Introducción
Arquitectura sin límites
El presente trabajo estudia la evolución de los modos de habitar a lo
largo de la historia y su relación con la arquitectura doméstica coetánea.
Hipótesis
¿Por qué proyectar de esta forma?
Plantear un proyecto sin límites, es decir, con mayor interacción entre espacios,
representa la búsqueda de una forma distinta de vivir, cambiar el paradigma
actual del habitar. Lo que, a su vez, permitiría utilizar el espacio de manera tal
que se evitarían circulaciones y recorridos residuales, generando una eficiencia
absoluta en cuanto a la utilización del mismo.
¿Cómo afectaría a la vida la consecuente interrelación de programas?
Las divisiones están destinadas a separar las actividades, confiriéndoles una
condición de individualidad, es allí donde se vería evidenciada la mayor
transformación. La relación entre las personas sería entonces lo que se
transformaría, convirtiéndose en el elemento compositivo de la obra.
Marco teórico
Sobre Figuras, puertas y pasillos
Actualmente las necesidades de las personas y las formas en que estas
se satisfacen se encuentran predefinidas, esto implica una vivienda cuya
composición también lo está. Como consecuencia, el modo de habitar se
encuentra condicionado.
El modo de vida actual, pese a lo que pueda creerse, tiene una historia
breve.
En arquitectura se acostumbra a representar espacios, relegando la
aparición del sujeto. Por ello es necesario recurrir a otras fuentes, como
pueden ser fotografías o pinturas coetáneas, para entender las relaciones
humanas.
La pintura del alto renacimiento (finales del siglo XV y primeras décadas
del siglo XVI), por ejemplo, se caracterizó por la interacción entre las personas.
En este período se hizo evidente en los cuadros de índole religiosa una
transformación en las relaciones entre las figuras divinas y aquellas mundanas
que requiere una interpretación que trascienda el tema de la obra para su
correcto entendimiento. Es decir, que las relaciones personales eran un
concepto de composición del arte, se buscaba dar cuenta de la realidad social
más que reflejar una escena bíblica.
Este concepto de composición bien puede trasladarse a la arquitectura.
Comparando una obra de la misma época como puede ser la Villa Madama,
proyectada por Rafael entre los años 1518 y 1519, se pueden reconocer dos
características principales. Una sería la multiplicidad de puertas en las
habitaciones y la otra, la fusión entre recorrido y espacio. Esta última, era
prácticamente común en toda la arquitectura doméstica anterior al año 1650.
La homogeneidad entre recorrido y espacio fue replanteada por primera
vez, según se cree, por John Thorpe en el año 1597 con la proyección del
corredor distribuidor de la casa Beaufort.
Este nuevo recurso de movimiento apareció paralelo al sistema de
habitaciones comunicantes en un principio. Su utilidad era separar a los
sirvientes de los habitantes y sus invitados. Esto significa que su origen tiene
bases sociales lo que reafirma esta componente nuevamente como un
concepto de composición.
Dos exponentes de esta nueva práctica que, a su vez, permiten
comparar aplicaciones diferentes, son Coleshill de Roger Pratt, construída
entre los años 1650 y 1677, y Amesbury de John Webb, contruída en el año
1661.
En el caso de Coleshill el pasillo se presenta seccionando la obra, por lo
que a pesar de la interconectividad entre las habitaciones en ocasiones el uso
del corredor es obligatorio constituyendo así una separación funcional además
de social. En Amesbury, en cambio, el distribuidor ocupa únicamente el espacio
necesario para permitir el movimiento del servicio y la circulación vertical,
posibilitando a los habitantes recorrer la planta en su totalidad sin la necesidad
de circular por el pasillo. La segregación social lleva incluso a disponer en el
proyecto dos escaleras, una para cada clase social.
La invención del corredor no fue el resultado de un proceso de análisis
previo como lo han sido otros elementos transformadores de la arquitectura, su
aplicación y evolución se debió a la búsqueda creciente de privacidad por parte
de la sociedad. Un ejemplo de esto son las declaraciones de Cotton Mather, un
reverendo puritano inglés, que creía que el contacto entre las personas debía
existir sólo en caso de ser necesario, útil.
Se puede comparar entonces la actitud de Mather con la escencia
contemporánea del pasillo que, con el paso del tiempo y las nuevas
necesidades sociales, dejó de ser empleado para evitar el contacto entre
habitantes y sirvientes y se utilizó para separar funcionalmente la vivienda,
eliminando así el paso por habitaciones donde no hubiese asuntos que atender
y, consecuentemente, la interacción entre las personas aunque pertenezcan a
la misma clase social.
A pesar de esta nueva necesidad de un espacio propio del yo, los
modelos domésticos del siglo XVIII continuaron con la aplicación de ambos
sistemas de movimiento. Fue a partir del siglo XIX que el pasillo pasó a ser el
único protagonista.
Un importante referente del siglo XIX fue Robert Kerr, quien en 1864
publicó el libro “The gentleman’s house”, donde exponía una teoría que
apoyaba la compartimentación de la planta y el acceso universal.
El autor analiza una obra propia, del mismo año que el libro,
separándola en espacios de destino y de movimiento. La circulación de las
personas se encuentra definida y ya no existen múltiples recorridos como
ocurría tiempo atrás en las plantas con matriz de habitaciones comunicantes.
La aplicación efectiva del pasillo como único medio de circulación hizo
del movimiento de las personas un elemento de composición de la planta, lo
relevante ahora es la ubicación de los espacios respecto al conector y no al
resto de la habitaciones como lo supo ser.
Instaurada esta noción de privacidad, la arquitectura doméstica continuó
hacia una camino funcional y se fue desviando de las personas como objetivo
de la vivienda. Se comenzó a poner más atención a la foma de construir
deribando en la preocupación actual que, en ciertos casos, deja completamente
de lado los intereses sociales.
Incluso quienes intentaron restaurar el habitar como insumo proyectual
cayeron en el nuevo paradigma. Es conocido el caso de William Morris que
junto a Phillip Webb proyectaron la Red House en el año 1859, poco tiempo
después de que Morris pintara su óleo conocido como La bella Isolda. Los
deseos de Morris de volver a una arquitectura medieval sólo alcanzaron a la
forma de construir la casa, la planta en sí misma no tenía esa carga de
carnalidad característica del medioevo. Por otra parte, en su cuadro se
identifica también la vivencia social del momento, se compone de dos figuras
aisladas que no entablan relación, incluso hasta parecen ignorar la presencia
del otro.
Los deseos de separación siguieron creciendo durante el siglo XIX,
incluso se realizaron estudios sobre los movimientos de las personas dentro de
la casa para evitar así todo tipo de contacto entre sus ocupantes. Uno de los
teóricos de esta corriente fue Alexander Klein, quien proyectó en el año 1928 la
casa funcional para una vida sin fricción.
Esto significa que la historia de la domesticidad está caracterizada por
una creciente separación del yo con el resto, afectando de manera negativa a
la naturaleza social del hombre.
“El efecto acumulativo de la arquitectura durante los dos últimos siglos
ha sido algo así como una lobotomía general practicada a la sociedad en su
conjunto, arrasando enormes áreas de la experiencia social”. 1
Sobre Hacia un espacio individual
La intimidad se constituye a partir de las experiencias personales que el
ser humano reserva para sí mismo, o bien, un grupo selecto de individuos.
A partir de lo antes dicho se entiende que un lugar íntimo no
necesariamente está relacionado con la individualidad sino que es aquel
espacio donde la persona puede expresarse libremente fuera de una mirada
prejuiciosa.
La construcción de la intimidad no está necesariamente vinculada al
espacio privado.
A pesar de esta condición, la intimidad suele darse en espacios privados
por lo que estudiarlos puede aproximarnos a un mejor entendimiento de la
misma.
El concepto antiguo de privado difiere considerablemente del actual. En
la época antigua, hacía alusión a la eliminación del estímulo social. En la
antigua Grecia, por ejemplo, la privación consistía en la incapacidad de
participar de la esfera pública de la polis, lugar que estaba destinado a la
individualidad por considerar ellos que sólo frente al resto un hombre era capaz
de demostrar ser único.
Con la difusión de la doctrina cristiana esta idea de privación
desapareció por el hecho de que ya nadie se encontraba solo, incluso cuando
lo estaba, la figura de un Dios omnipresente aparecía para suplir la falta de
compañía.
Más tarde, en la Edad Moderna (entre los siglos XV y XVIII), el concepto
de privado fue utilizado para hacer referencia a la noción de propiedad.
Vemos entonces como la privacidad a pasado de ser una condición a
una cualidad.
En la Edad Moderna surgieron los estratos sociales. Quienes
pertenecían a la misma clase social compartían interéses y problemáticas
similares. Algunos de ellos antes de carácter privado ahora forman parte de la
esfera social, por ejemplo las preocupaciones ecónomicas. De este modo una
parte que componía al ámbito privado dejó de hacerlo, reduciendo así su
alcance casi al ámbito íntimo. De este proceso surge la confusión entre lo
privado y lo íntimo.
Hannah Arendt afirma que vivir una vida enteramente social se volvería
superficial. Idea que puede ser discutida ya que, desde el punto de vista de la
sociedad antigua, si cada individuo se comporta de acuerdo a su unicidad, su
escencia, en realidad estaría expresando su forma de ser ante todos y no
realizando un comportamiento acorde a exigencias o creencias sociales que le
quitarían razón y sentido a su accionar.
El concepto de individualidad recobra fuerza en el Renacimiento. Esto se
evidencia en el dibujo con la invención de la perspectiva que consiste en el arte
de proyectar en primera persona. Otra evidencia en el dibujo de la creciente
individualización es la reaparición del retrato, una técnica con largos años de
antigüedad pero que estaba en desuso. A su vez, en el campo religioso se ven
mitigadas los creencias del control total por un enfoque más antropocentrista.
Además, en esta época vuelve a ser importante la imagen del yo frente a los
demás. Es en los espacios de representación donde se comprueba la unicidad.
Todos estos hechos que muestran en la sociedad un deseo creciente de
independencia se traducen, como es de suponer, a las teorías compositivas del
espacio.
