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Regulación del Crowdfunding: Necesidad y Beneficios

El documento discute la necesidad de regular el crowdfunding. Señala que aunque el crowdfunding ha permitido financiar proyectos de manera alternativa, existen riesgos que deben ser abordados a través de una regulación que proteja a los inversionistas y emprendedores, estableciendo límites a las inversiones y requiriendo información clara sobre los proyectos. Varios países como Estados Unidos, España e Italia ya han comenzado a regular esta actividad.
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Regulación del Crowdfunding: Necesidad y Beneficios

El documento discute la necesidad de regular el crowdfunding. Señala que aunque el crowdfunding ha permitido financiar proyectos de manera alternativa, existen riesgos que deben ser abordados a través de una regulación que proteja a los inversionistas y emprendedores, estableciendo límites a las inversiones y requiriendo información clara sobre los proyectos. Varios países como Estados Unidos, España e Italia ya han comenzado a regular esta actividad.
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3.

LA NECESIDAD DE REGULAR EL CROWDFUNDING

En los últimos años el Crowdfunding ha surgido como una novedosa forma de financiar los
proyectos empresariales y asegurar fondos sin tener que recurrir a mecanismos
tradicionales. El crowdfunding es una importante alternativa para que cualquier persona
con una idea novedosa y con potencial, lleve a cabo sus proyectos. Este mecanismo,
también llamado economía colaborativa, cuya finalidad es compartir o intercambiar
recursos, entre los que los poseen y los que desean obtenerlos, facilitan el financiamiento de
las empresas, las cuales externalizan funciones de negocio a una gran red de personas a
través de una convocatoria abierta. Como vemos se ha creado un mercado alternativo.

Existen grandes proyectos que partieron de pequeñas pero visionarias ideas, que han sabido
crecer; de esta forma podemos advertir que su uso impulsa la economía, haciendo viables
ideas de negocio que sin la existencia del mismo serian imposible concretarse; en ese
sentido, es suficiente tener una buena idea, porque los inversores se encargan del dinero.
Obviamente, se va a trabajar por conseguir que el proyecto tenga éxito, pero si no lo tiene
no se ha perdido nada ni se han generado grandes deudas. No se depende de otra persona,
se tiene un control del propio proyecto, se conocerá el alcance que podría tener e incluso se
puede vender el producto antes de que se cree.

Para determinar si es necesaria la regulación del crowdfunding, es preciso abordar las


ventajas y desventajas de esta figura, ante esto podemos observar que uno de los grandes
beneficios del Crowdfunding, son los costos de transacción, notablemente reducidos a
comparación de otras fuentes de financiamiento. Otro aspecto resaltante, es referente a la
cantidad de personas que se necesita como aportantes, no siendo necesario que sea una sola
persona quien proporcione todo el dinero requerido para el proyecto, dado que éste se irá
acumulando a partir de pequeñas aportaciones de diversos interesados. Asimismo, mientras
se da a conocer el proyecto que busca financiación, pueden aumentar los clientes
aportantes. Por lo que, una buena publicidad también determina el éxito del crowfunding.
En ese punto, es preciso detenernos para hacer hincapié del papel de la tecnología como
facilitador del uso y éxito del crowdfunding, dado que el acceso extendido del internet, sin
lugar a dudas, ha repercutido beneficiosamente en la utilización del crowdfunding, como
financiamiento alternativo a los convencionales; de este modo podemos afirmar que el
crowdfunding no hubieran tenido el impacto que tiene en la actualidad, sin la internet, dado
que mediante las plataformas se anuncia la información sobre el proyecto - lo que despierta
el interés en los posibles inversores - así como la convocatoria para que los interesados
puedan aportar dinero y posteriormente se ejecute el proyecto. Sin embargo, analizando las
desventajas, los proyectos al estar en fases muy prematuras se corre el riesgo de que la idea
sea copiada por otras personas o empresas, las cuales puedan llegar a lanzarla antes y ganar
más ventaja competitiva, así también, es evidente que es un modelo con muchos riesgos, de
manera que se puede perder la inversión, pero también la posibilidad de unos grandes
beneficios con una baja inversión si la idea sale bien.

