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Dimensiones en la Orientación Profesional

Este artículo discute cuatro dimensiones clave que conforman las competencias para ejercer la profesión de orientación: la personalidad, la identidad profesional, la ética y las habilidades profesionales específicas. Estas dimensiones afectan el ejercicio exitoso y saludable de la orientación y deben considerarse en la formación académica de los orientadores. El artículo también analiza los diferentes tipos de motivaciones que pueden impulsar a alguien a estudiar orientación, ya sean motivaciones funcionales o disfuncionales, y cómo estas a
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Dimensiones en la Orientación Profesional

Este artículo discute cuatro dimensiones clave que conforman las competencias para ejercer la profesión de orientación: la personalidad, la identidad profesional, la ética y las habilidades profesionales específicas. Estas dimensiones afectan el ejercicio exitoso y saludable de la orientación y deben considerarse en la formación académica de los orientadores. El artículo también analiza los diferentes tipos de motivaciones que pueden impulsar a alguien a estudiar orientación, ya sean motivaciones funcionales o disfuncionales, y cómo estas a
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Dimensiones de la profesión de orientación: 

implicaciones para su
formación académica

Dimensions of professional counseling:  some career implications

Jorge Davy Vera


 
Facultad de Humanidades y Educación Universidad del Zulia
Maracaibo. gvera@[Link]

RESUMEN En este artículo se entiende que las competencias para el ejercicio


profesional de la Orientación son conformadas por varias dimensiones: Personalidad,
Identidad Profesional, Ética y Habilidades Profesionales Especificas, dimensiones que
inciden en el ejercicio profesional exitoso y saludable de la profesión de Orientación.
Tales dimensiones son discutidas en relación con sus implicaciones en la formación
académica de los profesionales de la Orientación.

Palabras clave: Orientación, personalidad, identidad profesional, ética, habilidades


profesionales especificas.

ABSTRACT In this article an analysis is made on the assumption that the competence
for the practicing of the counseling profession is comprised of at least four dimensions:
personality, professional identity, personal ethics, and specific professional abilities.
These dimensions determine the proper and successful practicing of the counseling
profession. Such dimensions are discussed as to their implications for the training of
educational counselors.

Key words: Counseling, personality, professional identity, personal ethics, specific


professional abilities.

I. INTRODUCCIÓN

El marco conceptual en el cual este artículo se desarrolla se inspira en la visión de la


profesión de Orientación operativamente definida como: Una disciplina proactiva,
centrada holísticamente en el proceso de asistir a las personas a aprender a utilizar sus
recursos personales y ambientales para enfrentar las diferentes situaciones del vivir y
para promocionar su desarrollo saludable en el marco de un contexto social particular.
Es un proceso interpersonal que involucra a un profesional de la Orientación
debidamente capacitado y con experiencia en el uso de los métodos, estrategias, y
técnicas profesionales que han sido validados para el trabajo con el individuo, familia,
grupos, organizaciones o aquellos segmentos de la comunidad que procuran asistencia.
Este proceso incluye el fortalecimiento del individuo para decidir factibles metas /
propósitos en cuanto a su persona y para identificar, desarrollar y usar los recursos
personales y ambientales para alcanzarlas (Hersherson, Power y Waldo, 1996).

Esta visión de la profesión de Orientación permite determinar que el


componente relaciones interpersonales caracteriza la naturaleza de la profesión. La
noción de interpersonal comunica la idea de que el encuentro orientador es un
encuentro significativamente humano y observable, mediante el cual una de las partes
trata de promover, sostener, e incentivar el desarrollo y crecimiento de la otra parte en el
manejo de aquellos asuntos personales que le concierne. Esta noción tiene implicaciones
fundamentales para el proceso de formación de los orientadores por cuanto el
componente interpersonal demanda al estudiante de Orientación la adquisición y
desarrollo de competencias intrínsecamente vinculadas a su persona, a su forma de ser y
expresarse y a su particular forma subjetiva de percibir el mundo y las relaciones
interpersonales que de ese mundo emergen. Por otro lado, el estudiante de Orientación
necesita también adquirir una serie de competencias personales, cognitivas,
emocionales, relacionales y de actuación que soporten la utilización experta de las
teorías, modelos, técnicas y estrategias que integran el repertorio para la acción
profesional de la Orientación en el trabajo con las personas y los grupos. De allí que las
dimensiones a discutir seguidamente se constituyen en una aproximación teórica de las
implicaciones y retos que tales exigencias presentan para los educadores y supervisores
de los orientadores en formación.

