16.12.
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ESTUDIO SOBRE LIBERACION
INTRODUCCION
La lucha espiritual es algo real y serio. Vivimos rodeados de un
mundo espiritual invisible, pero no por eso menos cierto. (Col.1:1 ó;
Gen. 2:1). La Sagrada Escritura nos entrega una amplia información en
relación a este tema.
Una fuente de interés en lo desconocido caracteriza nuestro
mundo actual. En los últimos años se ha visto desencadenada una
invasión de operaciones satánicas en nuestra sociedad. Ya es común ver
a nuestro alrededor toda clase de información y mensajes precedentes
abiertamente del reino de las tinieblas. Frente a esta situación, como
cristianos, nos preguntamos: ¿contra quién lucha la iglesia?. La biblia es
determinante: “Contra huestes espirituales de maldad” (Ef.6:12). Se
hace necesario, no solo alertar sino, preparar al pueblo para esta lucha
final. No es posible resistir y derrotar al enemigo si se desconoce la
forma en la que opera. Como creyentes de Jesucristo debemos discernir
con claridad lo verdadero, del error. El evangelio del reino de Dios debe
ser predicado con toda la autoridad apostólica, sacando a luz las
tinieblas de error, y liberando a los cautivos de Satanás.
El presente estudio pretende ser un manual de instrucción práctica
en la lucha contra las fuerzas espirituales contrarias y en el ejercicio del
ministerio de liberación espiritual. Señalaremos, de acuerdo a la Biblia,
los requisitos necesarios para el ministro, los principios de autoridad
espiritual que operan en esta área, los recursos disponibles para este
servicio, un análisis del campo de la lucha espiritual y de las influencias
malignas, y el método para efectuar liberación en personas con
problemas de ataduras espirituales.
CAPITULO UNO
EL QUE MINISTRA LIBERACION
Para entrar en este campo, es necesario conocer lo que Dios
quiere con el creyente. Jesús dijo: “estas señales seguirán a los que
creen: en mi nombre echarán afuera los demonios; … sobre los
enfermos pondrán -sus manos y sanarán.” (Mc.16:17-18) La base de la
autoridad es creer en forma práctica a esta promesa. El convencimiento
teórico no es suficiente. El mismo Señor aplico a sí mismo, en la
sinagoga de Nazareth, una profecía de Isaías cap. 61.
El espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha urgido,
para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a
los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los
cautivos, y vista a los ciegos; a poner libertad a los oprimidos;
a predicar el año agradable de Señor. (Lc.4:18-19)
Esta cita es el modelo de la obra libertaria que Jesucristo quiere
ejercer, desde siempre a través de sus ministros urgidos. La pobreza
moral, el quebranto, la opresión y la ceguera espiritual, caracterizan a
nuestro mundo. Es la consecuencia del pecado y de la obra del diablo.
La incredulidad es el arma mas frecuente que emplea Satanás.
Según Jesús, es el principal pecado de los hombres (Jn.16:8-9). Para
Dios está por encima de una vida licenciosa, mundana y de codicia. Es la
“madre de los pecados”, porque está en contra del remedio para este
mal. La incredulidad impide el fluir del Espíritu Santo, para dar liberación
de las ataduras espirituales.
Para el ministro es de vital importancia conocer la unción y los
recursos que Dios entrega para desafiar al mundo de las tinieblas. Esto
es necesario porque, en la lucha espiritual, el diablo probara la
efectividad de nuestro ministerio y de la unción ministerial. El
ataque de las tinieblas contra un ministro de liberación es directo como
indirecto. Está dirigido en contra de su persona y de quienes te rodean.
Por tanto, todo aquel que se levanta en esta guerra espiritual debe
saber los requisitos bíblicos y el resplandor con que cuenta, para su
ejercicio eficaz.
Requisitos necesarios para un ministro de liberación
El osado y valiente apóstol a los gentiles, nos indica algunos
requisitos que se aplican a los que sirven en el ministerio del señor.
¡Cuanto más se aplicarán a los que ministran en el campo de la
liberación! En 2 Tim. 2:24-26 nos dice lo siguiente:
Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino
amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con
mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios
les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y
escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a
voluntad de él.
En Tito 1:7 agrega:
Porque es necesario que el obispo (ministro) sea
irreprensible, como administrador de Dios; amante de lo
bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, retenedor
de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que
también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a
los que contradicen.
En estos pasajes, notamos algunos principios:
1. Carácter cristiano. El ministro debe ser “amable con todos”, la
actuado siempre “con mansedumbre”. La amabilidad con las
personas que nos rodean, reflejará el carácter de Cristo. Debemos
recordar que este es un ministerio de misericordia hacia los que
están oprimidos por el diablo. El apóstol Juan añade que: “el que
no ama a su hermano, permanece en muerte” (1 Jn.3:14). En
relación a este principio debemos someternos permanentemente
al test de la comprobación: ¿Reflejo en mi vida el carácter de
Cristo? ¿Manifiesto los frutos del Espíritu Santo?.
2. Experiencia práctica de las Escrituras. Debe ser un hombre de la
Palabra. Un retenedor fiel de ella. Siempre preparado para
emplear la sana doctrina. El diablo conoce muy bien la Biblia como
para usarla en contra de un neófito. Por tanto, conviene
preguntarnos: ¿Cuánto conozco y aplico de los principios bíblicos a
mi vida?
El mismo Señor Jesucristo empleó este principio de vida. Durante
su tentación en el desierto, respondió a Satanás con la frase:
“Escrito está” (Lc.4:1-4). Las Escrituras son la Suprema autoridad
a la que apela. Posteriormente dijo: