UNIDAD IV
BIENES PÚBLICOS, TEORÍA DE JUEGOS
MICROECONOMÍA II
Microeconomía II – Unidad 4 – Guía de Conceptos
Tabla de contenido
Los recursos de propiedad común ..................................................................... 3
Los bienes públicos ............................................................................................ 4
La eficiencia y los bienes públicos .................................................................. 7
Los bienes públicos y los fallos del mercado .................................................. 8
Las preferencias privadas por los bienes públicos .......................................... 9
Teoría de juegos .............................................................................................. 12
Análisis de la fijación de precios ................................................................... 12
Conceptos básicos ........................................................................................ 13
Distintas estrategias .................................................................................. 15
Algunos ejemplos importantes de la teoría de los juegos ............................. 16
Coludirse o no coludirse ............................................................................ 16
El dilema del prisionero ............................................................................. 18
El juego de la contaminación ..................................................................... 20
La mortífera carrera armamentista ............................................................ 21
Los juegos en economía ............................................................................... 21
Bibliografía ....................................................................................................... 23
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Los recursos de propiedad común
De vez en cuando surgen externalidades cuando es posible utilizar los
recursos sin pagar por ello. Los recursos de propiedad común son aquellos a los
que todo el mundo tiene libre acceso. Como consecuencia, es probable que se
utilicen excesivamente. El aire y el agua son los dos ejemplos más frecuentes.
Otros son la pesca, la fauna y la exploración y la extracción de minerales.
Examinemos algunas de las ineficiencias que pueden surgir cuando los recursos
no son de propiedad privada sino de propiedad común.
Consideremos el caso de un gran lago lleno de truchas, al que tiene
acceso un úmero ilimitado de pescadores. Cada uno pesca hasta el punto en el
que el ingreso marginal derivado de la pesca (o el valor marginal, si se pesca por
deporte y no para obtener beneficios) es igual al coste. Pero el lago es un recurso
de propiedad común y ningún pescador tiene incentivos para tener en cuenta las
consecuencias de su pesca para las oportunidades de otros. Por consiguiente,
el coste privado del pescador subestima el verdadero coste de la sociedad, ya
que el aumento de la pesca reduce las reservas piscícolas, haciendo que queden
menos para otros. Eso da lugar a una ineficiencia, a saber, se capturan
demasiados peces.
La Figura 1 ilustra esta situación. Supongamos que como las capturas de
pescado son suficientemente pequeñas en relación con la demanda, los
pescadores consideran dado su precio. Supongamos también que una persona
puede controlar el número de pescadores que tienen acceso al lago. El nivel
mensual eficiente de pesca, F*, se encuentra en el punto en el que el beneficio
marginal generado por el pescado capturado es igual al coste social marginal. El
beneficio marginal es el precio indicado por la curva de demanda. El coste social
marginal incluye en el gráfico no solo los costes privados de explotación sino
también el coste social del agotamiento de las reservas piscícolas.
Comparemos ahora el resultado eficiente con el que se obtiene cuando el
lago es de propiedad común. En ese caso, los costes externos marginales no se
tienen en cuenta, por lo que cada pescador pesca hasta que ya no puede obtener
más beneficios. Cuando solo se capturan F* peces, el ingreso derivado de la
pesca es mayor que el coste, por lo que pueden obtenerse beneficios pescando
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más. La entrada en el sector pesquero no se detiene hasta que se alcanza el
punto en el que el precio es igual al coste marginal, que es el punto Fc de la
Figura 1. Sin embargo, en Fc se captura demasiado pescado.
Ilustración 1. Los recursos de propiedad común
Fuente: Pindyck, R., & Rudinfeld, D. (2009). Microeconomía (Séptima ed.). Madrid: Pearson
Education.
El problema del recurso de propiedad común tiene una solución
relativamente sencilla: permitir que un único propietario gestione el recurso. Este
establecerá una tasa por el uso del recurso igual al coste marginal del
agotamiento de las reservas piscícolas. Al tener que pagar esta tasa, a los
pescadores en su conjunto ya no les resultará rentable capturar más de F* peces.
Desgraciadamente, la mayoría de los recursos de propiedad común son vastos,
ya que la propiedad única no siempre es viable. En ese caso, puede ser
necesaria la propiedad estatal o la regulación pública directa.
Los bienes públicos
Hemos visto que las externalidades, incluidos los recursos de propiedad
común, hacen que el mercado sea ineficiente, lo que justifica a veces la
intervención del Estado. ¿Debe sustituir el Estado a las empresas privadas como
productor de bienes y servicios? En caso afirmativo, ¿cuándo? En este apartado,
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describimos algunas condiciones en las que el mercado privado puede no
suministrar un bien en absoluto o puede no fijar su precio correctamente, una
vez suministrado.
