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Guía de Historia para Postulantes Policiales

El documento presenta un resumen de la historia de la humanidad y los orígenes de la cultura en 3 oraciones: 1) Explica que los primeros homínidos como Homo erectus surgieron en África hace unos 2.5 millones de años y migraron a otras regiones, y que Homo sapiens evolucionó hace entre 60,000 y 4,000 años. 2) Detalla que la revolución agrícola hace unos 11,000 años permitió el surgimiento de las primeras comunidades agrícolas y ciudades, liberando a parte de la población para
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Guía de Historia para Postulantes Policiales

El documento presenta un resumen de la historia de la humanidad y los orígenes de la cultura en 3 oraciones: 1) Explica que los primeros homínidos como Homo erectus surgieron en África hace unos 2.5 millones de años y migraron a otras regiones, y que Homo sapiens evolucionó hace entre 60,000 y 4,000 años. 2) Detalla que la revolución agrícola hace unos 11,000 años permitió el surgimiento de las primeras comunidades agrícolas y ciudades, liberando a parte de la población para
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COMPENDIO GUÍA DE CONSULTA GESTIÓN 2022

POLICÍA BOLIVIANA
DIRECCIÓN NACIONAL DE INSTRUCCIÓN Y ENSEÑANZA
UNIVERSIDAD POLICIAL “MCAL. ANTONIO JOSÉ DE SUCRE”

TEXTO GUÍA
DE

HISTORIA
GESTION 2022

Queridos postulantes:

Al mismo tiempo de felicitarlos por su decidida intención de ser


parte de la gran familia policial, lo cual demuestra su
desinteresado propósito de entregarse al servicio de la patria y
la sociedad, deseo hacerles conocer que la Policía Boliviana y su
– Universidad Policial “Mcal. Antonio José de Sucre”, están en
un momento histórico, que significa el fortalecimiento y
transformación institucional que dará respuesta a las
necesidades de la población en cuanto a Seguridad.

Para ello queremos una policía actualizada y comprometida con


las profundas transformaciones sociales que los bolivianos
estamos encarando, es decir, de acuerdo a las políticas
establecidas por el sistema educativo plurinacional, se
implementan procesos y procedimientos de postulación que
tienen por finalidad admitir a los postulantes más aptos e
idóneos para cumplir el sacrificado servicio policial.

Nuestra visión es tener una nueva policía en las calles de


nuestro país, que infundan respeto, den la seguridad y
tranquilidad anhelada por la población. Con la certeza que ante
cualquier contingencia se actuará con rapidez y eficiencia, con
conocimientos profundos y sólidos en relación con las nuevas
tecnologías que facilitan nuestro trabajo.

Respecto a las innovaciones que se harán en la universidad


policial, éstas son prioridad para la formación y nuestra gestión
institucional. Así mismo, a fin de cumplir con los apostolados
institucionales, se desarrollaron reformas importantes en los
procesos de enseñanza y aprendizaje universitaria a nivel de
pregrado.

Consideramos que la formación, capacitación, cualificación y


especialización del talento humano de la Policía Boliviana, es la
base para contar con profesionales idóneos, que harán frente a
los desafíos causados por la delincuencia que día a día adquiere
formas más agresivas y usa técnicas modernas para afectar a la
población.

En consecuencia, el presente documento, servirá de base para


la evaluación cuantitativa y cualitativa de las aptitudes y
competencias de los y las postulantes a las Unidades
Académicas de pre grado de nuestra Universidad.

Tenemos la convicc ión que la vida es un continuo ejercicio de


superación para lograr la capacidad, efectividad y legitimidad en
el ejercicio de nuestro mandato constitucional.
“Somos la policía de todos los bolivianos”, moderna y mejor
preparada para el presente y futuro

¡¡¡Bienvenidos!!!!
HISTORIA UNIVERSAL
1. Los orígenes de la humanidad
La vida en la Tierra depende del oxígeno, el calor y el agua. Las condiciones de
cada área geográfica en el planeta son el resultado de una combinación específica
de ellos. La vegetación, los animales y la vida de cada lugar es el resultado de
dichas combinaciones. Hace unos diez millones de años, el clima de la Tierra
cambió, los grandes bosques se redujeron significativamente, los primates
entonces se vieron obligados a descender de los árboles para buscar alimentos;
con ello, se favoreció decisivamente el desarrollo de nuevas capacidades físicas,
como el caminar erguido. El camino de la evolución de los primates hacia el
hombre moderno comenzó hace unos cinco millones de años.
El primer animal reconocido como homínido fue el homo erectus, cuyos restos
más antiguos datan de hace unos 350000 años atrás. Originario de África, migró a
otras regiones: por el occidente, Asia suroeste y Europa; por el oriente, Irán y
Afganistán, así hasta alcanzar la India y China, con el auxilio de los puentes de
tierra que unían a varios continentes y países y que, después de la última
glaciación, desaparecieron.
Al homo erectus le sucedió el homo sapiens neardertalensis y el homo sapiens.
Los hallazgos más antiguos ubican a los primeros entre los 60 y 55000 años atrás
y a los segundos hacia los 40000. El desarrollo de los primeros hombres puede
enmarcarse en el Pleistoceno, un período de la evolución del planeta que se inició
hace unos dos millones y medio de años y concluyó hace unos 30000. Es
precisamente hacia esta fecha que concluyó la última glaciación, pero no es hasta
hace unos 10000 que desaparecieron definitivamente los puentes de tierra que
unían diferentes regiones, actualmente divididas por las aguas.
Durante miles de años convivieron tres especies de homínidos diferentes: el homo
erecctus -la más antigua-, el homo sapiens neardenthalensis y el homo sapiens.
Estos últimos, originarios de Africa, pasaron a través del Medio Oriente para
conquistar vastas extensiones en Europa y América. Sin embargo, hace unos 100
mil años, debido a una catástrofe de inmensas proporciones, probablemente un
gran volcán, estuvieron al borde de la extinción. Tras el fin de la Edad de Hielo y
con la expansión del Sahara, ellos comenzaron nuevamente a moverse hacia
territorios desconocidos.
Hace unos 60 mil años ellos habían reaccionado definitivamente, conquistaron
entonces Europa Oriental y Australia. Hace unos 40 mil años disponían de
variadas herramientas. Se vivía en el marco de la denominada Primera Revolución
Tecnológica. En 5000 años, ellos cambiaron más que en los cinco millones de
años anteriores.
La entrada de los hombres antiguos a Europa coincidió con una enorme helada,
entonces ellos se dispersaron entonces para sobrevivir. Hace unos 37 mil años, se
trasladaron al sur de la helada Francia. Los que habitaban allí copiaron sus
herramientas. Sin embargo, el homo sapiens un nuevo paso para superar a los
Texto Guía – Historia

neardentales, surgió entonces el arte, una verdadera revolución en materia de


información.
Las imágenes halladas en las cuevas indican una mente semejante a la actual. El
hombre de Neardental carecía de estas posibilidades. El hombre antiguo se
transformó en el hombre moderno y al final se conformó una inteligencia individual
con variadas facetas: la técnica, la artística.
El pensamiento simbólico surgió antes de que pasaran a Europa. Europa tenía
más de la mitad del territorio cubierto de hielo. Hace 20 mil años de Europa a
América existía un puente de tierra seca. El homo sapiens moderno conquistaba
cada vez más nuevos territorios. Luego subió el mar. La evolución del cerebro
duró 5000 años. Hace 10 mil años terminó la Edad de Hielo, volvió a subir la
temperatura. Había aproximadamente un millón de habitantes. La Edad de Hielo
regresó brevemente, en el Medio Oriente nació entonces la agricultura en Siria
hace unos 11 mil años, los demás los siguieron, después de mil años comenzaron
los corrales y el ganado. Se produjo un cambio de perspectiva de carácter
trascendental: el mundo podía alterarse, transformarse, ponerlo al servicio,
dominarlo.
2. Los orígenes de la cultura
El hombre, en su evolución, desarrolló cientos de culturas, prácticamente en todos
los confines de la Tierra. Dichas culturas, en creciente interrelación, estuvieron
aisladas en el pasado, cuando aparecieron formas de vida diferentes. Las
diferencias culturales y de los idiomas asociados con ellas proceden, por tanto, del
aislamiento; las similitudes, de las migraciones y los contactos.
La cultura es la característica que ha hecho posible que las comunidades
humanas ocupen cada medio habitable en la Tierra. La cultura es el patrón de
conducta y actividad que distinguen a los humanos del resto de los animales.
Ningún otro animal tiene una cultura. Primero, el hombre moderno utiliza un grupo
de herramientas compuestas por implementos hechos a partir de un patrón
estándar que se extiende de un lugar a otro. Segundo, el hombre guarda
información acerca de la sociedad, la tecnología y el medio en un lenguaje
simbólico que no puede compararse con el "lenguaje" de ningún otro animal. Sólo
los humanos crean fonemas estándares para comunicar ideas abstractas. El
lenguaje es una especie de tecnología que permite registrar las ideas y las
técnicas de supervivencia.
La cultura del hombre primitivo, de cazadores y recolectores, se
Paleolítico o cultura de la Vieja Edad de Piedra, ella se desarrolló hace unos
400000 años y se extendió hasta hace unos 10000 años. El período de la Nueva
Edad de Piedra se sitúa entre los 10000 y 3500 atrás. Es precisamente en este
período, hace unos 6000 años, cuando se produjo la llamada revolución agrícola.
Dicha revolución, permitió el asentamiento de las comunidades humanas y
estimuló la confección de herramientas de piedra para facilitar el trabajo de la
tierra. Los primeros pueblos agrícolas de Egipto datan del quinto milenio a.n.e.
Texto Guía – Historia

Hacia el 6000 a.n.e., en Jericó, existía una ciudad agrícola. Estas ciudades eran
completamente agrícolas y sus habitantes desconocían la alfarería, por tanto, sus
posibilidades para conservar y cocinar sus productos eran muy limitadas.
En comparación con las comunidades de cazadores y recolectores, las agrícolas
no requerían de todos sus habitantes para la producción de alimentos. Durante las
temporadas de siembra y de cosecha, casi todos estaban en los campos, pero la
mayor parte del año una buena parte de la población podía dedicarse a otras
actividades. Así, algunos se especializaron en la confección de herramientas y la
construcción de casas. La revolución agrícola produjo, como consecuencia, una
revolución en la tecnología y las artes. La nueva sociedad produjo una amplia
variedad de construcciones, implementos y mercancías. Muchos aldeanos se
dedicaron a un comercio activo.
El trabajo con metales no comenzó a desarrollarse hasta el año 3100 a.n.e. en el
Cáucaso. Hacia el año 2500 a.n.e. comenzó la domesticación del caballo en el
Asia
Central. La primera mención del hierro se produjo en el año 521 a.n.e. en el este
de Asia. Su generalización como tecnología común para el trabajo agrícola
demoró siglos y, en algunos casos, milenios.
3. Los orígenes de la civilización
Una cultura es un conjunto de conocimientos, habilidades, comportamientos y
creencias que pueden pasar de una generación a otra en una comunidad. Todas
las civilizaciones son culturas pero todas las culturas no son civilizaciones. Una
civilización es una cultura que tiene una organización urbana y un medio para
preservar y comunicar sus conocimientos, habilidades y creencias. Una civilización
posee una organización política y económica que permite el ejercicio del poder
sobre un extenso territorio, así como llegar con efectividad a regiones fuera de su
control. Una civilización es inconcebible sin una biblioteca que preserve sus
registros necesarios para mantener el control de las complejas actividades
comerciales, políticas y sociales que desarrolla. La biblioteca es, a la vez, un
repositorio y la base de nuevas invenciones intelectuales.
Las ciudades, como un nuevo tipo de comunidad, con una organización interna
política y social, crearon la necesidad de nuevos y mejores productos de la
imaginación humana .Se estimuló, por tanto, la invención y la especialización en
diferentes áreas de la actividad, como sucedió, en un principio, en las ciudades
agrícolas.

4. La civilización sumeria
Las primeras ciudades se construyeron en Mesopotamia, junto a un valle situado
entre las riberas del Tigris y el Éufrates. Los sumerios, sus constructores, también
inventaron la escritura. La civilización mesopotámica se desarrolló entre el 3500 y
Texto Guía – Historia

el 1500 a.n.e. Es precisamente, hacia el 3500 a.n.e. que los sumerios comenzaron
a utilizar símbolos para representar primero los números y luego las palabras.
Asimismo, entre el 3500 y el 3100 a.n.e. sus pobladores comenzaron a utilizar
sellos cilíndricos para distinguir las mercancías que se intercambiaban en el
sistema comercial del valle.
Los sumerios crearon enormes templos de piedra, diseñaron esculturas y
utilizaron el cobre y la plata para elaborar diferentes tipos de vasijas. También
desarrollaron la escritura como vía para registrar el curso de sus complicadas
transacciones comerciales, y por cientos de años, la escritura sólo se utilizó para
los limitados propósitos del comercio. Fueron precisamente los sacerdotes, desde
sus templos, los que llevaron con cuidado el registro de las operaciones
comerciales realizadas en las nuevas ciudades. Resulta un tanto extraño que sea
exactamente en el registro de las operaciones de negocio donde se ubica el
nacimiento de la civilización, la escritura permitió a los sumerios realizar
complicadas transacciones, imposibles sin el registro escrito. La complejidad es el
distintivo de la civilización.
Entre el 2370 y el 2200, bajo los reinos de Sargón de Agade y de sus sucesores,
se utilizó, por primera vez, la escritura con propósitos diferentes a los del
comercio. Ellos constituyen los primeros registros escritos de las ideas religiosas
de un pueblo de la antigüedad y de su conciencia histórica. Entre el 2200 y poco
antes del 2000 a.n.e., se desarrolló una escritura pictográfica con formas
abstractas, llamada cuneiforme más compacta y versátil que la anterior. Entre el
1792 y el 1750, se creó del código de leyes de Hammurabi, un libro legal
exhaustivo que contenía un conjunto de regulaciones comprensibles y estándares
para todos los habitantes del reino. Sus regulaciones conformaron la base de las
innovaciones económicas y sociales porque el conocimiento de la ley hizo que los
mercaderes y los oficiales subordinados pudieran actuar de forma independiente.
5. La civilización egipcia
A 900 millas al sur de Mesopotamia, el Río Nilo, proporcionó las condiciones
necesarias para el desarrollo de una agricultura irrigada. Sus primeras villas
agrícolas datan de principios del quinto milenio a.n.e. La unificación del Egipto
Norte y Sur (3100- 2700 a.n.e.) en una monarquía centralizada, así como el éxito
de los sucesivos reinados para generar los recursos y la paz necesaria, produjeron
adecuadas condiciones para un rápido progreso cultural.

Entre el 2050 y el 1750 a.n.e. se había formado completamente la clase


burocrática. Los escribas, como se llamó a los empleados del estado,
establecieron un sistema escolástico que permitió a los hombres de talento, con
un origen muy humilde, ascender al servicio estatal. Se creó una cultura literaria,
que conformó una base para una forma de educación denominada clásica - que
incluía lenguaje y retórica- en los valores y la ideología de la elite educada. Los
Texto Guía – Historia

tres segmentos de la clase más alta - escribas, sacerdotes y militares- controlaban


las riquezas de la sociedad.
Por otra parte, la disponibilidad del papel de papiro para mantener sus registros
escritos, en lugar de la piedra y de las tabletas de arcilla de los sumerios, proveyó
a los egipcios con un medio para la escritura barata y fácil de utilizar, con ventajas
para la diseminación de largos textos escritos.
6. La civilización griega
Los orígenes de la civilización griega coinciden con el nacimiento de la Edad de
Bronce. La metalúrgica, que originó la Edad de Bronce se produjo hacia el 3000
a.n.e. en el Cáucaso -en las tierras altas entre el mar Blanco y el Caspio- y en Asia
Menor, donde abundaba el cobre y el estaño. Sin embargo, hasta el 2000 a.n.e.,
que las herramientas de bronce dominaron entre las herramientas de las culturas
del este del Mediterráneo. Las herramientas y armas de bronce presentaban
varias ventajas sobre sus antecesoras, las de piedra. Ellas adquirían un mayor filo,
pero además, podían elaborarse con más facilidad, rapidez, uniformidad y calidad.
El comercio, que las hizo posible, no fue un rasgo importante de la economía de la
Edad de Piedra. La importación de piedras para la elaboración de herramientas
fue un fenómeno escaso. Por el contrario, la metalurgia se basa en la existencia
de un tipo de recurso poco común. No fueron muchas las comunidades que
pudieron dedicarse a ella sin establecer relaciones comerciales estables y
frecuentes con lugares distantes. La revolución del metal incrementó el comercio
y, por consiguiente, el contacto intercultural.
El próspero comercio requirió que las sociedades generaran productos
comerciales, así que la introducción del metal produjo una revolución económica
en el este del Mediterráneo. La economía internacional favoreció la creación de
múltiples sociedades acaudaladas que sustentaban a una clase profesional de
artesanos y artistas. Estas sociedades intercambiaban tanto gustos e ideas
artísticas como mercancías materiales, ello aceleró la marcha del desarrollo
cultural.
7. Creta y la Grecia micénica
Creta es una isla que se encuentra a la entrada del mar Egeo. Hacia el 2000
a.n.e., muchas comunidades de la isla se convirtieron en ciudades ricas con
economías basadas en el comercio. El comercio de los minoicos -una cultura
prehistórica que floreció en Creta aproximadamente desde el 3000 al 1100 a.n.e.-
fue tan disperso y complicado que requirió del registro escrito. Para cumplir con
esta tarea, los minoicos desarrollaron una escritura característica. Con ella
registraron contratos, ventas y conocimientos de embarques en tablillas de arcilla.
Los minoicos utilizaron pictografías a lo largo de sus márgenes para realizar una
referencia rápida a su contenido. Su escritura fue la primera en realizarse en
líneas. Hacia el año 1400 a.n.e. cayó la Creta minoica. De ellos, los griegos
heredaron su sistema de escritura.
Texto Guía – Historia

8. La civilización griega clásica


El resurgimiento económico del siglo VIII a.n.e. condujo a los griegos,
particularmente a los de Jonia, al reinicio de un contacto con las antiguas
civilizaciones, establecidas en el Mediterráneo. Durante el siglo VIII a.n.e., los
jonios adaptaron el alfabeto fenicio para escribir en griego. Con ello, devolvieron
una vida civilizada al mundo griego. La nueva literatura sirvió a los intereses, tanto
del comercio como de la poesía.
Asimismo, el crecimiento del comercio internacional condujo al establecimiento de
enclaves de mercaderes extranjeros en varias ciudades, la población urbana se
hizo entonces mucho más variada y creció el intercambio de ideas y tradiciones
entre individuos de diferentes culturas.
Obras tan conocidas como la Ilíada y la Odisea representan los resultados del
cambio de las condiciones sociales en la Grecia del siglo VIII a.n.e. Homero
compiló en estos trabajos muchas leyendas conservadas en las comunidades
aisladas, conectadas ahora por el comercio. Estas viejas historias determinaron
con posterioridad la perspectiva europea de la naturaleza y la condición humana.
Durante el siglo VII, los arquitectos desarrollaron la forma característica de los
templos griegos del período. Ellos construyeron estructuras oblongas sostenidas
por pilares con figuras esculpidas. Las primeras esculturas griegas tuvieron mucho
de las egipcias pero hacia el siglo VI a.n.e., los griegos crearon nuevas formas
para representar las figuras humanas; aprendieron a moldear figuras humanas con
un perfil completo, como no lo hacían los egipcios, y mostraron un interés
creciente por la belleza del cuerpo humano.
Hacia el 590 a.n.e., Solón de Atenas estableció leyes que redujeron el peso de la
deuda de los pequeños granjeros y que prohibían la esclavitud por deudas. El
código de Solón sobrevivió a un período de tiranía para formar la base de una
nueva constitución ateniense a finales del siglo VI a.n.e. Durante el siglo VI a.n.e.,
los griegos comenzaron a prestarle atención a la cronología exacta de su historia y
a desarrollar un modo formal y consciente de pensamiento acerca de la naturaleza
de las cosas.
9. Las rutas de la civilización
Con el descubrimiento de una forma para descifrar la escritura antigua en el siglo
XIX, así como un método para determinar la correspondencia entre el calendario
egipcio y el reloj astronómico, los arqueólogos escribieron una historia de la
civilización Mediterránea a principios del siglo XX. En ella se planteaba que la
civilización, con origen en Asia Suroeste, se difundió, con el comercio marítimo, a
través del Mediterráneo a Creta, a Grecia y a España. De allí, según ellos, se
extendió a la Bretaña, Norte de Europa y los Balcanes.
Sin embargo, los nuevos hallazgos han hecho pensar de manera diferente. Los
asentamientos encontrados en Europa son tan antiguos como, y en algunos casos
más antiguos, que los del suroeste asiático. Los avances más representativos de
Texto Guía – Historia

los sumerios y egipcios fueron la construcción de ciudades y la escritura, los


europeos no construyeron comunidades urbanas significativas ni utilizaron la
escritura. La alfarería y la metalurgia en los Balcanes y en Europa Central, llamada
la Vieja Europa por los arqueólogos, se desarrolló en comunidades de España,
Creta y Grecia, más antiguas que aquellas de las que se suponía fueran la fuente
de los estilos y tecnologías europeas. Estos hechos parecen indicar que, al menos
en algunos períodos de tiempo, la influencia se ejerció en sentido contrario al
planteado hasta el momento, aunque el efecto del contacto entre la Vieja Europa y
el suroeste asiático no puede considerarse sobre la base de los hechos hasta
ahora .
10. La era de los pequeños reinos
Entre el 1250 y el 750 a.n.e. florecieron un conjunto de pequeños reinos en el
levante. Los fenicios, por ejemplo, controlaban el comercio mediterráneo desde el
1100 hasta tres siglos después. La más antigua de las ciudades fenicias, Biblos,
se hizo famosa por su manufactura de libros. La palabra griega biblio proviene del
nombre de esta ciudad. Ellos también perfeccionaron y diseminaron el sistema de
escritura alfabético semítico occidental. Esto representó un gran avance con
respecto a los jeroglíficos egipcios y a la escritura cuneiforme, al utilizar símbolos
simples fácilmente reconocibles (letras) para representar los sonidos. El alfabeto
fenicio, con sus 22 letras, fue la base de tres de los alfabetos principales del
mundo occidental: el hebreo, el griego y el latín. Cerca del año 750 a.n.e., las
ciudades fenicias cayeron bajo la dominación del imperio asirio y declinaron.
Los hebreos por su parte, una minoría relacionada con los cananitas, se
desarrollaron entre el 1200 y el 400 a.n.e., con una característica única entre los
pueblos antiguos: su religión monoteísta. Los hebreos crearon sus escrituras
sagradas, que narraban en forma de crónicas la relación entre el pueblo y su dios
Yavé. Estos libros contribuyeron significativamente a mantener su identidad hasta
el presente. Las escrituras hebreas -conocidas por los cristianos como el Antiguo
Testamento- es una colección de libros escritos entre el 1000 y el 150 [Link]. A esta
era de los pequeños reinos, le sucedieron los imperios asirio y persa, este último
cayó definitivamente tras la conquista de Asia suroeste por Alejandro el Grande en
el 339 a.n.e.
EDAD MEDIA, ROMA Y EL IMPERIO BIZANTINO 1. Los orígenes de Roma
Los habitantes de Roma pertenecían a un grupo de tribus indoeuropeas, más
tarde llamadas latinas, que emigraron del centro de Europa a la península italiana
hacia el 2000 a.n.e., aproximadamente al mismo tiempo que la civilización minoica
adquirió una influencia importante en el este del Mediterráneo. Hacia el 1000
a.n.e., las tribus se dedicaron al desarrollo de la agricultura. De repente, hacia los
800 a.n.e., se estableció una nueva mentalidad de carácter comercial.
Texto Guía – Historia

Tras la muerte de Alejandro y la desintegración del imperio griego en reinos, se


erigió en el mundo mediterráneo una cuidad de la costa este de Italia: Roma.
Aproximadamente hacia el año 510 a.n.e. la aristocracia local estableció una
república independiente de la dinastía etrusca. Se creó una nueva constitución
que se elaboró cuidadosamente para prevenir la ascensión de un nuevo rey o
tirano. La prosperidad de Roma (500- 265 a.n.e.) se basó en una economía
agrícola.
Entre el 264 y el 146, tras una serie de guerras de conquista, Roma se convirtió en
la capital de un gran imperio mediterráneo.
La riqueza creció en una escala nunca vista en el mundo mediterráneo. Las clases
gobernantes se beneficiaron ampliamente con el nacimiento del nuevo imperio; la
diferencia de riquezas entre ricos y pobres se hizo monumental.
Los cambios económicos derivados del imperialismo generaron, a su vez, cambios
sociales y políticos. A finales del siglo II a.n.e. muchos de los granjeros arruinados,
que habían constituido la columna vertebral de la población romana, se mudaron a
la ciudad para crear un nuevo componente en la sociedad romana:la plebe
urbana.
Aunque antes de las guerras de expansión del imperio en el este, los romanos
educados habían conocido y recibido la influencia de la cultura griega, no es hasta
este momento en que bajo el influjo de las ideas de miles de esclavos griegos o
con una cultura helénica, procedentes de las derrotadas ciudades griegas, que se
transforma literalmente la civilización romana.
Muchos artistas, filósofos y artesanos, venidos como esclavos, ejercieron su
influencia dentro y mediante las grandes familias de la aristocracia romana. Los
artistas romanos imitaron los modelos griegos.
El colapso de la República de Roma, entre el 146 y el 59 a.n.e., se produjo como
consecuencia de los problemas políticos y sociales que generó la transformación
de Roma de una economía agrícola en una urbe. Tras numerosos conflictos
internos y externos, Octavio restableció el senado en el 30 a.n.e.
2. Los orígenes del imperio
La tesis de la política de Augusto, titulado así por el senado, fue la restauración.
Restableció la paz en Roma y el Imperio. La restauración de Augusto proporcionó
un entorno favorable para el más alto desarrollo de la literatura latina. Aunque la
cultura griega mantuvo una influencia poderosa en toda la civilización romana,
Augusto y sus lugartenientes estimularon y patrocinaron a un grupo de escritores y
poetas cuya cultura literaria tenía sus raíces en el último período republicano.
Desde el año 14, cuando murió Augusto, el gobierno imperial continuó su
crecimiento.
Texto Guía – Historia

3. Los últimos siglos del imperio romano


Durante los dos primeros siglos del imperio romano, Roma fue una ciudad con
fantásticas riquezas, grandes edificios públicos y palacios privados, propiedades
de las familias de la nobleza. Roma absorbió la cultura artística e intelectual de
todas partes, impuso estilos y los probó en todo el imperio. Las aristocracias
locales constituyeron una gran clase educada. El este griego fue lingüística y
culturalmente diferente del oeste latino, pero estas diferencias se redujeron
producto de la educación. Hacia el siglo IV, muchos traductores, trabajaron en la
traducción del cuerpo documental de la filosofía, la ciencia y la teología griega. La
educación de las clases gobernantes era greco-romana. En la literatura y el arte,
el siglo II fue la era de plata. En las leyes y la administración fue la era de oro.
Sin embargo, hacia el siglo III, una crisis económica, política y militar debilitó
considerablemente el poder del imperio. La restauración del orden se produjo a
principios del siglo IV.
4. La cristianización del imperio
El cristianismo como religión profundamente antagónica con la política y los
valores vigentes en la sociedad romana del siglo I llegó a convertirse en la religión
predominante del imperio a finales del siglo IV. En el 313, Constantino publicó un
edicto de tolerancia a la cristiandad, conocido como Edicto de Milán.
Durante el siglo IV y V, la Iglesia se desarrolló como institución. Sin embargo,
internacionalmente se encontraba poco organizada y carecía de una forma de
resolver sus disputas. Era entonces necesario crear un orden mundial. Roma,
donde según la tradición murió el apóstol Pedro, reclamó su primacía y se apropió
del título de "Papa". El primer Papa fue León I, él fue también el primero en
elaborar una doctrina completa de la Iglesia.
Dos siglos después, en el año 753, Pipino El Breve donó al Papa Esteban II, un
territorio, situado en el centro de Italia, con ella nacieron los estados pontificios.
5. El imperio en los siglos IV y V
En el 330, Constantino creó una nueva ciudad sobre la base de una antigua
colonia ateniense en Bizancio, que más tarde se rebautizó con el nombre de
Constantinopla, la capital del imperio en el este. La decisión de Constantino
revelaba los problemas y las oportunidades en el imperio este de Roma, donde las
fuerzas persas constituían una continua amenaza. En el siglo V, tras repetidas
invasiones cayó el imperio romano en el oeste. Las provincias del este
sobrevivieron y la vieja cultura helenística continuó su desarrollo sin dificultades.
En el oeste, una sofisticada cultura latina sobrevivió hasta el año 425.
Conscientes del peligro de las invasiones bárbaras, sus intelectuales escribieron
libros sobre filosofía, teología e historia y mantuvieron una activa correspondencia.
Durante el siglo IV, se tradujo la Biblia al latín.
Texto Guía – Historia

