Kirón
La llave hacia la resiliencia
“La educación de Aquiles” - Jean Baptiste Regnault
*Curso creado por Gerardo Ferraro, astrólogo humanista, intérprete del Sincronario
Maya y tarotista evolutivo en mayo de 2020 para Venus en Acuario Astrología.
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Introducción
Bienvenidos/as a un viaje que nos llevará a conectar con nuestra propia herida
incurable, aquella que el simbolismo ha asociado a Kirón, primer centauro. De aquí
en más sólo queda el compromiso de aceptar que no podemos curar del todo ese
dolor; aunque sí podemos aliviarlo, elevándolo al servicio de ofrecerlo a quienes
atraviesan una situación similar. Esta es, quizás, la única manera de trascender dicha
herida.
Les propongo, entonces, que nos lancemos al descubrimiento de las facetas más
recónditas del alma a través de capas y capas conformadas por la personalidad que
hemos forjado hacia el mundo, la historia que traemos y el bagaje cultural-mental
que nos acompaña. Recordemos, no obstante, que la sanación no es un camino que
va en línea recta, sino que posee altibajos y aparentes retrocesos.
El concepto de resiliencia será nuestra “llave maestra”, que hará las veces de
herramientas precisa y abrirá esos portales del Ser de camino hacia la curación y la
comprensión de que lo que nos provoca angustia y desazón es, en realidad, nuestro
mayor talento.
¿Están listos/as?
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El nuevo integrante del sistema
El descubrimiento del “asteroide”
El 1 de noviembre de 1977, Kirón (bautizado en primera instancia “2060 Kirón”) fue
captado por los telescopios del observatorio de Monte Palomar, Estados Unidos, por
el astrónomo Charles Kowal, quien ya había descubierto otros asteroides y cometas.
Al comprobarse que tenía un diámetro de 206 km se lo ascendió a la categoría de
“planetoide”, o planeta enano (¿les suena? Plutón fue reclasificado como planeta
enano en 2006). Tiempo después, reveló comportamientos de cometa, por lo que
hoy en día se lo llama de ambas formas; de hecho, la categoría astronómica de
centauro fue creada gracias a esta peculiaridad.
Kirón se encuentra en el cinturón de asteroides ubicado entre Saturno y Urano. Dado
que posee una órbita muy excéntrica e irregular, -en su perihelio (máxima cercanía
al Sol) atraviesa la órbita de Saturno, mientras que en su afelio (punto más alejado
del Sol) sobrepasa la de Urano-, su revolución es de unos 49-51 años
aproximadamente, permaneciendo hasta 8 años en los signos de Piscis y Aries, y tan
sólo 2 años en Virgo y Libra. En el resto de los signos su tránsito puede durar entre
4 y 5 años.
Su descubrimiento coincidió, de forma sincrónica a nivel
colectivo, con el desarrollo de la medicina holística y
alternativa; la incorporación del concepto de holismo
en Astrología por Dane Rudhyar, uno de los padres
de la rama humanística de esta ciencia; con el auge
del chamanismo; con una toma de consciencia del
proceso de acompañamiento de enfermos terminales,
que derivó en la disciplina hoy conocida como
tanatología, gracias al compromiso de la médica
Elisabeth Kübler-Ross; y con el afianzamiento de la donación
de órganos mediante trasplantes exitosos.
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El primer centauro
En la mitología griega, Kirón fue el producto de la unión pasional entre Cronos
(Saturno) y la oceánide Fílira, a la que el titán poseyó en forma de caballo mientras
buscaba a su hijo Zeus (Júpiter) en la tierra. Al ser descubiertos por Rea, la esposa
de Cronos, este huye lejos y Fílira, atormentada, se refugia en el Monte Pelión donde
da a luz a una criatura con torso humano y cuerpo de equino.
Dada su especial condición, Kirón fue rechazado por su propia madre, que no podía
soportar ver la deformidad que era su hijo. Fue Apolo, dios de la música, la profecía,
la poesía y la sanación quien se apiadó de él y lo adoptó. Bajo su tutela y enseñanzas,
Kirón se convirtió en un sabio, profeta, médico, músico y maestro de héroes; entre
ellos Aquiles, Hércules, Asclepio, Teseo y Jasón. Se dice, también, que Kirón alcanzó
la sabiduría cuando la diosa Atenea apoyó la mano en su frente.
Como sabio y formador de héroes, Kirón permaneció viviendo en una cueva del
Monte Pelión que se había convertido en su hogar y en el de los centauros que
llegaron después de él. Fue allí que, durante una visita de su discípulo Hércules, se
armó una revuelta entre los otros centauros que terminó con el héroe lanzando una
flecha envenenada con sangre de la Hidra de Lerma que, por azar, fue a clavarse en
su maestro.
Al ser inmortal, Kirón sencillamente no podía morir bajo la ponzoña; pero sí podía
sufrir su espantoso efecto de forma indefinida. En el viaje de búsqueda de un alivio
para su constante dolor, Kirón incrementó sus conocimientos y capacidades para
ayudar a quienes recurrían a él. Finalmente, su agonía fue tal, que imploró a los cielos
poder acabar con ella. Zeus oyó sus súplicas y aceptó tomar su inmortalidad para que
sustituyera a Prometeo en su castigo por haber dado a la humanidad el uso del fuego.
De esta manera, Prometeo fue liberado de la tortura y Kirón tomó su lugar en lo alto,
convirtiéndose, según algunas fuentes, en la constelación de Sagitario, o, según
otras, en la del Centauro.
