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Extensión de quiebra en sociedad irregular

El juez rechazó extender la quiebra a ciertas personas a las que se las identificó como socias de una sociedad irregular llamada Gano SRL. El peticionario de la quiebra no pudo probar de manera concluyente que dichas personas fueran realmente socias, ya que la documentación presentada como prueba fue refutada y no demostró la existencia de una sociedad constituida entre esas personas. Por lo tanto, no se cumplieron los requisitos para extender la quiebra a los supuestos socios.
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Extensión de quiebra en sociedad irregular

El juez rechazó extender la quiebra a ciertas personas a las que se las identificó como socias de una sociedad irregular llamada Gano SRL. El peticionario de la quiebra no pudo probar de manera concluyente que dichas personas fueran realmente socias, ya que la documentación presentada como prueba fue refutada y no demostró la existencia de una sociedad constituida entre esas personas. Por lo tanto, no se cumplieron los requisitos para extender la quiebra a los supuestos socios.
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Documento

Voces:
AFFECTIO SOCIETATIS ~ EXTENSION DE LA QUIEBRA ~ QUIEBRA ~ SOCIEDAD
IRREGULAR ~ SOCIO
Tribunal: Juzgado Nacional de 1a Instancia en lo Comercial Nro. 3(JNCom)(Nro3)
Fecha: 21/12/2018
Partes: Gano S.R.L. (Sociedad Irregular) s/ Quiebra
Publicado en: La Ley Online;
Cita Online: AR/JUR/90511/2018
Hechos:
El juez rechazó la petición de extensión de la quiebra en el caso de una sociedad no constituida
regularmente.

Sumarios:
1 . El pedido de extensión de quiebra sobre las personas que reconocieron ser socias de una sociedad no
constituida regularmente debe rechazarse si el porcentaje atribuido a aquellas es tan insignificante que revela
que su participación no es real, pues fueron instituidas como tales al solo y único efecto de que la fallida
obtuviera un beneficio económico consistente en evitar el pago de las cargas sociales que debería abonar si
estuvieran bajo un contrato de relación laboral.
Texto Completo:
6163/2012
1ª Instancia.- Buenos Aires, diciembre 21 de 2018.
Vistos: 1.1. La quiebra indirecta de la sociedad irregular o de hecho apareja el problema relativo a la
determinación de las personas que la componen a los fines de hacerles extensivo el decreto falencial; pues, la
inexistencia de instrumento constitutivo o su falta de registro obstan ese conocimiento (en tal sentido: CNCom.
sala B, 16/03/1994, ED, 163-342).
De allí que la determinación de la identidad de los socios genere una cuestión de análisis previo.
“Si los sujetos efectivamente reconocen la existencia del ente y su relación con el mismo, se allanará el
camino para la declaración de quiebra de aquél y la extensión respecto de éstos. Por el contrario, si los
integrantes del ente anómalo adoptaran una postura negatoria en cuanto a su existencia, el debate previo deberá
ocuparse de su acabada prueba (...) requiriéndose del juez una convicción tal que no deje margen de dudas”
(Grispo Jorge D. y Balbín Sebastián, “Extensión de la quiebra”, ed. Ad-Hoc, Bs. As. 2000, p. 72).
He sostenido que “la multiplicidad de situaciones que pueden quedar alcanzadas [por el artículo 160 de la
LCQ] obliga a efectuar el siguiente detalle: a) procede cuando se declara la quiebra de una sociedad de hecho o
de una sociedad irregular. En estos casos no cabe excluir la necesidad de medidas de investigación tendientes a
acreditar la calidad de socio; b) en relación con la sociedad en formación vale transcribir lo expuesto por
Quintana Ferreyra-Alberti, para quienes “es difícil distinguir en los hechos cuando una sociedad se halla en
formación o cuando la constitución societaria ha quedado definitivamente incompleta por falta de éxito en la
suscripción o por omisión de registro; pero en materia concursal la cuestión es algo más simple: cuando la
falencia sobreviene antes de que la sociedad está registrada, cabe apreciarla como un fenómeno de irregularidad
societaria si la comunidad ha realizado operaciones mercantiles” (Sicoli Jorge S., “Algunas consideraciones
sobre la disolución de la sociedad y la extensión de quiebra a los socios limitadamente responsables” publicado
en DCCyE 2012 (diciembre), 33 y cita Online: AR/DOC/5831/2012).
