CaMir R
CaMir R
Labin, A., Taborda, A., Cryan, G., Sadurní, M., Moretti, M.P.,
Martínez, M.L., Videla Pietrasanta, A., Piorno, M.N.,
Leporati, J. L., Pierrehumbert, B.
Universidad Nacional de San Luis
Rector: CPN Víctor A. Moriñigo
Vicerrector: Mg. Héctor Flores
Prohibida la reproducción total o parcial de este material sin permiso expreso de NEU
CaMir
Labin, Agustina
Universidad Nacional de San Luis, Argentina
Taborda, Alejandra
Universidad Nacional de San Luis, Argentina
Cryan, Glenda
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Universidad Nacional de Buenos Aires, Argentina
Sadurní, Marta
Universidad de Girona, España
Moretti, María Paula
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Pontificia Universidad Católica Argentina, Argentina
Martínez, María Laura
Universidad Nacional de San Luis, Argentina
Videla Pietrasanta, Andrea
Universidad del Aconcagua, Argentina
Piorno, María Natalia
Universidad Nacional de San Luis, Argentina
Leporati, Jorge
Universidad Nacional de San Luis, Argentina
Pierrehumbert, Blaise
University of Lausanne, Switzerland
CaMir fundamentos teóricos y directrices para su
administración e interpretación en la Argentina Agustina
Labín... [et al.] - 1a ed. - San Luis: Nueva Editorial Universitaria
- UNSL, 2022. Libro digital, PDF
Dirección:
Lic. Jaquelina Nanclares
Director Administrativo:
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Diseño de tapa:
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ISBN 978-987-733-310-7
© 2022 Nueva Editorial Universitaria
Avda. Ejército de los Andes 950 - 5700 San Luis
Índice
Prólogo en francés……………..……………….………….. 7
Prólogo en español………………………………...………. 11
PRIMERA PARTE:
Fundamentos teóricos de la técnica
SEGUNDA PARTE:
Adaptación y validación argentina de la técnica
Blaise Pierrehumbert
Blaise Pierrehumbert
18
complemento de nuevos vínculos afectivos con amigos íntimos,
grupos de pares, parejas.
En 1992, van IJzendoorn, Sagi y Lambermon, postularon
cuatro modelos explicativos de la organización de las relaciones
de apego que pueden describir y predecir tanto el cariz de las
relaciones múltiples como el funcionamiento personal futuro de
los/las niños/as:
El modelo monotrópico atribuye sólo a un/a cuidador/a,
típicamente la madre, la figura de apego principal. La
influencia de otros/as cuidadores/as es marginal para la
formación de estos vínculos. De acuerdo con este
modelo teórico, únicamente el vínculo de apego mamá-
bebé/a se asocia con el funcionamiento socioemocional
posterior.
El modelo jerárquico refiere que un/a cuidador/a,
nuevamente la madre, es la figura de apego principal,
pero que otros/as cuidadores/as pueden ser consideradas
como figuras de apego secundarias que sirven como
base segura cuando la figura principal no está
disponible. Desde esta perspectiva, si bien el vínculo de
apego bebé/a-mamá es el determinante más poderoso
para el funcionamiento socioemocional posterior, otras
personas también pueden ser predictores más débiles.
El modelo independiente señala que, a pesar de que
los/las niños/as construyen vínculos de apego con
distintos/as y diversos/as cuidadores/as, cada uno de
ellos/as puede servir como una base segura en ciertos
momentos de la vida cuando el/la niño/a experimenta
interacciones continuas y prolongadas con ellos/as. En
consecuencia, este enfoque lleva a la predicción de que
los vínculos de apego con todas los/las cuidadores/as
determinan en igual importancia el funcionamiento
socioemocional posterior, pero cada uno de los/las
cuidadores/as influyen en diferentes áreas del desarrollo.
19
El modelo integrativo sugiere que apegos seguros
pueden compensar los inseguros dentro de una red de
múltiples relaciones de apego seguras, mientras que el
funcionamiento más bajo se asocia con una red de
relaciones de apego inseguras. Por lo tanto, el
funcionamiento socioemocional de los/las niños/as se
relaciona implícitamente con la calidad de la red de
relaciones como un todo y esto resulta el mejor predictor
del funcionamiento posterior. Los avances teóricos
actuales se emplazan dentro de este modelo explicativo
para dar cuenta de un psiquismo abierto, permeable a
modificaciones a lo largo de la vida, influido por
intercambios grupales, contextuales e históricamente
situados. En otras palabras, la mirada recae sobre el
complejo entramado relacional identificatorio que
provee el grupo que sostiene y duplica los cuidados que
requieren los/las niños/as. Por lo tanto, si bien en las
relaciones diádicas vemos dos y en las tríadicas vemos
tres, hay muchos más delineando el espacio relacional.
En el psiquismo del/la bebé/a, niños/as o adolescentes
estarán presentes tanto el cuidado concreto que cada uno
le provee, como la trama relacional y el intercambio
emocional que se configura entre los participantes. El
lugar que se le da al/la bebé/a, niño/a o adolescente en
dicho entramado, está determinado por los procesos de
identificación que a su vez se emplazan en consonancia
con los sentimientos que circulan en esta matriz
relacional epocalmente emplazada. Así, sobre los
trasfondos del reconocimiento del otro, cada integrante
de la matriz identifica al otro y lo habilita en su función.
Al mismo tiempo, se identifican con la forma en que
el/la niño/a los/las percibe; proceso que permite empatizar
para lograr dar respuestas más adaptadas a las necesidades
y deseos de todos y cada uno de los participantes de la red.
A su vez, integrar la matriz relacional proveedora de
20
cuidados, abre en los adultos dos caminos: el de
transformaciones y el de resistencia al cambio. Caminos
que -en el marco de complejos interjuegos de
identificaciones recíprocas y representaciones
inconscientes, traducidas en ritmos relacionales- en
ocasiones se bifurcan, en otras se entrelazan
sincrónicamente o con la primacía de uno sobre otro. Estas
bifurcaciones de ritmos relacionales proveen
reelaboraciones transgeneracionales, signadas por
encuentros, entonamientos, sincronizaciones, empatías,
reparaciones de los desencuentros (Taborda, 2020).
21
Fase de preapego o de previnculación de orientación y
producción de señales con discriminación limitada de la figura
de apego. Se emplaza aproximadamente en las doce primeras
semanas de vida. El/la bebé/a, desde sus primeros días de vida,
apoyándose en conductas reflejas y esquemas primarios que su
inmadurez posibilita, emite conductas específicas que hacen que
los adultos cercanos le proporcionen atención y cuidado. Miradas,
sonrisas, tensión psicomotriz y llantos le permiten responder al
acercamiento o separación de las personas, en el marco de
relaciones duales “cara a cara”, “ojo a ojo” (Meltzoff y Moore,
1977; Trevarthen, 1980). Aún no discrimina claramente una figura
de apego, por lo que Bowlby define esta etapa como
“previnculación”.
Fase de formación del apego con orientación y señales
dirigidas hacia una o más figuras discriminadas. Comprende
desde los tres meses de vida hasta los seis u ocho meses
aproximadamente. La discriminación de una o varias figuras de
apego es incipiente, con cierta predilección el/la cuidador/a
principal. Surgen los reclamos y manifestaciones tanto
emocionales como conductuales ante la pérdida del contacto
humano.
22
ausencia de la/s figura/s de apego; o por el contrario intensa
alegría, tranquilidad o seguridad ante la presencia del cuidador/a.
El despliegue de habilidades motrices, cognitivas, afectivas y
sociales, que se produce a estas edades, promueve la paulatina
construcción de la representación mental de sus figuras de apego.
Cuando puede utilizar la figura de apego como fuente de
seguridad, puede desplegar sus capacidades, explorar y aprender
de su entorno físico y social. Como contrapartida las situaciones o
personas extrañas lo llenan de ansiedad o rechazo, en especial
cuando la/s figura/s de apego se encuentran distantes física o
emocionalmente.
23
procesos de pensamiento se flexibilizan y se interesan por las
diversas perspectivas de un mismo evento (Pillow y Henrichon,
1996). Habilidad relacionada con el desarrollo de la empatía y de
la mentalización, que progresivamente permiten el reconocimiento
de sentimientos y estados mentales propios y de otros (Wellman,
Cross y Watson, 2001). Entender que las figuras de apego tienen
objetivos diferentes a los suyos propulsa tanto la integración de
sus propias metas y conductas con las de su cuidador como
incorporar nuevas modalidades vinculares colaborativas. La
progresión en los procesos cognitivos, caracterizada por una
memoria basada en esquemas de guiones de sucesos y rutinas,
propicia: -la organización de la información que recibe del
entorno, -los registros de secuencias de acciones lógicas y -las
expresiones verbales de las representaciones mentales de apego
(Bretherton, 1993). Entre los cuatro y cinco años se diversifican
las modalidades de entablar vínculos de cooperación y corrección
de metas transversalizados por procesos de mentalización. El/la
niño/a ya entiende que la ausencia del cuidador/a principal no es
definitiva, por lo que, en situaciones normalizadas, paulatinamente
será capaz de calmar su propia ansiedad. Asimismo, las
ampliaciones del conocimiento del mundo que le rodea y el propio
campo perceptivo característicos de esta fase del desarrollo, le
permite anticipar sucesos a través de observar indicadores del
entorno. En consecuencia, ya a partir del segundo año de vida las
manifestaciones de la conducta de apego paulatinamente
disminuyen en intensidad, propiciando la exploración del mundo
que lo rodea y la búsqueda de intercambios relacionales
significativos con pares.
Fase desapego, duelo y reapego en las adolescencias.
Las conductas de búsqueda de apego -al compás de los profundos
cambios cognitivos, emocionales y conductuales de este periodo
24
evolutivo- se transforman. A primera vista, los adolescentes
parecen estar abocados a huir de las relaciones de apego con sus
padres y, en esta dirección, sus conductas son confusas,
conflictivas y contradictorias. Sus esfuerzos están abocados a
lograr diferenciarse e independizarse de los adultos significativos
y a medida que se desarrollan buscan profundizar los pasajes de
ser una persona que recibe cuidado, a una persona capaz de cuidar
a otros. Poco a poco, a medida que este proceso de autonomía se
expande, los adolescentes aumentan su capacidad para reevaluar la
naturaleza de la relación de apego establecida con sus padres
(Allen y Land, 1999).
La diferenciación de sí mismo permite a los/las
adolescentes distinguirse de sus cuidadores/as e internalizar las
relaciones de apego en un mayor grado. Asimismo, el
advenimiento del pensamiento operacional formal les posibilita
comparar sus relaciones con distintas figuras de apego y con
ideales hipotéticos (Allen y Land, 1999).
Desde este punto de vista, los autores precitados señalan
que las necesidades y conductas de apego son gradualmente
transferidas hacia los pares y que pueden incluir relaciones
sexuales. Esta transferencia involucra una transformación desde
relaciones jerárquicas de apego hacia relaciones con iguales,
acompañadas de progresivos procesos de revinculación tanto con
los cuidadores primarios significativos como con los pares. Las
articulaciones entre sistemas de apego y sexualidad propulsan la
búsqueda y establecimiento de relaciones de pares, caracterizadas
por intereses e intensos afectos compartidos.
Fase de apego entre pares en la vida adulta caracterizada
por procesos relacionales de reciprocidad entre congéneres
(amistad/es y pareja) que pueden incluir relaciones sexuales. Una
vez transcurridas las adolescencias, los procesos de identificación
y memorias explícitas se reorganizan promoviendo nuevas
organizaciones intrapsíquicas, que, a su vez, se ponen de
manifiesto en la dimensión relacional actual, frecuentemente
25
acompañada de sueños futuros que incluyen las dimensiones de
trascendencia transgeneracional. En los escenarios del dar y
recibir, existe una marcada predisposición a reaccionar desde su
propio modelo en particular, construido en la introyección de su
vida interactiva. Al respecto, en palabras de Fonagy (2003), las
capacidades y competencias emocionales para desarrollar
relaciones simétricas y asimétricas -ascendientes, congéneres y
descendientes- están “mapeadas” sobre su propio modelo interno.
En consecuencia, el estilo de apego desarrollado en las
infancias influye de manera significativa en los procesos de
elección de pareja, así como también, en la calidad de todas y cada
una de las relaciones afectivas que entabla. Del mismo modo, los
estilos de apego están en interdependencia con la satisfacción que
la vida con otros provee. Las investigaciones desarrolladas por
Barroso Braojos (2014) señalan que la combinación de dos
personas con apego seguro en la relación de pareja está asociada
con niveles de satisfacción más altos. En cambio, la combinación
de compañeros con apego inseguro se asocia niveles de bienestar
más bajos. Asimismo, existe una alta correlación entre la
seguridad del estilo de apego de una persona y la calidad tanto de
las modalidades de comunicación y de sus capacidades para dar
cuidados en las relaciones como con el funcionamiento emocional
puesto en juego en las relaciones íntimas.
En consecuencia, durante los primeros años, se van
desarrollando las representaciones internas tanto de sí mismo,
como de las figuras de apego y de la relación experiencial que con
ellas se entablan. El desarrollo progresivo del sistema de
representaciones mentales internas de las experiencias de apego
constituye un modelo de funcionamiento interno, denominado por
Bowlby Internal Working Models, Modelos Operativos Internos
(de ahora en adelante MOI) encargados de configurar las
expectativas sobre las respuestas de las figuras de apego a sus
necesidades, sobre sí mismo y sobre la relación posible entre él y
el/los adulto/s cuidador/es. Expectativas, que a lo largo de la vida
son enriquecidas, reinterpretadas y remodeladas. Si bien son
26
estructuras con tendencia a la estabilidad y la autoperpetuación,
tienen amplias posibilidades de cambiar, en la medida en que se
van teniendo nuevas experiencias.
Referencias
27
Marvin, R. S. y Britner, P. A. (2008). Normative development:
The ontogeny of attachment. En J. Cassidy y P. R. Shaver
(Eds.), Handbook of attachment: Theory, research, and
clinical applications (2a ed., pp. 269 –294). Guilford Press
Meltzoff, A. N. y Moore, M. K. (1977). Imitation of facial and
manual gestures by human neonates. Science, 198 (4312),
75-78. [Link]
Pillow, B. H., y Henrichon, A. J. (1996). There's more to the
picture than meets the eye: Young children's difficulty
understanding biased interpretation. Child
Development, 67(3), 803-819.
[Link]
Sroufe, L. A. (1990). An organizational perspective on the self. En
D. Cicchetti y M. Beeghly (Eds.), The self in transition:
Infancy to childhood (p. 281-307). University of Chicago
Press.
Taborda, A. (2020). Madre-grupo. Construcciones psíquicas en los
jardines maternales. NEU.
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Trevarthen, C. (1980), The foundations of intersubjectivity. En D.
R. Olson (ed.), The Social Foundations of Language and
Thought (pp. 216-242). Norton.
van IJzendoorn, M. H., Sagi, A., y Lambermon, M. W. (1992).
The multiple caretaker paradox: Data from Holland and
Israel. New Directions for Child and Adolescent
Development, 57, 5-24.
[Link]
Wellman, H. M., Cross, D., y Watson, J. (2001). Meta‐analysis of
theory‐of‐mind development: The truth about false
belief. Child development, 72(3), 655-684.
[Link]
28
Capítulo 2
Apego: constructo representacional
30
internalizado” son construcciones conceptuales que entrañan
coincidencias sustanciales (Bretherton, 1999; Kernberg, 1998).
Juárez-Hernández (2005) agrega que Bowlby en la
conceptualización de modelos operativos internos integra las
perspectivas psicogenética-constructivista, social-culturalista y
bioecológica. A partir de dicha integración ofrece la posibilidad de
concebir el desarrollo como una construcción en dos dimensiones
coexistentes: (1) un proceso dinámico en continua transformación
a lo largo de la vida y a su vez, (2) un producto resultante de la
interacción dialéctica entre las estructuras biológicas y funcionales
de la persona con su entorno social y natural (Juárez-Hernández,
2005; Juárez-Hernández y Delgado, 2009). La influencia entre
individuo y medio es mutua, por lo que el desarrollo modifica las
características biopsicológicas de individuos y grupos humanos
(Ortiz y Nieto-Silva, 2012; Salinas-Quiroz, Silva, Cambón y
Fraga, 2017).
El término Internal Working Models ha sido traducido al
español como “Modelos Representativos Internos” o “Modelos
Operativos Internos”. Autores contemporáneos, tales como
Bleichmar (1997) y Fonagy (1991, 1999), respectivamente
nominan este concepto como: “Modelos Internos de Trabajo”
(MIT). Particularmente, Pierrehumbert et al (1996) proponen el
concepto “Modelos Internos de Relación”. Recientemente Salinas-
Quiroz (2017), propone la traducción “Modelos Internos
Dinámicos” (MID), en la que el acento recae en la cualidad
dinámica de las reorganizaciones e integración de experiencias a
lo largo de la vida, subyacentes en las representaciones internas.
31
tiene amplia influencia en los desarrollos actuales, considera que
el nombre de Modelo Operativo Interno (MOI), definido como:
“mapas cognitivos, representaciones, esquemas o guiones que un
individuo tiene de sí mismo (como entidad corporal y psíquica
única) y de su entorno” (p. 73), tiene el potencial de ser en
muchos aspectos equivalente al concepto psicoanalítico
tradicional de objeto interno y, a su vez, de sustituirlo.
Asimismo, según el autor citado está última traducción, logra
mostrar con mayor riqueza las sutilezas de un mapa
representacional cognitivo-afectivo-dinámico que ayuda al sujeto
a ingresar a una realidad compartida, en donde cada uno de sus
integrantes tiene una mente individual con deseos, planes y
distintas necesidades particulares, que requieren ser conocidas o
inferidas para poder relacionarse entre sí.
De este modo, los MOI en su conformación conjugan la
presencia de la figura de apego con disponibilidad o sensibilidad
para responder adecuadamente a las necesidades de proximidad, el
modo en que se emplazaron las ausencias-reencuentros, las
múltiples combinaciones intrapsíquicas de las experiencias vividas
y las respuestas emocionales que los adultos significativos
proveen cuando trata de adaptarse a la separación y/o protesta por
ella.
32
Las operacionalizaciones de la respuesta sensible
sustentan complejos procesos intrapsíquicos que permiten
conectarse emocionalmente con el estado mental del otro,
atribuirle significado, reflexionar, notar e interpretar las señales de
búsqueda de proximidad y consuelo para adecuar su respuesta. En
otras palabras, la atribución de significado implica la puesta en
juego de procesos afectivo-cognitivos para entender, en base de
MOI, los estados mentales propios y de los otros (Fonagy, 1991,
1999; Fonagy, Gergely, Jurist y Target, 2002).
33
cómo se puede esperar que respondan, es decir, cuán disponibles
se encontrarán al momento de ser necesitadas (ante el dolor,
temor, estrés o desamparo).
34
La calidad del apego durante los dos primeros años de
vida fue investigada por Ainsworth y Bell (1970) a través del
experimento que denominaron “Situación Extraña”. El
instrumento utilizado introduce una serie de episodios estresantes,
de corta duración que incluye una situación desconocida, el
encuentro con una persona desconocida y finalmente la separación
de su cuidador/a principal por un corto espacio de tiempo. Esta
metodología de exploración permitió ampliar la descripción de la
modalidad en que los estilos de apego se expresan.
35
proximidad física; (b) Evita al cuidador/a en la primera reunión
(B2), mientras que busca la proximidad en la segunda ocasión; (c)
Muy seguro (B3). Llora o busca el progenitor durante las
separaciones. Una vez que el adulto vuelve se reúne con él sin
evitarlo. Busca activamente la proximidad y contacto con el
progenitor en la segunda reunión y, a pesar de la aflicción, se
calma con cierta rapidez y vuelve a jugar; (d) Preocupación
exagerada por buscar la proximidad y el contacto (B4). Le cuesta
más que a los/las otros/as niños/as seguros/as, calmarse en las
reuniones, se mantiene cerca del adulto después de la segunda
separación.
El denominador común observado en los/las niños/as con
estilo de apego ante la prueba situación extraña fue: libre
exploración del ambiente desconocido al comenzar con la
compañía del/la cuidador/a; signos de angustia al separarse; al
reunirse busca activamente el contacto, luego se calma y vuelve a
explorar lúdicamente.
Dimensión transgeneracional. Caracterizaciones de los Padres-
Madres-cuidadores/as significativos de niños/as con estilos de
Apego Seguro
Diversas investigaciones señalan que, con frecuencia,
en los/las padres-madres-cuidadores/as significativos de
niños/as con apego seguro, predomina la disponibilidad para
brindar el apoyo requerido en diversidad situaciones que
generan inquietud. Sus respuestas son predominantemente
sincrónicas al estado emocional y frente a la búsqueda de
consuelo, a través del llanto u otras expresiones, ofrecen
contacto o cercanía corporal. Son capaces de visualizar las
necesidades del/la niño/a en sí mismas, y no como necesidades
propias o ataques a su integridad. Las narraciones de los/as
madres-padres-cuidadores/as significativos/as sobre su propia
historia de apego son coherentes, consistentes y describen con
facilidad experiencias de apego tanto positivas como negativas
acompañadas de fluidas integraciones entre ambas.
36
Modelo Operativo Interno de Apego Inseguro huidizo-
evitativo (A)
37
Dimensión transgeneracional. Caracterizaciones de los Padres-
Madres-cuidadores/as de niños/as con apego huidizo-evitativo
En la relación con el/la niño/a prevalecen conjunciones de
angustias, rechazos, repulsiones y hostilidades, expresadas en
actitudes controladoras, intrusivas y sobreexigentes.
38
rechazos/aferramientos, la exploración del mundo produce
ansiedad, por lo que se acota sustancialmente. La estrategia
primordial es la incrementación del malestar para aumentar la
respuesta del/la cuidador/a que conlleva a la subregulación del
afecto.