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Significado astrológico
Habiendo dado cuenta del mito que involucra al referente del planetoide, podemos
inferir que dos puntos son centrales en torno a Kirón: el tema del rechazo por nacer
diferente y la capacidad de encontrar en un giro del destino la fortaleza interior para
convertir el propio sufrimiento en don. En este punto vale mencionar que, al estar
ubicado entre Saturno, -señor del karma y la realidad social, frontera última de la
consciencia-, y Urano, -agente del cambio y primer planeta transpersonal-, su
significado imbuye al glifo que lo representa en forma de llave. Es la llave de quien
vive en la grieta y posee el acceso de una esfera a la otra, y lo posibilita mediante el
florecer de aquel talento oculto que supura de la llaga incurable. Kirón nos habilita
el paso del yo maduro, conformado por las energías que van de la Luna a Saturno, al
yo transpersonal propuesto Urano, Neptuno y Plutón.
Kirón quiere decir “mano”, (cheir, en griego), y se asocia a palabras como
quiromancia, quirófano, quiropráctico. Por lo tanto, su arquetipo es el del sanador
herido, y dentro de la comunidad astrológica Kirón fue asignado para cumplir el rol
de quien revela en la carta natal de qué se trata y dónde se encuentra esa herida
incurable que nos atraviesa. Es interesante remarcar que aquí no se trata de un dolor
por el dolor en sí, o por la manipulación/victimización que del mismo se desprende,
como sucedería en un trasfondo escorpiano, por ejemplo. El dolor de la herida
kironiana es aquel que nos marca, un estigma que no se puede ocultar, ni maquillar;
es una fuerza que tira de nosotros hacia y en pos de un destino superior, un destino
que guarda una sabiduría que sólo se alcanza habiendo aceptado que nada puede
hacerse para sanar esa puntada en nosotros mismos, aunque sí en otros.
Una perspectiva más amplia revela que allí donde está Kirón tememos ser agredidos,
juzgados erróneamente, denigrados, subestimados, etc. Es un miedo que está
fundado en el trauma de la comparación y que muchas veces nos hace creer que
somos incapaces, o que no somos lo suficiente en tal o cual área de la vida. Sin
embargo, la maestría que podemos brindar a partir de esa “incapacidad” es, de
alguna forma, un antídoto, puesto que, al ayudar a los demás, encontramos solaz y
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una sensación de elevación se apodera de nosotros. Tanto padecimiento y
desesperanza encuentran, por fin, un sentido, una dirección.
Respecto de esto, quisiera citar el trabajo del colega Alejandro Lodi quien, también
desde una visión resiliente, señala que el emplazamiento de Kirón en la carta natal
debe asociarse o estudiarse conjuntamente al de Júpiter y Plutón. ¿Por qué?, se
preguntarán. Bueno, según él, existen dos variantes mediante las cuales podemos
reaccionar a la carga de dolor impuesta por la herida kironiana: una, a través de la
negación, que incluye desde la ceguera misma hasta tratar de encontrarle un sentido
espiritual o trascendente demasiado temprano a la situación (Júpiter); y la otra
mediante la victimización, que implica culpar a alguien o a algo por el sufrimiento,
presentando ya sea una actitud combativa y de represalia, o de total sumisión a la
pena, la queja y la auto-destrucción (Plutón).
Es resumen, sería de utilidad y mayor profundidad de análisis el considerar no sólo
la posición por signo y casa de Kirón con sus aspectos, sino, además, tener en cuenta
cómo interactúan Júpiter y Plutón con él y con la herida misma.
Resiliencia, la palabra mágica
El concepto proviene, en realidad, de la física e implica la capacidad de ciertos
materiales de volver a su estado original luego de haber sido impactados y
deformados por algo del exterior. Si bien varios psicólogos de las últimas décadas lo
han implementado en sus escritos e investigaciones, el psiquiatra y psicoanalista
Boris Cyrulnik fue quien se ocupó de divulgarlo como la “capacidad de afrontar la
adversidad”. En el caso de los niños que han atravesado una experiencia traumática,
por ejemplo, Cyrulnik alude a la importancia de un adulto significativo que estimule
la resiliencia en el infante; mientras que en el caso de los adultos deberá existir un
par, un otro significativo que le ayude a desarrollar el talento sanador. De aquí se
deduce que la resiliencia no es tanto una facultad individual como social.
Las implicancias de este término van, empero, más allá: ser resiliente no supone
únicamente fortaleza frente a los reveses del destino, sino reconocimiento y
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aceptación del dolor en el punto en donde sabemos que no podemos escapar o
evadirnos de él, ni de su fuente de procedencia. Como explica Lodi, el sentido de todo
esto nace al comprender que “no se trata simplemente de alguien que sufre o de
alguien que cura, sino de quien puede curar porque sufre”. En términos mitológicos,
no podemos ver al centauro como todo hombre o todo caballo: es centauro porque
es ambas cosas a la vez.
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Kirón en los signos
Las posiciones en signos de Kirón revelan la cualidad de la herida incurable. Si ésta
procede de un signo de fuego, por ejemplo, tendrá que ver a grandes rasgos con el
ego, la expresión, la personalidad, la creatividad y cuanto se asocie a este elemento;
si está en un signo de agua, en cambio, será vivida de modo más interno y emotivo.
Kirón por signo representa un llamado a desarrollar una sabiduría con esa cualidad
zodiacal con la que el individuo siente no estar en gracia. La sensación de carencia
de esa cualidad lleva a la persona a fijarse en ella y a que el destino la comprometa
en un aprendizaje constante de la misma.
