Ser Misionero: Vocación y Testimonio
Ser Misionero: Vocación y Testimonio
Eso es lo que hacen los misioneros, cuidan, curan, enseñan y rezan con los que lo necesitan, no
saben, están enfermos y no conocen a Jesús.
Os voy a contar unas historias muy bonitas. Había una niña en Francia llamada Teresita. Un día
sintió que Jesus quería que le dedicase su vida. Entró en un convento de carmelitas y desde muy
joven escribía cartas animando a los misioneros que estaban lejos, muy lejos enseñando a todos
lo que Jesus nos enseñó. Santa Teresita del Niño Jesús es la patrona de las misiones, juntó a San
Francisco Javier, aunque nunca salió de su convento para ir a las misiones.
1.- La Misión general de todo bautizado: Decimos que la Iglesia es Misionera porque ha recibido
de Jesucristo el encargo (misión) de evangelizar, es decir, de hacer que toda la humanidad conozca
a Jesucristo y viva en comunión con El. Todos los miembros de la Iglesia, participan de esta misión,
en tanto que con su testimonio de vida cristiana proclamen a Jesucristo a los demás. En este
sentido, cualquier cristiano estaría cumpliendo con su misión con el simple hecho de ser un buen
cristiano, porque estaría anunciando a Jesucristo con su vida en su familia, en su trabajo, etc. De
la misma manera, podría decirse que todo lo que hace la Iglesia está ordenado a dar cumplimiento
a esta misión. Pero no es a este uso del término misión al que hace referencia este folleto, sino al
que se da a continuación.
2.- La Misión específica o Actividad Misionera propiamente dicha: Dentro de todas las acciones y
actividades que desarrolla la Iglesia, existen algunas que específicamente están orientadas al
anuncio del Evangelio a los no creyentes y a los cristianos alejados. En este sentido, Dios llama
particularmente a algunos hombres y mujeres para esta vocación especial. Es a esta misión y a
estos misioneros, a los que nos referimos.
No obstante, existen otras maneras igualmente válidas de participar de la misión. Entre ellas se
destacan la Cooperación y la Animación Misionera.
* Cooperación Espiritual: la oración y el sacrificio ofrecido por los misioneros, son el motor de la
misión y la fuente de gracias y fuerza para los misioneros.
La Animación Misionera procura suscitar, avivar y sostener el espíritu misionero universal de todos
los bautizados, de manera que se interesen por las misiones y nazcan así vocaciones misioneras, o
cooperen con ellas.
Relato
Pida a los niños que presten atención al siguiente relato referente a un niño llamado Ricardo y la
forma en que él fue misionero:
Un día, la señorita Juárez dijo a los niños que hicieran un dibujo de lo que querían ser cuando
fueran grandes. Ricardo no tuvo ni que pensarlo, pues ya lo sabía: hizo un dibujo de un hombre
vestido de traje y corbata que iba caminando por una calle con las Escrituras en la mano. Más que
cualquier otra cosa en el mundo, Ricardo quería ser misionero cuando fuera grande, tal como su
hermano mayor.
Cuando la maestra de Ricardo vio el dibujo que él había hecho, no comprendió lo que significaba.
La señorita Juárez no era miembro de la Iglesia, y por eso no sabía lo que representaba el hombre
del dibujo de Ricardo. Entonces le pidió al niño que le explicara, y él le dijo que cuando fuera
grande, quería ser misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Mucho
sorprendió a la maestra que el deseo más grande de un niño fuera ser misionero de una iglesia, en
vez de anhelar ser policía, médico o cualquier otra profesión.
Después de la clase, la señorita Juárez le pidió a Ricardo que le explicara por qué quería ser
misionero. El niño le dijo cuán grande era su afecto por la Iglesia, y le contó que su hermano
mayor estaba en otro país enseñando a la gente acerca de la Iglesia. También le dijo que él sabía
con certeza que la Iglesia era verdadera porque enseña las enseñanzas de Jesucristo.
Esa tarde, Ricardo contó a sus padres acerca del dibujo que había hecho y de la señorita Juárez, y
les preguntó si podía invitarla a cenar para que la familia la conociera y le hablara del evangelio.
Al día siguiente, Ricardo llevó una nota a su maestra por medio de la cual la invitaban a cenar. Ella
aceptó la invitación, y al llegar el día indicado, fue a casa de Ricardo. La señorita Juárez disfrutó
tanto de su visita con la familia que comenzó a frecuentar la casa. Seis meses después, la señorita
Juárez se bautizó, y siempre se sintió agradecida a Ricardo por haberle dado a conocer su gran
amor por la Iglesia.
Diga a los niños que hay muchas formas de ser buenos misioneros y que usted va a ver si ellos
saben algunas de ellas. Pídales que escuchen con atención algunas declaraciones que usted les va
a decir. Si la declaración es una buena forma de ser misionero, ellos deben ponerse de pie. Si no es
una buena forma de ser misionero, deben tomar asiento.
e los recorten.
Canción
Pida al niño que vaya a ofrecer la última oración que le dé las gracias a nuestro Padre Celestial por
las oportunidades que tienen de ser misioneros.
