Libro
Libro
7
R548m
I
1
P A TR IA TECNICA
f ila d a en
fp R T O V lE ^
U T M
025124 9
Manual de Economía Ambiental
y de los Recursos Naturales
Manual de Economía Ambiental
y de los Recursos Naturales
Pere Riera
Departamento oe E conomía A plicada
U niversidad A utónoma de Barcelona
i
$
Dolores García
Departamento oe E conomía A plicada
U niversidad de las Islas Baleares
Bengt Kristrom
Departamento de E conomía F orestal
U niversidad Sueca de Ciencias A grarias
Ruñar Bránnlund
Departamento de E conomía
U niversidad de U meá (S uecia)
THOMSON
Tfs/I
Otras delegaciones:
Contenido
Prólogo xi
Capítulo 1. Introducción 1
I
' 1
viii CONTENIDO
© ITES-Paraninfo
CONTENIDO IX
X CONTENIDO
© ITES-Paraninfo
La fascinación por el estudio económico del medio ambiente y de los recursos
naturales parece crecer con los acontecimientos que se van desarrollando en este
siglo X X I. La evolución de los precios energéticos, los nuevos mercados de derechos
de contaminación o de emisiones, la creciente presencia de instrumentos económicos
en la legislación ambiental, son sólo algunos de los factores que contribuyen al
interés por comprender mejor lo que ocurre con nuestro entorno, y por cómo modifi
car su gestión con el fin de aumentar nuestro bienestar.
Este libro desea contribuir a la comprensión de la economía ambiental y de la
economía de los recursos naturales desde una perspectiva académicamente rigurosa
pero al mismo tiempo asequible para personas sin conocimientos específicos previos
en economía. Ello lo hace adecuado para un público amplio, si bien el formato elegi
do es el de libro de texto. El contenido técnico de la parte más económica es bastante
limitado, y todos los conceptos que se utilizan se explican con antelación.
La lectura del libro puede realizarse siguiendo el orden en el que se ha escrito o
bien por bloques de capítulos. La ventaja de su lectura en el orden en el que se pre
sentan los capítulos es que los conceptos se explican a medida que aparecen, y se dan
por conocidos a medida que avanza el libro, con lo que no hay riesgo de que concep
tos nuevos para el lector se den por sabidos.
El libro puede también abordarse por bloques sin seguir un orden predetermina
do. El primer capítulo es de carácter introductorio, y presenta algunos conceptos bá
sicos en economía ambiental, como por ejemplo la distinción entre costes privados y
sociales, externalidades, o el cómo la disciplina económica ha incorporado los recur
sos naturales en su análisis. Además, ofrece una panorámica sobre cómo la economía
ha enfocado la resolución de problemas ambientales.
Los Capítulos 2, 3 y 4 tratan del tema central de la economía ambiental. En el
Capítulo 2 primeramente se analizan las consecuencias, en términos de bienestar para
t
xii PRÓLOGO
i *
la sociedad, de los daños que con nuestra actividad económica infringimos en el en
torno. Así, se presenta el modelo de mercado perfectamente competitivo, es decir,
aquel que reúne las condiciones bajo las cuales el mercado conduce por sí mismo a la
situación ideal de máximo bienestar. A continuación se describen las situaciones am
bientales que provocan que el equilibrio de mercado deje de ser el resultado más de
seado. Si el Capítulo 2 describe el escenario de mercado, su bondad y sus fallos, los
Capítulos 3 y 4 tratan de los instrumentos económicos para corregir dichos fallos y
obtener en consecuencia un mayor grado de felicidad en el conjunto de la sociedad.
Así, el Capítulo 3 se centra en políticas que actúan sobre los precios, básicamente los
impuestos y las subvenciones. El siguiente, en cambio, recoge políticas ambientales
alternativas, como las basadas en la ampliación y creación de mercados, y también
los denominados acuerdos voluntarios.
Un segundo gran bloque de contenido marcadamente distinto es el constituido
por los Capítulos 5, 6 y 7. El Capítulo 5 incluye una breve discusión sobre el concep
to de valor, y presenta los métodos de valoración llamados de preferencias reveladas;
esto es, el método de los precios hedónicos y el método del coste de viaje. El Capítu
lo 6 se dedica exclusivamente a los métodos de preferencias declaradas, fundamen
talmente al método de valoración contingente. En ambos capítulos las distintas técni
cas de valoración se ilustran con aplicaciones reales. El Capítulo 7 aborda en cambio
la evaluación de las inversiones y políticas de intervención, con un especial énfasis
en el método del análisis coste-beneficio. Asimismo, incluye algunas medidas de de
sigualdad con las que evaluar los efectos distributivos de las políticas ambientales.
Los Capítulos 8, 9 y 10 son algo más misceláneos. El primero de ellos se centra
en la contabilidad ambiental, principalmente en cómo ciertos impactos ambientales
se pueden incorporar a contabilidad nacional, aunque también se aborda más breve
mente cómo la información ambiental progresivamente se va integrando en las cuen
tas de las empresas. El Capítulo 9 discute algunas cuestiones ambientales de dimen
sión supranacional, como pueden ser la adopción de acuerdos internacionales de
regulación ambiental, o la coordinación en el diseño de políticas ambientales. En él
se introduce de forma sencilla la teoría de juegos, una de las herramientas analíticas
utilizadas en el análisis de este tipo de problemas. Asimismo, se discute sobre la rela
ción entre comercio y medio ambiente. El Capítulo 10, por su parte, se centra en otra
cuestión también habitualmente tratada desde la economía ambiental, la de la rela
ción entre calidad ambiental y nivel de desarrollo económico de los países.
Finalmente, el cuarto y último bloque del libro está dedicado a la gestión de los
recursos naturales renovables y no renovables. Aunque las reglas económicas que
guían la explotación a lo largo del tiempo de uno u otro tipo de recursos naturales
están relacionadas, existen notables diferencias. Por ello, los recursos no renovables
se tratan específicamente en el Capítulo 11, en el que se describen también algunos
mecanismos económicos que permiten que los recursos no renovables en general no
se agoten. Los recursos renovables ocupan el Capítulo 12, en el que en particular s
discute la gestión de las pesquerías y de los bosques. El énfasis se pone en identificar
© ITES-Paraninfo
I
PRÓLOGO XÍii
el nivel de explotación del recurso renovable que logra el máximo bienestar para la
sociedad.
El libro es producto tanto de la actividad investigadora como docente de los cua
tro autores, pero se ha beneficiado de las sugerencias, consejos y aportaciones de
otros especialistas. Agradecemos especialmente la ayuda de los profesores Raúl
Brey, Renán Goetz, Xavier Labandeira, Antoni Llull, Joan Mogas, Santiago Rubio,
Ginés de Rus, Amedeo Spadaro y Elisabeth Valle, así como de numerosos estudian
tes que han utilizado versiones previas de este libro. No obstante, seguramente en
pocas ocasiones es tan cierta como aquí la prevención habitual: la responsabilidad de
los errores y lagunas es enteramente de los autores.
JP
© ITES-Paraninfo
I
CAPÍTULO
* 1
Introducción
I: '
■ I
’
¡
M
1.1. La economía ambiental
1.2. El medio ambiente y la naturaleza como factores de producción
|
J ÍX
1.3. Los recursos naturales y ambientales como bienes de consumo
•M:
■
H M
r
2 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
La economía ambiental
A menudo se perciben la economía y el medio ambiente como dos realidades incom
patibles, con lo que el estudio de la economía ambiental parecería tener poco sentido.
Sin embargo, la economía y el medio ambiente son elementos mutuamente depen
dientes. Sin una calidad mínima del entorno no existiría la economía. Las personas y.
por tanto, la economía, dependen fundamentalmente de los procesos naturales de sos
tenimiento de la vida que proveen los ecosistemas. A lo largo del libro veremos va
rios ejemplos de este hecho. Al mismo tiempo, las condiciones de nuestro entorno y
el uso de los recursos naturales dependen del desarrollo económico. Etimológica
mente, la palabra economía significa administración de las cosas de la casa. Más con
cretamente, la economía estudia la administración cuando hay escasez de recursos.
La finalidad de gestionar es obtener el mayor bienestar de estos recursos limitados.
Cualquier sociedad debe decidir cómo usar sus recursos de la mejor manera posible.
Son recursos el capital humano (trabajo), el capital (máquinas, ordenadores, edifi
cios, etc.) y los recursos naturales, como la tierra, los bosques, los minerales o el
agua. La sociedad puede utilizar estos recursos de distintas formas y. por tanto, afec
tar al bienestar de sus ciudadanos en mayor o menor grado. Si nuestros recursos (y
nuestra capacidad de producir y consumir) no fueran escasos, no habría problemas de
utilización de los recursos, de decidir a qué actividad concreta los asignamos. Po
dríamos construir universidades, centros de salud, infraestructuras de transporte,
tener más vacaciones, etc., sin tener que renunciar a otras cosas. En economía am
biental nos centramos particularmente en los recursos ambientales, y pensamos en
cómo utilizarlos para beneficio de las generaciones presentes y futuras. Partimos de
la base de que los recursos naturales y ambientales son escasos. La capacidad del
medio ambiente para absorber la polución es limitada y. por lo tanto, tenemos que
usarlos sensatamente.
En las últimas décadas la economía ambiental se ha desarrollado muy rápida
mente como disciplina científica. Ello se debe fundamentalmente a que las relaciones
© ITES-Paraninfo
I
INTRODUCCIÓN 3
Recuadro 1.1
LA ACTIVIDAD ECONÓMICA
I bienes físicos (mercancías) como a los ser utilizar una vivienda) y hablamos de bienes
vicios. La actividad productiva va desde la duraderos, mientras que otras son más pun- I
planificación de la actividad y la extrae- tuales (comerse una manzana).
............... - ................................ ........... - ............... ......... ........ ...................... ............ ........ ............. ............................................................... ......... .............. — .............. ........ - r ----- - T m i r - n . T . m . m i
entre medio ambiente y economía se han hecho más patentes en los últimos años.
A menudo observamos conflictos entre la actividad económica y la preservación de
la calidad ambiental. Al mismo tiempo ha mejorado nuestro conocimiento sobre las
complejas relaciones que se dan entre la economía y el entorno, y aparece como más
necesario el análisis de esta interrelación. Además, el mayor conocimiento acerca de
los impactos ambientales sobre las actividades humanas y de las actividades huma
nas sobre el medio ambiente ha contribuido al desarrollo de la economía ambiental.
Por ejemplo, ahora sabemos que la combustión de combustibles fósiles incrementa la
concentración de carbono en la atmósfera, lo cual a su vez puede contribuir al cam
bio climático. El uso de combustibles fósiles también comporta otros tipos de conta
minación, como por ejemplo la del dióxido de azufre, el cual perjudica tanto a las
personas y otros seres vivos, como a los edificios.
Otro caso podría ser el de la tala de bosques. En áreas donde habitan muchas
especies, ésta puede llevar a la extinción de algunas de ellas, quizás muy valiosas
para las personas, por ejemplo por razones médicas. Dos medicinas contra sendos
tipos de cáncer, en concreto la enfermedad de Hodgkins y la leucemia infantil, se
obtienen de la selva tropical de Madagascar. Un problema seguramente igual ,de
preocupante es la pérdida de funciones de distintas especies en un sistema ecológico
complejo. De acuerdo con algunos ecólogos que estudian esta cuestión, la biodiversi-
dad o riqueza en especies es importante para garantizar la estabilidad y flexibilidad
de un sistema ecológico. La combinación de nuevos conocimientos junto con la cre
ciente generación de residuos y los límites de la naturaleza en la provisión y renova
ción de los bienes incrementa la necesidad de hallar principios útiles que contemplen
el hecho de que los recursos de la tierra forman parte de un sistema más o menos
cerrado. El desarrollo económico combinado con el crecimiento de la población hace
que debamos tomar decisiones cada vez más complicadas, con efectos tanto pre
sentes como futuros. Así, las decisiones que tomamos hoy van a afectar a las genera
ciones futuras y a sus posibilidades de disfrutar de una buena calidad de vida. La
economía ambiental supone una buena oportunidad para discutir principios útiles
aplicables al uso de los recursos naturales.
© ITES-Paraninfo
4 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 1.2
LA RACIONALIDAD EN ECONOMÍA
En argot económico, se dice que los acto de cada bien que creen les reportará mayo
res o agentes económicos (consumidores o res beneficios. Es decir, saben discriminarl
© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 5
porciona la siguiente definición: «La economía ecológica va más allá de las concep
ciones convencionales de las disciplinas científicas y pretende integrar y sintetizar
muy distintas perspectivas disciplinares para lograr un mundo ecológica y económi
camente sostenible». De acuerdo con algunos conocidos autores como Robert Cons
tanza, Hermán Daly y Joy Bartholomew, los economistas ecológicos son muy escép
ticos sobre el progreso tecnológico, mientras los economistas ambientales son más
«optimistas». También consideran a la economía ambiental como una materia donde
los problemas se estudian bien a muy corto plazo, bien a muy largo plazo. Según
estos autores, el horizonte temporal en la economía ambiental, tal y como lo interpre
tan los economistas neoclásicos, no pasa de los cincuenta años. Sin embargo, buena
parte de la investigación reciente en economía ambiental trata del problema de la
asignación de recursos en un horizonte temporal muy largo. De lo que se trataría en
cualquier caso es de elegir el horizonte temporal que sea relevante para el problema
que se estudia.
En España y América Latina se encuentra una buena representación de econo
mistas ambientales y economistas ecológicos. En España, por ejemplo, ambas pers
pectivas se enseñan en la licenciatura de ciencias ambientales en buena parte de las
universidades en las que ésta se imparte. En América Latina la situación es más va
riable entre países y universidades. El volumen de obras especializadas o de divulga
ción en lengua castellana empieza a ser amplio en ambos campos.
© ITES-Paraninfo
6 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
cios, etc.), que son importantes para la producción. Ciertamente los ecosistemas son
importantes para nuestro suministro de agua, para la producción de alimentos y de
recursos renovables. Los ecosistemas contienen la información genética y los proce
sos necesarios para el desarrollo de la vida. Los ecosistemas también pueden asimilar
la contaminación, prevenir inundaciones y mantener una dispersión adecuada de los ■
gases en la atmósfera, entre otras funciones. | j
El capital humano es una medida del conocimiento y capacidad de las personas
para combinar los recursos en la producción. La educación se contempla como una
inversión en capital humano.
Una forma de aproximarse al problema de cómo utilizar nuestros recursos am
bientales y en qué forma éstos contribuyen al sistema económico es utilizando lo que
se conoce como una función de producción. La función de producción muestra cuál
es la producción máxima que se puede obtener a partir de distintas cantidades de
inputs o insumos (factores). Si se denota la producción de bienes con Q, entonces
podremos escribir una función general como en (1.1).
Q — F(Z, K, L) (1.1)
© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 7
Si observamos la Ecuación (1.2), vemos que ambos factores de producción son nece
sarios; es decir, no podemos sustituir enteramente un factor por el otro. Si Z fuese
cero en la Ecuación (1.2), entonces necesariamente la producción Q sería tam
bién cero. Y lo mismo con K igual a cero. Sin embargo, eso no significa que las
proporciones entre cantidades de cada factor deban ser fijas. Por el contrario, pode
mos hasta cierto punto sustituir el input ambiental por los otros factores de produc
ción y viceversa. Veamos un ejemplo de la tecnología que refleja la Ecuación (1.2).
El papel, por lo menos el papel habitualmente utilizado para confeccionar libros
y periódicos, se produce a partir de las fibras de celulosa de los árboles. Con la tecno
logía actualmente disponible, no podemos reemplazar totalmente la fibra de los árbo
les. En otras palabras, los bosques constituyen un factor de producción necesario para
el papel. Pero no es necesario que la proporción de recursos forestales que se utilicen
para un determinado tipo de papel deba ser siempre la misma. Por ejemplo, podemos
producir papel de diversas maneras. Una posibilidad es extraer la fibra de los árboles
de forma mecánica. Otra tecnología consiste en simplemente hervir la madera en una
solución química. Con el procedimiento mecánico, utilizamos una proporción relati
vamente alta de recursos forestales en la función de producción, comparado con el
procedimiento químico. Además, con la tecnología mecánica se precisa consumir
una mayor cantidad de energía por tonelada de papel producida. En otras palabras,
existen diversas posibilidades de sustitución. Nos encontramos con algo similar
cuando producimos acero. No lo podemos producir sin el hierro procedente de las
minas, pero las posibilidades de sustitución son numerosas. La forma concreta que
adopte la función de producción así como los valores de a y /?, representarán de algu
na forma estas posibilidades de sustitución entre los inputs.
Por su parte, la Ecuación (1.3) representa una clase de funciones de producción
en la que la tecnología permite que se pueda prescindir de un determinado factor para
la producción. Aunque la cantidad de Z fuese cero, de acuerdo con la función de
producción (1.3) sería todavía posible producir cantidades positivas del bien Q, siem
pre que utilicemos el otro factor de producción en las cantidades adecuadas.
Esta discusión ilustra que desde la perspectiva de la economía ambiental es
importante saber determinar la cantidad de recursos naturales o ambientales que de
beríamos utilizar en la producción de los distintos bienes, así como también será im
portante conocer en qué medida los factores de producción se pueden sustituir entre
ellos.
© ITES-Paraninfo
8 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
siempre los servicios que el medio ambiente ofrece. Esos servicios pueden tomar la
forma de frutos, verduras o carne que obtenemos del sistema ecológico, además de
servicios de recreación y la belleza del patrimonio natural, que actualmente pueden
representar un componente importante del bienestar de muchas personas. Mucha
gente da valor a algunos recursos ambientales aunque no los utilice en este momento
o ni siquiera planee utilizarlos; aun así, podemos todavía preocuparnos por la natura
leza o valorar un determinado recurso natural. Por ejemplo, buena parte de la socie
dad le otorga algún valor al hecho de que no se extingan algunas especies naturales,
como sería el caso de las ballenas azules, aunque muchos de nosotros no tengamos
intención alguna de ir a observar expresamente a estas ballenas. Si el entorno se dete
riora porque aumentamos rápidamente el uso de nuestros recursos naturales, esto
puede llevarnos a una pérdida de calidad de vida.
Pensemos pues en los recursos ambientales y naturales como bienes de consumo.
Esta idea puede ilustrarse a partir de las llamadas funciones de utilidad. La siguiente
ecuación muestra una de estas funciones:
U = H(C, Z)
donde C representa el consumo de los bienes ordinarios y Z el consumo de los bienes
ambientales. Algunos ejemplos de bienes ambientales que podemos incluir en Z son
la calidad del aire, los servicios recreativos, o la recolección de setas y frutos, entre
muchos otros. Incluimos también aquellos bienes que apreciamos por su mera exis
tencia. La letra U denota el nivel de utilidad o grado de satisfacción o bienestar que
nos proporcionan distintas cantidades o combinaciones de consumo de C y Z. Final
mente, la letra H representa la función de dependencia entre la utilidad y los compo
nentes de la función de utilidad (C y Z).
El supuesto más habitual consiste en suponer que el nivel de satisfacción, que
es subjetivo de cada persona, crece al aumentar el consumo, pero que además este
incremento va disminuyendo progresivamente; la segunda naranja que nos come
mos de postre no nos reporta tanta satisfacción (utilidad) como la primera. El su
puesto de que el incremento de la utilidad va disminuyendo progresivamente con el
consumo tiene implicaciones como, por ejemplo, que los países puedan atribuir
mayor importancia a la calidad ambiental a medida que aumente su riqueza. Eso
implica que si el país es rico, entonces la utilidad marginal (adicional) de consumir
un poco más es relativamente pequeña. Ello implica también que los bienes am
bientales serán relativamente más valorados a medida que la economía crezca. En
el Capítulo 10 discutiremos con más detalle la relación entre desarrollo económico
y calidad ambiental.
Como hemos dicho, los bienes ambientales Z pueden contribuir de distinta forma
al bienestar individual. Podemos pensar en valores de uso como consumir naranjas o
visitar un espacio natural, pero podemos pensar también en valores de existencia, si
la persona valora el recurso por su mera existencia. Cuando consideramos el medio
ambiente como un bien de consumo, automáticamente se presentan diversos y com-
© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 9
© ITES-Paraninfo
10 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 1.3
EXTERNALIDAD
Recuadro 1.4
EJEMPLO DE EXTERNALIDAD POSITIVA
El aumento en su bienestar experimentado propio el cambio en la utilidad de estas ter
por un consumidor de transporte al obser ceras personas. El beneficio externo del
var en su desplazamiento al trabajo un con ejemplo corresponde al aumento de bienes
junto de jardines bien cuidados, propiedad tar del consumidor de transporte. El origen
de otros ciudadanos, sería un ejemplo de se encuentra en la actividad jardinera, que
externalidad positiva. es una actividad económica de producción
¡ El ejemplo contiene los elementos típi- en lo que afecta al trabajo de cuidado del
j eos de una externalidad. Su origen es una jardín y de consumo en tanto lo disfrutan
actividad económica. Otras personas que sus dueños. Y dicha actividad la realizan
dan afectadas en su bienestar. Quien la rea sin tener expresamente en cuenta a terceras
liza no tiene totalmente en cuenta como personas como son los transeúntes.
______________ __ _______________
© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 11
Este ejemplo, al igual que lo hacía el de Pigou, muestra que deberíamos distin
guir entre coste privado y coste social. Intuitivamente hablando, la diferencia entre
costes sociales y privados proviene de los impactos que sobre los costes de produc
ción genera la fabricación de papel o la utilización de carbón, y que no quedan refle
jados en los precios. En otras palabras, la empresa de papel utiliza gratuitamente los
recursos ambientales. A los contaminadores no se les obliga a compensar a los pesca
dores o a los hogares de Manchester por el incremento de costes que les cáusan. El
coste privado es el que tiene la empresa de papel en su producción, y el coste social
es este mismo coste más el que soportan los pescadores como consecuencia de la
peor calidad de las aguas. La diferencia entre el coste social y el privado es justa
mente la externalidad.
Pesca ( )
© ITES-Paraninfo
12 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
costes sociales de incrementar la producción de papel son iguales a los recursos adi
cionales necesarios para incrementar la producción de papel, más el valor de la re
ducción en la captura de peces; es decir, el valor del pescado que no se ha podido
capturar. En otras palabras, existe una diferencia entre costes privados y sociales, que
en este ejemplo es simplemente igual al valor de la disminución de la pesca.
Si lo pensamos un momento, veremos que las externalidades o impactos sobre
terceras personas del tipo que hemos visto en los ejemplos anteriores son muy fre
cuentes. En la economía moderna, la presencia de externalidades es más la norma
que la excepción. En el Capítulo 2 veremos cómo las externalidades llevan a
del mercado y a una asignación incorrecta de los recursos. En el sencillo ejemplo de
la fábrica de papel y los pescadores, la asignación incorrecta de recursos proviene del
hecho que si no se corrigen las externalidades, se produce demasiado papel y se cap
turan demasiado pocos peces.
Así, una pregunta importante que se plantea desde la economía ambiental es has
ta qué punto las distintas externalidades llevan a una asignación incorrecta de los
recursos. Es importante estudiar cómo podemos mejorar esta asignación y la forma
en que deberíamos hacerlo, porque con ello podemos lograr un mayor bienestar so
cial. La sugerencia de Pigou fue que deberíamos utilizar un impuesto igual al valor
de la externalidad negativa. De esta forma, siguiendo a Pigou, se debería establecer
un impuesto sobre la quema de carbón.
El economista norteamericano Ronald Coase. ganador del premio Nobel, propuso
una aproximación alternativa a la de Pigou para corregir los efectos externos, y apun
taba que las externalidades se deben a una definición imprecisa de los derechos
de propiedad. De acuerdo con Coase, podemos solucionar el problema reformando
los derechos de propiedad. Pigou sugería el uso de impuestos como instrumento de
corrección, mientras que Coase señalaba que el problema se puede solucionar de for
ma voluntaria siempre que pueda resolverse el problema de los derechos de pro-*
piedad.
Así, y siguiendo con el ejemplo, la empresa pesquera podría tener asignado por
ley el derecho a decidir cuánta contaminación se puede realizar en el río. Podría ven
der parte de estos derechos a la empresa papelera, siempre que el precio de venta no
fuese inferior a los costes externos que la actividad papelera le provocaría. Volvere
mos sobre esta cuestión en el Capítulo 4.
© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 13
Hacia el Hacia
B medio Escorias, el medio
ambiente gases, ambiente
líquidos
B+R
Hogares
Residuos
Residuos
Reciclaje
Equilibrio material: A = B + C + D
1 l
rc :\ u n i / “ ‘ S!d a d I © ITES-Paraninfo
í
EC ' ICA DE MAN A BI i.
que den mayor utilidad a las personas. El campesino abona los campos con nutrientes
para obtener vegetales y alimentar a la ganadería. Las empresas mineras extraen hie
rro del subsuelo. Y así podríamos poner muchos ejemplos. El resultado de estos pro
cesos se utiliza en un segundo nivel en los hogares (flecha 2 gráfico), o bien se
usa para producir alimentos, electricidad, etc. (flecha A¡ hacia empresas de distinto
tipo). Los productos de estas empresas van a los hogares para su consumo, tal y como
muestra la flecha E. La consecuencia más interesante e importante del principio de
equilibrio natural es que el flujo de salida A debe ser compensado por un flujo de
retorno de la misma magnitud. En consecuencia, al final la suma de los residuos que
directa o indirectamente generan las empresas de recursos naturales ( , C y D). aun
que la generación de residuos finales se retarde gracias al reciclaje (F + R), debe
igualar el total extraído A. Lo podemos expresar de otra forma: el medio ambiente no
es solamente proveedor de distinto tipo de cosas, sino que también es receptor de
residuos procedentes de la actividad humana.
Podemos utilizar el Gráfico 1.2 para discutir muchos temas interesantes que se
derivan del principio de equilibrio natural. Pero aquí nos limitaremos a discutir sólo
algunos de ellos. Así, las operaciones de limpieza de las diferentes emisiones conta
minantes no van a reducir la masa de lo que se devuelve a la naturaleza. Solamente
van a influir sobre la forma de estos retornos. En otras palabras, con independencia
de las tecnologías de limpieza que podamos inventar para tratar estos retornos a la
naturaleza, todo lo que haremos será cambiar la forma de lo que devolvemos a la
naturaleza. Esto no es irrelevante, dado que la forma en sí misma es muy importante.
Dependiendo de la capacidad de asimilación del medio ambiente, éste por sí mismo
absorberá en mayor o menor medida los residuos que generamos. Un segundo aspec
to importante en la relación entre ecología y economía es el del reciclaje. Pensemos
en lo que sale de las fábricas, equivalente a lo que llega a los hogares (E ) más los
residuos (B + R). El equilibrio natural nos dice que el flujo hacia las empresas debe
ser igual al flujo de salida, o lo que es lo mismo, B + R + E = R + A ] + F. Por tan-'
to, vemos que para un nivel dado de producción E que llega a los hogares, cuanto
más se recicle (F) menos recursos A x serán necesarios. En otras palabras, con más
reciclaje o reutilización podemos reducir el flujo total de recursos que tomamos del
medio ambiente. Entendemos por reciclaje, reciclaje neto. La energía y los recursos
que se utilizan en el propio proceso de reciclaje también deben tenerse en cuenta.
La contabilidad de los distintos flujos en cada economía nos permite tener co
nocimiento de lo que ocurre y poder intervenir de forma más apropiada. Cómo se
realizan estas cuentas y cuál es su relevancia son cuestiones que se discutirán en el
Capítulo 8.
El Gráfico 1.2 también nos puede servir para discutir el concepto de desarrollo
sostenible. La definición más conocida de desarrollo sostenible es la que proporcionó
en 1987 la Comisión Mundial Sobre Medio Ambiente v Desarrollo. más conocí-
da como Comisión Brundtland al estar presidida por la Primer Ministro noruesa
Gro Harlem Brundtland. En su informe Nuestro futuro . la Comisión define el
© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 15
desarrollo sostenible como aquel que permite satisfacer las necesidades presentes sin
comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Esta
definición de desarrollo sostenible es ampliamente aceptada, quizá porque es muy
general. Sin embargo, esta definición dista mucho de ser operativa. A fin de transfor
marla en una definición que nos sea útil, debemos dar respuesta a varias preguntas
difíciles. ¿Son compatibles crecimiento económico y desarrollo sostenible? ¿Realiza
suficientes sacrificios la presente generación en su estilo de vida? ¿Cómo deberíamos
distribuir los posibles costes del desarrollo sostenible entre los habitantes de un mis
mo país o de distintos países? ¿Deberían los ciudadanos de los países menos desarro
llados renunciar al estilo de vida de los países más desarrollados? ¿Qué medios debe
ríamos utilizar para conseguir el desarrollo sostenible? En definitiva, debemos
preguntarnos, y también responder, la siguiente pregunta: ¿qué desearán las futuras
generaciones?
© ITES-Paraninfo
16 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
mentos de análisis que le sean útiles. Ciertamente, una única disciplina, la economía
ambiental en este caso, o cualquier otra, no puede proporcionar una respuesta defini
tiva a todas estas preguntas. No podemos proporcionar una respuesta objetiva a mu
chas preguntas concretas sobre estilos de vida y cuestiones de equidad o distribución
de recursos. Pero con una buena teoría y unos estudios empíricos relevantes podemos
esclarecer algunos aspectos y, en definitiva, tomar mejores decisiones.
Como hemos dicho, es difícil, si no imposible, responder con claridad a las pre
guntas anteriores sin disponer de una noción operativa y clara del concepto de desa
rrollo sostenible. Lo que podemos hacer desde la economía ambiental, incluso sin
redefinir el concepto de desarrollo sostenible, es encontrar métodos para valorar los
cambios en la calidad ambiental e investigar qué costes corresponden a distintos ob
jetivos de mejora. La economía ambiental se puede fijar también en las conexiones
entre los sistemas ecológicos y económicos. Ello requiere de una estrecha colabora
ción entre economistas y científicos, una cooperación que se ha intensificado mucho
en los últimos años. Otra tarea importante para la economía ambiental consiste en
evaluar la eficiencia de los distintos instrumentos de política ambiental. Volveremos
con cierto detalle sobre estos temas en distintos capítulos.
© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 17
renovables incluyen los bosques, las pesquerías, la ganadería, el agua. Los no renova
bles son aquellos cuyo periodo de reposición es demasiado largo, a escala humana,
como para considerarlos renovables. El petróleo constituye un buen ejemplo de re
curso no renovable, al igual que la mayoría de minerales.
Respecto a los recursos renovables, una de las preguntas fundamentales que se
hace esta disciplina es la de cuál es el ritmo de explotación óptimo de este recurso.
Pongamos por caso un banco de peces. Un resultado de claro interés para los econo
mistas de los recursos naturales sería encontrar el número de capturas que lleva al
máximo rendimiento sostenible; es decir, aquel flujo de capturas que a lo largo del
tiempo da a la sociedad el máximo beneficio. No sólo se trata de identificarlo y calcu
larlo, sino que se tratá de ver bajo qué circunstancias una sociedad conseguirá que se
explote el banco de peces a este ritmo, y que no haya sobreexplotación. Si el recurso
pesquero es de libre acceso, a lo mejor una empresa tendrá incentivos para capturar
todo el pescado que pueda, antes de que las empresas de la competencia se le adelan
ten, con lo cual el recurso renovable podría correr peligro de extinguirse. Esta cues
tión se tratará con más detalle en el Capítulo 12.
Los recursos no renovables presentan un problema similar, agravado por el hecho
de que no hay reposición como para los recursos renovables. Uno de los problemas
que conlleva su uso es que se exploten a un ritmo excesivamente rápido. La econo
mía de los recursos naturales estudia entre otras cosas cuál sería la serie de precios a
lo largo del tiempo que garantizaría el ritmo de explotación óptima del recurso. A
medida que aumenta el precio del recurso, disminuye la cantidad demandada del
mismo, con lo que el ritmo de agotamiento también disminuye. Los precios consti
tuyen un elemento de racionalización en el consumo de los recursos. Por ello, hallar
los precios idóneos en cada periodo es importante. De ello hablaremos en el Capítu
lo 11.
Los Capítulos 2 a 7 tratan fundamentalmente, aunque no en exclusiva, de econo
mía ambiental, tal como se está presentando en este capítulo introductorio, mientras
que los Capítulos 1, 9 y 10 son aplicables a las dos disciplinas. En ambos casos, tanto
en el campo de la economía ambiental como en el de los recursos naturales, cabe
introducir una nueva distinción, en función de lo que se estudie. Así, podemos inten
tar explicar, analizar o describir una cierta realidad o fenómeno económico; o bien
podemos estudiar la manera de cambiar ese escenario, o cómo una política lo cam
biaría o acercaría a la situación socialmente deseable. En economía se utilizan con
frecuencia los términos «positivo» y «normativo» para designar al primer o al segun
do tipo de análisis, respectivamente.
En efecto, podemos pensar en la labor de los economistas como en dos estadios
diferenciados. En primer lugar, los economistas solemos plantearnos un diagnóstico
de la situación. Analizamos las relaciones entre medio ambiente y actividad econó
mica. Miramos cuáles son las cantidades producidas y consumidas de un determina
do bien, y si éstas son las óptimas, o si nos pueden proporcionar mayor bienestar
todavía, aumentándolas o disminuyéndolas, teniendo en cuenta nuestras limitaciones
© ITES-Paraninfo
r
© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 19
res de extracción y uso de estos recursos. Así, exagerando un poco, nunca se extrae
ría el último litro de petróleo, dado que su coste sería prohibitivo. De la misma
forma, el incremento del flujo de residuos hacia la naturaleza y la consiguiente conta
minación harán aumentar los costes de gestión de estos residuos. Cuanto mayores
sean los costes de gestión de residuos y contaminación, mayores serán también los
incentivos para reciclar y reutilizar más. Con el crecimiento económico, la porción
de residuos finales en relación con lo producido será cada vez menor. Y ello hará,
concluye esta visión, que el crecimiento económico pueda seguir indefinidamente.
Una hipótesis clave sobre la que se sostiene el razonamiento optimista es que es posi
ble la sustitución entre recursos naturales y otros factores de producción, gracias a las
innovaciones tecnológicas. Así, hasta cierto punto, los recursos de la naturaleza se
podrían sustituir por factores de producción elaborados por las personas. En conse
cuencia, el crecimiento económico sólo estaría limitado por la propia supervivencia
de la raza humana y por la capacidad de ésta para resolver los problemas con los que
se va a encontrar. Por lo tanto, de acuerdo con esta visión, nuestra propia ingenuidad
sería el factor limitativo fundamental.
/
Gomo hemos ya señalado, y así insistiremos a lo largo del libro, las externalida
des negativas llevan, si no se corrigen, a que se produzca o consuma demasiado del,
bien o servicio cuya producción causa la externalidad. Si las emisiones de aguas con
taminantes de una fábrica no se ven sometidas a un precio, y tienen un efecto negati
vo sobre la pesca del entorno, estas emisiones se producirán en demasía desde el
punto de vista social. Así pues, si las emisiones no tienen un precio, se emitirá la
señal de que la calidad del agua no es un recurso escaso y valioso. Una tarea impor
tante consiste en diseñar una política ambiental que mande la señal correcta a los
productores y consumidores. Como veremos en los Capítulos 3 y 4, estas políticas
pueden basarse en mecanismos de precios, reformas de los derechos de propiedad,
campañas divulgativas, y otras regulaciones, además de los acuerdos voluntarios en
tre las partes. Es beneficioso para el conjunto de la sociedad que aquellos que utilicen
un recurso escaso paguen todo el coste en el que incurren. Así, se emiten las señales
adecuadas y los agentes económicos (productores y consumidores) pueden actuar en
consecuencia. •
© ITES-Paraninfo
20 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
siones de consumo procurando obtener el mayor bienestar con su elección, dadas sus *
limitaciones de renta y tiempo. De manera similar, decimos que los productores se
comportan racionalmente si al tomar sus decisiones de producción se guían por el
principio de querer obtener el máximo beneficio. Se ha escrito mucho sobre la capa
cidad de las personas de tomar decisiones racionales. Y se han obtenido resultados en
•• #
todos los sentidos. Es curioso que muchos estudios científicos sobre el comporta
miento de los animales avalen las premisas de racionalidad que utilizamos en teoría
económica. Los pájaros minimizan los costes energéticos en los que incurren en su
búsqueda de comida respecto al riesgo de encontrar o no comida en distintos sitios.
Hay estudios de laboratorio sobre ratones que muestran cómo estos animales cum
plen en su comportamiento con las hipótesis que hacemos en teoría económica. Aun
que, naturalmente, estos estudios no constituyen una prueba de que los humanos se
comporten racionalmente. En todo caso, la visión optimista —y la de la economía
ambiental— se basa en la hipótesis de que las personas se comportan racionalmente
en sus actos económicos, es decir, los consumidores maximizando su bienestar y los
productores su beneficio.
Vamos a concluir esta discusión sobre las visiones optimista y pesimista con un
ejemplo. Si la visión pesimista hubiera podido guiar las decisiones que se tomaron en
la década de los setenta del siglo xx, probablemente se hubieran adoptado medidas
para restringir el consumo de teléfonos. La razón es que las reservas de cobre conoci
das en aquel momento se hubieran agotado rápidamente debido al vertiginoso creci
miento de la demanda de ampliación de las redes telefónicas en el mundo. Ahora
podemos comprobar que las reservas de cobre no se han agotado y que el parque
telefónico ha ido creciendo espectacularmente. Ello es debido en buena parte al desa-
© ITES-Paraninfo
INTRODUCCIÓN 21
4. Explicar la diferencia entre coste privado, coste externo y coste social. Poner un
ejemplo.
© ITES-Paraninfo
22 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
7. ¿Por qué puede ser interesante estimar el valor de las externalidades ambienta
les en el mundo real?
8 . Diseñar un gráfico del flujo entre la economía y el medio ambiente que ponga
mayor énfasis en la parte de residuos y reciclaje que el que refleja el Gráfi
co 1.2.
10. Poner un ejemplo distinto al del libro que vaya a favor de la visión de los opti
mistas. ¿Cuál podría ser el ejemplo de predicción de los pesimistas con mayor
acierto hasta ahora?
© ITES-Paraninfo
de recursos con
efectos ambientales
t
2.6. Jj No convexidades
2.7. | Fallos de información
2.8. ¿Cuál es el objetivo del análisis?
Ejercicios
24 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 2.1
RECURSOS
•
Se suele denominar con el término recur- mineros, etc.), los recursos humanos (tra-
sos a los distintos componentes que con- bajo con distintos grados de calificación), o
tribuyen a la actividad económica. Por los bienes de capital como los edificios,
ejemplo, los recursos naturales (agrícolas, máquinas, etc.
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 25
Recuadro 2.2
ASIGNACIÓN ÓPTIMA DE RECURSOS
Cada persona puede dedicar mayor o me sos a una actividad si incrementándolos,
nor esfuerzo a una determinada actividad. y por tanto quitándolos de otras activida- \
Recuadro 2.3
FRONTERA DE POSIBILIDADES DE PRODUCCIÓN Y FRONTERA
DE POSIBILIDADES DE UTILIDAD
•>
© ITES-Paraninfo
26 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
y al estar no más lejos de la curva o fronte lidades de producción». Nos indica, para j
ra (entre ésta y el origen) es todavía posible cada cantidad producida de un bien, cuánto
con los recursos que tenemos. Si éstos fue podemos producir como máximo del otro
ran los dos únicos bienes, y no tuviéramos con los recursos disponibles. Otra forma de
en cuenta el factor temporal, parecería que ver cada punto de esta frontera es como la
lo razonable no es quedarse en el punto C, cantidad factible máxima de un bien a par- i
sino producir más de alguno de los bienes, tir de la cual sólo puede producirse más del
o incluso de los dos. En cambio, el punto E otro renunciando a unidades del primer i
no es asequible con nuestros limitados re bien. Las combinaciones representadas por |
cursos. La curva sobre la que se encuentran los puntos encima de la frontera son combi- j
A, D y B, se denomina «frontera de posibi- naciones eficientes de producción de bienes.
Bien 2
B i |¡
Bien 1
De manera similar, la frontera de posi- que nos puede dar cada combinación em
bilidades de utilidad entre dos bienes nos tre unidades consumidas del bien 1 y del
viene dada por la satisfacción máxima bien 2.
V—........... ............................................................................................................... J
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 27
U (PIB)
U (Calidad ambiental z)
$
que el punto B, donde sacrificamos parte del bienestar material para incrementar la
calidad ambiental. El punto C representa el caso donde la calidad ambiental es la
mayor de los tres casos que comparamos, pero al mismo tiempo nuestro bienestar
material es el más bajo.
Una de las preguntas que se hace la economía es la de cuál de los tres puntos, A,
B o C, es óptimo desde el punto de vista de la sociedad. No podemos conseguir
mayores niveles de calidad ambiental sin renunciar al bienestar material, y lo mismo
al revés. Si pudiésemos incrementar la calidad ambiental sin sacrificar nada a cam
bio, entonces la sociedad debería optar por esa solución. Sin embargo, en la medida
en que contemplemos combinaciones a lo largo de la frontera —los puntos que repre
sentan combinaciones eficientes—, mejoras en el bienestar debidas a incrementos en
el consumo de un bien se hacen necesariamente a costa de algún otro bien, con la
consiguiente reducción en su «consumo».
Elegir entre las combinaciones A, Bo C, o cualquier o
forma parte del problema de la asignación de recursos. Si elegimos no talar un deter
minado bosque para así preservarlo, estamos eligiendo utilizar este bosque de una
forma determinada. Los recursos que hubiéramos obtenido con la tala de árboles del
bosque se podrían haber utilizado para papel, muebles u otros usos para la sociedad.
Es decir, al conservar el bosque en lugar de cortarlo se incurre en un coste de oportu
nidad que consiste en renunciar a lo que se obtendría cortándolo —lo mismo que al
cortarlo se incurre en un coste de oportunidad equivalente a la renuncia de su conser
vación—. Sea como sea, debemos decidir a lo largo del tiempo cómo utilizamos los
recursos de la sociedad. Si por cualquier razón decidimos no utilizar algunos de nues
tros recursos, esta «no elección» es también en realidad una forma de elegir cómo
usar nuestros recursos. •
© ITES-Paraninfo
28 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
I
Recuadro 2.4
MERCADO PERFECTAMENTE COMPETITIVO
© ITES-Paraninfo
'
Las funciones de demanda nos indican para cada consumidor o para el conjunto de i
ellos, qué cantidad de un determinado bien se querrá y podrá consumir a medida que
varía su precio de compra. Cuando representan a un solo consumidor, se habla de
funciones de demanda individual. Cuando se refieren al conjunto de los consumido- 1
res las llamamos funciones de demanda agregada o de mercado. La función de de- :
manda de mercado se obtiene sumando, para cada posible precio, las cantidades de
mandadas de cada uno de los consumidores. En ocasiones nos referimos a esta suma
como suma horizontal. La cantidad de un bien que queramos y podamos consumir
dependerá básicamente de nuestras preferencias por éste y los demás bienes, del pre
cio relativo del bien respecto a los demás y de lo limitados que sean nuestros recur
sos. Ya hemos visto en este capítulo que al dedicar nuestros recursos a algo dejamos
de dedicarlos a otra cosa. Si adquirimos muchas unidades de un bien, no podremos
adquirir tantas de los otros. Si las unidades de un bien son relativamente muy caras,
adquirir una unidad más supondrá un mayor sacrificio de los demás bienes. Final
mente, si aumentan nuestros recursos, podremos aumentar la cantidad de consumo de
los distintos bienes.
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 31
© ITES-Paraninfo
32 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 2.5
DEMANDA
La cantidad demandada es la que los con tiempo, la altura de un punto sobre la fun
sumidores pueden y quieren consumir dado ción de demanda puede interpretarse como
un precio determinado. la cantidad máxima de dinero que, para es
La función de demanda es la que rela ta unidad del bien, los consumidores están
ciona precios con cantidades demandadas. dispuestos a pagar como máximo; es decir,
Un punto sobre la función de demanda se como la función de valores del bien.
puede leer como el número de unidades del La diferencia entre el valor y el precio
bien que, dado este precio, los consumido de adquisición se denomina excedente del
res pueden y desean consumir. Al mismo consumidor.
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 33
esta unidad (xB), obtendría por ella menos bienestar (pB) que lo que paga por ella (p),
es decir, por no dedicar el dinero p a consumir alguna unidad de otros bienes que
también le dan bienestar. Por tanto, no tendrá interés en consumir xB si el precio es p.
Tendría✓
un «excedente negativo». La última unidad que estará dispuesto a consumir
es jc. Esta será, para el consumidor, la cantidad demandada de «equilibrio».
Dado que el consumidor comprará y consumirá hasta x unidades del bien, en cada
una de las unidades anteriores obtendrá un excedente. La suma del excedente asocia
do a cada unidad consumida formará el total del excedente del consumidor. La repre
sentación gráfica de esta suma será lógicamente el área que aparece rayada en el Grá
fico 2.3.
Así como la función de demanda indicaba la cantidad óptima que el consumidor de
seaba y podía adquirir a cada posible precio de compra, la de oferta denota la canti
dad de producto que el oferente o productor querrá y podrá poner a la venta a cada
precio de venta. Si la función de oferta se refiere a un solo productor, ésta es indivi
dual, y si es la del conjunto de ellos se denomina función de oferta de mercado o
agregada. Que la función de oferta tenga una forma u otra depende básicamente de la
tecnología disponible, de la combinación de factores de producción (trabajo, capital,
capital natural) y del coste de estos factores. Es decir, depende de lo costoso que para
los productores sea producir cada unidad del bien en cuestión.
El Gráfico 2.4 muestra una función típica de oferta. No tiene por qué ser rectilí
nea. Podría ser curvilínea, pero nosotros representaremos las funciones de oferta con
líneas rectas por simplicidad. Tampoco tienen por qué tener necesariamente su ori-
© ITES-Paraninfo
?
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 35
la anterior, dado que la capacidad del horno no ha aumentado. Así, cada pan adicio
nal es relativamente más caro de producir, y para quererlo producir, la empresa exigi
ría un precio mayor. Parece lógico que la función de oferta sea, pues, creciente, con
pendiente positiva.
Al interpretar la función de oferta como el coste mínimo al que las empresas
ofrecen su producto, mientras el precio real de venta, p, es superior a dicho coste, el
oferente obtendrá beneficio de la decisión de producir y vender dicha unidad. Eso es
lo que refleja el punto A del Gráfico 2.5. El precio mínimo de venta para la unidad
es de pA, mientras que la unidad se venderá al precio p. Este precio p será el ingreso
asociado a esta unidad, y restándole el coste pA le queda al productor un beneficio
neto asociado a la decisión de producir y vender la unidad xA. Este beneficio es el
excedente del productor para esta unidad. De nuevo, en el punto B no se da un benefi
cio sino una pérdida, dado que el coste es mayor que el ingreso. Por lo tanto, la unidad
xB lleva asociada un excedente negativo para el productor. Por esa razón el oferente no
tendrá incentivos en poner a la venta tantas unidades de X. Ésta es la justificación de la
primera forma de interpretar la función de oferta descrita más arriba.
Volviendo al excedente del productor, el oferente deseará producir unidades has
ta que el coste pase a estar por encima del ingreso (precio) y por lo tanto dejen de
darle beneficios (excedente). La última unidad antes de empezar a tener alguna pér
dida es x en el Gráfico 2.5, y es la unidad en la que la función de oferta y la ho
rizontal del precio coinciden. De esta forma, x puede verse como el punto de «equili
brio» para el productor, dado el precio p. Si efectivamente la producción es de x
unidades, entonces los oferentes habrán obtenido un excedente igual al área que apa
rece rayada en el Gráfico 2.5. Producir hasta x es la mejor decisión que pueden tomar
los oferentes.
© ITES-Paraninfo
36 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 2.6
OFERTA
© ITES-Paraninfo
I
Gracias a la teoría económica, y tal como hemos resumido hace un momento, sabe
mos que, bajo ciertas condiciones, los mercados perfectamente competitivos llevan a
situaciones óptimas o eficientes. A menudo calificamos estas situaciones con el tér
mino Pareto óptimo o Pareto eficiente, que es una forma quizás más técnica de refe
rirse a que la economía de mercado competitiva es eficiente. Una situación se llama
Pareto óptima cuando nadie, ningún oferente o demandante en este caso, puede me
jorar sil situación (su excedente) sin que la de alguien empeore.
Dos de las propiedades de un mercado perfectamente competitivo se pueden re
sumir con los llamados primer y segundo teorema del bienestar. El primer teorema
del bienestar nos dice que cualquier equilibrio de mercado es Pareto eficiente. Esto
significa que no hay ningún intercambio posible de bienes que permita aumentar el
bienestar de alguien sin empeorar el bienestar de otra persona. Así, si dejamos que
los mercados perfectamente competitivos actúen libremente, el sistema de precios en
sí mismo garantizará un uso Pareto óptimo de los recursos de la economía. Este es un
resultado teórico que es cierto solamente bajo condiciones que no se dan necesaria
mente en la realidad. Lo más probable es que nunca veamos una economía que cum
pla con todos los ideales del mercado perfectamente competitivo. Buena parte del
resto de este capítulo se dedica a analizar casos donde el ideal teórico de los merca
dos perfectamente competitivos no se cumple.
