Enfoques Teóricos en Políticas Públicas
Enfoques Teóricos en Políticas Públicas
ENFOQUES Y PERSPECTIVAS
El presente ensayo pretende ofrecer algunas reflexiones sobre los aspectos teóricos y
metodológicos para la formulación de las Políticas Públicas en función de sus principales
corrientes.
Con este objeto, se divide en tres partes. En la primera se abordarán algunos aspectos
teóricos que se piensa arrojarán luz para tener un primer entendimiento formal de lo que es
la disciplina de las Políticas Públicas; en la segunda, con base al nuevo marco democrático
que ha comenzado a surgir en nuestro país, se ofrecerán algunas reflexiones con respecto a
la forma como las Políticas Públicas pueden brindar opciones de investigación para resolver
problemas sociales; concluiremos estableciendo algunas conclusiones, que esperamos, no
meramente globalizadoras, sino intentamos lleguen a ser receptivas por parte del lector.
1. Referencia teórica
Debido a que en nuestra lengua castellana a diferencia de otras como la inglesa, sólo existe
un término que engloba, por lo menos, dos significados explícitos del concepto de política,
queremos establecer que las Políticas Públicas se refieren al estudio de lo que en inglés se
conoce como policy, sin que obviamente esto lo desligue del conocimiento de la politics,
Pero, ¿cuál es la diferencia entre uno y otro concepto? Para tratar de contestar a esta
pregunta, nos referiremos a William Jenkins, quien define la política (en su sentido de
policy) como: "un conjunto de decisiones interrelacionadas tomadas por un actor o grupo
de actores políticos preocupados por elegir metas y medios para alcanzarlas, en una
situación determinada, y en donde, en principio, los actores tienen el poder de alcanzar
dichas metas"
1
Maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Kent, Inglaterra; como servidor público ha colaborado
en la Oficina de Asesores de la Presidencia de la República, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y
en la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial; actualmente es profesor en la Universidad
Iberoamericana.
Ahora bien, tomando como referencia a Luis F. Aguilar Villanueva, el ámbito público se
refiere: "al campo de interacciones e interpelaciones en que los ciudadanos individuales,
por sí mismos o por los voceros de sus organizaciones hacen política y las políticas...y
concierne a lo que es accesible y disponible sin excepción para todos los individuos de la
asociación política."
Creemos así indispensable establecer que las Políticas Públicas no se refieren únicamente a
las acciones de los gobiernos per se, es decir, de las acciones que emanan de su criterio de
la racionalidad que se deriva de ser depositario de la soberanía del Estado por parte de1
pueblo, sino', también a las acciones derivadas de una racionalidad social, entendida como
aquélla que surge de la elección de medios Para satisfacer metas dentro del contexto de las
necesidades de la sociedad.
-Como se ha dicho al inicio de este ensayo, es difícil desligar el sentido de la política del de
las políticas, y esto se debe a que sólo los actores que pueden ejercer el poder tienen la
oportunidad de tomar decisiones en la esfera de la política
Generalmente se asume que solamente los gobernantes y sus burocracias, apoyados por el
2
Brevemente, para Harold Lasswell, la ciencia de las políticas se refiere, por un lado al estudio puro de su
formulación y ejecución (descripción), y por otro, al de mejorar el conocimiento e interpretación del primero
(prescripción), con la ayuda de disciplinas que puedan aportar contribuciones importantes para las
necesidades de inteligencia del momento. Por su parte, Aaron Wildavsky evita definir explícitamente el
análisis de las políticas, y se deduce que significa conocer y estudiar intelectualmente, a la vez que con arte,
el proceso de las políticas.
estado de Derecho y la institucionalidad de él derivado, tienen la facultad de ejercer el
poder, visión que aun siendo cierta, quizá es limitada ya que cuando las demandas de la
sociedad no son satisfechas, grupos de presión surgidos de ésta pueden ejercer el poder
informalmente, y por lo tanto, por lo menos influir las decisiones que tienen su origen en el
marco formal, de esta manera que si las demandas son cada vez más constantes, más
fácilmente actores dentro de la escala informal del poder podrían, dentro de un marco
democrático, tomar decisiones, inclusive algunas fundamentales y con similar ponderación
a las que proceden de la institucionalidad.
