S8 RENACIMIENTO
El concepto del Renacimiento está fuertemente ligado al inicio de la Edad
Moderna. Como ya comentamos en temas previos, la Edad Media representa un
período de transición entre la Antigüedad y la Modernidad o Edad Moderna,
siendo el Renacimiento uno de los fenómenos culturales que marca su inicio. Sin
embargo, a lo largo del siglo XX los historiadores han reflexionado sobre los
límites culturales y cronológicos de la Modernidad. Esto lo podemos entender al
advertir la dificultad que implica encuadrar a ciertos personajes en uno u otro
período; por ejemplo, para muchos críticos Dante es ya parte del Renacimiento
mientras que Shakespeare pertenece aún a la Edad Media.
Hay eventos históricos y cambios ideológicos tan drásticos entre una y otra era
que nos ayudan a delimitarlas. Este es el caso del Renacimiento que, junto a la
caída de Constantinopla y el descubrimiento de América, marca el inicio de la
Edad Moderna y, por consecuencia, de la literatura moderna.
El Renacimiento es un movimiento que tuvo lugar en Europa desde parte del
siglo XV hasta aproximadamente los primeros cincuenta años del XVII, se
caracterizó principalmente por el retorno a las ideas, a la expresión literaria y al
arte de la Antigüedad grecorromana, rompiendo con las costumbres y las
manifestaciones estéticas de la Edad Media.
Se trata de un complejo cambio histórico, social, moral, estético y filosófico; que
debe ser analizado tomando en cuenta su relación, no sólo con la Antigüedad,
sino también con la época medieval, para comprender sus múltiples y diversas
características.
Las características fundamentales de la literatura renacentista son las siguientes:
• Se estimuló el individualismo y el libre albedrio.
• El humanismo resucitó la literatura clásica y sus formas de discurso.
• El individuo que figuró en la literatura correspondió al tipo versátil, inteligente,
hábil y fundamentalmente humano, considerado como entidad relacionada con su
problemática social, siendo causa y resultado de la misma.
• Se siguieron los modelos italianos en todos los géneros literarios.
• Surgió el espíritu crítico, dentro y fuera de la Iglesia. Los escritores desarrollaron
la cultura independizándose de ella.
• El escritor concibió sus obras para ser leídas y, como llevaban su nombre
impreso, se esmeró en un trabajo perdurable, contraparte del juglar medieval cuya
memoria se perdió para siempre.
El Humanismo
Durante el Renacimiento se denominó humanismo al impulso por redescubrir y
preferir la cultura clásica de los griegos y latinos cuya ideología sitúa al ser
humano como centro de la vida.
Mientras el hombre de la Edad Media ubicó a Dios en el centro de su Universo
considerando la vida terrenal sólo como un paso para conquistar la vida eterna, el
hombre del Renacimiento cambia esta concepción colocando al ser humano en el
centro de un mundo que cree digno de ser vivido y gozado.
La inteligencia puede ser un caudal a través del cual se accede a descubrimientos.
El cuerpo ya no representa lo pecaminoso, sino una fuente de placer que justifica
y le otorga sentido al vivir.
Este cambio de lo Divino a lo Humano genera el nacimiento de un ideal de
“hombre del Renacimiento” capaz de realizar portentosos descubrimientos
científicos, crear maravillosas obras de arte y tratar de hacer del mundo un lugar
bello para vivir.
Se busca la plenitud y desarrollo armonioso del ser humano en todas sus
facultades, tanto espirituales como físicas. Surge la figura del cortesano como
modelo que puede conjugar el valor y la experiencia en el combate, con el
refinamiento en las artes y el cortejo amoroso. Un hombre de “armas y letras”.
Contexto histórico y social.
El Renacimiento fue una época de cambios políticos, intelectuales y
económicos. Varias circunstancias y acontecimientos prepararon el ambiente
propicio para ello:
La toma de Constantinopla por los turcos otomanos en 1453.
El amplio y floreciente comercio desarrollado en Florencia, Milán, Génova y
Venecia.