El segundo teorema del bienestar es en cierto sentido el reverso del primer teore-.
ma. Podemos expresarlo de la siguiente forma: a toda situación Pareto óptima se pue
de llegar repartiendo la renta de distinta forma y dejando entonces al libre mercado
competitivo llegar a la cantidad de equilibrio. Esta nueva cantidad será la cantidad
Pareto óptima; es decir, corresponde a un determinado equilibrio de mercado. Ello
significa que si deseamos pasar de una situación Pareto óptima a otra, podemos lle
gar a esa otra situación mediante transferencias de renta. Intuitivamente, nos dice que
deberíamos dejar que el mercado actuara libremente, pero entonces deberíamos utili
zar algún sistema para redistribuir la renta o ingreso entre la sociedad, de forma que
alcancemos sin mayor intervención, dejando actuar al mercado competitivo, la nueva
situación Pareto óptima. El segundo teorema sugiere todavía una cosa más: que se
puede desligar la parte de eficiencia de la de equidad (de la parte de la distribución
de la renta en la sociedad). Por tanto, si deseamos realizar una política orientada a la
equidad, la forma de hacerla, nos sugiere este segundo teorema, no es vía precios
© ITES-Paraninfo
38 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES 1
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 39
4? Externalidades
En el capítulo anterior introdujimos la noción de externalidad. Es una noción impor
tante para el análisis económico, dado que cuando se generan externalidades el mer
cado ya no lleva a una asignación óptima (la cantidad de equilibrio de mercado no es
la socialmente eficiente). Ni la producción ni el consumo deberían generar efectos
externos que no se reflejen totalmente en los precios del mercado. Cualquier cambio
en el uso de recursos que el mercado captura completamente no constituye una exter
nalidad en el sentido en el que aquí lo utilizamos. Si compro una barra de pan más y
con ello impido que otra persona la adquiera, no estaré generando propiamente una
externalidad sobre el otro potencial comprador, aunque le afecte, dado que ya pago
todo el precio por dicha barra de pan. Si la única empresa de un sector en una peque
ña localidad quiebra, eso puede en sí mismo generar muchos efectos negativos adi
cionales, sobre todo a los hogares de los empleados en esta empresa. El hecho de que
los consumidores del producto de esta empresa no deseen hacer los sacrificios nece
sarios (o sea, pagar un precio lo suficientemente alto por su producto que permita a la
empresa seguir obteniendo beneficios) le indica al productor que los recursos inmo
vilizados en la empresa tendrían mayor valor invertidos en alguna otra actividad eco
nómica. Por tanto, si cae el mercado de bienes producidos por una empresa, ello no
genera en sí mismo un efecto externo.
Como vimos en el capítulo anterior, las externalidades pueden ser positivas o ne
gativas. Así, la producción de papel puede causar efectos externos negativos sobre
los pescadores con sus emisiones de contaminantes al agua. Por otro lado, los jardi
nes privados bien cuidados causan un efecto externo positivo sobre los habitantes del
barrio. La agricultura, por ejemplo, puede causar externalidades tanto positivas como
negativas. Por ejemplo, la mejora de bienestar debida a paisajes atractivos y la pérdi
da de utilidad por contaminación de suelos debido a un uso excesivo de productos
químicos.
Los paisajes suelen quedar «al margen» del mercado. Como consumidores de
productos agrícolas, al comprar estos productos compensamos a los agricultores por
los costes en los que incurren en la producción, pero no está incluida en el precio una
compensación expresa por producir un tipo u otro de paisaje. Generen un tipo de
paisaje u otro, el precio de las verduras no varía. De la misma forma, casi nunca
© ITES-Paraninfo
40 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
encontramos agricultores que tengan que pagar por los daños ambientales que a ve
ces ocasionan.
Las externalidades las podemos representar gráficamente. Si las representamos
en términos marginales, viendo el daño o beneficio que cada unidad en particular
produce a los externos, dibujaremos una función de costes o beneficios marginales
externos. Centrémonos en los costes externos por el momento. Si cada unidad que se
produce o consume de un bien genera cada vez una pérdida de bienestar de un euro,
por ejemplo, al conjunto de externos de la sociedad, entonces su representación en
nuestros gráficos habituales será una línea recta horizontal de altura un euro. Si por el
contrario cada unidad en sí misma añade una pérdida de bienestar menor que la uni-
m
dad anterior, dibujaremos una función de costes marginales externos decreciente, con
pendiente negativa. Finalmente, si los costes externos de cada unidad son un poco
mayores que los de la unidad anterior, entonces la representación gráfica será una
curva creciente, de pendiente positiva. En el Gráfico 2.7 se muestra una función de
costes marginales externos de este último tipo. Las tres representaciones son po
sibles, e incluso la combinación entre ellas. En este libro, por claridad expositiva
supondremos prácticamente siempre que se trata de funciones de coste marginal cre
ciente, rectilíneas y que pasan por el origen de los ejes de coordenadas. El lector
puede reproducir los gráficos variando a su gusto estas tres características. Lo mismo
sucede para los beneficios marginales externos. Pueden tomar cualquier forma. Por
simplicidad, nosotros supondremos casi siempre que tienen la misma forma que los
costes marginales externos, con lo que sólo deberemos cambiarles la etiqueta para
pasar de externalidades negativas a positivas.
Con la presencia de externalidades, la sociedad relevante se compone no sólo de
productores y consumidores, sino también de «externos». Por lo tanto, para el con-
© ITES-Paraninfo
»
junto de la sociedad el coste de cada unidad será la suma del coste de esta unidad
para los privados (el coste de producir esa unidad) más el coste de esta misma unidad
para los externos. Eso es lo que refleja la función de costes sociales del Gráfico 2.7.
La función de costes marginales sociales (CMgS) es la suma «vertical» de la de cos
tes marginales privados u oferta ( gC)y la de costes marginale
M
Por su parte, los beneficios sociales son los de los consumidores —dado que no hay
externalidades positivas—, representados por la función de demanda (D).
Aplicando el principio de igualar costes marginales sociales a beneficios margi
nales sociales para hallar la cantidad socialmente óptima del bien en cuestión, vemos
que el óptimo social (x**) está situado a la izquierda del punto de la cantidad de
equilibrio de mercado competitivo (x*). Es decir, el mercado, por sí mismo, lleva a
producir y consumir demasiada cantidad del bien, dado que lo socialmente eficiente
sería que se produjera y consumiera menos.
Examinemos un poco más la identificación de la cantidad socialmente óptima (el
óptimo social, x**). Vamos a ver de dos formas distintas cómo, efectivamente, x**
$
representa en los Gráficos 2.7 y 2.8 la cantidad más deseable. Si tomamos como refe
rencia una cantidad mayor, como x', y ésta fuese la última unidad producida, dicha
unidad reportaría un coste a los externos (altura á en el Gráfico 2.8) que es mayor
que el excedente para los consumidores y productores (altura b'), que es la diferencia
entre el coste de esta unidad y la máxima disposición a pagar por ella. Lo mismo es
cierto para cualquier unidad a la derecha de x**. Además, a la derecha de x* cada
unidad representa una pérdida de bienestar tanto para los externos como para los pri
vados, dado que el coste de producción es mayor que la disposición a pagar. Cuanto
•i
© ITES-Paraninfo
42 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
La segunda forma de ver que x** representa el óptimo social para este bien X es
mediante las áreas que denotan los excedentes. El área nel Gráfi
co 2.9 representa el excedente de los privados asociado a producir la cantidad de
equilibrio de mercado x*. En concreto, A + C corresponde al excedente del consumi
dor y B+ Da
l del productor. Por su lado, los externos experimentan u
bienestar igual a E+ F.¿Es la situación mejo
moslo. De ser así, los privados perderían C + D, porque las unidades entre x** y x*
no se producirían ni consumirían. Por su lado, los externos ganarían F, por la misma
razón. Y como F es mayor que C+
Ahora el bienestar social sería A + B — E en lugar de A + B + C + D — E — F. Fi
jémonos finalmente en que de ser x! la última unidad en lugar de x**, nos quedaría
todavía una parte del área de pérdida de bienestar por parte de los externos (entre la
función de costes marginales externos, el eje horizontal y las verticales en x** y x')
que sería mayor que la correspondiente para los privados (consumidores y producto-
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 43
res), por lo que disminuyendo x' podría mejorarse todavía el bienestar social. Se deja
para el lector el razonamiento equivalente con x".
Lo que sucede con externalidades negativas, sucede de forma análoga con exter-
nalidades positivas, sólo que x** se ubicará a la derecha de x* en lugar de a la iz
quierda. En otras palabras, cuando se producen beneficios externos al consumir o
producir un bien, de éste se produce y consume demasiado poco si se deja [Link]ón
en manos de cada uno de los consumidores y productores, o sea en manos del merca
do. Para verlo, basta con sustituir la etiqueta «coste marginal externo» por «beneficio
marginal externo» en el Gráfico 2.7. El lector puede comprobar que el coste marginal
social se ubica por debajo de la función de oferta en lugar de por arriba, y que ahora
costes y beneficios marginales sociales se cortan (igualan) en una unidad de producto
a la derecha de x*. Se deja también para el lector la comprobación de que esta unidad
es efectivamente el óptimo social reproduciendo los Gráficos 2.7, 2.8 y 2.9 con las
modificaciones correspondientes.
El resultado hallado nos dice hasta dónde, en presencia de externalidades —y el
consumo o producción de multitud de bienes genera externalidades—, el mercado
debería corregirse. Por ejemplo, para los bienes que con la tecnología actual no se
pueden consumir o producir sin externalidades ambientales negativas, no sería so
cialmente deseable que se eliminara por completo la externalidad, cosa que acontece
ría si no se produjera ni se disfrutara de ninguna unidad del bien. Si no es deseable
renunciar por completo a muchos bienes, entonces ¿hasta dónde debemos renunciar?
La economía nos da un criterio basado en el bienestar de la sociedad: hasta donde el
bienestar social sea máximo, es decir, hasta t ** en nuestros gráficos.
Una vez visto que el mercado falla en la virtud de generar el óptimo social cuan
do hay presencia de externalidades e identificada la cantidad que debería producir y
consumir, nos podemos preguntar por la forma de corregir este tipo de fallos. A ello
dedicaremos los siguientes dos capítulos. Sin embargo, antes de pasar a explicar la
política económica ambiental de corrección de externalidades ambientales, vamos a
ver otras posibles causas de fallos de mercado.
i
Bienes públicos
Existe otra posible causa de fallo del mercado, que surge cuando los bienes son pú
blicos. En este contexto, los llamados bienes públicos o colectivos no son los provis
tos por el sector público, así como los bienes privados no son tampoco los provistos
desde el sector privado necesariamente. En el contexto de esta parte de la economía,
los bienes públicos son simplemente los que cumplen las siguientes dos condiciones,
los provea quien los provea.
1. Una vez provistos no se puede excluir a nadie de su consumo.
2. El consumo del bien por parte de un individuo no disminuye la capacidad de
otras personas para consumir el mismo bien.
© ITES-Paraninfo
44 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
f
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 45
Recuadro 2.7
DERECHOS DE PROPIEDAD
Los derechos de propiedad designan quién pietario legal posee los derechos de propie
tiene de facto el derecho de uso del bien. dad efectivos sobre la madera de los árbo
A menudo, derecho de propiedad y propie les, en tanto en cuanto está protegida su ta
dad legal coinciden, pero no tiene por qué la por parte de terceras personas, pero no
ser siempre así. Por ejemplo, cuando com tiene los derechos de propiedad sobre los
pramos una barra de pan, adquirimos los paseos recreativos por el bosque. En este
derechos de propiedad del mismo así como último caso se considera que los derechos
la propiedad legal. En muchos países los de propiedad no están claramente asigna
bosques pueden ser de propiedad privada, dos o bien definidos. Retomaremos el con
pero el propietario no puede impedir que cepto de derechos de propiedad al tratar los
las personas paseen por su bosque. El pro- llamados bienes comunales.
< --------- r ---------------------------- --- -------------- - W W W I M — r*~~-mrriri — tmmmm [Link]^—[Link],mni.n~rirrunf unmor
lj
© ITES-Paraninfo
46 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
•l
i 'i*
i
Recuadro 2.8
BIENES PÚBLICOS LOCALES
Algunos bienes se comportan como públi- por la actividad económica afecte a todo el
eos sólo para determinadas personas o en planeta, pero un determinado paisaje fores-
determinadas áreas. Son los llamados bie- tal sólo afecta a los que lo contemplan, que
nes públicos locales, en contraposición a son las personas que pasan por el lugar. Un
los bienes públicos puros. Por ejemplo, determinado paisaje forestal sería un bien
puede que el cambio climático provocado público local.
En economía tenemos un abanico casi continuo de bienes que van del privado
puro al público puro (Cuadro 2.1). Si variamos el grado de exclusión y rivalidad, po
dremos pasar del bien público al bien privado con matices intermedios. Los canales
; v ©S - ; -
'^ • Alimentos • Pesca
• Vestidos • Carreteras
Rival 1 ^ ^
• Autopistas de peaje congestionadas
P-
m :
' ■ ■■
:
/V
¡ - ■■ '■
-j
■.
j é
congestionadas
t- -
j
. ;
j
a • Televisión codificada
•
• Defensa
Je; ■ '' ’ V ■ ■■■';: V >v ' J , N
No rival
• Red eléctrica • Calidad del aire
©
1:©
- ; ' . . ' ; • ■ • Autopistas de peaje
-4
3
• Carreteras no
j - : - . \ '' j ©
no congestionadas congestionadas
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 47
I
Recuadro 2.9
¿BIENES PÚBLICOS O DE PROVISIÓN PÚBLICA?
Nótese que los bienes públicos, tal y como Los autobuses urbanos forman parte del
los hemos definido, no tienen por qué estar llamado transporte público, pero son en
provistos por el sector público. El paisaje que realidad bienes no rivales y de cuyo uso se
forma un conjunto de bosques de propiedad puede excluir. Cuando se congestionan, en
privada constituye un bien público. Algunos hora punta, dejan de ser no rivales y pasan
autores, para evitar la confusión, llaman bie- a ser bienes privados a pesar de que puedan
nes públicos a los bienes provistos por el sec- estar provistos por el sector público. Las
tor público, y bienes colectivos a los que calles por las que circula el transporte pú-
aquí, siguiendo a la mayoría de autores, blico sí pueden considerarse bienes públi-
nos hemos referido como bienes públicos. eos (locales), en ausencia de congestión.
MKCCM
No es nada fácil definir los derechos de propiedad sobre algunos recursos, como la
atmósfera, los océanos, etc. En este caso podemos esperar que una economía descen
tralizada, de mercado, lleve a consumir más cantidad de recursos de este tipo de la
que sería socialmente deseable. La experiencia nos dice que la sobreexplotación de
los bancos de peces en los océanos tiene su origen en la mala definición de los dere^
chos de propiedad. Cada pescador tiene individualmente incentivos para pescar todo
lo que pueda mientras obtenga beneficio, sin preocuparse de si es mejor no agotar el
recurso para poder seguir pescando en el futuro. Si él no realiza la pesca, nada le
1
garantiza que no la haga otro pescador.
1
Otro ejemplo interesante es el de la extracción de petróleo. Supongamos que dos
empresas extraen petróleo del subsuelo. Es posible que ambas estén sacando petróleo
de la misma bolsa aunque se encuentren en dos lugares geográficamente separados.
Así, las posibilidades de producción de una empresa dependerán de la cantidad que
* la otra extraiga. Si los derechos de propiedad solamente están definidos sobre la su
perficie de terreno, va a ser muy difícil que se sepa quién controla el petróleo del
subsuelo; los derechos deberían definirse sobre el subsuelo, lo que no siempre es téc
nicamente fácil.
© ITES-Paraninfo
48 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES t
Recuadro 2.10
INTERNET
Para buena parte de los ciudadanos Internet tores de recursos informáticos han optado I
I
se comporta como un bien no rival pero ex- por solucionar el problema de la utilización
cluible, dado que debemos pagar a una em en exceso de los espacios de los senadores
presa proveedora para tener acceso. Sin mediante la reasignación de derechos de
embargo, para la comunidad universitaria u propiedad. Habitualmente se limita la cuota
otras, Internet puede considerarse un bien de disco duro que cada usuario puede utili
no rival y no excluible; es decir, se com zar. Los gestores de servidores comerciales i %
porta como un bien público. También los cobran por la cantidad de espacio que se uti i
servidores de correo electrónico, o de pági liza. La solución adoptada es «privatizar» el I
nas web, son servidores de uso no exclui espacio de disco duro de los servidores.
ble para muchas comunidades universitarias Esta solución recuerda a la que se adop
y no rivales en ausencia de congestión. Al tó en Inglaterra en el siglo xvn con el mo
ser no excluible, los usuarios carecen de in vimiento de los cercados de las tierras co
centivos para ocupar menos espacio del ser munales. Ahí también se optó por reasignar
vidor con sus mensajes electrónicos o sus los derechos de propiedad, que pasaron del
páginas web. Rápidamente pueden conges común o conjunto de vecinos de la locali
tionarse, devenir rivales y comportarse, por dad, a los vecinos individualmente consi
tanto, como bienes comunales. Muchos ges derados, cada uno con su propia parcela.
Tenemos muchos otros ejemplos de bienes comunales que, sin embargo, se ex
plotan de forma algo menos dramática a la anunciada por Hardin. En general, parece
que el caso de la tragedia de los bienes comunales sería más aplicable a recursos
disponibles en grandes áreas geográficas, como los océanos y la atmósfera, o en cuya
explotación intervienen muchos agentes económicos. El problema puede ser mucho
menor para recursos locales. En la teoría económica moderna se ha discutido mucho
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 49
sobre la importancia de las normas y en cómo evolucionan a lo largo del tiempo. Por
ejemplo, podemos encontrar recursos comunales en pueblos indígenas que no se so
breexplotan, lo que se puede deber al desarrollo de normas comunes. En España se
da un caso tradicional de gestión de recurso comunal sin sobreexplotación. Es el del
Tribunal de las aguas de Valencia, que gestiona el regadío en parte de esta región
mediterránea, de forma que los regantes de río arriba no hipotecan el regadío de las
tierras situadas río abajo. En el Capítulo 9 trataremos este problema desde la perspec
tiva de la teoría de juegos y veremos las posibilidades de llegar a acuerdos ambienta
les a nivel internacional.
No convexidades
Otro problema que puede acontecer en los mercados competitivos es el de la presen
cia de no convexidades. Pensemos en el problema antes mencionado que puede darse
entre los de aguas arriba y aguas abajo. Una sociedad (A) situada aguas arriba genera
emisiones contaminantes que afectan a otra sociedad ( situada aguas abajo. Así, el
bienestar de la gente en B dependerá, en parte, de la actitud de la población en A. A
mayores emisiones en A, mayores serán los problemas ambientales en B. Suponga
mos que los habitantes de B emigran si la contaminación que sufren es demasiado
alta. Ello supone un límite inferior al bienestar en B, dado que por debajo de este lí
mite la gente se trasladará de ciudad, o bien dejará de consumir el agua contaminada.
© ITES-Paraninfo
50 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
En el Gráfico 2.11 se muestra cómo el bienestar afectado por los daños ambientales
depende de las emisiones de la sociedad A.
La hipótesis que hemos realizado y descrito supone que la curva de daños am
bientales acumulados no puede ser convexa para todos los puntos del eje horizontal.
Los daños en B se incrementan cuando las emisiones en A aumentan, pero se llega a
un punto en el que las emisiones en A son tan grandes que no se van a concretar en ^j
pérdida de bienestar en la gente habraB,tenido quetoda
dado que emigrar, bl coste
marginal se hará cero por encima de un determinado nivel de emisiones. Este sería,.
un ejemplo de lo que en economía se llama convexidad.
Recuadro 2.11
NO CONVEXIDAD
La no convexidad se refiere a la zona raya- ver en el gráfico que parte del segmento
da del Gráfico 2.12 de este recuadro. que une los puntos 1 y 2 está por encima de
La definición de función convexa impli- la función, y parte por abajo (tramo corres-
ca que al dibujar una recta entre dos puntos pondiente a la zona rayada), de donde de-
cualesquiera, 1 y 2, de la función se cum- ducimos que la función representada no es
pie que todos los puntos de la línea recta convexa en todos sus tramos,
estén por encima de la función. Podemos
¿Por qué puede ser relevante el que la función sea o no convexa? Para entenderlo 1
más fácilmente, podemos relacionarlo con el ejemplo de la empresa fabricante de
papel (o comunidad A) y los pescadores (comunidad By aguas abajo), y considerar lo
que sucedería si las funciones de beneficios y costes marginales fueran no convexas,
tal como se ilustra en el Gráfico 2.11. Denotamos con D la función de demanda o
valores marginales privados de la población en A, y por CMgP los costes marginales
de producir en A. La cantidad de emisiones de equilibrio para A es c* unidades. En
cambio, la curva de los costes marginales provocados en , que denotamos con
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIÉNTALES 51
CMg(B), tendrá ahora distinta forma de la que tenía el coste marginal externo en grá
ficos anteriores. Cuando las emisiones llegan al punto en el que toda la gente de B
emigra, punto b, entonces el coste marginal externo de un incremento de las emisio
nes en A pasa a ser cero. El coste conjunto para o coste marginal social, se
denota con CMgS.
En general será razonable asumir que marginalmente los costes ambientales en
un determinado sistema ecológico son crecientes, pero que a partir de cierto punto
empiezan a descender. El motivo puede ser que el sistema esté tan dañado que un
incremento marginal de las emisiones comporte unos daños marginales inferiores. En
el Gráfico 2.11 vemos que CMgS y D se igualan en más de una ocasión; parece haber
más de un nivel óptimo de emisiones, uno para la cantidad a, y otro en z*.
Si mantenemos la regla de que D = CMgS define la condición de asignación óp
tima, deberemos encontrar alguna forma para discriminar cuál será la situación ópti
ma cuando la condición se cumpla en más de una ocasión. Una manera de hacerlo es
calculando los beneficios y costes totales para cada posible cantidad óptima. Así, po
demos calcular los excedentes, y comprobar cuándo el excedente total es mayor. El
lector podrá comprobar por sí mismo que el punto a en el Gráfico 2.11 es el óptimo
global, en línea con los análisis presentados antes en este capítulo. El problema es
que el valor de las emisiones vuelve a ser positivo para niveles de emisión mayores
que b y menores que z*. El motivo es que si incrementamos las emisiones por encima
de b no se producirán daños adicionales sobre la sociedad B, dado que ya no quedará
nadie aguas abajo de acuerdo con nuestro ejemplo. Por lo tanto, si permitimos que el
nivel de emisiones llegue a z* el valor social se incrementará por el valor del área Y.
Pero vemos que el área X, que representa pérdidas netas para el conjunto de es
mayor que Y, lo que significa que la cantidad a es la socialmente preferida en este
caso. Si el nivel óptimo de emisiones se decide mediante una negociación voluntaria
entre A y B,la presencia de no convexidades no debería ser un problema si la función
de costes es conocida. Se podría encontrar el nivel de emisiones socialmente óptimo
en A si se siguiera el procedimiento descrito más arriba.
Sin embargo, cuando sólo tenemos un conocimiento limitado o «local» de la fun
ción de daños, las no convexidades causan problemas. Para ilustrar esta situación,
podemos cubrir la parte izquierda del Gráfico 2.11 ocultando hasta el punto b inclui
do. Con la información visible, creeríamos que lo socialmente óptimo es producir
hasta z*, y no nos propondríamos ninguna corrección. Sin embargo, al descubrir la
parte izquierda, y adquirir una información más global, podemos comprobar que sí
debería corregirse la situación hasta reducir la actividad de A al punto a. El lector
puede reproducir el análisis gráfico con un caso menos extremo, donde en lugar de
desaparecer súbitamente la externalidad sobre B, simplemente disminuye lo suficien
te como para que existan 3 puntos donde se cumple la igualdad entre demanda y
coste marginal social.
Probablemente, la presencia de no convexidades es bastante común cuando trata
mos con externalidades. Las no convexidades afectan a la eficiencia de los instru-
* *W . 9
ITES-Paraninfo
52 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Fallos de información
Acabamos de señalar algunos problemas que proceden de la falta de información
perfecta sobre los sistemas económicos y ecológicos. Otros tipos de fallos en la infor
mación han recibido mucha atención de la teoría económica en los últimos años. Uno
de los problemas es el denominado problema del moral y otro el llamado pro
blema de la selección adversa. Un ejemplo de daño moral típico se puede encontrar,
en los mercados de seguros. Si el dueño de un coche compra un seguro antirrobo, sus
incentivos para cuidar la seguridad del coche son bastante distintos una vez ha firma
do el acuerdo. Una vez ya ha firmado el contrato no le es tan costoso al propietario
del coche que se lo roben y se puede volver más descuidado. Naturalmente, la com
pañía se seguros desearía que el propietario tuviese el mismo cuidado que sin seguro.
No obstante, ya que el seguro disminuye necesariamente el coste del robo para el
propietario, los incentivos de ser precavido para disminuir riesgos disminuyen tras la
firma del contrato.
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 53
✓
Estos son ejemplos cotidianos, y podríamos encontrar bastantes más. Pero, ¿por
qué nos interesan estos problemas al discutir la asignación óptima de los recursos
ambientales? Pongamos algunos ejemplos.
¿Tienen incentivos las empresas para contaminar más de lo que está permitido?
Pueden ahorrar en costes de descontaminación o prevención, pero entonces se arries
gan a ser pillados y tener que pagar las consecuencias. Por tanto, podemos pensar en
las empresas contaminantes como productores que sopesan el riesgo de ser descu
biertos. Si las empresas creen que el riesgo de ser descubiertas es pequeño, entonces
hay un mayor incentivo a contaminar más de lo que está permitido. Si las empresas
pueden comprar un seguro que las cubra de las multas que pudiesen tener al exceder
los límites permitidos de emisiones, entonces estaríamos en una situación de daño
moral tal como hemos descrito más arriba. Ciertamente, puede ser difícil imaginar
se exactamente cómo este mercado de seguros podría funcionar en determinados
países.
Respecto a la selección adversa, podemos pensar en una empresa que trate de
diferenciar sus productos presentándolos como ambientalmente mejores. Suponga
mos que es más caro producir productos ecológicos. Puede que sea más barato para
el productor, aunque más caro para la sociedad, producir papel que utiliza materia
prima procedente de los bosques cuya tala constituye un daño ambiental muy sentido
en la población, si la alternativa es obtener el papel de bosques gestionados con crite
rios ambientales que encarecen el precio de la madera. Los productores querrán pro
veer productos «verdes» en el mercado siempre que los consumidores estén dispues
tos a pagar el coste extra. De ser así, los consumidores deben poder calibrar la
calidad ambiental del producto de forma similar a la del ejemplo de los coches de
segunda mano. Si se hace difícil calibrar la calidad ambiental del producto, el consu
midor solamente estará dispuesto a pagar el precio medio. No tiene mucho sentido
pagar más si no somos capaces de percibir las diferencias entre distintos productos.
En este caso, los productos de menos calidad se venderán antes que los de mayor
calidad (los «ecológicos»). Las llamadas «certificaciones verdes» pueden considerar
se, en parte, como una forma de abordar este problema.
© ITES-Paraninfo-
54 M A N U A L DE E C O N O M ÍA A M B IE N TA L Y DE LOS RECURSOS N A TU R A LES
. I
tan igualitaria queremos que sea la sociedad es algo que discutiremos dentro del con
texto ambiental en el Capítulo 7.
En términos de eficiencia, la regla general es que el coste social y el beneficio
social marginales se igualen. Ello nos determinará la última unidad que es deseable
producir y consumir. Significa que deberíamos ver si para la última unidad producida
y consumida el coste y el beneficio asociados a esta unidad son iguales. Algunos
costes y beneficios ambientales pueden ser algo difíciles de medir. Por ejemplo, be
neficios como la mejora de las posibilidades recreativas de un espacio natural, mejo
ras en la salud, o en la vida de las piedras de edificios emblemáticos, por ejemplo.
Cómo medir esos beneficios, cómo medir en unidades monetarias la disminución de
bienestar causada por externalidades negativas o el aumento derivado de beneficios
externos, o por la provisión de bienes públicos, es lo que veremos con cierto detalle
en los Capítulos 5 y 6.
>>>' 'V-
\ '■
W '***x
í VA
V
'•
■
vv
■■■■■ x;' '
: v
■
.
' -V, v'
x:
... >....
. X
^ K
-x V
' • ■
V
:'\x :•'*
i •.. '■■.. '
S \ - •• ...•■ .
■
V;.. .
,
x ::: .•■x
,v
.
•
;.;yv
.
'v.
v / ' \ ^ .. : .í
;v ; ■ V
-xo.
-í-v
•
• :■
:’n - á-
.. V
■ -X
.v. ,.
i ■
•••
>5? i
■
•./
••
■■ !
•. ’ : ■
•: . ■
Ejercicios
1. Reproducir el Gráfico 2.7 con una externalidad positiva.
© ITES-Paraninfo
LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS CON EFECTOS AMBIENTALES 55
c) No excluible y rival.
d) No excluible y no rival.
© ITES-Paraninfo
CAPÍTULO
* S ^. *
Política
económica
ambiental (I).
/
/
7
58 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
En el capítulo anterior examinábamos bajo qué condiciones los mercados por sí mis
mos llevaban al óptimo social. Es decir, cuando las decisiones de los ciudadanos,
productores o consumidores, dejados a su propia iniciativa, de forma descentralizada,
sin coordinación general, hacían que se tendiera a producir y consumir las cantidades
de cada producto que nos generaban el mayor bienestar (excedente) al conjunto de la
sociedad. Vimos también que a veces los mercados fallan en su virtud de generar las ém i
de dichas prohibiciones.
i
Impuestos y subvenciones
Los impuestos y las subvenciones actúan de forma bastante similar, sólo que con sig- ®
no contrario. De hecho, las subvenciones se definen a veces como impuestos negati- l
vos. Nos centraremos básicamente en el análisis de los impuestos, pero el lector lo
puede extender en todo momento al caso de las subvenciones.
Existen varios tipos de impuestos. Algunos se aplican sobre la renta o ingresos de
las personas. Otros gravan el simple hecho de poder realizar una actividad económi
ca. Hay impuestos sobre la propiedad inmobiliaria o incluso sobre el patrimonio de
las personas. Se grava la importación de productos. Tenemos impuestos sobre las
compras que realizamos, como el impuesto sobre el valor añadido o IVA, o como los ?
impuestos especiales sobre carburantes, o sobre bienes de lujo. Las empresas pueden
soportar impuestos por emisiones contaminantes. A veces se distingue según su fina
lidad entre impuestos recaudatorios e impuestos correctores de fallos del mercado.
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 59
*
Recuadro 3.1
i IMPUESTOS
i Dado que para cada unidad producida del bien X el productor debe pagar la misma
*
cantidad de dinero, la forma de la función T será rectilínea de pendiente cero (hori
zontal) y altura t. La función original de oferta o de costes marginales privados,
i
O = CMgP, se verá afectada por dicho impuesto. Ahora, para cada unidad, el coste
para el productor será igual al coste original más el impuesto. Así, si para la unidad
© ITES-Paraninfo
60 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
x', el coste sin impuesto de producirla fuese c , ahora sería de c + t. El mismo razo
namiento se aplica a cualquier otra unidad del bien X ( ", etc.) con lo que se obtiene
una nueva función de oferta (con impuesto) igual a la original más el valor del im
puesto para cada unidad, O + T = CMgP + T. A menudo se dice que un impuesto
sobre la producción desdobla la curva de oferta.
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 61
© ITES-Paraninfo
62 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
día antes del impuesto a excedente de los consumidores, pero tras el impuesto forma
parte de los ingresos del Estado. Se puede interpretar como la contribución en térmi
nos de bienestar de los consumidores al ingreso estatal. En cuanto a los productores,
el área E se pierde por los motivos ya expuestos para el área C. El área D equivale a
la contribución de los productores al ingreso del Estado, y el área F es lo que final
mente les queda a los productores como excedente (la suma de las diferencias entre
precio de venta y coste).
De este sencillo análisis de excedentes extraemos una nueva conclusión. Si el
mercado no tuviera ningún fallo, es decir, x* fuera la cantidad óptima de producción
y consumo del bien x,producir menos (x,) no sería óptimo, y por tan
implicaría menos bienestar para el conjunto de la sociedad. ¿Cuánto menor sería el
bienestar social? El equivalente a C + E, dado que las áreas A y F se mantienen co-
Recuadro 3.2
INGRESOS POR IMPUESTOS UNITARIOS Y PÉRDIDA IRRECUPERABLE
DE EFICIENCIA
No siempre un mayor impuesto le supone al ingreso menor. Este caso es el que ilustra el
Estado una mayor recaudación. Un impues- siguiente gráfico. Con un impuesto menor,
to comporta una menor producción y un t, se consigue una recaudación (área som-
menor consumo. Cuanto mayor sea el im- breada) mayor que con un impuesto más al-
puesto, menor será la cantidad producida y to, t' (área punteada). El impuesto T no sólo
consumida. Así, aunque el Estado recaude comporta menos recaudación fiscal, sino
más dinero por unidad, al disminuir el nú- también menos bienestar social, al ser mayor
mero de unidades puede encontrarse con un la pérdida irrecuperable de eficiencia.
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DÉ PRECIOS 63
© ITES-Paraninfo
64 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
dores. Ello es lógico dado que a las nuevas curvas CMgP + T y D — T les separa la
misma distancia t respecto a CMgP y D, y por tanto coincidirán en xr
Es más, la pérdida irrecuperable de eficiencia y el reparto de cargas entre produc
tores y consumidores es la misma en ambos casos, recaiga originalmente el impuesto
unitario sobre productores o sobre consumidores, sobre las empresas o sobre los ho
gares. Veámoslo en el Gráfico 3.4. Como en el 3.2, las áreas A + B + C representan
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 65
el excedente del consumidor antes del impuesto y D + E + F las del productor. Tras
esto, C y Es
e pierden (la pérdida irreversible de bienestar), y y son las
transferencias que consumidores y productores hacen respectivamente al Estado. Los
consumidores se quedan con el excedente equivalente a A y los productores con F.
Superponiendo los Gráficos 3.2 y 3.4 se comprueba que en efecto las pérdidas irrecu
perables de eficiencia son las mismas, así como los repartos de las cargas de los im
puestos entre productores y consumidores.
X, X X X. X X
© ITES-Paraninfo
66 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES j
Recuadro 3.3
ELASTICIDADES PRECIO DE LA OFERTA Y DE LA DEMANDA
Tras examinar algunos de los efectos de los impuestos unitarios, pasamos a analizar
de forma más breve los efectos de las subvenciones. Al tratarse de instrumentos muy
parecidos, el lector debería estar en disposición de anticipar las consecuencias de las
subvenciones y adelantarse por su cuenta a replicar los gráficos anteriores.
Las subvenciones pueden verse como impuestos de signo negativo. Gráficamente
las podemos representar como impuestos en el cuadrante inferior (valores negativos).
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 67
© ITES-Paraninfo
68 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Gráfico 3.7. Reparto de excedentes con una subvención unitaria sobre la producción. j
Las conclusiones recuerdan a las ya vistas para el caso de los impuestos. La sub
vención desdobla el precio y aumenta la cantidad de equilibrio de mercado. Si el
mercado no tuviera ningún fallo, es decir, x* fuera la cantidad óptima de producción
y consumo del bien x, producir más (xs) no sería óptimo, y por tanto la subvención
implicaría menor bienestar para el conjunto de la sociedad. La pérdida irrecuperable
de eficiencia por culpa de la subvención equivaldría al área + A pesar de que la
subvención beneficiaba primariamente a los productores, las ganancias a costa del
Estado se reparten entre productores y consumidores. Se deja para el lector el com-
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 69
probar que si la subvención recae primariamente sobre los consumidores, las conse
cuencias son las mismas y que el reparto de beneficios entre productores y consumi
dores dependerá de las elasticidades de las funciones de oferta y demanda.
□% La fiscalidad ambiental
Hemos empezado el capítulo viendo las consecuencias de introducir impuestos y
subvenciones unitarios en mercados ideales, sin fallos. En esta sección veremos có
mo introduciéndolos en mercados con fallos causados por externalidades ambientales
se puede conseguir aumentar el bienestar del conjunto de la sociedad en lugar de
disminuirlo. Para ello, vamos a retomar la situación de externalidades analizada en el
capítulo anterior en los Gráficos 2.8 y 2.9. Este último, un poco simplificado, se re
produce aquí como Gráfico 3.8. En él puede observarse cómo la presencia de la ex-
ternalidad negativa hace que el excedente total en la cantidad de equilibrio de merca
do x* no sea máximo, dado que si reducimos la cantidad hasta t ** los privados
(consumidores y productores) pierden menos (C + D) que lo que ganan los externos
II con la reducción (F). El bienestar general o social es máximo en t **, cantidad del
I|j*f
•i
})
bien X a la que denominamos óptimo social.
f
•
i
i
i
1
|
(
i
© ITES-Paraninfo
70 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
CMgS <
CMgS f
€ / €
CMgP + T
9 f
/ CMgP + r
CMgP
PeC Pe
P *
Pv P CMgE
f 9
Pv
t"
t'
© ITES-Paraninfo
I
© ITES-Paraninfo
72 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 73
CMgP
P,
P CMgE
P
© ITES-Paraninfo
74 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
I * > Vi
no podríamos ni consumir ni producir estos bienes, con la pérdida correspondiente de
bienestar social. El lector puede comprobar cómo, con externalidad cero, en nuestros
gráficos la producción sería también cero y el bienestar social también sería nulo. Sin
embargo, para casos más extremos, donde el CMgP sea desde la primera unidad su
perior a los excedentes totales privados, lo óptimo sería no producir ni consumir el
bien. A veces la utilización de CFC (clorofluorocarbonos) se ha apuntado como
ejemplo de esta situación. i j
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 75
mm
Gráfico 3.14. Corrección óptima de una externalidad positiva con una subvención óptima S.
© ITES-Paraninfo
76 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE'PRECIOS 77
que añaden E
, dado que definimos excedente del productor como la
diferencias entre precio y coste marginal. En este caso el precio relevante es el precio
de venta subvencionado, p v. Tanto el valor de + como el valor del excedente
adicional de los consumidores C + F corresponden a transferencias del Estado en
forma de subvención. Por tanto, son en realidad pérdidas para el Estado e ingresos
para los privados. En términos sociales, ahí no hay ni ganancia ni pérdida neta, sólo
transferencia entre agentes. Pero el Estado desembolsa, además, el equivalente a
G + H. De momento, pues, G+
sólo por examinar lo que pasa con los externos. Al aumentar la cantidad del bien de
x* ax**, el beneficio externo aumenta adicionalmente el equivalente al área J. Ense
guida veremos la utilidad de dividir el área J entre K y L. De momento, sabemos que
por un lado se pierde G + H y que por otro los externos ganan J, que es lo que refleja
la última fila del Cuadro 3.1. Si la ganancia de los externos fuese superior a la pérdi
da G + H, esta diferencia sería la ganancia social neta.
Fijémonos ahora en la división del trapecio J entre K y L. El triángulo K tiene el
mismo área que el triángulo que conjuntamente forman y Para comprobarlo,
observemos primero el lado derecho del triángulo K. Corresponde al valor de la ex-
ternalidad en el óptimo social. Es la misma altura que el lado derecho de triángulo
que forman GyH T
. omemos esos lados verticales como la base de los respectivo
triángulos. La altura del triángulo vendría entonces dada por la distancia entre x** y
x*, que es común a ambos triángulos. Aplicando la fórmula de cálculo del área del
triángulo se obtiene el mismo valor para ambos. Si K equivale a G + H, entonces el
saldo J — G — H será necesariamente igual a L. El área L es la ganancia social neta
asociada a la corrección óptima de un mercado con presencia de externalidades posi
tivas como el que refleja el Gráfico 3.15. Se deja para el lector el identificar gráficar
mente el equivalente al área L partiendo de los Gráficos 3.11 y 3.12. Para ello sólo
tiene que añadir al Gráfico 3.15 las curvas CMgP - BMgE y D — BMgE respectiva
mente, e identificar el triángulo correspondiente.
Antes de finalizar el análisis teórico de impuestos y subsidios ambientales ópti
mos, nos queda todavía un caso interesante por comentar. Supongamos un mercado
que genera externalidades negativas. Hemos visto que se pueden corregir mediante
impuestos pigouvianos. Pero también se podrían corregir subvencionando a los pro
ductores y consumidores para que dejen de producir y consumir las unidades excesi
vas del bien. En concreto, con una subvención que les compensara de las pérdidas de
excedente ocasionadas al dejar de producir a partir de la cantidad socialmente ópti
ma. El valor mínimo de esta subvención debería ser igual al valor de la externalidad
en el óptimo social. De esta forma los productores (consumidores) estarían dispues-
© ITES-Paraninfo
78 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Uno de los sectores económicos con mayores impactos ambientales es el del trans
porte por carretera. Desde la misma construcción de las carreteras y calles, hasta el
consumo de gasolina, pasando por la producción de los vehículos o por su tratamiento
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 79
cuando devienen residuos, los costes externos son numerosos, variados y de conside
rable valor. ¿Podemos corregir esas externalidades mediante impuestos pigouvianos?
En caso afirmativo, ¿dónde deberíamos ponerlos? La respuesta a la primera pregunta
es afirmativa, por lo menos para buena parte de las externalidades. El dónde ubicar
los impuestos depende esencialmente de la externalidad concreta que estemos con
templando.
Veamos algunos ejemplos. En algunos países se pone especial énfasis en gravar
la adquisición de automóviles, como en Dinamarca, un país sin fabricación propia
donde el impuesto de adquisición de un vehículo nuevo es del 180 por ciento (se
podrían comprar casi tres autos sin impuestos por el precio de uno con impuestos).
Un impuesto sobre la compra de automóviles, del tipo del impuesto de matriculación
existente en muchos países, no es un buen instrumento para corregir la molestia que
produce el ruido del tráfico, o la contaminación atmosférica. La razón de que no lo
sea está en que una vez pagado el impuesto, y adquirido el auto, este sobreprecio deja
de influir sobre la decisión de utilizar más o menos el automóvil, dado que el pago
del impuesto es independiente del uso posterior que se haga del vehículo. En pala
bras algo más técnicas, el coste del impuesto de matriculación del automóvil, deviene
un coste irrecuperable o hundido, en tanto en cuanto no sea posible recuperarlo en
parte por su posible venta posterior, y en consecuencia no se tiene en cuenta al tomar
sucesivas decisiones sobre si utilizar o no el vehículo. Lo relevante pasa a ser el bie
nestar que nos reporta este viaje adicional en relación con lo que nos cuesta el des
plazamiento y el bienestar que podríamos obtener si dedicáramos ese dinero a otra
cosa. Sin embargo, el impuesto sobre el coste de adquisición sí ayuda a corregir
otras externalidades, como las generadas por los vehículos como unidades. Por
ejemplo, la molestia que pueda ocasionar a terceros la ocupación de espacio físico
de estos vehículos. En algunos países, este impuesto se complementa con el pago
de un depósito que se retorna al propietario si al final de la vida del vehículo lo
retorna a unos centros especiales de recuperación, de forma que su impacto como
residuo sea menor.
Para corregir las externalidades provocadas por la utilización del vehículo, es me
jor un impuesto sobre la gasolina, por ejemplo, que sí penaliza su intensidad de uso.
Ciertamente, si es más caro realizar un viaje extra, en conjunto se harán menos viajes
con el impuesto que sin él, generando así menos ruido, menos contaminación atmos
férica, etc. Casi todos los países establecen fuertes impuestos sobre los carburantes
para el transporte. Fácilmente estos impuestos sobrepasan el 100 por ciento del pre
cio del carburante antes de impuestos. En comparación con otros bienes, la demanda
de gasolina para automoción tiende a ser bastante inelástica respecto al precio, por lo
que se requieren fuertes aumentos en el precio para obtener modestas disminuciones
en la cantidad de consumo. El lector puede comprobar gráficamente como los más
perjudicados en este caso son los consumidores. Puede identificar gráficamente
también el ingreso para el Estado. De hecho, el origen de los fuertes impuestos
sobre la gasolina en la mayoría de países no obedece a razones ambientales, sino
recaudatorias.
© ITES-Paraninfo
80 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
R e c u a d r o 3.4
Un impuesto sobre los carburantes corrige molestias externas por el uso en gene
ral del automóvil. Sin embargo, sirve poco para discriminar usos concretos en luga
res determinados que generan externalidades especiales. Por ejemplo, una extemali-
dad típica en el transporte es la molestia que un automóvil crea sobre otro cuando *
empiezan a congestionarse las carreteras. Para este caso particular, el instrumento
más habitual es el peaje por utilización de vías generalmente menos congestionadas.
El coste de un peaje suele estar en función de la longitud del recorrido y de algunos
otros parámetros. Así, pueden ser rígidos o flexibles. A menudo vemos en autopistas
peajes únicos para un mismo recorrido, sea en hora punta de congestión o a las cuatro '
de la madrugada. Algunas autopistas discriminan entre tarifas en horas punta y en
horas valle. Finalmente, algunas (las menos) tienen sistemas mucho más flexibles, en
los que los precios van variando según el grado de congestión. Así. se avisa a los
a
automovilistas mediante carteles luminosos, por ejemplo, del coste de usar una vía
paralela menos congestionada. Cuanta mayor congestión en la vía normal, mayor de
manda hay para usar la alternativa y mayor es el precio para evitar que ésta también
se congestione. Otro ejemplo de externalidad especial no totalmente corregida por el
impuesto general sobre la gasolina es la que se produce en los lugares de mayor tráfi
co de las ciudades, donde la concentración de ruido y de contaminación atmosférica,
además de la congestión, son particularmente fuertes. A veces se imponen ahí peajes
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 81
urbanos. El término peaje urbano se suele utilizar para referirse a cualquiera de las
distintas formas de pagos adicionales cuya finalidad es la disminución del tráfico en
las ciudades o en determinadas zonas de las mismas. Estas formas van desde la más
habitual, que es pagar por aparcar en la calle, por ejemplo mediante las denominadas
zonas azules, a formas bastante sofisticadas de control electrónico de presencia del
vehículo en las zonas de pago de la ciudad, con el cargo económico correspondiente.
1
© ITES-Paraninfo
82 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 83
Dependiendo de cómo se pasen los costes a los ciudadanos, el resultado puede ser
la generación de más o menos basuras. En muchos países, esta política fiscal ha lle
vado a generar menos basura o, por lo menos, a separar en origen mayor cantidad de
residuos reutilizables o reciclables. Sin embargo, la misma política fiscal no tiene las
mismas consecuencias en un sistema de cobro como el que hay en España. La clave
está en la forma en cómo la administración recauda el dinero de los ciudadanos, en la
forma de pago por la recogida de basuras. Ésta lo financia a partir de impuestos, o
sea del presupuesto general, o mediante tasas específicas. Cuando hay una recauda
ción específica, se paga un importe anual que puede responder a distintos criterios.
Quizás el más habitual sea el de dividir el coste anual por el número de hogares, y
repercutir así el coste a cada familia. Muchos municipios dividen su término en dis
tintas zonas, y el coste es mayor o menor en función de la zona. Otras veces es el
valor catastral de las viviendas el que marca el criterio con el que se calcula el coste
para los hogares, o la superficie de la vivienda, o el número de metros lineales de
fachada, o cualquier otro. Lo importante aquí es que no se carga a cada hogar de
acuerdo a la cantidad de basura que se genera. Es decir, si una familia concreta gene
ra una bolsa más o una bolsa menos de basura, su pago es el mismo. El pago anual
que realiza le da pues derecho a que le recojan una cantidad virtualmente ilimitada de
residuos. Una vez pagada la tasa, ésta pasa a ser un coste irrecuperable ya realizado,
un coste del pasado que no va a afectar a decisiones posteriores. La introducción de
un impuesto en el vertido o incineración supone por tanto un aumento de coste global
para el conjunto de hogares; pero para cada hogar en concreto, generar menos resi
duos no le va a evitar el deber asumir el aumento del pago anual. Mayor pago por
parte de los hogares no tiene como consecuencia, curiosamente, una reducción en la
cantidad de residuos generada en cada hogar.
© ITES-Paraninfo
84 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
pagar por cada bolsa. En cierta forma podríamos reclamar que nos cobraran por nues
tra basura, porque queremos pagar menos y soportar al tiempo menos externalidades.
i
Otro caso práctico interesante para aclarar algunos conceptos es el de la llamada po
pularmente ecotasa balear. La introdujo el gobierno regional de las Islas Baleares *
como forma de financiar inversiones en medio ambiente e infraestructuras turísticas.
Al ser las islas un fuerte destino turístico, éste contribuye al desgaste de las carrete
ras, mantenimiento de las playas, servicios de vigilancia, saneamiento, etc., pero sin
pagar por ello impuestos en las islas, excepto los que gravan el consumo. Además,
contribuyen a la degradación ambiental sin pagar explícitamente por las políticas de
recuperación. Con este planteamiento en mente, podría parecer lógico que se cobrara
a los turistas un tributo específico con destino a estos dos conceptos, inversiones en
infraestructuras y medio ambiente. El día primero de mayo de 2002 entró en vigor
este impuesto consistente en gravar las pernoctaciones en establecimientos públicos, \
como hoteles, hostales, camping y otros. El valor del impuesto por noche variaba un
poco según el tipo y categoría del establecimiento, e iba desde los 25 céntimos de
euro hasta los dos euros por noche. Con un cambio de color en el gobierno regional. 1
la popularmente llamada ecotasa balear se suprimió en octubre de 2003. Como era ;
de esperar, mientras estuvo vigente tuvo un impacto en forma de menos turismo, se
gún muestran las estadísticas oficiales.
No se cuestiona aquí la buena lógica fiscal de este impuesto, sino su etiqueta de
impuesto ambiental. De hecho, lo que mediante traducción literal abusiva del térmi
no anglosajón ecotax se denominó con asiduidad en los medios de comunicación
«ecotasa», ni era «eco» ni era «tasa». Empecemos por el final. No era una tasa, sino
un impuesto. Solemos distinguir entre estos dos instrumentos de financiación públi
ca. La tasa corresponde a un gravamen por un servicio público concreto, y su recau
dación sólo se puede destinar a este servicio. A veces se interpretan las tasas como
precios públicos (en terminología algo abusiva). El impuesto, en cambio, es un gra-
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 85
Tampoco es un impuesto ambiental, a pesar de ser ésta una de las posibles finali
dades de la recaudación. Tal como se entiende habitualmente en economía, y lo he
mos presentado en este capítulo, se suele adjudicar la etiqueta de impuesto ambiental
a aquel que corrige una externalidad ambiental, independientemente de que su recau
dación se destine o no posteriormente a mejoras ambientales. En cierto modo, sin
embargo, podría argumentarse que sí contribuyó a la corrección de las externalidades
ambientales al reducir el turismo en una cierta cantidad. Pero la actividad de los tu
ristas que genera las externalidades ambientales, al igual que la de los residentes, no
se ve afectada una vez pagado el euro adicional en la factura del hotel. Por ejemplo,
ningún turista tiene incentivos en dejar de ir a una playa o desplazarse en auto por la
isla una vez pagado el impuesto. La lógica es parecida a la de los costes irrecupera
bles de la tasa de residuos o del impuesto sobre los automóviles. Una vez pagado el
impuesto de pernoctación, este gasto ya está hecho sea cual sea la actividad del turis
ta a lo largo del día.
