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TCA en Argentina: Detección y Prevención

Cerca de 70 millones de personas en el mundo sufren de un trastorno de la conducta alimentaria. Los TCA tienen una alta morbilidad que pone en riesgo la vida independientemente del peso. Según estudios, el país con mayor índice es Japón con un 35% y el segundo es Argentina con un 29%, donde uno de cada diez afectados es mujer y los adolescentes son los que más lo padecen. Los TCA más comunes son anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno de ingesta compulsiva, aunque existen otros menos conocidos.

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TCA en Argentina: Detección y Prevención

Cerca de 70 millones de personas en el mundo sufren de un trastorno de la conducta alimentaria. Los TCA tienen una alta morbilidad que pone en riesgo la vida independientemente del peso. Según estudios, el país con mayor índice es Japón con un 35% y el segundo es Argentina con un 29%, donde uno de cada diez afectados es mujer y los adolescentes son los que más lo padecen. Los TCA más comunes son anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno de ingesta compulsiva, aunque existen otros menos conocidos.

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Estar atentos: cómo detectar las

señales de un trastorno alimentario


de un adolescente
La Argentina es el segundo país a nivel mundial con más
casos de este síndrome; el desafío de promover hábitos
saludables

Cerca de 70 millones de personas en el mundo sufren de un trastorno de la


conducta alimentaria (TCA). Un 90% sucede entre la infancia y adolescencia y
se reporta que una persona muere cada 62 minutos en el planeta como
consecuencia de un desorden de alimentación, según datos de la
International Association of Eating Disorder Professional (IAEDP).

2
Los TCA tienen una alta morbilidad médica y psiquiátrica que pone en riesgo
la vida del que lo padece independientemente del peso corporal.

Según estudios internacionales impulsados por Mervat Nasser, psiquiatra


especializada en investigación en temas de salud y desarrollo del instituto de
psiquiatría del King’s College en Londres, el país que cuenta con el mayor
índice de TCA en el mundo es Japón, con un 35% de la población afectada y el
segundo lugar lo ocupa la Argentina con un 29% donde uno de cada diez
afectados es mujer y los adolescentes son quienes más lo padecen.

“Lamentablemente vivimos en una sociedad muy exigente, que


constantemente está poniendo la mirada en el otro. Se critica todo: que
estés muy gordo o que estés muy flaco, que hagas mucho deporte o que no
hagas nada”, detalla la licenciada en Nutrición Juliana Giménez (M.N. 10553).

Para ella, es cada vez más frecuente el “culto” a la delgadez y la exigencia


que se tiene por cumplir ese estándar hegemónico: “se ve a la delgadez como
sinónimo de éxito, de felicidad, entonces van todos detrás de ese objetivo,
creyendo que al final del camino se encontrarán con ese resultado, sin saber
que van en la dirección opuesta”, agrega la especialista.

En el Instituto Argentino de Trastornos de la Alimentación (IATA), definen a


los trastornos de la conducta alimentaria: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa
y trastorno de ingesta compulsiva como alteraciones graves del
comportamiento alimentario que de forma progresiva van cobrando mayor
incidencia.

Aunque estos tres mencionados suelen ser los más comunes, existen
diferentes tipos de trastornos menos conocidos como la vigorexia que
consiste en una preocupación excesiva del paciente para conseguir un cuerpo
musculoso y puede llegar a generar dismorfia muscular; ortorexia que es una
obsesión patológica hacia la comida biológicamente pura; trastorno de pica,
se define como el consumo persistente de sustancias no nutritivas; y
rumiación que ocurre cuando las personas devuelven del estómago los
alimentos no digeridos de manera repetida e involuntaria, los mastican de
nuevo y luego los vuelven a deglutir o los escupen.

2
Estos síndromes están clasificados en base al conjunto de síntomas con los
que se presentan, existiendo en ellos una importante interacción entre la
psicología y la fisiología.

Los orígenes
Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades de gran
complejidad que pueden ser consecuencia de varios elementos: factores de
la vulnerabilidad o predisponentes de cada uno (también conocidos como
factores individuales, familiares, socioculturales y neurobiológicos); factores
que desencadenan o precipitan como un evento estresante o externo como
la pandemia o dieta; y factores de mantenimiento o perpetuanes como las
consecuencias emocionales o físicas del trastorno.

