Problemas Tributarios Consorcios sin RUC
Problemas Tributarios Consorcios sin RUC
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El presente trabajo tiene por objeto plantear tres problemas que surgen del “día a día”
en la gestión con consorcios sin contabilidad independiente, a los que denominamos
“Consorcios sin RUC”. Antes de plantear y analizar los problemas y sus posibles
soluciones, describimos el marco general de tales entidades.
Definición:
Conforme al artículo 445 de la Ley General de Sociedades es el contrato por el cual dos
o más personas se asocian para participar en forma activa y directa en un determinado
negocio o empresa con el propósito de obtener un beneficio económico, manteniendo
cada una su propia autonomía.
Así mismo, según el artículo 448 de la misma ley, el contrato deberá establecer el
régimen y los sistemas de participación en los resultados del consorcio, pero si no lo
hiciera, se entenderá que dicha participación es en partes iguales.
Características:
Conforme al artículo 445 y 446 de la indicada ley, estos contratos se caracterizan por lo
siguiente:
Corresponde a cada asociado realizar las actividades propias del consorcio que se le
encargan y aquéllas a que se ha comprometido, debiendo coordinar con los otros
miembros del consorcio conforme a los procedimientos y mecanismos previstos en el
contrato.
Personalidad jurídica
Para fines legales los consorcios no constituyen personas jurídicas diferentes de los
asociados, sino tan solo califican como contratos.
Ahora bien, para fines tributarios, los consorcios podrán o no calificar como
contribuyentes del Impuesto a la Renta (IR) e Impuesto General a las Ventas (IGV)
según tengan o no contabilidad independiente. Es decir, si llevasen contabilidad
independiente entonces serán contribuyentes, para lo cual obtendrán un número de
RUC. En caso contrario, serán entidades fiscalmente transparentes y los resultados de
sus operaciones deberán atribuirse o imputarse a los asociados, no correspondiéndoles la
obtención del RUC.
Sobre este particular, el artículo 65 de la Ley del IR indica que como regla general, los
consorcios deben llevar contabilidad independiente. Sin embargo, tratándose de
contratos con vencimiento a plazos menores a tres (3) años cada parte contratante podrá
contabilizar sus operaciones o, de ser el caso, una de ellas podrá llevar la contabilidad
del contrato, debiendo a tal efecto, comunicarlo a SUNAT dentro de los cinco (5) días
siguientes a la fecha de celebración del contrato.
Problema 1:
Como vimos anteriormente, los consorcios sin RUC son entidades fiscalmente
transparentes, es decir, no son contribuyentes de ningún tributo y, por ello, trasladan a
sus socios o partícipes los gastos, costos y crédito fiscal de IGV imputables al
consorcio.
Para tal fin, las normas permiten que uno de los partícipes –a quien se denomina
Operador- lleve la contabilidad del consorcio, en cuyo caso él deberá anotar en un
Registro Auxiliar por cada consorcio los comprobantes de pago y DUAs que sustentan
los gastos, costos y crédito fiscal imputables al Consorcio sin RUC, tanto para fines de
Impuesto a la Renta como de IGV. Al cierre de cada mes, el Operador debe emitir a
cada partícipe el denominado “Documento de Atribución” indicando el importe que
corresponde a cada partícipe.
Ahora bien, cabe preguntarse si el Operador podría atribuir ingresos y débito fiscal de
IGV a los partícipes, de la misma forma en que atribuye gastos, costos y crédito fiscal
de IGV.
Para cobrar recuperos será necesaria la emisión de un comprobante de pago para que el
contratista pueda tener el sustento tributario respectivo. Entonces surge la cuestión:
¿quién deberá facturar al contratista? ¿Cada partícipe o el Operador?
Resulta más práctico que el Operador facture el recupero al contratista pues, en el caso
antes planteado, sólo se emitirán 100 facturas. Sin embargo, bajo este escenario surge
del problema de que si bien el Operador emite factura por recupero por el 100% del
ingreso y débito fiscal de IGV, a él sólo le corresponde un porcentaje de dichas partidas.
Es decir, para fines de Impuesto a la Renta, el Operador no debería tributar sobre el
100% del ingreso así reconocido ni tampoco sobre el 100% del débito fiscal, sino sólo
sobre el porcentaje de ellos que se haya estipulado en el contrato de colaboración
empresarial respectivo.
(*) Como el Consorcio sin RUC no puede pagar por sí mismo el débito fiscal IGV a
SUNAT (justamente por no tener RUC) debe pagarlo el Operador pues fue éste quien
emitió la factura a tercero por concepto de recupero.
(**) El espejo de lo anterior, pero bajo la entidad contable “Operaciones Propias”
(***) Esta atribución al socio partícipe (no operador) queda expresada en el Documento
de Atribución el cual presentaría en términos generales lo siguiente:
Queda claro que lo razonable sería que el partícipe o socio no operador recibiera tanto
su proporción en el crédito fiscal como en el débito fiscal. Pero como este último
aspecto no ha sido reglamentado, los recuperos terminan llevando a la distorsión antes
graficada.
