Introducción a Heidegger
Gianni Vattimo
1. SER Y TIEMPO
1. La situación afectiva y el estar lanzado.
Sobre la base de la conexión de mundanidad y significatividad, el análisis del “Ser-en”
conduce al reconocimiento de un primer grupo de existenciales: 1) la comprensión, la
interpretación (estrechamente ligada a la comprensión en lo tocante a su articulación interna), 2)
a las que se agrega el discurso (Rede) como concretarse de la interpretación
Befindlichkeit → disposicionalidad, literalmente quiere decir “encontrarse”, de “sentirse”
de esta o aquella manera, la tonalidad afectiva en la cual nos encontramos.
No totalidad, sino disposicionalidad de significado →Valencia emotiva
Geworfenheit → Estar lanzado o arrojado. Gaos: “estado de yecto”.
La afectividad es más bien ella misma una especie de precomprensión, aun más originaria
que la comprensión misma.
Toda relación específica con las cosas individuales (aun la comprensión y su articulación
interpretativa) es posible en virtud de la apertura al mundo garantizado por la disposicionalidad.
“La disposicionalidad ya ha abierto el Dasein al mundo en su totalidad, con lo que hace así posible
un dirigirse hacia”.
El proyecto lanzado pone de manifiesto la finitud del Dasein.
El mundo se nos aparece siempre a la luz de cierta disposición emotiva: alegría, miedo,
desinterés, tedio. Todos los afectos singulares son posibles sólo como especificaciones del hecho
de que el Dasein no puede estar en el mundo (y, por tanto, las cosas no pueden dársele) si no es a
la luz de una disposicionalidad que, radicalmente, no depende de él.
“Este carácter del ser del Dasein, de que estés escondido su dónde y su de dónde y de
estar en camino radicalmente abierto e cuanto tal, es lo que llamamos el estado-de yecto
(Geworfenheit) de este ente en su ahí. La expresión estado –de yecto viene a significar la
efectividad del ser entregado”
El Dasein es pues finito, por cuanto (aun siendo el que abre y funda el mundo) es a su vez
lazado a esta apertura, la cual no le pertenece ni como algo de que él pueda disponer, ni como una
determinación trascendental de todo sujeto como tal. Esta estructura lanzada del Dasein es lo que
Heidegger llama la efectividad (Faktizität) de la existencia.
1
2. Geworfenheit y Verfallenheit. Autenticidad e inautenticidad
Verfallenheit → Caída. Gaos: Condición de yecta.
El Dasein está en el mundo junto con otros→ estar-con
Es esto por lo que tiene la tendencia a comprender el mundo, según la opinión común, a
pensar lo que se piensa, a proyectarse sobre al base del anónimo se de la mentalidad publica.
Por estar ante todo en Geworfenheit en el mundo del se, la existencia es siempre
originariamente inauténtica. En este sentido, con el Geworfenheit está vinculado lo que Heidegger
llama condición de yecta o caída (Verfallenheit) constitutiva del Dasein. Condición de yecta
significa que “el Dasein, en primer lugar y dentro de ciertos límites, siempre está entregado a este
estado interpretativo”, es decir, a la mentalidad del se.
Si las cosas son instrumentos es tal únicamente en el proyecto, el proyecto implica empero
una elección y una decisión de proyectar; sólo en un proyecto así concretamente querido las cosas
son verdaderamente lo que son. El “proyecto” del se
Dasman→se (el se, se dice, on dit)
Se nunca e una decisión de alguien; es sólo una especia de fondo de que tiene necesidad la
elección del individuo pero sólo como fondo para destacarse de él. En el se las cosas desligadas de
un verdadero proye2cto n se presentan en su verdadera naturaleza de posibilidades, sino que se
presenta sólo como “objetos“; hasta la concepción del ser de las cosas como simple presencia se
revela así vinculada con la inautenticidad y con la falta de apropiación que caracteriza al se. El
encuentro con las cosas, el conocimiento verdadero, implica en cambio que el Dasein asuma en
cierto modo responsabilidades.
La Sorge es “pre-ser-se-ya-en (un mundo en cuanto ser cabe [o junto a])(el ente que se
encuentra dentro del mundo)” .
Si únicamente en cuanto lanzado el Dasein puede ser proyecto, esto quiere decir que la
Geworfenheit es la raíz misma de todas las estructuras existenciales del Dasein… El Dasein no e
simple presencia porque es proyecto lanzado.
