y el medio ambiente no estaba excesivamente dañado
(con algunas notables excepciones ya apuntadas en el Capítulo 1). En este caso, po­
demos esperar un tipo de crecimiento económico en el que tanto el consumo como
las emisiones aumenten. En un momento determinado llegaremos a una fase en la
que la utilidad marginal del consumo será mucho menor de lo que era al principio.
Cuando hayamos llegado a esta fase, seguramente será preferible renunciar a un posi­
ble aumento de consumo a favor de una reducción de las emisiones contaminantes.
El progreso tecnológico asegura que podamos consumir por lo menos lo mismo que
en periodos anteriores. Al mismo tiempo, tecnologías nuevas y más eficientes hacen
que ahora el impacto ambiental sea menor, para una misma cantidad de producto.
En el Gráfico 10.7 resumimos este proceso para cuatro periodos. Si identificamos*
los puntos de tangencia en el Gráfico 10.7, y trazamos una curva que los una, obten­
dremos algo parecido a una «curva ambiental de Kuznets». Al principio las emisio­
nes tienden a aumentar, pero luego disminuyen. Observamos que el crecimiento eco­
nómico es positivo a lo largo de todos los periodos.
De nuestro simple modelo se derivan unas cuantas conclusiones. Primero, vemos
que las emisiones vienen determinadas por una combinación de tecnología y prefe­
rencias. Tanto la tecnología como las preferencias intervienen en el proceso. No po-

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CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 265

demos decir que un factor sea más importante que otro, como se ha sugerido alguna
vez. Hay quien argumenta que los problemas ambientales se «solucionan» con los
avances tecnológicos. Otros argumentan, en cambio, que la demanda de calidad
ambiental aumentará a medida que la sociedad sea más rica, «solucionando» así los
problemas. En un lenguaje algo técnico, podemos decir que la curva ambiental de
Kuznets es una forma reducida donde tanto la tecnología como las preferencias se
combinan para dar un determinado resultado.
Tengamos en cuenta que hemos descrito una de las muchas posibles formas redu­
cidas, o curvas ambientales de Kuznets. Al nivel de generalidad en el que nos hemos
movido, no podemos precisar la forma exacta de la curva. Se propone a los lectores
que lo comprueben definiendo otro conjunto de curvas de indiferencia y funciones de
producción.

Un caso concreto puede ayudar a comprender mejor el modelo. Suecia es un buen


ejemplo para observar la relación entre emisiones de azufre y el crecimiento del PIB,
entre otras cosas porque se registran datos de emisiones desde el año 1900. En otros
países, y con otras variables se obtienen a veces resultados parecidos, pero también
en ocasiones resultados divergentes. Por tanto, el lector debe tomárselo solamente
como un ejemplo ilustrativo. Como podemos ver en el Gráfico 10.8 las emisiones de
azufre fueron estables y moderadas hasta 1930. En la década de los 30 aumentan
muy rápidamente. La tendencia se interrumpe en 1939 con el inicio de la Segun­
da Guerra Mundial. A primera vista parece contradictorio que en los años treinta se

1.000 Tm

Gráfico 10.8. Emisiones de azufre en Suecia (1900-2002).

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266 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

incrementen las emisiones si la mayoría de los países sufrieron una considerable de­
presión económica. Examinando los datos con mayor detalle, puede comprobarse
que en Suecia se estableció una fundición, después conocida como la planta más con­
taminante del país.
El siguiente cambio significativo se produjo hacia 1950, cuando empezaron 20
años de continuo crecimiento de las emisiones de azufre. Este crecimiento correspon­
de a un periodo de gran expansión económica, en el cual apenas existía regulación
ambiental. La política ambiental sueca empezó a imponerse después de los descubri­
mientos de los investigadores de aquel país que relacionaban las emisiones de azufre
con la «lluvia ácida». Así, en 1969 se aprobó una ley de protección del medio am­
biente. Ese año marca también un punto de inflexión en las emisiones. A ello contri­
buyeron también la crisis del petróleo de los años setenta y la rápida expansión de los
programas de energía nuclear (cambio tecnológico). El Gráfico 10.8 se corresponde
con el de emisiones de azufre a lo largo de los años, mientras que el 10.9 relaciona
dichas emisiones con la evolución de la producción (PIB).
Examinando a simple vista la forma de la función que describen los puntos en el
Gráfico 10.9, parece deducirse que para este caso concreto los datos confirman la
forma anunciada de la curva ambiental de Kuznets. De hecho, si el PIB per cápita lo
representáramos en el eje horizontal y las emisiones en el vertical, la forma general
de la función que relaciona ambas variables seguiría la tendencia de una «U inverti­
da», primero creciendo y después disminuyendo. Muchos otros estudios llegan al
mismo resultado de U invertida al describir la relación entre nivel económico y cali-

PIB per cápita (Coronas suecas)


240.000

200.000 - B
Q
_____2002

___ L_




160.000
a □ □ □
□□ □ □
120.000 □P □
□ □

□ □
80.000 □ %

CÍEcP 1971
1

40.000 1955
r


%

0 _________l_________i_
0 20 40 60 80 100 120 140
kg S 02 per cápita

Gráfico 10.9. Relación entre crecimiento económico y emisiones de azufre en Suecia (1900-2002)

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CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 267

dad ambiental. Si tomáramos este resultado al pie de la letra parecería que el mero
crecimiento económico sería en sí mismo garantía de que se «resolverían» los proble­
1 mas ambientales. Pero la cuestión no es tan sencilla. Para algunos problemas locales,
como la calidad del agua, se suele dar una relación positiva entre riqueza y calidad. Los
ciudadanos de los países más ricos son los que suelen gozar de aguas de mejor calidad,
por ejemplo. Parece que la U invertida describe bien la evolución de las emisiones de
azufre y otros contaminantes, por lo menos en determinados países. Sin embargo, las
emisiones de dióxido de carbono son un ejemplo que tiende a revelar una relación li­
neal entre riqueza y emisiones. De hecho existen numerosos estudios para distintos in­
dicadores de calidad ambiental y diferentes países que no hallan evidencia de la forma
esperada de la curva de Kuznets en la relación entre crecimiento y calidad ambiental.
Si realmente se diera la curva de Kuznets, la conclusión parecería ser que debe­
ríamos favorecer el crecimiento económico (lo cual se ha sugerido a menudo). Pero
existen diversos problemas con esta implicación. Si el stock del contaminante y no el
flujo (es decir, las emisiones por periodo) es importante, no será de mucha ayuda que
se reduzca el flujo en algún momento lejano de tiempo. Por ejemplo, esto sucede con
i las emisiones de SOx y C 02. Si el daño ambiental es irreversible, será importante
atajar el problema a tiempo. Por último, si simplemente se trasladan las emisiones a
otros países, con el incremento de las importaciones, la situación del país importador
puede mejorar, pero la situación global empeora.

Política ambiental, competencia y crecimiento


Ya hemos visto que el crecimiento económico no necesariamente con­
lleva una mayor degradación del entorno de la que acontecería sin di­
cho crecimiento. A través de una relación algo compleja entre progre­
so tecnológico, preferencias sociales y mejora de la renta, parece que
el crecimiento económico puede ayudar a la mejora del medio am­
r r S ? '.


-¿J
gjf
e
biente. De cumplirse esta relación, el crecimiento económico se po­
dría ver como la causa que tiene como consecuencia la mejora de la
situación ambiental. Sin embargo, se ha sugerido también que la rela­
ción causa-efecto puede ser la inversa, en el sentido de que una políti­
Michael Porter (1947). ca ambiental más estricta puede mejorar la economía. Así, aquellos
países que se adelantan a los otros en la aplicación de políticas am­
bientales más ambiciosas pueden obtener ventajas comparativas, o sea, mejorar su
competitividad respecto a otros países en determinados campos. Y estas ventajas
pueden reforzar a su vez el crecimiento económico. Uno de los avaladores de esta
teoría es el profesor de la Universidad de Harvard, Michael Porter.

í< :..
10.5.1. La h ip ó tesis de P orter
• • . . . • • .............................................■ -

I.
De acuerdo con la teoría económica convencional, la creciente demanda para reducir
los impactos ambientales impone mayores costes sobre las empresas y los hogares.

© ITES-Paraninfo
268 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

En la visión convencional estos costes tienen dos componentes. Primero, las inver­
siones ambientales tienen un coste de oportunidad, en la medida que desplazan a las
inversiones «productivas». Segundo, unos requerimientos ambientales más estrictos
reducen la productividad, con el consiguiente incremento de los costes de produc­
ción. La regulación ambiental reduce las opciones que las empresas pueden tomar
(algunas opciones no son factibles por causa de la regulación). En este sentido, debe­
ríamos examinar las relaciones entre productividad y política ambiental, para enten­
der cómo la política ambiental afecta a la competitividad.
La competitividad se puede ver también en el contexto de la teoría tradicional del
comercio, de la que ya tratamos en parte en el Capítulo 9. La competitividad de una
empresa (o de un país) depende de lo bien que sepa explotar sus ventajas comparati­
vas en cuanto a costes. La teoría de comercio internacional de Hecksher-Ohlin expli­
ca las pautas comerciales según las diferencias en la capacidad de los factores (ya sea
en la tecnología, en la especialización de la mano de obra, o en los recursos natura­
les). Podemos utilizar esta teoría para el análisis de las regulaciones y de la calidad
ambiental para reinterpretar la capacidad de los factores. Así, una empresa que conta­
mina está utilizando una de estas capacidades, un recurso natural al que llamamos de
forma genérica medio ambiente. Una regulación que estipule un menor uso del me­
dio ambiente hace que la empresa ya no pueda explotar esta capacidad de la misma
forma: pierde competitividad. En consecuencia se reducirá la exportación de aquellos *
bienes que utilizan bastante intensivamente el medio ambiente. Por lo tanto, pode­
mos pensar en la conexión entre competitividad y política ambiental de acuerdo a las
pautas comerciales.
En realidad, da igual cuál de las dos aproximaciones descritas utilicemos, porque
la conclusión es la misma. La regulación ambiental daña la competitividad de acuer­
do con la visión tradicional.
Sin embargo, cada vez se ha cuestionado más esta visión tradicional. Un buen
ejemplo es el de Michael Porter, quien sostiene que, si se aplica correctamente, la polí­
tica ambiental puede aumentar la productividad y la competitividad de las empresas, y
por tanto de los países. Así, un país podría mejorar su posición en la economía mundial
si tuviera una política ambiental más estricta, y al mismo tiempo «más acertada».
Porter cree que la concepción tradicional de la política ambiental se basa en un
concepto erróneo. Lo habitual ha sido pensar en términos de equilibrio entre los obje­
tivos ambientales y económicos, pero eso es demasiado estático según Porter. En un
mundo estático donde las [Link] de minimizar los costes, un aumento de la
regulación suele comportar mayores costes. Porter y van der Linde proponen pensar
en esta relación en términos dinámicos. La competitividad depende de la habilidad
para innovar y la capacidad de mejora. Una regulación ambiental más acertada im­
pulsa procesos de innovación que neutralizan el incremento de costes. Sostienen que
estas «compensaciones de la innovación» pueden comportar incluso la reducción ne­
ta de costes, de forma que la medida le proporcione a la empresa una ventaja compa­
rativa en sus costes.

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CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 269

Una idea fundamental en la hipótesis de Porter es que las empresas no se compor­


tan en realidad tan racionalmente como sugiere la teoría económica. Según él, la teo­
ría económica tradicional se mueve en un mundo ideal, donde constantemente las
empresas maximizan sus beneficios y minimizan sus costes. Sin embargo, en la prác­
tica, las empresas no tienen acceso a información perfecta. Tampoco es muy realista
esperar que puedan gestionar eficientemente toda la información que controlan. Ade­
más, siempre se da una cierta inercia en muchos tipos de organizaciones, lo cual en­
torpece el flujo de la información y retrasa el proceso de toma de decisiones. Según
Porter, una de las diferencias esenciales que distinguen a las empresas en competen­
cia entre sí, es su capacidad de organizar eficientemente las diferentes partes de la
empresa.

Así, las regulaciones ambientales comportarían ciertas ventajas que generalmente


se ignoran. Por ejemplo, un impuesto ambiental puede incentivar la introducción de
mejoras tecnológicas que las empresas no utilizaban (debido a algunas imperfeccio­
nes, como se ha señalado), con la consiguiente mejora de eficiencia. La regulación
puede incluso ayudar a la empresa a elegir mejores soluciones tecnológicas a deter­
minados problemas de producción. Y puede también contribuir al conocimiento am­
biental entre las empresas. A menudo, una regulación ambiental más estricta signifi­
ca que la empresa debe hacer pública su propia política ambiental. Además, las
regulaciones tienden a hacer disminuir la incertidumbre generalmente asociada a las
inversiones. Si una empresa sabe de antemano que deberá realizar una serie de inver­
siones ambientales, decrecerá la cantidad de alternativas disponibles para la empresa.
Se simplifica para la empresa su planificación a largo plazo, así puede anticipar algu­
nas de las restricciones con las que se encontrará en el futuro. La empresa tendría
mayor reticencia a invertir si no pudiera predecir lo que el gobierno le impondrá en el
futuro. Finalmente, puede que las regulaciones aumenten también la conciencia am­
biental de los ciudadanos, lo cual a su vez puede llevar a cambios en los comporta­
mientos de demanda.
Según Porter, las regulaciones pueden impulsar las innovaciones de dos formas.
Por un lado, las empresas pueden simplemente mejorar la forma en que gestionan sus
problemas de contaminación. Tanto en la reducción de emisiones contaminantes co­
mo en la gestión de residuos, por poner dos ejemplos. La forma en qué se gestionan
los residuos tóxicos y peligrosos es especialmente importante. Las innovaciones in­
troducidas al respecto pueden reducir los costes de las empresas. Por otro lado, las
innovaciones pueden mejorar tanto los productos de las empresas como el propio
proceso para producirlos. Como vemos, las innovaciones desempeñan un papel cen­
tral en la hipótesis de Porter.
Una forma de interpretar dicha hipótesis es a través de una función del tipo de
frontera de posibilidades de producción (concepto ya introducido en el Capítulo 2 y
que hemos repasado al explicar el Gráfico 10.3) tal como se ve en el Gráfico 10.10.
Ahora en lugar de representar en el eje horizontal las emisiones contaminantes, susti­
tuimos éstas por «calidad ambiental» (Z); sustituimos un mal por un bien, en la repre-

© ITES-Paraninfo
270 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

sentación gráfica. La otra variable es la producción (o consumo), Q, en el eje verti­


cal. El gráfico refleja los compromisos entre mayor producción y peor calidad am­
biental, o mejor calidad y menos producción. La curva «frontera» muestra la produc­
ción máxima para cada calidad ambiental, dada la tecnología disponible, o la
máxima calidad ambiental para cada nivel de producción. A ella llegarán las empre­
sas eficientes, mientras que las no eficientes, con la misma tecnología, conseguirán
un volumen de producto por debajo del que indica la curva para cada nivel de calidad
ambiental. Por lo tanto, los puntos del área interior son todos factibles, así como los
puntos sobre la frontera, pero no las combinaciones de Q y Z que resultan en puntos
por encima de la frontera.
En un momento inicial se dispone de la tecnología 1 y la economía sólo puede
acceder a las combinaciones que describe la curva ( )) en trazo grueso del Gráfi­
co 10.10. Supongamos que la política ambiental fija un estándar de calidad ambiental
que no permite estar por debajo del nivel de calidad ambiental de Z'. Dicha política
reduce las posibilidades de producción al conjunto limitado por la línea vertical en Z'
y la frontera inicial a la derecha de esta vertical. Porter sugiere que si Z' no supusiera
una restricción muy fuerte, las empresas no tendrían muchos incentivos para ser efi­
cientes con lo que en este periodo inicial, la economía quizás estaría en un punto
como A (el cual, al no estar sobre la frontera, permite producir más sin alterar el nivel
de calidad ambiental).
Introducimos ahora un segundo periodo en el que la política ambiental sea más
estricta, lo que representamos en el gráfico con un incremento de Z' a Z". Según el

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CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 271

argumento de Porter, esta nueva política forzaría a las empresas a ser más eficientes.
Por ejemplo, pasando del punto A al punto B. En , la economía es eficiente, dado
que no es posible producir más sin empeorar la calidad. Como vemos, tanto la cali­
dad ambiental Z como la producción incrementan (esta última de Q' a Q"). La situa­
ción de política ambiental más estricta genera también un proceso de innovación. Las
empresas ponen quizás mejores productos en el mercado y mejoran sus procesos. Se
produce una innovación que permite pasar de la tecnología 1 a la 2. Representamos
esta situación con un desplazamiento hacia arriba de la frontera de posibilidades de
producción, hasta la curva Q2{Z). Así, las innovaciones permiten ahora que la econo­
mía crezca de B hasta C, con una ganancia en eficiencia igual a Q" —Q\ y una ga­
nancia en innovación igual a Q tn
Q
>>>•*** x;- ■*>>• .syp:

.2. C ríticas a la hipótesis de Porter

Podemos criticar varios aspectos de la argumentación de Porter. Una de las críticas


es que quizás las empresas inviertan de forma voluntaria sin que se vean forzadas por
la regulación, como sugiere Porter. Podemos pensar que la razón por la que las em­
presas no adoptan estas medidas voluntariamente es porque no las encuentran benefi­
ciosas para ellas. Es verdad que los impuestos ambientales u otro tipo de regulacio­
nes dan a las empresas un incentivo claro para introducir mejoras. Lo que nos dice la
hipótesis de Porter es que algunas de las potenciales mejoras sólo se concretarán gra­
cias a la regulación. La razón es que hemos supuesto de entrada que las empresas
eran ineficientes (en el razonamiento explicativo del Gráfico 10.10 la empresa no se
hallaba originalmente sobre la frontera).
Las empresas pueden no ser eficientes por diferentes razones. Como hemos visto,
debido a fallos en la información o algún otro motivo, puede que las empresas no
estén al tanto de ciertos cambios en los procesos que mejoren su productividad.
Puede ser también que las empresas no estén maximizando sus beneficios. Según
Herbert Simón, por ejemplo, las empresas se caracterizan por cumplir una labor de
«satisfacer» más que de «maximizar». Así, a veces el proceso de toma de decisiones
respondería en la práctica más a comportamientos intuitivos o de sentido común que
a maximización de beneficios en cada momento.
r

En la práctica podemos encontrar casos que apoyan algunas de estas ideas. La


Agencia Norteamericana del Medio Ambiente (EPA) lanzó por ejemplo un programa
voluntario para prevenir la contaminación. Fue el llamado «Programa de luces ver­
des» (Green Lights Program), que ofrecía a las empresas participantes consejo e in­
formación sobre medidas de ahorro energético. Por ejemplo, aconsejaba utilizar tec­
nologías de iluminación de mayor eficiencia energética que consumen menos
electricidad y contaminan menos. La EPA estimaba que alrededor de un 25 por cien­
to de electricidad se desperdiciaba debido a la ineficiencia y el diseño de las tecnolo­
gías usadas. Se puede argumentar que ello pone de relieve la importancia del acceso
a la información, más que apoyar realmente la hipótesis de Porter. En cualquier gran

© ITES-Paraninfo
t

272 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

empresa seguramente encontraríamos fácilmente muchas posibilidades de mejorar,


quizás cambiando los contratos con los suministradores, modificando la estructura
financiera, rediseñando la estrategia de investigación y desarrollo, entre otros. Segu­
ramente todas las empresas están constantemente procurando introducir mejoras de
este tipo. Estas mejoras requieren de una cierta cantidad de recursos humanos y de
otro tipo, y puede que una regulación ambiental más estricta induzca la adopción de
algunas mejoras, pero puede que sea a costa de dedicar menos recursos a otras áreas.
En otras palabras, todo uso de recursos tiene un coste de oportunidad.

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1. Nombrar alguna predicción catastrófica ambiental y discutir su cumplimiento.

2. ¿En qué sentido una tendencia decreciente en los precios de los alimentos con­
tradiría las teorías de Malthus? Justificar la respuesta.

3. El informe del Club de Roma auguraba que en un breve plazo de tiempo se pro­
duciría el colapso para varios recursos naturales. Señalar dos mecanismos de
mercado que puedan contrarrestar, o por lo menos mitigar, esta tendencia hacia*
el rápido agotamiento de los recursos.

4. ¿Qué analizaba originariamente la curva de Kuznets? Explicar en pocas pala­


bras el significado de la curva ambiental de Kuznets.

5. ¿Qué implicaciones de política económica ambiental podría tener la curva am­


biental de Kuznets de cumplirse en la práctica? ¿Quedarían resueltos todos los
problemas ambientales con el crecimiento económico? Justificar la respuesta.

6 . Para un determinado país se observan los siguientes datos sobre niveles de PIB
y emisiones de carbono. ¿Qué se puede afirmar sobre el cumplimiento de la cur­
va ambiental de Kuznets?

Año 1960 1970 1980 1990 2000

PIB (en unidades monetarias) 1200 1500 1600 1800 2200

Carbono (en unidades de pesos) 750 850 900 1200 1400

7. Para un determinado país, las preferencias que la sociedad muestra respecto al


consumo Q (producto) y al nivel de emisiones de un contaminante Z pueden re­
presentarse como en la recta de indiferencia del gráfico siguiente, que represen­
ta el nivel de utilidad [Link], la tecnol
ción del país también están representadas en la curva Ql(Z) del gráfico.

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CRECIMIENTO V MEDIO AMBIENTE 273

a) ¿Hacia dónde se sitúan las rectas de indiferencia que representan niveles


de utilidad mayores?
b) ¿Cómo se representaría en el gráfico el progreso tecnológico?
c) Con progreso tecnológico, ¿se daría la relación entre la calidad ambiental
y crecimiento económico (de Q) que predice la curva de Kuznets? Repre­
sentar lo anterior gráficamente y justificar la respuesta.

8 . Explicar en una sola frase la idea esencial de la hipótesis de Porter.


9. ¿Qué críticas suelen hacérsele a la hipóstesis de Porter?

10 . Si en el Gráfico 10.10 el punto de partida de la empresa fuera un punto sobre


la frontera y situado además a la izquierda de la vertical ¿cómo variaría la
explicación realizada de la hipótesis de Porter?

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CAPÍTULO
11
; Jfiff

Recursos
no renovables

11.1. Los recursos naturales


11.2. La demanda y la oferta de recursos naturales no renovables
11.3. La asignación de un recurso no renovable a lo largo de dos periodos
11.4. Los precios de un recurso no renovable: la regla de Hotelling
11.5.1 El principio de Hotelling y la eficiencia social
11.6. Cambios en la senda de precios de equilibrio
11.7. Los recursos no renovables reciclables
11.8. ! Otras consideraciones
Ejercicios
%
276 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Muy a menudo, las actividades económicas que realizamos implican la utilización de


recursos naturales, ya sea directa o indirectamente. Casi todos los bienes incorporan
energía, y materias primas que proceden de nuestro entorno. Nuestra actividad eco­
nómica es muy dependiente de los recursos naturales. La preocupación por la escasez
de los recursos agrarios, incluidos los forestales, los minerales, el agua, la energía, ha
estado presente desde hace muchas décadas, e incluso siglos. Parece lógico esperar
que la economía haya abordado, como así es, el problema de la escasez de los recur­
sos naturales, y más en particular su posible agotamiento, sean éstos renovables o no.
En este capítulo y en el siguiente abordaremos algunas de las cuestiones que surgen
al decidir sobre la utilización de los recursos naturales. El primero de los dos se dedi­
ca a los recursos no renovables y el otro a los renovables.
Como sucede con muchos otros bienes, a menudo los mercados de los recursos
naturales se encuentran intervenidos por los gobiernos. Las intervenciones pueden
consistir, entre otras, en la fijación de precios, la introducción de impuestos, la pro­
tección arancelaria e incluso la irrupción del propio sector público como oferente del
recurso. Por ejemplo, las industrias mineras de algunos países se han beneficiado du­
rante muchos años de subvenciones, así como de barreras arancelarias que las prote­
gían de la competencia de otros países. La justificación se basa en algunos casos en
la protección de industrias incipientes. En otros casos, las causas de la intervención
tienen que ver con la persecución de objetivos políticos como el querer ✓controlar el
acceso a recursos considerados de importancia estratégica para el país. Este sería el
caso típico de los recursos energéticos. A lo largo de este capí[Link] de la
gestión de los recursos naturales no renovables en un contexto de mercado, sin inter­
vención del sector público. Para el caso de los recursos renovables, en cambio, la
intervención gubernamental se discutirá con cierta extensión.
El capítulo empieza examinando algunos aspectos comunes a tener en cuenta en
el análisis de la gestión de los recursos naturales, sean o no renovables. El apartado
posterior describe algunas de las particularidades de la oferta y la demanda de recur­
sos no renovables. A continuación presentamos la regla fundamental de asignación
de un recurso no renovable a lo largo del tiempo, primero para el caso de dos perio­
dos y luego en un contexto más general, y discutiremos hasta qué punto resulta efi­
ciente desde un punto de vista social. Por último, se considera la posibilidad de que
el reciclaje del recurso no renovable sea posible, y se discute cómo esto modifica
algunos de los resultados respecto a la gestión eficiente de un recurso no renovable.

Se entiende por recursos naturales aquellos bienes que provee la naturaleza y que
son utilizados por las personas bien para consumirlos directamente, bien para ser uti­
lizados en algún proceso de producción. Un recurso natural puede utilizarse para la
producción de otros bienes. Por ejemplo, un panadero puede necesitar madera para
hacer funcionar su horno de leña, o harina para el pan. Un recurso natural también

© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 277

puede ser utilizado para el consumo, sin apenas tratamiento adicional. Por ejemplo,
consumimos pescado o fruta. O podemos recoger frutos del bosque, como moras o
arándanos y comerlos. En el caso del panadero, éste deberá pagar para poder tener
madera. En el del pescado o la truta, también deberemos comprarlos para poder con­
sumirlos. En ambos casos el recurso natural se intercambia en el mercado. En el caso
descrito de las moras, en cambio, no habríamos pagado por el recurso. En estos dos
capítulos, trataremos sobre todo de recursos naturales que se intercambian en los
mercados.

En ocasiones nos referimos a los recursos naturales como capital natural. Esta
denominación puede resultar útil para entender que las cuestiones a resolver respecto
de la gestión de los recursos naturales se asemejan bastante a los problemas a resol­
ver cuando se toman decisiones de inversión. Permite entender los recursos naturales
como bienes en los cuales invertir más o menos. Así, tal y como sucede con los acti­
vos financieros, habrá que decidir cuánta inversión realizar hoy, es decir, qué canti­
dad de recurso ahorrar para el futuro y qué cantidad consumir en el presente. En defi­
nitiva, se tratará de decidir cómo debe utilizarse el recurso a lo largo del tiempo.
Asimismo, tendremos que poder comparar los beneficios a obtener hoy, caso de ex­
plotar hoy el recurso, con los que se obtendrían en el futuro. Para poder realizar esta
agregación, necesitaremos descontar los beneficios que esperamos obtener en el futu­
ro. El concepto de tasa de descuento ya se introdujo en el Capítulo 7.