Por un lado, es obvio que a partir de la pura definición de gobernabilidad y de Estado puede
deducirse que muchas de las decisiones fundamentales proceden de las facultades que el
marco institucional supremo, concretamente en nuestro caso, la Constitución Política dé los
Estados Unidos Mexicanos, otorga al gobierno (poder ejecutivo), Congreso de la Unión
(poder legislativo) y al sistema de impartición de justicia (poder judicial). Sin embargo, la
realidad política, económica y social de nuestro país fuertemente deteriorada durante
prácticamente las tres últimas décadas, obligó con mayor intensidad y cada vez más
frecuentemente a que diversos sectores de la sociedad civil a través de sus representantes o
por ellos mismos, a tomar decisiones y realizar acciones que, algunas veces, iban en franco
sentido opuesto a las formalmente establecidas. Todo esto en nuestra perspectiva
representaría brevemente el sentido fundamental de las Políticas Públicas bajo las
circunstancias y realidad actuales de nuestro país. 3
Por otro lado, y en contraste, cierto es también que si el ejercicio de toma de decisiones
estuviera precedido tanto de un marco democrático legítimo como de un gobierno eficaz en
sus funciones, las Políticas Públicas podrían observarse como acciones y resultados muy
probablemente surgidos ya no de un marco informal del poder, sino de la interacción de
decisiones y acciones, en donde la sociedad civil tuviera un papel no tanto de oposición a
las decisiones formales, sino más bien de carácter participativo y vigilante del buen
desarrollo político y social
1.3. Corrientes
3
Aquí utilizamos la definición de Xavíer Arbós y Salvador Giner, quienes establecen que es el núcleo que
cumple, entre otras cosas condiciones, las siguientes:
a) ostenta -a menudo compartiéndola con similares a nivel local, aparato legislativo y judicial-la autoridad
suprema de un Estado, es decir su soberanía, y
b) transmite órdenes que los ciudadanos frecuentemente deberían obedecer; es decir, ordena la vida
económica, política y cultural hasta donde llega el alcance de dichas órdenes. Arbos, Xavier y Salvador Giner.
La Gobernabilidad. Ciudadanía y Democracia en la Encrucijada Mundial. México, Siglo XXI Editores, S. A.,
1993. p. 4.
existencia de un cuerpo teórico bastante homogéneo y riguroso ha facilitado
definitivamente el desarrollo de diferentes enfoques de la aplicación de la teoría económica,
Más aún, creemos que es precisamente debido a que el enfoque del estudio de las políticas
es eminentemente interdisciplinario, la razón por la cual no es sencillo encontrarlas; empero
esto no significa que no podamos, a partir del método racional de toma de decisiones,
establecer diferenciaciones de enfoque.
Así, una línea de acción para abordar lo anterior sería utilizar un acercamiento de breve
análisis al método racional de toma de decisiones (asociado frecuente, aunque no
necesariamente siempre con una unidad de análisis central y homogénea), y a los métodos
no racionales de toma de decisiones (asociados frecuentemente, aunque no necesariamente
siempre con una unidad de análisis múltiple y descentralizada, a la vez que heterogénea).
La toma de decisiones racional, en breve, parte del principio de que, hay un actor o grupo
de actores principales que, generalmente:
a) Asume(n) conocer perfectamente y con anticipación los valores de los actores con
respecto a las políticas, para así decidir con respecto a alternativas que lleven a
alcanzar metas preferentemente bien claras y predefinidas, coincidiendo su(s)
valoración(es) y las del resto de los actores del proceso de las políticas.
b) Asume(n) conocer perfectamente y con anticipación los valores de los actores con
respecto a las políticas, para así decidir en relación a alternativas que lleven a
alcanzar metas preferentemente bien claras y predefinidas, aun cuando su(s)
valoración(es) no coincidan con las de los actores instrumentadores y receptores de
las políticas.
