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Erikson: la teoría posfreudiana
Perspectiva general de la teoría posfreudiana
El hombre que acuñó el término crisis de identidad. Erikson no tenía estudios universitarios de ningún tipo,
pero su falta de formación no le impidió alcanzar fama mundial en una impresionante variedad de campos,
entre ellos el psicoanálisis, la antropología, la psicohistoria y la enseñanza.
Erikson pretendía ampliar, más que rechazar, los supuestos de Freud y ofrecer un nuevo “modo de ver las
cosas” (Erikson, 1963, p. 403). Su teoría posfreudiana ampliaba las etapas del desarrollo infantil de Freud,
incorporando la adolescencia, la adultez y la vejez.
Sugirió que en cada etapa se produce una lucha psicosocial específica que contribuye a la formación de la
personalidad. De la adolescencia en adelante, esta lucha se manifiesta en forma de crisis de identidad, un
momento crucial en la vida de una persona que puede fortalecer o debilitar la personalidad.
Aunque usó la teoría freudiana como base de su enfoque de los ciclos de vida de la personalidad, Erikson
difería de Freud en muchos aspectos. Además de ampliar las etapas psicosexuales más allá de la infancia,
Erikson dio más importancia a las influencias sociales e históricas.
Biografía de Erik Erikson
Nacido el 15 de junio de 1902 en el sur de Alemania, Erikson creció con su madre y su padrastro, pero nunca
supo con certeza la verdadera identidad de su padre biológico. Se fue de casa al fi nal de la adolescencia, para
llevar una vida de artista y poeta errante.
Fue maestro en una escuela en Viena. Una de las fundadoras de la escuela fue Anna Freud, que además de ser
la empleadora de Erikson, sería también su psicoanalista.
La búsqueda de identidad de Erikson lo obligó a enfrentarse a experiencias difíciles en la madurez (Friedman,
1999). Según él, en esta etapa de la vida, el individuo debe ocuparse de los hijos, productos e ideas que él
mismo ha creado.
Al carecer de estudios universitarios, no tenía una identidad profesional específi ca y se le conocía por sus
facetas de artista, psicólogo, psicoanalista, médico, profesor de universidad, antropólogo cultural,
existencialista, psicobiógrafo e intelectual.
Durante el periodo en California, Erikson desarrolló su teoría de la personalidad, independiente, pero no
incompatible con la de Freud. En 1950, Erikson publicó Infancia y sociedad.
En 1949, los dirigentes de la Universidad de California exigieron al profesorado que fi rmara un juramento de
lealtad a Estados Unidos. Erikson no era comunista, pero por una cuestión de principios se negó a fi rmar el
juramento.
En 1960 volvió a Harvard y, durante los siguientes diez años ocupó la cátedra de desarrollo humano. Después
de jubilarse, Erikson prosiguió su actividad profesional, escribiendo, dando conferencias y tratando a unos
pocos pacientes.
Las obras más conocidas de Erikson son Infancia y sociedad (1950, 1963, 1985); El joven Lutero (1958);
Identidad, juventud y crisis (1968); La verdad de Gandhi (1969), un libro que ganó el Pulitzer Prize y el
National Book Award; Dimensiones de una nueva identidad (1974); Historia de la vida y el momento
histórico (1975); Identidad y ciclo de vida (1980); y El ciclo vital completado (1982). Stephen Schlein reunió
muchos de sus artículos en Una manera de ver las cosas (Erikson, 1987).
El ideal del yo representa la imagen que tenemos de nosotros mismos en comparación con un ideal
establecido; es la causa de que estemos satisfechos o insatisfechos,
La identidad del yo es la imagen que tenemos de nosotros mismos en los diversos roles sociales que
desempeñamos.
La influencia de la sociedad
Aunque las capacidades innatas son importantes para el desarrollo de la personalidad, el yo surge, y es
determinado, en gran medida por la sociedad. Erikson concede a los factores sociales e históricos contrasta
con la perspectiva claramente biológica de Freud, para Erikson, nuestro yo existe como potencial cuando
nacemos, pero debe desarrollarse dentro de un entorno cultural.
Las distintas sociedades, con sus variaciones en el modo de educar a los niños, tienden a formar
personalidades que se adecuan a las necesidades y a los valores de su cultura.
Constató que el amamantamiento prolongado y permisivo de los niños en la cultura sioux (a veces hasta los
cuatro o cinco años) provocaba lo que Freud llamaría personalidades “orales”, es decir, personas que obtienen
un gran placer con las funciones de la boca.