11.1.1. Recursos renovables y recursos no renovables


i ; -.«k-w . . . ' ' ■í . 1 ; . . . . . . . .. . . . . .

Es habitual la distinción de los recursos naturales en renovables y no renovables. Se


entienden por recursos renovables aquellos cuyo stock no es fijo, sino que puede
aumentar o disminuir, en función de la explotación que de ellos se haga, y de cómo
se regeneren. El recurso renovable es capaz reproducirse o regenerarse. Serían ejem­
plos los bosques, los peces o el agua proveniente de cursos fluviales. En cambio, los
recursos no renovables, como su nombre indica, no se renuevan, o para ser más pre­
cisos, lo hacen tan lentamente que desde la perspectiva humana y cara a su gestión
podemos considerar que su crecimiento es nulo. Así, existiría una cantidad dada del
recurso, y su utilización provocaría una disminución del stock. La mayoría de estos
recursos son de origen geológico, como sucede con el petróleo, los minerales o el
agua proveniente de acuíferos que no se regeneran, por ejemplo. El recurso no reno­
vable no se suele agotar, y paradójicamente la evidencia empírica muestra que el
agotamiento se da con más frecuencia en algunos casos de recursos renovables.
Después, dentro de cada categoría, suelen recibir un tratamiento específico los
distintos tipos de recursos. Por ejemplo, dentro del grupo de los recursos renovables,
el recurso agua puede ser tratado de forma algo distinta al recurso madera. Esto pue­
de ser debido por ejemplo a que algunas de las características de la regeneración sean
específicas para cada recurso. O puede deberse a que los derechos de propiedad sobre
el recurso estén definidos de forma distinta y, por tanto, el problema deba plantearse

© ITES-Paraninfo
i
*

278 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

específicamente. Además, en los respectivos mercados en los que los recursos se


intercambian pueden concurrir distintas medidas de intervención gubernamental. In­
cidiremos en estas diferencias de forma algo más explícita en el capítulo destinado a
los recursos renovables.
El resto del capítulo se dedica íntegramente a los recursos no renovables. El obje­
tivo es el de presentar las dificultades inherentes en la gestión de un recurso cuya
utilización conlleva la desaparición de parte del recurso. Como antes se apuntaba,
partimos de la base de que el recurso sirve en tanto en cuanto nos permite producir
otras cosas. Así pues, la cuestión esencial a resolver es la de dilucidar cuál será la
mejor forma de explotar a lo largo del tiempo el recurso no renovable, lo que equiva-
le a resolver la cuestión de cuál sería el periodo ideal de agotamiento del mismo.

La demanda y la oferta de recursos naturales


no renovables
11.2.1. La dem anda de recursos no renovables
VÁ'

La demanda de recursos naturales es la que ejercen aquellos individuos que desean


utilizarlos bien para su consumo bien para utilizarlos como inputs de los procesos de
producción. Para simplificar, podemos considerar de aquí en adelante que el recurso
no renovable es deseado como factor de producción. Asimismo, se asume el caso
habitual en que la cantidad demandada del recurso será mayor cuanto menor sea su
precio. Con precios mayores, en cambio, se demandará menos cantidad de recurso.
¿Qué podemos decir sobre la elasticidad precio de la demanda de un recurso no
renovable? Una cuestión que será determinante será la presencia o ausencia de recur- i

sos sustitutivos. Pensemos por ejemplo en el petróleo. El petróleo es la fuente princi-


pal de producción de gasolina. En la medida en que no existan otros inputs que cum­
plan la misma función que la gasolina, la demanda de petróleo para su producción
podemos considerar que sería bastante inelástica. Es decir, que caso de subir su pre­
cio, si no existen opciones alternativas, se reducirá poco el consumo de gasolina, j
Evidentemente existen otras fuentes de energía para los vehículos. Existen coches
eléctricos, así como vehículos que funcionan con hidrógeno, con gas butano o con
energía solar. Pero constituyen hasta la fecha los menos de los casos, de modo que
desde el punto de vista del usuario la gasolina sigue teniendo pocos sustitutivos. Ca­
brá esperar entonces que la demanda de petróleo para la producción de gasolina sea
más bien inelástica. El Gráfico 11.1 muestra una demanda así, que se ha representado
relativamente vertical. Esto es una simplificación que permite ilustrar la idea de que
las cantidades demandadas del recurso no renovable varían poco ante cambios en los
precios.

Otros recursos no renovables podrían presentar una demanda que sea muy sensi­
ble a cambios en los precios, y que representaríamos entonces más plana. La apari-

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RECURSOS NO RENOVABLES 279

Gráfico 11.1. La demanda y la oferta de un recurso no renovable, con encarecimiento


del proceso de explotadon.

ción de bienes sustitutivos en general hará la demanda más elástica, y más sensible
por tanto a cambios en los precios del recurso no renovable.

11.2.2. La o fe rta de recursos no re n o v a b le s !

Como se ha apuntado anteriormente, los recursos no renovables se caracterizan por­


que no se regeneran o reproducen a efectos económicos. Así pues, podemos afirmar
que existe una cantidad finita del recurso. Eso no necesariamente significa que esa
cantidad sea conocida. Es muy difícil conocer exactamente la cantidad global exis­
tente de un recurso, y además, se sabe que muy probablemente haya yacimientos de#
**

recursos no renovables por descubrir y explotar.


Existe distinta nomenclatura para denominar a los recursos no renovables, en
función de cuán certeramente estén o no éstos localizados, de si su cantidad y calidad
es probada, o de cuán costosa resultaría su extracción, entre otros criterios. La base
de reservas, por ejemplo, incluye aquellos recursos que cumplen los estándares quí­
micos y físicos actualmente requeridos en los procesos de extracción y producción.
Las reservas constituyen, dentro de este grupo, aquella parte que sería económica­
mente rentable extraer en el momento de la cuantificación.
Una cosa son las reservas, o las existencias de un recurso, y otra distinta su ofer­
ta. Por oferta de un recurso no renovable entendemos la cantidad del recurso que está
disponible para su adquisición y utilización. Por ejemplo, en un año la oferta de car­
bón en una región puede haber ascendido a 1.000 toneladas. Esa será la cantidad que

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280 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

ha sido posible intercambiar en el mercado en ese año. La cantidad total de carbón


disponible en la región puede ser muy superior. Pero 1.000 toneladas son las que los
productores han estado dispuestos a ofrecer, dadas las condiciones del mercado. Una
posible representación de la curva de oferta de un recurso no renovable es que la
relación entre precio y cantidad ofrecida sea la habitual, es decir, positiva. Recorde­
mos que la curva de oferta coincide con la de costes marginales privados, y la supo­
nemos como en los anteriores capítulos.
La curva de oferta se desplazará si se producen cambios en las técnicas de explo­
tación del recurso utilizadas. Supongamos por ejemplo el caso de una mina de car­
bón. Primero se extraerían aquellos recursos que exigieran menos coste, por ejemplo
los que se encuentran a cielo abierto y cuya extracción requiere de relativas pocas
complicaciones (tecnología T0). Una vez este carbón accesible se haya agotado en
una mina, habrá que perforar y construir galerías para continuar con las extracciones
del mineral. El acceso al carbón requerirá de una tecnología (7© distinta, más com­
pleja y también más cara. El Gráfico 11.1 muestra cómo se representaría un cambio
como el descrito. Se produciría un incremento en los costes de explotación del recur­
so, por lo que la oferta del recurso se desplazaría a la izquierda. En equilibrio, el
nuevo precio del recurso se ha elevado de p* a p*'. Este incremento del precio sería
el reflejo de que ha habido que utilizar técnicas más complicadas para poder obtener
el recurso. Es razonable pensar que inicialmente se exploten aquellos recursos más*
accesibles, es decir, menos costosos de extraer. Y que se postergue la explotación de
aquellos cuya explotación resulte más dificultosa. Según este razonamiento, a medi­
da que un recurso se va agotando, es obligado recurrir a técnicas de explotación más
sofisticadas, y más costosas, que encarecen el recurso. Este aumento de precio provo­
caría que disminuyera asimismo la cantidad demandada del recurso. Esto último vie­
ne representado en el gráfico por el paso de x* a x*'.
Más adelante en el capítulo se discute otra forma plausible y más frecuente de
entender la curva de oferta de un recurso no renovable. Será después de haber analiza­
do cómo evoluciona el precio de un recurso no renovable en condiciones de equilibrio.
fl

11.2.3. ¿Se agotan los recursos no renovables? j

Para medir hasta qué punto están agotados los recursos no renovables, se construyen
medidas de escasez de los mismos, lo que no está exento de problemas prácticos.
Existen varias posibilidades para ejaborar índices de escasez de los recursos, así co­
mo predicciones sobre cómo evolucionarán estos índices. En los más utilizados, el
cálculo se realiza combinando información sobre las cantidades existentes de los re­
cursos y sobre la evolución de su demanda futura. Lógicamente, los valores resultan­
tes dependen de qué cantidades y qué previsiones sobre la evolución de la demanda
se incluyan en los cálculos. Si como cantidades se consideran aquellos recursos per­
fectamente localizados y cuya explotación sería hoy rentable, y se asume que la de­
manda crecerá de forma exponencial, obtendremos un resultado. Si en las cantidades

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»

RECURSOS NO RENOVABLES 281

se incluyen también los yacimientos considerados probables, y otros supuestos más


conservadores sobre la evolución de la demanda, los resultados sugerirían una menor
escasez.
Recurriendo a la ironía, el premio Nobel de economía Robert Solow, escribió en
un artículo: «el mundo ha estado agotando los recursos no renovables desde que el
primer habitante de las cavernas tallaba herramientas de piedra, e imagino que se
seguirán agotando por mucho, mucho tiempo». Aunque la utilización de un recurso
va sin duda mermando sus existencias, mucho antes de su potencial agotamiento se
desencadenan reacciones que modifican las actitudes de los agentes participantes en
el mercado del recurso. Estos comportamientos irán modificándose en general de for­
ma gradual. Algunas intuiciones ya se han expuesto. Conforme se va extrayendo re­
curso, los stock o depósitos del recurso disminuyen y aumentan los costes de su
extracción. Estos mayores costes se trasladan parcialmente a los precios, por lo que
cabe esperar una reducción en la cantidad demandada del mismo. A su vez y confor­
me el recurso escasea, se dan incentivos a la búsqueda tanto de nuevos depósitos
como de inputs alternativos. La aparición de sustitutivos hace que los demandantes
del recurso reaccionen más a cambios en su precio. Algunas de estas complejas reac­
ciones que desencadena la progresiva utilización del recurso no renovable serán las
que se irán discutiendo más detenidamente a lo largo del capítulo.

La asignación de un recurso no renovable


a lo largo de dos periodos
Para ver cuáles son los elementos a considerar en el problema de decidir cómo explo­
tar un cierto recurso no renovable, utilizaremos en este apartado un escenario simpli­
ficado. Se pretende con ello presentar de forma intuitiva algunos de los razonamien­
tos necesarios para entender cómo enfocar la gestión de un recurso no renovable. En
el apartado siguiente se definirán de forma más precisa algunos de los conceptos que
implícitamente se utilizan aquí.
Supóngase que el propietario de una unidad de un cierto recurso natural no reno­
vable debe decidir si extraerla este año, o hacerlo el siguiente. El propietario es pe­
queño respecto del tamaño del mercado, es decir, asumimos que se mueve en un con­
texto de competencia perfecta. Así, el precio del recurso en el mercado, no se ve
afectado por su decisión. Llamemos pt al precio del recurso en el periodo t. El propie­
tario se enfrenta a dos alternativas que son mutuamente excluyentes: extraerlo en
t = 0, o en t = 1 (ahora o más adelante). Si decide explotar hoy el recurso, renuncia­
rá a hacerlo en el periodo futuro. Si decide conservarlo, renunciará a explotarlo en el
presente.

11.3.1. C ostes o p erativo s de extracción nulos

Para llevar a cabo la extracción es preciso incurrir en ciertos costes, aquéllos corres­
pondientes a la retribución de los factores de producción que sea necesario utilizar,

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282 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

como el trabajo o la maquinaria, entre otros. En lo sucesivo denominaremos a éstos


«costes operativos de extracción». Para simplificar el análisis, supondremos por el
momento que estos costes son nulos. Aun así, veremos que existirán otros costes que
se deben tener en cuenta.
El objetivo del propietario es el de maximizar su beneficio. Para conseguirlo, de­
berá comparar el ingreso y el coste marginal de cada posible unidad a extraer. Pen­
sando en una unidad, analicemos por ejemplo los ingresos y costes de la decisión
«explotar hoy del recurso». Inicialmente, el ingreso marginal de esa decisión es el
ingreso que recibirá el propietario por cada unidad, es decir p0, el precio en el presen­
te periodo. ¿Cuál es el coste marginal si los costes operativos de extracción son nu­
los? Será un coste de oportunidad. Al explotar y vender en el presente el recurso,
renuncia a hacerlo en el siguiente periodo. Por lo tanto, renuncia a lo que ingresaría,
es decir, a p [Link] estos precios corresponden a periodos distintos, hará
pararlos apropiadamente aplicando una tasa de descuento. Cuando no consideramos
costes operativos, el precio p x será el coste de oportunidad relevante.

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Recuadro 11.1
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LOS COSTES DE OPORTUNIDAD • .
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En muchas decisiones que realizan los la empresa, implícitamente se renuncia a


agentes económicos no existen costes ex- utilizarlos en otras actividades. Así, por
plícitos, esto es, costes que requieran de la ejemplo, el propietario podría emplearse por
realización de pagos o que supongan de- cuenta ajena y ganar un cierto salario por
sembolsos de dinero para los agentes, y mes. Al decidir trabajar en su propia empre-
que son relativamente fáciles de identifi- sa renuncia a este salario. Del mismo modo,
car. No obstante, pueden existir otro tipo al utilizar un local propiedad de la empresa
de costes, igualmente relevantes. Son los se renuncia a alquilarlo a un tercero. Todos
denominados costes de oportunidad. estos costes se deberían considerar a la hora
Los costes de oportunidad recogen el de computar los beneficios de la empresa,
valor de aquellas renuncias en las que in- En el caso de los recursos naturales,
currimos cada vez que decidimos algo. Al también su utilización conlleva costes de
dedicar unas horas a leer este texto, renun- oportunidad. Para los no renovables, el mi­
damos a otras actividades durante este lizar una unidad del recurso en el presente
tiempo. En el ámbito de la empresa, ejem- impide su uso futuro. En el caso de los re-
plos típicos de coste de oportunidad son novables, la explotación del recurso en el
aquellos que surgen por la utilización de periodo presente puede tener consecuen-
recursos productivos propios, es decir, in- cias sobre el ritmo de crecimiento del re-
puts por los que no es preciso pagar. Al uti- curso, por ejemplo, lo que últimamente se
lizarlos para desempeñar la actividad de traduce en unidades monetarias.

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RECURSOS NO RENOVABLES 283

Inicialmente el propietario del recurso obtiene por cada unidad de recurso que
vende hoy. Ahora bien, también podría invertir esas p 0 unidades monetarias, y obte­
ner un cierto rendimiento. Si el tipo de interés del mercado es r, el valor futuro de los
ingresos de hoy sería
Po+ Por = p0(l + r)
es decir, lo que obtiene hoy el propietario más los intereses que gana. Si
Po (1 + r) > Pi, el ingreso marginal supera al coste marginal de explotar hoy, y le
interesaría explotar hoy una unidad adicional del recurso. Se irían explotando unida­
des mientras esa condición fuese cierta. Si los precios y el tipo de interés no se modi­
fican por más que se extraiga, el recurso debería explotarse en su totalidad. Si por el
contrario p0(l + r) < /?,, entonces lo mejor que puede hacer el propietario del recur­
so es reservarlo para el periodo siguiente.
Imaginemos el siguiente ejemplo numérico. Sean p 0 = 120, p x = 130 y r = 0,1
(10% de interés anual, por ejemplo). El ingreso marginal de explotar hoy el recurso
sería la suma de p 0 más los intereses que p 0 unidades monetarias generarían, esto es
IMg= 120(1 + 0,1) = 120 + 12 = 132
Si se explota hoy el recurso, también se renuncia a lo que se obtendría por su
venta en el periodo 1, y por tanto se incurre en un coste de 130 u.m. Con estos datos,
como el ingreso marginal es superior al coste marginal, convendría extraer el recurso
en el presente. Se deja al lector el ejercicio de analizar este mismo caso expresando
el coste e ingreso marginales en valores presentes (del periodo 0), en vez de valores
futuros.
La decisión sobre cuál es la mejor decisión ha de ser la misma tanto si se adopta
la perspectiva de la decisión «explotar hoy el recurso» o la de «preservar el recurso
un periodo adicional». Así, con los datos del ejemplo si se preserva el recurso el in­
greso marginal es de IMg = 130, que es lo que se ingresaría al venderlo en í = 1.
El coste marginal es la renuncia en la que se incurre al preservarlo, esto es lo que se
deja de ingresar hoy por su venta más lo que se obtendría al invertir p0. Así,
CMg = 120(1 + 0,1) = 132. Como el coste marginal es mayor que el ingreso margi­
nal, preservar el recurso un periodo adicional no sería una buena decisión, por lo que
convendría explotarlo hoy. Lógicamente, es la misma conclusión a la que se había
llegado al analizar la decisión «explotar hoy». El Gráfico 11.2 representa esquemáti­
camente lo descrito.

11.3.2. C ostes o p erativo s de extracción positivos

En un escenario más realista los costes operativos de extracción no serán cero. Para
incluir este tipo de costes en el análisis, supóngase que éstos se incrementan de forma
proporcional con la cantidad de recurso extraído. Asumiremos que para cada uni­
dad extraída y para cada periodo, este coste de extracción es constante, de forma
que ct = c.

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284 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Ingreso
marginal p 0( 1 + r)
Explotar hoy
(en t = 0 )
Coste
marginal p j

Decisión Si /?0(1 + r) >p\, conviene explotar en t = 0


sobre Si/>oO + r) </?i, conviene explotar en t = 1
el recurso

Ingreso
marginal p.
Preservar un
► periodo adicional
(explotar en t = 1)
Coste
marginal p 0( 1 + r)
SiPl >Pq(\ + r), conviene explotar en = 1
SiPl < pq{ 1 + r), conviene explotar en t —0

Gráfico 11.2. Costes e ingresos marginales de las decisiones de explotación de un recurso


no renovable sin costes de extracción, en valores del periodo 1.

Como en el caso precedente, se discute la decisión «explotar una unidad del re­
curso en t permite
igual a p0, correspondiente al ingreso que se obtendría hoy por la venta del recurso.
Respecto a los costes, en primer lugar renuncia al ingreso futuro Además, ya que
hoy incurre en el coste c, deja de percibir lo que c unidades monetarias le rendirían
invertidas. Si la tasa de interés es r, entonces c euros rendirían cr euros en un perio­
do. Por ejemplo, con c = 10 € , y r = 0,1 (10% de interés), el rendimiento de c sería
monetarias
rio disponer de cr adicionales en t = 1. Comparando como antes los ingresos y costes
I
marginales, en unidades monetarias de t= 1, se obtie
el recurso siempre que el ingreso marginal de extraer en el presente la unidad del
recurso supere el coste de oportunidad en el que se incurre:

Po(] + r) > p x + cr
o lo que es lo mismo, si

(Po ~ c)(l + r) > (px - c) (11.1)

Si hay costes operativos positivos, la diferencia (px - c) representa el coste de


oportunidad relevante, que ahora incorpora el coste c. Con la anterior expresión esta­
ríamos comparando los beneficios (ingresos netos de costes) de extraer una unidad de

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RECURSOS NO RENOVABLES 285

recurso en uno u otro periodo, teniendo en cuenta el tipo de descuento. Nótese que
esta condición se puede reescribir como
(Po ~ c) > (pl c- )/( 1 + r)
Matemáticamente, las dos expresiones son equivalentes. En términos económi­
cos, lo escrito en la Expresión 11.1 expresa los ingresos y costes marginales (de la
última unidad) en valores futuros, esto es, en unidades monetarias del periodo 1. En
cambio, la segunda lo hace en valores presentes, o valores del periodo 0. Así, se com­
para el valor presente del ingreso neto de costes de extracción, con el ingreso futuro
al que se renuncia, convenientemente descontado.
Utilizando el mismo ejemplo numérico de antes, obtendríamos lo siguiente. El
ingreso marginal derivado de extraer hoy una unidad del recurso sería:
IMg = {p0 - c)( 1 + r) = (120 - 10X1 + 0,1) = 1 1 0 + 1 1 = 121
El coste marginal sería el ingreso neto de costes al que se renuncia en el periodo
siguiente, es decir,
CMg = {px - c) = 130 - 10 = 120
Como el ingreso marginal supera al coste marginal, lo más conveniente para el
propietario es explotar la unidad del recurso en el periodo presente. El Gráfico 11.3
representa cuáles son los costes y beneficios marginales asociados a las decisiones
de «extraer hoy» y «preservar» cuando existen costes operativos de extracción uni­
tarios c.

Ingreso
marginal (p0 - c)( 1 + r)
Explotar hoy
(en 1 = 0 )
Coste
►marginal (p j - c)

Decisión Si (p0 - c)( 1 + r) > Pi ~ c->conviene explotar en = 0


sobre Si (p0- c ) ( l + r) <p\ - c , conviene explotar en t = 1
el recurso

Ingreso
-►marginal { p \ - c )
Preservar un
periodo adicional
(explotar en 1 = 1)
Coste
marginal {p0 - c)( 1 + r)
Si P i - c > (p 0 - c ) ( l + r), conviene explotar en 1
Si/?, - c <(p q - c){\ + r), conviene explotar en t - 0

Gráfico 11.3. Costes e ingresos marginales de las decisiones de explotación de un recurso


no renovable, con costes marginales de extracción c, en valores del periodo 1.

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286 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

11.3.3. Evolución de precios y o ferta de una em p resa de un recurso


no ren o vab le

El análisis anterior ha permitido destacar algunos de los elementos clave a tener en


cuenta a la hora de discutir el mejor uso de un recurso natural no renovable, a saber:
los precios del recurso a lo largo del tiempo y el tipo de interés o tasa de descuento.
A partir de estos elementos describiremos intuitivamente una de las reglas económi­
cas fundamentales de la explotación de recursos no renovables, la llamada regla de
Hotelling.
Anteriormente se mostró cómo había que comparar costes e ingresos marginales
cara a decidir si es económicamente más rentable la explotación presente del recurso
o su preservación para el futuro. Habíamos tomado los precios de cada periodo, p 0 y
p x, como dados. Podríamos plantearnos la misma cuestión desde otra perspectiva,
preguntándonos ahora sobre cómo deberían evolucionar los precios de venta del re­
curso para que a su propietario le diese igual realizar la venta antes o después. Hemos
visto que la ventaja de explotar antes el recurso, es que los beneficios (p0 — c) que se
obtienen se pueden a su vez invertir, y que rinden el tipo de interés de mercado, r.
Imaginemos que de un año a otro el precio del recurso aumenta a una velocidad tal
que el propietario gana exactamente lo mismo explotándolo en t = 0 que haciéndolo
en t = 1. El propietario sería indiferente siempre que la suma del beneficio de explo­
tar en t = 0 más los intereses que éste generaría sea igual al beneficio que se obten­
dría en el periodo siguiente, esto es:
(Po ~ c)(l + r) = (px ~ c)
Es decir, el beneficio más los rendimientos que se obtienen por explotar hoy una
unidad más del recurso coincide con el beneficio que se obtiene al explotarlo el
periodo siguiente. Operando con esta expresión puede obtenerse cómo deberá incre­
mentarse la diferencia precio menos coste, netos, resultando
i

A (p - c ) / ( p 0 - c (11.2
é

La expresión A(p — c) = (px — c) — (p0 — c) = p x —p 0 representa el incremen­


to en términos absolutos en la renta que se obtiene del recurso. Al dividir por la renta
inicial, estaríamos calculando el incremento relativo, es decir, la tasa de crecimiento
de los precios (netos de costes). Puede consultarse más detalladamente la derivación
de la anterior expresión en el Recuadro 11.2. El resultado es que las diferencias
(p — c) deben aumentar a una tasa equivalente al tipo de interés r a fin de que los
propietarios se muestren indiferentes entre extraer el recurso en un periodo o en el
siguiente.
La regla anterior dice que el propietario de un recurso se mostrará indiferente
entre explotarlo antes e invertir los beneficios obtenidos en el mercado de capital,
o preservarlo, conservar ese capital natural, cuando la renta de éste aumenta a una
tasa igual al tipo de interés. Si estas rentas, o precios netos de costes, aumentan más
rápidamente que el tipo de interés de mercado, al propietario le convendría «invertir

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RECURSOS NO RENOVABLES 287

R e c u a d r o 1 1 .2

PRECIOS Y CON COSTES DE EXTRACCIÓN CONSTANTES c

El propietario de un recurso no renovable Restando a lado y lado de la igualdad p0,


que debe decidir si explotarlo en t - 0 o en obtenemos:
r = 1, se mostrará indiferente entre ambas
r(Po ~ c) =(pl ~ po)
alternativas si se cumple:
Por tanto,
(Po ~ c)(l + r)= p x - c r = Ap/(p0 ~ c)

en el recurso» conservándolo, y vender más tarde. Por ejemplo, supongamos que el


tipo de interés es del 5 por ciento, y que las rentas de escasez del recurso crecen de
un periodo a otro en un 10 por ciento. En un escenario así, el propietario gana más
conservando el recurso para el siguiente periodo de lo que ganaría explotándolo hoy
e invirtiendo los beneficios.
Si en cambio (p — c) aumenta más lentamente que el tipo de interés, entonces
conservar el recurso implica perder dinero. Si el tipo de interés es del 5 por ciento y los
precios aumentan un 2 por ciento de un periodo a otro, la mejor opción para el propie­
tario sería en este caso explotar cuanto antes el recurso y reinvertir los beneficios.
Veamos por qué si los precios crecieran a una tasa distinta al tipo de interés r esta
situación no constituiría una situación de equilibrio. Lo argumentaremos intuitiva­
mente. Imaginemos que el tipo de interés sea mayor que la tasa de crecimiento de las
rentas del recurso. Para un mismo precio de venta p0, si el precio que se espera en
el futuro es demasiado bajo, esto provocaría una mayor explotación del recurso en el
presente. Si muchos propietarios reaccionaran extrayendo mayores cantidades del re­
curso, se produciría un aumento de la oferta del mismo, y su precio hoy bajaría. Así,
aunque para cada propietario individualmente considerado el precio pueda entender­
se como dado, un aumento generalizado de la oferta haría disminuir el precio de
equilibrio en el mercado del recurso. Disminuiría la diferencia (p0 - c), y esto haría
aumentar el cociente en la parte izquierda de la Expresión 11.2. Este proceso haría
cambiar los precios hasta que su tasa de crecimiento se igualase al tipo de interés.
Con igualdad, para los propietarios ya no habrá incentivos para modificar la cantidad
ofrecida del recurso, y en todos los periodos se ofrecerían cantidades positivas.

