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La Oración: Encuentro y Humildad con Dios

El documento describe la oración como un encuentro con Dios y cómo es importante la calidad de la oración más que la cantidad. Explica que la oración es el canal para recibir ayudas del cielo y que para que Dios responda favorablemente a nuestras oraciones, nuestro deseo debe ser cumplir la voluntad de Dios y no nuestros propios caprichos. También describe a la oración como un impulso del corazón y una mirada lanzada al cielo, y cómo Jesús enseñó a sus discípulos a orar y a

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La Oración: Encuentro y Humildad con Dios

El documento describe la oración como un encuentro con Dios y cómo es importante la calidad de la oración más que la cantidad. Explica que la oración es el canal para recibir ayudas del cielo y que para que Dios responda favorablemente a nuestras oraciones, nuestro deseo debe ser cumplir la voluntad de Dios y no nuestros propios caprichos. También describe a la oración como un impulso del corazón y una mirada lanzada al cielo, y cómo Jesús enseñó a sus discípulos a orar y a

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Primer Tema: La oración, un encuentro con Dios.

Querido hermano, ¿te has preguntado tener un encuentro verdadero con Dios? Sabemos muchas
cosas de Él: es el creador, origen de todo lo creado, nuestro Padre… en fin, lo es todo. Sin embargo,
Existen algunas trampas contra nuestra vida espiritual, las cuales hacen que durante nuestra vida de
oración se nos llene la cabeza de pensamientos grandiosos y hasta curiosos, agradables acerca de
futuros apostolados y trabajos por las almas, y en vez de dedicar ese tiempo precioso a amar a Dios,
a adorarlo, a pensar en sus perfecciones, a darle gracias y a pedirle perdón por nuestros pecados, nos
dediquemos a volar como varias mariposas por un montón de temas que no son oración, y aun como
moscardones a volar con la imaginación, por los basureros de este mundo (Lorenzo, p.6).

Definitivamente, no se trata tanto del número de oraciones y devociones que tienen sino la
calidad y el amor a Dios y al prójimo que hay en esas prácticas de piedad (p.6). Esta forma de
acercase a Dios nos muestra el camino que el mismo Jesús de Nazaret nos indicó: “Todo el que pide
recibe. Mi Padre dará el buen espíritu a quien se lo pida” (Lc 11, 11). Esta vía, es entonces, la vía
del cristiano: la vía de la humildad. “Todo lo que pidan en mi nombre, Yo lo haré (Jn 14, 13). Lo
que pidan al Padre en mi nombre, Él lo concederá” (Jn 15, 16).

La oración es el canal por el cual se nos envían todas las ayudas que recibimos del cielo. Es la
espada que Dios ha puesto en nuestras manos para que combatamos a los enemigos de nuestra
salvación y los derrotemos (p.113). Los santos dicen que al orar debemos hacer cuatro acciones:
adorar, dar gracias, pedir perdón y suplicar favores. Ante esta realidad, es muy importante ganarnos
la amistad y buena voluntad de quien va a conceder ese favor. Tal iniciativa nos lleva a
preguntarnos ¿Lo hacemos así con Dios? ¿Le pedimos excusas por las ofensas que le hemos hecho?
¿Le agradecemos tantos favores que nos ha concedido? ¿Le decimos muchas veces que lo amamos?
¿O solamente pedimos, pedimos, y nada más?

Todo, absolutamente todo, nos debe llevar al fiel agrado al creador. Cada momento de nuestra
vida es un encuentro con el amado. “Por la mañana la oración es la llave que nos abre los tesoros
de Dios y por la noche es el manto que nos coloca bajo su Divina Protección”. Para que nuestra
oración sea respondida favorablemente por el Creador es necesario que nuestro deseo sea el que se
cumpla la Voluntad de Dios, lo que Dios quiere, y no nuestra voluntad o los propios caprichos.
“Hay que ser siempre agradecido. Demos gracias a Dios en todo, que ésta es su santa voluntad” (1
Ts 5, 18).

El Divino Espíritu inspira también a muchas almas el dedicarse a vivir como deseaba san Pablo:
“Como ciudadanos del cielo”(Flp 3, 20) y por eso les invita a dedicarse a la oración, a la
meditación, y a pensar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, y no por curiosidad, ni por
conseguir gozos sensibles, sino para lograr apreciar mejor cuán grande es la bondad y la
misericordia de Nuestro Señor, y cuán espantosa es nuestra ingratitud y nuestra maldad (P.5)