Los sioux conceden un gran valor a la generosidad, y Erikson afirmaba que el sosiego que se deriva de una
alimentación prolongada con el pecho materno sienta las bases para esta virtud. , los padres sioux reprimen
pronto el instinto de morder, una práctica que puede contribuir a la fortaleza del niño. Por otra parte, la cultura
yurok impone normas estrictas para la eliminación de la orina y las heces, prácticas que tienden a fomentar el
carácter anal, caracterizado por una pulcritud compulsiva, obstinación y mezquindad.
En las sociedades occidentales, los caracteres oral y anal se suelen considerar rasgos no deseados o síntomas
neuróticos. Erikson (1963), sin embargo, sostenía que el carácter oral en los cazadores sioux y el carácter anal
en los pescadores yurok son rasgos de adaptación útiles tanto para el individuo como para la cultura, y el
hecho de que en la cultura occidental estos caracteres se consideren conductas desviadas es una muestra de su
propia visión etnocéntrica de otras sociedades.
Erikson (1968, 1974) han desarrollado lo que él denominó una pseudospecie, es decir, una ilusión creada y
perpetuada por una sociedad concreta que, de alguna manera, ha sido elegida para ser la especie humana.
En siglos los niños gatean antes de caminar, caminan antes de correr y corren antes de saltar. Una de las
principales contribuciones de Erikson a la teoría de la personalidad fue su ampliación de las etapas del
desarrollo de Freud para incluir la edad escolar, la juventud, la adultez y la vejez.
Principio epigenético
Erikson afirmaba que el yo se va desarrollando en las diversas etapas de la vida según un principio
epigenético, término que tomó prestado de la embriología. El desarrollo epigenético implica un crecimiento
paso a paso de los órganos fetales.
Al principio, el embrión no es simplemente una persona pequeña completamente formada que solo tiene que
crecer, sino que se va desarrollando a un ritmo preestablecido y según una secuencia fija.
De forma parecida, el yo sigue el camino del desarrollo epigenético y cada etapa tiene lugar en el momento
adecuado.
Cada etapa surge de y se construye sobre una etapa previa, pero no sustituye a la etapa anterior. Este
desarrollo epigenético es análogo al desarrollo físico de los niños, que gatean antes de andar, andan antes de
correr y corren antes de saltar.
Cuando los niños aún gatean, están desarrollando el potencial para caminar, correr y saltar; y cuando son lo
bastante maduros como para saltar, siguen conservando su capacidad para correr, andar y gatear.
Erikson (1968) describió el principio epigenético diciendo que “todo lo que crece tiene un plan de desarrollo,
las partes van apareciendo según este plan, y cada parte tiene su momento de supremacía, hasta que todas las
partes están presentes y forman un todo operativo”.
Etapas del desarrollo psicosocial.
En primer lugar, el crecimiento tiene lugar según el principio epigenético , es decir, cada componente surge a
partir de otro y tiene su momento de supremacía, pero no sustituye completamente a los componentes
anteriores.
En segundo lugar, en cada etapa de la vida se produce una interacción entre contrarios, es decir, un conflicto
entre un elemento sintónico (concordante) y un elemento distónico (discordante). La etapa de lactancia, la
confi anza básica (una tendencia sintónica) se opone a la desconfianza básica (una tendencia distónica ), tanto
la confi anza como la desconfi anza, sin embargo, son necesarias para la adecuada adaptación.
En tercer lugar, el confl icto entre los elementos distónicos y sintónicos produce en cada etapa una cualidad o
virtud del yo, que Erikson denominó fuerza básica.
En cuarto lugar, cuando en una etapa determinada una fuerza básica es demasiado débil, se produce una
patología básica.
En quinto lugar, aunque Erikson las llamó etapas del desarrollo psicosocial , nunca perdió de vista el aspecto
biológico del desarrollo humano .
En quinto lugar, aunque Erikson las llamó etapas del desarrollo psicosocial , nunca perdió de vista el aspecto
biológico del desarrollo humano .
En sexto lugar, los hechos que se producen en etapas anteriores no originan el desarrollo posterior de la
personalidad. La identidad del yo está formada por una gran diversidad de confl ictos y eventos, pasados,
presentes y futuros.
En séptimo lugar, durante cada etapa, pero sobre todo a partir de la adolescencia, el desarrollo de la
personalidad se caracteriza por una crisis de identidad, Erikson (1968) llamó “un momento decisivo , un
periodo crucial de mayor vulnerabilidad y mayor potencial ”
Las ocho etapas del desarrollo psicosocial de Erikson se muestran en la fi gura 8.2. Las palabras mayúsculas y
en negrita son las cualidades del yo o fuerzas básicas que surgen de los conflictos o crisis psicosociales que
tipifican a cada periodo. La palabra “versus” entre dos elementos sintónicos y distónicos expresa una relación
no solo antitética sino también complementaria.