3. Dasein y temporalidad. El Ser para la muerte.
Si el Dasein es escencialmente poder ser, nunca podremos encontrarlo como un todo. El
hecho de partir de la cotidianidad media como lugar de “todas” las posibilidades del Dasein admite
implícitamente estas posibilidades como simples presencias, posibilidades que habría de tener en
cuenta en su conjunto si pasar por alto ninguna.
No se puede pretender experimentar el Dasein como totalidad en el sentido de la simple
presencia porque es constitutivo en él ser posibilidad abierta. Así todo se puede decir que e Dasein
no será siempre en el modo de la posibilidad, pues en efecto muere y llega un momento en que
2
esa estructura de abierto incumplimiento no es más tal… el Dasein estaría cumplido cuando a
todos sus otros modos de ser viene a agregarse también el estar muerto.
Epícuro: Cuando estoy vivo mi muerte no está y cuando sobrevenga mi muerte yo
noestaré más, por lo cual en el fondo la muerte no me incumbe.
El primer aspecto de la muerte que se nos impone es su carácter insuperable. La muerte es
la posibilidad de la imposibilidad de toda otra posibilidad, la posibilidad de la pura y simpe
imposibilidad del Dasein.
- Posibilidad inescapable.
- Insuperable. Más allá no hay posibilidad.
- Psosilidad de imposibilidad de otra posibilidad.
Por cuanto nunca puede ser experimentado como “realidad” (por lo menos mi muerte),
ella es auténtica posibilidad, es decir, posibilidad que continúa siendo permanentemente tal, que
no se realiza nunca, por lo menos mientras el Dasein es. La muerte es pues, posibilidad auténtica y
autentica posibilidad: sobre esta base se revela la función que la muerte tiene en constituir el
Dasein como un todo, en el único sentido en que el Dasein puede ser un todo (el cual es en última
instancia el sentido de una totalidad históricamente coherente y que deviene). La muerte, en
efecto, como posibilidad de la imposibilidad de toda posibilidad, lejos de cerrar al Dasein, lo are a
sus posibilidades del modo más autentico.
La muerte constituye al Dasein como totalidad auténtica: al anticiparse en la propia
muerte, el Dasein ya no estás disperso ni fragmentado en las diferentes posibilidades rígidas y
asiladas, sino que las asume como posibilidades propias que incluye en en proceso de desarrollo
siempre abierto precisamente por ser siempre un proceso para la muerte.
La anticipación de la muerte posibilita todas las otra posibilidades, pero esto implica ua
especie de momentánea suspensión de la adhesión a esas posibilidades, supone en cierto modo,
salir de la mañana de perentorios intereses con que dichas posibilidades se imponen en su
presencia efectiva.
Esa voz se limita a remitir al Dasein a sí mismo, lo cual significa que no ordena contenidos
precisos (en esto es análogo al imperativo kantiano), sino que sólo pide al Dasein que asuma ua
posibilidad concreta, no porque así se hace, sino como posibilidad propia.
En la voz de la conciencia se nos anuncia una culpabilidad originaria de Dasein que no es
posterior a ningún acto culpable, sino que antes bien, constituye el fundamento y la base de la
posibilidad de cualquier culpa individual. La culpa que pone de manifiesto la voz de la conciencia,
por lo demás, no es solo la “caída” como tal sino que es lo que funda la caída, es el estado-de-
yecto. La negatividad a la que siempre alude el concepto de culpa (una culpa se llama también
comúnmente una “falta”) es la negatividad que caracteriza al estado-de-yecto y que se maifiesta
en el carácter de-yecto de la existencia cotidiana.
3
El Dasein es el “fundamento de la nulidad”
La voz de la conciencia solo se puede escuchar respondiéndole, lo cual significa salir del
anonimato del se para decidirse “por lo propio”.
La decisión que responde a la voz de la conciencia y que hace auténtico el Dasein no
significa sólo asumir responsabilidades respecto a esta o aquella posibilidad existencial, sino que
es decisión anticipante de la muerte.
El ser lanzado como ser culpable es el pasado del Dasein.
