Alerta Máxima - El Rey Viene
En el año de 1933, el eminente científico Alberto Einstein visitó al Dr. Beno Gutenberg, quien era el profesor de
Sismología del Instituto Tecnológico de California.
Eisntein estaba muy interesado en la ciencia de los terremotos, e hizo muchas preguntas al Dr. Gutenberg mientras se
paseaban por el campus universitario. De repente, un profesor subalterno salió muy alborotado de uno de los edificios y
les interrumpió, diciendo:
-Estamos en el inicio de un terremoto.
Entonces se dieron cuenta de que la gente salía desordenadamente de los edificios cercanos, y que la tierra, en efecto,
estaba temblando debajo de sus pies.
El profesor explicó después que, en su conversación, estaban tan enfrascados hablando sobre los movimientos de la tierra,
que no habían notado el terremoto que sacudía toda el área de Los Angeles.
A ti y a mí pudiera pasarnos algo similar, no necesariamente con un terremoto, sino con el evento clímax de la historia.
¿Estaremos demasiado ocupados o distraídos como para pensar en la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo en gloria
y majestad?
Podemos tener amplios conocimientos de la arqueología bíblica, memorizar las profecías escatológicas a la perfección y
saber mucho acerca de la vida de Jesús, y al mismo tiempo pasar por alto las señales que anuncian la inminencia de su
glorioso retorno.
¿Cómo podemos estar listos para el acontecimiento más grande de los siglos?
Parábola de las diez vírgenes
Mateo 25:1-13
Discurso del fin de los tiempos.
La parábola de las diez vírgenes forma parte del discurso del fin de los tiempos.
Este es el último de los discursos largos en el Evangelio según San Mateo (24:1- 25:26) y está formado por cuatro partes
principales:
a) Comienza con una predicación acerca de la destrucción del Templo y de las señales del principio del fin de los tiempos
(Mateo 24:1-14).
b) La segunda parte es una serie de dichos sobre las señales y sucesos que precederán a la venida del hijo del hombre
(Mateo 24:15-31)
c) En la tercera parte se registran tres parábolas que enfatizan la necesidad de prepararse y velar ante la inminencia del fin
del mundo (Mateo 24:32-25:30).
d) Finalmente, la cuarta sección es una parábola sobre el juicio final (Mateo 25:31-46).
II. Contexto histórico y cultural.
a) “Entonces el Reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas, y salieron a recibir al
novio” (Mat. 25:1).
b) Para poder comprender lo que sucedía en el relato bíblico es necesario conocer un poco las costumbres de las bodas
judías del siglo I. El enlace se celebraba en dos fases:
1. En primer lugar, los contrayentes se reunían en la casa del padre de la novia. En esta ceremonia el novio presentaba el
contrato de matrimonio y el precio o dote que pagaría por su novia, aunque ella todavía se quedaría en la casa de su padre
por un año o más.
2. La segunda parte consistía en la transferencia de la novia a la casa de su marido. Esta es la fase que tiene lugar en la
parábola de Mateo 25:1-14. El novio ha ido a la casa de la novia para cumplir con lo estipulado en el contrato de
matrimonio y después llevarse a su esposa para su casa.
El retraso del novio era algo realista, ya que las negociaciones finales podían ser complicadas. Ambas familias tratarían de
obtener el mayor provecho posible. Por su parte, el padre de la novia trataría de demostrar el valor de su hija al no dejarla
ir muy rápidamente o por una recompensa demasiado pequeña.
Cuando finalmente todo quedaba arreglado, una alegre procesión acompañaba a la feliz pareja hasta la casa del novio,
señalando que la fiesta había empezado.
c) En el contexto de estas tradiciones nupciales, el Maestro enfatizó la importancia de la preparación espiritual de quienes
pretenden tomar parte en el Reino de los cielos.
Y es que, al igual que en los día de Jesús, hoy hay muchos que se dicen cristianos, que asisten a la iglesia con regularidad
y que afirman ser parte del pueblo de Dios, pero. . .
III. ¿Quién es quién?
Al principio del relato, no parece haber diferencia entre las entusiasmadas muchachas que, con mucha ilusión, hicieron
planes de participar en el cortejo nupcial de ese día. Nadie dudaría que todas ellas deseaban sinceramente asistir a la
boda.