La pandemia agudizó estos problemas de salud: se incrementaron las


consultas y según la IAEDP, un 49% de pacientes con TCA intensificó sus
síntomas mientras que un 62% reportó una desmejora en la calidad de vida.

Para Alejandra Freire, nutricionista especializada en trastornos de la


conducta alimentaria (M.N 1721), los casos aumentaron debido a las
restricciones sociales y al aislamiento social. La ausencia de rutinas, la
limitación en la actividad física y las alteraciones del sueño no jugaron a
favor. El acceso limitado a las distracciones o actividades de ocio y efectos
secundarios de las redes sociales fueron otros de los factores que dispararon
estos trastornos.

En plena cuarentena fue noticia la influencer del fitness, Julieta Puente. Hoy
es conocida por ser la creadora del “cardio de la felicidad”, entrenamiento en
vivo que hace con sus seguidores, pero en aquella oportunidad contó en su
Instagram que durante su adolescencia sufrió un trastorno de la conducta
alimentaria y que llegó a pesar 38 kilos.

“Había días en que me pegaba la cabeza contra la pared por sentir sensación
de asco mirándome al espejo. En los cumpleaños, fiestas y cenas me perdí de
disfrutar por estar físicamente ahí pero mentalmente en cualquier lado,
haciendo fuerza para no comer nada y sufriendo por dentro”, recordó en la
publicación.

2
Pero después de años de tratamiento se recuperó y hoy usa el ejercicio para
motivar a otros. “Si me estás leyendo y estás pasando por lo que pasé yo:
confiá en mí, vas a poder salir adelante. No aflojes, sé fuerte”, concluye en el
posteo.

Un enemigo visible dentro de casa


La obsesión por estar delgados no tiene edad, género ni tallas, pero los más
susceptibles son los adolescentes y los jóvenes.

“Los síntomas del trastorno suelen aparecer en la adolescencia y en el sexo


femenino principalmente. Cuando se hacen comentarios indebidos sobre el
cuerpo, los adultos tienen mayores herramientas para luchar contra “el qué
dirán” pero cuando se trata de niños o adolescentes, esto repercute
instantáneamente sobre sus comportamientos. Comienza la distorsión
corporal, la obsesión por las calorías, la comparación con sus pares, entre
otros” aclara la licenciada Giménez.

Se trata de un enemigo que en un principio es invisible y con el tiempo se


hace más visible, en conductas, en el físico y en señales que repiten todas las
personas que padecen estos trastornos.

Por eso, es muy importante el rol de la familia y del entorno en la detección y


en el proceso de recuperación de las personas que sufren esta enfermedad.
Según Alejandra Freire el mejor tratamiento con evidencia científica se llama
Family Based Treatment donde la familia es coterapeuta con los
profesionales. Si bien esto es fundamental en el caso de pacientes menores
de edad, se demostró también que en pacientes adultos con anorexia o
trastorno por atracón este tratamiento ayudó a mejorar la sintomatología.

“Necesitamos que la familia sea un aliado, que estén comprometidos con la


recuperación. A veces pasa que los padres también tienen estas creencias y
conductas restrictivas. Por eso es muy importante ver en qué punto se ponen
la ´camiseta de la recuperación. Los profesionales sabemos que es muy difícil
la situación del cuidador, ya que a veces tienen que volver a cuidar a sus hijos
como si fueran chiquitos. Tenemos que revisar la puesta de límites en la casa,
cómo se validan las emociones, cuáles son las creencias acerca del cuerpo o

2
el peso”, dice la psicóloga especialista en desórdenes alimentarios, Alicia
Alemán (M.N. 16630).

Añade también que, una vez detectadas las conductas del trastorno, los
familiares tienen que internalizar que el tratamiento con el paciente es un
camino largo que puede tener recaídas y evoluciones, pero que de ellas se
obtienen estrategias para salir adelante.

