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Mujeres que buscan su esencia

El documento presenta una descripción de las características y experiencias de un grupo de mujeres de entre 30 y 60 años. Algunas de las características mencionadas son que no quieren tener hijos, crían mascotas en lugar de hijos, no pudieron terminar la universidad, tienen trabajos inestables y bajos ingresos, y tienen problemas de salud mental como ataques de pánico y baja autoestima.

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Mujeres que buscan su esencia

El documento presenta una descripción de las características y experiencias de un grupo de mujeres de entre 30 y 60 años. Algunas de las características mencionadas son que no quieren tener hijos, crían mascotas en lugar de hijos, no pudieron terminar la universidad, tienen trabajos inestables y bajos ingresos, y tienen problemas de salud mental como ataques de pánico y baja autoestima.

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ALEJANDRA

PIZARNIK

"Mis amigas
no quieren tener hijos
crían perros, gatos, plantas
la mayoría desistió de la universidad
no pueden mantener trabajos
en relación de dependencia
viven con poca guita
piensan en otro ser
algunas comen mucho
otras poquísimo
le dan al trago
algunas tienen hijas e hijos
andan por los 30
y 60 y pico de años
ninguna votó a Macri
no creen en dios
me han prestado plata
han cocinado para mí
se han querido suicidar
tienen baja autoestima
y a veces alta como la marea
les gustan otras mujeres
tienen ataques de pánico
Quieren irse de ellas mismas
sus familias son pobres
con padres locos
o de generaciones sin inconsciente
Ellas fuman, fuman y fuman
son hermosas
Resisten
y pueden sostenerme con un dedo"
MARIELA LAUDECINA

LAS MUJERES QUE SE BUSCAN A SÍ MISMAS

las mujeres que se buscan a sí mismas

son peligrosas

las he visto

tienen galaxias en el pecho

y no hay nada que las aparte de su destino

de lobas

las mujeres que se buscan a sí mismas

cantan como si estuvieran a punto de amarte

pero no te aman a vos

ellas sólo aman el misterio y la revelación

y se regocijan adentrándose en el bosque

las mujeres que se buscan a sí mismas

se hacen gigantes y si te quedás callado

mirándoles el pelo te volvés chiquito

no sé cómo decirte que me siento poca cosa


porque ni el mejor poema del mundo

se compara con una mujer que entiende

de luz y de oscuridades, de máscaras

y de energías

lo que estoy por decir es mentira

ojalá nunca me enamore de una mujer

que se busca a sí misma

porque las conozco

las mujeres que se buscan a sí mismas

son peligrosas

AGUSTINA FERRAND

"Llenarás las palabras de ti mismo,


llenarás las palabras de palabras,
llenarás con las cosas las palabras:
quedan siempre vacías.
Vaciarás las palabras de ti mismo,
vaciarás las palabras de palabras,
vaciarás de las cosas las palabras:
queda siempre el vacío.
¿Dónde estarás tú mismo,
dónde las cosas, dónde las palabras?"
"La tarea de escribir", Aurora Bernárdez

Ser poesía
es más
que hacer poesía.
Un río de palabras
desata su violencia dulce,
áspera a veces,
aspa de vuelos;
dice por mí lo indecible,
puede más que yo,
me absuelve mientras confiesa,
me junta las partes,
me hace creer, croar, caer,
me hace cantar, callar, coser.
Pero no todo es palabra,
letra, caracter, carácter,
hashtag, libro, post, me gusta...
Es ese silencio,
ese nudo en la mirada
que pinta y desenreda,
que zumba, siembra, reclama;
es lo fundante,
la vieja fundición
que forjó mi filo
en tinta roja,
es un margen en blanco
y una hoja, es
una ternura
para mirar el mundo
y fulminarlo
Natalia Carrizo