Los estudios realizados a partir de la prueba ante la
situación extraña permitieron señalar subcategorías observables en
niños/as con estilo de apego inseguro ansioso-ambivalente, ellas
son: (a) Enojado-Furioso (C1). En ocasiones que media la
separación busca activamente el contacto durante la reunión, pero
duda entre aferrarse o rechazar a la figura significativa. Por
ejemplo, realiza demandas de contacto combinadas con empujar,
rechazando o incluso pegando al cuidador/a principal. La calma
tarda en llegar; (b) Altamente contrariado durante la separación
(C2). En la reunión demanda contacto a través de un llanto débil
más que trepando o caminando hacia la madre. Señales de enojo
presentes pero sutiles y mudas. En la reunión que deviene luego de
la separación le resulta difícil calmarse y el despliegue del sistema
de exploración es escaso o ausente.
Dimensión transgeneracional. Caracterizaciones de los Padres-
Madres-cuidadores/as significativos de niños/as con apego
inseguro ansioso-ambivalente
Las madres, padres y figuras significativas de niños/as que
desarrollan apego inseguro ansioso-ambivalente proveen
reiteradamente, en forma casi simultáneamente, respuestas que
alternan entre la disponibilidad, ausencia y/o expresas
manifestaciones agresivas, como producto de dificultades para
desarrollar la capacidad de mentalizar y reparar los desencuentros
interactivos.
Con frecuencia el estilo parental y de figuras significativas
incluye conductas violentas, desconcertantes, impredecibles. La
dimensión relacional se ve transversalizada por una paradoja vital:
39
si el/la niño/a se acerca buscando apego, provoca ansiedad en los
cuidadores/as significativos/as y cuando se aleja, éste se siente
provocado y canaliza su ansiedad mediante comportamientos
hostiles y de rechazo. De este modo, potencian en el/la niño/a las
reacciones frente a la separación que suelen acompañarse de
amenazas de abandono como medio de control. A su vez,
interfieren en la actividad exploratoria del/la niño/a y promueven
la dependencia. La característica primordial de la dimensión
relacional es la falta de sincronía emocional, lo cual los torna
incoherentes, inconsistentes e impredecibles.
40
A modo de síntesis
41
Desde este posicionamiento, las indagaciones
desarrolladas por Belsky y Rovine (1987), reseñan que el/la niño/a
puede, tener experiencias de apego muy diferente con cada uno de
sus padres y/o cuidadores significativos. Además, no es posible
aislar un único modelo interno; incluso se ha podido registrar que
algunos padres desarrollan un modelo de apego específico con
cada uno de sus hijos, tal como lo señalan Zeanah y Barton
(1989). Por su parte, Ward, Vaughn y Robb, (1988) indican que
las categorías de apego de hermanos a la misma persona (madre)
están correlacionadas, aunque esta relación es modesta, dado que
solo alcanza el 57%. A lo descripto se suma que una persona que
ha vivido una relación de apego inseguro con uno o ambos de sus
padres y/o cuidadoras/es significativos puede desarrollar
perfectamente, en el curso de su vida, un modelo interno que
valore las experiencias de apego, y de este modo propiciar en su
hijo/a una base segura. A su vez, si bien los MOI seguros operan
como factores protectores, las vicisitudes de la vida pueden
plantear diversas crisis, duelos u otras situaciones que afectan la
disponibilidad emocional y sensibilidad de los/las cuidadores/as
significativos/as. Situaciones disruptivas o traumáticas que,
cuando se prolongan en el tiempo pueden impactar negativamente
tanto en la capacidad de proveer los cuidados necesarios como de
reparar oportunamente los desencuentros. Estos son solo algunas
puntualizaciones posibles, que apuntan a dar cuenta de la
complejidad que reviste la transmisión transgeneracional de los
dinámicos Modelos Internos de Relación (Pierrehumbert, et al
1996).
Las interrelaciones entre estilos de amor en relaciones de
pareja y los MOI han sido otras de las dimensiones puestas bajo la
óptica de las investigaciones empíricas (Ainsworth, 1989;
Marrone, 2016; Pierrehumbert y Parvex-Pugliese, 1995; Shaver,
Hazan y Bradshaw, 1988; Sternberg, 1988). Las mismas refieren
proporciones similares a las obtenidas con la Situación Extraña:
42
56% de B, 23% de A y 20% de C13. A partir de los resultados
obtenidos Shaver, Hazan y Bradshaw (1988) asumen la existencia
de modelos internos de amor cercanos a los modelos de apego de
Bowlby. Los seguros creen que el amor (romántico) existe y que
es duradero, los evitativos piensan que el amor existe sólo en las
novelas o al menos que no puede durar (en realidad viven en
relaciones insostenibles) y los ambivalentes piensan que otros
(contrariamente a lo que piensan de sí mismos), se niegan a
entablar relaciones duraderas.
43
otras se entrelazan sincrónicamente o con la primacía de uno sobre
otro. En las avenidas que abren sus puertas a reelaboraciones
transgeneracionales, priman ritmos relacionales signados por:
encuentros, empatías, entonamientos, sincronizaciones y
reparaciones de los desencuentros (Taborda, 2020).
Referencias
44
Bowlby, J. (1995). Una base segura. Paidós.
Fonagy, P., Steele, M., Steele, H., Leigh, T., Kennedy, R.,
Mattoon, G., y Target, M. (1995). Attachment, the reflective
self, and borderline states: The predictive specificity of the
Adult Attachment Interview and pathological emotional
development. En S. Goldberg, R. Muir, y J. Kerr
(Eds.), Attachment theory: Social, developmental, and clinical
perspectives (pp. 233–278). Analytic Press, Inc
45
Juárez-Hernández, M. C. y Delgado, A. O. (2009). Características
de un instrumento para evaluar competencias de niños y niñas
preescolares como producto y como proceso. En G. T. Bertussi
(Ed.). Anuario Mexicano Visión Retrospectiva 2005. Porrúa-
upn.
46
Pierrehumbert, B, Karmaniola, A., Sieye, A., Meister, C.,
Miljkovitch, R. y Halfon, O. (1996) Modelos de relación:
Desarrollo de una auto-pregunta de apego adulto. Psiquiatría
Infantil, 1, 161-206.
47
Taborda, A. (2020). Construcciones psíquicas en los jardines
maternales. NEU
48
Capítulo 3
Modelos individuales de relación: más allá del
paradigma cartesiano
Taborda, 2020
50
En las relaciones íntimas y significativas de apego la
comunicación integra narrativas verbales desarrolladas en las capas
conscientes de la mente con las expresiones no verbales que
delinean ritmos, gestos, mímicas, prosodia vocal, posturas; es decir
la puesta en juego de elementos musculares, esqueléticos y
viscerales de la emoción, que tienen como respaldo, el inconsciente
implícito no verbal. Los procesos comunicativos de entonamiento
empático son una de las vividas expresiones de las confluencias
verbales y no verbales que permiten, en la interacción, la
equiparación espontánea de las expresiones faciales, códigos
posturales, de ritmo y tono de voz que trazan inscripciones
conscientes e inconsciente en la mente de sus participantes. El
entonamiento empático tiene la función de reproducir dentro de sí
estados semejantes al del otro para poder comprenderlos y
reflejarlos. Procesos comunicativos y reflexivos explícitos e
implícitos que se apoyan en sustratos biológicos, como el
entonamiento empático del cuerpo que se procesa en la misma zona
del cerebro (corteza órbitofrontal) y amígdala que la memoria
emocional y la memoria procedural.
51
tanto la conducta motriz normal como la adaptación emocional. Los
estudios del Touch Research Institute en Miami, USA, prueban que
las caricias activan el sistema inmunológico, que como es sabido
por la psiconeuroinmunoendocrinología, tiene conexiones vía
neurotrasmisores, citoquinas y hormonas entrecruzadas en red.
52
comprobado que dichos núcleos fisiológicos actúan sustancialmente
en la configuración del sistema de apego. Por su parte, la oxitocina
y la vasopresina, relacionadas con el parasimpático, regulan la
activación jugando un rol protagónico en la formación y
mantenimiento de lazos de pareja. A lo largo de la vida, el contacto
íntimo estimula la liberación de oxitocina y a su vez su presencia
propicia el deseo de contacto cercano, motivo por el cual se la suele
denominar “abrazo químico”.
53
En síntesis, los correlatos entre fisiología, emociones, MOI,
procesos de mentalización y biografías dan lugar a historias
psicosomáticas singulares en las que cuerpo, memoria emocional y
sentimientos de seguridad se entrelazan. Correlatos que evidencian
la necesidad de dejar atrás concepciones de cuerpos sin mentes o
mentes incorpóreas flotando en la nada. Hallazgos que marcan
interrelaciones entre tiernos cuidados corporales y futuros procesos
de mentalización que habilitan la vida interior e interés por los
estados mentales de los demás. La capacidad humana de
representación mental supone que la regulación puede ser
internalizada, dependiente del estímulo sensoriomotor inmediato
que posibilita la co-regulación fisiológica entre pares apegados.
54
empatía y las habilidades metacognitivas. En otras palabras, delinea
el modo de ser y estar en contacto consigo mismo y con el mundo
animado e inanimado (Cortina y Marrone, 2017; Dio Bleichmar,
2000; Gallese, 2011; Kandel, Schwartz y Jessell, 2001; Lecannelier,
2006; Pankseep, 2001; Sadurní, 2011; Schore, 2011).
55
Modelos individuales de relación, intersubjetividad y
teoría de la mente
56
niños/as, especialmente los que construyen un estilo de apego
seguro, pueden con mayor flexibilidad, coherencia y consistencia,
“adueñarse de su experiencia interna y conjuntamente comprender
que tanto él mismo como los otros son como seres intencionales
que desarrollan conductas organizadas por estados mentales,
pensamientos, sentimientos, creencias y deseos” (Fonagy, 1999.
p.3). Percibir la dimensión relacional poblada de intenciones,
implica incorporarse al mundo de la intersubjetividad. Este mundo
intersubjetivo, que se manifiesta por primera vez alrededor de los
nueve meses de edad, opera en un nivel de representación
secundaria. En este marco, la intencionalidad compartida o
secundaria, inicialmente se expresa bajo un formato elemental con
la instrumentación de símbolos que le posibilitan tanto captar y
sintetizar diferentes facetas de una misma interacción como
generalizar estas interacciones a nuevos contextos. La
intencionalidad compartida establece un espacio intersubjetivo fértil
para el desarrollo en sentido amplio. Fonagy (1999) afirma que “los
seres humanos tratan de entenderse unos a otros en términos de
estados mentales: pensamientos, sentimientos, creencias y deseos,
con la finalidad de otorgar sentido y, aún de mayor relevancia, de
anticipar las acciones de los demás” (Fonagy, 1999, p.6). El autor
conceptualiza esta capacidad como mentalización, teoría de la
mente o función reflexiva, que se define como la comprensión de la
conducta de uno mismo y de los otros en términos de estados
mentales a través de la puesta en juego de componente tanto
autorreflexivos como interpersonales o intersubjetivos. La función
reflexiva o capacidad de mentalización son teorías particulares que
cada individuo elabora sobre lo que ocurre en la mente de otra
persona. Procesos que llevan a diferenciar tanto entre realidad
interna y externa como entre lo “real” y lo “ficticio”. Los
engranajes intrapersonales, mentales y emocionales de la
comunicación humana otorgan vivencias de continuidad de la
57
experiencia. Funciones que dan lugar a la identidad del Yo y la
construcción de una estructura mental coherente y consistente en el
tiempo, sustentada en las representaciones internas de la realidad o
MOI (Fonagy, 1999; Gago, 2014).
Desde este posicionamiento, el reconocimiento de los
estados mentales del otro, su valoración e interpretación son
centrales para el desarrollo de la capacidad de reflexionar sobre
situaciones intersubjetivas. Esta facultad, se consolida alrededor de
los 5 años con sustanciales complejizaciones y reorganizaciones,
desarrolladas a lo largo de la vida, posibilita predecir las
consecuencias de los eventos interpersonales. El punto más
sofisticado de la función reflexiva es un logro del desarrollo
humano que surge, más acabadamente, en el marco de relaciones de
apego seguras. Por lo tanto, el despliegue de la función reflexiva
está estrechamente interrelacionada con la calidad de las relaciones
de apego entabladas en los primeros años de vida, cualidad que, a
su vez, se sustenta en la capacidad mentalizadora de los/las
cuidadores/as (Fonagy, 1999).
58
análogas y es precisamente, la falta de exactitud lo que le otorga a
sus experiencias el carácter de propias y simbólicas. La calibración
de esta devolución es compleja, ya que el/la bebé/a necesita un
reflejo lo suficientemente parecido, para lograr reconocerse en la
imagen mental que le devuelven y, simultáneamente ser lo
suficientemente distinta, para no generar una sensación de ausencia
de diferenciación. En todo caso, es imprescindible tener en mente al
niño/a como una totalidad, es decir, tenerlo/a en mente en su
integridad física, mental y emocionalmente. Fonagy (1999) señala
que el “mapeado” representacional entre el propio afecto, las
emociones de los otros y el intercambio de sentimientos entre el
niño pequeño y las figuras significativas proporcionan una especial
fuente de información sobre los estados internos propios y del otro
que interviene en la regulación emocional y homeostática.
59
cuales serán eventualmente etiquetadas verbalmente como
emociones, creencias, planes y deseos propios, e independientes a
las de los demás que lo rodean (Fonagy, 1999).
Referencias
Brauer, J., Xiao, Y., Poulain, T., Friederici, A. D., y Schirmer, A.
(2016). Frequency of maternal touch predicts resting
activity and connectivity of the developing social
brain. Cerebral Cortex, 26(8), 3544-3552.
[Link]
60
Dio Bleichmar, E. (2000). Lo intrapsíquico y lo intersubjetivo:
metodología de la psicoterapia de la relación padres-
hijos/as desde el enfoque Modular-
Transformacional. Aperturas psicoanalíticas, 6.
[Link]
61
Pankseep, J. (2001). Las emociones vistas por el psicoanálisis y la
neurociencia: un ejercicio de conciliación. Aperturas
Psicoanalíticas, 7.
[Link]
emociones-vistas-por-el-psicoanalisis-y-la-neurociencia-un-
ejercicio-deconciliacion
62
Capítulo 4
Apego: Perdida, separación y/o
privación
Introducción
64
la/s pérdida/s de aquella/s persona/s claramente diferenciada/s y
preferida/s, vivida/s como fuerte, sabia y protectora, con quien se
mantuvo una unión temporalmente significativa en un vínculo de
apego- afecta profundamente el bienestar, la salud y la vida en todas
sus dimensiones. Modifica la identidad y, con ello la visión de sí
mismo, de las relaciones interpersonales y del mundo. Implica un
esforzado y doloroso proceso psíquico de lucha interior, para aceptar
esta indeseable realidad.
65
cuidadoras...) que con frecuencia se acompañan de reproches a la
persona desaparecida por su abandono y auto-reproches que suelen
acompañarse de sentimientos de mutilación.
La excitación psicomotriz emergente se articula con una
inquisidora disposición a construir un conjunto perceptivo de
búsqueda de la persona perdida, la atención se focaliza en todo
estímulo que sugiera su presencia y consecuentemente, se ignora
todo aquello que dé cuenta de lo contrario. Inclusive, suelen surgir
distorsiones perceptivas, tales como sentir la presencia de la persona
fallecida, tener la sensación de que está sentada a los pies de la cama,
verla o hablar con ella, creer escuchar sus pasos, su voz, creer
reconocerlo entre una muchedumbre y hasta muy ocasionalmente
haber sido tocado/a por ella (Ortiz y Marrone, 2002; Sadurní, 2011)
Visitar sitios que fueron relevantes afectivamente para los
dos, buscarlo/a, consciente o inconscientemente, en los lugares a los
que solían ir, repasar fotografías, acariciar objetos comunes,
mantener intactas sus pertenencias, son diversas maneras con que se
procura aferrarse a los recuerdos que se conjugan con el temor al
olvido. Concomitantemente, emergen esfuerzos, aún vanos, para
apartarse de la aflicción.
La esperanza intermitente se acompaña de desilusión al
constatar con reiteración, durante un tiempo prolongado, que la
búsqueda es inútil. Las repetidas decepciones promueven los
anhelos, llantos, ansiedad, inquietud, sueños en los que la persona
perdida reaparece, alteraciones en el sueño, pensamientos
reiterativos y negativas a recibir ayuda o consuelo de otras personas.
El anhelo puede promover ideaciones suicidas, como expresión de
los deseos de encuentro y efecto de la escisión del yo que promueve
esta fase del duelo.
66
auto-reproches y reproches a la persona pérdida, que se conjugan con
pasajes de aplanamiento emocional. La capacidad de resolución de
problemas y de poner en juego estrategias para hacerles frente
permanece más bien empobrecida y subsume a la persona en duelo
en un estado que la hace potencialmente vulnerable.
Con la aceptación de la pérdida como definitiva,
característica nodal de esta fase, inicia el trabajo psíquico de
transformar los lazos que se mantenía con la persona que ya no está
físicamente a su lado. El recordar y los vaivenes que trazan los inicios
de la construcción de las representaciones internas, conlleva al
rescate de las experiencias vividas en su compañía. Más allá de la
tristeza que se moviliza, el encuentro con la primacía de recuerdos
de aspectos positivos reales de la relación, son signos de que el
proceso de recuperación comienza a desplegarse. La idealización de
la relación, auto-reproches y reproches a la persona que ya no está
empiezan a decaer.
En términos generales, se considera que alrededor del año,
año y medio, la persona en duelo comienza a mostrar signos de
recuperación y puede pasar a la siguiente fase, aunque este punto no-
lineal de corte no es universalmente aceptado.
Fase de mayor o menor reorganización, en una evolución
favorable, gradualmente se renuncia a la esperanza del reencuentro y
se acepta tanto cognitiva como emocionalmente la irreversibilidad de
la pérdida. El vínculo con la persona ausente se reorganiza con
primacía del criterio de realidad, lo cual implica que, si bien ya no
está, puede permanecer en la memoria, a nivel de las
representaciones mentales.
La presencia del ausente puede vivenciarse como compañía
interior, amigable que proporciona apoyo, con quien se dialoga
interiormente, cuando puede evaluarse que, si bien la relación estaba
habitada por innumerables imperfecciones, prevalecen aspectos
positivos sobre los negativos y punitivos. Representación interna que
67
acota los sentimientos de soledad y correlativamente, permite la
reinserción al mundo cotidiano con fuerzas para rearmar la vida de
una manera diferente. En otras palabras, la energía deja de estar
absorbida por la experiencia de la pérdida o por el esfuerzo de
reprimir los pensamientos y sentimientos relacionados con ella. La
vida, vuelve a tener sentido, recobra significado y
concomitantemente se recupera la capacidad de disfrutar y sentir
placer, sin culpa por seguir viviendo. Todo ello se traduce en
proyectos para el futuro y en el modo de volver a involucrarse en el
mundo relacional, el lazo de amor con la persona físicamente perdida
puede coexistir con la aparición de un nuevo vínculo amoroso. Al
compás de las reorganizaciones suscitadas en la identidad se trazan,
en sentido amplio, nuevas definiciones de sí mismo y su entorno
(Bowlby, 1980, Parkes y Weiss, 1983; Stroebe et al., 2000; Parkes,
2001; Serrano Goytía, 2002).
Cabe señalar que el proceso de duelo se realiza siempre que
tiene lugar una pérdida. La muerte, por su carácter de radicalidad,
irreversibilidad, universalidad e implacabilidad, imprime al duelo un
carácter particular. Una separación no mortal deja siempre abierta las
posibilidades de reencuentro u otras particularidades, que delinean
vicisitudes propias al proceso de elaboración (Cabodevilla, 2007;
Gómez Sancho, 1998; Tizón 2004)
68
segunda o en la tercera fase del duelo o pivota entre ambas y, por
ende, se dificultan las necesarias reorganizaciones de la identidad al
compás de las inhibiciones en la vida relacional emocionalmente
significativa.
En los duelos intensos y prolongados o inacabables, prima
una representación mental interna de la persona perdida conflictiva,
ambivalente y en diversos grados amenazante. La energía psíquica
queda subsumida por largo tiempo en este conflicto con la
concomitante exacerbación de defensas instrumentadas con rigidez.
La depresión es el síntoma primordial que puede ir acompañada de
alcoholismo, alternancias entre ansiedad, agitación, agorafobia,
hipocondría, euforia maniaca, u otras perturbaciones. El exacerbado
anhelo por el reencuentro puede promover ideaciones suicidas e
inclusive intentos consumados de ellos, como expresión de los
deseos de encuentro y del sentimiento de que una parte de ellos
mismo, de su self murió junto con el ser querido y que no existe
ninguna esperanza de recuperación del sentido de la vida.
La ausencia prolongada del proceso de duelo consciente
promueve que el contacto emocional quede fuertemente diluido, lo
cual conlleva dificultades para construir representaciones mentales
de la persona perdida y el contacto emocional consigo mismo y los
otros. Las vías defensivas que atañen a la exclusión, desmentida,
escisión, segregación, proyección, se exacerbación y rigidizan, lo
cual propicia sistemas inconscientes disociados. La evitación de
sentimientos dolorosos hace que aparentemente la vida se mantenga
casi sin modificaciones. Serán los síntomas orgánicos, la
irritabilidad, la tensión y la desconexión tanto emocional como
cognitiva, los portavoces del proceso de duelo encubierto.
69
postula un corrimiento de la teoría pulsional propuesta por Freud y
Klein. Desde la teoría del apego el devenir del duelo se ubica en las
circularidades que se trazan entre vida interior con las tramas
relacionales.
En continuidad con lo señalado, autores contemporáneos,
tales como Bleichmar (1997), Juri (2006), Cortina y Marrone (2017),
señalan que los devenires del proceso de duelo se emplazan en el
intercambio entre psiquismos, contextual y epocalmente situados. En
esta dirección, Juri (2006) propone adaptar el concepto de Stolorow
para definir la elaboración de las pérdidas en términos de “duelo
intersubjetivo”, referido como “...una formación en la intersección
de mundos subjetivos en interacción” (s/p).