El crowdfunding, hasta ahora y consideramos que continuara de este modo, ha logrado un


impacto social y económico, razón por la cual no es de extrañar que muchos vean
el crowdfunding como una herramienta que está transformando el mundo. Es por ello que,
surge la necesidad de plantear una regulación favorable al desarrollo de mecanismos de
crowdfunding, ya comúnmente usado como financiamiento, protegiendo a los inversores
así como a los emprendedores. Pudiendo plantearse un límite a la financiación colectiva,
estableciendo que un mínimo legal referente al porcentaje del total de la inversión que
recibe una empresa, pertenezca a un inversor profesional, así como establecer un máximo
legal sobre los aportes de una persona en un determinado tiempo. De otro lado también es
fundamental proporcionar información clara y precisa sobre el proyecto, de manera de
evitar situar en una asimetría de información a los inversores. Cabe señalar que en diversos
países, como Estados Unidos, España, Italia, Francia y Alemania, ya se encuentra regulado
el crowdfunding.
Existe una gran variedad de plataformas de Crowdfunding que se diferencian en aspectos
relevantes del proceso de captación de recursos. Por ejemplo, en la manera en que los
inversores proporcionan la financiación que puede ser a través de: donaciones, préstamos, a
cambio de acciones o a través de la compra de recompensas relacionadas con la empresa.
De hecho, cada plataforma se suele especializar en un determinado mecanismo de
financiación.

Dentro de las posibles soluciones a esta problemática se puede plantear la generación de


una regulación favorable al desarrollo de mecanismos de crowdfunding. 

El crowdfundig es una alternativa de financiación de proyectos que le permite a los


emprendedores y promotores de proyectos exponer sus ideas a la comunidad mediante una
plataforma en internet, para que financien mediante pequeños aportes sus
emprendimientos. 

El crowdfunding simplemente lleva este mecanismo de financiación a  otro nivel, al


aprovechar las ventajas que ofrece internet. Ahora la financiación colectiva no le apunta a
las monedas de las cajas registradoras, sino a los aportes de miles de personas que se hacen
por internet con cargo a sus cuentas bancarias. 

Esto hace que se pueda recaudar dinero desde cualquier lugar del mundo durante las 24
horas del día, permitiendo alcanzar recaudos mucho más grandes con menores esfuerzos. 

Ahora, ¿Qué recibe quien aporta a algún proyecto en una plataforma de crowdfunding? En
ocasiones nada, en ese caso se trata de donaciones puras. Pero en otros casos se le
recompensa por sus  aportes, lo que desnaturaliza completamente la donación y es donde se
hace necesario flexibilizar las normas para adaptarlas a esta nueva realidad.

El modelo sería más interesante si se permitiera que las mipyme pudieran recaudar capital
mediante la emisión y colocación de acciones y bonos usando plataformas de
crowdfunding. De esta manera, las empresas más pequeñas del país lograrían obtener
capital fresco para desarrollar sus negocios, con menores costos que los que implica
acceder al sector financiero. 

Los inversionistas, por su parte, con pequeños aportes, podrían acceder a participaciones en
sociedades que con el paso del tiempo pueden ser muy interesantes. 

Suena descabellado permitir a cualquier persona adquirir acciones o bonos de cualquier


sociedad, incluso cuando no se encuentre inscrita en el Registro Nacional de Valores y
Emisores, esto permitiría ofrecer al público acciones de las Sociedades por Acciones
Simplificadas  (S.A.S.), que tienen cerradas las puertas del mercado de valores para
financiarse. 

En Estados Unidos ya se está haciendo algo muy similar luego que en 2012 se aprobara el
“Jumpstart Our Business Startups Act” (Jobs Act), cuyo título tercero se dedica
exclusivamente a regular el crowdfunding, específicamente como un mecanismo de
financiación por medio de la emisión de valores. 

Esta Ley permitió  que se pudieran emitir valores en el marco del crowdfunding, dentro de
unos límites sanos para el mercado, con el fin de impedir que se concentraran grandes
riesgos en estas compañías. Este mecanismo de financiación es mucho más flexible que
aquel del mercado de valores tradicional, por lo que no es apta para todas las empresas,
para todos los montos de recaudo, ni para todos los montos de inversión o todos los
inversionistas. 