II. PRIMERA DIMENSIÓN: PERSONALIDAD

La personalidad de los orientadores es el componente vital en la efectividad de la


intervención en Orientación de cualquier tipo o modalidad (Gladding, 1996). Por lo
tanto, los profesores y supervisores que trabajan en la formación de los orientadores
necesitarán identificar aquellas características personales de los estudiantes que son
congruentes o no con las características de personalidad necesarias y deseables en los
profesionales de la Orientación. Al conocer conceptual y operativamente tales
características, el educador y el supervisor estarán en las mejores condiciones para
formar ese profesional. Cuando el foco de la formación incluye la dimensión
personalidad del estudiante y su correspondencia con las características de personalidad
esperada en los profesionales de la Orientación, se haría posible la educación y
promoción del desarrollo de una personalidad del estudiante cónsona con la práctica de
la Orientación. El incluir la persona del estudiante facilita a los educadores y a los
supervisores el diseño y desarrollo de los programas de los cursos del plan académico
así como la formulación de las respectivas experiencias prácticas que estimularán la
adquisición de una personalidad cónsona con la filosofía y la práctica de la Orientación
comúnmente aceptada. Partiendo de la visión de esta dimensión, los formadores de los
orientadores necesitan saber las razones y motivaciones que impulsan a los aspirantes a
formarse como orientadores.

Es un hecho validado empíricamente que los estudiantes de Orientación y de


profesiones afines, como la educación, psicología y el trabajo social, tienen razones y
motivaciones personales para desear convertirse en orientadores profesionales. De
acuerdo con la literatura, existen dos tipos de motivadores: Motivaciones
Disfuncionales y Motivaciones Funcionales. Estos motivadores fueron descritos por
Guy (1987) de la siguiente forma. Motivadores Disfuncionales: (a) Conflicto
emocional, se refiere a los individuos con situaciones personales no resueltas. (b)
Vivencia vicaria, se define como aquella experiencia del individuo que vive su vida a
través de otros individuos, en lugar de tener vida significante por sí mismo. (c) Soledad
y aislamiento, es característico de los individuos sin o con escasos amigos que pueden
buscar llenar sus necesidades emocionales y cognitivas a través de la relación de
Orientación con sus clientes. (d) Deseos de poder, puede también ser característico de
aquellos individuos que anhelan tener control sobre otras personas, esto puede ser
resultado de sus propios miedos y necesidades. (e) Necesidad de Amor, también puede
ser un fuerte motivante para aquellos individuos quienes experimentan sentimientos
narcisistas y de grandiosidad y quienes además pueden creer que todos los problemas
están resueltos por las expresiones de amor y ternura y (f) Rebelión Vicaria, se refiere a
los sentimientos de rabia no resueltos y la actuación de los pensamientos y sentimientos
de disgusto ante las conductas desafiantes de  sus clientes.

Estas características personales descritas no sólo afectan la capacidad del estudiante


para darse cuenta de sí mismo, sino que también comprometen su efectividad como
futuro orientador. Estas características aumentan la probabilidad de que los orientadores
potencialmente puedan dañar a los clientes y la imagen pública de la profesión. Estos
Motivadores Disfuncionales pueden interferir con el proceso de aprendizaje de la
profesión y el desarrollo de la personalidad del estudiante durante su formación como
orientador.

Con relación a los Motivadores Funcionales que pueden motivar a los individuos para


estudiar Orientación se tienen los siguientes: (a) Curiosidad, (b) Habilidad natural para
escuchar, (c) Confort con la conversación, (d) Empatía y comprensión, (e) Insight
Emocional, (f) Introspección, (g) Ego estable (h) Tolerancia a la intimidad, (i) Confort
con el uso del poder, y (j) la Habilidad para reír (Guy, 1987).

Los Motivadores Funcionales capacitan a los orientadores para la ejecución sana de una
serie de tareas como orientadores. Por ejemplo, los individuos que poseen curiosidad y
son inquisitivos suelen tener interés natural en el bien y el progreso de las personas en
sus circunstancias. Su habilidad de escuchar es estimulante para ellos y encuentran
confort en la conversación con otros. Los intercambios con las personas son agradables
y tienen como propósito promover la empatía y el entendimiento de la vida de sus
clientes. Ellos son capaces de ponerse en el lugar de la otra persona, aun cuando el
cliente sea de un género sexual diferente o de una cultura diferente. Ellos poseen el
insight emocional que les permite conocerse y conectarse con otros en el ámbito
emocional y son capaces de tratar con los sentimientos, yendo del enojo a la alegría con
flexibilidad.