Bienes que no son rivales: Los bienes públicos tienen dos características:
no son rivales y no son excluyentes. Un bien no es rival si, cualquiera que sea el
nivel de producción, el coste marginal de suministrarlo a un consumidor más es
cero. El coste marginal de producir una cantidad adicional de la mayoría de los
bienes que son suministrados por el sector privado es positivo.
Pero en el caso de algunos, la existencia de consumidores adicionales no
aumenta el coste. Consideremos el uso de una autopista durante un periodo de
escaso volumen de tráfico. Como la autopista ya existe y no hay congestión, el
coste adicional de utilizarla es cero. O consideremos el uso de un faro por parte
de un barco. Una vez que el faro está construido y funcionando, su uso por parte
de un barco más no aumenta sus costes de funcionamiento. Consideremos, por
último, el caso de la televisión pública. Es evidente que el coste de un espectador
más es cero.
La mayoría de los bienes son rivales en el consumo. Por ejemplo, cuando
compramos muebles, hemos excluido la posibilidad de que alguna otra persona
pueda comprarlos. Los bienes que son rivales deben repartirse entre los
individuos. Los bienes que no lo son pueden ponerse a disposición de todo el
mundo sin influir en la oportunidad de nadie de consumirlos.
Bienes que no son excluyentes: Un bien no es excluyente si no es posible
excluir a nadie de su consumo, por lo que es difícil o imposible cobrar a los
individuos por su uso; los bienes pueden consumirse sin pagarlos directamente.
Un ejemplo es la defensa nacional. Una vez que un país ha suministrado defensa
nacional, todos los ciudadanos disfrutan de sus beneficios. Los faros y la
televisión pública también son ejemplos de bienes no excluyentes.
Los bienes no excluyentes no tienen por qué ser de carácter nacional. Si
una ciudad erradica una plaga agrícola, se benefician todos los agricultores y los
consumidores. Sería casi imposible excluir a un agricultor de los beneficios del
programa. Los automóviles son excluyentes (así como rivales). Si un
concesionario vende un automóvil nuevo a un consumidor, ha excluido a otros
de comprarlo.
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Algunos bienes son excluyentes, pero no rivales. Por ejemplo, en un
periodo de escaso tráfico, el uso de un puente no es rival porque el paso de un
automóvil más por él no reduce la velocidad de otros. Pero el paso por el puente
es excluyente, ya que las autoridades pueden impedir que se utilice. Otro
ejemplo es una señal de televisión. Una vez que se emite, el coste marginal de
ponerla a disposición de otro usuario es cero, por lo que el bien no es rival. Pero
las señales pueden hacerse excluyentes codificándolas y cobrando por el
descodificador que las descodifica.
Algunos bienes no son excluyentes, pero sí rivales. El mar o un gran lago
no es excluyente, pero la pesca es rival porque impone costes a otros: cuantos
más peces se capturen, menos quedan para otros. El aire no es excluyente y a
menudo no es rival, pero puede ser rival si las emisiones de una empresa afectan
negativamente a la calidad del aire y a la capacidad de otros de disfrutarlo.
Los bienes públicos, que no son rivales ni excluyentes, benefician a los
individuos con un coste marginal nulo y no es posible excluir a nadie de su
consumo. El ejemplo clásico de bien público es la defensa nacional. Como
hemos visto, esta no es un bien excluyente, pero tampoco es rival, ya que el
coste marginal de suministrar defensa a una persona más es cero. El faro
también es un bien público, ya que no es rival ni excluyente; en otras palabras,
sería difícil cobrar a los barcos por los beneficios que el faro les proporciona.
La lista de bienes públicos es mucho menor que la lista de bienes que
suministra el Estado. Muchos bienes suministrados por el Estado son rivales en
el consumo, excluyentes o ambas cosas a la vez. Por ejemplo, la educación
superior es rival en el consumo. La provisión de educación a un niño más tiene
un coste marginal positivo, ya que otros reciben menos atención conforme hay
más niños por aula. Asimismo, el cobro de una matrícula puede excluir a algunos
niños del disfrute de la educación. La educación pública es suministrada por el
Estado porque tiene externalidades positivas, no porque sea un bien público.
Consideremos, por último, la gestión de un parque nacional. Parte del
público puede ser excluida de su uso elevando los precios de entrada y de
acampada. La utilización del parque también es rival: si está abarrotado, la
entrada de un automóvil más puede reducir los beneficios que reporta a otros.
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La eficiencia y los bienes públicos
El nivel eficiente de provisión de un bien privado se averigua comparando
el beneficio marginal de una unidad más y el coste marginal de producirla. La
eficiencia se logra cuando el beneficio marginal y el coste marginal son iguales.
Estos mismos principios se aplican a los bienes públicos, pero el análisis es
diferente. En el caso de los bienes privados, el beneficio marginal se mide por
medio del beneficio que recibe el consumidor. En el de los bienes públicos,
debemos preguntarnos cuánto valora cada persona una unidad más de
producción. El beneficio marginal se calcula sumando los valores de todas las
personas que disfrutan del bien. Para averiguar el nivel eficiente de provisión de
un bien público, debemos igualar la suma de estos beneficios marginales y el
coste marginal de producción.