La cultura literaria dependía de la comunicación entre un pequeño grupo de


hombres educados. Una gran parte de la literatura del período se escribió en
forma de cartas, e incluso, con frecuencia, libros en respuesta a las solicitudes de
amigos. Las invasiones y las emigraciones desorganizaron la comunidad de
literatos, aunque no en todas partes al mismo tiempo. En el 476 finalmente
colapsó el poder del imperio romano en el Oeste.
6. El imperio bizantino
Los cambios que originaron el Imperio Bizantino o Imperio del Este de la Edad
Media - una civilización y una entidad política que sobrevivió hasta el 1453,
cuando los turco-otomanos tomaron Constantinopla-, comenzó en el siglo V. Un
gobierno civil griego sustituyó al militar latino y a su burocracia.
En el Imperio Bizantino, la vieja cultura helénica que se desarrolló después de las
conquistas de Alejandro Magno, resurgió con gran fuerza tras la dominación latina.
El imperio bizantino desarrolló una de las burocracias más grandes y elaboradas
de la historia. Anastasio I, quien reinó entre el 491 y el 518, estableció el dominio
civil en el gobierno, la burocracia creció inevitablemente. La entrada al servicio civil
se apoyó en la educación. Los burócratas crearon un sistema secular de
educación que contrastó con la educación eclesiástica de la iglesia bizantina. El
centro del programa secular fue el estudio de los clásicos griegos de la literatura,
la filosofía y la ciencia.
Este sistema producía una elite de letrados clásicos con una alta educación.
Aunque un pequeño grupo de familias aristocráticas, las cuales aseguraban que
sus hijos varones fueran educados adecuadamente por un servicio
gubernamental, dominaba los cargos estatales, ningún joven con talento para
instruirse podía encontrar medios para completar su programa académico y lograr
acceder a éstos. La burocracia se dividió en departamentos. El director general de
correos fue responsable del vasto sistema de comunicaciones del imperio. Todos
los cargos importantes tenían subordinados, por lo que la estructura era muy
amplia.
Justiniano I, quien reinó entre el 527 y el 565, fue un reformador cuyo objetivo fue
el de devolverle al imperio sus pasadas glorias. Con este fin, creó una comisión
para revisar y codificar la ley romana. Desde los tiempos de Augusto, los romanos
consideraban que la ley y el gobierno eran sus principales contribuciones a la
civilización. Desde el siglo VI al VIII, el Imperio Bizantino logró preservar el núcleo
de su territorio de las invasiones persas, árabes, etcétera. Se protegió y
perfeccionó la ley romana, se estableció un eficiente sistema de gobierno. Se
mantuvieron las tradiciones artísticas y literarias griegas.
Sin embargo, hacia el siglo VI, se habían fundado cuatro reinos germánicos o
estados sucesores en los territorios del antiguo imperio romano del oeste. Los
germanos, originarios de Escandinavia y el norte de Europa, hablaban lenguajes
similares pero no idénticos. La sociedad germánica era aristocrática, agrícola y
tribal.
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La transición a los reinos germánicos tuvo grandes efectos en la sociedad y la


civilización europea. Los gobiernos germánicos fueron más personales que
legales. Esto significa que sus reyes gobernaban en virtud de la lealtad de sus
hombres. Ellos fueron fundamentalmente líderes guerreros que dirigían la nación
sobre la base de su magnetismo personal. Los germanos consideraban a su rey
como un intermediario entre la comunidad y Dios. Aun después de su conversión
al cristianismo, ellos no cambiaron su visión. Entonces la cristiandad germánica
prestó una atención especial al Antiguo Testamento con sus narraciones sobre
reyes investidos por Dios. Este cambio en el foco de la atención religiosa afectó la
historia intelectual de la cristiandad en
7. Decadencia del imperio bizantino
A mediados del siglo XI, muchas instituciones de la iglesia se habían secularizado,
así nació la necesidad de la reforma que a finales del siglo XI y principios del siglo
XII, concluyó con la idea de que, tanto el estado como la iglesia tenían una
autoridad limitada. La reforma también fortaleció la figura del Papa en la iglesia.
También la vida monástica se enriqueció considerablemente. El movimiento de
reforma de la iglesia en el siglo XI y el crecimiento del poder real a principios del
siglo XII produjo una fricción de ideas entre la doble autoridad - dividida entre los
poderes eclesiástico y secular- y la majestad divina.
Entre los años 1025 y 1081, las repetidas incursiones enemigas -normandas, y
árabes esencialmente- debilitaron considerablemente el imperio. El colapso del
poder militar bizantino, después de la batalla de Manzikert en 1071. Las cruzadas,
1096- 1270, se produjeron en un momento en que la sociedad europea y la
autoridad política entraban en una nueva fase. En 1095, el papa Urbano II
proclamó una cruzada contra los turcos.
El total colapso del imperio sobrevino en 1204. En 1453, cayó Constantinopla en
manos árabes. Hacia el 1461, los turcos habían conquistado todas las posesiones
distantes de la autoridad bizantina y el imperio desapareció.
8. Los orígenes del feudalismo
Se debe tener mucho cuidado al utilizar la palabra "feudal" para describir la
sociedad medieval. Este término se creó en el siglo XVIII para describir las
instituciones sociales basadas en feudos (feudum en latín), y en algunos
momentos y lugares durante la Edad Media europea, la organización de la
sociedad se basó verdaderamente en el feudo. Pero, eso fue poco frecuente, y es
incorrecto llamar a la sociedad medieval "sociedad feudal". Justo es decir, sin
embargo, que las instituciones feudales fueron importantes elementos de la
sociedad medieval. Hasta finales del siglo XII, las instituciones feudales no
dominaron la vida social o gubernamental de ninguna región de Europa.
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9. Europa en la Edad Media Alta


Desde el siglo XI, Europa lanzó una serie de ofensivas militares contra sus
enemigos. España, un pequeño estado cristiano reconquistó la península, al
expulsar al califa de Córdoba. Muchos europeos del Norte se unieron en este
empeño. Los musulmanes fueron derrotados en el sur de Italia, entonces se
reconquistó la rica isla de Sicilia. Esta victoria puso a las comunidades de la
antigua Grecia, en el sur de Italia, bajo la jurisdicción de la iglesia romana. A
finales del siglo XII, el papado organizó una gran expedición hacia Jerusalén,
tomada por los turcos en los años 1070.
Estos éxitos militares fueron simplemente los primeros signos de un
fortalecimiento general de la sociedad europea, ellos produjeron estados
consolidados, una reforma de la Iglesia, un florecimiento intelectual y artístico, así
como una economía poderosa.
10. La revolución agrícola de la Edad Media
La regularidad del desarrollo económico y social en los pueblos agrícolas y sus
feudos, produjo un modelo histórico común en el norte de Europa, creó un sistema
muy conservador. Es difícil imaginar cómo se pudo introducir innovaciones en una
economía social estable. Pero dos características de la historia social y económica
medieval provocaron cambios.
Primeramente, el establecimiento de nuevos grupos - primero los germanos y,
desde luego sus parientes, los vikingos- rompió el ciclo natural de la vida del
pueblo e introdujo nuevas ideas y tecnologías. En segundo lugar, los señores
aumentaron sus riquezas al estimular a los campesinos a reutilizar las viejas
tierras cultivables y a colonizar las nuevas, estos pueblos estuvieron más abiertos
a la innovación que los más antiguos.
Las principales innovaciones en la agricultura medieval fueron el uso del arado
pesado con ruedas, el caballo de vapor y la introducción de la rotación de tres
campos por cosecha para remplazar la antigua rotación de dos campos. Estos
cambios causaron un crecimiento, tanto en la variedad como en la cantidad de
cosechas, en aquel momento tuvo efectos importantes en la dieta de los europeos.
El cambio del buey por el caballo fue el resultado de dos avances tecnológicos -el
uso de la herradura y el desarrollo de la collera, que permitía al caballo tirar de una
carga fácilmente. El uso de caballos para tirar los vagones aumentó la eficiencia
del transporte por tierra, tanto para el comercio como para las campañas militares.
Esto condujo al crecimiento de la industria de transporte por tierra. También
permitió un mejoramiento general de la red de carreteras y aumentó las
oportunidades comerciales para algunas comunidades situadas en los cruces de
caminos.
El uso del caballo permitió la expansión de las tierras cultivables y contribuyó al
crecimiento de la producción de alimentos, a la vez, que acompañó la agresiva
expansión agrícola que invariablemente dejó rezagado al bosque medieval.
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11. Comercio e industria


Las crisis políticas y económicas del último período romano y las invasiones
germánicas redujeron, tanto el tamaño como la importancia económica de las
ciudades europeas. Tras el colapso del poder romano, el comercio internacional
decayó - aunque no cesó -, esa decadencia comercial contribuyó a la depresión de
las ciudades. Durante los siglos VI al VIII, fue insuficiente el comercio y la actividad
gubernamental para estimular la recuperación de los centros urbanos. Los últimos
carolingios trataron de revivir el comercio internacional. Invitaron a las
comunidades de comerciantes judíos a emigrar a las ciudades del norte de Italia,
se les concedieron privilegios y protección. Durante los siglos IX y X, ellos
fomentaron un comercio activo con el Mediterráneo y proporcionaron una salida
económica para los excedentes agrícolas de los grandes estados del norte. Para
continuar esta política, los reyes extendieron una red comercial establecida
anteriormente por comerciantes experimentados.
Después de que los califas fatimíes conquistaron Egipto en el 969 y reformaron el
sistema fiscal egipcio para estimular el comercio, la recuperación de las ciudades
italianas ganó en rapidez. El comercio italiano se benefició en este período con la
desorganización de las rutas del norte entre el Oriente Medio y Europa, que iban a
través de Rusia a las regiones del Báltico. Nuevos invasores bloqueaban
continuamente esas antiguas rutas. Como resultado, desde finales del siglo X, se
hizo común en Europa la competencia entre mercaderes italianos y las pequeñas
comunidades israelitas. La lana fue el material básico para la confección de ropas
en el oeste de Europa, convertir la lana en ropa creó oportunidades de trabajo a
los especialistas.
El mercado de la buena lana, desarrollado como una parte de la producción
agrícola, creó riquezas. Flandes, el principal mercado de lana, se convirtió en el
centro de la producción textil industrializada. Hasta la revolución industrial del siglo
XIX, esta industria fue la más importante del oeste de Europa. Flandes fue la
región más urbanizada de la Europa medieval. Sin embargo, los señores feudales
locales aún sometían la mayoría de las ciudades.
Así surgieron nuevos centros urbanos alrededor de los viejos, villas bien ubicadas
que existieron bajo la autoridad del señor de la villa. Esta división política tuvo un
efecto perjudicial en la economía comercial de las ciudades. Los señores
impusieron impuestos, peajes y derechos de mercado para aprovecharse de la
riqueza comercial de sus ciudades, los comerciantes que viajaban de una ciudad a
otra tenían que pagar tributos en repetidas ocasiones. A finales del siglo XI, se
crearon nuevas condiciones políticas que favorecieran al comercio.
La divisa que permitió a las ciudades y a los reyes escapar del poder de los
señores locales fue el privilegio real de incorporación. Los comerciantes de una
ciudad solicitaban al rey un privilegio para gobernarse como una corporación
independiente bajo la ley y su protección. El movimiento de los privilegios se
extendió rápidamente por Europa. Los patriarcas y reyes de la ciudad
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reconocieron que la libertad era una condición necesaria para el desarrollo del
comercio y la industria. Los comerciantes, quienes habían formado grupos para
organizar y controlar sus actividades comerciales, dominaban entonces sus
nuevas corporaciones urbanas. Otros grupos de artesanos urbanos - como
carniceros, tejedores y herreros- también formaron sus gremios.
Los artesanos competían con los comerciantes por el poder político en las
ciudades. Donde las actividades industriales eran muy importantes para la
economía de las ciudades, los gremios artesanales también tenían poder
económico y social como para ganar el poder político. En la Edad Media, la
competencia por el poder en esas ciudades con frecuencia provocó motines y
revoluciones.
EL RENACIMIENTO Y LA ILUSTRACIÓN.
1. El renacimiento del siglo XII
Si bien la reforma de la Iglesia de Carlomagno fue la base de un renacimiento
intelectual y artístico, la reforma del siglo XI estimuló un nuevo despertar cultural.
Cerca del siglo XII, Europa estaba cubierta de iglesias. También florecieron
nuevas actividades intelectuales.
El renacimiento del siglo XII se produjo por diversas causas. Los reformadores de
la Iglesia intentaron perfeccionar la educación de los clérigos, estimularon la
investigación y el trabajo intelectual, las bases necesarias para lograr ese objetivo.
Una vez redescubiertos, se copiaron y distribuyeron libros de gran valor para
desarrollar los centros escolásticos, ellos irrumpieron en las viejas bibliotecas. El
conflicto con los reyes germanos contribuyó a este esfuerzo de investigación,
ambos lados trataron de argumentar sus casos sobre la base de antecedentes
históricos y las escrituras de los padres de la Iglesia.
Pero las viejas bibliotecas de monasterios y catedrales no fueron las únicas
instituciones en las que se encontraron los libros olvidados. El creciente contacto
con el Islam en España, el sur de Italia y Siria también tuvo un gran efecto.
Después de las guerras iniciales de conquista, estos países se convirtieron en
centros de intercambio intelectual. En España, los escolásticos israelitas realizaron
traducciones al latín de los trabajos filosóficos y científicos en árabe, otros
similares progresaron en Sicilia y en el este.
En la filosofía, el redescubrimiento de las ideas avanzadas de Aristóteles sobre la
lógica produjo una gran excitación a finales del siglo XI. La lógica fue una
poderosa herramienta para el descubrimiento de nuevas verdades, que ofrecía
seguridad a las deducciones extraídas de las observaciones en el mundo real.
En 1110, Pedro Abelardo (1070-1141), un maestro de lógica escribió un libro
titulado Sic et Non (sí o no). En él, aplicó la lógica a la solución de algunos
conflictos teológicos de la época, por esto fue condenado. Junto a Bernard de
Clairvaux representan los lados opuestos del renacimiento del siglo XII. Para este
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último, el propósito del trabajo intelectual era mejorar la experiencia espiritual, esta
concepción impuso formas y limitaciones al trabajo.
Como base de las revelaciones divinas, la Biblia debía ser el principal objeto de
estudio y este debe incluir una contemplación del significado del texto sagrado,
que contiene toda la verdad acerca de Dios y el mundo. Para Abelard, la mente
humana, cuando emplea la lógica en el análisis de las percepciones del mundo
creado por Dios, pudiera crear un conocimiento de la verdad, independiente de la
revelación. Existen, por lo tanto, dos fuentes de conocimiento de Dios, de mundo
bíblico y científico, así creyó que las dos vías del conocimiento eran compatibles,
sin perjuicio una de la otra.
Estos dos puntos de vista representaron dos medios intelectuales, fueron
poderosos y populares en el siglo XII. Las órdenes monásticas crecieron
rápidamente y atrajeron hombres de gran habilidad y magnetismo personal. Los
monjes tuvieron tanto un modo especial de vida como de aproximarse al
conocimiento. Ellos trataron de influir activamente en otros para que los siguieran.
Constituyeron una fuerza moral fuerte en la vida política y social de Europa
occidental. Abelardo y hombres como él ocuparon puestos de maestros dentro de
las viejas escuelas dogmáticas, que educaban a los futuros clérigos. La reforma
de la Iglesia produjo una expansión de las órdenes clericales mediante el estímulo
al establecimiento de más iglesias y el mejoramiento de la administración
eclesiástica; las escuelas dogmáticas proporcionaron los hombres educados
necesarios para estos puestos.
2. El inicio de las universidades
El movimiento intelectual fue más allá de las fronteras de las escuelas de la
Iglesia. Abelardo había solicitado una plaza en París, pero su obispo le negó el
permiso de enseñar en la escuela escolástica. Hasta aquel momento, enseñó bajo
la égida de un monasterio en la ciudad, cientos de hombres fueron a escuchar sus
lecturas. Otros maestros se sirvieron de estudiantes para establecerse en París,
que pronto se convirtió en el principal centro intelectual de Europa. Estos maestros
independientes, separados de la tarea de instrucción propia de los clérigos,
desarrollaron asignaturas filosóficas y científicas que posibilitaron a los alumnos
adquirir habilidades y conocimientos útiles en las reglas seculares, se hizo,
entonces común para los hombres instruidos, entrar al servicio de reyes y grandes
señores. La clase de burócratas instruidos, tanto en la Iglesia como en los
gobiernos seculares, proporcionó una audiencia para el trabajo intelectual y
estimuló a los estudiosos en una gran variedad de temas.
A finales del siglo XII, había tantos maestros activos en la ciudad que formaron un
gremio aparte o universitas (gremio en latín) para regular sus negocios. Este fue el
comienzo de la universidad moderna, una institución de altos estudios basada en
las actividades corporativas de los maestros.
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Desde el punto de vista científico y educacional, el acontecimiento más importante


entre los siglos X y XII es el nacimiento de las universidades.
La universidad como institución nació en la Edad Media, a partir de la evolución
del modelo de las corporaciones artesanales.
Es el resultado de un largo proceso de reorganización social y cultural en la
Europa de esta época, tras el final de las invasiones bárbaras. Ellas brotaron de la
atmósfera socio -económica y cultural de la sociedad europea occidental urbana
de los siglos XI y XII.
A pesar del criterio universalmente aceptado de la aparición de la universidad
como institución medieval, deben reconocerse los aportes que hicieron un
conjunto de organizaciones del mundo antiguo, como es el caso de las escuelas
brahmánicas, que sirvieron de ejemplo a una educación que descansaba sobre la
base de la religión y la filosofía, que giraba sobre el estudio de las matemáticas, la
historia y la astronomía.
La invención del papel y la imprenta en China sirvieron a la escritura para vigorizar
la educación superior, las ciencias y la tecnología. Otro de los aportes, hecho por
el mundo antiguo, es la Escuela de Alejandría, una iniciativa de Tolomeo Soter en
el siglo III a.n.e. La Biblioteca de Alejandría, con su medio millón de rollos de
papiro, hizo de dicha ciudad un emporio educativo del helenismo, el judaísmo y el
cristianismo.
3. La creación del estado anglonormando
Como parte del fortalecimiento político de Europa, en el siglo XI, los normandos
conquistaron el sur de Italia, participaron en la reconquista de España y en las
cruzadas, con ello que se aseguraron un lugar en la historia europea. Al final del
reinado de Carlomagno, los normandos, un pueblo originario fundamentalmente
de Noruega y Dinamarca, desembarcaron en los principales ríos de Francia y en el
911 habían ocupado la región llamada Normandía. Sin embargo, su hazaña más
importante fue la conquista de Inglaterra, la región más rica de la Gran Bretaña, en
el 1066, evento a partir del cual se desarrolló una de las naciones- estados más
poderosos de Europa.
En el 1215 se firmó, en Inglaterra, la Carta Magna, un documento trascendental
para la historia de sociedad moderna cuyos principios fundamentales aseguraban
que el rey gobernara con el consejo de los barones. Aunque la Carta Magna
estaba destinada solamente a proteger a los barones y a las altas autoridades
eclesiásticas, tuvo una gran importancia: estableció como principio que el gobierno
inglés se basaría en leyes y que el rey tendría la obligación de gobernar de
acuerdo con las leyes, un fundamento importante en la teoría del gobierno
constitucional.
A inicios del siglo XIII, se incorporaron, a la práctica y la teoría del gobierno, varios
elementos del gobierno constitucional o limitado. La formación de comunidades
legales afectó a muchas regiones de Europa a principios del siglo XIII. Sin
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embargo, donde mayor éxito tuvieron estas instituciones fue en Inglaterra. A


mediados del siglo XIII durante una rebelión se creó una nueva entidad política, el
parlamento, donde se invitaron representantes de las distintas ciudades. Los
principios básicos del gobierno constitucional se establecieron bajo Eduardo I.
Después del 1295, se estableció la práctica de invitar a los representantes de las
ciudades, y en 1297 el rey Edward I acordó no elevar los impuestos sin el
consentimiento de todo el reinado.
Asimismo, en el dominio de la teoría, la Iglesia desarrolló algunas viejas ideas
romanas sobre la sociedad en el contexto de una teoría de la organización
eclesiástica. Como base para este desarrollo, se situó el principio "lo que interesa
a todos, debe ser aprobado por todos", empleado para apoyar el derecho de los
miembros clericales de una iglesia a participar en sus asuntos.
Esas ideas se reflejaron en el crecimiento de las instituciones municipales.
Desde finales del siglo XII y durante el XIII, la iglesia medieval fue una institución
altamente burocrática con vastas riquezas y poder.
4. El renacimiento
A la vez que el siglo XIV fue un período desastroso para las instituciones
medievales de Europa, fue un período en el cual artistas, letrados y escritores
comenzaron una nueva tradición - el Renacimiento, una época que caracterizada
por el entusiasmo que despertó en occidente el estudio y la imitación de la
antigüedad clásica griega y romana.
El término "renacimiento" es el más apropiado para designar los cambios
revolucionarios ocurridos en las artes, la literatura, etcétera. Tiene lugar en Italia
durante los siglos XIV, XV y XVI. Sin embargo, no es tan adecuado cuando se
aplica a los cambios sucedidos en las instituciones políticas o económicas del
período, aunque esos cambios fueron significativamente suficientes como para
apoyar la opinión de que una nueva era histórica comenzó en el siglo XV.
El término renacimiento se ha aplicado a diversos movimientos culturales a lo
largo de la historia, así por ejemplo, se ha hablado del renacimiento carolingio
(siglo IX), del otoniano (siglo X) y del renacimiento del siglo XII, sin embargo, este
renacimiento es una etapa cualitativamente nueva del desarrollo de la sociedad
humana en general, cuyos efectos trascendentales se mantienen hasta la
actualidad.
Los antecedentes de esta nueva época fueron la depresión económica, los
disturbios sociales y el malestar en la religión. Durante el siglo XV, tuvo lugar un
renacimiento de la estabilidad política y social. Las monarquías de Inglaterra y
España comenzaron nuevamente el proceso de centralización de sus reinos. A
fines de siglo, la monarquía francesa también recuperó su equilibrio y comenzó a
seguir la pista a sus competidores. La economía y la población de Europa
comenzaron a crecer otra vez, los europeos se convirtieron en los líderes
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mundiales del desarrollo y el uso de las invenciones tecnológicas. Estos crearon


los relojes mecánicos, los instrumentos de navegación y otros muchos
instrumentos. Los inventores ideaban constantemente nuevas formas de cumplir
con las tareas industriales y militares. Los europeos también se convirtieron en
aventureros, a finales del siglo habían descubierto la ruta alrededor de Africa hacia
las Indias Occidentales y América.
Las semillas de esa recuperación se plantaron en Italia durante la mayoría de los
difíciles años de finales del siglo XIV. Durante los dos siglos, desde el 1321 al
1527, Italia ejerció una creciente influencia sobre el resto de Europa. Los italianos
establecieron un estilo en la arquitectura, la escultura y la pintura; dictaron el gusto
literario y la filosofía educacional que los europeos siguieron durante siglos. Los
europeos del norte se concentraron en Italia para aprender las artes de la
civilización- ingeniería, arte, política y negocios , los italianos aparecieron en todas
las cortes del norte, incluso en la remota Moscú. Los marineros italianos estaban
entre los líderes de las exploraciones a finales del siglo XV.
Existen varias razones sobre el porqué Italia sacó a Europa de la Edad Media
hacia una nueva era. Primero, las ciudades habían comenzado a florecer a partir
de allí tan rápido como en el siglo X, cuando las instituciones feudales se estaban
extendiendo hacia el resto del Europa. El feudalismo fue una forma de
organización social, económica y política que extendió el poder de los señores
rurales hacia las ciudades del norte de Europa, ellos impidieron el desarrollo
urbano. El feudalismo nunca fue verdaderamente fuerte en Italia. En segundo
lugar, el conflicto entre el papado y el sagrado imperio romano había impedido la
creación de una monarquía unificada en Italia. En tercer lugar, en la esfera
intelectual, el escolasticismo -muy fuerte en las universidades del norte y las
escuelas- nunca dominó el pensamiento italiano. En la esfera artística, la
arquitectura y la escultura gótica no tuvieron mucha influencia en Italia. Por eso,
las tradiciones intelectuales y artísticas de los italianos siguieron siendo libres para
crear y responder a las nuevas ideas y estilos. Finalmente, las ciudades italianas,
aunque afectadas por la hambruna y las plagas del siglo XIV, tuvieron poblaciones
suficientemente amplias, riquezas e independencia geográfica y política para
recuperarse rápidamente de los desastres.
5. Las ciudades- estados del norte de Italia
La actividad dominante en las ciudades del norte de Italia fue el comercio
internacional, que dependía directa o indirectamente del comercio con el Levante
para su sustento - las regiones costeras del este del Mediterráneo- y con el norte
de Europa. Las personas dominantes en las ciudades italianas fueron los
banqueros, los exportadores y los fabricantes de tejidos a amplia escala. El poder
político de las ciudades italianas se extendió mucho más allá de sus fronteras, así
las convirtió en principados urbanos o ciudades- estados. La razón de este
desarrollo en Italia estuvo en el rápido y poderoso desarrollo de las ciudades que
impidió la instauración de una verdadera jerarquía feudal.
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A finales del siglo XII, la población urbana se había dividido en clases, definidas
por criterios sociales y económicos. En el siglo XI, en muchas ciudades italianas
se habían formado grupos políticos que lucharon contra los obispos por el control
de las ciudades. En este período, los obispos, designados por el emperador,
tenían el poder dominante en las ciudades. A mediados del siglo XII, las
poblaciones urbanas habían logrado la independencia de sus ciudades y habían
desarrollado instituciones políticas, dominadas por un consejo, para dirigir su
propio gobierno.
A principios del siglo XV aproximadamente, las ciudades- estados italianas
comenzaron a mantener embajadores en las cortes de los estados extranjeros
para mantener a los gobernantes en contacto permanente con otros gobiernos,
potenciales aliados o enemigos. Esta práctica fue el comienzo de la diplomacia
moderna.
6. La era del descubrimiento y la grandeza de España
La Reforma Protestante fue sólo una de las tres revoluciones de una nueva época
en la historia europea del siglo XVI. El pensamiento humanista y el Renacimiento
en las artes habían comenzado, la segunda de las revoluciones: la creación de
una nueva conciencia histórica, permitió a los europeos percatarse de la
ascensión y la decadencia de las civilizaciones. La tercera gran revolución fue
causada por el descubrimiento de la ruta marítima alrededor de Africa hacia la
India y el este de Asia, así como por el descubrimiento del Nuevo Mundo.
Para los europeos, los siglos XV y XVI fue una era de descubrimientos sin
paralelo. Aunque, al igual que la Reforma y el Renacimiento, la difusión del
conocimiento y la experiencia europeas del mundo tuvo sus raíces en la
civilización medieval, las nuevas exploraciones tuvieron un efecto revolucionario
en la conciencia de los europeos, porque los viajes los pusieron en contacto
directo, por primera vez, con todos los continentes deshabitados de la tierra y los
pueblos civilizados que no la habitaban del todo.
El contacto con las civilizaciones foráneas también obligó a los europeos a
reconsiderar la idea que tenían acerca de su relación con los no europeos. Sus
ideas tradicionales se formaron durante siglos de conflicto con los musulmanes y
de interacción con los judíos. Pero estos pueblos formaban parte de la familia de
civilizaciones de la cuenca mediterránea y los conflictos entre ellos eran entre
feudos familiares. Ahora, ellos se enfrentaron al desafío de un desconocimiento
completo, entonces, los diferentes pueblos y los pensadores europeos -
particularmente los españoles- trataron de desarrollar principios éticos y legales
que pudieran guiar a sus compatriotas en la forma de conducirse con aquellos que
habían construido civilizaciones sin los beneficios del cristianismo.
En el 1400, los europeos conocían sólo un poco más acerca de la tierra que los
romanos; durante la Edad Media, Europa fue más bien el objeto que la fuente de
exploraciones y emigraciones.
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7. España durante los siglos XVI y XVII


Colón tocó tierra en Bahamas el 12 de octubre de 1492, pensó que había
encontrado algunas de las pequeñas islas del archipiélago japonés.
El valor del tesoro subió dramáticamente durante el siglo XVI. Hacia 1600
comenzó su declinación, se tornó muy reducido hacia el 1660 y desencadenó una
profunda crisis económica en España.
En 1648, el rey de España reconoció formalmente la independencia de los
holandeses. Los holandeses emergieron entonces como la nación con el comercio
más poderoso de Europa. Hacia mediados del siglo XVII, los holandeses tomaron
el control de la parte más rica del imperio portugués en Occidente. Fundaron una
colonia, llamada Nueva Amsterdam, en la isla Manhattan, en el río Hudson (1
624), que se convirtió en un centro del amplio comercio holandés en el Nuevo
Mundo.
En 1588 se desencadenó la guerra entre España e Inglaterra en la que triunfó esta
última. La victoria enalteció la moral de los ingleses y del mundo protestante.
Terminó con la amenaza de una conquista española de Inglaterra e imposibilitó la
reconquista de las provincias unidas en los Países Bajos. Cuando en 1604 se
firmó finalmente una paz, los ingleses - junto a los holandeses- presentaban un
poder similar al de los españoles en el mar.
La abrumadora mayoría de la sociedad europea del siglo XVI era rural. En Francia
y el oeste de Alemania, la posición de los campesinos mejoró. En España, el este
de Alemania y los países del este de Europa se deterioró.
8. La revolución científica
Los cambios políticos y económicos que tuvieron lugar en Europa durante el siglo
XVII fueron comparables con los ocurridos en el clima cultural e intelectual de
Europa. Durante el siglo XVII, el conocimiento acerca del mundo natural se
desarrolló lentamente y por momentos. Existían muchas observaciones
individuales de los fenómenos naturales, de éstas se habían derivado algunas
generalizaciones útiles. Pero muchas de estas generalizaciones no difundieron
ampliamente o fueron erróneas.
En el sentido moderno, todas fueron "experimentos", pero desconocidos. Hacia el
siglo XVIII, había ocurrido un sorprendente cambio: se había acumulado una gran
cantidad de conocimientos acerca de la naturaleza y continuaba acumulándose a
un ritmo creciente. Nuestra civilización desde entonces es una "civilización
científica".
Un nuevo método de investigación - el método científico- se desarrolló entre
finales del siglo XIII y el siglo XIV, sin embargo su realización se concreta en
Europa occidental después de 1600. El nuevo método combinaba dos elementos:
la observación y la experimentación cuidadosas, así como la interpretación
racional de los resultados preferiblemente con el empleo de las matemáticas.
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Desde el siglo XII, los pueblos de Europa occidental se interesaron en los


problemas científicos. Pero las respuestas de la Edad Media a estos problemas se
basaron en suposiciones tradicionales y profundamente enraizadas acerca de la
naturaleza del universo. Por ejemplo, generalmente se creía que el universo era
una esfera finita con la tierra en el centro.
Sin embargo, incluso en la Edad Media no todos los hombres estaban satisfechos
con aquella concepción relativamente simple. En los siglos XIII y XIV, un pequeño
número de ilustrados comenzaron a cuestionar las explicaciones existentes. Las
universidades medievales, principalmente la de Oxford, la de París y la de Padua,
mantuvieron su interés en el mundo de la ciencia. Pero la mayoría de los europeos
del 1500 no cuestionaron las clásicas autoridades griegas.
Este sistema de conocimientos establecido explicaba bien los fenómenos
observados. A finales de la Edad Media, esto era una razón muy sencilla como
para no tratar de mejorar las observaciones y las teorías de los antiguos
escritores.
Sin embargo, en los siglos XIV, XV y XVI algunos avances de la sociedad europea
prepararon el camino para un cambio de opinión general sobre la naturaleza. El
desarrollo de la industria del cristal y la invención de los lentes, por ejemplo, dio
esperanzas al extender ampliamente los poderes del hombre para observar los
procesos naturales. Además, la aparición de nuevas técnicas en la construcción
naval indujo los viajes de descubrimiento, éstos, a su vez, estimularon la atención
del pueblo hacia los problemas de la navegación.
En 1543, dos notables trabajos científicos establecieron el final de la ciencia del
medioevo y el comienzo de una revolución en la concepción del hombre occidental
sobre la naturaleza:
Sobre la estructura del cuerpo humano de Andrés Vesalio fue por aquellos días
una maravillosa descripción detallada de la anatomía humana basada en la
observación directa, en la disección.
Sobre la revolución de los cuerpos celestes, un brillante tratado matemático de
astrónomo polaco Nicolás Copérnico (1473-1543), demostró que el número de
epiciclos de Tolomeo se puede reducir, si se asume que la Tierra gira sobre su eje
una vez al día y se mueve alrededor del sol una vez al año.
Dicha obra, publicada en 1543, bajo el título " De Revolutionibus Orbium
Coelestium", que exponía la teoría heliocéntrica de Copérnico sobre el movimiento
de los planetas, abrió la revolución de mayores consecuencias que conoce el
pensamiento humano. Su teoría constituyó la base sobre la cual Galileo, Kepler,
Newton y otros construyeron la astronomía moderna.
La revolución científica alteró las condiciones del pensamiento y la existencia
material de la vida. Otros descubrimientos, como los de Galileo y Kepler hicieron
que la duda se impusiera como nueva filosofía.
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Los dos profetas principales de la revolución científica fueron Francis Bacon (1


