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Explotación indígena en minas de Cuzco

1) La novela cuenta la historia de los indígenas soras que trabajaban sin paga en las minas de tungsteno propiedad de una compañía estadounidense en el departamento de Cuzco, Perú. 2) Un personaje llamado Leónidas Benites planeó apropiarse de las tierras de los soras de manera engañosa. Cayó enfermo y tuvo alucinaciones sobre el Juicio Final. 3) En una fiesta en el bazar local, la amante de uno de los patrones fue emborrachada y abusada sexual

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Explotación indígena en minas de Cuzco

1) La novela cuenta la historia de los indígenas soras que trabajaban sin paga en las minas de tungsteno propiedad de una compañía estadounidense en el departamento de Cuzco, Perú. 2) Un personaje llamado Leónidas Benites planeó apropiarse de las tierras de los soras de manera engañosa. Cayó enfermo y tuvo alucinaciones sobre el Juicio Final. 3) En una fiesta en el bazar local, la amante de uno de los patrones fue emborrachada y abusada sexual

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Amigos vivan la impresionante historia de los indios explotados, en la minas, de los

gringos millonarios en la novela. Dueña, por fin, la empresa norteamericana “Mining


Society” de las minas de tungsteno de Quivilca, en el departamento de Cuzco. Una vasta
indiada era llevada al trabajo en las minas. En colca capital de la provincia, el
movimiento económico se acrecentó. ¡Quien como los que se van! ¡A hacerse ricos en
las minas! Decían las mozas. Llegaron a Quivilca los gerentes, directores, empleaos,
misters Talk y Weras, el cajero Javier Machuca, el ingeniero peruano Baldomero. Entre
muchos. Se establecieron en un paraje donde hallaron una pequeña cabaña de
indígenas. Los soras, en quienes los mineros hallaron todo tipo de apoyo y una
candorosa y alegre mansedumbre. Los soras cedían sus granos, sus ganados, y servicios
personales, todo gratis. Por el instante los soras seguían viviendo fuera de las labores de
las minas. No conocían el valor del dinero, iban y venían alegres, acezando, tensa las
venas y erecto el musculo en acción.
José Marino formó una sociedad secreta con el ingeniero Rubio y el agrimensor Benites.
Marino era avaro, sabía envolver a las gentes como zorro a las gallinas. Baldomero
Rubio era manso y Benites era asustadizo. Así Benites puso el ojo en los terrenos ya
sembrados de los soras. Por ejemplo en una oportunidad le dio a cambio de un terreno
una garrafa azul, con flores rojas. El sora no comprendía, si el cambio hecho había sido
justa o no. La conciencia económica de los soras era muy simple: mientras pudiesen y
tuviesen donde y como trabajar, para obtener lo justo y necesario para vivir, el resto no
les importaba.

En el bazar de José Marino solían reunirse después del trabajo, se bebía y charlaba, se
intercambiaban opiniones. Leónidas Benites decía: ¡pobres soras! Son unos cobardes, y
unos estúpidos. Marino le salía al encuentro y le refutaba tales ideas diciéndole que los
indios saben muy bien lo que hacen. El cajero Machuca dijo: los soras son unos indios
duros, insensibles del dolor ajeno y que no se dan cuenta de nada. Unos fríos de
corazón. Les falta ser cristianos y practicar las virtudes de la iglesia. Entretanto el lema
de Leónidas Benites era: “trabajo y ahorro” se decía ser un joven, bien laborioso,
ordenado, honorable y de gran porvenir.

Leónidas Benites, tomaba medidas provisorias para todo, para las enfermedades, para
los alimentos “sucios” priorizaba la higiene de su cuarto etc. En los días feriados de la
iglesia ojeaba el evangelio según San Mateo. En general Leónidas Benites no era muy
querido en Quivilca. Su única amiga era una señora madre de un tornero. Una tarde
Benites cayó enfermo y la señora fue a verlo haciendo un preparado de infusión de
eucalipto con dos copas de alcohol. Pero nada reconfortaba a Benites que daba voces de
pesadilla. La señora decidió hacerle otro remedio. Y en medio de visiones de fiebre vio
el corazón de Jesús que acudía a defenderlo de todos y de todo. En el delirio se monta
sobre el lomo de un caimán, en medio de un gran rio, entonces le poseyó un pavor
repentino que se dio cuenta que asistía a la hora de juicio final, hizo un examen de
conciencia sobre las buenas y las malas acciones de la tierra. Todo eran buenos actos,
luego pidió a su memoria los recuerdos amargos y no había ninguna. Excepto de una,
cuando fue a dormir en un hacienda desolada y tocó la puerta un alma en pena y le dijo:
“En la unión de la cocina deje enterrado cinco centavos. Agrega noventaicinco centavos
más y paga con eso al cura, para mi salvación”. Entonces Benites gruño agarrando un
palo contra el alma en pena. Había sido una broma pesada de alguno de sus amigos
sabedores de la ambición de Benites.
Benites despertó bruscamente, a su lado estaba José Marino y le pidió fuera al bazar a
arreglar cuentas. Ya en el bazar echaron suerte en el cacho a la Rosada que era una de
las queridas de Marino. El comisario Balduzari se ganó en cacho a la Rosada y mando
servir la champaña. Marino mandó a Cucho su sobrina para que le llame a la Rosada
Graciela a fin de que viniera al bazar. El comisario Balduzari era el brazo derecho del
contratista José Marino. Nada pues extraño que el comerciante estuviese ahora
dispuesto a entregar a su querida al comisario, ipso facto y en público. Vino Graciela la
Rosada y Marino la hizo sentar con ellos. La orgia estaba en su colmo, la Rosada estaba
borracha por un preparado que el mismo José Marino le dio de beber. Cantaba y bailaba
sin sentido, todos reían. ¿Ves? Aquí está el señor comisario la autoridad, pues él se va a
encargar de ti mientras dure mi ausencia ¿me entiendes? Él vera por ti. Él hará mis
veces en todo y para todo. La Graciela seguía tambaleándose, luego todos abusaron de
ella, primero los patrones míster Talk y Weiss. Los otros personajes entraron a la escena
por orden de jerarquía social y económica. Lo hicieron en medio de una batahola
demoniaca. Y cuando encendieron luces en el bazar vieron vasos y botellas rotas, una
que otra mancha de sangre, todo era un desorden. ¿Y la Graciela? ¡No despertaba estaba
muerta! Todos callaron, al día siguiente se enterró a la Graciela. Por la tarde de ese
mismo día se presentaron de frente ante el gerente de la “Mining Society” míster Talk,
las dos hermanas de la muerta Teresa y Albina. “Venimos porque todos dicen en
Quivilca que a la Graciela la han matado y que no se ha muerto ella. Nos dicen que es
porque la emborracharon en el bazar” Míster Talk se apresuró en contestar enojado:
¡déjense de zonceras y váyanse a su casa! A la vez Teresa y Albina cesaron de llorar y
exclamaron: ¡solo porque son patrones! Por eso hace los que quieren y nos botan así
¡han matado a la Graciela! ¡La han matado!

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