Los inventos que favorecieron el avance de la cultura como la brújula y la
imprenta. Los descubrimientos de las nuevas tierras en África, Asia y América.
Hechos e invenciones.
Las exploraciones de Marco Polo, de los Cruzados, de Colón, de Magallanes, de
Vasco de Gama y de tantos otros; cambiaron el mapa del mundo en más de un
sentido.
Estos nuevos descubrimientos geográficos no sólo provocaron un auge económico
con la creación de nuevas rutas comerciales y la expansión de los Imperios,
sino que también revelaron nuevos modos de vida y abrieron nuevas perspectivas
al conocimiento.
Los descubrimientos científicos en astronomía, física, matemáticas y medicina
contribuyeron a modificar la concepción del papel del ser humano en el Universo.
Entre las muchas invenciones que podríamos mencionar, ninguna influyó tanto en
la cultura y la literatura como la imprenta de Juan Gutenberg.
La imprenta permitió la reproducción del pensamiento escrito en numerosos
ejemplares a un ritmo que, hasta entonces, parecía imposible. Ya no era necesario
el trabajo de los escribas que transcribían los libros a mano para poder generar
una copia. Los libros se volvieron asequibles, la cultura y el saber fueron
accesibles para un número cada vez mayor de personas.
La Iglesia y la Reforma Protestante.
Durante el Renacimiento la Iglesia adquirió autoridad indiscutible, en 1480 se crea
el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición para investigar la sinceridad de las
conversiones al cristianismo, así como actos de herejía. Debido a notorios abusos
y debilidades de la propia Iglesia, aparecieron críticos muy fuertes como Martín
Lutero, quien en octubre de 1517 propició la Reforma protestante.
El impacto de esta reforma en la vida europea fue muy importante, destruyó la
unidad de creencia y culto que había predominado por más de mil años. Esto
contribuyó, en parte, a la formación de nuevas nacionalidades.
En filosofía el cambio consistió en una oposición radical a todas las
posiciones teóricas de la escolástica medieval.
Naturalismo.
El naturalismo del Renacimiento consistió en el interés por lo natural en la ciencia,
en el derecho, en la religión y en la moral.
Los artistas pintaron la gracia del cuerpo humano y las bellezas de la naturaleza.
La pintura y la escultura se hicieron independientes.
Desde la Edad Media se puede apreciar en el naturalismo del gótico un interés por
observar la naturaleza y representarla tal cual, sin simbolismos.
Pero en el Renacimiento el naturalismo alcanza una mayor dimensión ya que
adquiere los rasgos científicos, metódicos e integrales para desarrollar sus
expresiones.
Ya no se trataba de una mera observación, sino de un estudio de la
naturaleza. Renacimiento italiano.
En 1453 los turcos conquistan Constantinopla; esto provocó que muchos sabios
griegos se refugiaran en Italia y contribuyeran a difundir el entusiasmo por los
clásicos en esta región. Esta es una de las razones por las que el Renacimiento,
tanto en esencia como cronología, se considere un hecho italiano.
El movimiento nace en Italia y de ahí recibe su más vigoroso impulso para
difundirse por Europa tomando características específicas en cada país, al
adaptarlo y combinarlo con sus propios estilos.
Florencia se convirtió en el centro artístico de Europa. Los florentinos aprendieron
a dibujar ideas y emociones a través de las posturas del cuerpo y las expresiones
faciales. Además, gracias a la perspectiva lograron efectos tridimensionales.
Los tres poetas considerados precursores del humanismo renacentista: Dante,
Boccaccio y Petrarca; fueron italianos con fuertes vínculos en Florencia.
La península ibérica.
En España, después de la Edad Media, hay un florecimiento económico y cultural.
De la mano de los Reyes Católicos se convierte en una potencia cuyo imperio
llega a incluir Sicilia, Nápoles, el sur de Italia, Cerdeña, el norte de África y
Borgoña. Bajo el reinado de Carlos V dominaban también los territorios de
Alemania, Austria, Bélgica y Holanda; además de los territorios descubiertos en
América y Oceanía. Con Felipe II se anexó también Portugal.