Recordemos, por otro lado, que debido a su órbita Kirón se ralentiza en un tramo del
zodiaco y luego va muy célere en el opuesto, por lo que muchas personas nacen bajo
su visita por ciertos signos y unas pocas en los otros.
Kirón en Aries
La herida involucra la motivación a la acción, las decisiones y el ímpetu para salir
adelante y tomar la iniciativa. Luchar por lo que merecen puede costarles muchísimo
a estos nativos, al punto de quedar inhibidos o terminar cediendo siempre por temor
a resultar agresivos. Existe un miedo a lo desconocido, a correr riesgos que es tan
manifiesto como atractivo. El contacto directo con el propio deseo constituye,
también, un motivo de dolor y es por donde la persona puede percibir su
“incapacidad”. Desde el talento, saben incitar a otros a que tomen decisiones
arriesgadas, espontáneas, que les abran el camino. Suelen enseñar a no dejarse
pisotear por nadie, así como a reclamar lo que corresponde, ayudando a que otros
asuman su individualidad. Son vistos como emprendedores e irradian una
personalidad potente, más allá del dolor que los acosa. En aspecto a Marte el
arquetipo que se encuentra vinculado a la herida es el del Guerrero/a.
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Kirón en Tauro
El cuerpo tiene algo que activa la sensación de invalidez en el individuo; esto conlleva
a que su relación con el mismo no sea la óptima. Más que ninguna otra, esta posición
hace sentir el propio cuerpo como una carga torpe y molesta con la que hay que lidiar
y que exige cuidados constantes. Es probable que exista un tema con el alimento,
forzando al nativo a llevar una dieta estricta o a cambiar su nutrición drásticamente.
Por sobre todo, las posesiones provocan dolor: sea que intente apropiarse de objetos
materiales, dinero o personas, experimentará que nada le pertenece y que al final no
puede sentirse seguro ni sostenido por ellos. La resiliencia llega cuando es él quien
se abre a brindar su talento para que otros puedan valorarse, aceptarse como son y
recuperar así su autoestima. Puede convertirse en un apoyo sólido para quienes
tienen problemas con sus recursos. En aspecto a Venus, el arquetipo que se
encuentra herido es el de la Diosa de la Fortuna y el Disfrute.
Kirón en Géminis
Se presenta como una falta de confianza en cuestiones comunicacionales de todo
tipo, así como dudas e incertidumbres eternas sobre los propios pensamientos. Estos
nativos se sienten inadecuados para expresar sus ideas pues creen que estas no están
a la altura de la atmósfera intelectual del entorno. Suelen ser muy estimulados
mentalmente de pequeños, pudiendo destacar en la escuela, hasta que un cambio de
colegio o la etapa universitaria deja en evidencia que sus conocimientos eran
celebrados por la corta edad o un ámbito menos lúcido. Pueden ser escritores u
oradores en potencia que no encuentran el lugar indicado para entregar sus obras ni
el público para su mensaje. Sin embargo, de su herida emana un perfume de
intuición y clarividencia que es uno de sus mayores talentos cuando abrazan el dolor.
Son defensores de la libre expresión y ayudan a los demás a manifestar sus ideas con
claridad, así como a pensar por sí mismos. Maestros lúdicos y de múltiples cátedras.
Aspectando a Mercurio, el arquetipo que se resiente es el del Mensajero/Aprendiz.
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Kirón en Cáncer
Existe un dolor profundo arraigado a la energía de la contención, la calidez y los
sentimientos. La infancia no fue feliz debido a una herida que se abrió en relación
con la madre; quizás, la cuestión hasta venga desde el embarazo por el hecho mismo
de esperar un hijo. La familia no funciona como estos nativos creen que debería
funcionar, o algo le falta: la pérdida de la madre, del núcleo familiar y el hogar
pueden darse a temprana edad con esta posición. El miedo a perder las propias
raíces, a no pertenecer o ser expulsado del círculo de contención es grande. Incluso
si forman su propia familia ya de adultos, el destino les mostrará imperfección o
sentirán que no pueden mantenerla unida. Su fuerza resiliente surge cuando cuidan
y nutren a otros, son sanadores del pasado, de lo ancestral, de los linajes; por ello,
podrían escoger una profesión de terapeuta o constelador familiar, por ejemplo.
Saben captar los sentimientos ajenos y crear una atmósfera de unión. “En sus raíces
está el dolor; pero también la cura”. Si aspecto con la Luna, el arquetipo herido será
el de la Madre.
Kirón en Leo
El ego se halla profundamente lastimado en estas personas, bloqueando la apertura
del corazón a la vida y a los demás, así como la capacidad de expresarse, de crear, de
irradiar lo que son debido a que temen hacer el ridículo, a ser señaladas. Aquí
tenemos una interferencia entre el adulto y el niño interior, pues es este último quien
se halla resentido o atemorizado por el sufrimiento. En su versión resiliente, estos
nativos elevan la personalidad y hacen sentir importantes a quienes tienen a su
alrededor. Pueden ser muy buenos ayudando a otros a descubrir lo que los hace
únicos, así como a contactar con el amor propio y con sus talentos creativos. Si se
sienten desdichados en el romance es porque primero deben amar su dolor, amar su
herida incurable para que todo ese amor les sea retribuido por el Universo en la
forma más apta para su desarrollo evolutivo. Otra fortaleza de estos kironianos es el
aura de calor y protección que emanan; aunque ellos mismos no lo reconozcan, su
sola presencia ilumina. Con aspecto al Sol, el arquetipo en baja es el del Héroe.