En cuanto a los pagos a cuenta del Impuesto a la Renta, el Operador únicamente estará
obligado a tributar sobre su participación en el ingreso generado por el recupero al
contratista y no por el importe total a éste facturado. En efecto, en el ejemplo anterior,
mientras que la factura por recupero sería por 20 los estados financieros del Operador
XYZ S.A. presentarían un ingreso de sólo 12 pues la participación de dicha empresa es
del 60%:
Entonces, será importante no sólo que la contabilidad del Operador permita demostrar
que la factura corresponde a operaciones del Consorcio sin RUC, sino también –
eventualmente- demostrar que los partícipes declararon su participación en dichos
ingresos para fines de los pagos a cuenta del Impuesto a la Renta. Todo esto, repetimos,
sería más fácil y claro si el Operador tuviera un marco normativo para atribuir ingresos.
Estas medidas normativas subsanarían el vacío normativo existente hasta la fecha. Pero,
lo anterior no debe entenderse como una crítica al modelo de Consorcios sin RUC pues
su transparencia fiscal permite la optimización de gastos y crédito fiscal de IGV.
En efecto, si por ejemplo, los socios del consorcio del ejemplo anterior hubiesen
decidido organizarse bajo un consorcio con RUC (también denominado consorcios con
contabilidad independiente) los 20 de crédito fiscal no podrían ser utilizados por los
partícipes en el periodo pues sólo podrían compensarse contra los débitos que el propio
consorcio con RUC genere en el mismo periodo; y ello aún cuando los partícipes o
socios tuvieran débito fiscal de IGV por sus operaciones propias. Ello porque los
consorcios con RUC sí califican como contribuyentes y, por tanto, los saldos de crédito
fiscal IGV que pudiese generar no pueden trasladarse a sus socios. El mismo
razonamiento es aplicable a los gastos que el consorcio pudiese generar, para fines del
IR.
En todo caso, el comentario señalado arriba debería servir para motivar un análisis más
extenso de la conveniencia de modificar la regla no explicitada en la legislación pero
interpretada de manera general según la cual la venta de bienes o la prestación de
servicios prestados en el marco de un negocio organizado como Consorcio sin RUC
debe ser facturada por sus socios o partícipes a los clientes, y no por el Operador. Esta
regla (repetimos interpretada así de manera general) se deriva de la disposición de la ley
del IR que indica que las rentas generadas a través de Consorcios sin RUC serán
atribuidas o imputadas a las personas naturales o jurídicas que las integren.
El aporte de bienes o servicios a un consorcio sin RUC por sus partícipes ¿debe
facturarse? ¿Está gravado con IR e IGV?
A nuestro entender, en la medida que un consorcio sin RUC no constituye una entidad
para fines tributarios, no se podría entender la asignación de recursos por parte del
asociado como un “aporte” o “transferencia”.
En efecto, bajo esta modalidad, tanto los costos y gastos como los ingresos se imputarán
al partícipe o socio, dado que no existe una entidad fiscal diferente. Siendo así, no
resulta necesario que el partícipe dé de baja de su contabilidad los bienes que vaya a
asignar al consorcio pues, en definitiva, quien reconocerá ese costo será el propietario
de tales bienes que –como sabemos- no es el consorcio.
Recordemos que lo que aporte el partícipe al consorcio tiene relación con el mayor o
menor porcentaje de participación que tenga en el negocio conjunto; o sea, el aporte al
consorcio no es extraño a su esencia. Por ello, entendemos que no hay lugar a
reconocimiento de ingresos o gastos por esta operación y, tampoco surge materia
imponible afecta a IR.
En cuanto al IGV, el artículo 2 de la Ley del IGV expresamente inafecta del impuesto la
asignación de recursos, bienes, servicios y contratos de construcción que efectúen los
asociados a favor del consorcio. Cabe recordar que por disposición expresa del artículo
6 del Reglamento de la Ley de IGV, el aporte de bienes o servicios a favor del consorcio
no es considerado “operación no afecta” y, por tanto, no genera prorrata del crédito
fiscal.
Lo anterior está en línea con lo señalado en la NIC 31 y SIC 13 según las cuales, en
aportaciones no monetarias al negocio conjunto, el asociado reconocerá pérdidas o
ganancias siempre que, además de derechos sobre el capital del negocio conjunto, reciba
dinero u otros activos cuya realización no dependa de los flujos de efectivo futuros del
negocio conjunto.
Problema 3:
Por ello, estimamos que la solución pasa por unificar en PLE el Registro de Compras
con el Registro Auxiliar, permitiendo que aquellos contribuyentes que sean Operadores
de Consorcios sin RUC puedan identificar sus adquisiciones consorciales y los
documentos de atribución a ellas referidas, de manera que el neto represente el crédito
fiscal de IGV que les corresponda según su porcentaje de participación en el contrato de
colaboración empresarial respectivo; que sumado al crédito fiscal proveniente de
adquisiciones propias, sería consistente con lo informado en la declaración jurada.