A MIS AMIGAS
La amistad es refugio
es frazada en invierno
es el sol que te acaricia la cara cara cuando estás intentando empezar de nuevo.
La amistad son esos ojos que saben cuando estás feliz o cuando estás mal, sin que digas una
palabra.
La amistad son esas manos que agarran fuerte las tuyas cuando no necesitas un consejo pero si
una caricia.
Es el mate calentito que nunca se lava.
Las horas interminables de charlas sobre la vida con una birra helada y terminar llorando de
emoción o riendo como focas.
La amistad es que te banquen en lo que decidas, que te impulsen a crecer, a buscar tu camino.
Amistad es ser tan feliz por los logros del otro como por los de uno mismo.
La amistad es un nudo en el estómago cuando no podemos hacer más que ser presencia, en esos
momentos donde el mundo duele.
La amistad es poder hablar de todo sin tenerle miedo a nada.
La amistad es sentirse cerca aunque se esté lejos, es un jardín precioso donde todas las flores
crecen al mismo tiempo, se cuidan del viento, bailan bajo la lluvia y pueden decirle a la otra
con total sinceridad: No te imaginás lo feliz que me hace que puedas ser vos.
Amistad es nunca llegar a saber
quien tuvo la fortuna de conocer a quien
porque el amor es tan mutuo
que no se puede medir con nada.
La amistad es un faro, una risa compartida, un abrazo, un mate y una flor.
Un texto de @cinwololo

HISTORIA DE LA RESURRECCIÓN DEL PAPAGAYO (EDUARDO GALEANO)


El papagayo cayó en la olla que humeaba. Se asomó, se mareó y cayó.
Cayó por curioso, y se ahogó en la sopa caliente.
La niña, que era su amiga, lloró.
La naranja se desnudó de su cáscara y se le
ofreció de consuelo.
El fuego que ardía bajo la olla se arrepintió y se apagó.
Del muro se desprendió una piedra.
El árbol, inclinado sobre el muro, se estremeció de pena,
y todas sus hojas se fueron al suelo.
Como todos los días llegó el viento a peinar el árbol frondoso,
y lo encontró pelado.
Cuando el viento supo lo que había ocurrido, perdió una ráfaga.
La ráfaga abrió la ventana, anduvo sin rumbo por el mundo
y se fue al cielo.
Cuando el cielo se enteró de la mala noticia, se puso pálido.
Y viendo al cielo blanco, el hombre se quedó sin palabras.

El alfarero de Ceará quiso saber. Por fin el hombre recuperó el habla,


y contó que el papagayo se había ahogado y la niña había llorado
y la naranja se había desnudado
y el fuego se había apagado
y el muro había perdido una piedra
y el árbol había perdido las hojas
y el viento había perdido una ráfaga
y la ventana se había abierto
y el cielo había quedado sin color
y el hombre sin palabras.

Entonces el alfarero reunió toda la tristeza. Y con esos materiales,


sus manos pudieron renacer al muerto.
El papagayo que brotó de la pena tuvo plumas rojas del fuego
y plumas azules del cielo
y plumas verdes de las hojas del árbol
y un pico duro de piedra y dorado de naranja
y tuvo palabras humanas para decir
y agua de lágrimas para beber y refrescarse
y tuvo una ventana abierta para escaparse
y voló en la ráfaga del viento.

Deseo
que el aire entre y salga fácil
cuando respires
que consigas poner a tu favor
cada huracán en contra
y que por cada soplo tuyo
algo se encienda
que permanezca brasa
el tiempo suficiente
para que no te apagues vos…
Iris Rivera
Anímese.
Rompa el vidrio y también las pelotas.
Usted no puede pasar por la vida pidiendo permiso hasta para querer,
hasta para perdonar,
hasta para extrañar.
Rompa el vidrio que divide ese límite absurdo entre lo esencial y lo aparente,
y se dará cuenta de que en el fondo no hay fondo que valga,
que los días son puntos indivisibles en la inmensidad del mar,
y que no hay mejor lujo que la simpleza,
que el lento correr de lo cotidiano,
porque en la lentitud contemplara bellezas.
A saber: el nacimiento de los días, el obrero pedaleando hacia la fábrica con un broche en el
pantalón, los goles y los lujos en el campito de enfrente, el abrazo por la espalda que le
comparte un hijo.
Entonces, que no lo apuren para llegar a ningún lado.
Porque usted ya llegó.
Usted ya es.
Y usted debe aplaudirse una vez en la vida.
Bernardo Penoucos.

cada vez que te vayas de vos misma


no olvides que te espero
en tres o cuatro puntos cardinales
siempre habrá un sitio dondequiera
con un montón de bienvenidas
todas te reconocen desde lejos
y aprontan una fiesta tan discreta
sin cantos sin fulgor sin tamboriles
que sólo vos sabrás que es para vos
cada vez que te vayas de vos misma
procurá que tu vida no se rompa
y tu otro vos no sufra el abandono
y por favor no olvides que te espero
con este corazón recién comprado
en la feria mejor de los domingos
cada vez que te vayas de vos misma
no destruyas la vía de regreso
volver es una forma de encontrarse
y así verás que allí también te espero
[Link]

