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Creer es Razonable: Fe y Ciencia

El documento discute la relación entre la fe y la ciencia. Sostiene que la realidad es más compleja de lo que la ciencia puede explicar solo con métodos empíricos. Aunque la ciencia describe aspectos de la naturaleza, no puede responder preguntas sobre el significado de la vida o la existencia de Dios. También argumenta que la fe y la ciencia no necesitan estar en conflicto, sino que pueden ser saberes complementarios que ayudan a comprender diferentes dimensiones de la realidad.
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Creer es Razonable: Fe y Ciencia

El documento discute la relación entre la fe y la ciencia. Sostiene que la realidad es más compleja de lo que la ciencia puede explicar solo con métodos empíricos. Aunque la ciencia describe aspectos de la naturaleza, no puede responder preguntas sobre el significado de la vida o la existencia de Dios. También argumenta que la fe y la ciencia no necesitan estar en conflicto, sino que pueden ser saberes complementarios que ayudan a comprender diferentes dimensiones de la realidad.
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ANEXO: CREER ES RAZONABLE: EL DIÁLOGO FE Y CULTURA

1. INTRODUCCIÓN

En la Carta Apostólica Porta Fidei, el Papa Benedicto XVI afirma, entre otras cosas, lo
siguiente:

“La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este 'estar con él' nos lleva a
comprender las razones por las que se cree” (n. 10).

“No podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no
reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad
definitiva de su existencia y del mundo” (n. 10).

“La fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un
cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de
los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo
entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por
caminos distintos, tienden a la verdad” (n. 12).

Estas reflexiones del Sucesor de Pedro son una invitación a comprender las razones por las
que creemos; a dialogar con nuestros contemporáneos no creyentes que buscan sinceramente el
sentido y la verdad; a afrontar los interrogantes culturales que vienen de reducir la realidad a
realidad científica; a no tener complejos en usar la razón y en mostrar que entre la Fe y la Ciencia
no tiene por qué haber conflictos.
En este trabajo quiero entrar en estas cuestiones de modo que los creyentes profundicemos
en las razones por las que creemos; los que buscan puedan descubrir que creer es razonable y que
responde a los deseos más hondos del corazón (si bien los supera); y todos podamos percibir que
Ciencia y Fe no tienen por qué estar en conflicto, sino que pueden y han de estar en relación.
Para ello trataremos, en primer lugar, cómo la realidad, es decir, lo que existe, es mucho más
que lo visible y experimentable (la hondura de la realidad). Después pasaremos a analizar las
posibilidades y los límites que tiene la razón humana.
Hecho esto estudiaremos cómo en el ser humano hay indicios de apertura a la trascendencia
y cómo la experiencia de creer en Dios no es algo contradictorio con lo que el Hombre es.
Finalmente presentaremos cómo la realidad que nos rodea no es cerrada, sino abierta, cómo
en ella hay señales que nos hacen pensar en un Ser Supremo Creador.
En este último apartado, y en general en toda esta exposición, esperamos poner de
manifiesto que la Fe y la Ciencia no tienen por qué estar en conflicto, sino que son saberes
complementarios.

2. LA HONDURA DE LA REALIDAD

2.1. Mentalidad positivista

Es frecuente leer en algunas publicaciones o escuchar decir a ciertos divulgadores que sólo
la Ciencia nos ofrece la verdad; que la única forma de saber es el saber científico (y, por tanto,
capaz de explicarlo todo); que la Ciencia es totalmente objetiva en sus investigaciones y resultados.

9
De este modo, la Ciencia y la técnica son presentadas como las salvadoras de la humanidad
(Cientifismo).
Esta convicción lleva a la siguiente conclusión: la realidad es igual a la realidad científica, es
decir, todo lo que existe es físico, material, explicable con fórmulas físico-matemáticas.
Si esto es así, la creencia, la fe, es superstición, magia, expresión de una etapa infantil de la
humanidad, ausencia de modernidad. La fe es presentada como falsa, inútil y nociva4.
Estas ideas tienen su origen remoto en la Ilustración, se explicitaron con los grandes
pensadores del siglo XIX (Auguste Comte, Karl Marx, Friedrich Nietzsche, etc.), se fortalecieron
con los grandes avances científicos y técnicos contemporáneos (s. XIX-XX), se han difundido con
los nuevos movimientos filosóficos del siglo XX y han alcanzado la conciencia colectiva del
Hombre occidental5.
Sin embargo, aunque este es el clima cultural en el que vivimos, no han faltado científicos
del más alto nivel, pensadores significativos y filósofos de la Ciencia que han cuestionado esta
mentalidad6.
Más aún, hoy asistimos a una mayor humildad de la Ciencia. Parece que, cuanto más se
investiga con rigor científico, más se reconoce la dimensión desbordante e inaferrable de lo real. La
Ciencia reconoce sus propios límites para comprenderlo todo y percibe que hay 'espacios' en los que
le es imposible entrar7. Descubre, a su vez, que no es tan objetiva como se creía e, incluso, pone en
tela de juicio 'creerse' la salvadora de la humanidad, capaz de resolver todos sus problemas8.

Lo expresa muy bien el Director del Proyecto Genoma Humano y Premio 'Príncipe de
Asturias' de Investigación Científica, Francis S. Collins:

“La ciencia es el único modo confiable de entender el mundo natural, y sus herramientas,
cuando se usan adecuadamente, pueden generar profundas revelaciones en la existencia
material. Pero la ciencia no tiene la capacidad de responder preguntas tales como '¿por qué
el universo llegó a existir?', '¿cuál es el significado de la vida humana?', '¿qué sucede
después de la muerte?'”9.

En conclusión, la realidad tiene un espesor, una densidad y una complejidad mayor de lo que
parece. La Ciencia conoce, y tiene que conocer bien con sus métodos, un aspecto de la realidad (la

4
Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, Sal Terrae, 1986, 201-205.
5
Cf. M. Romero Cid (ed.), Respuestas de la fe a la cultura, Edice, 2009, 28-31.
6
Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 205-214. “La imposibilidad en que se encuentra la ciencia de
satisfacer todas las exigencias del alma humana, ha comenzado a producir ya grandes grietas en la concepción
cientista o cientifista” (M. Moreno Villa – J.C. Suárez Villegas, Filosofía I, MAD, 2007,56).
7
“Se dice con exactitud 'limitación de la ciencia', cuando se la compara con el campo total del saber o de todos los
objetos inteligibles capaces de entrar en el área de la explicación intelectual, pues entonces se comprueba que la
ciencia se limita sólo a cierto orden -aunque vastísimo y complejo- de problemas y a encarar la realidad desde cierto
ángulo, que por naturaleza excluye de su visión toda una serie de realidades irreductibles a su punto de vista” (M.
Moreno Villa – J.C. Suárez Villegas, Filosofía I,62).
8
Las dos guerras mundiales del siglo XX, el lanzamiento de las bombas atómicas en Hirosima y Nagasaki en 1945, el
impacto medioambiental de las nuevas tecnologías, las situaciones de extrema pobreza e injusticia de gran parte de
la humanidad, evidencian la inhumanidad a la que puede conducir la Ciencia y la técnica, y los fines económicos,
políticos o ideológicos por los que se puede mover (Cf. J.R. Ayllón, Filosofía Mínima, Ariel, 2005, 34-35); La
actividad científica incluye intuiciones, sospechas, creencias no demostrables; en ocasiones la realidad es
interpretada con prejuicios no demostrados (Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 207-208); “Sobre
aquellas cosas que la ciencia no sabe simplemente debe callar, y no ponerse al servicio de ideologías. Las lagunas de
la ciencia no se pueden cubrir con actos de fe. Que la ciencia un día averiguará o demostrará tal o cual cosa es una
expresión de fe. Es convertir a la ciencia en algo que no es: una religión, o peor aún una superstición. Lo que la
ciencia no sabe simplemente no lo sabe” (J.A. Herrero Brasas, Dios probablemente existe; en 'El Mundo' 4-2-2009,
17).
9
Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios? La evidencia científica de la fe, Planeta (temas de hoy) 2007, 14.