Para comprender el alcance de esta manera heideggeriana de fundar la temporalidad (con
sus tres dimensiones: pasado, presente y futuro) hay que tener en cuenta tres cosas.
a) Ante todo, que ésta quiere ser un verdadera fundación de la temporalidad como tal y
no solo poner de manifiesto un “aspecto temporal” del Dasein. El ente intramundano
nos ha remitió al Dasein; resulta claro pues que, no según el modelo del ente, sino sólo
en el Dasein podremos encontrar las bases para concebir adecuadamente el tempo
que, por lo demás, siempre se sustrajo al modo de pensar de la metafísica.
b) El tiempo no ha sido “buscado”, sino que se ha presentado por sí mismo como el
verdadero sentido del discurso sobre el Dasein desarrollado hasta aquí. El ser del
Dasein se define unitariamente como Sorge (cuidado, cura, preocupación). El sentido
mismo de la Sorge es la temporalidad.
La decisión es posible sólo como hecho temporal, de suerte que el Dasein está constituido
radicalmente por la temporalidad.
c) Pero Heidegger se distingue de San Agustín por no fundar la temporalidad en las
dimensiones de la conciencia.
4.
4
2. La metafísica como historia del ser.
1. ¿Qué es la metafísica?
Su pensamiento se podrá desarrollar sólo en la medida en que, proyectándose, asuma
efectivamente su propio pasado, su propia condición histórica, que es la de pertenecer a cierta
tradición y a cierto lenguaje conceptual.
La prelusión sobre ¿Qué es la metafísica? Afirmará que la metafísica está connaturalizda
con el mismo Dasein del hombre por cuanto el conocimiento del ente implica ya una comprensión
preliminar del ser del ente, es decir, el “proyecto” (proyección) dentro del cual el ente llega a ser
el aparecido en la presencia; esto implica un fundamental trascender del ente por parte del
Dasein, que, comprendiendo al ser, va siempre más allá del ente como tal.
A partir del escrito Introducción a la metafísica, de 1935 el término metafísica asume en
Heidegger una connotación decididamente negativa: metafísica es todo el pensamiento occidental
que no supo mantenerse en el nivel de la trascendencia constitutiva del Dasein al colocar el ser en
el mismo plano que el ente. En otras palabras, el conocimiento del ente presupone en el Dasein
una constitutiva comprensión previa del ser (el proyecto) y esto es lo que se entiende por
trascendencia del Dasein respecto del ente; esa trascendencia se refleja en el hecho de que, desde
comienzos de la historia del pensamiento occidental, la filosofía formula el problema del ser del
ente, es decir, de aquello que constituye el ente como tal (su “esencia”). Pp.61.
El ser se obtiene en virtud de la observación de aquello que todos los entes tienen de
común. También el ser es concebido en toda la historia de la filosofía occidental como simple
presencia.
El principio de razón suficiente vale porque está el Dasein que, proyectándose y
asumiendo la situación, abre el mundo como totalidad e entes, es decir, como un conjunto
“sistemático” ligado por una estructura de justificación fundante (Recuérdese que en Ser y
tiempo se dice sobre totalidad instrumental y de significados : esa totalidad puede ser ta sólo en la
forma de un sistema de referencias y por lo tanto, de justificaciones y de fundaciones).
El Ser es el trascendens puro y simple, luz a la cual el ente se hace visible.
El “no más bien” expresa la trascendencia del Dasein. Pp. 67.
Plantear la cuestión del ser del ente significa tambié plantear la cuestión de la nada, e,
inversamente, sólo planteando realmente la cuestiónde la nada se plantea la cuestión del ser del
ente.
La angustia es “disposicionalidad fundamental” y “apertura específica del Dasein”. A
diferencia del miedo, que es siempre miedo a algo, la angustia se revela como miedo “a la nada”:
5
la persona angustiada no teme a este o aquel ente, sino más bien siente que se hunde en la
insignificancia todo su mundo, pe no puede indicar algo preciso que le dé miedo.
El Dasein se concibe como ente entre otros entes, y hasta se siente protegido y
tranquilizado por los entes que lo rodean.
La nada es la condición que hace posible la revelación del ente como tal para el ser
existenciario del hombre. La nada no solo representa el concepto opuesto al del ente, sino que
pertenece originariamente a la esencia del ser mismo.
El ser del ente es como un colocarse dentro del mundo, coo un aparecer a la luz que el
Dasein proyecta en su [Link] concepción del ser, es precisamente la concepción del ser
como “luz”.
2. Verdad y no verdad
Es verdadera una proposición cuando está en conformidad con la cosa.