Lo anterior significa, para el primer caso, por ejemplo, que la búsqueda de una política que
busca erradicar la poliomielitis en la población infantil (meta a alcanzar) cuyos padres no
tienen acceso a la medicina privada, se reduce casi estrictamente a elegir la alternativa más
eficiente (es decir, el medio más adecuado, en este caso, la aplicación de una vacuna) para
así, suponiendo una continuidad perfecta entre recursos y medios, alcanzar con
probabilidades muy altas la meta previamente establecida.
De los ejemplos anteriores hay que hacer las siguientes consideraciones con respecto a la
toma de decisiones racional:
Así, la función del gobierno, tal como se entiende tradicionalmente, queda reflejada de
manera muy específica, deja a otros actores políticos o receptores prácticamente sin
oportunidad de decidir, ya que, dependiendo del ejemplo, estén de acuerdo o no en la
decisión gubernamental, ésta va a prevalecer a lo largo del proceso de las políticas.
Por otro lado, la toma de decisiones no racional puede ubicarse formalmente con el
surgimiento de Charles Lindblom, quien a través de su teoría del Incrementalismo nos lleva
a la comprensión más amplia, ni mejor o peor que la racional, sino así, simplemente más
amplia, de la toma de decisiones en el proceso de las políticas y la política.
Lindblom sugiere que muchas de las veces, en los problemas reales de las políticas, los
formuladores o administradores no tienen la oportunidad de realizar el ejercicio tradicional
racional de toma de decisiones, el cual brevemente consiste en:
a) Establecer el tradicional encadenamiento meta-medios
b) Conocer perfectamente todas las alternativas de decisión y las consecuencias de tomar
cada una de ellas, y,
c) Elegir la alternativa que mejor satisfaga la consecución de la meta previamente
establecida.
Para Lindblom salvo casos excepcionales, los decisores difícilmente tienen la oportunidad
de cumplir con los pasos anteriores ya que con frecuencia dentro de los problemas de
Políticas públicas:
Sin embargo, insistiendo en su utilización, en el ejemplo citado quizá sólo quede aceptar un
sistema unidecisional, emanado de la acción de un sólo actor o grupo élite de actores
políticos, quien(es) puede(n) así fácilmente hacer la selección de alternativa. De esta forma,
en buena parte, el método racional podría utilizarse, asumiendo, claro, que se puedan
satisfacer razonablemente las otras características metodológicas del mismo.
Pero, ¿qué decisión debería tomarse (o en su caso prevalecer) cuando los valores e intereses
de los diversos actores, más bien forman una red de decisiones y no tanto una decisión
única?, ¿qué decisión debería tomarse (o en su caso prevalecer) cuando más que una meta,
son varias las que deben atacarse? Una vez más, la respuesta podría darse en función del
método racional, pero como nos hemos percatado a través de nuestro ejemplo, tal vez
deberíamos voltear y dirigir nuestra mirada a otro esquema de decisión.
a) En función sólo de algunas; de aquéllas que le son más familiares o que se tienen
más a la mano, y frecuentemente bajo la base de iteraciones de prueba y error.
b) En función de un análisis simultáneo de metas y medios, y
c) En función de un sistema multidecisional, que asumiendo un marco democrático
razonable, es inminente tomar en cuenta
Por lo tanto, ¿cuál sería la decisión final? Siguiendo con el ejemplo hipotético, una
probable respuesta a la pregunta planteada sería la siguiente:
Aún que pudieran prevalecer las decisiones de una autoridad central (el gobierno de la
ciudad X); a menos de que dicho gobierno contara con un sistema de control capaz de
neutralizar cualquier descontento; de que contara con recursos y tiempo ilimitados; y en
breve, a menos de que, en dicho marco, tome una decisión centralizada y subjetiva, lo más
probable es que la decisión gubernamental estaría enfocada a resolver problemas y no tanto
a cumplir con una meta; y ¿de qué forma?, muy probablemente de manera paulatina
(incremental) y estableciendo, también muy probablemente, negociaciones con los diversos
actores para enfrentar mejor así los problemas derivados de las interacciones de la política.