Dentro de los límites, establecidos en la misma Ley, ningún emisor puede recaudar más de
un millón de dólares cada doce meses, y los inversionistas sólo pueden invertir hasta
US$2.000  o 5% de su ingreso anual, cuando sus ingresos anuales sean menores a
US$100.000. Estos montos se elevan cuando el inversionista tiene un ingreso anual
superior, caso en el cual puede invertir hasta  10% de su ingreso anual. 

De igual modo, en Colombia permitir esto puede generar importantes beneficios


macroeconómicos teniendo en cuenta que la base de la economía nacional son precisamente
las microempresas, que según los datos del Rues son más de 1.600.000. 

Para el desarrollo adecuado de estas plataformas de crowdfunding, sería interesante


plantear límites parecidos a los señalados en el Jobs Act norteamericano e igualmente
contar con la supervisión de  la Superintendencia Financiera, para reducir los riesgos de
desfalco a los inversionistas.
Que la tecnología va por delante de la legislación nadie lo pone en duda. Que los Estados
regulen prácticas mercantiles desarrolladas en el entorno de Internet es porque las
consideran lo suficientemente importantes para tener que hacerlo. Dado que las personas
hoy nos relacionamos en un entorno tecnológico, es por ello  la necesidad de poner unas
normas que lo regulen. Normas que sirven para regular las relaciones entre las personas y
sus negocios.

No obstante, en España dónde el Derecho Romano es la base de nuestro sistema jurídico,


éste se ha quedado obsoleto respecto a legislar unas reglas para negocios 4.0 o del siglo
XXI. La intención es buena pero la regulación no. No se puede legislar deprisa y
desconociendo el entorno en profundidad y desde luego, mucho menos desde el miedo. Y
tal como explicaba en la primera parte de este artículo esto es lo que se ha hecho en España
en relación al Crowdfunding.

Hoy está de actualidad la necesidad de regular esta actividad desde una esfera
supranacional, en nuestro caso desde Europa y a través de la Comisión Europea. Aunque de
momento no lo ven del todo necesario, teniendo en cuenta que se ha hecho de manera local.
Así es y al igual que España, Italia, Francia, Alemania y Reino Unido lo tienen regulado.

No obstante, la Comisión Europea en un comunicado de prensa de la agencia para el


seguimiento de la economía colaborativa presentó el pasado dos de junio una guía
destinada a apoyar a los consumidores, las empresas y las autoridades públicas a participar
con confianza en la economía de colaboración en la que recomienda a sus Estados
miembros que: "Estos nuevos modelos de negocio pueden hacer una contribución
importante al empleo y el crecimiento en la Unión Europea, si se les motiva y
desarrollado de una manera responsable".  Y aconseja: " Que dada la incertidumbre de
las reglas y una legislación a niveles locales y regionales dispares hay que traer claridad
al mercado, siempre priorizando el pago de impuestos y la protección del consumidor, no
mediante nuevas reglas sino explicando “cómo emplear las existentes”. Y para ello
publicó, aunque no de forma vinculante, las líneas maestras sobre cómo aplicar la
legislación existente a los nuevos modelos de economía colaborativa, que se puede
leer aquí.  Y como se puede deducir de su lectura, avisa a navegantes. Sobre todo a los sin
rumbo, como España.

Si bien el Derecho Anglosajón difiere del Romano y en muchos grandes aspectos es peor,
en cuestiones de libertad financiera y de inversión y más modernamente en tecnología
financiera sin duda, es mejor. Si además a esta forma de regular leyes se le suma el apoyo
del poder gubernamental nos encontramos con el ambiente empresarial perfecto para el
desarrollo de estos nuevos modelos de negocio del [Link]. Así las cosas, Reino Unido es el
epicentro no sólo europeo, si no mundial de las Fintech. Este hecho nos relega y hace que
puedan entrar a operar desde este y otros países empresas en España y que "nos coman las
papas". ¿Es lo que queremos?.

Darren Westlake fundador y CEO de Crowdcube, la mayor compañía inglesa


de crowdfunding, también con presencia en España, dice sobre esto: "Londres, es una
locura, hay un flujo constante de compañías de gran calidad saliendo de allí”. Y esto se
debe a que algunas de las cosas más importantes a la hora de emprender son las
facilidades que se ofrecen a los emprendedores, el ambiente y la burocracia" y
añade: "Cuando intentamos llevar Crowdcube a otros países, hubo dos elementos
esenciales. Uno fue la cantidad de tiempo que lleva registrar una compañía nueva. En
Reino Unido puedes hacerlo en media hora, pero hay otros países donde te puede llevar
semanas e incluso meses. Es una locura que haya esta disparidad. Otra de las cosas más
importantes fue la regulación. Ésta también varía país a país, desde sitios como Reino
Unido donde es estupendo dirigir una plataforma de crowdfunding gracias a la
regulación", y concluye con un rotundo:  "el emprendimiento sería mucho más sencillo si
la burocracia y la regulación fueran estandarizadas para ser las mismas en los distintos
países."