561- 1 626) y René Descartes (1 596-1 650). En 1 662, se fundó la Royal Society
of London, la primera sociedad científica en Londres.
Descartes fue un entusiasta del "método" científico, su creencia en que todo podía
reducirse a términos matemáticos y su insistencia en la duda sistemática con
respecto a las primeras teorías dejó una profunda huella en el pensamiento
científico de los próximos dos siglos.
Por su parte, William Gilbert utilizó sus escasos conocimientos sobre la fuerza
misteriosa de la electricidad para deducir que la tierra era en sí un gran imán (1
600). William Harvey demostró que la sangre circulaba de las arterias a las venas,
de las venas al corazón, del corazón a los pulmones y que regresaba al corazón y
a las arterias nuevamente (1628). A finales de siglo, el nuevo microscopio reveló
los pequeñísimos vasos capilares que realmente conectan las arterias con las
venas.
Los avances evidenciaron un aumento en la precisión de la observación y un
desarrollo, tanto en el control de los experimentos como en la cuantificación de
sus resultados.
Al mismo tiempo, las matemáticas avanzaron rápidamente. La invención de los
decimales y los logaritmos facilitaron los cálculos a principios del siglo. Pascal
inició el estudio de las probabilidades. Y a finales de siglo, Newton y Leibniz
completaron el trabajo de muchos otros con el invento simultáneo del cálculo, que
proporcionó el primer método de análisis periódico de la aceleración o la
desaceleración del movimiento.
En la observación astronómica y física, así como en las matemáticas se halló la
unión más fructífera. Johannes Kepler (1571-1630) anunció: las órbitas de los
planetas son elípticas, con el sol en uno de los dos focos de la elipse. Y formuló
las llamadas leyes de Kepler, a saber: a) Las órbitas planetarias son elipses en las
que el Sol ocupa uno de sus focos, b) Las áreas descritas por los radios de los
vectores son proporcionales a los tiempos y c) Los cuadrados de los tiempos de
las revoluciones planetarias son proporcionales a los cubos de los ejes mayores
de las órbitas.
Los primeros frutos del trabajo de Kepler aparecieron en 1609. Durante ese año, el
italiano Galileo Galilei (1564-1642), profesor en Padua y Pisa, volteó hacia el
firmamento un instrumento de reciente invención, el telescopio. El universo finito,
esférico, de la Edad Media se hizo añicos. Los científicos sospecharon entonces
que de un espacio infinito, que contenía otras estrellas como el sol y
probablemente otros sistemas solares también.
Galileo (1564-1642) fue uno de los fundadores del método experimental.
Descubrió las leyes de la caída de los cuerpos, enunció el principio de la inercia,
inventó la balanza hidrostática, el termómetro y diseñó el primer telescopio
astronómico en 1 609. Es famoso por la defensa que realizó del sistema cósmico
de Copérnico, que Roma consideraba herético.
Texto Guía – Historia

Un genio, Sir Isaac Newton (1642-1727) relacionó la astronomía de Kepler con la


física de Galileo, así eliminó cualquier diferencia entre la física celestial y la
terrenal y cumplió con una parte del sueño de Descartes: establecer una "ciencia
universal".
La misma fuerza que actuaba sobre la luna y la manzana, variaba "directamente
como producto de la masa" elevada a una potencia e "inversamente como el
cuadrado de la distancia" para separar los cuerpos. Newton desarrolló las
matemáticas necesarias para probar su teoría; publicó sus conclusiones en The
mathematical Principles of Natural Philosophy (Los principios matemáticos de la
filosofía natural) (1687). Este es uno de los libros que más ha influido, tanto en la
historia de la ciencia como en la del pensamiento humano. La aparición de
"Principia", marcó la culminación del movimiento comenzado por Copérnico. Ella
ha permanecido siempre como el símbolo de la revolución científica aun cuando
no produjo resultados dramáticos.
En 1704 se publicó Optiks, una obra de Newton que sustentó el desarrollo de los
conocimientos sobre el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo y los átomos
químicos.
Masa, fuerza y movimiento fueron conceptos claves, las matemáticas fueron el
medio para entender el universo. Para la mayoría de los hombres, sin embargo, la
nueva ciencia no destruyó la religión tradicional. Algo los obligó a considerar el
significado religioso de un universo amplio y complicado. El telescopio reveló la
inmensidad del universo, reemplazó a la tierra e incluso al sol de su centro. El
microscopio comenzó a revelar las maravillas de los pequeños detalles del mundo
- los capilares, las bacterias, las células, las bases de la vida.
9. La ilustración
La tarea que los principales pensadores del siglo XVIII se impusieron fue
popularizar los métodos y principios de la ciencia natural del siglo XVII, así como
aplicar dichos métodos y principios a Dios, al hombre y a la sociedad. El
descubrimiento científico continuó, sin embargo el trabajo que atrajo a los
escritores más brillantes fue la aplicación de los nuevos métodos científicos al
estudio de los males de la humanidad - económico, social, político y eclesiástico.
Su interés no fue tanto descubrir la nueva verdad acerca de la naturaleza como
usar los métodos de la ciencia natural para transformar la sociedad.
Este movimiento del siglo XVIII fue la "Ilustración". Este término sugería el
amanecer a una era de luz después de una larga noche de oscuridad, ignorancia,
superstición e intolerancia. Hubo escritores "ilustrados" en todos los países de
Europa desde Rusia hasta España y desde Inglaterra hasta Italia.
Sin embargo, este movimiento internacional se centró en Francia. Después de la
muerte de Luis XIV en 1715, el gobierno francés se volvió rápidamente más inepto
e ineficaz, mientras la tensión social entre la aristocracia privilegiada y la menos
Texto Guía – Historia

privilegiada burguesía rica se hizo más aguda. Muchos líderes de la Ilustración


eran burgueses y con frecuencia sus escritos reflejaban sus intereses de clase.
París fue el lugar más activo de Europa. Aquí los intelectuales tenían un estrecho
contacto entre ellos, estimulados por el sentimiento de que estaban ayudando a
guiar una revolución de ideas y unidos en una cruzada para poner fin a la barbarie
y a los absurdos del viejo orden.
Las ideas principales de la Ilustración prendieron en toda Europa. Apareció una
generación con nuevas ideas acerca de la religión y la organización social. Las
ideas dominantes pueden resumirse en cinco secciones: razón, naturaleza,
felicidad, progreso y libertad.
El progreso de la civilización se situó entonces fuera de las manos de Dios, Ahora
se colocó en las del hombre. Una vez descubiertas y aplicadas las leyes de la
naturaleza a la sociedad, el progreso se hizo seguro, inevitable y rápido. Esto fue
una revolución importante en el pensamiento occidental. Durante la Edad Media
era inconcebible el progreso secular sin relación con Dios.
En una lucha literaria entre los "antiguos" y los "modernos", que se inició en 1687,
apareció la idea de que los "modernos" eran tan buenos y probablemente mejores
que los "antiguos".
Robert Turgot (1727-1781), sugirió que el elemento esencial de la historia fue la
difícil lucha de los hombres hacia el desarrollo crucial del método científico.
Marie-Jean Condorcet (1743-1794), escribió Sketch for a Historical Picture of the
Progress of the Human Mind (Apuntes para una descripción histórica del progreso
de la mente humana), que resumió todo el optimismo de su siglo. Observó:
"existen las razones más fuertes para creer que la naturaleza no ha puesto límites
en la realización las esperanzas de los hombres" y previó "la abolición de las
desigualdades entre las naciones, el progreso de la igualdad en las naciones y la
verdadera perfección de la humanidad".
Las nuevas ideas afectaron el pensamiento religioso de Europa. La esencia de la
religión es el temor y el respeto ante la racionalidad y la perfección del universo.

LAS REVOLUCIONES Y GUERRAS MUNDIALES 1. La revolución francesa,


inglesa y norteamericana
Las monarquías despóticas, entre 1763 y 1789, fueron, en muchas formas, un
resurgimiento de las ideas monárquicas más viejas y una reacción contra el poder
que la aristocracia había obtenido en el siglo XVIII.
Francia y Gran Bretaña fueron los centros de la Ilustración, pero también tenían un
déspota ilustrado como monarca. Tal vez como resultado cada una experimentó
una revolución desde abajo. Los norteamericanos ganaron su independencia de
Inglaterra en nombre de la razón y los derechos naturales, la burguesía francesa
Texto Guía – Historia

se movió por los mismos ideales y destruyeron el privilegio aristocrático en


Francia.
Cuando la guerra de los Siete Años finalizó en 1763, tanto el gobierno francés
como el británico necesitaron más ingresos para sostener el peso de sus deudas
de guerra y hacer frente a los crecientes costos de administración. Luis XV
propuso mantener un impuesto de guerra sobre los nobles y los plebeyos de igual
forma, así como instituir un nuevo impuesto a los empleados públicos. Sin
embargo, el programa de Luis fue acogido por un fuerte oposición de nobles y
burgueses enriquecidos por igual.
La reacción de la aristocracia, condujo finalmente a la revolución.
Europa
El intento razonable del gobierno por conseguir nuevos ingresos fue recibido con
una poderosa oposición en las colonias americanas. La Guerra de Independencia
de Norte América (1775-83) fue, en cierto sentido, una guerra civil dentro del
imperio británico en ambos lados del Atlántico; los colonialistas, por ejemplo,
tenían amigos en Inglaterra e Irlanda simpatizaba con los reclamos de
Norteamérica.
Los colonialistas norteamericanos ganaron la Guerra de Independencia con la
ayuda de Francia. Siguiendo los principios del equilibrio de poder, Francia
compensó la pérdida de Canadá privando a Gran Bretaña de sus colonias
americanas. Los suministros, tropas y barcos franceses fueron una ayuda
inestimable para el General Washington en su lucha por derrotar las fuerzas
británicas en las colonias. En el tratado de paz de 1783, las trece colonias ganaron
su independencia y obtuvieron el derecho a los territorios del este del Misisippi, del
norte de la Florida y del sur de los Grandes Lagos.
El éxito de la Revolución Norteamericana tuvo profundos efectos en Europa y en
otras partes del mundo. Los oponentes del viejo régimen en Europa se percataron
de ello, un pueblo había tomado su destino en sus propias manos, se había
rebelado contra las normas establecidas y había creado un gobierno de su propia
elección. Se había obtenido la libertad sin autorización.
Las ideas de John Locke - igualdad natural, derechos inalienables, gobierno por
consenso del gobernado y el derecho elemental de revolución- se habían
reivindicado. La Declaración de Independencia (el 4 de julio de 1776) dio la señal
para llamar a la rebelión a los pueblos del Viejo Mundo.
Los acontecimientos en América parecieron demostrar que las unidades políticas
más pequeñas se podían unir sin recurrir al despotismo. La Revolución
Norteamericana representó y trasladó al mundo occidental dos ideas políticas de
gran importancia para el futuro: un gobierno limitado o constitucional (con una
larga historia desde el mundo antiguo y medieval) y la soberanía popular o
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democracia (relativamente nueva en una época aún muy aristocrática en su


pensamiento).
Los veinticinco años transcurridos entre el Tratado de París y el estallido de la
revolución en Francia ofreció al mundo occidental tres posibles caminos para el
desarrollo futuro: el despotismo ilustrado, el dominio aristocrático o la revolución
democrática.
2. La Revolución Francesa
La Revolución Francesa marcó un punto de viraje en la historia europea. Los
hechos que comenzaron en 1787 y finalizaron con la caída de Napoleón
Bonaparte en 1815 liberaron las fuerzas que alteraron no sólo la estructura política
y social de los estados, sino también la de Europa. En Francia y en otras partes se
hicieron muchos intentos por deshacer la obra de la Revolución y reprimir las
ideas de libertad, igualdad y nacionalismo que esta había inspirado. Pero el
antiguo régimen se había apagado, al menos en Francia, así que resultó imposible
restaurar completamente una Europa dominada por la monarquía, la aristocracia y
un orden social jerárquico. Con la llegada de la Revolución Francesa, se entró
entonces a un mundo más moderno - un mundo de conflictos de clases,
ascendencia de la clase media, aguda conciencia nacional y una democracia
popular. Junto a la industrialización, la revolución reformó las instituciones, las
sociedades e incluso la mentalidad de los europeos.
3. Los orígenes de la revolución francesa
Hacia la última mitad del siglo XVIII, Francia parecía haber vencido el triste ciclo
de carencias, enfermedades y una alta mortalidad que en el siglo anterior había
inhibido tanto el desarrollo demográfico como el económico. La débil tendencia
inflacionaria que caracterizó a gran parte del siglo XVIII aumentó la riqueza de los
grandes terratenientes y el excedente en la agricultura sirvió para estimular la
expansión de la economía francesa en su totalidad.
A pesar de los signos de prosperidad, hubo mucho descontento y agitación en
Francia en la década de los 80 del siglo XVIII. Las instituciones francesas eran
obsoletas, ineficientes e incoherentes. La nobleza y las eternas sociedades de
puestos hereditarios las controlaban. Todo el que estuviera relacionado con las
ideas de la Ilustración se consideraba irracional e injusto. Las diferencias sociales
y legales que permitían alcanzar un alto cargo o ejercer una influencia política
ofendían especialmente a las clases medias.
Un sistema de impuestos ineficaz e injusto producía muy pocos ingresos para
mantener al estado, inhibía el desarrollo económico y llevaba a la pobreza. En
vísperas de la Revolución, Francia enfrentó una coyuntura de crisis. Tres de estas
crisis - dificultad agrícola, caos financiero y reacción de la aristocracia- fueron
particularmente agudas.
Durante la década del 80 del siglo XVIII, las demandas de la aristocracia sobre los
campesinos agravaron la miseria del campo. La resistencia de la aristocracia a la
Texto Guía – Historia

reforma de los impuestos obstaculizó los intentos del gobierno para renovar la
estructura financiera de la nación. Estas dos facetas de la reacción de la
aristocracia fueron las causas directas del advenimiento de la Revolución
Francesa.
Las dudas del rey Luis XVI y la intransigencia de la aristocracia aumentaron la
amargura de amplios sectores de la población.
Ellos quisieron terminar con los privilegios y sintieron que la monarquía no
reformada no deseaba ayudarlos en esta lucha. El ataque a los privilegios y la
demanda de igualdad ante la ley fueron las fuerzas motrices de la revolución
desde el comienzo hasta el fin. El privilegio, al parecer, sólo se podía destruir
mediante el ataque a la monarquía y a la aristocracia.
Luis perdió la oportunidad de actuar como mediador entre los estados hostiles. El
23 de junio se presentó ante los estados generales para presentar un programa de
reforma que satisfizo sólo en parte las demandas del tercer estado para la reforma
de los impuestos y no hizo nada para eliminar los privilegios de la nobleza.
Aproximadamente al mismo tiempo, el rey comenzó a concentrar tropas alrededor
de Versalles y París. Sin embargo, la reforma parcial ni la fuerza bruta fueron
suficientes para enfrentar la crisis política. La revolución se había convertido en
una batalla entre los que pedían una sociedad más equitativa y abierta contra los
que querían conservar los privilegios de la aristocracia.
En el verano de 1789, una serie de disturbios espontáneos de carácter popular y
distintas revueltas unieron, al menos por el momento, a la burguesía y al pueblo
en una preocupante alianza contra la aristocracia.
El 14 de julio, la depresión económica llevó la pobreza urbana a la miseria, a la
miseria se unió el temor que crearon el rey y los aristócratas. Cuando las tropas
del rey aparecieron, la reacción inmediata de los ciudadanos fue armarse por su
propia cuenta.
La caída de la Bastilla fue un acontecimiento de escasas consecuencias por sí
solo, pero sus implicaciones fueron inmensas. El ataque fue visto como un golpe
contra el despotismo real. Demostró que la revolución no era simplemente un
debate sobre una constitución. Su mayor importancia fue colocar a la ciudad y a
los líderes políticos de París a la vanguardia.
El antiguo régimen fue desmantelado. La estructura de privilegios de la
aristocracia se abolió completamente, junto con las franquicias y los puestos
hereditarios.
4. La Declaración de los Derechos del Hombre
En general, la asamblea nacional logró eliminar los privilegios de las clases más
altas, las sociedades de funcionarios y las provincias. Se enfrentó entonces con la
tarea de crear nuevas estructuras políticas, legales y administrativas. La estructura
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ideológica para esta tarea fue enunciada por los que prepararon la Declaración de
los Derechos del Hombre, aprobada el 27 de agosto de 1789.
Crear la constitución tomó dos años. Al cabo de este tiempo, el gobierno se había
reorganizado, la Iglesia desposeída de sus tierras y los derechos de los franceses
se habían definido con mayor claridad.
La guerra (franco- prusiana) transformó la revolución. Con la guerra vino el fin de
la monarquía y la constitución. También vino el terror y la dictadura. Francia se
convirtió no sólo en la cuna de la revolución, sino también en exportadora de ideas
revolucionarias. Finalmente, bajo la tensión y las emociones de la guerra, Francia
se convirtió en una nación-estado unificada.
Napoleón fue derrotado finalmente en Waterloo el 18 de junio de 1815 y tres días
después, abdicó por segunda vez. La era de la Revolución y Napoleón habían
finalizado.
5. Las Américas en el siglo XIX
Desde la época del descubrimiento hasta el siglo XIX, el liderazgo mundial de
Europa fue virtualmente indiscutible. Los Estados Unidos habían fueron la primera
posesión europea de ultramar en obtener la independencia, pronto tuvieron lugar
movimientos similares en otras regiones de América donde los europeos se
habían establecido. A pesar del poder de Europa durante el siglo XIX, hubo
algunas señales de que los días de la supremacía europea llegaban a su fin.
A principios del siglo XIX, los Estados Unidos eran una potencia de segunda clase,
desempeñaban sólo una función menor en los asuntos internacionales. Un siglo
después, se habían convertido en el árbitro decisivo en la guerra más grande que
Europa y el mundo jamás habían visto. La comprensión del recién llegado a los
asuntos mundiales fue un proceso lento y gradual. A lo largo de la mayor parte del
siglo XIX, América se mantuvo políticamente aislada, tanto que "aislamiento" se
convirtió en un término que se aplicaba comúnmente en la política exterior
norteamericana.
En 1 823, con la Doctrina Monroe, América exhortó a Europa a que desistiera de
cualquier colonización futura en el hemisferio occidental. A pesar del aislamiento
político en el que los Estados Unidos concibió su destino, las relaciones culturales
entre la nueva república y el viejo continente se mantuvieron fuertes, aunque
América fue ante todo un receptor en lugar de un contribuidor en su cambio
cultural. América había participó de la moda europea del Romanticismo. Hacia
mediados del siglo XIX, los escritores norteamericanos atrajeron la atención del
extranjero hacia la literatura norteamericana.
En el plano político, los esfuerzos exploratorios de los reformistas norteamericanos
en la defensa de los derechos de la mujer, el pacifismo y la moderación
provocaron respuestas de ultramar, así como la gradual adopción en Europa del
sufragio universal del hombre, la educación pública gratuita obtuvo un gran
provecho del ejemplo norteamericano. En cuanto a las invenciones técnicas, los
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Estados Unidos mostró signos del talento que al final lo convirtió en la principal
nación industrial del mundo. El intercambio cultural entre Europa y los Estados
Unidos se hizo, de ese modo, menos injusto. El perfeccionamiento de los medios
de comunicación también desempeñó su papel. En la década del 60, el barco de
vapor había comenzado a competir exitosamente con el barco velero y la
colocación de un cable transatlántico en 1858 favoreció el intercambio de noticias
e ideas.
En el plano demográfico, el crecimiento territorial de los Estados Unidos se
relacionó estrechamente con el crecimiento fenomenal de su población. De menos
de 4 millones en 1790, la población aumentó a 60 millones durante un siglo.
Mucho de este crecimiento se debió al flujo continuo de inmigrantes europeos, que
totalizaron más de 35 millones entre 1815 y 1914.
Muchos de ellos huían de la persecución política o religiosa, también las
oportunidades económicas del Nuevo Mundo atraían a muchos. El suministro
constante de mano de obra barata, proveniente de la inmigración, fue una
bendición para la creciente economía norteamericana. La rápida
norteamericanización de los nuevos ciudadanos se favoreció con el hecho de que
los Estados Unidos no tenía clases privilegiadas, ni iglesia establecida, ni casta
militar.
La idea de oportunidades económicas para todos, una sociedad abierta, en la cual
la habilidad y el trabajo duro conducían al éxito, fueron los ingredientes del "sueño
americano", si no, siempre la realidad.
En el sentido económico, como la mayoría de los países europeos, los Estados
Unidos, en la primera mitad del siglo XIX, era un país primordialmente agrario. La
abundancia de tierra atrajo a europeos hambrientos de ellas. Pero el aumento de
la población requirió de soluciones económicas adicionales, que fueron
proporcionadas por la industria. A mediados del siglo XIX, los estados del este
habían desarrollado la industria. Al mismo tiempo, la expansión de los territorios
del oeste proporcionó un mercado en constante expansión. La industrialización a
gran escala no ocurrió hasta después de la Guerra Civil (1 861-1 865). Sin
embargo, antes de 1 860, muchos de los efectos sociales de la industrialización,
observados en Europa, se hacían sentir. Durante la primera mitad del siglo XIX,
los sindicatos norteamericanos comenzaron a organizarse, pero un movimiento
sindical en el sentido moderno, en Norteamérica como en Europa, no se desarrolló
hasta mucho después.
En su filosofía económica, Norteamérica compartió la fe de los liberales europeos
en la libertad del control estatal. La revolución norteamericana había luchado
contra las restricciones mercantiles impuestas por la metrópoli. Cuando esas
restricciones desaparecieron, quedaron pocos obstáculos para la libre empresa.
De ese modo, una filosofía de liberalismo vino a permear la vida económica de los
Estados Unidos. Con el área de libre comercio más amplia del mundo dentro de
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sus propias fronteras, los industriales norteamericanos desearon ansiosamente


mantener fuera a los competidores extranjeros.
El espíritu revolucionario en Europa después de 1815 tuvo su paralelo en la
inquietud que prevaleció en los Estados Unidos durante los años 20. La fuente de
esa inquietud fue económica y social. Como la población de Norteamérica
aumentó y los nuevos territorios obtenidos con la adquisición de la Luisiana (1803)
y de la Florida (1819) se colmaron con los nuevos asentamientos, se suscitaron
diferencias entre los intereses establecidos en el este y las nuevas fuerzas en la
frontera oeste. El descontento entre los nuevos trabajadores inmigrantes del este y
en los asentamientos del oeste se expresó en la urna electoral, como resultado del
desarrollo del proceso democrático después de la revolución.
Ahora bien, la democracia en los Estados Unidos tardó en llegar a todas las capas
de la sociedad; no fue hasta después de los años 20 que se adoptó el sufragio del
hombre en la mayoría de los estados. La democratización de la política continuó
con la adopción de la protección o del "sistema de premiar servicios al partido con
empleos públicos" y con la práctica de obtener candidatos presidenciales
nominados por convenciones nacionales y no entre un puñado de líderes de
partidos.
6. La Primera Guerra Mundial
En la discusión de los orígenes de la primera guerra mundial, los historiadores
distinguen entre causas subyacentes e inmediatas. En la primera categoría están
incluidos todos los factores que contribuyeron al estado agudo de tensión
internacional antes de 1914: el nacionalismo, las disputas territoriales, la
competencia económica y las rivalidades imperialistas. Algo de la tensión también
se había generado en la diplomacia de las potencias, que generaron alianzas
secretas entre las naciones en conflicto.
Sin embargo, hacia 1914 el sentimiento de solidaridad europea que había
animado a las grandes potencias en 1890, cedió en todas partes ante la poderosa
y divisible fuerza del nacionalismo. La ausencia de cualquier acción efectiva
internacional para preservar la paz contribuyó significativamente a la catástrofe de
1914.
La "Gran Guerra", como se le llamó en su tiempo, se convirtió gradualmente en
una "Guerra Mundial". No fue el primer conflicto mundial, sino el más extenso.
Antes de que terminara la guerra en noviembre de 1918, 49 millones de hombres
fueron movilizados por los "Aliados" contra 25 millones de las "Potencias
Centrales". Más que ningún conflicto anterior, la guerra involucró a todos, no sólo
a los soldados.
La guerra duró mucho más de lo que se hubiera pensado que una guerra moderna
pudiera y trajo los cambios más arrolladores que nadie hubiera creído posible. Los
imperios tradicionales colapsaron y nuevas naciones se levantaron del naufragio.
El Nuevo Mundo, hasta ahora de poca importancia para los asuntos europeos,
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emergió de pronto como decisivo en la victoria europea. Europa, que en el pasado


había resuelto sus propios asuntos, aparentemente fue incapaz de hacerlo.
La Gran Guerra formó parte de una fase transitoria en la historia moderna. No
hubo un final claro para la guerra - realmente no hubo establecimiento de la paz
en 1919 y 1920. Los problemas que los estadistas combatían a brazo partido en
París continuaron por aquel entonces atormentando a Europa y al mundo. Se
sucedieron nuevas crisis, que continuaron con la Gran Depresión de 1929 y
terminaron en otra guerra mundial, para así completar la transición del siglo XIX al
XX.
La guerra que se pensó pudiera acabarse en cuatro meses había durado más de
cuatro años. En su cima, había involucrado unas treinta y cuatro naciones. Habían
muerto cerca de 10 millones de soldados, herido el doble de ese número y
causado cerca de un millón de bajas civiles. El costo total se había estimado
alrededor de $350 billones. Trajo la revolución a Europa central y del este, arrasó
con los últimos remanentes de la monarquía autocrática. Alemania había soñado
con la hegemonía de Europa y tal vez del mundo.
La Conferencia de Paz, que se inauguró el 18 de enero de 1919, con la presencia
de todos los beligerantes, excepto las potencias centrales y Rusia, estableció la
paz, pero esta fue dictada por los vencedores.
Los Aliados crearon la Liga de las Naciones. Esto fue algo completamente nuevo,
un parlamento de naciones en el cual los problemas internacionales se podían
discutir y resolver. Cuando la liga se inauguró en Ginebra en 1921, varias de las
grandes potencias faltaron; Alemania no fue admitida hasta 1926, Rusia se hizo
miembro en 1934 y los Estados Unidos nunca se integró.
Sin embargo, durante varios años después de la Conferencia de Paz, Europa
sufrió tantas crisis internacionales que el pueblo se preguntaba si la guerra había
terminado realmente.
Una gran parte de la responsabilidad por las dificultades económicas de Europa
recayó sobre los reconciliadores de 1919. En sus esfuerzos por resolver los
problemas políticos del continente, con frecuencia, ignoraron los efectos
económicos de sus decisiones. La parte más compleja del tratado fueron las
indemnizaciones.
Con el fin de pagar las sumas que exigidas, las naciones derrotadas necesitaban
de un capital excedente. Ellas podían obtener esto sólo mediante el aumento de
las exportaciones. Pero estas exportaciones competían con los productos de las
naciones que esperaban obtener provecho de las indemnizaciones. Además, la
transferencia de grandes cantidades de capital tenía efectos variables en las
economías de deudores y acreedores por igual. Fue fácil, en otras palabras,
solicitar grandes indemnizaciones, pero fue difícil establecer métodos para
pagarlas. El problema de las indemnizaciones se complicó además con el
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endeudamiento mutuo de los vencedores. La principal fuente de indemnizaciones


fue Alemania.
Como la Gran Depresión se extendió de los Estados Unidos a Europa, Alemania
suspendió sus pagos por completo. En una conferencia final en Lausana en 1932,
Alemania fue exonerada de cualquier obligación futura. El establecimiento de las
indemnizaciones fue claramente un fracaso.
7. La Segunda Guerra Mundial
Antes de 1914, Europa se había dividido en dos campos claramente definidos e
igualmente parejos, excepto Inglaterra e Italia que se mantenían sin definirse. En
1939, la situación fue mucho menos clara y el equilibrio incluso menor. Además, la
ideología, que en 1914 fue un factor menor, en 1939, apareció como una ayuda y
un obstáculo, al mismo tiempo, en la alineación internacional. Mientras en 1914,
las grandes potencias habían hecho lo posible para mostrar todas sus cartas, en
víspera de la segunda guerra mundial, sólo la Alemania nazi mostraba su
grandeza.
La segunda guerra mundial fue muy diferente de la primera. Mientras el problema
de la responsabilidad de la primera guerra había causado mucha controversia, no
hubo dudas de que la principal responsabilidad de la segunda recaía tristemente
en un solo país, Alemania y en un solo hombre, Hitler. A pesar de eso, se podría
argumentar que Hitler nunca hubiera ido a la guerra si los aliados occidentales lo
hubieran detenido a tiempo. En este sentido, Inglaterra y Francia tuvieron alguna
responsabilidad.
La guerra de 1939, mucho más que la guerra de 1914, fue una guerra mundial.
Japón había estado peleando con China por más de ocho años y mucho antes el
conflicto se había extendido a otras partes de Asia y África. La primera guerra fue,
en gran parte, una guerra de posición. La segunda guerra mundial fue de
movimientos casi constantes.
Las nuevas armas fueron las principales responsables de la rapidez y la movilidad.
El aeroplano en particular revolucionó el combate en tierra y mar. Se utilizó contra
objetivos civiles, además eliminó todas las diferencias entre la lucha y los frentes
internos. La segunda guerra mundial fue una guerra verdaderamente total.
El 14 de agosto de 1945 terminó la segunda guerra mundial.
Si se consideran los tremendos cambios políticos que se derivaron de la segunda
guerra mundial, es sorprendente pensar cuán poco se avanzó en el problema de
la paz. Sólo en los meses finales de la guerra, las grandes decisiones sobre el
futuro se convirtieron en tema de discusión al más alto nivel. Estos se trataron en
dos conferencias: Yalta y Potsdam, en febrero y julio de 1945 respectivamente.
El primer problema abordado después de Yalta fue la redacción de los estatutos
de las Naciones Unidas. Esto se realizó en la Conferencia de San Francisco en la
primavera de 1945. Las Naciones Unidas tomó mucho de su antecesora, la Liga
de las Naciones.
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HISTORIA BOLIVIANA