Aparecieron las novelas de caballeros; héroes como Esplandián, Florisando,
Primaleón, Amadís de Grecia, Amadís de Gaula; quienes glorificaban la vida
consagrada a hacer reinar la justicia por obra del valor, llena de honor y de
ternura. También tiene lugar el período de los grandes poetas religiosos.
Lírica
Francesco Petrarca (1304-1374) nació en Arezzo; habitó varios años en Aviñón,
donde encontró a Laura, quien sería su gran amor e inspiración para sus más
célebres versos. Más que un poeta, fue un apóstol del saber, un humanista, un
ferviente impulsor de la cultura, que para él era la clásica grecolatina. A pesar de
vivir un siglo antes, Petrarca, abre la brecha para el nuevo periodo del
Renacimiento literario, no tanto como último medieval sino como el primer espíritu
moderno por su exquisita sensibilidad y su apertura a todas las ideas.
Petrarca escribió en latín imitando a Cicerón, Virgilio y Horacio; sin embargo, debe
su gloria a las obras que escribió en lenguaje vulgar:
“Cancionero”: escrito en italiano, está compuesto por 317 sonetos y 29
canciones inspiradas en el amor ideal que sintió por Laura. Al igual que hizo
Dante con Beatriz, Petrarca sublima a Laura en su concepción cortesana del
amor.
En esta obra se definen las formas métricas que distinguirán la poesía italiana
(itálico modo), sobre todo el soneto.
“Los triunfos”: Poema alegórico en seis cantos: Triunfo del amor, Triunfo de la
castidad, Triunfo de la muerte, Triunfo de la fama, Triunfo del tiempo y Triunfo de
la eternidad.
En estos poemas escritos en tercetos, describe el conmovido recuerdo de su
amada y perpetua la imagen de Laura ya muerta. Petrarca exhibe con exquisita
sensibilidad los principios del Dolce Stil Nuovo consagrados a admirar:
La nobleza como virtud del espíritu.
La mujer bella que anima al hombre a elevarse hasta Dios.
En España cinco poetas se caracterizaron por asimilar la influencia italiana:
Iñigo López de Mendoza, Juan de Mena, Jorge Manrique, Juan Boscán y
Garcilaso de la Vega.
Iñigo López de Mendoza (1398-1458) Marqués de Santillana, escribió obras
morales. Fiel admirador de Dante, lo imitó en su obra “El Infierno de los
Enamorados”. También compuso sonetos al modo italiano.
Juan de Mena (1411-1456) humanista impregnado de la cultura clásica del
Renacimiento. Su poema alegórico “Laberinto de fortuna” revela la influencia
dantesca.
Jorge Manrique (1440-1477) su obra más destacada conocida como “Las
Coplas de Manrique” fue ya mencionada cuando hablamos de la lírica medieval.
Decidimos incluirla en ese período ya que representa un perfecto retrato de las
costumbres funerales de la Edad Media, pero sin duda presenta también rasgos
renacentistas.
Fue considerado como el poeta más intenso de su tiempo y en su obra sintetizó
los valores espirituales de su época.
Juan Boscán (1490-1542) se caracterizó por emplear el verso endecasílabo y
algunas combinaciones estróficas tomadas de la métrica italiana.
Garcilaso de la Vega (1501-1536) se considera el más fiel representante del
Renacimiento humanista en España. Rompió formalmente con la Edad Media
porque introdujo estrofas y metros italianos sobre temas petrarquistas.
La principal aportación de Garcilaso consistió en haber establecido en la literatura
española el soneto italiano como composición eminentemente lírica. Lo más
logrado de su producción se halla en las “Églogas” en las que su apasionado
dolor es velado por la ficción pastoril. Garcilaso maneja el endecasílabo con un
dominio que supera al de sus modelos italianos; su estilo está dotado de armonía,
suavidad, serenidad e intenso sentimiento.
