Conciencia Fenoménica en IA
Conciencia Fenoménica en IA
Agradecimientos
A Elías por iluminar inmensamente mis días y ser el niño más bello del mundo, que junto a su
alegría y compañía hace que todo tenga más sentido. A los profesores que fueron capaces de mirar
a la persona detrás del alumno. Finalmente, a Dios por mostrar los caminos en los momentos
correctos.
Resumen
El presente trabajo tiene como objetivo realizar observaciones críticas a la plausibilidad de que una
máquina programada en función de algoritmos pueda poseer conciencia fenoménica.
Las observaciones críticas se vinculan con la implausibilidad de que la utilización de
algoritmos sea suficiente para explicar y entregar experiencia subjetiva a una máquina programada.
Entre las críticas se encuentra el hecho de que la experiencia cualitativa del mundo ocurre
desde un punto de vista. Además, no existe - usando la terminología de Nagel (1974) - algo así
como “la experiencia subjetiva de ser como una máquina”. También se explora cómo el carácter
subjetivo de la conciencia fenoménica presenta dificultades adicionales para su modelamiento
e implementación por parte de la Inteligencia Artificial, dada su ontología de primera persona.
Finalmente, se entregan argumentos a favor de la importancia de entregar conciencia fenoménica
a un artefacto artificial toda vez que ésta formaría parte esencial para la conducta inteligente,
pero dicha tarea debería llevarse a cabo a través de otros modelamientos alternativos al uso de
algoritmos, toda vez que éstos no son capaces de explicar la existencia de la conciencia fenoménica.
Epígrafe
Professor Hobby : [ after stabbing the robot's hand in a demonstration to an
audience about how real the robot was ] How did that make you feel? Angry?
Shocked? Secretary : I don't understand. Professor Hobby : What
did I do to your feelings? Secretary : You did it to my hand. Professor
Hobby : Ok... now tell me, what is love? Secretary : Love is first widening
my eyes a little bit and quickening my breathing a little and warming my skin and
touching... Professor Hobby : ...and so on. Exactly so. Thank you, Sheila.
(De la película ‘AI: Artificial Intelligence’, 2001)
Introducción
¿Es posible crear una máquina programada que posea conciencia fenoménica? De manera
más concreta, ¿Es plausible que un artefacto creado y programado en función de algoritmos
por el hombre pueda tener experiencias subjetivas de color, dolor, aroma, disfrutar de una
melodía o sentir estrés?
Desde el surgimiento de la Inteligencia Artificial (I.A.) con el trabajo seminal de Alan
Turing (1948, 1950), la disciplina ha intentado crear máquinas capaces de emular y competir
con las capacidades cognitivas del ser humano, utilizando como piedra angular el concepto
de ‘Algoritmo’. Un algoritmo, que definido grosso modo es una sucesión ordenada de
pasos finitos que llevan a un resultado, es lo que yace detrás de lo que se denomina una
‘Máquina de Turing’, entendida como una máquina ficticia que posee diferentes estados, y
dado determinado input, es capaz de alcanzar el próximo estado. La idea básica de esta
aproximación clásica en I.A. es que si una máquina es dotada con el algoritmo apropiado,
debiera ser capaz de realizar cualquier tarea que un humano puede hacer.
Es debido a este “optimismo” que ha habido un interés en la disciplina por crear
máquinas capaces de imitar otras características del pensamiento humano, con especial
atención al desarrollo de máquinas que exhiban conciencia (Gámez, 2007). Precisamente
por eso, en la última década ha comenzado a surgir un creciente interés en lo que se
ha denominado ‘Conciencia Artificial’ (también conocida como ‘Conciencia de Máquina’ y
‘Conciencia Sintética’), la cual podría ser definida como el área de la I.A. que busca diseñar
e implementar modelos de conciencia artificial. Las razones para tal empresa podrían
agruparse en torno a cuatro motivaciones centrales: Primero, y en directa relación con
el trabajo en Ciencia Cognitiva, diseñar modelamientos de la conciencia para determinar
cuáles serían sus rasgos determinantes; segundo, que las implementaciones de dichos
modelos pudieran servir como herramientas para probar y entender la conciencia humana,
tercero, determinar cómo y cuál es la relación entre la conciencia y el soporte físico sobre
la cual se produce, y finalmente, que la conciencia fenoménica forma parte fundamental en
1
algunas de las tareas consideradas inteligentes .
Las artes han dado cuenta del “optimismo” antes mencionado, especialmente la
literatura y el cine, y en sus obras han presentado máquinas altamente sofisticadas,
capaces de realizar tareas complejas tales como manejar naves espaciales, jugar ajedrez,
generar estrategias de guerra, identificar emociones y entregar juicios estéticos, siendo el
mejor ejemplo HAL 9000 en ‘2001: Odisea en el Espacio’ de Stanley Kubrick, o quizás
una versión algo más actual y beligerante en ‘The Matrix’ de los hermanos Wachowsky, o
‘Terminator’ de James Cameron. También se pueden señalar ejemplos menos violentos,
pero que exhiben la misma idea, tales como ‘I, Robot’ de Isaac Asimov, libro que trata
sobre un robot que desarrolla conciencia debido a un generador de ‘self’ que le permite
estar consciente, o ‘AI: Artificial Intelligence’ de Steven Spielberg, película que da cuenta
de un futuro en el cual existen máquinas idénticas a los humanos que son conscientes de sí
mismas y tienen la habilidad de aprender, tener sentimientos, y generar afectos hacia sus
dueños. Al parecer, no cuesta tanto trabajo aceptar desde nuestra intuición las suposiciones
que yacen detrás de estas obras de arte: la conciencia es algo que se puede entregar a
1
Más sobre estas motivaciones en el capitulo 2.
una máquina al incluir una pieza o parte adecuada, o a lo sumo, es una característica que
“emerge” al existir una semejanza suficiente a la configuración física de los humanos.
Aquello que resulta tan fácil de asimilar desde una folk psychology, aún es
motivo de discusión en I.A. Esta disciplina aún no ha podido dar cuenta de ciertas
cuestiones filosóficas relacionadas con la creación de máquinas que simulen características
humanas, y la discusión se vuelve particularmente controvertida al plantear seriamente la
admisibilidad de que exhiban conciencia fenoménica, entendida ésta como la capacidad
de tener experiencias subjetivas de manera similar a como un ser humano las posee,
tales como saborear un té, disfrutar de la música o sentir asco ante un olor nauseabundo.
De lo anterior, se desprenden otras preguntas igualmente relevantes con respecto a
problemáticas tales como cómo dilucidar si es que poseen dicha conciencia, cuál es la
relación entre el soporte físico y la aparición de ésta, o si es que una máquina puede pensar
o sólo realiza cálculos.
La I.A. sostiene que muchos de los avances en la disciplina aseguran la eventual
creación de máquinas con capacidades cognitivas similares, o incluso mejores que las
humanas (Alexander, 2007). Sin ir más lejos, el año 1997 se produjo un gran revuelo cuando
Deep Blue, la máquina creada por IBM para jugar ajedrez, venció al entonces campeón
mundial vigente Garry Kasparov. Por primera vez, la Inteligencia Artificial derrotaba a la
inteligencia natural. Sin embargo, pareciera controvertido afirmar que Deep Blue entiende
ajedrez, aunque es obvio que juega incluso mejor que un profesional;ésta simplemente
aplica determinadas reglas para encontrar una jugada que lleve a una mejor posición
de las piezas en el tablero, de acuerdo con un criterio de evaluación programado por
jugadores profesionales de ajedrez, siguiendo los algoritmos entregados por los ingenieros
y realizando una astronómica cantidad de cálculos. En otras palabras, Deep Blue entiende
tanto lo que significa jugar ajedrez como un televisor podría entender las imágenes que se
proyectan en su pantalla, ya que lo que la máquina hace realmente es seguir una serie de
2
pasos previamente establecidos para luego ponerlos a funcionar . Deep Blue no posee la
experiencia subjetiva de jugar ajedrez que su contendor tiene, ya que nada en el diseño
y funcionamiento de los algoritmos dota a la máquina de la experiencia subjetiva de jugar
ajedrez, ni de otras experiencias asociadas a dicho deporte, tales como la sensación de
tensión, de apuro, de sentir presión al estar perdiendo y las experiencias asociadas al
observar al contrincante, experiencias que, a su vez, podrían modificar los patrones de
juego de un ajedrecista. Defensores de lo que Searle (1980) denomina ‘Inteligencia Artificial
Fuerte’ o visión más extrema de la I.A., sostendrían que sólo se necesita un parámetro de
observación externa de conducta para determinar si una máquina presenta características
tales como inteligencia u otros rasgos de la actividad inteligente que pudieran ser asociadas
a ésta (de manera similar a lo planteado por Turing en el ‘Test de Turing’); es decir,
y ejemplificando lo anterior, una máquina sería consciente si es capaz de pasar las
pruebas que nosotros, los seres humanos, determinemos como condiciones suficientes
para establecer que dicha máquina presenta conciencia. Sin ir más lejos, añadirían, eso es
lo que hacemos todo el tiempo con otros seres humanos, al asumir que ellos también tienen
conciencia debido a que se comportan y lucen nosotros. Pero claramente, dicha afirmación
- de un claro sesgo conductista - no puede emitirse con respecto a una criatura hecha de
cables y silicio. La conciencia no es algo a lo que se acceda desde la objetividad de una
prueba, y sólo el poseedor de esta conciencia puede establecer su presencia o ausencia.
Esto último no sólo es un problema para la I.A., sino también para la Filosofía de la Mente, y
es por esto, que en Filosofía de la Mente existe una variada gama de planteamientos sobre
2
Más sobre esto en Apéndice.
cómo dar cuenta de este fenómeno. Dichas aproximaciones provienen de discusiones sobre
el problema mente-cuerpo, cuyas principales escuelas de pensamiento son el Dualismo
(mente y cuerpo son dos sustancias ontológicamente distintas) y el Monismo (sólo lo físico
es real, y lo mental puede ser reducido a lo físico, o bien sólo lo mental es real). Si bien esta
discusión recobra fuerza con Descartes a mediados del siglo XVII, en la actualidad aún no
hay consenso, y muy por el contrario, se ha producido una ramificación de sub-argumentos
derivados de los ya mencionados, contribuyendo aún más a una falta de unanimidad con
respecto al tema. En relación con esto último, el reconocido neurobiólogo Bernard Baars
resume esta confusión con las siguientes palabras:
Si hacemos preguntas sobre la conciencia puramente en términos de
subjetividad - ¿qué se siente ser tú o yo? - uno se encuentra con la clásica
paradoja mente-cuerpo en la cual se termina con una de las tres posiciones
clásicas del problema: Mentalismo, Fisicismo o Dualismo; y el diálogo sobre
estos tópicos - mejor dicho, el diálogo entre sordos - se da vueltas y vueltas y
nunca se soluciona. Por lo tanto, desde mi punto de vista, la primera cosa que se
debe hacer si es que de hecho se quieren responder preguntas, es plantearlas
de una manera que se puedan responder. (En Blackmore, 2005, p.11, traducción
mía.)
Es importante señalar que dentro de cada una de estas aproximaciones mencionadas
por Baars, existen diversas posiciones, enfatizando diversos contenidos u otorgando
preponderancia a distintas pruebas y argumentos, que en el Capítulo 1.2 serán más
desarrolladas.
De manera adicional, se puede hacer alusión a otra dimensión del problema, que tiene
que ver con una definición clara sobre qué hablamos cuando hablamos de conciencia.
Ned Block (1995b) lo denomina un “Concepto Híbrido”, ya que éste connota una serie de
conceptos distintos y denota un número de fenómenos diferentes. Como Block señala,
muchos filósofos, autores y disciplinas declaran estar tratando con el tema de la conciencia,
cuando en realidad están tratando con una variedad de fenómenos relacionados a la
experiencia subjetiva el mundo, tales como la distinción conciencia/inconciencia que indica
la oposición entre estar despierto y no estarlo (ejemplo: “Luego del accidente el chofer
quedó inconsciente”), o considerada como ‘atención’ a algo (ejemplo: “Estoy consciente de
que el semáforo está en rojo”) que al mismo tiempo puede ser conciencia de algo externo
o de algo interno (ejemplo: “Estoy consciente de mis ideas sobre política”), o considerada
como la habilidad de identificarse como individuo o self-consciousness, o como la habilidad
de experimentar el mundo desde un punto de vista subjetivo (ejemplo: Sensaciones, qualia
o manera en la que se sienten las experiencias tales como color, dolor), etc.
El presente trabajo realiza un análisis crítico sobre la plausibilidad de que una máquina
programada en función de algoritmos posea conciencia fenoménica, lo que Nagel (1974)
denomina ‘what it is like to be’, o la experiencia subjetiva del mundo que un ser experimenta
al encontrarse en contacto con su medio ambiente y su vida interior. Es decir, para
propósitos del presente trabajo, es importante tener en cuenta que otras nociones de
conciencia pueden ser mencionadas, pero el análisis crítico que se presenta se centra
específicamente en la plausibilidad de que una máquina programada exhiba conciencia
fenoménica, sin ahondar en el hecho posible de que ésta pueda o no exhibir otros tipos
3
de conciencia (tales como self- consciousness, Conciencia de Acceso u otras) . Lo anterior
resulta filosóficamente relevante ya que podría ayudar a una mejor comprensión de qué
3
Más sobre distintos tipos de conciencia en capítulo 3.
4
Más sobre el concepto de epifenómeno en 1.2.2. Brevemente, aseverar que la conciencia es un epifenómeno sería plantear
que si bien ésta es producida por el funcionamiento del cerebro, es causalmente irrelevante para el resto del sistema cognitivo.
5
Más sobre este último punto en Capítulo 4.
Puesto de otra manera, ¿Cómo puede lo mental, aquélla entidad física e incorpórea, afectar
el mundo físico? E inmediatamente después, cabe preguntarse cómo lo mental posee
un efecto sobre lo físico. Esta segunda interrogante es conocida en la literatura como el
‘Problema de la causación Mental’.
6
Un tercer problema, al cual se le etiqueta como el ‘Problema de la Intencionalidad’ ,
puede ser hecho manifiesto en el ejercicio del lector en el parque, y referiría concretamente
a los pensamientos que Ud. tiene sobre la economía nacional de los últimos meses.
¿Cómo pueden sus pensamientos “ubicados” en su cabeza, privados y personales, referir
a objetos, entidades y estados distantes a su caja craneana? Es decir, ¿Cómo pueden
los pensamientos ser sobre algo? Es esta pregunta la que corresponde al problema de
la intencionalidad. En conclusión, la relación entre aquello que es físico y aquello que es
mental posee un grado de complejidad que no refiere únicamente a las relaciones causales
entre estos, sino también a otros aspectos de una dicotomía de esta naturaleza, lo que le
entrega a la relación mente-cuerpo su estatus problemático.
1.2.1 Dualismo.
La doctrina más famosa de Descartes es denominada ‘Dualismo’, y corresponde a la
7
idea de que el mundo esta compuesto ontológicamente por dos tipos de sustancias : Las
Sustancias Mentales y las Sustancias Físicas. Cada una de estas sustancias tiene un rasgo
esencial que la hace ser lo que es. La esencia de la mente sería la conciencia, mientras
que la esencia del cuerpo sería su carácter “extendido”, es decir, que se desenvuelve en
un espacio físico tridimensional.
Al proponer que la esencia de la mente es la conciencia (o res cogitans), lo que
Descartes quiere decir es que nosotros somos el tipo de seres que somos porque en todo
momento nos encontramos en alguna forma de estado consciente, y es cuando dejamos
de estar conscientes que dejamos de existir. Al plantear que la esencia del cuerpo es la
extensión (res extensa), el autor refiere al hecho de que éste posee dimensiones espaciales,
es decir, que tanto los objetos y entidades físicas del mundo, incluyendo al mismo mundo,
se despliegan en el espacio.
Como seres humanos, en conclusión, somos entidades compuestas tanto por un
cuerpo como por una mente, y esta entidad a la que referimos como ‘Yo’ correspondería
6
Se hace referencia sucintamente a este problema en el Apéndice.
7
Una sustancia se entiende como una entidad que tiene propiedades y que, a pesar de los cambios en sus propiedades, sigue
siendo lo que es. Un perro es una sustancia, mientras que un huracán no lo es. Por lo tanto, decir que hay sustancias mentales
significa que hay objetos que son no-materiales y que existen de manera independiente de lo físico.
a una mente que se encuentra adjunta a un cuerpo, y si bien están juntas, siguen siendo
esencialmente distintas. Nuestra mente, de alguna manera, habita dentro de este cuerpo
físico que poseemos, y esta mente no-física se encuentra en una interacción sistemática
8
con el cuerpo que la contiene . Por ejemplo, los estados físicos de los órganos sensoriales
causan experiencias visuales, táctiles y olfativas en nuestra mente, así como los deseos y
pensamientos de esta mente no-física hacen que el cuerpo se comporte de determinada
manera. Esta influencia de la mente hacia el cuerpo se explica a través de una sustancia
material sutil que él denominó ‘Espíritus Animales’. Para Descartes, entonces, existen
dos sustancias pero hay una predominancia de lo mental debido a que lo que podemos
saber de manera directa y concreta es la vida mental, y accedemos a ésta a través
de la introspección, lo que ratifica la naturaleza no-física de lo mental. Por otro lado, el
conocimiento de lo físico, del cuerpo - de su existencia y características - funciona de
manera distinta, ya que no puede ser conocido directamente, sino de manera indirecta a
través de la inferencia de los contenidos de la propia mente. Es decir, no puedo percibir
directamente el libro frente a mis ojos, sino más bien, percibo la representación del libro y
no el libro mismo, e infiero que el libro existe dada la existencia de mi idea sobre él, ya que
la idea de que tengo un libro en las manos debe ser causada por el libro.
