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"El rey que rabió: Zarzuela de Chapí"

Ruperto Chapí fue uno de los grandes maestros de la música teatral en España. Nació en 1851 y estudió en el Conservatorio de Madrid, donde se dedicó a componer zarzuelas y óperas nacionalistas que promovieron el género. Escribió obras exitosas como "La bruja", "El rey que rabió" y "Curro Vargas", demostrando gran habilidad para las situaciones dramáticas. A lo largo de su carrera alternó entre zarzuelas grandes y pequeñas, y buscó crear una
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"El rey que rabió: Zarzuela de Chapí"

Ruperto Chapí fue uno de los grandes maestros de la música teatral en España. Nació en 1851 y estudió en el Conservatorio de Madrid, donde se dedicó a componer zarzuelas y óperas nacionalistas que promovieron el género. Escribió obras exitosas como "La bruja", "El rey que rabió" y "Curro Vargas", demostrando gran habilidad para las situaciones dramáticas. A lo largo de su carrera alternó entre zarzuelas grandes y pequeñas, y buscó crear una
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RUPERTO CHAPÍ

Ruperto Chapí, uno de los grandes maestros de la música teatral de España. La vida de Chapí
es conocida en detalle por una notas autobiográficas que utilizó Sánchez Salcedo. Nació en
Villena el 27 de marzo de 1851, criándose en un ambiente en el que se le da mucha
importancia a la música de instrumentos de viento a causa de las bandas. Se trasladó a la
capital de España e ingresó en el Conservatorio, cursando estudios de armonía y composición
con Emilio Arrieta. En 1870 ingresó como profesor de cornetín en la orquesta del Circo Price,
donde estrenó su primera zarzuela, Abel y Caín, y en el Teatro Real las óperas Las naves de
Cortés, con la que obtuvo una beca que le permitió ampliar estudios en París y Roma, y Vasco
Núñez de Balboa, respondiendo a la moda de los temas históricos, que dominaron también la
pintura.

La ópera “La hija de Jefté” fue representada en el Teatro Real por el gran tenor Tamberlick, y
más tarde lo haría con Roger de Flor. A partir de aquí el músico se sumergió en la vida musical
de Madrid, y se dedicó a la zarzuela, dando al género un nuevo y gran empuje. Hasta su
muerte, el 25 de marzo de 1909, escribió multitud de obras de varios géneros y de calidad muy
desigual. Demostró ser un músico escénico al ciento por ciento, con una gran habilidad para
las situaciones dramáticas. Todo ello hace que el influjo de su música nacionalista se haga
patente con claridad y fuerza. En un principio se inclinó por la zarzuela grande, con obras de
gran categoría.

Cinco años más tarde estrenó una nueva obra, “La bruja”, con libreto de Ramos Carrión y Vital
Aza. Musicalmente, es una obra basada en temas españoles. Realmente es una zarzuela
característica, de acuerdo con las del género, pero que por su empaque bien puede ser una
ópera. Diferenciable por lo que atañe a la importancia constructiva, la instrumentación
magistral y dominadora de músico, no ya fácil, sino con profundos conocimientos
profesionales. Su libreto ha desempeñado un papel importante en la historia del
género. Dentro de esta música hay un número que continúa en activo y es muy popular, “las
famosas Carceleras”, con su garbo españolísimo y su vuelo melódico.

En 1891, Chapí sabe colocarse en el ambiente justo y acierta en el carácter de una partitura


magistral, “El rey que rabió”, con letra de Ramos Carrión y Vital Aza. Es una zarzuela grande
por la extensión, pero de signo riente, cómico y amable, ligero, muy de ópera cómica. Otra de
las más importantes es “Curro Vargas” de la cual, Oscar Esplá aseguraba que en ella están los
momentos más eminentes de toda la música teatral española. Pero el atractivo del «género
chico» no dejó de hacerse notar, y Chapi escribió, alternando con aquellas, algunas obras
maestras.

Mantendría en cartel durante mucho tiempo “Las bravías”, zarzuela a partir de una adaptación
de López de Silva y fernández Shaw del tema de La Fierecilla domada, de Shakespeare. Es la
quinta esencia de la música madrileña, junto a las mejores páginas de Bretón y Chueca. En esta
última etapa de su vida, el músico alicantino volvió al antiguo sueño de la creación de una
«Ópera nacional» con obras como “Circe”, y pocos meses antes de morir, “Margarita la
tornera”.

En 1896 fundó la Sociedad de Autores con el objetivo de proteger los intereses de músicos,
literatos y artistas.

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