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ALASKA
Gibrán Portela
Obra ganadora
del Premio Nacional de Dramaturgia Joven
Gerardo Mancebo del Castillo 2008
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La navegación es el movimiento
que se aproxima más a la inmovilidad.
Experimentar que te mueves requiere recaladas,
requiere que existan puntos fijos
en el horizonte...
Peter Hoeg
La señorita Smila y su
especial percepción de la nieve
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PERSONAJES:
JIMI
MIGUEL
MARTINA
Nota:
Se recomienda usar las cajas fuertes como parte de todos los escenarios
propuestos.
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Una tienda de cajas fuertes; varias cajas de seguridad de diferentes tipos en
exhibidores sencillos; un mostrador con una computadora. Miguel es más bien
pequeño, todo él es pequeño, insignificante, le falta la mano derecha. Tiene
una chuleta de madera descansando en su prótesis de acero, con la otra mano
sostiene un lápiz que maneja con dificultad. Mira las cajas fuertes y escribe
algo en la chuleta. Jimi no mueve un dedo, lo ve trabajar mientras fuma un puro
enorme sentado en un banco. Jimi es más alto que Miguel, intimida por su
aspecto, tiene tatuajes en los brazos y alguna cicatriz en la cara.
Jimi: ¿Tú qué guardarías? ¿Eh? ¿Qué guardarías? Es estúpido. ¿No crees?
¿No se te hace estúpido? Nada de lo que vendes te sirve para algo.
Pausa.
Jimi: Parece un gran negocio, ¿no crees? ¿No te deprime? Ese viejo era un
imbécil hasta que te conoció. Eres demasiado idiota como para saber esas
cosas. Pero no te preocupes, aquí estoy para protegerte.
Miguel: ...El señor. El señor Godínez. Es. Estaba cansado de. De trabajar.
Jimi: Mmm ja… Te apuesto a que el señor Godínez tiene un hijo imbécil, de
esos que se les van los ojos, y que no pueden servir una cerveza sin espuma.
Tú tampoco puedes. Pero sí sabes a qué clase de hijo imbécil me refiero…
Esos que tienen sus manos así como atoradas y que tienen la boca chueca y
las piernas para adentro. De los que usan zapatos de imbécil. ¿Sabes de
cuales? Así como el hijo de la señora Hans. ¿Te acuerdas?
Miguel mira algo en la computadora del mostrador, revisa papeles, limpia por
ahí y por allá. Se queda pensativo unos momentos, mirando el horizonte, como
quien piensa en un lugar mejor, en un sitio que sólo se encuentra en su
cabeza.
Miguel: Vamos. A. Po. Poner muchos globos. E. En la inauguración.
Jimi: Te apuesto a que el hijo imbécil del señor Godínez no controla sus
esfínteres, y se caga y se mea cada que le dan una buena noticia, como un
perro. Seguro tiene barbas y balbucea como un estúpido, y la señora Godínez
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ha de tener la espalda hecha trizas, de cuando el “bebé” Godínez hace
berrinche y no quiere meterse a bañar, y pide que lo lleven de caballito a la
regadera.
Miguel: E. El señor Godínez. N. No. No tiene esposa.
Jimi: ¿Qué?
Miguel-El señor Godínez no. No tiene esposa.
Jimi ríe por un rato. Miguel comienza a inflar globos.
Jimi: Te apuesto a que los tiene metidos en un sótano para que nadie los vea y
les echa carne cruda cada tercer día.
Miguel: Me. Me cae bien.
Jimi: ¿Quién te cae bien?
Miguel: El señor Go. Godínez.
Jimi: ¿Te cae bien alguien que mete a su hijo estúpido en un sótano?
Miguel: Ji. Jimi...
Jimi: ¿Qué?
Miguel: No. Nos va a ir bien.
Jimi: ¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo pue…? A nosotros nunca nos ha ido
bien aquí. No pertenecemos aquí. ¿Cómo nos va ir bien? ¿Qué te hace pensar
que nos va ir bien? Qué quieres decir con que… ¿Salir los domingos de la
mano con nuestras esposas a comer en un lugar carísimo y luego ir al cine?
Todo el tiempo encerrados. ¡Como cerdos! ¿No extrañas el frío? ¿Cómo
piensas que nos va ir bien? ¿No sientes que te falta el aire? ¿No extrañas el
silencio, el mar? Nosotros estamos forjados al frío, al hielo, a las noches largas.
Aquí nunca ha habido nada para nosotros.
Miguel: Ji. Jimi, t. Tú no tienes esposa.
Jimi: Pero tú sí... ¿Y sabes qué? Imagínate... Imagina que nos va chingón,
muy chingón. Imagina que en cada casa de la ciudad hay una de nuestras
0042 empotrables. Si eso pasara… ¿Sabes quién sería la primera persona en
venir a visitarte? Pues ella. Tu esposa horrenda, para pedirte dinero. Va a venir
de la mano de un niño con la cara desfigurada y sin dientes. Te va a exigir
todos los años de paternidad que le debes. Te van a dejar sin un centavo. Y
también tu madre... Ella también vendrá a cobrarte cada centavo, cada gota de
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leche que puso en tu boca, vendrá a reclamarte todo lo que le debes. A ella y a
tu padre. Y no podrás negarte.
Miguel: Na. Nadie sabe que volví.
Jimi: Pero se van a enterar... Y luego vendrán, vendrán a arruinarte la vida de
nuevo, a chuparte entero, cada centavo, cada miserable centavo y también tu
sangre y tu vida. ¡Vas a desaparecer!
Miguel-:¿Po. Por qué el niño va a estar desfigurado?
Jimi: Porque va a tener siete años.
Miguel: ¿Y eso. Q. Qué?
Jimi: Los siete años son de las peores épocas que puede pasar alguien en su
vida: Se caen los dientes, todo el día estás cochino, con las rodillas raspadas...
La única ventaja que tienes a los siete años es que eres un niño y no te afecta
tanto ser tan feo, pero cuando uno crece... Te van a exprimir hasta el último
centavo y entonces volveremos sin nada. Como la primera vez.
Miguel: N. No. No quiero volver.
Jimi: ¿Te acuerdas la primera vez que la vimos? ¿La Aurora Boreal? Me fuiste
a despertar, estabas muy asustado. No sabías lo que era eso.
Miguel: Yo. Yo le pregunté a la señora Hans.
Jimi: Lo único que sabía es que eso no podía ser el fin del mundo. Aquí jamás
veremos algo parecido. ¿Qué es lo que te molestaba? ¿La señora Hans y su
hijo imbécil? ¿Qué te molestaba de Alaska?
Miguel: Tú dijiste que. Que estaba bien, que. Quedarnos un tiempo. Pe. Pero.
Puedes volver si. Si tú quieres.
Jimi se para, camina hacia Miguel, lo comienza a acorralar poco a poco.
Jimi: ¿Que yo me vaya solo? ¿Sin mi mejor amigo? Yo no quiero estar sin mi
mejor amigo… ¿Y tú?
Miguel niega con la cabeza, Jimi se le acerca, lo busca. Miguel no corre, pero
trata de ignorarlo, de hacer como si no estuviera, como si no le afectara nada.
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Jimi: No me fui porque tú querías quedarte. ¿Quieres que me regrese solo?
¿Tú podrías estar sin tu mejor amigo? Yo no podría estar sin mi mejor amigo.
Miguel, los amigos están juntos siempre, en todo momento.
Jimi se le acerca mucho más, le está hablando casi en la boca, le acaricia la
cara, toma su mano. Miguel se aleja de Jimi, que sigue hablando como si
Miguel estuviera ahí.
Jimi: ¿Tú podrías vivir sin tu mejor amigo? ¿Podrías vivir sin mí? ¿Quieres que
regrese solo a Alaska? ¿Quieres separarte de mí? Dime que soy tu amigo.
Sabes que sólo nos tenemos a nosotros. Sabes mejor que nadie que ninguna
persona sería capaz de ayudarnos, de entendernos.
Miguel saca un palo de golf del mostrador, lo mira, respira profundo y sonríe,
hace como que acomoda una pelota en el piso, respira profundo, su semblante
cambia, ahora es relajado, confiado, comienza a jugar golf, con toda
tranquilidad y soltura.
Miguel: Para conseguir un buen swing, y que la pelota tome altos vuelos, nos
colocamos con la bola ligeramente hacia el pie izquierdo, de forma que el palo
llegue al punto de impacto cuando se aproxima a su fase de ascenso. De este
modo, el ángulo del palo es más abierto en el contacto, y se propicia el vuelo
alto.
