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Los dos perros del cazador: fábula moral

Este cuento trata sobre dos perros que viven con un cazador. Un perro acompaña al cazador en sus cacerías y trabaja duro para ayudarlo, mientras que el otro perro se queda en casa sin hacer nada. El perro cazador se queja de que no es justo que reciban el mismo premio si solo uno de ellos trabaja. El perro de casa reconoce que tiene razón, pero dice que la culpa es del amo que les enseñó roles diferentes. Finalmente, el amo entrena también al perro de casa para la cacería para que

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Los dos perros del cazador: fábula moral

Este cuento trata sobre dos perros que viven con un cazador. Un perro acompaña al cazador en sus cacerías y trabaja duro para ayudarlo, mientras que el otro perro se queda en casa sin hacer nada. El perro cazador se queja de que no es justo que reciban el mismo premio si solo uno de ellos trabaja. El perro de casa reconoce que tiene razón, pero dice que la culpa es del amo que les enseñó roles diferentes. Finalmente, el amo entrena también al perro de casa para la cacería para que

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Los dos perros d

Sin categoría Hoy 12:33 a. m.

Los dos perros del cazador


Érase una vez un hombre que
vivía en una casa de campo y
tenía dos perros buenos y fieles
Cada uno cumplía una función
muy diferente. Uno de ellos, negro
y de cuello largo, era quien
acompañaba al dueño cuando se
iba de caza, mientras que el otro,
algo más pequeño y de color
canela, se ocupaba de vigilar la
vivienda para que no entrara
ningún ladrón.
Al perro cazador le gustaba salir
de cacería pero siempre acababa
agotado y con el cuerpo lleno de
agujetas. Su misión era ir unos
metros por delante de su amo
oteando el horizonte y
olfateándolo todo por si percibía
algún movimiento extraño detrás
de los arbustos. Cuando notaba
que en ellos se ocultaba algún
animal despistado como un
conejo o una perdiz, daba la señal
de alerta con un ladrido y salía
corriendo para intentar capturarlo.

No, no era un trabajo fácil. A


veces se pasaba horas y horas
sudando la gota gorda para nada,
pues al llegar la noche no había
conseguido atrapar ni una mosca.

En otras ocasiones, por el


contrario, pensaba que el
esfuerzo había merecido la pena
porque regresaban a casa con
tres o cuatro magníficas piezas
¡Qué orgulloso se sentía cuando
su amo le felicitaba con unas
palmaditas en el lomo!

– ¡Buen chico! ¡Eres el mejor perro


cazador que he visto en mi vida!

Su compañero, el perro guardián


color canela, siempre salía a
recibirles moviendo la cola y
dando saltitos. Como buen
animal de compañía que era se
ponía muy zalamero con su
dueño y se le tiraba al pecho para
darle lengüetazos en la barbilla.
Después, el hombre se dirigía a la
cocina, abría la saca y les
regalaba una presa.

– ¡Tomad chicos, una para cada


uno que a los dos os quiero por
igual y así no hay peleas!
Como es lógico al perro casero le
parecía el mejor obsequio del
mundo, pero al perro cazador no
le hacía ni pizca de gracia ¿Te
imaginas por qué? Pues porque
no le parecía justo recibir el
mismo regalo cuando solamente
él había trabajado durante toda la
jornada.

Un día se hartó y le dijo a su


amigo:
– ¿Sabes qué te digo? ¡Me siento
muy ofendido por lo que está
pasando! Yo me paso las tardes
enteras cazando mientras tú te
quedas aquí tan ricamente
tumbado sobre una esterilla
tomando el sol.

Su amigo le contestó sin mover


ni un músculo y como si la cosa
no fuera con él.
– Reconozco que tu trabajo es
muy duro y en cambio yo ni me
canso, ni me muevo, ni me altero.
Lo mío es comer y roncar ¡Una
auténtica bicoca!

El perro cazador se enfureció.

– ¡¿Y a ti te parece bien?! Yo


corro, salto y ladro durante horas
dejándome la piel y tú venga a
dormir a pierna suelta. No sólo es
injusto sino que encima nuestro
amo nos lo agradece por igual
dándonos el mismo regalo
cuando soy yo quien ha hecho
todo el trabajo ¡Yo me lo merezco
pero tú no!

El perro guardián meditó sobre


estas palabras y le contestó con
la misma parsimonia.

– Amigo, tienes toda la razón.

Al perro cazador le hervía la


sangre.
– ¡Pues claro que la tengo!

El tranquilo perro guardián, hasta


las narices de recriminaciones, le
contestó un poco cabreado:

– ¡Sí, la tienes, pero si quieres


quejarte, quéjate ante nuestro
dueño, porque yo no tengo la
culpa! Él fue quien en lugar de
enseñarme a trabajar, me enseñó
a vivir del trabajo de los demás
¡Yo solamente cumplo órdenes!

El perro cazador se quedó


petrificado porque lo cierto es que
su amigo había dado en el clavo:
solo se aprovechaba de una
situación ventajosa que le habían
puesto en bandeja.

Comprendió que última palabra la


tenía el amo, así que se fue a
hablar con él para convencerle de
que, si les quería por igual, lo
razonable era repartir el trabajo
de caza entre los dos.

El hombre escuchó las quejas y


afortunadamente lo entendió. A
partir de ese día entrenó al perro
guardián para ser un hábil
perdiguero y una vez que estuvo
preparado, comenzaron a salir de
cacería los tres juntos y a repartir
el botín de manera justa y
equitativa.
MORALEJA: En la vida debemos
aprender que las cosas hay que
ganarlas gracias al esfuerzo y al
trabajo personal. Intenta formarte
y superarte cada día en todo lo
que hagas y verás cómo te
sentirás orgulloso de tus logros.

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