La Figura 2 muestra el nivel eficiente de producción de un bien público.
D1 representa la demanda del bien público por parte de un consumidor y D2 la
demanda de otro consumidor. Cada curva de demanda indica el beneficio
marginal que obtiene el consumidor consumiendo cada uno de los niveles de
producción. Por ejemplo, cuando hay 2 unidades del bien público, el primer
consumidor está dispuesto a pagar 1,50 dólares por el bien y el beneficio
marginal es de 1,50. Asimismo, el segundo consumidor recibe un beneficio
marginal de 4,00.
Para calcular la suma de los beneficios marginales de las dos personas,
debemos sumar las curvas de demanda verticalmente. Por ejemplo, cuando se
producen 2 unidades, sumamos el beneficio marginal de 1,50 dólares y el
beneficio marginal de 4,00 y obtenemos un beneficio social marginal de 5,50.
Cuando se calcula esta suma en el caso de todos los niveles de producción del
bien público, obtenemos la curva de demanda agregada del bien público D.
La cantidad eficiente de producción es aquella con la que el beneficio
marginal de la sociedad es igual al coste marginal. Se encuentra en el punto de
intersección de las curvas de demanda y de coste marginal. En nuestro ejemplo,
como el coste marginal de producción es de 5,50 dólares, el nivel de producción
eficiente es 2.
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Ilustración 2. Provisión eficiente de un bien público
Fuente: Pindyck, R., & Rudinfeld, D. (2009). Microeconomía (Séptima ed.). Madrid: Pearson
Education.
Para ver por qué es eficiente producir 2, obsérvese qué ocurre si solo se
suministra 1 unidad de producción: aunque el coste marginal sigue siendo de
5,50 dólares, el beneficio marginal es de 7,00 aproximadamente. Como el
beneficio marginal es mayor que el coste marginal, se ha suministrado una
cantidad excesivamente pequeña del bien. Supongamos que se produjeran 3
unidades del bien público. En ese caso, el beneficio marginal de 4,00 dólares
aproximadamente es menor que el coste marginal de 5,50; se suministra una
cantidad excesiva del bien. El bien público solo se suministra eficientemente
cuando el beneficio social marginal es igual al coste marginal.
Los bienes públicos y los fallos del mercado
Supongamos que queremos ofrecer un programa de erradicación de los
mosquitos a nuestra comunidad. Sabemos que el programa vale para la
comunidad más de los 50.000 dólares que cuesta. ¿Podemos obtener beneficios
ofreciéndolo a través del sector privado? Cubriríamos los costes si cobráramos
una tasa de 5,00 dólares a cada una de las 10.000 familias. Pero no podemos
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obligarlas a pagar la tasa, y no digamos idear un sistema en el que las familias
que más valoren la eliminación de los mosquitos paguen más.
Desgraciadamente, la eliminación de los mosquitos no es excluyente: no
es posible ofrecer el servicio sin beneficiar a todo el mundo. Por tanto, las familias
no tienen incentivos para pagar lo que realmente vale para ellas el programa.
Los individuos pueden comportarse como parásitos y subestimar el valor del
programa con el fin de poder disfrutar de sus beneficios sin pagarlos.
En el caso de los bienes públicos, la presencia de parásitos hace que sea
difícil o imposible que los mercados los suministren eficientemente. Tal vez si el
programa beneficiara a pocas personas y fuera relativamente barato, todas las
familias podrían acordar voluntariamente repartirse los costes. Sin embargo,
cuando hay muchas familias, los acuerdos privados voluntarios suelen ser
ineficaces, por lo que el bien público debe ser subvencionado o suministrado por
el Estado para que se produzca eficientemente.
Las preferencias privadas por los bienes públicos
La producción pública de un bien público es ventajosa, ya que el Estado
puede evaluar los impuestos o las tasas que deben cobrarse por él. Pero, ¿cómo
puede averiguar el Estado la cantidad que debe proporcionar de un bien público
cuando el problema del parásito da a los individuos incentivos para no revelar
sus verdaderas preferencias? En este apartado, analizamos un mecanismo para
averiguar las preferencias privadas por los bienes que produce el Estado.
Para decidir las cuestiones relacionadas con la asignación, suele
recurrirse a una votación. Por ejemplo, los individuos votan directamente sobre
algunas cuestiones presupuestarias locales y eligen a los legisladores que
votarán sobre otras. Muchos referendos se basan en un sistema de votación por
mayoría: cada persona tiene un voto y vence el candidato o la cuestión votada
que recibe más del 50 por ciento de los votos. Veamos cómo se determina la
provisión de educación pública por medio de una votación por mayoría. La Figura
3 describe las preferencias por el gasto en educación (por alumno) de tres
ciudadanos que representan tres grupos de intereses en el distrito escolar.
