LOS MITOS
Los mitos son narraciones que expresan las ideas ancestrales de
un pueblo acerca del mundo en el cual vive. Surgieron para que
dichos pueblos le puedan dar una respuesta a cuestiones que les
resultaban inexplicables. Por lo tanto, a través de relatos
tradicionales, intentaron aclarar los misterios de los ciclos de la
vida y de la muerte, y explicar como comenzaron a existir todas
las cosas (la Tierra, el hombre, el fuego, las enfermedades, los
astros, etc.).
Los mitos relatan acontecimientos prodigiosos protagonizados
por seres sobrenaturales o extraordinarios (dioses, semidioses,
héroes, etc), que a partir de lo que crearon desde los orígenes,
hicieron que el hombre fuera lo que es.
TIPOS DE MITOS
Se distinguen varias clases de mitos:
Mitos cosmogónicos: Intentan explicar la creación del mundo.
Mitos teogónicos: Relatan el origen de los dioses. Por
ejemplo, Atenea surge armada de la cabeza de Zeus.
Mitos antropológicos: Narran la aparición del ser humano, que
puede ser creado a partir de cualquier materia, viva (una planta,
un animal) o inerte (polvo, lodo, arcilla, etcétera).
Mitos morales: Explican la existencia del bien y del mal.
Mitos fundacionales: describen el origen de alguna
característica del mundo natural o social.
Mitos escatológicos: Anuncian el futuro, el fin del mundo.
Mitos ecuatorianos
La mitología ecuatoriana es muy variada y tiene fuerte influencia
desde lo prehispano. También han surgido historias más
recientes que convierten a los mitos de Ecuador en uno de los
más destacados del continente.
Mito ecuatoriano de la creación y la Pacha Mama
Este es un mito Kichwa (etnia indígena ecuatoriana) que cuenta la historia de la
creación de la Pacha-Mama y la idea de la naturaleza como madre del universo.
La creación del mundo
Entre el pueblo kichwa se creía que en un principio, en el Ñawpa-Pacha ―Tiempo
adelante― no existía nada más que el vacío, ninguna criatura respiraba en el
mundo. Solamente latían los corazones de las deidades primigenias: Atsil-Yaya,
considerado el gran espíritu vital universal masculino, y Sami-Mama, que era el
gran espíritu vital universal femenino. Este dúo divino habitaba un universo carente
de todo contenido, ni siquiera existía el día.
En medio de la quietud intrigante, llegó el día en que Atsil-Yaya dijo a Sami-
Mama que era necesario unirse con ella. De esta manera, la pareja divina se unió
como marido y mujer, quedando Sami-Mama embarazada al poco tiempo. A partir
del embarazo de Sami-Mama, nacieron los Aya, considerados espíritus vitales; los
Duendes, criaturas diminutas que gobiernan el oro, la plata, los minerales y viven en
las entrañas de la tierra; y Pacha-Mama, la deidad conocida como madre mundo,
madre naturaleza o madre universal.
El nacimiento de Pacha-Mama
El parto que daría a luz a Pacha-Mama no fue ordinario. Se dice que mientras
nacía Pacha-Mama, el dios viril Atsil-Yaya hizo sonar con fuerza su churu
―caracol gigante― y enseguida hizo su aparición el amanecer. Muy rápido, como
solo sucede con los portentos, Pacha-Mama creció hasta convertirse en mujer.
Apenas maduró cuando su vientre empezó a abultarse, pues según refieren los
mitos ella nació embarazada.
Asimismo, se cuenta que cuando llegó el tiempo de que Pacha-Mama diera a luz,
de su vientre broto el agua y el cielo se llenó de rayos y truenos porque nacían el
sol, la luna y las estrellas. En fin, todo surgió del vientre de Pacha-Mama: las
piedras, la tierra y el fuego; las plantas, los animales y los verdes montes; el
poderoso huracán, el arco iris y el viento; también el hombre, la mujer y todo lo
que habita la tierra. El milagro de la vida se debe a que todo cuanto Pacha-
Mama había dado a luz estaba vivo.
Mito ecuatoriano del castigo de los primeros hombres
Mito Kichwa (pueblo nativo ecuatoriano) que cuenta la historia de la vida de los primeros
pobladores del mundo. Quienes por causa de su conducta los dioses decidieron castigar la
humanidad.
El tiempo de la abundancia
Se dice que cuando Pacha-Mama recién había dado a luz al mundo, la vida para los hombres era sumamente
agradable. La tierra de aquel tiempo añorado era tan benéfica que cualquier cosa que se sembraba brotaba en
tres o cuatro días. También se dice que entonces no existía la muerte, razón por la cual el género humano se
multiplicó copiosamente. Pronto ya no había más lugar para habitar ni para sembrar, así que la gente se instaló
hasta lo más alto de los cerros.
Los Inka-runa, como se refieren a los pobladores primitivos, aunque se habían instalado en lugares donde no se
podía sembrar, no sufrieron hambre porque la tierra era tan fértil que bastaba poner una cantidad de esta
sobre una placa de piedra y los granos brotaban con gran facilidad. Además, la gente de aquel tiempo tenía
dientes de marfil, lo que les permitía comer la carne hasta los huesos. Por desgracia, la humanidad se sintió tan
cómoda que dejó de valorar la vida, la palabra e incluso a la misma Pacha-Mama; razón por la que los dioses
desbordarían sus ira.
La cólera de los dioses
Ante las malas costumbres de los antiguos, Atsil-Yaya convenció a Sami-Mama y a Pacha-Mama de
que era necesario restaurar el orden en entre los hombres. Así que los dioses oscurecieron el brillo del
dios Inti-Yaya, el sol, y encomendaron a Puyu-Mama, madre nube, que hiciera llover con tal fuerza que
los hombres murieran ahogados. Sin embargo, los hombres se salvaron porque consiguieron aferrarse a los
troncos caídos y flotar sobre el diluvio.
Ante la falta de éxito, Atsil-Yaya, Sami-Mama y a Pacha-Mama pidieron al sol que hiciera llover fuego sobre
la faz de la tierra. Como era de esperarse toda la humanidad pereció bajo el cielo que escupía fuego. Fue tan
efectiva aquella aniquilación que algunos kichwa contemporáneos creen que durante el fin del mundo volverá a
llover agua y luego fuego. No obstante, los dioses no consideraron que una pareja de humanos y un perro
habían conseguido escalar el volcán Imbabura y salvarse.
La piedad y el castigo de los dioses
No pasó mucho tiempo cuando la pareja refugiada en el volcán tuvo hambre, así que imploraron a los dioses
ayuda, pero fueron ignorados porque su intención era que todos los hombres murieran. Sin más remedio tanto el
hombre como la mujer decidieron comerse al perro, por lo cual el pobre animal imploró ayuda a las deidades,
quienes fueron benevolentes con él.
Justo cuando iban a matar al perro, los dioses dejaron caer a la tierra una mazorca de maíz. Pronto la pareja
comió, dio una parte al perro y guardó el resto para sembrar. Sin embargo, como consecuencia del festín
cayeron profundamente dormidos. Las deidades aprovecharon el momento y les quitaron los dientes de
marfil, poniendo en su lugar granos blancos de elote; por esta razón, los hombres sufren dolor de muelas y
padecen la muerte.