 De esta forma, ¿no sería Reino Unido un espejo en el que mirarse y tener aquí una Ley, si
no a imagen y semejanza, si lo suficientemente atrevida para haber regulado
el crowdfunding con más libertad de acción?. A tiempo estamos de corregir, si hay
intención...de Gobierno.

En mi opinión los puntos que deben cambiar para mejorar el desarrollo


del crowdfunding sin esas trabas legislativas que paralizan la posibilidad de explotar su
grandeza, podrían ir por aquí:

En primer lugar, dividir la Ley que regula el crowdfunding y que lo hace igual para
el crowdlending que para el equity o de participación. No es lo mismo. Debería haber un
articulado para uno y otro, por separado.

Retirar la "distinción" de inversor acreditado del no acreditado. En la actual normativa, por


ejemplo, al inversor no acreditado se la da la opción de dejar constancia de que está
asesorado en materia financiera para pasar a ser considerado por la plataforma y la
autoridad competente como acreditado. Entonces ¿Qué sentido tiene tal distinción?.

Esa distinción anterior viene motivada por las cantidades que se les permite invertir por
proyecto y plataforma al año a un inverso no acreditado, que la Ley fija en 10.000 € al año
en todas las PFP y 3.000€ por proyecto. ¿ No es esto en exceso limitante y paternalista?. La
ley deja bien claro al inversor que asume los riesgos y no que no está protegido por el fondo
de garantías de invesiones(FOGAIN) ni de depósitos, lo cual no deja de ser una forma de
renunciar del Gobierno porque las PFP si están supervisadas y autorizadas por ellos
(CNMV) pero en cambio no hay manera de reclamarles por responsabilidad patrimonial.
Entonces, ¿qué supervisan y autorizan tan estrechamente sin responsabilidades?. E
incongruencias del Gobierno, ¿ acaso no es más peligroso el juego online, no sólo porque
permite apostar sin límites, si no también por la adicción patológica que pueden generar
como es la ludopatía?. Y,¿ que clase de restricciones se ha puesto al juego online?:
Ninguna.  No eliminar las cantidades máximas, pero si elevarlas.

Igualmente, aumentar las cantidades que un promotor puede solicitar para un proyecto que
se ciñen a 2M€ y hasta 5M€ si solo se dirigen a acreditados(lo cual no tendría ya sentido si
se elimina tal distinción). Esto actualmente no es más que la protección del status
quo bancario. Un banco pueda dar financiación hasta el infinito y más allá... porque si
fallan con sus acreedores, ¿qué pasa después?. Todos lo sabemos. En cambio
por crowdfunding se limitan a esas cantidades. Es absurdo.

Un crowdfunding inmobiliario, por ejemplo, se puede asimilar a un "project finance". Hoy


hay que financiar proyectos, siempre y cuando las personas que están detrás de ellos
otorguen credibilidad cara al inversor. Proyectos en los que el crowd crea porque aportan
valor a la sociedad, se sientan parte de los mismos(copropietarios) y además les deje un
dinero en el bolsillo. ¿Si falla?. Se reparte entre todos los que se han arriesgado bajo su
responsabilidad, asegurando en el armado de la operación que no sea más que la inversión
que ha destinado cada uno. Pero no pagando todos los contribuyentes rescates. El sentido
común y la inteligencia colectiva de los crowdfunders hará que esos proyectos sean
exitosos, porque en caso contrario no se empezarán nunca. Se devuelve lo
inicialmente...toma tú, toma tú, muchas gracias y vuelta a empezar. En conclusión, que se
deje financiar lo que haga falta para cada proyecto.

Permitir que un mismo promotor pueda publicar en más de una plataforma a la vez. ¿Que
razón hay para limitarle a uno?. Cualquiera puede tener varios proyectos y que
el crowdfunder elija el mejor. Al fin y al cabo un proyecto financiado con éxito
por crowdfunding es meritocrático en si mismo.