Actividades complementarias
Elija algunas de las siguientes actividades que se ajusten mejor a sus niños. Puede realizarlas
durante la lección o como repaso o resumen. Para ayuda adicional, vea “Período de clases”, en
“Ayudas para el maestro”.
Invite a un converso a visitar la clase y hablar acerca de las personas que le hayan ayudado a
aprender acerca de la Iglesia. (Si la persona no perteneciera al barrio o rama, cerciórese de
obtener la autorización del obispo o presidente de rama. Si la persona fuera miembro del barrio,
comuníqueselo a la presidenta de la Primaria.)
Pida a los niños que analicen y que luego representen las siguientes situaciones:
Unos amigos de ustedes que no son miembros de la Iglesia les escuchan cantar la canción “Soy un
hijo de Dios” y les preguntan qué están cantando. ¿Cómo podrían aprovechar esa oportunidad
para hablarles de la Iglesia e invitarlos a la Primaria?
Han observado que hay un niño nuevo en el vecindario. Él es tímido y todavía no tiene amigos.
¿Cómo podrían ser buenos misioneros?
El hermano de ustedes se levanta el domingo por la mañana y dice que no tiene deseos de ir a la
Iglesia. ¿Qué podrían hacer para ser misioneros?
Vuelva a contarles el relato de Ammón, de la lección 24, utilizando la lámina 3–50. Arroje una
pelota o un objeto suave a uno de los niños y hágale una pregunta sobre el relato. Si la contesta
correctamente, dígale que se ponga de pie y que le arroje la pelota a usted. Siga con este
procedimiento hasta que todos los niños estén de pie.
Qué somos, cómo hemos de vivir y qué misión hemos de realizar ?. Cuáles caminos y medios
podríamos aprovechar para crecer personal y comunitariamente según la voluntad de Dios ?.
Así analizamos la acción de Dios Espíritu Santo en el proceso de nuestra vida , porque en ella
está la fuente de nuestra renovación personal y la fuerza para nuestra misión.
Las fuentes para nuestra reflexión son la Palabra de Dios, la Tradición de la Iglesia, la
experiencia espiritual de los santos, los documentos misioneros recientes ( sobre todo, el capítulo
VIII de la Redemptoris Missio ) , haciendo referencia concreta a las circunstancias concretas de la
Iglesia y a las nuestras.
Cuando Jesús explica que El es la vid y nosotros los sarmientos (Jn 15) nos quiere hacer
comprender varias realidades importantes: Cómo ha de ser la unión del cristiano con El, cómo ha
de vivir su comunión con sus hermanos en la Iglesia y cómo ha de colaborar con El para producir
fruto.
Todo ha de estar centrado en El, como la rama está en el tronco y recíbe allí la vida; todo depende
de Jesús y ha de estar en función de El; permaneciendo en su amor, viviendo con El. El es la fuente
de vida.
Jesús muestra que todo está unido, es un solo árbol y las partes viven en comunión. Así, los
cristianos hemos de permanecer en su amor para poder vivir unidos a los demás. Jesús pide: que
nos amemos unos a otros, que vivamos en unidad para que el mundo crea (Jn 17, 21 ss).
El Señor dijo que la vid está para producir uvas, y cada persona para producir frutos: os he elegido
para que vayáis y déis fruto y vuestro fruto permanezca ( Jn 15,16 ). Cada persona, cada
comunidad es para la misión, para comunicar lo que ha recibido, para producir frutos; y con esos
frutos, hacerse semilla para que otros vivan y den frutos. Jesús es el centro, el modelo para ese
estilo que hemos de tener todos los cristianos. El es el motor, el camino, de El depende que se
consiga vivir, crecer y dar fruto: "sin mi nada podéis hacer, permaneced en mi amor"( Jn 15,10 ).
Cuáles son los pasos que Jesús nos ayuda a dar para ser auténticos misioneros ?
Jesús , por el Espíritu Santo, en su Escuela de Amor, nos enseña y ayuda progresivamente a:
Vivir con El: Lo cual implica unirse a El cada día más, vivir una amistad más profunda todos los días
con El. Es el fundamento de toda la vida espiritual y la fuente para todo nuestro crecimiento. Para
ello El nos nos dice "ven" y nos declara sus amigos ( Jn 15,14 ).
Vivir como El: El " sígueme " indica el camino de configuración con el Maestro, implica aprender de
Jesús todo y asumir su estilo de vida, hacer un contínuo proceso de configuración con El. Nos
anonadamos y asumimos su propio estilo de entrega, de servicio y de comunión con el Padre.
Asumimos sus sentimientos, sus actitudes y nos asemejamos en todo a Jesús de tal forma que nos
convertimos cada día en sus imágenes vivas. Jesús quiere que nosotros seamos signos
permanentes de su presencia y de su amor. Esa es la condición para que podamos ser testigos
suyos. El, como el más comprensivo de los amigos, sabe ayudarnos para que asumamos su vida
nueva y la vivamos en nosotros.
