CURSO DE ETICA PROFESIONAL / MARIELA CALDERÓN M.
Curso: La Ética en el Desempeño Humano y Profesional
Módulo N° 3: Ética en el desempeño Laboral vs Mundo Globalizado
OBJETIVOS:
Analizar la trascendencia de las conductas humana en el desempeño
laboral.
Identificar aspectos de la globalización que inciden en el desempeño ético.
Determinar actitudes concretas que ha de asumir el ser humano desde su
desempeño laboral, en vista de construcción de una nueva sociedad.
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INTRODUCCIÓN
Durante mucho tiempo, ética y empresa han sido conceptos que se han movido en
planos de la realidad distintos. La ética se ha vinculado con lo que cada uno cree
que está bien o mal. Otros la definían como un modo de ser, de estar y de actuar
ante la realidad circundante. O incluso, como el arte de hacer las cosas bien
desde todos los puntos de vista posibles. La empresa, por el contrario, se ha
concebido como un ente objetivo, siendo una institución ligada al beneficio, y por
tanto, que requiere de criterios económicos y no morales.
Hoy en día la situación ha evolucionado. Congresos, conferencias o medios de
comunicación se ocupan de nuevo de unir las palabras ética y empresa, en
concreto al hablar de la ética empresarial.
Alrededor de los años 50 del siglo XX, debido a la aparición de los modelos
teóricos que desembocaron en las primeras escuelas de dirección de empresas,
se produjo el primer encuentro entre la ciencia ética y las teorías de la dirección.
Es entonces cuando se comienza a concebir a la empresa como una comunidad
de personas. Se desarrollan las teorías de la responsabilidad social; se introducen
los criterios de justicia en el reparto del valor económico añadido.
Es a partir de este momento cuando se comienza a experimentar un proceso
profundo y acelerado de cambios, sin precedentes en la historia de la humanidad.
Este cambio es voraz, complejo, turbulento e imprevisible, que llega de forma
avasalladora y alcanza todos los segmentos de la sociedad. Tales mutaciones
imprimen un dinamismo tecnológico y científico, y las consecuentes revisiones de
valores, de forma jamás vista que alcanzan en pleno nuestra vida cotidiana y el de
las organizaciones empresariales.
La concepción de las empresas ha cambiado mucho en los últimos años, lo que
ha llevado a considerar que tienen una seria responsabilidad moral para con la
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sociedad, independientemente de las responsabilidades individuales de sus
miembros. El papel de las organizaciones como núcleo básico de las sociedades
poscapitalistas, que hace indispensable una ética de las organizaciones para
devolver la moral de la sociedad. La toma de conciencia de que la ética constituye
una exigencia impuesta por la propia viabilidad del sistema económico en su
conjunto. Si el comportamiento inmoral se convierte en norma acaba con la
confianza y la lealtad, provocando importantes disfunciones en el mercado.
La existencia de una conciencia de la solidaridad (el mal que se hace siempre
perjudica a alguien) y una conciencia de la alteridad, que no lleva a no hacer a los
demás lo que no deseamos para nosotros. El miedo a la mala imagen y a las
sanciones legales, que pueden derivar para la organización el descubrimiento de
su falta de ética, etc.
No puede por tanto concebirse la actividad de las organizaciones al margen de la
ética o regida por unas reglas del juego diferentes que justifican actuaciones
inaceptables desde la perspectiva de la moral individual.
1. LA ECONOMÍA DE LA GLOBALIZACIÓN.
Los grandes rasgos que caracterizan a la economía global y mundializada en la
cual nos desenvolvemos hoy en día son los que se nombran a continuación:
La globalización trae consigo un incremento de competitividad entre las empresas
para conseguir adaptarse a las nuevas situaciones. Esta adaptación consiste en
reducir todo tipo de costes, apostar por la innovación tecnológica, flexibilizar los
contratos de los trabajadores, etc. Un claro ejemplo de este aumento de la
competitividad aparece en la creciente ola de fusiones, adquisiciones y alianzas
estratégicas y, en caso contrario, en el esfuerzo en crecer diversificando o
invirtiendo en abrir nuevos mercados.
