Evolución y Estructura del Universo
Evolución y Estructura del Universo
Vladimir Ávila-Reese
INTRODUCCIÓN
ción ex nihilo. Tal como Tomás de Aquino estableció hace casi 8 siglos atrás,
“creatio non est mutatio” (la creación no es un cambio). Por otro lado, el hecho de
que el conocimiento científico esté logrando explicar sistemáticamente toda la his-
toria del Universo, despeja la posibilidad en este período del acto divino al nivel del
mundo físico, validando aquella idea que A. Einstein solía expresar: lo más asom-
broso de la naturaleza es que éste sea capaz de ser estudiada, es decir que se rige
por leyes sistemáticas, autoconsistentes e interconectadas en una unidad; parece no
haber cabida para voluntades milagrosas y fenómenos mágicos, y de otra manera la
ciencia no tendría sentido.
No obstante, no deja de ser incitador en esta dirección el hecho de que todo el
conocimiento científico actual apunta a que en el Universo existe una marcada ten-
dencia, a veces rayando en lo improbable, de evolucionar de lo más sencillo a lo
más complejo, de un estado casi inmaterial llamado vacío a la sopa caliente y uni-
forme de partículas y campos fundamentales que a medida que el Universo se ex-
pande y enfría se transforman en partículas más complejas, luego en átomos que
forman conglomerados de gas de los que se originan las galaxias, estrellas que na-
cen en las mismas y procesan los elementos químicos de los que luego podrán for-
marse planetas y en algunos de ellos surgir la vida que evoluciona hasta el estado
más complejo conocido, el de la vida con conciencia.
En lo que sigue, haremos un breve recorrido por el cosmos yendo de las escalas
más pequeñas e inmediatas a las más grandes y alejadas (§ 1). En el § 2 se explicará
la naturaleza y evolución de las estrellas y galaxias, para así luego presentar lo que
sabemos acerca de la evolución del Universo (§ 3) y finalmente reflexionar sobre
algunos aspectos en el diálogo entre ciencia, filosofía y religión (§ 4).
1. UN PASEO CÓSMICO
muy probable que en este sistema planetario el único lugar donde existe vida es en
la Tierra. Para llegar a la estrella más cercana al Sol, se requieren 4.2 años viajando
a la velocidad de la luz y cerca de 230,000 años yendo a la velocidad de las naves
espaciales más rápidas en la actualidad (téngase en cuenta que la historia de la civi-
lización humana es de aproximadamente 10,000 años). La gran mayoría de las es-
trellas que podemos observar a simple vista desde la Tierra en un firmamento des-
pejado (aproximadamente 6000 desde ambos hemisferios) se encuentran dentro de
un radio de alrededor de 35 años luz (a. l.). Todas esas estrellas y muchas más per-
tenecen a un filamento espiral llamado el brazo de Orión donde también existen
nubes de gas molecular frío, nubes más tenues de gas templado neutro y enormes
burbujas de gas caliente; todas estas componentes entre las estrellas o en las que se
encuentran embebidas las mismas, se denomina el medio interestelar, mismo que se
encuentra en constante interacción con las estrellas formando un verdadero ecosis-
tema como veremos más abajo.
Las estrellas son parte de gigantescos sistemas llamados galaxias. El Sol se en-
cuentra en una galaxia relativamente grande llamada la Vía Láctea, cuyo diámetro
es de 100,000 a.l. y contiene cerca de 200,000 millones de estrellas.
Con un diámetro de 100 mil a.l. Y a la distancia de 2.2 millones de a.l. se en-
cuentra Andrómeda, la galaxia de tamaño comparable a la nuestra más cercana.
Alrededor de ambas existen alrededor de una veintena de galaxias pequeñitas y muy
diferentes, llamadas enanas satélites; algunas de ellas están siendo engullidas por la
Vía Láctea y Andrómeda. Todo este sistema es conocido como el Grupo Local.
