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La música y su influencia emocional

El documento describe la relación entre la música y las emociones desde una perspectiva psicológica y neurológica. Explica que la música activa las mismas áreas cerebrales que procesan las emociones y puede influir en el estado de ánimo y las emociones de las personas. También detalla cómo se ha utilizado la música en terapias para tratar problemas psicológicos y mejorar la calidad de vida. Finalmente, propone un proyecto didáctico de 42 sesiones para trabajar las emociones en niños de 2 años

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La música y su influencia emocional

El documento describe la relación entre la música y las emociones desde una perspectiva psicológica y neurológica. Explica que la música activa las mismas áreas cerebrales que procesan las emociones y puede influir en el estado de ánimo y las emociones de las personas. También detalla cómo se ha utilizado la música en terapias para tratar problemas psicológicos y mejorar la calidad de vida. Finalmente, propone un proyecto didáctico de 42 sesiones para trabajar las emociones en niños de 2 años

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PROYECTO EMOCIÓNAME

Influencia de la música en las emociones


La relación entre música y emociones es indiscutible. En el antiguo Egipto, los
signos jeroglíficos que representaban la palabra “música” eran idénticos a los que
representaban los estados de “alegría y bienestar”. Curiosamente, en chino, la
palabra música está formada por dos ideogramas (音樂) que significan “disfrutar
del sonido”. Existe, pues, una gran coincidencia en los significados que han
perdurado a través de los siglos. En todos ellos se alude a que la música resulta
de una percepción agradable de los sonidos y que, además, produce un estado
placentero. 

La música desde tiempos antiguos ha venido mostrando su gran capacidad para


incidir en la vida de una persona, afectando de una manera agradable o
desagradable en sus emociones, interviniendo en la mente, cuerpo y espíritu. La
psicología cumple un papel muy importante en este proceso, puesto que al
conocerse los mecanismos de acción de la música sobre la respuesta emotiva de
un individuo, puede utilizarse como una herramienta positiva para el beneficio de
las personas, empleando la música como objeto de intervención que permita la
estimulación de procesos cognitivos, la mejora de estados emocionales, el
tratamiento de problemas psíquicos, la intervención sobre la autoestima, entre
otros, con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas y grupos. 

En los años 40, el psiquiatra Altschuler desarrolló la teoría acerca de la respuesta


talámica según la cual la música podía estimular una respuesta en esa zona aún
cuando no se produjeran cambios a nivel consciente. Con las nuevas técnicas de
diagnóstico por la imagen, se ha comprobado que, efectivamente, las estructuras
cerebrales que procesan las emociones son equivalentes a las que procesan la
música, lo cual explica la relación directa que existe entre ambas. 

El oído es nuestro sentido más emocionalmente poderoso, quien nos


proporciona la mayor fuente de emociones. Según el neurocientífico Patrik Nils,
es el sentido que nos conecta con mayor eficacia a estados cerebrales elevados.
El feto, a partir del quinto mes de gestación, reacciona a los estímulos musicales,
a la vez que es muy sensible a los sentimientos que la música provoca en la
madre. 

Mediante la voz y el canto podemos transmitir sensaciones de paz y tranquilidad,


de alegría y felicidad, pero también de rabia y odio. Su impacto perdura e influye
en nosotros, más de lo que nos creemos, por la carga emocional que
transmiten. 
Cuando escuchamos música que nos gusta, se activan determinadas sustancias
químicas en nuestro organismo que actúan sobre el sistema nervioso central.
Se estimula la producción de neurotransmisores (dopamina, oxitocina,
endorfinas…) obteniéndose un estado que favorece la alegría y el optimismo en
general. También se generan ondas cerebrales alfa que están asociadas a estados
de relajación corporal y psíquica. 

Recientes estudios sobre las respuestas obtenidas mientras algunos voluntarios


escuchaban acordes disonantes y consonantes, mostraron que se activan
diferentes zonas cerebrales, relacionadas con emociones distintas. 