Los precios de un recurso no renovable:


la regla de Hotelling
En este apartado adoptamos los siguientes supuestos. El propietario del recurso cono­
ce de qué cantidad dispone para su explotación a lo largo del tiempo. Su objetivo será
el de, en cada periodo, elegir las extracciones cara a maximizar a lo largo del tiempo
sus beneficios. Diremos que un recurso no renovable se utiliza de forma eficiente en

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288 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

términos dinámicos siempre que se maximice el valor presente de los beneficios que
de él pueden obtenerse, es decir, que se maximice la suma de beneficios de los dife­
rentes periodos, apropiadamente descontados.
Una de las preguntas clave a las que el propietario de un recurso no renovable
debe dar respuesta es la de cuál debe de ser el mejor horizonte de extracción del
recurso. El propietario deseará agotar todo el recurso del que dispone, puesto que
quedarse con existencias sin vender no le representaría una buena gestión. La cues­
tión será entonces la de determinar el periodo óptimo de agotamiento de un recurso.
Denominaremos como T a este momento en el tiempo.
Además de elegir el número de periodos en que agotar el recurso no renovable, el
propietario deberá concretar también cuál será la extracción a lo largo de los T perio­
dos. De hecho, ambas cuestiones están interrelacionadas. Explotar cantidades mayo­
res del recurso comporta un periodo de extracción más corto, y asimismo los precios
se verán afectados. Veremos cuáles son aquellos elementos que determinan cómo se
debería producir el agotamiento de un recurso a lo largo del tiempo. Algunas de las
variables fundamentales ya se han mencionado, tales como los costes de extracción o
el tipo de interés. Intervendrán también elementos como la existencia de productos
sustitutivos, o el sistema de derechos de propiedad en el que se efectúe la explotación
del recurso, entre otros.

11.4.1. El concepto de renta de escasez ¡


La explotación de un recurso no renovable tiene la particularidad de que la produc­
ción en un determinado periodo de tiempo no es independiente de la producción en
cualquier otro periodo. Cada vez que se extrae una unidad del recurso, se pierde la
posibilidad de que esta unidad sea extraída en el futuro. Las cantidades del recurso
extraídas en el presente afectan las cantidades que podrán ser extraídas en el futuro y,
por lo tanto, su rentabilidad futura.
Extraer recursos de un cierto depósito en un cierto periodo obliga a su propietario
a incurrir en unos costes operativos de extracción, que dependerán de la tecnología
de producción que utilice y de los precios de los factores productivos (salarios, costes
energéticos, de adquisición de maquinaria, etc.). Pero además, como vimos en el
ejemplo del apartado anterior, el propietario del recurso incurre en un coste de opor­
tunidad. Es el coste consistente en la renuncia a obtener unos ciertos ingresos por
unidad del recurso, ingresos que se hubieran obtenido de extraer y vender el recurso
en los periodos siguientes. En el caso de dos periodos visto anteriormente, con costes
operativos de extracción, era {px — c). Este coste de oportunidad es conocido en la
literatura como la renta de escasez. Recibe otras denominaciones asimismo usuales,
como el precio neto, el coste de usuario o simplemente la renta del recurso. Si el
mercado es competitivo, la renta por cada unidad de recurso vendrá dada por la dife­
rencia entre el precio de venta y el coste operativo de extracción, (pt —c), si este últi­
mo es positivo. Si el precio del recurso va aumentando y consideramos c constante,
la renta iría aumentando a lo largo del tiempo. Si los costes son nulos, la renta del
recurso coincidiría con el precio pr

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RECURSOS NO RENOVABLES 289

Nótese que es un coste implícito para el propio propietario del recurso, que en
cierta forma se puede considerar su «usuario». El coste refleja el coste de oportuni­
dad que la extracción presente ocasiona sobre el beneficio futuro, dado que cada uni­
dad extraída hoy dejará de proporcionar ingresos en el futuro. Cada unidad no extraí­
da tiene por tanto un valor para su propietario. La renta de escasez podría también
entenderse como un coste externo que recae sobre los futuros consumidores. En cual­
quiera de los dos casos, a fin de que las decisiones de producción del recurso se to­
men de forma correcta, será necesario incluirlo como componente de los costes so­
ciales de extracción.
El Gráfico 11.4 representa los costes de extracción relevantes para el propietario
de un recurso. Tanto los costes operativos de extracción como la renta de escasez se
han representado crecientes con el nivel de extracción. Para las primeras unidades
extraídas, se ha supuesto que el coste de usuario es nulo. El precio del recurso p, le
vendría dado al propietario del mismo (dado que suponemos un mercado competiti­
vo). Si el propietario sólo tiene en cuenta los costes operativos de extracción, elegiría
extraer la cantidad x0. Teniendo en cuenta todos los costes relevantes, incluido el de
«

usuario, la cantidad óptima a extraer sería Ignorar la existencia de la renta de es­


casez llevaría pues a una explotación excesiva del recurso no renovable, y con el
tiempo, a un agotamiento prematuro.

Gráfico 11.4. La renta de escasez y la extracción óptima de un recurso no renovable.

.4.2. La regla de Hotelling: la senda de precios óptima


Un depósito de minerales o un yacimiento petrolífero constituye para su propietario
un activo de capital. La distinción con respecto a otros activos reales o financieros es

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290 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

que el recurso no puede aumentar, y además, que mientras se encuentra en su yaci­


miento no reporta dividendos. La única forma en que un recurso no renovable preser­
vado genera un rendimiento a su propietario es apreciándose, es decir, aumentando
de valor, y esto sucede cuando su precio aumenta. Anteriormente ya se justificó que
para que exista equilibrio en el mercado, la renta que genera un depósito de recursos
debe crecer a una velocidad igual al tipo de interés.

♦ • ’ ... v \ .
Recuadro 11.3
LA REGLA DE HOTELLING COMO CONDICIÓN DE EQUILIBRIO

De acuerdo a la regla de Hotelling, las ren­ vos financieros. Supongamos que al inicio
tas de un recurso no renovable seguirán de un periodo disponemos de 100 € que
una senda de forma que de un periodo a invertimos (por ejemplo, en una cuenta a
otro aumenten a una tasa equivalente al ti­ plazo), y que al final del periodo dispo­
po de interés de mercado. Esta evolución nemos de 120 € . Nuestros ahorros han
de los precios garantizaría un flujo positivo aumentado en 20 € en términos absolutos,
de oferta del recurso en todos los periodos, y en términos relativos, en un 20 por cien­
y que sus propietarios no tengan incentivos to. El tipo de interés sería pues del 20 por
a querer aumentar ni disminuir las canti­ ciento (r = 0,2, en tanto por uno).
dades que ofrecen. Lo que ganan conser­ Mientras los precios del recurso no reno­
vándolo un periodo adicional es exacta­ vable, deducidos los costes operativos de
mente lo que ganan explotándolo en el extracción, aumenten en un 20 por ciento,
presente. los propietarios se mostrarán indiferentes
El tipo de interés r ya es en sí mismo una entre explotar el recurso antes o después.
tasa de crecimiento. Nos muestra, en térmi­ No modificarían por tanto sus decisiones
nos porcentuales, en cuánto aumentan los de oferta, y los precios se mantendrían en
recursos de un agente al invertirlos en acti­ una senda de equilibrio.

Lo descrito anteriormente es el principio fundamental de la economía de los re­


cursos no renovables, más conocido como principio o regla de Hotelling (1931). Su
nombre proviene del estadístico (y economista) norteamericano Harold Hotelling, a
quien ya mencionamos en un capítulo anterior como el inspirador del método de va­
loración del coste del viaje. De hecho, la regla de Hotelling ya se introdujo con ante­
rioridad en el capítulo, y quedaría:

A(p, - c)/(pt c) =

Indica que la renta de escasez de un recurso debe incrementarse a una velocidad


igual al tipo de interés. El Gráfico 11.5 representa de forma sencilla esta condición
sólo para el caso en que se consideren dos periodos, el 0 y el 1, con el coste marginal
de extracción constante, y una demanda de mercado dada que deja de demandar el
recurso si el precio asciende a p'.

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RECURSOS NO RENOVABLES 291

Periodo 0 Periodo 1

P i•

{Pi -c)

o X *i *o X

Gráfico 11.5. Rentas de escasez en los periodos 0 y 1, para una demanda dada

En el periodo 0, el total de empresas extractoras del recurso no renovable ofrece­


rían una cantidad total de x0, y el precio del recurso sería p0. En el segundo periodo el
total de empresas ofrecerían xl5 y el precio del recurso sería p x. La renta de escasez
(pi ~ c) es mayor que (p0 — c). Para que exista equilibrio, esta renta debería haber
ascendido a una tasa equivalente al tipo de interés, es decir, debería cumplirse que

(P\ ~ c) = (p 0 ~ c)(l + r)

Si además se supone que la demanda no cambia, en el periodo 1 la extracción


tiene que ser inferior a la que se produjo en el periodo 0, ya que el precio ha aumen­
tado. Es decir, nos situaríamos en un punto más a la izquierda sobre la función de
demanda.
Esta regla puede interpretarse como una condición de equilibrio en el mercado de
activos. Hotelling la interpretaba como la condición que describe la evolución de los
precios que garantizaría que el flujo de oferta del recurso no fuera ni excesivo ni
demasiado escaso. Estos niveles de precios serían los que permitirían que en todos
los periodos hasta su agotamiento total, se produjera un flujo positivo de oferta del
recurso, sin incentivos para modificar la oferta del mismo.
La manera habitual de representar gráficamente la senda de precios de equilibrio
de un recurso no renovable aparece en el Gráfico 11.6. En el eje vertical se represen­
tan los precios, y en el horizontal los distintos periodos de tiempo. La curva de pre­
cios de equilibrio se interpreta como sigue.
La curva representada muestra, para cada periodo t, el nivel de precios finales
que cumple la condición de equilibrio de Hotelling. Las extracciones del recurso no
renovable deben ser elegidas en cada periodo t de tal manera que (pt - c) aumente a
la tasa r. Gráficamente, nótese cómo la distancia entre la curva de los precios y el
coste de extracción c, aumenta a lo largo del tiempo, recogiendo la idea de que la
renta de escasez aumenta a lo largo del tiempo. La función que representa esta curva,
así como el precio inicial p 0 y el periodo de extracción del recurso T, pueden obtener-

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292 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Gráfico 11.6. Senda de precios óptima y horizonte de explotación del recurso no renovable.

se asimismo matemáticamente como el resultado de un problema de optimizacióp


dinámica. Aquí se discutirá solamente la intuición de la misma. La característica
principal es que las rentas tienen que aumentar exponencialmente a una tasa equiva­
lente al tipo de interés. Cuanto mayor sea el tipo de interés, más rápidamente debe­
rían crecer las rentas.
Además, una estrategia óptima debería conducir a su propietario a agotar el re­
curso justo cuando éste deja de ser demandado. Si denominamos con T al periodo en
que se agota el recurso, el precio que en ese periodo se alcance debería ser p'. Recor­
dando el Gráfico 11.5, p' era el precio a partir del cual los consumidores no deseaban
comprar ninguna unidad del recurso no renovable. Así, en T la cantidad demandada
cae a cero. Habrá por tanto que extraer el recurso en los periodos anteriores. Utilizan­
do la condición de que en T todo el recurso debe agotarse, pueden obtenerse los pre­
cios de equilibrio en cada periodo, incluido el inicial. La cantidad demandada resul­
taría sencillamente de sustituir el precio de cada periodo en la función de demanda
del recurso no renovable. Observemos que la caída en la cantidad demandada del
producto se produce de forma gradual, y no de forma brusca. Conforme se llevan a
cabo las extracciones van produciéndose aumentos de las rentas del recurso, y las %

cantidades demandadas se irían reduciendo cada vez más, hasta hacerse nulas para p'.
Evidentemente, el Gráfico 11.6 no representa cómo puede haber evolucionado en I
la realidad el precio de un recurso no renovable concreto. Los precios podrían así
haber crecido a una tasa distinta al tipo de interés, o podrían incluso no haber aumen­
tado. Habría distintas explicaciones. En la vida real los mercados están conti­
nuamente sometidos a shocks tales como cambios en la demanda o de carácter tecno­ |$
lógico, que alteran el comportamiento de los agentes que intervienen en el mercado.
1
.© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 293

R e c u a d r o 1 1 .4
I(
EJEMPLO NUMÉRICO DEL PRINCIPIO DE HOTELLING

El principio o regla de Hotelling constituye Para determinar el horizonte de explota-


el principio fundamental de la economía del ción así como los precios en cada periodo, se
uso de los recursos no renovables. Dice que requiere de información adicional, que incluye
el recurso se debe explotar (agotar) de for- desde la cantidad disponible del recurso a la
ma tal que la tasa de crecimiento de su renta información sobre la demanda, entre otros.
de escasez iguale el tipo de interés. Utilizamos un sencillo ejemplo para ilus-
Hotelling entendía esta regla como una trar cómo puede identificarse la senda de
condición de equilibrio en los mercados precios de Hotellling de un recurso no reno-
competitivos, de equilibrio porque de ajus- vable. Supóngase que se dispone de una
tarse los precios a esta senda, se garantiza- cantidad total del recurso de Xtot = 10.000
ría en todos los periodos la existencia de un toneladas, y que la cantidad demandada del
flujo positivo de oferta del recurso que ni mismo es constante a lo largo del tiempo y
era excesivo ni demasiado escaso. En defí- asciende a D = 200 toneladas/año. En este
nitiva, el mercado estaría en equilibrio en caso los demandantes del producto no reac-
cada periodo. Otros precios adelantarían o donarían en absoluto a cambios en los pre­
retrasarían el periodo de extracción. El cios, y la demanda se representaría como
principio fundamental de Hotelling es por una vertical en la cantidad de 200 uni­
tanto una condición de equilibrio en un dades. Dados estos datos, existe recurso para
mercado competitivo, y describe la tasa a satisfacer la demanda durante 50 años. Su-
la que se modifican los precios. Si p 0 es el póngase además que existe un producto ca-
precio en el periodo inicial y asumimos paz de sustituir el recurso no renovable cuan-
= c, sucederá que el precio en un cierto do éste se agote. Su precio es pB= 80 u.m.
periodo t debería cumplir por tonelada. Por último, supongamos cos­
tes operativos de extracción nulos.
(Pt ~ c) = (p 0 - c)(l + r)1

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294 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Fruto de las restricciones del ejemplo, el Suponiendo un tipo de interés del 5 por
horizonte de explotación del recurso es de ciento, Pqesulta:
r
T = 50 años. Sabiendo además que los pre­
cios crecen a una tasa igual al tipo de Pq 8=0/(1 + 0,05)50
interés, deberá suceder que al final de esos es decir,
50 años el precio justo alcance el precio del
producto sustitutivo. Así, debe suceder Po= 6,98
que:
Partiendo del precio inicial, pueden ha­
fo § + Ó 50 = P b llarse asimismo los precios correspondien­
tes a cada uno de los periodos. El gráfico
o lo que es lo mismo, anterior resume los principales resultados
p0(1 + r)50 = 80 del ejemplo.

Asimismo, los mercados están sometidos a intervenciones por parte de los gobiernos,
y además, no tienen por qué ser perfectamente competitivos.
Más adelante comentaremos cómo cambios en ciertas variables que se han toma­
do como dadas modifican la senda de precios de equilibrio de un recurso no renovable.

•s ?!
I£ El principio de Hotelling y la eficiencia social
w

En los apartados anteriores se ha presentado la regla de Hotelling como la que descri­


be la senda de precios de equilibrio desde un punto de vista privado, es decir, desde
el punto de vista de los propietarios del recurso y de los demandantes. También es la
senda de precios óptima para los propietarios del recurso, en el sentido de que descri­
be el plan de actuación que les permite maximizar el valor presente de los beneficios f
a conseguir con la explotación del recurso. , í
Puesto que el principio de Hotelling no hace más que describir en el largo plazo I
una situación de equilibrio en el mercado del recurso no renovable que suponemos
competitivo, resultará además que este equilibrio será asimismo óptimo desde un i
punto de vista social, bajo ciertas condiciones. Es decir, los precios que siguen la g
regla de Hotelling serían los que querríamos elegir si estuviéramos interesados en
maximizar el bienestar de la sociedad a lo largo del tiempo, distribuyendo el recurso
entre los distintos periodos.
Recordando la regla de asignación óptima del recurso no renovable entre dos
periodos consecutivos, vimos qué para que su propietario maximizara el beneficio
debía cumplirse que

(pt - c ) = (pt+ l- c ) / ( l + r) (11.3 ) i

Esta condición indicaba que la renta del recurso en el periodo t debía igualarse al
valor descontado de su renta en t + 1, lo que requiere que el de su renta se incre­
mente a una tasa r.

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*

RECURSOS NO RENOVABLES 295

Esta condición es la que se derivaría asimismo si resolvemos un problema de ma-


ximización del bienestar social. Supongamos que tenemos un planificador social que
gestiona el recurso y que desea que en el mercado se explote la cantidad óptima del
recurso, teniendo en cuenta toda la sociedad. Un planificador «benevolente» (que
procura el mayor bienestar social) deberá gestionar el recurso no renovable de forma
que se maximice la suma (descontada) del excedente del productor y del consumidor
que se obtienen en cada periodo, o excedente total. Para hacerlo, el valor (desconta­
do) del excedente generado por la última unidad extraída, o su excedente marginal,
debería ser el mismo para cualquier periodo t. Como muestra el Gráfico 11.7, este
excedente marginal se corresponde con la distancia vertical entre p, y c (c se ha re­
presentado constante). Como se ha visto en capítulos anteriores, el excedente extra
generado por cada unidad, o la suma del excedente adicional del consumidor y del
productor, se corresponde con la distancia que hay entre la función de demanda y la
de oferta de mercado. En el Gráfico 11.7, vendría dado por la diferencia entre la fun­
ción de demanda y el coste marginal operativo de extracción c. El excedente total
derivado de explotar xt unidades en el periodo t aparece sombreado en el dibujo.
Para ver intuitivamente el significado de la Expresión (11.3), y utilizando de nue­
vo el ejemplo con dos únicos periodos, tomemos el caso siguiente. Supongamos que
en el periodo t el excedente marginal de la última unidad producida es de 3, y que en
t + 1 el excedente total marginal es 5, ya descontado. ¿Podría el planificador cam­
biar la forma de extraer el recurso y conseguir incrementar el excedente total agrega­
do? La respuesta es que sí. El planificador podría incrementar el excedente total
extrayendo más recurso en / + 1, y menos en t. Dejar de extraer la última unidad en
t, supone renunciar a un excedente marginal de 3, y extraer esa unidad en + 1 per­
mite conseguir un excedente adicional de 5. Por tanto, en agregado se incrementaría

Gráfico 11.7. Excedente total y la regla de Hotelling.

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296 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

el excedente total en 2. No será posible repartir de forma diferente el recurso entre


los periodos y conseguir incrementar el excedente total cuando el excedente marginal
(descontado) en cada periodo sea el mismo. Ésta es justamente la Condición 11.3.
La regla que permite la maximización del bienestar de la sociedad coincide pues !
con la regla que permite maximizar los beneficios agregados de la industria extracto-
ra a lo largo del tiempo. Así pues, la senda de precios de equilibrio de Hotelling re­
sulta ser también la óptima, la más conveniente desde el punto de vista social. Sin , í
embargo, la afirmación anterior respecto a la eficiencia del equilibrio competitivo
requiere de algunas condiciones para ser cierta. Uno de los motivos por los que el
mercado puede no resultar por sí solo eficiente es porque la oferta del recurso se
encuentre concentrada. Ésta y otras posibilidades se discuten a continuación.

11.5.1. Existencia de externalidades

Como con la producción y consumo de cualquier otro bien, puede darse el caso de
que se generen externalidades que hagan que el equilibrio de mercado no sea el so­
cialmente óptimo. Por ejemplo, una industria extractora de un mineral podría generar
molestias en forma de ruido, de polvo, o de degradación de un paisaje, entre otros. Si*
estas molestias fueran significativas, las tasas de extracción elegidas por los propieta­
rios de la empresa serían excesivas desde un punto de vista social. También puede
suceder que un recurso satisfaga varias funciones, y no únicamente la de servir como
input (materia prima, por ejemplo) a un proceso de producción. Por ejemplo, el agua
de una laguna no fácilmente recargable puede dar lugar a una zona de interés paisa­
jístico. La utilización del agua en la agricultura, o en cualquier otro sector, puede
mermar el nivel de la laguna y el paisaje perder atractivo. De nuevo, se producirían i
externalidades si el consumo recreativo de esas zonas de interés se viese perjudicado.
En este caso, los precios derivados de la regla de Hotelling no conducirían al mejor
escenario de utilización del recurso desde un punto de vista social. .
I

If
11.5.2. D ivergencia e n tre las tasas de descuento p rivada y social

Anteriormente se ha explicado por qué la solución de mercado competitivo coincide


con la socialmente deseable. Una circunstancia debe darse para que esto sea así. El
excedente total es la suma del excedente del consumidor y del excedente del produc­
tor. Supongamos que no hay externalidades. Los productores descontarán sus benefi­
cios futuros al tipo de descuento r. No obstante, será necesario que los consumidores
hagan lo propio para que la elección de los productores resulte socialmente eficiente.
Es decir, el equilibrio competitivo sería eficiente si los consumidores descontaran sus
excedentes a la misma tasa que los propietarios de los recursos. Será necesario que
coincidan la tasa de descuento privada de los productores y la tasa de descuento so­
cial (conjunto de consumidores y productores).

© ITES-Paraninfo *
RECURSOS NO RENOVABLES 297

Se suele asumir que ambas tasas de descuento difieren, y que la tasa de descuento
de los productores es mayor que la de los consumidores. De ser esto cierto, el merca­
do por sí solo haría crecer los precios demasiado rápidamente, el recurso se explota­
ría más rápidamente de lo que resultaría socialmente deseable, y se agotaría antes de
tiempo.

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11.5.3. In fo rm ación im perfecta


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Otra causa de fallo de mercado tiene que ver con la naturaleza incierta de lo que
acontecerá en el futuro. Así, los propietarios de los recursos no disponen de infor­
mación perfecta. Por ejemplo, aquí se ha asumido que el propietario conoce con
exactitud de qué cantidad de recurso dispone, cara a decidir el periodo óptimo de
agotamiento del mismo. Esta información no siempre está disponible con certeza.
También se ha asumido que se conocía la demanda, cuando ésta podría de hecho
modificarse. En la práctica, al hablar del futuro se pueden atribuir probabilidades a
los diferentes posibles sucesos que puedan darse. Así pues, las decisiones se tomarán
en realidad comparando beneficios esperados, y no ciertos.
Desde esta perspectiva, la mejora de la información disponible acercaría la ges­
tión del recurso a la socialmente óptima. La información puede versar sobre las ten­
dencias en la tecnología, el descubrimiento de nuevas reservas o la evolución de la
demanda, entre otros.

. . . . . . . . .

11.5.4. M ercad o s oligopolistas o m onopolistas .'i*4*• •' - .• * v . ’!•- ¡ © i

Es probable que para muchos recursos no renovables la estructura de la oferta se en­


cuentre concentrada en pocas manos, bien sea por las características tecnológicas li­
gadas a su extracción bien sea por otras razones no económicas. Así, puede que los
mercados sean monopolios u oligopolios. La decisión de una única empresa puede
tener un fuerte impacto en el precio del recurso no renovable.
Tal y como sucedería en otros mercados concentrados, el poder de mercado del
que goza la empresa monopolista (u oligopolista) para alterar los precios le permite
tomar sus decisiones fijando precios mayores a los que resultarían socialmente efi­
cientes. En un mercado de recursos no renovables, esto significa que de acuerdo a la
senda de precios de equilibrio el precio inicial del recurso estará por encima del que
encontraríamos en condiciones de competencia. Para una demanda dada, un precio
mayor se corresponde con una tasa de extracción del recurso menor, por lo que el
periodo de agotamiento del recurso en una industria concentrada será en general
mayor. Así, se da el caso de que una estructura monopolista u oligopolista de la ofer­
ta resulta en un horizonte de extracción del recurso más largo. En ocasiones se ha
señalado como paradójico esta confluencia de intereses entre los grupos monopolis­
tas u oligopolistas de una industria y los grupos conservacionistas.

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w

298 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Recuadro 11.5 V

MONOPOLIOS Y AGOTAMIENTO DE RECURSOS 7

«Se da una situación


^ V. s v \ ;
damente, pero está claro que la conocía. Lo
divertida, aquí. No es que sí mencionó fue un caso extremo en el
difícil mostrar que, que en la situación de muchas empresas
en general, enfrenta- compitiendo, el recurso se agotaría en un
dos a una misma fun- lapso de tiempo finito, mientras que con
ción de demanda, un monopolio sólo lo haría asintóticamente.)
monopolista agotará La parte divertida es que si un ecologista es
una mina más lenta- alguien que desearía que los recursos se
mente de como lo conservaran allá de lo que se conservan
harían muchas em- bajo un mundo de empresas en competen-
Robert M. Solow (1924). presas compitiendo cia, entonces el monopolista es el amigo del
entre ellas. (Hote- ecologista. Sin duda ambos se sorprenderían
lling no exploró esta cuestión muy detalla- de saberlo.»
Fuente: Robert M. Solow (1974) «The economics of resources or the resources of economics». American Eco-
nomic Review, vol. 64, núm. 2, p. 8.

i8-* -

J Cambios en la senda de precios de equilibrio


A menudo, los precios de los recursos no renovables están lejos en la práctica de
mostrar una evolución acorde a lo que la teoría predice, y ya se ha comentado que
esto no necesariamente contradice lo indicado por el principio de Hotelling. No obs­
tante, a fin de comprender mejor los cambios que en realidad acontecen en los pre­
cios, así como su evolución, es conveniente analizar un poco más cómo cambios $n
distintos factores inciden en la gestión óptima de un recurso no renovable. Aquí se
comentan solamente algunas posibles causas que explicarían variaciones bruscas enV
la evolución de los precios. , \

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11.6.1. M ejo ras tecnológicas en las técnicas de extracción


7 A V . VA / . V .
„« s V *w v :

Si bajasen los costes de extracción, la misma senda de precios inicial no maximi-


uzaría los beneficios de la empresa (o de la industria). Así, la renta (pt — c) estaría
aumentando más lentamente que el tipo de interés. Esto sucede porque, al disminuir
c, c < c, la diferencia (p, — c ) se ha hecho más grande, por lo que el ratio
A(p — c')/(pt — c') ha disminuido. Las rentas previsibles del recurso todavía por
extraer son inferiores a los rendimientos del recurso extraído y vendido. Si bajan los
costes operativos de extracción, a corto plazo a la empresa le es más rentable la
extracción y venta de recurso, y aumentará su oferta. El precio del recurso en el
periodo inicial debe disminuir, así que p'Q< p0. Este primer efecto aparece represen­
tado en el Gráfico 11.8, con el precio de partida p '0 en lugar de p0.

