San Rafael Historia
San Rafael Historia
Prefacio
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No nos mueve al elogio una mera razón de cortesía y de amistad.
Creemos sinceramente que la contribución de! Dr. D enis es sumamente
orientadora para nuestros estudiantes y para el lector entusiasta, porque
es —nada más ni nada menos— una obra geográfica. En todas sus páginas
se advierte la preocupación por relacionar hechos y fenómenos, por es
tablecer las conexiones entre hombre y medio, por plasmar los compo
nentes de la organización del espacio sanrafaelino. Paisaje y movimiento.
Evolución y estado actual. Las condiciones naturales, el legado de la
historia, la acción permanente de los grupos humanos: todo es solicitado
con oportunidad para reflejar situaciones. Incluso las motivaciones espi
rituales, el sentimiento de la colectividad, son llamados a explicar el por
qué de la coherencia espacial de algo tan bien delimitado como lo es este
oasis del sur mendocino.
El autor ha sabido condensar los atributos regionales en el doble
aspecto que hoy se reclama al geógrafo: establecer la cohesión espacial
comando como guía las formas de apoderamiento del suelo; o poner en
primer plano el dinamismo transmitido mediante la influencia directriz
de la ciudad. Pero hay algo más. El discutido asunto de la aplicación de
lo geográfico logra aquí una clara demostración del auténtico papel de
nuestros especialistas.
Al abordar las cuestiones vitales para la región, D exis plantea los
problemas y el complejo de causas que los motivan. Las pinceladas
orientadoras —aquí y allá— apuntan al mal uso del agua y al despilfarro
de los suelos, a la falta de autonomía en la elaboración y comercializa
ción de los productos locales, a la dependencia con respecto a capitales
exteriores, a los inconvenientes de una inadecuada infraestructura en
materia de comunicaciones y al marginamiento, —incluso en el orden
nacional— por esta misma circunstancia, a las muestras de falta de reno
vación . . . El valor prospectivo de estas denuncias es innegable. Corres
ponde aprovecharlas a quienes tienen en sus manos el poder de decisión.
No hemos querido avanzar sobre los diferentes temas de esta tesis.
Es mejor una comunicación directa, sin preanuncios, con el lector. Solo
cabía destacar el auténtico esfuerzo que representa. Es el fruto de incon
tables consultas bibliográficas y, sobre todo, de numerosas salidas al
terreno, que pueden calibrarse en el extraordinario acopio de croquis y
de fotografías tomadas desde avión.
Que esta obra, y estas líneas de presentación, sirvan para renovar
el vínculo nacido del contacto del Dr. Paul Yves D enis con nuestra tierra.
Nuestro Instituto le da las gracias y lo siente incorporado de manera
permanente.
Mariano Zamorano
132
SA N R A F A E L
L a ciudad y su región
R. F a w c e t t
I ntroducción
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joven historia argentina, como en los límites de la civilización que poco
a poco iba penetrando en el sur del continente.^
Este sector, que más adelante llegaría a completar una trilogía ori
ginal formada por espacios vitivinícolas, encabezados por núcleos urbanos
bien desarrollados (Mendoza y San Juan), había sido olvidado por una di
visión histórica arbitraria, que consiguió constituir provincias con espacios
vacíos de superficies variables alrededor de las viejas creaciones espa
ñolas, ante todo ciudades-etapas. Nacieron así provincias tales como:
Catamarca, La Rioja o Santiago del Estero, por ejemplo, que, a pesar de
su antigüedad, no consiguieron librarse de un medio natural áspero y
de sus cáfilas deterministas.
Los factores de desarrollo que les hacían falta a estas provincias,
aún hoy perjudicadas por una economía estancada, habían de abundar
en el sur mendocino donde todavía siguen siendo inmensas las posibili
dades. Desgraciadamente para el espíritu autonomista de sus pobladores,
si consideramos la importancia actual de su economía frente a la situa
ción que prevalece en aquellas provincias norteñas,^ía región de San
Rafael se desarrolló demasiado tarde, es decir, cuando ya se habían fija
do los límites provinciales muchos años antes. Nunca tienen razón los
ausentes, dice el proverbio, pues aquel íecorte histórico ignoró al sur de la
provincia de Mendoza, porción que todavía no existía como entidad eco
nómica dotada de personalidad propia, sino como espacio improductivo.
(Considerando el surgimiento rápido de la zona sur, basado en una
explotación agraria intensiva y especializada, y su relativo aislamiento,
en parte puede explicarse este sentimiento más o menos perceptible de
frustración entre la gente de San Rafael, porque su ciudad no es una
capital. En el conjunto del oeste argentino la ciudad de San Rafael, es
el único ejemplo de “un centro regional” que no constituye una capital
provincial. Privado de esta cualidad primordial y por muy dinámico que
sea, cualquier centro urbano resultará siempre en desventaja con res
pecto a su papel futuro, sobre todo en el contexto argentino, donde tiene
tanta importancia y resulta tan polarizadora la función administrativa.
En estas condiciones, no cabe duda —como trataremos de demostrarlo
en la tercera parte— que el papel polarizador de la ciudad de San Rafael,
a pesar de ser una consecuencia de la precaiia posesión del espacio, va
lorizado en un medio semidesértico, la mantiene subordinada a las de
cisiones de orden administrativo, financiero o técnico tomadas en la
ciudad cabecera de la provincia de Mendoza^)
En consecuencia, a pesar de que gozara de condiciones económicas
bastante semejantes a las del norte de la provincia, es menester decir
que la zona sur de Mendoza no había podido iniciar una apertura hacia
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nuevos horizontes antes de que llegara ese verdadero cordón umbilical
representado por el ferrocarril, que vinculó a San Rafaeal con Mendoza,
Buenos Aires y el Litoral, asegurándole sobre todo una salida para sus
productos. Desde aquella fecha, la economía de San Rafael abandona
el tradicional autoconsumo para incorporarse, aunque m arginalm entc,
al sistema económico del país.
L a llegada del ferrocarril, el día 7 d e noviembre del año 1903, junto
al traslado de la Municipalidad d e 2 5 d e Mayo al sitio actual de la ciu
dad, o sea en pleno centro de la planicia, el 2 de octubre d e 1903, dieron
un impulso considerable a la economía local, que había empezado a di
versificarse con la introducción de la vid, del olivo y d e los frutales.
Poco a poco se rechazaba la actividad ganadera hacia terrenos con de
rechos de agua eventuales o de desagüe, o tam bién hacia una periferia
seca sin ningún derecho de agua. Aquí, como en el resto d e la República
Argentina, intervino el ferrocarril “com o elemento eficiente para facilitar
los asentamientos y afirmar las estructuras” 1.
E n esta zona, recientemente poblada y entregada desde el año 1933
a cultivos cada vez más especializados, hoy tam bién el factor aislamiento
representa el verdadero obstáculo para una integración m ás com pleta
dentro de la red económica del país.
E n esta coyuntura. la dependencia d e San R afael con respecto a la
ciudad capital de la provincia, en varios aspectos ya señalados, las am
plias distancias a recorrer, unas líneas ferroviarias sobre todo orientadas
hacia Buenos Aires, una red caminera largo tiempo precaria, medios de
transportes poco adecuados, lagunas evidentes al nivel de la coordina
ción de las tareas vinculadas a la comercialización y a la distribución
de los productos: todos estos factores hipotecan profundamente las fuer
zas vivas locales 2.
Fueron entonces factores históricos y económicos adversos, los que
inicialmente impidieron que esta zona sur se desarrollara de m anera
135
paralela a la del norte de la provincia(lnseguridad, escasez de población,
insuficiencia de comunicaciones, aislamiento, dependencia administrativa
> económica siguieron, y de vez en cuando se conjugaron, para retrasar
el vuelo de la región sanrafaelina. Lógicamente puede observarse que
aquel marginalismo histórico de ayer se ha convertido gradualmente en
el marginalismo económico de hoy. ^
Considerando la originalidad de la producción local y, más todavía,
la relativa inexistencia, con respecto a la calidad, de una producción
semejante de tipo competitivo; considerando también una buena de
manda a pesar de una anala comercialización y de una pésima explota
ción del mercado, sigue subiendo muy paulatinamente la tasa de creci
miento y de productividad. Más recientemente, precoces y repetidas
heladas, a menudo seguidas por granizadas devastadoras, han contri
buido fuertemente a detener el desarrollo, pero no deben tomarse como
los únicos factores de perjuicio, pues son numerosas las causas de orden
variado que intervienen, sobre todo dentro de un país donde la cría de
ganado vacuno ha captado tanta atención por parte de los gobernantes.
Sin embargo, la especialización de los cultivos (principalmente vi
ñedos, frutales y tomate) y su complementación con respecto a la pro
ducción de La Pampa y de la parte litoral ubicada entre La Plata y
Bahía Blanca, su salida natural, han permitido a esta región que pros
perara y lograra cierto desahogo. Ese sistema de puesta en valor de la
tierra que incluye los costos elevados del riego y de las obras técnicas
que necesita, torna imprescindibles los altos rendimientos, y exige además
una intensificación del trabajo tal, que el chacarero solo difícilmente
puede cumplir con todas sus tareas, cuando se trata de cultivar sin ma
quinarias una parcela de más de 10 hectáreas de extensión. Eli consecuen
cia, la densidad de población en el campo resulta bastante elevada. El
cultivo bajo riego, por otra parte, necesita una presencia permanente del
hombre, o sea su radicación en el mismo lugar. Este campo, o mejor
dicho, la zona cultivada bajo riego, se encuentra entonces salpicada por
viviendas rurales integradas al medio y adaptadas a las tareas específicas
del chacarero. Dentro de las grandes fincas se hallan diseminadas las
casas de los contratistas, y el aspecto general, a pesar de la muy grande
extensión de aquellas explotaciones, sigue suministrando la imagen de
un paisaje de minifundio.
En este sentido, no se manifiesta en la provincia de Mendoza en
general, y en los departamentos de San Rafael o de General Alvear, en
particular, el problema que tanto perjudica a una gran parte de la
República Argentina. Sigue dominando, en la estructura agraria del sur
mendocino, un parcelamiento en extensiones reducidas, como es normal
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encontrarlo en zonas cultivadas bajo riego, aunque solamente en algunos
sectores asumen el carácter de minifundio.
Desgraciadamente, las parcelas a menudo indican una superficie
demasiado reducida, que a corto plazo podría resultar desventajosa, si
ocurriera una intensificación y una mecanización de los cultivos, ya que
en ciertas áreas donde abundan pequeñas explotaciones de una a cinco
hectáreas, apenas si el nivel sobrepasa el autoconsumo y tampoco las
ganancias le alcanzan al cultivador como para que piense en abonar sus
tierras o mecanizar su labor.
Al lado de estos numerosos minifundistas establecidos en ciertos sec
tores desfavorables y que viven en las condiciones precarias impuestas
por un ambiente climático y una coyuntura económica artificialmente
137
1
i,
1.38
L
del sur mendocino. Más no se exigía para darle vida al corazón de este
oasis de San Rafael y transformarlo en un núcleo polarizante con radio
de influencia que se extiende más allá de las inmediaciones cultivadas,
iniciativas locales, hasta hace poco dormidas, se despertaron al llegar
capitales y empresarios nuevos, que iban a iniciar una transformación
de la región en los años siguientes, modificando actitudes negativas, na
cidas del aislamiento tradicional del oasis, inculcando también a sus
habitantes una conciencia más objetiva tanto de las virtualidades locales
como de la debilidad de su posición dentro del cuadro económico
nacional.
Ya bien servida por dos redes de ferrocarriles y un excelente ca
mino rumbo a Mendoza, Malargüe y General Alvear, la región de San
Rafael sigue acentuando su apertura hacia nuevos horizontes. E n octu
bre de 1966, se terminó la pavimentación del tram o Bowen-Lincoln (tra
zado fuera de las poblaciones intercaladas) que ahora une directam ente,
por una excelente carretera asfaltada, a San Rafael con Buenos Aires,
o sea una economía de 285 km sobre el itinerario anterior, vía Men
doza. Se espera también la reanudación de las negociaciones con respecto
al mejoramiento y a la pavimentación eventual del camino del Pehuen-
che rumbo a Talca, unos 300 km al sur de Santiago de Chile.
E n nuestra época, la comercialización y los envíos dependen, cada
vez más estrecham ente, de la calidad y de la densidad de la red cam i
nera, y en tales condiciones, la función primordial de la ciudad cabecera
de una región, toma una importancia acrecentada y prom ete perspectivas
nuevas. E s menester no olvidarse de que, siendo un oasis, se encuentra
San Rafael, como todos ello> frente a un dilema profundam ente inscrito
en su definición misma; es decir que debe vender “todo” y com prar
“todo” 3. E l dram a resulta del siguiente requisito: para com prar todo y
seguir más adelante con un nivel de vida más alto, precisa la zona pro
ductora haber vendido todo. L a llave de una autonomía más grande y
de una independencia crecida, más allá de una iniciativa local bien
enterada d e las cuestiones com erciales, consiste en una buena red de
comunicaciones paralelam ente a un sistema de transporte adecuado.
Productor de materias primas alimenticias, pronto logrará San R a
fael com pensar su inferioridad y su fuerte dependencia actual al nivel
de la com ercialización de sus productos. Pero los mendoqjnos del sur,
quizá más todavía que los del norte, no perciben de las producciones
locales (vinos, frutas, hortalizas elaboradas o sem ielaboradas, minerales,
139
energía eléctrica, etc.) todo lo que cabría esperar. A pesar de que sea
relativamente alto en escala nacional, no es adecuado el ingreso del sur
mendocino; o, en otras palabras, parte del ingreso generado por aquellas
producciones, se localiza en otros sectores de la actividad económica,
preferentemente en el norte de la provincia o en otras comarcas del país,
lo cual deriva en un menor ingreso para los sanrafaelinos y, consecuen
temente, en una dificultad adicional para su capitalización pública y
privada. Tendría igualmente que fomentar las inversiones y sobre todo
tomar las medidas para que disminuya la salida de dinero. A pesar de
que corresponda a un nivel de vida alto, esta salida bajo muchas formas
(autos, viajes, compras superfluas, inversiones inmobiliarias en estancias
pampeanas o en Buenos Aires) sigue perjudicando fuertemente el de
sarrollo de la zona sur. Tampoco podrá evitar San Rafael que se inicie
en sus límites una migración de sus elementos mas calificados (profesio
nales y cuadros técnicos). Ya tiene la región un balance demográfico
deficitario y, año tras año, sigue perdiendo sus mejores elementos en
provecho de Mendoza, cuyo dinamismo industrial y un terciario mucho
más desarrollado, le permiten integrar esta mano de obra solicitada
tanto por la variedad del mercado de empleo, como por las ventajas de
gran ciudad que presenta la capital provincial. Ni siquiera es un secreto
para nadie que la riqueza, el nivel de vida de los dueños de la tierra,
bodegueros, profesionales de la generación intermedia, constituyen el
origen del alto nivel educativo de la generación actual, que ya empezó
a ingresar en el mercado de trabajo. Desgraciadamente si la región sigue
con su débil tasa actual de crecimiento económico, le resultará imposible
la absorción de todos los ingenieros y técnicos muy especializados. Los
ingresos de esos profesionales ya dependen, en un gran porcentaje, de
la producción de una o varias fincas.
El núcleo urbano mismo presenta, en este momento, un terciario
muy poco desarrollado, inhabilitado para solucionar la incorporación
progresiva del exceso de mano de obra capacitada (pie año tras año
sigue incorporándose al mercado del empleo. Las estructuras de aquel
sector de actividad han permanecido muy embrionarias y muy depen
dientes de Mendoza y de Buenos Aires. Abundan las subdelegaciones
administrativas, las subgereneias, las sucursales bancarias y comerciales,
en las cuales ni siquiera se toman las decisiones importantes, pero sobre
todo correspondientes a la frecuencia del diapasón local. Sin fuerza
financiera propia, su expansión regional, no obstante las innegables vir
tualidades, permanece precaria, siendo acentuada todavía por la orien
tación en una sola dirección de su comercio: domina la distribución sobre
la concentración de los productos.
340
Con respecto a sus límites, nuestro estudio se concentra, ante todo,
en el espacio valorizado a orillas de los ríos Atuel y Diamante, desde
su salida del bloque levantado de San Rafael hasta las márgenes culti
vadas bajo riego de la zona de Bowen y Carmensa, en el departamento
de General Alvear, enfocando a San Rafael y su región más inmediata
como tema central. Desde un punto de vista administrativo, abarca toda
la extensión del departamento de San Rafael; así como las áreas explo
tadas del departamento de General Alvear, por numerosas vinculaciones
con San Rafael. Nos referiremos además, según el caso y cuando haya
necesidad, al tercer departamento, el de Malargüe, dado que estos tres
departamentos unidos forman lo que suele llamarse el sur mendocino
Luego tendremos que destacar distintas etapas en la evolución de
San Rafael, como región y como “centro regional secundario” 4. A cada
una de esas etapas puede vincularse el papel eminente de uno o varios
factores físicos o humanos que habrán sido o serán determinantes en
el proceso de valorización de aquel espacio polarizado.
Para llegar a la síntesis que ha de ser el objeto de todo estudio
geográfico con enfoque regional, hemos querido proceder lo más senci
llamente posible a un análisis metódico de los diversos elementos que
concurren para individualizar a San Rafael como ciudad y como región.
Siendo un oasis, ya, por definición, tenía personalidad propia.
Trataremos entonces, en tres partes, de poner el acento sobre esa
personalidad. En la primera, se intentará circunscribir las condiciones
físicas én el sur de la provincia de Mendoza, enfocando sus rasgos geo-
morfológicos y climáticos. En la segunda, se atenderá a la instalación
y a la integración del hombre en el paisaje sur mendocino. En fin, en
la tercera y última parte, se examinará la trama de la organización del
espacio en la región de San Rafael.
142
dividualizarlo frente a los demás. No escapan a esta regla los oasis del
piedemonte argentino de los Andes y sus características generales ya
son cosas conocidas, aceptadas y también catalogadas. Por cierto, que
entre esos oasis existe una gran similitud de paisaje y también son mu
chas las analogías que. a distintas escalas, pueden hacerse; pero, fuera
de aventuradas generalizaciones, no resulta sencillo el problema, pues
son variados y bien delimitados los factores que intervienen para desta
car la personalidad de cada uno con referencia a su propio ambiente,
tanto fisicoclimático como socioeconómico.
Con respecto a los demás oasis del piedemonte argentino de los
Andes, se distingue San Rafael en múltiples aspectos que vamos a es-
tudiar más adelante. Sin em bargo, entre ellos, ocupan un lugar no des
preciable las condiciones físicas, aun cuando la presencia humana re
ciente, pero relativamente densa, haya contribuido a modificar en cierta
medida aquel fragmento del paisaje inicial y conseguido inscribirse pro
fundamente en el medio natural. Siguen influyendo mucho los im pera
tivos fisicoclimáticos sobre el desarrollo de la población. Desde la época
de los primeros establecimientos, el encadenamiento de las estaciones
va regulando la distribución de las actividades y el inexorable sistema
de los turnos de agua sigue necesitando la vigilancia constante del hom-
143
bre. Cada primavera, hasta principios de noviembre, se tendrá temor a
las heladas y más adelante, se observará mudo a los amenazadores hon
gos de nubes que se forman en el azul del cielo, con sus potenciales
granizadas.
Los procesos geomorfológicos holocenos que llegaron a completar
una secuencia de modificaciones geomorfoclimáticas muy complejas,
legaron al hombre suelos fértiles pero de textura muy variable en poca
distancia. Guiados por la orientación general de una serie de fallas desde
su salida del Bloque levantado de San Rafael, han sido los ríos herma
nos, Atuel y Diamante, los grandes responsables de la construcción de
esta “playa deltaica” engastada y si le traen al oasis la vida, igualmente
de vez en cuando le traen destrucción y angustia. Por lo tanto para
iniciar todo trabajo de investigación en este caso, hay que librarse de
cualquier complejo autodeterminista y mirar a los distintos elementos
tales como se presentan.
La zona cultivada bajo riego de San Rafael y su prolongación hacia
General Alvear muestran el aspecto de espacio enclavado de amplia
extensión, pero suficientemente aislado, como para adquirir caracterís
ticas propias. No nos olvidemos de que San Rafael es el último oasis
grande, ya que se encuentra precisamente sobre un límite tanto geo-
morfológico como ecológico. Más allá de algunas manifestaciones per
tinentes de su presencia en la meseta del Guadal, también en la “tra
vesía” 5 que vincula a la playa de San Rafael con la depresión del río
Tunuyán y en la pampa del Diamante, puede observarse en la misma
margen del río Atuel. la ocupación extensiva del suelo en aquella zona
llamada “Payenia” o “Payunia” 0 por una asociación vegetal de tipo
patagónico.
El oasis, esta “isla del desierto”, expresión a la cual a menudo se
refería Jean Brunhes en sus ensayos sobre los géneros de vida en las
regiones desérticas, a priori suele encontrarse envuelto en cierto exotis
mo, algún repliegue sobre sí mismo, a veces a modo de prolongamiento
de un hipotético Shangri-La Aunque en la búsqueda de la objetividad
tenga que desembarazarse de los mitos, no deja de causar aprensión al
144
investigador que intenta participar de sus secretos íntimos. El contacto
prolongado con las fuentes mismas de la personalidad del oasis, a for-
tiori cuando es próximo al dominio patagónico, le deja a cualquiera una
impresión profunda, pero siempre matizada por la textura áspera del
medio natural propio.
1. U n medio desértico
C e r d i //ere y F r e c a r & i/ te r a
2o n » P ird e m a n i e n *
P r in c ip a le s e je s m e n ia A o t u s
S ie rre . Fie*ir fíe Jo { S u r . Pam a * Am o )
B/ofve / rm o iU cfo de S e n R a f a m l
* l*á- M o .c ¡s o y cene V o / a t ín ic o
S e c to r e s irr ig a d os
Ql Zona, d t in f/ v e n c ía . cAt/ A to S a n J u a n
Q| ” *» de io s F ie * Menafota.-Tu/Hj'ján
Fig. 2.
146
energía eléctrica, los ha desconectado del antiguo sistema, pues ya no
se vuelcan sino esporádicamente en el Desaguadero.
A) U na climatología desértica
147
ampliar nuestras consideraciones8. Por lo demás, fueron desarrollados
in extenso en nuestra tesis original. Insistiremos, en cambio, en aquellos
aspectos más específicamente vinculados con los problemas agrarios de
San Rafael.
AMPLITUD MAXIMA
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D é f i c i t de a j o a
1771 HSLAOAS
149
12,9% del total del 14,0% 9. En Mendoza tienen tan poca importancia
los daños anuales por heladas que ni siquiera se registran, lo que no
excluye la eventualidad de una helada ocasional devastadora10. Quizás
el elemento de juicio que más podrá ayudarnos a enfocar la importancia
de las heladas, sobre todo las tardías en el sur mendocino, son los es
quemas comparados sobre la duración de las estaciones térmicas y fe
nómenos especiales conexos (Fig. 5). El peligro de las heladas en San
Rafael abarca fácilmente seis meses del año, es decir, todo el invierno,
.una tercera parte del otoño y más de la mitad de la primavera. En Ge
neral Alvear, su importancia queda reducida tanto en la primavera como
en el otoño; en Mendoza abarca una ínfima parte del otoño y el 15% de
la primavera. También se destaca la importancia de las heladas tardías
puesto que, en San Rafael, la extensión del período durante el cual sue
len producirse heladas, representa el doble de la extensión correspon
diente al otoño. Si algunas heladas tardías excepcionales (principios de
noviembre) han conseguido arruinar casi por completo las cosechas en
los años 1927 y 1932 entre otras, de vez en cuando igualmente una
helada precoz (fines de marzo o principios de abril) llega a causar
daños considerables al viñedo y a las hortalizas arruinando todo lo que
todavía no se ha cosechado. Tal cosa ocurrió, por ejemplo, el 29 de
marzo de 1964 en una helada que afectó con gran intensidad a todas
las extensiones cultivadas de la provincia.
Evidentemente, por importantes que sean los daños de una helada
precoz11, no pueden tener la misma amplitud que en el caso de una
helada tardía, pues la primera suele afectar solamente a los viñedos aún
no cosechados y a algunas hortalizas; cuando, por lo general, ya está
casi completamente levantada la cosecha de frutas. En cambio, como
fenómenos resultantes más frecuentemente de una inversión de tempe
ratura relacionada con la permanencia de un frente frío, que la intru
sión violenta de un frente frío solo, las heladas que se producen durante
el período vegetativo suelen afectar las zonas más deprimidas o más en
cerradas en donde se estanca el aire, lo cual favorece el descenso de
150
p
pedales
151
temperatura por irradiación gracias a la tasa de humedad poco elevada
y a la presencia de una calma, y por consiguiente, su poder destructivo.
Casi siempre se trata de una baja de muy poca amplitud, que lle
garía a anular fácilmente el menor movimiento de aire, por medio de
un rotor por ejemplo. Desgraciadamente la tradicional costumbre de
alinear trincheras de sauces y álamos a lo largo de las acequias e hi
juelas, no obstante el aspecto económico y estético, favorece el estan
camiento del aire, y aumenta el promedio de daños cuanto más redu
cida es la parcela encerrada. Cortinas de árboles más cortas y menos
exigentes en agua que los sauces y álamos, como los arabias y los mem
brillos, resultarían igualmente adecuadas para luchar eficazmente con
tra los efectos de los vientos descendentes, sin obstaculizar el movimien
to del aire, con lo cual se reduciría, si no el peligro de heladas, por lo
menos el promedio de daños.
En zonas perjudicadas por heladas, los cultivadores a quienes les
tocó el turno de riego el día anterior a una de ellas, suelen “salvarse”;
pero si, por casualidad, el meteoro se repite en la noche siguiente, las
pérdidas eventuales pueden alcanzar al 100%, pues la acumulación de
calorías durante el día intercalado entre las dos noches con heladas es
muy reducida y la evaporación consecutiva al riego va acentuando este
fenómeno.
El proceso de las heladas suele producirse por manchas con exten
siones variables que se ubican de preferencia en las partes más bajas
y más bien protegidas de los vientos. Unicamente en casos extremos
llegan a afectar amplias extensiones. Hemos indicado en el caso de la
temporada 1966-67 (Fig. 6) las áreas perjudicadas por las heladas de
los días 2 y 28 de octubre de 1966. Recordamos que en este caso se
trata de una temporada muy poco castigada, que podría considerarse
como excepcional en aquella zona. Resulta claro que las manchas de
más extensión y que más daños han causado se ubican en las partes
más bajas de la playa de San Rafael, inmediatamente al E de Ciénagas
Grandes, en Colonia Elena y en la zona muy pantanosa intercalada entre
los ríos Diamante y Atuel. Fuera de este sector particularmente perju
dicado, son mucho más reducidas las manchas y también varía consi
derablemente el promedio de daños según las condiciones locales, que
influyen bastante cuando se trata de una baja de temperatura muy mar
ginal.
Desgraciadamente, no se aplica el Seguro Agrícola a las pérdidas
por heladas, dado que en principio existen medidas de defensa. Lógi
camente, las hortalizas y la viña baja (en espaldera o contraespaldera)
sufren más por la helada que los frutales o los parrales; y el promedio
152
<u
C jf m c n S J
153
Fig. 7 — Daños anuales por granizo en los departamentos del sur
mendocino, comparados con los de la provincia de (Mendoza.
b) El granizo y el pedrisco 12
Siempre ha sido San Rafael una zona muy castigada por el granizo.
Desgraciadamente, no contamos con los datos detallados de daños anua
les causados por este flagelo en los distintos departamentos antes del
año 1952. En toda la provincia de Mendoza, solo hay dos departamen
tos más perjudicados que San Rafael en este aspecto: La Paz y Santa
154
Fot, 3 — Viñedo después de una fuerte granizada (2 6 -1 -6 6 ). Daños
lie un 100 % en un viñedo en contraespaldera del distrito 'Las Pa
redes. Los frutales adyacentes también ‘lian sido severamente castigados.
'i
155
Rosa. Se ubican también a buena distancia de la cordillera. Pero no
teniendo aquellos departamentos una producción de la categoría de
San Rafael, los elevados promedios de daños (20% y 25% respectiva
mente) no producen el mismo impacto económico-social.
Para San Rafael, el promedio de daños anuales en el período 1952-
53, es de 18,38% (Fig. 7 ) , y de 13,02% para General Alvear. El prome
dio provincial alcanza a 12,91% o sea más o menos el de General Alvear.
Se observa en este gráfico, la extrema irregularidad de los daños a lo
largo de estos 13 años. Nunca antes de la temporada 1959-60, según los
datos que tenemos nosotros, se había superado el 29%, y eso, en General
Alvear solamente, puesto que, en San Rafael, no había alcanzado el
19%. Pero la temporada 1959-60 fue muy devastadora en toda la pro
vincia, pues el promedio provincial llegó a 32,6%. San Rafael en aquel
año batió todas las marcas anteriores, con 56,6% de daños. Cinco años
más tarde, a pesar de un moderado 17 % en la provincia y un sorpren
dente 10% solamente en General Alvear, de nuevo fue severamente
castigado San Rafael con 55% , que representaban el 68% de todos los
daños de la provincia de Mendoza.
¿Suelen afectar las granizadas algunos sectores, más que otros, en
el sur mendocino?
En los distritos de Las Paredes, Cuadro Benegas y Rama Caída
del departamento de San Rafael, contestarán que sí la mayoría de los
cultivadores. Por desgracia, no contamos tampoco con los datos su
ficientes sobre las áreas afectadas y el porcentaje de pérdidas, en cada
caso, como para formular una hipótesis. Con los pocos registros obte
nidos, trataremos de destacar rasgos de las granizadas durante la tem
porada 1965-66 y 1966-67. Siendo varias las caídas de granizo durante la
temporada 1965-66 (Fig. 8) nos limitaremos a demarcar la extensión de
cada una de las 10 principales mangas, es decir, de las que implicaron
más de 30 denuncias 13. Evidentemente, llegan a recortarse hasta 5 y 6
veces, trayectorias de extensiones variables; pero donde predomina la
forma más o menos alargada (manga) de 2 a 6 km de anchura.
Según los técnicos del Seguro Agrícola, suele corresponder esta
situación a un año más o menos normal, es decir con un promedio de
daños de aproximadamente 18%. Si bien la mayor parte de la extensión
cultivada ha sido castigada, sin embargo, en la mayoría de los distritos
156
10km \ \\.' Carmensa
157
resultaron muy poco elevados los promedios de daños: solamente de
1% a 5%. Durante esa temporada, hubo con toda evidencia unos secto
res más afectados que otros, lo que justamente parece comprobar las
afirmaciones de los viñateros del sector oeste de San Rafael. En realidad,
dentro de un radio de 15 km a partir de la ciudad cabecera, varios
sectores han sido perjudicados de 2 a 6 veces. Pero, con respecto al
granizo, hay que considerar a cada temporada, individualmente, como
un caso especial. Por eso, se necesitarían datos con 10 años de anteriori
dad, por lo menos, antes de opinar de manera concreta sobre dicha fre
cuencia o repetición del fenómeno en ciertos sectores bien determinados.
158
Felizmente, para la investigación, se presentó en San Rafael, durante
la temporada 1966-67, un cuadro totalmente distinto. Esta situación nos
permitió colocar en un solo croquis (Fig. 6 ) todos los daños (con pro
medios aproximados de pérdida) acumulados por los accidentes climá
ticos (granizo y helada) durante la temporada. Muy poco perjudicada,
en realidad, resultó la región de San Rafael durante esta última tempo
rada. Sin duda, es la excepción que confirma la regla.
A lo largo de este capítulo muy importante, dada la naturaleza del
contexto agrario y económico, quisimos exponer y explicar los mecanis
mos del propio clima de la zona de influencia del Diamante-Atuel, o sea
la región de San Rafael. Indudablemente se trata de un auténtico clima
de tipo desértico con un matiz semiárido si lo relacionamos con la zona
de Mendoza (árido).
También hemos visto, en lo que se refiere a la instalación humana
en esta región, que ni la escasez ni la irregularidad de las precipitaciones
durante casi todo el año constituyen los verdaderos problemas de la
zona. L a verdadera fuente de vida de San Rafael y General Alvear se
encuentra en la cordillera misma, de donde salen los dos ríos alóctonos
que suministran a estos oasis el imprescindible fluido de vida. Sin em
bargo, son otros los problemas que han perjudicado la economía de la
región ya desde los primeros años de su puesta en valor. Igualmente, tal
como se ha señalado, también siguen siendo cada vez más complejas, a
medida que llega uno a conocerlas, las consecuencias que han generado
aquellos problemas.
Veremos ahora en qué medida la morfología del paisaje natural y
de los espacios valorizados por el hombre en la región de San Rafael, ha
sido condicionada por el carácter semiárido del clima.
B) U na morfolocía desértica
159
Fig. 10.
160
extensos glacis, frutos de una climatología más bien desértica, ocurrie
ron muchos trastornos de orden geológico. Los más importantes tuvie
ron lugar probablemente al producirse las distintas fases de la surrección
andina; siguen todavía manifestándose, pues no se ha terminado aque
lla surrección, porque la corteza terrestre busca permanentemente su
ajuste a lo largo de las fallas que crea, de acuerdo con las transferencias
de peso necesarias para un obligatorio equilibrio según la orientación
de las líneas de fuerza.
161
Fig. 11. — Rasgos geomoifológicos en el paisaje de San Rafael. 'Macizo
antiguo: 1) Bloque levantado de San Rafael. 2 ) Planicie exhumada
del río Atuel. 3 ) Terciario superior 'Araucaniano y Santacruceano.
Volcanes* 4 ) Cerros volcánicos y coladas de basalto. 5 ) Basaltos IV,
neopleistocenos. 6 ) Fallas. Material de acumulación: 7 ) Conglomerados
terciarios (Tipo Huayquería). 8 ) Glacis principal (segundo) y Ter
cero (Bajada de las Malvinas). 9 ) Antigua superficie de erosión
disecada (Huaycos). 10) Planicie de San Rafael (playa). 1 1 ) Cursos
permanentes (Diamante y Atuel). 12) Cursos esporádicos (arroyos
y dios secos). 13) Terrazac. 14) Ciénagas. Médanos; 15) Anti-
tiguos. 16) Recientes.
162
Fot. 5 — El Nevado desde Punta de Agua. El volcanismo agreda su
sello distintivo a la morfología de tipo semidesévtico clel sur mendo-,
ciño. Al pie del antiguo volcán, un sector del oasis de Punta de Agua
se enea,'ona en los escoriales.
Fot. 6 — El valle sobreña puesto del río Atuel, al cruzar el blot¡ue le
vantado d e San Rafael. Al levantarse el macizo antiguo clel bloque de
San Rafael durante la Fase Geotectónica Final, se encajonó el rio Atuel
en las capas de areniscas terciarias de la planicie exhumada. Visto hacia
el SW aguas arriba del dique compensador d e Valle Grande. Además
de las fallas se notarán los recientes derramamientos de basalto negro
sobreiinpuestos (tipo Cerro N egro).
163
Á
playa de San Rafael: el Cerrito. Más al S se reúne en una unidad volcá
nica todo el relieve formado por el macizo salpicado de conos adventi
cios del Payén Matru y el cerro Payén o Payún, su principal exponente
(Fig. 11). Desde esta cumbre de volcanes se extienden campos de lavas,
a veces en altas mesetas, escoriales, extensas coladas de basalto que
forman un marco impresionante de desolación. Estas amplias extensio
nes van confundiéndose hacia el naciente con la inmensa planicie. Se
encuentra en la proximidad de la zona de contacto una serie de aguas
de vertientes u ojos de agua, alrededor de los cuales se ubican varios
puestos como Los Pejes, Agua Escondida, La Cortadura o Agua del Toro
(Foto 5). Sin duda puede considerarse a Punta de Agua, al pie mismo
de los escoriales del cerro Nevado, como el más importante de todos,
puesto que cuenta con una población permanente de más de 300 habi
tantes y sirve de centro, en consecuencia, a unos cuantos puestos ubica
dos en un radio de 50 km. Tiene además cultivos permanentes (bosques,
frutales, hortalizas y unps paños de viñedos).
Entre el lugar donde el río Atuel desemboca sobre la playa de San
Rafael, y la cordillera, hay unos 100 km, de los cuales un cuarto corres
ponde al macizo antiguo del bloque levantado. El resto forma un extenso
bolsón longitudinal en parte rellenado por el material fluvioglacial y de
arrastre traído por los ríos Malargüe, Salado y Atuel sobre todo, cuya
parte más deprimida corresponde a la laguna de Llancanelo. Antes de
que fuera a encajonarse en el poderoso bloque levantado, al llegar a los
saltos de El Nihuil, el río Atuel aprovechó esta extensión (su cuenca
media) también como cuenca de decantación (laguna del Atuel). Se ha
desarrollado además en este bolsón una superficie de acumulación muy
extensa cuya mayor parte pertenece a la formación del glacis principal.
Una porción de este glacis viene bajando desde el E o sea desde el
bloque levantado y del macizo volcánico del Nevado, que la prolonga
superponiéndose a éste más al SE, pero lo más importante proviene del
área cordillerana.
Entre el glacis principal al poniente y la llanura al naciente, se
observarán además dos unidades estructurales distintas separadas por el
cono de deyección cjel no Diamante que hoy integra la playa de
San Rafael. En realidád, podría considerarse casi como un bolsón a esta
planicie encajada, cuya parte más deprimida está ocupada por Ciénagas
Grandes (Fig. 12). Bordeando dicha playa del lado N está la Huayque-
ría; afloran los conglomerados terciarios que caracterizan a esta forma
ción en la margen norte del río Seco de la Hedionda.
Sobre la orilla derecha del río Atuel, allí donde termina el médano
de Picardo —el cual nos parece seguir una línea de falla de orientación
164
F ig . 12.
165
cerros volcánicos donde extensas coladas basálticas y escoriales forman
un relieve mesetiforme, irregularmente quebrado en . su borde oriental
por los amplios valles de los arroyos secos. Del cerro Negro hasta el
cono del Payén, se desarrolla un paisaje homogéneo tanto por el dominio
de los relieves y del material basáltico como por las asociaciones vegeta
les, definitivamente de tipo patagónico. Es a este paisaje de transición
entre el piedemonte cuyano y la Patagonia al que Polanski llama
Payenia14.
En consecuencia entre el glacis principal del W , los conglomerados
de tipo Huayquería del N, la Payenia del S y la llanura o, mejor dicho,
la planicie del E se encuentra la playa de San Rafael en forma encajada
(con respecto a los sistemas de fallas) en un lugar en el cual convergen
dos ríos alóctonos de buen caudal, después de haber cruzado el bloque
levantado de San Rafael. En esta misma playa alcanzaron a juntarse en
varias oportunidades durante el holoceno. Muy nítidamente, en estas
condiciones, nos parecen destacarse los factores morfológicos que ilus
tran la posición de confluencia de San Rafael entre las grandes unidades
geomorfológicas que identifican el paisaje sur mendocino (Fot. 2 ).
166
Fot. 7 — El tío Diamante y la ¡d a del Diamante; los puentes de la
Ruta ¡4 3 , La anchura del lecho del río y el número de brazos y de islas
se explijcan por el carácter anastomosado del río, al salir del bloque de
San Rafael (al fondo). El curso de agua divaga sobre su propio cono
de deyección. E n la Isla del Diamante, cruzada por la ruta 143, se ha
instalado un hermoso parque.
167
río Atuel, no se puede rechazar tampoco la idea de prolongar más allá
del cerro Nevado el límite de esta estructura, que llegaría, por lo tanto,
más o menos hasta la altura del puesto de Agua Escondida.
A lo sumo, esta faja de bajas serranías resulta del ascenso como un
todo del antiguo zócalo peniplanizado, de su ulterior desmembramiento
en bloques, e igualmente del modelado de su cubierta terciaria por la
erosión normal, más bien separada de la planicie por un resalto morfo
lógico más abrupto que corresponde a aquella sierra Pintada. Desde la
margen sur del río Atuel en adelante, las coladas basálticas neopleisto-
cenas que se han derramado a lo largo de las lineas tectónicas más
orentales (fallamiento tensional) durante la Fase Neotectónica final, se
pultaron el abrupto de falla.
Se caracteriza en forma general la planicie por su uniformidad, su
continuidad, luego por su monotonía, apenas Ínterinmpida por unos
extensos médanos antiguos (médanos de Picardo) ubicados entre la
colonia de Las Malvinas y colonia Soitué; igualmente por los grupos de
médanos que ocupan las orillas de los principales cauces de los ríos
secos dispuestos paralelamente a la pendiente general de la llanura.
En la región de Cuadro Benegas, la planicie de acumulación del
glacis principal (con asiento de material fluvioglacial) lia sido fuerte
mente disecada tentó por los arroyos secos durante las crecientes como
por el río Diamante, dejando montículos aislados (mesetas— testigos de
700 a SOO m sobre el nivel del mar y con unos 20 de desnivel relativo al
pie de la serranía) {Fig. 11) (Fot. 2).
168
Fo t. 9 — Mogote basáltico E l Cerríto y rancho puestero. S e ubica en
pleno centro de la playa de San Rafael, en el distrito Cuadro Nacional,
a orillas de Ciénagas Cnandes en el eje de una presumida línea de
falla sepultada. Al margen del sector cultivado suelen encontrarse unos
raiichos puesteros de este tipo.
169
y extensiones pantanosas, que atestiguan las dificultades del desagüe y
sobre todo la mala utilización, en ciertos sectores, de las aguas de riego.
Esta situación deplorable queda evidenciada por los derrames y el gasto
deliberado de las aguas en espacios aprovechables.
El área de cultivo bajo riego ocupa la mayor parte de la extensión
de esta playa, que afecta la forma de un oasis alargado. Sobre aquella
playa puesta en valor, se ha modificado tanto el relieve original como
la textura inicial del suelo, bajo la iniciativa de los hombres, hasta el
punto de que los aspectos hoy más resaltantes, tal vez, serían la presen
cia de aislados montículos medanosos (médanos recientes) que se alzan
en medio de las fincas cultivadas, o el pequeño otero constituido por el
mogote basáltico de El Cerríto.
170
l'ot. I I — Playa alargada d e Las Malvinas y fito occidental del M é
dano de Picardo. Vista en dirección .VE. El espacio valorizado de Las
Malvinas se halla casi encajonado entre un pedimento y un médano
fosilizado, cuyo borde occidental correspondería al prolongamiento hapia
el N de una línea de falla. En este sector, dominan los cultivos de
alfalfa, maíz y hortalizas. Aún se notarán en las parcelas del oeste
(centro-izquierda de la foto) los efectos del fuerte aluvión que se
produjo en 1984 y ocasionó daños considerables en los cultivos.
171
i
Arena. y ripio
Ceniza, vo/ca/7/ca.
/tuna, limosa Snfer-
C a la d a con r o d a d ! fo S
A re n a .
Limo
Areno. tim o s a .
Zimos con
de rodadizos
Material, de
Si*[Link]
172
En k actualidad, resulta difícil encontrar terrazas correspondientes
al epiciclo de erosión intercalado entre los dos ciclos de acumulación.
Sin embargo, estamos de acuerdo con respecto al asunto de la mayor
intensidad en el caso de la primera glaciación por haber hallado una
174
desnivelación desaparece finalmente hacia el N del actual campa de
aviación, donde el terreno ha sido nivelado desde hace tiempo con
fines de riego.
Podría suceder también que, en aquella época, el río Diamante
hubiera instalado su tahoe■' mucho más hacia el N que hoy, por lo
tanto bordeando aquella terraza y a lo mejor aprovechando durante
algún tiempo la barranca del arroyo La Noria, (pie nos aparece muy
ancho y bien encajonado, en relación con el volumen de agua que trae.
Y aun más adelante se extiende la Ciénaga Resolana, que podría ser
igualmente un antiguo curso de agua. Desgraciadamente no permane
cen huellas de su último encuentro con el lecho actual del Diamante,
por haber sido sepultados aquéllos por los médanos recientes en las
cercanías de Monte Coma». Hubiera podido también aprovechar en
varías épocas una parte de la misma cuenca del río Seco de L a Hedion
da, más hacia el E , hasta encontrarse más allá de Monte Común, como
en el caso anterior, con su lecho actual, impidiendo al mismo tiempo
que se extendieran los amenazadores médanos que hoy van abarcando
esta parte de la playa.
A lo largo del segundo epiciclo, se depositaron materiales arenosos,
incluyendo a veces canto rodado de tamaño variable correspondiente a
épocas de crecidas (aluviones) más o menos fuertes.
La suma de estas dos últimas formaciones holocenas integra la playa
de San Rafael, hoy interrumpida por las extensas áreas cultivadas y
además modificada al E y al N E por la presencia de pequeñas elevacio
nes medanosas; por último, arenas y rodados correspondientes a las
planicies de inundación del río Diamante y, en proporción más reducida,
del río Atuel. «i
Tal vez exista una relación causal entre la época de acumulación
de los limos parecidos al loess y médanos, y la formación de los conglo
merados de tipo Huayqiierírt (mal país) durante la acrecentada aridez
de esta fase final del Pleístoceno y del Postglacial.
El perfil X X (F ig . 1 6 ), tomado del mapa Sistema hidrológico y
terrazas en la región d e San Rafael (Fig. 17), evidencia el pobre resalto
morfológico de la playa de San Rafael, puesto que se pasa insensible
mente de la zona “elevada” a la zona de ciénagas. A pesar de todo se
ponen de manifiesto algunos accidentes topográficos de poco alcance,
jjero que siguen conservando su interés en una zona donde se realiza el
aprovechamiento de la tierra en su mayor parte, a base de agua de riego
por medio de canales, hijuelas y acequias.
A la izquierda, es dee;r al W , empieza el perfil con la destacada
ten aza aluvial del río Diamante, ocupada por 25 de Mayo (la Villa
175
Vieja). Excavando la terraza del glacis principal antes de elaborar su
propia terraza al salir del bloque, aprovechó el Diamante el intenso
trabajo de disección a cargo del arroyo seco de la Huella. Es evidente la
contribución de este arroyo en la eliminación de un amplio pedazo de
dicho glacis principal aterrazado, que permitió al Diamante establecer
un importante meandro para que se llevara el material grueso y dejara
la actual terraza aluvial. En cuanto al glacis principal sigue extendién
dose aguas abajo de 25 de Mayo entre la pequeña playa y la más extensa
de San Rafael (Fig 31 y 32).
Se notarán después mesetas-testigos del glacis principal disecado,
dos terrazas antiguas del río Diamante (epiciclo interglaciar), siendo la
más alta la más importante y también la mejor esbozada. A partir del
canal Toledano, entramos en la playa propiamente dicha, que ocupa el
centro de la ciudad de San Rafael. Empieza más hacia el E una zona
de difícil drenaje, Ciénagas Grandes, la cual suele considerarse como la
parte más deprimida del esbozado bolsón que forma la playa. La actual
extensión de aquel pantanoso sector se debe en gran parte al descuido
inicial de los primeros colonos como a la precariedad de las obras de
riego en aquella época; el excesivo uso del agua a lo largo de los años
posteriores siguió agravando el problema. Sin embargo, corresponde la
ubicación de aquellas ciénagas a la línea de falla S-N que va prolon
gándose, como lo hemos visto, aun más allá del pequeño mogote basál
tico de El Cerrito. Más adelante, sigue la playa, empieza a encajonarse
y a formar terrazas el río Diamante.
Por lo tanto, la uniformidad mostrada por la playa de San Rafaei
solo se ve cortada por la interposición del curso de los colectores prin
cipales y de algunos arroyos menores. Resultan las^terrazas y las ciéna
gas, los dos verdaderos elementos de interés morfológico en aquella
playa, salvo, evidentemente, los ríos alóctonos que estudiaremos aparte
más adelante.
L a mayor parte de la playa de San Rafael puede cosiderarse como
la obra única del río Diamante, o sea como su extenso cono de deyección
encajado. Desembocando desde el bloque, a partir del NW, cruza este
curso de agua la playa casi en su centro antes de seguir oblicuamente
hacia el NNE y finalmente hacia el E ; es decir que, en varias oportuni
dades, debido a la ausencia de relieve, ha podido unirse fácilmente al
río Atuel en distintos puntos de su curso
El papel del río Atuel, al construirse la playa, resultó casi marginal,
por lo demás tanto como su posición. Su actuación se limitó al aprove
chamiento de la línea de falla a fin de mantener su curso y luego enca
jonarse en los sedimentos finos por él traídos y, en ciertos lugares, en el
176
Fig. 17 — Sistema 'hidrológico y terrazas en la región de Son Rafael. 1 ) Macizo antiguo. 2 ) Conos volcánicos (¿Basalto I:V).
3 ) Vigorosa vertinente ecóncava del miacizo antiguo. .4) Vertiente del valle sobre-impuesto del río Atuel. 5 ) Glacis principal terra-
zado. 6 ) Bajadas jóvenes (Tercer glacis). 7 ) Médanos (antiguos y recientes). 8 ) Sistema de terrazas construidas por los ríos Dia
mante y (Atuel. 9 ) Ciénagas y 'bañados. 10) Juncal, pajonal. 11) ¡Principales carrales de riego. 12) Arroyos secos y desagües.
material grueso rechazado hasta su lecho por el poderoso y fantástico
Diamante. Se nota al encajonamiento del Atuel desde el momento que
empieza a contornear el amplio derrame basáltico del cerro Negro en la
margen derecha» dejando barrancas laterales en los limos parecidos al
loess. Las abruptas paredes así formadas alcanzan a [Link] 12 me
tros sobre todo en la orilla derecha (Fig. 17). El material depositado
por el río Atuel es de granulometría más fina» y no muestra» además» el
carácter anastomosado que presenta el Diamante (Fot. 15).
En el lugar llamado Las Cuatro Compuertas, allí donde empieza a
bordear el médano de Picardo, lo cual coincide más o menos con el
pasaje de la falla S-N, se estrecha el lecho del río Atuel para ampliarse
de nuevo más adelante con suaves curvas. Allí se reduce la altura de las
terrazas correspondientes a epiciclos menores de erosión.
Entre colonia de Las Malvinas y General Alvear la distancia a
vuelo de pájaro no sobrepasa 25 km, pero entre estos dos puntos, reco
rre el río Atuel más de 65 km, reduciendo mucho su velocidad y depo
sitando material fino de tal manera que a la altura de General Alvear,
el nivel del lecho del río se halla más alto que el nivel de la ciudad,
178
acrecentando, por lo tanto, los agudos problemas de desagües en el
vecino campo y de cloacas en los sectores urbanizados.
£1 rumbo general del río Diamante coincide con la pendiente ori
ginal de la antigua planicie de acumulación terciaría (Fig. 17 ). Se ca
racteriza al llegar a la playa por su diseño anastomosado, que favorece
la formación de numerosas islas (Fot. 7 ) entre 25 de Mayo y los canales
matrices Monte Comán a orilla derecha y colonia Alvear a orilla iz
quierda, o sea más allá del Puente Nuevo. A partir de aquel punto, que
también corresponde al pasaje de la línea de falla S-N (Fig. 1 8 ), pierde
este carácter y va encajándose en los sedimentos de la playa sanrafaelina,
formando terrazas que no 'superan los 5 metros de altura.
El carácter anastomosado que es típico del río Diamante se ve
fuertemente influenciado por la actividad humana. Esta, con la perma
nente extracción de agua, para los fines de regadío del extenso com
plejo que forma San Rafael con su zona de influencia, produce una
consecuente merma del caudal del río, que se refleja inmediatamente en
la pérdida de competencia para el transporte de su carga, y la ulterior
depositación de rodados pequeños principalmente.
También, en los lechos de los ríos secos y arroyos menores, existen
depósitos modernos de rodados y arenas resultantes de la depositación
de las "colas” de las crecientes o avenidas esporádicas, que caracterizan
el régimen de los ríos menores y transitorios de la región1#.
Tanto en el caso del río Diamante más allá de Monte Comán como
en el caso del río Atuel, al S de General Alvear, los aportes recibidos
en la llanura resultan sumamente reducidos.
En aquel contexto, se halla integrada la playa de San Rafael por
unos materiales muy heterogéneos tanto por la naturaleza como por el
tamaño (desde depósitos casi loésicos hasta gruesos bloques), que for
man además capas muy variables en espesor con alternancias poco re
gulares entre las intercalaciones, dentro de distancias relativamente re
ducidas (F ig . 1 9 ). Se observarán en los varios cortes que integran esa
figura la frecuencia de capas arcillosas con alto porcentaje en elementos
clásticos y, por lo tanto, impermeable, ubicados a distintos niveles.
En unos casos, se hallarán ljasta 3 y 4 napas de agua, las más cer
canas de la superficie más salitrosas. Pero en general van disminuyendo
paulatinamente del W hacia el E las napas de material grueso que in
tegran el enorme cono de deyección del río Diamante. Sin embargo,
los cantos rodados y las arenas gruesas, hasta las piedras pómez que
s.’guen encontrándose más allá de la Cañada Seca, suministran un índice
179
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180
de la potencia alcanzada por las grandes crecidas durante los ciclos de
acumulación neopleistocenos
En los distritos de Cañada Seca y Goudge, se hallan aguas subte
rráneas a poca profundidad resultantes de las infiltraciones desde el río
Diamante hacia la cuenca del Atuel.
