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El Poder de la Intercesión en Oración

El documento habla sobre el poder de la intercesión. Explica que la intercesión implica ponerse en el lugar de otra persona para ayudarla con su carga, orando por ellos como si su problema fuese propio. También discute que Jesús sanaba directamente a las personas en lugar de pedirle a Dios que lo hiciera, usando su autoridad sobre las enfermedades. La fe es necesaria para que el reino de Dios se manifieste a través de milagros.
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El Poder de la Intercesión en Oración

El documento habla sobre el poder de la intercesión. Explica que la intercesión implica ponerse en el lugar de otra persona para ayudarla con su carga, orando por ellos como si su problema fuese propio. También discute que Jesús sanaba directamente a las personas en lugar de pedirle a Dios que lo hiciera, usando su autoridad sobre las enfermedades. La fe es necesaria para que el reino de Dios se manifieste a través de milagros.
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16 EL PODER DE

LA INTERCESIÓN
Día 16: El Poder de la Intercesión

Hola, querido/a amigo/a

Bienvenido al Décimo Sexto Día de esta Audioguía. 

Ayer comenzamos la semana hablando sobre una de las claves más


importantes de la vida cristiana: la llenura del Espíritu Santo, y la
importancia de orar en el Espíritu. 

Compartí contigo mi experiencia, y la manera en la que la oración en el


Espíritu se ha convertido en una de las claves más importantes en mis
momentos de oración. ¡Deseo que mi testimonio te haya inspirado, y
que ayer pudieses tener un buen momento en oración y alabanza con
Dios!

Ayer vimos que el Espíritu Santo intercede por nosotros, y de hecho


nosotros mismos somos llamados también a ser intercesores por los
demás. Sin embargo, creo que muchas veces tenemos ideas
equivocadas al respecto, y no llegamos a entender bien lo que es la
intercesión, ni cuál es nuestro papel en ella. 

Es por eso que hoy quiero hablar precisamente sobre el Poder de la


Intercesión, para ayudarte a profundizar más en este apasionante
tema. 

Vamos a orar: “Señor, te doy muchísimas gracias porque podemos estar


un nuevo día buscando conocerte más, y descubrir juntos más acerca
del enorme poder que se encuentra en la oración. Quiero pedirte que
nos ayudes a estar más llenos de Ti, a ser más conscientes de Tu
Presencia, y a dejarnos dirigir por Ti en todas las áreas de nuestra vida.
¡Gracias por todo lo que estás haciendo, y por lo que vas a seguir
haciendo en nuestras vidas! Llénanos de Ti, háblanos, y especialmente
quiero pedirte ahora por mi querido/a amigo/a, para que pueda
experimentar más de Ti en este día, de Tu poder, de Tu libertad. En el
Nombre de Jesús. ¡Amén!”

¿Cuántas veces te has encontrado con personas que te han pedido


oración, y cuando has orado por ellas, no has sido realmente capaz de
decir algo más que “Señor, ayúdala en su problema… bendícela a ella y
a su familia… en el Nombre de Jesús” ? A mí esto me ha pasado muchas
veces, sobre todo cuando era más joven en la fe, y siempre me surgía la
duda en mi corazón de cuán efectiva realmente había sido mi oración
por esa persona. 

De hecho, ¿por qué Dios necesitaba que le pidiera que ayudase y


bendijese a la otra persona? ¿Acaso no quería ya Él bendecirla y
ayudarla? Varias veces había escuchado que nuestras oraciones eran
como granitos de arena, y que cuantas más personas orasen por un
tema, más Dios prestaría atención para, al nal, moverse y hacer un
milagro. 

Sin embargo, ese punto de vista nos lleva de nuevo a la parábola


del juez injusto, como vimos al principio, en la que Dios es como ese
juez que necesita ser “molestado” una y otra vez a través de nuestras
oraciones. De esta manera, por n, cansado de nuestra insistencia,
llegará el momento en el que decida hacer un milagro y darnos lo que
le pedimos, para que le dejemos en paz. 

Mi querido/a amigo/a, ese claramente no es nuestro Dios, no es Su


corazón en absoluto. ¡Él no es un juez injusto, ni somos molestos para
Él! Él es Aquél que te ha amado tanto que ha dado Su vida en la cruz
para poder tener una relación viva contigo por toda la Eternidad.