Señales para detectar un problema de


conducta alimentaria:
Los especialistas coinciden en que hay ciertos mensajes de alerta en los
pacientes que permiten a su entorno detectar la presencia de estos
comportamientos:

Depresión y cambio de hábitos

Dificultad para comer frente a los demás

Rechazo a pesarse o chequeo constante del peso

Aislamiento social

Cambio de humor frecuente sin motivo aparente

Ejercicio excesivo

Cambios pronunciados en el peso

Cambios agudos en la conducta alimentaria

Interés excesivo por temas nutricionales

Rituales con la alimentación

No compartir comida con la familia o no tener hambre

Evitar salir con los amigos cuando van a comer

2
-Comentario: Cerca de 70 millones de personas en el mundo sufren de un
trastorno de la conducta alimentaria (TCA). Los TCA tienen una alta
morbilidad médica y psiquiátrica que pone en riesgo la vida del que lo padece
independientemente del peso corporal.

Según estudios internacionales impulsados por Mervat Nasser, el país que


cuenta con el mayor índice de TCA en el mundo es Japón, con un 35% de la
población afectada y el segundo lugar lo ocupa la Argentina con un 29%
donde uno de cada diez afectados es mujer y los adolescentes son quienes
más lo padecen.

En el Instituto Argentino de Trastornos de la Alimentación (IATA), definen a


los trastornos de la conducta alimentaria: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa
y trastorno de ingesta compulsiva como alteraciones graves del
comportamiento alimentario que de forma progresiva van cobrando mayor
incidencia.

Aunque estos tres mencionados suelen ser los más comunes, existen
diferentes tipos de trastornos menos conocidos como la vigorexia que
consiste en una preocupación excesiva del paciente para conseguir un cuerpo
musculoso y puede llegar a generar dismorfia muscular; ortorexia que es una
obsesión patológica hacia la comida biológicamente pura; trastorno de pica,
se define como el consumo persistente de sustancias no nutritivas; y
rumiación que ocurre cuando las personas devuelven del estómago los
alimentos no digeridos de manera repetida e involuntaria, los mastican de
nuevo y luego los vuelven a deglutir o los escupen.

Estos síndromes están clasificados en base al conjunto de síntomas con los


que se presentan.

Los orígenes
Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades de gran
complejidad que pueden ser consecuencia de varios elementos: factores de
la vulnerabilidad o predisponentes de cada uno, factores que desencadenan
o precipitan como un evento estresante o externo como la pandemia o dieta
y factores de mantenimiento o perpetuanes como las consecuencias
emocionales o físicas del trastorno.

2
La pandemia agudizó estos problemas de salud: se incrementaron las
consultas y según la IAEDP, un 49% de pacientes con TCA intensificó sus
síntomas mientras que un 62% reportó una desmejora en la calidad de vida.

Un enemigo visible dentro de casa


La obsesión por estar delgados no tiene edad, género ni tallas, pero los más
susceptibles son los adolescentes y los jóvenes.

Se trata de un enemigo que en un principio es invisible y con el tiempo se


hace más visible, en conductas, en el físico y en señales que repiten todas las
personas que padecen estos trastornos.

Por eso, es muy importante el rol de la familia y del entorno en la detección y


en el proceso de recuperación de las personas que sufren esta enfermedad.
Según Alejandra Freire el mejor tratamiento con evidencia científica se llama
Family Based Treatment donde la familia es coterapeuta con los
profesionales.

“Necesitamos que la familia sea un aliado, que estén comprometidos con la


recuperación. A veces pasa que los padres también tienen estas creencias y
conductas restrictivas. Por eso es muy importante ver en qué punto se ponen
la ´camiseta de la recuperación. Los profesionales sabemos que es muy difícil
la situación del cuidador, ya que a veces tienen que volver a cuidar a sus hijos
como si fueran chiquitos.

Señales para detectar un problema de


conducta alimentaria:
Los especialistas coinciden en que hay ciertos mensajes de alerta en los pacientes que permiten a
su entorno detectar la presencia de estos comportamientos:

Depresión y cambio de hábitos

Dificultad para comer frente a los demás

Rechazo a pesarse o chequeo constante del peso

Aislamiento social

2
Cambio de humor frecuente sin motivo aparente

Ejercicio excesivo

Cambios pronunciados en el peso

Cambios agudos en la conducta alimentaria

Interés excesivo por temas nutricionales

Rituales con la alimentación

No compartir comida con la familia o no tener hambre

Evitar salir con los amigos cuando van a comer

-Opinión Personal: Me pareció muy interesante este articulo

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