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Kirón en Virgo
El cuidado del cuerpo y la higiene alcanzan niveles neuróticos en estos individuos.
Como la premisa de una perfección ilusoria está asentada en ellos, la obsesión por
los detalles y la meticulosidad representa un incómodo dolor que no los deja en paz.
El miedo a enfermar o contagiarse de cualquier cosa los arrastra al límite de la
hipocondría, sugestionándose en muchos casos con sólo oír hablar o leer de algún
malestar. Pueden ser muy tímidos o recatados por miedo a la crítica, pues, en su
interior, son los juicios y prejuicios los que más los lastiman; sobre todo, los que
aplican en cuanto a sí mismos. Sin embargo, tienen mucho que enseñar sobre
métodos y procesos de limpieza y purificación; tanto físicos como espirituales,
llegado el caso. Transmiten su capacidad sanadora mediante la aplicación del sentido
común, la paciencia y el discernimiento para resolver problemas. Curan conociendo
el remedio, la palabra o el gesto adecuado para cada situación, desde la eficiencia. La
vocación médica suele ir de la mano con este Kirón. Si aspecta a Mercurio también
puede herir al arquetipo del Servidor o de la Virgen (pureza).
Kirón en Libra
Aquí la herida es provocada por los vínculos; sobre todo, con un otro significante.
Estas personas se creen poco aptas para relacionarse puesto que, en algún punto,
sienten que no califican: ya sea por su aspecto físico, su estatus social, su forma de
ser, sus posesiones, etc. El dolor es maquillado por una aparente distancia en sus
relaciones y, entre una pareja y la siguiente, buscarán momentos de completa
soledad en los que, obviamente, también sufrirán. Asumen que si dejan que alguien
entre en sus vidas la herida será removida y, con ello, estarán expuestos a no hallar,
una vez más, su complemento ideal. Son personas que curan con la diplomacia y el
tacto que aportan cuando sociabilizan. Además, pueden enseñar mucho sobre cómo
consensuar en la pareja y saben mediar ante cualquier conflicto. Kirón en Libra
implica que el otro significante siempre va a provocarme dolor, sea con sus acciones
o reflejando las mías; pero, al ver más allá, puedo comprender lo que decíamos al
principio: que sólo a través de la interacción con los demás habilita el desbloqueo de
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mi propio don resiliente. El arquetipo venusino herido también puede aparecer
desde la Pareja, o el Complemento.
Kirón en Escorpio
La herida que no sana se presenta envuelta en complejos traumáticos que giran en
torno a la sexualidad, el uso del poder, el potencial transformador y el acercamiento
a la experiencia de la muerte. Estos nativos a menudo se ven inclinados a ahondar
en los temas más dolorosos y oscuros de la vida, pudiendo convertirse ellos mismos
en notables curadores de las angustias y dramas más profundos de la existencia
humana. Esta posición, junto con la de Casa VIII y los aspectos a Plutón, puede
enmarcar a la persona en la postura de victimización frente a la injusticia del dolor
incurable, sea que asuma un rol activo o pasivo en ella. Sublimando a través de la
expresión artística, por ejemplo, es que puede afrontar los pasajes más
desgarradores y destructivos del alma humana, así como las crisis transformadoras
a las que se ve expuesta, ya que estas ocultan el talento de resiliencia esperando a ser
activado. Si aspecto a Plutón el arquetipo del Transformador o Mago puede
resentirse.
Kirón en Sagitario
La sensación de felicidad se encuentra opacada, deslucida por el dolor de percibir
que tarde o temprano esta se diluye, que no es un lugar de llegada sino un estado y
que, como tal, puede esfumarse. A nivel general, esta posición de Kirón nos recuerda
la sobrealimentada creencia de que debemos alcanzar la felicidad como una meta
cuando, en realidad, ser feliz es una elección en base a lo que ya se es o ya se tiene,
una lección nacida de la aceptación del sufrimiento como parte inseparable de la
existencia (recordemos el rechazo por parte de sus padres a Kirón). Aquí la tendencia
es a negar la herida a través de una ceguera total o de asumir demasiado pronto un
sentido de trascendencia sobre la misma; los aspectos con Júpiter y la ubicación del
planetoide en Casa IX refuerzan estas actitudes. Kirón en Sagitario suele
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solidarizarse con quienes se sienten oprimidos, despertando el talento de abogar en
nombre de las víctimas de la ideología dominante o de una mentalidad cerrada al
conducirlos y asumir sus causas como propias. En contacto a Júpiter se resiente el
arquetipo del Maestro/Guía.
Kirón en Capricornio
En este emplazamiento la herida se presenta como una discapacidad del orden
establecido que estos nativos acusan temprano en la vida cuando la sociedad los hace
sentir no merecedores del reconocimiento esperado. El conflicto con las
instituciones, el Estado, las figuras de autoridad y la ley paterna aparece como
consecuencia de no encontrar su propio lugar en la esfera pública; no obstante,
mientras más se empecinen en obtener ese reconocimiento más sangrará la herida,
obstaculizando el despliegue del don resiliente. Deben aprender a sentirse validados
en una posición que va por fuera de lo oficial, que es mucho más auténtica para con
ellos mismos y con su aporte al mundo, pues no está supeditada a las tradiciones
imperantes o a mandatos caducos. La figura del padre puede encarnar otro motivo
de dolor y sensación de falta o incompletitud; sobre todo, si Saturno está involucrado
con algún aspecto tenso. Si toca a Saturno, la herida resiente al arquetipo del Padre
y la Autoridad.