En esa línea se ha resuelto que “[u]na sociedad de hecho puede ser demostrada por cualquier medio de
prueba; la que se produzca debe ser concluyente, máxime cuando lo que se pretende es determinar su existencia
para extender la quiebra de la sociedad a la persona del socio (CNCom. sala B, 16/03/1994, del dictamen del
fiscal de Cámara, ED, 163-342).
Con ese enfoque conceptual, analizaré la prueba producida en el expediente.
2.1. En el apartado I de fs. 2/9 el peticionario de quiebra identifica a ciertas personas a las que sostiene que
corresponde extenderles la quiebra porque —según invoca— serían los socios de “Gano SRL (sociedad
irregular)”.
Para sostener su afirmación, ofreció producir prueba instrumental consistente en la remisión de ciertos
expedientes judiciales (tres sucesiones, un desalojo por vencimiento de contrato y un despido) y ofreció prueba

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de informes para que (y siguiendo la numeración de fs. 8): 6) La Inspección General de Justicia (“IGJ”) remita
cierto expediente administrativo “...mediante el cual Gano SRL intentó su inscripción registral...”; 7) “...al
archivo de protocolos notariales a fin de que remita segundo testimonio de la escritura pública consistente en
acta de constatación celebrada el 06/10/1992 ante el escribano Marcelo M. Bubis...”; 8) “...al archivo de
protocolos notariales a fin de que remita segundo testimonio de la escritura N° 66 obrante al folio 168 del
08/05/1992 pasada ante la escribana Silvana N. Arabolaza” (fs. 8).
2.2. La prueba a la IGJ y a los juzgados para que remitieran ciertos expedientes, no fue producida.
En cuanto a las dos restantes, su resultado es el siguiente:
2.2. (i) Respecto de la supuesta acta de constatación notarial del 06/10/1992 llevada a cabo por el escribano
Bubis (punto 7), el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires contestó el pedido de informes en dos
ocasiones.
La primera vez fue en fs. 1631/2 (cuerpo 9) indicando que “...no se puede dar cumplimiento a lo solicitado
[esto es, remitir segundo testimonio de la supuesta acta de constatación] por cuanto no concuerdan los datos
suministrados con la escritura matriz obrante en este Archivo ni surge del índice respectivo....”.
La segunda vez fue a raíz de la medida para mejor proveer dispuesta en fs. 1898 (17/09/2018-cuerpo 10). Es
así como en fs. 1913/4 la entidad oficiada contestó ratificando lo dicho en su primera contestación de fs. 1631/2
en el sentido de que le resulta imposible remitir testimonio de la supuesta acta de constatación porque no
concuerdan los datos suministrados con la escritura matriz. Adicionalmente, la entidad oficiada también
informó “...que el 06/10/1992 hay una sola escritura autorizada y no es un acta de constatación [sino que] es un
poder de Norberto Zapata a favor de Jorge Vulgaris, quienes no surgen de los presentes autos”.
Esto implica que la supuesta acta de constatación notarial agregada como prueba documental por el
peticionario de quiebra en fs. 30/40 no es tal.
22. (ii) Respecto del pedido de informes dirigido al Colegio de Escribanos de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires para que remita segundo testimonio de la escritura N° ... obrante al folio 168 del 08/05/1992
pasada ante la escribana Silvana N. Arabolaza (que contiene un proyecto de estatuto social), la entidad oficiada
contestó en fs. 1632 (cuerpo 9) indicando que la referida escritura “...no pasó, por ausencia de una de las
partes.” (sic), lo cual se explica a sí mismo y no requiere comentarios adicionales más que destacar que el acto
jurídico que se pretendía instrumentar en dicha escritura (constitución de una sociedad) no se concretó o
perfeccionó y, por ende, no fue tal porque no participaron de ese acto todas las personas (futuros socios) que
debían prestar su consentimiento.
