Des(enterrando)
Este deseo mío de cambiarte, de moldearte como barro esculpido por el movimiento circular de mi
mente y la irrupción de mis manos en ti. Soñar con transformar tu arcilla en algo más, en una suerte
de tierra distinta, quizás en arena. Trazo otro plan, pisar tu suelo firme, colonizar tu mente, pelear
por ella y nombrarte territorio libre de violencias, ponerle a esa tierra mi nombre para que vea
crecer a los niños ficticios que nunca tendremos, ni deseamos tener.
Fue esa posibilidad muerta, un espejismo alucinante, un delirio mío, solamente mío, que aparecía
una y otra vez en el infinito desierto que sepulta mis cadenas y esconde al pequeño cofre con forma
de corazón que custodia el mapa hacia el tesoro escondido en el centro de mi planeta.
Mientras camino a su encuentro me llega una vez más el recuerdo vaporoso de tu risa que se ahoga
en mi pecho, revivo el deseo de transformarte en algo más que el penoso azar de tus heridas
encajando con las mías, heridas placenteras, borrachas de añoranza que nos convertían una y otra
vez más en seres desiguales, tan desiguales como el tiempo depositado en ese reloj vertical gigante
en que estuvimos atrapados un par de meses, girado una y otra vez por unas manos misteriosas,
ellas hacían que nuestros cuerpos sedientos se estrellaran de vez en cuando y chocaran por acción
de la gravedad, que a fin de cuentas es una ley y no se puede reformar, solo construir aceptando su
mandato, solo luchar contra su caótico efecto.
-Tocmépalu-