Los Motivadores Funcionales ayudan también a los orientadores a ser profesionales


eficaces. Por cuanto ellos practican la introspección, ven y se sienten desde dentro. Ellos
también son capaces de posponer sus necesidades personales para escuchar las
necesidades de clientes, y son capaces de sostener cercanía emocional. La tolerancia a la
intimidad y proximidad del cliente no es un problema y no crea dolor personal o
dependencia. Ellos pueden aceptar el poder con un cierto grado de separación personal y
les es cómodo el uso del mismo. Los orientadores eficaces poseen la habilidad para
reírse y apreciar los avatares y sinsabores de la vida.

Los Motivadores Funcionales y Disfuncionales son útiles en el diseño de los planes


educativos de los orientadores. En el proceso de diseño de los programas de los cursos,
los profesores considerarían los motivadores que los estudiantes manifiestan.
Motivaciones que potencialmente inciden en el aprendizaje de la profesión de
Orientación. El educador de orientadores entonces incluiría actividades pedagógicas e
instruccionales dirigidas a: Fomentar la autoexploración del estudiante en forma
individual y grupal, la formulación de decisiones con respecto a los descubrimientos
obtenidos por la autoexploración y la toma de cursos de acción respectivos.
Los profesores y los supervisores pueden incitar la autopercepción y el trabajo
formativo con los motivadores a través de actividades especificas que coadyuven a
fomentar la manifestación de los motivadores. De manera que los Motivadores
Funcionales y Disfuncionales pueden usarse para: Fortalecer la adquisición de la
identidad profesional de orientador, Estimular la efectividad en el ejercicio de la
profesión y Promover el crecimiento personal de los estudiantes-supervisados. Este
trabajo formativo pudiera basarse en algunas estrategias pedagógicas, tales como:
Debate de ejemplos tomados de la realidad inmediata del estudiante, estudio y análisis
de casos en Orientación, ejercicios simulados de casos en Orientación y discusión en
pequeños grupos de experiencias personales que los estudiantes deseen compartir como
resultado de los aprendizajes que están obteniendo en la formación como orientadores.

Aparte de los motivadores personales señalados, existen otras características de


personalidad que también es importante considerar a la hora de planificar y diseñar los
cursos que forman orientadores. Por ejemplo, Gladding (1996) describió algunas
características personales que son asociadas con la práctica exitosa de la Orientación.
Estas características son (a) Estabilidad, (b) Armonía, (c) Constancia, y (d) Propósitos
personales. Estas características personales son consideradas como deseables y
necesarias en el orientador, por lo que es conveniente incluirlas como metas para el
estudiante durante su formación como orientador. Su inclusión puede reflejarse en los
programas de los cursos mediante la utilización de actividades pedagógicas que
conduzcan al estudiante a explorar y definir el posible significado de tales metas para sí
mismo como futuro orientador.

La formación de los profesionales de la Orientación y disciplinas afines centrada en la


persona del estudiante se constituye en uno de los ingredientes básicos para formar
orientadores profesionales competentes y personalmente congruentes con la práctica de
la Orientación. Autores como Rogers (1961), Carkhuff y Berenson (1967), Kottler
(1986), George y Cristiani (1995), Corey, Corey y Callahan (1993), Yalom (1995),
Long (1996) y Young (2001), parecen estar de acuerdo con la noción de que la
personalidad del Orientador es más importante que sus técnicas y los conocimientos en
virtud de que este conjunto de características personales es usado por el orientador
como instrumento para asistir en el desarrollo saludable de la vida de quienes atiende.
De manera que la inclusión de la personalidad de quien se educa para orientador en el
plan académico de formación de orientadores es no sólo importante, pero también
necesaria e indispensable. Como los orientadores son personas que están
comprometidas a ayudar a otros a ayudarse a sí mismos, tales orientadores necesitan
aprender a: ser culturalmente sensibles, adquirir capacidad para identificar sus propios
prejuicios y valores, a la vez que necesitan aprender a respetar el origen de sus clientes,
sus valores y forma personal de percibir y definir su vida y su mundo. La formación
centrada en la persona de quien se forma para orientador lo conducirá a ser un
profesional capaz de integrar el conocimiento científico y las habilidades profesionales
en su personalidad, por lo cual primero serían personas y entonces luego serían
profesionales, logrando así un equilibrio de competencia interpersonal y técnica
(Cormier y Cormier, 1985).