La velocidad a la que se dan los cambios tecnológicos y organizativos no tiene
comparación a la de etapas pasadas. La microelectrónica, la biotecnología, los
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nuevos materiales, las nuevas herramientas de gestión hacen que las empresas
teman el quedar anticuadas dado la rapidez a la que se producen los cambios.
Las economías industriales según entran en la dinámica de una competencia
mundializada cobran mayor importancia el sector servicios. Son las grandes
empresas y globalizadas las que más facilidades tienen para integrarse en esta
economía globalizada porque tales compañías son organizaciones con una
coordinación centralizada de redes alrededor del mundo. En definitiva, la
economía globalizada se va a centrar en el mercado y se fundamenta en el sector
privado, alcanza todo el mundo, más competitiva y conoce cambios más rápidos, y
son las grandes empresas multinacionales las principales protagonistas ya que
cuentan mayores posibilidades de operar en dicho escenario.
2. LAS DIFICULTADES DE OPERAR ÉTICAMENTE EN UN MUNDO
GLOBALIZADO.
La Responsabilidad Social Corporativa podrá ser un verdadero factor de cambio
en la medida que tanto empresas como sociedades la incorporen y exija
recíprocamente. Y ello tiene que ver con el nivel cultural y la conciencia adquirida
por las sociedades, muy distintas según los contextos sociopolíticos. Hay ahí una
clara interacción: no puede pretenderse un comportamiento ético de la empresa si
la sociedad que la rodea tiene bajos niveles éticos y, a su vez, una cultura
empresarial que haya integrado la ética en la gestión de todos sus procesos será
sin duda punto de referencia ético para la sociedad de que se trate. Por eso la
importancia de que en todas las sociedades se vivan procesos democráticos y, por
tanto, valores fundamentales para la ética en general y la Responsabilidad Social
Corporativa en particular.
Si queremos vivir en un mundo más humano es ineludible para la empresa el
trasladar sus códigos y estándares éticos a todos los lugares donde opera. Pero
ahí nos encontramos con el tema de qué hacer cuando en países en donde
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desarrolla su actividad empresarial faltan legislaciones sociales o incluso se
vulneran claramente los Derechos Humanos.
Evidentemente, lo deseable sería que las empresas transnacionales ejercieran el
papel de transmisoras de los Derechos Humanos. Y que, por consiguiente, las
empresas que aplican criterios de responsabilidad social en sus países de origen
deberían mantenerlos también, en países con régimen autoritario y falto de
libertades. Por otra parte, a pesar de que las leyes y el sistema de un país puedan
ser antidemocráticas e ilegales, las políticas internas de una empresa deberían ser
de respeto hacia los trabajadores y grupos de interés, ofreciéndoles un buen
ambiente de trabajo, buenas condiciones laborales, salarios justos, formación,
seguridad, etc.
Este fue el caso de la multinacional Shell en la España de los años 50, que tenía
incorporadas unas políticas sociales y laborales muy avanzadas en aquel contexto
(salarios más altos que la media en España, jornadas más cortas, semana inglesa,
y otra serie de ventajas como los desayunos a media mañana, café o té por la
tarde, revisiones médicas, ayuda de estudios, excursiones, ayuda en la compra de
vivienda, etc.).
En definitiva, la Responsabilidad Social Corporativa tendría que ser un parámetro
de acción de las empresas en mercados globales, donde todas para poder
competir deberían respetar y cumplir ciertos estándares y normas globales.