Se han descrito casos de pacientes con lesiones cerebrales determinantes de


profundas alteraciones en la percepción del ritmo, tono y melodía, que son
capaces de percibir el componente emocional de la música y también hay otros
con todo lo contrario. Esto prueba que el componente emocional de la música
se procesa de un modo independiente. 

La música ha sido muchas veces definida como el lenguaje de las emociones,


por su estrecha relación con las mismas. Resulta un elemento facilitador de la
comunicación y la expresión, siendo especialmente significativos sus efectos en
personas con alteraciones comunicativas. Tanto Altshuler como Gaston han
convenido en destacar las modificaciones a nivel del estado anímico en función
de la música escuchada, como también de los potentes efectos a nivel de
comunicación y expresión de sentimientos y emociones. Algunos de los efectos
recogidos en este nivel serían:

 Comunicación y expresión de estados emocionales. 


 Promoción de la expresión de emociones profundas. 
 Modificación del estado de ánimo. 
 Evocación de emociones y sentimientos vinculados a situaciones. 

Desde un punto de vista psicológico, es evidente la catarsis de emociones no


expresadas verbalmente que produce la audición musical y cómo ésta puede
producir cambios en la personalidad. Una de las teorías sobre la influencia de la
música en el comportamiento del ser humano podría ser una análoga a la teoría
del humor de Freud, en la que los mecanismos de la melodía y el ritmo actúan
como un pre-placer para sobornar los mecanismos de defensa, por lo que las
tendencias emocionales reprimidas se relajan, en este caso, en forma de fantasía. 

La música tiene la capacidad de ayudarnos a cambiar nuestro estado de


ánimo, si lo deseamos. Paralelamente, la forma en que nos sentimos puede
determinar la música que elegimos escuchar en cada momento, de modo que ésta
suele ser coherente con nuestro estado de ánimo y nos permite expresarnos
emocionalmente. También se ha comprobado que tiene efectos sobre la
ansiedad ya que la música estimulante incrementa la activación fisiológica y
psicológica, aumentando las respuestas de preocupación y emocionalidad,
mientras que la sedante disminuye dichas respuestas. 

La música, al igual que sucede con los olores, favorece poderosamente el


recuerdo de experiencias y situaciones pasadas, y estos recuerdos afectan
positiva o negativamente al estado de ánimo. Actualmente existen diversas
formas de inducir estados de ánimo, entre la que se encuentra indudablemente la
estimulación musical. Inducir un estado de ánimo concreto no es excesivamente
complicado, ya que el recuerdo que evoca una melodía provoca la asociación con
otros recuerdos de la misma valencia emocional (positiva o negativa) y modifica
la forma en la que nos sentíamos antes de escuchar el tema musical. De esta
forma estamos afectando al estado de ánimo general, por lo que la música puede
ser considerada un potente inductor para modificar el estado de ánimo. 

La música también tiene un gran componente social y se encarga de la


sincronización del estado de ánimo, favoreciendo la preparación de las
actividades colectivas, como en el caso de la música militar o religiosa. Además,
es sorprendente la capacidad de la música para producir emociones cuando no es
estrictamente necesaria para la supervivencia; quizás el valor adaptativo de la
música consista en su posible beneficio sobre nuestra salud física y mental, lo
que estaría en la base de la musicoterapia. La música, al permitir que afloren
nuestras emociones, es un buen vehículo para mejorar nuestro autoconocimiento
y el de los demás porque al escuchar una obra musical podemos identificar
nuestras emociones, etiquetarlas correctamente y regularlas. También podremos
aplicar las mismas estrategias a los estados emocionales de los demás,
compartiendo sus expresiones y nuestras percepciones. Además, la música puede
favorecer nuestra salud al liberar al torrente sanguíneo endorfinas que nos
proporcionen bienestar y relax, o adrenalina que nos incite a movernos o expresar
nuestras tensiones. 