Una lluvia de globos de colores y serpentinas cae sobre sus cabezas, ambos
voltean hacia arriba, como disfrutando de la lluvia. Se escucha una música
alegre y poco después la grabación de un locutor. Jimi sale del escenario.
LOCUTOR (Voz grabada que se repetirá algunas veces): Cajas fuertes Alaska,
para guardar lo que más quiere, hoy, en su gran inauguración, hace un 20% de
descuento en las cajas fuertes empotrables 0042, de regalo, se llevará un
bellísimo reloj de fantasía imitación rolex. Cajas fuertes Alaska, resguarda su
futuro. Cajas fuertes Alaska, lo mejor para sus tesoros, lo peor para los
ladrones.
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Miguel comienza a barrer algunos globos hacia afuera, se ve tranquilo. Martina
entra. Es una chica delgada que viste de colores oscuros, un mechón del
cabello pintado de morado; da pasos inseguros, mira a Miguel. Da vueltas por
la tienda mirando las cajas. Miguel huele algo raro en el aire, mira a Martina,
quien baja la mirada, y luego mira otra cosa. Martina, mira la prótesis de Miguel
recurrentemente.
Martina: Buenas tardes.
Miguel: Buen. Buenas tardes.
Martina: ¿Ya cerraron?
Miguel: N. No.
Martina: Estoy buscando una caja fuerte.
Miguel: Te. Tenemos para satisfacer. Muchas necesidades, chiquitas, gr.
grandes, industriales. Medianas.
Martina: Necesito una pequeña.
Miguel: P. Para guardar dinero o joyas o p. Papeles o…
Martina: Es para guardar un… secreto.
Miguel: Ah…
Martina- Pequeño, un secretito… Es repelente para mosquitos.
Miguel: ¿Di. Disculpe?
Martina: Repelente para mosquitos… ¿Sabe lo que es un repelente para
mosquitos?
Miguel: ¿Va a gu. A guardar repelente para mosquitos?
Martina: Yo apesto a repelente para mosquitos, de la punta de la cabeza a la
punta del pie. Si quiere que me vaya me voy, ya me han corrido de muchos
lugares porque huelo feo. Ahora su tienda apesta a repelente para mosquitos.
Miguel: N. No huele fe. Feo.
Martina: No tiene que adularme para que compre una de sus cajas, de todas
maneras la voy a comprar porque la necesito. Yo no compro nada que no
necesite, así me digan que huelo a rosas.
Miguel: Me gusta el. O. Olor.
Martina: Necesito una caja pequeña y muy barata.
Miguel- Cla. Claro.
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Miguel saca un catálogo de debajo del mostrador y se lo muestra a Martina.
Martina: ¿Y cuál me recomienda?
Miguel: Pues. L. La. Creo. Q. Que la c32bis de doble cerradura y doble
combinación, es. Muy b. Buena.
Martina: ¿Es cara?
Miguel: De. Depende lo que quiera guardar.
Martina: ¿O sea que si quiero guardar un mosquito ahí dentro, la caja me sale
más barata que si quiero guardar un anillo de diamantes? ¿Es eso?
Miguel: D. Disculpe. E. Es…
Martina: Un secretito, muy chiquito. Es lo que quiero guardar. Si le digo cuál es
el secreto dejaría de ser un secreto. ¿No cree?
Miguel: Eeeh...
Martina: Déme la más barata que tenga.
Miguel asiente y va al fondo y trae un par de pequeñas cajas fuertes. Martina
se nota algo nerviosa. A Miguel se le caen las cajas, Martina acude en su
ayuda, se miran a los ojos, Martina le da un beso, Miguel sonríe y le
corresponde. Se abrazan.
Martina: ¿Cómo perdiste tu mano?
Miguel: En la guerra.
Martina vuelve a besarlo. Toman las cajas y van al mostrador, como si nada
hubiera pasado.
Miguel: Pe. Perdón.
Martina: Son resistentes, pero son muy chiquitas, cualquier ladrón se puede
llevar esa caja.
Miguel: P. Pero nu. Nunca va a saber lo que tiene adentro.
Martina: ¿Cuánto le debo?
Miguel: [Link]. Do. Doscientos p. Pesos.
Martina: Es mucho dinero ¿No cree?
Miguel: Eh…
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Martina: Pero si me dice que vale la pena, yo confío en usted.
Migue: S. Sí es. Muy. Está garantizada.
Martina: Gracias, adiós.
Martina le sonríe, paga y se va.
Miguel: Has. Vu. Vuelva pronto.
Miguel se queda quieto un momento, mira su prótesis, deja las cajas en el
suelo. Respira profundo. Comienza a acomodar algunas cosas.
Entra Jimi, está medio ebrio, fuma puro.
Jimi: ¿Cómo nos va? ¿Cuánto vendimos?
Silencio.
Jimi: Apesta. ¿Te están picando los moscos? Estás resintiendo el calor,
¿verdad?
Miguel: Un. Un cliente.
Jimi: ¿Un cliente?
Miguel: U. Un cliente, se puso re. Repelente pa. Para mosquitos.
Jimi: Ha de ser una persona asquerosa como para untarse tanto repelente.
Debe ser un sicópata. ¿Era hombre o mujer?
Miguel: Hom. Mu. Mujer.
Jimi: Jeje, lo sabía y seguro tiene un hijo imbécil. Por mujeres como ella, los
mosquitos han desarrollado defensas contra el repelente, por eso ahora no hay
lugar donde esconderse de ellos, no hay cómo protegerse. Los mosquitos van
a acabar con el mundo por su culpa. Hay gente loca de verdad. En la cantina
había un hombre. Se llamaba Larry, estudió medicina pero ahora vende
alfombras, eso me contó. Larry tenía dos lenguas. ¿Te imaginas tener dos
lenguas? ¿Una sobre la otra? Larry me dijo que su esposa era gorda como el
mundo. Creí que ya lo había visto todo cuando conocí a la señora Hans y a su
hijo imbécil, pensé que lo había visto todo. ¿Tú qué harías con dos lenguas?
Pero no creo que se unte una tonelada de repelente para mosquitos, estoy casi
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seguro de que el hombre estaba contento con sus lenguas, no sé su esposa
gorda. A lo mejor le dan asco los besos de Larry porque tiene dos lenguas.
Pero Larry no me quiso contar más, estaba demasiado ebrio.
Miguel: La señora Hans. T. Tenía un. Dedo de. De más.
Jimi: ¿Te pasa algo? ¿Tienes algo?
Miguel: N. No.
Jimi: Yo sé cuando te está pasando algo, no me engañas diciendo que todo
está bien.
Miguel: S. Se. Se me cayeron unas cajas. E. enfrente de un... cliente me…
Jimi: Pero tienes una mano de acero. Siempre te he dicho que la uses, es la
mano más confiable que tienes. Te debería cortar la otra. ¿Cuántas cajas
llevamos vendidas?
Miguel: Como. di. diez
Jimi: ¿De cuáles?
Miguel: De. De la promoción y una pe. Pequeña.
Jimi: Entonces, vendimos once.
Miguel: N. No. Nueve de la promoción y una p. Pequeña.
Jimi- Esta peste nunca se va a ir. No vuelvas a dejar entrar a nadie que use
repelente para mosquitos ¿Para qué usan repelente para mosquitos como si
fuera perfume? Una mujer loca. ¿No crees? Tú la viste. Te aseguro que tiene
un tic nervioso y mueve su cabeza así como tonta. ¿La mueve así o no?
¿Como imbécil con retraso?
Miguel: N. Sí.
Jimi: ¿Y venía sola?
Miguel: S. Sí.
Jimi: ¿Para qué quería una caja fuerte? ¿Qué quería guardar?
Miguel: N. No. No sé.
Jimi: Sí sabes.
Miguel: N. No.
Jimi: Me estás mintiendo, no tienes por qué mentirme… Seguro le preguntaste
qué tipo de caja quería y para qué la quería. ¿Qué te dijo?
Miguel: Un. Se. Secreto.
Jimi: ¿Un secreto? ¡Entre tú y yo no hay secretos!
Miguel: E. Eso me con. Contestó.
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Jimi: Las mujeres sólo traen problemas. ¿No has aprendido nada? Ahh. ¿Qué
diablos haríamos sin ellas? ¿Te imaginas? ¿Qué haríamos sin ellas? Alaska
tiene nombre de mujer. Como la esquimal esa que se te ofreció, no recuerdo su
nombre…
Miguel saca su palo de golf.
Jimi: ¿Te acuerdas? Se quería ir contigo. (Se ríe hilarante.) Seguro te iba a
meter a un iglú y luego iba meterte pescados en el culo.
