EDIPO: Hijos míos, vástagos nuevos del antiguo remo ¿Por qué están ahí postrados, ¿Revendo
en las manos, las ramas de olivo? Toda la ciudad está llena de perfumes de incienso y de
lamentos No quise saber solo por los mensajeros, sino por ustedes mismos, la causa de todo
esto, yo a quien todos llaman el glorioso Edipo Díganme porque están allí postrados ¿Qué
temen? ¿Qué quieren? Mi deseo es ayudarlos. Seria insensible si no tuviera compasión de
ustedes
CORO: Oh Edipo, soberano de mi patria, ya ves las diferentes edades que tenemos. La ciudad,
como tú mismo la ves, está sintiendo una gran conmoción y es imposible sacar la cabeza del
fondo del sangriento oleaje. Muere en los retoños de la tierra, en los rebaños que pacen, en
los partos estériles de las mujeres. Toda la ciudad ha sido invadida por la peste, que todo lo
consume. No te hacemos un dios al venir aquí, pero te consideramos el más conocedor de los
hombres, el único que puede obtener el favor de los dioses. Tu nos libraste del horrendo
tributo que pagábamos a la implacable esfinge. La voluntad de un dios te puso para enderezar
muestras vidas. Ahora Edipo, te suplicamos que busques algún remedio. Tu, el mejor de los
hombres. A ti acudimos suplicantes, búscanos algún remedio. Esta ciudad te llama su salvador
por tus antiguos favores. Jamás se diga de tu reinado que nos pusiste a salvo y después
volvimos a hundirnos. Porque si rey has de ser de este país, es mejor ser rey de hombres y no
de desiertos. Pon de nuevo de pie a esta ciudad halle
EDIPO: Criaturas dignas de compasión, se lo que piden, se lo que sufren, Pero yo sufro más
que ustedes, sufro por la ciudad y por todos ustedes. He llorado y he meditado. Solo un
remedio he hallado Envié a mi cuñado Creón al templo de Apolo para saber cómo salvar a esta
ciudad. Y cuando calculo el tiempo desde su salida, me preocupo. ¿Qué hará? Más allá de lo
razonable es el tiempo de su ausencia Cuando vuelva, cumpliré inmediatamente lo revelado
CORO: Has hablado a tiempo. Aquí llega Creón
EDIPO: Rey, cuñado mío, ¿qué respuesta me traes del dios?
CREÓN: Ordena claramente desterrar la impureza que se alimenta en esta tierra, persiguiendo
lo que es incurable, no alimentándolo.
EDIPO: ¿De qué impureza se trata?
CREÓN: Expulsándola haciendo expiar una muerte con otra muerte. Ordena echar fuera del
país al culpable de asesinato, porque esa sangre turba a la ciudad.
EDIPO: ¿A quién alude el dios?
CREÓN: A Layo, el rey de Tebas antes que tu llegaras.
EDIPO: No lo conocí.
CREÓN: Ordena que alguien castigue a los asesinos.
EDIPO: ¿De dónde son? ¿Dónde descubrir las huellas indescifrables de la vieja culpa?
CREÓN: Dijo que en esta tierra. Lo que se busca se encuentra, lo que se descuida, escapa.
EDIPO: ¿Donde mataron a Layo? ¿En el palacio? ¿En el campo? ¿En tierra extraña?
CREÓN: Salió para consultar al dios y nunca más volvió.
EDIPO: ¿Alguien vio algo, para que pudiéramos saber?
CREÓN: No, todos murieron, excepto uno que huyo. Espantado de lo que vio solo pudo
declarar una cosa.
EDIPO: ¿Qué cosa? Puede enseñarnos mucho para descubrir lo que pasó
CREÓN: Dijo que lo asaltaron y dieron muerte, no uno, sino una gran cantidad de bandidos.
EDIPO: ¿Y cómo se atrevieron a tanto? Salvo que hubieran sido sobornado desde aquí.
CREÓN: Pensamos lo mismo. Nadie vengó la muerte de Layo.
EDIPO: ¿Qué los impidió averiguar todo sobre la muerte de Layo?
CREÓN: La esfinge enigmática, nos obligó a clavar los ojos en males presentes y olvidar los
envueltos en misterios.
EDIPO: Seré yo mismo quien aclare los misterios Me verán secundarlos para vengar esta tierra.
Cualquiera que lo haya matado deseará vengarse de mi. Vamos, levántense. Seremos felices
con la ayuda del dios
CORO: Hijos, levantémonos. Lo que el rey ha anunciado, es lo que veníamos buscando
moriremos
EDIPO: Tiresias, tú que todo lo sabes, lo que se conoce y lo misterioso, las señales del cielo y
de la tierra. Aunque no puedas ver. Piensa en los males que padece la ciudad. Para salvarla, te
hemos llamado. El dios contesto a nuestros enviados que la liberación de tantos males, vendría
solo de nosotros, si al descubrir a los asesinos de Layo, los matamos o los exiliamos de esta
tierra. No nos prives de otros caminos de adivinación Salva a nuestra ciudad, sálvame, aleja la
pudrición de esta ciudad. Estoy en tus manos. La mejor tarea es socorrer a los hombres con lo
que se sabe.
TIRESIAS: Saber no es ventajoso, sino que es terrible para el que lo sabe. Bien conocía yo esto,
y lo he olvidado. Si no, no hubiera venido.
EDIPO: ¿Qué pasa? ¿Por qué estás desalentado?
TIRESIAS: Déjame volver a mi casa. Será mejor para ti y para mí.