Según Searle (2004), es importante enfatizar lo extremo de una doctrina como la
de Descartes, y subrayar lo impactante de plantear que nuestro cuerpo físico no posee
conciencia. No es la conjunción cuerpo-mente la que se encuentra en un estado consciente,
sino sólo la mente. El mundo físico, ya sea una silla, una roca o el cuerpo humano,
serían incapaces de poseer dichos estados, y es esta diferencia ontológica el principal
rasgo distintivo en comparación con otras aproximaciones al problema, que si bien resulta
intuitivo, es muy difícil de sostener científicamente.
8
Sin embargo, Descartes no es del todo claro con respecto a la manera en la cual estas dos sustancias ontológicamente
distintas se vinculan, lo que de por sí es un aspecto problemático para el Dualismo Cartesiano. Más sobre esto en 1.2.2.
9
Descartes no aclara la manera en la cual ambas sustancias interactúan. Sin embargo, sí refiere al lugar físico en el cual éstas
interactuarían en el cuerpo. Dicho lugar sería en la Glándula Pineal, ubicada en la base del cerebro. El motivo para la elección de
este lugar es que dicha glándula es la única zona del cerebro la cual no posee una división de dos partes o hemisferios, además
de poseer una ubicación espacial en el centro ventral del cerebro. En los años en los cuales Descartes propusiera lo ulterior, no se
sabía a ciencia cierta la función de dicha glándula; con el paso del tiempo se descubrió que ésta participa en la regulación de los
ciclos de vigilia y sueño del organismo.
de propiedades (he ahí el origen de su nombre) en el mundo: Las Propiedades Físicas y las
11
Propiedades Mentales . Las primeras son aquellas propiedades que corresponden a cosas
tales como la carga eléctrica, la masa de un cuerpo o la gravedad. Además, las propiedades
físicas se caracterizan por ser mensurables, y caracterizan a un objeto o sistema como
tal. Por lo tanto, cambios en las propiedades físicas de un objeto o sistema pueden ser
usados para describir sus cambios. Las segundas corresponden a propiedades tales como
la propiedad de sentir placer, la propiedad de tener un pensamiento sobre lo difícil que
es escribir una tesis, o la propiedad de apreciar estéticamente una obra de arte; estas
últimas serían las propiedades que son características de la inteligencia consciente. Un
ejemplo concreto sería el siguiente: Si alguien masajea su cuello, Ud. probablemente se
sentirá relajado y cómodo. Esa condición de sentirse relajado es una implementación de
la propiedad de “Estar Relajado”. El cuerpo humano, particularmente el cerebro, exhibiría
ambos tipos de propiedades. Es decir, el Dualismo de Propiedades sostiene que no hay algo
así como dos reinos ontológicamente distintos, sino que existen dos tipos de propiedades
que son diferentes, las propiedades físicas y las propiedades mentales, y el cerebro posee
la particularidad de poseer ambas.
El Dualismo de Propiedades posee otra característica que la diferencia del Dualismo
de Sustancia: Si bien existen dos tipos de propiedades, existe un sólo tipo de sustancia,
la sustancia física. Las propiedades mentales dependen tanto de las propiedades físicas
y la sustancia física para existir. Sin embargo, algunas propiedades mentales no pueden
ser “reducidas” explicativamente hablando a términos físicos, como por ejemplo las
propiedades fenoménicas de la conciencia. Es esto último lo que diferencia crucialmente
al Dualismo de Propiedades del Fisicismo.
Si bien el Dualismo de Propiedades salvaguarda la problemática de plantear la
existencia de dos sustancias diferentes en el mundo, hereda del Dualismo de Sustancia el
problema del vínculo mente-cuerpo antes mencionado, y no entrega respuestas alternativas
en cuanto a la relación causal entre los eventos físicos y los eventos mentales. Más aún,
surge un nuevo problema con respecto a cómo estas propiedades mentales funcionan
causalmente en el mundo físico. El Dualismo de Propiedades no explica cómo funciona
la causalidad de aquellas propiedades no físicas de mi cerebro (mis estados mentales
conscientes) sobre los eventos que ocurren en el mundo físico. En otras palabras, la piedra
de tope para este tipo de Dualismo puede ser resumida en la pregunta: ¿Cómo puede una
propiedad mental jugar un rol causal sobre cualquier evento físico del mundo siendo que
ésta no es física? Según lo demostrado por ciencias tales como la Física y la Química, el
universo sería causalmente cerrado, i.e., la causación física sería suficiente para explicar
cada uno de esos fenómenos del mundo. Por lo que sería posible concluir que los estados
mentales conscientes no tienen ningún efecto en el universo, y podríamos establecer que
cosas tales como la conciencia son algo así como un “epifenómeno” (Churchland, 1984),
es decir, un fenómeno que si bien es producido por el funcionamiento del cerebro, es
causalmente irrelevante. En este caso, la relación conciencia-cerebro sería similar al sonido
que produce un computador en funcionamiento, que si bien se explica por el engranaje
y conexiones de los componentes físicos, no tienen ninguna ingerencia en el resultado
y procesamiento de las actividades de la máquina en cuestión. La conciencia y otros
fenómenos mentales, en definitiva, serían un producto que emerge, y no tendría ningún
efecto causal de retroalimentación sobre el sistema.
11
Una propiedad se entiende como un atributo de un objeto o entidad; por ejemplo, de un objeto dulce se dice que tiene la
propiedad de “Dulzura”.
Por lo tanto, si bien el Dualismo de Propiedades no nos fuerza a creer que hay dos
sustancias distintas en el universo, si lleva a postular que hay propiedades del cerebro
que no son físicas y que son completamente distintas a todo el resto del ensamblaje
bioquímico del cuerpo. Adicionalmente, no proporciona una respuesta para dar cuenta de
estas propiedades en nuestra concepción del universo ni tampoco cómo éste funciona, lo
que finalmente nos fuerza a seguir creyendo en la existencia de algo no-material e intangible
al cual no podemos acceder más que a través de la introspección, sin ningún tipo de rigor
científico.
Lo anterior conduce a optar por una de dos posibles alternativas: Aceptar el carácter
epifenomenalista de nuestras sensaciones y experiencias del mundo, o simplemente
considerar seriamente - utilizando la terminología de Descartes - la existencia de sólo
una sustancia, en este caso, abrazar el postulado de que somos entidades compuestas
por materia, o bien compuestos sólo por nuestra mente, lo que nos llevaría a una nueva
forma de enfrentar el problema mente-cuerpo. Esta nueva aproximación se desarrolla a
continuación: El Monismo.
1.2.3 Monismo.
Dados los problemas de una concepción del mundo en la cual hay dos tipos de sustancias o
propiedades, la visión alternativa es que la citada dualidad no existe, y que sólo hay un tipo
de sustancia, razón por la cual esta visión lleva por nombre Monismo. Ahora bien, dado que
el Monismo plantea la existencia de una única sustancia, existirán dos tipos de Monismo:
El Monismo ‘Mentalista’ o Idealismo y el Monismo ‘Materialista’ o Materialismo.
El Idealismo plantea que el universo es completamente mental o espiritual, es decir,
que no existe nada más que ideas en el mundo, por lo que todo fenómeno mental y físico
también es una idea. Es decir, se afirma que la naturaleza primordial de la realidad está
basada en las ideas y la mente juega un rol como generador de éstas. En Filosofía de la
Mente, el Idealismo funciona en oposición al Materialismo. El Materialismo propone que la
naturaleza primordial de la realidad está basada en las sustancias físicas, y que no existe
nada más que el universo material, por lo que toda explicación a un fenómeno es posible en
términos materiales. De acuerdo a Blackmore (2005a), existe un problema con una visión
“tan fuera de época” como la perspectiva idealista, dado que otorgar preponderancia a
la mente y las ideas genera un conflicto con respecto a explicar cómo y por qué da la
impresión de que efectivamente existe un mundo físico consistente al exterior de nuestra
caja craneana. Al parecer, el mundo sigue existiendo sin mis ideas, y la gravedad, por más
que ningún ser humano haya pensado en ésta o la haya entendido, sigue ahí. Es por eso
que las perspectivas idealistas, si bien fueron relevantes desde un punto de vista histórico,
carecen de importancia o ingerencia en el trabajo científico contemporáneo.
La familia de aproximaciones más influyente en la Filosofía de la Mente durante el siglo
XX y lo que va del siglo XXI es alguna de las visiones del Materialismo. El Materialismo
sostiene que la única realidad que existe es la realidad material. Nada existe o puede ser
explicado por algo más que no sea la realidad física. Con respecto a los estados mentales,
sostiene que si éstos efectivamente existen, entonces deben ser reducidos a estados físicos
de algún tipo. Esta afirmación es la que se encuentra enraizada en la Ciencia Cognitiva
desde sus inicios, así también en otras disciplinas que estudian la mente, proporcionando
un ambiente fértil para la proliferación del su estudio, así como de otros fenómenos que
conciernen nuestra vida mental.
[Link] Conductismo.
La primera forma de Materialismo nació a principios del siglo XX, y comienza con el
trabajo de Watson (1878 -1958) seguido por el de Skinner (1904 - 1990), alcanzando su
nivel más alto de influencia durante las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra
Mundial. El planteamiento básico detrás del Conductismo nace, primeramente, como una
reacción al Dualismo imperante hasta ese momento, y en segundo lugar, surge desde el
Positivismo Lógico, el cual plantea que el significado de cualquier enunciado depende en
última instancia de que puedan existir circunstancias observables posibles que lo confirmen.
El argumento central del Conductismo establece que la mente corresponde únicamente al
comportamiento del cuerpo, que no hay nada más allá de este comportamiento en términos
objetivos, y aquello que constituye lo mental es precisamente este comportamiento,
concretamente, la disposición a exhibir determinada conducta. Dicho de otra manera, se
produce una reducción de lo mental sobre aquello que es posible observar, en este caso,
la conducta. Ahora bien, es posible realizar una distinción entre dos tipos de Conductismo:
El ‘Conductismo Metodológico’ y el ‘Conductismo Lógico’.
El Conductismo Metodológico fue un movimiento que se desarrolló en Psicología,
cuyo principal objetivo era otorgar a la disciplina un estatus científico respetable que le
permitiera ser considerada dentro del resto de las Ciencias Naturales. Para lograr esto,
propone que la Psicología debe estudiar aquello que es posible observar, y que, por tanto,
sea objetivamente mensurable, razón por la cual se propone el estudio de la conducta. El
objetivo de la Psicología sería entonces descubrir las leyes que pudieran proporcionar un
correlato entre los estímulos de input que recibe el organismo con las respuestas de output
conductuales.
El Conductismo Metodológico fue una perspectiva en Psicología de gran influencia, al
punto que durante un tiempo logró posicionar una re-definición de la tarea de la Psicología,
cambiando el enfoque de ésta desde la denominación de ‘Ciencia de la Mente’ a ‘Ciencia de
la Conducta’. El nombre de la aproximación - Conductismo Metodológico - se debe al hecho
de que en ningún momento se buscaba hacer una afirmación o aclaración con respecto
a la existencia o inexistencia de la mente ni determinar exactamente qué son los estados
mentales, sino más bien proponer un método que le permitiera acceder a su estudio.
En otras palabras, la mente se cataloga como científicamente irrelevante para el estudio
de la conducta, ya que las afirmaciones científicas deben ser comprobadas de manera
objetiva, y las únicas afirmaciones acerca de la mente humana son las afirmaciones que se
pueden realizar con respecto a la conducta observable a través de un método objetivo. De
hecho, el Conductismo Metodológico no necesitaba referir en ningún caso a la existencia
de fenómenos mentales internos tales como la conciencia o los estados subjetivos o qualia,
ya que el énfasis se encontraba en el posicionamiento de un método que iba más allá de
la ontología de su objeto de estudio, y afirmaciones acerca de las emociones, sentimientos
y creencias, eran sólo una manera abreviada de referir a patrones de conducta.
En resumen, este tipo de Conductismo sostiene que el único fenómeno psicológico que
se puede observar en el ser humano es la conducta, por lo que el método apropiado para
la Psicología debe ser el estudio de la conducta humana sin prestar atención al estudio de
entidades mentales o espíritus misteriosos.
También existió un movimiento conductista denominado Conductismo Lógico, pero
éste emergió en la Filosofía, no en la Psicología. Los postulados del Conductismo Lógico
eran más fuertes y radicales que los planteados por el Conductismo Metodológico; éste
último planteaba que el Dualismo Cartesiano era científicamente irrelevante, mientras que el
Conductismo Lógico postulaba que los planteamientos de Descartes estaban equivocados
desde el punto de vista de la lógica y del análisis semántico, debido a que éstos serían
pseudo-hipótesis y enunciados. Lo que esta afirmación sugiere es que un enunciado acerca
de los estados mentales de una persona (ejemplo: “Marcelo espera que su equipo de fútbol
gane un superclásico alguna vez”) pueden ser capturadas por un conjunto de oraciones
acerca de las conductas (reales o posibles) a través de una definición operacional. Es decir,
el enunciado debe ser traducible a un conjunto de oraciones hipotéticas sobre la conducta
del individuo, en este caso, lo que Marcelo pudiera hacer o decir ante determinadas
circunstancias.
En resumen, el Conductismo lógico sostiene que decir que “Luis cree que Colo-
Colo es el mejor equipo del fútbol chileno” significa exactamente lo mismo que establecer
un número indefinido de oraciones de causa-efecto tales como las que se sugieren a
continuación: “Si Colo-Colo juega el domingo, Luis irá al estadio”, “si Colo-Colo hace
un gol, Luis realizará una manifestación de júbilo”, y así sucesivamente, indicando que
tener un estado mental en realidad es tener una serie de disposiciones a determinados
tipos de comportamiento. Esta noción de disposición debe ser analizada usando oraciones
hipotéticas del tipo “Si p, entonces q”, de manera de generar disposiciones conductuales
con la forma “si tal condición/contexto/situación, entonces tal comportamiento se producirá”,
por lo que aquellas expresiones que refieren a estados mentales pueden ser parafraseadas
- sin ninguna perdida de contenido - en un enunciado lo suficientemente largo que de
cuenta de cuáles conductas observables son esperables si la persona se encuentra en
determinado contexto o circunstancia.
En conclusión, para el Conductismo el problema mente-cuerpo no es un problema
en sí, porque según sus postulados, no tiene sentido preocuparse de una relación entre
mente y cuerpo, ya que referir a la mente del individuo Einstein no es referir a “algo” que
él “tiene”, sino que refiere a ciertos tipos de capacidades extraordinarias y disposiciones
conductuales observables y posibles en torno al ambiente en que se encuentra situado el
sujeto en cuestión.
Sin embargo, el Conductismo presentaba algunos problemas, que eventualmente lo
dirigieron a un debilitamiento general. Primeramente, éste ignoraba deliberadamente, e
incluso negaba, el aspecto interno o subjetivo de nuestros estados mentales, estableciendo
que estos consistían en nada más que conducta y disposiciones conductuales. Sentir
estrés, por ejemplo, es algo más que sólo andar con el ceño fruncido y tener problemas
para dormir. Estar estresado posee una cualidad interna intrínsica a la cual sólo se puede
acceder desde la introspección, e ignorar lo ulterior sólo denota la falta de capacidad
del Conductismo de dar cuenta y explicar un fenómeno tan real como las conductas
asociadas a este estado cualitativo interno. Simultáneamente, plantear la irrelevancia de
los estados mentales va en contra de nuestra intuición de que hay una relación entre
nuestros estados mentales internos y la conducta observable que se deriva de éstos, ya
que existe una clara diferencia entre sentir dolor y las conductas asociadas a sentir un
dolor. El segundo problema se produjo cuando los conductistas trataron de especificar
detalladamente las disposiciones asociadas y constitutivas de una conducta: La lista de
una perspectiva que no ignora la existencia de los estados mentales, sino que declara su
existencia. Además, es una propuesta factual basada en hechos científicos concretos y que
buscaba una reducción teórica al proponer los estados mentales como estados físicos, y
12
no una propuesta lógica como la del Conductismo Lógico .
El Fisicismo sostiene y basa sus premisas en el hecho de que, tarde o temprano,
la ciencia descubrirá que los estados mentales son idénticos a los estados cerebrales,
13
realizando un caso de reducción inter-teórica (por ejemplo, véase en Churchland , 1984)
como ha ocurrido históricamente en otras disciplinas: Así como se descubrió que el agua
es idéntica al H2O, la ciencia logrará reducir los estados mentales a los estados cerebrales.
La reducción inter-teórica recién mencionada se produce cuando una nueva teoría, lo
suficientemente poderosa en términos explicativos y predictivos, termina por incluir un grupo
de proposiciones y principios que reflejan a la teoría antigua casi de manera perfecta.