Ante el problema de una globalización sin o con escasas reglas democráticas, no
cabe duda que se pone de manifiesto la imperiosa necesidad de avanzar hacia un
sistema de gobernabilidad mundial, que gestione la globalización de una forma
más humana y justa, evitando las grandes desigualdades que se producen y
haciendo llegar a todo el planeta la enorme riqueza generada. Y hablar de un
sistema de gobernabilidad mundial es hablar de la creación de organismos
transnacionales, organizados de forma democrática -y ahí se encuentra hoy por
hoy la mayor dificultad- que sean capaces de hacer cumplir a todos los gobiernos
del mundo unos mínimos sociales y laborales y que corrijan las disfunciones de los
mercados globales. Este es el gran reto del s. XXI.
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3. LA ÉTICA EMPRESARIAL NO ES UNA TÁCTICA SINO UNA CULTURA.
La aparición de legislaciones favorables y habilitadoras ha dado un impulso nuevo
a la ética empresarial, que ha comenzado a practicarse, sobre todo, como modo
óptimo de gestión de riesgos. El gobierno de los [Link]. ha sido el pionero en la
promulgación de estas leyes, aunque tanto por su fuerza política como por la
fuerza de sus multinacionales, las disposiciones jurídicas se han ido extendiendo a
los otros países del globo.
Como quiera que se interprete el fenómeno de la globalización -imperialismo
norteamericano o cumplimiento del sueño cosmopolita-, subraya el hecho de que
nuestros sistemas socioeconómicos, culturales y políticos son cada vez más
interdependientes. Los programas de ética corporativa, en especial, los de
empresas multinacionales, podrían tener una eficacia extraordinaria -en
ocasiones, incluso superior a las políticas estatales- para efectuar mejoras en los
distintos ámbitos de la vida en este mundo globalizado. Después de estos últimos
desarrollos en la ética empresarial, hasta podría llegar a pensarse que se ha
resuelto por fin el conflicto eterno entre los valores morales y los beneficios
económicos. Resulta que el tener un buen programa de ética corporativa no sólo
puede emplearse como una ventaja competitiva en el mercado, como un reclamo
publicitario convincente ante los consumidores y los clientes, sino que asegura
también -en la medida de lo posible- mejores rendimientos financieros para la
empresa.
Entonces es cuando se plantea un nuevo dilema. No habremos “desvirtuado” la
ética, instrumentalizándola para conseguir mayores beneficios económicos, no
habremos trivializado la ética, convirtiéndola en una vulgar táctica empresarial. Y
nos habremos hecho pasar, encima, como unos profesionales excelentes y unos
ciudadanos corporativos ejemplares.
No cabe una única respuesta, en principio válida para todos los empresarios y
todas las empresas, con respecto a estas dudas. Esta indeterminación se debe a
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que las respuestas dependen de la intención con que cada agente de la empresa
realice su trabajo particular, dentro del esfuerzo común y coordinado de la
sociedad. Y dejando al margen la cuestión de sí podemos o no -y si podemos,
cómo- atribuir a una sociedad o empresa una “intención” y una “conciencia”
corporativas, está claro que en estos ámbitos nadie puede emitir un juicio certero
de ningún otro, excepto de sí mismo. Los demás no tenemos otra opción que
esperar que no nos engañen. A falta de un aparato físico que reconozca y mida
objetivamente la intencionalidad, buena o mala, de las acciones, hay que saber
confiar en los demás, aunque sin olvidarse tampoco por completo de la prudencia.
A pesar de este último riesgo que acabamos de apuntar -que las empresas en
realidad “nos engañen” con sus programas de ética corporativa-, seguimos con
buenos motivos para aplaudir el advenimiento de esta ética empresarial de
segunda generación. Las buenas obras, por fin, se incentivan y se premian,
mientras que las malas se castigan y se sancionan, con la misma moneda con que
tanto las primeras como las segundas se realizan: el dinero. Con el cuerpo de
leyes que han entrado en vigor, cuya adopción por los países se ha ido
generalizando, vamos cubriendo las condiciones mínimas de eticidad legalmente
exigibles en la empresa. Desde luego siempre se puede -a veces, hasta se debe-
hacer más para mejorar la calidad ética de las personas, las empresas, los
distintos sectores de la economía, los países y la sociedad globalizada.