1. DE LA COLONIA A LA INDEPENDENCIA

La captura del inca Atahuallpa


Del soldado Gaspar a su padre Martín de Gárate
A mi muy deseado señor padre:

Una carta de vuestra merced recibí habrá bien tres años poco más o menos,
en la cual me enviaba a mandar que le enviase algunos dineros. Dios sabe la
pena que yo recibí por no tenerlos entonces para enviárselos, que si yo entonces
los tuviera no hubiera necesidad que vuestra merced me escribiera, que yo he
tenido el cuidado que era razón, empero no ha habido lugar hasta ahora, y
también encargándome que tuviera memoria de mi tierra. Dios sabe si tengo
memoria o no de mi tierra sino que, como digo, no ha habido tiempo de acordarme
de ella hasta ahora porque yo le doy mi fe que hasta ahora no he tenido un real
después que en estas partes pasé sino de seis meses a esta parte que Dios me
ha querido dar más [de lo] que yo merecí, [tanto] que hoy día de la fecha tengo
tres mil ducados largos. Plega a él que será para su santo servicio.
Señor, allá envío a vuestra merced 213 castellanos de buen oro en una barra
con una persona honrada de San Sebastián; en Sevilla lo hará moneda y se lo
llevará, y más le enviara a vuestra merced, sino que lleva muchos dineros de otras
personas y no pudo llevar más, el cual se llama Pedro de Anadel porque le
conozco, y es persona que los dará a vuestra merced, por eso le rogué que me
hiciese merced de los llevar.
Señor, yo quisiera ser el mensajero, empero no pudo ser, porque estábamos
en tierra nueva y ha poco que estamos en ella, y no dan licencia sino a hombres
casados que ha mucho tiempo que están en estas partes. De hoy en dos años
pienso ser allá con vuestra merced con la ayuda de Nuestro Señor, que juro a
Dios que más deseo tengo de estar allá que vuestra merced de verme, por darle
buena vejez.
Señor, quiero dar a vuestra merced cuenta de mi vida que ha sido después
que pasé a estas partes. Vuestra merced sabrá cómo yo fui a Nicaragua con el
gobernador Pedrarias por su paje, y estuve con él hasta que Dios fue servido de
llevarle de este mundo, el cual murió muy pobre, y así quedamos pobres todos sus
criados, como el que la presente lleva se lo podrá bien contar si con él se ve;
después de él muerto de a pocos días, tuvimos nueva: el gobernador Francisco
Pizarro venía por gobernador de estos reinos de la Nueva Castilla, y así sabida
nueva con el poco remedio que teníamos en Nicaragua pasamos a su
gobernación, donde hay más oro y plata que hierro en Vizcaya, y más ovejas que
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en Soria, y muy abastecida de otras muchas comidas, mucha ropa muy buena, y
la mejor gente que se ha visto en todas las Indias, y muchos señores grandes.
Entre ellos hay unos que sujetan 500 leguas en largo, el cual tenemos preso en
nuestro poder, que teniendo a él preso, puede ir un hombre 500 sin que le maten,
sino que antes le den todo lo que ha menester para su persona, y le lleven a
cuestas en una hamaca al cual dicho señor le prendimos por milagro de Dios que
nuestras fuerzas no bastaran prenderle ni hacer lo que hicimos sino que Dios
milagrosamente nos quiso dar victoria contra él y su fuerza.
Vuestra merced sabrá que con el gobernador Francisco Pizarro venimos a su
tierra de este señor donde tenía 70 mil hombres de guerra, 160 españoles con el
gobernador, donde pensamos que nuestras vidas eran fenecidas porque tanta era
la pujanza de la gente que hasta las mujeres hacían escarnio de nosotros y nos
habían lástima como nos habían de matar, aunque después les salió al revés su
mal pensamiento, [por]que vino aquel señor con toda su gente armada [a] dos tiros
de ballesta de donde nosotros teníamos asentado nuestro real y allí asentó su
real, y de allí vino a ver al señor gobernador qué gente éramos con obra de cinco
mil hombres, todos de su librea, y él en unas andas guarnecidas de oro y con cien
señores que lo traían a cuestas, limpiándole las pajas del suelo por donde sus
andas pasaban, todos cantando a una voz, y de que llegó donde nosotros
estábamos saltó el gobernador con toda su gente y dimos en ellos y prendimos al
señor y matámosle mucha gente, toda la más que con él venía, y salimos donde
estaba toda la gente de guerra, todos con sus lanzas de a 25 palmos y
desbaratamos todo, en el cual desbarato matamos ocho mil hombres en obra de
dos horas y media, y tomamos mucho oro y mucha ropa y mucha gente, lo cual
sería largo de contar si todo lo hubiese de contar. El que la presente lleva podrá
bien informar.
En esta no diré más porque, como digo será largo de contar, sino que vuestra
merced dé mis encomiendas a la señora Catalina y a mis hermanos y hermanas y
a mi tío Martín de Altamira y a sus hijas, en especial a la mayor, que le soy mucho
en cargo; y también a mi primo Martín de Altamira y a la señora mi prima Marina
de Gárate y a mi tío San Juan de Gárate y a mi tío Pedro Sánchez de Arizmendi; y
a todos los otros mis parientes y parientas, que ya de muchos no se me acuerda
como ha mucho salí de allá, y a todos les diga que tengo mucho deseo de verlos
que, placiendo a Dios, presto seré allá. Señor, no quiero encargar a vuestra
merced otra cosa sino que haga bien por el ánima de mi madre y de todos mis
parientes y si Dios me deja ir allá yo lo haré cumplidamente. No hay más que le
escribir más al presente sino que quedo rogando a nuestro señor Jesucristo me
deje ver a vuestra merced antes que muera.
Fecha en Cajamarca en los reinos de la Nueva Castilla a 20 de julio de 1533
años.
Vuestro hijo que más ver que escribir os desea.
Texto Guía – Historia

Gaspar de Gárate
Sobre las riquezas de Potosí y Porco
Carta a su majestad de Pero Rodríguez Portocarrero, oficial real de Lima, con
largos capítulos contra el marqués de Cañete

Los Reyes, 1 de febrero de 1557


Sacra cesárea católica majestad:

Después que escribí a vuestra majestad desde Panamá, no ha habido navío


que haya ido a España con quien poder dar aviso de lo de acá, y también a tan
poco que yo llegué a este reino que no ha habido espacio para tomar tantas
cuentas de que haya mucho que contar; y por esta diré lo que después que a este
reino llegué he hecho: y es que a causa de haber sido tanto el gasto de lo que en
la guerra contra Fran-cisco Hernández los oidores hicieron, me pareció, por ser
cosa fresca y estar vivos los más de los que lo gastaron, empezar por ellos y así lo
he hecho. Y es negocio de mucha maraña porque hubo en él 18 o 20 hombres
que tuvieron poder para librar en la hacienda real todo lo que les pareció y así ha
habido gastos excesivos de lo cual se va tomando resultas contra las personas
que los gastaron y contra quien lo libró y contra los oidores que les dieron poder
para ello. El tesorero de esta Ciudad de los Reyes, que a la sazón se llamaba
Sancho de Ugarte, es muerto y no dejó bienes de quien se pueda cobrar, cosa
que contra él resulte porque fue harto poderse asegurar el alcance que en la
cuenta que se le tomó se le hizo cuanto más mandándole los oidores que pagase
por sus libranzas y por las de los otros a quien ellos dieron poder. No se podía
excusar el tesorero de pagar lo que ellos y los otros libraban; y así resulta cargo
de lo que parece no ser bien gastado contra los oidores de esta audiencia y contra
otras personas que tuvieron poder de ellos para poder librar y gastar, y así se
hacen pliegos y cargos contra ellos, los cuales no envío con esta a vuestra
majestad para que los vea por no ser acabados de hacer los cargos que de esta
cuenta resultan. Por ser muy larga, creo que la acabaré de pasar de aquí a
navidad de este año, aunque los cargos y cuentas que de ella resultan contra
otras personas habrá harto que hacer para todo el año de 1557. Conviene que, en
el entretanto que se acaban estas cuentas, vuestra majestad mande avisarme de
lo que debo hacer en el cargo que se hace contra los oidores de esta audiencia
porque estando ellos en el tribunal que están, parece que sin comunicarlo con
vuestra majestad no es razón proceder yo contra ellos sin especial mandamiento
para ello y así ha parecido al visorrey para lo cual convenga que, después que yo
haya enviado los cargos que contra los oidores resulten, vuestra majestad envíe
luego a mandar lo que sobre ello debo hacer.
A otras personas se van tomando cuentas de las que resultan de estas
cuentas de la guerra. Especialmente se ha tomado cuenta a un Gómez de Soliz,
Texto Guía – Historia

[el cual] fue capitán nombrado por los oidores en esta guerra y tuvo poder para
librar y gastar de la hacienda real y fue tal el gasto y con tan mala orden, y con
pensar el que no debía nada, [que] se le hizo de alcance en una cuenta que fue el
cargo 23 mil pesos y se le alcanzaron por 16 mil y los demás se le recibieron en
cuenta con aditamento [para] que dentro de cierto término traiga aprobación de
vuestra majestad de ello y no la trayendo queda condenado como por el alcance
líquido, de lo cual apeló […] ante vuestra majestad y, atento a que pagó el
alcance, se le otorgó [la] apelación y así irá allá con la cuenta para que vuestra
majestad mande determinar lo que sobre ello fuere servido.
Otros alcances se han hecho de poca cantidad de 1.000 hasta 2.000 mil pesos
por manera que habrá hasta ahora en la caja de los alcances hasta 21 o 22 mil
pesos y, según el poco tiempo que a que aquí llegué (que [h]a poco más de tres
meses), se ha hecho mediana hacienda y se va barbechando para que se haga
buena adelante […]. El veedor García de Salcedo era muerto cuando yo aquí
llegué; y así el virrey había mandado secuestrar sus bienes, atento a que tenía
cargo y cuenta que dar de hacienda de vuestra majestad y porque se supo que
había usado su oficio no como debía. Se puso pleito a sus bienes y el fiscal asistió
a la causa y se hizo proceso contra él; y visto que el licenciado De la Gasca había
hecho con este veedor y con el contador Juan de Cáceres y con el fator Illán
Suárez de Carvajal cierto concierto por el cual se componían, por los descuidos
que en su oficio había tenido, en el beneficiar la hacienda real por 23 mil
castellanos, [todo eso] con condición que dentro de cierto término vuestra
majestad lo aprobase y esto no se había efectuado por no haber venido
aprobación; de ello pareció al virrey, y a los demás que acá entendemos en la
hacienda de vuestra majestad, que era cosa conveniente dar un medio con los
herederos de este veedor, y así se hizo y fue que los 23 mil pesos que ellos daban
a vuestra majestad por el concierto que con ellos hizo Gasca los pagasen luego
para la navidad de este año, y más pagasen otros 30 mil pesos en los tres años
siguientes. Cada año [deben pagar] 10.000 pesos con que se les dé poder o que
puedan cobrar la parte que de los 30 mil pesos primeros cupiere a los bienes del
contador Juan de Cáceres y a los del fator Illán Suárez y, según dicen, son tan
pocos que no quedaron bienes de ellos […].
Con los primeros navíos que de acá fueren, irá el dinero que aquí hubiera y
enviaré la razón y cuenta de lo que vuestra majestad, por su instrucción, me
manda que envíe y [además] daré aviso de lo demás que acá hubiera tocante a la
hacienda real y no va ahora en este navío porque lo envía el virrey solamente con
ciertos capitanes y soldados que envía presos a esos reinos, porque para estos
era gente demasiado belicosa y aún, según dicen, harto escandalosa y así se
tiene por muy acertado sacarlos de esta tierra.
El virrey ha mandado hacer justicia de Tomás Vásquez y de Piedra Hita que
eran capitanes de Francisco Hernández, a [los que les] cortaron las cabezas en el
Cuzco y a otros dos de allí. En otras partes han hecho justicia de otros dos o tres,
de lo cual hay contentamiento en la tierra en la gente pacífica, pareciéndoles que
se va escombrando de gente facinerosa.
Texto Guía – Historia

La tierra está tan cara de todos los bastimentos y cosas necesarias cuanto
nunca ha estado después que se descubrió hasta ahora y con el salario que yo
traje, que son 3.000 ducados, es tan imposible vivir con ciento en España y así lo
podrá vuestra majestad saber de las personas que de acá fueren y para que
conste de ello enviaré una información cuando envíe los otros despachos que de
acá he de enviar. Suplico a vuestra majestad se me haga merced de mandar [que]
se me acreciente el salario competente para que yo pueda servir como deseo y
[en] especial para haber de ir al Cuzco, Charcas y Potosí es menester mucho más
salario porque no se despacha de esta audiencia corregidor o persona que de esta
calidad allá haya de ir con algún cargo que no se le den ocho o 10.000 pesos de
salario y aún más arriba y se tiene acá por poco porque según la carestía de
aquella tierra mucho dinero no es nada. Si a vuestra majestad le pareciere mi
servicio que acá hace fruto alguno, convendrá prorrogarme el tiempo porque,
según lo mucho que hay que hacer de lo pasado y cuentas viejas que hay que
tomar, no se acabará en 10 años y cuando estas se acaben será menester tomar
las que de ahora se ofrecen, así que en este reino no se puede excusar que no
haya siempre contador de cuentas porque por falta de no haber habido hasta
ahora los oidores le han proveído, y con más salario cuatro veces del que yo traje,
hasta ahora no se ha podido ver el efecto y provecho que estos contadores han
hecho a la hacienda real […]. Nuestro señor la sacra católica y real persona de
vuestra majestad cesárea guarde y conserve con muy mayor aumento de reinos
como a la cristiandad conviene y sus criados deseamos.

¿Quién es y qué se propone Túpac Katari?


Informe al señor comandante militar Sebastián Segurola por fray Matías
de la Borda
Mayo 30 de 1781
En cumplimiento de la presente [carta] de vuestra señoría [con] fecha 26 de
mayo del que corre y que se dirige a pedirme una formal relación de los hechos,
religión, estilo de vida y costumbres que ha observado y practicado el indio alzado
Julián Apaza, por otro nombre Tomás Tupac-Catari [sic] y demás caciques contra
la real corona de nuestro augusto rey y señor natural don Carlos III (que Dios
tenga en la gloria), debo decirle a Vuestra Señoría, bajo las mismas circunstancias
de formales sucesos y especulaciones que hice, vi y experimenté, lo siguiente.
El día 19 de marzo de este presente año de 1781, impensada-mente llegó
como a las nueve de la mañana un indio nominado Tomás Callisaya, natural del
estrecho de Tiquina, donde ya estaba sirviendo el beneficio del teniente de cura
por ser anexo del santuario de Copacabana en calidad de cañari o propio y
también con el título de rey fiscal, con una soga en el cuello y en un hilo que traía
en una mano tenía echado un nudo, advirtiendo que con aquella soga lo
ahorcasen si no dijese la verdad, y el citado nudo, desatado que fuese, también
Texto Guía – Historia

significaba una especie de carta o auto cerrado, que él tenía la facultad de abrir o
desatar; lo que publicado a gritos, por ser así mandato de dicho Tomás Tupac-
Catari, inga rey; que ya se hallaba en el alto de la ciudad de La Paz, con muchos
soldados indios combatiendo. Y, después de haber dado por todo el lugar de dicho
Tiquina tres vueltas, a sus tan repetidas voces, hizo que se juntasen todos los
indios del común, quienes ya parece estuvieron convocados de antemano, y
puesto que fue en el cabildo, relató con bastante seriedad las palabras siguientes:
“Manda el soberano inga rey que pase a cuchillo a todos los corregidores, sus
ministros, caciques, cobradores y demás dependientes, como asimismo a todos
los chapetones, criollos, mujeres, niños sin excepción de sexos y edades y de toda
persona que sea o parezca ser española o que al menos esté vestida a imitación
de tales españoles; y si a esta especie de gentes favoreciesen en algún sagrado o
sagrados, y algún cura o cualquier persona impidiese o defendiese el fin prima-rio
de degollarlas también se atropellase por todo, ya pasando a cuchillo a los
sacerdotes, y ya quemando las iglesias, en cuyos términos tampoco oyesen
misas, ni se confesasen ni menos diesen adoración al santísimo sacramento”.
Lo que al punto practicaron, aun estándoles dando por mí el viático a don
Nicolás Carreño, a don Francisco Salinas, vecinos de esta ciudad, y a varios
españoles que se hallaban en la iglesia refugiados, y tal vez constituidos a sufrir la
inhumana sentencia de aquel degüello. Lo que, notado por mí y como [si]
hubiesen estado presentes los indios del ayllu Calata sin quitarse las monteras, en
cumplimiento de mi obligación, les reprendí tamaña irreverencia contra Dios
sacramentado, a lo que me respondieron, con bastante desentono, que cumplían
lo que les tenía mandado su rey inga, cuyas órdenes obedecían, a lo que agregó
el nominado Tomás Callisaya que, asimismo no tuviesen los indios sus consultas
en otros lugares que no fuesen en los cerros, procurando no comer pan, ni beber
agua de las pilas, sino apartarse enteramente de todas las costumbres de los
españoles.
Oída que fue esta especie de preceptos o leyes nuevas por los indios con
bastante atención, y que el citado rey fiscal Tomás Callisaya desató el nudo del
hilo que traía en la mano, formaron tanto alboroto y gritería, que siendo la algazara
un total desconcierto, más parecía que bramaban o rugían las fieras causando
indecible confusión de modo que a todo este aparato impensado, y que al punto
se observaban aquellas órdenes, sin faltar en un ápice, pues-tos en formal tumulto
y arremetiendo a la iglesia contra todos los refugiados en ella […].
Catari partió por segunda vez para Sicasica y […] su mujer quedó reinando
con el mando y demás disposiciones, como fue una de ellas haberle remitido
auxilio de mil y tantos indios; y como, casualmente, o más bien a consecuencia de
un aviso mío, hubiese salido la tropa de infantería y caballería por el lado de la
capilla ya por ver si entraban algunos ganados o ya para hacer prisionera a la
india que casi diariamente bajaba a estos extramuros a fin de alistar a la gente,
aquel día que fue el 27 de mayo, logré entrarme con seis fusileros más a la
ciudad, donde manifesté ante vuestra señoría una de aquellas esquelas que
Texto Guía – Historia

originalmente pude extraerle a dicho Catari, con más una comisión dada contra los
españoles del santuario de Copacabana que se la entregó uno de los capitanes,
de suerte que así estos dos papeles, como también una carta escrita por mí y que,
asimismo, entregué, deseaba mi lealtad dirigirla a mayor abundamiento de las que
ya había merecido, se recibiesen de antemano.
Muchos alivios de esta especie ciertamente anhelaba mi verdadero afecto
comunicar a la ciudad, mas no pude; pero tengo la gloria de haber rendido mis
cortos arbitrios en obsequio y servicio de la resignada lealtad que profeso al
soberano, por cuya salud y la importante de Vuestra Señoría he pedido a Dios,
aunque indigno en mis tibios sacrificios.
Paz y mayo 30 de 1781.
Besa la mano de vuestra señoría su más atento servidor y capellán:
Fray Matías de la Borda
El riesgo de una conmoción popular
De la Real Audiencia al virrey de
Buenos Aires Santiago de
Liniers La Plata, 10 de mayo de 1809 Excelentísimo
señor:

Habiéndose esparcido entre todos los habitantes de este leal vecindario la


noticia de la precipitada y escandalosa sumaria que se está formando por este
señor presidente contra varios de los señores ministros, individuos de uno y otro
cabildo y otras personas distinguidas, ha llegado ya la fermentación de los ánimos
a tal extremo que es de temer una novedad peligrosísima cuyos progresos no
pueden después contenerse. La voz común es de que a beneficio de unas
deposiciones compradas con los viles medios de la seducción y de la intriga, se
presenta a los ojos de vuestra excelencia como otros tantos traidores a la patria y
acendrada fidelidad al amado monarca el señor don Fernando VII, contra quienes
se solicitan de ese superior gobierno órdenes rigurosas de ruina y proscripción.
El tribunal de La Plata, animado como siempre del amor más fino a su rey y del
vigilante celo con que procura constantemente la tranquilidad y sosiego de estas
provincias encargadas a su cuidado, por la sanción inviolable de las leyes mira
con el mayor dolor atropellada su autoridad y sostenido por vuestra excelencia en
Chuquisaca al señor don Pedro Vicente Cañete, autor y fomentador de una
estratagema tan infame. Este, arrojado según parece, por la providencia al mundo
para ser el terrible azote de los pueblos que pisa, ha comprometido al
excelentísimo señor presidente y al muy reverendo arzobispo, jactándose de que
llegó por fin el tiempo deseado de sus venganzas.
Texto Guía – Historia

Los ministros que componen este senado respetable, que vuestra excelencia
no trata sino de deprimir con positivos y frecuentes ajamientos [sic], tienen dadas
pruebas las más categóricas de su noble entereza y lealtad, se atreven a salir
garantes de los sentimientos fieles de todos los habitantes de Chuquisaca, en
especial de los que se pretenden hacer víctimas de la execración de vuestra
excelencia con una información como la que se está recibiendo por el
excelentísimo se-ñor Pizarro y desafía al mundo entero para que les haga el más
leve cargo en mantener tan delicada y grave [situación]. Pero no debiendo
tampoco permanecer indolente a la herida que se hace a su honor ni mucho
menos ser insensibles a la combustión que amenaza a todo este distrito, si llegan
a realizarse los planes horrendos de este jefe, preocupados, se apresuran a
hacerlo presente a vuestra excelencia para que se sirva suspender toda
determinación en un asunto de tanta consecuencia hasta que, cerciorado de la
realidad o falsedad de los hechos por el tribunal juez imparcial y recto, le sea fácil
formar una idea exacta y adecuada de que aquí no han ocurrido, ni ocurren otras
novedades peligrosas que las que fomentan el señor honorario y [que] hace
autorizar a los señores presidente y arzobispo, ni hay otros per-turbadores del
público sosiego que los pérfidos consejos con que este letrado perjudicial y sin
freno los compromete sin cesar.
El pueblo sabe la artillería dispuesta en pasajes ciertos y determinados para
obligarle a que mire, según se dice, con ojos injustos la ruina de los mejores y más
apreciables de sus ciudadanos y magistrados; sabe lo que ha costado comprar a
los testigos, sabe el insolente descaro con que se gloria el perverso consejero de
ser obra suya tan detestable proyecto y, lleno de desolación y de amargura, se ha
contenido hasta aquí con los prudentes arbitrios que ha adoptado la audiencia
para su consuelo pero si el sistema temerario y opresor de la presidencia y palacio
arzobispal prosigue aumentando el descontento que tanto se nota, es muy de
temer que, cansado su sufrimiento, llegue el caso lastimoso de que ya las cosas
no admitan remedio.
Toda estaba compuesto con que vuestra excelencia sacase inmediatamente
de aquí al señor Cañete, dejando obrar con toda la libertad legal a esta real sala
en los negocios que son de su privativo resorte y haciendo entender al
excelentísimo señor presidente cuán preciso es que abomine para siempre su
errada y maligna dirección.
Parece que tan repetidos desengaños alcanzarán por fin de vuestra excelencia
y de esa audiencia pretorial a la que con esta fecha se acompaña copia de este
oficio, las providencias que tanto tiempo se so-licitan en vano para separar de esta
presidencia (como lo habrá de hacer el tribunal si no se contiene aún sin
aguardarlas) a un hombre tan peligroso y perverso y restituirle por este medio la
dulce tranquilidad que antes disfrutaba y que volverá precisamente con su
ausencia, no siendo tampoco posible de otro modo aclarar la temeridad y la
calumnia con que tan atrozmente se pretende tiznar en el superior ánimo de
vuestra excelencia el buen concepto de los leales individuos. A estos
descaradamente se atreven a acusar la malignidad y el encono cuando por otra
Texto Guía – Historia

parte gozan en este distrito la universal estimación y aprecio por su fiel, leal y
arreglada conducta.
Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.
La Plata, 10 de mayo de 1809.
José de la Iglesia. José Agustín de Ussoz, José Vásquez
Ballesteros El conde de San Xavier, Miguel López Andreu

Le propone que se proclame rey de América


De Manuel Victorio García Lanza a
José Manuel de Goyeneche

Yungas, 3 de noviembre de 1809


Desde luego que cualesquiera juzgará que las operaciones de esa noble y
valerosa ciudad se deben reputar con asquerosos epítetos pero una penetración
sabia y prudente como la de vuestra señoría, y considerando y reconociendo por
menor sus fundamentos e incidentes, conocerá que no le son debidos. Las miras
no se han dirigido distan-tes de un corazón fiel y leal a su soberano. Las intrigas,
felonías y traiciones de que las historias están llenas, no vemos tan distantes de lo
que ha sucedido en las inmediatas y presentes épocas y lo que en el mismo día
sucede han exasperado al verdadero vasallo americano. No solo se reputa sino
que ya se ve esta península perdida y entregada a la dominación del tirano, que
con cautela se va apropiando de la misma Europa; a este industrioso pirata que no
pierde resquicio de coronarse en casi todo el orbe, ¿y quién, señor, lo ocasiona?
Ningún otro que los europeos que, olvidados de su ilustre nación, se entregan a la
esclavitud de la perfidia. Estas nociones patéticas han conmovido nuestros
connatos a propender la seguridad de la península sin más objeto que la de
preservarla de la ajena dominación, de defenderla de las acechanzas enemigas,
estableciendo a este fin los medios más propios y aparentes y no menos que
quitar el mando a los europeos con el justo recelo que las intrigas siempre han
sido hechas por ellos.
Así, exenta de la introducción de enemigos, se mandaría ilesa para conseguir
la gloria de guardarla y conservarla para su legítimo dueño, el señor don Fernando
VII, y presentarla luego que se verifique la restauración a su trono. Para prueba de
esto y bajo los mismos sentimientos, tome vuestra señoría el mando y gobierno de
toda la América; para el efecto y su seguridad, recoja las armas de todas las
provincias, las de La Paz se las prometo, dispuestas a sus órdenes y protesto
entregarle las de Cochabamba, Chuquisaca y Potosí mediante su comisión. Como
compatriota americano, será el gobierno de vuestra señoría el más suave y
Texto Guía – Historia

apetecido; todos unánimes le aclararán y será la última felicidad de esta


desgraciada península que por tantos años ha vivido oprimida bajo el yugo del
mando de los europeos, aniquilada y desnuda de toda comodidad, y alivio por la
continua extracción de caudales que ya no se mira sino como un esqueleto. Ello,
vuestra seño-ría como hijo de la patria, no despreciará medio que sea conducente
al consuelo del infeliz americano, tomará los más proporcionados al bien común y
a levantar este patrio suelo abatido, ultrajado, envilecido y menospreciado de
naciones extranjeras. Se hará señor y todos lo proclamarán rey, estableciendo
propia dinastía peruana.
Déme vuestra señoría el consuelo que si adapta esta reserva, [pue-da]
contestarme para poner el empeño y esfuerzo que debo cumplir con lo que
prometo, pues ya me considero feliz mirando en manos tan beneméritas y
acreedoras el cetro que mi obediencia le tributa.
Su muy humilde y obsecuente paisano,

Manuel Victorio García Lanza

La batalla de Ayacucho
De Antonio José de Sucre a Simón Bolívar
Ayacucho, diciembre 9 de 1824

Al excelentísimo señor Simón Bolívar, Libertador de Colombia, Dictador del


Perú: El campo de batalla ha decidido, por fin, que el Perú corresponde a los hijos
de la gloria. 6.000 bravos del Ejército Libertador han destruido en Ayacucho los
10.000 soldados realistas que oprimían esta república: los últimos restos del poder
español en América han expirado el 9 de diciembre en este campo afortunado.
Tres horas de un obstinado combate han asegurado para siempre los sagrados
intereses que vuestra excelencia se dignó confiar al Ejército Unido.
Han pasado cuatro horas desde que terminó la batalla y diferentes cuerpos
persiguen los dispersos enemigos en varias direcciones. Por este momento, el
Ejército Libertador ofrece a vuestra excelencia, como un trofeo en Ayacucho, 14
piezas de artillería, 2.500 fusiles, más de 1.000 prisioneros, entre ellos el virrey
Laserna y 70 jefes y oficiales, más de 1.400 cadáveres y heridos enemigos y
multitud de otros elementos militares.
Calculo nuestra pérdida en 800 o 1.000 hombres, pero la mayor parte herida y,
entre ellos, 30 jefes y oficiales. No hay tiempo para hacer detalles, pero me
apresuro a dar a vuestra excelencia este parte que le será altamente satisfactorio.
Mañana podré informar a vuestra excelencia de los pormenores y serán más
nuestros despojos. Espero que algunos generales enemigos más caerán en
nuestro poder por estar cortados por todas partes y prevenidos convenientemente.
Entre tanto, debo instruir a vuestra excelencia que me he tomado la libertad de
Texto Guía – Historia

conceder, a nombre de vuestra excelencia, de Colombia, del congreso y del


gobierno, varios premios después de la victoria a los generales, jefes y oficiales
que más han brillado en la célebre jornada que ha afianzado eternamente la
Independencia del Perú y la paz de la América.
El comandante Medina, edecán de vuestra excelencia y mi edecán el capitán
Alarcón, tendrán la honra de poner en manos de vuestra excelencia esta nota y de
presentarle mi humilde respeto y la consideración más distinguida.
Dios guarde a vuestra excelencia, excelentísimo señor.
Antonio José de Sucre
“Mi deplorable y lastimera suerte…”
De Juana Azurduy de Padilla a las juntas provinciales de Salta*

Formosa, 1825
A las muy honorables juntas provinciales:

Doña Juana Azurduy, coronada con el grado de teniente coronel por el


supremo poder ejecutivo nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me
presento y digo: que para concitar la compasión de vuestro honorable y llamar
vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo inútil recorrer mi
historia en el curso de la revolución. Aunque animada de noble orgullo tampoco
recordaré haber empuñado la espada en defensa de tan justa causa. La
satisfacción de haber triunfado de los enemigos (más de una vez despecho sus
victoriosas y poderosas huestes) ha saciado mi ambición y compensado con usura
mis fatigas, pero no puedo omitir el suplicar a vuestro honorable se fije en que el
origen de mis males y de la miseria en que fluctúo es mi ciega adhesión al sistema
patrio […]. Después del fatal contraste en que perdí a mi marido y quedé sin los
elementos necesarios para proseguir la guerra, renuncié a los indultos y a las
generosas invitaciones con que se empeñó en atraerme el enemigo.
Abandoné mi domicilio y me expuse a buscar mi sepulcro en país
desconocido, solo por no ser testigo de la humillación de mi patria, ya que mis
esfuerzos no podían acudir a salvarla. En este estado he pasado más de ocho
años y los más de los días sin más alimento que la esperanza de restituirme a mi
país […]. Desnuda de todo arbitrio, sin relaciones ni influjo, en esta ciudad no hallo
medio de proporcionarme los útiles y viáticos precisos para restituirme a mi casa
[…]. Si vuestro honorable no se conduele de la viuda de un ciudadano que murió
en servicio de la causa mejor, y de una pobre mujer que, a pesar de su
insuficiencia, trabajó con suceso en ella.
Texto Guía – Historia

“Vine a estas provincias contra toda mi voluntad…”


Del Mariscal Sucre al Libertador Bolívar

A su excelencia el general Bolívar.