Miguel: Si nos encontramos la bola hundida en un raf alto, lo que tenemos que
procurar, simplemente, es resolver la situación siendo prácticos.
Jimi: Ahh. ¿Y recuerdas a su marido? Jaja. Te quería matar. Y … (No puede
con la risa.) Y tú no hiciste nada...
Miguel- Es mejor perder un solo golpe y devolver la bola a calle, sin tomar
excesivos riesgos.
Jimi sale abrazando a Miguel, como si estuviera a su lado. Miguel sigue
jugando golf. Las luces de alógeno, parpadeantes, se apagan poco a poco.
Miguel: Para ello elegimos un hierro abierto y colocamos la bola al pie derecho.
Con el peso en la parte izquierda, cogeremos el palo algo más corto de lo
normal, y ya en el stance, lo sujetaremos con fuerza.
Las luces de alógeno parpadeantes se van encendiendo de a poco. Entra
Martina, se dirige al mostrador.
Martina: Buenas tardes... ¿Buenas tardes?
Miguel: B. Buenas t. Tardes.
Martina: Supongo que se acuerda de mí. Mi olor es inolvidable. ¿No cree?
¿Repelente? ¿Mosquitos? ... Emm, tengo un problema con mi caja fuerte, creo
que no funciona bien... La compré hace dos días.
Miguel: ¿Pro. Problemas con la combinación?
Martina: Bueno, no sé, emmm...
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Miguel: Ta. Tal vez, e. El seguro.
Martina: No… Eh… Yo creo que mi secretito se sale un poco de la caja.
Miguel: ¿Está muy pequeña? ¿L. La caja?
Martina: Bueno no.
Miguel: ¿En. Entonces?
Martina: La verdad... ¿Quieres tomar un helado?
Miguel: N. N. No. No me gusta, e. El helado.
Martina: Te estoy diciendo que si no quieres salir conmigo a caminar... O a
hacer algo, no tienes que tomarte las cosas así como las escuchas, a veces, es
así…
Miguel se pone nervioso, toma su palo de golf, intenta concentrarse, pero le
cuesta trabajo; mientras él se debate entre Martina y el golf, ella sigue
hablando como si Miguel estuviera frente a ella.
Martina: A mí me gustan los helados, por eso te dije que si querías tomar un
helado, pero si no te gustan, podemos ir a tomar un café o un… A menos que
te dé asco porque huelo a repelente para mosquitos. O tal vez… Piensas que
soy una piruja que quiere algo específico de ti. Una puta que huele a repelente.
Mi abuelita le decía piruja a todo el mundo, a mí también me lo decía. Pero si
eso es lo que te molesta, lo del repelente, está bien. Pero no quiero que
pienses que hago esto todo el tiempo. Lo estuve pensando todo el día, ayer en
el trabajo...
Miguel respira profundo y regresa a donde estaba.
Martina: Y también en la noche, sólo un poco, porque me gusta dormir sin que
nada me preocupe, es lo menos que me merezco. También podemos ir al cine,
pero también podemos no ir a ningún lado. Bueno, yo sí me voy y, y... Me
gustaría que dijeras algo... Esto no quiere decir que te vaya a besar si salimos,
no quiere decir que te voy a besar algún día. Sólo quiero platicar con alguien,
no busco nada especial, sólo… A veces pasan cosas que no se pueden
explicar muy bien.
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Sonidos de pajaritos.
Miguel y Martina caminan por el parque, disfrutan su helado. Se sientan sobre
una caja fuerte que hace las veces de banca.
Silencio.
Martina: Dijiste que no te gustaba el helado.
Miguel: Hace mu. Mucho que no comía.
Martina: ¿No te da asco?
Miguel: ¿El helado?
Martina: Yo. ¿No te da asco mi olor? No tienes que aguantar eso... Me puedes
decir y puedo alejarme unos metros, ya estoy acostumbrada.
Miguel: M. Me. Me gusta el olor.
Martina: No me tienes que decir mentiras, debes pensar que soy una loca
obsesiva del repelente para mosquitos.
Miguel: N.N. No pienso nada.
Martina: ¿Eres tonto?
Miguel: ¿Qué?
Martina: Si no piensas nada es que eres muy tonto, los tontos no piensan
nada.
Miguel: Me gusta el olor del repelente po. porque. Porque me recuerda a
Veracruz.
Martina: ¿Eres de Veracruz?
Miguel: No.
Martina: Debes haber vivido algo bueno allá.
Miguel: Nunca he ido a Veracruz. P. Pero, no sé por qué, creo que… Que
Veracruz huele a repelente. Son cosas que… No puedes explicar muy bien.
Martina: Casi no tartamudeaste.
Miguel: Q. ¿Qué?
Martina: Que si te interesa, me tengo que poner repelente porque soy alérgica
a los piquetes de mosco. Si me pican los moscos se me hincha la cara como
una pelota roja. De niña me picaban mucho y siempre andaba llena de
ronchas, la gente me veía feo, les daba asco... Ahora también les doy asco, tal
vez estoy destinada a dar asco. Por donde quiera que lo veas.
Miguel: A. A mí nunca me ha pi. Picado un mosquito.
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Martina: A todo el mundo le ha picado un mosco alguna vez en su vida.
Miguel: A mí no.
Martina: Oye y... ¿Qué te pasó en la mano?
Miguel: ¿M. Me invitaste a salir para p. Preguntarme eso?
Martina: No me tienes que decir, pero para qué hacer como si no me
importara. Yo te conté lo de los mosquitos, tal vez no te interesaba, pero no
creas que me tienes que decir, no importa. Pero me molestan las personas que
hacen como si no pasara nada. Es una idiotez, pero no tienes que decirme
nada de eso, ni nada de nada, si no quieres. Podemos hablar de cualquier
cosa. De películas por ejemplo. La verdad hace mucho que no voy al cine…
Miguel: En Alaska.
Martina: ¿Alaska?
Miguel- P. Perdí mi ma. Mano en Alaska, en un barco.
Martina: ¿En un crucero?
Miguel: Pescando. Ba. Bacalao.
Martina: No me gusta el bacalao.
Miguel: A mí tampoco me gusta.
Martina: Tampoco te gusta el helado.
Miguel: S. Sólo el de fresa.
Martina: Lo pediste de limón.
Ríen.
Martina: Así que eras pescador. ¿Te mordió la mano un bacalao?
Ríen.
Miguel: En el barco, se metió agua en mi guante, s. Se... Se me congeló.
Martina lo toma de la prótesis, se sonríen. Miran el paisaje, se miran. Miguel
agacha la mirada, Martina le da un besito en la mejilla.
Miguel: Martina. Un favor… No me preguntes nada más de mi pasado.
Martina: Lo volviste hacer, no tartamudeaste.
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Miguel: ¿Q. Qué?
Martina: Perdón.
Miguel: Promételo.
Martina: ¿Por qué?
Miguel: Por favor.
Martina se recarga en su hombro.
Entra Jimi.
El sonido de pajaritos se diluye.
Jimi hace algo en el mostrador, cuentas.
Martina se levanta, se despide de Miguel y se va. Miguel se levanta y camina
hacia Jimi como si fuera llegando.
Silencio.
Jimi: ¿Dónde estuviste?
Miguel: Co. Con el P. Proveedor d. De Stanlees. Co. Como quedamos.
Jimi: Son las siete, te fuiste a las doce.
Miguel: Emm, fui a...
Jimi: ¿Emm? ¿Emm? ¿De dónde sacaste eso de “emm”? Nunca habías dicho
eso.
Miguel: F. Fui a ver al Pro. Proveedor y. Lu. Luego fui al. Al. Ci. Cine.
Jimi: El proveedor de Stanlees habló, tenías cita con él a las tres de la tarde, te
fuiste a las doce, son las siete. Ni siquiera fuiste a la cita. Pensé que te
interesaba que nos fuera bien en este negocio, pero parece que no. ¿Por qué
tengo que encargarme yo de todo? ¿Hace cuánto estás así? Te levantas tarde
y sonríes como un estúpido. ¿De qué te estás acordando? Cuando alguien
sonríe como estúpido sólo puede significar dos cosas; que es un estúpido o
que está recordando algo agradable. ¿Qué estás recordando? ¿Al hijo imbécil
de la señora Hans? ¿Cómo se llamaba? Ornik... Así como hacen los cerdos.
¿Qué película fuiste a ver?
Miguel: U. Una de terror.
Jimi: ¿Por qué no me invitaste?
Miguel: … Que. Quería estar solo.
Jimi: ¿Estás saliendo con alguien?
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Pausa.