Notemos algunas similitudes:
a) Las 10 vírgenes salieron a recibir al esposo.
Para ello tomaron tiempo para asearse, “embellecerse” y ponerse sus mejores ropas. Preguntarles si en realidad querían
asistir a la fiesta, hubiera sido absurdo y, probablemente ofensivo.
Aplicando la parábola a nuestros días, tú puedes ir a la iglesia cristiana que desees y hacer la prueba.
Ponte en pie delante de la congregación, y pregunta: ¿Cuántos de los presentes desean realmente ir al cielo con Jesús? La
respuesta es más que predecible. . . ¡todos quieren ir! Al menos eso dicen.
b) Todas llevaban lámparas.
Hoy pudiéramos tomar las lámparas como un símbolo del testimonio cristiano. Se supone que, en teoría, somos “la luz del
mundo” (Mat. 5:14).
Se espera que el cristiano sea diferente al resto de la gente. Sin embargo, es perfectamente posible observar una conducta
que, a la vista de los demás, sea social y moralmente correcta, sin tener a Cristo en el corazón. Es posible vivir una
apariencia de piedad, un cristianismo de nombre, y al mismo tiempo tener el corazón vacío.
c) Todas se durmieron.
Si usted pensaba que sólo 5 se durmieron, vea lo que dice la Escritura: “Y como el novio tardaba, todas cabecearon y se
durmieron” (Mat. 25:5).
Eso le sucedió al pueblo de Israel mientras esperaba al Mesías. Pasaban los años y la promesa no se cumplía;
aparentemente “el novio” se estaba tardando, por lo que el pueblo se durmió.
Finalmente, cuando se escuchó la voz de Juan el Bautista proclamando: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado
del mundo” (Juan 1:29), “arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2), los escribas, los fariseos y
muchos del pueblo no tuvieron en su corazón suficiente aceite espiritual para recibirle. Por el contrario: “A los suyos vino
y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).
No obstante, antes de que juzguemos al pueblo judío por su descuido, tenemos que reconocer que lo mismo está
sucediendo en nuestros días.
Es un hecho demasiado evidente que la mayoría de los profesos cristianos han caído en un profundo letargo espiritual, y
aunque las señales que anuncian el fin se suceden una tras otra, nos hemos acostumbrado tanto a ellas, que ya no nos
causan mayor efecto. ¡Jesús está pronto a regresar por sus hijos! ¿Cuánto falta? No podemos saber la fecha exacta, porque
“del día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo” (Mat. 24:36).
Sin embargo, prácticamente todas las señales de su segundo advenimiento se han cumplido:
1. Guerras, pestes, hambres, terremotos (Mat. 24:6, 7), aparición de falsos cristos y falsos profetas (Mat. 24:5, 24 – 26),
decadencia moral de la sociedad (2 Tim. 3:1-5) y aumento de las prácticas espiritistas (1 Tim. 4:1), sólo por mencionar
algunas de las señales.
2. De hecho, lo único que falta por cumplirse para que el Señor regrese es lo que está registrado en Mateo 24:14: “Y será
predicado este Evangelio del Reino a todo el mundo, por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”.
Aunque todavía hay muchas personas que no han escuchado el mensaje de salvación, actualmente, el Evangelio se predica
hoy en día en campañas de evangelismo público, en estudios bíblicos privados y a través de las redes sociales, los medios
de comunicación masiva y la internet.
El desafío no es que todo el mundo acepte la salvación en Cristo, sino que todos escuchen el Evangelio y tengan la
oportunidad de decidirse a favor o en contra de la verdad.
d) Todas reaccionan cuando viene el esposo.
El grupo de señoritas dormía plácidamente, hasta que un fuerte grito las despertó sobresaltadas. Frotándose los ojos, se
incorporaron para ver qué ocurría.
“A medianoche oyeron el clamor: «¡Ahí viene el novio! ¡Salid a recibirlo!»” Mateo 25:6.
Fue entonces que se notó la existencia de dos grupos: “Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas” (Mat. 25:3).
Cuando los eventos finales vengan sobre la tierra, sólo habrá dos grupos. La prueba final demostrará quién es quién.