"Ir" con El, en su nombre y con su poder. Se trata de " ir " ( Mt 28, 19 ) como enviados suyos. El
nos acompaña y nosotros a El, somos sus colaboradores y ayudantes. Ser misionero implica dar los
pasos que el Señor quiera, en la dirección que quiera, con las personas que El quiera, hasta donde
El quiera, para lo que El quiera. Por otra parte, Jesús espera que nosotros vayamos en su nombre,
a mostrarlo a El y a llevar lo suyo a nuestros hermanos. No se trata de mostrarnos a nosotros
mismos ni de dar lo nuestro, sino de darnos y dar a Jesús. Por ello, es muy necesario entrar en
comunión con Jesús antes de ir hacia nuestros hermanos. Así podemos ir con su poder y El hará
que nuestra palabra y nuestro servicio tenga mucho fruto.
Dar la vida con El y como El: Hemos sido enviados a evangelizar, a hacer discípulos ( Mt 28, 19)
para Jesús. El no busca ser servido sino servir y dar la vida en rescate por todos ( Mt 20, 28). Cada
día , aprendemos a dar la vida sirviendo a los demás en cumplimiento de nuestra misión. El ideal y
la meta es la de ayudar a Jesús para que su Reino crezca en nosotros y en el mundo. Por eso,
hemos de estar dispuestos a todo, con la fuerza del Espíritu Santo . Dar la vida, con Jesús , como El
y por El, será la garantía para que tenga fruto nuestra misión. El grano de trigo si se siembra y
muere da mucho fruto (Cf. Jn 12, 24 ), nuevas semillas misioneras.
Cada uno de nosotros, cuáles pasos podríamos dar ahora en nuestra escuela de amor con
Jesús ? Qué estilo de vida, cuál espiritualidad asumir ? Como realizar nuestra identidad personal
en la comunidad eclesial concreta y en la misión que realizamos ? Reflexionemos juntos para
encontrar respuestas a estor interrogantes vitales.
Vivir el "estilo" de vida "cristiano", como El, dejando que el Espíritu Santo nos configure
progresivamente a El.
Asumir la misión como fuente, camino y medio propio para la santificación personal y comunitaria.
Nos santificamos en la misión y por la misión conseguimos las tres cosas que caracterizan la
santidad cristiana ( cf L.G. 4 0 ) : unirnos más a Dios, perfeccionar nuestra caridad y tener una vida
más "cristiana".
Así, pues, asuminos y vivimos nuestra espiritualidad misionera para ser santos, para producir
frutos en nuestra vida personal y para tener la eficacia evangélica en nuestra misión.
Esta espiritualidad misionera tiene su fuente y su término en la Trinidad ( dimensión
Trinitaria), se vive en la comunidad eclesial ( dimensión eclesial) y encarna la Caridad pastoral en el
servicio al hombre en la historia y en el mundo ( dimensión antropológica ).
Como hemos visto, el seguimiento de Jesucristo , en su escuela de amor, implica vivir con El y
vivir como El :
Vivir con El: cada día, acercarnos y unirnos más a El, compenetrarnos como sus amigos,
permanecer en Su Amor. Para ello es fundamental comprender a Jesucristo como el "enviado" que
nos envía Eso exige que nosotros lo descubramos presente, actuante como Salvador hoy, mañana
y siempre; que nosotros vivamos en una íntima comunión con El. Nos reconocemos y obramos
como enviados de Jesús. y vamos acompañándolo. Somo sus enviados, sus compañeros, sus
mensajeros, los que vamos a mostrarlo en donde yá El nos esté esperando (Cfr. RM 88). En la
profundización de esta convivencia amorosa con El nos ayuda de manera especial la Eucaristía, la
escucha de la Palabra y la oración personal.
Vivir como El, asemejarnos a El: en mentalidad, criterios; manera de sentir y de actuar, en
actitudes y en las acciones. Con humildad y obediencia entregar nuestra vida al estilo de Jesús. Es
el Espíritu Santo quien va realizando esa transformación en nosotros para vivir como El. Esto exige
comprometernos con El cada vez más: Ser "discípulo" y "testigo", escuchando la Palabra y
poniéndola en práctica.. Poner a disposición de Jesús toda nuestra persona, vida, corazón, mente y
bienes.
El fundamento de nuestra vida, de nuestro crecimiento y de nuestra misión está en " vivir con
El" y " vivir como El " .
El camino seguro para ello es la docilidad plena al Espíritu Santo. Como los Apóstoles hemos
de tener "docilidad", o sea una apertura y colaboración activa a lo que el Espíritu Santo quiere
obrar en nosotros. El nos ayuda de muchas maneras pero, sobre todo, en dos formas: la primera,
dándonos el don de la fortaleza, que se manifiesta después en valentía apostólica, en ardor
misionero, en entusiasmo, en fortaleza. La segunda, con el don del discernimiento, que es
conocimiento, luz, para comprender y obrar la voluntad de Dios; capacidad que Dios pone en
nosotros para que comprendamos y comuniquemos la sabiduría de Dios. La obra del espíritu Santo
es la de ir plasmando, forjando, en nosotros la imagen de Jesús para que la podamos
transparentar. Entonces, la docilidad es dejarse conducir por el Espíritu Santo, dejar que El obre en
uno para vivir y obrar según el estilo de Jesús. El estilo del misionero es el de la persona humilde y
dócil al Espíritu Santo.