Jimi: Somos amigos. ¿No? ¿Por qué no me tienes confianza? Allá sí me tenías
confianza... Me contabas todo. Está bien que tengas nuevos amigos. ¿Crees
que me voy a enojar? Si no pasa nada. Sólo que el negocio... Hay que cuidarlo.
Tú fuiste el de la idea de venir aquí, de hacer esto. Pero dime la verdad, seguro
te puedo ayudar en algo. ¿Necesitas consejos de viejas? Te puedo dar
consejos sobre mujeres. ¿Qué es tan importante como para que me mientas y
juegues conmigo? Nunca me has engañado. No puedes mentirme.
Silencio.
Miguel: Co. Conocí a. A. A. Alguien.
Jimi: ¿Cómo se llama?
Miguel: Mar. Se llama. Mar. Martina.
Jimi: ¿Hace cuánto que la conoces?... ¡Contéstame!
Miguel: Un mes o. [Link].
Jimi: Así que tienes novia.
Miguel: E. Es una amiga.
Jimi: Quiero conocerla, yo también quiero ser su amigo. Podríamos ir al cine
juntos. Si es tu amiga también puede ser mi amiga. ¿Hay problema en eso? Yo
no te presento a nadie porque tú eres mi único amigo… Y Larry, Larry también
es mi amigo pero sólo sé que tiene dos lenguas y una esposa gorda. También
me gustaría tener una amiga para salir al cine y a caminar. Estaría bien salir los
tres juntos… Estaría bien, podríamos hacer muchas cosas los tres juntos. ¿No
crees?
Miguel: E. Es mi. Mi novia.
Jimi: (Ríe estridente) ¿Tu novia? ¿Quieres que te dé un consejo sobre
mujeres? ¿Quieres que te lo dé?
Miguel: …
Jimi: Ya tienes suficiente con una esposa horrenda, y un niño de siete años.
Miguel: ¡No es mi esposa!
Jimi: Uy… ¿Alguien está enojadito? ¿Cómo es ella?
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Miguel:…
Jimi: ¿Cómo se llama? ¡Te estoy hablando! ¿¡Cómo se llama!?
Miguel: [Link] t. Te lo dije.
Jimi: Pues no escuché. ¿Cómo se llama? ¡Contéstame!
Miguel: M. Mar. Martina.
Jimi: Quiero conocer a tu novia.
Jimi se acerca a Miguel y le huele el cuello.
Jimi: Apestas. No será la sicópata del repelente, ¿verdad? Quiero conocerla.
¿Qué opinas? Podemos invitarla a la casa. ¿Qué te parece? Quiero darle el
visto bueno. Soy tu mejor amigo, me interesa tu vida… Invítala a la casa.
Miguel: N. No es. Bu. Buena idea.
Jimi: ¿Tienes miedo de que te avergüence? ¿De que te ponga en ridículo?
Tienes miedo de que sepa que eres un perdedor, un idiota, ¿Tienes miedo de
que se entere? ¿Tienes miedo?
Jimi se le queda viendo fijo a Miguel, que agacha la cabeza. Acomodan una
caja que hará de mesa, junto con un mantel y algunas viandas. Entra Martina.
Los tres se sientan alrededor de la mesa.
Martina: ¿Hace cuánto viven aquí?
Jimi: Como seis o siete meses, ¿verdad?
Martina: ¿Se conocieron en Alaska?
Jimi: Nos conocimos aquí, en un table.
Martina ríe.
Martina: ¿Te gustan los tables, mi amor?
Miguel: N.N. No me digas mi amor.
Jimi: Todo tiene que ver con cómo le haya ido en la vida a cada uno. ¿Verdad?
Silencio.
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Martina: ¿Es bonito?
Jimi: ¿Qué?
Martina: Alaska.
Jimi: Es como estar en el fin del mundo. Nosotros estábamos al noreste, en
Point Hope, muy cerca del estrecho de Bering... ¿Sabes por dónde?
Martina: No tengo ni idea.
Jimi: Partíamos del puerto muy de mañana y pasábamos varios días en alta
mar. ¿Verdad Miguel?
Miguel: N. No. No quiero hablar de eso.
Jimi: Miguel no era muy bueno pescando, se desmayaba...
Miguel: Ji. Jimi…
Silencio. Jimi se les queda mirando.
Jimi: ¿Cómo puedes vivir así? Miguel debe quererte mucho, no cualquiera
aguanta ese olor tan asqueroso. ¿No crees? ¿Cómo puedes vivir así? Dime.
Vamos a tener que dormir con las ventanas abiertas toda la vida.
Jimi echa a reír como desquiciado.
Jimi: ¡Estoy jugando! ¿Eh? Quiero romper el hielo. Tenme confianza.
Miguel: Ji. Jimi.
Jimi sigue riendo.
Jimi: ¿Tú a qué te dedicas?
Martina: Control de calidad.
Jimi: ¿De repelente para moscos? (Ríe.)
Martina: Paso las mañanas viendo topers de plástico, todo el día veo topers de
plástico, veo si están bien o si tienen alguna falla, si cierran bien, los colores...
Jimi: Debe tener lo suyo, pero para Miguel y para mí pocas cosas nos excitan,
después de estar allá, en el frío, el riesgo a morir congelados, del paisaje, es
difícil que te sorprenda algo más en la vida. ¿No extrañas, Miguel?
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Jimi ríe. Miguel se nota molesto y Martina lo ha notado.
Silencio.
Jimi: Martina, ¿Miguel ya te contó de Ornik, de nuestro amigo idiota?
Martina: …
Miguel: Ji. Jimi...
Jimi: Tienes que escuchar esto... Martina.
Martina: Tal vez no quiera escucharlo.
Jimi: Oh, claro que quieres.
Martina: No quiero.
Jimi ríe.
Miguel respira profundo, toma su palo de golf del mostrador y comienza a jugar.
Jimi: Ornik era el hijo estúpido de la señora Hans, la cocinera de las cabañas
donde nos quedábamos. Primero nos ayudaba mucho, era muy agradable.
Después de que perdió la mano, Miguel tuvo que descansar unos días. Uno de
esos días fue cuando Ornik entró al cuarto de Miguel... (Ríe.) Ese Ornik era el
portero más imbécil del mundo, no caminaba bien, no coordinaba, pero voló
muchos balones. Sí, en Alaska jugábamos futbol, no es muy usual allá, pero
uno extraña...
Ríe.
Miguel: (Jugando golf.) La claves de un buen swing es que los hombros, los
brazos, las manos y el palo giren al unísono, como un péndulo cuyo eje sería
nuestra cabeza.
Jimi: Miguel estaba descansando y ese Ornik entró a la cabaña y lo tomó del
cuello, y la verdad no sé muy bien cómo estuvo pero (Apenas puede hablar por
la risa.) …Cuando fui a verlo, Ornik tenía abajo los pantalones y le metía,
Miguel también tenía los pantalones abajo (No puede ya de la risa.) estaban
cogiendo... Perdón por la expresión pe... pero... (Se ríe más.) ¿Te imaginas?
Le destrozaban el culo a Miguel. (Ríe.) Orink se la metía una y otra vez y
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Miguel no decía nada, sólo estaba mirando la pared. (Ríe.)
Miguel: Ponemos un palo en el suelo, detrás de la bola y en la línea de tiro,
para notar una cierta resistencia cuando tenemos que iniciar el swing. La gracia
está en que venzamos esa resistencia manteniendo compacto el péndulo en el
inicio de la subida.
Miguel da un golpe, mira cómo se va la pelota. Jimi comienza a recoger todas
las cosas. Martina va hacia Miguel, se miran. Martina duda en acercarse,
Miguel mira hacia el suelo.
Jimi se sienta sobre una caja y se queda viendo al infinito.
Miguel: N. N. No…
Martina: No digas nada.
Martina envuelve a Miguel con sus brazos.
Sonido de pajarillos.
Martina y Miguel se separan, Miguel camina hacia el mostrador y hace unas
cuentas. Martina camina hacia Jimi. Caminan por el parque.
Jimi: Miguel es mi amigo y me preocupa. Lo que le pasó en Alaska no fue fácil,
Miguel es frágil y tengo miedo de que lo lastimen de nuevo.
Martina: Miguel se puede cuidar solo.
Jimi: No puedo evitar ser aprensivo con él, es mi único amigo, ¿sabes?
Salimos huyendo de aquí, Alaska fue lo primero que se presentó. Es difícil para
mí, ¿no crees? ¿Nunca has tenido un mejor amigo? Debes saber algunas
cosas antes de que pienses estupideces, antes de que los dos empiecen a
pensar en tonterías…
Martina: Me gustan las tonterías.
Jimi: Tienes que escucharme, hay muchas cosas que tienes que saber.