Por último, cabe destacar que la música es un medio de empatía por


excelencia. De hecho, en muchos aspectos, nada la supera. Cuando cantamos
juntos la misma canción, vivimos dentro de la misma melodía, compartimos el
centro tonal, articulamos la misma letra, avanzamos con el mismo ritmo
momento a momento, sonido a sonido, a través de una continua percepción del
otro, y de un continuo esfuerzo por mantenernos unidos y de ser uno con la
experiencia. Mientras tanto, estamos recibiendo la misma retroalimentación al
escucharnos a nosotros mismos; escuchamos los mismos sonidos y palabras
mientras los cantamos; sentimos el mismo flujo y reflujo al dar forma a cada
verso. Cuando la canción es triste, compartimos la tristeza, la vivimos juntos;
cuando la canción es alegre, la celebramos juntos, compartimos la ocasión para
alegrarnos. Nuestras acciones se sincronizan en el tiempo, nuestros cuerpos
resuenan ante las mismas vibraciones, nuestra atención es atraída por el mismo
centro, nuestras emociones se reflejan de uno al otro y, en la música que estamos
haciendo, nuestros pensamientos son uno.
Estructuración de las sesiones del Proyecto
Emocionario Musical
¡

Esta propuesta didáctica toma como punto de partida el libro Emocionario, de la


editorial Palabras Aladas, y se ha diseñado para trabajar en el ámbito escolar, en
el primer cilo de infntil, más concretamente en 2 años. Creo que esta propuesta
didáctica, que aúna música y emociones, puede ser un buen punto de partida
para iniciarse en el fascinante mundo de la inteligencia emocional,
principalmente en la escuela, pero también en muchos otros ámbitos. Pienso que
este recurso puede ser una buena herramienta para mejorar la competencia
emocional y social de nuestros niños, para ayudarles a controlar el gran torrente
emocional que les invade, a tener una imagen más positiva de ellos mismos y la
capacidad para resolver conflictos adecuadamente. En definitiva, para que sean
personas con mayor bienestar emocional y construir, entre todos, una mejor
sociedad.

Todos los autores que nos hablan sobre inteligencia emocional coinciden en que
el primer paso para desarrollar la inteligencia emocional empieza por
la autoconciencia, que implica aprender a identificar los propios sentimientos.
Sobre esta habilidad, se van contruyendo el resto que conforman la inteligencia
emocional, progresivamente. Por tanto, la idea del libro Emocionario me parece
muy acertada: es, nada más y nada menos, que un diccionario de emociones.

La propuesta didáctica consta de 42 sesiones de trabajo, pensadas para trabajar


una semanalmente, durante un curso escolar. Sin embargo, la temporalización es
variable en función de las circunstancias que rodean a la persona que lo vaya a
llevar a cabo y de la población a la que vaya dirigida. En la etapa de infantil, por
ejemplo, recomiendo reducir las sesiones, escogiendo aquellas emociones que
resultan más sencillas de entender por los niños.

Aunque el libro seleccionado nos sirve de guía, sólo supone un punto de


partida. Nos proporciona un itinerario a seguir por las emociones a trabajar y
nos ofrece unas ilustraciones que nos ayudan a imaginar situaciones
relacionadas con la emoción que se trabaja. Sin embargo, la propuesta va más
allá. Para cada emoción se ha seleccionado una pieza musical, que resulta clave
para conectar con la emoción y nos ayuda a identificarla. Se propone un espacio
del aula (panel musical) destinado al proyecto, que nos acompañará durante todo
un curso escolar. Y la participación del alumnado en la sesión es otro elemento
imprescindible en la propuesta.
Así, pues, aclarado esto, vamos a ver cómo se estructuraría cada sesión de la
propuesta didáctica: 