E n la misma zona también suelen producirse de vez en cuando otros
fenómenos llamados “volcanes” en la zona, particularmente en la pro
ximidad de la línea de falla N-S sepultada (Salto de Las Rosas). Al
desfondarse la capa arcillosa o de caliche, las aguas de una acequia o
de un canal llegan a perderse por agujeros de unos metros de diámetro
y, a veces, de varios metros de profundidad.
Las capas de caliche tienen aspecto de hormigón natural, por estar
integradas por ripio o gravilla, conglomerado con arcillas poco arenosas
que le dan consistencia; se notan en distintos lugares, especialmente en
esta terraza pleistocena de Las Paredes. Hasta cierto grado podría re
sultar esta capa de conglomerado de la degradación de las arcillas por
los agentes atmosféricos.
Por lo general, suelen despreciarse las tierras en las cuales se hallan
estas formaciones, por su evidente carácter impermeable, lo cual perju
dica fuertemente a los cultivos, pues, en muchos casos, el agua no puede
llegar hasta las raíces que han conseguido perforar este caliche. Ade
más, para romperlo y también impedir que llegue a formarse de nuevo,
se necesita una potente maquinaria o sea una costosa inversión suple
mentaria.
d) Las terrazas
181
hubieran conducido a una reactivación de la erosión fluvial por medio
de tres pequeños epiciclos. De acuerdo con las distintas alturas de las
terrazas, no se reduce entonces a un solo epiciclo erosivo.
Salvo en el caso de las terrazas que bordean el curso del río Atuel,
todas las demás resultarían de los caprichosos desplazamientos del río
Diamante sobre la superficie de la playa sanrafaelina. Luego, al con
siderar las curvas de niveles en esa playa, se notará que tendría el río
Diamante casi que unirse al río Atuel en razón de la orientación misma
de la pendiente; lo que se ha producido con toda evidencia en varias
oportunidades y por medio de distintos cauces, teniendo en cuenta las
"cañadas secas” y todas las ciénagas alargadas y bordeadas por terrazas
que se hallan en este distrito mesopotámico cuyo nombre (Cañada Seca)
fue tan cabalmente elegido.
Sea lo que fuere, se observará que los cambios de cauce que tuvie
ron lugar a lo largo del período holoceno se iniciaron en la margen de
recha del río Diamante, dentro de un tramo incluido entre el Puente Viejo
y las tomas de los canales matrices Monte Comán y colonia Elena, o
sea hacia el W de esta inevitable línea de falla N-S, luego que, al E
de ella, empieza el río Diamante a encajonarse, formando terrazas que
no llegarán a tener la altura de las que van bordeando el río Atuel
(Fig. 17).
Estudiando el peculiar desarrollo y la orientación de cada uno de
los distintos sistemas de terrazas, dispuestos con sentido general NW-
SE desde dicho Puente Viejo, hasta la Laguna Bajada de Las Yeguas, en
el lecho ensanchado del río Atuel, se observarán tres grandes cauces
principales: el primero, más al W , presumiblemente, el más antiguo y,
el último, hacia el E , el más reciente. Entre estos tres cauces se indica
ron en el mismo croquis (Fig. 18) unos cauces intermediarios de menor
importancia en cuanto a la profundización del lecho y al desarrollo de
las terrazas; siendo ellas, fases más breves en el desplazamiento hacia el
E de las aguas del río Diamante en su busca de un lecho más conve
niente a través de la baja divisoria hacia el Atuel (Fot. 18).
Se produjeron estos cambios, y llegaron a taparse una tras otra las
entradas, a partir de las más occidentales, al acumularse el material
aluvial. La irregularidad en la disposición de las curvas de nivel desde
la cota de 600 m evidencia el hecho de que resultó víctima el río Dia
mante de la obstrucción por sus propias acumulaciones, puesto que por
otro lado, la irregularidad de las cotas 575 y 550 m destacan el papel
182
F o t 16 — Formación loésica río Seco d e la Hedionda, en el lecho del
arrotjo seco del mismo nombre. Alcumulación correspondiente a un epi
ciclo preferentemente eóltco. El encajonamiento de este arroyo seco
resulta de los importantes caudales que trae al producirse una tor
menta de convección.
Fot. 17 — Defensas con pies d e gallo en el lecho menor del río Dia
mante. Sistema tradicional de defensa ¡contra las crecientes, aún em
pleado contra las (crecientes devastadoras del río Diamante. Se utilizan
palos en forma de trípodes y piedras sueltas, o más bien mantenidas con
tejido de alambre. Los palos también están asegurados con alambre.
183
desempeñado por parte de los últimos cauces antes de que se desviaran
las aguas del río Diamante hacia su lecho actual.
Procesos similares, debidos a la progresiva colmatación de una pla
nicie de valle (válley plain) por el río y su desvío a través de bajas tie
rras divisorias, con el consiguiente nuevo recorrido, han sido considera
dos por varios geomorfólogos 20.
Para explicar el último desvío y por lo tanto, la última separación
de los ríos Atuel y Diamante, podemos suponer que al producirse “po
siblemente grandes crecientes de principios del siglo pasado, lograron
(ellas) separarlos, y hoy constituyen ríos independientes**21.
Sin embargo, basándose en documentos históricos, es menester con
siderar también la intervención del hombre con respecto a este último
desvío del río Diamante. Según el comandante Miguel Teles Meneses
Sodré, el Diamante se unía al Atuel en el punto'de ubicación que había
sido elegido por el Virrey General, Marqués de Sobremonte, para la
instalación del fortín de San Rafael, o sea en las inmediaciones de lo
que es hoy la Laguna del Negro Quemado (Fot. 19) 22.
Luego de concretar un tratado de paz con los pehuenches y fijar
de común acuerdo la ubicación de dicho fuerte, en un informe dirigido
al Marqués de Sobremonte, gobernador intendente de Córdoba, so
bre “Caminos de Mendoza que comunican con Chile”, Teles Meneses
se atribuyó aquel desvío: " . . . Existe otro camino libre de inconve
nientes y que ofrece las mismas ventajas, que hoy se encuentra entre el
río Atuel y el Cerro Nevado, sin que haya más obstáculo para el tránsito
de Buenos Aires que unas pequeñas eminencias fáciles de allanar. L a
única dificultad que se ofrecía en este camino, era la enorme travesía
sin agua que había desde la laguna del Agua Dulce hasta el fuerte de
San Rafael; pero ésta ya no existe. Desde el momento en que se me
encargó de la comandancia de esta frontera, dediqué mis conatos no
sólo a los deberes de mi empleo, sino también a todo cuanto pudiera
20 lbidem .
21 V elasco , M. I., L os aprovechamientos d e agua para riego en la región
árida argentina, en "Boletín de Estudios Geográficos”, Vol. VI, N*? 2f7, Mendoza,
Instituto de Geografía, 1980, p. 95.
22 Sin embargo, si tenemos en consideración una carta del comandante Teles
Meneses Sodré con fecha del 5 de abril de 1905 (o sea 3 días después d e Ha fecha
de la fundación oficial del fortín de San Rafael), dirigida al Virrey, parece haberse
ig n o ran la junta de los ríos Atuel y (Diamante (el sitio mencionado en la orden de
fundación) en favor de la primera terraza aluvial del río (Diamante a su salida del
bloque levantado de San Rafael, o sea 2 5 de 'Mayo. «Esta terraza, tanto por su ubi
cación como por su elevación ofrecía ventajas estratégicas para el sitio del fortín.
Además se hallaba en un suelo fértil, bien drenado y con suave pendiente que permi
tiría la derivación de acequias para fomentar los cultivos imprescindibles para el
abastecimiento de una guarnición (para más detalles, consultar la segunda parte,
p. 2 1 3 ).
184
Fo t. 18 — Antiguo cauce del río Diamante ( Cañada). Parcialmente dre
nado actualmente, este cauce posee muy pocos cultivos permanentes
y la mayor parte se mantiene inculta. Está cruzado por el canal Ceja
de Monte. Arriba, a la derecha, se observa la ‘Isla del Diamante y la
amplitud del lecho del rio en aquel lugar.
185
ser útil al Estado. Miraba con dolor perderse las aguas del caudaloso
río Diamante y a fuerza de investigaciones personales encontré un
punto distante diez leguas de San Rafael corriendo al Este, en que po
día darse un piquete al río. Puse en planta mi pensamiento, venciendo
inmensas dificultades y por fin tengo la más vista de las complacencias
en asegurar a V.S. que ya no existe la confluencia de los ríos Atuel y
Diamante; las aguas de éste han abandonado en su formidable caja y
han enriquecido con su caudal, 50 leguas de la espantosa travesía que
ya está reducida a solo 12 le g u a s...” 28.
Por otra parte, en su informe “La Navegación del Atuel”, publicado
poco después de su expedición en 1854, el médico inglés W . Day, escribe:
'‘Al llegar a Negro Quemado, o sea donde antes recibía las aguas del
Diamante, comienza (el río Atuel) a formar una curva en dirección
Noroeste o Sudeste, cada vez más pronunciada, hasta que al pasar por
General Alvear, su dirección es casi Norte a Sud hasta llegar al límite
con La Pampa, donde confunde sus aguas con las del río Salado” 3242 25.
Luego de demostrar que los ríos Atuel y Salado (Desaguadero o
Chadileuvu) eran navegables en aquel tiempo, por pequeñas embarca
ciones confirma ante todo que el Diamante ya se había separado del
Atuel, para volver definitivamente a ocupar el lecho que hoy conocemos.
No se observarán a lo largo del primer cauce principal (Fig. 18)
índices de su anterior conexión con el río Atuel. Siendo el más antiguo,
según lo que suponemos, tenía que juntarse al Atuel allí donde desem
bocaban las aguas de este último en la playa, es decir, donde más podía
encajonarse y también depositar durante la época de pequeños epici
clos holocenos. Concurrieron eventualmente estos procesos para tapar
toda la parte inferior del actual cauce.
En el segundo cauce principal, las aguas aprovecharon alternativa
mente los lechos de los actuales arroyos San Rafael (Fig. 17) y del Medio
para seguir más adelante hacia el E y el cauce del río Atuel por la actual
cañada de Materris y el arroyo Aguaditas hacia la laguna del Negro
Quemado - r\ En cuanto a la tercera y última entrada, utilizaron las aguas
la toma y el lecho del actual canal Monte Comán y después del arroyo
de las Aguaditas, igualmente para desembocar en la laguna del Negro
Quemado y probablemente más allá, durante la etapa final, dada la
186
anchura del lecho mayor en este sector, hasta la laguna Bajada de Las
Yeguas donde tal vez se juntaran por última vez con las aguas del río
Atuel. L a presencia de ciénagas encerradas entre terrazas o más bien
ubicadas en el prolongamiento de ellas y de pequeños arroyos, debe
corresponder, con toda seguridad, a zonas que nos están indicando an
tiguos cursos del río Diamante. Por ejemplo, antes de llegar a la laguna
del Negro Quemado, el Atuel recibe las aguas casi permanentes del
187
el río Atuel siga prestándose admirablemente para recibir las aguas
del Diamante.
Este rasgo explicaría la presencia de un río disminuido como lo
es el arroyo de Las Aguaditas. “La zona de la llanura drenada por éste
representa un ejemplo de los ríos mal ajustados al valle por donde cir
culan (misfit rivers). En efecto, lo desproporcionado de su valle —de
unos 500 metros de ancho— en relación al curso de agua que actualmen
te lo recorre (no mayor de los 4 metros) y a la amplitud de los cursos
de los antiguos meandros que pueden reconocerse sobre los laterales del
valle, nos permite su identificación como un río desproporcionado en
menos” 20. Por consiguiente, al considerar este valle, su anchura y su
desproporción, resulta bastante sencillo imaginarlo como una auténtica
conexión anterior entre el Diamante y el Atuel, éste último como colec
tor principal.
A partir de la laguna del Negro Quemado no corresponde tampoco
la anchura del lecho mayor al escaso caudal del río Atuel. Por el con
trario, su conformación actual tiene las dimensiones que podrían corres
ponder a caudales sumados de los ríos Diamante y Atuel.
Entre la laguna del Negro Quemado y Real del Padre, los antiguos
cauces que ahora surcan la extensión del lecho mayor, están ocupados
por lagunas. Extensos totorales cubren casi toda la superficie de ellas,
permitiendo una explotación primaria, limitada y de carácter más o
menos artesanal, dada la necesidad de la totora para las ataduras de
los viñedos.
f) Las ciénagas
188
logo Carlos Wauters en su estudio, publicado en 1908, Obras de riego
del río Diamante. “La abundancia y el desorden del riego han provoca
do, en poco tiempo, la formación de ciénagas. Se observa allí una legión
de rutinarios agricultores de ocasión que solo a su desidia deben el
peligro a que se encuentran avocados” 27.
E l monopolio del riego durante aquella época puede ser considera
do en gran parte como responsable del agravamiento de la situación,
con respecto a la extensión de las ciénagas que afligieron a San Rafael,
no obstante los pocos años de vida. En Cuadro Nacional, por ejemplo,
la napa freática, ubicada a 12 m de profundidad en 1896, se encontraba
a solamente 1 m en 1908. Afirma además el hidrólogo Wauters, en su
informe, que las ciénagas L a Resolana habían sido provocadas por la
intervención del dueño a fin de engordar sus haciendas. En fin, el des
cuido evidente de los dueños de tierras aguas arriba de la villa de San
Rafael perjudicaba muchísimo a las propiedades inferiores.
Dos tipos de ciénagas integran por consiguiente la playa de San
Rafael, las “naturales” y las “artificiales”, siendo estas últimas las más
extensas y las más perjudiciales para la extensión de los cultivos hacia
el este.
En suma, el problema resulta ser de drenaje. A principios del siglo,
no tenía la zona de San Rafael sino unos pocos desagües, sin que se
pudiera hablar de un verdadero drenaje. En la margen sur del río Dia
mante se notaba, en el distrito de Cañada Seca, ya afectado por muchas
ciénagas naturales, un avance rápido de las artificiales, que generó una
marcada despoblación.
Aún hoy, varias ciénagas de importancia desigual, siguen cubriendo
distintas áreas. Son frecuentes los afloramientos a pesar de la pendiente.
Al rellenarse los bajos fondos de la capa impermeable se acumulan las
aguas de filtración, sin salida, no obstante el desnivel superficial que
disimula la presencia de cuencas impermeables aisladas y de dimensio
nes variables en el subsuelo.
L a necesidad de desagüe se nota sobre todo en la parte más baja,
porque se agrega aquí la circunstancia de que las aguas de lluvia que
caen en las tierras incultas superiores, desaguan naturalmente sobre aque
llas ya inundadas por el sobrante de las aguas de riego que traen los
canales que las cruzan.
g) El espacio valorizado
Sin embargo, se han mejorado las condiciones de riego en los sec
tores valorizados a medida que iba extendiéndose una más eficaz red
189
de drenaje (a pesar de ser más costosa por su imprescindible mayor
profundidad).
En el departamento de General Alvear había en 1921 una extensión
de 150 km de desagüe para las 30.000 hectáreas cultivadas. Hoy mismo,
la red de desagüe abarca unos 600 km de canales para un poco más de
30.000 hectáreas. Podría ser que se hubieran mejorado las condiciones
de drenaje, pero esto no es suficiente, porque han aumentado las acu
mulaciones de agua; éstas se hallan aflorando en todos los sectores más
bajos y favorecen por lo tanto, la depositación de salitre, que perjudica
el desarrollo local.
Paralelamente a la lucha contra los médanos se inició otra lucha
con el objeto de erradicar las ciénagas. Gradualmente van siendo gana
das ellas por desecación o cegadas por los terrenos de cultivos. Nume
rosos alfalfares, algunas parcelas para hortalizas y muchas para viñedos
o frutales, ocupan ahora los antiguos emees del río Diamante, muy fér
tiles y más aptos para producir vinos de mayor graduación alcohólica.
En los oasis del piedemonte cuyano los resultados obtenidos se-deben
a la constancia en los esfuerzos; por eso, la lucha para mantener un
desagüe adecuado y más aun para mejorarlo y ganar más espacio útil
resulta ser un tema permanentemente de actualidad en esta playa de
San Rafael de pobre resalto morfológico y con tan poco marcado des
nivel.
Por consiguiente, la actuación del hombre en esta zona sur mendocina,
ha modificado ampliamente el paisaje natural original, estableciendo,
gracias a la abundancia del agua, las condiciones artificiales de vida pro
pias del oasis. Igualmente modificada, la topografía del espacio puesto
en valor se presenta bajo forma de extensas terrazas niveladas, surcadas
por canales y acequias. Utilizando medios mecánicos modernos en su
afán por aprovechar integral y racionalmente la superficie de la playa,
hormigonando canales y acequias, además ataca el hombre las terrazas
holocenas, rellenando las depresiones.
Dentro de pocos años, la mayor paite de los elementos que nos han
guiado en la interpretación de la morfología de la playa sanrafaelina
habrán desaparecido.
190
No suelen encontrarse, por lo general, en este extenso piedemonte,
suelos formados in situ, dadas las características de subaridez que acaba
mos de identificar en el caso de San Rafael. En esta región el material
que rellena la playa encajada y que cubre además toda la zona periférica
proviene de otros lugares y constituye depósitos inmaduros que pueden
ofrecer un buen soporte a la vegetación.
E n el caso de San Rafael, su material parece haberse originado prin
cipalmente por la desintegración y descomposición de las rocas y mine
rales de la cordillera principal y también del macizo antiguo.
Por lo tanto, no presentan los suelos de la región de San Rafael
“horizontes genéticamente diferenciados es decir, resultantes de la migra
ción y acumulación de elementos por efectos de la maduración del suelo;
sino capas resultantes de la deposición aluvial, eólica o lacustre del ma
terial madre, el cual resulta por varios factores lavado o no de sus sales
solubles, o influido por acumulaciones de sales llegadas en solución desde
terrazas altas o desde la profundidad por revenición” ~8. L a salinidad es
frecuente en las partes más bajas de la planicie, pero particularmente en
la zona de influencia del río Atuel; desde colonia Soitué y General Alvear,
en adelante hacia el S, donde se observan importantes extensiones de sal.
Al W de Ciénagas Grandes y de las cañadas secas mesopotámicas, no
implica la salinidad un inconveniente serio, ya que predominan los sulfa-
tos, lo cual permite su amplio uso con la ayuda del riego.
Son naturalmente pobres en materias orgánicas los suelos mendoci-
nos que no se ubican en depresiones pantanosas. Respecto a esta supuesta
escasez de humus, no debe olvidarse que el humus de las regiones áridas
contiene por lo menos cuatro veces más y hasta seis veces más nitrógeno
que el de las tierras húmedas. Según el análisis, los suelos característicos
en la zona sur mendocina son calcáreos, muy arenosos, algo arcillosos
(no más de 17% ) siendo predominantes los rasgos silíceos. No carecen
tampoco esos suelos de los elementos nutritivos mayores: son regulares
en ácido fosfórico, muy ricos en potasio y en hierro, siendo este último
responsable de la mayor intensidad de coloración que se comunica a los
vinos de la región de San Rafael.
“Teóricamente, puede establecerse la distinción entre suelos esque
léticos de laderas y mesetas y suelos con mayor fertilidad (o húmicos)
en las partes bajas colmatadas” 20.289
19i
Los suelos esqueléticos propiamente dichos poco abundan en la zona
misma de San Rafael, por la distancia que la aísla de la cordillera y por
el limitado resalto geomorfolófico del bloque de San Rafael. Es la razón
por la cual ocupan las áreas reducidas de suave pendiente. ‘'Son suelos
arenosos con fuertes variaciones en granulometría, pudiendo llegar a ser
fértiles por su alto contenido en elementos feldespáticos”. Sin embargo,
"la acción de lavado y la remoción en masa del distrito eliminan paulati
namente estos suelos a medida que ellos se forman, depositándolos
ulteriormente en las zonas más bajas vecinas” 30.
Por otra parte, predominan los suelos d e aluviones semiesqueléticos,
los cuales implican una participación del transporte fluvial y eólico.
Su distribución se relaciona principalmente con los ambientes del río
Atuel y Diamante, aunque en la actualidad en grandes extensiones, la
mano del hombre ha modificado sustancialmente sus características na
turales corrigiéndolas para el desarrollo de cultivos finos” 31. De todos
modos, pueden observarse en su estado inicial sobre la margen oriental
de la serranía y^ particularmente en el sector llamado Lomas de Rama
Caída y constituido por restos del glacis principal, ubicados al pie del
bloque, entre los ríos Diamante y Atuel.
En conclusión, se mantiene una actividad eólica bastante importante,
no obstante la debilidad relativa de los vientos. Eso explica la deposita-
ción de un polvillo de color pardo que se acumula principalmente alre
dedor de la vegetación arbustiva formando a menudo montículos 32. Su
acumulación por encima de la capa de ceniza caída en el año 1932, cons
tituye la prueba más evidente de la intensidad del proceso acumulativo
de origen eólico. Igualmente, los médanos de tipo fitogenético, identifi
cados por Polanski33 en la playa de San Rafael siguen estando en per
manente lucha con la vegetación, la cual en la mayoría de los casos ha
concretado su fijación.
En cuanto a los suelos húmedos, corresponden por una parte a los
suelos de bajadas o de antiguos cauces, y por otra parte, a los suelos
agrícolas, transformados por el hombre. Antes de que cambiaran sus
características bajo la acción del riego y de los cultivos, aquellas zonas
hoy valorizadas estaban cubiertas por los suelos semiesqueléticos, parti
cularmente a lo largo de los ríos Diamante y Atuel, es decir, déntro de
los límites de la región.
192
La vegetación, dadas las características climáticas, no ha tenido
mayor importancia como factor formador de los suelos de la región; pero
sí, como agente de protección del mismo contra la acción erosiva del
viento y del agua.
E l ámbito vegetal que corresponde a la zona sur mendocina es la
estepa arbustiva, o sea una asociación fitogeográfica típica de la estepa
patagónica. Se caracteriza por sus arbustos ralos, entremezclados con
especies herbáceas ordinariamente escasas, sin verdaderos árboles. Ais
ladamente se encuentran algunos sectores densos de vegetación donde
siempre domina la jarilla y, de vez en cuando, interrupciones en la
extensión de la capa vegetativa.
Pueden considerarse dos asociaciones xerófilas distintas: 1? un monte
espinoso y arbustivo de tipo hemifruticeta, y 29 la estepa propiamente
dicha.
Distintas especies integran la primera asociación: el género Larrea;
los Prosopis: algarrobo (Prosopis chilensis) y alpataco (Prosopis alpataco);
piquillín (Condalia microphylla). llaullín (Lijcium chilensis), retamo
(Bulnesia retamo) y retamillo, quiscos (Pterocactus sp,)} usillo (Trichonia-
ria usillo), chilca (Baccaris salicifolia) con algunos molles (Schinus póly-
gamus) diseminados.
Sin embargo, estas especies son poco resistentes á concentraciones
salinas y se encuentran en lugares de buen drenaje. “En cuanto a zampa
( Atriplex lam pa), zampilla (Atriplex Argentina?) se observan en suelos
secos con escasos síntomas de salinidad” 34. Se consideran a estas plantas
como una reserva y, a veces, en época de fuerte sequía, resultan ser los
únicos medios de subsistencia para el ganado caprino y el ocasional
ganado vacuno. Para este último, integran estas plantas la única forma
vegetal asimilable que sobrevive en estos tiempos.
Desgraciadamente, gran parte de esta asociación ha sido radical
mente eliminada por la descontrolada tala realizada por el hombre,
quien la utiliza para leña o para levantar sus rústicas viviendas y cons
trucciones menores (corrales) sobre todo en los puestos.
En la segunda asociación se destacan el coirón (Stipa crisophyla) y
el crespo (Stipa generaides). Forma ésta un monte de escasa altura en el
cual se destaca la presencia asociada de la zampa y de llaullín, llamado
también este último “yerba loca” por los estragos que causa entre el
ganado mayor durante los períodos de sequía.
En las ciénagas, las condiciones excepcionales forman un microme-
dio donde* se desarrolla una asociación vegetal hidrófila de otro tipo
34 Ibidem
193
ton extensión reducida y restringida. Las principales variedades que se
encuentran allí son la cortadera (Cortaderia dioica) y los juncos (Juncus
acntus) y los tamariscos (Tamarix gallica). En los médanos se nota
igualmente la presencia de juncos asociados con la jarilla y el chañar brea.
En fin, en la zona modificada por el hombre, “donde además no
falta el agua se hallan comunes malezas invasoras tales como la corre
güela (Conoalmlus arrensis), chipica (Cynodon dactylon), taniascal
(Cyperus rotundas), etc. 38. Pero lo que más caracteriza a esta zona es
la presencia de arbolados altos y frondosos integrados ante todo por
álamos (criollos, chilenos, canadienses, de Lombardía, etc.), sauces,
sauces-álamos, carolinos. plátanos, eucaliptos, moreras, etc. y además de
las numerosas variedades de acacias de las cuales más se destacan el
arco o visco, la arabia, el aguaribay, el paraíso y el árbol del cielo, los
cuales también dan buenos resultados como defensas de viñedos o ram
pas de frutales contra el viento, sin tener la importancia del álamo por
su utilización extensa en la industria local de la madera, lo más especial,
en la fabricación de cajones para fruta fresca. Las largas trincheras o
cortinas (según la función) contribuyen a embellecer la amplia red ca
minera de la zona valorizada, dándole al oasis un aspecto. de bosque
(denso para el observador terrestre) que acentúa el contraste con la
desolada aridez del monte.
D) Los C U R SO S D E A G U A 3536
35 Ibidem.
36 En la redacción de este capítulo, nos resultó una imprescindible fuente
de inspiración el muy interesante artículo del profesor Rosien Ornar B arrera , Hi
drología del río Tunuyán, en "Boletín de Estudios Geográficos”, Vol. IX , ÍN9 36,
Mendoza, Instituto de Geografía, 1962, p. 99-135. Su ¡plan de trabajo, sistemática
mente ordenado, tanto como varias conclusiones en parte aplicables al estudio, nos
resultaron eminentemente útiles.
194
Fot. 20 — Encajona m iento d el rio D iam ante en su cuenca m edia. AL
salir de la cordillera, el río Diamante se encajona enseguida en el
material de la planicie exhumada. 'El puente indica (pie la ruta 40
(Pareditas-El Sosneado) cruza a(pií el río, en La Jaula.
195
m3/s
» M£ N QQZA » 77
x-x-x* x. TUn u y Án - P e r / o do 1 9 * 3 - 4 4 o. ¡ s
]96
a) E l régimen de los ríos Atuél y Diamante
«197
meses durante los cuales se produce el deshielo en las cuencas superiores,
coincidente además con una época de fuertes tormentas conveccionales
que suelen afectar sobre todo la zona de las cuencas medias.
Ya hemos señalado el paralelismo existente entre la época de preci
pitaciones máximas en las cuencas superiores (cordillera) y el período
de caudales mínimos; o sea que siendo elevado el coeficiente de nivosi-
dad, al mismo tiempo los coeficientes de escurrimiento alcanzan sus
mínimas expresiones.
Inversamente en verano, cuando ya no se producen más precipita
ciones dignas de consideración en la cordillera, cuando van elevándose
las temperaturas. (20? a 259 C ), gracias a una extraordinaria diafanidad,
entonces los coeficientes de escurrimiento ofrecen sus mayores índices.
Estamos pues en presencia de dos ríos de típico régimen nival de mon
taña, con influencia marginal de lluvias de verano.
198
A base de 35 años de observación en las estaciones de aforos Rincón
del Atuel y L a Angostura, sobre el río Atuel, y Los Reyunos sobre el
Diamante, hemos calculado los caudales medios mensuales y los módu
los o caudales medios anuales. Se establecen estos módulos en 30,5
m3/seg. para el Atuel y en 37,0 m3/seg. para el Diamante (Fig. 24).
Se han confeccionado además, en este gráfico, curvas de los valores m e
dios mensuales de todos los años de observación. Se notará, en los dos
casos, la presencia de dos máximos en las curvas; el primero en octubre
(Atuel) y noviembre (D iam ante), coincide con el mes de máximas
lluvias (octubre), seguido a fines de noviembre y principios de diciem-
199
aguas de deshielo en algunos años con poco efecto sobre los caudales,
pero en otros sí, cuando suelen alcanzar y también a veces sobrepasar
los 400 ó 500 mm., con una mayor concentración durante los meses de
verano. No puede ignorarse por lo tanto la relación entre los años de
excepcionales caudales y los años de fuertes precipitaciones.
Cabe señalar además que el caudal (76,8 ms/seg.) del año hidro
lógico más abundante (1952-53), en el caso del Diamante, casi duplica
su correspondiente (40,8 m3/seg.) del río Atuel (1963-64). Por consi
guiente, existe una escala mucho más amplia entre los caudales mínimo
v máximo posibles del río Diamante con respecto al Atuel. Si el deshielo
de verano en la cordillera asegura por lo general un caudal correspon-
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200
diente, más o menos, al módulo de cada río, las precipitaciones pede-
montanas, ora escasas, ora abundantes, establecen la diferencia entre
un caudal anormalmente bajo y otro excesivamente elevado.
Hemos considerado igualmente los caudales medios anuales (Fig.
2 5 ) y los caudales máximos y mínimos (Fig. 26) de los ríos Diamante y
Atuel para el período 1931-32 a 1965-66. Se observará en estos gráficos
una diferencia bastante regular entre caudales medios anuales y cauda
les máximos mensuales por año, de cada uno de estos dos cursos de
agua. Los muy bajos caudales mensuales registrados en el río Atuel
(1947-48 y 1950-51) han sido causados durante el mes de julio de estos
años por el hielo que llegó a cubrir el río en su cuenca media en ocasión
de una poderosa ola de frío.•
• Los elevados caudales medios anuales del río Atuel en los años
1941-42, 1942-43 y 1952-53, 1953-54, también corresponden a años muy
lluviosos, que muestran tendencias a repetirse por ciclos de 10 años, pues
se destacan igualmente los años 1961-62 y 1963-64, aunque con menos
importancia. El carácter torrencial del río Diamante y su dependencia,
bajo este aspecto, de lluvias peculiarmente intensas, es resultante en
gran parte del encajonamiento del sector de su cuenta media, y aparecen
con bastante nitidez.
No tiene además este río la cuenca media regularizadora de alta
planicie que identificaba al río Atuel antes de su valorización por presas y
diques, por lo cual durante los años secos, su caudal medio ofrece a
261
menudo promedios anuales inferiores a los del Atuel. Ofrece por lo
tanto, el Diamante, el aspecto de un río con un caudal medio anual es-
raso, es decir inferior a su módulo durante 6 ó 7 años de cada grupo de
10 años, compensándolo durante los a ñ o s restantes por caudales
excepcionales.
202
El gráfico que muestra la evolución de los caudales a lo largo del
año hidrológico 1965-66 (Fig. 2 7 ), que resultó ser un año de precipita
ciones normales, suministra una buena apreciación del comportamiento
del río Diamante durante un año supuesto normal; su módulo se esta
bleció este año en 37,6 m:t/seg., o sea solamente 0,6 nvVseg. más que el
módulo correspondiente a los 35 años anteriores. Se observará un pri
mer máximo en noviembre (8 8 m V seg.) y un segundo (siempre el más
importante) en enero (143 m:,/se g .) aislados por un mínimo (4 5 m3/
seg.) en marzo, el caudal sobrepasa el módulo de aquel año, alcanzando
al mismo tiempo la curva de \olúmenes acumulados a 1.185,9 hm3.
203
mayores. Más caudaloso, más excéntrico en sus reacciones y, por lo
tanto sumamente peligroso por el espacio valorizado que cruza en su
pleno centro, no ha sido dotado todavía el Diamante de un verdadero
medio de defensa contra sí mismo. Ya hace años que se iniciaron los
trabajos para la construcción del dique Agua del Toro y aún se encuen
tran en sus fases preliminares, postergados regularmente desde aquella
fecha. En estas condiciones, el río Diamante, que le trae vida a la
región, suele traerle también, de vez en cuando, ansiedad y destrucción.
Por ejemplo, durante los últimos años experimentó el Diamante dos
grandes crecidas (el 12 de noviembre de 1955 y el 9 de enero de 1964)
que ocasionaron todo tipo de inconvenientes, a los cuales deben agre
garse las pérdidas de caudal no utilizadas para el riego.
En esta última crecida del 9 de enero de 1964, “toda el agua que
formaba el caudal extraordinario del río provenía de su cuenca superior;
en consecuencia, era dé deshielo”. Se justificaba eso por la fecha tardía
en la cual pudo producirse un brusco deshielo debido a un fuerte reca
lentamiento en aquella zona. Agravó además la situación la caída de
lluvias en el curso medio e inferior, que sumadas al caudal extraordina
rio que traía el río originó numerosas dificultades en las zonas aledañas.
Se calculó que el río alcanzó los 2.200 mVseg en esta fecha, registrando
además durante varios días un caudal superior a lo normal, arrojando,
caudales mínimos entre 160-180 mVseg y máximos de 200-250 mVseg
y sobrepasó en varias oportunidades los 300 mVseg, siendo común que
en ese período su caudal oscile entre los 73,9 y 78,1 mVseg” 30.
Relativamente distinto resultó ser el motivo que dio lugar al aluvión
del 12 de noviembre de 1955, con volumen de agua aun más grande que
el del año 1964, que alcanzó a 2.800 m3/seg, según las estimaciones
suministradas por los técnicos de Dirección General de Irrigación
(M za.) (Fig. 28) En aquella fecha relativamente temprana, el des
hielo apenas se iniciaba y, por lo tanto, no podía abastecer al río con
volúmenes considerables de agua. Por consiguiente, se debió esta creci
da extraordinaria, en su casi totalidad, a chaparrones intensos que
cayeron simultáneamente en las cuencas media e inferior. Algunos ríos
secos como el Pavón y el Salado registraron caudales de 200 y 128
m3/seg.
Hemos querido presentar el esquema de esta creciente (Fig. 28) la
cual destaca el papel excepcional jugado por los arroyos del borde
oriental de la cuenca media y los de la cuenca inferior. En la estación39
39 P upspato de Moreno, <E., Las crecidas d e los ríos d e Mendoza y San Juan
en la primavera de 1963 y verano de 1964, en ‘^Boletín de Estudios Geográficos*’,
Vol. XI, N9 42, Mendoza, Instituto de Geografía, 1964, p. 65^69.
204
de aforo de Los Reyunos, el caudal del Diamante había alcanzado
1.543 m3/seg, o sea casi a la salida de la cuenca media. Desde este
punto hasta que desemboca en la planicie (1 km aguas arriba de la
toma del canal Las Paredes) los aportes de sus afluentes ocasionales
(E l Tigre, 662 m3/seg., el Pavón, 200 m3/seg., el Salado, 128 m3/seg.
y otros arroyos menores con 300 m3/seg. aproximadamente) fueron tan
considerables que, en un tramo de apenas 10 km, pasó el caudal a un
estimado 2.800 m3/seg.
Este incremente de caudal rompió defensas, embancó canales, des
truyó tomas libres, inundó propiedades cultivadas hasta ciertas distan
cias en ambas márgenes del río y dañó una gran cantidad de viviendas.
205
“La agricultura, que depende en grado fundamental del riego, está
sólidamente ligada a la marcha de sus caudales y sufre en cierta me
dida, además de las contingencias de orden exclusivamente climático,
los altibajos propios de un régimen nival de montaña. A un año de
escasas precipitaciones de nieve en la cuenca superior, y por ende, de
escasos caudales, corresponde un año de bajos rendimientos y cosechas
mediocres” 40.
Ya va completándose el aprovechamiento integral del río Atuel con
las centrales hidráulicas Nihuil 2 y Nihuil 3, y sigue todavía encontrán
dose en el nivel de los trabajos preliminares la edificación de la presa
Agua del Toro sobre el río Diamante, obra que hará imprescindible la
construcción paralela de un dique compensador de tipo Valle Grande
para asegurar en el momento conveniente el abastecimiento de agua de
riego en cantidades suficientes. Al considerar el elevado caudal del
Diamante, las óptimas condiciones de almacenaje en su cuenca media
mediante una presa, tanto como el constante peligro que ha represen
tado y que todavía sigue significando con respecto a la playa cultivada
de San Rafael, y la carencia de energía eléctrica que perjudica fuerte
mente el vuelo de la industria local, tal atraso, semejante diferencia en
el tiempo en relación con lo que se ha hecho sobre el Atuel, reflejan
una despreocupación, una falta de coordinación y planificación a cargo
de los gobiernos que castigan muy severamente a la economía y al
desarrollo en general de todo el sur de la provincia de Mendoza. De día
en día, de demora en demora, se hace más pesada aquella situación,
cada vez más intolerable...!!
206
207
méstieo y aún más recientemente, para el abastecimiento de unos tan
ques australianos que han sido instalados para el ganado vacuno y
lanar en las proximidades de 25 de Mayo.
Tenemos que distinguir entre dos zonas de aguas subterráneas en
la región de San Rafael. En la primera zona, que abarca el espacio
cubierto por el glacis principal, bajando hacia el naciente desde el blo
que, y a menudo designada como “elevación pedemontana”, se encuen
tran por lo general aguas de mala calidad, con dureza alta por exceso
de sulfatos y carbonato. En las rocas impermeables o de poca permea
bilidad del macizo antiguo, el exceso de agua meteórica hacia las pro
fundidades se efectúa por diaclasas y fracturas.
En la segunda zona, que corresponde a la planicie, y sobre todo
a la playa de San Rafael, las distintas capas de agua subterránea pro
vienen en su mayor parte de infiltraciones laterales del río Diamante, y,
en menor grado, del río Atuel. En general, son “caudales pobres en
napas de mejor calidad y el resto, si bien abundante, es de escaso apro
vechamiento tanto para el riego, como para uso industrial por los exce
sos de sales en solución” 42.
Sin embargo, las nuevas perforaciones con profundidades variables
de 15 a 200 m (Fig. 29) realizadas a íin de cubrir las necesidades de
agua para el riego, no cubiertas por los aportes del río Diamante y Atuel,
han permitido variar la opinión en ese sentido. Un pozo perforado por
la Sociedad Anónima Arizu en Villa Atuel, utiliza un agua de excelente
calidad desde una napa ubicada a 600 m. de profundidad.
Como lo hemos visto anteriormente (Fig. 2 0 ), la playa encajada de
San Rafael resulta del relleno aluvial con arenas finas y gruesas, gravas,
canto rodado, arcillas y limos que permiten la formación de depósitos
de agua, los que racionalmente pueden aumentar considerablemente la
superficie cultivada. Por lo tanto existe una posibilidad de explotar las
napas freáticas especialmente en la zona de riego entre los ríos Atuel y
Diamante, donde los mismos aproximan sus cursos a partir de los 3 ó
4 m de profundidad (Fig. 29 pozos-testigos 5 y 6 ). Según los técnicos
de la División de Agua Subterránea de la Dirección Provincial de Irri
gación, encuentran allí “grandes caudales de buena calidad de agua
resultando de la infiltración de las aguas del río Diamante”.
A pesar de todo, en las cercanías del curso del río Atuel, aquellas
perforaciones próximas muestran como características sobresalientes su
constante inadaptabilidad para el riego. Paralelamente, la mayor parle
208
del agua freática extraída de la zona de influencia del río Diamante es
apta para el riego.
En el sector cercano de la zona de los guadales (Monte Comán, L a
Llave Vieja, Colonia Elena), los terrenos no presentan problemas deri
vados de la dureza Se encuentran allí capas de agua que suelen sumi
nistrar buenos caudales entre 11 y 168 metros de profundidad. Las
perforaciones se hacen a través de capas alternantes de arenas y gravas»
arcillas, toscas y tosquillas (Fig. 19). Resulta relativamente mediocre
la calidad del agua aunque sea aplicable al riego, industria o bebida.
Por consiguiente, estos detalles permitirían ratificar la opinión de
Dessanti al adjudicar una totál preponderancia a las infiltraciones pro
venientes de los dos colectores mayores en la integración del agua sub
terránea. Corroborando esto, el análisis del agua del río Diamante nos
exhibe una total potabilidad y un débil por ciento de sales. En cambio,
en el Atuel, el agua tomada en la boca de captación de la planta de
Obras Sanitarias de la ciudad de General Alvear nos presenta un alto
contenido en sales. El exceso pernicioso de salinidad para áreas some
tidas a un intenso regadío de tipo “inundación” (lo más común) puede
ser contrabalanceado por un buen drenaje y la utilización de ciertos
cultivos (maíz de Guinea, Festuca) y de vegetales que dejan grandes
cantidades de residuos. Los elevados valores de anhídrido carbónico
disminuyen el PH del suelo, corrigiéndolo y haciéndolo apto en corto
tiempo.
Aunque el drenaje constituya un problema mucho más serio y
urgente, sobre todo en el departamento de General Alvear, y que no sea
considerada la región de San Rafael como una región donde resulta
escasa el agua de riego, sigue bien arraigada la costumbre de darle a la
tierra el máximo de agua, cualesquiera sean las circunstancias climáticas
o las necesidades del suelo. El pozo de agua tendría que cumplir, en
fste sentido, un papel complementario en las zonas con derechos defi
nitivos de agua, siendo utilizado en épocas de bajos caudales, de sequía
o de carencia general de agua, o también como principal abastecedor
en los sectores con derechos eventuales.
Sin embargo, las perforaciones han ido aumentando a un ritmo muy
rápido durante los últimos años (Fig. 30) y aunque el total de 484 pozos
declarados para los departamentos de San Rafael - General Alvear no
llegue a compararse con las elevadas cifras alcanzadas por los departa
mentos del N, presenta de todos modos un progreso notable con respecto
al año 1960 ( 299 pozos) o al año 1954 (187 pozos). Es decir que,
calculando un promedio de 25 hectáreas por pozo, pueden extenderse a
casi 6.000 las hectáreas cultivadas con agua subterránea actualmente.
209
r
210
De esta cifra, 389 se encuentran en el departamento de San Rafael
y 95 solamente en el departamento de General Alvear; lo que se explica
por los problemas de desagües y la calidad generalmente mala de las
capas de agua de poca profundidad, lo cual obliga a realizar perfora
ciones profundas que a menudo resultan a precio prohibitivo.
Hemos indicado en una figura (Fig. 30) la evolución de las perfora
ciones de pozos por distrito desde el año 1954. Se observará en esto
que, salvo en el caso de Villa Atuel y Cuadro Benegas, desde aquel
tiempo las perforaciones de pozos en todos los demás distritos y también
en el departamento de General Alvear se han más que duplicado. El
distrito de Cuadro Nacional tiene el número más elevado de pozos, con
112 unidades.
En el 70% de los casos, los pozos se aprovechan en la zona sur
mendocina, a fin de reforzar las dotaciones de agua de superficie (aun
que a menudo sean suficientes) y también para aumentar la frecuencia
de riegos en los cultivos de hortalizas, sobre todo el tomate. L a situación
del distrito de Jaime Prats es muy explícita en este aspecto, pues cuenta
ahora con 21 pozos frente a los 4 que tenía en 1960; los cultivos de
tomate, por ejemplo, una especialidad de este sector, no se encuentran
perjudicados por el agua ligeramente salitrosa de las napas de poca
profundidad cuyo aprovechamiento no encarece exageramente los costos
de producción.
Ante todo, con perforaciones de carácter semisurgentes, los problemas
que se presentan son de orden práctico por el costo de la energía eléc
trica, de los motores y de los equipos de extracción. Además resulta casi
imprescindible conocer en adelante si el agua subterránea va a aportar
los caudales anticipados, y tiene calidad apropiada, así como si la
profundidad a que se halla está dentro de los límites económicos de
explotación.
211
za (47,9 m3/seg) y Tunuyán (33,6 m3/seg) cuyos caudales agregados
alcanzan un promedio anual de 81,5 m3/seg. A otros 200 km al sur el
Diamante (37,0 m3/seg) y el Atuel (30,5 m3/seg) con caudales que
suman 67,5 m3/seg traen vida a 216.000 ha más.
T A B L A 3
212
Hasta en la relación caudal - superficie irrigada se halla ubicado su ín
dice (2 ,5 ) en una posición intermedia entre los de San Juan (1 ,8 ) y de
San Rafael (3 ,2 ) «
Evidentemente resulta relativo el valor de estos índices por los
numerosos y muy variables elementos que intervienen; por ejemplo, la
tasa de infiltración muy elevada de las aguas del río San Juan en su
extenso cono de deyección, o el carácter más intenso de los cultivos en
las planicie de Mendoza y en el valle del río Tunuyán, donde las super
ficies cultivadas que llevan derechos definitivos de agua representan el
64% del total que utiliza agua de superficie, respecto al 55% para la
zona sur (San Rafael - General Alvear).
Luego de haber establecido y destacado las condiciones físicas de
una instalación humana en el medio natural característico del sur men-
docino, hay que conocer los acontecimientos que presidieron la instala
ción del hombre y le permitieron aprovechar del "último” (tanto por la
posición como por la valorización) de los grandes oasis del piedemonte
cuyano.
213
tecimiento en las orillas del río Diamante, a base de una pequeña acti
vidad ganadera con salida a Chile.
El actual aprovechamiento del espacio, aunque lejos de haber sido
completado integralmente, se realizó sin embargo en menos de tres
generaciones. L a región de San Rafael, como cualquier margen pionera
a principios del presente siglo, es decir, en época de amplios movimien
tos migratorios hacia América, se benefició con el impacto suscitado por
el aporte de una mano de obra laboriosa y capacitada; también con la
entrada de capitales que le dieron el impulso necesario para que se fo
mentara su producción y que se iniciara su primer vuelo.
Desaparecida la atmósfera de inseguridad que hasta entonces había
perjudicado al sur mendocino y bajo el vigoroso empuje de nuevos
hombres emprendedores, se establecieron diversas colonias cuyo dina
mismo pronto contribuyó al desplazamiento del centro de interés, desde
la pequeña terraza aluvial de 25 de Mayo hasta el corazón mismo de
la playa encajada de San Rafael, donde se encontraba la Colonia Fran
cesa. Al mismo tiempo, la llegada del ferrocarril aportó el primer factor
imprescindible de una apertura hacia nuevos horizontes, completado
más adelante por la penetración y luego la extensión de la red caminera
asfaltada.
Sin embargo, varias dificultades, tanto de orden económico (super
producción, baja de consumo, primera guerra mundial, krash financiero
de 1929, etc.) como climático (repetidas y fuertes heladas y granizadas)
o también volcánico (caída de cenizas del año 1932) surgieron y de
moraron por períodos más o menos largos el vuelo del sur mendocino.
Cabe señalar por otra parte que se encuentra muy sensibilizada la eco
nomía local, dada la naturaleza muy vulnerable de su producción por
los acontecimientos que, de vez en cuando, suelen afectar al mercado
de consumo de la zona del litoral.
Del caos del “30”, felizmente nació una verdadera revolución agrícola
en aquel medio. Se inició con la disminución de las superficies de áreas
de viñedos, frutales y hortalizas, igualmente con el mejoramiento del
sistema de distribución de las aguas de riego, al habilitarse al mismo
tiempo una red de desagüe. Se enfocó, desde entonces, la intensifica
ción de los cultivos especeializados al elaborarse un porcentaje cada vez
más importante de la producción primaria de frutas y hortalizas en va
rias fábricas 4B.46
214
L a explotación de nuevos recursos naturales (utilización de la ener
gía hidroeléctrica de El Nihuil), el renacimiento de otra muy estancada
actividad, la minería, y sobre todo el mejoramiento de los medios y de
las redes de transporte, contribuyeron a la promoción de la villa de
San Rafael, o sea del núcleo de mayor alcance del sur mendocino y
además un auténtico producto del extenso sector cultivado que lo rodea,
al rango de centro regional indiscutible de la zona de influencia de los
ríos Atuel y Diamante
215
trucción de fuertes eran del tipo araucanizado, el cual no debe confun
dirse con otro tipo más primitivo de los tiempos anteriores. Es muy
probable además que los pehuenches de los tiempos posteriores se
hubieran mezclado con los indios ranqueles de la Pampa. Rechazados
desde sus altos valles y de sus pinares de los altos en la época de las
216
Sus avances durante la segunda mitad del siglo XV III, a veces basta
la orilla misma del río Mendoza, provocaron varias expediciones puni
tivas, que sumaron 15 en total hasta 1790. Entre ellas, cabe señalar la
expedición del año 1777, dirigida por Juan Francisco Amigorena, que
llegó hasta el río Atuel en persecución de los naturales, quienes habían
atacado a los establecimientos rurales próximos a la ciudad de Mendoza.
Durante aquellas expediciones, los indios solían replegarse hasta Ma-
largüe y el Neuquén. Por el E tampoco había seguridad, y hasta 1880,
en el sector puntano, las carretas cargadas de productos mendocinos
con destino a Buenos Aires eran asaltadas con frecuencia por pequeños
grupos de indios.
Pero las expediciones, dado su carácter punitivo, o más bien tran
sitorio, no lograron establecer paz y seguridad en el lejano sur, pues,
tan pronto como se retiraban los soldados, volvían los indios a ocupar
estos extensos espacios, que difícilmente la civilización podía reclamar
por falta de gente para ocuparla.
De todos modos, a fin de mantener un relativo margen de seguri
dad, por lo menos hasta cierta distancia de la zona poblada de Men
doza, y contener al mismo tiempo la hostilidad indígena, se construyeron
unos fuertes a los cuales se consignó guarnición permanente. Se esperaba
así empujar más hacia el S el frente pionero y desalentar eventuales
incursiones indias en la zona del N. Ya en 1770, Juan Manuel Buiz había
fundado, en el valle del río Tunuyán, dos fuertes, uno de los cuales,
San Carlos, constituyó por muchos años el baluarte más avanzado
hacia el S.
No se rehusaron tampoco los gobiernos a utilizar medios pacíficos
y más bien diplomáticos para conseguir mayor tranquilidad.
Al comprobarse en los años posteriores a su fundación, la mala
ubicación del fuerte de San Carlos, se vio la necesidad de construir otro
en un lugar más adecuado y cuya presencia más hacia el sur llegaría
a desempeñar un papel de mayor alcance. En un informe dirigido al
comandante Teles Meneses, el virrey del Río de la Plata, marqués Rafael
de Sobremonte, mostró su interés por una ubicación más o p o rtu n a...
"que, de esta diligencia, resulten las mayores ventajas posibles a los
hacendados. . . , y, por consiguiente, queden nuestras estancias y pobla
ciones interiores casi libres de toda invasión de en em ig o s...” 47.
En aquellas épocas de economía de autoabastecimfento, vivía cada
provincia en circuito casi cerrado, con escasos intercambios interprovin-
217
dales, y cada una. de ellas, por lo tanto, tenía que mantenerse exclusi
vamente a base de su propia producción. Resultaba entonces impres
cindible la protección del campo mendocino (circundante a Mendoza)
puesto que la destrucción de los establecimientos chacareros y de las
haciendas podía perjudicar a una parte importante de la población, al
disminuir la cantidad de víveres disponibles.
La erección de un fuerte a más de 200 km al sur de Mendoza esta
blecía un margen de seguridad indispensable al mantenimiento de una
tropa con los efectivos militares correspondientes. También era menester
asegurar su subsistencia. Desde ese punto de vista, la fundación fue
una obra de colonización, dado que se establecía el nuevo frente pionero
a orillas del rio Diamante, suministrando al mismo tiempo a los even
tuales colonos la protección necesaria.
Algunos caciques amigos también habían solicitado la fundación de,
un fuerte en su territorio, a fin de aprovechar esta protección frente a
las tribus enemigas del SW.
(Ádemás de fundar el fuerte denominado San R afael48, el 2 de
abril de 1305, con la presencia del sacerdote Inalicán, Teles Meneses
cumplió con su misión diplomática entre los indios pehuenches, presen
tando la instalación de un fuerte en la región como resultante de un
común acuerdo entre blancos e indios, concretado con la firma de un
tratado de paz, amistad y comercio.'N
En cuanto a la ubicación del fcn-tín, se han presentado una serie
de contradicciones que han dado lugar a dos interpretaciones opuestas.
A la luz de los documentos originales, interpretados con respecto al
contexto morfológico local, trataremos de desarrollar la tesis de más valor.
En aquella época la elección del sitio de un fortín estaba a cargo
del Virrey General. Este se basaba en recomendaciones de consejeros
militares y viajeros. Entonces era común buscar el sitio más estratégico
posible, tal como la junta de dos ríos. Si tenemos en cuenta que el río
Diamante se juntaba con el río Atuel a la altura del paraje hoy llamado
Negro Quemado, resultaba normal, por lo tanto, que se eligiera a ese
sitio desde una carta, sin otros datos sobre la naturaleza del terreno.