Históricamente se pueden mencionar casos en los cuales nociones pertenecientes a una
teoría “antigua” (por ejemplo, “calor” corresponde a “X está caliente” o “X está frío”)
se incluyen en la nueva teoría (“energía cinética molecular total”, “el objeto posee un
promedio alto de energía cinética molecular” y “el objeto posee un promedio bajo de energía
cinética molecular”, respectivamente), lo que permite generar identidades inter-teóricas. Por
tanto, la Teoría de la Identidad sostiene que, eventualmente, la ciencia (particularmente la
Neurociencia) generará una teoría la cual dé cuenta del hecho de que un estado mental
corresponde a un estado cerebral.
Las razones para sostener una teoría materialista-reductiva pueden ser resumidas en
cuatro ideas básicas que tienen como premisa central que la conducta humana y sus causas
encuentran su campo de estudio en las Neurociencias. El primer argumento reside en el
origen puramente físico y la constitución física del ser humano. El desarrollo físico-motor del
hombre puede ser explicado en términos de moléculas, duplicación celular, y cadenas de
ADN que portan la información para desarrollar ciertos procesos y conductas de un sistema,
conductas que a su vez se encuentran interaccionando constantemente con el ambiente. El
segundo argumento se encuentra conectado con el primero, y hace alusión al hecho de que
otros animales en la naturaleza también encuentran su origen y desarrollo en una dimensión
física, específicamente, en el funcionamiento adecuado del sistema nervioso, y su conducta
también encuentra explicación en los procesos internos del sistema y su interacción con
el ambiente; lo anterior tiene origen en la teoría evolutiva, la cual sería responsable de
la selección de los sistemas antes mencionados. Tercero, los teóricos adhieren a la idea
de una “dependencia neuronal” de los fenómenos mentales, que resulta fundamental para
una premisa materialista-reduccionista, en la cual se descarta la existencia de dos tipos de
sustancia, o propiedades o procesos ya que sólo lo físico es relevante. El cuarto argumento
hace alusión al éxito de la Neurociencia en la investigación y descubrimiento de la estructura
de los diversos sistemas nerviosos tanto de criaturas simples así como la del propio ser
humano. Es decir, dado el rápido desarrollo de la disciplina, es esperable que nuevos
y clarificadores descubrimientos se puedan producir en los años por venir. Los teóricos
de la identidad aseguran que es razonable creer que lo que causa la conducta animal y
humana es esencialmente físico, pero no sólo eso, también aseguran que la Neurociencia
12
Como se mencionara en la sección anterior, el modelo propuesto por el Conductismo Lógico era de identidades
definicionales, en la cual sensaciones tales como “placer gustativo” no serían más que disposiciones a una determinada conducta,
definiendo por tanto un estado mental de la misma manera en la cual se define un cuadrado, por ejemplo, como una figura
bidimensional de 4 lados iguales.
13
La cita proviene de un libro escrito por Churchland en el cual expone sobre la teoría reduccionista, pero este autor no
adscribe a una teoría reduccionista de la mente.
desarrollará una taxonomía tal de los estados cerebrales, que se podrá desarrollar una
relación uno a uno con los estados mentales conscientes.
Lo propuesto por la Teoría de la Identidad es un avance con respecto al Conductismo,
ya que efectivamente la teoría se encarga de entregar una propuesta con respecto a qué
son los estados mentales, en vez de ignorarlos como su predecesora. Sin embargo, una
perspectiva como ésta presenta una serie de objeciones y problemas, las cuales de acuerdo
a Searle (2004) pueden ser clasificadas de la siguiente manera: Las ‘Objeciones Técnicas’
y las ‘Objeciones de Sentido Común’.
Dentro del grupo de las objeciones técnicas se puede señalar principalmente que la
Tesis de la Identidad viola el principio lógico denominado “Ley de Leibniz” (Searle, 2004,
p. 39). La ley establece, en muy pocas palabras, que si dos cosas son idénticas, entonces
deben compartir las mismas propiedades. Por lo que si se puede demostrar que los estados
mentales poseen propiedades que no pueden ser atribuibles a los estados cerebrales,
y/o si los estados cerebrales tuvieran propiedades que no pudieran ser atribuidos a los
estados mentales, se podría refutar la Tesis de la Identidad. Y la Teoría de la Identidad es
susceptible a tal observación, comúnmente citando casos de localización espacial de partes
de nuestro cuerpo. Por ejemplo, supongamos que el estado cerebral que corresponde
a mi pensamiento de que hace calor se encuentra localizado cerca del área 48 en mi
cerebro. Sin embargo, los críticos de la Teoría de la Identidad afirman que no tendría sentido
asegurar algo así como que mi pensamiento de que hace calor está “localizado” en el algún
punto particular de mi cerebro. Lo anterior incluso carece de sentido en el caso de los
estados mentales conscientes que poseen una ubicación espacial en el cuerpo, tales como
la comezón en el pulgar derecho de mi mano; en este caso, se afirma que efectivamente
la comezón puede estar en mi pulgar derecho, pero el estado cerebral que corresponde a
la citada comezón no está en mi pulgar, sino que en otro lugar, en mi cerebro, lo que lleva
a concluir que las propiedades del estado cerebral no son iguales a las propiedades del
14
estado mental, por lo que el Fisicismo sería falso .
Una segunda objeción técnica es la citada por Churchland (1984), y puede ser
etiquetada como la crítica a las ‘Propiedades Semánticas del Cerebro’. El argumento
consiste en lo siguiente: Nuestras creencias, deseos, etc. poseen un significado, un
significado proposicional específico, y pueden ser verdaderos o falsos, sosteniendo
relaciones semánticas de consistencia, implicaturay otras entre é[Link] bien, si
los estados mentales fueran sólo estados cerebrales, entonces todas estas relaciones
entre creencias, deseos y pensamientos debieran ser ciertas también para los estados
cerebrales. Sin embargo, carece de sentido decir que la actividad neuronal en mi corteza
temporo-parietal es falsa, o que implica lógicamente a otra área de la corteza, o que
tenga el significado que X. En otras palabras, aún parece lejano o al menos difícil otorgar
propiedades semánticas a los estados cerebrales. Más complejo aún sería asumir una
posición en la cual se pueda establecer una relación de identidad entre estado cerebral X y
la experiencia subjetiva del mundo, por ejemplo, una relación de identidad entre el estado
cerebral X y la sensación subjetiva de masticar algo crujiente.
El segundo tipo de objeciones de acuerdo con la clasificación de Searle consistiría en
aquéllas que provienen desde el sentido común. La más importante objeción de sentido
común consistiría en demostrar que si efectivamente la identidad estado-mental / estado-
14
Ahora bien, desde el Fisicismo existe una manera de responder a esta objeción, y la respuesta consistiría básicamente
en que la Teoría de la Identidad no se encuentra interesada en un objeto putativo, en este caso, una comezón, sino más bien en la
experiencia completa de sentir comezón, y dicha experiencia se extiende desde la misma terminación nerviosa en mi pulgar hasta el
cerebro. De acuerdo a Searle (2004), la respuesta es lo suficientemente contundente como para dar cuenta de la objeción.
cerebral que se propone es empírica (de la misma manera como se plantea que el agua
es H2O), entonces se está sugiriendo que existirían dos tipos de propiedades que sirven
de puente entre los dos aspectos de la identidad. Es decir, de la misma manera en la cual
la Teoría de la Identidad sostiene que el agua es idéntica con H2O y se debe identificar al
objeto en cuestión tanto en términos de sus propiedades de “agua” como en términos de sus
propiedades de “H2O”, ésta debiera explicar que la sensación gustativa dulce es idéntica
con el estado cerebral X tanto en términos de las propiedades de sensación gustativa dulce
así como en términos de las propiedades de los estados cerebrales X correspondientes
a aquella sensación. Sin embargo, un planteamiento en el cual se presentan dos tipos de
propiedades distintas e independientes pareciera sugerir que existen propiedades físicas
y propiedades mentales, lo que se asemeja peligrosamente a un tipo de Dualismo de
Propiedades; es decir, si los estados mentales son estados cerebrales, entonces hay dos
tipos de estados cerebrales, aquellos que son estados mentales y aquellos que no son
estados mentales, en los cuales los primeros poseen propiedades mentales y los segundos
tienen propiedades físicas.
La objeción de sentido común recién planteada representa un obstáculo concreto en
la argumentación de los que apoyaban la tesis de la Teoría de la Identidad. El obstáculo
radica en que si bien ésta buscaba establecer una reducción que implicaba la idea de que
los estados mentales son única y exclusivamente estados cerebrales, la tesis deja entrever
la existencia de propiedades mentales que son irreductibles. Al parecer, es imposible dar
cuenta de la rica experiencia del individuo consciente con respecto a sus penas, alegrías
y sensaciones corporales a través de la reducción de un fenómeno al lugar físico dónde
éste se produce. Es decir, la reducción se encarga de estandarizar ciertas características a
través de la adjudicación de propiedades de la experiencia subjetiva a las propiedades del
cerebro, sin embargo, la reducción no resulta ser exitosa al momento de intentar dar cuenta
del estado cualitativo y subjetivo de esos determinados fenómenos mentales ignorando (y
hasta cierto punto, eliminando) la existencia de propiedades mentales no-físicas.
Un segundo problema de la Teoría de la Identidad nace desde lo que podría etiquetarse
como “Chauvinismo Neuronal”. La crítica sostiene que si toda experiencia subjetiva es
idéntica a un tipo determinado de estimulación neuronal, y si cada creencia es idéntica
a un tipo especifico de estado neuronal, entonces pareciera ser que una criatura que no
tenga una constitución neurológica como la nuestra - o que al menos sea lo suficientemente
parecida - no podría experimentar creencias, deseos, comezón, placer, etc. Lo que el
argumento pareciera posicionar es una crítica a algo así como la “supremacía neuronal”
en el argumento del Fisicismo, al entregar una relación de identidad inseparable entre la
experiencia subjetiva de un ser vivo con su sustrato neuro-fisiológico.
La anterior objeción produjo un impacto real en la Teoría de la Identidad, generando
una distinción antes/después en ésta que se hizo efectiva en un cambio de nombre de
15
‘Teoría de la Identidad type-type’ a ‘Teoría de la Identidad token-token’ . La etapa previa
de la teoría (type-type) establecía que cada type de estado mental es idéntico con un
type de estado físico. Pero si se hace un análisis más cuidadoso, es posible ver que tal
afirmación no es correcta, ya que la relación de identidad que se produce en la vida cotidiana
es, de hecho, una relación entre realizaciones reales, situadas en el mundo, concretas
(i.e., tokens), y no entre conceptos abstractos carentes de temporalidad y abstraídos del
espacio físico y el contexto. Esta aparentemente ligera observación en definitiva hizo que
algunos de los teóricos de la identidad adoptaran una posición token-token que propone
15
La distinción type-token puede ser entendida considerando a un token como las realizaciones o ejemplificaciones particulares
concretas de un concepto abstracto tipo. Por ejemplo, los estadios Santa Laura y Monumental serían tokens del type Estadio de fútbol.
lo siguiente: No todo token de dolor debe ejemplificar o realizar el mismo type de estado
cerebral; pueden haber tokens de distintos types de estados cerebrales, aunque todos sean
tokens del mismo type de estado mental, en este caso, el type de dolor. En otras palabras,
para cada token de un estado mental X existe un token de un estado físico Z con el cual
es idéntico. Por ejemplo, supongamos que el Presidente de Chile cree que la economía
del país está avanzando, y supongamos que el líder de la oposición política también cree
que la economía del país está avanzando. Que ambos sujetos tengan la misma creencia
hace innecesario suponer que para que ellos exhiban esa creencia deban compartir todos
y cada uno de los rasgos neurobiológicos del estado cerebral en cuestión. Dicha creencia
puede generarse en la interacción de ciertas áreas del cerebro del Presidente que no sean
exactamente las mismas áreas en el líder de la oposición, pero eso no impide que tengan
la misma creencia.
Si bien el movimiento desde una Teoría de la Identidad type-type a una teoría token-
token daba cuenta de ciertos problemas en cuanto a la realización de los fenómenos
mentales, se produce un problema definitivo que finalmente llevaría a cuestionar seriamente
la plausibilidad de una identidad reductiva de la experiencia subjetiva a los estados
cerebrales. La pregunta es: ¿Qué hace a todos los tokens ser un token de un determinado
type de estado mental? Es decir, ¿Qué hace a un token X ser la instanciación o
ejemplificación de un type mental X? La Teoría de la Identidad se ve incapacitada de dar
cuenta de este problema. La respuesta a esa pregunta dio origen a una nueva manera
de aproximarse al problema: Un token es el token de determinado type mental debido a
la función que cumple en el comportamiento de una criatura. A dicha aproximación se le
denominó ‘Funcionalismo’.
[Link] Funcionalismo.
Dado los problemas anteriormente presentados con respecto a la Teoría de la Identidad,
surge una nueva perspectiva con respecto a los estados mentales, la cual introduce una
manera distinta de comprender y definir un estado mental sin presentar los problemas que
otras teorías exhibían. La nueva aproximación recibe el nombre de ‘Funcionalismo’, la cual
se yergue sobre la idea de que un token de estado cerebral constituye un estado mental
propiamente tal si es que éste posee una determinada función en la conducta del organismo
al cual pertenece.
De acuerdo con el Funcionalismo, lo que define de manera esencial a un estado
mental es el conjunto de relaciones causales que éstos tienen con (1) las interacciones del
ambiente con el cuerpo, (2) otros estados mentales y (3) la conducta del cuerpo. Es decir,
es posible identificar a un dolor como tal si es que (1) es producido por algún tipo de lesión
o herida en el cuerpo, (2) produce una sensación de incomodidad y molestia, además de
inducir una actitud que permita aliviarlo y paralelamente, (3) estremecimientos, potenciales
mareos y especial tendencia a proteger el área afectada. El Funcionalismo establecería
que si existe un estado mental que cumpla exactamente las funciones recién mencionadas,
entonces éste sería un dolor.
Bajo esta nueva premisa, cualquier tipo de estado mental puede ser definido en
términos de sus roles causales específicos y únicos que actúan como mediadores entre
los inputs sensoriales y los outputs conductuales. Por ejemplo, considere la siguiente
situación: Según el Funcionalismo, decir que Luis cree que el vino produce malestares
estomacales, es decir que existe un proceso o estado que ocurre dentro del sujeto Luis
causado por ciertos estímulos externos (por ejemplo, cada vez que el sujeto Luis ha ingerido
el líquido en cuestión ha sufrido dolores y calambres en la zona abdominal), y que esto
último sumado a otros factores tales como el instinto de rehuir a los malestares que los
seres humanos poseemos, producirán como resultado cierto tipo de conducta, en este
caso, evitar beber vino en la próxima comida que tenga con sus padres. Por lo tanto, la
creencia de que el vino produce malestares estomacales, sumado al instinto humano de
evitar estados poco placenteros, producen causalmente la conducta de no beber vino en
las comidas con sus padres. En definitiva, los estados mentales son entonces definidos
como estados que tienen determinadas funciones, siendo estas funciones entendidas como
relaciones causales entre estímulos externos y conducta observable, lo que significa que
los estados mentales no son definidos por características intrínsecas internas, sino que por
estas relaciones causales las cuales constituyen, en definitiva, su función.
Una perspectiva que establece relaciones causales entre inputs sensoriales y outputs
conductuales trae a la memoria una cierta proximidad con los planteamientos del
Conductismo descritos con anterioridad (ver sección [Link]). Y claro, en ambos se hace
énfasis en el rol fundamental del ambiente como generador de la conducta. Sin embargo,
existen algunas diferencias que adquieren relevancia al momento de, efectivamente,
realizar una comparación, y que permite distinguirlos claramente. La diferencia radica en el
hecho de que los conductistas buscaban definir cada estado mental utilizando básicamente
términos de inputs y outputs externos. El Funcionalismo dista de plantear cosa semejante;
por el contrario, la caracterización de un estado mental requiere imperiosamente la
existencia de otros estados mentales con los cuales se encuentre conectado causalmente,
dejando de lado cualquier intento de reducir lo externamente observable a los procesos
mentales. En otras palabras, si bien existe una similitud con respecto al rol crucial que
juega el ambiente en la generación de conductas tanto en el Conductismo como en el
Funcionalismo, este último establece que en ningún caso el contexto sea lo suficientemente
explicativo para dar cuenta de la conducta. El Funcionalismo entrega un rol preponderante a
la mente en la generación de esta última, a través de las relaciones causales de los estados
mentales tanto con el ambiente como con otros estados mentales.
Es interesante prestar atención al hecho de que el Funcionalismo posee una
característica que ninguna de las teorías anteriormente expuestas exhibe, y que quizás
le entregó una gran popularidad entre los teóricos materialistas. Su mayor logro es la
presentación de lo mental es términos funcionalmente concretos, similares a otros dominios
del conocimiento humano, en este caso, logrando que la mente pueda considerarse
como una máquina. Por ejemplo, cuando referimos a una lámpara, el Funcionalismo
plantea que, independientemente de los elementos físicos que la constituyan o de los
posibles mecanismos y materiales que utilicemos para diseñar una (por ejemplo, utilizar
una lámpara en función de reacciones químicas, utilización de ampolletas o una bolsa
llena de luciérnagas, y sea esta grande, pequeña o alargada), lo que hace a una lámpara
ser tal artefacto es que genera luz; lo que define a la lámpara es su función, y no su
estructura física ni su esencia cartesiana. Los estados mentales son sólo una entidad que,
dadas ciertas relaciones con el ambiente y otros estados mentales, producen conducta.