Martina: Ya me contará él lo que quiera y cuando quiera. A mí no me importa.
Jimi: Te mueres de ganas de saber, se te ve en los ojos. Claro que quieres
saber.
Martina: ¿Ah así? Júramelo.
22
Jimi: Seguro te dijo que no le preguntaras nada.
Martina: No creo que te importe lo que él me diga. Es ping pong, no hay retas.
Jimi: Mm ja. Te mueres de ganas de saber. Tienes que saber el peso que
carga.
Martina: Todos cargamos algo. ¿Y qué? Uno no tiene que decir todo lo que le
pasa en la vida. Estamos hechos de secretos y así está bien.
Jimi: Todas las mujeres tienen curiosidad, siempre quieren saberlo todo.
Martina: No sabía que eras experto en la conducta femenina. ¿Por qué no
pones tu programa en el radio? Podrías salvar a miles de mujeres en
desgracia.
Jimi: Si no tuvieras curiosidad ni siquiera habrías venido.
Martina: Me dijiste que era algo importante, pero ya vi que no.
Jimi: Es muy importante que te enteres de todo, Miguel no es un tipo malo,
pero a veces hace tonterías. ¿Quieres que te cuente?
Martina: …
Jimi: Si no quisieras saber nada ya te habrías ido.
Jimi sonríe, la mira. Martina duda un momento, da la vuelta y comienza a
alejarse, Jimi la alcanza.
Jimi: Miguel está casado, ya no ve a su esposa, pero está casado y tiene un
hijo. Todavía no se separa oficialmente, así que te puedes meter en un
problema fuerte. Miguel trabajaba en la empresa de su papá, su esposa lo
presionaba mucho. Es horrible su esposa, le apesta la boca, le huele a caca.
Martina: ¿Se han visto?
Jimi: Ella no sabe que regresó, pero se va a enterar, esas cosas siempre se
saben, ¿no crees? Miguel arruinó el negocio de su padre, lo hizo caer en
bancarrota y los dejó sin nada. Estaba a punto del suicido. Su esposa se dio
cuenta de que no tenía nada, y lo abandonó porque creía que era un imbécil. Y
tenía razón.
Martina: ¡Uy! Qué grave, qué ciega he sido. Gracias Jimi, eres muy amable al
contarme chismes que no me interesan.
Jimi: No quiero que lo lastimes y tampoco quiero que te destroce la vida. Sólo
quiero que tengas cuidado con él, que…
23
Martina: Si lo vemos de una manera justa, tú pareces más peligroso que
Miguel, tienes pinta de asesino serial.
Jimi: Ja, tú no tienes idea Martina, no tienes idea de lo frágil que es, lo
hubieras visto cuando Ornik y Jhony, y Marc y José Paredes y toda la
tripulación del Luzmila…
Jimi ríe.
Jimi: Hasta ese tipo estúpido que nunca hablaba… (Ríe.) Todos se lo cogían.
(Ríe.) Y Miguel sólo miraba a la pared, como un idiota mientras... (Ríe.)
Mientras le destrozaban el culo. (Ríe.)
Martina mira seria a Jimi, que se destroza de la risa.
Jimi: Hubieras visto eso…
Jimi sigue riendo.
Martina: Eres un cerdo asqueroso.
Jimi: No sabes con quién te metes.
Martina: Y dime, ¿me vas a matar ahorita? O en la noche, cuando esté
durmiendo. Vas a entrar a mi cuarto y me vas a romper la cabeza con un
martillo. ¿Qué vas a hacer? No, ya sé, ya sé, se ve que eres de los que les
gustan las sierras eléctricas. Vas a entrar con una enorme sierra eléctrica. Brrn,
brrrn.
Jimi: Allá tú, yo ya te advertí las cosas.
Martina: ¿Sabes qué creo? Creo que necesitas alguien a quien tomar de la
mano y caminar por el parque, alguien que te diga que te quiere, por eso me
ves así. Seguro quisieras que yo fuera tu novia, pero yo nunca andaría con
alguien que tiene cara de asesino y que le giran los ojos como rehiletes.
Jimi: ¡Tú no sabes lo que necesito, maldita enferma! ¡Y sí, te voy a romper la
cabeza y a sacarte las tripas y a cortarte a la mitad, porque eres una maldita
enferma! ¡Además tú eres la asesina aquí! ¡Asesina de mosquitos!
24
Silencio.
Martina: Así nunca vas a tener una novia.
Jimi: Tú no me conoces, ni tampoco a Miguel, no sabes nada de nosotros. Te
lo advierto.
Silencio.
Jimi se va junto con los sonidos del parque.
Miguel llega con una manta, la tiende. Se mete bajo la cama, ve la tele o algo.
Martina lo mira sentada desde otro punto de la habitación.
Martina: ¿A dónde te gustaría ir?
Miguel: Cómo que a dónde.
Martina: Sí, ¿a qué parte del mundo te gustaría ir?
Miguel: …
Martina: Me gustaría cerrar los ojos, levantar mi dedo índice y dejarlo caer
sobre un mapa del mundo, luego abrir los ojos y estar justo en el lugar en el
que cayó mi dedo. Yo nunca he salido de esta ciudad.
Miguel: …
Martina: Siempre que estoy decidida a largarme de aquí, me pasa algo muy
estúpido y tengo que quedarme. Tengo ganas de abrir los ojos y aparecer
contigo en uno de esos lugares que salen en los anuncios de las cervezas,
¿sabes? Con toda esa gente…
Miguel: ¿Por qué tu abuela te decía piruja?
Martina: ¿Qué?
Miguel- Una vez, cuando nos conocimos, me dijiste que tu abuela te decía
piruja. Quiero s. Saber, por qué te decía piruja.
Martina: Estás tartamudeando de nuevo.
Miguel: Quiero saber, po. Por qué tu abuela te decía así.
Martina: Pues a mí también me gustaría saber algunas cosas.
Miguel:Tu m. Me prometiste algo.
Martina: Me parece muy bien, claro, yo no puedo enterarme de nada, pero tú
sí.
Miguel:¿Qué secretito guardas en la caja?
25
Silencio.
Miguel: Jimi me dijo que se vieron en el parque y… Que intentaste besarlo.
Martina: ¿Y tú le crees a ese animal? Jimi también dijo de ti y de Ornik y de un
tarado y de quién sabe quién más. Yo no le creí… ¿Es cierto eso?
Silencio.
Miguel: ¿No vas a poder vivir sin que te lo diga?
Martina: Antes de conocerte no sabía nada de ti, si he vivido tanto tiempo sin
saberlo…
Miguel: ¿Quieres saber lo de Ornik, lo de si tengo esposa? ¿Qué quieres
saber?
Silencio.
Martina: No puedo hacer como si no pasara nada. Cuando Jimi habla de ti, lo
hace como si fuera una esposa celosa.
Miguel: ¿Q. Qué quieres decir?
Martina: Está bien, si quieres no me digas nada.
Silencio.
Martina: Pero qué quieres que piense.
Miguel: ¿Q. Querías besar a Jimi?
Martina: ¿Tú qué crees?
Silencio.
Martina: ¿Tú qué crees?
Miguel: ¿P. Por qué lo viste en el parque?
Martina: Porque me engañó, me dijo que era un asunto importante, pero sólo
quería contarme chismes.
26
Miguel: ¿Q. Qué te contó?
Silencio
Martina: ¿Por qué no nos vamos de aquí? ¿Por qué no hacemos un par de
maletas y nos vamos de aquí?
Miguel: ¿A. A dónde?
Martina: A cualquier lado, sólo hay que dejar caer un dedo sobre el mapa y ya
está, ahí vamos. ¿Qué dices?
Miguel: Estaría, bien.
Martina: Te lo digo en serio, hagámoslo.
Miguel: …
Martina: No lo pienses mucho, vámonos, lo digo en serio.
Miguel: N. No tenemos di. Dinero.
Martina: No tartamudees Miguel. Sí tenemos.
Miguel: ¿Es lo. Lo que guardas en la caja?
Martina- Les está yendo bien con la tienda, ¿no? Por qué no tomas un poco de
dinero “prestado” y nos vamos.
Miguel: Tendría que hablar con Jimi.
MARTINA: ¿Qué ganas con decirle las cosas a Jimi, te apuesto a que él no te
avisaría nada de nada. ¿Por qué tienes que contarle todo? ¿Por qué tienes que
rendirle cuentas? ¿Tienes que contarle de cada paso que das? ¿Por qué? No
son novios, ¿o sí?
Silencio.