© ITES-Paraninfo
f

RECURSOS NO RENOVABLES 299

Tiempo

Gráfico 11.8. Los efectos de un descenso de los costes operativos de extracción

Si no se modificasen las tasas de extracción del recurso a lo largo del tiempo, es


decir, si se mantuviera la curvatura inicial de la senda de precios, el recurso se agota­
ría en T, pero en cambio no se habría alcanzado el precio máximo p'. Por lo tanto, no
se maximizarían los beneficios. El recurso se acabaría bruscamente, y esta escasez no
habría quedado lo suficientemente bien reflejada en los precios.
En algún momento las empresas extractoras deben empezar a disminuir sus
extracciones, y esto conlleva que los precios aumenten a lo largo del tiempo más
rápidamente de como lo habrían hecho sin el cambio tecnológico. Por tanto, la baja­
da de costes acaba trasladándose en un acortamiento del horizonte de explotación
óptimo del recurso.
Otra explicación intuitiva de por qué cambia la tasa de extracción y la senda de
precios es la siguiente. Si el coste de la extracción es más bajo, el sacrificio futuro de
incurrir hoy en estos costes es menor, por lo que conviene realizar más extracciones.
De esta forma los beneficios son mayores. La producción aumenta en los periodos
iniciales, y los precios bajan inicialmente, pero luego ascienden más rápidamente.

11.6.2. C am b io s en el tip o de in terés j

Supongamos por ejemplo que se produce un aumento en el tipo de interés de merca­


do. En la situación de partida, los propietarios del recurso ganan lo mismo invirtien­
do en éste o en un activo alternativo. Nos interesa analizar cómo cambiará la gestión
del recurso si por ejemplo se incrementa la tasa de rendimiento de los activos alterna­
tivos. Si los precios no se modificaran, los propietarios de los recursos estarían obte-

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300 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES

0 T T Tiempo

Gráfico 11.9. Los efectos de un aumento del tipo de interés.

niendo un rendimiento menor al que podrían obtener de otras inversiones. Otra forma
de verlo es que el valor de los rendimientos de extracciones futuras disminuye en
relación los rendimientos de extracciones en el presente (que se pueden asimismo
invertir). Por tanto, se extraería más recurso en el presente, para poder invertir los
ingresos obtenidos. Aumentaría la oferta en el presente, se produciría un exceso de
oferta del recurso y el precio inicial del mismo desciende. El Gráfico 11.9 ilustra
cómo se modifican los precios. Esto explica que p '0 < p0.
A partir de ese momento, y dado que el tipo de interés ha aumentado, en equili­
brio los precios deben incrementarse más rápidamente que en la situación inicial. Es­
to se representa con una senda de precios más inclinada. Con la nueva senda, a trazos
discontinuos en el gráfico, se alcanza antes el precio p', en T. Es decir, el recurso se
agotará antes.

11.6.3. A parición de tecn o lo g ías de sustitución

Se dice que existe una tecnología de sustitución a un recurso no renovable cuando


H M

ésta permite obtener un sustitutivo del recurso no renovable, proveniente de una


M

fuente no agotable, y disponible normalmente a un precio comparativamente eleva­


do. Sería el caso del sector energético, por ejemplo.
Como esta tecnología de sustitución no se agota, no existirá renta de escasez, por
lo que podemos representar el precio al que se dispondría del bien sustitutivo como
un precio constante. En el Gráfico 11.10 viene representado por el precio pB. Se ha
supuesto un precio p B inferior al precio p , a fin de que estemos realmente ante un
sustitutivo del recurso no renovable.

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ii
<
RECURSOS NO RENOVABLES 301

Tiempo

Gráfico 11.10. Tecnología de sustitución y senda de precios de equilibrio

Lo que sucede con la aparición (o el abaratamiento) de una tecnología así es que


la senda de precios óptima se encuentra por debajo de la inicial. Respecto de la situa­
ción inicial, el recurso dejará de ser demandado por los consumidores antes, en cuan­
to se alcance [Link] esto suceda (periodo T), lo óptimo es que el recurso se
agotado, lo que requiere que se adelanten las extracciones, o que aumenten en cada
periodo. Con más extracciones, los precios del recurso deben ser inferiores, para to­
dos los periodos, que sin la existencia de la tecnología de sustitución. La cantidad
demandada en el periodo T podrá ya ser estable, dado que el servicio que el recurso
no renovable proveía ahora lo proveerá el recurso renovable a un precio de pB para
cada periodo posterior a T. Todos estos efectos se muestran en el Gráfico 11.10.

11.6.4. A p arició n de nuevos yacim ien to s de recursos

La aparición de nuevas reservas del recurso no renovable hace que aumente la oferta
del mismo, lo que se traducirá en un descenso de su precio en todos los periodos. Con
precios inferiores y más cantidad de recurso, se demandará más y a lo largo de más
tiempo, por lo que la nueva senda de precios será tal y como se muestra en el Gráfi­
co 11.11. Aumenta el horizonte de extracción del recurso y los precios disminuyen
en todos los periodos.

Los recursos no renovables reciclables


Durante los últimos años se han generalizado en muchos países actividades producti­
vas consistentes en la recuperación de materiales mediante reciclaje. Esto atañe, aun-

© ITES Paraninfo
302 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Gráfico 11.11. Descubrimiento de nuevas reservas y senda de precios óptima.

que no exclusivamente, a algunos recursos no renovables. Así, ciertos recursos, una-


vez utilizados como materia prima de un proceso de producción, conservan determi­
nadas propiedades físicas y químicas. Bajo ciertas condiciones, el recurso puede reci­
clarse y reutilizarse. En este apartado se discute cómo la posibilidad de reciclar el
recurso no renovable puede modificar su senda de extracción óptima. Discutiremos
cómo se modifica el problema de la gestión óptima que un propietario hace del recur­
so cuando existe reciclaje, y también sobre cómo se modificaría la senda de precios
de equilibrio.
'V
•••. y, •■;. v.'\\y-X¡.;V>x ‘-sy s. . . . . . . . . . .. . . . . . ^ .

11.7.1. Extensión del p eriodo de exp lo tació n del recurso


v>X<vXv//\- va \v .X'^'/X,.v >a s r ! . ■. •.. . ... ... ....... ... v ^ i rí i

%

Una primera consecuencia es que la posibilidad de recuperar el producto extiende la


vida del recurso no renovable y alarga su periodo de explotación. Hay que tener en
cuenta que incluso para aquellos materiales reciclables, la recuperación del recurso
suele ser inferior al 100 por cien de lo utilizado. Así, la cantidad de acero contenida
en un componente de un coche no se recupera en su totalidad. Por lo tanto, incluso
cuando el recurso no renovable es -recuperable vía reciclaje, hay una parte del recurso
que se «pierde» para su uso posterior.

Utilicemos el siguiente ejemplo. Imaginemos que en los yacimientos dispone­


mos de una cantidad total de recurso de Q. Además, mediante procesos de reciclaje
es posible recuperar el 50 por ciento de la cantidad del recurso. Con una tasa de recu­
peración del 50 por ciento, de. las Q unidades utilizadas en un periodo al siguien­
te podrían recuperarse 0,5*0 unidades. En el tercer periodo se podrían conseguir

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RECURSOS NO RENOVABLES 303

O>5*(O,5*0), y así sucesivamente. Al final de infinitos periodos, la cantidad total del


recurso que habríamos utilizado resultaría de

Qtot= Q+ 0,5*0 + O,52*0 + ••• = 0/(1 - 0,5)

Si la tasa de recuperación del recurso fuese mayor, el denominador se reduce y la


cantidad total del recurso se incrementa. Si la tasa de recuperación es cero, estaría­
mos en el caso en que no existe reciclaje del bien. Si la tasa de recuperación fuese del
100 por cien, el reciclado del recurso permitiría mantener su consumo a lo largo del
tiempo. En general, con reciclaje el recurso podrá ser utilizado durante un periodo de
tiempo más dilatado, o su sustitución por otro recurso sustitutivo ocurrirá más tarde.

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11.7.2. C o m p eten cia en tre la industria extractora y la del reciclaje


v.; V $ ( U A > v ix v V v . < : x . V X * * W ' \ , V
N*
n.Í v\A
a A . X-*' . V ■ *.V .• \ V'. s- y~ *.x \ N • . , \ .v i* y ÍX* \ v * • ' > * \ \ a v v..V * • •. sK' '- ’•’ . • • . \ > s*.
^
* . ■' - •. .V . X'A-. / / , . ;w»'Z/A -V
^

A lo largo del capítulo ya se ha discutido sobre los costes a los que se enfrenta un
propietario dedicado a la extracción de un recurso no renovable. Las empresas que se
dedican a tareas de reciclaje, incurren lógicamente en ciertos costes. Los habituales
de cualquier otra empresa, y los más específicos correspondientes a las tareas de re­
cogida y transporte de los materiales, de separación y de recuperación propiamente
del recurso.
Es esperable que inicialmente el recurso utilizado provenga de la extracción. Con
abundancia del recurso en su origen, su extracción es relativamente poco costosa.
Pero ya hemos visto que a medida que el recurso es extraído, por diferentes razones
aumentan los costes de la actividad extractora. Cuanto más recurso se haya ya extraí­
do, más probable será que comparativamente el coste del recurso reciclado sea infe­
rior, y que pueda así competir con el proveniente de tareas de extracción.
El Gráfico 11.13 ilustra cómo podría darse esta competencia. Tanto para la acti­
vidad extractora (EXT) como para la de reciclaje (REC) se han representado unos
costes marginales crecientes. Cada curva de coste marginal representa la oferta de
mercado del segmento que se considere (EXT o REC). La oferta de mercado o agre­
gada del recurso, se corresponde con la suma horizontal de las dos curvas de costes
marginales, por lo que la función conjunta o agregada (MIX) de costes marginales
privados será también creciente, aunque más plana a partir de X^Éc- Recuperar el
recurso mediante reciclado resulta más costoso comparado con la actividad extracto­
ra para las primeras unidades, hasta alcanzar la cantidad X ^c- A partir del nivel de
producción ^cle reciclaje ya podrá competir, en términos de costes, con la indus­
X
tria extractora.
En el Gráfico 11.12 se muestran dos posibles situaciones. El Gráfico 11.12(a), a
la izquierda, muestra un caso en el que toda la demanda del recurso se satisface con
recursos exclusivamente provenientes de la extracción. Dada la demanda, obtenemos
la intersección entre oferta y demanda en la cantidad XaTOT. Todas las unidades del

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304 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

XX b _
TOT X^xt + ^MIX
(a) La oferta del recurso proviene (b) La oferta del recurso proviene
exclusivamente de la extracción de la extracción y del reciclado

Gráfico 11.12. Equilibrio en el mercado de un recurso no renovable reciclable.

recurso hasta XaTOTson menos costosas de producir a partir de la extracción


so. El reciclaje es aún excesivamente costoso y no puede aún competir con la activi­
dad de extracción.

En el Gráfico 11.12(b), a la derecha, se ha modificado el escenario. Las curvas de


costes no se han modificado, pero la demanda del recurso es mayor (Db se encuentra i
más a la derecha que Da). Ahora hallamos la nueva intersección entre oferta y de­ i'i
manda a la altura de la cantidad XEOT. Hasta XbEXT sigue resultando más barato obte­
ner el recurso vía extracción. En cambio, las restantes unidades hasta XbTOT proven­
drán algunas del reciclado y otras de la extracción. Como consecuencia de que existe
reciclado, el precio de mercado es pb. ¿Cuál sería el equilibrio de mercado sin posibi­
lidad de reciclar? La oferta de mercado del recurso se correspondería con la curva
CMgEXT, la oferta proveniente de la industria extractora. El precio y la cantidad de □
equilibrio serían p' y X'. Por tanto, con reciclaje el precio del recurso es inferior y la
cantidad demandada en el mercado mayor.
|
:¡H
En resumen, con posibilidad de recuperación vía reciclaje, un recurso no reno­
vable será utilizado durante más tiempo. Se produce un incremento en la oferta de
mercado del recurso, y si existe suficiente demanda, los precios disminuyen respec­
to del escenario sin reciclaje. Para unos precios más bajos, y si la demanda es de­
creciente, las tasas de utilización del recurso (que no de extracción) por período
serán mayores.

En el Gráfico 11.12(b) hemos asumido que en el mercado se daba cabida al reci­


clado de un recurso porque se producía un cambio en la demanda. Se deja al lector la
representación de un caso en el que el reciclado tenga cabida porque se produzca un
cambio en los costes de producción, por ejemplo para la industria extractora.

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RECURSOS NO RENOVABLES 305

§ Otras consideraciones
Anteriormente hemos discutido algunas de las razones que pueden hacer alterar la
senda de precios de un recurso no renovable, descrita por Hotelling. Como es lógico,
en la práctica los precios de cada uno de los recursos no renovables se ven sometidos
a todo tipo de shocks, como la aparición de nuevas tecnologías de extracción, el des­
cubrimiento de productos sustitutivos del recurso o el descubrimiento de nuevos
yacimientos, por mencionar sólo algunos de los aspectos comentados.
Podrían asimismo considerarse otras posibles fuentes de shock en los mercados
de los recursos no renovables. Así, podrían ocurrir cambios en su demanda; se po­
drían introducir impuestos u otras actuaciones gubernamentales, que podrían distor­
sionar las decisiones de los propietarios y de los consumidores del recurso; podrían
producirse guerras, o catástrofes naturales, que afectasen las posibilidades de extrac­
ción del recurso; o podrían darse cambios bruscos en el sistema de derechos de pro­
piedad en el que se desarrolla su explotación. Todos estos acontecimientos incidirían
en el mercado del recurso y en su precio de equilibrio.
Cabe además la posibilidad de que el mercado no se encuentre en equilibrio.
Aunque esa discusión va más allá del objetivo de este capítulo, una de las explicacio­
nes puede tener que ver con el hecho de que muchas de las decisiones sobre la ges­
tión del recurso deben tomarse en condiciones de incertidumbre, por lo que se toma­
rán en base a beneficios esperados y no ciertos. La falta de información cierta está
presente en muchas fases de la toma de decisiones, desde la que atañe a todas las
variables que hemos visto que inciden en la evolución futura del precio del recurso,
como la existencia misma de las reservas del recurso o la introducción de nuevas
tecnologías de extracción y de sustitución, por ejemplo.
Una fuente de incertidumbre adicional tiene que ver con la que atañe a la propie­
dad del recurso y al derecho a su explotación. Si esta propiedad no fuese segura, en el
sentido de que el propietario temiera perder el derecho a la explotación del recurso,
las decisiones de los propietarios se verían afectadas. Lo mismo sucedería si el recur-'
so se explotara en condiciones de rivalidad, porque varios usuarios compartan y ex­
ploten una misma reserva (por ejemplo, de petróleo). La explotación de forma común
de un recurso no renovable sería un ejemplo de explotación de bien comunal, y los
problemas que se generarían serían los ya vistos en el Capítulo 2.
Del presente capítulo podemos extraer alguna idea fundamental presente en la
teoría económica concerniente a la gestión de los recursos no renovables. Es la idea
de que los mercados de los recursos no renovables incorporan incentivos que pro­
mueven cambios en el comportamiento de los propietarios y de los consumidores del
recurso a reaccionar ante las situaciones de escasez. Si los agentes reaccionan en la
forma en que el modelo presentado y el principio de Hotelling predicen, en los mer­
cados de los recursos no renovables los agentes se irían adaptando gradualmente a las
circunstancias, y no deberían esperarse colapsos bruscos de estos mercados.

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306 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

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1. En ocasiones se discute sobre la conveniencia de introducir topes a los precios


de ciertos bienes provenientes de recursos no renovables. Es a veces el caso de
la gasolina, que en algunos países está regulada con precios máximos. Una me­
dida así, ¿modifica de alguna forma la explotación a lo largo del tiempo del
recurso natural no renovable?

2. Discuta la siguiente afirmación: «El propietario de un recurso querrá explotarlo


cuanto antes mejor».

3. Para el caso en que los costes de extracción de una unidad de recurso no renova­
ble son nulos, c = 0, derivar que si p/p^ = r, entonces el propietario del recurso
ofrecerá tanta cantidad como de él se demande. Suponemos que se trata de una
demanda efectuada a nivel local, y que el propietario del recurso dispone de la
cantidad suficiente.

4. El agua procedente de un acuífero no recargable se puede considerar un recurso


no renovable. Supóngase que su consumo se ha incrementado a lo largo del
tiempo. ¿Sería esto lo esperable, o se contradiría la teoría económica sobre re­
cursos agotables presentada en este capítulo? Razone la respuesta.

5. Según la regla de Hotelling, ¿deben las rentas del recurso aumentar en cada
periodo al mismo ritmo que aumenta la tasa de interés en cada periodo, o el
ritmo del aumento de estas rentas en cada periodo debe corresponder al valor de
la tasa de interés en cada periodo?

6 . El Gráfico 11.6 muestra la evolución de las rentas del recurso atendiendo a la


regla de Hotelling. ¿Cómo cambiaría el gráfico y su interpretación, si los costes
marginales operativos de extracción fuesen c = 0? \

7. ¿Son iguales el precio de una unidad de recurso extraído y el precio de una uni­
dad de recurso todavía por extraer?

8. Si la senda de rentas de escasez de un recurso no renovable verifica el principio


de Hotelling, ¿puede el precio de venta del recurso ser constante? Justificar la
respuesta.

9. Representar la senda de precios de equilibrio de Hotelling con un precio máxi­


mo de compra de p \ un precio inicial del recurso p 0 y unos costes de extracción
constantes c. Supongamos que se complica el acceso al recurso no renovable, y
los costes marginales operativos de extracción aumentan. Representar gráfica­
mente cómo se modifica la senda de precios de equilibrio y proponer una expli­
cación intuitiva de lo que se predice.

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I

RECURSOS NO RENOVABLES 307

10. Representar la senda de precios de equilibrio de Hotelling con un precio máxi­


mo de compra de p \ un precio inicial del recurso p 0 y unos c
ción constantes c. ¿Cómo se representaría en este gráfico un desplazamiento
hacia la derecha de la demanda del recurso no renovable?

11. A lo largo del capítulo, uno de los supuestos implícitos que hemos considera­
do para analizar la toma de decisiones de un propietario de un recurso no reno­
vable, es que la propiedad del mismo y de los beneficios que su extracción
reporte estaban claramente definidos. ¿Cómo es de esperar que modificara un
propietario la gestión óptima de un recurso no renovable si no tuviera esta se­
guridad sobre su futuro aprovechamiento del recurso? ¿Por qué?

12. Imaginemos un caso en que la curva de costes marginales de extracción de un


recurso está, para cualquier cantidad jc, por debajo de la correspondiente a la
obtención del recurso vía reciclado. ¿Podrá competir en el mercado del recur­
so no renovable la industria del reciclaje? Para contestar, basarse en un gráfico
similar al 11.12, modificando lo que corresponda.

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CAPÍTULO

'
12
*

$•

•J f

Recursos
renovables

12.1. El problema de los recursos renovables: marco general


12.2. La gestión de las pesquerías: visión estática
12.3. Gestión de la pesquería a lo largo de varios periodos
12.4. La regulación de las pesquerías
12.5. La gestión económica de los bosques
Ejercicios
310 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

En el último capítulo nos centramos en el estudio de los recursos no renovables. Este


lo dedicamos al análisis económico de algunos aspectos relacionados con la gestión
de recursos naturales renovables. Los recursos renovables son aquellos que se rege­
neran por sí mismos, por ejemplo las plantas o los animales dentro de un lapso de
tiempo razonable para la escala humana. Su característica de renovables introduce
algunas diferencias en el análisis con respecto a los recursos no renovables. Así, por
un lado se suelen recomendar niveles de utilización de los recursos renovables que
no comprometan su continuidad, por lo que se deberá tener en cuenta la forma en que
el recurso crece. Por otra parte, la característica de renovables no evita que en ocasio­
nes estos recursos se agoten. Desde un punto de vista económico la explotación del
recurso constituye lógicamente un problema de largo plazo, y los propietarios que
derivan beneficios de su explotación pueden ser los primeros interesados en su pre­
servación, puesto que de ellos obtienen rendimiento. De hecho, veremos que uno de
los escenarios en que la continuidad del recurso renovable puede verse comprometi­
da es precisamente cuando la apropiación de los beneficios que el recurso rinde no
corresponde a un único propietario.

El problema de los recursos renovables:


marco general
El problema de gestión de un recurso renovable presenta algunas diferencias respecto
al de los no renovables, ya visto en el capítulo anterior. Así, el recurso no tiene por
qué agotarse, porque es capaz de regenerarse. Sin embargo, esta capacidad de rege­
neración del recurso renovable no evita que se pueda agotar, dependiendo de cómo
se gestione. En la gestión de un recurso no renovable uno de los objetivos era el de
hallar cuáles debían ser las tasas óptimas de extracción del recurso a lo largo del
tiempo, cara a maximizar el bienestar de la sociedad. Para el caso de los recursos
renovables, se trata asimismo de identificar la senda de extracciones del recurso que
maximice el bienestar social. Además, se añade la problemática de la identificación
de aquellas tasas de extracción que no comprometan la continuidad y capacidad de
generación del recurso. A estas tasas de explotación del recurso renovable se las sue­
le calificar como sostenibles o sustentables, en el sentido de que se pueden mantener
a lo largo del tiempo sin poner en riesgo su disponibilidad futura.

Para poder determinar los ritmos de explotación sostenibles, es preciso disponer


de información sobre el ritmo de crecimiento del recurso renovable, al margen de la
intervención del hombre. Es decir, se requiere de información de carácter técnico, y
que debe ser proveída desde las distintas disciplinas. Si nos referimos a recursos pes­
queros, por ejemplo, será preciso conocer el ciclo de crecimiento de la biomasa pes­
quera, para cada tipo de especie. Si nos referimos a recursos forestales, los ingenieros
forestales podrán proporcionar información acerca del crecimiento del recurso. Es
por esta razón que en general la investigación económica que intenta hallar las reglas
para explotar óptimamente un recurso renovable suele basarse en los denominados

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RECURSOS RENOVABLES 311

modelos bioeconómicos. En este tipo de análisis se parte de la información biológica


que describe las características principales del crecimiento del recurso, y a continua­
ción se incorpora la información sobre las variables económicas a tener en cuenta
cara a determinar el mejor ritmo de explotación del recurso.
El resto del capítulo está dedicado, por este orden, a la gestión de las pesquerías y
a la de los bosques. Dedicaremos algo más de atención al modelo bioecoñómico de
gestión de las pesquerías, que puede de hecho reinterpretarse en términos más gene­
rales para el análisis de otros recursos renovables. Ciertamente existen otros recursos
naturales de interés, con especificidades propias, como ciertas fuentes de energía,
productos agrícolas, ganaderos, o el agua, pero lo principal para el análisis de los
mismos en tanto que recursos renovables queda ya recogido en los dos casos que
presentamos a continuación.

La gestión de las pesquerías: visión estática


Se entiende por pesquería una zona en la que existe una población de
peces, y a la que acuden una o varias empresas que realizan sus acti­
vidades de pesca. El caso de la explotación económica de las pes­
querías representa muy bien los problemas genéricos presentes en la
gestión de los recursos renovables, pero además presenta algunas ca­
racterísticas propias. Por ejemplo, se trata en general de un recurso
móvil, lo que complica algo más que en otros casos la asignación de
derechos de propiedad en régimen de exclusividad.
Para hacer la explicación algo más sencilla, consideraremos que
la pesquería lo es de una sola especie. En primer lugar describiremos
el modelo bioecoñómico, que combina el modelo biológico que re­
Milner Baily Schaefer
(1912-1970). presenta cómo se da el crecimiento del recurso pesquero con el mo­
delo económico. El modelo biológico que está en la base de lo aquí
expuesto fue desarrollado por el biólogo norteamericano Milner Baily Schaefer en
los años cincuenta del siglo XX. Dicho modelo pone énfasis en el concepto de explo­
tación o capturas sostenibles. Contemporáneamente, el economista canadiense H.
Scott Gordon ya advertía del problema de la conservación de los bienes comunales,
ejemplificándolo en los bancos de peces. La combinación de ambas contribuciones
dio lugar a lo que se conoce como el modelo de Gordon-Schaefer, que se expone a
• /
continuación.

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12.2.1. E xp lo tació n sostenible a lo largo del tie m p o

forma
una representación gráfica como la del Gráfico 12.1. Así, la curva representada

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312 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

muestra cómo evolucionaría a lo largo del tiempo la cantidad total del recurso (en
una determinada región o pesquería), al margen de intervenciones humanas. La curva
representada corresponde a lo que se conoce como crecimiento logístico.

La cantidad total del recurso depende del número y tamaño de sus ejemplares, y
puede denotarse como biomasa. Así, la biomasa podría crecer si crecen sus ejempla­
res, aunque no haya más en número. Interpretemos el Gráfico 12.1. En los estadios
iniciales, como en t0, la cantidad del recurso es baja (x0). No obstante, empieza a
crecer de forma cada vez más rápida, y en poco tiempo aumenta considerablemente
(por ejemplo, entre tx y t2). La idea es que existen los suficientes ejemplares como
para que puedan crecer y reproducirse fácilmente. Nótese que para el nivel de stock
Ia curva de crecimiento del recurso se acerca a la vertical; por tanto, es para',
x ym á x

ese nivel para el que más rápidamente crece el recurso. Más adelante, para cantida­
des mayores del recurso (a partir de ) ’ este sigue creciendo pero lo hace más
x ym á x

despacio. Una posible razón es que los distintos ejemplares, ya más numerosos, de­
ben competir por una cantidad limitada de nutrientes, y su ritmo de crecimiento (o
reproducción) se ralentiza. Es por este motivo que el recurso no puede crecer indefi­
nidamente. La cantidad x m á xen d gráfico representa lo que se denomina la capaci­
dad de carga del sistema. Sería la Cantidad o equilibrio natural a la que el recurso
renovable tendería por sí mismo, dado su entorno.

La explicación sobre el crecimiento de una especie podría ser distinta. Por ejem­
plo, podría ser que el crecimiento de un recurso dependiese no tanto de la cantidad de
biomasa del recurso (masa del total de población), sino solamente del número de
ejemplares lo suficientemente adultos. Esto podría dar lugar a otro tipo de curvaturas
algo distintas a la del gráfico.

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RECURSOS RENOVABLES 313

Dada una curva de crecimiento del recurso renovable, éste puede explotarse de
forma indefinida mediante extracciones sostenibles, en el sentido de que mantienen
constante el nivel de stock. También se podría explotar menos, con lo que el stock del
recurso iría creciendo, o explotar más allá de la captura sostenible, con lo que se iría
reduciendo la biomasa pesquera (de mantenerse esta última situación indefinida­
mente, se agotaría el recurso renovable).