Mi general:
Hace una hora que recibí la carta de usted del 21 de febrero. Ella me ha dado
un gran disgusto, pero no con usted sino conmigo mismo que soy tan simple que
doy lugar a tales sentimientos. Este disgusto es lo que usted me habla en cuanto a
las provincias del Alto Perú, respecto de las cuales he cometido un error tan
involuntario, pero mi objeto fue cumplir las intenciones de usted. Mil veces he
pedido a usted instrucciones respecto del Alto Perú y se me han negado
dejándome abandonado; en este estado yo tuve presente que en una
conversación en Yacan, pueblo cerca de Yanahuanca, me dijo usted que su
intención para salir de las dificultades del Alto Perú era convocar a una asamblea
de estas provincias. Agregando a esto lo que se me ha dicho de oficio de que
exigiese de Olañeta que dejara al pueblo en libertad de constituirse, creí que este
era el pensamiento siempre de usted; nunca me figuré que se trataba de Buenos
Aires, porque ¿qué pueblo, qué orden ni gobierno había en Buenos Aires?
Además, ¿por qué esta misma carta que usted me escribe ahora no la hizo
tantas veces que le he pedido órdenes sobre este país? ¿Yo soy adivino para
penetrar qué es lo que se quiere después de haberse mostrado otra cosa? Usted
sabe, mi general, que yo no tengo aspiración ni mira alguna ni en este ni en
ningún país; mi desvelo es complacer a usted en su carrera de salvarnos. He
creído en mi corazón que el corazón de usted es todo por el bien de la América y,
persuadido de esto, he creído que el examen de otras materias pudiera ser malo
y, así, he pensado que me tocaba únicamente obedecer y seguir al genio que ha
tomado a su cargo nuestra redención.
Yo me acuerdo que, el día que pasé al Desaguadero, dije a usted que el
emprender nuevos compromisos me iba a costar mil disgustos y ya empiezo a
sentirlos. Por amistad a usted y por amor a la patria vine a estas provincias contra
toda mi voluntad, pues mis deberes como colombiano y como general estaban
satisfechos en el Desaguadero. Yo creo haber dicho a usted que me había de
pesar el venir a estos países, cuya situación iba a ponerme en compromisos.
Después de estar aquí, y no sabiendo qué hacer sin presentarme con un aire
aborrecible al pueblo, tomé el camino más noble y generoso que fue convocar la
asamblea general de las provincias y yo, aunque no sé ni quiero saber estas
cosas de los pueblos, veo mi paso bajo diferente aspecto que usted.
Texto Guía – Historia

Usted dice que la convocación de esta asamblea es reconocer de hecho la


soberanía de las provincias ¿y no es así en el sistema de Bue-nos Aires en que
cada provincia es soberana? ¿Salta, Córdova [sic], Tucumán, La Rioja, Santa Fe,
etc., etc., no tienen sus gobiernos independientes y soberanos? ¿Por qué pues
una provincia con 50.000 almas ha de ser allí gobernada independientemente y
federada y cinco departamentos con más de un millón de habitantes no han de
congregar-se para proveer a su conservación y a tener un gobierno provisional
mientras ven si se concentra el gobierno general? Estas son cuestiones que no
me tocan ni que yo he indicado siquiera, pero son las que tuve presente para
pensar que usted juzgaba por la necesidad de convocar aquí una asamblea, que
si era para constituir las provincias independientes, organizase el gobierno y, si
para que fueran de Buenos Aires, sirvieran como una masa para que a ellas se
agregaran las demás provincias del Río de La Plata y forzarlas así de un modo
suave a entrar en orden. Yo no sabía que hubiera ya congreso en Buenos Aires, ni
creo que lo hay sino en nombre; yo estoy ya lidiando con los de por allí y lo veo
así.
En mi triste opinión encuentro haber hecho un servicio al país, a Buenos Aires
y a la América, con la convocación de esa asamblea. Estas provincias, siguiendo
el funesto ejemplo de disolución de Buenos Aires, ya me han incomodado; los
cabildos se han creído representantes de la soberanía en el sistema federal que
han concebido y por fuerza los tengo que mantener en unión. Además yo vi que
usted mismo pidió en Guayaquil a una asamblea su deliberación respecto a una
sola provincia de 80.000 almas. En fin, mi general, yo puedo haber errado, pero
sin intención alguna; al contrario, mi objeto ha sido complacer a usted y servir
tanto a este país como al Perú, a Buenos Aires y a la América con un paso que
evitaba las facciones y tumultos. Mi decreto está concebido en cuanto a lo
esencial, sobre estas palabras que tengo en dos cartas de usted: “que la suerte de
estas provincias será el resultado de la deliberación de ellas mismas y de un
convenio entre los congresos del Perú y el que se forme en el Río de La Plata”.
Confieso que tengo una falta de inteligencia en las palabras de política y que solo
me he guiado por mi sentido común, pero con la mejor buena fe.
Después de todo, la tal asamblea solo tiene poderes para organizar un
gobierno provisionalmente hasta saber en qué quedan Buenos Aires y el Perú;
parece una cosa que no puede negársele el que ellas se preserven del contagio
de disolución de que usted mismo quería guardarlas y que es tan fácil de entrar en
estos países.
Por último, he tenido la buena fortuna de que la ocupación de los
departamentos de Potosí y Chuquisaca por los españoles han impedido las
elecciones y que, por tanto, no se verificará la reunión de la asamblea para el 19
de abril, sino el 25 de mayo, para cuyo tiempo estará usted aquí y le dará el giro
que quiera al negocio. Esta gente creo que seguirá los consejos que usted les dé
y, en este caso, es mejor que esté reunida la asamblea para que haya una
deliberación legítima.
Texto Guía – Historia

Desde ahora sí le advierto que ni usted ni nadie las une de buena voluntad a
Buenos Aires porque hay una horrible aversión a este vínculo; si usted tiene ideas
de unirlas puede decir a Buenos Aires que mande un fuerte Ejército para que lo
consigan, pues de otro modo es difícil.
Ya he dicho a usted mi general, mil veces, que toda mi ambición está cifrada
en acabar la guerra con los españoles e irme a mi casa de simple ciudadano. Por
fortuna esta guerra está concluida, solo existen por rendirse un cuerpo de 270
hombres que en un par de semanas estarán sometidos. Sobre estos principios
marcharé en mi conducta ulterior. Yo no he ofrecido a nadie encargarme de
mando de pueblos y en consecuencia he resuelto estar aquí hasta el 15 o 20
mientras arreglo esta provincia; [después] seguiré a Chuquisaca y estaré diez días
con la misma ocupación allí; luego me voy para La Paz y sin pararme para
Arequipa. Como general del Ejército, está en mi arbitrio elegir mi residencia.
Añadiré a usted más, y perdóneme por nuestra amistad: en el correo enviaré mi
renuncia del mando del Ejército Unido y me reduciré al mando del Ejército de
Colombia, ya que usted dice que no tiene facultades para aceptar la renuncia de
este, la que he mandado por triplicado al gobierno de Bogotá. Así, yéndome a
Arequipa después de haber concluido aquí con los españoles, habré cumplido mi
único compromiso en esta guerra. Atendiendo desde allí al Ejército de Colombia y
tratando de conservar el orden en los cuerpos de tropas peruanas que quedan
aquí, llenaré mis deberes; lo demás no es mi negocio ni puede serlo.
No entendiendo el manejo de pueblos, sería un desatino tomar sobre mi
responsabilidad asuntos que me van a causar disgustos. No crea usted, mi
general, que esto lo haga por orgullo; ignorando la conducta que deba usar me
expongo a sentimientos que no debo recibir. Yo no soy para hombre público; usted
mismo me cita un paso falso en el Callao y sería un tonto, después que he logrado
alguna estimación como soldado, perderla por meterme a hombre político. Es
verdad, mi general, que mi conducta en el Callao fue tan incierta porque, estando
opuestas mis opiniones a las órdenes de usted, preferí obedecer a usted como
soldado, cuyos deberes son siempre pasivos en esos negocios.
Vea usted ahora mismo, mi general, lo que sucede: ¿qué necesidad tengo yo
de pasar otro disgusto como el que tengo hoy, por asuntos en que toda mi
aspiración se reduce a complacer a usted y servir al país? No, mi general, yo no
debo ser sino un simple ciudadano; terminada la guerra de los españoles debo
seguir a mi corazón. En esta semana escribiré al gobierno de Buenos Aires y le
manifestaré los motivos en que he fundado mi decreto; les expresaré que ninguna
ambición o mira me ha conducido, sino el bien de la América y el evitar la anarquía
a estos pueblos, y les diré que, respecto a que la asamblea no se reunirá hasta el
25 de mayo, ellos pueden tomar sus medidas en todo. Estoy cierto, mi general,
que cuando usted venga aquí aprobará la convocación de esta asamblea. Este
paso ha sido un bien para usted, para el Ejército, para la América, para mí, y aun
para acabar la guerra.
Texto Guía – Historia

O’Connor salió esta mañana para ponerse a la cabeza de los 1.700 hombres
que están en La Lava y destruir los 270 hombres que tiene Barbarucho. Le he
prevenido que acabada esa cosa ponga un batallón en Tupiza, otro en Tarija y el
regimiento de Dragones donde haya pastos. El [regimiento] número 2 está aquí; el
número 1 va a Chuquisaca y los Húsares de Junín irán a Cochabamba.
Ruego a usted, mi general, que si esta carta lo molesta algo me perdone;
nunca piense usted que yo le incomode; únicamente juzgue que quiero ponerme a
cubierto y mostrar mi buena fe en todo.
Soy suyo de corazón, muy fiel amigo y humilde servidor,

Antonio José de Sucre

“Yo he respetado a todos y no me he inclinado a nadie…”


Del Libertador Bolívar al Mariscal Sucre

Nazca, a 26 de abril de 1825 Mi


querido general:

Ayer recibí, con un oficial de Pichincha, las dos cartas de usted de Potosí a 4
de abril. Veo por ellas, con mucho dolor, el gran sentimiento que le ha causado a
usted mi carta del 21 de febrero. Yo me imaginé siempre que la delicadeza de
usted se ofendería por mi desaprobación a la convocatoria de los pueblos del Alto
Perú. Usted sufrirá constantemente mientras que sea movida su sensibilidad por
esas cuerdas delgadas de una delicadeza suprema.
Ni usted ni yo podemos evitar un mal que es inherente a su naturaleza propia,
pero sí podemos obrar de un modo que evitemos los desagrados que son
consiguientes a los negocios públicos.
Usted me pregunta que por qué no le di instrucciones y por qué no le escribí
aquella carta del 21 de febrero antes, como usted lo pedía repetidas veces.
Responderé que yo mismo no sabía lo que debía decir a usted porque dependían
mis instrucciones de la voluntad del congreso. Rousseau aconseja que cuando se
ignore lo que se debe hacer, la prudencia dicta la inacción para no alejarse uno del
objeto a que se dirige porque puede uno adoptar mil caminos inciertos en lugar del
único que es recto. Así he obrado yo, y me parece que así debió usted obrar. Lo
que usted me dice sobre la rectitud de sus principios y de sus sentimientos es
enteramente inútil. Yo sé muy bien que usted no tiene ambición y usted me injuria
en disculparse con respecto a una pasión que jamás he pensado atribuirle.
Texto Guía – Historia

Convenga usted conmigo, aunque le duela su amor propio, que la moderación


de usted le ha dictado un paso que jamás pudo ser bastante lento. Lo que a mí me
hacía dudar, y por lo mismo no resolver, lo juzgó usted muy sencillo y lo hizo sin
necesidad. Digo sin necesidad primero porque el país no se había libertado,
segundo porque un militar no tiene virtualmente que meterse sino en el ministerio
de sus armas y tercero porque no tenía órdenes para ello.
Usted me perdonará todas estas mortificaciones nuevas que le doy ahora, mas
usted debe persuadirse que más sufro en darlas que en ahorrarlas y que si yo
sufro esta pena porque usted la padece a la vez es con la mira laudable de
desengañar a usted de que tiene razón, porque un mal que no se conoce no se
puede jamás curar.
Si usted pierde la ocasión de conocerse a sí mismo, ahora que la fortuna no le
ha envenenado el ánimo todavía con sus embriagueces halagüeñas, no
aprovechará usted nunca de la caudalosa fuente de talentos y virtudes que ha
colocado en usted la naturaleza. Usted está llamado a los más altos destinos y yo
preveo que usted es el rival de mi gloria, habiéndome ya quitado dos magníficas
campañas, excediéndome en amabilidad y en actividad como en celo por la causa
común. Cuando el espíritu de usted esté cultivado por la experiencia y por la
teoría, no dudo que sobresaldrá con mucho a cuanto conocemos de más ilustre
entre nuestros americanos. Por todas estas consideraciones, debe usted apreciar
el mérito de mi sinceridad con respecto a usted, puesto que ando buscando la
perfección de aquellas nubes que deben oscurecer el poco resplandor de mi gloria
[…].
Usted supone que a mí me parecerá bien la convocatoria de la asamblea
cuando llegue al Alto Perú. Tiene usted razón en suponerlo, y diré más: que me
gusta; y añadiré todavía más: que a mí me conviene sobremanera porque me
presenta un vasto campo para obrar con una política recta y con una noble
liberalidad, pero lo dicho, dicho; y con la añadidura de que no siempre lo justo es
lo conveniente, ni lo útil lo justo.
Yo no debo obrar para mí ni por mí. Mi posición pública es la conciencia de mis
operaciones públicas. Por lo mismo, no sé todavía lo que me tocará hacer con ese
Alto Perú porque la voluntad legal del pueblo es mi soberana y mi ley. Cuando los
cuerpos legales decidan de la suerte del Alto Perú, entonces yo sabré cuál es mi
deber y cuál la marcha que yo seguiré. Usted me dice que si quiero entregar este
país a Buenos Aires, pida un Ejército grande para que lo reciba. Esta observación
me ha hecho pensar mucho, sin hacerme cambiar de dictamen.
También añade usted que las fracciones del Río de la Plata son soberanas y
que la mitad del Río de la Plata reside en esas provincias al-tas: que, por lo tanto,
un millón de habitantes bien podían constituirse en un gobierno provisorio para
evitar la anarquía. Todo esto es exacto y justo, pero la ley del congreso no ha
mandado esto. Así es que no sé cómo haré para combinar la Asamblea del Alto
Perú con la determinación del Congreso. Cualquier que sea mi determinación, no
será, sin embargo, capaz de violar la libertad del Alto Perú, los derechos del Río
Texto Guía – Historia

de la Plata ni mi sumisión al poder legislativo de este país. Usted sabe


perfectamente que mi profesión ha sido siempre el culto popular y la veneración a
las leyes y a los derechos.
Yo no mandaré a buscar un Ejército a Buenos Aires, tampoco dejaré
independiente, por ahora, al Alto Perú, y menos aún someteré ese país a ninguna
de las dos repúblicas pretendientes. Mi designio es hablar con verdad y política a
todo el mundo, convidándolos a un congreso de los tres pueblos, con apelación al
Gran Congreso Americano. Entonces se verá que yo he respetado a todos y no
me he inclinado a nadie; mientras tanto, el Ejército Unido ocupará el país
militarmente y estará sujeto al general en jefe que yo nombre. Este general en jefe
es usted, debe ser usted y no puede ser otro sino usted.
Yo le ruego a usted que no se venga. Espéreme para resolverlo todo
conforme.
Bolívar

2. DE LA COLONIA A LA INDEPENDENCIA
“…hágalos fusilar en Tupiza a presencia de la tropa”
De Sucre al coronel Burdett O’Connor*

Chuquisaca, 22 de noviembre de 1826


Tarija
Mi querido coronel y amigo:

El último correo llegado ayer me ha traído las dos cartas de usted del 3 y 9 del
corriente. Antes de contestarle, hablaré a usted de asuntos más esenciales y que
tocan a nuestro honor y gloria.
El 19 escribía a usted y le previne del alboroto sucedido en Cochabamba con
los granaderos. En consecuencia, le dije que viniera a ponerse a la cabeza de las
tropas que están en Tupiza para tomar todas las medidas necesarias a contener el
mal. Anteayer y ayer he escrito al coronel Galindo todo lo que he sabido de esa
novedad y le he dado diferentes órdenes: le he advertido que pase a usted copia
de mis cartas para su inteligencia y para que ejecute la parte que toca a usted. El
mismo día 19 marchó el general Córdova a echarse sobre los amotinados y aún
no recibo ningún parte de él.
Aunque el capitán graduado Matute sedujo a algunos soldados con la idea de
que los haría llevar a Colombia (donde el Libertador se va), indudablemente que el
objeto de este malvado es ver cómo se pasa a Salta después que se ha visto
Texto Guía – Historia

perdido […]. Usted supondrá que Matute no puede intentar este paso sino por el
despoblado y por esto es que se hace preciso que la atención principal de usted
se contraiga a aquel lado. Es natural que el cansancio de los caballos, la falta de
víveres, pasto, etc., hagan que el número que él lleva sea ya más pequeño y,
como los amotinados no sacaron ninguna arma de fuego, los indios habrán quizá
tomado presos a muchos, persiguiéndolos en las quebradas y cerros y también
habrán tomado a otros que se hayan quedado cansados. Así pues, si para cuando
usted ha venido a Tupiza no ha tenido a mano tropa de caballería con qué salirles
al encuentro por el despoblado, puede hacer montar partidas de infantería, de 20 a
25 hombres cada una y situarlas en las avenidas o pasos principales, sobre las
gargantas o alturas para echar mano a los que escapen de la persecución que se
les había hecho por todas partes.
Tello puede quedar en Tupiza con algunas compañías para atender a
perseguirlos por toda esa parte y, además, ya ha salido hoy Andrade con dos
compañías de Voltijeros. Es preciso situar vigías en todas direcciones para saber
qué ruta toma Matute y estos espías serán muy bien pagados para que sirvan
bien, pues el coronel Galindo tiene la orden de pagar todos esos gastos. Además,
ofrezca usted a los paisanos 25 pesos por cada soldado de esos amotinados que
le presenten a usted y, para estimularlos más, adviértales que esos malvados
vienen robando y destrozando, especialmente. Haga usted que retiren todos los
caballos y mulas de los lugares por donde ellos pueden pasar, pues sabe que
esos llaneros a pie no pueden hacer nada. Mande usted comisionados por todas
partes, que vayan recogiendo los que hayan quedado dispersos y atrasados o
cansados y los traigan a Tupiza.
Todos los amotinados que aprehenda, sin distinción alguna y en cualquier
número que sean, hágalos fusilar en Tupiza a presencia de la tropa, para lo cual y
para cubrir a usted mandaré las órdenes oficiales inmediatamente que reciba los
primeros partes del general Córdova. Los que usted aprehenda son los que
debemos juzgar como culpables de traidores, además de sediciosos y amotinados
porque en el hecho han justificado la resolución de abandonar sus banderas y
pasarse a otro país. Así, no tendrá la menor indulgencia con ninguno
absolutamente. Acabaré de hablar sobre este asunto diciendo que además de sus
deberes interese toda nuestra amistad para que usted no perdone diligencia, a fin
de impedir que uno de estos malvados se pase a Salta. Será el mayor servicio, y
créame usted siempre su buen amigo y afectísimo servidor.

Sucre

El motín del 18 de abril


Del ministro del Interior Facundo Infante al prefecto de Oruro
Texto Guía – Historia

Chuquisaca, 23 de abril de 1828


A su gracia, el prefecto del departamento de Oruro:
Al amanecer del 18 del que rige se insurreccionó la tropa oficial que guarnecía
esta capital, la que acaudillada por tres infames paisanos se dispuso a trastornar
el orden público. A las siete y media de la mañana supo el presidente de este fatal
acontecimiento e inmediatamente acompañado de solo seis personas voló al sitio
del motín. Los amotinados quedaron sorprendidos con la presencia de su
excelencia, pero presos los oficiales naturales de la tropa y dirigida esta por
hombres perdidos, rompieron el fuego unos cuantos soldados.
Visto esto, el presidente trató de restablecer el orden y con los que lo
acompañaban cargó sobre los amotinados, que de la formación en batalla que
tenían en la calle pasaron en confusión al cuartel, mas la desgracia quiso que en
el momento de dar la carga e ir su excelencia a herir con su espada a uno de los
rebeldes, este le disparó un tiro de tercerola, cuya bala le atravesó el brazo
derecho, lo que le obligó a retirarse a su palacio. Sabido este acontecimiento por
los rebeldes, se alertaron como era regular y consiguieron que se les uniesen
algunas otras personas.
Por el ministerio de mi cargo, no obstante el dolor que me causaba el estado
del presidente y lo crítico de las circunstancias, se pasaron las órdenes oportunas
a fin de que las tropas más inmediatas viniesen en auxilio de esta capital; así ha
sucedido en efecto.
El bizarro coronel López, prefecto de Potosí, voló a las inmediaciones de
Chuquisaca el 21 con solo 24 hombres mal montados y con 74 hombres del
regimiento de cazadores a caballo pero a pie y arma-dos de fusil; como yo fui
también preso por los rebeldes nada pude comunicar a vuestra señoría.
El 21 conseguí unirme con el coronel López y desde entonces pude dar
algunas órdenes por él mismo. Ayer 22, situada la poca gente que condujo el
general López en la Recoleta, fue atacado por los rebeldes a las 11 del día con
mucha impetuosidad y por diferentes puntos, pero la tropa de ciudadanos que
sostenían las leyes y el reposo público no se amedrentaron por nada y
consiguieron a los que los atacaron, de cuyas resultas se han retirado los
amotinados de esta ciudad y entrado en ella el coronel López y yo a las cinco y
media de la tarde de ayer y, desde aquel momento, volvieron las cosas al estado
que tenían el 17.
Muy sensible me es el decir a vuestra señoría que ha habido derramamiento
de sangre por una y otra parte, por la de los rebeldes se han visto hasta ahora 16
cadáveres y varios heridos que existen en el hospital. Los defensores de la
constitución y las leyes han tenido la desgracia de que haya sido herido el ilustre
general Lanza, muerto el benemérito coronel retirado Agustín Balaguer que, desde
Potosí, acompañaba voluntariamente al coronel López y mandaba el piquete de
Texto Guía – Historia

caballería; también tenemos heridos, aunque no de mucha gravedad, dos


ciudadanos y ocho soldados de cazadores a caballo.
Su excelencia el presidente, a pesar de lo mucho que le han he-cho sufrir
cuatro o seis malvados, ha conservado una tranquilidad tan magnánima que ni en
un momento siquiera ha dejado de acreditar que es el vencedor de Ayacucho.
Tengo la satisfacción de decir a vuestra señoría que la herida del brazo de su
excelencia, aun cuando todavía le causa bastantes molestias, no quedará inútil.
Restablecida aquí la tranquilidad, vuestra señoría dispondrá que se conserve ahí a
todo trance y, al efecto, le faculta el gobierno que se tome todas las medidas
extraordinarias que sean precisas por el que el orden no sea turbado un momento.
Vuestra señoría también cuidará el que sean aprehendidos cualquiera de los
rebeldes que puedan aparecer por ese departamento.
Dios guarde a usted.