3.2 ESPIRITUALIDAD PARA VIVIR LA COMUNION ECLESIAL MISIONERA (RM 89)
Jesús nos llama y nos ayuda a "unirnos en El": a vivir una creciente comunión misionera.
Seguir a Jesús requiere vivir la Comunión Fraterna. Nuestra comunión con El es la fuente y el
dinamismo para la comunión con nuestros hermanos. "Unirnos en El ", es la condición para la
misión.
Estamos llamados a amar a la Iglesia como la ama Jesús. Amar la Iglesia, amar en la Iglesia y
amar desde la Iglesia. Este amor el misionero lo expresa en la comunión fraterna que vive con los
demás y a través de la cual realiza su misión. Vive en comunidad eclesial y ayuda a madurar otras
comunidades eclesiales. Realiza su misión en la Iglesia, en comunión con los pastores. Es una
espiritualidad comunitaria que hace crecer la apertura para compartir en favor de la misión.
Esta comunión fraterna hay que vivirla en comunidades eclesiales vivas, dinámicas y
misioneras. O sea, reunidos en el nombre del Señor, amándonos, sirviéndonos; en Iglesia,
compartiendo la fe y todo lo que tiene que ver con la fe; evangelizándonos y evangelizando.
Comunidades vivas, que vivan en el Señor, que crezcan por la fuerza del Espíritu Santo y que hagan
crecer a los demás comunicando la fe: comunidades misioneras.
Una expresión del amor eclesial es hacerse "hermano universal". El estilo de Jesús es amar y
servir sin fronteras, para todos y en todo; sin desesperarse de nadie, sin excluir a nadie. El se ha
entregado a la Iglesia y desde ella al mundo entero. El misionero que quiere tomar ese estilo de
Jesús, ha de amar a la Iglesia como la ama Jesús, querer esta familia de la Iglesia, no andar como
rueda suelta, sino estar siempre en una comunión fraterna de familia, de parroquia, de diócesis.
Nuestro camino hacia Dios pasa por la Iglesia, como el de Dios hacia nosotros pasa tambien por
ella. La Iglesia es signo e instrumento de Dios para la salvación de las personas y de las
comunidades.
¿Cuándo se puede decir que una persona es hermano universal? Cuando tiene un corazón sin
fronteras, cuando vive en comunión abierta, en comunión que se proyecta a todos. Se tendrá que
notar la apertura a todos, sobre todo, a los más necesitados, a los que tienen más "hambre de
Dios", sin discriminaciones y sin excluír a nadie y con una especial solicitud por toda la Iglesia
universal.
La tarea es unirnos en El, para que el mundo crea, (ver Juan 17, 21), unirnos con corazón
misionero universal.
3.3 ESPIRITUALIDAD PARA VIVIR LA CARIDAD APOSTOLICA AL SERVICIO DEL HOMBRE (RM 89):
"Ir con El" , en su Nombre y con su poder. Es el cumplimiento del mandato y la misión: vayan
y evangelicen a todas las gentes ( Mt. 28, 19-20 ). "Ir con El" a "dar la vida", movidos por la caridad
pastoral de Jesucristo, conforme a nuestra propia misión.
El camino es ser santos para ser misioneros y ser misioneros para ser santos: Para ello, se nos
propone que asumamos el estilo de Jesús Buen Pastor (cf. Jn 10), que conoce las ovejas, va delante
de ellas, las guía, las orienta, les da lo que necesitan, las ayuda. Y, lo más expresivo: el Buen Pastor
da la vida por las ovejas con un amor hasta el [Link] una espiritualidad misionera exige
anonadarse con Jesús y como El, asumir esos sentimientos, su manera de actuar, su estilo de vida.
Ese estilo de vida y de servicio, esa caridad pastoral, es lo que se llama caridad apostólica.
La caridad apostólica se describe como sentir el ardor de Cristo por las personas, el celo
apostólico por las personas, según el modelo de Jesús incansable, entregado, obediente, no ahorra
esfuerzos, se dá de todo corazón. Esa caridad apostólica se manifiesta, por ejemplo, en ternura,
como la que tenía Jesús en el trato con la gente; atención, con dedicación a cada persona y a cada
comunidad; compasión, para no ser un juez del otro sino un hermano, dándole la mano; acogida,
disponibilidad, interés por las necesidades de los otros.
La vida y la misión del cristiano se desarrollan en una sintonía creciente con Cristo Pastor.
Esto lo lleva a asumir su caridad o amor de Buen Pastor, con lo cual se adquieren unas actitudes
interiores especiales, que hacen más fecunda en frutos la misión. Expresión de esta espiritualidad
es la disponibilidad misionera creciente para dar la vida con Jesús, como El y por El, sobre todo por
la misión ad gentes (primera evangelización de los no cristianos).