Lactancia
La primera etapa psicosocial es la lactancia, un periodo que abarca aproximadamente el primer año de vida y
coincide con la etapa del desarrollo oral de Freud.
Erikson adopta un enfoque más amplio que Freud, cuya fase oral se centraba casi exclusivamente en la boca.
Para Erikson (1963, 1989), la lactancia es un periodo de incorporación, en el que los niños “absorben” no solo
por la boca, sino también por los diversos órganos sensoriales, así, por ejemplo, los bebés absorben estímulos
visuales.
Cuando asimilan el alimento y la información sensorial, los pequeños aprenden a confiar o desconfiar del
mundo exterior, lo que les permite adquirir la fuerza básica de la esperanza realista.
La etapa de lactancia, por tanto, se caracteriza por el modo psicosexual oral-sensorial, la crisis psicosocial de
la confianza básica frente a la desconfianza básica, y la fuerza básica de la esperanza.
Modo oral-sensorial
La visión ampliada de la etapa de lactancia de Erikson se expresa en el término oral-sensorial, como modo de
adaptación psicosexual principal de los bebés.
Esta etapa se caracteriza por dos modos de incorporación: recepción y aceptación de lo que se les ofrece.
Los bebés pueden recibir incluso en ausencia de otras personas, es decir, pueden tomar aire en los pulmones y
asimilar datos sensoriales sin necesidad de usar a los demás. El segundo modo de incorporación, en cambio,
precisa de un contexto social. Los bebés no solo deben recibir, sino que deben tener también a alguien más
que les dé algo. Lo que genera la crisis psicosocial básica de la etapa de lactancia, que enfrenta a la confianza
básica y la desconfianza básica.
Confianza básica versus desconfianza básica.
Las relaciones interpersonales más importantes de los lactantes son las que mantienen con su cuidador
principal, por lo general la madre. Si perciben que su madre les proporciona alimento periódicamente,
empezarán a adquirir confianza básica; si no encuentran una correspondencia entre sus necesidades orales-
sensoriales y su entorno, desarrollarán la fuerza opuesta, la desconfianza básica.
La confianza básica suele ser sintónica y la desconfianza básica distónica. Sin embargo, los bebés deben
aprender ambas actitudes. El exceso de confianza los hará crédulos y vulnerables a los avatares del mundo,
mientras que la falta de confianza les traerá frustración, hostilidad, cinismo o depresión. Tanto la confianza
como la desconfianza son experiencias inevitables en los bebés.
Erikson afi rmaba que una cierta dosis de confi anza y desconfi anza es fundamental para la capacidad de
adaptación de las personas: “cada vez que nos enfrentamos a una situación, debemos ser capaces de discernir
en qué medida podemos confi ar y en qué medida debemos desconfi ar, y hablo de desconfi anza en el sentido
de estar preparados para los posibles peligros y molestias” (Evans, 1967, p. 15).
Esperanza: la fuerza básica de la etapa de lactancia
La esperanza nace del conflicto entre la confianza básica y la desconfianza básica. Sin la relación antitética
entre la confianza y la desconfianza, las personas no pueden adquirir la esperanza. Los bebés deben conocer
tanto el hambre, el dolor y el malestar, como el alivio de estos estados molestos. Al tener experiencias tanto
dolorosas como agradables, aprenden a esperar que los momentos de angustia serán compensados con
resultados satisfactorios.
Si los bebés no adquieren la suficiente esperanza durante el primer año de vida, aprenderán la antítesis de la
esperanza, el retraimiento, que es la patología básica del periodo de lactancia.
Al tener pocos motivos para la esperanza, se retraerán del mundo exterior y desarrollarán trastornos
psicológicos graves.
Primera infancia
La segunda etapa psicosocial es la primera infancia, un periodo que coincide con la fase anal de Freud y
abarca aproximadamente el segundo y tercer año de vida. (Freud y Erikson. En el capítulo 2 explicamos
que, según Freud, la principal zona erógena en este periodo es el ano y que, al principio de la etapa
sádico-anal, los niños obtienen placer de la destrucción y pérdida de objetos; pero, más adelante, lo que les
produce satisfacción es el acto de defecar.)
Según él, los niños pequeños encuentran placer no solo en el control de esfínteres sino también en el control
de otras funciones corporales como orinar, andar, lanzar y agarrar objetos, etc. los niños desarrollan un
sentido del control de su entorno interpersonal y un cierto grado de autocontrol.
Durante la primera infancia los niños también conocen las experiencias de la duda y la vergüenza, al
comprobar que muchos de sus esfuerzos por ser autónomos resultan infructuosos.
