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Reflexiones sobre el Bautismo Cristiano

Este documento habla sobre la importancia de vivir de acuerdo con nuestro bautismo. Explica que Juan el Bautista quería que las personas demostraran su arrepentimiento a través de sus acciones, no solo con palabras. También menciona que debemos compartir lo que tenemos con los necesitados para mostrar el amor de Cristo. Finalmente, insta a los lectores a vivir de manera que otros puedan ver a Jesús en nosotros.
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Reflexiones sobre el Bautismo Cristiano

Este documento habla sobre la importancia de vivir de acuerdo con nuestro bautismo. Explica que Juan el Bautista quería que las personas demostraran su arrepentimiento a través de sus acciones, no solo con palabras. También menciona que debemos compartir lo que tenemos con los necesitados para mostrar el amor de Cristo. Finalmente, insta a los lectores a vivir de manera que otros puedan ver a Jesús en nosotros.
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Lo real

Tema: Mostrando el amor de Cristo en nuestra vida. Bautismo y arrepentimiento (Adviento 3,


Año C)
Objeto: Frutas enlatadas
Escritura: "Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento. Y no se pongan a pensar:
"Tenemos a Abraham por padre." Porque les digo que aun de estas piedras Dios es
capaz de darle hijos a Abraham" (Lucas 3:8 - NIV).

¿Has ido alguna vez al supermercado con tu mamá? Seguro que sí. Al caminar por los pasillos, ves que
hay cientos de latas con alimentos en ellas. ¿Cómo sabes lo que hay dentro? En la parte de afuera de
la lata, hay una etiqueta con una foto que te enseña lo que está dentro. Si coges una lata que tiene
unas manzanas, esperarías, de seguro, que hubiesen manzanas en la lata. Si estuvieras haciendo un
pastel de manzana y abrieras una lata con una foto de manzanas en la parte de afuera, pero que
tuviera tomates dentro, no podrías hacer un buen pastel de manzana, ¿no es cierto?
En ocasiones llevamos etiquetas que le dicen al mundo que somos seguidores de Jesús. Algunas
personas llevan una cruz en su cuellos o una camiseta que dice: "Jesús, Él es real." Algunas personas
tienen en su parachoches una etiqueta adhesiva que dice "Toca la bocina si amas a Jesús". Cuando las
personas ven las etiquetas adhesivas cristianas que llevamos, esperan vernos como "lo real, lo
verdadero". Experan que vivamos de tal manera que sea claro ver que realmente tenemos el amor de
Jesús en nuestro corazón.
Cuando Juan estaba predicando y bautizando, muchas personas venían a ser bautizadas porque era
muy popular hacerlo. Eso hizo que Juan estuviera triste. "¡Ustedes son serpientes!", les dijo. ¿Quién
les dijo que un poquito de agua hará que Dios los vea bien ante sus ojos? La forma de vivir debía
demostrar que se han arrepentido de sus pecados y han creído en Dios".
"Entonces, ¿qué debemos hacer?", le preguntaron a Juan.
"Si tienes dos camisas, dale una a los pobres" les dijo. "Si tienes alimentos, compártelos con los
hambrientos".
Algunos de los que iban a ser bautizados eran recaudadores de impuestos, los cuales eran famosos por
engañar a las personas cobrándoles más impuestos de los que debían. A ellos, Juan le dijo, "Si eres un
recaudador de impuestos, no recaudes más de los que el gobierno requiere".
Otros eran soldados. Juan les dijo: "No traten de conseguir dinero de la gente amenazándolos o
acusándolos injustamente. Siéntanse satisfechos con su paga."
Juan deseaba que las personas supieran que las etiquetasa no eran importante si no eran un cuadro
real de lo que está adentro. Eso es cierto hoy tal como lo era cuando Juan les hablaba del Mesías que
vendría a las personas de su tiempo.
"¿Qué debemos hacer?" te preguntarás.
Si Dios te ha bendecido, comparte con otros que tienen necesidad. Si tienes alimentos, comparte con
aquellos que tienen hambre. Si tienes dos abrigos, dale uno a alguien que tenga frío.
Durante esta época del año, muchas personas usan un botoncito que dice: "Jesús es la razón de la
Navidad" ("Jesús es la Navidad"). ¿Lo creemos realmente? De ser así, los demás deberán ver a Jesús
en la forma en que vivimos y actuamos.
Padre, te confesamos que no siempre vivimos de la manera en que debemos. Ayúdanos a vivir de tal
forma que otros puedan ver que tenemos el amor de Jesús dentro de nosotros. En el nombre de Jesús
oramos. Amén.