Hasta ahí, se podría decir que el Funcionalismo es exitoso en sus planteamientos, toda
vez que proporciona una respuesta satisfactoria con respecto a qué es un estado mental,
entregando una explicación concreta y reconocible, y qué incluso, parece intuitivamente
acertada.
Según Churchland (1984), el Funcionalismo es la teoría que goza de mayor aceptación
entre los filósofos de la mente, cientistas cognitivos e investigadores en Inteligencia
Artificial. Dicha aceptación proviene del hecho de que una perspectiva como ésta
permite separar función de implementación, lo que hace posible caracterizar la mente en
términos funcionales con independencia de la constitución física del cerebro. Es decir, una
concepción funcionalista de la mente permite abstraer a la mente de una dependencia al
sustrato físico sobre el que opera (Block, 1995a), y es ésta una de las principales razones
para la aceptación general que Churchland comenta. Simultáneamente, el Funcionalismo
permitió a la Psicología adquirir autonomía metodológica de disciplinas tales como la
Filosofía o la Neurociencia. Lo anterior permite sustraer a los estados mentales de terrenos
científicos los cuales o bien los ignoran, o los reducen al sustrato físico en el cual se
implementan. Un tercer motivo sería que el Funcionalismo permite arrojar luz sobre la
actividad cognitiva de otros seres vivos tales como la de los animales, y al mismo tiempo
expandir el debate sobre la posibilidad de existencia de actividad inteligente en programas
computacionales y eventualmente, en criaturas artificiales, lo que contribuye a caracterizar
la inteligencia desde un punto de vista más universal.
En el siguiente capítulo exploraremos como el funcionalismo permitió el surgimiento de
una nueva aproximación al problema mente-cuerpo, aquélla que posicionaba la metáfora
de que la mente es un computador.
surge durante el siglo XIX, y su autoría se le otorga al psicólogo alemán Wilhelm Wundt
(1832 - 1920). Esencialmente, la Psicología Introspectiva sostiene que el acceso a la
conciencia es posible utilizando el auto-análisis como método de introspección. Éste
consistía en entrenar sujetos para que fueran capaces de analizar sus estados conscientes
y dar cuenta de ellos a través de un lenguaje determinado, otorgando una preponderancia
a la vida mental en detrimento de la observación externa de la conducta (Bechtel, 1998).
En definitiva, el gran mérito de Wundt radica en el hecho de entregar un cariz científico a
la Psicología a través de sus postulados.
La corriente de pensamiento que le sigue es el Conductismo, y se caracteriza
principalmente por realizar una aseveración proporcionalmente opuesta a la de la
Psicología Introspectiva: El estudio de la mente se encuentra remitido a la observación
sistemática de aquello que puede ser mensurable desde la tercera persona, i.e., la
conducta. El estudio de lo mental adquiere el perfil de una teoría de la conducta, y si
bien lo mental existe, es explicativamente irrelevante debido a la imposibilidad de acceder
objetivamente a ésta. Es decir, el Conductismo tiene como premisa realizar un estudio
de aquello que pueda ser medido y, por lo tanto, sistematizado, en desmedro de una
aproximación que dependa de la subjetividad del investigador para obtener resultados. He
ahí la dificultad de estudiar un fenómeno subjetivo como la conciencia, ya que su existencia
se produce en la medida en que es experimentada por un observador, lo que la hace
imposible de generalizar y definir de manera objetiva.
Por lo tanto, el contexto en el cual comienza a desarrollarse la Ciencia Cognitiva es el
contexto que imperaba desde los planteamientos del Conductismo: Los estados mentales
que usualmente asociamos a nuestra vida mental como pensamientos, sentimientos,
emociones, tienen componentes que no son observables directamente y cuya existencia
no queda reflejada de manera fidedigna por lo conductual. Y ese fue, precisamente, el
desafío para los cientistas cognitivos: Generar un marco teórico capaz de lidiar con la
inaccesibilidad a los fenómenos mentales desde la tercera persona. La manera de lograrlo
fue a través del modelamiento de la mente como un computador. A través de la metáfora
del computador es posible obtener un modelamiento que entregue la posibilidad de ser
probado e implementado, además de poder ser manipulado para obtener datos concretos
en cuanto a su funcionamiento. Paralelamente, el modelamiento de una mente puede ser
llevado a cabo al diseñar programas y hacerlos funcionar en el computador, para así poder
describir su funcionamiento e implementación de manera objetiva.
se necesita nada adicional a las operaciones que éste trae incorporado. Existe un grupo
de tokens iniciales que funcionan como input, existe el estado final o resultado al que se
llega o output, y las operaciones que se ejecutan sobre los inputs corresponden a estados
de transición que van modificando los tokens iniciales. A estas operaciones también se les
denomina ‘Computaciones’, y se encuentran en un estado u otro. El ejercicio clásico de
Euclides para calcular el máximo común divisor (MCD) de dos números es un buen ejemplo
de un algoritmo:
Paso 1. Dados dos números positivos m y n, sea m mayor que n. Paso 2. Dividir
m por n. Guardar el remanente como r. Paso 3. Si r=0, entonces parar; el MCD es
n. Paso 4. Si no, ponga n en el lugar donde iba m, y ponga r en la posición de n.
Entonces, vaya al paso 2.
La definición de una función computacional se conecta directamente con el segundo
concepto a presentar, aquel denominado ‘Máquina de Turing’.
Una Máquina de Turing es un modelo matemático de una máquina que opera de
manera mecánica, que funciona leyendo símbolos para luego seguir escribiendo otros
a través del uso de un cabezal. Todo el proceso se encuentra guiado por una tabla de
instrucciones o programa. La operación de la máquina se encuentra totalmente determinada
por esta lista finita de instrucciones simples (ejemplo: “En el estado 97, si lee el símbolo 8,
escriba 1; si lee el símbolo 9, muévase hacia la derecha, y vaya al estado 7”). La máquina
planteada por Turing es una idealización matemática sobre qué es computar, y jamás fue
pensada como una tecnología computacional real, sino más bien como un experimento
mental que representa una máquina que computa (en la versión original, los pasos eran
seguidos, de hecho, por una persona real que el autor etiquetaba como “computador”).
Concretamente, y de acuerdo al autor, una Máquina de Turing opera de la siguiente manera:
[Una máquina de Turing tiene] una capacidad de memoria infinita adquirida en la
forma de una cinta infinita dividida en cuadros, en los cuales se pueden imprimir
símbolos. En determinado momento, habrá un símbolo en la máquina, y éste se
denomina símbolo escaneado. La máquina puede alterar el símbolo escaneado,
y su conducta se encuentra determinada, en parte, por ese símbolo, pero los
símbolos que se encuentren en el resto de la cinta no afectan la conducta de
la máquina. Sin embargo, la cinta puede moverse para adelante y para atrás a
través de la máquina, siendo ésta una de sus operaciones básicas. Cualquier
símbolo en la cinta puede, eventualmente, convertirse en el símbolo de turno que
la máquina escanea. (Turing, 1948, p. 61, traducción mía.)
El dispositivo se caracteriza por operar con símbolos en binario y por esa razón utiliza
típicamente 1s y 0s, aunque puede utilizar otros símbolos. Lo que caracteriza más
profundamente a esta máquina es su particular simplicidad, ya que las reglas siempre tienen
la forma de “bajo condición X, realice acción A: C-->D”, que si bien es simple, sintetiza y
delimita el concepto de computación mecánica, en la cual no se necesita ningún tipo de
entendimiento adicional y/o especial para llevar a cabo la tarea. Finalmente, una Máquina de
Turing se caracteriza por tener estados internos, y la conducta de ésta queda determinada
mediante pasos necesarios. En definitiva, es posible decir que una Máquina de Turing es,
de hecho, equivalente a la tabla de máquina o lista de instrucciones que determinan todos
los estados y procesos en los que ésta puede encontrarse.
El tercer concepto, la ‘Tesis de Church’, se relaciona con los dos conceptos previamente
expuestos, y de manera simple y resumida, establece que cada computación efectiva puede
ser llevada a cabo por una Máquina de Turing. Lo anterior también se conoce como la
28 Fuentes Barassi, Cristóbal
2. Una Nueva Respuesta al Problema Mente-Cuerpo: Ciencia Cognitiva.
‘Tesis de Church-Turing’, ya que Turing llega a una conclusión similar, sólo que de manera
independiente y posterior a Alonzo Church (1903 - 1995). Esta tesis se vincula con la noción
de un procedimiento efectivo o mecánico M que conduce a un resultado deseado. Éste
posee ciertas características (Copeland, 1993), entre las cuales destacan poseer un grupo
de instrucciones finitas, la posibilidad de lograr el resultado deseado si es que se ejecuta
sin errores y que puede ser llevado a cabo por una máquina o persona sin la necesidad de
utilizar conciencia o algo ajeno al programa en sí. La tesis, por lo tanto, afirma que cada vez
que haya un método efectivo que utilice esos procedimientos mecánicos para obtener los
resultados deseados, éstos pueden ser computados por una Máquina de Turing, ya que ésta
es en sí misma una especificación de lo que es un método efectivo: La utilización de estados
iniciales e intermedios que junto a la manipulación de reglas y símbolos, permite llegar a un
estado final sin necesidad de nada más que el programa. En resumen, sería posible decir
que cualquier computación o cálculo puede ser traducida a su computación equivalente en
17
una Máquina de Turing ; es decir, una Máquina de Turing agota completamente la idea
de computabilidad, ya que todo algoritmo puede ejecutarse por una Máquina de Turing,
y dado que la conducta de ésta siempre es algorítmica, permite establecer una conexión
entre una definición formal con una intuitiva, a saber, se identifica una clase de funciones
definidas formalmente (las funciones recursivas) con las funciones que son computables,
i.e., aquellas para las cuales se puede escribir un algoritmo.
Es de suma importancia destacar la importancia de la tesis y es por eso que nos
detendremos en esto por un momento. La idea de una máquina que ocupa elementos muy
básicos y simples - ceros y unos entendidos como símbolos y las reglas de transformación
- pueda ser capaz de llevar a cabo cualquier tarea que requiera un algoritmo, significa que
puede haber una Máquina de Turing para realizar distintas tareas que requieran de distintos
algoritmos, tales como una máquina que mida la temperatura del aire en una habitación,
un cajero automático, una máquina que permita entregar una bebida cada vez que se le
inserta una moneda, etc. Pero además de la posibilidad de que existan computadores para
tareas específicas basadas en algoritmos (es decir, una Máquina de Turing), es plausible
considerar la existencia de una máquina que sea capaz de implementar los programas
de otras Máquinas de Turing, es decir, una Máquina de Turing para propósitos generales
a la que se le pueda “cargar” los programas de otras Máquinas de Turing. Esta idea
proviene de lo que se conoce como ‘Máquina Universal de Turing’ la cual puede simular el
funcionamiento de otras Máquinas de Turing (Turing, 1948).
El planteamiento básico de la Tesis de Church funciona como un ingrediente crucial
para la investigación de la mente y el uso de máquinas que computen para simular
aspectos de la mente humana, ya que es posible considerar a esta última como una
Máquina Universal de Turing. Lo anterior resulta ser trascendente tanto para la Inteligencia
Artificial como la Psicología Cognitiva, dado que entrega una noción teórica básica y común
que permitiría una aproximación conjunta por parte de la Ciencia Cognitiva al problema
mente-cuerpo, y a su vez, permite estudiar el funcionamiento de la mente a través de
la modelación de distintos programas que nos explicaran cómo funciona el programa en
nuestro cerebro. Lo anterior tiene dos consecuencias: Primero, se logra establecer un
programa de investigación que permite acceder al estudio de la mente desde la tercera
persona a través de un método científico y riguroso, que logra no sólo la modelación, sino
17
Church (en Copeland, 1993) señala algo similar, estableciendo que cualquier cálculo en el mundo real puede realizarse
utilizando el “Cálculo Lambda”, que es equivalente a utilizar funciones generales recursivas. Definido de manera simple, el Cálculo
Lambda es un sistema formal para definir funciones y las aplicaciones de funciones, usado tanto en la Lógica Matemática como las
Ciencias Computacionales.
18
Los niveles de descripción corresponden al hecho de que un sistema complejo puede ser analizado y descrito de diferentes
maneras a través del uso de niveles. Se considera el nivel molecular como el nivel más bajo en comparación, por ejemplo, a
estructuras físicas más generales y Físicamente observables, que correspondería a la descripción más alta (baja y alta no significan
necesariamente más simples o complejas).
19
El Juego de la Imitación también puede ser definido como la actividad en la cual personas deben descubrir la identidad
de uno de ellos a través de un interrogatorio.
Luego de discutir estas nociones básicas para el modelamiento de una mente por parte
de la I.A., es posible presentar las arquitecturas o diseños a ser implementados, para luego
ver cómo estos conceptos caracterizan la mente desde una perspectiva computacionalista.
21
funcionamiento de múltiples componentes , que en un trabajo simultáneo y de mutua
interacción, genera el funcionamiento del sistema y en definitiva, respuestas de output.
En conclusión, y más allá de las dos arquitecturas recién descritas, para comprender
las propuestas de la Ciencia Cognitiva es esencial una concepción de vida mental en
términos computacionales, tanto desde un punto de vista metodológico así como teórico.
Metodológico, ya que permite un acceso objetivo y externo a su funcionamiento lo que a su
vez permite su modelación, y teórico como hipótesis central para la “construcción” de una
mente. Por lo tanto, se asume que ciertas características de un objeto real del mundo (la
mente) comparte ciertos rasgos con un sistema idealizado e hipotético (un computador y
su funcionamiento), entregándole un mejor fundamento a la metáfora del computador como
modelo cognitivo, lo que permite considerar a la mente como un mecanismo computacional
virtual.
Con el advenimiento de esta nueva propuesta, se podía prever una solución definitiva
al problema mente-cuerpo, toda vez que eliminaba el halo de misterio que rodeaba a la
conexión entre nuestra dimensión material y mental, y la reemplazaba por una conexión
exenta de dicho problema. La solución consistía en sustituir la relación mente-cuerpo por
una entre programa y computador.
creación de criaturas diseñadas por el hombre que sean capaces de exhibir capacidades
mentales humanas. En otras palabras, la propuesta funcionalista plantea que, dado que un
estado mental puede tener múltiples realizaciones materiales, existen maneras artificiales
de crear mentes y estados mentales.
La I.A. Fuerte se basa en la concepción funcionalista de la mente para el diseño
y modelación de actividad mental; ésta es adecuada debido a que permite liberar a la
Ciencia Cognitiva de la necesidad de comprender cómo funciona el cerebro y cómo se
relaciona con el cuerpo humano con la mente, y si bien esta última puede estar asociada a
ciertas estructuras físicas para que funcione, éstas son irrelevantes a la estructura profunda
de la actividad mental. Lo anterior permite abstraer la mente del cuerpo, permitiendo a
la I.A. Fuerte abocarse a la comprensión del funcionamiento de nuestra vida psicológica
en términos de cómo opera un computador, mediante descomposición recursiva de su
funcionamiento.
Volviendo a los conceptos anteriormente presentados en la sección 2.2.1, y a manera
de recapitulación de esta sección, la I.A. Fuerte sostiene que la mente es un dispositivo
funcional situado en un medio ambiente cambiante. El medio ambiente entrega inputs al
dispositivo mental, cambiando sus estados internos, los que a su vez se ven reflejados
en su output conductual. Lo anterior se produce ya que el dispositivo mental realiza un
manejo de información a través de la manipulación de representaciones provenientes del
23
medio ambiente los cuales, últimamente, se ven reducidos a la manipulación de símbolos .
El cerebro sería un computador digital, probablemente, una Máquina Universal de Turing,
la que lleva a cabo algoritmos a través de la implementación de programas, y aquello
que llamamos mente, es un programa o un grupo de programas, cuyo procesador de
información utiliza componentes muy básicos y reglas de transformación sencillas para
llevar a cabo una tarea determinada, sin necesidad de nada adicional para desempeñar
dicha [Link] respecto a los estados mentales tipo (tales como creer, desear, esperar,
etc.), éstos también serían caracterizados de manera funcional; es decir, éstos serían
estados mentales que tendrían relaciones de causa-efecto con inputs y otros estados
mentales, y la actividad mental se explicaría por reglas sintácticas, programas, que
debemos descubrir, los cuales otorgan la llave para entender la mente y la inteligencia.
La tarea de la Ciencia Cognitiva para comprender las capacidades mentales consistiría
en descifrar cuáles son los programas implementados cuando dichas capacidades operan,
dejando de lado la tarea de encontrar relaciones type-type con el cerebro, debido a la
posibilidad de utilizar distintos tipos de hardware para el desarrollo de la actividad mental.
La cognición se encuentra reducida a la actividad simple de ceros y unos (u otros símbolos),
por lo que la manera de determinar si determinado programa implementa efectivamente
capacidades cognitivas será a través de mediciones de la conducta del programa (Test de
Turing), lo que a su vez permite a los psicólogos realizar mediciones y comparaciones entre
los programas utilizados por las máquinas y los utilizados por los humanos.