En el caso de la pérdida concreta de un ser querido, será la
intersección entre el psiquismo del deudo y los psiquismos familiares
lo que determinará en forma contundente el destino del duelo. La
respuesta empática disminuye la necesidad de intensificar
despliegues de los mecanismos defensivos que normalmente son
empleados para amortiguar el golpe, como el desmentido, la escisión,
la segregación, la proyección, etc. La intensificación en magnitud y
amplitud de estos mecanismos defensivos propician y consolidan la
vulnerabilidad que, concomitantemente, acotan los procesos de
simbolización, creatividad y elaboración de la pérdida (Juri, 2006).
En otras palabras, una condición clave para el destino del
duelo es la presencia o ausencia de empatía ambiental. Un clima
familiar donde se censuren los anhelos y dolores propios del duelo
empuja al sujeto hacia la exclusión defensiva de ideas y emociones,
promoviendo un sistema disociado inconsciente. En cambio, las
circularidades relacionales empáticas permiten sentirse lo
suficientemente confiados para expresar los deseos de reencuentro,
por más irreales que sean, su amor frustrado, su rabia contra el
destino, su odio por el abandono, sin temor a que sean calificados
como locuras. A su vez, cuando los duelos se dan en escenarios
familiares las reorganizaciones conscientes e inconscientes que
70
surgen en estas tramas, conjuntamente con la red social que la
enmarca, resultan particularmente relevantes en el devenir del trabajo
psíquico. Bloom (como se citó en Bowlby, 1973), ya en 1969, ubica
a la persona en duelo en el contexto del sistema familiar, y el sistema
familiar en el contexto del sistema familia-comunidad-mundo.
Circunstancias contextuales que operan en correlación con la
intensidad, duración y calidad de la relación que el sujeto tenía con
la persona que perdió; los mecanismos de defensa se utilizaban ante
situaciones de pérdida y privación; la calidad y destino de las
relaciones tempranas en que se configuraron los “Modelos Internos
de Relación” (MIR). Los MIR Inseguros ubican a la persona en una
mayor vulnerabilidad y, en consecuencia, configuran
predisposiciones a presentar mayores dificultades en la elaboración
del duelo.
71
La red intersubjetiva imbuida en el devenir de las
experiencias de pérdida opera en circularidad con las características
que traza el desarrollo humano en las dimensiones intrapsíquicas,
tanto en sentido amplio como en la comprensión de las implicancias
de la muerte y las dimensiones temporales de presencias/ ausencias.
Bowlby, Robertson y Rosentbluth (1952) a partir de investigaciones
empíricas, desarrolladas por los autores precitados, sobre el efecto de
las separaciones tempranas en niños/as sanos/as de entre 15 y 30
meses que eran alojados/as temporariamente en un hospital,
residencia o guardería, -por lo tanto, sumaban otros factores de riesgo
en la caracterización de la dimensión intersubjetiva- describen tres
fases no-lineales en el devenir del trabajo psíquico emergente frente
al sufrimiento que ocasiona la deprivación:
Fase de protesta: se emplaza a la brevedad de la partida de
las figuras de apego y puede extenderse unas pocas horas
hasta una semana aproximadamente. Las características,
duración e intensidad de esta fase varían de acuerdo al lugar,
persona/s sustitutas del cuidado, régimen de visitas y
relación previa del niño con la/s figura/s de apego. Durante
este periodo el/la niño/a está ansioso/a, enojado/a, llora
intensamente, golpea y sacude su cuna, busca a su/s
cuidador/es principal/es perdido/s, tiene expectativas de que
vuelva/n pronto, pregunta por él/ellos y se niega a recibir
ayuda o consuelo de otras personas con manifiestas
expresiones de rechazo. Con su protesta activa todas sus
fuerzas y recursos de búsqueda porque aún guarda
esperanzas en las posibilidades de reencuentro.
Fase de desesperación: la esperanza comienza a decaer y
con ello, la excitación psicomotriz disminuye, llora en forma
más bien monótona, con menor intensidad, se muestra
distante, inactivo/a. Sobrevienen las dudas sobre las
posibilidades del reencuentro y con ellas el desinterés, la
desconexión con el medio que lo rodea, la tristeza profunda.
72
Fase de desapego: la excitación psicomotriz desaparece, el
llanto disminuye, surge nuevamente el interés por el medio
circundante, acepta los cuidados de otras personas y a veces
hasta sonríe. Pero cuando la/s figura/s de apego viene a
visitarlo/a se encuentra con un/una niño/a cambiado/a,
parece haber perdido el interés en ella/s se mantiene
indiferente, apático/a y distante e inclusive parece no
reconocerla/s, como si ya no la/s quisiera, como si el vínculo
entre ellos/as se hubiera terminado. Dichas conductas
expresan que la exclusión defensiva de la conciencia de
pensamientos y sentimientos relacionados con la/s figura/s
de apego comienza a constituirse. Expresiones que se
conjugan con periódicos sollozos, ataques de agresividad, no
desea compartir sus juguetes con los/las otros/as niños/as y
los esconde para que no se los quiten. Si su estadía es
suficientemente prolongada, poco a poco puede llegar a
perder interés en las personas e interesarse cada vez más en
los objetos materiales, juguetes, caramelos y comida. Ya no
se lo ve más ansioso/a frente al cambio de enfermeras, idas
y venidas de la/s figura de apego, ya no hace más caprichos,
ya no le tiene más miedo a nadie, ni le importa de nadie. Las
relaciones con otros/as cuidadores/as son superficiales, se
vuelve centrado en sí mismo y en los objetos. Esto es de mal
pronóstico para su futura capacidad de establecer vínculos.
Lo descrito, son indicadores de la exclusión defensiva de la
conciencia de los pensamientos y los sentimientos
relacionados con la separación comenzó a instaurarse. La
fase de desapego, al disminuir la capacidad de lucha, corre
el riesgo de ser mal entendida y calificada como una mejoría.
Desvalorizar los efectos de riesgo que representa el proceso
de desapego para la salud humana en sentido amplio, implica
desconocer las dificultades que la desconfianza en el apoyo
que pueden proveer los vínculos emocionales potentes,
imprimen tanto en la mente, en el cuerpo como las
dimensiones relacionales y, los concomitantes movimientos
73
defensivos que los procesos de desapego consolidan, en pos
de excluir y/o dejar congeladas partes de sí mismos que
alteran el reconocimiento de la alteridad propia y de los
semejante.
La vuelta a casa, el reencuentro queda signado por diversas
expresiones de sufrimiento que complejizan el modo de
restablecer la relación de apego precedente que, en el mejor
de los casos, llevará su tiempo lograrlo. La elaboración dicho
sufrimiento es interdependiente de la etapa de duelo que se
alcanzó durante la separación, en la que incide la presencia
o ausencia de separaciones previas y el tiempo que se
prolongó la misma; si bien al respecto no puede establecerse
un corte temporal taxativo, cuando media alrededor de 6
meses el proceso de desapego pudo haber llegado a su
puerto. Incide también, la relación previa a la separación que
el/la niño/a tenia con la/s figura/s de apego, lo asiduo de sus
visitas, la calidad de los cuidados recibidos durante la
separación y la empatía con que se acompaña las diversas
dificultades emergentes en el proceso de reencuentro en
curso. Bowlby (1983) señala que en un primer momento y
durante algún tiempo predomina la apatía, se lo/la ve
distante, no reacciona frente a estímulos atractivos, ni
formula peticiones. Luego de la apatía inicial, sobreviene
una fuerte ambivalencia hacia cuidador/es/as y significativas
reacciones de intensa ansiedad e ira frente a cualquier indicio
de separación, que requieren ser empáticamente
comprendidas para buscar promover su elaboración. La
tristeza y la ira respecto a la/s figura/s de apego pueden
quedar encapsuladas y el inconsciente de estos niños,
marcado por la deprivación afectiva.
Las separaciones definitivas, desencadenadas por el
fallecimiento u otro tipo de partidas de la/s figuras de apego, marcan
su especial impronta. Para comprender las modificaciones afectivas
74
y las redistribuciones defensivas que se suscitan, es necesario tener
presente, las construcciones conscientes e inconscientes respecto de
la ausencia y la muerte, según el transcurrir del desarrollo.
En las edades previas a las referidas en el estudio precitado
(15-30 meses), desde el nacimiento hasta aproximadamente los 18
meses, el/la bebé/a están abocados a la construcción de los MIR y
carecen de una noción del tiempo que le permita conceptualizar la
muerte o ausencia definitiva, por lo cual vida y muerte son
indisociables de la presencia y la ausencia. Luego a partir de los 2
años, atendiendo al devenir del desarrollo, Pedreira Massa (2006)
describe, en el devenir de las niñeces, las siguientes fases no-lineales:
(a) “Una ausencia”; (b) “Ausencia sin retorno”; (c) “Ansiedad y
desorientación o la época de querer saber más”; (d) “Percepción
realista de la muerte”. Fase que denotan movimientos progresivos de
un modo u otro habitan en las capas profundas de la mente.
La primera fase, definida en términos de Una ausencia
emergente alrededor de los 2 y 3 años de vida, si bien los/las niños/as
registran y comprenden la ausencia de quienes ya no están esperan
mágicamente su regreso. Sus posibilidades de verbalizar las
preocupaciones y dolor por la ausencia son escasas, por tal motivo
será el cuerpo a través de síntomas orgánicos y/o expresiones
motrices los encargados de comunicar dichas preocupaciones. Cabe
referir que, al no comprender la muerte, en su dimensión de finitud,
la frágil diferenciación entre fantasía-realidad y los procesos de
imitación vigentes en esta edad, puede propiciar la puesta en juego
de acciones peligrosas o autodestructivas como efectos de la
imitación de personajes reales o de la ficción (dibujos animados,
películas etc.)
La segunda fase Ausencia sin retorno se emplaza al compás
de los paulatinos y progresivos descubrimientos de la dimensión de
infinito y, con ello, las diferencias entre abandonos voluntarios y la
muerte, en términos de ausencia sin retorno. Las peculiaridades que
el desarrollo imprime, conllevan que alrededor de los 6 años, las
75
partidas mortuorias sin regreso aún tengan ubicaciones concretas,
frecuentemente en el cielo, las estrellas desde donde las personas
fallecidas miran, protegen.
La tercera fase Ansiedad y desorientación o la época de
querer saber más, se extiende aproximadamente entre los 7 y 9 años.
Los/las niños/as -propulsados por la ampliación de la comprensión
de lo infinito y los movimientos progresivos en la configuración de
los territorios de quien quiero ser como sujeto diferenciado- emerge
un sustancial incremento de las preocupaciones por el fallecimiento
de las figuras parentales y cuidadores/as principales. Si bien la propia
muerte se vislumbra, aún es percibida como lejana, ubicando a la
orfandad como angustia primordial. Los interrogantes sobre dónde
se va después de la muerte, qué pasa luego de morir, se multiplican
y tornan repetitivas.
La cuarta fase, Percepción realista de la muerte, surge
aproximadamente entre los 9 y 11 años, se configura una percepción
realista de ella con el carácter irreductible de una desaparición “para
siempre”. Los nuevos descubrimientos sobre la finitud de la vida se
acompañan de preocupaciones por su cotidiana imprevisibilidad y
peligros que ofrece el mundo externo. Riesgos que pueden ser
evaluados con mayores visos de realidad en interdependencia con las
amenazas fantaseadas y la indefensión frente al poder de otro. La
dimensión lúdica, con su multiplicidad de lenguajes, pone en escenas
los esfuerzos intergeneracionales para abandonar la ilusión
omnipotente de ser protegidos de todo peligro por sus padres y/o
cuidadores/as. Los sentimientos de pérdida y peligros se abrochan
también con las nuevas organizaciones intrapsíquicas que derivan del
crecer y los pasajes a etapas del desarrollo, entre ellos: -la que
disminución de la dependencia y el gozar de una autonomía mayor;
-el descubrimiento de la privacidad de la mente en el que se renuncia
a que otros piensen por mí y en mi con las concomitantes
responsabilidades de los devenires del elegir; -los cambios del
propio cuerpo, tan acentuados por los movimientos puberales; -el
conquistar el extenso mundo extrafamiliar. Los territorios de los
deseos de ser grande emplazados por el devenir de qué tipo de mujer
76
u hombre se quiere ser, son complejos y demanda intrincados
procesos de elaboración en el trabajo psíquico que se emplaza en las
niñeces y lo puberal. Procesos que conllevan profundos sentimientos
de desequilibrio que, en pos de tornarlos abarcables, tramitables, en
los escenarios del yo puedo/ no puedo.
A modo de cierre
77
que la pérdida temprana se convierte en fuente de vulnerabilidad sólo
cuando el/la niño/a carece del apoyo empático de las figuras
sustitutas o cuando el duelo no es elaborado.
Para dar cuenta más plenamente de lo expuesto, el autor cita
un pasaje del material clínico, referido por Furman, de una niña de
tres años y medio, llamada Bess, quien había perdido a su madre.
Una noche la niña se acercó a su padre y le dijo: “Mamá vino y dijo
que cenaría con nosotros” ¿Una alucinación? Para Parkes (1972) no
es inusual la presencia de alucinaciones y/o ilusiones en los primeros
tiempos del duelo. En algunos casos sirvieron de ayuda o sostén al
sobreviviente. La reacción parental ante la difícil situación planteada
por Bess resultaba crucial. Si el padre calificaba con palabras o gestos
lo dicho por su hija como “locura” o “no realismo”, o daba a entender
que “no se debe hablar de la muerte de mamá”, para sentirse aceptada
Bess tendría que ocultar sus ideas y emociones sobre la madre
ausente. Por fortuna, el padre tuvo una empática comprensión de lo
que Bess sentía y, en tono suave, le contestó: “Echamos tanto de
menos a mamá que nos gusta pensar que realmente no está muerta.
Supongo que tendremos una cena muy triste”. El padre respondió
empáticamente a la “alucinación” de su hija, comprendiendo que era
fruto de la nostalgia. Bess buscaba a su madre… y la había
encontrado (Juri, 2006)
El trabajo psíquico de duelo también es convocado por el
devenir del desarrollo, en lo que lo perdido se refiere a las
dimensiones intrapsíquicas e intersubjetivas del lugar en el mundo
que, paulatinamente se construye, como por ejemplo la salida
exogámica, el dejar de ser niño/a y ser púber- adolescente, dejar de
ser adulto joven y despertar los avatares del ser adulto mayor, por
nombrar algunos de los pasajes del desarrollo, que conlleva pérdidas
y demandan nuevas construcciones. Lo relevante es la paulatina
aceptación que, tras un duelo, si bien no se vuelve a ser el mismo que
se era con anterioridad, para los que se animan, se abren nuevas
puertas y reconstrucciones posibles.
78
Referencias
79
Massa, J. P. (2006). Familia y psicopatología: Parentalidad y
filiación un proceso en cambio. Psiquiatria. com, 10(2).
[Link]
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Stroebe, M., van Son, M., Stroebe, W., Kleber, R., Schut, H., y van
den Bout, J. (2000). On the classification and diagnosis of
pathological grief. Clinical psychology review, 20(1), 57-75.
[Link]
80
Capítulo 5
Relación entre la identificación y el
objeto transgeneracional con los
vínculos de apego
Introducción
82
Acerca de lo transgeneracional
83
En los desarrollos de Kaës (1997) es posible encontrar
referencias a escritos freudianos en los que este tema ha sido
abordado, por ejemplo: Tótem y tabú (Freud, 1912-13), Introducción
del narcisismo (Freud, 1914) y Psicología de las masas y análisis del
yo (Freud, 1921). Resume los desarrollos freudianos de la siguiente
manera:
• En Tótem y tabú, Freud distingue entre la transmisión por
identificación con los modelos parentales y la transmisión
genérica, constituida por las huellas mnémicas de las
relaciones con las generaciones anteriores. El primer proceso
se relaciona con la historia, y el segundo con la prehistoria
del sujeto.
• En Introducción del narcisismo, dice que Freud pone el
acento en las investiduras y los discursos de anticipación, es
decir, en las designaciones de lugar y de predisposiciones
significantes en el proceso de transmisión: el infans es el
depositario, el servidor y el heredero de los sueños de deseos
irrealizados de los padres.
• Por último, en Psicología de las masas y análisis del yo,
Freud muestra cómo se efectúa el pasaje de un objeto
“individual” a un objeto devenido común para todos los
miembros de una institución: lo que se trasmite es
esencialmente transmitido por la vía de las identificaciones.
Este proceso implica otro: el abandono de los ideales
individuales y la puesta en su lugar del ideal del yo de otro,
el objeto ideal común que liga a los miembros de un grupo o
de una institución en sus identificaciones imaginarias
mutuas.
Abraham y Torok (1978) trataron de diferenciar los
conceptos de transmisión transgeneracional e intergeneracional
refiriendo la primera a dos generaciones sin contacto directo mientras
que la segunda se daría entre dos generaciones con contacto directo
(padres-hijos). En la misma línea, Larbán Vera (2013) señala la
diferenciación entre la transmisión intergeneracional y la
transgeneracional. La transmisión intergeneracional alude a la
84
transmisión de contenidos psíquicos inconscientes de una
generación a otra y constituye el soporte de un narcisismo sano,
base afectiva de la personalidad, necesario para la construcción de
una identidad estable y de un funcionamiento mental desarrollado
y armónico; en este caso se trata de identificaciones interiorizadas
que tienen como fundamento la identificación empática, la
incorporación e interiorización de aspectos del otro, de lo otro que
no soy yo, de contenidos psíquicos inconscientes. Esto implica
considerar que la transmisión intergeneracional de contenidos
psíquicos inconscientes es bidireccional e interactiva ya que se da
entre los ascendentes y los descendientes vivos. Por el contrario,
la transmisión transgeneracional de contenidos psíquicos
inconscientes no es interactiva, es unidireccional, y se da desde
los ascendientes muertos a los descendientes vivos; actúa como si
fuese un “legado” no elaborable ni integrable que se va
transmitiendo inconscientemente de los miembros de una familia
a otra a través de las generaciones y mediante “saltos”
generacionales. Al mismo tiempo, señala que la mayoría de los
autores utilizan indistintamente lo “inter” y lo “trans” generacional
para referirse a la transmisión de contenido psíquico consciente e
inconsciente entre varias generaciones familiares dado que, en la
realidad clínica, la frontera entre los dos tipos de transmisión no es
tan clara ni precisa. En relación con la transmisión transgeneracional,
Gomel y Matus (2011) plantean que lo no ligado ancestral, las
pérdidas no dueladas, lo traumático insemantizado, lo desmentido y
repudiado en una generación se transmite como blanco a las
siguientes y retorna bajo el sesgo de la compulsión a la repetición,
perforando la capacidad representativa de la psique.
La identificación en lo transgeneracional
85
mediante una serie de identificaciones” (Laplanche y Pontalis,1996).
Así, en Psicología de las masas y análisis del yo, Freud (1921)
distingue tres modos de identificación:
86
alienándose primero a un otro. Distingue dos tipos de
identificaciones:
87
si la identificación es un tipo de vínculo entre las
generaciones, el objeto de la identificación es, él mismo, un
objeto en su estructura, y necesariamente incluye elementos
fundamentales de la historia interna de este objeto. Las
identificaciones tienen una causa y no son un simple dato
inicial que no necesita explicación;
el hecho de comprender la historia de las identificaciones
permite volver más significativas y audibles a estas mismas
identificaciones;
este tipo de proceso de identificación condensa una historia,
que al menos en parte, no pertenece a la generación del
paciente.
Su estudio examina el telescopaje de las generaciones tal
como aparece en las identificaciones inconcientes de los pacientes
que son reveladas en la transferencia. En este sentido, plantea que el
paciente escucha a menudo la interpretación del analista
identificándose con los “padres internos” organizadores de su
psiquismo, lo cual significa que el paciente mismo funciona con una
regulación narcisista. Por ello, esta identificación es una
identificación alienada o clivada del yo, en la medida en que su causa
se encuentra en la historia del otro. La parte clivada o alienada del yo
es identificada con la lógica narcisista de los padres según la cual
“todo lo que merece ser amado es yo, aunque esto venga de ti, niño”
y “lo que reconozco como viniendo de ti, niño, lo odio; además, te
cargaré con todo lo que no acepto en mí: tú, el niño serás mí no-yo”.
Al primer momento de amor narcisista lo denomina función
de apropiación, y al segundo momento de odio narcisista, función de
intrusión. Las funciones de apropiación y de intrusión son
características de la regulación narcisista de objeto. En la función de
apropiación, los “padres internos” al identificarse con lo que
pertenece al niño, se apropian de la identidad positiva de este. En la
función de intrusión, al expulsar activamente en el niño todo lo que
rechazan, lo definen por su “identidad negativa”. En estos casos, el
niño no es odiado solamente porque es diferente, sino sobre todo (y
88
paradójicamente) porque su historia será solidaria con la historia de
sus padres, y con todo lo que no aceptan en su regulación narcisista.
Por lo tanto, el niño no encuentra un espacio psíquico para desarrollar
su identidad, libre del poder alienante del narcisismo de sus padres.
Esta función alienante es el origen de un clivaje del yo en el niño,
que produce un sentimiento de extrañeza, entendiéndose por tal no
sólo el sentimiento de extrañeza en sí mismo sino también una
organización extraña que pertenece a otro.
En suma, para que funcione el sistema de
apropiación/intrusión y para que surjan ciertas identificaciones
pertenecientes a otra generación que la del paciente, los padres
internos deben funcionar en el marco del régimen narcisista que
describe, por lo cual no pueden amar al niño sin apoderarse de él, ni
reconocer su independencia sin odiarlo y someterlo a su propia
historia de odio. La causa de que estas identificaciones impliquen tres
generaciones es que los padres mismos no son los únicos
protagonistas de esta relación, sino que están, por su lado, inscriptos
inconcientemente en su propio sistema familiar. La fórmula que
define esa situación dramática en la que los padres internos someten
para siempre al niño a su propia historia de angustia y de muerte se
resume en: “Yo amo, yo soy, quiere decir que el objeto concebido
como bueno es yo. Yo odio, tú eres, quiere decir que el objeto malo
eres tú”.