Miguel: Cuando me hacían daño, me iba a jugar golf, en mi cabeza, y siempre
me voy a jugar golf cuando algo anda mal. Jimi me sacó de aquí cuando todo
estaba mal, cuando lo eché todo a perder. Allá me protegía… Con él estaba
bien y... Y no jugaba golf. Pero. Yo no quiero a Jimi. ¿Quieres que te explique
cómo era todo? Lo único bueno que me ha pasado en la vida eres tú. No quiero
más del pasado, Jimi es lo único que queda y quiero que se vaya. ¡Quiero que
se vaya!
27
Miguel tiembla, Martina lo abraza.
Miguel: ¿Quieres que te diga más? ¿Quieres que te explique cómo era todo?
Silencio.
Martina: ¿Sabes qué? Lo que pasa es que escuchas mal las cosas. Te dije
que mi abuelita le decía piruja a todo el mundo. Le decía piruja a la Madre
Teresa, a la princesa Diana, a mi mamá, a mí, a todas, así era mi abuela.
Miguel esboza una sonrisa.
Miguel: Martina... ¿Qué guardas en la caja?
Martina: ¿Cuál caja?
Miguel: La c32bis de doble cerradura y doble combinación.
Martina-: Ah, la c32bis. Emmm, nada.
Miguel: Pero, tiene algo.
Martina:- ¿Algo?
Miguel: El otro día… la agité... y... y se escuchaba algo adentro.
Martina: ¿Estuviste de curioso? (Echa a reír.)
Miguel: Me in. Quiero saber lo que hay ahí…
Martina: No es nada, es una bobada, ni siquiera me acuerdo, sólo la compré
para acercarme a ti, ésa es la verdad, no tengo nada que guardar.
Miguel: No me mientas, por favor.
Martina: ¿Crees que estoy mintiendo?
Miguel: Yo. Yo te conté.
Martina: ¿Confías en mí?
Miguel: S. Sí.
Martina: No tartamudees.
Miguel: Sí.
Martina: No guardo nada en la caja, sólo quería acercarme a ti. ¿No me lo
crees? No tengo nada que guardar, nada, ni siquiera recuerdos. Vámonos.
Miguel: Es por la tienda. Hay muchas cuentas que arreglar.
28
Martina se lleva la manta. Miguel va por su palo de golf y se pone a jugar. Jimi
entra, acomoda algunas cosas, pica el teclado de la computadora. Miguel juega
golf, respira profundo, mientras habla Jimi. Se toma su tiempo para golpear la
pelota.
Jimi: ¿Quieres escuchar algo gracioso? Esto de verdad que es gracioso. No
podía parar de reír, me lo contaron en la cantina. Me lo contó Larry. ¿Te
acuerdas de Larry? ¿El doctor de la esposa gorda? Lo encontré en la cantina
(Ríe.) y, otra vez estaba triste. ¿Y sabes por qué estaba triste? ¿Lo sabes?
(Ríe.) Era porque su esposa gorda no quería besarlo... (Ríe.) Le confesó
(Apenas puede hablar de la risa.) le confesó que le da asco su segunda lengua,
(Ríe.) le pidió que no la besara más. (Ríe.) Pero, a Larry le gusta mucho
besarla y... (Ríe.) Le da somníferos, se los machaca en la bebida y... (Ríe.) Y
pasa toda la noche besándola. ¿No es gracioso? ¿No es gracioso? (Ríe.) Y
¿Sabes? Miguel. Se me ha ocurrido una idea y bueno, se me ocurrió que
podíamos ir al cine, por la noche. Compré tres boletos. ¿Qué te parece? Lo
pensé bien y dije, bueno, si Miguel quiere tener una novia golfa que la tenga.
(Ríe.) En una de esas y la pasamos bien los tres. (Ríe.)
Miguel respira profundo y luego camina al mostrador, hace unas cuentas.
Jimi: Tú y yo y Martina. ¿Qué dices? ¿No crees que es buena idea? Estaría
bien. ¿No crees? ¿Qué te parece? No voy a decir nada de Alaska ni del
repelente para mosquitos. Creo que debemos llevarnos bien todos y... Es puta
pero es buena muchacha.
Miguel: Ji. Jimi.
Jimi: ¿Tienen planes? Yo invito. La tienda va muy bien.
Miguel: Ji. Jimi.
Jimi: ¿O te diste cuenta de que era una puta y ya la dejaste?
Miguel: Jimi, ya. Ya no podemos seguir así.
Jimi: ¿Cómo así?
Miguel: Ya. Ya no podemos seguir así tú y. Y. Yo.
Jimi: ¿Cómo?
Miguel: S. Se. Ser amigos.
29
Jimi: ¿Ya no quieres ser mi amigo?
Miguel: ... Sí... No... No como en Alaska.
Jimi: No te entiendo.
Miguel: Me... Me voy con Martina.
Jimi: Pero es una puta Miguel, ya te lo dije.
Miguel: No. Nos vamos de viaje.
Jimi: ¿A dónde? ¿Me van a rechazar la invitación? No sean así.
Miguel: Puedes quedarte con todo esto.
Jimi: Yo no quiero esto, yo me vine aquí por ti. ¡¿Crees que importa esto!?
¿Estas putas cajas?
Miguel: Y. Yo quiero hacer mi vida.
Jimi: ¿Tu vida? ¿Qué te dijo esa puta? ¿Qué vida quieres hacer?
Miguel: Quiero estar bien con Martina. Quiero... Quiero hacer algo bien, por
una vez en mi vida.
Jimi: No tartamudeaste.
Miguel: Ya no podemos seguir...
Jimi: ¿No podemos seguir qué? ¿Ya no quieres ser mi amigo? ¿¡Qué es lo que
impide que seamos amigos!? ¿Eh? ¿¡Estás loco!?
Silencio
Jimi: Entiendo, entiendo, sí… Somos amigos Miguel, no tienes ni que avisarme
de esas cosas. Contigo me acuerdo de Alaska, y siento el frío, el viento en mi
cara. Pero, sólo somos amigos, siempre lo hemos sido. ¿O no? Estás
enamorado de una puta que quiso besarme y... ¿Estás enamorado? ¿Puedes
decir que estás enamorado de esa mujer histérica, apestosa y puta?
Consíguete una mujer que valga la pena. Yo también pienso encontrar una
mujer, una que valga la pena, pero no he tenido tiempo, el negocio me
consume.
Miguel: Saqué mis cosas... la otra... noche, cuando te fuiste al bar, ese día.
Que, que yo no quise ir, por... porque me sentía mal.
Jimi: ¿Me engañaste entonces?
Miguel: No... Yo...
Jimi: ¿Por qué? ¿No tienes la confianza suficiente para decirme las cosas?
30
¿Es eso? ¿Eso es lo que pasa? ¿Después de todo lo que hemos vivido juntos?
¿Después de que te saqué de tu casa cuando te estabas pudriendo y te llevé a
un mejor lugar? ¿Después de todo eso? ¿Después de todo no tienes confianza
en mí? Eso es lo que pasa con nosotros. Yo te invito al cine, a ti y a tu novia, y
me dices que ya no quieres ser mi amigo. ¿Entendí bien? ¿Fue lo que me
dijiste? ¿Por qué no podemos seguir siendo amigos, como antes? Se te olvidan
las cosas, es lo que pasa.
Miguel: Jimi... No...
Jimi: ¿Qué va a pasar con el negocio? No sabía que fueras tan malagradecido,
te desconozco, Miguel.
Miguel: El negocio, e. Es de los dos. Somos...
Jimi: ¿De qué sirve un socio que no confía en su otro socio? Pero voy a
demostrarte que después de todo yo sí puedo confiar en ti.
Silencio.
Jimi: ¿Cuándo se van?
Miguel: E. En unos dos días. Pero... por la noche vamos al cine, contigo.
Podemos ir los tres juntos.
Jimi: No te sientas comprometido, han de tener muchas cosas que arreglar.
Miguel: E... está bien, sería como... Como un festejo.
Jimi: ¡Claro! Podemos festejar en un restorán muy bonito. Sí. ¿Por qué no? Me
gusta festejar. Tú, yo y la puta. ¿Por qué no?
Jimi le da un fuerte y sorpresivo golpe a Miguel, que cae de espaldas sobre el
suelo. Jimi camina hacia Miguel. Miguel se levanta, va por su palo de golf.
Miguel: Para lograr una mayor precisión en el tiro, es importante fijar en la
mente el objetivo del golpe, el lugar exacto donde se quiere llegar, por eso es
importante tomarse el tiempo necesario para...
31
Jimi se desabrocha los pantalones. Martina entra, va hacia Miguel.
Martina: No puedes jugar golf cada vez que te sientes amenazado.