R e c u a d r o 1 2 .1

CAPTURAS SOSTENIBLES

Tal y como se utiliza el concepto de captu­ de capturas 20 sería sostenible para un ni­
ras sostenibles en el contexto de la explota­ vel de stock pesquero de 30. Si partimos de
ción de las pesquerías, éstas hacen referen­ una cantidad de recurso pesquero distinta,
cia a todos aquellos niveles de capturas que las capturas sostenibles asociadas también
tienen la propiedad de dejar el recurso pes­ se modificarán en general.
quero en un nivel constante. Supongamos Volviendo al ejemplo numérico anterior,
que en un cierto periodo la cantidad de bio­ sería asimismo posible realizar unas captu­
masa pesquera inicial se estima en 30 uni­ ras de 15. Al periodo siguiente, el recurso
dades de biomasa. De un año al siguiente y pesquero habría aumentado en 5. Proceder
sin intervención humana, ésta aumenta y se de esta forma ciertamente no compromete el
sitúa en 50. Podríamos entonces cada año futuro del recurso pesquero, y estas capturas
capturar un volumen de peces de 20, vol­ se podrían mantener en el tiempo. Sin em­
viendo a situar la cantidad de recurso pes­ bargo, no les aplicaríamos el adjetivo de
quero en 30. Éste volvería a crecer hasta «sostenibles», que utilizaremos aquí sola­
50, podríamos volver a extraer 20, y así su­ mente para aquellas extracciones del recurso
cesivamente. Diríamos que el nivel anual que lo mantienen en una cantidad constante.

• Naturalmente, si se explota parte del recurso pesquero, se retira una cantidad del
mismo y se interrumpe parte de los mecanismos naturales de regeneración. ¿Cómo
deben ser las capturas pesqueras para no poner en peligro la continuidad de la pes­
quería? Volviendo al Gráfico 12.1, la curva de crecimiento nos informa de que entre
el momento t0 y el t{, el recurso pasa de x 0 a Denotamos a la diferencia (*! —*0)
como [Link] entre t0 y tlse extrajera una cantidad del recurso ig
del periodo, es decir, en tu se dispondría de nuevo de la cantidad x0. Podríamos asi­
mismo elegir cualquier otra zona de la curva de crecimiento del recurso e identificar
las capturas sostenibles. Mientras que las cantidades que se extraigan del recurso re­
novable no superen el crecimiento vegetativo del mismo (su crecimiento natural), di­
remos que la explotación es sostenible. Nótese también que un mismo nivel de captu­
ras puede obtenerse con dos niveles distintos del recurso pesquero. El crecimiento
del recurso es exactamente el mismo entre los periodos t0 y tx que entre los periodos
t2 y ty A este nivel de capturas sostenible lo denotamos con y2, en el Gráfico 12.1, y
lo expresamos en niveles absolutos y no en términos porcentuales. Por tanto, el nivel

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I

314 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Gráfico 12.2. Explotación sostenible y nivel del recurso. I


[
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'■ ■

' 0

de capturas sostenible y2es compatible con dos niveles distintos del


ro, con x 0 y con x2. Asimismo, cuanto más rápidamente se recupere el recurso, mayo­
res podrán ser las capturas sostenibles. Las capturas sostenibles máximas estarían pa­
ra el nivel de stock Y x > aquel en el que éste aumenta a más velocidad.
m á x

Representamos ahora de forma distinta la información anterior. En el Gráfico


12.2 las capturas sostenibles van directamente en el eje vertical, y en el horizontal
representamos la cantidad del recurso pesquero. El nivel de capturas y 2 puede conse­
guirse con dos niveles de biomasa bien distintos, jc0 y x2. Operar en la zona decre­
ciente del gráfico, no obstante, por ejemplo en x2, permite mantener mayores niveles
de recurso. \
f§ %

Situarse en el tramo creciente, por ejemplo en x0, lleva asociado un menor núme- i
ro de ejemplares, y además conlleva más riesgo de extinción del recurso. Así, imagi­
nemos que se extraen y 2 unidades de recurso con un nivel del mismo de x0. Si por
cualquier motivo, en un determinado periodo el crecimiento del recurso se redujese
inadvertidamente y por cualquier motivo se mantuviese su explotación en y2, la can­
tidad del recurso al final de ese periodo se situaría a la izquierda de x0, digamos en jcq.
Su tasa de crecimiento por periodo también sería menor (por ejemplo, al cabo del
periodo se recuperaría una cantidad de recurso pesquero de y3, con y3 menor que y2)-
De no corregirse las extracciones y mantenerlas en y2, el recurso iría disminuyendo,
hasta su eventual extinción. Se deja al lector la comprobación de que, caso de suce­
der una imprevista reducción en la reproducción del recurso cuando su nivel se en­
cuentra en x2, el contar con una mayor cantidad del mismo reduce el riesgo de que no
pueda recuperarse y alcanzar de nuevo el nivel de x2. Más adelante argumentaremos

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RECURSOS RENOVABLES 315

que el tramo decreciente de la función representada en el Gráfico 12.2, además de


permitir una explotación estable del recurso, resultará ser además el tramo relevante
en lo que respecta a la gestión óptima del recurso en buena parte de los casos.
Los anteriores gráficos han servido de momento para describir la relación entre la
cantidad de un recurso renovable y su tasa natural de crecimiento, y para describir
asimismo lo que hemos denominado capturas sostenibles. El Gráfico 12.2 muestra
que existen unas capturas sostenibles máximas de y¡^\x que permiten explotar el re­
curso sin comprometer su explotación futura. El nivel de capturas yM^x se conoce
como la solución biológica, es decir, el máximo nivel de explotación del recurso re­
comendado de acuerdo a criterios biológicos (de sostenibilidad biológica). Permite
maximizar la cantidad de peces capturados al tiempo que no compromete el futuro
del recurso pesquero (cuestiones de riesgo al margen). No obstante, la solución bioló­
gica no es necesariamente el mejor nivel posible en términos económicos, de bienes­
tar social. Para entender por qué, es preciso incorporar al sencillo modelo biológico
descrito la información económica relevante.
Los siguientes apartados analizan diferentes escenarios a los que la explotación
de un recurso renovable puede conducir. De momento, plantearemos el análisis en
un contexto de un único periodo. El objetivo del propietario del recurso será el
de maximizar los rendimientos obtenidos de su explotación, es decir, maximizar su
beneficio. El beneficio no es más que la diferencia entre ingresos totales y costes
totales, así que incorporaremos estas dos variables económicas en el análisis. A di­
ferencia de capítulos anteriores, en éste representaremos las curvas de ingresos y
costes totales, y no las de ingresos y costes marginales. Es importante tener esto pre­
sente al interpretar los gráficos, dado que las curvas no significarán lo mismo que en
el resto del libro, donde la interpretación era prácticamente siempre en términos mar­
ginales.

■* • ••

m
112.2.2. Ingresos to ta le s :3
// '•■jQ

s • • >:• >-v.'
• iv .v !

Utilicemos el supuesto que hemos seguido en todo el libro de que la empresa consi­
derada toma los precios como dados. De hecho, haremos como si la cantidad final de
pescado capturado y vendido por el conjunto de empresas no afectara al precio del
mismo. Éste sería el caso si la pesquería fuese lo suficientemente pequeña. Ello nos
permitirá obviar la parte de la demanda en nuestro análisis. Si el precio del recurso
pesquero es p, entonces podemos calcular los ingresos totales sencillamente multipli­
cando el precio por las capturas. Considerando solamente las capturas sostenibles,
hablaríamos entonces de ingresos sostenibles. Los ingresos resultan de multiplicar
las cantidades extraídas por una constante (p), de manera que la forma de la curva del
Gráfico 12.2 queda preservada, aunque obsérvese que ahora el eje vertical represen­
tará unidades monetarias en lugar de capturas. Como antes, en el eje horizontal repre­
i sentamos los distintos niveles de stock del recurso pesquero. Representamos los in­
gresos en el Gráfico 12.4. Los ingresos totales van aumentando a medida que nos

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316 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

movemos de x M¿ x hacia la izquierda, mientras lo hacen las capturas sostenibles, es


decir, hasta el nivel x ymá x del recurso pesquero. Reducir ese nivel de s t o c k (seguir
moviéndonos hacia la izquierda) se traduce en una disminución de las capturas soste­
nibles y, en consecuencia, también de los ingresos totales. Análogamente a lo que
sucede con las capturas sostenibles, los ingresos máximos sostenibles se consiguen
para el nivel del recurso xymáX‘

|;12.2.3. Costes totales


Por lo que respecta a los costes, utilizamos aquí el supuesto más habitual. Supone­
mos que los costes totales reflejan el esfuerzo en el que hay que incurrir para conse­
guir una cierta cantidad de recurso. Por esfuerzo entendemos la cantidad de capital,
las horas de trabajo y recursos naturales empleados para las capturas. Suponemos que
el número de ejemplares pescados aumenta tanto con el esfuerzo dedicado como con
el nivel de existente del recurso. Así, suponemos que cuanto más abundante es el
recurso pesquero, menos tiempo (y esfuerzo) se requiere para capturar un ejemplar
adicional. Esta idea se muestra en el Gráfico 12.3.
Un mismo esfuerzo £j conduce a unas mayores capturas si la cantidad del recur­
so pesquero es mayor (para el nivel x l comparado con el nivel x0). En otros términos, .
conseguir idénticas capturas (y) requiere de un mayor esfuerzo si se parte de un nivel
del recurso más bajo. En el Gráfico 12.3, para obtener y0 cuando el nivel de biomasa
pesquera es jc0 (más bajo que Xj), hay que incurrir en un esfuerzo mayor (£j en lugar
de E0). Traducido a unidades monetarias, la necesidad de tener que dedicar más es­
fuerzo representa costes más altos.

Gráfico 12.3. Capturas pesqueras y esfuerzo realizado.

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«

RECURSOS RENOVABLES 317

Supongamos que el coste de una unidad de esfuerzo es siempre de c unidades


monetarias. El coste total dependerá pues del esfuerzo total que se dedique a la pes­
ca, y éste dependerá en nuestro modelo de dos factores: del volumen o nivel de cap­
turas y del nivel de stock disponible, dado que suponemos que requerirá mayor es­
fuerzo capturar un mismo número de ejemplares en un banco de peces pequeño que
en uno mayor. Así, resultará que los costes totales de pescar serán mayores si crecen
las capturas y si baja el nivel de stock del recurso pesquero.
Representamos ahora los costes de las capturas en el Gráfico 12.4. Por simplifi­
car, aunque no tiene por qué ser así, representamos los costes totales de las capturas
con una línea recta que parte del nivel de equilibrio natural del stock, xM¿x. Así, si el
recurso no se explota en absoluto nos situaríamos en xM¿x, y el coste asociado es
cero. Conforme nos movemos hacia la izquierda, nos situaríamos en niveles del re­
curso pesquero inferiores, por lo que estarían aumentando los esfuerzos pesqueros y
con ellos los costes totales.

12.2.4. Maximización de beneficios: la solución socialmente óptima ]


Teniendo en cuenta los supuestos señalados, y con los ingresos y costes totales con­
juntamente representados en el Gráfico 12.4, los beneficios quedan también repre­
sentados por diferencia. Así, el valor de los beneficios asociados a un cierto nivel de
explotación del recurso no será más que la distancia vertical entre la curva de los
ingresos y la recta con la que representamos los costes totales.
Si el objetivo del propietario del recurso pesquero es hacer máximos los benefi­
cios a conseguir, en términos geométricos se tratará de hacer máxima esta distancia

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318 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

vertical entre ingresos y costes. ¿Qué volumen de capturas es el que cumple esta con­
dición? Aquel que se corresponde con un nivel del recurso de x*, como explicaremos
a continuación.
Más allá de observar en el gráfico que en x* el beneficio es máximo, lo importan­
te es comprender qué sucede en x*. Como hemos visto en capítulos anteriores, la
condición de maximización del beneficio exige que se igualen los costes y los ingre­
sos marginales. Dichos valores marginales los podemos identificar a partir de las
pendientes. Las pendientes indican en cada punto la tasa de cambio de los ingresos y
de los costes a medida que varía la cantidad de stock.
El coste marginal viene dado por c que se corresponde con la pendiente de la
recta de costes, y que mide en cuánto aumentan los costes a medida que disminuye el
nivel de stock del recurso pesquero. El ingreso marginal no adopta siempre el mismo
valor. Así, los ingresos totales aumentan más rápidamente para las primeras unidades
explotadas (a medida que nos alejamos de y más lentamente a medida que nos
acercamos al nivel de máximos ingresos sustentables (Imáx)• A partir de ese nivel
seguir incrementando la explotación (desplazándonos hacia la izquierda en el gráfi­
co) de hecho provoca que los ingresos totales de cada unidad no sean tan grandes, o
lo que es lo mismo, que el ingreso marginal vaya disminuyendo. Lo idóneo para ma-
ximizar los beneficios totales de los pescadores es extraer unidades mientras los in­
crementos de ingresos superen a los incrementos de costes, o sea, mientras el ingreso
marginal supere al coste marginal. Cuando coinciden ambos, encontramos las capturas
y el nivel del recurso pesquero que maximizan el beneficio. Gráficamente, ingreso y
coste marginal se igualan allí donde coinciden las pendientes de las dos curvas. En x*
se da esta condición, y puede observarse en el gráfico que la inclinación de la recta que
representa los costes totales es la misma que la inclinación de la tangente a la curva de
ingresos totales para el nivel de recurso pesquero x*, rayada en el Gráfico 12.4.
I

12.2.5. Gestión eficiente de la pesquería con externalidades


En el análisis precedente hemos ignorado los costes o beneficios externos que la ex­
plotación de la pesquería puede comportar. Sin embargo, si estas externalidades son
relevantes, deberían tenerse en cuenta a la hora de determinar las capturas óptimas.
En este apartado añadiremos a nuestro escenario la presencia de externalidades nega­
tivas.
Dos ejemplos de externalidades negativas asociadas a la explotación de una pes­
quería podrían ser los siguientes. Podemos suponer el caso en que una especie pesca­
da interacciona claramente con una segunda también pescada, de forma que las cap­
turas de la primera hacen más costosas las capturas de la segunda; se da un coste
externo para los pescadores de la segunda especie. Otra posibilidad es la siguiente.
Durante unos años las capturas de ballenas azules han sido objeto de controversia
porque se consideraba que su continuidad estaba amenazada. Si efectivamente las
capturas de ballenas azules provocaran su extinción, esto podría afectar el bienestar

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RECURSOS RENOVABLES 319

Gráfico 12.5. Optimo de explotación con externalidades negativas.

de muchos ciudadanos en el mundo, que sufrirían una disminución en su bienestar


(extemalidad negativa provocada por los pescadores de ballenas).
Para determinar las capturas socialmente óptimas del recurso cuando hay exter­
nalidades negativas será necesario tener en cuenta los costes sociales de su explota­
ción, incluyendo por tanto los costes externos. El Gráfico 12.5 ilustra cómo podrían
incorporarse estos costes externos.
Así, el Gráfico 12.5 distingue ahora entre costes privados (aquellos en los que
han de incurrir las propias empresas para explotar el recurso renovable) y costes ex­
ternos. Se han supuesto unos costes externos totales lineales, o un coste marginal ex­
terno constante. O sea, que la explotación de una unidad del recurso siempre ocasio­
na una misma extemalidad marginal negativa. Los costes sociales totales resultan en
el gráfico de la suma vertical de los privados y los externos.
A fin de poder establecer cuáles son las capturas del recurso óptimas en presencia
de costes externos, se trata de encontrar el nivel de stock del recurso para el cual los
beneficios sociales, o excedente total, son máximos. Esto sucede cuando se igualan
ingreso marginal y coste marginal social, esto es, para el nivel de stock x**. Obsérve­
se que en x** coinciden las pendientes de la curva de ingresos sostenibles y de la
recta de costes sociales totales. Al incorporar las externalidades, los costes sociales
ascienden ahora más rápidamente a medida que se extraen unidades adicionales del
recurso (la pendiente de la recta de costes totales es superior), con lo que hallamos el
ingreso marginal que iguala al coste marginal social más a la derecha. Es decir,
El nivel óptimo de stock del recurso es mayor y las capturas óptimas resul­
tan menores, en presencia de externalidades negativas. En el gráfico puede verse que
el beneficio privado para las empresas resultante en *** viene dado por la diferencia

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320 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

entre la curva de ingresos sostenibles y la recta de costes totales privados. Ese nivel
de beneficios es inferior al que las empresas obtendrían en x*. Sin embargo, también
serán menores los costes externos fruto de una menor explotación del recurso renova­
ble. El razonamiento es similar al que utilizamos en el Capítulo 2.

12.2.6. Solución con libre entrada: el equilibrio bioeconómico j


Por diferentes razones y aun cuando no haya externalidades, en la práctica el nivel de
explotación de un recurso renovable no tiene por qué ser el que maximizaría el bene­
ficio total de las empresas participantes. Esto puede suceder, por ejemplo, cuando los
peces son capturados por diferentes empresas. Cuando existe competencia y los pes­
cadores no encuentran obstáculos para participar en las pesquerías, la condición de
equilibrio de largo plazo hace que los beneficios acaban convergiendo a cero.
La intuición es sencilla. Supongamos que en una situación inicial tenemos una
única empresa explotando la pesquería de forma óptima, y que ésta, por tanto, obtie­
ne beneficios máximos. Si estos beneficios son superiores a los que se obtienen en
otros sectores, pueden incentivar la entrada de otros pescadores. Con más empresas,
las capturas de peces aumentan, y los beneficios totales dejarán de ser máximos
(puesto que nos desviamos del nivel de stock **). La entrada de nuevas empresas se
producirá mientras existan beneficios económicos positivos (beneficios superiores a
los que se obtienen en otros sectores por inversiones similares), y cuantas más se
incorporen más se reducirán los beneficios. Hasta un límite. La situación de equili­
brio se alcanza cuando los beneficios desaparecen o se hacen nulos (véase el Recua­
dro 12.2). Se dice que los beneficios se disipan.

Recuadro 12.2
¿CÓMO SE INTERPRETAN LOS BENEFICIOS NULOS?
En el análisis económico es conocido el re­ tos mejor. Para entender esta propiedad de
sultado de que, en mercados competitivos, los mercados competitivos, necesitamos re­
en el largo plazo los beneficios se hacen cordar una de las características que definen
nulos. Por su relevancia, y porque a prime­ a los mercados competitivos (explicadas en
ra vista puede parecer un resultado poco Capítulo 2), la que se refiere a la perfecta
intuitivo, dedicaremos este recuadro a ex­ movilidad de los recursos productivos. Eso
plicar esa condición. significa que un inversor puede fácilmente
La condición de beneficios nulos se con­ cambiar de actividad económica, y poner
templa como una situación de equilibrio a la su dinero en donde crea que pueda obtener
que las empresas involuntariamente tienden, más beneficios. O sea, que puede cerrar
y no como una situación que las empresas una empresa, abrir otra, y va a hallar el ca­
busquen. Como es natural, éstas preferirían pital para hacerlo, la mano de obra corres­
obtener beneficios positivos, cuanto más al­ pondiente y el capital natural que precise.

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RECURSOS RENOVABLES 321

dada la tecnología disponible. A corto pla­ los beneficios sean nulos esto no significa
zo (por definición de corto plazo), sólo par­ que el inversor no obtiene ninguna remune­
te de estos recursos se pueden mover libre­ ración por su inversión. Obtiene el coste de
mente, pero a largo plazo todos ellos se oportunidad del mismo, el beneficio nor­
pueden intercambiar de un sector producti­ mal, la tasa de interés (r) de la economía
vo a otro. O por lo menos éste es el supues­ para actividades del mismo nivel de riesgo.
to que hacemos para los mercados compe­ Los beneficios nulos ya incorporan pues
titivos. el coste del capital, y por tanto, ya incluyen
Cuando decimos que las empresas obtie­ una remuneración normal a los propietarios
nen beneficios económicos nulos, quere­ o inversores de la empresa. De la misma
mos en realidad decir que estarían obte­ forma, cuando hablemos de beneficios po­
niendo unos beneficios normales. Así, el sitivos, pueden interpretarse como benefi­
concepto de beneficio económico resulta cios extraordinarios, en el sentido de que
de la diferencia entre los ingresos y los permiten una remuneración al capital
costes económicos, donde los últimos in­ extraordinaria, o superior al r por ciento. Si
cluyen todos los costes relevantes, y entre eso ocurre, las empresas de otros sectores
ellos la remuneración del capital. La intui­ se verán atraídas por este rendimiento
ción de la remuneración del capital es que extraordinario (por encima de lo normal) y
el inversor incurre en un riesgo al poner su al haber más productores para una misma
dinero en una actividad, y por tanto eso só­ demanda, el beneficio extra irá dismi­
lo lo hará si cree que va a obtener una cier­ nuyendo. Si demasiadas empresas nuevas
ta remuneración. Una forma de ver esa re­ entran en este sector, los beneficios pueden
muneración o beneficio por el dinero (y incluso caer por debajo de la tasa de interés
esfuerzo) que alguien pone al hacer una in­ r, o sea, ser negativos. Ello supondría que
versión es que si no pusiera el dinero en es­ se dedican demasiados recursos a esta acti­
te sector lo podría dejar en el banco, com­ vidad. Aquellas empresas menos eficientes
prar deuda pública, o ponerlo en otro verían que su dinero rendiría más en otro
sector, obteniendo una determinada remu­ sector y saldrían de este mercado. Se logra­
neración. Esta remuneración que se obten­ ría una situación estable (de equilibrio)
dría en promedio de invertir el dinero en cuando el beneficio extra fuera cero, cuan­
alguna actividad alternativa es lo que deno­ do el rendimiento del capital invertido fue­
minamos coste de oportunidad de este ca­ ra r. Por eso decimos que con perfecta mo­
pital y también lo que llamamos beneficio vilidad de los recursos, el beneficio tenderá
normal. Este beneficio normal ya está con­ a ser nulo en el largo plazo (tenderá a ser el
tado dentro de los costes. Así, si los benefi­ normal de mercado, r, para este nivel de
cios son los ingresos menos costes, aunque riesgo).

El Gráfico 12.6 identifica los niveles del recurso pesquero correspondientes al


equilibrio bioeconómico (xEQ) y al socialmente eficiente (x*). Se capturarían ejem­
plares hasta que los beneficios alcanzados se hagan cero. Las capturas e ingresos sos-
tenibles son menores, con I(xEQ) < /(**). Además, como el nivel del recurso es rela­
tivamente bajo, las capturas requieren de un esfuerzo pesquero superior, o lo que es
lo mismo, de mayores costes, C(xEQ) > C(x*). Así, XEQ es el nivel del recurso en el

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322 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

Gráfico 12.6. Nivel de capturas con libre entrada de empresas (equilibrio bioeconómico).

que se cruzan las curvas de costes e ingresos totales, por lo que la diferencia entre
ambos será cero. En el gráfico se muestra un caso en el que el nivel de la población
de peces correspondiente a la situación de libre acceso es inferior al que constituiría
el óptimo social, xEQ < x*. En este caso, la libre entrada conduce a unas capturas que
son inferiores a las socialmente eficientes y la pesquería estaría sometida a sobreex­
plotación económica. La palabra «sobreexplotación» no se aplica aquí en el sentido
de llevar a la extinción física del recurso, sino a que con menor explotación el bie­
nestar social sería mayor, de acuerdo a nuestro modelo (donde además sólo nos fija­
mos en el lado de la oferta, dejando la demanda al margen). Desde el punto de vista
físico o biológico, se puede observar que el nivel de stock se sitúa ahora en la zona
creciente de la curva de ingresos sostenibles. Ya se adujo con anterioridad que en
este tramo el riesgo de extinción del recurso es más alto. Por ejemplo, si el ritmo de
crecimiento natural del recurso se hubiera sobrestimado, un nivel de capturas siste­
máticamente superior al sostenible podría entonces provocar el colapso del recurso.

Recuadro 12.3
RESULTADOS DEL MODELO BIOECONÓMICO APLICADO
A LAS PESQUERÍAS
El modelo bioeconómico desarrollado per­ En primer lugar, el volumen de capturas
mite obtener algunos resultados con rela­ que maximiza los beneficios totales no tie­
ción a lo que puede suceder con la gestión ne por qué corresponderse con el que per­
de las pesquerías. mite las máximas capturas sostenibles. Es-

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RECURSOS RENOVABLES 323

to no debería sorprender, puesto que no se sas que no valiera ni siquiera la pena reali­
trata de explotar el máximo porque sí, sino zarlas. En el otro extremo, los costes de las
de explotar lo que mayor beneficio genera, capturas podrían ser prácticamente nulos,
no perdiendo de vista que una mayor ex­ en cuyo caso las capturas socialmente ópti­
plotación requiere también de unos mayo­ mas coincidirían con las máximas sustenta-
res costes. Tal y como se han representado bles.
los costes, la explotación eficiente de la En general, tanto las capturas óptimas
pesquería lleva a un nivel de stock en el re­ como las correspondientes a la explotación
curso pesquero superior al que se obtendría con libre entrada no conducen a la extin­
de seguir el criterio biológico. En general, ción del recurso. Ésta podría darse, sin em­
sucederá que a mayores costes de explota­ bargo, si los costes privados de las capturas
ción mayor será el nivel de recurso pesque­ fuesen nulos y existiese libre entrada de
ro. Las capturas podrían resultar tan costo- empresas.

En la aproximación que se ha presentado hasta ahora, la decisión acerca del nivel de


explotación del recurso se realizaba teniendo en cuenta únicamente los ingresos y los
costes totales del periodo. En un contexto de varios periodos, y tal como ya se pre­
sentó en el capítulo anterior, decimos que una inversión es eficiente si consigue ma-
ximizar el valor presente de los beneficios netos obtenidos del recurso. Por lo tanto,
en general las soluciones de corto y largo plazo no coincidirán. A continuación anali­
zaremos las condiciones para la gestión óptima de una pesquería para el caso de dos
periodos. Trataremos los siguientes puntos. En primer lugar repasaremos los efectos
que las capturas tienen sobre el crecimiento del recurso pesquero. En segundo lugar,
hallaremos la condición de explotación óptima del recurso renovable para dos casos:
cuando el coste de realizar las capturas es nulo y cuando es positivo.
i: ' V ' i . ? # * # * V ' v v-

12.3.1. Nivel de 'jV * .■ /■ * « v X - /Z /.’. 's í'Á .■*


I
y* crecimiento del recurso
,
-v. :..V

. / • s w .'A ’ tim Q Ü . o ' '■ N ’nfif.n - ■■ ■■ . / s s t, \ S fcíf • '"W.-óv
. . . ................:
A'V.-. . A S . A . .V.
S¿ :¥• - ASv
____ .,
iM.
I

Realizar una captura adicional en el presente significa modificar la cantidad de recur­


so pesquero disponible para el futuro, y esta cantidad afecta a su vez la velocidad a la
que crece. La curva representada en el Gráfico 12.7 es muy similar a la representada
en el Gráfico 12.1, y muestra cómo crece el recurso a lo largo del tiempo. En el gráfi­
co la velocidad a la que se regenera el recurso renovable, F(x), varía en función del
nivel o stock del recurso, jc. La representación gráfica de estas tasas de crecimiento
son las pendientes de las tangentes a la función X(t) en los distintos niveles de x.
Imaginemos que no capturar una unidad del recurso pesquero permite situarlo en
x¡, con lo que éste se recupera a una velocidad F(x,). En cambio, extraer una uni­
dad del mismo lo sitúa en la cantidad (*, - 1), con lo que la tasa de crecimiento del
recurso será F(x¡- 1), inferior. Para niveles de stock por encima de *yMÁx> P

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324 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

contrario, extraer una unidad de recurso adicional lleva a una tasa de crecimiento
mayor. Para los niveles de stock representados en el gráfico, capturar hoy un ejem­
plar más del recurso pesquero hace que éste crezca más lentamente, dado que
F(xi — 1) < F(x{), como se puede ver a partir de las pendientes. La diferencia entre
la tasa de crecimiento del recurso la denotamos en general como F'(x). En el caso
representado, F \x) = F{xx) — F(xl — 1). Dicho de otra forma, no capturar el pez per­
mitiría que el recurso creciese algo más rápidamente. Para el nivel de stock xY máx Ia
A

velocidad de crecimiento es máxima. Este sería el nivel de stock correspondiente a las


máximas capturas sostenibles, y que se elegiría bajo el criterio puramente biológico.
V

12.3.2. Explotación ó p tim a de la pesquería con costes |


de explotación nulos !