La historización describe, para la autora, el punto de partida
de la revelación en la transferencia de las identificaciones El proceso
identificatorio congela al psiquismo en un “siempre” que es un
carácter de lo inconciente, considerado atemporal, pero cuando se
conoce la historia secreta, se pueden modificar los efectos que tiene
sobre el yo, esto es, modificar el clivaje alienante. Este proceso de
desidentificación permite restituir la historia en tanto esta pertenece
al pasado. La desidentificación, en consecuencia, es la condición de
la liberación del deseo y de la constitución del futuro. El telescopaje
pone en evidencia un tiempo circulante, repetitivo. Por el contrario,
la diferencia de las generaciones está ligada al flujo ineluctable del
tiempo, el de la distribución de las generaciones. Algo irreversible
89
tuvo lugar. El pasado se constituye como tal con el trabajo de
desidentificación que libera el “siempre”. Entre la intrusión y la
apropiación, entre lo demasiado-lleno y lo vacío, la interpretación
psicoanalítica busca la presencia que la palabra constituye para
designar la ausencia.
Desde el punto de vista clínico, Faimberg (1993) plantea dos
maneras de abordar el problema de las identificaciones:
La primera, que ha adoptado, consiste en inferir la existencia
de las identificaciones inconscientes a partir del decir del
paciente. El paciente habla y escucha a partir de las
identificaciones inconscientes. Cuando el analista escucha
de qué manera el paciente ha escuchado sus interpretaciones,
puede partiendo de lo que el analista cree haber dicho y de
lo que ha sido efectivamente escuchado por el paciente,
inferir las identificaciones inconscientes del analizante. Así
el malentendido pasa a ser uno de los motores esenciales del
análisis (función de la escucha de la escucha). Las
identificaciones inconscientes se revelan ahí donde ni el
paciente ni el analista las esperan: de allí el efecto de
sorpresa.
Una segunda perspectiva, que no comparte, consiste en
considerar únicamente las representaciones de la
identificación que se hacen el paciente y el analista. En este
caso, el descentramiento debido a la represión que resulta de
la primera perspectiva no tiene lugar. Esta segunda
perspectiva descansa en la sola introspección.
En este punto, resulta interesante incluir el concepto de
identificación con el agresor propuesto por Ferenczi (1933) quien
plantea que los niños que son aterrorizados por adultos que están
fuera de control "se someterán como autómatas a la voluntad del
agresor para adivinar cada uno de sus deseos y gratificarlos”. El
niño queda completamente olvidado de sí mismo y se identifica con
el agresor, reaccionando al displacer súbito con una identificación
guiada por la ansiedad y por la introyección del agresor o de la
90
persona amenazante. Frankel (2002) retoma este concepto para
explicar que cuando nos sentimos agobiados por una amenaza
ineludible, nos "identificamos con el agresor"; con la esperanza de
sobrevivir, sentimos y nos "convertimos" precisamente en lo que el
atacante espera de nosotros, en cuanto a nuestra conducta,
percepciones, emociones y pensamientos. En este sentido, entiende
que la identificación con el agresor está en estrecha coordinación con
otras respuestas al trauma (incluida la disociación) y que puede
volverse habitual y llevar al masoquismo, a la hipervigilancia crónica
y a otras distorsiones de la personalidad. El autor señala que la
identificación habitual con el agresor también ocurre frecuentemente
en personas que no han sufrido traumas severos, lo cual hace surgir
la posibilidad de que ciertos eventos, generalmente considerados
como no constitutivos del trauma, sean frecuentemente
experimentados como traumáticos.
Carel (1997) se ocupa de estudiar los casos en que la madre
vive su embarazo en un estado de intensa confusión, de angustia de
catástrofe, de deconstrucción interna, estado al cual llama
traumatosis. Sostiene que la madre, con el concurso tácito del padre,
instala entre las defensas posibles, una defensa que califica como
solución generacional. La misma está destinada a ligar en
identificación isomorfa la imago del bebé con determinada imago
ancestral para tratar las angustias de catástrofe generadas en aprés-
coup de las agonías primitivas vividas por la madre cuando era bebé
con relación a sus propios padres, los cuales se encontraban en
desamparo. La solución generacional contiene pues un fragmento de
verdad-realidad histórica deformada, referida a la transmisión
generacional de los estados de desamparo. Esta solución
generacional se instala a veces en el curso de la fugaz desmentida de
filiación. El recién nacido es identificado masivamente con
determinado ancestro, el cual es calificado de malo, del que pasa a
ser la reencarnación o al menos el exacto retrato en identidad casi
absoluta. Esta solución implica considerar que el hijo no se parece a
fulano, sino que es fulano.
91
Por otra parte, Carel estudia el régimen identificatorio en
renegación, el cual contribuye a producir un sufrimiento en el vínculo
precoz, uno de cuyos arreglos defensivos es la paradoja. Describe dos
polaridades identificatorias: pegado y clivado, entre las cuales existe
una carencia de oscilación moderada y de formación intermediaria, a
modo de compromiso. Este tipo de identificaciones se produce
porque la madre no puede jugar con el pensamiento latente de que su
bebé es y no es su padre, su madre, su ascendiente; entonces la imago
del bebé está:
Pegada a la de la madre, isomorfa con uno de sus objetos
internos, en ecuación, al modo de la casi alucinación: “Al
nacer el bebé he visto a mi madre”
Clivada radicalmente con relación a otras imagos. El bebé
no se parece a nadie, es expulsado en una alteridad alienante,
sin atadura con las figuras de la novela familiar, fuente por
lo tanto de una muy inquietante extrañeza, esbozando
incluso una breve desmentida de filiación, un
desengendramiento furtivo pero eficiente en la dinámica
familiar, como en el caso de las traumatosis.
Por último, Ciccone (1997) considera a la identificación en
general como vía regia de la transmisión, y a la identificación
proyectiva en particular como modalidad central de transmisión
psíquica inconciente. La identificación produce la transmisión, pero
también es un efecto de la transmisión. La identificación proyectiva
describe el conjunto de los procesos que permiten explorar el objeto,
depositar algo en el objeto o tomar algo del objeto. También es
realizadora de transmisión y creadora de identidad, pero con una
condición: que el sujeto pueda hacer una vuelta a sí mismo. Si esta
vuelta no es posible, ya sea que el sujeto quede cautivo del objeto, ya
sea que el objeto no tenga espacio mental, en el sentido en que lo
describe Resnik (1994) para permitir el juego, se abren entonces las
vías de la patología y de la alienación.
92
Objeto transgeneracional
93
forma de transfusión (Rouchy, 1992) o de identificaciones adhesivas
y proyectivas. En muchos casos, sólo devienen transferibles cuando
el terapeuta ha podido reconocer su efecto en otro marco, en otro
grupo de transformación en el que podrá modificarse el destino de la
no-inscripción de lo vivido en la cadena generacional o grupal.
En este sentido, Kaës (1997) plantea que lo que se transfiere
y se transmite de un espacio psíquico al otro son esencialmente
configuraciones de objetos psíquicos (afectos, representaciones,
fantasías), es decir, objetos provistos de sus enlaces y que incluyen
sistemas de relación de objeto. Considera que una notable propiedad
de estos objetos de transmisión es que están marcados por lo
negativo, determinando que lo que se transmite sería lo que no se
contiene, lo que no se retiene, lo que no se recuerda, esto es, la culpa,
la enfermedad, la vergüenza, lo reprimido, los objetos perdidos y aún
en duelo. Asimismo, sostiene que lo que se trasmite no es solamente
algo negativo, sino también aquello que asegura y garantiza las
continuidades narcisistas, el mantenimiento de los vínculos
intersubjetivos, el mantenimiento de las formas y de los procesos de
conservación y de complejización de la vida: ideales, mecanismos de
defensa, identificaciones, pensamientos de certezas, dudas.
En concordancia, Ciccone (1997) describe tres categorías de
objetos psíquicos: los objetos autistizados constituidos por
identificación adhesiva, los objetos incorporados constituidos por
identificación proyectiva y los objetos internos introyectados
constituidos por identificación introyectiva. A continuación, se
presentan las principales características de estos tipos de objeto:
Objeto autistizado: es un objeto periférico en el espacio
psíquico, bidimensional, sin afecto, sin pensamiento, sin
interioridad. Ciertas formas de mimetismo, de automatismo
mental, de comportamientos “vacíos” pueden dar cuenta
fenomenológicamente de tales objetos. Si no se trasmite
como tal, resulta de la mutilación del objeto psíquico de otro,
no forzosamente percibido como otro.
94
Objeto incorporado: se encuentra en el espacio psíquico en
forma de incorporo. El falso self, los estados seudo dan
cuenta de una identidad que deriva de una identificación con
un objeto como éste. Esta identificación proyectiva es
constitutiva de un objeto así, y al mismo tiempo, un objeto
así genera o mantiene esta modalidad identificatoria
proyectiva. Este objeto no está o está poco trasformado por
la transmisión, pero transforma al sujeto.
Objeto interno introyectado: es constitutivo de la identidad
del sujeto, de su sentimiento yoico. Está integrado a su
estructura interna, no es alienante. Este objeto es
transformado por el sujeto.
el objeto-fantasma impensable;
el objeto del ancestro impostor y no necesariamente
escamoteado;
el objeto del ancestro idealizado;
el objeto edípico sobreinvestido por uno de los padres.
El objeto transgeneracional, según Eiguer (1997), es un
objeto de investidura que presenta la excepción de erigirse en objeto
de otro y no en objeto soporte directo de la descarga pulsional. Esta
investidura “transita” por la psique de otra persona erotizada
previamente. El objeto transgeneracional se inscribiría en una
investidura ya activa, la de la madre hacia su objeto, aun cuando su
intensidad o naturaleza no se expongan a la vista.
95
materna: la caída de su interés libidinal (en el momento de un duelo,
por vergüenza, por culpabilidad) hace nacer en el bebé o el niño un
espacio de no-representación; lo irrepresentable será tanto más
insoportable en tanto el niño no se permita ninguna comprensión
sobre la naturaleza o sobre el origen de esta investidura. Sin embargo,
estos irrepresentables, ya sea que provengan de una prohibición de
saber o de una desinvestidura materna, nunca son absolutos porque
en el primer caso la pasión que pondrá la madre en guardar su secreto,
en impedir que la curiosidad se despliegue, no dejará de vehiculizar
una carga, y en el segundo caso, la investidura que precedió a la
conmoción traumática (siempre hay una tormenta antes de la calma)
pudo ser registrada por el niño.
96
Dinámica: el objeto transgeneracional está en la base de
trastornos. Fruto de fidelidades contrarias, un conflicto
conduce a compromisos en forma de síntomas, de
identificaciones, de dificultades caracteriales. Aparte de la
oposición mensaje simbólico/violencia transgeneracional,
otra forma de conflicto es la que confronta al ancestro con el
deseo del sujeto, que trata de existir para sí mismo y sin el
peso del “pasado compuesto”. Pulsión contra objeto
transgeneracional.
Tópica: la organización del aparato psíquico se ve
implicada. El yo es marcado por clivajes y espacios vacíos.
Desde el momento en que el ancestro impone el silencio, el
narcisismo resulta particularmente perturbado, luego
afectado cuando los secretos se revelan. Finalmente,
considera que el superyo se comprende mejor al ver las
relaciones objeto/otro que trabajan en su constitución.
Eiguer (1997) se refiere también a la investidura del objeto
transgeneracional como un vínculo, como una relación de objeto
recíproca y citando a André-Fustier y Aubertel (1994) plantea que la
familia determinará cada uno de los vínculos, las prohibiciones
incestuosas, los deberes, pero también los movimientos interactivos
autorizados, incluso esperados, por medio de instancias grupales
como la censura familiar. Para la familia, el vínculo con el objeto
transgeneracional vehiculiza un legado organizador, una herencia
benévola, reparadora, al lado de la cual habita una parte maldita con
la que el sujeto intentará coexistir o combatir. Parte maldita en los
diferentes sentidos del término: portadora de maldición y de
fatalidad, parte vergonzosa, carga pesada y molesta.
La transmisión de lo transgeneracional
97
sido desarrollado en 1914 por Freud en “Introducción del
narcisismo” al proponer que el niño se apuntala sobre lo que falta a
la realización de los “sueños de deseo” de los padres. Una
consideración relevante es que agrega que no solamente es a partir
de lo que falla y falta que se organiza la transmisión, sino también a
partir de lo que no ha advenido, de la ausencia de inscripción y de
representación, o de lo que, en la forma del encriptado, está en estasis
sin ser inscripto.
Por otra parte, Kaës (1997) plantea que es a través de las
alianzas inconcientes como se efectúa la transmisión. Las alianzas
inconcientes están destinadas, por función y por estructura, a
permanecer inconcientes y a producir inconciente. Sobre las
funciones co-represoras y más generalmente co-defensivas
constitutivas del inconciente, sugiere como hipótesis básica que, en
todo vínculo intersubjetivo, el inconciente se inscribe y se dice
muchas veces, en muchos registros y en muchos lenguajes, en el de
cada sujeto y en el del vínculo mismo. El corolario de esta hipótesis
es que el inconciente de cada sujeto lleva la huella, en su estructura
y en sus contenidos, del inconciente de otro, y más precisamente, de
más de un otro.
En este sentido, Kaës distingue tres modos de transmisión: la
transmisión intrapsíquica, la transmisión intersubjetiva y la
transmisión transpsíquica, que se describirán a continuación:
La transmisión intrapsíquica se refiere a los contenidos que
se transfieren entre los distintos sistemas dentro del aparato
psíquico de un sujeto, esto es lo que se transfiere o se
transmite del inconciente al preconciente, del preconciente
al conciente, de los pensamientos latentes al relato
manifiesto.
La transmisión intersubjetiva alude a una transmisión activa
entre sujetos en el espacio de lo familiar, en la cual los
materiales psíquicos son apropiados por el receptor mediante
un trabajo de representación y metabolización.
98
La transmisión transpsíquica se da a través de los sujetos
cuando no existen límites entre los espacios psíquicos
personales, ni un espacio intersubjetivo de reconocimiento
mutuo (Losso y Packciarz, 2007). Los contenidos son
transmitidos a través de las generaciones, directamente del
psiquismo de otro u otros exteriores al sujeto y
pertenecientes a otras generaciones (padres, abuelos,
bisabuelos, personajes significativos de la mitología
familiar).
Esta conceptualización apunta a comprender que el
individuo no solo va a repetir lo que adquirió de la madre o el padre
(transmisión intersubjetiva) sino también de las influencias que
reciban de parte de los abuelos o de generaciones pasadas (Tapia y
Pérez, 2011).
En relación con lo anterior, Tisseron et al. (1997) hace
énfasis en la recepción del material transmitido y propone el
concepto de influencia en reemplazo del de transmisión. De esta
manera, la influencia considera la interpretación que hace el receptor
del mensaje, partiendo de la base de que un mismo estímulo puede
ser recepcionado de distintas formas, y con ello, cobra relevancia la
posibilidad de recrear lo heredado y orientarlo hacia objetivos
propios. La continuidad psíquica de las sucesivas generaciones
impone una exigencia de trabajo a los sujetos eslabonados en ella,
para poder representar e interiorizar esta transmisión,
transformándola en algo propio y novedoso. De este modo, la
transmisión resulta entonces siempre un proceso construido entre
generaciones.
En la misma línea, Eiguer (1997) describe la influencia que
la transmisión tiene en la conducta del descendiente de la siguiente
manera:
El descendiente reproduce la conducta de su ascendiente en
forma compulsiva, automática, en un registro menos
mentalizado.
99
El descendiente reproduce la gesta del ascendiente de
manera más abyecta aún.
El descendiente realiza el acto que el ancestro no pudo
ejecutar
El descendiente reproduce la conducta del ascendiente, pero
está menos determinado. Posteriormente, parece lamentarlo.
El descendiente introduce la dimensión deseante ahí donde
el ascendiente había actuado.
Carel (1997) se ocupa de las mediaciones de la transmisión,
las mediaciones por la cuales se organiza lo interpsíquico de una
generación a la otra, y postula que ésto se trasmite por mediaciones
verbales y no verbales, cualquiera que sea el nivel tópico de donde
“parta” el mensaje, ya sea inconciente, preconciente o conciente.
Por su parte, Ciccone (1997) postula que el estudio de la
transmisión intersubjetiva o transubjetiva, ésto es aquellas que
implican a más de un sujeto, debe contener el estudio de la fantasía
de transmisión, en su doble dimensión, o en su doble función tal
como lo enuncia Kaës (1994): función defensiva contra la angustia
de llegar a ser sujeto de su inconciente, y función representativa de
la posición del sujeto en la generación, “en el movimiento mismo que
lleva al sujeto a no tener que reconocerla”, incluso que subjetivarla.
La fantasía de transmisión tiene para el sujeto, una función de
declaración de inocencia, y mantiene la ilusión de que todo lo que le
ocurre proviene de otro, de un ancestro, de una generación anterior,
lo que libera al sujeto de toda responsabilidad frente al
acontecimiento o al objeto trasmitido, principalmente cuando estos
se inscriben en un contexto traumático. Si una fantasía como esta
compromete sin duda al movimiento de apropiación subjetivante de
la historia, que parece imponerse como una historia para siempre
ajena, es sin embargo también por medio de esa fantasía como el
sujeto intenta y realiza una apropiación, cuando ésta es puesta en
jaque por el traumatismo.
100
En este punto, diferencia lo que denomina transmisión
traumática de la transmisión no traumática:
La transmisión traumática o la transmisión de lo traumático
se puede concebir como el resultado de una quiebra del para-
excitaciones. Esta quiebra del para-excitaciones supone o
equivale a una quiebra de la simbolización, dicho de otro
modo, el objeto no es trasformado o es poco trasformado. El
traumatismo es generador de una transmisión sin
transformación o con poca transformación.
La transmisión traumática refiere a cuando el objeto
(transmitido) se impone en su alteridad: el objeto conserva
así un carácter de extrañeza, y permanece difícilmente
apropiable por el yo porque el traumatismo dificulta los
procesos transicionales.
La transmisión no traumática respeta la ilusión de lo
“encontrado-creado”. El objeto es situado por el entorno de tal forma
que el sujeto cree haberlo creado. La transmisión no traumática hace
uso de los procesos de la transicionalidad. El objeto para transmitir
sólo pierde su potencial traumático si pudo hacer la prueba de la
transicionalidad. Por último, aclara que la transmisión de objetos, de
fantasías inconcientes de un progenitor a un hijo se realiza por los
mensajes infraverbales, por las paradojas que revelan y por los
síntomas que generan, pero también por lo que del lenguaje tiene una
función infraverbal, una función de no comunicar una información,
sino de ejercer una acción sobre el otro. El lenguaje es también una
modalidad de indicación de la transmisión, de indicación del objeto
y de la fantasía a trasmitir. Más que el decir, es la manera de decir lo
que califica la transmisión.
Para finalizar este apartado, se incluirá la teoría desarrollada
por Abraham y Torok (1978/2005) a partir de los conceptos de cripta
y fantasma. Los autores plantean que, a partir del estudio sobre la
transmisión de un secreto inconfesado, de un acontecimiento
traumático indecibe se constituye una configuración psíquica
llamada cripta. El contenido del secreto reprimido permanece intacto
ya que el panteón obtura las paredes semipermeables del
101
inconsciente generando una represión conservadora. El contenido no
se puede verbalizar, es incapaz de morir completamente pero también
de volver a la vida. Los sujetos cuyos padres portan una cripta deben
tratar con el traumatismo no elaborado que heredan, por lo cual se
instala un clivaje en ellos y se vuelven portadores de un fantasma:
son habitados por un secreto del cual no poseen las claves para
desencriptar. A partir de su experiencia clínica, detectan que algunos
pacientes llevaban a cabo acciones de las cuales posteriormente no
encontraban explicación, manifestando que habían hablado o
actuado como si fueran otra persona. Estas situaciones les permiten
esbozar la posibilidad de que en el inconsciente del sujeto se
enquistan las formaciones inconcientes de otro, las cuales son
asimiladas como un fantasma, el cual utiliza a algún miembro de su
descendencia para hablar a través de él, impulsándolo a hacer y decir
cosas que no comprende (Tisseron et al., 1997). De esta manera, el
acontecimiento traumático es indecible en la primera generación. En
la generación siguiente, el acontecimiento traumático es
innombrable ya que no puede ser objeto de ninguna representación
verbal, pero su existencia es presentida, lo que genera la presencia
del fantasma. En la tercera generación, se ignora la existencia del
secreto y el acontecimiento traumático proveniente de los abuelos
deviene impensable (Casanova, Glusman y Jaroslavsky, 2002).
Conclusiones
102
de las generaciones, el cual hace referencia a la aparición, en el curso
de una cura psicoanalítica y en el encuadre riguroso de la sesión, de
un tipo especial de identificación inconsciente alienante que
condensa tres generaciones y que se revela en la transferencia.
El estudio del objeto transgeneracional permite comprender
que aquello que se transmite de una generación a la siguiente son
afectos, representaciones, fantasías provistos de sus enlaces y
sistemas de relación de objeto. En este punto, se destaca que, si bien
se caracterizan por lo negativo, lo silenciado, lo no dichos, son estos
mismos objetos los que aseguran y garantizan el mantenimiento de
los vínculos intersubjetivos, el mantenimiento de las formas y de los
procesos de conservación y de complejización de la vida: ideales,
mecanismos de defensa, identificaciones, pensamientos de certezas,
dudas.
Empezar a conocer lo desconocido, a decir lo no-dicho, a
adentrarnos en lo transgeneracional y a entender aquello que
preexiste al sujeto es la vía propicia para entender la formación del
sujeto y las formaciones del inconsciente. Como sostiene Kaës
(1993) el sujeto del grupo se constituye como sujeto del inconsciente
según dos determinaciones convergentes: la primera es tributaria del
funcionamiento propio del inconsciente en el espacio intrapsíquico,
y la segunda fuente de determinación es la exigencia de trabajo
psíquico impuesta a la psique por el hecho de su ligazón con lo
intersubjetivo, por el hecho de su sujeción a los conjuntos de los que
procede el sujeto: familia, grupos, instituciones, masas. En el grupo
se cumplen acciones psíquicas que sostienen o liberan la represión
de las representaciones, la supresión de los afectos, el
renunciamiento pulsional.