Facundo Infante

Chile y la Confederación Perú-Boliviana


Del vicepresidente Mariano Enrique Calvo a
Andrés de Santa Cruz

Chuquisaca, febrero 12 de 1837


Mi querido y muy respetado compadre:

Sin contestación a todas las mías que le he dirigido el mes de octubre y sin
otra suya que su última del 5 de enero, no seré muy largo por el presente correo
que recién ha llegado y da muy poco tiempo.
La ceguera del gabinete de Chile sigue adelante y ya habrá usted visto que las
cámaras ratificaron la célebre semideclaratoria de Egaña con adición de un
artículo a los propuestos por Portales, tan original como estos. Sin embargo, aún
no ha salido el manifiesto de parte del gobierno que tal vez no es de forma en el
código portalino. Este hombre está loco y no tiene otra esperanza que las
revoluciones en el Perú y Bolivia, que espero en Dios no verá realizadas jamás y,
faltándole esta base, muy pronto tronará junto con su descabellada empresa,
empresa que, como dice el Eco, debe estrellarse contra nuestra inmovilidad. Ya sé
que no hay enemigo despreciable, pero este Chile es tan ridículo y está tan
apurado en todos los medios que busca, sin omitir los más indecorosos, que no
Texto Guía – Historia

me da cuidado alguno y solo siento que demore a usted y nos esté haciendo
gastos sin necesidad.
Cuando un gobierno se cree fuerte física o moralmente, no desciende a las
bajezas que el de Chile está cometiendo con la mayor imprudencia. Para mí, esta
es la mejor prueba de su debilidad e impotencia. He visto las notas del señor
Olañeta que me han parecido muy bien puestas y fundadas. A propósito de este
señor, me aseguran que ha escrito a su madama que no viene a verla porque no
son capaces de dejarlo venir como él desea vivamente. Sírvale de gobierno esta
noticia reservada para lo que pudiera convenir.
De las provincias argentinas nada nuevo tengo que agregar a lo que le dije en
mi anterior de 27 de enero. Bonetti salió ahora ocho días bien instruido, sobre todo
aún que no ha podido escribirnos. Pero por la adjunta que es de nuestro mejor
corresponsal de Salta, verá usted que si llegara el caso de hacernos la guerra, no
podía ser antes de ocho o diez meses. Lo mismo me ha asegurado Alvarado
Ramón, quien llegó ahora pocos días, asegurándome que aun las habladurías
habían calmado algún tanto; y otro espía que recién estaba caminando para el
Tucumán escribe en el mismo sentido. De Tanja, donde había más asustadizos,
me escriben más calmados. Así, mi compadre, creo que me saldré con la mía de
que es imposible [que] vengan tales gentes, mas me quedará el remordimiento de
haber hecho los gastos que sus alarmas nos han causado.
El general Braun, conforme a sus indicaciones, me ha propuesto al doctor
Bedoya para agente secreto cerca de los Heredia, con quienes no tiene el menor
ascendiente y no sería extraño que fuese a recomendar-se vendiendo nuestras
confianzas para alarmarlos más contra nosotros, porque al fin es argentino y es
preciso desconfiar de todos ellos.
Mejor conducto es sin disputa el del cónsul brasileño, que ya he tocado para
que podamos entendernos y acomodarnos, y en su caso Medeiros, que es tío de
ambos. Bonetti también, a pesar de ser italiano, es más aparente que el otro.
Sobre todo el tiempo nos marcará lo que convenga hacer con ellos, sin que entre
tanto nos expongamos a cruzar nuestros mismos deseos pacíficos por la
precipitación en confiar asuntos tan delicados a sujetos que no merecen en el
interior de nuestras ideas. Con este convencimiento, he provisto a Bonetti todo lo
que pueda conducir a que entremos en franca correspondencia con los citados
Heredia y, en breve, tendremos resultados de las diligencias que practique.
En los últimos correos de abajo no ha venido correspondencia, sino desde
Salta, porque allí tampoco han arribado los de Buenos Aires que están muy
desordenados y salen cuando le da la gana a Rosas. Por lo mismo, nada sé de
Armaza posterior a lo que le tengo comunicado en mis anteriores.
Cobija, naturalmente, ha decaído mucho y decaerá todavía más con el
engrandecimiento de Arica, pero yo, secundando los justos deseos de usted,
procuraré sostenerlo aunque sea a costa de milagros. Mi hermano retorna muy
Texto Guía – Historia

afectuosamente sus finos recuerdos. El cura, mi otro hermano, me suplica le dé a


su nombre las más expresivas gracias por la condecoración de la legión, porque
de temor de quitarle el tiempo no le escribe por separado dándoselas él mismo.
Tenemos azogue para todo el año corriente y esperamos que en todo él
empiecen a surtirnos de material tan precioso los comisionados Sánchez Reza y
Lezica. Se ha olvidado usted mandarme pasar la nota oficial sobre las acciones
tomadas para el Banco de Potosí en la sociedad de Huancavélica, y solo espero
esta para hacer marchar el comisionado con el dinero. Ya habrá usted visto en el
número del 12 de enero de El Mercurio de Valparaíso, la sacudida que dan al
señor Martigni por la alocución con que le presentó la insignia de la Legión
Francesa. Estos hombres nada temen ya y se conoce que están desesperados.
Perdidas las esperanzas de vernos antes de abril, acompaño una lista de los
que me parecen dignos de ser elegidos en la próxima renovación de las cámaras,
que debe hacerse en el presente año. Usted me dirá si son de su aprobación y la
merecen pasarle la respectiva a La Paz al señor Indaburu, sin perjuicio de que yo
también le escribiré sobre el particular.
Espero la cuenta del señor Méndez y la del señor Olañeta quien al pasar por
Arica no ha tenido la dignación de escribir una letra al gobierno, ni siquiera al
general Braun. He dado sus memorias a todos los amigos, que las retornan muy
cordialmente, lo mismo que Manuela y familia. Quiera usted recibirla con toda la
voluntad de su amigo, compadre y servidor.
Mariano Enrique Calvo

El diario del tambor de la guerrilla de Ayopaya Dedicatoria de


José Santos Vargas al presidente de la república Manuel
Isidoro Belzu

Oruro, 1850

[Como] un miembro del Estado de la república boliviana, tengo el grande honor


de presentarme ante usted y ponerle en sus manos esta pequeña obrita del diario
histórico de los hechos sucedidos en los valles de Sicasica (hoy Inquisivi) y
Ayopaya, escrito por mí de una y otra provincia, de uno y otro partido, mismo con
todas sus circunstancias sucedidas en dichos valles de una y otra provincia, de
uno y otro partido, tocante a la revolución de nuestra emancipación del gobierno
de España.
Expresiones me faltan para manifestarme de alegría por ver mi opinión
triunfante sin que quede enemigo alguno común que pueda alterar nuestra dicha y
nuestra felicidad, nuestro sosiego y nuestra paz tan deseada de todo hombre que
tiene el corazón sano, limpio y pacífico, que quiera reposar con toda tranquilidad,
Texto Guía – Historia

sin zozobra ni cuidado alguno ni el más pequeño, fuera de aquellos hombres que
quieren perturbar el orden social que el ser supremo y la misma naturaleza nos
haya deparado en una república tierna, en una república que recién ha salido de la
servidumbre y roto las cadenas con que se vio ligada a un gobierno extraño, a un
gobierno tiránico por el mismo proceder que ha demostrado en todo el largo
período que nos gobernó.
Señor capitán general presidente: he hecho pasar yo este tiempo largo, que
cuánto ha pensé sacar a luz esta pequeña obrita, y al mismo tiempo que yo
aspiraba se me presentaban muchos inconvenientes para no hacerlo ni ver
cumplidos mis intentos. Pero ahora que la divina omnipotencia os ha constituido
pater patria, padre de la patria, acérrimo defensor de nuestra libertad y que, como
a tal tengo la gloria de dedicar este pequeño trabajo, estando seguro en su
decidido patriotismo, en su verdadero amor a la libertad americana, aceptaréis
esta corta historia, este corto trabajo que un verdadero boliviano os dedica y que
mediante su autoridad mandaréis corregir, sea conforme está o por cartas, y
siendo aceptable al público mandaréis imprimir y ordenaréis el uso que
corresponde para que se sepa la obra de nuestra independencia.
Varios y lastimosos son, en efecto, los sucesos que se han empeñado por
conseguirla, y como quiera que han afectado a la humanidad tiene un grande
mérito para ser transmitido a la posteridad, mucho más para que sepa esta cuánta
sangre, cuántos esfuerzos, cuánto valor y heroísmo cuesta a la patria su libertad
para saberla apreciar mejor, conservarla y respetarla, que yo tengo la honra de
haberlo cumplido siquiera en parte el deber que la divina providencia, la misma
naturaleza y la patria me impuso; y acabaré mis días con el grande consuelo de
que mi patria queda libre y mis tiernos hijos (que los tengo) queden libres de un
gobierno extranjero, queden libres de un gobierno tiránico, queden con el consuelo
de decir a boca llena: mi padre y autor murió. En vida cumplió el deber que la
naturaleza y la patria le impuso, prestó sus cortos servicios a la libertad primordial
del gobierno español y nos dejó libres y gobernados por nosotros mismos.
Por último, tengan presente y en la memoria aquel dicho como se dijo en un
manifiesto publicado al tiempo de dar la primera constitución el congreso general
de las provincias unidas de Sudamérica (hoy Argentina), que es como se sigue:
“Por lo que respecta a nosotros, no ambicionamos otra gloria que la de merecer
vuestra bendición y que al leerla la posteridad diga llena de una dulce emoción:
‘Ved aquí la carta de nuestra libertad’. Estos son los nombres de los que la
formaron cuando aún no existíamos y los que impidieron que antes de saber que
éramos hombres supiésemos que éramos esclavos. Ciudadanos: o renunciemos
para siempre al derecho a la felicidad o demos al mundo el espectáculo de la
unión, de la sabiduría y de las virtudes públicas. Mirad que el interés de que se
trata encierra un largo porvenir. Un calendario nuevo está formado. El día que
cuente en adelante ha de ser o para nuestra ignominia o para nuestra gloria. Dado
en la sala de las sesiones en Buenos Aires a 22 de abril de 1819. Doctor Gregorio
Funes, presidente; Ignacio Núñez, prosecretario”.
Texto Guía – Historia

Aunque me he valido de estas expresiones, pero tengo el grande honor de


decir que estas expresiones son vertidas de unos hombres grandes, adictos a la
libertad, no digo adictos a la libertad solamente sino de unos hombres de los
primeros que deseaban la independencia de América, de unos hombres que nos
enseñaron a buscar nuestra libertad, de unos hombres que nos dieron margen a
sacudir el yugo del vasallaje cuyo gobierno fue vencido, destrozado y arruinado de
todo el continente americano, que yo tengo el placer de haber sacado a luz los
hechos en este cortísimo continente. Quedo con el consuelo de que en los siglos
venideros saldrá a la luz cuando no sea en este, y en todo el hemisferio
americano.
Y así, señor capitán general presidente, estoy cierto y confiado en su
patriotismo, en su bondad y en su corazón filantrópico en que no me negará ni me
hará desaire en recibir este pequeño trabajo que un miembro del Estado boliviano
(como ya dije) os dedica, un hombre sin luces ni estudios más que el natural,
únicamente sí las primeras letras. Por esto es que suplico a su alta atención se
digne dispensarme las faltas que advierta. Favor será este que deseo recibir como
un fervoroso boliviano, quien se constituye por uno de sus criados y besa su
mano.

José Santos Vargas


La muerte del expresidente José Ballivián
De Francisco Cires a la señora Mercedes Coll, viuda del general Ballivián

Río de Janeiro, octubre 31 de 1852


Señora:

La triste humanidad está sometida a dolores para los cuales no hay consuelos
en la tierra, y que han de acabar de desgarrar el alma herida de usted los crueles
pormenores de esta carta por más que otros se encarguen de preparar a usted
para leerlos.
Mencionaré de paso lo que estoy cierto que a usted misma se le ha ocurrido
alguna vez. Mi intimidad con el general Ballivián me condujo a participar tanto de
sus críticas situaciones, que ya nuestros destinos estaban identificados casi en la
adversidad. Y esto era tanto más extraordinario cuanto que jamás me habían
ligado a él los antecedentes, motivos y aspiraciones que, por lo general, subsisten
en las relaciones con los hombres de influencia. Mi amistad a él era genuina y
desinteresada y, por eso, me resolví a hacer el sacrificio de separarme de mis dos
tiernas hijas que constituían toda mi felicidad. Al fin, pues, me uní al general
Ballivián en Panamá.
Texto Guía – Historia

Dos vías nos estaban señaladas para venir a dar a Río de Janeiro o al de La
Plata: la de los Estados Unidos y la de Inglaterra, pero desechamos ambas porque
el finado general se preocupó con que era más practicable y conveniente tocar en
San Thomas [sic], pasar por las Antillas, visitar las Guyanas y atravesar de ellas al
Brasil. Nos expusimos a muchos contratiempos, nos demoramos en climas
malsanos y tuvimos que vencer muy graves dificultades.
Por último, el general vino a ser víctima de esa misma epidemia que nos
amenazó por todas partes y a la cual le había tomado tanto horror.
Llegamos al Janeiro. La belleza de las vistas, la animación de las es-cenas, la
grande escala de la sociedad y de sus elementos de prosperidad excitaban la
novedad y el interés en el general Ballivián, siempre ávido de emociones
exaltadas e impresionable a todas las revelaciones del perfeccionamiento y del
progreso. Mientras tanto, nuestro aventurero viaje había sido asaz expendioso y
se concibe bien que la estrechez de recursos era sobre todo abrumante para
quien tenía que conservar una digna posición social.
Felizmente, las impresiones del general eran muy transitorias y el
temperamento de su alma se acomodaba mal a la inacción y al abatimiento.
Cualquier idea nueva que le asaltaba lo ocupaba con ardor y construía sobre ella
planes quiméricos que, por un instante, contemplaba con candor infantil y
enseguida se agitaba sobre sus ruinas en los movimientos de la desesperación.
En uno de estos accesos del desaliento se encontraba el día 8 del actual.
Había ido a bordo de un buque inglés de guerra a cumplir con un oficial de aquella
marina a quien conoció en Valparaíso. El sol abrasaba y, naturalmente, regresó
fatigado. Descuidó tomar algunas precauciones y cuando nos sentamos a la mesa
tenía estremecimientos y sensaciones frías en su cuerpo.
A causa de esta indisposición física o quizás independientemente de ella,
sentía la opresión de una pena indefinible. Para desecharla principió por
proponerme principios que, a pesar suyo, tomaban un semblante tétrico y después
no hizo sino acentuar su malestar actual, no absteniéndose de comer y bebiendo
dos copas de vino contra su costumbre. Antes de concluir la comida se retiró a su
cuarto y se acostó en la cama. Según me lo pidió, le hice arropar y dar friegas de
agua de colonia.
A la mañana siguiente la enfermedad no había asumido ningún otro indicio que
el de un fuerte resfrío al parecer acompañado de una indigestión. Pero como
continuase quejándose mucho y yo fuese muy poco idóneo para atinar con las
aplicaciones más prontas de oportunos remedios, escribí al doctor Lallement que
se me recomendó, llamándolo para que asistiera no descubrió en él síntoma
alguno alarmante y recetó, con la calma del convencimiento, que un método muy
simple basta a contener el desarrollo de la indisposición. Yo me quedé
perfectamente consolado y el continuado aletargamiento intranquilo del general lo
atribuía a un permanente efecto de la mala noche que, me dijo, había pasado no
Texto Guía – Historia

solo por la alteración de su salud, sino también por la lectura de algunas páginas
del primer tomo de las Memorias de monsieur Lafargue, que el día antes le había
prestado. Se empeñaba por dormir, pero no podía. Apenas sus párpados se
cerraban, hacía un movimiento convulsivo y me buscaba.“Ese libro –me repetía–
me ha hecho mucho daño. Ahora como anoche recurre a mi memoria, palabra por
palabra, cuanto he leído en él y sin que pueda apartarlo. En especial de esas
exclamaciones: ‘¡Dios mío! ¡Qué dolor tan profundo para un primer dolor!’”.
Hasta el 12 la enfermedad no cedía visiblemente, pero tampoco parecía
agravarse, aunque es cierto que la debilidad era muy extremada, lo que me
parecía extraño, pues, a pesar de las órdenes del médico y de mi resistencia a
complacerlo, el general pedía con frecuencia alimentos. En dicho día empecé a
notarle cierta perturbación y vaguedad en sus ideas. Momentos había en que
delirando pronunciaba el nombre de Bolivia y hablaba de ejércitos y de batallas.
Otros en que me decía: “Si estoy de peligro, no me lo oculte usted, porque yo no
temo morir”.

El día 13 se sintió tan aliviado que creía no tener más que una pequeña
molestia en el estómago. Se vistió y, después de otros arreglos, se puso a escribir
para Buenos Aires, pero no pudo continuar. En un segundo esfuerzo consiguió
concluir su postrer carta a usted.
El 14, como a las seis de la mañana, entró Rufino en mi cuarto para avisarme
que el general don Fructuoso Rivera (prócer uruguayo) había venido y estaba
hablando con el ya finado general Ballivián. Me apresuré a vestir y, cuando dirigí al
último mi saludo, me pareció percibir algo extraño en su rostro amarillento y no sé
qué peculiaridad en su mira-da. Me aquieté, no obstante, al examinar que hablaba
con calma y en su entero juicio, aunque con intervalos de distracción y de fatiga.
Acabóse de absorber en sus meditaciones cuando el general Rivera le refirió
que había recibido carta de Paunero. Precisamente el no haber tenido él la que
con tanta ansiedad esperaba de su cuñado, calculando que en ella vendrían
incluidas las de su familia. Era lo que más le atormentaba y lo que más fatalmente
influía en el progreso de su enfermedad.
Así que [cuando] se fue el general Rivera tuve que sostener un diálogo con el
finado esposo de usted, en el cual en vano me esforcé por desvanecer sus recelos
y convencerlo de que todavía podía suceder que las cartas en cuestión las
hubiese conducido algún pasajero, en cuyo caso el retardo de ellas no era de
extrañar.
Pocos minutos después se había operado en el estado del general un
repentino y asombroso cambio que ponía de manifiesto el carácter grave del mal
por la rapidez de sus estragos. Entonces arrojé la vista alrededor mío y me
encontré aislado, desamparado en un país extraño, hospedado en un hotel de
gente inglesa y hasta inconvenientemente colocado sobre un molesto cerro.
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Al general Rivera le había pedido que me proporcionase una mujer para que
nos ayudase a mí y a Rufino a cuidar del general. En efecto, se me presentó una
excelente señora argentina que se ha hecho muy recomendable a la gratitud de
usted. Esta señora tomó al instante su puesto a la cabecera del enfermo, a quien
no cesó de atenderlo con infatigable y admirable espíritu. Cuando el médico vio, a
eso de las once del día al finado general, halló completamente declarada la fiebre
amarilla. Recomendó una absoluta abstinencia de todo y recetó una poción.
No era ya tiempo de confiar y aguardar. Habiéndoseme hecho grandes elogios
de los talentos profesionales del doctor Leslie, solicité exigentemente su
asistencia. Vino a la noche, examinó detenidamente al general, opinó que todavía
restaban dos o tres circunstancias favorables de cuya continuación pendía la
esperanza y, aprobando lo que el doctor Lallement había prescrito, agregando un
cáustico al estómago. La noticia de la fiebre amarilla esparció el terror entre los
moradores del hotel y nos alejó del contacto de los de afuera.
El expresado general pasó la noche en un gran desasosiego y por dos veces
se arrancó el cáustico que su asistenta cuidadosamente se lo volvía a poner.
Amaneció como un árbol tronchado por la tempestad. Nada resta ya de aquel
hombre erguido, de formas tan colosales, de naturaleza tan enérgica, de ideas tan
vivas, de voluntad tan obstinada y de cavilaciones tan incesantes. La epidemia se
desenvolvía velozmente con todos sus más horribles y aterrantes caracteres.
Como me lo había prevenido el día antes el médico de cabecera, se acompañó
para su reconocimiento y observaciones del doctor Persiani. Al fin de una larga
consulta me declararon que la fatal crisis había llegado y que no quedaba
esperanza alguna en los recursos de la ciencia. Quisieron no aventurar un último
experimento y acordaron una receta que al momento envié a la botica, haciendo
llamar al momento al doctor Leslie. Este acudió pronto y ya estaban bien patentes
los precedentes inmediatos a la disolución satisfacción propia, continuaba
haciendo que el general con bastante trabajo tomase la bebida que la junta había
recetado. La última vez (eran las once del día) sucedió lo que otras muchas, que
tenía yo que agarrar la copa para que él bebiese su contenido.
—Pero hombre –me dijo–, ¿cómo lo he de hacer?
—Yo le ayudaré a usted.
—Si no sé qué es lo que debo decir. —¡Ah! –exclamé para
mí–, ya comprendo. Y añadí audiblemente:
—Pues bien, tome usted a nombre de Dios.
—Bueno, a nombre de Dios, ¿y qué más?
Empecé a ensayar una de esas sencillas oraciones de nuestra santa religión,
pero no satisfacía su ansia y con impaciencia me decía: “Continúe usted”. Pasé la
copa a la señora que lo cuidaba, más aparente que yo para aquel acto. Cuando
ella, con una fervorosa oración, dijo “Creo en Dios Padre”, el general fijó en ella la
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vista, cogió con avidez sus palabras, apretó la mano que sostenía la copa y con
voz un poco trabada repitió: “Creo en Dios”. Lenta y pausadamente siguióse a esta
otra oración. Yo estaba abismado y sobrecogido. Me parecía que el cristianismo
jamás [se] había revelado en una escena más tocante cuanto él contiene de
grandioso y sublime.
Los enemigos más encarnizados del general Ballivián habrían depuesto a vista
de ella sus odios y enemistades y rendido el más sincero homenaje de admiración
a la despedida que hacía el guerrero de todas las ambiciones y los honores de un
mundo en que tanto había él participado de las unas y los otros. Todos los
accesorios contribuían a realzar aquel solemne trance en que una débil mujer,
transmitiendo a sus labios secos las palabras de Jesús, era el último apoyo del
valiente y bizarro caudillo.
Cuando la emoción, las lágrimas, su propia actitud y la presión de aquellas
manos le obligaban a suspender el rezo, el general le instaba: “Diga usted de
dónde lo dejó”.
Por fin terminó este oficio de penoso interés. El general se satisfizo que no
había más que agregar; hizo un esfuerzo sobrehumano para incorporarse y él
mismo empinó la copa: inspirada libación en que dejaba probada su fe y su
creencia en la religión de Cristo. Yo corrí a hacer llamar un padre del convento de
capuchinos. Desde entonces mandé que se atendiera con preferencia a los
auxilios espirituales del que ya para la tierra había dejado de existir y no pensé
sino en el alma fluctuante aún en aquel cuerpo que no había poder humano que
reaccionase. La religión, pues, se posesionó del local de la agonía, desde el
mediodía hasta las nueve y cuarto de la noche, hora en que de los conflictos y
vanidades humanas se sirvió Dios llamar a una de sus más marcadas criaturas al
eterno descanso.
El 16 a la tarde varios distinguidos señores que se esmeraron en sus
manifestaciones del aprecio que tenían hacia el general Ballivián acompañaron
conmigo su cadáver hasta el cementerio de San Francisco Xavier, donde lo
dejamos depositado. Mi deseo y mi afán eran rodear de la posible dignidad el
modesto féretro del héroe de Ingavi pero, desde luego, señora, no puedo asegurar
a usted que lo conseguí.
Si Bolivia ama sus glorias y sus victorias, si tiene alguna gratitud por los altos
hechos que la han ennoblecido, algún respeto por los anales de su historia,
respeto que los hombres salvajes cuidan píamente de transmitir a su posteridad,
es a ella a quien toca mandarlos trasladar a la patria de la lejana y extranjera tierra
que los contiene, cubrir de pompa y ostentación los restos mortales de aquel que
tanto deseó su engrandecimiento y a cuyos desmanes debe ahora la reparación
de injusticias cometidas en medio del encono de los partidos y del frenesí de la
anarquía.
Él ha dejado en la orfandad a su familia, y, si en sus últimos instan-tes hubiese
tenido alientos y voz para hacerlo, la habría recomendado con la reconciliación de
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un cristiano a los sentimientos generosos que brotan de los odios aplacados y del
juicio despreocupado.
Dos días después, en la pequeña capilla de un convento de capuchinos,
elevado sobre un morro, muy de mañana, se decía una misa aplicada al bien del
alma de un viajero, cuyo mando se había dejado muchas veces atender en los
campos de batalla, cuyo nombre había sido otras tantas aclamado por el
entusiasmo del triunfo y cuyo influjo había precedido los destinos de más de una
república. Al pie del altar no se arrodillaban más que dos seres que habían
acompañado al finado viajero, siendo el uno de ellos su amigo y el otro su
sirviente. El 22 tuvo lugar otra misa en público en San Francisco de Paula.
Omito decir a usted que la carta del señor Paunero, la falta de la cual causó
tantos cuidados al general, me fue entregada pocas horas después de su muerte y
la tengo en mi poder sin abrirse.
Concluyo, señora, protestando a usted la fidelidad de la amistad y la sinceridad
del aprecio con que soy de usted atento y obsecuente servidor.

Francisco Cires

La muerte de Linares
De Mariano Baptista Caserta a Tomás
Frías Valparaíso, 23 de octubre de 1861 Señor:
Otros le han anunciado a usted ya el deplorable suceso que tuvo lugar en la
madrugada del 6 del corriente mes de octubre. Como observador más inmediato,
a mí me toca satisfacer esa dolorosa ansiedad que nos lleva a desear el
conocimiento minucioso de cuanto sufrió, lejos de nosotros, la persona querida.
Usted tiene este último y supremo interés por las relaciones que lo han unido al
amigo, al colega, al presidente y al proscrito. Empiezo, pues, señor, esta sencilla y
dolorosa confidencia.
Usted ha estado en la proscripción y en la proscripción del pobre. Así le será
fácil comprender parte de los sufrimientos de su amigo. En este puerto, la posición
del viajero es bien marcada: hotel de primera clase, de segunda y tercera, posada
y arrabal, significan comodidad, pesar, pobreza, miseria. Todos esos grados los ha
recorrido el señor Linares. Empezó por alojarse en el hotel Londres y ha muerto en
una modesta habitación de una plazuela a extramuros.
La vida doméstica ha seguido el mismo descenso, desde el servicio cómodo
hasta despedir al cocinero, hasta proveerse de una fonda de tercera clase, hasta
suspender el pago de la fonda; del decente mueblaje hasta el desvencijado sofá y
al alfombrado de cáñamo; del fondo pecuniario para uno o dos meses hasta los
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apuros del día, hasta el favor de los siguientes; y después, señor Frías, hasta la
compra del ataúd por ajena limosna, hasta la sepultura por suscripción. No sé si la
miseria humana dé un paso más, salvo el que precipita a la muerte por el hambre.
No habría llegado a tales extremos el señor Linares si hubiese podido trabajar,
como lo había resuelto en el único mes que disfrutó aquí de alguna salud, pero los
enfermos no trabajan y Linares ha sido presa de una larga y terrible enfermedad
que lo ha afligido con intensos dolores día y noche, privándole del sueño casi
absolutamente, debilitando su constitución de una manera lenta e irresistible.
Cuando médicos y amigos han reclamado familia para aliviar el alma herida, hogar
para darle reposo y prolongarle sus días, era ya tarde. Habíamos demandado para
él también el aire de la patria: nos lo habían concedido, pero cuando recibimos la
consoladora nueva, acabábamos de enterrar a nuestro amigo. ¡Con qué
sentimientos de juvenil frescura deseaba él acabar sus días en una finca vecina de
Chuquisaca! Dios había dispuesto que el infatigable político no reposara su
cabeza en una sola hora de paz. Los días ingratos del poder le arrebataron del
último abrazo de su madre. En estos últimos meses se volvía con ansiedad a su
esposa y a su hija, y las ha dejado sin verlas una vez más.
He notado en el alma del señor Linares dos períodos de vida muy marcados
durante la proscripción. Antes de nuestro viaje a Cauquenes esa vida se agitaba
buscando un objeto. El señor Linares leía, escribía apuntaciones históricas,
pensaba terminar sus primeros ensayos, proyectaba otros nuevos. A pesar de sus
no interrumpidos dolores, estudiaba el idioma inglés por tres horas diarias con esa
firme atención que le distinguía en todas sus ocupaciones. La exaltación de su
ánimo por el insólito modo de su caída política había desaparecido totalmente.
Algunas veces hablaba de ella con profunda melancolía, humedecidos los ojos
por el torcedor de una inmerecida decepción, pero nunca agitado de cólera. Sus
confidencias en los últimos meses, respecto a sus enemigos, fueron la quema del
hermano y del amigo; jamás el vituperio del presidente. Un mayor número de
veces se ocupaba enternecido en comentar la noble conducta de sus amigos.
En Cauquenes sintió el paciente la necesidad de contraerse únicamente a la
meditación de la verdad católica. Leía con profundo interés los sermones de
Lacordaire y era interesante oírle tratar con lucidez y fe las cuestiones religiosas.
Su espíritu se iba haciendo cada vez más abstraído. Solo le agradaban las
reminiscencias de la vida íntima. Las memorias de sus padres, de su esposa y de
su hija, le traían expansiones tristes y dulces. La enfermedad parecía mitigarse,
pero él estaba persuadido de su mayor incremento.
A nuestra vuelta de Cauquenes todo ha variado. Linares no habla, no mira.
Recostado en su asiento pasa días y días con la cabeza inclinada, cerrados los
ojos y absolutamente silencioso. Dolores agudos de garganta, molestia en las
heridas, dolores en el cuerpo, imposibilidad de alimentarse, creciente debilidad,
todo lo soporta sin exhalar una queja, sin un gesto de impaciencia, quieto siempre,
siempre mudo e impasible. Era doloroso y sorprendente ver consumarse el terrible
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drama en el secreto de esa alma. ¡Cuánto llanto, cuántos gritos, cuántos dolores
estarían allí sin eco, sin desahogo!
Yo veía esa frente serena, esos labios cerrados para toda protesta, esa
cabeza inclinada con sublime resignación y callaba también, respetando tanta
desgracia y tanto valor. Porque había mucho valor, señor Frías, en ese hombre
que arrostraba la muerte minuto a minuto, viéndola alzarse día y noche ante sí,
mirándola en sus meditaciones de hito en hito, sin estremecerse un instante, sin
pestañear siquiera. Porque había valor en ese hombre que combatía, sin barra y
sin aplausos, testigo y autor único de su propia grandeza. Tanto hería al
observador este supremo intrínseco de su alma, que su médico, el ilustre alemán
doctor Henkel, me decía: “He asistido a la muerte de muchos hombres. Jamás vi
otro igual. Es un alma noble y grande. Quisiera que sus enemigos lo viesen. Así lo
comprenderían. Repito a usted que he estudiado muchos caracteres. Jamás vi a
otro igual”.
Bien se comprende que este hombre de naturaleza poderosa no se hubiese
cuidado de complacencias personales, ni para sí ni para los demás; que hubiese
impuesto secamente el deber, porque sabía llenar el suyo; que hubiera prescrito el
sacrificio porque él se sacrificaba y hubiese considerado suficiente galardón para
los demás la aprobación de la conciencia porque a él le bastaba esa voz interior.
Almas de ese temple no son buenas para estar reuniendo constantemente, a cada
instante, el polvo disperso de la popularidad y variando sus fines y objetos a cada
cambio de este viento. En su programa no entran como bases de conducta las
simples conveniencias de sus amigos. Por eso, estos en momento dado, se
encogerán de hombros, le volverán las espaldas y arrojarán de su puesto al
intratable.
Era imposible que al señor Linares le faltase el sentimiento religioso, aceptado
como el mayor, como el bien total, ansiado con esperanza, amado con toda la
realidad del amor. Alta inteligencia, carácter serio, acerbos infortunios, son tres
grandes fuerzas que acercan a Dios. Usted, señor Frías, no se sonreirá y me
comprenderá muy bien cuando le asegure que Linares ha orado con fervor, se ha
enternecido comulgando y ha exhalado su alma a los pies de un crucifijo.
Procuraré que usted asista a estas últimas escenas. Antes de mencionarlas,
¿será preciso que le asegure de la ternura con que siempre lo ha recordado el
señor Linares? Su voz se cortaba al mencionarlo. Deseaba tener un retrato de
usted. Ha sentido momentos de una íntima satisfacción con los nobles actos de su
amigo, don Adolfo Ballivián. Muchas veces se ha ocupado del señor Puch, del
señor Valle, del señor Velasco y demás amigos. Pueda esta indicación sencilla
llenar parte de la deuda del finado hacia tan leales corazones. ¿Por qué no
añadiré el nombre de mi honrado y viejo padre, don José Manuel Baptista? Pueda
este recuerdo llevar un rayo de luz a las tristes horas de su desamparada vejez.
El paciente no se redujo a permanecer en su lecho hasta dos días antes de su
muerte. Así es que recibió el viático en su habitación de recibo. Cruzadas las
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manos sobre el pecho, crecida la barba entrecana, inclinado el cuerpo hacia el