Pese a todo esto, hasta el siglo XVIII el individuo sigue viviendo bajo
influencias y opresiones familiares, comunitarias y religiosas. El proceso de
reidentificación continuó de manera gradual hasta el siglo XX.
Una práctica que demandó un espacio propio para cada persona fue la
escritura de los diarios íntimos, los cuales se popularizaron a partir del siglo
XVI.
Desde entonces la lectura también se vio transformada, la acción de leer
se individualizó gradualmente conduciendo al surgimiento de nuevos espacios.
La individualización incluso afectó a los géneros literarios, los escritos
autobiográficos cobraron cada vez mayor importancia.
En un principio se ve que la necesidad de aislación es más psicológica
que física, consiste en guardar el mundo íntimo para uno mismo. Es con el
correr del tiempo que la separación va cobrando sentido físico.
Georg Simmel, filósofo y sociólogo alemán, identifica un cambio en el
concepto de individualidad. Durante la Revolución Francesa (5 de mayo de
1789 - 9 de noviembre de 1799) lo que antes se asociaba con la distinción
ahora lo hace con la libertad. Este cambio de concepción se debió al hecho de
que la unicidad antes planteada era una convención social, cuando en realidad
los hombres eran todos iguales por naturaleza.
Hasta el siglo XVII no existía la individualidad en el mundo doméstico de
acuerdo al nuevo concepto de libertad. En las casas humildes no había
separación funcional a nivel espacial, y en el caso de las casas de la élite, las
habitaciones eran comunicantes. Esta utilización de espacios interconectados
era de lo más común por aquella época.
Incluso con la aparición del pasillo en el siglo XVI ambos sistemas de
distribución coexistieron largo tiempo.
Es en la vivienda burguesa sobre todo donde surge la separación entre
espacios de representación, espacios íntimos y espacios de circulación. Siendo
los espacios de representación aquellos donde es permitido que alguien ajeno
a la familia pueda penetrar, los espacios íntimos aquellos de uso restringido al
círculo familiar y los espacios de circulación los destinados a unir los anteriores.
La habitación de dormir se identifica como el máximo exponente de los
espacios íntimos, significando así la intrusión en ella una invasión al mundo
interior de su habitante.
Todos estos cambios en la planificación doméstica no alcanzaron al
mismo tiempo a las diferentes clases sociales. Hasta el día de hoy las clases
menos privilegiadas continúan viviendo sin la posibilidad del goce de espacios
individuales.
En el aspecto legal la intimidad surge como derecho a partir de la
publicación en la Harvard Law Review en 1890 de un artículo llamado “The
right to privacy”.
En la teoría legal la intimidad vuelve a estar ligada a la privacidad como
noción de propiedad. De este modo lo concerniente a la vivienda es el o uno de
los principales focos de protección. Siendo ahora posible elegir judicialmente lo
que se quiere resguardar de la mirada ajena.
Otro aspecto transformador de la vida doméstica como la conocemos es
la relación entre esta y lo laboral. Es cada vez más atípico que estos dos
ámbitos tengan sincronía espacial, confiriéndole así a la vivienda un carácter
mayor de intimidad. Se puede decir entonces que ingresarían a la casa sólo
aquellos que tengan invitación.
A finales del siglo XVIII surge el Romanticismo como contrapartida a la
Razón neoclásica.
Vemos ahora un individuo que persigue, en cierta manera, aquella
distinción buscada por los renacentistas.
Durante este período aparecen nuevas formas de vivir la ciudad. Los
llamados bohemios, que van en contra de la vida familiar, hacen uso privado e
íntimo del espacio colectivo. El conocido poeta francés, Charles Pierre
Baudelaire, es un ferviente predicador de estas ideas.
Estas minorías emergentes no poseen domicilio fijo inclusive, como
protesta contra la noción de propiedad, instaurada por la sociedad predicadora
de lo privado.
Otra figura propia de este momento es la del soltero, que aparece ahora
como una forma de vida por elección y para la cual se crea un nuevo mundo.
Así como la vida pública es replanteada también lo es la privada. Si bien
se produjeron grandes cambios dentro de la casa en pos de la privacidad la
familia continúa condicionando e interfiriendo en la vida del individuo. Es a
partir del siglo XX que la individualidad surge como tal dentro del ámbito
familiar.
Cabe remarcar nuevamente que el modo de habitar y su evolución están
ligados a la situación socioeconómica de cada familia.
La invención del automóvil transformó la vida y la domesticidad.
Representando una herramienta, más eficaz que cualquier otra, para alejarse
de la familia y relacionarse con el público pero como figura anónima.
La entidad de la familia se ve realmente cuestionada durante parte del
siglo XIX y continúa en los siglos posteriores. Surgen así instituciones que
suplen algunas de las funciones que originalmente nunca hubieran escapado al
ámbito familiar.
Las relaciones de pareja también avanzan se podría decir, ya no es
necesario estar casados para vivir juntos e incluso para formar una familia. La
sociedad deja de lado todos los prejuicios acerca de este tipo de parejas o
familias.
Se hacen evidentes en la nueva sociedad prácticas individualistas
relacionadas a la salud, como actividades deportivas, higiene y cuidado
personal. Esto antes se asociaba a las clases más pudientes pero se fue
extendiendo a los sectores medios de la sociedad. Los espacios destinados a
estas rutinas adquieren gran importancia y configuran nuevas composiciones
domésticas.
El individuo busca ahora también una relación con sí mismo además del
alejamiento del resto. Vemos esto reflejado en la implementación del espejo
como objeto de uso cotidiano, que si bien su origen data de tiempo anterior es
con la nueva conciencia individual que se vuelve un bien común.
El alejamiento de los cuerpos se evidencia, a su vez, en otras disciplinas
como la danza. El Vals, surgido en el siglo XVIII y con vigencia hasta el siglo
XX, fue concebido para bailar en pareja. El Tango, que apareció luego de la
Segunda Guerra Mundial (1945), también es un baile de a dos. Ahora bien, a
estas prácticas le sucedieron otras que implican movimientos conjuntos pero
también aislados, incluso posibilitando bailar sin acompañante, como el caso
del Jazz y del Charleston. Esta tendencia fue en aumento hasta alcanzar la
individualidad característica del baile de hoy en día.
Sobre Lo social contra lo doméstico
Es posible analizar y comprender mejor los modos de habitar actuales si
nos remitimos a finales del siglo XVII y avanzamos hasta nuestro tiempo.
Las formas de habitar se desarrollan dentro de la vivienda, por lo que
iniciar con un análisis de esta sería acertado.
La arquitectura doméstica no siempre ha tenido un papel muy relevante
por lo que dudar de su carácter como verdadera arquitectura no sería raro.
Para disipar esas dudas se puede recurrir a lo expuesto por Vitruvio acerca de
la cabaña primitiva como el origen de la arquitectura. A su vez, la corriente
Moderna del siglo XX se dedicó en gran medida a estudiar la composición de la
casa por lo que su importancia y validez queda demostrada.
En la Longuee Durée (finales del siglo XVIII hasta la década del 60) “se
ha desarrollado el lento pero potentísimo proceso de domestización de la vida
social, de normalización de los espacios y los comportamientos, y de
moralización de la población, proceso basado en técnicas de control de los
impulsos y de canalización de los deseos hacia el ciclo de producción -
consumo”.2 Todo esto, posible gracias a la teorización de la forma en que se
relacionan los individuos entre ellos y con la vivienda, ha dado lugar a la
llamada arquitectura doméstica, encargada de generar proyectos que
condicionen y propicien un vida privada, tanto personal como familiar.
En el siglo XVIII arquitectos europeos establecieron la separación de la
arquitectura en pública y privada. Diferenciándose por su función y sus
características principales. Siendo lo primordial en la arquitectura pública la
belleza formal y en la privada la libre expresión del destinatario.
Esta división hoy en día es entendida desde un ámbito legal como una
cualidad de propiedad. Aunque en los siglos XV y XVI, privado según el
Diccionario de Inglés de Oxford, hacía referencia a “quien que no ocupa ni un
cargo público ni un puesto oficial”. El economista alemán Albert Hirschman dice
que la palabra proviene del latín privare, quitar a alguien algo, despojar. Agrega
además, “Tabú para las mujeres, la escena pública era el campo natural de los
hombres, el lugar donde podían distinguirse”.3
Fue durante la época moderna que se transformó esta concepción y se
alcanzó la idea que hoy tenemos de público y privado.
Estos dos antónimos han puesto a los arquitectos en veredas opuestas.
Apoyando algunos la importancia de la arquitectura pública por encima de la
privada, es decir, de la vivienda y viceversa.
Ejemplo de esta primera postura es lo dicho por Aldo Rossi, “El
arquitecto se ocupará cada vez menos del prolema de la residencia; las
viviendas responderán a exigencias técnicas y económicas bien definidas: su
duración y ubicación quedarán precisadas de un modo rígido”. 4
De la segunda es evidencia el movimiento Moderno, dedicado casi en su
totalidad al estudio de la arquitectura doméstica.
Ahora bien, no resulta sencillo establecer los conceptos de público y
privado ya que sus definiciones cambian continuamente. Además otros
conceptos se asocian estrechamente, como colectivo e individual o
espectacular e íntimo. Una casa individual y privada puede ser objeto de
representación social; o bien ser parte de una estructura residencial colectiva o
una estructura individual.
Los pensamientos de George Bataille, escritor, antropólogo y pensador
francés, resultan útiles para seguir indagando sobre estos opuestos. “La
arquitectura es la expresión del ser mismo de la sociedad, al igual que la
fisonomía humana es la expresión del ser de los individuos. Sin embargo, dicho
parangón debe relacionarse sobre todo con fisonomías de personajes oficiales.
En efecto, sólo el ser social ideal, ese que ordena y prohibe con autoridad, es
el que se expresa en las composiciones arquitectónicas propiamente dichas”. 5
La arquitectura sería entonces, símbolo de control, al igual que las
figuras con las que se asocia.