Fray Luis de León (1528-1591) nació en Cuenca; hizo sus primeros estudios en
Madrid, estudió en el convento agustino de Salamanca, y a los 17 años tomó el
hábito de monje en la orden de los agustinos. Desde 1561 hasta su muerte ejerció
como catedrático en la Universidad de Salamanca. En sus obras se funden la
tradición lírica y la moda renacentista con la más integral herencia bíblica,
patrística y escolástica. Destacó tanto en poesía como en prosa. En su poesía,
fray Luis se afilió al itálico modo y compuso sonetos en los que habló del amor
desencantado por algunas bellas desdeñosas. Reflexionó sobre la vida como
tránsito obligatorio del hombre y encontró que sólo debía vivirse sencilla y
naturalmente. Sus poemas están divididos en tres libros, en el primero se
encuentran sus propias composiciones; en el segundo y tercero las que tradujo de
otras lenguas.
Sus traducciones son de gran valor por la calidad y maestría con que conserva el
tono lírico original. Entre sus obras más conocidas están las odas: “Vida
retirada”, “Profecía del Tajo”, “A Salinas” y “Noche serena”.
Pierre Ronsard (1524-1585) fue el jefe de la escuela poética francesa de la
Pléyade, fue conocido como “el príncipe de los poetas”. Se convirtió en el
humanista más notable de su tiempo. En su obra “Los amores” utiliza la forma
del soneto, con una clara influencia petrarquista, dedica dulces sentimientos a
María, Casandra y Elena. Apasionado por las luchas religiosas, en los “Discursos
sobre las miserias” dejó sentir su afán de justicia.
Los cantares de gesta dieron origen a las epopeyas del Renacimiento.
Ludovico Ariosto (1474-1533) inició formalmente este género con su “Orlando furioso”,
un poema de cuarenta cantos cuya extensión es superior a “La Ilíada” y “La Odisea”
juntas. Alcanzó increíble popularidad en su tiempo. El argumento trata de la guerra del
rey cristiano Carlomagno contra el sarraceno Agramonte. En medio de los combates,
el caballero Orlando pierde el control cuando su amada Angélica se enamora del árabe
Medoro.
Torcuato Tasso (1544-1595) nacido en Sorrento, Italia; escribió un drama
pastoral en cinco actos, titulado “Aminta”. “La Jerusalén libertada” es un poema
épico-religioso que habla de la primera Cruzada, organizada por Godofredo de
Bouillon. Los caballeros cristianos logran salvar la ciudad sagrada y liberar el
Santo Sepulcro. En este poema, Tasso, intenta conciliar la triple inspiración
caballeresca, clásica y cristiana.
• Alonso de Ercilla y Zúñiga (1533-1594) mejor conocido como Ercilla, nació en
Madrid. Estimulado por el espíritu renacentista y por las maravillosas aventuras
caballerescas, se enroló como soldado para combatir la sublevación del Arauco en
Chile. En combate fue comisionado para llevar un diario militar de las sangrientas
batallas; ése fue el origen de “La Araucana”, un poema en treinta y siete cantos
escritos en octavas reales.
• Camõens (1524-1580). El poeta portugués Luis Vaz de Camõens se encargó de
conservar la memoria de los descubrimientos de su pueblo, marinero por
excelencia. Escribió poesías líricas y tres comedias, pero su gloria se debe a la
epopeya “Os Lusiadas” , donde conservó las hazañas de los descubridores y
glorifica al pueblo portugués. Es una obra en diez cantos escritos en octavas
reales en la que se incluyen elementos mitológicos, en especial, la participación de
los dioses del Olimpo.
John Milton (1608-1674) fue un político y poeta inglés cuya obra capital es el
poema épico. “El Paraíso perdido”, la cual se inspira en el “Génesis” para
presentar:
• La rebelión de Luzbel contra Dios.
• La inducción de los demonios al pecado original del hombre.
• La expulsión de Adán y Eva del Paraíso.
El poema fue escrito en verso libre. Otras obras de Milton son: “El Paraíso
recobrado” y “Odas y Elegías”
Giovanni Boccaccio (1313-1375) es el primer gran maestro de la prosa narrativa
italiana; al igual que su amigo, Petrarca, era un entusiasta de los antiguos
clásicos. Creció en Florencia, la patria de su padre.