La visión computacionalista de la mente sostiene que la mente es un computador
digital, un dispositivo de estados finitos que almacena representaciones simbólicas y
las manipula a través de reglas sintácticas. Los pensamientos serían representaciones
mentales simbólicas, y los procesos mentales serían secuencias causales dirigidas por las
características sintácticas (y no las semánticas) de aquellos símbolos. Es a esta visión
23
En el sentido abstracto de la definición de computabilidad sería posible decir que hígados, estómagos, cerebros y plantas
computan. Lo que algunos filósofos destacan como diferencia entre el cerebro y esos ejemplos sería la capacidad de éste para
representar el mundo exterior, y a través de la noción de computación, y de producir conducta motora en tiempo real.
24
reducir inteligencia a conducta podría constituir un error . Y si bien el Test de Turing permite
superar el problema plateando por el autor en relación con la dificultad inicial de definir
“Inteligencia” y “Pensar”, su solución no es efectiva, ya que no es posible decir que el Test
demuestre de manera definitiva que una máquina posea dicha característica. Es posible
concluir, por lo tanto, que la calidad de la simulación de una propiedad mental no implica la
presencia del objeto simulado (Searle, 1980), y que el Test de Turing asume erróneamente
que es posible la simulación de inteligencia a través de un mecanismo artificial que simule
su conducta. No es posible reducir un método evaluativo de inteligencia a aquello que
produce la actividad mental, ya que los factores causales de ésta podrían perfectamente
ser independientes de los jueces, produciendo una distancia entre los aspectos evaluativos
o epistemológicos de la conducta con el aspecto ontológico de la actividad cognitiva, lo que
es un problema para la idea inicial de Turing de zanjar el problema de las otras mentes y
evitar la discusión sobre qué es pensar y qué es inteligencia.
Por otro lado, al parecer el Funcionalismo también tiene problemas con respecto al
contenido de las representaciones mentales tal cual las concibe - como entes netamente
funcionales. Los estados mentales son estados representacionales con un contenido
semántico. Por ejemplo, mientras Ud. juega ajedrez, está pensando sobre el juego. Se da
cuenta que en las próximas jugadas podría perder a la reina, pero que en realidad forma
parte de una trampa que le quiere tender a su contendor. Se da cuenta de los riesgos, sin
embargo, decide continuar con la estrategia, en algo así como un arranque de “valentía
ajedrecística”, valentía que dicho sea de paso, no se encuentra expresada en ninguna
regla del juego. Ahora, considere la creación de un computador que ha sido programado
para jugar emulando perfectamente la manera en la que Ud. juega, algo así como una
réplica funcional de su manera de jugar ajedrez. Para el Funcionalismo, tanto el computador
como Ud. exhiben los mismos estados mentales. No obstante, ¿El computador realmente
piensa de la misma manera en la cual Ud. piensa al jugar ajedrez? Intuitivamente, se podría
sostener que el computador no se da cuenta genuinamente, por ejemplo, de que hay un
riesgo que podría hacerlo perder la partida si es que la trampa con la reina no resulta, ya
que el computador se encuentra imitando su conducta y sus estados representacionales
a través de un método muy distinto al cual Ud. representa y navega el mundo usando sus
estados mentales. Esto significa que si el computador y Ud. difieren en la manera en la
cual representan el mundo, o si Ud. representa el mundo apelando tanto a un contenido
semántico (dado por la manera en la cual los humanos representamos el mundo) así como
sintáctico (entregado por las reglas de funcionamiento del ajedrez y distintas estrategias de
juego) mientras que el computador sólo apela a un componente sintáctico, es razonable
suponer que quizás el Funcionalismo haya dejado de lado un aspecto fundamental de
nuestra cognición. Por ejemplo, al computador le sería imposible tomar una decisión basada
en “valentía ajedrecística”, ya que ésta no se encuentra en ninguna regla del juego del
ajedrez, y si bien se podría argumentar que una variable de juego aleatorio podría ser
incorporada al momento de crear un programa que imite mi juego o que el concepto de
“valentía ajedrecística” podría ser definido en términos de reglas y representaciones, ésta
24
Putnam (1968) realiza una interesante crítica al Conductismo Lógico, estableciendo que sus postulados no solucionan el
problema planteado por Descartes. Uno de los argumentos que el autor utiliza es un experimento mental en el cual se plantea la
existencia de un mundo hipotético, en el cual las personas sienten dolor pero no lo expresan en su conducta. Es decir, una persona
que se encuentra experimentando algún dolor se comporta exactamente igual que una persona que no lo tiene. Según las ideas del
Conductismo Lógico, se debiera concluir que estas personas no tienen ese dolor. Pero Putnam replica incluyendo la posibilidad de
medir de alguna manera las ondas de dolor producidas por el cerebro, así demostrando que los habitantes de este mundo hipotético
se encuentran, de hecho, sufriendo, situación que presenta problemas para la relación pensamientos-conducta.
25
carece del valor semántico que representa para mi esquema de juego, ya que este súbito
arranque de coraje y riesgo no se encuentra “pre-cargado” en mi sistema de juego.
Hasta acá, se han mencionado observaciones sobre algunos de los conceptos
planteados por el Funcionalismo para sostener una teoría funcionalista de la mente. Teoría,
que como se ha mencionado, ha sido recogida por la I.A. Fuerte para la modelación
de máquinas que exhiban capacidades cognitivas. Sin embargo, el Funcionalismo falla
en dar cuenta de una de las principales características de la cognición humana, aquella
relacionada con la conciencia. Por el momento, definiremos la conciencia como aquella
dimensión de la actividad cognitiva que es subjetiva e íntima al momento de experimentar
el mundo. El problema con el Funcionalismo es que no puede explicar el hecho de que,
por ejemplo, dos personas puedan diferir en la manera en la cual aprecian un vino. El
sujeto Luis y el sujeto Cristóbal pueden ser funcionalmente idénticos al momento de catar
un vino, pero también pueden tener una experiencia subjetiva distinta al momento de
beberlo. Ambos podrían, por ejemplo, haber asistido al mismo curso de cata de vinos, haber
obtenido la misma evaluación en dicho curso, poseer características cognitivas normales y
elegir a la misma cepa como la mejor cepa que han tomado; sin embargo, la experiencia
subjetiva o los qualia de beberlo podrían ser diferentes. Y no hay nada en la concepción
algorítmica de la mente que lo explique ni lo prevea. Es decir, dos personas que sean
funcionalmente idénticas pueden diferir en la manera en la cual experimentan el mundo,
ya que lo que se considera como congruencias a nivel funcional pueden enmascarar
diferencias sustanciales a nivel personal, es decir, es posible que hayan diferencias en la
experiencia y cognición de dos sujetos sin que éstas se manifiesten ni en lo funcional ni lo
26
conductual . En definitiva, si las experiencias cualitativas distintas diferencian los estados
mentales de nuestra vida mental, una explicación funcionalista no da cuenta de éstas.
En una línea argumentativa similar, Chalmers (1996) presenta el problema de los
‘Qualia sensoriales’. Según este filósofo, los qualia se definen como cualidades subjetivas
de las experiencias mentales. Cuando una persona se encuentra en un estado mental
consciente, existe algo así como la experiencia subjetiva de tener ese estado. Piense, por
ejemplo, en la sensación que le produce pasar un tenedor afilado por sobre el fondo de
una olla, o la sensación de escuchar una canción de heavy metal. Esa sensación privada,
27
subjetiva y personal se le denomina quale , y cada estado mental consciente es un quale,
debido a que cada estado mental consciente se siente de determinada manera. Apelando
a otro tipo de definición, los qualia también pueden ser identificados como lo doloroso del
dolor, o lo placentero del placer.
Al poseer esta característica subjetiva y personal, las propiedades de la experiencia
sensorial no pueden ser definidas ni descritas objetivamente, ya que sólo pueden ser
experimentadas directamente, desde la primera persona, lo que además da paso a un gran
problema epistemológico con respecto a cómo definirlos y estudiarlos. Es decir, los qualia
sensoriales sólo pueden ser aprehendidos cuando se les experimenta de manera personal,
directa, y no a través de una observación externa desde la tercera [Link] problema en
concreto del Funcionalismo con los qualia sensoriales es el siguiente: Al presentar a los
estados mentales como propiedades esencialmente relacionales, este ignora la naturaleza
cualitativa de cualquier estado mental. La teoría funcionalista no considera esta propiedad
cualitativa en su descripción, o mejor dicho, es incapaz de dar cuenta de ésta; no puede
25
Ese valor semántico se relaciona con la Intencionalidad que hay detrás. Más sobre este punto en el Apéndice.
26
Un clásico ejemplo es el experimento mental del ‘Espectro Invertido’, que se desarrollará más adelante.
27
Quale corresponde al singular del plural Qualia.
explicar por qué un estado mental posee determinada experiencia subjetiva, ni tampoco
puede definir funcionalmente dicho aspecto cualitativo.
Más aún, sería posible expandir la idea y contemplar la posibilidad de que existan
diferencias entre las experiencias subjetivas de cada individuo, para las cuales el
Funcionalismo no ofrece explicación. En la literatura existen varias versiones de lo que se
denomina problema del ‘Espectro Invertido’ (formulado por primera vez en Locke, 1690). El
Argumento del Espectro Invertido consiste en lo siguiente: Imagine que Pedro y Pablo son
dos seres humanos cuyas capacidades físico-psicológicas son absolutamente normales,
por lo que son capaces de realizar las mismas discriminaciones somato-sensoriales que
cualquier individuo haría, ambos exhiben plena y completa normalidad con respecto a las
funciones de su cuerpo, por lo que, por ejemplo, pueden realizar los mismos tipos de
discriminaciones de color. Si se les pide a los sujetos que tomen la manzana roja y dejen
la manzana verde dentro de una cesta, ambos elegirán correctamente la manzana roja, o
si se les pidiera que tomen una manzana verde y se la arrojen a su oponente, lo harían sin
ninguna dificultad. Pero supongamos que la experiencia subjetiva de cada uno de ellos es
absolutamente opuesta. La experiencia que Pedro denomina como “veo rojo” corresponde
a la experiencia que Pablo denomina “veo verde”, y viceversa. En este caso, se produce lo
que se denomina una “experiencia invertida de rojo-verde” (Figura 1).
Figura 1.
Si el espectro invertido fuera posible, entonces el Funcionalismo sería incapaz de
explicar las experiencias subjetivas, ya que éstas simplemente se encuentran fuera del
alcance de esta aproximación, lo que generaría un error en la descripción de los estados
mentales: El Funcionalismo entregaría exactamente la misma descripción de la experiencia
subjetiva de Pablo cuando dice “veo rojo” que la experiencia subjetiva de Pedro cuando dice
“veo rojo”, siendo que ambas experiencia son distintas; el Funcionalismo establece que los
estados mentales de Pedro y Pablo son funcionalmente isomórficos, haciendo suponer que
si un estado mental tiene la función de ser “la sensación de rojo”, entonces por definición
es un estado de rojo. En otras palabras, una aproximación funcionalista a los estados
fenoménicos de Pedro y Pablo sería errónea, ya que desde el punto de vista conductual-
funcional, éste diría que los estados de ambos sujetos son iguales, siendo que no lo son.
40 Fuentes Barassi, Cristóbal
2. Una Nueva Respuesta al Problema Mente-Cuerpo: Ciencia Cognitiva.
Tanto Pedro como Pablo adquirieron los términos rojo y verde a través de sus experiencias
personales, subjetivas y privadas, y por eso no es posible discriminar si, efectivamente,
tienen experiencias diferentes desde el punto de vista funcional y externo. Por lo tanto, El
Funcionalismo fallaría al momento de explicar dichas experiencias cualitativas.
El Espectro Invertido es totalmente concebible, no sólo desde un punto de vista
28
filosófico; también es posible encontrarlo en casos clínicos verídicos, como el Daltonismo
29
o lo que se conoce en la literatura como ‘Visión Pseudonormal’ (Nida-Rümelin, 1999). El
Funcionalismo establece que el Espectro Invertido es imposible ya que en su definición
de estados mentales no hay espacio para los qualia. Si a eso se suma el hecho de que
el Espectro Invertido es posible tanto filosóficamente como clínicamente, por lo tanto, es
razonable suponer que el Funcionalismo es falso (Churchland, 1988), o al menos, incorrecto
con respecto a este punto.
Algún filosofo funcionalista podría contra-argumentar que la presencia de la experiencia
subjetiva no necesariamente representa un problema para su posición, toda vez que la
teoría puede aceptar que diferentes individuos presenten qualia diferentes, sin afectar
el hecho que los estados mentales son esencialmente estados relacionales; según este
filósofo, la explicación del estado mental que ellos proporcionan puede prescindir de
los qualia. No obstante, una respuesta como la que entregaría este filósofo otorga la
oportunidad de abrir la ventana a la idea de que exista algo así como la “Ausencia de
Qualia”, es decir, un sistema funcionalmente idéntico a nuestro organismo pero que no
presente las experiencias subjetivas que nosotros exhibimos. Pero lamentablemente, eso
incurriría en el error de ignorar el que los qualia, por redundante que suene, existen, son
reales, y son una capacidad cognitiva a la cual todos podemos acceder. El hecho de no
poseer las herramientas para poder dar cuenta de tal capacidad no es motivo suficiente
para caer en un reduccionismo o un eliminativismo. El problema con la identificación de
estados mentales con estados neuronales es que existe la posibilidad de que se presente
unos sin los otros. Y si bien el reduccionismo admite la existencia de los qualia, afirma que
éstos no serían más que estados mentales X.
Por otro lado, el argumento de la inversión rojo-verde tiene una consecuencia colateral.
Esta consecuencia permite generar una crítica a cualquier método de estudio que incluya
una observación puramente externa de los fenómenos mentales. Es posible concluir que
ningún tipo de prueba conductista nos permitiría detectar la experiencia invertida de rojo-
verde, porque la finalidad de una prueba como ésta es detectar la capacidad de realizar
discriminaciones con objetos del mundo, y no la capacidad de etiquetar experiencias
subjetivas internas. El problema entonces radica en que Pedro y Pablo pueden tener
experiencias subjetivas del mundo muy distintas, pero el comportamiento de ellos seguiría
28
El Daltonismo es un defecto genético que consiste en la imposibilidad de distinguir algunos colores, también conocida
comodiscromatopsia.
29
Normalmente, se considera la inversión de Qualia en experimentos mentales. Pero existe evidencia científica basada en
la experiencia psicológica de la visión en colores y teorías sobre la genética de las deficiencias en visión en colores que llevan a la
predicción de una condición denominada ‘Visión Pseudonormal’, la que correspondería a la inversión de la experiencia subjetiva de
ver rojo y verde. Lo anterior se produciría debido a que los fotopigmentos contenidos en los conos que juegan un rol central en la
visión humana en colores de rojo y verde se encontrarían intercambiados debido a un problema genético. Es decir, el fotopigmento
sensible para las ondas de color rojo se encontraría dentro de los conos destinados para percibir verde, y los fotopigmentos sensibles
a las ondas para el color verde se encontrarían dentro de los conos destinados a percibir rojo. Debido a esto, las capacidades
discriminatorias de una persona con esta condición se mantienen intactas, sólo que cuando una persona Pseudonormal ve un tomate,
lo ve con el quale asociado a verde de una persona normal.
siendo exactamente el mismo, lo que invalida la presunción de que los estados mentales
pueden ser estudiados puramente empleando métodos objetivos basados en la conducta.
En conclusión, las críticas que se pueden formular al Funcionalismo consisten
básicamente en destacar el cuestionamiento a una teoría que insiste en negar realidades
que provienen del sentido común y nuestra vida cotidiana, es decir, ignorar nuestros estados
conscientes o nuestra capacidad de sentir, o el hecho de que “algo nos pasa” cuando
tenemos experiencias subjetivas sensoriales tales como comer, o sentir miedo. Por sobre
todo, lo criticable - e incluso sospechoso - es que ciertas teorías insistan en negar la
existencia de las experiencias conscientes como un hecho científico real, tan real como las
secreciones pancreáticas o la caspa, es pos de sostener determinada teoría (más sobre
este punto en sección 4).
No obstante, la conciencia es un tema controversial en Filosofía de la Mente. Algunos
autores sostienen que no existe claridad respecto de determinar sobre qué se habla
cuando se habla de conciencia, lo que hace a la idea poco concreta, y que en realidad,
es un tema menor, poco relevante tanto para el Funcionalismo como para el diseño de
máquinas inteligentes. Es por eso que se hace necesario discutir sobre qué hablamos
cuando hablamos de conciencia, de manera tal de identificarla y ver cómo ésta se relaciona
con el Funcionalismo, la I.A. Fuerte y el interés que ésta debiera mostrar por replicar esta
capacidad cognitiva. Justamente, este tópico será abordado en el siguiente capítulo.