El Señor nos ha dado vida nueva para que nosotros la comuniquemos y produzcamos fruto. Y
la orientación fundamental de toda nuestra vida es evangelizarnos y evangelizar. Evangelizar a
todas las gentes, cada uno según su propia vocación, según los dones que haya recibido. Tenemos
que ser honrados con Dios y ser misioneros comunicando, como buenos administradores de los
bienes de Dios, lo que el nos da para servir a los demás. Así, seremos los primeros en recibir más
dones, tanto de Dios como de los demás hermanos.
El misionero es, entonces, el hombre de la caridad, la persona que más ama con el amor de
Dios; es signo y especial instrumento del amor de Dios, dando la vida por sus hermanos.
En cada servicio, pequeño o grande, el misionero aprende a unirse más a Jesús, perfecciona
su caridad apostólica y da pasos en su configuración con el Buen Pastor, por obra del Espíritu
Santo.
Así, todos nosotros podemos ir con El, en Su nombre, dar la vida con El, con caridad pastoral,
como El y por El.
4. ALGUNAS CONCLUSIONES
El verdadero misionero es el Santo en el sentido de que cada misionero preocupa por crecer en la
comunión con el Señor, en comunión fraterna y en dar a Jesús y darse como Jesús. También
podemos decir: el santo es verdadero misionero, porque no se llega a ser santo sin ser verdadero
misionero. Y así destacamos que la misión es el principal medio, el principal camino, para ser
santo.
Son tres las claves de nuestra espiritualidad misionera: seguimiento de Jesús( vivir con El y vivir
como El ), comunión fraterna ( unirnos en El ) y misión universal ( Ir con El y Dar la vida ). Con estos
pasos conseguiremos cada día tener más el estilo de Jesús y dar el fruto que el Señor espera de
nosotros.
Jesucristo, por el Espíritu Santo, es el que obra la santificación en la Iglesia, en cada persona, en
cada comunidad. Lo que nosotros seamos, lo que vivamos, los frutos que produzcamos, depende
de que estemos en El, con su estilo de vida y con una plena entrega a la misión universal. La
espiritualidad misionera nos mantiene dóciles a la acción vivifivcante y santificadora del Espíritu
Santo.
Viviendo auténticamente nuestra espiritualidad misionera, seremos buenos Misioneros para ser
santos.
Describir qué importancia tiene, para la realización de nuestra misión, cada uno de los cinco pasos
que se aprenden en la escuela de amor con Jesús: Vivir con El, vivir como El, unirnos a El, ir con El,
dar la vida con El?
Explicar a otra persona por qué la misión es la principal fuente y el principal medio para
santificarnos. En qué sentido es cierto que el verdadero misionero es el santo y que para ser santo
se necesita ser verdadero misionero ?
Describir los demás medios que más nos pueden ayudar a crecer en nuestra espiritualidad
misionera.
Orar con otras personas para agradecer la obra santificadora del Espíritu Santo en nosotros y
discernir pasos concretos para mejorar nuestra docilidad , personal y comunitaria, a El.
A lo largo de la historia de la humanidad, las diferentes sociedades han presentado una
característica que las define. O, como dicen los alemanes, el espíritu del tiempo que se manifiesta
en la actual sociedad, como cultura del descarte.
El papa Francisco hace hincapié en la cultura del descarte, como exclusión, rechazo y deshacerse
de algo o alguien. Es la negación de la Otredad, que adormece a los humanos impidiéndoles actuar
enmascarando esta crisis como confort. Ante esto, el papa Francisco invita a despertar, a salir de la
comodidad de la sociedad de consumo y actuar. Invita a ser agentes de cambio, llevar el mensaje
de Cristo a todas las latitudes y optar por una vida de misión.
Hoy, el misionero debe ser el primero en tomar la iniciativa para transformar la realidad de su
comunidad. Y debe utilizar los medios a su alcance, guiado siempre por el amor que Cristo enseñó
(1 Jn 4, 10). El misionero sale al encuentro de los excluidos, sin miedo, capaz de hacer patente la
misericordia del Padre Celestial. Así, se involucra en la vida cotidiana de los demás, y asume los
retos de la comunidad colaborando en sus soluciones.
De este modo, la comunidad conforma proyectos, que necesitan acompañamiento en su
dimensión espiritual. Y el misionero lo provee transmitiendo a sus miembros la paciencia, la
capacidad de no desesperar, el aguante apostólico.
El misionero paciente enfatiza el cuidado, al que entiende como su filosofía de vida. Por ello, no
pierde la paz ante las dificultades y su trabajo siempre fructifica. Así, con su ejemplo, da
testimonio de la Palabra Encarnada en una situación concreta. Por añadidura, la buena nueva que
transmite es acogida y se manifiesta, renovada y liberadora, en la comunidad. El testimonio
misionero irradia la alegría del evangelio en la vida diaria. También, exhorta a los miembros de la
comunidad a comprometerse. Un compromiso festivo en la búsqueda del bien común, con un
impulso renovado en el amor de Cristo.