Otra ventaja de este enfoque de formación centrado en la persona de quien se educa, es


el desarrollo de una serie de tendencias personales necesarias para la práctica exitosa de
la orientación. Algunas de esas tendencias personales son las siguientes: Capacidad
Intelectual, se refiere al conocimiento sobre las teorías de la orientación, así como el
deseo y habilidad para aprender permanentemente. Energía, la habilidad para ser activo
en sus sesiones de trabajo con los individuos o los grupos y sostener la energía de los
mismos. Flexibilidad, poseer una constelación de conductas que puedan ser adaptables a
las necesidades de los clientes. Apoyo, ofrecer apoyo a sus clientes en la toma y
ejecución de decisiones, favoreciendo el cultivo de la esperanza. Buena voluntad,
desplegar el deseo de trabajar en nombre de sus clientes de una manera
constructiva. Conocimiento de sí mismo, saber cómo son ellos mismos individualmente
y profesionalmente, Experiencia cultural, relacionarse en forma adecuada y
respetuosamente con personas y poblaciones que difieren de ellos en términos de
cultura, educación, posición social, grupo étnico u origen nacional.

Los educadores y supervisores de los orientadores además de ellos mismos poseer las
tendencias de personalidad mencionadas, también necesitan ser expertos en reconocer
que existen otras constelaciones de características personales asociadas con la práctica
de la Orientación. Entre ellas se incluyen las siguientes: espontaneidad, madurez
emocional, paciencia, facilidad de establecer relaciones, amabilidad, sensibilidad,
creatividad, objetividad, empatía, y altruismo, entre otras. Entonces, para los procesos
involucrados en la educación y supervisión de Orientadores se tiene que el ejercicio
exitoso de la profesión de Orientación dependerá de una combinación entre exploración
personal y crecimiento con el dominio de conocimiento y habilidades de aquel que se
educa para orientador (Rickey y Cristiani, 1995). La profesión de Orientación demanda
tanto de la personalidad del orientador, como de sus supervisores y de los educadores de
los orientadores. Es por ello que los programas que forman orientadores y afines
necesitan estimular al estudiante en la tarea de adquirir la tendencia de autoexploración
y del darse cuenta de sus propios procesos y reacciones, así como apoyarlos en su
jornada académica.

Finalicemos esta discusión de la dimensión Personalidad comentando la postura de


Rogers y Sullivan (citados por Yalom, 1995) en torno a la efectividad en Orientación.
Estos autores sostienen que la efectividad de todo trabajo en Orientación se relaciona
directamente con la personalidad del Orientador; indicando que de acuerdo al mayor
nivel de "desarrollo" de la persona de los orientadores, mayor es la probabilidad de la
efectividad de la Orientación proporcionada por estos Orientadores. Los mencionados
autores concluyen que la personalidad del Orientador es el verdadero agente
"terapéutico" en la relación de Orientación. Por consiguiente, los resultados del proceso
de Orientación dependerán más del funcionamiento "terapéutico" de la personalidad del
orientador que del nivel de dominio de los conocimientos especializados en Orientación.
Sin embargo, es necesario explorar más en el área de las competencias relacionadas con
el desarrollo de una "personalidad terapéutica". Se requiere identificar estrategias para
la educación de tal "personalidad terapéutica" y también es necesario identificar los
factores medioambientales que pueden facilitar tal tarea educativa. Adicionalmente
también se requiere desarrollar instrumentos de valoración y medición y evaluación de
los rasgos que puedan ser característicos de la personalidad "terapéutica".