3. El Problema: La Conciencia.
experiencia consciente, pero nada más difícil de explicar, de transmitir, de exhibir a otros,
es decir, de abordar objetivamente, desde la tercera persona. Es que al parecer, mientras
más nos acercamos a la descripción objetiva, más nos alejamos de esa subjetividad que la
hace tan particular. La conciencia fenoménica posee un aspecto cualitativo el cual se pierde
al tratar de estudiarla sin considerarlo. Lo anterior se debe a su carácter personal, es decir,
la conciencia le ocurre a un sujeto, tiene una ontología de primera persona, y los métodos
de las Ciencias Naturales emplean métodos cuya ontología es de tercera persona. Piense,
por ejemplo, en las dificultades que implica medir la experiencia subjetiva de escuchar
música a diferencia del estudio de los mecanismos físicos que se desencadenan en el
oído al hacerlo, o bien, compárelo con el estudio de la medición de conductas asociadas a
tareas inteligentes que miden velocidad o discriminación de colores. La actividad cognitiva
normalmente presenta una conducta asociada a ésta, y este desempeño puede ser medido
por algún tipo de prueba. Pero la experiencia subjetiva puede existir sin que haya dicha
conducta, como cuando nos encontramos en nuestra cama sin recibir ningún tipo de
estimulo ni manifestar algún tipo de conducta, sin embargo, nos encontramos en un estado
consciente el cual posee un componente cualitativo concreto, real.
Han existido muchos intentos por dar cuenta de la conciencia, pero la mayoría de
ellos pareciera ser que no explican el fenómeno en su totalidad, es decir, cuando intentan
explicarla tienden a dejar algo afuera. Esto se produce cuando tratamos de lidiar con
aquello que Chalmers denomina el ‘Problema Difícil de la Conciencia’ (1996, p. 26), que
corresponde a cómo explicar un estado consciente en relación con su base neurobiológica.
Es decir, si el estado neuronal N es la base para una sensación S (por ejemplo, que el
estado de activación neuronal en la región occipital del cerebro, en la zona V1, genere la
sensación de azul), ¿Qué hace que esa base neuronal en particular, y no otra, genere esa
sensación N, o que, de hecho, genere algo en lo absoluto? Lo anterior contrasta con lo que
el mismo autor denomina como el ‘Problema Fácil de la Conciencia’, que correspondería a
determinar cuál es la función de la conciencia en el sistema cognitivo.
Cómo enfrentar las dificultades antes mencionadas variará según el grado de
importancia que se le entregue al rol de la conciencia dentro de la cognición general. Un
tipo de aproximación sostiene que la conciencia, al igual que el resto de los fenómenos
en el mundo, es física, por lo que debe ser reducida a la explicación de lo que ocurre
en el cerebro (aproximación también denominada como ‘Reducciones de Identidad Tipo’),
mientras que otras aproximaciones han intentado dar una explicación estableciendo que
el problema lisa y llanamente no se puede aprehender, y que en realidad nunca se podrá
dar una respuesta satisfactoria, dado los avances científicos actuales, o en su defecto,
que en el actual estado del arte de la disciplina no se encuentran las herramientas
adecuadas para tales efectos (aproximación denominada ‘Misterianismo’); otra manera de
resolver el conflicto ha sido obviar el problema estableciendo que la conciencia existe
sólo como algo aparente, una propiedad emergente y explicativamente irrelevante para el
resto de los fenómenos cognitivos (aproximación denominada ‘Eliminativismo’). Finalmente,
existen aproximaciones que sí aceptan la realidad psicológica del problema (tales como
el ‘Realismo Fenoménico’ o ‘Inflacionismo’) y plantean la “necesidad” de dar cuenta del
fenómeno toda vez que ésta es un hecho concreto del mundo, y que por lo tanto no puede
ser reducido a otro tipo de términos. Para este último tipo de aproximaciones, la conciencia
posee un rol causal dentro de la actividad mental, por lo que es menester de la Ciencia
Cognitiva entregar una solución empírica del fenómeno.
La posición adoptada en este trabajo corresponde a esta última. Una visión inflacionista
del problema sería la más acertada, ya que primero, da cuenta de la realidad del fenómeno
en cuestión sin buscar eliminarlo y reducirlo a otra cosa (ya sea esta reducción empírica o
conceptual), y segundo, intenta buscar una explicación concreta a la experiencia subjetiva,
es decir, se acerca a la misma como un fenómeno a ser tratado con el mismo estatus
que otras características de la actividad mental. Eso ha llevado a algunos autores como
Flanagan (1997) a sostener la necesidad de explicar científicamente la conciencia, a través
de un programa tanto interdisciplinario como multidisciplinario que permita dar cuenta de
la globalidad del fenómeno. Según él, aproximaciones como la reduccionista dejan algo
de lado sobre la conciencia al intentar buscar sólo su correlato biológico. No basta saber
dónde se produce, ni qué tipo de actividad en el sistema nervioso la genera, ya que una
explicación así deja la fenomenalidad de la experiencia relegada a un segundo plano. He
ahí la necesidad de una aproximación que dé cuenta, tanto de los aspectos objetivos de la
conciencia así como de los subjetivos.
En resumen, sabemos que la conciencia se origina en el cerebro. ¿Cómo le
encontramos sentido al hecho de que el disparo de neuronas crea sensaciones, o
que produzca emociones adjuntas a determinados estados mentales? Sabemos que el
Materialismo dice que todo en el universo es físico y que lo mental consiste en relaciones
causales entre estados mentales, inputs y outputs. El problema es que las teorías físicas
son más apropiadas para responder preguntas tales como por qué los sistemas tienen
una determinada estructura física y cómo desempeñan ciertas funciones. Pero la pregunta
sobre la conciencia es una pregunta distinta, ya que requiere ir más allá de la explicación
sobre su estructura y función. No todo el conocimiento de la mente se agota al consignar su
descripción física, ni al encontrar todas las relaciones causales y algoritmos de la conducta
inteligente, ya que existen ciertos aspectos de la cognición humana que no se explican con
una reducción al sustrato físico que las origina. La conciencia posee un aspecto cualitativo,
y dada la naturaleza de las teorías físicas que buscan describir funciones y correlatos, la
explicación sobre cómo, qué, y por qué se produce la conciencia, quedan inconclusas.
En segundo lugar, existe otro problema, sobre el cual pondremos especial atención en
las siguientes secciones; aquél de la confusión sobre qué es la conciencia. Esto último ha
generado problemas en relación con su modelamiento así como en cuanto a su estudio. Esa
ha sido la razón para que muchos investigadores caigan en algún tipo de confusión, ya que
se enfocan en distintos significados de la palabra; por ejemplo, en I.A., se plantea que hace
varios años ya pudieron entregar conciencia a una máquina, siendo conciencia entendida
en este caso como auto-regulación y self-monitoring. Se hace preciso señalar y aclarar
filosóficamente con mayor acuciosidad a qué referimos cuando hablamos de conciencia.
En el año 1974, Nagel escribió el celebre artículo llamado ‘What is it like to be a bat?’.
El contexto en el cual fue escrito fue durante el auge de la posición reduccionista, la cual
sostenía que si lo único que existe es lo material, la actividad mental debe ser explicada
en términos físicos. Pero es un hecho que los humanos, y probablemente otros animales,
tengan experiencias conscientes, lo que significa que existe algo así como la “experiencia
subjetiva de ser” ese organismo. Es decir, existe una manera de ser, sentir y experimentar
de acuerdo con cada ser vivo que tiene una estructuración física lo suficientemente
compleja como para desarrollar una manera de sentirse esa criatura en particular. El autor
refiere a ésta última, para luego comentar el error en el cual una aproximación reduccionista
incurriría:
Podríamos llamar a éste último el carácter subjetivo de la experiencia. Éste no se
pude capturar por ninguno de los análisis que recientemente se han articulado
para reducir la mente, ya que todos ellos son compatibles lógicamente con su
ausencia. [El carácter subjetivo de la experiencia] no es analizable en términos
de ningún tipo de explicación de estados funcionales o de estados intencionales,
[...] y no es analizable en términos del rol causal de las experiencias en relación
con la conducta humana típica, por razones similares. (Nagel, 1974, p. 519,
traducción mía.)
En otras palabras, Nagel sostiene que el problema de un análisis reduccionista sobre la
experiencia subjetiva de cada individuo no agota el concepto, ya que deja “algo” fuera, y
ese algo es la experiencia subjetiva. En ningún caso se niega, sin embargo, el hecho de
que los estados mentales conscientes sí pueden relacionarse causalmente con la conducta,
así como también pueden ser analizados funcionalmente. Es decir, la objetividad de un
análisis reduccionista o funcionalista de “lo que se siente ser” una criatura es posible,
incluso pertinente, pero éste por sí sólo no puede dar cuenta de la otra dimensión de esa
experiencia, esto es, la experiencia que involucra un punto de vista subjetivo, ya que un
análisis objetivo externo deja fuera aquello que Damasio (2000) etiqueta como la “Presencia
de un Alguien”, justamente de alguien que experimenta el mundo.
Es esta discusión la que lleva a Nagel a entregar el ejemplo de un murciélago. Existe
una experiencia de ser murciélago, y ninguna apreciación desde la tercera persona podrá
saber qué se siente ser un murciélago. Se puede, dice el autor, imitar la conducta de
uno, e implementar los dispositivos de recepción de input de este mamífero, pero eso no
es suficiente para sentir qué se siente ser un murciélago, ya que con ello solamente se
entendería qué se siente para un humano ser un murciélago, pero nunca qué se siente
para un murciélago ser un murciélago. La razón radica en el hecho de que cada especie
se encuentra limitada por su propia mente y experiencia subjetiva, lo que impediría el éxito
de tal ejercicio.
No obstante, algún filósofo funcionalista dirá que siempre sería posible establecer
experiencias tipo (type) para un murciélago basándose en su conducta, su estructura y
dinámica de funcionamiento. Según este filósofo, sería posible establecer nociones de frío,
dolor y tendencias conductuales, dado un determinado contexto. Lo anterior es cierto, pero
nuevamente, siempre existirá un aspecto subjetivo que no es aprehendido ni es posible
concebir. Lo anterior se debe a que para concebirlo y aprehenderlo nos encontramos
limitados por nuestra propia experiencia subjetiva, lo que hace imposible para un humano
saber qué se siente ser un murciélago (Más sobre este punto en el capítulo 4).
Como antes se mencionara, el texto original de Nagel fue escrito en el auge de las
teorías reduccionistas de la mente. No obstante, es posible leer entre líneas la presentación
de un obstáculo para el Funcionalismo también. Y tiene que ver con lo siguiente: Dada la
distinta naturaleza de las maneras subjetivas de ser criaturas (es decir, por encontrarnos
sujetos y confinados a nuestra manera de experimentar el mundo), es posible que un
intento funcionalista de explicar la experiencia subjetiva no sea capaz de conceptualizar
ciertas cosas que están presentes en ésta. Por ejemplo, el águila, dada su fisonomía,
posee un espectro cromático superior al humano, además de exhibir una capacidad de
30
distinguir pequeños objetos a grandes distancias . Por lo mismo, el águila posee ciertas
experiencias subjetivas relacionadas con la visión las cuales nos sería imposible siquiera
concebir, debido a que nos encontramos limitados por nuestra propia experiencia. En otras
palabras, el comentario se vincula con la necesidad de dejar de lado un cierto “chauvinismo
humano” con respecto a la sistematización de las experiencias subjetivas presentes en
otras especies - y por extensión, en criaturas artificiales - por parte del Funcionalismo, ya
que eso puede llevar a olvidar el hecho de que hay ciertos aspectos fenoménicos que jamás
será posible representar ni “funcionalizar” con respecto a otras especies o autómata.
En definitiva, el autor llama a las ciencias a considerar el hecho de que existe una
experiencia cualitativa consciente acerca de qué se siente ser una criatura en particular.
Cualquier intento de reducir esta característica mental a su correlato biológico involucra caer
en un error, ya que al momento de volverla objetiva y accesible desde el exterior, se aleja de
su objeto de estudio, su carácter intrínseco y subjetivo. En otras palabras, y como Flanagan
(1997) señalara décadas después, un estudio de la conciencia no debiera negarse al hecho
de que la conciencia se siente de determinada manera, y que a diferencia de otros aspectos
cognitivos en los cuales se busca desmantelar las apariencias del fenómeno para desnudar
su realidad, la conciencia debe ser “el estudio sobre las apariencias”, porque en el caso de la
experiencia subjetiva, la apariencia es la realidad. Esa realidad está directamente asociada
a una manera de ser de cada ser vivo, y por lo tanto, no se debe negar el hecho de que
existe una manera de ser ese ser vivo al momento de dar cuenta de su actividad mental.
El Funcionalismo, dada su naturaleza objetiva y principios básicos antes mencionados, es
incapaz de dar cuenta de esta experiencia subjetiva que cada ser vivo posee, ni tampoco
explica cómo ni por qué surge.
analizar ciertos aspectos de la conciencia usando premisas que se aplican a otros aspectos
de ésta.
Lo anterior lleva al autor a dividir la conciencia en distintos conceptos, particularmente,
lo que él denomina ‘Conciencia Fenoménica’ (en inglés abreviada como P-consciousness)
y ‘Conciencia de Acceso’ (en inglés A-consciousness). Estos conceptos constituyen una
distinción básica y necesaria para evitar confusiones. La distinción surge de la idea central
de que las propiedades fenoménicas son distintas de las propiedades funcionales de la
conciencia. Las propiedades fenoménicas son propiedades de la experiencia subjetiva (o
‘propiedades P-conscious’). Habría ‘estados P-conscious’, los cuales incluyen los estados
subjetivos de nuestras experiencias sensoriales (visión, audición, etc.) dolor, placer, etc.
Es a este tipo de conciencia al que el presente trabajo se dirige al momento de analizar la
plausibilidad de que una máquina exhiba conciencia fenoménica.
Por otro lado, encontramos el concepto de A-consciousness o conciencia de acceso.
Este tipo de concepto corresponde a la concepción no-fenoménica de la conciencia, y se
encuentra relacionada con las tareas cognitivas de representación y control de la conducta.
Un estado mental es A-conscious si éste se pone a disposición del aparato cognitivo para
el funcionamiento inteligente y para el control de la acción; es decir, para que un estado sea
A-conscious, éste debiera encontrarse disponible para su reportabilidad (o capacidad de
ser considerado como un elemento en el funcionamiento mental) en caso de que el sujeto
lo disponga.
Block considera que tanto P-consciousness como A-consciousness interactúan entre
sí, y sugiere la posibilidad de que ocurran simultáneamente. Sin embargo, también es
posible encontrar casos en las que ocurre una o la otra, dato que el autor utiliza para
reafirmar sus postulados con respecto a la dicotomía, y señala la existencia de casos
clínicos en los cuales existe una sin la otra. (pp. 385-87, Op. Cit.).
Es importante detenernos un momento para profundizar algo más con respecto a
la distinción A/P-consciousness. Con respecto a P-consciousness, es necesario señalar
que ésta se asemeja a lo que Nagel denominara ‘What It Is Like to Be’ o cómo se
siente ser determinada criatura. Dada la naturaleza privada de P-consciousness, sería
imposible generar una definición de ésta, por lo que se remite al hecho de sólo poder
“apuntar” a lo que referimos cuando hablamos de P-consciousness. Las propiedades P-
conscious son propiedades relacionadas con la experiencia, y los estados P-conscious
son estados sobre la experiencia personal del mundo, es decir, un estado es P-conscious
si es que posee propiedades P-conscious, y realizan lo que se denomina “qué se siente
tener un determinado estado mental” (también entendida como la experiencia subjetiva
de tener ese estado, en la misma línea del concepto de Qualia antes mencionado en la
sección 2.3.2). Las propiedades P-conscious incluyen las propiedades subjetivas de sentir,
percibir y captar, además de incluir pensamientos, emociones y otros estados mentales.
Sería este tipo de conciencia la que una aproximación reduccionista o eliminativista
dejaría de lado. Desde un punto de vista funcionalista, A-consciousness y P-consciousness
serían idénticos, toda vez que esta aproximación no contempla ni explica el hecho
que existe una experiencia subjetiva del mundo, además de considerar que la mente
puede ser completamente modelada sólo en función de las relaciones causales entre sus
componentes. Es decir, se produce una reducción del aspecto fenoménico de la conciencia
sobre las funciones que ésta tiene, dejando un aspecto sin ser considerado.
Con respecto a la conciencia de acceso o A-consciousness, se señala que ésta es
la que produce la mayor cantidad de confusiones al tratar indistintamente la dimensión
fenoménica (P-consciousness) con la dimensión no-fenoménica de la conciencia (A-
48 Fuentes Barassi, Cristóbal
3. El Problema: La Conciencia.
Se hace pertinente ahondar un poco más con respecto a las características de cada uno
de los criterios utilizados en Machine Consciousness. Primeramente, el trabajo relacionado
con MC1 realiza la distinción entre las conductas observables que son conscientes y
aquellas que no requieren de conciencia (tales como las contracciones musculares al
momento de saltar), o bien actividades que han logrado ser automatizadas (tales como atar
los cordones de nuestros zapatos). Sin embargo, una gran parte de nuestra conducta sí se
encuentra asociada a nuestra conciencia, especialmente tareas complejas que requieren
nuestra atención y se nutren de nuestra percepción (tales como tomar apuntes durante una
clase). Una distinción entre estos dos tipos de conducta ayuda a establecer que MC1 busca
implementar este último tipo de actividad. Es importante aclarar, no obstante, que si bien las
conductas a ser replicadas podrían requerir de conciencia fenoménica en la mente humana,
esto no es motivo de interés en MC1, ya que siempre será posible contemplar el hecho de
que éstos sean robots zombies, i.e., máquinasque llevan a cabo tareas sin experimentar
absolutamente nada desde un punto de vista fenomenológico. Por lo mismo, el criterio para
adscribir dicha conciencia se encuentra limitado solamente a la conducta observable de la
máquina. Es decir, el Test de Turing para MC1 es considerado como condición suficiente
para determinar si una máquina posee o no conciencia.