Misioneros de Guadalupe
Los Misioneros de Guadalupe son un caso particular de carisma misionero en México. Utilizan el
diálogo intercultural y el acontecimiento guadalupano como método para la misión. En diversos
continentes, se presentan como ejemplo vivo del llamado de Dios, de su compromiso ad gentes.
La buena nueva ha llegado a Angola, Brasil, Corea, Cuba, Estados Unidos, Guatemala, Hong Kong,
Japón, Kenia, Mozambique y Perú. Gracias a la vida consagrada de sus misioneros.
Todos estamos llamados a la misión, como lo expresó el papa Juan Pablo II en su exhortación
apostólica Christifideles laici.
«Todas las formas asociadas de fieles laicos, y a cada una de ellas, se les pide un decidido ímpetu
misionero que les lleve a ser, cada vez más, sujetos de una nueva evangelización».
Sé un misionero
La labor misionera trasciende la división entre laicos y religiosos. Por lo cual, ser misionero es una
labor abierta a todo mundo.
La identidad nos viene de la llamada y de la misión, que tiene como base nuestro contexto
personal, familiar, social y cultural. Por la misión, a la que hemos sido convocados, sabemos
quiénes somos. Soy este hombre, esta mujer, enraizado en Dios, en su vida y en Jesucristo.
Desde esta perspectiva, “Jesús propone entregar la vida para ganarla, porque “quien aprecie su
vida terrena, la perderá” (Jn 12, 25). Es propio del discípulo de Cristo gastar su vida como sal de la
tierra y luz del mundo.
Jesús nos convoca a vivir y caminar juntos, en comunión fraterna. No hay discipulado sin
comunión con la Iglesia. Ante la tentación, presente en la cultura actual, de ser cristianos sin
Iglesia, y la búsqueda de nuevas formas individuales de espiritualidad, afirmamos que la fe en
Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella nos da una familia, la familia universal
de Dios en la Iglesia Católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la
comunión (DA 156). Ante la despersonalización, Jesús ayuda a construir identidades integradas”
(DA 110). “La propia vocación, la propia libertad y la propia originalidad son de dones de Dios para
la plenitud y el servicio del mundo” (DA 111).
2. Reflexión desde la Palabra de Dios y desde Aparecida
La fuerza y alegría de nuestra vocación viene del encuentro personal con Jesús y de haber
experimentado su amor. Ser discípulos misioneros, ser vocación y misión, son una sola cosa con la
vida y con la persona que somos por designio amoroso de Dios.
La maravilla de la amistad comienza por la llamada de Jesús que nos encuentra en lo que hacemos
pero, sobre todo, en los que somos y, esta llamada nos cautiva. El llamamiento de Jesús conlleva
una gran novedad. El encuentro con Jesús, comenzó con una pregunta: ¿Qué buscan? (Jn 1, 38) y,
siguió con una invitación: “Vengan y vean” (Jn 1, 39). Invita a encontrarnos con Él y a que nos
vinculemos estrechamente a Él, porque es la fuente de la vida (Jn 15, 5-15) y, sólo Él tiene palabras
de vida eterna (Jn 6, 68).
En la convivencia cotidiana con Jesús, los discípulos descubren que no fueron ellos los que
escogieron a su maestro, fue Cristo quien los eligió. Que no fueron convocados para algo, sino
para Alguien, elegidos para vincularse íntimamente a su Persona (Mc 1, 17; 2, 14). Jesús los eligió
para “que estuvieran con Él y enviarlos a predicar” (Mc 3, 14), para que lo siguieran con la
finalidad de “ser de Él” y formar parte “de los suyos” y participar de su misión.
El discípulo experimenta que la vinculación íntima con Jesús en el grupo de los suyos es
participación en la Vida que sale de las entrañas del Padre, es formarse para asumir su mismo
estilo de vida y sus mismas motivaciones (Lc 6, 40b), correr su misma suerte, y hacerse cargo de su
misión de hacer nuevas todas las cosas” (DA 131).
El encuentro con Jesucristo nos lleva a una profunda experiencia de Dios, que es unidad, amor y
comunión inseparable, es decir, Uno y Trino. Que nos creó por amor y siempre buscó a sus
criaturas para darles vida y amor, entregando a su Hijo como don de amor, para que renovados
por la fuerza del Espíritu, lo podamos llamar Padre (Gál 4, 4-5). Nos vemos reflejados en Pedro, en
Natanael, en Andrés, en Magdalena, en la Samaritana. Nos lleva a exclamar: Tú tienes palabras de
vida eterna, tú has tocado lo mejor mío y me has dejado sin palabra. Eso era lo que deseaba.
Hoy hacemos la misma pregunta: “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1, 38), ¿dónde te encontramos
para poder comenzar el proceso de conversión, comunión y solidaridad? ¿Cuáles son los lugares,
las personas y los signos que nos hablan de ti y nos permiten ser discípulos y misioneros tuyos?.
La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar una
respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del discípulo, una adhesión de toda
su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre (Jn 10, 3). Es un “sí” que compromete
radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (Jn 14, 6).