10
realidad natural, física, biológica...)10, pero no puede alcanzar toda la realidad: hay dimensiones de
lo real que son inaccesibles a la Ciencia; se necesita otro saber y otros métodos para llegar a ellas.

2.2. La hondura de la realidad

La Ciencia se sitúa en el nivel de los fenómenos observables, comprobables y


experimentables. La ciencia describe la realidad. Su pregunta es cómo.
Existen, sin embargo, dimensiones de la realidad que están más allá de lo verificable
científicamente. Es el ámbito de las grandes preguntas que inquietan al ser humano: quién soy yo,
qué va a ser de mí, por qué existe todo en lugar de que no exista nada, qué sentido tiene la vida, qué
es la Justicia, ¿soy realmente libre?, dónde encontrar Felicidad, qué orientación he de dar a mi vida,
por qué he de hacer el bien y evitar el mal, qué es lo bueno – lo que me conviene, por qué existe el
mal y el sufrimiento, por qué las personas tenemos valor absoluto, qué me espera después de la
muerte... Es el nivel de la explicación, del por qué y del para qué11.
Como se puede ver son niveles diferentes de la realidad total, pero no tienen por qué estar en
contradicción, sino en colaboración. Lo expresa así Francis S. Collins:

“Una de las motivaciones más fuertes de la humanidad es buscar respuestas a preguntas


profundas, y necesitamos reunir el poder de ambas perspectivas, la científica y la espiritual,
para fortalecer el entendimiento tanto de lo que se ve como de lo que no se ve”12.

La razón humana entra con vigor en estas cuestiones acuciantes que hemos señalado. Y al
entrar en ellas descubre su grandeza y su limitación. Pascal lo decía muy bien: “El último
movimiento de la razón es reconocer que existen infinidad de cosas que la sobrepasan” 13. Lo afirma
también Edith Stein:

“Cuando el entendimiento alcanza su nivel máximo, se toma conciencia de sus límites: trata
de encontrar la verdad más sublime y última y descubre que todo nuestro saber no es más
que fragmentos. Entonces se rompe todo orgullo y se presentan dos posibilidades: o caer en
10
“Ciencia, en el sentido etimológico de la palabra, es la búsqueda de conocimiento por referencia a las causas de
aquello que se estudia. Por tanto, una búsqueda que no se para en la simple enumeración de hechos, en la colección
de datos, sino que intenta entender. Por eso la ciencia requiere raciocinio (…) En el sentido técnico moderno de la
palabra ciencia (…) se restringe el significado para tratar solamente del estudio de la actividad de la materia que
puede tener comprobación experimental. (…) Se trata pues de un estudio de la materia, de su actividad. Y este
estudio tiene que tener, finalmente, por lo menos en principio una posibilidad de comprobación experimental” (M.
Carreira, Ciencia y Fe ¿relaciones de complementariedad?, Voz de Papel, 2004, 18).
11
“Si pensamos, por ejemplo, en cómo la ciencia moderna, al prever los fenómenos naturales, ha contribuido a la
protección del ambiente, al progreso de los países en vías de desarrollo, a la lucha contra las epidemias y al aumento
de las expectativas de vida, resulta evidente que no hay conflicto entre la providencia de Dios y la acción del
hombre. En efecto, podríamos decir que la labor de prever, controlar y gobernar la naturaleza, que la ciencia hace
hoy más factible que en el pasado, forma parte del plan del Creador. Sin embargo, la ciencia, aunque es generosa, da
sólo lo que puede dar. El hombre no puede poner en la ciencia y en la tecnología una confianza tan radical e
incondicional como para creer que el progreso de la ciencia y la tecnología puede explicarlo todo y satisfacer
plenamente todas sus necesidades existenciales y espirituales. La ciencia no puede sustituir a la filosofía y a la
revelación, dando una respuesta exhaustiva a las cuestiones fundamentales del hombre, como las que atañen al
sentido de la vida y la muerte, a los valores últimos, y a la naturaleza del progreso mismo” (Benedicto XVI,
Discurso a la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia de la Ciencia, 6-11-2006); La misma Ciencia con sus
métodos no puede responder a la pregunta sobre la bondad o maldad de lo que consigue hacer (cuestión ética);
prueba de ello son las investigaciones científicas y tecnológicas puestas al servicio de la guerra y de la destrucción
de vidas humanas. La realidad tiene diferentes niveles: físico-matemático-biológico; psicológico-relacional
(comportamientos, afectos, emociones, intenciones, proyectos...); filosófico-ético (grandes preguntas, Justicia,
Esperanza, Felicidad, Libertad, Bien, Valores...); espiritual-religioso (arte, sabiduría, el alma, Dios, revelación...).
12
Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios?, 14-15.
13
B. Pascal, Pensamientos, 188, Cátedra, 2008.

11
la desesperación o inclinarse para venerar la impenetrable verdad, acogiendo en la humildad
de la fe lo que la actividad natural del entendimiento no puede conquistar”14.

Todo esto nos hace pensar que no es irracional apelar a la Revelación de Dios. Y aquí
estamos en la Fe y en la Teología.
Pero antes de desarrollar más estos temas (posibilidades y límites de la razón; no
irracionalidad de la Revelación) pongamos algunos ejemplos que nos ayuden a comprender mejor
los diferentes niveles de la realidad y la complementariedad de los distintos saberes:

A. La enfermedad:

La Medicina (Ciencia) describe sus causas y propone las curas para recobrar la salud. Y aquí
tiene que obrar con rigor científico y con su método propio.
Pero la persona enferma se pregunta (Filosofía) qué sentido tiene que yo esté enfermo, por
qué el mal y el sufrimiento, qué sentido tienen, ¿habrá una situación de salud plena sin amenaza de
enfermedad? quién me podrá librar de la muerte cuando ésta me llegue. Son preguntas por el
sentido de la enfermedad. Son preguntas que señalan hacia cuestiones explícitamente religiosas
(Hecho Religioso).
La Fe ilumina la situación de enfermedad recordando que en ella compartimos los
sufrimientos de Cristo, y que ésta no tendrá la última palabra sobre la vida.

B. El ser humano:

Las ciencias describen cómo somos biológicamente los seres humanos, cómo hemos llegado
a ser como somos, qué relación genética tenemos con las otras especies, etc.
La razón se pregunta quiénes somos, cómo somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos,
por qué somos cualitativamente diferentes al resto de seres vivos, por qué tenemos dignidad
absoluta y derechos inalienables; y busca las razones.
La Fe proclama que cada ser humano es imagen de Dios, santuario de su presencia,
convocado a la plenitud de Cristo Resucitado.

En conclusión, la realidad no se reduce a lo que se puede percibir con los sentidos, a lo que
se puede medir y experimentar científicamente, a lo que las personas podemos crear, pensar o sentir.
La realidad es profunda y misteriosa.

