Prueba de la parafina
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La parafina es utilizada en esta prueba con el fin de captar las sustancias
pertenecientes a la pólvora expulsada por las armas de fuego al ser accionadas.
La prueba de la parafina o método parafinoscópico, es una de las diferentes
prácticas utilizadas por la balística forense durante la investigación de residuos
de disparo en la piel (específicamente en las manos) o en las prendas de vestir del
sospechoso de haber disparado un arma de fuego. Por medio de esta práctica, es
posible determinar si una persona ha utilizado un arma de fuego, incluso hasta
máximo dos horas después de haber apretado el gatillo. Sin embargo, la prueba de la
parafina ya no se utiliza con frecuencia debido a que esta técnica se aplica sobre
cualquier sustancia oxidante, a fin de verificar la presencia de nitratos o
nitritos, es decir, es inespecífica, además, esta técnica tendría alguna utilidad
si se realiza una o al máximo dos horas del hecho delictivo, de otro modo, la
prueba se ve "contaminada" haciéndola inservible ante cualquier tribunal de
justicia y para la misma práctica policial.
Índice
1 Historia
2 Método
3 Desventajas
4 Referencias
5 Bibliografía
Historia
En el año 1913, fue el doctor Gonzalo Iturrioz Font, quién la empleó por primera
vez para determinar a los implicados en el homicidio con arma de fuego del general
Armando J. de la Riva, jefe de la policía de la Habana, el 7 de julio de 1913. El
mencionado médico intervino como experto en el homicidio cometido contra el
general; aplicó en los orificios de entrada de la ropa un placa de parafina que
presionó para levantar los productos resultantes de la deflagración, entre ellos
los nitratos. Finalmente, con el objetivo de identificar los nitratos, el doctor
Gonzalo Iturrioz Font aplicó el reactivo de Guttmann (solución de difenilamina en
medio sulfúrico) sobre la placa de parafina, cuya reacción pone de manifiesto la
presencia de restos de nitratos mediante la formación de un color azul
característico, con tal dispersión de color, determinó la distancia de los
disparos.
La "Revista de Medicina Legal de Cuba", correspondiente al año 1922, publicó un
artículo del doctor José A. Fernández Benítez (médico-forense cubano), titulado
"Consideraciones sobre las manchas producidas por los disparos de arma de fuego",
en el cual ideó, basado en la experiencia del doctor Gonzalo Iturrioz Font, el
guantelete de parafina para captar los restos de pólvora depositados en la
superficie de las manos de quién había accionado el arma de fuego, posteriormente
se introduce dentro del guantelete de parafina el reactivo de Guttmann.1 El doctor
L. Rafael Moreno González (médico-forense), profesor de Criminalística en el
Instituto Nacional de Ciencias Penales de la ciudad de México, al referirse a este
trabajo anota: "el autor recomienda el uso de la parafina para captar los productos
nitrados en la mano de la persona sospechosa de haber disparado un arma de fuego
aplicando el reactivo de Gultmann. Al respecto es de justicia señalar que el
procedimiento propuesto por Fernández Benítez fue una modificación al discurrido en
1913 por el Dr. Gonzalo Iturrioz y Font".2
Teodoro González Miranda, perito del Laboratorio de Identificación Criminal de
México, en 1931 mejoró la técnica, realizando en 1933 las primeras demostraciones
de la llamada "Prueba de la parafina" en los Estados Unidos de América, por lo cual
en Norteamérica se le dio el nombre de "Test de González".
En 1966, Mary E. Cowan y Patricia L. Purdon, presentaron ante la Decimoctava
Reunión Anual de la Academia Americana de Ciencias Forenses, en Chicago, Illinois;
un documento resultado de un estudio de investigación en dónde señalan: “La
evaluación crítica del tipo, sitio y número de las reacciones en modelos de manos
de personas de las que se sabía habían disparado arma de fuego, y las comparaciones
de estas características en reacciones similares obtenidas en modelos de un grupo
de personas de las que se sabía o presumía que no habían disparado armas de fuego,
no sirvió para establecer ningún distinción significativa”.