Más allá, existen otras cientos de millones de galaxias dentro de nuestra región
de causalidad, es decir aquella esfera a nuestro alrededor con un radio igual a la
distancia que puede recorrer un rayo de luz (la máxima velocidad de transporte en
la naturaleza) en un tiempo igual a la edad actual del Universo. Aunque el Universo
es infinito, no podemos tener más contacto causal que dentro de esta región; sin
embargo, regiones más allá tienen propiedades iguales a la nuestra, no es que sean
otros Universos. La pregunta ahora es ¿cómo están distribuidas las galaxias en el
espacio? Resulta que ellas se agrupan en paredes y filamentos, en las intersecciones
de los cuales se encuentran los cúmulos de galaxias, conglomerados de cientos o
miles de galaxias sumidas en un pequeño volumen. En otras palabras, la estructura
a gran escala del Universo se asemeja a una esponja, con filamentos y grandes hue-
cos. Las teorías cosmológicas actuales explican muy bien el porqué de esta peculiar
estructura y proporcionan los ingredientes para entender cómo se formaron las ga-
laxias. Uno de los ingredientes claves es la materia oscura que parece ser muchísi-
mo más abundante que la normal (ver más abajo); para ella sólo importa la grave-
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2.1. Estrellas
Estos son los objetos más difundidos en las galaxias en los cuales se genera gran
parte de la energía del cosmos y se procesan todos los elementos químicos a partir
del hidrógeno y helio primigenios. Una estrella es básicamente una esfera de gas
(plasma) donde la fuerza atractiva de la gravedad es contrarrestada por las diferen-
cias de presión entre el núcleo y las capas más externas. Para que la presión del gas
estelar sea alta en el centro se requiere de una fuente de energía interna. Dicha fuen-
te son las reacciones termonucleares de fusión del hidrógeno: cuatro núcleos de este
elemento (protones) se unen para formar el núcleo de helio, liberando en la reacción
una descomunal cantidad de energía; mucho más que la invertida para fusionarlos.
Las temperaturas necesarias para que esta reacción ocurra, que hace que las estre-
llas brillen, son del orden de 15 millones de grados. Toda estrella al nacer y durante
gran parte de su vida tiene esta temperatura en su núcleo.
Las estrellas nacen en el seno de enormes nubes de gas de hidrógeno molecular
frío y denso que se fragmentan en subnubes y por la fuerza de autogravedad colap-
san en masas desde una décima de la del Sol hasta más de 100 veces la masa del
Sol; ése es el rango de masas de las estrellas. Todas las propiedades y futura vida de
la estrella dependen básicamente de su masa inicial. Las estrellas menos masivas
tienen una vida tranquila y muy larga; la vida para una estrella como el Sol, por
ejemplo, se estima es de 9,000 millones de años, mientras que una estrella cien
veces más masivas dura sólo un poco más de un millón de años, pero su vida trans-
curre intensamente.
Cuando el hidrógeno se termina en el corazón de la estrella, ésta pasa entonces a
la fase conocida como gigante roja, formando al centro una estrellita muy densa
compuesta de un gas degenerado de helio (enana blanca) y expandiendo sus capas
externas de hidrógeno hasta perderlas; ese será el destino del Sol, de aquí a unos
4500 millones de años más. Pero si la estrella es más masiva, su campo gravitacio-
nal es tal que después de apagarse la fuente de energía, pasan por la fase de gigante
roja, pero luego las capas externas no se pierden sino que se vuelven a comprimir
tanto que la temperatura en el centro ¡llega a los 100 millones de grados! A estas
temperaturas se dan las reacciones de fusión del helio en carbono y oxígeno y nue-
vamente se genera gran cantidad de energía.