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Ilustración 3. La determinación del nivel de gasto en educación
Fuente: Pindyck, R., & Rudinfeld, D. (2009). Microeconomía (Séptima ed.). Madrid: Pearson
Education.
La curva D1 indica la disposición del primer ciudadano a pagar por la
educación, menos los impuestos. La disposición a pagar cada nivel de gasto es
la cantidad máxima de dinero que pagará el ciudadano para disfrutar de ese nivel
de gasto en lugar de no disfrutar de ninguno. En general, los beneficios derivados
del incremento del gasto en educación aumentan conforme se incrementa este.
Pero los impuestos que hay que pagar para financiar esa educación también
aumentan. La curva de disposición a pagar, que representa el beneficio neto del
gasto en educación, inicialmente tiene pendiente positiva, ya que el ciudadano
concede un gran valor a los bajos niveles de gasto. Sin embargo, cuando el gasto
sobrepasa los 600 dólares por alumno, el valor que concede la familia a la
educación aumenta a una tasa decreciente, por lo que disminuye, de hecho, el
beneficio neto. Finalmente, el nivel de gasto es tan alto (2.400 dólares por
alumno) que el ciudadano es indiferente entre este nivel de gasto y ninguno.
La curva D2, que representa la disposición del segundo ciudadano a
pagar (una vez descontados los impuestos) tiene la misma forma, pero alcanza
su máximo en un nivel de gasto de 1.200 dólares por alumno. Finalmente, D3,
que es la disposición del tercer ciudadano a pagar, alcanza un máximo en 1.800
dólares por alumno.
La línea de color oscuro DA representa la disposición agregada a pagar
por la educación; es igual a la suma vertical de las curvas D1, D2 y D3. La curva
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DA mide la cantidad máxima que están dispuestos a pagar los tres ciudadanos
para disfrutar de cada nivel de gasto. Como muestra la Figura 3, la disposición
agregada a pagar se maximiza cuando se gastan 1.200 dólares por alumno.
Como la curva DA mide el beneficio del gasto, una vez descontados los
impuestos necesarios para pagarlo, el punto máximo, 1.200 dólares por alumno,
también representa el nivel eficiente de gasto.
¿Lograría la votación por mayoría el resultado eficiente en este caso?
Supongamos que el público debe votar entre gastar 1.200 dólares por alumno o
600. El primer ciudadano vota a favor de 600, pero los otros dos votan a favor de
1.200, que será, pues, el resultado elegido por mayoría. En realidad, 1.200
dólares por alumno derrotará a cualquier otra opción en una votación por
mayoría, por lo que representa la opción por la que muestra una mayor
preferencia el votante mediano, que es el ciudadano que tiene la preferencia
mediana o intermedia (el primer ciudadano prefiere 600 dólares y el tercero
1.800). En el sistema de votación por mayoría, el nivel de gasto que prefiere el
votante mediano siempre vence a cualquier otra opción.
Pero, ¿es la preferencia del votante mediano el nivel eficiente de gasto?
En este caso sí, ya que 1.200 dólares es un gasto eficiente. Pero la preferencia
del votante mediano a menudo no es el nivel de gasto eficiente. Supongamos
que el tercer ciudadano tuviera las mismas preferencias que el segundo. En ese
caso, aunque la elección del votante mediano seguiría siendo de 1.200 dólares
por alumno, el nivel eficiente de gasto sería inferior a esa cantidad (ya que el
nivel eficiente es una media de las preferencias de los tres ciudadanos). En este
caso, la votación por mayoría llevaría a gastar demasiado en educación. Si
invirtiéramos el ejemplo de tal forma que fueran idénticas las preferencias del
primer ciudadano y del segundo, la votación por mayoría llevaría a gastar
excesivamente poco en educación.
Por tanto, aunque el sistema de votación por mayoría permite que las
preferencias del votante mediano determinen los resultados de los referendos,
estos resultados no tienen por qué ser eficientes desde el punto de vista
económico. La votación por mayoría es ineficiente porque atribuye el mismo peso
a las preferencias de todos los ciudadanos: el resultado eficiente pondera el voto
de cada ciudadano en función de la intensidad de sus preferencias.
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Teoría de juegos
La vida económica está llena de situaciones en las que los individuos, las
empresas y los países compiten por dominar a sus adversarios. Los oligopolios
a veces terminan en guerras económicas de precios. Esta rivalidad se observó
en el siglo XIX cuando Vanderbilt y Drew redujeron una y otra vez las tarifas de
transporte de sus ferrocarriles paralelos. En los últimos años, Southwest Airlines
ha tratado de atraer a los clientes de sus rivales mayores ofreciendo tarifas
inferiores a las vigentes. Cuando las grandes empresas, como American o
United, decidieron cómo reaccionar, también tuvieron que tener en cuenta cómo
reaccionaría SouthWest cuando ellas reaccionaran, y así sucesivamente. Estas
situaciones son ejemplos de un área de análisis económico conocida con el
nombre de “teoría de los juegos”.