Todo esto significaría la construcción de una red decisional, que en mucho difiere de un
esquema centralizado de decisión.
Así, lo más probable es que quizá después del periodo establecido de seis años, la meta
prefijada no haya sido cumplido, y sólo de manera limitada, se habrían resuelto problemas a
través de medidas, como por ejemplo las siguientes: sanciones a conductores de vehículos
por no acatar programas restrictivos de circulación; sanciones a empresas por no haberse
sujetado a normas de emisión de contaminantes; ampliación cualitativa y cuantitativa de los
sistemas de transporte público; reforzamiento de acción gubernamental ante actores con
poder, que hubiesen violado las normas legales para prevenir la contaminación, entre
otros.4
4
Por las características del ensayo no nos referiremos a lo que dentro de la literatura se conoce como la
toma de no decisiones, concepto que brevemente se refiere a la acción de actores poderosos que, desde la
coopción hasta la acción agresiva, impiden que se tomen decisiones que puedan afectar sus intereses.
ponderarse y llevarse a la acción cuando los actores políticos o la ciudadanía en general,
aún dentro de un marco democrático, interfieren en la obtención del bien común, ya sea
voluntaria o involuntariamente. Cabría aquí el esquema de la racionalidad retrospectiva de
Robert Goodin, quien, al referirse al método racional, entre otras razones, enfatiza la
decisión gubernamental cuando el bien común se ha desviado, inclusive de forma
inconsciente o involuntaria por algunos actores. Además, ciertamente hay que subrayar que
la tarea implícita de conocer y evaluar anticipadamente comportamientos y resultados de
acción derivados de las decisiones en las políticas públicas, es muy compleja para cualquier
actor político, por lo que, bajo el esquema de la probabilidad, la máxima aspiración del
decisor es reconocer que su decisión, salvo casos excepcionales, puede no cristalizarse, más
aún dentro de un entorno volátil y cambiante de la política.
Como la toma de decisiones representa la columna vertebral del estudio de las políticas, y
ya que no deseamos abrumar al lector con un mar inmenso de referencias teóricas -lo cual
no es objeto de este ensayo en este apartado brevemente dedicaremos algunas líneas a lo
que convencionalmente se ha denominado la etapa de Instrumentación y de evaluación.
En general, tras la decisión, el entendimiento del sentido de las políticas puede, al menos,
bifurcarse, dependiendo de la utilización o no del método racionar descrito en la sección
anterior.
Una primera apreciación, delineada de manera implícita líneas atrás, se refiere a encapsular
a las políticas en el concepto de formulación, de tal forma que la instrumentación y la
evaluación son etapas, se asume, casi puramente administrativas, ya que, también se acepta,
la formulación de las políticas es una tarea exclusiva de los políticos (recordamos, actores
que formalmente pueden ejercer el poder). O en otras palabras, primordialmente en aras de
delimitar las áreas de responsabilidad (el concepto de accountability, como se conoce en
inglés, en forma no literal), se estima necesario demarcar las responsabilidades, otorgando
la decisión sólo al actor político que formula, ya los instrumentadores en particular, la de
realizar o administrar lo previamente establecido. Así, la decisión cae, metafóricamente, en
línea recta de arriba hacia abajo (modelo top-down), generando esto por extensión, que los
receptores de la decisión igualmente sean actores pasivos en el proceso de las políticas.
Otra apreciación, en cambio, sugiere que si muchas veces las decisiones son producto y
resultado de un proceso de interacción entre varios actores, y ya que también muchas
ocasiones es en el proceso de instrumentación donde las decisiones realmente dan sentido a
una fundamental (ciertamente siempre reconocida), algunos estudiosos de las Políticas
públicas sugieren que el proceso de las políticas es realmente una línea continua de decisión
Y acción, por lo cual, para realmente comprenderse, debe situarse a lo largo, Y no sólo al
inicio, del tradicional encadenamiento formulación-instrumentación-evaluación (modelo
bottom-up).