Por otra parte, el comandante Teles Meneses, quien tenía un cono
cimiento práctico de la zona, podía difícilmente cumplir con la orden
recibida. Ya sabía que se trataba de una zona pantanosa, de difícil
drenaje y poco propicia para la instalación permanente de colonos. Ade
más, en épocas de grandes crecidas, el fortín se hallaría totalmente
aislado, incluso inundado, reduciendo por lo tanto el carácter estraté
218
gico de su sitio y, por consiguiente, el papel de su guarnición. Aún hoy,
este sector de la playa de San Rafael no ha sido valorizado por las mis
mas razones que, según creemos, llegaron a influir sobre la decisión de
Teles Meneses.
No obstante el contenido del artículo 3? del tratado de 1805 4!l,
probablemente redactado en Córdoba, el comandante Teles Meneses
decidió, de acuerdo con el geógrafo-agrimensor, Dr. Josef Sourreyére
de Souillac, construir el fuerte en la primera terraza (loma en el texto)
en la desembocadura del río Diamante, o sea en el sitio actual de las
ruinas de 25 de Mayo: lo que eliminaría, en consecuencia, la teoría de
las dos fundaciones r’° Pero el argumento decisivo que apoya la teoría
de la fundación única proviene de una carta del doctor Josef Sourreyére
de Souillac, escrita el 4 de abril de 1805 desde el “campo del Diamante”
en que precisa él la ubicación de dicho “campamento” . . . “a quasi media
legua al N, hasta topar con la Barranca de la primera loma (le ra , te
rraza) que desde la orilla de la loma grande ( glacis principal), hasta
las márgenes del Río por la parte del Sur, y como se presenta la referida
loma, la más elevada de todos los terrenos en que me hallo y que, por
otra parte, observé que servía de Barranca al Río Diamante, me pareció
conveniente y muy necesario pasar hasta la coronilla de ella, para im
ponerse y observar si sería o no conveniente construir en dicha altura
el fortín proyectado. En efecto, bajamos la loma y corrimos todo el te
rreno que media desde el campamiento hasta el Arroyo Seco” 495051.
E sa descripción coincide perfectamente con el mapa del sitio de
25 de Mayo que presentamos (F ig . 3 1 ) , sin ninguna ambigüedad.
Además, en otra carta del comandante Teles Meneses, dirigida al
Virrey General, expone lo siguiente: “Y antes de su llegada (expedición
del teniente Esteban Hernández integrado por el geógrafo Josef Sourreyére
de Souillac) habíamos reconocido todas las inmediaciones, hasta la mis
ma confluencia d e los Ríos Diamante y Atuel, y situación para el Fuerte,
su comodidad para su vecindario terrenos de sembradío, y de poder
sacar el agua para su regadío con mayor facilidad, preferí, con acuerdo
el que está demarcado por el Geógrafo Don Josef Sourreyére, en la
219
1 4 lo
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2 s ii L r r r i 14
3 I--. 6 1-' í 15 [±* r u J
o sóo tooo m
220
F u erte d e San F afael” 52. Y como para eliminar toda duda posible, cabe
señalar la nota siguiente, escrita por el Dr. J. Sourreyére d e Souillac, al
regreso d e un viaje a Chile, el día 21 de enero de 1806 en el F u e rte d e
San R afael: “D e este pasaje (Sierra de la G u ard ia), distinguimos la
población del F u erte de San Rafael con todas las plantas y sembradas
que manifestaba otro vergel como los del reino de Chile, con cuya vista
más entró a todos los alegría natural que no es posible e x p re s a r.. . ” 53.
Por consiguiente, debe decirse que la decisión de la Junta Guberna
tiva de las Provincias Unidas, el 2 4 de diciembre de 1810, de trasladad
el fuerte de San Rafael a la confluencia de los ríos Diamante y Atuel,
en razón de su poca utilidad en la Villa, mostraba además del deseo
para que se cumpliera la orden, un desconocimiento total de la situación.
Ya no existía más la confluencia de los ríos Diamante y Atuel des
pués de la actuación del comandante Teles Meneses cuyos detalles apa
recen con bastante claridad en su carta del 20 de septiem bre de 1808,
dirigida al Intendente de Córdoba, carta en la que se atribuía el co
mandante Teles Meneses la desviación del río Diamante.
L a confusión que dio luz al supuesto traslado del fortín y, por lo
tanto, a la teoría de las dos fundaciones, resultaría de la decisión tom ada
por Teles Meneses de no cumplir con la orden recibida, la cual indicaba
a la junta de los ríos Atuel y Diamante como el lugar donde el fortín
debía ser construido.
A parte de las escasas siembras bajo riego de cereales y forrajes
alrededor del fuerte, la estructura económica local seguía reducida a
una sola empresa muy rudimentaria de ganadería extensiva a base de
animales criollos, aprovechándose las amplias praderas naturales con
aguadas, abiertas sin embargo a las depredaciones de los indios.
Durante aquel período, el fortín mantenía más o menos bien —se
gún los años y la importancia en efectivos de la guarnición— la seguridad
de un grupo restringido de colonos instalados en sus inmediaciones,
pero su influencia en cuanto a la observancia de las leyes en el sur
mendocino dejaba mucho que desear. L a guerra civil que se extendía
a gran parte del país, requería cada vez más tropas y, por lo tanto,
quedaban desguarnecidos los fortines frnterizos, y aun con más razón
el más lejano de todos: el de San Rafael.
221
Eso explica la imposibilidad en la cual se encontraba el fuerte para
cumplir con su misión pacificadora y civilizadora en el sur, y además
el recrudecimiento del bandidaje, de los robos de haciendas y de los
ataques a poblaciones indefensas. Otra vez, el sur se había convertido
por unos años en un "No Maris Land” al volver a producirse nuevos
ataques de los indios en 1828 contra los fuertes de San Rafael y de
San Carlos54.
En aquella época, es muy probable que la función de etapa para
forraje natural y artificial tuviera más importancia, por encontrarse San
Rafael, gracias a su situación, en una encrucijada de huellas que en
caminaban las haciendas robadas en la Pampa hacia Chile. Las expedi
ciones de razzias de ganado, tanto indias como blancas, aprovechaban
estas extensiones de pastos con abundante agua como zonas de inver
nadas, porque las inmediaciones de Mendoza ya se habían vuelto de
masiado peligrosas para estos fines 5556.
En 1823, el gobierno, en un intento de fijar definitivamente las
colonial, realizó el primer reparto de lotes a varios vecinos ya instalados
en la vecindad d e l' fuerte. Se limitó sin embargo a unos pocos lotes
(50 x 50 varas) dentro de un trazado hecho frente al fortín (anterior
al trazado actual realizado en 1857). Poco antes, el gobernador de
Mendoza, Tomás Godoy Cruz, había conferido escrituras de donación,
a favor de Género de Seguro, de amplios campos de dos leguas frente
al Diamante, donde hoy se encuentra asentada la ciudad de San R afael5C.
Esta avanzada oficial de la civilización, varias leguas más al sur
del fuerte de San Carlos, aunque asegurara un progreso a largo plazo,
logró mantenerse, en forma muy precaria durante los primeros años,
únicamente con la llegada de algunas tropas y de 50 prisioneros ingleses.
Podrían ser ellos, por lo tanto, los responsables del desvío del río Dia
mante hacia su actual lecho, a lo cual se refería el comandante Teles
Meneses, en su informe al intendente de Córdoba, según lo que men
cionamos anteriormente en la primera parte.
De todos modos, no debía ser aquel fuerte (ubicado 13 km aguas
abajo de las ruinas del supuesto fuerte de San Rafael) el que diera
origen a una población estable en la primera terraza aluvial (también
encajada) del río Diamante.
222
Hasta poco antes de la ultima expedición al desierto (1879), es
decir durante un período de casi 70 años, este nuevo frente pionero se
mantuvo congelado sobre la margen norte del río Diamante.
Fot. 23 — 2 5 d e Mayo: sitio del fuerte de San Rafael a orillas del río
Diamante. Se notará en el primer plano el estado de abandono del
trazado urbano de la Villa Vieja. Los remanentes del fortín están ocultos
por la arboleda del parque que bodea el 'lecho del río.
m t it r ia f «fe
Abe/e f t p r t t r
c m ia íM S ' 2 f 3 » í.. - n
224
el ganado en pie. Por consiguiente, la villa no desempeñó otro papel que
el de contener al bárbaro del sur del Diamante y de mantener el frente
pionero, es decir, en realidad una presencia poco significativa de la civi
lización en este lugar. “El espíritu del pehuenche va ganando poco a
poco a los más modestos pobladores para llegar hasta la puerta de la
misma Comandancia”, lo que explicaría, quizás, el abandono y la des-
preocupación por parte del Gobierno. ‘Toco falta para que todos nos vol
vamos indios”, solía decir uno de los comandantes en la época B7.
No obstante la situación muy lamentable de los pueblos del sur (des
pués de un sangriento encuentro con los indios en Cañada Seca en 1831,
el fuerte de San Carlos había sido víctima de un ataque) y la determi
nación del gobierno federal de llevar a cabo una batida general contra
los indios, fracasó el plan de guerra, que se limitó, bajo la dirección de
Rosas, a las regiones orientales (donde se hallaban las más extensas y
las más ricas estancias, incluyendo las suyas), e ignorando el lejano oeste
argentino.75
225
Al ser elegido gobernador en 1845, don Pedro Pascual Segura inició
una nueva donación de grandes extensiones, sobre lodo en la zona de Ma-
largiie hacia el S. Se preocupó además por el adelanto del sur de la pro
vincia, viajando hasta Punta del Agua, donde trazó el pueblo y ordenó
el estudio de la riqueza minera. Con el objeto de fomentar la agricultura,
en 1855, dictó una ley que concedía el dominio de lotes en San Rafael
(Villa Vieja y “playa”) a los vecinos que cumplieran con ciertas exigen
cias en materia de cierre, plantación y edificación r,s.
Pese a todos estos obstáculos y como consecuencia de la propensión
natural (pie incita a los hombres a agruparse, una villa, muy humilde en
verdad, había surgido en el límite del frente pionero, apoyándose en el
fuerte que le garantizaba protección. En el censo, levantado en el año
1847 por el Comandante Rodríguez, puede apreciarse la importancia li
mitada del desarrollo.
A continuación de una breve descripción del fuerte, señala el censo
la existencia de 128 casas con sus instalaciones complementarias, 30 po
treros grandes de alfalfa, 3 arboledas y una iglesia. Con la población
blanca e india amiga (del Chacay), suman en total 1.320 habitantes.
De este número 180 forman la población militar, además de 86 indios
de tropa, 46 indios cristianados y 178 “otros indios ’ . . . Con las esposas,
hijos y domésticos constituyen un conjunto de 694 personas para la po
blación civil r'°. Cabe notar además que en la primera lista de vecinos,
que incluye a oficiales y soldados, no se hallaba ni un solo apellido que
no fuera de origen hispánico.
Con referencia a este censo, se destaca el hecho de que en esta villa,
a pesar de todo, ya se había formado un embrión de vida colectiva sobre
la base de este núcleo de familias. La ley del 21 de agosto de 1857 debía
reforzar esta paulatina evolución al decretarse la realización del trazado
de la “villa de San Rafael” (25 de Mayo), (pie hoy se encuentra exacta
mente tal como se hizo en aquel tiempo. “Por lo tanto, debe calcularse la
edad de la Villa Vieja desde aquel momento pues los viejos carolinos
(pie aún hoy hermosean sus calles fueron plantados en esos años” *0.
También unos años más tarde se fundaron las primeras escuelas. Pero
todavía la provincia quedaba dividida en 9 distritos electoiales, con San
Rafael como parte integrante del de San Carlos.
Otro ejemplo que resultó en cierto modo adverso al desarrollo del
sur mendocino se refiere a la inoperancia de la ley promulgada por la
227
Las 84 estancias mencionadas sumaban 1.247 cuadras con alfalfa y las
49 fincas de potrero a su vez sumaban 1.397 cuadras. El conjunto con
taba con 99 hacendados o propietarios y la mayoría de las superficies
valorizadas debían ubicarse en la extensa playa de San Rafael, muy pro
bablemente en la ribera norte del río Diamante, entre el canal Toledano
y el canal Pavez.
De toda evidencia, la historia del riego tanto en el sur como en el
norte del piedemonte cuyano es, hasta cierto punto, la historia de la
colonización. Después de haber ocupado las cercanías del río y al incre
mentarse la ganadería, tuvo el hombre que llevar el agua a lugares cada
vez más distantes del lecho del río para la formación de potreros y siem
bra de forrajes. En aquella época se construía un tipo de acequia muy
rudimentaria y sobre todo expuesta a quedarse en seco a la primera cre
ciente del río o cambio de dirección de sus aguas.
Por lo tanto, cuando el censo se refiere a 13 “canales” hay que olvi
darse de la imagen de estas obras bien trazadas y estables, a menudo
hormigonadas, que hoy conocemos; en realidad eran más bien auténticas
“acequias”. En este momento, el canal (Toledano) abierto por Nicolás
Suárez en 1 8 6 1 62 era el único en existencia, y aunque pudiera cumplir
bastante bien con sus funciones, los demás representaban obras de ca
rácter artesanal. Tampoco la villa (25 de Mayo) contaba entonces con
un canal, puesto que fue cavado solamente al año siguiente (1865) por
los soldados del Regimiento P? de Caballería de línea.
Pero quizá lo que más sorprende, en este censo de una economía de
autoabastecimiento, son las cifras suministradas con respecto al ganado
vacuno, 71.000 cabezas., y 100.000 el lanar y caprino, además de los 36.000
caballares y mulares. Son cifras muy importantes para la época, demasia
do tal vez, si analizamos las dificultades de la ubicación en el mercado, y
más aun si se las compara con las del censo agrícola de 1938 (64.000 va
cunos, y 190.000 ovejas y cabras). Sin embargo, en esta última fecha, la
ganadería aún no se había recuperado completamente desde la caída de
cenizas del año 1932 y, por consiguiente, las cifras tienen que ser pro
porcionalmente más bajas. Siendo además la zona exclusivamente gana
dera en aquella época, al considerar también las superficies en alfalfa
y potreros bajo riego, la mano de obra abundante (249 jornaleros y peones,
.156 criaderos) y la facilidad de movimiento hacia Chile (3 pasos) resul
tan por lo menos aceptables aquellos datos.
Por lo tanto, la ganadería había impreso a la zona sanrafaelina un
sello que resultará muy difícil de quitar en adelante. “Se lucha para
228
defender el ganado, se trabaja con el ganado, se piensa y se preocupa
fundamentalmente por el ganado'’ 63 en aquel momento.
Con sus 160 casas de familia, iglesia, 2 escuelas y 16 casas de nego-
iio (de las cuales la mitad son pulperías.. . ) el conjunto apoyado sobre
(4 fuerte iba tomando gradualmente carácter de pueblo. Los 60 tejedores
representan la única actividad no agrícola importante: pero esta produc
ción de carácter artesanal no debía sobrepasar las necesidades locales.
En fin, siendo el transporte limitado a tropas de muías no se podía es
perar mucho en aquella época de un mejoramiento de los caminos.
Sea lo que fuere, cabe destacar de todos modos el optimismo profé-
tico que sobresale de la conclusión de dicho censo: “Este Departamento
(aún era departamento San Rafael en ese momento), aunque expuesto
a las depredaciones de los indios bárbaros, es el más rico y el de más
porvenir”. Como se ve, hasta poco antes de 1879, los indios siguieron
representando un serio handicap para el porvenir del sur mendocino.
Sin embargo, a partir de este momento y no obstante aquella ame
naza de los indios, van sucediéndose, con mayores éxitos y más celeridad,
nuevos acontecimientos favorables. Por primer^ vez San Rafael empieza a
recibir huéspedes que llegan con proyectos comerciales y dinero contante
para realizarlos. Estos emprendedores mendocinos y extranjeros fueron
los precursores, los de la primera ola de nuevos pioneros que, unos años
antes de que se hubiera establecido definitivamente la paz en el sur
mendocino, vinieron a fundar empresas en la extensa playa virgen de San
Rafael
0a Ibidem.
Ibidem.
229
230
Fig. 34.
Después de la adquisición, el comandante Salas y sus sucesores,
mandados por el gobierno, se dedicaron a poner esas tierras en condicio
nes para que sirvieran de guarnición militar. Salas inició los trabajos con
la construcción del canal Cuadro Nacional. Así se perpetuaba, aunque
en escala menor, la importancia de la tradicional familia militar en este
oasis del sur mendocino. También, al alejarse de la villa vieja antes de
que se trasladara la Municipalidad (en 1903), el ejército desempeñaba
un papel visionario, instalándose en el sector de más porvenir.
Antes de que llegaran los colonos a formar las distintas colonias o
“cuadras” y que paralelamente se iniciaran las primeras divisiones de
tierras en parcelas con superficies más reducidas, correspondientes a
una normal intensificación de los cultivos en zonas de riego, el uso del
suelo seguía practicándose en forma extensiva.
Pero, en esta etapa inicial, cuando se abrieron nuevos canales de
riego, la mayoría de las superficies que se aprovecharon como potreros,
eran muy amplias. En ciertos casos esas explotaciones parecían verdaderas
estancias, tanto por su extensión como por el carácter muy primitivo del
“faire valoir”, fuera directo o indirecto.
Por lo tanto, se encontraba en gestación una nueva etapa en la evo
lución de la puesta en valor del oasis de San Rafael. Al intensificarse el
riego, se iban fomentando actividades agrícolas que llegaron poco a poco
& sobrepasar en importancia a la primitiva ganadería, si no en superficies
utilizadas por lo menos en valor del producto.
Entre los hombres que llegaron en aquel tiempo, varios se destacaron
por su espíritu emprendedor. Haciendo construir canales que llevaban
sus nombres (Bombal, Gutiérrez, Cubillos, Frugón y Marcó, Salas), se
dedicaron la mayoría al fomento de la ganadería y a la agricultura.
Otro, José Saler y Codina, inició la extracción del plomo de la mina
L a Picaza y levantó una fundición en la Villa Vieja 66. Resultó esa la
primera iniciativa que no tuvo carácter agropecuario o de subsistencia en
ía región; dejaba presagiar por lo tanto una diversifica ció» a largo plazo
de las actividades y funciones futuras en la zona sur.
El cura Marcó, por su parte, desarrolló una actividad de mucho al
cance en la zona. Supo aprovechar ventajosamente su nivel de instrucción
en beneficio del oasis sur mendocino y . . . de vez en cu an d o.. . con be
neficio propio: colonizador (fundó la compañía Frugon y Marcó que
trajo los primeros colonos italianos y la Colonia Italiana; hizo excavar los
canales Frugon y Marcó y de “Socavón” en el sector de Capitán Monto-
y a ), empresario también (construyó un molino harinero a orillas del
05 Ibidem.
231
Diamante y explotó las Salinas del Diamante88 que había comprado a los
herederos del cacique Goico). Fue el prototipo de esa raza de sacerdotes
con doble vocación, cuya presencia en las márgenes pioneras resulta im
prescindible, dándole a menudo el impulso necesario y manteniendo el
espíritu del trabajo.
Establecido desde 1870 en la margen izquierda del Diamante, en
el lugar que hoy lleva su nombre, el ingeniero hidrólogo Julio Balloffet
contribuyó fuertemente al mejoramiento del sistema de irrigación y di
rigió los trabajos de rectificación y modernización de los canales El Ce-
¿rito y El Toledano. Más adelante, midió, dividió y loteó la tierra donde
se establecieron luego colonias suizas y francesas. Construyó además su
propio fortín, confiriéndole a la zona mayor seguridad antes de que lle
gara a instalarse en sus nuevos cuarteles de Cuadro Nacional el Regi
miento 7® de Caballería de Línea.
En esta época, se había convertido San Rafael en un verdadero “Far
West”, no tanto por las incursiones indias, que eran ahora bastante es
casas, sino porque se transformaba de vez en cuando en un campo de
operaciones de los cuatreros. En razón de su posición con respecto a los
pasos andinos señalados, el oasis de San Rafael se había vuelto el paso
obligado de las haciendas robadas en la provincia y en otras de abajo
hacia Chile, donde conseguían buen precio.
Pero tampoco estos acontecimientos, como la revolución encabezada
por el coronel Segovia en la villa y su marcha subsecuente sobre Men
doza, pudieron frenar el adelanto de San Rafael. Ya se habían instalado
por primera vez grupos de colonos en la margen derecha del río Dia
mante, o sea en Cuadro García, Rama Caída y Cañada Seca (Fig. 34 ).
Se extendía de tal manera la ocupación de la tierra en el sur mendocino
que, en 1878, se dividió al departamento en cuatro comisarías 8\
Por lo tanto, la última expedición al desierto, no obstante lo que sig
nificó para el resto de la República Argentina, no ocasionó en la zona de
San Rafael el impacto considerable en la colonización que hubiera po
dido esperarse, puesto que las condiciones habían ido modificándose al
hacerse más tenaz la presión de la civilización. También las premisas
de una ocupación más intensa de su espacio aprovechable se encontra
ban dadas.
60 Los herederos del cura Marcó todavía siguen explotando las Salinas del
Diamante, sobre todo para fines industriales en Mendoza.
67 Esta división indicaba la importancia adquirida por Las Paredes, Cuadro
Salas y Cuadro Nacional, al N del Diamante, y Cuadro García, Rama Caída y
Cañada Seca al S de este río. (En cuanto a la cuarta comisaría, no prosperó en esta
época, pues corresponde a la jurisdicción del nuevo departamento de Malargüe,
Marcó del Pont , op. cit., p. 158.
232
2. V alorización del oasis de San Rafael (1880-1967)
S
La villa 25 de Mayo ya había empezado a retroceder en razón de la
itud limitada de la terraza fluvial sobre la cual se había extendido,
y, más aun, por su posición alejada en la margen de la playa en la cual
poco a poco iban instalándose colonias y cuadros. Además, los “empren
dedores” que en ciertos casos eran los líderes políticos locales, eran tam
bién dueños de amplias superficies en la playa de San Rafael, particular
mente en la margen izquierda del río Diamante. Resultó por lo tanto
una lucha que se desarrolló en nivel político entre las principales faccio
nes, cuya mira era el aumento de valor inmediato de los terrenos que se
ubicarían en las proximidades de la terminal del ferrocarril y de la
municipalidad. \
Esta lucha 4a ganó Rodcifo Iselín, por su sentido visionario del nego
cio, su conocimiento de los hombres y sus vinculaciones políticas. . .
Realizó así una operación financiera interesante, pues,|al llegar el ferro- N
carril, en 1903, al mismo tiempo la municipalidad se frasladó desde 25
de Mayo a Colonia Francesa, es decir a la nueva villa de San Rafael, j
A medida que nuevas colonias iban formándose en la playa, al
crearse nuevos canales o al mejorarse antiguas "acequias” en favor de la
corriente migratoria continua, casi todo el espacio que hoy se encuen-
233
tra valorizado entre el río seco de La Hedionda al N, la suave pendiente
del glacis principal que baja del bloque levantado de San Rafael al W , y
el mismo río Atuel al S, había sido aprovechado con fines extensivos por
lo menos, h
'¡En la misma época, a 800 km al SE del núcleo de San Rafael, colo
nias nuevas y distintas (sobre todo por el origen de varios integrantes
escandinavos, ucranianos, etc.), igualmente diseminadas sobre una am
plia área, se implantaron al aprovechar las aguas del río Atuel, para fines
de riego, y se agruparon para formar luego (en 1914) el departamento de
Ceneral Alvear, alrededor de un nuevo núcleo urbano del mismo nombre.
: Sin embargo, el verdadero centro de actividad de toda esta región se vy
encontraba ya definitivamente asentado y, no obstante el origen político !
de su sitio, su posición se revelaba excelente con respecto a los distintos :
, poblados. Dé todos modos ya no se discutió jamás ’su papel polarizador J
(en la zona sur.
234
con el objeto de mejorar la calidad si no la cantidad del producto. Su
actuación se extendió primero a la región del norte (alrededor de la
capital), y poco después, algunos de ellos encabezados por el ingeniero
Balloffet y más tarde por don Rodolfo Iselín, se instalaron en la playa de
San Rafael como precursores y fomentaron el cultivo de la vid y en menor
escala de los frutales en la zona, es decir, actividades que hoy en día
suministran productos básicos para la industria local y constituyeron,, por
consiguiente, el fondo de la riqueza y del porvenir en el sur mendocino.
En aquella época, los vinos que se elaboraban a partir de la uva
criolla^ eran de malas condiciones, turbios y ácidos. Debido a su aisla
miento, la zona sur participaba poco en esa producción. Por ejemplo, eil
San Rafael (25 de Mayo), se hallaban solamente 5 de los 1.719 cuadros
de viñedos de la provincia y sus 13.125 cepas estaban divididas entre 6
dueños BS. El primer vino se fabricó en 25 de Mayo, pero solamente en
1880, para consumo local; hasta 1903, por lo tanto, la industria vitivinícola
vse desarrolló en muy pequeña escala.
Sin embargo, para tener una idea cabal de la situación antes de la
llegada del ferrocarril a Mendoza, conviene referirse al contenido de una
carta escrita en 1877 y dirigida a los mendocinos on, la cual los instaba a
elaborar un producto que pudiera competir con los vinos finos importa
dos "sin esperar la llegada inmediata del ferrocarril”. El autor insistía
además en “la urgencia de crearse en Mendoza un producto exportable”
y señalaba que “el que más venta ofrece es el vino de buena calidad”.
En realidad, la llegada del primer tren a Mendoza tuvo poca influen
cia en lo inmediato sobre la economía del sur mendocinolf cuya producción
no podía competir por el costo del flete hasta Mendoza debido a la dis
tancia y a las malas huellas. No obstante el aumento de sus pobladores
la actividad se mantuvo exclusivamente ganadera hasta que la prolonga
ción del camino de hierro hacia el oasis del sur vino a modificar las
condiciones económicas en favor de la intensificación de los cultivos.
^Pese a todo la instalación de la primera municipalidad en el depar
tí? lamento (en 25 de Mayo) se demoró hasta el 22 de diciembre de 1883,
cuando el Poder Ejecutivo de la provincia promulgó el decreto.^
" p l a s t a aquel momento, el oasis de San Rafael no era mas que un
extenso campo valorizado en parte, y niuy desorganizado en el plano
administrativo, en razón de su dependencia de San Carlos.^ Pero la villa,
aunque fuera escasamente poblada, ya se encontraba frente a problemas
de carácter urbano (uso de las aguas en el radio urbano, mantenimiento
235
de los canales, instalación de un alumbrado público) con respecto a los
cuales se redactó una reglamentación. ^
Además, los ediles (muy activos en esos primeros años) adoptaron
pronto ciertas medidas, como la fijación de plazo para el pago de patente
de industrias y una reglamentación de los distintos ramos que debían
atender los municipales. Esos pequeños hechos son sintomáticos de los
progresos realizados por la ciudad cabecera, cuyas actividades habían
dejado de ser exclusivamente vinculadas al solo sector de autoconsumo.
En las colonias también, las preocupaciones ya habían sobrepasado
este nivel, puesto que se había previsto la licitación de las canchas de
carreras de caballos “en los pueblos más importantes”. Aunque parezca
relativamente anodino, este hecho confirma la existencia de pequeños
poblados diseminados en ambas márgenes del río Diamante aguas abajo
de la villa.
No obstante el 'aprovechamiento muy primitivo de los campos, sur-
•cados por acequias, en aquel tiempo la importancia del ganado vacuno y
( lanar (80.000 y 60.000 cabezas respectivamente) en los varios puestos y
estancias, los cuales se extendían, en muchos casos, más allá de la parte
“encajada” de la playa, requería una mano de obra en forma muy
dispersa.
• La venta de ganado a Chile seguía siendo buen negocio y, al mismo
tiempo, la única salida de productos locales que podía romper el estrecho
^círculo del autoabastecimiento. Sin embargo, eran pocos en realidad los
que aprovechaban estos ingresos y se enriquecían con la ganadería. Entre
los emprendedores criadores de aquel tiempo se destacaba don Ramón
Arias, quién se dedicaba seriamente a esta actividad, trayendo animales
de pedigree para mestizar la hacienda y mejorar la calidad de la raza
criolla. Sus pastoreos y campos de alfalfa cubrían casi 1.500 hectáreas
(457 en Las Rosas. 1.110 en Cuadro Benegas) en la playa de San Rafael
y varios miles de hectáreas en el monte vecino. Durante 15 años conse
cutivos, a partir del año 1882, sus capataces cruzaron la cordillera.
Sucesivamente se asoció en este negocio con otros dos destacados pione
ros de la zona; en primer lugar con don Joaquín Villanueva, y después
con el comandante Salas 7ft.
Si aún estamos lejos del Iparcelamiento de la tierra en pequeñas
explotaciones intensivas, que empezó sobre todo a principios del siglo X X
y se completó poco a poco en adelántense observarán (Fig. 3 4 ), al im-
’ plantarse el sistema de colonias, consecutivo a las primeras llegadas de
inmigrantes, las divisiones iniciales del suelo alrededor de la actual ciudad
236
de S«nRafael (Colonia Francesa, Colonia Italiana, Cuadro Salas), y en los -
distritos de Las Paredes. Cuadro Benegas, Rama Caída y Cañada Seca.
En 1884, el doctor Diego de Alvear (hijo del general Carlos María
de Alvear) compró a los señores Melchor Balautegui y Leopoldo Taboada
el extenso territorio que forma hoy gran parte del departamento de
General Alvear. El mismo año, le otorgó el gobierno de Mendoza dere
chos definitivos de agua para 30.000 hectáreas de su propiedad. Sin em
bargo, se demoró la colonización en ese sector hasta principios del siglo
X X , por factores jurídicos al fallecer el propietario. Por lo tanto hubo
que esperar unos 30 años la intervención de los dos principales pioneros,
el ingeniero Carlos de Chapcaurouge, y don Pedro Christophersen para
que se valorizara aquella parte de la playa que llega a confundirse con la
planicie 7172.
vAl _iritensifícarse el movimiento poblacional en la margen izquierda
del río Diamante, las comunicaciones con la villa (25 de Mayo) tomaron
cada vez más importancia, por ser ella la ciudad cabecera. La solicitud
presentada en 1883 por los señores Balloffet, Salas y Espíndola al minis
terio de gobierno para rectificar el trazado del camino entre Cuadro
bíacional .y la villa 7-, además de reflejar una preocupación normal entre
hombres bien interesados en los problemas, suministra un buen índice
con respecto al ¡[Link] .de la densidad de población ,y. a. la..ubicación .de
jos focos entre los cuales Colonia Francesa debía destacarse más adelante.
El nuevo trazado se hizo “siguiendo la trayectoria de un carril llamado
“de Donoso” que es la actual avenida Mitre” y que se llamó Carril
Nacional hasta 1906. Más tarde se lo prolongó hacia 'L as Paredes. Así se
abandonó el antiguo “camino de la costa” ,(Fig. 3 4 ), poco conveniente en
épocas de grandes crecidas. ,
En 1888, se cambió la denominación original del departamento de
San Rafael por la de 25 de Mayo, que se conservará durante 15 años, al
cabo de los cuales se mantuvo el mismo para la villa vieja, y recobró el
departamento su viejo nombre. Por decreto del 25 de setiembre de 1892,
volvió a refundirse Malargüe con 25 de Mayo; lo que repercutió sobre
los datos del censo nacional de 1895.
El 24 de marzo d e /1899, el gobierno, como si anticipara el vuelo
próximo del sur mendocino, decretó la división del departamento en 8
distritos, siendo la villa el primero de ellos, aunque su desarrollo se
.-ncontrara muy estancado. Mientras tanto, las colonias de la playa y,
entre ellas. Colonia Francesa y Colón, cuya población había alcanzado
(509 habitantes en 1895 (Fig. 35 y 36)?, progresaban en razón de su ubica-
237
(ción privilegiada^ al estar rodeadas por extensos campos cultivados bajo
n e g ó ,,
Entre esos 8 distritos, 3 (Las Tolditas, Piedras de Afilar y Paso de
los Algarrobos) ^eran considerados como montañosos y exclusivamente
(ganaderos por su vegetación de tipo “monte”. Se habían mantenido en
>forma estacionaria o habían retrocedido en el tiempo.
(.Cada vez en mayor medida, el riego iba favoreciendo una concentra-
LciÓP-de lasjactividades , ^.anto ganaderas como forrajeras y cerealeras,en el
1 área reducida d e ja playa encajada, jnientras el papel de los extensos
'campos semiáridos se tornaba cada vez más marginal, pues los progresos
^realizados en los otros nuevos distritos (Rama Caída, Cañada Seca, Monte
Comán y _Diamante — Cuadro Salas y Cuadro Nacional) resultaban
directamente de la extensión de la red de canales de riego.
Como lo hemos mencionado anteriormente, ya varios canales (To
ledano en 1869, Villa en 1865, Salas en 1872, Sauce de Leona en Cuadro
García, Frugón y Marcó, Cubillos, y Cuadro Nacional en 1880, Pavez
en 1887, etc.) habían sido habilitados (F ig 36 ). Por su aislamiento y la
precariedad de sus medios técnicos, la zona sur no supo aprovechar,
como habría tenido que hacerlo, la experiencia lograda en el norte en
materia de obras de riego, y, en general, se repitieron los mismos errores
con una diferencia de 20 años; lo que corresponde más o menos a la
demora de la línea férrea en llegar a San Rafael.
L Las obras de~ riego se caracterizaban entonces,- como hoy también,
(gor sus tomas de pies de gallo y sus muros de piedras y arcilla. En
t verano, estación de los elevados caudales y a veces de fuertes aluviones,
J o s diques criollos mostraban sus deficiencias al derrumbarse y al favo-
1 recer la entrada de verdaderos torrentes impetuosos en los canales e
' hijuelas (en muchos casos acequias ensanchadas) que pronto llegaban
p r desbordarse. Ese defecto explicaría la formación de amplias ciénagas
(ICiénagas"Grandes. La Resolana, etc.) (Fig. 14) al derramarse las aguas
en la superficie de extensos terrenos cultivables que recientemente, a lo
largo de los últimos años, han sido recuperados.
\ La falta de conocimientos teóricos de los primeros legisladores para
; confeccionar proyectos adecuados sobre tan complicado como difícil
tema, era otro factor que contribuía a impedir una valorización más
inmediata y más rentable de los espacios ocupados. Esta situación ya
había sido admitida abiertamente por el gobernador Elias Villanueva y
su ministro, Dr. Julián Barraquero, en un mensaje conjunto del 26 de
enero de 1 8 8 1 7:*.
238
La situación que existía a lo largo del Diamante era la siguiente
“las tomas eran filas de pies de gallo, los canales unos zanjones parecidos
a ríos o arroyos que llegaban a desbordar al producirse una creciente y
las compuertas particulares unos tablones de álamo mal construidos, mal
colocados y peor conservados” 7A.
Tal era el panorama cuando se sancionó, el 20 de noviembre de
\IS841 la ley General de Aguas de J a Provincia; (art. 128-129) luego com
pletada en 1888 por una nueva ley (art. 191) 7r\ Desgraciadamente, su
aplicación se restringió §olc al río Mendoza, ya que no les resultaba
oportuno a varios de esos terratenientes sureños en la época que solían
inundar regularmente sus tierras para engordar sus haciendas más rá
pidamente.
Sin embargo, en 1892 se iniciaron trabajos de desagüe general en
los terrenos al norte del río Diamante, en el paraje de Cuadro Nacional,
c sea en la extensa zona de Ciénagas Grandes. Al mismo tiempo se co
locaron medidores y se hicieron arreglos de los canales derivados del
río Diamante. Pero al producirse una fuerte creciente, se interrumpieron
los trabajos y se demostró al mismo tiempo la necesidad de aumentar
las dimensiones de la banquina externa de dicho can al70.
i F.l censo de 1893 nos permitirá esbozar aquí con más rigor científico.
1^ naturaleza de la ocupación y de la valorización del espacio en el
sur mendocino y más específicamente en la playa misma de San Rafael,
la fines del siglo pasado, i
t Los 9.846 habitantes (1.361 en 1869) del departamento’-deJS>án Ra
fael, o mejor dicho del sur mendocino en aquella época^ representaban-
el 8,5% de la población de Mendoza (hoy 2 0 % ). Dé' este ^número 1.089
se ubicaban en la categoría urbana (939 en la villa 25 de'M ayo y 150
en Malargüe) (Fig. 36). Para tener una idea cabal de la Preparación de.
esa población en el extenso territorio y de su papel efectivo con respecto
a la valorización del espacio hemos c onsiderado por una parte, a los
distritos que ocupan /la playa de San Rafael, y, por otra parte, a las
demás que forman al resto del departamento. Para el primer grupo,
hemos obtenido un total de 4.729 habitantes* y 5.117 para el segundo.
(Fig. 3 5 ).
En dicha playa, el área cultivada bajo riego, en forrajeras y cereales
sobre todo, muy poco en viñedo, frutales y hortalizas, cubría alrededor74
74 lbidem.
73 V it a l i , G., Hidrología mendocino. Contribución a su conocimientoi, Men
doza, D’ Accurzio, 1940, p. 25-77.
7# “ Los Andes”, 3 de diciembre de 1892.
239
24b
de 16.000 hectáreas., Si se calcula la densidad de población con respecto
»a la superficie cultivada se . logrará una elevada tasa por km2 (29,5) y
3,4 h/km 2 para lo demás, frente a una muy baja densidad de 0,055 h/km2
para el resto de la provincia. No obstante la superficie de aquel sector,
se notarán dirás relativamente elevadas en el caso de Malargüe (1.002)
y sobre todo en la zona del Nevado, que incluía Punta de Agua y los
demás puestos que se extienden desde este lugar hacia el sur.
Eso significa que la mayor parte del ganado vacuno (132.597 ca
bezas) y lanar (95.334 cabezas) permanecía diseminado en el extenso
territorio con algunos puntos de concentración y que el papel de la playa
' era, con sus pastoreos, más de invernada que de cría. Unicamente una
fuerte actividad ganadera, equivalente casi al 60 % del total de la
provincia, podía por consiguiente asegurar el mantenimiento de más de
la mitad de esa población del departamento del sur de Mendoza. De
todos modos ya se sabe que el ingreso de una buena parte de la pobla
ción de la playa de San Rafael provenía también, casi exclusivamente,,
de las actividades ganaderas.
\Alrededor de Colón (Balloffet, El Toledano y Colonia Francesa)
cuya población sumaba 509 habitantes, se agrupaban varias colonias
(Colonia Italiana, Cuadro Salas, Cuadro Bombal, Colonia Española, Pue
blo Diamante y Las Paredes) con una población total de 1.082 habi
tantes; o sea que dentro de un radio reducido de 6 ó 7 km alrededor
del futuro núcleo urbano de la playa, se habían instalado cerca de
1.600 personas.
- En cuanto a la tenencia de la tierra, no obstante la extensión rela-
.tiva dé las parcelas, en más de la mitad de ellas, el propietario realizaba
la labor. Pero de las 653 explotaciones censadas, más del 3 5 % (244)
estaban a cargo de arrendatarios y más del 1 0 % (6 8 ), de medieros.
‘El fuerte predominio de las plantas forrajeras, que se extendían
sobre el 88 % de la superficie cultivada bajo riego, demostraba la casi
exclusividad de la función ganadera tanto en la supuesta zona cultivada
como en el resto de la comarca, si bien el trigo, el maíz y las legumbres
ocupaban 648, 853 y 77 ha y (constituían, por consiguiente auténticos
cultivos alimenticios de autoabastecimiento.
Hemos señalado anteriormente la preocupación de varios pioneros
(Ramón Arias, Agustín Videla, etc.) por el mejoramiento de las razas
vacunas particularmente. A pesar de todo ' eran muy pocos' los animales
•de raza pura, tanto en el guiado vacuno, con 196 unidades, como en el
lanar, con 16. Los mestizos tampoco tenían importancia, pues represen
taban solamente el 3 % del ganado vacuno y el 2 r/( del ganado lanar.
Esa actividad ganadera, a pesar de ser la más importante, conservaba
241
t %» > j . T e rr ito rio indio
I i V / v i (_Athuenete) harte f Í 7S
++HHHH» Lino»* farree m,
. L i m i t e e n tre ,e/ A'.
“ “ ““ y 5 . M ando a n o .
Poífacion de! Sur,
X 9 g 4 g'] mendocino según
•* t ef 29 censo de fs
A, A rgen /ins( 1895)
J.i
243
de la madera para la fabricación de los cajones indispensables para el
transporte en fresco.
En fin^la importancia ganadera del sur mendocino con respecto a
lia casi inexistencia jde. las demás actividades, hecho ev^enciádo Vpoi^lo^
d ^ ^ d é K c e n so ^ d e 1895, explica la profunda tradición ganadera y el
entusiasmo que supo conservarse para esta actividad aún muchos años
después de la llegada del ferrocarril en 1903.
No obstante ello, la ganadería se mantuvo en el primer rango hasta
que una serie de acontecimientos variados llegaron a cambiar el pano
rama a (partir, de 1930. Solamente después de esta fecha la actividad
ganadera empezó a decaer, al desarrollarse con vigor las industrias viti
vinícolas, frutícolas y hortícolas; A partir de este momento San Rafael
finalmente consiguió incorporarse, en calidad de tercero y último ele
mento, a la nueva trilogía de los grandes oasis del piedemonte cuyano.
78 Cabe señalar que la mayoría de estos colonos franceses tenían una posición
financiera a ¡menudo más que aceptable al llegar a la Argentina. Casi todos eran
protestantes y algunos habían sido fanáticos monarquistas. Quizás, más que de la
filoxera, habían huido de condiciones político-sociales ádversas.
244
terrenos donde hoy se levanta San Rafael, y, más adelante, o sea en
1902, la mayor parte de las tierras de “El Toledano” (Fig. 3 7 ).
Al formarse las colonias (francesa, italiana, española y más tarde,
suiza, escandinava y también japonesa) en el sur mendocino, a base de
grupos étnicos homogéneos, el proceso de integración en el medio se
245
colonias, el 80 % del material importado (maquinaria, toneles, filtros,
etc.) era de fabricación francesa.
Sin embargo, el (papel de precursor atribuido a Iselín resultó más
de su habilidad como financiero visionario. Supo luego explotar, gracias
a su experiencia y a su consumada habilidad, la coyuntura política de
su época para valorizar sus extensas tierras (Fig. 37) y realizar, por
consiguiente, al dividirlas en parcelas en el campo y al lotearlas alrede
dor de la nueva terminal de ferrocarril, una operación financiera lucra
tiva que derivaba más de la especulación relativa a los bienes raíces.
Anteriormente esas tierras habían pasado, a través de tres genera
ciones, a poder de doña Aurora Suárez (casada con el ingeniero Julio
C. Balloffet) y habían empezado a recibir un pequeño número de colonos
extranjeros, franceses la mayoría de ellos. Posteriormente, cuando Ro
dolfo Iselín adquirió esas tierras, se incrementó la población extranjera,
con fuerte dominio de los franceses.
Si bien(^Iselín se había_ convertido en el dueño de los terrenos mejor
tabicados con su estrategia inversionista, se encontraban también en la
orilla izquierda del río Diamante como a íá derecha (Cuadro Garcia,
Rama Caída y. Cañada Seca) otros dueños de tierra (Espíndola, Salas y
Bombal) que también habían empezado a lotear y a valorizar sus tie
rras (Fig. 3 6 ).
Antes d eq u e Iselín trazara las primeras 15 manzanas de su Colonia
Francesa (actual centro de la ciudad de San Rafael), ya Isaac Espin
ochóla, había trazado su Pueblo Nuevo o Pueblo Diamante (Fig. 3 8 ). Me
nos generoso que Iselín en la donación de espacio para las vías públicas,
efectuó un trazado con calles estrechas. Este factor perjudicó mucho el
desarrollo posterior de ese pueblo, que se hizo en forma muy paulatina
y muy primitiva y que no logró, por lo tanto, competir con la Colonia
Francesa al tomar cuerpo la aglomeración en los años siguientes.
Igualmente, \a -colonia-italiana tenia anterioridad. Se trazó ella en
terrenos de don Rodolfo Iselín a fines del siglo pasado y adquiridos por
los colonos que trajo el cura Marcó. Fueron entonces los primeros clien
tes de Iselín cuando realizó él su parcelamiento inicial en el sector ac
tualmente incluido entre Pueblo Usina al W , el canal Pavez al E , y la
avenida Mitre al S (Fig. 3 8 ). (Se trataba, por lo general, de gente hu-
rjiilde, trabajadora y religiosa, ansiosa de adquirir los derechos de pro
piedad por los cuales muchos habían emigrado. Se agrupaban en el sector
inmediatamente adyacente a su iglesia parroquial, hacia el N. Mantu
vieron ^ran cohesión, mediante casamientos entre sí únicamente, y per
manecieron en estado de aislamiento, relativo con respecto al resto de
246
00
co
bft
£jh
247
’a población, resistiendo durante largo tiempo la acción de los factores
disgregadores.
Esta colectividad no podía competir, ni tampoco lo deseaba, con
la colectividad francesa, por disponer ésta de una cultura, de condiciones
materiales de otro orden y, sobre todo, de medios financieros adecuados.
Tanto como los habitantes de la villa 25 de Mayo, los italianos aspiraban
u la calma que, en este último caso, debía activar el estancamiento,
lo cual no podía evitarse por ser una consecuencia directa de la relación
economía-espacio.
^ A pesar de todo, antes de que se trasladara la municipalidad de
\25 de Mayo a Colonia Francesa y de que llegara el ferrocarril,, el ver-
«dadero foco de la playa de San Rafael se ubicaba al este de ese sector
^ lo largo de la actual avenida Mitre y, con más precisión, en el lugar
[llamáflo~^Punto Cornú”, donde se hallaba la casa Comú (almacén ge
neral ). Se consideró también a este lugar durante un tiempo como so
lución eventual frente a la puja que sostuvieron los vecinos, Iselín y
Salas, por levantar la nueva población en sus respectivos dominios, ya
que era un lugar equidistante de Colonia Francesa y Cuadro Salas.
Luego, J. B. Cornú trató de aprovechar esa situación política y él tam
bién ofreció sitio y casa para que la municipalidad se instalara en Pueblo
Diamante (Fig. 37). Además de la capilla italiana y de la casa de Comú,
había el hotel París, las casas de Josó Quiroga, Isaac y Ramón Arias.
Allí en realidad, es decir de un lado y otro del puente Comú, se con
centraba en aquel momento toda la población y el com ercio7n.
Mientras tanto, (Iselín iactuaba por su cuenta y, contrariamente a lo
que hacían los primeros colonizadores (Arizu en Atuel, Balloffet en
Balloffet) del sur mendocino, se reservaba para negocio de loteo las
manzanas del radio urbano que acababa de trazar al W de la colonia
italiana; pero al mismo tiempo donaba las calles, la plaza y media cuadra
para la municipalidad, sitio para la iglesia (católica), la policía y una
escuela. Luego, facilitó la instalación de los servicios públicos en un sitio
conveniente (para él). Se aseguraba así la valorización automática de
lajeada una de las manzanas de su trazado.
En aquella época, funcionaban tres oficinas del Registro Civil en la
zona sur: una en la villa vieja, que tenía categoría de capital desde el
origen de esta población; otra en Malargiie, por la extensión, la distancia
v la falta de comunicaciones; en fin, la última se hallaba en Colón (B a
lloffet), por la importancia económica de los últimos años. Con el fin
de incrementar la concentración de los servicios públicos en los límites79
248
o en las proximidades de su radio urbano, Iselín se unió a otro vecino
e hicieron donación de una pieza para que funcionara el Registro Civil,
quitándoselo a Colón “por estar más cerca tanto de Rama Caída como
de Cañada Seca”. En 1901 también, el gobierno dispuso la creación de
una segunda notaría en Colonia F ra n ce sa 80.
Ya en 1892, se habí[Link]-comisiones en varios departamentos,
de los cuales uno era 25 de Mayo, para solicitar la construcción del ra
mal férreo de Mendoza a San Rafael, que pasara por Godoy Cruz, Luján,
Tunuyán, San Carlos y 25 de Mayo. Desgraciadamente, el ramal que se
construyó poco después, no llegó más allá de Eugenio Bustos, en el de
partamento de San Carlos. Por su lado, Salas se esforzó en que el camino
de hierro llegara hasta su población y lo consiguió. En 1902, un desvío
para traer leña, existente entre Comandante Salas y Catitas fue extendido
por ínfimo costo hasta Cuadro. Nacional; mientras tanto, Iselín trabajaba
afanosamente para que se prolongaran las vías del ferrocarril hasta su
Colonia Francesa, cuyo radio ya había sido trazado.
E stá circunstancia evidencia J a rivalidad entre esas -dos poblaciones
p, mejor dicho, entre los dos dueños, que tal vez más que los demás se
daban cuenta del valor de la apuesta,pqr recibir la_Jierencia_da Ja_villa
vieja, al haberse desplazado hacia el E el polo de interés en el sur
mendocino.
Al desarrollarse esta ^fuerte competición entre dos únicos candidatos
(Colonia Francesa de Iselín y Cuadro Salas del comandante Salas) y
al encontrarse eliminados otros núcleos de importancia en la época, como
Rama Caída y Cañada Seca (no obstante una situación excelente a largo
plazo) por la falta de un puente sobre el río Diamante hasta 1907, pa
recían existir dos fines: lograr que llegara el ferrocarril y conseguir la
municipalidad. Sin embargo, el primero no era- más que una condición
que podría incidir favorablemente, sin que fuera decisiva, sobre el se
gundo; éste constituía fundamentalmente la única y auténtica finalidad.
Por lo tanto debe considerarse la llegada del ferrocarril como un
factor corolario, puesto que ya se había decidido el prolongamiento de
la vía férrea desde Cuadro Salas antes de que se trasladara la mu
nicipalidad 81.
Otro factor de menos influencia que agregó su peso en favor del
traslado, fue la distancia, tremenda para la época (d e 20 a 40 km)
80 Ibidem .
81 >Los rieles habían llegado a Cuadro Salas con un año de anterioridad con
respecto a Colonia Francesa. C abe señalar también que se hizjo el trasltado de la
municipalidad ( 2 de octubre de 190G) antes de que llegara el primer tren (1 7 de
noviembre de 1 9 0 3 ).
249
que los concejales de Cuadro, Nacional, Cañada Seca o Rama Caída_te-
nían que .recorrer para asistirla, las, reuniones. La mayoría de ellos ya
vivían en las más florecientes colonias. Paulatinamente también, el co
mercio iba..trasladándose desde la “villa vieja” hacia nuevas regiones,
provocando cada vez más su estancamiento.
Si los factores económicos habían tenido la prioridad cuando se
decidió el traslado del sitio de la municipalidad, siqembargo fueron los
factores políticos, ante todo los que intervinieron en la elección de la
nueva ubicación. - El único y ^verdadero interesado en este traslado era
Iselín, puesto que los vecinos de Colonia Francesa no podían en aquel
tiempo asentar el porvenir económico de la zona en la mera instalación
de las oficinas públicas.
Ya Iselín había intervenido en una reunión del consejo (1-05-03)
para presentar una moción “a la espera de la resolución del Gobierno
en una solicitud elévada por el pueblo del departamento para que fuera
trasladada la Municipalidad a Colonia Francesa” 82.
Más adelante, se destacó con más nitidez la actuación de Iselín en
!os medios políticos de la capital, dado que al gestionar los principales
propietarios de cada una de esas colonias, la instalación de las oficinas
públicas en las villas que tenían proyectadas en sus propiedades, Iselín
tuvo mejores padrinos y muy probablemente más habilidad.
En fin, por ley n? 262 de fecha 2 de octubre de 1903, el Senado y
Cámara de Diputados de la Provincia dispusieron: “Artículo primero:
Queda fijado como cabecera del departamento de San Rafael el distrito
denominado Colonia Francesa, en el perímetro comprendido entre el
río Diamante por el sud, por el norte una línea que pasará a cinco ki
lómetros de dicho río, por el este el Canal Pavez y por el oeste el Canal
Toledano. . . ” Villanueva, Gobernador 83.
Al_mismo. tiempo, se le otorgó- a la nueva población el nombre de
San Rafael, conservando la “villa vieja” el nombre de 25 de Mayo.
t La llegada del ferrocarril (el 7 de noviembre de 1903) desde Men
doza y Catitas coincidió casi con el traslado de las oficinas públicas
al nuevo sitio de la capital departamental. De Cuadro Salas, los rieles
avanzaron hasta unos metros del Carril Nacional (el prolongamiento
hacia el W de la actual avenida M itre), donde el mismo Salas tenía
proyectado su villa del Diamante 84. Luego el camino de hierro dobló
hacia el W . atravesando los terrenos de Salas y de Espíndola para al
250
canzar la Colonia Francesa. Nuevamente giró con una dirección NW, al
ubicarse la terminal exactamente frente a la esquina NE del trazado
inicial realizado por Iselín (Fig. 37 y 3 8 ).
Normalmente, el prolongamiento hacia el W , debía realizarse en
lúiea directa, cruzando villa Salas de E al W para terminarse en Pueblo
Soto (Fig. 3 5 ). Las muy visibles curvas en el trazado del ferrocarril al
251
competir con los granos traídos desde la Pampa a precio más barato.