 Previamente al inicio del proyecto, se seleccionará un espacio del aula que


será una exposición/mural de las ilustraciones de emociones que se vayan
trabajando, así como del título de la pieza musical relacionada. De esta manera,
las emociones forman parte del día a día en el aula, las tenemos siempre
presentes, y las vamos recordando y asimilando mejor durante todo el curso.
Además, todas las emociones guardan relación con otra (por afinidad, por ser
opuestas…) y tenerlas todas a la vista nos ayudarán a establecer todas esas
relaciones. 
 Cada lunes se colgará en el mural la ilustración de la emoción que se
va a trabajar esa semana. No se dirá nada, no se darán más pistas. Esto genera
expectación y curiosidad en los niños, que esperan la sesión con ilusión. Además,
se les incita a que vayan intuyendo de qué emoción se trata a partir de los
elementos gráficos. La idea es que, hasta el día que se realice la sesión, vayan
observando la ilustración, dando rienda suelta a su imaginación, desarrollando su
creatividad o, incluso, barajando hipótesis con otros compañeros de clase. 
 Cuando llegue el momento de la sesión, se pondrá especial cuidado en
el ambiente y disposición del aula. En la medida de lo posible, profesor y
alumnos se colocarán en círculo, para poderse ver todos las caras y facilitar las
interacciones. Se buscará una iluminación tenue, preferiblemente natural y,
también en la medida de lo posible, se seleccionará un espacio del centro
educativo lo más silencioso posible, para facilitar la relajación y la
concentración. Se cuidarán al máximo los detalles para que el ambiente en el que
vamos a trabajar sea agradable en todos los sentidos. 
 Lo primero que se hará al inicio de la sesión es escuchar la pieza
seleccionada. En silencio, con los ojos cerrados, sintiendo lo que la música
quiere transmitir, escuchando en nuestro interior las emociones que la música
despierta en nosotros. 
 Después de la audición, se dejará un minuto de silencio para poner las
ideas en orden, para pensar en cómo nos hemos sentido, para relacionar lo que
música e ilustración tienen en común, para intentar deducir cuál es la emoción
que se va a trabajar durante la sesión. 
 A continuación, se pedirá a los alumnos que vuelvan a observar la
ilustración y que cuenten en voz alta la situación que han imaginado que se
esconde tras ella. Esto generará un primer debate en el que los alumnos,
ayudados unos de otros, irán elaborando una historia a partir de la ilustración,
y que nos ayudará a asociar una o varias emociones. 
 Una vez que tengamos una hipótesis sobre la historia que envuelve a la
ilustración, pasaremos a un segundo debate sobre qué emociones ha despertado
en nosotros la audición de la pieza musical, sobre cómo nos hemos sentido. A
continuación, buscaremos la relación entre las sensaciones despertadas por la
música y la historia que hemos imaginado a partir de la ilustración, hasta que
todo vaya cogiendo sentido y avance en la misma dirección. 
 Llegados a este punto, los alumnos ya estarán preparados para poner