Así, por ejemplo, si una política de salud pública que busca erradicar la poliomielitis en la
población infantil, requiere de la aplicación de un medio muy bien definido, dentro de un
entorno de homogeneidad de valores sin duda, y en principio, podemos entender a las
políticas en su primera conceptualización (la del modelo to-down).
Así por ejemplo, la multicitada política de salud pública casi de manera inmediata se
ajustará a la evaluación tradicional a través de la medición de parámetros cuantitativos. En
cambio, una reforma al proceso político electoral requerirá seguramente de un esquema de
referencia que más que reflejarse en la consecución de metas cuantificables, requerirá de un
marco de referencia basado en parámetros cualitativos como, por ejemplo, resultados de
negociaciones y concertaciones, más que en resultados cuantificables directamente.
Como lo señalamos en la primera parte del ensayo, Harold Lasswell enfatizó que la ciencia
de las políticas debía tener, entre otras características, la de la multidisciplinariedad;
consideraba que la dispersión y el aislamiento del trabajo de los investigadores en las
diversas ciencias sociales poco favorecía la solución integral -y efectiva de los problemas
que enfocaban para su solución.
En líneas similares a Lasswell, y adhiriéndonos prácticamente al común denominador de la
literatura sobre el tema que, sin duda, enfatiza, dependiendo del autor, en mayor o menor
grado el multicitado carácter multidisciplinario, creemos que esfuerzos de investigación
unidos y conjugados, no meramente aditivos, dan por resultado indudablemente mejores
guías de recomendación para los decisores.
Con respecto al primer frente, y en vista de haberse estudiado la decisión con relativa
suficiencia, bastaría quizá señalar que el estudio de la administración pública tradicional,
debería complementarse, no suplirse. con los enfoques de la Nueva Administración (New
Public Management) que, de manera muy sucinta, pretende más manejar los asuntos
públicos que servir, al estilo weberiano, a los superiores y sujetarse a las reglas y
procedimientos que los ciñen, con el objetivo de resolver problemas (ser eficaces) más que
de formalizar jerarquías o lineamientos superiores en forma maximizadora (ser eficientes),
utilizando o no principios derivados del mercado, es decir de la figura intangible y pilar
liberal de la economía neoclásica que, entre otras cosas, enfatiza la relación más con un
cliente que con un ciudadano.
En cuanto al segundo frente de ataque, quizá sólo deba señalarse que es imprescindible el
estudio de las estructuras del poder y sus procesos de ejercicio tanto en la parte formal
(gobierno y partidos políticos) como informal (grupos de presión).
2. Reflexiones
Con tal objeto intentaremos deducir la ruta que la disciplina ha seguido, no con la idea de
marcar meramente una trayectoria cronológica, sino para que a partir de la misma, podamos
desarrollar un sencillo análisis de aplicación a la realidad de nuestro país.
Formalmente, el primer programa de postgrado en Políticas públicas fue creado por Aaron
Wildavsky en la década de los años setenta en la Universidad de Berkeley, Estados Unidos.
Se reconoce este esfuerzo como el primero en difundir académicamente la disciplina que
llevaría a estudiar, por primera vez, las políticas, sin la tutela expresa de la Ciencia Política.
a) surgió como una reacción o corriente opuesta a la rigidez del método racional de la
ciencia económica y del modelo weberiano de la administración, y
b) esta reacción fue favorecida casi a partir del último tercio de la década de los años
sesenta, desde fuera de su entorno, por un clima social en los Estados Unidos, donde el
tradicional modelo social norteamericano de esencia muy conservadora, se enfrentó a una
madurez ciudadana, especialmente en la juventud, que lo rechazaba y le demandaba
transformación por diversas razones.
Así, Lindblom, Wildavsky y Allison, entre otros, coinciden en acotar la utilidad del método
racional en la toma de decisiones. Hechos como la guerra fría entre los Estados Unidos y la
extinta Unión Soviética; la caída del Estado benefactor; la convulsión social
norteamericana; y la guerra de Vietnam, entre otros factores, llevaron a estos autores a
reflexionar sobre la necesidad de introducir con vigor académico lo que Harold Lasswell
había esbozado con su enfoque de la ciencia de las políticas.