Hace poco el Papa Francisco nos exhortaba a recordar con mayor importancia la fecha de
nuestro Bautismo, y a celebrarlo tanto o más que el día de nuestro cumpleaños. Pero, ¿sabemos
realmente por qué es tan importante esta fecha? Aquí ofrezco algunas reflexiones sobre la
importancia de este sacramento.
En el mundo actual cada vez es más común escuchar a padres (incluso católicos) que deciden no
bautizar a sus hijos al nacer. Esto obedece a que se tiene la idea de no “imponerle” a los niños
un credo o religión con la cual más tarde ellos podrían estar en desacuerdo, sino dejarles la
libertad para que más adelante, cuando tengan uso de razón, puedan tomar esta decisión por sí
mismos.
Pero si nos detenemos a pensar en el origen de este argumento, descubriremos que en su
mayoría obedece a la ignorancia frente a la naturaleza de este sacramento. El Bautismo
claramente no es una imposición de los padres, es un regalo; y basta comparar este regalo con
cualquier otro que recibe un recién nacido: nadie le pregunta al bebé si quiere que le regalen
un juguete nuevo, simplemente se lo dan. De igual modo, cuando el bebé enferma, los padres
no le preguntan si quiere recibir la medicina, o si está de acuerdo con que lo lleven al doctor.
Simplemente lo llevan, asumiendo así la responsabilidad de elegir lo que ellos consideran qué es
mejor para su hijo.
Si deseas profundizar el tema puedes revisar elCatecismo de la Iglesia Católica en los numerales
1213-1284.  
El Bautismo es el más hermoso regalo que un padre puede dar a su hijo, pues del mismo modo
que cuando el niño enferma se le ofrece algo para su bienestar físico, el Bautismo otorga una
medicina espiritual, que no solo cura el pecado original, sino que llena de abundantes
frutos el corazón de quién lo recibe.
Para refrescar la memoria ofrezco algunos puntos importantes sobre la naturaleza de este
sacramento:
1. El Bautismo nos hace hijos de Dios. Se dice que San Luis, que fue Rey de Francia, cada vez
que bautizaba a uno de sus hijos lo abrazaba fuertemente y le decía: “¡Querido hijo, hace un
momento solo eras hijo mío, pero ahora eres también hijo de Dios!” ¿Qué padre no quisiera
pues que su hijo forme parte de la familia de Dios?
2. Nos borra el pecado original. Cualquier padre que supiera que su hijo nació con alguna
dificultad, por muy pequeña que esta fuera, buscaría el remedio y se lo proporcionaría de
manera inmediata. Todos nacemos con el pecado original, es la herencia de nuestros primeros
padres. Y aunque no hemos hecho nada para merecerla, si podemos borrarla, y esto mediante el
sacramento del Bautismo.
3. Nos hace miembros de la Iglesia. Por el Bautismo, al hacernos hijos de Dios, somos
también hermanos y miembros de una misma familia, que es la Iglesia. Por tanto, uno de los
mayores beneficios de este sacramento es que nos da una familia.
Ojalá estas reflexiones nos ayuden a valorar el don del Bautismo y a dar gracias a Dios por el
gran regalo recibido.
Dinámica
Te sugiero investigar más sobre el día de tu Bautismo, quién te bautizó, dónde, y si puedes,
visita la Iglesia donde fuiste bautizado y haz una oración de acción de gracias al Señor por el
don de la fe que allí recibiste.
Reflexión sobre el bautismo
A mí también me bautizaron... (Reflexión)

¿Qué es un sacramento? Un sacramento es un signo, y como signo que es, ha de enviar un mensaje con sólo su
presencia.

No tenemos que esforzarnos para comprobar infinidad de signos que nos envían mensajes sin parar. Subimos en el
ascensor y elegimos a qué piso vamos con sólo marcar un número en el cuadro que los muestra. Salimos a la calle y
un semáforo nos dice si podemos cruzar o no. Miramos a un lado y un termómetro nos muestra la temperatura. Con
sólo esperar un instante, nos dice la hora que es. Giramos la cabeza y el logotipo de la farmacia nos alerta si está o no
de guardia... Pero todos tienen algo en común. Para ser signos, para mandarnos un mensaje, han de estar conectados
a la corriente eléctrica. Sin la luz no pasarían de ser meros instrumentos de hierro o plástico que, casi, estorbarían;
pero nadie podría arrancarlos y echarlos al contenedor. Allí seguirían inmóviles recordando lo que fueron.

Eso mismo pasa con los sacramentos. Si queremos que sean «signo visible», que manden un mensaje a los demás,
tendremos que estar conectados a la corriente «Cristo», y cuando estemos iluminados con su luz gritaremos en
silencio, a todos, la buena noticia del Evangelio.
«Yo os bautizo con agua, pero viene el que puede más que yo y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os
bautizará con Espíritu Santo y fuego» (Lc 3,15-16).