nombre a la emoción. Se pondrán en común todas las propuestas y se
comprobará que muchos alumnos apuntan a la misma emoción o a emociones
muy afines. En cualquier caso, como he explicado antes, cualquier emoción
propuesta será válida, ya que en función de la historia personal de cada uno, la
ilustración o la música nos evocará una emoción u otra. Una vez escuchadas
todas las propuestas, el profesor desvelará qué emoción ha vinculado el libro a
esa ilustración o yo misma a esa música. Para poder centrarse durante el resto de
la sesión en una sola emoción, para ahondar y profundizar en ella, para seguir un
guión que nos asegure que a lo largo del proyecto seguimos un itinerario amplio
(que, una vez más, puede ser otro). 
 Una vez que nos centramos en una emoción, se hablará a los alumnos
sobre ella. Leer la información que yo he publicado sobre cada emoción en
el Proyecto Emocionario puede servir de guía, pero lo ideal es que cada profesor
haga su propia exposición sobre la emoción, adaptándose a la realidad de su aula,
a la edad de sus alumnos y a las circunstancias que les rodean. Aunque esta parte
es en la que el profesor tiene más protagonismo, puesto que da la información a
los alumnos, se les permitirá intervenir y dar su punto de vista. Mis sesiones de
trabajo contienen una información básica sobre cada emoción, que puede resultar
muy útil, pero la dinámica del grupo será la que, finalmente, dirigirá la
exposición. 
 En este momento, los alumnos ya tienen bastante clara la emoción
trabajada. Han conectado con ella a través de la música, han elaborado una
historia en la que la protagonista es la emoción y han absorbido la información
sobre la emoción que ha proporcionado el profesor y, si es el caso, los propios
alumnos. Por tanto, ahora que la identifican, es el momento de hacer memoria y
buscar en sus recuerdos algunas experiencias en las que hayan sentido esa
emoción. Así pues, se realizará una puesta en común en la que los alumnos irán
contando situaciones vividas relacionadas con la emoción. No se forzará a ningún
niño a participar, aunque se animará a hacerlo. Por otro lado, también se dirá a
los niños que si no quieren contar experiencias propias, pueden exponer
situaciones de otros, reales o imaginarias, en las que se dé la emoción. El
objetivo es poner en común el máximo de situaciones posibles relacionadas con
la emoción, ya que eso enriquecerá mucho el entendimiento de la emoción y,
además, favorecerá la empatía, al ponerse continuamente en el lugar de los
otros. 
 Con posterioridad, el profesor elaborará un resumen de todo lo trabajado
en la sesión: la ilustración, la pieza musical escuchada, la historia elaborada, la
información sobre la emoción y las experiencias aportadas por los alumnos. Este
resumen de la sesión se colocará junto a la exposición/mural y estará a
disposición de los alumnos para cuando lo quieran consultar. De esta forma, a
medida que avancen en la propuesta didáctica, cada grupo de trabajo irá
elaborando su propio “emocionario”.
Criterios para la selección de las piezas musicales