Mientras más masiva es la estrella, más rápido ocurre todo y más fases similares
se suceden, produciéndose la combustión nuclear de elementos químicos cada vez
más pesados en el centro. Estrellas más masivas que 10 veces el Sol terminan su
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vida con estrepitosas explosiones llamadas Supernova, donde gran parte de las
mismas son expulsadas al medio interestelar; se trata de material rico en elementos
químicos pesados de los cuales luego se forman partículas de polvo y en algunos
casos planetesimales y luego planetas. Si la masa es entre 10 y 25 veces la del Sol,
al centro queda un objeto ultradenso y de sólo unos 15 kms. de radio formado por
un gas de neutrones; es la estrella de neutrones. Pero si la masa es mayor a 25 ma-
sas solares, la gravedad es tan intensa que el objeto al colapsar rompe la estructura
del espacio-tiempo y forma lo que se conoce como agujero negro. Nada que caiga a
este objeto puede escapar de sus “fauces”, ni siquiera la luz, por eso se llama negro,
y es un agujero porque en la membrana espacio-temporal por la que se mueven los
objetos ahí, se produce un verdadero agujero donde el tiempo se hace eterno para
un observador externo.
2.2. Galaxias
Las estrellas nacen en las frías nubes moleculares pero luego éstas, en especial
las más masivas, recalientan pronto el gas. La formación estelar puede autoregular-
se a través de complejos procesos muy similares a lo que ocurre en un ecosistema
biológico. En ese sentido, toda una galaxia es un ecosistema autogravitante donde
las estrellas “nacen, viven y mueren” interactuando con el medio interestelar, cam-
pos magnéticos, etc. Nuestra galaxia, la Vía Láctea tiene unos enormes brazos espi-
rales brillantes que son las regiones donde se da la formación estelar más activa.
Todo el sistema está rotando rápidamente y tiene la forma de un disco
Galaxias hay de muchos tipos, desde esféricas o elípticas con estrellas muy vie-
jas y sin gas para formar nuevas, hasta delgados discos donde las estrellas están
todavía a todo nacer del abundante gas que tienen. En el medio de ambos extremos
se tienen galaxias con una componente esferoidal y otra discoidal; mientras mayor
es el disco, más joven y tranquila fue o es la vida de la galaxia. Las galaxias elípti-
cas o los bulbos esféricos de las galaxias de disco parece que se formaron a través
de un violento proceso de colapso o de una fusión de dos o más galaxias de disco;
por eso adquirieron la forma esferoidal donde el movimiento caótico de las estrellas
producto del colapso o la colisión es el que contrarresta a la gravedad del sistema.
Los esferoides tienen en su centro agujeros negros ultra masivos, de miles a cientos
de millones de masas solares. Las galaxias de disco por su parte se cree tuvieron un
proceso de formación más calmado. Las enormes estructuras primigenias de mate-
ria van haciéndose cada vez más densas por la atracción gravitacional. Estas estruc-
turas adquieren una ligera rotación por torcas de marea en su alrededor. El gas al
caer al centro lo hace rotando y frena su caída hasta que la rotación es tal que la
La historia del universo 57
sin dejar rastro y que sumadas en grandes extensiones (como toda una galaxia) pa-
recen ser las que dominan en el Universo (ver más abajo). La concepción moderna
de una galaxia es la de un enorme esferoide de materia oscura con dimensiones 15-
20 veces mayores a la parte visible y que está en el centro del esferoide o halo oscu-
ro como lo denominan los especialistas.
El esqueleto de la formación de galaxias son los halos oscuros que provienen del
colapso gravitacional de tenues inhomogeneidades sembradas en el Universo mu-
cho antes del segundo de edad del mismo. Son estos halos oscuros los que capturan
el gas de materia normal (llamada bariónica) y éste cae hasta el centro de los mismo
formando generalmente un disco en rotación, como se mencionó más arriba, y al-
canzando altas densidades de tal manera que la formación de estrellas pueda darse.