Existen diversas alternativas al impuesto por pernoctación para abordar los pro
blemas ambientales por vía fiscal. Si la intención del legislador fuera corregir las ex
ternalidades causadas por el uso de automóviles en las islas, por ejemplo, sería prefe
rible fijar el impuesto ambiental sobre la gasolina, sea ésta adquirida por conductores
locales o turistas. Si la preocupación fuera por la masificación de visitas a determina
dos espacios naturales, se podría arbitrar algún sistema de pago por visita. Si por el
contrario la externalidad a corregir es la causada por el crecimiento urbanístico, tam
poco el pago extra por pernoctación parece la solución. En el sistema urbanístico es
pañol, fuertemente intervenido, la administración local posee buena parte de los de
rechos de propiedad, con lo que depende precisamente de ella la cantidad e incluso
forma de construcción. En un sistema menos intervenido, el aumento de impuestos
urbanísticos podría ser una opción a explorar.
© ITES-Paraninfo
86 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 3.5
DOBLE DIVIDENDO FUERTE Y DÉBIL
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 87
se evitan las distorsiones derivadas del impuesto sustituido. Un ejemplo típico de im
puesto a sustituir es el impuesto sobre el trabajo. Si la recaudación por este impuesto
se sustituyera por recaudación a través de nuevos impuestos ambientales, se conse
guiría la internalización de las externalidades (primer dividendo o dividendo ambien
tal), y además dejar de penalizar el mercado de trabajo (segundo beneficio, o divi
dendo laboral), con el consiguiente aumento de bienestar social. Si el impuesto
ambiental permite aumentar la eficiencia económica por la vía de disminuir los im
puestos directos, entonces se obtendrá también otro dividendo, el dividendo fiscal.
La OCDE es una de las organizaciones que más ha insistido en recomendar dise
ños fiscales ambientales que conlleven dobles (o múltiples) dividendos. Se puede en
tender como un paso más en el proceso de simplificación fiscal iniciado en la década
de los ochenta y que paulatinamente van adoptando la gran mayoría de países desa
rrollados. Así, la idea del doble o incluso múltiple dividendo ha inspirado en muchos
países, principalmente europeos, la llamada reforma fiscal verde o ambiental. Sin
embargo, la introducción de estas reformas fiscales centradas en la idea del doble
dividendo ha sido más lenta y menos generalizada que la simplificación fiscal antes
»
mencionada. Las propuestas de reforma fiscal verde en los distintos países en los que
se ha aplicado, como Alemania, Reino Unido, Holanda y los países escandinavos, se
han caracterizado por la neutralidad fiscal, es decir, por la sustitución de impuestos
ambientales por otros anteriormente existentes, generalmente impuestos directos so
bre los ingresos de las familias, en lugar de la simple introducción de impuestos adi
cionales.
A pesar de que las conclusiones de los numerosos trabajos de evaluación de estas
nuevas políticas fiscales en términos de doble o múltiple dividendo no son unáni
mes, parece haber consenso en que la introducción de impuestos pigouvianos (o de
impuestos correctores que mejoren en algo el bienestar social con la corrección am
biental) en sustitución de otros impuestos distorsionantes es deseable en términos de
eficiencia social. Además, a la ganancia ambiental se puede unir quizás, con la susti
tución, la ganancia fiscal. En general, se considera también que entre dedicar la re
caudación del impuesto pigouviano a recortar otros impuestos, o dedicarla a finalida
des ambientales, de forma que el dinero recaudado por una cuestión ambiental se
dedique a su vez a mejoras en este mismo campo ambiental, lo más deseable es gene
ralmente lo primero. Donde hay menos consenso, en cambio, es en la cuestión del
impacto puramente fiscal. Existen dudas sobre si se produce de forma generalizada
un beneficio neto asociado a la sustitución de impuestos distorsionadores por im
puestos pigouvianos, más allá del beneficio derivado de la corrección ambiental {do
ble dividendo fuerte).
I Prohibiciones
Hemos visto hasta ahora modificaciones de precios por la vía fiscal. En esta parte
final del capítulo analizaremos otra forma de corrección de externalidades, a través
de la modificación de precios por la introducción de prohibiciones.
© ITES-Paraninfo
88 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
¡ 11
Cuando las prohibiciones son absolutas y efectivas y, por tanto, nadie las trans
grede, se pueden interpretar económicamente como equivalentes a precios infinitos
para las unidades no permitidas. Supongamos que ante la presencia de externalidades
negativas en un mercado como el representado en el Gráfico 3.16, el Estado decide
prohibir la producción y consumo de unidades por encima del óptimo social x**.
Ello lo podemos representar mediante la función de costes marginales privados (ofer
ta). Así, los productores tendrán un coste determinado para producir cada unidad adi
cional del bien X, tal como define la función CMgP. Al introducir la prohibición
efectiva, es como si el coste de producir cada unidad no permitida fuera infinito, por
lo que nunca llegarían a producirse. Por ello se suele representar la función de costes
marginales privados como vertical (o como si la producción se hiciera totalmente
inelástica) a partir de la última unidad permitida. Esto es lo que ilustra el Gráfi
co 3.16. La consecuencia inmediata es que sólo se producirán x** unidades del bien X.
Sin embargo, la cantidad de producto no será la única variable afectada. El precio tam
bién aumentará, de p* a p', coincidiendo con lo pagado por la adquisición de la última
unidad. Intuitivamente, para x* habrá exceso de demanda, lo que hará subir los precios
hasta p'. El lector puede comprobar que, en la forma en que lo hemos presentado aquí,
la ganancia social neta es la misma que con el impuesto pigouviano, pero el reparto de
excedentes es distinto. De todas formas, en el próximo capítulo matizaremos algo esta
afirmación, al hablar de los mercados de derechos de contaminación.
No es difícil encontrar ejemplos muy variados de prohibiciones a la producción y
consumo superiores a una determinada cantidad en un periodo de tiempo dado. Algu
nas administraciones regulan la cantidad máxima de emisiones que una industria
puede generar en un año. En algunas ciudades con especiales problemas de contami-
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (I). MODIFICACIÓN DE PRECIOS 89
nación se han aplicado políticas que prohíben la circulación a los vehículos depen
diendo del día de la semana y número de terminación de la matrícula del vehículo, y
es habitual que el número autorizado de taxis tenga un límite predeterminado. Los
municipios regulan hasta qué horas pueden permanecer abiertos por la noche estable
cimientos como bares o discotecas que generan externalidades a los vecinos. Sin em
bargo, todas esas prohibiciones no son necesariamente exitosas. Por ejemplo, pueden
generar incentivos perversos. Además, no suelen ser completamente efectivas. En
otras palabras, que su violación no comporta costes infinitos, sino costes más limita
dos. A menudo comportan sólo el pago de una multa.
4. Discutir casos en los que el Estado puede empeorar el bienestar social mediante
la intervención en mercados con presencia de externalidades.
5. Reproducir los Gráficos 3.8, 3.9 y 3.10 para el caso en el que la externalidad es
positiva y la subvención se aplica sobre el consumidor.
© ITES-Paraninfo
90 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
CAPÍTULO
Qí . > >A
M
i
W
Política
económica
ambiental (II).
Otros instrumentos
i
92 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
En el capítulo anterior hemos visto cómo se pueden corregir los fallos de mercado
creados por la presencia de externalidades, positivas o negativas, mediante modifica
ción de precios, especialmente a través de la política fiscal. Hay, sin embargo, un
conjunto de otros instrumentos que no se basan directamente en cambiar las señales
que en los mercados dan los precios, sino que logran las correcciones por otras vías.
Son los que examinaremos en este capítulo. Se podría argumentar, por ejemplo, que
las empresas pueden por sí mismas solucionar los problemas ambientales que produ
cen, siempre que hacerlo les reporte suficientes beneficios. Desde hace unos cuantos
años se observa una tendencia de las empresas a tener una actitud más cuidadosa con
el medio, incluso más allá de lo que la regulación ambiental obliga. Además, las em
presas tienden con más frecuencia a hacer pública su política ambiental. Lo vemos en
los anuncios de las propias empresas, sobre todo las de mayor tamaño. El medio am
biente parece haberse incorporado como una variable a tener en cuenta en las deci
siones de las grandes compañías. Ello puede llevar a preguntamos si realmente se
precisa de la intervención del gobierno. Si los consumidores estamos dispuestos a
pagar más por productos ambientalmente mejores, las empresas proveerán estos pro
ductos y aparecerá un mercado para ellos. De hecho vemos que hasta cierto punto así
es. Paradójicamente parece que argumentemos ahora que no tiene por qué haber fa
llos de mercado por externalidades.
Sin embargo, existe un problema básico que hemos visto ya. Los consumidores
se pueden comportar como aprovechados, como free riders. Cada consumidor en
particular puede pensar que su contribución a la calidad del medio al comprar un
producto «ecológico» es insignificante, y optar por el producto contaminante más ba
rato. Además, no todos los problemas ambientales se reducen a las externalidades ni
tenemos mercados en los que puedan quedar corregidos. Por ejemplo, quizás sea difí
cil que la protección de determinadas especies pueda solucionarse mediante mecanis-^
mos de mercado, aunque para algunas sí pueda funcionar.
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 93
Ampliación de mercado
Volvamos a nuestro ejemplo del Capítulo 2 con los productores de papel y los pesca
dores. Miremos en este ejemplo cuánto pescado se capturará y cuánto papel se produ
cirá si ambos mercados son perfectamente competitivos. Parece razonable suponer
que la industria papelera produciría demasiado papel a expensas de los beneficios de
los pescadores (x* en lugar de x**, en el Gráfico 4.1, que reproduce el 2.7). Natural
mente el productor de papel tiene incentivos para seguir produciendo papel mientras
su excedente sea mayor que cero. El resultado es una excesiva producción de papel y
de contaminación al mismo tiempo. Es decir, se destinan demasiados recursos a esta
actividad: el mercado falla en su asignación de recursos. El mercado no puede resol
ver este problema por sí mismo, dado que los precios no incorporan la señal del daño
a los recursos acuáticos, en este ejemplo. El precio p* es demasiado bajo.
Ya hemos visto que una posible solución consistiría en introducir un impuesto
pigouviano sobre la producción de papel, que hiciera subir adecuadamente su precio.
i
Pero, ¿no podrían la empresa productora de papel y los pescadores sentarse en una
misma mesa y llegar a un acuerdo sobre el nivel de emisiones que maximizara sus
beneficios conjuntos? Sabemos que si el mercado del papel es perfectamente compe
titivo, producirá un nivel de emisiones correspondiente a la producción de x* unida
des de papel en el Gráfico 4.2, en perjuicio de los pescadores. Entonces, los pescado
res podrían plantearle al productor de papel una compensación para que reduzca las
emisiones contaminantes. Dicha compensación podría cubrir las pérdidas en el sector
del papel y todavía dejar un beneficio para los pescadores. Eso lo podemos ver fácil
mente comparando la variación de excedentes entre privados (sector del papel) y ex
ternos (sector pesquero) al pasar de x* a x**. Vemos que esta reducción disminuye
x ' x * X
© ITES-Paraninfo
94 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
x * * x * X
los costes de los pescadores en el equivalente al área F, que es mayor que la pérdida
de los privados, o área D + C. Por tanto, los externos podrían fácilmente compensar .
a los privados para que redujeran su producción.
Sin embargo, lo primero que debemos definir claramente es quién ostenta los de
rechos de propiedad sobre los recursos hídricos, lo cual afecta directamente a la pro
ducción, si suponemos que con la tecnología actual sólo sabemos producir contami
nando. En la medida en que podamos definir los derechos de propiedad sobre los
recursos hídricos, las negociaciones voluntarias deberían llevar a una situación mejor
que la que se obtiene mediante el mercado en la situación de partida. Si adoptamos
este punto de vista, entonces el problema de la corrección de las extemalidades ya no
parecerá tan grave, en el sentido de que los agentes económicos pueden simplemente
llegar a acuerdos entre ellos y elegir los niveles de extemalidades que maximizan sus
beneficios conjuntos. Este tipo de razonamiento es el que aplicaba el economista bri
tánico, y premio Nobel de economía, Ronald Coase en sus investigaciones sobre los
derechos de propiedad. Por ello a esta solución se la conoce a veces como cocisicma.
A pesar de que llevamos hablando del mercado en buena parte del libro, quizás sea
pertinente ahora preguntarnos ¿qué entendemos por mercado? Puede parecer muy
evidente, pero cuando lo pensamos vemos que su definición no es nada inmediata.
Aquí entendemos el mercado como una institución que hace posible que los indivi
duos lleguen a un acuerdo sobre algo que les beneficia mutuamente. Una condición
necesaria para la existencia de un mercado es que los derechos de propiedad estén
bien definidos, en el sentido de que no existe ambigüedad sobre quien los ostenta.
© ITES-Paraninfo
1
© ITES-Paraninfo
96 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
calidad del agua están bien definidos, a favor de los privados. Con ello, aparece un
nuevo actor en el mercado del papel y la posibilidad de unos intercambios volunta
rios entre agentes del sector pesquero y agentes del sector del papel que hasta ahora
no habíamos considerado. Esta ampliación del mercado del papel al mercado de la
contaminación del río permite que los hasta ahora considerados externos (los produc
tores y en su caso los consumidores del pescado) participen como tales, aunque sea
indirectamente, del mercado del papel. O dicho de otra forma, al negociar derechos
de propiedad sobre la contaminación del río, lo hacen afectando a la cantidad de re
cursos que se dedicarán a la producción y consumo de papel. En cierta forma, intuiti
vamente, los externos dejan de ser propiamente «externos», y pasan a ser unos agen
tes privados más, si se quiere, aunque los seguiremos llamando «externos».
Así, los externos ahora pueden dirigirse a los privados del sector del papel y pe
dirles que produzcan y consuman un poco menos a cambio de compensarles por ello.
Supongamos que los externos plantean disminuir la producción de papel de x* hasta
x'. Una forma de razonar este proceso es en términos marginales, unidad a unidad.
Tomemos la unidad x'. En conjunto, los externos estarían dispuestos a pagar hasta la
altura á como máximo para que no se llegara a producir esta unidad en concreto, y
los privados demandarían una compensación de por lo menos b' para renunciar a ella.
Cuando lo máximo que los externos están dispuestos a pagar supera la cantidad míni
ma que aceptarían los privados, habría seguramente acuerdo sobre no producir esta
unidad, con el pago correspondiente. Según el Gráfico 4.3, ello es lo que sucedería
para la unidad x' (< a'> b'), así como para cada unidad entre x' y
algunas unidades a la izquierda de x'.
¿Hasta dónde llegaría el proceso? El Gráfico 4.4 lo ilustra. Dado que se llegaría a
reducir la producción y consumo de papel por lo menos hasta (Gráfico 4.3), nos
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 97
podemos preguntar si también se reduciría hasta una cantidad superior, x". Observa
mos que evitar que se produzca esta unidad en concreto beneficia a los externos en
a", que es menos de lo que su renuncia perjudicaría a los privados, b". La máxima
disposición a pagar de los externos es inferior a la mínima disposición de los priva
dos a ser compensados. Por tanto, no habría acuerdo voluntario entre privados y ex
ternos. Ello nos indica que no se llegaría tan lejos en la corrección de la externalidad
mediante negociación voluntaria entre las partes implicadas. Lo mismo sucedería con
x'". La última unidad sobre la que habría acuerdo es x**, aquella unidad para la cual
lo que ganan los externos si no se produjera, coincide con lo que pierden los privados
si renuncian a ella. Por tanto, de asignar los derechos de propiedad a los privados, y
permitir la negociación de éstos con los externos, se llegaría, según nuestro sencillo
modelo, a la misma solución a la que se llegaba con impuestos pigouvianos: al ópti
mo social.
Justificado el primer resultado (que asignando los derechos de propiedad a los
privados, y con negociación libre entre privados y externos, se llega al óptimo social,
corrigiendo la externalidad), pasamos a deducir el segundo: que llegamos al mismo
punto si los derechos de propiedad se asignan a los externos. Lo comprobaremos en
términos marginales, como antes. El Gráfico 4.5 ilustra el razonamiento. Partimos
ahora de lo que sucede cuando la producción y el consumo de papel es de cero unida
des. Dado que son los externos los que poseen el derecho de propiedad sobre el agua
del río, los privados no la pueden contaminar sin el permiso de los pescadores, con lo
que podemos suponer que de entrada no habrá producción de papel. Sin embargo,
sabiendo que producir papel es rentable, los privados propondrán a los externos que
les dejen contaminar un poco el río (producir papel), por ejemplo hasta x'. Los exter
nos seguramente exigirán a cambio una compensación suficiente. Como la máxima
Gráfico 4.5. Teorema de Coase con derechos de propiedad asignados a los externos.
© ITES-Paraninfo
t
disposición a pagar de los privados es mayor que la mínima disposición a ser com
pensados de los externos, para cada unidad hasta x', podemos pensar que se llegará a
un acuerdo y que se producirá por lo menos hasta esa cantidad. Sigamos hasta x . Se
aplica el mismo razonamiento y comprobamos que lo que los externos demandarán
como mínimo en compensación por permitir la producción de esta unidad es mayor
que lo que como mucho están dispuestos a pagar por ella los privados ( > Por j
tanto, no se llegará a producir esta unidad. En el recorrido entre x' y x", hallamos el
punto en el que coindicen la pérdida marginal de los externos (altura a) con la ganan-
cia marginal de los privados (altura b). Esto sucede en t **. A sí pues, llegamos al
mismo resultado: si se amplía el mercado asignando los derechos de propiedad sobre ,
la contaminación a los externos, de forma que privados y externos puedan llegar
libremente a acuerdos comerciales entre sí, desaparece el fallo de mercado. La asig
nación de recursos pasa a ser Pareto óptima. Ciertamente, en este caso nadie puede
mejorar su situación sin que algún otro agente empeore, aun contemplando la com
pensación efectiva de los que ganan a los que pierden.
Recuadro 4.1
• .+ ■ ■ ■ ' • .• •••■ ' .V-í: •'
\ .y-- ,-
V-
•"•N V."
X-
• ;:
. *ví xV- . : v
- • • . . • j< s X '
v \v .;
•• >>;•;.>. r>
\..v \
v.
.
TEOREMA DE COASE __________ ________ _______________ _______
t.v > v. . .v * > i-'*.' *’ . * > ; v A ’ ::: ^ v x * x v *>' , . *' */•’< y ' >:•' ? • \ *
'v . v .' :* • .> * • . ’ **.* . ,•*' '*’* - x • \. *. V .\ ¿ • • A ■ x* v .*.v • y v v ’- ' * v\ ; s •*; • vx y • •••■’• •-'*<* •%, ‘ . * • .. J * • ..
Los fallos de mercado causados por la pre- a los externos, aunque ello sí tendrá conse-
sencia de extemalidades se pueden corregir cuencias distributivas,
mediante la asignación de derechos de pro- Una de las condiciones más exigentes es
piedad para así facilitar que aparezca un la de ausencia de costes de transacción. A
mercado entre privados y externos. La so- menudo, cuando los privados y los exter- á
lución será óptima (bajo ciertas condicio- nos son numerosos, los costes de negocia-
nes) y no dependerá de si los derechos de ción son demasiado altos y la solución coa-
propiedad se han asignado a los privados o siana deja de ser eficiente.
*
6
*
t
l
Antes de ver un caso de aplicación práctica del teorema de Coase y discutir sus limi- •
taciones, analicemos las consecuencias en términos de bienestar. Insistimos en que el
teorema de Coase se cumple con independencia de a quién le otorguemos los dere
chos de propiedad. En cambio, en general la distribución de renta no es indepen
diente de la distribución de los derechos de propiedad. Por cierto, que una de las
condiciones necesarias para que se cumpla el teorema de Coase y se dé una misma
solución eficiente es que no haya efecto renta. Es decir, que la asignación de los de
rechos de propiedad a unos u otros no modifique el nivel de renta o capacidad de
compra de los agentes, y por tanto no altere sus decisiones. Supongamos por ejemplo
que los derechos de propiedad los tienen los externos, y que las empresas deben pa
gar para que se les permita emitir contaminación. Existe efecto renta si estos pagos
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 99
óráfico 4.6. Cambios en el bienestar con la solución coasiana cuando los derechos
de propiedad se asignan a los privados.
incrementan los costes de las empresas de forma que se desplace su curva de costes
marginales privados (la oferta). La solución eficiente sería distinta. Eso debería que
dar más claro tras examinar primero el caso más simple.
© ITES-Paraninfo
100 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Gráfico 4.7. Cambios en el bienestar con la solución coasiana cuando los derechos
de propiedad se asignan a los externos.
__
Acabamos de ver en la comparación de los Gráficos 4.6 y 4.7 que es muy distinto, en
términos distributivos, que paguen los contaminadores o las víctimas de esta conta
minación (cuando se asignan los derechos de propiedad los externos o los privados,
respectivamente). Entonces, ¿debería ser el que contamina o la víctima de la conta
minación, quien pagara por el daño externo ambiental que se produce? Ambos casos
son factibles, y ya sabemos que llevan al mismo resultado en términos de eficiencia '
(bajo determinadas hipótesis), si bien a primera vista puede parecer extraño que sean
los contaminados quienes deban pagar por la contaminación. De acuerdo con el prin
cipio de quien contamina paga, es el contaminador el que debe pagar por los daños f
que causa. Pero también podemos hacer que pague el contaminado. Entonces lo lia- j
maremos principio de la víctima paga.
1 *}
© ÍTES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 101
España es uno de los países que, estando adherido al principio de quien contami
na paga, al mismo tiempo ha utilizado en su legislación de las últimas décadas ayu
das a las empresas. La práctica de subvencionar para emitir menos supone una viola-
j ción del principio en tanto en cuanto la administración pública, en nombre de las
víctimas, compensa al contaminador por reducir el daño ambiental, y en consecuen
cia la externalidad. En cierta forma, puede verse como una aplicación del tipo de
solución de Coase. Se trata de un acuerdo voluntario como los descritos, donde la
administración pública hace una oferta para reducir emisiones (la subvención) y la
empresa voluntariamente decide si «pacta» o no, si acepta la subvención a cambio de
reducir las externalidades que causa. Haciendo abstracción del principio de quien
contamina paga, el problema de la administración reside en encontrar el volumen de
1/
subvención óptima que permite conducir la producción a x**.
A pesar de que el principio de la víctima paga puede parecer algo difícil de acep
tar, podemos encontrar ejemplos en los que éste se aplica sin demasiada contesta
ción. Por ejemplo, los países más desarrollados pueden proporcionar asistencia técni
ca a otros países en vías de desarrollo mediante inversiones en tecnologías que
permiten reducir las emisiones contaminantes. De esta forma los daños ambientales
en los países receptores de la ayuda se pueden reducir a un coste mucho menor que el
que tendría la misma reducción en los países de la OCDE, por ejemplo. Así, a pesar
de que los países de la OCDE se puedan ver en este caso como víctimas de la conta-
j minación, puede que tenga sentido económico para estos países conseguir algunas
i- /
reducciones de la manera más barata posible, instalando tecnologías menos contami-
nantes en algunos países carentes de ellas.
■ j
II I 1
¡ ■’
4.1.4. L im ita c io n e s !
' ■ ¿s . . , : v > . />\ y. . . ■ ■ ■ ■ ■ / ■ ■' ■ •
Ír
El teorema de Coase parte de una serie de supuestos, alguno de ellos bastante restric-
I tivo. Quizás el más relevante, y que ya hemos mencionado, es que se supone que no
1 hay costes de transacción. En la práctica éstos pueden ser altos y limitar la aplicabili-
dad de la solución de Coase en presencia de externalidades. En general, cuando los'
! agentes que deben ponerse de acuerdo son muchos y no existen en vigor instrumen
tos de coordinación entre ellos, la negociación voluntaria entre las partes suele ser
1V
difícil. Dicho de otra forma, los costes de la negociación son demasiado altos para
i que resulte una solución económicamente viable e interesante para las partes impli-
f cadas. En ocasiones, los costes de transacción no son lo suficientemente altos para
que no se produzca la negociación, pero sí impiden que se alcance la solución social
mente óptima. Es lo que veremos a continuación.
; Supongamos una función de costes de transacción (Q , como la representada en
* el Gráfico 4.8, cuyo valor constante por unidad producida y consumida es c. Fijémo
( nos en el caso en que
1
los derechos de propiedad
t se asignan a los externos, dejando
para el lector la comprobación en el caso de asignación de derechos a los privados.
Para ello representamos la situación habitual en el Gráfico 4.8 con la inclusión de C.
© ITES-Paraninfo
102 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Este coste de transacción puede asumirlo una parte, la otra, o ser repartido entre am-‘
bas. La única diferencia es distributiva; la cantidad de producto que finalmente ab
sorberá el mercado, tras las negociaciones oportunas, va a ser la misma. A efectos
argumentativos, consideraremos el supuesto quizás más lógico de que los costes de
transacción los asume la parte más interesada en negociar, o sea los privados (dado
que en este caso no tienen los derechos de propiedad).
Recuadro 4.2 j
COSTES DE TRANSACCIÓN j: I
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 103
dos pidieran producir hasta x'. Entonces, los externos reclamarían una compensación
de por lo menos a' para esta unidad en concreto. Los privados estarían dispuestos a
pagar b', pero como ahora incurren en un coste de transacción igual a c, en realidad
estarán dispuestos como mucho a pagar b' — c a los externos, y c a terceros para
organizar los acuerdos, mantener la vigilancia sobre los mismos, etc. Como en este
caso particular b' — c es mayor que a', podemos esperar que haya voluntariamente
acuerdo en permitir producir esta unidad, así como todas las anteriores.
Examinemos ahora qué sucede en x". Esta unidad en particular reportaría a los
externos un malestar de a", por lo que éstos exigirían por lo menos esa cantidad para
permitir su producción y consumo. Por su parte, los privados estarían dispuestos a
pagar b" en total, de cuya cantidad una parte, c, se requiere para cubrir los costes de
transacción. Por tanto, lo máximo en que podrían compensar a los externos sería en
b" — c, que es inferior a lo que requieren los externos ( Por eso, en la negocia
ción no se llegaría tan lejos como x". Ya vemos, pues, que no se alcanzará la situa
ción socialmente óptima de producir y consumir x**.
f
i
Finalmente, nos queda ver hasta qué unidad permitirán los externos que se pro
duzca. Será justamente x'", donde a’", lo que los externos demandarán, será igual a lo
que los privados están dispuestos a pagar una vez deducido el coste de transacción
con el que cargan, b"' — c.
Dejamos para el lector la comprobación de que cuando los derechos de propiedad
se asignan a los privados, la nueva cantidad de equilibrio tras la negociación volunta
ria sería superior a x**. En particular, dependiendo del valor de los costes marginales
externos, o bien ni siquiera se llegaría a modificar la producción y consumo origina
les de x* unidades, o bien la nueva cantidad estaría ubicada entre x** y x*.
chos de propiedad a una de las partes. Otro caso parecido lo constituyen las emisio
nes de los llamados gases invernadero, por su efecto sobre el clima del planeta. A
pesar de todas las dificultades, podemos encontrar efectos de estos acuerdos a nivel
nacional o entre distintos países, o a menor escala, dentro de un mismo grupo de
© ITES-Paraninfo
104 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
'i « J
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 105
Ya repartidos los bonos entre las empresas, puede empezar la actividad de inter
cambio (mercado). Para ilustrarlo, tomemos de ejemplo dos empresas. La empresa A
emite mucha menos contaminación por unidad producida que la empresa B, la cual a
lo mejor pertenece a un tipo de actividad industrial distinta, utiliza una tecnología
menos limpia, o simplemente es menos eficiente. Supongamos además que ello tiene
como consecuencia que a la empresa A la reducción de emisiones que le toca realizar
le supone de entrada un coste mucho mayor que a la empresa B. En este caso, A
puede proponerle a B que reduzca su producción (emisiones) un poco más de lo que
le tocaría de entrada, o sea que utilice menos bonos o derechos de contaminación de
los que le han sido adjudicados, y que esos bonos que B deje de utilizar se los venda
a la empresa A para que los utilice. Ciertamente, la empresa B estará de acuerdo con
la transacción siempre que le salga a cuenta, o sea, siempre que le compense la pérdi
da económica por la reducción extra. Cuanto mayores sean los costes de reducir las
emisiones para B, más probable será que le pueda salir a cuenta vender sus derechos
a contaminar a A. Estamos en definitiva aplicando la misma lógica económica habi
tual que nos ha servido para comprender el mecanismo de Coase. En tanto en cuanto
haya un número suficiente de empresas tipo A y tipo B, en nuestro ejemplo sencillo,
se producirá competencia y actuará la ley de la oferta y de la demanda para ir defi
niendo el precio de transacción de cada bono en esta burbuja en particular.
Una variante del ejemplo anterior se da cuando a una empresa del tipo B le sale
finalmente más a cuenta cerrar su actividad y vender los bonos a las demás empresas.
Algo parecido ocurre con una nueva empresa que desee instalarse en la burbuja: de
berá comprar a otras empresas un número suficiente de bonos para poder llevar a
cabo su actividad productiva.
Naturalmente, se precisa de un cierto control para verificar el cumplimiento de
las emisiones de acuerdo con los bonos de cada empresa, y de un sistema de multas o
penalizaciones en caso de incumplimiento. Todo ello se añade a los costes de tran
sacción necesarios para organizar dichos mercados.
*
© ITES-Paraninfo
106 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
De hecho, se podría pensar que con un mercado de bonos abierto no haría falta
una política ambiental que fijara un nivel inicial de emisiones permitidas. Se trataría *
directamente de una aplicación del principio de Coase, si bien con los derechos de
propiedad asignados a los contaminadores (principio de la víctima paga) y con costes
de transacción (la organización del mercado, la vigilancia del cumplimiento, etc.).
Pero en caso de prefijar el nivel de reducción, el lector puede preguntarse qué se
gana con la creación de este mercado de emisiones si, por lo menos en la versión de
mercado restringido a las empresas de la burbuja, se llega a un resultado parecido al
que se obtendría si la política consistiera simplemente en obligar a cada empresa a
reducir la cantidad correspondiente. La respuesta está en los costes en los que hay
que incurrir para conseguir la reducción. Si los costes de reducción de las emisiones
son notablemente distintos entre las empresas, entonces el mercado puede llevar a
ahorros considerables de recursos. Se puede conseguir la reducción a un coste sensi
blemente menor que simplemente con la prohibición legal de emitir por encima de
un determinado límite. Ciertamente, si las diferencias entre empresas son pocas y los
costes de transacción altos, la opción de mercado de derechos de emisiones perdería
su atractivo.
Por otra parte, en la práctica se da a menudo la utilización conjunta de varios
instrumentos de política ambiental para abordar un mismo problema. Por ejemplo, no
es raro encontrar el uso de mercados de derechos de contaminación combinado con ,
impuestos y prohibiciones legales.
Acuerdos voluntarios
Vista la corrección de fallos de mercado por el procedimiento de Coase, dedicaremos
el resto del capítulo a otros instrumentos de política ambiental, distintos a los inspira
dos en Pigou y Coase. Seguramente, la familia de los acuerdos voluntarios constituye
una de las variantes más atractivas, y que durante los últimos años ha cobrado más
fuerza. Algunos autores han hablado incluso de una nueva generación en materia de
política ambiental.
Los acuerdos voluntarios como mecanismo de corrección de extemalidades am
bientales consisten en acciones por las cuales los agentes económicos se comprome
ten a reducir los impactos ambientales que provocan, más allá de lo estrictamente
estipulado por la ley. En general, abordar estos cambios suele comportar la asunción
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 107
© ITES-Paraninfo
108 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
R e c u a d r o 4.3
¡ |1
Los programas públicos de carácter voluntario consisten en protocolos que desa
rrolla la autoridad ambiental competente y que son luego suscritos por agentes priva
dos. Los protocolos los diseña la autoridad ambiental competente, que define los re
quisitos de participación en el programa, los criterios ambientales a cumplir, los
criterios en las tareas de control, seguimiento y en la evaluación de los resultados.
Para las empresas participantes, las ventajas son variadas. Pueden consistir en la ob
tención de asistencia técnica o de subsidios (por ejemplo, para llevar a cabo activida
des de I + D que mejoren el rendimiento ambiental de la empresa). O pueden conse
guir mejorar la reputación pública de la empresa, por ejemplo si la participación en el
programa público permite la utilización de algún logotipo o distintivo ambiental. En
ocasiones, la participación en el programa público permite esquivar parcialmente las
regulaciones directas obligatorias. Así, por ejemplo, en la Unión Europea se han de
sarrollado programas encaminados a reducir la emisión de gases con efecto inverna
dero, con ventajas para las empresas participantes en forma de menores impuestos
por tonelada de C 0 2 emitida.
Existen muchos ejemplos de este tipo de programas públicos. Uno bastante arrai
gado es el formado por los sistemas de gestión ambiental. Un sistema de gestión am
biental afecta a todas aquellas partes de la organización de la empresa que afectan su
desempeño ambiental. Así, incluye la estructura organizativa, la planificación de las
actividades, los procedimientos, los procesos y los recursos a desarrollar, entre otros,
así como implantar, revisar y mantener la política ambiental. En función del estándar
de diseño que se utilice se concretará de una u otra forma. Un sistema de gestión de
carácter público, aplicado en la Unión Europea, sería el de los Sistemas de Ecoges-
tión y Ecouditoría Ambientales (EMAS), en vigor desde 1993.
© ITES-Paraninfo
T ;
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 109
Recuadro 4.4
EL ETIQUETADO VERDE
© ITES-Paraninfo
110 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
ción sobre la eficiencia energética de los Para poder utilizar la etiqueta verde, la em-
electrodomésticos o la presencia de CFCs o presa deberá asumir los costes (de haber
sustancias tóxicas. Y por último, están las los) de modificar sus impactos ambienta
que aquí se tratan, y que se denominan pro les, y pagar una cuota por pertenecer a la
piamente etiquetas verdes. Éstas se diferen organización que otorga el sello ambiental.
cian de las anteriores en dos aspectos: la Y en tercer lugar, la organización debe ha
empresa las elige voluntariamente, y repre cer publicidad del sello a fin de que los
sentan de hecho un sello de aprobación, consumidores lo conozcan y confíen en él. |¡
otorgado por terceros, respecto a los im Este conocimiento y confianza sería una
pactos ambientales que la actividad de la condición necesaria para que algunos con
empresa genera. sumidores se muestren dispuestos a pagar
En la actualidad son muchos los países, un precio mayor por comprar el producto
incluidos los de la Unión Europea, que han con la etiqueta verde.
adoptado programas públicos de etiquetado Apenas se han cuantificado los impactos
verde que animan el desarrollo de procesos sobre los precios derivados del uso del eti- i
y productos con menos impacto ambiental. quetado verde, y se han realizado en cam
En Estados Unidos, por ejemplo, existen bio bastantes encuestas investigando sobre
también numerosos programas de etiqueta la orientación «verde» de los consumido-
do verde desarrollados por organizaciones res, su disponibilidad a pagar algo más por.
sin ánimo de lucro. Existen asimismo orga productos cuya producción ha sido más
nizaciones que pretenden impulsarlos a ni respetuosa con el medio ambiente. Una de
vel internacional, como la ISO (. las condiciones para que la adopción de
nalStandards )A
sociatn, la red global
etiquetas verdes resulte rentable para los
de etiquetado verde (Global Ecolabeling productores es que los mayores precios
NetWork, GEN), o una sección de la ONU permitan recuperar asimismo los mayores
(la United Nations Task Forece on Envi- costes en los que la empresa debe incurrir
ronmental Labeling). para cumplir los estándares ambientales
El objeto de una etiqueta verde es el de que le dan derecho a la certificación y el
identificar productos preferibles de acuer uso de la etiqueta verde.
do a la evaluación de los impactos ambien En el caso de los productos agrícolas, los
tales que producen, comparados con otros estudios muestran que la utilización de pro
de su misma categoría. Esta evaluación se cesos productivos más limpios incrementa
realiza externamente. La organización que los costes de producción. El coste de un
otorga la certificación realiza básicamente producto agrícola con etiquetado verde
tres tareas. Primero, decide los estándares puede hallarse a medio camino entre el
ambientales que exigirán, que pueden va coste del producto desarrollado con rutinas
riar muchísimo. Pueden centrarse en un tradicionales y el del producto procedente
único impacto ambiental, o en un conjunto de la agricultura ecológica u orgánica. No
de impactos que se dan a lo largo del ciclo está del todo claro, en cambio, que los
de vida del producto. La segunda de las ta mayores precios de estos productos permi
reas consiste en decidir las certificaciones. tan siempre recuperar los costes.
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 111
Y por último, veremos el caso en el que la empresa debe cumplir ciertos estánda
res en su comportamiento ambiental, estándares que le permitirán certificarse am
bientalmente ante terceros. La certificación externa permite a la empresa conseguir
certificaciones ambientales y la utilización de etiquetados especiales, y con ello la
i posibilidad de diferenciar su producto del de la competencia. En una perspectiva
internacional, la organización internacional de estándares, ISO, ha proporcionado las
pautas para definir los estándares de la gestión ambiental y para el etiquetado verde
de los productos, por ejemplo en su ISO 14000. La certificación ISO 14000 define
’ procedimientos que las empresas deben seguir y requieren la revisión y certificación
externa de la empresa, pero al tiempo permite a las empresas definir de forma flexi
ble sus objetivos ambientales. En la siguiente sección veremos por qué una certifica
I ción ambiental externa puede favorecer los intereses de la empresa.
Una primera pregunta que podemos hacernos es qué puede explicar el que una em-
/
© ITES-Paraninfo
112 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 4.5
¿QUÉ GANAN LAS EMPRESAS ADOPTANDO ACUERDOS VOLUNTARIOS?
Las empresas pueden beneficiarse de la Por último, puede incluso darse el caso
adopción de acuerdos voluntarios en mate de que la adopción de acuerdos voluntarios
ria de gestión ambiental por las siguientes haga disminuir los beneficios obtenidos de
vías. Por un lado, los cambios en los proce la empresa, y que aun así ésta decida sus
sos forzados por los nuevos objetivos am cribirlos. Esto sucedería por ejemplo si con
bientales pueden comportar reducciones de la adopción de estos acuerdos se consigue
costes. Los menores costes irían asociados evitar una política ambiental más estricta,
a una mejor utilización de los recursos pro que aún erosionaría más los beneficios.
ductivos y a ciertas ventajas a la hora de Las cuestiones anteriores se han señalado
contratar trabajadores y de conseguir finan como posibles ventajas de las que las em
ciación en el mercado de capitales. presas pueden beneficiarse al participar en
En segundo lugar, si los cambios en la acuerdos voluntarios. No obstante, está por
gestión ambiental de la empresa consi ver hasta qué punto reflejan fielmente lo
guen hacerse visibles para los consumido que sucede en la práctica. Así, suele asumir
res, y si existen consumidores que valoren se que la mejora de los procesos desde un
positivamente el que la empresa sea más punto de vista ambiental en realidad conlleva
respetuosa con el medio ambiente, ésta po aumentos de costes para las empresas. Exis
dría colocar sus productos a unos precios ten estudios al respecto que lo confirman,
mayores. por ejemplo para los productos agrícolas.
Otra de las ventajas proviene de la vertiente de los ingresos. Aun suponiendo que
la adopción del acuerdo voluntario incremente los costes de la empresa, cabría aún la
posibilidad de que la empresa consiga mayores beneficios, siempre y cuando logre
incrementar los ingresos en una proporción mayor. Si la mejor política ambiental de
la empresa le permite ganarse una cierta reputación, y si consigue con ello que su
producto destaque frente a los de los competidores, ganará un cierto poder de merca
do. Dicho de otro modo, en la medida en la que los consumidores aprecien el esfuer
zo ambiental llevado a cabo en la empresa, y valoren más el producto conseguido,
también estarán dispuestos a pagar algo más por él. Mejorando sus estándares am
bientales, la empresa estaría añadiendo a sus productos un componente que podría
traducirse en el mercado del producto en un premio, o un sobreprecio. Desde esta
perspectiva, la empresa puede estar dispuesta a involucrarse en un acuerdo voluntario
porque espera que éste le acabe reportando mayores ingresos.
© ITES-Paraninfo
POLÍTICA ECONÓMICA AMBIENTAL (II). OTROS INSTRUMENTOS 113
Pese a lo intuitivo del argumento anterior, a veces no está claro que los mercados
recojan estos sobreprecios. En primer lugar, es preciso que el consumidor sea capaz
de discernir unos productos de otros en base a los impactos que su producción ha
originado. Esto puede conseguirse a través de sistemas externos de certificación, por
ejemplo mediante el etiquetado verde. En segundo lugar, es preciso que exista un
grupo de consumidores verdes, es decir, compradores que otorgan un mayor valor a
aquellos productos que se han elaborado con métodos más respetuosos con el medio
ambiente. Aunque estas dos circunstancias se den, no está garantizada la consecución
de un precio mayor para el producto certificado. Algunos autores han identificado
situaciones en las que este sobreprecio no aparece, como por ejemplo cuando el co
lectivo de consumidores verdes es pequeño respecto del total de consumidores.
La última explicación es que el acuerdo voluntario sea visto por la empresa como
un mal menor. Como ya se ha mencionado, en ocasiones los acuerdos voluntarios
llevan asociados ciertas medidas de apoyo por parte del sector público, medidas que
en definitiva permiten alcanzar los objetivos ambientales a unos menores costes. En
otras ocasiones la participación en programas voluntarios ha supuesto para las em
presas la exención de algunas de las obligaciones que se derivan de la regulación
ambiental obligatoria. Si existe el temor de que la alternativa al acuerdo voluntario
sea la entrada en vigor de unas normas de comportamiento que obliguen a incurrir en
costes aún mayores, a la empresa le convendría elegir el acuerdo voluntario. Por últi
mo, y si la empresa es lo suficientemente importante, la empresa puede esperar que
su participación presente en acuerdos voluntarios pueda posicionarla mejor cara a in
fluenciar la regulación ambiental futura en su sector. De conseguirlo, podría gozar de
cierta ventaja respecto a las rivales.
. s,v* v.
© ITES-Paraninfo
114 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
Una primera ventaja para el sector público es que, incluso cuando éste juega un
papel (de importancia variable) en la aplicación de los acuerdos voluntarios, segura
mente los costes de administración son menores comparados con los de una regula
ción más directa. Por ejemplo, introducir impuestos (pigouvianos, idealmente) re
quiere de un largo proceso en el que hay que legislar sobre muchos detalles, y
posteriormente la administración también debe incurrir en costes de gestión, de con
trol y de inspección, por citar algunos. Además, este tipo de medidas suelen suscitar
un cierto grado de impopularidad y de oposición desde los sectores sujetos a regula-.•
ción. Por su parte, los mecanismos voluntarios reciben mayores apoyos desde los %
sectores afectados, y suelen resultar menos costosos para la administración. *
* ^ \ i
Otra de las ventajas que se atribuyen a los acuerdos voluntarios, por lo menos en
alguna de sus versiones, es que dan a las empresas una mayor autonomía cara a mo
dificar sus procesos. De alguna forma, permiten soluciones más ajustadas a las condi
ciones en las que actúa la empresa, por lo menos comparados con regulaciones más
directas que suponen la introducción de estándares uniformes. En la medida que la
empresa es la que mejor conoce sus procesos de producción, podrá alcanzar los obje
tivos ambientales marcados de forma más eficiente.
Otras razones pueden aconsejar la promoción de este tipo de medidas. Las otras
formas de intervención no están exentas de problemas, dado que el sector público,
también falla al intervenir en los mercados. Para empezar, no dispone de toda la in
formación sobre los costes que para los privados tiene la mitigación de impactos am
bientales. Luego, existen los ya mencionados costes administrativos, de seguimiento
y de asegurar el cumplimiento de la política. También en el caso de la solución coa-
siana, existen los costes de negociar y fijar los términos de los acuerdos, y de nuevo
los de control y vigilancia del respeto a los derechos de propiedad. Además, las agen
cias gubernamentales pueden también perseguir otros objetivos que no sean los de
eficiencia en el mercado. - ¿1 ■I
I II
Los acuerdos voluntarios, no obstante, también tienen sus limitaciones. Para em- "
pezar, si no todas las empresas contaminantes los suscriben, será más difícil que se
corrijan de forma idónea las externalidades. Por tanto, en general no suelen conducir
al óptimo social. Este aspecto al margen, hay algunos aspectos que si son tenidos en ^
cuenta mejoran su rendimiento. A continuación se señalan algunos de estos aspectos 1
clave.
El éxito de los acuerdos voluntarios se ha asociado a factores tales como la pre
sencia de terceras partes en la determinación de los objetivos ambientales, y en el
control y proceso de declaración del grado de cumplimiento de los objetivos. Debe
existir asimismo un mecanismo creíble de sanción en caso de incumplimiento (para
los acuerdos vinculantes). Si no se dan estas condiciones, otros dos escenarios pue
den hacerlos exitosos. O bien que las propias empresas esperen ganancias caso de
mejorar su comportamiento ambiental (incentivos basados en el mercado). O bien
que exista la amenaza creíble de una legislación ambiental más estricta y costosa (co
mo alternativa a los acuerdos voluntarios).
© ITES-Paraninfo
I
© ITES-Paraninfo
116 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
7. Algunos estudios muestran que son más proclives a adoptar acuerdos volunta
rios las empresas grandes, y además aquellas que en el pasado precisamente se
han mostrado poco respetuosas con el medio ambiente. ¿Cómo podrían justifi
carse estas dos circunstancias?
© ITES-Paraninfo
CAPÍTULO
Valor ación
ambiental (I).
Métodos de
U
S!:
preferencias reveladas
1í
COI\,
•V \r d
he *?
i
i ■
<
§*
' i
*
118 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
desarrollado i
efectos de este libro, los dividiremos en métodos indirectos o de preferencias revela-
das y métodos directos o de preferencias declaradas.
Los métodos de preferencias reveladas se explican en este capítulo. Son procedi
mientos de estimación de valores que se basan en precios observables en mercados
de bienes que nos van a ayudar a obtener el valor del bien (de no mercado) que que
remos valorar. Estos precios resultan de hecho de las decisiones del conjunto de indi
viduos. Por ejemplo, veremos cómo podemos estimar el valor de una determinada
característica ambiental a partir del precio de la vivienda, en tanto en cuanto una vi
vienda que goza de un mejor entorno se vende más cara que otra similar en todo lo
demás pero ubicada en un lugar con peor calidad ambiental. Así, podemos observar
el precio de un bien (el de la vivienda) que incluye información sobre otros bienes, i ■
El presente capítulo empieza con una pequeña discusión sobre el concepto de va
lor en economía y su concreción en economía ambiental. Tras ello, se introduce el
método de los precios hedónicos y a continuación el del coste de viaje. Este último
tiene diversas variantes y veremos algunas de ellas. Ambos métodos se ilustran con
1
casos prácticos.
i
ñ
□ tJ El concepto de valor
La palabra «valor» tiene distintos significados, según se use desde el lenguaje común
o desde una u otra disciplina científica. En el diccionario de la Real Academia Espa
ñola la definición ocupa bastante espacio, con 13 acepciones distintas, varias de ellas
de corte económico. Es curioso que la palabra «valorar» no esté completamente de
acuerdo con esas acepciones. El diccionario de la lengua esnañola define valorar co
mo «señalar el precio de algo». Parecería haber, en la mente de los académicos, una i
cierta identificación entre valor y precio. Por otra parte, el poeta español Antonio
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 119
C
Machado escribe en uno de sus «Proverbios y cantares» que «Todo necio/confunde
valor y precio». Para nosotros, en este libro, valor y precio no van a ser necesaria
mente lo mismo, aunque en ocasiones pueden coincidir. El Recuadro 5.1 presenta
una pequeña selección de ejemplos sobre la evolución que ha experimentado este
concepto.
Recuadro 5.1
EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE VALOR
!El pensador griego Platón escribía que «só- mercado, más influenciable por los vaive
!lo lo que es raro tiene valor, y el agua, que nes de la oferta y la demanda. Principal
es la mejor cosa de todas [...] es también la mente los economistas Smith y Ricardo tu-
más barata». En la afirmación se encuentra vieron mucha influencia en la diseminación
la idea de que no es lo mismo valor y pre- de esta forma de entender el valor. Adam
ció, que no necesariamente coinciden. El Smith distinguía además entre tipos de va-
j valor sería lo fundamental (lo «ideal»), lor de forma parecida a como lo hacía Aris-
Aristóteles insistió en la distinción entre el tóteles. En palabras del autor de La riqueza
verdadero valor de algo para las personas y de las naciones, «Hay que observar que la
j el valor de intercambio (o precio): «Todas palabra Valor tiene dos significados distin-
■:las cosas que poseemos tienen dos usos [...] tos, y a veces expresa la utilidad de algún
| uno es propiamente el uso, y el otro, no tan objeto particular, y a veces el poder de
propio, es secundario. Por ejemplo, un za- compra de otros bienes que la posesión de
pato se usa para calzar y se usa para ser este objeto comporta. El uno se puede 11a-
intercambiado; los dos son usos del zapa- mar “ valor de uso” ; el otro, “ valor de
to». Siguiendo a San Agustín, para Santo cambio” . Las cosas que tienen un mayor
¡Tomás de Aquino el valor de algo estaba valor de uso tienen con frecuencia poco o
¡relacionado con el divino propósito. Por ningún valor de cambio; y, por el contrario,
i1 ejemplo, comentaba que el precio por un aquellas que tienen el mayor valor de cam-
Icaballo podía superar el precio de un escla- bio tienen con frecuencia poco o ningún
i vo, pero que el valor por un esclavo era su- valor de uso».
perior dado que ostentaba una posición su- Seguramente el origen del uso actual del
i perior en el orden de la naturaleza de concepto de valor, tal como lo usaremos en
acuerdo a la creación divina. En el Renací- este libro, tiene su precedente directo en el
miento se volvió a la idea de valor como ingeniero francés Arséne Jules Dupuit,
reflejo de la satisfacción personal por el quien a mediados del siglo XIX modelizó el
uso que ya se encontraba en Aristóteles. concepto de «utilidad marginal decrecien-
Los empiristas británicos, en cambio, to- te». El concepto no era nuevo, pero sí lo
marón otra aproximación. Para John Loe- fue su formulación en términos de curva de
ke, David Hume, Adam Smith y otros, el demanda decreciente. Así, Dupuit propuso
verdadero valor de las cosas estaba en lo que la curva de demanda correspondía a la
que costaba producirlas. Este era su verda- máxima disposición a pagar por sucesivas
dero valor, su «precio fundamental» o «pre- unidades del bien o «el máximo sacrificio
ció natural» al que tendería el precio de expresado en dinero que cada consumidor
© ITES-Paraninfo
120 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
querría hacer para adquirir un objeto». Ésta posición a pagar por ella por los deman
era la medida del valor. Al mismo concep- dantes, y observamos en un mercado com-
to llegó el economista británico Alfred petitivo el precio del bien en cuestión, en- A
Marshall pocas décadas después, con una tonces para una unidad adicional del bien el
formulación más matemática, y con mayor precio y el valor coinciden. Ésta es la forma
influencia —nada exenta de polémica— en habitual de medir el valor de las cosas en es- 1
los economistas de la época y posteriores. tos mercados (para cambios relativamente
Utilizando este concepto de valor, pode- pequeños en las cantidades consumidas). Sin - « i*
i
■
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 121
El Gráfico 5.1 nos permite también aclarar otro aspecto importante asociado al
concepto de valor. Todo valor corresponde siempre a un cambio en las unidades de
un bien. Este cambio puede ser marginal (de una unidad) o discreto (de varias unida
des). Un ejemplo de cambio discreto es pasar de x0 unidades del bien a x x unidades.