En la voz “Arquitectura” del Dictionarie critique Bataille expresa “es
evidente, por otro lado, que el orden matemático impuesto a la piedra no es
más que la culminación de una evolución terrestre, cuyo sentido viene dado, en
el orden biológico, por el paso de la forma simiesca a la arquitectura. En el
proceso morfológico, los hombres no representan aparentemente más que una
etapa intermedia entre los simios y los grandes edificios”. 6
En otra voz del Dictionarie critique llamada “Metamorfosis”, inspirado en
la teoría del naturalista inglés Charles Darwin, se permite dudar de la
trascendencia del sistema antropométrico característico de la arquitectura
clásica, el cuerpo humano como cánon de medida para la edificación, debido a
que, en realidad, somos una especie animal más que está en lenta pero
contínua evolución.
Como Kafka, escritor bohemio de origen judío, Bataille creía que tal
transformación es más propicia en la casa, en el ámbito privado, y que el
hombre no es más que un prisionero dentro de su propio cuerpo.
El arquitecto francés Georges Teyssot dice acerca de estas ideas, “en
resumen, se ve, ante todo, que la arquitectura en sentido estricto asume el
aspecto y la función de un dispositivo panóptico de mantenimiento del orden en
la sociedad” y continúa “al igual que una fiera en el zoo, el hombre vive
prisionero en su casa y está condenado a decorar lo mejor posible su celda”. 7
Entonces, si el hombre es controlado por la arquitectura pública y
encarcelado por la privada, dichas categorías no difieren tanto en realidad. Las
teorías que comenzaron a gestarse en la segunda mitad del siglo XIX acerca
de la composición de la vivienda han terminado por delimitar el comportamiento
humano, quitándole la libertad y personalización que debería caracterizarla.
Sobre Modos de habitar
La transformación de la sociedad del siglo XIX se debió al surgimiento
de la burguesía y su posicionamiento como una de las clases sociales
dominantes. Esta nueva clase acompañada de nuevas costumbres y relaciones
familiares llevaría a una composición de la arquitectura doméstica antes
característica sólo de nobleza y las clases sociales altas.
“La vida privada debe quedar encerrada entre muros. No está permitido
indagar ni dar a conocer lo que ocurre en la casa de un particular”. 8
Esta filosofía lleva al hombre a formar pequeños grupos cerrados que
hacen uso del espacio público de manera privada.
Incluso se prevén espacios de jerarquía en lugares públicos (palcos en
estadios y teatros, alas VIP en hospitales, niveles en cruceros, asientos de
primera clase en aviones, etc.) destinados a limitar el contacto entre personas
de distinta clase social y, por supuesto, marcar la diferencia entre ellas.
Bernard Edelman, filósofo y jurista francés, escribió sobre las ideas del
filósofo prusiano Kant: “La casa, el domicilio, (…) encierra entre sus muros todo
lo que la humanidad ha ido acumulando pacientemente por los siglos de los
siglos (…). Su libertad se despliega en lo estable, lo cerrado, y no en lo abierto
ni lo indefinido. La identidad del hombre es por tanto domiciliaria, y ésa es la
razón de que el revolucionario, el que carece de hogar y de morada (…)
condense en sí mismo toda la angustia de la errabundez”. 9
Un grupo de estudiosos encabezado por Fréderic Le Play, ingeniero,
sociólogo y economista francés, hizo observaciones sobre la vivienda popular.
Tiempo atrás, la fisonomía era indicio de la cualidad de la persona,
análogamente el orden de una habitación revela la forma de vida de su
habitante.
La casa vuelve al hombre parte de la sociedad. La historiadora francesa
Michelle Perrot dice al respecto: “La casa es además una realidad moral y
política. No hay elector sin domicilio, ni notable sin casa propia en la ciudad y
amplia residencia en el campo”.10
El tema de la vivienda comienza a ser una preocupación del Estado,
alcanzando su mayor influencia en el ámbito en un tiempo cercano al nuestro.
Hasta el siglo XIX su ejecución estaba en manos de la familia y
representaba la condición social y económica de la misma.
La casa es un bien material muy preciado, es foco de inversión y
constituye seguridad económica. También es el espacio con el que cuenta el
hombre para relacionarse con la naturaleza sin incurrir en el espacio público,
materializar sus gustos a través de la decoración y perpetrar la historia familiar
con recuerdos de antepasados y propios.
Ahora bien, la casa de un artista tiene una concepción distinta. No busca
encerrarse en sí misma, creando un mundo privado concerniente sólo a la
familia, sino que pretende ser social, acercándose más, en tanto le es posible,
a una propiedad pública.
La disparidad entre estas dos se ve retrada en una frase del escritor
francés André Gide: “¡Os odio, familias! ¡Contraventanas cerradas, puertas
atrancadas, posesiones celosas de la dicha!”.11
“Distribución y uso de las habitaciones, escaleras y pasillos de
circulación de personas y cosas, lugares de retraimiento, de los cuidados y los
placeres del cuerpo y alma; todo ello obedece a las estrategias de encuentro y
de evasión que atraviesan el deseo y la inquietud de uno mismo”. 12
Este es el modelo característico de la sociedad burguesa del siglo XIX,
apoyado en el racionalismo funcional y aún con remanencias de la sociedad
aristocrática.
La vivienda tipo de la época es propia del ámbito urbano, en el campo la
situación es distinta.
“Rudimentaria y superpoblada, la casa-edificio es un instrumento de
trabajo más que un interior, la mirada del viajero etnólogo o del educador
urbano no ve en ella más que promiscuidad animal”. 13
La casa del campo, carente de elementos de confort, tiene una impronta
funcional a diferencia del espacio de libre expresión que intenta ser en la
ciudad.
En la estancia conviven gran cantidad de personas que desempeñan las
múltiples tareas, lo que condiciona la intimidad. Debido a esto se produce una
inversión en los roles que cumplen los espacios, la intimidad antes
estrechamente ligada a lo cerrado ahora es representada por el exterior, lo
abierto.
Con las invenciones en medios de transporte las personas emigran del
campo a la ciudad y surgen dentro de ellas nuevos expacios para albergar a los
inmigrantes.
Debido a su bajo poder adquisitivo los recién llegados viven en
conventillos y cuchitriles hacinados, despojados de intimidad e incluso de
salud. Se genera una nueva forma de vivir, condenada por las clases sociales
altas tradicionalistas que lejos de esta realidad no la comprenden y por tanto
rechazan.
Su modo de habitar sigue remontando a los antes habitantes del campo
a las raíces animales del hombre. Jean Allemane, político socialista francés,
dice “Las gentes viven allí en completa confusión, como animales. Estamos en
pleno mundo salvaje”.14
Los cambios demográficos demandan una revisión de la vivienda obrera.
Empiezan así a finales del siglo XIX a hacerse presentes las teorías acerca de
la vivienda mínima con las condiciones de confort y salud indispensables.
La vivienda digna y privada, donde el individuo es capaz de cultivar su
propio yo sin intromisiones en su intimidad, continúa siendo un privilegio de
ciertas clases sociales.
Surgen también nuevas costumbres de consumo. Las clases obreras de
la época, por su imposibilidad de alcanzar una vivienda, destinan sus
ganancias a bienes materiales estéticos para aparentar una mejor posición
económica.
El ideal de la vivienda obrera durante el siglo XIX está asociado a la
distinción de una vivienda de la otra, la búsqueda de mayor espacio y, en un
principio, la separación de la habitación de los padres de la de los hijos.
El deseo de identidad frente a la sociedad y de intimidad dentro de la
propia familia, comienza a ser la aspiración de las clases populares y se
afianza a principios del siglo XX. El espacio físico individual aún resta
materializarse, pero la ideología está firmemente instalada.
Son estos los cambios responsables de la creciente importancia de la
arquitectura doméstica desde esta época en adelante.
Sobre Temas de Arquitectura del Siglo XX y XXI
Estudiar el habitar doméstico implica analizar el comportamiento de las
personas en el espacio, siendo conscientes del poder que tendrá este a la hora
de interactuar cada individuo consigo mismo y con sus pares.
Entonces se evidencia la presencia de dos partes, por un lado la casa y,
por el otro, el modo de habitar.
“Mi formulación era torpe. No quise decir, entiéndase bien, que la
arquitectura no era política antes del siglo XVIII y que no había llegado a serlo
sino a partir de esa época. Sólo quise decir que, a partir del siglo XVIII, se ve
desarrollarse una reflexión sobre la arquitectura en tanto que función de los
objetivos y de las técnicas de gobierno de las sociedades. Se ve aparecer una
forma de literatura política que se interroga sobre lo que debe ser el orden de
una sociedad, lo que debe ser una ciudad, dadas las exigencias del
mantenimiento del orden; y dado también que hay que evitar las epidemias,
evitar las revueltas, promover una vida familiar”. 15
La cita anterior pertenece a Michel Foucault, filósofo, historiador de las
ideas, psicólogo y teórico social francés, quien en su libro “Vigilar y castigar”,
analiza la arquitectura y la presenta como medio de control.
En sus palabras habla acerca del pensamiento gestado en el siglo XVIII
que concibe a la arquitectura como una herramienta empleada por las
instituciones y el gobierno para el control de las masas.
En contraposición, Michel de Certeau, investigador jesuita, historiador,
teólogo, semiólogo y filósofo francés, en “La invención de lo cotidiano” expone:
“Si es cierto que por todos lados se extiende y se precisa la cuadrícula de la
“vigilancia”, resulta tanto más urgente señalar cómo una sociedad entera no se
reduce a ella; qué procedimientos populares (también “minúsculos” y
cotidianos) juegan con los mecanismos de la disciplina y sólo se conforman
para cambiarlos; en fin, qué “maneras de hacer” forman la contrapartida, del
lado de los consumidores (o ¿dominados?), de los procedimientos mudos que
organizan el orden sociopolítico. Estas “maneras de hacer” constituyen las mil
prácticas a través de las cuales los usuarios se reapropian del espacio
organizado por los técnicos de la producción sociocultural.” 16
Esta mirada se corresponde con la corriente de pensamiento que
considera al hombre y su modo de habitar como insumo para la producción de
la arquitectura doméstica.
