Equipo de Convivencia Escolar
TOLERANCIA
¿Qué entendemos por tolerancia?
La tolerancia, es un valor moral que implica el respeto íntegro hacia el otro, hacia sus ideas,
prácticas o creencias, independientemente de que choquen o sean diferentes de las nuestras.
La tolerancia es uno de esos valores universales que deberíamos practicar todos los días. Se trata
de un precepto moral vinculado con el respeto, la no violencia y el pacifismo.
¿Cómo se pone en práctica el valor de la tolerancia?
Evitar los juicios y prejuicios porque cada persona es como es, con sus fortalezas y
debilidades, eso forma parte del individuo.
Hablar con los demás, con todo aquel que sea diferente a nosotros, porque la
comunicación tiende puentes al entendimiento.
Ponerse en el lugar de los demás y preguntarnos qué haríamos si fuéramos esa otra
persona.
Hay cuatro principios para la tolerancia:
1. No respondamos a las agresiones. Cuando somos insultados, provocados, o acusados
injustamente, debemos responder con el silencio; esta fuerza es, naturalmente mayor.
2. Mantengámonos calmados frente a la adversidad. Cuando nos encontramos con personas
que nos quieren incomodar, derrumbar u oprimir, debemos enfrentarlas con calma,
evitando cualquier confrontación.
3. Compasión frente a la envidia y el odio. Frente a la envidia y odio de otros, no debemos
responder igualmente, sino ofrecer nuestra amistad y mostrarles nuestra intención
pacífica de resolver un conflicto.
4. Tranquilidad frente a la difamación o el insulto. Si alguien nos insulta o difama, no nos
enojemos con esa persona.
Ante todo, la tolerancia es una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos
universales y las libertades fundamentales de todas las personas. La tolerancia es una virtud que
contribuye a sustituir la cultura de la violencia por una cultura de la paz.
“La tolerancia implica respeto, empatía y solidaridad. Supone ser flexible, saber escuchar, saber
observar y aceptar la diferencia como parte normal de nuestra vida: todos somos diferentes, y ahí
está la riqueza en este mundo, en su diversidad”.
Tolerancia en el aula
Actualmente se destaca que, en un mundo globalizado como el actual, la tolerancia adquiere, si
cabe, un papel más protagonista, siendo su principal medio de implementación, la educación.
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Además, se subraya la necesidad de que exista un marco legal que la avale, así como acciones
locales y una toma de conciencia individual.
El docente debe ser tolerante para promover la tolerancia. Padres, profesores y sociedad somos
el espejo donde los niños se miran. Sus acciones y reacciones, sus prejuicios y miedos son, en
muchas ocasiones, reflejo de lo que han visto o han vivido en los distintos contextos en lo que se
mueven.
En el aula, nuestro ejemplo será clave, como se acaba de comentar. Añadido a ello, diferentes
juegos, dinámicas y recursos servirán para favorecer el desarrollo de esa tolerancia entre nuestros
estudiantes, pudiéndose trabajar desde cualquier asignatura y debiéndonos adaptar, obviamente,
a la edad de los alumnos con los que tratemos. Estos son algunos ejemplos:
– Usar las paredes de modo constructivo, dando espacio a la diversidad con murales, pósters,
mapas, imágenes o dibujos.
– Presentarles imágenes evocadoras para poder hablar sobre ellas y sobre lo que representan.
– Jugar con las denominadas imágenes de percepción, para hacerles conscientes de que siempre
pueden existir diferentes puntos de vista, ninguno más válido que el otro.
– Hacerles reflexionar sobre el valor de la palabra: cómo la lengua, el lenguaje no verbal o el
modo de expresarse pueden suponer un foco de conflicto o de falta de respeto.
– Ayudarles a comprender la compleja actualidad en la que se encuentran inmersos, pudiendo
ver y analizar noticias, diarios, etc.
– Plantear actividades a partir de cuentos relacionados con la tolerancia.
– Invitar a expertos o personas con historias y experiencias relacionadas con la diversidad de
cualquier índole.
– Decidir entre todos las normas de convivencia para la clase o el centro.
– Debatir sobre cómo podríamos hacer un mundo más tolerante, esto es, charlar abiertamente
sobre la tolerancia.
– Proponer un proyecto transversal sobre el tema de la tolerancia, abordándolo desde diferentes
asignaturas y con distintos enfoques.
-Emplear materiales audiovisuales para fomentar la reflexión, desde películas o documentales
hasta vídeos cortos para el debate:
Ideas para sugerir al hogar:
Desde casa, la familia, además de ser un modelo a seguir, puede animar a los niños a:
– Escuchar a los demás con una mente abierta, intentando comprender su postura y ponerse en
su lugar.
– Respetar las ideas diferentes, que no coincidan con las suyas.
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– Entender que las opiniones son relativas y discutibles y que no se tiene la verdad absoluta.
– Ser capaces de expresar el punto de vista propio sin herir los sentimientos de los demás.
– No burlarse de las diferencias.
– Aprender a jugar en equipo, sabiendo perder y ganar con humildad y sin humillaciones.
– Ser consciente de que ser diferente no te hace mejor ni peor que el resto de personas, solo
único y especial.
– Adaptarse al ritmo y a las capacidades del resto de compañeros, valorando positivamente sus
competencias, habilidades y talentos individuales.
Del mismo modo, si tenemos la oportunidad de compartir con los pequeños lecturas,
documentales o viajes, podremos hacerles entender mejor la riqueza natural y cultural de nuestro
planeta.