Como punto y final dos modificaciones que darían mucho juego al crowdfunding:

La primera puede ser la de realizar la financiación en dos tramos con esta articulación
jurídica: un primer tramo que permitiese la posibilidad de poder emitir obligaciones(deuda,
hoy la Ley sólo se lo permite a las S.A.), y financiarse al principio y poder convertirlas en
participaciones al final. Es decir, convertir un debt crowdfunding al principio en
un equity al final. Un mecanismo para empresas promotoras consolidadas.
La segunda, permitir que las participaciones sociales se puedan negociar en un mercado
secundario. Hoy no lo está. Los contratos que las PFP intermedian está regulados pero a
modo de mercado primario pero no admite la negociación en uno secundario. No obstante
si el Gobierno tuviera intención podría habilitar a la CNMV como guardián del sistema que
es y ampliar los servicios auxiliares de las plataformas y habilitarlas para prestar servicios
de negociación de los productos contratados y de forma excepcional en este supuesto,
quedar bajo el paraguas de la LMV en su articulado que regula los sistemas de negociación
y actuando como una pequeña ESI( empresa de servicio de inversión). Sería el desarrollo
natural de una PFP en general. El fin de esta cuestión sería a su vez capital para todas las
empresas que recogiesen fondos de una PFP, es decir amplificar de forma exponencial su
financiación. ¿ Y para una PFP inmobilaria?, brutal: Podría dar liquidez inmediata a sus
inversores.

En conclusión, hay mucho que mejorar para tener una Ley que haga honor a su título de
fomento de la financiación empresarial para llegar a ser fuente una de financiación
alternativa a las empresas con impacto en la economía real. Así las cosas, se me antoja que
en el caso de no mejorar o resolver estas trabas y otras muchas que a mi se me escapan,
muchos emprendedores buscarán su sitio para acabar haciendo lo mismo pero bajo el
paraguas de otras leyes que como se dice en mi tierra: " habelas hailas". 
Diez claves de la nueva ley que regulará el crowdfunding

 La norma ha logrado finalmente el consenso de casi todos los implicados


 España sitúa al fin al crowdfunding dentro de un marco legal visible

Fue una ley que nació con mucha polémica, ya que el primer anteproyecto, de febrero del
año pasado, no contentó a nadie: ni a las empresas afectadas, ni a los inversores ni, por
supuesto, a las plataformas web que ejercerán de intermediarios entre los dos agentes
anteriores.
Sin embargo, las negociaciones han dado sus frutos y, finalmente, la Ley de fomento de la
financiación empresarial que regulará el crowdfunding (financiación participativa o en
masa) ha acabado logrando el consenso de casi todos los implicados y ya está en vigor.
Tras mucho debate, España sitúa al fin al crowdfunding dentro de un marco legal visible
que otorga un amparo jurídico a la financiación de empresas de manera colectiva. El texto
de esta nueva ley, inédita en nuestro país, contiene algunas claves que conviene analizar.
Son las siguientes:

Tipos de crowdfunding

1. ¿A qué crowdfunding afecta la ley?


Muy grosso modo, podemos hablar de tres tipos de crowdfunding. En primer lugar está
el crowdfunding tradicional o de recompensas, cuyo funcionamiento es el más sencillo
de todos. En él, un autor cualquiera presenta una obra (un libro, un disco, una exposición...)
y la financia a través de aportaciones económicas de distintos usuarios, que obtendrán una
recompensa u otra en función de la cantidad aportada. Este tipo de crowdfunding no se verá
afectado por esta nueva ley.

En segundo lugar encontramos el equity crowdfunding o crowdfunding de acciones, en el


que una empresa que necesita financiación recurre a pequeños inversores que reciben a
cambio una participación accionarial en la empresa en función, igualmente, del dinero que
hayan aportado. Este crowdfunding sí se ve afectado por la nueva ley.
En tercer y último lugar tenemos el crowdlending o préstamos P2P, en el que una
empresa o un pequeño emprendedor, ante la necesidad de financiación, recurre a pequeños
inversores que le prestarán ese dinero. En este caso no hay trasvase alguno de acciones:
pasado un tiempo, el emprendedor devolverá ese dinero a los usuarios con un interés
previamente fijado. A este tipo de crowdfunding también le afecta la ley.