El área por debajo de la función de demanda entre x 0 y x { es el valor del cambio
(discreto) entre consumir sólo hasta x 0 o hacerlo hasta x,. Pero, ¿cuál será el cambio
que corresponde al valor /z0? Será el valor del cambio (marginal) entre consumir o no
la unidad x0. En otras palabras, será el valor correspondiente a un cambio marginal
en x, partiendo del nivel de consumo x0. A este valor lo llamamos «valor marginal»
en x0. Así, en un mercado competitivo, el precio (que es el precio marginal en la
cantidad de equilibrio, como vimos en el Capítulo 2) es en realidad el valor marginal
que para los consumidores tiene una unidad adicional a partir de la cantidad que se
está consumiendo en la sociedad (con frecuencia, la de equilibrio en el mercado). Es
por esta razón que habitualmente, cuando tenemos mercados no muy distorsionados,
tomamos el precio como aproximación al valor (marginal) del bien.
Por una parte, los bienes ambientales, como los demás, tienen valor para las personas
en tanto los pueden disfrutar («usar» o «consumir»). Sin embargo, a menudo obtene
mos bienestar de los bienes ambientales sin disfrutarlos directamente, sin «usarlos».
Por ejemplo, podemos estar muy satisfechos de saber que cierta especie en peligro de
extinción deja ahora de estarlo porque se ha podido recuperar, aunque no tengamos
intención de irla a ver en su hábitat. O podemos sentirnos mal por la contaminación
© ITES-Paraninfo
122 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
causada en las costas por un petrolero accidentado, aunque no hayamos visitado nun
ca dicho litoral ni tengamos intención de hacerlo. En otras palabras, nuestro bienestar
puede variar aunque no seamos usuarios (consumidores) del bien en cuestión. El va
lor de esta variación corresponde en consecuencia a un valor de no uso (también lla
mado de uso pasivo).
Existe una notable variedad de valores de no uso, y los distintos autores que tra
tan de los mismos tienen una cierta tendencia a formar su propia clasificación. A
continuación veremos algunos ejemplos de valores de uso pasivo. Si nos gusta saber
que en una reserva integral se mantiene un cierto tipo de ecosistema con poca inte:
vención humana es porque, seguramente, obtenemos bienestar de este conocimiento,
aunque al ser una reserva integral no sé nos permita el acceso a la misma. Para noso
tros tiene en este sentido un valor de no uso que podríamos tildar de existencia. De
forma similar, la preservación de ciertas especies, puede conllevar un valor de exis
tencia para muchas personas. Si en realidad lo que nos hace sentir bien es preservar
estos ecosistemas o esas especies para las futuras generaciones, el valor suele llamar
se de herencia. Si lo que nos atrae es el mantener la posibilidad de disfrutar de un
espacio en el futuro nosotros mismos, entonces solemos hablar de valores de opción.
Y así podríamos definir otros tipos de valores. Ciertamente, las divisiones no suelen
ser del todo diáfanas, y puede resultar algo difícil decidir si un determinado bien nos
proporciona un tipo u otro de valor. De ahí la ausencia de una sola clasificación cla:
ra. Pero lo importante no son las etiquetas. Lo relevante es que hay bienes que pue
den proporcionarnos valor más allá de su consumo directo, y puede que debamos
tener esto en cuenta, por ejemplo, al decidirnos por un método u otro de valoración.
Tal como decíamos en la introducción, en este capítulo presentaremos métodos basa
dos en informaciones de precios de mercados ya existentes que contienen informa
ción sobre el bien que nos interesa valorar. Pero como lógicamente son mercados
para consumidores, ya podemos intuir que dichos métodos pueden tener serias limi
taciones para capturar los valores de no uso. Al final del próximo capítulo veremos
qué métodos son más adecuados para estimar los distintos tipos de valor.
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 123
Hemos puesto un signo menos para indicar que menos partículas en suspensión
i contribuyen a un mayor precio de alquiler. Ahora todo lo deberíamos hacer es encon
res de b {y b2 para hallar el valor del alquiler para nosotros, dados unos
4 metros cuadrados y una calidad del aire. El alquiler máximo que pagaríamos como
mucho refleja el bienestar (utilidad) que nos da una vivienda de unos ciertos metros
© ITES-Paraninfo
124 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
1
R e c u a d r o 5 .2
í.
EJEMPLO DE APLICACIÓN DEL MÉTODO DE LOS PRECIOS HEDÓNICOS
de forma que al cabo del año se sabe cuán- de la calidad del aire. Si lo pasamos a días
tos días con calidad de aire por debajo del
3 ij
mensuales por hogar, un día más de mala ' . :
1 umbral de calidad predeterminado tiene ca- calidad del aire al mes implica una dismi-
I i ] , ./ >.'
las características de dichas viviendas, mado por hogar en Guadalajara (en euros
i aplicando así el método de los precios he- de 2004) de gozar de una mejor calidad
dónicos para estimar el valor de un día más del aire tal que hubiera un día más al mes
o menos de calidad por debajo del umbral con calidad «aceptable».
>de referencia. Pasado a euros de 2004, la
regresión dio los siguientes resultados:
íAlquiler = -177,94 + 0,03 renta + 14,73 hab + 0,36 A —0,90 Días
© ITES-Paraninfo
126 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 5.3
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL MÉTODO DE LOS PRECIOS HEDÓNICOS
I
Las primeras aplicaciones del método de podía justificar por la mejora de las carac- i :1
i
m
los precios hedónicos datan de los años terísticas de los bienes. Se trataba de un es-
veinte del siglo pasado en Estados Unidos, tudio de precios hedónicos, en definitiva.
Se utilizó originalmente para estimar el va- De hecho, de este estudio sale la etiqueta fw.
lor de la propiedad agraria en función de de «precios hedónicos», en tanto en cuanto % i
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 127
s
Recuadro 5.4
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL MÉTODO DEL COSTE DEL VIAJE
s
:í|.Jt se le consultó, sugirió una forma de proce-
der. Curiosamente, Hotelling ganó años
i*I) después el premio Nobel de economía,
miento individual, que se puede estimar di
rectamente por regresión, como se mostra-
rá en este capítulo. Esta variante ha sido la
3f.
aunque por otras aportaciones, a pesar de dominante en el método del coste de viaje
que en la universidad no le permitían dar desde los años noventa,
clases de economía. Encontraremos otra Se observa con cierta frecuencia que en
aportación de Hotelling en el Capítulo 11, ocasiones el método del coste del viaje se
sobre la gestión de recursos no renovables, utiliza indebidamente. Aunque se basa en
Basándose en los trabajos de Dupuit ya la información sobre los costes de despla-
mencionados, observó que es de esperar que zamiento que realizan los individuos, és-
la propensión a visitar los parques naturales tos no constituyen directamente una apro-
JI
disminuya con la distancia al parque, dado ximación al valor que deseamos obtener,
que el coste de desplazarse aumenta. Es Si el conjunto de costes en los que se in
decir, a mayor coste, menor «demanda» de curre para visitar un parque fuese a su vez
visitas recreativas para un mismo parque, el valor, entonces el excedente que los vi-
Observando en qué proporción visitan el sitantes obtienen de su uso recreativo sería
parque las personas procedentes de zonas nulo, ya que todo el valor se iría en el cos-
sucesivamente más alejadas, se puede esti- te de visitar el parque. Dicho de otra for
mar la función de demanda. Conociendo la ma, la desaparición del parque no compor-
función de demanda y los costes, ya pode- taría pérdida de excedente. La medida de
mos intuir que podremos estimar el exce- bienestar que deseamos estimar con el
dente del consumidor, que es en definitiva método del coste de viaje, no es el coste
el valor que buscamos. El valor que así del viaje, sino el excedente que el viaje
.
proponía hallar Hotelling en 1947 corres- provee.
© ITES-Paraninfo
128 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES j j j
Cuadro 5.1. Datos básicos para el ejemplo de aplicación del método zonal
del coste de viaje
Coste ida y vuelta Visitantes Porcentaje de visitantes
Zona Habitantes
al parque de la muestra sobre habitantes
A 36 20 100.000 0,02
D 144 0 0
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 129
Estos son los datos que precisamos. Ahora es cuestión de realizar alguna simplifi
cación adicional y operar con los datos. Utilizaremos dos supuestos. Primero asumi
mos que, en promedio, las preferencias hacia el parque nacional son las mismas inde
pendientemente de la zona de residencia. En promedio, dos personas que viven en A
y en C, por ejemplo, aprecian el parque de la misma forma. Segundo, asumimos que
las personas reaccionamos de la misma forma a incrementos en los costes, indepen
dientemente del componente del coste que haya aumentado. En particular, si en lugar
de costar 20 € el viaje costase 30 € , reaccionaríamos de la misma forma que si el
viaje propiamente siguiese costando 20 € y se pusiera una entrada al parque por va
lor de 10 € , o sea un coste total de 30 € .
Con las dos hipótesis anteriores ya podemos proceder con el razonamiento. Si ni
el precio actual de entrada al parque ni tampoco los costes de desplazamiento sufrie
ran variaciones, entonces, ¿cuántas personas de nuestra muestra observaríamos que
van al parque? La respuesta no presenta demasiada dificultad: 20 de la zona A, más
100 de la B y 500 de la C, total 620 visitantes. Los mismos que ya observamos, dado
que nada ha variado. Por tanto, cuando el coste extra de entrada al parque es cero, el
total de visitantes observados en la muestra es de 620, como refleja el Cuadro 5.2.
0 620
36 79,16
72 8,33
108 0
© ITES-Paraninfo
130 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
cada una de las zonas. Desde la zona D ya no se realizaban visitas, por lo que si
además aumenta el coste, con más razón ningún individuo de esa zona visitará el
parque en nuestra muestra. Las personas de C ahora tendrán un coste total de 144 €
(108 + 36), como el que tenían originalmente las de D. O sea que los visitantes de C
que observábamos dejarían de ir. Veamos qué sucede con los de B. Los habitantes de
B ahora tendrían el mismo coste que originalmente tenían los de C (108 € ), y por
tanto esperaríamos que decidiesen ir al parque con la misma propensión con la que -
iban originalmente los de C. O sea, que los 800.000 habitantes de B visitarían el par
que en un porcentaje del 0,00833 por ciento. Realizando la multiplicación, obtene- V
mos 66,66 visitantes. Utilizamos un razonamiento análogo para los 100.000 habitan- ‘
tes de la zona A, que ahora irían al parque en el porcentaje de 0,0125 por ciento,
puesto que ahora soportan el que antes era el coste de la zona B. Esto resulta en 12,5
visitantes de la zona A. El total de visitantes sería pues de 79,16.
El lector puede reproducir el razonamiento para un aumento del coste de entrada
al parque de otros 36 € , o sea 72 € extras en total. Puede comprobar cómo sólo los
habitantes de A visitarían el parque y lo harían unos 8,33 individuos, siempre en tér
minos de la muestra originalmente observada, no en total real. Finalmente, el lector
puede comprobar también cómo para un coste extra de 108 € en la entrada no habría
visitantes en nuestra muestra.
El siguiente paso consiste en calcular, por fin, el excedente del consumidor. Para*
ello, podemos representar la función de demanda para el parque nacional (Gráfico 5.2),
I
i
de visitantes
de la muestra
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 131
a partir de los datos contenidos en el Cuadro 5.2. Una vez representada, el excedente
del consumidor será el área bajo la curva de demanda, ya que la hemos calculado a
partir de incrementos «extras» en el precio de la entrada. Hallando las áreas de los
respectivos triángulos y rectángulos, el excedente total es de 14.310 € . Éste es el
excedente correspondiente a los 620 visitantes de la muestra. Por tanto, la media por
visitante será este valor dividido por 620, o sea 23,08 Interpretamos este valor
como el excedente o bienestar neto que de promedio cada visitante obtiene de su
visita al parque. Sería el bienestar que perdería caso de no poder visitarlo.
Una vez obtenida la media del excedente del consumidor, podemos multiplicarla
por el número de visitantes que tiene el parque al año para hallar el excedente total
anual de los visitantes. Aigúestortes tiene unos 300.000 visitantes anuales, con lo que
el valor en servicio recreativo que genera el parque se puede estimar en cerca de 7
millones de euros.
Este ha sido un ejemplo simplificado de una aplicación real del método del coste
de viaje zonal. En la práctica se suele considerar un número mucho mayor de zonas,
/ i
y la curva de demanda se suele estimar por regresión. Sin embargo, lo esencial del
método tal como lo propuso Harold Hotelling ha quedado ilustrado en el ejemplo.
Además de la complicación que añade el considerar más zonas, la cuestión más
compleja y sobre la que menos consenso hay es el cómo calcular los costes de des
plazamiento. ¿Qué conceptos deben incluirse y cuáles no? No existe un estándar claro
al respecto. Normalmente, el coste de combustible o del billete del transporte público
se incluye, así como el coste del tiempo de desplazamiento. Otros estudios incluyen
también el coste del tiempo que dura la visita, o cualquier coste extra en pernocta
ción, comida, etc. Más complejo es dividir los costes de una visita de varios días a
varios parques entre el gasto correspondiente a cada parque. La presencia de parques
alternativos es otra consideración que ha ocupado a muchos autores. La importancia
de esta cuestión radica en que el método y los resultados son muy sensibles al coste.
De hecho, el lector puede comprobar que si dobla el coste de desplazamiento por
persona en el ejemplo anterior, doblará el excedente obtenido.
i
© ITES-Paraninfo
132 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
A 36 0,02
B 72 0,0125
C 108 0,00833
D 144 •
0
© ITES-Paraninfo I
!
Este nuevo procedimiento de cálculo no sólo es algo más simple. Tiene la gran
ventaja de permitir una aplicación zonal del método del coste de viaje sin tener que
respetar el que los incrementos de coste de una zona a la siguiente sean siempre los
mismos. Permite una mejor adaptación del método a los datos con los que quizás nos
encontremos en la práctica, como muestra el ejemplo del Recuadro 5.5. En dicho
recuadro se muestra también una posible aplicación del método del coste de viaje
para valorar cierto tipo de daños ambientales.
Recuadro 5.5
i EL COSTE RECREATIVO DEL ACCIDENTE DEL PETROLERO PRESTIGE
Hacia finales de 2002, el buque petrolero a estimar la pérdida de valor recreativo que
Prestige se accidentó frente a las costas de comportó este daño al medio ambiente.
Galicia, en el noroeste de la península Ibé- Para ello, tomamos en primer lugar las
rica. Buena parte de su carga se vertió al estadísticas de población por comunidades
mar y llegó a las costas gallegas, portugue- autónomas y organizamos las zonas con-
sas y, también, cantábricas, hasta Francia, céntricas alrededor del litoral del País Vas-
Una de las comunidades afectadas en la co, tal y como muestra el cuadro de la pá-
costa norte fue la vasca, que vio cómo el gina siguiente. La clasificación se ha hecho
chapapote contaminaba parte de su litoral, atendiendo a los costes de desplazamiento
El método del coste de viaje puede ayudar medios.
© ITES-Paraninfo
134 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
A continuación observamos las estadísti . muestran también los cálculos del exceden- * g
cas de procedencia de turistas al País Vasco te del consumidor para 2003 (en euros de
por comunidades autónomas, y estimamos aquel año) siguiendo el procedimiento sim
su coste medio de desplazamiento, conside plificado descrito en este capítulo. El valor
rando la proporción de aquellos que visitan del excedente al año que siguió al accidente
el litoral. El cuadro y gráfico siguientes se estima en unos 34 millones de euros.
© ITES-Paraninfo
*
El siguiente paso consiste en comparar tado la misma evolución que para el con
este excedente con el que habría habido junto de España. Este último subió mien
caso de no haberse contaminado el litoral tras que el del País Vasco disminuyó tras
vasco. Para ello debemos formular alguna el accidente. Corrigiendo los datos de la
hipótesis sobre lo que hubiera sucedido. forma anunciada, el cálculo del excedente
Por ejemplo, que el turismo del 2003 com del consumidor se detalla en el siguiente
parado con el del 2002 hubiera experimen cuadro.
;
La diferencia de excedente entre la si del orden de magnitud del daño ambiental
tuación con y sin accidente se estima así en recreativo. Además, el valor estimado es
aproximadamente un millón y medio de sólo el recreativo, no el ambiental en gene
euros. Ciertamente, no es un cálculo parti ral, y en particular no se incluyen los valo
cularmente exacto, pero sí puede dar idea res de no uso.
Fuente: Pere Riera y Verónica Farreras (2004) «El Método del Coste de Viaje en la valoración de daños
ambientales. Una aproximación para el País Vasco por el accidente del Prestige». Ekonomiaz, volumen 57,
[Link] trimestre.
Veamos a continuación la última variante que contemplaremos del método del coste
de viaje: la variante individual. A su vez, la versión individual tiene distintas varian
tes. Aquí sólo explicaremos la más utilizada.
En la versión zonal, uno de los datos clave para realizar el cálculo era la propor
ción de visitantes sobre la población de las distintas zonas. En la individual, los datos
de referencia son directamente los de los visitantes individualmente considerados. En
este caso, lo más habitual (aunque no es imprescindible) es considerar una nueva in
formación: el número de visitas que los individuos realizan en una unidad de tiempo
determinada (por ejemplo, un año). Volviendo al ejemplo del parque nacional, a los
visitantes de la muestra les pediríamos además cuántas veces lo habrían visitado du
rante los 12 últimos meses, incluyendo esa visita. Es habitual que la gran mayoría de
© ITES-Paraninfo
136 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
personas hayan realizado sólo esta visita, unos cuantos individuos 2 visitas, algo me
nos 3 visitas, etc. De hecho, podríamos representar una función de demanda en ün
gráfico donde en el eje horizontal tuviéramos el número de visitas, y en el vertical los
costes. Las alturas hasta la curva de demanda representada corresponderían al prome
dio de costes de los que van sólo una vez al año, dos veces, tres, etc. El procedimien
to entonces sería parecido al anterior.
Sin embargo, hay otra forma (más habitual) de proceder, y es por análisis de re
gresión. De forma parecida a lo explicado para los precios hedónicos, podemos plan- '
tearnos estimar una función que explique el número de viajes al año en función del
coste de desplazamiento y otras variables explicativas. Sería de esperar que el coste
contribuya a explicar, en promedio, el número de viajes que realizan los individuos.
A mayor coste, menor número de visitas anuales. Así, podríamos estimar una función
del tipo: • *
Viajes = a + b coste
donde Viajes representa el número de visitas al año del individuo; coste es su coste
de desplazamiento; y a y sbon los coeficientes a estimar. Aunque no inc
la explicación de cómo se obtiene, en este caso el valor o excedente del consumidor
por viaje sería el valor medio estimado de Viajes dividido por dos veces el valor de ,
con el signo cambiado. Pero lo más usual es utilizar modelos de los llamados de «da- *
tos de cuenta», como el modelo de Poisson o el binomial , que permiten
reflejar el hecho de que la variable número de visitas no es continua sino discreta. El
de Poisson es seguramente el más popular. En términos estadísticos, este modelo su
pone una distribución del tipo:
(- X)lViaies
/ ( Viajes) = .
Viajes'.
donde Viajes\ es el producto factorial del número de viajes realizado por cada indivi
duo al año, y A es un valor tal que ln A = a + b coste, siendo A la media del número
de viajes y ln la función logaritmo neperiano. Sea como sea, numerosos programas
informáticos estadísticos permiten la estimación fácil de este tipo de regresiones.
Una vez estimados los coeficientes a y b, el excedente del consumidor por visita co
rresponde al valor del cociente —1 ¡[Link] Recuadro 5.6 m
esta forma de proceder.
Recuadro 5.6
EL VALOR DE LA RECOLECCIÓN DE SETAS
En España hay una cierta tradición de reco forestales, sino que a menudo son de acceso
lectar setas en los bosques, dado que los de libre (bien «comunal» en términos del Capí
rechos de propiedad de las mismas no suelen tulo 2). Una de las comarcas productoras de
estar claramente asignados a los propietarios setas en Cataluña es la del Solsonés. Durante
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 137
os años 2001 y 2002 se muestrearon a los Los resultados de la regresión fueron los
uscadores de hongos de esta comarca a fin siguientes (con datos de 2001 y 2002, a
poder aplicar el método del coste de via- precios en euros de 2002):
je individual. Una vez recolectados los da
tos (número de veces que cada persona iba ln X— 1,39 —0,04 Gasto + 0,05 Renta
a buscar setas a esa comarca en aquella El coeficiente del gasto resultó estadís-
temporada, coste de ir a buscar setas, kilos ticamente significativo. La medida de hie
de setas recogidos, nivel de renta de la per- nestaf (o valor) asociada a un viaje se cal-
sona, etc.), se estimó con ellos el modelo cula a partir del cociente entre —1 y el
j (en concreto un modelo de Poisson) tratan- coeficiente del gasto, en este caso —0,04
do de explicar el número de viajes realiza- (o con más decimales, 0,036264). Así, el
do por cada recolector al Solsonés en la valor medio (excedente) estimado por vi-
temporada a partir del gasto incurrido en la sita es de 27,53 € de 2002. De ello hay
acción (desplazamiento, tiempo, coste ex- que deducir el valor de las setas recogidas,
tra de la comida, etc.) y el nivel de renta La cantidad media por recolector y día era
del individuo entrevistado. Siendo X la me- de 2,72 kilos y el precio medio de por kilo
dia del número de viajes, la relación exis- de 8 € . Por tanto, el valor medio ascendía
tente entre el logaritmo de X y nuestras va- a 21,76 € de 2002. Deduciendo el valor
jriables explicativas sería de las setas halladas del valor del viaje al
Ir
ti bosque, queda un excedente promedio de
ln X = a + b Gasto + c Renta 6,27 € por viaje.
i
Fuente: Juan Martínez y Pere Riera. Estudio en progreso.
Im I
donde Auto representa el precio de un automóvil, a, blt ..., bn son los coeficien
tes estimados (que pueden tomar signo positivo o negativo), ln indica el logarit
mo neperiano y X,, ..., Xn son las variables explicatorias, siendo X„ una variable
indicativa de las emisiones a la atmósfera del automóvil, escribir la expresión
que permitiría estimar el valor de una variación en una unidad en las emisiones.
© ITES-Paraninfo
138 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
4. Poner un ejemplo de un bien que pueda valorarse tanto por precios hedónicos
como por coste del viaje. Razonar la respuesta.
7. Un museo en una pequeña ciudad recibe cada año 3.000 visitantes. Durante
unos días se realiza una encuesta y se averigua lo siguiente sobre las zonas de
procedencia y los costes de desplazamiento de 150 visitantes.
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (I). MÉTODOS DE PREFERENCIAS REVELADAS 139
8 . Inventando los datos, resolver un ejercicio de valoración por el método del coste
de viaje zonal con zonas equidistantes procediendo de las dos formas explica
das: primero mediante variaciones en el precio de entrada, y segundo directa
mente. Comprobar que el resultado es idéntico.
© ITES-Paraninfo
*
CAPÍTULO
Valor ación
ambiental (II).
Métodos de
preferencias declaradas
i
142 M A N U A L DE E C O N O M ÍA A M B IE N TA L Y DE LOS RECURSOS N A TU R A LES I
¡ i • J L I
En el anterior capítulo hemos visto cómo se pueden estimar valores con métodos in
directos, basados en decisiones que conllevan realizar gasto en bienes cuyo precio es
observable en el mercado. En este capítulo nos centraremos en los métodos directos, j
de «declaración» de las preferencias, que no se basan en gastos indirectos. Una forma |
de presentar la intuición tras estos métodos directos o de preferencias declaradas es
ver nuestro objetivo como el de valorar bienes que no tienen mercado, y la estrategia •
consiste en construir uno, diseñarlo. Dichos mercados pueden construirse realmente ^
o simularse. Por ejemplo, podemos construir mercados de derechos de contamina- .
ción, como vimos en el Capítulo 4. O podemos realizar consultas públicas vinculan
tes, como los referéndum, de las que deban decidirse si gastar o no cierta cantidad de ,
dinero a cambio de una política o inversión determinada. En algunos países se reali
zan consultas del tipo referéndum de forma habitual, y en cierta forma pueden verse
como un mecanismo de mercado: de la misma forma que vemos el precio de una
prenda de vestir y decidimos si la adquirimos o no, vemos el coste de la política y *
decidimos si votamos a favor o no.
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 143
¿Pagos o compensaciones?
Recordemos lo que comentamos sobre valores en el capítulo anterior. En términos
simples, el valor marginal de una unidad corresponde a la altura hasta la función de
demanda en esta unidad, como por ejemplo h0 para z0 en el Gráfico 6.1. De forma
parecida, el valor del cambio discreto entre z0 y Z\ es el área por debajo de la .función
de demanda entre los valores de z0 y Z\. Una cosa es el valor que le damos a algo y otra
es el precio que pagamos por cada unidad adicional del bien, tal como discutimos en el
capítulo anterior. Para un bien público, del que no podemos privar a nadie de su consu
mo una vez está éste provisto, su precio (marginal) es cero, y el valor se iguala al exce
dente para cada unidad, dado que definimos excedente del consumidor como la dife
rencia entre valor y precio. Ahora bien, ya que proveer un bien público suele ser
costoso (a pesar de que su precio marginal sea cero), podemos estar interesados en
comparar todos los costes y todos los beneficios para saber el signo del saldo. Esto lo
haremos en el próximo capítulo; aquí sólo derivaremos los beneficios (el excedente).
Si estamos disfrutando de algo (un bien público Z) en z0 unidades, y nos plantean
poder disfrutar de más unidades, hasta Z\, no parecería extraño que nos pidieran un
pago por ello. ¿Cuánto estaríamos dispuestos a pagar como mucho? Pues como mu
cho el área A , no más allá, dado que entonces estaríamos peor que sin el cambio.
Nuestra máxima disposición a pagar es nuestro excedente, o sea A. Sin embargo, po
dríamos plantear la misma pregunta, formulada de forma algo distinta. Supongamos
que tenemos «derecho» a z¡ unidades del bien y lo que nos plantean es quedarnos en
sólo Zo unidades, renunciando a la mejora. Entonces, lo que parecería más natural es
que en todo caso nos compensaran para renunciar a la mejora. Cuanto más nos com-
© ITES-Paraninfo
144 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 6.1
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL MÉTODO DE VALORACIÓN CONTINGENTE
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 145
pensen, mejor para nosotros, pero nos podemos preguntar por la mínima cantidad
de dinero que compensaría esta renuncia. El lector puede comprobar en el Gráfi
co 6.1 que este valor corresponde de nuevo al área A. Así, el valor de la mejora entre
o
Z y se puede interpretar como la máxima disposición a pagar por conseguirla (me
\
Z
© 1TES-Paraninfo
146 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
tener claro (y generalmente debemos ser muy precisos en ello) es el cambio que de
seamos valorar. Es decir, debemos tener muy claro qué es z0 y qué es z¡. Por ejemplo,
no sería lo suficientemente preciso decidir que queremos valorar el cambio entre te
ner una bicicleta o tener tres. Hay muchos tipos de bicicletas. ¿Son de paseo, de ca
rretera, de montaña, o quizás de tres ruedas para niños? ¿Con marchas, de aleación
de aluminio, de color amarillo chillón? Éstas y muchas otras cosas afectarán nuestra
disposición a pagar por las mismas. Si preguntamos por este cambio (dos bicicletas
más) y no lo especificamos mejor, cada persona se lo imaginará a su manera, y el .
valor que estimemos tendrá generalmente poca utilidad para nuestros análisis. Si por
ejemplo deseamos estimar el valor asociado a un cambio en la calidad del aire, debe
remos saber de qué nivel de calidad partimos y a qué nivel nos sitúa el cambio, de
otra forma no sabremos los beneficios de una política más tímida o más decidida
(costosa), y por tanto no sabremos si los beneficios son superiores a los costes o no,
si vale o no la pena esa política ambiental. La definición del cambio puede exigir
también una definición temporal (¿va a ser este mismo año la mejora, o dentro de 10
años?), espacial (¿es sólo para esta comarca o para toda la región?), o de otra índole
siempre y cuando ello pueda influir en que su valor sea uno u otro.
Otro aspecto que es también muy conveniente tener claro desde un inicio es el de
para qué se va a utilizar el valor que obtengamos, o sea, cuál es la finalidad del ejer
cicio de valoración. El ejercicio puede diseñarse de forma distinta en algunos aspec
tos dependiendo de si se realiza para estimar el valor de una multa por un daño ecoló
gico, por ejemplo, o para fijar un impuesto pigouviano, o para introducir el valor en
un análisis coste-beneficio de una determinada política, como veremos en el próximo
capítulo.
La definición exacta del cambio a valorar permitirá sustentar mejor la decisión de
si plantear un pago o una compensación. Ciertamente, también dependerá de otros
factores, como la forma en que se encuentren definidos los derechos de propiedad
sobre el bien en la sociedad. Por todas estas razones, y algunas más, todo ejercicio de
valoración debe empezar, pues, especificando detalladamente los distintos aspectos
del cambio que se desea valorar. ’
16.2.2. T ip o de e n tre v is ta !
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 147
baratas que las entrevistas cara a cara. Estas últimas son las más caras pero también
las más flexibles. Permiten utilizar material gráfico y tarjetas informativas. Se puede
utilizar un cuestionario escrito o entrevistar con un ordenador portátil. Las muestras
suelen ser más representativas que las realizadas por teléfono. Pero en cambio son
entrevistas más costosas y que suelen llevar cierto tiempo. Las entrevistas por correo
son bastante baratas, pero presentan algunos problemas. Seguramente el más .impor
tante es que el porcentaje de cuestionarios efectivamente rellenados y devueltos pue
de ser relativamente bajo. En algunos países este porcentaje de respuesta llega a
aproximadamente a las dos terceras partes, pero en otros es mucho más discreto. En
España no es raro encontrarse con compleciones del 10 al 20 por ciento. Otra opción
es entrevistar por Internet. Esta modalidad de entrevista permite mucha flexibilidad,
pero suele adolecer también de falta de representatividad: las personas que responden
no suelen constituir una muestra representativa del total de la población.
© ITES-Paraninfo
148 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 6.2
SESGOS
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 149
tección en general, sin percibir concreta continuación por proteger mil, este último
mente las diferencias entre proteger mil o valor es inferior al que se obtendría de pre
j, diez mil ejemplares. Por otro lado y si guntar directamente por la protección de
r* guiendo con el ejemplo, se ha comprobado mil ejemplares. De nuevo, la habilidad del
I*'*
p también que si a una misma persona se le investigador al transmitir la simulación del
pregunta primero por su disposición a pa mercado a la población puede mitigar éste
gar por proteger diez mil ejemplares, y a y la mayoría de sesgos.
La parte central suele resumir el cambio a valorar y describe la forma de pago por
el mismo (o de compensación, si es el caso). También suele incluir diversas adver
tencias antes de formular la pregunta de valoración, como que la decisión social a
tomar depende de las respuestas a este cuestionario, recordar a la persona que al res
ponder tenga en cuenta su limitación presupuestaria, o si los pagos van a ser volunta
rios o vinculantes para todo el mundo, por ejemplo. Una vez descrito lo esencial del
bien a valorar y cómo se va a pagar por él, con las advertencias correspondientes, se
I
procede a lo que es propiamente la pregunta de valoración. Esta puede tomar distin-
*
tos formatos, aunque básicamente los podríamos reducir a dos tipos: los abiertos y
los cerrados. El más habitual de los abiertos consiste simplemente en preguntar por la
cantidad que el individuo pagaría como mucho (o la cantidad mínima que aceptaría
en compensación). El más popular de los cerrados es el que pregunta al individuo si
pagaría o no una cantidad determinada. La respuesta esperada es sí o no (o no lo sabe
o no responde). La cantidad de dinero a pagar propuesta varía entre los individuos. A
este formato cerrado se le conoce como dicotómico simple (dicotómico porque la res
puesta es sí o no). Más adelante expondremos su fundamento teórico y estadístico. El
Recuadro 6.3 resume distintas variantes de los formatos de la pregunta de valoración.
Recuadro 6.3
FORMATOS DE LA PREGUNTA DE VALORACIÓN
© ITES-Paraninfo
150 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
nada cantidad de dinero, pongamos 5 € . Si contener una escala gráfica, que a menudo
la respuesta era afirmativa se iba aumen va de cero euros a una cantidad de dinero
tando el monto económico hasta que el in que se considera lo suficientemente alta
dividuo decía que no, quizás al pasar de 9 a como para que nadie quiera pagar tanto. Se
10 € . Entonces se preguntaba cuánto se pa muestra la tarjeta al individuo que se está
garía, como máximo, entre esos 9 y 10 € . entrevistando y se le pide dónde situaría,
A pesar de haber realizado una serie de en la escala, su pago máximo. Suele ser
preguntas cerradas, se terminaba con una una buena ayuda, pero se detecta también
pregunta abierta. Esta forma de preguntar una cierta influencia de los límites de la es
era conocida como de subasta, porque re cala. Se demuestra que se pueden obtener
cordaba una subasta al alza. valores distintos al utilizar una escala entre
De todas formas, la manera más frecuen- cero y 50 € , por ejemplo, que una escala
| te de realizar una pregunta abierta es sim- entre cero y 500 € , para un mismo cambio
[ plemente preguntando por el pago máximo del bien a valorar.
que el individuo estaría dispuesto a reali Ante la dificultad de declarar el pago
zar. Este formato, sin embargo, tiene algu máximo, y con los avances en la estima
nos inconvenientes. En general a las perso ción estadística, creció en los años noventa
|
nas nos cuesta pensar directamente cuánto la popularidad de los formatos cerrados. I
pagaríamos como máximo por algo. Por Tras describir el cambio a valorar, se le su ¡
ello, a menudo se precede la pregunta giere al individuo que éste le costaría una'
abierta final de alguna pregunta cerrada (o determinada cantidad de dinero. Todo lo I
varias). No es nada raro encontrar ejerci que debe responder este individuo es si es t
cios de valoración que piden al individuo si taría o no dispuesto a pagar esa cantidad de I
pagaría o no una determinada cantidad de dinero. Con esta información podemos de
dinero y a continuación preguntan cuánto ducir la media (o la mediana) de la máxima
como máximo. Es un caso muy particular disposición a pagar de los individuos, va i
\
I
del formato de subasta, donde sólo se ofre riando el pago que se ofrece de una sub I1
I
ce un precio. A veces se ofrecen dos pre muestra a otra. Más adelante se explica có
cios y se termina con la pregunta abierta. mo se puede deducir esta media a partir de
Estas modalidades tienen el inconveniente las respuestas afirmativas o negativas. La !
de que el individuo suele tomar la cantidad facilidad de respuesta comparada con el
que se le ofrece como pista del valor. Así, formato abierto hace que disminuya signi
si preguntamos a una submuestra de la po ficativamente el número de «no respues
blación si pagaría 5 € y a continuación le tas». Sin embargo, no todo son ventajas. La
pedimos cuánto como máximo, solemos simplicidad para los entrevistados se con
obtener un valor inferior al que extraemos vierte en la aplicación de modelos esta 1
\
de otra submuestra donde el pago inicial dísticos más sofisticados por parte del in
fueran 20 € , por ejemplo. En cambio, se vestigador que precisan de determinados
tiende a creer que tiene la ventaja de ayu supuestos y hacen que el cálculo de la me
dar al individuo a pensar en su máxima dis dia sea en general menos exacto.
posición a pagar. Esa pérdida de eficiencia estadística en
Otra variante del formato abierto es la el cálculo llevó a una variante todavía más
que utiliza tarjetas de pago. Éstas suelen popular de este formato cerrado: el formato
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 151
dicotómico doble (en contraste con el dico- le preguntaría por una segunda cantidad
tómico simple, que es como se conoce la menor, por ejemplo 2 € . Puede intuirse
variante anterior). Esta variante consiste en que de esta forma se obtiene mayor infor
dos preguntas cerradas. A un determinado mación de un mismo individuo, lo que lle
individuo se le pregunta por un pago, diga va a estimaciones estadísticas más eficien
mos 5 € (como antes, esta cantidad iría va tes. Sin embargo, de nuevo, esa mayor
riando entre los individuos). Si afirma que eficiencia se consigue a un cierto coste. Se
los pagaría, entonces se le sugiere que el comprueba que la primera cantidad (los 5
pago podría ser mayor, por ejemplo 10 € y € ) influye en el individuo de forma pareci
se le pregunta si también pagaría esta can da a como lo explicábamos para los forma
tidad. Si hubiese dicho que no a los 5 € , se tos de subasta.
Otro aspecto que se suele incluir en esta parte central del cuestionario es el de
intentar averiguar las razones tras algunas de las respuestas recibidas y el grado de
seguridad en dichas respuestas. Por ejemplo, es habitual pedir la razón por la que no
se ha querido pagar por el bien propuesto, si fue éste el caso. Dependiendo de la
respuesta dada, el pago se considera un cero verdadero por el cambio, o por el con
trario se considera una forma de protesta, quizás por el vehículo de pago. Éste es el
caso cuando alguien no desea pagar más impuestos alegando que ya paga suficientes,
pero en cambio si se tratara de un pago directo y finalista, a lo mejor sí pagaría algu
na cantidad por el bien. Su valoración real no es cero, sino positiva, pero declara cero
protestando contra el pago de más impuestos en general. En cambio, si el no pagar se
debe a que con los ingresos que tiene prefiere dedicar el dinero a otras cosas, se suele
considerar que efectivamente su máxima disposición a pagar es nula y se cuenta co
mo un cero real. A veces se introduce también una pregunta sobre qué tan seguro está
el individuo sobre el valor que ha declarado, o sobre la comprensión del cambio del
bien a valorar.
La parte final del cuestionario se suele dedicar a recoger los datos personales del
entrevistado, como edad, ingresos, nivel educativo, o lugar de residencia, entre otros.'
También se suele pedir al entrevistador que valore cuán atenta estaba la persona al
responder, o que anote la duración de la entrevista.
Una vez redactado un cuestionario que parezca satisfactorio, éste debe probarse.
La primera prueba se realiza en grupos reducidos de personas (alrededor de media
docena por sesión o algo menos). A partir de estas pruebas se suelen detectar aspec
tos que requieren mejoras. Tras realizar las mejoras se vuelve a probar en estos gru
pos reducidos. Cuando el cuestionario parece satisfactorio, se prueba en una muestra
reducida de la población general. Ahí se suelen detectar nuevos problemas. Si son lo
suficientemente importantes, se vuelve a la fase de grupos reducidos y se vuelve a
realizar una prueba real reducida. El proceso finaliza cuando no se detectan más pro
blemas. Es entonces cuando el cuestionario queda listo para realizar las entrevistas
definitivas.
© ITES-Paraninfo
i
' I h
v ' \": ' 1 ' , V r-' i : I I ¿ IM i
Es deseable que si las entrevistas se realizan con entrevistadores (es decir, no por '
correo o Internet ni por otra forma de administración propia), éstos no influyan en los |
entrevistados. Para ello lo ideal suele ser que los entrevistadores sean profesionales.
o alternativamente que reciban alguna formación al respecto. TI
i
Una vez realizadas las entrevistas (e incluso mientras se está en periodo de reco
lección de datos) es conveniente realizar una o varias sesiones con los entrevistado-
res para detectar posibles problemas que hayan surgido en este proceso. Asimismo, o
bien la empresa que se contrata o bien los mismos investigadores deberían compro
bar con una muestra de las personas entrevistadas que efectivamente contestaron a
las entrevistas, y que no hubo problemas durante las mismas.
Una vez completados los cuestionarios, se procede a volcar las respuestas a una base
de datos. De ahí se procede a la explotación estadística. El objetivo principal es con-
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 153
t
/
' /
Recuadro 6.4 •• ■_ ' ... • .
t i
CON FORMATO ABIERTO
•'
En 1999 se realizó en el ámbito del área situada aproximadamente en los 5 € (siem-
i metropolitana de Barcelona una aplicación pre en valores de 1999).
il
*TC del método de valoración contingente, con La curva de máxima disposición a pagar
; 'I la pregunta de valoración en formato abier- de los ciudadanos entrevistados puede
to, para estimar los beneficios del Plan me- interpretarse como una función de deman-
«I tropolitano de gestión de residuos munici- da, y el coste por persona como el precio,
(I
pales (PMGRM), y poder compararlos con Así, el área que queda entre la «curva de
sus costes. El PMGRM suponía una nueva demanda» y la «recta de precios» hasta que
forma de gestión de los residuos sólidos ur- se cruzan sería el «excedente del consumi-
I baños, con mayor preocupación ambiental, dor». Por otro lado, a partir del punto en
■\ si bien su coste era también superior al sis- que se cruzan ambas funciones y hacia la
tema de gestión hasta entonces utilizado, derecha, la diferencia entre la curva de de-
Tras explicar el plan en el cuestionario, se manda y la de precio sería un excedente
pedía en cuánto se contribuiría como mu- negativo. En otras palabras, el primer exce-
cho al mismo para que se pudiera llevar a dente (el positivo) nos indica cuánto ganan
cabo. El siguiente gráfico recoge las res- los ganadores, y el segundo cuánto pierden
puestas de las personas entrevistadas, orde- los perdedores. El saldo neto entre los dos
nadas en el eje horizontal desde la que más tipos de excedente fue, en esta ocasión, po-
pagaría hasta la que menos pagaría. De he- sitivo. Podemos concluir, por tanto, que en
cho se puede apreciar cómo las aproxima- base a esta información la percepción so-
damente 50 últimas personas no pagarían cial es que el PMGRM generaría a la po
llada por el cambio de gestión. El gráfico blación más beneficios que costes.
muestra también el coste extra que por ha- Otra información que revela el gráfico es
hitante representa el PMGRM. Es la línea qué porcentaje de la población se esperaría
© ITES-Paraninfo
T
150
C/5
£
p 100
w
50
que se opusiera al PMGRM (las que haya a ción a una propuesta de política ambien
la derecha del punto de intersección entre tal, esta forma de representar las respues- j
las dos funciones) y cuántas lo apoyarían tas abiertas en un ejercicio de valoración
(las situadas a la izquierda del punto de contingente permite obtener una idea del
intersección). Por tanto, más allá del cálcu apoyo y rechazo que recibiría, en número e
lo habitual de la media y de la mediana de intensidad. ' / .v" ' X / ' ' ':v v . * v ; y". •; \ 1 /; *■ - s « 8 3
la máxima disposición a pagar de la pobla- i. V ' V.- •' ' «• - : • • •>»*.- <• f .■ , - , »/ ■ V
#
.......... ; || I
Fuente: Pere Riera y Guillermo Gándara (1999) Informe para el proyecto europeo ENV4-CT96-0236, «Impact
Assessment and Authorization Procedure for Installations with Major Environmental Risks».
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 155
bienes. Así, x = x(px, y), con px representando un vector con los precios de los bienes
incluidos en x, e y los ingresos del individuos. Por tanto, la función de utilidad u se
puede expresar también de forma indirecta como función de los precios y la renta.
Cuando la función de utilidad se expresa de esta forma indirecta se suele denotar
como v en lugar de w. O sea,
1
u = v(px, y)
Los precios son generalmente observables para los bienes que tienen mercados
bien organizados, que suelen ser los bienes privados. Sin embargo, otros como los
bienes públicos, no gozan de mercados donde poder observar los precios, pero no por
ello dejamos de derivar bienestar de su consumo. Para que esta distinción quede re
flejada en las funciones de utilidad directa e indirecta, las podemos reescribir respec
tivamente como u= u(x,z), y
de bienes públicos (ambientales), o en general de bienes sin precio. Suponemos que,
por lo menos hasta cierto punto, se puede sustituir consumo de bienes privados por
consumo de bienes públicos, y viceversa, de forma que se mantenga constante el ni
vel de bienestar u.
Supongamos que la expresión u = v(px, z, y) refleja nuestra situación, y que nos
piden si aceptaríamos pagar una cantidad de dinero (A euros), obteniendo a cambio
una determinada mejora en la provisión de bienes públicos, como por ejemplo la ca
lidad del aire. Esta mejora permitiría pasar desde el nivel actual zü hasta el nuevo
nivel z \ siendo z1 preferible a z°. Es decir, si preferimos quedarnos con {px, z°, y) o
pasar a (px, z \ y —A), dado que en la nueva situación nuestros ingresos se verían
disminuidos en A euros tras pagar por la mejora. En el marco de la maximización de
la utilidad, la respuesta dependerá de cuál de las dos combinaciones creamos que nos
dé mayor bienestar. Si es la primera combinación con Zo entonces
© ITES-Paraninfo
*
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 157
© ITES-Paraninfo
158 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
|----------------------------------------------- 1------------------------------------------------*--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- , \
-°° 0 D A P m A A ' + °° |
Gráfico 6.2. Función normal de densidad de probabilidad de la variable aleatoria DAP (arriba) S
y su función de distribución acumulada (abajo).
justo a la derecha del cero. La altura nos indica la proporción de personas que estaría
dispuesta a pagar esta cantidad por la mejora ambiental. A medida que nos desplaza
mos hacia la derecha por el eje horizontal, «sobreviven» menos personas que todavía
responderían que sí al pago propuesto. Por eso, la función 1 —G(A) se denomina a
veces función de supervivencia.
©ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 159
© ITES-Paraninfo
160 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
R e c u a d r o 6 .5
L = 1/[1 + e ( a + b A ) ]
L = 1/[1 + e(0+hA)] = 1/2
donde L es la probabilidad a decir «sí» al Operando,
pago, y toma el valor 1 cuando la respuesta
es afirmativa y 0 cuando es negativa; el nú 2 = 1 + e(a+bA)
mero e es la constante 2,71828; A refleja el
pago propuesto, y va variando entre los O sea,
distintos individuos; y son los coefi e (a + bA) __ j
de los datos (o sea, a partir de A y de L para Como cualquier número elevado a cero
cada individuo). es 1, el contenido del paréntesis debe ser
Buena parte de los programas estadísti igual a cero, por lo que
cos de regresión permiten la estimación de
modelos logit. De esta forma se pueden es a + bA = 0
timar los valores de a y b de acuerdo con
| los datos recogidos de las entrevistas en un Por tanto, el valor de A correspondiente
ejercicio de valoración contingente con a la mediana (y también medio) de la máxi
formato dicotómico simple en la pregunta ma disposición a pagar de los individuos
de disposición al pago. entrevistados será:
Una vez estimados los valores para a y
b, se puede proceder a la estimación de la A = DAPm — —a/b
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 161
© ITES-Paraninfo
162 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
0 1 0
5 0,8 0,2
20 0,6 0,4
30 0,4 0,6
50 0,1 0,9
100 0 1
Proporción A
de respuestas
afirmativas
0,8
0,6
0,5
0,4
0,2
0
0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 Pagos propuestos
Gráfico 6-4' Ejemplo de representación gráfica de las respuestas en formato cerrado
de valoración contingente con estimación no paramétrica.
Gráfico 6.4 (dado que no hay disposiciones máximas a pagar negativas). Las opera
ciones sólo implican dividir el área en rectángulos y triángulos, y sumar sus áreas,
hasta obtener el valor total, que en este caso es de 27,5 € , como se puede comprobar.
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 163
Pero veamos la intuición del porqué esta área corresponde a la media del valor del
cambio. Para ello permutamos los ejes horizontal y vertical del Gráfico 6.4, tal como
muestra el Gráfico 6.5.