En definitiva, la tolerancia es aceptar y abrazar la diferencia, apreciar la diversidad, no tener
miedo, respetar a los que no son o no piensan como nosotros, considerándolos como
iguales, saber escuchar, ayudar y empatizar. Si somos tolerantes, seremos más cultos, más
inteligentes y más humanos, seremos esponjas dispuestas a absorber conocimientos, experiencias
y sentimientos de otras personas, siempre abiertos a nuevos aprendizajes. Eso sí, debemos
empezar por ser tolerantes con nosotros mismos, de ese modo estaremos preparados para serlo
con los demás.
Todo a nuestro alrededor es aprendizaje, todo a nuestro alrededor es diversidad. Solo tenemos
que abrir los ojos, con tolerancia, y el mundo será un lugar mejor para todos. Hagamos un poco de
introspección y autocrítica constructiva, como docentes o padres, como personas, no exijamos a
los demás lo que nosotros no somos capaces de hacer. Es el momento, seamos más tolerantes.
Tolerancia e intolerancia
Lo contrario a la tolerancia es, lógicamente, la intolerancia. Es decir, la oposición feroz y violenta a
todo aquello que se considera ajeno, equivocado o antinatural, a niveles variables que pueden ir
desde la oposición activa, hasta la persecución y el exterminio, dependiendo del caso.
Un claro ejemplo de intolerancia fue el puesto en práctica por los totalitarismos del siglo
XX: fascismos y algunas formas de comunismo. Eran regímenes en los que se perseguía a la
disidencia, se la encarcelaba en campos de concentración, y la sola acusación ideológica era
suficiente para meter a alguien en problemas.
Otro ejemplo de intolerancia lo constituyen los colectivos religiosos y fundamentalistas que se
oponen a medidas civiles como el matrimonio entre personas del mismo sexo o la legalización
del aborto.
¿Qué es la intolerancia en el ámbito de la Psicología Social?
En Psicología, el concepto de “tolerancia” es muy amplio y se refiere a la capacidad de resistir
determinados estímulos sin dar paso a una reacción incontrolada o una disrupción del estado de
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ánimo. Sin embargo, si nos ceñimos al ámbito de la Psicología Social, la tolerancia pasa a ser algo
que va más allá de cómo reacciona el individuo al interactuar con su entorno inmediato, y pasa a
describir procesos que involucran a los colectivos y los grupos.
Desde este punto de vista, la tolerancia es la capacidad de convivir con personas
significativamente distintas a uno mismo, ya sea por rasgos físicos, valores, gustos o ideologías.
Así, la tolerancia es un elemento de conducta prosocial, ya que actúa a favor del mantenimiento
de una sociedad cohesionada y sin grandes fracturas internas.
Así pues, la intolerancia surge allí donde las personas entran en una dinámica de comportamiento
en la que se castiga al disidente y al que es percibido como parte del “exogrupo”, estableciendo
una línea divisoria entre el “nosotros” y el “ellos” y fomentando la polarización social.
Ahora bien, que la intolerancia sea un fenómeno que se plasma en la sociedad no significa que no
tenga una dimensión psicológica individual. Es cierto que existen elementos culturales,
convencionales e incluso legales que pueden reforzar la intolerancia, pero esta también se
sustenta en esquemas cognitivos y patrones de comportamiento que son interiorizados por las
personas. Por eso, la intolerancia puede ser abordada desde la psicoterapia y también desde
estrategias y hábitos puestos en práctica por uno mismo.
Como ser una persona más tolerante: Consejos prácticos para ser una persona más tolerante
Estas son las pautas y consejos a tener en cuenta para potenciar la tolerancia ante los demás.
1. Enriquecer tu vida social
Para ser una persona más tolerante no es suficiente con tener un trato habitual con aquellas
personas contra las que se tienen prejuicios, pero es una condición indispensable para lograrlo.
Eso sí, recuerda que si lo haces únicamente a través de Internet, seguramente no tengas una
percepción totalmente ajustada a la realidad de esas personas, dado que las redes sociales y las
plataformas digitales online en general dan visibilidad a ciertos perfiles e invisibilizan otros.
2. Jugar a ser el abogado del diablo
Incluso si hay puntos de vista o modos de vida con los que estamos en total desacuerdo, es bueno
hacer un pequeño entrenamiento mental para comprender a quienes viven de ese modo.
Consiste en realizar esfuerzos deliberados por argumentar a favor de esas prácticas o ideas,
asumiendo un “personaje” que intentaremos dotar de todo el realismo posible, sin dejar que sean
una caricatura. Y para ello, realizaremos varios intentos a lo largo de varios días, en cada uno de
los cuales deberemos buscar una argumentación distinta para justificar aquello contra lo que
somos intolerantes. De ese modo no caeremos en presuposiciones simplistas acerca de las
motivaciones de esas personas.
3. Párate a pensar en los puntos en común
Incluso personas con ideologías muy diferentes o culturas muy alejadas entre sí pueden encontrar
aspectos en común en la estructura de sus diferencias. Es bueno reparar en ello y detectar
aquellos aspectos en los que las diferencias son más cosméticas y superficiales de lo que parecen.
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4. Detecta las trampas mentales que te llevan al enfrentamiento
Muchas veces, la intolerancia se basa en el deseo de ganar discusiones y no tener que asumir que
se ha estado equivocado todo este tiempo. Pero esta manera de pensar lleva al callejón sin
salida de no poder asumir ciertos errores; es una manera de limitarnos.
Por eso, es importante hacer un cierto seguimiento de las rutas mentales que tomamos para
atacar a aquellos grupos y colectivos con los que solemos ser poco justos, y reconocer “trucos”
orientados no a llegar a conclusiones válidas y coherentes, sino a engañarnos a nosotros mismos.
Debemos asumir que allí donde lleguemos a conclusiones generalizadoras y simples, seguramente
estas trampas en nuestro pensamiento existirán.