Cristo, yo le vi momentos antes del acto religioso, ante una mesa cubierta de
toallas, con dos velas a los extremos; yo le vi abstraerse sobre la imagen del
Salvador, con la mirada abierta, fija, radiosa. Yo he retrocedido, señor Frías,
cogido de terror religioso. Nunca había sentido una mirada semejante. Fe,
resignación, esperanza, todo brotaba de allí, envuelto en una luz que ya no era de
este mundo. Repito que usted comprenderá esto. Dejo la incredulidad para que el
que nunca ha asistido a estas últimas revelaciones.
Todo esto se reunía para dar a esta escena un tinte de belleza cristiana. Dos
hermanas de la caridad se acercaron al enfermo y cambiaron con él algunas
palabras en el dulce idioma de Fenelon. Cuando el Santísimo pasaba los
umbrales… ¿qué le diré, señor Frías? ¿Cómo pintaré la emoción de Linares? Ha
extendido sus brazos, ha abierto sus manos suplicantes y confiadas. He visto que
sus ojos se llenaban de lágrimas y de las entrañas conmovidas del paciente salía
un grito, un acento como sollozo de ternura.
Nunca se borrará de mi memoria la imagen del viejo Linares, recitando el
Confiteor profundamente inclinado. No olvidaré las palabras del sacerdote que con
la forma en la mano repetía: “Creo en Jesucristo y en su palabra”. “Espero en
Jesucristo y en su palabra”. ¿Y quién podrá afirmar esto con más fe que Linares,
él a quien había engañado toda palabra humana?
Recibido el viático se le ha administrado la extremaunción recostado en el
mismo sofá donde estaba sentado. Durante estos actos ha pronunciado palabras
que la memoria no conserva porque su poderosa repercusión nos aturde. Otra
vez, antes de retirarse, se ha inclinado la hermana de caridad, y la mirada del viejo
se ha alzado con indecible dulzura hacia el ángel, y con él ha cruzado votos y
esperanzas, cuya elocuencia solo tiene el que sufre y el que cree.
Quisiera, señor Frías, poder ofrecer a la juventud de mi patria un vivo análisis
de esas supremas palpitaciones del grande corazón que dejó algunas huellas de
su poder en la vida política de Bolivia. Quisiera hacer notar cuánto hay de
instructivo en los últimos destellos de una mente elevada, cuánto de convincente y
de eficaz en los últimos momentos de un moribundo como Linares. Dios quiere
que nuestros grandes hombres al morir nos leguen, entre los sublimes arranques
de su agonía, una herencia de fe. Dios ha puesto en sus labios por última palabra
una oración, por último cetro del talento la cruz estrechada con amor. Algo deben
significar para nosotros Olañeta, el grande orador, prosternándose ante la hostia
católica; Linares, el grande carácter, llorando de amor ante el inefable ministro del
amor católico.
Tenía todavía Linares que llenar un penosísimo deber, la facción de su
testamento. No había dejado ya la cama porque, habiéndose levantado tres veces,
otras tantas le fue imposible sostenerse. Pero el testamento lo dictó él mismo,
palabra por palabra, frase por frase, sobrellevando con indecible energía esa
pausada trituración. Yo le contradicto con el más penoso esfuerzo. La voz de
Linares ha recorrido firme la primera fórmula del testamento y después la protesta
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de la fe. Un momento su voz ha salido del pecho rota, desgarradora, como


envuelta en oleadas de lágrimas porque ha nombrado a su esposa, pero sin poder
repetir todas las letras del nombre querido, porque ha nombrado a su hija,
llamándola con delirio paternal “preciosa criatura que Dios me concedió”.
Seguidamente un grito de ardiente cariño ha caído sobre el que escribía. Yo he
sollozado. Otro recuerdo para Atanasio, el heroico amigo ha cerrado esta cruel
enumeración.
Firma dos veces su testamento con sorprendente facilidad, pero la muerte le
invadía por momentos y ya la firma de la cubierta era confusa. Sin embargo,
recibe al notario con la esmerada atención de costumbre, agradece sus buenos
oficios y tiene la serenidad suficiente para pedir todavía a su amigo, el señor Caso,
una disculpa cariñosa, por haberle dado equivocadamente un tratamiento que
desdecía a la confianza que reinaba entre ambos: tan soberano reposo cabía en
su alma.
A la noche de ese mismo día se declaró la agonía, sin más síntomas de
agitación que un vivo deseo de sentarse, lo que le causaba un síncope parecido a
la muerte. En esos momentos yo me inclinaba a recibir su aliento y podía notar
que la vida volvía a sus miradas, sus labios oraban, su alma sentía con íntima
lucidez. Nunca me había inclinado yo sobre una frente más henchida de
pensamientos cristianos, sobre una fisonomía moribunda más radiante de fervor.
Recibe, en fin, por cuatro veces la absolución del sacerdote. Su respiración
disminuye, su aliento es frío, hay una ligera contracción en los labios…
¡Linares descansa en el seno de Dios!
Un caballero y una señora chilena, dueños de la casa (Gutiérrez), el señor
Caso, el señor Belisario Peró, Atanasio y yo, rodeamos el lecho mortuorio. Linares
había sido enterrado en sección de comunidad. Sus amigos, llevados de una
delicadeza que enternece, han tenido la fuerza de elegir para depositar los restos
de su amigo una tierra digna de su infortunio: la tierra del pobre. Por lápida han
colocado una tabla blanca, en cuyo centro se lee: “J. María Linares”. Una cruz de
madera se alza en el sepulcro.
No es una carta rápida donde pudiera contraerme al examen meditado de esa
noble figura que acaba de pasar por nuestra historia contemporánea. Usted puede
medir mejor que yo las vigorosas proporciones del político y del hombre de
Estado. Apenas si he tenido tiempo de ordenar mis ideas, arrastrado como de un
vértigo por ese abismo de dolores que se llama la proscripción del dictador. Pero
no podría disimular cuánto me ha conmovido, siempre esa admirable rectitud de
conciencia, esa intención decidida por el bien que ha determinado su conducta
pública. Linares era un carácter. Sabía lo que quería y lo quería con eficacia. Su
alma no quedó nunca entre las sombras del deseo. Fue voluntad y así combatió
infatigable durante su vida entera y, en sus últimos doce años, como director de un
movimiento político al que llevó su fe incontrastable y su actividad inmortal.
Texto Guía – Historia

Dos grandes pasiones velaban en los extremos de su vida pública: el general


Sucre y la causa de septiembre. Partió de un gran dolor y acabó en una
decepción; y así como a los matadores de su amigo, así perdonó también a los
que habían llevado a sus amortecidos labios la copa amarga que nunca temiera
haber gustado.
Por única increpación a ciertas personas, les diré yo: ¡a ese hombre fuerte, a
ese varón egregio, con vuestras obras le habéis hecho sufrir y llorar! ¡Puedan esas
lágrimas pesar tanto en la misericordia de Dios que vuestra agonía sea tan
serena, tan resignada, tan creyente, como lo ha sido la de Linares!
Antes de concluir recomendaré a la gratitud de usted al noble amigo Ried y a
Sarratea, que lo fue íntimo del que lloramos. Son extranjeros, por eso los
menciono. En cuanto a todos los bolivianos residentes aquí, su adhesión al
infortunio del expresidente ha sido un simple deber.
No deseara, señor, que esta comunicación mía tuviese una frase injusta contra
nadie. Mucho enseña la agonía de un Linares, seguida instante por instante, y
entre ese mucho, hay algo superior a la tolerancia, más íntimo que la filantropía,
más valeroso que el olvido: la caridad.
Su afectísimo amigo y servidor.

Mariano Baptista C.
“La pendiente que nos conduce inevitablemente a la dominación de Belzu”
De Adolfo Ballivián a Mariano Melgarejo

La Glorieta (Sucre), enero 29 de 1863


Mi querido amigo:

La persona que entregue a usted esta carta debe hacerle comprender lo que
ella significa y la importancia del compromiso que de usted se exige. La actual
situación política del país que, por la falacia, la ineptitud y desprestigio de Achá y
su tan estrecho cuanto odioso círculo, se encamina aceleradamente a un
deplorable estado de ruina; la pendiente que nos conduce inevitablemente a la
dominación de Belzu, me autorizaría suficientemente a solicitar de usted su
colaboración para terminar con este estado. ¡Para esto me refiero a vínculos
sagrados carísimos!, y cuyos recuerdos podemos invocar por fortuna y con
seguridad completa cuando se trata de reunir todos nuestros esfuerzos en servicio
de los sacrificados intereses del país.
En los momentos solemnes en que todos nos preparamos a iniciar una lucha
decisiva y ardiente, ha lastimado dolorosamente mi corazón la idea de que usted
Texto Guía – Historia

pudiera encontrarse no solo apartado de nosotros sino también envuelto en unas


filas contrarias a una causa en la que, por sus antecedentes, sus servicios, sus
infinitos padecimientos y sus relevantes méritos personales, tiene usted asegurado
un puesto distinguido y un porvenir brillante.
Es por todo esto, y seguro como estoy de que mi voz no puede parecerle a
usted sospechosa desde que no le es posible dudar de la sinceridad y ternura de
mi afecto hacia su persona, que no he vacilado en proponerle como le propongo la
participación de mis convicciones y compromisos políticos, como una
consecuencia natural, forzosa y digna de nuestra anterior participación en un
mismo destino, esperando que sí (lo que no creo). Usted quiere, en esta ocasión,
romper esos antecedentes figurándose que le conviene desligar sus intereses
políticos de los míos y de los de todos sus compañeros y amigos, su conducta
será al menos para conmigo la de un cumplido caballero y, que en este caso, me
devolverá usted esta carta sin que tengamos que deplorar ningún abuso del
secreto que tan resueltamente y con toda la franqueza que debo a nuestra
amistad, confío ahora a su honor y lealtad.
Espero de usted una pronta y franca contestación para marchar
inmediatamente a Cochabamba si su contestación es favorable. Entre tanto,
reitero a usted las seguridades con que me repito su decidido amigo y seguro
servidor.

Adolfo Ballivián

“Jamás [los chilenos] han dejado de ser inflexibles, crueles y malos…”


Del ministro en Santiago, Rafael Bustillo, al canciller Casimiro Corral

Santiago, 10 de septiembre de 1872

Señor canciller:
En el momento de dejar esta legación y de restituirme a mis hogares con el
propósito de renunciar para siempre a la vida pública, considero un deber sagrado
de patriotismo el dirigirme a su excelencia, el presidente de la república, por el
autorizado órgano de vuestra gracia para representarle una y mil veces la urgencia
imprescindible de zanjar con Chile, cuanto antes, cualesquiera diferencias
presentes y de propender con ahínco, por cuantos medios directos e indirectos
estén al alcance del gobierno, a alejar los riesgos inminentísimos que en el estado
actual de cosas amenazan a nuestra soberanía y dominio en el territorio
adyacente al grado 24. Nunca serán sobrados todos los esfuerzos que en la
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esfera de nuestro decoro se hagan en este sentido por parte de nuestros


gobernantes, ya que allá los simples ciudadanos carecen entre sí de la unión que
da fuerza, y de ese conocimiento vigilante de sus intereses externos que imprime
tanta importancia a la personalidad internacional de un pueblo.
Durante un año entero de residencia en este país floreciente y emprendedor, y
de un atento estudio de sus estadistas, políticos y sim-ples ciudadanos, he llegado
a convencerme de dos cosas capitales: de que todos sin distinción de colores
políticos anhelan el ensanche de su estrecho territorio y de que es Bolivia el único
vecino que no temen y al cual no tendrían el menor embarazo en agraviar y
despojar. Ellos son con todo el mundo egoístas y altaneros pero mientras que
odiando al Perú usan siempre con él de cierta cortesía llena de reserva y
detestando a los argentinos con las veras de su alma rinden, empero a su
gobierno miramientos que rayan en agasajo; con Bolivia, sin aversión profunda ni
rencor, nunca jamás han dejado de ser inflexibles, crueles y malos.
Esta última, señor ministro, es la palabra exacta: con Bolivia son malos. Para
confirmar mi exactitud, ¿necesito hacer la historia lamentable de todas nuestras
desavenencias con Chile, ni recordar la sempiterna viacrucis [sic] que han
recorrido aquí todas y cada una de las legaciones que hemos acreditado? Y son
malos a sus anchas porque saben que no podemos dañarlos, lo cual es por
desgracia tan evidente que no necesita demostración. Pero ahora el despecho y la
codicia dan a su maldad de siempre tal ímpetu y osadía que no sé en verdad si se
pararán en medios para recuperar el territorio que les arrebató el tratado, territorio
que ellos soltaron considerándolo pobre y que ahora es opulento en nuestras
manos. Y luego, en seguida, el alza y baja de los títulos y papeles de crédito sobre
Caracoles a consecuencia de la empresa filibustera de Quevedo, produciendo
oscilaciones en el mercado y pánicos horribles, ha hecho apoderarse con fuerza y
pasión de los particulares la idea de sustraer de todo disturbio anárquico boliviano
el territorio donde tiene su venero el adorado metal y su asiento grandes y
costosísimas faenas.
¿Y cuáles son los medios de resistencia o contrapeso que pudiera oponer en
ese territorio nuestra actividad en todas sus esferas al crecimiento preponderante
de Chile en su industria, comercio y población? ¿Con qué medios coercitivos
oportunos y suficientes habremos de contar para reprimir allí un avance violento o
para entrar a medir nuestras fuerzas en el litoral con el que es respecto de
nosotros poderosísimo en mar y en costas? Una alianza con el Perú, alianza
nacional (no liga de gobernantes, que suele ser efímera y odiosa a los mismos
pueblos), es el único recurso que podría servir para darnos ante Chile alguna
respetabilidad y obtener de su parte garantías de moderación y justicia. Pero ya ve
vuestra gracia que, no siendo esta una fuerza propia, no es tampoco muy seguro
ni eficaz el día supremo de los grandes deberes, de las extremidades y de los
conflictos. Conviene, sin embargo, buscar sin desaliento este medio precario,
dificultoso.
Texto Guía – Historia

Dos son los caminos que se presentan al gobierno de Chile para satisfacer su
ambición y su codicia. Un conflicto internacional cualquiera motivado o “por
quítame allá esas pajas”, que le dé ocasión o pretextos para romper el tratado, o
bien hacer que nuestros propios extravíos y discordias vengan acá a santificar, a
ofrecerle la presa por mano de un conspirador o de un gobierno complaciente y
angustiado. Cualquiera de los dos caminos lleva en derechura [sic] al objeto. La
empresa de Quevedo, si no ha coronado con el éxito las expectativas de sus
contratantes, ha venido empero a advertir a Chile que este último camino no es
difícil sino que también es muy corto.
Así lo considero y lo temo yo también, señor ministro. Por eso, al levantar
últimamente mi voz con energía ante este gobierno contra el infame y sangriento
tráfico y contra sus pérfidos encubridores, he querido inmolar con estrépito mi
personalidad diplomática a fin de advertir el peligro a Bolivia y robustecer en el
interior la acción de su gobierno. La manera como lo he hecho y la reserva y
circunspección en que después me he encerrado a pesar de las provocaciones de
la prensa, dejan perfectamente expedita la política ulterior de nuestro gabinete.
Ojalá esa política sea la que aconsejo a este despacho. La honda impresión de
desengaño que ha producido acá en los ánimos la inacción y aislamiento en que
se ha consumido Quevedo y la paz profunda y perfecto régimen constitucional con
que Bolivia ha presenciado la aventura, facilitan en gran manera en las actuales
circunstancias la presunción de esa política de previsión y de perseverancia que
reclaman juntamente nuestro decoro y la tranquilidad de nuestro suelo patrio.

Asalto y quema de Palacio de Gobierno


Del ministro Mariano Baptista Caserta al presidente Tomás Frías

La Paz, marzo 23 de 1875


Doy a usted el pormenor de la jornada del 20 de marzo.

Desde el 14 se nos comunicaba el ataque inminente a la Casa de Gobierno.


Los planes eran varios. Uno de ellos era aprovechar del concurso general de las
señoras de La Paz que en las noches de función religiosa de La Merced se
restituían a sus casas atravesando la puerta de Palacio. Confundiéndose entre
ellas debían sorprenderlo. Otra era apoderarse de los ministros y de las
autoridades el domingo de Ramos y presentarlos de carnaza ante los defensores
del orden. Pensaron en asegurar varias familias y exponerlas al combate. A las
diez del día 20 se multiplicaron los avisos, hallándose de servicio el cuerpo de
guardia Rifleros de la Ley, el retén de facción de los jóvenes del ministerio y los
Texto Guía – Historia

oficiales del Estado Mayor. El completo de armas alcanzaba a 56. Uniéronse en


ese instante varios ciudadanos que no pertenecían a ninguno de esos grupos y
que se hallan clasificados, con la denominación de individuos libres, entre los que
podían disponer de cinco rifles. Desde el día 14 se habían constituido en la casa
de gobierno los tres ministros de Estado, el prefecto del departamento, el
comandante general y todos los del servicio del día. El cuerpo policial ocupaba su
propio cuartel que hace frente a un costado de Palacio.
A las once y minutos acudieron las bandas por la Recova y calle del Tesoro
así como del Comercio. Cargó sobre ellas el intendente de policía, don Daniel
Núñez, que no fue bastantemente sostenido por los gendarmes y quedó reducido
a batirse individualmente en la calle del Comercio, con Guzmán y don Federico
Granier, que cayó momentáneamente prisionero. Agrupáronse los amotinados en
la esquina que forma la casa episcopal en la de Aramayo y en la de Pino.
Ocuparon esta casa así como la del señor Hernández, extendiéndose a este lado
hacia el Loreto. Ocuparon también por el otro frente la casa Fricke. En las
esquinas improvisaron parapetos, de manera que desde las doce y treinta a una
combatieron a cuerpo seguro, ya protegiéndose de aquellos, ya empleando
forados, a excepción de unos pocos que por algún tiempo ocuparon la pila central.
Rifles de Sharp y Remington eran sus armas principales. El ataque fue sostenido
sin intermisión durante ocho horas.
A las dos y media de la tarde se apoderaron los incendios del cuerpo de
policía. Parte de los gendarmes traicionó; el resto entregó sus armas y el tiroteo se
propagó a ese costado de Palacio. Avanzaron a la catedral nueva [y] establecieron
sus parapetos en un ángulo de ella. Desde la una del día empezaron a arrojar por
ese costado sábanas incendiarias. Se inició el incendio siete veces; siete veces
fue contenido; la octava tentativa tuvo éxito y desde las 3 de la tarde se prolongó
el incendio en el tercer piso de Palacio, [al] lado de la catedral. Hasta entonces se
habían empeñado vanamente en incendiar el balcón que cae al cementerio; y
continuaron del mismo modo arrojando combustible a la puerta falsa de la casa.
Los ciudadanos de Palacio acudían a apagar el incendio. El resto armado quedó
reducido a 30 individuos que se batían en todas direcciones, resguardando
primero el piso superior que da frente a la plaza, reconcentrándose en el segundo,
atendiendo a las habitaciones bajas, asistiendo al salón contra el cuartel de
policía, protegiendo la retaguardia contra la catedral, descendiendo a la casa
pequeña contigua a Palacio para defender la puerta amagada de incendio.
Casi un 75% de los defensores de la ley quedó fuera de combate, puesto que
entre muertos y heridos se cuentan con 40 individuos. Los tiros de las ventanas se
daban a cuerpo descubierto y los dirigidos de la esquina del obispo penetraban al
zaguán y patio de Palacio, así como los laterales atravesaban la mayor parte de
las habitaciones. Así se explica la muerte instantánea de don Joaquín Peña, la
misma bala que atravesó el sombrero del señor ministro de justicia, lo que tuvo
lugar en el primer arco del patio próximo del zaguán.
Texto Guía – Historia

En este se mantenían las dos ametralladoras, una de las cuales funcionó al


principio en la vereda junto con un cañón, habiéndose casi inutilizado la primera
después de algunos disparos. Servían estas piezas personalmente los dos
coroneles Lucio Camacho y Benjamín Sevilla, tenazmente señalados por los
fuegos del contrario.
A las 5:30 de la tarde el incendio comenzó a devorar el segundo piso de
Palacio. Cayeron los techos del primero. Se hundió su piso que se desprendía con
estrépito sobre el primero. El parque de pólvora y municiones comenzaba a ser
rodeado de llamas. Había la débil esperanza de que la bóveda, ya impregnada de
calor, siguiese protegiéndolo por algún tiempo. El polvo, el humo, las llamas
empezaron a condensar toda la atmósfera interior. La respiración se hacía difícil.
[Una] Inspección posterior nos ha demostrado que el sótano, donde estaba
depositada una gran cantidad de pólvora, daba al interior de la catedral y se
comunicaba con la superficie por una escalinata que cubría un cuarto techado.
Este techo lo han reducido a cenizas para determinar la explosión del parque;
como les falló esta tentativa, descendieron a la pared interior de la bóveda y la
horadaron sobre el depósito de pólvora. El resultado habría hecho saltar varias
manzanas de la ciudad.
La comunicación con el coronel Juan Granier, situado en Viacha con su
cuerpo, no pudo ser conocida hasta las 3:30 de la tarde. A las 4 salió el cuerpo y
llegó a la ciudad en tres horas. Calculando los medios que teníamos de hacer
conocer nuestra situación, esperábamos al primero para las 6 de la tarde, pero
pasada esta hora juzgamos que el aviso no le hubiese llegado y que hasta la
noche nos devoraría el incendio con el estallido del parque. Habíamos tentado a
las doce del día una salida a las esquinas para dominar el ataque y aun avanzaron
hasta la pila Antolín Soria y cuatro jóvenes más, pero retrocedimos dos veces del
dintel de la puerta porque se nos reflexionaba con razón que había pocos
combatientes para una operación extensa.
En la ciudad habían notado, al cerrar la noche, que descendía el batallón, pero
carecíamos de toda seguridad a ese respecto y vista la situación externa que he
señalado, no nos quedó otro recurso a las 7 de la noche que agruparnos en masa
y lanzarnos fuera de la casa de gobierno, cruzados de fuegos en todas
direcciones, habiendo caído herido en esa travesía una cuarta parte de los
nuestros. Tomamos la esquina de Aramayo y seguimos con vivísimo fuego de
nuestra parte y de la contraria dos cuadras adelante, en dirección al banco.
Cruzamos fuegos desgraciadamente con los que estaban frente a nosotros, que
era un piquete del batallón primero hasta que un grito de “¡viva Frías!”, lanzando
por uno de los nuestros, descubrió nuestro mutuo engaño y nos permitió volver a
la plaza junto con nuestros camaradas del primero que ya acudían por todas las
esquinas.
No es posible, ni me cumple la tarea, que será completada por el registro
minucioso de la prensa, de distinguir la conducta de cada uno en ese grupo de
Texto Guía – Historia

héroes jóvenes y de algunos respetables ciudadanos. La juventud de La Paz, allí


reunida, ha contado abnegaciones desde 15 a 18 años de edad. Los jóvenes del
ministerio han llenado su deber con un valor tranquilo y disciplina que mucho los
honra. Las autoridades del departamento, el prefecto y comandante general, han
cumplido su misión. Los ministros de Estado hemos tenido la suerte de no
desmerecer de nuestra responsabilidad. Por desgracia, el coronel Jofré,
encargado del Ministerio de Guerra, fue herido e inutilizado en la primera salida
que intentamos. Sobre todo se ha inclinado, como siempre benéfica, la
providencia divina.
La noche posterior a nuestra victoria intentaron todavía, los desalmados,
ocultándose entre las sombras, incendiar la manzana donde está situado el cuartel
del batallón primero. Al presente, el crimen vigilado y perseguido deja la ciudad
tranquila y ya comienza a calmarse el terror del vecindario.
La premura del tiempo no me permite acompañar la lista de las diferentes
secciones de Rifleros de la Ley, jóvenes del ministerio, Estado Mayor y agregados.
Comunico íntegra la [lista] de muertos y heridos nuestros. De los incendiarios se
han anotado hasta la fecha 130 muertos: los heridos no se conocen.
El mismo día 20 la banda de Noriega en Yungas fue completamente deshecha.
Se ocupa la compañía expedicionaria de recoger armas.
Con respeto soy de usted atento su seguro servidor.
Mariano Baptista C.

Al salir al destierro
De Aniceto Arce, vicepresidente de la república, a la opinión pública con
motivo de la orden suprema de destierro emitida el 11 de marzo de 1881

Sucre, marzo 20 de 1881

A mis conciudadanos:

[…] La orden de mi destierro ha podido sorprender a muchos, ya por la gratuidad


de la impuesta, ya por lo autocrático e insólito del hecho, ya, en fin, por la
gravedad de la medida que importa la cancelación del capítulo entero de las
garantías individuales: el símbolo de toda democracia real en el mundo culto.
Mas, pasada la sensación del golpe brusco de una dictadura tan raramente
formada, se vuelve de la sorpresa y se pasa a coordinar causas y efectos,
premisas y deducciones. La inauguración del nuevo gabinete bastaba para
conocer el rumbo de la política que debía dominar y los serios peligros que debía
Texto Guía – Historia

correr la nave entregada a pilotos semejantes, que no son dueños de conjurar ni la


tormenta de su propia conciencia.
Desde entonces vimos todos blandirse dos espadas sobre el santuario, la de
Chile amenazando la independencia, y la del gobierno boliviano secuestrando la
libertad. El pabellón iba tras seguro naufragio. ¡Infeliz Bolivia con gobiernos que,
como Saturno, se comen a sus hijos!
El general Campero, reputado como modelo de pureza en la religión del honor
y de las prácticas del poder, ha cubierto hasta hoy con el brillo de esa fama sus
flaquezas y desaciertos. Así viven, así crecen, así se levantan sobre el pedestal de
la popularidad ciertas reputaciones afortunadas. Sustentadas y alimentadas con
las ilusiones de los admiradores suben los peldaños de la gloria presidencial,
envueltos en la túnica blanca y embriagados con el aura de las musas y el
entusiasta fervor popular. Son héroes de teatro; hacen su papel, triscan en la es-
cena, ¿y después? Después arrojan la máscara, llaman las adhesiones de los
suyos y buscan las afinidades de su ser natural […].
La orden de extrañamiento dada contra mí, coincidiendo con la suspensión del
plazo de la asamblea ya convocada, y con varios otros hechos que revisten igual
carácter, es el salto violento a la dictadura. Campero forja las cadenas que
después también serán suyas. Sus únicas notabilidades, el hombre de las
corrientes galvánicas y el coronel de las farsas parlamentarias, le preparan un
lecho de rosas blancas, emblema de la inocencia.
Y Campero, el honrado Campero, pone una losa de mármol sobre los jirones
de la Constitución.
Y Campero, el honrado Campero, erige un sistema gubernativo del más cínico
favoritismo, dañando el prestigio oficial de los puestos públicos y premiando con
los dineros del Estado los servicios que le prestaran sus amigos.
Y Campero, el tipo de la Edad Media en la supuesta caballerosidad de sus
arranques, firmando una orden de destierro, sin forma alguna constitucional, sin
juicio al sindicado, sin oírle, sin decirle por qué contra el derecho universal de las
naciones, contra el derecho natural, contra la ley escrita del país, jurada por él,
votada por los genuinos representantes de la voluntad popular […].
Ahora bien: me cumple tomar en consideración un cargo que a servido de
arma en manos de esos gacetilleros anonimistas, y que ha podido también servir
de pretexto ostensible a la realización del plan armado en el acuerdo de gabinete
de que se hace mérito en el oficio de destierro dirigido por el presidente
constitucional al suscrito vicepresidente de Bolivia. Con la franqueza
acostumbrada, ingresaré a ese terreno que es de las recriminaciones a término
lanzadas contra mi persona, de un modo tan insistente como inútil.
Desde el regreso de Camarones y sus naturales emergencias que han venido
generándose con implacable lógica, hasta determinar el desastre de Chorrillos y
Texto Guía – Historia

Miraflores, vi que la lucha debía ser inevitablemente ruinosa para mi patria. En la


guerra no hay evolución grande ni pequeña que no tenga su número, peso y
medida en el curso de su desarrollo. La victoria no da legitimidad a los actos, pero
entra como cifra en el conjunto de las soluciones. Chile, por la superioridad de sus
elementos y, más que todo, por el vigor de la conciencia nacional en cuyo fondo
vive como fuerza incontrastable el sentimiento de amor al pabellón patrio, ha
corrido velozmente de victoria en victoria, unciendo al carro de sus conquistas
ciudades, pueblos, puertos, extensos territorios hasta plantar su bandera en Lima.
Esas expectativas no podían escapar a la previsión más vulgar porque eran el
encadenamiento lógico de los sucesos. Hemos venido extenuando la ya
decadente vida nacional en una guerra desastrosa, sepultando nuestras viejas
glorias en cada etapa de la senda abierta a la lucha, y sin poder siquiera decir
como Francisco I después de la célebre batalla de Pavía: “Mi infortunio es tan
grande que solo me han quedado la honra y la vida”.
La honra se perdió en San Francisco; volvió a perderse con la sublevación del
12 de marzo; en Tarapacá lució como fuego fatuo el antiguo esplendor de
nuestras armas; en el Alto de la Alianza hicieron su apoteosis los valientes.
No he querido, pues, la guerra; he anhelado la paz porque tanto es el
desperdicio de fuerzas, tan honda es la perturbación que causa la guerra en todos
los dominios de la existencia social, que aun supuesta una victoria, no compensa
ella los estragos de esa cólera que sopla sobre las naciones, sembrando de
cadáveres y ruinas el territorio por donde va.
Hombre de trabajo, quería para mi país que se formasen elementos de
industria a la sombra de la paz. Preocupado con esa idea, solo he pensado en
abrir fuentes de producción y en llevar corrientes de actividad hasta las entrañas
de las selvas, creyendo que la redención social solo es obra del trabajo. Hacer
brazos para manejar la azada, enseñar al salvaje de los bosques a estimarse
cubriendo sus carnes desnudas y amasando su pan con el sudor de su misma
frente, era para mí dar el primer paso en la conquista de nuestra extensa e inculta
frontera.
Lejos de mí la vanidad en la ejecución de esos empeños, era yo el llamado a
realizarlos.
La embriaguez enerva la organización del hombre, acaba de degradar la del
indio, es la sombra del mal que concluye por extinguir toda fibra y toda luz en la
naturaleza humana.
¿Cómo combatirla? Con el trabajo ampliamente retribuido que dignifica, que
moraliza y despierta el sentimiento de pundonor, perdido entre los harapos de la
miseria y los torpes estremecimientos de la orgía. Esa guerra bajo el imperio de la
paz internacional, emprendida con la protección de la cruz, que es el emblema de
toda obra fecunda en el bien, es la que he procurado llevar a término.
Texto Guía – Historia