La teoría de los juegos analiza la forma en que dos o más jugadores eligen
estrategias que afectan conjuntamente a todos. Esta teoría, que puede parecer
frívola por su terminología, en realidad está llena de significado y fue desarrollada
fundamentalmente por John von Neumann (1903-1957), genio matemático
nacido en Hungría. La teoría de los juegos ha sido utilizada por los economistas
para estudiar las interacciones de los oligopolistas, los conflictos entre los
sindicatos y los empresarios, los acuerdos internacionales sobre el medio
ambiente, la reputación y otras muchas situaciones.
La teoría de los juegos también aporta ideas de la política a la guerra de
precios y a la vida diaria. Por ejemplo, sugiere que en algunas circunstancias, la
mejor estrategia es un patrón de conducta elegido cuidadosamente al azar. Un
vigilante de seguridad debe hacer las rondas al azar esto es, no seguir siempre
la misma rutina. De vez en cuando debemos “blofear” en el póquer, no sólo para
ganar con malas cartas, sino también para asegurarnos de que otros jugadores
no pasen cuando apostamos mucho porque tenemos buenas cartas.
Análisis de la fijación de precios
Comencemos por analizar la dinámica de la reducción de precios.
Suponga el lector que es el jefe de una empresa consolidada, [Link],
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cuyo lema es: “Nadie vende más barato que nosotros”. Abre su navegador y
descubre que nEwBooks, un nuevo vendedor por Internet, se anuncia así:
“Vendemos 10% más barato”. La figura 4 muestra la dinámica. Las flechas
verticales de color sepia muestran las reducciones de precios de nEwBooks; las
flechas horizontales de color sepia la estrategia adoptada por Amazing
consistente en responder a cada reducción de precios con la baja de los suyos.
De acuerdo con este patrón de reacciones, este tipo de rivalidad termina
en la ruina mutua, en un precio cero. ¿Por qué? Porque el único precio
compatible con ambas estrategias es el precio de cero: 90% de cero es cero.
Sólo si la empresa tiene poca visión puede pensar que le es posible seguir
con el recorte por mucho tiempo. Muy pronto ambas comenzarán a preguntarse:
¿Qué hará mi rival si reduzco mi precio, o lo aumento, o lo dejo como está? Una
vez que comience a preguntarse cómo reaccionarán las empresas ante sus
decisiones, habrá entrado en el mundo de la teoría de los juegos.
Ilustración 4. Análisis de fijación de precios
Fuente: Samuelson, P., & Nordhaus, W. (2005). Economía (Decimoctava ed.). México D.F.:
McGraw-Hill.
Conceptos básicos
Mostraremos los conceptos básicos de la teoría de juegos mediante el
análisis de un juego de precios de duopolio, situación en la que en un mercado
sólo hay dos empresas que están produciendo. Suponemos, para simplificar,
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que las dos tienen la misma estructura de costes y de demanda. También las
dos pueden decidir si quieren cobrar el precio normal o uno inferior a los costes
marginales y tratar de llevar a su rival a la quiebra y quedarse con todo el
mercado. El elemento nuevo del juego de duopolio radica en que los beneficios
de la empresa dependen de la estrategia de su rival, así como de la suya propia.
Un instrumento útil para representar la interacción de dos empresas o
personas es la tabla con dos entradas conocida como matriz de pagos, que es
una manera de mostrar las estrategias y los pagos de un juego en el que
participan dos jugadores. La figura 5 muestra los pagos del juego de los precios
de un duopolio correspondiente a las dos empresas. En la matriz de pagos, una
empresa puede elegir entre las estrategias indicadas en sus filas o en sus
columnas. nEwBooks puede elegir entre sus dos columnas y Amazing entre sus
dos filas. En este ejemplo, cada empresa decide cobrar su precio normal o iniciar
una guerra de precios reduciéndolos hasta niveles sumamente bajos.
Ilustración 5. Matriz de pagos de una guerra de precios
Fuente: Samuelson, P., & Nordhaus, W. (2005). Economía (Decimoctava ed.). México D.F.:
McGraw-Hill.
Si combinamos las dos decisiones de los duopolistas tenemos cuatro
resultados posibles, que se presentan en las cuatro casillas de la matriz. La
casilla A, situada en la parte superior izquierda, muestra el resultado que se
obtiene cuando las dos empresas eligen el precio normal; la D muestra el
resultado al que se llega cuando las dos deciden entrar en una guerra de precios;
por su parte la B y la C presentan el resultado que se obtienen cuando una elige
un precio normal y la otra decide entrar en la guerra de precios.
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Los números situados dentro de las casillas indican los resultados de las
dos empresas, es decir, los beneficios que obtiene cada una en cada uno de los
cuatro resultados. La cifra de color sepia situada en la parte inferior izquierda
muestra el resultado del jugador de la izquierda (Amazing); la cifra de color
negro situada en la parte superior derecha muestra el resultado del jugador
situado arriba (nEwBooks). Dado que las empresas son idénticas, los resultados
son imágenes gemelas.