En este apartado se discute la regla óptima de explotación de la pesquería en el largo


plazo para el caso en que los costes de explotación son nulos. Correspondería a la
solución que desearía elegir bien un único propietario interesado en maximizar el
beneficio de largo plazo de la pesquería, bien un planificador social maximizando el
bienestar de la sociedad. El apartado siguiente hace lo propio para el caso en que los
costes de explotación son positivos^
El resto de elementos a considerar son los siguientes. Por un lado, el precio por
unidad de recurso pesquero, esto es, p0 en el periodo actual, y p l en el periodo si­
guiente. El tipo de interés del mercado es r. Para analizar las consecuencias de una
captura adicional del recurso en t = 0, veremos de qué dependen los ingresos y los
costes marginales, primero suponiendo que los costes de trabajo, amarres, etc. son
cero. El razonamiento consiste de nuevo en identificar el beneficio y el coste de in­
crementar las capturas en una unidad.

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I

RECURSOS RENOVABLES 325

Explotar y vender en t = 0 tiene como parte positiva que puede venderse antes, al
precio p0, y que este ingreso puede a su vez invertirse. Así, en t = 1, el ingreso mar­
ginal sería /?0(1 + r).
Al tiempo, explotar hoy el recurso pesquero tiene dos consecuencias: por un lado,
se renuncia al ingreso que se habría obtenido vendiendo esa unidad en el periodo
siguiente, a un precio p x\ además, al decidir explotar una unidad adicional del recur­
so, la velocidad a la que éste se regenera puede verse afectada. F\x) representa la
cantidad extra de recurso de la cual se dispone (o a la que se renuncia) si con la
captura alteramos el crecimiento del recurso pesquero. Por tanto, explotando en = 0
una unidad se renuncia también a disponer de ) en í = 1. Capturar un ejemplar
más en t = 0 supone un coste marginal de
Pi+ p xF\x)
La expresión anterior puede expresarse como:
é

(Po + 4 p )( 1 + F'(x)) = Po + A/7 + PqF( x) + ApF'(x)


Prescindiendo del último término, que podemos asumir será muy pequeño, resul­
tará que convendrá extraer un pez adicional siempre que el ingreso marginal sea su­
perior al coste marginal, es decir, cuando
Po( 1 + r ) > p x + P qF '( x )

y conservarlo para el periodo siguiente si se da la situación contraria. Para el caso de


dos periodos, la regla que muestra la forma en que han de variar los precios a fin de
que los pescadores se muestren indiferentes entre capturar en uno u otro periodo que­
daría así:
p0(l + r) = p x + P qF \ x ) (12.1)
Esta regla engloba la que se halló en el capítulo anterior para el caso de los recur­
sos no renovables. Dicho de otra forma, la regla de Hotelling sería un caso particular
de ésta. La distinción para el caso de los recursos no renovables es que extraer más o
menos recurso no afecta la tasa de crecimiento del mismo, ya que ésta es cero. Por
eso, con F\x) = 0 se obtendría la regla de Hotelling ya derivada en el Capítulo 11.
Otra forma de presentar e interpretar la regla óptima de explotación de los recur­
sos renovables es presentar la expresión en (12.1) como:
- (Ap/pt) + F\x) = r
El lado izquierdo de la expresión es la suma de la tasa a la que crecen los precios
del recurso y el crecimiento marginal del recurso renovable. Con recursos renova­
bles, conservar el recurso genera rendimientos no sólo por los aumentos de precios,
sino también por los aumentos físicos del recurso. El factor de la derecha, el tipo de
interés r, representa el rendimiento que el inversor obtendría invirtiendo en otras co­
sas. Lógicamente, cuanto mayor sea el tipo de interés, mayores los incentivos a ex­
plotar el recurso renovable, y menos interesa conservarlo.

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326 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

12.3.3. Explotación ó p tim a de la pesquería con c o s te s ] j


de explotación positivos I

En el caso de que las capturas sean costosas, la regla de explotación óptima de la


pesquería para el largo plazo debe incluir dichos costes. Suponemos aquí costes mar­
ginales de capturas constantes de c.
En este contexto, capturar en t= 0 un ejemplar m
senta un ingreso marginal de
(Po ~ c)(l + r)
mientras que el coste marginal (entendido como el sacrificio en el que se incurre al
explotar el recurso en t = 0) será

(Pi c)(l + F\x))


De nuevo simplificando podemos escribir la regla de asignación óptima del re­
curso renovable entre dos periodos como
(Po - c)(l + r) = ~ c) + (p0 - c)F\x)
Obtenemos que, con costes de explotación, la regla de explotación óptima debe
reescribirse como
r= A p/(pt- c) + F'(x)
De nuevo esta regla incluye como caso particular la solución que en el capítulo
precedente se halló para los recursos no renovables.

La regulación de las pesquerías


I

Algunos aspectos pueden comprometer la gestión eficiente de la pesquería, desde un


punto de vista de bienestar social. Suelen mencionarse dos problemas que específica­
mente suelen estar presentes en las pesquerías: su sobreexplotación, ya comentada, y
el que se conoce como problema de exceso de capacidad. A continuación abordare­
mos estas dos cuestiones, y repasaremos algunos de los instrumentos de política pes­
quera más habituales.

12.4.1. El p ro b lem a de so b reexp lo tació n ¡


X ' l v X ' X v w v - i . y í s - A ñ y / ' / í s s v Ís\ v X v ^X%/ ,>v ^ , v . ^ v a -,s' >,,‘A ‘< .á v / X ' * . . s^ \ - . v l v •. W

Como sucede con todos los bienes comunales en lo que se refiere al acceso al recur­
so, la sobreexplotación es una de las principales preocupaciones a la hora de gestio­
nar una pesquería eficientemente. En condiciones de libre acceso se dan las condicio­
nes para que se faene hasta que los beneficios se hagan nulos, y esto suele representar
un nivel de capturas superior al socialmente deseable, y un nivel del recurso pesquero
demasiado bajo. A este tipo de problema relacionado con una asignación imprecisa

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RECURSOS RENOVABLES 327

de los derechos de propiedad se le denomina en ocasiones problema tipo /. La so­


breexplotación conlleva un problema de eficiencia. Por un lado, porque en términos
de eficiencia el bienestar social es menor de lo que sería socialmente deseable. En el
caso considerado en que el precio del pescado está dado y no existen externalidades,
el bienestar vendrá medido por los beneficios de los pescadores.
Además, puede darse otro tipo de problema, con relación al riesgo de extinción
del recurso. Si la sobreexplotación sitúa el nivel de stock correspondiente a la situa­
ción de libre acceso en el tramo creciente de la curva de ingresos totales, existirá un
mayor peligro de extinción del recurso. En la práctica existe un cierto grado de incer­
tidumbre en relación con muchas variables, entre ellas, la relación entre nivel del
stock y la tasa de crecimiento natural de la población de peces. En la medida en que
estas últimas se hayan sobreestimado, por ejemplo, capturar sistemáticamente más
masa pesquera que la que se recupera por crecimiento natural, conduciría a la extin­
ción del recurso.
.« ■ - - . .

4.2. El problema del exceso de capacidad


.-.•■•* . < \ ' - ■ . . ✓ >!»*»• v . , . „ '. v . \ A . .■» ; . .v . V v . \ *■ , .w . Á w A v a '. . ...' v .íi-x Á-. Av*' '¿ í . .v . .%■:©.

En todo el análisis precedente se han considerado solamente costes variables asocia­


dos a la explotación del recurso pesquero. Esto es, costes directamente relacionados
con las capturas realizadas. El problema del exceso de capacidad tiene que ver con
otros tipos de costes, los denominados costes fijos, y estarán en función del número
de buques pesqueros existentes. En Europa, por ejemplo, desde finales de los ochenta
se pretende luchar contra el exceso de inversión que existe en el sector pesquero.
Se denominan costes fijos aquellos que las empresas tienen que asumir, pero que
no están relacionados con la cantidad de recurso extraído, en nuestro caso peces. Por
ejemplo, un armador, una vez decide entrar en el negocio, debe comprar un barco,
cuyo mantenimiento requiere de unos costes. Cuanto mayor sea el barco, mayor se­
rán estos costes de mantenimiento, mayor el coste de un amarre, o del seguro asocia­
do, entre otros. Todos éstos serían ejemplos de costes fijos presentes en el desarrollo
de la actividad pesquera que realizan las empresas.
El problema del exceso de capacidad, o problema tipo //, es el siguiente. Con
libre entrada, no solamente aumentan las capturas por encima de lo que sería eficien­
te, sino que con frecuencia también aumenta el número de barcos. Con más barcos
aumentan los costes fijos invertidos en el sector, lo que contribuye también a disipar
los beneficios. Demasiados barcos, faenen mucho o no, exigen demasiados recursos
que la economía podría dedicar a otra cosa. Dicho en otros términos, desde un punto
de vista social, una misma cantidad de capturas es preferible que la cubran menos
barcos que más. Aunque el total de costes (variables) de las capturas sea el mismo,
con menos barcos se incurre en un menor volumen de costes fijos, lo que dejaría
mayores beneficios para el conjunto.
Por lo tanto, con libre entrada los beneficios se disipan más rápidamente en pre­
sencia de costes fijos. Para un mismo volumen total de capturas, la temporada de

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328 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

capturas está relacionada con el número de barcos faenando. Las temporadas de cap­
tura se acortan cuanto mayor sea el número de barcos, que deberán asumir igual­
mente sus costes fijos.
La abundancia de las poblaciones de peces puede variar mucho de un año a otro.
La construcción de buques requiere de inversiones de capital considerables, y una
vez construidos pueden permanecer activos durante décadas. Si en un periodo se ex­
pande el sector, aunque las condiciones del mercado varíen al cabo de un tiempo,
existirán dificultades para abandonar el sector, o existen lo que se llaman barreras a
la salida: los propietarios de los barcos o empresas pesqueras incurren en altos costes
en tanto no puedan recuperar las inversiones realizadas. Además, mientras existan
beneficios positivos, cuanto mayor sea la capacidad de pesca, ligada al volumen de la
flota pesquera, más fácil será que se sobrepasen los niveles de capturas óptimos.

12.4.3. Los in stru m en to s de p o lítica pesquera j

Hemos distinguido entre dos tipos de problemas, el de la sobreexplotación de las pes­


querías y el del exceso de capacidad en las mismas. Cada tipo de problema requiere
también de instrumentos correctores específicos.
* i

Desde un punto de vista formal, los diferentes Estados nacionales ostentan los
derechos de propiedad sobre los recursos naturales (incluidos los pesqueros) localiza­
dos dentro de las 200 millas marinas (unos 370 km) medidas desde sus costas. Buena
parte de las capturas mundiales de peces se realizan en estas zonas, denominadas zo­
nas económicas exclusivas. Pese a que las poblaciones de peces constituyen unos re­
cursos móviles que lógicamente pueden pasar de una jurisdicción a otra, aquí se
abordarán únicamente instrumentos de regulación como si las pesquerías pertenecie­
ran a una única jurisdicción. i
En cuanto a la regulación, los países pueden estar sometidos a la legislación na­
cional y supranacional. Así, por ejemplo, para los países europeos que forman parte
de la Unión Europea, las restricciones serán tanto las derivadas de la política pesque­
ra común como las aprobadas a nivel nacional por cada Estado miembro. Algunos de
los instrumentos utilizados en el marco de la Política Pesquera Comunitaria (PPC),
en marcha desde 1983, son los aquí tratados. Desde 1995, todos los buques que fae­
nan en aguas comunitarias necesitan una licencia, y se asignan permisos de pesca en
los que se estipulan las condiciones relativas al acceso, la época y los caladeros espe­
cíficos en los que faenar.
Existen diversos tipos de regulaciones en la práctica. Entre otros ejemplos, el es­
tablecimiento de máximos de capturas autorizados; la vigencia de periodos de veda;
restricciones sobre ciertas técnicas de pesca, a fin de garantizar el crecimiento de los
ejemplares jóvenes; o políticas de subvenciones diseñadas para reducir la capacidad
de las flotas, incluidas en presupuestos estructurales disponibles para el sector de la
pesca.

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I

RECURSOS RENOVABLES 329

A continuación se tratan con algo más de detalle tres tipos de regulaciones: los
totales admisibles de capturas y de esfuerzo, de largo los más aplicados, y que supon­
drían regulaciones sobre las cantidades pescadas; los impuestos, que afectarían a los
precios; y las cuotas individuales transferibles, que de nuevo regulan las cantidades
de pesca.

12.4.4. TAE y TAC


La Comisión Europea elabora regularmente los denominados Programas de Orienta­
ción Plurianuales (POP). La utilización práctica de este tipo de instrumentos en el
ámbito europeo, que pretenden limitar las capturas, es muy frecuente. Así, por ejem­
plo, existen los totales admisibles de esfuerzo (TAE) y los totales administrables de
capturas (TAC). En ambos casos se trataría de restringir, al menos de forma aproxi­
mada, los volúmenes de capturas.
Con los TAE se pretende limitar el esfuerzo pesquero realizado en los buques. El
esfuerzo pesquero de un buque puede calcularse como el producto de la capacidad de
pesca por el tiempo de actividad. La capacidad de pesca se estima en la mayoría de
los casos a partir de la potencia del barco y de su capacidad en toneladas, aunque
para según qué técnicas de pesca estos indicadores no sean los más idóneos (por
ejemplo, el número de anzuelos puede ser un mejor indicador para los buques palan­
greros). El tiempo de pesca puede ser el tiempo de arrastre, el tiempo de presencia en
una cierta zona de pesca, o el periodo comprendido entre la salida y la entrada al
puerto. El esfuerzo pesquero de una flota sería la suma de los esfuerzos pesqueros de
cada buque.
Los TAE constituyen de este modo un instrumento ligado a la capacidad pesque­
ra y, por tanto, estaría especialmente indicado para corregir el problema que anterior­
mente se ha denominado de exceso de capacidad. Así pues, decidiendo el esfuerzo
pesquero autorizado en una pesquería se está implícitamente regulando la capacidad
de la flota. La Unión Europea elabora los POP a partir de una evaluación científica
de la situación en la que se encuentran las pesquerías, programas en los que estipula
la evolución prevista de la flota pesquera de cada Estado miembro, para administrar
la reducción del esfuerzo pesquero. Así, fija unos niveles máximos de esfuerzo para
cada modalidad de pesca, que luego se reparten en cuotas de esfuerzo entre los Esta­
dos miembros.
Lógicamente, además de regular, para que efectivamente disminuya el esfuerzo
pesquero (y con él las capturas) es preciso que exista algún tipo de control posterior.
Este control puede realizarse de dos formas. Un control indirecto del esfuerzo consis­
te en vigilar las capturas y los desembarques. Otra posibilidad es controlarlo de for­
ma directa, tal y como se hace en España, controlando la capacidad de pesca del bu­
que, incluido en un sistema de censos en el que se detallan las características del
buque. Además, se permite la actividad pesquera únicamente algunos días de la se­
mana, y durante un cierto número de horas, fuera de las cuales los barcos deben per­
manecer en puerto. Una alternativa que se aplica en otros países europeos es contro-

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330 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

K' .

lar el tiempo de actividad a partir de lo detallado en los Diarios de a bordo. La infor- l


mación agregada se remite regularmente a la Comisión Europea. Otra cuestión bien i
distinta es que lo declarado se corresponda siempre con la realidad. r
Además del esfuerzo pesquero, una medida complementaria es la constituida por í
los TAC, una de las primeras medidas de conservación de la política pesquera co- I
mún. Los límites de capturas están establecidos en los TAC, que se fijan anualmente
y que la Unión Europea reparte entre los países que la conforman. Así, el TAC de
una especie en una cierta zona se reparte entre los países a partir de cuotas. Las cuo­
tas nacionales pueden a su vez repartirse entre asociaciones o buques. El objeto de la
utilización de los TAC es el de evitar el problema de la sobreexplotación.
La gestión de las cuotas varía entre países. Éstas pueden formar parte de un fondo
nacional, o asignarse a armadores o a organizaciones de pescadores concretas. A fin
de realizar un seguimiento de los TAC, los responsables de los barcos deben anotar
las capturas, en peso vivo, de las especies sujetas a las restricciones de TAC y a cuo- I
tas. A su vez, cada Estado miembro debe remitir mensualmente a la Comisión el total
de las capturas, y tomar medidas en caso de agotamiento de una cuota. Otra cuestión
es la de si los capitanes tendrán siempre los incentivos a declarar las capturas reales, f
Por ejemplo, en caso de que las cuotas asignadas sean consideradas escasas desde la
perspectiva del buque, habrá incentivos a declarar un volumen de capturas inferior a l. i
real. Realizar las comprobaciones sobre las capturas realizadas en el momento del |
desembarco sería un sistema de control más fiable para estimarlas, pero también más i
costoso. I
I
En función de las características particulares de la pesquería, los totales de captu- I
ras y esfuerzo arriba discutidos se concretan de una forma u otra. En cualquier caso, I
para que el instrumento resulte útil y permita llegar a los niveles de capturas y de
stock de peces eficientes sería preciso que los TAC y TAE se elijan en base a crite­
rios bioeconómicos. En la práctica, no obstante, los totales aprobados no tienen por !
qué responder a criterios económicos ni científicos. A nivel europeo, por ejemplo, la
autoridad que al final decide los totales admisibles recibe presiones a la baja por par­
te de los gobiernos nacionales, que a su vez las reciben del sector afectado. >
En cuanto al éxito de este tipo de regulación, la experiencia respecto al POP III,
que abordaba expresamente la cuestión de la reducción del esfuerzo pesquero, no re­
sulta especialmente alentadora. Los estudios científicos elaborados a ese fin reco­
mendaron ciertas reducciones del esfuerzo pesquero. Las reducciones recomendadas
fueron modificadas a la baja por los ministros, que fijaron reducciones de esfuerzo
inferiores a las recomendadas. Las ‘estimaciones posteriores han determinado que la
flota se redujo mucho menos de lo aprobado por los ministros.

12.4.5. Cuotas individuales transferibles

Un tipo particular de cuotas son las cuotas individuales transferibles. La esencia de


este instrumento es la misma que reside en la regulación basada en derechos transfe -

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RECURSOS RENOVABLES 331

ribles de contaminación explicados en el Capítulo 4, pero adaptados a las necesida­


des de regulación en materia pesquera.
Así, con estas cuotas se asignan entre los distintos pescadores unas ciertas canti­
dades de capturas, por especie y periodo de tiempo, generalmente una asignación de
capturas anual. Las cuotas individuales asignan derechos de propiedad privada entre
los pescadores, y la suma del total de cuotas define el TAC. Las cuotas otorgan dere­
chos para capturar, desembarcar y comercializar una cantidad de peces por periodo
de tiempo.
Si algún pescador desea realizar capturas superiores a las permitidas con las cuo­
tas que tiene inicialmente asignadas, puede adquirir o arrendar más cuotas transferi-
bles, por ejemplo de pescadores que no vayan a utilizarlas en su totalidad o a los que
les salga más a cuenta venderlas. Este mecanismo es más eficiente como forma de
organizar la actividad que la simple asignación de cuotas de capturas entre pescado­
res, ya que da incentivos a incrementar las capturas a aquellos cuyos costes de explo­
tación son más bajos. Para aquellos cuyos costes son comparativamente altos, puede
resultar más rentable pescar menos, y vender parte de los derechos a realizar captu­
ras. Las cuotas pueden pues contribuir a mejorar la eficiencia económica en la activi­
dad pesquera. Esto será tanto más probable cuantas mayores sean las diferencias en
costes entre las embarcaciones.
Algunas cuestiones a concretar con el sistema de cuotas transferibles son las de la
distribución inicial de las cuotas y la de su limitación temporal. La distribución pue­
de hacerse mediante subastas, por ejemplo, o pueden los derechos repartirse de forma
gratuita, lo que lógicamente ocasiona menos protestas entre los pescadores. En la
práctica, las cuotas a menudo se asignan a perpetuidad (sin perjuicio de que puedan
ser transferidas entre individuos). La aplicación de este tipo de instrumento económi­
co en la Unión Europea es aún muy escasa, y está sólo presente en zonas muy con­
cretas de muy pocos Estados miembros.

1.6. Im p u esto s correctores i


................
i

Una posible regulación vía precios consiste en la introducción de impuestos sobre el


esfuerzo que incrementen los costes de los pescadores de forma que en el escenario
de libre acceso al recurso pesquero el nivel de stock de peces sea precisamente el
socialmente deseable. Esta idea se ilustra en el Gráfico 12.8. Así, la recta de costes
totales CTtrepresenta los costes totales que la empresa debe asumir teniendo en
cuenta los impuestos. Comparada con CT, esta recta lleva asociado un coste marginal
mayor. Así, (c + t) > c, donde t representa el impuesto por unidad de esfuerzo. Para
las empresas pesqueras el nuevo coste marginal es c’ = c + t, es decir, el nuevo coste
de capturar una unidad de pescado sería el coste inicial c más la cuantía del impuesto
introducido. El impuesto óptimo t que se ha representado sería aquel que en situación
de libre acceso conduciría a un nivel de equilibrio del stock eficiente. Es decir, el que
habría maximizado los beneficios totales de la pesquería.

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332 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

9% :

En el Gráfico 12.8, y con la introducción del impuesto, las empresas deben afron­
tar unos costes mayores que desincentivan la actividad pesquera, ya que los benefi­
cios se disipan antes, lo que permite situar el nivel de recurso óptimo en x*. Así, con
el impuesto, los beneficios se hacen nulos justo al nivel eficiente de stock (**). Lógi­
camente, el conjunto de pescadores obtienen unos beneficios nulos. Por su parte, la
administración que recibe el impuesto obtiene como recaudación lo que para las em­ I
presas representa un incremento de costes. j
Independientemente del tipo de instrumento utilizado, para que la regulación no
falle, aun estando bien diseñada en sus objetivos, es preciso que se vea reforzada con
los necesarios mecanismos de control y penalización, y que esté diseñada de forma
que no genere incentivos perversos que puedan incluso agravar los problemas que la
justifican.

I
L La gestión económica de los bosques
Vamos a analizar ahora otro recurso renovable, los bosques, cuya gestión presenta
algunas peculiaridades interesantes. Desde una perspectiva económica, los bosques
constituyen una forma particular de acumulación de capital, en este caso de capital
físico natural. La velocidad a la que el recurso se acumula depende de la calidad del
suelo, de las características genéticas de las especies de árboles plantadas, y de los
aportes energéticos naturales y artificiales que los bosques reciban.
Al gestionar un bosque, son muchas las decisiones a tomar. Por un lado, podemos
decidirnos por una explotación especializada en un único recurso, como la madera de
los árboles, o podemos diversificar los productos a explotar. Además de la explota-

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i
RECURSOS RENOVABLES 333

ción privada del bosque basada en la comercialización de los productos que produce,
podríamos considerar otras funciones alternativas. Por ejemplo, las recreativas, así
como los servicios ambientales que el bosque provee, en cuanto a «secuestro» de
C 02 o la preservación de ecosistemas. Pese a la importancia de estas otras funciones,
en este apartado nos centraremos exclusivamente en el bosque como proveedor del
recurso maderero.
Al igual que sucede con los otros recursos renovables, la solución óptima desde
un punto de vista económico resultará de la combinación de información de origen
biológico y de ciertas variables económicas. Una particularidad del análisis de la ges­
tión de bosques es que la pregunta tradicional no consiste en determinar cuánto in­
vertir (o qué cantidad de bosque explotar), sino cuándo talar los árboles. La diferen­
cia con respecto a otros recursos renovables, como podrían ser los pesqueros, es que
se trata de especies que requieren de un dilatado periodo de tiempo para regenerarse.
Comparativamente son de crecimiento lento. Quizás por esto es más evidente que las
plantaciones se pueden contemplar como bienes de inversión.
»

12.5.1. El tu rn o fo restal ó p tim o

La decisión sobre el momento ideal de corta de una cierta plantación de árboles se


conoce en la literatura forestal como la decisión de determinar el turno forestal ópti­
mo, o lo que es lo mismo, hallar el periodo de rotación óptimo. Se trata de establecer
al cabo de cuantos años de haberse regenerado un bosque (o de comenzado una plan­
tación) es conveniente llevar a cabo su tala. Este problema se abordó primero desde
la ciencia forestal, y posteriormente se desarrollaron los modelos bioeconómicos.
A continuación se describen algunas de las propuestas más conocidas en cuanto a
la determinación del turno forestal óptimo. Primeramente se describe la determina­
ción del turno óptimo biológico o turno interno. Posteriormente se da paso a los mo­
delos bioeconómicos. En todo caso, para simplificar, sólo contemplamos bosques ho­
mogéneos, de regeneración natural, con todos los árboles de una misma edad y
especie.