Una de las grandes preguntas que podemos hacernos es la siguiente: Pero ¿y si tarda demasiado?
¡Es un grave peligro! Ante ello, debemos entender que: si Dios demora bastante en concedernos lo
que estamos pidiendo, no nos desanimemos y ni dejemos de rogarle. Es necesario que nos
repitamos hasta la saciedad la noticia tan hermosa que nos contó san Pablo: “Dios tiene poder y
bondad para darnos mucho más de los que nos atrevemos a pedir o a desear” (Ef 3, 20). Si Él quiere
y puede ayudar ¿por qué dejar de pedirle sus ayudas? Partimos siempre de un principio: “Aquel a
quien pedimos es Todopoderoso”. “Dios nos oye, dice san Juan, y si nos oye nos ayuda” (1Jn 5,
14). Nuestro creador sabe todo lo que necesitamos. San Juan Crisóstomo dice: “No hay creatura
más poderosa que la que ora con fe, porque tiene a su favor una promesa infalible que dice: Pedid
y se os dará”. Debemos orar sin afán alguno.
“Señor, ensénanos a orar” (Lc 11,1). Ref. El Padre nuestro.
Tercer Tema: La vida de oración, un impulso del corazón y una mirada lanzada al cielo.
Para algunos autores, como Santa Teresita del Niño Jesús, la oración es un impulso del corazón,
una mirada lanzada al cielo; otros, como San Juan Damasceno, prefieren decir que, es una elevación
del alma a Dios o la petición al señor de los bienes conforme a su voluntad. Ambas ideas son
sumamente claras, pues la oración es un signo de humildad y reconocimiento de fragilidad ante la
omnipotencia divina. El hombre, al reconocer tal limitación, deberá acudir al buen Dios y Él ira a su
encuentro primeriando tal acción. “Cristo va al encuentro del hombre es el primero en buscarnos”
(CEC, n°2560).
En el AT, se manifiesta expresamente la virtud de grandes hombres de fe, los cuales
“demuestran que Dios es el primero que llama al hombre” (CEC, n° 2567). Entre ellos, Abraham,
el padre de la fe, se convierte en el modelo perfecto de oración, pues Él es el típico hombre que
camina con Dios y lo obedece en sus designios. De este hecho dice la Palabra: “ Partió Abram, tal
como se lo había dicho Yahvé, y Lot se fue también con él. Abram tenía setenta y cinco años de
edad cuando salió de Jarán” (Gn 12,4).
Otro personaje importantísimo es el de Moisés, puesto que, Él se convertirá en el modelo de
oración contemplativa, ha visto a Dios cara a cara: “Yo soy el señor tu Dios, el Dios de Abrahán, el
Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Al instante Moisés se tapó la cara, porque tuvo miedo de que su
mirada se fijara sobre Dios” (Ex 3,6). Por otra parte, el Rey David será considerado como el Rey
según el corazón del señor, el pastor que guía a su pueblo.
Los salmos también son fuente viva de oración, son la columna vertebral de esta forma de
comunión con Dios. Su intención individual-comunitaria, son dos componentes esenciales (CEC,
n°2596).
En cuanto a Jesús de Nazaret; la oración de Jesús es una oración heredada de su familia, es
decir: de su propia madre y cultura; su corazón está plenamente arraigado a algo que va más allá de
su origen, pues su oración es filial y siempre está en plena comunión con el Padre. Él se convierte
en maestro de oración para sus discípulos, enseñándole también, a apartarse incluso en la soledad a
orar. Partiendo de tal idea, el cristiano de hoy debe aprender a apartar el ruido del mundo para estar
en contacto con Dios, una relación filial como la de Jesús.
Es evidente que las primeras comunidades cristianos de Jerusalén oraban según el mandato del
señor “y la guía del espíritu” (CEC, n°2623). El Espíritu Santo es maestro incesante de oración en
la vida de la fe. La Iglesia reconoce la riqueza de los dones transmitidos por Él. Por ello, ha
considerado veraz, la diversidad de formas de oración, es decir: la de la bendición y adoración;
petición e intercesión; acción de gracias y alabanza, formas que presentadas a plenitud en la
celebración eucarística.
Siguiendo la tradición de la Iglesia, la oración es una manifestación de un impulso interior del
alma. Frente a ello, existe un arduo compromiso de fe que requiere ser nutrido como el cuerpo
necesita del alimento; estas fuentes son: La palabra de Dios, la sagrada liturgia y las virtudes
teologales. Además, la consideración de la vida testimonial de los santos como modelos de oración
cristiana, pues su servicio exalta los grandes designios de Dios según cada estilo de vida particular.
También, la familia cristiana es fuente de oración; ella como Iglesia doméstica, es la madre de
muchos creyentes.
La oración es la vida del corazón nuevo (CEC, n°2697). Existen varias formas de oración de las
cuales tocará exponer en otro plano más amplio; Estas son: La oración vocal, meditativa y
contemplativa. En ellas, una triada de armas que ayudan al pleno combate del hombre de Dios, si se
entiende tal idea, se ha de comprender también que, aunque existan dificultades para orar, nunca la
oración y la vida cristiana tendrán un valor por separado.

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