Distintas estrategias
Una vez que conocemos la estructura básica del juego, veamos el
comportamiento de los jugadores. El nuevo elemento de teoría de juegos es
analizar no sólo sus propias acciones sino también la interacción entre sus
objetivos y acciones con las de su oponente. Pero siempre debe recordarse que
el adversario también tratará de ser más listo que nosotros.
La filosofía que guía la teoría de los juegos es la siguiente: debemos elegir
nuestra estrategia preguntándonos qué tiene más sentido para nosotros
suponiendo que nuestros adversarios analizan nuestra estrategia y hacen lo que
es mejor para ellos.
Apliquemos esta máxima al ejemplo del duopolio. Observe, en primer
lugar, que nuestras dos empresas obtienen los beneficios máximos conjuntos en
el resultado A. Cada una logra $10 cuando las dos adoptan la estrategia del
precio normal. En el otro extremo se encentra la guerra de precios, en la que
cada empresa reduce su precio e incurre en una gran pérdida.
Entre estos dos casos se encuentran dos interesantes estrategias en las
que sólo entra en la guerra de precios una de las empresas. Por ejemplo, en el
resultado C, nEw-Books adopta la estrategia de fijar un precio normal, mientras
que Amazing inicia una guerra de precios. Amazing se lleva la mayor parte del
mercado, pero pierde una gran cantidad de dinero porque vende a un precio
inferior al coste; nEwBooks obtiene, en realidad, mejores resultados si continúa
vendiendo al precio normal que si responde bajando su precio.
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La estrategia dominante
Cuando se analizan las posibles estrategias, el caso más sencillo es el de
la estrategia dominante, situación en la que uno de los jugadores tiene la mejor
estrategia, independiente de cuál sea la que elija el otro.
En nuestro juego de guerra de precios, consideremos, por ejemplo, las
opciones de Amazing. Si nEwBooks sigue vendiendo lo mismo que siempre a un
precio normal, Amazing obtendrá $10 de beneficios si elige el precio normal y
perderá $100 si declara la guerra económica de precios. En cambio, si
nEwBooks inicia una guerra, Amazing pierde $10 si sigue vendiendo al precio
normal, pero pierde aún más si también entra en la guerra económica de precios.
Vemos que el razonamiento es el mismo en el caso de nEwBooks. Por lo tanto,
cualquiera que sea la estrategia de cada una de las empresas, la mejor
estrategia de cada cual será elegir el precio normal. Cobrar el precio normal es
una estrategia dominante de las dos empresas en el juego de guerra de precios.
Cuando los dos jugadores (o todos) tienen una estrategia dominante,
decimos que el resultado es un equilibrio dominante. En la figura 5 vemos que
el resultado A implica un equilibrio dominante porque se deriva de una situación
en la que las dos empresas han elegido sus estrategias dominantes.
Algunos ejemplos importantes de la teoría de los juegos
Coludirse o no coludirse
¿Es el equilibrio no cooperativo de Nash el equilibrio eficiente que más
conviene a los dos jugadores? Una de las lecciones importantes de la teoría de
los juegos es que el equilibrio no cooperativo puede ser ineficiente para los dos
jugadores. La figura 6 lo pone de relieve. El equilibrio de Nash de la casilla D
marcado con un asterisco genera a los duopolistas menos beneficios totales que
cualquiera de los demás resultados. La mejor solución es A, en la que cada
duopolista cobra el precio alto y obtiene los beneficios totales de $300. La peor
es el equilibrio no cooperativo de Nash con unos beneficios totales de $20.
¿Cómo puede sobrevivir el equilibrio de Nash cuando los oligopolistas
ganan en conjunto menos de lo que ganarían con cualquier otro resultado?
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Recuerde la máxima de Adam Smith: “Raras veces se reúnen las personas que
están en la misma industria, pero la conversación suele terminar en una
conspiración para subir los precios”. ¿Por qué no se limitan las empresas a
coludirse y eligen el precio del monopolio?
Consideremos el equilibrio cooperativo, que se alcanza cuando los
jugadores actúan al unísono y eligen estrategias que maximizan sus beneficios
conjuntos. Pueden decidir formar un cártel, fijar un precio elevado y repartirse
por igual los beneficios. Es evidente que eso beneficiará a los duopolistas a costa
de los consumidores.
Sin embargo, no siempre es fácil llegar a una solución del monopolio
cooperativa y mantenerla. En primer lugar, los cárteles y la colusión para
restringir el comercio son ilegales en la mayoría de las economías de mercado.
Pero el mayor obstáculo es la búsqueda del propio interés. Supongamos que se
ha fijado colusivamente el precio en (alto, alto) de la casilla A de la figura 6.
Entonces Amazing decide en secreto vender algo a un precio más bajo y se
traslada de hecho a la casilla C. Podría hacerlo sin ser descubierto durante un
tiempo y obtendría más beneficios: $150 en lugar de $100.