3. POSIBILIDADES Y LÍMITES DE LA RAZÓN

3.1. Posibilidades de la razón

En primer lugar se tiene que afirmar que la razón humana tiene posibilidades estupendas: No
deja de preguntar, de buscar, de indagar, de comprender. Y esto en el ámbito de las ciencias como de
las grandes preguntas del ser humano. Gracias a ella conocemos mejor la naturaleza y la ponemos a
nuestro servicio. Gracias a ella dominamos lo que puede perjudicarnos. Gracias a ella
comprendemos mejor nuestro mundo y a nosotros mismos.
La razón llega a descubrir huellas, señales, indicios de Dios en el Hombre y en la realidad
creada. Descubre que es legítimo y razonable preguntarse por el Ser Supremo. La razón humana
busca más allá de cualquier límite y se pregunta: ¿existe algo o alguien más allá de lo que podemos
crear, medir, ver y tocar?

14
J. Bouflet, Edith Stein. Filósofa crucificada, Sal Terrae, 2001,96.

12
Por medio de la razón podemos conocer algunas cualidades de Dios: que existe, que es
Creador, que es un Ser personal.

3.2. Límites de la razón

Pero la razón humana es la razón de un ser limitado y, por tanto, experimenta también sus
propios límites.
Para apoyar esta afirmación quiero darle voz a dos exponentes de la Cultura. En primer
lugar a Pedro G. Cuartango, filósofo y periodista, vicedirector de 'El Mundo'. En su columna de los
miércoles, comentando un viaje por la ciudad natal de Kant, Königsberg, y aludiendo al matemático
Euler quien descubrió métodos para generar números primos, nos dice:

“Euler descubrió métodos para generar números primos, pero fracasó en su intento de hallar
una pauta en su secuencia. 'Hay misterios que la mente humana no penetrará jamás', dijo al
respecto. La imposibilidad de penetrar en la lógica de los números primos me lleva a pensar
en los límites del entendimiento humano. Hay fenómenos que no podemos comprender
porque nuestro intelecto es finito y limitado”15.

En segundo lugar, Martin Rees, Presidente de la Royal Society y astrónomo del Reino
Unido; doctor en Astrofísica por Camdbridge; agnóstico. Entrevistado por 'El Mundo' y aludiendo
al origen del Universo dice:

“No comprendemos del todo el inicio de la vida ni cómo se forman los sistemas solares.
Tampoco qué ocurrió en los primeros momentos del Big Bang... Y sí, hay muchas cosas que
todavía no comprendemos. Pero ésta es precisamente la naturaleza de la ciencia. Que las
fronteras de sus conocimientos son más extensas a medida que avanza y hay más preguntas
que puede formular. Pero aun así es interesante preguntarse si hay asuntos que siempre
seremos incapaces de comprender o si por el contrario todo es posible de entender para el
intelecto humano. P: ¿Y los hay? R: No lo sé. Pero es posible que haya asuntos en los que
nunca logremos profundizar. El cerebro de un mono es incapaz de entender los principios de
la física cuántica y hay ideas sobre la física o sobre nuestra consciencia que quizá nos sea
imposible determinar. P: ¿Por ejemplo, lo que ocurrió antes del Big Bang? R: Puede ser.
Entre otras cosas porque cualquier cosas que explique lo que ocurrió antes del Big Bang
requeriría entender las leyes fundamentales de la física y de la naturaleza y trabajar muy
intensamente en una escala puramente teórica. Y eso requería grandes nociones de
matemáticas y geometría. Trabajar con 10 u 11 dimensiones. Y eso quizá nuestro cerebro no
pueda entenderlo jamás”16.

La razón humana no puede comprender totalmente realidades matemáticas y físicas: la


lógica de los números primos; el teorema de la incompletud formulado en 1931 por Kurt Gödel
según el cual en cualquier sistema matemático hay proposiciones que no pueden ser probadas, ni
rechazadas, dentro de los axiomas del sistema 17; la insalvable incertidumbre en la predicción de los
15
Pedro G. Cuartango, Los puentes de Königsberg, en 'El Mundo', 17-3-2012,2. Un número es primo si sólo tiene dos
divisores, el 1 y él mismo. Números primos son, por ejemplo el 1,2,3,5,7,11...
16
El Mundo, 13-7-2009,22.
17
Cf. Carlos Osoro, Conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Oviedo; en
religió[Link], 6-11-2002; Un sistema matemático no consigue probar sus proposiciones primeras. No existe
ningún procedimiento general que demuestre la coherencia de la matemática: hay afirmaciones que son verdaderas,
pero no son demostrables dentro del sistema. Ya B. Pascal en su obra 'Espíritu de Geometría' afirma que es
imposible que se puedan probar todas las proposiciones de la geometría (se tendría que ir hasta el infinito). Esta ha

13
sucesos en el nivel de las partículas más pequeñas (física cuántica)18.
Variados fenómenos psíquicos nos resultan altamente desconcertantes: el origen de la
depresión exógena o de la esquizofrenia, el mundo de los afectos y de la relaciones personales, la
influencia del inconsciente en nuestros comportamientos y en nuestra manera de percibir y entender
la realidad. A esto se añade la dificultad de comprender la personalidad (ninguna teoría explica
globalmente esta misteriosa realidad)19.
La razón humana toca su propia limitación cuando afronta las grandes cuestiones radicales:
el sentido de la vida, por qué de hacer el bien y evitar el mal, el valor absoluto del ser humano, el
misterio del mal y del sufrimiento. Aunque con la razón podemos alcanzar luz sobre estas
preguntas, todas ellas siguen siendo misterios desbordantes e inaferrables para nuestra inteligencia.
Todo esto nos lleva a considerar que no todo lo que el ser humano no comprende deja por
ello de existir; que yo no lo comprenda no quiere decir que no exista.
Podemos concluir afirmando que no es irracional, por tanto, abrirse a la luz que nos llega de
la Revelación divina. Lo afirma Benedicto XVI:

“El hombre no es perfecto en sí mismo; el hombre necesita la relación; es un ser en relación.


Su cogito no puede cogitare toda la realidad. Necesita la escucha, la escucha del otro, sobre
todo del Otro con mayúscula, de Dios. Sólo así se conoce a sí mismo, sólo así llega a ser él
mismo”20.

Podemos aceptar que si Dios existe y habla, su mensaje es fuente de conocimiento, de


verdad y de claridad ante los misterios más hondos de nuestra existencia.

En este sentido la fe no va contra la razón, más aún la salvaguarda 21. Pero sí es cierto que la
fe va más allá de la razón y le abre posibilidades que ésta (la razón) no alcanzaría por sí sola.
También nosotros podríamos hacer nuestras estas afirmaciones:

“La experiencia más hermosa que tenemos a nuestro alcance es el misterio... la certeza de
que existe algo que no podemos alcanzar” (Albert Einstein)22.
de partir de términos y proposiciones que no son definibles ni demostrables. La geometría no define los primeros
términos como son espacio, tiempo, movimiento, número, igualdad, etc. La geometría da por buenas estas
definiciones, no las define ni las demuestra (no a causa de su oscuridad, sino de su evidencia a la inteligencia). Si
esto es así en la razón existe la a-racionalidad, es decir, lo no demostrable por la razón (no irracional que sería lo
absurdo). No todo lo que el Hombre no comprende deja por eso de existir. Que no lo comprendamos no quiere decir
que no exista (Cf. J.J. Garrido Zaragozá, Temas pascalianos, (pro-manuscrito), Facultad de Teología, Valencia, 4-6).
18
Cf. Ian G. Barbour, El encuentro entre ciencia y religión. ¿Rivales, desconocidas o compañeras de viaje?, Sal
Terrae, 2004, 13. 102-134.
19
Es cierto que iremos conociendo más y mejor todas estas realidades, pero a medida que avanzamos descubrimos que
más grande es el misterio de la psique y de la condición humana.
20
Benedicto XVI, Discurso en la clausura de los [Link]. en el Vaticano, 27-2-2010. Para todo en la vida cada persona
concreta ha de abrirse a la escucha del otro (los diversos profesionales competentes, los que han conocido otros
lugares y culturas, lo que me comunica el otro de sí mismo o de mí, etc.) y ha de abrirse a la escucha de Alguien
ilimitado.
21
La postmodernidad ha llegado al extremo opuesto de la Modernidad. Si la Modernidad peca por exceso (el
racionalismo: no hay nada más allá de lo alcanzable por la razón), la postmodernidad lo hace por defecto. Obras
como 'La miseria de la razón' (Isidoro Reguera), 'La razón sin esperanza' (Javier Muguerza), 'La crisis de la razón'
(Francisco Jarauta), evidencian la desconfianza hacia las posibilidades de la razón. Estas obras afirman algo que es
válido, a saber, que un sujeto finito, empírico y condicionado, que posee una razón finita, empírica y condicionada,
sólo puede alcanzar un conocimiento precario de la realidad; pero llegan a considerar irrelevantes las posibilidades
del intelecto humano: 'La razón ha muerto, pero gracias a los postmodernos nadie llevará luto por ella' (Cf. M.
Moreno Villa – J.C. Suárez Villegas, Filosofía I, 42). No es de extrañar que en este ambiente postmoderno asistamos
a publicaciones 'científicas' verdaderamente 'irracionales', llenas de incoherencias, datos falsos y escaso rigor
científico.
22
A. Einstein, Mis ideas y opiniones, 1981, 10; citado en J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 212.