En los albores de la década de los años ochenta, tanto desde el exterior como procedente
del interior de la disciplina, el estudio de las Políticas públicas, en buena forma, da un giro
opuesto con relación a lo que había representado en la década anterior. Procedente del
exterior, los gobiernos conservadores de Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los
Estados Unidos y el Reino Unido, respectivamente, enfatizaron la racionalidad y los
principios liberales contenidos en la teoría económica neoclásica en sus políticas de
gobierno. Alimentada así desde el exterior, la teoría económica y los economistas (desde el
interior) influyeron aún más y en forma notable sobre el desarrollo del estudio de las
políticas.
Simplemente como una referencia, deseamos señalar que en nuestro país, desde el punto de
vista académico, la disciplina del estudio de las políticas, no fue reconocida formalmente
sino hasta 1987 cuando el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) lanzó por
primera ocasión la Maestría en Políticas Públicas. Años más tarde, hasta lo que tenemos
entendido, la Universidad Iberoamericana, a nivel de diplomado, y la Universidad
Autónoma Metropolitana-Unidad Xochimilco (UAM) y el Centro de Investigación y
Docencia Económica (CIDE), a nivel de maestría, establecieron programas en la misma
disciplina. Posteriormente, sobre todo a nivel de programas de especialización y
diplomados, empezó a generarse la inquietud académica de profundizar en el estudio de las
Políticas Públicas, y varias instituciones educativas se adhirieron a ese interés.
Sin embargo, la convulsión política y social de 1968; el desgaste paulatino del tradicional
modelo de un solo partido, que en 1988 se evidenció con fuerza en conflictos político-
electorales, y años más tarde, a través del surgimiento de diversos sucesos estrictamente
políticos, que por su índole preferimos no tratar aquí; y finalmente, debido a las crisis
económicas recurrentes y cada vez más profundas desde el inicio de la década de los años
setenta, el estudio de las Políticas públicas se situó en el centro del interés de muchos
académicos y actores ávidos de revalorar la gestión gubernamental en las nuevas
circunstancias. Es decir, parecía ser que esas circunstancias eran la causa que llevaba
finalmente a actores, procedentes de distintas esferas e ideologías, a tratar de emprender
formalmente el estudio de las Políticas públicas.
Con las adecuadas reservas de contexto, en forma similar a lo que sucedió en la década de
los años sesenta en los Estados Unidos, en nuestro país no fue sino hasta el momento en
que la estabilidad política, social y económica se vio seriamente deteriorada, que el estudio
de las Políticas públicas se perfiló como una herramienta alternativa para tratar de
comprender mejor la gestión gubernamental.
Quizá para nadie hay duda alguna que el entorno político nacional actual, con una elección
de jefe de gobierno en el Distrito Federal altamente ponderada por ser la primera realizada
desde la época postrevolucionaria, representa tanto para actores políticos como para a
sociedad mexicana un momento histórico altamente significativo, en donde,
democráticamente, un centro de poder político casi absoluto por más de medio siglo,
comienza a ser un actor más, ya no único, en el proceso de toma de decisiones, ya que, en
una perspectiva pluralista, varios actores, formales e informales, empiezan a conformar,
creemos, el significado verdadero de las políticas, tal como delineamos en la referencia
teórica.
Percibimos entonces que, sin desdeñar en lo absoluto la utilidad y solidez del método
racional, los estudiosos y administradores de las Políticas Públicas podrían, así como
Lindblom, Wildavsky y Allison hicieron en su momento, situar relativamente más su óptica
en la construcción de la decisión, a través del análisis de la interacción de decisiones y
acciones de diversos actores políticos, que en la formulación convencional, la cual, por
ejemplo, como relata Wildavsky sucedió en la ciudad de Oakland, procedía más de la
racionalidad de los administradores y de sus políticos, que de la necesidad de los actores
receptores de las políticas.