Inversores

2. Dos tipos de inversores


La ley crea dos tipos de figuras de inversión: el inversor acreditado y el no acreditado,
cuyos límites de inversión son distintos. Los acreditados serán los inversores
institucionales; las empresas o fondos con activos por valor de un millón de euros, negocio
por valor de dos millones o unos recursos propios de 300.000 euros; y las personas físicas
con unas rentas anuales superiores a los 50.000 euros o un patrimonio de más de 100.000
euros.
Los que queden fuera de estas tres condiciones serán considerados inversores no
acreditados. En un principio la ley no distinguía tipos de inversores, con el consecuente
perjuicio de los acreditados a la hora de querer invertir una cantidad grande.

3. Límites de los inversores


Los inversores no acreditados tendrán un límite de inversión: no podrán depositar más de
3.000 euros por empresa ni más de 10.000 euros por año y plataforma. En el anteproyecto,
el límite por año y plataforma era de 6.000 euros.

Los acreditados, por su parte, no tendrán límite de inversión. En la primera versión del
anteproyecto, al estar equiparados a los no acreditados, tenían un límite de 3.000 euros por
empresa y 6.000 euros por plataforma y año, lo cual suponía un claro impedimento para los
actuales business angels de empresas tecnológicas, cuyas cantidades de inversión suelen ser
mucho mayores.

4. ¿Por qué estos límites?


Al empezar a sopesar la necesidad de establecer una legislación sobre el crowdfunding, el
Gobierno tenía un enorme pánico a que ciudadanos aislados, sin experiencia inversora,
arriesgasen su dinero sin ser conscientes de que, al estar invirtiendo en una empresa de
riesgo, podían perderlo todo.

Por ello, al principio el Gobierno quizá pecó de proteccionista, estableciendo unos límites
de inversión demasiado bajos (y perjudiciales para los inversores experimentados) por
temor a que muchos pequeños inversores perdiesen su dinero y se sintiesen estafados.
Empresas

5. Límite de las startups: 5 millones de euros


Las startups que decidan financiarse mediante equity crowdfunding acudiendo a inversores
acreditados podrán recaudar hasta 5 millones de euros. En el anteproyecto original, al no
haber dos tipos de inversores, el límite de recaudación era de un millón de euros.

Por su parte, el límite de financiación para las empresas que recurran al equity
crowdfunding o al crowdlending a través de inversores no acreditados será de 2 millones de
euros.

6. No podrán superar el 125%


Cuando una empresa recurre al equity crowdfunding se marca un objetivo determinado de
financiación. Sin embargo, no es anormal que a veces supere esa cantidad si su proyecto ha
entusiasmado a los potenciales inversores. Con la regulación, la ley establece que las
empresas nunca podrán superar el 125% de la financiación que hayan solicitado.

Este punto quizá pueda generar un mínimo molestar. Y es que el crowdfunding es un


sistema de todo o nada (si no consigues el 100% de lo que pides, no te llevas nada), con lo
que las plataformas de crowdfunding suelen recomendar a las startups que sean modestas
en su presupuesto, ya que, en caso de éxito, podrán recaudar mucho más. Sin embargo, la
ley limita este punto.

Plataformas de crowdfunding

7. Supervisadas por la CNMV


Al ser intermediarios financieros entre las empresas y sus inversores, las plataformas de
equity crowdfunding pasarán a estar supervisadas por la Comisión Nacional del Mercado
Valores (CNMV), que vigilará su funcionamiento. Las plataformas actuales tienen hasta
finales de octubre para formalizar su alta.

8. Sometidas al Banco de España


En el caso de las plataformas de crowdlending, al tratarse de entidades de crédito, estarán
sometidas al control y la regulación del Banco de España. De hecho, cuando un pequeño
inversor quiera comprobar el historial de solvencia de un emprendedor ante de prestarle su
dinero, será el propio Banco de España el que regulará los formularios que deberán ser
presentados para la tranquilidad del inversor.
9. Capital social: 60.000 euros
Las empresas de equity crowdfunding deberán constituirse con un capital social mínimo de
60.000 euros. Ahora bien, si en el último año han financiado proyectos empresariales por
un valor superior a los dos millones, en ese caso su capital social mínimo será de 120.000
euros.