© ITES-Paraninfo
» 3
t
R e c u a d r o 6 .6
información sobre las preferencias del primer grupo están dispuestos a pagar %
que la sociedad tiene sobre un cambio en el por el cambio (valores positivos), los del i
ritmo de crecimiento urbano. A veces se ve segundo deben ser compensados por acep-
el crecimiento de las ciudades como un tar el crecimiento más extensivo (valores
compromiso entre el grado de ocupación negativos), y los indiferentes asumimos
de suelos agrarios en las afueras de las ciu- que le otorgan un valor nulo al cambio,
dades y el nivel de densidad en las zonas Serán los que aparecen acumulados para
ya habitadas. Se supone que los individuos el valor 0.
prefieren tanto menores densidades como El vehículo de pago consiste en un in
mayor preservación de suelos, pero que cremento en los impuestos municipales a
existe una disyuntiva entre ambos. Así, se pagar anualmente, durante 3 años. A partir
puede conseguir más preservación a costa de las (dobles) respuestas aceptando o re-,
de mayores densidades, o menores densi- chazando el precio a pagar (o la compensa-
dades a costa del sacrificio de más paisajes ción a aceptar) se pueden estimar la media
en los alrededores de las ciudades. y la mediana de la máxima disposición a
El cambio ofrecido a una muestra de pagar por un incremento del 10 por ciento
unos 350 residentes en la región metrópoli- en el ritmo de crecimiento hacia las afueras • ]
tana de Barcelona consiste en un aumento del conjunto de ciudades de la región me-
del 10 por ciento en el ritmo de expansión tropolitana de Barcelona. f
hacia las afueras de la ciudad respecto al El gráfico siguiente representa la proba-
ritmo actual de expansión, con la consi- bilidad de que el cambio se acepte en fun- ir
guiente reducción de densidad dentro de ción del valor ofrecido. La probabilidad se
las ciudades y la mayor pérdida de suelos y representa en el eje vertical, y los pagos
paisajes en las afueras. (permitiendo valores de euros positivos y
Gracias a una pregunta diseñada al efec- negativos) en el horizontal. La función de I
*
i
to, los entrevistados se dividen en tres distribución de los valores que se ha su-
grupos: aquéllos más preocupados por la puesto para realizar la estimación es la lo-
densidad y que prefieren ciudades más ex- gística. A mayores pagos (valores positi-
tensas, aquellos que valoran más la pre- vos), menor es la probabilidad de aceptar el
servación de suelos y prefieren ciudades cambio propuesto. De forma simétrica, a
más densas, y los que consideran ambos mayores compensaciones (valores negati-
aspectos igualmente importantes. Estos vos), mayor es la probabilidad de aceptar el
tres grupos están claramente representa- cambio.
dos en la función de distribución acumula- A partir de los valores resultantes de la j
da que se estime, y representada en este estimación se obtiene que la mediana de la
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLAFÍADAS 165
k
II l
ff
Á,
f > Probabilidad de
mostrar indiferencia
t
.
y
i
|
I
i
I
i distribución (probabilidad de 0,5) corres- negativos. Las dos medidas, mediana y me-
I i
ponde a un valor positivo, en concreto de dia, resultan de signo positivo. Esto indica
I casi 8 € en valores de 1998. Calculando la que en la zona estudiada la sociedad ve in
•I
i14' media a partir de las áreas, ésta resulta ser
1 *
crementado su bienestar si se acelera el rit-
la
i de algo menos de 4 € . La media se calcula mo de crecimiento urbano hacia las afueras
a partir de las áreas sombreadas. Obsérvese en un 10 por ciento, siempre y cuando el
1I ]que como existen preferencias positivas y coste de esta ciudad más cara no sobrepase
negativas, al área sombreada en la parte de- los 4 (o bien 8) € por residente mayor de
I recha (valores positivos) hay que restarle el edad y año, durante tres años, en valores de
i área sombreada en la zona de los valores 1998.
IM
Fuente: Dolores García y Pere Riera (2003) «Optimal urban growth with environmental effects. A valuation
exercise». Urban Studies, vol. 40, núm. 10, pp. 1925-1936.
Modelos de elección
Hasta ahora nos hemos centrado en el método más usado de valoración por preferen
cias declaradas: el método de valoración contingente. Pero tal como habíamos apun
tado antes, hay otra familia de procedimientos de preferencias declaradas que en los
últimos tiempos han cobrado protagonismo: los modelos de elección. En el formato
dicotómico de valoración contingente íbamos variando el pago que requeríamos de
Ir ■i una submuestra a otra. Pues bien, en los modelos de elección variamos tanto el pago
como el cambio a valorar. Por ejemplo, podemos plantear distintos grados de mejora
de la calidad del aire, digamos tres (nivel 1, nivel 2 y nivel 3) y distintos pagos (por
ejemplo, A x, A2, A 3 y A4). A un grupo de individuos se le pregunta si pagaría A , por
una mejora hasta el nivel 1, a otro grupo el mismo pago para una mejora hasta el
© ITES-Paraninfo
166 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
nivel 2, a otro hasta el nivel 3, a otro un pago de por una mejora hasta el nivel 1, a I
otro el mismo pago hasta el nivel 2, y así sucesivamente hasta realizar todas las com- I
binaciones entre pagos y niveles de calidad del aire. Éste sería un caso muy particular J
de modelo de elección. _ 1
Más en general, en los modelos de elección se suele utilizar al mismo tiempo |
varios bienes o, más aún, un bien con varias características. Por ejemplo, un bosque
que contiene varias características, como la provisión de un espacio recreativo, la
protección del suelo o la fijación de carbono. Cada una de estas características (que ;
en el argot de modelos de elección se denominan atributos) puede tomar distintos »
valores (denominados niveles). Como nos interesa conseguir valores monetarios, uno '
de los atributos debe ser monetario. Este atributo tiene distintos niveles. En el ejem
plo del párrafo anterior, Á2, A3y A4. Así, los distintos grupos
distintas combinaciones entre los niveles de los atributos. A las combinaciones se las
denomina alternativas. La idea es la misma que en el párrafo anterior, pero ahora con
más de dos atributos (el monetario y varios atributos «físicos»). Habitualmente se
utilizan entre 4 y 6 atributos en total. No se usan más de forma simultánea porque la
persona entrevistada tiene lógicamente dificultades para comprender una política con
muchos atributos variando simultáneamente.
* I „■ V¿ (m
Una vez establecidas la alternativas, cada una con el nivel correspondiente de ca
da atributo, éstas se agrupan en lo que se llaman conjuntos de elección. Cada conjun
to de elección tiene un número limitado de alternativas, quizás tres, cuatro o cinco.
Veamos un ejemplo. Supongamos que tenemos tres niveles de calidad del aire (cali
dad aire 1, 2 y 3) y dos niveles de ruido (ruido 1 y ruido 2), además de los cuatro
niveles de pago (A1?A2, A 3 y A4). Un posible conjunto de elección sería el que apare- ~
ce en el Cuadro 6.2. El lector puede sustituir los distintos niveles por valores numéri
cos o establecer combinaciones distintas. La alternativa A tiene una particularidad:
todos los niveles son 1. Supongamos que el nivel 1 sea siempre el de no cambio, el
statu quo, la situación actual, si se quiere, donde el pago requerido suele ser de cero *. pk
euros. Esta situación se utiliza como referencia y suele estar presente en todo conjun- :
to de elección.
Cuadro 6.2. Ejemplo de conjunto de elección 1
’ M
Alternativa B
\A
Alternativa A Alternativa C Alternativa D
¿i A4 ^3 ^3
Cada grupo de individuos (submuestra) recibe un cuestionario con uno, dos, tres
o a veces incluso más conjuntos de elección. Lo que se le pregunta a la persona en
trevistada respecto al conjunto de elección varía según qué método concreto se utili-
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLÁRADAS 167
ce de la familia de los modelos de elección. Se le puede pedir que declare con cuál de
las alternativas que se le presenta en el conjunto está más de acuerdo, cuál es la que
prefiere. Esta forma de preguntar corresponde al método de elección contingente.
Una variante muy utilizada es aquella en la que los conjuntos de elección contienen
l1 solamente tres alternativas, una de ellas el statu quo o situación sin cambio. De nue
vo, hay que elegir la alternativa más preferida. A esta variante se la conoce como de
elección por parejas o a veces como experimento de elección.
Recuadro 6.7
EJEMPLO DE APLICACIÓN DE UN MODELO DE ELECCIÓN
A partir de 1990, un consorcio formado por ración urbanística se autofinanciara, sin te
el Ayuntamiento de Madrid y la compañía ner que acudir a los impuestos o al presu
ferroviaria RENFE, propietaria de buena puesto general. Dichas parcelas se ponían
parte de los terrenos, promovió el llamado en el mercado por el sistema de subasta, por,
Pasillo verde ferroviario de Madrid, en el lo que era fácil observar el precio al que se
distrito de Arganzuela. El proyecto urba estaban vendiendo. Éste era, en promedio,
nístico consistía en soterrar un tramo consi de 82.121 pesetas de 1994 el metro cuadra
derable de la antigua línea de tren y cerrar do de suelo, o 665 € , a precios de 2004.
el trazado de circunvalación para trenes de Se planteó un ejercicio de ordenación
pasajeros entre las estaciones de Príncipe contingente para estimar el valor social del
Pío (antigua estación del Norte) y Atocha. metro cuadrado de zona verde en Argan
Los terrenos así liberados se podían desti zuela, y compararlo con el del suelo lucra
nar a otros usos. En su mayoría a zonas tivo. Sólo se contemplaban dos atributos, el
verdes, pero otras parcelas a edificaciones porcentaje de zona verde en la zona de
para viviendas, oficinas, comercios, etc. La nueva urbanización y el atributo moneta
venta de estas parcelas permitía que la ope rio. En las entrevistas a una muestra de 800
© ITES-Paraninfo
168 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
residentes, representativa de los madrileños media de 100.362 pesetas por metro cua- |
mayores de edad, se presentaban distintas drado de zona verde a precios de 1994 (812 j
opciones. Desde ampliar la cantidad de zo € , en valores de 2004).
na verde en el Pasillo verde a cambio de Comparando este valor con el del suelo j
I
realizar un pago, hasta disminuirla a cam lucrativo se puede ver que en una subasta
bio de recibir una compensación. Más del donde participara un representante de los
90 por ciento de los madrileños entrevista ciudadanos el suelo se habría adjudicado a
dos en su hogar pusieron en primer lugar éste. En otras palabras, hubiera sido social- j
las opciones de pago a cambio de incre mente más deseable aumentar la cantidad
mentar la zona verde, aun no viviendo ellos de zona verde, aunque ello hubiera signifi
en Arganzuela. El resultado de la estima cado recurrir a la financiación mediante
ción fue de una disposición positiva a pagar impuestos o el presupuesto público.
Fuente: Pere Riera (2001) «Provisión óptima de suelo urbano para usos no lucrativos. El valor de las zonas
verdes». Catastro, núm. 41, pp. 55-66.
aiir ^ í« h h n i i — — — — — — — — — — — — — " S
| 1
i
t
Recuadro 6.8
1
(
l I
La elección del método de valoración ade de una determinada zona natural, segura
cuado a cada caso depende de distintos mente lo pagamos pensando en la utilidad ;
factores. Por ejemplo, depende de la dispo que nos dará la visita al parque, y no en su I
nibilidad de datos, de las restricciones pre preservación para generaciones futuras. Si
supuestarias y de tiempo, pero también de estamos preocupados por tal preservación
pende del tipo de valor que queremos pero no visitamos este parque, nuestro va- ¡
medir. En el capítulo anterior introdujimos lor de no uso no aparece en la estimación ¡
distintos tipos de valores, en particular los que se realice por el método del coste del
valores de uso y de no uso (o uso pasivo). viaje. O si no alquilo un determinado in-<¡
Acabamos de ver en este capítulo los méto mueble, mis preferencias no quedan refle- i!
dos de valoración por preferencias declara jadas en el ejercicio correspondiente del
das y en el anterior los de preferencias re precios hedónicos. Ciertamente hay excep
veladas. Entonces, ¿qué método es mejor ciones. Por ejemplo, puedo comprar produc
usar para estimar un tipo de valor u otro? tos con etiqueta verde, como los que vimos |
En general, si estamos interesados en in en el Capítulo 4, aunque no vaya a visitar la i
cluir tanto los valores de uso como los de zona donde se cultivaron. Los métodos de !
no uso, lo adecuado suele ser la aplicación preferencias declaradas, en cambio, recogen
de métodos de preferencias declaradas. La ambos tipos de valores. En general, si nos
razón es que los métodos de preferencias piden un pago por la preservación de un
reveladas se basan en la revelación de parque, declararemos si lo pagamos o no
comportamientos en mercados reales, y és en función tanto del valor de uso como de
tos no suelen contemplar en sus precios va no uso que le atribuyamos a su conserva
lores de no uso. Por ejemplo, cuando com ción. Lo difícil en estos casos suele ser el
pramos un billete de tren para ir a disfrutar poder desdoblar un tipo de valor del otro, j
-------------------- -------- ---------------------------------------
© ITES-Paraninfo
VALORACIÓN AMBIENTAL (II). MÉTODOS DE PREFERENCIAS DECLARADAS 169
1. Indicar tres diferencias entre los métodos de preferencias declaradas y los méto
dos de preferencias reveladas.
© ITES-Paraninfo
170 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
Proporción de
respuestas afirmativas 0 0,25 0,50 0,75 1
7. En un parque de una ciudad muy calurosa se propone plantar unos árboles que
darían sombra en verano, pero que ocasionarían alergias a algunos de sus veci
nos. La plantación debería realizarse con dinero de los vecinos, con un único
pago de 30 € por vecino. Se realiza un estudio y los datos arrojan la siguiente
información sobre disponibilidad al pago y precios propuestos:
Proporción
respuestas afirmativas 1 0,8 0,5 0,3 0
Valores -8 0 -4 0 20 50 80
9. Se quiere estimar el valor que para los habitantes de una ciudad tiene una nue
va zona verde de próxima creación. Discutir si al efecto serían adecuados los
siguientes tres métodos de valoración: valoración contingente, coste de viaje,
y precios hedónicos.
10. Se realiza un estudio de valoración contingente para averiguar los efectos am
bientales (paisajísticos, básicamente) asociados a la construcción de una carre
tera. Los datos arrojan una media de la máxima disposición al pago de los in
dividuos de 30 € al año (para evitar los efectos ambientales adversos). ¿Qué
podemos asegurar sobre la aprobación de un proyecto de corrección total del
impacto ambiental que suponga un coste por persona de 50 € anuales? Discu
tir la respuesta, utilizando los conceptos de media y de mediana.
© ITES-Paraninfo
CAPÍTULO
Aj|^
Evaluación
de políticas
ambientales.
Eficiencia y equidad
fí,
172 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 173
© ITES-Paraninfo
174 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 7.1
EJEMPLO DE EVALUACIÓN POR REFERÉNDUM
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 175
Ahora ya son comparables los valores de cada criterio, pero puede suceder que
queramos que un criterio pese más que otro. Por ejemplo, puede que queramos que el
coste pese el doble que la calidad del agua, y que a su vez ésta pese lo mismo que el
consumo energético. Así, tendríamos que si hacemos que el total de pesos sumen la
unidad, el peso para el criterio de coste sería de 0,5, el de la calidad del agua 0,25 y el
del consumo energético 0,25 también. Esta fase es bastante crucial, como puede su
ponerse, y hay distintas formas de derivar los pesos. Quizás la más habitual es pre
guntar al decisor por el peso que desea otorgarle a cada criterio. A veces, sin embar
go, se consulta a grupos de expertos e incluso a la población en general.
Con los valores normalizados y los pesos para cada criterio, ya se puede operar.
La forma habitual es multiplicando cada valor por su peso y sumar los resultados
para cada opción. Por ejemplo, para la primera opción, el valor del criterio coste sería
0,33 multiplicado por 0,5. A este valor le sumaríamos el resultante para el segundo
criterio, y lo mismo para el tercero. Todo sumado resulta en un valor que a veces se
denomina el índice de pertinencia de la primera opción. Haríamos lo mismo con la
segunda opción, obteniendo el segundo índice. En el ejemplo hemos considerado tres
criterios que recogen aspectos negativos (costes, contaminantes y consumo de ener
gía), de forma que las opciones resultan peores cuanto más alto resulte el valor del
índice. Así, cuanto más alto sea el índice de pertinencia, peor será la opción. La orde
nación de los planes de riego sería, por tanto, del índice más bajo (el más preferido)
al más alto (el menos preferido).
Ciertamente el análisis multicriterio tiene sus atractivos, incluida la flexibilidad
que lo caracteriza. Por ejemplo, puede no indicar si la ordenación se realiza entre
opciones deseables o rechazables. En otras palabras, podríamos estar eligiendo entre
un grupo de opciones siendo todas ellas desastrosas socialmente, y que simplemente
nos quedemos con la menos «mala». Ésta es una limitación que supera el análisis
coste-beneficio.
© ITES-Paraninfo
176 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
s - Jf
• \
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 177
Vilfredo Pareto
Sin embargo, en la práctica, las posibilidades de encontrar políti
(1848-1923). cas Pareto superiores respecto a la situación de partida son más bien
bajas. Así, es difícil que una determinada iniciativa no perjudique a
nadie. Eso reduce notablemente la aplicabilidad del criterio de Pareto
en la práctica. Ante esta limitación, dos economistas británicos, John
Hicks y Nicholas Kaldor, ambos premios Nobel de economía, realiza
ron una propuesta similar, cada uno por separado. Aquí la resumire
mos de la forma siguiente. Podríamos modificar el criterio de Pareto,
de manera que pudiéramos contemplar una situación como superior
(o socialmente más deseable) a otra si, en el agregado, la primera ge
nerara mayor bienestar que la segunda. En otras palabras, supongamos
que actualmente estamos en la situación A, y que la queramos compa
rar con otra situación B. Supongamos también que al pasar de A al
escenario B, hay individuos que obtienen una ganancia neta de bie
John Richard Hicks
(1904-1989). nestar (un excedente), mientras que otros individuos experimentan
(i
¡I una pérdida de bienestar (sus costes son superiores a sus beneficios).
I
© ITES-Paraninfo
178 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
7.3.1.
I
D efinición del cam bio a evaluar • i ii
Como siempre, el primer paso es definir con precisión lo que queremos evaluar. Su
pongamos un tramo de carretera nacional que actualmente cruza la ciudad. Se propo- i
ne el proyecto de realizar una variante de esta carretera que transcurra por las afueras j
de la ciudad, con conexiones rápidas con el centro, para evitar los efectos de conges- j
tión circulatoria y aumentar la seguridad vial. Se plantea un análisis coste-beneficio j
para decidir si es conveniente realizar la inversión. Se compara el proyecto de la va- I
ríante con la alternativa de no realizarlo o statu quo. Como ya indicamos en los capí- 1
tulos anteriores dedicados a valoración, la evaluación también lo es siempre sobre un
cambio. En general, comparamos la situación sin política con lo que sucedería caso
de adoptar la política o iniciativa. I m
© ITES-Paraninfo
*
Recuadro 7.2
TASA DE DESCUENTO
© ITES-Paraninfo
180 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
7.3.3. Inflación
A. . C X - . - V -J . A U I W * . ' ' .* » I i P
17.3.5. C uantificación |
El siguiente paso es ya el de hallar los valores, para cada periodo, de cada coste y de
cada beneficio. De entre los costes mencionados para el ejemplo, el más importante
para este tipo de proyectos suele ser el de construcción. El coste del suelo se contabi
liza por su coste de oportunidad, es decir, por lo que valdría si se destinase al mejor
uso alternativo a la carretera. Eso es así aunque el promotor de la carretera (suponga
mos que sea la administración pública) sea ya propietario de los terrenos. Es frecuen
te que los costes de construcción y los de mantenimiento, así como su periodifica-
ción, estén ya especificados en la memoria del proyecto de carretera. Algo más
complicada suele ser la valoración de las externalidades ambientales. Éstas pueden
ser negativas o positivas. Aquí supondremos que el saldo es negativo y que sola
mente anotamos en la matriz de costes y beneficios este saldo negativo. Alternativa
mente, podríamos incorporar las externalidades negativas por un lado y las positivas
por otro, por ejemplo. En cualquier caso, la estimación no suele ser inmediata. Habi
tualmente se recurre a métodos de valoración tales como los presentados en los Capí
tulos 5 y 6. Otras veces, sin embargo, los valores se transfieren de otros estudios. Es
decir, que en lugar de contar los impactos para esta vía concreta, se adopta (con las
correcciones pertinentes) la cuantificación realizada para alguna carretera similar o
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 181
que haya sido obtenida a partir de otros trabajos de valoración. A esta práctica se la
conoce en la literatura ambiental como de transferencia de beneficios.
© ITES Paraninfo
182 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 7.3
EJEMPLO DE CÁLCULO DEL VALOR DEL TIEMPO DE OCIO
Una forma de calcular el valor del tiempo tiempo en su desplazamiento por carrete-
de ocio en desplazamientos a la naturaleza ra, si bien deberían a cambio pagar una
es mediante el método de valoración con- determinada cantidad de dinero en el des-
tingente. Se aplicó la variante dicotómica plazamiento, como sucede con las auto-
simple de este método (ya explicada en el pistas de peaje. El resultado del ejercicio
Capítulo 6) a una muestra de visitantes al resultó en un valor medio de 680 pesetas
parque de Monfrague, en Extremadura, por hora y desplazamiento al parque, a
A los entrevistados se les planteaba la po- precios de 1993, o pasado a euros de
sibilidad de ahorrar una cierta cantidad de 2004, 5,75 € .
Fuente: Pere Riera (1997) «El valor del tiempo recreativo al campo». Revista Española de Economía Agraria,
núm. 179, pp. 191-201.
considerar los valores de los daños materiales, los heridos y las muertes. Una aproxi
mación al promedio del coste de los daños materiales en un accidente medio puede
deducirse de los datos facilitados por las compañías aseguradoras y de las autorida
des de tráfico. De forma similar, a veces se aproxima el valor de heridas leves y gra
ves, e incluso de las muertes, a partir de las compensaciones pagadas por las compa
ñías de seguros, o a partir de datos hospitalarios. Esta aproximación suele subestimar
el valor social del efecto de los heridos en accidente. Por ello, a menudo se recurre a
otras formas de cálculo. En especial, la valoración monetaria de la vida humana pre
senta problemas éticos y teóricos notables. Existen distintas formas de valoración de
la vida, todas ellas justificables desde cierto punto de vista y todas ellas siempre dis
cutibles. Por ejemplo, a veces se ha calculado el valor de una muerte a partir del
valor que deja de producir el individuo. Una de las implicaciones de esta aproxima
ción, es que la vida de los jubilados tendría un valor bien escaso, si no negativo. En
otras ocasiones se ha aproximado por la valoración que los otros hacen de la vida de
uno. En otras, por la valoración que uno hace de su misma vida. Como puede verse,
es éste un terreno lleno de dificultades. Sin embargo, el que sea difícil aproximar el
valor no significa que la vida humana no tenga valor, ni tampoco que tenga un valor
infinito. De hecho, a menudo nos comportamos como si tuviera un determinado va
lor. Por ejemplo, al tomar el automóvil asumimos un cierto riesgo de accidente mor
tal, pero seguimos viajando. Hay lugares de trabajo con mayor riesgo de accidente
mortal que otros. Para un mismo nivel de cualificación profesional, el salario en los
trabajos de mayor riesgo es superior. De hecho, ésta es una forma habitual de calcu
lar el valor del riesgo de heridas y muertes, aplicando el método de los precios hedó-
nicos. En definitiva, el ahorro en el número de vehículos con daños materiales, y en
personas heridas y muertas debido a la realización de la variante se debe multipli
car por los valores respectivos para obtener la expresión en euros anuales de este
beneficio.
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 183
Recuadro 7.4
EL VALOR DE LOS ACCIDENTES MORTALES
; Una de las formas de medir el valor de los A partir de la regresión hedónica, se ha
accidentes de tráfico con resultado de lló el valor implícito de los elementos de
i muerte es mediante el método de los pre- seguridad del automóvil (bolsas de aire y
cios hedónicos aplicado a los gastos de los frenos antibloqueo). Este valor se puso en
automovilistas en su auto. En el estudio tonces en relación con la contribución de
que aquí presentamos se reunieron datos de estos elementos de seguridad al riesgo de
precios de automóviles nuevos y de segun tener un accidente mortal. Así, el llamado
da mano de varias marcas y modelos en 28 valor estadístico de una vida humana ha
países distintos, incluyendo a España. Ade-
|¿ V y . •'
llado fue de unos 6,6 millones de euros en
más de los precios, se recogió información valores de 2002. El resultado está en línea
sobre las características de cada auto (nú con otros estudios. Se comprueba también
mero de bolsas de aire, sistema de frenos que para los países menos ricos el valor es
antibloqueo, cilindrada, número de km, sensiblemente inferior a los 6,6 millones,
aire acondicionado, tipo de carburador, mar mientras que para los más ricos es clara
ca y modelo) y del país de observación (ren mente superior.
ta per cápita y riesgo de accidente mortal).
Fuente: Pere Riera y Abir Mhawej (2004) «A fíxed-effects hedonic price model for statistical valué of live
estimations». Artículo en evaluación.
Costes Beneficios
Periodo Saldo
Construc. Manten. Extern. Tiempo Accid.
0 145 0 25 0 0 -1 7 0
1 0 10 2 42 10 40
2 0 10 2 •
40 9 37
t • •
T 0 10 2 21 2 10
© ITES-Paraninfo
184 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
7.3.7. Resultados
Veremos tres de los indicadores que habitualmente se calculan en los análisis coste-
beneficio: el valor actual neto (VAN), el cociente entre beneficios y costes (B/C) y la
tasa interna de retorno (TIR).
Para calcular el VAN nos fijaremos en la última columna del Cuadro 7.1, que
representa el saldo de beneficios menos costes. Nótese que el saldo en el primer
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 1 85
© ITES-Paraninfo
186 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
proyecto sería necesariamente negativo. Podemos intuir este resultado porque, proce
diendo igual que antes, deberíamos ir bajando el valor de la r para que el VAN no
estuviera tan penalizado y fuera aumentando su valor. Cuando la r alcanzase el 1 por
ciento, entonces el VAN habría dejado de ser negativo y pasaría a ser cero. Si probá- ,
ramos una r del 0,5 por ciento, el VAN resultaría ya positivo.
Recuadro 7.5
f
ANÁLISIS COSTE-BENEFICIO DEL PASILLO VERDE FERROVIARIO ¥
DE MADRID
En el Recuadro 6.7 del capítulo anterior Los costes contemplados fueron los dis
hemos presentado una forma de calcular el tintos gastos del consorcio inversor a lo lar
valor de la zona verde (o no edificada para go de seis años, desde 1990 a 1995 inclui
usos lucrativos) en el proyecto urbanístico dos. Quedaron fuera del análisis los costes
denominado Pasillo verde ferroviario de del nuevo material móvil ferroviario (que
Madrid, en el distrito de Arganzuela. En se supuso que no incrementaría), contem
dicho proyecto se realizó también el co plando sólo los costes de gestión. En la
rrespondiente análisis coste-beneficio. parte de beneficios se incluyeron tres varia-
© ITES-Paraninfo
I
I
bles. En primer lugar, los ingresos corres partir de la entrada en funcionamiento de la
pondientes a los terrenos subastados para vía. Es frecuente alargar los análisis coste-
i edificar viviendas y comercios. En segundo beneficio ferroviarios hasta los 50 e incluso
lugar, la mejora ambiental valorada según 75 años.
la zona verde generada (incluidos usos de La TIR obtenida fue muy alta para un
portivos y otros equipamientos). Su valor proyecto de este tipo: del 54 por ciejnto. Si
se obtuvo por métodos de valoración de por ejemplo hubiese costes por la necesi
preferencias declaradas, tal y como se ex dad de nuevos trenes, la TIR disminuiría
plicó en el Recuadro 6.7. El tercer benefi sensiblemente. Si se aumentara el horizon
cio corresponde al tiempo ahorrado por los te temporal hasta los 50 o 75 años, o se
usuarios del ferrocarril, algunos de los cua añadieran los valores residuales de las in
les vieron acortado el tiempo de desplaza fraestructuras al final, la TIR aumentaría.
miento. Se consideraron separadamente los El análisis de sensibilidad indicó que di
motivos de trabajo y ocio para los despla fícilmente saldría una TIR lo suficiente
zamientos y los viajeros que ya utilizaban mente baja como para pensar que se trataba
el ferrocarril, para los que se añadirían des- de un proyecto socialmente poco deseable.
de otros medios atraídos por las ventajas de En el Recuadro 7.6 se presentará un ejem
la nueva vía férrea, y en la generación de plo en el que las hipótesis realizadas sí ha
nuevos viajes. El horizonte temporal con cen variar el signo del resultado del coste-
templado en el análisis fue de 30 años a beneficio.
Fuente: Pere Riera (1995) Beneficio social del Pasillo srde Ferroviario de Madrid. Madrid: editorial Noesís.
En septiembre del año 2000 el gobierno es de dicho plan. El análisis arrojaba un VAN
pañol publicó el llamado hidrológico de unos 700.000 millones de pesetas a pre
nacional. Básicamente, el Plan proponía cios de 1999 (para una tasa de descuento
una serie de trasvases entre cuencas hidro del 4%) y una TIR del 10 por ciento anual
gráficas, tomando agua de las cuencas con según el estudio, lo que resultaba bastante
mayores caudales a cuencas más deficita alta. No obstante, todo análisis de este tipo
rias (generalmente del norte hacia el sur). se basa en un conjunto de supuestos, todos
El principal trasvase se preveía entre el río y cada uno de ellos defendibles y critica
Ebro y las regiones cercanas a la zona del bles. Cambiando los supuestos, cambian
Levante español (las Comunidades de Va también los resultados.
lencia y Murcia, sobre todo). Sin embargo, Un primer supuesto particularmente cues
en 2004 se retiró el Plan, dejándolo sin tionable tiene que ver con el reparto tempo
efecto. El quinto y último volumen de la ral de los costes y beneficios. El análisis
publicación del Plan correspondía al análi coste-beneficio publicado por el gobierno es
sis económico. En su primera mitad desa pañol suponía que los alrededor de 600.000
rrollaba el análisis coste-beneficio social millones de pesetas de inversión inicial se
© ITES-Paraninfo
t
i
v • 4. • a / • « '».* * f .< • y /a ^ 4 ' y v ív , ■' ' y r •* . * ’ - ■ '* fk ' - * ^ -■ y ? - v ? - 77* A ^ -T - a >' v . ' v / - T ■ .7 * ^ 4 A * * /v ^
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 1 89
Los criterios de Pareto y Hicks-Kaldor que discutíamos antes obvian los efectos dis
tributivos. Sin embargo, éstos pueden ser relevantes para el análisis coste-beneficio
en dos aspectos. Primero, porque no es lo mismo que un beneficio de, por ejemplo,
1.000 € vaya a parar a manos de una persona con poco o con mucho poder adquisiti
vo. A menudo suponemos que las personas ricas no valoran un euro tanto como las
personas pobres. Es decir, que a medida que somos más ricos, no valoramos tanto lo
que nos aporta un euro extra. Este supuesto se conoce en economía por el nombre de
utilidad marginal decreciente de la renta (o del dinero). A finales de los años sesenta
y principios de los setenta del siglo xx salieron diversos artículos y trabajos abogan
do por la introducción de este matiz en el análisis coste-beneficio. Se alcanzó un cier
to consenso en la forma de introducirlo. Fue mediante la utilización de pesos. Así, si
un beneficio afectaba básicamente a población pobre, se multiplicaban estos benefi
cios por un peso superior a la unidad, de forma que quedaban aumentados. Esta prác
tica se extendió a algunos trabajos, sobre todo en países en vías de desarrollo, pero
nunca fue del todo aceptada ni devino una práctica estándar o generalizada en la apli
cación del análisis coste-beneficio. Actualmente son muy pocos los análisis que in
troducen pesos distributivos.
El segundo aspecto de la equidad en el análisis coste-beneficio que a veces se
menciona es que si el proyecto o la política es lo suficientemente grande, puede alte
rar la distribución de bienestar entre la sociedad. Dicho de otra forma, si dos políticas
mutuamente excluyentes tienen la misma TIR (digamos del 10%), y la política A
resulta en una mejor distribución de la renta que la política B, parecería preferible
aplicar la A que la B. Hay formas de introducir esta información en el análisis coste-
beneficio, aunque tanto la forma como la discusión sobre su conveniencia exceden el
propósito de este libro. Sin embargo, los criterios distributivos en general constituyen
una parte importante de la evolución de políticas desde la economía. A ello dedica
mos el resto del capítulo.
© ITES-Paraninfo
190 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
7.4.2. M a x im in
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 191
w -
7.4.3. Libertarismo %
El último criterio que discutiremos, el libertario, es muy distinto a los otros dos. Qui
zás el representante más conocido de esta posición sea el filósofo Robert Nozick
(compañero en la Universidad de Harvard de John Rawls, aunque de
pensamiento bien distinto), con su libro de 1974, , Estado y
utopía. Según esta filosofía, no es «la sociedad» como tal la que obtie
ne rentas, sino sus individuos, y el Estado no tiene legitimidad para
quitar rentas de unos y dárselas a otros en nombre de «la sociedad». Si
alguien personalmente desea hacerlo, es libre de traspasar riqueza a
otra persona. Además de estas transferencias voluntarias, debería ser
básicamente el esfuerzo de cada uno y su habilidad lo que determinase
Robert Nozick
(1938-2002).
el nivel de renta de los individuos. Así, desde esta perspectiva el papel
del Estado queda muy disminuido. Debería, eso sí, evitar que se pro
duzcan repartos de renta de forma no consentida (los robos, por ejemplo), y vigilar
también el cumplimiento de los acuerdos voluntarios entre los individuos, pero poco
más. En ningún caso distribuir renta como tal, contrariamente a las dos filosofías an
teriores.
El énfasis de este enfoque está no en el resultado (el nivel de renta de cada indivi
duo), sino en el proceso (de lo que depende que se consiga un nivel u otro). El Estado
puede intervenir para garantizar las reglas del juego, lo que incluye la igualdad de
oportunidades. Pero una vez establecidas las reglas, una vez garantizada la igualdad
en la posición de salida, el éxito depende de cada individuo. Así, respetar los incenti
vos al esfuerzo ocupa un lugar central en esta forma de interpretar la equidad. En esta
misma línea está la teoría de John Romer, en defensa de la igualdad de oportunidades
v
© ITES-Paraninfo
192 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Como vemos, no hay unanimidad en qué criterio debe utilizarse para analizar la
desigualdad de rentas en la sociedad, ni en cómo evaluar las políticas distributivas.
El lector probablemente se haya decantado por alguno de los tres, o puede que por
algún otro, pero parece difícil que todos los lectores opten por el mismo. Esta falta de
consenso explica, aunque sólo en parte, el que la economía ponga mayor énfasis en
los criterios de eficiencia que en los de equidad. Pero incluso si nos ponemos de
acuerdo en un criterio, nos quedan todavía otras dificultades por sortear. Aquí vere
mos una de ellas, que es la de la medición de la desigualdad, sobre la que tampoco
hay consenso.
----------- —,---- . - ■ H N
R e c u a d r o 7 .7
FORMAS DE REPARTO DE RENTA
En el Capítulo 2 comentábamos que según los más ricos. Los impuestos progresivos,
el primer teorema del bienestar, los merca por el contrario, son aquellos mediante los
dos perfectamente competitivos llevan a si cuales los más ricos pagan más en propor
tuaciones (asignaciones de recursos o canti ción a su renta y los más pobres menos
dades de bienes) eficientes en el sentido de (el porcentaje de pago, o tipo impositivo,
Pareto. Veíamos también que, según el se «progresa» a medida que los individuos son
gundo teorema del bienestar, repartiendo de más ricos).
forma distinta la renta y dejando actuar a los El segundo problema de los impuestos de
mercados competitivos, éstos llevaban de cuantía fija es que sólo mantienen la propie
nuevo a situaciones Pareto óptimas. Final dad de no distorsionar los incentivos si no se
mente, vimos también en el Capítulo 3 que trata de montantes excesivos. En cambio, si
poner un impuesto a un producto en un mer son demasiado altos, y sobre todo si dan pie
cado competitivo (en el que no existen fa a una redistribución menos desigual de la
llos de mercado como las extemalidades o renta, aparecen distorsiones de otro tipo: se
bienes públicos) conlleva una pérdida de modifican los incentivos para esforzarse en
eficiencia. En este contexto anunciábamos la producción, para generar rentas. A menu
que había mejores formas de recaudar dine do se presenta esta idea mediante la figura
ro que poniendo impuestos sobre el consu de una tarta. La equidad corresponde a la
mo. Así, recaudar impuestos directos de forma en que se cortan los trozos a repartir,
cuantía fija por persona habitualmente se más pequeños o más grandes. La eficiencia
considera mejor. Se trataría de impuestos tiene r°elación con el tamaño de la tarta. Si
cuyo importe para cada individuo no depen sabemos que nos va a tocar un trozo de un
de de cómo éste actúe. Por ejemplo, se tamaño determinado con independencia de
podría recolectar un impuesto de idéntica en cuánto hayamos contribuido a la taita,
cuantía de cada individuo. Estos impuestos probablemente bajarán los incentivos a es
tienen la ventaja de no distorsionar los mer forzarnos mucho en nuestra contribución.
cados, pero suelen tener por lo menos dos En cambio, si el tamaño del trozo que nos
inconvenientes. En primer lugar, en su re quedamos depende del esfuerzo, el incenti
caudación, son impuestos regresivos. Eso vo tenderá a ser mayor.
significa que en proporción los más po Volviendo a la política de impuestos, se
bres terminan pagando más a su renta que suele discutir en economía cuál sería la for-
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 193
ma más «justa» de distribuir la carga que ñas que gozan del mismo ingreso, pero una
suponen. Veamos brevemente algunas op- viviendo sola y la otra con varios hijos en
ciones. Una posibilidad es la de aplicar un edad escolar, paguen la misma cantidad de
principio de capacidad de pago. Así, los impuestos? Otra posibilidad es guiarse por
impuestos deberían reflejar la capacidad de el principio de los beneficiados. La idea es
pago de los ciudadanos. De este principio que las personas paguemos impuestos de
se derivan dos conceptos muy utilizados, acuerdo a cómo nos beneficiamos de ellos.
como son los de equidad horizontal y equi Así, por ejemplo, los impuestos que se des
dad vertical. Siguiendo un principio de tinan a la construcción y mantenimiento de
equidad vertical, los más ricos deberían las carreteras deberían, bajo este principio,
contribuir más que los más pobres. Este cri- recaudarse de sus usuarios y no de la pobla-
terio de equidad vertical es el que da origen ción en general. Aplicando este principio,
a la idea de impuesto progresivo o regresi- seguramente los ricos terminarían pagando
vo, ya discutida en este recuadro. De acuer- más que los pobres, en la medida que sean
do a la idea de equidad horizontal, las perso- más beneficiarios de los bienes y servicios
ñas de un mismo nivel de renta deberían provistos por el sector público. De hecho, el
soportar la misma carga impositiva. Estos principio frecuentemente aludido en el cam-
conceptos no están exentos de problemas, y po ambiental de quien contamina paga se
en la práctica no se suelen aplicar a rajata- corresponde con este principio, que se podría
bla. Por ejemplo, ¿sería justo que dos perso- reformular como quien se beneficia paga.
J
Medidas de desigualdad
La medición de la desigualdad de renta en la sociedad no es algo inmediato ni nece
sariamente simple. La forma de medirla suele utilizar índices de desigualdad. Se han
propuesto varios.
7.5.1. Varianza
i
( / “ A0
© ITES-Paraninfo
194 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
S | ' ^ ’ '»• v í V * Í V '*X y X ^ V\ . ’í , X * v ' i . ^,v V. •' < *. •> * / ' *" v ' ‘ v* , •*’ v#*. ,. v y . ’ > •- ** *’ , / 7 *v'' ^ .v *'•' V J l
y /v
c = —
tí
En la misma línea, otra medida algo más sofisticada es la Varianza del logaritmo de
la renta ( H)
. Formalmente:
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 1 95
% de la población
acumula el 20 por ciento del total de renta de la sociedad. El lector puede repetir la
interpretación para otras cenólas (porcentajes), por ejemplo el 50 por ciento, el 80
por ciento o el 100 por ciento. Podemos comprobar, pues, que la diagonal es la
representación gráfica de la distribución de renta completamente igualitaria en la
sociedad.
Interpretemos ahora la curva, representativa de la concentración de renta en una
sociedad no totalmente igualitaria. Tomemos de nuevo el 20 por ciento de la pobla
ción más pobre. Ahora, la curva nos indica que este 20 por ciento acumula mucho
menos del 20 por ciento de la renta. Aproximadamente, acumula un 4 por ciento. El
50 por ciento de las personas con menos renta acumulan todas ellas juntas sólo alre
dedor del 20 por ciento de la renta de toda la sociedad. El 80 por ciento de las perso
nas más pobres acumulan aproximadamente la mitad de la renta total. Y el 100 por
ciento de la sociedad acumula necesariamente el 100 por ciento de la renta también.
Vemos pues, que esta curva representa la concentración de renta (la curva de Lorenz)
de una sociedad con desigualdad. El lector puede comprobar que si la curva estuviera
más alejada todavía de la diagonal (y recordemos que la diagonal representa la situa
ción de total igualdad), la sociedad sería aún más desigual. Y también puede compro
bar cómo una curva que estuviera entre la comentada y la diagonal representaría una
sociedad con desigualdades, pero no tan desigual como la descrita en el Gráfico 7.1.
Explicada la interpretación de la curva de Lorenz, pasemos ahora a presentar el
índice de Gini. El índice de Gini está directamente relacionado con el valor del área
que queda entre la curva de Lorenz real y la diagonal. En el Gráfico 7.1 esta área
corresponde a la zona rayada. Pues bien, el índice de Gini es el doble de esta área
© ITES-Paraninfo
196 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
% de la población
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 197
«exterior» de la de renta, si bien un análisis más fino debería tener en cuenta otros
tactores. Este resultado obtenido a partir de las curvas de concentración queda tam
bién reflejado en los respectivos índices de Gini. El de los peajes es claramente supe
rior al de la renta (a la diferencia entre ambos índices de Gini se la conoce como
índice de Kakwani).
Pasemos ahora a ver lo que ocurre con el transporte privado y público. Ello queda
reflejado en el Gráfico 7.3. Podemos quizás aproximar el transporte privado con el
gasto en gasolina, dado que buena parte del gasto se corresponde con lo que se gasta
en los automóviles privados. Esta curva de concentración cruza a la de la renta, por
lo que no podemos afirmar nada concluyente con la simple comparación de curvas.
Sin embargo, la curva de concentración de gasto en transporte público está por «den
tro» de la de gasolina, renta e impuestos. Ello indica que las subvenciones al trans
porte público son «progresivas» (redistribuyen la renta de forma más equitativa).
i oo%
90%
80%
70%
30%
20%
10%
0%
0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%
© ITES-Paraninfo
198 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
EVALUACIÓN DE POLÍTICAS AMBIENTALES. EFICIENCIA Y EQUIDAD 1 99
Recuadro 7.8
ELASTICIDAD RENTA DE BIENES AMBIENTALES
¿Son los bienes ambientales bienes de lu persona que respondía al cuestionario y lo
jo? Para responder a esta pregunta un estu que declaraba querer pagar como mucho.
dio utilizó datos procedentes de ejercicios En ninguno de los distintos ejercicios
de valoración contingente que valoraban examinados se detectó que, en promedio, las
diversos bienes ambientales a partir de tra personas considerasen el bien ambiental que
bajos procedentes de distintos autores y estaban valorando como un bien de lujo.
países (España, Suecia, Francia, Países Ba Ello sugiere que invertir en medio ambiente
jos, Noruega, Finlandia, Estados Unidos y tendería a ser una política progresiva, y que
Australia). Para el cálculo, los datos bási en proporción a la renta, beneficiaría sobre
cos de cada ejercicio fueron la renta de la todo a las personas de menos ingresos.
Fuente: Bengt Kristróm y Pere Riera (1996) «Is the income elasticity of environmental improvements less than
one?». Environmental and Resource Economics, vol. 7, pp. 45-55.
Por otra parte, otros estudios han calculado la elasticidad renta a partir del gasto
que los gobiernos destinan a cuestiones ambientales. Así, se compara el presupuesto
por habitante que un gobierno dedica a protección ambiental en relación con su renta
per cápita, para diversos países o gobiernos. La conclusión en estos estudios es la
opuesta a lá anterior. De la actuación de los gobiernos se desprende que el medio
© ITES-Paraninfo
200 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
ambiente ps un bien de lujo (tal como lo definimos en economía, con una elasticidad
superior al). Esta contradicción se puede deber a diferentes factores. Uno de ellos es
que la interpretación que los gobiernos hacen de las prioridades ambientales de la
población les lleva a gastar en medio ambiente más de lo que gastarían los propios
ciudadanos. Pero puede haber también otras explicaciones, algunas de ellas más téc
nicas, y que se escapan del propósito de este libro.
r
Recuadro 7.9
APLICACIÓN DE LOS ÍNDICES DE DESIGUALDAD AL ANÁLISIS
COSTE-BENEFICIO
Fuente: Tonatiuh Nájera, Adam Kaliszewski y Pere Riera (2004) «An efficiency and distributional cost-benefit
analysis of an afforestation programme in Poland». Artículo en evaluación.
© ITES-Paraninfo
I
En caso de que una política tenga efectos externos ambientales positivos y nega
tivos, ¿daría igual para el resultado el que entraran en el análisis coste-beneficio
por separado (como beneficio los primeros y como coste los segundos) o que lo
hicieran en forma de saldo anual? ¿Qué ventajas podría tener una u otra forma
de proceder?
l
© ITES-Paraninfo
1 T
0
% de la población
©ITES-Paraninfo
ft
I
CAPÍTULO
Contabilidad
ambiental
8.1. | Antecedentes
8.2. | Cuentas nacionales
8.3. | Componentes del PIB
8 .4 .1 El PIB como medida de bienestar
8.5. i Medida del PIB con aspectos ambientales
8.6. | La empresa y la contabilidad verde
Ejercicios
MmMMém
204 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Antecedentes
Recuadro 8.1
EL PRODUCTO INTERIOR BRUTO
I
Por producto interior bruto (PIB) entende monetarias (euros, dólares, etc.). Lo mismo j ¡
mos el valor de mercado de los bienes fina ocurre con muchas de las otras magnitudes
les producidos en el interior de un territorio macroeconómicas que nombraremos. Cuan
a lo largo de un periodo de tiempo. El do hablemos de consumo, o de exporta
] periodo de tiempo suele ser de un año o de ciones, o de servicios ambientales, no nos
| un trimestre. El territorio suele coincidir referiremos a las unidades físicas de pro
con el de los Estados o el de algún otro ám ducto, sino a su valor en el mercado. En ¡;
bito administrativo. Así, hablamos por cambio, la inflación la medimos mediante
| ejemplo del PIB español, del PIB argenti índices, y la ocupación en número de per
no, del PIB andaluz, o del PIB europeo. sonas ocupadas.
Decíamos que el PIB es el valor de lo El producto interior bruto corresponde al
producido. La palabra valor la utilizamos valor de la producción final tanto de bienes
| aquí de forma distinta a como la usábamos como de servicios. Se denomina interior
en los Capítulos 5 y 6. Se trata del valor de porque se refiere a la producción y consu-
mercado. En general, el valor de lo produ mo dentro del territorio, con independencia
cido se mide por su precio de mercado, con de que las personas que los realizan residan
alguna excepción. Por ejemplo, para los habitualmente o no en este territorio. Otra
| servicios públicos para los que no existe posibilidad sería tener en cuenta solamente
propiamente un precio de mercado compe a los residentes habituales. Entonces habla-%li
titivo, su coste se toma como indicador de riamos de producto nacional bruto (PNB).
su valor. El PIB, pues, se mide en unidades Por ejemplo, un trabajador extranjero tem-
© ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 205
El PIB, junto con otras variables, se utiliza con frecuencia como medida del cre
cimiento de la riqueza en un país. Se suele pues asumir que los habitantes de un país
con un PIB mayor están mejor que los de otro cuyo PIB sea menor. Así, los indivi
duos de países con un nivel de bienestar material mayor, medido éste a través del
PIB, estarían mejor que aquéllos residiendo en un país en el que se disfrute un nivel
de bienestar material inferior. Es relativamente fácil de argumentar este punto de vis
ta, al incorporar el PIB varios componentes importantes. Así, la prosperidad suele
conllevar por ejemplo servicios sanitarios y educativos, o infraestructuras mejores,
comparados con los que se disfrutan en países que crean menos riqueza. Una mayor,
renta significa asimismo un menú de opciones más rico en cuanto a viajes, servicios
de salud, etc. No obstante, la función del PIB no es la de ser utilizada como medida
de bienestar, tanto menos si consideramos sus limitaciones en lo que respecta al tra
tamiento que realiza de los recursos naturales y del medio ambiente.
I
En los últimos años, se ha empezado a explorar en mayor detalle la utilidad de la
contabilidad ambiental para los gobiernos y las empresas. Así, se ha producido una
demanda hacia sistemas que proporcionen informaciones más exhaustivas en cuanto
al uso de recursos, y que incluyan más información que la incorporada en los siste
mas de contabilidad tradicionales. Una empresa, por ejemplo, necesita a menudo más
información que aquélla estrictamente de costes e ingresos monetarios en lo que res
pecta al uso de sus recursos. De la misma manera para un país, el poder acceder a un
sistema de información más detallado puede resultar asimismo interesante.
© ITES-Paraninfo
206 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
t
El SCN está sujeto a continuas revisiones, y las más recientes incluyen nuevas
formas de tener en cuenta los recursos naturales. El desarrollo de las cuentas nacio
nales se ha dado en varios aspectos. Así, se han desarrollado distintos tipos de cuen
tas que complementan las convencionales. Las Naciones Unidas han desarrollado un
particular sistema de «cuentas satélite» (cuentas más detalladas para un cierto sector,
como el ambiental, el turístico, etc.). La cuenta satélite permite cubrir mejor la conta
bilidad asociada al medio ambiente. Ello se realiza en el marco del denominado Sis
tema de Cuentas Ambientales y Económicas (System of Economic and Environmen-
tal Accounts, SEEA), y constituye un intento para coordinar estadísticas de economía
y del medio ambiente. El primer documento de orientación metodológica para reali
zar un SEEA se publicó en 1993, aunque han ido apareciendo nuevas versiones desde
entonces. Más adelante describiremos brevemente esta propuesta, pero antes debe
mos familiarizarnos algo con los sistemas tradicionales de contabilidad nacional.
Cuentas nacionales
El papel relevante de las cuentas nacionales en una economía moderna es innegable.
Apenas transcurren días sin que alguna de sus estadísticas importantes sea titular en
la sección de economía de los medios de comunicación. Así pues, las nuevas cifras
de crecimiento económico, los últimos datos sobre ahorro, o las noticias recientes
sobre la evolución del consumo, son con frecuencia protagonistas de la actualidad
diaria.