Esta tristeza que nos llega con la tarde ya es moneda


corriente, viene desde lejos (quizás desde nuestra infancia)
a recordarnos que somos los elegidos para quienes
fue reservado el dolor de las horas.
¿Qué haremos con los inviernos que restan?
Con nuestra piel arrugada y los ojos vidriosos,
con las lágrimas que rodarán por las solapas gastadas,
con el frío de la vida que se alarga como las sombras
de la tarde.
¿Qué haremos que no sea parir dolor?
¿engendrar monstruos perseguidores de nuestra propia hipocresía?
¿Qué haremos con estas vigilias interminables e infecundas,
con nuestros sueños hartos de derrotas?
¿Qué haremos con los hijos que no tuvimos?
¿A dónde iremos a dar con nuestra sangre sucia?
¿Habrá algún sitio para los solitarios,
para los que no compusimos sinfonías,
para los que no supimos hacer estallar en colores nuestra tristeza?
Para los que no hicimos concesiones,
para los empecinados,
para los que pretendimos el todo, la libertad absoluta y
nos quedamos con el ardor de la nada.
¿Habrá piedad para los que jugamos a cara o ceca
y perdimos?
¿A dónde iremos los que olvidamos sonreír en el momento
necesario;
los que no supimos retroceder
cuando retroceder significaba avanzar?
¿Dónde acabaremos los que nuca fuimos inocentes?
¿Quién se apiadará de los desesperanzados
cuando todo haya concluido
y hoy mismo
y esta misma tarde
y en este tedioso instante
quien golpeara la puerta para traer algo
que no sea indiferencia,
desprecio por nosotros,
asco de nuestras caras
o la boleta del gas?
¿En qué infierno acabaremos los equivocados,
los que no fuimos genios,
los que no fuimos dioses,
los que sobrevivimos de prestado?
que conocimos la luz y nos detuvimos a jugar con las sombras?
¿Qué será de los vencidos ilesos?
¿Qué será de los fracasados,
de los que no recibimos una bofetada a tiempo o la tuvimos
pero nadie se acercó a consolarnos?
¿Habrá un sol, una playa, un mar, un cielo nuevo
para los desertores del rebaño que nos estrellamos las
narices contra las piedras pero no nos atrevimos a regresar?
¿Qué será de los que lloramos a escondidas?
¿Habrá algún premio para los que quisimos volar más
alto y no triunfamos? (pero nos defendimos a gritos
cuando dijeron que era soberbia).
¿Viviremos mucho tiempo más intercambiando caretas con
nuestros fantasmas?
¿Habrá piedad para los que escuchamos a todos y no
entendimos a nadie;
para los que la soledad no nos dio un jaque de muerte
ni el amor nos dio un golpe de vida?
¿Qué haremos con este silencio insultante,
con los espejos injuriosos?
¿Y que haremos con los soles nuevos? ¿continuaremos
interponiendo las persianas atávicas?
¿Habrá ternura para los desarraigados,
para quienes el futuro es una palabra sin sentido,
para los que descubrieron con espanto que el amor es lo
mejor pero no alcanza?
¿Quién nos mirará con ojos que no sean de misericordia
o benevolencia?
¿Qué haremos con nuestros amaneceres abúlicos?
¿no cesaremos nunca de dejarnos caer de la cama,
de quedarnos acostados en el piso,
enredados aún en las sábanas,
mirando puntos en el techo,
recitando poemas atribulados,
cantando sambas tristes como “la añera”?
¿Seguiremos asomándonos a la ventana,
contando personas de a dos en dos,
mirando paraguas los días de lluvia?
¿Hasta cuándo viviremos parapetados en los rincones
oscuros, con la soledad como una enfermedad contagiosa?
¿Hasta cuándo nos aferraremos a las tinieblas como
arañas?
¿Habrá algún sitio para los que no fuimos escuchados,
para los que no supimos gritar,
para los que no tuvimos la respuesta del eco
en la montaña de los hombres?
¿A qué sitio iremos a dar con nuestros pocos dientes y
nuestros pocos pelos que no sea de podredumbre y
silencio?
Tanta sangre enloquecida y caliente,
tantos sueños,
tanto pudor innecesario,
tanto error
y después tanto arrepentimiento
para ser cenizas,
barro inútil,
cauces desolados, ahítos de piedras y de olvido.
(¿O tendrá mejores matices la muerte de los muertos?)
Tantos deseos de partir,
de abandonar esta casa,
de dejar esta suerte,
de dejarse a uno mismo…
¿Cuándo gritaremos ese ¡ahora!, ¡ahora!, ¡ahora!,
hasta que se descuelguen los retratos de todos los museos,
hasta derribar esta casa,
hasta sepultar nuestros espectros,
hasta apostatar de este despiadado ocultamiento?
¡Cuántas palabras más encerradas que nosotros mismos
cuántas caricias puras dentro de la piel,
cuántos sonidos de amor en silencio,
(cómo ensucia al sentimiento el acto)
cuanto daño padecido
(cómo defrauda a la intención el gesto)
y cuanto nos queda por padecer todavía.
¿Cómo recuperaremos el tiempo que se nos fue esperando?
¿Cómo responderemos ahora a todo aquello que no
respondimos
¿Qué ilusión podrá resistir a nuestro cansancio?
¿Qué respuestas encontraremos en las paredes?
¿Qué plegaria rezar que no contenga mentiras?
¿Qué sueño soñaremos los que nos nutrimos de letargos?
¿Qué canción entonaremos que no evoque los deseos
irrealizables, los intentos fútiles?
¿Ante qué Dios nos arrodillaremos los que no aprendimos
a rendir pleitesía?
¿Hasta cuándo soportaremos los relojes que marcan y
fustigan los rostros, las horas de mármol y acero?
Los sobrevivientes estamos condenados a respirar entre
los muertos,
a tocarlos con nuestras sombras innocuas.
En esta casa muda ¿qué móvil existirá que nos despierte?
ya acostumbrados a esperar el porvenir y siempre
desesperando en cada instante.
Apoyados en los alféizares, con los ojos irritados, con
las manos mortecinas, mirando octubres o eneros en la
calle. Y los jóvenes, la belleza, los niños, los frutos, el
amor afuera…
¿De que simiente surgimos los infinitamente deshabitados?
¿Qué oráculo inexorable predijo nuestro desierto?
¿En qué juego de la infancia apostamos la inocencia?
¿En qué rayuela perdimos la esperanza
y en qué escondida aprendimos a sufrir?
Para los sobrevivientes no hay presencia concreta
que sirva de compañía,
apenas y a veces hay estériles vanaglorias de arte
a simulaciones de locura envasable y vendible.
El triunfo nos destruye (quizás la verdad en estado puro
se halle únicamente en la desolación y el fracaso).
Un sobreviviente para otro es siempre un espejismo.
José Sbarra, Obsesión de vivir