Además, deberán disponer de un seguro de responsabilidad social con una cobertura


mínima de 300.000 euros por reclamación de daños y un total de 400.000 euros anuales
para atender todas las posibles reclamaciones.

Próximos pasos

10. Relajación de límites, incentivos fiscales...


Una vez aprobada la ley, que ya ha entrado oficialmente en vigor, las plataformas
intentarán aprovechar la puerta abierta del Gobierno para seguir haciendo peticiones que, a
su modo de ver, beneficien al sector. En su horizonte de expectativas se situarán peticiones
enfocadas a la relajación de los límites de inversión (tanto de inversores acreditados como
no acreditados), el establecimiento de beneficios e incentivos fiscales para dichos
inversores o la relajación también de los límites de financiación para las empresas.
La regulación del crowdfunding y el modelo de negocio digital

Se trató también, como no podía ser de otro modo, la cuestión tecnológica, y en este punto
Fabio Pascua señaló que la CNMV está ya desde hace tiempo adaptando su trabajo a la
realidad digital; subrayando cómo por ejemplo verificar el suministro de información en los
sitios web constituye una de las funciones a desempeñar. Al respecto cabe señalar que,
partiendo de que la información que en general las plataformas han de facilitar a sus
clientes sobre los derechos y obligaciones que asumen, ha de ser clara, oportuna, suficiente,
accesible, objetiva y no engañosa (artículo 60.3 LFFE); el artículo 61 LFFE recoge la
información específica a incluir en la página web: el funcionamiento básico de la
plataforma; la advertencia de los riesgos; la advertencia respecto del estatuto jurídico de la
plataforma; la advertencia de que los proyectos no son objeto de autorización ni de
supervisión; las medidas y los medios organizativos adoptados para minimizar el riesgo de
fraude y el riesgo operacional; los criterios de definición de los porcentajes de
incumplimientos, tasa de morosidad, rentabilidad u otra variable análoga; los
procedimientos y medios a través de los cuales se invierte en los proyectos, ya sea mediante
la suscripción de acciones, participaciones u otros valores representativos de capital y
obligaciones o mediante la participación en la concesión de préstamos; las tarifas
aplicables; las medidas adoptadas para evitar los conflictos de interés; la información
acerca de los procedimientos y sistemas establecidos por los que se harán llegar al promotor
los fondos y por los que los inversores recibirán la remuneración; los procedimientos y
medios para la presentación de quejas y reclamaciones; en su caso, los procedimientos y
medios a través de los cuales la plataforma ofrece algún servicio de recobro de deudas; los
mecanismos para que, en caso de cese de la actividad de la plataforma de financiación
participativa, se sigan prestando todos o parte de los servicios a los que se comprometió
frente a los proyectos de financiación participativa que hubieran obtenido financiación; y,
la identidad de los auditores de la plataforma.

Por su parte, Philippe Gelis señaló que en el sector financiero el componente tecnológico es
crucial, y el modelo de negocio digital es una realidad imparable. En estos momentos,
como señalaba el servicio de estudios del Deutsche Bank en un estudio elaborado en 2014,
y por cierto en idéntica línea al calificativo usado por IOSCO[7], la cuestión es que todavía
el crowdfunding está en su infancia[8]. Ahora bien, su previsible crecimiento es enorme.
Como ha afirmado la Comisión Europea en la citada Comunicación de 2014, la
microfinanciación colectiva encierra un enorme potencial para complementar las fuentes
tradicionales y contribuir a la financiación de la economía real.
La filosofía extremo a extremo que está en la esencia misma de Internet es la base en la que
se sustentan los fenómenos de la denominada economía colaborativa, y su proyección en el
ámbito de los servicios financieros es uno de los más novedosos. Como apuntaba el
Servicio de Estudios del BBVA, la demanda-oferta de financiación, la tecnología en la era
digital y la regulación, considerados de manera conjunta, permiten entender el desempeño
diferencial del crowdfunding financiero en las distintas geografías[9].
Una adecuada regulación es sin duda uno de los caminos necesarios para garantizar los
éxitos de una rama de negocio. La formación de los abogados en este tipo de materias es
igualmente necesaria. ENATIC, también a través de sus congresos, contribuye a ello de
forma crucial.