14
“Hemos de hacernos a la idea de que vivimos en un mundo en el que casi todo lo que es
muy importante ha de quedar esencialmente inexplicado” (Karl Popper)23.

4. INDICIOS DE APERTURA A LA TRASCENDENCIA EN EL SER DEL HOMBRE

En lo que llevamos dicho hasta ahora han aparecido ya algunos indicios de apertura a la
trascendencia en el ser humano. Nos detenemos ahora en ellos.
El ser humano descubre en su ser, y en las experiencias que vive, un impulso, una tensión
hacia algo que está más allá de sí mismo y de lo que el mundo puede darle.
Este impulso, esta tensión, es una vía que le puede conducir al descubrimiento de Dios; al
menos a reconocer en su ser una apertura hacia la trascendencia.

4.1. Indicios en el ser del hombre

a) El deseo de una vida plena y total: el ser humano no sólo desea vivir siempre, sino que
desea vivir sin contradicciones, sin límites, sin sufrimientos, sin amenazas; desea una plenitud de
vida que no encuentra en este mundo.

b) El deseo de un amor incondicionado: el ser humano desea un amor y una comunión plena,
perfecta. Y, a la vez, experimenta las rupturas, la incomunicación y la soledad. Experimenta la
soledad incluso en las relaciones más logradas; hay momentos en el que cada persona se encuentra
absolutamente sola consigo misma. Ante estas experiencias se pregunta: ¿habrá alguien con quien
poder dialogar en esos momentos de soledad radical? ¿habrá alguien que me ame perfectamente?

c) La experiencia del conocer: el ser humano es insaciable en la búsqueda de la verdad, en el


conocer siempre más y mejor, en el indagarlo todo. Toda conquista intelectual le abre a nuevas
búsquedas.

d) La experiencia del dolor, la enfermedad y la muerte: el ser humano experimenta su


caducidad (dolor, enfermedad, muerte) y desea salud, integridad, sentido. Ante todo esto se
pregunta: ¿va a triunfar el absurdo y la oscuridad? ¿hay alguien que me rescatará de la muerte, que
me podrá devolver la vida?

e) Las injusticias sufridas: delante de tanta injusticia, de tantas víctimas machacadas y


olvidadas, el ser humano se pregunta: ¿habrá alguien que pueda hacer justicia a las víctimas de la
Historia? ¿quedarán derrotadas para siempre?24

4.2. El drama de la finitud

Todos los indicios que hemos indicado se concentran en el drama de la finitud que vive el
ser humano.
El ser humano tiene deseos ilimitados de infinito, ansía la perfección y la completez en la
vida, la belleza, el amor, la libertad y la felicidad; y, a la vez, experimenta que todas sus
realizaciones son finitas, limitadas, precarias, caducas, imperfectas, incompletas.
Así las cosas el Hombre se pregunta: ¿existe alguien perfecto, no limitado, infinito,
totalmente completo? ¿me puede sacar de esta contradicción? Si yo reconozco que mi ser es
23
K. Popper – J. Eccles, El yo y su cerebro, Labor, 1993, 622.
24
Si no hay resurrección de los muertos, si no hay jucio final, las víctimas no serán reparadas.

15
limitado y efímero ¿existirá algún ser que tenga la plenitud de todas las perfecciones y que pueda
ser mi sostén y mi fundamento? ¿Por qué la felicidad me es tan necesaria y no puedo poseerla
plenamente?25.
Cuando el ser humano se para y se mira a sí mismo en profundidad, puede leer en su interior
esta sed de infinito que lleva dentro y que le empuja a ir más allá, hacia Alguien que pueda
colmarla26.
Quizá en el mundo de ruido y de dispersión en el que vivimos no sea fácil este 'pararse' y
'mirarse a sí mismo en profundidad', de ahí la importancia de favorecer tiempos y lugares donde el
Hombre contemporáneo pueda hacer esta experiencia.

4.3. En el ser humano hay un misterio que lo trasciende

Todo lo que venimos diciendo pone de manifiesto que en el Hombre hay un misterio que lo
trasciende, es decir, que el Hombre no se agota en sus cualidades físico-biológicas ni en sus
necesidades fisiológico-psicológicas. En él hay un ‘hambre’ insaciable de cumplimiento y de
plenitud que ninguna realidad de este mundo puede colmar.
La emoción ensalzante ante la belleza artística, la solidaridad humana incluso con riesgo de
la propia vida, la superación del sin sentido de la muerte, la alegría experimentada en el dolor, la
capacidad de preguntar y de buscar en la realidad, el emerger de las preguntas decisivas de la vida,
la búsqueda apasionada del Bien y de la Verdad, la capacidad y la decisión de perdonar, la pregunta
por Alguien que esté más allá de todo cuanto existe, la contemplación de la naturaleza, la
autoconciencia de sí mismo, el sentimiento maduro de culpa, la libertad 27… son signos evidentes de
que en el hombre hay un misterio que lo trasciende28.
La experiencia de este anhelo profundo, de esta hambre de plenitud es descrita
magistralmente por Francis S. Collins:

“En mi primera adolescencia tuve momentos ocasionales en que sentí un anhelo por algo
exterior a mí, a menudo asociado con la belleza de la naturaleza o una experiencia musical
particularmente profunda”.
“Cuando tenía como diez años, recuerdo haber sido transportado por la experiencia de ver a
través de un telescopio que un astrónomo aficionado colocó en un campo alto en nuestra
25
“Deseamos una felicidad cada vez mayor, duradera, que nunca termine… y, sin embargo, experimentamos que se
nos escapa de las manos… Toda alegría y felicidad que vivimos señala Algo que está más allá de ella misma, y nos
permite desear una alegría que no existe en este mundo. Este deseo, esta ansia, llevaría al vacío si no pudiera ser
satisfecha. En definitiva, sólo hay dos opciones o Dios o la falta de sentido” (W. Henze, La belleza de la fe, Edibesa,
2008, 19-20).
26
Cf. Benedicto XVI, Audiencia General. Las vías que llevan al conocimiento de Dios, 14-11-2012; “Con su apertura
a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración
al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En todo esto se perciben signos de su
alma espiritual” (Catecismo de la Iglesia Católica, 33).
27
De la carta de S. Freud a su amigo J. Putman: “Cuando me pregunto por qué me he esforzado siempre
honradamente por ser indulgente y, en lo posible, bondadoso con los demás, y por qué no cesé de hacerlo cuando
advertí que tal actitud causa perjuicios a uno y le convierte en blanco de golpes, dado que los otros son brutales y
poco de fiar, no encuentro una respuesta” (citado en C. Diaz, Dios, en A. Torres Queiruga, 10 Palabras clave en
Religión, Verbo Divino, 1997, 38).
28
Más tarde o más temprano el ser humano se topa con las preguntas radicales de su existencia: ¿quién soy yo? ¿qué
va a ser de mí? ¿por qué he nacido? ¿por qué he de morir? ¿qué sentido tiene el dolor y el mal? ¿hay algo o alguien
que me espere más allá de las puertas de la muerte? ¿quién puede ocupar mi soledad como presencia cuando nadie
puede colmarla? ¿qué puede satisfacer mi deseo cuando nada de este mundo llega a satisfacerlo? ¿quién me puede
perdonar todos mis errores y miserias sin avergonzarse de mí? ¿quién puede cargar con el peso de mi culpa y
librarme de ello? ¿quién puede enjugar mis lágrimas? ¿hay en algún lugar una vida plena sin amenazas, una salud
física y mental que no se quebrante nunca? ¿quién podrá hacerme justicia ante los atropellos sufridos? ¿el final de
todo va a ser el llanto y el absurdo? ¿puede tener la muerte la última palabra sobre la existencia humana y sobre la
historia?

16
granja, cuando tuve la sensación de la vastedad del universo y vi los cráteres de la luna y la
maravillosamente diáfana luz de las Pléyades. A los quince, recuerdo una Nochebuena en
que el contrapunto de un hermoso villancico de Navidad se elevaba dulce y verdadero sobre
la melodía más familiar, dejándome con una sensación de inesperado sobrecogimiento y un
anhelo por algo que no podía nombrar”.
“Mucho más tarde, siendo un estudiante graduado y ateo, me sorprendió la experiencia de la
misma sensación de sobrecogimiento y anhelo, esta vez mezclada con una particular
sensación de dolor, al escuchar el segundo movimiento de la Tercera Sinfonía Heroíca de
Beethoven. Mientras el mundo lloraba la muerte de los atletas israelíes asesinados en los
Juegos Olímpicos de 1972, la Filarmónica de Berlín tocaba las poderosas notas de este
lamento en do menor en el estadio olímpico, mezclando juntos nobleza y tragedia, vida y
muerte. Durante unos momentos me sentí elevado de mi concepción materialista del mundo
hacia una dimensión espiritual indescriptible, una experiencia que me resultó realmente
sorprendente”.
“Más recientemente, para un científico que en ocasiones tiene el notable privilegio de
descubrir algo que antes no era conocido por el ser humano, existe una clase especial de
alegría asociada con esa clase de vislumbres de percepción. Habiendo percibido el
resplandor de la verdad científica, encuentro a la vez una sensación de satisfacción y un
anhelo de comprender una Verdad aún más grande”29.

Ante esta experiencia del ser humano se ha planteado una objeción incisiva: este anhelo
universal de trascendencia, esta búsqueda de un Ser Superior que se da en todas las culturas
¿carecen de fundamento pues no hay nada que les de sentido?
La objeción fue planteada especialmente por Ludwig Feuerbach y por Sigmund Freud 30. El
primero afirma que la idea de Dios es un producto del Hombre, de sus deseos y necesidades; el
Hombre creará a Dios como reflejo de sí mismo. Freud explica de este modo el origen y la esencia
de la religión: Dios es sólo el padre sublimado; la religión sería únicamente la satisfacción ilusoria
de unos deseos reales de todo Hombre.
Ante esta crítica se puede objetar lo que sigue31: ¿no sería el ateísmo una proyección del
propio deseo de que Dios no exista?. La argumentación psicológica no prueba la existencia o no de
Dios; el influjo de factores psicológicos en la religión no supone necesariamente que Dios no exista.
Discípulos de Freud como C. Jung y seguidores suyos como E. Fromm y V. Frankl se distanciaron
explícitamente del maestro al considerar seriamente la existencia de Dios y valorando positivamente
el hecho religioso. Si Dios fuese fruto de la fantasía a semejanza del 'padre', daría lugar a una clase
de Dios muy diferente del que habla la Biblia. “¿Por qué existiría un hambre tan universal y
exclusivamente humana si no estuviera conectada con alguna oportunidad de ser satisfecha?”.
“¿Pudiera ser que este anhelo por lo sagrado, que es un aspecto universal e intrigante de la
experiencia humana, no fueran buenos deseos, sino un indicio que señalara hacia algo superior a
nosotros?”32.

4.4. Gratuidades

Finalmente el ser humano observa y vive que existen realidades que él no puede darse a sí
mismo, sólo las puede recibir como don: el venir a la existencia; que alguien te ame; mantenerte en
la vida: para seguir viviendo necesitas alimentarte con algo que no está en ti, sino que viene de
29
Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios?, 23. 43-44. 44.
30
Cf. E. Escudero Torres, Creer es razonable. Fenomenología y filosofía de la religión, Siquem, 2002, 124-127. 155-
158.
31
Cf. E. Escudero Torres, Creer es razonable, 127-128. 159-161; Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios?, 45-47.
32
Francis S. Collins, ¿Cómo habla Dios?, 46. 46-47; “Las criaturas no nacen con deseos a menos que exista
satisfacción a esos deseos” (C. Lewis, Mero Cristianismo, Rialp, 2007).

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fuera de ti, luego en ti no está el fundamento de seguir en la vida, pues si dejas de comer te mueres.
Estas experiencias ponen de manifiesto hasta qué punto el ser humano depende de seres que no son
él: del alimento (de los frutos del planeta: agua, vegetales, animales) de las relaciones (para venir a
la vida, para ser protegido en la infancia, para vivir con sentido…)
Más aún, hay situaciones en las que nosotros no tenemos ningún poder: ser perdonados de
nuestras faltas; transformar el mal en bien; cambiar la oscuridad de la muerte en vida.

4.5. Conclusión

Después de este recorrido por los indicios de apertura a Dios en el ser del Hombre podemos
señalar que en el ser humano hay una dimensión de trascendencia, un impulso hacia alguien en
quien descansar plenamente, una tensión a ir más allá de sí mismo y de lo que este mundo puede
ofrecerle: el vacío y la insatisfacción que vive la persona humana no se sacia con ningún agua.
Luego la pregunta por Dios, desearlo, buscarlo, poder encontrarlo es legítima y razonable.
Que Dios exista no contradice el ser del Hombre y sus anhelos más profundos, más aún, su
existencia colma de plenitud al ser humano.
En el ser del Hombre vemos señales, indicios, huellas que indican la posibilidad de la
existencia de Dios; en el Hombre se desvela un camino, una vía que conduce al Misterio.

5. INDICIOS DE DIOS EN LA REALIDAD

Hablando de la hondura de la realidad y de las posibilidades y límites de la razón humana


hemos aludido ya a algunos temas de la Ciencia en relación con la Fe. Allí ha quedado claro cómo
lo real no es igual a lo verificable empíricamente y cómo la Ciencia es más humilde en su
pretensión de comprender y explicar toda la realidad. Ahora pasamos a abordar algunas áreas en las
que la realidad material estudiada por las ciencias físico-matemáticas presenta una apertura a lo que
está más allá de ella misma.
No se va a hablar de pruebas científicas, pues el método científico se aplica en una
dimensión de la realidad y ya se ha dicho cómo no es adecuado para explicar otros aspectos de lo
real. Pero sí vamos a indicar vías y caminos que se pueden recorrer con rigor racional y que
muestran que no es irracional la existencia de Dios: la realidad requiere un fundamento que no
puede darse a sí misma.