12.5.2. La solución biológica: el tu m o in tern o

Para poder determinar cuál es el mejor momento de corta de un bosque es preciso


conocer la forma en que el recurso natural se acumula a lo largo del tiempo. Esta
información se proporciona desde la ciencia forestal. El crecimiento natural del bien
maderero puede seguir diversas sendas. Una posibilidad es representarlo en base a
una curva como la que recoge el Gráfico 12.9, aunque otras situaciones son posibles.
El momento t —0 representaría la situación en el momento inicial, justo tras realizar
una tala, cuando el nivel del recurso baja a cero. Durante los primeros periodos,
denominado tiempo de regeneración, el recurso no crecería (este tiempo de espera
podría en realidad reducirse gracias a la acción humana, lo que desplazaría de hecho

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334 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

la curva hacia la izquierda). A partir de este momento la cantidad del recurso forestal
comenzaría a crecer. Se ha representado una situación en que se daría crecimiento
hasta que se consiguiera una cantidad máxima de recurso maderero, denotada como
- En los periodos iniciales (si t >
x m á x ), el crecimi
tR

momento en que se ralentiza, haciéndose el producto marginal decreciente. Esto pue­


de ser consecuencia de la competencia que se ejercen entre sí los distintos ejempla­
res, cada vez más adultos y consumiendo más nutrientes. En términos gráficos esto
se traduce en que a partir de un cierto momento la pendiente de la curva dismi­
nuye (la recta tangente a la curva se va aplanando conforme el tiempo transcurre). A
partir de tM¿x la masa forestal se estabilizaría en el nivel máximo del recurso.
Denotamos al producto marginal como X'(t). Si el producto marginal del recurso
forestal en cada momento t viene representado por la pendiente de la recta tangente,
el producto medio en cada periodo está representado en la pendiente de la recta que
parte del origen y pasa por el punto (t, X(r)). La pendiente de esa recta es una cons­
tante, y como tal puede medirse como AX(t)/At para cualesquiera dos puntos. En par­
ticular, esa pendiente equivale a X(t)/t si tomamos como punto inicial el origen. Al
dividir el total de producto, X(t), por el número de periodos, t, estaremos calculando
el producto medio por periodo. Imaginemos por ejemplo que en el periodo t = 20 la
cantidad de madera es X(20) = 10.000 toneladas. Si quisiéramos calcular cuánta ma­
dera se ha producido en promedio en cada periodo, sencillamente calcularíamos la
cantidad total de madera entre el número de periodos, es decir, el producto medio por
periodo sería de 500 toneladas.
De acuerdo al Gráfico 12.9, el producto medio se hace positivo para aquellos
periodos superiores a tR, y durante unos periodos el producto medio va aumentando.
El gráfico representa, mediante las pendientes de las rectas correspondientes, dos ni-

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RECURSOS RENOVABLES 335

veles de productos medios: el correspondiente al periodo y el del periodo De


hecho, puede comprobarse fácilmente en el gráfico que el producto medio es máximo
precisamente para el periodo tB. A partir de ese periodo, de nuevo empezaría a bajar.
De acuerdo al criterio conocido como biológico, que no contempla variables eco­
nómicas, el periodo óptimo de tala sería aquel en el que el producto medio es máxi­
mo, esto es, tB en el gráfico. Nótese que el producto marginal y el producto medio
coinciden para ese periodo; o lo que es lo mismo, el periodo en el que el producto
medio es máximo es aquel que cumple

X(t)/t = X'(t)

Esta condición se cumpliría en el periodo tB, que sería el turno de la máxima ren­
ta en especie (en volumen de madera). Ciertamente, esta solución ignora los criterios
económicos que vamos a incorporar seguidamente.
Así, el esperar un periodo adicional no tiene por qué salir a cuenta aunque esto
permita un crecimiento de la masa forestal. Podemos pensar en numerosas situacio­
nes en las que convenga sacrificar esa mayor cantidad de madera. Por ejemplo, po­
drían esperarse caídas significativas de los precios de la madera, tener altos tipos de
interés que aumentan los costes de oportunidad de posponer la tala, o sencillamente
unos costes de gestión demasiado elevados. En el siguiente apartado se introducen
estas variables económicas en el análisis, con el fin de identificar el tumo forestal
eficiente en términos económicos.

12.5.3. El tu rn o económ ico ó p tim o j

Como es habitual, supondremos que el objetivo del propietario o gestor del bosque es
maximizar sus beneficios. Por tanto, se trata de comparar los ingresos a obtener por
la venta de la madera con los costes en los que hay que incurrir, debidamente descon­
tados, y comprobar que la corta se realice cuando esta diferencia sea la máxima.
Analizamos el caso más sencillo, en el que los costes de gestión de la parcela son
constantes e independientes del turno forestal elegido. ¿Cuáles serían los costes y
beneficios marginales para el propietario forestal derivados de talar y vender la ma­
dera en el periodo f?
Vender en el periodo t significa obtener unos ciertos ingresos equivalentes al va­
lor de la producción maderera, y estos ingresos pueden a su vez reinvertirse en otras
actividades económicas a una tasa de rendimiento (beneficio) r. Por tanto, el benefi­
cio de cortar en t será
PíX(t) + rPtX{t) = (1 + r)PtX(t) (12.2)
La lógica de la Expresión 12.2 es la ya detallada en el Capítulo 11 para el caso de
una unidad de producto. Dado que suponemos el caso sencillo con cero costes de
gestión, los costes vendrán dados en términos de costes de oportunidad, o lo que es lo

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336 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

mismo, lo que se deja de percibir por no cortar en el periodo + 1. El principal coste


de oportunidad es el recurso físico que se pierde (siempre y cuando estemos en un
periodo t < tM^x, es decir, que el recurso no haya llegado a su nivel máximo). Así, la
cantidad de masa forestal disponible en t + 1 sería
X(t) + X \t)
donde, X'(t) denota cómo ha variado la masa forestal al cabo de un periodo, o más
técnicamente, el producto marginal de la madera. El valor de toda esta madera en el
mercado será pues
P,+ IÍX(J) + XV)] (12.3)

El periodo óptimo de tala, í*, será aquel para el cual se igualan el coste y el bene­
ficio marginal. La elección de r* debe dejar al propietario del recurso indiferente en­
tre cortar en este periodo o en el siguiente; de otra forma, podría adelantar o atrasar
las cortas para aumentar sus beneficios, y por tanto no los estaría maximizando. Igua­
lando las Expresiones en 12.2 y 12.3 y simplificando, obtendríamos

X\t)/X(t) + ptr
Quizás resulte más intuitiva la interpretación de esta regla para el caso en que los
precios no varían, esto es p, = Pt+i-La condición de igualda
marginal quedaría:
(1 + r)PíX(t*) = p¿X(t*) + ]C(t*)]
o simplificando,
[pX'(t*)/pX(t*)] = X’(t*)/X(t*) = r
J | i
Esta condición corresponde a la determinación del turno forestal óptimo desarro­
llada por Harold Hotelling en 1925 (a quien ya hemos hallado en distintas partes del
libro) y por el economista matemático norteamericano Irving Fisher pocos años des­
pués. La interpretación de esta regla es la siguiente. El propietario estará indiferente

Martin Faustmann Irving Fisher


(1822-1876). (1867-1947).

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f

RECURSOS RENOVABLES 337

entre cortar hoy o posponer la tala un periodo cuando el crecimiento del stock (rela­
tivo) justo iguale la tasa de crecimiento de inversiones alternativas. Análogamente,
si dejamos el precio p sin simplificar, para que el inversor se mues
tre cortar o no (y por tanto t*sea el mejor momento posible) es preciso que el creci­
miento del valor del recurso generado gracias a posponer la tala un periodo, respecto
del valor inicial del mismo, justo se iguale con la ganancia de valor que se derivaría
de inversiones alternativas.

12.5.4. El tu m o económ ico ó p tim o con costes del suelo

El enfoque presentado en el apartado anterior tiene un problema, y es que no incor­


pora en el análisis los costes del suelo. En este apartado mostramos por qué este as­
pecto es relevante, y lo relacionamos con la ecuación de Faustmann, muy popular en
la ciencia forestal.
Martin Faustmann era un ingeniero forestal alemán que a mediados del siglo xix
desarrolló uno de los modelos más conocidos y utilizados por los ingenieros foresta­
les en cuanto a la determinación del turno óptimo. En la discusión sobre el turno
óptimo, este autor plantea el turno óptimo como la elección del periodo de rotación
idóneo cara a maximizar el valor presente neto de la plantación, pero considerando
una serie infinita de ciclos de plantación.
Esta aproximación al problema tiene de hecho una clara interpretación económi­
ca, que es la que aquí se elabora. Asumir infinitas rotaciones resulta equivalente a
tener en cuenta el flujo de todas las rentas a obtener en el futuro, en un horizonte
infinito, suponiendo que el bosque se explota de forma óptima.
Denotamos con el símbolo ps el precio al que el suelo ocupado por la plantación
debería venderse si recoge todo el flujo de rentas futuras que generará de la actividad
forestal. O dicho en otros términos, un coste relevante de la actividad forestal es el
coste de oportunidad del suelo, esto es, el sacrificio en el que se incurre por el hecho
de utilizar un cierto terreno para uso forestal, renunciando de esa forma a venderlo.
Entonces ps representa el valor actualizado de ese coste «sufrido» durante infinitos
periodos. Resultará que conceptualmente es lo mismo considerar que la plantación se
forestará siempre, que incluir mediante el precio ps el coste de oportunidad del suelo
por tenerlo inmovilizado para uso forestal.
Suponiendo de nuevo que el precio del recurso madera p para cada periodo y que
la renta obtenida en cada ciclo no varía a lo largo del tiempo, el beneficio marginal
caso de decidir la corta para t sería:

\pX (t)+ Ps\{ 1 + r ) (12.4)

es decir, adelantar la corta un periodo permite ahora obtener intereses no sólo de lo


ingresado por la venta de la madera, sino también de lo que se obtendría en concepto

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338 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES

de venta del suelo. En cuanto al coste marginal de cortar en t, será el sacrificio en el


que se incurre renunciando a los ingresos a obtener en t + 1, esto es

p[X(t ) +X'(t)]+Ps( 1 2 . 5 )

Por lo tanto, una vez se decide la corta, la empresa forestal deja de tener el suelo
como input de la actividad forestal, y puede venderlo, obteniendo de una vez unos
ingresos de ps. La diferencia respecto a cortar antes o después es que cuanto antes se
corte, antes se podrán obtener rendimientos financieros por la inversión del mon­
tante ps.
De la comparación de las Expresiones 12.4 y 12.5, y operando, se obtiene que
para que no haya manera de obtener un mejor beneficio (debidamente descontado)
modificando el turno óptimo se ha de cumplir:

\ p x \ n y \ p x \ n + Ps] = r

O dicho de otra forma, el valor del incremento de la masa forestal, con relación al
valor total de la misma teniendo en cuenta los ingresos por la venta del suelo, deben
justo igualarse a la tasa de aumento de estos recursos en destinos alternativos.
La discusión anterior podría completarse suponiendo unos costes de explotación
positivos. Una forma habitual de incluir éstos en el análisis es suponiendo que en el
periodo inicial hay que incurrir en unos costes iniciales relacionados con la fertiliza­
ción de suelos o la plantación de las semillas o ejemplares jóvenes, por ejemplo.
También podría considerarse el caso en que los costes de explotación aumentaran en
el tiempo, si bien el problema fundamental del tumo óptimo de explotación ya ha
quedado ilustrado con el caso más simple de costes variables de gestión nulos.

1. Utilizando los principales elementos del modelo bioeconómico, representar grá­


ficamente el nivel elegido de explotación de un recurso pesquero por parte de
una empresa cuyo objetivo es el de maximizar su beneficio, suponiendo que ob­
tener una unidad del recurso renovable cuesta más cuanto menos recurso existe.
¿Cómo se compara lo obtenido con el caso en que los costes marginales de
extracción son constantes?

2. Se ha argumentado que cuando un recurso pesquero se explota de forma que nos


situamos en el tramo decreciente de la curva de explotaciones sustentables, si
por razones imprevistas el recurso es menor y la explotación del mismo no se
modifica, poco a poco se volverá al nivel del recurso inicial. ¿Sería lo anterior
siempre cierto? Justificar la respuesta.

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RECURSOS RENOVABLES 339

3. Utilizando una representación similar a la del Gráfico 12.3, representar e inter­


pretar lo que sucedería en los siguientes escenarios.
a) Si los costes totales de explotación del recurso vienen dados por C(E) = 2cE
(o sea, doblamos el coste marginal), ¿cómo cambiaría el nivel de explota­
ción que maximiza el beneficio y el de equilibrio competitivo?
b) En el caso extremo en que el coste marginal fuese cero, ¿cuál sería la tasa
óptima de explotación del recurso renovable?
c) Representar una situación en la que el nivel de stock eficiente resulte infe­
rior que el correspondiente al equilibrio biológico.

4. Utilizando de nuevo el Gráfico 12.3 con los ingresos sostenibles y los costes de
explotación:
a) ¿Qué pasaría con x* y xEQ si c = 0? Representarlo gráficamente.
b) ¿Cambiaría la respuesta en el caso de considerar varios periodos?

5. A lo largo de este capítulo hemos supuesto que el precio de venta del pescado
estaba dado. Supóngase ahora que no es así, y que su precio disminuye a medida
que se pescan cantidades mayores.
a) ¿Cómo debería cambiar el gráfico en el que representamos los ingresos sos­
tenibles?
b) Bajo este supuesto, ¿sería posible que la solución correspondiente a la si­
tuación con libre acceso al recurso resultase eficiente? Justificar la res­
puesta.

6. ¿Puede darse el caso de que el stock del recurso renovable correspondiente al


equilibrio con libre entrada de empresas (mercado competitivo) sea mayor que
• el resultante del criterio biológico? Justificar la respuesta.
4

7. Supongamos que se realizan actividades de pesca en dos contextos de acceso al


recurso distintos: en régimen de monopolio y en régimen de explotación comu­
nal. Justificar por qué en el segundo escenario los pescadores tienen menos in­
centivos a conservar el recurso.

8 . Una empresa maderera debe decidir el mejor momento de tala de sus árboles
con el fin de maximizar el valor presente de sus beneficios. Supongamos que en
un cierto momento no existen costes asociados a la gestión del bosque, y que no
existe posibilidad de vender el terreno en el que se desarrolla la plantación. Sea
el recurso forestal marginal de 20 m3 de madera, el volumen de la masa forestal
total de 800 m3, y el tipo de interés de mercado es del 4 por ciento. ¿Está ges­
tionando el propietario el bosque de la mejor manera posible? Justificar la res­
puesta.

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T

Indice
analítico

i A de sensibilidad, 184, 186, 187


distributivo, 200
j económico-financiero, 176
Acceso libre, 136 multicriterio, 172, 174, 175
Actividad económica, 3, 10, 207 normativo, 17
| forestal, 337 positivo, 17
Activos de naturaleza medio ambiental, 222 Aproximación no paramétrica, 161
t 'mi

Acuerdo Asignación
[( de derechos de propiedad, 98
negociado, 115
vinculante, 232 de recursos, 12, 27, 28, 29, 93, 98
voluntario, 19, 95, 103, 106, 107, 109, 111, óptima de recursos, 25, 53
112,113,114,115,231 Atributos, 166
í vinculantes, 236 Aversión a la desigualdad, 198
Acuerdos
ambientales, 232 B
bilaterales vinculantes, 232
internacionales, 226, 227, 235 Barreras a la salida, 328
vinculantes, 236 Base de reservas, 279
voluntarios, 235 Beneficio, 20, 29

¡ negociados, 115
Agentes económicos, 4
Ahorro, 207
, Alternativas, 166
externo, 10, 235, 338
marginal externo, 43
neto, 231
normal, 321
Amortización, 205 social, 54
Ampliación del mercado, 96 Beneficios, 25, 34, 269, 271, 282, 335
: Análisis económicos nulos, 321
coste-beneficio, 146, 172, 175, 178, 183, 184, esperados, 305
j 186,188,189,200 externos, 43
social, 176, 187 extraordinarios, 321 .
de regresión, 124, 26, 159 marginales, 233, 242
I

342 ÍNDICE ANALÍTICO

normales, 321 Capacidad


nulos, 320 de carga, 312
positivos, 321 de pesca, 329
Bien, 3, 95, 154, 161, 269 Capital, 2, 24, 205, 210
ambiental, 4, 8, 9, 126, 142, 198, 199, 247 humano, 2, 5, 6, 214
básico, 199 natural, 5, 6, 214, 277
colectivo, 43, 47 real, 5, 6, 214
comunal, 45, 47, 48, 58, 136, 236, 305, 311, Capturas, 328, 330, 331
326 óptimas, 319, 323
de consumo, 261 socialmente óptimas, 319
de inversión, 333 sostenibles, 311, 313, 314, 315, 315
de lujo, 198, 199, 200 máximas, 314, 315
de necesidad, 199 Certificación, 110
homogéneo, 29, 30 externa, 111
inferior, 199 Certificaciones ambientales, 111
maderero, 333 Ciclo de vida del producto, 110
privado, 44, 155 Ciclos de plantación, 337
público, 30, 39, 43, 44, 45, 47, 58, 78, 118, Cociente entre beneficios y costes, 184, 185
143, 155, 233 Coeficiente, 124, 125, 136
local, 46 de la varianza, 193
sustitutivo, 279 de variación, 194
y servicio, 5, 208 Combinación óptima, 263
Bienestar, 4, 6, 7, 8, 10, 142, 20, 25, 26, 27, 29, Comercio, 247
36, 41, 42, 53, 54, 62, 63, 66, 79, 95, internacional, 100, 226, 242, 242, 246, 247
99, 244 libre, 245
neto, 131 Comisión Brundtland, 14, 15
social, 12, 62, 74, 82, 87 Compensación, 93, 172
Biomasa, 312 Competencia, 100
pesquera, 310, 313 perfecta, 24, 281
Bonos, 104, 105 Competitividad, 237, 240, 267, 268
Burbuja, 104, 105, 106 Complacencia, 148
Comportamiento
estratégico, 148
c racional, 20
Comprar localmente, 247
Calidad ambiental, 16, 24, 26, 27, 252, 253, 257, unilaterales, 109
258, 269, 270, 271 voluntarios, 108
Cambio Condición
climático, 237 de no exclusión, 44
discreto, 121 de no rivalidad, 44
tecnológico, 12 Conjunto de elección, 166
Cambios Pareto superiores, 161 Consumo, 3, 8, 17, 39, 204, 207, 211, 256, 257,
Cantidad 260, 277, 278
de equilibrio, 36, 38, 60, 63, 66, 67, 103 sostenible, 216
demandada, 32, 66 total, 211
mundial de equilibrio, 238 Contabilidad
ofertada, 36 ambiental, 204, 205, 211, 215, 222
socialmente óptima, 41, 53, 70 financiera, 220

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ÍNDICE ANALÍTICO 343

empresarial, 206 de equidad, 189


nacional, 204, 206, 214 de evaluación distributiva, 189
verde, 204, 219, 252 de Pareto, 177
Cooperación, 230, 232 libertario, 191
internacional, 240 m axim in , 191
Costes, 40, 269 Cuantificación, 180
de administración, 114 Cuenta
de desplazamiento, 129, 131, 133, 136 ambiental, 213, 214
de entrada, 130 corriente, 208
de explotación, 280 de producción, 208
de negociación, 101 nacional, 206, 207, 209
de oportunidad, 27, 180, 268, 272, 282, 288, satélite, 207
289, 321, 335, 337 Cuestionario, 145, 146, 148, 151, 152, 153
de producción, 268 Cuotas, 330, 331
de recuperación, 303 de esfuerzo, 329
de separación, 303
individuales transferibles, 330
de transacción, 95, 98, 101, 102, 103, 105, Curva
106
i
ambiental de Kuznets, 252, 257, 259, 264,
del capital, 321
265, 266
del suelo, 337
de concentración de impuestos, 197
explícitos, 282
de demanda, 119, 120, 131, 136
externos, 40, 319
de Kuznets, 258, 267
fijos, 327
de Lorenz, 194, 195, 196, 197
implícito, 289
irrecuperables, 83, 85 de oferta, 60
o hundidos, 79, 80 de concentración de gasto, 194, 196, 197
marginales, 50, 51, 60, 61, 233, 243, 283, 303 de concentración de renta, 196
externos, 40, 42, 43, 51, 103, 242 de demanda, 31, 45
privados, 41, 59, 71, 88, 99, 239, 280 de indiferencia, 261, 262
sociales, 41, 51, 319 inversas de demanda, 31
operativos de extracción, 282, 283, 288,
290 D
privados, 2, 11, 12, 319
sociales, 2, 11, 12, 41, 54, 319 Daño moral, 52, 53
totales, 315, 317 Daños ambientales, 217, 219
y beneficios, 180 Declaración ambiental, 221
Crecimiento Declaraciones voluntarias, 109
cero de población, 253 Demanda, 30, 209, 257
de la población, 3 final, 209
del recurso renovable, 310 inelástica, 66
económico, 12, 15, 18, 19, 21, 207, 252, 253, Depreciación, 205, 211
264, 267 del capital, 205
logístico, 312 Depresión económica, 266
marginal del recurso renovable, 325 Derechos
poblacional, 252, 253 de contaminación, 105
Criterio de propiedad, 9, 12, 19, 39, 44, 45, 47, 92, 94,
biológico, 335 95, 96, 98, 99, 100, 101, 103, 106, 114,.
de eficiencia, 189, 192 136, 142, 145, 146

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344 ÍNDICE ANALÍTICO

Desarrollo Efecto renta, 98, 145


económico, 3 Efectos
sostenible, 2, 12, 14, 15, 16 distributivos, 189
tecnológico, 20, 21, 257, 258 externos, 10
Descontar, 179 Eficiencia, 29, 54, 81, 172, 192, 269, 271
Desempeño ambiental de la empresa, 220 energética, 271
Desigualdad, 172, 192, 195 Elasticidad, 65
Desutilidad marginal, 260 de la demanda, 278
creciente, 262 precio de la demanda, 66
Desviación estándar, 193 de la oferta, 66
Diagonal, 194 renta, 199, 200
Dicotómico simple, 149 de la demanda, 198
Dilema del prisionero, 228, 229, 231, 233, 235, del gasto ambiental, 199
236 Elección
Dispersión de la renta, 193 contingente, 167
Disposición a pagar, 146, 153, 253 por parejas, 167
Distribución, 28 social, 173, 174
de bienestar, 189 eficiente, 173
de permisos de contaminación, 104 manipulable, 173
de renta, 194, 195, 200, 258 EMAS, 221
logística, 157, 160 Emisiones, 259
normal, 157 transfronterizas, 218
Dividendo Empresas, 208
ambiental, 87 Entropía, 13
fiscal, 87 Equidad, 172, 192
Doble dividendo, 85, 87 horizontal, 193
débil, 86 vertical, 193
fuerte, 86, 87 Equilibrio, 230, 287
bioeconómico, 320, 321
E de estrategias dominantes, 232
de largo plazo, 320
Economía, 2, 3 de mercado, 95, 242, 296
ambiental, 2, 3, 4, 5, 7, 9, 12, 15, 16, 17, 19, de Nash, 232, 233
20, 24, 28, 39, 247 en estrategias dominantes, 230
cerrada, 211 no cooperativo, 232
de crecimiento, 258 Error estadístico, 152
de libre mercado, 4 Escasez, 2, 24, 38, 255, 257, 276, 305
de los recursos naturales, 16 Esfuerzo, 316, 317
de mercado, 38, 95 pesquero, 329, 330
ecológica, 2, 4, 5 Especialización, 245
mundial, 256 Estándares ambientales, 112
normativa, 18 Estrategia, 148, 228, 229, 230, 236
pequeña, 237 dominante, 228, 230, 232, 233
pública, 173 Etiqueta verde, 92, 110
Economías Etiquetado
abiertas, 237 ecológico, 107, 109
Ecotasa balear, 84 verde, 107, 109, 111, 113
Ecuación de Faustmann, 337 Etiquetas obligatorias, 109

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ÍNDICE ANALÍTICO 345

Evaluación, 172 Flujo circular de la renta, 208, 209


de políticas ambientales, 172 Formato
Excedente, 38, 42, 75, 58, 93, 131, 137, 143, abierto, 149, 153
í i 245 cerrado, 149, 150
'i *
!i de los productores, 68, 99 de subasta, 144
del consumidor, 30, 32, 33, 35, 36, 42, 61, 65, dicotómico, 144
! 68, 72, 77, 99, 127, 130, 131, 133, 134, doble, 150, 151
| 135, 136, 143, 153, 295, 296 simple, 151, 154, 160, 161
medio por visitante, 133 F ree rid e r, 44, 92, 231, 235
! total, 69, 37, 295 F re e -rid in g , 115
del consumidor, 242 Frontera de posibilidades
del productor, 242 de producción, 25, 26, 260, 269
Exceso de utilidad, 26
de capacidad, 326, 328, 329 Función
de demanda, 88 de costes de transacción, 101
de inversión, 327 de demanda, 30, 31, 32, 34, 63, 65, 82, 120,
Existencias, 281 127, 130, 131, 136
Expansión, 266 agregada o de mercado, 30
Experimento de elección, 167 individual, 30, 120
Explotación de densidad de probabilidad, 157
con libre entrada, 323 de distribución acumulada, 157
estadística, 152 de oferta, 33, 34, 35, 36, 71
Exportaciones, 204, 209, 211, 240, 245 de mercado, 33
Extemalidad, 9, 10,11, 12, 19, 30, 39, 40, 43, 58, agregada, 33
59, 63, 69, 70, 72, 73, 77, 78, 80, 81, de producción, 6, 7, 16, 259, 260, 262
82, 85, 87, 88, 89, 92, 94, 95, 101, 107, de supervivencia, 157, 158, 159
113, 114, 118, 233, 234, 247, 296, 318, de utilidad, 8, 154, 155
I i
319, 320 directa, 156
ambiental, 10, 43, 69, 103, 106, 180, 217 indirecta, 155, 156
F negativa, 10, 11, 19, 39, 43, 318 lineal y aditiva, 123, 124
o coste externo, 9
positiva, 10, 39, 43, 74, 234 G
Externos, 40, 42, 94, 96, 97, 98, 99, 102, 244
Extinción, 314 Ganancia social neta, 99
Extracción, 303 Gasto
Extracciones sostenibles, 313 ambiental, 222
interior bruto, 210
preventivos, 217
I F Gestión
Factor de producción, 2, 5, 6, 7, 19, 210, 214, ambiental, 112
260, 278, 281, 288 óptima, 323
Fallo de mercado, 12, 19, 24, 39, 43, 53, 63, 92,
¡ 98, 106, 118 H
- Fallos de información, 58
• Familias, 208 Hipótesis de Porter, 111, 237, 252, 267, 269, 271
Fiscalidad Horizonte
( ambiental, 78 de explotación óptimo, 299
verde, 70 temporal, 178, 187
I a
I

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346 ÍNDICE ANALÍTICO

I Ingresos, 208
marginales, 282, 283, 319
Identidades contables, 211 máximos sostenibles, 316
Identificar costes y beneficios, 180 sostenibles, 215, 315, 319, 320
Igualdad de oportunidades, 191 totales, 315
Impactos ambientales, 184 Iniciativas é