EDIPO: Tus palabras no son justas ni amistosas para esta ciudad que te ha alimentado, si la
privas de tu respuesta.
TIRESIAS: Veo que tus discursos no te convienen. Y yo tampoco quiero sufrir.
EDIPO: Por los dioses, si lo sabes, no te vayas cuando todos estamos de rodillas ante ti,
suplicantes.
TIRESIAS: Insensatos. Jamás revelaré mis males o mejor, los tuyos.
EDIPO: ¿Qué dices? Lo sabes y no quieres hablar. ¿Piensas traicionarme y arruinar la ciudad?
TIRESIAS: No pienso hacerte sufrir, ni a ti ni a mí. No me preguntes. Nada sabrás por mí.
EDIPO: Eres el más perverso de los hombres, capaz de irritar hasta alguien de piedra.
¿Hablarás o te vas a quedar mudo?
TIRESIAS: ¿Me reprochas mi pasión y no miras la que hay en ti, irritándote contra mí?
EDIPO: ¿Cómo no indignarme, escuchando tu desprecio por la ciudad?
TIRESIAS: Todo ocurrirá, aunque mi silencio lo esconda.
EDIPO: Pues si ocurrirá, es necesario que tú lo digas.
TIRESIAS: No hablaré más. Tú si quieres, continúa enfureciéndote
EDIPO: Nada callaré. Pienso que tú lo realizaste, solo que no fue tu mano la asesina. Si
hubieras tenido vista yo diría que fuiste tú mismo.
TIRESIAS: ¿Crees eso? Te ordeno entonces respetar aquella proclama que lanzaste y en el
futuro, no me dirijas más la palabra. Tú eres el impuro que contamina el aire de esta tierra
EDIPO: Eres imprudente. ¿Dónde crees que llegarás?
TIRESIAS: No huiré. Mi fuerza es la verdad.
EDIPO: ¿Dónde la aprendiste? No habrá sido por tu arte.
TIRESIAS: Tu mismo me obligaste a hablar a pesar mío.
EDIPO: Repítelo para que entienda mejor.
TIRESIAS: ¿No lo entendiste o estas buscando hacerme hablar?
EDIPO: Repítelo, así lo entiendo.
TIRESIAS: Eres el asesino que andas buscando.
EDIPO: No repetirás dos veces esas crueldades.
TIRESIAS: ¿Te lo repito otra vez?
EDIPO: Repite cuanto quieras. Hablas en vano
TIRESIAS: Escúchame bien Edipo, te unes sin saberlo, de manera desvergonzada, con los que
amas.
EDIPO: ¿Te alegra decir esas cosas?
TIRESIAS: La verdad tiene fuerza.
EDIPO: La tiene, menos para ti, porque eres ciego de ojos, de entendimiento y de oídos.
TIRESIAS: Me insultas con las mismas palabras que dentro de poco se volverán contra ti
EDIPO: Te alimentas de la oscuridad, pero no dañarás a los que vemos la luz
TIRESIAS: No caerás por mi sino por los dioses.
EDIPO: ¿Quién inventó esto? ¿Tú o Creón?
TIRESIAS: No es Creón tu mal sino tú mismo.
EDIPO: ¡Oh! ¡Riqueza, oh! Poder, la vida revuelta por la envidia, cuantos celos por el poder que
la ciudad busca en mis manos. Este Creón que yo creí mi amigo, quiere sacarme de mi cargo
secretamente, sobornando a este mago intrigante, pérfido, que solo mira cómo ganar algo.
Dime: ¿cuándo fuiste un adivino veraz? ¿Por qué cuando la pérfida esfinge estaba aquí, no
enseñaste al pueblo a liberarse? Los enigmas debían ser explicados por la adivinación. Allí
quedó demostrado que nada sabes. Pero llegue yo, Edipo, que nada sabe y la hice callar,
acertando la verdad Quieres echarme para quedar cerca del trono de Creón Llorarás tu exilio,
si no fueras tan viejo, el castigo te haría meditar.
TIRESIAS: Aunque eres rey, me igualo a ti, por lo menos en poder contestarte. Yo no vivo como
esclavo tuyo ni soy protegido de Creón. Me has llamado ciego y tú miras sin ver en medio de
quienes vives. ¿De dónde vienes? Eres detestado por los tuyos. Ahora ves bien, pero la
maldición de tu padre y de tu madre, te hará vivir en las tinieblas. ¿Dónde te quejarás? Tardará
mucho en saberse, pero se sabrá de tu boda. Multitud de males te llegarán. Ahora, tapa mi
boca y la de Creón. Nadie será aniquilado peor que tú
EDIPO: Es intolerable lo que escucho ¿No te irás de una vez?
TIRESIAS: Si no me hubieras llamado, no habría venido
EDIPO: No sabía que ibas a decir tales cosas, si no, difícilmente te hubiera hecho venir
TIRESIAS: Piensas que soy un insensato, para tus padres soy razonable
EDIPO: Espera ¿Quien fue mi padre?
TIRESIAS: Hoy te mostrará tu nacimiento y te aniquilará
EDIPO: ¡Que oscuro y enigmático lo que dices!
TIRESIAS: ¿Acaso no adivinas los enigmas?
EDIPO: Insultándome, reconocerás mi grandeza.
TIRESIAS: La suerte que tuviste, te perdió
EDIPO: Si salvé a la ciudad, no me preocupa.
TIRESIAS: Me voy
EDIPO: ¡Vete!