III. SEGUNDA DIMENSIÓN: IDENTIDAD PROFESIONAL

Otro componente significativo de las características profesionales de los orientadores se


relaciona con la identidad profesional, la cual tiene implicaciones a la hora de planificar
y diseñar los cursos del programa que forma orientadores. A los orientadores se les
educa para que presten servicios profesionales de asistencia al desarrollo y crecimiento
del individuo y los grupos (Hershenson, Power y Waldo, 1996). De allí que un rasgo
saliente de la identidad profesional es la capacidad de estos profesionales para darse a
conocer en la sociedad como profesionales de asistencia y desarrollo de los individuos,
grupos e instituciones. Un elemento que interviene en la formación de la identidad
profesional es el crecimiento personal de los orientadores, en congruencia con el perfil
de la profesión de Orientación a partir de las experiencias de formación. Experiencias
que promuevan y fortalezcan el desarrollo de la sensibilidad del estudiante para dar
respuesta competente ante las circunstancias de otros individuos. Bajo esta noción, los
profesores y los supervisores de los orientadores en formación pueden fomentar
discusiones en torno a la práctica de la Orientación, sus finalidades y objetivos. Dentro
de estas discusiones, la generación de debates sobre las tareas, actividades y funciones
asociadas al campo profesional, sobre las diferentes tendencias, definiciones, códigos de
conductas y reglamentos que regulan la función del profesional de la Orientación, tanto
en el país como en el extranjero. Tales debates pudieran estimular la sensibilidad
necesaria para captar e interpretar operativamente la identidad profesional que subyace
en el ejercicio profesional, en las tendencias, definiciones y demás materiales
discutidos.

Otra característica de la identidad profesional de los orientadores es que como grupo


profesional comparten un fuerte interés por el servicio social a otros, en las actividades
científicas, humanísticas, literarias y en la persuasión (Auvenshine y Noffsinger, 1996).
Los profesionales de la Orientación trabajan con los individuos, sus circunstancias y sus
procesos de vida. Este interés del trabajo con los individuos como personas en una
realidad temporal específica es la base de la identidad profesional de los orientadores.
Por consiguiente, como los orientadores se educan para proporcionar asistencia
profesional en niveles preventivos, remediales y de desarrollo a las personas que lo
necesiten, entonces es obligatorio que los orientadores no sólo crezcan
profesionalmente, sino que adquieran una clara identidad profesional que sea reflejada
en su personalidad, en su forma de conducirse con los otros, y en sus procesos
cognitivos y emocionales. La adquisición de la identidad profesional en el contexto de
desarrollo personal de los estudiantes de Orientación tiene implicaciones para la
práctica de la misma debido a que los orientadores no sólo aportan conocimientos
teóricos y prácticos especializados para fundamentar su trabajo con los clientes, sino
que también transfieren sus cualidades humanas y experiencia de la vida al trabajo en
Orientación con sus clientes. De manera que, como los orientadores profesionales
promueven el desarrollo humano y los cambios en sus clientes, tales orientadores
necesitan también de promover el crecimiento en sus propias vidas, explorando sus
propias opciones y decisiones. Este crecimiento es un factor que incide en la adquisición
y desarrollo de la identidad profesional del orientador en formación (Corey, Corey y
Callahan, 1993).

En Estados Unidos, el Consejo para la Acreditación de Programas en Orientación y


Afines (CACREP, siglas en inglés) y la Asociación Americana de Orientación y
Desarrollo (AACD, siglas en inglés), han establecido las pautas para el desarrollo de la
identidad profesional, e indicado la importancia de ofrecer oportunidades a los
estudiantes para desarrollar la autocomprensión a través de actividades en pequeño
grupo y a través de servicios de Orientación Personal proporcionados por profesionales
calificados (Corey, 1993). CACREP también indica que desde el punto de vista ético,
los programas de entrenamiento en Orientación tienen la obligación de examinar y
atender el desarrollo personal de los estudiantes en aquellos aspectos que se relacionan
con el sentido de servicio que comprende la identidad profesional. En especial, es
necesario que se preste atención a aquellos factores y rasgos de personalidad que
potencialmente son fuentes de interferencia en la adquisición de la identidad profesional
y que pueden a su vez comprometer la efectividad del estudiante en el desempeño de su
papel como orientador con los clientes.

Otro componente de la identidad profesional es la tendencia del orientador a vivir una


vida plena y a crecer con el transcurso de su vida. La voluntad y deseos de los
orientadores profesionales para vivir de acuerdo con lo que ellos predican y ser modelos
positivos para sus clientes son los aspectos básicos que les hace ser personas
"terapéuticas" (Corey, 1993). La forma como estos orientadores manifiestan su
identidad profesional a los clientes, es lo que los hace "modelos de referencia". Lo cual
impacta en forma positiva a los clientes. La identidad profesional de los orientadores
también puede ser caracterizada por las creencias de los orientadores, sus atributos
personales y sus cualidades personales. Se estima que tales características tienen una
influencia considerable en el funcionamiento profesional. Por lo tanto, se pudiera
indicar que la identidad profesional de los orientadores también puede ser entendida
como profesionales que modelan las maneras saludables de vivir. Entonces, la
identidad profesional de los orientadores además de incluir conocimientos y
competencias especializadas, también incluye la noción de la personalidad del
orientador como componente base.