Se dedicó al comercio y en estos trabajos conoció a María D’Aquino a quien
inmortalizó como su amada Fiammetta. Esta mujer sensual lo engañó; desde
entonces él odio terriblemente a todas las mujeres convirtiéndolas en mensajeras
de infortunio. Las obras de este erudito son:
• “Fiammetta”: Novela sentimental donde él finge abandonar a la infiel amante.
• “El Corbaccio” o “Laberinto de amor”: Tratado sobre los vicios de de las malas
mujeres.
• “El Decamerón”: Ingeniosa colección de cuentos.
La obra de mayor fama de Boccaccio es “El Decamerón ”, colección de un
centenar de cuentos relatados por siete muchachas y tres jóvenes para pasar el
tiempo en una finca de Florencia, donde se habían refugiado de la peste. El autor
tomó elementos de la tradición cristiana, de “Los fabliaux ” o de colecciones
orientales, como el “Panchatantra ”. Los relatos van de la bufonería al más
delicado sentimiento; son graciosos, morales, sentimentales, y todos llenos de
encanto. Boccaccio es un narrador nato y “El Decamerón” es la muestra de su
excelencia como prosista.
Francois Rabelais (1494-1553) sacerdote, médico, escritor y humanista, Rabelais
se encargó de extender en Francia el género de los relatos. Su obra, publicada en
cuatro volúmenes sucesivos, se conoció después como “Las grandes e
inestimables crónicas del grande y enorme gigante Gargantúa y su hijo
Pantagruel”. Esta novela descabellada relata la vida juvenil de Gargantúa, hijo de
la gigante Grangaznate, y después, la educación de Pantagruel. Como se trata de
gigantes, sus aventuras resultan descomunalmente desproporcionadas,
comparándolas con las actividades del hombre de estatura normal.
Rabelais, bien contagiado por el espíritu renacentista, presenta en su obra el amor
a la vida, a la naturaleza y la devoción al libre albedrío. El punto de partida moral
de su obra es el principio epicúreo: “hay que seguir la naturaleza” en lugar de
someterla o tenerla a raya como en la Edad Media. Su sátira es sobre todo jovial y
repleta de carcajadas.
La novela caballeresca, la novela pastoril y la novela picaresca.
La novela caballeresca. Conocida también como “Libros de Caballería”, la novela
caballeresca tiene su origen en la Edad Media con los trovadores provenzales
que iniciaron el espíritu caballeresco, caracterizado por la protección al débil y el
culto a la mujer.
Estos sentimientos, llevados hasta lo extravagante, originaron el concepto de
caballero andante, prototipo del heroísmo y de la fidelidad amorosa, que lucha
contra el mal y resulta siempre victorioso. Entre los deberes del caballero
podemos mencionar los siguientes:
Defender a los desvalidos y particularmente a las doncellas, a las viudas y a los
huérfanos.
Luchar únicamente por el bien general.
En los torneos, golpear de filo, jamás de punta.
Cumplir condiciones impuestas por el vencedor.
El “Amadís de Gaula” y “Tirante el Blanco” iniciaron estas historias de seres
increíbles que al oír un llamado de auxilio no dudan en escalar las torres de los
castillos donde estaban encarceladas las bellas princesas para salvarlas de sus
verdugos.
“Amadís de Gaula”: novela caballeresca que da fama al género por su notable
éxito. Escrita en castellano, de autor desconocido, relata las aventuras del héroe
legendario cuyo nombre da título al libro. El Amadís es la culminación de la
leyenda artúrica en la literatura española. Fue un libro muy imitado.
“Tirante el Blanco” (“Tirant lo Blanch”): escrito en catalán, en 1490 por
Joanot Martorell. Cuenta las aventuras, danzas y empresas de Tirante el Blanco
en Asia y Grecia, su entrada triunfal en Constantinopla y sus amores con la hija de
un emperador bizantino.
La novela pastoril.