Por lo anterior, esto implicará, quizá, que en un plazo mediano el análisis de estudiosos y
decisores de las políticas, además de ir dirigido a formular acciones, muchas veces
asumiendo comportamientos de actores y variables, debería también ir dirigido a reconocer
y valorar las decisiones y acciones de día a día, es decir de aquellas que, interrelacionadas,
conforman las políticas y una línea continua de acción y decisión, en donde también,
cuando es necesario, se deben resolver problemas a través de negociaciones y
concertaciones, inclusive antes de pretender alcanzar metas previamente establecidas. En
breve, el arte de la política visualizada, entre otros elementos, a través de las teorías de
distribución y del surgimiento de los grupos de poder, del estudio de la comunicación
política, de la negociación y concertación yendo de la mano de los análisis de Lindblom,
Wildavsky, Allison, por mencionar algunos, creemos, podrían ser guías para utilizarse más,
en términos relativos, que el análisis estrictamente racional y técnico.
Por eso, con la nueva pluralidad política, que seguramente reconocerá de acuerdo a su
ponderación electoral, la participación de los partidos políticos representativos, vemos con
optimismo que eventualmente, al paso del tiempo, y tal como sucede en otras países, como
Suiza, por ejemplo, la democracia directa además de la representativa, podrían llevar a que,
eventualmente, los grupos informales del poder disminuyeran su actividad, ya que con
aquéllas, suponemos con optimismo que el sistema de recepción de demandas y de toma de
decisiones será más sencillo.
Sin embargo, como hemos dicho líneas arriba, lo anterior requerirá para su cabal
cristalización un plazo de tiempo mediano, por lo que, mientras tanto, mesuradamente
insistimos, el método no racional de toma de decisiones relativo al racional, podría ser más
útil en el análisis de políticas, las cuales, creemos, serán más consensadas.
Asumiendo los riesgos inherentes por realizar un ejercicio de visualización hacia el futuro,
nos atrevemos a sugerir que, tras la etapa recién descrita de nuestro momento histórico, el
desarrollo de la disciplina de las Políticas Públicas podría, en términos relativos,
enmarcarse más en el contexto del método racional de toma de decisiones que en el no
racional, ya que en especial, la crisis económica, si bien seguramente no se habrá resuelto
por completo, sí habrá decrecido. Más aún, en lo político, creemos que los gobiernos y las
administraciones públicas estarán al paso del tiempo cada vez más concientizadas de que,
como establece el modelo Hotelling-Downs de elección pública, con el objeto de abarcar
mayores votantes en el mercado electoral, deberán, si quieren mantenerse en la preferencia
del electorado, trabajar eficientemente para competir afanosamente por su estancia política
y administrativa ante una ciudadanía que, suponemos, cada día menos aceptará gobiernos
enmarcados en modelos políticos radicales.
Así, en el futuro, sin intentar situar con precisión cuál será ese momento histórico que lleve
a nuestro país a estar inmerso en un marco más razonable de estabilidad económica y
política, esperaríamos que, tal como lo exige el modelo racional, habría entonces mejores
condiciones en tiempo y recursos, para que gobernantes y administradores puedan
normativizar las Políticas Públicas, es decir, haciendo referencia a Harold Lasswell, puedan
trasladarse, del estudio descriptivo al prescriptivo de las políticas.
Creemos con optimismo, que en un entorno social más estable, tal como sucede
actualmente en los países industrializados, habrá mejores oportunidades en formular
políticas con base a demandas ciudadanas, pero también fundamentadas en un análisis más
técnico y cualitativa mente más refinado.
3. Conclusiones
Como inicio de nuestras conclusiones, deseamos señalar que tenemos la certeza de que el
sistema político mexicano indudablemente ha sufrido transformaciones de fondo que, como
hemos explicado en las secciones anteriores, obliga a dirigir la mirada de académicos Y
decisores a entender las políticas y, obviamente, la política de forma distinta.