Entonces, ¿cómo funciona la intercesión? ¿Cómo se supone que


tenemos que orar por los demás? A lo largo de estos años, una cosa
que ha cambiado radicalmente mi acercamiento a la oración por los
demás es el hecho de orar por los enfermos. 

Puede que esto que voy a decirte ahora te choque, pero, ¿sabías
que ni Jesús ni los discípulos nunca oraron pidiendo a Dios que
sanase a las personas? La Biblia no registra ninguna oración del tipo
“Padre, te pido que, si es Tu voluntad, por favor sanes a este leproso…”.
Esa no era la forma en la que Jesús oraba por los enfermos. Él no pedía

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al Padre que los sanase, y no ponía en duda tampoco Su voluntad de


sanarles. 

La Biblia dice que Jesús sanaba a todos los que venían a él (Mateo
8:16). Él es el que le dijo al leproso: “Sé limpio” (Mateo 8:3), al paralítico
“levántate y anda” (Mateo 9:5), al sordo “Éfata” (“sé abierto”), y
“levántate, niña” a la hija de Jairo (Marcos 5:41). Jesús es el que hablaba
a la tormenta y le decía “Calla, enmudece” (Marcos 4:39), es el que a los
demonios decía “Cállate, y sal de él” (Lucas 4:35), y el que reprendía las
enfermedades, como cuando reprendió la ebre de la suegra de Pedro
(Lucas 4:39). Fíjate, de hecho, que Él reprendió concretamente a la
ebre, y dice la Biblia que “la ebre la dejó”. Es decir, Él habló a la
ebre, diciéndole seguramente algo como: “¡Vete!”, y la ebre le
obedeció. ¡Impresionante!

Como puedes ver, bíblicamente, la oración por los enfermos no


tiene nada que ver con rogar a Dios para ver si, en algún momento,
logramos convencerle para que decida nalmente sanar al enfermo.
Tiene que ver más con reprender las enfermedades. La enfermedad no
es el plan de Dios para nosotros, y de la misma forma que la
combatimos en lo natural con medicinas y cuidados, tenemos que
combatirla siempre espiritualmente con la autoridad que nos ha sido
dada: la autoridad en el Nombre de Jesús. 

Tenemos la promesa de que “por sus llagas fuimos nosotros


curados” (Isaías 53:5, RVR95), y tenemos que levantarnos en fe para
reprender las enfermedades en base a esta promesa de las Escrituras.
¡Jesús ha pagado ya el precio, y por Su sacri cio hemos sido ya
sanados! Ahora solo tenemos que traer esa realidad celestial a nuestra
realidad terrenal. 

Pero, ¿qué pasa cuando oramos por las enfermedades, incluso


usando nuestra autoridad como cristianos, y aún así parece que no
pasa nada? Los discípulos de Jesús estaban acostumbrados a orar y
sanar enfermos, pero una vez oraron por un muchacho lunático, y no
fueron capaces de sanarlo. Jesús, sin embargo, lo sanó al instante, y
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cuando los discípulos le preguntaron por qué ellos no pudieron liberar
al muchacho, Jesús les dijo: “Por vuestra poca fe” (Mateo 17:20).

La fe es lo que conecta nuestra realidad con el Cielo, y es lo que


hace que el Reino de Dios venga con poder y mani este Su gloria
aquí en la tierra. La autoridad de este mundo nos ha sido dada a las
personas desde el principio (Génesis 1:28), y solo nosotros tenemos la
capacidad, por medio de la fe, de invitar a Su Reino para que venga e
inunde nuestra realidad, para hacer milagros.  
Es por medio de una fe viva, verdadera, que podemos ver todo tipo
de milagros suceder, como dice Jesús: “Tened fe en Dios, porque de
cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate
en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que
dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que
pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:22–24).

Este pasaje es impresionante. Lo que he ido descubriendo a lo largo


de estos años es que el problema es precisamente ese: que no siempre
llegamos a tener ese nivel de fe que conecta el Cielo con la tierra.
Tenemos dudas que nos bloquean, que nos llevan a cuestionarnos las
cosas, y no llegamos a experimentar ese nivel de fe que, en otras áreas
de nuestra vida, sí experimentamos. 