Si las inhomogeneidades primordiales fuesen sólo de materia normal, es fácil mos-
trar que cuando la radiación interactúa activamente con dicha materia, la radiación
las “plancha”, las borra y no habría manera de explicar cómo se formaron las ga-
laxias. Debido a que la materia oscura exótica no interactúa con la radiación, este
fenómeno de “planchado” no aplica para ella, de tal manera que las tenues inhomo-
geneidades sembradas en el Universo temprano sobreviven y se hacen cada vez más
densas hasta colapsar y formar los halos galácticos que luego atrapan el gas que
formará la galaxia visible en sus centros. El tipo de partículas que mejor explica la
formación de halos y galaxias es el así llamado de Materia Oscura Fría (MOF); son
partículas muy masivas como el neutralino; esta última es la más buscada actual-
mente en experimentos en la Tierra y se predice en teorías de superunificación de la
física de altas energías y de partículas elementales. El modelo cosmológico de MOF
es uno de los paradigmas centrales de la astrofísica y cosmología modernas. Sus
predicciones han sido demostradas observacionalmente en varias ocasiones pero
aún existen cuestiones abiertas y pruebas a pasar, una de ellas el descubrimiento
experimental de la partícula en sí. Los siguientes años serán cruciales para compro-
bar definitivamente o refutar el modelo de MOF.
Como prueba de la unidad física de la naturaleza, a través de estudios teóricos y
costosas simulaciones en supercomputadoras, es posible mostrar que las propieda-
des de los halos oscuros, y por ende de las galaxias que se forman en su interior,
varían de acuerdo al tipo de partículas de materia oscura que se proponga: ¡las pro-
piedades del mundo subatómico resultan ser decisivas al definir las propiedades de
estructuras macroscópicas! Entonces a través de observaciones astronómicas se
puede explorar, en cierta manera, las propiedades del mundo subatómico. El enten-
der y demostrar qué es la materia oscura en las galaxias y el Universo en general
es uno de los principales retos de las ciencia actual.
La historia del universo 59
observacional no se hizo esperar demasiado. A finales de los años 20 del siglo pa-
sado, el astrónomo E. Hubble descubrió la naturaleza de las galaxias como unidades
estructurales del Universo y estudiando sus movimientos estableció que todas se
alejan unas con relación a otras, es decir es el Universo como un todo el que está en
expansión. Las galaxias son como pasas de uva en un panetón navideño que se infla
–por exceso de levadura seguramente-. Todas las pasas se alejan unas de otras por-
que están incrustadas en la masa que se infla; igualmente las galaxias se alejan unas
de otras (aunque en realidad están casi en reposo) porque es la estructura espacio-
temporal del Universo la que en realidad está expandiéndose. El descubrimiento de
Hubble fue el primer gran triunfo de la teoría cosmológica y desde entonces quedó
establecido que no sólo los seres vivos, las estrellas, las galaxias, sino que todo el
Universo evoluciona.
una radiación que viene de todas las direcciones del cielo y que tiene las mismas
propiedades denotando que tiene que ver con todo el Universo y no con fuentes
aisladas del cielo. Cuando encedemos un televisor sin sintonizar un canal, observa-
mos en la pantalla un constante titilar. Una fracción de esa señal perdida está siendo
producida justamente por la radiación de fondo en microondas; estamos captando
nada menos y nada más que la señal proveniente de nuestros orígenes.
Continuando hacía atrás en la historia del Universo, llegamos a la edad com-
prendida entre un segundo y los primeros minutos. En estas épocas los protones y
neutrones (componentes de los núcleos atómicos) adquieren identidad propia y
forman los núcleos de hidrógeno y helio. La cantidad de estos elementos en el Uni-
verso queda fijada por una fina combinación de las propiedades subatómicas y
cosmológicas, mostrando una vez más la unidad del cosmos, confabulada aparen-
temente para lograr “lo que quiere”, la formación de estructuras cada vez más com-
plejas. La predicción que hace la teoría es que 75% de la materia normal en el Uni-
verso es hidrógeno y 23% es helio; es lo que justamente los astrónomos encuentran
en sus observaciones. El restante 2% lo conforman los demás elementos químicos y
éstos se procesan mucho más tarde, en las entrañas de las estrellas, como vimos en
el § 2.