Miguel: Tengo que concentrarme para tirar.
Martina: Mi amor, eres muy malo para el golf. ¿No lo recuerdas?
Miguel: ¡No me digas mi amor!
Martina: Miguel, perdiste un buen negocio por jugar mal al golf. ¿Te acuerdas?
¿Con tu papá?
Miguel: No fue mi culpa.
Martina: No puedes estar así toda tu vida, jugando al golf.
Miguel: Si no me presionan, juego muy bien.
Martina: No te lo estoy diciendo yo.
Miguel: Duele.
Martina: No te lo estoy diciendo yo.
Martina le toca el rostro, luego le da un beso en la mejilla.
Martina: No te lo digo yo.
Martina se va. Miguel deja el palo de golf y se pone en la posición en la que
estaba cuando cayó, al suelo. Jimi avanza, intenta besar a Miguel. Miguel no se
deja, pelean, Jimi es más fuerte, pero Miguel le da un gran golpe con su
prótesis y lo saca de combate.
Entra Martina. Miguel camina de un lado a otro, nervioso. Jimi se levanta y sale
durante el diálogo. Están en su departamento. Martina y Miguel empacan ropa
en un par de maletas.
Silencio.
Martina: Ya no tartamudeas. ¿Qué sientes?
Miguel: ¿De qué?
Martina: ¿Cómo te sientes después de esto?
Miguel: ¡No le debo nada! ¡No le debo nada a nadie!
Martina: Y tampoco nadie nos debe nada.
32
Miguel: Tengo miedo.
Martina: Dentro de poco vamos a estar lejos de esto, del miedo. Va estar muy
bien, ¿conoces otro lugar? Nunca he salido de esta ciudad.
Miguel: Jimi...
Martina: Jimi está enamorado de ti.
Miguel: No es cierto.
Martina: Se nota en cómo te ve cuando estamos juntos, todo el tiempo te mira.
Miguel: No.
Martina: Como quieras.
Miguel: ¿Por qué me ha hecho eso entonces? Así no se quiere a alguien.
Martina: Cada quien quiere como puede. Vamos a estar muy lejos de aquí.
Martina lo abraza, pasan un rato así.
Miguel: ¿Qué guardas en la caja?
Martina: (Ríe.) No me acuerdo, ya te dije.
Miguel: Suena. ¿Por qué no la abres y me enseñas?
Martina: ¿Me crees o no?
Miguel: Dijiste que no comprabas nada que no te sirviera.
Martina: La compré para acercarme a ti. ¿No me crees? No se me ocurrió otra
forma.
Miguel: P... Pero.
Martina: Sólo seguí mis impulsos, por primera vez en mi vida. ¿Qué quieres
que te diga?
Miguel: ¿Q... Qué te cuesta abrir la caja y enseñarme?
Martina: ¿Qué te cuesta creerme? Vámonos de aquí Miguel.
Miguel: Irse no sirve de nada. Por más lejos que huyamos…
Martina: Esto no es huir…
Tocan a la puerta, es Jimi, trae una bolsa en la mano.
Silencio.
Miguel: ¿Qu. Qué quieres?
Jimi: No te hagas el duro conmigo. ¿Qué ganas con eso? ¿Sabes lo que
33
ganas con eso? No tienes que hacerte el duro conmigo, no ahora. Me diste un
buen golpe en la cabeza. (Ríe.) Pero lo merecía. ¿No crees? Sólo vine a
disculparme, a veces la cabeza no me funciona bien, creo que el golpe me
acomodó los sesos. ¿No crees? Como a una televisión que no funciona bien, a
veces le das un buen golpe y vuelve a funcionar. (Ríe.) ¿No te ha pasado? ¿No
les ha pasado nunca? A veces la cabeza hace cosas extrañas, tú sabes. Pero
somos amigos y debemos de cuidarnos. A veces no veo bien las cosas. ¿Y
ustedes? No me digan que todo lo hacen bien, que son perfectos. Miguel,
prometo ya no destrozarte el culo. Yo... Esto es para ti, Martina. Para que me
disculpes. Creo que es buena idea disculparse. ¿No creen? Es un regalo, para
ti. También quiero ser tu amigo Martina. Eres la novia de Miguel y… Y él nunca
había dejado de tartamudear. ¿Verdad? Todo el tiempo tartamudeabas, pero
ahora no.
Martina abre la bolsa.
Martina: Repelente triple acción con olor a frutas tropicales.
Jimi: Pensé que te agradaría. Seguro lo vas a necesitar… A donde quiera que
vayan, en todos lados hay mosquitos.
Martina: Pero, esto es muy caro.
Jimi: Quiero comenzar todo de nuevo, cerca de ustedes, son lo único que
tengo, no quiero estar solo otra vez. Porque… ¿Van a volver verdad? Llevan
poco equipaje, cuando Miguel y yo nos fuimos, llevábamos poco equipaje…
Martina y Miguel se miran, dudan.
Jimi: ¿Van a volver, verdad? No vas a dejarme solo con el negocio. Martina
podría presentarme una amiga de su trabajo. (Ríe.)
Martina: No tengo amigas en el trabajo.
Jimi: Compré unos boletos para el cine.
Miguel: Ji...Jimi.
Jimi: No pueden decir que no esta vez. ¿O sí? No me pueden decir que no,
más si no van a volver, más si es la despedida..
34
Martina: A mí no me veas, no quiero meterme en esto.
Jimi los abraza.
Jimi: Anden, vamos al cine, y a cenar y... estaremos bien.
Jimi y Martina se ponen incómodos.
Martina: Si quieren vayan ustedes, yo prefiero quedarme, hay muchas cosas
que empacar.
Jimi: ¿Qué les va a pasar si van al cine conmigo? ¿Eh? No se les va a caer un
pedazo, ¿o sí?
Miguel: Ji. Jimi…
Jimi: Deberías estar agradecida de que quiera salir con ustedes, seguramente
soy el único idiota sobre la Tierra que tiene ganas de ir al cine con un manco y
con una vieja histérica y apestosa.
Martina: Yo me quedo aquí.
Jimi: Miguel…
Miguel: …
Jimi: ¿Por qué dejas que te controlen? ¡Eres un pendejo, un manco pendejo!
Miguel y Martina: …
Jimi: ¿Y qué piensas? ¿Eh? No te puedes ir así, hay muchos pendientes que
arreglar en la tienda.
Miguel: Yo no…
Jimi: Tú no qué. ¡Dime! Tú no qué. ¡No puedes dejar las cosas así! No es
justo. ¡No es justo! No me puedes dejar así con… Tantos pendientes… Tantas
cosas... (Se le quiebra la voz.) No voy a poder solo, ¡tienes que ayudarme!
Silencio.
Miguel: Va… Vamos.
Martina: Miguel…
Miguel: N. No pueden quedar tantos pendientes.
35
Miguel y Jimi salen. Martina se queda arreglando algunas cosas, termina de
empacar.
Martina saca un par de tazas de café. Entra Jimi, se pone frente a su taza de
café, juguetea con ella. Ella mira su reloj. Ya llevan tiempo ahí.
Martina: Ya tardó mucho.
Jimi: Ya te dije, quedaron unos pendientes en la tienda.
Martina: Sigo sin entender por qué no te quedaste tú.
Jimi: Hay cosas en las que Miguel es el experto. Si él no lo hace, yo no sé
cómo resolverlo.
Martina: ¿Cómo qué?
Jimi: Contabilidad, esas cosas.
Martina: Pero tienen un contador.
Jimi: Me dijo que lo esperáramos un ratito y ya después vamos a cenar. Eres
muy desconfiada, Martina. ¿No empacaste mi regalo?
Martina: Me caes muy mal, Jimi. Siento que si me pongo tu repelente se me va
a pegar tu mala vibra.
Jimi: Qué lastima, porque, pienso que, que ahora ya no hueles tan mal.
Martina: Si lo tenemos que esperar, preferiría que lo esperemos por separado.
Jimi: Al menos hay que terminarnos el café ¿No?
Martina se bebe el café de un trago.
Martina: Si te ofrezco azúcar, es nada más porque ya no volveré a verte.
¿Quieres azúcar?
Jimi: Una vez conocí a un tipo que todo el tiempo comía azúcar, no podía estar
sin comer azúcar. Le decíamos el Dulcecito, pero tenía un humor del carajo…
Seguro tenía un hijo…
Martina: Jimi, no me interesa.
Jimi: ¿A dónde se van? Miguel me dice que no sabe, que es una sorpresa que
le tienes.
Martina: Por qué habría de decirte a dónde, no tiene por qué decirte todo lo
que hace.
