OTIN
Un Regalo venido del Mar
Por: Gladys Quiroga Delgado CNP 8713
Iyalorisha Omí Toké.
Entre la multiplicidad de orishas traídos de tierra Yoruba, Otin resulta una deidad
poco conocida para el descendiente afrocubano. De hecho, en muchos lugares de los
Estados Unidos, se le dice Oloquito u Olokuncito y en otras regiones con población
cubano descendiente se le desconoce por completo.
Anécdotas múltiples acerca de su existencia han surgido alrededor de Otin. Todo
aquello que no tiene justificación y se relaciona indirectamente con Yemayá, en Cuba
normalmente se atribuye a la fallecida Fermina Gómez, Oshabí, quien fue célebre entre
otras cosas, por enseñar la metodología de Olokun en América.
Investigando en fuentes diversas, se encontraron varias hipótesis de su llegada a
nuestro continente. La más difundida, se halla en la tradición del Batuque de Bahía o
práctica religiosa afro brasilera del sur de ese país, en donde se le define como:
“Orisha de caza. Compañera de Odde y vive en su compañía. Su culto está bien
difundido en las casas de tradición Batuque en el Sur del país. Usa capa y lanza y
vive en el monte para cazar. Come todas las especies de cacería como Oddé: Pájaros y
conejos pero, su comida preferida es la carne de puerco”.
“Otin es una Iyabbá que posee tres senos. Al casarse con Ochossi le ruega para que
él no cuente su secreto a ninguno. Las otras esposas de Ochossi, curiosas lo
embriagan y él termina contando el secreto de Otin. Despavorida huye y se ahoga en
el río de su Padre Erinle”.
Un Patakí de dicha tradición cuenta lo siguiente:
“Oddé es el tercer hijo de Iemanjá y de Oxalá. Señor de la Caza y Rey de Ketu.
Único y verdadero amor de Oxum, dice una leyenda que un día salió de su casa y
tomó algunas plantas a pesar de que su madre le tenía advertido que si tomaba
alguna de las posesiones de Ossanha, éste lo apresaría. Iemanjá se sintió muy triste
con la ausencia de su hijo y se puso a llorar y sus lágrimas fueron sentidas por
Ossanha quien le dejó ver a su madre. Sin embargo, había pasado demasiado tiempo
y Oddé ya se había a costumbrado a vivir en el bosque”.
Se dice que de esa energía de Yemayá nació también Otin para acompañar a Oddé.
Otros la asocian con Olokun y Erinle. Cualquiera que fuera su filiación, lo único que
está verdaderamente claro es su naturaleza acuática, a pesar de vivir en el monte, tal y
como Okunté, Oggunasomí e Iñá, otros caminos de la Madre Yemayá.
En Brasil el día destinado a su atención es el domingo. Puede responder como Angel
de la Guarda y sus hijos son personas experimentadas y con iniciativa, alegres, sensibles
y organizados, dispuestos a ayudar a otros. Disfrutan con descubrimientos y novedades.
Sus collares se componen de distintas gamas de azul y sus números el 4, 8, 16 y 32,
tal y como se le atribuye a Yemayá en la tradición afro brasilera.
Su comida preferida es harina de maíz dulce con carne de puerco asada con miel. Los
animales que recibe son gallinas pintadas y guineas. Recibe sus ofrendas en la playa.
Se sincretiza con Santa Rita de Casia y se celebra en las regiones del Batuque el 21 de
Enero de cada año.
Para los afro brasileros, Oddé y Otin forman una pareja inseparable. Donde está Oddé
está Otin. Odé es representado por un niño que porta arco y flecha y sus herramientas
para cazar y Otin con un cántaro que carga sobre su cabeza.
Otin en otras regiones:
Se representa con una tinaja de color azul de tamaño pequeño y una muñequita de
rasgos africanos vestida del mismo color, generalmente con aspecto de niña. A simple
vista, habrá quien creería que se trata de una “jimagua incompleta” pues su aspecto
externo recuerda a estos orishas.