Las tendencias modernas en la formación de los orientadores contenidas en la literatura


especializada dedican mucha atención al potencial de crecimiento personal de los
orientadores como seres humanos en concordancia con lo que de ellos se espera como
profesionales cuya identidad profesional gira alrededor de sus capacidades y
competencias para asistir a la persona que requiere de sus servicios. Es evidente que la
conexión directa de los orientadores con sus clientes está determinada tanto por su
calidad como persona como por sus recursos profesionales. Por lo que al planearse la
formación de los orientadores se requiere incluir una clara concepción de la identidad
profesional en función de los componentes personales y profesionales. Existe una
relación directa entre lo que el orientador hace profesionalmente y lo que ese orientador
hace como persona. Sin embargo, el concebir la identidad profesional de los
orientadores desde las perspectivas de la persona de quien se educa para orientador y del
funcionamiento de la profesión en la sociedad es una tarea inconclusa, en especial en los
países latinoamericanos. Para este nuevo milenio, uno de los retos de los educadores y
supervisores de los profesionales de la Orientación es el de emprender la labor de
desarrollar una concepción de la identidad profesional de los orientadores que no sólo
abarque las realidades de las distintas regiones, sino que también operacionalize la
identidad profesional en términos de formación para el ejercicio idóneo de la profesión.
Perspectiva que a su vez debe ser altamente comunicable mediante el manejo de un
lenguaje profesional común.

IV. TERCERA DIMENSIÓN: ÉTICA PERSONAL Y PROFESIONAL

El crecimiento y el desarrollo ético de los orientadores son elementos indispensables


durante la formación. Según Herlihy y Corey (1997), las características éticas de los
orientadores influyen en los resultados de la intervención en Orientación. Tal visión se
basa en la creencia de que los orientadores tienen una definida influencia sobre sus
clientes. Esta creencia es ampliamente aceptada entre los orientadores profesionales
(Yalom, 1995). Por lo tanto, esta creencia obliga a los programas de formación de
orientadores a enfocarse en la dimensión ética de la persona que se forma como
orientador así como en su actuación académica. De hecho, el crecimiento en términos
de razonamiento y conducta ética de la persona de los orientadores durante su proceso
de entrenamiento es clave en el desarrollo de la efectividad como practicante de la
Orientación.

El crecimiento personal de los orientadores en cuanto a su dimensión ética durante el


entrenamiento es un real desafío para los programas de formación y para los profesores,
por cuanto existen problemas potenciales asociados con las relaciones duales y los
límites personales de los involucrados. Situación que genera diversidad de roles y
múltiples responsabilidades en los profesores para con sus estudiantes (Herlihy y Corey,
1997). Por consiguiente, es necesario que los programas de Orientación no sólo
ofrezcan a sus estudiantes actividades de crecimiento, sino que también proporcionen un
ambiente de entrenamiento positivo, confiable y confidencial. En atención a este
aspecto, el Código de Ética de la American Counseling Association estableció en 1995
la siguiente condición (norma F.1.b.):

Los orientadores definen claramente y mantienen límites éticos, sociales y


profesionales con sus estudiantes y supervisados. Ellos son conscientes del diferencial
de poder que existe entre ellos y los estudiantes o la posible incomprensión del
supervisado en relación con ese diferencial de poder. Los orientadores explican a los
estudiantes y supervisados el potencial que la relación tiene de volverse explotadora.

En concordancia con esta norma, los educadores de los orientadores en ejercicio y


estudiantes en formación pueden involucrarse en actividades académicas y no
académicas que puedan incentivar la adquisición de la capacidad para razonar y
conducirse en forma ética. Por ejemplo, los estudiantes necesitan desarrollar un sentido
crítico para el conocimiento de sí mismos junto con una comprensión de su dinámica
interpersonal, si ellos han de convertirse en orientadores éticos y competentes (Glosoff
y Herlihy, 1995, citados por Herlihy y Corey, 1997).