A parte del carácter subjetivo, la música es capaz de provocar emociones


relacionadas, en parte, con diversos parámetros de su estructura musical.
Después, influirá la propia experiencia, los recuerdos asimilados y el entorno
cultural en el que hemos crecido y vivido, pero podemos ver, a nivel general,
algunos efectos que pueden producir el ritmo, la melodía, la armonía, el tono, la
tonalidad, el volumen e incluso el silencio, todos ellos integrantes de la estructura
musical: 

 Ritmo: la acción inmediata del ritmo es una estimulación física, que


afecta directamente a nuestra dimensión física-corporal. Los ritmos lentos
inducen a la quietud, al reposo, y los rápidos incitan al movimiento. Con el ritmo
se actúa por “simpatía” sobre los propios ritmos, como el respiratorio y/o
cardíaco, por ejemplo. En general, la música alegre suele tener un ritmo rápido y
la música triste más lento. Un ritmo irregular sugiere alegría, nos estimula,
mientras que un ritmo regular, monótono, puede producir una sensación de
tristeza. 
 Melodía: cuando escuchamos una melodía, es fácil que nos evoque
determinados recuerdos, pues afecta directamente a nuestra dimensión
emocional. Un violín, una flauta dulce o el sonido de un piano, influyen en
nuestra afectividad. Una música con una melodía agradable es de gran ayuda
para mejorar la comunicación y permitir la expresión de sentimientos. Una
marcada variación melódica se relaciona con la alegría y, por el contrario, si la
variación melódica es mínima, se vincula con una sensación de tristeza. 
 Armonía: si deseamos concentrarnos en el estudio o buscamos un tiempo
de interiorización, de meditación, seguramente buscaremos una música suave y
armoniosa que nos aportará esa sensación de equilibrio y serenidad. Si la música
que escuchamos es disonante se produce una sensación de irritabilidad que puede
generarnos ansiedad. En general, la armonía incide directamente en nuestra
dimensión cognitiva-mental y, también, en la espiritual. La música alegre
contiene un gran número de sonidos armónicos en contraposición con la música
triste que presenta mayor carencia de ellos. 
 Tono: los sonidos graves producen un efecto calmante, tranquilizador, e
influyen preferentemente en las zonas corporales huecas, como los pulmones,
corazón y abdomen. Es un efecto más bien mecánico, de resonancia física. Por
otra parte, las frecuencias graves o bajas tienden a relacionarse con sentimientos
de tristeza. Los sonidos agudos son estimulantes, actuando preferentemente sobre
el sistema nervioso y las contracturas musculares. Ayudan a desperezarnos y
mejorar un estado de cansancio o agotamiento. Las frecuencias agudas tienen una
relación con una percepción de alegría. 
 Tonalidad: las tonalidades mayores infunden estados eufóricos, alegres, y
las tonalidades menores, melancolía o tristeza. Sin embargo, no es un hecho
universal ya que interviene el entorno cultural en el que hemos crecido del cual
tomamos determinados patrones que condicionan nuestras percepciones. 
 Volumen: es el que más nos afecta, pues según cuál sea su nivel, puede
enmascarar, anular y hasta invertir los anteriores efectos. En general, un volumen
o intensidad elevada, sin sobrepasar ciertos límites, provoca sensaciones de
alegría. Un volumen bajo da lugar a estados o espacios de mayor intimidad y
serenidad. No obstante, una canción que nos resulte agradable puede volverse
insoportable a un volumen excesivo. Las notas agudas a bajo volumen son
agradables, antidepresivas, nos predisponen al trabajo y nos proporcionan
felicidad.
1. Las notas agudas con volumen elevado nos alertan y sitúan
en estado de atención extrema. Son sonidos irritantes y
sobrecogedores. Si le añadimos un ritmo acelerado, nos invitará
claramente al movimiento y a relacionarnos o sentirnos
cohesionados con la gente que nos rodea. Es eficaz ante la apatía y
determinados complejos, aunque puede aumentar la agresividad. 
2. Las notas graves a bajo volumen son sonidos que nos
inducen a movimientos lentos o a estados de serenidad, sosiego o
reflexión, muy útiles para la relajación. 
3. Las notas graves con volumen elevado tienen un efecto
totalmente contrario al anterior. Producen sensaciones de miedo,
terror o de peligro. 
 Silencio: el sonido es tan poderoso que incluso su ausencia es capaz de
provocarnos determinadas respuestas emotivas y/o cognitivas. Hay un aumento
de la atención, puede crearse una expectativa de temor, de sorpresa, de
desconcierto, pero no hay duda alguna que la ausencia de sonido también nos
afecta.

Emociones y piezas musicales seleccionadas


TERNURA

R. Schumann. Escenas de Niños Op. 15. 7-Ensueño.


Partitura e interpretación
[Link]
AMOR

Pieza musical: Liebestraum nº3 en La b Mayor, Sueño de amor (Franz


Liszt)

[Link]

ODIO

Pieza musical: Danza de los caballeros (Sergei Prokofiev)

[Link]

IRA

Pieza musical: Fantasía y fuga sobre el nombre de Bach (Franz Liszt)

[Link]

ALEGRIA

Pieza musical: Make it shine (Sophonic media)

[Link]
Pieza musical: Payday (Jason Farnham)

[Link]

TRISTEZA

Pieza musical: 2º movimiento del concierto para piano nº 5 (Ludwing van


Beethoven)

[Link]

Pieza musical: Secret Garden (Mehmet Cemal Yesilcay)

[Link]

MIEDO

Pieza musical: Scary horror music

[Link]

SORPRESA

LA PANTERA ROSA

[Link]

CALMA

Pieza musical: Le Nouvel Arc-En-Ciel (Michel Pépé)


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