Cuando se indaga acerca de un signo que se asocie a su nacimiento, se puede remitir
al Oddu de Osa Oggundá que dice lo siguiente:
“Cuenta la historia que cierta vez, Yemayá Ashabbá, capitaneaba un barco y se
encontró a la deriva a causa de una tempestad. Ella, al verse a merced de los
elementos rogó a Oloddumare por algo que le permitiera detener el barco. Recibió
entonces una cadena, la cual no fue suficiente para detener su barco. Siguió
rogando y entonces recibió un Ancla. Esta unida a la cadena, logró que el barco se
detuviera, salvando Ashabbá su vida”.
Otin es el ancla de Yemayá. Es un Orisha que aporta salud, sustento emocional e
incluso ayuda material en la vida de quien lo recibe. Personalmente, he sido testigo de
sus milagros y aunque su secreto es pequeñito, su poder y su grandeza son inmensos.
Unos dicen que es “una Yemayá niña” (sic) y sus detractores la definen como un
“invento”, llamándolo Oloquito u Olokuncito debido a que lleva en su ritual un awán
similar al que se realiza en las ceremonias de Olokun Agganá. Aunque muchos digan
que “eso no existe”, la primera referencia que se tiene en Venezuela sobre la deidad
proviene del Oriaté puertorriqueño Oní Yemayá, Esteban Pérez, Oggun Relekun, cuya
vocación como investigador y cultor de ceremonias tradicionales es bien conocida.
Otin para la diáspora descendiente de Cuba y Puerto Rico se asocia en casi todas sus
formas rituales a Yemayá y a Olokún. Come gallo blanco, al igual que estos Orishas y
su collar en algunos casos se realiza con lapislázuli y otros con cuentas de vidrio en
degradaciones en azul.
Su azul es el claro o el turquesa. Se le ofrendan frutas, dulces de coco, gofio, melaza,
addalú con carne de puerco, pescado guisado, arroz amarillo con carne de puerco y agua
fresca, ya sea en la casa o en el mar, invocando además la presencia de Yemayá. Su
número es el siete con todos sus múltiplos. Vive sola en el canastillero o con otras
deidades acuáticas y recibe el mismo mantenimiento de sus similares.
Se hace lavatorio con el mismo procedimiento que para un Olokun o una Yemayá,
pero no se le dan animales mayores para bajarlo a Itá. En la tradición afrocubana no es
Ángel de la Guarda de ninguna persona, pero acude a favorecer a todo aquel que la
invoque con fe.
Personalmente, la recomiendo en el Oddu Osa tonti Oggundá y algunos en donde
Olokun o Yemayá sean determinantes, tales como Iroso tonti Oggundá, Ofun tonti
Oggundá, Eyeunle tonti Oshe, Iroso tonti Iroso, entre otros, así como cuando se deba
hacer ceremonias con awán y no se tenga la disponibilidad para recibir Olokun de
inmediato.
Por otra parte, en mi experiencia personal, ha servido como entidad propiciatoria en la
suerte y evolución de muchos de mis ahijados, quienes luego de recibirla han obtenido
rápida y satisfactoria respuesta a sus necesidades.
Un caso que quiero mencionar a ustedes, es el de un ahijado ex deportista, que
comenzó a sufrir de una osteoporosis cuyo proceso degenerativo lo ponía en riesgo de
quedar paralizado, debido al desgaste que presentaba su columna vertebral. Luego de
una consulta recibió Otin pues no tenía dinero para recibir ni Azojuano ni Olokun y su
situación era apremiante. A los días comenzó a ceder el malestar en la espalda y en poco
tiempo se reincorporó a sus actividades normales.
Posteriormente se hizo una nueva resonancia magnética y para sorpresa de todos, el
proceso degenerativo se detuvo. La enfermedad no siguió su evolución. Otin, “La
Negrita” como le dicen en su casa, hizo un milagro de salud y ocupa un lugar especial
en la vida de esa familia.
¡Modupué Otin, Maferefun Yemayá!
Referencias:
Enciclopedia de Ifá, Varios Autores, “Oddu Osá Kuleyá”
[Link], “rituais da naçao ijexá, no Rio Grande do Sul, Brasil”
[Link], “Batuque”
[Link]á.org. “Diplo Orishas”, artículo de Willie Ramos, Ilarí Obbá.