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Jimi: No quería joderte la sorpresa. Las personas como tú son expertas en
joder las sorpresas.
Martina: ¿Qué sorpresa?
Jimi: Él sabe que tú lo tomas por un despistado, así que decidió usar eso y fue
a comprarte un regalo…
Martina- ¿Por qué me va a comprar un regalo? Sigo sin entender lo que haces
aquí.
Silencio.
Martina: Me estás mirando raro otra vez, con tu cara de asesino, por eso no
me caes bien, siento que en cualquier momento eres capaz de sacar una sierra
eléctrica de tus pantalones y acabar con todo el mundo, Brr brr. Es mejor que
te vayas, eres amigo de Miguel, no mío.
Jimi: Se van mañana Martina, por qué no podemos hacer las paces. A veces
soy un poco imbécil.
Martina: No me interesa hacer las paces contigo. Vete por favor.
Jimi: No me hagas esto Martina. Hay que esperar a Miguel, cuando venga los
tres vamos a cenar, y así nos despedimos. Ya no les estoy preguntando nada,
de a dónde van ni nada. Sólo quiero que les vaya bien. Cuando venga Miguel
te va a traer una sorpresa y quiero ver… Lo planeamos entre los dos. No quiero
que se vayan y tú tengas esa imagen de mí. Sólo te pido que lo esperemos…
Por favor.
Jimi le da un trago a su café.
Silencio.
Martina: Si quieres tú espéralo aquí, yo voy afuera.
Martina va a salir, pero se detiene, se toca la cabeza, le duele.
Jimi: ¿Qué te pasa? ¿Te sientes bien?
Martina: No.
37
Oscuro.
Jimi en el mostrador, se ve mal, preocupado, fuma un puro, le da grandes
caladas. A lo lejos se escucha un sonido de algo que baila en un estuche,
como un tic tac. Miguel entra a la tienda. Trae una maleta enganchada a su
prótesis y en la otra trae una pequeña caja fuerte (la que le vendió a Martina).
Miguel hace pausas, se detiene y agita la caja haciéndola sonar. Se acerca
poco a poco a Jimi.
Miguel: Jimi. ¿Crees que podamos abrir esta caja?
Jimi: No, imposible, si no sabes cuál es la combinación es imposible. Son cajas
muy buenas.
Miguel: Tenemos las mejores cajas.
Jimi: ¿Qué te pasa? ¿Problemas con Martina? Te lo dije, tarde o temprano las
mujeres traen problemas, pero no me hiciste caso. Pensé que ya se habían ido.
Miguel: Cuando salí de aquí, fui a comprarle unas flores.
Jimi: ¿A qué hora sale su avión? ¿Me vas a decir a dónde van?
Miguel: Tú viste, Jimi. Cuando entré. Estaban en la sala. Los dos me vieron.
Jimi: Oye, oye, de qué estás hablando ¿eh?
Miguel: Estaban en el sillón… Tú volteaste a verme y seguiste y lu. Luego le
diste un beso, muy fuerte. Y siguieron.
Jimi: ¿Por qué no te tranquilizas un poco? Algunas veces las cosas no son lo
que parecen… Miguel… Estaba muy enojado. Martina te quiere. A veces hago
cosas que no… Que no están bien.
Miguel: Dijiste que íbamos a ser amigos. Todos. Los tres
Jimi: Pero ustedes se van a ir, ¿no? Me van a dejar aquí solo.
Miguel: Iban a ser unos días Jimi, nada más unos días.
Jimi: Miguel… No podía dormir en las noches. Me la pasaba viendo la tele o el
techo. No podía pegar los ojos, Miguel. Ya no aguantaba más. Desde que te
fuiste con ella, no he podido dormir, no me he sentido bien. Pero, pero quiero
que sigan juntos. Creí que no me ibas a volver a hablar, pero aquí estás. Hice
mal algunas cosas, lo sé.
Miguel: Me fui corriendo, Jimi, corrí mucho, mucho. Por muchas calles y no
veía nada, sólo corría. Grité, grité mucho. Hace mucho que no gritaba tanto. Tal
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vez nunca había gritado en toda mi vida. A ti te puedo perdonar porque eres
capaz de hacer cualquier cosa. Pero ella no. No es capaz y. Y lo hizo.
Jimi: Martina... Martina está enamorada de ti, me lo dijo, eres lo único para
ella.
Miguel: Qué crees que tenga adentro. (Señalando la caja.)
Jimi: Yo, yo no supe lo que hacía. Miguel. ¿Tú sabes, no? Eres todo lo que
tengo. ¿Lo sabes, no? Yo me volví loco, en verdad, intenté, pero el
departamento estaba muy solo, sin ti. Ojala nunca hubiéramos vuelto. Allá
estaba todo bien. De veras, yo. Yo me voy, no quiero causarte más problemas.
Miguel: Tal vez podamos serruchar la caja, o ponerle un poco de ácido a la
cerradura. ¿Conoces algún ácido?
Jimi: Martina no tuvo nada que ver en esto. Al principio no era así, pero quería
separarlos. No podía dormir por las noches, no podía. Ya te lo dije ¿Tú
podrías? ¿Tú podrías dormir así? Le puse somníferos a su café, de los mismos
que usó el doctor Larry. ¿Te acuerdas del doctor Larry?
Miguel: Después de verlos, me salí corriendo a la calle, y estuve dando
vueltas... Di vueltas corriendo, sin detenerme, corrí mucho… Luego, seguí
corriendo. Volví a casa y ella estaba dormida. Con las piernas abiertas.
Jimi: Ella no tuvo nada que ver en esto, ella no se dio cuenta de nada, después
de tomar el café cayó rendida, casi al instante. Quería que tú nos descubrieras
y te dieras cuenta de que las mujeres son traicioneras… De que era una puta.
Para que volvieras, a casa. Para que no te fueras.
Miguel: Al llegar a la casa, le pregunté que qué era lo que tenía en la caja, le
pregunté muchas veces y ella seguía dormida, con las piernas abiertas, apenas
podía verme. Le volví a preguntar, yo estaba sudando y tú ya te habías ido.
Tomé la caja y la quise abrir, ella no me respondió nada. Y yo, no vi nada… Le
destrocé la cabeza con la caja, le pegué y le volví a pegar… Ella no dijo nada,
no hizo nada, seguía dormida. Cuando me di cuenta su cara ya no era la
misma… Era sangre.
Jimi: Tú no hiciste eso.
Silencio.
39
Jimi: No lo hiciste. No es cierto. No fue su culpa. Era una buena muchacha.
¡Estás loco! La dejaste ahí, todo el mundo se va a dar cuenta, te va a agarrar la
policía.
Miguel: Eso qué importa.
Jimi: No eres capaz de hacer eso. No podrías. ¿Por qué? ¿Por qué no me
mataste a mí? (Llora.) Yo quería que todo estuviera bien. Sólo quería que te
quedaras. Pero mi cabeza no funciona bien, a veces. Tú sabes...
Miguel: Pensé que me había traicionado… Sentí, Sen. Sentí algo aquí dentro,
yo no veía nada. Me quedé un rato con ella, acostado, tenía la cara destrozada
y yo me quedé a su lado, me dormí y me volví a dormir.
Jimi: Miguel…
Miguel: Cuando desperté todavía era de noche y ella seguía sin moverse…
Jimi: Miguel, tal vez todavía haya algo que hacer.
Miguel: Sólo tenía miedo.
Jimi: Quiero ir contigo. No te puedes ir sin mí. ¿Quién te va a defender?
Tenemos que estar juntos. Yo, yo lo eché a perder, lo sé, si lo pudiera remediar
lo haría. Pero, pero tú y yo somos así, a veces no sabemos lo que hacemos.
Yo quiero estar contigo. Vámonos a donde quieras.
Miguel se queda parado sin moverse, como una estatua, mira al infinito.
Jimi: Todavía me quieres Miguel, lo sé, nos queremos.
Miguel: Sólo te tenía miedo.
Jimi: Somos amigos. Los mejores amigos.
Miguel: Sólo miedo.
Jimi: Tenemos que estar juntos.
Jimi camina hacia él y se le pone enfrente. Miguel le sostiene la mirada. Jimi
intenta besarlo, Miguel sigue sin moverse, como si no estuviera ahí. Jimi duda,
se aparta.
40
Miguel: Ya no siento nada. Ni miedo, ni nada. Martina…
Miguel se va con su maleta. Jimi lo mira irse. Jimi se queda solo. Comienza a
mover la caja y a escuchar el sonido. Comienza a buscarle la combinación,
agita la caja, busca la combinación, le da la vuelta, agita la caja, busca la
combinación…
Oscuro final.