El doctor Paul L. Kirk (1902-1970), bioquímico y profesor de Criminalística de la
Universidad de California, Berkeley, observó: "no es posible afirmar
categóricamente que la prueba es válida o que es inútil; que debe ser dicho con
énfasis que poco se puede concluir acerca de esta prueba sin la necesaria
experiencia y sin tests cuidadosos en condiciones variables; que no es improbable
que el método sea útil cuando todos los factores pertinentes son considerados",
citado por el doctor Dimas Oliveros Sifontes, en 1973, Caracas, Venezuela.3
Método
En primer lugar, el experto de laboratorio derrite la parafina en un envase limpio
de porcelana refractaria. Una vez derretida la parafina, se procede a cubrir las
manos del sospechoso con una brocha de pelo de camello, inmediatamente se realiza
el guantelete, colocando trozos de gasa sobre las manos, con la finalidad de que se
refuerce y quede un molde fácil de retirar. Una vez se enfría la parafina se retira
el guantelete por medio de una abertura que se le realiza a un costado; el
guantelete se trae consigo las partículas microscópicas de nitratos, nitritos,
bario, plomo y antimonio, que son los restos de la pólvora una vez detonada y que
se encuentran incrustadas en la piel.
Finalmente, se realiza la prueba con el reactivo de Lunge (preparado por George
Lunge entre 1839-1923), aplicándolo en el interior del guantelete una vez retirado.
La presencia de nitratos se pone en manifiesto porque éstos ante el reactivo dan
una coloración azul, entonces se dice que la prueba de parafina es positiva.
Los guanteletes son analizados minuciosamente por especialistas en laboratorios
durante varios días, obteniendo como resultado un complejo informe en dónde se
exponen porcentajes de las cantidades de sustancias químicas. Sin embargo, estos
resultados posiblemente puedan servir para orientar una investigación mas no se
deben extraer conclusiones definitivas por medio de ellos.
Es decir, que la prueba de la parafina de positivo a la existencia de nitratos no
significa que se haya disparado un arma de fuego recientemente, como tampoco dar
negativo implica que no se haya usado un arma de fuego recientemente.
Desventajas
La prueba de la parafina actualmente se ha dejado de usar en los países más
desarrollados debido a los múltiples estudios de investigadores en donde se ha
comprobado su falibilidad. En primera instancia, las pólvoras de mejor calidad
causan menos emanación de gases, es decir menos exposición de partículas.
Se afirma en muchos de ellos que los granos o partículas de pólvora no se adhieren
a la epidermis, y por lo tanto, se desplazan con facilidad, además de diversos
factores que interfieren en el estado de esas partículas, como las diferentes
acciones que se llevan a cabo después del disparo (manos en los bolsillo, uso de
pañuelos, lavado de manos, etc.), por lo cual, la obtención de una muestra después
de varias horas o días puede producir un resultado erróneo. Por otro lado, también
se deben tener en cuenta las circunstancias inusuales presentes en el momento de
accionar el arma de fuego (lluvia, viento, etc.).
El reactivo a base de difenialmina produce reacción positiva ante fertilizantes,
orina, algunos detergentes (lavandina), venenos fosforados, tabaco, tierra,
oxidantes, entre otros, generando falsos positivos para esta prueba, es decir,
aunque la persona no haya disparado, la prueba de la parafina lo convierte en un
sospechoso.
Referencias
Fernández Benítez, José A. (1922). «Consideraciones sobre las manchas producidas
por los disparos de arma de fuego». Revista de Medicina Legal de Cuba.
Moreno González, Rafael (1977). Manual de Introducción a la Criminalística. Ciudad
de México: Porrúa S.A. p. 206.
Oliveros Sifontes, Dimas (1973). Manual de Criminalística, Preservación y Manejo
de las Evidencias Físicas. Caracas, Venezuela: Monte Avila Editores, C.