Modo anal-uretral-muscular
Durante el segundo año de vida, la principal adaptación psicosexual de los niños es el modo anal-uretral-
muscular. En este periodo, los niños aprenden a controlar su cuerpo, sobre todo en relación con el aseo y la
movilidad.
Es algo más que un periodo en el que los niños aprenden a controlar esfínteres, es también la etapa en que se
aprende a andar, a correr, a abrazar a los padres y a agarrar juguetes y otros objetos.
Con cada una de estas actividades los niños pequeños pueden mostrar conductas rebeldes, como retener las
heces o eliminarlas a su antojo, acercarse a su madre o rechazarla repentinamente, divertirse acaparando
objetos o destruyéndolos de manera implacable.
La primera infancia es un periodo de contradicciones, un periodo de rebelión pertinaz y sumisión dócil , un
periodo de autoexpresión impulsiva y desviación compulsiva , de cooperación afectuosa y resistencia
insufrible.
Autonomía versus vergüenza y duda.
Si la primera infancia es un periodo de autoexpresión y autonomía, también es un periodo de vergüenza y
duda. Si los niños expresan de manera persistente su modo anal-uretral muscular, es probable que choquen
con una cultura que intenta inhibir parte de su autoexpresión.
Los padres podrían avergonzar a sus hijos por manchar la ropa interior o ensuciarse mientras comen y
también podrían inculcarles la duda si desconfían de la capacidad de sus hijos para cumplir sus normas. El
conflicto entre autonomía, por una parte, y vergüenza y duda, por otra, se convierte en la crisis psicosocial
más importante de la primera infancia.
En condiciones ideales, los niños deberían alcanzar un equilibrio entre autonomía y vergüenza o duda, y este
equilibrio debería favorecer a la autonomía, que es la cualidad sintónica de la primera infancia. Según los
diagramas epigenéticos de Erikson, la autonomía nace de la confianza básica, y si esta se establece en la etapa
de lactancia, los niños aprenden a confiar en sí mismos y su mundo permanece intacto aunque sufran una
crisis psicosocial leve.
En cambio, si los niños no adquieren confianza básica durante la etapa de lactancia, serán afrontados con una
fuerte sensación de vergüenza y duda, lo que generará una crisis psicosocial grave. La vergüenza es la
sensación autoconsciente de que nos están observando y poniendo en evidencia. La duda es la sensación de
falta de certeza, de que algo permanece oculto y no se puede ver.
Voluntad: la fuerza básica de la primera infancia.
La fuerza básica de la voluntad surge de la resolución de la crisis entre la autonomía y la vergüenza y la duda,
es el principio de la libertad de elección y la fuerza de voluntad.
Todo aquel que haya tenido trato con niños de dos años sabe que son muy testarudos. El control de esfínteres
suele ser la personificación del conflicto de voluntades entre el adulto y el niño, pero la expresión de la
obstinación no se limita a este aspecto.
Los niños adquieren voluntad solo cuando su entorno les permite una cierta autoexpresión en el control de
esfínteres y otros músculos. Una voluntad insuficiente se expresa en forma de compulsión, la patología básica
de la primera infancia. La falta de voluntad y el exceso de tendencias compulsivas se manifiestan en la edad
del juego en forma de falta de determinación y, en la edad escolar, en forma de falta de seguridad.
Edad del juego
La tercera etapa del desarrollo de Erikson es la edad del juego, un periodo que coincide con la fase fálica de
Freud, entre los tres y cinco años de edad aproximadamente. Mientras el primero situó el complejo de Edipo
en el centro de la etapa fálica, Erikson afirmaba que el complejo de Edipo es solo uno de los muchos procesos
que tienen lugar durante la edad del juego. Erikson (1968) sostenía que, además de identificarse con sus
padres, los niños en edad preescolar desarrollan la locomoción, el lenguaje, la curiosidad, la imaginación y la
capacidad para establecer objetivos.
Modo genital-locomotor
El modo psicosexual principal durante la edad del juego es el genital-locomotor. Para Erikson (1982) la
situación edípica es un prototipo de “el poder de representación de los humanos, que se prolonga durante toda
la vida” (p. 77). En otras palabras, el complejo de Edipo es un drama interpretado en la imaginación del niño e
incluye la comprensión rudimentaria de conceptos tan básicos como la reproducción, el crecimiento, el futuro
y la muerte.
Iniciativa versus culpa
Cuando los niños empiezan a moverse con más facilidad y energía y se despierta su interés genital, adoptan
una actitud impertinente y directa hacia el mundo. La consecuencia de esta represión es el sentimiento de
culpa. El conflicto entre la iniciativa y la culpa genera la crisis psicosocial dominante de la edad del juego.
