Isabel Flores de Oliva nació en
Lima, en 1586, y fue la primera
mujer americana declarada santa
por la iglesia católica. Era una de
los trece hijos en el matrimonio de
Gaspar Flores, arcabucero de la
guardia virreinal, natural de San
Juan de Puerto Rico y la limeña
María de Oliva. Cambió su nombre
por el «Rosa de Santa María».
Desde muy pequeña Rosita tuvo
una gran inclinación por la oración y
la meditación. Un día rezando ante
una imagen de la Virgen María
sintió que el niño Jesús le decía:
«Rosa conságrame a mí todo tu
amor». A partir de ese momento
Isabel Flores de Oliva decidió vivir
para servir al señor. Debido a su
gran belleza física decidió llevar el
cabello recortado y se propuso
llevar el rostro cubierto por un velo
para que los hombres no
intentasen enamorarla.
Santa Rosa de Lima fue una mujer
que hizo mucha penitencia, tal es así que pasaba los días en ayuno o
comiendo lo mínimo para no desfallecer de debilidad y todo ello lo hacía
por amor a Dios incluso dormía sobre duras tablas, con un palo por
almohada, todo ello hacía porque veía el crucifijo de Jesús y pensaba en el
sufrimiento que tuvo pasar Jesús por salvarnos del pecado. Se cuenta que
conoció a San Martín de Porres y San Juan Masías.
Santa Rosa murió el 24 de agosto de 1617, a la edad de 31 años. Sus restos
se veneran en la Basílica dominicana de Santo Domingo en Lima.
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