Anterior a De Certeau, el sociólogo judío - alemán Norbert Elias afirmaba
que el hombre es el resultado de la sociedad y, como tal, es inseparable de
ella.
En su escrito “La sociedad cortesana” estudia como se vivió en Francia
desde el siglo XI hasta el XVII, en el que dejaron de existir las monarquías
absolutas, hecho que produjo una transformación social drástica.
Este proceso implicó la creación de una nueva cultura, asociada a la
línea de pensamiento Foucaultiana, de control y disciplinamiento del
comportamiento.
En “La cortesía del lecho - Transformaciones en el uso del dormitorio”
realiza observaciones acerca de los cambios producidos en dicho espacio y las
acciones asociadas al mismo, teniendo como marco temporal el período
comprendido entre los siglos XV y XIX.
Elias expone la necesidad, cada vez mayor, de poseer dormitorios
alejados de las actividades cotidianas, lo que se traduce en una búsqueda de
mayor privacidad por parte de los individuos. Hace un análisis histórico y
comenta que durante la Edad Media era común dormir con extraños o entre
adultos y niños, prácticas que durante el siglo XVIII comenzaron a ser juzgadas
de manera negativa.
En “Historia de la vida privada” los franceses Philippe Ariès y Georges
Duby estudian la vida privada, un tema sin gran cantidad de precedentes
teóricos debido a la mayor importancia que recibe el ámbito público. La
producción gira en torno a la idea de que la vida privada es una construcción
social, es decir, que incluso en nuestros propios hogares nuestro
comportamiento está condicionado por la sociedad.
En otra de sus producciones, “De la solidaridad al anonimato: la vida
privada desde la Edad Media al siglo XVIII”, Ariès hace un análisis histórico de
lo privado en dichas épocas y afirma que este ámbito no es más que lo que fue
excluído de lo público, es decir, la familia y el hogar.
De la misma manera, Fernando Madero y Marta Devoto estudian la vida
privada en nuestro país. Utilizando como fuente el escrito de Jorge Francisco
Liernur “Casas y jardines. La construcción del dispositivo doméstico moderno
(1870 - 1930)” donde el autor expone sus ideas acerca de las teorías
compositivas de la arquitectura doméstica que han moldeado las actividades
del ámbito privado.
Sobre Le Corbusier y la noción de habitar en la Arquitectura Moderna
Los estudios teóricos realizados por los arquitectos modernos tuvieron
gran influencia en las ideas sociales de la época. Uno de sus principales
aportes fue la formulación de la noción de habitar.
El concepto se consolidó durante el IV CIAM, en el cual pasó a ser parte
de las cuatro funciones básicas para el ordenamiento de la ciudad: trabajar,
recrear, circular y habitar.
Uno de los que más incursionó en el tema fue el reconocido arquitecto
suizo - francés Le Corbusier, expresando sus pensamientos en el texto “Hacia
una Arquitectura”. Junto a él, Walter Gropius, arquitecto alemán y fundador de
la Bauhaus, fue otro de los que formuló teorías respecto al tema, en su escrito
“Formas de vida familiares”. Como así también se encuentran contribuciones
de otros colegas y pensadores coetáneos.
La expresión habitar moderno está presente en diversos ambientes.
Según Maryá Aldrigue, el aporte principal de las experiencias del habitar
moderno está relacionado con el sistema constructivo del edificio, su forma y el
sitio donde se emplaza.
“Fernando Luis Álvarez de Toledo, con un sugestivo artículo que indica
sobre “La construcción del habitar”, infiere sobre la noción como un concepto
sistémico que integra una unidad de diversos elementos delimitándolo
principalmente a la casa como máquina, a la reducción de su superficie y la
transformación espacial interna de la misma gracias a la incorporación de
nuevos servicios y la tecnificación de las labores domésticas”. 17
El autríaco Adolf Loos en su texto “Wohnen Lernen” identifica las modos
de vivir la casa y la ciudad, y afirma que es necesario desestructurar la
ideología impuesta en el principio del siglo XIX.
Por otra parte, referido a la arquitectura en sí, Loos en el año 1980
escribe “Ornamento y delito” donde se manifiesta en contra del ornamento
característico de la arquitectura de años anteriores.
Este arquitecto fue uno de los primeros en buscar hacer conciencia de
los cambios necesarios para llegar a una nueva arquitectura, una basada en la
nueva forma de vida. Y, efectivamente, sus teorías abrieron el camino a
estudios que llevaron a proponer nuevas viviendas cuya organización espacial
dependía de las formas de habitar.
Alexander Klein, arquitecto alemán e israelí, fue otro de los precursores
de la causa. Diciendo al respecto:
“En una observación atenta de las actuales plantas de pequeñas
viviendas se pueden distinguir dos grandes corrientes. La primera quiere
abandonar a toda costa los principios que han condicionado los modos de
habitar desarrollados en el transcurso de los siglos, porque entiende que no se
corresponden con el hombre moderno y sus necesidades vitales. La segunda,
en el extremo contrario, no quiere reconocer que las relaciones sociales y
económicas se han modificado y obligan a cambios en el modo de vida.
El primer grupo se esfuerza por encontrar un nuevo modo de habitar,
preocupación que incluso se relfleja en el aspecto interior de la construcción. El
segundo mantiene las antiguas plantas y se conforma con reducirlas en
superficie y modernizar la forma exterior”.18
A partir de lo antedicho es evidente una dualidad en la comprensión de
la vivienda, por un lado, están quienes creen necesario el cambio en la
creación de la vivienda y la ciudad y, por el otro, aquellos que se resisten al
progreso apoyando las antiguas costumbres sociales y económicas de los
nobles y burgueses.
Se podría decir que Loos y Klein fueron los precursores de este
movimiento teórico y conceptual que perseguía la búsqueda de una nueva
arquitectura. Quienes se inspiraron en ellos fueron Walter Gropius, Ernest May,
Le Corbusier y Karel Teige.
Le Corbusier en el año 1923 publicó “Vers une architecture”, una de sus
más importantes obras sobre el tema.
Sus primeros conceptos sobre el tema se encuentran en este texto,
asociados al hombre tipo, en una búsqueda por rehumanizar la vivienda.
En el dice “Hay que actuar en contra de la vieja casa que hacía mal uso
del espacio”. Implicando esto una reconfiguración interior. “Hay que estudiar la
célula perfectamente humana, la que corresponde a constantes fisiológicas y
sentimentales”.19
Surgiendo así una nueva corriente de pensamiento, el maquinismo. Es
el propio Le Corbusier quien le da nombre a partir de categorizar a la vivienda
como una máquina de habitar.
La máquina entendida como objeto de producción industrial representa
un bien seriado, cada casa tiene una estructura y funciones preestablecidas
que deberían permitirle proyectarse en cualquier sitio y destinada a cualquier
habitante.
El planteo tan conocido de Le Corbusier que la casa es una máquina de
habitar generó diversas interpretaciones y por supuesto rechazo por parte de
algunos.
A esta disyuntiva se puede responder con una cita del propio autor.
“Si la expresión ha hecho furor, es porque contiene la palabra máquina,
representando, evidentemente, en todos los espíritus, la noción de
funcionamiento, de rendimiento, de trabajo, de producción. Y la palabra habitar
representando precisamente, unas nociones de ética, de standing, de
organización de la existencia, sobre las cuales reina el más total desacuerdo.” 20
Además para evitar la deshumanización, característica de la
industrialización, Le Corbusier introduce un nuevo sistema de escala
antropométrica “las cosas están hechas a la medida del hombre, al alcance del
brazo, cada una en su lugar”.21
Le Corbusier introduce otro elemento de gran importancia en el
entendimiento del habitar moderno, la velocidad. Considerando no sólo al
hombre sino también a los vehículos “introduciendo así en las relaciones y los
transportes una modificación de la duración, de hecho una velocidad que
aumentaría sin cesar, extendiendo sus efectos a la totalidad de las actividades
humanas”.22
Haciendo alegoría, ya en aquel entonces, a la tensión con la que vive el
hombre día a día, tan característica de nuestra época. Idea expresada en sus
palabras, “las consecuencias no dejaron de hacerse sentir: una agitación
intensa se apoderó de los hombres y sus pensamientos” 23, las cuales se
pueden respaldar con lo expuesto dos décadas atrás por Georg Simmel, quien
en el año 2002 escribe en su libro “Waizbort” acerca de este hombre moderno
que vive en constante movimiento y persecución por así decirlo.
Con todos estos pensamientos Le Corbusier proyecta módulos
habitacionales estándares que satisfacen las nuevas necesidades del habitar.
En el CIAM de 1930, en Bruselas, hizo incapié en su discuro sobre la
importancia de la noción de habitar. Resumiento los componentes para un
buen habitar en los siguientes:
“Un habitáculo para una familia, manteniendo el más estricto aislamiento
con relación a otros habitáculos, a otras familias.
Un flujo de luz: sabemos que la luz solar nos es indispensable.
Consumo de aire puro: este tema dentro de las viviendas está ligado
inmediatamente al de la calefacción y al de la ventilación.
El tiempo de conservación de la casa: es mediante la organización de
los servicios comunes como el mundo moderno evitará fatigas estériles. Sin
embargo, también con la adhesión de los principios de una nueva conciencia
moderna, este mismo mundo definirá su noción de bienestar.
La necesidad de recuperar fuerzas físicas y mentales: se trata en pocas
palabras del mantenimiento de la máquina, del aseo cotidiano, de la descarga
de toxinas, de la recuperación de las fuerzas mentales, de la conservación o
del aumento de las fuerzas físicas. El problema entraña la necesidad de
organizar nuevos servicios en la vivienda.”24
Lo citado anteriormente posibilita separar la noción de habitar en dos
categorías según Le Corbusier. La primera denominada “marco natural” y la
segunda “saber habitar” o “aprender a habitar”.
La primera categoría se basa en que “la naturaleza interviene en forma
esencial en la función de habitar (sol, espacio, verde)”. 25 En la Carta de Atenas
este enfoque toma mayor fuerza al concebir una arquitectura que reconoce una
sinfonía entre hombre y suelo, arquitectura y naturaleza, donde además se
salvaguarda el lugar, sus valores históricos y el realce de la belleza particular.