Importaciones, 209, 211, 239, 240 bilaterales, 107, 109


Impuestos, 29, 58, 61, 62, 66, 69, 70, 78, 79, 83, o acuerdos negociados, 108
85, 106, 193, 208, 226, 276, 331 unilaterales, 107
ambientales, 25, 70, 84, 85, 86, 87, 241, 238, Innovación, 268, 269
239, 271 In put, 6, 7, 16, 210, 259, 260, 278, 282, 338
unitarios, 242 trabajo, 6
correctores de fallos del mercado, 58 Intensidad de uso de la energía, 253
de cuantía fija, 192 Interacción estratégica, 227, 228
pigouviano, 71, 72, 73, 74, 75, 77, 79, 82, 86, Internalización de extemalidades, 73
87, 88, 97, 99, 146, 172, 242 Inversión, 211, 277
progresivo, 192, 193 Irreversibles, 184
recaudatorios, 58 ISO, 110 I
regresivos, 192, 193 ISO 14000, 111
sobre el valor añadido, 58
unilaterales, 244 J
unitarios, 59, 63, 66, 64, 71, 242
Juego, 228
correctores de fallos de mercado, 59
Incentivos, 18, 19, 69, 230
al esfuerzo, 190, 191 L
individuales, 231
Ley
Indicador de bienestar, 204, 209, 212
de la demanda, 105
Indicadores, 184
A de la entropía, 13
Indice
de la oferta, 105
de Atkinson, 198 Libertarismo, 191 '
de bienestar, 213, 217 Libre
de desigualdad, 193 acceso, 326, 327
de entropía generalizada, 198 comercio, 247 >
de escasez, 280 Límites al crecimiento, 256
de Gini, 194, 195, 196, 197, 200 Logit, 160
de Kakwani, 197 Los límites del crecimiento, 255
de pertinencia, 175
Industria extractora, 303, 304
Ineficiencia, 271 M
Inflación, 180, 184 Magnitudes macroeconómicas, 204
hedónica, 126 Mal, 269
Información público, 233
ambiental, 220 Masa forestal, 334, 336,
no financiera, 220 Materias primas, 5, 276
contable ambiental, 221 Matriz de valores, 183
imperfecta, 19 Máxima disposición a pagar, 32, 97, 98,120, 142,
perfecta, 29, 30, 297 144, 145, 150, 153, 155, 157, 160

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ÍNDICE ANALÍTICO 347

Máximas capturas sostenibles, 322 Mínima disposición


Maximización
il a aceptar, 145
de beneficios, 271 ser compensado, 97, 98, 145, 153
! de la utilidad, 156 Modalidad de entrevista, 146
aleatoria, 156 Modelo
del beneficio, 318 bioeconómico, 310, 311, 322, 333
social, 295 biológico, 311
Mecanismos contable tradicional, 220
de precios, 20 de datos de cuenta, 136
de control, 332 de elección, 142, 144, 165, 166, 167
de mercado, 257 logit, 160, 161
voluntarios, 114 Monopolios, 29
Media, 150, 153, 157, 160, 161, 163 Monopsonios, 29
de la máxima disposición a pagar, 154 Muestra, 151, 152,
Mediana, 150, 153, 160, 161 representativa, 147
de la máxima disposición a pagar, 154 Muestreo, 152
Medición de la desigualdad, 192, 193 aleatorio, 152
Medida mixto, 152
de bienestar, 205, 213, 215, 218 por cuotas, 152
de protección ambiental, 237 sistemático, 152
jj Mercado, 4, 9, 29, 53, 58, 60, 63, 88, 94, 253 Multa, 29, 105, 146
I competitivo, 293, 320
j de bonos, 106
de derechos de contaminación, 88, 92, 102, N
! 105, 106 Negociación voluntaria, 94, 97, 99, 101, 103
! de derechos de emisiones, 106 No convexidades, 39, 49, 50, 51, 52, 58
de permisos de derechos de contaminación, No neutralidad, 148
I
104 Número de visitas, 136
hipotético, 118
perfectamente competitivo, 29, 30, 37, 38, 93
Método O
de evaluación, 172, 174
OCDE, 207
1j de los precios hedónicos, 118, 122, 124, 125,
Oferta, 30, 35, 257, 287
126, 183
inelástica, 66
de precios de componentes, 124
Oligopolios, 29
implícitos, 124
de preferencias declaradas, 142, 144, 168, Opción, 175
184 Óptimo
de preferencias reveladas, 118 biológico, 333
de valoración, 118, 142, 168 social, 41, 42, 43, 58, 69, 75, 77, 88, 98, 114,
contingente, 142, 144, 145, 153, 165 242, 322
del coste de viaje, 126, 127, 133, 168 Ordenación contingente, 167
O u tpu t, 6
individual, 135, 137
zonal, 128, 131
directos, 118, 142 P
indirectos, 118
Microeconomía, 4 Países en vías de desarrollo, 101

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348 ÍNDICE ANALÍTICO

Pareto implícito, 124, 125


eficiente, 37 marginal, 83
óptimo, 37, 38, 232 mínimo de venta, 35
superior, 177 relativo, 30
Peaje, 80 Precios
urbano, 80, 81 hedónicos, 118, 122, 126, 128
Pendiente negativa, 31 infinitos, 88
Pensiones, 208 internacionales, 237
Percepción, 148 Preferencias, 30, 125, 129, 148, 154, 168, 260,
Pérdida 262, 264, 265
de bienestar, 99, 145 declaradas, 118, 174
irrecuperable de bienestar, 67 reveladas, 168
irrecuperable de eficiencia, 62, 63, 64, 65, 66 Pregunta de valoración, 147, 149, 153
irreversible de bienestar, 63 Primer teorema del bienestar, 37, 192
Perfecta movilidad de los recursos, 30 Primera ley de la termodinámica, 13
Periodo de rotación, 333 Principio
Permiso de contaminación, 104 de capacidad de pago, 193
Pesos, 175, 189 de Coase, 106
Pesquería, 311, 313, 318, 320, 322, 323, 326, de equilibrio natural, 13, 14, 18
329, 330 de Hotelling, 294, 298, 305
PIB, 204, 205, 207, 209, 210, 211, 212, 213, 214, de la víctima paga, 100, 101
215, 216, 218, 219 de los beneficiados, 193
ajustado, 213, 216, 217, 218 de quien contamina paga, 100, 101, 193
ambientalmente ajustado, 218 de quien se beneficia paga, 193
Plan General Contable, 222 fundamental de la economía de los recursos
PNN, 211 no renovables, 290
Población, 255 Privados, 42, 94, 95, 96, 97, 98, 99, 102, 244
mundial, 253 Probabilidad, 156
relevante, 152 P r o b it , 160
Poder de mercado, 29, 112, 297 Problema
Política ambiental transfronterizo, 218
ambiental, 16, 237, 252, 266, 267, 268, 269, de selección adversa, 52
270, 271 del exceso de capacidad, 327
distributivas, 192 tipo I, 327
económica, 18, 58 208 tipo II, 327
ambiental, 43 Problemas ambientales globales, 230
fiscal, 78, 83, 92 Producción, 3, 5, 6, 11, 12, 25, 204, 208, 209,
Pareto superiores, 177 210, 256, 260, 270, 278
Posibilidades doméstica, 243
de consumo, 259 mundial, 243
de producción, 259, 260, 262, 263, 270 Productividad,244, 268, 271
Práctica contable ambiental, 222 agrícola, 253
Precio, 19, 29, 32, 35, 61, 70, 93, 119, 143, Producto, 260
155 interior bruto, 204, 205, 211, 252
de equilibrio, 36, 238 a coste de factores, 205
de mercado, 119 a precios de mercado, 205
del coste de viaje, 118 interior neto, 205, 211

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ÍNDICE ANALÍTICO 349

marginal, 334, 336 productivos, 112


decreciente, 334 renovables, 16, 17, 216, 276, 277, 278, 310,
medio, 334 311
nacional, 215 Referéndum, 142, 161, 172, 173, 174
bruto (PNB), 204, 211 Reforma fiscal verde o ambiental, 87
neto (PNN), 211 Regla de Hotelling, 286, 287, 289, 290, 294, 325
sustitutivo, 288 Regla óptima de explotación de los recursos
Programas renovables, 325
de Orientación Plurianuales, 329 Regresión hedónica, 183
públicos, 108 Regulación, 271
voluntarios públicos, 107 ambiental, 92, 266, 268, 269, 272
Progreso tecnológico, 258, 260, 264 Renta, 207, 208, 257, 258
Prohibición, 29, 88, 89, 106 de escasez, 282, 290, 291
Protección arancelaria, 276 en especie, 335
Protesta, 151 interior bruta, 210
Protocolo, 226, 227 sostenible, 215
de Kyoto, 104, 231, 235 Rentabilidad
Provisión, 45 máxima sostenible, 236
Provisiones y contingencias de naturaleza medio social, 188
ambiental, 222 Reservas, 279
Puntuación contingente, 167 de un recurso, 257
Residuos, 83, 84
sólidos urbanos, 82, 153
R
Responsabilidad ambiental, 222
Racionalidad, 4 Resto del mundo, 208
individual, 231 Rivalidad en el consumo, 45
Recaudación, 62
Reciclado, 304
Reciclaje, 14, 84, 86, 257, 310, 303
s
Recurso Saldo de beneficios menos costes, 184
de libre acceso, 17 SEC-95, 207
forestal, 334 Sector, 208
no renovable, 281, 286, 287, 288, 289, 290, agrícola, 253
292, 293, 302 protegido, 208, 242
pesquero, 313, 317 público, 208
renovable, 310, 313, 320 SEEA, 219
Recursos, 15, 24, 93, 213, 256 Segundo teorema del bienestar, 37, 192
ambientales, 6, 8, 11 Selección adversa, 53
comunales, 49 Senda
energéticos, 276 de extracciones, 310
forestales, 310 de precios, 300, 301
humanos, 24 de equilibrio, 291, 294, 296, 302
naturales, 2, 3, 5, 8, 15, 17, 18, 24, 28, 204, de un recurso no renovable, 294
205, 252, 253, 276, 277 óptima, 301
no renovables, 276 Servicios ambientales, 214
no renovables reciclables, 16, 17, 18, 215, 253, Sesgo, 145, 144, 147, 148, 149
255, 257, 276, 277, 278, 297, 301, 305 de complacencia, 148

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350 ÍNDICE ANALÍTICO

de comportamiento estratégico, 145 Sustitutivos, 281


de la no neutralidad, 148
Sistema
de contabilidad nacional, 208, 213 T
de cuentas, 206, 208
de Cuentas Ambientales y Económicas Tangente, 323
(SEEA), 207, 219 Tarjetas de pago, 150
de Cuentas Nacionales, 206 Tasa, 84, 85, 184
de mercado, 24 de beneficio social, 185
Europeo de Cuentas Integradas (SEC), 207 de crecimiento geométrico, 252
Sistemas natural, 327
contables nacionales, 207 ' de descuento, 178, 179, 184, 185, 186, 277,
contables tradicionales, 205, 213 282, 286
de Ecogestión y Ecouditoría Ambientales, de mercado, 184
108 privada, 296
de gestión ambiental, 108, 221 social, 184, 296
Situación de explotación sostenible, 310
óptima, 37 de interés, 179
Pareto óptima, 176, 230 de recuperación, 302, 303
socialmente óptima, 103 de rendimiento interno (TRI), 185
Sobreexplotación, 9,17, 49, 326, 327 de rentabilidad social, 188
económica, 322 interna de retomo (TIR), 184, 185
Sobrepoblación, 253 natural de crecimiento, 315
Solución Tecnología, 7, 25, 259, 260, 264, 265
biológica, 315 de sustitución, 300, 301
c o a sia n a , 94, 114 limpia, 239
cooperativa, 234 Teorema de Coase, 95, 98, 101, 103
de Coase, 101 Teoría
eficiente, 99 de juegos, 49, 226, 227, 228, 230, 235
socialmente óptima, 101, 102, 236 de la maximización de la utilidad, 156
Soluciones Pareto eficientes, 95 de la utilidad aleatoria, 154
S ta tu q u o , 178 de Malthus, 255
S to c k económica, 4, 5, 20 1
de capital, 216 Tipo de interés, 283, 287, 286, 290, 291, 292,
natural, 214 293, 299, 324, 325
capital real, 213, 214, 218 Tipos de cambio, 240
de recursos, 214 TIR, 185, 186, 187, 188, 200
Subasta, 104, 150, 167, 229, 331 Totales
Subsidios, 208 administrables de capturas, 329
ambientales, 77 admisibles de esfuerzo, 329
Subvención, 29, 58, 66, 67, 68, 70, 74, 75, 77, 78, Trabajo, 210
81, 82, 208, 276 Tragedia de los bienes comunales, 47, 48. 83
óptima, 74, 101 Transferencia de beneficios, 180
unitaria, 69 Transferencias, 77
Suma vertical, 45 Turno
Sustituibilidad, 6 forestal óptimo, 333, 336

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ÍNDICE ANALÍTICO 351

intemo, 333 marginal, 60, 121, 124, 167


óptimo, 335, 337, 338 privado, 50
social, 73
normalizado, 175
U presente, 288
recreativo, 127, 133
U invertida, 258, 266 Valoración
Utilidad, 4, 8, 14, 29, 154, 260 ambiental, 126
marginal, 8, 260 contingente, 142, 144, 146, 148, 154, 160,
de la calidad ambiental, 258 161, 164, 181, 199
decreciente, 119, 260 de la vida, 182
de la renta, 189 VAN, 184, 185, 186, 187, 188
del dinero, 190 Variable aleatoria, 156, 157, 159
del consumo, 258, 264 Variación
Utilitarismo, 189, 190 de bienestar, 10
de excedentes externos, 93
privados, 93
V t
en el sto c k de capital, 211
natural, 219
Valor, 32, 118, 119, 120, 121, 123, 124, 204 Varianza, 139
actual neto (VAN), 184 del logaritmo de la renta, 194
añadido, 210 Vector, 155
bruto a precios de mercado, 210 Vehículo de pago, 151
deflactado, 179 Ventajas comparativas, 244, 246, 267, 268
descontado, 185 Vía
de cambio, 119 de producción, 210
de existencia, 4, 8, 122 del gasto, 210
de mercado, 204 del ingreso, 210
de no uso, 122, 168 Visión
de opción, 122 optimista, 18, 20
de uso, 8, 119, 168 pesimista, 18, 20
pasivo, 122
del tiempo de ocio, 182 Z
estadístico de una vida humana, 183 #

implícito, 183 Zonas económicas exclusivas, 328

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Indice
de nombres
propios

A c
Adam Smith, 119 Cantor, 106
Agencia Norteamericana de Protección Cataluña, 136, 174, 200
Ambiental, 106 Club de Roma, 15, 255, 256, 272
Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, 128 Collserola, 161
Alaska, 144 Comisión, 330
Albert Tucker, 229 Brundtland, 15
Alemania, 87, 107, 109, 247 Europea, 329, 330
Alfred Marshall, 120 Comunidad Económica Europea, 78
América Latina, 5
Andrew Court, 126
Antoine Lavoisier, 206 D
Antonio Machado, 118-119
David Hume, 119
Arganzueia, 167, 168, 186
Detroit,' 126 l
Argentina, 28
Dinamarca, 79
Aristóteles, 119
Arséne Jules Dupuit, 119
Arthur C. Pigou, 9, 11, 12, 70, 71, 106 E
Atkinson, 198
Atocha, 167 Ebro, 187
Australia, 199 Eric Lindahl, 206, 216
España, 5, 49, 78, 81, 82, 83, 101, 135, 136, 147,
B 181, 196, 199, 222, 245, 329
Estado, 30, 38, 60, 61, 62, 63, 65, 66, 68, 75, 77,
Banco Mundial, 257 79, 86, 99, 190, 191, 328, 329, 330,
Barcelona, 153, 161, 164 331
Bessemer, 258 Estados Unidos, 106, 107, 109, 110, 126, 144,
Bosch, 247 199, 258
Brasil, 28 Europa, 109, 144, 207, 226, 327
354 ÍNDICE DE NOMBRES PROPIOS

Extremadura, 182 Jeremy Bentham, 190


Exxon Valdez, 144 John Hicks, 177, 216
John Locke, 119
John Maynard Keynes, 206
F John Nash, 227
John Rawls, 190, 191
Finlandia, 199
John Stuart Mili, 190
Fisher-Lindahl-Hicks, 216
John von Neumann, 227
Francia, 28, 199
Joy Bartholomew, 5

G K
Garret Hardin, 48, 236 Kakwani, 197
Gini, 194, 195, 196, 197, 200 Kimio Uno, 214
Gordon-Schaefer, 311 Kuznets, 252, 257, 272, 273
Gro Harlem Brundtland, 14 Kyoto, 104, 227, 231, 235
Guadalajara, 125

L
H
Levante, 187
Harold Hotelling, 128, 286, 287, 289, 290, Levequn, 247
293, 294, 296, 298, 305, 306, 307, Lorenz, 194, 195, 196, 197
325, 336
Harrogate, 9
M
Harvard, 191, 267
Hecksher-Ohlin, 268 Madagascar, 3
Herbert Simón, 271 Madrid, 167, 186
Hermán Daly, 5, 246 Malthus, 272
Hicks-Kaldor, 177, 201 Manchester, 9, 11
Hodgkins, 3 Martin, 258
Holanda, 87, 107, 109 Martin Faustmann, 337
Howard Scott Gordon, 311 Massachusetts Institute of Technology, 15
México, 125
Michael Porter, 267, 268, 269, 271, 273
I Milner Baily Shaefer, 311
Monfragüe, 182
Iguazú, 9, 28 Murcia, 187
Inglaterra, 9, 253
Internet, 48
Irving Fisher, 215, 216, 336 N
Islas Baleares, 78
Naciones Unidas, 206, 207, 227, 253
Nadai, 247
J Nash, 232, 233, 248
Nicholas Kaldor, 177
James Meade, 206 Nobel, 12, 94, 144, 177, 206, 258, 281
James Mili, 190 Noruega, 199

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ÍNDICE DE NOMBRES PROPIOS 355

i
O s
f
11
7V

Oskar Morgenstem, 227 San Agustín, 119


Í Oslo, 226, 227 Sant Cugat del Vallés, 161
Santo Tomás de Aquino, 119
Segunda Guerra Mundial, 15, 265
Simón Kuznets, 258, 259, 264, 265, ?66, 267
País Vasco, 134, 135 Solsonés, 136
Países Bajos, 199 Stanford, 229
Paraguay, 28 Suecia, 199, 265, 266
I Pareto, 95, 98, 161, 176, 201 Suiza, 173
| Pigou, 12, 106
Pirineo, 128 T
Platón, 119
Poisson, 136, 137 Thomas Robert Malthus, 252, 253, 255
Política Agraria Común, 81 Tribunal de las aguas de Valencia, 49
Política Pesquera Comunitaria, 328
Polonia, 200
!j Porter, 111, 237, 252
u
Príncipe Pío, 167 Unión Europea, 28, 78, 81, 107, 108, 110, 248,
328, 329, 330, 331
R
V
Real Academia Española, 118
Reino Unido, 87 Valencia, 187
Ricardo, 119 Van der Linde, 268
Richard Stone, 206 Vickrey, 229
Robert Constanza, 5 Vilfredo Pareto, 176, 177
Roben Nozick, 191
Robert Solow, 281
Ronald Coase, 12, 92, 94, 95, 98, 101, 102, 103,
w
104, 105, 106 William Petty, 206

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publicadas por ~ri"IQiy iSQM

Teoría microeconómica.
Principios básicos y ampliaciones

.
-
W . N i c h o l s o n

T eoría M icroeconómica
La octava edición de Teoría Microeconómica Principios Básicos y Ampliaciones

...........
pretende ofrecer a los estudiantes un resumen
exhaustivo y asequible de la moderna teoría

......................
microeconómica. Este objetivo general del

..........
manual se ha mantenido a lo largo de los últi­
mos treinta años a pesar de los grandes cam­
bios de los temas abarcados. Para ello se inclu­

.......... —
yen explicaciones claras de los principales
resultados y se resalta la estructura matemáti­
ca común en la mayoría de los problemas
microeconómicos.

Contenido:
1. Modelos económicos
2. Las matemáticas de la optimización
3. Preferencias y utilidad
4. Maximización de la utilidad y elección
5. Efectos renta y sustitución
6. Relaciones de demanda entre bienes
7. Demanda de mercado y elasticidad
8. Utilidad esperada y aversión al riesgo 20. Modelos de fijación de precios según la
9. La economía de la información teoría de juegos
10. Teoría de juegos y equilibrio estratégico 21. Demanda de factores por parte de las
11. Funciones de producción empresas
12. Costes 22. Ofertas de trabajo
13. Maximización del beneficio y oferta 23. Capital
14. Modelo de equilibrio parcial competitivo 24. Externalidades y bienes públicos
15. Análisis competitivo aplicado 25. Economía política.
16. Equilibrio general competitivo Respuestas breves a las preguntas.
17. La eficiencia de la competencia perfecta Soluciones a los problemas impares.
18. Modelos de monopolio Glosario de los términos más utilizados,
19. Modelos tradicionales de competencia índice de autores.
imperfecta índice analítico.
Economía para ingenieros

M a . C . L a c a H e C a l d e r ó n , C e p e d a G o n z á l e z ,

D . R o m e r o F ú n e z y J . R . S i m ó n d e l P o t r o

Con ánimo de dotar a los estudiantes de inge­


niería con los conocimientos suficientes que
les faculten para ejercer como tales ingenieros
sin tener que recurrir a nuevos y licenciosos
estudios, se presenta este trabajo. Por este
motivo, en el presente manual se parte de la
explicación de los comportamientos económi­
cos de las unidades más simples: consumido­
res y empresas. Una vez estudiados los com­
portam ientos individuales de los agentes
económicos, abordamos el análisis de la eco­
nomía de la empresa. En la última parte del
libro introducimos el análisis de la realidad
económica desde una nueva perspectiva: la
macroeconomía. Junto a todo ello, la propues­
ta de ejercicios resueltos y propuestos consti­
tuye una aplicación práctica de las enseñanzas
recogidas a lo largo de todo el libro, que ayu­
dará al ingeniero en su toma de decisiones
tanto en la empresa privada como en la admi­
nistración pública.

Contenido:
Agradecimientos
Prólogo
Primera Parte: Microeconomía
1. Una aproximación a la economía
2. Elementos básicos de la oferta y la demanda
3. Elasticidades
4. Producción y costes
5. Teoría de mercados
6. Fallos de mercado
Segunda Parte: Economía de la empresa
7. El sistema de información contable
8. Las finanzas en la empresa
Tercera Parte: Macroeconomía
9. Estimación de la actividad económica
10. Equilibrio macroeconómico
11. El dinero
12. El comercio internacional
Apéndice/Soluciones
Economía. Principios y aplicaciones

R . E . H a l l y M . L i e b e r m a n

Se trata de un texto conciso, cuidadosamente


planteado tanto en los contenidos como en el
estilo pedagógico que permite al estudiante
enfocar el aprendizaje y suministrarle las ideas
centrales usadas más frecuentemente en los
análisis económicos. Los autores emplean úni­
camente una metodología simple a través de la
cual emulan cómo contemplan los economis­
tas los problemas económicos y enseñan al
estudiante cómo usar el mismo procedimiento
analítico en el desarrollo de sus propios instru­
mentos de análisis económico.

Contenido:
Preliminares: ¿Qué es la economía? Escasez,
Elección y sistemas económicos. Oferta y
demanda. Aplicación de la oferta y demanda
Agentes microeconómicos: Elección del consu­
midor. Producción y costes. Cómo toman las
empresas sus decisiones: maximización de
beneficios
Mercados de Productos: Competencia perfecta- Macroeconomía a largo plazo: El modelo clási­
Monopolio. Competencia monopolística y oli- co a largo plazo. Crecimiento económico y
gopolio niveles de vida crecientes
Trabajo, Capital y Mercados Financieros: El mer­ Macroeconomía a corto plazo: Fluctuaciones
cado de trabajo. Desigualdad de la renta. Merca­ económicas. El modelo macro a corto plazo
dos financieros y de capitales Dinero, Precios y la Macroeconomía: El sistema
Eficiencia, Gobierno y Economía Global: Eficien­ bancario. El mercado monetario y el tipo de
cia económica y el ideal competitivo. El papel interés. La demanda agregada y la oferta agre:
del gobierno en la eficiencia económica. Venta­ gada
ja comparativa y las ganancias del comercio Política macroeconómica: El papel del gobierno
Macroeconomía: Conceptos básicos: Qué inten­ en la eficiencia económica. Política fiscal:
ta explicar la macroeconomía. Producción, impuestos, gasto público y el presupuesto
renta y empleo. El sistema monetario, precios federal. Tipos de cambio y política macroe­
e inflación conómica
#

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pleto de nuestros libros:

NOMBRE:________________________1_____________ 1____________
CALLE:____________________________________________________
CIUDAD:___________________________________________________
CÓDIGO POSTAL: ___________________ PROVINCIA: ______________
TELÉFONO: FAX: _____________

AREAS DE SU INTERES

Aeronáutica y Astronomía ....................... □ i


Agricultura........................................................................................ O i
I % • S v • ‘ 4 í * ■

Arquitectura....................................................................................... O >

A u d io ................................................................................................ O

Automoción................................ □

Ciencias Sociales............................ n

Climatización.............................. . r . ................................................ □

Computación □ i
Dibujo....... □
<

i Diccionarios...................................................................................... □

Economía.......................................................................................... G
i

Electricidad ................................... G

Electrónica........................................................................................ G

Empresa........................................................................................... G

Física y Química ............................................................................... G

Geología............................................................................................ G
l
i

Hostelería y Turismo.......................................................................... G

Ingeniería.......................................................................................... G

Legislación........................................................................................ G

Matemáticas ..................................................................................... G

Metal ............................................................................................... G

Neumática e Hidráulica...................................................................... G

Oficios y Bricolage.............................................................................. G
9

Peluquería y Estética.......................................................................... G

Reglamentos y Normas....................................................................... G

Sanitarias..........................................................................................
%

Telecomunicaciones.......................................................................... ^

Topografía........................................................................................ ^

Varios .................................................... ^

}
1
ifícilmente pueden entenderse muchos de los impactos que infringimos
al medio ambiente, así como sus soluciones, sin comprender la relación
entre economía y medio ambiente. Cómo usamos y cómo podríamos uti-
I lizar mejor los recursos, sean éstos renovables o no renovables. En cuánto valo-
I ramos las personas la protección de determinados espacios naturales o hasta
I cuánto estamos dispuestos a invertir para gozar de agua de mejor calidad.
I Cuándo vale la pena construir una carretera a pesar de sus impactos ambienta-
I les o cuándo renunciar a ella. Qué consecuencias tiene el que unos países adop-
I ten leyes ambientales más estrictas y otros más laxas. En cuánto deberíamos
% i

I penalizar a aquellas industrias que dañan nuestro entorno. Cómo podemos lo-
I grar que se emitan menos gases de efecto invernadero en todo el mundo sin que
I nos cueste demasiado. Estas son algunas cuestiones que nos pueden preocupar
y a las que este manual de economía ambiental
y de los recursos naturales puede ayudar a dar
respuesta.

Los autores, todos ellos doctores en economía y profesores de universidad es­


pecialistas en economía del medio ambiente, han trasladado a este libro su ex­
periencia docente y de investigación para que los lectores puedan introducirse a
la economía ambiental y de los recursos naturales sin requerir de conocimientos
específicos previos. El libro se dirige no sólo a economistas o estudiantes de
economía interesados en el medio ambiente, sino también, y especialmente, a
------------------------ t--------- j— i otros estudiantes, profesionales y personas con
I ! ij i ! preocupación ambiental y deseo de conocer lo
________ ______________ I que la economía puede aportar.

ISBN

T H O M S O N [Link]
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788497 323697

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