2.3. En ese escenario cobra particular relevancia el marco conceptual señalado en el apartado 1.1. del
presente, pues las pruebas rendidas en autos me convencen de que la reunión celebrada el 08/05/1992 no tuvo
los efectos que pretende asignarle el peticionario de quiebra; es decir, no implicó la creación de una sociedad
sino que, todo lo contrario, los partícipes de aquella reunión expresamente se aseguraron de dejar expresada la
manifestación —al final del documento— de que [n]o tuvo efecto [el contrato de sociedad] por no haber
comparecido Domingo Pereyra, Joyita Fernández de Fernández, Manuel Touriño y Horacio Guillermo Garrido
y sí los restantes comparecientes quienes firman en prueba de su asistencia. Conste.” (fs. 29).
Indudablemente los que asistieron a la reunión del 08/05/1992, frente a la ausencia de las personas recién
señaladas, optaron por no hacer un contrato de sociedad, tal como expresamente sostiene la sindicatura en fs.
1890 primer párrafo (cuerpo 10).
2.4. En lo atinente al documento de fs. 30/40, el cual contendría un acta de constatación notarial del
06/10/1992 en la que un escribano habría constatado una supuesta “reunión de socios” en la que se habrían
adoptado diversas resoluciones sociales, creo atinado destacar que: a) Como ya señalé (apartado 2.2. (i)) ese
documento no es un acta de constatación notarial ni una escritura pública, tal como informa el Colegio de
Escribanos (fs. 1631/2 y fs. 1913/4) de modo que no cabe asignarle los alcances y efectos que pretende el
peticionario de quiebra. b) Con independencia de ese argumento —que es, por cierto, dirimente—, el
documento está incompleto (ver fs. 40 de donde surge con meridiana claridad que el texto “está cortado”) por lo
que, si lo pretendiera hacer, tampoco podría analizarlo per se y como un instrumento privado.
2.5. Lo hasta aquí expuesto no implica sostener la inexistencia de una sociedad no constituida regularmente
(arts. 21 y siguientes de la LGS) pero sí implica sostener que, con la prueba que produjo, el peticionario de
quiebra no logró demostrar que las personas señaladas en el apartado 1 de fs. 2/9 sean o hayan sido socios de la
fallida porque esto no surge de la prueba producida en el expediente.

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En definitiva, el peticionario no ha producido acabada prueba, sin margen de dudas, de quiénes son los
socios de la fallida (conf. Grispo y Balbín, ob., cit., p. 72) ya que su demanda se sustenta pura y exclusivamente
en el documento de fs. 30/40 sobre el que se produjo prueba que la ha fulminado (y cuya valoración ya realicé)
y en el de fs. 11/29 (proyecto de estatuto social, cuyos alcances también ya señalé).
Agrego —además— que el acto que da cuenta el documento de fs. 11/29 se celebró hace 26 años a la
actualidad y 13 años antes de la sentencia que condenó a la fallida por un distracto del año 2003 generado por
un contrato laboral iniciado el 02/11/2000 [fs. 42]) sin que —como ya dije— se hubiera aportado ninguna
prueba que me pueda convencer de adoptar otra decisión que no sea rechazar la quiebra por extensión a las
personas identificadas en el apartado I de fs. 2/9, con las aclaraciones que expongo en el apartado 3.
3.1. Adoptada la solución que antecede, y por una cuestión de metodología en la exposición, distingo —y
atiendo por separado— a aquellas personas que (i) expresamente negaron ser socias de la fallida; (ii) de aquellas
que luego el peticionario de quiebra desistió de demandar; (iii) de aquellas que se presentaron a dar
explicaciones y reconocieron ser socias; (iv) de aquellas que, pese a estar citadas, no comparecieron; (v) de
aquellas excluidas por decisión judicial.