En dicha Carta se establecen las cuatro funciones clave del urbanismo pero Le
Corbusier afirma “la primera de las funciones que debe atraer la atención del
urbanista es habitar y habitar bien”26 debido a que lo primordial es “garantizar
alojamientos sanos a los hombres, es decir, lugares en los cuales el espacio, el
aire puro y el sol estén garantizados con largueza”. 27
De acuerdo a lo anterior habitar es asegurar una vivienda sana y
proyectada bajo los preceptos básicos de la naturaleza. Así entonces Le
Corbusier demuestra la importancia de lo natural en la arquitectura, en palabras
suyas “el sol, la vegetación y el espacio son las tres materias primas del
urbanismo”.28 A su vez, es necesaria en tal medida la presencia de lo natural
por el motivo de que “debe proporcionar un justo contrapeso a los factores
artificiales de la máquina”.29
Una vivienda en concordancia con esta teoría debería abarcar “la
contemplación de las visuales, los vientos, las brumas, la orientación de la
edificación de acuerdo al sol, la incorporación de las superficies verdes
existentes, la determinación de las zonas de habitación dictadas por razones
de higiene y densidades razonables según el terreno”. 30
Por otra parte, “saber habitar es toda una técnica y saber habitar en las
viviendas de espíritu nuevo, que son las únicas que pueden producirse en serie
en la gran industria, exige una educación”. 31
Esto da origen a la segunda categoría, relacionada principalmente con lo
que él denomina “prolongaciones de la vivienda” que, a su vez, se dividen en
dos. Por un lado se encuentran las referidas al abastecimiento, el servicio
doméstico, el servicio sanitario, el mantenimiento y perfeccionamiento físico del
cuerpo, es decir, elementos que permiten desempeñar funciones con mayor
eficiencia. Y, por el otro, los equipamientos exteriores o servicios
complementarios a la vivienda como la guardería, el jardín de infantes, la
escuela primaria, el taller de la juventud, infraestructura orientada al
aprendizaje ubicada en el entorno cercano y que constituye el contexto de la
vida diaria.
Le Corbusier explica que estas prolongaciones implican una reeducación
mental para que sea posible adaptarse a los nuevos modelos de ciudad y
vivienda.
La vivienda moderna se gesta durante un período de gran avance
tecnológico que se traduce en diversos equipamientos domésticos. En este
contexto se puede establecer entonces que la arquitectura doméstica no
implica solamente al espacio y las funciones que estos albergan sino que
también importan los equipamientos debido a que transforman a los dos
anteriores.
Todos los productos destinados al hogar se pensaron con el fin de hacer
más eficientes las labores, lo cual consiguieron pero sólo luego de un período
de adaptación ya que la nueva tecnología demandó una capacitación, sobre
todo a las mujeres amas de casa. Un hecho que respalda esta teoría es la
creación de escuelas domésticas, presentes tanto en Europa como América
Latina. En Medellín, Colombia, por ejemplo, existió la Escuela de formación de
amas de casa.
Víctor Bourgeois, arquitecto y urbanista racionalista belga, escribió sobre
las propuestas expuestas por el alemán Ernst May en el primer CIAM acerca
de la educación doméstica:
“Con la enseñanza en la escuela, decía, se podría establecer un
conjunto de verdades elementales que constituirían el fundamento de una
educación doméstica. Por ejemplo, economía general de la vivienda, bases del
aseo y su significación moral, los efectos de la luz solar, los efectos
perjudiciales de la penumbra y de la oscuridad, los principios de la higiene, la
racionalización del mantenimiento doméstico, el uso del mobiliario, el empleo
de los medios mecánicos en la vivienda doméstica, etc. Tales enseñanzas
tendrían por objetivo formar generaciones con una concepción sana y racional
de la vivienda”.32
Le Corbusier dijo sobre esta tendencia educativa “se produjo una
inmensa actividad intelectual en torno a estas cuestiones, aparecieron revistas
notables y libros muy útiles”.33
Incluso se pensaron actividades para el tiempo ocioso de las amas de
casa, surgiendo así nuevos conocimientos que con el tiempo se convertirían en
trabajo remunerado.
Se puede resumir entonces que, la principal búsqueda y, por
consiguiente, el principal aporte de los teóricos modernos es el entendimiento
del comportamiento humano dentro y también fuera de la casa para transmitirlo
a la composición arquitectónica de la misma.
Sobre Nuevas formas de habitar
La sociedad actual, a diferencia de hace algunos años, se caracteriza
por una diversidad de modelos de familia y unidades de convivencia. Esto se
debe a la transformación de la economía, los índices de natalidad y la
esperanza de vida, entre otros factores.
Es de suponer entonces que, así como existen distintos modelos de
agrupación, existen también múltiples formas de habitar.
El hombre se ha ido reinventando y en ese camino ha transformado el
entorno que lo rodea. Creando así ciudades, viviendas y productos que se
adaptan a sus necesidades.
La evolución del pensamiento humano requiere de tiempo así como la
del entorno y, en ocasiones, las cambios no van de la mano. De aquí que la
vivienda actual no represente a los nuevos modelos de familia presentes en la
sociedad, así como tampoco respeta al medio ambiente como debería según la
nueva corriente ecologista.
Ni hablar a gran escala, las ciudades, en su mayoría, son símbolo de
enemistad con el planeta. Los avances producidos en ellas tienen este rumbo
pero el cambio recién comienza.
La teoría compositiva de la vivienda actual fue el resultado del proceso
académico iniciado a principios del siglo XX durante el conocido Movimiento
Moderno, caracterizado por un enfoque funcional que buscaba estandarizar la
vivienda.
En ese momento la vivienda alcanzó un resultado preestablecido,
repetido hasta el día de hoy con cambios poco relevantes. Los cuales fueron
principalmente técnicos, la materialidad de la vivienda, los sistemas
constructivos y el equipamiento doméstico disponible. Aunque bien se puede
mencionar una condicionante social de gran importancia como fue el cambio
del papel de la mujer en la familia y en el mercado laboral.
La evolución de cada espacio de la casa se menciona a continuación:
La sala de estar hace un tiempo se proyectaba compuesta del espacio
de recreación y el espacio del comedor, ambas funciones en una continuidad
espacial. Hoy en día son pocos los casos en los que esto se sigue adoptando,
dejando de lado al área exclusivamente destinada a la comida para dar lugar a
un solo espacio que cumple múltiples necesidades, como el descanso familiar,
ocacionales comidas y reuniones sociales. Técnicamente han prevalecido los
equipamientos destinados al descanso y al ocio por sobre aquellos con
utilidades de guardado y decoración.
La cocina es el lugar con mayores cambios técnicos dentro de la
vivienda. Antes considerada como lugar de trabajo y destinado a las mujeres se
ocultaba de la vista de los invitados pero hoy en día con los avances
tecnológicos en cuanto a electrodomésticos y a mobiliario es concebida como
un espacio más de sociabilización.
El baño a mediadios del siglo XX pasó a formar parte fundamental de la
vivienda. Sus avances se deben también en gran parte a las mejoras técnicas.
En un principio se disponía de uno en la mayoría de las viviendas pero hoy es
cada vez más común la presencia de uno público y otro privado, a veces un
toilette y otro completo. Además se han dado cambios en su disposición, se
opta por separar el espacio del lavabo del resto para así conferirle mayor
utilidad y el caso óptimo sería aquel en el que fue posible separar también el
área de la bañera.
El dormitorio, destinado antes simplemente a dormir y guardar
pertenencias, ahora alberga las actividades propias de cada usuario. La
emancipación tardía de los hijos es uno de los factores más influyentes ya que
hace necesario un espacio con mayor privacidad en la casa. Esta
transformación se da en cuanto a uso y no siempre a espacio, es decir, el
dormitorio tiene las mismas dimensiones pero tiene diversos usos.
En el texto “Nuevas formas de habitar”34 del Observatorio de tendencias
del hábitat se proponen dos categorías que representan viviendas que
responden a la problemática actual acerca del habitar.
La casa perfectible:
Concepto
Tiene la posibilidad de mejora y cambio a lo largo de toda su vida útil.
Sus componentes se conciben de una forma sencilla para que el usuario pueda
actuar sobre ellos.
Este tipo de casa supone una implicación directa con el usuario, el cual
conoce bien sus posibilidades y es capaz de modificarla según cambian sus
necesidades a lo largo de la vida.
Estrategias
La capacidad de perfectibilidad se relaciona con:
Estructuras que permiten grandes espacios
Fachada con repetición equidistante de huecos
Tabiquería ligera y elementos móviles
Instalaciones de fácil reparación y transformación. Esto es,
accesibles y registrables
La casa desjerarquizada:
Concepto:
Una casa sin jerarquías trata de resolver la desigualdad entre los
individuos en el interior de la vivienda. A la vez, trata de favorecer la vida
comunitaria al mismo tiempo que la individualidad de cada componente del
grupo.
Por otro lado, este tipo de casa facilita el reparto de las tareas del hogar
haciéndolas visibles, facilita las relaciones entre los miembros del hogar
permitiendo el uso compartido de los espacios de trabajo doméstico y cotidiano
e incluye la búsqueda de accesibilidad.
Estrategias:
Las recomendaciones para una casa sin jerarquías son las siguientes:
Tener en cuenta que la vivienda es un lugar donde se trabaja, y
por ello considerar los espacios necesarios para realizar esas
tareas y guardar los elementos que se utilizan
Se recomienda huir de los espacios mínimos que favorecen el
trabajo individual
Distribuir los baños de forma que se pueda ahorrar espacio
favoreciendo la máxima posibilidad de usos simultáneos
La integración de la cocina y el comedor separado del salón da la
posibilidad de tener dos espacios comunitarios para el grupo
Espacios de almacenaje suficientes, si estos se abren hacia los
pasillos favorecerán la flexibilidad del uso de los mismos
En los últimos años, sobre todo a partir de la revolución social producida
en la década del 60, el concepto de familia ha cambiado.