La iniciativa desenfrenada, sin embargo, podría generar caos y ausencia de principios morales. Por otro lado,
si la culpa es el elemento predominante, los niños podrían ser excesivamente moralizadores o estar demasiado
reprimidos. La inhibición, que se opone a la finalidad, constituye la patología básica de la edad del juego.
Finalidad: la fuerza básica de la edad del juego.
El conflicto entre la iniciativa y la culpa genera la fuerza básica de la finalidad. Ahora los niños juegan con un
objetivo, compitiendo en los juegos para ganar o para ser los mejores. Sus intereses genitales tienen una
orientación, y el objeto de sus deseos sexuales es la madre o el padre. Establecen objetivos y los persiguen
con determinación. La edad del juego es también la etapa en la que los niños están desarrollando la conciencia
y empiezan a catalogar su conducta con calificativos como bueno y malo.
Edad escolar
El concepto de edad escolar de Erikson abarca desde los seis años hasta los doce o trece aproximadamente y
coincide con el periodo de latencia de la teoría de Freud. A esta edad el mundo social de los niños se va
ampliando más allá de la familia para incluir a los compañeros, profesores y otros modelos de adultos.
El nombre de esta etapa, edad escolar, no implica que durante ella los niños tengan que recibir enseñanza
reglada ya que, aunque en las culturas alfabetizadas actuales, las escuelas y los maestros profesionales
desempeñan un papel fundamental en la enseñanza de los niños, en las sociedades no alfabetizadas, los
adultos usan métodos menos normalizados pero también eficaces para enseñar a los niños las costumbres de
la sociedad.
Latencia
Erikson coincidía con Freud en que la edad escolar es un periodo de latencia psicosexual.
Latencia Erikson coincidía con Freud en que la edad escolar es un periodo de latencia psicosexual. Esta
autoimagen es el origen de la identidad del yo, el sentido del sí mismo que se desarrolla en la adolescencia.
Laboriosidad versus inferioridad
Si durante la edad escolar el desarrollo sexual es mínimo, el crecimiento social es inmenso. La laboriosidad,
una cualidad sintónica, significa esmero, la voluntad de trabajar y acabar el trabajo. Los niños en edad escolar
aprenden a trabajar y a jugar para adquirir destrezas profesionales y a aprender las reglas de la cooperación, ,
pero si su trabajo resulta insuficiente para lograr sus objetivos, adquieren una sensación de inferioridad , la
cualidad distónica de la edad escolar.
Competencia: la fuerza básica de la edad escolar.
A partir del conflicto entre laboriosidad e inferioridad, los niños en edad escolar desarrollan la fuerza básica
de la competencia, es decir, la seguridad para emplear las habilidades físicas y cognitivas para la resolución
de los problemas propios de esta edad. La competencia sienta las bases de la “participación cooperativa en la
vida adulta productiva” (Erikson, 1968, p. 126).
Adolescencia
La adolescencia, el periodo que abarca desde la pubertad hasta la adultez joven, este periodo, el individuo
debe adquirir un fuerte sentido de identidad del yo. Aunque este desarrollo de identidad no empieza ni acaba
en la adolescencia, el conflicto entre la identidad y la confusión de identidad, este periodo, el individuo debe
adquirir un fuerte sentido de identidad del yo. Aunque este desarrollo de identidad no empieza ni acaba en la
adolescencia, el conflicto entre la identidad y la confusión de identidad.
Pubertad
La pubertad, que se define como madurez genital, desempeña un papel relativamente secundario en el
concepto de adolescencia de Erikson.
Identidad versus confusión de identidad
La búsqueda de la identidad del yo alcanza un máximo durante la adolescencia, cuando los jóvenes se
esfuerzan por saber quiénes son. Con la llegada de la pubertad, los adolescentes buscan nuevos roles que les
ayuden a descubrir su identidad sexual, ideológica y profesional.
La búsqueda de identidad de la adolescencia tardía incluye el descubrimiento de la identidad sexual.
La identidad se define de manera tanto positiva como negativa, pues los adolescentes deciden lo que quieren
ser y aquello en lo que creen, al tiempo que descubren lo que no quieren ser y aquello en lo que no creen.
La confusión de identidad es un conjunto de problemas que incluye una autoimagen dividida, incapacidad
para crear intimidad, sensación de urgencia, falta de concentración en las tareas que la requieren y rechazo de
las normas de la familia o la comunidad.
