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Lore de Yith: Guerra y Magia

Este documento describe la historia de una especie alienígena llamada Yith que habita un planeta. Los Yith fueron atacados por una raza de insectos gigantes y casi fueron exterminados. Un científico Yith llamado Yrfel contactó a un humano llamado El Buda, quien le enseñó magia que les permitió derrotar a los insectos. Los Yith reconstruyeron su civilización usando magia. Un grupo de Yith adoptó características humanas en agradecimiento a los humanos. Los Yith luego exploraron el
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Lore de Yith: Guerra y Magia

Este documento describe la historia de una especie alienígena llamada Yith que habita un planeta. Los Yith fueron atacados por una raza de insectos gigantes y casi fueron exterminados. Un científico Yith llamado Yrfel contactó a un humano llamado El Buda, quien le enseñó magia que les permitió derrotar a los insectos. Los Yith reconstruyeron su civilización usando magia. Un grupo de Yith adoptó características humanas en agradecimiento a los humanos. Los Yith luego exploraron el
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VTuber Lore Propio

#1 El mundo en el que estoy es una de los tantos mundos creados por Bhunivelze.

#2 Desde el inicio de todo. Un planeta algo parecido al nuestro, con unas formas de vida
similares a los Yith. En su tiempo, su nivel tecnológico era algo más avanzado que el del
humano, ya disponían de una fuente de energía casi infinita —el sol— que se transmitía por
hondas, lo que facilitaba entregarla a todo rincón del planeta. Las ciencias dieron un salto
temendísimo, incluso logrando modificar genéticamente varias especies vegetales para
ayudarles a reparar el ambiente. También contaban con la tecnología para desentrañar los
últimos misterios del mundo se una vez por todas, construyendo vehículos para navegar debajo
de los mares hasta su fondo último, explorar las áreas por las que ningunas nave, ni ningún
vehículo terrestre había llegado, e incluso decenas de aventureros se adentraron a desiertos,
cavernas, bosques, selvas y cadenas montañosas. No quedó nada por explorar. Y lo que
encontraron fue algo horrible.

Decir que lo hicieron de manera sigilosa sería no hacerle justicia a cómo una especie
alienígena había estado entrando y saliendo del planeta por quién sabe cuánto tiempo, porque
no fue todo lo que hacían: lo que encontraron los exploradores se toparon con resistencia al
intentar ingresar a ciertos sectores, descubriendo luego que lo que los atacaba no eran simples
criaturas desconocidas para la ciencia, sino que eran seres inteligentes, insectoides enormes
dotados de gran inteligencia que habían construido ciudades enteras en los rincones más
solitarios del mundo. Todas esas historias de monstruos, de abducciones, eran estos insectos
colosales. Insectos que minaban el mundo, llevándose increíbles cantidades de materiales de
ese mundo. Se descubrió que eran cientos de miles, y que eran poderosos. Tan pronto como
dieron a conocer que no estaban felices con ser descubiertos, ambas partes iniciaron una
guerra. Una guerra cruenta. Una que devastó incluso más el mundo y redujo la población en un
80% y aumentó el nivel del mar en un 46%.

Más allá de derrotados, la especie nativa quedó arrinconada en una fortaleza de tamaño
continental, en un continente pequeño, del tamaño de Australia. Allí quedó la especie Yith,
viendo cómo se iban sin siquiera una nave, esos insectos, solo con sus cuerpos salían del
planeta y viajaban por el espacio en dirección a su hogar. Y los Yith sabían que regresarían,
seguro con más números.

Los Yith que quedaban eran los más inteligentes y los más habilidosos. Literalmente un
continente lleno de la élite. En ésta parte de la historia entran en escena las figuras más
importantes en la historia de los Yith. Resulta que mientras los Yith investigaban el planeta, no
solo descubrieron a los insectoides, sino que también su tecnología, o lo que se supone que
era. Estudiándolo, se descubrió que era como un transmisor que recibía mensajes desde el
espacio. Al ser algo alienígena, los altos mandos decidieron guardar ese transmisor. Pero un
grupo de científicos rompieron la ley, lo robaron y lo usaron, recibindo un mensaje de parte de
uno de los enemigos de los insectos. El mensaje contenía un documento donde detallaba una
forma de manipulación genética para hacer que especies vivientes obtuvieran acceso a un
poder, una tecnología natural, que era lo que utilizaban los insectos. Un arma para derrotar al
enemigo. Una herramienta para reconstruir lo perdido. Forjar nueva tierra, limpiar el aire, curar
heridas y enfermedades, enriquecer la tierra. Con ese poder, el todo estaba en las posibilidades
de quien lo aprendiera a usar. Todo conllevaba riesgos, pero si ya iban a ser exterminados,
¿qué más daba? Los científicos siguieron las instrucciones al pie de la letra, liberando un
organismo microscópico, mezcla entre virus y simbionte que mutó al mundo entero. De
inmediato, un 54% de los Yith que quedaban murieron. Un 2% no se vio afectado. Un 28%
mutó en monstruos horribles con poderes escalofriantes. Y un 15% se mezcló exitosamente
con el organismo, haciéndoles notar el mundo de manera distinta.