Se denomina MC2 - máquinas con las características cognitivas asociadas a la
conciencia - al área que busca conexiones entre la conciencia y fenómenos cognitivos tales
como la imaginación, la creatividad, el aprendizaje y otros. Es este tipo de investigación
la que menos se relaciona con la implementación de conciencia fenoménica (MC4), toda
vez que es posible simular miedo o creatividad en una máquina sin que ésta requiera la
presencia fenomenológica de la misma. En algunos casos, el modelamiento de facultades
cognitivas apunta a un desempeño lo más realista posible (MC1) o utilizando arquitecturas
asociadas a la conciencia (MC3), pero también es posible concebirlo sin interactuar con
ninguna de estas áreas, por ejemplo, en un programa que no exhiba conducta observable
basado en algoritmos simples. Existe un área relacionada a MC2 que goza de gran
popularidad por estos días y corresponde a lo que se ha denominado ‘Sistemas Expertos’,
entendidos como una aplicación informática capaz de solucionar un conjunto de problemas
que exigen un conocimiento específico y aplicado a determinados temas. Un sistema
experto es un conjunto de programas que, sobre una base de conocimientos, posee
información de uno o más expertos en un área específica. Lo anterior es un ejemplo de que
es posible replicar una capacidad (en este caso, generar predicciones o entregar soluciones
a determinados problemas) sin necesidad de recurrir a ninguna de las otras 3 áreas.
MC3 refiere al trabajo realizado en función de las arquitecturas responsables de
producir la actividad consciente, y surge como un intento de modelar y probar teorías
sobre ésta. Entre estas teorías, se encuentra el trabajo en función de una arquitectura
denominada ‘Global Workspace’ (Baars, 1993) que permite la disponibilidad y transmisión
de información a un espacio al cual la conciencia y otros aspectos de la actividad mental
pueden acceder. MC3 se traslapa tanto con MC1 como MC2 si es que se busca reproducir
características conductuales o cognitivas, pero también podría relacionarse con MC4 si es
que se considera que una determinada arquitectura puede producir estados fenoménicos.
Ahora bien, siempre es posible contemplar el hecho de que simular una arquitectura
“consciente” en una máquina no signifique que la máquina sea, de hecho, consciente (Más
sobre esto en Capítulo 4).
Finalmente, MC4, que resulta ser el área más controversial. Esto se debe a que MC1,
MC2 y MC3 se encuentran de una u otra manera relacionadas con lo que Block denomina A-
consciousness, por lo que no declaran en ningún caso crear u otorgar estados fenoménicos
a una máquina. MC4, por otro lado, presenta problemas filosóficos concretos, toda vez
que consiste en entregar experiencias fenoménicas reales a una máquina. Apelando a la
31
distinción entre ‘Inteligencia Artificial Fuerte’ e ‘Inteligencia Artificial Débil’ , sería posible
asociar el trabajo en MC4 con la primera, mientras que el trabajo en MC1, MC2 y MC3 con
la segunda. Es decir, el trabajo que se lleva a cabo en MC1-MC3 se relaciona directamente
con una aproximación objetiva y funcional de la conciencia, por lo que se enfocan en
el estudio de A-consciousness, mientras que MC4 se relaciona directamente con P-
consciousness, ya que es la única de las áreas que afirma estar tratando directamente con
la experiencia cualitativa en máquinas.
La relación de MC4 con las otras áreas de investigación en más bien difusa, debido
a que puede encontrarse relacionada estrechamente con una arquitectura determinada, o
con un fenómeno cognitivo específico o con conductas asociadas a la conciencia. Al mismo
tiempo, puede desarrollarse en distintos sistemas inspirados en otras concepciones de la
32
mente, como por ejemplo, desde los planteamientos de la Cognición Corporalizada , la
33
Cognición Situada u otras, lo que refleja el hecho de que el trabajo en MC4 requiere
de compromisos teóricos fuertes por parte de investigadores que aseguran trabajar en la
creación de máquinas que, efectivamente, sienten.
A pesar de las dificultades que MC4 posee, existe una línea de trabajo en la
actualidad que trata de dar cuenta de las experiencias fenoménicas en máquinas sin
buscar una reducción de A-consciousness sobre P-consciousness. En esa línea, el trabajo
de Alexander (2007) plantea una perspectiva en la cual intencionalidad y conciencia
fenoménica se encuentran vinculadas. Particularmente, su propuesta busca formalizar la
brecha entre la experiencia visual desde la primera y la tercera persona en el contexto de
la I.A. Su aproximación se denomina ‘Teoría Axiomática de la Conciencia’. Ese trabajo es
uno de los pocos que se enfocan explícitamente en la conciencia fenoménica a través de
una aproximación híbrida que combina análisis introspectivo de la experiencia subjetiva y
modelos computacionales. Su modelo posee la ventaja de poder ser considerada como
un punto de partida para el trabajo en MC4, dado que la mayoría del trabajo en Machine
Consciousness se enfoca en MC1-MC3.
Ahora bien, y adentrándonos en el ámbito de la conciencia fenoménica en máquinas,
cabe preguntarse qué hace que una máquina tenga conciencia. Las respuestas variarán
34
dependiendo de la arquitectura usada, ya sea la Arquitectura Clásica o la Conexionista .
Desde el paradigma clásico, una máquina exhibirá cualquier fenómeno cognitivo si es
que los estados mentales de ésta son modelos simbólicos del mundo, en los cuales la
computación que lleve a cabo esté explícitamente representada en sus algoritmos. Desde
el paradigma conexionista, lo relevante son los mecanismos que son responsables de tales
representaciones a través de modelos no-simbólicos. No obstante, determinar qué hace a
31
Distinción planteada por Searle (1980) referida en la sección 2.3.
32
Los investigadores de distintas áreas que adscriben a una concepción corporalizada de la mente sostienen que su naturaleza
y la manera cómo opera se encuentra determinada en gran medida por la estructura del cuerpo humano. Estos aspectos incluyen
el sistema de percepción, el conocimiento que los seres humanos desarrollan con el tiempo con respecto a la ‘propiocepción’ - o
capacidad de poder ubicar el cuerpo en el espacio, también conocido como la manera que tenemos de conocer nuestra postura con
los ojos cerrados - en relación con la capacidad de movimiento, y las interacciones con nuestro medio ambiente que van moldeando
la manera cómo lo enfrentamos.
33
La Cognición Situada es el estudio de la cognición en su ambiente natural. Esta perspectiva enfatiza que la mente subjetiva
opera en medio ambientes que estructuran, dirigen y moldean los procesos cognitivos.
34
Se desarrolla sobre estas arquitecturas en extenso en la sección 2.2.2.
una máquina tener experiencias fenoménicas permite diferenciar claramente cuándo sería
posible determinar si una máquina efectivamente tiene esas experiencias y cuándo no.
Dado el actual estado del arte de la disciplina, dicha pregunta está lejos de ser respondida
con claridad. Según Alexander (Op. Cit., p. 88), por estos días existen trabajos tanto en
la línea clásica como la conexionista que buscan entregar mayor precisión con respecto
a esto, de manera tal de discernir desde la tercera persona la presencia de estados
fenoménicos en otros seres vivos o máquinas. Sin embargo, no existen parámetros claros o
condiciones necesarias y/o suficientes en la actualidad que permitan aseverar la presencia/
ausencia de conciencia en una máquina, por lo que mayor investigación es necesaria.
Existe una pregunta esbozada al principio de este capítulo que si bien sencilla, es
básica y necesaria: ¿Por qué la I.A. Fuerte debiera interesarse en entregar conciencia
fenoménica a una máquina?
Existen dos razones para ello. Primero, el trabajo en I.A. serviría para clarificar la noción
de “qué se siente estar consciente” y cómo eso mejoraría el desempeño de una máquina
35
en tareas inteligentes. Según la disciplina, cualquier cosa que pueda ser sintetizada
puede ser construida, y si el resultado de esta construcción logra entregar conciencia (o
algún grado de ésta) a una máquina, entonces sería sensato establecer que existe la
posibilidad de que sea consciente, y muy probablemente, la presencia de algún grado de
conciencia se verá reflejado en cambios o mejoras de su conducta, lo que eventualmente
llevará a crear máquinas que lograrán un mejor desempeño que otra que no la tenga. En
esta línea de investigación, la actual generación de robots diseñados para interactuar con
humanos ha mostrado un buen resultado con respecto a su funcionamiento mecánico y el
control de sus movimientos, pero éstos presentan “capacidades limitadas de percepción
y razonamiento, además de poca capacidad de acción en ambientes poco estructurados
o cambiantes” (Chella y Manzotti, 2007). Una nueva generación de robots que busque,
por ejemplo, interactuar con humanos en medios ambientes cambiantes y normales,
necesitarán una mejor capacidad para “darse cuenta” del ambiente a su alrededor, de sus
eventos y objetos, es definitiva, de un medio que se modifica a cada instante. Es decir, una
nueva generación de robots necesitaría una forma de conciencia artificial que le permita dar
cuenta de esos cambios. En esa misma línea argumentativa, Alexander (Op. Cit.) sugiere
que las mejoras que una máquina consciente exhibiría se verán reflejadas en las siguientes
características:
[...] una mejor autonomía, libertad con respecto a su pre-programación, y
habilidad para representar su propio rol en el ambiente. Esto mejoraría la
capacidad para la acción basada en una actividad ‘contemplativa’ interna más
que en una acción reactiva basada principalmente en una tabla que contenga
acciones de contingencia pre-programadas. (p. 89, traducción mía.)
En otras palabras, una máquina consciente, capaz de sentir y de reflexionar sobre el mundo,
posee ciertas características que le permitirían ir más allá del algoritmo para desarrollar
determinada tarea. La conducta inteligente podría verse asociada no sólo con el correcto
funcionamiento de un grupo de reglas establecidas y bien formuladas, sino también con la
interacción de esta “capacidad cognitiva de ser consciente” que le facultaría - entre otras
cosas - alterar sus programas en favor de una mejor respuesta al ambiente, determinando
la importancia del rol de la conciencia para desarrollar ciertas tareas.
Es sabido que la mayoría de los mamíferos, particularmente los humanos, parecen
exhibir tanto A-consciousness como P-consciousness. Por lo tanto, es razonable suponer
35
Definida como el acto de componer o crear un cuerpo a partir de sus elementos separados en un proceso de análisis previo.
que las arquitecturas cognitivas responsable de éstas posean alguna ventaja evolutiva. De
lo anterior se desprende que la conciencia juega un rol en la cognición humana, y que ésta
no es sólo un epifenómeno o un elemento inoperante sin un rol causal en el sistema. Piense,
por ejemplo, en el rol que la experiencia subjetiva tendría en tareas que requieran empatía
por parte de un interlocutor, o tareas en las cuales la percepción sensorial posea un papel
preponderante (más sobre esto último en capítulo 4).
Lo que nos lleva a la razón número dos del por qué la I.A debiera crear máquinas
conscientes: La actividad inteligente humana sí requiere conciencia para una gran cantidad
de tareas que requieren un funcionamiento cognitivo, tales como la atención, la participación
en la creación de un self, la acción guiada, la autonomía, el aprendizaje, las emociones,
la amplia gama de experiencias fenoménicas que nos permiten sentir y experimentar
el mundo, que varían desde el placer de la música hasta la ventaja evolutiva de evitar
el dolor en determinadas situaciones (Damasio, 2000). Autores como Baars (en Block,
1995b, p. 401) sugieren alrededor de 18 funciones tanto para A-consciousness como P-
consciousness. El ejemplo más común proviene de casos en los cuales se produce uno
de los fenómenos más interesantes y novedosos en el área, aquél denominado Blindsight
36
. El fenómeno refleja que la función de la conciencia sería permitir que la información
de los sentidos pueda ser usada para algún tipo de acción controlada, y que la presencia/
ausencia de ésta muestra claras diferencias conductuales. Por ejemplo, si un paciente
blindsight que presenta una adicción al cigarrillo quiere desesperadamente fumar, y el
cigarrillo se encuentra dentro del campo visual dañado, el sujeto no irá a buscarlo, no
importando cuánto desee fumar o si percibe la presencia del cigarrillo a través de otro
sentido como el olfato. Por lo tanto, es posible concluir que la experiencia consciente facilita
la comprensión y nuestro buen desempeño en el medio ambiente que nos encontramos, y
dado que este tipo de pacientes no posee la experiencia subjetiva de ver el área dañada,
esto se traduce en un tipo de conducta que lleva a nuestro paciente a no saciar su adicción.
En otras palabras, la información debe “estar” dentro de nuestra A-consciousness para que
desempeñe el rol de guiar nuestras acciones voluntarias, considerando el hecho que para
que eso ocurra, primero debe haber una P-consciousness que recoja esa información. De
la misma manera, la sensación subjetiva de ansiedad que un fumador compulsivo privado
de tabaco también juega roles significativos en cuanto al tipo de conducta que este podría
tener en determinadas situaciones, ya que existe una propiedad cualitativa asociada a la
ansiedad de no poder fumar.
Por otro lado, la conciencia resulta ser esencial para el correcto desempeño de los
individuos en una de las tareas más difíciles y complejas que caracteriza a nuestra especie:
El desenvolverse socialmente entre sus pares y navegar la dimensión social y cultural
en la que nos desenvolvemos, lo que también se denomina ‘Cognición Social’ (Robbins,
2008). Según el autor, la conciencia fenoménica y la dimensión social a la que nos
encontramos sujetos son capacidades que se encuentran interconectadas, toda vez que
nos permiten navegar mejor el mundo. Considere, por ejemplo, cómo permite entender
los estados mentales de otro sujeto que dice encontrarse “sufriendo” o padeciendo algún
tipo de malestar, toda vez dicho estado posee un componente cualitativo al cual sólo
36
Blindsight se define al fenómeno en el cual personas que exhiben ceguera en alguna zona de su campo visual pueden,
no obstante, presentar respuesta a ciertos estímulos visuales en el área dañada. Por ejemplo, un paciente con dicha condición no
pueden darse cuenta o percibir (no hay P-consciousness) ningún estimulo en el campo visual dañado, sin embargo, pueden predecir
con un alto grado de probabilidad si es que se les da a elegir entre dos opciones con respecto al estímulo, por ejemplo, en términos de
dirección, ubicación o tipo de movimiento. Lo anterior, según autores como Block (1995b), serviría para hacer manifiesta la distinción
A/P-consciousness.
4. Conclusiones: La Implausibilidad
de que la Programación a través
de Algoritmos entregue Conciencia
Fenoménica a una Máquina.
enfermos. Pero los sujetos se encuentran con sus experiencias fenoménicas alteradas, por
lo que, irremediablemente, eligen la pastilla contraria a la que realmente quieren elegir. El
hecho que los espectros invertidos de uno y otro estén re-invertidos afecta directamente
su decisión, no permitiéndoles llevar a cabo lo que su mente promueve (cuidarse y evitar
seguir enfermos). Es decir, los sujetos poseen la misma organización funcional que tenían
antes de la operación, y sobre la base a eso, el Funcionalismo entregaría exactamente la
misma descripción de la experiencia de Pablo de “veo rojo” que la experiencia de Pedro
de “veo rojo”, por lo que el Funcionalismo prevería que no deberían tener problemas en
escoger la pastilla que los hará sentir mejor. Sin embargo, los sujetos escogen mal porque
la experiencia subjetiva de color se encuentra alterada en ambos. En conclusión, Pedro
y Pablo dependen de sus experiencias personales de rojo/verde para poder desempeñar
correctamente una decisión. La experiencia subjetiva de color juega un rol básico e
irreemplazable en el correcto funcionamiento cognitivo de los sujetos al momento de realizar
ciertas tareas inteligentes, tales como decidir correctamente con respecto a buscar el
bienestar de sus organismos.
Es posible, por lo tanto, cuestionarnos sobre la utilización de algoritmos y una
disposición funcional adecuada como mecanismos suficientes para entregar una dimensión
tan importante de nuestra cognición como la conciencia fenoménica, ya que existe una
variedad de problemas filosóficos al momento de intentarlo. El primer problema que la I.A.
enfrenta es que no existe algo así como un what it is like to be una máquina programada;
es decir, no existe una manera de ser máquina. ¿Cómo podemos diseñar máquinas que
necesiten conciencia para realizar tareas inteligentes si no sabemos (ni podemos saber)
what it is like to be a machine? De la misma manera en la que Nagel plantea que nunca
podremos saber qué se siente ser un murciélago, no podemos saber qué se siente ser
una máquina programada. La utilización de un algoritmo como componente esencial de
la arquitectura falla en dar cuenta de este hecho, dado que no hay nada en un algoritmo
que lo entregue ni explique por qué se produce. Puedo actuar como una máquina, e
implementar los dispositivos de recepción de input y operar en función de algoritmos,
sin embargo, eso no es suficiente, ya que con ello entendería qué se siente para un
humano ser una máquina programada, pero jamás sabría que se siente para una máquina
programada ser una máquina programada. Esto se debe a que me encuentro limitado
por mi propia mente, por mi propia experiencia subjetiva. He ahí la dificultad de crear
una máquina programada basada en algoritmos: Nada en el algoritmo entrega ese “qué
se siente” ser una máquina, además de que su utilización no explica ni sugiere por qué
los estados mentales son acompañados por una experiencia subjetiva. Adicionalmente,
cabe preguntarse sobre la factibilidad de capturar todas las experiencias y tareas que un
ser humano pudiera realizar en algoritmos. Piense, por ejemplo, en estados alterados de
conciencia, tales como encontrarse embriagado. ¿Cuál es al algoritmo para estar con varias
copas de más? Es cierto, sería posible escribir un algoritmo que haga a un robot simular
todos los comportamientos asociados a encontrase en un estado así, tal como caminar
con dificultad y decirle a sus interlocutores lo mucho que los aprecia. Pero la conciencia
fenoménica no consiste sólo en eso, ya que como se ha tratado de explicitar, la replicación
de comportamiento no equivale a replicar conciencia. Existe una experiencia privada y
personal de encontrarse en un estado así, y nos encontramos “atrapados” en ésta.
