0% encontró este documento útil (0 votos)
35 vistas6 páginas

Pensamientos de Blaise Pascal

Blaise Pascal fue un filósofo y científico francés del siglo XVII. Realizó importantes contribuciones científicas pero luego se enfocó en problemas religiosos. Escribió los Pensamientos para conciliar la razón científica con la fe. Según Pascal, el hombre es un ser intermedio entre lo infinitamente grande y pequeño, por lo que su conocimiento es limitado. Sin embargo, también es grande porque es consciente de su propia finitud y puede pensar sobre su relación con lo divino.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
35 vistas6 páginas

Pensamientos de Blaise Pascal

Blaise Pascal fue un filósofo y científico francés del siglo XVII. Realizó importantes contribuciones científicas pero luego se enfocó en problemas religiosos. Escribió los Pensamientos para conciliar la razón científica con la fe. Según Pascal, el hombre es un ser intermedio entre lo infinitamente grande y pequeño, por lo que su conocimiento es limitado. Sin embargo, también es grande porque es consciente de su propia finitud y puede pensar sobre su relación con lo divino.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

BLAISE PASCAL

LA FILOSOFÍA COMO GRANDEZA DEL HOMBRE


Jorge Enrique Linares

Blaise Pascal (1623-1662) nació en Clermont, Francia. Su familia se


trasladó a París en 1631, en donde recibió una esmerada educación
tanto en las letras como en las ciencias. Pascal efectuó una serie de
trabajos científicos, especialmente de física, entre los que destacaron su
Tratado del vacío (del que sólo se conserva el prólogo), el Tratado del
equilibrio de los líquidos y el Tratado de la pesantez del aire (publicados
todos póstumamente, en 1663). Pasada esta época de intensa actividad
científica y escepticismo religioso, su vida experimenta un giro radical
que lo conduce a interesarse por los problemas de la fe y de la religión.
A partir de ese momento, Pascal intentará conciliar las verdades
racionales de la ciencia con las verdades de la fe. La razón científica,
basada en el "espíritu de geometría", no parecía responder todas las
dudas acerca del mundo y de la relación entre Dios y el hombre. A partir
de una revelación que, según Pascal mismo narra, tuvo en 1654, se
retira con frecuencia y por períodos al monasterio de Port-Royal, sede
espiritual del jansenismo, doctrina religiosa con la que había entrado en
contacto años antes, entregándose así a una vida monacal de
constante meditación.
Al iniciarse la persecución de los miembros de Port-Royal, los
jansenistas le piden a Pascal que contribuya a la difusión de sus ideas.
Redacta entonces las dieciocho Cartas provinciales (1656-1657) contra
los jesuítas, los principales adversarios del jansenis-

102
103 Jorge Enrique Linares

mo, y en ellas ataca su modo de plantear los problemas de la gra-


cia y la predestinación. A esta época pertenecen también El espí-
ritu geométrico y el arte de persuadir (1658),
En 1658 emprende la tarea de redactar un tratado apologético
sobre la religión cristiana, que no pudo concluir debido a la enfer-
medad que lo aquejaba. Sin embargo, el material que escribe en
esta época da lugar al grupo de ensayos filosóficos conocidos co-
mo Pensamientos (editados póstumamente en 1670), cuyo título
entero era: Pensamientos de Pascal sobre la religión y otros temas.
Pascal murió el 19 de agosto de 1662, dejando inconclusa esta
monumental obra.
Los pensamientos constituyen la obra filosófica más completa y
más conocida de Pascal. Estos ensayos intentan mostrar en qué
consiste la miseria y la grandeza del hombre. Si Pacal hubiera ter-
minado el proyecto iniciado en los pensamientos, habría escrito
una obra teológica más que filosófica. Sin embargo, en esos ensa-
yos Pascal pudo plasmar pensamientos vivos sobre la naturaleza
humana que son producto de una reflexión filosófica crítica y
apasionada.
Pascal distinguía entre el esprit de finesse—espíritu de sutileza
o finura— que se guía por la intuición y el sentimiento, al que se
refiere continuamente cuando habla de las "razones del corazón",
distintas de las del entendimiento, y el esprit de géometrie—espí-
ritu de geometría—, que no es sino la razón matemática, que usa
definiciones y demostraciones.] En los Pensamientos, Pascal plantea
un modo de conocimiento filosófico peculiar y universal, basado

1
"Hay, pues, dos clases de espíritus: uno que penetra viva y profundamente las
consecuencias de los principios, éstos son los sutiles; y otros que comprenden un
gran número de principios sin confundirlos, y éstos son los geométricos. Uno re-
presenta la fuerza y rectitud de espíritu; el primero, la amplitud de espíritu. Y se
puede ser lo uno sin lo otro, pudiendo ser aquél fuerte y estrecho, y pudiendo ser és-
te último también amplio y débil", Pascal, Del espíritu geométrico, Folio, Madrid,
1999.
Blaise Pascal. La filosofía como grandeza del hombre 104

más en el espíritu de sutileza que en el de geometría, apto para co-


nocer la naturaleza humana: el de "la razón del corazón". Pascal
sostiene que la filosofía no debe caer en los dos excesos: "excluir
la razón y no admitir sino la razón". Al igual que Descartes, pien-
sa que la razón es necesaria para conocer el mundo, pero, a dife-
rencia de la filosofía cartesiana, afirma la necesidad de un tipo de
pensamiento que atienda a la intuición del corazón y la fe, más allá
de la razón geométrica, pues "el corazón tiene sus razones, que la
razón no conoce".2 Para poder reflexionar sobre la condición hu-
mana, su destino y su relación con Dios, es necesario hacer com-
patibles ambas modalidades de razonamiento, mediar entre la fe
y la razón y considerar que ambas son compatibles, y que ningu-
na de las dos debe ser excluida en la reflexión filosófica.

¿Qué es un hombre en el infinito? ¿Quién lo puede comprender?

[...]Pues, en fin, ¿qué es el hombre en la naturaleza? Una nada en


relación con el infinito, un todo en relación con la nada, un punto
intermedio entre nada y todo. Está infinitamente alejado de los dos
extremos, su ser no está menos distante de la nada de donde él ha salido,
que del infinito en donde es devorado.
Su inteligencia tiene en el orden de las cosas inteligibles el mismo rango
que su cuerpo en la extensión de la naturaleza; y todo lo que puede hacer
es darse cuenta de cualquier apariencia de las cosas, en una desesperación
eterna por no conocer ni el principio ni el fin. Todas las cosas han
surgido de la nada y son llevadas hasta el infinito. ¿Qué puede seguir de
estos asombrosos acontecimientos? El autor de esas maravillas las
comprende, nadie más puede hacerlo.
[... ] Conozcamos, pues, nuestro alcance; somos algo y no somos
todo; lo que tenemos de ser nos priva del conocimiento de los prime-

2
"El corazón tiene su orden; el entendimiento, el suyo, que es por principios y
demostraciones; el del corazón es otro. No hay manera de probar que hay ser ama-
do, exponiendo por su orden las causas del amor. Esto sería ridículo". Pensamientos,
XXV, LIV.
105 Jorge Enrique Linares

ros principios, que nacen de la nada; y lo poco que tenemos de


ser nos oculta la vista de lo infinito.
Limitados en todo, ese estado de término medio entre
dos extremos se encuentra en todas nuestras potencias.
Nuestros sentidos no perciben nada en extremo, [... ]
demasiada verdad nos asombra [...], los primeros principios
tienen demasiada evidencia para nosotros [...]; en fin, las
cosas extremas son para nosotros como si no existieran, y
nosotros no nos hallamos ya en proporción a ellas; ellas nos
escapan, o nosotros a ellas.
Tal es nuestro estado verdadero; eso es lo que estrecha
nuestros conocimientos en ciertos límites que no podemos
traspasar, incapaces de saber todo y de ignorar todo
absolutamente. [...] Es nuestra condición natural y, sin
embargo, la más contraria a nuestra inclinación. Ardemos
en deseo de profundizar todo, y de edificar una torre que se
eleve hasta el infinito, pero todo nuestro edificio cruje y la
tierra se abre hasta los abismos.

Pensamientos, XVII, I.

[... ] Cuando considero la poca duración de mi vida,


absorbida en la eternidad que la precede y la sigue, [... ] el
pequeño espacio que ocupo, e inclusive que veo, hundido
en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que
me ignoran, me aterro y me asombro de verme aquí y no
más allá, pues no hay razón alguna para que esté aquí y no
allá, ahora y no entonces. [... ] ¿Por orden y encargo de
quién, este lugar y este tiempo me han sido destinados? El
silencio eterno de esos espacios infinitos me aterra. [...]"