La novela pastoril es una variante de la novela de caballería en la que el amante
desdeñado no se lanza a pelear por el amor de su amada, sino que se refugia del
mundo hostil entre pastores, para que la tranquilidad del campo y la naturaleza
alivien su corazón atormentado.
En esta región pastoril ficticia se mueven pastores y pastoras refinados que
estudiaron en universidades, hablan latín, citan a Platón y desconocen los
misterios de la vida silvestre.
En consecuencia, el relato resulta muy artificioso; pero lleno de una dulce y
armoniosa comprensión de la naturaleza, y colmado de melancólica poesía.
Las obras más destacadas de este tipo fueron “La Arcadia” y “Diana
enamorada”.
“La Arcadia”: fue la mejor obra de este tipo, escrita por el napolitano
Jacobo Sannazaro (1458- 1530). En ella el autor se oculta bajo el nombre del
héroe principal: el pastor Sincero, que abatido por el rechazo de su amada se
refugia en la Arcadia.
“Diana enamorada”: del portugués Jorge de Montemayor (1520-1561),
cuenta la historia de la pastora Diana, que ama al pastor Sireno, pero es obligada
por su padre a casarse con Delio. Cuando Sireno regresa, los dos amantes caen
en la desesperación.
La novela picaresca.
Se considera a la novela picaresca una reacción contra las novelas caballerescas
y pastoriles ya que en ellas sólo se mostraban los altos sentimientos, el honor y la
gloria y se dejaba de lado las vulgares realidades, las pasiones, las necesidades y
el dolor. Surge así la contraparte del caballero: el pícaro. El personaje del pícaro
suele ser siempre un vagabundo, sin oficio ni beneficio que vive al margen de la
sociedad, sin seguir sus convenciones o leyes.
Este tipo de novelas, con características perfectamente definidas, son una de las
representaciones más originales de la literatura española.
Más que reacción a modo de parodia o sátira de otras formas novelescas, las
novelas picarescas se presentan como una nueva alternativa.
“El Lazarillo de Tormes” se considera la obra maestra del género picaresco. Se
conocen tres ediciones anónimas que aparecen en 1554. Fue prohibida por la
Iglesia poco después de su aparición y hasta 1573. Cuenta la historia de Lázaro,
nacido a orillas del Tormes y quien sirve sucesivamente a un ciego, a un
sacerdote, a un escudero, a un fraile de la Merced, a un pintor y a un alguacil. La
novela describe con maestría una serie de arquetipos de su época y a la vez
satiriza las costumbres de aquella sociedad.
Características del pícaro en “El Lazarillo de Tormes”:
Personaje nacido en los bajos fondos de la sociedad y de escasos recursos
económicos.
Sin oficio definido y empleado por varios amos.
Promueve la holgazanería y la vagancia; prefiere mendigar para satisfacer sus
necesidades.
Es dicharachero, embaucador, mentiroso, borracho; pero no criminal.
Comete pequeñas raterías, pero no es propiamente un ladrón. Es transgresor de
las leyes civiles y morales, pero no es un depravado o asesino.
Es antisocial.
Tiene una cierta filosofía pesimista, aunque nunca se da por vencido.
Es bromista con un toque de amargura, una melancolía por las injusticias que
padece.
Es realista en el sentido de que ve la vida fríamente, sin romanticismos o
exaltaciones.
Despierta simpatía en el lector por el humor con que se toma la desgracia.
Política y ensayo
Nicolás Maquiavelo (1469-1527) si la prosa italiana es en Boccaccio instrumento
de arte, en Maquiavelo lo es para la exposición y el análisis. Era un activo político
y un artista de la palabra, secretario de Florencia y delegado en Pisa, Francia,
Austria y Roma. Entre sus escritos se encuentran: “Los discursos sobre la
primera década de Tito Livio”, “Diálogos sobre el arte de la guerra” y “La
Mandrágora”, pero sin duda su obra más importante es “El Príncipe”,
ingenioso tratado sobre política y gobierno cuyo objeto es mostrar cómo se puede
adquirir, conservar y perder el poder. En este libro, Maquiavelo ventila que, a
nombre de la razón de Estado, se excusan el uso de astucias, crueldad y hasta el
perjurio.