En este conjunto que lo recibe, lo nombra, lo ha soñado, lo
invistió, lo ubica y le habla, el sujeto del grupo deviene sujeto
hablante y sujeto hablado, no por el sólo efecto de la lengua, sino por
el efecto del deseo de los que (como ante todo la madre) se hacen
también los porta-palabra del deseo, de la prohibición, de las
representaciones del conjunto.
103
Referencias
104
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108
Capítulo 6
La transmisión intergeneracional
de los vínculos de apego
Introducción
110
modelo coherente e integrado de las figuras primarias que luego
van a convertirse en partes constitucionales del self.
Estas reflexiones acerca de los vínculos tempranos del
ser humano con sus figuras de apego, nos lleva considerar la
cuestión de lo generacional, lo intergeneracional y lo
transgeneracional, que ha despertado interés en la comunidad
científica desde los escritos freudianos. La figura materna o quien
ocupe ese rol será determinante en la constitución del psiquismo
desde la perspectiva del enfoque psicoanalítico relacional.
111
trauma, entre los que destacan que Albeck (1993) sugiere hablar
de aspectos intergeneracionales del trauma, Danieli (1998)
trabaja con el concepto legado multigeneracional del trauma y
Volkan (1996), usando los principios freudianos, acuñó el
término transmisión transgeneracional del trauma (siendo este
último el más utilizado en la literatura especializada en el tema).
112
de Apego en el Adulto (Adult Attachment Interview-AAI) y la
Situación Extraña. A partir de estas experiencias, Fonagy (2004)
sostiene que en la transmisión intergeneracional del apego se
destaca la importancia de la capacidad de la madre para pensar
en su hijo en términos psicológicos, de sostener en su propia
mente una representación del niño como alguien que tiene
sentimientos, deseos e intenciones propias. En efecto, se detectó
un paralelismo (Fonagy et al., 1991) entre la clasificación de
apego infantil (seguro, evitativo, ambivalente y desorganizado) y
el tipo de apego en sus padres según la AAI (seguro-autónomo,
despreocupado, preocupado y desorganizado-no resuelto,
respectivamente).
113
dimensiones; así señalan que la consideración de la función
reflexiva es prioritaria, tanto por la evidencia empírica como por
los postulados teóricos de John Bowlby y otros autores que han
continuado su legado.
En este punto, nos centraremos en el concepto de
Función Reflexiva o mentalización definida como la capacidad
de comprender e interpretar las conductas propias y de los otros
como expresiones de estados mentales tales como sentimientos,
fantasías, deseos, motivaciones, pensamientos y/o creencias
(Fonagy et al., 2002). Esta capacidad de mentalización es un
logro del desarrollo que se da en el contexto de un vínculo
afectivo seguro durante los primeros años de vida a partir de la
calidad de las experiencias interpersonales tempranas vividas con
los objetos primarios de apego (Fonagy, 2006; Main, 1991). En
sus primeras investigaciones, Fonagy se centró en evaluar a las
madres previo al nacimiento del hijo observando que aquellas
que poseían un apego seguro, mostraban mayor capacidad para
generar un ambiente adecuado para el desarrollo de su bebé
(Fonagy et al.,1991). Es por ello, que la capacidad de
mentalización no se encuentra presente desde el comienzo de la
vida, sino que requiere varios años de desarrollo, maduración
cerebral y experiencia interpersonal, incluyendo una serie
compleja de pasos evolutivos, la presencia de un contexto
intersubjetivo de apego seguro y el entrelazamiento con la
evolución de la agencia del self y el sentimiento de sí.
La comprensión de la mente del niño depende del
desarrollo para encontrarse a sí mismo representado en la mente
del cuidador (Fonagy, 1999). La capacidad de la madre para
contener en su propia mente complejos estados mentales
(emociones, sentimientos e intenciones) le permite, a su vez,
comprender y contener tanto la experiencia afectiva como
emocional de su bebé (Fonagy & Target, 1997; Fonagy et al.,
114
2002). En consecuencia, el desarrollo de la capacidad de
mentalización en un niño depende de la interacción con la mente
de los padres o cuidadores, quienes a su vez deben poseer una
adecuada capacidad de mentalización (Fonagy, 2006). Los niños
en los cuales predomina como contexto una relación de apego
seguro, con padres sensibles a sus necesidades y con una elevada
capacidad mentalizadora, tienen mayores posibilidades de lograr
un elevado funcionamiento reflexivo, mientras que los niños con
apego inseguro evitativo o resistente o con apego desorganizado
verán afectada de alguna manera su capacidad de mentalizar
(Fonagy, 1999, Fonagy et al., 2002, Fonagy, 2003). En ausencia
de vínculos afectivos seguros en que las llamadas figuras de
apego no logran ejercer tareas que estimulen la capacidad
mentalizadora en los niños, los mismos tendrán dificultad para
discernir tanto sus propios estados mentales como los estados
mentales de los otros sujetos. Tampoco podrán diferenciar los
estados internos de los externos: yo-no yo (Allen, 2001; Fonagy,
2003).
115
Función Reflexiva responden a la contradicción de los
comportamientos de las figuras de apego, las cuales llevan a las
madres a desarrollar representaciones no integradas de éstas y de
las experiencias que generan desorganización, alterando de esta
manera la posibilidad de mantener un modelo coherente e
integrado sobre el cual reflexionar.
116
a una realidad social algunas veces inadecuadamente dura. Para
Fonagy, el establecimiento sólido de una función reflexiva tiene
un efecto protector y, por contraste, su estatus relativamente
frágil señala una vulnerabilidad para traumas ulteriores. El apego
seguro y la función reflexiva son construcciones que se solapan,
y la vulnerabilidad asociada con el apego inseguro subyace
primariamente a la desconfianza del niño para concebir al mundo
en términos de realidad psíquica más que en términos de realidad
física.
Conclusiones
117
En este punto, la transmisión intergeneracional de los
patrones de apego nos lleva a considera la relación que existe
entre la consistencia en el comportamiento de los progenitores
cuidadores, su efecto en la calidad de la función reflexiva en el
niño y en el modelo de apego que éste va a desarrollar.
A partir de la comprensión de la mente del niño en la
mente de su cuidador es posible que el niño pueda desarrollar su
capacidad de mentalización sobre la base de un vínculo de apego
seguro. Por lo tanto, para el desarrollo de la capacidad de
mentalización en un niño es fundamental la interacción con la
mente de los padres o cuidadores, quienes a su vez deben poseer
una adecuada capacidad de mentalización.
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Capítulo 7
Vínculos de Apego en las
Adolescencias y en la Vida Adulta
Introducción
126
cultural nos lleva a hablar de adolescencias dado que no existe una
única manera en que esta etapa sea trasnscurrida. Sin embardo, es
esperable que, más allá del contexto, en esta etapa surjan crisis
debido a los trabajos psíquicos a realizar, entre los que se incluye el
pasaje desde la endogamia hacia la exogamia (desde los códigos de
la intimidad familiar hacia los códigos de la cultura), el logro de la
madurez sexual (la asimilación psíquica de los cambios
morfológicos y fisiológicos que ocurren en su cuerpo y que
incluyen la madurez sexual genital y el estar apto para la
conservación de la especie), y el encuentro (intrapsíquico e
interpersonal) con el objeto exterior.
127
Este movimiento hacia la madurez, inevitable y necesario, plantea
dificultades a los padres quienes “lo mejor que pueden hacer es
sobrevivir, mantenerse intactos y sin cambiar de color, sin
abandonar ningún principio importante”; en este punto sugiere que
los mismos deben recurrir a la confrontación, entendida como el
derecho a mantener un punto de vista que le es propio.
128
inhibitorio en los hijos. Además, sostiene que a la familia se le es
infiel y que esa es la ley, coincidiendo con las ideas de Winnicott
acerca de que no hay que precipitar las responsabilidades de los
adolescentes.
En este punto, es interesante destacar los estudios
realizados por Pierrehumbert, Bader, Miljkovitch, Mazet, Amar y
Halfon (2002) quienes destacan la importancia del rol de los padres
en la regulación emocional en la adolescencia, requiriendo los
adolescentes de padres tolerantes frente a los estados emocionales
negativos como la frustración y la ansiedad y frente a las
separaciones para el logro de autonomía psicológica.
La literatura sobre autores clásicos de adolescencia nos
muestra que los cambios que se producen en esta etapa son
decisivos para la entrada en el mundo adulto, y en este sentido, el
rol que ejerce el contexto familiar y/o social resulta de fundamental
influencia en la vida del adolescente y determinará los modos en
que se transiten las adolescencias. En esta etapa, los vínculos
primarios cobrarán gran importancia debido a que se reedita la
conflictiva edípica, se lleva a cabo el duelo por los padres de la
infancia, se promueve la salida exogámica que implica el encuentro
con un objeto exterior y la inserción en la cultura.
El tipo de vínculos de apego desarrollados en la primera
infancia resultará fundamental para llevar a cabo los procesos
psíquicos esperables en esta etapa de gran vulnerabilidad en la que
se llevarán a cabo distintos duelos, destacándose el que involucra a
los padres omnipotentes de la infancia dado que remite a los
vínculos de apego establecidos en la infancia. Los Modelos
Operativos Internos serán determinantes en el desarrollo de la
calidad de vínculos que se establezcan a nivel intrafamiliar para
permitir que el adolescente pueda retirar las investiduras libidinales
de las figuras parentales, así como también a nivel extrafamiliar a
partir de los vínculos que puedan establecer con pares, amigos,
pareja, docentes, ídolos, grupos que favorecerán o dificultarán la
salida exogámica.
129
Vínculos de apego en la vida adulta
130
posibles experiencias traumáticas (Ortiz y Marrone, 2002). Uno de
los fundamentos de este instrumento es que el grado de coherencia
con el que habla una persona está relacionado con la seguridad-
inseguridad de sus relaciones de apego. Buchheim y Kächele (2008)
señalan la importancia de considerar la representación actual de las
experiencias de apego en términos pasados y presentes en base a las
narrativas siendo el objetivo de la técnica interrogativa comprobar
hasta qué punto el hablante es capaz de contar espontáneamente su
historia infantil de una manera cooperativa, coherente y plausible.
A diferencia de la evaluación en niños/as en las que se
evalúa el apego con respecto a una persona en particular, Main
(2000) plantea que el estilo del adulto no se identifica con ninguna
relación específica sino que permite codificar diferencias
individuales en el estado de la mente con respecto a la historia
global del apego (Martínez Guzmán y Nuñez Medina, 2007),
proporcionando la posibilidad de distinguir entre cuatro tipos de
apego: seguro o autónomo, evitativo, preocupado y una cuarta
categoría que se ha agregado posteriormente que es
desorganizado/irresuelto (Ortiz y Marrone, 2002)
La segunda línea de investigación en la evaluación del
apego en el adulto (Martínez y Santelices, 2005) fue iniciada a
mediados de la década del 80' por psicólogos sociales (Hazan &
Shaver, 1987) para el estudio de las relaciones amorosas. A partir
de diferentes estudios se encontraron paralelos entre las cualidades
de apego infantiles y los patrones de conducta y sentimientos en
relaciones de pareja de adolescentes y adultos. La evaluación del
apego en el adulto se realiza a través de cuestionarios y escalas de
autorreporte y sus clasificaciones incluyen tanto categorías
cualitativas similares a las tradicionales como también dimensiones
cuantitativas que subyacen a los diferentes estilos de apego en
relaciones interpersonales cercanas (Bartholomew & Horowitz,
1991; Collins & Read, 1990; Hazan & Shaver, 1987; Simpson,
1990).
131
Una tercera vía a los modelos representacional y
comportamental es la visión de prototipos para evaluar y
conceptualizar el constructo del apego en adultos (Martínez
Guzmán y Nuñez Medina (2007). Este modelo integra las
categorías prototípicas con variaciones individuales de acuerdo con
dimensiones cuantitativas, a partir de considerar la dificultad de que
los adultos correspondan perfectamente a alguno de los patrones
clásicos de apego debido a las múltiples influencias del pasado
(predisposiciones genéticas y experiencias de vida) y también por
las influencias de relaciones actuales específicas. En este sentido,
los autores señalan que a través del tiempo y de las situaciones,
muchos adultos mostrarían variados grados de dos o más patrones
de apego y el modelo de prototipos permitiría evaluar cómo un
individuo se ajusta a cada prototipo en un momento dado y cómo
esta adaptación puede variar a través del tiempo (Griffin &
Bartholomew, 1994; Lyddon & Sherry, 2001).
Los estudios mencionados permiten observar el esfuerzo y
el avance que se ha llevado a cabo en los últimos años para medir
el tipo de apego predominante en el adulto para comprender los
tipos de vínculos que se establecen así el surgimiento de patologías
y sintomatología, de las que nos ocuparemos en el próximo
apartado.
132
lograr un elevado funcionamiento reflexivo, mientras que los/as
niños/as con apego inseguro evitativo o resistente o con apego
desorganizado verán afectada de alguna manera su capacidad de
mentalizar (Fonagy, 1999, Fonagy, [Link]., 2002, Fonagy, 2003).
En una investigación realizada por Sadurní Brugé, Sadurrní
Brugé, Perez Burriel y Pi Ordoñez (201) se detectó que en madres
a quienes se les había retirado la custodia de su/s hijo/s existía la
presencia de múltiples factores de riesgo de maltrato infantil. La
administración de la Entrevista de Apego en el Adulto (AAI)
mostró que el 100% de las madres presentaba un patrón de apego
inseguro, así como un predominio del patrón de apego
desorganizado.
133
en el tratamiento psicoanalítico a largo plazo de la depresión
crónica. Para analizar la capacidad de mentalización se utilizó la
Escala de Función Reflexiva en una muestra de pacientes con
depresión crónica (n = 20) en tratamiento psicoanálisis a largo plazo
y se la comparó con una muestra control (n = 20). Los resultados
mostraron que las puntuaciones globales de mentalización no
difieren significativamente entre los pacientes y los controles. Sin
embargo, los pacientes deprimidos tendían a tener puntuaciones de
función reflexiva más bajas en relación con los problemas
vinculados a las pérdidas. En sintonía con estos resultados, se
destaca el estudio de Garrido, Guzmán, Santelices, Vitriol y Baeza
(2015) quienes afirman que las pacientes diagnosticadas con
depresión presentan, en su mayoría, estilos de apego inseguros
(39.2%) e inclasificables (32.1%) mientras que las personas sin
depresión presentan en su gran mayoría (85.7%) un estilo de apego
seguro. En este sentido, señalan que un estilo de apego seguro actúa
como factor protector en el desarrollo de la depresión y la
sintomatología depresiva y que los estilos de apego inseguros
constituyen un factor de vulnerabilidad.
Por su parte, Rudden, Milrod, Aronson y Target (2008)
sugieren que los pacientes con trastornos de pánicos demuestran su
capacidad de mentalización deteriorada en relación con la
posibilidad de reflexionar sobre estados mentales vinculados con
sus síntomas, lo cual encuentran coincidente con la observación
clínica acerca del uso de defensas que incluyen el desconocimiento
o la imposibilidad para poder defenderse de sus estados afectivos
altamente cargados y conflictivos que se presentan a partir de la
sintomatología.
En relación con la violencia, Fonagy sostiene en distintos
artículos que existe una relación indisoluble entre la aparición de
conductas violentas y un déficit en la mentalización. En relación
con el desencadenamiento de los actos violentos, Fonagy (2004)
134
sostiene que el camino común de la violencia es a través de una
inhibición momentánea de la capacidad de mentalización, cuya base
requiere de una de las siguientes condiciones: 1) una condición
biológica donde los estados intencionales (deseos, necesidades,
sentimientos, creencias y razones) no son respondidos comúnmente
por el propio sujeto ("No puedo reconocerme"), 2) una historia
personal que lleva a que el sujeto en el tiempo actual no reconozca
los estados intencionales debido a que los mismos a su tiempo no
fueron respondidos ("Yo no soy reconocido”), 3) un entorno social
determinado, donde el sujeto entiende que se fusionó
excesivamente con otras subjetividades y siente una necesidad
primaria de rescatarse a sí mismo como un sujeto cuyas acciones
propias y las de los otros son significativas en base a estados
mentales intencionales. Esto podría suceder en los casos en que se
da una separación temporaria de un grupo extenso como por
ejemplo la familia extensa, o la tribu o una organización militar
("No puedo ser reconocido"). En este punto, el autor señala que
cada forma o tipo de violencia supone un grado diferenciado de
inhibición de la mentalización. Los factores que influyen en este
grado de inhibición son 1) el sentimiento de anonimato, 2) la
proximidad física de la víctima, 3) el tiempo que se necesita para
llevar a cabo el acto, 4) el tiempo de contacto visual que el acto
violento conlleva, ya que como plantean Baron-Cohen,
Wheelwright, Hill, Raste y Plumb (2001) es a través de los ojos que
los estados intencionales normalmente son comprendidos.
En la misma línea y adentrándonos en el campo de la
psicopatología se encuentran trastornos en los que prevalece la
violencia en diversos aspectos tales como la impulsividad, la
autodestructividad y el suicidio u homicidio (Fonagy et al., 2002;
Bateman y Fonagy, 2004, 2007; Fonagy y Bateman, 2006, 2007;
Levinson y Fonagy, 2004). Dentro de estos trastornos se destacan
el Trastorno Antisocial de la Personalidad y el Trastorno
Borderline de la Personalidad en los cuales el proceso de
135
mentalización se encuentra completamente inhibido debido a que
los individuos tienden a interpretar mal los estados intencionales o
motivaciones de los otros (Bateman y Fonagy, 2010). En estos
sujetos predomina una pérdida de flexibilidad y una rigidez en los
vínculos que incrementa su vulnerabilidad a tener una
descompensación psíquica al exponerse a un sentimiento de
humillación, que sólo puede ser evitado a partir de la violencia y del
control del otro sujeto (Cryan y Quiroga, 2016).
En un meta-análisis realizado por Escobar, Santelices y
Peláez Elizalde (2013) en el cual consideraron 13 estudios
empíricos que examinan el tipo de apego que presentan los
individuos con Trastorno Borderline de la Personalidad, se
concluyó que hay una fuerte asociación entre este trastorno y el
apego inseguro; siendo los subtipos de apego más característicos:
“preocupado o ambivalente”, “temeroso” (fearful) y “no resueltos o
desorganizados” (Agrawal, Gunderson, Holmes & Lyons-Ruth,
2004). Bateman y Fonagy (2004) vinculan este trastorno con una
estrategia defensiva aprendida en la primera infancia, en la cual el/la
niño/a prefiere evitar pensar sobre estados mentales del otro,
simplemente porque debe de ser insoportable pensar sobre los
estados mentales de alguien que le maltrata, cuando debería estar
cuidándole y protegiéndole (Sánchez Quintero y de la Vega, 2013).
Los estudios mencionados muestran que en las últimas
décadas se ha comenzado a indagar la asociación de patologías y
sintomatología con el tipo de apego predominante, especialmente
con el déficit en la capacidad de mentalización.
Conclusiones
136
En principio, es posible pensar que ante los procesos
psíquicos que se llevan a cabo en las adolescencias se destaca como
uno de los principales el desasimiento de la autoridad de los padres
al decir freudiano, el duelo por los padres de la infancia de acuerdo
con Aberastury y Knobel, la fantasía de asesinato según Winnicott
y la anulación de un efecto inhibitorio ante la angustia de los padres
de acuerdo con Doltó. En este proceso el vínculo de apego vuelve a
cobrar importancia debido a que los recursos psíquicos del
adolescente y de sus figuras parentales así como el tipo de MOI
predominante facilitará o dificultará esta separación en el vínculo
materno/paterno- filial, el pasaje de la endogamia a la exogamia, la
inserción en el mundo adulto y el establecimiento de nuevos
vínculos con personas ajenas al seno intrafamiliar.
En este punto, se destacan los estudios que permiten evaluar
el tipo de apego predominante en la vida adulta a partir de la historia
de apego, de las relaciones interpersonales y de los vínculos de
parejas que verán reeditadas ciertas sensaciones, emociones y
comportamientos de acuerdo con ese vínculo inicial primario que
se estableció con aquellas figuras fundamentales en la primera
infancia. Es por ello que es posible pensar que los vínculos de apego
primario tendrán efectos en el desarrollo del sujeto y en la calidad
de vínculos que se establezcan a posteriori.
La predominancia de un apego inseguro o desorganizado y
el déficit en la capacidad de mentalización se asocian en la
actualidad a diversas patologías y sintomatología, incluyendo el
Trastorno Borderline de la Personalidad, lo cual hace repensar en la
importancia que adquiere el desarrollo de esta capacidad a partir de
un cuidador que pueda alojar en su mente al recién nacido y
significar sus estados mentales.
Fonagy (2000) sostiene que la psicoterapia, cualquiera que
sea su forma, trata de la reactivación de la mentalización a través de
intentar establecer una relación de apego con el paciente, crear un
137
contexto interpersonal donde la comprensión de los estados
mentales se convierta en un foco y recrear así una situación donde
se reconoce al self como intencional y real para el paciente al tiempo
que este reconocimiento sea claramente percibido por el paciente.
Para finalizar, nos parece interesante destacar que la teoría
del apego y la posibilidad de medir este concepto a través de un
instrumento validado nos permite como profesionales de la salud
interrelacionar en un sujeto sus afectos, los tipos de relaciones que
tiende establecer, su capacidad cognitiva, su historia personal con
sus vínculos primarios y la sintomatología con la que llegan a la
consulta.
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144
Capítulo 8
Vínculo afectivo, desarrollo humano
y psicopatología 1
1
El presente escrito es una traducción adaptada del capítulo 8 del libro
de Marta Sadurní I Brugué (2008) Vincle afectiu i desenvolupament
huma. UOC (Universitat Oberta de Catalunya). Con permiso de la
editorial.
mundo. Este tipo de traumas, en palabras de Bradshaw et al. (2005)
pueden definir toda una sociedad y cultura.