En épocas menores a un segundo las temperaturas eran tan altas que todo era una
sopa caliente de partículas fundamentales y radiación en constante interacción. In-
cluso en tiempos muy tempranos (menores a una millonésima de segundo), las par-
tículas tenían sus antipartículas; la radiación era tan enérgica que era capaz de gene-
rar parejas partícula-antipartícula. Al encontrarse una con otra se aniquilan gene-
rando nuevamente radiación. Así, todo era un mar de partículas y antipartículas que
nacían de la radiación pero que luego se aniquilaban en radiación. Al expandirse el
Universo, llegó un momento (millonésima de segundo) cuando la radiación ya no
pudo originar las parejas de materia-antimateria. Si hubiera habido el mismo núme-
ro de partículas y antipartículas, el Universo hoy en día sería pura radiación y mate-
ria oscura, no existirían átomos, estrellas, planetas, vida. Por un extraño fenómeno
de asimetría resulta que de aproximadamente cada 1000 millones de parejas había
una partícula de materia que no tenía su antipartícula. Gracias a eso es que existe la
materia normal, el resto se aniquiló con la antimateria, transformándose en radia-
ción y al enfriarse la misma, ya no pudo generar más las parejas de partículas-
antipartículas. Por eso el Universo actual tiene 1000 millones de fotones de luz por
cada protón o electrón.
En épocas aún anteriores, las temperaturas son tan altas que se produce la gran
unificación de los campos electromagnético, débil y fuerte; en esos tiempos, los tres
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campos eran sólo uno y las partículas y sus antis, eran las más fundamentales,
quarks y leptones.
La teoría que describe la evolución del Universo y la materia, cuyos principales
rasgos fueron expuestos ut supra, fue desacertadamente llamada Gran Explosión,
un nombre dado peyorativamente por uno de los detractores de esta teoría. En reali-
dad nunca hubo una explosión ni un punto central del cual “salió” el Universo. Para
que se produzca una explosión tiene que haber una diferencia de temperatura y pre-
sión; es lo que ocurre en una granada, por ejemplo: la pólvora calienta el centro de
ella, la presión crece ahí y eso produce una fuerza de empuje que es la explosión. El
principio básico de la mal llamada teoría de la Gran Explosión es que el Universo
es homogéneo e isotrópico, es decir no hay centros o ejes de rotación y en promedio
la distribución de materia, temperatura, presión, etc., es uniforme. Este principio en
realidad ha sido confirmado por muchas evidencias observacionales. Por lo tanto el
concepto de una explosión como el origen del Universo es muy desacertado.
La teoría de la Gran Explosión ha hecho increíbles predicciones que han sido
exitosamente confirmadas con las observaciones. Mencionemos las más importan-
tes: 1) el Universo está en expansión, 2) existe una radiación cósmica de fondo de
2.7° Kelvin que baña todo el Universo y que proviene de la remota época de la fase
caliente, 3) las abundancias de hidrógeno y helio en el cosmos son 75% y 23% res-
pectivamente. Y aunque no es predicción sino que hipótesis, el hecho que las ob-
servaciones muestren que el Universo es homogéneo e isotrópico, es una fuerte
prueba de autoconsistencia. En definitiva, como Y. Zel´dovich anunció alguna vez,
la teoría de la Gran Explosión está demostrada al nivel que está demostrado que la
Tierra gira en torno al Sol.
Pero esta teoría tiene sus limitaciones. Por ejemplo, sale de su capacidad predic-
tiva el explicar cómo se originaron las tenues inhomogeneidades que luego servirí-
an de semilla para formar las galaxias. Tampoco explica ciertas condiciones inicia-
les del Universo como qué es lo que produjo el estado de expansión y por qué su
geometría tiende a ser euclidiana o plana.