Montaigne (1533-1592). El abogado, filósofo y diplomático francés Michel de
Montaigne introdujo en las letras renacentistas el ensayo, género literario en el
que se exponen meditaciones en prosa. Los orígenes de este género no son
claros, por lo que se considera a Montaigne su creador, quien definió el ensayo
con las siguientes características:
• Aborda una temática selectiva y poco popular.
• Los asuntos se tratan como si se charlara sobre ellos en una sobremesa.
• Su método de exposición es muy flexible.
• Puede abordar todo tipo de asuntos.
La obra de Montaigne, dividida en varios libros, se titula “Los ensayos”, en ella
habla de una enorme variedad de temas que evoca el autor cuando recuerda sus
aventuras.
Teatro.
El teatro español tiene sus orígenes en las representaciones religiosas que tenían
lugar en las iglesias durante las conmemoraciones litúrgicas; muy populares
durante la Edad Media. Al inicio del Renacimiento, las obras que se representaban
no mencionaban al autor, lo cual ha provocado que, frecuentemente, se
desconozcan detalles de los autores. A continuación, mencionamos tres
destacados y sus obras:
La Celestina.
Una de las particularidades de esta obra, considerada universal, es que con ella
se inaugura el Renacimiento español. Sin embargo, decidimos mencionarla hasta
este punto por su relevancia, sí, pero también por lo complejo que resulta su
clasificación. Comencemos hablando de su autoría, que también fue tema
complicado por algún tiempo.
El bachiller Fernando de Rojas (1475-1540) quedó en la historia literaria como
autor de la “Tragicomedia de Calixto y Melibea”, mejor conocida por su nombre
abreviado de “La Celestina”. Durante mucho tiempo se dudó de la autoría de
Rojas, sólo atestiguada por el famoso acróstico donde declara su nombre.
Actualmente no quedan dudas de que él es el autor, sino de la totalidad de la obra,
al menos de dieciséis de los veintiún actos que contiene.
Más complicado que el asunto de la autoría resulta el dilema de a cuál género
pertenece. A pesar de su carácter de obra dramática con formato en diálogos y de
no contener partes narrativas; ha sido objeto de diversas estimaciones por su
larga extensión y el uso particular que hace del tiempo, lo que ha llevado a
reconocer en ella formas novelescas. Se ha clasificado como novela dramática,
novela dialogada e incluso algunos aseguran es agenérica (más allá de cualquier
género). Si se le considera como obra dramática tendría que ser desde una
perspectiva más amplia de lo que es el drama, puesto que rebasa moldes de este
género; su extensión y diversidad de situaciones hace imposible su
representación. Es decir, se trata de una obra dramática escrita para ser leída y no
representada. Aunque bien podríamos haberla incluido en la sección de épica o
novela, se ha optado por mencionarla en esta sección debido a la profunda
influencia que ha ejercido en el teatro español, sus múltiples ediciones, imitaciones
y adaptaciones proliferaron y fueron llevadas al escenario en incontables
ocasiones. Rojas incorpora en su obra influencias de todo tipo de fuentes: autores
clásicos como Heráclito, Aristóteles, Horacio, Virgilio, Séneca; la Biblia;
renacentistas como Petrarca y Boccaccio; autores españoles como Alfonso el
Sabio, Juan Ruiz, Manrique y otros.
“La Celestina” destaca por su realismo, tanto en su argumento, como en el retrato
de sus personajes, situaciones y lenguaje. Aquí enlistamos sus características:
La delineación perfectamente humana de los caracteres.
La pintura plena y sin tapujos de todas las pasiones.
Las descripciones paisajísticas llenas de realismo.
El manejo del lenguaje apropiado a los sentimientos retratados.
Epílogo
A este punto hemos recorrido grandes autores y obras del Renacimiento, pero
hemos dejado a dos gigantes figuras de la literatura para la siguiente semana, dos
pilares renacentistas de las letras universales que merecen mención aparte:
William Shakespeare y Miguel de Cervantes Saavedra.