Las obras filosóficas de Jean François Lyotard se desarrollan entre 1954 y 1998.
Su
primera obra La Fenomenología (1954) establece una serie de criterios para analizar
la aportación de la fenomenología al pensamiento del siglo xx, y su última obra, La
confesión de Agustín (1998), refleja una de sus más hondas preocupaciones
religiosas de su juventud.
El trabajo de Lyotard se caracteriza por una oposición persistente a las
universalidades, metanarrativas y la generalidad. Es ferozmente crítico con muchas
de las afirmaciones "universalistas" de la Ilustración, y varias de sus obras
sirven para socavar los principios fundamentales que generan estas reivindicaciones
amplias.
En sus escritos de principios de los 70 rechaza lo que considera como fundamentos
teológicos de Karl Marx y Sigmund Freud: "En Freud, es judaico, sombrío crítico
(olvidadizo de lo político); en Marx es católico. Hegeliano, reconciliador (...) en
el uno y en el otro la relación de lo económico con el sentido está bloqueada en la
categoría de representación (...) Aquí una política, hay una terapéutica, en ambos
casos una teología laica, en la cima de la arbitrariedad y la itinerancia de
fuerzas". En consecuencia, rechazó la dialéctica negativa de Theodor W. Adorno
porque la consideraba como la búsqueda de una "solución terapéutica en el marco de
una religión", en este caso, la religión de la historia. En "Economía libidinal",
Lyotard incitaba a "descubrir y describir diferentes modos sociales de inversión de
intensidades libidinales".
La condición posmoderna
Lyotard fue un escéptico respecto al pensamiento cultural moderno. En este sentido,
su obra "La condición posmoderna" provocó el escepticismo acerca de las teorías
universalizadoras. Lyotard argumenta que hemos superado nuestras necesidades de
grandes narrativas debido al avance de las técnicas y tecnologías desde la Segunda
Guerra Mundial: argumenta contra la posibilidad de justificar las narrativas que
reúnen disciplinas y prácticas sociales, tales como la ciencia y la cultura: "las
narraciones que decimos para justificar un solo conjunto de leyes y apuestas son
intrínsecamente injustas". Su pérdida de fe en las metanarrativas afectó la manera
en que vemos la ciencia, el arte y la literatura. Las pequeñas narrativas se han
convertido en la manera adecuada de explicar las transformaciones sociales y los
problemas políticos. Lyotard sostiene que ésta es la fuerza impulsora detrás de la
ciencia posmoderna. A medida que las metanarrativas se desvanecen, la ciencia sufre
una pérdida de fe en su búsqueda de la verdad y por tanto debe encontrar otras
formas de legitimar sus esfuerzos. Conectada a esta legitimidad científica está el
creciente dominio de las máquinas de información. Lyotard sostiene que un día, para
que el conocimiento sea considerado útil, tendrá que ser convertido en datos
computarizados. Esto le llevó, años más tarde, a escribir The Inhuman, publicado en
1988, en el que ilustra un mundo en el que la tecnología domina el mundo.