ESTAMOS BAUTIZADOS

El bautismo puede recibirlo todo ser humano y aunque en el momento actual parece que estamos más alejados de
Dios, el número de bautismos es muy elevado. Salvo raras excepciones todos estamos bautizados. A mí me bautizaron
a los dos días de nacer. Era lo habitual. Los niños recibían el agua bautismal lo antes posible. Una mezcla de miedo a
que pudiesen morir y a las habladurías del vecino lo hacían posible.

Más tarde empezó una corriente que decía que había que dejar a los niños crecer sin bautizarse y que ellos eligieran al
hacerse adultos. Yo creo que esto tuvo poca fuerza; es sorprendente que incluso parejas que no han recibido el
sacramento del matrimonio elijan bautizar a sus hijos. Eso sí, buscan una parroquia donde no exijan preparación o esta
sea muy corta, ya que para ellos el bautismo no va mucho más allá de la simple ceremonia y la consiguiente fiesta.
Pero sea como sea, el número de bautizos en nuestro país es alto, aunque bajen estrepitosamente las cifras cuando se
trata de vivir como bautizados.

Es fácil demostrar este comportamiento: no tenemos nada más que fijarnos en las contestaciones que se dan a las
encuestas que hacen los reporteros y que nos presentan con la mayor normalidad:

- Yo estoy bautizado, y soy creyente, pero no practicante.


- Yo estoy bautizado, pero tengo una fe «a mi manera».
- Yo también estoy bautizado y creo en mis santos, pero no creo ni en la Iglesia ni en los curas.
- Fíjate, para que comulgue mi hijo, para que se confirme, para que se case, me han pedido la partida de bautismo.
Desde luego hay que ver las cosas tan raras que piden estos curas. Y luego quieren que vayamos a la Iglesia.
Pero eso sí, va por delante lo de estar bautizado, aunque se huya de vivir como tal. ¡Nos deben de pesar demasiado
las responsabilidades!

Ahora, yo me pregunto: ¿acaso compramos un aparato de cualquier tipo sin leer las instrucciones? Y es lógico que nos
aseguremos de lo que hemos comprado, ya que los engaños están a la orden del día.
¡Sin embargo, las cosas de Dios son distintas. ¿Para qué quiero saber yo a lo que me comprometo al optar por ellas?
Yo estoy apuntado al «cumplo, y, miento». «Sí, pero no».

«Bueno si no hay más remedio...». «Quizá saque tiempo...».


«Puede que me apetezca...».
Seamos serios. Si hay algo importante en nuestra vida son las cosas de Dios y Él nunca nos obliga a realizarlas, por
tanto tendremos que tener un gran respeto a sus exigencias, cuando somos nosotros los que las elegimos desde la
libertad más absoluta.

Al elegir los padres el sacramento del bautismo para sus hijos, se supone, primero, que son cristianos, y segundo, que
quieren comprometerse en la misión de alimentar a sus hijos en esa vida que Dios les ha confiado. Pues lo sepamos o
no, en el momento en que recibimos el agua bautismal, y por pura gratuidad, se nos está regalando la gracia de la
salvación.

«Jesús fue desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
"Soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?"» (Mt 3,13,15).

CON LA LUZ ENCENDIDA

No podemos dejar que se apague la luz de nuestro bautismo. Tenemos que renovar el compromiso cuando estamos
capacitados para poder optar por ello. Así suelen renovarlo los niños al hacer la primera comunión y así tendríamos
que renovarlo cada uno al rezar el credo en cada eucaristía.
Tendríamos que quedar admirados de la dicha que poseemos y, sin embargo, ¿cuántas veces nos paramos a pensar
lo que significa para cada uno de nosotros haber recibido el sacramento del bautismo?
Por eso hoy os invito a hacerlo con detenimiento.

«Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el espíritu de Dios bajaba como una paloma y se
posaba sobre Él» (Mt 3,15,17).

EL JORDÁN COMO SIGNO DE CONVERSIÓN Y PERDÓN


La aparición pública de Jesús comienza en el Jordán. Una gran masa de gente llega allí para dejar su pecado y Jesús
se mezcla con ellos, se mete en las aguas fangosas y se deja salpicar por todos los pecados de la humanidad.
Jesús es nuestro Jordán. ¿A qué nos compromete nuestro bautismo?

- A sumergimos en Cristo;
- a participar de su misión;
- a renacer por medio del agua y del espíritu.

SUMERGIRNOS EN CRISTO
El bautismo, recibido siendo adulto, es como entrar en el
Jordán, enterrar nuestro pecado y salir renovados.
En el origen no estaba el pecado original. Estaba el sueño amoroso de Dios: el amor, la vida, la plenitud... En el plan de
Dios no estaba el pecado.
Por eso no podemos anclarnos en la negatividad. Somos criaturas amadas y queridas por Dios.