Por lo visto, de la inflación original quedó una remanente de vacío que mientras
el Universo era muy denso no jugaba papel, pero a medida que éste se expandía y
rebajaba su densidad llegó a dominar y a hacer nuevamente de las suyas, es decir a
expandir aceleradamente al Universo. Desafortunadamente la densidad del vacío
original no se puede calcular de primeros principios y no hay manera de explicar la
“casualidad” según la cual recientemente la remanente de vacío haya vuelto a do-
minar en la dinámica del Universo. De hecho se han propuesto medios más genera-
les que el vacío para explicar la expansión acelerada del Universo actual; estos me-
dios se denominan genéricamente “quintaesencia” o energía oscura..
Las observaciones muestran que el Universo actual está constituido en un 71%
por vacío o energía oscura, un 25% por materia oscura y sólo un 4% es materia
normal. El entender la naturaleza y origen de las materia y energía oscuras que do-
minan en el cosmos, es hoy una de las tareas fundamentales de la física, cosmología
y astronomía. Por otro lado, la densidad total de materia-energía medida implica
que el Universo es infinito, con geometría plana y que se expandirá por siempre,
cada vez más rápido.
4. REFLEXIONES FINALES
Los avances científicos han permitido medir con precisión la composición mate-
rial y energética del Universo, su edad, tasa de expansión, geometría, así como tra-
zar toda una cadena evolutiva del mismo, desde remotas épocas donde ni la materia
como la conocemos hoy existía, hasta el Universo frío de galaxias y estrellas del
presente. Prácticamente en todo este proceso no hay evidencia alguna del acto divi-
no. Posiblemente el proceso menos entendido por ahora es el del surgimiento de la
vida; sin embargo el hecho de que las condiciones apropiadas para tal proceso se
hayan desarrollado paulatinamente pone en duda el que ésta haya aparecido súbita-
mente por un acto divino. La cuestión del acto divino queda relegada por lo tanto al
origen mismo del Universo, si es que éste se dio.
No obstante existen problemas aún abiertos en la cosmología, cuestiones que de
primeros principios no han podido ser explicadas. Por ejemplo, ¿por qué las dimen-
siones espaciales en el cosmos son tres?, ¿por qué los valores de las constantes fun-
damentales son cómo son?, ¿por qué la intensidad de la gravedad es tan baja con
relación a los otros tres campos fundamentales?, ¿por qué las masas de las partícu-
las elementales tiene los valores que tienen, el electrón 1836 veces menos que el
protón, por ejemplo? Aisladamente el valor numérico de cualquiera de estas propie-
dades podría atribuirse simplemente a la casualidad (principio de indiferencia),
pero en su globalidad “la asignación” de cada uno de ellas apunta hacia cierta fina-
lidad, una especie de teleología; un cambio en cualquiera de estas “asignaciones”
definitivamente no habría dado como resultado una naturaleza con sistemas como
los átomos, o las estrellas, o los sistemas planetarios. Y todo esto es esencial para la
formación de sistemas más complejos como moléculas, células y vida en sí. Este
hecho ha fascinado a muchos científicos y filósofos y es la base del así llamado
principio antrópico, de acuerdo al cual la naturaleza es como es porque en ella tie-
nen que surgir observadores. Por observadores se entiende el nivel de materia que
adquiere conciencia.
La teleología que parece implicar el estado actual de conocimientos cosmológi-
cos abre interesantes líneas de especulación filosófica. Por ejemplo, dado que el ser
con conciencia es el implicado como “el fin” de la naturaleza, y al ser éste un ente
creativo, el fin en sí podría más bien ser el medio para un ulterior proceso de evolu-
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Vladimir Ávila-Reese
Instituto de Astronomía, Universidad Nacional Autónoma de México
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