El Instituto de estudio del futuro de Copenhaguen dice al respecto de
estos cambios “Actualmente, existen multitud de tipos de familia. El concepto
moderno de familia es, en otras palabras, amplio. Quizás la mejor definición de
la familia actual sea dos o varias personas que generalmente viven juntas y
que están relacionadas por amor, códigos civiles o sangre…”. 35
La familia a lo largo de los años ha sido asociada fundamentalmente con
la supervivencia de sus integrantes.
Esto ha ido mermando debido a la mayor insidencia del Estado en
actividades originalmente desempeñadas por la familia como la seguridad
social, la salud y la educación, lo que ha dejado a la familia el deber de
ocuparse principalmente de la cualidad afectiva.
Según los sociólogos, la familia constituye el entorno donde el individuo
adquiere su identidad y busca su equilibrio psicológico y emocional. Así como
también representa el sustento económico y la educación básica.
Se puede definir a la familia desde tres aspectos. 36
Funcionalmente es el grupo que satisface las funciones de reproducción,
mantenimiento de los individuos dependientes y estabilidad psíquica para los
individuos.
Psicológica - emocionalmente es el grupo primario de interés y afectos
sustanciales para las personas.
Y, relacionalmente es un grupo de personas que, tengan o no lazos
biológicos, mantienen unas relaciones continuadas, y sienten la motivación
expresa de constituir un grupo.
Hoy en día existe una preocupación social acerca del rol cada vez
menos protagónico de la familia en nuestra sociedad.
Sociólogos expertos en el tema explican que no es necesaria tal
preocupación. La familia sigue siendo una parte fundamental en la vida del
individuo, simplemente que el concepto de familia ha cambiado debido a la
evolución social, económica y demográfica.
Un ejemplo que respalda esta teoría es el pensamiento del sociólogo
español Salustiano del Campo, quien afirma que los sistemas familiares han
basculado desde equilibrios antiguos hasta otros nuevos, y se han adaptado a
las diversas condiciones culturales, económicas y sociales por las que ha
atravesado.
En el mismo texto del Observatorio de tendencias del hábitat se
categorizan las morfologías de las unidades del hogar de la sociedad
postmoderna:
Unipersonal - Yo soy mi familia
Pareja sin hijos - La familia de dos
Monoparental - Madre sola por elección
Pareja con hijos - La familia negociadora
Reconstituida - La familia reconstituida
Cohabitación - Mi otra familia
Destacándose como característica principal de la primera que se
compone de una sola persona aceptada por la sociedad abiera y tolerante en la
que vive.
En el mundo del marketing son los llamados singles. Personas jóvenes,
sin pareja, que viven solos y que cuentan con unos hábitos de consumo
superior al resto de hogares y muy enfocado a servicios de ocio, tiempo libre y
objetos de lujo. Otro ejemplo son los llamados LAT (Living apart together),
parejas que deciden mantener dos viviendas independientes en vez de una
compartida.
Sobre Arquitectura y modos de habitar
En el libro “Arquitectura y modos de habitar”, el autor, Jorge Sarquis,
comenta acerca de la respuesta negativa de un reconocido profesional de la
Universidad de Harvard ante la interrogante de si la Arquitectura debería
guardar una estrecha relación con las personas. Dicha respuesta coincide con
el pensamiento de muchos arquitectos a pesar de lo que pueda creerse,
explica Sarquis.
Por otra parte, en la década del 60’, se encuentran teorías como las del
Team X que afirman lo contrario, resaltando las bondades de las ciudades
tradicionales frente a las ciudades diseñadas bajo la influencia moderna. Este
grupo de pensadores fue uno de los primeros en presentarse contra la
arquitectura serializada que definía la composición de la vivienda en base a
tipos sin considerar al usuario particular ni al contexto, tanto histórico como
geográfico. El arquitecto holandés Aldo Van Eick, cofundador del equipo, fue
conocido por su impronta de diseño interdisciplinaria con la antropología y la
filosofía.
Posteriormente, la corriente continúa en auge con teorías como las de
Christopher Alexander, arquitecto autríaco, quien en su libro “A pattern
language” expone la importancia de incorporar a la arquitectura la experiencia
humana.
El escritor español Félix de Azúa, autor del “Diccionario de las Artes”,
afirmaba “para que la arquitectura produzca resultados aceptables puede
darse por buena la jerarquía de los principios establecida por Vitruvio: toda
edificación debe comenzar dirigida por su futuro uso”. 37
Los inicios de la Arquitectura Occidental se caracterizan por estas ideas.
Ahora bien, fue durante el Renacimiento y el Iluminismo (segunda mitad del
siglo XVIII) que surgió la figura del comitente y, durante el Modernismo, de la
mano de Le Corbusier y Mies Van Der Rohe, que la casa se convirtió en el
tema central de la arquitectura.
Le Corbusier, por su lado, resaltaba la importancia de proyectar teniendo
en cuenta las costumbres de cada tiempo y lugar. Y Mies, por el suyo, afirmaba
“Aún no existe la vivienda de nuestro tiempo, sin embargo, la transformación de
la manera de vivir exige su realización”. 38 Este pensamiento fue el que lo llevó a
la búsqueda de una nueva arquitectura doméstica con sus proyectos de las
Casas Patio.
Theodor Adorno, filósofo alemán, dijo “la fantasía arquitectónica se
expresa cuando determinadas formas y espacios con significado, se
construyen con ciertos materiales y procesos productivos para dar
cumplimiento a finalidades que provienen de la sociedad”. 39
Para entender los modos de habitar es necesario conocer el significado
de habitar.
Arnau dice al respecto “supuesto que el servicio a una función, material
o simbólica, es el propósito de toda arquitectura y que la casa, entendida como
habitación y como dominio, substancia esa función, nos importa conocer en
qué consiste habitar”.40
“La primera consecuencia del propósito de habitar no es la habitación,
sino el hábito”.41
Existen tres nociones de hábito:
Primero: El hábito, en efecto, es un vestido. Pero no un vestido
cualquiera, sino aquel que cada uno usa según su estado. Es, por
consiguiente, representativo.
Como vestido que es, el hábito envuelve el cuerpo y lo atempera.
La habitación coincide con el hábito, desciende de alguna manera y lo
dilata.
Segundo: otra acepción de hábito indica que es un modo de
comportamiento: una pauta de conducta. Y es a esa vida pautada, habitual, a la
que responde con sus recintos. Puede haber habitaciones, porque hay hábitos:
esos hábitos son las costumbres que los romanos antiguos llamaban mores.
El que habita mora, y el que mora tiene moral.
Nos recuerdan la cualidad moral, o inmoral, de todo alijo de costumbres.
La arquitectura, pues, se cruza con la Ética. La arquitectura no crea las buenas
costumbres y su moral pero puede favorecerlas o entorpecerlas.
Tercero: el hábito “es facilidad que se adquiere por larga y constante
práctica en un mismo ejercicio”.42 Hace que rindamos más con menos fatiga. La
arquitectura no sólo es disposición: sino que crea disponibiidad. El hábito
disciplina al fin y al cabo, obliga y ata. Y sin embargo, libera y desata. Pero si la
arquitectura crea hábitos, puede decirse, a la inversa, que es un cierto hábito.
La arquitectura es el camino principal hacia el destino del hábitat
humano. El proceso proyectual está guiado por la formación cultural y
académica del autor y de esta depende que el resultado que se quiere alcanzar
incluya, en mayor o menor medida, la componente social.
Como influye dicha componente social a la arquitectura según Sarquis:
Con el estilo de vida, emergen valores, juicios, costumbres, hábitos,
vínculos humanos.
Con la forma de habitar emergen los deseos y fantasías: hacer
gimnasia, cocinar, conversar, deseo escuchar música.
Atendiendo a estos dos conceptos se proyectan lugares que pueden
construir un hábitat y en algunos casos se llega a hacer arquitectura.
Se habita y encauzan o modifican hábitos, costumbres, modos de
habitar y hasta estilos de vida.
La arquitectura debería contemplar los deseos e interes del usuario en
particular y no ser una reproducción de las costumbres populares.
Con este pensamiento los imaginarios establecidos para la composición
de la vivienda quedan sujetos a un análisis que establezca su viabilidad
teniendo en cuenta el contexto socioeconómico y geográfico.
El tradicional living comedor es un espacio que hoy en día se mantiene
debido a lo que representa y no, en la mayoría de los casos, a su función. Se le
destina una gran superficie que, ajustada a su verdadera necesidad, podría
beneficiar a otras habitaciones que no son contempladas según las
requerimientos actuales de la sociedad, como los dormitorios de los hijos. Tan
conocidos por sus dimensiones de 3 m x 3 m, que no son suficientes para
salvar sus actuales necesidades, caracterizadas por una mayor permanencia
en la vivienda y múltiples actividades que demandan un espacio propio.
Las etapas y los componentes de un proyecto (usuario, programa,
proyecto y obra) pueden ser de presentación o representación.
El usuario es incognoscible. El arquitecto lo interpreta para crear el
programa de necesidades pero no es posible conocer sus requerimientos
plenamente. En casos, como la vivienda colectiva, en los que el usuario no está
establecido es representado por convenciones académicas, propias de los
teóricos de la arquitectura moderna y sus predecesores.
El programa es la representación de las necesidades del usuario que,
como se dijo antes, no es posible conocer en su totalidad.
El proyecto, que se materializa a partir del programa, es la
representación de este. Lo establecido en la etapa anterior guía el proceso de
diseño pero el resultado estará sujeto a la interpretación del profesional y a las
herramientas que utilice para satisfacer las necesidades.
La obra representa al proyecto pero, como es sabido, lo construído dista
de lo conceptual de los planos debido a la materialidad, la escala, el tiempo e
incluso al usuario, que hará uso de la vivienda de una manera que el arquitecto
sólo puede haber imaginado.
Entonces, cada etapa es la representación de la anterior y la
presentación de la siguiente, siendo el usuario exclusivamente una
presentación.
De un estadío a otro se produce una pérdida de información debido a la
imposibilidad de materializar el concepto plenamente.