Resulta útil pensar en la contabilidad nacional como una forma estadística de re
sumir de manera sistemática las actividades económicas de la nación (o de otro terri
torio), los resultados económicos y sus relaciones con el resto del mundo, para un
cierto periodo o en un momento concreto. En un sistema de contabilidad nacional, las
distintas variables (el PIB, las exportaciones, la inversión, los salarios, el consu
mo, etc.) están integradas y organizadas en diferentes «cuentas». Esto permite abor
dar una amplia variedad de análisis de interés.
A las cuentas nacionales se les han atribuido tradicionalmente cuatro funciones
principales:
(i) Describir el estado de la actividad económica de un país correspondiente a
un cierto periodo de tiempo.
(ü) Identificar cómo la renta (o sea, los ingresos de la población) y sus cambios
afectan al consumo y a otras variables económicas.
© ITES-Paraninfo
208 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 8.2
EL FLUJO CIRCULAR DE LA RENTA
Mediante el diagrama del flujo circular de lizan pagos a las empresas por la compra ¡
la renta pueden representarse las relacio de los bienes y servicios que éstas produ- j
nes que se dan entre los diferentes sectores cen. Estos pagos supondrán unos ingresos J
de la economía, a través de la recepción de para las empresas que producen y venden •
ingresos y de los pagos que ejercen cada los bienes y servicios.
uno de los colectivos, así como de los bie Si incorporamos al sector público en el
nes que intercambian. Distinguimos los si esquema anterior, tendremos lo siguiente. I
guientes grupos de agentes: las familias, El sector público proporciona algunos ser- j
las empresas, el sector público y el resto vicios que utilizan tanto las familias como
del mundo. Aquellas relaciones que repre las empresas (sanitarios, educativos, provi
sentan pagos o ingresos aparecen en el grá sión de infraestructuras), y éstas a su vez
fico en una elipse y en cursiva. pagan impuestos. Por su parte, el Estado
Pensemos por ejemplo en las relaciones transfiere rentas a algunos colectivos en
que se dan entre las familias y las empre forma de pensiones, subsidios al desem
sas. Las empresas pagan salarios a sus tra pleo, subvenciones a empresas, el pago de
bajadores, dividendos a sus accionistas, o salarios a quienes trabajan para el Estado, o
alquileres, que van a parar a manos del co de intereses a aquellos que les han prestado
lectivo familias. Las familias también rea dinero. Teniendo en cuenta el resto de paí-
I
© ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 209
C impuestosto
Empresas Sector Público Familias
C su p u esto s}
¿|í>
iI
18
fi
i
u
U
La lección básica del flujo circular de la larios, intereses, pensiones, etc.) equivale
renta es que cada transacción tiene dos lee- al total de rentas que emplean, bien para
f turas, y que para que se realice un cierto consumir bienes o servicios, bien para aho-
i pago en concepto de compra es necesario rrar. El gasto de cualquier persona debe
!i
que antes se haya recibido un cierto ingre- constituir un aumento de renta para algún
so de renta asociado a la venta de algún otro. Por tanto, en el equilibrio el valor de
bien o servicio, y ello para todos los agen- la producción se iguala al de la demanda, y
F
tes de la economía. Por ejemplo, para las a su vez éstos se igualan a las rentas,
familias, el total de rentas que reciben (sa-
Probablemente el dato en sí mismo más importante que surge de las cuentas na
cionales sea el del PIB. A continuación describimos las diversas aproximaciones que
permiten su cálculo y discutiremos la idoneidad de su uso como indicador de bienestar.
© ITES-Paraninfo
210 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
PIB no describe el valor de toda la producción. Por ejemplo, si al precio de todos los
componentes de un ordenador le sumamos el precio del propio ordenador estaríamos
contando doblemente su valor, porque el precio de un procesador lógicamente ya está
incluido en el precio del ordenador.
Hay tres definiciones equivalentes del PIB, que exponemos a continuación, según
se mire desde el lado de la oferta (producción), desde el de las rentas que se generan,
(vía de ingreso), o desde el lado de la utilización de estas rentas (o vía del gasto), j
1
La primera de las vías es la de producción u oferta. Las actividades productivas*:
generan bienes y servicios, y se trata de calcular la aportación de cada actividad, o*
valor añadido, al proceso productivo. La expresión sería:
PIBpm = suma delos valores añadidos brutos + impue
El valor añadido resulta de la diferencia entre lo que a una empresa le cuestan los
inputs (materias primas, energía, productos semielaborados, etc.) y lo que ingresa
cuando vende su producto, bien a la empresa siguiente bien al consumidor final. Si el
valor añadido es bruto, entonces incluye la depreciación del capital, y podemos tener
en cuenta asimismo la intervención del Estado incorporando los impuestos netos
sobre los productos (o sea, la diferencia entre impuestos y subvenciones, tal como se
explica en el Recuadro 8.1). Así, para cada empresa calcularíamos el valor añadido
bruto a precios de mercado (VABpm), y de la suma de todas resultaría el PIB (-a
precios de mercado). Al ir sumando el valor añadido se consigue evitar el problema
de la doble contabilización al que anteriormente nos referimos.
La segunda vía de cálculo es la del ingreso o renta. Así, el valor de todo lo que se
produce se reparte entre los factores de producción (capital y trabajo) que colaboran
en el proceso productivo, y es igual a los ingresos de trabajadores e inversores de
cualquier tipo. Por esta vía el valor del PIB resulta de: ,
.' i
PIB = salarios + beneficios + (impuestos —subsidios) = RIB
donde RIB denota la renta interior bruta. O sea, que visto desde la perspectiva de los ’i
ingresos, el valor de lo que se produce en un territorio va a parar a los trabajadores en
forma de salarios o a los inversores en forma de beneficios ( indica aquí j
toda renta no salarial). Finalmente, como el Estado también interviene, parte de las {
rentas generadas al producir van al Estado en forma de impuestos, aunque una parte ,
retorna en forma de subsidios. Eso es lo que nos permite calcular el PIB a precios de *
mercado, tal como se comentó en el Recuadro 8.1. I
$ I
La tercera vía de cálculo es la del gasto o demanda. Así, los agentes económicos i
realizan gastos equivalentes al total que han ingresado. Por esta vía, el cálculo del
PIB resulta de:
PIB = consumo + inversión bruta + exportaciones —importaciones = GIB
donde GIB corresponde al gasto interior bruto. Esta definición nos indica que lo que
producimos en el interior de un territorio o bien lo consumimos en el interior de este
territorio (consumo total - importaciones), o bien lo invertimos, o bien lo consumen
en otros territorios (exportaciones). El consumo y la inversión suelen a su vez di vi-
©ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 211
dirse en privados y públicos, referidos estos últimos a los realizados por el Estado.
En una economía cerrada (sin relaciones con otros países), el PIB sería simplemente
ií la suma de consumo e inversión. Otra forma de expresar la inversión es mediante la
variación en el stock de capital, dado que en definitiva es lo que hace la inversión,
crear capital, variar la cantidad del mismo. Esta creación de capital es lo que de he
cho se corresponde con la partida denominada formación bruta de capital fijo. De
forma análoga, la inversión incluye la variación de existencias, o el cambio acaecido
desde el principio al final del periodo en la cantidad de materias primas, productos
finales, etc., de las empresas. Más adelante, al presentar la propuesta de contabilidad
ambiental recuperaremos esta aproximación de variaciones en los stock, referidas en
tonces al capital natural.
I
R e c u a d r o 8 .3
EQUIVALENCIAS
El producto interior bruto (PIB) es el valor PNN son los indicadores más habitualmente
todos los bienes y servicios que se producen utilizados para medir el conjunto de la acti-
en el interior de un determinado territorio, vidad economica
sin tener en cuenta que al producir se depre- nado periodo de tiempo.
cian las máquinas y otro tipo de capital en En contabilidad nacional, el valor del
general. Si descontáramos esa depreciación, exactamente el mismo
entonces en lugar de producto interior bruto mismo
(PIN), que el de la renta. Son identidades conta
O sea, PIB = PIN bles. El producto resulta de adoptar como
Por otro lado, si el PIB no tuviera en base la producción de bienes y servicios; la
cuenta todo lo que se produce en el interior renta, de utilizar como perspectiva los in-
, del territorio de referencia, sino lo produci- gresos de las familias e inversores o produc-
do por los «nacionales» o ciudadanos de es- tores (salarios y otras rentas); y el gasto, de
\ te territorio, hagan éstos su actividad en él o enfocar el cálculo en base a las utilizacio-
excluyéramos nes que se hacen (consumo y ahorro o in-
producto generado por los no nacionales en versión). Son tres formas de entender una
nuestro territorio, entonces estaríamos mi- misma magnitud. Además del PIB y el
diendo el producto nacional bruto (PNB). Y PNN, las otras magnitudes más habitual-
si a éste le quitamos la depreciación del ca- mente utilizadas son quizás la renta nacio-
pital utilizado, entonces nos queda el pro- RNB)
ducto nacional neto (PNN). El PIB y el nacional neto o bruto (GNN o GNB).
© ITES-Paraninfo
212 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 213
Para el propósito de este libro, son las dos últimas críticas enumeradas las que
más nos interesan, las referidas a la cuestión de hasta qué punto la calidad ambiental
queda reflejada en el PIB. De hecho, no es correcto decir que la calidad ambiental no
se incluye en absoluto. Para verlo, recordemos el ejemplo de la fábrica de papel y la
pesquería del Capítulo 2. Supongamos que las emisiones de la papelera han aumenta
do durante el año. Esto conduce a una menor producción para la pesquería,, y esta
reducción quedará reflejada en el PIB. .
En sus versiones anteriores, el sistema de cuentas nacionales (SCN) había incor
porado los recursos naturales de forma más bien superficial, si bien la versión de
1993 supuso ya un cambio de tratamiento. La cuestión principal es la de si los recur
sos naturales pueden considerarse capital productivo o real, y ser así incluidos en el
cálculo del PIB. Tradicionalmente, los recursos naturales como los bosques no ha
bían sido considerados stock de capital real, en el sentido que tiene en el SCN. En
consecuencia, si un país utiliza parte de su stock de petróleo, esto incrementaría su
producto nacional, mientras que el hecho de que el stock de petróleo sea inferior no
queda reflejado en las cuentas.
Podemos concluir que el PIB, en la forma en que tradicionalmente se computa,
presenta claras deficiencias como medida de bienestar. Sin embargo, el PIB tiene
muchas otras ventajas como indicador. La cuestión central es la de determinar «qué
deseamos medir». Si la actividad macroeconómica es nuestro objetivo, entonces el
PIB puede ser una buena variable a utilizar. Si lo que deseamos es obtener un buen
índice de bienestar, entonces seguramente querremos ampliar los procedimientos
contables de alguna forma. Si lo que queremos es que tenga en cuenta los distintos
aspectos ambientales, entonces deberíamos mejorar este aspecto, tal como se verá
más adelante. De hecho, se han propuesto diversas medidas para distintas finalida
des, aunque algunas son de difícil interpretación. En el siguiente apartado, examina
remos la incorporación de aspectos ambientales.
.5.1. Recursos
© ITES-Paraninfo
214 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
recursos está formado primeramente por el stock de capital real, como los edificios,
las máquinas, los ordenadores, etc. En contabilidad ambiental, se adopta una pers
pectiva más amplia y nos centramos en el stock de recursos en su totalidad, incluidos
los de capital natural. El stock de recursos total puede separarse en tres partes: el
capital natural, el capital real y el capital humano, tal como ya explicamos en el Ca
pítulo 1. Podemos pensar en nuestros ecosistemas como el capital natural, en analo
gía con el capital real del sistema económico. De los ecosistemas extraemos agua,
alimentos y muchos otros recursos, ya sean renovables o no renovables, y nos ofre- .
cen muchos servicios. La totalidad de todos los ecosistemas representa una buena
parte de lo que podemos llamar nuestro stock de capital natural. j
El capital humano es un término que refleja la habilidad de los individuos para
combinar y utilizar los factores en la producción. Una persona puede invertir en su
capital humano mediante educación, por ejemplo, y ésta puede afectar de manera im
portante el flujo de ingresos de toda una vida.
' ’E 1
8.5.2. Servicios a m b ie n ta le s ! |
Existen muchos ejemplos en los que los servicios ambientales no quedan reflejados
ni en el PIB ni en la contabilidad nacional en general. Esto sucede, por ejemplo, para
los bienes ambientales sin precio, como los valores recreativos de los bosques. En
cambio, sí se pueden incorporar en las cuentas ambientales. En los Capítulos 5 y 6
vimos distintas formas de medir el valor de tales servicios en unidades monetarias.
Sin embargo, en las cuentas ambientales, a menudo se utilizan los costes asociados a
la política ambiental como medida del valor de los servicios ambientales. Regulacio
nes más estrictas conllevan costes para aquellos agentes que tienen que cumplirlas.
Estos costes se utilizan en ocasiones como una aproximación del valor que para la
sociedad tiene el disfrutar de una mejor calidad ambiental.
El economista japonés Kimio Uno fue uno de los primeros en proponer esta clase
de aproximación. Este autor sugirió que puede ser posible utilizar el coste de conse
guir un cierto objetivo ambiental como base para la valoración. Así, si las autorida
des deciden que las emisiones de carbono se han de reducir en un cierto porcentaje,
los costes de conseguir dicho objetivo podrían interpretarse como una aproximación
de cuánto la sociedad está dispuesta a pagar por conseguir esa meta. Se ha sugerido a
veces que los impuestos ambientales que actualmente se usan podrían ser utilizados
con el mismo propósito. Para que este método resulte útil, debemos suponer que los
representantes políticos elegidos representan razonablemente bien los sentimientos
© ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 215
de los individuos, que conocen bien sus preferencias y legislan para maximizar su
bienestar conjunto. Hipótesis que se nos puede antojar poco realista.
Mk
i1
A •* ' /Wr>/. /. .V *v ,•/ - V- , / */■ Z
1. 7/.' /VV. //.y. * /A ‘ / / ,<> •’& , . ~ s / y ? '&/•' / 'A / •• y ,• .%*■/
’ 77^.' » ■ x '' ,*// ' »'v/ »»'■.- -y * -y. -> • w / , *«
¡ . jAf*iAk
Supóngase ahora que abrimos el país al comercio con el exterior, de forma que el
petróleo puede ahora intercambiarse por otros bienes en el mercado mundial. El pro
cedimiento de cálculo del PIB es el mismo, así que le sumaríamos al consumo las
inversiones en todos los stock de capital. Puesto que ahora el país podría invertir en
otro stock de capital, ahora el PIB no necesariamente será cero.
4. R enta sostenible
© ITES-Paraninfo
216 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
<
Miremos ahora al problema de cómo los recursos renovables, tales como los pesque
ros o los forestales, por ejemplo, deberían ser tratados en un sistema contable am
biental. Si tratamos estos recursos como stock de capital, sabemos que deberíamos
incluir su variación en nuestra definición ampliada de PIB, tal y como hacíamos con
los no renovables.
Tal y como vimos en los Capítulos 5 y 6, muchos recursos no solamente son úti
les como elementos que sirven para la producción, sino que pueden proporcionar un
valor de existencia en sí mismos. Las ballenas azules suelen asociarse, por ejemplo,
con valores de existencia considerables; muchas personas otorgarían un valor a la
persistencia del mamífero más grande del mundo, aunque no tengan en mente el ver-
las nunca en su hábitat natural. Éste sería un tipo de valor que necesitaríamos incluir,
o más bien el de los cambios que se produzcan en este valor en el periodo de referen
cia (un año, un trimestre...).
8.5.6. Ocio
Cuando comparamos dos países cuyo PIB es aproximadamente el mismo, puede su
ceder que el producto per cápita sea el mismo, aunque los tiempos de ocio cambien
mucho entre los países. Como la mayor parte de la población valora el tiempo de
ocio positivamente, deberíamos preguntarnos por si este componente debería incluir
se en el cálculo del PIB ajustado. Una posibilidad es la de deducir el coste salarial, o
el producto del número de horas trabajadas por un salario promedio. Si el salario no
varía, la única forma de que el gasto salarial varíe es a través de un cambio en !el
número de horas trabajadas. Una hora más trabajada significa menos horas disponi-
© ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 217
bles para el ocio. De esta forma, el gasto salarial podría usarse como un indicador del
valor del ocio no disfrutado, o perdido. Existen también propuestas alternativas, co
mo por ejemplo la denominada medida de renta total, que tiene en cuenta el valor del
tiempo de ocio.
Una crítica común que se realiza al PIB como medida útil de bienestar se centra en
los denominados gastos preventivos. Tales gastos incluyen los policiales, los de de
fensa y los del sistema judicial que la sociedad utiliza para protegerse. Así, si se em
plea a más policías para luchar contra el crimen, parecería como si un aumento de la
criminalidad conllevara un mayor PIB, puesto que estimula el número contratado de
policías. De igual forma, un accidente de tráfico puede parecer que incrementa el
PIB, porque pueden aumentar los gastos públicos asociados, por ejemplo los sanita
rios (no está para nada claro que con ello el PIB aumente, por distintas razones, pero
/
supongámoslo por el momento). Además, un país puede también elegir gastar más en
defensa como reacción a una crisis internacional, lo que también parecería resultar en
que tales crisis incrementan el bienestar, de acuerdo con cómo se modificaría la va
riable PIB.
Esta crítica sugiere que los gastos preventivos deberían deducirse del cálculo del
PIB ajustado. Existen unos cuantos problemas asociados con tal deducción. Tal y co
mo ya se ha apuntado, no está claro que necesariamente el PIB se vaya a ver afectado
en los casos que hemos señalado, porque los recursos que se utilizan en accidentes o
crisis, etc., tienen usos alternativos. También resulta complicado ponerle un límite a
la noción de gasto preventivo, sin entrar en una discusión algo delicada. El gasto en
brigadas antiincendios, la policial y los tribunales de justicia pueden contemplarse
como gastos preventivos, pero la misma lógica sugeriría que también lo son los ali
mentos y la utilización de medicinas. Así, podemos ver a los alimentos como un gas
to que previene el hambre o algunos problemas físicos, y las vacunas como un gasto
que previene enfermedades. Al final, muchos de los gastos en los que podamos pen
sar pueden ser interpretados como preventivos, lo que nos llevaría a la conclusión, si
los dedujéramos todos, de que en el límite nos podríamos quedar sin PIB.
Se ha sugerido antes que a lo mejor se podrían utilizar los gastos preventivos para
valorar los daños ambientales. Así, los gastos que la sociedad ha aceptado para des
contaminar las aguas, las barreras que protegen del ruido del tráfico y gastos simi
lares, se podrían usar para inferir el valor que la sociedad da a las externalidades
ambientales correspondientes. Si los utilizamos como valoración de los daños am
bientales, los podríamos deducir del consumo para conseguir un mejor índice de bie
nestar. No obstante, esta aproximación podría funcionar muy mal. Supongamos que
instalamos unas ventanas especiales que nos protegen del ruido de un aeropuerto cer
cano. Parece razonable concluir que los gastos en las ventanas no nos proporcionan
una buena aproximación del daño subyacente ocasionado por la actividad aeropor-
© ITES-Paraninfo
218 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
tuaria, porque sólo estaríamos protegiendo los daños que se producen en el interior
de las viviendas. La aplicación de métodos de valoración como los expuestos en los
Capítulos 5 y 6 podría permitir una mejor aproximación.
La primera fila describe el cálculo convencional del PIB. Recordemos que los
cambios en los stock de capital real reflejan las inversiones. Las tres líneas siguientes
© ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 219
recogen los ajustes y extensiones que acabamos de discutir, esto es: la inclusión de
los efectos de los daños ambientales; la inclusión de las variaciones en el stock de
capital natural; y la consideración de los tiempos de ocio. Si las variaciones de stock
fuesen netas (se deducen las depreciaciones), el indicador sería el PIN(A). Todos los
conceptos recogidos deben estar convenientemente expresados en unidades moneta
rias. En la práctica, no obstante, el cálculo del PIB(A), o si se quiere del PIN.(A), no
está exento de dificultades. Los métodos de valoración que se han descrito en los
Capítulos 5 y 6 deberían aplicarse aquí con precaución, puesto que se han desarrolla
do con otros fines. En concreto, resulta difícil el asignar valores a daños que se ex
tienden mucho a lo largo del tiempo, como sucedería en el caso del cambio climático.
Desde un punto de vista económico, las medidas de PIB ajustado resultantes del
SEEA no tienen por qué cumplir con lo que esperaríamos de una medida de bienestar
correcta tal como la hemos discutido. Aunque este sistema contable puede ser de mu
cho interés en otros campos, el atractivo del SEEA para los economistas es algo limi
tado,- puesto que los fundamentos de la economía del bienestar que subyacen son dé
biles. El SEEA no se basa de forma explícita en la teoría del bienestar. Por ejemplo,
el enfoque de los gastos preventivos como método de valoración de ciertos daños
ambientales resultaría inadecuado.
© ITES-Paraninfo
220 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
..................... . , .. .v v ..y ...v , . fV v m ’. / m * / v V j6^C * 'VVN 'X v ' / : ‘ / / / ■ / / ' . y / / * * ; ; # y/. ' YS*/ / * ' / / /Y? s/ K */ / / / S '/ / .
© ITES-Paraninfo
CONTABILIDAD AMBIENTAL 221
© ITES-Paraninfo
►
En general, gastos y costes ambientales son aquellos que se realizan con el fin de
prevenir, reducir, reparar o evitar el daño sobre el medio ambiente. La normativa
describe diversas cuentas o conceptos que deberán estar presentes (si procede) en la
memoria empresarial. Mientras que el «gasto» de alguna forma se asocia con una
mayor producción de la empresa, el «coste» en cambio no contribuye a generar más
producto (sería el caso de las multas o sanciones). Veamos algunas de estas partidas ■
a modo de ejemplo. La responsabilidad ambiental recoge obligaciones de gastos ya i
adquiridas, que no obstante se liquidarán en el futuro. El gasto ambiental recoge en
cambio los gastos de gestión de residuos, de protección de suelos, de reducciones de
ruidos, efectuadas durante el ejercicio económico. Los activos de naturaleza medio
ambiental recogen aquellos elementos duraderos incorporados al patrimonio de la
empresa con el fin de reducir sus impactos ambientales. Las partidas de provisiones y
contingencias de naturaleza medio ambiental recogen los gastos de naturaleza am
biental que sean probables o ciertos a la fecha del cierre del ejercicio, pero indetermi- i
Aunque esté en vigor esta normativa para el caso español, y otras muchas en
otros tantos países del mundo, la realidad es que la práctica contable ambiental en la
empresa está aún poco arraigada. La información en unidades monetarias, por ejem
plo, es aún poco frecuente. Se espera, sin embargo, que en pocos años las empresas
vayan incorporando parte de los elementos de contabilidad ambiental mencionados
no sólo para cumplir la legislación, sino también para mejorar su propia gestión. En
el Capítulo 10 trataremos de nuevo de la adopción de iniciativas ambientales por par
te de las empresas.
© ITES-Paraninfo
I
* . - . . y - j ^ - . ^ '/^■ '/U ^'.-‘’w ^ y ,~ s ^ ,^ ¿&jy+.-sy?; :-y.-^- ^M X ^K ¿Jm ím iU ^t3¿B B O m m SÍlf. ^ y / \$ -jfó. ' :..'..V ■'■■,
Ejercicios
'.¿Á /£.■$' y . & í x ' $>’- i '->•_;,>¿¿.>x t y 'Í & ¿ } /'<
' Vi-.• y’íü fó y '■ • '> ^ ^ ^ v ;¿ ít¿ '* > -:-/ Y«, x<
^
•:■'••: ••&&:•.'/ . :-v •¿-.•' x'-vft-'ji.-v Mv V
' /. -.v ¿ ; vi, .; ’ •>-• ■•' ¿ >
1. ¿Qué relación tiene el PIB con el nivel de bienestar de un país? ¿Qué críticas
recibe este indicador como medida de bienestar?
6 . Proporcionar tres posibles razones que hagan que los habitantes de dos países
con un mismo PIB y una misma población puedan de hecho estar disfrutando
distintos niveles de bienestar.
7. Un país obtiene a final del año una cierta producción interior bruta (positiva)
de bienes y servicios. Imagine que la maquinaria, vehículos y otros bienes de
inversión no sufren depreciación en ese año.
• a) ¿Podría el valor del PIB(A) resultar menor?
b) ¿Y podría resultar mayor? Justificar las respuestas.
© ITES-Paraninfo
I
CAPÍTULO
9
s
**• ///Oí
Aspectos
internacionales.
Aplicaciones
de teoría de juegos
Hasta ahora hemos basado el análisis económico ambiental en las relaciones de ofer
ta y demanda, las cantidades óptimas de cada bien y los equilibrios de mercado, fun- I
damentalmente. Pero ésta no es la única forma de proceder al hacer análisis económi- |
co. Otro instrumento muy útil para determinados análisis es la teoría de juegos. Es el |
instrumento que utilizaremos en buena parte de este capítulo y resulta particular- j
mente adecuada para ilustrar algunos de los problemas globales o internacionales que
presenta el medio ambiente. Son muchas las cuestiones ambientales que tienen una
dimensión transfronteriza cuya resolución requiere de la aplicación de políticas eco
nómicas ambientales de ámbito internacional, con el acuerdo de varios países. La
teoría de juegos nos ayuda a entender las dificultades presentes en la consecución de
acuerdos internacionales, y más aún en su cumplimiento. También ayuda a entender
los mecanismos que hacen que los países estén interesados en adoptar voluntaria
mente políticas ambientales de alcance internacional. La primera parte del capítulo
se dedica al análisis de este tipo de problemas, utilizando la teoría de juegos.
V ‘ * H
En la segunda parte del capítulo nos centraremos en aspectos ambientales del co
mercio internacional. Veremos cómo ciertas regulaciones nacionales pueden en reali- ,
dad agravar algunos problemas ambientales globales. Por ejemplo, las emisiones de
carbono pueden quizás empeorar con regulaciones relativamente duras en un país, si
parte de la industria se ve obligada a localizarse en otro lugar debido al incremento
de costes por la nueva política ambiental. Veremos también por qué puede ser mejor *
que los impuestos varíen entre sectores. A menudo los gobiernos protegen algunos
sectores industriales de la competencia de terceros países, por ejemplo mediante sub
venciones o impuestos menores. Finalmente veremos algunos aspectos de los grupos
de presión respecto a las regulaciones ambientales internacionales.
I ijJp9
Problemas ambientales internacionales
Los problemas ambientales no suelen respetar las fronteras administrativas. El pro
blema de la lluvia ácida es un buen ejemplo. El viento puede desplazar azufre a mu
cha distancia, de forma que la lluvia ácida que afecta a un país proviene a menudo de
emisiones originadas en otro. Para solucionar problemas de este tipo, algunos países
han adoptado acuerdos voluntariamente. Es el caso del Protocolo de Oslo para la re
ducción de las emisiones de azufre. El protocolo establece que las emisiones de azu-
fre a la atmósfera debían reducirse en Europa para el año 2000 en un 50 por ciento de
las emisiones de 1980, y en un 60 por ciento para el 2010. Otro protocolo internacio
nal, éste sobre el nitrógeno, compromete una reducción del 30 por ciento en las emi
siones de óxidos de nitrógeno. Son muchos los protocolos y acuerdos internacionales
que distintos países han suscrito, incluyendo la protección de ecosistemas marinos,
especies en peligro de extinción, cambio climático o residuos.
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 227
Recuadro 9.1
ALGUNOS ACUERDOS INTERNACIONALES •<* "
..... ' ... "' " ...........- .............................
f / • ■ • -V V. ; . ... : •/ • / • >, . • * •' *. \ :•* ; •' . ,
El «Protocolo al Convenio sobre la conta- ciado por las Naciones Unidas. Adoptado a
minación transfronteriza a larga distancia, finales de 1997, entró en vigor en febrero de
de 1979, relativo a una reducción adicional 2005, tras producirse su ratificación por par-
de emisiones de azufre», fue seguido de un te de países referenciados en el anexo I del
segundo protocolo firmado en Oslo en 1994 protocolo (básicamente los industrializados)
y ratificado por 25 países. Este segundo que fueran responsables de por lo menos el
protocolo es efectivo desde agosto de 1998 55 por ciento de las emisiones de dióxido de
ií
4 y propone distintos porcentajes de reduc- carbono (C02) que se daban en 1990 por par-
• ción de emisiones por países para los años te de los países. La voluntad del protocolo es
[
2000, 2005 y 2010 respecto a las existentes
% / . , 0 . • V •:
que los países implicados disminuyan sus
' ’• . ** *• . . ’ ' : . ’ . . . . . . .. * . . . . .
© ITES-Paraninfo
228 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Oskar Morgenstern
(1902-1976).
Una de las hipótesis fundamentales tras la teoría de juegos es que
las personas nos comportamos racionalmente, en el sentido de que
elegiremos lo que consideremos mejor para nosotros mismos. Así, las
personas en un juego toman decisiones de acuerdo a una estrategia o
plan. Una estrategia consiste en el conjunto de decisiones a tomar a lo
largo del juego. En nuestro simple ejemplo de dos posibilidades, con
un solo periodo, una estrategia posible es tomar el lado derecho y otra
tomar el izquierdo. Claro que si la otra persona realiza simultánea
mente el movimiento simétrico, el juego se puede alargar y complicar,
algo más. Con dos periodos o decisiones a tomar por cada jugador,
por ejemplo, una estrategia para uno de ellos sería tomar el lado dere
cho y si la otra persona también lo toma, tomar el izquierdo. Otra es
trategia sería tomar siempre el lado derecho, reaccionara como reac
John Nash (1928).
cionara la otra persona. Una estrategia debe contemplar cualquier
contingencia a lo largo de toda la duración del juego, debe prever qué
hacer ante todas las situaciones posibles. Eso puede ser ciertamente muy complicado,
como en el caso de una partida de ajedrez, donde las combinaciones posibles son
muchísimas. En algunos juegos se dan estrategias dominantes, que serían aquellas
que un individuo elegiría cualesquiera que fuesen las decisiones de los demás.
En nuestro ejemplo
^ X de dos Xpersonas cruzándose Xpor la calle no hay^ una estrategia
o I
dominante, pero veremos la utilidad de este concepto en el juego del dilema del pri- %
sionero.
v <r
1
R e c u a d r o 9 .2
ESTRATEGIA DOMINANTE
Una estrategia es un plan para reaccionar Una estrategia dominante para un juga-
a circunstancias inciertas. Se trata de un dor es aquella que le proporciona resulta-
conjunto de reglas que contempla qué ha- dos mejores o al menos tan buenos como
cer en cada momento y circunstancia del cualquier otra estrategia, sean cuales sean
juego. las que adopten los demás jugadores.
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 229
T■«c,-
L •
Va
ni
R e c u a d r o 9 .3
SUBASTAS
Otro contexto en el 100.000 euros como mínimo, la segunda por
que se dan estrate- 105.000 y la tercera, la menos competitiva,
gias, en donde lo que por 110.000. Sin embargo, la primera em
uno obtenga depende presa puede pensar que si propone una can-
del comportamiento tidad superior y todavía es la mejor oferta,
de los demás, es el de se quedará el contrato y obtendrá mayores
las subastas. Una for- beneficios. Y lo mismo pueden pensar las
ma habitual de subas- otras empresas. Es muy probable que el
tar es mediante ofer- ayuntamiento termine pagando más por di
tas simultáneas en cho comportamiento. Imaginemos que todas
William Vickrey sobres cerrados. Pon- aumentan un 10 por ciento su mejor oferta,
(1914-1996).
gamos por caso que adjudicando el contrato por 100.000 euros.
un ayuntamiento desea contratar los servi- Una alternativa es la subasta tipo Vickrey,
cios de jardinería del municipio, o de reco- donde el contrato se da al mejor postor pero
gida de basuras, y para ello organiza una por el monto del segundo mejor postor. El
subasta, donde pide a las empresas que se lector puede comprobar que con este meca-
quieran presentar que entreguen en sobre nismo todas las empresas participarían en la
cerrado su mejor oferta por sus servicios, subasta con su mejor oferta real, sin que les
de manera que el ayuntamiento elegirá la compensara «inflar» su oferta. En el ejem-
que le salga más barata. Tres empresas se pío, el ayuntamiento terminaría pagando
presentan, la primera lo puede hacer por 105.000 euros, ahorrándose 5.000.
^ Seguramente el juego más conocido sea el del dilema del , a veces traduci
do del inglés por «dilema del preso» o «dilema del detenido». Se aplica en diversas
| disciplinas, incluyendo la biología o la ciencia política. La formulación de este dile
ma con el ejemplo de presos se debe al economista Albert Tucker, quien lo utilizó
para introducir a estudiantes de psicología de la universidad californiana de Stanford
a este problema, planteado ya en 1950 por primera vez. La actuación típica se puede
ilustrar de la siguiente forma. La policía detiene a los autores de un atraco cerca del
lugar del crimen y los interroga en habitaciones separadas. Los ladrones no se pueden
comunicar entre sí, pero ambos saben que la policía les propone un mismo trato. Si
uno de los dos confiesa y el otro no, el delator sale en libertad y el otro cumple 5 años
en prisión. Sin embargo, si los dos se niegan a confesar el crimen, los dos son conde
nados a 2 años con la acusación algo menor de tenencia ilícita de armas. Y si ambos
confiesan, los dos pasan 4 años en la cárcel. Es la situación que refleja el Cuadro 9.1.
El primer número en cada celda representa los años de cárcel que deberá cumplir en
cada posible situación el detenido A y el segundo los años para el ladrón B.
© ITES-Paraninfo
230 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
A confiesa 4 ,4 0 ,5
A no confiesa 5, 0 2, 2
¿Cuál será la mejor estrategia para A y para B? Los movimientos posibles son
dos para cada ladrón, confesar (delatando al otro) o no confesar, lo que da lugar a
cuatro escenarios posibles. Así, cada ladrón debe considerar las consecuencias de las
siguientes acciones:
• Confesar si el otro confiesa.
• Confesar si el otro no confiesa.
• No confesar si el otro confiesa.
• No confesar si el otro no confiesa.
El razonamiento de A es el siguiente. Si B confiesa, ¿qué le interesa más? Y si B
no confiesa, ¿qué es lo mejor que puede hacer A? La respuesta a la primera pregunta
es confesar, dado que A cumpliría 4 años en lugar de 5. Y la respuesta a la segunda
pregunta es la misma, dado que si A no confiesa saldrá en libertad en lugar de cum
plir 2 años. El lector puede comprobar que B se enfrenta al mismo dilema y que su
mejor elección en cualquiera de los dos casos será confesar. En términos de teoría de
juegos, confesar es una estrategia dominante para cada preso. Con independencia de
lo que haga el otro, cada uno elige lo mismo, confesar. Así, la situación en la que los
dos confiesan constituye un equilibrio «en estrategias dominantes». Es de esperar por
tanto que los dos confiesen, y ambos vayan 4 años a prisión. Pero el dilema es intere-
(
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 231
B reduce / • y y '* •*
B no reduce
y >y . •*• ,v ‘ . y .' *’• y! _ , *> . v • > ' ’' .* ! y * \ v : *• .% s^
.• ;V Á . t y y- .; • .. : y y '\ ■// ‘r * ’ 0
A no reduce ■ ■
2, - 1 0 , 0
© ITES-Paraninfo
232 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
compromisos de otros países, pero ello acaba conduciendo a una situación en la que to
dos están peor de lo que podrían.
f> ; *■| L
B2
* r4
Modificar las reglas con las que «juegan» los países puede modificar asimismo los resul- u
tados. En particular, imaginemos que los países se plantean si formar parte o no del
acuerdo, sabiendo que si firman entonces deberán cumplir el acuerdo, que no será posi-w
ble incumplirlo. A esta situación la etiquetaremos de acuerdo vinculante. Utilicemos de *
nuevo el Cuadro 9.2. Para decidir qué es más conveniente, ahora hay que comparar las
ganancias cuando los dos países reducen sus emisiones con aquéllas obtenidas cuando no
hay acuerdo y nadie reduce emisiones. En este caso, A y B están mejor si firman el
acuerdo vinculante, comprometiéndose a reducir las emisiones. Como vemos, en la situa
ción de imposibilidad de incumplimiento para el caso de sólo dos países, el resultado es
el opuesto al que obteníamos anteriormente. Otra cosa es la discusión sobre cuál de los
dos supuestos (el voluntario o el vinculante) resulta más útil para obtener resultados rele
vantes en la práctica. i
El siguiente apartado analiza la viabilidad de acuerdos ambientales para el caso en
que éstos atañen a más de dos países. Veremos que el resultado general va a ser que el I
conjunto de países no adoptaría el acuerdo. t
En el caso con dos países, esperamos que ambos, A y B, sigan su estrategia dominante.
Haga lo que haga el otro, la estrategia óptima para un país es siempre la misma. Sin
embargo, hay muchos casos de interés donde no existe un equilibrio en estrategias domi
nantes, sino que la estrategia óptima para cada jugador (país) varía en función de lo que
hagan los otros jugadores (países). Ello nos lleva al concepto de equilibrio de Nash. En !
un equilibrio de Nash ningún jugador puede mejorar su situación modificando unilateral
mente su estrategia sin que los demás modifiquen la suya. Existen juegos sin equilibrios
de Nash, y juegos con múltiples equilibrios de Nash. *
i
En el ejemplo del dilema del prisionero con dos países existe un equilibrio de Nash,
aquel en el que ningún país reduce sus emisiones, correspondiente a la elección de las
Recuadro 9.4
EQUILIBRIO DE NASH
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORIA DE JUEGOS 233
estrategias dominantes por parte de los jugadores. El lector puede comprobar cómo
cuando ambos países optan por «no reducir» se da un equilibrio de Nash. La elección
de la estrategia dominante lleva pues a un equilibrio de Nash. Algo parecido sucedía
en el ejemplo inicial del dilema del prisionero.
Ampliemos el modelo a varios países. Presentaremos primero un análisis basado
en el esquema familiar de mercados con externalidades del Capítulo 2 y luego volve
remos al juego del dilema del prisionero con más países. Supongamos que se incre
menta el número de estrategias posibles para cada jugador. En la realidad se pueden
dar muchísimas estrategias, por ejemplo considerando distintos porcentajes de reduc
ción de emisiones para cada país. Veámoslo de manera algo más formal. Definamos
primero el total de reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero de
todos los países, Z, como la suma de las reducciones individuales de cada país z¡.
z = X Z ;
l
$
Por otro lado, los beneficios para cada país individualmente considerado no de
penden únicamente de las reducciones que éste realice, sino del total de la reducción,
Z. Denotamos estos beneficios como B¡(Z). Los beneficios marginales, o asociados a
cada unidad de reducción, los denotamos como BMg. Los beneficios marginales para
un determinado país i son
dB¡
BMgi = = BMgi(Z)
Reducir en una unidad las emisiones genera unos beneficios que disfruta no sólo
el país que realiza la reducción, sino todos los países, dado que se trata de una reduc
ción en un mal público como es la contaminación atmosférica. Por lo tanto, tal como
vimos en el apartado de bienes públicos en el Capítulo 2, la agregación de valores es
«vertical». En consecuencia, los beneficios marginales totales o agregados para el
conjunto de países son iguales a la suma del valor marginal para cada país. Es decir,
BMg = X BMg¡(Z)
/
Pese a que el beneficio alcanza a varios países, el coste de la reducción marginal
de emisiones contaminantes lo asume el propio país que la realiza. Así, el coste mar
ginal para un determinado país i , C Mg ¡ , es igual al sacrifi
realizar la reducción marginal de sus emisiones.
El Gráfico 9.1 refleja estos beneficios y costes. Para un determinado país, h, su
función de costes marginales para reducir emisiones, CMgh, es creciente como deno
ta su pendiente positiva. Es decir, cada vez es más costoso conseguir una cierta re
ducción de emisiones. En cambio, el beneficio marginal para h de su propia reduc-
t
ción, BMg,,, es decreciente, indicando esto que el bienestar conseguido por la primera
© ITES-Paraninfo
#
* **
zh zh Reducción de emisiones z
Gráfico 9.1. Reducción de emisiones con y sin cooperación.
debería adoptar cada país. Pero individualmente, ningún país h tiene incentivos para
reducir tanto sus emisiones, dado que le supone un coste adicional excesivo. El lector
puede identificar en el Gráfico 9.1 el área de pérdidas que le supondría a h reducir
hasta z%*- Lo ideal para este país sería que fueran los demás los que redujeran más
allá de la respectiva cantidad Zh,y beneficiarse así, sin asum
de la externalidad positiva que le generarían. j
4
© ITES-Paraninfo
t
< De hecho, en el mundo en que vivimos, los acuerdos internacionales deben ser vo
luntarios. Los países tienden a firmar acuerdos si van en su propio interés. Además,
no hay ninguna autoridad, o por lo menos ninguna con el suficiente poder, que en la
práctica consiga imponer sanciones a aquellos países que aun habiéndolo suscrito no
cumplen un acuerdo internacional de mejora ambiental. Hay organismos que super
visan el cumplimiento de los acuerdos, pero no consiguen penalizar de forma efecti
va a los que lo incumplen. Quizás en otros campos estas penalizaciones sí se den
hasta cierto punto, como en el caso de los acuerdos sobre comercio o sobre la seguri-
j
$
dad. Pero no en el caso ambiental, hasta la fecha.
Volvamos al esquema de la teoría de juegos para ilustrar una variante del dilema
del prisionero con múltiples jugadores. Supongamos que tenemos un acuerdo inter
nacional voluntario de mejora ambiental, como por ejemplo el Protocolo de Kyoto.
Consideremos un país, A, que está debatiendo internamente si le interesa ratificar el
tratado o no. Supongamos además que firmar el acuerdo y, por tanto, reducir las emi
siones propias, tiene un coste considerable, mayor que el beneficio que el país obtie
ne de la propia reducción. Así, si A reduce sus propias emisiones y pocos países ha
cen lo propio (A ratifica el Protocolo y son pocos los que lo ratifican), A se quedará
con más costes que beneficios. Eso es lo que refleja el —1 de beneficio de la primera
casilla del Cuadro 9.3, que sólo muestra los resultados para el país A. Si A decide no
reducir sus emisiones y los demás países tampoco (o sólo unos pocos lo hacen), el
beneficio de A sería 0, o un número superior a —1, dado que no incurre en los costes
y a lo mejor tendría algún beneficio externo. Recordemos que los números sólo tie
nen sentido ordinal, no cardinal, en estos juegos. Supongamos además que en caso de
ratificar el tratado tanto A como un número considerable de países, los beneficios
para A son claramente mayores que en el caso de nadie reducir, dado que A se bene
ficia de considerables externalidades positivas con la reducción generalizada. En
nuestro ejemplo, un beneficio de 1. Pero ciertamente el beneficio podría ser mayor si
con un tratado ratificado por muchos países, A se comportara como free rider y al
tiempo consiguiera todos los beneficios externos sin el coste de su propia reducción..
Un beneficio neto de 2 en el ejemplo del Cuadro 9.3.
Cuadro 9.3. Acuerdo múltiple sobre emisones
Pocos reducen Muchos reducen
A reduce - 1 1
A no reduce 0 2
© ITES-Paraninfo
236 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Hemos llegado por tanto a la misma conclusión alcanzada tras el análisis del Grá
fico 9.1. Si la mayoría de países se comportan como A y no reducen sus emisiones,
acabarían consiguiendo una ganancia de 0, inferior a la que obtendrían si muchos
ratificaran el acuerdo y redujeran sus emisiones, en cuyo caso obtendrían una ganan
cia de 1. Naturalmente, si los beneficios netos no siguieran la lógica del dilema del
prisionero, entonces la solución podría ser distinta.
R e c u a d r o 9 .5
En el caso de dos países, el resultado era el opuesto si los acuerdos eran voluntarios o
vinculantes. En el caso de múltiples países, se puede mostrar que incluso si el acuer
do es vinculante, el resultado de equilibrio no lleva a que el conjunto de los países lo
suscriban. Más bien, sólo un número reducido de ellos adoptará el acuerdo ambien
tal, a menos que se flexibilice el grado de cumplimiento de los compromisos ambien
tales. No obstante, el tratamiento de esta cuestión trasciende el objetivo de este libro.
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 237
© ITES-Paraninfo
r
*
a) b)
De todas formas, para comprender mejor por qué una regulación ambiental unila
teral puede no suponer una mejora ambiental global, podemos utilizar un modelo
sencillo de oferta y demanda, con el que ya estamos familiarizados. Supongamos que
las empresas de nuestro país producen un bien, x, cuyo precio pm se fija en el merca
do mundial, mediante la oferta y la demanda del producto. Es decir, que nuestro país
por sí mismo no puede variar este precio, y por tanto lo toma como dado, como una
señal a la que adaptarse. Veámoslo en el Gráfico 9.2. ¿ I
El gráfico de la izquierda, (a), ilustra la relación de oferta y demanda del produc
to x en el mercado mundial, y cómo se forma ahí el precio de equilibrio, pm, y canti
dad mundial de equilibrio, xm. La oferta procede del conjunto de productores (oferen
tes) de todo el mundo, y de manera similar la demanda la determinan el conjunto de
consumidores (demandantes) en todo el mundo. Desde la perspectiva del productor
interior en nuestro país en el gráfico (b) de la derecha, el precio pm viene dado. He
mos diseñado los gráficos para que nuestro país sea inicialmente exportador de este
bien, o sea que haya más cantidad ofrecida que demandada en el mercado interior. La
diferencia entre ambas cantidades al precio pm es la que hay entre la cantidad oferta
da (x°) por nuestros productores y la demandada internamente en nuestro país (xd), y
corresponde a las exportaciones.
Supongamos ahora que nuestro país introduce unilateralmente un impuesto am
biental t por unidad de carbono emitida, cosa que no hacen los demás países. Supon
gamos también que dicho impuesto infringe un coste por unidad producida, t, a nues
tros productores. Ello hará desplazar hacia arriba la función de oferta interior
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JÜEGOS 239
a) b)
Gráfico 9.3. (a) Impactos sobre el mercado mundial de un impuesto ambiental unilateral,
(b) Impactos sobre el mercado interior.
(mayores costes marginales privados), dado que los costes por unidad se verán incre
mentados en t, como refleja el Gráfico 9.3.
De acuerdo con nuestros supuestos de país pequeño, el precio mundial de equili
brio, pm, no variará y, por tanto, el comercio mundial no se verá afectado. Sin embar
go, el mercado interior sí, dado que la producción propia se verá desplazada por las
importaciones, como muestra la parte (b) de la derecha del Gráfico 9.3 con el desdo
blamiento de la función de oferta hacia arriba. El caso que hemos ilustrado es algo
extremo, porque el efecto del impuesto ambiental es tan fuerte que se pierden todas
las exportaciones y el saldo neto pasa a ser favorable a las importaciones de x. Se
deja para el lector la representación gráfica del caso en el que sólo se pierde parte de
las exportaciones. Pero, ¿qué sucede con las emisiones totales? Pues depende de las
tecnologías utilizadas en la producción.
Si la producción de los bienes importados generara más emisiones de carbono
que las producidas en el interior, entonces las emisiones totales se incrementarían.
Sería un ejemplo de que «mover primero» y de forma unilateral en la protección am
biental resulta inicialmente perjudicial para el medio ambiente.
#
© ITES-Paraninfo
w
f
ción ambiental se extiende a más países, las virtudes de la misma se hacen global
mente más evidentes, a pesar de que inicialmente el efecto pueda ser el contrario al
deseado.
Sea como sea, si la finalidad del legislador fuera solamente la de mejorar un pro
blema ambiental de ámbito puramente interno, sin presencia de externalidades debi
das a los comportamientos ambientales en otros países, entonces el impuesto ambien
tal debería ser eficiente para los ciudadanos del propío país. Además, sería una forma •.
relativamente «barata» de conseguir el objetivo del legislador. Ciertamente, la regu
lación comportaría un coste, por ejemplo para la industria exportadora, y para pro
ductores y consumidores de este bien. Pero ya hemos sostenido repetidamente en este
libro que hay que pagar un coste para conseguir los beneficios de una mejora am
biental. Claro que estos últimos deberían superar a los primeros para que la política
no fuera económicamente rechazable con el criterio de eficiencia que se utilizó en el
Capítulo 7.
El modelo que hemos representado en el Gráfico 9.2 nos informa también acerca
de los costes y beneficios de la cooperación internacional. Supongamos que se pudie
ra imponer un mismo impuesto sobre emisiones de carbono en todo el mundo. Si el
impuesto afectara en efecto a todas las unidades de carbono emitidas al producir el
bien x, fuese en el país fuese, la función de oferta del Gráfico 9.2(a) se desdoblaría
hacia arriba de manera similar a la oferta en 9.3(b). Como resultado, el precio de
compra del bien sería más alto y la producción mundial inferior. Los efectos para un
país determinado serían los ya descritos en el caso anterior: disminuiría la produc
ción y, en consecuencia, habría menores excedentes para productores y consumido
res, que debería compensarse con una mejora de bienestar de la sociedad en su con-
junto gracias al disfrute de un entorno menos contaminado. La diferencia i
fundamental con el primer modelo de impuesto unilateral es que ahora las emisiones
globales disminuyen inequívocamente. ■ I
- ____— . • ,, . "■ r M, ' . • _ . • ’ ; | \ 1
) i\ 'i
r • « , * ■r • ' ü
w f
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 241
ce) ITES-Paraninfo
242 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
zando tecnologías algo más limpias (siempre que k no iguale 1). En otras palabras, 1
suponemos ahora que las tecnologías en otros países son menos contaminantes en Ij
términos de carbono liberado por unidad producida. Reducir en una unidad nuestras I
emisiones disminuye en (1 —k) las emisiones mundiales. En el ejemplo con el que ¡
iniciamos la segunda parte de este capítulo suponíamos que la reducción en nuestro
país en una unidad aumentaba la cantidad global de emisiones, lo que equivaldría a
suponer que k 1.
>
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 243
CMgE (k = 0)
CMgE
t1 ti
CMgE(0<k< 1)
t
CMgE (k= 1)
i z 2 z0 y
Gráfico 9.4. Efectos de los impuestos ambientales en un sector de libre competencia
internacional y en un sector protegido.