3.2. Las personas que identifico en el apartado 3.5. se han presentado en el expediente y han negado
expresamente ser o haber sido socios de la fallida. Frente a la posición por ellas asumidas y en el contexto de la
orfandad probatoria generada por el peticionario de quiebra, y a la que ya he hecho referencia y me remito,
corresponde rechazar la extensión de quiebra sobre ellas, aclarando —además— que esta decisión coincide con
lo que aconseja la sindicatura en fs. 1888/97 (cuerpo 10) con la salvedad de que ésta manifiesta que “los
herederos de Manuel López y de José Beningno Louro Romay reconocieron ser socios de Gano SRL” (sic-fs.
1894 vta.).
3.3. No comparto lo que afirma la sindicatura respecto de “los sucesores de Manuel López” porque no es
cierto que ellos reconocieron ser socios sino todo lo contrario. En efecto, en fs. 208/27 (cuerpo II) la
administradora del sucesorio, que es la cónyuge supérstite de Manuel López, se presentó en el expediente y
manifestó, por un lado, que por derecho propio nunca fue socia de la fallida y que sus hijos (también sucesores)
tampoco lo fueron ni antes ni después de la muerte del causante. Por otro lado, y en lo atinente al patrimonio
sucesorio, acreditó que el causante murió en 1998 por lo que invocó que resulta improcedente pretender atribuir
una deuda al sucesorio que fue generada “...cinco años después de la muerte...” (fs. 208 vta. párrafo tercero, fs.
212 apartados 8 y 9, fs. 218 párrafo tercero [cuerpo II], posición que reitera fs. 1901/11, en particular, apartado
II, fs. 1902 primer párrafo-cuerpo 10).
Estimo que asiste razón a la administradora del sucesorio de Manuel López ello en tanto y en cuanto el
crédito que da origen a la petición de quiebra se originó el 30/06/2005 con el dictado de la sentencia laboral o,
en la posición más favorable para el peticionario, el 02/11/2000 con el inicio de la relación laboral (fs. 41
párrafo segundo) mientras que el causante falleció el 16/12/1998 (ver partida de defunción de fs. 166) por lo que
la acción es, a todas luces, improponible.
3.4. Tampoco comparto lo que sostiene la sindicatura de que corresponde extender la quiebra a “los
herederos de José Beningno Lauro Romay” (fs. 1894) porque en fs. 955/960 sus herederos se presentaron e
invocaron que el causante fue declarado insano por padecer un cuadro psicopatológico de demencia vascular,
desde febrero de 1992, “...encuadrándose dentro del concepto jurídico de demente (arts. 141/2 Cód. Civil (...)
demencia que era pública y notoria no solo para sus allegados sino también para cualquiera que mantuviera una
charla o trato...” (fs. 956).
Para sostener ello, los herederos acompañaron la sentencia que así lo declara, la cual se sustenta en el
dictamen médico del perito oficial de fs. 933/41 que indica que el causante “...es un disminuido en sus
facultades mentales (...) La fecha aproximada de la enfermedad data de febrero de 1992. El pronóstico es
irreversible con posibilidad de agravarse en el futuro. [Su enfermedad no le permite] que pueda disponer de su
patrimonio o avalar operaciones comerciales o afines. Esto se debe al riesgo que pudiera tener para sí y para su
familia, dado que no tiene una adecuada conciencia de cual o cuales son sus posibilidades. Se trata de una
persona que tiene una incapacidad total y absoluta. Entendiendo a la incapacidad como aquellas situaciones que
(...) limitan o anulan la capacidad del individuo para atender a las demandas de las actividades que debe o desea
desarrollar” (fs. 940/1).
Es decir que José Beningno Louro Romay era demente desde febrero de 1992. Coherente con esa
circunstancia, mal podría sostenerse que éste fue socio de la fallida pues era incapaz desde 1992.