El análisis de la mente humana y su descompensación
psicopatológica es algo complejo. En ocasiones se critica a los
psicoanalistas, que en su afán de comprensión, estén atentos a
cualquier tipo de conducta o de expresión para interpretarlas en sus
motivaciones profundas. A muchos, esta interpretación de algo que
no es lo suficientemente claro u objetivo, les parece no científico.
Sin embargo, la conducta se revela, a veces, en forma de
intencionalidades, de comportamientos confusos y parciales o por
actos simbólicos cuyo significado no es evidente por completo.
Atrapados en el conflicto
146
estudió. Al proceso de expulsar de la conciencia lo desagradable
que no puede contener, Freud (2006c) lo llamó mecanismo de
represión.
En todos estos casos, Freud dice, se trata de emociones o
pensamientos que resultan intolerables para los valores éticos y/o
estéticos de la persona. Esto provoca un conflicto interior. La
representación que aparece en la conciencia de este deseo debe ser
expulsada y olvidada junto con los recuerdos que se hayan podido
crear en su entorno. Freud (2006c) expone en la segunda
conferencia que dio en la universidad estadounidense de Clark en
1909, este sencillo y comprensible ejemplo de estas perturbaciones
y fuerzas represoras:
Imaginemos que, en esta sala y ante este público que me
escucha con ejemplar silencio y atención que me hace sentir
muy agradecido, se encontrara un individuo que se
comportara de forma perturbadora y que riera en voz alta, o
realizara exclamaciones y movimientos que no me dejaran
llevar a cabo la conferencia con normalidad hasta el punto
de verme obligado a manifestar mi imposiblidad, en estas
condiciones, de seguir hablando. Al escucharme,
probablemente, algunos de ustedes, se levantarían de pie y
después de una breve lucha harían salir al perturbador fuera
de la sala. De este modo, con este hombre conflictivo
expulsado o "reprimido" yo podría continuar mi discurso.
Pero, como precaución de que esta perturbación no se
repita, en el caso de que el perturbador quisiera entrar en la
sala, varias de las personas que han ejecutado mis deseos,
se quedarán montando guardia en la puerta y se constituirán
en una resistencia que mantendrá la represión llevada a
cabo. Si denominamos conciencia a esta sala e
inconsciencia a lo que hay puertas afuera, tendremos una
imagen bastante precisa de la represión (pp. 1543-1544).
Ahora bien, cuando hay una enfermedad mental, esta
represión, de hecho, ha fracasado. Ciertamente lo intolerable se ha
147
podido expulsar de la conciencia y de la memoria y, con ello, la
persona ha quedado protegida del dolor que esta representación le
causaría. Pero el deseo reprimido, aún existe en el inconsciente
esperando una oportunidad para presentarse de nuevo. Es como si
el hombre perturbador del ejemplo anterior estuviera esperando su
oportunidad para volver a entrar en la sala. Claro que, con los
centinelas ante la puerta, no le resultará fácil. Hay que encontrar una
estrategia, un camuflaje, una formación sustitutiva, dice Freud
(2006c), de lo reprimido. Una vez esta formación sustitutiva o
síntoma vuelve a entrar en la conciencia, aunque no sea identificada
como la idea expulsada, conlleva de nuevo un intenso sufrimiento.
Una observación cuidadosa del síntoma, sin embargo, nos
puede hacer dar cuenta de que, a pesar de su deformación, mantiene
un pequeño rasgo análogo con la idea reprimida, equivalencia que,
si la analizamos, si la seguimos, nos acerca al hecho o pensamiento
que está sustituyendo. El psicoanalista es, nos recuerda Freud, el
profesional que guía y ayuda, a través de hacer consciente lo
reprimido, a encontrar caminos alternativos, sustitutivos, con
menos sufrimiento. En otras palabras, contribuye en el proceso de
ampliar caminos de sublimación y sustitución. Formas sublimadas
y alternativas de habilitar el deseo o sufrimiento o, simplemente, de
aceptar que, de verdad, lo que no se puede tolerar es algo reprobable
para la ética y espiritualidad humana y posibilitando que lo
rechazado, reprimirlo, pueda ser formulado de manera consciente.
Freud, solicitaba a sus pacientes que dijeran todo lo que
pasara por su mente, para que, vía asociación, se pudiera seguir la
huella de los síntomas y llegar a los hechos originales que
motivaron la represión. Este hilo conductor que, sesión tras sesión,
va emergiendo, conduce a la niñez y a las relaciones afectivas
primordiales. "Sólo los sucesos de la infancia explican la extremada
sensibilidad frente los trastornos posteriores y únicamente cuando
llevamos a la conciencia estos recuerdos, casi siempre olvidados,
adquirimos el poder suficiente para hacer desaparecer los síntomas"
(Freud, 2006c, p.1554). Pero Freud alerta de que no es sólo el hecho
148
de hacer recordar al paciente lo que promueve nuevas vías de
expresión, hay que analizar las resistencias que la persona ha
utilizado y el origen de las mismas.
La represión no es el único mecanismo que tiene el yo para
librarse de las emociones y deseos perturbadores. Hay muchas otras
formas. Por ejemplo, cuando hay dos emociones en conflicto, el yo
puede optar por lo que Freud (2006c) llamó una formación reactiva.
Cuando hay dos conflictos en pugna, nos comenta el autor, puede
ser que uno de los dos se intensifique de manera desmesurada y
suprima a su oponente. Se puede ver en la consulta, por ejemplo,
cuando un paciente, explica con efusión cuanto añora a su padre y
lo hace de una manera reiterada a lo largo de la sesión. Podemos
intuir que, tarde o temprano, tendrá lugar una revelación y este amor
tan exaltado dejará paso a sentimientos contrarios.
Este no es el caso de "Juanito" un niño que presentaba fobia
a los caballos y que Freud trató a través del padre del niño. El miedo
a los caballos, en su caso, era el síntoma, y el no querer salir de casa,
la inhibición que el yo había encontrado como forma de no
despertar la sensación desagradable de la angustia. En realidad,
explica Freud (2006a), una observación más cuidadosa de Juanito,
develó que no era un miedo incroncreto a los caballos. El niño tenía
miedo a "ser mordido" por ellos. ¿Por qué un caballo y no otro tipo
de animal? No lo sabemos. Quizá porque había visto, un día, como
cayó un caballo. Quizá porque con su amigo y padre jugaban a
menudo "a hacer carreras de caballo". El hecho es que, detrás de la
fobia de Juanito a los caballos, Freud descubrió unos afectos
poderosos y conflictivos entre ellos. El niño sentía hostilidad por el
padre. Un padre que, cuando volvía de sus viajes, lo desalojaba de
la cama de la madre que compartía en su ausencia y, además, le
imponía una disciplina mucho más rígida que las caricias tiernas de
su madre. Juanito, a veces, odiaba a este padre. Y, en ocasiones, por
la cabeza le pasaban deseos de que no volviera de alguno de sus
149
viajes o que cayera y se hiciera daño. Ahora bien, Juanito también
quería mucho al padre. El padre le llevaba a paseo y jugaba con él.
Y a pesar de la disciplina era encantador. Aquí tenemos el escenario
del conflicto nos dirá Freud (1909a): la ambivalencia de los
sentimientos, el amor y el odio compitiendo entre ellos.
La forma que encuentra el yo para hacer frente a este
conflicto emocional es el desplazamiento. "Si Juanito, que está
enamorado de su madre mostrara miedo hacia el padre, yo no
tendría ningún derecho a atribuir una neurosis ni una fobia", escribe
Freud (2006a). “No, estaríamos simplemente ante una reacción
afectiva, por otra parte, comprensible. Lo que hace que esta
reacción sea una neurosis es la sustitución del padre por un caballo”.
Aquí podemos observar el mecanismo de desplazamiento.
Pero cabe preguntarse ¿Por qué Juanito solo desplaza temor
y no muestra tendencias agresivas hacia el animal? Pues porque la
mente es así de compleja y lo que estamos observando es otro de
sus mecanismos: el proceso de transformación en su contrario. En
lugar de la agresión contra el padre que es una idea intolerable, la
cambiamos y hacemos que sea el padre (representado por el caballo)
quien lo agreda.
A continuación, retomaremos un caso propio con el fin de
ilustrar cómo los conflictos interiores pueden encontrar diferentes
vías de activación de las defensas que llevan, en consecuencia, a
diferentes tipos de patologías. Laura era una niña de nueve años
cuando llegó a la consulta por primera vez. Era una niña delgada,
de aspecto serio y contenido. Su madre estaba muy preocupada por
las cosas “anómalas” que hacía la niña y por el sufrimiento que el
hecho de hacer estas actividades le conllevaba. La madre padecía
mucho viendo sufrir a la hija y no sabiendo qué hacer para detener
una serie de acciones que iban en aumento. Laura había iniciado "la
manía" de tocar algo brevemente, por ejemplo, la mesa y, a
continuación, sentía el impulso de retirar la mano como si quisiera
150
retirar el acto de haberla tocado. En este punto, Laura sentía un
deseo, que no podía detener, de volver a tocar la mesa y, acto
seguido, el deseo contrapuesto de retirar la mano. Este juego de
tocar y des-tocar podía durar varios minutos si la madre no
intervenía regañando a la niña. Otras veces durante el juego, la
mano de la niña quedaba "congelada" a medio camino de la mesa
hasta que ella misma reiniciaba los avances y retrocesos. Poco
después de haber iniciado este comportamiento, otras conductas
anómalas fueron observadas por la madre. Por ejemplo, Laura
comenzó a manifestar angustia si pisaba las rayas de los cuadros
que decoraban el suelo de un conocido paseo de la ciudad. Jugar a
"no tocar" las rayas de un suelo es, en ocasiones, una conducta típica
de los/as niños/as. Pero para Laura no era un juego, la niña sentía
intensa angustia y se obligaba a sí misma a hacer saltitos extraños o
ir hacia atrás y volver a empezar el recorrido en un intento de
"hacerlo bien" y no pisar nada. En la consulta, una vez conseguida
la alianza terapéutica, se le preguntó ¿qué sentía cuando pisaba las
rayas? la niña respondió "miedo a que si las pisara la madre se
muriera". Es evidente que el temor era del todo irracional, pensar
que si pisaba una raya la madre podría morir, pero eso era lo que
sentía Laura.
Otra de las conductas que la atormentaban era que, al decir
sus oraciones por la noche, Laura necesitaba estar segura de que
estaba realmente concentrada en el significado de las palabras, de
modo que lo que pronunciaba fuera una oración dicha con fe.
Porque Laura tenía miedo a que, mientras estuviera rezando, "otros
pensamientos vinieran a distraerla" y, por tanto, estuviera haciendo
algo no grato a los ojos de Dios o la Virgen María. Tan preocupada
estaba Laura para no perder la concentración, que eso mismo, la
distraía de la oración o le daba la duda de si se había distraído.
Entonces Laura se obligaba a empezar de nuevo la oración una y
otra vez hasta que, exhausta, se perdonaba a sí misma e intentaba
dormir. Algunas noches, añadía a esta situación angustiosa, algunos
151
elementos más que provenían de la sensación que tenía Laura de
haber hecho algo malo, de no querer suficientemente a su madre o
de algo que, al principio del tratamiento, Laura no revelaba. Estos
elementos consistían en rezar de rodillas en el suelo, brazos en cruz
u otras variaciones. En estos casos, a la presión de decir las
oraciones sin perder la concentración se añadía la de, por ejemplo,
decir las oraciones sin bajar ni hacer oscilar los brazos que mantenía
en posición horizontal. El último síntoma que se añadió a todos
estos que he descrito fue la necesidad de hacer las cosas en un
determinado orden: por ejemplo, si había que estudiar la lección
número cinco de historia, había que empezar repasando la primera,
segunda, tercera y cuarta. No nos extenderemos en una lista
completa de los síntomas de la niña que eran, como se puede
fácilmente observar, de naturaleza obsesiva-compulsiva. En otras
palabras, todas estas acciones tenían la finalidad de aliviar a la niña
de su angustia interior y que, si lo conseguía, se sentía, durante unas
horas, tranquila.
En las neurosis obsesivas, señalaba Freud (2006b),
observamos por un lado síntomas negativos (no pisar las rayas, no
desconcentrarse cuando se reza) y toda una serie de acciones que
buscan una satisfacción como forma de defensa (saltar por encima
de las rayas, repetir la oración, etc.). Estos dos elementos se
fusionan a lo largo de la enfermedad por lo que no vemos uno sin
el otro. Freud (2006c) explicaba el origen de la neurosis obsesiva
como una defensa contra pensamientos y sentimientos de naturaleza
sexual, intolerables para el superyó de la persona. Un superyó, en
el caso de estas personas enfermas, de naturaleza extremadamente
rígida y moralizadora. El yo, aliado totalmente con este superyó al
que no puede contradecir, intenta más que una represión (en este
caso el yo es consciente de sus miedos y angustias) una regresión.
Es decir, un retorno hacia atrás de la libido, hacia estadios
pregenitales. El yo se protege de esta libido que lleva con ella la
sensación de "algo pecaminoso y sucio", se desarrolla abierto al
152
superyó y configura intensas formaciones reactivas como la
tendencia a limpiarse en exceso, a la compasión o temas religiosos
o el deseo de poder proyectar una imagen de sí mismo como una
persona recta y moral (en el caso de la niña como una buena niña y
creyente). Como esta regresión a estadios donde no se siente el
deseo genital no se acaba de conseguir, aparecen actividades
sustitutorias, las más importantes de las cuales son: 1) deshacer lo
que ha pasado y 2) el aislamiento.
La primera de estas actividades se ha de entender, explica
Freud, como una especie de "magia negativa", un intento de
suprimir no sólo las consecuencias de la acción prohibida sino la
acción misma. Algo parecido a un ritual mágico o en las
supersticiones populares (no pasar por debajo de una escalera
impedirá que te pase algo). Esta técnica de "deshacer" se observa
en dos tiempos: hay un acto que "deshace" el primero como si éste
no hubiera sucedido (aunque, en realidad, han sucedido los dos, el
hacer y el acto de deshacer). En Laura podemos ver esta técnica en
el acto de tocar la mesa (hacer) y en el retirar la mano como si no la
hubiera tocado (deshacer). Otra técnica variante de ésta es tomar
precauciones para evitar que una determinada acción pueda pasar.
Por ejemplo, en el caso de Laura, saltar para evitar tocar la raya del
suelo.
El aislamiento, la segunda de las actividades sustitutorias
típicas de la enfermedad, es que, después de un hecho desagradable
para la mente, tenga lugar una "pausa" en la que "no pase nada". O
se saquen de una actividad todos aquellos elementos que puedan
perturbar otras operaciones mentales o actos motores. Por ello, las
cosas deben hacerse siguiendo un mismo orden etc. Las rutinas
mecanizadas permiten una focalización durante un rato en una tarea
determinada, como Laura cuando estudiaba historia o cualquier otra
cosa. Con ello intentaba, sin conseguirlo, que "no se le escapara
nada" de lo que tenía que recordar.
153
En la mayoría de los casos, según Freud, todas estas
reacciones de defensa están causadas por una intensa culpabilidad
o tendencia al castigo relacionada con el onanismo infantil o
angustias de castración (haciendo referencia al complejo de Edipo),
pero pueden deberse a otros conflictos relacionados con la
sensación de culpabilidad. En este intento de "suprimir el pasado"
(suprimir el acto masturbatorio realizado o el pensamiento que se
podría realizar) emerge un tercer mecanismo: la repetición. Si ha
sucedido algo indeseable, si he realizado o pensado algo que no
debía, repetiré hasta conseguir no hacerlo. En el caso de Laura,
repetir las oraciones hasta que logre no distraerse. El evitar tocar y
ser tocado, que lleva a la limpieza compulsiva de las manos
(síntoma no observado en Laura, pero sí la necesidad de echarse
cera caliente en las manos, resistiendo el dolor) se puede leer
también como un acto sustitutivo compensatorio que consigue
eliminar una actividad o entrar en contacto con pensamientos
prohibidos (en el caso de Laura un castigo por haberlo hecho o
pensado). En la neurosis obsesiva se sufre de una alta tensión por el
conflicto existente entre el ello y el superyó. El yo está
supervigilante porque debe rechazar y defenderse de una multitud
de fantasías no permitidas. No puede abandonarse, escribe Freud,
ni un instante, lo que lleva a un cansancio y a una angustia profunda.
En el caso de Laura, el tratamiento reveló que sentía terror
a tener "ideas deshonestas" o sentir un impulso de realizar un acto
prohibido sobre su cuerpo y en las consecuencias de estas dos cosas.
La madre de Laura, muy religiosa, había querido iniciar ella misma
a su hija en la religión y leían juntas historias de santos y santas.
Laura se sentía muy angustiada de ver como aquellas chicas
mártires habían sido capaces de perder la vida y aguantar torturas
para no caer en pecado y tenía mucho miedo de no ser capaz de ser
"tan buena" como ellas. Además, Laura había caído enferma por
varios meses y, confinada en la cama durante muchas horas, había
experimentado sensaciones corporales agradables y "había pecado"
154
(onanismo infantil). Se le confió a la madre que, durante un tiempo,
para "ayudarla" se sentaba en su habitación por la noche observando
las manos de su hija fuera de la cama hasta que Laura dormía (lo
que no consiguió nunca, pero fingía para que su madre pudiera
retirarse a descansar).
Pese a que el caso parece ideal para justificar las ideas de
Freud sobre la importancia del componente sexual en el origen de
la neurosis obsesiva, no se considera como la principal causa de los
síntomas de la paciente que he presentado. El miedo a la pérdida del
objeto materno es superior al miedo punitivo (miedo a la
“castración”). El miedo a perder la estimación de la madre, el deseo
de complacer a la madre para hacerse merecedora de su amor y la
incapacidad de cumplir con este deseo provocaba esta angustia que
hizo enfermar a la paciente. Una vez que la niña pudo entender este
conflicto interno, sus síntomas remitieron hasta desaparecer por
completo.
Las ideas de Freud sobre el origen de la angustia fueron
cambiando y correlativamente pasando del miedo a la castración
por los deseos de naturaleza sexual al miedo por la pérdida de la
persona amada. En Inhibición, Síntoma y Angustia, Freud aclara
que los síntomas de una enfermedad neurótica se forman para eludir
la angustia. Los rituales obsesivos, escribe, son acciones que
pretenden, de forma mágica, calmar la angustia. Si esta emergencia
del síntoma fuera impedida, entonces la persona no se podría
defender del peligro de la angustia. ¿Cuáles son los peligros que
percibe la persona que enferma? se pregunta Freud. Y se responde:
la pérdida del amor de la persona amada y el miedo a las acciones
punitivas. Ahora bien, este temor a las acciones punitivas, entre
ellas la retirada del amor, son correlativas con los pensamientos,
sentimientos e intenciones conscientes e inconscientes valoradas
por la persona amada como reprobable. En consecuencia, hay que
aniquilar estas fantasias o deseos no permitidos. La lucha por
155
conseguirlo y, así, eliminar el peligro de la pérdida del objeto de
amor, es lo que genera el conflicto y la puesta en marcha de los
mecanismos defensivos.
156
manteniendo. Una paciente que llamaremos Ruth, en la consulta,
mueve de manera nerviosa un pie, está enfadada con la terapeuta
porque cree que acudir a las sesiones de psicoterapia no la ayuda.
Una parte de ella quiere irse, otra parte le dice que no se precipite,
que se deje ayudar y dé un voto de confianza. Atrapada en este
conflicto, toma el bolso y lo hace girar, inquieta, entre las manos.
Es evidente que la conducta de jugar con el bolso tiene un
significado que se puede describir en términos de conflicto, de
intencionalidad y de manifestación parcial de un comportamiento
(tomar el bolso e irse).
157
agresividad sobre sí mismos haciéndose pequeños cortes sobre la
piel con objetos puntiagudos.
158
psicoanalítica o de las figuras de apego internalizadas, utilizando
una nomenclatura más propia de la teoría del vínculo, puede
conducir a las personas a estados que limitan con la psicosis o, en
casos extremos, derivar hacia un estado donde el contacto con la
realidad, se pierde definitivamente, es decir derivar hacia la psicosis
misma.
Aunque pueda parecer extraño, el camino que transita de la
realidad a la locura no es una especie de precipicio que uno salta o
de una barrera que marca de manera definitoria si estamos a un lado
u otro. A menudo, más que esta línea divisoria clara es como una
raya que un dibuja en el suelo y sobre la que pasa de manera
imperceptible. Se puede transitar de un lado a otro de la raya y,
muchas veces, esto no es detectado por los que nos rodean ni por
nosotros mismos. No es hasta que uno se separa mucho de esta línea
divisoria y se adentra en el mundo que llamamos de la "locura" que
no se hace evidente que se ha perdido el contacto con el sentido
coherente y racional de las cosas.
El psicoanálisis y la teoría del apego de Bowlby intentan
explicar estos fenómenos a partir de diferentes lenguajes. Lo más
relevante, sin embargo, es darnos cuenta del peso que tienen las
relaciones que establecemos de niños/as con las figuras de apego en
la génesis de la salud mental y la psicopatología. Los trastornos de
la vinculación en la infancia han sido bien estudiados y han dado
paso a una clasificación diagnóstica que comprende: a) el trastorno
de la vinculación no establecida; b) el trastorno de la vinculación
indiscriminada; c) el trastorno de la vinculación inhibida; e) el
trastorno de la vinculación agresiva y d) el trastorno de la
vinculación invertida (Zeanah y otros, 1993). Pero cada niño/a y
situación es diferente y las rutas por las que transita el sufrimiento
y la enfermedad mental no están prefijadas.
La relación entre vínculo afectivo y trastornos mentales en
la edad adulta es compleja. La mayoría de los/as pacientes esconden
detrás de una sintomatología variada historias de conflictos
relacionales graves. A continuación, se presenta el caso de una
159
paciente diagnosticada de trastorno borderline para finalizar esta
aproximación a la psicopatología de las relaciones afectivas sobre
la que versa este capítulo.