© ITES-Paraninfo
244 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 245
productividad tiende a crecer con esa especialización. Tendría poco sentido que
* España sustituyera masivamente las inversiones en naranjos u olivos por inversiones
en árboles para pasta de papel. Es mejor para todos importar pasta y exportar cítricos
i
o aceite de oliva. Es mejor para España dado que de esta forma le cuesta menos el
papel y obtiene más ingresos por unidad de inversión en frutales, y es mejor para el
resto del mundo con mejores condiciones para producir pasta de papel que al mismo
tiempo pueden disfrutar de aceite puro de oliva a un precio mucho más asequible.
Recuadro 9.6
¿POR QUÉ EL COMERCIO INTERNACIONAL AUMENTA EL BIENESTAR?
A partir del gráfico de arriba, en térmi- nen el excedente equivalente a las áreas A
nos de excedentes se observa que con una y B. El productor, por su parte, obtiene C
economía cerrada los consumidores obtie- de excedente. Tras abrir las fronteras a la
V
© ITES-Paraninfo
246 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
tores ganan B y D, además de C. Los con- Antes de abrir fronteras, los consumido-
sumidores salen perdiendo mientras que res gozaban del excedente A y los produc
ios productores ganan. En conjunto, sin tores de B y C. Tras abrirlas, los consumí-
embargo, hay una ganancia neta interior dores añaden a A el excedente de B y D,
equivalente a D. dado que los precios bajan. Por otro lado,
El país resultará importador si el precio los productores pierden B. En total, se da
interior de protección es superior al mun- una ganancia social neta de D, aunque los
dial, tal y como muestra el siguiente gráfi- productores salgan perjudicados. En defíni
co. Con libre comercio exterior, los consu- tiva, sea el país importador o exportador,
midores del país compran más producto y permitiendo el libre comercio aumenta el
bienestar general.
Importaciones X
Cuando el comercio es libre y voluntario las dos partes esperan ganar con él, o de lo
contrario no seguirían dedicando sus recursos a esa compraventa.
Sin embargo, algunos estudios han apuntado que la presión ambiental aumenta
cuando los países especializan más su producción de acuerdo a sus ventajas compa
rativas. Economistas como Hermán Daly, por ejemplo, advierten que debería haber
restricciones al libre comercio para así evitar algunos problemas ambientales. Si bien
eso puede suceder, no tiene por qué ser la situación general. Por un lado, la relación
entre comercio e impacto ambiental depende en buena parte de los bienes y servicios
© ITES-Paraninfo
I
© ITES-Paraninfo
248 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
R e c u a d r o 9 .7
1. ¿Qué diferencia hay entre un equilibrio al que se llega por estrategias dominan
tes de los jugadores y un equilibrio de Nash? ¿Pueden coincidir? De ser así,
poner un ejemplo.
© ITES-Paraninfo
ASPECTOS INTERNACIONALES. APLICACIONES DE TEORÍA DE JUEGOS 249
© ITES-Paraninfo
I CAPÍTULO
*
0
■**
jr
Crecimiento
y medio
ambiente
SC. y- • v \
¡10.1.1 Antecedentes
10.2. El Club de Roma
10.3. La curva ambiental de Kuznets
¡R - • y' » .v > w
110.4J Aplicación
10.5. Política ambiental, competencia y crecimiento
¡Ejercicios
252 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
V.
X
!■
L Antecedentes
El estudio acerca de cómo el crecimiento económico y el uso del me-
dio ambiente y los recursos naturales se relacionan tiene una larga tra
dición. Como explicamos en el Capítulo 1, muchos «pesimistas» y
«optimistas» han dado diferentes puntos de vista acerca del futuro. En
aquel capítulo nos centrábamos en el debate más reciente, dejando los
detalles de la discusión acerca de los orígenes de tal debate para este
capítulo. Quizás el personaje más conocido en la tradición que hemos
dado en llamar «pesimista» sea el economista inglés de los siglos
XVlll y xix, Thomas Robert Malthus. En sus no muy halagüeñas pre
dicciones para el futuro, imaginó un final en el que el abastecimiento
de alimentos acabaría siendo insuficiente. Observó cómo el creci
miento poblacional sobrepasaba el crecimiento en la oferta de alimen
4
Thomas Robert Malthus tos, y llegó a la conclusión de que al futuro le esperaba una escasez de
(1766-1834).
alimentos fatídica. Según Malthus, las estadísticas mostraban una po
blación tendente a crecer en forma geométrica (1, 2, 4, 8, 16, ...),
mientras que la oferta alimenticia lo hacía sólo en forma aritmética (1, 2, 3, 4, 5, ...).
Aunque las estadísticas de población de su tiempo eran rudimentarias, y era fácil co
meter errores, las observaciones de Malthus fueron, en general, muy acertadas. De
hecho se han hallado tasas de crecimiento geométrico en poblaciones de muchos or
ganismos. También es cierto que la producción de alimentos se realiza a partir de
factores, y que algunos se hallan limitados, como la extensión de tierra cultivable.
© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 253
Los críticos a las teorías de Malthus decían que el crecimiento poblacional sería
un problema sólo a muy largo plazo. Malthus respondía asegurando que la pobreza
de entonces en Inglaterra demostraba que tenía la razón. Según él, al sector agrícola
le resultaba imposible abastecer a la creciente población.
Las ideas de Malthus tienen seguidores modernos, y algunos están a favor de un
crecimiento cero de población. Esto es posiblemente una mala interpretación de las
ideas de Malthus porque él creía que el crecimiento poblacional (dentro de límites)
era una condición necesaria para alcanzar la prosperidad.
La pregunta de si Malthus estaba o no en lo cierto puede responderse desde dife
rentes puntos de vista. Alguna de sus ideas generales acerca del problema de la po
blación tiene profundas implicaciones. De hecho el problema de la sobrepoblación se
mantiene en los primeros lugares de la agenda política. Por ejemplo, en los años no
venta, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) estimaba que más de 800 millones de personas en el tercer mundo sufrían de
malnutrición. Sin embargo, hay otra cara de la moneda, como lo sugiere el hecho de
que el precio de los alimentos haya venido disminuyendo con el tiempo, como se
muestra en el Recuadro 10.1. Malthus se equivocó al no prever los rápidos incremen
tos que se dieron en la productividad agrícola. Por otra parte, estudios recientes acer
ca de la población mundial indican que el nivel actual de población difícilmente po
dría doblarse.
Hay numerosos precedentes de predicciones poco acertadas acerca de la disponi-
bilidad de recursos naturales. En la mayoría de los casos las predicciones parecen
haber sido demasiado pesimistas. Algunos estudios, por ejemplo, sostienen que no
habrá escasez de recursos naturales en el futuro, quizás con la excepción del fósforo.
Diversos autores encuentran, en resumidas cuentas, que hay pocos conflictos ver
daderamente preocupantes entre el crecimiento y el uso de recursos no renovables.
Observan cómo el crecimiento económico entre los países de la OCDE ha mejorado
la calidad ambiental en lugar de deteriorarla. Estos autores exploran diversos meca
nismos que pueden explicar las tendencias que muestran los datos observados. Un
mecanismo importante es el mercado mismo. A medida que aumenta el precio de los
recursos no renovables, aumenta también el interés económico en las reservas. Los
incentivos al desarrollo tecnológico también se ven afectados por los cambios de pre
cio. Un precio alto en un material inducirá a su sustitución por otro. Un ejemplo con
trario es el del platino que no tiene, al menos por el momento, un sustituto cercano.
Sin embargo, se espera que los avances tecnológicos permitan una reducción de su
demanda en un futuro próximo. Además, cuando el precio de alguna materia prima
sube, el reciclaje de ésta se hace más atractivo. De todo ello hablaremos con mayor
detalle en los capítulos siguientes.
0
Existen también otras aproximaciones para explicar las razones de por qué los
daños ambientales parecen hacerse menos intensos con el tiempo. Factores importan
tes en estos argumentos incluyen una disminución en la intensidad de uso de la ener
gía y una disposición a pagar por calidad ambiental que aumenta con la renta.
© ITES-Paraninfo
254 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Recuadro 10.1
LA TEORÍA ECONÓMICA Y LA ESCASEZ DE RECURSOS
. . . . . . • • . ■: ’ ’ ■ •// ■ ■ ' : . . ' •/ _ ' Y. • , ■/ > •. '■ ,> '/ '/ .f. •/ / ‘
Ya hemos visto en repetidas ocasiones que mandantes del bien en cuestión. En gene-
el precio de un bien juega un papel impor- ral, un bien presente en relativa abundancia
tante en la teoría económica. Por ejemplo, tendrá un precio relativamente bajo, y vice
actúa como una señal para oferentes y de- versa. Cuando aumenta la demanda, por
E volu ción de p recios de algu n os alim en tos, 1975-1994
*****
o o.
•o
© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 255
1900 2100
Fuente: Donella H. Meadows, Dermis L. Meadows, Jorgen J. Randers y William W. III Behrens (1972)
L im its to G row th. Universe Books, Nueva York (versión española publicada en México por la editorial
Fondo de Cultura Económica) (véase también, [Link]
Gráfico 10.1. Tendencias según el informe L o s lím ite s d e l c re c im ie n to .
© ITES-Paraninfo
256 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
ció una revisión de aquel estudio. El nuevo informe se tituló Más allá de los límites,
y pintaba también un futuro catastrófico para la humanidad caso de mantenerse las
tendencias de consumo y producción. Una de las diferencias notables en las prediccio
nes de los dos informes radica en que el segundo posponía en algunos años el colapso,
si bien éste debería estar produciéndose ya en algunos aspectos (Gráfico 10.2).
Las predicciones de estos informes se basaban en la simulación de varios mode
los en los que se recreaba una economía mundial, incluyendo una gran cantidad de
relaciones entre los sistemas ecológico y económico. Estas relaciones recogían sobre
todo los límites al uso de recursos. En particular fijaban el área para la producción
agrícola, introducían un límite superior al uso de recursos no renovables, así como un
límite superior a la capacidad de los sistemas ecológicos para asimilar los residuos de
consumo y producción. Se supone que la capacidad de asimilación disminuye a me
dida que aumentan las emisiones.
La conclusión más importante en el primer informe era que los «límites al creci
miento» se alcanzarían ya en el siglo XX. El crecimiento incontrolado tendría un im
pacto funesto en las economías y poblaciones mundiales. El segundo informe men
cionado modificó un poco estas predicciones de catástrofe después de introducir
ciertos cambios al modelo. Sin embargo, la conclusión principal seguía siendo la
misma: de no modificarse las tendencias, el mundo llegaría en poco tiempo a su lími
te de producción industrial y agrícola y de uso de energía.
La conclusión a la que llegó el primer informe para el Club de Roma fue fuerte
mente discutida en los años setenta. La mayoría de los economistas académicos se
mostraron más bien escépticos ante aquel análisis y argumentaron que al modelo uti-
Recursos naturales
Esperanza
de vida
Fuente: Adaptado de Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jorgen J. Randers (1992) B e yo n d the
lim its : g lo b a l collapse o r a sustainable future. Earthscan, Londres (versión española, M ás allá de lo s lí
m ite s d e l crecim iento. El País Aguilar, Madrid).
© ITES-Paraninfo
t
© ITES-Paraninfo
258 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
La curva de Kuznets se aplicó posteriormente para analizar la relación entre renta '
y medio ambiente. Los resultados que el informe del Banco Mundial mostraba res
pecto a esta relación y las discusiones que se suscitaron desembocaron en una exten
sa actividad investigadora.
© ITÉS-Paraninfo
I
seguramente podremos producir acero con mejores propiedades que hoy. Estos pro
cesos utilizarán incluso menos energía y materiales por unidad producida.
Ahora es el momento de construir un modelo económico sencillo que explique la
mecánica de la curva ambiental de Kuznets. Para evitar complicaciones innecesarias,
supongamos que la producción en la sociedad (Q) depende sólo de la cantidad de
A
«petróleo» disponible (X) y de un factor tecnológico. Estos son dos componentes cla
ves en la tecnología de la producción. Primero, un aumento del uso del petróleo en la
producción aumenta las posibilidades de consumo. Segundo, las mejoras tecnológi
cas garantizan que podamos producir más a medida que pase el tiempo, para cual
quier cantidad determinada de petróleo utilizada en la producción. El Gráfico 10.3
muestra las posibilidades de producción en este modelo.
Veamos primero el sentido de una curva en particular del Gráfico 10.3, por ejem
plo la inferior, la Q{(z). Este tipo de funciones de producción ya las introdujimos en
el Capítulo 1. Relacionan la cantidad de inputs que utilizamos (petróleo, en nuestro
caso) con la cantidad de producto conseguido (y que en definitiva es igual al consu
mo, en nuestra economía simplificada). Así, en el eje vertical representamos esa can
tidad de producto. Nótese, sin embargo, que en el eje horizontal hemos puesto «emi
siones» (z), como un factor de producción, en lugar de petróleo (x). Puede parecer
extraño que supongamos que las emisiones contaminantes se utilicen para producir
bienes. La idea es que hay una relación estrecha entre los materiales utilizados para
producir y las emisiones que provocan. En nuestro ejemplo, utilizamos petróleo, que
está a menudo relacionado con problemas ambientales. Supongamos, por ejemplo,
que la combustión de petróleo provoca emisiones de dióxido de carbono (C02). Dado
que las emisiones de C 02 son proporcionales al uso (combustión) de petróleo, en
© ITES-Paraninfo
260 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
realidad da igual que digamos que las emisiones son un factor de producción. Es sim
plemente un cambio que ayuda a ilustrar la teoría utilizando una sola gráfica en lugar
de varias. La curva Q \z ) pasa por el origen, lo que denota que sin inputs no hay
producto. Además, la pendiente de la curva se hace más suave a medida que se utili
zan más recursos. Es decir, en proporción, cuando ya tenemos un nivel alto de pro
ducción, aumentarla precisa (en proporción) de más unidades de recurso que cuando
el nivel de producto realizado es bajo. Las empresas que sean eficientes se situarán
encima de la curva. Es decir, para un volumen de recursos utilizados (o de contami
nación) z, y con la tecnología 1, conseguirán un volumen de producto Qx. Si la em
presa no fuera eficiente, el volumen producido sería inferior a Ql. Así, la curva se
puede ver también como una «frontera» de las posibilidades de producción con esta
tecnología. Los puntos sobre la curva y los que se hallan por debajo son factibles,
pero no los que están por encima de la curva.
Veamos ahora los cambios tecnológicos. Como podemos ver, la función de pro
ducción se desplaza hacia arriba para cada periodo a lo largo del tiempo, a medida
que mejora la tecnología. Ésta es una forma simple de describir los avances tecnoló
gicos. No nos preocupa aquí cómo se realizan dichos avances; simplemente tomamos j
el progreso tecnológico como dado. Así pues, en el primer periodo los recursos y los
conocimientos tecnológicos de la sociedad permiten una producción (y un consumo),
como el de la curva Ql(z),donde el superíndice 1 corresponde al pr
tiempo. Entre el primer y el segundo periodo se producen avances tecnológicos que
permiten unas nuevas posibilidades de producción como las que refleja la curva
Q2(z). Y así sucesivamente. Por eso, para una misma cantidad de z, el volumen
de producción Q correspondiente es mayor en cada periodo (<2*, Q2, 3 en el eje
vertical).
© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 261
•mmm
R e c u a d r o 1 0 .2
!
<
1 LAS CURVAS DE INDIFERENCIA DE UTILIDAD
Las relaciones de indiferencia de utilidad como ejemplo, la curva Ux, que da justa-
L entre distintas combinaciones de consumo mente este nivel de utilidad. En el punto a
se suelen ilustrar con el caso más simple, consumimos 0 unidades de x, y hasta a de
que es el de una economía con sólo dos bie- x2, dándonos esa combinación de bienes
fei II nes de consumo (jq y x2).El siguiente gráfi- una utilidad igual a Ux. Ésa es la misma uti
co muestra dos curvas de indiferencia, indi- lidad que nos proporciona la combinación b,
con 0 unidades de de Por tanto, al
renunciar a consumo de x 2 nos han tenido
que compensar con unidades de Es pare
cido a lo que ocurre con el punto c, donde
consumimos algunas unidades de cada bien,
obteniendo al final la misma satisfacción.
Sin embargo, el punto comparado con el
c, tiene la misma cantidad de consumo de
x, y más de x2. Ello nos sitúa «por encima»
de la curva de indiferencia para situar
nos en Es decir, nos da mayor bienestar
la combinación d que la a, b, o c.
Se deja para el lector la comprobación
de que el gráfico siguiente refleja la situa
b i ción de curvas de indiferencia entre un
' . * • . '' .• • ;•
bien y un mal. Con arreglo al gráfico ante-
_ ' .
ferencia en el sentido que las distintas com- rior, es como si el bien Xj lo sustituyéramos
binaciones de consumo sobre cada curva por un mal (z) y el bien x2 por otro bien (C
proporcionan a este consumidor la misma o Q). La flecha indica hacia dónde aumenta
, utilidad, sea ésta la que sea. Tomemos el nivel de utilidad.
© ITES-Paraninfo
262 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
(a) (b)
Gráfico 10.4(b) vemos que al doblar las emisiones desde z0 hasta 2*z0 la desutilidad
pasa de — U0a — Ux,lo cual es más del doble,
marginal creciente en las emisiones contaminantes.
0
Cambiemos ahora los Gráficos 10.4(a) y 10.4(b) para formar un gráfico de prefe
rencias sobre consumo y calidad ambiental. Representamos el consumo (o sea, el
producto, Q, dado que se trata de la misma magnitud) en el eje vertical y las emisio
nes que provocan la pérdida de calidad ambiental (Z) en el horizontal. Ux y U2 repre
sentan curvas de indiferencia en dicho gráfico. Tal como se ha explicado en el Re
cuadro 10.2, cada curva describe aquellas combinaciones de consumo de bienes y
servicios y calidad ambiental que el consumidor percibe como igualmente buenas.
Así, el consumidor puede preferir renunciar voluntariamente a parte del bienestar
material (consumo), si se le compensa con un mejor medio ambiente (Gráfico 10.5).
La flecha en el gráfico muestra la dirección y sentido en el que aumenta la utilidad.
Si aumenta el consumo y simultáneamente disminuyen las emisiones, el consumidor
debería haber mejorado su situación. En consecuencia, la curva de indiferencia U2
representa un nivel superior de utilidad que la representada por í/j.
Ahora ya estamos en situación de poder combinar las posibilidades de produc
ción de la sociedad de nuestro ejemplo con las preferencias sobre consumo y calidad
ambiental. El Gráfico 10.3 mostraba cuánto consumo como máximo puede ofrecerse
a la sociedad para cada nivel de emisiones con una tecnología dada. Fijada esta tec
nología, ¿qué punto de la curva que representa la función de producción es el mejor
desde el punto de vista de la sociedad? Eso dependerá del compromiso entre consu
mo y calidad ambiental que la sociedad desee ejercer. Podemos ver que la mejor
elección que la sociedad puede hacer, dadas las preferencias y nivel tecnológico, es
el punto de tangencia entre una curva de indiferencia y la función de producción, como
vemos en el Gráfico 10.6, el cual combina el contenido de los Gráficos 10.3 y 10.5.
© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO V MEDIO AMBIENTE 263
© ITES-Paraninfo
264 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 265
demos decir que un factor sea más importante que otro, como se ha sugerido alguna
vez. Hay quien argumenta que los problemas ambientales se «solucionan» con los
avances tecnológicos. Otros argumentan, en cambio, que la demanda de calidad
ambiental aumentará a medida que la sociedad sea más rica, «solucionando» así los
problemas. En un lenguaje algo técnico, podemos decir que la curva ambiental de
Kuznets es una forma reducida donde tanto la tecnología como las preferencias se
combinan para dar un determinado resultado.
Tengamos en cuenta que hemos descrito una de las muchas posibles formas redu
cidas, o curvas ambientales de Kuznets. Al nivel de generalidad en el que nos hemos
movido, no podemos precisar la forma exacta de la curva. Se propone a los lectores
que lo comprueben definiendo otro conjunto de curvas de indiferencia y funciones de
producción.
1.000 Tm
© ITES-Paraninfo
266 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
incrementen las emisiones si la mayoría de los países sufrieron una considerable de
presión económica. Examinando los datos con mayor detalle, puede comprobarse
que en Suecia se estableció una fundición, después conocida como la planta más con
taminante del país.
El siguiente cambio significativo se produjo hacia 1950, cuando empezaron 20
años de continuo crecimiento de las emisiones de azufre. Este crecimiento correspon
de a un periodo de gran expansión económica, en el cual apenas existía regulación
ambiental. La política ambiental sueca empezó a imponerse después de los descubri
mientos de los investigadores de aquel país que relacionaban las emisiones de azufre
con la «lluvia ácida». Así, en 1969 se aprobó una ley de protección del medio am
biente. Ese año marca también un punto de inflexión en las emisiones. A ello contri
buyeron también la crisis del petróleo de los años setenta y la rápida expansión de los
programas de energía nuclear (cambio tecnológico). El Gráfico 10.8 se corresponde
con el de emisiones de azufre a lo largo de los años, mientras que el 10.9 relaciona
dichas emisiones con la evolución de la producción (PIB).
Examinando a simple vista la forma de la función que describen los puntos en el
Gráfico 10.9, parece deducirse que para este caso concreto los datos confirman la
forma anunciada de la curva ambiental de Kuznets. De hecho, si el PIB per cápita lo
representáramos en el eje horizontal y las emisiones en el vertical, la forma general
de la función que relaciona ambas variables seguiría la tendencia de una «U inverti
da», primero creciendo y después disminuyendo. Muchos otros estudios llegan al
mismo resultado de U invertida al describir la relación entre nivel económico y cali-
200.000 - B
Q
_____2002
□
___ L_
□
□
□
□
160.000
a □ □ □
□□ □ □
120.000 □P □
□ □
□ □
80.000 □ %
□
CÍEcP 1971
1
□
40.000 1955
r
□
%
0 _________l_________i_
0 20 40 60 80 100 120 140
kg S 02 per cápita
Gráfico 10.9. Relación entre crecimiento económico y emisiones de azufre en Suecia (1900-2002)
© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 267
dad ambiental. Si tomáramos este resultado al pie de la letra parecería que el mero
crecimiento económico sería en sí mismo garantía de que se «resolverían» los proble
1 mas ambientales. Pero la cuestión no es tan sencilla. Para algunos problemas locales,
como la calidad del agua, se suele dar una relación positiva entre riqueza y calidad. Los
ciudadanos de los países más ricos son los que suelen gozar de aguas de mejor calidad,
por ejemplo. Parece que la U invertida describe bien la evolución de las emisiones de
azufre y otros contaminantes, por lo menos en determinados países. Sin embargo, las
emisiones de dióxido de carbono son un ejemplo que tiende a revelar una relación li
neal entre riqueza y emisiones. De hecho existen numerosos estudios para distintos in
dicadores de calidad ambiental y diferentes países que no hallan evidencia de la forma
esperada de la curva de Kuznets en la relación entre crecimiento y calidad ambiental.
Si realmente se diera la curva de Kuznets, la conclusión parecería ser que debe
ríamos favorecer el crecimiento económico (lo cual se ha sugerido a menudo). Pero
existen diversos problemas con esta implicación. Si el stock del contaminante y no el
flujo (es decir, las emisiones por periodo) es importante, no será de mucha ayuda que
se reduzca el flujo en algún momento lejano de tiempo. Por ejemplo, esto sucede con
i las emisiones de SOx y C 02. Si el daño ambiental es irreversible, será importante
atajar el problema a tiempo. Por último, si simplemente se trasladan las emisiones a
otros países, con el incremento de las importaciones, la situación del país importador
puede mejorar, pero la situación global empeora.
■
-¿J
gjf
e
biente. De cumplirse esta relación, el crecimiento económico se po
dría ver como la causa que tiene como consecuencia la mejora de la
situación ambiental. Sin embargo, se ha sugerido también que la rela
ción causa-efecto puede ser la inversa, en el sentido de que una políti
Michael Porter (1947). ca ambiental más estricta puede mejorar la economía. Así, aquellos
países que se adelantan a los otros en la aplicación de políticas am
bientales más ambiciosas pueden obtener ventajas comparativas, o sea, mejorar su
competitividad respecto a otros países en determinados campos. Y estas ventajas
pueden reforzar a su vez el crecimiento económico. Uno de los avaladores de esta
teoría es el profesor de la Universidad de Harvard, Michael Porter.
í< :..
10.5.1. La h ip ó tesis de P orter
• • . . . • • .............................................■ -
I.
De acuerdo con la teoría económica convencional, la creciente demanda para reducir
los impactos ambientales impone mayores costes sobre las empresas y los hogares.
© ITES-Paraninfo
268 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
En la visión convencional estos costes tienen dos componentes. Primero, las inver
siones ambientales tienen un coste de oportunidad, en la medida que desplazan a las
inversiones «productivas». Segundo, unos requerimientos ambientales más estrictos
reducen la productividad, con el consiguiente incremento de los costes de produc
ción. La regulación ambiental reduce las opciones que las empresas pueden tomar
(algunas opciones no son factibles por causa de la regulación). En este sentido, debe
ríamos examinar las relaciones entre productividad y política ambiental, para enten
der cómo la política ambiental afecta a la competitividad.
La competitividad se puede ver también en el contexto de la teoría tradicional del
comercio, de la que ya tratamos en parte en el Capítulo 9. La competitividad de una
empresa (o de un país) depende de lo bien que sepa explotar sus ventajas comparati
vas en cuanto a costes. La teoría de comercio internacional de Hecksher-Ohlin expli
ca las pautas comerciales según las diferencias en la capacidad de los factores (ya sea
en la tecnología, en la especialización de la mano de obra, o en los recursos natura
les). Podemos utilizar esta teoría para el análisis de las regulaciones y de la calidad
ambiental para reinterpretar la capacidad de los factores. Así, una empresa que conta
mina está utilizando una de estas capacidades, un recurso natural al que llamamos de
forma genérica medio ambiente. Una regulación que estipule un menor uso del me
dio ambiente hace que la empresa ya no pueda explotar esta capacidad de la misma
forma: pierde competitividad. En consecuencia se reducirá la exportación de aquellos *
bienes que utilizan bastante intensivamente el medio ambiente. Por lo tanto, pode
mos pensar en la conexión entre competitividad y política ambiental de acuerdo a las
pautas comerciales.
En realidad, da igual cuál de las dos aproximaciones descritas utilicemos, porque
la conclusión es la misma. La regulación ambiental daña la competitividad de acuer
do con la visión tradicional.
Sin embargo, cada vez se ha cuestionado más esta visión tradicional. Un buen
ejemplo es el de Michael Porter, quien sostiene que, si se aplica correctamente, la polí
tica ambiental puede aumentar la productividad y la competitividad de las empresas, y
por tanto de los países. Así, un país podría mejorar su posición en la economía mundial
si tuviera una política ambiental más estricta, y al mismo tiempo «más acertada».
Porter cree que la concepción tradicional de la política ambiental se basa en un
concepto erróneo. Lo habitual ha sido pensar en términos de equilibrio entre los obje
tivos ambientales y económicos, pero eso es demasiado estático según Porter. En un
mundo estático donde las [Link] de minimizar los costes, un aumento de la
regulación suele comportar mayores costes. Porter y van der Linde proponen pensar
en esta relación en términos dinámicos. La competitividad depende de la habilidad
para innovar y la capacidad de mejora. Una regulación ambiental más acertada im
pulsa procesos de innovación que neutralizan el incremento de costes. Sostienen que
estas «compensaciones de la innovación» pueden comportar incluso la reducción ne
ta de costes, de forma que la medida le proporcione a la empresa una ventaja compa
rativa en sus costes.
© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 269
© ITES-Paraninfo
270 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE 271
argumento de Porter, esta nueva política forzaría a las empresas a ser más eficientes.
Por ejemplo, pasando del punto A al punto B. En , la economía es eficiente, dado
que no es posible producir más sin empeorar la calidad. Como vemos, tanto la cali
dad ambiental Z como la producción incrementan (esta última de Q' a Q"). La situa
ción de política ambiental más estricta genera también un proceso de innovación. Las
empresas ponen quizás mejores productos en el mercado y mejoran sus procesos. Se
produce una innovación que permite pasar de la tecnología 1 a la 2. Representamos
esta situación con un desplazamiento hacia arriba de la frontera de posibilidades de
producción, hasta la curva Q2{Z). Así, las innovaciones permiten ahora que la econo
mía crezca de B hasta C, con una ganancia en eficiencia igual a Q" —Q\ y una ga
nancia en innovación igual a Q tn
Q
>>>•*** x;- ■*>>• .syp:
© ITES-Paraninfo
t
S- ’Y x’' >?’<; >::^ 5 :nN,-L. ¿VVtó-r'V* v >::: . ' . íj& r N i:- V : T:- Y
mmm
' ' ' -v f/" ' * '\
«^*r M
P
fe
*VN. , ;x
,v\
tjercicios ,;|
■
2. ¿En qué sentido una tendencia decreciente en los precios de los alimentos con
tradiría las teorías de Malthus? Justificar la respuesta.
3. El informe del Club de Roma auguraba que en un breve plazo de tiempo se pro
duciría el colapso para varios recursos naturales. Señalar dos mecanismos de
mercado que puedan contrarrestar, o por lo menos mitigar, esta tendencia hacia*
el rápido agotamiento de los recursos.
6 . Para un determinado país se observan los siguientes datos sobre niveles de PIB
y emisiones de carbono. ¿Qué se puede afirmar sobre el cumplimiento de la cur
va ambiental de Kuznets?
© ITES-Paraninfo
CRECIMIENTO V MEDIO AMBIENTE 273
© ITES-Paraninfo
CAPÍTULO
11
; Jfiff
Recursos
no renovables
Se entiende por recursos naturales aquellos bienes que provee la naturaleza y que
son utilizados por las personas bien para consumirlos directamente, bien para ser uti
lizados en algún proceso de producción. Un recurso natural puede utilizarse para la
producción de otros bienes. Por ejemplo, un panadero puede necesitar madera para
hacer funcionar su horno de leña, o harina para el pan. Un recurso natural también
© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 277
puede ser utilizado para el consumo, sin apenas tratamiento adicional. Por ejemplo,
consumimos pescado o fruta. O podemos recoger frutos del bosque, como moras o
arándanos y comerlos. En el caso del panadero, éste deberá pagar para poder tener
madera. En el del pescado o la truta, también deberemos comprarlos para poder con
sumirlos. En ambos casos el recurso natural se intercambia en el mercado. En el caso
descrito de las moras, en cambio, no habríamos pagado por el recurso. En estos dos
capítulos, trataremos sobre todo de recursos naturales que se intercambian en los
mercados.
En ocasiones nos referimos a los recursos naturales como capital natural. Esta
denominación puede resultar útil para entender que las cuestiones a resolver respecto
de la gestión de los recursos naturales se asemejan bastante a los problemas a resol
ver cuando se toman decisiones de inversión. Permite entender los recursos naturales
como bienes en los cuales invertir más o menos. Así, tal y como sucede con los acti
vos financieros, habrá que decidir cuánta inversión realizar hoy, es decir, qué canti
dad de recurso ahorrar para el futuro y qué cantidad consumir en el presente. En defi
nitiva, se tratará de decidir cómo debe utilizarse el recurso a lo largo del tiempo.
Asimismo, tendremos que poder comparar los beneficios a obtener hoy, caso de ex
plotar hoy el recurso, con los que se obtendrían en el futuro. Para poder realizar esta
agregación, necesitaremos descontar los beneficios que esperamos obtener en el futu
ro. El concepto de tasa de descuento ya se introdujo en el Capítulo 7.
© ITES-Paraninfo
i
*
Otros recursos no renovables podrían presentar una demanda que sea muy sensi
ble a cambios en los precios, y que representaríamos entonces más plana. La apari-
© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 279
ción de bienes sustitutivos en general hará la demanda más elástica, y más sensible
por tanto a cambios en los precios del recurso no renovable.
© ITES-Paraninfo
280 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Para medir hasta qué punto están agotados los recursos no renovables, se construyen
medidas de escasez de los mismos, lo que no está exento de problemas prácticos.
Existen varias posibilidades para ejaborar índices de escasez de los recursos, así co
mo predicciones sobre cómo evolucionarán estos índices. En los más utilizados, el
cálculo se realiza combinando información sobre las cantidades existentes de los re
cursos y sobre la evolución de su demanda futura. Lógicamente, los valores resultan
tes dependen de qué cantidades y qué previsiones sobre la evolución de la demanda
se incluyan en los cálculos. Si como cantidades se consideran aquellos recursos per
fectamente localizados y cuya explotación sería hoy rentable, y se asume que la de
manda crecerá de forma exponencial, obtendremos un resultado. Si en las cantidades
© ITES-Paraninfo
»
Para llevar a cabo la extracción es preciso incurrir en ciertos costes, aquéllos corres
pondientes a la retribución de los factores de producción que sea necesario utilizar,
© ITES-Paraninfo
282 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
*>.
.y ;. y-y.
* V ' .y
::
v'v'.y * >n -;/•'-*< •*• '/< *'
#• /f-’x..* y X y
Xv.. % \ \ ’.Vy '•>*• /Vv. »•
y : : y:.:V;.v^V
s ’ •’•••* *>••%.y*
.*’* \
•v
y
•
LOS COSTES DE OPORTUNIDAD • .
4 . v
.
K s / • » •. >*. * *. *‘ 1* ** \ \v . •* V ' . »*‘ v ‘ . / 'v '! • / , / * * . . * > !• '> . A ' \ . y v V*' . * * *N ' *• ' ,v ** . • y v *. ' .
© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 283
Inicialmente el propietario del recurso obtiene por cada unidad de recurso que
vende hoy. Ahora bien, también podría invertir esas p 0 unidades monetarias, y obte
ner un cierto rendimiento. Si el tipo de interés del mercado es r, el valor futuro de los
ingresos de hoy sería
Po+ Por = p0(l + r)
es decir, lo que obtiene hoy el propietario más los intereses que gana. Si
Po (1 + r) > Pi, el ingreso marginal supera al coste marginal de explotar hoy, y le
interesaría explotar hoy una unidad adicional del recurso. Se irían explotando unida
des mientras esa condición fuese cierta. Si los precios y el tipo de interés no se modi
fican por más que se extraiga, el recurso debería explotarse en su totalidad. Si por el
contrario p0(l + r) < /?,, entonces lo mejor que puede hacer el propietario del recur
so es reservarlo para el periodo siguiente.
Imaginemos el siguiente ejemplo numérico. Sean p 0 = 120, p x = 130 y r = 0,1
(10% de interés anual, por ejemplo). El ingreso marginal de explotar hoy el recurso
sería la suma de p 0 más los intereses que p 0 unidades monetarias generarían, esto es
IMg= 120(1 + 0,1) = 120 + 12 = 132
Si se explota hoy el recurso, también se renuncia a lo que se obtendría por su
venta en el periodo 1, y por tanto se incurre en un coste de 130 u.m. Con estos datos,
como el ingreso marginal es superior al coste marginal, convendría extraer el recurso
en el presente. Se deja al lector el ejercicio de analizar este mismo caso expresando
el coste e ingreso marginales en valores presentes (del periodo 0), en vez de valores
futuros.
La decisión sobre cuál es la mejor decisión ha de ser la misma tanto si se adopta
la perspectiva de la decisión «explotar hoy el recurso» o la de «preservar el recurso
un periodo adicional». Así, con los datos del ejemplo si se preserva el recurso el in
greso marginal es de IMg = 130, que es lo que se ingresaría al venderlo en í = 1.
El coste marginal es la renuncia en la que se incurre al preservarlo, esto es lo que se
deja de ingresar hoy por su venta más lo que se obtendría al invertir p0. Así,
CMg = 120(1 + 0,1) = 132. Como el coste marginal es mayor que el ingreso margi
nal, preservar el recurso un periodo adicional no sería una buena decisión, por lo que
convendría explotarlo hoy. Lógicamente, es la misma conclusión a la que se había
llegado al analizar la decisión «explotar hoy». El Gráfico 11.2 representa esquemáti
camente lo descrito.
En un escenario más realista los costes operativos de extracción no serán cero. Para
incluir este tipo de costes en el análisis, supóngase que éstos se incrementan de forma
proporcional con la cantidad de recurso extraído. Asumiremos que para cada uni
dad extraída y para cada periodo, este coste de extracción es constante, de forma
que ct = c.
© ITES-Paraninfo
284 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Ingreso
marginal p 0( 1 + r)
Explotar hoy
(en t = 0 )
Coste
marginal p j
Ingreso
marginal p.
Preservar un
► periodo adicional
(explotar en t = 1)
Coste
marginal p 0( 1 + r)
SiPl >Pq(\ + r), conviene explotar en = 1
SiPl < pq{ 1 + r), conviene explotar en t —0
Como en el caso precedente, se discute la decisión «explotar una unidad del re
curso en t permite
igual a p0, correspondiente al ingreso que se obtendría hoy por la venta del recurso.
Respecto a los costes, en primer lugar renuncia al ingreso futuro Además, ya que
hoy incurre en el coste c, deja de percibir lo que c unidades monetarias le rendirían
invertidas. Si la tasa de interés es r, entonces c euros rendirían cr euros en un perio
do. Por ejemplo, con c = 10 € , y r = 0,1 (10% de interés), el rendimiento de c sería
monetarias
rio disponer de cr adicionales en t = 1. Comparando como antes los ingresos y costes
I
marginales, en unidades monetarias de t= 1, se obtie
el recurso siempre que el ingreso marginal de extraer en el presente la unidad del
recurso supere el coste de oportunidad en el que se incurre:
Po(] + r) > p x + cr
o lo que es lo mismo, si
© ITES-Paraninfo
♦
recurso en uno u otro periodo, teniendo en cuenta el tipo de descuento. Nótese que
esta condición se puede reescribir como
(Po ~ c) > (pl c- )/( 1 + r)
Matemáticamente, las dos expresiones son equivalentes. En términos económi
cos, lo escrito en la Expresión 11.1 expresa los ingresos y costes marginales (de la
última unidad) en valores futuros, esto es, en unidades monetarias del periodo 1. En
cambio, la segunda lo hace en valores presentes, o valores del periodo 0. Así, se com
para el valor presente del ingreso neto de costes de extracción, con el ingreso futuro
al que se renuncia, convenientemente descontado.
Utilizando el mismo ejemplo numérico de antes, obtendríamos lo siguiente. El
ingreso marginal derivado de extraer hoy una unidad del recurso sería:
IMg = {p0 - c)( 1 + r) = (120 - 10X1 + 0,1) = 1 1 0 + 1 1 = 121
El coste marginal sería el ingreso neto de costes al que se renuncia en el periodo
siguiente, es decir,
CMg = {px - c) = 130 - 10 = 120
Como el ingreso marginal supera al coste marginal, lo más conveniente para el
propietario es explotar la unidad del recurso en el periodo presente. El Gráfico 11.3
representa cuáles son los costes y beneficios marginales asociados a las decisiones
de «extraer hoy» y «preservar» cuando existen costes operativos de extracción uni
tarios c.
Ingreso
marginal (p0 - c)( 1 + r)
Explotar hoy
(en 1 = 0 )
Coste
►marginal (p j - c)
Ingreso
-►marginal { p \ - c )
Preservar un
periodo adicional
(explotar en 1 = 1)
Coste
marginal {p0 - c)( 1 + r)
Si P i - c > (p 0 - c ) ( l + r), conviene explotar en 1
Si/?, - c <(p q - c){\ + r), conviene explotar en t - 0
© ITES-Paraninfo
286 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
A (p - c ) / ( p 0 - c (11.2
é
© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 287
R e c u a d r o 1 1 .2
© ITES-Paraninfo
288 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
términos dinámicos siempre que se maximice el valor presente de los beneficios que
de él pueden obtenerse, es decir, que se maximice la suma de beneficios de los dife
rentes periodos, apropiadamente descontados.
Una de las preguntas clave a las que el propietario de un recurso no renovable
debe dar respuesta es la de cuál debe de ser el mejor horizonte de extracción del
recurso. El propietario deseará agotar todo el recurso del que dispone, puesto que
quedarse con existencias sin vender no le representaría una buena gestión. La cues
tión será entonces la de determinar el periodo óptimo de agotamiento de un recurso.
Denominaremos como T a este momento en el tiempo.
Además de elegir el número de periodos en que agotar el recurso no renovable, el
propietario deberá concretar también cuál será la extracción a lo largo de los T perio
dos. De hecho, ambas cuestiones están interrelacionadas. Explotar cantidades mayo
res del recurso comporta un periodo de extracción más corto, y asimismo los precios
se verán afectados. Veremos cuáles son aquellos elementos que determinan cómo se
debería producir el agotamiento de un recurso a lo largo del tiempo. Algunas de las
variables fundamentales ya se han mencionado, tales como los costes de extracción o
el tipo de interés. Intervendrán también elementos como la existencia de productos
sustitutivos, o el sistema de derechos de propiedad en el que se efectúe la explotación
del recurso, entre otros.
© ITES Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 289
Nótese que es un coste implícito para el propio propietario del recurso, que en
cierta forma se puede considerar su «usuario». El coste refleja el coste de oportuni
dad que la extracción presente ocasiona sobre el beneficio futuro, dado que cada uni
dad extraída hoy dejará de proporcionar ingresos en el futuro. Cada unidad no extraí
da tiene por tanto un valor para su propietario. La renta de escasez podría también
entenderse como un coste externo que recae sobre los futuros consumidores. En cual
quiera de los dos casos, a fin de que las decisiones de producción del recurso se to
men de forma correcta, será necesario incluirlo como componente de los costes so
ciales de extracción.
El Gráfico 11.4 representa los costes de extracción relevantes para el propietario
de un recurso. Tanto los costes operativos de extracción como la renta de escasez se
han representado crecientes con el nivel de extracción. Para las primeras unidades
extraídas, se ha supuesto que el coste de usuario es nulo. El precio del recurso p, le
vendría dado al propietario del mismo (dado que suponemos un mercado competiti
vo). Si el propietario sólo tiene en cuenta los costes operativos de extracción, elegiría
extraer la cantidad x0. Teniendo en cuenta todos los costes relevantes, incluido el de
«
© ITES-Paraninfo
290 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
♦ • ’ ... v \ .
Recuadro 11.3
LA REGLA DE HOTELLING COMO CONDICIÓN DE EQUILIBRIO
De acuerdo a la regla de Hotelling, las ren vos financieros. Supongamos que al inicio
tas de un recurso no renovable seguirán de un periodo disponemos de 100 € que
una senda de forma que de un periodo a invertimos (por ejemplo, en una cuenta a
otro aumenten a una tasa equivalente al ti plazo), y que al final del periodo dispo
po de interés de mercado. Esta evolución nemos de 120 € . Nuestros ahorros han
de los precios garantizaría un flujo positivo aumentado en 20 € en términos absolutos,
de oferta del recurso en todos los periodos, y en términos relativos, en un 20 por cien
y que sus propietarios no tengan incentivos to. El tipo de interés sería pues del 20 por
a querer aumentar ni disminuir las canti ciento (r = 0,2, en tanto por uno).
dades que ofrecen. Lo que ganan conser Mientras los precios del recurso no reno
vándolo un periodo adicional es exacta vable, deducidos los costes operativos de
mente lo que ganan explotándolo en el extracción, aumenten en un 20 por ciento,
presente. los propietarios se mostrarán indiferentes
El tipo de interés r ya es en sí mismo una entre explotar el recurso antes o después.
tasa de crecimiento. Nos muestra, en térmi No modificarían por tanto sus decisiones
nos porcentuales, en cuánto aumentan los de oferta, y los precios se mantendrían en
recursos de un agente al invertirlos en acti una senda de equilibrio.
A(p, - c)/(pt c) =
© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 291
Periodo 0 Periodo 1
P i•
{Pi -c)
o X *i *o X
Gráfico 11.5. Rentas de escasez en los periodos 0 y 1, para una demanda dada
(P\ ~ c) = (p 0 ~ c)(l + r)
© ITES-Paraninfo
292 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Gráfico 11.6. Senda de precios óptima y horizonte de explotación del recurso no renovable.
cantidades demandadas se irían reduciendo cada vez más, hasta hacerse nulas para p'.
Evidentemente, el Gráfico 11.6 no representa cómo puede haber evolucionado en I
la realidad el precio de un recurso no renovable concreto. Los precios podrían así
haber crecido a una tasa distinta al tipo de interés, o podrían incluso no haber aumen
tado. Habría distintas explicaciones. En la vida real los mercados están conti
nuamente sometidos a shocks tales como cambios en la demanda o de carácter tecno |$
lógico, que alteran el comportamiento de los agentes que intervienen en el mercado.
1
.© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 293
R e c u a d r o 1 1 .4
I(
EJEMPLO NUMÉRICO DEL PRINCIPIO DE HOTELLING
© ITES-Paraninfo
294 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Fruto de las restricciones del ejemplo, el Suponiendo un tipo de interés del 5 por
horizonte de explotación del recurso es de ciento, Pqesulta:
r
T = 50 años. Sabiendo además que los pre
cios crecen a una tasa igual al tipo de Pq 8=0/(1 + 0,05)50
interés, deberá suceder que al final de esos es decir,
50 años el precio justo alcance el precio del
producto sustitutivo. Así, debe suceder Po= 6,98
que:
Partiendo del precio inicial, pueden ha
fo § + Ó 50 = P b llarse asimismo los precios correspondien
tes a cada uno de los periodos. El gráfico
o lo que es lo mismo, anterior resume los principales resultados
p0(1 + r)50 = 80 del ejemplo.
Asimismo, los mercados están sometidos a intervenciones por parte de los gobiernos,
y además, no tienen por qué ser perfectamente competitivos.
Más adelante comentaremos cómo cambios en ciertas variables que se han toma
do como dadas modifican la senda de precios de equilibrio de un recurso no renovable.
•s ?!
I£ El principio de Hotelling y la eficiencia social
w
Esta condición indicaba que la renta del recurso en el periodo t debía igualarse al
valor descontado de su renta en t + 1, lo que requiere que el de su renta se incre
mente a una tasa r.
© ITES-Paraninfo
*
© ITES-Paraninfo
296 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Como con la producción y consumo de cualquier otro bien, puede darse el caso de
que se generen externalidades que hagan que el equilibrio de mercado no sea el so
cialmente óptimo. Por ejemplo, una industria extractora de un mineral podría generar
molestias en forma de ruido, de polvo, o de degradación de un paisaje, entre otros. Si*
estas molestias fueran significativas, las tasas de extracción elegidas por los propieta
rios de la empresa serían excesivas desde un punto de vista social. También puede
suceder que un recurso satisfaga varias funciones, y no únicamente la de servir como
input (materia prima, por ejemplo) a un proceso de producción. Por ejemplo, el agua
de una laguna no fácilmente recargable puede dar lugar a una zona de interés paisa
jístico. La utilización del agua en la agricultura, o en cualquier otro sector, puede
mermar el nivel de la laguna y el paisaje perder atractivo. De nuevo, se producirían i
externalidades si el consumo recreativo de esas zonas de interés se viese perjudicado.
En este caso, los precios derivados de la regla de Hotelling no conducirían al mejor
escenario de utilización del recurso desde un punto de vista social. .
I
If
11.5.2. D ivergencia e n tre las tasas de descuento p rivada y social
© ITES-Paraninfo *
RECURSOS NO RENOVABLES 297
Se suele asumir que ambas tasas de descuento difieren, y que la tasa de descuento
de los productores es mayor que la de los consumidores. De ser esto cierto, el merca
do por sí solo haría crecer los precios demasiado rápidamente, el recurso se explota
ría más rápidamente de lo que resultaría socialmente deseable, y se agotaría antes de
tiempo.
V \-; -y ; v' > \ >..■ \ v •• \ ^ >- ^ v. . x *■ >. * •? ** ’ c . í ' - i r 5" \ V > V *'.•*■• „ v'H
Otra causa de fallo de mercado tiene que ver con la naturaleza incierta de lo que
acontecerá en el futuro. Así, los propietarios de los recursos no disponen de infor
mación perfecta. Por ejemplo, aquí se ha asumido que el propietario conoce con
exactitud de qué cantidad de recurso dispone, cara a decidir el periodo óptimo de
agotamiento del mismo. Esta información no siempre está disponible con certeza.
También se ha asumido que se conocía la demanda, cuando ésta podría de hecho
modificarse. En la práctica, al hablar del futuro se pueden atribuir probabilidades a
los diferentes posibles sucesos que puedan darse. Así pues, las decisiones se tomarán
en realidad comparando beneficios esperados, y no ciertos.
Desde esta perspectiva, la mejora de la información disponible acercaría la ges
tión del recurso a la socialmente óptima. La información puede versar sobre las ten
dencias en la tecnología, el descubrimiento de nuevas reservas o la evolución de la
demanda, entre otros.
. . . . . . . . .
© ITES-Paraninfo
w
Recuadro 11.5 V
i8-* -
fcX
w
y- , / " X X
:
'' > . , ' V , s: . 'v
> :v > :<
' •<'.
V V .w < »
xX xX X v X -.X ' x
»w«$
•
•••• \ -\. •. .*.•
•'
,V.-.
‘
A y - . . ' • / . ‘• W w
‘ , y.. .•>;*' <<
'. , \ V W .'
-'*X-
w s / \v
' '• ‘ .r x ' X-
^ . - .y xvs - v x. H , V A .
« y 'N 'v !
■
x
s, >. , r
X
. ..
\ ' •W 2
s ^ ,x . . ^ w .
v- -*%
rr **«C***S*5ttS
© ITES-Paraninfo
f
Tiempo
© ITES-Paraninfo
300 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL V DE LOS RECURSOS NATURALES
0 T T Tiempo
niendo un rendimiento menor al que podrían obtener de otras inversiones. Otra forma
de verlo es que el valor de los rendimientos de extracciones futuras disminuye en
relación los rendimientos de extracciones en el presente (que se pueden asimismo
invertir). Por tanto, se extraería más recurso en el presente, para poder invertir los
ingresos obtenidos. Aumentaría la oferta en el presente, se produciría un exceso de
oferta del recurso y el precio inicial del mismo desciende. El Gráfico 11.9 ilustra
cómo se modifican los precios. Esto explica que p '0 < p0.
A partir de ese momento, y dado que el tipo de interés ha aumentado, en equili
brio los precios deben incrementarse más rápidamente que en la situación inicial. Es
to se representa con una senda de precios más inclinada. Con la nueva senda, a trazos
discontinuos en el gráfico, se alcanza antes el precio p', en T. Es decir, el recurso se
agotará antes.