Es una respuesta de amor a quien nos amó primero “hasta el extremo” (Jn 13, 1). Llamados a ser
partícipes de su vida y misión hasta ser uno con El (Gál 2, 20). En este amor de Jesús madura la
respuesta del discípulo: “Te seguiré adondequiera que vayas” (Lc 9, 57) (DA 136).
“Identificarse con Jesucristo es también compartir su destino: “Donde yo esté estará también el
que me sirve” (Jn 12, 26). El cristiano corre la misma suerte del Señor, incluso hasta la cruz: “Si
alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”
(Mc 8, 34).
Nos alienta el testimonio de tantos misioneros y mártires de ayer y de hoy en nuestros pueblos
que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta la entrega de su vida. El Espíritu nos constituye
en luz del mundo, testigos y presencia de Jesús con la propia vida (DA 140; 16).
Ya estamos caminando con él, llevamos mucho tiempo, se siente el polvo del camino, lo arduo de
la cruz. Pero nos lleva consigo a lo solitario y se nos manifiesta en toda su belleza, nos enamora
con el esplendor de su rostro, la fidelidad de su corazón y nos fortalece para la cruz, para la pasión
(Lc 9, 28-35).
Al llamar a los suyos para que lo sigan, les da un encargo muy preciso: anunciar el evangelio del
Reino a todas las naciones (Mt 28, 19; Lc 24, 46-48). Les entrega la paz, el Espíritu y la misión:
“Como el Padre me envió, también yo los envío. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el
Espíritu Santo (Jn 20, 21-22). “Vayan por todo el mundo a proclamar la Buena Nueva a toda la
creación” (Mc 16, 15). “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).
Pone fuego de misión y decimos “¿no ardía nuestro corazón cuando nos hablaba por el camino y
nos fascinó con su amor? (Lc 24, 32). Pone a nuestra disposición el Reino del Padre: “Ustedes son
los que han perseverado conmigo en mis pruebas; yo, por mi parte, dispongo un Reino para
ustedes, como mi Padre lo dispuso para mí, para que coman y beban a mi mesa en mi Reino y se
sienten sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” (Lc 22, 28-30).
Nos invita a decirle que le amamos: Nos pregunta: “¿Me amas?”. Se nos ha pegado el polvo del
camino y anhelamos responderle: “Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero” (Jn 21, 17). Y él
nos dice “pastorea, sirve a mis hermanos”, anda confirma en la fe a tus hermanos, es tu misión,
anuncia el amor y la buena noticia del evangelio.
Por esto, todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace partícipe de su misión, al mismo tiempo
que lo vincula a Él como amigo y hermano. De esta manera, como Él es testigo del misterio del
Padre, así los discípulos son testigos de la muerte y resurrección del Señor hasta que Él vuelva.
Cumplir este encargo no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana,
porque es la extensión testimonial de la vocación misma” (DA 144).
“Cuando crece la conciencia de pertenencia a Cristo, en razón de la gratitud y alegría que produce,
crece también el ímpetu de comunicar a todos el don de ese encuentro. La misión no se limita a un
programa o proyecto, sino que es compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con
Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia
a todos los confines del mundo” (Hch 1, 8) (DA 145).
La respuesta a su llamada da pasión e inmediatez de Samaritano. “nos da el imperativo de
hacernos prójimos, especialmente con el que sufre, y generar una sociedad sin excluidos,
siguiendo la práctica de Jesús que come con publicanos y pecadores (Lc 5, 29-32), que acoge a los
pequeños y a los niños (Mc 10, 13-16), que sana a los leprosos (Mc 1, 40-45), que perdona y libera
a la mujer pecadora (Lc 7, 36-49; Jn 8, 1-11), que habla con la Samaritana (Jn 4, 1-26)” (DA 135).
3. Aplicación pastoral
El texto destaca algunos elementos o aspectos que resalta Aparecida: la experiencia con el
Resucitado, el estudio bíblico, el servicio solidario, la profunda experiencia sacramental y la
disponibilidad misionera.
Este proceso formativo nos debe llevar a una respuesta activa: compartir la experiencia de Jesús,
nuestro encuentro con Él, haciéndolo “buena noticia” para los demás.
Aparecida nos ofrece pistas concretas para hacer realidad nuestra condición de discípulos
misioneros:
• Identificarse con Jesucristo exige compartir su destino, corriendo la misma suerte del Señor (Mc
8, 34), para alcanzar el premio prometido: “Donde yo esté estará el que me sirve” (Jn 12, 26).
* ¿Qué estilo de vida requiere la identificación con Jesús en el Ministerio o en la Vida Consagrada?
* ¿Qué espiritualidad debe sustentar nuestra vida y testimonio de discípulos misioneros hoy en el
país?
* ¿Qué aspectos de la espiritualidad del Buen Samaritano debemos asumirlos con urgencia hoy?
Lectio Divina
2 Tim 1, 6-12
Pablo recuerda a Timoteo que para dar testimonio de Cristo debe ser fuerte en la fe y caritativo
con los hermanos.