“Se puede ver algo sólo si hay luz” La apertura es un estar abierto del Dasein al ente. Este
modo de relacionarnos con la cosa presupone una apertura más originaria (comparado con la luz),
sólo que esa apertura es precisamente un estar abierto a la cosa como tal. Tratar de estar de
conformidad con la cosa significa tomarla como norma de nuestro juzgar y de nuestro decir. El
hecho de que haya una norma a la que hemos de ajustarnos, aquí entra en juego la libertad.
Abrirse a la osa tratando de adecuarse a ella como norma es un acto libre: la esencia de la verdad
es la libertad. Esta libertad no es una facultad de que disponga el hombre, sino que es más bien
ella la que dispone de él.
“El hombre no ‘posee’ la libertad como propiedad suya, sino que es cierto precisamente lo
contrario: la libertad, el Dasein ex-sistente y relevante, posee al hombre y lo posee tan
originariamente que solo ella permite a una humanidad entrar en esa relación con un ente, como
tal en su totalidad, en la cual se funda y se traza toda historia” pp. 71.
El hecho de que la apertura originaria al mundo, la cual hace posible toda conformidad con
el ente (verdad), y de que toda elección práctica no depende de una elección del hombre, sino que
precede al hombre mismo y lo constituye, significa que el Dasein puede entrar en relación con los
entes en cuanto está ya lanzado en cierta apertura histórica, esto es, en cuanto ya dispone ya
dispone de un conjunto históricamente dado criters, de normas, de prejuicios, en virtud de los
cuales el ente se le hace accesible.
Puesto que la libertad ex-sistente como esencia de la verdad no es una propiedad del
hombre sino que el hombre ex-siste sólo en cuanto esta libertad se apropia de él y lo hace capaz
de la historia, tampoco la no esencia de la verdad puede proceder originariamente, por
consiguiente, de la simple incapacidad y negligencia del hombre. Pp. 73.
6
Si concebimos la libertad como apertura originaria y revelación, l no verdad se concebirá
por consiguiente como oscuridad y ocultamiento.
La verdad debe ser siempre arrancada al ente.
La no verdad que pertenece a la esencia misma de la verdad está vinculada la existencia
inauténtica del Dasein, la existencia “caída”, de-yecta.
3. Metafísica e historia del ser.
Toda asignación del porqué, toda justificación es siempre interna de un mundo como
totalidad de entes que se justifican entre sí, pero no tiene sentido respecto del ente en su
totalidad. Pp. 76.
En cuanto se desliga e la nada, el ser se identifica inmediatamente con ente como
presencia, como efectividad, como realidad.
Por cuanto no elabora el problema de la nada, l metafísica no elabora, pues siquiera
auténticamente, el problema del ser del cual sin emabro partió. La metafísica tiene el carácter
de un olvido del ser.
La metafísica es pues, historia del ser y al mismo tiempo (puesto que el sentido de la
definición es idéntico) nuestra historia: no como obra nuestra, sino como situación que nos
constituye. Pp. 78.
4. Nietzsche y el fin de la metafísica.
El descubrimiento de la esencia de la metafísica es posible sólo en cuanto la metafísica
llega a su conclusión; es más aún, ese descubrimiento se identifica con el hecho mismo del fin de
la metafísica.
La esencia de la metafísica es el olvido del ser; pero cuando se reconoce este como olvido
se encuentra ya uno en condiciones de recordar lo que se ha olvidado y, por tanto, de ir más allá
de la metafísica. Pp. 80.
El ser no solo queda olvidado, sino que él mismo queda oculto o desaparece, el “ser
olvidado” queda olvidado y desaparece.
Nietzsche concibe el ser del ente (esto es, lo que constituye el ente como tal) como
“voluntad de poderío”, para Heidegger esta expresión equivale a tra que él prefiere: “voluntad de
voluntad”. En efecto, poderío no es otra cosa que posibilidad de disponer de algo, es decir,
posibilidad de querer. Querer el poderío significa querer querer. Ha de preferirse la fórmula
“voluntad de voluntad” porque hace resaltar un aspecto decisivo de la concepción nietzscheana
del ser: que a voluntad quiera solo querer significa que ella es puro querer sin algo “querido”; la
voluntad de esta sola, no tiene ningún termino al cual tender más allá de sí misma. “Voluntad de
7
voluntad” indica la total falta de fundación que caracteriza al ser al término de la metafísica. Pp.
81.