3.5. Consecuentemente se rechaza —por los fundamentos expuestos en este apartado— la petición de

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extensión de quiebra de: 1. Blanca Elena Rosico (fs. 452/4 y fs. 836/8); 2. José Benigno Louro Romay (fs. 362 y
fs. 955); 3. López Loreyro María Teresa (fs. 847/8); 4. Lauro Roman Manuel (fs. 319/20); 5. Lueiro Maroñas
José Antonio (fs. 237/8); 6. Méndez Alberto Joaquín (fs. 909/10).
3.6. Sobre las siguientes personas tampoco extenderé la quiebra porque el peticionario de quiebra desistió de
demandarlas: 1. Fidalgo Jose Antonio (fs. 682); 2. Millan González Manuel (fs. 588); 3. Touriño Manuel. (fs.
588); 4. Magan Omar Manuel (fs. 920); 5. Garrido Alicia (fs. 920); 6. Garrido Horacio (desistido pero no
demandado; fs. 920).
3.7. Las siguientes personas comparecieron en el expediente, dieron las explicaciones que estimaron y
manifestaron ser socias de la fallida. Ellas son (i) Francisco González (fs. 481); (ii) Norberto Elios Gómez (fs.
296); (iii) Domingo Pereyra (fs. 581); (iv) Redondo Héctor Gerardo (fs. 230, apartado IV); (y) Sarcone Osvaldo
Luis (fs. 489/94, en particular, fs. 490 último párrafo) y (vi) Celaya Eulalia Juana (fs. 163).
El reconocimiento por ellas efectuado amerita darle un tratamiento diferenciado a los supuestos abordados
en 3.2. y 3.5.
3.8. (i) El denominador común de estas personas es que ellos manifiestan haber sido socios de la fallida, con
un porcentaje del 1% y que esto fue impuesto por la fallida como condición para ingresar a trabajar en ella, ya
que —de esa manera— ésta se evitaba el pago de las cargas sociales que implica contratarlos en relación de
dependencia.
Así, por ejemplo, Osvaldo L. Sarcone sostuvo que “[l]a verdad es que mi participación en la sociedad no era
más que un engaño tanto para el sistema de previsión social como el de aportes que le correspondía percibir al
aquí citado. En la situación de empleado, con un cargo trascendente, cajero y encargado turno noche, era
engañado, dado que con la participación que poseía en la sociedad, se evitaron efectuar sus aportes. Mi
participación en la misma era la de un socio muy minoritario (107 cuotas partes sobre 10.000, el 1.07%).
Asimismo aclaro que no integré la sociedad por voluntad propia sino que, por el contrario, como ya
expresara anteriormente, me vi obligado a hacerlo para poder ingresar a trabajar en el bar. En efecto, siempre
me desempeñé como cajero nocturno del establecimiento, percibiendo por ello un salario y jamás participé en
las utilidades de la misma, nunca tuve decisión sobre el personal ni sobre los giros comerciales de la sociedad,
con excepción de las lógicas indicaciones al personal en mi calidad de cajero.
Cuando surgió la posibilidad de desempeñarme en El Ombú, me contacté con quienes, a la sazón, serían mis
empleadores, esto es los Sres. Antonio Lauro (gerente) y Manuel López (principal cuotapartista), los mismos me
indicaron que, para ingresar a trabajar, debía integrar la sociedad y me vi en la obligación de suscribir el
contrato social con un porcentaje ínfimo.
Tal como quedará acreditado en autos, nunca integré ni tuve voluntad de integrar la sociedad a la que se le
solicita la quiebra (...) fui un trabajador que, en definitiva, no era más que una víctima de un fraude laboral y
que todavía e impensadamente sigue sufriendo dichas consecuencias” (sic-apartado IV de fs. 489/93).