Kirón en Acuario
Desde la personal experiencia de sentirse rechazados, quienes tienen esta posición
de Kirón asumen que ciertas costumbres y lecciones del pasado sólo se perpetran
para provocar más y más dolor en la humanidad. Pueden captar el sufrimiento que
los conecta y que nos conecta a todos como si de una gigantesca red se tratara: he
aquí su terreno de acción, donde podrán hacer aflorar y ejecutar su talento resiliente.
Son individuos que, por vivir ese sufrimiento en carne propia, entienden y atienden
las injusticias de lo heredado socialmente bajo la necesidad de poner fin a
costumbres racistas o discriminatorias en general con el bálsamo de alguna visión
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futura más inclusiva. Hasta que todo este caudal reconstituyente es encauzado,
pueden pasar por etapas de rebeldía y diferenciación anárquica que pondrán en
riesgo la sabiduría que encubre su dolor. El arquetipo del Loco o el Genio se resiente
con aspecto a Urano.
Kirón en Piscis
Con este emplazamiento de Kirón existe una tendencia muy fuerte a sentir -y no sólo
a reconocer objetivamente, como en Acuario- el dolor indiferenciado de la epopeya
humana como un dolor personal. Es como si estuvieran conectados con la
mismísima caída en desgracia narrada en el Antiguo Testamento, capaces de percibir
el estigma de haber sido expulsados del Edén. Estos nativos buscarán agotar, a nivel
generacional, aquello que abrió como herida el tránsito de Kirón por Aries, alrededor
de 40 años antes. La empatía desprejuiciada ante el sufrimiento humano es en gran
parte el poder de su capacidad de resiliencia, que más que un otro significante hace
acopio de una totalidad de experiencias injustas que resuenan para sanar
colectivamente. Esta imagen sería comparable a la de un cardumen que se vale de su
población infinita de peces para subsistir: si una parte de ese cardumen es “herida”
o disminuida, el conjunto re-sentirá su falta. En caso de que se vincule con Neptuno,
el arquetipo del Soñador o del Salvador se resentirán.
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Kirón en las casas
La interpretación del planetoide gana algo más de peso por casa que por signo,
revelando los hechos concretos que promoverán el contacto y la experiencia personal
con Kirón. Por lo tanto, para conocer en profundidad el modo en que actuaremos
ante esa herida incurable, así como los escenarios que la incitarán debemos observar
su posición por casa. Los personajes que se asocian a cada sector (casa III los
hermanos, casa VII la pareja, casa IX los maestros, etc.) pueden jugar el papel del
agente resiliente, así como el del “culpable” que ocasiona el dolor, o mismo de la
“víctima” que sufre y necesita ser sanada. Junto con la ubicación por casa, los
aspectos que forme Kirón con otros planetas también aportarán su coloración
singular ante cada caso, revelando un arquetipo que para la consciencia está herido.
Esto se ve con mayor fuerza en conjunciones y oposiciones.
Veremos, por otra parte, que la casa opuesta a la que ocupa Kirón conforma un
punto clave en su interpretación: allí se guarda “el tesoro” de la resiliencia, el
bálsamo mismo que supura de nuestra herida abierta y que permite una vía de
encauce liberadora, abriendo perspectivas más amplias que harán tolerable el dolor.
Kirón en Casa I
Los planetas ubicados en esta casa cobran cierto protagonismo en el total de la carta.
Entendiendo al Ascendente como el motor de la vida, la pulsión por reconocer y
desplegar el aprendizaje implícito en un signo determinado, podemos decir que
Kirón en casa I termina forjando el carácter de la persona, convirtiéndola en un
modelo encarnado del sanador herido. Al tratarse de un sector explícito de la carta,
la persona puede llevar su padecimiento de forma visible; ya sea porque posee una
discapacidad o dolencia física genuina, o porque alguna condición de su expresión
así lo revela. Debido a que lleva su estigma “en la frente”, conoce muy de cerca el
sufrimiento y lo incorpora a su desarrollo vital, asumiendo el papel de sanador
herido como un rasgo característico de su personalidad.
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Tomar decisiones, elegir una dirección en la vida es meter el dedo en la llaga, por eso
estos nativos se vuelcan mucho a las relaciones, a cuidar de los otros, a buscar un
alivio de su mal en el matrimonio, en las asociaciones, con quienes padecen la misma
herida y pueden comprenderlos. Recordemos que Kirón como planetoide-llave entre
lo personal y lo transpersonal no puede activar el don de resiliencia por sí solo, sino
en la unión con sus semejantes, y esta posición lo evidencia claramente.
Kirón en Casa II
Con esta posición entramos en todos los complejos respecto del cuerpo físico que se
puedan imaginar. Si la persona no posee una afección real, verá en su baja estatura,
sus kilos demás o su dentadura irregular la marca de la infelicidad, pues existe una
desvalorización del propio cuerpo, así como del disfrute sensual del mismo que
provoca el sentimiento de inadecuación. Además, estos nativos ven en el valor del
dinero una carencia personal, una escasez que los persigue a donde sea que vayan,
privándolos de la abundancia y el uso gozoso de los ingresos que otros disfrutan tan
despreocupadamente. Sienten que no son productivos, que poco o nada pueden
aportar, y eso dispara emociones culposas en ellos. Están convencidos de que la
vitalidad no corre por sus venas, que son frágiles; muchas veces los acontecimientos
terminan reforzando la sensación de que su vida les puede ser arrebatada como hoja
que lleva el viento.