REGULACIÓN NORMATIVA PARCIAL


El crowdfunding ha sido objeto de regulación parcial en los últimos años en algunos de los
países de nuestro entorno, caso del Reino Unido, Francia o Alemania[10], entre otros. En
España, la primera regulación que encontramos de este fenómeno  se dio hace unos meses a
través de la Ley 5/2015, de 27 de abril, de fomento de la financiación empresarial (en
adelante LFFE). La misma tiene como uno de sus exponentes la regulación, por primera
vez en España, de las plataformas de financiación participativa, sentando las reglas del
juego de las actividades comúnmente denominadas como “crowdfunding”.
Basta observar las diferentes fases de tramitación de la norma para verificar que estamos
ante una materia que genera intensos debates. Es importante señalar en este punto que la
regulación se limita, exclusivamente, a las figuras en las que prima el componente
financiero de la actividad o, dicho de otro modo, en las que el inversor espera recibir una
remuneración dineraria por su participación, dejando por tanto fuera del ámbito de esta
norma a los “non financial return models”. En concreto, el artículo 46.2 deja fuera del
ámbito de aplicación de la LFFE y de la propia definición de plataformas de financiación
participativa, a las empresas que desarrollen la actividad cuando la financiación captada por
los promotores sea exclusivamente a través de donaciones, venta de bienes y servicios o
préstamos sin intereses; en línea por cierto, cabe subrayar, con la mayoría de las
legislaciones de plataformas de crowdfunding[11].
Desde el punto de vista normativo, en España una de las principales características es el
papel que ha correspondido asumir a la CNMV, organismo que controla el proceso de
autorización en exclusiva, sin perjuicio de que existe necesidad de informe preceptivo por
parte del Banco de España en el caso que el proyecto se instrumentalice a través de la
solicitud de préstamos (artículos 53.1 y 50.1.c) LFFE). También es quien gestiona el
registro (artículo 54 LFFE) y la posterior supervisión de ese tipo de plataformas. Todo ello
fue explicado en sus grandes líneas por parte de Fabio Pascua en el curso de la mesa
redonda.

Philippe Gelis, por su parte, dio una visión empresarial apuntando que estamos ante un
mercado con una enorme potencialidad, tal y como se ha puesto de manifiesto en otros
países como Estados Unidos y el Reino Unido. En este sentido, mostrando su satisfacción
con la regulación española actual, subrayó que el principal problema ha venido de la
tardanza con la que se ha irrumpido en el mercado español, lo que conlleva la existencia de
una amenaza de que el mercado se vea copado por empresas extranjeras, principalmente
británicas. Y es que, siguiendo los datos de 2014, se puede observar cómo, en el ámbito
del crowdfunding financiero, en España se obtuvieron 25,6 millones de euros a través de
este tipo de plataformas, lo que contrasta con los 113 millones en Francia, 117 en
Alemania, y más de 2.000 millones en Reino Unido[12]. A pesar de ello, en el ámbito del
denominado “equitycrowdfunding”[13], que es uno de los modelos precisamente de retorno
financiero, en Europa el tamaño es todavía menos de la mitad del existente hoy día en los
Estados Unidos[14].
En el transcurso del diálogo entre ambos, una de las cuestiones de mayor relevancia fue la
concerniente al pequeño inversor. Hubo una llamada a la cautela por parte de la CNMV
respecto a atender a las características de la inversión que se realiza. Pascua apeló a la
prudencia, particularmente en lo que concierne a los denominados inversores no
acreditados, que quedan definidos por exclusión en el artículo 81.4 LFFE. Por su parte,
Gelis, en representación de la asociación FINTECH, subrayó que los fracasos en proyectos
de inversión existen en todos los sectores y que ha habido daños al pequeño inversor en
sectores financieros tradicionales y altamente regulados. En esta misma línea se
pronunciaba precisamente la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) al señalar
que, si bien para el crowdfunding financiero el principal riesgo es que los inversores no
reciban lo prometido ya sea debido al fraude o simplemente al fracaso del proyecto, eso es
algo inherente a cualquier tipo de inversión. Bien es cierto que ese mismo organismo 
matizaba que en el caso del crowdfunding se incrementa por la asimetría de información
entre los inversores y los emisores/promotores, así como por las dificultades en el ejercicio
de los derechos de los accionistas en un modelo de propiedad complejo[15].

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