En la misma línea se expidieron Héctor Geranio Redondo al señalar que “...sólo era titular del 1% del capital
social...” (apartado 4 de fs. 230/1) y Domingo Pereira que manifestó que “...no tenía ninguna vinculación con
Gano SRL más que el haberla conformado originariamente en un pequeño porcentaje” (sic-fs. 581/3, anteúltimo
párrafo del apartado IV).
3.8. (II) El pedido de extensión de quiebra sobre las personas que reconocieron ser socias de la fallida será
rechazado con fundamento en dos argumentos:
Primero porque el aporte que ellas reconocen es insignificante y, por tanto, resulta aplicable la doctrina
elaborada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación para privar a un acto de sus efectos o consecuencias
jurídicas, por ejemplo, para no calificar como abusivo el ejercicio de un derecho (Fallos: 308:1796), lo que torna
aplicable, conceptualmente y mutatis mutandi, la doctrina fijada en el precedente “Fracchia Raymond SRL” del
03/05/2005, en el sentido de que el porcentaje atribuido a estas personas es tan insignificante que revela que la
participación de ellas no es real, lo que implica que no corresponde —por tanto— extenderles la quiebra ya que
ellos “...no quisieron la sociedad y sus efectos...” (considerandos 11 y 12, primer párrafo, de la resolución
particular de la IGJ).
Segundo porque se ha dicho sobre el concepto de affectio societatis que “...Ma experiencia demuestra que sí
debemos tenerlo en cuenta [al concepto de affectio societatis] como una herramienta útil para la interpretación
de situaciones dudosas, en las que las circunstancias oscurecen la verdadera relación existente entre varias
personas, sin que quede claro si entre ellas se ha configurado una sociedad u otra situación que, aunque
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parecida, no es societaria. En ese caso, quien sostiene que hay o ha habido sociedad deberá demostrar que,
además de los aportes, los partícipes en el negocio han colaborado activa y diligentemente, con iguales
derechos, en la obtención del lucro obtenido. La otra parte, no convencida de tal situación, deberá probar que
entre los miembros del grupo en conflicto había relaciones de subordinación o de total ausencia de colaboración
para poder acreditar una correspondencia diferente de la de sociedad. El juez que deba decidir este diferendo
tendrá en la affectio societatis un instrumento de suma utilidad para ello (Vanasco Carlos A, “Sociedades
Comerciales”, T. I, ed. Astrea, Bs. As., 2006, p. 40).
Con ese enfoque conceptual, tengo la convicción de que las personas individualizadas en el primer párrafo
de este apartado no son socios o, mejor dicho, son o fueron socios pero ficticios, instituidos como tales al solo y
único efecto de que la fallida obtuviera un beneficio económico consistente en evitar el pago de las cargas
sociales que implicaría que ellos —en vez de estar asociados ficticiamente— lo estuvieran bajo un contrato de
relación laboral. Es decir, había —esencialmente— una relación de subordinación en el sentido propio del
derecho laboral entre la fallida y estas personas.
Sostengo esto, en primer lugar, en base a la defensa asumida por ellos en sus diversas presentaciones (a las
que me remito) y no encuentro ningún motivo para descreer de esa versión.
En segundo lugar porque presumo que por la naturaleza de la actividad el aporte de ellos habría consistido
en una prestación de hacer y, desde esa perspectiva, “puede confundirse fácilmente con una prestación de
trabajo que implique una relación laboral, ya que en ambos casos lo que se espera de esa persona es que
satisfaga determinadas prestaciones de hacer. Si bien aparentemente hay una idéntica conducta en los dos
supuestos, la diferencia entre esa relación laboral y el aporte propiamente dicho estriba en las circunstancias en
que ambas se prestan. En el hacer laboral existe, por un lado, una relación de dependencia con el empleador que
hace que éste pueda dar órdenes al prestar de servicio” (Vanasco Carlos A, “Sociedades Comerciales”, T. I, ed.
Astrea, Bs. As., 2006, p. 38).
Eso es, precisamente, lo que han manifestado estas personas. Cito, por ejemplo, lo que afirmó Osvaldo L.
