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Orgullo: Cuento de Rubem Fonseca

El documento es un cuento de Rubem Fonseca que narra la experiencia cercana a la muerte de un hombre. Mientras se está ahogando durante una radiografía, los recuerdos de su vida pasan rápidamente por su mente, incluyendo su infancia pobre, las mujeres que amó y momentos específicos. Determinado a no dejar que la muerte se apodere de su alma, hace un último esfuerzo y logra respirar de nuevo, escapando así de la muerte. El médico se sienta exhausto después del incidente, mientras el hombre se

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Orgullo: Cuento de Rubem Fonseca

El documento es un cuento de Rubem Fonseca que narra la experiencia cercana a la muerte de un hombre. Mientras se está ahogando durante una radiografía, los recuerdos de su vida pasan rápidamente por su mente, incluyendo su infancia pobre, las mujeres que amó y momentos específicos. Determinado a no dejar que la muerte se apodere de su alma, hace un último esfuerzo y logra respirar de nuevo, escapando así de la muerte. El médico se sienta exhausto después del incidente, mientras el hombre se

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jueves 2 de julio de 2009

LECTURA. "Orgullo", cuento de Rubem Fonseca

ORGULLO

En varias ocasiones había oído decir que por la mente de quien está muriendo ahogado
desfilan con vertiginosa rapidez los principales acontecimientos de su vida y siempre le
había parecido absurda tal afirmación, hasta que un día ocurrió que estaba muriendo y
mientras moría se acordó de cosas olvidadas, de la noticia del periódico según la cual en su
infancia pobre él usaba zapatos agujerados, sin calcetines y se pintaba el dedo del pie para
disimular el hoyo, pero él siempre había usado calcetines y zapatos sin hoyo, calcetines que
su madre zurcía cuidadosamente, y se acordó del huevo de madera muy liso y suave que
ella metía en los calcetines y zurcía, zurciendo todos los años de su infancia, y se acordó de
que desde niño no le gustaba beber agua y si se bebía un vaso lleno se quedaba sin aire, y
por eso permanecía el día entero sin beber una gota de líquido pues no tenía dinero para
jugos o refrescos, y que a veces a escondidas de su madre hacía refresco con la pasta de
dientes Kolynos, pero no siempre tenían pasta de dientes en su casa, y en el momento en
que moría también se acordó de todas las mujeres que amó, o de casi todas, y también del
piso de madera roja de una casa en la que había vivido, aunque angustiado no logró
recordar qué casa era aquélla, y también del reloj de bolsillo ordinario que rompió el primer
día que lo usó, y también del saco de franela azul, y del dolor que lo había hecho arrastrarse
por el suelo, y del médico que decía que necesitaba hacerle una radiografía de las vías
urinarias, y cuanto más lo cercaba la muerte más se mezclaban los recuerdos antiguos con
los recientes, él llegando atrasado al consultorio del médico que ya estaba vestido para
salir, ya hasta había permitido que se fuera la enfermera, y el médico con prisa, ansioso
como alguien que va a encontrar a una novia muy deseada, mandándole que se quitara el
saco, se levantara las mangas de la camisa y que se acostara en una cama metálica,
explicándole que a fin de cuentas la radiografía no se tardaría mucho, sólo había que
inyectar el contraste y sacar las placas, y el médico se inclinó sobre la cama para aplicar el
contraste en la vena del brazo y él sintió el olor delicado de su perfume y pudo observar su
corbata de bolitas, y no pasó mucho tiempo cuando empezó a sentir que la laringe se le
cerraba impidiéndole respirar y él intentó alertar al médico pero no logró emitir sonido
alguno y todas las reacciones vinieron a su mente, la noticia del periódico, el saco azul, el
piso de madera, las mujeres, el huevo liso de madera de su madre, mientras el médico en
una esquina del consultorio hablaba por teléfono en voz baja, y como sabía que se estaba
muriendo golpeó en la cama de metal con fuerza, el médico se asustó y después muy
nervioso sacaba los cajones de los armarios, maldiciendo, culpando a la enfermera y
diciéndole a él que se calmara, que iba a ponerle una inyección antialérgica, pero no
encontraba dónde estaba el maldito medicamento, y él pensó me estoy muriendo
sofocado, la vida y la muerte corriendo al parejo, y consciente de que su muerte era
inminente e inevitable, se acordó de las palabras de un poema, debo morir pero eso es todo
lo que haré por la Muerte, pues siempre se había rehusado a tener el corazón atormentado
por ella, y en ese momento en que moría no iba a dejar que ella se hiciera cargo de su alma,
pues lo más que la Muerte haría de él sería un muerto, así es que pensó en la vida, en las
mujeres que había conocido, en su madre zurciendo calcetines, en el huevo liso de madera,
en la noticia del periódico, y golpeó con fuerza la mesa de metal, ¡bam!, ¡bam!, ¡bam!, estoy
pensando en las mujeres que amé, ¡bam!, ¡bam!, ¡bam!, pensando en mi madre, y en ese
momento el médico, sin saber qué hacer, atormentado y sobresaltado por los ruidosos
golpes que él descargaba en la cama metálica, lo miró con gran conmiseración y tristeza, y
él gritó nuevamente ¡bam!, ¡bam!, que perdonaba al médico, ¡bam!, ¡bam!, que perdonaba a
todo el mundo, mientras su mente recorría velozmente las reminiscencias de la vida, y el
médico, ahora entregado a su impotencia, desesperado y confundido, le quitó los zapatos y
le levantó la cabeza y vio sus pies vestidos con calcetines negros, y vio en el calcetín del pie
derecho un hoyo que dejaba aparecer un pedazo del dedo grande, y se acordó de cuán
orgullosa era su madre y de que él también era muy orgulloso y que eso siempre había sido
su ruina y su salvación, y pensó no voy a morirme aquí con un hoyo en el calcetín, no va a
ser esa la imagen final que le voy a dejar al mundo, y contrajo todos los músculos del
cuerpo, se curvó en la cama como un alacrán ardiendo en el fuego y en un esfuerzo brutal
logró que el aire penetrara en su laringe con un ruido aterrador, y cuando el aire era
expelido de sus pulmones hizo un ruido aún más bestial y horrible, y se escapó de la Muerte
y ya no pensó en nada. El médico, sentado en una silla, se limpió el sudor del rostro. Él se
levantó de la cama metálica y se puso los zapatos.

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