Por muchos años la v id a ... (económica, intelectual, etc.) quedará
condicionada por los horarios de los tre n e s ...!!!
El pequeño pueblo trazado por Iselín y aún casi vacío, era ahora
privilegiado por su posición entre el carril principal y la estación de
ferrocarril (Fig. 37 y 39). El nuevo San Rafael seguía circunscrito a
las casas y oficinas públicas que se agrupaban frente al ancho Carril
Nacional (avenida Mitre). Luego se abrió la primera calle perpendicu
lar a ésta, la calle de la estación (avenida San Martín) dentro del tra
zado de 16 cuadras (incluyendo la plaza) comprendidas en el perímetro
que forman las actuales calles (Bombal por el W , avenida Als^na por
el N, Bernardo Irigoyen por él E y la avenida Bartolomé Mitre y su
prolongación, H. Yrigoyen, por el S).
252
bañera, después de haber comprado otras tierras, las subdividió, dando
nacimiento a las colonias Bombal Tabanera en el distrito El Cerrito
(al N de la ciudad) y Aluel en Cañada Seca (entre el río Atuel y la
cañada de Materris). En fin, se habilitaron para el cultivo 5.600 hectá
reas en Colonia Elena, la última colonia que usaba las aguas del río
Diamante.
Más tarde, huevas colonias se establecieron en las tierras ubicadas
agua abajo de Villa Atuel, al ser derivados todos los canales de riego
a partir del río Atuel. Después de la fundación de la colonia Real del
Padre, Carlos de Chapeaurouge, quien había permanecido en la región
desde 1903, trazó las primeras manzanas ftel pueblo de General Alvear
y, en 1916, organizó allí la primera colonización a base de 45.000 ha de
terrenos, de las cuales ya 30.000 tenían derechos definitivos de agua.
Para completar el cuadro, la compañía Atuel Sud empezó a valorizar el
sector de Jaime Prats, mientras se intercalaban distintas colonias al E
del pueblo de General Alvear (L a Escandinava dé~Cbristophersen, Bo-
wen, Los Angeles, lia California, Los Claveles, etc.) caracterizadas por
la homogeneidad étnica H e cada una; y al S y al SW, las colonias Soitué
y L a Carmensa a0.
?Si la gran mayoría de las colonias han surgido antes _de 1914, cabe
(señalar que la verdadera ocupación de la playa encajada de San Rafael
vse inició en escala masiva solamente a partir de 1907 -(JFig>. 34)%
Paralelamente a la extensión de los viñedos, la industria de elabo
ración de vino tomaba más expansión gracias a la salida hacia los
mercados proporcionada por el ferrocarril. Sin embargo aún estamos
lejos de los grandes establecimientos con alta capacidad de elaboración,
y durante varios años ésta seguirá realizándose en bodegas con capaci
dad limitada, a base de medios materiales primitivos. Poco a poco se
completará y sq^mejorará el equipo con material extranjero y local (in
dustria de toneles, «envases, etc.).
¿,a mayoría de esas primeras instalaciones (las más importantes
tenían apenas una capacidad de medio millón de litros) se ubicaban
dentro de un radio de 8 km del centro de San Rafael para aprovechar
la proximidad de la estación de ferrocarril. De todos modos, la extensión
de la red ferroviaria en la playa debía pronto favorecer la descentrali
zación, al repartirse las bodegas en todos los sectores de producción.
Aunque varias hubieran desaparecido entre tanto, muchas de esas pri
mitivas bodegas llegaron a formar el casco de empresas hoy mucho más
amplias. En ciertos casos la yuxtaposición de edificios de distintas eda-86
253
Fot. 25 — Dique compensador de Valle Grande y em balse. Obra im
prescindible en el sistema de aprovechamiento del río Atuel, la presa
permite el abastecimiento normal en agua de riego. Se apoya sobre
la parte occidental de un destacado anticlinal. También puede verse
el canal derivador y el pueblo.
254
des corresponde al ciclo evolutivo de la industria vitivinícola con sus
altos y sus bajos en el sur mendócino. De todos modos, la ubicación de
las pequeñas bodegas alrededor de San Rafael en la actualidad' no tiene
otro origen (Fig. 59).
Paralelamente a la expansión .vitivinícola, se desarrolló otra indus
tria de transformación de la materia prima: el secadero de fruta. Esta
nueva., industria recibió al iniciarse un fuerte apoyo por parte de las
compañías inglesas que explotaban los. ferrocarriles (el Pacífico y más
tarde Ü Tiran Oeste Argentino, que se extendió hasta General Alvear
y luego desde este punto prolongó dos ramales;, uno más allá del río
Atuel hasta Soitué y otro ramal hasta Colonia Carmensa). En cuanto al
ferrocarril Pacífico, al surgir las últimas colonias en distintos puntos de
la playa, extendió paralelamente un circuito que tenía a Monte Coman
por centro y se unía al circuito de San Rafael, poniéndolo por lo tanto
en contacto con los distritos vecinos.
Pese a todo, esas compañías inglesas llegaron a San Rafael no a fo
mentar ó crear una riqueza ya existente, sino a proporcionar medios para
que los productos salieran de la zona bajo una forma más fácilmente
comerciable hacia los mercados, e iniciaron por consiguiente una fuente
de ingreso que elevaría el poder adquisitivo de la zona. A su vez eso
multiplicaría las compras efectuadas afuera v, en suma, aumentaría. el
tráfico de mercancías en las líneas ferroviarias que entonces monopoli
zaban todas las entradas y salidas de la zona sur.
Al abrirse en esta forma hacia nuevos horizontes, la región, de San
Rafael llegaría a desempeñar el papel propio de todo oasis por su des
e ca d a particularidad de territorio físico y económicamente enclavado
en un medio árido o sub-árido, es decir: vender la mayor parte de su
producción (a fortiori o mejor cuanto más especializada) para comprar
también la maybr parte de lo que necesita, tanto lo necesario como lo
superfluo, si son favorables la última cosecha o las perspectivas a cor
to plazo.
255
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05
C*5
W
£
256
hoy forma un barrio medio urbano, medio rural, con viviendas de adobe
diseminadas sin orden (y algunas muy precarias) y también con elevada
tasa de obreros sin calificación dentro del radio urbano d© la ciudad
de San Rafael, aunque un pequeño sector fuera entonces ocupado a lo
largo de la avenida Mitre.X
LEn cuanto al resto del área que abarca hoy el límite urbano de la
ciudad de San Rafael, estaba integrado por grandes propiedades, entre
las cuales se destacaba la de L'.elín al N de la prolongación oeste de la
avenida Mitre. Al S de dicha avenida sobre todo, como también al-W
del canal El Cerrito, se notaban parcelas de superficies reducidas (vi
ñedos y alfalfares) (Fig. 39) que dejaban presagiar una inminente sub
división en este lugar, resultante de una desaforada especulación relativa
a los bienes raíces Se observará también en el mismo mapa la existencia
de un pequeño pueblo hacia el N (Pueblo Soto) en donde debía insta
larse la estación del ferrocarril en primer lugar, o sea antes de que in
terviniera Iselín.
Al mismo tiempo, llegar los capitalistas, hombres de negocio n
lindustriales, varios bancos se instalaxon-a_lo largo-de~la-avenida princi-
¡ pal. El banco de Mendoza llegó en primer lugar en 1906; siguieron el
"Banco de la Nación (1909), el banco Ang¡lo-Argentino (1911), y poco
después el banco Francés y el banco Español del Río de la Plata. Esos
bancos prestaron ayuda financiera a los nuevos negocios^ radicados en
la villa, y a la construcción y al equipamiento de las numerosas bodegas
que, de 1908 a 1914 particularmente, surgieron como hongos en la playa
de San Rafael. Sin embargo los tres últimos bancos no aguantaron la
crisis de 1914 y fueron erradicados.
A partir de 1908. la villa de San Rafael empezó a gozar de servicio
telefónico interno y de luz eléctrica, pero en forma escasa, pues la ener
gía provenía de una caldera de máquina agrícola.
En 1910., Iselín. al irse del país, vendió a Benjamín Dupont los re
manentes ele sus propiedades de Colonia Francesa y de Las Paredes. De
inmediato Dupont realizó un nuevo loteo alrededor del primer trazado
de Iselín (Fig. 4 0 ). Este loteo se extendía a ambos lados del camino de
hierro y su centro geométrico correspondía más o menos a la estación
de ferrocarril; incluía además dos nuevas plazas. Si el cambio de límite
de la ciudad de San Rafael del año 1908 había intentado favorecer el
crecimiento de la ciudad hacia el E , el nuevo loteo, al apoyarse en el
sitio de la terminal de ferrocarril, fue concebido, con toda evidencia,
para modificar las tendencias iniciales de expansión urbana según un
eje W E en favor de un nuevo eje NS mejor equilibrado. En ese nuevo
loteo se notará además de una franja de parcelas alargadas a lo largo
257
258
P -h ~ J m rm j
del límite este., dos tipos de manzanas (Fig. 40) con respecto a la sub
división.} El subloteo de tipo “A” favorecía una ocupación niás densa del
suelo por la superficie reducida de las parcelas. Las manzanas de ese tipo
se ubicaron a lo largo de la actual avenida H. Yrigoyen y a ambos lados
de L s anchos bulevares de cinturón proyectados; es decir, en lugares
donde se anticipaba un precio más elevado del terreno por las ventajas
mencionadas. Las otras manzanas (subJoteo de tipo “B”), más numerosas
también y con parcelas más amplias, ocupaban el resto del área loteada.
(Sin embargo, las medidas tomadas por los ediles a fin de favorecer
la extensión del pueblo hacia el W y la tentativa del señor Dupont, me
diante ese último loteo, para orientar el crecimiento hacia el N, alrededor
de la terminal de ferrocarril como foco de interés, tuvieron poca influen
cia sobre la orientación futura del trazado urbano. En realidad, el ca
mino de hierro y la playa de carga de la estación se revelaron como un
fuerte obstáculo para el desarrollo armónico de la ciudad al dificultarse
jas comunicaciones entre ambos sectores. Además del Jado este, a lo largo
de la playa de carga de la terminal ferroviaria se extendía un amplio '
zanjón que desempeñaba el papel de colector; cuando se producían fuer
tes chaparrones y desbordaban los canales de riego; aún recientemente
no se había completado todavía su reilenamiento. Despreciado por un
pésimo sistema de desagüe, todo este sector NE se desarrolló en forma
muy paulatina y humilde; y cuando se trasladó a este lugar la caldera
de la usina térmica se le dio el apellido de Pueblo Usina (Fig. 38 y }
Fot. 34).
(Lo que ocurrió al extenderse el trazado de la villa resultó de un
proceso más bien común a la mayoría de las aglomeraciones nuevas y
más aun cuando el desagüe de las aguas superficiales ofrece dificultades.
Así se produjo en el caso del pueblo de San Rafael en donde vel canal
Pavez, por su ori^ptación, impedía que se desaguaran normalmente las
aguas según la pendiente; por consiguiente iban formándose inoportu
namente extensas manchas de agua en las partes bajas entre el centro
de la ciudad y dicho canal. J
/É s o explica las tendencias hacia el W del desarrollo urbano de San
Rafael, en busca de terrenos más altos, y de-primera agua y. por lo tanto
con drenaje facilitado Ya se esbozaba una demarcación entre los sec
tores W y E de la ciudad, por el desprecio, consecutivo a lo señalado,
‘bu que se tenía a la parte oriental, j
En la misma época, dos nuevos centros de interés surgieron para
constituir más adelante importantes focos de desarrollo. En 1910, se for
mó Villa Atuel y; en 1914, cuando se fundó General Alvear, inmediata
mente todo el territorio abarcado por el distrito Colonia Alvear fue de-
259
clarado departamento, siendo incorporado como tercer distrito electoral
al mismo tiempo (12 de agosto de 1914). Mientras tatito, o sea de 1906
en adelante, muchos inmigrantes habían llegado a la zona sur. Este flujo
culminó en 1913 con el arribo de 3.000 inmigrantes. Estas fuertes trans
fusiones de sangre nueva otorgaron a la zona un sello de cosmopolitismo
bien distintivo.
Por última vez. los datos suministrados por este censo se aplicaron
a toda la extensión del sur mendocino que hoy queda dividido en tres
departamentos: San Rafael, General Alvear y Malargüe. De la tabla
sumaria de que hemos dispuesto, extraeremos los elementos útiles para
que aporten más luz sobre la integración del hombre y su actuación en
el sur mendocino.
Cabe señalar, en primer lugar, el apreciable ^crecimiento demográ-
\ fico desde el censo anterior (1895). De 9.846 h a b ría población global
ha pasado a 39.076 o sea un [Link] 400 %. L a población supuesta
mente ^urbana alcanzaba^a 6.361 hab. (1 6 % del total) repartida entre
Malargüe, 25 de Mayo y San Rafael sobre todo, con 4.100 hab. Lajpobla-
ción rural, por consiguiente, formaba el 84 % de la total. Aunque seguirá
formando iin extenso distrito más bien ganadero, Colonia Alvear contaba
con 7.846 hab.
Se destacaba también la concentración poblacional dentro de la pla
ya encajada y su agrupamiento en los sectores cuya valorización había
sido bástante adelantada por la apertura d<e canales e hijuelas y la sub
división de propiedades en parcelas dedicadas a cultivos más intensivos,
es decir, la vid casi exclusivamente, como cultivo especulativo en esa
época. Así, los distritos con mayoría de explotaciones agropecuarias eran
también los más. densamente poblados: San Rafael (11.619 hab. inclu
yendo 4.100 de carácter urbano), Cañada Seca (5 .1 6 8 ), Rama Caída
(4.382) y Colonia Atuel (2.196).
El reciente crecimiento demográfico de la zona se hallaba explici-
tado por la presencia de 14.925 extranjeros, los cuales llegaban a formar
el 38 % de la población total. Ese rasgo se confirmaba al representar
los varones casi los dos tercios del grupo (9.539 varones y 5.391 muje-
le s); este desequilibrio se repartiría además de manera equitativa entre
los distintos distritos.
En cuanto al grupo argentino (62 % de la población sureña), casi
había llegado a un estado de equilibrio entre los sexos, con 12.315 va
rones y 11.836 mujeres. En San Rafael, en particular, las mujeres se
encontraban en mayoría; lo que se explicaba por la existencia del núcleo
260
urbano correspondiente, puesto que en todos los demás distritos se no
taba una tasa de masculinidad más elevada.
La mayoría de los argentinos que habían llegado a San Rafael desde
otro lugar del país eran originarios, o de San Juan, o de San Luis, o de
Buenos Aires y de La Pampa.
Entre los pobladores que aún conservaban nacionalidad .extranjera,
los españoles (8.281) tenían la mayoría absoluta ( 5 3 % ) mientras que
los italianos formaban un grupo de 2.291 hab. Sin embargo mantenían
una fuerte presencia en el sector de actividad vitivinícola,- pues L599
de ellos trabajaban en explotaciones agropecuarias mientras 892 espa
ñoles se dedicaban a esa actividad.
El grupo francés (488 personas) muy poco o nada había progresa
do, sobre todo desde que se logró controlar parcialmente la crisis viti
vinícola que fue el origen de su salida del país, como ya lo hemos seña
lado. Sin embargo, debe destacarse la importancia del grupo chileno
(2.685) diseminado en varios puestos cordilleranos o del sector del Ne
vado en el extenso distrito de Malargüe. En fin, cabe, señalar la existencia
de un grupo brasileño (394 personas) y sobre todo sirio-libanés (246
personas) por desempeñar este último un papel muy activo en el peque
ño comercio urbano.-
Los pocos datos demográficos que tenemos con respecto a esta época
se limitaban al pequeño cuaderno correspondiente al año 1918. Por las
tasas de natalidad registradas tanto en San Rafael como en General Al-
vear (55%0 en ambos casos) se trataba evidentemente, como en todo frente
pionero, de una población muy joven. La destacada tasa de mortalidad
también podría ser un índice, de la falta de higiene como de los débiles
medios de defensa de la población frente a las enfermedades-contagiosas.
Asimismo, podría resultar de una fuerte mortalidad infantil, muy pro
bablemente del orden del 150 a 200 %>. Esta tasa comparada con la de
la ciudad capital puede engañarnos puesto que, en aquel tiempo, las
defunciones en los pueblos vecinos debían declararse en oficinas ubicadas
dentro de los límites de ella.
Si, pese a todo, las superficies cultivadas en cereales habían aumen
tado en 20 años (1895-1914) con 6.527 ha contra 1.525, se debía en gran
parte al maíz (4.734 ha contra 8 6 3 ), puesto que ya los cultivos de trigo
(1.003 ha) no conseguían abastecer más a la zona. L a vid*había progre
sado en forma importante al pasar de una superficie ocupada de 324 ha
en 1895 a 12.916 ha (siendo superado el departamento de San Rafael so
lamente por el departamento de Maipú, con 14.262 h a), o sea el 15% de
la superficie en viña de la provincia. Las hortalizas aún no tenían impor
261
tancia, con siembras limitadas a las necesidades locales (papas, 123 ha
y porotos, 157 ha).
Desde el censo anterior, igualmente, se había modificado la orien-._
tación del papel ganadero de la región de San Rafael. La importancia
relativa del ganado vacuno disminuyó «en el sur mendocino mientras iba
aumentando el total de la provincia eri 8.000 cabezas. Sin embargo, el
ganado lanar,, con 246.853 cabezas concentradas en el sector de Malar-
güe, representaba el 80 % del total de la provincia, es decir con creci
miento bruto, desde 1895, de 147.521 cabezas y de 26 % con respecto
al total provincial. Se produjo un fenómeno idéntico con el ganado ca
prino durante el mismo período, al subir el número de cabezas de
29.406 a 110.979, mientras que el total de la provincia no hacía más que
duplicarse (97.428 a 195.227 cabezas); la proporción pasa, por lo tanto,
del 30 % al 58 %. Eran tan escasos los animales de raza pura y hasta los
mestizos mismos que ni vale la pena considerarlos. E n realidad se trata-
ba de un ganado, tanto mayor como menor, esencialmente criollo.
Así se perfilaba en la zona sur una vocación natural hacia la cría
de ganado menor, más de acuerdo con las particularidades semiáridas
de su monte que se ubica, como ya lo hemos demostrado, en el prolon
gamiento ecológico, hacia el N, de los rasgos patagónicos.
Se notará también la importancia de las explotaciones agropecuarias
de dimensiones inferiores a 25 ha de las cuales 755 eran exclusivamente
vitivinícolas. En este sector de actividad ya existían varias amplias fincas
(una con más de 1.000 ha —Arizu en Villa Atuel— y cinco entre 101 y
500 ha) que llegaron a transformarse más adelante en esas sociedades
anónimas administradas por un sistema de gerencia que poco a poco
va suplantando en la actualidad al antiguo sistema familiar.
bien seguían registrándose 654 explotaciones (estancias y extensos
potreros) dedicadas a la ganadería y 463 dedicadas a la producción de
cereales y forrajeras (40.000 ha) en 1914, había ahora 755 viñedos de
los cuales 575 ( 76 % ) contaban con una superficie inferior a 25 ha. Las
explotaciones en frutales y hortalizas aún eran escasas (39) y 34 de
ellas cubrían menos de 25 ha.
Tal como se debe en un medio semiárido, las explotaciones gana
deras alcanzaban extensiones considerables. De las 4.747.654 ha que
forma el área utilizada extensiva o intensivamente, 15 estancias, con
más de 50.000 ha cada una, representaban casi <el 60 % (2.861.752) de
dicha superficie; sin embargo, la mayoría de esas explotaciones (367)
tenían una extensión de alrededor de 625 ha, no obstante el hecho de
que 150 explotaciones tuvieran superficies de 1.251 a 2.500 ha.
262
En las distinta^ chacrasjjel personji familiar (8.743) seguía tenien
do más importancia que el personal empleado (6.820). El sistema del
contratista aun no se había difundido tanto..en la zona sur y la mayoría
de las explotaciones eran mantenidas por los dueños y su familia..
En fin, se observará la importancia del material agrícola y sobre
todo las 124 máquinas para cortan el pasto;-otro índice que demuestra
el papel eminentemente ganadero d e la zona, no obstante los impor
tantes progresos registrados, por la-vitivinicultura. En cuanto a los 132
pozos, la mayoría de ellos debía concentrarse dentro del radio urbano
por la abundancia del agua de riego en aquel tiempo. Los 24 automó
viles, por su parte, expresaban el deseo de San Rafael de vincularse al
progreso técnico y aprovechar las nuevas comodidades que serán más
adelante las marcas exteriores del nivel de vida alcanzado.
263
cubierta con viñedos alcanzaba a 11.421 ha en San Rafael y a más de
917 en General Alvear, sobre las 70.607 con que contaba entonces la
provincia.
Aunque el impacto de la crisis no resultara tan pesado para la ná
dente economía vitivinícola sureña como para la del norte, suscitó de
todos modos fuertes trastornos que perjudicaron durante muchos años
al vuelo del oasis sur mendocino.
De 1895 a 1914, la población de la República Argentina había au
mentado en un 1 00% , al pasar de 3.935.000 hab. a 7.905.000 ( 9.000.000
en 1916). A lo largo del mismo período, la producción de vinos creció
en un 70 % con un salto de 574.000 hl producidos en 1895 a 4.600.000 hl
en 1916. Al mismo tiempo, las primeras consecuencias (paralización de
las corrientes migratorias, éxodo de muchos extranjeros, restricción de
capitales y descenso paralelo en el consumo de vino) de la guerra mun
dial _comenzaron a afectar la economía en general y la economía vitivi
nícola en particular. Esos factores adversos coincidían con un máximo
de producción por exceso de plantaciones de viña y quizás más por una
brusca producción de vino artificial o muy adulterado.
La provincia dé Mendoza había alcanzado un verdadero apogeo en
1912, siendo en aquel momento, proporcionalmente la más rica de la
República Argentina, una tierra donde las inversiones en los negocios
vitivinícolas producían de 30 a 40 % de beneficio. L a gente quedó alu
cinada en los oasis del piedemonte cuyano por taintas ganancias y, en
reacción, se aumentó considerablemente el área cultivada con viña al
asentarse grandes capitales; como consecuencia, en el clima eufórico
del momento se abusó también del crédito.
De golpe en 1913, el aumento extraordinario de la producción de
viñas rompió el equilibrio ya precario con el régimen de consumo. En
poco tiempo se almacenaron importantes cantidades de vino que no
Hallaban salida en el mercado y, por consiguiente, se desvalorizó el pro
ducto. Durante la cosecha de 1914, la uva que anteriormente valía de
6 a 10 pesos el quintal bajó a 1,70 y hasta 1,30 en 1915.
El sur mendocino. por su importante actividad ganadera, se salvó
en parte del impacto económico de esta crisis. Sin embargo, al cerrarse
él crédito, la deuda hipotecaria permaneció extremadamente elevada,
equivalente a más del 40 % del valor. El excesivo optimismo general,
que también se había difundido en los bancos, puesto que tres de ellos
tuvieron que cerrar sus puertas (los tres últimos instalados), la impre
visión del viñatero en esos años de vacas gordas, tanto como la falta de
sistematización del comercio, fueron los responsables de los aconteci
mientos que dejaron sorprendidos a muchos pobladores. Fueron varios
264
entonces los que tuvieron que entregar las tierras a los bancos luego de
haberlas colocado en condiciones de producción.
En suma, varios factores habían contribuido a precipitar esta crisis
de "sobreproducción” que demoró bastante el vuelo de los oasis vitivi
nícolas del oeste , argentino, entre los cuales San Rafael se había im
puesto entonces. Fuese lo que fuese, las disposiciones inadecuadas de
las leyes con respecto a j a práctica generalizada de adulteración del
vino tuvieron una gran parte de responsabilidad. Por lo tanto, podría
sintetizarse uno de los episodios de la crisis vitivinícola de 1914-15 en
este comentario de un bodeguero bordelés durante la crisis francesa de
1905: “Sabed, por último, hijos míos, que de todo se hace vino, hasta
de uva”.
265
1
santes índices por su posición entre dos períodos de crisis que contri
buyeron (la segunda sobre todo) a modificar el espíritu tradicionalmente
ganadero del sur mendocino.
No obstante el aumento en el número de bodegas (la mayoría aún
con limitada capacidad de elaboración) y en razón de la crisis vitiviní-
266
aserraderos que fabricaban cajones para la fruta fresca* .Durante la
tempórá3'a~corréspondiente, los primeros “trenes, fruteros” representaron
una nueva fuente de ingreso para la zona.
Con la instalación de varias colonias en los sectores del este y par
ticularmente en General Alvear, ya en 1929, la ocupación de la playa
había sido completada, aunque en forma mucho menos intensiva que
lo que puede observarse en la actualidad (Fig. 34). Allá también, los
centros industriales (Villa Atuel, Real del Padre, General Alvear) se
encontraban encabezados por bodegas. Ante todo, la intensificación de
los cultivos era negocio de mercado de consumo, puesto que con las
vinculaciones ferroviarias no podía considerarse más al oasis de San
Rafael como a un espacio enclavado, no obstante los inconvenientes
procedentes de su alejamiento. En la zona pedemontana y alrededor del
Nevado se proseguía la prospección del petróleo* pero la extracción per
manecía a un nivel muy bajo. En la zona de El Sosneado ¡se extraía un
poco de petróleo.
(En eL sector-urbano, -algunos acontecimientos contribuyeron margi-
nalmfente a mantener una cierta continuación. Declarada ciudad en
1922, San Rafael pudo cumplir en mayor medida con su papel de centro
.regional, La municipalidad estableció una junta comunal en cada ca
becera de distrito para dirigir las mejoras de los pueblos. Poco después,
tn 1924, al crearse la 2^ circunscripción judicial, la instalación de los
juzgados civil y criminal produjo como consecuencia la llegada de abo
gados v otros profesionales universitarios, que completaron los cuadros
administrativos de San Rafael. El mismo año, se instaló una sucursal
del Banco Hipotecario Nacional y poco después la Caja de Ahorro y
PréstamósT Fueron las primeras iniciativas bancarias después de la crisis
de 1914-1915, que forzó a clausurar tres bancos KJ.
Én la ciudad de San Rafael, que contaba en 1926 con 602 casas, *
el comercio volvía a prosperar. Si el transporte a Mendoza v al litoral
se hacía exclusivamente por tren, en la región misma va existían medios
locales de transporte, aue empezaron a tomar más amplitud a partir
de 1 9 3 1 v 1 9 3 2 con s e rv icio s re g u la re s a C u a d ro B e n e g a s . L a s M alvin as.
Rama Caída v Cañada Seca. Por otra parte, los 400 automóviles y los
220 camiones del departamento de San Rafael, no obstante el aislamiento
en el cual se encuentra, suministran ur.a buena idea de la altura alcan
zada por el nivel de vida. Igualmente, las 812 operaciones de transfe
rencias de propiedades durante el año 1926 son un índice elocuente de
la amplitud del movimiento y también de la importancia de los abandonos.
267
VSan Rafael tenía además su Hospital (Teodoro Schestakow) y su
Escuela Normal (1915), luego elevada a la categoría de Maestros Nor
males. En 1925, se construyó el primer matadero municipal moderno en
la zona sur. También, a partir de 1925 se iniciaron varias obras de ur
banismo (embaldosamiento de la plaza San Martín, mejoramiento del
arbolado de las calles y pavimentación de algunas de ellas, con el pe
tróleo del Sosneado); todos esos acontecimientos, no obstante la escasa
importancia que tienen aisladamente, contribuyeron a darle a San Ra-
fáel uri sello más conforme a su nuevo estatuto.^
De 1914 a 1934, el crecimiento demográfico del departamento de
San Rafael había proseguido, pero con un notable aflojamiento, debido
en gran parte a la muy débil inmigración. A base de una tasa media de
crecimiento anual del orden de 2,8% según los índices de 1918, el au
mento poblacional durante este período se apoyó en el fuerte crecimiento
natural, que representaba el 80%. Si la población había aumentado en
general del 50 al 70% en los distritos, se observaba, por otra parte, un
aumento equivalente a un tercio solamente en el caso de la zona urba
nizada de San Rafael. De todos modos, debe observarse que los víncu
los tejidos en el campo resultaron mucho más durables que en el medio
urbano y que, al producirse una crisis, la solución migratoria surge con
mucho más facilidad en la ciudad. Eso ilustra, pues, el hecho de que ya
había empezado un pequeño éxodo con punto de partida en el núcleo
urbano que, en los años siguientes, debía ampliarse ineluctablemente.
Desgraciadamente, distintos acontecimientos vinieron otra vez a
trastornar el desarrollo del sur mendocino, que al llegar el año 1930,
parecía haberse recuperado favorablemente del perjuicio de los años
1915. En primer lugar, se perdió el 80% de la cosecha del año 1932, al
producirse, el 9 de noviembre de 1931 una “helada negra” resultante de
la penetración tardíá en la provincia de Mendoza de un frente frío.
Así, con 5 años de atraso y aun más amplitud, se repetía un fenó
meno climático idéntico al que había causado también graves daños
el 8 de noviembre de 1926. Sin embargo, el golpe financiero expe
rimentado por la zona resultó de más alcance, pues, como consecuen
cia del krash financiero de J.929, los precios de la uva y del vino
se tornaron muy bajos a lo largo de los años siguientes, al retraerse
el mercado por la disminución del poder adquisitivo.
Igualmente, a partir de 1930, decayó abruptamente la importan
cia del ganado lanar al declinar el precio de la lana hasta $ 0,21
el kg en 1932, cuando se cotizaba a $ 1,00 el kg entre 1923 y 1929.
Sucedió igual cosa con los cueros de cabra, que experimentaron una
fulminante baja de $ 1,3 el kg en 1929 a $ 0,10 el kg en 1938. Muchos
268
puesteros abandonaron el trabajo y, por consiguiente, el ganado me
nor se redujo en forma muy apreciable.
Otro golpe para la zona sur resultó, además, d«e la promulga
ción, en 1931., de una ley nacional que prohibía la exportación, de
ganado a Chile. En la zona sur mendocina, esta exportación, aun
que había decaído últimamente, seguía siendo algo más que el solo pro
longamiento de una tradición que, en los primeros tiempos, representaba
la única fuente de ingreso para San Rafael.
Pero todavía lo peor estaba por ocurrir, como si no fueran suficientes
la declinación de los precios y las ordenanzas gubernamentales que, de
todos modos, lograron como resultado más inmediato la marcada acentua
ción del contrabando de ganado.
El 10 de abril de 1932, a continuación de la_jsxplosión del volcán
descabezado.y. otros, una capa de ceniza de espesor variable cubrió toda
la región pedemontana del sur mendocino, alcanzando cierta intensidad
hasta el este del bloque levantado de San Rafael. Hemos comentado en
la primera parte las consecuencias físicas de esta caída, que afectó sobre
todo al sector de Malargüe. Cabe señalar también que el ganado vacuno
se encontraba en pleno desarrollo en 1930 en la zona y que había abun
dancia de puestos para toda clase de ganado. Además de causar elevadas
pérdidas, en el ganado mayor particularmente, la ceniza volcánica oca
sionó un sensible desmejoramiento de los campos de pastoreo, que per
dieron totalmente su vegetación.
Posteriormente, en forma levemente progresiva, los campos han ido
retomando su estado anterior a la caída de ceniza aunque, «en 1956, to
davía no habían llegado al estado vegetativo que posibilitara una capa
cidad receptiva de ganado como en la época citad a!,n. No obstante, las
lluvias oportunas de los 10 últimos años en el sur mendocino, han favore
cido, según creemos, una recuperación, casi total ahora, de la vegetación.
Tal vez. el resultado más positivo de esa serie de faetones adversos
haya sido el notable cambio en la economía agraria del sur mendocino
al imponerse definitivamente cultivos permanentes y anuales más diver
sificados, industriales e intensivos, sobre la primacía tradicional de la
ganadería, que de allí en adelante desempeñaría un papel cada vez más
secundario.
269
Fot. 27 — Dique dericador Galilea Vital i y cámara desaremulora sobre
el río Diamante, en 25 d e Mayo. Del otro laclo clel río se ve la capa
de basalto negro intercalada en el material de glacis.
0
h) Hacia una valorización más intensa del espacio ocupado
T A B L A 1
En 1931
271
del total departamental (6.000 hab.) o sea el equivalente de San Rafael
en 1914, se concentraba en el único foco urbano, General Alvear, cuya
prestación de servicios era entonces muy limitada y subordinada en mu
chos aspectos administrativos, judiciales y financieros a la competencia
de Mendoza y de San Rafael.
El departamento de San Rafael, hasta 1950, incluyó el territorio que
formó después el departamento de Malargiie. No obstante su carácter
eminentemente agrario, la población urbana ya agrupaba un tercio del to
tal departamental (97.053). Cuatro núcleos se repartían los 35.655 habi
tantes que formaban la población urbana. Tres de ellos (Malargiie, Mon
te Comán y Villa Atuel) no eran mucho más que pueblos, que apenas
llegaban a superar los 2.000 habitantes;entre los cuales muchos aún con
servaban funciones de tipo más agrario que urbano. En cuanto a la ciudad
MUJERES
*O0 O TOOÓ tOOO SOOO «OO0 ¡OOO 7000 tooo 10OO 2000 SO0 0 4000 SOOO SOOO 7000
273
todo cuando se desarrollan en un medio sumamente agrario y más bien
aislado. Esta situación se debía seguramente, en gran parte, a la falta
de responsabilidad de los gobiernos en aquel momento, y en menor pro
porción, a la despreocupación de buena parte de la gente por el mejora
miento de sus condiciones.
A medida que iba modificándose el régimen de propiedad, al di-
Wdirse la tierra en explotaciones con superficies reducidas, y que aumen
taba el número de pequeñas chacras y fincas en razón de la intensifica
ción y de la especialización de los cultivos, paulatina y paralelamente
cambiaba también el sistema de puesta en valor.
De las 7.524 explotaciones en actividad (incluyendo las ganaderas)
en el sur mendocino, según el censo de 1947, el 70% (5.288) cubrían
individualmente un área de menos de 25 ha; y 2.210 de las explotaciones
(5.009) se dedicaban exclusivamente al cultivo de la viña, frutales y hor
talizas. Además, el 44% tenían menos de 10 ha de superficie. La mayoría
de las explotaciones de 26 a 50 ha y de 51 a 100 ha eran además explo
taciones agropecuarias como la casi totalidad de las 101 ha en adelante.
Esta situación se explica fácilmente por el hecho de que 2.814, o sea el
92% del total de las explotaciones ganaderas (2.515 en el sur mendocino)
no alcanzaban a 100 cabezas con un promedio de 15,1 Cabezas por
explotación.
vLa persistencia de la tradición ganadera, no obstante los importantes
ingresos proporcionados por los cultivos especializados, y la instalación
de ese ganado «en la playa de San Rafael desde el año 1932, resultó ser
una consecuencia de la ceniza volcánica. Varias estancias se habían re
puesto en algo de las pérdidas sufridas, recurriendo al traslado del ganado
vacuno a la zona alfalfada concentrada en su totalidad en dicha playa.
Mientras tanto, lia calidad del ganado vacuno había mejorado un poco
tal incorporarse animales de raza. Los animales del tipo Holando Argen
tino, por ejemplo, representaban el 15% del total en 1947; los de raza
Shorthom y los de raza Aberdeen «el 7% cada uno. El promedio de ani
males criollos había bajado por otra parte al 55%.
Esa evolución de traslado, rentable en el caso del ganado mayor
evidencia por consiguiente estabilidad de su evolución (Fig. 43) de
1926 a 1959, lo que explicaría también las enormes pérdidas sufridas por
el ganado menor y el paulatino aumento a medida que los extensos pastos
naturales iban rehabilitándose.
Los datos del censo nacional de 1914 y del censo agropecuario de
1928 indicaban superficies idénticas de 44.000 ha cultivadas de alfalfa
para corte o para pastoreo. Aún en 1947, los alfalfares cubrían 51.000
ha, o sea casi el 5 0 '/ de la superficie total cultivada en el departamento
274
de San Rafael (106.608 h a ); además, los cereales (sobre todo la cebada,
ton 14.000 ha) ocupaban 19.000 ha. Esta situación, al margen de los
cultivos permanentes y anuales, ahora definitivamente implantados en
la zona, procedía directamente del hecho de que el pasto natural todavía
no se había recuperado de modo que el ganado mayor pudiera subsistir
allí y desarrollarse de manera económicamente rentable.
275
ahora a las superficies en viñedos (12.546 h a), los cuales habían retroce
dido levemente con respecto a los datos del censo nacional de 1914 (12.916
ha) 01. En 1933, 23 secaderos habían industrializado 1.557 toneladas de
frutas secas. Al fomentar el progreso de esta industria el ferrocarril
Pacífico, el número de frutales se duplicó y la producción subió a 7.000
toneladas. Pero eran ahora 330 los establecimientos que salpicaban la
playa de San Rafael y se repartían la producción. Esta multiplicación
de industrias muy pequeñas, favorecidas por la extensión de la red
ferroviaria en aquel espacio, contribuyó a rebajar la calidad y a despres
tigiar a partir de 1937, la producción local en los mercados extranjeros.
L a preparación defectuosa, la mala conservación, la no standardización
del producto, etc. concurrieron a limitar las salidas en el mercado inter
no hasta que comenzaron a formarse las primeras cooperativas en 1949 °203.
Ya más de 150 bodegas habían sido habilitadas para fines de elabo
ración de vino a principios de 1940 en el solo departamento de San
Rafael. Sin embargo, la capacidad total de vasijas era apenas equivalen
te a un millón de hectolitros. Quince años más tarde, con 225 bodegas,
la capacidad de vasijas se había duplicado. Pero, aunque de 1954 a 1958,
la producción de uva vinificada de la zona representara un promedio
anual equivalente al 17,5% de la producción en escala provincial, la
capacidad de vasijas no alcanzaba a más del 10,8% 93 de la capacidad
provincial. Ya se preanunciaba una situación perjudicial con respecto al
porvenir y a la autonomía de la industria vitivinícola en el sur mendoci-
no. A pesar de que esa capacidad aumentara hasta cuatro millones de
hectolitros en 1966, la relación desfavorable producción - capacidad de
vasijas ha permanecido.
Con la extensión de los cultivos hacia el E , en los terrenos un poco
salitrosos y de difícil drenaje de General Alvear y, por lo general, en
todos los sectores (cañadas) con problema de desagüe, nuevos cultivos
se difundieron al instalarse las primeras fábricas (sobre todo a partir de
1940) para envasar en hojalata las hortalizas de más alto rendimiento
industrial, entre las cuales el tomate y el pimiento (morrón) muy pronto
lograron la preferencia.
Entre las frutas también, el durazno, por su alto rendimiento y su
perfecta adaptación climática a la zona, suplantó pronto a la pera, que
al principio tenía más importancia (3.000 ha de perales contra 1.700 ha
de duraznos en 1934. (Fig. 4 1 ). Hoy en el sur mendocino, el durazno
276
Fot. 29 — Desecación ele duraznos al aire libre. 'Este proceso de ela
boración primaria suele complementarse mediante la desecación en
hornos. En la industria de la desecación de la fruta, la ciruela repre
senta más del 95 % de la materia prima elaborada.
277
domina nítidamente entre los frutales, al ocupar el 40% de la superficie
en frutales y al representar más del 50% en peso de la cosecha de frutas
En realidad, acoplado al ciruelo,, cuyas plantaciones (tipo d’Agen
en un 90 % ) aumentaron regularmente, y que se industrializa ade
más en forma Resecada,. esos dos productos típicos de San Rafael han
tomado una importancia relativa cada vez más grande, pues otros fruta
les van eliminándose^ poco a poco, sea por los bajos rendimientos o
enfermedades endémicas, sea también por la escasez de mercado o más
aun por la fuerte competencia iniciada por el Neuquén y el Río Negro
en la (manzana y la pera particularmente 04.
En las fábricas aun escasas, la capacidad de elaboración era limita
da, pero el durazno y el tomate ya se imponían como los principales
productos industriales por sus altos rendimientos, su fácil y poco costosa
elaboración y la fuerte demanda, generadora de ingresos y seguros
sustanciales.
Sin embargo, la (papa seguía ocupando más espacio cultivado (4.000
ha.) que el tomate; una situación que pronto llegaría a modificarse, ¡¿a
desecación de la fruta aún conservaba su importancia, sobre todo por
utilizarse hornos para obtener un producto de mejor calidad. Más de 60
galpones de empaque salpicaban el campo alrededor de San Rafael.
Paralelamente muchos pequeños aserraderos y fábricas de cajones habían
surgido al acelerarse la demanda para ese producto. L a materia prima,
el álamo, se obtenía en la región misma, de unas pocas plantaciones
(Malargiie, Punta de Agua) y de las numerosas trincheras a menudo
dobles o triples.
Salvo algunas de las más antiguas bodegas que requerían poca mano
de obra y algunos aserraderos importantes (mueblerías, carpinterías) y
talleres mecánicos, la zona urbana de San Rafael comenzaba a integrarse
y a participar en la industrialización de los productos de su región.
Pero, al instalarse desde el año 1940 y sobre todo alrededor de 1950,
nuevas y grandes fábricas en el radio urbano de San Rafael en busca de
una mano de obra (femenina) abundante, su papel cambió bastante.
Por lo general en esa época, en la provincia de Mendoza, el sistema
de trabajojpor contrato (trabajo indirecto) se había implantado profun
damente, ya que el 75% de las propiedades estaban en manos de con
tratistas. Sin embargo, en el sur mendocino, este modo de explotación
indirecta de la tierra, aun en 1947, no había alcanzado proporciones94
278
equivalentes. Oficialmente, la explotación directa (3.115) de la tierra
(Incluyendo el trabajo indirecto por contrato), también en pequeñas
l arcelas (menos de 10 ha) seguía afectando a casi el 64% de las pro
piedades que, al mismo tiempo, representaban el 50% de la superficie
utilizada en forma intensiva. Por otra parle, 28% de las explotaciones se
encontraban en régimen legal de explotación indirecta (arrendamientos
20% y medieros 8 % ); en cuanto al resto, se hallaba en forma de
ocupación gratuita y de tierras fiscales
Más adelante, a medida que se incrementaba el parcelamiento, al
recuperarse el cultivo de la vid y al aumentar al mismo tiempo la
demanda para brutas y hortalizas en hojalatas, el sistema del contratista
se difundió más en el sur mendocino. Esta difusión, igualmente, influyó
sobre la división de la tierra.
Mientras tanto el ferrocarril había desempeñado importante papel
a fin de intensificar la valorización de la playa de San Rafael. No puede
olvidarse el hecho de que la zona sur mendocina contaba desde el año
1914 con dos líneas de ferrocarriles (San Martín y Sarmiento) es decir
de una de las mejores combinaciones, si no de la mejor, en el piedemonte
cuyano, pues Mendoza y San Juan tienen solamente una.
Además el ferrocarril del Oeste colonizó una gran parte del sector
occidental de la playa, sobre todo la parte regada por el Atuel. La
compañía se hizo compradora de tierras, que dividía en extensiones de
10 a 15 hectáreas, vendidas con derechos a agua. Igualmente los prime
ros ocupantes, ganaderos ante todo, vendieron sus tierras e Sociedades
anónimas grandes que procedieron gradualmente a intensificar la
producción.
Paralelamente se extendía la red ferroviaria en la playa, para facilitar
la salida de los productos. El ferrocarril contribuyó así a la descentrali
zación de las bodegas en el campo a partir de 1940, al encontrarse las de
menor capacidad de vasijas (menos de dos millones de litros) alrededor
de San Rafael.
Gracias al ferrocarril, algunos pequeños pueblos (Rama Caída,
Salto de Las Rosas, Goudge, La Llave, Real del Padre) llegaron a tomar
más importancia, al convertirse en centros de carga para la salida de los
productos de sus respectivos distritos. Entre éstos, Monte Comán, no
obstante su ubicación marginal y la limitada producción * de su sector
cultivado, aprovechó más aun cuando pasó a ser el nudo ferroviario de
la playa. L a instalación de un amplio taller para el mantenimiento del
material rodante lo consagró como el centro ferroviario del oasis. Eso
explica el crecimiento de su población urbana (Fot. 53).
279
Fot. 31 — Ramal de ferrocarril en un paisaje de ctdtioos intensivos con
habitat diseminado, en el sector d e Rama Caída.
280
L a promoción de la actividad secadera estuvo en gran parte a cargo
del ferrocarril, y su diseminación en el campo resulta también de la.
extensión de los servicios prestados por el ferrocarril al expandirse la
red ferroviaria (Fot. 31).
E l camino aún no asfaltado entre San Rafael y Mendoza, y las largas
distancias que había que recorrer por rutas de segunda categoría hasta
el litoral otorgaban por lo tanto al transporte ferroviario un monopolio
absoluto sobre las salidas de productos para consumo directo o elabora
dos (incluyendo el traslado del vino por vagones tanques hasta las plan.-
tas fraccionadoras ubicadas en la proximidad de los centros de consumo)
de la zona sur y, por otra parte, sobre todas las entradas de mercaderías y
comestibles que necesitaba la región para mantenerse (Fot. 34).
Sin embargo, esos caminos de hierro conducían una vez más, como
todos los demás que se habían construido en el país, a Buenos Aires;
impidieron en el ámbito local que el abanico de las salidas hacia el
litoral se ensanchara.
Instaladas con el aporté de capitales extranjeros, esas compañías
ferroviarias tenían como finalidad el encaminamiento derecho al puerto,
de los distintos productos comerciales del interior, por la vía más corta
posible, a pesar de la más elemental libertad de negocio. Por consiguien
te, el productor, ya en posición económica debilitada por su individua
lismo y la ausencia de fórmula cooperativa, se encontraba en confronta
ción con verdaderos carteles. Casi siempre vendía su promoción, pero
a menudo a precios mínimos y previamente fijados. No obstante el
servicio prestado en la zona sur y su imprescindible papel de cordón
Lmbilical, el ferrocarril argentino lleva en la distribución de su red el
sello indeleble del colonialismo económico del cual procede. Desgracia
damente, fueron los centros de producción marginalmente ubicados, a
largas d istan ciaste la Capital Federal de donde divergen los grandes
eies de transporte ferroviarios como San Rafael, los que debieron sufrir
las consecuencias. Además, a medida que va aumentando la distancia
con respecto a Buenos Aires, la intensidad de la red intercalada dismi
nuye también según una curva logarítmica, al reducirse en proporciones
equivalentes la autonomía y el dinamismo comercial de cada uno de los
espacios útiles periféricos.
Antes de 1940, salvo por <el petróleo del Sosneado, cuya producción
escasa era absorbida por la zona misma, la minería en “general no se
había destacado más que como actividad artesanal con producción limi
tada y casi sin salida. Poco después de esta fecha el sector privado inició
explotaciones mineras en el distrito de Malargüe. Al mismo tiempo,
mejor dicho en el mes de junio de 1944, se inauguró el ramal Pedro
281
Yarj£i^-Malargüe. construido por los ferrocarriles del Estado. La fina
lidad primordial de este ramal era la explotación de los yacimientos
carboníferos (asfaltita, igualmente llamada “rafaelita”) para obtener el
combustible sólido que necesitaba el país para mantener el funciona
miento de sus industrias fabriles en la zona litoral; las cuales resultaban
afectadas por Ja restricción de la importación del extranjero de esos
elementos como consecuencia de la guerra.
Desgraciadamente, en la elección del trazado, la influencia localista
de San Rafael, había prevalecido para que se iniciara ese ramal desde
dicha ciudad. Por otra parte, si se hubiera construido el ferrocarril en
línea directa hacia Malargüe, es decir, desde la estación de Soitué, en el
distrito Jaime Prats, se habría duplicado la capacidad de carga al apro
vechar lar pendiente más suave y la ausencia de curvas de corto radio;,
desventajas todas que afligen al actual trazado, que requiere máxima
utilización de frenosL Aún hoy la capacidad de tracción limitada de las
locomotoras en el ramal Malargüe - Pedro Vargas, dificulta, demora, y
por consiguiente encarece, el transporte de la fluorita, del manganeso, etc.
En suma, esa falta de visión del porvenir y, hasta cierto punto, de sentido
nacional, perjudica el desarrollo de la zona minera de Malargüe, al
sumarle al producto un flete prohibitivo.
Al año siguiente, o sea en 1945, esa nueva línea exportó 147.000
toneladas de materias primas, de las cuales 110.000 eran asfaltita 93*95; 4.000,
sal de las Salinas del Diamante, y 600 azufre 96. Esos datos, aunque esca
sos, suministran sin embargo el verdadero cuadro de la situación minera.
Todavía esta actividad es estrictamente dependiente de los medios de
transporte, no obstante caminos nuevos y directos desde el centro de
extracción hasta la planta productora, y camiones pesados, dada la dis
tancia hacia los centros siderúrgicos y los mercados; es decir, por el costo
del flete.
Por otro lado, esta posición desventajosa experimentada por la
actividad misma llegó más tarde a representar para la región de San
Rafael ciertas ventajas. Con el objeto de aprovechar la energía hidroeléc
trica del río Atuel y de disminuir los costos de flete se instalaron plantas
282
de concentración de mineral (maganeso) y de ferroaleaciones (carburo
de calcio y ferrosilicio) en Malargüe y en El Nihuil. A pesar de que esa
nueva actividad industrial sobreimpuesta al papel agrario de la región
tuvo poco impacto, aceleró por otra parte el aprovechamiento del río
Atuel, cuya energía se necesitaba para lograr el mayor beneficio del
desarrollo industrial del oeste, donde la falta de energía «eléctrica consti
tuía el problema más serio.
Hasta 1957, es decir hasta que llegó finalmente a San Rafael la
energía producida por la usina eléctrica Nihuil I, cuya potencia alcanza a
79.000 kilovatios, la escasez de energía eléctrica suministrada por una
caldera de muy débil potencia (1.500 kilovatios) con respecto a las nece
sidades locales había demorado bastante el desarrollo industrial. Para
abastecerse con la indispensable energía, las fábricas tenían que instalar
dínamos propios con motores de diesel. Además de resultar a menudo
inadecuado, el costo de operación encarecía finalmente el producto
terminado, en forma tal que ponía en peligro su comercialización.
Pero cuando esa planta hidroeléctrica empezó a funcionar, con dos
turbinas solamente, apenas si podía satisfacer las urgentes demandas de
las grandes fábricas instaladas en las inmediaciones d e .E l Nihuil; la
Carbometal, S . A . I . C . , e Industrias Grassi S. A. Por consiguiente los
industriales de la zona se encontraban frustrados en parte al comprobar
que dicha energía estaba comprometida a grandes fábricas instaladas
recientemente en la zona.
283
Este hecho suministra un buen ejemplo de lo que más contribuyó a
perjudicar a la zona, es decir, las decisiones tomadas desde afuera y
particularmente desde Buenos Aires, sin conocimiento previo del contexto
geográfico y económico local y,, a veces, con total despreocupación con
respecto a ello.
Una vez completado el tendido de las líneas a los centros de consumo
de San Rafael, la llegada de energía produjo un impacto decisivo que,
además de beneficiar a los ya numerosos establecimientos (elaboración
de frutas y hortalizas para envase, desecación de frutas, fábricas de
cajones, etc.) y a las 200 y más bodegas, favoreció también al importante
comercio local y suscitó nuevas iniciativas. El departamento de General
Alvear, por su parte tuvo que esperar hasta el año 1960 antes de que le
llegara la energía eléctrica de la planta de El Nihuil I (Fot. 26).
El aprovechamiento del .Atuel incluía además plantas hidroeléctricas
complementarias (Nihuil II con una capacidad de 85.000 kilovatios,
habilitada en 1967; Nihuil III, con 50.000 kilovatios, aun no completada)
v un dique compensador (Valle Grande), inaugurado en 1966, que
también tiene previsto aguas abajo una usina que podría generar 55.000
kilovatios (Fig. 44 ). Esa asociación de plantas hidroeléctricas bajo siste
ma de túnel forzado con dique compensador, permitía cumplir con las
exigencias del riego durante la temporada vegetativa.
Si bien había sido solucionado en parte la cuestión del aprovecha
miento del río Atuel, y al mismo tiempo, el problema de la regularización
del caudal para fines de riego, aún no se había hecho nada en el caso del
curso de agua más caudaloso y sobre todo más peligroso con respecto a
la playa de San Rafael y por sus devastadoras crecidas: el río Diamante.
Después de los estudios sucesivos de Wauters, Kennedy y W ard, el
problema del río Diamante cayó en el olvido durante unos 20 años.
Mientras tanto, el panorama se había complicado bastante. Donde antes
existían terrenos incultos o extensos potreros de alfalfa, se encontraban
ahora amplios viñedos de primera categoría o cultivos de frutales de
igual o mayor valor. Poco o nada habían progresado los trazados de los
284
canales existentes, que siguen derivando sus aguas mediante 26 primitivas
tomas (Fig. 45) de “pies de gallo” y “bolsones de piedra”, las cuales
exigen una permanente atención para evitar que los canales queden en
secó durante los estiajes o que el río se introduzca en los mismos durante
fuertes crecidas, arrastrando las tierras, destruyendo las tomas precarias
de pies de gallo, las fajinadas, los gaviones, etc. El trazado de los canales
derivados del río es casi paralelo, y las tomas opuestas una a otra sobre
•as márgenes del río (Fig. 45 ). De esta forma, el agua debe obligarse a
un largo recorrido zigzagueante dentro del curso para poder ser captada
tn las mismas tomas.