Raúl Cerdeiras, un abogado que se dedicó a la filosofía política, dice al
respecto “la representación presupone la existencia de una presencia plena y
previa. Sobre el carácter y significado de esta presencia plena se dice muy
poco, pese a que es el fundamento mismo de la representación”. 43
A diferencia de la arquitectura clásica, en la arquitectura moderna para
quien se proyecta es fundamental. Se debe construir la figura del usuario a
partir de su comprensión y, también, de la aprehensión de los imaginarios
propios de la sociedad que condicionan de manera externa al proyecto. De
manera interna este se ve afectado por los interéses del arquitecto, quien utiliza
sus herramientas para darle el sentido que cree correcto a la obra.
Los imaginarios sociales son estereotipos comunes de la sociedad que
moldeadan la mirada de las personas construyendo la realidad que viven.
Lo que vivimos no es lo Real, nuestra experiencia es fruto de una
construcción social. Esto se evidencia más aún en la percepción de las
producciones artificiales.
Real no es lo mismo que realidad. El primero es único e irrepetible,
ahora bien, sus interpretaciones son múltiples. A la interpretación de lo Real
condicionada por el entorno social se le agrega otra componente, la
experiencia intelectual individual proveniente de la familia y las distintas
disciplinas estudiadas.
Según Lacan nuestra realidad se construye a partir de tres registros: lo
Real (incognoscible), lo Simbólico y lo Imaginario. Para comprenderlos es
necesario asumir que dichos registros se encuentran unidos el uno al otro. En
nuestra disciplina el mundo Simbólico es de particular importancia ya que
refiere a magnitudes.
En la arquitectura lo Real son los modos de habitar, cuya comprensión
plena es inalcanzable y, por tanto, irrepresentable.
Lo Simbólico, como se menciona antes, es aquello medible y
representable mediante convenciones gráficas aceptadas.
Lo Imaginario es creación intelectual individual, traducida materialmente,
las formas que componen la arquitectura.
La psicología arroja las mismas conclusiones que el análisis de las
etapas proyectuales. El programa se basa en lo Real pero no alcanza a ser lo
mismo, el proyecto en su producción sufrirá transformaciones que lo alejarán
del programa y la obra material será distinta a lo proyectado y a lo programado.
Basado en la teoría anterior, Jorge Sarquis elabora tres tipos de
programas denominados Programas complejos, los cuales se componen cada
uno de los tres registros.
Usos o actividades (registro Real): si bien se descompone a su vez en
estos mismos tres registros cual si fuera una epistemología fractal, debemos
confesar la dificultad de representarlo por los sistemas tradicionales.
Finalmente hemos recalado en la planta como la manera más conocida por los
arquitectos pero, a su vez, con fuertes determinaciones o condicionamientos
estéticos. Estos componentes estéticos se expresan con el dibujo y opacan las
aspiraciones de representación de la vida real, como es su propósito inicial. Así
el aspecto simbólico de la planta es importante pero no determinante en la
expresión de la forma de vida, siendo el aspecto de imagen fuertemente
pregnante para la aceptación o rechazo de la misma por parte de la disciplina
que la ve con estéticas autónomas y no como lo que intenta ser: un modo de
organizar la espacialidad para una forma de vida.
Construcción y materiales (registro Simbólico): corresponde a la
tectónica y es pesable, medible y constituye con toda precisión su registro
mensurable y su expresión en la sección o el corte y los detalles constructivos.
Pero ello no le impide de tener su parte imaginaria, que corresponde a la
expresión de significación. Los materiales producen, o mejor, su percepción
genera sensaciones.
Lenguajes formales (registro Imaginario): todo imaginario es imagen o
proviene de ella y por lo tanto en su relación con la arquitectura podemos
hablar del lenguaje formal espacial, o las fachadas externas e internas. No por
ello se cierra sobre si misma y así tenemos sus aspectos simbólicos (dibujos
detallados de fachadas) y su aspecto Real, una dimensión óntica abierta a una
multivocidad de significados.
Programa de usos y actividades (utilitas):
A nivel Real: no hay coincidencia entre lo que nos dan como programa
de necesidades y las formas del habitar. El mundo Real es irrepresentable. Por
ello se tienen tantas dificultades para este registro.
A nivel Simbólico: tipos de familias (Unidades de Convivencia). Se
toman cinco: familia nuclear, ampliada, ensamblada, U.C. de ancianos y
jóvenes.
Pero estos “Programas complejos” deben ser interpretaciones de lo Real
y en consecuencia tener una actitud de aceptación o crítica del mismo y más
aún otras soluciones, incluso otros imaginarios a los que Castoriadis, filósofo,
sociólogo, economista y psicoanalista greco – francés, llamó Imaginarios
Radicales, por proponer otras formar de interpretación de lo Real.
Programa de las tectónicas (firmitas):
Materialidad y construcción. Con anterioridad al proyecto es necesario
pensar las alternativas tecnológicas y la tectónica más adecuada para la
expresión que queremos dar.
A nivel Real: la materialidad concreta y sus sistemas constructivos son
imposibles de capturar en su totalidad Real.
A nivel Simbólico: el mundo consensuado de los pesos y las medidas.
A nivel Imaginario: es el de las diferentes expresiones tectónicas, las
que adquieren representaciones imaginarias y valoraciones que condicionan
sus elecciones.
Programa de las formas espaciales (venustas):
A nivel Real: es captable a partir de algunas imágenes o
representaciones dibujadas que deben crear cómo será la obra construída.
A nivel Simbólico: el de las medidas y descripciones, necesarias para
conocer los costos de obra, tipos de usuario, etc.
A nivel Imaginario: el más claro que devela de que mundo de imágenes
estamos pensando. Serán formas singulares y no universalizables o por el
contrario se trata de un mundo formal transmisible y aprehensible.
El censo realizado en el año 1990 en nuestro país dio como resultante
más de 70 tipos de familia, o mejor llamadas Unidades de Convivencia debido
a la carente vinculación sanguínea.
Como se menciona antes, las Unidades de Convivencia estuadiadas por
Sarquis son cinco:
La familia nuclear: Unidad de Convivencia con padres que trabajan y
necesitan sus espacios. Hijos que cuando son niños requieren sus lugares de
dormir cerca de sus padres y ámbitos de juego y cuando crecen reciben sus
amigos, en espacios que hoy resultan estrechos.
Una familia que no realiza reuniones sociales frecuentes no necesita un
“living comedor” representacional, las cocinas se transforman en lugares de
estar, baños de múltiples usos y lavaderos no necesariamente implantados en
las zonas de cocinar.
La familia ampliada: con base en la nuclear, acoge en su seno por
necesidad parientes muy cercanos. Los padres requieren lugares de trabajo en
la casa y los hijos accesos independientes no controlados, ámbitos propios
grandes (no dormitorios de 3 m x 3 m) para sus muchas actividades. Lugares
de cocinar - estar amplios para reuniones de familia. Baños independientes de
actividades, no muchos baños completos. Lavaderos ligados al bañarse y
cambiarse de ropa.
No existen imaginarios de esta Unidad de Convivencia porque la actual
familia ampliada no está basada en la idea del “pater familia” sino en la idea de
ayudar a familiares necesitados.
Una investigación del Ministerio de Desarrollo Social del año 2002 reveló
que el 15% de los hogares argentinos alberga a familias ampliadas. En otras
palabras, hay más de 1.234.000 de casas habitadas por personas que antes
vivían separadas y hoy conviven bajo el mismo techo.
La familia ensamblada: producto de casamientos y separaciones. Los
padres requieren lugares de trabajo propios. Los hijos, pocos en la semana y
muchos los fines de semana, requieren ámbitos que puedan absorver esta
diferencia. Aquí los hijos requieren accesos independientes. Para los otros
aspectos valen las consideraciones anteriores. De esta Unidad Habitativa, no
existen imaginarios sociales, pese a estar impuesta socialmente desde hace
unas cuantas décadas.
Jóvenes viviendo juntos: Unidad Habitativa que en las ciudades
estudiantiles existe desde hace mucho tiempo ocupando casas o
departamentos no preparados para ello. Los motivos que mueven a los jóvenes
a agruparse para convivir son varios pero los que se constituyen en los
imaginarios más difundidos son estudiar y/o trabajar juntos.
Suelen tener dificultades para ser construidas por el escaso poder
adquisitivo de sus destinatarios.
Ancianos viviendo juntos: aspiración de ancianos que no toleran la idea
de vivir en los geriátricos. En cuanto al mercado le valen las consideraciones
de la destinada a Jóvenes.
Cada Unidad de Convivencia es atravesada por una forma de vida que
está más allá de sus integrantes como familia “moderna” o “posmoderna”.
Según el psicoanalista Marcelo Halfon, la familia moderna es aquella en
la que el padre trabaja como único aportante a la economía familiar y se lo
reconoce como el jefe del hogar y la madre trabaja como “ama de casa”. Los
hijos, por su parte, siguen los dictados de los padres en su comportamiento y
en el cumplimiento de los rituales familiares. Esto aconteció hasta los años 60,
en que se produjo un gran cambio en todas las estructuras sociales.
La familia posmoderna, posterior a los 60’, presenta comportamientos
claramente diferentes. La madre comienza a trabajar fuera de la casa y se
debilita la figura del padre. Los hijos ganan en libertad y se debilitan los rituales
de almuerzos y cenas en familia, donde el padre no dirige la conversación, y
sus opiniones son discutidas con libertad, por parte de todos.
Halfon hace referencia a la familia moderna como la familia de Mafalda
y a la familia posmoderna como la familia de los Simpson.
El arquitecto y psicólogo Víctor Álvarez estableció una serie de errores
que se repiten debido a imaginarios internalizados tanto por los usuarios como
los arquitectos:
1- Dormitorios de padres e hijos empaquetados
2- Dormitorios de hijos con escasa superficie
3- Living comedor puramente representacional
4- Cocinas comedor mal organizadas
5- Lavaderos situados en la cocina
6- El estar ligado al acceso único
7- Dobles alturas operando como dispositivos panópticos y de
exposición de la intimidad familiar
8- Carencia de lugares de trabajo, hobbies y actividades lúdicas o de
gimnasia
9- Balcones y terrazas que no cumplen funciones
10-En cuanto a materiales, se exige una revisión de los utilizados
actualmente, en zonas de dormitorios, estar, cocinas, baños (por
ejemplo materiales fríos en contacto con el cuerpo)
Sobre Espacios de interacción en la arquitectura doméstica de Sejima y
Nishizawa
La arquitectura de Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa se caracteriza por
la búsqueda de espacios que permitan variaciones en su uso. Lo cual se
traduce en nuevas relaciones interpersonales.