Si lo verdadero es la idéa, l verdad del pensamiento es orthóte, el ver justo y reflejar esta
relación en la proposición que de tal manera es verdadera por cuanto está de conformidad con lo
que manifiesta (la verdad como conformidad, homóiosis).
Aristóteles concibe al ser en dos sentidos: como qué cosa (éidos), es decir, como esencia y
como que (oüsia), esto es, existencia efectiva, esta última es para Aristóteles (enérgeia), ser en el
acto, y es al acto de existir efectivamente a lo que Aristóteles atribuye primariamente el ser, ante
antes que a la esencia de éidos. Si por un lado, este privilegiar la enérgeia coloca a Aristóteles más
próximo al origen del concepto de aletheia en cuanto a concebir el ser como acto significa
pensarlo como punto de llegada de un proceso y, por consiguiente, como un “llegar de”. Sin
embargo –precisamente porque la enérgeia precisamente distinta del éidos, el qué efectivo es
pues distinto del qué cosa o esencial-, la concepción aristotélica del ser termina por representar un
paso hacia la identificación cada vez más completa del ser con lo que está efectivamente presente.
La noción de “objetividad”, de que tanto uso hace la filosofía moderna, es siempre
correlativa a la del sujeto: la realidad objetiva es aquella que se muestra y se demuestra tal al
sujeto: pero entones la que la constituye es justamente la certeza que el sujeto tine de ela. Pp. 84.
La historia de la metafísica es ante todo, historia de palabas. Pp. 85.
Los sitemas metafísicos del siglo XIX son una forma de “organización total” en un nivel
todavía teórico; esos sistemas presuponen aún, como toda la metafísica, cierto recuerdo de la
diferencia ontológica. Aun olvidando el verdadero sentido de la diferencia ontológica, la metafísica
concibe sin embargo siempre el ser del ente y sobrevive así hasta que su olvido del ser se presenta
enmascarado bajo el aspecto de una indagación del ser del ente. Pp. 86.
El ser del ente es total y exclusivamente el ser impuesto por la voluntad del hombre
productor y organizador.
El metafísico está caracterizado por la dictadura de la “publicidad”, o en el sentido de
réclame, sino en el sentido de “ser público”.
La “publicidad” es algo que pertenece esencialmente al ente en a época de la metafísica
cumplida en la medida en que del ser como tal “ya no queda más” y el ser del ente está
enteramente reducidor a pertenecer a un sistema instrumental del que, por definición, el hombre
disoné por entero.
5. Superación de la metafísica.
La metafísica puede subsistir solo mientras su esencia de olvido esté enmascarado y
oculta, es decir, solo mientras olvide su mismo olvidar.
Darse cuenta del olvido implica ya asumir una posición que no se encuentra en este olvido.
8
La historia, para Heidegger, se configuraría solo como un progresivo aislameiento del ser.
El Schritt zurück no es un volver atrás en un sentido temporal, sino que es un retroceder en el
sentido de tomar distancia para colocarse en un punto de vista que permita ver la metafísica
como historia, como un proceso de devenir, en cuanto la vemos como historia, la “ponemos
en movimiento”.
Ver la metafísica como historia no significa adueñarse de la totalidad de la verdad, sino ,
sino mas bien significa ver la historia como un proceder, de un “origen” que permanece
constitutivamente oscuro y que nunca se “resuelve” en la historia del pensamiento mismo.
El ser está esencialmente constituido por un progresivo ocultamiento y que semejante
“definición” sería también la afirmación de que, aun a través de la historia de ocultamiento, el
ser tiende por fin a revelarse en lo que es: ocultamiento precisamente de aquello de que
empero el pensamiento puede cobrar plena conciencia.
El error de la metafísica no haría sino repetirse, ya que redujo el ser a ente justamente en
cuanto se esforzó en convertirlo en objeto de teorizaciones y definiciones, de insertarlo
orgánicamente en la concatenación del razonamiento de fundación. Pp. 91.
Ver la metafísica como historia significa verla ante todo como ”movimiento”, como un
“proceder de”; significa, pues, ver el sistema de razonamiento de fundación como algo situado
dentro de un ámbito que l trasciende y que a su vez no puede concebirse como fundamento.
De manera que hay que preguntarse si es posible, y cómo se define, un pensamiento que
vaya más allá de la metafísica, es decir, si es posible una auténtica superación de la metafísica
misma. Pp.92.