Románticos amorfinos
escritos sobre el camino
Cuando el amor es fino
entre el hombre y la mujer
florece más el querer
y hasta se vuelve divino.
De los mejores placeres
que existen en este mundo
no hay que dudar ni un segundo
que los brindan las mujeres.
Me gusta la colorada
que tengo a la vista al frente
porque ella seguramente
para mí que es abogada.
Dicen que con abogada
nadie se debe meter
porque lo van a tener
con la demanda firmada.
Me llaman el picaflor
los amigos de la esquina
pero solo tú divina
eres dueña de mi amor.
cuando el amor es de dos
pasa algo extraordinario,
la alcoba es el escenario
donde jugamos tú y yo.
Allá afuera de mi casa
tengo mi potro amarrao
para ir al otro lao
donde la negra Tomasa.
Soy abogado señores
con trayectoria decente
por eso a mí la gente
me aplaude y me rinde honores.
Desde monte adentro vengo
Guayaquil de mis amores
para rendirte honores
porque respeto te tengo.
Amores habrás tenido
en tu vida más de uno,
pero como yo ninguno
alguna vez te ha querido.
Cuando yo tenía plata
me llamabas: cholo fino
y cuando la crisis se vino
te fuiste con otro ingrata.
La plata es la que se presta,
pero nunca la mujer,
nunca se presta un querer
ni tampoco se lo apuesta.
Si no cuidas lo que tienes
cuando se trata de amores
vendrán otros picaflores
a atentar contra tus bienes.
La mujer guayaquileña
es como el clavo de olor
quien la huele, hay Señor!
de su corazón se adueña.
Mandarina me dijiste,
mandarina me quedé
y todo aquel que me ve
no sabe por qué te fuiste.
Cuando conmigo estuviste
vestías de seda fina
ahora te veo en la ruina
con el chiro que te fuiste.
La justicia tiene precio
es lo que dicen ahora,
ya no es ciega la señora
y se gana hasta el desprecio.
La profesión de abogado
no hay duda que es la mejor
digna de rendirle honor
aquí o en cualquier lado.
Quien habla de un abogado
diciendo con desconsuelo
que ninguno se va al cielo,
está muy equivocado.
La mujer que es abogada
y ejerce sobre este suelo,
ella sí se va al cielo
por transparente y honrada.
Mujeres feas no existen
aquí sobre este planeta,
se los dice este poeta,
si a la moda se visten.
Tampoco hay hombres feos
aunque se vistan sencillos,
valen más si sus bolsillos
satisfacen los deseos.
Quien busca mujer bonita
no debe de ser celoso
el que posee algo hermoso
tiene el peligro cerquita.
Amorcito de mi vida
muchacha Guayaquileña
yo soy el cholo que sueña
con verte a mis pies rendida.
No hay sobre este universo
tratándose de mujeres
que no entreguen sus quereres
si le recitan un verso.
Yo no soy de por aquí
señores soy campesino
compositor de amorfino
cantándoles ahora así.
Anoche cuando te vi
paseando en el malecón
se alegró mi corazón
porque en él yo te sentí.
Los hombres de este tiempo
no se conforman con una,
la segunda los despluma
dejándolos sin aliento.
Soy como el gallo cantor
que si entro al gallinero
consigo el amor que quiero
y hasta me rinden honor.
Mango me decía ayer
por mi dulzura divina
y hoy me llama mandarina
de frente a mí, mi mujer.
Guayaquil es una estrella
gentil y maravillosa,
la perla más fabulosa,
pido aplausos para ella.
Ayer cumplió Guayaquil
cuatrocientos ochenta y siete
y cada vez más se mete
en el corazón gentil.