Pensamientos, XVII, III.

[... ] La grandeza del hombre es tan visible que la encontramos


en su misma miseria. [...] La grandeza del hombre es tanta,
porque él se sabe miserable. Un árbol no se sabe miserable.
Es, pues, ser miserable el hecho de saberse miserable, pero
es también ser grande el hecho de conocer que se es
miserable.
Blaise Pascal. La filosofía como grandeza del hombre 106

[...] No en el espacio debo yo buscar mi dignidad, sino


en el arreglo de mi entendimiento. [... ] Por el espacio el
universo me comprende y me contiene, como un punto; por
el entendimiento yo lo comprendo a él.
[...] El hombre no es más que una caña, la más débil de la
naturaleza; pero es una caña pensante. No es menester que
el universo entero se arme para aplastarlo. Un vapor, una
gota de agua basta para matarlo. Pero aun cuando el
universo lo aplaste, el hombre sería aún más noble que
aquello que lo mata, porque él sabe que muere; y la ventaja
que el universo tiene sobre él, el universo no la conoce. Así,
toda nuestra dignidad consiste en el pensamiento. De ahí es
donde tenemos que elevarnos, y no del espacio y la duración.
Trabajemos pues en pensar bien: tal es el principio de la
moral.
El hombre está hecho visiblemente para pensar; ésta es
toda su dignidad y todo su mérito; y todo su deber es pensar
como es debido. [...] El pensamiento es la grandeza del
hombre.

Pensamientos, XVIII, V-XIII.

PASCAL, BLAISE, Pensamientos, Losada, Buenos Aires,


1977 (La traducción ha sido modificada y
adaptada.)

La idea pascalina de la disposición vital de la filosofía se compren-


de mejor a la luz de la concepción del hombre que expone en los
Pensamientos. Según Pascal, el hombre es un ser intermedio, si-
tuado entre los dos infinitos de la naturaleza (lo infinitamente
grande y lo infinitamente pequeño). Por eso, el conocimiento hu-
mano del mundo siempre será limitado e inestable. Pero también
es grandioso, gracias a la capacidad de conocer su propia condi-
ción finita y vulnerable. Lo que hace grande al hombre es su ca-
pacidad de pensar. Pero sólo puede llegar a superar su esencial de-
bilidad si es capaz de conocerse a sí mismo tanto por la vía de la
razón por como la vía del "corazón". La "razón del corazón" base
del conocimiento filosófico, no aprehende verdades eternas y ne-
107 Jorge Enrique Linares

cesarías, pero tampoco es un conocimiento subjetivo y relativo; es


el autoconocimiento de los límites y alcances de la razón humana
y de su propia condición. Así, la "lógica del corazón" con la que
la filosofía debe trabajar, integra la universalidad de la razón con
la fe y la intuición personal. El ethos de filósofo consiste en la
integración permanente de ambas capacidades de razonamiento.
De esta manera, el fin ético de la filosofía consiste en dotar de
sentido racional a la precaria existencia humana, sin que ello sig-
nifique apostar sólo por el espíritu geométrico que reduce toda la
realidad a unos cuantos principios racionales. El hombre no pue-
de lograr un conocimiento exhaustivo del mundo, que lo sobre-
pasa por su infinitud y su complejidad, pero puede aspirar al co-
nocimiento de sí mismo. Pequeño ante lo infinitamente grande
del universo, y grande ante lo infinitamente pequeño del mundo,
miserable y feliz, poderoso y débil, el hombre tiene su mayor vir-
tud en el saberse finito, en la conciencia que puede alcanzar de sí
mismo y del mundo, mediante el pensamiento filosófico. La filo-
sofía cumple así el cometido ético de atemperar el ánimo y dar a
la conciencia una sólida base de equilibrio espiritual.

Bibliografía sugerida

PASCAL, BLAISE, (Euvres Completes 1657-1662 (Pensées),


Bibliothéque Européenne, Desclée de Brouwer, Paris, 1990.
BRUN, JEAN, La philosophie de Pascal, Col. Que sais-je?, Presses
Univer-sitaires de France, Paris, 1992.
BÉGUIN, ALBERT, Pascal, FCE, México, 1989.
GÓMEZ ROBLEDO, ANTONIO, Estudios pascalianos, FCE, México,
1992.
MAURIAC, FRANCOIS, El pensamiento vivo de Pascal, Losada,
Buenos Aires, 1940.

También podría gustarte