Esto no puede taparnos el saber que estamos situados en un mundo donde hay lados oscuros, y esos lados oscuros
se ubican, muchas veces, dentro de nosotros, dentro de cada uno en particular. Por tanto tengo que ser consciente de
que existe pecado dentro y fuera de mí.
Nadie puede dudarlo. Esta sociedad marginada que necesita nuestra atención, nos está enseñando el pecado del
mundo. Pero hay pecado también en nuestro interior.

No podemos echar la culpa a los demás de que en el mundo haya guerra, racismo, sida, pornografía, esclavitud...
Todos somos culpables cuando actuamos fríamente y pasamos de largo como si ello no fuese con nosotros.

Por eso hoy vamos a dejar de nuevo que el agua de nuestro bautismo lave nuestro corazón. Vamos a darnos cuenta
de que Dios nos brinda, una vez más, la misericordia regeneradora y el perdón.

Vamos a vernos limitados, frágiles, irresponsables... Vamos a confesar nuestros fallos y vamos a sumergirnos en
nuestro Jordán –“Cristo”-, para que Él nos limpie y nos regenere.

Pues sólo el Señor puede convertirnos en portadores de misericordia. Sólo su gracia puede desterrar nuestras murallas
de desaciertos, para que pueda entrar la luz. Sólo su bondad es capaz de hacer que nos dejemos abrazar por el Padre
y sepamos, de verdad, quién es Dios.

PARTICIPAR DE SU MISIÓN
Jesús llega a bautizarse al Jordán porque tiene clara su misión. El ha venido a cumplir la voluntad del Padre y la llevará
a cabo hasta el final. Pero Jesús necesita seguidores, necesita a las personas. Él no es solitario ni, mucho menos,
egocéntrico. Él es don, salido de sí, entregado sin límites por amor a todos los hombres.

Jesús se ha fijado en cada uno de nosotros. Somos protagonistas de la obra de la salvación.

Hemos elegido libremente ser cristianos e implicarnos en su misión. Y aquí está la realidad; Él nos ha hecho una oferta
y nosotros hemos respondido desde la libertad más absoluta.

Debe de ser grandiosa la dimensión que tiene el testimonio de quien está dispuesto a dar razón de la fe y de la
esperanza en medio del mundo.
Pues si nosotros queremos ser uno de ellos, trataremos de poseer de verdad el espíritu de Cristo, que recibimos el día
de nuestro bautismo y dejaremos que se encarne en nuestro interior. Porque cuando esto suceda mostraremos a Dios
con nuestra vida, en ese proceso transformador que hace grande a la persona. Y nos sentiremos con fuerza para
cumplir la misión encomendada, porque nuestra respuesta se habrá traducido en el reconocimiento de nuestra
pequeñez y en el acercamiento a Dios para que nos cambie por dentro, hasta que surja de nuestro interior el milagro
de ver en los demás al mismo Cristo.

No creas que esto no es para ti. Todos tenemos necesidad del bautismo, sin excepción, pues todos formamos un
mismo cuerpo y todos tenemos un mismo Señor: Jesucristo.

Pero ser cristiano, estar bautizado, es entrar en un mundo al revés: te verás obligado, cada día, a ir cuestionando
situaciones de este mundo en el que te desenvuelves; no porque sea malo -al contrario, «el mundo es el lugar en el
que habita Dios»-, sino porque hay muchas zonas en las que todavía reinan la injusticia, el dinero, el poder, la fama, la
impureza. En esas zonas son aplastados los pobres y los pequeños, y tanta injusticia pudre los corazones. Por eso
este cuestionamiento que hemos hecho nos acercará a Dios, ya que si no, el bautismo no tendrá los frutos deseados.
Pues no debemos ignorar que nosotros también somos, en muchas ocasiones, solidarios con el pecado del mundo.
Tomemos conciencia, seriamente, de que somos enviados a ser luz en medio de esta generación y aparezcamos ante
ella con el estilo de Jesús basado en las bienaventuranzas, ya que solamente seremos luz para los demás cuando
estas condiciones iluminen nuestra vida.«Nadie puede hacer visible la novedad de Dios, si antes no ha cambiado las
profundidades de nuestro corazón» .

Lo real
Tema:
Mostrando el amor de Cristo en nuestra vida. Bautismo y arrepentimiento (Adviento 3,
Año C)
Objeto:
Frutas enla
En el mundo actual cada vez es más común escuchar a padres (incluso católicos) que deciden no
bautizar a sus hijos al nacer.
Reflexión sobre el bautismo
A mí también me bautizaron... (Reflexión)
 
¿Qué es un sacramento? Un sacramento es un signo, y como signo que es, ha de envi
Tendríamos que quedar admirados de la dicha que poseemos y, sin embargo, ¿cuántas veces nos paramos a pensar
lo que significa
este cuestionamiento que hemos hecho nos acercará a Dios, ya que si no, el bautismo no tendrá los frutos deseados.
Pues no de

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