5.1. La nueva actitud de los científicos

Hay que reconocer que existen muchos científicos ateos e incluso beligerantes frente a la
cuestión de Dios y de la apertura de la realidad a algo que esté más allá de ella misma. Ejemplos
conocidos son C. Sagan o R. Dawkins. El cientifismo sigue imperando en amplios sectores de la
Ciencia y de la Filosofía33.
También ocurre que científicos como el astrofísico S. Hawking, nada convencidos de la
existencia de Dios, son miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias y participan en sus
reuniones anuales.
Pero también es cierto que muchos científicos, de siglos pasados y de la actualidad, se
reconocen creyentes en Dios y no viven en contradicción el ser hombres de Ciencia y tener Fe.
Otros muchos no consideran que haya oposición entre la Ciencia y la Religión. Ejemplos conocidos
son: Copérnico, Galileo, Newton, Mendel, Max Planck, Francis S. Collins, William Daniel
Philips34, Francisco J. Ayala, Manuel Carreira, etc.
33
Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Crisis y apología de la fe. Evangelio y nuevo milenio, Sal Terrae, 1995, 116-136.
34
Premio Nobel de Física en 1997 por el desarrollo de métodos para enfriar y capturar átomos por laser.

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Más aún, un buen grupo de científicos, especialmente los que estudian el Universo y la
Evolución, se hacen preguntas filosóficas. Ante la maravilla de la realidad natural que estudian
quedan sobrecogidos y se interrogan no sólo por el cómo, sino también por el por qué35.
Se puede afirmar, incluso, que las relaciones entre la Ciencia y la Fe, marcadas demasiadas
veces por el conflicto y la independencia, hoy viven una relación de diálogo y de integración 36. La
Astronomía, las implicaciones de la Física cuántica, la Evolución, la Neurociencia y la
Antropología, son áreas del desarrollo científico en las que se da este encuentro entre Fe y Ciencia.
Cuando la Ciencia y la Fe respetan sus métodos propios y buscan lealmente la verdad se
suelen encontrar y se enriquecen mutuamente37.
Hoy llama la atención cómo la belleza de lo que existe, el orden que se observa en el
Universo, la armonía y complejidad de las leyes físicas 38, en definitiva, la estructura racional del
mundo, revelan la existencia de una Razón creadora. Albert Einstein lo expresa de este modo: (en
las leyes de la naturaleza) “se revela una razón tan superior que toda la racionalidad del
pensamiento y de los ordenamientos humanos es, en comparación, un reflejo absolutamente
insignificante”39.
Muy significativo al respecto es lo que contó Benedicto XVI a los seminaristas de Roma:

“Hace poco me escribió un profesor de Ratisbona, un profesor de física, que había leído con
gran retraso mi discurso en la Universidad de Ratisbona, para decirme que no podía estar
de acuerdo con mi lógica o podía estarlo sólo en parte. Dijo: 'Ciertamente me convence la
idea de que la estructura racional del mundo exija una razón creadora, la cual ha hecho esta
racionalidad que no se explica por sí misma'. Y proseguía: 'Pero si bien existe un demiurgo
-se expresa así-, un demiurgo me parece seguro por lo que usted dice, pero no veo que exista
un Dios amor, bueno, justo y misericordioso. Puedo ver que existe una razón que precede a
la racionalidad del cosmos, pero lo demás no”40.

En este testimonio constatamos cómo un físico, al observar la realidad física con rigor
científico, puede pensar que la racionalidad que ve sólo es explicable si existe una Razón creadora.
Considerar que ésta sea Amor es algo que sólo se puede saber si ella nos lo muestra (y esto es ya
Revelación y Fe).
Dos hechos más conmueven las convicciones de muchos científicos: en primer lugar la
intencionalidad o dirección que se observa en el nacimiento y el desarrollo del Universo hasta hacer
posible la existencia de la vida racional en la tierra41.
En segundo lugar el que la matemática, que es una invención del espíritu humano, es a la
vez el lenguaje de la naturaleza. Parece casi increíble que coincidan una invención de la inteligencia
35
Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 205-217.
36
Cf. Ian G. Barbour, El encuentro entre ciencia y religión. ¿Rivales, desconocidas o compañeras de viaje?, Sal
Terrae, 2004.
37
Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 214-217. Muchas veces los conflictos vienen porque se parte de
presupuestos no probados como la no existencia de Dios (prejuicios), o por intentar responder a preguntas
filosóficas con las herramientas del método científico. Los conflictos nacen también de la interpretación literalista de
la Biblia que realizan algunos grupos radicales o por querer abordar problemas científicos con los métodos
filosóficos o teológicos.
38
“Como parte del argumento cosmológico se suele incluir el misterio que representan las leyes de la física, su
carácter arbitrario y el hecho de que todas, en su inconcebible complejidad, estuvieran en pleno funcionamiento
desde el primer instante del Big Bang (de lo contrario la expansión del Universo no podría haber tenido lugar). Una
mera roca, la pura materia, si es que eso es lo único que hay, no tiene capacidad para inventar leyes de semejante
complejidad y ponerlas en marcha en el mismo momento de su nacimiento” ( J.A. Herrero Brasas, Dios
probablemente existe; en 'El Mundo' 4-2-2009, 17).
39
A. Einstein, Il Mondo come lo vedo io, Roma, 2005; citado por Benedicto XVI, Audiendia General. Las vías que
llevan al conocimiento de Dios, 14-11-2012.
40
Benedicto XVI, Lectio divina en el Pontificio Seminario Romano, 12-2-2010.
41
Cf. M. Carreira, Ciencia y Fe, 32-33; J. Guitton, Dios y la Ciencia. Hacia el metarrealismo, Debate, 1994, 60-65.

19
humana y la estructura del universo42.
Vamos ahora a abordar brevemente algunos temas, no todos, de la relación Fe y Ciencia.

5.2. Hay realidades que no se pueden ver con los ojos

Como venimos diciendo, hay realidades no medibles empíricamente, no reducibles a


fórmula matemática, no visibles sensiblemente y, sin embargo, influyen muchísimo en la vida: las
intenciones y deseos profundos (de felicidad, de comunión…); los sentimientos y las emociones (la
soledad, la frustración, la insatisfacción, la alegría, el gozo, la plenitud); el impulso de buscar la
verdad; los vínculos de afecto, el amor por alguien; la esperanza, la felicidad, el sufrimiento.
Estas realidades se pueden sentir, pero no se pueden ver; quien no las siente no las entiende
(los varones no podemos comprender lo que siente una mujer al esperar en su seno un hijo, ni el
vínculo que entre ambos se establece); de ellas vemos sólo indicios, huellas, señales43.
El sentido de la vida, los valores éticos, los conceptos de Justicia, Libertad, Amor,
Esperanza, el sufrimiento humano, la razón, el alma humana, la expresión artística y la belleza, la
solidaridad y la entrega de sí mismo... son realidades que superan el método científico-técnico.
Existen asuntos de vital importancia en la vida de las personas que no se pueden demostrar
científicamente, sólo se pueden mostrar, revelar y sólo se pueden creer: el amor que alguien te tiene
sólo se puede mostrar (‘te quiero’) y sólo se puede creer (¿me quieres?); la intimidad de otra
persona sólo se puede conocer si él lo dice; y yo sólo puedo creerle44.