1. Lectura: ¿Qué dice el texto?
El texto recuerda el momento de la imposición de las manos por la que le fue transmitida la
autoridad apostólica, es decir el don del Espíritu para dirigir a la comunidad con valentía y dar
testimonio de la buena noticia. Reafirma la fortaleza frente a las dificultades, el amor que le
impulsará a una entrega total al Señor y al bien de los hombres y la prudencia para gobernar la
Iglesia.
Timoteo, como toda la Iglesia, debe mantenerse fiel a las enseñanzas del Apóstol que son las del
Señor. En los versículos centrales (v. 9-10) ofrece los motivos de la fidelidad al evangelio: salvados
gratuitamente por Dios y no por nuestras obras; llamados a la santidad con una vocación santa;
designio salvífico de Dios, que se ha manifestado por Jesucristo. La enseñanza de la carta sigue a
San Pablo y la actualiza conforme a las exigencias del momento.
* ¿Cómo puedo reavivar el carisma para ser mejor apóstol de Cristo hoy?
Hagamos oraciones espontáneas pidiéndole a Cristo que nos haga fieles testimonios de Cristo en
el mundo de hoy.
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Julio 8, 2022
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Jóvenes
Mi encuentro con Dios
m. El misionero cuida la fe católica de sus hermanos y lucha por incrementarla en su propia vida.
Para profundizar:
Los caminos de la misión
Espiritualidad Misionera
Para salir a predicar el Evangelio es necesario ante todo formar un corazón apostólico. Y hay que
recordar que se es apóstol desde dentro.
Se es apóstol, como lo fue San Pablo, por vocación, porque Cristo nos ha llamado a extender su
Reino, porque la vocación cristiana es esencialmente vocación al apostolado, porque quien ha
renacido como hombre nuevo en Cristo por el bautismo, se compromete a dar testimonio de Él
ante los demás. Se es apóstol en la medida en que el hombre está unido a Cristo por la gracia, y se
identifica con su misión redentora.
La urgencia del apostolado viene desde dentro, desde el amor que cada uno de ustedes profese a
Cristo en su corazón. Ser apóstol es, pues, un componente esencial del ser cristiano. Por ello,
predicar el Evangelio no es una tarea más al lado de otras muchas. Es la misión en torno a la cual el
cristiano debe polarizar su vida. No se es apóstol por horas o por días. O se es apóstol o no se es. O
se tiene mensaje o no se tiene.
Para formar un corazón de apóstol, les aconsejo que pasen largos ratos a los pies de Cristo
Eucaristía.
Sólo el amor a Cristo da la fuerza para "salir de sí mismo". Salir de sí: ésta es la condición
indispensable para "salir a predicar".
El mejor apóstol es quien logra ser una imagen de Cristo. Entonces la vida misma es predicación y
la evangelización es el testimonio de una vida plenamente fundada en el Evangelio.
Movido por el amor a Cristo, el apóstol es luchador, es militante. El apóstol concibe su misión
como una lucha constante contra las fuerzas del mal que existen tanto dentro como fuera de él. Es
el Señor quien da la fuerza para pelear en este combate. Y es Él también quien da la victoria y la
recompensa.
El apóstol es magnánimo. Sabe que ha sido llamado por Cristo para cosas grandes y que no tiene
tiempo para detenerse en lamentaciones o pequeñeces, ni puede distraerse en lo que no sea
esencial. El apóstol debe tener ante todo un gran corazón en donde quepa todo el mundo, pues a
todo el mundo ha sido enviado a predicar. Su espíritu ha de estar siempre a la altura de la misión
encomendada. Grandes deben ser sus aspiraciones, grandes sus deseos de lucha, grande su
capacidad de amar y de donarse.
El apóstol es tenaz, fuerte y perseverante. El apóstol ha de ser tenaz para no desistir del esfuerzo;
fuerte para combatir sin desmayo hasta el final, hasta el "todo está consumado"; perseverante
para no dejarse vencer por el capricho o la veleidad. Sólo una voluntad firme y bien disciplinada,
fundada en el señorío de los sentimientos y emociones, podrá perseverar hasta lograr el objetivo.
La lucha será continua. Toda la vida hay que combatir. Por ello, se necesitan apóstoles
convencidos de la necesidad de la laboriosidad y de la paciencia como componentes intrínsecos de
su misión; hombres habituados a la tenacidad esforzada.
El apóstol es realista. El apóstol no puede dejar de ver con claridad cuál es la situación real del
campo que le toca evangelizar, ni la de su propia vida, ni las circunstancias concretas en que debe
de trabajar. Trabajar con realismo es trabajar con inteligencia, apoyándose en el conocimiento de
las dificultades que entraña la consecución de los objetivos y de los elementos positivos con que
cuenta para lograrlos.
El apóstol es eficaz en su labor. La eficacia del apóstol viene del hecho de que se compromete a
hacer todo lo posible, humanamente hablando, para cumplir con la misión que Cristo le confía. No
se detiene ante costos ni sacrificios. Para él no existen obstáculos infranqueables. Sabe que debe
poner al servicio del Reino sus mejores talentos y que la causa del Evangelio no le permite trabajos
ni rendimientos a medias.
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