IV. Dos grupos
a) Insensatos
1. Llevan lámpara, pero olvidan el aceite.
“Las insensatas tomaron sus lámparas, y no llevaron aceite extra con ellas” Mateo 25:3.
Definitivamente, no estaban preparadas para una “demora”. No llevaron aceite extra. ¿Una lámpara sin baterías? ¿Un
automóvil sin combustible? Así de absurdo es pretender ser cristiano sin la presencia del Espíritu Santo en el corazón.
Por un tiempo puedes pretender ser lo que no eres, pero sin Cristo en tu vida, tarde o temprano se manifestará el vacío que
hay en ti. Vivimos en una época de simulación, y lo que cuenta para la sociedad son las apariencias, vestir con ropa de
“marca”, tener un buen físico y verse bien.
Esa es la prioridad de muchos, sólo “parecer”, vivir el presente, sin preocuparse por las realidades eternas. Sólo se
contentan con ser “buenas personas”, asistir a alguna iglesia y no hacerle mal a nadie.
2. Dependen de otros.
“Y las insensatas dijeron a las prudentes: «Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan»” Mateo 25:8).
Nadie puede compartir su propio aceite con los demás, espiritualmente hablando. Nadie puede aceptar la salvación, orar,
estudiar la Biblia, tener una relación viviente con Cristo ni ser lleno del Espíritu de Dios en lugar de otro.
Nadie puede prepararse para el tiempo del fin en tu lugar. Tienes que hacerlo tú. Es tu privilegio buscar la presencia y la
dirección del Espíritu Santo cada día. Si no lo haces, aunque tu cónyuge o tus padres sean piadosos, a ti no te servirá de
nada. Si tu experencia cristiana depende de lo que otros hagan, un día tu lámpara se apagará.
3. Intentan prepararse en el último momento
“Pero las prudentes respondieron:
«Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que lo venden, y comprad». Y mientras iban a comprar,
llegó el novio, y las que estaban preparadas, entraron con él a la boda. Y se cerró la puerta” Mateo 25:9, 10.
-“Después lo hago”.
-“Mañana me encargaré de este asunto”.
-“Luego. . .”
Frases utilizadas por estudiantes, por empresarios, por empleados, por amas de casa y por muchos otros. Dejar todo para
última hora es una mala costumbre; pero cuando se trata de la salvación, es fatal.
“Porque el Hijo del hombre ha de venir a la hora que no pensáis” Mateo 24:44. Y cuando venga, no habrá tiempo para
prepararse. Para entonces será demasiado tarde.
Esa desidia humana pudiera ser una de las razones por las que el Señor no reveló el día y la hora de su venida. Todo lo
dejaríamos para el último momento.
4. Perderán la fiesta
“Después vinieron también las otras vírgenes, y dijeron: «¡Señor, Señor, ábrenos!». Pero él respondió: «Os aseguro que no
os conozco»” Mateo 25:11, 12.
Hay quienes aseguran que, ya que nuestro Dios es todo amor y misericordia, finalmente terminará salvando a todos, sin
importar si se arrepintieron o no.
Pero las Escrituras señalan que muchos quedarán fuera. La salvación no es automática, y mucho menos obligatoria. El
cielo, sería un suplicio para aquellos que no aman a Dios. La pureza y la santidad del hogar de los redimidos, serían una
tortura para los que se acostumbraron a vivir en el pecado y la inmundicia. Las vírgenes insensatas quedaron fuera de
la fiesta por su propio descuido, y esa historia se ha repetido una y otra vez. “En los días anteriores al diluvio, la gente
comía y bebía, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y no conocieron hasta que
vino el diluvio y llevó a todos. Así también será la venida del Hijo del Hombre” (Mat. 24:38-39).
b) Prudentes
1. Llevan aceite.
“En cambio, las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, junto con el de sus lámparas” Mateo 25:4.
Esa fue la diferencia entre los dos grupos: el aceite extra, la presencia real de Cristo en el corazón, el bautismo diario del
Espíritu de Dios. “
Sin el Espíritu de Dios, un conocimiento de su Palabra no tiene valor. La teoría de la verdad, cuando no va a compañada
del Espíritu Santo, no puede avivar el alma o santificar el corazón. Uno puede estar familiarizado con los mandamientos y
las promesas de la Biblia, pero a menos que el Espíritu de Dios grabe la verdad, el carácter no será transformado” (PVGM
338).