5.3. Las preguntas radicales al observar la realidad física

En las Ciencias el ser humano no inventa la realidad, sino que la descubre, la investiga, la
conoce y la modifica siguiendo sus leyes.
Al realizar esta tarea el científico se plantea preguntas sobre el sentido, el fin, el ser, es decir,
preguntas filosóficas que superan las posibilidades del método y del saber científico: ¿cuál es el
origen de la realidad que observo y que he descubierto? ¿quién o qué le ha dado el ser? ¿qué sentido
tiene que exista? ¿por qué existe todo lo que existe en lugar de que no exista?

42
“El gran Galileo dijo que Dios escribió el libro de la naturaleza con la forma del lenguaje matemático. Estaba
convencido de que Dios nos ha dado dos libros: el de la Sagrada Escritura y el de la naturaleza. Y el lenguaje de la
naturaleza -esta era su convicción- es la matemática; por tanto, la matemática es un lenguaje de Dios, del Creador.
Reflexionemos ahora sobre qué es la matemática. De por sí, es un sistema abstracto, una invención del espíritu
humano que como tal, en su pureza, no existe. Siempre es realizado de forma aproximada, pero, como tal, es un
sistema intelectual, es una gran invención -una invención genial- del espíritu humano. Lo sorprendente es que esta
invención de nuestra mente humana es realmente la clave para comprender la naturaleza, que la naturaleza está
realmente estructurada de modo matemático, y que nuestra matemática, inventada por nuestro espíritu, es realmente
el instrumento para poder trabajar con la naturaleza, para ponerla a nuestro servicio, para servirnos de ella mediante
la técnica. Me parece casi increíble que coincidan una invención del intelecto humano y la estructura del universo: la
matemática inventada por nosotros nos da realmente acceso a la naturaleza del universo y nos permite utilizarlo. Por
tanto, coinciden la estructura intelectual del sujeto humano y la estructura objetiva de la realidad: la razón subjetiva
y la razón objetivada en la naturaleza son idénticas. Creo que esta coincidencia entre lo que nosotros hemos pensado
y el modo como se realiza y se comporta la naturaleza, son un enigma y un gran desafío, porque vemos que, en
definitiva, es 'una' la razón que las une a ambas: nuestra razón no podría descubrir la otra si no hubiera una idéntica
razón en la raíz de ambas” (Benedicto XVI, Encuentro con los jóvenes de Roma, 6-4-2006).
43
Con un microscopio puedo ver las células, pero no puedo ver la intención que mueve a mirar por él. A Dios no se le
puede ver, pero se puede sentir su Presencia (silenciosa, enigmática y dulce) y escuchar su voz.
44
“La cualidad más apreciable del saber científico es la exactitud. Pero, en rigor, la exactitud no es una condición
esencial a toda verdad; la exactitud sólo puede existir cuando se habla de objetos cuantitativos, es decir, a lo que es
susceptible de contarse y de medirse. Pero ¿es posible medir la belleza? ¿Es posible medir los sentimientos
humanos?” ( M. Moreno Villa – J.C. Suárez Villegas, Filosofía I, 69).

20
5.4. El origen del Universo

La común aceptación en el mundo científico de la teoría del Big-Bang sobre el origen del
Universo y de la teoría del Big-Crunch sobre su final plantea preguntas radicales: ¿qué había antes
del primer átomo? ¿quién le ha dado la existencia? ¿quién lo ha puesto en funcionamiento? ¿qué
nos espera al final del tiempo? ¿hay algo o alguien más allá de los límites del Universo?
De aquí brota una pregunta mucho más radical: ¿existe un Ser que no ha sido creado por
nadie y que es el origen y la causa de todo cuanto existe? ¿existe un Ser que tenga en sí mismo la
plenitud del Ser y, por tanto, la cualidad de haber existido siempre y de no depender de ningún otro
ser anterior a él? ¿existe alguien cuyo ser no lo recibe de nadie? Así responde Manuel Carreira:

“A la pregunta instintiva acerca de qué hubo antes, la Teoría de la Relatividad responde con
un desconcertante ‘no hubo antes’. El tiempo y el espacio son parámetros íntimamente
ligados a la materia, y no tiene sentido preguntar ni dónde ni cuándo aparece ésta. Se hace
necesario, en consecuencia, aceptar un comienzo total de toda la realidad que estudia la
física: partículas, energía, vacío físico, espacio y tiempo. Cualquier realidad lógicamente
previa –no temporalmente- será de otro orden, independientemente del marco espacio-
temporal y de las actividades que definen a la materia: será inmaterial –espiritual- y la física
nada podrá decir de ella (…) Ninguna potencia limitada puede hacer que exista algo sin
algún tipo de materia prima para construirlo (…) Es, pues, la afirmación científica de un
comienzo temporal una base claramente indicativa de un acto creador y de la necesidad de
un Ser inmaterial, causa suficiente de cuanto existe en el universo”45.

5.5. El orden que se observa en la naturaleza

Una de las características que se observa en todo cuanto existe es que el mundo es una
entidad ordenada hasta en los detalles más pequeños: en el Universo, en el microcosmos de las
partículas, en los organismos vivos simples y complejos, en el ser humano, se observa un orden, una
armonía.
Junto a ello se observa cómo el Universo y la misma Evolución muestran tener una
finalidad, una dirección, una intención: la aparición de la vida inteligente.
Todo esto hace que aparezcan preguntas de gran calado: ¿por qué la naturaleza produce
orden? ¿de dónde proviene el orden que observamos? ¿qué finalidad hay en la materia? ¿quién ha
puesto intencionalidad a la materia en la evolución? ¿por qué ha triunfado el orden en lugar del caos
cuando desde el punto de vista estadístico tenía infinitamente más posibilidades de no surgir?
Si hay finalidad, si hay intención tiene que existir un Ser inteligente, pues la materia no tiene
intenciones y finalidades.
Delante de este fenómeno del orden que se observa en la naturaleza y de las preguntas que
emergen, algunos científicos proponen que el orden que observamos es fruto del puro azar, no es
nada más que un golpe de suerte.
Sin embargo esta opinión es contradicha por una serie de realidades:

- Las condiciones, desde el origen del Universo, para que exista la vida inteligente en
nuestro planeta son de alta precisión; si una sola de estas condiciones hubiese variado en una
proporción mínima, no habría sido posible la vida inteligente en la Tierra46.
45
M. Carreira, Ciencia y Fe, 50-51. Tenemos que diferenciar entre Inicio (el primer momento de la cadena de un
fenómeno – Ciencia) y Origen (el fundamento, lo que permite tal fenómeno – Filosofía).
46
“Una vez tras otra se llega a la consecuencia asombrosa de que cualquier cambio en los parámetros de la materia o
de las condiciones iniciales tendría como consecuencia que no habría vida inteligente en ninguna parte. Cambiando
la densidad del universo, el valor de la fuerza gravitatoria, el valor de la fuerza nuclear fuerte, el valor de la fuerza
nuclear débil, la masa del protón o del electrón, se llega una y otra vez a la misma consecuencia: no podría darse

21
- J. Monod, uno de los defensores del azar, afirma que hay cuestiones no resueltas por una
biología azarosa: la singularidad del lenguaje simbólico, el desarrollo excepcional del sistema
nervioso central del ser humano, las cuestiones éticas y los valores47.
- La posibilidad de que el origen de la vida con la aparición del ADN sea el puro azar es
altamente improbable: el mismo ADN contiene la información para poder autorreproducirse, luego,
anteriormente a él esta autoreproducción no es posible. Hoyle ha hecho el cálculo matemático del
índice de probabilidad que tiene la vida de surgir de forma azarosa: “la probabilidad de que se
produzca por casualidad una sola de las 200.000 proteínas que se dan cita en el cuerpo humano es
igual a la que tiene una persona de resolver a ciegas el cubo de Rubik; pensar que el edificio de la
vida se ha levantado al azar es tan irracional como esperar que un tifón recomponga correctamente
un Boeing 747 despiezado y convertido en chatarra”48. Existen científicos que aseguran que si todo
cuanto existe fuese fruto del azar, el Universo todavía estaría ensayando posibilidades para dar con
las formas más sencillas.
- Y, finalmente, podemos preguntarnos en qué recodo del devenir cósmico habría gestado el
azar su contrario, es decir, la libertad.