No obstante, cuando conectan con su casa opuesta, -la VIII-, suelen entregarse a
temas vinculados a la muerte, el poder, la transformación, la intensidad de los
vínculos y el sexo. Es a gracias a la inmersión en estos asuntos que logran, desde la
complementación energética de las casas II y VIII, hallar el estímulo necesario para
vivir sus vidas intensamente, sin miedos, haciendo brotar la resiliencia en ellos. Las
presiones a los que se someten en esa octava casa les brinda la potencia para
transmutar su dolor en gracia. Son personas apasionadas y comprometidas en
actividades vinculadas al nacimiento y la muerte, los negocios, las empresas, la
sexualidad y la curación.
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Kirón en Casa III
La herida incurable se pronuncia cuando estos nativos tienen que comunicarse o
demostrar en la práctica las habilidades de la mente racional. A menudo, son
asaltados por dudas e incertidumbres que fomentan la sensación de no ser aptos para
transmitir lo que piensan. Dado que les cuesta abrir variables o tolerar aspectos
contradictorios, pierden capacidad lúdica para explorar, lo que también se traduce
en los viajes cortos que realizan en sus ciudades o dentro del país de residencia. No
obstante, y más allá del trasfondo mental que puedan tener estas personas, la
aplicación más evidente de la herida es en el vínculo con los hermanos, primos y/o
vecinos. Puede que la pérdida de algún hermano los haya marcado en la infancia, o
incluso durante la gestación, así como el distanciamiento, que tarde o temprano les
llega en la vida, los haga sentir que no pueden conectar con él. Aquí se pone en juego
el dolor desgarrador de que una parte propia, -en este caso, el hermano o hermana
que se crio a la par-, sea arrancada y no pueda volver a unirse.
Desde la Casa IX llega la perspectiva amplificada que permite a este Kirón volcar su
dolor hacia lo trascendente. Desarrollar creencias sanadoras, o una filosofía de vida
basada en la libertad y en la integración de lo que parece lejano es fundamental para
que los dones tomen las riendas de esta herida incurable. Sin embargo, la
compensación aquí puede llegar a entorpecer el desarrollo de la resiliencia si la
persona dogmatiza esas creencias y las asume como única verdad.
Kirón en Casa IV
El trauma que se establece con este emplazamiento de Kirón recae sobre lo ancestral,
las raíces, el pasado, la familia, el hogar y el vínculo con la madre. Existe una marca
ligada a la pertenencia que puede proceder de lo racial, lo nacional, lo religioso, etc.,
y que dificulta a la persona tener una base psicológica y afectiva confiable en la que
poderse apoyar. La memoria está condicionada por un pasado perturbador, por una
herencia o suceso que dio vía libre al dolor al ser reconocido o manifestarse en la vida
del sujeto. Si en el linaje familiar hubo secretos que provocaron sufrimiento,
impedimentos amorosos, afrentas públicas o discriminación, esta persona sentirá
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esa herida en lo más hondo de su ser como propia. Hay cólera, resentimiento y hasta
desprecio en la base emocional pues sienten la injusticia que padeció su madre, su
familia o sus ancestros a flor de piel, y creen que deben castigar a los “culpables”.
Esto genera un círculo vicioso de rencor que los atrapa en el espíritu de venganza, y
del cual deben salirse para que haya un pasaje exitoso hacia la resiliencia.
La casa X se presenta, entonces, como el escenario donde esa oportunidad de
canalizar el dolor hallará eco en la sabiduría de la experiencia. Y la forma en la que
estos nativos lo hacen es volcando mucha de su energía en el ámbito profesional y
adquiriendo protagonismo social. El prestigio a escala pública aparece como fuerza
redentora del estigma de origen ancestral/familiar. Al asegurarse el triunfo en los
asuntos del mundo, logran un afecto impersonal que es un bálsamo para una herida
tan arraigada. Sanan en los demás lo que no pueden en sí mismos.
Kirón en Casa V
Aquí tenemos una posición de fuego donde la herida se presenta de forma narcisista:
la sensación de que hay carencia de gracia y brillo en la propia identidad es muy
fuerte. La persona se siente incapaz de expresarse plenamente como otros y la
comparación hace acto de presencia para agudizar el dolor. El niño interior se ve
afectado a tal punto, que el asumir la paternidad dando lugar a alguien que es más
importante que uno y que tiene prioridad se vuelve una experiencia prometedora de
agonía; por ello, suelen entenderse mejor con los hijos de otros que con los propios.
Otra faceta truncada en la vida de estos nativos es la manifestación creativa y
artística ya que, si bien la poseen, no se creen aptos para traerla al mundo. Muchas
veces, su talento es objetivamente sensacional; pero, de manera quizás injusta, el
destino los enfrenta a quedar relegados, a la sombra mediocre de otros. De la misma
manera, la pasión y el dar generosamente están inhibidos. Todo esto se ve apoyado
por la falta de confianza y valoración como individuos.
En la complementación con la XI, estas personas pueden darse cuenta de que su
sufrimiento es menos abrumador si lo comparten con otros semejantes, participando
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en grupos o redes de afinidad (a modo de ejemplo en su mecánica de superación
desde el compartir, podemos mencionar a los grupos de autoayuda).