Como hace 20 años, las pérdidas por infiltración y evaporación en el
, cauce del río, en el tramo de 47 km donde se derivan las aguas, llegan a
un 30 ó 40% , según el caudal. La pérdida total hasta llegar a la cabecera
de las propiedades podría superar al 50 %97.
Al resultar inaplicable el plan esbozado por Wauters, se optó por un
sistema de canales matrices marginales (paralelos al curso del río),
siguiendo la máxima pendiente para mayor economía, de donde se hacían
dérivaciones perfectamente controladas, a los canales primitivos.
En 25 de Mayo, existe desde 1953 un dique derivador con canal
matriz y cámara desarenado™, hoy denominado Galileo Vitali, que hasta
hace poco, y en parte solamente, ha cumplido su cometido. Es decir que
a excepción de dos canales de la margen derecha del río, el resto de los
cauces, 26 en total (Fig. 45), continúa derivando el agua en forma rudi
mentaria con tomas directas, o bien con diques menores como el Videlino
en Monte Comán. Si bien se ha terminado un canal matriz impermeabi
lizado en el marginal derecho además de un sifón ( cruce subterráneo por
debajo del lecho del río Diamante) para los canales de la margen izquier
da de Socavón y Frugón y Marcó, aún no se han iniciado los trabajos
para hormigonar d tramo más importante, aguas abajo de estos últimos
canales (Fot. 27 y 28).
|Debe considerarse por lo tanto que lo que más hacía falta en la
playa de San Rafael, no obstante las realizaciones sobre el río Atuel, era
el aprovechamiento integral del río Diamante, tanto del punto de vista
energético como del punto de vista de la sistematización del riego y de
la coordinación de las obras. Ya, desde 1940, se han esbozado varios
planes para desviar, a precio de oro, las aguas de los ríos Cobre y Tordi
llo (Fig. 44) y aun del río Grande mismo, con el objeto de aumentar el
caudal del río Atuel, la producción de energía hidroeléctrica y luego
ampliar las superficies bajo riego
285
Fot. 33 L echo mayor y terrazas del río Atuel cruzado por la ruta
143, rumbo a Villa Atuel y General Alcear. Obsérvese la amplitud del
lecho y a la derecha los primeros viñedos de Villa Atuel.
286
Sin embargo, es nuestra opinión que el aprovechamiento del río
Diamante y una distribución racionalizada de las aguas de riego con
respecto a las necesidades de cada uno y según el tipo de cultivo, median
te una red de canales, hijuelas y acequias completamente impermeabili-
.•ada, podría eventualmente llegar a duplicar las superficies actualmente
irrigadas con agua del río Diamante.
En la coyuntura actual poco favorable a la extensión rápida de las
superficies con cultivos intensivos bajo riego, debido a la paulatina
evolución del mercado de consumo casi exclusivamente interno, un
proyecto tan extenso como el del río Crande, tendría que esperar por lo
menos hasta la próxima generación.
Ya en las experiencias realizadas en los valles del río Negro y el
Neuquén, se aprendió que la disponibilidad de aguas para el riego me
diante importantes obras de canalización no constituye el único factor de
valorización del espacio. Hay que disponer también de la mano de obra
capacitada, para la cual se había previsto toda una infraestructura de
prestación de servicio. Hay que enterarse también, de manera científica,
de lo que puede cultivarse en la zona, y sobre todo, de lo que debe culti
varse en función de un mercado obligatoriamente garantizado por los
organismos responsables En proyectos de tal envergadura, tanto por las
inversiones financieras como humanas que implican, no debe dejarse nada
al azar, pues cualquier quiebra al nivel de la planificación suele
desarrollar la anarquía.
Mientras tanto, y no obstante un nuevo proyecto de sistematización
del río Diamante cuyas obras comenzaron en 1958, hasta ahora no se
ha concretado nada. En varias oportunidades durante casi 10 años, se
suspendieron los'“trabajos de construcción de la obra mayor: el dique
de embalse de Agua del Toro, por causas políticas y económicas que
atrasaron en forma indefinida la construcción de dos usinas hidroeléc
tricas en serie (Fig. 44) con capacidad respectiva de 90 kilovatios (plan
ta, aguas abajo del embalse) y 50 kilovatios (usina de Los Reyunos:
40 km aguas abajo con respecto a la primera) y evidentemente la del
dique compensador igual que en el caso del río Atuel.
Por otra parte, esta situación perjudica fuertemente en la actualidad
al desarrollo industrial de la región de San Rafael y de General Alvear,
pues ella se encuentra confrontada otra vez con un déficit energético,
lo que constituye en el contexto de una economía en evolución un freno
que arriesga volverse a corto plazo un poderoso factor de estancamiento.
287
i) E n él umbral d e una integración regional d e tipo nuevo
288
sufficience) y unas actitudes independientes, muy comprensibles, dadas
las circunstancias.
Hasta 1950, por ejemplo, el sur de la provincia contribuía con el
cincuenta por ciento, más o menos, al frondoso presupuesto de la Su
perintendencia General de Irrigación. No obstante ello, no se había
realizado ninguna obra provincial que correspondiera en mínima parte
a los aportes que hacía la zona para engrosar el erario de la provincia
cuando, en el norte, se multiplicaban las obras de irrigación. Es decir,
que la contribución necesaria y cabal del gobierno hacía falta para
solucionar problemas de enorme trascendencia para el bien colectivo
(mejoramiento del sistema de riego, anarquía en el desagüe, caminos
inadecuados y escasez de energía).
Por consiguiente, el sentimiento de muchos sanrafaelinos después
de tantos años de promesas sin cumplirse y de desilusiones, era que al
departamento de San Rafael, le pasaba casi como a Martín Fierro:
“figura en todas las listas, menos en las de pago”.
Con toda objetividad, la gran mayoría de las reivindicaciones for
muladas para el sur mendocino no son “pedidos de catalanes” y tienen
justificación. Las reacciones llamadas “separatistas” por la gente del
norte, no lo son tampoco, sino que resultan de un ambiente psicológico
en el cual la desconfianza y también la “fatalidad” (en razón de los
acontecimientos climáticos) tienen profundas raíces.
Hemos señalado el hecho de que en el oeste argentino las ciudades
cabeceras que además polarizan amplios espacios poco valorizados en
la mayoría de los casos, corresponden a capitales provinciales. L a situa
ción de San Rafael en el sur mendocino con respecto a su innegable
importancia económica, que llega fácilmente a superar a la de algunas
capitales provinciales del noroeste, ha contribuido al desarrollo de un
verdadero sentimiento de frustración entre sus habitantes por no ser
su ciudad una capital como las demás En el origen de ese destacado
sentimiento debe considerarse a la combinación de factores deterministas
geográfico-históricos.
Sea lo que sea, y no obstante su escala reducida por ser un oasis,
es decir un espacio valorizado, en forma intensiva, con límites bien
marcados, San Rafael posee los elementos esenciales para formar una
región nodal.
Después de haber distinguido y descrito los varios jalones en la
evolución de San Rafael hasta el nacimiento de un espacio polarizado
de dimensión nueva, falta todavía conocer las principales condiciones
que permitirán matizar el grado de polarización o sea el nivel de la
integración regional.
Trataremos de alcanzarlo al estudiar la organización actual del
espacio útil en la región de San Rafael.
289
III. O rganización del espacio útil en la
región de S an R afael
Etienne J u il l a jv d
290
para satisfacer las principales necesidades de sus habitantes. Por otra
parte, esta región de San Rafael tiene que incorporarse al espacio orga
nizado por la metrópoli y sus satélites (metrópolis regionales) que po
seen el poder de impulsión y de decisión.
Sin embargo, debido a su situación particular en el oeste argentino,
es decir su aislamiento, la originalidad y el hecho de la ocupación y de
la valorización de su región; debido también a su contexto histórico, del
cual han resultado condiciones adversas para una autonomía más grande
29 L
de un nuevo espacio valorizado (zona de inñuencia de los ríos Atuel y
Diamante), como en Mendoza (zona de influencia de los ríos Mendoza
y Tunuyán) o de San Juan (zona de influencia del río San Juan) en
un medio desértico, y pese a su apertura hacia nuevos horizontes, tras
torna un poco los conceptos ya clásicos de la región tradicionalmente
enclavada entre otras regiones, cuyos límites suelen corresponder a los
del radio de influencia del polo de actividad alrededor del cual se ha
constituido el espacio polarizado.
Tal como trataremos de demostrarlo más adelante, el papel de la
ciudad de San Rafael es el de un centro regional secundario; es decir,
que ocupa el tercer lugar en la jerarquía urbana de la República Argen
tina, después de la capital nacional (Buenos Aires) y de la metrópoli
regional (Mendoza). Por consiguiente, en virtud de criterios regionales
aplicables al contexto del país inmenso, y no obstante el alcance necesa
riamente reducido de la ciudad de San Rafael, principal polo de activi
dad, opinamos que debe considerarse al espacio valorizado del sur
mendocino como a una auténtica región geográfica integrada.
292
un M I L E S OS
h e g t a 'g g a S
293
¿ inferiores la mayoría, ya esbozadas. En consecuencia, la valorización
del sur mendocino se inscribiría dentro del esquema tradicional en país
nuevo de una agricultura de tipo especulativo basada en aquella red poco
articulada de pequeños núcleos bien jerarquizados.
En la primera parte de nuestro trabajo, hemos descrito los factores
climáticos y morfológicos a los cuales los tipos de cultivos y las prácticas
culturales se encuentran sujetos en el sur mendocino. En la segunda
parte, hemos querido destacar los distintos acontecimientos y procesos
que han contribuido a la ocupación del espacio tal como hoy se nota en
el oasis de San Rafael.
Al empezar esta tercera parte, trataremos de fijar con una óptica
espacial, los principales elementos que integran el cuadro actual (físico
y humano) de la región de San Rafael.
294
derivación de aguas y en función de las modalidades de las estructuras
agrarias y del régimen de propiedad, e n ,función también de la apertura
de la región hacia nuevos horizontes. ,La multiplicación de las vías de
salida y de los medios de transporte contribuye a asegurar la comercia
lización de los productos locales elaborados o en fresco, de acuerdo con
las tendencias de los mercados de consumo interno o externo, según la
coyuntura politicoeconómica correspondiente.
En el oasis de San Rafael, no hemos encontrado, en relación con
las superficies aprovechadas, la inmovilidad clásica en casos semejantes,
sino importantes fluctuaciones en su evolución (Fig. 4 6 ). Esas variacio
nes reflejan el carácter vulnerable de los oasis del piedemonte cuyano
frente a las crisis económicas, lo cual sería aun más acusado en el caso
del último oasis grande, por la falta de una administración autónoma
en muchos aspectos, lo cual le impide tomar decisiones claves, su más
estrecha especialización y su situación geográficamente marginal.
Por otra parte, resulta difícil invocar el aislamiento, por su efecto
retrasador en épocas de dificultades económicas, como argumento para
explicar el aumento de las superficies cultivadas en el sur mendocino,
en 4.500 hectáreas entre 1943 y 1947, cuando el área cultivada en el
resto de la provincia iba bajando. Sin embargo, de 1947 a 1952, la curva
correspondiente a la baja registrada en San Rafael resultó equivalente
a la de la provincia. En el departamento de General Alvear, aún un
verdadero frente pionero, los acontecimientos resultantes de la termi
nación de la guerra mundial y de la euforia que la había acompañado,
no tuvieron el mismo impacto y la curva de crecimiento de las superfi
cies cultivadas, levemente ascendente, consiguió mantenerse en forma
regular.
El afán por urbanizar e industrializar fue también otro factor que
contribuyó, en cierta forma, a la disminución de las superficies culti
vadas. Quizás ha tenido en el sur mendocino un impacto más fuerte por
haberse mantenido más agrario ese medio al terminar la segunda guerra
mundial; esa nueva tendencia coincidió además con la instalación de
un nuevo gobierno en el país. En cambio, en el norte de la provincia,
el agotamiento de las tierras por la falta de rotación de cultivos y las
viñas filoxeradas que ha sido necesario arrancar suelen considerarse
como causa principal 10°.
Esa euforia postbélica para industrializar y urbanizar el país, a pe
sar de haberse originado en la zona litoral, donde tuvo gran éxito, ganó
también en forma selectiva los sectores ricos en el interior. En la región10
295
de San Rafael, la baja de 15% (10.000 ha) en superficies cultivadas en
tre 1947 y 1 9 5 2 101 coincide exactamente con el período más activo de
construcción de viviendas en la ciudad cabecera (Fig. 72 y 7 3 ). Al
mismo tiempo, varias fábricas se instalaron en el radio urbano de San
Rafael y General Alvear o en las proximidades. Aunque la mayoría ne
cesitaron mano de obra temporaria, la presión suscitada por la demanda
contribuyó también a precipitar el éxodo rural hacia los núcleos urbanos
en forma relativamente importante con respecto a los recursos humanos
de la zona.
Aún en 1960, la superficie cultivada en el departamento de San Ra
fael, no había alcanzado a la de 1943, no obstante el hecho de que re
presentara el tercio de la superficie cultivada en toda la provincia. El
total de 102.000 ha cultivadas (incluyendo 1.400 ha del departamento
Malargüe) y los gráficos de evolución de las áreas cultivadas en San
Rafael y General Alvear (Fig. 46) indican que los aumentos de super
ficies cultivadas realizados en la provincia de Mendoza a partir de 1960
lo han sido sobre todo en el sur mendocino a base de riego con agua
superficial. Por otra parte, en varios sectores del piedemonte cuyano
(Luján, Carrizal, Las Heras, etc.) una multitud de pozos profundos su
ministran agua de buena calidad que ha permitido reforzar las dotacio
nes normales de superficie y también extender el espacio cultivado.
1 Ya hemos visto que en la playa de San Rafael por lo menos, existen
posibilidades excelentes para aumentar las superficies cultivables. Hasta
ahora, ni el río Atuel ni el río Diamante han sido explotados integral
mente. En el subsuelo se encuentran además importantes cuencas freá
ticas o artesianas cuyo reaprovisionamiento se halla facilitado por la
naturaleza muy permeable de los suelos aluvionales y eólicos, también
profundos, acumulados al pie del bloque levantado de San Rafael, y
que todavía han sido poco utilizados (Fig. 20) en razón de la abundan
cia de los caudales de los ríos. Es decir, pues, que en el mejoramiento
de las técnicas de recuperación de las aguas para fines de riego, el oasis
de San Rafael podría anticipar un aumento eventual de las superficies
bajo cultivos. A nuestro juicio, esta extensión del espacio cultivado es
más un problema de salidas garantizadas para los productos locales o
también de comercialización sobre una base competitiva en el contexto
de una demanda en ascenso regular, que una cuestión de caudal al
cual hoy en día la técnica moderna podría superar con toda facilidad.
En las tierras difíciles, secas o pantanosas, la conquista del suelo
suele hacerse mediante el aporte o la eliminación del agua según el caso.
296
Por su posición encajada, la playa de San Rafael constituye un medio
cuya valorización no resulta tan fácil. Al mismo tiempo que requiere
agua en razón de las condiciones climáticas semiáridas, igualmente se
necesitan desagües a causa de la escasa pendiente general o por factores
morfológicos adversos (terrazas, fallas, etc.). Por consiguiente, resultan
numerosas las obras de riego que surcan la extensión del espacio valo
rizado de la playa al aprovechar la pendiente, suave del amplio cono
de deyección construido por el río Diamante. 1En cuanto a las redes de
desagüe, no parecen tan imprescindibles en la parte oeste de la playa
(con pendiente más acentuada) * como en la parte este (Fig. 1 6 ), es
decir a partir de la línea de falla S-N ubicada en el eje Las Malvinas-
mogote volcánico de El Cerrito, en razón del desnivel casi inexistente.
De todos modos, en el sur mendocino, no se supo aprovechar como
se debía, la rica experiencia acumulada en los oasis del norte durante
más de dos siglos;'y la red de canales e hijuelas que hoy se esfuerzan
por mejorar, está calcada por lo general sobre la red primitiva con sus
tomas, sus defensas de pies de gallo, y sus acequias ensanchadas.
Hasta ahora, no se ha realizado una incorporación verdaderamente
científica y funcional de las nuevas áreas para la agricultura bajo riego.
L a regla general ha sido la improvisación mediante simple intuición
por parte de los regantes y gobernantes, o el seguir con prácticas en
vejecidas de generaciones pasadas, siendo el ejemplo más tangible la
toma primitiva armada con pies de gallo. “Pese a esa desorientación y
falta de conocimientos técnicos adecuados, los resultados han sido po
sitivos aunque no óptimos. Es decir que no se ha realizado un estudio
geográfico para un mejor aprovechamiento del medio a incorporar, ni
se han construido las obras hidráulicas adecuadas justamente a las ne
cesidades presentes y futuras de ese medio” 102.
Si bien la zona de influencia de los ríos Atuel y Diamante va apro
vechando el agua para riego a ejemplo de otras zonas del piedemonte
cuyano, el área “efectivamente cultivada representa solo el 2,2% de la
superficie en los departamentos referidos: San Rafael y General Alvear.
Por otra parte, si los cálculos se basaran en el total de la superficie em
padronada en la playa de San Rafael, en la cual oficialmente han sido
otorgados derechos para regar 231.000 ha, el porcentaje sería de 5% en
Jugar de 2,2%.
En cuanto a las cifras oficiales suministradas por la .Dirección Ge
neral de Irrigación con respecto a las hectáreas cultivadas y regadas en
dicha playa de San Rafael, alcanzan a 140.000 ha, o sea una cifra que
297
también nos parece exagerada. En la realidad, para tener una idea cabal
de la superficie “efectivamente cultivada bajo riego” resulta impres
cindible ..comprobar los datos suministrados en los .censos por tipos de
cultivos y sumarlos (Fig. 5 2 ); lo que para San Rafael y General Alvear
representa apenas un poco más de 100.000 hectáreas.
^Además- de los derechos de regadío clasificados como definitivos,
eventuales, de dominio privado y uso público, existen otros derechos de
sobrantes, de desagüe, temporario, de fuerza motriz y de uso industrial.
. El río Diamante y el río Atuel, a ejemplo de los demás ríos del
piedemonte cuyano. poseen también diques derivadores y cámaras des-
arenadoras hormigonadas (Galileo Vitali y Videlino sobre el Diamante,
Rincón del Indio sobre el Atuel), igualmente, importantes tramos de
canales matrices (Fig. 4 5 ). Sin embargo, si dejamos de lado las obras
que atestiguan el aprovechamiento realizado en la cuenca media del
río Atuel (cuya verdadera función ha sido comentada en la parte an
terior) mucho falta hacer todavía para completar la valorización de las
cuencas inferiores en cada curso de agua, a fin de mejorar y ordenar en
forma definitiva el sistema de suministro de agua de riego.
La instalación paralela al lecho del río Diamante, por ejemplo, de
canales matrices marginales (incluyendo un sifón de cruce del río me
diante cinco tubos), a partir del dique regulador y cámara desarenadora
Galileo Vitali, en 25 de Mayo, donde sale ya el gran canal matriz (en
parte realizado), permitiría la eliminación en su casi totalidad de los
diques criollos (tomas) que siguen distribuyendo el agua a varios ca
nales matrices (Fig. 4 5 ), mediante malos enlaces que favorecen las
pérdidas de caudales por infiltración. Si, por lo general, las obras de
derivación y de distribución de caudales (sifones de cruce, acueductos,
compuertas, etc.) en el sector cultivado han sido realizados con hor
migón armado, y si la gran mayoría de las compuertas de madera han
sido reemplazadas por sistemas metálicos, el promedio de hijuelas, ca
nales secundarios y matrices revestidos se mantiene muy bajo: en cuan
to a las acequias y regueras que, desde los canales secundarios, llevan
el agua dentro de las propiedades, aún hoy, poco o nada concreto ha
sido realizado (Fot. 27 y 28).
En noviembre de 1 9 5 5 103, quedó plenamente sentado el peligro a
que se encontraba expuesta una importante zona agrícola de Rama Caída
y Cañada Seca, correspondiente a los antiguos cauces del rio Diamante,
al registrarse la desastrosa crecida aluvional que invadió importantes
sectores colonizados. Si se han ejecutado obras de defensa a fin de pro-
298
Fot. 36 — Canal matriz Colonia Elena en Cuadro Nacional. 'Esta obra
de arte hormigonada típica atraviesa un canal de desagüe que drena el
extenso sector de Ciénagas Grandes.
299
teger este sector, no lo han sido en forma definitiva, sino a base de los
tradicionales pies de gallo reforzados con alambre (Fot. 17).
(jLos extensos sectores de terrenos revenidos o excesivamente húmedos
no dependen únicamente de la disposición de factores morfológicos des
favorables. L a costumbre de aprovechar caudales excesivos para el riego,
ya denunciada por Wauters en 1908, como la principal causa en la exten
sión de las ciénagas, ha tomado, a lo largo de los años, el aspecto de un
verdadero atavismo resultante a la vez de la abundancia de las aguas y
del afán para aumentar los rendimientos, particularmente en los viñedos.
Si bien no llegan a perjudicar tanto a las tierras más altas del sector
oeste de la playa, esas superdotaciones afectan a los sectores más bajos
hacia el E, y particularmente al departamento de General Alvear. Allá,
la débil pendiente impide un drenaje adecuado, y, por consiguiente,
favorece el estancamiento de las aguas al producirse al mismo tiempo
una elevación de la napa freática^
Los cultivos tradicionales sufren por el exceso de agua. El perjuicio
a la calidad no compensa el aumento en el volumen de la producción,
sobre todo por la aparición de capas salitrosas en superficie. L a elevada
tasa de salinización en sectores como Jaime Prats o L a Carmensa, hace
muy aleatorio el cultivo de la vid y también de los frutales; en cambio
las hortalizas desarrollan una tolerancia ^que no suele perjudicar ni a
la calidad ni a los rendimientos medianos, (Fig. 54).
|En la parte E de la playa, por consiguiente, las obras de drenaje
Pegaron a tomar tanta importancia, si no más, que las obras de riego.
Entre 1921 y 1960. por ejemplo, la red de desagüe para las 30.000 hec
táreas cultivadas de General Alvear (hubo poca variación en su superfi
cies, más bien intensificación de los cultivos durante ese período) se
cuadruplicó (de 150 km a 600 km ). Hoy, una red de desagüe adecuada
se hace cada vez más imprescindible en la playa de San Rafael, sobre
todo si sigue manteniéndose un cierto descuido en el uso de las aguas y
una desgraciada demora con respecto a la racionalización de su distri
bución. Es evidente, en la parte E de la playa, que la escasez de pen
diente tendría que superarse con un sistema de evacuación de ^excedentes
para evitar la aparición de eflorescencias salinas perjudiciales. ¡
Por otra parte, la situación de la playa de San Rafael se^inscribe a
largo plazo dentro de un círculo vicioso del cual le resultará difícil esca
par con medios propios sin ayuda proporcionada al nivel provincial. La
demora en implantar un plan funcional y moderno de distribución de
aguas de riego, dado el uso de caudales exagerados que facilitan la infil
tración de las aguas, hace necesaria la extensión de la red actual de
300
desagüe, cuyo papel, por aberrante que fuese, sería la eliminación de
parte del exceso de agua.
Los canales de riego y de drenaje le imprimen por lo tanto un sello
indeleble al paisaje, tanto agrario como urbano, de la playa de San
Rafael. Es visible en la morfología del catastro de San Rafael como en
la gran mayoría de los oasis y polders del mundo, donde la división de
la tierra permanece estrechamente sujeta a la red de irrigación o a
la red de desagüe. Así. el trazado de los canales secundarios y de
las hijuelas ha influido fuertemente en el parcelamiento! La orien
tación de las parcelas está supeditada a la dirección de los canales
de riego con respecto al aprovechamiento de la mayor pendiente.
Otro destacado aspecto que caracteriza a San Rafael, como a los demás
casis del piedemonte cuyano, es la presencia casi permanente, a lo largo
de los canales, de trincheros de árboles que, además de delimitar las
parcelas cultivadas, bordean los caminos y embellecen el paisaje al otor
garle un aspecto de bocage poco conforme a la naturaleza del medio.
Esas arboledas cumplen dos funciones principales: afirman las- paredes
de los canales con sus potentes raíces a fin de impedir derrumbes, y
frenan el viento.
Las áreas urbanizadas también han sido marcadas por los imperati
vos del riego. En las ciudades y aldeas, la red de acequias se extiende por
lo general a todas las vías públicas a fin de mantener las hermosas
arboledas que bordean las calles, j Igualmente, veremos que el trazado
actual de la ciudad de San Rafael ha sido sobreimpuesto con respecto al
parcelamiento original correspondiente a la orientación de los canales
El Cerrito y Pavez, y de las hijuelas y acequias que derivan de ellos.
' Por otra parte, el trazado de caminos rurales con el predominio de la
línea recta y deKcorte en ángulos respeta también la red de riego. Un
ingenioso sistema de sifón de cruce de camino hormigonado asegura
además la libre circulación de las aguas sin molestar el tránsito. Estos
caminos, afirmados, enripiados o asfaltados, se hallan flanqueados por la
tradicional acequia y la doble hilera de árboles que, en varios casos,
(plátanos, carolinos, olmos) forman una bóveda, aunque el álamo tenga
la preferencia por su valor económico.
En suma, al dictar sus exigencias con respecto a las disposiciones
imprescindibles (parcelamiento, carretera, cerca, etc.) las obras de riego
y, en menor escala, las de desagüe, han dejado un sello profundo y dis
tintivo en el agro sanrafaelino. Por consiguiente, se notarán inscritos en
filigrana, dentro del contexto de la estructura agraria, e influirán, al
mismo tiempo y en cierto modo, en el régimen de propiedad.
301
b) Estructura agraria y evolución reciente del parcelamiento en el oasis
de San Rafael
302
i
303
Fig. 47
tan de una intensa subdivisión de los loteos primitivos con pastos y
alfalfares, empujada por el fuerte espíritu de especulación muy común
entre los primeros colonost^Én el segundo caso, se trata sobre todo de
explotaciones ganaderas muy extensas (una situación normal en un medio
semiárido sin derechos de agua) que otorgan por consiguiente al sur
mendocino un matiz_ latifundista muy discutible, dadas las condiciones
ecológicas y morfológicas que prevalecen. Por lo general, el latifundio no
constituye un problema para la agricultura en el piedemonte cuyano,
pues se limita a extensiones sin derechos de agua.^
En un país que aún sigue con profundas raíces latifundistas y que
no ha establecido todavía las bases para una verdadera reforma agraria,
la relativa ausencia de problemas de este orden, evidenciada por la
amplia subdivisión de las tierras cultivadas bajo riego, tanto en el oasis
de San Rafael como en los de Mendoza y San Juan, resulta un hecho
sorprendente. Si un alto porcentaje de cuyanos (en su sentido geográfico)
son propietarios de la tierra que trabajan lo deben a las exigencias del
medio natural, al carácter intensivo de los cultivos practicados bajo riego,
al reconocimiento de la nobleza de las labores culturales, en fin, a una
tradición distinta, surgida en un país esencialmente ganadero y cerealero
donde el trabajo directo de la tierra inicialmente fue considerado con
desprecio
La figura 47 esboza en forma general las grandes líneas del catastro
en el año 1919, y enfoca además, al extenderse su penetración en la
playa, el papel desempeñado por el ferrocarril con respecto al desarrollo
de pequeñas aglomeraciones agrarias alrededor de las estaciones. Pero
hay que referirse a la figura 47 para obtener una imagen más cabal del
cambio drástico que se ha producido en el parcelamiento entre 1907 y
1964, por ejemplo en el caso del sector cultivado que va extendiéndose
hacia el E entre San Rafael y Cuadro Nacional. Aún en 1907, a poca
distancia del pequeño núcleo, se hallaban extensos campos de potreros y
de alfalfa y. no obstante la presencia de viñedos y frutales, las parcelas
contaban con amplias superficies, la mayor parte se hallaba inculta.
Medio siglo más tarde se observará en el catastro del mismo espacio un
mosaico complejo con parcelas de extensión reducida. Se notará además
la permanencia de las grandes líneas del parcelamiento original pues
corresponden a la red de irrigación encabezada por dos importantes
canales, Pavez y Salas, y por las hijuelas y acequias que derivan de ellas
hacia las propiedades.
En este sector agrícola muy especializado, el uso del suelo se reparte
entre la vid y los frutales en una relación 60 - 40% . Se notará también
hasta 25 parcelas por km-, o sea un bajo promedio de 4 ha por cada una.
'304
No obstante los altos rendimientos obtenidos en las fincas, en varios sec
tores como éste, la división catastral ofrece síntomas inquietantes de una
evolución hacia el minifundio.
En realidad, son relativamente pocos en la playa de San Rafael, los
propietarios de extensiones con más de 100 ha de superficie. Según se
S it u a c i ó n
■ • c a t iv a
SAN U M IL E volución ott P a r c e l a m i e n t o
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Fig. 48
305
lo tanto, la media de 9,5 ha que resulta de este cálculo nos parece tener
un valor más significativo. En cuanto a las explotaciones vitícolas, alcan
zan un promedio de 7 hectáreas en el departamento de San Rafael 104.
Por otra parte, esa medida de 9,5 ha coincide más o menos con el prome
dio de 10 a 12 ha de viña, por ejemplo, que un contratista, auxiliado por
su esposa y sus hijos de mediana edad está en condiciones de trabajar,
tal como se considera generalmente en Mendoza 1or\
F íjí. 49.
306
de explotaciones hortícolas intensivas (tomate, pimiento, cebolla) donde
una explotación de 5 ha. en la cual 5 a 8 personas trabajan todo el año,
se considera una superficie aceptable.
También en la figura 49, se observará no tanto la similitud con
respecto a la repartición de las explotaciones por escala de extensión
entre los departamentos de General Alvear y de San Rafael, que son nada
más que divisiones políticas en su conjunto regional homogéneo, sino la
diferencia entre éstos y el departamento de Malargüe, cuyo papel emi
nentemente ganadero y estructura latifundista se destacan enseguida.
i■ /mevcffs
se
307
Se calcula además que 5.000 de los 7.000 actuales propietarios en San
Rafael son antiguos contratistas o hijos de ellos.
Al considerar al mismo tiempo el crecimiento d<e la superficie culti
vada en dicha zona entre 1960 y 1967, o sea el equivalente de 11.000 ha
aproximadamente (Fig. 46) y el aumento en el número de explotaciones
con respecto a 1960 (8.603), puede establecerse en 7,9 ha la superficie
media para cada explotación. Aunque el área cultivada siga extendién
dose con una cadencia razonable desde 1952, teniendo en cuenta las
dificultades climáticas y económicas, el proceso de subdivisión tendría
otro ritmo más acelerado. De todos modos, las superficies cada vez más
reducidas de las nuevas explotaciones, hipotecan inicialmente la viabili
dad económica, sobre todo en razón del fracaso relativo experimentado
por el cooperativismo bajo varias formas, frente al individualismo y a la
desconfianza tradicionales.
El problema no se plantea en términos tan nítidos cuando se trata de
explotaciones hortícolas intensivas, cuyo reciente desarrollo, sobre todo
en las tierras más salitrosas del SE de la playa (General Alvear), corres
ponde a una crecida demanda para productos envasados. Por otra parte,
resulta evidente que el parcelamiento evoluciona poco a poco en esos
sectores de la playa de tal modo que varias explotaciones suelen presentar
las apariencias exteriores del minifundio.
Otro problema proviene también del extremo parcelamiento y de la
notable ausencia de cooperativas; de lo cual resulta la inferioridad del
pequeño propietario frente a las grandes entidades (bodegas, desecaderos
y galpones de empaque, fábricas de conserva sobre todo) en la comercia
lización de la cosecha. Igual que en los oasis del N, se encuentra en el
sur mendocino “este espécimen raro de viticultor que no vinifica su
uva” 106; allá también se separa nítidamente la fase agrícola de la indus
trial. Sin embargo, si las bodegas o, mejor dicho, si las “fábricas de vino”,
como se las ha llamado, fiscalizan prácticamente toda la industria por su
potencialidad, son por lo menos empresas regionales establecidas la gran
mayoría con capitales locales. Sus vínculos con los viñateros, productores
de la. materia prima resultan más estrechos. Al ser además productores
de uva muchos de ellos, han desarrollado mayor interés en la producción.
En cambio, las fábricas ofrecen una actitud en parte dictada por el
origen de los capitales de los cuales dependen. Por una parte, suminis
tran un ingreso muy importante a la mano de obra local y sobre todo a
la femenina durante algunos meses del año; se preocupan además, en
forma general, por el mejoramiento de la calidad de los productos al
106 Ibidem.
308
colaborar con el inta , y al fomentar, como ejemplo, la implantación de
variedades híbridas, con más elevado rendimiento industrial o mejor
resistencia contra las enfermedades. Por otra parte se portan a menudo
como empresas cuyo interés está estrecha y únicamente vinculado al
producto, sin tener en cuenta la importancia del bienestar actual y del
porvenir de la región Actúan como verdaderos trusts industriales, al
fijar los precios de la materia prima entregada arbitrariamente, al apro
vechar para sí mismos un fuerte margen de seguridad. A menudo logran
frustrar al pequeño productor en un suplemento de ganancias cuando
lo favorecen las tendencias del mercado.
Aprovechan al mismo tiempo otra imprescindible materia prima,
la mano de obra local, abundante, experimentada y siempe disponible
durante los 3 a 5 meses de trabajo intensivo en el año. Administrados la
mayoría desde Buenos Aires, donde se toman todas las decisiones impor
tantes, su objetivo es evidente: el mayor ingreso a corto plazo con una
inversión mínima Su falta de interés, por ejemplo, con respecto a la
instalación de sistemas de depuración de agua, correspondiente real
mente a los caudales usados, o su despreocupación frente al grave pro
blema de la polución de los desagües cloacales y de las acequias, que
ponen en peligro la salud pública en la ciudad de San Rafael, simbolizan
una reacción que se ejerce casi siempre a costa de la región.
309
Fot. 38 — Viñedo tj vivienda d e un contratista en la em presa vitícola
Finca L os Amigos” en el distrito Goudge. Nuevo tipo de vivienda
levantada con ladrillo y hormigón en las grandes explotaciones. A la
izquierda, el horno de barro tradicional. Al fondo la inevitable cor
tina de álamo.
310
senta un promedio elevado entre las formas de tenencia directa, no
obstante el hecho de que las escasas estadísticas no nos permiten esta
blecerlo con más exactitud.
El sistema de trabajo indirecto sigue manteniendo su popularidad
puesto que, desde hace unos años, se le ocurre al pequeño propietario
dejar el cultivo de su finca en manos de un contratista, de un mediero
o de un chacarero aparcero para radicarse en la zona urbanizada. Busca
trabajo en el sector secundario y también en el sector terciario, Sobre todo
en el transporte, para completar el ingreso que le proporciona la finca.
,'j Por otra parte, la fórmula de administración con gerente respon
sable va tomando mucha importancia, y más especialmente en las ex
plotaciones extensas de 50 ha en adelante.) En este sistema las faenas
agrícolas realizadas son pagadas a los obreros según la tarea que les
adjudica el gerente y se emplean cuando lo requieren los trabajos que
hay que cumplir.
Por lo general, tanto en el último oasis grande como en los demás
oasis del piedemonte cuyano, la viticultura asume los caracteres de un
monocultivo bien acentuado en la economía individual. Sin embargo, al
abrirse parcelas, y debido al peligro por las heladas tardías y el granizo,
se encuentran dentro de la misma explotación varios tipos de consocia-
ción de cultivos que no se limitan exclusivamente a la tradicional con-
sociación de vid y olivo nacida en la época de la filoxera y que hoy está
en proceso de desaparición.
Si es relativamente escasa la difragmentación de la propiedad tal
como puede observarse en el norte mendocino, en cambio, en las zonas
más castigadas por el granizo (Las Paredes, Cuadro Benegas, Rama
_A \________
311
Caída) y en otros sectores también del sur mendocino, se hallan parce
las distintas y separadas en una misma explotación (Fig. 51). Mediante
este subterfugio poco conforme con las exigencias de una agricultura
moderna intensiva, el propietario espera recuperarse de una helada o
de unas granizadas o quizás salvarse de las malas condiciones de venta,
al mezclar en su finca viñedo, frutales, también hortalizas y, a veces,
cuando le alcanza la superficie y los derechos de agua, la alfalfa.
Tanto como el riego, el régimen de propiedad y la marcada separa
ción entre la fase agrícola y la industrial inciden mucho en la destaca
da tendencia a la dispersión del habitat rural en el agro sur mendocino.
Esa separación no afecta solamente al cultivo predominante de la vid,
sino también a los cultivos de frutales y hortalizas como resultado de
la ubicación de la mayoría de las grandes bodegas y fábricas elabora-
doras en los centros urbanos o en sus alrededores (Fig. 5 9 ). Veremos
más adelante cómo la dispersión, predominante con relación al cultivo,
se encuentra prisionera de un tejido muy flojo de pequeños núcleos
alrededor de los cuales se agrupan industrias elaboradoras; a su vez esos
focos de actividad están polarizados por un centro más industrializado
y mejor organizado: San Rafael.
312
el 50 % de la superficie) como por el volumen (Fig. 56) y el valor del
producto. Pese a todo, la cantidad de hectáreas cultivadas aumentó poco
durante los últimos años, pues se mantiene más o menos a la altura de
la superficie alcanzada alrededor de los años 50. Por su parte, los fru
tales ocupan el segundo lugar con 29.545 ha (30 % de la sup.). En am-
VI N E DOS
FRUT ALES
hortalizas ,
A L F A L F A r CEREALES
ESPACIO CULTIVADO EN
n Opto . G ral . a l v e a r
ESPACIO CULTIVADO EN
el DPT O.. M A L A RGÜe
313
Fot. 40 — Vivienda moderna en el sector tíalloffet. Varios propietarios
cuyas fincas se ubican en las cercanías de la ciudad lian preferidlo
edificar su casa en el campo, donde aprovechan más espacio y más
tranquilidad. Esta muy amplia casa está edificada de hormigón y la
drillo con tedio de tejas romanas.
314
Es decir, pues, que las distintas propiedades reciben el imprescin
dible líquido por la trama de conductos (canal matriz, ranqa e hijuela)
que las enlazan con la fuente de abastecimiento: el río 107.
En materia agrícola, mucha improvisación resulta d e'q u e un alto
porcentaje del espacio valorizado, aun no está en manos de quien lo
trabaja (contratistas y medieros). Además del régimen desfavorable de
315
o que, más aun, consideran necesario hacerla. Por otra parte, las explo
taciones más amplias, administradas por gerentes o sociedades anónimas,
etc., tienen por lo general un equipo mecánico más o menos conveniente.
No cabe duda de que las explotaciones frutícolas y, en parte, hortícolas,
se ven favorecidas por la máquina. Sin embargo, se calcula ahora que
el 60 % de las hectáreas cultivadas lo son mecánicamente, sea con ma
quinaria nueva o usada. La notable tendencia actual hacia la mecani
zación de las labores tiene como objeto la disminución de los horarios
a fin de favorecer el cumplimiento de otras tareas de mejoramiento.
Cuando se trata de cultivos intensivos en la forma practicada en el
oasis de San Rafael, los derechos definitivos de agua no constituyen
la única prenda que logra asegurar altos rendimientos. Labores cultura
les realizadas en tiempo (poda, despampanado, envoltura de los sar
mientos, atadura de los cargadores, profundas araduras, sulfatación y
aspersión de hongos) con viñedos y frutales, selección cuidadosa de
semillas (a menudo se opta por las variedades más económicas) en la
horticultura, incorporación de estiércoles y abonos verdes y minerales,
resultan imprescindibles en una óptica de producción intensiva.
Desgraciadamente, las prácticas del cultivo extensivo en las tierras
ricas y profundas del “país inmenso” han influido en parte sobre las del
cultivo bajo riego en los sectores de oasis. En la realidad no son nume
rosas las explotaciones que se abonan en forma racional. En la mayoría
de las pequeñas explotaciones, el uso de fertilizantes se limita a la in
corporación de estiércoles y abonos verdes. El uso de abonos minerales
aún se observa en forma relativamente limitada; aunque haya en San
Rafael y General Alvear varios distribuidores de abonos químicos. Los
principales usuarios son las empresas que los consideran como una in
versión y que pueden alcanzarlo. En la opinión de varios agrónomos, el
empleo de abonos minerales en el estado actual muy precario de los
estudios pedológicos es dinero perdido. Según ellos, el suelo es suficiente
mente rico en sustancias minerales y necesitaría humus ante todo, o sea
abonos verdes. La práctica difundida que consiste en la incorporación de
estiércoles de cabra o de caballo no presentaría ventajas particulares. En
1965, el consumo de abonos químicos en la playa de San Rafael ha sido
de 8.000 toneladas (0.08 ton/ha) solamente y en lugar de aumentar,
iba en descenso.
En algunos sectores del distrito de Las Paredes, el chacarero suele
echar la culpa al graniza con respecto a los rendimientos muy bajos
en el viñedo y en los frutales. No obstante el hecho de que es una
zona muy afectada por el granizo, la despreocupación por erradicar y
reemplazar las cepas viejas, por ejemplo, o la práctica de araduras pro
316
fundas a fin de romper la capa de "caliche” y de asegurar un riego
óptimo son factores que contribuyen a rebajar los rendimientos y a
acentuar también el carácter de vulnerabilidad de la zona. Entre los
mejcres sectores cultivables se destacan los distritos mesopotámicos de
Goudge y Cañada Seca. No obstante el peligro de inundaciones ocasio
nales pero devastadoras, los suelos tienen en esta zona un alto promedio
de humus y los rendimientos suelen estar entre los más altos. Por con
siguiente las tierras ubicadas allá consiguen el valor más elevado.
Evidentemente, el presente régimen de tenencia no logra fomentar
la difusión de nuevos métodos de cultivos; en cambio favorece la espe
culación intensa sobre las tierras y su consecuente agotamiento. En ese
contexto, el caso del cultivo del tomate en el sector E de la playa resulta
particularmente concluyente. Al realizarse en tierras vírgenes, ese cultivo
obtuvo promedios que alcanzaron hasta 30.000 kg/ha en los primeros
años y luego bajaron a 12.000 kg/ha y aun menos. Practicado sin rotación,
en alternancia con cultivos de leguminosas, sin fertilizantes, y además
:o n dotaciones excesivas de agua sobre todo en tierras poco aptas, ese
cultivo, a partir de 1952, difícilmente podía soportar la fuerte compe
tencia (no obstante su radicación en las proximidades de las principales
fábricas elaboradoras) de sectores abastecedores relativamente lejanos
como L a Consulta y San Carlos, cuyos rendimientos llegaron a alcanzar
promedios de 45.000 kg/ha.
Más allá de la inevitable baja en producción y en ingreso consecu
tivo a este modo de explotación depredadora, las pérdidas deben con
siderarse como resultante del agotamiento de las tierras y de la creación
de problemas hídfjcos muy graves.
No obstante el fuerte predominio de la trilogía de cultivos ya men
cionada ,el eje valorizado NW -SE de la playa de San Rafael, ofrece un
mosaico agrario bastante diferenciado por la alternancia geométrica de
las parcelas en viñedos, frutales, y hortalizas en menor escala, entremez
clados además con extensiones de alfalfa o cereales y de vez en cuando
con plantaciones aisladas de álamos (F ig . 5 4 ). En este croquis, quisimos
representar, aunque en forma aproximada, debido a la falta de datos
exactos a esa escala, el escalonamiento de los principales cultivos en el
espacio valorizado de la playa.
A partir del W , se encuentra la primera terraza valorizada del río
Diamante en el distrito 2 5 de Mayo. Para tener una idea más cabal de
la ocupación de este espacio delimitado por la terraza abrupta del glacis
en aquel lugar, cabe volver a la carta del uso del suelo en 25 de Mayo
(F ig . 3 1 ). Se notará enseguida la ausencia de viñedo y también de bo
degas. Ante todo dominan cultivos de forrajeras y de hortalizas (papa
317
CAA SAF A I I
y cebolla) con algunas parcelas en manzanas y algunas plantaciones de
álamos.
Al llegar al sector de la playa propiamente dicha, en los distritos
de Las Paredes y Cuadro Benegas, los viñedos empiezan de golpe a
ocupar la mayor parte del espacio, a intercalarse también con amplias
extensiones plantadas en frutales (entre los cuales dominan sobre todo
duraznos, ciruelos y. en menor escala, perales). Hasta la altura de Cié
nagas Grandes en Cuadro Nacional y su prolongación hacia el S, esta
consociación viñedo-frutales ocupará la casi totalidad del agro, con ex
cepción del apéndice NS correspondiente a la playa de Las Malvinas
(Fot. 11). Allí, las superficies en viñedo o frutales son insignificantes.
En cambio, la alfalfa ocupa el 30 % del espacio cultivado, dando lugar
a la presencia de varios tambos. Unos bosques de álamos, cultivos de
maíz, papa y pimientos, completan el paisaje agrario en el área.
Del corazón de la playa, o sea dentro de un radio de 15 km desde
el núcleo urbano de San Rafael, se notará la ausencia casi completa de
cultivos de hortalizas Por su parte, los damascos se concentran sobre
todo en las proximidades de la ciudad de San Rafael y los durazneros
dominan en los distritos de Cuadro Nacional, Goudge y Cañada Seca.
En cuanto a los membrilleros, la mayor parte se encuentra en la cabe
cera de los viñedos o frutales también, particularmente al entrar en el
E de la playa. Además, varias parcelas de alfalfa salpican todavía todo
ese extenso sector.
Aparte de ello también, no se hallan más olivos. Se ha dejado de
plantar este oleaginoso a partir del año 1958, y aunque sigan ocupando
unas 3.000 hectáreas en la actualidad, las parcelas plantadas con olivos
se diseminan igualmente en forma esporádica en el espacio cultivado.
Se encuentran más bien intercalados entre hileras de viñas o diseminados
entre los frutales p en las cabeceras de ellos. Son las plantas-testigos de
una época de temor por la filoxera, siendo el sur mendocino definitiva
mente una zona marginal con respecto al cultivo. Gradualmente va de
sapareciendo de la zona en razón de sus bajos rendimientos, en muchos
casos debido al deficiente estado sanitario de las plantas, especialmente
por la difusión de plagas como la cochinilla, del costo elevado de ela
boración de aceite, y de la escasa demanda por ese producto más caro.
Es también el caso del manzano, cuya producción local no resulta
competitiva con la de Tunuyán y menos aun con la del Neuquén, por
la falta de frigoríficos En razón del alto costo de operación y de co
mercialización también van erradicándose los nogales del distrito Cua
dro Benegas.
Alrededor de Villa Atuel, los viñedos forman extensos paños (según
la terminología local), probablemente los más extensos del mundo. La
319
Entre los frutales, cuya importancia espacial en el último oasis
grande, equivale al 30 % de la superficie cultivada, los durazneros
(8.500 ha) ocupan fácilmente el primer lugar, seguidos por los ciruelos
(5.150 ha). En la realidad, esos dos cultivos, junto al tomate y al pi
miento. entre las hortalizas, suministran la mayor parte de la materia
prima que forma la piedra angular de la industria de transformación
en el sur mendocino (Fig. 55). El vuelo iniciado por esos cultivos desde
hace una década, al considerar no solo la superficie ocupada, sino tam
bién la producción por ejemplo en .1965-1966 (año con rendimientos
inferiores), y sobre todo en 1966-1967 (año excepcional), confirman la
Fijí. 56.
323
mercado lo cal,y , muy especialmente, de los centros industrializadores.
Ocurre además en el sur mendocino, pero en menor escala con respecto
al resto de la provincia, y pese también a una tradición que ya lleva
más de 25 años, que ciertas tierras vírgenes, incorporadas a la agricultura
mediante el riego, se destinan al cultivo de hortalizas, mientras crece
la parra o el frutal; de manera qu«e tienen como destino final un cultivo
permanente108.
Pese a las oscilaciones cíclicas que ha sufrido el cultivo del tomate
en los últimos 25 años —oscilaciones relacionadas con la demanda de
las fábricas elaboradoras— todavía sigue siendo, con el pimiento, el
durazno y la ciruela uno de los productos básicos para la mayoría de
las industrias conserveras 109J
Otros cultivos de hortalizas (poroto, arveja, melón, etc.) se hacen
también para abastecer al mercado de consumo local. Pero en el sur
mendocino, el cultivo de la huerta solo se realiza en pequeña escala.
Son escasos los auténticos horticultores, no obstante los esfuerzos de
inta , y la huerta familiar es un complemento generalizado del contra
tista o propietario, quienes son reacios a los cultivos que no adquieren
un verdadero valor económico. Por esa razón las ciudades de San Rafael
y General Alvear, para lograr un abastecimiento normal en verduras,
han tenido que depender de Mendoza y San Juan y aun de Tucumán,
la mayor parte del año. A pesar de todo, resultaría interesante fomentar
el cultivo de huertas y granjas cercanas a los centros poblados que,
además de rendir económicamente al agricultor, tendrían que abaratar
(os postos de adquisición para el consumidor.
Ultimamente, se ha encontrado otra salida a los productos de chacra:
la deshidratación de hortalizas. En San Rafael, se hallan instaladas unas
pequeñas plantas que deshidratan papas, cebollas, zanahorias, apio, ajo,
perejil, espárragos, etc., luego venden el producto deshidratado a firmas
elaboradoras de caldos y sopas concentradas.
En los últimos años, se ha observado la disminución progresiva del
área cultivada con alfalfa, dando paso al aumento que se produce en la
extensión cultivada con especies frutales, viñedos y hortalizas, conside
radas más remunerativas por el agricultor. De todos modos, los cultivos
de alfalfa para corte y semilla aún ocupan el 14% de la superficie cul
tivada, y la producción anual sobrepasa las 70.000 toneladas (Fig. 56 ).
Además, la alfalfa sigue teniendo buena cotización puesto que va au-
324
mentando el número de tambos. En la actualidad, se estima en 35 (26
en 1960) el número de tambos con cerca de 1.000 animales (730 en
1960). Sin embargo, aún no se logra abastecer la zona con leche fresca.
En el caso del maíz (cultivo de rotación concentrado en el sector E de
la playa) la demanda local se mantiene en razón del aumento en el
número de gallineros y de criaderos de cerdos. Por lo general, la pro
ducción de huevos, pollos, lechones o jamones no logra abastecer com
pletamente al mercado local. L a cría de cerdo, por ejemplo, es una de
las actividades marginales del chacarero, a quien le proporciona un
ingreso suplementario. Por consiguiente, los 32.000 porcinos con los
cuales cuenta la zona sur se reparten en su mayoría en pequeñas explo
taciones, con menos de 10 animales cada una. Aunque haya interés y
demanda estable para la carne de cerdo, el mercado es limitado y, por
lo tanto, resultan muy pocas las explotaciones que se dedican a la cría
del cerdo en gran escala.
Los verdaderos bosques naturales han desaparecido casi por com
pleto por el gran aprovechamiento que se ha hecho de sus maderas, cuyo
destino principal es el enmaderamiento de los viñedos y su utilización
como leña. Los bosques de algarrobo, en particular, y de otras especies
autóctonas de la zona, han sido talados en un grado superior a sus po
sibilidades de recuperación, por lo que se reduce cada vez más la can
tidad de madera disponible de esa procedencia. Por ello, debe recurrirse
para esa clase de madera a la provincia de San Luis.
En cuanto a bosques artificiales, son reducidos, existiendo prefe
rencia por el álamo, por sus muchas aplicaciones en la industria y tam
bién en el viñedo Esto acapara el interés de los plantadores quienes lo
cultivan preferentemente en trincheras, en las márgenes de las propie
dades y en los cauces de riego. Se cortan anualmente alrededor de 300.000
plantos en el sur mendocino, es decir, un poco más del 50% del total
para la provincia. De esa cifra, cerca de 250.000 plantas en el mismo
departamento de San Rafael. El 85% se destina a la fabricación de ca
lones.
Por su lado, la ganadería, que había empezado a recuperarse paula
tinamente de los acontecimientos de 1931-32, se encuentra ahora en el
sur mendocino en plena expansión (Fig. 4 3 ). En los últimos años, los
campos naturales de pastoreo han mejorado mucho, por las razones ya
expuestas. Los vacunos, por ejemplo, alcanzarían a 100.000, en 1967 n0,
en el solo departamento de San Rafael, y 250.000 en toda la zona sur.
Sin embargo, por ser ante todo zona de cría, no contribuye, sino en
325
forma marginal, al abastecimiento de carne vacuna para el mercado de
consumo local. El departamento de Malargüe también volvió a adquirir
¡>u importancia primitiva con respecto a los lanares (300.000) y a los
caprinos (350.000). Desgraciadamente, al bajar últimamente los pre
cios por escasez de demanda, las ventas se han detenido. Esa nueva
corriente de desequilibrio al nivel del mercado, al prolongarse, podría
detener el empuje reciente en este sector de actividad, de antigua tra
dición en la zona sur.
Para terminar este capítulo, de nuevo tenemos que insistir sobre el
papel desempeñado por los factores climáticos y sus consecuencias eco
nómicas en la región de San Rafael. Durante la temporada 1965-66, los
rendimientos resultaron muy inferiores a los normales, a causa de repe
tidas heladas tardías y granizadas devastadoras (Fig. 6 ) ; en cambio,
durante la temporada siguiente (1966-67), las condiciones climáticas
fueron casi óptimas. Al estancamiento que había caracterizado todas las
esferas de actividades industriales y comerciales, por su dependencia con
respecto al escaso volumen de producción en 1966, sucedió, al año si
guiente, un marcado movimiento en todos los sectores. L a notable ani
mación en el centro comercial de la ciudad de San Rafael en 1967,
contrastaba elocuentemente con la situación del año anterior. E l fuerte
aumento en la producción produjo, pues, un impacto económico tremen
do en toda la zona sur; lo que demuestra la estrecha relación que existe
entre la prosperidad de dicha región y la importancia de la cosecha año
eras año, al mismo tiempo que una alta vulnerabilidad resultante de su
especialización.
326
a 12 grados Baumé necesarios para que se comience la vendimia, como
ucurrió en 1967.
Durante esta temporada, se ha calculado que hasta 8.000 personas
cosecharon al mismo tiempo, o sea en el mes de marzo, al coincidir la
recolección de los últimos duraznos con los primeros tomates y la uva.
Para muchas familias, en que padres e hijos concurren al mismo objeto,
eso significa una buena fuente de ingreso. Sin embargo, la mano de obra
íocal no alcanzaría a cumplir con las tareas múltiples de la cosecha.
En la realidad, la mayor parte de la mano de obra local estable y dis
ponible busca empleos en las fábricas o prefiere dedicarse al transporte
de la materia prima o a cualquier otro trabajo de tipo conexo. Actual
mente, pues, no resulta tan notable como en tiempos anteriores el cambio
de actividad, que solía afectar a muchos residentes en los poblados du
rante la época de la vendimia.
( Por lo tanto, la migración temporaria de muchos trabajadores (go
londrinas) de las provincias cercanas o lejanas (Tucumán, Santiago del
Estero, Chaco) y también de los países vecinos (Bolivia sobre todo,
Paraguay y Chile) se torna imprescindible para asegurar el movimiento
cotidiano de la materia prima del campo a las fábricas elaboradoras.
Algunas familias de esos trabajadores itinerantes regresan a cosechar año
tras año en las mismas fincas, donde los dueños a veces les conceden
un rincón, en el cual levantan viviendas precarias que ellos ocuparán de
tres a cuatro meses al año.
Sucede también que algunas familias prefieren instalarse perma
nentemente en la región. Se radican de preferencia en las proximidades
de los dos principales núcleos urbanos. Cerca de la ciudad de San Rafael,
por ejemplo, se registran varias de esas casas de adobe, en el mismo
lecho mayor inundable del río Diamante. A base de pequeños trabajos
alcanzan a sobrevivir de cosecha en cosecha. Por otra parte su número,
que va aumentando cada año, constituye un problema social muy grave
para la municipalidad, problema para el cual no se ha encontrado todavía
ninguna solución eficaz.
Desde las hileras y los montes de frutales, se llevan los recipientes
(metálicos para la uva; canastas y cajones de madera para la fruta)
Hasta los vehículos que esperan en los callejones. Cajones de madera se
utilizan también para las hortalizas. Con respecto al precio de la labor,
durante la última vendimia (1967), por ejemplo, se pagó $ 20 m|n por
cacho de 20 kg de uva.
El transporte por camiones desempeña igualmente un papel im
portante durante esos meses de intensa actividad. A principios de 1967,
el patentamiento de vehículos de carga alcanzaba a poco más de 5.000
unidades en el sur mendocino, o sea un promedio de un vehículo por
327
cada 20 ha cultivadas> En época de cosecharse utiliza la gran mayoría
de los camiones para el transporte de la uva a granel hasta las bodegas,
o de la fruta y de las hortalizas en cajones hasta las fábricas de conserva
y los secaderos. Igualmente, suelen observarse a veces, vehículos de
carga procedentes de provincias vecinas cuando se produce una cosecha
excepcional!
|~Hoy, él transporte por camión ha modificado el esquema tradicio
nal en los oasis del piedemonte cuyano, con respecto a la ubicación
de bodegas, secaderos y fábricas. L a diseminación en el agro de las
industrias elaboradoras no es ya indispensable en la actividad. En el
sur menducino, la relativa descentralización de las empresas fabriles
tenía su origen en el trazado de la red ferroviaria en el espacio valori
zado de la playa (Fig. 57 y 5 9 ). Con el mejoramiento de la red ca
minera interna y la multiplicación de los medios de transporte motoriza
dos que borran las distancias, la radicación en el corazón de la zona
productora de las bodegas y más aun de las fábricas elaboradoras, no
se justifica más. i Solo cuent • ahora el cinturón que representa la peri
feria inmediata, puesto que, en la ciudad de San Rafael, las ordenanzas
municipales no autorizan la instalación de fábricas en los límites del
radio urbano. Cabe señalar también que la radicación en las proximi
dades de un centro como San Rafael, facilita los trámites administrativos
y financieros tanto como la disponibilidad y los desplazamientos de la
mano de obra. En virtud de lo expuesto, se esboza ahora un movimiento
pendular centrípeto de las empresas de transformación locales hacia los
dos principales núcleos urbanos en la región de San Rafael. j
Las varias industrias de transformación que forman el sector de
actividad secundaria inciden también en forma muy destacada sobre la
economía de la zona sur.^Las bodegas, fábricas de conservas, dulces y
elaboración de sidra, vinagre o aceite de oliva, y establecimientos de
desecación de frutas y hortalizas, producen la transformación de la casi
totalidad de lo que no se vende en fresco y dan ocupación a elevado
número de operarios de ambos sexos^Al llegar al punto culminante de la
cosecha en 196f>-67, se estimó en 9.Ó00 el número de personas que tra
bajaban en las fábricas, a las cuales deben sumarse 3.500 más en bode
gas, secaderos y fábricas de cajones; es decir, que el 12% de la pobla
ción activa (con fuerte predominio femenino) del oasis había encontra
do trabajo por períodos variables, que pueden extenderse hasta 5 me
ses en unos casos, pero que, por lo general, no suelen sobrepasar 2 meses
come promedio.
\Las primeras fábricas importantes empezaron a llegar a la zona a
partir de 1938. Al radicarse la compañía Swift, la primera entre esas
328
Fot. 44 — Aserradero y carpintería en el barrio Libertad (Pueblo
Diamante) a lo largo d e la calle principal (sector E ) . Importante
industria local de fabricación de cajones sobre todo, ubicada en pleno
barrio residencial.
329
grandes empresas, se instalaron también varios inmigrantes ingleses.
Gracias a los capitales que traían ellos, empezaron a explotar amplias
extensiones para abastecer de materia prima esta fábrica elaboradora y
otras. Al ocurrir el cambio de régimen político después de la segunda
guerra mundial, se eliminó paulatinamente aquel sistema de explotación
semicolonial.'La ayuda prestada por parte de los bancos y del Estado a
pequeños empresarios que, anteriormente, habían sido aplastados por
las grandes empresas mejor organizadas, les permitió a su vez que
compitiesen favorablemente contra ellas. L a compañía Swift, por ejem
plo, tuvo que seguir trabajando a pérdida a partir de 1952, para final
mente abandonar en 1960; precipitando la salida de ciertos explotantes
ingleses.
Más adelante, se invirtieron capitales nacionales para que siguieran
funcionando las principales fábricas. De nuevo volvió a trabajar la fá
brica Swift bajo nueva razón social: Platero S. A. Al mismo tiempo se
producía una selección entre las fábricas más aptas por la calidad de su
maquinaria, de sus calderas, etc. Recibieron, en varios casos, inyecciones
de capital extranjero a la zona, pero de fuente nacional (oficialmente).
Sin embargo, en lugar de ir aumentando, el número de fábricas bajó
levemente de 48 en 1958 a 45 en 1967 pero con una capacidad de ela
boración casi triplicada.
Por otra parte, el actual sistema de tasación hace vulnerable la po
sición de los empresarios de nivel medio frente a los grandes consorcios
que gozan de apoyos financieros importantes y variables. Hasta ahora,
las pequeñas empresas han conseguido mantenerse con cierto éxito al
lado de las grandes, aprovechando gastos administrativos y de produc
ción más bajos, sin hablar del papel del interés personal mucho más
fuerte.
Aunque la capacidad de elaboración haya aumentado en proporcio
nes apreciables en las distintas fábricas, las condiciones en que se realiza
el trabajo y, en cierto modo, los rendimientos dejan mucho que desear.
Ante todo la planificación es el elemento que hace falta. L a duplica
ción y, a veces, la triplicación de la capacidad de elaboración en una
fábrica no puede limitarse a la colocación de nuevas máquinas y al
aumento del personal correspondiente. Por el contrario, se necesitan
cálculos a fin de establecer la superficie necesaria para mantener la
mayor rentabilidad. Hay que prever por consiguiente una playa más
amplia para la recepción de la materia prima y un margen confortable
en cuanto a la disponibilidad en energía, o en vapor bajo presión para
tener el equipo en estado normal de funcionamiento.
Existe también una notable despreocupación con respecto a la
standardización y a la calidad máxima del producto envasado en hoja
330
lata, por ejemplo. L a improvisación es cosa común en varias plantas y
aún son pocas las que acuden a los servicios de ingenieros o químicos
para controlar la calidad de la producción o de un especialista para
establecer el costo de la producción. En la mayoría de los casos, parti
cularmente en las pequeñas fábricas, la producción y la dirección del
personal todavía están en manos de un capataz cuyos conocimientos téc
nicos, rudimentarios por lo general, suelen atenerse a la consagrada
fórmula: “siempre se hizo así”. .
Grandes consumidores de agua subterránea, las fábricas no tienen
tampoco instalaciones convenientes como para proceder a la decantación
efectiva de sus aguas usadas. En San Rafael, y en General Alvear
también, la red cloacal no ha sido habilitada para encaminar caudales
-an elevados. En el barrio Pueblo Diamante de San Rafael, por ejemplo,
las aguas usadas de la Industrial Andina S. R. L. y otras, siguen conta
minando año tras año las acequias. En 1967, en razón de la producción
más elevada, el sistema de depuración de las aguas usadas se reveló
inadecuado y aguas contaminadas se derramaron en ese barrio, desprovisto
de red cloacal y peor aun de red de agua potable, en detrimento de las
más elementales reglas de higiene y de urbanismo.
'vFomentadas con capital extranjero a la región, al contrario de la
mayoría de las bodegas, las grandes fábricas actúan en el sur mendocino
un poco como empresas neocolonialistas, es decir, con la finalidad de
sacarle a la región el provecho máximo mientras invierten el mínimo. )Las
decisiones importantes son tomadas fuera de la zona, sin conocimiento de
las condiciones previas y con total despreocupación con respecto al con
texto local. Tampoco existen proyectos, ni a corto ni a largo plazo. Supe
ditados además a las tendencias del mercado de consumo, aún escaso por
Jas costumbres alimenticias y por el alto costo del envase en hojalata, las
fábricas, a pesar de que se hallan en una fase ascendente, llevan en el sur
de la provincia de Mendoza su parte de responsabilidad en cuanto al
ambiente de incertidumbre que envuelve el porvenir de la industria local
de transformación.
Entre los productos elaborados y envasados en hojalata (se utiliza
poco el envase de vidrio), tomates y duraznos al natural ocupan el primer
lugar. Cada año, pese a las fluctuaciones de la cosecha, representan más
del 80% de la producción total de conservas en el sur mendocino. Entre
los productos más importantes, se destacan el extracto doble de tomate,
y el dulce y pulpa de membrillo. Ahora, la importancia relativa del pi
miento al natural va creciendo año tras año. En total, a partir de la
materia prima recibida (una docena de vaciedades en frutas y hortalizas)
se elaboran más de 70 distintos productos.
331
' De las principales fábricas de la zona sur ( aisol, s .r .l ., Bestani
Hermanos s .r .l ., cap, Industrial Andina, Mora, s .a .i .c., Platero s .a .
spat en General Alvear, etc.), la Compañía Argentina de Productores
(L a Negra S.A.) filial de la misma compañía de frigoríficos del litoral,
se destaca como la más importante, no solo en la región, sino en el país.
(Fot. 4 5 ). L a intensa mecanización de la labor le permite, por ejemplo,
compensar los elevados costos de flete para elaborar y envasar marginal
mente peras del Neucjuén o productos tan exóticos como pillas de Misio
nes. Normalmente, el periodo de elaboración no suele pasar los ocho
meses y se utilizan los otras cuatro meses en limpiar el material y
reponerlo en condiciones óptimas de marcha.
En el mes de marzo de 1967, es decir en el momento de actividad
más intensa, el número de empleados alcanzó los 3.000, de los cuales el
75% son mujeres. En esa época se trabaja 24 horas al día en 3 turnos de
8 horas. Aquella cifra representaba, durante la última temporada, el
tercio de la mano de obra total empleada en fábricas. El personal perma
nente de la empresa (administración, mantenimiento y reparación) se
¿educe a 250 personas. Desde hace varios años el aumento casi anual de
la capacidad de elaboración, sin tener en cuenta las inversiones impres
cindibles, vinculadas a ello, ha creado problemas de espacio: congestio-
namiento de la playa de recepción de la materia prima y almacenamiento
de los productos elaborados por falta de galpones. L a empresa tiene
sistema propio de producción de energía eléctrica, pero apenas le alcanza
en período de punta. Además las calderas ya no llegan a suministrar la
presión de vapor imprescindible en la industria de conservas.
Para paliar los altos costos de la hojalata, y dado su alto consumo de
envases, la compañía cap ha instalado su propio taller d-e fabricación de
envases. Las hojas metálicas, importadas de Japón, dan excelentes resul
tados. Esa iniciativa, la única realizada en tal forma entre las fábricas,
contribuye a rebajar el costo neto del producto envasado y a asegurar su
mejor colocación en el mercado.
Los precios de la materia prima, establecidos de común acuerdo
entre esta compañía y algunas otras de las más importantes, crean un
verdadero monopolio, al cual se encuentran sujetos todos los productores
del sur mendocino. Entre ellos, muchos no están asegurados para colocar
su producción. La cap , por su lado, compra directamente en el campo,
y además al contado; ventaja considerable en una época durante la cual
todas las transacciones comerciales suelen efectuarse a plazos. Igualmen
te, alquila por contrato su propia flota de vehículos de carga (numera
dos) que contribuyen a regularizar el abastecimiento en materias primas
durante toda la temporada. Por otra parte, dada su ubicación en la
332
periferia de la villa de San Rafael, el volumen de su personal obrero, las
exigencias severas de un horario continuo por turno de 8 horas y la ino-
perancia del sistema local de ómnibus, tiene que disponer de un sistema
de transporte propio tanto para sus obreros como para su personal admi
nistrativo. Este sistema ha sido adoptado por otras fábricas radicadas en
Balloffet y en Rama Caída, por ejemploJ
En fin, la cap ha establecido un contrato de semiexclusividad con
la compañía de transporte Bar - Pen para la expedición de sus productos:
el 70% con destino a Buenos Aires, 10% a Rosario y 10% también a
Córdoba; el resto se distribuye entre Mar del Plata, Bahía Blanca, Santa
Fe, Resistencia, Tucumán y Salta. Sin embargo en 1966/67, debido a la
excepcional cosecha la cap tuvo que utilizar también el ferrocarril, al
cargar de 8 a 10 vagones diarios; lo que no se había producido desde
hacía varios años.
L a estructura de la industria de la desecación de frutas y del empa
que de la fruta desecada, se ha modificado mucho desde hace 25 años;
sin embargo, la producción aumentó poco, superando apenas en la actua
lidad las 7.000 toneladas registradas en 1942/43. Por otra parte, el
número de establecimientos ha bajado en forma apreciable durante el
mismo tiempo, al pasar de 330 a 90 (70 en San Rafael) en 1967, no obs
tante el hecho de que recientemente se han inaugurado unos secaderos
de hortalizas (Fig. 56).
Por falta de standardización y baja calidad de los productos en los
pequeños galpones, no lograron superar la competencia, y se eliminaron
poco a poco. Por otro lado,' algunas empresas se fusionaron en coopera
tivas que pronto se cambiaron en sociedades anónimas en un proceso
idéntico al de las cooperativas bodegueras, en las cuales la desconfianza,
la busca de provecho inmediato y el interés superaron al individuo.
Aunque siga en la actualidad la desecación al aire libre, se completa
ahora en muchas oportunidades con el homo. L a materia prima, la
constituye la ciruela en un 97% del total elaborado; las demás frutas
(duraznos, higo, damasco, pera y uva) cuentan muy poco. Por otra parte,
el número de secaderos (no equipados con homo) que desarrollan esta
actividad industrial, varía cada año, aumentando o disminuyendo según
las perspectivas que ofrezca la desecación de frutas.
Pese al número, hoy más reducido, de secaderos y galpones de
empaque, los rendimientos de uno a otro ofrecen un margen a veces muy
considerable. Por ejemplo, con 20 hornos secadores (poco eficientes), la
compañía cap no alcanza los resultados obtenidos por el Secadero Brown
(Las Paredes), con un solo homo que lleva las especificaciones requeri-
333
Fot. 46 — B odega m oderna en Las Paredes. Algunas bodegas nuevas-
utilizan el sistema con fermentación continua. El vino se almacena
después en amplias piletas de hormigón.
334
das. Este último elabora la fruta de una finca propia de 80 hectáreas de
ciruelas, y efectúa además compras en otras fincas (Fot. 3 0 ).
^En cuanto a las fábricas de sidra, aceite de oliva, vinagre y estable
cimientos que utilizan los subproductos de la uva, su importancia es
i dativamente escasa, y en algunos casos (sidra y aceite de oliva) va
disminuyendo^
(jLa distribución de las fábricas de productos alimenticios en la playa
de San Rafael (Fig. 57) muestra una neta preferencia en favor de los dos
principales centros y sus alrededores. Entre San Rafael y su prolongación
industrial en la margen derecha del río Diamante,! en el distrito Rama
Caída y General Alvear áe encuentran solamente d fábricas: una en L a
Llave, otra en Monte Comán y la última en Real del Padre. En General
Alvear, la ubicación de las 10 fábricas sigue un eje caminero que va
extendiéndose desde la ciudad cabecera hasta Bowen, por Colonia Alvear.
Dentro del radio urbano de San Rafael, la función industrial del sector
E llama inmediatamente la atención. Se notará también otra importante
concentración en el sector, llamado Balloffet, a lo largo de la ruta 143,
entre el centro de San Rafael y el río Diamante.
No obstante la modificación del estatuto administrativo y financiero
en sociedades anónimas de varias bodegas durante los últimos años, este
sector de producción primaria es el que mejor concreta, pese a todo, las
aspiiaciones (aún muy rechazadas) de los sanrafaelinos por colocar en
el mercado de consumo una materia prima completamente elaborada y
comercializada por sí mismos, sin la tradicional intervención del inter
mediario.
Si bien se estima que las bodegas ubicadas en el sur mendocino son
más de 300, de este número deben descontarse las que no han elaborado
desde hace unos años por distintas razones, que incluyen el deterioro de
las instalaciones y la falta de capitales para reemplazarlas. Los graves
perjuicios de orden climático sufridos por el sector productivo desde
1957, salvo en 1962 y 1963 (Fig. 5 8 ), han dejado varias bodegas sin
elaborar. Por otra parte, es cierto, aunque no dispongamos todavía de
los datos, que la excepcional cosecha de 1967, ha suscitado un problema
serio con respecto a la capacidad de vasijas. Escasa hace 12 años, la
capacidad de vasijas aumentó mucho (1 5 0 % ) desde aquel tiempo, pero
no en forma tal como para almacenar fácilmente el fruto excepcional de
una supercosecha como la de 1967. Malas cosechas repetidas de 1955 a
1966 no hubieran podido establecer la necesidad de aumentar más la
capacidad de vasijas, puesto que siempre había sobrado espacio de
almacenamiento (Fig. 60 ).
336
d as. E ste últim o e lab o ra la fru ta d e una finca p ro p ia d e 80 h e ctáreas d e
ciruelas, y efectú a ad e m ás com pras en o tra s'fin c a s (F o t. 3 0 ).
(jEn cuanto a las fábricas de sidra, aceite de oliva, vinagre y estable
cimientos que utilizan los subproductos de la uva, su importancia es
i dativamente escasa, y en algunos casos (sidra y aceite de oliva) va
disminuyendo\
C V
IJLa distribución de las fábricas de productos alimenticios en la playa
de San Rafael (Fig. 57) muestra una neta preferencia en favor de los dos
principales centros y sus alrededores. Entre San Rafael y su prolongación
industrial en la margen derecha del río Diamante,' en el distrito Rama
Caída y General Alvear se encuentran solamente 3 fábricas: una en La
Llave, otra en Monte Comán y la última en Real del Padre. En General
Alvear, la ubicación de las 10 fábricas sigue un eje caminero que va
extendiéndose desde la ciudad cabecera hasta Bowen, por Colonia Alvear.
Dentro del radio urbano de San Rafael, la función industrial del sector
E llama inmediatamente la atención. Se notará también otra importante
concentración en el sector, llamado Balloffet, a lo largo de la ruta 143,
entre el centro de San Rafael y el río Diamante.
No obstante la modificación del estatuto administrativo y financiero
en sociedades anónimas de varias bodegas durante los últimos años, este
sector de producción primaria es el que mejor concreta, pese a todo, las
aspiiaciones (aún muy rechazadas) de los sanrafaelinos por colocar en
el mercado de consumo una materia prima completamente elaborada y
comercializada por sí mismos, sin la tradicional intervención del inter
mediario.
Si bien se estima que las bodegas ubicadas en el sur mendocino son
más de 300, de este número deben descontarse las que no han elaborado
desde hace unos años por distintas razones, que incluyen el deterioro de
las instalaciones y la falta de capitales para reemplazarlas. Los graves
perjuicios de orden climático sufridos por el sector productivo desde
1957, salvo en 1962 y 1963 (Fig. 58 ), han dejado varias bodegas sin
elaborar. Por otra parte, es cierto, aunque no dispongamos todavía de
los datos, que la excepcional cosecha de 1967, ha suscitado un problema
serio con respecto a la capacidad de vasijas. Escasa hace 12 años, la
capacidad de vasijas aumentó mucho (150% ) desde aquel tiempo, pero
no en forma tal como para almacenar fácilmente el fruto excepcional de
una supercosecha como la de 1967. Malas cosechas repetidas de 1955 a
1966 no hubieran podido establecer la necesidad de aumentar más la
capacidad de vasijas, puesto (pie siempre había sobrado espacio de
almacenamiento (Fig. 60).
336
M if/o n e s
337
338
!C km I S \ \ - t r*r„e>-. r.7
(148) de las 239 bodegas activas que forman el total del sur mendocinoy)
(Fig. 59). Por otra parte la capacidad de vasijas correspondiente (272
millones de litros) no representa más del 54% de la capacidad total (502
millones de litros) para toda la zona sur (Fig. 60). Si en el distrito San
Bafael (que incluye también a Balloffet) se hallan bodegas con un pro
medio relativamente alto con respecto a la capacidad de vasijas (casi 3
millones de litros por bodega), en los distritos El Cerrito y Cuadro
Nacional, el número elevado de muy pequeñas bodegas (capacidad infe
rior a 1 millón de litros), o sea 22 de las 34 bodegas, rebajan el promedio
con respecto a esos dos distritos a poco más de 1 millón de litros por
bodega (Fig. 60).
\ Por lo general, las pequeñas bodegas, cuya capacidad de vasijas n o..
pasa los 2 millones de litros, se encuentran en los más antiguos sectores
de cultivos, y preferentemente, alrededor de San Rafael; aunque en Villa
Atuel, que cuenta con la bodega más importante del sur mendocino, la
bodega Arizu S.A. (35 millones de litros), se halla una siembra bastante
importante de esas pequeñas bodegas (20).^' En el departamento de
General Alvear, o sea en la parte más oriental de la playa, igualmente la
última valorizada, las muy pequeñas bodegas son escasas. Solamente 7
de las 34 bodegas que elaboraron de 1960 a 1965 tienen una capacidad
inferior a 1 millón de litros. En cambio se observará la concentración de
bodegas (15), más importante del oasis, con una capacidad de vasijas de
2 a 5 millones de litros. Son sobre todo, bodegas relativamente nuevas
(menos de 10 años) entre las cuales unas han adoptado el sistema de
elaboración moderno a base de fermentación continua. En total, las 34
bodegas de General Alvear suman una capacidad de vasijas que alcanza
90 millones de litros, es decir, un promedio de 2,6 millones de litros por
bodega. El departamento de General Alvear ofrece, por lo tanto, cierta
similitud con el distrito San Rafael (ciudad) en cuanto al número de
bodegas y a la capacidad de vasijas (Fig. 59 y 60). Cada uno de esos
dos sectorer tiene 3 bodegas en el grupo con capacidad de 10 a 30 millones
de litros; pero el distrito San Rafael agrupa un número mucho más
elevado de pequeñas bodegas y, sobre todo, ellas están concentradas
(Fig. 59) dentro de un espacio más reducido.
Si son pocas (13) las grandes bodegas (10 millones de litros) resul
tan aun más escasas (3 ) las de tamaño intermediario (5 a 10 millones de
litros). Aunque no existiera explicación concreta para esa situación, por
;tro lado podría deducirse que, con respecto a los costos de operación y
de mantenimiento como también a las perspectivas de rentabilidad, es
menester, al llegar al momento de realizar las inversiones, optar por la
bodega mediana (2 a 5 millones de litros) o por la bodega grande (más
339
340
S
Capacidad de vasijas por distritos de las bodegas que han elaborado de 1960 a 1966.
bO
de 10 millones de litros) con exclusión de aquella intermedia, cuyos
ingresos no serían comparables.
A 100 km de distancia, en cada extremidad de la playa valorizada de
San Rafael, las dos principales concentraciones de bodegas, se encuentran
en cierta forma polarizadas por los dos únicos verdaderos núcleos urba
nos. Sin embargó; a la dispersión relativa del grupo SE, se opone la
concentración del N W del oasis. Hablamos de una verdadera constela
ción de bogedas, pues 105 de las 148 que están radicadas a menos de 20
km del centro urbano de San Rafael tienen una capacidad de vasijas
inferior a 2 millones de litros, y aun, en 84 de ellas, la capacidad no
alcanza a 1 millón de litros.
E n tre esos dos polos, tres focos menores de concentración rompen la
monotonía del agro sanrafaeüno. E l primero se ubica en el sector de
Salto de Las Rosas, en el distrito Cañada Seca; cuenta con algunas
bodegas importantes, entre las cuales se destaca la bodega Resero (17
millones de litros). El segundo se sitúa en Real del Padre y se apoya
sobre una sola bodega grande. En cuanto al tercero, radicado en Villa
Átuel (F ig . 5 9 ), la mitad de la capacidad (7 0 millones d ejitro s) de sus
29 bodegas la constituye la bodega Arizu S.A. como lo hemos mencionado
anteriormente. E n este sector de la playa, las actividades giran exclusiva
mente alrededor de la vitivinicultura. Entre todos los sectores del oasis,
es seguramente el más especializado y, al mismo tiempo, el más homo
géneo. E n fin, en el distrito de Las Malvinas, hay una sola pequeña
bodega, y en los demás distritos del N E de la playa, las escasas bodegas
se hallan muy diseminadas.
E n 1955, las 250 bodegas que habían elaborado en el sur mendocino,
no alcanzaban juntas una capacidad de vasijas de 200 millones de litros;
es decir el 11% de la provincia. Sin embargo, la uva vinificada represen
taba el 18% y la producción el 20% del total para Mendoza m . Conse
cuencia inmediata de esa desproporción eran los precios más bajos,
supeditados a una demanda limitada, y por lo general rendimientos sen
siblemente menores en la vinificación. E n 10 años, el panorama se ha
modificado en forma favorable, si no en el número de bodegas (que
elaboran) que aún se ha reducido (2 3 9 ), por lo menos, en la capacidad
de vasijas, que aumentó en un 150% y que alcanza ahora a 502 millones
de litros, o sea el 19,5% de la correspondiente a la provincia de Mendoza
en 1966. Por otra parte, la producción se estableció en 22,5% y la uva
vinificada en 20% del total para la provincia. Durante ese período, lasli
341
Fot. 48 — Interior d e una bodega moderna (El Vinculador) en G ene
ral Alvear. En ambos lados se alinean piletas de hormigón con (ca
pacidad de vasija de 200.000 litros.
344
fines de estudiar las fluctuaciones en la elaboración del vino durante el
decenio 1956/65, a pesar de que los datos están adulterados en parte
por la manera en que se efectúan las compras de uva tanto como por los
traslados de vinos y mostos de bodega a bodega (Fig. 62).
Si, por lo general, los gráficos tienden a coincidir, en los tres primeros
grupos, con una elevada producción en 1963 y otra may baja en 1965
(granizo), en el último de ellos, las fluctuaciones no se ven tan marcadas,
probablemente por el área extensa cubierta por ese grupo, o sea de
Cuadro Benegas a. Monte Comán; en el cual condiciones adversas del
tiempo suelen modificarse habitualmente. En el cuarto grupo (Villa
Atuel, Real del Padre), las fluctuaciones se acentúan al notarse años de
débil producción en 1961, 1964 y 1965. Por su lado, el grupo de General
Alvear muestra más regularidad y parece haber sufrido poco por aquellos
flagelos que castigaron tan fuertemente al departamento de San Rafael.
Aun se notará una producción más elevada en 1965, lo que significa que
esta zona escapó a la granizada del 31 de enero de 1965, que ocasionó
daños por un valor de $ 6.000 millones *% en el solo departamento de
San Rafael.
En forma general, la uva de su propia producción elaborada por los
establecimientos vinícolas representa el 25% del total, tanto como la uva
vinificada por cuenta de terceros. Al mantenerse alrededor de un pro
medio anual de 50% , la uva comprada a los viñateros que no elaboran
evidencia la separación entre las fases de producción de uva y de
elaboración de vino.
E n razón de condiciones climáticas locales, el vino elaborado en San
Rafael es generalmente más seco que los vinos producidos en los oasis
del norte del piedemonte cuyano. Por consiguiente se aprovechan im
portantes cantidades de vino común local para corte; lo que genera un
importante movimiento de traslado de vino entre bodegas del sur men-
34o
d orino y también desde bodegas del sur hacia otras del norte de la
provincia de Mendoza Esos traslados se efectúan habitualmente por
camiones tanques. 4 En cuanto a los envíos de vinos hacia las plantas
fraccionadoras, la mayoría ubicadas en las proximidades de los principa
les centros de consumo, el transporte se hace sobre todo por ferrocarril,
en vagones tanques. Sin embargo desde la habilitación reciente de un
c amino directo a Buenos Aires, que acorta las distancias en forma renta
ble, la cantidad de vino expedida por camiones acoplados va aumentando.
■En la playa de San Rafael, la red de ferrocarril atiende las principa
les concentraciones de bodegas. La bodega Arizu, por ejemplo, tanto
como Giol en Maipú, aprovecha un pequeño vinoducto desde las piletas
hacia la playa de carga. De un año a otro, las cantidades de vino trasla
dadas a Mendoza, para corte con variedades más dulces, varían mu
cho; desgraciadamente hacen falta datos detallados en relación con las
expediciones desde las principales bodegas elaboradoras hacia sus
plantas fraccionadoras.
Existen también varios establecimientos que se dedican a la elabo
ración de vinos finos. Por lo general, explotan además un viñedo propio
con uva seleccionada^ Es el caso de empresas, como Bianchi, Mahía,
vSuter (Fot. 47) y otras. Sin embargo, ocurre a menudo que la uva
propia no alcanza a suministrar la cantidad requerida con respecto a la
capacidad de vasijas; entonces el déficit debe colmarse por compras
efectuadas en otras fincas, y a veces, por uva en parte elaborada (m os
to) en otras bodegas.
En el sector bodeguero, al contrario de lo que sucede con las fá
bricas, se reinvierte buen promedio de las ganancias en la explotación
misma (ampliación, reparación, compras de material, etc.) en plantas
de fraccionamiento y en viñedos propios o sociedades anónimas de ex
plotación vitícola.
Una parte solamente de los subproductos de la uva se utiliza en
el lugar mismo bajo forma de abono verde. Se manda otra parte (orujo,
semilla, etc.) según la demanda, a empresas especializadas de Mendoza,
puesto que no se hallan en San Rafael, verdaderos establecimientos de
dicados al tratamiento industrial de los subproductos de la uva.
En la región de San Rafael, la tasa de interés del dinero es relativa
mente elevada, y siempre, el papel desempeñado por los bancos, que
son ante todo sucursales con escasos poderes de decisión, ha sido muy
limitado. Anteriormente esa función se ha restringido a facilitar las ope
raciones de elaboración de los productos, al mantenimiento y al mejo
ramiento de las industrias ya instaladas; en el fomento de nuevas em
presas las instituciones financieras no locales han contribuido poco. Es
346
i.n hecho bien conocido en el piedemonte cuyano que el desarrollo de
la industria vitivinícola ha sido muy poco dependiente del apoyo finan
ciero de tipo bancario.
San Rafael, a ejemplo de los demás oasis vitivinícolas del piedemonte
cuyano, se encuentra afectado por una política de maltusianismo econó
mico selectiva y discriminatoria dentro de un contexto en la escala del
territorio nacional Además, la fijación de precios topes para el vino,
y más recientemente, la aplicación de un impuesto especial a los vinos
“común” y vinos “reserva” resultan evidentemente muy perjudiciales para
la economía de la zona pedemontana, cuyo ingreso proviene en buena
parte de la vitivinicultura. Pero aun, esa situación favorece a los falsi
ficadores. a los cortadores de vino, a los fraccionadores de la Capital
y del litoral, y por lo general, a las compañías de bebidas gaseosas
implantadas con capitales extranjeros. Los viñateros del litoral aprove
charán también la situación, al aumentar las superficies en vid híbrida
de baja calidad y al buscar el más alto rendimiento cuantitativo, siem
pre en detrimento de la calidad.
\En suma, si bien se transforma, en el oasis de San Rafael, la mayor
parte de la producción agrícola, mediante fábricas, secaderos y bodegas,
mucho de lo que se relaciona con los procesos de comercialización, de
promoción de venta, etc., resulta ajeno a la región. Tanto como en el
sector hortícola, el agricultor está dominado por él acopiador,( todo el
oasis de San Rafael se encuentra en una situación de fuerte dependencia
con respecto al intermediario que asegura la colocación eq el mercado
de su producción, pero en forma que le beneficia a él mismo., Este estado
de dependencia y de inferioridad en el cual se encuentra'' San Rafael,
cuando se trata de su porvenir económico, se debe tanto a la despreocu
pación por fomentar nuevas salidas para sus productos como a su muy
escasa autonomía en el plano administrativo, industrial y financiero, o
a su aislamiento por ser un oasis.
En la época actual, las regiones enclavadas, más aun cuando son
productoras de materias primas alimenticias, no se abren más hacia
nuevos horizontes con la sola penetración del ferrocarril y de nuevos
ejes camineros. La puesta en mercado de la producción hoy requiere
mucha atención y una organización administrativa muy compleja. De
allí en adelante, muchas de las iniciativas tendrán que surgir en la zona
productora misma Luego habrá que erradicar la apatía, el repliegue
sobre sí mismo, si no la total despreocupación en relación con esas
cuestiones. Hasta ahora se ha esperado demasiado de supuestas solu
ciones, a menudo arbitrarias, esbozadas desde afuera, de inversiones
347
se han realizado para aprovechar la energía del río Atuel eran del tipo
capitalista neocolonialista y tenían otra finalidad: el desarrollo de una
nueva industria metalúrgica. Tanto como en lo referente a su produc
ción agrícola, sigue considerándose al sur mendocino como un inagotable
depósito de recursos (alimenticios, energéticos, mineros y también hu
manos). Las fábricas Carbometal y Grassi, ubicadas en las proximidades
de la central El Nihuil N9 1, reciben la cuota previamente fijada y la
línea de alta tensión dirige hacia empresas similares del norte de la
provincia, un buen promedio de la corriente producida en el sur.
Mientras tanto, San Rafael carece de energía y su servicio de elec
tricidad adolece de fallas atribuibles a deterioros en las instalaciones.
Además, sus principales fábricas, incluso las bodegas, aún se ven obli
gadas a tener su propio sistema energético interno para cumplir con sus
349
T
350
Fot. 50 — Centro minero típico en el departamento d e Malargiie, la
mina Ethel S.R.L. se ubica al SW del Nevado. De distintas galerías'
se extraen unas 60 toneladas semanales de manganeso. Se expide el
producto bruto a la refinería de Malargiie.
35J
M alarg ü e y en E l N ihuil, C arb o m etal en E l N ih u il) co n la exp lotación
d e la m in a S an ta C ru z, j
(^Entre Jo s d em ás m in erales q u e se exp lotan en la zon a, se an o tarán
p or ord en d e im p o rtan cia: h ierro ( 2 y acim ien to s), b aritin a ( 2 yacim ien
to s ), yeso y caliza (3 y acim ien to s); en 2 5 d e M ayo se h allan tam b ién
algunas can teras d e trav ertin o y d e ónix d on d e se ab astecen algunos
talleres lo cales)
(A ú n sigu e co sech án d ose la sal en las Salinas d el D iam an te (F o t. 5 1 )
con eq u ip o m od ern o y cam ion es co n tratad o s. E n u n a p eq u eñ a fáb rica
ad y acen te, se in du strializa u n d ébil p o rcen taje d e la sal, ag reg án d o le
iod o p ara uso d om éstico. Sin em b arg o , el trab ajo se p ro sig u e en fo rm a
esp o rád ica, segú n las con d icion es clim áticas, pues se n ecesitan varios
d ías d e p leno sol p ara q u e se en d u rezca la ca p a d e sal q u e cu b re el
lim o y alcan ce a so p o rtar la m aq u in aria.
P o r o tra p arte, au n q u e ab u n d a la caliza, n o h a y aú n fá b rica d e
cem en to (tip o P o rtla n d ). y la zon a su r d ep en d e d e M en d o za en cu an to
a su ab astecim ien to en esa m ateria p rim a b ásica p a ra la co n stru cció n .
L a firm a G rassi se esp ecializa en la p ro d u cció n d e ferro m an g an eso
y silicom anganeso, la C arb o m etal en la p ro d u cció n d e ca rb u ro d e calcio .
L as dos em p resas u tilizan m in erales locales (flu o rita, m an g an eso , caliza,
c u a rc ita ), q u e llegan p o r cam ión , p ro ced en tes d e los yacim ien to s ra d i
cad o s d en tro d e u n rad io d e 1 3 0 a 150 km . U tilizan tam b ién ca rb ó n resi
d u al y v eg etal, co q u e, m an gan eso d e C ó rd o b a y m an g an eso im p o rtad o
(exen to d e silicio) q u e llegan p o r ferro carril. L a p ro d u cció n , v ariab le
segú n el p ro d u cto y las exigen cias d el m ercad o , se exp id e tam b ién p o r
ferro carril. S e m an d an d irectam en te a la em p resa sid erú rg ica d e S an
N icolás los exced en tes d e h ierro y flu orita ab sorb id os p o r las fáb ricas
locales.
L a u b icació n d e esas fáb ricas, en las p roxim id ad es d e u n a im p o r
tan te fu en te d e en erg ía h id ro eléctrica, se exp lica p o r el p re cio m ás b a
rato d e la en erg ía su m in istrad a p o r la cen tral E l N ih uil q u e la d e o rigen
térm ico d e la zon a d el litoral. A sí, e l p recio d el fle te se e n cu e n tra fá
cilm en te su p erad o. Sin em b arg o , e l sitio m ism o, fu e ra d e l se cto r p o b lad o
y d e sus co m o d id ad es, lo cu al req u irió ad em ás la cre a ció n d e p eq u eñ os
pueb los p a ra alo jar la m an o d e o b ra, re su lta , a n u estro ju icio, u n e rro r
d e p lan ificación , si con sid eram os los p rog resos realizad os ú ltim am en te
en el tran sp o rte d e la en erg ía b ajo a lta ten sión. P o r o tra p a rte d eb e
co lo carse d e n uevo en su co n texto la d ecisión to m ad a h a ce 1 5 añ os,
cu an d o e l tran sp o rte d e la en e rg ía h asta 4 0 km , p o r ejem p lo, en el m ism o
oasis d e S an R afael, p o d ía sign ificar u n a p érd id a co n sid erab le.
352
F o t 5 2 __La fábrica d e ferroaleaciones Carbometal S.A., a orillas del
dique-embalse de El Nihuil y a poca distancia d e la usina hidroeléc
trica Ll Nihuil.
353
De cualquier modo, las dificultades que contrarían el desarrollo de
la minería en el sur mendocino se deben a motivos muy variados. Entre
ellos se destacan la falta de capitales importantes y de seguridad desde
el punto de vista jurídico. Dada la escala, reducida por lo general, de
los yacimientos, se necesitaría una comprobación real de conocimiento
de lo que corresponde a un yacimiento, económicamente explotable, a
fin de evitar el fracaso común del agotamiento de las reservas del mine
ral, en plena marcha. Es de esperar que las investigaciones realizadas
para el Plan Cordillerano faciliten el cumplimiento de esta condición.
(^La falta de caminos de acceso en aquel sector minero, y las grandes
distancias que encarecen el transporte considerablemente y, en conse
cuencia, causan la suba del producto, podrían ser los factores más pri
mordiales contrarios a la explotación y fomento de la minería regional. "J
En fin, puede señalarse la falta de establecimiento de concentración o
purificación del mineral a los fines del transporte a mejor precio, la
mecanización muy primaria de la mayoría de las instalaciones, y la es
casez de verdaderos técnicos.
No obstante el hecho de que el oasis de San Rafael se beneficia
desde 1914 con el doble eje ferroviario que lo vincula al litoral y de
conexiones, por rieles también, con los demás centros importantes del
piedemonte cuyano, además de una pequeña red ferroviaria a la escala
de su espacio valorizado (Fig. 6 4 ), este medio de transporte mucho ha
perdido su eficacia, su importancia y su prestigio a lo largo de los últi
mos años. Sin embargo, frente al intenso desarrollo del camino, el trans
porte ferroviario sigue desempeñando un papel aún importante para
mantener el sur mendocino permanentemente abierto hacia nuevos ho
rizontes.
Desde el momento de su nacionalización, los servicios prestados
por los ferrocarriles del Estado (aunque todavía subsistieron muchos
vestigios de la administración por empresa separada) han disminuido
bastante en calidad, y hoy, dejan mucho que desear. En el F . C. General
San Martín, desde San Rafael, los mismos empleados admiten que el
servicio prestado es de tercera categoría.
En el caso de la fruta fresca, por ejemplo, el factor tiempo tiene
mucha importancia; por lo tanto, la terminación reciente del asfalto en
el tramo Bowen-Lincoln de la ruta a Buenos Aires, podría significar un
fuerte golpe para el ferrocarril, si no alcanzan a mejorarse las condi
ciones de transporte vigentes. El problema de la velocidad resulta de
la falta de asientos sólidos para los rieles. Vías obsoletas (algunas datan
de 1910) y equipo antiguo de los vagones asentados sobre resortes, im
piden una velocidad superior a 50 km/h. Además, durante tres años,
354
Fig. 64 — a) Despacho de cargas por ferrocarriles durante el
período 1981-1965.
355
las trochas habían sido unidas en 1948. Se aprovechaba más así el fe
rrocarril sur por el poco tránsito en esa línea, y se le otorgaba además
precedencia al tren frutero sobre el pasajero. Recientemente, se ha con
cretado un proyecto para centralizar todas las operaciones de carga de
fruta seca en Salto de Las Rosas, estación enclavada en medio de una
importante zona frutera. y muy accesible por una buena red de caminos
asfaltados y puentes. La habilitación de esta estación para la carga de
la fruta fresca contribuirá a fomentar la actividad de los pequeños
|TA C O M B O /
MBS
356
vino común viaja en vagones tanques, hasta las plantas fraccionadoras,
no obstante la importancia en el número de camiones tanques (90) que
se dedican a este tipo de transporte en la zona y sin calcular los que
llegan desde Mendoza. Pero en largas distancias, el transporte de vino
resulta antieconómico y este sistema se aprovecha sobre todo para el
traslado de vino, de una bodega a otras, en escala local o regional, es
decir a Mendoza y a veces hasta San Juan.
De 1961 a 1965, el despacho de carga se ha mantenido en forma
normal, salvo para el año 1960, por San Rafael y Malargüe; lo que se
debe en el caso de San Rafael a la baja en las cargas de minerales en
la estación Pedro Vargas, resultante de una escasa demanda en los
mercados (Fig. 64). Se observará además que la evolución de la curva
de despacho mensual, durante el año 1966, corresponde también, en el
caso de San Rafael y de General Alvear, ál período de más intensa
actividad (marzo) en las fábricas, igualmente a un elevado despacho
de fruta fresca.
Por su lado, las empresas de camiones que van multiplicándose en
el sur mendocino, y más aun los dueños de camiones de carga que
trabajan por cuenta propia, por contrato o por licitación (particular
mente en el sector este de la playa, donde la distancia hasta Buenos
Aires resulta en 100 km más corta) aprovechan la débil posición de la
organización del transporte ferroviario. Poco a poco, van acaparando
una parte más importante del transporte de productos regionales hacia
los centros de consumo. Por otra parte, se dan perfectamente cuenta
del hecho de que, al normalizarse el sistema de explotación del ferro
carril, no llegarían ni a entrar en competencia con ello en una distancia
tan larga como los 1.000 km que separan San Rafael de los principales
centros de consumo del país. AI tomar una envergadura considerable
pero exagerada, en razón del carácter anormal de las condiciones de
explotación, el camión encarece automáticamente el producto transpor
tado y perjudica a los productores de la región que quieren competir a
base del más bajo precio posible
Se estima en 500 en la zona sur el número de camiones “livianos”
que transportan en 15 horas ahora la fruta fresca desde la finca del
productor hasta los mercados de venta por mayor de Buenos Aires y de
Rosario; lo que significa una pérdida mínima y una mayor seguridad,
no obstante el costo del flete más elevado.
Por otra parte, el transporte de vino común por camiones tanques
(acoplados), que requieren además grandes inversiones, se encuentra
perjudicado por el ritmo de consumo que afecta el transporte regular
repartido sobre todo el año. En la zona litoral, el consumo de vino suele
357
disminuir en forma apreciable durante el invierno y aumentar conside
rablemente en verano, pues se toma en parte para combatir el calor,
con soda o hielo, según la costumbre. Por consiguiente ese desequilibrio
en el consumo trastorna la corriente normal de las expediciones de vino
desde San Rafael hacia las plantas fraccionadoras con baja capacidad
de vasijas. Imposibilita por lo tanto a los bodegueros medianos para que
lespalden en forma permanente a grupos de camioneros en relación con
esa operación de traslado. Solo las grandes empresas pueden soportar
ose ritmo.
La desocupación de varios camioneros durante parte del año, suscita
una competencia encarnizada y la rebaja consecutiva de los precios,
siempre en favor del bodeguero o del intermediario, cualquiera que sea.
C iCO 2W %C Xm
358
sistema de transporte Piggi-Back y trabaja pues en estrecha relación con
el ferrocarril. Posee 28 furgones con capacidad para 14 toneladas cada
uno. Frutas envasadas y desecadas representan el 65 % de la mercadería
transportable; vinos finos y comunes el 25 %; cueros, lanas y varios un
LO %. En 1966, se expidieron por tren con destino a Buenos Aires 305
furgones; o sea el equivalente de 8.000 toneladas en total. A la vuelta,
los camiones traen sobre todo productos de tienda, almacén, ferretería,
abonos y fertilizantes, y también maderas. Las mercaderías ponderables
(harina, azúcar, leña, gas envasado, etc.) suelen llegar por ferrocarril.
(fEn suma, el sistema de transporte en el oasis de San Bafael se halla
en \ina etapa decisiva.^ El acceso directo al centro de consumo más im
portante del país, además de haber trastornado las estructuras tradicio
nales ha desafiado el monopolio del transporte sobre rieles. Mucho más
flexible que el ferrocarril, el transporte por camión significa para los
sanrafaelinos la oportunidad de controlar la comercialización de su pro
pia producción y también conseguir acceso directo a los mercados de
Río Cuarto, Córdoba, Santa Fe y Paraná, mediante una red caminera
que va ampliándose, y más aun, si se materializa el proyecto del camino
de La Horqueta, desde Monte Comán hacia Mercedes, en la provincia
de San Luis (Fig. 65).
( En cuanto al mercado chileno (Santiago y Concepción) la gran es
peranza del sur mendocino. por el camino cordillerano El Pehuenche
hacia la ciudad de Talca, San Rafael tendrá que esperar mejores días;
por lo menos hasta que se concreten nuevos acuerdos comerciales entre
Chile y la República Argentina, y que se adopten resoluciones tangibles
con respecto al mejoramiento y mantenimiento en forma permanente de
los caminos andinos que vinculan a ambos países A
y
a) Evolución y tendencias
359
con la formación de un grupo de población relativamente homogéneo
con respecto a sus costumbres de trabajo, a sus reacciones frente a los
problemas, y también a sus aspiraciones, no obstante las diferencias
étnicas a priori. Esa población, hoy poco más o menos fijada, ha desa
rrollado rasgos propios dentro del panorama demográfico no solamente en
la escala del país sino también en la regional del piedemonte cuyano.
De 1869 a 1895, el crecimiento anual medio en el sur mendocino
alcanzó a 52,5 %0 (Fig. 66). Este ritmo elevado debía mantenerse a lo
EN /m i l e s OC
PERSONAS
largo del período siguiente (1895-1914) con 52,9%0, ante todo como
consecuencia de las importantes olas migratorias (con fuerte predomi
nio de gente joven, en edad para tener hijos) de origen italiano y es
pañol, que irrumpieron en el país a partir de 1908. De 1914 a 1947, al
disminuir en forma apreciable los aportes exteriores, suministrados por
las migraciones intercontinentales, la tasa media anual de crecimiento
bajó a 32,5 %0. Este promedio casi correspondía en aquel momento al
solo crecimiento vegetativo, pues la tasa de nacimientos era muy ele
360
vada (45% 0) en el sur mendocino. En cambio, con respecto al período
1947-60, hay que distinguir entre el departamento de San Rafael, cuyo
espacio se aprovechó en primer lugar, y el departamento de General
Alvear, de ocupación más reciente y que aun sigue siendo una franja
pionera en el país. En San Rafael, el crecimiento anual medio durante
este último período alcanzó solamente el 21 %0, en comparación con
el 34,6 %0 para el departamento de General Alvear, cuya tasa de naci
mientos se hallaba también más elevada en un 5 %0, dada su calidad
de sector pionero.
Con respecto al período 1947-60, el crecimiento anual medio del
sur mendocino (22% 0) no se ha mantenido por lo menos al nivel del
crecimiento vegetativo medio (2 5 %0). por lo que resulta un déficit
migratorio de —3%0. En realidad, este saldo migratorio deficitario ten
dría que aplicarse exclusivamente al departamento de San Rafael, donde
el crecimiento total ha sido de 30.800 habitantes (21 %0) con respecto
al crecimiento vegetativo de 37.500 (26 %0); o sea una diferencia de
6.700 habitantes en menos y un saldo migratorio de —5%0. En cambio,
en General Alvear, hubo una ventaja de 200 habitantes en el crecimiento
total con respecto al crecimiento vegetativo, y, por lo tanto, un saldo
migratorio levemente favorable.
En una provincia cuyo crecimiento demográfico, durante el mismo
período, se ha caracterizado por su dinamismo, la situación de la región
de San Rafael llama la atención. De 1947 a 1960, la provincia de Men
doza ha conocido un saldo favorable de 4 %0, al aumentar la población
en 237.300 habitantes mientras el crecimiento vegetativo era de 199.200
personas, dejando una ventaja migratoria netamente positiva de 38.100
personas.
Por otra parte, existen además en esta provincia, otros departamen
tos que tienen saldos migratorios desfavorables: Santa Rosa ( - 2 3 % ,)
La Paz ( —12 %0) y Tupungato ( —12 %>) constituyen los ejemplos más
probantes. Sin embargo, en el caso de los dos primeros, han sido per
judicados por problemas muy graves de escasez de agua y de salitres,
jin hablar de las granizadas que alcanzan allí los más elevados prome
dios de daños. Se trata, pues, de sectores ya debilitados, cuyo porvenir
está en cierta forma bastante comprometido; lo que explica el verdadero
éxodo de tipo rural desde aquellos sectores hacia zonas más ricas y
preferiblemente mejor urbanizadas.
Con respecto al oasis de San Rafael, la explicación resulta pasable
mente distinta y mucho más matizada. A pesar de que haya sido castiga
da periódicamente por heladas y granizadas la zona de influencia de los
ríos Diamante y Atuel. debe considerarse definitivamente como zona
361
privilegiada, tanto por la abundancia de sus aguas como por los altos
rendimientos de sus cultivos. Además, no obstante la dependencia re
sultante en gran parte de su aislamiento, el ingreso por cabeza y el
nivel de vida general alcanzan proporciones muy aceptables según las
normas argentinas Por lo tanto, entre las tres zonas de influencia del
piedemonte cuyano, es la región de San Rafael la que ofrece, a largo
plazo, las mejores perspectivas de desarrollo, dado el potencial de sus
recursos y la relativa escasez de su población.
Igualmente, debe considerarse a los departamentos fuertemente ur
banizados, cuyos saldos migratorios resultan netamente positivos: Lavalle
(28% „), Las Heras (20% o), Godoy Cruz y Guaymallén (16% c), los
cuales son en su mayor parte, verdaderos prolongamientos residenciales
de la ciudad capital. Evidentemente, la concentración urbana alrededor
de Mendoza favorece la multiplicación de las ocupaciones en los sectores
secundario y terciario, y por lo tanto desempeña el papel de bomba
aspirante al absorber los excedentes del resto de la provincia y también
de provincias vecinas. Sin embargo, esa mano de obra que afluye de
todas partes está lejos de ser selectiva y una buena parte se convertirá
en desocupada o subocupada.
Si bien hubo varios abandonos y salidas en razón de condiciones
adversas repetidas en la zona sur, y particularmente en San Rafael,
durante la última década, debe buscarse en el nivel urbano la causa
principal del saldo migratorio deficitario. Pese a su crecimiento demo
gráfico, del orden del 40 % entre 1947 y 1960 y de más de 25 % en
1960 hasta ahora, la ciudad de San Rafael no concentra en importancia
y en variedad un número suficiente de ocupaciones secundarias (por el
carácter temporario de la mayoría) y terciarias medias para detener los
elementos inás dinámicos y más capacitados de su población. El medio
urbano local, por ejemplo, no podría absorber y asimilar en función de
las necesidades de la región, la cantidad de egresados locales (pie se
reciben en las distintas universidades del país (sobre todo Cuyo, Cór
doba y Buenos Aires). El elevado ingreso en muchas familias mantiene
el flujo de estudiantes universitarios en alto nivel sin que corresponda
de ningún modo a las necesidades locales. Al recibirse, la mayoría de
ellos tienen que trasladarse a otro lugar para ejercer su profesión en
forma conveniente. En el caso de varios profesionales (abogados, inge
nieros, etc.) que han permanecido en la zona, la finca o la bodega su
ministra el aporte compensatorio gracias al cual alcanzan a vivir decen
temente. L a elevación rápida de nivel educativo entre esa población
joven tendría a corto plazo que acentuar aquella corriente migratoria
362
muy peligrosa con respecto al mantenimiento de la vitalidad demo
gráfica local.
La incapacidad en la cual se encuentra el medio urbano para crear
empleos estables tanto secundarios como terciarios, a fin de absorber
anualmente la mayor parte de la mano de obra disponible proporcionada
por el crecimiento vegetativo o por la mecanización de las tareas agrí
colas (que también produce unos pocos excedentes anuales), estaría en
el origen de la notable pérdida de velocidad en el crecimiento de la
población en la zona sur. Esa situación se traduce, pues, por un saldo
migratorio deficitario cuyos resultados podrían volverse enfadosos, de
proseguirse esas tendencias ya bien inscritas en el contexto local.
b) Caracteres y composición
363
en segunde lugar, con respecto a la función principal (urbana o rural)
de cada distrito.
En la estructura de edades (Fig. 6 7 ), se observará una fuerte pre
ponderancia masculina en los grupos de edades 0-4 y 5-9, con un
107,0 %. En los grupos de edades que abarcan de 10 a 29 años, la situa
ción cambia completamente, y más aun en los dos últimos grupos (20-24
y 25-29), en los cuales la tasa de masculinidad se establece solamente
en 0,83 % y 0,86 % . Al agotarse la corriente migratoria alrededor de los
años 1930 la población empezó a estabilizarse. Así la débil tasa de mas-
A U i.E S oe
«O PERSO GAS'
364
destacan cada vez más las influencias moderadoras que resultan de la
penetración del modo de vida urbano en el campo. En 1966, se estimaba
la preponderancia masculina en el sur mendocino en 102,4 %; es decir
un paso más hacia el equilibrio.
Entre los departamentos de la provincia de Mendoza, salvo en el
caso de La Paz, los del sur mendocino, encabezados por San Rafael, tie
nen la población más estable. En San Rafael, el 68 % de los habitantes
han nacido en el departamento (el más alto promedio entre los depar
tamentos de la provincia), y el 58 % en General Alvear, contra el 43,4 %
en la Capital y el 47,4 % en Maipú, por ejemplo. Por consiguiente, son
pocos los sanrafaelinos que nacieron en otro departamento (1 1 ,9 % ) o
en otra provincia (9 ,9 % ). En cambio, másvdel 1 0% de los habitantes
de San Rafael y de General Alvear nacieron en otro país: otro rasgo
pionero que va desapareciendo.
Muchos entre los que siguen considerándose legalmente como ex
tranjeros se radicaron en la zona hace ya varios años. Si lo aplicamos
a los que no tienen todavía la nacionalidad argentina, el término ex
tranjero pierde gran parte de su significación. Al representar el 10 %
de la población total de San Rafael en 1960 y probablemente mucho
menos en 1967, los extranjeros en su mayoría españoles e italianos se
asimilan fácilmente. En realidad, son escasos los grupos étnicos, salvo
los sirios-libaneses y los judíos, que se resisten a la integración y a la
formación de una entidad con cierta homogeniedad en el oasis de
San Rafael.
Si se considera desde un ángulo especial, el desequilibrio demo
gráfico tomará nuevas dimensiones y resultará directamente de la sepa
ración entre las funciones de carácter urbano o semiurbano, y de carácter
rural. Es bien conocido el hecho de que la ciudad conviene más a la
mujer que al hombre y que, por ejemplo, en un medio urbano altamente
competitivo donde no existan formas de desocupación disfrazada, una
mujer consigue empleo proporcionalmente con más facilidad que el
hombre. En ese sentido, el desarrollo de centros urbanos en una región
tradicionalmente agraria como San Rafael, donde casi toda la econo
mía se encuentra asentada sobre la producción de materias primas ali
menticias y su elaboración parcial o completa, tienen que modificar la
repartición de la población. Al mismo tiempo, se acentuará el predomi
nio masculino ya fuertemente esbozado en el campo y aumentará la
importancia de la presencia femenina en forma mayoritaria en los lí
mites urbanos.
Entre los económicamente activos, en 1960, se estimaba en 53 %
los que trabajaban Entre los varones, el promedio alcanzaba 90 %. Sin
365
embargo, varios suelen trabajar en forma esporádica, es decir, por pe
ríodos intensos pero cortos. Entre las mujeres, solamente el 20 % de la
mano de obra disponible trabajaba. La gran mayoría, 65 %, seguía en
tonces con la tradicional ocupación de ama de casa. No obstante, en los
buenos años de cosecha, como en 1966-67, cuando hay demanda de mano
de obra, y posibilidad de trabajar dos o tres meses, son muchas las que
consiguen tareas en las distintas fábricas de la zona. Por otra parte, cabe
destacar el importante número de estudiantes (4.200) entre los econó
micamente activos, o sea el 2,8 % de la población total; un índice que
bien corresponde a las preocupaciones de la zona sur por un nivel de
educación más elevado.
En todos los distritos rurales de San Rafael y General Alvear, con
la excepción de Monte Comán (cuyo centro tiene algunos rasgos urba
nos), hay un excedente en cuanto a varones que, a veces, es de más del
10 %, como sucede en Cañada Seca, Cuadro Nacional, Goudge o Rama
Caída. En cambio, en los distritos urbanos de San Rafael y General
Alvear, la tasa de masculinidad se nota muy baja. En el sector urbano
de San Rafael cuya población en 1960 (50.659) se componía de 24.307
varones y 26.370 mujeres, la tasa de masculinidad apenas alcanzaba el
93 %, y, por lo tanto, se compara favorablemente a la tasa de un depar
tamento urbano, Godoy Cruz, con 92,3 %. Además, en 6 de los 7 radios
de censo en San Rafael, el número de mujeres supera ampliamente al de
varones, particularmente en el centro.
En aquel censo de 1960, se había establecido en 45,5 % el porcen
taje de la población urbana para la zona sur, con exclusión del departa
mento de Malargüe, y en 54,5 % la población rural, o sea una apreciable
diferencia con respecto a los porcentajes correspondientes a la provincia
de Mendoza, es decir, 62,3 % y 37,7 %. En la actualidad, la población
urbana del sur mendocino tendría normalmente que haber alcanzado
por lo menos un ectado de equilibrio con la población rural.
Sobre la base de los datos suministrados por el censo de 1960, nos
resultó difícil representar adecuadamente la distribución de la población
en el espacio valorizado de San Rafael. En el sistema tradicional utili
zado (Fig. 6 8 ), hemos querido subrayar la importancia del hecho ur
bano y su fuerte concentración con respecto a la eventual dispersión
del poblamiento rural. Igualmente hemos tratado de ubicar los símbolos
de tal manera (pie correspondieran a los sectores más densamente ocu
pados en cada distrito
Como lo hemos señalado en relación con la ubicación de las em
presas bodegueras (Fig. 59), también se destaca, en esa carta de densi
dad de población (Fig. 6 8 ), la importancia de San Rafael, en menor
escala la de General Alvear, y además unos raros focos intermediarios
366
te
S
367
con escasos rasgos auténticamente urbanos, entre ellos Villa Atuel, Real
del Padre y Monte Comán.
Es en cierta manera, el fondo de escenario de la armadura urbana
poco articulada que encontraremos en el espacio valorizado de San Rafael.
368
Cuyo, ya que allí debe hablarse de un Gran San Juan, con más de 160.000
habitantes” n2.
En la zona de influencia de los ríos Diamante y Atuel, más recien
temente valorizada, San Hafael desempeña también un papel de centro
regional secundario: pero sin el apoyo efectivo de factores tan polari
zantes como en el caso de San Juan. Al resultar más vulnerable su
posición correspondiente la cabeza del oasis del sur mendocino ocupará
un lugar más bien humilde en la jerarquía de los espacios valorizados.
L a tarea de mentor que incumbe & San Rafael, como a los demás
centros regionales, resulta más difícil de realizar, puesto que no puede
iniciarse a partir de la independencia que otorga la función político
administrativa de capital provincial, tal como sucede en San Juan y
también en San Luis.
Veremos más adelante hasta qué punto las principales líneas de
fuerza locales convergentes hacia el polo urbano de San Rafael, como
la mayoría de sus funciones esenciales, se encuentran obliteradas por
influencias exteriores, las cuales se manifiestan con una intensidad varia
ble, según emanan de la metrópoli (Buenos Aires) o de la metrópoli
regional (Mendoza).
Fuera de detalles menores, ya hemos establecido la uniformidad de
paisaje que caracteriza a la playa de San Rafael. Por lo tanto debe
destacarse la acción coordinadora del polo de actividad local, o sea el
criterio de cohesión, a fin de desembocar sobre una aplicación concreta
de unidad regional.
Sin embargo, cabe insistir sobre el hecho de que, en la playa misma,
las formas de vida urbana, aun pioneras, no han precedido a las rurales.
Por otra parte, al tener en cuenta las etapas de crecimiento, la evolución
urbana no procede directamente tampoco del desarrollo del campo
consecutivo a un aprovechamiento más racional del espacio.
En el espacio valorizado que se identifica con la región de San Rafael,
aparece la malla inferior de la red urbana organizada alrededor del
centro regional secundario, de algunos centros locales y de una siembra
de pequeños pueblos (Fig.69).
A la escala del espacio valorizado en la playa de San Rafael corres
ponde una armadura urbana local, poco desarrollada en realidad, articu
lada alrededor de San Rafael, su polo principal. En el sector SE, la
ciudad de General Alvear ejerce por cuenta propia una cierta polariza
ción sobre el área inmediata. La habilitación reciente del nuevo cordón12
369
s
tfl
£
370
umbilical de camino que la vincula directamente con Buenos Aires con
tribuirá, a corto plazo, a acentuar sus actuales funciones, pues las
distancias de ida y vuelta hasta el litoral se han acortado en 50 km;
conserva además una ventaja de cerca de 200 km en el trayecto ida y
vuelta con respecto a San Rafael.
Si el ferrocarril ha influido fuertemente sobre la colocación en el
espacio de algunos focos de actividad, la extensión de una red caminera
interna pavimentada ha contribuido también a fijar y estabilizar las
funciones propias de cada uno.
Al jerarquizar, según su importancia, los focos de actividad de la
“m icro-red urbana” en la región de San Rafael, hemos establecido
cuatro niveles (Fig. 69). Estudiaremos aparte, en el capítulo siguiente,
el centro regional secundario que ocupa el primer lugar y que, por lo
tanto, polariza la red del oasis.
En segundo lugar, hay que hacer una distinción entre General
Alvear y los demás centros locales por el papel que desempeña éste en
el sector SE, dada la importancia de su población (más de 20.000 habi
tantes), y la .variedad de los servicios prestados (cabecera departamen
tal, varias subdelegaciones provinciales y nacionales, bancos, 200 casas
de negocios, ventas de maquinarias agrícolas, automotores, equipamien
tos, herramientas, talleres mecánicos, hospital, hoteles, cines, escuelas
secundarias, etc.; cuenta además con los servicios de 18 médicos, 5
dentistas, 6 escribanos y 4 estudios contables). Su área de influencia
desborda los límites del propio departamento y abarca los distritos
vecinos de Jaime Prats y Real del Padre, y en menor escala, el de Villa
Atuel en el departamento de San Rafael. Debe considerarse, en este
caso, la distancia a recorrer hasta San Rafael al tratarse de un servicio
que puede prestar tan fácilmente General Alvear. Por ejemplo, la ma
yoría de los dueños de vehículos de Jaime Prats y Real del Padre
consiguen el patentamiento de automotor en General Alvear.
Igualmente, el límite departamental significa poco en lo que
concierne a compras de uva o traslado de vino. Las poderosas fábricas
locales, encabezadas por la spat, efectúan compras indistintamente en
un departamento y otro para abastecerse en frutas y hortalizas dentro
de cierto radio económico. En ese sentido, el sector SE de la playa
forma una entidad bastante diferenciada, en la cual, el limite adminis
trativo, por arbitrario que sea, alcanza una importancia muy secundaria.
Por consiguiente, hay que colocar a la ciudad de General Alvear
en una categoría especial (centro local de primera categoría), puesto
que desempeña, dentro del sector SE del oasis, un papel similar en
371
372
PE L L E G fltM /
cierta forma al de San Rafael, en la medida en que le alcanza el abanico
más estrecho de sus funciones y servicios.
En el peldaño siguiente, se hallan los centros locales, a los cuales
agregamos el calificativo “de segunda categoría” a fin de distinguirlos
bien con respecto a General Alvear en cuanto a las funciones ejercidas.
Prestan, por lo general servicios locales (correos y telecomunicaciones,
almacenes de ramos generales, tiendas, ferreterías, farmacias, talleres
mecánicos, escuela secundaria, cine, servicio parroquial, subdelegación
municipal o subcomisaría de policía, hospital rural o sala de primeros
auxilios —3 en Villa Atuel y Real del Padre, 1 en Monte Com|ñ-&etc.).
De los cuatro centros que pertenecen, según consideramos, a esa cate
goría, tres se ubican en el sector SE: Bowen, Real del Pádre y Villa
Atuel. El cuarto, Monte Comán, es una creación del ferrocárril y ocupa
una posición aislada al NE del oasis. En cada uno, la población alcanza
por lo menos 2.000 habitantes. Sin embargo, entre ellos, se destaca. Villa
Atuel por la cifra más elevada de su población (3 .5 0 0 h ab itan tes)^ u n a
autonomía local mucho más completa. Eso, como lo hemos ¿Visto
(Fig. 5 9 ), se debe a su función primordial de importante centro vitivi
nícola (30 bodegas), organizado alrededor de la Sociedad Anónima
Arizu, cuya bodega es la más grande del sur mendocino.
Entre los centros de segunda categoría, Villa Atuel presenta un
trazado urbano amplio, y no obstante la débil densidad de ocupación
del suelo, todos los cuadros están ocupados en forma urbana o semi-
urbana (Fig. 70 y Fot. 55). Con un trazado del mismo tipo, pero relati
vamente más extenso y dividido en dos secciones,. a cada^ladonde la
estación de ferrocarril, Monte Comán tiene una densidad de ocupación
del suelo aun más débil porque presenta numerosos cuadró’s desocupa
dos (Fot. 53). De un pueblo a otro, el trazado varía poco realmente, en
cuanto todos se caracterizan por el cuadriculado tradicional. Para
romper la monotonía, se han agregado diagonales que se cortan en el
centro, allí donde suele ubicarse la plaza principal, la única en la mayo
ría de los casos. En algunos pueblos, el trazado iníciál, a veces realizado
por las compañías ferroviarias, ha resultado demasiado ambicioso ( Mon
te Comán) y en La Llave, Goudge y Las Malvinas (Fig. 71, Fot. 54)
por ejemplo, apenas si la mitad o el tercio de las manzanas originalmente
trazadas, hoy están ocupadas. "
En los pueblos, cuya población oscila entre 300 y 1.000 habitantes
por lo general, la prestación de servicios es mucho más limitada, aun a
menudo reducida a artículos de primera necesidad. En el sector NW,
donde se ubican la mayoría, eso significa necesariamente un viaje' a San
Rafael. En el sector NE, los habitantes de Villa Atuel, Real dél Padre
•373
Fot. 54 — Pueblo d e Las Malvinas. Un ejemplo de trazado urbano
demasiado ambicioso, cuya plaza debia constituir el centro.
Fot. 55 — Villa Atuel tj B odega Arizu S.A. (al fondo), la más am plia
en el sur d e la inovincia d e M endoza. Tercer níicleo en importancia
en el oasis, el trazado urbano tiene cierta densidad de ocupación al
rededor de la plaza central.
374
Fig. 71 — Trazado del pueblo de ¡Las Malvinas.
113 Las lineas de ómnibus que vinculan los distintos distritos con la ciudad
de San Rafael cumplen horarios muy incómodos por su escasez. ¡Significan a me
nudo la pérdida de un día entero de trabajo entre ida y vuelta. Además las conexio
nes de una línea a otra son casi inexistentes.
375
El centro de gravedad del espacio útil se ubica, pues, en el sector
NW de la playa de San Rafael, en razón del peso específico represen
tado por el polo urbano de San Rafael, cuyos 60.000 habitantes (estima
ción para 1967) forman el 65% de la población urbana total (92.000).
Además, las distintas actividades que ese núcleo urbano concentra y los
varios tipos de servicios que suministra ejercen, al nivel de la región
una fuerza centrípeta considerable. En el sector SE, a 90 km de distan
cia, el principal foco, General Alvear, no alcanza a restablecer el equi
librio, no obstante el aporte de los tres centros locales (de segunda
categoría). En la realidad, la cisura entre los dos sectores del oasis se
ubica donde la ruta 143 cruza por primera vez el río Atuel (Fig. 65 y
Fot. 33). Este camino constituye el único medio de comunicación
directa por ruta entre el NW y el SE del oasis. Igualmente, a la ampli
tud del espacio valorizado y a la red de caminos bien desarrollada en el
sector NW, se oponen la estrechez del espacio cultivado y la escasez de
caminos que corresponden en el sector SE a una ocupación menos im
portante. Sin embargo, alrededor del núcleo de San Rafael no se en
cuentra ningún centro local, sino varios pequeños poblados. El único
centro local del sector NW, Monte Coman, se halla a más de 50 km
hacia el E , y su importancia la debe al ferrocarril, cuyas vías convergen
allí, y también a la instalación del taller para el mantenimiento del
material rodante.
En cambio, en el sector SE, de amplitud reducida, los centros
locales se suceden de veinte en veinte km desde Villa Atuel hasta Bowen.
En cuanto al centro local de primera categoría, su papel resulta mucho
más trascendente por ser la cabecera del departamento de General
Alvear y también el primer verdadero núcleo urbano sobre el cual des
emboca el nuevo camino Bowen - Lincoln. Por otra parte, los centros
locales de segunda categoría, entre los cuales está Villa Atuel, dada la
equidistancia que aísla cada uno del otro, polarizan en cierta medida
las extensiones cultivadas circunvecinas. Así, Villa Atuel, en el distrito
de Villa Atuel, Real del Padre en el distrito del mismo nombre, y Bowen
en el último distrito del sector valorizado proporcionan, cada uno en su
propio medio, una buena selección de servicios de primera necesidad y
algunos más en el nivel intermediario.
Tercera aglomeración urbana por la importancia de su población,
Villa Atuel goza de una autonomía relativa, más amplia con respecto a
las demás en razón de su escala más extensa de prestación de servicios.
Además de un grupo variado de tiendas y almacenes, sala de primeros
auxilios y médicos residentes, escuela secundaria y parroquia, cuenta
con una sucursal del Banco Hipotecario Nacional, Delegación de la
376
Municipalidad, Subdelegación de Irrigación, Dirección de Vialidad,
fábrica de carrocerías, varios talleres, escuela comercial, etc. Con res
pecto a su posición en el espacio valorizado, y dada la conformación de
éste, se ubica en un lugar estratégico donde los radios de influencia
primaria que emanan de San Rafael y de General Alvear, casi llegan a
coincidir. No cabe duda de que, en el escalón superior, la influencia de
San Rafael aún sigue extendiéndose a todo el espacio útil.
De todos modos, entre el sector NW y el sector SE, la relación
parece ser del orden de 3 a 1. Ya se ha establecido esta reladjón en
función de la población total y de la población urbana. Dos índices
suplementarios bastantes expresivos, si no determinantes, confirman esa
relación de 3 a 1 en favor del sector NW. En primer lugar, el número
de aparatos telefónicos que suman 3.000 en el sector NW contra 940 en
el sector SE y, en segundo lugar, el número de médicos que es de 76
contra 25 en el sector SE; o sea, en ambos casos, una relación muy neta
de 3 a 1 que favorece al sector NW y que evidencia por lo tanto el
papel básico de San Rafael como foco de actividad.
A lo sumo, para comprender y justificar el carácter poco articulado
de la armadura urbana en esa región sur mendocina, tendremos que
estudiar en detalle la morfología, el equipamiento urbano, las funciones
y el umland (zona de influencia) de su centro regional secundario:
San Rafael.
377
Fot. 56 — E l c e n tr o d e la c iu d a d d e S an R a fa e l y la e s ta c ió n d e f e
rrocarril. En el centro a la derecha, la encrucijada de los dos princi
pales ejes (NS, San Martín - El Libertador; W.E, Yrigoven - Mitre, o
calle principal). Abajo a la derecha, la Escuela iXormal; a la izquierda,
la terminal de ómnibus y la diagonal Almafuerte (antiguo trazado ca
tastral). Arriba, frente a la plaza San Martín, la Catedral. Del otro lado
del ferrocarril, arriba a la derecha, el barrio Constitución.
378
fíeos, hemos indicado las primeras transacciones y divisiones de tierras
(Fig. 4 8 ), las principales propiedades de don Rodolfo Iselín en 1903
(Fig. 37) y el uso del suelo alrededor del pueblo de San Rafael en 1908
(Fig. 3 9 ). Igualmente, hemos incluido el segundo loteo realizado alre
dedor de Colonia Francesa en 1910 (Fig. 40) que fijo el tipo de man
zana y de división de lotes en el corazón de la ciudad, y los principales
elementos en el paisaje urbano de San Rafael en 1913 (Fig. 3 8 ). Por
consiguiente, en este capítulo, no serán considerados los factores de sitio,
de situación o de evolución en su sentido histórico, por haber sido éstos
ya abundantemente descritos y comentados anteriormente. Limitaremos
más bien nuestro estudio sistemáticamente al cuadro actual de la urbe
de San Rafael, a su morfología y a sus funciones, a fin de- circunscribir
su verdadero papel de centro regional secundario.
(Estrechamente ligado a la fortuna del agro, sin ser no obstante
creación de éste, el crecimiento de San Rafael se ha acelerado reciente
mente con respecto al del campo, a consecuencia de un fenómeno
general de urbanización en todo el país, por el empuje de la difusión y
del atractivo del modo de vida urbano; de las tareas más livianas y con
horario fijo, y también por el mejoramiento general del nivel de vida.
Sin embargo, en el centro de su estuche agrario, la ciudad de San
Rafael sigue su ritmo de actividad cotidiana calcado en el del campb)
Los días de trabajo se dividen en dos fases nítidamente separadas por
un descanso de 3 a 4 horas, según la temporada, dedicadas al almuerzo
y a la tradicional siesta. En la ciudad como en el campo, el horario de
trabajo empieza temprano y sigue hasta mediodía, o hasta la una en
algunas oficinas (dependencias nacionales y provinciales, municipales,
etc.). En verano, de las 12 a las 16, la ciudad suele estar dormida. Se
mantiene pues en ella un ritmo impuesto por el agro, aunque sean dis
tintas las condiciones en que se realizan las tareas urbanas.
Durante la época de cosecha y de elaboración en bodegas y fábricas
principalmente, el horario tradicional, con siesta intercalada, está fuer
temente trastornado. En eso momento de intensa actividad, el ritmo
rural se asimila a un verdadero ritmo urbano. La elevada tasa de ocupa
ción y los importantes sueldos percibidos en aquel momento favorecen
el negocio local. Durante tres o cuatro meses, por consiguiente, San
Rafael abandona su habitual aletargamiento para tomar aspecto de ciu
dad. Hay movimiento, hay animación; se discute, se opina (casi siempre
acerca de temas relacionados con la producción o la cosecha), jpero, en
fin, la ciudad renace y vive.
La posición actual, tanto geográfica como económica de San Rafael,
no le permitiría desvincularse de la vocación natural del territorio cul-
379
Las ETAPAS?p e CRECIMIENTO , de la
380
Fin. 72.
tivado qüe la rodea y la penetra (Fig. 72). Aún quedan varias parcelas
enclavadas en el espacio urbanizado, y en algunos barrios, particular
mente en el barrio Libertad (Pueblo Diamante) al SE, la instalación pre
dominante es todavía del tipo semiurbano. Su desarrollo industrial em
brionario en ciertos aspectos, le permite ejercer una forma de tutela so
bre el campo. Dado el sistema agrario en uso y el parcelamiento de la
tierra, el centro de San Rafael tiende a convertirse poco a poco en el
propietario del campo, como suele suceder a menudo en país de viñedo.
En cierta forma, sí, es una ciudad rentista del suelo (no podría existir
de otro modo), pero hasta ahora por lo menos, no se ha portado como
parásito, sino como estímulo con respecto al campo, con el que vive en
simbiosis. Igualmente, en razón de las influencias que ejerce en un me
dio bastante aislado, desempeña un papel de ciudad urbanizante, en el
sentido de que, gracias a ella, el modo de vida urbano, las exigencias
de un nivel educativo más elevado, etc., van difundiéndose en el agro.
Durante los últimos años (2 0 ), o sea de 1947 a 1967, la población
de la aglomeración urbana ha aumentado en un 50% , al pasar de 40.000
a 60.000 habitantes, o sea con un promedio anual de crecimiento de
1.000 habitantes. Infelizmente, como lo hemos visto, su equipamiento
urbano y sus funciones limitadas no le han permitido fijar y asimilar
en su totalidad los nuevos elementos urbanos; y esa incapacidad es el
origen del saldo demográfico deficitario que debe enfrentar el oasis.
En suma, la ciudad de San Rafael sería el prolongamiento urbani
zado del sector agrario productivo. En este caso si la ciudad debe a
priori disolverse en el campo y resumirse en un bocage urbano, la ciudad
de San Rafael, no obstante su envergadura limitada y su escasa autono
mía, cumple perfectamente con ese papel imprescindible.
38.1
Fot. 57 __ El primer fo co urbano d e la ciudad d e San R afael tenía
com o centro la capilla italiana frente al carril Nacional (avenida B.
Mitre) en el sector E.
382
L
Alberdi. Esa nueva orientación obliteró el parcélariiiento inicial reali
zado en el sector que se extiende al N de la calle principal, avenida
Irigoyen-Mitre (el antiguo Carril Nacional) (Fot. 58), y al mismo tiem
po al W de la estación de ferrocarril hasta la parte aún cultivada, cuyo
catastro ha conservado su trama original, o sea una orientación general
paralela a la dirección del canal Cerrito. Esta dirección prevalecía en
tonces en todo el sector urbano situado al W de la avenida San Martín,
la cual también divide a la ciudad en dos sectores, W y E. Al S de la
calle principal, el trazado urbano actual aún conserva huellas de aque
lla división inicial según puede observarse en varios mapas (Fig. 72,
74, 75 y 76) cuyo fondo lo constituye el trazado de la ciudad de San
Rafael. El camino a Balloffet conserva dicha dirección, y ,1a subdivisión
realizada en el nuevo barrio Belgrano también lo es a base de la orien
tación del canal Cerrito.,
( a unas cuadras hacia el E, la calle Almafuerte, que se extiende en
tre la avenida Sarmiento y la calle principal, sigue la misma orientación,
es .decir que se encuentra también paralela al canal Cerrito y a la vía
de acceso a Balloffet; rompe por lo tanto la unidad del cuadro tradicio
nal. No obstante la prolongación en este sector del trazado con la orien
tación establecida al N del Carril Nacional (calle principal) en los lo-
teos de 1903 y 1910 (Fig. 37) aún subsisten vestigios que el nuevo tra
zado no supo erradicar al extenderse. Igualmente, en la zona ubicada al
S de la calle principal, el trazado ha perdido regularidad con varias man
zanas que cubren superficies inferiores o superiores a los 10.000 m2.
que identifican a las manzanas tradicionales del sector N. El número
más elevado inicialmente en la parte S, no ha permitido que se mantu
viera la uniformidad al recortarse los loteos.
Por otra parte, si el sistema de distribución de agua ha influido
tanto en el catastro urbano, aún sigue teniendo importancia en cuanto
influye en un elemento característico en los oasis del piedemonte cuya-
no: fias arboledas dentro del trazado urbano. Su papel no se limita sola
mente a embellecer las calles de la ciudad, sino también a procurar la
sombra en los días cálidos de verano^(Fot. 61). Desgraciadamente, la
elección del arco o visco, árbol de la familia de las acacias con follaje
especialmente fino, para la demasiado ancha calle principal (Fot. 58)
no responde al propósito. En la mayoría de las demás calles céntricas
predomina el plátano, planta que se desarrolla rápidamente y exige fre
cuentes y severos cortes, particularmente a causa de los cables eléctricos
que corren paralelamente; además, al abrirse su fruta, favorece la di
fusión de una severa alergia histamínica en forma tal que se prohíbe aho
ra su plantación.
383
Q A partir del pueblo alargado en función del eje del Carril Nacional
en 1904, y aún hasta 1910, San Rafael estuvo extendiéndose hacia el
W , buscando terrenos de primera agua, y ante todo bien drenados. Se
observará esa marcada tendencia a desarrollarse en dirección W , y SW
mejor dicho, en las etapas de crecimiento de la ciudad de San Rafael
(Fig. 7 2 ). En 1915, el centro de gravedad se ubicaba al N de la calle
principal, alrededor de la municipalidad y al SW de la estación de fe
rrocarril. Al E , del otro lado del canal Pavez (un indiscutible límite so
cioeconómico) surgió un pueblo obrero ya perjudicado por una sub
división en pequeños lotes y calles estrechas que contribuyeron a su
desprestigio y a su estancamiento en los años posteriores. En cuanto al
loteo de Benjamín Dupont, ejecutado en terrenos ubicados al E de la
estación del ferrocarril, tampoco tuvo éxito por el difícil drenaje de
dichas tierras, evidenciado por la presencia de un zanjón, aún no col
mado por completo, como se lo notará en la fotografía 34. Ese sector,
hoy barrio Constitución (Pueblo U sina), se convirtió también en un
barrio obrero y cuenta con una elevada tasa de viviendas precarias^
Entre 1915 y 1925, 1925 y 1945 la ciudad progresó poco, como pue
de observárselo en el croquis (Fig. 7 2 ). L a verdadera era de desarrollo
urbano en San Rafael se extendió, pues, de 1949 a 1953, en coincidencia
con una época en que el gobierno de la Nación, mediante diversos or
ganismos financieros, facilitó créditos para la construcción de viviendas.
Entre 1949 y 1953 entonces, y también en 1958-59, se levantaron más
de 450 casas como promedio anual en el departamento, la gran mayoría
e » Unidades S u p e rfic ie
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12
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384
en los límites de la ciudad misma de San Rafael. En cuanto a salones pa
ra negocios, galpones y tinglados, la casi totalidad se edificó dentro del
radio urbano (Fig 73).
C E n realidad, el límite actual del sector urbanizado de San Rafael,
que corresponde al espacio edificado, ya casi se había fijado a fines
de 1958. En los últimos años, fueron pocas proporcionalmente las casas
que se levantaron. Se han realizado nuevos loteos en la margen sur de
la urbe, donde se extienden los nuevos barrios, es decir, en la prolonga
ción del principal eje NS (avenidas San Martín-El Libertador). Se han
aprovechado además varios loteos aislados en el sector W, ya provistos
de los servicios públicos (agua potable, electricidad, pavimentación y,
en algunos casos, red cloacal).^
Extendido a costa de la franja semiagraria, en forma paulatina has
ta 1947, y en forma eufórica durante los diez años siguientes, el radio
urbano no ha conseguido sin embargo absorberla por completo. Encla
vadas aún en el radio urbano, subsisten algunas fincas, y son varias las
que se intercalan en barrios residenciales o mixtos, como sucede en los del
S, del SE o del N, a lo mejor para comprobar la estrecha asociación
entre la ciudad y el agro. No se encuentra por lo tanto alrededor del
núcleo urbano de San Rafael la corona de eriales que atestiguan, según
la importancia de su radio, la avidez en las operaciones especulativas.
385
mxrvxccaerMPTwwn
0,6 J J-»»i
386
con escasos rasgos auténticamente urbanos, entre ellos Villa Atuel, Real
del Padre y Monte Comán.
Es en cierta manera, el fondo de escenario de la armadura urbana
poco articulada que encontraremos en el espacio valorizado de San Rafael.
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Cuyo, ya que allí debe hablarse de un Gran San Juan, con más de 160.000
habitantes" n2.
En la zona de influencia de los ríos Diamante y Atuel, más recien
temente valorizada, San Rafael desempeña también un papel de centro
regional secundario; pero sin el apoyo efectivo de factores tan polari
zantes como en el caso de San Juan. AI resultar más vulnerable su
posición correspondiente la cabeza del oasis del sur mendocino ocupará
un lugar más bien humilde en la jerarquía de los espacios valorizados.
L a tarea de mentor que incumbe a San Rafael, como a los demás
centros regionales, resulta más difícil de realizar, puesto que no puede
iniciarse a partir de la independencia que otorga la función político
administrativa de capital provincial, tal como sucede en San Juan y
también en San Luis.
Veremos más adelante hasta qué punto las principales líneas de
fuerza locales convergentes hacia el polo urbano de San Rafael, como
la mayoría de sus funciones esenciales, se encuentran obliteradas por
influencias exteriores, las cuales se manifiestan con una intensidad varia
ble, según emanan de la metrópoli (Buenos Aires) o de la metrópoli
regional (Mendoza).
Fuera de detalles menores, ya hemos establecido la uniformidad de
paisaje que caracteriza a la playa de San Rafael. Por lo tanto debe
destacarse la acción coordinadora del polo de actividad local, o sea el
criterio de cohesión, a fin de desembocar sobre una aplicación concreta
de unidad regional.
Sin embargo, cabe insistir sobre el hecho de que, en la playa misma,
las formas de vida urbana, aun pioneras, no han precedido a las rurales.
Por otra parte, al tener en cuenta las etapas de crecimiento, la evolución
urbana no procede directamente tampoco del desarrollo del campo
consecutivo a un aprovechamiento más racional del espacio.
En el espacio valorizado que se identifica con la región de San Rafael,
aparece la malla inferior de la red urbana organizada alrededor del
centro regional secundario, de algunos centros locales y de una siembra
de pequeños pueblos (Fig.69).
A la escala del espacio valorizado en la playa de San Rafael corres
ponde una armadura urbana local, poco desarrollada en realidad, articu
lada alrededor de San Rafael, su polo principal. En el sector SE, la
ciudad de General Alvear ejerce por cuenta propia una cierta polariza
ción sobre el área inmediata. La habilitación reciente del nuevo cordón12
369
£
.a»
fe
370
umbilical de camino que la vincula directamente con Buenos Aires con
tribuirá, a corto plazo, a acentuar sus actuales funciones, pues las
distancias de ida y vuelta hasta el litoral se han acortado en 50 km;
conserva además una ventaja de cerca de 200 km en el trayecto ida y
vuelta con respecto a San Rafael.
Si el ferrocarril ha influido fuertemente sobre la colocación en el
espacio de algunos focos de actividad, la extensión de una red caminera
interna pavimentada ha contribuido también a fijar y estabilizar las
funciones propias de cada uno.
AI jerarquizar, según su importancia, los focos de actividad de la
“m icro-red urbana” en la región de San Rafael, hemos establecido
cuatro niveles (Fig. 69). Estudiaremos aparte, en el capítulo siguiente,
el centro regional secundario que ocupa el primer lugar y que, por lo
tanto, polariza la red del oasis.
En segundo lugar, hay que hacer una distinción entre General
Alvear y los demás centros locales por el papel que desempeña éste en
el sector SE, dada la importancia de su población (más de 20.000 habi
tantes), y la variedad de los servicios prestados (cabecera departamen
tal, varias subdelegaciones provinciales y nacionales, bancos, 200 casas
de negocios, ventas de maquinarias agrícolas, automotores, equipamien
tos, herramientas, talleres mecánicos, hospital, hoteles, cines, escuelas
secundarias, etc.; cuenta además con los servicios de 18 médicos, 5
dentistas, 6 escribanos y 4 estudios contables). Su área de influencia
desborda los límites del propio departamento y abarca los distritos
vecinos de Jaime Prats y Real del Padre, y en menor escala, el de Villa
Atuel en el departamento de San Rafael. Debe considerarse, en este
caso, la distancia a recorrer hasta San Rafael al tratarse de un servicio
que puede prestar tan fácilmente General Alvear. Por ejemplo, la ma
yoría de los dueños de vehículos de Jaime Prats y Real del Padre
consiguen el patentamiento de automotor en General Alvear.
Igualmente, el límite departamental significa poco en lo que
concierne a compras de uva o traslado de vino. Las poderosas fábricas
locales, encabezadas por la sp a t, efectúan compras indistintamente en
un departamento y otro para abastecerse en frutas y hortalizas dentro
de cierto radio económico. En ese sentido, el sector SE de la playa
forma una entidad bastante diferenciada, en la cual, el límite adminis
trativo, por arbitrario que sea, alcanza una importancia muy secundaria.
Por consiguiente, hay que colocar a la ciudad de General Alvear
en una categoría especial (centro local de primera categoría), puesto
que desempeña, dentro del sector SE del oasis, un papel similar en
371
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372
cierta forma al de San Rafael, en la medida en que le alcanza el abanico
más estrecho de sus funciones y servicios.
En el peldaño siguiente, se hallan los oentros locales, a los cuales
agregamos el calificativo “de segunda categoría” a fin de distinguirlos
bien con respecto a Genera! Alvear en cuanto a las funciones ejercidas.
Prestan, por lo general servicios locales (correos y telecomunicaciones,
almacenes de ramos generales, tiendas, ferreterías, farmacias, talleres
mecánicos, escuela secundaría, cine, servicio parroquial, subdelegación
municipal o subcomisaría de policía, hospital rural o sala de primeros
auxilios —3 en Villa Atuel y Real del Padre, 1 en Monte Com^n-K ¿te.).
De los cuatro centros que pertenecen, según consideramos, a esa cate
goría, tres se ubican en el sector SE: Bowen, Real del Pádre y Villa
Atuel. El cuarto, Monte Comán, es una creación del ferrocarril y apupa
una posición aislada al NE del oasis. En cada uno, la población alcanza
por lo menos 2.000 habitantes. Sin embargo, entre ellos, se destaca. Villa
Atuel por la cifra más elevada de su población (3.500 habitantes) Jy^una
autonomía local mucho más completa. Eso, como lo hemos '¿Visto
(Fig. 5 9 ), se debe a su función primordial de importante centro vitivi
nícola (30 bodegas), organizado alrededor de la Sociedad Anónima
Arizu, cuya bodega es la más grande del sur -mendocino.
Entre los centros de segunda categoría, Villa Atuel presenta un
trazado urbano amplio, y no obstante la débil densidad de ocupación
del suelo, todos los cuadros están ocupados en forma urbana o semi-
urbana ¡[Fig. 70 y Fot. 55). Con un trazado del mismo tipo, pero relati
vamente más extenso y dividido en dos secciones, - a cada .<?lado} afe la
estación de ferrocarril, Monte Comán tiene una densidad de ocupación
del suelo aun más débil porque presenta numerosos cuadro's desocupa
dos (Fot. 53). De un pueblo a otro, el trazado varía poco realmente, en
cuanto todos se caracterizan por el cuadriculado tradicional. Para
romper la monotonía, se han agregado diagonales que se cortan en el
centro, allí donde suele ubicarse la plaza principal, la única en la mayo
ría de los casos. En algunos pueblos, el trazado iniciál, a veces realizado
por las compañías ferroviarias, ha resultado demasiado ambicioso (Mon
te Comán) y en La Llave, Goudge y Las Malvinas (Fig. 71, Fot. 54)
por ejemplo, apenas si la mitad o el tercio de las manzanas originalmente
trazadas, hoy están ocupadas. f
En los pueblos, cuya población oscila entre 300 y 1.000 habitantes
por lo general, la prestación de servicios es mucho más limitada, aun a
menudo reducida a artículos de primera necesidad. En el sector NW,
donde se ubican la mayoría, eso significa necesariamente un viaje' a San
Rafael. En el sector NE, los habitantes de Villa Atuel, Real dél Padre
\\
Fot. 55 — Villa Atuel y B odega Arizu S.A. (al fondo), la más am plia
en el sur d e la provincia d e M endoza. Tercer núcleo en importancia
en el oasis, el trazado urbano tiene cierta densidad de ocupación al
rededor de la plaza central.
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118 Las lineas de ómnibus que vinculan los distintos distritos con la ciudad
de San Rafael cumplen horarios muy incómodos por su escasez. Significan a me
nudo la pérdida de un dia entero de trabajo entre ida y vuelta. Además las conexio
nes de una línea a otra son casi inexistentes.
375
El centro de gravedad del espacio útil se ubica, pues, en el sector
NW de la playa de San Rafael, en razón del peso específico represen
tado por el polo urbano de San Rafael, cuyos 60.000 habitantes (estima
ción para 1967) forman el 65% de la población urbana total (92.000).
Además, las distintas actividades que ese núcleo urbano concentra y los
varios tipos de servicios que suministra ejercen, al nivel de la región
una fuerza centrípeta considerable. En el sector SE, a 90 km de distan
cia, el principal foco. General Alvear, no alcanza a restablecer el equi
librio, no obstante el aporte de los tres centros locales (de segunda
categoría). E n .la realidad, la cisura entre los dos sectores del oasis se
ubica donde la ruta 143 cruza por primera vez el río Atuel (F ig . 65 y
Fot. 3 3 ). Este camino constituye el único medio de comunicación
directa por ruta entre el NW y el SE del oasis. Igualmente, a la ampli
tud del espacio valorizado y a la red de caminos bien desarrollada en el
sector NW, se oponen la estrechez del espacio cultivado y la escasez de
caminos que corresponden en el sector SE a una ocupación menos im
portante. Sin embargo, alrededor del núcleo de San Rafael no se en
cuentra ningún centro local, sino varios pequeños poblados. E l único
centro local del sector NW , Monte Comán, se halla a más de 50 km
hacia el E , y su importancia la debe al ferrocarril, cuyas vías convergen
allí, y también a la instalación del taller para el mantenimiento del
material rodante.
En cambio, en el sector SE, de amplitud reducida, los centros
locales se suceden de veinte en veinte km desde Villa Atuel hasta Bowen.
En cuanto al centro local de primera categoría, su papel resulta mucho
más trascendente por ser la cabecera del departamento de General
Alvear y también el primer verdadero núcleo urbano sobre el cual des
emboca el nuevo camino Bowen - Lincoln. Por otra parte, los centros
locales de segunda categoría, entre los cuales está Villa Atuel, dada la
equidistancia que aísla cada uno del otro, polarizan en cierta medida
las extensiones cultivadas circunvecinas. Así, Villa Atuel, en el distrito
de Villa Atuel, Real del Padre en el distrito del mismo nombre, y Bowen
en el último distrito del sector valorizado proporcionan, cada uno en su
propio medio, una buena selección de servicios de primera necesidad y
algunos más en el nivel intermediario.
Tercera aglomeración urbana por la importancia de su población,
Villa Atuel goza de una autonomía relativa, más amplia con respecto a
las demás en razón de su escala más extensa de prestación de servicios.
Además de un grupo variado de tiendas y almacenes, sala de primeros
auxilios y médicos residentes, escuela secundaria y parroquia, cuenta
con una sucursal del Banco Hipotecario Nacional, Delegación de la
376
Municipalidad, Subdelegación de Irrigación, Dirección de Vialidad,
fábrica de carrocerías, varios talleres, escuela comercial, etc. Con res
pecto a su posición en el espacio valorizado, y dada la conformación de
éste, se ubica en un lugar estratégico donde los radios de influencia
primaria que emanan de San Rafael y de General Alvear, casi llegan a
coincidir. No cabe duda de que, en el escalón superior, la influencia de
San Rafael aún sigue extendiéndose a todo el espacio útil.
De todos modos, entre el sector NW y el sector SE, la relación
parece ser del orden de 3 a 1. Ya se ha establecido esta relación en
función de la población total y de la población urbana. Dos indices
suplementarios bastantes expresivos, si no determinantes, confirman esa
relación de 3 a 1 en favor del sector NW. En primer lugar, el número
de aparatos telefónicos que suman 3.000 en el sector NW contra 940 en
el sector SE y, en segundo lugar, el número de médicos que es de 76
contra 25 en el sector SE; o sea, en ambos casos, una relación muy neta
de 3 a 1 que favorece al sector NW y que evidencia por lo tanto el
papel básico de San Rafael como foco de actividad.
A lo sumo, para comprender y justificar el carácter poco articulado
de la armadura urbana en esa región sur mendocina, tendremos que
estudiar en detalle la morfología, el equipamiento urbano, las funciones
y el umland (zona de influencia) de su centro regional secundario:
San Rafael.
377
I* ot. 56 — E l cen tro d e la c iu d a d d e S an R a fa e l y la e s ta c ió n d e f e
rrocarril. En el centro a la derecha, la encrucijada de los dos princi
pales ejes (NS, San Martín - El Libertador; W E, Yrigoven - Mitre, o
calle principal). Abajo a la derecha, la Escuela <\orinal; a la izquierda,
la terminal de ómnibus y la diagonal Almafuerte (antiguo trazado ca
tastral). Arriba, frente a la plaza San Martín, la Catedral. Del otro lado
del ferrocarril, arriba a la derecha, el barrio Constitución.
378
fíeos, hemos indicado las primeras transacciones y divisiones de tierras
(Fig. 4 8 ), las principales propiedades de don Rodolfo Iselín en 1903
(Fig. 37) y el uso del suelo alrededor del pueblo de San Rafael en 1908
(Fig. 39). Igualmente, hemos incluido el segundo loteo realizado alre
dedor de Colonia Francesa en 1910 (Fig. 40) que fijó el tipo de man
zana y de división de lotes en el corazón de la ciudad, y los principales
elementos en el paisaje urbano de San Rafael en 1913 (Fig. 38). Por
consiguiente, en este capítulo, no serán considerados los factores de sitio,,
de situación o de evolución en su sentido histórico, por haber sido éstos
ya abundantemente descritos y comentados anteriormente. Limitaremos
rnás bien nuestro estudio sistemáticamente al cuadro actual de la urbe
de San Rafael, a su morfología y a sus funciones, a fin de circunscribir
su verdadero papel de centro regional secundario.
(Estrechamente ligado a la fortuna del agro, sin ser no obstante
creación de éste, el crecimiento de San Rafael se ha acelerado reciente
mente con respecto al del campo, a consecuencia de un fenómeno
general de urbanización en todo el país, por el empuje de la difusión y
del atractivo del modo de vida urbano, de las tareas más livianas y con
horario fijo, y también por el mejoramiento general del nivel de vida.
Sin embargo, en el centro de su estuche agrario, la ciudad de San
Rafael sigue su ritmo de actividad cotidiana calcado en el del campb}
Los días de trabajo se dividen en dos fases nítidamente separadas por
un descanso de 3 a 4 horas, según la temporada, dedicadas al almuerzo
y a la tradicional siesta. En la ciudad como en el campo, el horario de
trabajo empieza temprano y sigue hasta mediodía, o hasta la una en
algunas oficinas (dependencias nacionales y provinciales, municipales,
etc. ). En verano, de las 12 a las 16, la ciudad suele estar dormida. Se
mantiene pues en ella un ritmo impuesto por el agro, aunque sean dis
tintas las condiciones en que se realizan las tareas urbanas.
Durante la época de cosecha y de elaboración en bodegas y fábricas
principalmente, el horario tradicional, con siesta intercalada, está fuer
temente trastornado. En esc momento de intensa actividad, el ritmo
rural se asimila a un verdadero ritmo urbano. La elevada tasa de ocupa
ción y los importantes sueldos percibidos en aquel momento favorecen
el negocio local. Durante tres o cuatro meses, por consiguiente, San
Rafael abandona su habitual aletargamiento para tomar aspecto de ciu
dad. Hay movimiento, hay animación; se discute, se opina (casi siempre
acerca de temas relacionados con la producción o la cosecha), pero, en
fin, la ciudad renace y vive.
La posición actual, tanto geográfica como económica de San Rafael,
no le permitiría desvincularse de la vocación natural del territorio cul-
379
Las ETAPAS oe CRECIMIENTO , de la
380
£
§2
•Sf
tivado que la rodea y la penetra (Fig. 72). Aún quedan varias parcelas
enclavadas en el espacio urbanizado, y en algunos barrios, particular-
menie en el barrio Libertad (Pueblo Diamante) al SE, la instalación pre
dominante es todavía del tipo semiurbano. Su desarrollo industrial em
brionario en ciertos aspectos, le permite ejercer una forma de tutela so
bre el campo. Dado el sistema agrario en uso y el parcelamiento de la
tierra, el centro de San Rafael tiende a convertirse poco a poco en el
propietario del campo, como suele suceder a menudo en país de viñedo.
En cierta forma, sí, es una ciudad rentista del suelo (no podría existir
de otro modo), pero hasta ahora por lo menos, no se ha portado como
parásito, sino como estímulo con respecto al campo, con el que vive en
simbiosis. Igualmente, en razón de las influencias que ejerce en un me
dio bastante aislado, desempeña un papel de ciudad urbanizante, en el
sentido de que, gracias a ella, el modo de vida urbano, las exigencias
de un nivel educativo más elevado, etc., van difundiéndose en el agro.
Durante los últimos años (2 0 ), o sea de 1947 a 1967, la población
de la aglomeración urbana ha aumentado en un 50%, al pasar de 40.000
a 60.000 habitantes, o sea con un promedio anual de crecimiento de
1.000 habitantes. Infelizmente, como lo hemos visto, su equipamiento
urbano y sus funciones limitadas no le han permitido fijar y asimilar
en su totalidad los nuevos elementos urbanos; y esa incapacidad es el
origen del saldo demográfico deficitario que debe enfrentar el oasis.
En suma, la ciudad de San Rafael sería el prolongamiento urbani
zado del sector agrario productivo. En este caso si la ciudad debe a
priori disolverse en el campo y resumirse en un bocage urbano, la ciudad
de San Rafael, no obstante su envergadura limitada y su escasa autono
mía, cumple perfectamente con ese papel imprescindible.
381
Fot. 57 — El primer foco urbano d e la ciudad d e San Rafael tenía
com o centro la capilla italiana frente al carril Nacional (avenida B.
Mitre) en el sector E.
332
Alberdi. Esa nueva orientación obliteró el parcelamiento inicial reali
zado en el sector que se extiende al N de la calle principal, avenida
Irigoyen-Mitre (el antiguo Carril Nacional) (Fot. 58), y al mismo tiem
po al W de la estación de ferrocarril hasta la parte aún cultivada, cuyo
catastro ha conservado su trama original, o sea una orientación general
paralela a la dirección del canal Cerrito. Esta dirección prevalecía en
tonces en todo el sector urbano situado al W de la avenida San Martín,
la cual también divide a la ciudad en dos sectores, W y E. Al S de la
calle principal, el trazado urbano actual aún conserva huellas de aque
lla división inicial según puede observarse en varios mapas (Fig. 72,
74, 75 y 76) cuyo fondo lo constituye el trazado de la ciudad de San
Rafael. El camino a Balloffet conserva dicha dirección, y la subdivisión
realizada en el nuevo barrio Belgrano también lo es a base de la orien
tación del canal Cerrito.,
( a unas cuadras hacia el E , la calle Almafuerte, que se extiende en
tre la avenida Sarmiento y la calle principal, sigue la misma orientación,
es decir que se encuentra también paralela al canal Cerrito y a la vía
de acceso a Balloffet; rompe por lo tanto la unidad del cuadro tradicio
nal. No obstante la prolongación en este sector del trazado con la orien
tación establecida al N del Carril Nacional (calle principal) en los lo-
teos de 1903 y 1910 (Fig. 37) aún subsisten vestigios que el nuevo tra
zado no supo erradicar al extenderse. Igualmente, en la zona ubicada al
S de la calle principal, el trazado ha perdido regularidad con varias man
zanas que cubren superficies inferiores o superiores a los 10.000 m2.
que identifican a las manzanas tradicionales del sector N. El número
más elevado inicialmente en la parte S, no ha permitido que se mantu
viera la uniformidad al recortarse los loteos.
Por otra parte, si el sistema de distribución de agua ha influido
tanto en el catastro urbano, aún sigue teniendo importancia en cuanto
influye en un elemento característico en los oasis del piedemonte cuya-
no: rías arboledas dentro del trazado urbano. Su papel no se limita sola
mente a embellecer las calles de la ciudad, sino también a procurar la
sombra en los días cálidos de verano^(Fot. 61). Desgraciadamente, la
elección del arco o visco, árbol de la familia de las acacias con follaje
especialmente fino, para la demasiado ancha calle principal (Fot. 58)
no responde al propósito. En la mayoría de las demás calles céntricas
predomina el plátano, planta que se desarrolla rápidamente y exige fre
cuentes y severos cortes, particularmente a causa de los cables eléctricos
que corren paralelamente; además, al abrirse su fruta, favorece la di
fusión de una severa alergia histamínica en forma tal que se prohíbe aho
ra su plantación.
383
(TA partir del pueblo alargado en función del eje del Carril Nacional
en 1904, y aún hasta 1910, San Rafael estuvo extendiéndose hacia el
W , buscando terrenos de primera agua, y ante todo bien drenados. Se
observará esa marcada tendencia a desarrollarse en dirección W , y SW
mejor dicho, en las etapas de crecimiento de la ciudad de San Rafael
(Fig. 7 2 ). En 1915, el centro de gravedad se ubicaba al N de la calle
principal, alrededor de la municipalidad y al SW de la estación de fe
rrocarril. Al E , del otro lado del canal Pavez (un indiscutible límite so
cioeconómico) surgió un pueblo obrero ya perjudicado por una sub
división en pequeños lotes y calles estrechas que contribuyeron a su
desprestigio y a su estancamiento en los años posteriores. En cuanto al
loteo de Benjamín Dupont, ejecutado en terrenos ubicados al E de la
estación del ferrocarril, tampoco tuvo éxito por el difícil drenaje de
dichas tierras, evidenciado por la presencia de un zanjón, aún no col
mado por completo, como se lo notará en la fotografía 34. Ese sector,
hoy barrio Constitución (Pueblo Usina), se convirtió también en un
barrio obrero y cuenta con una elevada tasa de viviendas precarias^
Entre 1915 y 1925, 1925 y 1945 la ciudad progresó poco, como pue
de observárselo en el croquis (Fig. 7 2 ). L a verdadera era de desarrollo
urbano en San Rafael se extendió, pues, de 1949 a 1953, en coincidencia
con una época en que el gobierno de la Nación, mediante diversos or
ganismos financieros, facilitó créditos para la construcción de viviendas.
Entre 1949 y 1953 entonces, y también en 1958-59, se levantaron más
de 450 casas como promedio anual en el departamento, la gran mayoría
384
Fig. 73 — b) Salones para negocios, galpones y tinglados construidos
en la ciudad de San Rafael y distritos.
385
386
LL
Fot. 59 — El barrio residencial Manuel Belgrano en el sector W de
la ciudad d e San Rafael entre el parque Yrigotjen (derecha) y el ca
mino d e acceso a Balloffet (alameda). El trazado de este barrio tiene
una orientación correspondiente a la del canal Cerrito distinta de la
orientación del trazado que puede observarse a la izquierda.
387
Al E del canal Pavez, en el barrio Libertad (Pueblo Diamante),
y más allá hacia el naeiente. en el barrio Martín Güemes (Pueblo Soto)
al N, las instalaciones domiciliarias, aunque urbanas, presentan rasgos
semirrurales muy acusados. No se trata solamente de la vivienda, por lo
general levantada en adobe sino también de la huerta, del parral, del
gallinero y, a menudo, del mismo homo de barro. Muchas de esas su
puestas instalaciones urbanas pueden casi ser consideradas como tras
posición en medio urbano de la instalación del contratista en una finca.
(Por lo general, se estima que cerca del 50% de las viviendas y otras
edificaciones en la zona urbanizada de San Rafael han sido levantadas
en a d o b e r o que no excluye, por otra parte, el hecho de que existan
buenas construcciones de toda categoría.) En el caso de viviendas, por
ejemplo, varias son al mismo tiempo casas modernas y amplias (a m e
nudo de dos plantas), dispersas en el área urbana (F o t. 6 2 ). Sin embar
go, los modelos variados que se encuentran, demuestran, desde el punto
de vista de la concepción y del estilo, el buen gusto y la competencia
de los arquitectos locales. (En el centro y hacia el W , la edificación es de
calidad, antisísmica., a base de hormigón annado y de ladrillo. Por otra
parte, el conjunto luce muy anárquico por la falta de reglamentación
adecuada con respecto a la zonificación. El único barrio verdaderamente
residencial y homogéneo, lo constituye el Belgrano, barrio de prestigio
o social, entre el parque Hipólito Yrigoyen y la avenida Balloffet en la
parte W (Fot. 59). En todos los demás sectores, aunque domine la
función residencial, ésta se presenta entremezclada con negocios de toda
categoría, talleres, fábricas, etc. L a ausencia de datos con respecto al
uso del suelo, a la clasificación de los edificios, a la densidad de ocupa
ción horizontal, etc., limita evidentemente nuestras consideraciones a
resultados obtenidos por investigación personal. Así, salvo en el caso del
barrio Belgrano y de unas cuantas manzanas periféricas con rasgos se
mirrurales, nos resulta imposible seguir adelante con el estudio de la
diferenciación de barrios, cuyos matices por lo general llegan a con
fundirse. El estudio de funciones que desarrollaremos en un capítulo
ulterior dará más luz en la cuestión, lo esperamos' *)
Fuera de los principales ejes de comunicación con los demás nú
cleos del oasis, la red de calles pavimentadas en la ciudad de San R a
fael (Fig. 7 4 ), excede apenas los límites de la red cloacal, y representa
menos del 50% de la superficie total de las vías públicas. Dada la doble
fila de acequias (imprescindibles para asegurar el riego de los árboles)
que aíslan las veredas de la calle propiamente dicha, las obras de pa
vimentación requieren una inversión relativamente elevada y totalmente
a cargo de los propietarios ribereños. L a extensión de la red de pavi-
388
-
i
Drb J
3S9
mentación se limita, pues, al sector más céntrico y más antiguo, y a unas
calles del barrio Belgrano. (El asfalto está ausente en los barrios obre
ros (Libertad, Constitución, 9 de Julio y Martín Güemes) (Fig. 74 ).
Una vez más se nota el papel discriminatorio desempeñado por las ba
rreras sociales, que constituyen en muchos aspectos el canal Pavez, por
una parte, y el ferrocarril y su playa de carga, por otra.
(Sn San Rafael, la red cloacal ha sido habilitada por Obras Sanita-
íias de la Nación solamente desde principios del año 1966 y además en
forma parcial, ante todo con el fin de solucionar el problema de la edi
ficación en altura en el centro urbano^( Fig. 75 ). (La falta d e red olea-
cal impedía la construcción de edificios con más de dos nlantas. dada ia
necesidad de utilizar tosas sépticas y el peligro ciue representaba el au
mento de densidad de UI1 esnacio reducido. P e r lo tantn San R a fa e l
ha sido hasta ahora una ciudad chata (Fig. 76). En cuanto a la red de
agua notable, abastece ahora, el 90% de la nobhíción [Link] em
bargo, no alcanza todavía las manzanas semiurbañas más desfavorecidas
en los barrios periféricos (Libertad, Constitución, Martín Güemes y 9
de Tulio), cuyos vecinos se abastecen con aguas subterráneas o desde
un surtidor público Las fábricas del sector E, por su parte, aprovechan
el agua subterránea de buena calidad que se encuentra felizmente a me
nos de 40 metros de profundidad^
^ E n nuestra época, todas las ciudades que alcanzan cierta importan
cia se enorgullecen de tener una zona céntrica, correspondiente por lo
general al “Centro de Negocios”, bien destacada, con edificios elevados
que les procuren la ilusión de un skyline de gran ciudad.^on pocas las
urbes argentinas aun no contaminadas por esa tendencia mundial, acele
rada además por el crecimiento en el precio del terreno bajo el empuje
de la especulación. Ciudades medianas como Jujuy, Río Cuarto, Bahía
Blanca y aun Comodoro Rivadavia, ya cuentan con varios rascacielos
modernos que les otorgan un nuevo sello urbano. En Mendoza, los edi
ficios de varios pisos surgen por todos lados; en San Juan se aprovechó
la intensa destrucción causada por el temblor de 1944 para renovar la
zona céntrica, sobre todo administrativa, con edificios altos, modernos,
funcionales y antisísmicos, que han modificado profundamente su as
pecto característico de ciudad tradicional.
(g_ada la falta de red cloacal y no obstante su importancia, San Ra
fael se sintió, en cierto modo frustrada durante largos años por no tener
ni siquiera un solo rascacielos. Hasta 1966, los únicos elementos que
llegaban a culminar por encima de la línea de los árboles eran el techo
de la catedral y las torres de la municipalidad y de la Casa Departamen
tal. F.s decir, pues, que San Rafael se caracteriza por su aspecto chato ^
390
1
391
Fig. 78.
Fot. 61 — Primer edificio en altura construido en ¡a ciudad d e San
Rafael. Destaquemos el sistema de acequia hormigonada y los plátanos
que forman las arboledas. A la izquierda, una casa moderna.
392
(Fig. 7 6 ) / En su mayoría, las construcciones se limitan a una planta
baja; y soriTélativamente pocos en realidad, particularmente en el centro
comercial mismo, los edificios que tienen dos plantas. En diclio mapa,
hemos ubicado, para la zona que corresponde al centro de San Rafael,
todas las construcciones que cuentan con planta baja y un piso, y las
que alcanzan tres plantas en adelante. Al mismo tiempo se obervará
su dispersión. En las proximidades del centro, la mayoría de los edifi
cios con dos plantas son viviendas modernas cuyo estilo característico
(Fot. 62) ha tenido éxito por ofrecer más superficie habitable en lotes
con dimensiones reducidas, lo cual es importante si se considera el
precio elevado del terreno en dicho sector. Cabe señalar también la
existencia, en el “Centro de Negocios”, de algunas falsas fachadas de
primer piso (Fig. 76 ), una astucia con color local que permite cumplir
con la ordenanza municipal, la cual obliga, desde hace unos años, a
levantar construcciones de dos plantas como mínimo en las calles prin
cipales (Yrigoyen-Mitre y San Martín El Libertador). Estas falsas fa
chadas se concentran en las proximidades de la encrucijada San Mar-
tín-Mitre, que forma el centro urbano oficial} ( Fot. 56).
(Recientemente se ha completado la construcción de dos edificios
de varios pisos. El primero, cerca de la municipalidad, cuenta con ocho
plantas divididas en departamentos (vendidos por sorteo). El segundo,
alcanza también ocho pisos y ocupa la esquina NW de la calle principal
y de la avenida Pellegrini. Se han conservado la planta baja para unas
tiendas (tipo boutique), los dos primeros pisos para oficinas, y el resto
¡jara departamentos. En fin, frente a la calle Balloffet, se está edifican
do un nuevo hotel de 12 pisos con 170 cuartos.'}
(|pr otra parte, la concentración relativamente débil de las activi
dades administrativas y financieras en el centro, debido a la escasa den
sidad de ocupación vertical, ha favorecido la extensión exagerada de]
sector comercial hacia el E en el eje de la calle principal. Por consi
guiente, la ausencia de edificación elevada impidió que se creara en el
centro un verdadero núcleo comercial y financiero, cuya influencia cen
trípeta hubiera podido ejercerse sobre las demás actividades en el sen
tido de una mayor concentración dentro de un espacio sensiblemente más
reducido J
(E n las condiciones actuales, la densidad de ocupación por manzana
del espacio edificado en el radio urbano de San Rafael debe conside
rarse en el nivel horizontal}(Fig. 77).ÍSe observará en primer lugar el
alineamiento a lo largo del eje principal W E, predominantemente comer
cial, de varias manzanas, cuyo índice de ocupación horizontal supera el
80%. Se notará además una fuerte proporción de manzanas densamente
393
1
p;h J
N-
£
394
edificadas ( + 6 0 % ) al W del eje central NS (San Martín-El Libertador).
Al E de e.-te mismo eje, el número de manzanas con índice superior al
80% no alcanza a 10. Esta repartición confirma la tendencia hacia el
SW del crecimiento urbano y el desprestigio en que se encuentra el
sector E, por el número de fábricas que allí se ubican, la estrechez de
las calles, la extensión de los barrios propiamente obreros, el más di
fícil drenaje debido a la orientación de la pendiente, y la falta de red
cloacal. En cuanto a las densidades inferiores al 40% o más bien al 20% ,
corresponden a la franja periférica, en la cual se reparten las instala
ciones domiliarias con rasgos semirrurales, que ya hemos señalado^)
En relación con el precio estimado del terreno dentro del radio ur
bano en 1966 (Fig. 78), los lotes que representan el valor más elevado
( + $ 5.000 m|n m2) se ubican en el sector de ocupación más antiguo.
La mayoría se halla en los límites del primer trazado realizado por
Iselín a principios del siglo. En este croquis sobresale igualmente la ten
dencia hacia el SW en el crecimiento de San Rafael, si tenemos en
cuenta el área abarcada por el valor de § 3.000 m/n. Al N del eje prin
cipal, en razón de la presencia del ferrocarril, los cambios en la escala
de valores se suceden más rápidamente, (jfentre el sector W y el sector
E de la ciudad, el contraste es también muy nítido; y otra vez más se
destaca el papel de límite socioeconómico del ferrocarril y del canal
Pavez. Hacia el W \ el sector aislado, cuyo valor del terreno aventaja
los § 3.000 m /n m2 corresponde al barrio residencial Belgrano, el cual
por su posición en las proximidades del parque Yrigoyen y del Club
de Tenis, alcanza un valor más alto.
En suma, si sigue subiendo paulatinamente el precio del terreno,
particularmente en la zona céntrica de la ciudad de San Rafael, esto
depende más del proceso inflacionario que de una verdadera especula
ción, dado el estancamiento relativo en que se encuentra la construcción
en la zona sur.
395
396
Fig. 78.
producto y de su comercialización para su ingreso, el hecho capital con
siste en la, elección del área urbana como sector de residencia.
A principios de 1967, se estimaba entre 13.000 y 14.000 el número
de viviendas edificadas en San Rafael, de las cuales 5.000, más o menos,
eran construidas a base de adobe con revoque y más de 1.000 eran pre
carias. En esas condiciones, el promedio de ocupación por vivienda al
canzaría a 4,5 personas, con oscilaciones medias del orden de 3,5 a 5,5
personas de un barrio al otro, en función del carácter socioeconómico
dominante.
Varias actividades industriales se desarrollan dentro del radio ur
bano propiamente dicho; sin embargo, las de mayor importancia (fábri
cas de conserva, bodegas con alta capacidad de vasijas, aserraderos, fá
bricas de aceite, etc.) se ubican en barrios lejanos de la zona céntrica.
Esas industrias de mayor desarrollo se han instalado sobre todo al E
(Fig. 79) del canal Pavez, algunas de ellas en pleno sector residencial
del barrio Libertad (Fot. 60) al cual contribuyen a desprestigiar, entre
otras cosas, por la forma antihigiénica en que echan las aguas servidas
en las acequias. Otras ocupan sitios a lo largo del eje Balloffet y algunas
más están radicadas en el sector N, alrededor del ferrocarril.
En el centro se encuentran también bodegas, aserraderos y fábricas,
pero al E del eje NS (avenida San Martín); y ocupan de preferencia los
terrenos enclavados entre la calle principal y el ferrocarril. Algunas pe
queñas fábricas de distintas categorías ocupan manzanas a veces muy
residenciales. Eso sucede por ejemplo en el caso de ciertas panaderías
y fábricas de pastas. Se notará la presencia esporádica de talleres me
talúrgicos y. sobre todo, la profusión de talleres mecánicos (Fig. 78)
cuya agrupación en varias manzanas del área céntrica o inmediatamen
te vecina constituye un importante factor de depreciación del ambiente
residencial; lo que generalmente se traduce por una baja en el valor
de los inmuebles.
Í
La ciudad de San Rafael cumple una importante función educati-
*anto en el ambiente local como en toda la zona sur. Cuenta con
una nueva Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria que desempe
ñará un papel creciente en el futuro. Posee además una Escuela Normal
Mixta y un Instituto del Profesorado (Universitario) de Filosofía. Se
encuentran también escuelas industriales y de comercio, algunos colegios
secundarios y de enseñanza media técnica, entre las cuales se destaca
un Instituto Técnico
Se observará sobre tocio en el croquis correspondiente (Fig. 80) la
concentración en un radio muy corto, desde la plaza San Martín, de
la mayoría de las casas de enseñanza junto con las oficinas de medios
397
oí
t-
ú
£
398
de difusión (periódicos, radioemisoras y canal de televisión) locales y
las principales librerías. (Las escuelas primarias son las únicas que están
diseminadas en. los distintos barrios.^
^En cuanto a la función religiosa, el sur de la provincia de Mendoza
ha sido convertido en un nuevo obispado católico en 1964. L a nueva
diócesis, con sede episcopal en la ciudad de San Rafael, comprende los
tres departamentos sureños. Frente a la plaza San Martín está la cate
dral, el clero secular agrupa a cinco parroquias (tres en la ciudad de
San Rafael) y ocho capillas públicas. Los Hermanos Maristas dirigen
también un colegio secundario. En fin, otras denominaciones religiosas
(Metodistas, Evangélico-Bautista, Mormones, Luteranos, Testigos de Je-
hová, Pentecostés y Asamblea Cristiana) igualmente tienen sus templos
en la ciudad. ^
fL os diarios locales (Comercio y La Capital) suman juntos una ti-
í a d a a e 7.000 ejemplares, o sea que no alcanzan a contrabalancear la
influencia del gran diario cuyano, Los Andes, de la ciudad de Mendoza,
el más popular en la zona sur también, con más de 8.000 ejemplares ven
didos diariamente. Además los diarios locales tienen un radio de influen
cia limitado a la zona inmediata (L a Capital), o al oasis únicamente
(Com ercio))(Fig. 94).
Una sola radioemisora comercial trabaja a base de horarios norma
les. La otra depende de la municipalidad y funciona unas horas al día.
El papel que desempeña es exclusivamente informativo y educativo. Con
equipo adecuado pueden captarse también emisoras chilenas proceden
tes de Santiago. El canal local de televisión no tiene vínculos con los
de Mendoza; además la distancia y el relieve impiden técnicamente las
conexiones. En lo inmediato no existen proyectos para instalar torres de
transmisión. Por otra parte la estación local no recibe «esas videograba
ciones realizadas en Buenos Aires con que Mendoza se abastece en bue
na parte. Por consiguiente, el telespectador sureño está condenado, salvo
algunas novelas locales, a absorber un 80 % de películas norteamerica
nas castellanizadas en Méjico o Puerto Rico; lo que, a la larga, podría
constituir un serio factor de aculturación y de nivelación de la pobla
ción en el grado más bajo. Pese a la escasa selección de programas, la
popularidad de la pequeña pantalla se mantiene y el número de aparatos
vendidos va aumentando regularmente.
Q ^ s medios de recreo no abundan en San Rafael. Fuera de los cua
tro cines, pocas confiterías con salón de fiesta, bien agrupadas en
el centro, particularmente a lo largo de la avenida San Martín, las faci
lidades se limitan a .algunos clubes sociales también instalados en el
centro en su mayoría dFig. 81). Se notará, al mismo tiempo, la situación
399
400
p,b J -W « tj
s
limítrofe de los clubes de deporte (Pedal Club, canchas de fútbol, can
chas de tenis, etc.) y de los parques. Los dos grandes parques (Isla del
Diamante e Yrigoyen) por hermosos que sean, representan para los
vecinos de los barrios del E y del N un largo recorrido. Fuera de éstos
y de las plazas de barrio, no hay parque, y ya se sabe que ciertos clubes
de deportes existen para quienes pueden aguantar la cuota de ingreso,
es decir, para una pequeña minoría. En relación con el recreo, San Ra
fael tiene poco que ofrecer.
L a mayoría de los hoteles se ubican a lo largo de la avenida San
Martín, entre la estación de ferrocarril y la calle principal. En el sector E
hay uno solamente. Residenciales y pensiones también están agrupadas
en las proximidades de la terminal de ómnibus. En cuanto a los come
dores, se juntan en dos puntos principalmente: los de primera clase
(Club Andaluz, Club Español y Jockey Club) alrededor de la munici
palidad; lo, demás, adyacentes a la terminal de ómnibus. Se notará
(Fig. 81 y Fot. 56) la agrupación de todas esas funciones en el eje de
la avenida San Martín, al N de la calle principal.
Hasta unos años atrás, la situación hotelera era deplorable. Los
hoteles céntricos se mantenían sobre todo con la clientela de los viajan
tes que llegaban de Mendoza y limitaban al mínimo su estada en San
Rafael. Los escasos turistas que, por otra parte, se aventuran hacia el
sur de la provincia de Mendoza, solían detenerse en el hotel de turismo
de la Isla del Diamante, un lugar agradable y tranquilo, pero lejos del
centro urbano. La apertura reciente del tramo Bowen-Lincoln ha mo
dificado la situación drásticamente. La mayoría de los viajantes realizan
ahora la gira completa desde Buenos Aires, por General Alvear, San
Rafael, Mendoza y San Luis, etc. o viceversa. Igualmente, con la pers
pectiva de utilizar caminos distintos de ida y vuelta, los turistas proce
dentes de la zona litoral empiezan ahora a afluir a San Rafael. En
consecuencia, se ha producido una demanda creciente de alojamientos
convenientes que aceleró la habilitación de nuevos hoteles y la reno
vación de otros. El futuro Hotel de Turismo de la ciudad (en construc
ción) con sus 12 pisos y sus 175 habitaciones deberá resolver por un
tiempo el problema del déficit de alojamiento. Además, su ubicación
frente al camino a Balloffet (ruta 143) habrá de favorecer, a la larga, el
desplazamiento del centro de gravedad del “Centro de Negocios” hacia
el W en el eje de la calle principal.
Hay ahora en existencia desde hace muy poco, además de la agencia
provincial de información turística, dos agencias de viaje que organizan
excursiones a los alrededores, y prolongan por lo tanto la estada del
turista en la zona.
401
Fig. 81
402
i
tkw
Si, por otra parte, las funciones administrativas (nacionales, provin
ciales y municipales) y legales muestran cierta tendencia hacia la dis
persión, las funciones bancarias y financieras, en cambio, están bastante
bien agrupadas en unas pocas manzanas (Fig. 82). L a concentración
máxima se observará entre la municipalidad y la terminal de ómnibus.
En ese aspecto, la influencia de la estación de ferrocarril resultó nula.
Concretamente, la posición más al SE del barrio cívico, que comprende
funciones tan importantes como el Juzgado Federal, la Dirección Gene
ral Impositiva y la Casa Departamental, ha favorecido el deslizamiento
hacia el E de algunas funciones, y más especialmente de las oficinas
profesionales. De todos modos, si se trazara una diagonal entre la mu
nicipalidad y la Casa Departamental, constituiría casi un eje de equili
brio en la repartición de las funciones, al mismo tiempo que una línea
de demarcación entre las funciones administrativas, que agrupan varias
delegaciones, sin mucha autonomía, de distintas direcciones provinciales,
y las funciones financieras. En fin, se notará la concentración de las
escribanías.
Por lo general, los bancos desempeñan un papel de escasa enver
gadura en el fomento de nuevas empresas. Cuatro son bancos nacionales
y tres, bancos provinciales. La única empresa local, Financiera de San
Rafael, constituida por capitales privados de San Rafael, limita su campo
de acción a créditos que acuerda a sus accionistas, comerciantes en su
mayoría, a base del volumen con que giran mensualmente y sin tener
en cuenta su capital.
Desde su instalación en San Rafael, el Banco de la Nación Argenti
na tuvo señalada influencia en el desarrollo de la industria, el comercio
y la agricultura regional Pero durante los últimos años, se ha observado
una lentitud en la tramitación de los créditos a tal punto que se torna
imprescindible la reactualización de las reglamentaciones del banco, por
lo arcaicas y poco funcionales. Igual cosa ocurre con el Banco Hipoteca
rio Nacional, cuyos préstamos, difíciles de conseguir, no concuerdan
más con los costos reales de construcción de la vivienda y no llegan a
cubrir por lo tanto la mitad de su valor. En cuanto al Banco Industrial
de la Nación, no ha llenado nunca las necesidades de la región. En fin,
el Banco de Mendoza, es el único cuya actuación ha sido positiva. Con
capital aportado por el gobierno provincial y particulares, se desenvuelve
en forma más ágil que otras instituciones, librando al interesado de trá
mites complejos, siendo además accesible en las operaciones. Por ejem
plo, cuando las instituciones nacionales restringieron los préstamos, so
portó el peso de operaciones comerciales e industriales, a pesar de no
estar respaldado por un capital tan importante como aquéllas.
403
FU N C IO N ES ADMINISTRATIVAS* LE G A L E S-B A R C A R IA S V FINANCIERAS
404
fe
te
QEn suma, esas funciones ( administrativas y legales, bancarias y
financieras) superan ampliamente los límites urbanos y se extienden
no solamente al departamento de San Rafael sino a todo el sur de la
provincia de Mendoza. Su radio de influencia constituye la base en que
se apoya la actividad de San Rafael y desde la cual suele afirmarse como
polo de actividad en el oasis^^Io obstante sus limitaciones, los servicios
prestados deben ser considerados en sí, es decir, por lo que significan
en ese ámbito, sin compararlos con otros de nivel superior.^
Para tener una visión más cabal de la repartición de las actividades
comerciales en el centro de la ciudad de San Rafael hemos distinguido
entre funciones y servicios de carácter personal (Fig. 83) y funciones
de carácter general (Fig. 84). Generalmente, en cada manzana se halla
por lo menos un negocio de venta de comestibles, una tienda o una
peluquería, y a veces las dos o las tres juntas. Al considerar la densidad
de ocupación por manzana de las funciones y actividades comerciales
de carácter general y personal (Fig. 85 ), se notará una nítida concen
tración entre la plaza San Martín y la terminal de ómnibus. Las dos
manzanas céntricas, adyacentes al principal eje NS, y que cuentan con
una galería, agrupan más de 40 negocios y servicios cada una. En las
manzanas que bordean la calle principal, el número de negocios es
superior a 20 o por lo menos a 13. En el sector W , varias manzanas su
man más de 6 negocios, y algunas más de 12 negocios; pero en el sec
tor W, fuera de las manzanas que bordean la calle principal, la concen
tración baja de golpe a menos de 5 negocios.
Esos negocios (y servicios) de carácter personal, se reparten en la
mayoría entre 10 manzanas de una parte y otra de la calle principal,
más bien intercalados entre la plaza San Martín y la terminal de ómnibus
(Fig. 83). Alrededor de éste, además de los inevitables restaurantes-ba
res y algunos negocios de venta de comestibles, se ha desarrollado un
importante comercio de artículos para el hogar y de vestir, de baja
calidad, dividido entre unos cuantos pequeños negocios. Para la gente
del campo y los habitantes de las aldeas cercanas o lejanas que viajan
por ómnibus al centro de San Rafael, esos negocios, casi pegados a la
terminal, cumplen una función esencial, la de ofrecerles artículos de
primera necesidad a bajo precio, lo que explica la popularidad de ese
sector comercial. En horas de comercio, cabe recorrer aquellas calles
siempre muy animadas, para gozar de un espectáculo bastante pinto
resco y darse cuenta de la importancia de los lazos que vinculan a la
ciudad con el campo. Por otra parte, los negocios de artículos para el
hogar muestran una marcada preferencia por la calle principal, parti-
407
408
Fig. 85.
í
cularmente al E de la avenida San Martín, donde llegan a tener más
importancia, proporcionalmente, que los demás.
En cambio, con respecto a los negocios y servicios de carácter ge
neral, se observará (Fig. 84) una repartición de tipo centrífugo. Esos
negocios, por ejemplo, están poco representados en las diez manzanas
céntricas en que dominan las funciones de carácter personal. La venta
de artículos de abastecimiento para el campo, diseminada en el sector W ,
se encuentra a lo largo de la avenida Mitre, desde la calle Las Heras
hasta el canal Pavez, en el sector E.
Por otra parte, la presencia de negocios de esa categoría y también
de negocios de repuestos entre las funciones de servicios con carácter
personal (oficinas administrativas y financieras, bancos, etc.) contribu
yen en la realidad al desprestigio del papel básico del “Centro de Ne
gocios” en San Rafael.
En cuanto a talleres mecánicos y otros, desgraciadamente salpican
el radio urbano y desvalorizan en forma apreciable las propiedades
vecinas. Si bien son escasos en la zona céntrica, su número se incrementa
en las proximidades del ferrocarril, particularmente entre éste y la calle
principal.
Al contemplar la repartición de las distintas actividades comercia
les en función de su densidad por manzana y también por calle, hemos
delimitado el espacio correspondiente a la extensión de la zona comer
cial en el centro de la ciudad de San Rafael (Fig. 86). Se advertirá
además, la preponderancia del eje W E articulado en función de la calle
principal, con respecto al eje NS articulado en función de la avenida
San Martín. En el primer caso, la zona comercial se extiende desde el
camino a Balloffet (ruta 143) hasta el canal Pavez. En cuanto al eje NS,
a partir de la terminal del ferrocarril, no se extiende en más de una
cuadra y media al S de la calle principal (Fot. 56). En dicho croquis,
se ha indicado el sitio del mercado principal en el sector E y de otro
de menor importancia en el sector W. Igualmente, se ha señalado la
ubicación de las tres galerías en manzanas que se caracterizan, como lo
hemos visto, por su alta dedicación a negocios de carácter personal.
Cabe mencionar aquí, que los bulevares (Rivadavia y Moreno) tra
zados por Benjamín Dupont en 1910 no han atraído el comercio sino
en forma esporádica y más bien humilde. Se notará, por lo tanto, la
escasez de casas mayoristas con respecto a la importancia del consumo
en la zona; hecho derivado de la poderosa gravitación de Mendoza sobre
la distribución de los productos en escala regional.
Las principales empresas de transportes automotores se concentran
en la periferia inmediata con respecto a la zona comercial, particular-
409
ib.
I
410
Fig. 86.
mente al N; por su parte las empresas locales de ómnibus están radica
das al S. Cabe tomar nota, también, de la posición estratégica ocupada
por la terminal de ómnibus, completada en su estado actual desde 1953.
Su importancia está vinculada al hecho de que la utilizan tanto las
líneas locales (incluyendo El Nihuil, Monte Comán y General Alvear)
come las líneas exteriores a Mendoza, Buenos Aires o Zapala vía
Malargüe.
A partir de 1931, empezaron a funcionar las primeras líneas de
ómnibus, entre la ciudad y Cuadro Benegas, en primer lugar, luego
entre la ciudad y Las Malvinas, Rama Caída, Cañada Seca, Cuadro
Nacional y General Alvear. Al mismo tiempo, también, se estableció la
primera línea con Mendoza. Poco a poco, después de numerosos cam
bios de manos, se crearon líneas de colectivos locales. Actualmente, exis
ten cinco empresas, agrupadas bajo la razón social “Auto Transporte
Iselín S.A.” que atienden la zona urbana de San Rafael. En 1966, ven
dieron cerca de 5 millones de pasajes. El servicio entre distritos también
está asegurado por cinco empresas que suman un mínimo de 25 coches
disponibles. En 1966, transportaron más de 1 millón de pasajeros114.
(Fig. 87).
Hay que tener en cuenta, además el número de viajeros que trans
porta la compañía t . a .c . En 1966, 641.000 personas viajaron entre San
Rafael y General Alvear, 114.000 entre San Rafael y Monte Comán, y
225.000 entre San Rafael y Mendoza 11n.
A medida que el transporte automotor iba tomando importancia, el
sitio de la terminal de ómnibus (elegido en 1931) llegaba á constituir
una verdadera placa giratoria en el “Centro de Negocios” de San Rafael.
Su creciente influencia aniquiló finalmente la de la estación de ferroca
rril. Por consiguiente, negocios y servicios han tendido a agruparse a
poca distancia de la terminal de ómnibus, pero siempre con respecto
a la presencia de otros factores polarizantes como la municipalidad, o de
prestigio como las avenidas San Martín e Yrigoyen. De todos modos,
resulta evidente el vacío creado alrededor de la estación del ferrocarril.
En fin, el centro urbano de San Rafael desempeña en el sur men-
docino varias funciones asistenciales cuya importancia es evidenciada
por la concentración de elevado número de clínicas, sanatorios, labora
torios de análisis, consultorios médicos y farmacias (Fig. 88). Se notará,
por ejemplo, en dicho croquis, el número de farmacias ( 9 ) , laborato
rios (6 ) y consultorios médicos (2 5 ), agrupados alrededor de la termi-
411
nal de ómnibus. Eso únicamente resultaría suficiente como para enfocar
el papel polarizante de la estación. Con el Hospital Regional Teodoro
Schestakow, el Centro Materno Infantil, y ocho clínicas y sanatorios,
San Rafael constituye el centro médico para todo el sur mendocino, no
obstante sus limitaciones. En este caso lo interesante es que esas fun
ciones se desempeñan casi exclusivamente en plena zona céntrica. Den
tro de un radio inferior a 10 cuadras desde el centro (San Martín-Mitre)
están radicados 68 de los 75 consultorios médicos con los que cuenta
la ciudad. Fuera de centros como General Alvear, Real del Padre, Villa
áMUZÍA
Atuel y Monte Comán, todos los médicos están radicados en San Rafael
y no hay ninguno instalado en el campo intercalado. En la realidad, esa
concentración de funciones asistenciales y médicas en el centro de San
Rafael se explica fácilmente por el mejoramiento de la red de caminos
y de los medios de transporte, distancias relativamente cortas y el sitio
particularmente favorable de la terminal de ómnibus.
Al concluir este capítulo, cabe delimitar lo que correspondería a
un “Centro de Negocios”, de acuerdo con la ubicación de las principales
funciones dentro del radio urbano de San Rafael (Fig. 8 9 ).
En primer lugar, pueden establecerse límites sensti stricto, al tener
en cuenta las funciones básicas (administrativas, financieras y comer
ciales), cumplidas en un centro regional secundario como San Rafael.
Sin embargo, dado el papel desempeñado por el núcleo de San Rafael
en el sur de la provincia de Mendoza, se considerarán también, con mu-
412
413
Fig. 88.
424
p.b.j j * t i
cha atención, las funciones educativas, asistenciales y médicas, tanto
por su alcance en el medio mismo como por su concentración en la urbe.
En segundo lugar, deben distinguirse los factores que han suscitado
la concentración de las varias actividades dentro de dicho perímetro.
Esos factores pertenecen a dos categorías. Una se relaciona con la ad
ministración y la otra con los desplazamientos diarios de la población.
En el primer caso, la municipalidad y la Casa Departamental son
aquellos factores de concentración. No obstante, dentro de los límites
del “CDN” de San Rafael, podría considerarse simultáneamente el sitio
de dicha Casa Departamental como un factor de extrapolación. En
realidad, la ubicación de ésta contribuye a la extensión en forma exa
gerada del “CDN” hacia el E, a costa de una mayor concentración de
funciones; lo que resultaría en parte de la falta de edificación elevada
en el centro urbano.
En el segundo caso, uno de los factores “teóricos” de concentración,
la estación de ferrocarril, no desempeña más su papel, por haber sido
gradualmente eliminado en favor de la terminal de ómnibus, que, pese
a la competencia del transporte individual, sigue incrementando todavía
su influencia local inmediata.
415
del radio urbano., y sin tener en cuenta la población de dicho sector,
podría establecerse en 7 el promedio de viajes (ida y vuelta) a San
Rafael, efectuados por cada uno de los habitantes del sur de la provincia
de Mendoza no radicados en la ciudad de San Rafael. Sin embargo, si
consideramos los desplazamientos (ida y vuelta) realizados por ómni
bus, tren o avión desde el oasis de San Rafael con destino a Mendoza o
Buenos Aires, el promedio alcanzaría apenas a 1 por persona. Además,
los residentes de la ciudad de San Rafael sumarían más del 59 % de
dichos desplazamientos, aunque representen un tercio solamente de la
población del sur de la provincia de Mendoza.
416
Fot. 63 — Un tram o d e l n u evo cam in o a sfa lta d o tíow en -L in coln en
el sur d e la provin cia d e San Lu is. Este camino, que vincula directa
mente el oasis de San Rafael con Buenos Aires, constituye un impor
tante factor de apertura hacia nuevos horizontes.
417
bién con respecto a Mendoza. EJ éxito que ha tenido el nuevo servicio
de ómnibus diario entre San Rafael-General Alvear y Buenos Aires,
desde la inauguración del camino Bowen-Lincoln a fines de 1966, y la
afluencia de los viajantes que ahora lo utilizan, son concluyentes.
418
las fábricas radicadas en las proximidades o dentro de los centros ur
banos. En cambio, entre Mendoza y San Rafael los movimientos tienden
a intensificarse en época de Navidad. Entre Monte Comán y San Rafael,
el aumento en el número de pasajeros coincide con el período de mayor
actividad de las fábricas locales y resultaría, por lo tanto, de un des
plazamiento estacional de mano de obra.
A unos km del centro, hacia el W, ha sido instalado desde hace
varios años un aeropuerto con pista hormigonada suficientemente larga
como para permitir el aterrizaje de cuatrimotores del tipo turbo-pro
pulsor, como el Avro. La compañía aérea nacional, Aerolíneas Argenti
nas, vincula la región con Buenos Aires, mediante seis vuelos semanales
de cabotaje que incluyen, además, escalas en San Luis y Río Cuarto
un día; en Mendoza, San Juan, Córdoba y Santa Fe, el otro. El 80 %
de los pasajeros viajan con destino a Buenos Aires. En 1965, 1.448 pa
sajeros viajaron desde el aeropuerto de San Rafael, mientras 1.410 de
sembarcaron en el mismo lugar; lo que representaba un aumento del
50 % con rspecto al año anterior. En los desplazamientos hacia Mendoza
y viceversa, casi no se utiliza el avión, sobre todo en razón de la inco
modidad de los horarios y de los desplazamientos hacia los centros
urbanos y desde ellos. El promedio mensual de salidas y llegadas se
mantiene en forma regular todo el año, con un leve ascenso entre los
meses de octubre y enero 11°.
Existe también un aero-club que aprovecha una parte de las instala
ciones (pista, torre de control, etc.); el gobierno federal mantiene allí
en permanencia un instructor para la formación de pilotos locales. Por
su parte el gobierno provincial asegura, mediante el personal (piloto,
técnico y mecánicos) y el material (2 aviones Cessna disponibles), una
gira bisemanal, en la cual participa un médico radicado en Punta de
Agua, por los principales puestos (Punta de Agua, Agua Escondida y
Agua del Toro) y centros mineros (Mina Ethel — Fot. 50, Mina Santa
Cruz). F.1 personal y el material quedan disponibles, de día solamente,
dado el estado precario de las pistas, para todo caso de emergencia
señalado por radio o para cualquier tarca ligada a la salud pública.
Por lo general, la capacidad. superior de decisión, nacida de la
potencia financiera y política, suele escapar a la región, como sucede
también en la región del piedemonte cuyano, cuyo polo es la metrópoli
regional de Mendoza. En el esquema de la estructuración del espacio en
el país, el oasis de San Rafael no sería, entonces, más que una micro-
región organizada a base también de una microred urbana, pues aun la
419
capacidad inferior de decisión le escapa en gran parte. Si la región no
es sino el instrumento o el cuadro de la dominación o dé la intervención,
la fórmula tendría doble aplicación en el caso de San Rafael.
Ya hemos solicitado la atención sobre varios aspectos de la aprecia
ble posición de inferioridad de San Rafael con respecto a Mendoza.
El alto número de delegaciones o de subdelegaciones de direcciones pro
vinciales, el papel poco conforme a las exigencias locales desempeñado
por las empresas bancarias (sucursales) y financieras locales, la escasez
de mayoristas con respecto a la cantidad de representantes, aun enfo
cada por las peregrinaciones mensuales o semestrales de los viajantes
procedentes de Mendoza, la precaria posición de varios viñateros y bo
degueros, también, frente a grandes empresas (estatal como Giol; privada
como Arizu) con sedes administrativas establecidas en Mendoza, pre
supuestos municipales otorgados a veces en forma discriminatoria, dadas
las necesidades locales y la importancia de los impuestos pagados: todos
esos factores concurren para acentuar la dependencia de San Rafael
con respecto a la capital provincial.
La administración y el control de dos importantes medios de trans
porte, los ferrocarriles y la compañía de Transportes Automotores do
Cuyo están radicados en Mendoza.
Al nivel educativo superior, el abanico es muy reducido y las pers
pectivas para lograr un título universitario están supeditadas al traslado
a Mendoza o a otro centro universitario. Aunque, las funciones asisten-
ciales sean importantes en escala local y sean también relativamente
numerosos los médicos de la zona, en varias oportunidades, resulta im
posible la prestación del servicio requerido, sea por falta de especialista,
el cirujano, sea también porque no alcanzan las instalaciones técnicas
imprescindibles; en cuyo caso, hay que enfrentar el viaje a Mendoza y,
a veces, el traslado por ambulancia o por avión,según la gravedad.
Los cuatro cines locales dependen directamente de Mendoza para
su abastecimiento en películas, puesto que allá se agrupan las principales
compañías distribuidoras. Desgraciadamente la selección realizada úni
camente a base de rentabilidad comercial no permite la llegada, a las
salas de San Rafael, de un sinnúmero de películas de valor. En fin, fuera
de unas bibliotecas públicas y semipúblicas, de la venida ocasional de
un artista, conjunto folklórico o de teatro, orquesta, de algunas conferen
cias públicas a cargo de docentes locales, de unos cines-clubes, las ma
nifestaciones culturales son escasas; y cuando se producen son aprovecha
das siempre por la misma gente. En cuanto a la fiesta anual de la vendimia,
cuyos actos culminan con la elección de la reina del departamento de
San Rafael, se trata de una manifestación de envergadura local o más
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bien departamental, nada más que un acto preliminar del gran espec
táculo que se desarrolla exclusivamente en la ciudad capital de Mendoza.
Por otra parte, las comunicaciones telefónicas desde San Rafael,
su distribución por zona y su repartición diaria (Fig. 93) sumi
nistran más elementos de juicio117. En 1966 hubo casi equivalencia
entre el promedio diario de comunicaciones entrante (772) en San Rafael
421
E l 40 % de las comunicaciones telefónicas tienen como destino a
Mendoza y el 20 %, a Buenos Aires, o sea los dos centros de que más
depende San Rafael en forma directa. El promedio de 20 % para las
conferencias salientes rumbo a Buenos Aires y su periferia, no obstante
el precio de la comunicación y la demora antes de obtenerla, destaca la
importancia de las vinculaciones entre la zona productora y su principal
mercado de consumo. San Juan también absorbe el 11 % del volumen,
y los departamentos vecinos a Mendoza el 8,8 % ; o sea que el 60 % de
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?— "
423
caminar sus productos, por lo menos hasta el umbral de la rueda com
pleja de la comercialización. También evidencia su fuerte dependencia
administrativa, financiera y comercial con respecto a la metrópoli re
gional en primer lugar, y luego igualmente, en forma directa, con respecto
a la metrópoli nacional.
424
IV . C onclusiones generales. E l balance de la
AUTONOMÍA REGIONAL.
425
génico, volcánico y climático, se ha delineado el sitio mismo de la
“playa encajada” de San Rafael, gracias al aporte decisivo de los dos
principales ríos alóctonos que convergen allá, el Atuel y. el Diamante.
Ultimo oasis grande en el piedemonte cuyano, San Rafael se ubica en
el umbral del inmenso territorio patagónico
Frente pionero estancado durante largos años, hasta que la apertura
hacia nuevos horizontes mediante el ferrocarril a principios del siglo X X ,
v, luego, una valorización más intensiva llegaran a modificar las con
diciones de la instalación humana, el oasis de San Rafael ha mantenido
cierta mentalidad, un poco desconfiada, de pequeño oasis plegado sobre
sí mismo.
Con respecto a la elaboración, a la distribución y a la comerciali
zación de los productos locales, el fuerte dominio logrado por empresas
e intermediarios ajenos al medio, resulta de la evidente apatía, si no
de la notable despreocupación frente a los trámites, que muestran las
tareas productivas, o elabóradoras en el caso de la uva. Por considerarse
ellos mismos, ante todo, como productores, y por no haber tomado ini
cialmente las medidas necesarias para colocar en el mercado su propia
producción, los sanrafaelinos han dejado pasar excelentes oportunidades
que les hubieran permitido lograr más autonomía. L a desconfianza casi
institucionalizada en todos los niveles locales ha obliterado, entre otros
casos, varias iniciativas de cooperativismo, favoreciendo al mismo tiempo
la formación de sociedades anónimas, a menudo controladas por capitales
exteriores. Dicha situación podía resultar en cierta forma de la escasez
de capitales locales “disponibles”, pues existe, por otra parte, un movi
miento pendular de dinero que suele invertirse no solamente en plantas
fraccionadoras, sino también en estancias pampeanas, en industrias e
inmuebles en la zona litoral. En cuanto a las empresas financieras, éstas
nunca han desempeñado su papel correspondiente, contribuyendo así a
la detención del vuelo de la región como un todo y al estancamiento en
algunos sectores de actividad.
A pesar de que se practican cultivos bajo riego con altos rendi
mientos en el oasis de San Rafael, las secuelas de un viejo atavismo
siguen manifestándose por la demora en el pasaje definitivo del estado
de explotación extensiva al estado intensivo integral. Rompiendo con la
tradición del país inmenso, largo tiempo dominado por el mito de la
explotación ganadera, el cultivo intensivo, tanto en el oasis de San Rafael
como en varios lugares del país, está contrariado por factores adversos.
En el sur de la provincia de Mendoza, el atraso en el aprovecha
miento funcional del río Diamante, las demoras para impermeabilizar
los canales matrices y secundarios, y la ausencia de coordinación con-
426
secuente en la distribución de caudales correspondientes a tipos de cul
tivos determinados y a superficies realmente cultivadas, prolongan en
forma antieconómica el mal uso de las aguas de riego y el despilfarro
de los suelos. La distribución, a veces equivocada, de las inversiones
públicas, que esto dejaría suponer, proviene también de la reconocida
escasa capacidad de decisión de San Rafael y de su aislamiento, al nivel
administrativo, en la provincia de Mendoza. La mecanización de las
tareas agrícolas está bastante bien relacionada con la extensión de las
explotaciones. Su concentración en amplias fincas y su relativa escasez
en las pequeñas, particularmente en aquellas que presentan sistemas de
minifundio, se explican por la mayor capacidad de inversión. En cuanto
al poco entusiasmo con respecto al uso de abonos químicos, si en parte
resulta también de la supuesta inagotabilidad de la tierra argentina, se
explica además, en el oasis de San Rafael, por la falta total de estudios
científicos de los suelos.
De todos modos, si consideramos el área reducida y de alto valor
de las tierras cultivadas bajo riego, la búsqueda de rendimientos cada
vez más elevados no es solamente deseable, sino también necesaria, a
fin de mantener la competencia del producto y justificar el alto costo
de las inversiones humanas y técnicas que requiere el aprovechamiento
racional del espacio. Por otra parte, no se podría conseguir un impres
cindible y constante mejoramiento en los métodos y medios de la pro
ducción agrícola, con el objeto de aumentar los rendimientos, fuera del
contexto de una planificación coercitiva, que se encargaría, por ejemplo,
de realizar estudios prospectivos para aventuales mercados y de orga
nizar redes de distribución a fin de asegurar la colocación en mercado
de la totalidad de los productos. Al aumento de producción debe co
rresponder una ampliación proporcional de mercados internos y exter
nos. Es el dilema contra el cual choca la comercialización de los cultivos
intensivos y especializados de los oasis. Si no puede realizarse en forma
correspondiente la fase comercialización, la primera, o sea la intensifi
cación de la producción, hacia la cual el oasis debe normalmente con
centrar sus esfuerzos denota un sello de perfeccionamiento inquietante,
dados los riesgos incrementados de superproducción.
La extensión de los cultivos especializados bajo riego y la naturaleza
de la organización del espacio en el oasis de San Rafael, proporcionan
un buen ejemplo en cuanto toma cuerpo una personalidad propia bajo
el empuje de la demanda de sectores más densamente poblados e indus
trializados. Infelizmente, en la Argentina dichos sectores constituyen un
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J
I
í
428
Sb. .
equilibrios internos y de su consecuente proyección espacial. Sin em
bargo, por no ser una capital provincial, como Mendoza, San Juan o
San Luis, el centro regional secundario de San Rafael desempeña un pa
pel de catalizador, únicamente en cuanto se trata de funciones de menor
importancia. ^
Por otra parte, la ciudad de San Rafael, cumple, en forma adecuada,
con sus funciones esenciales de centro de agrupamiento y de distri
bución; sin embargo, el abanico de las funciones de categoría interme
diaria ya se hace muy estrecho, y, en la categoría superior de decisión, su
papel es nulo. Los ejes ferroviarios y, ahora, camineros, que vinculan
directamente la región productora con su principal mercado de consumo,
pueden prolongar durante largo tiempo el estado de dependencia de la
economía local.
La popularidad del sistema de explotación indirecta, por contrato,
ha permitido la radicación en algunos núcleos urbanos y, más aun, en
el radio urbano de San Rafael, de varios propietarios de grandes y me
dianas explotaciones. Hasta cierto punto, podría decirse que la ciudad
es dueña del campo. El nivel de educación (técnica y universitaria)
bastante alto que varios sanrafaelinos con buenos ingresos suelen pro
porcionar a sus hijos, pese a la ausencia de facultades universitarias lo
cales, destaca un tema común a los oasis que se dedican a cultivos es
pecializados: el problema de la superabundancia de los profesionales y,
a veces, de los cuadros.
Dada la diversificación mucho más extensa de sus actividades, gra
cias al aprovechamiento de recursos naturales distintos, la metrópoli
regional de Mendoza sigue todavía con capacidad para absorber egre
sados universitarios propios y, además, los de la región que polariza.
Fn San Rafael como lo hemos visto, el problema es distinto, puesto
que los sectores de actividad secundarios y terciarios locales no tienen el
dinamismo necesario para integrar todos los egresados universitarios y
técnicos especializados que produce. Si, por una parte, excedentes de
cuadros y de mano de obra urbana alimentan una corriente migratoria
ya bien esbozada, por otra parte se registra una escasez perjudicial de
cuadros intermediarios (capataces, por ejemplo) con conocimientos téc
nicos adecuados.
Espacio valorizado, región polarizada, el oasis de San Rafael des-
•mpeña, pues, un papel limitado en el piedemonte cuyano y, en escala
nacional, ocupa una posición más bien marginal, tanto geográfica como
económica. Falta mucho todavía antes de que se acerque al punto de
saturación en el aprovechamiento del espacio en el sur mendocino, una
indiscutible región del porvenir.
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En nuestra época, las posibilidades de expansión territorial, acompa
ñadas por un fuerte crecimiente de población, no resultan muy plausi
bles, sino en territorios en vías de irrigación o de saneamiento. Sin duda,
en éste estamos ante una de las últimas conquistas pioneras. El sur de
la provincia de Mendoza, como el Neuquén y el Río Negro, aún hoy
constituyen extensas franjas pioneras que, en este aspecto, ya dejan en
trever perspectivas próximas de realizaciones a la medida del país.
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SAN RAFAEL LA CIUDAD Y SU REGION.
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COLABORADORES DE EST E VOLUMEN
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INDICE DEL VOLUMEN XVI
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