Ilustración 6. Fijación de precios
Fuente: Samuelson, P., & Nordhaus, W. (2005). Economía (Decimoctava ed.). México D.F.:
McGraw-Hill.
Finalmente nEwBooks se daría cuenta de que sus beneficios han
disminuido. Entonces reconsideraría su estrategia y quizá llegaría a la conclusión
de que el cártel se ha desintegrado, y su precio también bajaría hasta el nivel
normal. Si no fuera posible obligar a cumplir el equilibrio cooperativo (alto, alto),
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las empresas tenderían rápidamente hacia el equilibrio no cooperativo o de Nash
en el resultado D (normal,normal).
Este razonamiento puede aplicarse también a los mercados
perfectamente competitivos. El equilibrio perfectamente competitivo es un
equilibrio de Nash o no cooperativo, en el que cada empresa y cada consumidor
toman decisiones considerando dados los precios. En este equilibrio, cada
empresa maximiza los beneficios y cada consumidor maximiza su utilidad, lo cual
da lugar a un resultado de beneficio cero en el que el precio es igual al coste
marginal.
Recuerde la doctrina de la mano invisible de Adam Smith: “Al buscar (un
individuo) su propio interés, a menudo promueve el de la sociedad más
eficazmente que si realmente pretendiera promoverlo”. La paradoja de la mano
invisible radica en que aunque cada persona se comporte de una manera no
cooperativa, el resultado económico es socialmente eficiente. Por otra parte, el
equilibrio competitivo es un equilibrio de Nash en el sentido de que ninguna
persona mejoraría su bienestar mediante el cambio de estrategia si todas las
demás mantienen la suya.
En un mundo perfectamente competitivo, la conducta no cooperativa
produce el estado de eficiencia económica socialmente deseable.
En cambio, si algunas partes (como nuestros duopolistas) cooperaran y
decidieran pasar al precio del monopolio de la casilla A, disminuiría la eficiencia
de la economía. Este resultado explica por qué los gobiernos quieren aplicar las
leyes antimonopolio que contienen duras sanciones para los que se coluden para
fijar precios y repartirse el mercado.
El dilema del prisionero
En nuestro juego de guerra de los precios de la figura 6, hemos visto que
la competencia entre las empresas genera un resultado competitivo que se
concreta en precios bajos. También hemos visto que por una coincidencia casi
milagrosa de la vida económica, la mano invisible de Adam Smith produce en los
mercados perfectamente competitivos una asignación eficiente de los recursos.
Sin embargo, el resultado beneficioso de la mano invisible no se obtiene
en todas las circunstancias, como muestra el dilema del prisionero, uno de los
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juegos más famosos. La figura 7 es como la 6, pero en este caso se refiere a los
prisioneros Molly y Knuckles, que han cometido juntos un delito. El fiscal se
entrevista por separado con cada uno de ellos y les dice: “Tengo suficientes
pruebas sobre los dos para mandarlos un año a la cárcel. Pero haré un trato
contigo: si sólo confiesas tú, se te condenará a 3 meses de cárcel, mientras que
tu socio será condenado a 10 años. Si confiesan los dos, ambos serán
condenados a 5 años”.
¿Qué debe hacer Molly? ¿Debe confesar y confiar en recibir una condena
breve? Tres meses son preferibles al año al que sería condenada si permanece
callada. Pero hay una razón aún mejor para confesar. Supongamos que Molly
no confiesa y sin que ella lo sepa, su compañero Knuckles confiesa. ¡Molly se
arriesga a ser condenada a 10 años! En esta situación es claramente mejor para
Molly confesar y ser condenada a 5 años que ser condenada a 10.
Knuckles se encuentra en el mismo dilema: si supiera lo que piensa Molly
o lo que piensa Molly que Knuckles está pensando que piensa Molly o...
Lo importante en este caso es que cuando ambos prisioneros actúan
interesadamente y confiesan, ambos serán condenados a mayores penas de
cárcel. Sólo son condenados a menos años de cárcel cuando ambos actúan de
una manera colusiva y altruista.
Ilustración 7. Confesar o no confesar: el dilema del prisionero
Fuente: Samuelson, P., & Nordhaus, W. (2005). Economía (Decimoctava ed.). México D.F.:
McGraw-Hill.
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El juego de la contaminación
Un importante ejemplo, de estructura similar a la del dilema del prisionero,
es el juego de la contaminación representado en la figura 8. Consideremos el
caso de una economía que padece externalidades, como la contaminación.
En un mundo de empresas no reguladas, cada empresa maximizadora de
beneficios preferiría contaminar que instalar un equipo caro para controlar la
contaminación. Además, cualquier empresa que se comporte de manera altruista
y limpie sus emisiones nocivas enfrentará costes de producción más elevados,
precios más altos y menos clientes. Si sus costes son suficientemente elevados,
puede incluso quebrar. Las presiones de la competencia darviniana llevarán a
todas las empresas al equilibrio de Nash marcado con un asterisco en la casilla
D de la figura 8, en el que ninguna de las empresas puede obtener beneficios
adicionales si reduce la contaminación.