Esto es lo que le ocurrió a los discípulos en ese caso concreto:


tenían fe para sanar a otras personas con otras enfermedades, pero no
para sanar y liberar a ese chico lunático. Por algún motivo, no podían,
quizá porque tenían miedo en su corazón, o consideraban que era un
caso demasiado perdido incluso para Dios. Y es aquí donde creo que la
intercesión juega un papel clave. 

La intercesión, bíblicamente, es un concepto que lleva implícito el


acto de ponerse en el lugar de otra persona para ayudarla. Es, por
así decirlo, ayudar a la otra persona con su carga, en el sentido de hacer
como si su carga fuese tuya. Es lo que está en el corazón del pasaje que
dice: “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente
con ellos” (Hebreos 13:3). Es hacer tuyo el problema de los demás, y

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orar a Dios con la misma intensidad como lo harías si fueses tú quien


tuviese ese problema. 

Eso es lo que hizo la Reina Esther: el pueblo de Israel no podía venir y


defenderse ante el rey Asuero contra el decreto que había sido emitido
contra ellos para destruirlos, pero la Reina Esther sí podía presentarse
delante de Asuero. Y eso es precisamente lo que hizo: arriesgó su vida,
y se presentó ante el rey para interceder por su pueblo (Ester 4:8)

Mira este pasaje en el que Dios reprocha a los profetas, diciendo: “No
habéis subido a las brechas, ni habéis edi cado un muro alrededor de la
casa de Israel, para que resista rme en la batalla en el día de Jehová”
(Ezequiel 13:5). Eso es lo que somos llamados a hacer en la
intercesión: poner en oración un muro alrededor de aquellos de
nuestros hermanos que están débiles en la batalla, para que puedan
resistir, y ver la gloria de Dios. 

Cuando arrestaron al apóstol Pedro, la situación tenía muy mala pinta.


Unos días atrás habían matado a Jacobo, hermano de Juan, y ahora
Pedro estaba sentado en la misma prisión, esperando también ser
asesinado de la misma manera en público. Seguramente Pedro no se
encontraba en su mejor momento, pero hubo algo que marcó la
diferencia: la Biblia dice que “la iglesia hacía sin cesar oración a Dios
por él” (Hechos 12:5).

Fíjate en la intensidad con la que dice la Biblia que oraban por él:
“sin cesar”. Se habían puesto en el lugar de Pedro, y estaban orando
como si sus propias vidas estuviesen en juego, pidiendo a Dios
revelación, milagros, sabiduría, declarando la victoria de Dios en medio
de ese ataque de las tinieblas… y apoyando con su propia fe la
probablemente debilitada fe de Pedro. Si la iglesia no se hubiese
movilizado, quizá la historia de Pedro se hubiese terminado en ese
episodio, como le ocurrió un poco antes a Jacobo: hubiese sido
ejecutado también. Pero porque todos unieron su fe en un clamor real a
Dios, llegaron a un punto en el que realmente creyeron que Dios podía
hacer un milagro y liberar a Pedro. Y, gracias a eso, el Cielo pudo invadir

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esa realidad y, a través de un ángel, liberarle de una manera totalmente


increíble. 

¡Wow! ¿Ves el cambio de perspectiva que plantea este


acercamiento a la intercesión? Deja de ser una simple oración
bienintencionada, super cial, que hacemos casi para calmar nuestra
conciencia… y pasa a convertirse en un asunto personal, en algo por lo
que oramos con intensidad, como si fuese nuestro propio problema, y
en la que buscamos cubrir y apoyar a nuestros hermanos con nuestra
fe, con nuestro clamor sincero a Dios. A la vez, es posible que en la
misma intercesión recibamos una palabra, una visión, o sabiduría sobre
algo que tengamos que compartir o hacer para bendecir a la otra
persona. 

Una de las claves de la intercesión, de hecho, es la guía del Espíritu


Santo. La Biblia dice que, por nosotros mismos, no sabemos qué pedir
ni sabemos pedirlo de manera adecuada. Pero, cuando oramos en el
Espíritu, el Espíritu Santo intercede por nosotros (Romanos 8:26), y nos
dirige para orar de manera efectiva, con revelación, con claridad… 

Al interceder por los demás, pasa algo similar: el Espíritu Santo


quiere guiarnos para orar de manera estratégica por ellos, porque Él
sabe realmente lo que necesitan. Por lo que, lo mejor que podemos
hacer, es buscar al Espíritu en oración y dejarnos guiar por lo que Él
ponga en nuestro corazón por la otra persona, orar por lo que Él nos
esté mostrando. 