Abogar, no obstante, en primer lugar, por un mayor esfuerzo en cultivar la
“integridad” o la “unidad armoniosa de virtudes” en el carácter y en la vida de las
personas que trabajan en la empresa. En segundo lugar, atención a los distintos
aspectos de la “ética profesional”, ligada al tipo de trabajo -directivo u operativo, en
el nivel o área funcional que sea- que desempeñan las personas implicadas.
Por último, trabajar por alcanzar un alto grado de coherencia, no sólo entre la
“ética personal” y la “ética profesional”, sino también entre estas dos y la “ética
corporativa” de la organización entera. En esto consistiría, idealmente, el
programa de acción para una ética empresarial de tercera y última generación.
Porque para evitar que la ética se reduzca a una inocua, hay que
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“institucionalizarla”. Eso significa proveerla tanto de normas e incentivos como de
patrones o modelos de conducta ejemplares; implica traducir todos estos
elementos en “estilos de buen hacer” o una “cultura empresarial”, en definitiva.
4. RELACIÓN ENTRE ÉTICA EMPRESARIAL Y DESEMPEÑO LABORAL
La meta de la actividad empresarial es la satisfacción de necesidades humanas a
través de la inversión de un capital, que es parte esencial el capital humano, es
decir, los recursos humanos o dicho de otra forma, las capacidades de cuantos
cooperan en la empresa.
Por tanto, el fin interno de las empresas consiste en lograr satisfacer esas
necesidades y, de forma inseparable, en desarrollar al máximo las capacidades de
sus colaboradores para lograr un desempeño laboral deseable, metas ambas que
no podrá alcanzar si no es promocionando valores desde el modo especifico en
que la empresa puede y debe hacerlo. Asimismo, al hablar de satisfacer
necesidades humanas se estaría hablando de servicio, donde el objetivo
primordial es lograr la satisfacción del cliente y superar sus expectativas, lo que se
logra ofreciendo un excelente servicio con los estándares éticos que posee la
empresa y los valores del capital humano, logrando así el desempeño laboral
apropiado.
De allí que se promueve una correlación entre ética y servicio, o lo que es similar
ética empresarial y desempeño laboral. El servicio es un atributo de esencia ética,
y la ética es filosofía traducida en servicio. En definitiva, el carácter activo de una
empresa procede de la capacidad de dar, más que de la posibilidad de recibir.
Esto significa que su potencialidad competitiva y su margen cooperativo proceden
de la ética, de su atmósfera organizacional y del servicio que pauta su
desempeño. La correspondencia entre ética y servicio viene acompañada por el
rechazo de sus desviaciones y sesgos: servicio no es servilismo, como ética no es
ascetismo. Todos pueden servir así como todos deben asumir una conducta ética
sin traspasar los umbrales de suprema dignidad y sin caer en los extremos de sus
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caricaturas. El servicio y la ética de manera semejante a lo que ocurre con el
conocimiento crecen mientras más se traducen en ejecuciones concretas.
También se produce una semejanza entre ambos aspectos, en cuanto a que ellos
generan más dividendos y acrecientan más la imagen de las organizaciones que
la que procede por la venta de productos tangibles.
Es en este sentido, en el que la ética de la empresa tiene por valores
irrenunciables la calidad en los productos y la gestión, la honradez en el servicio,
el mutuo respeto en las relaciones internas y externas a la empresa, la
cooperación por la que conjuntamente se aspira a la calidad y la solidaridad al
alza. Los valores anteriormente expuestos consisten en explotar al máximo las
propias capacidades de modo que el conjunto de personas pueda beneficiarse de
ellas, la creatividad, la iniciativa, el espíritu de riesgo; valores que definitivamente
lograran que los colaboradores de una empresa obtengan un excelente
desempeño laboral movidos en conjunto por un interés común, el mismo que
persigue la organización.
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