El juego de la contaminación es un ejemplo de una situación en la que no
funciona el mecanismo de la mano invisible de competencia perfecta eficiente.
Se trata de una situación en la que el equilibrio no cooperativo, o de Nash, es
ineficiente.
Cuando los equilibrios de Nash se vuelven peligrosos por lo ineficientes
que son, puede intervenir el Estado. A través de regulaciones o tasas eficientes
sobre las emisiones o quizá la aparición de derechos de propiedad eficientes,
puede inducir a las empresas a trasladarse al resultado A, al mundo “poca
contaminación-poca contaminación”. En este equilibrio, las empresas obtienen
los mismos beneficios que en el mundo de mucha contaminación y la tierra es
un lugar más agradable para vivir.
Ilustración 8. El juego de la contaminación
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Fuente: Samuelson, P., & Nordhaus, W. (2005). Economía (Decimoctava ed.). México D.F.:
McGraw-Hill.
La mortífera carrera armamentista
La teoría de los juegos tiene muchas aplicaciones en la ciencia política, la
estrategia militar y la biología evolucionista. Un juego especialmente peligroso
que presenta un equilibrio no cooperativo ineficiente es la carrera armamentista,
que se ha repetido varias veces en la historia. Supongamos que somos una
superpotencia A que nos enfrentamos a una superpotencia hostil R o que
prevemos la aparición de la superpotencia C. Queremos asegurarnos de que
tenemos suficientes armas nucleares para impedir una agresión. Como no
estamos seguros de cuáles son las intenciones de nuestro adversario,
procuramos tener una pequeña superioridad armamentista sobre nuestro
adversario. Nuestros generales nos dirán simplemente que es una política militar
prudente.
Pongámonos ahora en el lugar de R, que observa cómo entramos en una
escalada militar, pero no sabe cuáles son nuestras intenciones. Sus generales
también le aconsejan una estrategia de superioridad prudente. Por lo tanto, A
quiere tener 10% más bombas que R y ésta quiere tener un 10% más bombas
que A. Esto desencadena una explosiva cadena armamentista.
No piense el lector ni por un momento que este ejemplo es descabellado.
La carrera armamentista no cooperativa en la que entraron Estados Unidos y la
Unión Soviética en el pasado (1945-1991) provocó un enorme gasto militar y
generó un arsenal de casi 100 000 cabezas nucleares.
Estas situaciones exigen soluciones cooperativas en las que las partes se
reúnan para reducir el armamento. Los acuerdos para controlar las armas
trasladan el resultado de un equilibrio no cooperativo ineficiente a un resultado
cooperativo menos ineficiente. De esta forma pueden aumentar la seguridad y el
bienestar de todos los participantes.
Los juegos en economía
Las ideas de la teoría de los juegos invaden la economía, las ciencias
sociales, el mundo de las empresas y la vida diaria. Por ejemplo, en economía,
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la teoría de los juegos puede explicar las guerras comerciales, así como las
guerras de precios.
La teoría de los juegos también indica por qué la competencia extrajera
puede aumentar la competencia de precios. ¿Qué ocurre cuando las empresas
japonesas entran en un mercado de Estados Unidos en el que las empresas se
han coludido tácitamente y han adoptado una estrategia que lleva a un elevado
precio oligopolístico? Las empresas extranjeras pueden “negarse a seguir el
juego”. No aceptan las reglas, por lo que podrían reducir los precios para
conseguir una mayor participación de mercado. La colusión podría venirse abajo.
Una característica clave de muchos juegos es el intento de los jugadores
de conseguir credibilidad. Una persona es creíble si se espera que mantenga
sus promesas y cumpla sus amenazas. Sin embargo, no es posible conseguir
credibilidad con meras promesas. La credibilidad debe ser coherente con los
incentivos del juego.
¿Cómo se consigue credibilidad? He aquí algunos ejemplos: los bancos
centrales ganan fama de ser duros contra la inflación cuando adoptan medidas
políticamente impopulares. Consiguen incluso más credibilidad cuando sus
normas se plasman en una ley o en la constitución del país. Las empresas hacen
promesas creíbles cuando redactan contratos que contienen sanciones si no se
actúa conforme a lo prometido. Una estrategia más paradójica es que un ejército
queme sus puentes tras pasar por ellos. Como no puede replegarse, la amenaza
de luchar hasta la muerte es creíble.
Estos ejemplos dan una pequeña idea de la enorme cosecha que han
producido los teóricos de los juegos en los últimos cincuenta años. Esta área ha
ayudado enormemente a los economistas y a otros científicos sociales a analizar
situaciones en las que un pequeño número de personas está bien informado y
cada una trata de ser más lista que las demás en los mercados, en la política o
en asuntos militares.
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