Es posible identificar las herramientas que utilizan para alcanzar su
objetivo y aplicarlas en el proceso proyectual propio.
Entre 1990 y 1991 Sejima proyecta el Dormitorio de Mujeres
Saishunkan, donde analiza la conexión entre el espacio privado y el
comunitario. La obra se caracteriza por ser un espacio social, es decir, un
espacio del cual cada persona dispone para hacer uso como si fuese propio.
Se evidencia una gran conectividad entre actividades favorecida por la
eliminación de las circulaciones lineales.
El contexto histórico del proyecto está marcado por el inicio de la crisis
económica de Japón en 1992. El período anterior a esta se lo conoce como
economía de la pompa de jabón donde el paisaje de Japón fue dibujado con
grandes edificios procedentes de excedentes económicos, como la Torre de
cápsulas de Nagakin de Kisho Kurokawa y la Sede de la corporación Fuji de
Kenzo Tange.
Esta premisa se repite en conjunto y SANAA crea una arquitectura a
partir del modo de habitar contemporáneo.
En su arquitectura doméstica, entre los años 1992 y 2006, es posible
reconocer distintos tipos de espacios de interacción: espacio vertical múltiple,
espacio equivalente, espacio compartido, espacio descubierto, espacio de
circulación aleatoria, espacio intermedio, espacio contiguo y espacio
fragmentado. Algunas de las herramientas que utilizan para materializar dichos
espacios son la reducción de la estructura, la abertura de amplios huecos en
las paredes, la utilización de las formas curvas o la conexión equitativa y no
jerárquica entre estancias.
Si bien existen numerosas publicaciones acerca de la obra de SANAA
son pocos los escritos propios de los autores que, en su mayoría han sido
recopilados por la editorial El Croquis.
Conceptos de las entrevistas publicadas en la revista a los arquitectos:
El Croquis 77. Alejandro Zaera. Tokio. Febrero, 2000.
Reconsideran la asociación entre programa y forma. Ponen como
ejemplo los Apartamentos Gifu en los que la organización de las viviendas
proporciona la intimidad necesaria para que no se pueda entender qué parte
pertenece a una familia concreta. Hablan de transparencia como método de
diseño.
El Croquis 77. Koji Taki. Tokio. 1996.
Definen su manera de diseñar como proceso continuo. Tienen en cuenta
la tradición y la historia, sin embargo, replantean los supuestos que se dan por
sentado. Definen la arquitectura como la herramienta que permite obtener una
mayor comprensión de la sociedad.
El Croquis 121/122. Campos de juegos líquidos. Cristina Díaz y Efrén
García. Tokio. Verano 2004.
Explican que proyectan con soluciones muy complicadas que
evolucionan hasta convertirse en sencillas y evitan aquellas cuyo resultado
pueda preverse, eligiendo el mayor número de posibilidades.
El Croquis 121/122. Océano de aire. Cristina Díaz y Efrén García. Tokio.
2004.
Hablan de su método de proyecto que consiste en una constante toma
de pequeñas decisiones entre una multitud de alternativas que conducen al
proyecto definitivo. Hacen referencia a la ligereza, que influye en la manera en
la que el espacio es experimentado. En proyectos como el Museo Kanazawa,
el Centro cultural de Almere, el Pabellón de vidrio en el Museo de arte de
Toledo o la Casa en un huerto de ciruelos donde la división entre los elementos
portantes y los cerramientos desaparece, todo es estructural y las cargas se
reparten en elementos de escaso espesor en toda la extensión del edificio.
Hablan sobre la atmósfera, para ellos lo importante no es la materia sino su
efecto en el individuo y buscan una arquitectura generadora de experiencias.
El Croquis 139. Juan Antonio Cortés.
En su arquitectura la relación entre los espacios interiores puede ser por
medio de un espacio intermedio, de paredes de espesor reducido, del uso de
curvas, de la anchura cambiante del espacio o del material. Consideran que los
conceptos arquitectónicos no dependen del tamaño, es decir, se pueden aplicar
unos parámetros a una casa y luego desarrollarlos en un proyecto más grande
o viceversa.
El Croquis 155. Mohsen Mostafavi.
Hablan de la importancia de utilizar la arquitectura como medio de
comunicación.
El Croquis 179/180. Sistemas de continuidad. Inmaculada Malvenda y
Enrique Encabo.
En la actualidad están estudiando la manera en la que se experimenta la
arquitectura desde el exterior y desde el interior creando una continuidad.
Afirman que la arquitectura actual tiene una relación más fuerte con el cuerpo.
Les interesa trabajar con espacios donde las personas puedan encontrarse,
entenderse y respetar sus diferencias. Hacen referencia al espacio intermedio
como herramienta para conseguir una aproximación más gradual a la conexión
interior-exterior cuyo modo de funcionamiento puede ser muy similar al
tradicional engawa.
Libro Casas. Agustín Perez y Sam Chermayeff. Tokio. 2007.
Se habla sobre la función y el espacio multifuncional en su arquitectura.
Emplean la función para crear el edificio pero también el edificio crea la función.
Otros conceptos que se tratan en la entrevista son la importancia de establecer
relaciones con la naturaleza, el significado de transparencia como la creación
de relaciones diversas o el método de proyectar a partir de la decisión paulatina
de reglas o normas que van definiendo el edificio.
Estos son los lineamientos que guían sus proyectos, dentro de los
cuales es preciso hacer foco en los espacios de interacción, que se podrían
definir como una suma de partes iguales contiguas o no y equivalentes entre sí.
Lo primordial es el uso que las personas le dan al espacio y las
posibilidades que este les brinda. Los espacios de interacción se pueden
analizar desde el concepto de vacío de Lao Tse.
“Se moldea la arcilla para hacer la vasija pero de su vacío depende el
uso de la vasija. Se abren puertas y ventanas en los muros de una casa y es el
vacío lo que permite habitarla. En el ser centramos nuestro interés pero del no
ser depende la utilidad”.44
Eider Holgado García escribe acerca de esto en su tesis doctoral:
La casa del vacío está formada por espacios separados entre sí una
distancia o colocados unos junto a otros.
Supone un nuevo punto de vista frente al programa tradicional y permite
nuevas posibilidades de habitar y de crear relaciones. En ella, sus habitantes
pueden deambular por el espacio ya que no existe un único recorrido, pueden
decidir aislarse o interaccionar con el resto y también cómo relacionarse con el
entorno.
La autora establece una comparación entre la casa convencional y la
casa del vacío:
- Si en una casa convencional existe una división entre el espacio
público y el privado, en la casa del vacío aparece el espacio compartido.
- Si en una casa convencional los espacios principales se diferencian de
los secundarios, en la casa del vacío se hace hincapié en el espacio
equivalente, es decir, todas las estancias son igualmente importantes y por
tanto de dimensiones similares.
- Si en una casa convencional, el pasillo es la estancia que de paso al
resto de habitaciones, en la casa del vacío aparece el espacio de circulación
aleatoria, es decir, todas las estancias se pueden habitar y circular a la vez.
- Si en una casa convencional, el interior y el exterior se diferencian
claramente, en la casa del vacío el espacio descubierto se considera una
estancia más.
- Si en una casa convencional todos los espacios tienen una función fija,
en la casa del vacío, hay espacios intermedios sin función fija.
- Si en una casa convencional, los espacios se dividen y
compartimentan, en la casa del vacío, los espacios se relacionan y conectan.
El artista interdisciplinar Marc Rees formuló dos conceptos ligados a la
fricción que existe entre el individuo y el espacio. El primero de ellos, el Host,
que representa al espacio, también su origen no sólo su dimensión física. El
otro, el Ghost, que es la intervención del individuo sobre el anterior.
Se puede resumir la influencia de los espacios en el habitar humano a
partir de las siguientes palabras de la autora:
“El habitante de la casa del vacío puede encontrar un lugar propio pero a
la vez formar parte del conjunto general y del entorno que le rodea sin recurrir a
la división programática tradicional. En el espacio compartido, lo privado y lo
social se mezcla y se confunde, el espacio contiguo propicia la relación entre
personas que se ven obligadas a vivir en estancias conectadas, el espacio
fragmentado crea espacios intermedios donde la gente interactúa y en el
espacio de circulación aleatoria las personas se encuentran por casualidad, al
caminar”.45
Holgado García compara la banda sonora de una película, como influye
de manera inconsciente en los espectadores, con la arquitectura, que
condiciona la vida de las personas, permitiendo, favoreciendo o limitando sus
comportamientos.
La conexión entre el hombre y la naturaleza es cada vez menor, en
parte, esto se debe al vertiginoso ritmo con que se mueve el mundo. Los
espacios que habitamos son cada vez más pequeños y más artificiales.
En la arquitectura de SANAA la naturaleza es de gran importancia.
Utilizan los espacios desbuciertos, ya sea interiores o exteriores, o bien, los
espacios intermedios para hacer resurgir esa conexión perdida. Funcionando
estos espacios como el tradicional engawa japonés.
Sitio
Ubicación del terreno:
Calle Entre Ríos entre San Juan y Mendoza
Clasificación urbana:
Frente urbano - Plan especial San Juan
Altura mínima:
6 metros
Altura máxima:
30 metros
Bibliografía
ELEB, Monique y Anne DEBARRE (1999), Architectures de la vie privée, París,
Éditions Hazan.
EVANS, Robin (1978), “Figuras, puertas y pasillos”, en Traducciones, trad.
Moisés Puente, Gerona, Pre-textos, 2005.
ARENDT, Hannah (1958), A condição humana, trad. Roberto Raposo, Lisboa,
Relógio de Água, 2001.