© ITES-Paraninfo
ii
<
RECURSOS NO RENOVABLES 301
Tiempo
La aparición de nuevas reservas del recurso no renovable hace que aumente la oferta
del mismo, lo que se traducirá en un descenso de su precio en todos los periodos. Con
precios inferiores y más cantidad de recurso, se demandará más y a lo largo de más
tiempo, por lo que la nueva senda de precios será tal y como se muestra en el Gráfi
co 11.11. Aumenta el horizonte de extracción del recurso y los precios disminuyen
en todos los periodos.
© ITES Paraninfo
302 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
%
■
© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 303
\ y , V> •>,
<y&t&Affrí Y
Jtí%y'?yS'SSS^!&'SVS.
................. V # V-V/*'. A • • "
A lo largo del capítulo ya se ha discutido sobre los costes a los que se enfrenta un
propietario dedicado a la extracción de un recurso no renovable. Las empresas que se
dedican a tareas de reciclaje, incurren lógicamente en ciertos costes. Los habituales
de cualquier otra empresa, y los más específicos correspondientes a las tareas de re
cogida y transporte de los materiales, de separación y de recuperación propiamente
del recurso.
Es esperable que inicialmente el recurso utilizado provenga de la extracción. Con
abundancia del recurso en su origen, su extracción es relativamente poco costosa.
Pero ya hemos visto que a medida que el recurso es extraído, por diferentes razones
aumentan los costes de la actividad extractora. Cuanto más recurso se haya ya extraí
do, más probable será que comparativamente el coste del recurso reciclado sea infe
rior, y que pueda así competir con el proveniente de tareas de extracción.
El Gráfico 11.13 ilustra cómo podría darse esta competencia. Tanto para la acti
vidad extractora (EXT) como para la de reciclaje (REC) se han representado unos
costes marginales crecientes. Cada curva de coste marginal representa la oferta de
mercado del segmento que se considere (EXT o REC). La oferta de mercado o agre
gada del recurso, se corresponde con la suma horizontal de las dos curvas de costes
marginales, por lo que la función conjunta o agregada (MIX) de costes marginales
privados será también creciente, aunque más plana a partir de X^Éc- Recuperar el
recurso mediante reciclado resulta más costoso comparado con la actividad extracto
ra para las primeras unidades, hasta alcanzar la cantidad X ^c- A partir del nivel de
producción ^cle reciclaje ya podrá competir, en términos de costes, con la indus
X
tria extractora.
En el Gráfico 11.12 se muestran dos posibles situaciones. El Gráfico 11.12(a), a
la izquierda, muestra un caso en el que toda la demanda del recurso se satisface con
recursos exclusivamente provenientes de la extracción. Dada la demanda, obtenemos
la intersección entre oferta y demanda en la cantidad XaTOT. Todas las unidades del
© ITES-Paraninfo
304 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
XX b _
TOT X^xt + ^MIX
(a) La oferta del recurso proviene (b) La oferta del recurso proviene
exclusivamente de la extracción de la extracción y del reciclado
© ITES-Paraninfo
RECURSOS NO RENOVABLES 305
§ Otras consideraciones
Anteriormente hemos discutido algunas de las razones que pueden hacer alterar la
senda de precios de un recurso no renovable, descrita por Hotelling. Como es lógico,
en la práctica los precios de cada uno de los recursos no renovables se ven sometidos
a todo tipo de shocks, como la aparición de nuevas tecnologías de extracción, el des
cubrimiento de productos sustitutivos del recurso o el descubrimiento de nuevos
yacimientos, por mencionar sólo algunos de los aspectos comentados.
Podrían asimismo considerarse otras posibles fuentes de shock en los mercados
de los recursos no renovables. Así, podrían ocurrir cambios en su demanda; se po
drían introducir impuestos u otras actuaciones gubernamentales, que podrían distor
sionar las decisiones de los propietarios y de los consumidores del recurso; podrían
producirse guerras, o catástrofes naturales, que afectasen las posibilidades de extrac
ción del recurso; o podrían darse cambios bruscos en el sistema de derechos de pro
piedad en el que se desarrolla su explotación. Todos estos acontecimientos incidirían
en el mercado del recurso y en su precio de equilibrio.
Cabe además la posibilidad de que el mercado no se encuentre en equilibrio.
Aunque esa discusión va más allá del objetivo de este capítulo, una de las explicacio
nes puede tener que ver con el hecho de que muchas de las decisiones sobre la ges
tión del recurso deben tomarse en condiciones de incertidumbre, por lo que se toma
rán en base a beneficios esperados y no ciertos. La falta de información cierta está
presente en muchas fases de la toma de decisiones, desde la que atañe a todas las
variables que hemos visto que inciden en la evolución futura del precio del recurso,
como la existencia misma de las reservas del recurso o la introducción de nuevas
tecnologías de extracción y de sustitución, por ejemplo.
Una fuente de incertidumbre adicional tiene que ver con la que atañe a la propie
dad del recurso y al derecho a su explotación. Si esta propiedad no fuese segura, en el
sentido de que el propietario temiera perder el derecho a la explotación del recurso,
las decisiones de los propietarios se verían afectadas. Lo mismo sucedería si el recur-'
so se explotara en condiciones de rivalidad, porque varios usuarios compartan y ex
ploten una misma reserva (por ejemplo, de petróleo). La explotación de forma común
de un recurso no renovable sería un ejemplo de explotación de bien comunal, y los
problemas que se generarían serían los ya vistos en el Capítulo 2.
Del presente capítulo podemos extraer alguna idea fundamental presente en la
teoría económica concerniente a la gestión de los recursos no renovables. Es la idea
de que los mercados de los recursos no renovables incorporan incentivos que pro
mueven cambios en el comportamiento de los propietarios y de los consumidores del
recurso a reaccionar ante las situaciones de escasez. Si los agentes reaccionan en la
forma en que el modelo presentado y el principio de Hotelling predicen, en los mer
cados de los recursos no renovables los agentes se irían adaptando gradualmente a las
circunstancias, y no deberían esperarse colapsos bruscos de estos mercados.
© ITES-Paraninfo
306 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
v. , 'i-'. ' ,'V"- ^•X’ ■ V ■ « " / ••. '- - • ' >•-, '■ • ■ '■ '. •.S*'! t ’/s- < A s* . '
3. Para el caso en que los costes de extracción de una unidad de recurso no renova
ble son nulos, c = 0, derivar que si p/p^ = r, entonces el propietario del recurso
ofrecerá tanta cantidad como de él se demande. Suponemos que se trata de una
demanda efectuada a nivel local, y que el propietario del recurso dispone de la
cantidad suficiente.
5. Según la regla de Hotelling, ¿deben las rentas del recurso aumentar en cada
periodo al mismo ritmo que aumenta la tasa de interés en cada periodo, o el
ritmo del aumento de estas rentas en cada periodo debe corresponder al valor de
la tasa de interés en cada periodo?
7. ¿Son iguales el precio de una unidad de recurso extraído y el precio de una uni
dad de recurso todavía por extraer?
© ITES-Paraninfo
I
11. A lo largo del capítulo, uno de los supuestos implícitos que hemos considera
do para analizar la toma de decisiones de un propietario de un recurso no reno
vable, es que la propiedad del mismo y de los beneficios que su extracción
reporte estaban claramente definidos. ¿Cómo es de esperar que modificara un
propietario la gestión óptima de un recurso no renovable si no tuviera esta se
guridad sobre su futuro aprovechamiento del recurso? ¿Por qué?
© ITES-Paraninfo
CAPÍTULO
'
12
*
$•
■
•J f
Recursos
renovables
© ITES-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 311
forma
una representación gráfica como la del Gráfico 12.1. Así, la curva representada
© ITES-Paraninfo
312 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
muestra cómo evolucionaría a lo largo del tiempo la cantidad total del recurso (en
una determinada región o pesquería), al margen de intervenciones humanas. La curva
representada corresponde a lo que se conoce como crecimiento logístico.
La cantidad total del recurso depende del número y tamaño de sus ejemplares, y
puede denotarse como biomasa. Así, la biomasa podría crecer si crecen sus ejempla
res, aunque no haya más en número. Interpretemos el Gráfico 12.1. En los estadios
iniciales, como en t0, la cantidad del recurso es baja (x0). No obstante, empieza a
crecer de forma cada vez más rápida, y en poco tiempo aumenta considerablemente
(por ejemplo, entre tx y t2). La idea es que existen los suficientes ejemplares como
para que puedan crecer y reproducirse fácilmente. Nótese que para el nivel de stock
Ia curva de crecimiento del recurso se acerca a la vertical; por tanto, es para',
x ym á x
ese nivel para el que más rápidamente crece el recurso. Más adelante, para cantida
des mayores del recurso (a partir de ) ’ este sigue creciendo pero lo hace más
x ym á x
despacio. Una posible razón es que los distintos ejemplares, ya más numerosos, de
ben competir por una cantidad limitada de nutrientes, y su ritmo de crecimiento (o
reproducción) se ralentiza. Es por este motivo que el recurso no puede crecer indefi
nidamente. La cantidad x m á xen d gráfico representa lo que se denomina la capaci
dad de carga del sistema. Sería la Cantidad o equilibrio natural a la que el recurso
renovable tendería por sí mismo, dado su entorno.
La explicación sobre el crecimiento de una especie podría ser distinta. Por ejem
plo, podría ser que el crecimiento de un recurso dependiese no tanto de la cantidad de
biomasa del recurso (masa del total de población), sino solamente del número de
ejemplares lo suficientemente adultos. Esto podría dar lugar a otro tipo de curvaturas
algo distintas a la del gráfico.
© ITES-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 313
Dada una curva de crecimiento del recurso renovable, éste puede explotarse de
forma indefinida mediante extracciones sostenibles, en el sentido de que mantienen
constante el nivel de stock. También se podría explotar menos, con lo que el stock del
recurso iría creciendo, o explotar más allá de la captura sostenible, con lo que se iría
reduciendo la biomasa pesquera (de mantenerse esta última situación indefinida
mente, se agotaría el recurso renovable).
R e c u a d r o 1 2 .1
CAPTURAS SOSTENIBLES
Tal y como se utiliza el concepto de captu de capturas 20 sería sostenible para un ni
ras sostenibles en el contexto de la explota vel de stock pesquero de 30. Si partimos de
ción de las pesquerías, éstas hacen referen una cantidad de recurso pesquero distinta,
cia a todos aquellos niveles de capturas que las capturas sostenibles asociadas también
tienen la propiedad de dejar el recurso pes se modificarán en general.
quero en un nivel constante. Supongamos Volviendo al ejemplo numérico anterior,
que en un cierto periodo la cantidad de bio sería asimismo posible realizar unas captu
masa pesquera inicial se estima en 30 uni ras de 15. Al periodo siguiente, el recurso
dades de biomasa. De un año al siguiente y pesquero habría aumentado en 5. Proceder
sin intervención humana, ésta aumenta y se de esta forma ciertamente no compromete el
sitúa en 50. Podríamos entonces cada año futuro del recurso pesquero, y estas capturas
capturar un volumen de peces de 20, vol se podrían mantener en el tiempo. Sin em
viendo a situar la cantidad de recurso pes bargo, no les aplicaríamos el adjetivo de
quero en 30. Éste volvería a crecer hasta «sostenibles», que utilizaremos aquí sola
50, podríamos volver a extraer 20, y así su mente para aquellas extracciones del recurso
cesivamente. Diríamos que el nivel anual que lo mantienen en una cantidad constante.
• Naturalmente, si se explota parte del recurso pesquero, se retira una cantidad del
mismo y se interrumpe parte de los mecanismos naturales de regeneración. ¿Cómo
deben ser las capturas pesqueras para no poner en peligro la continuidad de la pes
quería? Volviendo al Gráfico 12.1, la curva de crecimiento nos informa de que entre
el momento t0 y el t{, el recurso pasa de x 0 a Denotamos a la diferencia (*! —*0)
como [Link] entre t0 y tlse extrajera una cantidad del recurso ig
del periodo, es decir, en tu se dispondría de nuevo de la cantidad x0. Podríamos asi
mismo elegir cualquier otra zona de la curva de crecimiento del recurso e identificar
las capturas sostenibles. Mientras que las cantidades que se extraigan del recurso re
novable no superen el crecimiento vegetativo del mismo (su crecimiento natural), di
remos que la explotación es sostenible. Nótese también que un mismo nivel de captu
ras puede obtenerse con dos niveles distintos del recurso pesquero. El crecimiento
del recurso es exactamente el mismo entre los periodos t0 y tx que entre los periodos
t2 y ty A este nivel de capturas sostenible lo denotamos con y2, en el Gráfico 12.1, y
lo expresamos en niveles absolutos y no en términos porcentuales. Por tanto, el nivel
© ITES-Paraninfo
I
' 0
Situarse en el tramo creciente, por ejemplo en x0, lleva asociado un menor núme- i
ro de ejemplares, y además conlleva más riesgo de extinción del recurso. Así, imagi
nemos que se extraen y 2 unidades de recurso con un nivel del mismo de x0. Si por
cualquier motivo, en un determinado periodo el crecimiento del recurso se redujese
inadvertidamente y por cualquier motivo se mantuviese su explotación en y2, la can
tidad del recurso al final de ese periodo se situaría a la izquierda de x0, digamos en jcq.
Su tasa de crecimiento por periodo también sería menor (por ejemplo, al cabo del
periodo se recuperaría una cantidad de recurso pesquero de y3, con y3 menor que y2)-
De no corregirse las extracciones y mantenerlas en y2, el recurso iría disminuyendo,
hasta su eventual extinción. Se deja al lector la comprobación de que, caso de suce
der una imprevista reducción en la reproducción del recurso cuando su nivel se en
cuentra en x2, el contar con una mayor cantidad del mismo reduce el riesgo de que no
pueda recuperarse y alcanzar de nuevo el nivel de x2. Más adelante argumentaremos
© ITES-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 315
■* • ••
m
112.2.2. Ingresos to ta le s :3
// '•■jQ
s • • >:• >-v.'
• iv .v !
Utilicemos el supuesto que hemos seguido en todo el libro de que la empresa consi
derada toma los precios como dados. De hecho, haremos como si la cantidad final de
pescado capturado y vendido por el conjunto de empresas no afectara al precio del
mismo. Éste sería el caso si la pesquería fuese lo suficientemente pequeña. Ello nos
permitirá obviar la parte de la demanda en nuestro análisis. Si el precio del recurso
pesquero es p, entonces podemos calcular los ingresos totales sencillamente multipli
cando el precio por las capturas. Considerando solamente las capturas sostenibles,
hablaríamos entonces de ingresos sostenibles. Los ingresos resultan de multiplicar
las cantidades extraídas por una constante (p), de manera que la forma de la curva del
Gráfico 12.2 queda preservada, aunque obsérvese que ahora el eje vertical represen
tará unidades monetarias en lugar de capturas. Como antes, en el eje horizontal repre
i sentamos los distintos niveles de stock del recurso pesquero. Representamos los in
gresos en el Gráfico 12.4. Los ingresos totales van aumentando a medida que nos
© ITES-Paraninfo
316 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
© ITES-Paraninfo
«
© ITES-Paraninfo
318 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
vertical entre ingresos y costes. ¿Qué volumen de capturas es el que cumple esta con
dición? Aquel que se corresponde con un nivel del recurso de x*, como explicaremos
a continuación.
Más allá de observar en el gráfico que en x* el beneficio es máximo, lo importan
te es comprender qué sucede en x*. Como hemos visto en capítulos anteriores, la
condición de maximización del beneficio exige que se igualen los costes y los ingre
sos marginales. Dichos valores marginales los podemos identificar a partir de las
pendientes. Las pendientes indican en cada punto la tasa de cambio de los ingresos y
de los costes a medida que varía la cantidad de stock.
El coste marginal viene dado por c que se corresponde con la pendiente de la
recta de costes, y que mide en cuánto aumentan los costes a medida que disminuye el
nivel de stock del recurso pesquero. El ingreso marginal no adopta siempre el mismo
valor. Así, los ingresos totales aumentan más rápidamente para las primeras unidades
explotadas (a medida que nos alejamos de y más lentamente a medida que nos
acercamos al nivel de máximos ingresos sustentables (Imáx)• A partir de ese nivel
seguir incrementando la explotación (desplazándonos hacia la izquierda en el gráfi
co) de hecho provoca que los ingresos totales de cada unidad no sean tan grandes, o
lo que es lo mismo, que el ingreso marginal vaya disminuyendo. Lo idóneo para ma-
ximizar los beneficios totales de los pescadores es extraer unidades mientras los in
crementos de ingresos superen a los incrementos de costes, o sea, mientras el ingreso
marginal supere al coste marginal. Cuando coinciden ambos, encontramos las capturas
y el nivel del recurso pesquero que maximizan el beneficio. Gráficamente, ingreso y
coste marginal se igualan allí donde coinciden las pendientes de las dos curvas. En x*
se da esta condición, y puede observarse en el gráfico que la inclinación de la recta que
representa los costes totales es la misma que la inclinación de la tangente a la curva de
ingresos totales para el nivel de recurso pesquero x*, rayada en el Gráfico 12.4.
I
© ITES-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 319
© ITES-Paraninfo
320 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
entre la curva de ingresos sostenibles y la recta de costes totales privados. Ese nivel
de beneficios es inferior al que las empresas obtendrían en x*. Sin embargo, también
serán menores los costes externos fruto de una menor explotación del recurso renova
ble. El razonamiento es similar al que utilizamos en el Capítulo 2.
Recuadro 12.2
¿CÓMO SE INTERPRETAN LOS BENEFICIOS NULOS?
En el análisis económico es conocido el re tos mejor. Para entender esta propiedad de
sultado de que, en mercados competitivos, los mercados competitivos, necesitamos re
en el largo plazo los beneficios se hacen cordar una de las características que definen
nulos. Por su relevancia, y porque a prime a los mercados competitivos (explicadas en
ra vista puede parecer un resultado poco Capítulo 2), la que se refiere a la perfecta
intuitivo, dedicaremos este recuadro a ex movilidad de los recursos productivos. Eso
plicar esa condición. significa que un inversor puede fácilmente
La condición de beneficios nulos se con cambiar de actividad económica, y poner
templa como una situación de equilibrio a la su dinero en donde crea que pueda obtener
que las empresas involuntariamente tienden, más beneficios. O sea, que puede cerrar
y no como una situación que las empresas una empresa, abrir otra, y va a hallar el ca
busquen. Como es natural, éstas preferirían pital para hacerlo, la mano de obra corres
obtener beneficios positivos, cuanto más al pondiente y el capital natural que precise.
© ITES-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 321
dada la tecnología disponible. A corto pla los beneficios sean nulos esto no significa
zo (por definición de corto plazo), sólo par que el inversor no obtiene ninguna remune
te de estos recursos se pueden mover libre ración por su inversión. Obtiene el coste de
mente, pero a largo plazo todos ellos se oportunidad del mismo, el beneficio nor
pueden intercambiar de un sector producti mal, la tasa de interés (r) de la economía
vo a otro. O por lo menos éste es el supues para actividades del mismo nivel de riesgo.
to que hacemos para los mercados compe Los beneficios nulos ya incorporan pues
titivos. el coste del capital, y por tanto, ya incluyen
Cuando decimos que las empresas obtie una remuneración normal a los propietarios
nen beneficios económicos nulos, quere o inversores de la empresa. De la misma
mos en realidad decir que estarían obte forma, cuando hablemos de beneficios po
niendo unos beneficios normales. Así, el sitivos, pueden interpretarse como benefi
concepto de beneficio económico resulta cios extraordinarios, en el sentido de que
de la diferencia entre los ingresos y los permiten una remuneración al capital
costes económicos, donde los últimos in extraordinaria, o superior al r por ciento. Si
cluyen todos los costes relevantes, y entre eso ocurre, las empresas de otros sectores
ellos la remuneración del capital. La intui se verán atraídas por este rendimiento
ción de la remuneración del capital es que extraordinario (por encima de lo normal) y
el inversor incurre en un riesgo al poner su al haber más productores para una misma
dinero en una actividad, y por tanto eso só demanda, el beneficio extra irá dismi
lo lo hará si cree que va a obtener una cier nuyendo. Si demasiadas empresas nuevas
ta remuneración. Una forma de ver esa re entran en este sector, los beneficios pueden
muneración o beneficio por el dinero (y incluso caer por debajo de la tasa de interés
esfuerzo) que alguien pone al hacer una in r, o sea, ser negativos. Ello supondría que
versión es que si no pusiera el dinero en es se dedican demasiados recursos a esta acti
te sector lo podría dejar en el banco, com vidad. Aquellas empresas menos eficientes
prar deuda pública, o ponerlo en otro verían que su dinero rendiría más en otro
sector, obteniendo una determinada remu sector y saldrían de este mercado. Se logra
neración. Esta remuneración que se obten ría una situación estable (de equilibrio)
dría en promedio de invertir el dinero en cuando el beneficio extra fuera cero, cuan
alguna actividad alternativa es lo que deno do el rendimiento del capital invertido fue
minamos coste de oportunidad de este ca ra r. Por eso decimos que con perfecta mo
pital y también lo que llamamos beneficio vilidad de los recursos, el beneficio tenderá
normal. Este beneficio normal ya está con a ser nulo en el largo plazo (tenderá a ser el
tado dentro de los costes. Así, si los benefi normal de mercado, r, para este nivel de
cios son los ingresos menos costes, aunque riesgo).
© ITES-Paraninfo
322 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Gráfico 12.6. Nivel de capturas con libre entrada de empresas (equilibrio bioeconómico).
que se cruzan las curvas de costes e ingresos totales, por lo que la diferencia entre
ambos será cero. En el gráfico se muestra un caso en el que el nivel de la población
de peces correspondiente a la situación de libre acceso es inferior al que constituiría
el óptimo social, xEQ < x*. En este caso, la libre entrada conduce a unas capturas que
son inferiores a las socialmente eficientes y la pesquería estaría sometida a sobreex
plotación económica. La palabra «sobreexplotación» no se aplica aquí en el sentido
de llevar a la extinción física del recurso, sino a que con menor explotación el bie
nestar social sería mayor, de acuerdo a nuestro modelo (donde además sólo nos fija
mos en el lado de la oferta, dejando la demanda al margen). Desde el punto de vista
físico o biológico, se puede observar que el nivel de stock se sitúa ahora en la zona
creciente de la curva de ingresos sostenibles. Ya se adujo con anterioridad que en
este tramo el riesgo de extinción del recurso es más alto. Por ejemplo, si el ritmo de
crecimiento natural del recurso se hubiera sobrestimado, un nivel de capturas siste
máticamente superior al sostenible podría entonces provocar el colapso del recurso.
Recuadro 12.3
RESULTADOS DEL MODELO BIOECONÓMICO APLICADO
A LAS PESQUERÍAS
El modelo bioeconómico desarrollado per En primer lugar, el volumen de capturas
mite obtener algunos resultados con rela que maximiza los beneficios totales no tie
ción a lo que puede suceder con la gestión ne por qué corresponderse con el que per
de las pesquerías. mite las máximas capturas sostenibles. Es-
© ITES-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 323
to no debería sorprender, puesto que no se sas que no valiera ni siquiera la pena reali
trata de explotar el máximo porque sí, sino zarlas. En el otro extremo, los costes de las
de explotar lo que mayor beneficio genera, capturas podrían ser prácticamente nulos,
no perdiendo de vista que una mayor ex en cuyo caso las capturas socialmente ópti
plotación requiere también de unos mayo mas coincidirían con las máximas sustenta-
res costes. Tal y como se han representado bles.
los costes, la explotación eficiente de la En general, tanto las capturas óptimas
pesquería lleva a un nivel de stock en el re como las correspondientes a la explotación
curso pesquero superior al que se obtendría con libre entrada no conducen a la extin
de seguir el criterio biológico. En general, ción del recurso. Ésta podría darse, sin em
sucederá que a mayores costes de explota bargo, si los costes privados de las capturas
ción mayor será el nivel de recurso pesque fuesen nulos y existiese libre entrada de
ro. Las capturas podrían resultar tan costo- empresas.
© ITES-Paraninfo
324 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
contrario, extraer una unidad de recurso adicional lleva a una tasa de crecimiento
mayor. Para los niveles de stock representados en el gráfico, capturar hoy un ejem
plar más del recurso pesquero hace que éste crezca más lentamente, dado que
F(xi — 1) < F(x{), como se puede ver a partir de las pendientes. La diferencia entre
la tasa de crecimiento del recurso la denotamos en general como F'(x). En el caso
representado, F \x) = F{xx) — F(xl — 1). Dicho de otra forma, no capturar el pez per
mitiría que el recurso creciese algo más rápidamente. Para el nivel de stock xY máx Ia
A
© ITES-Paraninfo
I
Explotar y vender en t = 0 tiene como parte positiva que puede venderse antes, al
precio p0, y que este ingreso puede a su vez invertirse. Así, en t = 1, el ingreso mar
ginal sería /?0(1 + r).
Al tiempo, explotar hoy el recurso pesquero tiene dos consecuencias: por un lado,
se renuncia al ingreso que se habría obtenido vendiendo esa unidad en el periodo
siguiente, a un precio p x\ además, al decidir explotar una unidad adicional del recur
so, la velocidad a la que éste se regenera puede verse afectada. F\x) representa la
cantidad extra de recurso de la cual se dispone (o a la que se renuncia) si con la
captura alteramos el crecimiento del recurso pesquero. Por tanto, explotando en = 0
una unidad se renuncia también a disponer de ) en í = 1. Capturar un ejemplar
más en t = 0 supone un coste marginal de
Pi+ p xF\x)
La expresión anterior puede expresarse como:
é
© ITES-Paraninfo
326 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
Como sucede con todos los bienes comunales en lo que se refiere al acceso al recur
so, la sobreexplotación es una de las principales preocupaciones a la hora de gestio
nar una pesquería eficientemente. En condiciones de libre acceso se dan las condicio
nes para que se faene hasta que los beneficios se hagan nulos, y esto suele representar
un nivel de capturas superior al socialmente deseable, y un nivel del recurso pesquero
demasiado bajo. A este tipo de problema relacionado con una asignación imprecisa
© ITES-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 327
© ITES-Paraninfo
328 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
capturas está relacionada con el número de barcos faenando. Las temporadas de cap
tura se acortan cuanto mayor sea el número de barcos, que deberán asumir igual
mente sus costes fijos.
La abundancia de las poblaciones de peces puede variar mucho de un año a otro.
La construcción de buques requiere de inversiones de capital considerables, y una
vez construidos pueden permanecer activos durante décadas. Si en un periodo se ex
pande el sector, aunque las condiciones del mercado varíen al cabo de un tiempo,
existirán dificultades para abandonar el sector, o existen lo que se llaman barreras a
la salida: los propietarios de los barcos o empresas pesqueras incurren en altos costes
en tanto no puedan recuperar las inversiones realizadas. Además, mientras existan
beneficios positivos, cuanto mayor sea la capacidad de pesca, ligada al volumen de la
flota pesquera, más fácil será que se sobrepasen los niveles de capturas óptimos.
Desde un punto de vista formal, los diferentes Estados nacionales ostentan los
derechos de propiedad sobre los recursos naturales (incluidos los pesqueros) localiza
dos dentro de las 200 millas marinas (unos 370 km) medidas desde sus costas. Buena
parte de las capturas mundiales de peces se realizan en estas zonas, denominadas zo
nas económicas exclusivas. Pese a que las poblaciones de peces constituyen unos re
cursos móviles que lógicamente pueden pasar de una jurisdicción a otra, aquí se
abordarán únicamente instrumentos de regulación como si las pesquerías pertenecie
ran a una única jurisdicción. i
En cuanto a la regulación, los países pueden estar sometidos a la legislación na
cional y supranacional. Así, por ejemplo, para los países europeos que forman parte
de la Unión Europea, las restricciones serán tanto las derivadas de la política pesque
ra común como las aprobadas a nivel nacional por cada Estado miembro. Algunos de
los instrumentos utilizados en el marco de la Política Pesquera Comunitaria (PPC),
en marcha desde 1983, son los aquí tratados. Desde 1995, todos los buques que fae
nan en aguas comunitarias necesitan una licencia, y se asignan permisos de pesca en
los que se estipulan las condiciones relativas al acceso, la época y los caladeros espe
cíficos en los que faenar.
Existen diversos tipos de regulaciones en la práctica. Entre otros ejemplos, el es
tablecimiento de máximos de capturas autorizados; la vigencia de periodos de veda;
restricciones sobre ciertas técnicas de pesca, a fin de garantizar el crecimiento de los
ejemplares jóvenes; o políticas de subvenciones diseñadas para reducir la capacidad
de las flotas, incluidas en presupuestos estructurales disponibles para el sector de la
pesca.
© ITES-Paraninfo
I
A continuación se tratan con algo más de detalle tres tipos de regulaciones: los
totales admisibles de capturas y de esfuerzo, de largo los más aplicados, y que supon
drían regulaciones sobre las cantidades pescadas; los impuestos, que afectarían a los
precios; y las cuotas individuales transferibles, que de nuevo regulan las cantidades
de pesca.
© ITES-Paraninfo
330 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
K' .
© ITÉS-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 331
© ITES-Paraninfo
332 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
9% :
En el Gráfico 12.8, y con la introducción del impuesto, las empresas deben afron
tar unos costes mayores que desincentivan la actividad pesquera, ya que los benefi
cios se disipan antes, lo que permite situar el nivel de recurso óptimo en x*. Así, con
el impuesto, los beneficios se hacen nulos justo al nivel eficiente de stock (**). Lógi
camente, el conjunto de pescadores obtienen unos beneficios nulos. Por su parte, la
administración que recibe el impuesto obtiene como recaudación lo que para las em I
presas representa un incremento de costes. j
Independientemente del tipo de instrumento utilizado, para que la regulación no
falle, aun estando bien diseñada en sus objetivos, es preciso que se vea reforzada con
los necesarios mecanismos de control y penalización, y que esté diseñada de forma
que no genere incentivos perversos que puedan incluso agravar los problemas que la
justifican.
I
L La gestión económica de los bosques
Vamos a analizar ahora otro recurso renovable, los bosques, cuya gestión presenta
algunas peculiaridades interesantes. Desde una perspectiva económica, los bosques
constituyen una forma particular de acumulación de capital, en este caso de capital
físico natural. La velocidad a la que el recurso se acumula depende de la calidad del
suelo, de las características genéticas de las especies de árboles plantadas, y de los
aportes energéticos naturales y artificiales que los bosques reciban.
Al gestionar un bosque, son muchas las decisiones a tomar. Por un lado, podemos
decidirnos por una explotación especializada en un único recurso, como la madera de
los árboles, o podemos diversificar los productos a explotar. Además de la explota-
© ITÉS-Paraninfo
i
RECURSOS RENOVABLES 333
ción privada del bosque basada en la comercialización de los productos que produce,
podríamos considerar otras funciones alternativas. Por ejemplo, las recreativas, así
como los servicios ambientales que el bosque provee, en cuanto a «secuestro» de
C 02 o la preservación de ecosistemas. Pese a la importancia de estas otras funciones,
en este apartado nos centraremos exclusivamente en el bosque como proveedor del
recurso maderero.
Al igual que sucede con los otros recursos renovables, la solución óptima desde
un punto de vista económico resultará de la combinación de información de origen
biológico y de ciertas variables económicas. Una particularidad del análisis de la ges
tión de bosques es que la pregunta tradicional no consiste en determinar cuánto in
vertir (o qué cantidad de bosque explotar), sino cuándo talar los árboles. La diferen
cia con respecto a otros recursos renovables, como podrían ser los pesqueros, es que
se trata de especies que requieren de un dilatado periodo de tiempo para regenerarse.
Comparativamente son de crecimiento lento. Quizás por esto es más evidente que las
plantaciones se pueden contemplar como bienes de inversión.
»
© ITES-Paraninfo
334 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
la curva hacia la izquierda). A partir de este momento la cantidad del recurso forestal
comenzaría a crecer. Se ha representado una situación en que se daría crecimiento
hasta que se consiguiera una cantidad máxima de recurso maderero, denotada como
- En los periodos iniciales (si t >
x m á x ), el crecimi
tR
© ITES-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 335
X(t)/t = X'(t)
Esta condición se cumpliría en el periodo tB, que sería el turno de la máxima ren
ta en especie (en volumen de madera). Ciertamente, esta solución ignora los criterios
económicos que vamos a incorporar seguidamente.
Así, el esperar un periodo adicional no tiene por qué salir a cuenta aunque esto
permita un crecimiento de la masa forestal. Podemos pensar en numerosas situacio
nes en las que convenga sacrificar esa mayor cantidad de madera. Por ejemplo, po
drían esperarse caídas significativas de los precios de la madera, tener altos tipos de
interés que aumentan los costes de oportunidad de posponer la tala, o sencillamente
unos costes de gestión demasiado elevados. En el siguiente apartado se introducen
estas variables económicas en el análisis, con el fin de identificar el tumo forestal
eficiente en términos económicos.
Como es habitual, supondremos que el objetivo del propietario o gestor del bosque es
maximizar sus beneficios. Por tanto, se trata de comparar los ingresos a obtener por
la venta de la madera con los costes en los que hay que incurrir, debidamente descon
tados, y comprobar que la corta se realice cuando esta diferencia sea la máxima.
Analizamos el caso más sencillo, en el que los costes de gestión de la parcela son
constantes e independientes del turno forestal elegido. ¿Cuáles serían los costes y
beneficios marginales para el propietario forestal derivados de talar y vender la ma
dera en el periodo f?
Vender en el periodo t significa obtener unos ciertos ingresos equivalentes al va
lor de la producción maderera, y estos ingresos pueden a su vez reinvertirse en otras
actividades económicas a una tasa de rendimiento (beneficio) r. Por tanto, el benefi
cio de cortar en t será
PíX(t) + rPtX{t) = (1 + r)PtX(t) (12.2)
La lógica de la Expresión 12.2 es la ya detallada en el Capítulo 11 para el caso de
una unidad de producto. Dado que suponemos el caso sencillo con cero costes de
gestión, los costes vendrán dados en términos de costes de oportunidad, o lo que es lo
© ITES-Paraninfo
336 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
El periodo óptimo de tala, í*, será aquel para el cual se igualan el coste y el bene
ficio marginal. La elección de r* debe dejar al propietario del recurso indiferente en
tre cortar en este periodo o en el siguiente; de otra forma, podría adelantar o atrasar
las cortas para aumentar sus beneficios, y por tanto no los estaría maximizando. Igua
lando las Expresiones en 12.2 y 12.3 y simplificando, obtendríamos
X\t)/X(t) + ptr
Quizás resulte más intuitiva la interpretación de esta regla para el caso en que los
precios no varían, esto es p, = Pt+i-La condición de igualda
marginal quedaría:
(1 + r)PíX(t*) = p¿X(t*) + ]C(t*)]
o simplificando,
[pX'(t*)/pX(t*)] = X’(t*)/X(t*) = r
J | i
Esta condición corresponde a la determinación del turno forestal óptimo desarro
llada por Harold Hotelling en 1925 (a quien ya hemos hallado en distintas partes del
libro) y por el economista matemático norteamericano Irving Fisher pocos años des
pués. La interpretación de esta regla es la siguiente. El propietario estará indiferente
© ITES-Paraninfo
f
entre cortar hoy o posponer la tala un periodo cuando el crecimiento del stock (rela
tivo) justo iguale la tasa de crecimiento de inversiones alternativas. Análogamente,
si dejamos el precio p sin simplificar, para que el inversor se mues
tre cortar o no (y por tanto t*sea el mejor momento posible) es preciso que el creci
miento del valor del recurso generado gracias a posponer la tala un periodo, respecto
del valor inicial del mismo, justo se iguale con la ganancia de valor que se derivaría
de inversiones alternativas.
© ITES-Paraninfo
338 MANUAL DE ECONOMÍA AMBIENTAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES
p[X(t ) +X'(t)]+Ps( 1 2 . 5 )
Por lo tanto, una vez se decide la corta, la empresa forestal deja de tener el suelo
como input de la actividad forestal, y puede venderlo, obteniendo de una vez unos
ingresos de ps. La diferencia respecto a cortar antes o después es que cuanto antes se
corte, antes se podrán obtener rendimientos financieros por la inversión del mon
tante ps.
De la comparación de las Expresiones 12.4 y 12.5, y operando, se obtiene que
para que no haya manera de obtener un mejor beneficio (debidamente descontado)
modificando el turno óptimo se ha de cumplir:
\ p x \ n y \ p x \ n + Ps] = r
O dicho de otra forma, el valor del incremento de la masa forestal, con relación al
valor total de la misma teniendo en cuenta los ingresos por la venta del suelo, deben
justo igualarse a la tasa de aumento de estos recursos en destinos alternativos.
La discusión anterior podría completarse suponiendo unos costes de explotación
positivos. Una forma habitual de incluir éstos en el análisis es suponiendo que en el
periodo inicial hay que incurrir en unos costes iniciales relacionados con la fertiliza
ción de suelos o la plantación de las semillas o ejemplares jóvenes, por ejemplo.
También podría considerarse el caso en que los costes de explotación aumentaran en
el tiempo, si bien el problema fundamental del tumo óptimo de explotación ya ha
quedado ilustrado con el caso más simple de costes variables de gestión nulos.
© ITES-Paraninfo
RECURSOS RENOVABLES 339
4. Utilizando de nuevo el Gráfico 12.3 con los ingresos sostenibles y los costes de
explotación:
a) ¿Qué pasaría con x* y xEQ si c = 0? Representarlo gráficamente.
b) ¿Cambiaría la respuesta en el caso de considerar varios periodos?
5. A lo largo de este capítulo hemos supuesto que el precio de venta del pescado
estaba dado. Supóngase ahora que no es así, y que su precio disminuye a medida
que se pescan cantidades mayores.
a) ¿Cómo debería cambiar el gráfico en el que representamos los ingresos sos
tenibles?
b) Bajo este supuesto, ¿sería posible que la solución correspondiente a la si
tuación con libre acceso al recurso resultase eficiente? Justificar la res
puesta.
8 . Una empresa maderera debe decidir el mejor momento de tala de sus árboles
con el fin de maximizar el valor presente de sus beneficios. Supongamos que en
un cierto momento no existen costes asociados a la gestión del bosque, y que no
existe posibilidad de vender el terreno en el que se desarrolla la plantación. Sea
el recurso forestal marginal de 20 m3 de madera, el volumen de la masa forestal
total de 800 m3, y el tipo de interés de mercado es del 4 por ciento. ¿Está ges
tionando el propietario el bosque de la mejor manera posible? Justificar la res
puesta.
© ITES-Paraninfo
T
Indice
analítico
Acuerdo Asignación
[( de derechos de propiedad, 98
negociado, 115
vinculante, 232 de recursos, 12, 27, 28, 29, 93, 98
voluntario, 19, 95, 103, 106, 107, 109, 111, óptima de recursos, 25, 53
112,113,114,115,231 Atributos, 166
í vinculantes, 236 Aversión a la desigualdad, 198
Acuerdos
ambientales, 232 B
bilaterales vinculantes, 232
internacionales, 226, 227, 235 Barreras a la salida, 328
vinculantes, 236 Base de reservas, 279
voluntarios, 235 Beneficio, 20, 29
¡ negociados, 115
Agentes económicos, 4
Ahorro, 207
, Alternativas, 166
externo, 10, 235, 338
marginal externo, 43
neto, 231
normal, 321
Amortización, 205 social, 54
Ampliación del mercado, 96 Beneficios, 25, 34, 269, 271, 282, 335
: Análisis económicos nulos, 321
coste-beneficio, 146, 172, 175, 178, 183, 184, esperados, 305
j 186,188,189,200 externos, 43
social, 176, 187 extraordinarios, 321 .
de regresión, 124, 26, 159 marginales, 233, 242
I
© ITES-Paraninfo
ÍNDICE ANALÍTICO 343
© ITES-Paraninfo
344 ÍNDICE ANALÍTICO
© ITES-Paraninfo
ÍNDICE ANALÍTICO 345
© ITES-Paraninfo
346 ÍNDICE ANALÍTICO
I Ingresos, 208
marginales, 282, 283, 319
Identidades contables, 211 máximos sostenibles, 316
Identificar costes y beneficios, 180 sostenibles, 215, 315, 319, 320
Igualdad de oportunidades, 191 totales, 315
Impactos ambientales, 184 Iniciativas é
© ITES-Paraninfo
ÍNDICE ANALÍTICO 347
© ITES-Paraninfo
348 ÍNDICE ANALÍTICO
© ITES-Paraninfo
ÍNDICE ANALÍTICO 349
© ITES-Paraninfo
350 ÍNDICE ANALÍTICO
© ITES-Paraninfo
ÍNDICE ANALÍTICO 351
© ITES-Paraninfo
Indice
de nombres
propios
A c
Adam Smith, 119 Cantor, 106
Agencia Norteamericana de Protección Cataluña, 136, 174, 200
Ambiental, 106 Club de Roma, 15, 255, 256, 272
Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, 128 Collserola, 161
Alaska, 144 Comisión, 330
Albert Tucker, 229 Brundtland, 15
Alemania, 87, 107, 109, 247 Europea, 329, 330
Alfred Marshall, 120 Comunidad Económica Europea, 78
América Latina, 5
Andrew Court, 126
Antoine Lavoisier, 206 D
Antonio Machado, 118-119
David Hume, 119
Arganzueia, 167, 168, 186
Detroit,' 126 l
Argentina, 28
Dinamarca, 79
Aristóteles, 119
Arséne Jules Dupuit, 119
Arthur C. Pigou, 9, 11, 12, 70, 71, 106 E
Atkinson, 198
Atocha, 167 Ebro, 187
Australia, 199 Eric Lindahl, 206, 216
España, 5, 49, 78, 81, 82, 83, 101, 135, 136, 147,
B 181, 196, 199, 222, 245, 329
Estado, 30, 38, 60, 61, 62, 63, 65, 66, 68, 75, 77,
Banco Mundial, 257 79, 86, 99, 190, 191, 328, 329, 330,
Barcelona, 153, 161, 164 331
Bessemer, 258 Estados Unidos, 106, 107, 109, 110, 126, 144,
Bosch, 247 199, 258
Brasil, 28 Europa, 109, 144, 207, 226, 327
354 ÍNDICE DE NOMBRES PROPIOS
G K
Garret Hardin, 48, 236 Kakwani, 197
Gini, 194, 195, 196, 197, 200 Kimio Uno, 214
Gordon-Schaefer, 311 Kuznets, 252, 257, 272, 273
Gro Harlem Brundtland, 14 Kyoto, 104, 227, 231, 235
Guadalajara, 125
L
H
Levante, 187
Harold Hotelling, 128, 286, 287, 289, 290, Levequn, 247
293, 294, 296, 298, 305, 306, 307, Lorenz, 194, 195, 196, 197
325, 336
Harrogate, 9
M
Harvard, 191, 267
Hecksher-Ohlin, 268 Madagascar, 3
Herbert Simón, 271 Madrid, 167, 186
Hermán Daly, 5, 246 Malthus, 272
Hicks-Kaldor, 177, 201 Manchester, 9, 11
Hodgkins, 3 Martin, 258
Holanda, 87, 107, 109 Martin Faustmann, 337
Howard Scott Gordon, 311 Massachusetts Institute of Technology, 15
México, 125
Michael Porter, 267, 268, 269, 271, 273
I Milner Baily Shaefer, 311
Monfragüe, 182
Iguazú, 9, 28 Murcia, 187
Inglaterra, 9, 253
Internet, 48
Irving Fisher, 215, 216, 336 N
Islas Baleares, 78
Naciones Unidas, 206, 207, 227, 253
Nadai, 247
J Nash, 232, 233, 248
Nicholas Kaldor, 177
James Meade, 206 Nobel, 12, 94, 144, 177, 206, 258, 281
James Mili, 190 Noruega, 199
© ITES-Paraninfo
ÍNDICE DE NOMBRES PROPIOS 355
i
O s
f
11
7V
© ITES-Paraninfo
Otras obras
Teoría microeconómica.
Principios básicos y ampliaciones
.
-
W . N i c h o l s o n
T eoría M icroeconómica
La octava edición de Teoría Microeconómica Principios Básicos y Ampliaciones
...........
pretende ofrecer a los estudiantes un resumen
exhaustivo y asequible de la moderna teoría
......................
microeconómica. Este objetivo general del
..........
manual se ha mantenido a lo largo de los últi
mos treinta años a pesar de los grandes cam
bios de los temas abarcados. Para ello se inclu
.......... —
yen explicaciones claras de los principales
resultados y se resalta la estructura matemáti
ca común en la mayoría de los problemas
microeconómicos.
Contenido:
1. Modelos económicos
2. Las matemáticas de la optimización
3. Preferencias y utilidad
4. Maximización de la utilidad y elección
5. Efectos renta y sustitución
6. Relaciones de demanda entre bienes
7. Demanda de mercado y elasticidad
8. Utilidad esperada y aversión al riesgo 20. Modelos de fijación de precios según la
9. La economía de la información teoría de juegos
10. Teoría de juegos y equilibrio estratégico 21. Demanda de factores por parte de las
11. Funciones de producción empresas
12. Costes 22. Ofertas de trabajo
13. Maximización del beneficio y oferta 23. Capital
14. Modelo de equilibrio parcial competitivo 24. Externalidades y bienes públicos
15. Análisis competitivo aplicado 25. Economía política.
16. Equilibrio general competitivo Respuestas breves a las preguntas.
17. La eficiencia de la competencia perfecta Soluciones a los problemas impares.
18. Modelos de monopolio Glosario de los términos más utilizados,
19. Modelos tradicionales de competencia índice de autores.
imperfecta índice analítico.
Economía para ingenieros
M a . C . L a c a H e C a l d e r ó n , C e p e d a G o n z á l e z ,
D . R o m e r o F ú n e z y J . R . S i m ó n d e l P o t r o
Contenido:
Agradecimientos
Prólogo
Primera Parte: Microeconomía
1. Una aproximación a la economía
2. Elementos básicos de la oferta y la demanda
3. Elasticidades
4. Producción y costes
5. Teoría de mercados
6. Fallos de mercado
Segunda Parte: Economía de la empresa
7. El sistema de información contable
8. Las finanzas en la empresa
Tercera Parte: Macroeconomía
9. Estimación de la actividad económica
10. Equilibrio macroeconómico
11. El dinero
12. El comercio internacional
Apéndice/Soluciones
Economía. Principios y aplicaciones
R . E . H a l l y M . L i e b e r m a n
Contenido:
Preliminares: ¿Qué es la economía? Escasez,
Elección y sistemas económicos. Oferta y
demanda. Aplicación de la oferta y demanda
Agentes microeconómicos: Elección del consu
midor. Producción y costes. Cómo toman las
empresas sus decisiones: maximización de
beneficios
Mercados de Productos: Competencia perfecta- Macroeconomía a largo plazo: El modelo clási
Monopolio. Competencia monopolística y oli- co a largo plazo. Crecimiento económico y
gopolio niveles de vida crecientes
Trabajo, Capital y Mercados Financieros: El mer Macroeconomía a corto plazo: Fluctuaciones
cado de trabajo. Desigualdad de la renta. Merca económicas. El modelo macro a corto plazo
dos financieros y de capitales Dinero, Precios y la Macroeconomía: El sistema
Eficiencia, Gobierno y Economía Global: Eficien bancario. El mercado monetario y el tipo de
cia económica y el ideal competitivo. El papel interés. La demanda agregada y la oferta agre:
del gobierno en la eficiencia económica. Venta gada
ja comparativa y las ganancias del comercio Política macroeconómica: El papel del gobierno
Macroeconomía: Conceptos básicos: Qué inten en la eficiencia económica. Política fiscal:
ta explicar la macroeconomía. Producción, impuestos, gasto público y el presupuesto
renta y empleo. El sistema monetario, precios federal. Tipos de cambio y política macroe
e inflación conómica
#
NOMBRE:________________________1_____________ 1____________
CALLE:____________________________________________________
CIUDAD:___________________________________________________
CÓDIGO POSTAL: ___________________ PROVINCIA: ______________
TELÉFONO: FAX: _____________
AREAS DE SU INTERES
Arquitectura....................................................................................... O >
A u d io ................................................................................................ O
Automoción................................ □
Ciencias Sociales............................ n
Climatización.............................. . r . ................................................ □
Computación □ i
Dibujo....... □
<
i Diccionarios...................................................................................... □
Economía.......................................................................................... G
i
Electricidad ................................... G
Electrónica........................................................................................ G
Empresa........................................................................................... G
Geología............................................................................................ G
l
i
Hostelería y Turismo.......................................................................... G
Ingeniería.......................................................................................... G
Legislación........................................................................................ G
Matemáticas ..................................................................................... G
Metal ............................................................................................... G
Neumática e Hidráulica...................................................................... G
Oficios y Bricolage.............................................................................. G
9
Peluquería y Estética.......................................................................... G
Reglamentos y Normas....................................................................... G
Sanitarias..........................................................................................
%
□
Telecomunicaciones.......................................................................... ^
Topografía........................................................................................ ^
Varios .................................................... ^
}
1
ifícilmente pueden entenderse muchos de los impactos que infringimos
al medio ambiente, así como sus soluciones, sin comprender la relación
entre economía y medio ambiente. Cómo usamos y cómo podríamos uti-
I lizar mejor los recursos, sean éstos renovables o no renovables. En cuánto valo-
I ramos las personas la protección de determinados espacios naturales o hasta
I cuánto estamos dispuestos a invertir para gozar de agua de mejor calidad.
I Cuándo vale la pena construir una carretera a pesar de sus impactos ambienta-
I les o cuándo renunciar a ella. Qué consecuencias tiene el que unos países adop-
I ten leyes ambientales más estrictas y otros más laxas. En cuánto deberíamos
% i
I penalizar a aquellas industrias que dañan nuestro entorno. Cómo podemos lo-
I grar que se emitan menos gases de efecto invernadero en todo el mundo sin que
I nos cueste demasiado. Estas son algunas cuestiones que nos pueden preocupar
y a las que este manual de economía ambiental
y de los recursos naturales puede ayudar a dar
respuesta.
ISBN
T H O M S O N [Link]
[Link]
[Link]
788497 323697