Lo primero, fue que sus sentidos ahora percibían el néctar, una sustancia acuosa que llena
todo el universo, y es una fuente de poder inagotable. Pero más que eso, el néctar es la
sustancia de la que está hecha la realidad, el tiempo y el espacio, y al blandirla, se puede crear
lo que sea. Aquellos mutados exitosamente y no, por el génesis, podían acceder a los milagros
del néctar, pero no de forma conciente, por lo que en su mayoría, solo los monstruos podían
usar magia limitadamente de forma instintiva. Algunos Yith pudieron blandir la magia,
igualmente, de manera instintiva. Uno de ellos, Yrfel Nargham Uldur, era un usuario mágico
instintivo. Su carácter lo hacía un ser lógico, estoico y enfocado. El sabía que lo que él podía
hacer tenía que ser, en alguna medida, una habilidad que se pudiera enseñar, y no estaba
equivocado. Escuchando historias, luego presenciando dichas historias, se enteró de que, por
medio de algunos individuos, existían otro tipo de seres inteligentes, habitantes de alguna
dimensión que el néctar no dejaba ver, pero que existía. Fue así que Yrfel dedicó su tiempo en
buscar formas de contactar con esos seres, esperando encontrar algún ser de gran
conocimiento que le ayudara con su meta. Pasó por varios tipos de alienígenas, la mayoría
extraños —mas bien, perturbadores— hasta que dió con uno que cambiaría el rumbo de ese
planeta para siempre. Un alien más pequeño, hasta se veía frágil. Un humano. Al que otras
conciencias que le seguían se referían a él como El Buda.

Dicho sujeto acudió al llamado de auxilio de Yrfel, dándole exactamente lo que buscaba, y en
tiempo récord. De esa forma, Yrfel logró crear una escuela mágica, la primera de todo su
sistema solar, y con sus alumnos creó un ejército con el que retomó el control del
continente-bastión, formar un nuevo gobierno, enseñar a cada uno de los Yith a dominar la
magia, e incluso el Buda le enseñó algunos hechizos, estrategia militar,  los secretos de cómo
funcionaba la magia, para desarrollar más hechizos e incluso inteligencia sobre su enemigo.

Para cuando los insectoides regresaron, la retrógrada especie a la que habían masacrado ya
no existía, sino un pueblo renovado, jugando con ventaja arrolladora. Las fuerzas insectoides
fueron masacradas. Y así, los Yith salvaron a su mundo y su especie de la extinción.

En una última intervención, el Buda le brindó a la especie Yith conjuros para arreglar una buena
parte del planeta, así como una pequeña biblioteca sobre magia y diversas criaturas en el
universo. Y nunca más se volvió a saber del Buda, ni de los humanos, pero su memoria, y la
inmensa, eterna gratitud de los Yith hacia ellos no. Tanto, que su filosofía, el budismo, fue
adoptada casi de inmediato, al término de la guerra. Pero incluso, un grupo de Yith fue más
allá. Aquí entran en escena el segundo grupo más importante: los Sankjubro Buda Dei. Los
seguidores de Buda. Mentes privilegiadas, ahora con poder y conocimiento, quienes estaban
tan agradecidos con esos humanos que les ayudaron simplemente porque sí, que mezclando 
todo el conocimiento acumulado, modificaron la forma misma de sus cuerpos, adoptando
características de diversas especies de las que ahora tenían conocimientos. La forma era
humanoide, dos pares de extremidades que reemplazaron a las pinzas tentaculadas. Una
cabeza, un tronco que reemplazó un cono que se movía por medio de tentáculos. Agregaron
piel de dragón, lo que les dotó de escamas que cambiaban de densidad y textura a voluntad,
de diversos colores, que les daban la día idas o la dureza en varios niveles. Su fuerza física era
como la de los razieles.

Ese evento causó controversia. Incluso algunas batallas. Pero al final, las ahora dos especies
se dedicaron a reconstruir su civilización. Por suerte, antes de que los primeros científicos
liberaran el virus, habían creado arcas donde estaba guardado todo su conocimiento, toda su
historia, toda su cultura. Habían mandado varias arcas al espacio para que orbitaran este;
otras, construidas bajo el agua, moviéndose con las corrientes o quedando seguras en lugares
de nula actividad de las placas tectónicas. Y otras en lugares remotos del mundo. Decidieron
no regresar a su antigua etapa. Mejor, usando magia, combinandola con lo que ahora sabían,
construyeron una civilización mucho más avanzada, y por unos mil cien años estuvieron
desarrollándose, preparándose para una batalla que nunca llegó. Al final, ambas especies
ambicionaban el espacio, el expandirse, el explorar. Así fue como, acordandolo de manera
pacífica, cada una tomó su propio camino hacia lados distintos del espacio, para no volverse a
encontrar hasta la fecha.

Ahora, los dragoons, con sus enormes conocimientos y proficiencia en la magia, habían
encontrado muchas entidades etericas, quienes les prestaban poder por medio de conjuros. Así
fue como dieron con Eden, una invocación que solo se podía crear con el sacrificio de usuarios
mágicos de gran poder y saber acompañados de decenas de miles de personas, quienes
transmutaban sus cuerpos en energía, en materia que daba forma y vida a una criatura
enorme, la cual colisionaba con lunas y todo tipo de planetas, creando un mundo en el que los
dragoons podían vivir. Un planeta vibrante de vida, en el que se replicaban casi toda la flora y
fauna del planeta madre, a veces con o sin nuevos especímenes, y siempre, nadie sabe bien
por qué, conteniendo reliquias de gran poder. Esta forma de terraformar cuerpos celestes era
importante,  necesaria, pero traía el precio de venir con una especie sumamente peligrosa, los
dragones arcoíris, entre otras especies que contactaban con seres oscuros que ponían en
riesgo la estabilidad de lq civilización dragoon.

Y tal como lo que eran sus cuerpos, su civilización se desarrollo similar a la humana.
#Vtuber

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