160
dejaba de llorar y yo no podía con aquellos llantos ... Y la tiré a la
basura". Se pone las manos en las orejas como si estuviera oyendo
el llanto de la muñeca y no lo pudiera resistir. Más tranquila explica
que una vez que se hubo deshecho de la muñeca volvió a su país a
buscar a su hijo real. "Pero el gemelo, no, porque se murió en el
momento de nacer. El corazón no le funcionaba... pero, de hecho-
aclara-, la culpa fue de la enfermera que no lo vigiló, lo dejó
morir... Pero él me mira, no se ha ido y me cuida y mi abuelo
también... esta noche, he sentido un aire frío, frío, cuando noto ese
aire frío es porque mi abuelo me viene a ver, yo lo sé, está allí y me
dice, tienes que salir adelante. Y una hija que tuve que se murió,
también, viene y siento su vocecita "... En estos momentos, mientras
habla, la terapeuta siente que ha desaparecido de su realidad, los
ojos de la Sra. Karen la miran pero la traspasan, el mundo interno
ha invadido todo el espacio terapéutico. De repente, vuleve a fijar
la mirada en la terapeuta, sonríe, parece haber vuelto. Bruscamente
se levanta. "Bueno… -echándose hacia atrás y hablando con voz
completamente normal-, ya es la hora. ¿Ya te he explicado el pastel
que cocinado para el niño? Se lo he llevado al centro y no veas lo
contento que se puso", Continúa como si ya no recordara la voz del
abuelo ni de la hija muerta, las puertas de su mundo psíquico
cerradas nuevamente.
161
amenazadores y devaluadores del otro. Fluctúan entre el
sufrimiento por sentirse pequeños, menospreciados y la búsqueda
de alguna idea de grandiosidad que los haga destacar y les permita
sentirse importantes, ubicados en el centro de la atención. Desean
el amor, pero tienen miedo de su fuerza destructora.
162
como partes de los objetos internos. De esta manera surgen
narrativas como la de esta paciente al hablar de sus padres que la
dejaron al nacer y la fueron a buscar ya de mayorcita:"¿La relación
con mis padres? Muy buena, siempre ha sido muy buena. O sea, mi
padre, yo siempre he sido un ojo derecho de mi padre. Mi padre me
ha amado con locura, sí con locura.... mi madre, no. El vínculo que
he tenido con mi madre, así, como si fuéramos amigas, ha sido
mayor que con mi padre. Normal, ¿no? Con mi madre me llevo
menos diferencia de edad... con mi padre no he podido hablar de
ciertas cosas... siempre le tenía miedo.... miedo de que me
regañara... porque.... claro, yo soy su niña. Las niñas siempre son
más del padre que de la madre. Es normal. Y yo, pues claro, la
complicidad que he tenido con mi madre no la he podido tener con
mi padre”.
163
propio interior. En estos casos extremos encontramos los brotes
psicóticos. Rey (1994) relata que una vez estaba con un joven
esquizofrénico en el hospital. Era un joven que trataba al terapeuta,
en ocasiones, como alguien de quien no se podía ni quería separar
y, en otras, como alguien a quien atacar. Un día mientras estaban
hablando de manera razonable y en contacto con la realidad, de
repente, el paciente se levanta de manera rápida y va hacia la puerta.
Entonces, desde allí y mirándolo con ojos escrutadores y voz
temblorosa le empieza a decir: "Levántate y ven. Obedeceme. Sabes
que durante años me has estado maltratando a mí y a mi madre,
sabes de las torturas que me has hecho a las tres de la madrugada
cuando entrabas en mi habitación”. Me di cuenta en esos cinco
minutos que me parecieron siglos, nos dice Rey, que la realidad
externa había desaparecido y que la figura del padre y mi persona
se habían convertido en la misma. A través de un proceso de
identificación proyectiva yo me había convertido en el padre
interior que el paciente tenía dentro. El paciente siguió hablando de
unos personajes que le ordenaban desde dentro suyo que no se
hiciera amigo del terapeuta y que lo castigarían si se pensaban que
amaba más al terapeuta que a "ellos". El paciente se llegó a
preguntar si tenía que matar al terapeuta para que esas voces le
creyeran, para demostrarles que no le quería. Al cabo de un
momento el paciente pudo volver a la normalidad. (Rey, 1994)
164
padres, los lugares donde han ido a buscar trabajo, los días que hace
que no consumen, los propósitos de estudiar, etc. fragmentos de
vida, que son una mezcla de realidad y fantasía pero que se
depositan en el interior del terapeuta con la esperanza de que este
guarde y preserve lo bueno que tienen. Entonces, si el terapeuta los
deja por vacaciones o por interrupción del tratamiento, lo bueno de
ellos es sentido como si se desvaneciera con el terapeuta y se
quedaran más solos y más liberados que nunca a las partes oscuras
y tenebrosas de ellos mismos. Es por eso por lo que las personas
bordeline viven muy mal las interrupciones del tratamiento.
165
Referencias
166
Capítulo 9
Evaluación del Apego
168
El procedimiento consiste en la exposición del niño a tres
componentes estresantes: un medio ambiente extraño desconocido y
ajeno para el niño (con juguetes también desconocidos), interacción
con un extraño y separaciones con su figura de apego. Implica, por
lo tanto, una serie de pasos en los que se establece una situación de
juego libre en este ambiente extraño, tras lo que se introduce una
persona extraña para él y se efectúan separaciones y reencuentros con
la figura de cuidado. Estos momentos tienen la intención de activar
conducta de apego del niño.
169
con el perfil prototípico de un niño con base segura, según lo
proporcionado por varios estudiosos en el campo del apego. En
teoría, se puede obtener una puntuación para la seguridad del apego.
170
calmarlo. El instrumento tiene un carácter multidimensional,
permitiendo puntuar tres importantes dimensiones: seguridad,
evitación y resistencia. Se utiliza frecuentemente con bebés (Román
Rodríguez, 2011).
171
escenario en el que una familia de muñecos humanos, con un
personaje del mismo sexo al niño evaluado, debe enfrentarse a un
dilema. El evaluador presenta el inicio de la historia dilemática, y
luego se le pide al niño continuarla. La administración es grabada en
video y audio, y luego transcripta. El análisis e interpretación se
apoya en la narrativa que resulta de la elaboración de la historia
contada por el niño, atendiendo a lo verbal como a lo no verbal. Entre
los procedimientos más conocidos para la exploración de los
modelos internos de apego a través de historias incompletas se
encuentran: la prueba Incomplete Doll Stories (IDS) creado por
Cassidy (1988); la prueba Attachment Story Completion Task
(ASCT) de Bretherton et al. (1990) destinada a explorar la seguridad
e inseguridad del apego en niños a partir de los 3 años; la prueba
Attachment Doll-Play Interview (ADI) de Oppenheim (1997); el
Manchester Child Attachment Story Task (MCAST) de Green et al.
(2000); y MacArthur Story Stem Battery (MSSB) de Bretherton y
Oppenheim (2003).
172
desorganizado se caracteriza por contenidos extraños, secuencias
incoherentes, caóticas, violentas, viéndose bloqueado el dilema
presentado.
173
Evaluación del Apego en la Adultez
174
Segunda Línea de Evaluación del Apego en la Adultez
175
pareja, por lo que se diferencia de la primera línea de investigación
mencionada, en cuanto a que puede verse influenciado por distintas
variables como la atracción y atractivo sexual. Mientras que, las
mediciones del apego de la anterior línea como la medición que
permite realizar la AAI se concentran en que el estado mental del
apego afecta la investidura parental, lo que podría estar influenciado
por otras variables como la viabilidad de descendencia o condiciones
ambientales en que se desarrolla la paternidad (Shaver et al., 2000).
Sin embargo, también se han destacado ciertos puntos de encuentro
entre ambas líneas. Hazan y Shaver (1987) sostienen que las
experiencias emocionales y las conductas asociadas a enamorarse,
encontrarse y separarse de una pareja están impulsadas por el mismo
sistema de apego que proponía Bowlby, el cual tiene como fin
promover seguridad y supervivencia. Bowlby (1969) considera que
los sistemas de apego infantiles son similares a los que más tarde se
ponen en juego en las relaciones amorosas y existen pocas
diferencias entre las relaciones cercanas, sean estas entre padres e
hijos o entre pares. En este sentido se explica que patrones de
conducta observados durante las infancias y luego adultez en el
vínculo romántico tienen la misma raíz, son activados-desactivados
por las mismas condiciones y se expresan con los mismos propósitos
(Fraley y Shaver, 2000). Asimismo, se ha planteado como el apego
en las relaciones amorosas puede predecir conductas y sentimientos
asociados a la parentalidad mientras que, el apego conocido mediante
la AAI permite predecir conductas y sentimientos en relaciones de
pareja (Shaver et al., 2000).
176
como las características del sistema de intercambio interpersonal en
su medio familiar actual (segunda línea). Permite clasificar el apego
como seguro, inseguro-evitativo e inseguro-preocupado. Hasta el
momento, el CaMiR cuenta con algunas adaptaciones y versiones en
distintos países de América y de Europa.
177
Situación Extraña (en adelante, PASE) el cual contiene 3 secciones:
Protocolo de puntuación; Guía para la puntuación; y Guía para la
evaluación. El objetivo del mismo es clasificar el apego en seguro o
bien inseguro-evitativo o inseguro-perturbado.
178
Con los resultados obtenidos se logró demostrar que la consistencia
interna del test es muy buena. Se encontraron diferencias
significativas (p = ,000) entre las medias de los grupos bajo y alto en
cada uno de los ítems (tipos de apego: Seguro, Evitativo,
Ambivalente y Temeroso). Es decir que, cada ítem discrimina con
relación al grupo de sujetos que puntuó alto y al que puntuó bajo en
cada tipo de apego evaluado.
179
Consta de dos partes que evalúan la percepción que la
persona tiene de sus relaciones íntimas actuales. Específicamente,
evalúa el apego en dos contextos diferentes: el de los vínculos
románticos y el de los vínculos no románticos. Ambas son escalas
tipo Likert de cuatro posiciones (desde casi nunca hasta casi
siempre). La primera consta de 11 ítems y debe ser respondida
teniendo en cuenta lo que la persona siente en relaciones de pareja.
La segunda está compuesta por 9 reactivos y debe ser respondida
teniendo en cuenta personas afectivamente cercana a ellos sin
vínculo romántico. Cada escala cuenta con tres dimensiones de
apego: seguro, temeroso-evitativo y ansioso, considerando la
descripción de Ainsworth et al. (1978) y Hazan y Shaver (1987).
Permite obtener tres puntuaciones parciales para cada escala (seis
puntuaciones en total).
180
Se trabajó con la traducción realizada en Colombia por Pardo et al.
(2006 en Vega y Sánchez, 2011). Se autoadministró el instrumento
en escuelas del Gran Buenos Aires, de capital, zona sur y zona norte.
Se trabajó con una muestra de 233 adolescentes no clínica de ambos
sexos de entre 13 a 18 años de edad. Como resultado, un 34% de la
muestra no pudo ser categorizado, conllevando a una nueva
investigación realizada en el 2012 por Vega y Roitman. En este
segundo estudio se llevaron a cabo clasificaciones de las
combinatorias que habían quedado sin clasificar, específicamente
dentro del apego inseguro, manteniendo las categorías propuestas por
Ainsworth (ambivalente y evitativo). Se concluye que dichas
combinatorias deberían ser estudiadas y testeadas en próximos
estudios con nuevos cuestionarios validados en nuestro país.
181
y α= 74 respectivamente. Tras esta primera aproximación, los
resultados confirmaron que es un instrumento confiable y válido en
la evaluación de los modelos internos de relación en adultos,
ofreciendo prometedoras expectativas para continuar el trabajo con
dicha escala.
De manera más reciente, Balabanian et al. (2014) realizaron
un análisis psicométrico del Cuestionario de Apego Parental de
Kenny de 1987 en una muestra compuesta por 285 adolescentes de
entre 14 y 18 años de edad de la provincia de Córdoba. Se evalúo la
capacidad discriminativa de los ítems, la fiabilidad de la prueba en
cuanto a su consistencia interna y la validez de constructo a partir de
un análisis factorial exploratorio. Los resultados obtenidos fueron
satisfactorios concluyendo que la escala resulta factible de ser
utilizada para evaluar el apego parental adolescentes.
Específicamente, los resultados indican que los ítems discriminan de
forma significativa reagrupándose, mediante el análisis factorial en
torno a dos dimensiones generales: apego positivo y apego negativo.
El valor de la consistencia interna obtenido para la escala general
mediante el coeficiente Alpha de Cronbach fue de .92. Es un
instrumento que consta de 41 ítems que permiten evaluar la forma en
que los adolescentes perciben a sus padres y su relación con ellos,
mediante dos factores denominados apego positivo (apego seguro) y
apego negativo (apego inseguro). De los 41 ítems de la escala, 24 de
ellos corresponden al apego positivo e identifican niveles de
confianza y cercanía y patrones de autonomía y buena comunicación.
Los restantes 17 ítems corresponden al apego negativo y evalúan la
preocupación, inseguridad y temor en la relación con los padres,
como inadecuados patrones de comunicación, niveles bajos de
proximidad y dificultades emocionales.
En la Tabla N° 1 se sintetizan los instrumentos creados o
adaptados en Argentina para la evaluación del apego en las infancias,
adolescencias y adultez.
182
Tabla 1. Instrumentos para la evaluación del apego en argentina
con estudios psicométricos locales
Nombre del Construcción Autores Rango etario
Instrumento o locales para ser
Adaptación administrado
PASE Adaptación Casullo y Diadas madre-
(Procedimiento Fernández hijo/a de 1 a 3
Argentino de la Liporace años
Situación (2005)
Extraña)
183
Consideraciones Finales
184
En cuarto y último lugar, otro punto clave que debe
mencionarse es la necesidad de explorar el apego mediante
instrumentos adaptados y validados en el contexto local en el que se
encuentra el sujeto examinado. Es fundamental considerar que los
mismos cumplan con las dos propiedades básicas: Validez y
Confiabilidad. La Validez se asocia a la relación entre teoría y
práctica, ¿el instrumento mide lo que dice medir? En tanto que,
Confiabilidad, estaría asociada a la precesión o coherencia de los
resultados que arroja un instrumento: ¿si se vuelve a aplicar el
instrumento, arroja el mismo resultado? (Hernández-Sampieri y
Mendoza Torres, 2018).
Estas consideraciones son propuestas a fines de valernos de
aquella riqueza metodológica, organizándonos dentro de ella.
Finalmente, se alienta a la producción científica a que
continúe profundizando en instrumentos de evaluación de apego,
proponiendo versiones autóctonas para los distintos grupos etarios.
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190
SEGUNDA PARTE
Adaptación y validación
argentina de la técnica
Capítulo 10
Adaptación y validación argentina del
cuestionario de apego CaMir1
Introducción
1
Este capítulo contiene fragmentos de una publicación previa en: Labin, A.,
Taborda, A., Cryan, G., Moretti, M. P., Videla Pietrasanta, A., Martínez, M.
L., Morán, V., Piorno, M. N. & Pierrehumbert, B. (2021). Adaptación y
validación argentina del cuestionario de evaluación del apego (CaMir).
Psicopatología y Salud Mental del Niño y del Adolescente. Noviembre
2021, 38 pp103-116
Nóblega y Traverso (2013) realizaron una adaptación peruana
trabajando con la versión reducida. Para ello, participaron 372
sujetos, 240 mujeres y 132 hombres, de entre 18 y 42 años. En ambos
casos, los resultados confirmaron que el CaMir es un instrumento
confiable y válido en la evaluación de los modelos internos de
relación en adultos.
El objetivo del presente estudio es adecuar lingüísticamente
y adaptar el instrumento de evaluación de apego en el adulto CaMir
(Cartes Modeles Individueles de Relation) elaborado por
Pierrehumbert et al. (1996), en una muestra de adolescentes y adultos
argentinos (n=549). Su nivel de confiabilidad y validez permitirá
contar con un instrumento en la Argentina que permita evaluar las
apreciaciones actuales acerca de las relaciones de vínculo en la
infancia y las características del sistema de intercambio interpersonal
en su medio familiar actual.
Método
Participantes
Instrumento
194
adultos a partir de la evaluación de las estrategias relacionales,
suponiendo la existencia de modelos individuales de relación sobre
sí mismo y del otro en las relaciones interpersonales.
De manera más específica, indaga cuatro niveles
dimensionales: 1) las experiencias de apego presentes a partir de
preguntas relativas a la familia actual, 2) las relaciones pasadas, con
preguntas destinadas a captar los componentes de las experiencias
pasadas con los padres de la infancia, 3) el estado de ánimo actual y
nivel de elaboración sobre la apreciación de la implicación de los
padres sobre las experiencias pasadas reales recordadas y 4) las
representaciones generalizadas sobre la parentalidad y las
necesidades emocionales de los/las niños/as y de los adolescentes y
adultos actuales. De este modo, busca conocer, tanto la apreciación
actual del sujeto acerca de las relaciones vinculares en la infancia
como las características del sistema de intercambio interpersonal en
su medio familiar actual.
Los ítems exploran estrategias relacionales primarias, a
partir de reconocer como la persona valora el apoyo social y la
seguridad relacional (estilo de apego seguro) y estrategias
secundarias donde la persona valora la independencia con distancia
emocional (estilo de apego inseguro evitativo) o, por el contrario,
valora la implicación interpersonal en desmedro de la autonomía
(estilo de apego inseguro preocupado). El cuestionario consta de 72
ítems reagrupados en escalas que implican 13 dimensiones de apego
específicas: Interferencia parental, Preocupación familiar,
Resentimiento de infantilización, Apoyo parental, Apoyo familiar,
Reconocimiento de apoyo parental, Baja disponibilidad parental,
Distanciamiento familiar, Rencor contra los padres, Traumatismo
infantil, Bloqueo de recuerdos, Dimensión parental y Valoración de
la jerarquía.
En base a los datos obtenidos en estas escalas se calcula un
puntaje estandarizado con el cual se puede clasificar las respuestas
del adulto o adolescente dentro de un estilo de apego dominante:
seguro, inseguro evitativo o inseguro preocupado.
195
Procedimiento
196
de la nueva versión del instrumento. Aun así, de los 72 ítems, 6
continuaban sin ser comprendidos. Por ello, se consultó a expertos
en el lenguaje francés y en inglés para que tradujeran las frases al
español. Los expertos nuevamente analizaron las frases y se
modificaron aquellas que resultaban difíciles de comprender. Por
tercera vez, se aplicó el cuestionario logrando una buena compresión
de los 72 ítems.
197
otros países. Mediante el software FACTOR 10.0, se utilizó el
método de extracción de mínimos cuadrados no ponderados (ULS)
con rotación Promax, dada la naturaleza ordinal de los ítems.
Resultados
198
.87, y el test de esfericidad de Bartlett fue significativo a un nivel
p<.001, lo cual indica una adecuada intercorrelación entre los datos
y la factibilidad de realizar el análisis. Utilizando el método de
extracción de componentes principales y la regla de Kaiser-Gutman
se obtuvo una solución inicial de 18 factores con autovalores
superiores a 1, los cuales explicaban en conjunto un 59.22 % de la
varianza total de la prueba. De modo similar al procedimiento
realizado en las validaciones española, chilena y peruana del CaMir,
se decidió considerar sólo aquellos factores que explicaban al menos
un 2% de la varianza y que estuvieran compuestos por al menos dos
ítems significativos en su estructura (Balluerka Lacasa et al., 2011;
Garrido et al., 2009; Nóblega & Traverso, 2013). Aplicando estos
criterios, el número de factores en los que se agrupan las
puntuaciones se redujeron a ocho, los cuales explican el 42.77% de
la varianza total. A partir de la inspección de la matriz de
componentes se eliminaron los ítems con pesos factoriales bajos
(menores a .40), aquellos ítems con cargas compartidas (superiores a
.30) con otro factor, y aquellos ítems que no correlacionaban con
ningún factor. De esta manera, se retuvieron un total de 43 ítems
distribuidos en cuatro factores teóricamente claros que explicaron un
43.1 % de la varianza de respuestas al test (Tabla 1). Tal como
recomiendan Costello y Osbourne (2005) cada factor identificado
agrupaba al menos 5 ítems con cargas factoriales cercanas a .50. El
primer factor agrupó ítems que refieren a la historización de
experiencias pasadas (α = .81) y explica un 25.76% de la varianza, el
segundo factor agrupa ítems que corresponden al apoyo familiar (α
= .71) y explica un 8.8% de la varianza, el tercer factor corresponde
a la preocupación familiar (α = .76) explicando un 4.42% de la
varianza, y el cuarto factor corresponde al reconocimiento de
personas significativas sobre la asimetría adulto/niño (α = .69)
explicando un 4.12% de la varianza.
199
Tabla 1. Ítems, carga factorial, comunalidad y escala original
Carga Escala
Ítems
factorial h² original
Factor 1. Historización de experiencias pasadas (25.76% de la varianza
explicada)
Las amenazas de separación,
mudanza y/o traslado a otros
2 lugares, o de ruptura de los lazos 0,57 .29 TI
familiares son parte de mis
recuerdos
Cuando era niño/a, sabía que
5 siempre encontraría consuelo en mis -0,50 .43 AP
seres queridos
En general, las relaciones con mis
6 seres queridos, durante mi niñez, me -0,54 .41 RA
parecen positivas.
Aunque sea difícil de admitir, siento
7 0,61 .34 RP
cierto rencor hacia mis padres.
Cuando era niño/a, a menudo mis
8 seres queridos, se mostraban 0,69 .43 BD
impacientes e irritables
Cuando era niño/a, mis padres
9 0,45 .25 DP
renunciaron a su papel de padres.
Cuando era niño/a, encontré
suficiente cariño en mis seres
12 -0,53 .46 AP
queridos. Eso hizo que no necesitara
buscarlo en otra parte
En mi adolescencia, nunca nadie de
14 mi entorno, entendía realmente mis 0,52 .36 RI
preocupaciones
Mis deseos de niño/a no eran muy
16 tomados en cuenta por los adultos de 0,64 .42 BD
mi entorno
Cuando era niño/a, teníamos mucha
17 dificultad para tomar decisiones en 0,61 .38 BD
familia.