La cosa es

amar la vida,

amarla incluso
cuando no te da el estómago

y todo lo que sostuviste con cariño

se deshace como papel quemado en tus manos,

tu garganta llena de su sedimento.

Cuando el dolor se sienta al lado tuyo, su calor tropical

espesando el aire, denso como el agua

más apto para las branquias que los pulmones;

cuando el dolor te pesa como tu propia carne

sólo que un poco más, una obesidad de dolor,

vos pensás, "¿Cómo puede un cuerpo aguantar esto?"

Entonces sostenés la vida como un rostro

entre tus palmas, una cara simple,

sin una sonrisa encantadora, sin ojos violetas,

y decís, sí, te voy a elegir

te voy a amar, de nuevo.


Ellen Bass

La feminista
Sucede que ya no aguanto
que en la calle me grités
a la primera de cambio:
“¡Tenías que ser mujer!”
Soy mujer y me equivoco
pero vos, ¿quién te creés?
¿Valentina la astronauta,
Evita, sor Juana Inés?
Sos el león de la Metro,
mucha porra y poco rey.

No me vengas con rugidos


que no hay selva por acá
y no soy ninguna fiera
ni la mona de Tarzán.
Yo fallo por accidente
y no por fatalidad.
Cuando agarre la manija
no sé si lo haré tan mal
como ustedes, que arremeten
gobernando marcha atrás.

Conmigo te equivocaste
de programa y de canal.
Me tomaste por tu abuela
que aguantó sin pestañear.
Si tenés el monopolio
del acierto universal
yo te dejo vía libre
pero vos, dejame en paz.
Y cuando las papas quemen
¡arreglate sin mamá!

María Elena Walsh

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