Fidelidad: la fuerza básica de la adolescencia
La fuerza básica que surge de la crisis de identidad de la adolescencia es la fidelidad, que se define como
confianza en nuestra ideología. La confianza adquirida en la etapa de lactancia es fundamental para la
fidelidad en la adolescencia. Los jóvenes deben aprender a confiar en los demás antes de poder confiar en su
propia idea del futuro. El homólogo patológico de la fidelidad es el rechazo del rol, la patología básica de la
adolescencia que bloquea la capacidad para integrar diversos valores y autoimágenes en una identidad
factible. El rechazo de rol puede presentarse en forma de reserva o de desafío (Erikson, 1982). La reserva es
una falta de confianza o seguridad en uno mismo extrema y se manifiesta en forma de timidez o indecisión a
la hora de expresarse.
Adultez joven
Después de alcanzar un sentido de la identidad en la adolescencia, las personas deben adquirir la capacidad de
fusionar esa identidad con la identidad de otra persona, pero manteniendo su individualidad. La adultez joven,
que abarca desde los diecinueve hasta los treinta años aproximadamente, está limitada no tanto por el tiempo
como por el logro de la intimidad al principio de la etapa y el desarrollo de la generatividad al final.
Genitalidad
Gran parte de la actividad sexual durante la adolescencia es una expresión de la búsqueda de identidad y
pretende, ante todo, satisfacer el interés propio. La verdadera genitalidad solo se puede desarrollar durante la
adultez joven, cuando se distingue por la presencia de confianza mutua y un intercambio estable de
satisfacciones sexuales con la persona amada.
Intimidad versus aislamiento
La adultez joven se caracteriza por el conflicto psicosocial entre la intimidad y el aislamiento. La intimidad es
la capacidad de fusionar nuestra identidad con la de otra persona, sin miedo a perderla y, como solo se puede
lograr después de formar un yo estable, las relaciones esporádicas frecuentes en los jóvenes adolescentes no
se pueden considerar intimidad.
En cambio, la intimidad madura significa capacidad y voluntad de compartir una confianza mutua. Conlleva
sacrificio, acuerdo mutuo y compromiso dentro de una relación de igual a igual.
El homólogo psicosocial de la intimidad es el aislamiento, que se define como “la incapacidad para arriesgar
la propia identidad mediante una intimidad verdadera” (Erikson, 1968, p. 137).
De nuevo, un cierto grado de aislamiento es fundamental para alcanzar el amor maduro. Una unión excesiva
podría limitar el sentido de identidad del yo y provocar una regresión psicosocial y una incapacidad para
hacer frente a la siguiente etapa del desarrollo.
Amor: la fuerza básica de la adultez joven
El amor, la fuerza básica de la adultez joven, surge del conflicto entre intimidad y aislamiento. Erikson (1968,
1982) definió el amor como un afecto maduro que prevalece por encima de las diferencias básicas entre el
hombre y la mujer.
El amor maduro significa compromiso, pasión sexual, cooperación, competencia y amistad. La fuerza opuesta
al amor es la exclusividad, la patología básica de la adultez joven. Una cierta exclusividad, sin embargo, es
necesaria para la intimidad; es decir, el individuo debe ser capaz de prescindir de ciertas personas, actividades
e ideas para poder desarrollar un sentido de la identidad sólido.
Adultez
La séptima etapa del desarrollo es la adultez, el periodo en el que las personas empiezan a ocupar su lugar en
la sociedad y asumen la responsabilidad que ello conlleva. Para la mayoría de los individuos, esta es la etapa
del desarrollo más larga, que abarca desde los 31 hasta los 60 años de edad. Se caracteriza por el modo
psicosexual de la procreatividad, el conflicto psicosocial entre la generatividad y el estancamiento, y la fuerza
básica resultante del cuidado.
Procreatividad
La teoría psicosexual de Erikson supone la existencia de un impulso instintivo orientado a la perpetuación de
la especie, la procreatividad hace referencia a un contacto más que genital con una pareja, conlleva asumir la
responsabilidad del cuidado de los hijos fruto de ese contacto sexual.
La madurez exige algo más que la procreación: conlleva el cuidado de nuestros hijos y también el de los hijos
de los demás, así como trabajar de manera productiva para transmitir la cultura de una generación a la
siguiente.
Generatividad versus estancamiento.
La cualidad sintónica de la adultez es la generatividad , que se define como “la creación de nuevos seres,
nuevos productos y nuevas ideas” (Erikson, 1982, p. 67). La generatividad, que está relacionada con la
creación y orientación de una nueva generación, engloba la procreación, la producción de trabajo y la
creación de productos e ideas que contribuyan a la construcción de un mundo mejor. La generatividad surge
de cualidades sintónicas previas como la intimidad y la identidad, la intimidad requiere de la capacidad para
fusionar nuestro propio yo con el de otra persona, sin miedo a perderlo. Esta unión de identidades conduce a
un aumento gradual de nuestros intereses por lo que, durante la adultez, la intimidad entre dos personas ya no
es suficiente y ahora nos interesamos por los demás, sobre todo por los niños.