Sarcone en fs. 489/94: “...no integré la sociedad por voluntad propia sino que, por el contrario, como ya
expresara anteriormente, me vi obligado a hacerlo para poder ingresar a trabajar en el bar. En efecto, siempre
me desempeñé como cajero nocturno del establecimiento, percibiendo por ello un salario y jamás participé en
las utilidades de la misma, nunca tuve decisión sobre el personal ni sobre los giros comerciales de la sociedad,
con excepción de las lógicas indicaciones al personal en mi calidad de cajero”.
Por el contrario, en la sociedad, el aporte se presta sin que el socio esté subordinado a nadie, ya que los
servicios que debe prestar a la sociedad solamente dependen de la naturaleza de ellos, de su propio criterio y de
su personal esfuerzo en el cumplimiento de las tareas a las que se ha comprometido. Por otro lado, en la relación
laboral el trabajo se brinda contra el pago de una remuneración, que cobra el trabajador periódica y
regularmente de su empleador. En la sociedad, el socio que aporta el trabajo no percibe por él ninguna
retribución específica, sino que solamente tiene derecho, como los restantes socios, a participar de las ganancias
que obtenga la compañía” (Vanasco, ob., cit., p. 21).
Las ganancias, como es sabido, solamente pueden establecerse a través de la confección de un balance, que
se debe realizar anualmente, una vez cerrado el ejercicio social, y que abarca el período de un año (Vanasco,
ob., cit., p. 35). Desde esta perspectiva, no resultaría realista creer que el lavacopas, el cajero o el mozo
transitaban todo un período de un año sin recibir ninguna contraprestación mensual y que recién gozaban de
algún beneficio económico transcurrido el ejercicio social y en la medida que el mismo arrojase ganancias y la
mayoría de los socios decidiera repartirlas. Creo que ello no ha sido así; por el contrario, estoy convencido de
que recibían una retribución mensual como contraprestación de sus tareas y, aunque bajo el ropaje impuesto de
“socios”, eran empleados, pues había una relación de subordinación ya que recibían y cumplían órdenes y no
eran consideradas ni gozaban de los beneficios de socio.
Consecuentemente, no corresponde extenderles la quiebra a ellos.
En la misma línea, Quintana Ferreyra y Alberti afirmaron: “...sugerimos interpretar el art. 164 (actual 160)
de la LCQ en el sentido de que la extensión de quiebra alcanzaría (...) a quien fuere socio y por alguna
prescripción del sistema societario deviniera responsable ilimitado. Va de suyo que este proceder ha de haber
sido desenvuelto por los afectados procediendo en tanto socios; esto es, de un modo que signifique
necesariamente el ejercicio de su calidad de socio; por lo que no ocurre el fenómeno de extensión de la quiebra
cuando la responsabilización fuera declarada respecto de una persona individual que la hubiera asumido con
extensión solidaria e ilimitada, mas actuando en una función societaria que no significase ejercicio de la calidad
de socio” (Quintana Ferreyra Francisco y Alberti Edgardo M., “Concursos”, T. III, Ed. Astrea, Bs. As. 1990, p.
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37 y nota al pie N° 50).


3.8. (iii) En virtud de los fundamentos expuestos en el presente apartado 3.7. y 3.8., rechazo extender la
quiebra a (1) Francisco González (fs. 481), (ii) Norberto Elios Gómez (fs. 296), (iii) Domingo Pereyra (fs. 581).
(iv) Redondo Rector Gerardo (fs. 230, apartado N). (y) Sarcone Osvaldo Luis (fs. 489/94, en particular, fs. 490
último párrafo). (vi) Celaya Eulalia Juana (fs. 163).
3.9. Las personas que señalo en el último párrafo de este apartado han sido demandadas y notificadas del
auto de fs. 96 (26/04/2012-cuerpo I) que las citó en los términos del art. 84 de la ley 24.522, pero no se han
presentado en autos.