Kirón en Casa VI
Las dolencias y discapacidades físicas cobran relevancia con esta posición: la herida
suele estar vinculada a la salud, a las rutinas, a la higiene o la nutrición. Estos nativos
sienten que algo está mal en ellos, que una falla no les permite ser funcionales al
sistema o contexto social en el que se mueven. Se creen, de alguna forma,
inadaptados por definición. Más que ninguna otra posición de Kirón, se sienten
disminuidos, minusválidos en la eficiencia que pueden aportar en su entorno laboral
por asumir que no cuentan con la capacidad necesaria para adaptarse a las rutinas
de la vida cotidiana, atravesar los procesos vitales y mantener en estado de equilibrio
su propio organismo. De hecho, sienten un gran nudo a la hora de brindar servicios;
no porque les desagrade hacerlo, sino porque al compararse caen en la fantasía de
que no fueron hechos para entregarse a ello. Por otro lado, también pueden rebelarse
a todos estos impedimentos del cuerpo, la mente o la psiquis; pero lo único que
lograrán con ello es agravar la intensidad de la herida.
Al conectar con el sector complementario, la casa XII, encuentran la apertura hacia
un mundo onírico, sensible y místico que los guiará en el camino hacia la rendición.
Son los arquetipos que alberga esta insondable casa, junto con las diversas
dimensiones psíquicas, los que derraman el bálsamo perfumado que eleva su dolor
punzante en servicio hacia la humanidad. La entrega hacia algún talento artístico,
hacia el “caos saludable” puede ser reparadora en ellos.
Kirón en Casa VII
Nos encontramos con un Kirón vincular, porque está ubicado en una casa de
elemento aire que tiene correspondencia con el signo de Libra. A la inversa de lo que
ocurría en casa I, aquí los que remueven constantemente la herida son los otros, las
relaciones con pares y socios. Estos nativos se sienten heridos en la
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complementación; ya sea porque se sienten portadores de un estigma en lo amoroso,
porque están involucrados en una relación que es tabú o rompe las reglas de su
comunidad, o incluso porque hay quienes se oponen declaradamente a ese amor.
Quizás por eso, existe la convicción en estas personas de que en algún momento el
destino se interpondrá y su compañero/a las abandonará. Surge con este
emplazamiento tanto un recurrente rechazo por parte del semejante con quien se
desea aparejar, como la sensación de fastidio por tener que socializar. La resiliencia
se manifiesta en sus vidas cuando aprenden a amar su propia herida y aceptan la
disfuncionalidad como parte indivisible de su felicidad en las relaciones. Los ideales
de pareja pueden ser un escollo para el saludable despliegue de la relación; deben
confiar en el vínculo aunque teman por las fallas o la ruptura del mismo. Además,
existe la posibilidad de que proyecten la imagen del sanador herido y busquen tanto
ser curados por alguien, como ser ellos quienes asuman ese rol en la pareja.
Es a través de las decisiones que toman de manera independiente, de la capacidad
de autoafirmación que desarrollan para sobrellevar el dolor que provocan las
relaciones que estos nativos finalmente acceden a sus dones curativos. Al fortalecer
la confianza en sí mismos y conectar profundamente con sus deseos quitan un gran
peso de sus relaciones, pues no están sujetos a la dependencia del otro.
Kirón en Casa VIII
Los asuntos correspondientes a esta casa se viven con una inseguridad tal, que
termina entorpeciendo el acercamiento y reforzando la creencia de que no se es apto
para lidiar con ellos. El poder de transformación, la sexualidad, la sinergia hacia un
proyecto en común, las herencias, los miedos y todo aquello que la persona no quiere
revelar de sí misma, entran en la jurisdicción de este sector de la carta. En cuanto a
lo heredado, -sean bienes materiales, cuestiones genéticas o de carácter-, se percibe
como algo que hiere, que provoca desasosiego ante la mirada del mundo, o que ha
exigido un precio muy costoso e injusto. No obstante, es gracias a las mismas
sombras de la personalidad que la luz de Kirón puede alumbrar desde esta casa,
mediante el reconocimiento y la aceptación de una herida que se intenta ocultar.
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Si la alquimia entre el eje de casas VIII-II se fomenta, la persona puede hallar en su
propia oscuridad los tesoros que necesita para aliviar el dolor. Hay muchísima
creatividad y fuerza vital que emana de estos individuos cuando activan su don
resiliente: la destrucción que los agobia puede dar lugar a la producción de recursos
valiosos, así como la vida que nace de la muerte puede activar una nueva concepción
de la intimidad y la capacidad regenerativa. Abrazando la potencia de la vida pueden
comprender mejor la muerte y concientizar el juego de luces y sombras que los
habita.
Kirón en Casa IX
Lo que establece la sensación de discapacidad en esta ubicación de Kirón son las
cosmovisiones, las creencias, los ideales, la percepción del mundo y de lo
trascendente, planteando todo tipo de dificultades a la hora de confiar en ideas
dadoras de sentido y dirección. Tal vacío de significado puede desatar en estos
nativos un nivel de amargura y escepticismo que los aleja más y más del sentido de
sus vidas; la negación forma parte de su proceso. Los viajes largos, la conexión con
otras culturas e idiomas pueden haber abierto un estigma que genera rechazo en la
persona; sea porque sufrió algún maltrato que la marcó, o porque al no sentirse apta
para conectar con esa experiencia se vio involucrada en problemas de mayor
magnitud. Esta es la posición del maestro que no es maestro, paradójicamente, pues
su herida es la de no poder guiar o conducir a otros a la manera que un maestro
convencional lo hace (recordemos que esto es más un complejo de inferioridad o
discapacidad que una realidad determinante, pues la persona sí podría enseñar, sólo
que no bajo la típica figura del maestro).