Cristo está próximo a venir; las señales así lo anuncian. Este mundo pronto colapsará y vendrá sobre la tierra un tiempo de
angustia cual nunca fue.
Sin embargo, nuestra preocupación no se debe centrar en la crisis financiera global ni en los cambios climáticos; ni
siquiera en la violencia generalizada que vivimos todos los días.
Nuestra prioridad debe ser que el Espíritu de Dios llene y santifique nuestros corazones diariamente, dándonos una
perspectiva correcta del tiempo en el que vivimos. Sólo así estaremos listos para el fin.
CONCLUSIÓN
A. En 1914, el intrépido explorador Sir Ernest Shackleton dirigió una expedición a la Antártida.
Sin embargo, en el viaje hacia el sur, su barco el Endurance quedó atrapado en el hielo, hasta que finalmente se hundió.
A bordo de los botes salvavidas, la tripulación se dirigió a la isla Elefante, a donde arribaron después de algunos días
angustiosos.
La isla era un lugar inhóspito, alejado de cualquier ruta marítima, razón por la que Shackleton decidió arriesgarse a
emprender un viaje de casi 1300 km en bote abierto hasta las islas Georgias del Sur, donde sabía que encontraría ayuda.
Seleccionando a 5 compañeros, Shackleton dejó al resto de sus hombres acampando en una ensenada bajo las órdenes de
Frank Wild, prometiéndoles que regresaría a buscarlos.
En las dos semanas siguientes navegó por las aguas del océano a merced de tormentas marinas que amenazaban
con volcarlo. No obstante, en una de las más grandes hazañas de la historia de la navegación, Sir Ernest Shackleton y sus
compañeros llegaron a su destino, y organizaron el rescate.
Los tres primeros intentos de ir a por ellos resultaron infructuosos por culpa del hielo, que bloqueó los accesos a la isla.
Pero finalmente, después de cuatro meses y medio de haber dejado a su tripulación, el viento disipó la niebla y él pudo
avanzar por el hielo.
Al llegar a la ensenada, algo sorprendido, pero con mucha satisfacción, pudo ver que los hombres del campamento lo
tenían todo dispuesto para embarcarse en seguida en el bote y remar en dirección al barco. No les sobró el tiempo, pues el
hielo ya estaba volviendo a cerrarse, y al cabo de poco ya les habría sido imposible atravesarlo. Si hubieran iniciado con
los preparativos para la partida al llegar Shackleton al campamento, el rescate hubiera fracasado.
Cuando el explorador les preguntó cómo habían acertado a tenerlo todo listo en el momento en que él había llegado,
después de semanas de espera, uno de ellos contestó:
-Es que el Capitán Wild nunca perdió la esperanza de que usted regresaría. Y cada mañana nos decía:
«Muchachos, guarden los sacos de dormir y tengan todo listo para partir. Probablemente hoy va a regresar el jefe». Así
que estábamos siempre preparados esperando el día.
B. Al igual que esos hombres, debemos vivir cada día listos para recibir a nuestro Capitán. Su aparente retraso no es una
tardanza. . . la Biblia lo llama paciencia.
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no
queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” 2 Pedro 3:9.
C. Si Cristo no ha regresado, es por ti. Te está esperando a ti, porque pagó un precio demasiado elevado por tu redención y
no quiere que te pierdas.
D. Hoy te invito a que no sigas jugando con tu salvación ni demorando tu decisión, porque ya sea que te prepares o que no
lo hagas, el Señor regresará.
“Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” Hebreos 10:37. E
Entonces se verá quién es quién. Entonces se manifestará la sinceridad y los motivos de cada profeso cristiano.
Recuerda. . . sólo hay dos opciones, dos grupos y dos destinos.
E. ¿Hay alguien que desee prepararse para la segunda venida del Señor? ¿Habrá alguno que hoy quiera pedir el bautismo
del Espíritu Santo y su guía para cada día?
Ven a la presencia de Dios y oremos juntos.