Las causas y consecuencias
del cambio climático
“Las actividades humanas (principalmente la quema de
combustibles fósiles) han aumentado de manera
fundamental la concentración de gases de efecto
invernadero en la atmósfera de la Tierra, calentando el
planeta. Sin la intervención humana, los factores naturales
conducirían a nuestro planeta a un período de
enfriamiento.”
El origen
Los científicos atribuyen la tendencia al calentamiento global observada
desde mediados del siglo XX a la extensión humana del “efecto invernadero”,
el calentamiento que se produce cuando la atmósfera atrapa el calor que se
irradia desde la Tierra hacia el espacio.
Ciertos gases en la atmósfera bloquean el calor y no permiten que escape.
Los gases de larga vida que se quedan de manera semi-permanente en la
atmósfera y no responden física o químicamente a los cambios en la
temperatura se describen como “forzantes” del cambio climático. Gases
como el vapor de agua, que responden física o químicamente a los cambios
en la temperatura, son considerados “retroalimentadores”.
El papel de la actividad humana
En su Quinto Informe de Evaluación, el Grupo Intergubernamental de
Expertos sobre el Cambio Climático, un grupo de 1.300 expertos científicos
independientes de todo el mundo, bajo el auspicio de las Naciones Unidas,
concluyó que existe una probabilidad mayor que el 95% de que en los
últimos 50 años las actividades humanas hayan calentado nuestro planeta.
En los últimos 150 años, las actividades industriales de las que depende
nuestra civilización moderna han causado el aumento de los niveles de
dióxido de carbono en la atmósfera de 280 a 400 partes por millón. El grupo
también concluyó que existe una probabilidad superior al 95% de que los
gases de efecto invernadero emitidos por los seres humanos, como el
dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, hayan causado la mayoría
del aumento observado en las temperaturas de la Tierra durante los últimos
50 años.
Radiación solar
Es razonable suponer que los cambios en la producción de energía del Sol
causarían el cambio climático, ya que el Sol es la fuente de energía
fundamental que rige nuestro sistema climático.
De hecho, los estudios muestran que la variabilidad solar ha desempeñado
un papel importante en cambios climáticos pasados. Por ejemplo, se cree
que una disminución en la actividad solar, junto con un aumento en la
actividad volcánica, ayudó a desencadenar la Pequeña Edad de Hielo, que
tuvo lugar aproximadamente entre 1650 y 1850, cuando Groenlandia se
enfrió desde 1410 hasta la década de 1720 y los glaciares avanzaron en los
Alpes.
Pero varias líneas de evidencia muestran que el calentamiento global actual
no se puede explicar mediante los cambios en la energía del Sol:
● Desde 1750, la cantidad promedio de energía procedente del Sol se
mantuvo constante o se incrementó levemente.
● Si el calentamiento fuera causado por una mayor actividad del Sol,
entonces los científicos esperarían ver temperaturas más calientes en
todas las capas de la atmósfera. Sin embargo, han observado un
enfriamiento en la parte superior de la atmósfera y un calentamiento
en la superficie y en partes más bajas de esta capa. Esto se debe a que
los gases del efecto invernadero están atrapando calor en la parte más
baja de la atmósfera.
● Los modelos del clima que incluyen cambios en la radiación solar no
pueden reproducir la tendencia de temperatura observada durante el
último siglo o más sin incluir un aumento de los gases de efecto
invernadero.
Las consecuencias del cambio climático
Respecto a los niveles preindustriales, la temperatura media del planeta
aumentó 0,98° centígrados y la tendencia observada desde el año 2.000
hasta hoy prevé que, si no se pone remedio, podría llegar a un +1,5° más
antes del 2030. El impacto del calentamiento global ya es evidente: el hielo
marino ártico disminuyó de media un 12,85% por década, mientras que los
registros de las mareas costeras muestran un aumento del nivel del mar de
3,3 milímetros por año desde 1870. La década 2009-2019 fue la más calurosa
nunca registrada y 2020 el segundo año más caluroso de la historia,
ligeramente por debajo del límite máximo establecido en 2016.
Las temporadas de incendios se han vuelto más largas e intensas, como
sucedió en Australia en 2019 y de 1990 a hoy cada año han aumentado los
eventos meteorológicos extremos, como ciclones e inundaciones, que
también ocurren en épocas del año atípicas con respecto al pasado y que
son cada vez más arrolladores. Fenómenos como El Niño se han vuelto más
irregulares y han determinado temibles sequías en zonas ya amenazadas por
la aridez crónica, como el este de África, mientras que la Corriente del Golfo
se está ralentizando y podría cambiar de rumbo. Las especies vegetales y
animales se desplazan de forma imprevisible de un ecosistema al otro,
acarreando daños incalculables a la biodiversidad de todo el mundo.
Definir todo ello con el término cambio climático es correcto, pero no lo
explica de forma suficientemente clara. Tenemos que empezar a hablar de
crisis climática porque el clima siempre ha cambiado, pero no tan rápido ni
con infraestructuras rígidas y complejas como las ciudades y el sistema
productivo a los que los países más industrializados están acostumbrados.
Los acuerdos internacionales
¿Qué es lo que hay que hacer para remediar la situación? En diciembre de
2015, a raíz de la Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco
de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCC, por sus siglas en
inglés) se firmó el esperado Acuerdo de París sobre el cambio climático, que
presenta un cuadro fiable para alcanzar la descarbonización, con objetivos a
largo plazo para luchar contra el cambio climático y una estructura flexible
basada en los aportes de los gobiernos.
Los gobiernos firmantes se comprometieron en limitar el aumento de la
temperatura por debajo de 2° centígrados respecto a los niveles
preindustriales, esforzándose por no sobrepasar el límite de 1,5°, para
alcanzar cuanto antes el pico de las emisiones y llegar a la neutralidad de
carbono en la segunda mitad del siglo. A pesar del éxito de la COP21, son
muchas las cuestiones que el acuerdo dejó abiertas. En 2018, la COP24 de
Katowice aprobó las normas de aplicación del Acuerdo de París (el llamado
"Paris Rulebook", Libro de las Reglas de París). En 2021, la COP26 de Glasgow
ratificó el compromiso de lograr para 2050 la llamada Carbon Neutrality a
nivel mundial.
El camino hacia la descarbonización está claro y se llama transición
energética: el cambio de un mix energético basado en los combustibles
fósiles a uno de bajas o cero emisiones de carbono, centrado en las fuentes
renovables. Las tecnologías para la descarbonización existen, son eficientes y
hace falta utilizarlas en todas las actividades. Y la electrificación del consumo
final representa un gran aporte para la descarbonización.
El objetivo es reemplazar en todos los sectores - desde las viviendas a los
transportes, incluyendo los de larga distancia, hasta la industria pesada - las
tecnologías basadas en combustibles fósiles por las que utilizan la
electricidad generada a partir de fuentes renovables y así obtener, no solo la
reducción de las emisiones de efecto invernadero sino también la
contaminación atmosférica, sobre todo en las ciudades.
Además, la ciencia ofrece datos ciertos, proyecciones de escenarios futuros
estudiados atentamente. El cambio del clima no espera y no se detiene.
Hace falta un cambio cultural fuerte, una auténtica modificación del
paradigma para traducir en realidad una idea en que ya coinciden todos.