La antítesis de la generatividad son el ensimismamiento y el estancamiento. El ciclo generacional de
productividad y creatividad queda paralizado cuando las personas están demasiado absortas en sí mismas y
caen en la autocompasión, ya que esta actitud alimenta un estancamiento omnipresente.
Cuidado: la fuerza básica de la adultez
Erikson (1982) definió el cuidado como “un compromiso creciente de atender a las personas, los productos y
las ideas que hemos aprendido a querer” (p. 67). Como fuerza básica de la adultez, el cuidado surge de todas
las fuerzas básicas anteriores. La fuerza opuesta al cuidado es el rechazo, la patología básica de la adultez. El
rechazo es la falta de disponibilidad para cuidar a ciertas personas o grupos (Erikson, 1982) y se manifiesta en
forma de egoísmo, provincianismo, o elitismo , es decir, la idea de que otros grupos de personas son inferiores
al nuestro.
Vejez
La octava y última etapa del desarrollo es la vejez. Erikson tenía poco más de 40 años cuando conceptualizó
por primera vez esta etapa y la definió de manera arbitraria como el periodo que abarca aproximadamente
desde los 60 años de edad hasta el final de la vida. Cuando las personas llegan a esta etapa no dejan
necesariamente de ser productivas ya que, aunque la procreación en su sentido más estricto ya no está
presente, las personas mayores pueden seguir siendo creativas y útiles de otros modos.
El modo psicosexual de la vejez es la sensualidad generalizada; el conflicto psicosocial de este periodo
enfrenta a la integridad con la desesperación y la fuerza básica es la sabiduría.
Sensualidad generalizada
La última etapa psicosexual es la sensualidad generalizada. Erikson no profundizó mucho sobre este modo de
vida psicosexual, pero se puede inferir que significa disfrutar de diversas sensaciones físicas: sonidos,
sabores, olores, abrazos y quizás también estimulación genital. La sensualidad generalizada también puede
implicar un mayor reconocimiento del estilo de vida propio del sexo opuesto. La actitud de sensualidad
generalizada, sin embargo, depende de la capacidad del individuo para mantener el equilibrio, es decir,
conservar la integridad frente a la desesperación.
Integridad versus desesperación
La última crisis de identidad de las personas enfrenta a la integridad con la desesperación, La integridad
conlleva un sentimiento de unidad y coherencia, una capacidad para mantener el sentido del sí mismo a pesar
de la pérdida paulatina de fuerza física e intelectual.
La integridad del yo resulta difícil de mantener cuando las personas perciben que están perdiendo elementos
familiares en su vida, por ejemplo, la pareja, amigos, la salud física, la fuerza corporal, la agilidad mental, la
independencia y la utilidad social.
Desesperación significa, literalmente, ausencia de esperanza. Si volvemos a la fi gura 8.2, veremos que este
sentimiento, la última cualidad distónica del ciclo de vida, está en el extremo opuesto a la esperanza, la
primera fuerza básica de las personas.
Sabiduría: la fuerza básica de la vejez
Una cierta dosis de desesperación es natural y necesaria para la madurez psicológica. La inevitable lucha entre
integridad y desesperación genera la sabiduría, la fuerza básica de la vejez. Erikson (1982) la definió como un
“interés sólido y objetivo por la vida frente a la muerte” (p. 61). El interés objetivo no significa falta de
interés, sino más bien una preocupación activa pero desapasionada. Con la sabiduría madura es posible
mantener la integridad pese a la disminución de las capacidades físicas y mentales.
La antítesis de la sabiduría y la patología básica de la vejez es el desprecio, que Erikson (1982, p. 61) definió
como “una reacción ante el hecho de sentirse (y percibirlo en otras personas) en un estado de declive,
confusión e impotencia cada vez mayor”.
Resumen del ciclo de vida
El ciclo de vida de Erikson está resumido en la tabla 8.1. Cada una de las ocho etapas se caracteriza por un
modo psicosexual y una crisis psicosocial.
Psicohistoria
La disciplina denominada psicohistoria es un campo controvertido que combina conceptos psicoanalíticos con
métodos históricos. Freud (1910/1957) creó la psicohistoria con un análisis sobre Leonardo da Vinci y más
adelante colaboró con el embajador de Estados Unidos, William Bullitt, en la escritura de un estudio
psicológico sobre el presidente estadounidense Woodrow Wilson (Freud y Bullitt, 1967).