Además, cabe preguntarse: Dado que no podemos acceder al what it is like to be una
máquina programada, ¿Cómo podemos saber cuál es el programa o algoritmo correcto
o suficiente para asegurarnos que la máquina posee conciencia? Es decir, el carácter
deíctico de ésta nos impide acceder a la naturaleza de la experiencia subjetiva de una
máquina, lo que es una dificultad al momento de intentar “capturarla” en un algoritmo.
58 Fuentes Barassi, Cristóbal
4. Conclusiones: La Implausibilidad de que la Programación a través de Algoritmos entregue
Conciencia Fenoménica a una Máquina.
pensar que la sola organización funcional de un estado mental pueda generar la experiencia
subjetiva, y que en definitiva, la nación China no tiene la experiencia cualitativa de oler
una rosa. Por supuesto, sería posible afirmar lo mismo con respecto al cerebro: ¿Qué
hace suponer que el disparo eléctrico de un grupo de neuronas de lugar a una experiencia
subjetiva? Pero las personas que replican de esa manera fallan en ver la real intención
del argumento de Block, que es posicionar el hecho de que sería conceptualmente posible
que un sistema duplique funcionalmente a un humano normal con respecto a sus estados
mentales y aún así, no experimentar ningún tipo de quale. En resumen, el experimento
de la nación China separa a la Ciencia Cognitiva de la ingeniería, toda vez que otorga
preponderancia a la organización causal de un determinado sistema. Sin embargo, por
complejo que éste sea, no es razón suficiente para generar una experiencia subjetiva, ya
que no es posible caracterizar la experiencia fenoménica en términos funcionales.
Sería posible afirmar entonces que una concepción funcionalista para replicar estados
fenoménicos en una máquina no basta para agotar la explicación. Al parecer, se necesitaría
entregar la posibilidad a una máquina de ser capaz de identificarse como un punto de vista al
cual le pasan cosas, en otras palabras, un sujeto que tiene determinado estado fenoménico
sobre sí mismo y el mundo. La experiencia subjetiva del mundo, además, forma parte
esencial de nuestra experiencia y nuestra constitución de self. Lo anterior nos lleva a una
tercera observación: La conciencia fenoménica le ocurre a un punto de vista. ¿Cómo puede
la arquitectura basada en algoritmos entregar la sensación de individualidad necesaria para
experimentar el mundo? Para que esa sensación de que soy “yo” el que se encuentra
estresado en estos momentos, existe una parte fundamental: La sensación de que hay
un sujeto al cual le ocurre dicha experiencia. Y nada en un algoritmo entrega eso. Existe
un sujeto de la conciencia, un individuo que debe en ciertas circunstancias identificarse a
sí mismo y los estados en los que se encuentra, sin necesidad de que una observación
externa lo confirme. Pero nada en la sucesión de pasos y estados del algoritmo sugiere
cómo se produce, ni cuál sería su función, ni que ese punto de vista sea importante para
la actividad inteligente. Suponga, por ejemplo, que en algún país del mundo se encuentra
la tecnología capaz de remover la conciencia fenoménica. Suponga que a los filósofos
eliminativistas o reduccionistas se les ofrece la posibilidad de someterse a ésta como
sujetos experimentales. La pregunta es: ¿Se sometería gente como Churchland y Dennett
a este tipo de operación? A título personal, rechazaría tal intervención. Al someterme a este
tipo de intervención, estaría perdiendo algo que forma parte de mi cotidianidad, que me
permite navegar el mundo de la manera que lo hago, que se relaciona con mi sensación
corporal y perceptual, ya que la experiencia fenoménica constituye parte de mi identidad
como individuo, y por lo tanto, la remoción de ésta, afectaría directamente mi vida mental.
Desde una óptica distinta, imagine qué ocurriría si fuera posible implementar una operación
que permitiera eliminar la experiencia subjetiva del dolor en pacientes que sufren jaquecas
o se encuentran en estados terminales de alguna enfermedad dolorosa como la artritis. Si
la dimensión fenoménica del dolor es sólo la activación de neuronas y, en realidad, es sólo
un espejismo, no explicaría el hecho de que la mayoría de esas personas (quizás todas) se
someterían gustosos a tal intervención. Es que la dimensión fenoménica forma parte de la
constitución de un punto de vista, y es posible sostener que se relaciona con la construcción
de nuestro self.
Es por eso que autores interesados en el estudio del self como Damasio (2000)
sugieren una conexión entre la conciencia fenoménica y el desarrollo de una identidad
propia o self para llevar a cabo determinadas conductas, y sostiene lo siguiente:
por eso que ciertos autores en I.A. (Alexander 2007, Chella y Manzotti 2007) aseveran
que el estudio y comprensión de la conciencia pudieran otorgar un mejor cimiento para el
control de la conducta en situaciones en las cuales se requiera de autonomía por parte
de una máquina. Es en estas circunstancias que aproximaciones tales como la ‘Cognición
41
Situada’ y la ‘Cognición Corporalizada’ pudieran ser capaces de arrojar luz sobre el
problema de la conciencia, toda vez que son capaces de concebir la cognición y la conducta
inteligente considerando un agente situado en un contexto tanto físico como social, y que
se encuentra en contacto con un ambiente real y lleno de particularidades, en vez de una
concepción abstracta generada por un procesador para propósitos generales. En ningún
caso se sugieren como paradigmas que compitan o sean mutuamente excluyentes (no en
relación con la conciencia fenoménica al menos), sino más bien como una aproximación que
pudiera ofrecer consideraciones capaces de entregar nuevas perspectivas que relacionen
conciencia con un punto de vista y el contexto en el cual ocurre.
El presente trabajo también nos lleva a realizar algunas consideraciones sobre algunos
aspectos de la conciencia desarrollados en el capítulo 3. Se ha discutido la dificultad de
estudiar la conciencia desde la tercera persona. La experiencia cualitativa no puede ser
medida por pruebas, dada su característica de tener una ontología de primera persona.
Pero, ¿Por qué debiera ser así? ¿Por qué asumir que todos los hechos del mundo son
igualmente accesibles para el observador estándar de tercera persona? El hecho de que
no pueda ser observable desde la tercera persona no es razón suficiente para negar su
realidad psicológica. El estudio de la conciencia fenoménica es el estudio de las apariencias,
por lo que es sensato no reducir su explicación a la búsqueda de un correlato neuronal o
de un dispositivo que la reproduzca debido a que estos tienen un carácter “objetivo”. Es al
momento de negar el aspecto subjetivo de la conciencia o reducirla a algo objetivamente
observable que se produce un error, y es una posición que admita, primero, el hecho de
que existe, y segundo, que cumple una función en la conducta inteligente, la que guiará el
trabajo en I.A. de manera adecuada para otorgar dicha facultad a un dispositivo artificial.
La conciencia fenoménica, ontológicamente, puede existir independientemente de la
conducta, algún rol funcional o sus relaciones causales. Epistemológicamente, gracias a la
conducta sabemos que otras personas tienen estados mentales conscientes. Causalmente,
la conciencia se relaciona con los input y output de nuestro organismo. Sin embargo, parece
plausible concebir máquinas que posean una conducta asociada a la actividad consciente
sin tener experiencias cualitativas (piense en un robot zombie que sea capaz de interactuar
normalmente con su ambiente al igual que un humano, pero que no presente experiencias
sensoriales subjetivas), así como también es posible que una máquina sea capaz de tener
esas experiencias sin que sean transmitidas ni utilizadas y que no sea posible saber que
las tiene. Lo anterior lleva a sostener algo así como un “Principio de Independencia” de la
conciencia con respecto a la conducta observable y la función que esta pueda desempeñar.
Al tratar de explicar por qué algunas posiciones buscan ignorar aquello que la teoría
no puede explicar (en este caso, el carácter cualitativo de las experiencias mentales
conscientes), es posible aventurar un prejuicio teórico. Este prejuicio consistiría en tratar de
dar cuenta del mundo en términos completamente materialistas, lo que a su vez produce
un rechazo a que exista algún tipo de aspecto de la realidad que no pueda ser reducido
a un concepto físico. Sin embargo, es posible identificar fenómenos mentales tales como
la conciencia que no pueden ser reducidos a lo material, lo que nos obliga a cuestionar
si los métodos y premisas que usamos son los correctos, y nos da la oportunidad de
constantemente pensar la mente desde distintas aproximaciones que puedan arrojar luz
41
Ver sección 3.3 para una breve descripción de ambas.
debido a que no existe ningún prueba o mecanismo objetivo que permita establecer que lo
referido por la proposición se corresponda con una situación en el mundo.
C.- Modo de existencia subjetivo. Ejemplo: Mi sensación de tensión en los hombros
luego de llevar escribiendo 5 horas en el computador. Mi sensación de cansancio en mis
hombros es ontológicamente subjetiva, ya que existe en la medida que es experimentado
por un sujeto, en este caso, mi persona. Por extensión, todos los estados conscientes son
ontológicamente subjetivos.
D.- Modo de existencia objetivo. Ejemplo: Montañas, células embrionales, arena. Estas
entidades tienen una ontología objetiva, ya que no deben ser experimentados por un
humano o animal para que existan.
Hecha la distinción, según el autor, la objeción es ambigua. La Ciencia es objetiva
epistemológicamente, ya que busca datos e información que sea independiente del
investigador que la busca, y la cantidad de electrones de un átomo de hidrógeno
será siempre la misma, independientemente de quién sea el científico. (Por extensión,
la afirmación de que la cerveza Cristal es mejor que la cerveza Escudo no es
una afirmación científica). Pero el quid del asunto es éste: Que la ciencia busque
objetividad epistemológicamente hablando, no elimina el hecho de que existan entidades
ontológicamente subjetivas que pueden ser objeto de estudio científico, es decir, ser
tratadas igualmente a las entidades que son ontológicamente objetivas. En otras
palabras, puede haber conocimiento epistemológicamente objetivo sobre entidades que
son ontológicamente subjetivas. En conclusión, dada la objetividad de la Ciencia, no
es impedimento plantear una Ciencia epistemológicamente objetiva sobre un dominio
ontológicamente subjetivo, por lo que considerar que el carácter subjetivo de la conciencia
es un impedimento para un estudio científico de esta, es un error.
Pasando a otro aspecto de la presente discusión, cabe detenernos un instante sobre
el trabajo en I.A. en relación con la dicotomía A/P-consciousness.
El campo de Machine Consciousness no es un campo unificado de investigación que
tenga metas claras, y eso es lo que explica que determinadas críticas y diálogos con
otras disciplinas puedan, en ciertas ocasiones, verse entrampados en aclaraciones sobre
cuál es la verdadera naturaleza del objeto a ser implementado. He ahí la pertinencia de
incluir las definiciones de Block y Nagel. Los planteamientos de ellos con respecto a la
conciencia fenoménica se encuentran asociados a lo que en la sección 3.3 denominamos
como MC4, mientras que el trabajo en MC2 y MC3 se encuentra asociado a lo que
el mismo Block denomina A-consciousness. Por otro lado, nociones como Test de
Turing se conectan particularmente a MC1. Desde hace pocos años, la conciencia ha
dejado de ser una noción peligrosa para la comunidad que trabaja en I.A. En los seres
humanos, ésta corresponde a una colección de distintas características de la cognición. Los
investigadores en I.A. han comenzado a interesarse en ésta cada vez más, de manera tal
de, inicialmente, entenderla, para luego intentar replicarla en agentes. Sería posible decir
que existe consenso sobre la distinción entre los aspectos fenoménicos y los cognitivo-
funcionales, reflejando la distinción realizada por Block (1995b) entre P-consciousness y A-
consciousness, respectivamente. El trabajo en el primer tipo de conciencia corresponde a lo
que se conoce como el ‘Problema Difícil de la Conciencia’ (sección 3.1), y el trabajo en ésta
requiere compromisos teóricos fuertes, ya sea en favor de una posición extrema que permite
sostener declaraciones tales como que “los termostatos, efectivamente, poseen estados
fenoménicos”, o bien enfocando el estudio en los aspectos cognitivos desde una posición
más moderada que sugiera que el trabajo en I.A. se relaciona con una simulación más que
una replicación. Sin embargo, es probable que el trabajo en estas áreas muchas veces se
64 Fuentes Barassi, Cristóbal
4. Conclusiones: La Implausibilidad de que la Programación a través de Algoritmos entregue
Conciencia Fenoménica a una Máquina.
vea entrampado por la dicotomía, toda vez que en el trabajo de la I.A. los planteamientos
filosóficos que residen bajo los campos experimentales que buscan implementar A-
consciousness o P-consciousness. Pero ninguna busca implementar ambas. Si el objetivo
central de la I.A. es replicar las capacidades cognitivas humanas, sería óptimo implementar
una aproximación que considere a ambas concepciones de la conciencia de manera
simultánea, es decir, buscar una arquitectura, teoría o implementación que pueda entregar
explicaciones y modelamientos de ambos aspectos de la conciencia. Si es que realmente se
quiere lograr una teoría de la conciencia, esta debería incluir una explicación sobre ambos
aspectos de la dicotomía, ya que privilegiar una u otra, irremediablemente deja algo afuera
de la explicación.
En la actualidad, el trabajo en máquinas conscientes proyecta muchos beneficios,
tales como avanzar en el desarrollo de un correlato neuronal en humanos, mejorar los
diagnósticos sobre fenómenos mentales involucrados en pacientes en coma, o el desarrollo
de extensiones prostéticas para recuperar funciones visuales o auditivas (en Gámez, 2007).
Lo anterior, permite referir a los potenciales problemas éticos futuros que traería consigo
la creación de máquinas conscientes. Es decir, existe la posibilidad de que éstas dejen
de ser consideradas como herramientas de investigación, sino como co-participes de la
sociedad en la que vivimos. Sería interesante, por ejemplo, cuestionarnos sobre el hecho
concreto de experimentar con máquinas que dan señales claras de exhibir algo así como
“dolor”. Experimentar con máquinas se convertiría un tópico tan controversial como la
experimentación con animales o el trabajo de clonación que se desarrolla en la actualidad,
desde un punto de vista ético así como legal, ya que, de ser posible implementar entidades
conscientes, aquello tendría un impacto sobre los aspectos legales de experimentar con
entidades susceptibles de sufrir o tener voluntad propia. Es más, piense en las dificultades
legales que podrían presentar un caso en el cual un autómata dotado de voluntad no
desarrolle las funciones para las cuales fue diseñado: La responsabilidad de su desempeño
no dependería de la programación entregada por una determinada compañía, sino por
las propias decisiones de la criatura en cuestión. Lo anterior, incluso, podría suponer un
“problema” a priori con respecto a crear máquinas que exhiban conciencia fenoménica. Sin
embargo, es un argumento que no se relaciona con los fines de los distintos programas de
investigación que ven en las maquinas conscientes los beneficios de mejorar el desempeño
y construcción de máquinas, relegando esa discusión, momentáneamente, a un segundo
plano.
En definitiva, el cruce en el trabajo entre Filosofía de la Mente, Psicología e
Inteligencia Artificial ha encontrado un punto de discusión y diálogo encuentro (y quizás
de desencuentro) que pocos temas plantean. Es que la conciencia, aquella capacidad
única y personal en la cual poseemos como individuos, es la que se ha erguido como
una problemática distintiva a otras - tanto para la Ingeniería como para la Filosofía de la
Mente - debido a su aspecto cualitativo. El problema de la implementación de conciencia
en artefactos creados por el hombre es un campo investigativo relativamente reciente,
pero que trajo consigo la necesidad de comenzar a revisar si la solución Materialista/
Funcionalista de la mente es, efectivamente, la teoría más adecuada para comprender los
fenómenos mentales. Es menester de estas disciplinas entregar una propuesta que incluya
esta dimensión de la cognición en el diseño de una máquina, si es que efectivamente se
busca no dejar de lado aspectos fundamentales de los fenómenos mentales y la actividad
inteligente en máquinas, abriendo la oportunidad de entregar una dimensión psicológica a
esta modelación, toda vez que la actividad inteligente le ocurre a un punto de vista, a la
“Presencia de un Alguien” (Damasio, 2000) que se desenvuelve en el mundo y su ambiente.
Es el diálogo interdisciplinario el encargado de comenzar nuevas discusiones y revisar
Fuentes Barassi, Cristóbal 65
Conciencia e Inteligencia Artificial:
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Apéndice.