No tiene por qué durar necesariamente horas: puede ser un


momento corto, pero intenso, dirigido por el Espíritu Santo. Yo, de
hecho, en muchas ocasiones, cuando me acuerdo de alguien, siento
que tengo que orar por él/ella. Entonces, me centro y empiezo a orar
por todo lo que me venga al corazón al respecto de esa persona, sus
problemas, o cualquier cosa que sienta que el Señor está poniendo en
mí, de la manera más profunda y real posible. Combino esto también
con orar en el Espíritu. Esto puede durar un minuto, cinco, diez… o más,
en función de lo que siento que el Señor está poniendo en mí. Lo

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importante es hacerlo mientras sientas esa carga en ti, y cuando la carga


desaparezca, sabes que es tiempo de parar y pasar a otra cosa =)

¡Este tipo de intercesión es tan preciosa, y a la vez tan efectiva!


Quiero animarte a que seas consciente del papel tan importante que
tienes en la intercesión al cubrir y apoyar a tus hermanos con tu fe. ¡Tus
momentos de intercesión pueden cambiar la realidad de muchas vidas!

En este día te quiero invitar a que cierres los ojos, y que le pidas
ahora mismo a Dios que te muestre por quién tendrías que
interceder ahora mismo, y que te revele cómo hacerlo. Está atento en
silencio, mientras esperas que alguien venga a tu mente. Cuando esa
primera persona te venga a la mente, piensa en ella unos momentos, y
pídele a Dios que te guíe en ese momento en intercesión por ella.
Empieza orando por ella, pidiendo la Presencia y bendición de Dios
sobre su vida, y empieza a orar por sus problemas, si sabes cuáles son…
y mientras tanto, sigue atento a cualquier cosa que te venga al corazón.
Quizá empezarás a sentir que tienes que orar por su familia, o por un
problema en concreto, o por algo que no conoces pero que está
viniendo fuertemente a tu corazón. Cuando te venga al corazón, ora por
ello: puede que estés equivocado, pero no pasa nada, estás
aprendiendo a discernir más la voz de Dios, y así es como se aprende.
Además, ¡puede que no estés equivocado, y que estés, de hecho,
orando por aquello que esa persona más necesita! Lo más importante
es que estés atento a lo que el Espíritu te muestre, que ores con fe, y
que tengas la humildad de saber que aún estás aprendiendo, y que
puedes cometer errores. Orar en el Espíritu podrá serte muy útil
también para poder estar bien atento en la intercesión a lo que el Señor
quiera guiarte.

Sí, querido amigo, tienes un rol tremendamente importante tanto en tu


vida, como en la vida de los demás. ¿Acaso no es emocionante? =) Y lo
mejor, es que tú también puedes bene ciarte de la intercesión genuina
del resto de personas cuando lo necesites. Además, Jesús mismo y el
Espíritu Santo interceden también por ti.

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Y, por favor, si en algún momento las cosas no salen como tú esperabas


aun después de haber orado e intercedido, ¡no te acuses ni te
condenes! Todos estamos creciendo, y el Señor nos conoce
perfectamente. Ven a Él, acurrúcate en Sus brazos de amor, y deja que
Él te consuele y te enseñe más, como hizo con Sus discípulos. ¡Él te
ama, y nunca te abandonará!

Voy a orar por ti ahora (mira el vídeo o escucha el audio)

Te animo a que tengas este momento especial de intercesión hoy.


Como veíamos, la fe es la clave de todo, y en el pasaje en el que Jesús
le dijo a sus discípulos que no habían podido sanar el lunático debido a
su falta de fe, les da como clave la oración y el ayuno para poder crecer
en la fe. Es por eso que mañana hablaremos sobre el Poder del Ayuno
en la Oración, para que puedas usar esta herramienta tan preciosa a la
hora de intensi car tu relación con Dios y tus momentos de oración. ¡No
te lo pierdas!

Por favor, no olvides compartir tus testimonios conmigo, serán una


bendición tanto para mí como para el resto de personas que están
haciendo esta Audioguía ;) Puedes hacerlo en los enlaces habilitados
para ello, o escribiendo un comentario en los vídeos de YouTube, si te
resulta más sencillo =)

Te veo mañana, y no lo olvides: ¡Eres un Milagro!


fi

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