Erikson (1974) definió la psicohistoria como “el estudio de la vida individual y colectiva con los métodos del
psicoanálisis y la historia” (p. 13) y la utilizó para demostrar su idea básica de que cada persona está influida
por el periodo histórico en el que vive y que estos periodos históricos, a su vez, están influidos por líderes
excepcionales que sufren su propio conflicto de identidad.
Erikson afirmó que, como psicohistoriador, tenía cierto grado de implicación emocional en los temas que
estudió. En el libro La verdad de Gandhi, Erikson (1969) afirmó que tenía sentimientos positivos hacia este
personaje histórico pues intentó responder cómo trabajan el conflicto y la crisis los individuos sanos como
Gandhi cuando otras personas se debilitan por una lucha menor.
Erikson lo vio como una oportunidad para resolver el conflicto con las figuras de autoridad, oportunidad que
Gandhi encontraría en otras muchas ocasiones a lo largo de su vida.
Investigación relacionada
Una de las principales contribuciones de Erikson fue prolongar el desarrollo de la personalidad hasta la etapa
adulta. El legado más influyente de Erikson ha sido su teoría del desarrollo y, en particular, las etapas desde la
adolescencia hasta la vejez. Fue uno de los primeros teóricos que destacó la importancia del periodo crucial
de la adolescencia y los conflictos que acompañan a la búsqueda de identidad. Erikson ha provocado una gran
cantidad de investigación empírica, principalmente sobre la adolescencia, la adultez joven y la adultez.
¿La identidad precede a la intimidad?
Los investigadores Wim Beyers e Inge Seiffge-Krenke (2010) se hicieron exactamente la misma pregunta,
como una forma de poner a prueba el principio epigenético de Erikson. Su estudio longitudinal puso a prueba
el supuesto de Erikson de este orden fi jo del desarrollo para llenar dos brechas en la literatura de
investigación: a) , solo se habían realizado estudios transversales y a corto plazo así que todavía no se había
podido obtener una conclusión respecto al desarrollo. b) diversos marcos de trabajo recientes sobre el
desarrollo en la adolescencia se han cuestionado si realmente la identidad precede a la intimidad, como
postula la teoría de Erikson.
El mismo Erik Erikson escribió alguna vez: “la condición para ser dos es que uno debe primero convertirse en
uno mismo” (1982, p. 101). Beyers y Sieffge-Krenke (2010) parecen haber demostrado la verdad de ese
enunciado bastante sucinto acerca de la personalidad saludable en la adultez temprana.
Generatividad contra estancamiento
Como todas las etapas, la adultez consiste en dos conflictos que interactúan: la generatividad y el
estancamiento. En general, Erikson consideraba que el estancamiento y la generatividad eran extremos
opuestos del mismo continuum. En otras palabras, una persona que es alta en generatividad tiende a ser baja
en estancamiento y viceversa. Pero recientemente los investigadores han comenzado a cuestionar qué tan
opuestos son realmente estos aspectos del desarrollo adulto, y los han explorado como si fueran constructos
en cierta forma independientes (Van Hiel, Mervielde y De Fruyt, 2006). . Esta situación se presentaría si la
persona realmente quiere ser generativa y entiende la importancia de serlo pero, por alguna razón, no puede
superar su propio autoinvolucramiento. Una forma de determinar la independencia de estos dos constructos es
medirlos por separado, y después medir diversos resultados. El estancamiento nunca ha sido medido en forma
separada de la generatividad, los investigadores tuvieron que crear una medida partiendo de cero.
Basándose en la descripción de estancamiento proporcionada por otros estudiosos (p. e. Bradley y Marcia,
1998), Van Hiel y colegas (2006) crearon un reporte de autoevaluación que contenía reactivos como “A
menudo mantengo distancia entre los niños y yo” y “Es difícil decir cuáles son mis metas”. Comparada con la
gente alta en generatividad pero baja en estancamiento, la gente que es alta en ambas dimensiones es menos
capaz de regular sus emociones y experimenta mayores dificultades con la intimidad. Se considera que ambas
cualidades son componentes de una personalidad mal adaptada.
Crítica a la teoría de Erikson
Erikson construyó su teoría basándose, sobre todo, en principios éticos y no necesaria mente en datos
científicos. En una ocasión escribió que no tenía nada que ofrecer salvo “un modo de ver las cosas” (Erikson,
1963, p. 403). Hay que admitir que sus libros son subjetivos y personales, lo que sin duda los hace más
atractivos.
El primer criterio de utilidad de una teoría es su capacidad para generar investigación. En este aspecto, la
teoría de Erikson obtiene una puntuación ligeramente superior a la media.