Ahora bien, pese a que ellas habrían sido notificadas del auto de fs. 96 (la mayoría de ellas bajo
responsabilidad de la parte actora) lo cierto es que, coherente con el enfoque dado en esta resolución en el
sentido de que no se ha acreditado quiénes serían los socios y que aquellos que manifestaron serlo lo han hecho
con el particular alcance ya señalado en el sentido de ser una ficción (y a cuyos efectos me remito a los
fundamentos expresados en los apartados 2 y 3) mal podría —por su mero silencio— sostener que ello implica
reconocimiento del atribuído carácter de socios y, por ende, extenderles la quiebra.
En efecto, el silencio de las 18 personas no puede —en el particular contexto de esta causa— ser equiparado
con el reconocimiento de la calidad de socio que pretende atribuirle el peticionario de quiebra como fundamento
para su extensión a aquellos, máxime teniendo en cuenta que la mayoría de ellos quedaron notificados bajo
responsabilidad de la parte actora.
En este sentido y —reitero— en el particular contexto de este expediente, considero que el silencio
guardado por aquellos demandados no constituye prueba suficiente para tener por probada la participación
denunciada en la sociedad fallida, la cual debió ser acreditada por el peticionario, cosa que —como ya fue
dicho— no sucedió.
Consecuentemente se rechaza —por los fundamentos expuestos en este apartado— la petición de extensión
de quiebra de: 1. Angela Castro de Gonzáles (fs. 806 y 867);, 2. Segunda Coronel de Garrido (fs. 416); 3. José
Estévez Pérez (fs. 414); 4. Jesús Fernández (fs. 506); 5. Juan Antonio Fierro (fs. 292); 6. Andrés Luis García (fs.
293); 7. Adriana Silvia Garrido (fs. 415); 8. Teresa Garrido (fs. 842); 9. Estanislao Godnic (fs. 156); 10.
Antonio Louro Romay (fs. 403); 11. Severina Luna de Tobio (fs. 294); 12. Benito Martínez (fs. 307); 13. Nelly
Mazzei de Villanova (fs. 288); 14. Saturnino Menéndez Menéndez (fs. 409). 15. Avelino Murias (fs. 680/1). 16.
María del Carmen Rapela (fs. 152); 17. Fabián Varela (fs. 405) y 18. Manuel Varela Landeira (fs. 308).
3.10. En cuanto a Ricardo Manuel Grandío, María Paula Grandío y María Ximena Grandío, en fs. 1247/5
(25/09/2015-cuerpo 7) la Cámara Comercial decidió excluirlos del proceso por lo que nada corresponder
proveer.
3.11. Respecto de Fidalgo Antonio, pese estar demandado, lo cierto es que el peticionario de quiebra omitió
notificarlo de la citación dispuesta en fs. 96 (26/04/2012-cuerpo I); consecuentemente, intimase al peticionario
de quiebra para dentro del término de cinco días cumpla con la notificación ordenada respecto de Fidalgo
Antonio bajo apercibimiento, en caso de omisión, de considerarlo desistido.
4. En virtud de lo expuesto resuelvo: 4.1. Rechazar el pedido de extensión de quiebra respecto de las
personas individualizadas en el apartado I de fs. 2/9. 4.2. Intimar al peticionario conforme lo dispuesto en el
apartado 3.11. 4.3. Firme que se encuentre lo aquí decidido, levántese las inhibiciones generales de bienes
oportunamente trabadas, a cuyo fin líbrese los despachos del caso, en su caso de acuerdo a la ley 22.172,
encomendándose al peticionario de quiebra su oportuno diligenciamiento, bajo apercibimiento de ley. 4.4.
Costas por su orden atento a que el peticionario de quiebra pudo creerse con derecho a peticionar como lo hizo
(art. 68 Cpr.). 4.5. Notifíquese por Secretaria al acreedor peticionario y a la sindicatura, encomendándole a ésta
última practicar las notificaciones respecto de las personas individualizadas en el apartado I de fs. 2/9. — Jorge
S. Sicoli.

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