Sin embargo, y dado que la imagen del mito es la de un sabio formador de héroes, la
conexión con la casa III, opuesta y complementaria de la IX, permitirá al nativo que
no cree en las verdades jugar con las variantes intelectuales disponibles, abrirse a
explorar múltiples senderos en busca del alivio de su herida y, así, convertirse en un
maestro del constante aprendizaje, capaz de estimular en otros la curiosidad y la
flexibilidad necesarias para mantenerse en constante descubrimiento ante la vida.
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Kirón en Casa X
La herida en esta casa se hace presente en el mundo profesional y de la participación
pública, pudiendo ser un reflejo de un contacto primordial doloroso con la figura
paterna y, por ende, la autoridad. Si Saturno está, además, en conjunción a Kirón, la
posibilidad de un revés del destino en cuanto a la pérdida del padre es de considerar.
Pareciera, para estos individuos, que no pudiesen encajar en modelos
convencionales, ni estructurar un desarrollo sólido y sostenido a nivel profesional;
todo honor o reconocimiento les es, desde su perspectiva, injustamente negado. Si
hablamos de vocación puede haber una vía de escape del dolor que sea la de encarnar
el arquetipo del sanador herido a escala pública; de esta manera, ayudando a otros y
transmitiendo su experiencia, podrán articular mejor el sufrimiento con su misión
de vida. La empatía con aquellos que no encuentran o acceden a su lugar en el mundo
se hace evidente cuando colaboran eficazmente para que esas personas puedan
desempeñarse en sociedad desde el entorno más apropiado.
La casa IV funciona para estos kironianos como un refugio de las durezas del mundo
exterior. La contención y la calidez del hogar que acepta a estos nativos sin juzgarlos
por sus logros constituye el bálsamo que tanto necesitan para sobrellevar la herida y
extraer su talento resiliente de ella: la gracia de sumergirse en la exploración del
mundo interior y de la psicología humana. El riesgo es anhelar tanto esta seguridad
familiar que la persona se quede atrapada y escape al contacto con la realidad
externa.
Kirón en Casa XI
La herida insanable está ligada a los grupos, al compartir, a la solidaridad, a las
amistades vistas como iguales-diferentes con quienes intercambiar experiencias, a
los proyectos colectivos y al futuro. La persona se siente lastimada por su
“incapacidad” de funcionar como un miembro más del grupo; algo en ella la aleja de
la cooperación en redes y de la participación en nuevas tendencias sociales. Suelen
ser poseedores de alguna condición que genera rechazo en la sociedad, pese a la
genialidad o el talento que puedan demostrar y aportar. No obstante, estos
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individuos pueden generar lazos de unión con personas que sufren por las mismas
condiciones que ellos y así rezumar los dones que su dolor disfraza. Lo elevado aquí
es cuando se dan cuenta de que el agente resiliente es la misma red que los conecta.
Cuando la conexión con la casa V se activa en estos nativos, surge la búsqueda hacia
la propia identidad que culmina en un acrecentamiento de la confianza en sí mismos
y en sus facultades. Conociéndose a fondo, crean un mayor compromiso con su
esencia y con la manifestación de sus talentos, por lo que aceitan su desempeño en
sociedad, partiendo de un “yo” más firme que los ubica en puestos de liderazgo.
Kirón en Casa XII
Esta casa en particular cuenta con la propiedad de activar el trasfondo arquetípico
de cualquier planeta o signo ubicado en ella. De esta manera, los nativos de Kirón en
XII resuenan ampliamente con la imagen del sanador herido que cura en otros lo
que no puede en él. El riesgo de actuar o imitar casi al pie de la letra el mito del
centauro abandonado a su suerte es grande, y estas personas pueden confundir su
propia historia con el arquetipo. El arte puede ser una vía de canalización harto
apropiada para ellas, así como la exploración de la corriente mística y espiritual de
la vida. Debido a que se sienten atraídas por los misterios del inconsciente y el
servicio al mundo pero no se sienten capaces de abordarlo, temen caer en el
hundimiento y la pérdida de identidad. También, es cierto que toda energía o planeta
asentado en los términos de esta casa zodiacal exige agotar la mayor cantidad de
experiencias posibles asociadas a él, por lo que representar este sufrido papel puede
presentar una veta favorable si se lo lleva con discernimiento y consciencia.
La revelación de una técnica, un hábito o método brinda a estas personas la
oportunidad de resiliencia. A través de la casa VI pueden proveerse de orden y
herramientas prácticas para dar forma a lo trascendente, para evocar de manera
positiva la personificación del mito. Resonando con la herida universal, la herida que
trasciende toda forma o distinción, -la herida de la existencia-, se liberan del caos y
la disolución en los que el dolor los sumerge y cumplen con el rol específico para el
que han encarnado.
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Bibliografía y webgrafía consultada:
“Quirón y el don de la herida”, Alejandro Lodi, Editorial Kier.
“Quirón”, Joshua S. Santos.
“Quirón”, Jesús Gabriel Gutiérrez, Ágora de Ideas.
“Las doce casas”, Howard Sasportas, Urano.
“Astrohologia”, Vanesa Maiorana y Alejandro Luna, Astrohología Ediciones.
“Quirón en signos y casas”, Dharmática (web).
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este material sin cita correspondiente o autorización de su autor**.
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