Inclusive pensamos que la causalidad que demuestre la eficacia de un buen gobierno debe
iniciarse por un marco democrático legítimo (que de hecho empieza a construirse), el cual,
muy probablemente, propiciará una atmósfera más adecuada para que un gobierno, a través
de la racionalidad social y de la suya propia, pueda definir y cristalizar decisiones
adecuadas. Tomemos como ejemplo de lo anterior, tan sólo los casos de las monarquías
liberales de Suecia y Holanda, el nuevo gobierno laborista del Reino Unido y con mayor
cercanía a nuestra identidad, la república monárquica de España. Todas estas naciones, con
sus problemas y dificultades propias, han logrado desarrollar sin la referencia apabullante
del sistema de mercado -como en el caso de los Estados Unidos políticas más en un sentido
de arriba hacia abajo, sin desdeñar las decisiones formales de los gobiernos. Más aún, no
intentamos desvirtuar las cualidades del sistema de mercado, empero creemos que la
libertad económica y de propiedad pueden estar también situadas y revitalizadas en marcos
políticos más flexibles como los que hemos mencionado.
Antes de casi concluir este trabajo quisiéramos plantearnos la siguiente pregunta: ¿por qué
utilizar un enfoque multidisciplinario?; más aún, ¿no valdría la pena estudiar los problemas
de Política pública en forma individual desde la perspectiva de cada disciplina?
A diferencia de lo que sucedía todavía hace dos o tres décadas a nivel mundial, las distintas
naciones, en mayor o menor grado, han tenido en la actualidad que incrementar su nivel de
integración, que aunque no territorial, en lo intangible es todavía más importante, ya que
los patrones de globalización y transnacionalización influyen, por medio de decisiones de
países poderosos, sobre decisiones internas, tanto económicas como políticas, de países
menos desarrollados. Para nuestro país, en el caso de las primeras, basta tan sólo mencionar
la creación e instrumentación del Tratado de Libre Comercio con Estados y Canadá. En el
caso de las segundas, mencionemos solamente la presión ejercida por la Unión Europea en
el sentido de condicionar la adhesión de nuestro país a un tratado de naturaleza similar al
que tenemos con el resto de Norteamérica, en tanto, de acuerdo a su criterio, nuestras
instituciones y sistema político no sean lo suficientemente democráticos.
Independientemente de las cuestiones puras de politics, tan sólo deseamos establecer que,
en nuestra opinión, los ejemplos citados representan y pueden representar fuertes presiones
para mermar nuestra soberanía, en tanto no tengamos la capacidad de atacar frontalmente
los problemas económicos, tal como otros países no desarrollados, como Corea o Taiwán,
hicieron en su momento.
En lo que se refiere al estudio de la policy, creemos que las nuevas relaciones a nivel
mundial, aunadas a la cada día mayor facilidad de acceso a espectros igualmente cada vez
mayores de información, debido a los avances tecnológicos, obligan a quienes estudian y
participan en las Políticas Públicas a estar mejor preparados para entenderlas, diseñarlas y
perfeccionarlas. Para esto se requiere, independientemente de especializarse en alguna
disciplina social o científica, mirar el enfoque de las Políticas Públicas, el cual a través de
su columna vertebral que representa el estudio de la toma de decisiones, podrá coadyuvar a
entender mejor realidades políticas, económicas y sociales, tanto a nivel interno como
externo.
En el mismo tenor a lo señalado, creemos que los tres poderes que sustentan la soberanía
del Estado mexicano, en conjunción con una cada vez más real participación ciudadana, ya
sea directa o a través de sus representantes, están comprometidos, a partir de este momento
histórico y conforme avance el tiempo, a buscar Políticas públicas eficientes, ciertamente
en aras de la racionalidad técnica y económica, pero socialmente útiles y eficaces, aun
cuando desde el exterior procedan a veces políticas que limitan, en muchas ocasiones,
nuestro espacio de decisión Y acción como mexicanos.
Para finalizar citamos a Aaron Wildavsky, de quien, creemos sus palabras, sintetizan el
espíritu de este ensayo: