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N<? 64-65 - Vol.

XVI Julio-Diciembre 1969

Boletín de Estadios Geográficos

Prefacio

Place enormemente al Instituto tle Geografía de la Facultad de F i­


losofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo la publicación de
esta tesis del Dr. Paul Yves D enis sobre San Rafael. La ciudad \¡ su
región. El trabajo original, defendido magníficamente por su autor el
24 de octubre de 1967 en la Facultad de Filosofía y Letra», <¡fente un
jurado compuesto por los doctores Mariano Zamokano, Edberto Oscar
Acevedo y Gerónimo S osa, y los profesores Ricardo G. C apitanelli y
Matilde Irene V elasco, presidido por el decano Prof. Jorge C o m adran
R u iz , mereció la calificación de sobresaliente y la recomendación de que
fuera publicado. Era el justo reconocimiento de sus méritos científicos y
de sus aportaciones claras a la problemática de la zona de estudio.
Nos queda el remordimiento por la demora en la aparición de,un
testimonio tan completo en lo geográfico y, en consecuencia, tan útil
en la faz prospectiva. Es el peregrinaje habitual para conseguir los re­
cursos económicos, que no halla eco en las esferas a las que más debía
interesar. Ha sido finalmente la Universidad misma, a través de su Co­
misión Asesora de Promoción de la Investigación (c a p í ), la que aportó
los fondos necesarios e hizo factible esta edición, Una contribución posi­
tiva, entregada a quienes sepan extraerle provecho.
El Prof. D enis llegó de su Canadá natal a nuestra provincia, en 1965,
movido por un irrefrenable afán de perfeccionamiento y de ampliación
de horizontes. Se integró perfectamente en nuestro medio, y colaboró en
tareas docentes y de investigación en el Instituto de Geografía. Su sol­
vencia profesional estuvo siempre unida a un entusiasmo inagotable y un
gran sentido de la responsabilidad. El fruto manifiesto de esa actividad
en suelo mendocino es el trabajo que ahora presentamos.
Durante los dos años y medio en que el Dr. D enis permaneció en
Mendoza trabajó sin desmayos en un tema (pie le apasionó desde su
primer contacto con San Rafael. Es invalorable el caudal informativo que
encontraremos en estas páginas; pero más aun la lúcida penetración de
los problemas.
Razones económicas obligaron a acortar algunos capítulos en este
volumen, sobre todo los referentes a geomorfología y climatología. Ello
no impide, en modo alguno, apreciar las bondades de la investigación,
cuyo valor esencial reside en el sentido geográfico con que fue abordada.

131
No nos mueve al elogio una mera razón de cortesía y de amistad.
Creemos sinceramente que la contribución de! Dr. D enis es sumamente
orientadora para nuestros estudiantes y para el lector entusiasta, porque
es —nada más ni nada menos— una obra geográfica. En todas sus páginas
se advierte la preocupación por relacionar hechos y fenómenos, por es­
tablecer las conexiones entre hombre y medio, por plasmar los compo­
nentes de la organización del espacio sanrafaelino. Paisaje y movimiento.
Evolución y estado actual. Las condiciones naturales, el legado de la
historia, la acción permanente de los grupos humanos: todo es solicitado
con oportunidad para reflejar situaciones. Incluso las motivaciones espi­
rituales, el sentimiento de la colectividad, son llamados a explicar el por
qué de la coherencia espacial de algo tan bien delimitado como lo es este
oasis del sur mendocino.
El autor ha sabido condensar los atributos regionales en el doble
aspecto que hoy se reclama al geógrafo: establecer la cohesión espacial
comando como guía las formas de apoderamiento del suelo; o poner en
primer plano el dinamismo transmitido mediante la influencia directriz
de la ciudad. Pero hay algo más. El discutido asunto de la aplicación de
lo geográfico logra aquí una clara demostración del auténtico papel de
nuestros especialistas.
Al abordar las cuestiones vitales para la región, D exis plantea los
problemas y el complejo de causas que los motivan. Las pinceladas
orientadoras —aquí y allá— apuntan al mal uso del agua y al despilfarro
de los suelos, a la falta de autonomía en la elaboración y comercializa­
ción de los productos locales, a la dependencia con respecto a capitales
exteriores, a los inconvenientes de una inadecuada infraestructura en
materia de comunicaciones y al marginamiento, —incluso en el orden
nacional— por esta misma circunstancia, a las muestras de falta de reno­
vación . . . El valor prospectivo de estas denuncias es innegable. Corres­
ponde aprovecharlas a quienes tienen en sus manos el poder de decisión.
No hemos querido avanzar sobre los diferentes temas de esta tesis.
Es mejor una comunicación directa, sin preanuncios, con el lector. Solo
cabía destacar el auténtico esfuerzo que representa. Es el fruto de incon­
tables consultas bibliográficas y, sobre todo, de numerosas salidas al
terreno, que pueden calibrarse en el extraordinario acopio de croquis y
de fotografías tomadas desde avión.
Que esta obra, y estas líneas de presentación, sirvan para renovar
el vínculo nacido del contacto del Dr. Paul Yves D enis con nuestra tierra.
Nuestro Instituto le da las gracias y lo siente incorporado de manera
permanente.
Mariano Zamorano

132
SA N R A F A E L

L a ciudad y su región

"Chaqué región doit avoir une


capitule qui soit véellement
«n foyer de vie régionale”.

R. F a w c e t t

I ntroducción

A fines del siglo pasado, se abría a la colonización —primero bajo


la forma de explotación pastoril y cerealera; luego vitícola, frutícola y
hortícola— una nueva comarca del territorio argentino, correspondiente
a la parte sur de la provincia de Mendoza. (Esa extensa región, a la cual
debía designarse subsecuentemente con el nombre de San Rafael, apro­
vechó, a Ja salida de la confluencia de dos ríos con caudales importantes:
Diamante y Atuel. los suelos de glacis pedemontanos nuevos, ricos en
elementos minerales, de origen aluvial y eólico^ Se trataba de condiciones
previas muy importantes, pues estamos en una zona donde aparecen
muy bien definidos los rasgos de aridez y que solía llamarse “Cuyo” por
la abundancia de los afloramientos de areniscas triásicas.
Esta zona valorizada se ubica entonces en un medio desértico que
describiremos más adelante, en un primer capítulo que enfoca las con­
diciones físicas del sur mendoeino Tal como en el caso de las extensiones
cultivadas bajo riego alrededor de San Juan y de Mendoza, encontramos
en este desierto que se extiende a los pies de las sierras, un terreno en­
clavado: el último de los tres oasis grandes antes de llegar a la provincia
de Río Negro. Lo que además caracteriza a esta comarca es su apertura
muy atrasada a la colonización. (¡Insta 1879, año en que inició el general
Roca la campaña del desierto, había permanecido el sur mendoeino como
un auténtico frente pionero, donde una escasa población se agrupaba
alrededor de un fortín ubicado a orillas del río Diamante y apenas si
unos escasos colonos se habían diseminado kilómetros aguas abajo, sobre
la extensa planicie del mismo río. Solamente una vez eliminado el peligro
indio, afluyeron los inmigrantes que valorizaron aquellas tierras. Por
consiguiente, se encontraba San Rafael, tanto en las márgenes de la

133
joven historia argentina, como en los límites de la civilización que poco
a poco iba penetrando en el sur del continente.^
Este sector, que más adelante llegaría a completar una trilogía ori­
ginal formada por espacios vitivinícolas, encabezados por núcleos urbanos
bien desarrollados (Mendoza y San Juan), había sido olvidado por una di­
visión histórica arbitraria, que consiguió constituir provincias con espacios
vacíos de superficies variables alrededor de las viejas creaciones espa­
ñolas, ante todo ciudades-etapas. Nacieron así provincias tales como:
Catamarca, La Rioja o Santiago del Estero, por ejemplo, que, a pesar de
su antigüedad, no consiguieron librarse de un medio natural áspero y
de sus cáfilas deterministas.
Los factores de desarrollo que les hacían falta a estas provincias,
aún hoy perjudicadas por una economía estancada, habían de abundar
en el sur mendocino donde todavía siguen siendo inmensas las posibili­
dades. Desgraciadamente para el espíritu autonomista de sus pobladores,
si consideramos la importancia actual de su economía frente a la situa­
ción que prevalece en aquellas provincias norteñas,^ía región de San
Rafael se desarrolló demasiado tarde, es decir, cuando ya se habían fija­
do los límites provinciales muchos años antes. Nunca tienen razón los
ausentes, dice el proverbio, pues aquel íecorte histórico ignoró al sur de la
provincia de Mendoza, porción que todavía no existía como entidad eco­
nómica dotada de personalidad propia, sino como espacio improductivo.
(Considerando el surgimiento rápido de la zona sur, basado en una
explotación agraria intensiva y especializada, y su relativo aislamiento,
en parte puede explicarse este sentimiento más o menos perceptible de
frustración entre la gente de San Rafael, porque su ciudad no es una
capital. En el conjunto del oeste argentino la ciudad de San Rafael, es
el único ejemplo de “un centro regional” que no constituye una capital
provincial. Privado de esta cualidad primordial y por muy dinámico que
sea, cualquier centro urbano resultará siempre en desventaja con res­
pecto a su papel futuro, sobre todo en el contexto argentino, donde tiene
tanta importancia y resulta tan polarizadora la función administrativa.
En estas condiciones, no cabe duda —como trataremos de demostrarlo
en la tercera parte— que el papel polarizador de la ciudad de San Rafael,
a pesar de ser una consecuencia de la precaiia posesión del espacio, va­
lorizado en un medio semidesértico, la mantiene subordinada a las de­
cisiones de orden administrativo, financiero o técnico tomadas en la
ciudad cabecera de la provincia de Mendoza^)
En consecuencia, a pesar de que gozara de condiciones económicas
bastante semejantes a las del norte de la provincia, es menester decir
que la zona sur de Mendoza no había podido iniciar una apertura hacia

134
nuevos horizontes antes de que llegara ese verdadero cordón umbilical
representado por el ferrocarril, que vinculó a San Rafaeal con Mendoza,
Buenos Aires y el Litoral, asegurándole sobre todo una salida para sus
productos. Desde aquella fecha, la economía de San Rafael abandona
el tradicional autoconsumo para incorporarse, aunque m arginalm entc,
al sistema económico del país.
L a llegada del ferrocarril, el día 7 d e noviembre del año 1903, junto
al traslado de la Municipalidad d e 2 5 d e Mayo al sitio actual de la ciu­
dad, o sea en pleno centro de la planicia, el 2 de octubre d e 1903, dieron
un impulso considerable a la economía local, que había empezado a di­
versificarse con la introducción de la vid, del olivo y d e los frutales.
Poco a poco se rechazaba la actividad ganadera hacia terrenos con de­
rechos de agua eventuales o de desagüe, o tam bién hacia una periferia
seca sin ningún derecho de agua. Aquí, como en el resto d e la República
Argentina, intervino el ferrocarril “com o elemento eficiente para facilitar
los asentamientos y afirmar las estructuras” 1.
E n esta zona, recientemente poblada y entregada desde el año 1933
a cultivos cada vez más especializados, hoy tam bién el factor aislamiento
representa el verdadero obstáculo para una integración m ás com pleta
dentro de la red económica del país.
E n esta coyuntura. la dependencia d e San R afael con respecto a la
ciudad capital de la provincia, en varios aspectos ya señalados, las am ­
plias distancias a recorrer, unas líneas ferroviarias sobre todo orientadas
hacia Buenos Aires, una red caminera largo tiempo precaria, medios de
transportes poco adecuados, lagunas evidentes al nivel de la coordina­
ción de las tareas vinculadas a la comercialización y a la distribución
de los productos: todos estos factores hipotecan profundamente las fuer­
zas vivas locales 2.
Fueron entonces factores históricos y económicos adversos, los que
inicialmente impidieron que esta zona sur se desarrollara de m anera

1 Z amorano , M ., La red d e ciudades d e la República Argentina- Evolución


y problemas, en U n ión G eo g rá fica . I n tern a c io n a l C o n fe r e n c ia ¡Reg io n a l , (La t i­
n oam ericana , T . I, La Geografía y los problemas d e población, M éxico, Sociedad
M exicana d e G eografía y 'E stad ística, 1 9 6 6 , p . 4 9 3 -5 0 4 .
2 D urante la tem porada d e cosecha (n oviem bre-ab ril) los productos q u e m an­
dan a los centros d e consum o son, en gran p arte, com estibles perecederos. P o r con­
siguiente, las facilidades de carga y d escarga, el tiem po d e traslad o, la disponibilidad
en vagones-frigoríficos, todos son factores d e gran im portancia tan to p ara el p rod uctor
com o para el acopiador. .Refiriéndose al fa cto r tiem po únicam ente, n o cab e duda
d e que en el transporte por rieles, ¡hay fa lta d e adecuación. E sta situación eviden­
tem ente h a facilitad o la tarea d e las em presas locales d e transp orte autom otor y
tam bién d e los num erosos cam ioneros “con tratistas”, que trabajan por cuenta propia,
ios cuales siguen surgiendo (como hongos desde que se habilitó el tram o ¡Bowen-
Iáncoln en la ru ta a Buenos A ires.

135
paralela a la del norte de la provincia(lnseguridad, escasez de población,
insuficiencia de comunicaciones, aislamiento, dependencia administrativa
> económica siguieron, y de vez en cuando se conjugaron, para retrasar
el vuelo de la región sanrafaelina. Lógicamente puede observarse que
aquel marginalismo histórico de ayer se ha convertido gradualmente en
el marginalismo económico de hoy. ^
Considerando la originalidad de la producción local y, más todavía,
la relativa inexistencia, con respecto a la calidad, de una producción
semejante de tipo competitivo; considerando también una buena de­
manda a pesar de una anala comercialización y de una pésima explota­
ción del mercado, sigue subiendo muy paulatinamente la tasa de creci­
miento y de productividad. Más recientemente, precoces y repetidas
heladas, a menudo seguidas por granizadas devastadoras, han contri­
buido fuertemente a detener el desarrollo, pero no deben tomarse como
los únicos factores de perjuicio, pues son numerosas las causas de orden
variado que intervienen, sobre todo dentro de un país donde la cría de
ganado vacuno ha captado tanta atención por parte de los gobernantes.
Sin embargo, la especialización de los cultivos (principalmente vi­
ñedos, frutales y tomate) y su complementación con respecto a la pro­
ducción de La Pampa y de la parte litoral ubicada entre La Plata y
Bahía Blanca, su salida natural, han permitido a esta región que pros­
perara y lograra cierto desahogo. Ese sistema de puesta en valor de la
tierra que incluye los costos elevados del riego y de las obras técnicas
que necesita, torna imprescindibles los altos rendimientos, y exige además
una intensificación del trabajo tal, que el chacarero solo difícilmente
puede cumplir con todas sus tareas, cuando se trata de cultivar sin ma­
quinarias una parcela de más de 10 hectáreas de extensión. Eli consecuen­
cia, la densidad de población en el campo resulta bastante elevada. El
cultivo bajo riego, por otra parte, necesita una presencia permanente del
hombre, o sea su radicación en el mismo lugar. Este campo, o mejor
dicho, la zona cultivada bajo riego, se encuentra entonces salpicada por
viviendas rurales integradas al medio y adaptadas a las tareas específicas
del chacarero. Dentro de las grandes fincas se hallan diseminadas las
casas de los contratistas, y el aspecto general, a pesar de la muy grande
extensión de aquellas explotaciones, sigue suministrando la imagen de
un paisaje de minifundio.
En este sentido, no se manifiesta en la provincia de Mendoza en
general, y en los departamentos de San Rafael o de General Alvear, en
particular, el problema que tanto perjudica a una gran parte de la
República Argentina. Sigue dominando, en la estructura agraria del sur
mendocino, un parcelamiento en extensiones reducidas, como es normal

136
encontrarlo en zonas cultivadas bajo riego, aunque solamente en algunos
sectores asumen el carácter de minifundio.
Desgraciadamente, las parcelas a menudo indican una superficie
demasiado reducida, que a corto plazo podría resultar desventajosa, si
ocurriera una intensificación y una mecanización de los cultivos, ya que
en ciertas áreas donde abundan pequeñas explotaciones de una a cinco
hectáreas, apenas si el nivel sobrepasa el autoconsumo y tampoco las
ganancias le alcanzan al cultivador como para que piense en abonar sus
tierras o mecanizar su labor.
Al lado de estos numerosos minifundistas establecidos en ciertos sec­
tores desfavorables y que viven en las condiciones precarias impuestas
por un ambiente climático y una coyuntura económica artificialmente

Fot. 1 — La ciudad d e San Rafael. Vista general hacia el E , con e;e


en la calle principal, del polo de actividad en el oasis de San 'Rafael.

adversa, se han desarrollado propiedades latifundistas, a menudo cons­


tituidas legalmente en sociedades anónimas y administradas por gerentes
o encargados. Esas fincas grandes se comportan como empresas sobre­
impuestas y le quitan a la región de San Rafael el mejor provecho, si se
considera la infraestructura administrativa de que gozan y la procedencia
de los fondos con los cuales se alimentan. Su organización bien esmerada
asegura la comercialización en las mejores condiciones, incluyendo el
transporte de sus productos brutos, y, a veces, semielaborados o elabo­
rados; quedan poco afectados por los problemas de mercado que aplastan
al pequeño productor.

137
1

El largo aislamiento del oasis de San Rafael, su función casi exclu­


siva de zona productora de materias primas alimenticias comercializadas
por intermediarios extraños a la comarca, y que a menudo desarrollan
con respecto a ésta una política comercial de tipo colonialista, están en
el origen del conservadorismo y de la desconfianza que se encuentra
sobre todo dentro de las capas de más edad de la población rural. Su
ubicación, la naturaleza de su producción, su muy grande dependencia
con respecto a los mercados, paralelamente a su falta de autonomía, le
han otorgado una posición económica extremadamente vulnerable. Fren­
te a la ley inexorable de la oferta y de la demanda actúa el sur mendo-
cino como un país colonizado con pocos medios de defensa.
No obstante aquellas formas de puesta en valor del espacio, a me­
nudo forasteras, pero más modernas y más rentables, es menester consi­
derar al minifundio y a la desconfianza institucionalizada como a los
catalizadores de una eventual depreciación.
Pero, no se encuentran únicamente elementos negativos en este te­
jido intrincado de interrelaciones que caracteriza a una zona de oasis.
Al contrario, varios índices tangibles presagian a la zona sur un brillante
porvenir. Durante las últimas décadas, una prospección más intensiva
y más científica en el suroeste de la provincia, ubicada sobre todo dentro
de los límites del departamento de Malargüe, reveló una riqueza minera
interesante, tanto por su muy amplia variedad, como por la extensión
de los yacimientos descubiertos. A pesar de la posición limítrofe de esta
zona, alejada de los grandes centros de transformación y de consumo,
y relativamente desprovista de medios de transporte, algunas inversiones
de origen nacional (pública y privada) y extranjera permitieron, desde
unos años atrás, la explotación esporádica de varios yacimientos (asfal-
tita-rafaelita, azufre, baritina, bentonita, berilio, carbón, cobre, fluoruro,
manganeso, óxido de hierro, petróleo, plomo, cuarzo, sal, yeso, etc.).
En su condición de centro más desarrollado de esta región, la ciu­
dad de San Rafael aprovecha indirectamente, pero de manera muy mo­
desta, el moderado vuelo de este nuevo sector de actividad.
Además, la construcción de presas y usinas hidroeléctricas escalo­
nadas en la parte encajada del río ¡Atuel favorece a San Rafael, atra­
yendo dentro de su radio de influencia a empresas electrometalúrgicas
que se instalan allí con el fin de aprovechar una mercancía escasa en
la Argentina: energía eléctrica abundante y a precio módico.
En suma, desde hace unos veinte años atrás, se han agregado nuevos
elementos a la actividad campesina, floreciente a pesar de todo, pero
todavía demasiado condicionada por factores que no son de su cargo,
y ensanchando sensiblemente el abanico de las posibilidades económicas

i,
1.38

L
del sur mendocino. Más no se exigía para darle vida al corazón de este
oasis de San Rafael y transformarlo en un núcleo polarizante con radio
de influencia que se extiende más allá de las inmediaciones cultivadas,
iniciativas locales, hasta hace poco dormidas, se despertaron al llegar
capitales y empresarios nuevos, que iban a iniciar una transformación
de la región en los años siguientes, modificando actitudes negativas, na­
cidas del aislamiento tradicional del oasis, inculcando también a sus
habitantes una conciencia más objetiva tanto de las virtualidades locales
como de la debilidad de su posición dentro del cuadro económico
nacional.
Ya bien servida por dos redes de ferrocarriles y un excelente ca ­
mino rumbo a Mendoza, Malargüe y General Alvear, la región de San
Rafael sigue acentuando su apertura hacia nuevos horizontes. E n octu­
bre de 1966, se terminó la pavimentación del tram o Bowen-Lincoln (tra ­
zado fuera de las poblaciones intercaladas) que ahora une directam ente,
por una excelente carretera asfaltada, a San Rafael con Buenos Aires,
o sea una economía de 285 km sobre el itinerario anterior, vía Men­
doza. Se espera también la reanudación de las negociaciones con respecto
al mejoramiento y a la pavimentación eventual del camino del Pehuen-
che rumbo a Talca, unos 300 km al sur de Santiago de Chile.
E n nuestra época, la comercialización y los envíos dependen, cada
vez más estrecham ente, de la calidad y de la densidad de la red cam i­
nera, y en tales condiciones, la función primordial de la ciudad cabecera
de una región, toma una importancia acrecentada y prom ete perspectivas
nuevas. E s menester no olvidarse de que, siendo un oasis, se encuentra
San Rafael, como todos ello> frente a un dilema profundam ente inscrito
en su definición misma; es decir que debe vender “todo” y com prar
“todo” 3. E l dram a resulta del siguiente requisito: para com prar todo y
seguir más adelante con un nivel de vida más alto, precisa la zona pro­
ductora haber vendido todo. L a llave de una autonomía más grande y
de una independencia crecida, más allá de una iniciativa local bien
enterada d e las cuestiones com erciales, consiste en una buena red de
comunicaciones paralelam ente a un sistema de transporte adecuado.
Productor de materias primas alimenticias, pronto logrará San R a­
fael com pensar su inferioridad y su fuerte dependencia actual al nivel
de la com ercialización de sus productos. Pero los mendoqjnos del sur,
quizá más todavía que los del norte, no perciben de las producciones
locales (vinos, frutas, hortalizas elaboradas o sem ielaboradas, minerales,

3 Por “todo” queremos decir la «casi totalidad de la producción, como la casi


totalidad de los productos d e consumo y de uso dom éstico, fuera d e los productos
regionales relativam ente especializados.

139
energía eléctrica, etc.) todo lo que cabría esperar. A pesar de que sea
relativamente alto en escala nacional, no es adecuado el ingreso del sur
mendocino; o, en otras palabras, parte del ingreso generado por aquellas
producciones, se localiza en otros sectores de la actividad económica,
preferentemente en el norte de la provincia o en otras comarcas del país,
lo cual deriva en un menor ingreso para los sanrafaelinos y, consecuen­
temente, en una dificultad adicional para su capitalización pública y
privada. Tendría igualmente que fomentar las inversiones y sobre todo
tomar las medidas para que disminuya la salida de dinero. A pesar de
que corresponda a un nivel de vida alto, esta salida bajo muchas formas
(autos, viajes, compras superfluas, inversiones inmobiliarias en estancias
pampeanas o en Buenos Aires) sigue perjudicando fuertemente el de­
sarrollo de la zona sur. Tampoco podrá evitar San Rafael que se inicie
en sus límites una migración de sus elementos mas calificados (profesio­
nales y cuadros técnicos). Ya tiene la región un balance demográfico
deficitario y, año tras año, sigue perdiendo sus mejores elementos en
provecho de Mendoza, cuyo dinamismo industrial y un terciario mucho
más desarrollado, le permiten integrar esta mano de obra solicitada
tanto por la variedad del mercado de empleo, como por las ventajas de
gran ciudad que presenta la capital provincial. Ni siquiera es un secreto
para nadie que la riqueza, el nivel de vida de los dueños de la tierra,
bodegueros, profesionales de la generación intermedia, constituyen el
origen del alto nivel educativo de la generación actual, que ya empezó
a ingresar en el mercado de trabajo. Desgraciadamente si la región sigue
con su débil tasa actual de crecimiento económico, le resultará imposible
la absorción de todos los ingenieros y técnicos muy especializados. Los
ingresos de esos profesionales ya dependen, en un gran porcentaje, de
la producción de una o varias fincas.
El núcleo urbano mismo presenta, en este momento, un terciario
muy poco desarrollado, inhabilitado para solucionar la incorporación
progresiva del exceso de mano de obra capacitada (pie año tras año
sigue incorporándose al mercado del empleo. Las estructuras de aquel
sector de actividad han permanecido muy embrionarias y muy depen­
dientes de Mendoza y de Buenos Aires. Abundan las subdelegaciones
administrativas, las subgereneias, las sucursales bancarias y comerciales,
en las cuales ni siquiera se toman las decisiones importantes, pero sobre
todo correspondientes a la frecuencia del diapasón local. Sin fuerza
financiera propia, su expansión regional, no obstante las innegables vir­
tualidades, permanece precaria, siendo acentuada todavía por la orien­
tación en una sola dirección de su comercio: domina la distribución sobre
la concentración de los productos.

340
Con respecto a sus límites, nuestro estudio se concentra, ante todo,
en el espacio valorizado a orillas de los ríos Atuel y Diamante, desde
su salida del bloque levantado de San Rafael hasta las márgenes culti­
vadas bajo riego de la zona de Bowen y Carmensa, en el departamento
de General Alvear, enfocando a San Rafael y su región más inmediata
como tema central. Desde un punto de vista administrativo, abarca toda
la extensión del departamento de San Rafael; así como las áreas explo­
tadas del departamento de General Alvear, por numerosas vinculaciones
con San Rafael. Nos referiremos además, según el caso y cuando haya
necesidad, al tercer departamento, el de Malargüe, dado que estos tres
departamentos unidos forman lo que suele llamarse el sur mendocino
Luego tendremos que destacar distintas etapas en la evolución de
San Rafael, como región y como “centro regional secundario” 4. A cada
una de esas etapas puede vincularse el papel eminente de uno o varios
factores físicos o humanos que habrán sido o serán determinantes en
el proceso de valorización de aquel espacio polarizado.
Para llegar a la síntesis que ha de ser el objeto de todo estudio
geográfico con enfoque regional, hemos querido proceder lo más senci­
llamente posible a un análisis metódico de los diversos elementos que
concurren para individualizar a San Rafael como ciudad y como región.
Siendo un oasis, ya, por definición, tenía personalidad propia.
Trataremos entonces, en tres partes, de poner el acento sobre esa
personalidad. En la primera, se intentará circunscribir las condiciones
físicas én el sur de la provincia de Mendoza, enfocando sus rasgos geo-
morfológicos y climáticos. En la segunda, se atenderá a la instalación
y a la integración del hombre en el paisaje sur mendocino. En fin, en
la tercera y última parte, se examinará la trama de la organización del
espacio en la región de San Rafael.

I. C ondiciones físicas para una instalación humana


EN EL SUR DE LA PROVINCIA DE MENDOZA

“La région: eest Paire d’extensión d’un


paysage géographique”.
M ax S o bre

A pesar de que sean numerosos y muy diseminados los oasis en


el mundo, cada uno cuenta con particularidades propias que suelen in-

4 A nuestro juicio, el papel desempeñado por la ciudad de San Rafael la


clasifica como “centro regional secundario”. Utilizaimos aquí este té[Link] de acuerdo
con un ensayo de clasificación bien jerarquizada desarrollado por el doctor Zaniorano
en su trabajo citado.

142
dividualizarlo frente a los demás. No escapan a esta regla los oasis del
piedemonte argentino de los Andes y sus características generales ya
son cosas conocidas, aceptadas y también catalogadas. Por cierto, que
entre esos oasis existe una gran similitud de paisaje y también son mu­
chas las analogías que. a distintas escalas, pueden hacerse; pero, fuera
de aventuradas generalizaciones, no resulta sencillo el problema, pues
son variados y bien delimitados los factores que intervienen para desta­
car la personalidad de cada uno con referencia a su propio ambiente,
tanto fisicoclimático como socioeconómico.
Con respecto a los demás oasis del piedemonte argentino de los
Andes, se distingue San Rafael en múltiples aspectos que vamos a es-

F o t. 2 — Elem entos d el paisaje sanrafaelino. Los tres elementos fun­


damentales se observan aquí b a d a el S W : la .playa valorizada (C uadro
B enegas), el glacis principal (co n la ruta 14-1 a íla la rg iie ) y el bloque
levantado do San Rafael (C u esta d e los T ern ero s).

tudiar más adelante. Sin em bargo, entre ellos, ocupan un lugar no des­
preciable las condiciones físicas, aun cuando la presencia humana re­
ciente, pero relativamente densa, haya contribuido a modificar en cierta
medida aquel fragmento del paisaje inicial y conseguido inscribirse pro­
fundamente en el medio natural. Siguen influyendo mucho los im pera­
tivos fisicoclimáticos sobre el desarrollo de la población. Desde la época
de los primeros establecimientos, el encadenamiento de las estaciones
va regulando la distribución de las actividades y el inexorable sistema
de los turnos de agua sigue necesitando la vigilancia constante del hom-

143
bre. Cada primavera, hasta principios de noviembre, se tendrá temor a
las heladas y más adelante, se observará mudo a los amenazadores hon­
gos de nubes que se forman en el azul del cielo, con sus potenciales
granizadas.
Los procesos geomorfológicos holocenos que llegaron a completar
una secuencia de modificaciones geomorfoclimáticas muy complejas,
legaron al hombre suelos fértiles pero de textura muy variable en poca
distancia. Guiados por la orientación general de una serie de fallas desde
su salida del Bloque levantado de San Rafael, han sido los ríos herma­
nos, Atuel y Diamante, los grandes responsables de la construcción de
esta “playa deltaica” engastada y si le traen al oasis la vida, igualmente
de vez en cuando le traen destrucción y angustia. Por lo tanto para
iniciar todo trabajo de investigación en este caso, hay que librarse de
cualquier complejo autodeterminista y mirar a los distintos elementos
tales como se presentan.
La zona cultivada bajo riego de San Rafael y su prolongación hacia
General Alvear muestran el aspecto de espacio enclavado de amplia
extensión, pero suficientemente aislado, como para adquirir caracterís­
ticas propias. No nos olvidemos de que San Rafael es el último oasis
grande, ya que se encuentra precisamente sobre un límite tanto geo-
morfológico como ecológico. Más allá de algunas manifestaciones per­
tinentes de su presencia en la meseta del Guadal, también en la “tra­
vesía” 5 que vincula a la playa de San Rafael con la depresión del río
Tunuyán y en la pampa del Diamante, puede observarse en la misma
margen del río Atuel. la ocupación extensiva del suelo en aquella zona
llamada “Payenia” o “Payunia” 0 por una asociación vegetal de tipo
patagónico.
El oasis, esta “isla del desierto”, expresión a la cual a menudo se
refería Jean Brunhes en sus ensayos sobre los géneros de vida en las
regiones desérticas, a priori suele encontrarse envuelto en cierto exotis­
mo, algún repliegue sobre sí mismo, a veces a modo de prolongamiento
de un hipotético Shangri-La Aunque en la búsqueda de la objetividad
tenga que desembarazarse de los mitos, no deja de causar aprensión al

3 El término “travesía” se usa para designar al espacio inculto, intercalar,


más o menos extenso, entre los oasis. Le da más énfasis a esta expresión “isla del
desierto”, pues evoca la idea de una navegación de isla a isla.
8 La Payenia o Payunia es una zona extensa ubicada al SW del río Atuel y
al E del río Grande. Amplias capas basálticas la ¡han originado desde el macizo vol­
cánico del Payén Matru y de los demás volcanes a orillas del rio Grande. El impre­
sionante cono del Payén domina este paisaie. L a ipendiente oriental muy suave se
encuentra en su borde ligeramente disecada y varios puestos se han instalado en
aquellas cortaduras, aprovechando las aguas de vertientes "puntas de agua”.

144
investigador que intenta participar de sus secretos íntimos. El contacto
prolongado con las fuentes mismas de la personalidad del oasis, a for-
tiori cuando es próximo al dominio patagónico, le deja a cualquiera una
impresión profunda, pero siempre matizada por la textura áspera del
medio natural propio.

1. U n medio desértico

Del N al S de la República Argentina, se extiende a lo largo de la


cordillera y de la precordillera una larga Faja pedemontana caracterizada
por un clima seco, que forma parte de la diagonal árida sudamericana.
El sector del piedemonte andino que más nos interesa es la parte
de la franja mendocina situada al noroeste de la unión de los ríos Atuel
y Desaguadero, a la cual agregaremos también la parte sur del piede-
monte sanjuanino (F ig . 2 ). Este sector norteño se extiende a partir del
anfiteatro formado por las estribaciones del sistema precordillerano y
la sierra de Pie de Palo del sistema pampeano.
“Dos unidades orográficas distintas constituyen su límite W : desde
el río Mendoza al N, la precordillera, y desde el río Mendoza a! S, la
cordillera de los Andes” 7. Sin embargo, resulta más difícil fijar el límite
E y nos ha parecido quizá más adecuado hacerlo coincidir con el curso
meridiano del Desaguadero como terminación oriental de aquella franja
pedemontana, aunque abarque un amplio sector de la planicie.
Al suroeste del río Atuel, allí donde ya se encuentran condiciones
tanto fitoclimáticas como geomorfológieas de tipo patagónico termi­
naría nuestro piedemonte. También presenta esta franja meridiana irre­
gular y de variable anchura una geomorfología original de carácter
“desértico”, consecuencia directa de las condiciones de aridez que han
prevalecido por lo menos durante la mayor parte de las últimas eras
geológicas y particularmente durante el holoceno.
Dos tipos de cursos de agua cruzan el piedemonte. Los primeros,
los ríos alóctonos, son los únicos a lo largo de los cuales se encuentran
extensiones cultivables, centros poblados e industriales. Los ríos Dia­
mante y Atuel, que dieron vida a la extensa explotación del sur mendo-
cino, se ubican en esta categoría y tal como los demás ríos ubicados at
N (Tunuyán, Mendoza y San Juan) tuvieron al Desaguadero como co­
lector. En la actualidad, la utilización sistemática y permanente de las
aguas, tanto para fines de riego como de almacenamiento para producir

7 C apitanki-Li , R. (!., Halante hUlrita del piedemonte mendoeino, en “Bole­


tín de Estudios Geográficos”, Vol. IX , N ° 3 4 , Mendoza, Instituto de Geo'irnfía,
losa. p. 2.
ZONAS DE I NF L U E N C I A de los CURSOS
¿?»\
DE AGUA v E S P A C I O S U T I L E S EN
\' ®v E L Pl E DE M O N T E C U Y A N O -------------------

C e r d i //ere y F r e c a r & i/ te r a

2o n » P ird e m a n i e n *

P r in c ip a le s e je s m e n ia A o t u s
S ie rre . Fie*ir fíe Jo { S u r . Pam a * Am o )

B/ofve / rm o iU cfo de S e n R a f a m l

* l*á- M o .c ¡s o y cene V o / a t ín ic o
S e c to r e s irr ig a d os

Ql Zona, d t in f/ v e n c ía . cAt/ A to S a n J u a n
Q| ” *» de io s F ie * Menafota.-Tu/Hj'ján

O* * * /»* * "•¿»s AtasA¿t*tÍ-

Fig. 2.

146
energía eléctrica, los ha desconectado del antiguo sistema, pues ya no
se vuelcan sino esporádicamente en el Desaguadero.

En lo que se refiere a los segundos, llamados temporarios o espas-


módicos, de vez en cuando solamente suelen traer agua; pero cuando
lo hacen, constituyen verdaderos torrentes que desarrollan caudales con­
siderables, en ocasión de anormales precipitaciones, dando lugar a pe­
ligrosos aluviones. Tal como el caso de los uadis saharianos, son sub­
productos del clima desértico.

A pesar de su reducida importancia —pues esta zona de piedemonte


tiene entre San Juan y San Rafael una extensión que no sobrepasa 430
km— presenta de N a S. es decir, dentro de un contexto indiscutible­
mente homogéneo, matices bastante variados. Es, al mismo tiempo, el
último oasis grande en el límite sur, ya donde empieza la Patagonia,
por lo que ciertos rasgos llegan a adquirir en la región de San Rafael
unas dimensiones especiales que nos permitirán ubicarlo dentro de la
jerarquía misma de los oasis de Cuyo.

A) U na climatología desértica

En su extensión, desde San Juan al N hasta San Rafael y General


Alvear al S, es decir, entre 319 y 35^ de latitud sud, a ta re a el piede­
monte cuyano tres distintas zonas: la del rio San Juan, la del Mendoza-
Tunuyán, y la del Diamante-Atuel. Globalmente considerada, goza esta
área de una temperatura adecuada para los cultivos, pero sufre de un
déficit d e agua que evidencia el carácter desértico del clima. Sin embar­
go, varios matices se inscriben en el contexto climático de la faja que
va extendiéndose de la zona de influencia de San Juan hasta la de San
Rafael-Alvear; por consiguiente puede considerarse al sector de los ríos
Mendoza-Tunuyán como un término medio entre las demás, salvo, la
sección del río Tunuyán, aguas arriba del núcleo urbano, en donde una
altura mayor y la cercanía de la cordillera han creado condiciones par­
ticulares.

Por su posición más austral, su alejamiento con respecto a la cor­


dillera propiamente dicha, en suma, su marginalistno frente a las demás
regiones, presenta la región de San Rafael, más allá de ciertos matices
inherentes a su ubicación, unas características que establecen las bases
de su personalidad. Dichas características han sido puestas de mani­
fiesto en varios trabajos, a las cuales remitimos al lector interesado en

147
ampliar nuestras consideraciones8. Por lo demás, fueron desarrollados
in extenso en nuestra tesis original. Insistiremos, en cambio, en aquellos
aspectos más específicamente vinculados con los problemas agrarios de
San Rafael.

a) El régimen térmico y el problema de las heladas en San Rafael

Al considerar las temperaturas medias y extremas (Fig. 3 ) en la


región de San Rafael, resulta evidente que se trata de un clima conti-

AMPLITUD MAXIMA

( a m p l it u o MEDIA

I AMPLITUD MÍNIMA

------- TEMAMEDIA

Ttmp-*»V. Abro/uii ——’’

Temp. Hit. Ufé( 9 ----- -

-Ttmp. Mi i . Media —

"Temp. Mía, Abso/uii

J AS ÓNDEF MAMJ ' b A S O N D E F M A M

Cu al - ALVEAR SAN RAFAEL

Fig. 3 — Amplitud de las variaciones térmicas en el sur mendocino


(1951-1960)

nental sometido al capricho del frente polar y caracterizado por amplias


variaciones de temperatura acentuadas en escala diaria por la altura
(+ 740 m ) y la sequedad relativa del aire: la humedad relativa se
ubica normalmente entre el 50% y el 65%. Además, las extensas super­
ficies bajo riego (más de 200.000 hectáreas) contribuyen a acentuar la
tasa de evaporación, creando por consiguiente, dentro de los límites del
sector aprovechado, un clima local en donde la tasa de humedad llega
a superar la normal de la zona sur; siendo al mismo tiempo favorecido el
desarrollo de este fenómeno durante la primavera y el verano (épocas
de grandes regadíos) por las calmas que se mantienen en San Rafael, se­
gún una proporción de 44,7 %0 y en General Alvear de 21,1 %.

8 Cf. especialmente C apitanelli, R. G ., Climatología d e Mendoza, en “Bo-


let.'n de Estudios Geográficos”, Vol. XIV, N9 54-57, Mendoza, Instituto de Geografía,
1967, 441 p.

148
L im ite in fe rio r
m vgra h/o
UJJjJ M i 0 ¡A SITA C/o/v
- — — - Tem pera tota m ec/ie
flfB O IA B S T A O o N t a u H B L A D A S
D é f i c i t de a j o a
1771 HSLAOAS

Fig. 4 — Climodiagramas comparados (según Papadakis).

Las temperaturas medias de la zona sur dejan un margen de co­


modidad para el desarrollo de la vid y de los frutales. No cabe duda
de que se trata de un clima ideal por su sequedad, el cual favorece la
maduración de las frutas. En el mes de noviembre (mes de la floración)
la media es de 19,3° en San Rafael y 20° en General Alvear; sigue
superando los 19? durante la época incluida entre la aparición de los
brotes y la madurez (del 15 de setiembre a principios de marzo) y al­
canza los 22? desde la floración hasta la vendimia.
Como quedó señalado, las heladas perjudican mucho a los cultivos
en los oasis del sur mendocino. Del promedio anual de 16,3% de pér­
didas por accidentes climáticos en viñedos en la zona de San Rafael,
las ocasionadas por heladas representan 10,7%, y en General Alvear

149
12,9% del total del 14,0% 9. En Mendoza tienen tan poca importancia
los daños anuales por heladas que ni siquiera se registran, lo que no
excluye la eventualidad de una helada ocasional devastadora10. Quizás
el elemento de juicio que más podrá ayudarnos a enfocar la importancia
de las heladas, sobre todo las tardías en el sur mendocino, son los es­
quemas comparados sobre la duración de las estaciones térmicas y fe­
nómenos especiales conexos (Fig. 5). El peligro de las heladas en San
Rafael abarca fácilmente seis meses del año, es decir, todo el invierno,
.una tercera parte del otoño y más de la mitad de la primavera. En Ge­
neral Alvear, su importancia queda reducida tanto en la primavera como
en el otoño; en Mendoza abarca una ínfima parte del otoño y el 15% de
la primavera. También se destaca la importancia de las heladas tardías
puesto que, en San Rafael, la extensión del período durante el cual sue­
len producirse heladas, representa el doble de la extensión correspon­
diente al otoño. Si algunas heladas tardías excepcionales (principios de
noviembre) han conseguido arruinar casi por completo las cosechas en
los años 1927 y 1932 entre otras, de vez en cuando igualmente una
helada precoz (fines de marzo o principios de abril) llega a causar
daños considerables al viñedo y a las hortalizas arruinando todo lo que
todavía no se ha cosechado. Tal cosa ocurrió, por ejemplo, el 29 de
marzo de 1964 en una helada que afectó con gran intensidad a todas
las extensiones cultivadas de la provincia.
Evidentemente, por importantes que sean los daños de una helada
precoz11, no pueden tener la misma amplitud que en el caso de una
helada tardía, pues la primera suele afectar solamente a los viñedos aún
no cosechados y a algunas hortalizas; cuando, por lo general, ya está
casi completamente levantada la cosecha de frutas. En cambio, como
fenómenos resultantes más frecuentemente de una inversión de tempe­
ratura relacionada con la permanencia de un frente frío, que la intru­
sión violenta de un frente frío solo, las heladas que se producen durante
el período vegetativo suelen afectar las zonas más deprimidas o más en­
cerradas en donde se estanca el aire, lo cual favorece el descenso de

9 Capitanelli, iR. G., Balance h íd r ic o ..., op. cit.


10 'La helada del día 2 9 de ¡marzo de 1964, resultado del avance del frente
polar, abarcó a casi toda la extensión de la provincia, dejando un elevado promedio
de daños en los viñedos que áún no se habían cosedhado.
11 L a helada precoz suele perjudicar tanto al productor, rebajándole a éste
el peso de la uva, como al bodeguero, no obstante la alta graduación alcohólica de
la materia prima integrada, a causa de la abundancia de las ¡hojas secas mezcldas
con la uva y que no pueden eliminarse durante los primeros pasos de la elaboración.
Por consiguiente el vino toma un gusto amargo que resulta muy difícil de quitar en
adelante. L a cosecha del año 1964 quedó muy afectada en ese sentido por la he­
lada del 29 de marzo.

150
p

pedales

151
temperatura por irradiación gracias a la tasa de humedad poco elevada
y a la presencia de una calma, y por consiguiente, su poder destructivo.
Casi siempre se trata de una baja de muy poca amplitud, que lle­
garía a anular fácilmente el menor movimiento de aire, por medio de
un rotor por ejemplo. Desgraciadamente la tradicional costumbre de
alinear trincheras de sauces y álamos a lo largo de las acequias e hi­
juelas, no obstante el aspecto económico y estético, favorece el estan­
camiento del aire, y aumenta el promedio de daños cuanto más redu­
cida es la parcela encerrada. Cortinas de árboles más cortas y menos
exigentes en agua que los sauces y álamos, como los arabias y los mem­
brillos, resultarían igualmente adecuadas para luchar eficazmente con­
tra los efectos de los vientos descendentes, sin obstaculizar el movimien­
to del aire, con lo cual se reduciría, si no el peligro de heladas, por lo
menos el promedio de daños.
En zonas perjudicadas por heladas, los cultivadores a quienes les
tocó el turno de riego el día anterior a una de ellas, suelen “salvarse”;
pero si, por casualidad, el meteoro se repite en la noche siguiente, las
pérdidas eventuales pueden alcanzar al 100%, pues la acumulación de
calorías durante el día intercalado entre las dos noches con heladas es
muy reducida y la evaporación consecutiva al riego va acentuando este
fenómeno.
El proceso de las heladas suele producirse por manchas con exten­
siones variables que se ubican de preferencia en las partes más bajas
y más bien protegidas de los vientos. Unicamente en casos extremos
llegan a afectar amplias extensiones. Hemos indicado en el caso de la
temporada 1966-67 (Fig. 6) las áreas perjudicadas por las heladas de
los días 2 y 28 de octubre de 1966. Recordamos que en este caso se
trata de una temporada muy poco castigada, que podría considerarse
como excepcional en aquella zona. Resulta claro que las manchas de
más extensión y que más daños han causado se ubican en las partes
más bajas de la playa de San Rafael, inmediatamente al E de Ciénagas
Grandes, en Colonia Elena y en la zona muy pantanosa intercalada entre
los ríos Diamante y Atuel. Fuera de este sector particularmente perju­
dicado, son mucho más reducidas las manchas y también varía consi­
derablemente el promedio de daños según las condiciones locales, que
influyen bastante cuando se trata de una baja de temperatura muy mar­
ginal.
Desgraciadamente, no se aplica el Seguro Agrícola a las pérdidas
por heladas, dado que en principio existen medidas de defensa. Lógi­
camente, las hortalizas y la viña baja (en espaldera o contraespaldera)
sufren más por la helada que los frutales o los parrales; y el promedio

152
<u

C jf m c n S J

153
Fig. 7 — Daños anuales por granizo en los departamentos del sur
mendocino, comparados con los de la provincia de (Mendoza.

de daños en un sector determinado depende mucho de la naturaleza


de los cultivos tanto como del tipo de instalación.
Estamos de acuerdo en la existencia de varios sistemas que, en
California, por ejemplo, logran gran éxito (rotores y estufas entre otros);
pero, en San Rafael, esas instalaciones siguen en el terreno experimen­
tal. Implican, además, costos prohibitivos que superan las posibilidades
de la mayoría de los dueños de finca; es decir que su aplicación prác­
tica casi no se encuentra, salvo en contadas propiedades.
Ante todo, no puede olvidarse San Rafael de otro factor climático,
verdadero flagelo quizá más terrible que el anterior, pues castiga de
manera espectacular y suele además dañar tanto a las plantas, que no
pueden recuperarse antes de uno o dos años, cuando no las destruye:
nos referimos al granizo y al pedrisco.

b) El granizo y el pedrisco 12

Siempre ha sido San Rafael una zona muy castigada por el granizo.
Desgraciadamente, no contamos con los datos detallados de daños anua­
les causados por este flagelo en los distintos departamentos antes del
año 1952. En toda la provincia de Mendoza, solo hay dos departamen­
tos más perjudicados que San Rafael en este aspecto: La Paz y Santa

12 Sobre este tema — cuyo desarrollo resumiremos— puede consultarse a


C apitanelli, iR. G., El problema general del granizo y pedrisco, especialmente en
Mendoza en “Boletín de lEstudios Geográficos”, Vol. I, N° 2, Mendoza, Sección
Estudios Geográficos, 1949. '

154
Fot, 3 — Viñedo después de una fuerte granizada (2 6 -1 -6 6 ). Daños
lie un 100 % en un viñedo en contraespaldera del distrito 'Las Pa­
redes. Los frutales adyacentes también ‘lian sido severamente castigados.

'i

Fot. 4 — Parral español ron techo de tejido d e alambre. Este sistema


de protección contra el granizo lia dado buenos resultados en la finca
Bianchi. En 1966, se salvó el 7 5 % de la cosedla en este parral- en
un sector fuertemente castigado, como lo muestra la fotografía 3 , sa­
cada en un viñedo vecino. Se notará el sistema utilizado para atar la
cepa (con totora), los amplios surcos de riego, y la disposición
geométrica.

155
Rosa. Se ubican también a buena distancia de la cordillera. Pero no
teniendo aquellos departamentos una producción de la categoría de
San Rafael, los elevados promedios de daños (20% y 25% respectiva­
mente) no producen el mismo impacto económico-social.
Para San Rafael, el promedio de daños anuales en el período 1952-
53, es de 18,38% (Fig. 7 ) , y de 13,02% para General Alvear. El prome­
dio provincial alcanza a 12,91% o sea más o menos el de General Alvear.
Se observa en este gráfico, la extrema irregularidad de los daños a lo
largo de estos 13 años. Nunca antes de la temporada 1959-60, según los
datos que tenemos nosotros, se había superado el 29%, y eso, en General
Alvear solamente, puesto que, en San Rafael, no había alcanzado el
19%. Pero la temporada 1959-60 fue muy devastadora en toda la pro­
vincia, pues el promedio provincial llegó a 32,6%. San Rafael en aquel
año batió todas las marcas anteriores, con 56,6% de daños. Cinco años
más tarde, a pesar de un moderado 17 % en la provincia y un sorpren­
dente 10% solamente en General Alvear, de nuevo fue severamente
castigado San Rafael con 55% , que representaban el 68% de todos los
daños de la provincia de Mendoza.
¿Suelen afectar las granizadas algunos sectores, más que otros, en
el sur mendocino?
En los distritos de Las Paredes, Cuadro Benegas y Rama Caída
del departamento de San Rafael, contestarán que sí la mayoría de los
cultivadores. Por desgracia, no contamos tampoco con los datos su­
ficientes sobre las áreas afectadas y el porcentaje de pérdidas, en cada
caso, como para formular una hipótesis. Con los pocos registros obte­
nidos, trataremos de destacar rasgos de las granizadas durante la tem­
porada 1965-66 y 1966-67. Siendo varias las caídas de granizo durante la
temporada 1965-66 (Fig. 8) nos limitaremos a demarcar la extensión de
cada una de las 10 principales mangas, es decir, de las que implicaron
más de 30 denuncias 13. Evidentemente, llegan a recortarse hasta 5 y 6
veces, trayectorias de extensiones variables; pero donde predomina la
forma más o menos alargada (manga) de 2 a 6 km de anchura.
Según los técnicos del Seguro Agrícola, suele corresponder esta
situación a un año más o menos normal, es decir con un promedio de
daños de aproximadamente 18%. Si bien la mayor parte de la extensión
cultivada ha sido castigada, sin embargo, en la mayoría de los distritos

13 Cabe señalar que durante esta temporada se (entregaron 3 .6 0 0 denuncias


al Seguro Agrícola, lo que puede considerarse como una cifra normal para la zona
sur. E l año anterior (tem porada 1984-65) se habían entregado más d» 7.0 0 0 de­
nuncias por un promedio de daños de 5 5 % , que implicaban además, en la mayoría
de los casos, promedios de daños muóho más elevados.

156
10km \ \\.' Carmensa

157
resultaron muy poco elevados los promedios de daños: solamente de
1% a 5%. Durante esa temporada, hubo con toda evidencia unos secto­
res más afectados que otros, lo que justamente parece comprobar las
afirmaciones de los viñateros del sector oeste de San Rafael. En realidad,
dentro de un radio de 15 km a partir de la ciudad cabecera, varios
sectores han sido perjudicados de 2 a 6 veces. Pero, con respecto al
granizo, hay que considerar a cada temporada, individualmente, como
un caso especial. Por eso, se necesitarían datos con 10 años de anteriori­
dad, por lo menos, antes de opinar de manera concreta sobre dicha fre­
cuencia o repetición del fenómeno en ciertos sectores bien determinados.

Fig. 9 — Importaricia relativa de las diez principales caídas de gra­


nizo en la temporada 1965-66.

Son muy variables en intensidad y en extensión las mangas de


granizo. Pero tres criterios empíricos nos permitirán destacar la impor­
tancia de cada una: primero el número de denuncias, luego el área
afectada, en fin la extensión en quintales para los productos perdidos.
Por eso, hemos estudiado la importancia relativa de las diez principales
caídas de granizo durante la temporada 1965-66 (Fig. 9).
Cabe señalar que tres de ellas abarcaron más de 3.000 hectáreas; la
primera fue mucho menos destructora que las demás pues fueron relati­
vamente reducidas tanto la intensidad de la caída como el tamaño mis­
mo de las “piedras”. Igualmente, las granizadas del 16 y del 18 de febre­
ro, tanto como las del 15 y del 19 de marzo del año 1966, se caracteriza­
ron por la intensidad, es decir, la proyección elevada, en miles de
quintales perdidos, con respecto al área abarcada por la manga.

158
Felizmente, para la investigación, se presentó en San Rafael, durante
la temporada 1966-67, un cuadro totalmente distinto. Esta situación nos
permitió colocar en un solo croquis (Fig. 6 ) todos los daños (con pro­
medios aproximados de pérdida) acumulados por los accidentes climá­
ticos (granizo y helada) durante la temporada. Muy poco perjudicada,
en realidad, resultó la región de San Rafael durante esta última tempo­
rada. Sin duda, es la excepción que confirma la regla.
A lo largo de este capítulo muy importante, dada la naturaleza del
contexto agrario y económico, quisimos exponer y explicar los mecanis­
mos del propio clima de la zona de influencia del Diamante-Atuel, o sea
la región de San Rafael. Indudablemente se trata de un auténtico clima
de tipo desértico con un matiz semiárido si lo relacionamos con la zona
de Mendoza (árido).
También hemos visto, en lo que se refiere a la instalación humana
en esta región, que ni la escasez ni la irregularidad de las precipitaciones
durante casi todo el año constituyen los verdaderos problemas de la
zona. L a verdadera fuente de vida de San Rafael y General Alvear se
encuentra en la cordillera misma, de donde salen los dos ríos alóctonos
que suministran a estos oasis el imprescindible fluido de vida. Sin em­
bargo, son otros los problemas que han perjudicado la economía de la
región ya desde los primeros años de su puesta en valor. Igualmente, tal
como se ha señalado, también siguen siendo cada vez más complejas, a
medida que llega uno a conocerlas, las consecuencias que han generado
aquellos problemas.
Veremos ahora en qué medida la morfología del paisaje natural y
de los espacios valorizados por el hombre en la región de San Rafael, ha
sido condicionada por el carácter semiárido del clima.

B) U na morfolocía desértica

E n su aspecto actual,, la región de San Rafael depende mucho de las


condiciones climáticas relativamente secas que, a lo largo de los últimos
periodos (sobre todo el holoceno) han permanecido con variaciones de
poca amplitud. El extenso glacis principal hacia el E y la “playa enca­
jada” de San Rafael, polo de convergencia de los dos ríos alóctonos,
resultan ser los productos auténticos de la alternancia entre ciclos de
aridez o semiáridos y epiciclos húmedos. Las terrazas que en distintos
niveles se encuentran en esta playa, son el resultado de esas variadas,
aunque pequeñas modificaciones durante esa época.
Sin embargo, antes de que se iniciaran los procesos que llevaron a
cabo la elaboración del paisaje geomorfológico contemporáneo con sus

159
Fig. 10.

160
extensos glacis, frutos de una climatología más bien desértica, ocurrie­
ron muchos trastornos de orden geológico. Los más importantes tuvie­
ron lugar probablemente al producirse las distintas fases de la surrección
andina; siguen todavía manifestándose, pues no se ha terminado aque­
lla surrección, porque la corteza terrestre busca permanentemente su
ajuste a lo largo de las fallas que crea, de acuerdo con las transferencias
de peso necesarias para un obligatorio equilibrio según la orientación
de las líneas de fuerza.

a) Una posición ele confluencia original

A lo largo del “piedemonte cuyano” que hemos identificado ya, van


cambiando los rasgos estructurales. Desde la margen N del río Mendoza
hacia la zona de influencia del río San Juan domina un relieve precor­
dillerano abrupto que aísla estas zonas de oasis del N de la cordillera.
En el sector de Mendoza mismo, ya se conocen numerosas fallas
ocultas por el material de arrastre, puesto que algunos bloques bascula­
dos (formación de Los Mogotes) rompen de vez en cuando la monoto­
nía del estrecho glacis principal que baja de la precordillera hacia el
área urbanizada. Esos bloques permiten presagiar el carácter distinto de
la morfología estructural que se impondrá en el paisaje sur mendocino
(Fig. 10),
Al SE del río Mendoza y aun con más amplitud al SE del río Tu-
nuyán, unas formaciones terciarias superiores (conglomerados de tipo
Huayquerías) han sido falladas y basculadas hacia el E. Estos relieves
conocidos con los nombres de meseta de Tunuyán al N y meseta del
Guadal al S aíslan de la planicie propiamente dicha la extensa depresión
de Los Huarpes ocupada en parte por el valle del río Tunuyán, de
orientación longitudinal. Han desarrollado además estas mesetas, glacis
recientes de poca extensión a lo largo de cada vertiente.
Pero al SW del arroyo de Las Peñas ya encontramos una más anti­
gua formación levantada (Terciario inferior) de orientación N N W -
SSE, que luce un impresionante abrupto de falla poco erosionado en su
vertiente oriental. Se alarga diagonalmente este bloque levantado o
bloque de San Rafael sobre el pie de la cordillera y la llanura, a menudo
llamada aquí “Travesía”, desarrollándose con más amplitud inmediata­
mente al W de la playa de San Rafael, donde convergen los dos ríos
antecedentes después de haber cruzado aquel obstáculo al encajonarse.
Al S de Ja zona cultivada de San Rafael, un nuevo elemento se
inscribe fuertemente en el paisaje sur mendocino: el vulcanismo (Fig.
11). Después de haberse manifestado al N del río Diamante en forma
aislada (cerro Guadal cerro Diamante, El Cerrito, cerro Negro y cerro

161
Fig. 11. — Rasgos geomoifológicos en el paisaje de San Rafael. 'Macizo
antiguo: 1) Bloque levantado de San Rafael. 2 ) Planicie exhumada
del río Atuel. 3 ) Terciario superior 'Araucaniano y Santacruceano.
Volcanes* 4 ) Cerros volcánicos y coladas de basalto. 5 ) Basaltos IV,
neopleistocenos. 6 ) Fallas. Material de acumulación: 7 ) Conglomerados
terciarios (Tipo Huayquería). 8 ) Glacis principal (segundo) y Ter­
cero (Bajada de las Malvinas). 9 ) Antigua superficie de erosión
disecada (Huaycos). 10) Planicie de San Rafael (playa). 1 1 ) Cursos
permanentes (Diamante y Atuel). 12) Cursos esporádicos (arroyos
y dios secos). 13) Terrazac. 14) Ciénagas. Médanos; 15) Anti-
tiguos. 16) Recientes.

Carrizal) se superpone cada vez con más potencia a la estructura del


bloque levantado, por medio de cerros aislados ubicados a lo largo de la
línea de falla oriental hasta casi borrarla por completo a la altura del
cerro Nevado, allí donde ostenta su máxima potencia.
Unos 15 ó 20 km más al E se notará un alineamiento de pequeños
conos paralelos al citado anteriormente, también correspondiente a una
línea de falla que se prolonga, como lo veremos más adelante, hacia el
NW, en el eje mismo del pequeño mogote basáltico que sobresale en la

162
Fot. 5 — El Nevado desde Punta de Agua. El volcanismo agreda su
sello distintivo a la morfología de tipo semidesévtico clel sur mendo-,
ciño. Al pie del antiguo volcán, un sector del oasis de Punta de Agua
se enea,'ona en los escoriales.

Fot. 6 — El valle sobreña puesto del río Atuel, al cruzar el blot¡ue le­
vantado d e San Rafael. Al levantarse el macizo antiguo clel bloque de
San Rafael durante la Fase Geotectónica Final, se encajonó el rio Atuel
en las capas de areniscas terciarias de la planicie exhumada. Visto hacia
el SW aguas arriba del dique compensador d e Valle Grande. Además
de las fallas se notarán los recientes derramamientos de basalto negro
sobreiinpuestos (tipo Cerro N egro).

163

Á
playa de San Rafael: el Cerrito. Más al S se reúne en una unidad volcá­
nica todo el relieve formado por el macizo salpicado de conos adventi­
cios del Payén Matru y el cerro Payén o Payún, su principal exponente
(Fig. 11). Desde esta cumbre de volcanes se extienden campos de lavas,
a veces en altas mesetas, escoriales, extensas coladas de basalto que
forman un marco impresionante de desolación. Estas amplias extensio­
nes van confundiéndose hacia el naciente con la inmensa planicie. Se
encuentra en la proximidad de la zona de contacto una serie de aguas
de vertientes u ojos de agua, alrededor de los cuales se ubican varios
puestos como Los Pejes, Agua Escondida, La Cortadura o Agua del Toro
(Foto 5). Sin duda puede considerarse a Punta de Agua, al pie mismo
de los escoriales del cerro Nevado, como el más importante de todos,
puesto que cuenta con una población permanente de más de 300 habi­
tantes y sirve de centro, en consecuencia, a unos cuantos puestos ubica­
dos en un radio de 50 km. Tiene además cultivos permanentes (bosques,
frutales, hortalizas y unps paños de viñedos).
Entre el lugar donde el río Atuel desemboca sobre la playa de San
Rafael, y la cordillera, hay unos 100 km, de los cuales un cuarto corres­
ponde al macizo antiguo del bloque levantado. El resto forma un extenso
bolsón longitudinal en parte rellenado por el material fluvioglacial y de
arrastre traído por los ríos Malargüe, Salado y Atuel sobre todo, cuya
parte más deprimida corresponde a la laguna de Llancanelo. Antes de
que fuera a encajonarse en el poderoso bloque levantado, al llegar a los
saltos de El Nihuil, el río Atuel aprovechó esta extensión (su cuenca
media) también como cuenca de decantación (laguna del Atuel). Se ha
desarrollado además en este bolsón una superficie de acumulación muy
extensa cuya mayor parte pertenece a la formación del glacis principal.
Una porción de este glacis viene bajando desde el E o sea desde el
bloque levantado y del macizo volcánico del Nevado, que la prolonga
superponiéndose a éste más al SE, pero lo más importante proviene del
área cordillerana.
Entre el glacis principal al poniente y la llanura al naciente, se
observarán además dos unidades estructurales distintas separadas por el
cono de deyección cjel no Diamante que hoy integra la playa de
San Rafael. En realidád, podría considerarse casi como un bolsón a esta
planicie encajada, cuya parte más deprimida está ocupada por Ciénagas
Grandes (Fig. 12). Bordeando dicha playa del lado N está la Huayque-
ría; afloran los conglomerados terciarios que caracterizan a esta forma­
ción en la margen norte del río Seco de la Hedionda.
Sobre la orilla derecha del río Atuel, allí donde termina el médano
de Picardo —el cual nos parece seguir una línea de falla de orientación

164
F ig . 12.

W -E que ha determinado probablemente el curso del río Atuel en este


sector de su cuenca inferior, favoreciendo su posterior encajamiento en
el material eólico-aluvial— también hemos encontrado conglomerados
terciarios de tipo Huayquería. Es decir que esta formaeión podría en­
contrarse hundida bajo varios metros de sedimentos modernos traídos en
su mayor parte por su exuberante Diamante durante el período holoceno.
Al S del río Atuel, cambia drásticamente el paisaje, dominado ahora
por el vulcanismo. Se observará allí un conjunto salpicado por necks y

165
cerros volcánicos donde extensas coladas basálticas y escoriales forman
un relieve mesetiforme, irregularmente quebrado en . su borde oriental
por los amplios valles de los arroyos secos. Del cerro Negro hasta el
cono del Payén, se desarrolla un paisaje homogéneo tanto por el dominio
de los relieves y del material basáltico como por las asociaciones vegeta­
les, definitivamente de tipo patagónico. Es a este paisaje de transición
entre el piedemonte cuyano y la Patagonia al que Polanski llama
Payenia14.
En consecuencia entre el glacis principal del W , los conglomerados
de tipo Huayquería del N, la Payenia del S y la llanura o, mejor dicho,
la planicie del E se encuentra la playa de San Rafael en forma encajada
(con respecto a los sistemas de fallas) en un lugar en el cual convergen
dos ríos alóctonos de buen caudal, después de haber cruzado el bloque
levantado de San Rafael. En esta misma playa alcanzaron a juntarse en
varias oportunidades durante el holoceno. Muy nítidamente, en estas
condiciones, nos parecen destacarse los factores morfológicos que ilus­
tran la posición de confluencia de San Rafael entre las grandes unidades
geomorfológicas que identifican el paisaje sur mendocino (Fot. 2 ).

b) Dos tipos de formas dominan el paisaje sanrafaelino: esquema


evolutivo de la geomorfologta local

Sintéticamente, dos tipos de formas llegan a dominar el paisaje


sanrafaelino: primero, una faja de bajas serranías; segundo, una planicie
monótona con una playa aluvial sobreimpuesta y ligeramente encajada.
En la región de San Rafael, el área serrana es representante de una
unidad morfoestructural ya conocida desde antiguo (Burckardt y Sherli)
como la “Sierra Pintada” 15. La misma incluye a un grupo de elevacio­
nes de escaso relieve, alargadas en un sentido general paralelo al meri­
diano, ahogadas o rodeadas por acumulaciones modernas y extendidas
desde San Carlos hasta el cerro Nevado (Fot. 10).
Las investigaciones de Feruglio (1946) y Polanski (1954) han
permitido modificar parcialmente aquel concepto inicial, separando de
aquella entidad una nueva unidad morfoestructural conocida con el
nombre de “Bloque de San Rafael”. Por otra parte, pese a la importan­
cia del vulcanismo y de la extensión de los derrames basálticos al S del

14 P olanski, J., Rasgos geomorfológicos del territorio de la provincia de


Mendoza, en “Cuaderno de Estudios e Investigaciones”, N9 4, Mendoza, Instituto
de Investigaciones Económicas y Tecnológicas, 1954.
15 Dessanti, R. N ., Descripción geológica de la hoja 27c, cerro Diamante,
prov. de Mendoza, Boletin N9 85, Buenos Aires, Dirección Nacional de Geología y
Minería, 1956.

166
Fot. 7 — El tío Diamante y la ¡d a del Diamante; los puentes de la
Ruta ¡4 3 , La anchura del lecho del río y el número de brazos y de islas
se explijcan por el carácter anastomosado del río, al salir del bloque de
San Rafael (al fondo). El curso de agua divaga sobre su propio cono
de deyección. E n la Isla del Diamante, cruzada por la ruta 143, se ha
instalado un hermoso parque.

Fot. 8 — Capa cenicerítica depositada en 1932 e intercalada en ma­


terial d e origen loésico. Cerca de San Rafael, a lo largo de la ruta 40,
esta capa suele tener un espesor de 8 a 10 om. L a vegetación [Link]-
rofítica ha favorecido el proceso de acumulación por el viento. E l
espesor de la capa de loess es muy variable y depende de la posición
con respecto al viento. Al fondo se nota el talud del glacis principa!.

167
río Atuel, no se puede rechazar tampoco la idea de prolongar más allá
del cerro Nevado el límite de esta estructura, que llegaría, por lo tanto,
más o menos hasta la altura del puesto de Agua Escondida.
A lo sumo, esta faja de bajas serranías resulta del ascenso como un
todo del antiguo zócalo peniplanizado, de su ulterior desmembramiento
en bloques, e igualmente del modelado de su cubierta terciaria por la
erosión normal, más bien separada de la planicie por un resalto morfo­
lógico más abrupto que corresponde a aquella sierra Pintada. Desde la
margen sur del río Atuel en adelante, las coladas basálticas neopleisto-
cenas que se han derramado a lo largo de las lineas tectónicas más
orentales (fallamiento tensional) durante la Fase Neotectónica final, se­
pultaron el abrupto de falla.
Se caracteriza en forma general la planicie por su uniformidad, su
continuidad, luego por su monotonía, apenas Ínterinmpida por unos
extensos médanos antiguos (médanos de Picardo) ubicados entre la
colonia de Las Malvinas y colonia Soitué; igualmente por los grupos de
médanos que ocupan las orillas de los principales cauces de los ríos
secos dispuestos paralelamente a la pendiente general de la llanura.
En la región de Cuadro Benegas, la planicie de acumulación del
glacis principal (con asiento de material fluvioglacial) lia sido fuerte­
mente disecada tentó por los arroyos secos durante las crecientes como
por el río Diamante, dejando montículos aislados (mesetas— testigos de
700 a SOO m sobre el nivel del mar y con unos 20 de desnivel relativo al
pie de la serranía) {Fig. 11) (Fot. 2).

Fig. 13 — Playa de San .Rafael. Corte ,N-S. 1) Plan-cíe aluvial de


San Rafael (playa). 2) Conglomerados terciarios (Tipo Huayquería).
3) Rasalto IV (neopleistoceno, El -Cerrito). 4) Canto rodado traído
por el Diamante, o) Ciénagas. 6) Médanos.

Nos referimos a la parte encajada de la planicie ubicada entre el no


Seco de La Hedionda al N y el río Atuel, que va contorneando al méda­
no de Picardo al S. como a la playa de San Rafael, verdadera cuenca de
acumulación deprimida por un sistema de fallas ahora bien sepultadas
(Fig. 13). Allí donde se acercan los ríos Diamante y Atuel, encontra­
mos unas series de tenazas antiguas y recientes, cauces abandonados de
orientación NW-SE. la misma de la pendiente general, amplias ciénagas

168
Fo t. 9 — Mogote basáltico E l Cerríto y rancho puestero. S e ubica en
pleno centro de la playa de San Rafael, en el distrito Cuadro Nacional,
a orillas de Ciénagas Cnandes en el eje de una presumida línea de
falla sepultada. Al margen del sector cultivado suelen encontrarse unos
raiichos puesteros de este tipo.

Fot. 10 — Material basáltico (tipo Cerro N egro) de E l Cerrito. Este


material "J[ basalto IV ) integra todos los conos volcánicos que se ex­
tienden íacia el S, a lo largo de dos grandes líneas de falla (F ig . 1 8 ).

169
y extensiones pantanosas, que atestiguan las dificultades del desagüe y
sobre todo la mala utilización, en ciertos sectores, de las aguas de riego.
Esta situación deplorable queda evidenciada por los derrames y el gasto
deliberado de las aguas en espacios aprovechables.
El área de cultivo bajo riego ocupa la mayor parte de la extensión
de esta playa, que afecta la forma de un oasis alargado. Sobre aquella
playa puesta en valor, se ha modificado tanto el relieve original como
la textura inicial del suelo, bajo la iniciativa de los hombres, hasta el
punto de que los aspectos hoy más resaltantes, tal vez, serían la presen­
cia de aislados montículos medanosos (médanos recientes) que se alzan
en medio de las fincas cultivadas, o el pequeño otero constituido por el
mogote basáltico de El Cerríto.

c) La “playa” de San Rafael: detalles morfológicos

De todos los rasgos acumulativos estudiados 1G, el de mayor alcance


se refiere naturalmente a la planicie o "playa” (vallcy plain) construida
por los dos colectores principales: el Diamante y el Atuel. El fondo de
sus valles se halla cubierto por depósitos de rodados, gravas y arenas
fluviales que han desarrollado una amplia playa aluvial, encajada en un
verdadero valle que ha sido excavado en la llanura sanrafaelina.
En principio, refiriéndose al relleno de la playa de San Rafael, hay
que destacar el hecho de los dos ciclos de acumulación iniciados por los
deshielos, consecutivos a los dos periodos glaciares que afectaron con
certidumbre aquellas latitudes separadas por un corto epiciclo de ero­
sión representante también del pequeño descanso interglaciar.
Con respecto al primer ciclo, perfectamente eólico con fuertes
vientos, puede notarse en varios lugares de la margen N del río Dia­
mante una alternancia de bancos de limos parecidos al loess (Formación
Villa Atuel) de más o menos 9.000 años17, con otros arenosos y arenoli-
mosos de origen fluvial. El perfil de la margen N del río Seco de La
Hedionda (Fig. 15) da un ejemplo muy claro de dicho proceso, pues
surgen con gran nitidez las alternancias entre capas d*e distintos materia­
les. Con toda seguridad, se produjeron los depósitos de limo durante un
periodo preferentemente eólico.
Cabe señalar, también que una parte pudiera representar la rede­
posición de ellos por aguas, con la consiguiente contaminación con10

10 E n esta edición se han suprimido algunos, que pueden .consultarse en la


tesis original.
17 González D íaz , E. F ., Rasgos geológicos y evolución geomorfólógica de
la hoja 27d (San Rafael) y zona occidental vecina ( Provincia d e Mendoza), en “¡Re­
vista de la Asociación Geológica Argentina”, T. XIX, \T<? 3, Buenos Aires, 1964,
p. 151-183.

170
l'ot. I I — Playa alargada d e Las Malvinas y fito occidental del M é­
dano de Picardo. Vista en dirección .VE. El espacio valorizado de Las
Malvinas se halla casi encajonado entre un pedimento y un médano
fosilizado, cuyo borde occidental correspondería al prolongamiento hapia
el N de una línea de falla. En este sector, dominan los cultivos de
alfalfa, maíz y hortalizas. Aún se notarán en las parcelas del oeste
(centro-izquierda de la foto) los efectos del fuerte aluvión que se
produjo en 1984 y ocasionó daños considerables en los cultivos.

Fot. 12 — Terraza antigua en el distrito d e Las Paredes. El materia!


grueso (fluvioglaciar), en parte ya cementado, que integra esta te­
rraza bien esbozada, habría sido depositado durante el epiciclo inter­
glaciar y recortado al empezar la segunda glaciación.

171

i
Arena. y ripio

Ceniza, vo/ca/7/ca.
/tuna, limosa Snfer-
C a la d a con r o d a d ! fo S

¿¡mor parecidos o//oess


C o n concreciones de
C a / iz a s

A re n a .

Limo

Areno. tim o s a .

Zimos con
de rodadizos

Material, de
Si*[Link]

Fig. 15 __ Perfil de la margen norte del ¡Río Seco de .La Hedionda,


al oeste de la ruta 143 (según Emilio F . González (Díaz).

arenas, por ejemplo en el caso de los limos arenosos o arenas limosas


observados en los perfiles. Con respecto al perfil del río Seco de La
Hedionda (Fig. 15), se notará que la participación de material limoso
en la constitución de arenas permite el mantenimiento de laterales casi
verticales (Fot; 16).
Si bien la sedimentación de la parte inferior de la llanura sanrafae-
lina se realizó, según Polanski (1963), por sus limos parecidos al loess
en condiciones extremadamente áridas, “en cambio, la deposición de la
formación Villa Atuel, en su parte superior, indica condiciones climáti­
cas más húmedas y un mayor desarrollo de la red hidrográfica pedemon-
tana” 18.

18 González, D íaz, E. F., op. cit.

172
En k actualidad, resulta difícil encontrar terrazas correspondientes
al epiciclo de erosión intercalado entre los dos ciclos de acumulación.
Sin embargo, estamos de acuerdo con respecto al asunto de la mayor
intensidad en el caso de la primera glaciación por haber hallado una

jr¡g l e __ 1 Cortp X - X . ¡Región de San Rafael. 1) Macizo antiguo,


2 ) Terciario superior tipo Huarquerías, 3 ) Canto rodado de origen
fluvioglaciar. 4 ) Material del glacis principal. 5 ) Material fluvioeólifco
(limos parecidos al loess) característico de la playa. 6 ) Fractura pro­
bable. 7 ) Pajonal, juncal.

terraza antigua aún bien conservada, que va extendiéndose con sentido


W SW -EN E desde la margen izquierda del río Diamante, o sea a partir
de la toma del canal Usillal (Fig, 16). Por consiguiente está intercalada
por canto rodado muy grueso y arcilla mezclada con ripio (Fot, 12). La

Fot. 13 — Cultivos d e maíz y alfalfa en L<ts M ohínas entre el médano


ij el pedimento. Desde el médano fosilizado puede observarse la playa
cultivada y al fondo la pendiente del pedimento que baja del bloque
levantado y de un alineanieinto de conos volcánicos .41breitnpuesfos.
Fot. 14 — Dique i j embalse de El Üihuif: cañón del Atuel. Vista liada
el ¡N. Aguas abajo de 4a presa se inida el encajonamiento en el macizo
antiguo levantado. Se notará el humo de las industrias siderúrgicas,
Carbometal S.A. y Crassi.

Fot. 15 — Terraza principal del río Atuel, Limos parecidos al loess


cubren el material flucioglaciar. Obsérvese la disimetría entre la mar­
gen izquierda bastante baja, -al fondo, y la margen dereulia, donde se
bailan las acumulaciones, probablemente traídas por el río Diamante,
el verdadero constructor de la playa.

174
desnivelación desaparece finalmente hacia el N del actual campa de
aviación, donde el terreno ha sido nivelado desde hace tiempo con
fines de riego.
Podría suceder también que, en aquella época, el río Diamante
hubiera instalado su tahoe■' mucho más hacia el N que hoy, por lo
tanto bordeando aquella terraza y a lo mejor aprovechando durante
algún tiempo la barranca del arroyo La Noria, (pie nos aparece muy
ancho y bien encajonado, en relación con el volumen de agua que trae.
Y aun más adelante se extiende la Ciénaga Resolana, que podría ser
igualmente un antiguo curso de agua. Desgraciadamente no permane­
cen huellas de su último encuentro con el lecho actual del Diamante,
por haber sido sepultados aquéllos por los médanos recientes en las
cercanías de Monte Coma». Hubiera podido también aprovechar en
varías épocas una parte de la misma cuenca del río Seco de L a Hedion­
da, más hacia el E , hasta encontrarse más allá de Monte Común, como
en el caso anterior, con su lecho actual, impidiendo al mismo tiempo
que se extendieran los amenazadores médanos que hoy van abarcando
esta parte de la playa.
A lo largo del segundo epiciclo, se depositaron materiales arenosos,
incluyendo a veces canto rodado de tamaño variable correspondiente a
épocas de crecidas (aluviones) más o menos fuertes.
La suma de estas dos últimas formaciones holocenas integra la playa
de San Rafael, hoy interrumpida por las extensas áreas cultivadas y
además modificada al E y al N E por la presencia de pequeñas elevacio­
nes medanosas; por último, arenas y rodados correspondientes a las
planicies de inundación del río Diamante y, en proporción más reducida,
del río Atuel. «i
Tal vez exista una relación causal entre la época de acumulación
de los limos parecidos al loess y médanos, y la formación de los conglo­
merados de tipo Huayqiierírt (mal país) durante la acrecentada aridez
de esta fase final del Pleístoceno y del Postglacial.
El perfil X X (F ig . 1 6 ), tomado del mapa Sistema hidrológico y
terrazas en la región d e San Rafael (Fig. 17), evidencia el pobre resalto
morfológico de la playa de San Rafael, puesto que se pasa insensible­
mente de la zona “elevada” a la zona de ciénagas. A pesar de todo se
ponen de manifiesto algunos accidentes topográficos de poco alcance,
jjero que siguen conservando su interés en una zona donde se realiza el
aprovechamiento de la tierra en su mayor parte, a base de agua de riego
por medio de canales, hijuelas y acequias.
A la izquierda, es dee;r al W , empieza el perfil con la destacada
ten aza aluvial del río Diamante, ocupada por 25 de Mayo (la Villa

175
Vieja). Excavando la terraza del glacis principal antes de elaborar su
propia terraza al salir del bloque, aprovechó el Diamante el intenso
trabajo de disección a cargo del arroyo seco de la Huella. Es evidente la
contribución de este arroyo en la eliminación de un amplio pedazo de
dicho glacis principal aterrazado, que permitió al Diamante establecer
un importante meandro para que se llevara el material grueso y dejara
la actual terraza aluvial. En cuanto al glacis principal sigue extendién­
dose aguas abajo de 25 de Mayo entre la pequeña playa y la más extensa
de San Rafael (Fig 31 y 32).
Se notarán después mesetas-testigos del glacis principal disecado,
dos terrazas antiguas del río Diamante (epiciclo interglaciar), siendo la
más alta la más importante y también la mejor esbozada. A partir del
canal Toledano, entramos en la playa propiamente dicha, que ocupa el
centro de la ciudad de San Rafael. Empieza más hacia el E una zona
de difícil drenaje, Ciénagas Grandes, la cual suele considerarse como la
parte más deprimida del esbozado bolsón que forma la playa. La actual
extensión de aquel pantanoso sector se debe en gran parte al descuido
inicial de los primeros colonos como a la precariedad de las obras de
riego en aquella época; el excesivo uso del agua a lo largo de los años
posteriores siguió agravando el problema. Sin embargo, corresponde la
ubicación de aquellas ciénagas a la línea de falla S-N que va prolon­
gándose, como lo hemos visto, aun más allá del pequeño mogote basál­
tico de El Cerrito. Más adelante, sigue la playa, empieza a encajonarse
y a formar terrazas el río Diamante.
Por lo tanto, la uniformidad mostrada por la playa de San Rafaei
solo se ve cortada por la interposición del curso de los colectores prin­
cipales y de algunos arroyos menores. Resultan las^terrazas y las ciéna­
gas, los dos verdaderos elementos de interés morfológico en aquella
playa, salvo, evidentemente, los ríos alóctonos que estudiaremos aparte
más adelante.
L a mayor parte de la playa de San Rafael puede cosiderarse como
la obra única del río Diamante, o sea como su extenso cono de deyección
encajado. Desembocando desde el bloque, a partir del NW, cruza este
curso de agua la playa casi en su centro antes de seguir oblicuamente
hacia el NNE y finalmente hacia el E ; es decir que, en varias oportuni­
dades, debido a la ausencia de relieve, ha podido unirse fácilmente al
río Atuel en distintos puntos de su curso
El papel del río Atuel, al construirse la playa, resultó casi marginal,
por lo demás tanto como su posición. Su actuación se limitó al aprove­
chamiento de la línea de falla a fin de mantener su curso y luego enca­
jonarse en los sedimentos finos por él traídos y, en ciertos lugares, en el

176
Fig. 17 — Sistema 'hidrológico y terrazas en la región de Son Rafael. 1 ) Macizo antiguo. 2 ) Conos volcánicos (¿Basalto I:V).
3 ) Vigorosa vertinente ecóncava del miacizo antiguo. .4) Vertiente del valle sobre-impuesto del río Atuel. 5 ) Glacis principal terra-
zado. 6 ) Bajadas jóvenes (Tercer glacis). 7 ) Médanos (antiguos y recientes). 8 ) Sistema de terrazas construidas por los ríos Dia­
mante y (Atuel. 9 ) Ciénagas y 'bañados. 10) Juncal, pajonal. 11) ¡Principales carrales de riego. 12) Arroyos secos y desagües.
material grueso rechazado hasta su lecho por el poderoso y fantástico
Diamante. Se nota al encajonamiento del Atuel desde el momento que
empieza a contornear el amplio derrame basáltico del cerro Negro en la
margen derecha» dejando barrancas laterales en los limos parecidos al
loess. Las abruptas paredes así formadas alcanzan a [Link] 12 me­
tros sobre todo en la orilla derecha (Fig. 17). El material depositado
por el río Atuel es de granulometría más fina» y no muestra» además» el
carácter anastomosado que presenta el Diamante (Fot. 15).
En el lugar llamado Las Cuatro Compuertas, allí donde empieza a
bordear el médano de Picardo, lo cual coincide más o menos con el
pasaje de la falla S-N, se estrecha el lecho del río Atuel para ampliarse
de nuevo más adelante con suaves curvas. Allí se reduce la altura de las
terrazas correspondientes a epiciclos menores de erosión.
Entre colonia de Las Malvinas y General Alvear la distancia a
vuelo de pájaro no sobrepasa 25 km, pero entre estos dos puntos, reco­
rre el río Atuel más de 65 km, reduciendo mucho su velocidad y depo­
sitando material fino de tal manera que a la altura de General Alvear,
el nivel del lecho del río se halla más alto que el nivel de la ciudad,

Fig. 18 — Cambios de cauce del rio Diamante durante el holooeno.


1) Límite de la orilla derecha del no Diamante o de la orilla izquierda
del río Atuel. 2) Curvas de nivel. 3 ) Grandes cauces principales del
río Diamante durante el hdooeno. 4 ) Cauces intercalados y menores.
5) Sitio probable de la última unión del río Diamante y del río Atuel.
6 ) Fracturas probables.

178
acrecentando, por lo tanto, los agudos problemas de desagües en el
vecino campo y de cloacas en los sectores urbanizados.
£1 rumbo general del río Diamante coincide con la pendiente ori­
ginal de la antigua planicie de acumulación terciaría (Fig. 17 ). Se ca­
racteriza al llegar a la playa por su diseño anastomosado, que favorece
la formación de numerosas islas (Fot. 7 ) entre 25 de Mayo y los canales
matrices Monte Comán a orilla derecha y colonia Alvear a orilla iz­
quierda, o sea más allá del Puente Nuevo. A partir de aquel punto, que
también corresponde al pasaje de la línea de falla S-N (Fig. 1 8 ), pierde
este carácter y va encajándose en los sedimentos de la playa sanrafaelina,
formando terrazas que no 'superan los 5 metros de altura.
El carácter anastomosado que es típico del río Diamante se ve
fuertemente influenciado por la actividad humana. Esta, con la perma­
nente extracción de agua, para los fines de regadío del extenso com­
plejo que forma San Rafael con su zona de influencia, produce una
consecuente merma del caudal del río, que se refleja inmediatamente en
la pérdida de competencia para el transporte de su carga, y la ulterior
depositación de rodados pequeños principalmente.
También, en los lechos de los ríos secos y arroyos menores, existen
depósitos modernos de rodados y arenas resultantes de la depositación
de las "colas” de las crecientes o avenidas esporádicas, que caracterizan
el régimen de los ríos menores y transitorios de la región1#.
Tanto en el caso del río Diamante más allá de Monte Comán como
en el caso del río Atuel, al S de General Alvear, los aportes recibidos
en la llanura resultan sumamente reducidos.
En aquel contexto, se halla integrada la playa de San Rafael por
unos materiales muy heterogéneos tanto por la naturaleza como por el
tamaño (desde depósitos casi loésicos hasta gruesos bloques), que for­
man además capas muy variables en espesor con alternancias poco re­
gulares entre las intercalaciones, dentro de distancias relativamente re­
ducidas (F ig . 1 9 ). Se observarán en los varios cortes que integran esa
figura la frecuencia de capas arcillosas con alto porcentaje en elementos
clásticos y, por lo tanto, impermeable, ubicados a distintos niveles.
En unos casos, se hallarán ljasta 3 y 4 napas de agua, las más cer­
canas de la superficie más salitrosas. Pero en general van disminuyendo
paulatinamente del W hacia el E las napas de material grueso que in­
tegran el enorme cono de deyección del río Diamante. Sin embargo,
los cantos rodados y las arenas gruesas, hasta las piedras pómez que
s.’guen encontrándose más allá de la Cañada Seca, suministran un índice

,tt lbidem , p. 181.

179
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180
de la potencia alcanzada por las grandes crecidas durante los ciclos de
acumulación neopleistocenos
En los distritos de Cañada Seca y Goudge, se hallan aguas subte­
rráneas a poca profundidad resultantes de las infiltraciones desde el río
Diamante hacia la cuenca del Atuel.
E n la misma zona también suelen producirse de vez en cuando otros
fenómenos llamados “volcanes” en la zona, particularmente en la pro­
ximidad de la línea de falla N-S sepultada (Salto de Las Rosas). Al
desfondarse la capa arcillosa o de caliche, las aguas de una acequia o
de un canal llegan a perderse por agujeros de unos metros de diámetro
y, a veces, de varios metros de profundidad.
Las capas de caliche tienen aspecto de hormigón natural, por estar
integradas por ripio o gravilla, conglomerado con arcillas poco arenosas
que le dan consistencia; se notan en distintos lugares, especialmente en
esta terraza pleistocena de Las Paredes. Hasta cierto grado podría re­
sultar esta capa de conglomerado de la degradación de las arcillas por
los agentes atmosféricos.
Por lo general, suelen despreciarse las tierras en las cuales se hallan
estas formaciones, por su evidente carácter impermeable, lo cual perju­
dica fuertemente a los cultivos, pues, en muchos casos, el agua no puede
llegar hasta las raíces que han conseguido perforar este caliche. Ade­
más, para romperlo y también impedir que llegue a formarse de nuevo,
se necesita una potente maquinaria o sea una costosa inversión suple­
mentaria.

d) Las terrazas

Fuera de las terrazas antiguas correspondientes al pequeño epiciclo


de erosión interglaciar ubicadas en la margen izquierda del río Dia­
mante, en el distrito de Las Paredes, las demás son de origen holoceno
y resultan de la acción de varios epiciclos de erosión menores, que han
favorecido el encajamiento en el material fino. L a mesopotamia san-
rafaelina permanece sobre todo salpicada con remanentes que podrían
ser terrazas de inundación más antiguas, por encontrarse a mayor altura
dentro del valle del río Diamante, lo cual, para nosotros, abarca casi
toda la extensión N-S de la playa y, en escala mucho más reducida, den­
tro del valle del río Atuel; se observarán además varias terrazas a una
distancia relativamente grande con respecto al curso del río Diamante
(F ig . 1 7 ).
A veces, pueden identificarse hasta tres niveles de terrazas, no obs­
tante la escasa amplitud de desnivel que se halla entre ellas. Podría igual­
mente explicarse ese escalonamiento por posibles cambios climáticos que

181
hubieran conducido a una reactivación de la erosión fluvial por medio
de tres pequeños epiciclos. De acuerdo con las distintas alturas de las
terrazas, no se reduce entonces a un solo epiciclo erosivo.
Salvo en el caso de las terrazas que bordean el curso del río Atuel,
todas las demás resultarían de los caprichosos desplazamientos del río
Diamante sobre la superficie de la playa sanrafaelina. Luego, al con­
siderar las curvas de niveles en esa playa, se notará que tendría el río
Diamante casi que unirse al río Atuel en razón de la orientación misma
de la pendiente; lo que se ha producido con toda evidencia en varias
oportunidades y por medio de distintos cauces, teniendo en cuenta las
"cañadas secas” y todas las ciénagas alargadas y bordeadas por terrazas
que se hallan en este distrito mesopotámico cuyo nombre (Cañada Seca)
fue tan cabalmente elegido.

e) Los cambios de cauce del río Diamante

Sea lo que fuere, se observará que los cambios de cauce que tuvie­
ron lugar a lo largo del período holoceno se iniciaron en la margen de­
recha del río Diamante, dentro de un tramo incluido entre el Puente Viejo
y las tomas de los canales matrices Monte Comán y colonia Elena, o
sea hacia el W de esta inevitable línea de falla N-S, luego que, al E
de ella, empieza el río Diamante a encajonarse, formando terrazas que
no llegarán a tener la altura de las que van bordeando el río Atuel
(Fig. 17).
Estudiando el peculiar desarrollo y la orientación de cada uno de
los distintos sistemas de terrazas, dispuestos con sentido general NW-
SE desde dicho Puente Viejo, hasta la Laguna Bajada de Las Yeguas, en
el lecho ensanchado del río Atuel, se observarán tres grandes cauces
principales: el primero, más al W , presumiblemente, el más antiguo y,
el último, hacia el E , el más reciente. Entre estos tres cauces se indica­
ron en el mismo croquis (Fig. 18) unos cauces intermediarios de menor
importancia en cuanto a la profundización del lecho y al desarrollo de
las terrazas; siendo ellas, fases más breves en el desplazamiento hacia el
E de las aguas del río Diamante en su busca de un lecho más conve­
niente a través de la baja divisoria hacia el Atuel (Fot. 18).
Se produjeron estos cambios, y llegaron a taparse una tras otra las
entradas, a partir de las más occidentales, al acumularse el material
aluvial. La irregularidad en la disposición de las curvas de nivel desde
la cota de 600 m evidencia el hecho de que resultó víctima el río Dia­
mante de la obstrucción por sus propias acumulaciones, puesto que por
otro lado, la irregularidad de las cotas 575 y 550 m destacan el papel

182
F o t 16 — Formación loésica río Seco d e la Hedionda, en el lecho del
arrotjo seco del mismo nombre. Alcumulación correspondiente a un epi­
ciclo preferentemente eóltco. El encajonamiento de este arroyo seco
resulta de los importantes caudales que trae al producirse una tor­
menta de convección.

Fot. 17 — Defensas con pies d e gallo en el lecho menor del río Dia­
mante. Sistema tradicional de defensa ¡contra las crecientes, aún em­
pleado contra las (crecientes devastadoras del río Diamante. Se utilizan
palos en forma de trípodes y piedras sueltas, o más bien mantenidas con
tejido de alambre. Los palos también están asegurados con alambre.

183
desempeñado por parte de los últimos cauces antes de que se desviaran
las aguas del río Diamante hacia su lecho actual.
Procesos similares, debidos a la progresiva colmatación de una pla­
nicie de valle (válley plain) por el río y su desvío a través de bajas tie­
rras divisorias, con el consiguiente nuevo recorrido, han sido considera­
dos por varios geomorfólogos 20.
Para explicar el último desvío y por lo tanto, la última separación
de los ríos Atuel y Diamante, podemos suponer que al producirse “po­
siblemente grandes crecientes de principios del siglo pasado, lograron
(ellas) separarlos, y hoy constituyen ríos independientes**21.
Sin embargo, basándose en documentos históricos, es menester con­
siderar también la intervención del hombre con respecto a este último
desvío del río Diamante. Según el comandante Miguel Teles Meneses
Sodré, el Diamante se unía al Atuel en el punto'de ubicación que había
sido elegido por el Virrey General, Marqués de Sobremonte, para la
instalación del fortín de San Rafael, o sea en las inmediaciones de lo
que es hoy la Laguna del Negro Quemado (Fot. 19) 22.
Luego de concretar un tratado de paz con los pehuenches y fijar
de común acuerdo la ubicación de dicho fuerte, en un informe dirigido
al Marqués de Sobremonte, gobernador intendente de Córdoba, so­
bre “Caminos de Mendoza que comunican con Chile”, Teles Meneses
se atribuyó aquel desvío: " . . . Existe otro camino libre de inconve­
nientes y que ofrece las mismas ventajas, que hoy se encuentra entre el
río Atuel y el Cerro Nevado, sin que haya más obstáculo para el tránsito
de Buenos Aires que unas pequeñas eminencias fáciles de allanar. L a
única dificultad que se ofrecía en este camino, era la enorme travesía
sin agua que había desde la laguna del Agua Dulce hasta el fuerte de
San Rafael; pero ésta ya no existe. Desde el momento en que se me
encargó de la comandancia de esta frontera, dediqué mis conatos no
sólo a los deberes de mi empleo, sino también a todo cuanto pudiera

20 lbidem .
21 V elasco , M. I., L os aprovechamientos d e agua para riego en la región
árida argentina, en "Boletín de Estudios Geográficos”, Vol. VI, N*? 2f7, Mendoza,
Instituto de Geografía, 1980, p. 95.
22 Sin embargo, si tenemos en consideración una carta del comandante Teles
Meneses Sodré con fecha del 5 de abril de 1905 (o sea 3 días después d e Ha fecha
de la fundación oficial del fortín de San Rafael), dirigida al Virrey, parece haberse
ig n o ran la junta de los ríos Atuel y (Diamante (el sitio mencionado en la orden de
fundación) en favor de la primera terraza aluvial del río (Diamante a su salida del
bloque levantado de San Rafael, o sea 2 5 de 'Mayo. «Esta terraza, tanto por su ubi­
cación como por su elevación ofrecía ventajas estratégicas para el sitio del fortín.
Además se hallaba en un suelo fértil, bien drenado y con suave pendiente que permi­
tiría la derivación de acequias para fomentar los cultivos imprescindibles para el
abastecimiento de una guarnición (para más detalles, consultar la segunda parte,
p. 2 1 3 ).

184
Fo t. 18 — Antiguo cauce del río Diamante ( Cañada). Parcialmente dre­
nado actualmente, este cauce posee muy pocos cultivos permanentes
y la mayor parte se mantiene inculta. Está cruzado por el canal Ceja
de Monte. Arriba, a la derecha, se observa la ‘Isla del Diamante y la
amplitud del lecho del rio en aquel lugar.

Fo t. 19 — Laguna del 'Negro Quemado. Junta del río Atuél con el


Arroyo d el medio ( último cauce del río Diam ante). bótese la amplitud
del le(dho mayor y de los meandros del río Atuel en eae lugar. A la
izquierda, un sector de los extensos viñedos de Villa Atuel.

185
ser útil al Estado. Miraba con dolor perderse las aguas del caudaloso
río Diamante y a fuerza de investigaciones personales encontré un
punto distante diez leguas de San Rafael corriendo al Este, en que po­
día darse un piquete al río. Puse en planta mi pensamiento, venciendo
inmensas dificultades y por fin tengo la más vista de las complacencias
en asegurar a V.S. que ya no existe la confluencia de los ríos Atuel y
Diamante; las aguas de éste han abandonado en su formidable caja y
han enriquecido con su caudal, 50 leguas de la espantosa travesía que
ya está reducida a solo 12 le g u a s...” 28.
Por otra parte, en su informe “La Navegación del Atuel”, publicado
poco después de su expedición en 1854, el médico inglés W . Day, escribe:
'‘Al llegar a Negro Quemado, o sea donde antes recibía las aguas del
Diamante, comienza (el río Atuel) a formar una curva en dirección
Noroeste o Sudeste, cada vez más pronunciada, hasta que al pasar por
General Alvear, su dirección es casi Norte a Sud hasta llegar al límite
con La Pampa, donde confunde sus aguas con las del río Salado” 3242 25.
Luego de demostrar que los ríos Atuel y Salado (Desaguadero o
Chadileuvu) eran navegables en aquel tiempo, por pequeñas embarca­
ciones confirma ante todo que el Diamante ya se había separado del
Atuel, para volver definitivamente a ocupar el lecho que hoy conocemos.
No se observarán a lo largo del primer cauce principal (Fig. 18)
índices de su anterior conexión con el río Atuel. Siendo el más antiguo,
según lo que suponemos, tenía que juntarse al Atuel allí donde desem­
bocaban las aguas de este último en la playa, es decir, donde más podía
encajonarse y también depositar durante la época de pequeños epici­
clos holocenos. Concurrieron eventualmente estos procesos para tapar
toda la parte inferior del actual cauce.
En el segundo cauce principal, las aguas aprovecharon alternativa­
mente los lechos de los actuales arroyos San Rafael (Fig. 17) y del Medio
para seguir más adelante hacia el E y el cauce del río Atuel por la actual
cañada de Materris y el arroyo Aguaditas hacia la laguna del Negro
Quemado - r\ En cuanto a la tercera y última entrada, utilizaron las aguas
la toma y el lecho del actual canal Monte Comán y después del arroyo
de las Aguaditas, igualmente para desembocar en la laguna del Negro
Quemado y probablemente más allá, durante la etapa final, dada la

23 C haca, D., Separación de los ríos Diamante y Atuel, en “Revista de la


Sociedad de Historia y Geografía de Cuyo” . T . II, Mendoza, 1946, p. 185J190.
24 Marcó d el P ont, R., Historia del Sur Mendocino, (Mendoza, Editorial
Buenos Aires, 1948, p. 341.
25 Durante las grandes crecidas del Diamante una parte de las aguas solia
tomar este cauce -viejo tal como se produjo durante la crecida de 1(900 (según infor­
maciones del diario “Los Andes” de la época).

186
anchura del lecho mayor en este sector, hasta la laguna Bajada de Las
Yeguas donde tal vez se juntaran por última vez con las aguas del río
Atuel. L a presencia de ciénagas encerradas entre terrazas o más bien
ubicadas en el prolongamiento de ellas y de pequeños arroyos, debe
corresponder, con toda seguridad, a zonas que nos están indicando an­
tiguos cursos del río Diamante. Por ejemplo, antes de llegar a la laguna
del Negro Quemado, el Atuel recibe las aguas casi permanentes del

arroyo de Las Aguaditas y de la cañada de Materris. Dada la natura­


leza del material aluvial, que integra varias capas alternadas de grávela
V ripio, canto rodado y arenas gruesas, traídas todas, o casi todas, por
el mismo río Diamante y depositadas a varias profundidades (F ig . 19
y 2 0 ), resultan ser aquellas aguas el producto más o menos directo, por
el eventual exceso de agua de riego, de filtraciones provenientes de este
último. L a fuerte pendiente hacia el SE de la playa hace, además, que

187
el río Atuel siga prestándose admirablemente para recibir las aguas
del Diamante.
Este rasgo explicaría la presencia de un río disminuido como lo
es el arroyo de Las Aguaditas. “La zona de la llanura drenada por éste
representa un ejemplo de los ríos mal ajustados al valle por donde cir­
culan (misfit rivers). En efecto, lo desproporcionado de su valle —de
unos 500 metros de ancho— en relación al curso de agua que actualmen­
te lo recorre (no mayor de los 4 metros) y a la amplitud de los cursos
de los antiguos meandros que pueden reconocerse sobre los laterales del
valle, nos permite su identificación como un río desproporcionado en
menos” 20. Por consiguiente, al considerar este valle, su anchura y su
desproporción, resulta bastante sencillo imaginarlo como una auténtica
conexión anterior entre el Diamante y el Atuel, éste último como colec­
tor principal.
A partir de la laguna del Negro Quemado no corresponde tampoco
la anchura del lecho mayor al escaso caudal del río Atuel. Por el con­
trario, su conformación actual tiene las dimensiones que podrían corres­
ponder a caudales sumados de los ríos Diamante y Atuel.
Entre la laguna del Negro Quemado y Real del Padre, los antiguos
cauces que ahora surcan la extensión del lecho mayor, están ocupados
por lagunas. Extensos totorales cubren casi toda la superficie de ellas,
permitiendo una explotación primaria, limitada y de carácter más o
menos artesanal, dada la necesidad de la totora para las ataduras de
los viñedos.

f) Las ciénagas

Las ciénagas ocupan actualmente en la playa de San Rafael un


lugar muy importante, tanto por el espacio sobre el cual se extienden
como por los problemas que van generando. Además, junto a las ciéna­
gas naturales ubicadas en las cuencas parcialmente abandonadas de los
antiguos cursos de agua, cuya presencia se explica fácilmente, dada la
actuación del río Diamante sobre la playa y la naturaleza del material
depositado, se han desarrollado paralelamente importantes extensiones
artificiales (Fig. 17).
Ciénagas Grandes y la ciénaga Resolana, ejemplifican perfectamen­
te el perjuicio que resulta directamente del uso exagerado del agua de
riego en excesivas dotaciones, con despreocupación y puro gasto del
líquido; fenómeno que siguió desarrollándose desde las primeras ins
talaciones de canales y acequias en la zona, ya denunciado por el hidró-28

28 G onzález D ía z . E ., op . cit-, p. 181.

188
logo Carlos Wauters en su estudio, publicado en 1908, Obras de riego
del río Diamante. “La abundancia y el desorden del riego han provoca­
do, en poco tiempo, la formación de ciénagas. Se observa allí una legión
de rutinarios agricultores de ocasión que solo a su desidia deben el
peligro a que se encuentran avocados” 27.
E l monopolio del riego durante aquella época puede ser considera­
do en gran parte como responsable del agravamiento de la situación,
con respecto a la extensión de las ciénagas que afligieron a San Rafael,
no obstante los pocos años de vida. En Cuadro Nacional, por ejemplo,
la napa freática, ubicada a 12 m de profundidad en 1896, se encontraba
a solamente 1 m en 1908. Afirma además el hidrólogo Wauters, en su
informe, que las ciénagas L a Resolana habían sido provocadas por la
intervención del dueño a fin de engordar sus haciendas. En fin, el des­
cuido evidente de los dueños de tierras aguas arriba de la villa de San
Rafael perjudicaba muchísimo a las propiedades inferiores.
Dos tipos de ciénagas integran por consiguiente la playa de San
Rafael, las “naturales” y las “artificiales”, siendo estas últimas las más
extensas y las más perjudiciales para la extensión de los cultivos hacia
el este.
En suma, el problema resulta ser de drenaje. A principios del siglo,
no tenía la zona de San Rafael sino unos pocos desagües, sin que se
pudiera hablar de un verdadero drenaje. En la margen sur del río Dia­
mante se notaba, en el distrito de Cañada Seca, ya afectado por muchas
ciénagas naturales, un avance rápido de las artificiales, que generó una
marcada despoblación.
Aún hoy, varias ciénagas de importancia desigual, siguen cubriendo
distintas áreas. Son frecuentes los afloramientos a pesar de la pendiente.
Al rellenarse los bajos fondos de la capa impermeable se acumulan las
aguas de filtración, sin salida, no obstante el desnivel superficial que
disimula la presencia de cuencas impermeables aisladas y de dimensio­
nes variables en el subsuelo.
L a necesidad de desagüe se nota sobre todo en la parte más baja,
porque se agrega aquí la circunstancia de que las aguas de lluvia que
caen en las tierras incultas superiores, desaguan naturalmente sobre aque­
llas ya inundadas por el sobrante de las aguas de riego que traen los
canales que las cruzan.

g) El espacio valorizado
Sin embargo, se han mejorado las condiciones de riego en los sec­
tores valorizados a medida que iba extendiéndose una más eficaz red

27 W a uters , C ., Obras d e riego del río Diamante. Informe general, Buenos


Aires, 1908, 137 p.

189
de drenaje (a pesar de ser más costosa por su imprescindible mayor
profundidad).
En el departamento de General Alvear había en 1921 una extensión
de 150 km de desagüe para las 30.000 hectáreas cultivadas. Hoy mismo,
la red de desagüe abarca unos 600 km de canales para un poco más de
30.000 hectáreas. Podría ser que se hubieran mejorado las condiciones
de drenaje, pero esto no es suficiente, porque han aumentado las acu­
mulaciones de agua; éstas se hallan aflorando en todos los sectores más
bajos y favorecen por lo tanto, la depositación de salitre, que perjudica
el desarrollo local.
Paralelamente a la lucha contra los médanos se inició otra lucha
con el objeto de erradicar las ciénagas. Gradualmente van siendo gana­
das ellas por desecación o cegadas por los terrenos de cultivos. Nume­
rosos alfalfares, algunas parcelas para hortalizas y muchas para viñedos
o frutales, ocupan ahora los antiguos emees del río Diamante, muy fér­
tiles y más aptos para producir vinos de mayor graduación alcohólica.
En los oasis del piedemonte cuyano los resultados obtenidos se-deben
a la constancia en los esfuerzos; por eso, la lucha para mantener un
desagüe adecuado y más aun para mejorarlo y ganar más espacio útil
resulta ser un tema permanentemente de actualidad en esta playa de
San Rafael de pobre resalto morfológico y con tan poco marcado des­
nivel.
Por consiguiente, la actuación del hombre en esta zona sur mendocina,
ha modificado ampliamente el paisaje natural original, estableciendo,
gracias a la abundancia del agua, las condiciones artificiales de vida pro­
pias del oasis. Igualmente modificada, la topografía del espacio puesto
en valor se presenta bajo forma de extensas terrazas niveladas, surcadas
por canales y acequias. Utilizando medios mecánicos modernos en su
afán por aprovechar integral y racionalmente la superficie de la playa,
hormigonando canales y acequias, además ataca el hombre las terrazas
holocenas, rellenando las depresiones.
Dentro de pocos años, la mayor paite de los elementos que nos han
guiado en la interpretación de la morfología de la playa sanrafaelina
habrán desaparecido.

C) S uelos semiesqueléticos y vegetación polixerofítica

No existen todavía estudios sistemáticos de los suelos en el sur


mendocino. Aparte de algunos perfiles, hay carencia absoluta de datos
estadísticos.

190
No suelen encontrarse, por lo general, en este extenso piedemonte,
suelos formados in situ, dadas las características de subaridez que acaba­
mos de identificar en el caso de San Rafael. En esta región el material
que rellena la playa encajada y que cubre además toda la zona periférica
proviene de otros lugares y constituye depósitos inmaduros que pueden
ofrecer un buen soporte a la vegetación.
E n el caso de San Rafael, su material parece haberse originado prin­
cipalmente por la desintegración y descomposición de las rocas y mine­
rales de la cordillera principal y también del macizo antiguo.
Por lo tanto, no presentan los suelos de la región de San Rafael
“horizontes genéticamente diferenciados es decir, resultantes de la migra­
ción y acumulación de elementos por efectos de la maduración del suelo;
sino capas resultantes de la deposición aluvial, eólica o lacustre del ma­
terial madre, el cual resulta por varios factores lavado o no de sus sales
solubles, o influido por acumulaciones de sales llegadas en solución desde
terrazas altas o desde la profundidad por revenición” ~8. L a salinidad es
frecuente en las partes más bajas de la planicie, pero particularmente en
la zona de influencia del río Atuel; desde colonia Soitué y General Alvear,
en adelante hacia el S, donde se observan importantes extensiones de sal.
Al W de Ciénagas Grandes y de las cañadas secas mesopotámicas, no
implica la salinidad un inconveniente serio, ya que predominan los sulfa-
tos, lo cual permite su amplio uso con la ayuda del riego.
Son naturalmente pobres en materias orgánicas los suelos mendoci-
nos que no se ubican en depresiones pantanosas. Respecto a esta supuesta
escasez de humus, no debe olvidarse que el humus de las regiones áridas
contiene por lo menos cuatro veces más y hasta seis veces más nitrógeno
que el de las tierras húmedas. Según el análisis, los suelos característicos
en la zona sur mendocina son calcáreos, muy arenosos, algo arcillosos
(no más de 17% ) siendo predominantes los rasgos silíceos. No carecen
tampoco esos suelos de los elementos nutritivos mayores: son regulares
en ácido fosfórico, muy ricos en potasio y en hierro, siendo este último
responsable de la mayor intensidad de coloración que se comunica a los
vinos de la región de San Rafael.
“Teóricamente, puede establecerse la distinción entre suelos esque­
léticos de laderas y mesetas y suelos con mayor fertilidad (o húmicos)
en las partes bajas colmatadas” 20.289

28 'Ro m an ella , C . A., L os suelos d e la región del río Mendoza. Ensayo de


establecimiento d e series, en “Poletín de Estudios Geográficos”, Vol. IV, N9 14,
Mendoza, Instituto de Geografía, 1957, p. 1 -5 7 .
29 P apadaxis, J., Inform e ecológico sobre las provincias de Mendoza y Saó
Juan, en ‘ IDIA”, N 9 7 6 , Buenos Aires, Ministerio de Agricultura y Ganadería,
1954, p. 8.

19i
Los suelos esqueléticos propiamente dichos poco abundan en la zona
misma de San Rafael, por la distancia que la aísla de la cordillera y por
el limitado resalto geomorfolófico del bloque de San Rafael. Es la razón
por la cual ocupan las áreas reducidas de suave pendiente. ‘'Son suelos
arenosos con fuertes variaciones en granulometría, pudiendo llegar a ser
fértiles por su alto contenido en elementos feldespáticos”. Sin embargo,
"la acción de lavado y la remoción en masa del distrito eliminan paulati­
namente estos suelos a medida que ellos se forman, depositándolos
ulteriormente en las zonas más bajas vecinas” 30.
Por otra parte, predominan los suelos d e aluviones semiesqueléticos,
los cuales implican una participación del transporte fluvial y eólico.
Su distribución se relaciona principalmente con los ambientes del río
Atuel y Diamante, aunque en la actualidad en grandes extensiones, la
mano del hombre ha modificado sustancialmente sus características na­
turales corrigiéndolas para el desarrollo de cultivos finos” 31. De todos
modos, pueden observarse en su estado inicial sobre la margen oriental
de la serranía y^ particularmente en el sector llamado Lomas de Rama
Caída y constituido por restos del glacis principal, ubicados al pie del
bloque, entre los ríos Diamante y Atuel.
En conclusión, se mantiene una actividad eólica bastante importante,
no obstante la debilidad relativa de los vientos. Eso explica la deposita-
ción de un polvillo de color pardo que se acumula principalmente alre­
dedor de la vegetación arbustiva formando a menudo montículos 32. Su
acumulación por encima de la capa de ceniza caída en el año 1932, cons­
tituye la prueba más evidente de la intensidad del proceso acumulativo
de origen eólico. Igualmente, los médanos de tipo fitogenético, identifi­
cados por Polanski33 en la playa de San Rafael siguen estando en per­
manente lucha con la vegetación, la cual en la mayoría de los casos ha
concretado su fijación.
En cuanto a los suelos húmedos, corresponden por una parte a los
suelos de bajadas o de antiguos cauces, y por otra parte, a los suelos
agrícolas, transformados por el hombre. Antes de que cambiaran sus
características bajo la acción del riego y de los cultivos, aquellas zonas
hoy valorizadas estaban cubiertas por los suelos semiesqueléticos, parti­
cularmente a lo largo de los ríos Diamante y Atuel, es decir, déntro de
los límites de la región.

•3° •G onzález' D íaz , iE. F ., op. cit.


31 lbidem,
32 Ruiz L eal , A. y *Roic, F . A., Erial d e vegetación en monttctdos, en “Bo­
letín de Estudios Geográficos”, Vol. VI, N9 25, ‘Mendoza, Instituto de Geografía,
1959, p. 161-209.
33 Romanella , C . A., op. cit.

192
La vegetación, dadas las características climáticas, no ha tenido
mayor importancia como factor formador de los suelos de la región; pero
sí, como agente de protección del mismo contra la acción erosiva del
viento y del agua.
E l ámbito vegetal que corresponde a la zona sur mendocina es la
estepa arbustiva, o sea una asociación fitogeográfica típica de la estepa
patagónica. Se caracteriza por sus arbustos ralos, entremezclados con
especies herbáceas ordinariamente escasas, sin verdaderos árboles. Ais­
ladamente se encuentran algunos sectores densos de vegetación donde
siempre domina la jarilla y, de vez en cuando, interrupciones en la
extensión de la capa vegetativa.
Pueden considerarse dos asociaciones xerófilas distintas: 1? un monte
espinoso y arbustivo de tipo hemifruticeta, y 29 la estepa propiamente
dicha.
Distintas especies integran la primera asociación: el género Larrea;
los Prosopis: algarrobo (Prosopis chilensis) y alpataco (Prosopis alpataco);
piquillín (Condalia microphylla). llaullín (Lijcium chilensis), retamo
(Bulnesia retamo) y retamillo, quiscos (Pterocactus sp,)} usillo (Trichonia-
ria usillo), chilca (Baccaris salicifolia) con algunos molles (Schinus póly-
gamus) diseminados.
Sin embargo, estas especies son poco resistentes á concentraciones
salinas y se encuentran en lugares de buen drenaje. “En cuanto a zampa
( Atriplex lam pa), zampilla (Atriplex Argentina?) se observan en suelos
secos con escasos síntomas de salinidad” 34. Se consideran a estas plantas
como una reserva y, a veces, en época de fuerte sequía, resultan ser los
únicos medios de subsistencia para el ganado caprino y el ocasional
ganado vacuno. Para este último, integran estas plantas la única forma
vegetal asimilable que sobrevive en estos tiempos.
Desgraciadamente, gran parte de esta asociación ha sido radical­
mente eliminada por la descontrolada tala realizada por el hombre,
quien la utiliza para leña o para levantar sus rústicas viviendas y cons­
trucciones menores (corrales) sobre todo en los puestos.
En la segunda asociación se destacan el coirón (Stipa crisophyla) y
el crespo (Stipa generaides). Forma ésta un monte de escasa altura en el
cual se destaca la presencia asociada de la zampa y de llaullín, llamado
también este último “yerba loca” por los estragos que causa entre el
ganado mayor durante los períodos de sequía.
En las ciénagas, las condiciones excepcionales forman un microme-
dio donde* se desarrolla una asociación vegetal hidrófila de otro tipo

34 Ibidem

193
ton extensión reducida y restringida. Las principales variedades que se
encuentran allí son la cortadera (Cortaderia dioica) y los juncos (Juncus
acntus) y los tamariscos (Tamarix gallica). En los médanos se nota
igualmente la presencia de juncos asociados con la jarilla y el chañar brea.
En fin, en la zona modificada por el hombre, “donde además no
falta el agua se hallan comunes malezas invasoras tales como la corre­
güela (Conoalmlus arrensis), chipica (Cynodon dactylon), taniascal
(Cyperus rotundas), etc. 38. Pero lo que más caracteriza a esta zona es
la presencia de arbolados altos y frondosos integrados ante todo por
álamos (criollos, chilenos, canadienses, de Lombardía, etc.), sauces,
sauces-álamos, carolinos. plátanos, eucaliptos, moreras, etc. y además de
las numerosas variedades de acacias de las cuales más se destacan el
arco o visco, la arabia, el aguaribay, el paraíso y el árbol del cielo, los
cuales también dan buenos resultados como defensas de viñedos o ram­
pas de frutales contra el viento, sin tener la importancia del álamo por
su utilización extensa en la industria local de la madera, lo más especial,
en la fabricación de cajones para fruta fresca. Las largas trincheras o
cortinas (según la función) contribuyen a embellecer la amplia red ca­
minera de la zona valorizada, dándole al oasis un aspecto. de bosque
(denso para el observador terrestre) que acentúa el contraste con la
desolada aridez del monte.

D) Los C U R SO S D E A G U A 3536

A gran distancia de la cordillera y ubicada en una zona respecto de


la cual acabamos de describir los destacados rasgos semiáridos, la playa
encajada de San Rafael depende esencialmente, en lo que se refiere a su
valorización, de la transfusión suministrada desde aquellas montañas
nevadas por los verdaderos tubos que constituyen los ríos alóctonos, el
Diamante y el Atuel. Como la economía de estos oasis de San Rafael y
General Alvear reposa casi exclusivamente en una agricultura hecha
posible gracias a la irrigación, esos ríos desempeñan por lo tanto un
papel imprescindible, siendo los verdaderos y auténticos factores de la
instalación humana y del intenso aprovechamiento consecutivo del espacio
en la zona sur mendocina.

35 Ibidem.
36 En la redacción de este capítulo, nos resultó una imprescindible fuente
de inspiración el muy interesante artículo del profesor Rosien Ornar B arrera , Hi­
drología del río Tunuyán, en "Boletín de Estudios Geográficos”, Vol. IX , ÍN9 36,
Mendoza, Instituto de Geografía, 1962, p. 99-135. Su ¡plan de trabajo, sistemática­
mente ordenado, tanto como varias conclusiones en parte aplicables al estudio, nos
resultaron eminentemente útiles.

194
Fot. 20 — Encajona m iento d el rio D iam ante en su cuenca m edia. AL
salir de la cordillera, el río Diamante se encajona enseguida en el
material de la planicie exhumada. 'El puente indica (pie la ruta 40
(Pareditas-El Sosneado) cruza a(pií el río, en La Jaula.

Fot. 21 — C recien te en el ría seco Aguo d e C hancho, d esp u és d e una


torm enta en la zona pedem on tana (feb rero d e 1066), A orillas del icadi,
el tránsito espera que se agote la crecida, la cual en aquel momento
desborda el haden con un fuerte caudal1, de unos 12 a 15 an3/seg.
Cuando se produce una fuerte tormenta en e! piedomonte la espera
puede representar varias lloras.

195
m3/s

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x-x-x* x. TUn u y Án - P e r / o do 1 9 * 3 - 4 4 o. ¡ s

Fig. 21 — ■Curvas de caudales medios mensuales del año normal corres­


pondiente a los principales nos explotados de la provincia de 'Mendoza.

]96
a) E l régimen de los ríos Atuél y Diamante

Los rasgos que caracterizan de manera general a los ríos principales


del piedemonte cu yano. son, por una parte, bajos caudales que reflejan
una estación marcadamente seca, coincidente con el invierno y principio
de la primavera y, por otra parte, abundantes caudales que corresponden
al verano.
Este hecho indica la existencia de un tipo de alimentación predomi­
nante: el deshielo de la nieve acumulada en la cuenca superior durante
los meses de invierno. Las curvas de caudales ( Fig. 21) y de coeficientes
de caudales mensuales (F ig 22) correspondientes a los 4 principales ríos
mendocinos durante el período 1941-42 al 1961-62 lo reflejan nítidamente.
Sin embargo, se observa que, no obstante su carácter excesivo, tanto el
Diamante como el Atuel se ubican en una posición de término medio
entre los ríos Tunuyán (más regular) y Mendoza (más excéntrico) en
lo que se refiere a los coeficientes.
Esto se debe evidentemente a la menor latitud y a la cuenca más
importante del río Mendoza, que contribuyen a ampliar la diferencia
entre los caudales máximo y mínimo. Se notará también, úna escasa
diferencia entre los coeficientes del río Atuel (estación de aforos La
Angostura) y del río Diamante (estación de aforos Los Reyunos) no
obstante el carácter torrencial de éste último; por lo cual, no teniendo
como el río Atuel un dique natural, la laguna del Atuel, a veces se ve
obligada, debido a esta circunstancia, a evacuar muy rápidamente un
volumen de agua considerablemente engrosado.
Los caudales mínimos se registran por lo tanto durante mayo, junio,
julio, agosto y aún setiembre. Durante estos meses, los caudales medios
registrados en las estaciones de aforos ya mencionados de los ríos Atuel
y Diamante son respectivamente de 20,6 y 26,2, 19,6 y 24,5, 18,1 y 21,4,
17,1 y 21,9, 17,9 y 23,0 mVseg.
Los caudales máximos absolutos de invierno son, además, inferiores
a mínimos absolutos acusados en los meses de verano (Fig. 2 3 ). En este
gráfico, se observará el equilibrio del río Atuel, en el cual el caudal medio
es verdaderamente un promedio entre los caudales máximo y mínimo
durante casi todo el año. En el caso del río Diamante, el máximo de ve­
rano es mucho más acusado en un período que se extiende desde no­
viembre a abril. Durante el resto del año la curva del caudal medio va
acercándose a la curva mínima, lo cual destaca el carácter irregular del
río Diamante.
A partir de octubre, comienza el paulatino aumento de caudal a
causa de las primeras elevaciones de temperatura en la cordillera. Los
máximos valores medios corresponden para el Atuel y el Diamante a
diciembre (53,4 y 67,3 m V seg.) y enero (52,8 y 67,9 nvVseg.), o sean

«197
meses durante los cuales se produce el deshielo en las cuencas superiores,
coincidente además con una época de fuertes tormentas conveccionales
que suelen afectar sobre todo la zona de las cuencas medias.
Ya hemos señalado el paralelismo existente entre la época de preci­
pitaciones máximas en las cuencas superiores (cordillera) y el período
de caudales mínimos; o sea que siendo elevado el coeficiente de nivosi-
dad, al mismo tiempo los coeficientes de escurrimiento alcanzan sus
mínimas expresiones.
Inversamente en verano, cuando ya no se producen más precipita­
ciones dignas de consideración en la cordillera, cuando van elevándose
las temperaturas. (20? a 259 C ), gracias a una extraordinaria diafanidad,
entonces los coeficientes de escurrimiento ofrecen sus mayores índices.
Estamos pues en presencia de dos ríos de típico régimen nival de mon­
taña, con influencia marginal de lluvias de verano.

Fig. 22 — Coeficientes de los ríos principales de la provincia


de Mendoza.

Como puede observarse en el gráfico de coeficientes de caudales


(Fig. 22) y en el correspondiente al de caudales medios mensuales (pe­
ríodo 1941-42 a 1961-62, (Fig. 2 1 ), “los cuatro principales ríos de la
provincia de Mendoza, tienen el mismo régimen, estando sujetos al mismo
tipo de variaciones estacionales con diferencias cuantitativas, debido a
la mayor o menor supérficie de la cuenca de alimentación, al monto total
de precipitaciones anuales, como consecuencia de las distintas alturas
medias de la cuenca y de la latitud, y finalmente al fenómeno de lluvias
torrenciales de piedemonte, las cuales tienen un régimen bastante irre­
gular, conforme lo hemos expresado al referirnos a los factores del
régimen del río” 87.

87 Barrera, R. O., op. cit. ■

198
A base de 35 años de observación en las estaciones de aforos Rincón
del Atuel y L a Angostura, sobre el río Atuel, y Los Reyunos sobre el
Diamante, hemos calculado los caudales medios mensuales y los módu­
los o caudales medios anuales. Se establecen estos módulos en 30,5
m3/seg. para el Atuel y en 37,0 m3/seg. para el Diamante (Fig. 24).
Se han confeccionado además, en este gráfico, curvas de los valores m e­
dios mensuales de todos los años de observación. Se notará, en los dos
casos, la presencia de dos máximos en las curvas; el primero en octubre
(Atuel) y noviembre (D iam ante), coincide con el mes de máximas
lluvias (octubre), seguido a fines de noviembre y principios de diciem-

F ig . 23 — Curva de caudales mensuales comparados (período 1948-49


a 1 9 6 5 -6 6 ). — Caudal medio m en su al,-----Caudal máximo m en su al,.. .
Caudal mínimo mensual.

bre por un corto periodo de escasa precipitación. Igualmente se han


confeccionado curvas de caudales medios mensuales del año hidrológico
más abundante y del más seco.
En ambos cursos de agua, el año hidrológico más seco ha sido el
de 1964-65 con caudales medios de 23,9 m3/seg. (Atuel) y 26,6 m3/seg.
(D iam ante). Generalmente, a un año de caudales débiles corresponde
un invierno precedente de escasas precipitaciones en la cuenca superior
v viceversa. Sin embargo, también debe considerarse la importancia de
las precipitaciones de verano, cuyo volumen viene a sumarse al de las

199
aguas de deshielo en algunos años con poco efecto sobre los caudales,
pero en otros sí, cuando suelen alcanzar y también a veces sobrepasar
los 400 ó 500 mm., con una mayor concentración durante los meses de
verano. No puede ignorarse por lo tanto la relación entre los años de
excepcionales caudales y los años de fuertes precipitaciones.
Cabe señalar además que el caudal (76,8 ms/seg.) del año hidro­
lógico más abundante (1952-53), en el caso del Diamante, casi duplica
su correspondiente (40,8 m3/seg.) del río Atuel (1963-64). Por consi­
guiente, existe una escala mucho más amplia entre los caudales mínimo
v máximo posibles del río Diamante con respecto al Atuel. Si el deshielo
de verano en la cordillera asegura por lo general un caudal correspon-

« T t/ ,

Fig. 24 — a ) Curva de caudales medios mensuales del “año normalf’


o “año medio”, año de abundancia y año de sequía del río Diamante
en Los Reyunos.

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Fig. 24 — b) Curva de caudales medios mensuales del “año normal”


o “año medio”, año de abundancia y año de sequía del río Atuel
en La Angostura.

200
diente, más o menos, al módulo de cada río, las precipitaciones pede-
montanas, ora escasas, ora abundantes, establecen la diferencia entre
un caudal anormalmente bajo y otro excesivamente elevado.
Hemos considerado igualmente los caudales medios anuales (Fig.
2 5 ) y los caudales máximos y mínimos (Fig. 26) de los ríos Diamante y
Atuel para el período 1931-32 a 1965-66. Se observará en estos gráficos
una diferencia bastante regular entre caudales medios anuales y cauda­
les máximos mensuales por año, de cada uno de estos dos cursos de
agua. Los muy bajos caudales mensuales registrados en el río Atuel
(1947-48 y 1950-51) han sido causados durante el mes de julio de estos
años por el hielo que llegó a cubrir el río en su cuenca media en ocasión
de una poderosa ola de frío.•

F ig . 25 — C audales medios anuales de los ríos Atuel y Diamante.

• Los elevados caudales medios anuales del río Atuel en los años
1941-42, 1942-43 y 1952-53, 1953-54, también corresponden a años muy
lluviosos, que muestran tendencias a repetirse por ciclos de 10 años, pues
se destacan igualmente los años 1961-62 y 1963-64, aunque con menos
importancia. El carácter torrencial del río Diamante y su dependencia,
bajo este aspecto, de lluvias peculiarmente intensas, es resultante en
gran parte del encajonamiento del sector de su cuenta media, y aparecen
con bastante nitidez.
No tiene además este río la cuenca media regularizadora de alta
planicie que identificaba al río Atuel antes de su valorización por presas y
diques, por lo cual durante los años secos, su caudal medio ofrece a

261
menudo promedios anuales inferiores a los del Atuel. Ofrece por lo
tanto, el Diamante, el aspecto de un río con un caudal medio anual es-
raso, es decir inferior a su módulo durante 6 ó 7 años de cada grupo de
10 años, compensándolo durante los a ñ o s restantes por caudales
excepcionales.

Fig. 23 — Caudales mensuales máximos y mínimos por año de los


ríos Atuel (iRincón del Atuel y La Angostura) y Diamante (Los Re­
yunos) ('período 1931-32 a 1965-96).

202
El gráfico que muestra la evolución de los caudales a lo largo del
año hidrológico 1965-66 (Fig. 2 7 ), que resultó ser un año de precipita­
ciones normales, suministra una buena apreciación del comportamiento
del río Diamante durante un año supuesto normal; su módulo se esta­
bleció este año en 37,6 m:t/seg., o sea solamente 0,6 nvVseg. más que el
módulo correspondiente a los 35 años anteriores. Se observará un pri­
mer máximo en noviembre (8 8 m V seg.) y un segundo (siempre el más
importante) en enero (143 m:,/se g .) aislados por un mínimo (4 5 m3/
seg.) en marzo, el caudal sobrepasa el módulo de aquel año, alcanzando
al mismo tiempo la curva de \olúmenes acumulados a 1.185,9 hm3.

Fig. 27 — .Río Diamante, iEstación de aforos Los «Reyunos. Año hidro­


lógico 1965-66. Evolución detallada de los (c'audales.

Desde que se afincó el hombre en el extenso oasis sur mendocino,


se habla de las desvastadoras crecidas del río Diamante, que suelen
perjudicar mucho a la zona, destín yendo las tomas de los canales de
riego, rompiendo las defensas e inundando las tie rra s38. Ocasionan
además daños considerables en cultivos, viviendas y red caminera. Antes
de que se construyera el dique El Nihuil, y el dique compensador de
Valle Grande, siempre se había beneficiado el Atuel con su dique natu­
ral, la laguna del Atuel, la cual actuaba como reguladora de caudales

3K Abundantes lluvias en la temporada 1899-1900 ocasionaron crecientes en


todos los ríos del piedcmonle em ano. Llegó también a ser trágica la situación en
ambas márgenes del r.o Diamante en febrero del año 1900. Una parte del conside­
rable caudal tomaba también por el cauce viejo hacia el del Atuel. Las defensas
resultaron inútiles al inundarse toda la zona y la villa y mucha gente tuvo que
refugiarse en Monte Coman. “ Los Andes” , Publicación del Cincuentenario, op. d t.

203
mayores. Más caudaloso, más excéntrico en sus reacciones y, por lo
tanto sumamente peligroso por el espacio valorizado que cruza en su
pleno centro, no ha sido dotado todavía el Diamante de un verdadero
medio de defensa contra sí mismo. Ya hace años que se iniciaron los
trabajos para la construcción del dique Agua del Toro y aún se encuen­
tran en sus fases preliminares, postergados regularmente desde aquella
fecha. En estas condiciones, el río Diamante, que le trae vida a la
región, suele traerle también, de vez en cuando, ansiedad y destrucción.
Por ejemplo, durante los últimos años experimentó el Diamante dos
grandes crecidas (el 12 de noviembre de 1955 y el 9 de enero de 1964)
que ocasionaron todo tipo de inconvenientes, a los cuales deben agre­
garse las pérdidas de caudal no utilizadas para el riego.
En esta última crecida del 9 de enero de 1964, “toda el agua que
formaba el caudal extraordinario del río provenía de su cuenca superior;
en consecuencia, era dé deshielo”. Se justificaba eso por la fecha tardía
en la cual pudo producirse un brusco deshielo debido a un fuerte reca­
lentamiento en aquella zona. Agravó además la situación la caída de
lluvias en el curso medio e inferior, que sumadas al caudal extraordina­
rio que traía el río originó numerosas dificultades en las zonas aledañas.
Se calculó que el río alcanzó los 2.200 mVseg en esta fecha, registrando
además durante varios días un caudal superior a lo normal, arrojando,
caudales mínimos entre 160-180 mVseg y máximos de 200-250 mVseg
y sobrepasó en varias oportunidades los 300 mVseg, siendo común que
en ese período su caudal oscile entre los 73,9 y 78,1 mVseg” 30.
Relativamente distinto resultó ser el motivo que dio lugar al aluvión
del 12 de noviembre de 1955, con volumen de agua aun más grande que
el del año 1964, que alcanzó a 2.800 m3/seg, según las estimaciones
suministradas por los técnicos de Dirección General de Irrigación
(M za.) (Fig. 28) En aquella fecha relativamente temprana, el des­
hielo apenas se iniciaba y, por lo tanto, no podía abastecer al río con
volúmenes considerables de agua. Por consiguiente, se debió esta creci­
da extraordinaria, en su casi totalidad, a chaparrones intensos que
cayeron simultáneamente en las cuencas media e inferior. Algunos ríos
secos como el Pavón y el Salado registraron caudales de 200 y 128
m3/seg.
Hemos querido presentar el esquema de esta creciente (Fig. 28) la
cual destaca el papel excepcional jugado por los arroyos del borde
oriental de la cuenca media y los de la cuenca inferior. En la estación39

39 P upspato de Moreno, <E., Las crecidas d e los ríos d e Mendoza y San Juan
en la primavera de 1963 y verano de 1964, en ‘^Boletín de Estudios Geográficos*’,
Vol. XI, N9 42, Mendoza, Instituto de Geografía, 1964, p. 65^69.

204
de aforo de Los Reyunos, el caudal del Diamante había alcanzado
1.543 m3/seg, o sea casi a la salida de la cuenca media. Desde este
punto hasta que desemboca en la planicie (1 km aguas arriba de la
toma del canal Las Paredes) los aportes de sus afluentes ocasionales
(E l Tigre, 662 m3/seg., el Pavón, 200 m3/seg., el Salado, 128 m3/seg.
y otros arroyos menores con 300 m3/seg. aproximadamente) fueron tan
considerables que, en un tramo de apenas 10 km, pasó el caudal a un
estimado 2.800 m3/seg.
Este incremente de caudal rompió defensas, embancó canales, des­
truyó tomas libres, inundó propiedades cultivadas hasta ciertas distan­
cias en ambas márgenes del río y dañó una gran cantidad de viviendas.

F ig . 28 — Esquema de la creciente del 12 de noviembre


de 1955. Río Diamante.

En la isla del Diamante, ocupada por numerosas viviendas humildes


levantadas en el mismo lecho del río y en sitios contiguos, la situación
se tomó crítica y provocó el abandono por sus pobladores. Durante
unos pocos días solamente este río siguió registrando un caudal muy
superior a lo normal, arrojando caudales máximos de 300-400 m3/seg,
siendo común que, en este periodo, su caudal oscile entre 45 y 55 m3/seg.
Los ríos Atuel y Diamante, cuyos principales rasgos hpmos tratado
de destacar, no difieren fundamentalmente de los otros ríos del piede-
monte cuyano. Son esencialmente alóctonos, puesto que influyen muy
poco sobre sus caudales los afluentes de las cuencas media e inferior,
salvo en casos excepcionales, tal como lo hemos visto respecto al
Diamante.

205
“La agricultura, que depende en grado fundamental del riego, está
sólidamente ligada a la marcha de sus caudales y sufre en cierta me­
dida, además de las contingencias de orden exclusivamente climático,
los altibajos propios de un régimen nival de montaña. A un año de
escasas precipitaciones de nieve en la cuenca superior, y por ende, de
escasos caudales, corresponde un año de bajos rendimientos y cosechas
mediocres” 40.
Ya va completándose el aprovechamiento integral del río Atuel con
las centrales hidráulicas Nihuil 2 y Nihuil 3, y sigue todavía encontrán­
dose en el nivel de los trabajos preliminares la edificación de la presa
Agua del Toro sobre el río Diamante, obra que hará imprescindible la
construcción paralela de un dique compensador de tipo Valle Grande
para asegurar en el momento conveniente el abastecimiento de agua de
riego en cantidades suficientes. Al considerar el elevado caudal del
Diamante, las óptimas condiciones de almacenaje en su cuenca media
mediante una presa, tanto como el constante peligro que ha represen­
tado y que todavía sigue significando con respecto a la playa cultivada
de San Rafael, y la carencia de energía eléctrica que perjudica fuerte­
mente el vuelo de la industria local, tal atraso, semejante diferencia en
el tiempo en relación con lo que se ha hecho sobre el Atuel, reflejan
una despreocupación, una falta de coordinación y planificación a cargo
de los gobiernos que castigan muy severamente a la economía y al
desarrollo en general de todo el sur de la provincia de Mendoza. De día
en día, de demora en demora, se hace más pesada aquella situación,
cada vez más intolerable...!!

b) Las aguas subterráneas

No obstante la abundancia de las aguas de superficie, las aguas


subterráneas ya han llegado a tener desde hace unos pocos años una
crecida importancia en el sur mendocino, en especial la perforación de
pozos. Aunque se aplican de manera predominante para el riego, no
son raros los pozos realizados con fines industriales 41 y para uso do-

40 B a rrera , R . O ., op. cit.


41 Todas las fábricas de importantes conservas de la zqna de San Rafael
(Cap., Swift, Valle de Oro, etc.) se abastecen de agua mediante pozos propios.
Aprovechan generalmente una tercera napa de agua ubicada entre 35 y 40 m de
profundidad cuya dureza alcanza a 8 0 grados. Durante la época de elaboración,
que corresponde a una época de altos 'caudales «y de fuertes chaparrones. Ib red
de distribución de agua potable suele llevar un agua demasiado cargada con par­
tículas en suspensión como para que se consigan resultados conformes a las normas
establecidas.

206
207
méstieo y aún más recientemente, para el abastecimiento de unos tan­
ques australianos que han sido instalados para el ganado vacuno y
lanar en las proximidades de 25 de Mayo.
Tenemos que distinguir entre dos zonas de aguas subterráneas en
la región de San Rafael. En la primera zona, que abarca el espacio
cubierto por el glacis principal, bajando hacia el naciente desde el blo­
que, y a menudo designada como “elevación pedemontana”, se encuen­
tran por lo general aguas de mala calidad, con dureza alta por exceso
de sulfatos y carbonato. En las rocas impermeables o de poca permea­
bilidad del macizo antiguo, el exceso de agua meteórica hacia las pro­
fundidades se efectúa por diaclasas y fracturas.
En la segunda zona, que corresponde a la planicie, y sobre todo
a la playa de San Rafael, las distintas capas de agua subterránea pro­
vienen en su mayor parte de infiltraciones laterales del río Diamante, y,
en menor grado, del río Atuel. En general, son “caudales pobres en
napas de mejor calidad y el resto, si bien abundante, es de escaso apro­
vechamiento tanto para el riego, como para uso industrial por los exce­
sos de sales en solución” 42.
Sin embargo, las nuevas perforaciones con profundidades variables
de 15 a 200 m (Fig. 29) realizadas a íin de cubrir las necesidades de
agua para el riego, no cubiertas por los aportes del río Diamante y Atuel,
han permitido variar la opinión en ese sentido. Un pozo perforado por
la Sociedad Anónima Arizu en Villa Atuel, utiliza un agua de excelente
calidad desde una napa ubicada a 600 m. de profundidad.
Como lo hemos visto anteriormente (Fig. 2 0 ), la playa encajada de
San Rafael resulta del relleno aluvial con arenas finas y gruesas, gravas,
canto rodado, arcillas y limos que permiten la formación de depósitos
de agua, los que racionalmente pueden aumentar considerablemente la
superficie cultivada. Por lo tanto existe una posibilidad de explotar las
napas freáticas especialmente en la zona de riego entre los ríos Atuel y
Diamante, donde los mismos aproximan sus cursos a partir de los 3 ó
4 m de profundidad (Fig. 29 pozos-testigos 5 y 6 ). Según los técnicos
de la División de Agua Subterránea de la Dirección Provincial de Irri­
gación, encuentran allí “grandes caudales de buena calidad de agua
resultando de la infiltración de las aguas del río Diamante”.
A pesar de todo, en las cercanías del curso del río Atuel, aquellas
perforaciones próximas muestran como características sobresalientes su
constante inadaptabilidad para el riego. Paralelamente, la mayor parle

4- D essanti, R. N., op . cit.

208
del agua freática extraída de la zona de influencia del río Diamante es
apta para el riego.
En el sector cercano de la zona de los guadales (Monte Comán, L a
Llave Vieja, Colonia Elena), los terrenos no presentan problemas deri­
vados de la dureza Se encuentran allí capas de agua que suelen sumi­
nistrar buenos caudales entre 11 y 168 metros de profundidad. Las
perforaciones se hacen a través de capas alternantes de arenas y gravas»
arcillas, toscas y tosquillas (Fig. 19). Resulta relativamente mediocre
la calidad del agua aunque sea aplicable al riego, industria o bebida.
Por consiguiente, estos detalles permitirían ratificar la opinión de
Dessanti al adjudicar una totál preponderancia a las infiltraciones pro­
venientes de los dos colectores mayores en la integración del agua sub­
terránea. Corroborando esto, el análisis del agua del río Diamante nos
exhibe una total potabilidad y un débil por ciento de sales. En cambio,
en el Atuel, el agua tomada en la boca de captación de la planta de
Obras Sanitarias de la ciudad de General Alvear nos presenta un alto
contenido en sales. El exceso pernicioso de salinidad para áreas some­
tidas a un intenso regadío de tipo “inundación” (lo más común) puede
ser contrabalanceado por un buen drenaje y la utilización de ciertos
cultivos (maíz de Guinea, Festuca) y de vegetales que dejan grandes
cantidades de residuos. Los elevados valores de anhídrido carbónico
disminuyen el PH del suelo, corrigiéndolo y haciéndolo apto en corto
tiempo.
Aunque el drenaje constituya un problema mucho más serio y
urgente, sobre todo en el departamento de General Alvear, y que no sea
considerada la región de San Rafael como una región donde resulta
escasa el agua de riego, sigue bien arraigada la costumbre de darle a la
tierra el máximo de agua, cualesquiera sean las circunstancias climáticas
o las necesidades del suelo. El pozo de agua tendría que cumplir, en
fste sentido, un papel complementario en las zonas con derechos defi­
nitivos de agua, siendo utilizado en épocas de bajos caudales, de sequía
o de carencia general de agua, o también como principal abastecedor
en los sectores con derechos eventuales.
Sin embargo, las perforaciones han ido aumentando a un ritmo muy
rápido durante los últimos años (Fig. 30) y aunque el total de 484 pozos
declarados para los departamentos de San Rafael - General Alvear no
llegue a compararse con las elevadas cifras alcanzadas por los departa­
mentos del N, presenta de todos modos un progreso notable con respecto
al año 1960 ( 299 pozos) o al año 1954 (187 pozos). Es decir que,
calculando un promedio de 25 hectáreas por pozo, pueden extenderse a
casi 6.000 las hectáreas cultivadas con agua subterránea actualmente.

209
r

Cabe señalar que aquellas cifras de pozos son oficiales y resultan de


denuncias hechas directamente por los propietarios, con informaciones
suministradas por la compañía perforadora al Departamento Provincial
de Irrigación. Por lo tanto no incluyen los pozos - fantasmas cuyo total
equivale al 20% , según se estima, de los pozos ya denunciados, o sean
más o menos 100 pozos que se tendrían que sumar a los 484 oficiales.

210
De esta cifra, 389 se encuentran en el departamento de San Rafael
y 95 solamente en el departamento de General Alvear; lo que se explica
por los problemas de desagües y la calidad generalmente mala de las
capas de agua de poca profundidad, lo cual obliga a realizar perfora­
ciones profundas que a menudo resultan a precio prohibitivo.
Hemos indicado en una figura (Fig. 30) la evolución de las perfora­
ciones de pozos por distrito desde el año 1954. Se observará en esto
que, salvo en el caso de Villa Atuel y Cuadro Benegas, desde aquel
tiempo las perforaciones de pozos en todos los demás distritos y también
en el departamento de General Alvear se han más que duplicado. El
distrito de Cuadro Nacional tiene el número más elevado de pozos, con
112 unidades.
En el 70% de los casos, los pozos se aprovechan en la zona sur
mendocina, a fin de reforzar las dotaciones de agua de superficie (aun­
que a menudo sean suficientes) y también para aumentar la frecuencia
de riegos en los cultivos de hortalizas, sobre todo el tomate. L a situación
del distrito de Jaime Prats es muy explícita en este aspecto, pues cuenta
ahora con 21 pozos frente a los 4 que tenía en 1960; los cultivos de
tomate, por ejemplo, una especialidad de este sector, no se encuentran
perjudicados por el agua ligeramente salitrosa de las napas de poca
profundidad cuyo aprovechamiento no encarece exageramente los costos
de producción.
Ante todo, con perforaciones de carácter semisurgentes, los problemas
que se presentan son de orden práctico por el costo de la energía eléc­
trica, de los motores y de los equipos de extracción. Además resulta casi
imprescindible conocer en adelante si el agua subterránea va a aportar
los caudales anticipados, y tiene calidad apropiada, así como si la
profundidad a que se halla está dentro de los límites económicos de
explotación.

2. S an rafa el : el ultim o oasis grande

En la actualidad, se encuentra el piedemonte cuyano valorizado en


tres lugares distintos, de extensión variable, correspondientes a las tres
zonas de influencia generadas por las aguas de deshielo traídas desde la
cordillera por 5 ríos alóctonos. Esto es el hecho básico; los demás no son
sino un corolario.
AI norte, el río San Juan, el más caudaloso (m ód u lo= 61,5 m3/seg)
suministra agua de riego a una zona cultivada de 114.000 ha (incluyen­
do 12.000 ha en Calingasta). A 200 km hasta el sur se extienden unas
210.000 ha de tierras puestas en valor por las aguas de los ríos Mendo­

211
za (47,9 m3/seg) y Tunuyán (33,6 m3/seg) cuyos caudales agregados
alcanzan un promedio anual de 81,5 m3/seg. A otros 200 km al sur el
Diamante (37,0 m3/seg) y el Atuel (30,5 m3/seg) con caudales que
suman 67,5 m3/seg traen vida a 216.000 ha más.

T A B L A 3

Relación caudales-superficies bajo riego en él piedemonte cuyano.

Caud. o Sup. irrig. (h a) Indice


Tana, de influencia caudales con agua de sup. (nuiles de h a)
agregados der. def. y event. Sup. C ult. m 3/seg)

, Río San J u a n ......... . 61 ,5 114.000 1,8


Río ¡Mendoza-Tunuyán 81,5 207.000 2 ,5
Río Atuel-Diamante . . 67,5 216.000 3 ,2

Estos tres extensos oasis, distintos en varios aspectos y, con amplias


diferencias respecto de los niveles de polarización, en cada uno, integran
hoy en día una nueva “trilogía cuyana” que resulta del aprovechamiento
paciente y arduo de unos espacios desérticos escalonados de norte a sur
a lo largo de este piedemonte que se extiende sobre una distancia infe­
rior a 500 km desde las sierras de Villicun y Pie de Palo hasta los
macizos volcánicos sobreimpuestos de la Payenia.
Las zonas de San Juan y de Mendoza han sido ocupadas por el
hombre desde la segunda mitad del siglo XVI mientras permanecía San
Rafael como frente pionero, hasta fines del siglo XIX. Son factores
históricos, por lo tanto, los que han demorado la integración de San
Rafael en esta trilogía cuyana. A causa de su posición y de vínculos
históricos se ha considerado hasta ahora a San Luis como al tercer
elemento de esta trilogía.
Por razones evidentes de orden geográfico y económico no se puede
mirar más a esta zona pampeana como un auténtico elemento de la
región cuyana, si se considera a este término en su acepción geográfica.
Sean lo que fuesen, los vínculos históricos no suelen resistir mucho tiem­
po a las presiones de una realidad geográfico - económica cada vez más
acelerada.
Hemos analizado, a lo largo de esta primera parte, los aspectos
físicos que caracterizan al sitio de San Rafael frente a los de Mendoza y
de San Juan. Siempre hemos encontrado esos aspectos tan marginales
en el contexto del piedemonte cuyano, como su posición con respecto a
los demás. Igualmente nos ha parecido la zona de Mendoza como ubi­
cada en una posición de término medio entre San Juan y San Rafael.

212
Hasta en la relación caudal - superficie irrigada se halla ubicado su ín­
dice (2 ,5 ) en una posición intermedia entre los de San Juan (1 ,8 ) y de
San Rafael (3 ,2 ) «
Evidentemente resulta relativo el valor de estos índices por los
numerosos y muy variables elementos que intervienen; por ejemplo, la
tasa de infiltración muy elevada de las aguas del río San Juan en su
extenso cono de deyección, o el carácter más intenso de los cultivos en
las planicie de Mendoza y en el valle del río Tunuyán, donde las super­
ficies cultivadas que llevan derechos definitivos de agua representan el
64% del total que utiliza agua de superficie, respecto al 55% para la
zona sur (San Rafael - General Alvear).
Luego de haber establecido y destacado las condiciones físicas de
una instalación humana en el medio natural característico del sur men-
docino, hay que conocer los acontecimientos que presidieron la instala­
ción del hombre y le permitieron aprovechar del "último” (tanto por la
posición como por la valorización) de los grandes oasis del piedemonte
cuyano.

II. El hom bre en e l p a isa je del sur mendocino

L a valoración efectiva de los oasis del sud de la provincia de


Mendoza constituye, desde el punto de vista de la colocación de los
elementos indispensables para su desarrollo, un hecho casi contempo­
ráneo en la historia de la instalación humana en el piedemonte cuyano.
Fundaciones españolas44. administradas desde la Capitanía General tras­
andina de Santiago de Chile, los oasis de Mendoza y San Juan han sido
realmente ocupados por el hombre desde la segunda mitad del siglo XVI.
En el sur mendocino, hasta el año 1879, la actuación del hombre
había sido limitada, en gran parte por la incertidumbre y el temor de
la vecindad india, a una tímida y escasa presencia alrededor de los
fuertes, que se mantenían, en forma relativamente precaria de autoabas-

48 C abe señalar que >los promedios d e caudales abarcan 4 0 años. E n el caso


del río San Juan, el módulo se establece solam ente « a 5 0 ,5 m 3/seg para el período
1951-01. Un río integralm ente alóctono, se alim enta en una zona cordillerana rela­
tivam ente m ás cálida y , por lo tanto, su caudal podría ir reduciéndose a causa de
una m erm a de agua d e deshielo consecuente al retroceso actual (posiblem ente más
acentuado que en las cuencas d e los nos Atuel y D iam ante pbr su posición en
latitu d ) d e los glaciares que suelen alim entarlo.
44 E l sitio original d e cad a uno d e los grandes centros d el piedem onte cu­
yano, a la vera d e las corrientes, se explica ante todo p or el ongen d e los integran-
tías d e aquellas expediciones que entraron desde C hile. Varios en tre ellos! provenían
d e zimas d e irrigación o ra profundas e históricas raíces. E n estas tierras clásicas
del riego artificial siem pre ha sido el objeto ahorrar el esfuerzo.

213
tecimiento en las orillas del río Diamante, a base de una pequeña acti­
vidad ganadera con salida a Chile.
El actual aprovechamiento del espacio, aunque lejos de haber sido
completado integralmente, se realizó sin embargo en menos de tres
generaciones. L a región de San Rafael, como cualquier margen pionera
a principios del presente siglo, es decir, en época de amplios movimien­
tos migratorios hacia América, se benefició con el impacto suscitado por
el aporte de una mano de obra laboriosa y capacitada; también con la
entrada de capitales que le dieron el impulso necesario para que se fo­
mentara su producción y que se iniciara su primer vuelo.
Desaparecida la atmósfera de inseguridad que hasta entonces había
perjudicado al sur mendocino y bajo el vigoroso empuje de nuevos
hombres emprendedores, se establecieron diversas colonias cuyo dina­
mismo pronto contribuyó al desplazamiento del centro de interés, desde
la pequeña terraza aluvial de 25 de Mayo hasta el corazón mismo de
la playa encajada de San Rafael, donde se encontraba la Colonia Fran­
cesa. Al mismo tiempo, la llegada del ferrocarril aportó el primer factor
imprescindible de una apertura hacia nuevos horizontes, completado
más adelante por la penetración y luego la extensión de la red caminera
asfaltada.
Sin embargo, varias dificultades, tanto de orden económico (super­
producción, baja de consumo, primera guerra mundial, krash financiero
de 1929, etc.) como climático (repetidas y fuertes heladas y granizadas)
o también volcánico (caída de cenizas del año 1932) surgieron y de­
moraron por períodos más o menos largos el vuelo del sur mendocino.
Cabe señalar por otra parte que se encuentra muy sensibilizada la eco­
nomía local, dada la naturaleza muy vulnerable de su producción por
los acontecimientos que, de vez en cuando, suelen afectar al mercado
de consumo de la zona del litoral.
Del caos del “30”, felizmente nació una verdadera revolución agrícola
en aquel medio. Se inició con la disminución de las superficies de áreas
de viñedos, frutales y hortalizas, igualmente con el mejoramiento del
sistema de distribución de las aguas de riego, al habilitarse al mismo
tiempo una red de desagüe. Se enfocó, desde entonces, la intensifica­
ción de los cultivos especeializados al elaborarse un porcentaje cada vez
más importante de la producción primaria de frutas y hortalizas en va­
rias fábricas 4B.46

46 Hacemos abstracción de la uva aquí, puesto que la casi totalidad de la


produoción se industrializa en bodegas.

214
L a explotación de nuevos recursos naturales (utilización de la ener­
gía hidroeléctrica de El Nihuil), el renacimiento de otra muy estancada
actividad, la minería, y sobre todo el mejoramiento de los medios y de
las redes de transporte, contribuyeron a la promoción de la villa de
San Rafael, o sea del núcleo de mayor alcance del sur mendocino y
además un auténtico producto del extenso sector cultivado que lo rodea,
al rango de centro regional indiscutible de la zona de influencia de los
ríos Atuel y Diamante

t . U na margen pionera estacionaria (1805-1879)

Como se sabe, la instalación de colonos, aún esporádica, en la parte


del territorio argentino ubicada al sur del paralelo 359 y al oeste de la
pampa húmeda, se demoró largo tiempo. En primer lugar, a causa de
su ocupación por pequeños grupos itinerantes y también trashumantes
de indios pehuenches y, más adelante, por tropas de bandoleros; en se­
gundo lug:-.r, en razón de las acontecimientos y episodios políticos que,
al independizarse la República Argentina, ahogaron al país en el ma­
rasmo; y, finalmente, por producirse la llegada de inmigrantes con retraso
y en forma mucho menos masiva que en Norte América. Ese período,
por lo menos el que se extendió hasta el fin de la dominación del cau­
dillo Rosas, no resultó muy propicio para la ampliación del frente pio­
nero. Primero, había que pensar en el refuerzo de las medidas de
seguridad en los territorios ya ocupados, aunque en forma a menudo
laxa, en la reorganización política y también económica de las provincias
del litoral, en el poblamiento de estas regiones peligrosamente subocu­
padas, antes de soñar en el ensanchamiento de límites desproporcionados
con respecto a la densidad de la población y a la precariedad, si no al
primitivismo, de las operaciones de faire váloir.
En estas condiciones ¿qué provecho a corto plazo anticipaba la
conquista de un territorio lejano, con recursos hipotéticos, surcado por
un enemigo desconocido, o mejor dicho mal conocido, cuya potencia
había sido de cierto modo mitificada hasta entonces en razón de su am­
plia movilidad (que lo hacía aparentemente aumentar en número) y
de su extraordinaria adaptación en un medio adverso?

a) Fundación del primer fuerte de San Rafael

L a planicie de confluencia de los ríos Atuel y Diamante constituía


un sector de transición entre los sedentarios huarpes del N de la pro­
vincia de Mendoza y los pehuenches. recolectores y cazadores del S
(Fig. 5 1 ). Estos pehuenches que poblaban el S en la época de la cons-

215
trucción de fuertes eran del tipo araucanizado, el cual no debe confun­
dirse con otro tipo más primitivo de los tiempos anteriores. Es muy
probable además que los pehuenches de los tiempos posteriores se
hubieran mezclado con los indios ranqueles de la Pampa. Rechazados
desde sus altos valles y de sus pinares de los altos en la época de las

Fot. 22 — La iglesia en la Villa V iejal25 d e M ayo). Frente a la plaza


del primer pueblo fundado en el sur de la provinpia de Mendoza bajo
la proteqción del fortín de San Rafael. Su decadencia había empezado
antes de que se trasladara la municipalidad al sitio actul de 'San IRafael.
Hoy está casi abandonada.

avanzadas de los conquistadores españoles, se refugiaron en territorio


argentino, donde la presencia de caballos y vacas casi salvajes introdu­
cidos por los españoles modificaron en parte su género de vida. Aunque
vivían en pequeñas tribus, bajo la autoridad de un cacique, igualmente
solían agruparse en ocasiones excepcionales.
Sin embargo, algunas tribus instaladas de manera semipermanente
a orillas de los ríos, derivaban durante el veraüo pequeñas acequias
para regar la tierra; y sembrar maíz y zapallo. Sea lo que fuere, los
pehuenches por el nombre y poi su actividad estaban vinculados con
la araucanía ,0.46

46 Ardissone, R., Esbozo d e las instalaciones humanas en la /rrooincia de


Mendoza, en Actas de la X V Semana de Geografía, 'Mendoza, Instituto de Geografía,
1953, p. 300.

216
Sus avances durante la segunda mitad del siglo XV III, a veces basta
la orilla misma del río Mendoza, provocaron varias expediciones puni­
tivas, que sumaron 15 en total hasta 1790. Entre ellas, cabe señalar la
expedición del año 1777, dirigida por Juan Francisco Amigorena, que
llegó hasta el río Atuel en persecución de los naturales, quienes habían
atacado a los establecimientos rurales próximos a la ciudad de Mendoza.
Durante aquellas expediciones, los indios solían replegarse hasta Ma-
largüe y el Neuquén. Por el E tampoco había seguridad, y hasta 1880,
en el sector puntano, las carretas cargadas de productos mendocinos
con destino a Buenos Aires eran asaltadas con frecuencia por pequeños
grupos de indios.
Pero las expediciones, dado su carácter punitivo, o más bien tran­
sitorio, no lograron establecer paz y seguridad en el lejano sur, pues,
tan pronto como se retiraban los soldados, volvían los indios a ocupar
estos extensos espacios, que difícilmente la civilización podía reclamar
por falta de gente para ocuparla.
De todos modos, a fin de mantener un relativo margen de seguri­
dad, por lo menos hasta cierta distancia de la zona poblada de Men­
doza, y contener al mismo tiempo la hostilidad indígena, se construyeron
unos fuertes a los cuales se consignó guarnición permanente. Se esperaba
así empujar más hacia el S el frente pionero y desalentar eventuales
incursiones indias en la zona del N. Ya en 1770, Juan Manuel Buiz había
fundado, en el valle del río Tunuyán, dos fuertes, uno de los cuales,
San Carlos, constituyó por muchos años el baluarte más avanzado
hacia el S.
No se rehusaron tampoco los gobiernos a utilizar medios pacíficos
y más bien diplomáticos para conseguir mayor tranquilidad.
Al comprobarse en los años posteriores a su fundación, la mala
ubicación del fuerte de San Carlos, se vio la necesidad de construir otro
en un lugar más adecuado y cuya presencia más hacia el sur llegaría
a desempeñar un papel de mayor alcance. En un informe dirigido al
comandante Teles Meneses, el virrey del Río de la Plata, marqués Rafael
de Sobremonte, mostró su interés por una ubicación más o p o rtu n a...
"que, de esta diligencia, resulten las mayores ventajas posibles a los
hacendados. . . , y, por consiguiente, queden nuestras estancias y pobla­
ciones interiores casi libres de toda invasión de en em ig o s...” 47.
En aquellas épocas de economía de autoabastecimfento, vivía cada
provincia en circuito casi cerrado, con escasos intercambios interprovin-

47 Archivos d e la Nación. Registro Oficial Nacional.

217
dales, y cada una. de ellas, por lo tanto, tenía que mantenerse exclusi­
vamente a base de su propia producción. Resultaba entonces impres­
cindible la protección del campo mendocino (circundante a Mendoza)
puesto que la destrucción de los establecimientos chacareros y de las
haciendas podía perjudicar a una parte importante de la población, al
disminuir la cantidad de víveres disponibles.
La erección de un fuerte a más de 200 km al sur de Mendoza esta­
blecía un margen de seguridad indispensable al mantenimiento de una
tropa con los efectivos militares correspondientes. También era menester
asegurar su subsistencia. Desde ese punto de vista, la fundación fue
una obra de colonización, dado que se establecía el nuevo frente pionero
a orillas del rio Diamante, suministrando al mismo tiempo a los even­
tuales colonos la protección necesaria.
Algunos caciques amigos también habían solicitado la fundación de,
un fuerte en su territorio, a fin de aprovechar esta protección frente a
las tribus enemigas del SW.
(Ádemás de fundar el fuerte denominado San R afael48, el 2 de
abril de 1305, con la presencia del sacerdote Inalicán, Teles Meneses
cumplió con su misión diplomática entre los indios pehuenches, presen ­
tando la instalación de un fuerte en la región como resultante de un
común acuerdo entre blancos e indios, concretado con la firma de un
tratado de paz, amistad y comercio.'N
En cuanto a la ubicación del fcn-tín, se han presentado una serie
de contradicciones que han dado lugar a dos interpretaciones opuestas.
A la luz de los documentos originales, interpretados con respecto al
contexto morfológico local, trataremos de desarrollar la tesis de más valor.
En aquella época la elección del sitio de un fortín estaba a cargo
del Virrey General. Este se basaba en recomendaciones de consejeros
militares y viajeros. Entonces era común buscar el sitio más estratégico
posible, tal como la junta de dos ríos. Si tenemos en cuenta que el río
Diamante se juntaba con el río Atuel a la altura del paraje hoy llamado
Negro Quemado, resultaba normal, por lo tanto, que se eligiera a ese
sitio desde una carta, sin otros datos sobre la naturaleza del terreno.
Por otra parte, el comandante Teles Meneses, quien tenía un cono­
cimiento práctico de la zona, podía difícilmente cumplir con la orden
recibida. Ya sabía que se trataba de una zona pantanosa, de difícil
drenaje y poco propicia para la instalación permanente de colonos. Ade­
más, en épocas de grandes crecidas, el fortín se hallaría totalmente
aislado, incluso inundado, reduciendo por lo tanto el carácter estraté­

48 En homenaje al Virrely 'Rafael de Sobremonte.

218
gico de su sitio y, por consiguiente, el papel de su guarnición. Aún hoy,
este sector de la playa de San Rafael no ha sido valorizado por las mis­
mas razones que, según creemos, llegaron a influir sobre la decisión de
Teles Meneses.
No obstante el contenido del artículo 3? del tratado de 1805 4!l,
probablemente redactado en Córdoba, el comandante Teles Meneses
decidió, de acuerdo con el geógrafo-agrimensor, Dr. Josef Sourreyére
de Souillac, construir el fuerte en la primera terraza (loma en el texto)
en la desembocadura del río Diamante, o sea en el sitio actual de las
ruinas de 25 de Mayo: lo que eliminaría, en consecuencia, la teoría de
las dos fundaciones r’° Pero el argumento decisivo que apoya la teoría
de la fundación única proviene de una carta del doctor Josef Sourreyére
de Souillac, escrita el 4 de abril de 1805 desde el “campo del Diamante”
en que precisa él la ubicación de dicho “campamento” . . . “a quasi media
legua al N, hasta topar con la Barranca de la primera loma (le ra , te­
rraza) que desde la orilla de la loma grande ( glacis principal), hasta
las márgenes del Río por la parte del Sur, y como se presenta la referida
loma, la más elevada de todos los terrenos en que me hallo y que, por
otra parte, observé que servía de Barranca al Río Diamante, me pareció
conveniente y muy necesario pasar hasta la coronilla de ella, para im­
ponerse y observar si sería o no conveniente construir en dicha altura
el fortín proyectado. En efecto, bajamos la loma y corrimos todo el te­
rreno que media desde el campamiento hasta el Arroyo Seco” 495051.
E sa descripción coincide perfectamente con el mapa del sitio de
25 de Mayo que presentamos (F ig . 3 1 ) , sin ninguna ambigüedad.
Además, en otra carta del comandante Teles Meneses, dirigida al
Virrey General, expone lo siguiente: “Y antes de su llegada (expedición
del teniente Esteban Hernández integrado por el geógrafo Josef Sourreyére
de Souillac) habíamos reconocido todas las inmediaciones, hasta la mis­
ma confluencia d e los Ríos Diamante y Atuel, y situación para el Fuerte,
su comodidad para su vecindario terrenos de sembradío, y de poder
sacar el agua para su regadío con mayor facilidad, preferí, con acuerdo
el que está demarcado por el Geógrafo Don Josef Sourreyére, en la

49 ‘'Considerándose con derecho a los terrenos que hacen la confluencia de


dichos ríos, cedieron en posesión de ellos para el establecimiento del misino fuerte
y población, por las ventajas que resultaron de asegurarles así d é sus enemigos
y fom entar su comercio con nosotros”.
50 Tesis desarrollada por Augusto M arcó d e l P ont , San Rafael, la región
del porvenir, Buenos Aires, 1928, 247 p.
51 Archivo General d e Indias, Sevilla, Audiencia de Buenos Aires. (Extracto
de una carta del doctor Josef Sourreyére de Souillatc, el 4 de abril de 1805, dirigida
al Virrey General, Marqués iRafael de Sobremonte.

219
1 4 lo
U n
m 13 BE
2 s ii L r r r i 14
3 I--. 6 1-' í 15 [±* r u J
o sóo tooo m

Fig. 31 — Sitio de 25 de (Mayo, -Rasgos geomorfológicos y uso del suelo.


1) Glacis principal. 2 ) Glacis principal intercalado con basalto IV
(cerro N egro). 3 ) (Material detrítico traído por los arroyos secos y
depositado sobre la terraza principal del río Diamante y espacios no
aprovedhados. 4 ) Borde del glacis. 5 ) Terrazas fluviales. 6 ) Lecho
mayor del río Diamante. 7 ) a ) Canales de riego, b ) Desagües. 8 ) F o ­
restales. 9 ) Viñedos. 10) Frutales. 11) Pastos y hortalizas. 1 2 ) Parque,
plazas, (espacios verdes. 13) Caminos y trazado urbano. 14) Empalme
del dique '25 de (Mayo y canal derivador hormigonado. 15) Cementerio.

desembocadura del río Diamante, no sólo con concepto a las circuns­


tancias que expongo, sino también se logra la inmediación de los terre­
nos de las confluencias de los ríos Diamante y Atuel, donde hay sufi­
cientes maderas de algarrobo y chañares y por la adjunta relación original
del Geógrafo que dirigió a Vd. se impondrá de la demarcación del nuevo

220
F u erte d e San F afael” 52. Y como para eliminar toda duda posible, cabe
señalar la nota siguiente, escrita por el Dr. J. Sourreyére d e Souillac, al
regreso d e un viaje a Chile, el día 21 de enero de 1806 en el F u e rte d e
San R afael: “D e este pasaje (Sierra de la G u ard ia), distinguimos la
población del F u erte de San Rafael con todas las plantas y sembradas
que manifestaba otro vergel como los del reino de Chile, con cuya vista
más entró a todos los alegría natural que no es posible e x p re s a r.. . ” 53.
Por consiguiente, debe decirse que la decisión de la Junta Guberna­
tiva de las Provincias Unidas, el 2 4 de diciembre de 1810, de trasladad
el fuerte de San Rafael a la confluencia de los ríos Diamante y Atuel,
en razón de su poca utilidad en la Villa, mostraba además del deseo
para que se cumpliera la orden, un desconocimiento total de la situación.
Ya no existía más la confluencia de los ríos Diamante y Atuel des­
pués de la actuación del comandante Teles Meneses cuyos detalles apa­
recen con bastante claridad en su carta del 20 de septiem bre de 1808,
dirigida al Intendente de Córdoba, carta en la que se atribuía el co ­
mandante Teles Meneses la desviación del río Diamante.
L a confusión que dio luz al supuesto traslado del fortín y, por lo
tanto, a la teoría de las dos fundaciones, resultaría de la decisión tom ada
por Teles Meneses de no cumplir con la orden recibida, la cual indicaba
a la junta de los ríos Atuel y Diamante como el lugar donde el fortín
debía ser construido.
A parte de las escasas siembras bajo riego de cereales y forrajes
alrededor del fuerte, la estructura económica local seguía reducida a
una sola empresa muy rudimentaria de ganadería extensiva a base de
animales criollos, aprovechándose las amplias praderas naturales con
aguadas, abiertas sin embargo a las depredaciones de los indios.
Durante aquel período, el fortín mantenía más o menos bien —se­
gún los años y la importancia en efectivos de la guarnición— la seguridad
de un grupo restringido de colonos instalados en sus inmediaciones,
pero su influencia en cuanto a la observancia de las leyes en el sur
mendocino dejaba mucho que desear. L a guerra civil que se extendía
a gran parte del país, requería cada vez más tropas y, por lo tanto,
quedaban desguarnecidos los fortines frnterizos, y aun con más razón
el más lejano de todos: el de San Rafael.

52 Archivo G eneral d e Indica, Sevilla, Audiencia d e Buenos Aires, legajo 9 2 .


E xtracto d e una carta del Com andante Teles' M eneses Sodré al Virrey General, M ar­
qués de Sohretmonte.
68 D e A n celis , P edro, Colección d e Obras y D ocum entos relativos a la
Historia d el Rio d e L a Plata, T . V, Buenos Aires, Librería Na,oionai d e T. L aearrain
y C ié., 1910.

221
Eso explica la imposibilidad en la cual se encontraba el fuerte para
cumplir con su misión pacificadora y civilizadora en el sur, y además
el recrudecimiento del bandidaje, de los robos de haciendas y de los
ataques a poblaciones indefensas. Otra vez, el sur se había convertido
por unos años en un "No Maris Land” al volver a producirse nuevos
ataques de los indios en 1828 contra los fuertes de San Rafael y de
San Carlos54.
En aquella época, es muy probable que la función de etapa para
forraje natural y artificial tuviera más importancia, por encontrarse San
Rafael, gracias a su situación, en una encrucijada de huellas que en­
caminaban las haciendas robadas en la Pampa hacia Chile. Las expedi­
ciones de razzias de ganado, tanto indias como blancas, aprovechaban
estas extensiones de pastos con abundante agua como zonas de inver­
nadas, porque las inmediaciones de Mendoza ya se habían vuelto de­
masiado peligrosas para estos fines 5556.
En 1823, el gobierno, en un intento de fijar definitivamente las
colonial, realizó el primer reparto de lotes a varios vecinos ya instalados
en la vecindad d e l' fuerte. Se limitó sin embargo a unos pocos lotes
(50 x 50 varas) dentro de un trazado hecho frente al fortín (anterior
al trazado actual realizado en 1857). Poco antes, el gobernador de
Mendoza, Tomás Godoy Cruz, había conferido escrituras de donación,
a favor de Género de Seguro, de amplios campos de dos leguas frente
al Diamante, donde hoy se encuentra asentada la ciudad de San R afael5C.
Esta avanzada oficial de la civilización, varias leguas más al sur
del fuerte de San Carlos, aunque asegurara un progreso a largo plazo,
logró mantenerse, en forma muy precaria durante los primeros años,
únicamente con la llegada de algunas tropas y de 50 prisioneros ingleses.
Podrían ser ellos, por lo tanto, los responsables del desvío del río Dia­
mante hacia su actual lecho, a lo cual se refería el comandante Teles
Meneses, en su informe al intendente de Córdoba, según lo que men­
cionamos anteriormente en la primera parte.
De todos modos, no debía ser aquel fuerte (ubicado 13 km aguas
abajo de las ruinas del supuesto fuerte de San Rafael) el que diera
origen a una población estable en la primera terraza aluvial (también
encajada) del río Diamante.

54 E n julio de 1829, el gobierno de Mendoza, atemorizado, pactó con un


bandido, Pincheira, y le confió la defensa de la frontera sud con título de coronel
comandante general. El Salar Porteño, "Los Andes”, op cit.
55 C astro , A. J., Descripción ele San Rafael en 1883, El Salar Porteño, Men­
doza, 1918, p. 43.
56 Marcó del P ont, R., op. cit.

222
Hasta poco antes de la ultima expedición al desierto (1879), es
decir durante un período de casi 70 años, este nuevo frente pionero se
mantuvo congelado sobre la margen norte del río Diamante.

b) Sitio y popel de ¡a villa vieja (2o de Mayo)

La nueva ubicación, elegida en razón de su carácter estratégico,


dominaba el paso que utilizaban los indios en sus incursiones a través
del Diamante hacia el norte. Bajo su protección, se creó la primera po-

Fot. 23 — 2 5 d e Mayo: sitio del fuerte de San Rafael a orillas del río
Diamante. Se notará en el primer plano el estado de abandono del
trazado urbano de la Villa Vieja. Los remanentes del fortín están ocultos
por la arboleda del parque que bodea el 'lecho del río.

blación estable del sud y se iniciaron los primeros cultivos a base de


una primera acequia primitiva derivada desde el mismo río Diamante
por los soldados.
influyó mucho el aislamiento con respecto a la ciudad de Mendoza
sobre la evolución de esta fundación esencialmente militar. El inevitable
estancamiento de la vida, en ios primeros años, se explica, hasta cierto
punto, por el número proporcionalmcnte elevado de soldados, consu­
midores mucho más que productores, y por las pocas mujeres que había,
otra situación normal, sin embargo, en frentes pioneros. *
Qsl sitio del nuevo fortín de San Rafael era uno de los mejores que
podía encontrarse en la región. Su edificación en la orilla norte de la
terraza que delimitaba el lecho mayor del río, le aseguraba una buena
posición defensiva (F ig 31). La superficie reducida de esta primera
terraza aluvial del río Diamante convenía particularmente a la instala­
ción de una población en la escala de las necesidades de la época, sien­
do circunscrita la actividad económica a la producción de los más
elementales medios de subsistencia. Dada la técnica rudimentaria, el
allanamiento del terreno con fines de riego resultaba una operación re­
lativamente fácil en esta pequeña playa, bien encajada en el glacis prin­
cipal y bordeada hacia el NE por abruptos taludes.
El corte en diagonal A-B (Fig. 32) tal vez expresa mejor la natura­
leza de la ubicación, al enfocar sobre todo la situación deprimida de la
terraza aluvial y el encajamiento del río Diamante en sus sedimentos,
con respecto al glacis y su posición de contacto morfológico entre el
macizo antiguo (bloque levantado, el glacis y la playa-planicie).

m t it r ia f «fe
Abe/e f t p r t t r

c m ia íM S ' 2 f 3 » í.. - n

Fig. 32 — 25 de Mayo. Corte A-B.

El esquema de aquellas transacciones (Fig. 33) ubica al área afec­


tada por estos derechos de propiedad con respecto a los principales ca­
nales y a la extensión de la villa actual de San Rafael. Una serie de cam­
bios de manos por herencia o transacción inmobiliaria se inició, después
de realizarse esta primera división en dos extensas partes, y llegaron a
culminar cuando se acabó la última expedición al desierto; poco a poco
se establecieron los requisitos que debían conducir a la fundación de
San Rafael, o sea de la nueva villa que. por su posición en el centro de
la playa, llegará a superar en importancia a la villa vieja (adyacente al
fuerte) perjudicada por la reducida extensión de sus inmediaciones.
Hasta 1863, vivió San Rafael casi abandonada y en varias oportuni­
dades desguarnecida. Era muy pesado el aislamiento en que vivía la po­
blación del sur, y por lo tanto, el espíritu emprendedor de sus habitantes
se encontraba aplastado. Los contactos eran muy limitados entonces: in­
tercambios con la capital provincial (Mendoza) y con las ciudades chi­
lenas de la frontera, adonde periódicamente iban algunos vecinos a vender

224
el ganado en pie. Por consiguiente, la villa no desempeñó otro papel que
el de contener al bárbaro del sur del Diamante y de mantener el frente
pionero, es decir, en realidad una presencia poco significativa de la civi­
lización en este lugar. “El espíritu del pehuenche va ganando poco a
poco a los más modestos pobladores para llegar hasta la puerta de la
misma Comandancia”, lo que explicaría, quizás, el abandono y la des-

Fig. 33 — Primeras transacciones v divisiones de tierras en la plaza


de San ¡Rafael (1 8 2 2 -2 3 ).

preocupación por parte del Gobierno. ‘Toco falta para que todos nos vol­
vamos indios”, solía decir uno de los comandantes en la época B7.
No obstante la situación muy lamentable de los pueblos del sur (des­
pués de un sangriento encuentro con los indios en Cañada Seca en 1831,
el fuerte de San Carlos había sido víctima de un ataque) y la determi­
nación del gobierno federal de llevar a cabo una batida general contra
los indios, fracasó el plan de guerra, que se limitó, bajo la dirección de
Rosas, a las regiones orientales (donde se hallaban las más extensas y
las más ricas estancias, incluyendo las suyas), e ignorando el lejano oeste
argentino.75

57 M abcó d el Pont , R., op. cit.

225
Al ser elegido gobernador en 1845, don Pedro Pascual Segura inició
una nueva donación de grandes extensiones, sobre lodo en la zona de Ma-
largiie hacia el S. Se preocupó además por el adelanto del sur de la pro­
vincia, viajando hasta Punta del Agua, donde trazó el pueblo y ordenó
el estudio de la riqueza minera. Con el objeto de fomentar la agricultura,
en 1855, dictó una ley que concedía el dominio de lotes en San Rafael
(Villa Vieja y “playa”) a los vecinos que cumplieran con ciertas exigen­
cias en materia de cierre, plantación y edificación r,s.
Pese a todos estos obstáculos y como consecuencia de la propensión
natural (pie incita a los hombres a agruparse, una villa, muy humilde en
verdad, había surgido en el límite del frente pionero, apoyándose en el
fuerte que le garantizaba protección. En el censo, levantado en el año
1847 por el Comandante Rodríguez, puede apreciarse la importancia li­
mitada del desarrollo.
A continuación de una breve descripción del fuerte, señala el censo
la existencia de 128 casas con sus instalaciones complementarias, 30 po­
treros grandes de alfalfa, 3 arboledas y una iglesia. Con la población
blanca e india amiga (del Chacay), suman en total 1.320 habitantes.
De este número 180 forman la población militar, además de 86 indios
de tropa, 46 indios cristianados y 178 “otros indios ’ . . . Con las esposas,
hijos y domésticos constituyen un conjunto de 694 personas para la po­
blación civil r'°. Cabe notar además que en la primera lista de vecinos,
que incluye a oficiales y soldados, no se hallaba ni un solo apellido que
no fuera de origen hispánico.
Con referencia a este censo, se destaca el hecho de que en esta villa,
a pesar de todo, ya se había formado un embrión de vida colectiva sobre
la base de este núcleo de familias. La ley del 21 de agosto de 1857 debía
reforzar esta paulatina evolución al decretarse la realización del trazado
de la “villa de San Rafael” (25 de Mayo), (pie hoy se encuentra exacta­
mente tal como se hizo en aquel tiempo. “Por lo tanto, debe calcularse la
edad de la Villa Vieja desde aquel momento pues los viejos carolinos
(pie aún hoy hermosean sus calles fueron plantados en esos años” *0.
También unos años más tarde se fundaron las primeras escuelas. Pero
todavía la provincia quedaba dividida en 9 distritos electoiales, con San
Rafael como parte integrante del de San Carlos.
Otro ejemplo que resultó en cierto modo adverso al desarrollo del
sur mendocino se refiere a la inoperancia de la ley promulgada por la

r,s “Los Andes”. Publicación del cincuentenario (1 8 2 2 -1 9 3 2 ), op. cit.


r,u “Los Andes”, El Salar Porteño, op. cit.
00 Marcó d ix Pont, R., op. cit.
Constitución de la Provincia de Mendoza del 17 de noviembre de 1855,
pues la primera municipalidad se instaló solo 28 años después, en 1883.

c) El censo municipal del año 1864 a'


Del nuevo censo municipal de 1864, mucho más amplio y completo
que el anterior de 1857, sobresalen varios elementos de interés. El pri­
mero y el más importante se refiere al aumento de la población, que
alcanza a 1.233 (2.458 contra 1.320 en 1857); o sea un aumento del orden
del 80%. Sin embargo, el total de 550 militares sigue indicando un fuerte
dominio de la función militar sobre las demás.
Este censo, además de atestiguar la preocupación muy militar de
conocer la importancia de los efectivos, resultó por lo menos sintomático
de una presencia ya antigua y de cierta diversificación de las actividades,
aunque varias fueran estrechamente vinculadas al mantenimiento del
fuerte y de su guarnición.
Al examinar los datos de población de ese censo, enseguida aparecen
los rasgos típicos de las agrupaciones de frente pionero: población joven
(75% con menos de 30 años y 50% de 10-30 años), tasa de masculinidad
elevada ( 1 59 % ) y fuerte preeminencia de los solteros ( 6 0 % ) . Sin em­
bargo, su composición étnica sorprende por su homogeneidad. Dominan
los mendoeinos ( 6 6 % ) y, en realidad, son muy pocos los verdaderos ex­
tranjeros, puesto que., en aquella época, cuando Chile estaba muy vincu­
lado a la vida y a la economía del piedemonte cuyano y, en particular,
a la del sur mendocino, que cualquiera otra provincia argentina, no se
podía mirar a los chilenos como a auténticos extranjeros sino casi como
cuyanos de adopción o a los cuyanos como chilenos. La referencia en el
mismo censo a los tres caminos para Chile (Planchón, Darnai y Río
Grande), confirma la evidencia de este hecho.
Cabe señalar también la importante agrupación de indios, no sola­
mente de la misma zona sino de Malargüe y también de Barrancas, al­
rededor del fuerte, al representar ellos el 13% de la población total.
Esta situación resulta ser un hecho normal a lo largo de un frente pio­
nero en el que el poblado fijo siempre juega el papel de polo de atrac­
ción con respecto a las poblaciones nómadas.
Este censo revela sin embargo, por primera vez, la asombrosa im­
portancia de la actividad ganadera y establece además un útil índice con
respecto al aprovechamiento del espacio fuera de este sector de reducida
extensión, correspondiente a la pequeña terraza de San Rafael, bordeada
al NE por las altas terrazas del glacis, pegada al fuerte de San Rafael.

01 Archivos del Registro Oficial Nacional.

227
Las 84 estancias mencionadas sumaban 1.247 cuadras con alfalfa y las
49 fincas de potrero a su vez sumaban 1.397 cuadras. El conjunto con­
taba con 99 hacendados o propietarios y la mayoría de las superficies
valorizadas debían ubicarse en la extensa playa de San Rafael, muy pro­
bablemente en la ribera norte del río Diamante, entre el canal Toledano
y el canal Pavez.
De toda evidencia, la historia del riego tanto en el sur como en el
norte del piedemonte cuyano es, hasta cierto punto, la historia de la
colonización. Después de haber ocupado las cercanías del río y al incre­
mentarse la ganadería, tuvo el hombre que llevar el agua a lugares cada
vez más distantes del lecho del río para la formación de potreros y siem­
bra de forrajes. En aquella época se construía un tipo de acequia muy
rudimentaria y sobre todo expuesta a quedarse en seco a la primera cre­
ciente del río o cambio de dirección de sus aguas.
Por lo tanto, cuando el censo se refiere a 13 “canales” hay que olvi­
darse de la imagen de estas obras bien trazadas y estables, a menudo
hormigonadas, que hoy conocemos; en realidad eran más bien auténticas
“acequias”. En este momento, el canal (Toledano) abierto por Nicolás
Suárez en 1 8 6 1 62 era el único en existencia, y aunque pudiera cumplir
bastante bien con sus funciones, los demás representaban obras de ca­
rácter artesanal. Tampoco la villa (25 de Mayo) contaba entonces con
un canal, puesto que fue cavado solamente al año siguiente (1865) por
los soldados del Regimiento P? de Caballería de línea.
Pero quizá lo que más sorprende, en este censo de una economía de
autoabastecimiento, son las cifras suministradas con respecto al ganado
vacuno, 71.000 cabezas., y 100.000 el lanar y caprino, además de los 36.000
caballares y mulares. Son cifras muy importantes para la época, demasia­
do tal vez, si analizamos las dificultades de la ubicación en el mercado, y
más aun si se las compara con las del censo agrícola de 1938 (64.000 va­
cunos, y 190.000 ovejas y cabras). Sin embargo, en esta última fecha, la
ganadería aún no se había recuperado completamente desde la caída de
cenizas del año 1932 y, por consiguiente, las cifras tienen que ser pro­
porcionalmente más bajas. Siendo además la zona exclusivamente gana­
dera en aquella época, al considerar también las superficies en alfalfa
y potreros bajo riego, la mano de obra abundante (249 jornaleros y peones,
.156 criaderos) y la facilidad de movimiento hacia Chile (3 pasos) resul­
tan por lo menos aceptables aquellos datos.
Por lo tanto, la ganadería había impreso a la zona sanrafaelina un
sello que resultará muy difícil de quitar en adelante. “Se lucha para

62 M arcó del P ont , R., op. cit.

228
defender el ganado, se trabaja con el ganado, se piensa y se preocupa
fundamentalmente por el ganado'’ 63 en aquel momento.
Con sus 160 casas de familia, iglesia, 2 escuelas y 16 casas de nego-
iio (de las cuales la mitad son pulperías.. . ) el conjunto apoyado sobre
(4 fuerte iba tomando gradualmente carácter de pueblo. Los 60 tejedores
representan la única actividad no agrícola importante: pero esta produc­
ción de carácter artesanal no debía sobrepasar las necesidades locales.
En fin, siendo el transporte limitado a tropas de muías no se podía es­
perar mucho en aquella época de un mejoramiento de los caminos.
Sea lo que fuere, cabe destacar de todos modos el optimismo profé-
tico que sobresale de la conclusión de dicho censo: “Este Departamento
(aún era departamento San Rafael en ese momento), aunque expuesto
a las depredaciones de los indios bárbaros, es el más rico y el de más
porvenir”. Como se ve, hasta poco antes de 1879, los indios siguieron
representando un serio handicap para el porvenir del sur mendocino.
Sin embargo, a partir de este momento y no obstante aquella ame­
naza de los indios, van sucediéndose, con mayores éxitos y más celeridad,
nuevos acontecimientos favorables. Por primer^ vez San Rafael empieza a
recibir huéspedes que llegan con proyectos comerciales y dinero contante
para realizarlos. Estos emprendedores mendocinos y extranjeros fueron
los precursores, los de la primera ola de nuevos pioneros que, unos años
antes de que se hubiera establecido definitivamente la paz en el sur
mendocino, vinieron a fundar empresas en la extensa playa virgen de San
Rafael

d) Traslado d e la guarnición militar de la “villa”


y última expedición al desierto (1872-79).

En 1872, el dueño de amplias tierras ubicadas aguas abajo del actual


canal Salas, don Victoriano Araujo, donó al gobierno de la Nación los
terrenos donde se encuentran hoy los cuarteles, intendencia, y además
tierras del Ministerio de Guerra (Fig. 3 4 ). Resultó ser un acto de gran
importancia puesto que, en 1877, o sea después de 8 meses pasados en
el fuerte El Alamito (Malargüe) al salir del fortín de la Villa Vieja, la
guarnición militar se trasladó a Cuadro Nacional, es decir, casi al centro
de la playa de San Rafael. Además de significar una seguridad más gran­
de para la zona de la playa, este acontecimiento apresuró la era de afluen­
cia de los civiles en la parte de la playa correspondiente en primer lugar
a la margen izquierda del río Diamante dentro de un radio con una
buena protección 04.

0a Ibidem.
Ibidem.

229
230
Fig. 34.
Después de la adquisición, el comandante Salas y sus sucesores,
mandados por el gobierno, se dedicaron a poner esas tierras en condicio­
nes para que sirvieran de guarnición militar. Salas inició los trabajos con
la construcción del canal Cuadro Nacional. Así se perpetuaba, aunque
en escala menor, la importancia de la tradicional familia militar en este
oasis del sur mendocino. También, al alejarse de la villa vieja antes de
que se trasladara la Municipalidad (en 1903), el ejército desempeñaba
un papel visionario, instalándose en el sector de más porvenir.
Antes de que llegaran los colonos a formar las distintas colonias o
“cuadras” y que paralelamente se iniciaran las primeras divisiones de
tierras en parcelas con superficies más reducidas, correspondientes a
una normal intensificación de los cultivos en zonas de riego, el uso del
suelo seguía practicándose en forma extensiva.
Pero, en esta etapa inicial, cuando se abrieron nuevos canales de
riego, la mayoría de las superficies que se aprovecharon como potreros,
eran muy amplias. En ciertos casos esas explotaciones parecían verdaderas
estancias, tanto por su extensión como por el carácter muy primitivo del
“faire valoir”, fuera directo o indirecto.
Por lo tanto, se encontraba en gestación una nueva etapa en la evo­
lución de la puesta en valor del oasis de San Rafael. Al intensificarse el
riego, se iban fomentando actividades agrícolas que llegaron poco a poco
& sobrepasar en importancia a la primitiva ganadería, si no en superficies
utilizadas por lo menos en valor del producto.
Entre los hombres que llegaron en aquel tiempo, varios se destacaron
por su espíritu emprendedor. Haciendo construir canales que llevaban
sus nombres (Bombal, Gutiérrez, Cubillos, Frugón y Marcó, Salas), se
dedicaron la mayoría al fomento de la ganadería y a la agricultura.
Otro, José Saler y Codina, inició la extracción del plomo de la mina
L a Picaza y levantó una fundición en la Villa Vieja 66. Resultó esa la
primera iniciativa que no tuvo carácter agropecuario o de subsistencia en
ía región; dejaba presagiar por lo tanto una diversifica ció» a largo plazo
de las actividades y funciones futuras en la zona sur.
El cura Marcó, por su parte, desarrolló una actividad de mucho al­
cance en la zona. Supo aprovechar ventajosamente su nivel de instrucción
en beneficio del oasis sur mendocino y . . . de vez en cu an d o.. . con be­
neficio propio: colonizador (fundó la compañía Frugon y Marcó que
trajo los primeros colonos italianos y la Colonia Italiana; hizo excavar los
canales Frugon y Marcó y de “Socavón” en el sector de Capitán Monto-
y a ), empresario también (construyó un molino harinero a orillas del

05 Ibidem.

231
Diamante y explotó las Salinas del Diamante88 que había comprado a los
herederos del cacique Goico). Fue el prototipo de esa raza de sacerdotes
con doble vocación, cuya presencia en las márgenes pioneras resulta im­
prescindible, dándole a menudo el impulso necesario y manteniendo el
espíritu del trabajo.
Establecido desde 1870 en la margen izquierda del Diamante, en
el lugar que hoy lleva su nombre, el ingeniero hidrólogo Julio Balloffet
contribuyó fuertemente al mejoramiento del sistema de irrigación y di­
rigió los trabajos de rectificación y modernización de los canales El Ce-
¿rito y El Toledano. Más adelante, midió, dividió y loteó la tierra donde
se establecieron luego colonias suizas y francesas. Construyó además su
propio fortín, confiriéndole a la zona mayor seguridad antes de que lle­
gara a instalarse en sus nuevos cuarteles de Cuadro Nacional el Regi­
miento 7® de Caballería de Línea.
En esta época, se había convertido San Rafael en un verdadero “Far
West”, no tanto por las incursiones indias, que eran ahora bastante es­
casas, sino porque se transformaba de vez en cuando en un campo de
operaciones de los cuatreros. En razón de su posición con respecto a los
pasos andinos señalados, el oasis de San Rafael se había vuelto el paso
obligado de las haciendas robadas en la provincia y en otras de abajo
hacia Chile, donde conseguían buen precio.
Pero tampoco estos acontecimientos, como la revolución encabezada
por el coronel Segovia en la villa y su marcha subsecuente sobre Men­
doza, pudieron frenar el adelanto de San Rafael. Ya se habían instalado
por primera vez grupos de colonos en la margen derecha del río Dia­
mante, o sea en Cuadro García, Rama Caída y Cañada Seca (Fig. 34 ).
Se extendía de tal manera la ocupación de la tierra en el sur mendocino
que, en 1878, se dividió al departamento en cuatro comisarías 8\
Por lo tanto, la última expedición al desierto, no obstante lo que sig­
nificó para el resto de la República Argentina, no ocasionó en la zona de
San Rafael el impacto considerable en la colonización que hubiera po­
dido esperarse, puesto que las condiciones habían ido modificándose al
hacerse más tenaz la presión de la civilización. También las premisas
de una ocupación más intensa de su espacio aprovechable se encontra­
ban dadas.

60 Los herederos del cura Marcó todavía siguen explotando las Salinas del
Diamante, sobre todo para fines industriales en Mendoza.
67 Esta división indicaba la importancia adquirida por Las Paredes, Cuadro
Salas y Cuadro Nacional, al N del Diamante, y Cuadro García, Rama Caída y
Cañada Seca al S de este río. (En cuanto a la cuarta comisaría, no prosperó en esta
época, pues corresponde a la jurisdicción del nuevo departamento de Malargüe,
Marcó del Pont , op. cit., p. 158.

232
2. V alorización del oasis de San Rafael (1880-1967)

Hemos visto que, antes de que se iniciara la ya célebre "última expe­


dición al desierto”, había empezado un movimiento de inmigración y de
valorización primaria del espacio, sobre todo en la parte correspondiente
a la ribera norte de San Rafael. En adelante debía tomar más amplitud,
bajo el impulso de varios pioneros que organizaron el territorio en forma
de “colonias”.
Aquel sistema de trabajo indirecto (faire váloir indirect) perpetuaba,
hasta cierto punto, viejas tradiciones feudales, por lo menos durante los
primeros años. En Colonia Francesa, por ejemplo, dicho sistema casi se
ubicaba en el prolongamiento de los conceptos monarquistas de su
fundador, Rodolfo Iselín.
Sin embargo, hasta que llegara el cordón umbilical del ferrocarril y
pese a la introducción aún reciente de la vid y de los frutales, las activi­
dades pastoriles siguieron dominando completamente. Se observaba
entonces una reciente rivalidad entre las distintas colonias, las cuales
llegaron a competir entre ellas (sobre todo Cuadro Salas y Colonia Fran­
cesa) para que se instalara en territorio propio la terminal de ferrocarril
y más aun para recibir la herencia de la municipalidad de la villa vieja
(25 de Mayo). Ante todo, el centro de interés se había desplazado y se
hallaba ahora en el sitio mismo de una nueva y próspera instalación:
Colonia Francesa.

S
La villa 25 de Mayo ya había empezado a retroceder en razón de la
itud limitada de la terraza fluvial sobre la cual se había extendido,
y, más aun, por su posición alejada en la margen de la playa en la cual
poco a poco iban instalándose colonias y cuadros. Además, los “empren­
dedores” que en ciertos casos eran los líderes políticos locales, eran tam­
bién dueños de amplias superficies en la playa de San Rafael, particular­
mente en la margen izquierda del río Diamante. Resultó por lo tanto
una lucha que se desarrolló en nivel político entre las principales faccio­
nes, cuya mira era el aumento de valor inmediato de los terrenos que se
ubicarían en las proximidades de la terminal del ferrocarril y de la
municipalidad. \
Esta lucha 4a ganó Rodcifo Iselín, por su sentido visionario del nego­
cio, su conocimiento de los hombres y sus vinculaciones políticas. . .
Realizó así una operación financiera interesante, pues,|al llegar el ferro- N
carril, en 1903, al mismo tiempo la municipalidad se frasladó desde 25
de Mayo a Colonia Francesa, es decir a la nueva villa de San Rafael, j
A medida que nuevas colonias iban formándose en la playa, al
crearse nuevos canales o al mejorarse antiguas "acequias” en favor de la
corriente migratoria continua, casi todo el espacio que hoy se encuen-

233
tra valorizado entre el río seco de La Hedionda al N, la suave pendiente
del glacis principal que baja del bloque levantado de San Rafael al W , y
el mismo río Atuel al S, había sido aprovechado con fines extensivos por
lo menos, h
'¡En la misma época, a 800 km al SE del núcleo de San Rafael, colo­
nias nuevas y distintas (sobre todo por el origen de varios integrantes
escandinavos, ucranianos, etc.), igualmente diseminadas sobre una am­
plia área, se implantaron al aprovechar las aguas del río Atuel, para fines
de riego, y se agruparon para formar luego (en 1914) el departamento de
Ceneral Alvear, alrededor de un nuevo núcleo urbano del mismo nombre.
: Sin embargo, el verdadero centro de actividad de toda esta región se vy
encontraba ya definitivamente asentado y, no obstante el origen político !
de su sitio, su posición se revelaba excelente con respecto a los distintos :
, poblados. Dé todos modos ya no se discutió jamás ’su papel polarizador J
(en la zona sur.

a) Nueva'instalación de pioneros y colonias en el sur mendocino

No obstante el reciente crecimiento de su población y la llegada de


capitales no despreciables, la provincia de Mendoza en general había
permanecido fuertemente perjudicada por el terremoto que destruyó su
capital en 1861. El temor causado por ese siniestro, atrasó su desarrollo
económico y ^demoró en cierta medida una más intensa penetración hacia
los territorios del sur y particularmente nací* San Rafael. Pero dos fac­
tores decisivos llegaron a coincidir, los cuales debían paliar ese temor:
la terminación del tramo Villa Mercedes - Mendoza de la línea férrea
desde Buenos Aires, en 1883, y la llegada de las primeras olas migratorias
generadas por la revolución industrial, ya en su etapa final.
De todos modos, la zona sur mendocina supo absorber y asimilar,
aunque con retraso y a escala reducida, una cierta proporción de esos
inmigrantes, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo X IX y más
aun después de la llegada del ferrocarril.
Este movimiento migratorio prosiguió hasta 1930 pero con mucho
menos amplitud al declararse la primera guerra mundial. Importantes
grupos de españoles llegaron en aquel momento y el departamento de
San Rafael contaba en 1914 (censo nacional) con 8.281 de ellos. Esta !
fuente migratoria, aunque importante en el sur de Mendoza sobre todo,
se encontró matizada por/apreciables aportes migratorios italianos (2.391)
y franceses (448).
Poco numerosos, los franceses, entre los cuales varios entraron por el
puerto libre de Chile (Valparaíso), traían su técnica adelantada de la
vitivinicultura y nuevos sarmientos que sustituyeron a las cepas criollas

234
con el objeto de mejorar la calidad si no la cantidad del producto. Su
actuación se extendió primero a la región del norte (alrededor de la
capital), y poco después, algunos de ellos encabezados por el ingeniero
Balloffet y más tarde por don Rodolfo Iselín, se instalaron en la playa de
San Rafael como precursores y fomentaron el cultivo de la vid y en menor
escala de los frutales en la zona, es decir, actividades que hoy en día
suministran productos básicos para la industria local y constituyeron,, por
consiguiente, el fondo de la riqueza y del porvenir en el sur mendocino.
En aquella época, los vinos que se elaboraban a partir de la uva
criolla^ eran de malas condiciones, turbios y ácidos. Debido a su aisla­
miento, la zona sur participaba poco en esa producción. Por ejemplo, eil
San Rafael (25 de Mayo), se hallaban solamente 5 de los 1.719 cuadros
de viñedos de la provincia y sus 13.125 cepas estaban divididas entre 6
dueños BS. El primer vino se fabricó en 25 de Mayo, pero solamente en
1880, para consumo local; hasta 1903, por lo tanto, la industria vitivinícola
vse desarrolló en muy pequeña escala.
Sin embargo, para tener una idea cabal de la situación antes de la
llegada del ferrocarril a Mendoza, conviene referirse al contenido de una
carta escrita en 1877 y dirigida a los mendocinos on, la cual los instaba a
elaborar un producto que pudiera competir con los vinos finos importa­
dos "sin esperar la llegada inmediata del ferrocarril”. El autor insistía
además en “la urgencia de crearse en Mendoza un producto exportable”
y señalaba que “el que más venta ofrece es el vino de buena calidad”.
En realidad, la llegada del primer tren a Mendoza tuvo poca influen­
cia en lo inmediato sobre la economía del sur mendocinolf cuya producción
no podía competir por el costo del flete hasta Mendoza debido a la dis­
tancia y a las malas huellas. No obstante el aumento de sus pobladores
la actividad se mantuvo exclusivamente ganadera hasta que la prolonga­
ción del camino de hierro hacia el oasis del sur vino a modificar las
condiciones económicas en favor de la intensificación de los cultivos.
^Pese a todo la instalación de la primera municipalidad en el depar­
tí? lamento (en 25 de Mayo) se demoró hasta el 22 de diciembre de 1883,
cuando el Poder Ejecutivo de la provincia promulgó el decreto.^
" p l a s t a aquel momento, el oasis de San Rafael no era mas que un
extenso campo valorizado en parte, y niuy desorganizado en el plano
administrativo, en razón de su dependencia de San Carlos.^ Pero la villa,
aunque fuera escasamente poblada, ya se encontraba frente a problemas
de carácter urbano (uso de las aguas en el radio urbano, mantenimiento

#8 “ Los Andes”, Publicación del Cincuentenario (1882-1923), op. cit.


09 Extracto de «na carta de Ramón Videla, El Salar Porteño, op. cit.

235
de los canales, instalación de un alumbrado público) con respecto a los
cuales se redactó una reglamentación. ^
Además, los ediles (muy activos en esos primeros años) adoptaron
pronto ciertas medidas, como la fijación de plazo para el pago de patente
de industrias y una reglamentación de los distintos ramos que debían
atender los municipales. Esos pequeños hechos son sintomáticos de los
progresos realizados por la ciudad cabecera, cuyas actividades habían
dejado de ser exclusivamente vinculadas al solo sector de autoconsumo.
En las colonias también, las preocupaciones ya habían sobrepasado
este nivel, puesto que se había previsto la licitación de las canchas de
carreras de caballos “en los pueblos más importantes”. Aunque parezca
relativamente anodino, este hecho confirma la existencia de pequeños
poblados diseminados en ambas márgenes del río Diamante aguas abajo
de la villa.
No obstante el 'aprovechamiento muy primitivo de los campos, sur-
•cados por acequias, en aquel tiempo la importancia del ganado vacuno y
( lanar (80.000 y 60.000 cabezas respectivamente) en los varios puestos y
estancias, los cuales se extendían, en muchos casos, más allá de la parte
“encajada” de la playa, requería una mano de obra en forma muy
dispersa.
• La venta de ganado a Chile seguía siendo buen negocio y, al mismo
tiempo, la única salida de productos locales que podía romper el estrecho
^círculo del autoabastecimiento. Sin embargo, eran pocos en realidad los
que aprovechaban estos ingresos y se enriquecían con la ganadería. Entre
los emprendedores criadores de aquel tiempo se destacaba don Ramón
Arias, quién se dedicaba seriamente a esta actividad, trayendo animales
de pedigree para mestizar la hacienda y mejorar la calidad de la raza
criolla. Sus pastoreos y campos de alfalfa cubrían casi 1.500 hectáreas
(457 en Las Rosas. 1.110 en Cuadro Benegas) en la playa de San Rafael
y varios miles de hectáreas en el monte vecino. Durante 15 años conse­
cutivos, a partir del año 1882, sus capataces cruzaron la cordillera.
Sucesivamente se asoció en este negocio con otros dos destacados pione­
ros de la zona; en primer lugar con don Joaquín Villanueva, y después
con el comandante Salas 7ft.
Si aún estamos lejos del Iparcelamiento de la tierra en pequeñas
explotaciones intensivas, que empezó sobre todo a principios del siglo X X
y se completó poco a poco en adelántense observarán (Fig. 3 4 ), al im-
’ plantarse el sistema de colonias, consecutivo a las primeras llegadas de
inmigrantes, las divisiones iniciales del suelo alrededor de la actual ciudad

,0 “Los Andes”, Publicación del Cincuentenario (1882-1932), op. cit.

236
de S«nRafael (Colonia Francesa, Colonia Italiana, Cuadro Salas), y en los -
distritos de Las Paredes. Cuadro Benegas, Rama Caída y Cañada Seca.
En 1884, el doctor Diego de Alvear (hijo del general Carlos María
de Alvear) compró a los señores Melchor Balautegui y Leopoldo Taboada
el extenso territorio que forma hoy gran parte del departamento de
General Alvear. El mismo año, le otorgó el gobierno de Mendoza dere­
chos definitivos de agua para 30.000 hectáreas de su propiedad. Sin em­
bargo, se demoró la colonización en ese sector hasta principios del siglo
X X , por factores jurídicos al fallecer el propietario. Por lo tanto hubo
que esperar unos 30 años la intervención de los dos principales pioneros,
el ingeniero Carlos de Chapcaurouge, y don Pedro Christophersen para
que se valorizara aquella parte de la playa que llega a confundirse con la
planicie 7172.
vAl _iritensifícarse el movimiento poblacional en la margen izquierda
del río Diamante, las comunicaciones con la villa (25 de Mayo) tomaron
cada vez más importancia, por ser ella la ciudad cabecera. La solicitud
presentada en 1883 por los señores Balloffet, Salas y Espíndola al minis­
terio de gobierno para rectificar el trazado del camino entre Cuadro
bíacional .y la villa 7-, además de reflejar una preocupación normal entre
hombres bien interesados en los problemas, suministra un buen índice
con respecto al ¡[Link] .de la densidad de población ,y. a. la..ubicación .de
jos focos entre los cuales Colonia Francesa debía destacarse más adelante.
El nuevo trazado se hizo “siguiendo la trayectoria de un carril llamado
“de Donoso” que es la actual avenida Mitre” y que se llamó Carril
Nacional hasta 1906. Más tarde se lo prolongó hacia 'L as Paredes. Así se
abandonó el antiguo “camino de la costa” ,(Fig. 3 4 ), poco conveniente en
épocas de grandes crecidas. ,
En 1888, se cambió la denominación original del departamento de
San Rafael por la de 25 de Mayo, que se conservará durante 15 años, al
cabo de los cuales se mantuvo el mismo para la villa vieja, y recobró el
departamento su viejo nombre. Por decreto del 25 de setiembre de 1892,
volvió a refundirse Malargüe con 25 de Mayo; lo que repercutió sobre
los datos del censo nacional de 1895.
El 24 de marzo d e /1899, el gobierno, como si anticipara el vuelo
próximo del sur mendocino, decretó la división del departamento en 8
distritos, siendo la villa el primero de ellos, aunque su desarrollo se
.-ncontrara muy estancado. Mientras tanto, las colonias de la playa y,
entre ellas. Colonia Francesa y Colón, cuya población había alcanzado
(509 habitantes en 1895 (Fig. 35 y 36)?, progresaban en razón de su ubica-

71 Cincuentenario d e General Alvear (1914-1964), publicación especial editada


por la Cámara de Comerc.o, Industria > Agricultura de General Alvear, 1964, 130 p,
72 Mabcó del Pont , R., op. cit.

237
(ción privilegiada^ al estar rodeadas por extensos campos cultivados bajo
n e g ó ,,
Entre esos 8 distritos, 3 (Las Tolditas, Piedras de Afilar y Paso de
los Algarrobos) ^eran considerados como montañosos y exclusivamente
(ganaderos por su vegetación de tipo “monte”. Se habían mantenido en
>forma estacionaria o habían retrocedido en el tiempo.
(.Cada vez en mayor medida, el riego iba favoreciendo una concentra-
LciÓP-de lasjactividades , ^.anto ganaderas como forrajeras y cerealeras,en el
1 área reducida d e ja playa encajada, jnientras el papel de los extensos
'campos semiáridos se tornaba cada vez más marginal, pues los progresos
^realizados en los otros nuevos distritos (Rama Caída, Cañada Seca, Monte
Comán y _Diamante — Cuadro Salas y Cuadro Nacional) resultaban
directamente de la extensión de la red de canales de riego.
Como lo hemos mencionado anteriormente, ya varios canales (To­
ledano en 1869, Villa en 1865, Salas en 1872, Sauce de Leona en Cuadro
García, Frugón y Marcó, Cubillos, y Cuadro Nacional en 1880, Pavez
en 1887, etc.) habían sido habilitados (F ig 36 ). Por su aislamiento y la
precariedad de sus medios técnicos, la zona sur no supo aprovechar,
como habría tenido que hacerlo, la experiencia lograda en el norte en
materia de obras de riego, y, en general, se repitieron los mismos errores
con una diferencia de 20 años; lo que corresponde más o menos a la
demora de la línea férrea en llegar a San Rafael.
L Las obras de~ riego se caracterizaban entonces,- como hoy también,
(gor sus tomas de pies de gallo y sus muros de piedras y arcilla. En
t verano, estación de los elevados caudales y a veces de fuertes aluviones,
J o s diques criollos mostraban sus deficiencias al derrumbarse y al favo-
1 recer la entrada de verdaderos torrentes impetuosos en los canales e
' hijuelas (en muchos casos acequias ensanchadas) que pronto llegaban
p r desbordarse. Ese defecto explicaría la formación de amplias ciénagas
(ICiénagas"Grandes. La Resolana, etc.) (Fig. 14) al derramarse las aguas
en la superficie de extensos terrenos cultivables que recientemente, a lo
largo de los últimos años, han sido recuperados.
\ La falta de conocimientos teóricos de los primeros legisladores para
; confeccionar proyectos adecuados sobre tan complicado como difícil
tema, era otro factor que contribuía a impedir una valorización más
inmediata y más rentable de los espacios ocupados. Esta situación ya
había sido admitida abiertamente por el gobernador Elias Villanueva y
su ministro, Dr. Julián Barraquero, en un mensaje conjunto del 26 de
enero de 1 8 8 1 7:*.

El Salar Porteño, Publicación de “Los Andes”, op. cJf.

238
La situación que existía a lo largo del Diamante era la siguiente
“las tomas eran filas de pies de gallo, los canales unos zanjones parecidos
a ríos o arroyos que llegaban a desbordar al producirse una creciente y
las compuertas particulares unos tablones de álamo mal construidos, mal
colocados y peor conservados” 7A.
Tal era el panorama cuando se sancionó, el 20 de noviembre de
\IS841 la ley General de Aguas de J a Provincia; (art. 128-129) luego com­
pletada en 1888 por una nueva ley (art. 191) 7r\ Desgraciadamente, su
aplicación se restringió §olc al río Mendoza, ya que no les resultaba
oportuno a varios de esos terratenientes sureños en la época que solían
inundar regularmente sus tierras para engordar sus haciendas más rá­
pidamente.
Sin embargo, en 1892 se iniciaron trabajos de desagüe general en
los terrenos al norte del río Diamante, en el paraje de Cuadro Nacional,
c sea en la extensa zona de Ciénagas Grandes. Al mismo tiempo se co­
locaron medidores y se hicieron arreglos de los canales derivados del
río Diamante. Pero al producirse una fuerte creciente, se interrumpieron
los trabajos y se demostró al mismo tiempo la necesidad de aumentar
las dimensiones de la banquina externa de dicho can al70.
i F.l censo de 1893 nos permitirá esbozar aquí con más rigor científico.
1^ naturaleza de la ocupación y de la valorización del espacio en el
sur mendocino y más específicamente en la playa misma de San Rafael,
la fines del siglo pasado, i
t Los 9.846 habitantes (1.361 en 1869) del departamento’-deJS>án Ra­
fael, o mejor dicho del sur mendocino en aquella época^ representaban-
el 8,5% de la población de Mendoza (hoy 2 0 % ). Dé' este ^número 1.089
se ubicaban en la categoría urbana (939 en la villa 25 de'M ayo y 150
en Malargüe) (Fig. 36). Para tener una idea cabal de la Preparación de.
esa población en el extenso territorio y de su papel efectivo con respecto
a la valorización del espacio hemos c onsiderado por una parte, a los
distritos que ocupan /la playa de San Rafael, y, por otra parte, a las
demás que forman al resto del departamento. Para el primer grupo,
hemos obtenido un total de 4.729 habitantes* y 5.117 para el segundo.
(Fig. 3 5 ).
En dicha playa, el área cultivada bajo riego, en forrajeras y cereales
sobre todo, muy poco en viñedo, frutales y hortalizas, cubría alrededor74

74 lbidem.
73 V it a l i , G., Hidrología mendocino. Contribución a su conocimientoi, Men­
doza, D’ Accurzio, 1940, p. 25-77.
7# “ Los Andes”, 3 de diciembre de 1892.

239
24b
de 16.000 hectáreas., Si se calcula la densidad de población con respecto
»a la superficie cultivada se . logrará una elevada tasa por km2 (29,5) y
3,4 h/km 2 para lo demás, frente a una muy baja densidad de 0,055 h/km2
para el resto de la provincia. No obstante la superficie de aquel sector,
se notarán dirás relativamente elevadas en el caso de Malargüe (1.002)
y sobre todo en la zona del Nevado, que incluía Punta de Agua y los
demás puestos que se extienden desde este lugar hacia el sur.
Eso significa que la mayor parte del ganado vacuno (132.597 ca­
bezas) y lanar (95.334 cabezas) permanecía diseminado en el extenso
territorio con algunos puntos de concentración y que el papel de la playa
' era, con sus pastoreos, más de invernada que de cría. Unicamente una
fuerte actividad ganadera, equivalente casi al 60 % del total de la
provincia, podía por consiguiente asegurar el mantenimiento de más de
la mitad de esa población del departamento del sur de Mendoza. De
todos modos ya se sabe que el ingreso de una buena parte de la pobla­
ción de la playa de San Rafael provenía también, casi exclusivamente,,
de las actividades ganaderas.
\Alrededor de Colón (Balloffet, El Toledano y Colonia Francesa)
cuya población sumaba 509 habitantes, se agrupaban varias colonias
(Colonia Italiana, Cuadro Salas, Cuadro Bombal, Colonia Española, Pue­
blo Diamante y Las Paredes) con una población total de 1.082 habi­
tantes; o sea que dentro de un radio reducido de 6 ó 7 km alrededor
del futuro núcleo urbano de la playa, se habían instalado cerca de
1.600 personas.
- En cuanto a la tenencia de la tierra, no obstante la extensión rela-
.tiva dé las parcelas, en más de la mitad de ellas, el propietario realizaba
la labor. Pero de las 653 explotaciones censadas, más del 3 5 % (244)
estaban a cargo de arrendatarios y más del 1 0 % (6 8 ), de medieros.
‘El fuerte predominio de las plantas forrajeras, que se extendían
sobre el 88 % de la superficie cultivada bajo riego, demostraba la casi
exclusividad de la función ganadera tanto en la supuesta zona cultivada
como en el resto de la comarca, si bien el trigo, el maíz y las legumbres
ocupaban 648, 853 y 77 ha y (constituían, por consiguiente auténticos
cultivos alimenticios de autoabastecimiento.
Hemos señalado anteriormente la preocupación de varios pioneros
(Ramón Arias, Agustín Videla, etc.) por el mejoramiento de las razas
vacunas particularmente. A pesar de todo ' eran muy pocos' los animales
•de raza pura, tanto en el guiado vacuno, con 196 unidades, como en el
lanar, con 16. Los mestizos tampoco tenían importancia, pues represen­
taban solamente el 3 % del ganado vacuno y el 2 r/( del ganado lanar.
Esa actividad ganadera, a pesar de ser la más importante, conservaba

241
t %» > j . T e rr ito rio indio
I i V / v i (_Athuenete) harte f Í 7S
++HHHH» Lino»* farree m,
. L i m i t e e n tre ,e/ A'.
“ “ ““ y 5 . M ando a n o .
Poífacion de! Sur,
X 9 g 4 g'] mendocino según
•* t ef 29 censo de fs
A, A rgen /ins( 1895)

J.i

Fi-í. 38 — El sur de la prov'mia de Mendoza en 1895.


pues íntegramente^ su carácter de explotación primaria.-. Se buscaba en
ella el ingreso rápido al aprovechar un ganado en parte degenerado.y
de muy bajo rendimiento, pero que tenía la ventaja primordial de casi
no necesitar inversión.
Cabe mencionar además áunque entonces tuvieran poco alcance los
primeros datos sobre el viñgdo, que pronto llegará a ser la piedra an­
gular de la economía sanrafaelina. Su escasa presencia se resumía en­
tonces en 55 viñedos que ocupaban una superficie total de 324 ha o sea
un promedio de 5,566 ha por viñatero. Otro hecho que enfoca la actua­
ción de los inmigrantes, como "vectores” del desarrollo de este cultivo
en el sur mendocino, era la presencia de 29 propietarios extranjeros,
sobre los 55 del censo, mientras que en la provincia los argentinos due­
ños de viñedo representaban el 60 %.
/ Al iniciarse 'con .retraso en la zona sur, el cultivo de la viña no
[habría sufrido tanto, según parece, los perjuicios y el descuido de que
. había sido víctima en los oasis del norte durante la mayor parte del
isiglo XIX.( En esas zonas, se encontraba generalmente el pequeño plan­
tío de viña, contiguo a la casa, sin mayores cuidados, con pasto en los
espacios libres dejado por la cepa, una práctica que, desgraciadamente
sigue practicándose en varios lugares del oasis sur mendocino77. En
realidad, esta situación debe considerarse normal en el cuadro móvil de
una agricultura mixta con cría de animales hasta la implantación defi­
nitiva del monocultivo y de la especialización.
El viñedo, siempre por su llegada tardía, no tuvo tampoco que so­
portar en el sur, con las mismas incidencias, el afán por ensayar nuevos
cultivos (morera, nogales, etc.) al arrancar las cepas para sustituirlas
por esas plantas de supuestos mejores rendimientos. En el oasis de San
Rafael ese proceso ocurrió solamente cuando la filoxera amenazó, con
propagarse en el viñedo. Luego, varios viñateros intercalaron plantas de
olivo entre las hileras de viña, erradicando una hilera cada tres o cuatro.
Así esperaron salvarse si la plaga llegaba a extenderse. Por suerte no
se propagó la enfermedad y son hoy precisamente esos olivos los que
van disminuyendo año tras año, en una zona demasiado marginal para
que este tipo de cultivo rinda en forma normal.
Igualmente eran insignificantes en esa época las plantaciones de
forestales (14 ha) y de frutales (69 h a). Esos cultivos especializados se
implantaron definitivamente al desarrollarse una industria de secadero,
animada en gran parte por las empresas ferroviarias, y una industria

77 “Los Andes”. Publicación del Cincuentenario (1882-1932), op. cit.

243
de la madera para la fabricación de los cajones indispensables para el
transporte en fresco.
En fin^la importancia ganadera del sur mendocino con respecto a
lia casi inexistencia jde. las demás actividades, hecho ev^enciádo Vpoi^lo^
d ^ ^ d é K c e n so ^ d e 1895, explica la profunda tradición ganadera y el
entusiasmo que supo conservarse para esta actividad aún muchos años
después de la llegada del ferrocarril en 1903.
No obstante ello, la ganadería se mantuvo en el primer rango hasta
que una serie de acontecimientos variados llegaron a cambiar el pano­
rama a (partir, de 1930. Solamente después de esta fecha la actividad
ganadera empezó a decaer, al desarrollarse con vigor las industrias viti­
vinícolas, frutícolas y hortícolas; A partir de este momento San Rafael
finalmente consiguió incorporarse, en calidad de tercero y último ele­
mento, a la nueva trilogía de los grandes oasis del piedemonte cuyano.

b) Una fecha importante en el sur mendocino: el año 1903.

Aunque fueron relativamente poco numerosos los inmigrantes que


' llegaron a San Rafael al finalizar el siglo X IX, se destacaron por su ca­
lidad, al ser la gran mayoría gente dispuesta a labrarse un porvenir con
el trabajo de la tierra.
El segundo censo nacional de 1895 indica que ya vivían en la
provincia de Mendoza 2.467 franceses, número que aumentó poco hasta
1914 (2.741). Esta migración, relativamente acusada en el caso de un
pueblo que tiene poca tradición migratoria, por ser también, entre los
países europeos, el único país de inmigración, fue aquí consecuencia de
!a crisis filoxérica que perjudicó al viñedo, del mismo modo que, más
adelante, la crisis de los cereales norteamericanos desvió hacia la Re­
pública Argentina importantes contingentes de italianos y, en menor
escala, de españoles.
1 El oasis de San Rafael constituyó para la colectividad francesa un
foco de predilección, donde llegaron a actuar varios de ellos78.
Si bien fue Balloffet un auténtico pionero en la zona sur, el que
facilitó la llegada de los demás franceses fue, sin embargo, don Rodolfo
Iselín. Actuó no solo como principal empresario del desarrollo de San
Rafael sino también como el imprescindible visionario entre todos los
hombres de esos primeros años. Ya en el año 1884 había comprado los

78 Cabe señalar que la mayoría de estos colonos franceses tenían una posición
financiera a ¡menudo más que aceptable al llegar a la Argentina. Casi todos eran
protestantes y algunos habían sido fanáticos monarquistas. Quizás, más que de la
filoxera, habían huido de condiciones político-sociales ádversas.

244
terrenos donde hoy se levanta San Rafael, y, más adelante, o sea en
1902, la mayor parte de las tierras de “El Toledano” (Fig. 3 7 ).
Al formarse las colonias (francesa, italiana, española y más tarde,
suiza, escandinava y también japonesa) en el sur mendocino, a base de
grupos étnicos homogéneos, el proceso de integración en el medio se

Fig. 37 — Principales propiedades de don Rodolfo Iselín en 1903


(Epoca del traslado d e la -Municipalidad). 1) Extensión actual de la
ciudad de -San Rafael (con la encrucijada Mitre-San M artín). 2 ) Te­
rrenos en parte subdivididos de las sucesiones: Suárez (S ) y Suárez-
Balloffet (¡B). 3.) Terrenos adquiridos por don 'Rodolfo Iselín desde
el 13 de setiembre de 1884 hasta el 1^ de setiembre de 1902.

hallaba obliterado por una forma de segregación de hecho que favorecía


naturalmente el mejoramiento de las condiciones económicas de una co­
lectividad en particular, a menudo a costa del progreso común del
conjunto.
Nunca han sucedido acontecimientos enfadosos de carácter étnico
o religioso y dentro de las pocas generaciones de existencia con las cua­
les cuenta la zona se ha realizado una relativa mezcla de nacionalidades,
particularmente entre españoles, italianos y franceses. Sin embargo, al­
gunos grupos étnicos (sirio-libancses y judíos) forman entidades cultu­
ralmente tan bien definidas que, para los demás, el origen étnico así
concebido representa un claro elemento de diferenciación.
La colectividad francesa ya gozaba de una situación financiera fa­
vorable y, no obstante su numero reducido, pudo desempeñar un papel
muy valioso en esa zona sur. Sus conocimientos de la vitivinicultura eran
de los más adelantados; experimentaban con nuevas variedades y en
•as primeras bodegas de adobe que se edificaron en la villa y en las

245
colonias, el 80 % del material importado (maquinaria, toneles, filtros,
etc.) era de fabricación francesa.
Sin embargo, el (papel de precursor atribuido a Iselín resultó más
de su habilidad como financiero visionario. Supo luego explotar, gracias
a su experiencia y a su consumada habilidad, la coyuntura política de
su época para valorizar sus extensas tierras (Fig. 37) y realizar, por
consiguiente, al dividirlas en parcelas en el campo y al lotearlas alrede­
dor de la nueva terminal de ferrocarril, una operación financiera lucra­
tiva que derivaba más de la especulación relativa a los bienes raíces.
Anteriormente esas tierras habían pasado, a través de tres genera­
ciones, a poder de doña Aurora Suárez (casada con el ingeniero Julio
C. Balloffet) y habían empezado a recibir un pequeño número de colonos
extranjeros, franceses la mayoría de ellos. Posteriormente, cuando Ro­
dolfo Iselín adquirió esas tierras, se incrementó la población extranjera,
con fuerte dominio de los franceses.
Si bien(^Iselín se había_ convertido en el dueño de los terrenos mejor
tabicados con su estrategia inversionista, se encontraban también en la
orilla izquierda del río Diamante como a íá derecha (Cuadro Garcia,
Rama Caída y. Cañada Seca) otros dueños de tierra (Espíndola, Salas y
Bombal) que también habían empezado a lotear y a valorizar sus tie­
rras (Fig. 3 6 ).
Antes d eq u e Iselín trazara las primeras 15 manzanas de su Colonia
Francesa (actual centro de la ciudad de San Rafael), ya Isaac Espin­
ochóla, había trazado su Pueblo Nuevo o Pueblo Diamante (Fig. 3 8 ). Me­
nos generoso que Iselín en la donación de espacio para las vías públicas,
efectuó un trazado con calles estrechas. Este factor perjudicó mucho el
desarrollo posterior de ese pueblo, que se hizo en forma muy paulatina
y muy primitiva y que no logró, por lo tanto, competir con la Colonia
Francesa al tomar cuerpo la aglomeración en los años siguientes.
Igualmente, \a -colonia-italiana tenia anterioridad. Se trazó ella en
terrenos de don Rodolfo Iselín a fines del siglo pasado y adquiridos por
los colonos que trajo el cura Marcó. Fueron entonces los primeros clien­
tes de Iselín cuando realizó él su parcelamiento inicial en el sector ac­
tualmente incluido entre Pueblo Usina al W , el canal Pavez al E , y la
avenida Mitre al S (Fig. 3 8 ). (Se trataba, por lo general, de gente hu-
rjiilde, trabajadora y religiosa, ansiosa de adquirir los derechos de pro­
piedad por los cuales muchos habían emigrado. Se agrupaban en el sector
inmediatamente adyacente a su iglesia parroquial, hacia el N. Mantu­
vieron ^ran cohesión, mediante casamientos entre sí únicamente, y per­
manecieron en estado de aislamiento, relativo con respecto al resto de

246
00
co
bft
£jh

247
’a población, resistiendo durante largo tiempo la acción de los factores
disgregadores.
Esta colectividad no podía competir, ni tampoco lo deseaba, con
la colectividad francesa, por disponer ésta de una cultura, de condiciones
materiales de otro orden y, sobre todo, de medios financieros adecuados.
Tanto como los habitantes de la villa 25 de Mayo, los italianos aspiraban
u la calma que, en este último caso, debía activar el estancamiento,
lo cual no podía evitarse por ser una consecuencia directa de la relación
economía-espacio.
^ A pesar de todo, antes de que se trasladara la municipalidad de
\25 de Mayo a Colonia Francesa y de que llegara el ferrocarril,, el ver-
«dadero foco de la playa de San Rafael se ubicaba al este de ese sector
^ lo largo de la actual avenida Mitre y, con más precisión, en el lugar
[llamáflo~^Punto Cornú”, donde se hallaba la casa Comú (almacén ge­
neral ). Se consideró también a este lugar durante un tiempo como so­
lución eventual frente a la puja que sostuvieron los vecinos, Iselín y
Salas, por levantar la nueva población en sus respectivos dominios, ya
que era un lugar equidistante de Colonia Francesa y Cuadro Salas.
Luego, J. B. Cornú trató de aprovechar esa situación política y él tam­
bién ofreció sitio y casa para que la municipalidad se instalara en Pueblo
Diamante (Fig. 37). Además de la capilla italiana y de la casa de Comú,
había el hotel París, las casas de Josó Quiroga, Isaac y Ramón Arias.
Allí en realidad, es decir de un lado y otro del puente Comú, se con­
centraba en aquel momento toda la población y el com ercio7n.
Mientras tanto, (Iselín iactuaba por su cuenta y, contrariamente a lo
que hacían los primeros colonizadores (Arizu en Atuel, Balloffet en
Balloffet) del sur mendocino, se reservaba para negocio de loteo las
manzanas del radio urbano que acababa de trazar al W de la colonia
italiana; pero al mismo tiempo donaba las calles, la plaza y media cuadra
para la municipalidad, sitio para la iglesia (católica), la policía y una
escuela. Luego, facilitó la instalación de los servicios públicos en un sitio
conveniente (para él). Se aseguraba así la valorización automática de
lajeada una de las manzanas de su trazado.
En aquella época, funcionaban tres oficinas del Registro Civil en la
zona sur: una en la villa vieja, que tenía categoría de capital desde el
origen de esta población; otra en Malargiie, por la extensión, la distancia
v la falta de comunicaciones; en fin, la última se hallaba en Colón (B a­
lloffet), por la importancia económica de los últimos años. Con el fin
de incrementar la concentración de los servicios públicos en los límites79

79 Marcó del Pont , R., o/j . cit., p. 194.

248
o en las proximidades de su radio urbano, Iselín se unió a otro vecino
e hicieron donación de una pieza para que funcionara el Registro Civil,
quitándoselo a Colón “por estar más cerca tanto de Rama Caída como
de Cañada Seca”. En 1901 también, el gobierno dispuso la creación de
una segunda notaría en Colonia F ra n ce sa 80.
Ya en 1892, se habí[Link]-comisiones en varios departamentos,
de los cuales uno era 25 de Mayo, para solicitar la construcción del ra­
mal férreo de Mendoza a San Rafael, que pasara por Godoy Cruz, Luján,
Tunuyán, San Carlos y 25 de Mayo. Desgraciadamente, el ramal que se
construyó poco después, no llegó más allá de Eugenio Bustos, en el de­
partamento de San Carlos. Por su lado, Salas se esforzó en que el camino
de hierro llegara hasta su población y lo consiguió. En 1902, un desvío
para traer leña, existente entre Comandante Salas y Catitas fue extendido
por ínfimo costo hasta Cuadro. Nacional; mientras tanto, Iselín trabajaba
afanosamente para que se prolongaran las vías del ferrocarril hasta su
Colonia Francesa, cuyo radio ya había sido trazado.
E stá circunstancia evidencia J a rivalidad entre esas -dos poblaciones
p, mejor dicho, entre los dos dueños, que tal vez más que los demás se
daban cuenta del valor de la apuesta,pqr recibir la_Jierencia_da Ja_villa
vieja, al haberse desplazado hacia el E el polo de interés en el sur
mendocino.
Al desarrollarse esta ^fuerte competición entre dos únicos candidatos
(Colonia Francesa de Iselín y Cuadro Salas del comandante Salas) y
al encontrarse eliminados otros núcleos de importancia en la época, como
Rama Caída y Cañada Seca (no obstante una situación excelente a largo
plazo) por la falta de un puente sobre el río Diamante hasta 1907, pa­
recían existir dos fines: lograr que llegara el ferrocarril y conseguir la
municipalidad. Sin embargo, el primero no era- más que una condición
que podría incidir favorablemente, sin que fuera decisiva, sobre el se­
gundo; éste constituía fundamentalmente la única y auténtica finalidad.
Por lo tanto debe considerarse la llegada del ferrocarril como un
factor corolario, puesto que ya se había decidido el prolongamiento de
la vía férrea desde Cuadro Salas antes de que se trasladara la mu­
nicipalidad 81.
Otro factor de menos influencia que agregó su peso en favor del
traslado, fue la distancia, tremenda para la época (d e 20 a 40 km)

80 Ibidem .
81 >Los rieles habían llegado a Cuadro Salas con un año de anterioridad con
respecto a Colonia Francesa. C abe señalar también que se hizjo el trasltado de la
municipalidad ( 2 de octubre de 190G) antes de que llegara el primer tren (1 7 de
noviembre de 1 9 0 3 ).

249
que los concejales de Cuadro, Nacional, Cañada Seca o Rama Caída_te-
nían que .recorrer para asistirla, las, reuniones. La mayoría de ellos ya
vivían en las más florecientes colonias. Paulatinamente también, el co­
mercio iba..trasladándose desde la “villa vieja” hacia nuevas regiones,
provocando cada vez más su estancamiento.
Si los factores económicos habían tenido la prioridad cuando se
decidió el traslado del sitio de la municipalidad, siqembargo fueron los
factores políticos, ante todo los que intervinieron en la elección de la
nueva ubicación. - El único y ^verdadero interesado en este traslado era
Iselín, puesto que los vecinos de Colonia Francesa no podían en aquel
tiempo asentar el porvenir económico de la zona en la mera instalación
de las oficinas públicas.
Ya Iselín había intervenido en una reunión del consejo (1-05-03)
para presentar una moción “a la espera de la resolución del Gobierno
en una solicitud elévada por el pueblo del departamento para que fuera
trasladada la Municipalidad a Colonia Francesa” 82.
Más adelante, se destacó con más nitidez la actuación de Iselín en
!os medios políticos de la capital, dado que al gestionar los principales
propietarios de cada una de esas colonias, la instalación de las oficinas
públicas en las villas que tenían proyectadas en sus propiedades, Iselín
tuvo mejores padrinos y muy probablemente más habilidad.
En fin, por ley n? 262 de fecha 2 de octubre de 1903, el Senado y
Cámara de Diputados de la Provincia dispusieron: “Artículo primero:
Queda fijado como cabecera del departamento de San Rafael el distrito
denominado Colonia Francesa, en el perímetro comprendido entre el
río Diamante por el sud, por el norte una línea que pasará a cinco ki­
lómetros de dicho río, por el este el Canal Pavez y por el oeste el Canal
Toledano. . . ” Villanueva, Gobernador 83.
Al_mismo. tiempo, se le otorgó- a la nueva población el nombre de
San Rafael, conservando la “villa vieja” el nombre de 25 de Mayo.
t La llegada del ferrocarril (el 7 de noviembre de 1903) desde Men­
doza y Catitas coincidió casi con el traslado de las oficinas públicas
al nuevo sitio de la capital departamental. De Cuadro Salas, los rieles
avanzaron hasta unos metros del Carril Nacional (el prolongamiento
hacia el W de la actual avenida M itre), donde el mismo Salas tenía
proyectado su villa del Diamante 84. Luego el camino de hierro dobló
hacia el W . atravesando los terrenos de Salas y de Espíndola para al­

82 M arcó d el P ont , R., op. cit.


83 Archivos d e la provincia d e Mendoza, citado en Publicación del Cincuen­
tenario (1882-1932), “Los Andes”, op. cit.
84 M'arcó del P ont , iR., op. cit.

250
canzar la Colonia Francesa. Nuevamente giró con una dirección NW, al
ubicarse la terminal exactamente frente a la esquina NE del trazado
inicial realizado por Iselín (Fig. 37 y 3 8 ).
Normalmente, el prolongamiento hacia el W , debía realizarse en
lúiea directa, cruzando villa Salas de E al W para terminarse en Pueblo
Soto (Fig. 3 5 ). Las muy visibles curvas en el trazado del ferrocarril al

F o t. 2 4 __ Villa Salas: uno (le los primeros ¡toMados. Se ubica a po­


cos km al N E de San «Rafael. E l ferrocarril alcanzó ese pueblo fundado
por el comandante Salas antes de que llo a ra a San Rafael. 'En 1903,
era rival de San Rafael en la lucha que se desarrolló para conseguir la
herencia de la municipalidad.

entrar en la parte ocupada de la playa no tienen otro origen que las


presiones políticas realizadas tanto por el comandante Salas como por
don Rodolfo Iselín para que los rieles cruzaran sus tierras respectivas.
Al salir vencedor Iselín en esta carrera, la estación de ferrocarril se ins­
taló ©n su colonia y al laclo de su trazado (Fot. 24).
En adelante, ocurrió lo que tenía que ocurrir, puesto que, al pro­
ducirse ese doble acontecimiento, se «estableció una nueva coyuntura en
favor de un fuerte aumento del valor de los lotes ubicados en las proxi­
midades de la terminal del ferrocarril; como lo esperaba Iselín tanto
como otros vecinos de los lotes al sur del Carril Nacional.
Paralelamente empresas como la diligencia, las tropas de carros y
las millas decayeron de golpe. Significó también la ruina del negocio
de molienda harinera; las superficies sembradas con maíz y trigo dis­
minuyeron de manera apreciable en los años siguientes, por no poder

251
competir con los granos traídos desde la Pampa a precio más barato.
Por muchos años la v id a ... (económica, intelectual, etc.) quedará
condicionada por los horarios de los tre n e s ...!!!
El pequeño pueblo trazado por Iselín y aún casi vacío, era ahora
privilegiado por su posición entre el carril principal y la estación de
ferrocarril (Fig. 37 y 39). El nuevo San Rafael seguía circunscrito a
las casas y oficinas públicas que se agrupaban frente al ancho Carril
Nacional (avenida Mitre). Luego se abrió la primera calle perpendicu­
lar a ésta, la calle de la estación (avenida San Martín) dentro del tra­
zado de 16 cuadras (incluyendo la plaza) comprendidas en el perímetro
que forman las actuales calles (Bombal por el W , avenida Als^na por
el N, Bernardo Irigoyen por él E y la avenida Bartolomé Mitre y su
prolongación, H. Yrigoyen, por el S).

c) Continuación acelerada de la instalación: dificultades


económicas y técnicas para una verdadera ocupación.

Al llegar el ferrocarril a San Rafael y una vez establecidos los ele­


mentos para que se desarrollara un núcleo polarizador en el último oasis
grande, se llevó a cabo la fase inicial en la ocupación del espacio en
el sur mendocino. Al iniciarse también en los periódicos ("E l Debate” y
"Los Andes” de Mendoza, “L a Nación” de la Capital) una propaganda
en favor de San Rafael, sobre todo ante el anuncio de que el ramal de
contacto directo con Buenos Aires por Buena Esperanza avanzaba hacia
allá, varios hombres emprendedores llegaron con el apoyo financiero
necesario y poco después las bodegas empezaron a multiplicarse.
En ^904^ Bemardino Izuel utilizó las aguas del río Atuel, donde
se hallan hoy los viñedos más extensos del mundo, explotados por la
sociedad anónima Arizu. En Las Malvinas, en la orilla derecha del río
Atuel, también Exequiel Tabarrera vendió e hizo cultivar todas las tierras
en un año de trabajo para evitar la pérdida del derecho de agua.
Después de haber colonizado en Rama Caída, Alberto Herrera, fun­
dó en 1910 una Colonia en Cañada Seca y otra, Las Mercedes, en el
Usillal; loteó 50 manzanas al sur de la avenida Mitre 815 en el pueblo.
En la misma época, Re abrió el canal L a Llave y se trazó la colonia L a
Llave Vieja. Al fundarse la compañía de Irrigación y Tierra de Men­
doza, se trazaron bajo el impulso de Emilio Civit ^as colonias L a Llave
^Nueva (Rodolfo Iselín) y\Monte Comán (ya un activo pequeño centro
ferroviario) y se abrió el\canal matriz Atuel. De nuevo, Exequiel Ta-85

85 A la muerte de Bartolomé Mitre en 1906, la municipalidad dio su nombre


al Carril ¡Nacional.

252
bañera, después de haber comprado otras tierras, las subdividió, dando
nacimiento a las colonias Bombal Tabanera en el distrito El Cerrito
(al N de la ciudad) y Aluel en Cañada Seca (entre el río Atuel y la
cañada de Materris). En fin, se habilitaron para el cultivo 5.600 hectá­
reas en Colonia Elena, la última colonia que usaba las aguas del río
Diamante.
Más tarde, huevas colonias se establecieron en las tierras ubicadas
agua abajo de Villa Atuel, al ser derivados todos los canales de riego
a partir del río Atuel. Después de la fundación de la colonia Real del
Padre, Carlos de Chapeaurouge, quien había permanecido en la región
desde 1903, trazó las primeras manzanas ftel pueblo de General Alvear
y, en 1916, organizó allí la primera colonización a base de 45.000 ha de
terrenos, de las cuales ya 30.000 tenían derechos definitivos de agua.
Para completar el cuadro, la compañía Atuel Sud empezó a valorizar el
sector de Jaime Prats, mientras se intercalaban distintas colonias al E
del pueblo de General Alvear (L a Escandinava dé~Cbristophersen, Bo-
wen, Los Angeles, lia California, Los Claveles, etc.) caracterizadas por
la homogeneidad étnica H e cada una; y al S y al SW, las colonias Soitué
y L a Carmensa a0.
?Si la gran mayoría de las colonias han surgido antes _de 1914, cabe
(señalar que la verdadera ocupación de la playa encajada de San Rafael
vse inició en escala masiva solamente a partir de 1907 -(JFig>. 34)%
Paralelamente a la extensión de los viñedos, la industria de elabo­
ración de vino tomaba más expansión gracias a la salida hacia los
mercados proporcionada por el ferrocarril. Sin embargo aún estamos
lejos de los grandes establecimientos con alta capacidad de elaboración,
y durante varios años ésta seguirá realizándose en bodegas con capaci­
dad limitada, a base de medios materiales primitivos. Poco a poco se
completará y sq^mejorará el equipo con material extranjero y local (in­
dustria de toneles, «envases, etc.).
¿,a mayoría de esas primeras instalaciones (las más importantes
tenían apenas una capacidad de medio millón de litros) se ubicaban
dentro de un radio de 8 km del centro de San Rafael para aprovechar
la proximidad de la estación de ferrocarril. De todos modos, la extensión
de la red ferroviaria en la playa debía pronto favorecer la descentrali­
zación, al repartirse las bodegas en todos los sectores de producción.
Aunque varias hubieran desaparecido entre tanto, muchas de esas pri­
mitivas bodegas llegaron a formar el casco de empresas hoy mucho más
amplias. En ciertos casos la yuxtaposición de edificios de distintas eda-86

86 “Los Andes”. Publicación del Cincuentenario (1 8 8 2 -1 9 3 2 ), op cit.

253
Fot. 25 — Dique compensador de Valle Grande y em balse. Obra im­
prescindible en el sistema de aprovechamiento del río Atuel, la presa
permite el abastecimiento normal en agua de riego. Se apoya sobre
la parte occidental de un destacado anticlinal. También puede verse
el canal derivador y el pueblo.

Fot. 26 — Planta hidroeléctrica Nihuil 1. Ocupa un sitio encajonado


unos km aguas abajo de la presa ¡El 'Nihuil. Las aguas llegan por
conductos forzados y accionan 4 turbinas cuya capacidad máxima al­
canza 85.060 kilovatios.

254
des corresponde al ciclo evolutivo de la industria vitivinícola con sus
altos y sus bajos en el sur mendócino. De todos modos, la ubicación de
las pequeñas bodegas alrededor de San Rafael en la actualidad' no tiene
otro origen (Fig. 59).
Paralelamente a la expansión .vitivinícola, se desarrolló otra indus­
tria de transformación de la materia prima: el secadero de fruta. Esta
nueva., industria recibió al iniciarse un fuerte apoyo por parte de las
compañías inglesas que explotaban los. ferrocarriles (el Pacífico y más
tarde Ü Tiran Oeste Argentino, que se extendió hasta General Alvear
y luego desde este punto prolongó dos ramales;, uno más allá del río
Atuel hasta Soitué y otro ramal hasta Colonia Carmensa). En cuanto al
ferrocarril Pacífico, al surgir las últimas colonias en distintos puntos de
la playa, extendió paralelamente un circuito que tenía a Monte Coman
por centro y se unía al circuito de San Rafael, poniéndolo por lo tanto
en contacto con los distritos vecinos.
Pese a todo, esas compañías inglesas llegaron a San Rafael no a fo­
mentar ó crear una riqueza ya existente, sino a proporcionar medios para
que los productos salieran de la zona bajo una forma más fácilmente
comerciable hacia los mercados, e iniciaron por consiguiente una fuente
de ingreso que elevaría el poder adquisitivo de la zona. A su vez eso
multiplicaría las compras efectuadas afuera v, en suma, aumentaría. el
tráfico de mercancías en las líneas ferroviarias que entonces monopoli­
zaban todas las entradas y salidas de la zona sur.
Al abrirse en esta forma hacia nuevos horizontes, la región, de San
Rafael llegaría a desempeñar el papel propio de todo oasis por su des­
e ca d a particularidad de territorio físico y económicamente enclavado
en un medio árido o sub-árido, es decir: vender la mayor parte de su
producción (a fortiori o mejor cuanto más especializada) para comprar
también la maybr parte de lo que necesita, tanto lo necesario como lo
superfluo, si son favorables la última cosecha o las perspectivas a cor­
to plazo.

d) (jE/ desarrollo urbano en la playa d e San Rafael

Al aumentar la población en la nueva ciudad de San Rafael se


modificaron los límites del radio municipal, abarcando un amplio sector
¿ ambos lados de la avenida Mitre, desde la calle Bombal, o sea la calle
cprrespondiente al límite W del primer trazado hecho por*Rodolfo Iselín,
hasta el canal Pavez (Fig. 4 0 ). En aquel tiempo, la parte realmente
urbanizada se limitaba casi a un guión alargado entre Colonia Francesa
(San Rafael) y Pueblo Nuevo o Pueblo Diamante al E del canal Pavez
(F ig . 38 y 3 9 ). Ya se había loteado la mayor parte de este pueblo, que

255
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05
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W
£

256
hoy forma un barrio medio urbano, medio rural, con viviendas de adobe
diseminadas sin orden (y algunas muy precarias) y también con elevada
tasa de obreros sin calificación dentro del radio urbano d© la ciudad
de San Rafael, aunque un pequeño sector fuera entonces ocupado a lo
largo de la avenida Mitre.X
LEn cuanto al resto del área que abarca hoy el límite urbano de la
ciudad de San Rafael, estaba integrado por grandes propiedades, entre
las cuales se destacaba la de L'.elín al N de la prolongación oeste de la
avenida Mitre. Al S de dicha avenida sobre todo, como también al-W
del canal El Cerrito, se notaban parcelas de superficies reducidas (vi­
ñedos y alfalfares) (Fig. 39) que dejaban presagiar una inminente sub­
división en este lugar, resultante de una desaforada especulación relativa
a los bienes raíces Se observará también en el mismo mapa la existencia
de un pequeño pueblo hacia el N (Pueblo Soto) en donde debía insta­
larse la estación del ferrocarril en primer lugar, o sea antes de que in­
terviniera Iselín.
Al mismo tiempo, llegar los capitalistas, hombres de negocio n
lindustriales, varios bancos se instalaxon-a_lo largo-de~la-avenida princi-
¡ pal. El banco de Mendoza llegó en primer lugar en 1906; siguieron el
"Banco de la Nación (1909), el banco Ang¡lo-Argentino (1911), y poco
después el banco Francés y el banco Español del Río de la Plata. Esos
bancos prestaron ayuda financiera a los nuevos negocios^ radicados en
la villa, y a la construcción y al equipamiento de las numerosas bodegas
que, de 1908 a 1914 particularmente, surgieron como hongos en la playa
de San Rafael. Sin embargo los tres últimos bancos no aguantaron la
crisis de 1914 y fueron erradicados.
A partir de 1908. la villa de San Rafael empezó a gozar de servicio
telefónico interno y de luz eléctrica, pero en forma escasa, pues la ener­
gía provenía de una caldera de máquina agrícola.
En 1910., Iselín. al irse del país, vendió a Benjamín Dupont los re­
manentes ele sus propiedades de Colonia Francesa y de Las Paredes. De
inmediato Dupont realizó un nuevo loteo alrededor del primer trazado
de Iselín (Fig. 4 0 ). Este loteo se extendía a ambos lados del camino de
hierro y su centro geométrico correspondía más o menos a la estación
de ferrocarril; incluía además dos nuevas plazas. Si el cambio de límite
de la ciudad de San Rafael del año 1908 había intentado favorecer el
crecimiento de la ciudad hacia el E , el nuevo loteo, al apoyarse en el
sitio de la terminal de ferrocarril, fue concebido, con toda evidencia,
para modificar las tendencias iniciales de expansión urbana según un
eje W E en favor de un nuevo eje NS mejor equilibrado. En ese nuevo
loteo se notará además de una franja de parcelas alargadas a lo largo

257
258
P -h ~ J m rm j
del límite este., dos tipos de manzanas (Fig. 40) con respecto a la sub­
división.} El subloteo de tipo “A” favorecía una ocupación niás densa del
suelo por la superficie reducida de las parcelas. Las manzanas de ese tipo
se ubicaron a lo largo de la actual avenida H. Yrigoyen y a ambos lados
de L s anchos bulevares de cinturón proyectados; es decir, en lugares
donde se anticipaba un precio más elevado del terreno por las ventajas
mencionadas. Las otras manzanas (subJoteo de tipo “B”), más numerosas
también y con parcelas más amplias, ocupaban el resto del área loteada.
(Sin embargo, las medidas tomadas por los ediles a fin de favorecer
la extensión del pueblo hacia el W y la tentativa del señor Dupont, me­
diante ese último loteo, para orientar el crecimiento hacia el N, alrededor
de la terminal de ferrocarril como foco de interés, tuvieron poca influen­
cia sobre la orientación futura del trazado urbano. En realidad, el ca­
mino de hierro y la playa de carga de la estación se revelaron como un
fuerte obstáculo para el desarrollo armónico de la ciudad al dificultarse
jas comunicaciones entre ambos sectores. Además del Jado este, a lo largo
de la playa de carga de la terminal ferroviaria se extendía un amplio '
zanjón que desempeñaba el papel de colector; cuando se producían fuer­
tes chaparrones y desbordaban los canales de riego; aún recientemente
no se había completado todavía su reilenamiento. Despreciado por un
pésimo sistema de desagüe, todo este sector NE se desarrolló en forma
muy paulatina y humilde; y cuando se trasladó a este lugar la caldera
de la usina térmica se le dio el apellido de Pueblo Usina (Fig. 38 y }
Fot. 34).
(Lo que ocurrió al extenderse el trazado de la villa resultó de un
proceso más bien común a la mayoría de las aglomeraciones nuevas y
más aun cuando el desagüe de las aguas superficiales ofrece dificultades.
Así se produjo en el caso del pueblo de San Rafael en donde vel canal
Pavez, por su ori^ptación, impedía que se desaguaran normalmente las
aguas según la pendiente; por consiguiente iban formándose inoportu­
namente extensas manchas de agua en las partes bajas entre el centro
de la ciudad y dicho canal. J
/É s o explica las tendencias hacia el W del desarrollo urbano de San
Rafael, en busca de terrenos más altos, y de-primera agua y. por lo tanto
con drenaje facilitado Ya se esbozaba una demarcación entre los sec­
tores W y E de la ciudad, por el desprecio, consecutivo a lo señalado,
‘bu que se tenía a la parte oriental, j
En la misma época, dos nuevos centros de interés surgieron para
constituir más adelante importantes focos de desarrollo. En 1910, se for­
mó Villa Atuel y; en 1914, cuando se fundó General Alvear, inmediata­
mente todo el territorio abarcado por el distrito Colonia Alvear fue de-

259
clarado departamento, siendo incorporado como tercer distrito electoral
al mismo tiempo (12 de agosto de 1914). Mientras tatito, o sea de 1906
en adelante, muchos inmigrantes habían llegado a la zona sur. Este flujo
culminó en 1913 con el arribo de 3.000 inmigrantes. Estas fuertes trans­
fusiones de sangre nueva otorgaron a la zona un sello de cosmopolitismo
bien distintivo.

r) E l censo nacional d e 1914

Por última vez. los datos suministrados por este censo se aplicaron
a toda la extensión del sur mendocino que hoy queda dividido en tres
departamentos: San Rafael, General Alvear y Malargüe. De la tabla
sumaria de que hemos dispuesto, extraeremos los elementos útiles para
que aporten más luz sobre la integración del hombre y su actuación en
el sur mendocino.
Cabe señalar, en primer lugar, el apreciable ^crecimiento demográ-
\ fico desde el censo anterior (1895). De 9.846 h a b ría población global
ha pasado a 39.076 o sea un [Link] 400 %. L a población supuesta­
mente ^urbana alcanzaba^a 6.361 hab. (1 6 % del total) repartida entre
Malargüe, 25 de Mayo y San Rafael sobre todo, con 4.100 hab. Lajpobla-
ción rural, por consiguiente, formaba el 84 % de la total. Aunque seguirá
formando iin extenso distrito más bien ganadero, Colonia Alvear contaba
con 7.846 hab.
Se destacaba también la concentración poblacional dentro de la pla­
ya encajada y su agrupamiento en los sectores cuya valorización había
sido bástante adelantada por la apertura d<e canales e hijuelas y la sub­
división de propiedades en parcelas dedicadas a cultivos más intensivos,
es decir, la vid casi exclusivamente, como cultivo especulativo en esa
época. Así, los distritos con mayoría de explotaciones agropecuarias eran
también los más. densamente poblados: San Rafael (11.619 hab. inclu­
yendo 4.100 de carácter urbano), Cañada Seca (5 .1 6 8 ), Rama Caída
(4.382) y Colonia Atuel (2.196).
El reciente crecimiento demográfico de la zona se hallaba explici-
tado por la presencia de 14.925 extranjeros, los cuales llegaban a formar
el 38 % de la población total. Ese rasgo se confirmaba al representar
los varones casi los dos tercios del grupo (9.539 varones y 5.391 muje-
le s); este desequilibrio se repartiría además de manera equitativa entre
los distintos distritos.
En cuanto al grupo argentino (62 % de la población sureña), casi
había llegado a un estado de equilibrio entre los sexos, con 12.315 va­
rones y 11.836 mujeres. En San Rafael, en particular, las mujeres se
encontraban en mayoría; lo que se explicaba por la existencia del núcleo

260
urbano correspondiente, puesto que en todos los demás distritos se no­
taba una tasa de masculinidad más elevada.
La mayoría de los argentinos que habían llegado a San Rafael desde
otro lugar del país eran originarios, o de San Juan, o de San Luis, o de
Buenos Aires y de La Pampa.
Entre los pobladores que aún conservaban nacionalidad .extranjera,
los españoles (8.281) tenían la mayoría absoluta ( 5 3 % ) mientras que
los italianos formaban un grupo de 2.291 hab. Sin embargo mantenían
una fuerte presencia en el sector de actividad vitivinícola,- pues L599
de ellos trabajaban en explotaciones agropecuarias mientras 892 espa­
ñoles se dedicaban a esa actividad.
El grupo francés (488 personas) muy poco o nada había progresa­
do, sobre todo desde que se logró controlar parcialmente la crisis viti­
vinícola que fue el origen de su salida del país, como ya lo hemos seña­
lado. Sin embargo, debe destacarse la importancia del grupo chileno
(2.685) diseminado en varios puestos cordilleranos o del sector del Ne­
vado en el extenso distrito de Malargüe. En fin, cabe, señalar la existencia
de un grupo brasileño (394 personas) y sobre todo sirio-libanés (246
personas) por desempeñar este último un papel muy activo en el peque­
ño comercio urbano.-
Los pocos datos demográficos que tenemos con respecto a esta época
se limitaban al pequeño cuaderno correspondiente al año 1918. Por las
tasas de natalidad registradas tanto en San Rafael como en General Al-
vear (55%0 en ambos casos) se trataba evidentemente, como en todo frente
pionero, de una población muy joven. La destacada tasa de mortalidad
también podría ser un índice, de la falta de higiene como de los débiles
medios de defensa de la población frente a las enfermedades-contagiosas.
Asimismo, podría resultar de una fuerte mortalidad infantil, muy pro­
bablemente del orden del 150 a 200 %>. Esta tasa comparada con la de
la ciudad capital puede engañarnos puesto que, en aquel tiempo, las
defunciones en los pueblos vecinos debían declararse en oficinas ubicadas
dentro de los límites de ella.
Si, pese a todo, las superficies cultivadas en cereales habían aumen­
tado en 20 años (1895-1914) con 6.527 ha contra 1.525, se debía en gran
parte al maíz (4.734 ha contra 8 6 3 ), puesto que ya los cultivos de trigo
(1.003 ha) no conseguían abastecer más a la zona. L a vid*había progre­
sado en forma importante al pasar de una superficie ocupada de 324 ha
en 1895 a 12.916 ha (siendo superado el departamento de San Rafael so­
lamente por el departamento de Maipú, con 14.262 h a), o sea el 15% de
la superficie en viña de la provincia. Las hortalizas aún no tenían impor­

261
tancia, con siembras limitadas a las necesidades locales (papas, 123 ha
y porotos, 157 ha).
Desde el censo anterior, igualmente, se había modificado la orien-._
tación del papel ganadero de la región de San Rafael. La importancia
relativa del ganado vacuno disminuyó «en el sur mendocino mientras iba
aumentando el total de la provincia eri 8.000 cabezas. Sin embargo, el
ganado lanar,, con 246.853 cabezas concentradas en el sector de Malar-
güe, representaba el 80 % del total de la provincia, es decir con creci­
miento bruto, desde 1895, de 147.521 cabezas y de 26 % con respecto
al total provincial. Se produjo un fenómeno idéntico con el ganado ca­
prino durante el mismo período, al subir el número de cabezas de
29.406 a 110.979, mientras que el total de la provincia no hacía más que
duplicarse (97.428 a 195.227 cabezas); la proporción pasa, por lo tanto,
del 30 % al 58 %. Eran tan escasos los animales de raza pura y hasta los
mestizos mismos que ni vale la pena considerarlos. E n realidad se trata-
ba de un ganado, tanto mayor como menor, esencialmente criollo.
Así se perfilaba en la zona sur una vocación natural hacia la cría
de ganado menor, más de acuerdo con las particularidades semiáridas
de su monte que se ubica, como ya lo hemos demostrado, en el prolon­
gamiento ecológico, hacia el N, de los rasgos patagónicos.
Se notará también la importancia de las explotaciones agropecuarias
de dimensiones inferiores a 25 ha de las cuales 755 eran exclusivamente
vitivinícolas. En este sector de actividad ya existían varias amplias fincas
(una con más de 1.000 ha —Arizu en Villa Atuel— y cinco entre 101 y
500 ha) que llegaron a transformarse más adelante en esas sociedades
anónimas administradas por un sistema de gerencia que poco a poco
va suplantando en la actualidad al antiguo sistema familiar.
bien seguían registrándose 654 explotaciones (estancias y extensos
potreros) dedicadas a la ganadería y 463 dedicadas a la producción de
cereales y forrajeras (40.000 ha) en 1914, había ahora 755 viñedos de
los cuales 575 ( 76 % ) contaban con una superficie inferior a 25 ha. Las
explotaciones en frutales y hortalizas aún eran escasas (39) y 34 de
ellas cubrían menos de 25 ha.
Tal como se debe en un medio semiárido, las explotaciones gana­
deras alcanzaban extensiones considerables. De las 4.747.654 ha que
forma el área utilizada extensiva o intensivamente, 15 estancias, con
más de 50.000 ha cada una, representaban casi <el 60 % (2.861.752) de
dicha superficie; sin embargo, la mayoría de esas explotaciones (367)
tenían una extensión de alrededor de 625 ha, no obstante el hecho de
que 150 explotaciones tuvieran superficies de 1.251 a 2.500 ha.

262
En las distinta^ chacrasjjel personji familiar (8.743) seguía tenien­
do más importancia que el personal empleado (6.820). El sistema del
contratista aun no se había difundido tanto..en la zona sur y la mayoría
de las explotaciones eran mantenidas por los dueños y su familia..
En fin, se observará la importancia del material agrícola y sobre
todo las 124 máquinas para cortan el pasto;-otro índice que demuestra
el papel eminentemente ganadero d e la zona, no obstante los impor­
tantes progresos registrados, por la-vitivinicultura. En cuanto a los 132
pozos, la mayoría de ellos debía concentrarse dentro del radio urbano
por la abundancia del agua de riego en aquel tiempo. Los 24 automó­
viles, por su parte, expresaban el deseo de San Rafael de vincularse al
progreso técnico y aprovechar las nuevas comodidades que serán más
adelante las marcas exteriores del nivel de vida alcanzado.

f) La crisis por exuberancia d e 1914

L a euforia que siguió a la llegada del ferrocarril a Mendoza había


dado lugar en la zona d e influencia del Mendoza-Tunuyán y del río
San Juan a\jm p ortantes concesiones de derechos de agua, tanto even­
tuales como definitivas. En la zona sur, vel fenómeno se repitió }después
de^lá llegada del camino de hierro a la villa de San Rafael. Este acon­
tecimiento sucedió además cuando culminaron las concesiones de dere­
chos de agua a particulares con el fin de ampliar el área cultivada de
la provincia, o sea de 1900 a 1910. Igualmente cabe señalar que, durante
este decenio, el 80 % de las concesiones concernían al sur mendocino y
aprovechaban aguas del Atuel o del Diamante 87. Paralelamente, \se re­
gistraron alzas extraordinarias en el precio de la tierra y las operaciones
especulativas se multiplicaron al dividirse varias grandes explotaciones.
Durante el ^período ,1880-1912, el cultivo de la vid había conocido
un desarrollo considerable a base de una mezcla de rie g o .. . y He. opti­
mismo poci consciente. Ya Wauters, en su informe del año 1908, había
señalado el ^peligro del monocultivo: "van concentrando, como se ha
hecho hasta ahora casi sin excepción, todos los esfuerzos, todos los ca­
piteles, todas las actividades al cultivo de la viña”. Y, en 1912, es decir,
después de muy pocos años de implantación en escala industrial, el área

87 A título de ejemplo, con respecto a la amplitud de lás ooncesiones de


derechos de agua otorgados, cabe mencionar los casos siguientes: a Maio y 'Pío
Perom, 10.000 ha con derechos definitivos, canal Las Malvinas; a ÍBernardino Izuel,
5.000 ha con derechos definitivos, canal Izuel en Villa Atuel; a Juan 'B. Comú, 358
ha con derechos definitivos, río Diamante; a Josefina Alvear, 3 0 .0 0 0 ha con dere­
chos eventuales, río Atuel; a Alfredo Israel, 9 0 .0 0 0 ha con derechos eventuales», ca­
nales Monte Coanán, Videlino, 'Matriz del Atuel, ríos Atuel y Diamante; a Luis* B.
Spinetta, 5.000 ha con derechos eventuales, río Diamante.

263
cubierta con viñedos alcanzaba a 11.421 ha en San Rafael y a más de
917 en General Alvear, sobre las 70.607 con que contaba entonces la
provincia.
Aunque el impacto de la crisis no resultara tan pesado para la ná­
dente economía vitivinícola sureña como para la del norte, suscitó de
todos modos fuertes trastornos que perjudicaron durante muchos años
al vuelo del oasis sur mendocino.
De 1895 a 1914, la población de la República Argentina había au­
mentado en un 1 00% , al pasar de 3.935.000 hab. a 7.905.000 ( 9.000.000
en 1916). A lo largo del mismo período, la producción de vinos creció
en un 70 % con un salto de 574.000 hl producidos en 1895 a 4.600.000 hl
en 1916. Al mismo tiempo, las primeras consecuencias (paralización de
las corrientes migratorias, éxodo de muchos extranjeros, restricción de
capitales y descenso paralelo en el consumo de vino) de la guerra mun­
dial _comenzaron a afectar la economía en general y la economía vitivi­
nícola en particular. Esos factores adversos coincidían con un máximo
de producción por exceso de plantaciones de viña y quizás más por una
brusca producción de vino artificial o muy adulterado.
La provincia dé Mendoza había alcanzado un verdadero apogeo en
1912, siendo en aquel momento, proporcionalmente la más rica de la
República Argentina, una tierra donde las inversiones en los negocios
vitivinícolas producían de 30 a 40 % de beneficio. L a gente quedó alu­
cinada en los oasis del piedemonte cuyano por taintas ganancias y, en
reacción, se aumentó considerablemente el área cultivada con viña al
asentarse grandes capitales; como consecuencia, en el clima eufórico
del momento se abusó también del crédito.
De golpe en 1913, el aumento extraordinario de la producción de
viñas rompió el equilibrio ya precario con el régimen de consumo. En
poco tiempo se almacenaron importantes cantidades de vino que no
Hallaban salida en el mercado y, por consiguiente, se desvalorizó el pro­
ducto. Durante la cosecha de 1914, la uva que anteriormente valía de
6 a 10 pesos el quintal bajó a 1,70 y hasta 1,30 en 1915.
El sur mendocino. por su importante actividad ganadera, se salvó
en parte del impacto económico de esta crisis. Sin embargo, al cerrarse
él crédito, la deuda hipotecaria permaneció extremadamente elevada,
equivalente a más del 40 % del valor. El excesivo optimismo general,
que también se había difundido en los bancos, puesto que tres de ellos
tuvieron que cerrar sus puertas (los tres últimos instalados), la impre­
visión del viñatero en esos años de vacas gordas, tanto como la falta de
sistematización del comercio, fueron los responsables de los aconteci­
mientos que dejaron sorprendidos a muchos pobladores. Fueron varios

264
entonces los que tuvieron que entregar las tierras a los bancos luego de
haberlas colocado en condiciones de producción.
En suma, varios factores habían contribuido a precipitar esta crisis
de "sobreproducción” que demoró bastante el vuelo de los oasis vitivi­
nícolas del oeste , argentino, entre los cuales San Rafael se había im­
puesto entonces. Fuese lo que fuese, las disposiciones inadecuadas de
las leyes con respecto a j a práctica generalizada de adulteración del
vino tuvieron una gran parte de responsabilidad. Por lo tanto, podría
sintetizarse uno de los episodios de la crisis vitivinícola de 1914-15 en
este comentario de un bodeguero bordelés durante la crisis francesa de
1905: “Sabed, por último, hijos míos, que de todo se hace vino, hasta
de uva”.

g) Los acontecimientos d e 1931-32: detención d e un nuevo vuelo.

Aunque la crisis de exuberancia tuvo su foco principal en Mendoza,


había generado también en el sur mendocino un clima de desconfianza
poco propicio a la prosecución de la rápida puesta en valor iniciada.
Esta zona necesitaba unos años para reponerse. L a mayoría de las ten­
tativas para formar cooperativas fracasaron, por lo tanto, después de
unos años de operación88. Sin embargo, en 1922, se habían tomado
medidas para levantar la cosecha y habilitar al viñatero sin bodega con
los recursos necesarios para industrializar el fruto propio en estableci­
mientos que tenían vasijas disponibles. Muy efímera también fue la exis­
tencia de un organismo de Seguro del Estado, fundado en 1919, y que
había fijadc en el 12 % del valor de la cosecha la cuota contributiva anual
de sus socios.
Mientras tanto, la orientación de los cultivos iba cambiando paula­
tinamente, al reaccionar los dueños de tierras y los chacareros, con el
fin de paliar los efectos nocivos de la crisis. Se introdujeron varios tipos
de frutales y se empezó a plantar el olivo en forma intercalada con
hileras de viña, en espaldera o en contraespaldera, durante la época de
crisis filoxérica, que no llegó finalmente a propagarse en el sur.
Pero si importantes fuentes de capitales se habían agotado al estan­
carse casi por completo los movimientos migratorios, seguían constru­
yéndose bodegas, las cuales sumaban 133 en 1926, según el censo
provincial. Este censo, a pesar de sus limitaciones, suministraba intere­

88 E n el establecimiento vinícola de Juan B. Comú se ensayó la instalación


de una bodega cooperativa en la cual participaron 6 5 viñateros en 1922. ¡La expe­
riencia, aunque repetida en 1923, no volvió a producirse más adelante. “líos Andes” ,
18 de junio de 1923.

265
1

santes índices por su posición entre dos períodos de crisis que contri­
buyeron (la segunda sobre todo) a modificar el espíritu tradicionalmente
ganadero del sur mendocino.
No obstante el aumento en el número de bodegas (la mayoría aún
con limitada capacidad de elaboración) y en razón de la crisis vitiviní-

Fig. 41 — Distribución de las superficies cultivadas pcir categorías


(Censo provincial agropecuario de 1 0 2 6 ).

cola, (as superficies en viñedos (14.650 ha) poco habían progresado


desde 1914 (12.916 ha) o sea un débil aumento de 1.566 ha. De todos
modos la vid ya representaba a partir de aquella época la fuente de
ingresos más importantes de la zona. Aunque los alfalfares ocuparan más
del 60 % de las superficies cultivadas y .aunque se mantuvieron con
fuerza el maíz y la cebada (10.000 ha y 14 % de la sup. cultivada), ya
plantaciones de perales y ciruelos sobre todo, al ocupar 3.000 y 2.000 ha
respectivamente, dominaban un grupo de frutales, entre los cuales se
destacaban también los duraznos (en estado de inferioridad en la época,
1.200 h a), los manzanos (1.000), los membrillos, cerezos y nogales
(1.000 ha en total) y los olivos (500 h a). En cuanto a las hortalizas,
incluyendo el tomate y el pimiento, aún no habían alcanzado mucha
importancia fuera del abastecimiento local (Fig. 4 1 ).
Paralelamente, la industria de transformación, casi exclusivamente
basada hasta ahora en la elaboración de la uva, empezó a diversificarse
al establecerse secaderos y fábricas de aceites de oliva, y al instalarse

266
aserraderos que fabricaban cajones para la fruta fresca* .Durante la
tempórá3'a~corréspondiente, los primeros “trenes, fruteros” representaron
una nueva fuente de ingreso para la zona.
Con la instalación de varias colonias en los sectores del este y par­
ticularmente en General Alvear, ya en 1929, la ocupación de la playa
había sido completada, aunque en forma mucho menos intensiva que
lo que puede observarse en la actualidad (Fig. 34). Allá también, los
centros industriales (Villa Atuel, Real del Padre, General Alvear) se
encontraban encabezados por bodegas. Ante todo, la intensificación de
los cultivos era negocio de mercado de consumo, puesto que con las
vinculaciones ferroviarias no podía considerarse más al oasis de San
Rafael como a un espacio enclavado, no obstante los inconvenientes
procedentes de su alejamiento. En la zona pedemontana y alrededor del
Nevado se proseguía la prospección del petróleo* pero la extracción per­
manecía a un nivel muy bajo. En la zona de El Sosneado ¡se extraía un
poco de petróleo.
(En eL sector-urbano, -algunos acontecimientos contribuyeron margi-
nalmfente a mantener una cierta continuación. Declarada ciudad en
1922, San Rafael pudo cumplir en mayor medida con su papel de centro
.regional, La municipalidad estableció una junta comunal en cada ca­
becera de distrito para dirigir las mejoras de los pueblos. Poco después,
tn 1924, al crearse la 2^ circunscripción judicial, la instalación de los
juzgados civil y criminal produjo como consecuencia la llegada de abo­
gados v otros profesionales universitarios, que completaron los cuadros
administrativos de San Rafael. El mismo año, se instaló una sucursal
del Banco Hipotecario Nacional y poco después la Caja de Ahorro y
PréstamósT Fueron las primeras iniciativas bancarias después de la crisis
de 1914-1915, que forzó a clausurar tres bancos KJ.
Én la ciudad de San Rafael, que contaba en 1926 con 602 casas, *
el comercio volvía a prosperar. Si el transporte a Mendoza v al litoral
se hacía exclusivamente por tren, en la región misma va existían medios
locales de transporte, aue empezaron a tomar más amplitud a partir
de 1 9 3 1 v 1 9 3 2 con s e rv icio s re g u la re s a C u a d ro B e n e g a s . L a s M alvin as.
Rama Caída v Cañada Seca. Por otra parte, los 400 automóviles y los
220 camiones del departamento de San Rafael, no obstante el aislamiento
en el cual se encuentra, suministran ur.a buena idea de la altura alcan­
zada por el nivel de vida. Igualmente, las 812 operaciones de transfe­
rencias de propiedades durante el año 1926 son un índice elocuente de
la amplitud del movimiento y también de la importancia de los abandonos.

86 Marcó del P ont , R., oj>. cit.

267
VSan Rafael tenía además su Hospital (Teodoro Schestakow) y su
Escuela Normal (1915), luego elevada a la categoría de Maestros Nor­
males. En 1925, se construyó el primer matadero municipal moderno en
la zona sur. También, a partir de 1925 se iniciaron varias obras de ur­
banismo (embaldosamiento de la plaza San Martín, mejoramiento del
arbolado de las calles y pavimentación de algunas de ellas, con el pe­
tróleo del Sosneado); todos esos acontecimientos, no obstante la escasa
importancia que tienen aisladamente, contribuyeron a darle a San Ra-
fáel uri sello más conforme a su nuevo estatuto.^
De 1914 a 1934, el crecimiento demográfico del departamento de
San Rafael había proseguido, pero con un notable aflojamiento, debido
en gran parte a la muy débil inmigración. A base de una tasa media de
crecimiento anual del orden de 2,8% según los índices de 1918, el au­
mento poblacional durante este período se apoyó en el fuerte crecimiento
natural, que representaba el 80%. Si la población había aumentado en
general del 50 al 70% en los distritos, se observaba, por otra parte, un
aumento equivalente a un tercio solamente en el caso de la zona urba­
nizada de San Rafael. De todos modos, debe observarse que los víncu­
los tejidos en el campo resultaron mucho más durables que en el medio
urbano y que, al producirse una crisis, la solución migratoria surge con
mucho más facilidad en la ciudad. Eso ilustra, pues, el hecho de que ya
había empezado un pequeño éxodo con punto de partida en el núcleo
urbano que, en los años siguientes, debía ampliarse ineluctablemente.
Desgraciadamente, distintos acontecimientos vinieron otra vez a
trastornar el desarrollo del sur mendocino, que al llegar el año 1930,
parecía haberse recuperado favorablemente del perjuicio de los años
1915. En primer lugar, se perdió el 80% de la cosecha del año 1932, al
producirse, el 9 de noviembre de 1931 una “helada negra” resultante de
la penetración tardíá en la provincia de Mendoza de un frente frío.
Así, con 5 años de atraso y aun más amplitud, se repetía un fenó­
meno climático idéntico al que había causado también graves daños
el 8 de noviembre de 1926. Sin embargo, el golpe financiero expe­
rimentado por la zona resultó de más alcance, pues, como consecuen­
cia del krash financiero de J.929, los precios de la uva y del vino
se tornaron muy bajos a lo largo de los años siguientes, al retraerse
el mercado por la disminución del poder adquisitivo.
Igualmente, a partir de 1930, decayó abruptamente la importan­
cia del ganado lanar al declinar el precio de la lana hasta $ 0,21
el kg en 1932, cuando se cotizaba a $ 1,00 el kg entre 1923 y 1929.
Sucedió igual cosa con los cueros de cabra, que experimentaron una
fulminante baja de $ 1,3 el kg en 1929 a $ 0,10 el kg en 1938. Muchos

268
puesteros abandonaron el trabajo y, por consiguiente, el ganado me­
nor se redujo en forma muy apreciable.
Otro golpe para la zona sur resultó, además, d«e la promulga­
ción, en 1931., de una ley nacional que prohibía la exportación, de
ganado a Chile. En la zona sur mendocina, esta exportación, aun­
que había decaído últimamente, seguía siendo algo más que el solo pro­
longamiento de una tradición que, en los primeros tiempos, representaba
la única fuente de ingreso para San Rafael.
Pero todavía lo peor estaba por ocurrir, como si no fueran suficientes
la declinación de los precios y las ordenanzas gubernamentales que, de
todos modos, lograron como resultado más inmediato la marcada acentua­
ción del contrabando de ganado.
El 10 de abril de 1932, a continuación de la_jsxplosión del volcán
descabezado.y. otros, una capa de ceniza de espesor variable cubrió toda
la región pedemontana del sur mendocino, alcanzando cierta intensidad
hasta el este del bloque levantado de San Rafael. Hemos comentado en
la primera parte las consecuencias físicas de esta caída, que afectó sobre
todo al sector de Malargüe. Cabe señalar también que el ganado vacuno
se encontraba en pleno desarrollo en 1930 en la zona y que había abun­
dancia de puestos para toda clase de ganado. Además de causar elevadas
pérdidas, en el ganado mayor particularmente, la ceniza volcánica oca­
sionó un sensible desmejoramiento de los campos de pastoreo, que per­
dieron totalmente su vegetación.
Posteriormente, en forma levemente progresiva, los campos han ido
retomando su estado anterior a la caída de ceniza aunque, «en 1956, to­
davía no habían llegado al estado vegetativo que posibilitara una capa­
cidad receptiva de ganado como en la época citad a!,n. No obstante, las
lluvias oportunas de los 10 últimos años en el sur mendocino, han favore­
cido, según creemos, una recuperación, casi total ahora, de la vegetación.
Tal vez. el resultado más positivo de esa serie de faetones adversos
haya sido el notable cambio en la economía agraria del sur mendocino
al imponerse definitivamente cultivos permanentes y anuales más diver­
sificados, industriales e intensivos, sobre la primacía tradicional de la
ganadería, que de allí en adelante desempeñaría un papel cada vez más
secundario.

00 Dos censos ganaderos efectuados en la zona, en 1943 y 1956, indican el


estancamiento de la actividad ganadera, con cifras de 6 0 .0 0 0 ((1941) y 68.400
(1 9 5 6 ) ipara el ganado vacuno, lo que representa una tasa inferior al 6 0 % con
respecto a los datos del censo de 1914.

269
Fot. 27 — Dique dericador Galilea Vital i y cámara desaremulora sobre
el río Diamante, en 25 d e Mayo. Del otro laclo clel río se ve la capa
de basalto negro intercalada en el material de glacis.

Fot. 28 — Detalle d e la cámara desaremulora en Gal ileo Vital i, d e las


compuertas y d el canal matriz en la -margen derecha del río Diamante.

0
h) Hacia una valorización más intensa del espacio ocupado

Los recientes acontecimientos y e! malestar económico general a


principios de la década del 30 contribuyeron a agravar el entorpecimiento
que, desde 1915, había paralizado hasta cierto punto el desarrollo local
y las iniciativas de los habitantes en el sur mendocino.
Paralelamente a la ocupación casi completa, pero aun extensiva, en la
mayor parte de la superficie del espacio hoy valorizado de la playa de
San Rafael, se habían aprovechado las posibilidades máximas de riego de
los ríos Diamante y Atuel (mediante derechos definitivos) pero sin sis­
tematización y a base de un elevado consumo de agua (Tabla 1).
Sin embargo, no obstante ei apoyo de un fuerte crecimiento demo­
gráfico (75% de 1914 a 1947) en todo el sur mendocino, debido a la
persistencia de una elevada tasa de natalidad y de un sáldo migratorio
positivo, las superficies dedicadas a cultivos intensivos no consiguieron
incrementarse proporcionalmente, por lo menos hasta el año 1943.

T A B L A 1

Evolución d e la superficie empadronada (ha) en la playa de San Rafael

Uso públi­ Ha cultiva­


Der. Def. Der. >Event. co y obras Totales das y reg.

En 1931

Atuel . ..____ 70.400 54.400 6.000 130.800 73.800


Diamante . .. 56.000 38.300 8.400 102.700 49.700
En 1952
Atuel . . . 54.400 6.000 125.400 75.000
Diamante ... 56.000 38.300 11.900 105.300 66.000
E n 1963
Atuel . . . . . . 64.500 54.400 600 119.500 75.000
Diamante . . . 55.800 38.200 3.500 97.600 66.000

En esas condiciones y teniendo en cuenta los notables progresos sub-


secucntes a la terminación de la segunda guerra mundial y quizás tam­
bién al iniciarse entonces un período que facilitó el acceso de los pe­
queños empresarios a las fuentes de financiación, lo que había sido poco
más que una ocupación del espacio con unos focos de intensificación, se
transformaba en una progresiva y auténtica valorización (Fig. 3 3 ).
Los datos del censo nacional de 1947 confirman este avance. Glo­
balmente, se registraban entonces en el sur mendocino 122.806 habitantes,
de los cuales 25.753 eran del departamento de General Alvear, creado en
1914. En este departamento, salvo la pequeña aldea de Bowen, el 20%

271
del total departamental (6.000 hab.) o sea el equivalente de San Rafael
en 1914, se concentraba en el único foco urbano, General Alvear, cuya
prestación de servicios era entonces muy limitada y subordinada en mu­
chos aspectos administrativos, judiciales y financieros a la competencia
de Mendoza y de San Rafael.
El departamento de San Rafael, hasta 1950, incluyó el territorio que
formó después el departamento de Malargiie. No obstante su carácter
eminentemente agrario, la población urbana ya agrupaba un tercio del to­
tal departamental (97.053). Cuatro núcleos se repartían los 35.655 habi­
tantes que formaban la población urbana. Tres de ellos (Malargiie, Mon­
te Comán y Villa Atuel) no eran mucho más que pueblos, que apenas
llegaban a superar los 2.000 habitantes;entre los cuales muchos aún con­
servaban funciones de tipo más agrario que urbano. En cuanto a la ciudad

ESCALA EN M ILES DE PER SO Ñ A S *

MUJERES

*O0 O TOOÓ tOOO SOOO «OO0 ¡OOO 7000 tooo 10OO 2000 SO0 0 4000 SOOO SOOO 7000

Fig. 42 — Pirámide de edades del departamento de San Rafael (según


el censo nacional de 1947).

de San Rafael, era indudablemente el verdadero y único polo de activi­


dad y de vida auténticamente urbana en la zona sur, con sus 24.847
habitantes.
La pirámide de edades para el año 1947 (Fig. 42) revela una pobla­
ción joven aún, con fuerte tasa de natalidad, 34,7%0, es decir, más de
L0%o superior a la tasa provincial. En conjunto, sigue mostrando todavía
características de población de frente pionero. La alta tasa de mortalidad
registrada, a pesar de que se trataba de una población joven, se debía
en gran parte a una elevada tasa de mortalidad infantil (97,8%0). El hecho
más destacable en lo demográfico resulta ser, sin duda, la débil tasa de
masculinidad ( 89% ), cuya mayor concentración se observa en las capas
de edad desde 20 a 29 años en adelante. Cabe señalar el equilibrio de
los grupos de edad 0-9 y 10-19, aunque ya en esta última capa se nía-
nifiesta un desnivel entre los grupos urbano y rural, siendo más nume­
rosas las mujeres en la ciudad y más numerosos los varones en el campo.
Este predominio del elemento femenino en los sectores urbanizados se
encuentra igualmente en el grupo de edad siguiente (30-39); y la di­
ferencia en los demás grupos de edad será muy escasa en la ciudad, pero
en cambio muy fuerte en el ambiente rural.
Por consiguiente, y no obstante la diferencia entre varones y mujeres
en los distintos grupos de edad, las mujeres eran mayoría en cada uno
de los centros urbanos del sur mendocino.
Esa despoblación femenina del campo en favor de la ciudad, la
cual ya había empezado a destacarse en el sur mendocino, es un proceso
corriente en todos los sectores agrícolas, pues necesitan más presencia
varonil para que se cumplan las tareas primarias. En la ciudad, al contra­
rio, la mujer, en forma general, consigue trabajo (al nivel secundario y
sobre todo terciario) con cierta facilidad. En San Rafael, sin embargo,
las fuentes de trabajo se encuentran sobre todo en el nivel secundario,
y se multiplican al abrirse nuevas fábricas de conserva y al ampliarse
otras, ya que ellas requieren mano de obra femenina durante 4 a 6 meses
del año o sea desde mediados de noviembre (cosecha de variedades tem­
pranas de duraznos) hasta mediados de mayo, cuando termina la cosecha
de tomate y pimiento.
El origen de la población en el departamento de San Rafael proba­
blemente traiga más luz sobre ese desequilibrio entre varones y mujeres.
En efecto, en el grupo nacido en la República Argentina, que formaba
el 75% de la población departamental, la tasa de masculinidad no acusa­
ba una debilidad tan marcada. Pese a todo, entre los demás grupos (na­
cidos fuera de la provincia y los extranjeros) que eran migrantes recientes
en la zona, la tasa de masculinidad era muy baja, particularmente en el
último grupo (6 4 % ) aunque fuera una situación normal en tal circuns­
tancia.
En fin, con dos entidades étnicas fuertemente dominantes (la espa­
ñola y la italiana), la población del sur mendocino ya tenía un carácter
homogéneo bastante notable. Además, el muy elevado porcentaje de
católicos en esta población (93% en San Rafael. 90% en General Alvear),
favoreció los intercambios y, por consiguiente, una integración acelerada
entre esos dos principales grupos étnicos por lo menos. Un dato interesan­
te: el fuerte porcentaje de analfabetos, 26,6% (14,4% para la provincia).
Aún subsistía una fuerte diferencia entre los centros urbanos (17,5% de
analfabetos) y el campo (3 3 ,3 % ), lo cual resultaba sintomático no solo
del erigen humilde de una gran parte de la población rural y semirural,
sino también de la fuerza de inercia de las actividades primarias, sobre

273
todo cuando se desarrollan en un medio sumamente agrario y más bien
aislado. Esta situación se debía seguramente, en gran parte, a la falta
de responsabilidad de los gobiernos en aquel momento, y en menor pro­
porción, a la despreocupación de buena parte de la gente por el mejora­
miento de sus condiciones.
A medida que iba modificándose el régimen de propiedad, al di-
Wdirse la tierra en explotaciones con superficies reducidas, y que aumen­
taba el número de pequeñas chacras y fincas en razón de la intensifica­
ción y de la especialización de los cultivos, paulatina y paralelamente
cambiaba también el sistema de puesta en valor.
De las 7.524 explotaciones en actividad (incluyendo las ganaderas)
en el sur mendocino, según el censo de 1947, el 70% (5.288) cubrían
individualmente un área de menos de 25 ha; y 2.210 de las explotaciones
(5.009) se dedicaban exclusivamente al cultivo de la viña, frutales y hor­
talizas. Además, el 44% tenían menos de 10 ha de superficie. La mayoría
de las explotaciones de 26 a 50 ha y de 51 a 100 ha eran además explo­
taciones agropecuarias como la casi totalidad de las 101 ha en adelante.
Esta situación se explica fácilmente por el hecho de que 2.814, o sea el
92% del total de las explotaciones ganaderas (2.515 en el sur mendocino)
no alcanzaban a 100 cabezas con un promedio de 15,1 Cabezas por
explotación.
vLa persistencia de la tradición ganadera, no obstante los importantes
ingresos proporcionados por los cultivos especializados, y la instalación
de ese ganado «en la playa de San Rafael desde el año 1932, resultó ser
una consecuencia de la ceniza volcánica. Varias estancias se habían re­
puesto en algo de las pérdidas sufridas, recurriendo al traslado del ganado
vacuno a la zona alfalfada concentrada en su totalidad en dicha playa.
Mientras tanto, lia calidad del ganado vacuno había mejorado un poco
tal incorporarse animales de raza. Los animales del tipo Holando Argen­
tino, por ejemplo, representaban el 15% del total en 1947; los de raza
Shorthom y los de raza Aberdeen «el 7% cada uno. El promedio de ani­
males criollos había bajado por otra parte al 55%.
Esa evolución de traslado, rentable en el caso del ganado mayor
evidencia por consiguiente estabilidad de su evolución (Fig. 43) de
1926 a 1959, lo que explicaría también las enormes pérdidas sufridas por
el ganado menor y el paulatino aumento a medida que los extensos pastos
naturales iban rehabilitándose.
Los datos del censo nacional de 1914 y del censo agropecuario de
1928 indicaban superficies idénticas de 44.000 ha cultivadas de alfalfa
para corte o para pastoreo. Aún en 1947, los alfalfares cubrían 51.000
ha, o sea casi el 5 0 '/ de la superficie total cultivada en el departamento

274
de San Rafael (106.608 h a ); además, los cereales (sobre todo la cebada,
ton 14.000 ha) ocupaban 19.000 ha. Esta situación, al margen de los
cultivos permanentes y anuales, ahora definitivamente implantados en
la zona, procedía directamente del hecho de que el pasto natural todavía
no se había recuperado de modo que el ganado mayor pudiera subsistir
allí y desarrollarse de manera económicamente rentable.

Fig. 43 — Evolución de 'la ganadería en los departamentos de San


Rafael y (Malargüe (según estimaciones de la Dirección (General de
Economía Agropecuaria de San tRafael). Hasta 1950, el departamento
de ¡Malargüe integró el departamento de San Rafael.

Hasta esa fecha (19 4 7 ), la industria vitivinícola tampoco se había


recuperado de las varías crisis de superproducción, ni de las dificultades
de comercialización debido al escaso mercado de consumo, ni de las
malas cosechas seguidas, consecutivas a factores climáticos adversos que
año tras año dejaban varias bodegas sin elaborar vino. Por consiguiente,
las superficies plantadas con frutales (13.716 ha) llegaron a superar

275
ahora a las superficies en viñedos (12.546 h a), los cuales habían retroce­
dido levemente con respecto a los datos del censo nacional de 1914 (12.916
ha) 01. En 1933, 23 secaderos habían industrializado 1.557 toneladas de
frutas secas. Al fomentar el progreso de esta industria el ferrocarril
Pacífico, el número de frutales se duplicó y la producción subió a 7.000
toneladas. Pero eran ahora 330 los establecimientos que salpicaban la
playa de San Rafael y se repartían la producción. Esta multiplicación
de industrias muy pequeñas, favorecidas por la extensión de la red
ferroviaria en aquel espacio, contribuyó a rebajar la calidad y a despres­
tigiar a partir de 1937, la producción local en los mercados extranjeros.
L a preparación defectuosa, la mala conservación, la no standardización
del producto, etc. concurrieron a limitar las salidas en el mercado inter­
no hasta que comenzaron a formarse las primeras cooperativas en 1949 °203.
Ya más de 150 bodegas habían sido habilitadas para fines de elabo­
ración de vino a principios de 1940 en el solo departamento de San
Rafael. Sin embargo, la capacidad total de vasijas era apenas equivalen­
te a un millón de hectolitros. Quince años más tarde, con 225 bodegas,
la capacidad de vasijas se había duplicado. Pero, aunque de 1954 a 1958,
la producción de uva vinificada de la zona representara un promedio
anual equivalente al 17,5% de la producción en escala provincial, la
capacidad de vasijas no alcanzaba a más del 10,8% 93 de la capacidad
provincial. Ya se preanunciaba una situación perjudicial con respecto al
porvenir y a la autonomía de la industria vitivinícola en el sur mendoci-
no. A pesar de que esa capacidad aumentara hasta cuatro millones de
hectolitros en 1966, la relación desfavorable producción - capacidad de
vasijas ha permanecido.
Con la extensión de los cultivos hacia el E , en los terrenos un poco
salitrosos y de difícil drenaje de General Alvear y, por lo general, en
todos los sectores (cañadas) con problema de desagüe, nuevos cultivos
se difundieron al instalarse las primeras fábricas (sobre todo a partir de
1940) para envasar en hojalata las hortalizas de más alto rendimiento
industrial, entre las cuales el tomate y el pimiento (morrón) muy pronto
lograron la preferencia.
Entre las frutas también, el durazno, por su alto rendimiento y su
perfecta adaptación climática a la zona, suplantó pronto a la pera, que
al principio tenía más importancia (3.000 ha de perales contra 1.700 ha
de duraznos en 1934. (Fig. 4 1 ). Hoy en el sur mendocino, el durazno

01 Este censo incluía también a la colonia Alvear, cuya superficie en viñedos


no alcanzaba las 1.000 ha.
92 Diario “La Libertad”, 8 de setiembre de 1945.
03 G uiboubdenche de C abezas , M. E ., San Rafael a través de la esta­
dística, en “Revista de la Facultad de Ciencias Económicas”, (Mendoza, 1956.

276
Fot. 29 — Desecación ele duraznos al aire libre. 'Este proceso de ela­
boración primaria suele complementarse mediante la desecación en
hornos. En la industria de la desecación de la fruta, la ciruela repre­
senta más del 95 % de la materia prima elaborada.

Fot. 30 — Secaderos modernos d e la CAP. Algunos de los 20 hornos


que posee esta fábrica. Se extiende la fruta en unos zarzos escalonados
entre los cuales circula el aire caliente y seco.

277
domina nítidamente entre los frutales, al ocupar el 40% de la superficie
en frutales y al representar más del 50% en peso de la cosecha de frutas
En realidad, acoplado al ciruelo,, cuyas plantaciones (tipo d’Agen
en un 90 % ) aumentaron regularmente, y que se industrializa ade­
más en forma Resecada,. esos dos productos típicos de San Rafael han
tomado una importancia relativa cada vez más grande, pues otros fruta­
les van eliminándose^ poco a poco, sea por los bajos rendimientos o
enfermedades endémicas, sea también por la escasez de mercado o más
aun por la fuerte competencia iniciada por el Neuquén y el Río Negro
en la (manzana y la pera particularmente 04.
En las fábricas aun escasas, la capacidad de elaboración era limita­
da, pero el durazno y el tomate ya se imponían como los principales
productos industriales por sus altos rendimientos, su fácil y poco costosa
elaboración y la fuerte demanda, generadora de ingresos y seguros
sustanciales.
Sin embargo, la (papa seguía ocupando más espacio cultivado (4.000
ha.) que el tomate; una situación que pronto llegaría a modificarse, ¡¿a
desecación de la fruta aún conservaba su importancia, sobre todo por
utilizarse hornos para obtener un producto de mejor calidad. Más de 60
galpones de empaque salpicaban el campo alrededor de San Rafael.
Paralelamente muchos pequeños aserraderos y fábricas de cajones habían
surgido al acelerarse la demanda para ese producto. L a materia prima,
el álamo, se obtenía en la región misma, de unas pocas plantaciones
(Malargiie, Punta de Agua) y de las numerosas trincheras a menudo
dobles o triples.
Salvo algunas de las más antiguas bodegas que requerían poca mano
de obra y algunos aserraderos importantes (mueblerías, carpinterías) y
talleres mecánicos, la zona urbana de San Rafael comenzaba a integrarse
y a participar en la industrialización de los productos de su región.
Pero, al instalarse desde el año 1940 y sobre todo alrededor de 1950,
nuevas y grandes fábricas en el radio urbano de San Rafael en busca de
una mano de obra (femenina) abundante, su papel cambió bastante.
Por lo general en esa época, en la provincia de Mendoza, el sistema
de trabajojpor contrato (trabajo indirecto) se había implantado profun­
damente, ya que el 75% de las propiedades estaban en manos de con­
tratistas. Sin embargo, en el sur mendocino, este modo de explotación
indirecta de la tierra, aun en 1947, no había alcanzado proporciones94

94 Los ¡productores de frutas de aquellas zonas trabajan en el cuadro de una


fuerte organización cooperativa Poseen ante todo los frigoríficos imprescindibles
para la conservación de la mercadería en condiciones óptimas ty su posterior co­
locación en el mercado en el momento oportuno.

278
equivalentes. Oficialmente, la explotación directa (3.115) de la tierra
(Incluyendo el trabajo indirecto por contrato), también en pequeñas
l arcelas (menos de 10 ha) seguía afectando a casi el 64% de las pro­
piedades que, al mismo tiempo, representaban el 50% de la superficie
utilizada en forma intensiva. Por otra parle, 28% de las explotaciones se
encontraban en régimen legal de explotación indirecta (arrendamientos
20% y medieros 8 % ); en cuanto al resto, se hallaba en forma de
ocupación gratuita y de tierras fiscales
Más adelante, a medida que se incrementaba el parcelamiento, al
recuperarse el cultivo de la vid y al aumentar al mismo tiempo la
demanda para brutas y hortalizas en hojalatas, el sistema del contratista
se difundió más en el sur mendocino. Esta difusión, igualmente, influyó
sobre la división de la tierra.
Mientras tanto el ferrocarril había desempeñado importante papel
a fin de intensificar la valorización de la playa de San Rafael. No puede
olvidarse el hecho de que la zona sur mendocina contaba desde el año
1914 con dos líneas de ferrocarriles (San Martín y Sarmiento) es decir
de una de las mejores combinaciones, si no de la mejor, en el piedemonte
cuyano, pues Mendoza y San Juan tienen solamente una.
Además el ferrocarril del Oeste colonizó una gran parte del sector
occidental de la playa, sobre todo la parte regada por el Atuel. La
compañía se hizo compradora de tierras, que dividía en extensiones de
10 a 15 hectáreas, vendidas con derechos a agua. Igualmente los prime­
ros ocupantes, ganaderos ante todo, vendieron sus tierras e Sociedades
anónimas grandes que procedieron gradualmente a intensificar la
producción.
Paralelamente se extendía la red ferroviaria en la playa, para facilitar
la salida de los productos. El ferrocarril contribuyó así a la descentrali­
zación de las bodegas en el campo a partir de 1940, al encontrarse las de
menor capacidad de vasijas (menos de dos millones de litros) alrededor
de San Rafael.
Gracias al ferrocarril, algunos pequeños pueblos (Rama Caída,
Salto de Las Rosas, Goudge, La Llave, Real del Padre) llegaron a tomar
más importancia, al convertirse en centros de carga para la salida de los
productos de sus respectivos distritos. Entre éstos, Monte Comán, no
obstante su ubicación marginal y la limitada producción * de su sector
cultivado, aprovechó más aun cuando pasó a ser el nudo ferroviario de
la playa. L a instalación de un amplio taller para el mantenimiento del
material rodante lo consagró como el centro ferroviario del oasis. Eso
explica el crecimiento de su población urbana (Fot. 53).

279
Fot. 31 — Ramal de ferrocarril en un paisaje de ctdtioos intensivos con
habitat diseminado, en el sector d e Rama Caída.

Fot. 32 — Preparación moderna d e nuevas tierras para los tuitivos en


un antiguo cauce del río Diamante: distrito d e Cañada Seca. Se rellena
la parte baja conservando una ligera pendiente para el riego. 'El sistema
a nivel cero se usa poco en la región, pese a sus ventajas.

280
L a promoción de la actividad secadera estuvo en gran parte a cargo
del ferrocarril, y su diseminación en el campo resulta también de la.
extensión de los servicios prestados por el ferrocarril al expandirse la
red ferroviaria (Fot. 31).
E l camino aún no asfaltado entre San Rafael y Mendoza, y las largas
distancias que había que recorrer por rutas de segunda categoría hasta
el litoral otorgaban por lo tanto al transporte ferroviario un monopolio
absoluto sobre las salidas de productos para consumo directo o elabora­
dos (incluyendo el traslado del vino por vagones tanques hasta las plan.-
tas fraccionadoras ubicadas en la proximidad de los centros de consumo)
de la zona sur y, por otra parte, sobre todas las entradas de mercaderías y
comestibles que necesitaba la región para mantenerse (Fot. 34).
Sin embargo, esos caminos de hierro conducían una vez más, como
todos los demás que se habían construido en el país, a Buenos Aires;
impidieron en el ámbito local que el abanico de las salidas hacia el
litoral se ensanchara.
Instaladas con el aporté de capitales extranjeros, esas compañías
ferroviarias tenían como finalidad el encaminamiento derecho al puerto,
de los distintos productos comerciales del interior, por la vía más corta
posible, a pesar de la más elemental libertad de negocio. Por consiguien­
te, el productor, ya en posición económica debilitada por su individua­
lismo y la ausencia de fórmula cooperativa, se encontraba en confronta­
ción con verdaderos carteles. Casi siempre vendía su promoción, pero
a menudo a precios mínimos y previamente fijados. No obstante el
servicio prestado en la zona sur y su imprescindible papel de cordón
Lmbilical, el ferrocarril argentino lleva en la distribución de su red el
sello indeleble del colonialismo económico del cual procede. Desgracia­
damente, fueron los centros de producción marginalmente ubicados, a
largas d istan ciaste la Capital Federal de donde divergen los grandes
eies de transporte ferroviarios como San Rafael, los que debieron sufrir
las consecuencias. Además, a medida que va aumentando la distancia
con respecto a Buenos Aires, la intensidad de la red intercalada dismi­
nuye también según una curva logarítmica, al reducirse en proporciones
equivalentes la autonomía y el dinamismo comercial de cada uno de los
espacios útiles periféricos.
Antes de 1940, salvo por <el petróleo del Sosneado, cuya producción
escasa era absorbida por la zona misma, la minería en “general no se
había destacado más que como actividad artesanal con producción limi­
tada y casi sin salida. Poco después de esta fecha el sector privado inició
explotaciones mineras en el distrito de Malargüe. Al mismo tiempo,
mejor dicho en el mes de junio de 1944, se inauguró el ramal Pedro

281
Yarj£i^-Malargüe. construido por los ferrocarriles del Estado. La fina­
lidad primordial de este ramal era la explotación de los yacimientos
carboníferos (asfaltita, igualmente llamada “rafaelita”) para obtener el
combustible sólido que necesitaba el país para mantener el funciona­
miento de sus industrias fabriles en la zona litoral; las cuales resultaban
afectadas por Ja restricción de la importación del extranjero de esos
elementos como consecuencia de la guerra.
Desgraciadamente, en la elección del trazado, la influencia localista
de San Rafael, había prevalecido para que se iniciara ese ramal desde
dicha ciudad. Por otra parte, si se hubiera construido el ferrocarril en
línea directa hacia Malargüe, es decir, desde la estación de Soitué, en el
distrito Jaime Prats, se habría duplicado la capacidad de carga al apro­
vechar lar pendiente más suave y la ausencia de curvas de corto radio;,
desventajas todas que afligen al actual trazado, que requiere máxima
utilización de frenosL Aún hoy la capacidad de tracción limitada de las
locomotoras en el ramal Malargüe - Pedro Vargas, dificulta, demora, y
por consiguiente encarece, el transporte de la fluorita, del manganeso, etc.
En suma, esa falta de visión del porvenir y, hasta cierto punto, de sentido
nacional, perjudica el desarrollo de la zona minera de Malargüe, al
sumarle al producto un flete prohibitivo.
Al año siguiente, o sea en 1945, esa nueva línea exportó 147.000
toneladas de materias primas, de las cuales 110.000 eran asfaltita 93*95; 4.000,
sal de las Salinas del Diamante, y 600 azufre 96. Esos datos, aunque esca­
sos, suministran sin embargo el verdadero cuadro de la situación minera.
Todavía esta actividad es estrictamente dependiente de los medios de
transporte, no obstante caminos nuevos y directos desde el centro de
extracción hasta la planta productora, y camiones pesados, dada la dis­
tancia hacia los centros siderúrgicos y los mercados; es decir, por el costo
del flete.
Por otro lado, esta posición desventajosa experimentada por la
actividad misma llegó más tarde a representar para la región de San
Rafael ciertas ventajas. Con el objeto de aprovechar la energía hidroeléc­
trica del río Atuel y de disminuir los costos de flete se instalaron plantas

93 La compañía Combustibles Sólidos Minerales extraía la materia de las


minas La Valenciana y Mina car en el valle del río Grande y Las Castañas en (Los
Melles, zona de (Malargüe. ¡En dos años se llegaron a obtener 6 00.000 toneladas de
asfaltita. Posteriormente, debido a la fijación de precio tope .para la venta y a los
problemas que ooasionaba su transporte, que influía con otros factores para que su
precio resultara superior al importado, las explotaciones fueron abandonadas.
96 La extracción de azufre se haoe en los yacimientos del volcán Overo a
4.000 m de altura sobre el nivel del mar. En plena actividad en esa época empleaba
una mano de obra de 200 a 400 ¿¡hílenos y bolivianos, adaptados a las pienoshs
condiciones de trabajo de altura. Hoy se trabaja en forma esporádica, preferente­
mente en verano.

282
de concentración de mineral (maganeso) y de ferroaleaciones (carburo
de calcio y ferrosilicio) en Malargüe y en El Nihuil. A pesar de que esa
nueva actividad industrial sobreimpuesta al papel agrario de la región
tuvo poco impacto, aceleró por otra parte el aprovechamiento del río
Atuel, cuya energía se necesitaba para lograr el mayor beneficio del
desarrollo industrial del oeste, donde la falta de energía «eléctrica consti­
tuía el problema más serio.
Hasta 1957, es decir hasta que llegó finalmente a San Rafael la
energía producida por la usina eléctrica Nihuil I, cuya potencia alcanza a
79.000 kilovatios, la escasez de energía eléctrica suministrada por una

caldera de muy débil potencia (1.500 kilovatios) con respecto a las nece­
sidades locales había demorado bastante el desarrollo industrial. Para
abastecerse con la indispensable energía, las fábricas tenían que instalar
dínamos propios con motores de diesel. Además de resultar a menudo
inadecuado, el costo de operación encarecía finalmente el producto
terminado, en forma tal que ponía en peligro su comercialización.
Pero cuando esa planta hidroeléctrica empezó a funcionar, con dos
turbinas solamente, apenas si podía satisfacer las urgentes demandas de
las grandes fábricas instaladas en las inmediaciones d e .E l Nihuil; la
Carbometal, S . A . I . C . , e Industrias Grassi S. A. Por consiguiente los
industriales de la zona se encontraban frustrados en parte al comprobar
que dicha energía estaba comprometida a grandes fábricas instaladas
recientemente en la zona.

283
Este hecho suministra un buen ejemplo de lo que más contribuyó a
perjudicar a la zona, es decir, las decisiones tomadas desde afuera y
particularmente desde Buenos Aires, sin conocimiento previo del contexto
geográfico y económico local y,, a veces, con total despreocupación con
respecto a ello.
Una vez completado el tendido de las líneas a los centros de consumo
de San Rafael, la llegada de energía produjo un impacto decisivo que,
además de beneficiar a los ya numerosos establecimientos (elaboración
de frutas y hortalizas para envase, desecación de frutas, fábricas de
cajones, etc.) y a las 200 y más bodegas, favoreció también al importante
comercio local y suscitó nuevas iniciativas. El departamento de General
Alvear, por su parte tuvo que esperar hasta el año 1960 antes de que le
llegara la energía eléctrica de la planta de El Nihuil I (Fot. 26).
El aprovechamiento del .Atuel incluía además plantas hidroeléctricas
complementarias (Nihuil II con una capacidad de 85.000 kilovatios,
habilitada en 1967; Nihuil III, con 50.000 kilovatios, aun no completada)
v un dique compensador (Valle Grande), inaugurado en 1966, que
también tiene previsto aguas abajo una usina que podría generar 55.000
kilovatios (Fig. 44 ). Esa asociación de plantas hidroeléctricas bajo siste­
ma de túnel forzado con dique compensador, permitía cumplir con las
exigencias del riego durante la temporada vegetativa.
Si bien había sido solucionado en parte la cuestión del aprovecha­
miento del río Atuel, y al mismo tiempo, el problema de la regularización
del caudal para fines de riego, aún no se había hecho nada en el caso del
curso de agua más caudaloso y sobre todo más peligroso con respecto a
la playa de San Rafael y por sus devastadoras crecidas: el río Diamante.
Después de los estudios sucesivos de Wauters, Kennedy y W ard, el
problema del río Diamante cayó en el olvido durante unos 20 años.
Mientras tanto, el panorama se había complicado bastante. Donde antes
existían terrenos incultos o extensos potreros de alfalfa, se encontraban
ahora amplios viñedos de primera categoría o cultivos de frutales de
igual o mayor valor. Poco o nada habían progresado los trazados de los

284
canales existentes, que siguen derivando sus aguas mediante 26 primitivas
tomas (Fig. 45) de “pies de gallo” y “bolsones de piedra”, las cuales
exigen una permanente atención para evitar que los canales queden en
secó durante los estiajes o que el río se introduzca en los mismos durante
fuertes crecidas, arrastrando las tierras, destruyendo las tomas precarias
de pies de gallo, las fajinadas, los gaviones, etc. El trazado de los canales
derivados del río es casi paralelo, y las tomas opuestas una a otra sobre
•as márgenes del río (Fig. 45 ). De esta forma, el agua debe obligarse a
un largo recorrido zigzagueante dentro del curso para poder ser captada
tn las mismas tomas.
Como hace 20 años, las pérdidas por infiltración y evaporación en el
, cauce del río, en el tramo de 47 km donde se derivan las aguas, llegan a
un 30 ó 40% , según el caudal. La pérdida total hasta llegar a la cabecera
de las propiedades podría superar al 50 %97.
Al resultar inaplicable el plan esbozado por Wauters, se optó por un
sistema de canales matrices marginales (paralelos al curso del río),
siguiendo la máxima pendiente para mayor economía, de donde se hacían
dérivaciones perfectamente controladas, a los canales primitivos.
En 25 de Mayo, existe desde 1953 un dique derivador con canal
matriz y cámara desarenado™, hoy denominado Galileo Vitali, que hasta
hace poco, y en parte solamente, ha cumplido su cometido. Es decir que
a excepción de dos canales de la margen derecha del río, el resto de los
cauces, 26 en total (Fig. 45), continúa derivando el agua en forma rudi­
mentaria con tomas directas, o bien con diques menores como el Videlino
en Monte Comán. Si bien se ha terminado un canal matriz impermeabi­
lizado en el marginal derecho además de un sifón ( cruce subterráneo por
debajo del lecho del río Diamante) para los canales de la margen izquier­
da de Socavón y Frugón y Marcó, aún no se han iniciado los trabajos
para hormigonar d tramo más importante, aguas abajo de estos últimos
canales (Fot. 27 y 28).
|Debe considerarse por lo tanto que lo que más hacía falta en la
playa de San Rafael, no obstante las realizaciones sobre el río Atuel, era
el aprovechamiento integral del río Diamante, tanto del punto de vista
energético como del punto de vista de la sistematización del riego y de
la coordinación de las obras. Ya, desde 1940, se han esbozado varios
planes para desviar, a precio de oro, las aguas de los ríos Cobre y Tordi­
llo (Fig. 44) y aun del río Grande mismo, con el objeto de aumentar el
caudal del río Atuel, la producción de energía hidroeléctrica y luego
ampliar las superficies bajo riego

97 Datos suminisüados por Dirección de Obras de Irrigación de la Provincia.

285
Fot. 33 L echo mayor y terrazas del río Atuel cruzado por la ruta
143, rumbo a Villa Atuel y General Alcear. Obsérvese la amplitud del
lecho y a la derecha los primeros viñedos de Villa Atuel.

Fot. 34 — La estación d e ferrocarril d e San Rafael. Viáta hacia el S.


Se notarán los vagones tanques para el transporte de vino común hasta
las plantas fraccionad oras. Abajo a la izquierda, un antiguo zanjón,
aún no completamente rellenado, en un barrio humilde. Notable regu­
laridad del trazado de las manzanas.

286
Sin embargo, es nuestra opinión que el aprovechamiento del río
Diamante y una distribución racionalizada de las aguas de riego con
respecto a las necesidades de cada uno y según el tipo de cultivo, median­
te una red de canales, hijuelas y acequias completamente impermeabili-
.•ada, podría eventualmente llegar a duplicar las superficies actualmente
irrigadas con agua del río Diamante.
En la coyuntura actual poco favorable a la extensión rápida de las
superficies con cultivos intensivos bajo riego, debido a la paulatina
evolución del mercado de consumo casi exclusivamente interno, un
proyecto tan extenso como el del río Crande, tendría que esperar por lo
menos hasta la próxima generación.
Ya en las experiencias realizadas en los valles del río Negro y el
Neuquén, se aprendió que la disponibilidad de aguas para el riego me­
diante importantes obras de canalización no constituye el único factor de
valorización del espacio. Hay que disponer también de la mano de obra
capacitada, para la cual se había previsto toda una infraestructura de
prestación de servicio. Hay que enterarse también, de manera científica,
de lo que puede cultivarse en la zona, y sobre todo, de lo que debe culti­
varse en función de un mercado obligatoriamente garantizado por los
organismos responsables En proyectos de tal envergadura, tanto por las
inversiones financieras como humanas que implican, no debe dejarse nada
al azar, pues cualquier quiebra al nivel de la planificación suele
desarrollar la anarquía.
Mientras tanto, y no obstante un nuevo proyecto de sistematización
del río Diamante cuyas obras comenzaron en 1958, hasta ahora no se
ha concretado nada. En varias oportunidades durante casi 10 años, se
suspendieron los'“trabajos de construcción de la obra mayor: el dique
de embalse de Agua del Toro, por causas políticas y económicas que
atrasaron en forma indefinida la construcción de dos usinas hidroeléc­
tricas en serie (Fig. 44) con capacidad respectiva de 90 kilovatios (plan­
ta, aguas abajo del embalse) y 50 kilovatios (usina de Los Reyunos:
40 km aguas abajo con respecto a la primera) y evidentemente la del
dique compensador igual que en el caso del río Atuel.
Por otra parte, esta situación perjudica fuertemente en la actualidad
al desarrollo industrial de la región de San Rafael y de General Alvear,
pues ella se encuentra confrontada otra vez con un déficit energético,
lo que constituye en el contexto de una economía en evolución un freno
que arriesga volverse a corto plazo un poderoso factor de estancamiento.

287
i) E n él umbral d e una integración regional d e tipo nuevo

No obstante todas las deficiencias que hemos señalado al fijar las


distintas etapas en la ocupación progresiva del espacio en «el sur men-
docino, el saldo resulta nítidamente positivo.
Después de haber esbozado las tergiversaciones que han dado un
sello original a la instalación de una margen pionera en el sur mendo-
cino, hemos tratado de ordenar, o mejor dicho sintetizar, las peripecias
diversas que presidieron la progresiva puesta en valor del oasis de San
Rafael.
Al realizarlo con el máximo de rigor científico y también con un
mínimo de método histórico, con respecto a circunstancias que hemos
evocado anteriormente, hemos desembocado sobre el paisaje geográfico
actual de San Rafael, cuya reciente evolución se inscribe dentro del
breve período de los 10 últimos años; es decir, una etapa muy fértil en
acontecimientos diversos cuya influencia podría tener gran alcance en
el porvenir de San Rafael.
También, al llegar nuestro estudio a esta altura no quisimos mostrar
en el cuadro de esta misma parte la infraestructura de la realidad con­
temporánea en el oasis de San Rafael ni tampoco plantear los problemas
inherentes a esta realidad actual tanto al nivel regional como al nivel
urbano. Por consiguiente, nos hemos limitado a un análisis a veces
intuitivo de los temas básicos. Es decii que nos hemos detenido en el
umbral de una nueva tendencia en la organización de las estructuras
agrarias, a orillas también de la implantación de una industria de trans­
formación de la materia prima mejor adaptada.
Ya el impacto generado por el aprovechamiento de los recursos
naturales, aunque en forma limitada y marginal con respecto a la econo­
mía agraria de San Rafael, el mejoramiento de los medios de comuni­
cación y de transporte, y el reciente desarrollo de las actividades terciarias
medianas e interiores dentro del cuadro urbano, aseguraban la promo­
ción de San Rafael al rango de centro regional secundario.
Sin embargo, aún hoy siguen subsistiendo resabios del aislamiento
primitivo de la época del frente pionero en la zona sur por distintos
que sean ahora los matices.
Ignorada en varias oportunidades por los gobiernos, sobre todo por
los del nivel provincial que, hace unos años atrás, podían invocar la
excusa de la distancia para no extender su acción en momentos propi­
cios, la región de San Rafael, en muchos aspectos hecha casi sola, ha
desarrollado con respecto al norte de la provincia y particularmente con
respecto a la ciudad capital, cierta sentimentalidad autonomista (self-

288
sufficience) y unas actitudes independientes, muy comprensibles, dadas
las circunstancias.
Hasta 1950, por ejemplo, el sur de la provincia contribuía con el
cincuenta por ciento, más o menos, al frondoso presupuesto de la Su­
perintendencia General de Irrigación. No obstante ello, no se había
realizado ninguna obra provincial que correspondiera en mínima parte
a los aportes que hacía la zona para engrosar el erario de la provincia
cuando, en el norte, se multiplicaban las obras de irrigación. Es decir,
que la contribución necesaria y cabal del gobierno hacía falta para
solucionar problemas de enorme trascendencia para el bien colectivo
(mejoramiento del sistema de riego, anarquía en el desagüe, caminos
inadecuados y escasez de energía).
Por consiguiente, el sentimiento de muchos sanrafaelinos después
de tantos años de promesas sin cumplirse y de desilusiones, era que al
departamento de San Rafael, le pasaba casi como a Martín Fierro:
“figura en todas las listas, menos en las de pago”.
Con toda objetividad, la gran mayoría de las reivindicaciones for­
muladas para el sur mendocino no son “pedidos de catalanes” y tienen
justificación. Las reacciones llamadas “separatistas” por la gente del
norte, no lo son tampoco, sino que resultan de un ambiente psicológico
en el cual la desconfianza y también la “fatalidad” (en razón de los
acontecimientos climáticos) tienen profundas raíces.
Hemos señalado el hecho de que en el oeste argentino las ciudades
cabeceras que además polarizan amplios espacios poco valorizados en
la mayoría de los casos, corresponden a capitales provinciales. L a situa­
ción de San Rafael en el sur mendocino con respecto a su innegable
importancia económica, que llega fácilmente a superar a la de algunas
capitales provinciales del noroeste, ha contribuido al desarrollo de un
verdadero sentimiento de frustración entre sus habitantes por no ser
su ciudad una capital como las demás En el origen de ese destacado
sentimiento debe considerarse a la combinación de factores deterministas
geográfico-históricos.
Sea lo que sea, y no obstante su escala reducida por ser un oasis,
es decir un espacio valorizado, en forma intensiva, con límites bien
marcados, San Rafael posee los elementos esenciales para formar una
región nodal.
Después de haber distinguido y descrito los varios jalones en la
evolución de San Rafael hasta el nacimiento de un espacio polarizado
de dimensión nueva, falta todavía conocer las principales condiciones
que permitirán matizar el grado de polarización o sea el nivel de la
integración regional.
Trataremos de alcanzarlo al estudiar la organización actual del
espacio útil en la región de San Rafael.
289
III. O rganización del espacio útil en la
región de S an R afael

“Fondé sur la vie de relations, l’espace


fonctionnel s’exprime moins par des li­
mites que par son centre et par les ré-
seaux de tous ordres que en émanent”.

Etienne J u il l a jv d

— La région; essai de définition.

Aplicado, a un espacio cuyos límites aparentes coinciden más con


los de los cultivos bajo riego, la noción de “región” ofrece en el oasis
de San Rafael una dimensión peculiar. Con respecto a lá zona de in­
fluencia de los ríos Diamante y Atuel esa noción misma tiene que
confundirse con la de paisaje, y para aprovechar la expresión de Max
Sorre98. también podría agregarse que la región de San Rafael cons­
tituye indudablemente, bajo ese aspecto, el área de extensión de un
paisaje geográfico.
Para adecuamos al pensamiento de Juillard99 trataremos, en esta
tercera y última parte, de expresar la realidad del espacio útil o funcio­
nal en el sur mendocino tanto por el carácter de las actividades desa­
rrolladas a distintos niveles dentro de dichos límites como por las fun­
ciones de los focos que forman su imprescindible armadura urbana y
las interrélaciones que se han tejido entre ellos.
E l hecho de qué se insista en utilizar la expresión región podrá
parecer singular y aun casi exagerado con respecto a un oasis cuya po­
blación apenas sobrepasa los 180.000 habitantes, productor exclusivo de
materias primas alimenticias y muy dependiente, además, administrativa
y económicamente, de decisiones tomadas afuera. Sin embargo, cabe
señalar que todavía no se ha establecido ningún criterio con respecto
a una superficie o población mínima para hablar de región; los factores
que determinan la existencia de zonas de influencia son demasiado
variables e implican además extrapolaciones dentro de contextos per­
petuamente cambiantes.
En relación con su contenido funcional, veremos que la región de
San Rafael ha desarrollado, hasta cierto nivel, un reflejo autonomista,
no evidentemente en el sentido de una economía sino en la medida en
la cual la mayoría de los servicios y funciones más esenciales se hallan
representados, y de tal manera que su polo de actividad sea habilitado

9H S orre , Al., Recontres d e la Géographie et d e la Sociologie, París, 1997, p. 33.


90 J uillard , E ., La región: essai d é définition, en “Annales de Géographie”,
N9 387, París, Societé de Géographie, 1962, p. 483-499.

290
para satisfacer las principales necesidades de sus habitantes. Por otra
parte, esta región de San Rafael tiene que incorporarse al espacio orga­
nizado por la metrópoli y sus satélites (metrópolis regionales) que po­
seen el poder de impulsión y de decisión.
Sin embargo, debido a su situación particular en el oeste argentino,
es decir su aislamiento, la originalidad y el hecho de la ocupación y de
la valorización de su región; debido también a su contexto histórico, del
cual han resultado condiciones adversas para una autonomía más grande

Fot. 35 — Concentración de actividades seáundarias en el sector Ba-


lloffet, a orillas del río Diamante. En primer .plano, parrales alrededor
de las bodegas iMohamed Sat S.A. y Viñuela (Giol). A orillas* del rio
Diamante se ubica el matadero municipal. En el centro, la alameda
que corre de izquierda a derecha corresponde al camino Balloffet (ruta
143). Al fondo, la Isla del Diamante.

en el piedemonte cuyano, la ciudad de San Rafael no puede ser cata­


logada como centro de relevo ( centre-relais) en el sur mendocino.
Si, en Europa, se considera, por lo general, a la región como el
último nivel en el cual se estructuran, se coordinan y se superponen
líneas de fuerzas que actúan en la vida económica y social, antes de
llegar al nivel nacional, en varios países de las Américas las dimensiones
del problema son diferentes, puesto que fluctúan en espacios desmedidos
(a la escala europea) que no se pueden ignorar tampoco.
En el esquema tradicional de la región, San Rafael se convierte
casi en un caso fortuito, que procedería de elementos a la ve'z históricos
y geográficos bien característicos. El desarrollo reciente pero rápido, en
un territorio (piedemonte cuyano) ya organizado administrativamente.

29 L
de un nuevo espacio valorizado (zona de inñuencia de los ríos Atuel y
Diamante), como en Mendoza (zona de influencia de los ríos Mendoza
y Tunuyán) o de San Juan (zona de influencia del río San Juan) en
un medio desértico, y pese a su apertura hacia nuevos horizontes, tras­
torna un poco los conceptos ya clásicos de la región tradicionalmente
enclavada entre otras regiones, cuyos límites suelen corresponder a los
del radio de influencia del polo de actividad alrededor del cual se ha
constituido el espacio polarizado.
Tal como trataremos de demostrarlo más adelante, el papel de la
ciudad de San Rafael es el de un centro regional secundario; es decir,
que ocupa el tercer lugar en la jerarquía urbana de la República Argen­
tina, después de la capital nacional (Buenos Aires) y de la metrópoli
regional (Mendoza). Por consiguiente, en virtud de criterios regionales
aplicables al contexto del país inmenso, y no obstante el alcance necesa­
riamente reducido de la ciudad de San Rafael, principal polo de activi­
dad, opinamos que debe considerarse al espacio valorizado del sur
mendocino como a una auténtica región geográfica integrada.

1. C uadro y naturaleza de las actividades en e l espacio


VALORIZADO DEL SUR DE LA PROVINCIA DE MENDOZA

‘Regionalism fe an attempt to define areas


which are at once unite of social feelings
and, as far as possible, also areas of economic
life suitable to Service as units to the tmark
of administration”.
N icholson and S m a etz ,

T h e regional concepts, Regions of Cañada


and Resources of Tomorrow, IJ, p. 332.

Considerados en conjunto, los tres departamentos que forman el


sur mendocino suman 87.284 km2, o sea que representan el 58 % de la
superficie de Mendoza; sin embargo, sus 185.000 habitantes (estimación
para el año 1967) representarían solamente el 20 % de la población
total de la provincia de Mendoza. Al excluir los 42.128 km2 del depar­
tamento casi vacío de Malargüe (0,2 h/km 2) con sus 12.000 habitantes,
el sur mendocino correspondería por lo tanto al 3 0 % de la superficie
de la provincia y su población al 19 % del total provincial. Por consi­
guiente, la densidad de ocupación- del área reducida a los dos únicos
departamentos de San Rafael y de General Alvear alcanzaría a 4 h/km 2,
mientras que la de la prov/ncia sobrepasaría levemente los 6 h/km 2.
Sin embargo, para tener una idea friás cabal de la densidad de ocu­
pación en el sur mendocino. hay que aplicarla con respecto a superficies

292
un M I L E S OS
h e g t a 'g g a S

Fig. 46 — Evolución de las superficies cultivadas en el sur mendocino


desde 1943, según censos departamentales y estimación para 1986.

efectivamente valorizadas. Por lo tanto, con respecto a unas 100.000 hec­


táreas cultivadas en 1967 (Fig. 4 6 ), la densidad por hectárea sería de
1,8 habitantes, o sea 180 h/km2 en el espacio valorizado de la región
de San Rafael.
Esta densidad relativamente elevada para una zona donde predo­
minan las tareas primarias vinculadas a la agricultura en un país como
la República Argentina, evidencia el carácter intensivo en el aprovecha­
miento de las tierras. Sugiere además el desarrollo de una pequeña red
de centros elaboradores o de servicio (micro-red) diseminados alrededor
de un núcleo que goza de un sector de actividades terciarias, medianas

293
¿ inferiores la mayoría, ya esbozadas. En consecuencia, la valorización
del sur mendocino se inscribiría dentro del esquema tradicional en país
nuevo de una agricultura de tipo especulativo basada en aquella red poco
articulada de pequeños núcleos bien jerarquizados.
En la primera parte de nuestro trabajo, hemos descrito los factores
climáticos y morfológicos a los cuales los tipos de cultivos y las prácticas
culturales se encuentran sujetos en el sur mendocino. En la segunda
parte, hemos querido destacar los distintos acontecimientos y procesos
que han contribuido a la ocupación del espacio tal como hoy se nota en
el oasis de San Rafael.
Al empezar esta tercera parte, trataremos de fijar con una óptica
espacial, los principales elementos que integran el cuadro actual (físico
y humano) de la región de San Rafael.

a) Suelo, riego y drenaje: elementos primordiales


en el paisaje sanrafaelino

Si hay que distinguir generalmente entre paisaje rural y paisaje


urbano porque se trata de dos sectores de actividad distintos, no obs­
tante lá importancia de sus interrelaciones, el paisaje rural siempre suele
preceder al otro en cuanto a su formación; sin embargo, en el caso de
San Rafael,dos procesos que presidieron a la formación tanto del campo
c omo de la ciudad cabecera han evolucionado en forma casi simultánea.
En razón de su incorporación relativamente reciente (tres genera­
ciones como máximo) el paisaje agrario, sobre todo, no ha sido, a
ejemplo de las demás zonas de influencia del piedemonte cuyano (M en­
doza y San Juan), el teatro de despliegues sucesivos de combinaciones
de factores procedentes de la yuxtaposición, de la superposición, aun
de la imbricación de elementos colocados en distintas épocas.
Por otra parte, aunque sean menos complejos y menos cargados de
historia, esos mismos elementos se encuentran en el sur mendocino, como
consecuencia de contextos naturales (glacis, playa, ríos alóctonos, e tc .),
técnicas (toma de agua, defensas, canales de riego, desagües, bodegas,
fábricas, etc.), socioeconómicos (transporte, parcelamiento, sistema por
contrato, sociedades anónimas, etc.) que se sucedieron hasta desembo­
car en una relación de equilibrio entre fuerzas de inercia y agentes de
transformación. La importancia del papel del suelo, por ejemplo, dado
su carácter insustituible y permanente, podría resumirse a la de soporte
para todos los demás elementos.
En contacto con un frente pionero ubicado además en un medio
femiárido muy dependiente del agua suministrada por los ríos alóctonos,
las superficies aprovechables han crecido paralelamente a las obras de

294
derivación de aguas y en función de las modalidades de las estructuras
agrarias y del régimen de propiedad, e n ,función también de la apertura
de la región hacia nuevos horizontes. ,La multiplicación de las vías de
salida y de los medios de transporte contribuye a asegurar la comercia­
lización de los productos locales elaborados o en fresco, de acuerdo con
las tendencias de los mercados de consumo interno o externo, según la
coyuntura politicoeconómica correspondiente.
En el oasis de San Rafael, no hemos encontrado, en relación con
las superficies aprovechadas, la inmovilidad clásica en casos semejantes,
sino importantes fluctuaciones en su evolución (Fig. 4 6 ). Esas variacio­
nes reflejan el carácter vulnerable de los oasis del piedemonte cuyano
frente a las crisis económicas, lo cual sería aun más acusado en el caso
del último oasis grande, por la falta de una administración autónoma
en muchos aspectos, lo cual le impide tomar decisiones claves, su más
estrecha especialización y su situación geográficamente marginal.
Por otra parte, resulta difícil invocar el aislamiento, por su efecto
retrasador en épocas de dificultades económicas, como argumento para
explicar el aumento de las superficies cultivadas en el sur mendocino,
en 4.500 hectáreas entre 1943 y 1947, cuando el área cultivada en el
resto de la provincia iba bajando. Sin embargo, de 1947 a 1952, la curva
correspondiente a la baja registrada en San Rafael resultó equivalente
a la de la provincia. En el departamento de General Alvear, aún un
verdadero frente pionero, los acontecimientos resultantes de la termi­
nación de la guerra mundial y de la euforia que la había acompañado,
no tuvieron el mismo impacto y la curva de crecimiento de las superfi­
cies cultivadas, levemente ascendente, consiguió mantenerse en forma
regular.
El afán por urbanizar e industrializar fue también otro factor que
contribuyó, en cierta forma, a la disminución de las superficies culti­
vadas. Quizás ha tenido en el sur mendocino un impacto más fuerte por
haberse mantenido más agrario ese medio al terminar la segunda guerra
mundial; esa nueva tendencia coincidió además con la instalación de
un nuevo gobierno en el país. En cambio, en el norte de la provincia,
el agotamiento de las tierras por la falta de rotación de cultivos y las
viñas filoxeradas que ha sido necesario arrancar suelen considerarse
como causa principal 10°.
Esa euforia postbélica para industrializar y urbanizar el país, a pe­
sar de haberse originado en la zona litoral, donde tuvo gran éxito, ganó
también en forma selectiva los sectores ricos en el interior. En la región10

100 V elasoo , M. I., La horticultura en Mendoza, en “Boletín de Estudios


Geográficos”, Vol. V, <N9 39, Mendoza, Instituto de Geografía, 1963, p. 44-84.

295
de San Rafael, la baja de 15% (10.000 ha) en superficies cultivadas en­
tre 1947 y 1 9 5 2 101 coincide exactamente con el período más activo de
construcción de viviendas en la ciudad cabecera (Fig. 72 y 7 3 ). Al
mismo tiempo, varias fábricas se instalaron en el radio urbano de San
Rafael y General Alvear o en las proximidades. Aunque la mayoría ne­
cesitaron mano de obra temporaria, la presión suscitada por la demanda
contribuyó también a precipitar el éxodo rural hacia los núcleos urbanos
en forma relativamente importante con respecto a los recursos humanos
de la zona.
Aún en 1960, la superficie cultivada en el departamento de San Ra­
fael, no había alcanzado a la de 1943, no obstante el hecho de que re­
presentara el tercio de la superficie cultivada en toda la provincia. El
total de 102.000 ha cultivadas (incluyendo 1.400 ha del departamento
Malargüe) y los gráficos de evolución de las áreas cultivadas en San
Rafael y General Alvear (Fig. 46) indican que los aumentos de super­
ficies cultivadas realizados en la provincia de Mendoza a partir de 1960
lo han sido sobre todo en el sur mendocino a base de riego con agua
superficial. Por otra parte, en varios sectores del piedemonte cuyano
(Luján, Carrizal, Las Heras, etc.) una multitud de pozos profundos su­
ministran agua de buena calidad que ha permitido reforzar las dotacio­
nes normales de superficie y también extender el espacio cultivado.
1 Ya hemos visto que en la playa de San Rafael por lo menos, existen
posibilidades excelentes para aumentar las superficies cultivables. Hasta
ahora, ni el río Atuel ni el río Diamante han sido explotados integral­
mente. En el subsuelo se encuentran además importantes cuencas freá­
ticas o artesianas cuyo reaprovisionamiento se halla facilitado por la
naturaleza muy permeable de los suelos aluvionales y eólicos, también
profundos, acumulados al pie del bloque levantado de San Rafael, y
que todavía han sido poco utilizados (Fig. 20) en razón de la abundan­
cia de los caudales de los ríos. Es decir, pues, que en el mejoramiento
de las técnicas de recuperación de las aguas para fines de riego, el oasis
de San Rafael podría anticipar un aumento eventual de las superficies
bajo cultivos. A nuestro juicio, esta extensión del espacio cultivado es
más un problema de salidas garantizadas para los productos locales o
también de comercialización sobre una base competitiva en el contexto
de una demanda en ascenso regular, que una cuestión de caudal al
cual hoy en día la técnica moderna podría superar con toda facilidad.
En las tierras difíciles, secas o pantanosas, la conquista del suelo
suele hacerse mediante el aporte o la eliminación del agua según el caso.

101 A partir de 1,950, el distrito de Malargüe fue (constituido en departamento.


Pero su espacio cultivable representaba apenas 2.000 ha.

296
Por su posición encajada, la playa de San Rafael constituye un medio
cuya valorización no resulta tan fácil. Al mismo tiempo que requiere
agua en razón de las condiciones climáticas semiáridas, igualmente se
necesitan desagües a causa de la escasa pendiente general o por factores
morfológicos adversos (terrazas, fallas, etc.). Por consiguiente, resultan
numerosas las obras de riego que surcan la extensión del espacio valo­
rizado de la playa al aprovechar la pendiente, suave del amplio cono
de deyección construido por el río Diamante. 1En cuanto a las redes de
desagüe, no parecen tan imprescindibles en la parte oeste de la playa
(con pendiente más acentuada) * como en la parte este (Fig. 1 6 ), es
decir a partir de la línea de falla S-N ubicada en el eje Las Malvinas-
mogote volcánico de El Cerrito, en razón del desnivel casi inexistente.
De todos modos, en el sur mendocino, no se supo aprovechar como
se debía, la rica experiencia acumulada en los oasis del norte durante
más de dos siglos;'y la red de canales e hijuelas que hoy se esfuerzan
por mejorar, está calcada por lo general sobre la red primitiva con sus
tomas, sus defensas de pies de gallo, y sus acequias ensanchadas.
Hasta ahora, no se ha realizado una incorporación verdaderamente
científica y funcional de las nuevas áreas para la agricultura bajo riego.
L a regla general ha sido la improvisación mediante simple intuición
por parte de los regantes y gobernantes, o el seguir con prácticas en­
vejecidas de generaciones pasadas, siendo el ejemplo más tangible la
toma primitiva armada con pies de gallo. “Pese a esa desorientación y
falta de conocimientos técnicos adecuados, los resultados han sido po­
sitivos aunque no óptimos. Es decir que no se ha realizado un estudio
geográfico para un mejor aprovechamiento del medio a incorporar, ni
se han construido las obras hidráulicas adecuadas justamente a las ne­
cesidades presentes y futuras de ese medio” 102.
Si bien la zona de influencia de los ríos Atuel y Diamante va apro­
vechando el agua para riego a ejemplo de otras zonas del piedemonte
cuyano, el área “efectivamente cultivada representa solo el 2,2% de la
superficie en los departamentos referidos: San Rafael y General Alvear.
Por otra parte, si los cálculos se basaran en el total de la superficie em­
padronada en la playa de San Rafael, en la cual oficialmente han sido
otorgados derechos para regar 231.000 ha, el porcentaje sería de 5% en
Jugar de 2,2%.
En cuanto a las cifras oficiales suministradas por la .Dirección Ge­
neral de Irrigación con respecto a las hectáreas cultivadas y regadas en
dicha playa de San Rafael, alcanzan a 140.000 ha, o sea una cifra que

102 Ve i asco , M. I., op. cit.

297
también nos parece exagerada. En la realidad, para tener una idea cabal
de la superficie “efectivamente cultivada bajo riego” resulta impres­
cindible ..comprobar los datos suministrados en los .censos por tipos de
cultivos y sumarlos (Fig. 5 2 ); lo que para San Rafael y General Alvear
representa apenas un poco más de 100.000 hectáreas.
^Además- de los derechos de regadío clasificados como definitivos,
eventuales, de dominio privado y uso público, existen otros derechos de
sobrantes, de desagüe, temporario, de fuerza motriz y de uso industrial.
. El río Diamante y el río Atuel, a ejemplo de los demás ríos del
piedemonte cuyano. poseen también diques derivadores y cámaras des-
arenadoras hormigonadas (Galileo Vitali y Videlino sobre el Diamante,
Rincón del Indio sobre el Atuel), igualmente, importantes tramos de
canales matrices (Fig. 4 5 ). Sin embargo, si dejamos de lado las obras
que atestiguan el aprovechamiento realizado en la cuenca media del
río Atuel (cuya verdadera función ha sido comentada en la parte an­
terior) mucho falta hacer todavía para completar la valorización de las
cuencas inferiores en cada curso de agua, a fin de mejorar y ordenar en
forma definitiva el sistema de suministro de agua de riego.
La instalación paralela al lecho del río Diamante, por ejemplo, de
canales matrices marginales (incluyendo un sifón de cruce del río me­
diante cinco tubos), a partir del dique regulador y cámara desarenadora
Galileo Vitali, en 25 de Mayo, donde sale ya el gran canal matriz (en
parte realizado), permitiría la eliminación en su casi totalidad de los
diques criollos (tomas) que siguen distribuyendo el agua a varios ca­
nales matrices (Fig. 4 5 ), mediante malos enlaces que favorecen las
pérdidas de caudales por infiltración. Si, por lo general, las obras de
derivación y de distribución de caudales (sifones de cruce, acueductos,
compuertas, etc.) en el sector cultivado han sido realizados con hor­
migón armado, y si la gran mayoría de las compuertas de madera han
sido reemplazadas por sistemas metálicos, el promedio de hijuelas, ca­
nales secundarios y matrices revestidos se mantiene muy bajo: en cuan­
to a las acequias y regueras que, desde los canales secundarios, llevan
el agua dentro de las propiedades, aún hoy, poco o nada concreto ha
sido realizado (Fot. 27 y 28).
En noviembre de 1 9 5 5 103, quedó plenamente sentado el peligro a
que se encontraba expuesta una importante zona agrícola de Rama Caída
y Cañada Seca, correspondiente a los antiguos cauces del rio Diamante,
al registrarse la desastrosa crecida aluvional que invadió importantes
sectores colonizados. Si se han ejecutado obras de defensa a fin de pro-

103 “Los Andes”, 26 de marzo de 1961.

298
Fot. 36 — Canal matriz Colonia Elena en Cuadro Nacional. 'Esta obra
de arte hormigonada típica atraviesa un canal de desagüe que drena el
extenso sector de Ciénagas Grandes.

Fot. 37 — Cosecha d e uva en un viñedo en contraespaldera en Rama


Caída. Se notará el espacio entre las hileras y los tachos metáh'cbs
(20 kg) en que los coseehadores bolivianos transportan la uva hasta
el camión que circula por el callejón central. Algunos escasos olivos
hacen recordar el antiguo temor a la filoxera.

299
teger este sector, no lo han sido en forma definitiva, sino a base de los
tradicionales pies de gallo reforzados con alambre (Fot. 17).
(jLos extensos sectores de terrenos revenidos o excesivamente húmedos
no dependen únicamente de la disposición de factores morfológicos des­
favorables. L a costumbre de aprovechar caudales excesivos para el riego,
ya denunciada por Wauters en 1908, como la principal causa en la exten­
sión de las ciénagas, ha tomado, a lo largo de los años, el aspecto de un
verdadero atavismo resultante a la vez de la abundancia de las aguas y
del afán para aumentar los rendimientos, particularmente en los viñedos.
Si bien no llegan a perjudicar tanto a las tierras más altas del sector
oeste de la playa, esas superdotaciones afectan a los sectores más bajos
hacia el E, y particularmente al departamento de General Alvear. Allá,
la débil pendiente impide un drenaje adecuado, y, por consiguiente,
favorece el estancamiento de las aguas al producirse al mismo tiempo
una elevación de la napa freática^
Los cultivos tradicionales sufren por el exceso de agua. El perjuicio
a la calidad no compensa el aumento en el volumen de la producción,
sobre todo por la aparición de capas salitrosas en superficie. L a elevada
tasa de salinización en sectores como Jaime Prats o L a Carmensa, hace
muy aleatorio el cultivo de la vid y también de los frutales; en cambio
las hortalizas desarrollan una tolerancia ^que no suele perjudicar ni a
la calidad ni a los rendimientos medianos, (Fig. 54).
|En la parte E de la playa, por consiguiente, las obras de drenaje
Pegaron a tomar tanta importancia, si no más, que las obras de riego.
Entre 1921 y 1960. por ejemplo, la red de desagüe para las 30.000 hec­
táreas cultivadas de General Alvear (hubo poca variación en su superfi­
cies, más bien intensificación de los cultivos durante ese período) se
cuadruplicó (de 150 km a 600 km ). Hoy, una red de desagüe adecuada
se hace cada vez más imprescindible en la playa de San Rafael, sobre
todo si sigue manteniéndose un cierto descuido en el uso de las aguas y
una desgraciada demora con respecto a la racionalización de su distri­
bución. Es evidente, en la parte E de la playa, que la escasez de pen­
diente tendría que superarse con un sistema de evacuación de ^excedentes
para evitar la aparición de eflorescencias salinas perjudiciales. ¡
Por otra parte, la situación de la playa de San Rafael se^inscribe a
largo plazo dentro de un círculo vicioso del cual le resultará difícil esca­
par con medios propios sin ayuda proporcionada al nivel provincial. La
demora en implantar un plan funcional y moderno de distribución de
aguas de riego, dado el uso de caudales exagerados que facilitan la infil­
tración de las aguas, hace necesaria la extensión de la red actual de

300
desagüe, cuyo papel, por aberrante que fuese, sería la eliminación de
parte del exceso de agua.
Los canales de riego y de drenaje le imprimen por lo tanto un sello
indeleble al paisaje, tanto agrario como urbano, de la playa de San
Rafael. Es visible en la morfología del catastro de San Rafael como en
la gran mayoría de los oasis y polders del mundo, donde la división de
la tierra permanece estrechamente sujeta a la red de irrigación o a
la red de desagüe. Así. el trazado de los canales secundarios y de
las hijuelas ha influido fuertemente en el parcelamiento! La orien­
tación de las parcelas está supeditada a la dirección de los canales
de riego con respecto al aprovechamiento de la mayor pendiente.
Otro destacado aspecto que caracteriza a San Rafael, como a los demás
casis del piedemonte cuyano, es la presencia casi permanente, a lo largo
de los canales, de trincheros de árboles que, además de delimitar las
parcelas cultivadas, bordean los caminos y embellecen el paisaje al otor­
garle un aspecto de bocage poco conforme a la naturaleza del medio.
Esas arboledas cumplen dos funciones principales: afirman las- paredes
de los canales con sus potentes raíces a fin de impedir derrumbes, y
frenan el viento.
Las áreas urbanizadas también han sido marcadas por los imperati­
vos del riego. En las ciudades y aldeas, la red de acequias se extiende por
lo general a todas las vías públicas a fin de mantener las hermosas
arboledas que bordean las calles, j Igualmente, veremos que el trazado
actual de la ciudad de San Rafael ha sido sobreimpuesto con respecto al
parcelamiento original correspondiente a la orientación de los canales
El Cerrito y Pavez, y de las hijuelas y acequias que derivan de ellos.
' Por otra parte, el trazado de caminos rurales con el predominio de la
línea recta y deKcorte en ángulos respeta también la red de riego. Un
ingenioso sistema de sifón de cruce de camino hormigonado asegura
además la libre circulación de las aguas sin molestar el tránsito. Estos
caminos, afirmados, enripiados o asfaltados, se hallan flanqueados por la
tradicional acequia y la doble hilera de árboles que, en varios casos,
(plátanos, carolinos, olmos) forman una bóveda, aunque el álamo tenga
la preferencia por su valor económico.
En suma, al dictar sus exigencias con respecto a las disposiciones
imprescindibles (parcelamiento, carretera, cerca, etc.) las obras de riego
y, en menor escala, las de desagüe, han dejado un sello profundo y dis­
tintivo en el agro sanrafaelino. Por consiguiente, se notarán inscritos en
filigrana, dentro del contexto de la estructura agraria, e influirán, al
mismo tiempo y en cierto modo, en el régimen de propiedad.

301
b) Estructura agraria y evolución reciente del parcelamiento en el oasis
de San Rafael

(Como se ha notado, los canales de riego y de desagüe aseguran el


carácter perenne del ordenamiento geométrico del parcelamiento en el
paisaje agrario. Sin embargo, nuevos factores de orden humano se
desarrollan en el oasis para modelar las técnicas que, en poco tiempo,
lograron modificar sustancialmente el paisaje natural en la playa de San
Rafael. En la segunda parte, hemos señalado el destacado papel desem­
peñado por otros factores, tanto económicos como políticos y sociales,
sobre la evolución de la estructuración agraria en la zona sur.
Al igual que en los demás oasis del piedemonte cuyano, la unidad
de cultivo y el habitat disperso constituyen los principales rasgos. Sin
embargo, al considerarse la naturaleza especulativa de los cultivos prin­
cipales que proceden de una verdadera trilogía (vid, frutales, hortalizas),
se observará una densidad rural relativamente poco elevada (Fig. 52).
El alto rendimiento asegurado por los cultivos bajo riego requiere en
realidad (salvo en el caso de las hortalizas) poca mano de obra, y al
mismo tiempo, va acentuándose la diseminación del habitat en el agro.
Hemos asistido también, desde principios del siglo X X , a la conver­
sión de los prados de alfalfa y otras forrajeras, donde se criaba ganado,
en feraces viñedos y parrales o, más bien en el sur mendocino, en parce­
las dedicadas a la fruticultura y horticultura. Al transformarse gradual­
mente la agricultura forrajera en cultivos de altos ingresos económicos,
con fuerte tendencia a la concentración con productos altamente compe­
titivos, han desaparecido por completo el autoabastecimiento y la pequeña
economía cerrada del siglo pasado.!
Con una fuerte tendencia hacia la especialización, la posición econó­
mica del sur mendocino se ha vuelto cada vez más vulnerable, dados
los riesgos procedentes tanto de los accidentes climáticos, cuya frecuencia
ha sido alta en varias oportunidades, como del comportamiento acondicio­
nado del mercado de consumo/ Más que nunca, para su estabilidad, una
región enclavada como San Rafael, cuyo ingreso proviene exclusivamente
de la producción de bienes de consumo alimenticios elaborados o no
elaborados, depende año tras año de la venta de la totalidad de su
producción.
En el-su r mendocino ante todo, en lo que tiene relación con la
superficie de las explotaciones y su parcelamiento, cabe distinguir entre
(¡ las explotaciones ubicadas dentro de los límites de la playa de San Rafael,
que gozan de derechos de agua, y las demás. En el primer caso, no
obstante un buen número de extensas propiedades ( + 50 h a ), la gran
mayoría de las demás son pequeñas explotaciones (hasta 25 ha) y resul-

302
i

303
Fig. 47
tan de una intensa subdivisión de los loteos primitivos con pastos y
alfalfares, empujada por el fuerte espíritu de especulación muy común
entre los primeros colonost^Én el segundo caso, se trata sobre todo de
explotaciones ganaderas muy extensas (una situación normal en un medio
semiárido sin derechos de agua) que otorgan por consiguiente al sur
mendocino un matiz_ latifundista muy discutible, dadas las condiciones
ecológicas y morfológicas que prevalecen. Por lo general, el latifundio no
constituye un problema para la agricultura en el piedemonte cuyano,
pues se limita a extensiones sin derechos de agua.^
En un país que aún sigue con profundas raíces latifundistas y que
no ha establecido todavía las bases para una verdadera reforma agraria,
la relativa ausencia de problemas de este orden, evidenciada por la
amplia subdivisión de las tierras cultivadas bajo riego, tanto en el oasis
de San Rafael como en los de Mendoza y San Juan, resulta un hecho
sorprendente. Si un alto porcentaje de cuyanos (en su sentido geográfico)
son propietarios de la tierra que trabajan lo deben a las exigencias del
medio natural, al carácter intensivo de los cultivos practicados bajo riego,
al reconocimiento de la nobleza de las labores culturales, en fin, a una
tradición distinta, surgida en un país esencialmente ganadero y cerealero
donde el trabajo directo de la tierra inicialmente fue considerado con
desprecio
La figura 47 esboza en forma general las grandes líneas del catastro
en el año 1919, y enfoca además, al extenderse su penetración en la
playa, el papel desempeñado por el ferrocarril con respecto al desarrollo
de pequeñas aglomeraciones agrarias alrededor de las estaciones. Pero
hay que referirse a la figura 47 para obtener una imagen más cabal del
cambio drástico que se ha producido en el parcelamiento entre 1907 y
1964, por ejemplo en el caso del sector cultivado que va extendiéndose
hacia el E entre San Rafael y Cuadro Nacional. Aún en 1907, a poca
distancia del pequeño núcleo, se hallaban extensos campos de potreros y
de alfalfa y. no obstante la presencia de viñedos y frutales, las parcelas
contaban con amplias superficies, la mayor parte se hallaba inculta.
Medio siglo más tarde se observará en el catastro del mismo espacio un
mosaico complejo con parcelas de extensión reducida. Se notará además
la permanencia de las grandes líneas del parcelamiento original pues
corresponden a la red de irrigación encabezada por dos importantes
canales, Pavez y Salas, y por las hijuelas y acequias que derivan de ellas
hacia las propiedades.
En este sector agrícola muy especializado, el uso del suelo se reparte
entre la vid y los frutales en una relación 60 - 40% . Se notará también
hasta 25 parcelas por km-, o sea un bajo promedio de 4 ha por cada una.

'304
No obstante los altos rendimientos obtenidos en las fincas, en varios sec­
tores como éste, la división catastral ofrece síntomas inquietantes de una
evolución hacia el minifundio.
En realidad, son relativamente pocos en la playa de San Rafael, los
propietarios de extensiones con más de 100 ha de superficie. Según se

S it u a c i ó n
■ • c a t iv a
SAN U M IL E volución ott P a r c e l a m i e n t o
Uia«M OESRE. RRtMCtNtO MI StOLO M OH
sm eT o a «c cu lt * vo s in t e n s i v o s
55JJ wmm.
a* « F r v ia / t t
■m h a * km
TU V
ii t MfkJf*-

I C & fíN P v v e z

ClM*e¿ACtO»**-

uso dcl. suato r


PA*eBLAftllSNTO CM1907

Fig. 48

estima, con respecto al sur mendocino, llegarían apenas a representar el


1% de los propietarios; por otra parte, la superficie cubierta por esas
explotaciones alcanzaría fácilmente el 20% de la superficie total, o sea
unas 20.000 ha del área cultivada en dicha playa. Desgraciadamente, por
el enfoque agropecuario muy característico de los censos agrarios en la
República Argentina, resulta imposible aislar las explotaciones agrícolas
de las demás.
Sin embargo, cabe señalar que las explotaciones cuya escala se
extiende de 0 a 100 ha cubren 107.000 hectáreas, o sea apenas un poco
más de las 100.000 ha que, en la actualidad, forman el área productiva
de la playa de San Rafael. L a superficie media calculada para las 7.815
explotaciones con menos de 100 ha (91,2% del total) resulta de 14 ha.
Otra media interesante, puesto que se aproxima tal vez más a la verda­
dera situación, se calcula, limitándose a explotaciones de menos de 25 ha;
las cuales, según suponemos, se dedican en un promedio del 98% a
cultivos especializados bajo riego. Las 6.881 explotaciones que entran en
esa categoría, además de agrupar el 80,3% de todos los propietarios,
representarían igualmente el 68% del espacio valorizado de la playa; por

305
lo tanto, la media de 9,5 ha que resulta de este cálculo nos parece tener
un valor más significativo. En cuanto a las explotaciones vitícolas, alcan­
zan un promedio de 7 hectáreas en el departamento de San Rafael 104.
Por otra parte, esa medida de 9,5 ha coincide más o menos con el prome­
dio de 10 a 12 ha de viña, por ejemplo, que un contratista, auxiliado por
su esposa y sus hijos de mediana edad está en condiciones de trabajar,
tal como se considera generalmente en Mendoza 1or\

í>T0 SA* AAFAEl -e..„ .m o « »>T0 C E H E K A L AL V E A A

F íjí. 49.

Con solamente 1.500 ha en producción, Malargiie es el departamento


que tiene mayor superficie absoluta en manos de latifundistas (2.041.623
ha, o sea el j)6,9% de la superficie en explotación de más de 1.000 ha) y,
al mismo tiempo, alcanza el porcentaje más elevado de terratenientes:
el 47,2% del total (Fig. 49). En cambio, San Rafael y General Alvear, si
bien tienen enormes extensiones en manos de pocos propietarios (426, o
sea el 5,1 % ) poseen el 92,2% de la superficie en explotaciones de 1.000 ha
y más. Como lo hemos visto en el caso de los sectores bajo riego, la
superficie está tan dividida (pie el 23,8% de las explotaciones con menos
de 5 ha en superficie presenta varios ejemplos entre los cuales aparecen
rasgos minifundistas. Esas 2.040 explotaciones cubren 6.798 ha y repre­
sentan pues solamente el 7% del área cultivada.
Si, en el caso de explotaciones vitícolas o frutícolas de menos de 5
ha, casi se puede hablar de minifundio, no ocurre lo mismo cuando se trata

11,4 ''Los Andes”, 2 de octubre de 1965.


1 0 '’ Z a m o r a n o , M., El v iñ ed o en M en d o z a , cit.

306
de explotaciones hortícolas intensivas (tomate, pimiento, cebolla) donde
una explotación de 5 ha. en la cual 5 a 8 personas trabajan todo el año,
se considera una superficie aceptable.
También en la figura 49, se observará no tanto la similitud con
respecto a la repartición de las explotaciones por escala de extensión
entre los departamentos de General Alvear y de San Rafael, que son nada
más que divisiones políticas en su conjunto regional homogéneo, sino la
diferencia entre éstos y el departamento de Malargüe, cuyo papel emi­
nentemente ganadero y estructura latifundista se destacan enseguida.

i■ /mevcffs
se

Fig. 50 — Crecimiento en el número de axplotaciones agropecuarias por


escala de extensión (hectáreas) y por cada departamento en el sur men-
docino, de 1947 a 1960 (según los censos nacionales de *1947 y 1960).

Por otra parte, el parcelamiento parece haber evolucionado un poco


en el sur mendocino entre los dos últimos censos (Fig. 50). Con un
aumento de más V) menos 10.000 ha en superficies cultivadas, repartidas
entre 900 nuevas explotaciones en la playa de San Rafael, no obstante el
promedio técnico de? 9,0 ha para cada nueva parcela, se notará una inten­
sificación hacia la subdivisión en pequeñas parcelas, al aumentar sobre
todo la cantidad de explotaciones de menos de 25 ha y más aun las de 6
a 10 ha, entre 1947 y 1960. ^Las amplias explotaciones (estancias) au­
mentaron también al recuperarse gradualmente el campo de la ceniza
volcánica del año 1932, mediante aumento del promedio anual de
precipitaciones, desde hace 15 años.)
En fin, según estimaciones de la Dirección General de Economía
Agropecuaria de San Rafael, el número de explotaciones agrícolas bajo
riego en 1967, alcanzaría a 10.000 en la playa, o sea 7.000 dentro de los
límites del departamento de San Rafael, y 3.000 dentro de General Alvear.

307
Se calcula además que 5.000 de los 7.000 actuales propietarios en San
Rafael son antiguos contratistas o hijos de ellos.
Al considerar al mismo tiempo el crecimiento d<e la superficie culti­
vada en dicha zona entre 1960 y 1967, o sea el equivalente de 11.000 ha
aproximadamente (Fig. 46) y el aumento en el número de explotaciones
con respecto a 1960 (8.603), puede establecerse en 7,9 ha la superficie
media para cada explotación. Aunque el área cultivada siga extendién­
dose con una cadencia razonable desde 1952, teniendo en cuenta las
dificultades climáticas y económicas, el proceso de subdivisión tendría
otro ritmo más acelerado. De todos modos, las superficies cada vez más
reducidas de las nuevas explotaciones, hipotecan inicialmente la viabili­
dad económica, sobre todo en razón del fracaso relativo experimentado
por el cooperativismo bajo varias formas, frente al individualismo y a la
desconfianza tradicionales.
El problema no se plantea en términos tan nítidos cuando se trata de
explotaciones hortícolas intensivas, cuyo reciente desarrollo, sobre todo
en las tierras más salitrosas del SE de la playa (General Alvear), corres­
ponde a una crecida demanda para productos envasados. Por otra parte,
resulta evidente que el parcelamiento evoluciona poco a poco en esos
sectores de la playa de tal modo que varias explotaciones suelen presentar
las apariencias exteriores del minifundio.
Otro problema proviene también del extremo parcelamiento y de la
notable ausencia de cooperativas; de lo cual resulta la inferioridad del
pequeño propietario frente a las grandes entidades (bodegas, desecaderos
y galpones de empaque, fábricas de conserva sobre todo) en la comercia­
lización de la cosecha. Igual que en los oasis del N, se encuentra en el
sur mendocino “este espécimen raro de viticultor que no vinifica su
uva” 106; allá también se separa nítidamente la fase agrícola de la indus­
trial. Sin embargo, si las bodegas o, mejor dicho, si las “fábricas de vino”,
como se las ha llamado, fiscalizan prácticamente toda la industria por su
potencialidad, son por lo menos empresas regionales establecidas la gran
mayoría con capitales locales. Sus vínculos con los viñateros, productores
de la. materia prima resultan más estrechos. Al ser además productores
de uva muchos de ellos, han desarrollado mayor interés en la producción.
En cambio, las fábricas ofrecen una actitud en parte dictada por el
origen de los capitales de los cuales dependen. Por una parte, suminis­
tran un ingreso muy importante a la mano de obra local y sobre todo a
la femenina durante algunos meses del año; se preocupan además, en
forma general, por el mejoramiento de la calidad de los productos al

106 Ibidem.

308
colaborar con el inta , y al fomentar, como ejemplo, la implantación de
variedades híbridas, con más elevado rendimiento industrial o mejor
resistencia contra las enfermedades. Por otra parte se portan a menudo
como empresas cuyo interés está estrecha y únicamente vinculado al
producto, sin tener en cuenta la importancia del bienestar actual y del
porvenir de la región Actúan como verdaderos trusts industriales, al
fijar los precios de la materia prima entregada arbitrariamente, al apro­
vechar para sí mismos un fuerte margen de seguridad. A menudo logran
frustrar al pequeño productor en un suplemento de ganancias cuando
lo favorecen las tendencias del mercado.
Aprovechan al mismo tiempo otra imprescindible materia prima,
la mano de obra local, abundante, experimentada y siempe disponible
durante los 3 a 5 meses de trabajo intensivo en el año. Administrados la
mayoría desde Buenos Aires, donde se toman todas las decisiones impor­
tantes, su objetivo es evidente: el mayor ingreso a corto plazo con una
inversión mínima Su falta de interés, por ejemplo, con respecto a la
instalación de sistemas de depuración de agua, correspondiente real­
mente a los caudales usados, o su despreocupación frente al grave pro­
blema de la polución de los desagües cloacales y de las acequias, que
ponen en peligro la salud pública en la ciudad de San Rafael, simbolizan
una reacción que se ejerce casi siempre a costa de la región.

c) Explotación de la propiedad y formas de pohlamiento rural

Según el régimen de tenencia de la tierra, la explotación directa


predomina en San Rafael. Esa fórmula incluye a los pequeños propie­
tarios que trabajan directamente su tierra, a los propietarios (medianos
V grandes) que están representados en el predio por un administrador,
y también a los.*propietarios que se comportan como empresarios, diri­
giendo personalmente su predio. En 1960, afectaba al 71 % (49.315 ha)
de L superficie cultivada en el departamento de San Rafael (64.000 h a),
comparado con el 64 % en toda la provincia.
Entre las formas indirectas de tenencia, el régimen por contrato tan
popular en las explotaciones vitícolas y también frutícolas de Mendoza
ocupa el primer lugar. Entre 19^0 y 1950, por ejemplo, en la provincia
más del 80 %_ de las propiedades en viñedos estaban en mano de con­
tratistas. En 1960, aunque las explotaciones trabajadas por contratistas
representaron solamente el 29 % del espacio cultivado 'fen el sur men-
docino, se estima que el número de explotaciones afectadas por el sis­
tema de contrato tenía un promedio relativamente más elevado, pues las
explotaciones generalmente entregadas a contratistas suelen cubrir una
superficie de 10 a 12 hectáreas. Igualmente, el grupo empresario repre-

309
Fot. 38 — Viñedo tj vivienda d e un contratista en la em presa vitícola
Finca L os Amigos” en el distrito Goudge. Nuevo tipo de vivienda
levantada con ladrillo y hormigón en las grandes explotaciones. A la
izquierda, el horno de barro tradicional. Al fondo la inevitable cor­
tina de álamo.

Fot. 39 — Vivienda típica en el agro mendocino con galería abierta y


principales aberturas hacia el N. Durante la mayor parte del año la
galería sirve de comedor. La cocina eitá a la derecha.

310
senta un promedio elevado entre las formas de tenencia directa, no
obstante el hecho de que las escasas estadísticas no nos permiten esta­
blecerlo con más exactitud.
El sistema de trabajo indirecto sigue manteniendo su popularidad
puesto que, desde hace unos años, se le ocurre al pequeño propietario
dejar el cultivo de su finca en manos de un contratista, de un mediero
o de un chacarero aparcero para radicarse en la zona urbanizada. Busca
trabajo en el sector secundario y también en el sector terciario, Sobre todo
en el transporte, para completar el ingreso que le proporciona la finca.
,'j Por otra parte, la fórmula de administración con gerente respon­
sable va tomando mucha importancia, y más especialmente en las ex­
plotaciones extensas de 50 ha en adelante.) En este sistema las faenas
agrícolas realizadas son pagadas a los obreros según la tarea que les
adjudica el gerente y se emplean cuando lo requieren los trabajos que
hay que cumplir.
Por lo general, tanto en el último oasis grande como en los demás
oasis del piedemonte cuyano, la viticultura asume los caracteres de un
monocultivo bien acentuado en la economía individual. Sin embargo, al
abrirse parcelas, y debido al peligro por las heladas tardías y el granizo,
se encuentran dentro de la misma explotación varios tipos de consocia-
ción de cultivos que no se limitan exclusivamente a la tradicional con-
sociación de vid y olivo nacida en la época de la filoxera y que hoy está
en proceso de desaparición.
Si es relativamente escasa la difragmentación de la propiedad tal
como puede observarse en el norte mendocino, en cambio, en las zonas
más castigadas por el granizo (Las Paredes, Cuadro Benegas, Rama

_A \________

Fig. 51 — Ejemplo de íiagmentaoión o de cultivos distintos en una


misma explotación. Superficie total 14 ha 9715 tn2.

311
Caída) y en otros sectores también del sur mendocino, se hallan parce­
las distintas y separadas en una misma explotación (Fig. 51). Mediante
este subterfugio poco conforme con las exigencias de una agricultura
moderna intensiva, el propietario espera recuperarse de una helada o
de unas granizadas o quizás salvarse de las malas condiciones de venta,
al mezclar en su finca viñedo, frutales, también hortalizas y, a veces,
cuando le alcanza la superficie y los derechos de agua, la alfalfa.
Tanto como el riego, el régimen de propiedad y la marcada separa­
ción entre la fase agrícola y la industrial inciden mucho en la destaca­
da tendencia a la dispersión del habitat rural en el agro sur mendocino.
Esa separación no afecta solamente al cultivo predominante de la vid,
sino también a los cultivos de frutales y hortalizas como resultado de
la ubicación de la mayoría de las grandes bodegas y fábricas elabora-
doras en los centros urbanos o en sus alrededores (Fig. 5 9 ). Veremos
más adelante cómo la dispersión, predominante con relación al cultivo,
se encuentra prisionera de un tejido muy flojo de pequeños núcleos
alrededor de los cuales se agrupan industrias elaboradoras; a su vez esos
focos de actividad están polarizados por un centro más industrializado
y mejor organizado: San Rafael.

d) Los cultivos especulativos: técnicas y producción

En el sur mendocino, la casi totalidad de la producción y la mayor


parte del ingreso por cabeza provienen de la agricultura. Como lo he­
mos señalado anteriormente, esta actividad se encuentra fuertemente
supeditada a las contingencias meteorológicas en proporciones mucho
más elevadas que en los oasis del norte del piedemonte cuyano. Año tras
año además, el problema de la comercialización se plantea en términos
distintos, pero casi siempre perjudiciales para el productor. En conse­
cuencia, esa zona resulta muy sensibilizada o vulnerable económica­
mente por el estrecho abanico de su producción o, mejor dicho, de sus
fuentes de ingreso.
Sin embargo, y no obstante la política federal de precios fijados para
el vino, o la especulación tradicional del bodeguero con respecto a la
compra de uva, pese también a los acopiadores, a la escasez de mercado
interno, a la inseguridad del mercado externo, a la muy reducida capaci­
dad de los frigoríficos locales, la agricultura acusa un ritmo ascendente
no solo en la producción bruta, sino también en su valor monetario.
Tres grandes cultivos dominan hoy el paisaje agrario del sur men­
docino: viticultura, fruticultura, cultivos hortícolas (Fig. 52). L a riqueza
de la zona sur se asienta por lo tanto sobre esta trilogía en la que
domina la vid, tanto por la superficie ocupada (48.600 ha, o sea casi

312
el 50 % de la superficie) como por el volumen (Fig. 56) y el valor del
producto. Pese a todo, la cantidad de hectáreas cultivadas aumentó poco
durante los últimos años, pues se mantiene más o menos a la altura de
la superficie alcanzada alrededor de los años 50. Por su parte, los fru­
tales ocupan el segundo lugar con 29.545 ha (30 % de la sup.). En am-

VI N E DOS

FRUT ALES

hortalizas ,
A L F A L F A r CEREALES

ESPACIO CULTIVADO EN
n Opto . G ral . a l v e a r

ESPACIO CULTIVADO EN
el DPT O.. M A L A RGÜe

Fig. 52 — Importancia relativa del eápacio ocupado por cada uno


de los tres grandes tipos de cultivos.

bos casos, se destaca la ventaja considerable del departamento de San


Rafael en una relación de 4 a 1 con respecto al departamento de Ge­
neral Alvear.
Sin embargo, en el caso de los cultivos de hortalizas, la relación sería
solamente 5 a 3 ( 5.000 ha contra 3.000 h a). En cuanto a los cultivos
forrajeros y cerealeros (maíz sobre todo), ocupan 12.500 ha en San
Rafael y 5.100 en General Alvear
Si las técnicas de cultivos varían bastante de un tipo a otro, y más
aun entre las distintas variedades de hortalizas, todas, sin excepción,
dependen de la penetración en cada propiedad del agua vitalizadora.
En algunos casos el agua proviene de napas subterráneas en forma semi-
surgente y bombeada, pero ante todo a fines de reforzar ocasionalmente
las dotaciones o para multiplicar los riegos al intercalarse turnos que
aprovechan agua subterránea entre los turnos oficiales, particularmente
en los cultivos de hortalizas más exigentes durante los meses más cálidos.
Ya hemos señalado el papel marginal desempeñado hasta ahora por el
agua subterránea en el riego de la playa de San Rafael, no obstante el
aumento reciente de las perforaciones de pozos (Fig. 29).

313
Fot. 40 — Vivienda moderna en el sector tíalloffet. Varios propietarios
cuyas fincas se ubican en las cercanías de la ciudad lian preferidlo
edificar su casa en el campo, donde aprovechan más espacio y más
tranquilidad. Esta muy amplia casa está edificada de hormigón y la­
drillo con tedio de tejas romanas.

Fot. 41 — Aradura otoñal en un viñedo. En las pequeñas explotaciones


(menos de 10 ha), el caballo tiene siempre su llagar sobre todo para
las araduras. Al fondo, olivos y viviendas de ladrillo.

314
Es decir, pues, que las distintas propiedades reciben el imprescin­
dible líquido por la trama de conductos (canal matriz, ranqa e hijuela)
que las enlazan con la fuente de abastecimiento: el río 107.
En materia agrícola, mucha improvisación resulta d e'q u e un alto
porcentaje del espacio valorizado, aun no está en manos de quien lo
trabaja (contratistas y medieros). Además del régimen desfavorable de

tenencia de las tierras con respecto a eso, la subdivisión en parcelas


reducidas, resultante en parte del monocultivo inicial de la vid, ha con­
tribuido a detener el avance de la mecanización. Aunque sé construyeran
ahora varios modelos reducidos de máquinas agrícolas (de inspiración
japonesa) bien adaptadas a la mayoría de las tareas, son pocos los pro­
pietarios de pequeñas fincas que pueden realizar la inversión necesaria,

107 Con respecto a las condiciones en que se practica el riego, véase:


L uque, J. A., Manual d e agricultura bajo riego, 'Mendoza, Ediciones Riagro, 1955,
186 p.; y Z amorano, :M., El viñedo. . . . rít.

315
o que, más aun, consideran necesario hacerla. Por otra parte, las explo­
taciones más amplias, administradas por gerentes o sociedades anónimas,
etc., tienen por lo general un equipo mecánico más o menos conveniente.
No cabe duda de que las explotaciones frutícolas y, en parte, hortícolas,
se ven favorecidas por la máquina. Sin embargo, se calcula ahora que
el 60 % de las hectáreas cultivadas lo son mecánicamente, sea con ma­
quinaria nueva o usada. La notable tendencia actual hacia la mecani­
zación de las labores tiene como objeto la disminución de los horarios
a fin de favorecer el cumplimiento de otras tareas de mejoramiento.
Cuando se trata de cultivos intensivos en la forma practicada en el
oasis de San Rafael, los derechos definitivos de agua no constituyen
la única prenda que logra asegurar altos rendimientos. Labores cultura­
les realizadas en tiempo (poda, despampanado, envoltura de los sar­
mientos, atadura de los cargadores, profundas araduras, sulfatación y
aspersión de hongos) con viñedos y frutales, selección cuidadosa de
semillas (a menudo se opta por las variedades más económicas) en la
horticultura, incorporación de estiércoles y abonos verdes y minerales,
resultan imprescindibles en una óptica de producción intensiva.
Desgraciadamente, las prácticas del cultivo extensivo en las tierras
ricas y profundas del “país inmenso” han influido en parte sobre las del
cultivo bajo riego en los sectores de oasis. En la realidad no son nume­
rosas las explotaciones que se abonan en forma racional. En la mayoría
de las pequeñas explotaciones, el uso de fertilizantes se limita a la in­
corporación de estiércoles y abonos verdes. El uso de abonos minerales
aún se observa en forma relativamente limitada; aunque haya en San
Rafael y General Alvear varios distribuidores de abonos químicos. Los
principales usuarios son las empresas que los consideran como una in­
versión y que pueden alcanzarlo. En la opinión de varios agrónomos, el
empleo de abonos minerales en el estado actual muy precario de los
estudios pedológicos es dinero perdido. Según ellos, el suelo es suficiente­
mente rico en sustancias minerales y necesitaría humus ante todo, o sea
abonos verdes. La práctica difundida que consiste en la incorporación de
estiércoles de cabra o de caballo no presentaría ventajas particulares. En
1965, el consumo de abonos químicos en la playa de San Rafael ha sido
de 8.000 toneladas (0.08 ton/ha) solamente y en lugar de aumentar,
iba en descenso.
En algunos sectores del distrito de Las Paredes, el chacarero suele
echar la culpa al graniza con respecto a los rendimientos muy bajos
en el viñedo y en los frutales. No obstante el hecho de que es una
zona muy afectada por el granizo, la despreocupación por erradicar y
reemplazar las cepas viejas, por ejemplo, o la práctica de araduras pro­

316
fundas a fin de romper la capa de "caliche” y de asegurar un riego
óptimo son factores que contribuyen a rebajar los rendimientos y a
acentuar también el carácter de vulnerabilidad de la zona. Entre los
mejcres sectores cultivables se destacan los distritos mesopotámicos de
Goudge y Cañada Seca. No obstante el peligro de inundaciones ocasio­
nales pero devastadoras, los suelos tienen en esta zona un alto promedio
de humus y los rendimientos suelen estar entre los más altos. Por con­
siguiente las tierras ubicadas allá consiguen el valor más elevado.
Evidentemente, el presente régimen de tenencia no logra fomentar
la difusión de nuevos métodos de cultivos; en cambio favorece la espe­
culación intensa sobre las tierras y su consecuente agotamiento. En ese
contexto, el caso del cultivo del tomate en el sector E de la playa resulta
particularmente concluyente. Al realizarse en tierras vírgenes, ese cultivo
obtuvo promedios que alcanzaron hasta 30.000 kg/ha en los primeros
años y luego bajaron a 12.000 kg/ha y aun menos. Practicado sin rotación,
en alternancia con cultivos de leguminosas, sin fertilizantes, y además
:o n dotaciones excesivas de agua sobre todo en tierras poco aptas, ese
cultivo, a partir de 1952, difícilmente podía soportar la fuerte compe­
tencia (no obstante su radicación en las proximidades de las principales
fábricas elaboradoras) de sectores abastecedores relativamente lejanos
como L a Consulta y San Carlos, cuyos rendimientos llegaron a alcanzar
promedios de 45.000 kg/ha.
Más allá de la inevitable baja en producción y en ingreso consecu­
tivo a este modo de explotación depredadora, las pérdidas deben con­
siderarse como resultante del agotamiento de las tierras y de la creación
de problemas hídfjcos muy graves.
No obstante el fuerte predominio de la trilogía de cultivos ya men­
cionada ,el eje valorizado NW -SE de la playa de San Rafael, ofrece un
mosaico agrario bastante diferenciado por la alternancia geométrica de
las parcelas en viñedos, frutales, y hortalizas en menor escala, entremez­
clados además con extensiones de alfalfa o cereales y de vez en cuando
con plantaciones aisladas de álamos (F ig . 5 4 ). En este croquis, quisimos
representar, aunque en forma aproximada, debido a la falta de datos
exactos a esa escala, el escalonamiento de los principales cultivos en el
espacio valorizado de la playa.
A partir del W , se encuentra la primera terraza valorizada del río
Diamante en el distrito 2 5 de Mayo. Para tener una idea más cabal de
la ocupación de este espacio delimitado por la terraza abrupta del glacis
en aquel lugar, cabe volver a la carta del uso del suelo en 25 de Mayo
(F ig . 3 1 ). Se notará enseguida la ausencia de viñedo y también de bo­
degas. Ante todo dominan cultivos de forrajeras y de hortalizas (papa

317
CAA SAF A I I
y cebolla) con algunas parcelas en manzanas y algunas plantaciones de
álamos.
Al llegar al sector de la playa propiamente dicha, en los distritos
de Las Paredes y Cuadro Benegas, los viñedos empiezan de golpe a
ocupar la mayor parte del espacio, a intercalarse también con amplias
extensiones plantadas en frutales (entre los cuales dominan sobre todo
duraznos, ciruelos y. en menor escala, perales). Hasta la altura de Cié­
nagas Grandes en Cuadro Nacional y su prolongación hacia el S, esta
consociación viñedo-frutales ocupará la casi totalidad del agro, con ex­
cepción del apéndice NS correspondiente a la playa de Las Malvinas
(Fot. 11). Allí, las superficies en viñedo o frutales son insignificantes.
En cambio, la alfalfa ocupa el 30 % del espacio cultivado, dando lugar
a la presencia de varios tambos. Unos bosques de álamos, cultivos de
maíz, papa y pimientos, completan el paisaje agrario en el área.
Del corazón de la playa, o sea dentro de un radio de 15 km desde
el núcleo urbano de San Rafael, se notará la ausencia casi completa de
cultivos de hortalizas Por su parte, los damascos se concentran sobre
todo en las proximidades de la ciudad de San Rafael y los durazneros
dominan en los distritos de Cuadro Nacional, Goudge y Cañada Seca.
En cuanto a los membrilleros, la mayor parte se encuentra en la cabe­
cera de los viñedos o frutales también, particularmente al entrar en el
E de la playa. Además, varias parcelas de alfalfa salpican todavía todo
ese extenso sector.
Aparte de ello también, no se hallan más olivos. Se ha dejado de
plantar este oleaginoso a partir del año 1958, y aunque sigan ocupando
unas 3.000 hectáreas en la actualidad, las parcelas plantadas con olivos
se diseminan igualmente en forma esporádica en el espacio cultivado.
Se encuentran más bien intercalados entre hileras de viñas o diseminados
entre los frutales p en las cabeceras de ellos. Son las plantas-testigos de
una época de temor por la filoxera, siendo el sur mendocino definitiva­
mente una zona marginal con respecto al cultivo. Gradualmente va de­
sapareciendo de la zona en razón de sus bajos rendimientos, en muchos
casos debido al deficiente estado sanitario de las plantas, especialmente
por la difusión de plagas como la cochinilla, del costo elevado de ela­
boración de aceite, y de la escasa demanda por ese producto más caro.
Es también el caso del manzano, cuya producción local no resulta
competitiva con la de Tunuyán y menos aun con la del Neuquén, por
la falta de frigoríficos En razón del alto costo de operación y de co­
mercialización también van erradicándose los nogales del distrito Cua­
dro Benegas.
Alrededor de Villa Atuel, los viñedos forman extensos paños (según
la terminología local), probablemente los más extensos del mundo. La

319
Entre los frutales, cuya importancia espacial en el último oasis
grande, equivale al 30 % de la superficie cultivada, los durazneros
(8.500 ha) ocupan fácilmente el primer lugar, seguidos por los ciruelos
(5.150 ha). En la realidad, esos dos cultivos, junto al tomate y al pi­
miento. entre las hortalizas, suministran la mayor parte de la materia
prima que forma la piedra angular de la industria de transformación
en el sur mendocino (Fig. 55). El vuelo iniciado por esos cultivos desde
hace una década, al considerar no solo la superficie ocupada, sino tam­
bién la producción por ejemplo en .1965-1966 (año con rendimientos
inferiores), y sobre todo en 1966-1967 (año excepcional), confirman la

AREA OCUPADA rea los PRINCIPALES


CULTIVOS oí HORTAL IZAS. CE RE AL ES
V F O R R A J E S ( 2 7 . IO S l í o s )

Fig. 55 — Importancia relativa de los distintos tipos de cultivos,


fuera de la vid, en el sur mendocino.

tendencia a la especialización frutícola alrededor del duraznero (60 %


de las plantas de la provincia) y del ciruelo (5 0 % de las plantas de
la provincia) cuyas plantaciones siguen extendiéndose cada vez mas
hacia el E en la playa de San Rafael.
Si los cultivos de damascos y membrillos (más difundidos hacia el
SE de la playa) se mantienen sin variantes, representan respectivamente
en cuanto al número de plantas el 70 y el 80 % del total para la pro­
vincia. Igual cosa sucede con los perales (50 % ); pero ese cultivo espe­
cialmente adaptado a la zona se encuentra perjudicado por la escasa
capacidad en los dos frigoríficos locales donde se contempla su comer­
cialización en fresco y, pese a su alta calidad, no puede competir con
el producto del Río Negro. Además, la demanda formulada para peras al
natural en hojalata no justifica, en el momento, la industrialización de
toda la producción. Con respecto a los demás importantes cultivos de
Fot. 48 — Cosecha d e tomate industrial en Colonia Japonesa, distrito
Jaim e Prats. Las fábricas proporcionan los cajones de álamo en que se
transporta la materia prima. En la actualidad existe preferencia pol­
la variedad San Marzano.

Fot. 43 — Un tam bo característico en Las Paredes. No obstante una


alta producción de forrajeras y una fuerte demanda de leche fresca, los
tambos locales aún están lejos de abastecer al oasis de San Rafael.
frutales, olivos, manzanos y nogales, completamente ausentes del sector
E de la playa, están en proceso de retroceso en el sector W también.
La horticultura, aunque limitada en superficie a poco más de 8.000
hectáreas (8 % del área cultivada) en la playa de San Rafael, en reali­
dad es de una importancia más grande, si tenemos en cuenta su índice
de producción y el fuerte ingreso que significa por hectárea, por ser
del tipo intensivo- en el cual se busca el rendimiento más elevado por
nectarea (Fig. 56). No suele suceder en el sur mendocino, como en otras
zonas de la provincia donde el cultivo de las hortalizas sirve de paliativo
en caso de pérdidas en la cosecha de uva o de frutas, y donde también,
se cultiva en forma de consociación con la vid o el monte frutal dentro
de una misma parcela! Puede considerarse al oasis de San Rafael como
un centro que ya tiene dedicación por el cultivo de hortalizas. Allá, por
ejemplo, están radicados los más importantes cultivos de tomate y de
pimiento. No obstante los graves problemas, ya señalados, que los cir­
cunscriben, representan respectivamente el 65 % y el 70 % de las super­
ficie;. dedicadas a esas actividades en la provincia. Salvo en el caso de
la papa que, al sumarle la producción del departamento de Malargüe,
alcanza el 30 % de la producción para la provincia, los demás cultivos
de hortalizas (cebolla, ajo, batata, zapallo) tienen proporcionalmente
poca importancia (Fig 55).
Sin embargo, por su carácter anual, las hortalizas constituyen un
cultivo fluctuante; en consecuencia, la clase de hortalizas y el número
de hectáreas a plantar cada año están supeditados a la demanda del

Fijí. 56.

323
mercado lo cal,y , muy especialmente, de los centros industrializadores.
Ocurre además en el sur mendocino, pero en menor escala con respecto
al resto de la provincia, y pese también a una tradición que ya lleva
más de 25 años, que ciertas tierras vírgenes, incorporadas a la agricultura
mediante el riego, se destinan al cultivo de hortalizas, mientras crece
la parra o el frutal; de manera qu«e tienen como destino final un cultivo
permanente108.
Pese a las oscilaciones cíclicas que ha sufrido el cultivo del tomate
en los últimos 25 años —oscilaciones relacionadas con la demanda de
las fábricas elaboradoras— todavía sigue siendo, con el pimiento, el
durazno y la ciruela uno de los productos básicos para la mayoría de
las industrias conserveras 109J
Otros cultivos de hortalizas (poroto, arveja, melón, etc.) se hacen
también para abastecer al mercado de consumo local. Pero en el sur
mendocino, el cultivo de la huerta solo se realiza en pequeña escala.
Son escasos los auténticos horticultores, no obstante los esfuerzos de
inta , y la huerta familiar es un complemento generalizado del contra­
tista o propietario, quienes son reacios a los cultivos que no adquieren
un verdadero valor económico. Por esa razón las ciudades de San Rafael
y General Alvear, para lograr un abastecimiento normal en verduras,
han tenido que depender de Mendoza y San Juan y aun de Tucumán,
la mayor parte del año. A pesar de todo, resultaría interesante fomentar
el cultivo de huertas y granjas cercanas a los centros poblados que,
además de rendir económicamente al agricultor, tendrían que abaratar
(os postos de adquisición para el consumidor.
Ultimamente, se ha encontrado otra salida a los productos de chacra:
la deshidratación de hortalizas. En San Rafael, se hallan instaladas unas
pequeñas plantas que deshidratan papas, cebollas, zanahorias, apio, ajo,
perejil, espárragos, etc., luego venden el producto deshidratado a firmas
elaboradoras de caldos y sopas concentradas.
En los últimos años, se ha observado la disminución progresiva del
área cultivada con alfalfa, dando paso al aumento que se produce en la
extensión cultivada con especies frutales, viñedos y hortalizas, conside­
radas más remunerativas por el agricultor. De todos modos, los cultivos
de alfalfa para corte y semilla aún ocupan el 14% de la superficie cul­
tivada, y la producción anual sobrepasa las 70.000 toneladas (Fig. 56 ).
Además, la alfalfa sigue teniendo buena cotización puesto que va au-

108 V elasoo , M. I., La horticultura en Mendoza, cit.


100 E n tomates, existe preferencia por la variedad San Marzano, por su buen
rendimiento, aunque también tienen aceptación otras, como la Red Top y la Roma;
en pimientos, se observa preferencia por el Calahorra, para la industria, y el lla­
mado comúnmente “cuatro cascos” para el consumo en estado fresco.

324
mentando el número de tambos. En la actualidad, se estima en 35 (26
en 1960) el número de tambos con cerca de 1.000 animales (730 en
1960). Sin embargo, aún no se logra abastecer la zona con leche fresca.
En el caso del maíz (cultivo de rotación concentrado en el sector E de
la playa) la demanda local se mantiene en razón del aumento en el
número de gallineros y de criaderos de cerdos. Por lo general, la pro­
ducción de huevos, pollos, lechones o jamones no logra abastecer com­
pletamente al mercado local. L a cría de cerdo, por ejemplo, es una de
las actividades marginales del chacarero, a quien le proporciona un
ingreso suplementario. Por consiguiente, los 32.000 porcinos con los
cuales cuenta la zona sur se reparten en su mayoría en pequeñas explo­
taciones, con menos de 10 animales cada una. Aunque haya interés y
demanda estable para la carne de cerdo, el mercado es limitado y, por
lo tanto, resultan muy pocas las explotaciones que se dedican a la cría
del cerdo en gran escala.
Los verdaderos bosques naturales han desaparecido casi por com­
pleto por el gran aprovechamiento que se ha hecho de sus maderas, cuyo
destino principal es el enmaderamiento de los viñedos y su utilización
como leña. Los bosques de algarrobo, en particular, y de otras especies
autóctonas de la zona, han sido talados en un grado superior a sus po­
sibilidades de recuperación, por lo que se reduce cada vez más la can­
tidad de madera disponible de esa procedencia. Por ello, debe recurrirse
para esa clase de madera a la provincia de San Luis.
En cuanto a bosques artificiales, son reducidos, existiendo prefe­
rencia por el álamo, por sus muchas aplicaciones en la industria y tam­
bién en el viñedo Esto acapara el interés de los plantadores quienes lo
cultivan preferentemente en trincheras, en las márgenes de las propie­
dades y en los cauces de riego. Se cortan anualmente alrededor de 300.000
plantos en el sur mendocino, es decir, un poco más del 50% del total
para la provincia. De esa cifra, cerca de 250.000 plantas en el mismo
departamento de San Rafael. El 85% se destina a la fabricación de ca­
lones.
Por su lado, la ganadería, que había empezado a recuperarse paula­
tinamente de los acontecimientos de 1931-32, se encuentra ahora en el
sur mendocino en plena expansión (Fig. 4 3 ). En los últimos años, los
campos naturales de pastoreo han mejorado mucho, por las razones ya
expuestas. Los vacunos, por ejemplo, alcanzarían a 100.000, en 1967 n0,
en el solo departamento de San Rafael, y 250.000 en toda la zona sur.
Sin embargo, por ser ante todo zona de cría, no contribuye, sino en

i i ° Según estimaciones de la Dirección General de Economía Agropecuaria


de San Rafael.

325
forma marginal, al abastecimiento de carne vacuna para el mercado de
consumo local. El departamento de Malargüe también volvió a adquirir
¡>u importancia primitiva con respecto a los lanares (300.000) y a los
caprinos (350.000). Desgraciadamente, al bajar últimamente los pre­
cios por escasez de demanda, las ventas se han detenido. Esa nueva
corriente de desequilibrio al nivel del mercado, al prolongarse, podría
detener el empuje reciente en este sector de actividad, de antigua tra­
dición en la zona sur.
Para terminar este capítulo, de nuevo tenemos que insistir sobre el
papel desempeñado por los factores climáticos y sus consecuencias eco­
nómicas en la región de San Rafael. Durante la temporada 1965-66, los
rendimientos resultaron muy inferiores a los normales, a causa de repe­
tidas heladas tardías y granizadas devastadoras (Fig. 6 ) ; en cambio,
durante la temporada siguiente (1966-67), las condiciones climáticas
fueron casi óptimas. Al estancamiento que había caracterizado todas las
esferas de actividades industriales y comerciales, por su dependencia con
respecto al escaso volumen de producción en 1966, sucedió, al año si­
guiente, un marcado movimiento en todos los sectores. L a notable ani­
mación en el centro comercial de la ciudad de San Rafael en 1967,
contrastaba elocuentemente con la situación del año anterior. E l fuerte
aumento en la producción produjo, pues, un impacto económico tremen­
do en toda la zona sur; lo que demuestra la estrecha relación que existe
entre la prosperidad de dicha región y la importancia de la cosecha año
eras año, al mismo tiempo que una alta vulnerabilidad resultante de su
especialización.

e) Elaboración y comercialización d e la producción en la región de


San Rafael.

En todos los oasis del piedemonte cuyano, se observa, hemos dicho,


una neta separación entre la fase agrícola y la fase industrial/ Sin em­
bargo, entre esas dos fases, que marcan el nivel primario (producción)
y secundario (transformación), debe señalarse un imprescindible esla­
bón, el cual, además de desarrollar una gran actividad en toda la playa
de San Rafael y suscitar amplios movimientos de mano de obra, consti­
tuye una notable fuente de ingresos: la cosecha.
L a recolección de uva, fruta y hortalizas se extiende, en el sur men-
docino, por lo general, un período de 5 meses. Empieza con las varieda­
des tempranas de duraznos, desde fines de noviembre o principios de
diciembre, y termina con la uva, el tomate y el pimiento a fines de abril.
Ocasionalmente la cosecha se prolonga un mes más, según las condicio­
nes climáticas. A veces sucede que la uva no llega a alcanzar los 11,5

326
a 12 grados Baumé necesarios para que se comience la vendimia, como
ucurrió en 1967.
Durante esta temporada, se ha calculado que hasta 8.000 personas
cosecharon al mismo tiempo, o sea en el mes de marzo, al coincidir la
recolección de los últimos duraznos con los primeros tomates y la uva.
Para muchas familias, en que padres e hijos concurren al mismo objeto,
eso significa una buena fuente de ingreso. Sin embargo, la mano de obra
íocal no alcanzaría a cumplir con las tareas múltiples de la cosecha.
En la realidad, la mayor parte de la mano de obra local estable y dis­
ponible busca empleos en las fábricas o prefiere dedicarse al transporte
de la materia prima o a cualquier otro trabajo de tipo conexo. Actual­
mente, pues, no resulta tan notable como en tiempos anteriores el cambio
de actividad, que solía afectar a muchos residentes en los poblados du­
rante la época de la vendimia.
( Por lo tanto, la migración temporaria de muchos trabajadores (go­
londrinas) de las provincias cercanas o lejanas (Tucumán, Santiago del
Estero, Chaco) y también de los países vecinos (Bolivia sobre todo,
Paraguay y Chile) se torna imprescindible para asegurar el movimiento
cotidiano de la materia prima del campo a las fábricas elaboradoras.
Algunas familias de esos trabajadores itinerantes regresan a cosechar año
tras año en las mismas fincas, donde los dueños a veces les conceden
un rincón, en el cual levantan viviendas precarias que ellos ocuparán de
tres a cuatro meses al año.
Sucede también que algunas familias prefieren instalarse perma­
nentemente en la región. Se radican de preferencia en las proximidades
de los dos principales núcleos urbanos. Cerca de la ciudad de San Rafael,
por ejemplo, se registran varias de esas casas de adobe, en el mismo
lecho mayor inundable del río Diamante. A base de pequeños trabajos
alcanzan a sobrevivir de cosecha en cosecha. Por otra parte su número,
que va aumentando cada año, constituye un problema social muy grave
para la municipalidad, problema para el cual no se ha encontrado todavía
ninguna solución eficaz.
Desde las hileras y los montes de frutales, se llevan los recipientes
(metálicos para la uva; canastas y cajones de madera para la fruta)
Hasta los vehículos que esperan en los callejones. Cajones de madera se
utilizan también para las hortalizas. Con respecto al precio de la labor,
durante la última vendimia (1967), por ejemplo, se pagó $ 20 m|n por
cacho de 20 kg de uva.
El transporte por camiones desempeña igualmente un papel im­
portante durante esos meses de intensa actividad. A principios de 1967,
el patentamiento de vehículos de carga alcanzaba a poco más de 5.000
unidades en el sur mendocino, o sea un promedio de un vehículo por

327
cada 20 ha cultivadas> En época de cosecharse utiliza la gran mayoría
de los camiones para el transporte de la uva a granel hasta las bodegas,
o de la fruta y de las hortalizas en cajones hasta las fábricas de conserva
y los secaderos. Igualmente, suelen observarse a veces, vehículos de
carga procedentes de provincias vecinas cuando se produce una cosecha
excepcional!
|~Hoy, él transporte por camión ha modificado el esquema tradicio­
nal en los oasis del piedemonte cuyano, con respecto a la ubicación
de bodegas, secaderos y fábricas. L a diseminación en el agro de las
industrias elaboradoras no es ya indispensable en la actividad. En el
sur menducino, la relativa descentralización de las empresas fabriles
tenía su origen en el trazado de la red ferroviaria en el espacio valori­
zado de la playa (Fig. 57 y 5 9 ). Con el mejoramiento de la red ca­
minera interna y la multiplicación de los medios de transporte motoriza­
dos que borran las distancias, la radicación en el corazón de la zona
productora de las bodegas y más aun de las fábricas elaboradoras, no
se justifica más. i Solo cuent • ahora el cinturón que representa la peri­
feria inmediata, puesto que, en la ciudad de San Rafael, las ordenanzas
municipales no autorizan la instalación de fábricas en los límites del
radio urbano. Cabe señalar también que la radicación en las proximi­
dades de un centro como San Rafael, facilita los trámites administrativos
y financieros tanto como la disponibilidad y los desplazamientos de la
mano de obra. En virtud de lo expuesto, se esboza ahora un movimiento
pendular centrípeto de las empresas de transformación locales hacia los
dos principales núcleos urbanos en la región de San Rafael. j
Las varias industrias de transformación que forman el sector de
actividad secundaria inciden también en forma muy destacada sobre la
economía de la zona sur.^Las bodegas, fábricas de conservas, dulces y
elaboración de sidra, vinagre o aceite de oliva, y establecimientos de
desecación de frutas y hortalizas, producen la transformación de la casi
totalidad de lo que no se vende en fresco y dan ocupación a elevado
número de operarios de ambos sexos^Al llegar al punto culminante de la
cosecha en 196f>-67, se estimó en 9.Ó00 el número de personas que tra­
bajaban en las fábricas, a las cuales deben sumarse 3.500 más en bode­
gas, secaderos y fábricas de cajones; es decir, que el 12% de la pobla­
ción activa (con fuerte predominio femenino) del oasis había encontra­
do trabajo por períodos variables, que pueden extenderse hasta 5 me­
ses en unos casos, pero que, por lo general, no suelen sobrepasar 2 meses
come promedio.
\Las primeras fábricas importantes empezaron a llegar a la zona a
partir de 1938. Al radicarse la compañía Swift, la primera entre esas

328
Fot. 44 — Aserradero y carpintería en el barrio Libertad (Pueblo
Diamante) a lo largo d e la calle principal (sector E ) . Importante
industria local de fabricación de cajones sobre todo, ubicada en pleno
barrio residencial.

Fot. 45 — Las instalaciones d e la fábrica d e conserva CAP. la más


importante en el oasis d e San Rafael. Se notará la escasa amplitud
de la playa de recepción de mercaderías, a la izquierda. Al fondo,
extensos frutales.

329
grandes empresas, se instalaron también varios inmigrantes ingleses.
Gracias a los capitales que traían ellos, empezaron a explotar amplias
extensiones para abastecer de materia prima esta fábrica elaboradora y
otras. Al ocurrir el cambio de régimen político después de la segunda
guerra mundial, se eliminó paulatinamente aquel sistema de explotación
semicolonial.'La ayuda prestada por parte de los bancos y del Estado a
pequeños empresarios que, anteriormente, habían sido aplastados por
las grandes empresas mejor organizadas, les permitió a su vez que
compitiesen favorablemente contra ellas. L a compañía Swift, por ejem­
plo, tuvo que seguir trabajando a pérdida a partir de 1952, para final­
mente abandonar en 1960; precipitando la salida de ciertos explotantes
ingleses.
Más adelante, se invirtieron capitales nacionales para que siguieran
funcionando las principales fábricas. De nuevo volvió a trabajar la fá­
brica Swift bajo nueva razón social: Platero S. A. Al mismo tiempo se
producía una selección entre las fábricas más aptas por la calidad de su
maquinaria, de sus calderas, etc. Recibieron, en varios casos, inyecciones
de capital extranjero a la zona, pero de fuente nacional (oficialmente).
Sin embargo, en lugar de ir aumentando, el número de fábricas bajó
levemente de 48 en 1958 a 45 en 1967 pero con una capacidad de ela­
boración casi triplicada.
Por otra parte, el actual sistema de tasación hace vulnerable la po­
sición de los empresarios de nivel medio frente a los grandes consorcios
que gozan de apoyos financieros importantes y variables. Hasta ahora,
las pequeñas empresas han conseguido mantenerse con cierto éxito al
lado de las grandes, aprovechando gastos administrativos y de produc­
ción más bajos, sin hablar del papel del interés personal mucho más
fuerte.
Aunque la capacidad de elaboración haya aumentado en proporcio­
nes apreciables en las distintas fábricas, las condiciones en que se realiza
el trabajo y, en cierto modo, los rendimientos dejan mucho que desear.
Ante todo la planificación es el elemento que hace falta. L a duplica­
ción y, a veces, la triplicación de la capacidad de elaboración en una
fábrica no puede limitarse a la colocación de nuevas máquinas y al
aumento del personal correspondiente. Por el contrario, se necesitan
cálculos a fin de establecer la superficie necesaria para mantener la
mayor rentabilidad. Hay que prever por consiguiente una playa más
amplia para la recepción de la materia prima y un margen confortable
en cuanto a la disponibilidad en energía, o en vapor bajo presión para
tener el equipo en estado normal de funcionamiento.
Existe también una notable despreocupación con respecto a la
standardización y a la calidad máxima del producto envasado en hoja­

330
lata, por ejemplo. L a improvisación es cosa común en varias plantas y
aún son pocas las que acuden a los servicios de ingenieros o químicos
para controlar la calidad de la producción o de un especialista para
establecer el costo de la producción. En la mayoría de los casos, parti­
cularmente en las pequeñas fábricas, la producción y la dirección del
personal todavía están en manos de un capataz cuyos conocimientos téc­
nicos, rudimentarios por lo general, suelen atenerse a la consagrada
fórmula: “siempre se hizo así”. .
Grandes consumidores de agua subterránea, las fábricas no tienen
tampoco instalaciones convenientes como para proceder a la decantación
efectiva de sus aguas usadas. En San Rafael, y en General Alvear
también, la red cloacal no ha sido habilitada para encaminar caudales
-an elevados. En el barrio Pueblo Diamante de San Rafael, por ejemplo,
las aguas usadas de la Industrial Andina S. R. L. y otras, siguen conta­
minando año tras año las acequias. En 1967, en razón de la producción
más elevada, el sistema de depuración de las aguas usadas se reveló
inadecuado y aguas contaminadas se derramaron en ese barrio, desprovisto
de red cloacal y peor aun de red de agua potable, en detrimento de las
más elementales reglas de higiene y de urbanismo.
'vFomentadas con capital extranjero a la región, al contrario de la
mayoría de las bodegas, las grandes fábricas actúan en el sur mendocino
un poco como empresas neocolonialistas, es decir, con la finalidad de
sacarle a la región el provecho máximo mientras invierten el mínimo. )Las
decisiones importantes son tomadas fuera de la zona, sin conocimiento de
las condiciones previas y con total despreocupación con respecto al con­
texto local. Tampoco existen proyectos, ni a corto ni a largo plazo. Supe­
ditados además a las tendencias del mercado de consumo, aún escaso por
Jas costumbres alimenticias y por el alto costo del envase en hojalata, las
fábricas, a pesar de que se hallan en una fase ascendente, llevan en el sur
de la provincia de Mendoza su parte de responsabilidad en cuanto al
ambiente de incertidumbre que envuelve el porvenir de la industria local
de transformación.
Entre los productos elaborados y envasados en hojalata (se utiliza
poco el envase de vidrio), tomates y duraznos al natural ocupan el primer
lugar. Cada año, pese a las fluctuaciones de la cosecha, representan más
del 80% de la producción total de conservas en el sur mendocino. Entre
los productos más importantes, se destacan el extracto doble de tomate,
y el dulce y pulpa de membrillo. Ahora, la importancia relativa del pi­
miento al natural va creciendo año tras año. En total, a partir de la
materia prima recibida (una docena de vaciedades en frutas y hortalizas)
se elaboran más de 70 distintos productos.

331
' De las principales fábricas de la zona sur ( aisol, s .r .l ., Bestani
Hermanos s .r .l ., cap, Industrial Andina, Mora, s .a .i .c., Platero s .a .
spat en General Alvear, etc.), la Compañía Argentina de Productores
(L a Negra S.A.) filial de la misma compañía de frigoríficos del litoral,
se destaca como la más importante, no solo en la región, sino en el país.
(Fot. 4 5 ). L a intensa mecanización de la labor le permite, por ejemplo,
compensar los elevados costos de flete para elaborar y envasar marginal­
mente peras del Neucjuén o productos tan exóticos como pillas de Misio­
nes. Normalmente, el periodo de elaboración no suele pasar los ocho
meses y se utilizan los otras cuatro meses en limpiar el material y
reponerlo en condiciones óptimas de marcha.
En el mes de marzo de 1967, es decir en el momento de actividad
más intensa, el número de empleados alcanzó los 3.000, de los cuales el
75% son mujeres. En esa época se trabaja 24 horas al día en 3 turnos de
8 horas. Aquella cifra representaba, durante la última temporada, el
tercio de la mano de obra total empleada en fábricas. El personal perma­
nente de la empresa (administración, mantenimiento y reparación) se
¿educe a 250 personas. Desde hace varios años el aumento casi anual de
la capacidad de elaboración, sin tener en cuenta las inversiones impres­
cindibles, vinculadas a ello, ha creado problemas de espacio: congestio-
namiento de la playa de recepción de la materia prima y almacenamiento
de los productos elaborados por falta de galpones. L a empresa tiene
sistema propio de producción de energía eléctrica, pero apenas le alcanza
en período de punta. Además las calderas ya no llegan a suministrar la
presión de vapor imprescindible en la industria de conservas.
Para paliar los altos costos de la hojalata, y dado su alto consumo de
envases, la compañía cap ha instalado su propio taller d-e fabricación de
envases. Las hojas metálicas, importadas de Japón, dan excelentes resul­
tados. Esa iniciativa, la única realizada en tal forma entre las fábricas,
contribuye a rebajar el costo neto del producto envasado y a asegurar su
mejor colocación en el mercado.
Los precios de la materia prima, establecidos de común acuerdo
entre esta compañía y algunas otras de las más importantes, crean un
verdadero monopolio, al cual se encuentran sujetos todos los productores
del sur mendocino. Entre ellos, muchos no están asegurados para colocar
su producción. La cap , por su lado, compra directamente en el campo,
y además al contado; ventaja considerable en una época durante la cual
todas las transacciones comerciales suelen efectuarse a plazos. Igualmen­
te, alquila por contrato su propia flota de vehículos de carga (numera­
dos) que contribuyen a regularizar el abastecimiento en materias primas
durante toda la temporada. Por otra parte, dada su ubicación en la

332
periferia de la villa de San Rafael, el volumen de su personal obrero, las
exigencias severas de un horario continuo por turno de 8 horas y la ino-
perancia del sistema local de ómnibus, tiene que disponer de un sistema
de transporte propio tanto para sus obreros como para su personal admi­
nistrativo. Este sistema ha sido adoptado por otras fábricas radicadas en
Balloffet y en Rama Caída, por ejemploJ
En fin, la cap ha establecido un contrato de semiexclusividad con
la compañía de transporte Bar - Pen para la expedición de sus productos:
el 70% con destino a Buenos Aires, 10% a Rosario y 10% también a
Córdoba; el resto se distribuye entre Mar del Plata, Bahía Blanca, Santa
Fe, Resistencia, Tucumán y Salta. Sin embargo en 1966/67, debido a la
excepcional cosecha la cap tuvo que utilizar también el ferrocarril, al
cargar de 8 a 10 vagones diarios; lo que no se había producido desde
hacía varios años.
L a estructura de la industria de la desecación de frutas y del empa­
que de la fruta desecada, se ha modificado mucho desde hace 25 años;
sin embargo, la producción aumentó poco, superando apenas en la actua­
lidad las 7.000 toneladas registradas en 1942/43. Por otra parte, el
número de establecimientos ha bajado en forma apreciable durante el
mismo tiempo, al pasar de 330 a 90 (70 en San Rafael) en 1967, no obs­
tante el hecho de que recientemente se han inaugurado unos secaderos
de hortalizas (Fig. 56).
Por falta de standardización y baja calidad de los productos en los
pequeños galpones, no lograron superar la competencia, y se eliminaron
poco a poco. Por otro lado,' algunas empresas se fusionaron en coopera­
tivas que pronto se cambiaron en sociedades anónimas en un proceso
idéntico al de las cooperativas bodegueras, en las cuales la desconfianza,
la busca de provecho inmediato y el interés superaron al individuo.
Aunque siga en la actualidad la desecación al aire libre, se completa
ahora en muchas oportunidades con el homo. L a materia prima, la
constituye la ciruela en un 97% del total elaborado; las demás frutas
(duraznos, higo, damasco, pera y uva) cuentan muy poco. Por otra parte,
el número de secaderos (no equipados con homo) que desarrollan esta
actividad industrial, varía cada año, aumentando o disminuyendo según
las perspectivas que ofrezca la desecación de frutas.
Pese al número, hoy más reducido, de secaderos y galpones de
empaque, los rendimientos de uno a otro ofrecen un margen a veces muy
considerable. Por ejemplo, con 20 hornos secadores (poco eficientes), la
compañía cap no alcanza los resultados obtenidos por el Secadero Brown
(Las Paredes), con un solo homo que lleva las especificaciones requeri-

333
Fot. 46 — B odega m oderna en Las Paredes. Algunas bodegas nuevas-
utilizan el sistema con fermentación continua. El vino se almacena
después en amplias piletas de hormigón.

Fot. 47 — L a bodega Suter, en el distrito El Cerrito, en las proximi­


dades d e la ciudad d e San R afael , frente a la ruta 143, se d ed ica a
la elaboración d e oinos finos. Ocupa un sector densamente valorizado
con viñedos y frutales.

334
das. Este último elabora la fruta de una finca propia de 80 hectáreas de
ciruelas, y efectúa además compras en otras fincas (Fot. 3 0 ).
^En cuanto a las fábricas de sidra, aceite de oliva, vinagre y estable­
cimientos que utilizan los subproductos de la uva, su importancia es
i dativamente escasa, y en algunos casos (sidra y aceite de oliva) va
disminuyendo^
(jLa distribución de las fábricas de productos alimenticios en la playa
de San Rafael (Fig. 57) muestra una neta preferencia en favor de los dos
principales centros y sus alrededores. Entre San Rafael y su prolongación
industrial en la margen derecha del río Diamante,! en el distrito Rama
Caída y General Alvear áe encuentran solamente d fábricas: una en L a
Llave, otra en Monte Comán y la última en Real del Padre. En General
Alvear, la ubicación de las 10 fábricas sigue un eje caminero que va
extendiéndose desde la ciudad cabecera hasta Bowen, por Colonia Alvear.
Dentro del radio urbano de San Rafael, la función industrial del sector
E llama inmediatamente la atención. Se notará también otra importante
concentración en el sector, llamado Balloffet, a lo largo de la ruta 143,
entre el centro de San Rafael y el río Diamante.
No obstante la modificación del estatuto administrativo y financiero
en sociedades anónimas de varias bodegas durante los últimos años, este
sector de producción primaria es el que mejor concreta, pese a todo, las
aspiiaciones (aún muy rechazadas) de los sanrafaelinos por colocar en
el mercado de consumo una materia prima completamente elaborada y
comercializada por sí mismos, sin la tradicional intervención del inter­
mediario.
Si bien se estima que las bodegas ubicadas en el sur mendocino son
más de 300, de este número deben descontarse las que no han elaborado
desde hace unos años por distintas razones, que incluyen el deterioro de
las instalaciones y la falta de capitales para reemplazarlas. Los graves
perjuicios de orden climático sufridos por el sector productivo desde
1957, salvo en 1962 y 1963 (Fig. 5 8 ), han dejado varias bodegas sin
elaborar. Por otra parte, es cierto, aunque no dispongamos todavía de
los datos, que la excepcional cosecha de 1967, ha suscitado un problema
serio con respecto a la capacidad de vasijas. Escasa hace 12 años, la
capacidad de vasijas aumentó mucho (1 5 0 % ) desde aquel tiempo, pero
no en forma tal como para almacenar fácilmente el fruto excepcional de
una supercosecha como la de 1967. Malas cosechas repetidas de 1955 a
1966 no hubieran podido establecer la necesidad de aumentar más la
capacidad de vasijas, puesto que siempre había sobrado espacio de
almacenamiento (Fig. 60 ).

336
d as. E ste últim o e lab o ra la fru ta d e una finca p ro p ia d e 80 h e ctáreas d e
ciruelas, y efectú a ad e m ás com pras en o tra s'fin c a s (F o t. 3 0 ).
(jEn cuanto a las fábricas de sidra, aceite de oliva, vinagre y estable­
cimientos que utilizan los subproductos de la uva, su importancia es
i dativamente escasa, y en algunos casos (sidra y aceite de oliva) va
disminuyendo\
C V
IJLa distribución de las fábricas de productos alimenticios en la playa
de San Rafael (Fig. 57) muestra una neta preferencia en favor de los dos
principales centros y sus alrededores. Entre San Rafael y su prolongación
industrial en la margen derecha del río Diamante,' en el distrito Rama
Caída y General Alvear se encuentran solamente 3 fábricas: una en La
Llave, otra en Monte Comán y la última en Real del Padre. En General
Alvear, la ubicación de las 10 fábricas sigue un eje caminero que va
extendiéndose desde la ciudad cabecera hasta Bowen, por Colonia Alvear.
Dentro del radio urbano de San Rafael, la función industrial del sector
E llama inmediatamente la atención. Se notará también otra importante
concentración en el sector, llamado Balloffet, a lo largo de la ruta 143,
entre el centro de San Rafael y el río Diamante.
No obstante la modificación del estatuto administrativo y financiero
en sociedades anónimas de varias bodegas durante los últimos años, este
sector de producción primaria es el que mejor concreta, pese a todo, las
aspiiaciones (aún muy rechazadas) de los sanrafaelinos por colocar en
el mercado de consumo una materia prima completamente elaborada y
comercializada por sí mismos, sin la tradicional intervención del inter­
mediario.
Si bien se estima que las bodegas ubicadas en el sur mendocino son
más de 300, de este número deben descontarse las que no han elaborado
desde hace unos años por distintas razones, que incluyen el deterioro de
las instalaciones y la falta de capitales para reemplazarlas. Los graves
perjuicios de orden climático sufridos por el sector productivo desde
1957, salvo en 1962 y 1963 (Fig. 58 ), han dejado varias bodegas sin
elaborar. Por otra parte, es cierto, aunque no dispongamos todavía de
los datos, que la excepcional cosecha de 1967, ha suscitado un problema
serio con respecto a la capacidad de vasijas. Escasa hace 12 años, la
capacidad de vasijas aumentó mucho (150% ) desde aquel tiempo, pero
no en forma tal como para almacenar fácilmente el fruto excepcional de
una supercosecha como la de 1967. Malas cosechas repetidas de 1955 a
1966 no hubieran podido establecer la necesidad de aumentar más la
capacidad de vasijas, puesto (pie siempre había sobrado espacio de
almacenamiento (Fig. 60).

336
M if/o n e s

Fig. 58 — Cuadro comparado del vino elaborado en el sui mendocino


de 1957 a 1966.

Con esta óptica, al ubicar las bodegas en el espacio valorizado según


la capacidad de vasijas de cada una, se ha considerado únicamente a las
que habían elaborado en forma normal de 1960 a 1965 incluido.
L a distribución de bodegas en la playa de San Rafael señala el
papel polarizador del núcleo urbano principal. ^Dentro de un radio de
20 km desde el centro mismo de la. ciudad, se encuentra más del 60%

337
338
!C km I S \ \ - t r*r„e>-. r.7
(148) de las 239 bodegas activas que forman el total del sur mendocinoy)
(Fig. 59). Por otra parte la capacidad de vasijas correspondiente (272
millones de litros) no representa más del 54% de la capacidad total (502
millones de litros) para toda la zona sur (Fig. 60). Si en el distrito San
Bafael (que incluye también a Balloffet) se hallan bodegas con un pro­
medio relativamente alto con respecto a la capacidad de vasijas (casi 3
millones de litros por bodega), en los distritos El Cerrito y Cuadro
Nacional, el número elevado de muy pequeñas bodegas (capacidad infe­
rior a 1 millón de litros), o sea 22 de las 34 bodegas, rebajan el promedio
con respecto a esos dos distritos a poco más de 1 millón de litros por
bodega (Fig. 60).
\ Por lo general, las pequeñas bodegas, cuya capacidad de vasijas n o..
pasa los 2 millones de litros, se encuentran en los más antiguos sectores
de cultivos, y preferentemente, alrededor de San Rafael; aunque en Villa
Atuel, que cuenta con la bodega más importante del sur mendocino, la
bodega Arizu S.A. (35 millones de litros), se halla una siembra bastante
importante de esas pequeñas bodegas (20).^' En el departamento de
General Alvear, o sea en la parte más oriental de la playa, igualmente la
última valorizada, las muy pequeñas bodegas son escasas. Solamente 7
de las 34 bodegas que elaboraron de 1960 a 1965 tienen una capacidad
inferior a 1 millón de litros. En cambio se observará la concentración de
bodegas (15), más importante del oasis, con una capacidad de vasijas de
2 a 5 millones de litros. Son sobre todo, bodegas relativamente nuevas
(menos de 10 años) entre las cuales unas han adoptado el sistema de
elaboración moderno a base de fermentación continua. En total, las 34
bodegas de General Alvear suman una capacidad de vasijas que alcanza
90 millones de litros, es decir, un promedio de 2,6 millones de litros por
bodega. El departamento de General Alvear ofrece, por lo tanto, cierta
similitud con el distrito San Rafael (ciudad) en cuanto al número de
bodegas y a la capacidad de vasijas (Fig. 59 y 60). Cada uno de esos
dos sectorer tiene 3 bodegas en el grupo con capacidad de 10 a 30 millones
de litros; pero el distrito San Rafael agrupa un número mucho más
elevado de pequeñas bodegas y, sobre todo, ellas están concentradas
(Fig. 59) dentro de un espacio más reducido.
Si son pocas (13) las grandes bodegas (10 millones de litros) resul­
tan aun más escasas (3 ) las de tamaño intermediario (5 a 10 millones de
litros). Aunque no existiera explicación concreta para esa situación, por
;tro lado podría deducirse que, con respecto a los costos de operación y
de mantenimiento como también a las perspectivas de rentabilidad, es
menester, al llegar al momento de realizar las inversiones, optar por la
bodega mediana (2 a 5 millones de litros) o por la bodega grande (más

339
340
S
Capacidad de vasijas por distritos de las bodegas que han elaborado de 1960 a 1966.

bO
de 10 millones de litros) con exclusión de aquella intermedia, cuyos
ingresos no serían comparables.
A 100 km de distancia, en cada extremidad de la playa valorizada de
San Rafael, las dos principales concentraciones de bodegas, se encuentran
en cierta forma polarizadas por los dos únicos verdaderos núcleos urba­
nos. Sin embargó; a la dispersión relativa del grupo SE, se opone la
concentración del N W del oasis. Hablamos de una verdadera constela­
ción de bogedas, pues 105 de las 148 que están radicadas a menos de 20
km del centro urbano de San Rafael tienen una capacidad de vasijas
inferior a 2 millones de litros, y aun, en 84 de ellas, la capacidad no
alcanza a 1 millón de litros.
E n tre esos dos polos, tres focos menores de concentración rompen la
monotonía del agro sanrafaeüno. E l primero se ubica en el sector de
Salto de Las Rosas, en el distrito Cañada Seca; cuenta con algunas
bodegas importantes, entre las cuales se destaca la bodega Resero (17
millones de litros). El segundo se sitúa en Real del Padre y se apoya
sobre una sola bodega grande. En cuanto al tercero, radicado en Villa
Átuel (F ig . 5 9 ), la mitad de la capacidad (7 0 millones d ejitro s) de sus
29 bodegas la constituye la bodega Arizu S.A. como lo hemos mencionado
anteriormente. E n este sector de la playa, las actividades giran exclusiva­
mente alrededor de la vitivinicultura. Entre todos los sectores del oasis,
es seguramente el más especializado y, al mismo tiempo, el más homo­
géneo. E n fin, en el distrito de Las Malvinas, hay una sola pequeña
bodega, y en los demás distritos del N E de la playa, las escasas bodegas
se hallan muy diseminadas.
E n 1955, las 250 bodegas que habían elaborado en el sur mendocino,
no alcanzaban juntas una capacidad de vasijas de 200 millones de litros;
es decir el 11% de la provincia. Sin embargo, la uva vinificada represen­
taba el 18% y la producción el 20% del total para Mendoza m . Conse­
cuencia inmediata de esa desproporción eran los precios más bajos,
supeditados a una demanda limitada, y por lo general rendimientos sen­
siblemente menores en la vinificación. E n 10 años, el panorama se ha
modificado en forma favorable, si no en el número de bodegas (que
elaboran) que aún se ha reducido (2 3 9 ), por lo menos, en la capacidad
de vasijas, que aumentó en un 150% y que alcanza ahora a 502 millones
de litros, o sea el 19,5% de la correspondiente a la provincia de Mendoza
en 1966. Por otra parte, la producción se estableció en 22,5% y la uva
vinificada en 20% del total para la provincia. Durante ese período, lasli

l i l C a bezas , M, E . G, de , San Rafael visto a través d e la estadística, en


"Revista de la Facultad de Ciencias Económ icas", Mendoza, 1956, sin paginación.

341
Fot. 48 — Interior d e una bodega moderna (El Vinculador) en G ene­
ral Alvear. En ambos lados se alinean piletas de hormigón con (ca­
pacidad de vasija de 200.000 litros.

Fot. 49 — L legada d e la uva a la bod eg a Viñuela (administrada por


Giol) en el sector B alloffet. Casi el 100 % del transporte se realiza por
camión. En época de mayor actividad, suelen constituirse filas de
hasta 70 camiones que esperan su tumo para descargar. Esta bodega
atiende con 4 molinos.

344
fines de estudiar las fluctuaciones en la elaboración del vino durante el
decenio 1956/65, a pesar de que los datos están adulterados en parte
por la manera en que se efectúan las compras de uva tanto como por los
traslados de vinos y mostos de bodega a bodega (Fig. 62).

Si, por lo general, los gráficos tienden a coincidir, en los tres primeros
grupos, con una elevada producción en 1963 y otra may baja en 1965
(granizo), en el último de ellos, las fluctuaciones no se ven tan marcadas,
probablemente por el área extensa cubierta por ese grupo, o sea de
Cuadro Benegas a. Monte Comán; en el cual condiciones adversas del
tiempo suelen modificarse habitualmente. En el cuarto grupo (Villa
Atuel, Real del Padre), las fluctuaciones se acentúan al notarse años de
débil producción en 1961, 1964 y 1965. Por su lado, el grupo de General
Alvear muestra más regularidad y parece haber sufrido poco por aquellos
flagelos que castigaron tan fuertemente al departamento de San Rafael.
Aun se notará una producción más elevada en 1965, lo que significa que
esta zona escapó a la granizada del 31 de enero de 1965, que ocasionó
daños por un valor de $ 6.000 millones *% en el solo departamento de
San Rafael.
En forma general, la uva de su propia producción elaborada por los
establecimientos vinícolas representa el 25% del total, tanto como la uva
vinificada por cuenta de terceros. Al mantenerse alrededor de un pro­
medio anual de 50% , la uva comprada a los viñateros que no elaboran
evidencia la separación entre las fases de producción de uva y de
elaboración de vino.
E n razón de condiciones climáticas locales, el vino elaborado en San
Rafael es generalmente más seco que los vinos producidos en los oasis
del norte del piedemonte cuyano. Por consiguiente se aprovechan im­
portantes cantidades de vino común local para corte; lo que genera un
importante movimiento de traslado de vino entre bodegas del sur men-

34o
d orino y también desde bodegas del sur hacia otras del norte de la
provincia de Mendoza Esos traslados se efectúan habitualmente por
camiones tanques. 4 En cuanto a los envíos de vinos hacia las plantas
fraccionadoras, la mayoría ubicadas en las proximidades de los principa­
les centros de consumo, el transporte se hace sobre todo por ferrocarril,
en vagones tanques. Sin embargo desde la habilitación reciente de un
c amino directo a Buenos Aires, que acorta las distancias en forma renta­
ble, la cantidad de vino expedida por camiones acoplados va aumentando.
■En la playa de San Rafael, la red de ferrocarril atiende las principa­
les concentraciones de bodegas. La bodega Arizu, por ejemplo, tanto
como Giol en Maipú, aprovecha un pequeño vinoducto desde las piletas
hacia la playa de carga. De un año a otro, las cantidades de vino trasla­
dadas a Mendoza, para corte con variedades más dulces, varían mu­
cho; desgraciadamente hacen falta datos detallados en relación con las
expediciones desde las principales bodegas elaboradoras hacia sus
plantas fraccionadoras.
Existen también varios establecimientos que se dedican a la elabo­
ración de vinos finos. Por lo general, explotan además un viñedo propio
con uva seleccionada^ Es el caso de empresas, como Bianchi, Mahía,
vSuter (Fot. 47) y otras. Sin embargo, ocurre a menudo que la uva
propia no alcanza a suministrar la cantidad requerida con respecto a la
capacidad de vasijas; entonces el déficit debe colmarse por compras
efectuadas en otras fincas, y a veces, por uva en parte elaborada (m os­
to) en otras bodegas.
En el sector bodeguero, al contrario de lo que sucede con las fá­
bricas, se reinvierte buen promedio de las ganancias en la explotación
misma (ampliación, reparación, compras de material, etc.) en plantas
de fraccionamiento y en viñedos propios o sociedades anónimas de ex­
plotación vitícola.
Una parte solamente de los subproductos de la uva se utiliza en
el lugar mismo bajo forma de abono verde. Se manda otra parte (orujo,
semilla, etc.) según la demanda, a empresas especializadas de Mendoza,
puesto que no se hallan en San Rafael, verdaderos establecimientos de­
dicados al tratamiento industrial de los subproductos de la uva.
En la región de San Rafael, la tasa de interés del dinero es relativa­
mente elevada, y siempre, el papel desempeñado por los bancos, que
son ante todo sucursales con escasos poderes de decisión, ha sido muy
limitado. Anteriormente esa función se ha restringido a facilitar las ope­
raciones de elaboración de los productos, al mantenimiento y al mejo­
ramiento de las industrias ya instaladas; en el fomento de nuevas em­
presas las instituciones financieras no locales han contribuido poco. Es

346
i.n hecho bien conocido en el piedemonte cuyano que el desarrollo de
la industria vitivinícola ha sido muy poco dependiente del apoyo finan­
ciero de tipo bancario.
San Rafael, a ejemplo de los demás oasis vitivinícolas del piedemonte
cuyano, se encuentra afectado por una política de maltusianismo econó­
mico selectiva y discriminatoria dentro de un contexto en la escala del
territorio nacional Además, la fijación de precios topes para el vino,
y más recientemente, la aplicación de un impuesto especial a los vinos
“común” y vinos “reserva” resultan evidentemente muy perjudiciales para
la economía de la zona pedemontana, cuyo ingreso proviene en buena
parte de la vitivinicultura. Pero aun, esa situación favorece a los falsi­
ficadores. a los cortadores de vino, a los fraccionadores de la Capital
y del litoral, y por lo general, a las compañías de bebidas gaseosas
implantadas con capitales extranjeros. Los viñateros del litoral aprove­
charán también la situación, al aumentar las superficies en vid híbrida
de baja calidad y al buscar el más alto rendimiento cuantitativo, siem­
pre en detrimento de la calidad.
\En suma, si bien se transforma, en el oasis de San Rafael, la mayor
parte de la producción agrícola, mediante fábricas, secaderos y bodegas,
mucho de lo que se relaciona con los procesos de comercialización, de
promoción de venta, etc., resulta ajeno a la región. Tanto como en el
sector hortícola, el agricultor está dominado por él acopiador,( todo el
oasis de San Rafael se encuentra en una situación de fuerte dependencia
con respecto al intermediario que asegura la colocación eq el mercado
de su producción, pero en forma que le beneficia a él mismo., Este estado
de dependencia y de inferioridad en el cual se encuentra'' San Rafael,
cuando se trata de su porvenir económico, se debe tanto a la despreocu­
pación por fomentar nuevas salidas para sus productos como a su muy
escasa autonomía en el plano administrativo, industrial y financiero, o
a su aislamiento por ser un oasis.
En la época actual, las regiones enclavadas, más aun cuando son
productoras de materias primas alimenticias, no se abren más hacia
nuevos horizontes con la sola penetración del ferrocarril y de nuevos
ejes camineros. La puesta en mercado de la producción hoy requiere
mucha atención y una organización administrativa muy compleja. De
allí en adelante, muchas de las iniciativas tendrán que surgir en la zona
productora misma Luego habrá que erradicar la apatía, el repliegue
sobre sí mismo, si no la total despreocupación en relación con esas
cuestiones. Hasta ahora se ha esperado demasiado de supuestas solu­
ciones, a menudo arbitrarias, esbozadas desde afuera, de inversiones

347
se han realizado para aprovechar la energía del río Atuel eran del tipo
capitalista neocolonialista y tenían otra finalidad: el desarrollo de una
nueva industria metalúrgica. Tanto como en lo referente a su produc­
ción agrícola, sigue considerándose al sur mendocino como un inagotable
depósito de recursos (alimenticios, energéticos, mineros y también hu­
manos). Las fábricas Carbometal y Grassi, ubicadas en las proximidades
de la central El Nihuil N9 1, reciben la cuota previamente fijada y la
línea de alta tensión dirige hacia empresas similares del norte de la
provincia, un buen promedio de la corriente producida en el sur.
Mientras tanto, San Rafael carece de energía y su servicio de elec­
tricidad adolece de fallas atribuibles a deterioros en las instalaciones.
Además, sus principales fábricas, incluso las bodegas, aún se ven obli­
gadas a tener su propio sistema energético interno para cumplir con sus

Fig. 63 — Esquema del sistema energético del río Atuel.

tareas. Aún no se ha completado tampoco el imprescindible programa


de electrificación rural y éste tal vez constituya el factor más demos­
trativo de atraso en la modernización de las tareas agrícolas y en el
mejoramiento de las condiciones de vida del campesino sanrafaelino.
En el sur de la provincia de Mendoza no existe una red de distri­
bución de gas natural como en el Gran Mendoza. Además, el alejamien­
to de la zona ocupada significaría una inversión considerable, al con­
templar la instalación de un gasoducto con respecto al consumo poten­
cial. En esta zona más fría, la calefacción suele presentar problemas
serios durante los meses de invierno, de los cuales la leña, sobre todo
en el campo, y el gas envasado (supergás), en los centros urbanos,
constituyen los únicos paliativos. Este último se usa también mucho
para cocinar.

349
T

I Desde el año 1946, la zona sur cuenta con servicio de supergás.. De


1.200 en 1950, el número de usuarios pasó a 2.800 en 1955, 6.172 en
1960, y se estima hoy en más de 8.500, con un consumo de más de
1.500.000 kg.ÍLos envases llegan llenos a San Rafael y General Alvear
por ferrocarril, procedentes de Mendoza. Vacíos, regresan por el mis­
mo camino.
Fn las fábricas locales, las calderas y los motores diesel que gene­
ran energía eléctrica indispensable, consumen fuertes cantidades de
petróleo crudo, particularmente entre noviembre y mayo. Igualmente el
importante parque automotor debe abastecerse en nafta. De los 120
canirmes tanques con los cuales cuenta la zona sur, se estiman en más
de 35 los que sirven exclusivamente para el transporte diario de los
imprescindibles combustibles líquidos.
En suma, frente a los recursos energéticos, la posición del oasis de
San Rafael se encuentra fuertemente supeditada a decisiones tomadas
desde afuera, que no coinciden la mayoría con el esquema de su desa­
rrollo. Se ve además en la obligación de abastecerse en el norte de la
provincia en la totalidad de las demás fuentes de energía; factores todos
que acentúan su estado de dependencia.
Aunque sea económicamente de importancia, la minería, concentra­
da ante todo en el departamento de Malargüe, contribuye poco al vuelo
de San Rafael Con respecto a las demás actividades que identifican al
oasis del sur mendocino, ella se encuentra en forma sobreimpuesta. Por
ser el centro más importante de esa zona, la ciudad de San Rafael podría
aprovechar a largo plazo una intensificación de las actividades, al aumen­
tar el personal en las minas, en el transporte del mineral y en las indus­
trias de transformación de la materia prima.
No obstante, debe destacarse que, si bien en la Dirección de Minas
de la Provincia, han sido registrados centenares de yacimientos, hay
muy pocos en explotación y son contadas las empresas mineras que han
sabido convertirlas en minas explotables y de buenos rendimientos.
En su oportunidad, la asfaltita contribuyó para que el país no
paralizara su producción en la época de guerra en que escasearon los
combustibles sólidos. Desde hace más de 15 años se extrae poco azufre
del Cerro Overo y sus instalaciones están regularmente paralizadas.
Hasta ahora, además del uranio de la mina Huemul, el manganeso, y
en menor escala la fluorita, son los minerales que más han contribuido
al progreso minero en el sur mendocino.
La mina Ethel de manganeso (Fot. 50) posibilita la radicación en
Mendoza de la industria pesada con dos poderosos establecimientos
siderúrgicos a los que se sumaron posteriormente otros (Grassi en

350
Fot. 50 — Centro minero típico en el departamento d e Malargiie, la
mina Ethel S.R.L. se ubica al SW del Nevado. De distintas galerías'
se extraen unas 60 toneladas semanales de manganeso. Se expide el
producto bruto a la refinería de Malargiie.

Fot. 51 — Extracción d e la sal en las Salinas del Diamante. Se utilizan


métodos modernos para la cosecha, que t.'ene lugar durante unas
semanas al año según lo permitan las condiciones atmosféricas.

35J
M alarg ü e y en E l N ihuil, C arb o m etal en E l N ih u il) co n la exp lotación
d e la m in a S an ta C ru z, j
(^Entre Jo s d em ás m in erales q u e se exp lotan en la zon a, se an o tarán
p or ord en d e im p o rtan cia: h ierro ( 2 y acim ien to s), b aritin a ( 2 yacim ien ­
to s ), yeso y caliza (3 y acim ien to s); en 2 5 d e M ayo se h allan tam b ién
algunas can teras d e trav ertin o y d e ónix d on d e se ab astecen algunos
talleres lo cales)
(A ú n sigu e co sech án d ose la sal en las Salinas d el D iam an te (F o t. 5 1 )
con eq u ip o m od ern o y cam ion es co n tratad o s. E n u n a p eq u eñ a fáb rica
ad y acen te, se in du strializa u n d ébil p o rcen taje d e la sal, ag reg án d o le
iod o p ara uso d om éstico. Sin em b arg o , el trab ajo se p ro sig u e en fo rm a
esp o rád ica, segú n las con d icion es clim áticas, pues se n ecesitan varios
d ías d e p leno sol p ara q u e se en d u rezca la ca p a d e sal q u e cu b re el
lim o y alcan ce a so p o rtar la m aq u in aria.
P o r o tra p arte, au n q u e ab u n d a la caliza, n o h a y aú n fá b rica d e
cem en to (tip o P o rtla n d ). y la zon a su r d ep en d e d e M en d o za en cu an to
a su ab astecim ien to en esa m ateria p rim a b ásica p a ra la co n stru cció n .
L a firm a G rassi se esp ecializa en la p ro d u cció n d e ferro m an g an eso
y silicom anganeso, la C arb o m etal en la p ro d u cció n d e ca rb u ro d e calcio .
L as dos em p resas u tilizan m in erales locales (flu o rita, m an g an eso , caliza,
c u a rc ita ), q u e llegan p o r cam ión , p ro ced en tes d e los yacim ien to s ra d i­
cad o s d en tro d e u n rad io d e 1 3 0 a 150 km . U tilizan tam b ién ca rb ó n resi­
d u al y v eg etal, co q u e, m an gan eso d e C ó rd o b a y m an g an eso im p o rtad o
(exen to d e silicio) q u e llegan p o r ferro carril. L a p ro d u cció n , v ariab le
segú n el p ro d u cto y las exigen cias d el m ercad o , se exp id e tam b ién p o r
ferro carril. S e m an d an d irectam en te a la em p resa sid erú rg ica d e S an
N icolás los exced en tes d e h ierro y flu orita ab sorb id os p o r las fáb ricas
locales.
L a u b icació n d e esas fáb ricas, en las p roxim id ad es d e u n a im p o r­
tan te fu en te d e en erg ía h id ro eléctrica, se exp lica p o r el p re cio m ás b a ­
rato d e la en erg ía su m in istrad a p o r la cen tral E l N ih uil q u e la d e o rigen
térm ico d e la zon a d el litoral. A sí, e l p recio d el fle te se e n cu e n tra fá ­
cilm en te su p erad o. Sin em b arg o , e l sitio m ism o, fu e ra d e l se cto r p o b lad o
y d e sus co m o d id ad es, lo cu al req u irió ad em ás la cre a ció n d e p eq u eñ os
pueb los p a ra alo jar la m an o d e o b ra, re su lta , a n u estro ju icio, u n e rro r
d e p lan ificación , si con sid eram os los p rog resos realizad os ú ltim am en te
en el tran sp o rte d e la en erg ía b ajo a lta ten sión. P o r o tra p a rte d eb e
co lo carse d e n uevo en su co n texto la d ecisión to m ad a h a ce 1 5 añ os,
cu an d o e l tran sp o rte d e la en e rg ía h asta 4 0 km , p o r ejem p lo, en el m ism o
oasis d e S an R afael, p o d ía sign ificar u n a p érd id a co n sid erab le.
352
F o t 5 2 __La fábrica d e ferroaleaciones Carbometal S.A., a orillas del
dique-embalse de El Nihuil y a poca distancia d e la usina hidroeléc­
trica Ll Nihuil.

Fot. 53 — E l pequeño centro ferroviario de Monte Coman. Vista hacia


el S. Obsérvese el plano muy extenso del pueblo orientado sobre la
estación de ferrocarril. L a tasa de ocupación del suelo es muy débil
en el radio urbano.

353
De cualquier modo, las dificultades que contrarían el desarrollo de
la minería en el sur mendocino se deben a motivos muy variados. Entre
ellos se destacan la falta de capitales importantes y de seguridad desde
el punto de vista jurídico. Dada la escala, reducida por lo general, de
los yacimientos, se necesitaría una comprobación real de conocimiento
de lo que corresponde a un yacimiento, económicamente explotable, a
fin de evitar el fracaso común del agotamiento de las reservas del mine­
ral, en plena marcha. Es de esperar que las investigaciones realizadas
para el Plan Cordillerano faciliten el cumplimiento de esta condición.
(^La falta de caminos de acceso en aquel sector minero, y las grandes
distancias que encarecen el transporte considerablemente y, en conse­
cuencia, causan la suba del producto, podrían ser los factores más pri­
mordiales contrarios a la explotación y fomento de la minería regional. "J
En fin, puede señalarse la falta de establecimiento de concentración o
purificación del mineral a los fines del transporte a mejor precio, la
mecanización muy primaria de la mayoría de las instalaciones, y la es­
casez de verdaderos técnicos.
No obstante el hecho de que el oasis de San Rafael se beneficia
desde 1914 con el doble eje ferroviario que lo vincula al litoral y de
conexiones, por rieles también, con los demás centros importantes del
piedemonte cuyano, además de una pequeña red ferroviaria a la escala
de su espacio valorizado (Fig. 6 4 ), este medio de transporte mucho ha
perdido su eficacia, su importancia y su prestigio a lo largo de los últi­
mos años. Sin embargo, frente al intenso desarrollo del camino, el trans­
porte ferroviario sigue desempeñando un papel aún importante para
mantener el sur mendocino permanentemente abierto hacia nuevos ho­
rizontes.
Desde el momento de su nacionalización, los servicios prestados
por los ferrocarriles del Estado (aunque todavía subsistieron muchos
vestigios de la administración por empresa separada) han disminuido
bastante en calidad, y hoy, dejan mucho que desear. En el F . C. General
San Martín, desde San Rafael, los mismos empleados admiten que el
servicio prestado es de tercera categoría.
En el caso de la fruta fresca, por ejemplo, el factor tiempo tiene
mucha importancia; por lo tanto, la terminación reciente del asfalto en
el tramo Bowen-Lincoln de la ruta a Buenos Aires, podría significar un
fuerte golpe para el ferrocarril, si no alcanzan a mejorarse las condi­
ciones de transporte vigentes. El problema de la velocidad resulta de
la falta de asientos sólidos para los rieles. Vías obsoletas (algunas datan
de 1910) y equipo antiguo de los vagones asentados sobre resortes, im­
piden una velocidad superior a 50 km/h. Además, durante tres años,

354
Fig. 64 — a) Despacho de cargas por ferrocarriles durante el
período 1981-1965.

de 1958 a 1960, la fruta fresca se cargó únicamente en la estación de


General Alvear. Por consiguiente, la fruta tenía que viajar desde los
rectores productores de San Rafael por camión, sufrir demoras, cargas
y descargas. Las pérdidas alcanzaban altas proporciones y la operación
resultaba poco rentable a causa de la irresponsabilidad de la administra­
ción ferroviaria.
A partir de 1961, modificaciones importantes mejoraron las condi­
ciones de operación. Se empezó de nuevo a utilizar la estación de San
Rafael y de Salto de Las Rosas, donde los vagones se pueden cargar
por ambos lados. Se había previsto la combinación del F. C. San Martín
con el F. C. Sarmiento, los cuales empalmaban en General Alvear, donde

355
las trochas habían sido unidas en 1948. Se aprovechaba más así el fe­
rrocarril sur por el poco tránsito en esa línea, y se le otorgaba además
precedencia al tren frutero sobre el pasajero. Recientemente, se ha con­
cretado un proyecto para centralizar todas las operaciones de carga de
fruta seca en Salto de Las Rosas, estación enclavada en medio de una
importante zona frutera. y muy accesible por una buena red de caminos
asfaltados y puentes. La habilitación de esta estación para la carga de
la fruta fresca contribuirá a fomentar la actividad de los pequeños

|TA C O M B O /
MBS

F ig . 6 4 — b) Despacho mensual d e cargas por fenrocarriks du­


rante el año 1966.

productores y comerciantes, al verse facilitada su llegada a la estación


v el despacho de mercaderías al gran mercado de consumo que es la
Capital Federal y sus alrededores.
En cuanto a los productos elaborados (conservas, fruta desecada,
vino reserva embotellado, e tc .), la situación es distinta y esos productos
constituyen por lo tanto un buen porcentaje de las cargas no obstante
la competencia de las empresas de camiones desde que se terminó el
asfalto del tramo Bowen-Lincoln (Fig. 6 4 ). Se calcula que el 6 0 % del

356
vino común viaja en vagones tanques, hasta las plantas fraccionadoras,
no obstante la importancia en el número de camiones tanques (90) que
se dedican a este tipo de transporte en la zona y sin calcular los que
llegan desde Mendoza. Pero en largas distancias, el transporte de vino
resulta antieconómico y este sistema se aprovecha sobre todo para el
traslado de vino, de una bodega a otras, en escala local o regional, es
decir a Mendoza y a veces hasta San Juan.
De 1961 a 1965, el despacho de carga se ha mantenido en forma
normal, salvo para el año 1960, por San Rafael y Malargüe; lo que se
debe en el caso de San Rafael a la baja en las cargas de minerales en
la estación Pedro Vargas, resultante de una escasa demanda en los
mercados (Fig. 64). Se observará además que la evolución de la curva
de despacho mensual, durante el año 1966, corresponde también, en el
caso de San Rafael y de General Alvear, ál período de más intensa
actividad (marzo) en las fábricas, igualmente a un elevado despacho
de fruta fresca.
Por su lado, las empresas de camiones que van multiplicándose en
el sur mendocino, y más aun los dueños de camiones de carga que
trabajan por cuenta propia, por contrato o por licitación (particular­
mente en el sector este de la playa, donde la distancia hasta Buenos
Aires resulta en 100 km más corta) aprovechan la débil posición de la
organización del transporte ferroviario. Poco a poco, van acaparando
una parte más importante del transporte de productos regionales hacia
los centros de consumo. Por otra parte, se dan perfectamente cuenta
del hecho de que, al normalizarse el sistema de explotación del ferro­
carril, no llegarían ni a entrar en competencia con ello en una distancia
tan larga como los 1.000 km que separan San Rafael de los principales
centros de consumo del país. AI tomar una envergadura considerable
pero exagerada, en razón del carácter anormal de las condiciones de
explotación, el camión encarece automáticamente el producto transpor­
tado y perjudica a los productores de la región que quieren competir a
base del más bajo precio posible
Se estima en 500 en la zona sur el número de camiones “livianos”
que transportan en 15 horas ahora la fruta fresca desde la finca del
productor hasta los mercados de venta por mayor de Buenos Aires y de
Rosario; lo que significa una pérdida mínima y una mayor seguridad,
no obstante el costo del flete más elevado.
Por otra parte, el transporte de vino común por camiones tanques
(acoplados), que requieren además grandes inversiones, se encuentra
perjudicado por el ritmo de consumo que afecta el transporte regular
repartido sobre todo el año. En la zona litoral, el consumo de vino suele

357
disminuir en forma apreciable durante el invierno y aumentar conside­
rablemente en verano, pues se toma en parte para combatir el calor,
con soda o hielo, según la costumbre. Por consiguiente ese desequilibrio
en el consumo trastorna la corriente normal de las expediciones de vino
desde San Rafael hacia las plantas fraccionadoras con baja capacidad
de vasijas. Imposibilita por lo tanto a los bodegueros medianos para que
lespalden en forma permanente a grupos de camioneros en relación con
esa operación de traslado. Solo las grandes empresas pueden soportar
ose ritmo.
La desocupación de varios camioneros durante parte del año, suscita
una competencia encarnizada y la rebaja consecutiva de los precios,
siempre en favor del bodeguero o del intermediario, cualquiera que sea.

C iCO 2W %C Xm

Fig. 65 — Principales ejes de /caminos que aseguran la apertura hacia


nuevos horizontes del oasis de San Rafael. 1) Límite internacional.
2) Red de caminos que sirve al oasis de San 'Rafael. 3 ) Asfaltado.
4) Consolidado. 5) Otros caminos.

En esas condiciones, no hay necesidad de insistir en el carácter muy


vulnerable de la posición del camionero que trabaja por cuenta propia.
L a situación resulta distinta en el caso de las empresas de trans­
porte (Bar-Pen, Malargüe, San Rafael, etc.). La empresa camionera
trabaja por contrato, a precio fijo, y el camionero, por su parte, percibe
sueldo básico. L a compañía Bar-Pen, por ejemplo, tiene 11 equipos que
cumplen un viaje (ida-vuelta) semanal en promedio. Cada unidad trans­
porta habitualmente 25 toneladas, conservas en un 95 % de promedio,
y fruta fresca el resto. Esta compañía tiene además contrato semiexclu-
sivo con la fábrica cap . En cuanto a la compañía Malargüe, utiliza el

358
sistema de transporte Piggi-Back y trabaja pues en estrecha relación con
el ferrocarril. Posee 28 furgones con capacidad para 14 toneladas cada
uno. Frutas envasadas y desecadas representan el 65 % de la mercadería
transportable; vinos finos y comunes el 25 %; cueros, lanas y varios un
LO %. En 1966, se expidieron por tren con destino a Buenos Aires 305
furgones; o sea el equivalente de 8.000 toneladas en total. A la vuelta,
los camiones traen sobre todo productos de tienda, almacén, ferretería,
abonos y fertilizantes, y también maderas. Las mercaderías ponderables
(harina, azúcar, leña, gas envasado, etc.) suelen llegar por ferrocarril.
(fEn suma, el sistema de transporte en el oasis de San Bafael se halla
en \ina etapa decisiva.^ El acceso directo al centro de consumo más im­
portante del país, además de haber trastornado las estructuras tradicio­
nales ha desafiado el monopolio del transporte sobre rieles. Mucho más
flexible que el ferrocarril, el transporte por camión significa para los
sanrafaelinos la oportunidad de controlar la comercialización de su pro­
pia producción y también conseguir acceso directo a los mercados de
Río Cuarto, Córdoba, Santa Fe y Paraná, mediante una red caminera
que va ampliándose, y más aun, si se materializa el proyecto del camino
de La Horqueta, desde Monte Comán hacia Mercedes, en la provincia
de San Luis (Fig. 65).
( En cuanto al mercado chileno (Santiago y Concepción) la gran es­
peranza del sur mendocino. por el camino cordillerano El Pehuenche
hacia la ciudad de Talca, San Rafael tendrá que esperar mejores días;
por lo menos hasta que se concreten nuevos acuerdos comerciales entre
Chile y la República Argentina, y que se adopten resoluciones tangibles
con respecto al mejoramiento y mantenimiento en forma permanente de
los caminos andinos que vinculan a ambos países A
y

2. L a población en el oasis de S an R afael :


UN DINAMISMO ALTERADO

a) Evolución y tendencias

L a valorización aún reciente del espacio, el aislamiento relativo, la


dependencia económica y administrativa, además de la saturación del
sector de actividad terciaria y el estrecho abanico de las perspectivas
de empleo en la región de San Rafael, constituyen probablemente los
factores que más influyeron y todavía siguen influyendo en el compor­
tamiento demográfico de la población local.
En la segunda parte de nuestro trabajo, hemos señalado los episo­
dios sucesivos en el poblamiento de la zona sur, los cuales concluyeron

359
con la formación de un grupo de población relativamente homogéneo
con respecto a sus costumbres de trabajo, a sus reacciones frente a los
problemas, y también a sus aspiraciones, no obstante las diferencias
étnicas a priori. Esa población, hoy poco más o menos fijada, ha desa­
rrollado rasgos propios dentro del panorama demográfico no solamente en
la escala del país sino también en la regional del piedemonte cuyano.
De 1869 a 1895, el crecimiento anual medio en el sur mendocino
alcanzó a 52,5 %0 (Fig. 66). Este ritmo elevado debía mantenerse a lo

EN /m i l e s OC
PERSONAS

Fig. 6 6 — Crecimiento de la población en la zona d e influencia de


los ríos Atuel y Diamante.

largo del período siguiente (1895-1914) con 52,9%0, ante todo como
consecuencia de las importantes olas migratorias (con fuerte predomi­
nio de gente joven, en edad para tener hijos) de origen italiano y es­
pañol, que irrumpieron en el país a partir de 1908. De 1914 a 1947, al
disminuir en forma apreciable los aportes exteriores, suministrados por
las migraciones intercontinentales, la tasa media anual de crecimiento
bajó a 32,5 %0. Este promedio casi correspondía en aquel momento al
solo crecimiento vegetativo, pues la tasa de nacimientos era muy ele­

360
vada (45% 0) en el sur mendocino. En cambio, con respecto al período
1947-60, hay que distinguir entre el departamento de San Rafael, cuyo
espacio se aprovechó en primer lugar, y el departamento de General
Alvear, de ocupación más reciente y que aun sigue siendo una franja
pionera en el país. En San Rafael, el crecimiento anual medio durante
este último período alcanzó solamente el 21 %0, en comparación con
el 34,6 %0 para el departamento de General Alvear, cuya tasa de naci­
mientos se hallaba también más elevada en un 5 %0, dada su calidad
de sector pionero.
Con respecto al período 1947-60, el crecimiento anual medio del
sur mendocino (22% 0) no se ha mantenido por lo menos al nivel del
crecimiento vegetativo medio (2 5 %0). por lo que resulta un déficit
migratorio de —3%0. En realidad, este saldo migratorio deficitario ten­
dría que aplicarse exclusivamente al departamento de San Rafael, donde
el crecimiento total ha sido de 30.800 habitantes (21 %0) con respecto
al crecimiento vegetativo de 37.500 (26 %0); o sea una diferencia de
6.700 habitantes en menos y un saldo migratorio de —5%0. En cambio,
en General Alvear, hubo una ventaja de 200 habitantes en el crecimiento
total con respecto al crecimiento vegetativo, y, por lo tanto, un saldo
migratorio levemente favorable.
En una provincia cuyo crecimiento demográfico, durante el mismo
período, se ha caracterizado por su dinamismo, la situación de la región
de San Rafael llama la atención. De 1947 a 1960, la provincia de Men­
doza ha conocido un saldo favorable de 4 %0, al aumentar la población
en 237.300 habitantes mientras el crecimiento vegetativo era de 199.200
personas, dejando una ventaja migratoria netamente positiva de 38.100
personas.
Por otra parte, existen además en esta provincia, otros departamen­
tos que tienen saldos migratorios desfavorables: Santa Rosa ( - 2 3 % ,)
La Paz ( —12 %0) y Tupungato ( —12 %>) constituyen los ejemplos más
probantes. Sin embargo, en el caso de los dos primeros, han sido per­
judicados por problemas muy graves de escasez de agua y de salitres,
jin hablar de las granizadas que alcanzan allí los más elevados prome­
dios de daños. Se trata, pues, de sectores ya debilitados, cuyo porvenir
está en cierta forma bastante comprometido; lo que explica el verdadero
éxodo de tipo rural desde aquellos sectores hacia zonas más ricas y
preferiblemente mejor urbanizadas.
Con respecto al oasis de San Rafael, la explicación resulta pasable­
mente distinta y mucho más matizada. A pesar de que haya sido castiga­
da periódicamente por heladas y granizadas la zona de influencia de los
ríos Diamante y Atuel. debe considerarse definitivamente como zona

361
privilegiada, tanto por la abundancia de sus aguas como por los altos
rendimientos de sus cultivos. Además, no obstante la dependencia re­
sultante en gran parte de su aislamiento, el ingreso por cabeza y el
nivel de vida general alcanzan proporciones muy aceptables según las
normas argentinas Por lo tanto, entre las tres zonas de influencia del
piedemonte cuyano, es la región de San Rafael la que ofrece, a largo
plazo, las mejores perspectivas de desarrollo, dado el potencial de sus
recursos y la relativa escasez de su población.
Igualmente, debe considerarse a los departamentos fuertemente ur­
banizados, cuyos saldos migratorios resultan netamente positivos: Lavalle
(28% „), Las Heras (20% o), Godoy Cruz y Guaymallén (16% c), los
cuales son en su mayor parte, verdaderos prolongamientos residenciales
de la ciudad capital. Evidentemente, la concentración urbana alrededor
de Mendoza favorece la multiplicación de las ocupaciones en los sectores
secundario y terciario, y por lo tanto desempeña el papel de bomba
aspirante al absorber los excedentes del resto de la provincia y también
de provincias vecinas. Sin embargo, esa mano de obra que afluye de
todas partes está lejos de ser selectiva y una buena parte se convertirá
en desocupada o subocupada.
Si bien hubo varios abandonos y salidas en razón de condiciones
adversas repetidas en la zona sur, y particularmente en San Rafael,
durante la última década, debe buscarse en el nivel urbano la causa
principal del saldo migratorio deficitario. Pese a su crecimiento demo­
gráfico, del orden del 40 % entre 1947 y 1960 y de más de 25 % en
1960 hasta ahora, la ciudad de San Rafael no concentra en importancia
y en variedad un número suficiente de ocupaciones secundarias (por el
carácter temporario de la mayoría) y terciarias medias para detener los
elementos inás dinámicos y más capacitados de su población. El medio
urbano local, por ejemplo, no podría absorber y asimilar en función de
las necesidades de la región, la cantidad de egresados locales (pie se
reciben en las distintas universidades del país (sobre todo Cuyo, Cór­
doba y Buenos Aires). El elevado ingreso en muchas familias mantiene
el flujo de estudiantes universitarios en alto nivel sin que corresponda
de ningún modo a las necesidades locales. Al recibirse, la mayoría de
ellos tienen que trasladarse a otro lugar para ejercer su profesión en
forma conveniente. En el caso de varios profesionales (abogados, inge­
nieros, etc.) que han permanecido en la zona, la finca o la bodega su­
ministra el aporte compensatorio gracias al cual alcanzan a vivir decen­
temente. L a elevación rápida de nivel educativo entre esa población
joven tendría a corto plazo que acentuar aquella corriente migratoria

362
muy peligrosa con respecto al mantenimiento de la vitalidad demo­
gráfica local.
La incapacidad en la cual se encuentra el medio urbano para crear
empleos estables tanto secundarios como terciarios, a fin de absorber
anualmente la mayor parte de la mano de obra disponible proporcionada
por el crecimiento vegetativo o por la mecanización de las tareas agrí­
colas (que también produce unos pocos excedentes anuales), estaría en
el origen de la notable pérdida de velocidad en el crecimiento de la
población en la zona sur. Esa situación se traduce, pues, por un saldo
migratorio deficitario cuyos resultados podrían volverse enfadosos, de
proseguirse esas tendencias ya bien inscritas en el contexto local.

b) Caracteres y composición

Desde el censo de 1947, la modificación de ciertos rasgos demo­


gráficos esenciales ha influido profundamente en el ritmo de creci­
miento de la población en el sur mendocino. De 1947 a 1960, la tasa
de crecimiento para la zona sur, lia pasado de 35,6 %a a 30,2%o ( —5,4$*)
mientras la tasa de defunciones bajaba de 10,4 %0 a 8,8 %„ ( - 1 ,6 * » ) .
Es decir que el crecimiento vegetativo, en 13 años de intervalo, ha pa­
sado de 25,2 %Q a 21.4 %0 ( —3,8$*), acercándose por lo tanto al prome­
dio provincial, el cual bajó de 20,2 %G a 18 3 %0 (- 1 ,9 $ * ) durante el
mismo período.
El mejoramiento de las condiciones de higiene, la prestación de
servicios médicos y hospitalarios, han contribuido a rebajar la tasa de
defunciones, aunque la diferencia con la provincia sea un poco más fuer­
te que en 1947 (0,7 contra 0,4 %0). La notable disminución de la
mortalidad infantil desde un promedio de cerca de 100 %() en 1947 a
poco más de 60 °/QO en 1960 ( 55 %() para la provincia) quizá sea el resul­
tado más tangible obtenido por la penetración del modo de vida urbano
en el campo.
Aunque la tasa de masculinidad se estableciera en un 100,1 % en
la provincia de Mendoza, o sea una tasa perfectamente normal, amplias
diferencias existen entre los departamentos urbanos y rurales. Por ejem­
plo, entre la Capital, con 82,3 %, o Godoy Cruz con 92,2 % por una
parte, y Tunuyán con 121,0 c/ i , o Lavalle, con 115,4 % por la otra, los
departamentos de San Rafael con 103,3 % y General Alvear con 102,6 %
ocupan una posición demográfica intermediaria muy aceptable, dado
las circunstancias en el tiempo y en el espacio ya expuestas.
En el oasis de San Rafael, se notará ese desequilibrio demográfico
en dos niveles distintos; en primer lugar, en la estructura de edades; y

363
en segunde lugar, con respecto a la función principal (urbana o rural)
de cada distrito.
En la estructura de edades (Fig. 6 7 ), se observará una fuerte pre­
ponderancia masculina en los grupos de edades 0-4 y 5-9, con un
107,0 %. En los grupos de edades que abarcan de 10 a 29 años, la situa­
ción cambia completamente, y más aun en los dos últimos grupos (20-24
y 25-29), en los cuales la tasa de masculinidad se establece solamente
en 0,83 % y 0,86 % . Al agotarse la corriente migratoria alrededor de los
años 1930 la población empezó a estabilizarse. Así la débil tasa de mas-

A U i.E S oe
«O PERSO GAS'

Fig. 67 — Pirámide de edades en el sur mendocino (San 'Rafael y


General Alvear).

culinidad (pie afecta a los grupos de edades de 10 a 29 años parece


haber resultado una forma de compensación por la elevada tasa de
masculinidad resultante de la época de la inmigración, a partir de 1908,
sobre todo.
Al calcular la tasa de masculinidad para el grupo de población de
30 años en adelante, la supremacía masculina se establece en 115,0 % ;
lo que evoca en cifras la imagen de la época pionera que acogía a gru­
pos de inmigrantes con fuerte preponderancia masculina. Por lo tanto,
el desigual crecimiento de la pirámide de edad (Fig. 67) expresa bien
los trastornos de ayer y la relativa estabilidad de hoy, en la cual se

364
destacan cada vez más las influencias moderadoras que resultan de la
penetración del modo de vida urbano en el campo. En 1966, se estimaba
la preponderancia masculina en el sur mendocino en 102,4 %; es decir
un paso más hacia el equilibrio.
Entre los departamentos de la provincia de Mendoza, salvo en el
caso de La Paz, los del sur mendocino, encabezados por San Rafael, tie­
nen la población más estable. En San Rafael, el 68 % de los habitantes
han nacido en el departamento (el más alto promedio entre los depar­
tamentos de la provincia), y el 58 % en General Alvear, contra el 43,4 %
en la Capital y el 47,4 % en Maipú, por ejemplo. Por consiguiente, son
pocos los sanrafaelinos que nacieron en otro departamento (1 1 ,9 % ) o
en otra provincia (9 ,9 % ). En cambio, másvdel 1 0% de los habitantes
de San Rafael y de General Alvear nacieron en otro país: otro rasgo
pionero que va desapareciendo.
Muchos entre los que siguen considerándose legalmente como ex­
tranjeros se radicaron en la zona hace ya varios años. Si lo aplicamos
a los que no tienen todavía la nacionalidad argentina, el término ex­
tranjero pierde gran parte de su significación. Al representar el 10 %
de la población total de San Rafael en 1960 y probablemente mucho
menos en 1967, los extranjeros en su mayoría españoles e italianos se
asimilan fácilmente. En realidad, son escasos los grupos étnicos, salvo
los sirios-libaneses y los judíos, que se resisten a la integración y a la
formación de una entidad con cierta homogeniedad en el oasis de
San Rafael.
Si se considera desde un ángulo especial, el desequilibrio demo­
gráfico tomará nuevas dimensiones y resultará directamente de la sepa­
ración entre las funciones de carácter urbano o semiurbano, y de carácter
rural. Es bien conocido el hecho de que la ciudad conviene más a la
mujer que al hombre y que, por ejemplo, en un medio urbano altamente
competitivo donde no existan formas de desocupación disfrazada, una
mujer consigue empleo proporcionalmente con más facilidad que el
hombre. En ese sentido, el desarrollo de centros urbanos en una región
tradicionalmente agraria como San Rafael, donde casi toda la econo­
mía se encuentra asentada sobre la producción de materias primas ali­
menticias y su elaboración parcial o completa, tienen que modificar la
repartición de la población. Al mismo tiempo, se acentuará el predomi­
nio masculino ya fuertemente esbozado en el campo y aumentará la
importancia de la presencia femenina en forma mayoritaria en los lí­
mites urbanos.
Entre los económicamente activos, en 1960, se estimaba en 53 %
los que trabajaban Entre los varones, el promedio alcanzaba 90 %. Sin

365
embargo, varios suelen trabajar en forma esporádica, es decir, por pe­
ríodos intensos pero cortos. Entre las mujeres, solamente el 20 % de la
mano de obra disponible trabajaba. La gran mayoría, 65 %, seguía en­
tonces con la tradicional ocupación de ama de casa. No obstante, en los
buenos años de cosecha, como en 1966-67, cuando hay demanda de mano
de obra, y posibilidad de trabajar dos o tres meses, son muchas las que
consiguen tareas en las distintas fábricas de la zona. Por otra parte, cabe
destacar el importante número de estudiantes (4.200) entre los econó­
micamente activos, o sea el 2,8 % de la población total; un índice que
bien corresponde a las preocupaciones de la zona sur por un nivel de
educación más elevado.
En todos los distritos rurales de San Rafael y General Alvear, con
la excepción de Monte Comán (cuyo centro tiene algunos rasgos urba­
nos), hay un excedente en cuanto a varones que, a veces, es de más del
10 %, como sucede en Cañada Seca, Cuadro Nacional, Goudge o Rama
Caída. En cambio, en los distritos urbanos de San Rafael y General
Alvear, la tasa de masculinidad se nota muy baja. En el sector urbano
de San Rafael cuya población en 1960 (50.659) se componía de 24.307
varones y 26.370 mujeres, la tasa de masculinidad apenas alcanzaba el
93 %, y, por lo tanto, se compara favorablemente a la tasa de un depar­
tamento urbano, Godoy Cruz, con 92,3 %. Además, en 6 de los 7 radios
de censo en San Rafael, el número de mujeres supera ampliamente al de
varones, particularmente en el centro.
En aquel censo de 1960, se había establecido en 45,5 % el porcen­
taje de la población urbana para la zona sur, con exclusión del departa­
mento de Malargüe, y en 54,5 % la población rural, o sea una apreciable
diferencia con respecto a los porcentajes correspondientes a la provincia
de Mendoza, es decir, 62,3 % y 37,7 %. En la actualidad, la población
urbana del sur mendocino tendría normalmente que haber alcanzado
por lo menos un ectado de equilibrio con la población rural.
Sobre la base de los datos suministrados por el censo de 1960, nos
resultó difícil representar adecuadamente la distribución de la población
en el espacio valorizado de San Rafael. En el sistema tradicional utili­
zado (Fig. 6 8 ), hemos querido subrayar la importancia del hecho ur­
bano y su fuerte concentración con respecto a la eventual dispersión
del poblamiento rural. Igualmente hemos tratado de ubicar los símbolos
de tal manera (pie correspondieran a los sectores más densamente ocu­
pados en cada distrito
Como lo hemos señalado en relación con la ubicación de las em­
presas bodegueras (Fig. 59), también se destaca, en esa carta de densi­
dad de población (Fig. 6 8 ), la importancia de San Rafael, en menor
escala la de General Alvear, y además unos raros focos intermediarios

366
te
S

367
con escasos rasgos auténticamente urbanos, entre ellos Villa Atuel, Real
del Padre y Monte Comán.
Es en cierta manera, el fondo de escenario de la armadura urbana
poco articulada que encontraremos en el espacio valorizado de San Rafael.

3 . U na armadura urbana poco articulada

L a organización del espacio útil en el piedemonte cuyano ofrece,


dentro del contexto argentino, una fisonomía bien propia, debida a
condiciones iniciales morfoclimáticas y también históricas particulares.
Desde el comienzo de nuestro estudio, nos hemos referido constante­
mente a las tres zonas de influencia de los ríos (San Juan, Mendoza,
Tunuyán, Diamante - Atuel). a los cuales corresponden los tres oasis
más extensos y más ricos del oeste argentino. En esta comarca semiárida
o árida, la presencia de un núcleo de poblamiento está supeditada prima­
riamente al agua y a las posibilidades que representa. En cuanto al
ultimo oasis grande (San Rafael), ya conocemos los factores históricos
que han demorado su desarrollo y su incorporación al grupo que forma
hoy una trilogía de oasis grandes a lo largo del piedemonte argentino de
los Andes.
No obstante el aislamiento relativo dentro de límites bien definidos
que caracteriza a los oasis, no hay duda de que el piedemonte cuyano
posee una red de ciudades a la cual podría agregarse, pero únicamente
por razones históricas ya expuestas, el sector semipampeano de San Luis.
Dentro de esa red urbana regional solidaria, el polo indiscutible lo
constituye el Gran Mendoza Esta aglomeración cuenta hoy con más de
360.000 habitantes Desempeña un papel político - administrativo, finan­
ciero, comercial, cultural y de recreo, cuyo alcance se extiende fácilmen­
te a toda la zona del piedemonte cuyano. L a diversificación de sus acti­
vidades se extiende igualmente a un sector secundario no exclusivamente
limitado a la elaboración de la materia prima de origen agrícola, sino
que incluye además la fabricación de un sinnúmero de productos de
consumo local. Al disminuir en forma apreciable sus importaciones,
reduce paulatinamente su dependencia con respecto a Buenos Aires y el
litoral. Por consiguiente. Mendoza, cumple perfectamente con su papel
de metrópoli regional, es decir de foco intermediario o de contacto entre
la metrópoli (Buenos Aires) y los distintos centros regionales secundarios
y centros locales que se ubican dentro de su radio de influencia.
Aunque sea capital de provincia y constituya por lo tanto una
entidad administrativa autónoma, la ciudad de San Juan está subordinada
a Mendoza en varios aspectos. Ocupa el rango de centro regional secun­
dario, pues se trata del “centro regional secundario más importante de

368
Cuyo, ya que allí debe hablarse de un Gran San Juan, con más de 160.000
habitantes” n2.
En la zona de influencia de los ríos Diamante y Atuel, más recien­
temente valorizada, San Hafael desempeña también un papel de centro
regional secundario: pero sin el apoyo efectivo de factores tan polari­
zantes como en el caso de San Juan. Al resultar más vulnerable su
posición correspondiente la cabeza del oasis del sur mendocino ocupará
un lugar más bien humilde en la jerarquía de los espacios valorizados.
L a tarea de mentor que incumbe & San Rafael, como a los demás
centros regionales, resulta más difícil de realizar, puesto que no puede
iniciarse a partir de la independencia que otorga la función político
administrativa de capital provincial, tal como sucede en San Juan y
también en San Luis.
Veremos más adelante hasta qué punto las principales líneas de
fuerza locales convergentes hacia el polo urbano de San Rafael, como
la mayoría de sus funciones esenciales, se encuentran obliteradas por
influencias exteriores, las cuales se manifiestan con una intensidad varia­
ble, según emanan de la metrópoli (Buenos Aires) o de la metrópoli
regional (Mendoza).
Fuera de detalles menores, ya hemos establecido la uniformidad de
paisaje que caracteriza a la playa de San Rafael. Por lo tanto debe
destacarse la acción coordinadora del polo de actividad local, o sea el
criterio de cohesión, a fin de desembocar sobre una aplicación concreta
de unidad regional.
Sin embargo, cabe insistir sobre el hecho de que, en la playa misma,
las formas de vida urbana, aun pioneras, no han precedido a las rurales.
Por otra parte, al tener en cuenta las etapas de crecimiento, la evolución
urbana no procede directamente tampoco del desarrollo del campo
consecutivo a un aprovechamiento más racional del espacio.
En el espacio valorizado que se identifica con la región de San Rafael,
aparece la malla inferior de la red urbana organizada alrededor del
centro regional secundario, de algunos centros locales y de una siembra
de pequeños pueblos (Fig.69).
A la escala del espacio valorizado en la playa de San Rafael corres­
ponde una armadura urbana local, poco desarrollada en realidad, articu­
lada alrededor de San Rafael, su polo principal. En el sector SE, la
ciudad de General Alvear ejerce por cuenta propia una cierta polariza­
ción sobre el área inmediata. La habilitación reciente del nuevo cordón12

112 Z amorano, M., La red de ciudades d e la República Argentina. El ejem­


plo de Cuyo, op. cit.

369
s
tfl
£

370
umbilical de camino que la vincula directamente con Buenos Aires con­
tribuirá, a corto plazo, a acentuar sus actuales funciones, pues las
distancias de ida y vuelta hasta el litoral se han acortado en 50 km;
conserva además una ventaja de cerca de 200 km en el trayecto ida y
vuelta con respecto a San Rafael.
Si el ferrocarril ha influido fuertemente sobre la colocación en el
espacio de algunos focos de actividad, la extensión de una red caminera
interna pavimentada ha contribuido también a fijar y estabilizar las
funciones propias de cada uno.
Al jerarquizar, según su importancia, los focos de actividad de la
“m icro-red urbana” en la región de San Rafael, hemos establecido
cuatro niveles (Fig. 69). Estudiaremos aparte, en el capítulo siguiente,
el centro regional secundario que ocupa el primer lugar y que, por lo
tanto, polariza la red del oasis.
En segundo lugar, hay que hacer una distinción entre General
Alvear y los demás centros locales por el papel que desempeña éste en
el sector SE, dada la importancia de su población (más de 20.000 habi­
tantes), y la .variedad de los servicios prestados (cabecera departamen­
tal, varias subdelegaciones provinciales y nacionales, bancos, 200 casas
de negocios, ventas de maquinarias agrícolas, automotores, equipamien­
tos, herramientas, talleres mecánicos, hospital, hoteles, cines, escuelas
secundarias, etc.; cuenta además con los servicios de 18 médicos, 5
dentistas, 6 escribanos y 4 estudios contables). Su área de influencia
desborda los límites del propio departamento y abarca los distritos
vecinos de Jaime Prats y Real del Padre, y en menor escala, el de Villa
Atuel en el departamento de San Rafael. Debe considerarse, en este
caso, la distancia a recorrer hasta San Rafael al tratarse de un servicio
que puede prestar tan fácilmente General Alvear. Por ejemplo, la ma­
yoría de los dueños de vehículos de Jaime Prats y Real del Padre
consiguen el patentamiento de automotor en General Alvear.
Igualmente, el límite departamental significa poco en lo que
concierne a compras de uva o traslado de vino. Las poderosas fábricas
locales, encabezadas por la spat, efectúan compras indistintamente en
un departamento y otro para abastecerse en frutas y hortalizas dentro
de cierto radio económico. En ese sentido, el sector SE de la playa
forma una entidad bastante diferenciada, en la cual, el limite adminis­
trativo, por arbitrario que sea, alcanza una importancia muy secundaria.
Por consiguiente, hay que colocar a la ciudad de General Alvear
en una categoría especial (centro local de primera categoría), puesto
que desempeña, dentro del sector SE del oasis, un papel similar en

371
372
PE L L E G fltM /
cierta forma al de San Rafael, en la medida en que le alcanza el abanico
más estrecho de sus funciones y servicios.
En el peldaño siguiente, se hallan los centros locales, a los cuales
agregamos el calificativo “de segunda categoría” a fin de distinguirlos
bien con respecto a General Alvear en cuanto a las funciones ejercidas.
Prestan, por lo general servicios locales (correos y telecomunicaciones,
almacenes de ramos generales, tiendas, ferreterías, farmacias, talleres
mecánicos, escuela secundaria, cine, servicio parroquial, subdelegación
municipal o subcomisaría de policía, hospital rural o sala de primeros
auxilios —3 en Villa Atuel y Real del Padre, 1 en Monte Com|ñ-&etc.).
De los cuatro centros que pertenecen, según consideramos, a esa cate­
goría, tres se ubican en el sector SE: Bowen, Real del Pádre y Villa
Atuel. El cuarto, Monte Comán, es una creación del ferrocárril y ocupa
una posición aislada al NE del oasis. En cada uno, la población alcanza
por lo menos 2.000 habitantes. Sin embargo, entre ellos, se destaca. Villa
Atuel por la cifra más elevada de su población (3 .5 0 0 h ab itan tes)^ u n a
autonomía local mucho más completa. Eso, como lo hemos ¿Visto
(Fig. 5 9 ), se debe a su función primordial de importante centro vitivi­
nícola (30 bodegas), organizado alrededor de la Sociedad Anónima
Arizu, cuya bodega es la más grande del sur mendocino.
Entre los centros de segunda categoría, Villa Atuel presenta un
trazado urbano amplio, y no obstante la débil densidad de ocupación
del suelo, todos los cuadros están ocupados en forma urbana o semi-
urbana (Fig. 70 y Fot. 55). Con un trazado del mismo tipo, pero relati­
vamente más extenso y dividido en dos secciones,. a cada^ladonde la
estación de ferrocarril, Monte Comán tiene una densidad de ocupación
del suelo aun más débil porque presenta numerosos cuadró’s desocupa­
dos (Fot. 53). De un pueblo a otro, el trazado varía poco realmente, en
cuanto todos se caracterizan por el cuadriculado tradicional. Para
romper la monotonía, se han agregado diagonales que se cortan en el
centro, allí donde suele ubicarse la plaza principal, la única en la mayo­
ría de los casos. En algunos pueblos, el trazado iníciál, a veces realizado
por las compañías ferroviarias, ha resultado demasiado ambicioso ( Mon­
te Comán) y en La Llave, Goudge y Las Malvinas (Fig. 71, Fot. 54)
por ejemplo, apenas si la mitad o el tercio de las manzanas originalmente
trazadas, hoy están ocupadas. "
En los pueblos, cuya población oscila entre 300 y 1.000 habitantes
por lo general, la prestación de servicios es mucho más limitada, aun a
menudo reducida a artículos de primera necesidad. En el sector NW,
donde se ubican la mayoría, eso significa necesariamente un viaje' a San
Rafael. En el sector NE, los habitantes de Villa Atuel, Real dél Padre

•373
Fot. 54 — Pueblo d e Las Malvinas. Un ejemplo de trazado urbano
demasiado ambicioso, cuya plaza debia constituir el centro.

Fot. 55 — Villa Atuel tj B odega Arizu S.A. (al fondo), la más am plia
en el sur d e la inovincia d e M endoza. Tercer níicleo en importancia
en el oasis, el trazado urbano tiene cierta densidad de ocupación al­
rededor de la plaza central.

374
Fig. 71 — Trazado del pueblo de ¡Las Malvinas.

y Bowen no se ven obligados a desplazamientos frecuentes. Sin embargo


pueden elegir entre General Alvear y San Rafael según la naturaleza
de la compra a efectuar, el nivel del trámite a cumplir o el servicio
requerido. En esto intervienen la calidad de la red de caminos y las
facilidades de transporte entre los pueblos aislados y el principal foco de
actividad. Si bien se encuentra realizada la primera exigencia, la segunda,
que se refiere sobre todo al transporte en colectivo, ajón deja mucho
que desear113.
En fin, en último lugar, cabe señalar la presencia en el agro de
cierto número de pequeños núcleos comerciales que han aprovechado
la movilidad aumentada de la población (motocicletas, motonetas, etc.)
instalándose en encrucijadas de caminos o en cualquier otro sitio más o
menos estratégico para ofrecer a la diseminada población local, algunos
servicios de primera necesidad, a menudo agrupados alrededor de una
bomba de nafta. Varios núcleos de ese tipo cuentan con más de cinco
negocios distintos entre tiendas, almacenes, farmacia, ferretería, etc. En
la figura 68, hemos tratado de ubicar los principales, no obstante el
papel muy marginal que desempeñan en el medio agrario.

113 Las lineas de ómnibus que vinculan los distintos distritos con la ciudad
de San Rafael cumplen horarios muy incómodos por su escasez. ¡Significan a me­
nudo la pérdida de un día entero de trabajo entre ida y vuelta. Además las conexio­
nes de una línea a otra son casi inexistentes.

375
El centro de gravedad del espacio útil se ubica, pues, en el sector
NW de la playa de San Rafael, en razón del peso específico represen­
tado por el polo urbano de San Rafael, cuyos 60.000 habitantes (estima­
ción para 1967) forman el 65% de la población urbana total (92.000).
Además, las distintas actividades que ese núcleo urbano concentra y los
varios tipos de servicios que suministra ejercen, al nivel de la región
una fuerza centrípeta considerable. En el sector SE, a 90 km de distan­
cia, el principal foco, General Alvear, no alcanza a restablecer el equi­
librio, no obstante el aporte de los tres centros locales (de segunda
categoría). En la realidad, la cisura entre los dos sectores del oasis se
ubica donde la ruta 143 cruza por primera vez el río Atuel (Fig. 65 y
Fot. 33). Este camino constituye el único medio de comunicación
directa por ruta entre el NW y el SE del oasis. Igualmente, a la ampli­
tud del espacio valorizado y a la red de caminos bien desarrollada en el
sector NW, se oponen la estrechez del espacio cultivado y la escasez de
caminos que corresponden en el sector SE a una ocupación menos im­
portante. Sin embargo, alrededor del núcleo de San Rafael no se en­
cuentra ningún centro local, sino varios pequeños poblados. El único
centro local del sector NW, Monte Coman, se halla a más de 50 km
hacia el E , y su importancia la debe al ferrocarril, cuyas vías convergen
allí, y también a la instalación del taller para el mantenimiento del
material rodante.
En cambio, en el sector SE, de amplitud reducida, los centros
locales se suceden de veinte en veinte km desde Villa Atuel hasta Bowen.
En cuanto al centro local de primera categoría, su papel resulta mucho
más trascendente por ser la cabecera del departamento de General
Alvear y también el primer verdadero núcleo urbano sobre el cual des­
emboca el nuevo camino Bowen - Lincoln. Por otra parte, los centros
locales de segunda categoría, entre los cuales está Villa Atuel, dada la
equidistancia que aísla cada uno del otro, polarizan en cierta medida
las extensiones cultivadas circunvecinas. Así, Villa Atuel, en el distrito
de Villa Atuel, Real del Padre en el distrito del mismo nombre, y Bowen
en el último distrito del sector valorizado proporcionan, cada uno en su
propio medio, una buena selección de servicios de primera necesidad y
algunos más en el nivel intermediario.
Tercera aglomeración urbana por la importancia de su población,
Villa Atuel goza de una autonomía relativa, más amplia con respecto a
las demás en razón de su escala más extensa de prestación de servicios.
Además de un grupo variado de tiendas y almacenes, sala de primeros
auxilios y médicos residentes, escuela secundaria y parroquia, cuenta
con una sucursal del Banco Hipotecario Nacional, Delegación de la

376
Municipalidad, Subdelegación de Irrigación, Dirección de Vialidad,
fábrica de carrocerías, varios talleres, escuela comercial, etc. Con res­
pecto a su posición en el espacio valorizado, y dada la conformación de
éste, se ubica en un lugar estratégico donde los radios de influencia
primaria que emanan de San Rafael y de General Alvear, casi llegan a
coincidir. No cabe duda de que, en el escalón superior, la influencia de
San Rafael aún sigue extendiéndose a todo el espacio útil.
De todos modos, entre el sector NW y el sector SE, la relación
parece ser del orden de 3 a 1. Ya se ha establecido esta reladjón en
función de la población total y de la población urbana. Dos índices
suplementarios bastantes expresivos, si no determinantes, confirman esa
relación de 3 a 1 en favor del sector NW. En primer lugar, el número
de aparatos telefónicos que suman 3.000 en el sector NW contra 940 en
el sector SE y, en segundo lugar, el número de médicos que es de 76
contra 25 en el sector SE; o sea, en ambos casos, una relación muy neta
de 3 a 1 que favorece al sector NW y que evidencia por lo tanto el
papel básico de San Rafael como foco de actividad.
A lo sumo, para comprender y justificar el carácter poco articulado
de la armadura urbana en esa región sur mendocina, tendremos que
estudiar en detalle la morfología, el equipamiento urbano, las funciones
y el umland (zona de influencia) de su centro regional secundario:
San Rafael.

4. S an R afael : un centro regional


S E C U N D A R IO

"Les régions vivent par leur centre"


J ean L arasse

Llegado el momento de presentar el polo de actividad en el último


oasis grande, a esta altura de nuestro estudio regional, creemos que se
tratará en adelante de un tema cuyas grandes líneas nos resultan
conocidas en su mayoría, por haberlas esbozado y discutido en varias
oportunidades a lo largo de esta obra.
En la segunda parte, a lo largo de la cual hemos seguido paso a
paso los procesos de valorización del espacio por el hombre, hemos
considerado siempre la evolución del principal núcleo sin separarlo de
su pulpa agraria. LA partir de la fundación del primer fortín hasta los
últimos años, sin olvidamos del traslado de la municipalidad desde la
Villa Vieja hacia el actual sitio, hemos destacado y comentado las prin­
cipales etapas de su crecimiento y de su papel en una óptica general de
aprovechamiento del espacio.^pon la ayuda de mapas y croquis geográ-

377
Fot. 56 — E l c e n tr o d e la c iu d a d d e S an R a fa e l y la e s ta c ió n d e f e ­
rrocarril. En el centro a la derecha, la encrucijada de los dos princi­
pales ejes (NS, San Martín - El Libertador; W.E, Yrigoven - Mitre, o
calle principal). Abajo a la derecha, la Escuela iXormal; a la izquierda,
la terminal de ómnibus y la diagonal Almafuerte (antiguo trazado ca­
tastral). Arriba, frente a la plaza San Martín, la Catedral. Del otro lado
del ferrocarril, arriba a la derecha, el barrio Constitución.
378
fíeos, hemos indicado las primeras transacciones y divisiones de tierras
(Fig. 4 8 ), las principales propiedades de don Rodolfo Iselín en 1903
(Fig. 37) y el uso del suelo alrededor del pueblo de San Rafael en 1908
(Fig. 3 9 ). Igualmente, hemos incluido el segundo loteo realizado alre­
dedor de Colonia Francesa en 1910 (Fig. 40) que fijo el tipo de man­
zana y de división de lotes en el corazón de la ciudad, y los principales
elementos en el paisaje urbano de San Rafael en 1913 (Fig. 3 8 ). Por
consiguiente, en este capítulo, no serán considerados los factores de sitio,
de situación o de evolución en su sentido histórico, por haber sido éstos
ya abundantemente descritos y comentados anteriormente. Limitaremos
más bien nuestro estudio sistemáticamente al cuadro actual de la urbe
de San Rafael, a su morfología y a sus funciones, a fin de- circunscribir
su verdadero papel de centro regional secundario.
(Estrechamente ligado a la fortuna del agro, sin ser no obstante
creación de éste, el crecimiento de San Rafael se ha acelerado reciente­
mente con respecto al del campo, a consecuencia de un fenómeno
general de urbanización en todo el país, por el empuje de la difusión y
del atractivo del modo de vida urbano; de las tareas más livianas y con
horario fijo, y también por el mejoramiento general del nivel de vida.
Sin embargo, en el centro de su estuche agrario, la ciudad de San
Rafael sigue su ritmo de actividad cotidiana calcado en el del campb)
Los días de trabajo se dividen en dos fases nítidamente separadas por
un descanso de 3 a 4 horas, según la temporada, dedicadas al almuerzo
y a la tradicional siesta. En la ciudad como en el campo, el horario de
trabajo empieza temprano y sigue hasta mediodía, o hasta la una en
algunas oficinas (dependencias nacionales y provinciales, municipales,
etc.). En verano, de las 12 a las 16, la ciudad suele estar dormida. Se
mantiene pues en ella un ritmo impuesto por el agro, aunque sean dis­
tintas las condiciones en que se realizan las tareas urbanas.
Durante la época de cosecha y de elaboración en bodegas y fábricas
principalmente, el horario tradicional, con siesta intercalada, está fuer­
temente trastornado. En eso momento de intensa actividad, el ritmo
rural se asimila a un verdadero ritmo urbano. La elevada tasa de ocupa
ción y los importantes sueldos percibidos en aquel momento favorecen
el negocio local. Durante tres o cuatro meses, por consiguiente, San
Rafael abandona su habitual aletargamiento para tomar aspecto de ciu­
dad. Hay movimiento, hay animación; se discute, se opina (casi siempre
acerca de temas relacionados con la producción o la cosecha), jpero, en
fin, la ciudad renace y vive.
La posición actual, tanto geográfica como económica de San Rafael,
no le permitiría desvincularse de la vocación natural del territorio cul-

379
Las ETAPAS?p e CRECIMIENTO , de la

380
Fin. 72.
tivado qüe la rodea y la penetra (Fig. 72). Aún quedan varias parcelas
enclavadas en el espacio urbanizado, y en algunos barrios, particular­
mente en el barrio Libertad (Pueblo Diamante) al SE, la instalación pre­
dominante es todavía del tipo semiurbano. Su desarrollo industrial em­
brionario en ciertos aspectos, le permite ejercer una forma de tutela so­
bre el campo. Dado el sistema agrario en uso y el parcelamiento de la
tierra, el centro de San Rafael tiende a convertirse poco a poco en el
propietario del campo, como suele suceder a menudo en país de viñedo.
En cierta forma, sí, es una ciudad rentista del suelo (no podría existir
de otro modo), pero hasta ahora por lo menos, no se ha portado como
parásito, sino como estímulo con respecto al campo, con el que vive en
simbiosis. Igualmente, en razón de las influencias que ejerce en un me­
dio bastante aislado, desempeña un papel de ciudad urbanizante, en el
sentido de que, gracias a ella, el modo de vida urbano, las exigencias
de un nivel educativo más elevado, etc., van difundiéndose en el agro.
Durante los últimos años (2 0 ), o sea de 1947 a 1967, la población
de la aglomeración urbana ha aumentado en un 50% , al pasar de 40.000
a 60.000 habitantes, o sea con un promedio anual de crecimiento de
1.000 habitantes. Infelizmente, como lo hemos visto, su equipamiento
urbano y sus funciones limitadas no le han permitido fijar y asimilar
en su totalidad los nuevos elementos urbanos; y esa incapacidad es el
origen del saldo demográfico deficitario que debe enfrentar el oasis.
En suma, la ciudad de San Rafael sería el prolongamiento urbani­
zado del sector agrario productivo. En este caso si la ciudad debe a
priori disolverse en el campo y resumirse en un bocage urbano, la ciudad
de San Rafael, no obstante su envergadura limitada y su escasa autono ­
mía, cumple perfectamente con ese papel imprescindible.

a) Morfología y equipamiento urbano del principal foco de actividad


en el sur d e la provincia de Mendoza.

(jjn sus grandes líneas, el trazado urbano de la ciudad de San Ra­


fael, ha sido efectuado respetando la orientación del catastro inicial
(Fig. 4 7 ). Cabe recordar que el parcelamiento que dio lugar a dicho
catastro había sido realizado en relación estrecha con la dirección dada
a los canales, hijuelas, acequias y desagües en función de la mayor pen­
diente. Por lo tanto, la orientación misma de la mayoría de las calles y
avenidas ha sido mantenida paralelamente a la orientación de los ca­
nales vecinos, Cerrito al W y Pavez al E.
En sus loteos respectivos, Iselín y Dupont (Fig. 37) habían queri­
do establecer el trazado a base de la dirección tomada por el canal Pa­
vez, el cual se inclina 25*? hacia el N, a partir de la avenida Sarmiento-

38.1
Fot. 57 __ El primer fo co urbano d e la ciudad d e San R afael tenía
com o centro la capilla italiana frente al carril Nacional (avenida B.
Mitre) en el sector E.

Fot 58 — L a calle principal (Yrigotjen-Mitre) en pleno centro com ercial,


con vistas al SE. Obsérvese la anchura y la arboleda (viscos), el alum­
brado con luz de mercurio y los semáforos recientemente instalados.
Al fondo está la torre de la casa departamental.

382

L
Alberdi. Esa nueva orientación obliteró el parcélariiiento inicial reali­
zado en el sector que se extiende al N de la calle principal, avenida
Irigoyen-Mitre (el antiguo Carril Nacional) (Fot. 58), y al mismo tiem­
po al W de la estación de ferrocarril hasta la parte aún cultivada, cuyo
catastro ha conservado su trama original, o sea una orientación general
paralela a la dirección del canal Cerrito. Esta dirección prevalecía en­
tonces en todo el sector urbano situado al W de la avenida San Martín,
la cual también divide a la ciudad en dos sectores, W y E. Al S de la
calle principal, el trazado urbano actual aún conserva huellas de aque­
lla división inicial según puede observarse en varios mapas (Fig. 72,
74, 75 y 76) cuyo fondo lo constituye el trazado de la ciudad de San
Rafael. El camino a Balloffet conserva dicha dirección, y ,1a subdivisión
realizada en el nuevo barrio Belgrano también lo es a base de la orien­
tación del canal Cerrito.,
( a unas cuadras hacia el E, la calle Almafuerte, que se extiende en­
tre la avenida Sarmiento y la calle principal, sigue la misma orientación,
es .decir que se encuentra también paralela al canal Cerrito y a la vía
de acceso a Balloffet; rompe por lo tanto la unidad del cuadro tradicio­
nal. No obstante la prolongación en este sector del trazado con la orien­
tación establecida al N del Carril Nacional (calle principal) en los lo-
teos de 1903 y 1910 (Fig. 37) aún subsisten vestigios que el nuevo tra­
zado no supo erradicar al extenderse. Igualmente, en la zona ubicada al
S de la calle principal, el trazado ha perdido regularidad con varias man­
zanas que cubren superficies inferiores o superiores a los 10.000 m2.
que identifican a las manzanas tradicionales del sector N. El número
más elevado inicialmente en la parte S, no ha permitido que se mantu­
viera la uniformidad al recortarse los loteos.
Por otra parte, si el sistema de distribución de agua ha influido
tanto en el catastro urbano, aún sigue teniendo importancia en cuanto
influye en un elemento característico en los oasis del piedemonte cuya-
no: fias arboledas dentro del trazado urbano. Su papel no se limita sola­
mente a embellecer las calles de la ciudad, sino también a procurar la
sombra en los días cálidos de verano^(Fot. 61). Desgraciadamente, la
elección del arco o visco, árbol de la familia de las acacias con follaje
especialmente fino, para la demasiado ancha calle principal (Fot. 58)
no responde al propósito. En la mayoría de las demás calles céntricas
predomina el plátano, planta que se desarrolla rápidamente y exige fre­
cuentes y severos cortes, particularmente a causa de los cables eléctricos
que corren paralelamente; además, al abrirse su fruta, favorece la di­
fusión de una severa alergia histamínica en forma tal que se prohíbe aho­
ra su plantación.

383
Q A partir del pueblo alargado en función del eje del Carril Nacional
en 1904, y aún hasta 1910, San Rafael estuvo extendiéndose hacia el
W , buscando terrenos de primera agua, y ante todo bien drenados. Se
observará esa marcada tendencia a desarrollarse en dirección W , y SW
mejor dicho, en las etapas de crecimiento de la ciudad de San Rafael
(Fig. 7 2 ). En 1915, el centro de gravedad se ubicaba al N de la calle
principal, alrededor de la municipalidad y al SW de la estación de fe­
rrocarril. Al E , del otro lado del canal Pavez (un indiscutible límite so­
cioeconómico) surgió un pueblo obrero ya perjudicado por una sub­
división en pequeños lotes y calles estrechas que contribuyeron a su
desprestigio y a su estancamiento en los años posteriores. En cuanto al
loteo de Benjamín Dupont, ejecutado en terrenos ubicados al E de la
estación del ferrocarril, tampoco tuvo éxito por el difícil drenaje de
dichas tierras, evidenciado por la presencia de un zanjón, aún no col­
mado por completo, como se lo notará en la fotografía 34. Ese sector,
hoy barrio Constitución (Pueblo U sina), se convirtió también en un
barrio obrero y cuenta con una elevada tasa de viviendas precarias^
Entre 1915 y 1925, 1925 y 1945 la ciudad progresó poco, como pue­
de observárselo en el croquis (Fig. 7 2 ). L a verdadera era de desarrollo
urbano en San Rafael se extendió, pues, de 1949 a 1953, en coincidencia
con una época en que el gobierno de la Nación, mediante diversos or­
ganismos financieros, facilitó créditos para la construcción de viviendas.
Entre 1949 y 1953 entonces, y también en 1958-59, se levantaron más
de 450 casas como promedio anual en el departamento, la gran mayoría

e » Unidades S u p e rfic ie
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12
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Fig. 73 — a ) Viviendas construidas en la ciudad de San Rafael y distritos.

384
en los límites de la ciudad misma de San Rafael. En cuanto a salones pa­
ra negocios, galpones y tinglados, la casi totalidad se edificó dentro del
radio urbano (Fig 73).
C E n realidad, el límite actual del sector urbanizado de San Rafael,
que corresponde al espacio edificado, ya casi se había fijado a fines
de 1958. En los últimos años, fueron pocas proporcionalmente las casas
que se levantaron. Se han realizado nuevos loteos en la margen sur de
la urbe, donde se extienden los nuevos barrios, es decir, en la prolonga­
ción del principal eje NS (avenidas San Martín-El Libertador). Se han
aprovechado además varios loteos aislados en el sector W, ya provistos
de los servicios públicos (agua potable, electricidad, pavimentación y,
en algunos casos, red cloacal).^
Extendido a costa de la franja semiagraria, en forma paulatina has­
ta 1947, y en forma eufórica durante los diez años siguientes, el radio
urbano no ha conseguido sin embargo absorberla por completo. Encla­
vadas aún en el radio urbano, subsisten algunas fincas, y son varias las
que se intercalan en barrios residenciales o mixtos, como sucede en los del
S, del SE o del N, a lo mejor para comprobar la estrecha asociación
entre la ciudad y el agro. No se encuentra por lo tanto alrededor del
núcleo urbano de San Rafael la corona de eriales que atestiguan, según
la importancia de su radio, la avidez en las operaciones especulativas.

385
mxrvxccaerMPTwwn

0,6 J J-»»i

386
con escasos rasgos auténticamente urbanos, entre ellos Villa Atuel, Real
del Padre y Monte Comán.
Es en cierta manera, el fondo de escenario de la armadura urbana
poco articulada que encontraremos en el espacio valorizado de San Rafael.

3 . U na armadura urbana poco articulada

La organización del espacio útil en el piedemonte cuyano ofrece,


dentro del contexto argentino, una fisonomía bien propia, debida a
condiciones iniciales morfoclimáticas y también históricas particulares.
Desde el comienzo de nuestro estudio, nos hemos referido constante­
mente a las tres zonas de influencia de los ríos (San Juan, Mendoza,
Tunuyán, Diamante - Atuel). a los cuales corresponden los tres oasis
más extensos y más ricos del oeste argentino. En esta comarca semiárida
o árida, la presencia de un núcleo de poblamiento está supeditada prima­
riamente al agua y a las posibilidades que representa. En cuanto al
último oasis grande (San Rafael), ya conocemos los factores históricos
que han demorado su desarrollo y su incorporación al grupo que forma
hoy una trilogía de oasis grandes a lo largo del piedemonte argentino de
los Andes.
No obstante el aislamiento relativo dentro de límites bien definidos
que caracteriza a los oasis, no hay duda de que el piedemonte cuyano
posee una red de ciudades a la cual podría agregarse, pero únicamente
por razones históricas ya expuestas, el sector semipampeano de San Luis.
Dentro de esa red urbana regional solidaria, el polo indiscutible lo
constituye el Gran Mendoza Esta aglomeración cuenta hoy con más de
360.000 habitantes Desempeña un papel político - administrativo, finan­
ciero, comercial, cultural y de recreo, cuyo alcance se extiende fácilmen­
te a toda la zona del piedemonte cuyano. L a diversificación de sus acti­
vidades se extiende igualmente a un sector secundario no exclusivamente
limitado a la elaboración de la materia prima de origen agrícola, sino
que incluye además la fabricación de un sinnúmero de productos de
consumo local. Al disminuir en forma apreciable sus importaciones,
reduce paulatinamente su dependencia con respecto a Buenos Aires y el
litoral. Por consiguiente, Mendoza, cumple perfectamente con su papel
de metrópoli regional, es decir de foco intermediario o de contacto entre
la metrópoli (Buenos Aires) y los distintos centros regionales secundarios
y centros locales que se ubican dentro de su radio de influencia.
Aunque sea capital de provincia y constituya por lo tanto una
entidad administrativa autónoma, la ciudad de San Juan está subordinada
a Mendoza en varios aspectos. Ocupa el rango de centro regional secun­
dario, pues se trata del “centro regional secundario más importante de

368

S
Cuyo, ya que allí debe hablarse de un Gran San Juan, con más de 160.000
habitantes" n2.
En la zona de influencia de los ríos Diamante y Atuel, más recien­
temente valorizada, San Rafael desempeña también un papel de centro
regional secundario; pero sin el apoyo efectivo de factores tan polari­
zantes como en el caso de San Juan. AI resultar más vulnerable su
posición correspondiente la cabeza del oasis del sur mendocino ocupará
un lugar más bien humilde en la jerarquía de los espacios valorizados.
L a tarea de mentor que incumbe a San Rafael, como a los demás
centros regionales, resulta más difícil de realizar, puesto que no puede
iniciarse a partir de la independencia que otorga la función político
administrativa de capital provincial, tal como sucede en San Juan y
también en San Luis.
Veremos más adelante hasta qué punto las principales líneas de
fuerza locales convergentes hacia el polo urbano de San Rafael, como
la mayoría de sus funciones esenciales, se encuentran obliteradas por
influencias exteriores, las cuales se manifiestan con una intensidad varia­
ble, según emanan de la metrópoli (Buenos Aires) o de la metrópoli
regional (Mendoza).
Fuera de detalles menores, ya hemos establecido la uniformidad de
paisaje que caracteriza a la playa de San Rafael. Por lo tanto debe
destacarse la acción coordinadora del polo de actividad local, o sea el
criterio de cohesión, a fin de desembocar sobre una aplicación concreta
de unidad regional.
Sin embargo, cabe insistir sobre el hecho de que, en la playa misma,
las formas de vida urbana, aun pioneras, no han precedido a las rurales.
Por otra parte, al tener en cuenta las etapas de crecimiento, la evolución
urbana no procede directamente tampoco del desarrollo del campo
consecutivo a un aprovechamiento más racional del espacio.
En el espacio valorizado que se identifica con la región de San Rafael,
aparece la malla inferior de la red urbana organizada alrededor del
centro regional secundario, de algunos centros locales y de una siembra
de pequeños pueblos (Fig.69).
A la escala del espacio valorizado en la playa de San Rafael corres­
ponde una armadura urbana local, poco desarrollada en realidad, articu­
lada alrededor de San Rafael, su polo principal. En el sector SE, la
ciudad de General Alvear ejerce por cuenta propia una cierta polariza­
ción sobre el área inmediata. La habilitación reciente del nuevo cordón12

112 Z amorano, M., La red de ciudades d e la República Argentina. El ejem­


plo de Cuyo, op. cit.

369
£
.a»
fe

370
umbilical de camino que la vincula directamente con Buenos Aires con­
tribuirá, a corto plazo, a acentuar sus actuales funciones, pues las
distancias de ida y vuelta hasta el litoral se han acortado en 50 km;
conserva además una ventaja de cerca de 200 km en el trayecto ida y
vuelta con respecto a San Rafael.
Si el ferrocarril ha influido fuertemente sobre la colocación en el
espacio de algunos focos de actividad, la extensión de una red caminera
interna pavimentada ha contribuido también a fijar y estabilizar las
funciones propias de cada uno.
AI jerarquizar, según su importancia, los focos de actividad de la
“m icro-red urbana” en la región de San Rafael, hemos establecido
cuatro niveles (Fig. 69). Estudiaremos aparte, en el capítulo siguiente,
el centro regional secundario que ocupa el primer lugar y que, por lo
tanto, polariza la red del oasis.
En segundo lugar, hay que hacer una distinción entre General
Alvear y los demás centros locales por el papel que desempeña éste en
el sector SE, dada la importancia de su población (más de 20.000 habi­
tantes), y la variedad de los servicios prestados (cabecera departamen­
tal, varias subdelegaciones provinciales y nacionales, bancos, 200 casas
de negocios, ventas de maquinarias agrícolas, automotores, equipamien­
tos, herramientas, talleres mecánicos, hospital, hoteles, cines, escuelas
secundarias, etc.; cuenta además con los servicios de 18 médicos, 5
dentistas, 6 escribanos y 4 estudios contables). Su área de influencia
desborda los límites del propio departamento y abarca los distritos
vecinos de Jaime Prats y Real del Padre, y en menor escala, el de Villa
Atuel en el departamento de San Rafael. Debe considerarse, en este
caso, la distancia a recorrer hasta San Rafael al tratarse de un servicio
que puede prestar tan fácilmente General Alvear. Por ejemplo, la ma­
yoría de los dueños de vehículos de Jaime Prats y Real del Padre
consiguen el patentamiento de automotor en General Alvear.
Igualmente, el límite departamental significa poco en lo que
concierne a compras de uva o traslado de vino. Las poderosas fábricas
locales, encabezadas por la sp a t, efectúan compras indistintamente en
un departamento y otro para abastecerse en frutas y hortalizas dentro
de cierto radio económico. En ese sentido, el sector SE de la playa
forma una entidad bastante diferenciada, en la cual, el límite adminis­
trativo, por arbitrario que sea, alcanza una importancia muy secundaria.
Por consiguiente, hay que colocar a la ciudad de General Alvear
en una categoría especial (centro local de primera categoría), puesto
que desempeña, dentro del sector SE del oasis, un papel similar en

371
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Fig. 70 — Trazado do Villa A/tuel.

372
cierta forma al de San Rafael, en la medida en que le alcanza el abanico
más estrecho de sus funciones y servicios.
En el peldaño siguiente, se hallan los oentros locales, a los cuales
agregamos el calificativo “de segunda categoría” a fin de distinguirlos
bien con respecto a Genera! Alvear en cuanto a las funciones ejercidas.
Prestan, por lo general servicios locales (correos y telecomunicaciones,
almacenes de ramos generales, tiendas, ferreterías, farmacias, talleres
mecánicos, escuela secundaría, cine, servicio parroquial, subdelegación
municipal o subcomisaría de policía, hospital rural o sala de primeros
auxilios —3 en Villa Atuel y Real del Padre, 1 en Monte Com^n-K ¿te.).
De los cuatro centros que pertenecen, según consideramos, a esa cate­
goría, tres se ubican en el sector SE: Bowen, Real del Pádre y Villa
Atuel. El cuarto, Monte Comán, es una creación del ferrocarril y apupa
una posición aislada al NE del oasis. En cada uno, la población alcanza
por lo menos 2.000 habitantes. Sin embargo, entre ellos, se destaca. Villa
Atuel por la cifra más elevada de su población (3.500 habitantes) Jy^una
autonomía local mucho más completa. Eso, como lo hemos '¿Visto
(Fig. 5 9 ), se debe a su función primordial de importante centro vitivi­
nícola (30 bodegas), organizado alrededor de la Sociedad Anónima
Arizu, cuya bodega es la más grande del sur -mendocino.
Entre los centros de segunda categoría, Villa Atuel presenta un
trazado urbano amplio, y no obstante la débil densidad de ocupación
del suelo, todos los cuadros están ocupados en forma urbana o semi-
urbana ¡[Fig. 70 y Fot. 55). Con un trazado del mismo tipo, pero relati­
vamente más extenso y dividido en dos secciones, - a cada .<?lado} afe la
estación de ferrocarril, Monte Comán tiene una densidad de ocupación
del suelo aun más débil porque presenta numerosos cuadro's desocupa­
dos (Fot. 53). De un pueblo a otro, el trazado varía poco realmente, en
cuanto todos se caracterizan por el cuadriculado tradicional. Para
romper la monotonía, se han agregado diagonales que se cortan en el
centro, allí donde suele ubicarse la plaza principal, la única en la mayo­
ría de los casos. En algunos pueblos, el trazado iniciál, a veces realizado
por las compañías ferroviarias, ha resultado demasiado ambicioso (Mon­
te Comán) y en La Llave, Goudge y Las Malvinas (Fig. 71, Fot. 54)
por ejemplo, apenas si la mitad o el tercio de las manzanas originalmente
trazadas, hoy están ocupadas. f
En los pueblos, cuya población oscila entre 300 y 1.000 habitantes
por lo general, la prestación de servicios es mucho más limitada, aun a
menudo reducida a artículos de primera necesidad. En el sector NW,
donde se ubican la mayoría, eso significa necesariamente un viaje' a San
Rafael. En el sector NE, los habitantes de Villa Atuel, Real dél Padre
\\

Fot. 54 — Pueblo d e Las Malvinas. Un ejemplo de trazado urbano


demasiado ambicioso, cuya plaza debía constituir el centro.

Fot. 55 — Villa Atuel y B odega Arizu S.A. (al fondo), la más am plia
en el sur d e la provincia d e M endoza. Tercer núcleo en importancia
en el oasis, el trazado urbano tiene cierta densidad de ocupación al­
rededor de la plaza central.

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Fig, 71 — Trazado del pueblo de Las Malvinas.

y Bowen no se ven obligados a desplazamientos frecuentes. Sin embargo


pueden elegir entre General Alvear y San Rafael según la naturaleza
de la compra a efectuar, el nivel del trámite a cumplir o el servicio
requerido. En esto intervienen la calidad de la red de caminos y las
facilidades de transporte entre los pueblos aislados y el principal foco de
actividad. Si bien se encuentra realizada la primera exigencia, la segunda,
que se refiere sobre todo al transporte en colectivo, a£n deja mucho
que desear113.
En fin, en último lugar, cabe señalar la presencia en el agro de
cierto número de pequeños núcleos comerciales que han aprovechado
la movilidad aumentada de la población (motocicletas, motonetas, etc.)
instalándose en encrucijadas de caminos o en cualquier otro sitio más o
menos estratégico para ofrecer a la diseminada población local, algunos
servicios de primera necesidad, a menudo agrupados alrededor de una
bomba de nafta. Varios núcleos de ese tipo cuentan con más de cinco
negocios distintos entre tiendas, almacenes, farmacia, ferretería, etc. En
la figura 68, hemos tratado de ubicar los principales, no obstante el
papel muy marginal que desempeñan en el medio agrario.

118 Las lineas de ómnibus que vinculan los distintos distritos con la ciudad
de San Rafael cumplen horarios muy incómodos por su escasez. Significan a me­
nudo la pérdida de un dia entero de trabajo entre ida y vuelta. Además las conexio­
nes de una línea a otra son casi inexistentes.

375
El centro de gravedad del espacio útil se ubica, pues, en el sector
NW de la playa de San Rafael, en razón del peso específico represen­
tado por el polo urbano de San Rafael, cuyos 60.000 habitantes (estima­
ción para 1967) forman el 65% de la población urbana total (92.000).
Además, las distintas actividades que ese núcleo urbano concentra y los
varios tipos de servicios que suministra ejercen, al nivel de la región
una fuerza centrípeta considerable. En el sector SE, a 90 km de distan­
cia, el principal foco. General Alvear, no alcanza a restablecer el equi­
librio, no obstante el aporte de los tres centros locales (de segunda
categoría). E n .la realidad, la cisura entre los dos sectores del oasis se
ubica donde la ruta 143 cruza por primera vez el río Atuel (F ig . 65 y
Fot. 3 3 ). Este camino constituye el único medio de comunicación
directa por ruta entre el NW y el SE del oasis. Igualmente, a la ampli­
tud del espacio valorizado y a la red de caminos bien desarrollada en el
sector NW, se oponen la estrechez del espacio cultivado y la escasez de
caminos que corresponden en el sector SE a una ocupación menos im­
portante. Sin embargo, alrededor del núcleo de San Rafael no se en­
cuentra ningún centro local, sino varios pequeños poblados. E l único
centro local del sector NW , Monte Comán, se halla a más de 50 km
hacia el E , y su importancia la debe al ferrocarril, cuyas vías convergen
allí, y también a la instalación del taller para el mantenimiento del
material rodante.
En cambio, en el sector SE, de amplitud reducida, los centros
locales se suceden de veinte en veinte km desde Villa Atuel hasta Bowen.
En cuanto al centro local de primera categoría, su papel resulta mucho
más trascendente por ser la cabecera del departamento de General
Alvear y también el primer verdadero núcleo urbano sobre el cual des­
emboca el nuevo camino Bowen - Lincoln. Por otra parte, los centros
locales de segunda categoría, entre los cuales está Villa Atuel, dada la
equidistancia que aísla cada uno del otro, polarizan en cierta medida
las extensiones cultivadas circunvecinas. Así, Villa Atuel, en el distrito
de Villa Atuel, Real del Padre en el distrito del mismo nombre, y Bowen
en el último distrito del sector valorizado proporcionan, cada uno en su
propio medio, una buena selección de servicios de primera necesidad y
algunos más en el nivel intermediario.
Tercera aglomeración urbana por la importancia de su población,
Villa Atuel goza de una autonomía relativa, más amplia con respecto a
las demás en razón de su escala más extensa de prestación de servicios.
Además de un grupo variado de tiendas y almacenes, sala de primeros
auxilios y médicos residentes, escuela secundaria y parroquia, cuenta
con una sucursal del Banco Hipotecario Nacional, Delegación de la

376
Municipalidad, Subdelegación de Irrigación, Dirección de Vialidad,
fábrica de carrocerías, varios talleres, escuela comercial, etc. Con res­
pecto a su posición en el espacio valorizado, y dada la conformación de
éste, se ubica en un lugar estratégico donde los radios de influencia
primaria que emanan de San Rafael y de General Alvear, casi llegan a
coincidir. No cabe duda de que, en el escalón superior, la influencia de
San Rafael aún sigue extendiéndose a todo el espacio útil.
De todos modos, entre el sector NW y el sector SE, la relación
parece ser del orden de 3 a 1. Ya se ha establecido esta relación en
función de la población total y de la población urbana. Dos indices
suplementarios bastantes expresivos, si no determinantes, confirman esa
relación de 3 a 1 en favor del sector NW. En primer lugar, el número
de aparatos telefónicos que suman 3.000 en el sector NW contra 940 en
el sector SE y, en segundo lugar, el número de médicos que es de 76
contra 25 en el sector SE; o sea, en ambos casos, una relación muy neta
de 3 a 1 que favorece al sector NW y que evidencia por lo tanto el
papel básico de San Rafael como foco de actividad.
A lo sumo, para comprender y justificar el carácter poco articulado
de la armadura urbana en esa región sur mendocina, tendremos que
estudiar en detalle la morfología, el equipamiento urbano, las funciones
y el umland (zona de influencia) de su centro regional secundario:
San Rafael.

4. S an R afael : un centro regional


S E C U N D A R IO

"Les régions vivent par leur centre"


J ean L abasse

Llegado el momento de presentar el polo de actividad en el último


oasis grande, a esta altura de nuestro estudio regional, creemos que se
tratará en adelante de un tema cuyas grandes lineas nos resultan
conocidas en su mayoría, por haberlas esbozado y discutido en varias
oportunidades a lo largo de esta obra.
En la segunda parte, a lo largo de la cual hemos seguido paso a
paso los procesos de valorización del espacio por el hombre, hemos
considerado siempre la evolución del principal núcleo sin separarlo de
su pulpa agraria. (A partir de la fundación del primer fortín hasta los
últimos años, sin olvidamos del traslado de la municipalidad desde la
Villa Vieja hacia el actual sitio, hemos destacado y comentado las prin­
cipales etapas de su crecimiento y de su papel en una óptica general de
aprovechamiento del espacio.^Con la ayuda de mapas y croquis geográ-

377
I* ot. 56 — E l cen tro d e la c iu d a d d e S an R a fa e l y la e s ta c ió n d e f e ­
rrocarril. En el centro a la derecha, la encrucijada de los dos princi­
pales ejes (NS, San Martín - El Libertador; W E, Yrigoven - Mitre, o
calle principal). Abajo a la derecha, la Escuela <\orinal; a la izquierda,
la terminal de ómnibus y la diagonal Almafuerte (antiguo trazado ca­
tastral). Arriba, frente a la plaza San Martín, la Catedral. Del otro lado
del ferrocarril, arriba a la derecha, el barrio Constitución.
378
fíeos, hemos indicado las primeras transacciones y divisiones de tierras
(Fig. 4 8 ), las principales propiedades de don Rodolfo Iselín en 1903
(Fig. 37) y el uso del suelo alrededor del pueblo de San Rafael en 1908
(Fig. 39). Igualmente, hemos incluido el segundo loteo realizado alre­
dedor de Colonia Francesa en 1910 (Fig. 40) que fijó el tipo de man­
zana y de división de lotes en el corazón de la ciudad, y los principales
elementos en el paisaje urbano de San Rafael en 1913 (Fig. 38). Por
consiguiente, en este capítulo, no serán considerados los factores de sitio,,
de situación o de evolución en su sentido histórico, por haber sido éstos
ya abundantemente descritos y comentados anteriormente. Limitaremos
rnás bien nuestro estudio sistemáticamente al cuadro actual de la urbe
de San Rafael, a su morfología y a sus funciones, a fin de circunscribir
su verdadero papel de centro regional secundario.
(Estrechamente ligado a la fortuna del agro, sin ser no obstante
creación de éste, el crecimiento de San Rafael se ha acelerado reciente­
mente con respecto al del campo, a consecuencia de un fenómeno
general de urbanización en todo el país, por el empuje de la difusión y
del atractivo del modo de vida urbano, de las tareas más livianas y con
horario fijo, y también por el mejoramiento general del nivel de vida.
Sin embargo, en el centro de su estuche agrario, la ciudad de San
Rafael sigue su ritmo de actividad cotidiana calcado en el del campb}
Los días de trabajo se dividen en dos fases nítidamente separadas por
un descanso de 3 a 4 horas, según la temporada, dedicadas al almuerzo
y a la tradicional siesta. En la ciudad como en el campo, el horario de
trabajo empieza temprano y sigue hasta mediodía, o hasta la una en
algunas oficinas (dependencias nacionales y provinciales, municipales,
etc. ). En verano, de las 12 a las 16, la ciudad suele estar dormida. Se
mantiene pues en ella un ritmo impuesto por el agro, aunque sean dis­
tintas las condiciones en que se realizan las tareas urbanas.
Durante la época de cosecha y de elaboración en bodegas y fábricas
principalmente, el horario tradicional, con siesta intercalada, está fuer­
temente trastornado. En esc momento de intensa actividad, el ritmo
rural se asimila a un verdadero ritmo urbano. La elevada tasa de ocupa­
ción y los importantes sueldos percibidos en aquel momento favorecen
el negocio local. Durante tres o cuatro meses, por consiguiente, San
Rafael abandona su habitual aletargamiento para tomar aspecto de ciu­
dad. Hay movimiento, hay animación; se discute, se opina (casi siempre
acerca de temas relacionados con la producción o la cosecha), pero, en
fin, la ciudad renace y vive.
La posición actual, tanto geográfica como económica de San Rafael,
no le permitiría desvincularse de la vocación natural del territorio cul-

379
Las ETAPAS oe CRECIMIENTO , de la

380
£
§2
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tivado que la rodea y la penetra (Fig. 72). Aún quedan varias parcelas
enclavadas en el espacio urbanizado, y en algunos barrios, particular-
menie en el barrio Libertad (Pueblo Diamante) al SE, la instalación pre­
dominante es todavía del tipo semiurbano. Su desarrollo industrial em­
brionario en ciertos aspectos, le permite ejercer una forma de tutela so­
bre el campo. Dado el sistema agrario en uso y el parcelamiento de la
tierra, el centro de San Rafael tiende a convertirse poco a poco en el
propietario del campo, como suele suceder a menudo en país de viñedo.
En cierta forma, sí, es una ciudad rentista del suelo (no podría existir
de otro modo), pero hasta ahora por lo menos, no se ha portado como
parásito, sino como estímulo con respecto al campo, con el que vive en
simbiosis. Igualmente, en razón de las influencias que ejerce en un me­
dio bastante aislado, desempeña un papel de ciudad urbanizante, en el
sentido de que, gracias a ella, el modo de vida urbano, las exigencias
de un nivel educativo más elevado, etc., van difundiéndose en el agro.
Durante los últimos años (2 0 ), o sea de 1947 a 1967, la población
de la aglomeración urbana ha aumentado en un 50%, al pasar de 40.000
a 60.000 habitantes, o sea con un promedio anual de crecimiento de
1.000 habitantes. Infelizmente, como lo hemos visto, su equipamiento
urbano y sus funciones limitadas no le han permitido fijar y asimilar
en su totalidad los nuevos elementos urbanos; y esa incapacidad es el
origen del saldo demográfico deficitario que debe enfrentar el oasis.
En suma, la ciudad de San Rafael sería el prolongamiento urbani­
zado del sector agrario productivo. En este caso si la ciudad debe a
priori disolverse en el campo y resumirse en un bocage urbano, la ciudad
de San Rafael, no obstante su envergadura limitada y su escasa autono­
mía, cumple perfectamente con ese papel imprescindible.

a) Morfología y equipamiento urbano del principal foco de actividad


en el sur de la provincia de Mendoza.

( i ? sus grandes líneas, el trazado urbano de la ciudad de San Ra­


fael, ha sido efectuado respetando la orientación del catastro inicial
(Fig. 4 7 ). Cabe recordar que el parcelamiento que dio lugar a dicho
catastro había sido realizado en relación estrecha con la dirección dada
a los canales, hijuelas, acequias y desagües en función de la mayor pen­
diente. Por lo tanto, la orientación misma de la mayoría de las calles y
avenidas ha sido mantenida paralelamente a la orientación de los ca­
nales vecinos, Cerrito al W y Pavez al E.
En sus loteos respectivos, Iselín y Dupont (Fig. 37) habían queri­
do establecer el trazado a base de la dirección tomada por el canal Pa­
vez, el cual se inclina 25^ hacia el N, a partir de la avenida Sarmiento-

381
Fot. 57 — El primer foco urbano d e la ciudad d e San Rafael tenía
com o centro la capilla italiana frente al carril Nacional (avenida B.
Mitre) en el sector E.

Fot 58 — La calle principal (Yrigoyen-Mitre) en pleno centro com ercial,


con vistas al SE. Obsérvese la anchura y la arboleda (viscos), el alum­
brado con luz de mercurio y los semáforos recientemente instalados.
Al fondo está la torre de la casa departamental.

332
Alberdi. Esa nueva orientación obliteró el parcelamiento inicial reali­
zado en el sector que se extiende al N de la calle principal, avenida
Irigoyen-Mitre (el antiguo Carril Nacional) (Fot. 58), y al mismo tiem­
po al W de la estación de ferrocarril hasta la parte aún cultivada, cuyo
catastro ha conservado su trama original, o sea una orientación general
paralela a la dirección del canal Cerrito. Esta dirección prevalecía en­
tonces en todo el sector urbano situado al W de la avenida San Martín,
la cual también divide a la ciudad en dos sectores, W y E. Al S de la
calle principal, el trazado urbano actual aún conserva huellas de aque­
lla división inicial según puede observarse en varios mapas (Fig. 72,
74, 75 y 76) cuyo fondo lo constituye el trazado de la ciudad de San
Rafael. El camino a Balloffet conserva dicha dirección, y la subdivisión
realizada en el nuevo barrio Belgrano también lo es a base de la orien­
tación del canal Cerrito.,
( a unas cuadras hacia el E , la calle Almafuerte, que se extiende en­
tre la avenida Sarmiento y la calle principal, sigue la misma orientación,
es decir que se encuentra también paralela al canal Cerrito y a la vía
de acceso a Balloffet; rompe por lo tanto la unidad del cuadro tradicio­
nal. No obstante la prolongación en este sector del trazado con la orien­
tación establecida al N del Carril Nacional (calle principal) en los lo-
teos de 1903 y 1910 (Fig. 37) aún subsisten vestigios que el nuevo tra­
zado no supo erradicar al extenderse. Igualmente, en la zona ubicada al
S de la calle principal, el trazado ha perdido regularidad con varias man­
zanas que cubren superficies inferiores o superiores a los 10.000 m2.
que identifican a las manzanas tradicionales del sector N. El número
más elevado inicialmente en la parte S, no ha permitido que se mantu­
viera la uniformidad al recortarse los loteos.
Por otra parte, si el sistema de distribución de agua ha influido
tanto en el catastro urbano, aún sigue teniendo importancia en cuanto
influye en un elemento característico en los oasis del piedemonte cuya-
no: rías arboledas dentro del trazado urbano. Su papel no se limita sola­
mente a embellecer las calles de la ciudad, sino también a procurar la
sombra en los días cálidos de verano^(Fot. 61). Desgraciadamente, la
elección del arco o visco, árbol de la familia de las acacias con follaje
especialmente fino, para la demasiado ancha calle principal (Fot. 58)
no responde al propósito. En la mayoría de las demás calles céntricas
predomina el plátano, planta que se desarrolla rápidamente y exige fre­
cuentes y severos cortes, particularmente a causa de los cables eléctricos
que corren paralelamente; además, al abrirse su fruta, favorece la di­
fusión de una severa alergia histamínica en forma tal que se prohíbe aho­
ra su plantación.

383
(TA partir del pueblo alargado en función del eje del Carril Nacional
en 1904, y aún hasta 1910, San Rafael estuvo extendiéndose hacia el
W , buscando terrenos de primera agua, y ante todo bien drenados. Se
observará esa marcada tendencia a desarrollarse en dirección W , y SW
mejor dicho, en las etapas de crecimiento de la ciudad de San Rafael
(Fig. 7 2 ). En 1915, el centro de gravedad se ubicaba al N de la calle
principal, alrededor de la municipalidad y al SW de la estación de fe­
rrocarril. Al E , del otro lado del canal Pavez (un indiscutible límite so­
cioeconómico) surgió un pueblo obrero ya perjudicado por una sub­
división en pequeños lotes y calles estrechas que contribuyeron a su
desprestigio y a su estancamiento en los años posteriores. En cuanto al
loteo de Benjamín Dupont, ejecutado en terrenos ubicados al E de la
estación del ferrocarril, tampoco tuvo éxito por el difícil drenaje de
dichas tierras, evidenciado por la presencia de un zanjón, aún no col­
mado por completo, como se lo notará en la fotografía 34. Ese sector,
hoy barrio Constitución (Pueblo Usina), se convirtió también en un
barrio obrero y cuenta con una elevada tasa de viviendas precarias^
Entre 1915 y 1925, 1925 y 1945 la ciudad progresó poco, como pue­
de observárselo en el croquis (Fig. 7 2 ). L a verdadera era de desarrollo
urbano en San Rafael se extendió, pues, de 1949 a 1953, en coincidencia
con una época en que el gobierno de la Nación, mediante diversos or­
ganismos financieros, facilitó créditos para la construcción de viviendas.
Entre 1949 y 1953 entonces, y también en 1958-59, se levantaron más
de 450 casas como promedio anual en el departamento, la gran mayoría

Fig. 73 — a) Viviendas construidas en la ciudad de San Rafael y distritos.

384
Fig. 73 — b) Salones para negocios, galpones y tinglados construidos
en la ciudad de San Rafael y distritos.

en los límites de la ciudad misma de San Rafael. En cuanto a salones pa­


ra negocios, galpones y tinglados, la casi totalidad se edificó dentro del
radio urbano (F ig 73).
C E n realidad, el límite actual del sector urbanizado de San Rafael,
que corresponde al espacio edificado, ya casi se había fijado a fines
de 1958. En los últimos años, fueron pocas proporcionalmente las casas
que se levantaron. Se han realizado nuevos loteos en la margen sur de
la urbe, donde se extienden los nuevos barrios, es decir, en la prolonga­
ción del principal eje NS (avenidas San Martín-El Libertador). Se han
aprovechado además varios loteos aislados en el sector W , ya provistos
de los servicios públicos (agua potable, electricidad, pavimentación y,
en algunos casos, red cloacal).)
Extendido a costa de la franja semiagraria, en forma paulatina has­
ta 1947, y en forma eufórica durante los diez años siguientes, el radio
urbano no ha conseguido sin embargo absorberla por completo. Encla­
vadas aún en el radio urbano, subsisten algunas fincas, y son varias las
que se intercalan en barrios residenciales o mixtos, como sucede en los del
S, del SE o del N, a lo mejor para comprobar la estrecha asociación
entre la ciudad y el agro. No se encuentra por lo tanto alrededor del
núcleo urbano de San Rafael la corona de eriales que atestiguan, según
la importancia de su radio, la avidez en las operaciones especulativas.

385
386

LL
Fot. 59 — El barrio residencial Manuel Belgrano en el sector W de
la ciudad d e San Rafael entre el parque Yrigotjen (derecha) y el ca­
mino d e acceso a Balloffet (alameda). El trazado de este barrio tiene
una orientación correspondiente a la del canal Cerrito distinta de la
orientación del trazado que puede observarse a la izquierda.

Fot. 60 — Fábrica d e conserva Industrial Andina S.R.L. en un barrio


htimilde (Libertad). Se notarán las piletas de decantación para las aguas
servidas. La densidad de ocupación es relativamente débil en ese ba­
rrio, que aún conserva rasgos semirrurales. Las calles no tienen pavi­
mentación y no existen tampoco desagües cloacales.

387
Al E del canal Pavez, en el barrio Libertad (Pueblo Diamante),
y más allá hacia el naeiente. en el barrio Martín Güemes (Pueblo Soto)
al N, las instalaciones domiciliarias, aunque urbanas, presentan rasgos
semirrurales muy acusados. No se trata solamente de la vivienda, por lo
general levantada en adobe sino también de la huerta, del parral, del
gallinero y, a menudo, del mismo homo de barro. Muchas de esas su­
puestas instalaciones urbanas pueden casi ser consideradas como tras­
posición en medio urbano de la instalación del contratista en una finca.
(Por lo general, se estima que cerca del 50% de las viviendas y otras
edificaciones en la zona urbanizada de San Rafael han sido levantadas
en a d o b e r o que no excluye, por otra parte, el hecho de que existan
buenas construcciones de toda categoría.) En el caso de viviendas, por
ejemplo, varias son al mismo tiempo casas modernas y amplias (a m e­
nudo de dos plantas), dispersas en el área urbana (F o t. 6 2 ). Sin embar­
go, los modelos variados que se encuentran, demuestran, desde el punto
de vista de la concepción y del estilo, el buen gusto y la competencia
de los arquitectos locales. (En el centro y hacia el W , la edificación es de
calidad, antisísmica., a base de hormigón annado y de ladrillo. Por otra
parte, el conjunto luce muy anárquico por la falta de reglamentación
adecuada con respecto a la zonificación. El único barrio verdaderamente
residencial y homogéneo, lo constituye el Belgrano, barrio de prestigio
o social, entre el parque Hipólito Yrigoyen y la avenida Balloffet en la
parte W (Fot. 59). En todos los demás sectores, aunque domine la
función residencial, ésta se presenta entremezclada con negocios de toda
categoría, talleres, fábricas, etc. L a ausencia de datos con respecto al
uso del suelo, a la clasificación de los edificios, a la densidad de ocupa­
ción horizontal, etc., limita evidentemente nuestras consideraciones a
resultados obtenidos por investigación personal. Así, salvo en el caso del
barrio Belgrano y de unas cuantas manzanas periféricas con rasgos se­
mirrurales, nos resulta imposible seguir adelante con el estudio de la
diferenciación de barrios, cuyos matices por lo general llegan a con­
fundirse. El estudio de funciones que desarrollaremos en un capítulo
ulterior dará más luz en la cuestión, lo esperamos' *)
Fuera de los principales ejes de comunicación con los demás nú­
cleos del oasis, la red de calles pavimentadas en la ciudad de San R a­
fael (Fig. 7 4 ), excede apenas los límites de la red cloacal, y representa
menos del 50% de la superficie total de las vías públicas. Dada la doble
fila de acequias (imprescindibles para asegurar el riego de los árboles)
que aíslan las veredas de la calle propiamente dicha, las obras de pa­
vimentación requieren una inversión relativamente elevada y totalmente
a cargo de los propietarios ribereños. L a extensión de la red de pavi-

388

-
i

Drb J

3S9
mentación se limita, pues, al sector más céntrico y más antiguo, y a unas
calles del barrio Belgrano. (El asfalto está ausente en los barrios obre­
ros (Libertad, Constitución, 9 de Julio y Martín Güemes) (Fig. 74 ).
Una vez más se nota el papel discriminatorio desempeñado por las ba­
rreras sociales, que constituyen en muchos aspectos el canal Pavez, por
una parte, y el ferrocarril y su playa de carga, por otra.
(Sn San Rafael, la red cloacal ha sido habilitada por Obras Sanita-
íias de la Nación solamente desde principios del año 1966 y además en
forma parcial, ante todo con el fin de solucionar el problema de la edi­
ficación en altura en el centro urbano^( Fig. 75 ). (La falta d e red olea-
cal impedía la construcción de edificios con más de dos nlantas. dada ia
necesidad de utilizar tosas sépticas y el peligro ciue representaba el au­
mento de densidad de UI1 esnacio reducido. P e r lo tantn San R a fa e l
ha sido hasta ahora una ciudad chata (Fig. 76). En cuanto a la red de
agua notable, abastece ahora, el 90% de la nobhíción [Link] em­
bargo, no alcanza todavía las manzanas semiurbañas más desfavorecidas
en los barrios periféricos (Libertad, Constitución, Martín Güemes y 9
de Tulio), cuyos vecinos se abastecen con aguas subterráneas o desde
un surtidor público Las fábricas del sector E, por su parte, aprovechan
el agua subterránea de buena calidad que se encuentra felizmente a me­
nos de 40 metros de profundidad^
^ E n nuestra época, todas las ciudades que alcanzan cierta importan­
cia se enorgullecen de tener una zona céntrica, correspondiente por lo
general al “Centro de Negocios”, bien destacada, con edificios elevados
que les procuren la ilusión de un skyline de gran ciudad.^on pocas las
urbes argentinas aun no contaminadas por esa tendencia mundial, acele­
rada además por el crecimiento en el precio del terreno bajo el empuje
de la especulación. Ciudades medianas como Jujuy, Río Cuarto, Bahía
Blanca y aun Comodoro Rivadavia, ya cuentan con varios rascacielos
modernos que les otorgan un nuevo sello urbano. En Mendoza, los edi­
ficios de varios pisos surgen por todos lados; en San Juan se aprovechó
la intensa destrucción causada por el temblor de 1944 para renovar la
zona céntrica, sobre todo administrativa, con edificios altos, modernos,
funcionales y antisísmicos, que han modificado profundamente su as­
pecto característico de ciudad tradicional.
(g_ada la falta de red cloacal y no obstante su importancia, San Ra­
fael se sintió, en cierto modo frustrada durante largos años por no tener
ni siquiera un solo rascacielos. Hasta 1966, los únicos elementos que
llegaban a culminar por encima de la línea de los árboles eran el techo
de la catedral y las torres de la municipalidad y de la Casa Departamen­
tal. F.s decir, pues, que San Rafael se caracteriza por su aspecto chato ^

390
1

391
Fig. 78.
Fot. 61 — Primer edificio en altura construido en ¡a ciudad d e San
Rafael. Destaquemos el sistema de acequia hormigonada y los plátanos
que forman las arboledas. A la izquierda, una casa moderna.

Fot. 62 — Viviendas modernas d e dos ¡dantas frente a la plaza San


Martín. En la zona céntrica, donde el terreno alcanza un alto precio, la
edificación de casas de dos plantas duplica el espacio disponible.

392
(Fig. 7 6 ) / En su mayoría, las construcciones se limitan a una planta
baja; y soriTélativamente pocos en realidad, particularmente en el centro
comercial mismo, los edificios que tienen dos plantas. En diclio mapa,
hemos ubicado, para la zona que corresponde al centro de San Rafael,
todas las construcciones que cuentan con planta baja y un piso, y las
que alcanzan tres plantas en adelante. Al mismo tiempo se obervará
su dispersión. En las proximidades del centro, la mayoría de los edifi­
cios con dos plantas son viviendas modernas cuyo estilo característico
(Fot. 62) ha tenido éxito por ofrecer más superficie habitable en lotes
con dimensiones reducidas, lo cual es importante si se considera el
precio elevado del terreno en dicho sector. Cabe señalar también la
existencia, en el “Centro de Negocios”, de algunas falsas fachadas de
primer piso (Fig. 76 ), una astucia con color local que permite cumplir
con la ordenanza municipal, la cual obliga, desde hace unos años, a
levantar construcciones de dos plantas como mínimo en las calles prin­
cipales (Yrigoyen-Mitre y San Martín El Libertador). Estas falsas fa­
chadas se concentran en las proximidades de la encrucijada San Mar-
tín-Mitre, que forma el centro urbano oficial} ( Fot. 56).
(Recientemente se ha completado la construcción de dos edificios
de varios pisos. El primero, cerca de la municipalidad, cuenta con ocho
plantas divididas en departamentos (vendidos por sorteo). El segundo,
alcanza también ocho pisos y ocupa la esquina NW de la calle principal
y de la avenida Pellegrini. Se han conservado la planta baja para unas
tiendas (tipo boutique), los dos primeros pisos para oficinas, y el resto
¡jara departamentos. En fin, frente a la calle Balloffet, se está edifican­
do un nuevo hotel de 12 pisos con 170 cuartos.'}
(|pr otra parte, la concentración relativamente débil de las activi­
dades administrativas y financieras en el centro, debido a la escasa den­
sidad de ocupación vertical, ha favorecido la extensión exagerada de]
sector comercial hacia el E en el eje de la calle principal. Por consi­
guiente, la ausencia de edificación elevada impidió que se creara en el
centro un verdadero núcleo comercial y financiero, cuya influencia cen­
trípeta hubiera podido ejercerse sobre las demás actividades en el sen­
tido de una mayor concentración dentro de un espacio sensiblemente más
reducido J
(E n las condiciones actuales, la densidad de ocupación por manzana
del espacio edificado en el radio urbano de San Rafael debe conside­
rarse en el nivel horizontal}(Fig. 77).ÍSe observará en primer lugar el
alineamiento a lo largo del eje principal W E, predominantemente comer­
cial, de varias manzanas, cuyo índice de ocupación horizontal supera el
80%. Se notará además una fuerte proporción de manzanas densamente

393
1

p;h J
N-
£

394
edificadas ( + 6 0 % ) al W del eje central NS (San Martín-El Libertador).
Al E de e.-te mismo eje, el número de manzanas con índice superior al
80% no alcanza a 10. Esta repartición confirma la tendencia hacia el
SW del crecimiento urbano y el desprestigio en que se encuentra el
sector E, por el número de fábricas que allí se ubican, la estrechez de
las calles, la extensión de los barrios propiamente obreros, el más di­
fícil drenaje debido a la orientación de la pendiente, y la falta de red
cloacal. En cuanto a las densidades inferiores al 40% o más bien al 20% ,
corresponden a la franja periférica, en la cual se reparten las instala­
ciones domiliarias con rasgos semirrurales, que ya hemos señalado^)
En relación con el precio estimado del terreno dentro del radio ur­
bano en 1966 (Fig. 78), los lotes que representan el valor más elevado
( + $ 5.000 m|n m2) se ubican en el sector de ocupación más antiguo.
La mayoría se halla en los límites del primer trazado realizado por
Iselín a principios del siglo. En este croquis sobresale igualmente la ten­
dencia hacia el SW en el crecimiento de San Rafael, si tenemos en
cuenta el área abarcada por el valor de § 3.000 m/n. Al N del eje prin­
cipal, en razón de la presencia del ferrocarril, los cambios en la escala
de valores se suceden más rápidamente, (jfentre el sector W y el sector
E de la ciudad, el contraste es también muy nítido; y otra vez más se
destaca el papel de límite socioeconómico del ferrocarril y del canal
Pavez. Hacia el W \ el sector aislado, cuyo valor del terreno aventaja
los § 3.000 m /n m2 corresponde al barrio residencial Belgrano, el cual
por su posición en las proximidades del parque Yrigoyen y del Club
de Tenis, alcanza un valor más alto.
En suma, si sigue subiendo paulatinamente el precio del terreno,
particularmente en la zona céntrica de la ciudad de San Rafael, esto
depende más del proceso inflacionario que de una verdadera especula­
ción, dado el estancamiento relativo en que se encuentra la construcción
en la zona sur.

b) Funciones locales y umland (zona de influencia) del núcleo urbano


d e San Rafael.

El medio urbano debe, de acuerdo con la carta magna de Atenas,


facilitar para el hombre el cumplimiento de cuatro funciones vitales:
habitar, trabajar, circular y recrearse. La importancia de la primera fun­
ción en el oasis de San Rafael se vincula al hecho de que un tercio
(60.000 habitantes) de la población vive en el radio urbano de su polo
de actividad. Aunque la mayor parte de los habitantes siguen depen­
diendo indirectamente de la producción agraria, de la elaboración del

395
396
Fig. 78.
producto y de su comercialización para su ingreso, el hecho capital con­
siste en la, elección del área urbana como sector de residencia.
A principios de 1967, se estimaba entre 13.000 y 14.000 el número
de viviendas edificadas en San Rafael, de las cuales 5.000, más o menos,
eran construidas a base de adobe con revoque y más de 1.000 eran pre­
carias. En esas condiciones, el promedio de ocupación por vivienda al­
canzaría a 4,5 personas, con oscilaciones medias del orden de 3,5 a 5,5
personas de un barrio al otro, en función del carácter socioeconómico
dominante.
Varias actividades industriales se desarrollan dentro del radio ur­
bano propiamente dicho; sin embargo, las de mayor importancia (fábri­
cas de conserva, bodegas con alta capacidad de vasijas, aserraderos, fá­
bricas de aceite, etc.) se ubican en barrios lejanos de la zona céntrica.
Esas industrias de mayor desarrollo se han instalado sobre todo al E
(Fig. 79) del canal Pavez, algunas de ellas en pleno sector residencial
del barrio Libertad (Fot. 60) al cual contribuyen a desprestigiar, entre
otras cosas, por la forma antihigiénica en que echan las aguas servidas
en las acequias. Otras ocupan sitios a lo largo del eje Balloffet y algunas
más están radicadas en el sector N, alrededor del ferrocarril.
En el centro se encuentran también bodegas, aserraderos y fábricas,
pero al E del eje NS (avenida San Martín); y ocupan de preferencia los
terrenos enclavados entre la calle principal y el ferrocarril. Algunas pe­
queñas fábricas de distintas categorías ocupan manzanas a veces muy
residenciales. Eso sucede por ejemplo en el caso de ciertas panaderías
y fábricas de pastas. Se notará la presencia esporádica de talleres me­
talúrgicos y. sobre todo, la profusión de talleres mecánicos (Fig. 78)
cuya agrupación en varias manzanas del área céntrica o inmediatamen­
te vecina constituye un importante factor de depreciación del ambiente
residencial; lo que generalmente se traduce por una baja en el valor
de los inmuebles.

Í
La ciudad de San Rafael cumple una importante función educati-
*anto en el ambiente local como en toda la zona sur. Cuenta con
una nueva Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria que desempe­
ñará un papel creciente en el futuro. Posee además una Escuela Normal
Mixta y un Instituto del Profesorado (Universitario) de Filosofía. Se
encuentran también escuelas industriales y de comercio, algunos colegios
secundarios y de enseñanza media técnica, entre las cuales se destaca
un Instituto Técnico
Se observará sobre tocio en el croquis correspondiente (Fig. 80) la
concentración en un radio muy corto, desde la plaza San Martín, de
la mayoría de las casas de enseñanza junto con las oficinas de medios

397

t-
ú
£

398
de difusión (periódicos, radioemisoras y canal de televisión) locales y
las principales librerías. (Las escuelas primarias son las únicas que están
diseminadas en. los distintos barrios.^
^En cuanto a la función religiosa, el sur de la provincia de Mendoza
ha sido convertido en un nuevo obispado católico en 1964. L a nueva
diócesis, con sede episcopal en la ciudad de San Rafael, comprende los
tres departamentos sureños. Frente a la plaza San Martín está la cate­
dral, el clero secular agrupa a cinco parroquias (tres en la ciudad de
San Rafael) y ocho capillas públicas. Los Hermanos Maristas dirigen
también un colegio secundario. En fin, otras denominaciones religiosas
(Metodistas, Evangélico-Bautista, Mormones, Luteranos, Testigos de Je-
hová, Pentecostés y Asamblea Cristiana) igualmente tienen sus templos
en la ciudad. ^
fL os diarios locales (Comercio y La Capital) suman juntos una ti-
í a d a a e 7.000 ejemplares, o sea que no alcanzan a contrabalancear la
influencia del gran diario cuyano, Los Andes, de la ciudad de Mendoza,
el más popular en la zona sur también, con más de 8.000 ejemplares ven­
didos diariamente. Además los diarios locales tienen un radio de influen­
cia limitado a la zona inmediata (L a Capital), o al oasis únicamente
(Com ercio))(Fig. 94).
Una sola radioemisora comercial trabaja a base de horarios norma­
les. La otra depende de la municipalidad y funciona unas horas al día.
El papel que desempeña es exclusivamente informativo y educativo. Con
equipo adecuado pueden captarse también emisoras chilenas proceden­
tes de Santiago. El canal local de televisión no tiene vínculos con los
de Mendoza; además la distancia y el relieve impiden técnicamente las
conexiones. En lo inmediato no existen proyectos para instalar torres de
transmisión. Por otra parte la estación local no recibe «esas videograba­
ciones realizadas en Buenos Aires con que Mendoza se abastece en bue­
na parte. Por consiguiente, el telespectador sureño está condenado, salvo
algunas novelas locales, a absorber un 80 % de películas norteamerica­
nas castellanizadas en Méjico o Puerto Rico; lo que, a la larga, podría
constituir un serio factor de aculturación y de nivelación de la pobla­
ción en el grado más bajo. Pese a la escasa selección de programas, la
popularidad de la pequeña pantalla se mantiene y el número de aparatos
vendidos va aumentando regularmente.
Q ^ s medios de recreo no abundan en San Rafael. Fuera de los cua­
tro cines, pocas confiterías con salón de fiesta, bien agrupadas en
el centro, particularmente a lo largo de la avenida San Martín, las faci­
lidades se limitan a .algunos clubes sociales también instalados en el
centro en su mayoría dFig. 81). Se notará, al mismo tiempo, la situación

399
400
p,b J -W « tj
s
limítrofe de los clubes de deporte (Pedal Club, canchas de fútbol, can­
chas de tenis, etc.) y de los parques. Los dos grandes parques (Isla del
Diamante e Yrigoyen) por hermosos que sean, representan para los
vecinos de los barrios del E y del N un largo recorrido. Fuera de éstos
y de las plazas de barrio, no hay parque, y ya se sabe que ciertos clubes
de deportes existen para quienes pueden aguantar la cuota de ingreso,
es decir, para una pequeña minoría. En relación con el recreo, San Ra­
fael tiene poco que ofrecer.
L a mayoría de los hoteles se ubican a lo largo de la avenida San
Martín, entre la estación de ferrocarril y la calle principal. En el sector E
hay uno solamente. Residenciales y pensiones también están agrupadas
en las proximidades de la terminal de ómnibus. En cuanto a los come­
dores, se juntan en dos puntos principalmente: los de primera clase
(Club Andaluz, Club Español y Jockey Club) alrededor de la munici­
palidad; lo, demás, adyacentes a la terminal de ómnibus. Se notará
(Fig. 81 y Fot. 56) la agrupación de todas esas funciones en el eje de
la avenida San Martín, al N de la calle principal.
Hasta unos años atrás, la situación hotelera era deplorable. Los
hoteles céntricos se mantenían sobre todo con la clientela de los viajan­
tes que llegaban de Mendoza y limitaban al mínimo su estada en San
Rafael. Los escasos turistas que, por otra parte, se aventuran hacia el
sur de la provincia de Mendoza, solían detenerse en el hotel de turismo
de la Isla del Diamante, un lugar agradable y tranquilo, pero lejos del
centro urbano. La apertura reciente del tramo Bowen-Lincoln ha mo­
dificado la situación drásticamente. La mayoría de los viajantes realizan
ahora la gira completa desde Buenos Aires, por General Alvear, San
Rafael, Mendoza y San Luis, etc. o viceversa. Igualmente, con la pers­
pectiva de utilizar caminos distintos de ida y vuelta, los turistas proce­
dentes de la zona litoral empiezan ahora a afluir a San Rafael. En
consecuencia, se ha producido una demanda creciente de alojamientos
convenientes que aceleró la habilitación de nuevos hoteles y la reno­
vación de otros. El futuro Hotel de Turismo de la ciudad (en construc­
ción) con sus 12 pisos y sus 175 habitaciones deberá resolver por un
tiempo el problema del déficit de alojamiento. Además, su ubicación
frente al camino a Balloffet (ruta 143) habrá de favorecer, a la larga, el
desplazamiento del centro de gravedad del “Centro de Negocios” hacia
el W en el eje de la calle principal.
Hay ahora en existencia desde hace muy poco, además de la agencia
provincial de información turística, dos agencias de viaje que organizan
excursiones a los alrededores, y prolongan por lo tanto la estada del
turista en la zona.

401
Fig. 81

402

i
tkw
Si, por otra parte, las funciones administrativas (nacionales, provin­
ciales y municipales) y legales muestran cierta tendencia hacia la dis­
persión, las funciones bancarias y financieras, en cambio, están bastante
bien agrupadas en unas pocas manzanas (Fig. 82). L a concentración
máxima se observará entre la municipalidad y la terminal de ómnibus.
En ese aspecto, la influencia de la estación de ferrocarril resultó nula.
Concretamente, la posición más al SE del barrio cívico, que comprende
funciones tan importantes como el Juzgado Federal, la Dirección Gene­
ral Impositiva y la Casa Departamental, ha favorecido el deslizamiento
hacia el E de algunas funciones, y más especialmente de las oficinas
profesionales. De todos modos, si se trazara una diagonal entre la mu­
nicipalidad y la Casa Departamental, constituiría casi un eje de equili­
brio en la repartición de las funciones, al mismo tiempo que una línea
de demarcación entre las funciones administrativas, que agrupan varias
delegaciones, sin mucha autonomía, de distintas direcciones provinciales,
y las funciones financieras. En fin, se notará la concentración de las
escribanías.
Por lo general, los bancos desempeñan un papel de escasa enver­
gadura en el fomento de nuevas empresas. Cuatro son bancos nacionales
y tres, bancos provinciales. La única empresa local, Financiera de San
Rafael, constituida por capitales privados de San Rafael, limita su campo
de acción a créditos que acuerda a sus accionistas, comerciantes en su
mayoría, a base del volumen con que giran mensualmente y sin tener
en cuenta su capital.
Desde su instalación en San Rafael, el Banco de la Nación Argenti­
na tuvo señalada influencia en el desarrollo de la industria, el comercio
y la agricultura regional Pero durante los últimos años, se ha observado
una lentitud en la tramitación de los créditos a tal punto que se torna
imprescindible la reactualización de las reglamentaciones del banco, por
lo arcaicas y poco funcionales. Igual cosa ocurre con el Banco Hipoteca­
rio Nacional, cuyos préstamos, difíciles de conseguir, no concuerdan
más con los costos reales de construcción de la vivienda y no llegan a
cubrir por lo tanto la mitad de su valor. En cuanto al Banco Industrial
de la Nación, no ha llenado nunca las necesidades de la región. En fin,
el Banco de Mendoza, es el único cuya actuación ha sido positiva. Con
capital aportado por el gobierno provincial y particulares, se desenvuelve
en forma más ágil que otras instituciones, librando al interesado de trá­
mites complejos, siendo además accesible en las operaciones. Por ejem­
plo, cuando las instituciones nacionales restringieron los préstamos, so­
portó el peso de operaciones comerciales e industriales, a pesar de no
estar respaldado por un capital tan importante como aquéllas.

403
FU N C IO N ES ADMINISTRATIVAS* LE G A L E S-B A R C A R IA S V FINANCIERAS

404
fe
te
QEn suma, esas funciones ( administrativas y legales, bancarias y
financieras) superan ampliamente los límites urbanos y se extienden
no solamente al departamento de San Rafael sino a todo el sur de la
provincia de Mendoza. Su radio de influencia constituye la base en que
se apoya la actividad de San Rafael y desde la cual suele afirmarse como
polo de actividad en el oasis^^Io obstante sus limitaciones, los servicios
prestados deben ser considerados en sí, es decir, por lo que significan
en ese ámbito, sin compararlos con otros de nivel superior.^
Para tener una visión más cabal de la repartición de las actividades
comerciales en el centro de la ciudad de San Rafael hemos distinguido
entre funciones y servicios de carácter personal (Fig. 83) y funciones
de carácter general (Fig. 84). Generalmente, en cada manzana se halla
por lo menos un negocio de venta de comestibles, una tienda o una
peluquería, y a veces las dos o las tres juntas. Al considerar la densidad
de ocupación por manzana de las funciones y actividades comerciales
de carácter general y personal (Fig. 85 ), se notará una nítida concen­
tración entre la plaza San Martín y la terminal de ómnibus. Las dos
manzanas céntricas, adyacentes al principal eje NS, y que cuentan con
una galería, agrupan más de 40 negocios y servicios cada una. En las
manzanas que bordean la calle principal, el número de negocios es
superior a 20 o por lo menos a 13. En el sector W , varias manzanas su­
man más de 6 negocios, y algunas más de 12 negocios; pero en el sec­
tor W, fuera de las manzanas que bordean la calle principal, la concen­
tración baja de golpe a menos de 5 negocios.
Esos negocios (y servicios) de carácter personal, se reparten en la
mayoría entre 10 manzanas de una parte y otra de la calle principal,
más bien intercalados entre la plaza San Martín y la terminal de ómnibus
(Fig. 83). Alrededor de éste, además de los inevitables restaurantes-ba­
res y algunos negocios de venta de comestibles, se ha desarrollado un
importante comercio de artículos para el hogar y de vestir, de baja
calidad, dividido entre unos cuantos pequeños negocios. Para la gente
del campo y los habitantes de las aldeas cercanas o lejanas que viajan
por ómnibus al centro de San Rafael, esos negocios, casi pegados a la
terminal, cumplen una función esencial, la de ofrecerles artículos de
primera necesidad a bajo precio, lo que explica la popularidad de ese
sector comercial. En horas de comercio, cabe recorrer aquellas calles
siempre muy animadas, para gozar de un espectáculo bastante pinto­
resco y darse cuenta de la importancia de los lazos que vinculan a la
ciudad con el campo. Por otra parte, los negocios de artículos para el
hogar muestran una marcada preferencia por la calle principal, parti-

407
408
Fig. 85.
í
cularmente al E de la avenida San Martín, donde llegan a tener más
importancia, proporcionalmente, que los demás.
En cambio, con respecto a los negocios y servicios de carácter ge­
neral, se observará (Fig. 84) una repartición de tipo centrífugo. Esos
negocios, por ejemplo, están poco representados en las diez manzanas
céntricas en que dominan las funciones de carácter personal. La venta
de artículos de abastecimiento para el campo, diseminada en el sector W ,
se encuentra a lo largo de la avenida Mitre, desde la calle Las Heras
hasta el canal Pavez, en el sector E.
Por otra parte, la presencia de negocios de esa categoría y también
de negocios de repuestos entre las funciones de servicios con carácter
personal (oficinas administrativas y financieras, bancos, etc.) contribu­
yen en la realidad al desprestigio del papel básico del “Centro de Ne­
gocios” en San Rafael.
En cuanto a talleres mecánicos y otros, desgraciadamente salpican
el radio urbano y desvalorizan en forma apreciable las propiedades
vecinas. Si bien son escasos en la zona céntrica, su número se incrementa
en las proximidades del ferrocarril, particularmente entre éste y la calle
principal.
Al contemplar la repartición de las distintas actividades comercia­
les en función de su densidad por manzana y también por calle, hemos
delimitado el espacio correspondiente a la extensión de la zona comer­
cial en el centro de la ciudad de San Rafael (Fig. 86). Se advertirá
además, la preponderancia del eje W E articulado en función de la calle
principal, con respecto al eje NS articulado en función de la avenida
San Martín. En el primer caso, la zona comercial se extiende desde el
camino a Balloffet (ruta 143) hasta el canal Pavez. En cuanto al eje NS,
a partir de la terminal del ferrocarril, no se extiende en más de una
cuadra y media al S de la calle principal (Fot. 56). En dicho croquis,
se ha indicado el sitio del mercado principal en el sector E y de otro
de menor importancia en el sector W. Igualmente, se ha señalado la
ubicación de las tres galerías en manzanas que se caracterizan, como lo
hemos visto, por su alta dedicación a negocios de carácter personal.
Cabe mencionar aquí, que los bulevares (Rivadavia y Moreno) tra­
zados por Benjamín Dupont en 1910 no han atraído el comercio sino
en forma esporádica y más bien humilde. Se notará, por lo tanto, la
escasez de casas mayoristas con respecto a la importancia del consumo
en la zona; hecho derivado de la poderosa gravitación de Mendoza sobre
la distribución de los productos en escala regional.
Las principales empresas de transportes automotores se concentran
en la periferia inmediata con respecto a la zona comercial, particular-

409
ib.
I

410
Fig. 86.
mente al N; por su parte las empresas locales de ómnibus están radica­
das al S. Cabe tomar nota, también, de la posición estratégica ocupada
por la terminal de ómnibus, completada en su estado actual desde 1953.
Su importancia está vinculada al hecho de que la utilizan tanto las
líneas locales (incluyendo El Nihuil, Monte Comán y General Alvear)
come las líneas exteriores a Mendoza, Buenos Aires o Zapala vía
Malargüe.
A partir de 1931, empezaron a funcionar las primeras líneas de
ómnibus, entre la ciudad y Cuadro Benegas, en primer lugar, luego
entre la ciudad y Las Malvinas, Rama Caída, Cañada Seca, Cuadro
Nacional y General Alvear. Al mismo tiempo, también, se estableció la
primera línea con Mendoza. Poco a poco, después de numerosos cam­
bios de manos, se crearon líneas de colectivos locales. Actualmente, exis­
ten cinco empresas, agrupadas bajo la razón social “Auto Transporte
Iselín S.A.” que atienden la zona urbana de San Rafael. En 1966, ven­
dieron cerca de 5 millones de pasajes. El servicio entre distritos también
está asegurado por cinco empresas que suman un mínimo de 25 coches
disponibles. En 1966, transportaron más de 1 millón de pasajeros114.
(Fig. 87).
Hay que tener en cuenta, además el número de viajeros que trans­
porta la compañía t . a .c . En 1966, 641.000 personas viajaron entre San
Rafael y General Alvear, 114.000 entre San Rafael y Monte Comán, y
225.000 entre San Rafael y Mendoza 11n.
A medida que el transporte automotor iba tomando importancia, el
sitio de la terminal de ómnibus (elegido en 1931) llegaba á constituir
una verdadera placa giratoria en el “Centro de Negocios” de San Rafael.
Su creciente influencia aniquiló finalmente la de la estación de ferroca­
rril. Por consiguiente, negocios y servicios han tendido a agruparse a
poca distancia de la terminal de ómnibus, pero siempre con respecto
a la presencia de otros factores polarizantes como la municipalidad, o de
prestigio como las avenidas San Martín e Yrigoyen. De todos modos,
resulta evidente el vacío creado alrededor de la estación del ferrocarril.
En fin, el centro urbano de San Rafael desempeña en el sur men-
docino varias funciones asistenciales cuya importancia es evidenciada
por la concentración de elevado número de clínicas, sanatorios, labora­
torios de análisis, consultorios médicos y farmacias (Fig. 88). Se notará,
por ejemplo, en dicho croquis, el número de farmacias ( 9 ) , laborato­
rios (6 ) y consultorios médicos (2 5 ), agrupados alrededor de la termi-

Datos suministrados por Dirección de Tránsito Delegación San Rafael,


l i s Datos suministrados por la empresa de Transportes Automotores de
Cuyo ( T.A.C.).

411
nal de ómnibus. Eso únicamente resultaría suficiente como para enfocar
el papel polarizante de la estación. Con el Hospital Regional Teodoro
Schestakow, el Centro Materno Infantil, y ocho clínicas y sanatorios,
San Rafael constituye el centro médico para todo el sur mendocino, no
obstante sus limitaciones. En este caso lo interesante es que esas fun­
ciones se desempeñan casi exclusivamente en plena zona céntrica. Den­
tro de un radio inferior a 10 cuadras desde el centro (San Martín-Mitre)
están radicados 68 de los 75 consultorios médicos con los que cuenta
la ciudad. Fuera de centros como General Alvear, Real del Padre, Villa

áMUZÍA

Fig. 87 — Promedio de pasajeros transportados por día durante el año


1966 por las cinco líneas (empresas) que atienden los distritos vecinos
(sobre todo occidentales) no atendidos por la empresa T.A.C.

Atuel y Monte Comán, todos los médicos están radicados en San Rafael
y no hay ninguno instalado en el campo intercalado. En la realidad, esa
concentración de funciones asistenciales y médicas en el centro de San
Rafael se explica fácilmente por el mejoramiento de la red de caminos
y de los medios de transporte, distancias relativamente cortas y el sitio
particularmente favorable de la terminal de ómnibus.
Al concluir este capítulo, cabe delimitar lo que correspondería a
un “Centro de Negocios”, de acuerdo con la ubicación de las principales
funciones dentro del radio urbano de San Rafael (Fig. 8 9 ).
En primer lugar, pueden establecerse límites sensti stricto, al tener
en cuenta las funciones básicas (administrativas, financieras y comer­
ciales), cumplidas en un centro regional secundario como San Rafael.
Sin embargo, dado el papel desempeñado por el núcleo de San Rafael
en el sur de la provincia de Mendoza, se considerarán también, con mu-

412
413
Fig. 88.
424
p.b.j j * t i
cha atención, las funciones educativas, asistenciales y médicas, tanto
por su alcance en el medio mismo como por su concentración en la urbe.
En segundo lugar, deben distinguirse los factores que han suscitado
la concentración de las varias actividades dentro de dicho perímetro.
Esos factores pertenecen a dos categorías. Una se relaciona con la ad­
ministración y la otra con los desplazamientos diarios de la población.
En el primer caso, la municipalidad y la Casa Departamental son
aquellos factores de concentración. No obstante, dentro de los límites
del “CDN” de San Rafael, podría considerarse simultáneamente el sitio
de dicha Casa Departamental como un factor de extrapolación. En
realidad, la ubicación de ésta contribuye a la extensión en forma exa­
gerada del “CDN” hacia el E, a costa de una mayor concentración de
funciones; lo que resultaría en parte de la falta de edificación elevada
en el centro urbano.
En el segundo caso, uno de los factores “teóricos” de concentración,
la estación de ferrocarril, no desempeña más su papel, por haber sido
gradualmente eliminado en favor de la terminal de ómnibus, que, pese
a la competencia del transporte individual, sigue incrementando todavía
su influencia local inmediata.

5. I mportancia de la reción polarizada de San R afael


EN EL PIEDEMONTE CUYANO.

Como acabamos de esbozarlo, en el sur de la provincia de Mendoza,


el espacio valorizado se organiza principalmente alrededor del centro
regional secundario e indiscutible foco de actividad: la ciudad de San
Rafael. Más hacia el límite E del último oasis grande, otro núcleo de
menor importancia, la ciudad de General Alvear, igualmente cabecera
departamental, ejerce localmente una influencia no despreciable, aún
determinante en ciertos aspectos, no obstante el hecho de que sea de­
pendiente de la autoridad de San Rafael en varios otros.
El alto número de pasajeros transportados (641.717 por ómnibus
y 13.700 por tren) entre General Alvear (Villa Atuel y Real del Padre)
y San Rafael en 1966 (Fig. 90 ), constituye en sí un índice importante
de la fuerza centrípeta desempeñada por San Rafael en la escala del
oasis. En comparación, solamente 34.657 personas viajaron de General
Alvear a Mendoza por ómnibus (más un estimado de 7.000 pasajeros
por ferrocarril) durante el período correspondiente.
Si analizamos la suma de los desplazamientos, en la playa de San
Rafael, que incluiría a los pasajeros procedentes de distritos circunve­
cinos (Fig. 87), con exclusión de datos del transporte realizado dentro

415
del radio urbano., y sin tener en cuenta la población de dicho sector,
podría establecerse en 7 el promedio de viajes (ida y vuelta) a San
Rafael, efectuados por cada uno de los habitantes del sur de la provincia
de Mendoza no radicados en la ciudad de San Rafael. Sin embargo, si
consideramos los desplazamientos (ida y vuelta) realizados por ómni­
bus, tren o avión desde el oasis de San Rafael con destino a Mendoza o
Buenos Aires, el promedio alcanzaría apenas a 1 por persona. Además,
los residentes de la ciudad de San Rafael sumarían más del 59 % de
dichos desplazamientos, aunque representen un tercio solamente de la
población del sur de la provincia de Mendoza.

Fig. 90 — Pasajeros transportados por ómnibus o por ferrocarril desde


San Rafael o con destino a San Rafael en 1966 ( Fuente: Ferrocarriles
Argentinos y Transportes Automotores de Cuyo).

Ror otra parte, es evidente, dada la importancia del parque auto­


motor (automóviles y rurales representan un promedio de 1 por cada
25 personas), que el buen estado de la ruta rumbo a Mendoza, y ahora
del camino Bowen-Lincoln hacia Buenos Aires, como la falta de datos
correspondientes a los desplazamientos de particulares de un lugar a otro,
si nos quitan seguros elementos de juicio, no nos ocultan las consecuen­
cias esenciales. Así, el impacto que ha creado, desde su habilitación, el
camino directo rumbo a Buenos Aires (F o t. 6 3 ), además de ensanchar
la apertura hacia nuevos horizontes para todo el oasis favorece aún más
al sector de General Al vea r, proporcionalmente, que al de San Rafael.
General Alvear se encuentra ahora, por primera vez en posición para
independiz ;rse más no solamente con respecto a San Rafael sino tam-

416
Fot. 63 — Un tram o d e l n u evo cam in o a sfa lta d o tíow en -L in coln en
el sur d e la provin cia d e San Lu is. Este camino, que vincula directa­
mente el oasis de San Rafael con Buenos Aires, constituye un impor­
tante factor de apertura hacia nuevos horizontes.

Fot. 64 — E l v alle d e L o s M olles, una d e s ta c a d a estación tu rística


en el sur m en d o cin o . Cuenta con dos hoteles, baños termales y can­
chas de esquí.

417
bién con respecto a Mendoza. EJ éxito que ha tenido el nuevo servicio
de ómnibus diario entre San Rafael-General Alvear y Buenos Aires,
desde la inauguración del camino Bowen-Lincoln a fines de 1966, y la
afluencia de los viajantes que ahora lo utilizan, son concluyentes.

't c*7 Perre tí» res


A n u a /a t

Fig. 91 — Pasajeros transportados por Transportes Automotores de


Cuyo Ltda. (T .A .C .) (Agosto de 1965-Julio de 1 9 6 5 ).

En el oasis de San Rafael, las tareas agrícolas influyen sobre los


desplazamientos, y se observará un aumento en el transporte de pa­
sajeros (Fig. 9 1 ), desde el mes de abril en adelante, al terminar la
época de cosecha en el campo y de elaboración de la materia prima en

418
las fábricas radicadas en las proximidades o dentro de los centros ur­
banos. En cambio, entre Mendoza y San Rafael los movimientos tienden
a intensificarse en época de Navidad. Entre Monte Comán y San Rafael,
el aumento en el número de pasajeros coincide con el período de mayor
actividad de las fábricas locales y resultaría, por lo tanto, de un des­
plazamiento estacional de mano de obra.
A unos km del centro, hacia el W, ha sido instalado desde hace
varios años un aeropuerto con pista hormigonada suficientemente larga
como para permitir el aterrizaje de cuatrimotores del tipo turbo-pro­
pulsor, como el Avro. La compañía aérea nacional, Aerolíneas Argenti­
nas, vincula la región con Buenos Aires, mediante seis vuelos semanales
de cabotaje que incluyen, además, escalas en San Luis y Río Cuarto
un día; en Mendoza, San Juan, Córdoba y Santa Fe, el otro. El 80 %
de los pasajeros viajan con destino a Buenos Aires. En 1965, 1.448 pa­
sajeros viajaron desde el aeropuerto de San Rafael, mientras 1.410 de­
sembarcaron en el mismo lugar; lo que representaba un aumento del
50 % con rspecto al año anterior. En los desplazamientos hacia Mendoza
y viceversa, casi no se utiliza el avión, sobre todo en razón de la inco­
modidad de los horarios y de los desplazamientos hacia los centros
urbanos y desde ellos. El promedio mensual de salidas y llegadas se
mantiene en forma regular todo el año, con un leve ascenso entre los
meses de octubre y enero 11°.
Existe también un aero-club que aprovecha una parte de las instala­
ciones (pista, torre de control, etc.); el gobierno federal mantiene allí
en permanencia un instructor para la formación de pilotos locales. Por
su parte el gobierno provincial asegura, mediante el personal (piloto,
técnico y mecánicos) y el material (2 aviones Cessna disponibles), una
gira bisemanal, en la cual participa un médico radicado en Punta de
Agua, por los principales puestos (Punta de Agua, Agua Escondida y
Agua del Toro) y centros mineros (Mina Ethel — Fot. 50, Mina Santa
Cruz). F.1 personal y el material quedan disponibles, de día solamente,
dado el estado precario de las pistas, para todo caso de emergencia
señalado por radio o para cualquier tarca ligada a la salud pública.
Por lo general, la capacidad. superior de decisión, nacida de la
potencia financiera y política, suele escapar a la región, como sucede
también en la región del piedemonte cuyano, cuyo polo es la metrópoli
regional de Mendoza. En el esquema de la estructuración del espacio en
el país, el oasis de San Rafael no sería, entonces, más que una micro-
región organizada a base también de una microred urbana, pues aun la

no [Link] suministrados por la oficina de Aerolíneas Argentinas en San Rafael.

419
capacidad inferior de decisión le escapa en gran parte. Si la región no
es sino el instrumento o el cuadro de la dominación o dé la intervención,
la fórmula tendría doble aplicación en el caso de San Rafael.
Ya hemos solicitado la atención sobre varios aspectos de la aprecia­
ble posición de inferioridad de San Rafael con respecto a Mendoza.
El alto número de delegaciones o de subdelegaciones de direcciones pro­
vinciales, el papel poco conforme a las exigencias locales desempeñado
por las empresas bancarias (sucursales) y financieras locales, la escasez
de mayoristas con respecto a la cantidad de representantes, aun enfo­
cada por las peregrinaciones mensuales o semestrales de los viajantes
procedentes de Mendoza, la precaria posición de varios viñateros y bo­
degueros, también, frente a grandes empresas (estatal como Giol; privada
como Arizu) con sedes administrativas establecidas en Mendoza, pre­
supuestos municipales otorgados a veces en forma discriminatoria, dadas
las necesidades locales y la importancia de los impuestos pagados: todos
esos factores concurren para acentuar la dependencia de San Rafael
con respecto a la capital provincial.
La administración y el control de dos importantes medios de trans­
porte, los ferrocarriles y la compañía de Transportes Automotores do
Cuyo están radicados en Mendoza.
Al nivel educativo superior, el abanico es muy reducido y las pers­
pectivas para lograr un título universitario están supeditadas al traslado
a Mendoza o a otro centro universitario. Aunque, las funciones asisten-
ciales sean importantes en escala local y sean también relativamente
numerosos los médicos de la zona, en varias oportunidades, resulta im­
posible la prestación del servicio requerido, sea por falta de especialista,
el cirujano, sea también porque no alcanzan las instalaciones técnicas
imprescindibles; en cuyo caso, hay que enfrentar el viaje a Mendoza y,
a veces, el traslado por ambulancia o por avión,según la gravedad.
Los cuatro cines locales dependen directamente de Mendoza para
su abastecimiento en películas, puesto que allá se agrupan las principales
compañías distribuidoras. Desgraciadamente la selección realizada úni­
camente a base de rentabilidad comercial no permite la llegada, a las
salas de San Rafael, de un sinnúmero de películas de valor. En fin, fuera
de unas bibliotecas públicas y semipúblicas, de la venida ocasional de
un artista, conjunto folklórico o de teatro, orquesta, de algunas conferen­
cias públicas a cargo de docentes locales, de unos cines-clubes, las ma­
nifestaciones culturales son escasas; y cuando se producen son aprovecha­
das siempre por la misma gente. En cuanto a la fiesta anual de la vendimia,
cuyos actos culminan con la elección de la reina del departamento de
San Rafael, se trata de una manifestación de envergadura local o más

420
bien departamental, nada más que un acto preliminar del gran espec­
táculo que se desarrolla exclusivamente en la ciudad capital de Mendoza.
Por otra parte, las comunicaciones telefónicas desde San Rafael,
su distribución por zona y su repartición diaria (Fig. 93) sumi­
nistran más elementos de juicio117. En 1966 hubo casi equivalencia
entre el promedio diario de comunicaciones entrante (772) en San Rafael

de Mendoza) (Según datos suministrados por la Compañía Argen­


tina de Teléfonos S.A.).

y salientes (777) de ésta. Con destino a Mendoza, hubo 314 conferen­


cias, mientras 229 entraban desde Mendoza; lo que constituiría un índice
suplementario acerca de la necesidad permanente, en que se encuentra
San Rafael, para recurrir al nivel de decisión inmediatamente superior
en distintas esferas de actividades.

1,7 Datos suministrados por la Compañía Argent na de Teléfonos S.A.

421
E l 40 % de las comunicaciones telefónicas tienen como destino a
Mendoza y el 20 %, a Buenos Aires, o sea los dos centros de que más
depende San Rafael en forma directa. El promedio de 20 % para las
conferencias salientes rumbo a Buenos Aires y su periferia, no obstante
el precio de la comunicación y la demora antes de obtenerla, destaca la
importancia de las vinculaciones entre la zona productora y su principal
mercado de consumo. San Juan también absorbe el 11 % del volumen,
y los departamentos vecinos a Mendoza el 8,8 % ; o sea que el 60 % de

las comunicaciones salientes de San Rafael tienen, como destino, otros


centras cuyanos. Siguen en importancia Córdoba con 7,1 % y la zona
del litoral encabezada por Rosario con 4,1 %.
Al considerar la repartición diaria de las comunicaciones salientes
de San Rafael (Fig. 9 3 ), se notará que varias han sido dirigidas hacia
centros ferroviarios o sitios donde una planta fraccionadora ha sido
instalada. El núcleo de Realicó sobresale bastante, en este aspecto, con
un promedio diario de 35 conferencias. En suma, la distribución de las
conferencias telefónicas refleja la preocupación de San Rafael por en-

422
?— "

423
caminar sus productos, por lo menos hasta el umbral de la rueda com­
pleja de la comercialización. También evidencia su fuerte dependencia
administrativa, financiera y comercial con respecto a la metrópoli re­
gional en primer lugar, y luego igualmente, en forma directa, con respecto
a la metrópoli nacional.

Esa sobrecarga relativa con respecto a la capital nacional, dificulta


las relaciones normales entre el centro regional secundario y la metrópoli
regional, y resulta del papel superpolarizante de Buenos Aires, hacia
el cual convergen inmediatamente todos los ejes, es decir, todas las
líneas de fuerza del país.

En cambio, los diarios metropolitanos (L a Prensa, L a Nación, El


Clarín, L a Razón) tienen poca difusión en el oasis de San Rafael (Fig.
9 4 ), como si fueran reservados a una minoría (750 los días lunes, en
que llega la edición dominical). En cuanto a los diarios locales, Co­
mercio (salida diaria: 4.000 ^ y L a Capital (2 .5 0 0 ), no alcanzan, juntos,
a contrapesar el importante diario cuyano Los Andes (M endoza), que
vende (como ya se dijo) diariamente en el sur mendocino un promedio
supeiior a 8.000 ejemplares, mediante un sistema de distribución que
atiende los principales pueblos. Se venden también unos 200 ejemplares
por día de otro diario de Mendoza. El Tiempo de Cuyo.

En la ciudad de San Rafael misma se colocan tantos ejemplares de


los diarios Comercio y La Capital como del diario Los Andes. Sin em­
bargo, su influencia respectiva ni se compara. La Capital es un diario
que casi no tiene salida fuera del radio urbano y concentra su informa­
ción en los pequeños acontecimientos locales, con una notable falta de
seriedad. El diario Comercio es también una publicación local ante todo,
aunque sea más difundida. En el departamento de General Alvear se
venden casi 3 ejemplares de Los Andes contra uno de Comercio. Debe
reconocerse, por consiguiente, una muy neta dominación de la prensa
nortemendocina, por el intermediario exclusivo de Los Andes, en el sur
de la provincia, no solamente a base de los ejemplares vendidos, sino
sobre todo en cuanto a la envergadura y a la calidad de la información
proporcionada por dicha publicación.

Si bien San Rafael existe como región polarizada, en cambio su


radio de influencia en el piedemonte cuyano es muy limitado y su auto­
nomía bastante retaceada. No obstante, cabe recordar que uno de los
criterios fundamentales aplicables a la región consiste en que ella debe
justificar su existencia como parte integrante de un todo.

424
IV . C onclusiones generales. E l balance de la
AUTONOMÍA REGIONAL.

En el cuadro de este estudio regional y urbano, hemos tratado de


circunscribir los distintos factores que concurrieron para favorecer ori­
ginalmente la instalación del hombre en el sur de la provincia de Men­
doza, y luego para mantenerla en forma permanente y provechosa. Al
mismo tiempo, hemos querido distinguir las etapas-claves en el proceso
aún reciente de valorización del espacio correspondiente al oasis de San
Rafael, principalmente. En fin, hemos intentado aprehender la realidad
actual de la organización del espacio útil y de su articulación alrededor
de un polo de actividad.
En función de este objetivo, hemos dividido el trabajo en tres partes.
En la primera, hemos ubicado a San Rafael con respecto al medio natural
local, caracterizado por tres rasgos físicos fundamentales: una climato­
logía desértica (semiárida), una morfología desértica, y cursos de agua
alóctonos. Luego, hemos dado una interpretación espacial a los acon­
tecimientos de orden histórico y a los progresos técnicos que marcaron
las distintas fases de la evolución hasta la ocupación del espacio en su
forma actual. En tercer lugar, hemos contemplado el saldo de la valo­
rización del espacio útil, al delimitar los sectores de actividades, los
principales rasgos demográficos de la población, los niveles de influen­
cia, la jerarquización de los focos de actividades, la naturaleza del tejido
de interacciones, y más bien, el papel específico del foco máximo en el
oasis de San Rafael.
Al empezar el estudio, una cuestión crucial se planteaba. ¿Constituye
el oasis de San Rafael una región? Sin embargo, antes de formular una
íespuesta concreta, hemos querido identificar claramente y colocar en
lugar propio cada uno de los imprescindibles elementos de que dispo­
níamos, y que nos permitirían esbozar los grandes rasgos en un cuadro
a la vez objetivo y matizado.
Pese a la insuficiencia de las lluvias, una elevada tasa de evapo-
transpiración y un notable déficit hídrico en la zona sanrafaelina, se
comprueba que, en realidad, aquellos factores desempeñan un papel
secundario, ya que han sido superados por el uso de agua para el riego
en el aprovechamiento del espacio. Una buena parte de las dificultades
que debe enfrentar el oasis, en la actualidad, resultan, pues, de los daños
ocasionados a la materia prima por heladas, precoces o tardías sobre
todo, o por destructoras caídas de granizo.
En este paisaje, cuya morfología actual procede a la vez de inter­
venciones numerosas y variadas, sucesivas o simultáneas, de origen oro-

425
génico, volcánico y climático, se ha delineado el sitio mismo de la
“playa encajada” de San Rafael, gracias al aporte decisivo de los dos
principales ríos alóctonos que convergen allá, el Atuel y. el Diamante.
Ultimo oasis grande en el piedemonte cuyano, San Rafael se ubica en
el umbral del inmenso territorio patagónico
Frente pionero estancado durante largos años, hasta que la apertura
hacia nuevos horizontes mediante el ferrocarril a principios del siglo X X ,
v, luego, una valorización más intensiva llegaran a modificar las con­
diciones de la instalación humana, el oasis de San Rafael ha mantenido
cierta mentalidad, un poco desconfiada, de pequeño oasis plegado sobre
sí mismo.
Con respecto a la elaboración, a la distribución y a la comerciali­
zación de los productos locales, el fuerte dominio logrado por empresas
e intermediarios ajenos al medio, resulta de la evidente apatía, si no
de la notable despreocupación frente a los trámites, que muestran las
tareas productivas, o elabóradoras en el caso de la uva. Por considerarse
ellos mismos, ante todo, como productores, y por no haber tomado ini­
cialmente las medidas necesarias para colocar en el mercado su propia
producción, los sanrafaelinos han dejado pasar excelentes oportunidades
que les hubieran permitido lograr más autonomía. L a desconfianza casi
institucionalizada en todos los niveles locales ha obliterado, entre otros
casos, varias iniciativas de cooperativismo, favoreciendo al mismo tiempo
la formación de sociedades anónimas, a menudo controladas por capitales
exteriores. Dicha situación podía resultar en cierta forma de la escasez
de capitales locales “disponibles”, pues existe, por otra parte, un movi­
miento pendular de dinero que suele invertirse no solamente en plantas
fraccionadoras, sino también en estancias pampeanas, en industrias e
inmuebles en la zona litoral. En cuanto a las empresas financieras, éstas
nunca han desempeñado su papel correspondiente, contribuyendo así a
la detención del vuelo de la región como un todo y al estancamiento en
algunos sectores de actividad.
A pesar de que se practican cultivos bajo riego con altos rendi­
mientos en el oasis de San Rafael, las secuelas de un viejo atavismo
siguen manifestándose por la demora en el pasaje definitivo del estado
de explotación extensiva al estado intensivo integral. Rompiendo con la
tradición del país inmenso, largo tiempo dominado por el mito de la
explotación ganadera, el cultivo intensivo, tanto en el oasis de San Rafael
como en varios lugares del país, está contrariado por factores adversos.
En el sur de la provincia de Mendoza, el atraso en el aprovecha­
miento funcional del río Diamante, las demoras para impermeabilizar
los canales matrices y secundarios, y la ausencia de coordinación con-

426
secuente en la distribución de caudales correspondientes a tipos de cul­
tivos determinados y a superficies realmente cultivadas, prolongan en
forma antieconómica el mal uso de las aguas de riego y el despilfarro
de los suelos. La distribución, a veces equivocada, de las inversiones
públicas, que esto dejaría suponer, proviene también de la reconocida
escasa capacidad de decisión de San Rafael y de su aislamiento, al nivel
administrativo, en la provincia de Mendoza. La mecanización de las
tareas agrícolas está bastante bien relacionada con la extensión de las
explotaciones. Su concentración en amplias fincas y su relativa escasez
en las pequeñas, particularmente en aquellas que presentan sistemas de
minifundio, se explican por la mayor capacidad de inversión. En cuanto
al poco entusiasmo con respecto al uso de abonos químicos, si en parte
resulta también de la supuesta inagotabilidad de la tierra argentina, se
explica además, en el oasis de San Rafael, por la falta total de estudios
científicos de los suelos.
De todos modos, si consideramos el área reducida y de alto valor
de las tierras cultivadas bajo riego, la búsqueda de rendimientos cada
vez más elevados no es solamente deseable, sino también necesaria, a
fin de mantener la competencia del producto y justificar el alto costo
de las inversiones humanas y técnicas que requiere el aprovechamiento
racional del espacio. Por otra parte, no se podría conseguir un impres­
cindible y constante mejoramiento en los métodos y medios de la pro­
ducción agrícola, con el objeto de aumentar los rendimientos, fuera del
contexto de una planificación coercitiva, que se encargaría, por ejemplo,
de realizar estudios prospectivos para aventuales mercados y de orga­
nizar redes de distribución a fin de asegurar la colocación en mercado
de la totalidad de los productos. Al aumento de producción debe co­
rresponder una ampliación proporcional de mercados internos y exter­
nos. Es el dilema contra el cual choca la comercialización de los cultivos
intensivos y especializados de los oasis. Si no puede realizarse en forma
correspondiente la fase comercialización, la primera, o sea la intensifi­
cación de la producción, hacia la cual el oasis debe normalmente con­
centrar sus esfuerzos denota un sello de perfeccionamiento inquietante,
dados los riesgos incrementados de superproducción.
La extensión de los cultivos especializados bajo riego y la naturaleza
de la organización del espacio en el oasis de San Rafael, proporcionan
un buen ejemplo en cuanto toma cuerpo una personalidad propia bajo
el empuje de la demanda de sectores más densamente poblados e indus­
trializados. Infelizmente, en la Argentina dichos sectores constituyen un

427
J

I
í

mercado poco elástico cuando suceden reajustes económicos. Ya desa- ^


fiado en forma pennanente por las incertidumbres del tiempo, el equili­
brio del oasis de San Rafael está en posición aun más vulnerable y luego
muy dependiente, tanto más cuanto que debe vender la casi totalidad
de su producción para abastecerse de productos de primera necesidad
y también en artículos de lujo. Por consiguiente, su nivel y hasta su
ritmo mismo de vida están supeditados por contingencias de orden
natural y económico frente a los cuales sus medios de defensa son poco
más o menos que inexistentes.
No obstante el hecho de que la República Argentina ha alcanzado,
desde el decenio 50, el nivel de alto consumo de masas, su crecimiento
actual sigue basándose en una infraestructura de valorización del terri­
torio que aún conserva su profundo sello neocolonialista en sus redes
de comunicación, de distribución y de interrelaciones. Debido al efecto
superpolarizante ejercido poi la capital nacional, los flujos que la vincu­
lan con las metrópolis regionales, y, en varios casos, directamente con
centros regionales secundarios, se limitan por una parte a una recolec­
ción de productos al natural o semielaborados en su mayoría, y por otra
parte, a una distribución de productos manufacturados. I
En consecuencia, en un centro regional secundario como San Rafael,
ya fuertemente polarizado por la metrópoli regional de Mendoza, es muy
poco probable que puedan desarrollarse funciones urbanas más com­
plejas que exigirían por lo tanto el refuerzo de la red urbana entera.
Igualmente, en un territorio aún incompletamente organizado como la
República Argentina, la irrupción de nuevos medios de transportes en
forrna masiva y rápida es otro factor que favorece el amontonamiento
exagerado de las funciones y de las actividades en Buenos Aires. El fe­
nómeno suele suceder no solo en detrimento del hinterland, considerado
globalmente, sino también en detrimento de los centros secundarios, y,
en menor escala, de las metrópolis regionales.
Como espacio ya bien delimitado e inscrito en un cuadro natural
dado, el espacio valorizado de San Rafael satisface las exigencias de la
legión, considerada a base del sistema de explotación, o sea que fuertes
/ínculos han sido trabados entre sus pobladores (no obstante el notable
individualismo local). Igualmente se ha realizado una organización
jerarquizada alrededor de un centro dotado de “cierta autonomía”. Tam­
bién, se observará su integración relativamente funcional, aunque mar­
ginal, en la economía global. <En suma, el oasis de San Rafael, como
región, resultaría de una combinación de factores, activos y pasivos, con
intensidad variable, cuya dinámica propia se situaría en el origen de

428

Sb. .
equilibrios internos y de su consecuente proyección espacial. Sin em­
bargo, por no ser una capital provincial, como Mendoza, San Juan o
San Luis, el centro regional secundario de San Rafael desempeña un pa­
pel de catalizador, únicamente en cuanto se trata de funciones de menor
importancia. ^
Por otra parte, la ciudad de San Rafael, cumple, en forma adecuada,
con sus funciones esenciales de centro de agrupamiento y de distri­
bución; sin embargo, el abanico de las funciones de categoría interme­
diaria ya se hace muy estrecho, y, en la categoría superior de decisión, su
papel es nulo. Los ejes ferroviarios y, ahora, camineros, que vinculan
directamente la región productora con su principal mercado de consumo,
pueden prolongar durante largo tiempo el estado de dependencia de la
economía local.
La popularidad del sistema de explotación indirecta, por contrato,
ha permitido la radicación en algunos núcleos urbanos y, más aun, en
el radio urbano de San Rafael, de varios propietarios de grandes y me­
dianas explotaciones. Hasta cierto punto, podría decirse que la ciudad
es dueña del campo. El nivel de educación (técnica y universitaria)
bastante alto que varios sanrafaelinos con buenos ingresos suelen pro­
porcionar a sus hijos, pese a la ausencia de facultades universitarias lo­
cales, destaca un tema común a los oasis que se dedican a cultivos es­
pecializados: el problema de la superabundancia de los profesionales y,
a veces, de los cuadros.
Dada la diversificación mucho más extensa de sus actividades, gra­
cias al aprovechamiento de recursos naturales distintos, la metrópoli
regional de Mendoza sigue todavía con capacidad para absorber egre­
sados universitarios propios y, además, los de la región que polariza.
Fn San Rafael como lo hemos visto, el problema es distinto, puesto
que los sectores de actividad secundarios y terciarios locales no tienen el
dinamismo necesario para integrar todos los egresados universitarios y
técnicos especializados que produce. Si, por una parte, excedentes de
cuadros y de mano de obra urbana alimentan una corriente migratoria
ya bien esbozada, por otra parte se registra una escasez perjudicial de
cuadros intermediarios (capataces, por ejemplo) con conocimientos téc­
nicos adecuados.
Espacio valorizado, región polarizada, el oasis de San Rafael des-
•mpeña, pues, un papel limitado en el piedemonte cuyano y, en escala
nacional, ocupa una posición más bien marginal, tanto geográfica como
económica. Falta mucho todavía antes de que se acerque al punto de
saturación en el aprovechamiento del espacio en el sur mendocino, una
indiscutible región del porvenir.

429
En nuestra época, las posibilidades de expansión territorial, acompa­
ñadas por un fuerte crecimiente de población, no resultan muy plausi­
bles, sino en territorios en vías de irrigación o de saneamiento. Sin duda,
en éste estamos ante una de las últimas conquistas pioneras. El sur de
la provincia de Mendoza, como el Neuquén y el Río Negro, aún hoy
constituyen extensas franjas pioneras que, en este aspecto, ya dejan en­
trever perspectivas próximas de realizaciones a la medida del país.

430
SAN RAFAEL LA CIUDAD Y SU REGION.

Pág.

I ntroducción ............................................................................................................ 133

.. ] . C o n d ic io n es físic a s para un a in st a l a c ió n hum ana e n e l sin

de la p r o v in c ia de M endoza ............................................................. 142


1. Un medio desértico ........................................................................ 145
A) U na c l im a t o l o g ía d e sé r t ic a ................................................. 147
a) El régimen léi'mico y el problem a ele las heladas en
San R afael ................................................................................ 148
b) El granizo y el pedrisco .................................................... 154
R) U na m o r fo l o g ía d e sé r t ic a ............................................................................. 159
a) Una posición d e confluencia original ............................. 161
b) Dos tipos d e form as dominan el paisaje sanrafaelino .
E squem a evolutivo d e la geom orfología lo c a l................ 166
c) L a “playa” d e San R afael: detalles m orfológicos . . 170
d) Las terrazas ............................................................................. 181
e) L os cam bios d e cau ce del río Diamante ......................... 182
f) Las ciénagas ............................................................................. 188
g ) El espacio valorizado ............................................................. 189
C) S uelo .-, sEMiEsyuELÉricos v vegetación polixerofítica . 190
D) Los c u r s o s d e a g u a ..................................................................................................... 194
a) El régimen d e los ríos Atuel y Diamante ....................... 197
b) Las aguas subterráneas ..................................................... 206
2 S an Rafael: el ú l t im o o a sis grande ....................................... 211
II. E l h o m bre en el p a is a je del sur m e n d o c in o .............................. 213

1. U na m argen p io n e r a e st a c io n a r ia (1805-1879) ........................... 215


a) Fundación del prim er fu erte d e San R afael ................ 215
b) Sitio y papel d e la villa vieja (25 d e M a y o ) ................ 223
e) El censo municipal d el año 1864 ...................................... 227
(1) Traslado d e la guarnición militar d e la “villa” y última
expedicióni al desierto .............................................................. 229
2. V a lo r iz a c ió n del o a sis de S an Rafael (1880-1967) ................. 2-33
a) Nueva instalación d e pioneros y colonias en vi sur
mendocino .................................... 234
b) Una fecha inquiríante en elsur mendocino: el año 1963 244
c ) Continuación acelerada d e la instalación: dificultades
económicas y técnicas para una verdadera ocupación. 2o2
<1) El desarrollo urbano en la playa de San Rafael .......... 255
e) El censo nacional d e 1914 ........................................... .... . . 260
f) La crisis por exuberancia de 1914 ......................y .......... 263
g ) Los acontecimientos d e 1931-32: detención d e un
nuevo vuelo ................................................................................... 235
h) Hacia una valorización más intensa del espacio ocupado 271
i) En el umbral de una integración regional de tipo nuevo 288
III. Organización del espacio ú t il en la región de S an Rafael 290
1. C uadro y naturaleza de las actividades en el espacio
VALORIZALO DEL SUR DE LA PROVINCIA DE MENDOZA ................ 292
a) Suelo, riego y drenaje: elementos primordiales en el
paisaje sanrafaelino........................................................................ 294
b) Estructura agraria y evolución reciente del parcela-
miento en el oasis d e San Rafael........................................... 302
e) Explotación de la propiedad y formas del pobla-
miento rural ............ • •................................................................ 309
d) Los cultivos espectdativos: técnica y producción............. 312
e) Elaboración y comercialización d e la producción en la
región d e Sun Rafael........................................................ •........... 326
f) Los sectores complementarios de actividad........................ 348
2. L a POBLACIÓN EN el OASIS DE SAN RAFAEL: UN DINAMISMO
ALTERADO .................................................................................................. 359

a ) Evolución y tendencias................................................................. ^59


b ) Caracteres y composición............................................................. 363
3 . Una armadura urbana poco a rtic u la d a ................................... 368
4 . San rafall : un centro regional secundario............................ 377
a ) Morfología y equipamiento urbano del principal foco
d e actividad en el sur d e la provincia d e Mendoza. 381
b ) Funciones locales y umland (zona d e influencia) del
núcleo urbano d e San Rafael..................................................... 395
5. Importancia de la región polarizadoha de san hafael
en el p ie ^emonte c u y a n o ................................................................... 415
IV . Conclusiones generales, el balance de la autonomía re ­
gional ..................... .................................................................................. 425

432
COLABORADORES DE EST E VOLUMEN

Cerdón, Nelly G ray de, Investigadora en Geografía, becada por la


Comisión Asesora de Promoción de la Investigación de la Universi­
dad Nacional de Cuyo.
Crvrr, Mari E stela F urlani de, Jefa de Trabajos Prácticos de Geografía
en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional
de Cuyo.
D enis, Paul Yves, Profesor de Geografía en la Universidad Laval, Qué-
bec, Canadá.
I turrioz . María Martina, Licenciada en Geografía de la Universidad
Nacional del Sur.
Manchón, María J osefina G utiérrez de, Ayudante de Investigación en
el Instituto de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad Nacional de Cuyo.
P érez . E duardo E milio , Alumno del departamento de Geografía de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.
R ichard, R odolfo Alberto, Alumno del departamento de Geografía de
la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de
Cuyo.
R oncelli, I ris Norma, Profesora de Geografía, egresada de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.
Salomón, J ean Noel , Agrégé en Geografía, Bordeaux, Francia.

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INDICE DEL VOLUMEN XVI

.T N. S alo m ó n . El alto valle del río Mendoza. Estudio de geomorfolo-


gía (9 fig., 23 fo t.).............................................................. '............... 1
M. E. F. d e C iv it y M. J. G. de M a n ch ó n , E l nuevo papel de Giol en
el panorama vitivinícola de Mendoza (7 f ig .) ................................... 51

Comentarios biblioyráf icios ................. • ................................................................... 63

I. N. R o n c e l l i , Expansión actual del oasis de Tupungato: la conquista


del suelo en la zona baja (3 croquis, 2 fig., 11 fo t.)...................... 67

N. G. de C ehd Án y M. M. I tu iu u o z , Bodega y vías de circulación: una


relación vital en Mendoza (3 fig., 6 fo t.)........................................... 103

Comentarios bibliográficos ........................................................................................... 124

P. Y. D e m s , San Rafael. La ciudad y su región (94 fig., 64 f o t . ) . . . . 131

ÍN DICE POR AUTORES

C ebd Án , N. G de Bodega y vías de circulación: una relación vital en


Mendoza .............................................................................................. 103

Civrr, M E. f . d e . E l nuevo papel de Giol en el panorama vitivinícola


de Mendoza ........................................................................................... 51

D e n is P. Y., San Rafael. La ciudad v su región....................................... 131

I tuiuuoz, M. M., Bodega y vías de circulación: una relación vital en


■ Mendoza .............................................................................................. 103

Ma n ch ó n , M. J. G. d e , E l nuevo papel de Giol en el panorama vitivi­


nícola de Mendoza................................................................................... 51

Ro n celli I. N., Expansión actual del oasis de Tupungato: la conquista


del suelo en la zona baja....................................................................... 57

S a i .om on , J. N , El alto valle del río Mendoza. Estudio de geomorfología 1

434

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