Cuando era niño/a, les tenía miedo a
19 0,74 .49 TI
mis padres.
Cuando era niño/a, me estimularon a
22 -0,49 .30 AP
compartir mis sentimientos.
Cuando era niño/a, tuve que
24 enfrentarme a la violencia de uno de 0,75 .45 TI
mis seres queridos.
No me permitieron disfrutar de mi
25 0,71 .53 RP
niñez.
200
Tengo la sensación de no haber
podido apoyarme en el ambiente en
27 0,60 .42 RI
donde crecí (familia, amigos, barrio,
etc.)
Cuando era niño/a, me inculcaron el
28 temor a expresar mi opinión 0,65 .41 RI
personal.
Nunca he tenido una relación
30 0,62 .50 RP
verdadera con mis padres.
Mis padres siempre han tenido
31 -0,60 .39 AP
confianza en mí.
Cuando yo era niño/a, mis padres
32 0,73 .50 TI
abusaban de su autoridad.
Cada vez que trato de pensar en los
33 aspectos buenos de mis padres, 0,60 .45 RP
recuerdo los malos.
Tengo la sensación de haber sido
34 0,65 .40 TI
un/una niño/a rechazado/a.
Cuando era niño/a, había peleas
35 0,75 .50 TI
insoportables en casa.
Con mi familia, vivíamos aislados
36 0,47 .24 RI
de los demás.
Cuando era niño/a, mis seres
queridos me hacían sentir que les
38 -0,53 .45 AP
gustaba compartir su tiempo
conmigo
Cuando recuerdo mi infancia, siento
39 0,65 .58 RP
un vacío afectivo
Durante mi niñez, sufrí la
42 0,61 .40 BD
indiferencia de mis seres queridos
Cuando era niño/a, frecuentemente
sentía que mis seres queridos
41 0,56 .31 IP
exigían cosas, sólo para sentirse
obedecidos y respetados.
Factor 2: Apoyo familiar (8,80% de la varianza explicada)
En mi familia, las experiencias
vividas por cada uno de los
integrantes, en ambientes fuera de
1 0,56 .31 AF
nuestro entorno familiar, son temas
de conversación que nos enriquecen
a todos.
Estoy seguro de que puedo contar
con mis seres queridos para
3 0,70 .48 RA
encontrar consuelo cuando lo
necesito.
201
A menudo, dedico tiempo a
10 0,67 .44 AF
conversar con mis seres queridos.
En mi familia, cuando uno de
15 nosotros tiene un problema, los otros 0,69 .48 AF
se sienten involucrados.
21 Yo confío en mis seres queridos. 0,62 .44 AF
Factor 3: Preocupación familiar (4,42% de la varianza explicada)
Cuando alguno de mis seres
queridos tiene problema me
11 0,52 .39 PF
preocupa tanto que no puedo
concentrarme en otra cosa.
Siempre estoy preocupado/a por la
13 tristeza que podría causarles a mis 0,74 .47 PF
seres queridos si los dejara.
Tengo la sensación de que nunca
18 superaría la muerte de uno de mis 0,69 .49 PF
seres queridos.
Cuando me alejo de mis seres
29 queridos, no me siento bien 0,65 .40 PF
conmigo mismo.
40 La idea de separarme
momentáneamente de uno de mis
0,69 .46 PF
seres queridos me deja una
sensación de inquietud.
43 A menudo, me siento preocupado
sin razón por la salud de mis seres 0,65 .41 PF
queridos.
Factor 4: Reconocimiento de personas significativas (4,12% de la
varianza explicada)
En la vida familiar, el respeto a los
4 0,60 .47 VJ
padres es muy importante.
Los/las niños/as deben sentir que
20 existe una autoridad respetada 0,79 .54 VJ
dentro de la familia.
Los padres deben mostrarle a su
23 0,58 .39 VJ
hijo/a que se quieren entre ellos.
Es esencial trasmitir al niño el
26 0,61 .36 VJ
sentido de la familia.
Es importante que el/la niño/a
37 0,76 .55 VJ
aprenda a obedecer.
Nota: TI: Traumatismo infantil, AP: Apoyo parental, RA: Reconocimiento
de apoyo, RP: Rencor contra los padres, BD: Baja disponibilidad parental,
DP: Dimensión parental, RI: Resentimiento de infantilización, IP:
Interferencia Parental, AF: Apoyo Familiar, PF: Preocupación familiar, VJ:
Valoración de la jerarquía.
202
El análisis factorial confirmatorio dio como resultado para el
modelo especificado según la estructura obtenida en el AFE, un
coeficiente X2 significativo (1181.86; p≤.001). Los resultados
mostraron índices de ajuste satisfactorios que demuestran el ajuste
del modelo de cuatro factores a los datos (CFI = .94, TLI= .94,
RMSEA= .04 [IC 90% = 0.037-.049] y WRMR= 1.07). Los
coeficientes de regresión fueron significativos de .47 a .82 (p≤.01).
Por último, se calculó la fiabilidad compuesta de las escalas,
obteniendo .87 para el factor 1, .76 para el factor 2, .82 para el factor
3, y .77 para el factor 4. Se observa que todos los constructos latentes
presentaron valores considerados buenos por la literatura.
Finalmente, el test- retest dio como resultado una correlación
de .80 para el factor 1, de .69 para el factor 2, de .77 para el factor 3,
y de .75 para el factor 4. En todos los casos las correlaciones fueron
significativas, indicando la buena estabilidad de las escalas.
Discusión
203
experiencias. De este modo, permite sumergirse y reorganizar un
fondo de memoria y un espacio relacional como una tarea de
reaseguramiento de la identidad. Esta dimensión resulta central ya
que posibilita poner en circulación la exploración de experiencias
pasadas, las vivencias presentes de lo acontecido y la tendencia a
reproducir similitudes en las versiones interrelacionales que
devienen. En otras palabras, las apreciaciones actuales acerca de las
relaciones de vínculo en la infancia -que siempre implican
reorganizaciones cognitivas y afectivas de las experiencias vividas
precedentemente- favorecen u obstaculizan el sistema de intercambio
interpersonal con su medio familiar. Los recuerdos de haber
experimentado falta de disponibilidad, situaciones de violencia y
vivencias de amenazas por parte de las figuras de apego durante la
infancia y niñez, son compatibles con el estilo de apego inseguro
preocupado e incluso con la desorganización del apego (Balluerka et
al., 2011). En tanto, el estilo de apego inseguro evitativo se vislumbra
a partir de desactivar en la mente las necesidades de apego como
forma de resguardarse, posiblemente no recuerde situaciones del
pasado. Defensivamente, los registros de sufrimiento se disocian y
con frecuencia se corporizan a nivel fisiológico.
Este complejo factor se compone de un total de 27 ítems que
explican el 25,76% de la varianza. En comparación a la adaptación
chilena (Garrido et al., 2009), algunos de estos 27 ítems se agrupan
en diversos factores tales como: abandono infantil, desconexión
emocional y traumatismo parental. En relación con la adaptación
española (Balluerka et al., 2011), algunos de estos 27 ítems se
encuentran distribuidos en los siguientes factores: seguridad,
disponibilidad y apoyo de las figuras de apego autosuficiencia y
rencor contra los padres y traumatismo infantil. Por último, en la
adaptación peruana (Nóblega & Traverso, 2013), el total de estos 27
ítems se encuentran en la dimensión denominada indisponibilidad
parental y resentimiento de rechazo.
La dimensión apoyo familiar refiere al nivel en que la
persona siente a su familia como fuente de soporte y seguridad.
Implica el grado de confianza y disponibilidad en estas figuras
204
significativas. Estas representaciones sobre sentirse querido y
merecedor del amor familiar coinciden con un estilo de apego seguro.
En tanto, como estrategia secundaria, el estilo de apego inseguro
evitativo demuestran distancia y rechazo familiar priorizando una
autonomía extrema y distanciamiento emocional. Las estrategias
propias del estilo de apego preocupado se caracterizan por una
alternancia entre una exagerada disponibilidad familiar y signos-
reacciones extremas ante situaciones estresantes con intenso malestar
y rumiación continua.
Este factor se compone de 5 ítems, explicando un total del
8,80% de la varianza. Coincide con la adaptación chilena (Garrido et
al., 2009), siendo que, también mediante la medida de adecuación
muestral de Kaiser-Meyer-Olkin (KMO) y test de esfericidad de
Bartlett, se develó a la dimensión de apoyo familiar como parte de la
estructura interna. En este caso, se compone de 5 ítems explicando
un 4,14% de la varianza. Un total de 3 de dichos ítems coinciden con
la presente adaptación argentina, específicamente con los ítems 1, 10,
15. En la versión peruana (Nóblega & Traverso, 2013), algunos
ítems de esta dimensión de apoyo familiar se observan dentro de la
dimensión que reconstruye casi en su totalidad la de preocupación
familiar, específicamente los ítems 1 y 15 de esta adaptación
argentina.
La dimensión preocupación familiar definida en términos de
percepción intensa de separación y ansiedad actual por las figuras de
apego significativas familiares o del entorno cercano, como así
también el grado de malestar y ansiedad frente a la posibilidad de
separación de ellas. Al hiperactivar su sistema de apego, la persona
evita alejarse de su familia, empleando una estrategia ambivalente
que tiene por objetivo mantener la proximidad y asegurar la
disponibilidad de sus figuras de apego en todo momento (Balluerka
et al., 2011). Entre tanto, la estrategia de apego inseguro evitativo,
presentan una tendencia evasiva respecto de las relaciones íntimas y
bloqueo de todo tipo de pensamientos que reflejen experiencias
negativas o ansiosas. Las personas con estilo de apego seguro, frente
a situaciones preocupantes, activan una estrategia primaria,
205
caracterizada por la búsqueda de proximidad de la figura de apego
como forma de obtener confort y protección sin desplegar ansiedad
de separación de los seres queridos o excesiva preocupación actual
por las figuras de apego.
Este factor se compone de 6 ítems explicando un 4,42% de
la varianza. Coincide con la adaptación chilena (Garrido et al.,
2009), española (Balluerka et al., 2011) y peruana (Nóblega &
Traverso, 2013), siendo que, mediante la medida de adecuación
muestral de Kaiser-Meyer-Olkin (KMO) y test de esfericidad de
Bartlett, también se develó a la dimensión de preocupación familiar
como parte de la estructura interna en dichas adaptaciones. En el caso
de la adaptación española, la dimensión explica el 9,59% de la
varianza, mientras que, en la adaptación chilena, el 6,06% y en la
peruana el 6,17%. En los tres casos, se compone por los mismos 6
ítems que la presente adaptación argentina. En la adaptación peruana,
además de estos 6 ítems se suman 2 más propios de la dimensión de
apoyo familiar en esta adaptación argentina, específicamente los
ítems 1 y 15.
Por último, la dimensión reconocimiento de personas
significativas se corresponde con la dimensión originalmente
denominada valoración de la jerarquía. Dada la amplitud de
acepciones que tiene la definición valoración de la jerarquía y los
ítems que la conforman se tomaron las operacionalizaciones del
término para reflejar su significado y renombrar la variable. La
relación de apego con los/as cuidador/a /o principales implica una
relación asimétrica en el que el adulto es proveedor de cuidados. De
este modo, en el marco de la asimetría el adulto cuidador/a
significativa/o es reconocido/a como una persona sabia en la que se
confía y acepta su guía, sus recomendaciones e indicaciones. En esta
dirección, cabe subrayar que la inversión de funciones es un
indicador importante de la presencia de déficit de cuidados (Fonagy,
1991, 1999; Fonagy et al., 2002).
Por lo tanto, la escala devela la valoración positiva que hace
el sujeto del rol del cuidador/ra significativo en la asimetría adulto-
206
niño/a y su capacidad para leer los estados mentales, necesidades o
deseos y consecuentemente proveer el apoyo cuando las necesidades
de acogida y amparo se hacen presentes. Esta dimensión de
reconocimiento de personas significativas modula las posibilidades
del niño/a y permite reconocer el estilo de representaciones de apego
que prevalece en el sujeto. Reconocer y respetar la presencia de al
menos una persona sabía que puede proveer protección, cuidados,
libertades y respetar la alteridad del otro, develaría un estilo de apego
seguro. En contraposición, la negación de dicha autoridad y jerarquía
acompañada de sentimientos de desconfianza en la disponibilidad
parental, incomprensión y falta de ayuda por parte de la/s figura/s de
apego, reflejaría un estilo de apego inseguro evitativo. En tanto que
el cuestionamiento o inexistencia de la asimetría el adulto cuidador/a
significativa/o – niño/a en el cual se instala la desconfianza y el
resentimiento develaría un estilo de apego obsesivo preocupado.
Este factor se compone de 5 ítems explicando el 4,12% de
la varianza. Ello coincide con la adaptación chilena (Garrido et al.,
2009), española (Balluerka et al., 2011) y peruana (Nóblega &
Traverso, 2013), siendo que, mediante la medida de adecuación
muestral de Kaiser-Meyer-Olkin (KMO) y test de esfericidad de
Bartlett, también se develó a la dimensión de valoración de la
asimetría adulto/niño como parte de la estructura interna en dichas
adaptaciones. En Chile el factor se denomina valoración a
autoridad, compuesta por 3 ítems explicando el 2,56% de la
varianza. Un total de 2 de dichos ítems coinciden con la presente
adaptación argentina, específicamente con los ítems 20 y 37. En
España, el factor se denomina valor de la autoridad de los padres,
compuesta por 3 ítems, explicando el 5,45% de la varianza. Un total
de 2 de dichos ítems coinciden con la presente adaptación argentina,
específicamente con los ítems: 4, 20 y 37. Por último, en Perú el
factor se denomina valoración de la jerarquía, compuesto también
por 3 ítems explicando el 2,62% de la varianza. Dichos ítems
coinciden con 3 ítems de la presente adaptación argentina,
específicamente con los ítems 20, 26 y 37.
207
Conclusiones
208
el tiempo de aplicación, pudiendo así ampliar su administración a
diversos contextos, más allá del psicodiagnóstico, como por ejemplo
en el sistema de atención de salud primaria. Se trata de un
cuestionario de libre acceso y de fácil aplicación.
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210
Capítulo 11
Administración del cuestionario
de apego CaMir
Materiales
212
1. En mi familia, las experiencias vividas
por cada uno de los integrantes,en
ambientes fuera de nuestro entorno
familiar, son temas de conversaciónque
nos enriquecen a todos.
213
5. Cuando era niño/a, sabía que
siempre encontraría consuelo en mis
seres queridos.
214
9. Cuando era niño/a, mis padres
renunciaron a su papel de padres.
215
13. Siempre estoy preocupado/a por la
tristeza que podría causarles a mis seres
queridos si los dejara.
216
17. Cuando era niño/a, teníamos mucha
dificultad para tomar decisiones en
familia.
217
21. Yo confío en mis seres queridos
218
25. No me permitieron disfrutar de mi
niñez.
219
29. Cuando me alejo de mis seres
queridos, no me siento bien conmigo
mismo/a.
220
33. Cada vez que trato de pensar en
losaspectos buenos de mis padres,
recuerdo los malos.
221
37. Es importante que el/la niño/a
aprenda a obedecer.
222
41. Cuando era niño/a, frecuentemente
sentía que mis seres queridos exigían
cosas, sólo para sentirse obedecidos y
respetados.
MUY VERDADERO
223
VERDADERO
NI VERDADERO
NI FALSO
MUY FALSO
FALSO
224
CaMir: Cuestionario de Apego
HOJA DE REGISTRO
Nombre:
Género que se autopercibe:
Lugar de Residencia:
Zona Urbana o Rural:
Nivel Educativo:
Años de Educación:
Edad:
Duración del Test:
225
Proceso de Aplicación
Clasificación en 5 filas
B
C
Consigna
226
algunos datos posibles de considerar son los siguientes: Nombre,
género, lugar de residencia, zona urbana o rural, nivel educativo,
años de educación y
edad:
[Link]
227
no sabes –o no puedes- responder (por ejemplo, si tu vivencia con
cada uno de lospadres es tan diferente que no puedes responder de
manera global)”.
228
Tiempo
Modalidad de Aplicación
229
Ámbitos de Aplicación
230
Capítulo 12
Puntuación e Interpretación del
cuestionario de apego CaMir
Puntuación
231
retrospectiva de la propia historia, denominada historización de
experiencias pasadas, la segunda referida a las representaciones del
apego seguro denominada apoyo familiar, la siguiente dimensión
de apego preocupado, denominada preocupación familiar; y la
cuarta referida a las representaciones de la estructura familiar
titulada reconocimiento de personas significativas. En cuanto a
estas escalas, cada una se compone por un conjunto de ítems. La
primera de historización de experiencias pasadas se compone por
un total de 27 ítems; la de apoyo familiar por 5 ítems; preocupación
familiar, por 6 ítems; y, por último, la escala reconocimiento de
personas significativas se compone por un total de 5 ítems.
232
haber experimentado falta de disponibilidad, situaciones de
violencia y vivencias de amenazas por parte de las figuras de apego
durante la infancia y la niñez, son compatibles con el estilo de apego
inseguro preocupado e incluso con la desorganización del apego
(Balluerka et al., 2011). En tanto, el estilo de apego inseguro
evitativo se vislumbra a partir de desactivar en la mente las
necesidades de apego como forma de resguardarse, posiblemente
no recuerde situaciones del pasado y defensivamente, los registros
de sufrimiento se disocian y con frecuencia se corporizan a nivel
fisiológico.
La dimensión apoyo familiar refiere al nivel en que la
persona siente a su familia como fuente de soporte y seguridad.
Implica el grado de confianza y disponibilidad en estas figuras
significativas. Estas representaciones sobre sentirse querido y
merecedor del amor familiar coinciden con un estilo de apego
seguro. En tanto, como estrategia secundaria, el estilo de apego
inseguro evitativo demuestran distancia y rechazo familiar
priorizando una autonomía extrema y distanciamiento emocional.
Las estrategias propias del estilo de apego preocupado se
caracterizan por una alternancia entre una exagerada disponibilidad
familiar y signos-reacciones extremas ante situaciones estresantes
con intenso malestar y rumiación continua.
La dimensión preocupación familiar definida en términos
de percepción intensa de separación y ansiedad actual por las
figuras de apego significativas familiares o del entorno cercano,
como así también el grado de malestar y ansiedad frente a la
posibilidad de separación de ellas. Al hiperactivar su sistema de
apego, la persona evita alejarse de su familia, empleando una
estrategia ambivalente que tiene por objetivo mantener la
proximidad y asegurar la disponibilidad de sus figuras de apego en
todo momento (Balluerka et al., 2011). Entre tanto, la estrategia de
apego inseguro evitativo, presentan una tendencia evasiva respecto
233
de las relaciones íntimas y bloqueo de todo tipo de pensamientos
que reflejen experiencias negativas o ansiosas. Las personas con
estilo de apego seguro, frente a situaciones preocupantes, activan
una estrategia primaria, caracterizada por la búsqueda de
proximidad de la figura de apego como forma de obtener confort y
protección sin desplegar ansiedad de separación de los seres
queridos o excesiva preocupación actual por las figuras de apego.
Por último, la dimensión reconocimiento de personas
significativas se corresponde con la dimensión originalmente
denominada valoración de la jerarquía. Dada la amplitud de
acepciones que tiene la definición valoración de la jerarquía y los
ítems que la conforman se tomaron las operacionalizaciones del
término para reflejar su significado y renombrar la variable. La
relación de apego con los/as cuidador/a /o principales implica una
relación asimétrica en el que el adulto es proveedor de cuidados. De
este modo, en el marco de la asimetría el adulto cuidador/a
significativo/a es reconocido/a como una persona sabia en la que se
confía y acepta su guía, sus recomendaciones e indicaciones. En
esta dirección, cabe subrayar que la inversión de funciones es un
indicador importante de la presencia de déficit de cuidados
(Fonagy, 1991, 1999; Fonagy et al., 2002). Por lo tanto, la escala
devela la valoración positiva que hace el sujeto del rol del
cuidador/a significativo/a en la asimetría adulto-niño/a y su
capacidad para leer los estados mentales, necesidades o deseos y
consecuentemente proveer el apoyo cuando las necesidades de
acogida y amparo se hacen presentes. Esta dimensión de
reconocimiento de personas significativas modula las posibilidades
del niño/a y permite reconocer el estilo de representaciones de
apego que prevalece en el sujeto. Reconocer y respetar la presencia
de al menos una persona sabia que puede proveer protección,
cuidados, libertades y respetar la alteridad del otro, develaría un
estilo de apego seguro. En contraposición, la negación de dicha
autoridad y jerarquía acompañada de sentimientos de desconfianza
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en la disponibilidad parental, incomprensión y falta de ayuda por
parte de la/s figura/s de apego, reflejaría un estilo de apego inseguro
evitativo. En tanto que el cuestionamiento o inexistencia de la
asimetría el adulto cuidador/a significativa/o – niño/a en el cual se
instala la desconfianza y el resentimiento develaría un estilo de
apego obsesivo preocupado.
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imposibilidad de sobreponerse a situaciones de pérdida. Se
sospecha que el sistema de apego está hiperactivado, actuando con
ambivalencia y adherencia hacia los otros (Lacasa y Muela, 2014).
De este modo, el sentido de autonomía e independencia se ve
condicionado por las figuras de apego, quienes suelen ser descriptos
como controladores, muy influyentes y sobreprotectores, denotando
una percepción negativa de estas figuras de apego junto a cierto
nivel de ira, molestia y resentimiento hacia las mismas. En tanto, si
presenta una puntuación baja en la dimensión Reconocimiento de
personas significativas, refiere a la negación de dicha autoridad y
jerarquía acompañada de sentimientos de desconfianza en la
disponibilidad parental, incomprensión y falta de ayuda por parte
de la/s figura/s de apego, lo cual reflejaría un estilo de apego
inseguro evitativo. Cabe destacar que esta dimensión corresponde a
la estructura familiar.
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Referencias
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Participación en la recolección de muestra