Además, tenemos que perderle el miedo 'al azar' y esto, al menos , por tres motivos:

1. Ian Hacking, en su libro 'La domesticación del azar' habla de que el azar tiene sus propias
leyes (luego una lógica, una finalidad).
2. El azar es expresión de que el ser es contingente y, por tanto, necesitado de un ser no-
contingente (ser necesario) que le dé el ser y le mantenga en él.
3. No hay contradicción entre el azar y la existencia de un Dios Creador que se puede servir
de él para realizar su obra (azar físico y Dios están en niveles diferentes)49.

En conclusión, el origen, el fin y el desarrollo del Universo, el orden que observamos en la


naturaleza y la finalidad/intencionalidad de la evolución del Universo y de la vida, son indicios de
algo más allá como origen y dador de finalidad de todo cuanto existe, de una Inteligencia Creadora.
La existencia de Dios no es ‘irracional’ en la actual explicación científica del Universo y de
toda la realidad existente.
Al fin y al cabo sólo nos quedan dos alternativas: o existe una Inteligencia Creadora, un
origen superior, una finalidad, un sentido, una meta, una racionalidad; o no existe tal Inteligencia
Creadora y, por tanto, nos precede, nos espera, y nos acompaña la nada, el caos, el absurdo, el
vacío, la irracionalidad.

5.6. La Teoría de la Evolución y la Creación

La Teoría de la Evolución y la Fe cristiana en la Creación por Dios no son contradictorias:


Dios ha podido crear un Universo en evolución y haberle dado el impulso para que fuesen
emergiendo todos los seres inorgánicos y vivientes, incluido el ser humano.
Tenemos que indicar que el Magisterio Pontificio y otros documentos oficiales de la Iglesia
Católica no sólo no rechazan la Teoría de la Evolución, sino que la consideran mucho más que una

vida inteligente” (M. Carreira, Ciencia y Fe, 32-33).


47
Cf. J.L. Ruiz de la Peña, Las Nuevas Antropologías. Un reto a la teología, Sal Terrae, Santander, 1983, 82-85.
48
J.L. Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, 236.
49
“Aunque el azar tenga una influencia real en el desarrollo de la vida y en la aparición del ser humano, esto no
supone ninguna objeción a que el hombre sea un ser espiritual y querido por el Creador. Dios está por encima de
toda la causalidad natural y puede servirse del azar, como de las otras leyes naturales, para la realización de sus
designios” (Curso online 'El origen del Hombre', en [Link]/cryf).

22
mera hipótesis50.
El Magisterio eclesial y la Teología católica son críticos con las teorías evolucionistas que
son materialistas y reduccionistas, pues son incapaces de fundamentar la especial y original
condición del ser humano (su dignidad y valor) y prescinden de la providencia de Dios.
Pero no todos los que aceptan la Evolución y estudian su desarrollo son reduccionistas y
materialistas. Hay teorías de la evolución compatibles con la fe51.
En este problema no hemos de olvidar que tienen que ser los científicos quienes con
métodos experimentales describan la Evolución de las especies y del ser humano. En esto ni la
Filosofía ni la Teología tienen nada que decir.
Pero es precisamente en esta tarea en la que los propios investigadores de la Evolución
plantean conclusiones científicas y preguntas filosóficas muy sugerentes y en las que la Fe sí tiene
algo que aportar: ¿cuál es el motor de la Evolución? ¿cómo explicar los saltos más grandes e
importantes? ¿cómo puede surgir de lo menos perfecto lo más perfecto? ¿qué o quién le ha dado
finalidad, proyecto, sentido a la Evolución si la materia no tiene intencionalidad? ¿en qué momento
y cómo la Evolución ha creado su contrario, es decir, la idea del amor al enemigo? ¿por qué y cómo
en la Evolución de lo puramente material surge lo espiritual: pensamiento abstracto, pensamiento
simbólico, auto-conciencia, libertad?

5.7. Conclusión

Todo lo que venimos diciendo concluye en la cuestión del ser humano: de qué está hecho,
por qué es valioso.

Si Dios existe: además de la materia existe espíritu; existe un origen y una meta (un sentido
y un significado para la existencia y para la Historia); se explica el origen del Universo y la
finalidad de la Evolución; en el ser humano hay un ‘quid’, un algo meta-material52 (más allá de la
materia) que lo hace único, original, singular, irrepetible y que es el fundamento de su valor
absoluto y de que, por tanto, no sea lo mismo un individuo de la especie humana que cualquier otro
individuo animal o una máquina.

Si Dios no existe: sólo existe la materia; quedan sin respuesta las preguntas sobre el origen y
el fin, sobre el orden y la finalidad del Universo y de la Evolución; el ser humano es sólo biología-
química-física y, por tanto, un ser igual a todos los demás seres, luego con el mismo valor que ellos;
si la libertad y la autoconciencia se reducen a leyes físicas desaparecen las libertades sociales y la
responsabilidad personal53.
La posible existencia de Dios es razonable para comprender los misterios del Universo y de
la vida; es fundamento de la plenitud del ser humano y de su dignidad.

50
Cf. Juan Pablo II, Mensaje a la Academia Pontificia de las Ciencias, 22-10-1996; CTI, Comunión y servicio: La
persona humana creada a imagen de Dios, BAC (documentos) 2009, n. 62-70.
51
“Un grupo cada vez mayor de científicos críticos respecto al neodarwinismo señala, en cambio, evidencias de un
designio (por ejemplo, en las estructuras biológicas que muestran una complejidad específica) que, según ellos, no
puede ser explicado en términos de un proceso meramente contingente” (CTI, Comunión y servicio, n. 69).
52
El alma o espíritu no es visible porque es espiritual, pero se pueden observar huellas de su presencia: ¿cómo puede
la carne material y mortal desear la inmortalidad, desear lo eterno? ¿de dónde proviene la experiencia de no ser
saciados nunca por nada de este mundo y el deseo de una plenitud que aquí no encontramos (sobre todo porque la
materia satisface pronto sus necesidades)? ¿dónde tiene su origen el amor al enemigo? La libertad, la
autoconciencia, la conciencia ética, el lenguaje simbólico son huellas del alma inmortal en el ser humano.
53
“Dios o existe o no existe. Hay sólo dos opciones. O se reconoce la prioridad de la razón, de la Razón creadora que
está en el origen de todo y es el principio de todo -la prioridad de la razón es también la prioridad de la libertad- o se
sostiene la prioridad de lo irracional, por lo cual todo lo que funciona en nuestra tierra y en nuestra vida sería sólo
ocasional, marginal, un producto irracional; la razón sería un producto de la irracionalidad” ( Benedicto XVI,
Encuentro con los jóvenes de Roma, 6-4-2006).

23
Hemos aludido sólo a unos pocos temas del diálogo Fe – Ciencia, y lo hemos hecho muy
brevemente. Existen otros campos como la Física cuántica o la relación mente – cerebro, que nos
abrirían perspectivas muy interesantes. El misterio de la materia y de las partículas más pequeñas, el
lenguaje y el pensamiento humanos, la percepción de los estímulos por los sentidos y su
interpretación en el cerebro, la unidad integral de los fenómenos cerebrales-mentales-espirituales,
son realidades sorprendentes donde el encuentro Fe y Ciencia puede dar grandes frutos.

24

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