Los profesores deben entonces ofrecer actividades académicas vivenciales que faciliten
la comprensión de la ética en sus dimensiones personales y profesionales y cómo son
interrelacionadas para fortalecer el crecimiento de la persona del estudiante en
concordancia con las demandas de la profesión. Los educadores de orientadores deben
utilizar su juicio profesional al dirigir experiencias que lleven a los estudiantes al
autodescubrimiento y autocrecimiento personales en términos de la ética, mientras
proporcionan un ambiente de seguridad donde los estudiantes no sean explotados de
ninguna forma ni puestos en una posición de debilidad en relación con la evaluación
académica de la experiencia. Por igual, los profesores deben asegurar que sus
estudiantes sean conscientes de la importancia e implicaciones que tales
descubrimientos pudieran tener en relación con los profesores, en virtud de los múltiples
papeles como profesores y supervisores (Herlihy y Corey, 1997).

Para garantizar esa protección, el Código de Ética de la ACA, establece que los
componentes evaluativos de las experiencias vivenciales durante el entrenamiento son
explícitamente delineados y basadas en normas académicas predeterminadas que están
separadas y que no dependen del nivel de apertura del estudiante. Otra protección ética
hace referencia a las competencias profesionales de los orientadores. Muchos conflictos
de roles ocurren porque los educadores del orientador no sólo deben promover el
crecimiento y la maduración de la ética personal, sino también actuar como guardianes
de la profesión.

Por ejemplo, la norma F.3.a. del Código de Ética de ACA establece que los educadores
son responsables por la evaluación continuada de sus estudiantes y deben ser
conscientes de cualquier limitación personal que podría impedir la actuación profesional
adecuada de ese estudiante. Cuando los estudiantes son incapaces de proporcionar los
servicios de Orientación competentes debido a alguna limitación personal, los
educadores de ese estudiante deben referirlo para que reciba atención profesional. Aquel
estudiante que no tiene éxito superando sus limitaciones, debe ser retirado del programa.
Los profesores deben no endosar la continuación de ese estudiante en el programa
(norma F.3.b. Código de Ética, ACA, 1995).

El crecimiento en términos de la ética de los estudiantes se considera bajo las


responsabilidades del programa de formación y de los profesores. Cuando los
estudiantes demuestran limitaciones personales contrarias a la práctica de la
Orientación, tales como, problemas serios no resueltos, rigidez, actitudes dogmáticas,
valores o prejuicios opuestos a la práctica de la Orientación, entonces los educadores
tienen el deber ético de confrontar esos estudiantes y estimularlos para que enfrenten y
se trabajen tales situaciones (Herlihy y Corey, 1997). Estos autores también sugieren
que como parte del plan de estudios, deben ofrecerse oportunidades a los estudiantes
para examinar sus vidas personales, dando énfasis a sus necesidades, motivaciones, y
experiencias que pudieran comprometer sus habilidades de funcionar en forma ética
como orientadores.

Como se puede apreciar, la dimensión de la ética personal y profesional es otro reto para
los educadores de orientadores en Latinoamérica. Este reto es debido a que en nuestros
países la profesión de Orientación presenta escasos estudios publicados sobre la ética,
tanto para la formación como para el ejercicio profesional. Por ejemplo, la profesión de
Orientación no cuenta hasta la fecha con códigos de ética y normativas para la práctica
que se consideren firmemente establecidos, difundidos y aceptados. Carencia que afecta
el establecimiento de una comunidad de profesionales que socialmente sean claramente
identificados como profesionales capacitados para la asistencia y desarrollo de los
individuos. Así mismo, no existen cuerpos: colegios y academias profesionales, que
establezcan los estándares y requerimientos para la formación de los orientadores.
Situación que compromete el establecimiento de la identidad profesional de los
orientadores y la delimitación de su campo profesional y su diferenciación con
profesionales afines. Por otro lado, la profesión tampoco dispone de medios de difusión
científica, como revistas especializadas, que le permita comunicar la labor de los
orientadores en la investigación y en la práctica profesional.

V. CUARTA DIMENSIÓN: COMPETENCIAS


PROFESIONALES ESPECÍFICAS

Los programas académicos de formación de los profesionales de la Orientación y afines,


así como los educadores y supervisores de orientadores en formación pueden
preguntarse ¿qué competencias y habilidades profesionales deben ser formadas y
estimuladas en los estudiantes de Orientación? ¿Que competencias y habilidades
profesionales se le exigen al Orientador? ¿Qué debe saber un educador – supervisor en
torno a

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