Y bien, no obstante mis convicciones invariables al respecto, toda demanda


del gobierno relativa a erogación de fondos para sustentar ejércitos y llenar
necesidades ordinarias y extraordinarias de servicio nacional, me ha encontrado
dispuesto a ello; no he escaseado mi bolsa para dar pedidos que se hacían a
nombre de las conveniencias del país.
Amigo franco de la paz, desde el contraste de San Francisco, después de ser
enemigo de la guerra en el juego tranquilo de la diplomacia, único campo de
acción oportuna y previsora para Bolivia, me he sometido a angustias y sacrificios
comunes, ofreciendo mi tributo, sin exagerarlo ni empequeñecerlo […].
La guerra defensiva, cuando hay derechos que reconquistar y territorio
usurpado, es la impotencia manifiesta. Yo la proclamé con solemnidad en el
recinto de la ley, cuando me investía del poder que transitoriamente aceptaba. Y
después, ¿cómo se ha extrañado que yo siga aspirando a la paz, con
acontecimientos que acentuadamente nos han mostrado la imposibilidad de
continuar la guerra? […].
El gabinete de enero, sintiendo conmoverse el terreno en que pisa, ha
expedido últimamente el Decreto de 11 del corriente, aplazando la reunión de la
asamblea convocada con la risible formalidad de pasar esquelas a los diputados
exponiendo motivos fútiles.
Habéis olvidado, señores del gabinete, que sois de origen parlamentario y que
habéis jurado y suscrito la Constitución. ¡Y maldecís al conquistados y execráis la
usurpación y queréis guerra contra ella! Habéis pretendido esquivar el comparecer
como reos ante la convención.
Y vos, general Campero, que en el crepúsculo de vuestra vida habéis dejado la
máscara de caballero para empuñar el sable de la dictadura haciendo pedazos el
evangelio político de nuestra tan cara democracia, sois también reo. Vuestra
prevaricación está gráficamente comprobada por la orden de mi destierro. A él
marcho, bebo sin angustia el acíbar. Mi individualidad herida no pone en mis
labios la protesta: es el sentimiento del derecho, superior a toda otra
consideración, el que me mueve a formularla ante la América entera.
Y protesto ante la majestad de mi patria, ante su bandera, cuyo culto mal
comprometido por algunos me depara como premio la adversidad y los dolores de
mi hogar; protesto contra el atentado. La paz es mi anhelo vivísimo; deseo ver que
las industrias del país crezcan con la savia que ella da abundosamente.
Cuando vea cruzar por nuestra desierta altiplanicie los rieles, acercando
poblaciones y condensando los mutuos beneficios que brotan en las diversas
zonas geográficas; cuando nuestras breñas, nuestras pendientes, nuestras
agrestes soledades, nuestros caminos tortuosos sean vencidos por la acción
simultánea del capital y del trabajo, protegidos por la paz interna que es la vida de
las instituciones y por la externa, que es la de la nacionalidad y del comercio,
Texto Guía – Historia

entonces habré alcanzado un día de ventura para mi querido país, suelo donde
están mis hijos, mis recuerdos y mis afecciones.
En cuanto a la alianza que sin cesar ha sido para mí una preocupación harto
dolorosa, declaro que jamás he vinculado a ella la más pequeña esperanza. El
Perú es nación sin sangre, sin probidad y sin inclinaciones sinceras hacia el aliado
[…]. El ministro peruano, constituido en la ciudad de La Paz, ha agitado la prensa,
poetizando la figura de esa alianza absurda y refractaria al porvenir de Bolivia en
el juego del movimiento americano. La dictadura política está subordinada a esa
dictadura diplomática. La cancillería peruana obra directamente en los negocios
íntimos del gabinete.
Así se explica la pretensión del ministro plenipotenciario de aplazamiento de la
empresa Bravo. Merced al buen juicio del entonces ministro de Relaciones
Exteriores, señor Carillo, y a la presencia del poder legislativo en el ejercicio actual
de sus funciones, se paró la invasión diplomática sobre la soberanía. ¿Y queréis
que en posesión de esos datos y de esas cosas pusiese mi firma a favor de la
alianza aspirante y muerta ahora? ¿Será ese el fundamento de mi destierro? En
hora buena. El tiempo escribe en las interrumpidas páginas de la Historia
lecciones que tarde son utilizadas. Dios es el supremo artista de esas brillantes
líneas que marcan el destino de las sociedades.
Concluyo mi exposición que la premura de mis horas no me permite alargar.
De hinojos me pongo a besar las llagas de esta patria querida con que los malos
bolivianos han jugado impíamente. Mi adoración pro ella me señala el ostracismo,
lo acepto. No pondré yo una sola chispa para el incendio.
Si algunas pasiones rebeldes hallaron pasto en mí para manchar la prensa del
país, consumando de este modo un crimen de liberticidio, dejen de murmurar hoy.
Y los pocos que las azuzan desde sus tenebrosas maquinaciones, gasten sus
empeños en reconstruir Bolivia.

Aniceto Arce

“Queremos contribuirle con los siguientes alimentos para la tropa”


De Eduardo Abaroa a Ladislao Cabrera*

Calama, marzo 18 de 1879


Apreciado amigo:

Es en mi poder su grata [carta del] 15 del actual, en la cual me solicita, junto


con todos los vecinos de Calama, una contribución para la alimentación de los
rifleros que defenderán el pueblo cuando ataquen los de Caracoles.
Texto Guía – Historia

Mi hermano Ignacio y mi familia queremos contribuirle con los siguientes


alimentos para la tropa y las bestias caballares y mulares: una arroba de azúcar,
una arroba de arroz, 20 libras de fideo, 30 libras de charque, un quintal de papas,
diez libras de sal, dos barriles de pan desharinado, un quintal de cebollas, cinco
kilos de café negro, diez amarros de tabaco, 23 amarros de papel de hilo, diez
cargas barriles de agua para tomar, 20 arrobas de pasto y cebada para los
caballares, nueve turriles de pólvora, un [ilegible] con un revólver, diez libras de
[ilegible].
Ruégole me avise usted para ayudarle en cualesquier menester para organizar
la defensa del pueblo sin titubeos para que mande usted a su amigo.
Atentamente su seguro servidor,

Eduardo Abaroa
3. EL SIGLO XX “Bolivia fue vencida, no tenía con qué pagar y entregó el
litoral”
De Abraham König, ministro plenipotenciario de Chile, al canciller
Eliodoro Villazón La Paz, agosto 13 de 1900 Señor ministro:
Por vuestra excelencia he sabido la determinación del gobierno de Bolivia de
dejar al congreso nacional el estudio y resolución de nuestras propuestas de
arreglo y, para facilitar una y otra cosa, tengo la honra de poner en manos de
vuestra excelencia la presente nota, que contiene una suscinta explicación de las
bases definitivas de paz aceptadas por mi gobierno.
Sometidas dichas bases al juicio del congreso, he considerado útil que los
representantes del pueblo tengan cabal conocimiento de su texto y de las razones
que lo justifican.
En cumplimiento de las instrucciones de mi gobierno y partiendo del
antecedente, aceptado por ambos países, de que el antiguo litoral boliviano es y
será para siempre de Chile, tuve el honor de presentar a vuestra excelencia las
siguientes bases de un tratado de paz y amistad:
El gobierno de Chile estará dispuesto, a trueque de celebrar un tratado de paz
con Bolivia, a otorgar, en cambio de la cesión definitiva del litoral boliviano que hoy
ocupamos en virtud del pacto de tregua, las siguientes compensaciones:
a) Hacerse cargo y comprometerse al pago de las obligaciones contraídas por el
gobierno de Bolivia a favor de las empresas mineras de Huanchaca, Corocoro
y Oruro y del saldo del empréstito boliviano, levantado en Chile en 1867, una
vez deducidas las cantidades que hubiesen sido de abono a esa cuenta según
el artículo 6º del protocolo de tregua.
Texto Guía – Historia

Chile podría, asimismo, satisfacer los siguientes créditos que pesaban sobre el
litoral boliviano: el que corresponde a los bonos emitidos para la construcción
del ferrocarril de Mejillones a Cara-coles; el crédito a favor de don Pedro López
Gama, representado en la actualidad por la casa Alsop & Co. de Valparaíso, el
de don Enrique Meiggs, representado por don Eduardo Squire, procedente del
contrato celebrado por el primero con el gobierno de Bolivia en 20 de mayo de
1876 sobre arrendamiento de salitreras fiscales del Toco; y el reconocido a
favor de la familia de don Juan Garday. Estos créditos serán objeto de
particular liquidación y de una especificación detallada en un protocolo
complementario.
b) Una suma de dinero que será fijada de común acuerdo por ambos gobiernos y
que deberá invertirse en la construcción de un ferrocarril o algún puerto de
nuestra costa con el interior de Bolivia o bien sea la prolongación del actual
ferrocarril de Oruro.
A juicio del infrascrito, esta suma no deberá exceder de seis millones de pesos
y la determinación de los puntos de partida y de término como el trazado y
demás condiciones del ferrocarril serán resueltos de común acuerdo por
ambos gobiernos.
c) El puerto elegido para punto de partida de ese ferrocarril será declarado franco
para los productos y mercaderías que por él se internen en tránsito para
Bolivia y para los productos y mercaderías bolivianas que por él mismo se
exporten.
En las diversas conferencias que tuve con vuestra excelencia, analizando las
bases anteriormente transcritas, vuestra excelencia me manifestó que, a su juicio,
las ofertas hechas no eran suficiente compensación del litoral boliviano y que
Bolivia necesitaba de un puerto y de absoluta libertad comercial. El gobierno de
Bolivia estima que el pacto de tregua, que favorece excepcionalmente el comercio
de Chile, es gravoso para Bolivia y ha dado origen a reclamaciones de potencias
europeas.
Bolivia mira su independencia comercial como una consecuencia de su
independencia política y quiere quedar en libertad de desahuciar los tratados que
le perjudican y de celebrar otros que le convengan, sin que esto signifique
hostilidad a Chile, pues queda entendido que en adelante Bolivia otorgará a Chile
las franquicias comerciales que conceda a otras naciones.
Días después, y como resultado natural de las conferencias, vuestra
excelencia me comunicó las proposiciones acordadas por el gobierno [boliviano] y
que son las siguientes:
El gobierno de Chile se hace cargo de las obligaciones contraídas por Bolivia a
favor de las empresas mineras de Huanchaca, Corocoro y Oruro y del saldo del
empréstito boliviano de 1867. Se hará cargo igualmente de los siguientes créditos
que pesaban sobre el litoral boliviano: el que corresponde a los bonos emitidos
para la construcción del ferrocarril de Mejillones a Caracoles; el crédito a favor de
don Pedro López Gama; el de don Enrique Meiggs, procedente del contrato
Texto Guía – Historia

celebrado con Bolivia en 1876 sobre arrendamiento de las salitreras fiscales del
Toco y el reconocido a favor de la familia de don Juan Garday.
El gobierno de Chile se obliga a ceder a Bolivia, de sus posesiones de la costa
del Pacífico, el dominio perpetuo de una zona de territorio que comprenda uno de
los puertos actualmente conocidos; la cual zona, situada al norte de aquellas
posesiones, se extenderá hasta la frontera boliviana.
Las relaciones comerciales continuarán entre ambos Estados. En lo sucesivo,
cada nación, consultando sus propias conveniencias, podrá gravar o declarar
libres de derechos fiscales y municipales los productos naturales y
manufacturados que se importen de la otra.
Las mercaderías extranjeras que se introduzcan a Bolivia por cualquiera de los
puertos chilenos y los productos naturales manu-facturados que se exporten por
los mismos puertos al extranjero, tendrán libre tránsito.
En cambio de estas condiciones, el gobierno de Bolivia está dispuesto a
celebrar el Tratado de Paz que asegure la cesión definitiva del litoral boliviano
ocupado por Chile.
En las bases anteriores no se toma en cuenta la oferta de seis millones de
pesos destinados a la construcción de un ferrocarril. Esta suma no es despreciable
y puedo repetir aquí a vuestra excelencia lo que he tenido ocasión de insinuarle
diferentes veces, que mi gobierno estaría dispuesto a aumentarla si se aceptaran
sus proposiciones de arreglo. No se menciona tampoco la concesión de un puerto
franco enteramente favorable al comercio de Bolivia.
Sometidas las bases de la cancillería boliviana al estudio de mi gobierno, no
hubo inconveniente para aceptar las dos cláusulas que se refieren a la libertad
comercial. Es entendido que Chile quedará en las mismas condiciones que las
potencias que más adelante celebren tratados comerciales con Bolivia.
Vuestra excelencia convendrá que esta explicación no significa ninguna
concesión hecha a mi país. La libertad comercial de Bolivia, en un tratado
celebrado con Chile, no lleva consigo la idea de hostilidad. Sería un contrasentido
que mi país ajustara convenciones destinadas a perjudicar su comercio.
Vuestra excelencia me repitió, además, que si Bolivia trabaja para conseguir
su absoluta libertad comercial, lo hace por razón de su independencia de nación y
también con el objeto de desahuciar tratados que han llegado a ser onerosos con
el tiempo.
Como mi gobierno está animado de los mejores propósitos, no ha habido
dificultad en aceptar estas cláusulas de libertad comercial, dando así una prueba
manifiesta del deseo de concluir alguna vez con nuestras diferencias y de procurar
el ensanche del comercio boliviano.
Texto Guía – Historia

Chile renuncia [a] las positivas ventajas consignadas en el pacto de tregua y


en el protocolo complementario a dicho pacto, que favorecen su comercio a
trueque de obtener una paz estable y beneficiosa para ambos pueblos. En
adelante, no tendrá otras franquicias comerciales que las que Bolivia tenga a bien
acordar a otras potencias. Chile, en una palabra, hace una gran concesión a
Bolivia. De este estudio comparativo aparece que la única dificultad que existe y
que impide un arreglo que reclaman a voces chilenos y bolivianos es la segunda
de las bases propuestas por el gobierno de Bolivia.
En obedecimiento, tal vez, a opiniones de otro tiempo, vuestra excelencia
consigna como una aspiración del pueblo boliviano la de poseer a perpetuidad
“una zona de territorio que comprenda uno de los puertos actualmente conocidos”.
Esta zona deberá estar situada a la extremidad norte de las posesiones chilenas y
se extenderá hasta la frontera boliviana. He aquí una exigencia doblemente difícil
y casi imposible de cumplir.
¿Dónde encontraremos, señor ministro, una zona y un puerto que
correspondan precisamente a la ubicación señalada con tanta precisión en la
cláusula citada? Nuestra costa llega por el norte hasta la quebrada de Camarones,
en conformidad al tratado de paz celebrado con el Perú. Siendo cosa sabida y
entendida que Bolivia no pretende zona ni puerto en el territorio de su antiguo
litoral, no diviso, a la verdad, de dónde podríamos nosotros entregar a Bolivia lo
que pide.
No habría chileno capaz de firmar un tratado de paz con una cláusula
semejante. Desde la quebrada de Camarones, al sur, hasta el Estrecho de
Magallanes, todas las poblaciones son chilenas, netamente chilenas, formadas,
desarrolladas y sustentadas con nuestros nacionales, con nuestros capitales, con
el sudor y el esfuerzo del pueblo chileno. En esas poblaciones, incluyendo también
al antiguo litoral de Bolivia, no hay casi bolivianos. Conceder, pues, una zona y un
puerto en esos lugares sería entregar a nación extraña millares de familias
chilenas y esto en plena paz por pura condescendencia graciosa.
Bolivia se presentaría en actitud hostil y no tranquila y pacífica por el solo
hecho de sustentar tan temeraria pretensión. Ya en 1884, en las conferencias que
tuvieron lugar en Santiago, entre los ministros plenipotenciarios de Bolivia y el
ministro de Relaciones Exteriores de Chile, y que dieron por resultado el pacto de
tregua, se trató este punto y quedó eliminado por consentimiento de los mismos
representantes de Bolivia. Quedó convenido, entonces, que una salida al Pacífico
que produjera una solución de continuidad en el mismo territorio chileno es
inaceptable por su propia naturaleza […].
Creo, en consecuencia, que vuestra excelencia no ha fijado su pensamiento en
el territorio que se extiende al sur de la quebrada de Camarones y que, por el
contrario, al redactar la cláusula de que me ocupo, ha tenido, constantemente, fija
la atención en las provincias que se extienden al norte del límite apuntado.
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Es cierto que por el tratado sobre transferencia de territorios firmado el 18 de


marzo de 1895, se estableció condicionalmente “que si a consecuencia del
plebiscito que haya de tener lugar en conformidad al Tratado de Ancón, o en virtud
de arreglos directos adquiriese la república de Chile el dominio y soberanía
permanente sobre los territorios de Tacna y Arica, se obliga a transferirlos a la
república de Bolivia en la misma forma y con la misma extensión que los adquiera,
sin perjuicio de lo establecido en el artículo II”, pero vuestra excelencia sabe que la
condición no se ha cumplido y que su falta de cumplimiento no es imputable al
gobierno de Chile.
En el momento actual, y es esto lo importante, la república de Chile no ha
adquirido todavía dominio y soberanía permanente sobre los territorios de Tacna y
Arica. Basar un tratado de paz en un acontecimiento que no se ha realizado, que
depende, en parte, de voluntad ajena, es hacer una obra deleznable y proceder a
suscitar dificultades en vez de ponerles término, es volver a caer en el mismo error
que se padeció en 1895.
Sería penoso entrar a averiguar minuciosamente las causas que han retardado
la aprobación constitucional de los tratados de 1895, pero vuestra excelencia no
debe olvidar que no han sido extraños a esas causas el protocolo adicional de 9
de diciembre de 1895 y el aclaratorio del anterior, de 30 de abril de 1896. Dichos
protocolos, especialmente el primero, que contiene exigencias bolivianas de última
hora, forman con los tratados un solo cuerpo, de tal manera, que su falta de
aprobación importa un desacuerdo sobre una base fundamental que hace
ineficaces todos los tratados de mayo de 1895.
La redacción de los tratados y de los protocolos, la simple lectura de estos
documentos, revela a las claras la buena voluntad del gobierno de Chile.
Plenamente quedó demostrado entonces el vivo deseo que tenía Chile de ganar y
conservar la buena amistad de Bolivia, pues al concederle lo más rico de las
provincias de Tacna y Arica, todo espíritu imparcial tendrá que reconocer que
procedía con extremada generosidad.
No se han perfeccionado esos pactos, desgraciadamente; no se ha cumplido
la condición estipulada. Fueron pactos prematuros, muertos antes de nacer.
No habiéndose realizado el plebiscito de que habla el Tratado de Ancón, nos
encontramos hoy en la misma situación jurídica que tenían ambos países en 1884.
Los plenipotenciarios bolivianos que negociaron la tregua pidieron con
insistencia una salida al Pacífico para Bolivia y creyeron que podrían obtenerla en
el extremo norte del territorio cedido temporalmente por el Perú. El ministro de
Relaciones Exteriores de Chile se negó terminantemente a esta petición. A su
juicio, esta no estaba ni siquiera dentro de la esfera de acción y de las facultades
del gobierno: Chile no ha adquirido el dominio de aquellos territorios, sino una
mera expectativa sujeta a plazos y condiciones estipuladas en el Tratado de
Ancón. No es dueño todavía y no debe entonces tratar como si lo fuera.
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Hoy podemos repetir iguales conceptos. El plebiscito no se ha verificado; no es


posible celebrar tratados tomando por base los acontecimientos que no se han
realizado y que dependen, en parte, de voluntad ajena.
El gobierno y el pueblo de Chile están vivamente interesados en que el
plebiscito tenga lugar lo más pronto posible, y el gobierno y el pueblo desean que
el acto se verifique en condiciones que satisfagan las legítimas aspiraciones
nacionales. Cuando llegue el día de su celebración, esperamos confiadamente
que el plebiscito será favorable a Chile.
Vuestra excelencia sabe que la opinión pública de mi país se ha modificado
notablemente a contar desde los últimos días de 1895. Hoy no se piensa como en
años pasados. Es digno tema de meditación para los hombres de Estado de
Bolivia investigar por qué un pueblo sesudo y justiciero, como el pueblo chileno,
tiene sobre Tacna y Arica ideas uniformes muy distintas de las que manifestó
públicamente en mayo de 1895.
Para hablar con la claridad que exigen a veces los negocios internacionales,
menester es declarar que Bolivia no debe contar con la transferencia de los
territorios de Tacna y Arica, aunque el plebiscito sea favorable a Chile. El pueblo
chileno, con una uniformidad que no se ve de ordinario en otras naciones, ha
manifestado su voluntad de conservar esos territorios como una justa
compensación de los sacrificios de todo orden impuestos al país.
No habría inconveniente para ceder una zona al norte de Arica, es decir, en el
extremo norte de las posesiones chilenas en el Pacífico, conformándose así a la
letra de la cláusula segunda de las proposiciones del gobierno de Bolivia, pero la
naturaleza se opone a este buen deseo de nuestra parte. Al norte de Arica no hay
puerto, ni siquiera una caleta mediana; desde Arica hasta Sama la costa es brava
y casi inabordable.
Después de lo dicho, la conclusión se impone por la fuerza, Chile no acepta la
cesión de la zona y el puerto pedidos por Bolivia porque, a pesar de sus buenos
propósitos, está en la imposibilidad de satisfacer tales exigencias. No hay puerto
que ceder. Al sur de Camarones todos los puertos son chilenos; habitados casi en
su totalidad por ciudadanos chilenos; la concesión de una zona, además, en
cualquier latitud, trae-ría por resultado la división de nuestro país en dos trozos
separados; se produciría una solución de continuidad, lo que es inaceptable. Entre
la quebrada de Camarones y Arica, el único puerto que merece el nombre de tales
Arica y, este, lo necesita nuestro país; el dominio de los territorios de Tacna y
Arica no puede mantenerse sin la posesión y dominio del puerto. Al norte de Arica
la vista se pierde siguiendo las sinuosidades de una costa inhospitalaria.
Aun en el caso de que mi país deseara vehemente dar cumplimiento a las
aspiraciones de Bolivia, no sabría cómo realizarlas. Por la fuerza, entonces,
tenemos que descartar esta exigencia que viene a impedir un acuerdo amigable
entre los dos pueblos. Cabe preguntar aquí, señor ministro, si Bolivia tiene
necesidad imprescindible de un puerto en el Pacífico.
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Me atrevo a dar una respuesta negativa. Son varias las consideraciones que
se hacen valer en apoyo de la cesión de un puerto, pero todas ellas pueden
condensarse en el siguiente pensamiento consignado en un importantísimo
documento gubernativo: “No ha podido llegarse a ningún acuerdo (con Chile)
porque se ha rechazado la muy legítima exigencia de Bolivia de que, en
compensación de su valioso litoral, se le conceda por lo menos la soberanía de un
puerto para su comunicación libre e independiente con los demás Estados del
mundo civilizado”.
La legítima exigencia de un puerto se funda en que Bolivia quiere asegurar su
comunicación libre e independiente con el resto del mundo. En presencia de tal
caso, alguien se atrevería a pensar que Bolivia carece de una comunicación libre e
independiente o que, por lo menos, el gobierno de Chile estorba de alguna manera
la libertad de sus comunicaciones; vuestra excelencia sabe que ni una ni otra cosa
son verdaderas.
El hecho público, positivo e incontestable, es que el gobierno y el pueblo de
Bolivia están en posesión de la más absoluta libertad e independencia para sus
comunicaciones de todo género. El gobierno y el pueblo de Chile se encuentran
en la misma situación que el gobierno y el pueblo bolivianos. Abrigo la convicción
de que un puerto propio no añadiría nada al comercio ni al poder de Bolivia.
Durante la paz, Bolivia exportará sus productos por los puertos chilenos y
especialmente por Antofagasta y Arica, que serán puntos de término de líneas
férreas y, por consiguiente, puertos francos. Bolivia tendrá en ambos puertos sus
empleados de aduana que dependerán exclusivamente de las autoridades de su
país. Actualmente, funcionan en Antofagasta empleados chilenos y bolivianos en
la aduana de este puerto con verdaderas ventajas para Bolivia y sin tropiezo de
ninguna clase.
Si más tarde intentase Bolivia levantar un empréstito en Europa, dando como
garantía la renta de sus aduanas, no sería, ciertamente, un estorbo para esta
operación financiera el hecho de que las entradas aduaneras de Bolivia, afectas al
pago de aquel empréstito, se cobraran en un puerto chileno, ya que, felizmente, el
crédito de mi país goza generalmente en el mundo de sólida y merecida
reputación.
Lo que interesa vivamente a esta nación son los caminos, las líneas férreas,
sobre todo que la pongan en contacto con los puertos chilenos. Fletes baratos,
facilidad de comunicaciones, he aquí lo importante y vital para prosperar durante
la paz. En tiempo de guerra, las fuerzas de Chile se apoderarían del único puerto
boliviano con la misma facilidad con que ocuparon todos los puertos del litoral de
Bolivia en 1879.
Esto no es un vano orgullo, porque sabido es de todos los que conocen los
recursos de mi país que su poder ofensivo se ha centuplicado en los últimos 20
años. Si todo lo dicho más arriba es verdadero, hay que confesar, señor ministro,
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que un puerto propio no es indispensable y que su adquisición no aumentaría el


poder de Bolivia en tiempo de paz ni en tiempo de guerra.
Y si el dominio de una angosta faja de terreno y de un puerto que en nada
aumentarían el poder productivo y guerrero de esta nación, es el único obstáculo
que encontramos para firmar un tratado de paz, ¿no es natural que los espíritus
patriotas y bien inspirados dejen a un lado tales pretensiones y busquen otros
caminos para llegar a solución conveniente?
Manteniendo la exigencia de un puerto se va a lo desconocido, se agrava la
situación actual, de suyo precaria y llena de peligros; abandonándola, se facilita el
acuerdo entre los dos países, se quita el único obstáculo que impide la celebración
del tratado de paz.
En materia tan delicada es preciso juzgar con ánimo sereno y no apasionado,
olvidar ideas preconcebidas y ver las cosas tales como son y no como pudieran
ser. El hombre de Estado debe mirar más allá del día de mañana. Es propio de
políticos vulgares aferrarse a una idea que esté en armonía con el sentimiento
público dominante, porque de esta manera no hay necesidad de observar y
estudiar, ni menos de combatir: basta y sobra con dejarse llevar.
Yo desearía, señor ministro, que un espíritu culto, inteligente y perspicaz como
el de vuestra excelencia abandonara el camino fácil y trillado y entrara a investigar
si conseguir la buena y perpetua amistad de Chile importa para Bolivia mucho más
que una angosta faja de territorio estéril y un puerto enclavado en ella.
Medítese un momento y se llegará a esta conclusión: que la amistad de Chile
puede ser en gran manera provechosa para Bolivia, al par que la tirantez de
relaciones entre ambos países no daría para ella el mismo resultado. Cualquier
espíritu sereno se inclinará a creer que los hombres de Estado de este país no
trepidarán en la elección.
Hace muchos años que mi país desea convertir el pacto de tregua en tratado
de paz, arreglar de una manera definitiva todas sus diferencias con Bolivia. Chile
quiere dedicarse al trabajo con sosiego, sin sobresaltos, y aspira, como es natural,
a una paz honrosa, permanente y que reporte utilidades a ambos pueblos.
Una serie de acontecimientos, muy desagradables algunos, le han hecho ver,
además, que hay absoluta necesidad de terminar cuanto antes todas estas
dificultades de vecindad.
No podemos esperar más. El gobierno y el pueblo de Chile consideran que
han esperado con paciencia. Según nuestro criterio, las bases propuestas por
Chile son equitativas, las únicas compatibles con la situación actual. Sería una
verdadera desgracia que el Congreso boliviano pensara de distinta manera. Es un
error muy esparcido y que se repite diariamente en la prensa y en la calle, el
afirmar que Bolivia tiene derecho de exigir un puerto en compensación de su
litoral.
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No hay tal cosa. Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el


mismo título con que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena, con el
mismo título con que los Estados Unidos de la América del Norte han tomado a
Puerto Rico. Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las
naciones.
Que el litoral es rico y que vale muchos millones, eso ya lo sabíamos. Lo
guardamos porque vale; que si nada valiera, no habría interés en su conservación.
Terminada la guerra, la nación vencedora impone sus condiciones y exige el pago
de los gastos ocasionados. Bolivia fue vencida, no tenía con qué pagar y entregó
el litoral.
Esta entrega es indefinida, por tiempo indefinido, así lo dice el pacto de tregua:
fue una entrega absoluta, incondicional, perpetua. En consecuencia, Chile no debe
nada, no está obligado a nadie, mucho menos a la cesión de una zona de terreno
y de un puerto. En consecuencia, también, las bases de paz propuestas y
aceptadas por mi país y que importan grandes concesiones a Bolivia, deben ser
consideradas no solo como equitativas, sino como generosas.
Es de esperar que los miembros del Congreso, diputados y senadores, que
conocen su país y desean su bienestar, procedan con el espíritu elevado y
justiciero que se necesita para dar término a todas las dificultades pendientes.
Confiando en que al tomarse sobre estos graves asuntos una resolución final,
ella [se inspire], a la vez, en los bien entendidos intereses de Bolivia y en las
benévolas disposiciones de Chile. Me es particularmente grato, señor ministro,
dejar aquí constancia de la cordialidad en que se han inspirado las negociaciones
que he tenido el honor de gestionar con vuestra excelencia y del elevado espíritu
con que han sido sostenidas las discusiones a que ellas han dado lugar.
Aprovecho esta oportunidad de renovar a vuestra excelencia los sentimientos
de mi más alta y distinguida consideración y especial aprecio.
Abraham König

La respuesta de Bolivia a Chile a la anterior carta


De Eliodoro Villazón a Abraham König

La Paz, 15 de octubre de 1900


Al excelentísimo Abraham König, enviado extraordinario y ministro
plenipotenciario de la república de Chile. Señor ministro:
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He tenido la honra de recibir su muy importante nota del 13 de agosto último,


en la que vuestra excelencia se sirve explicar las bases de paz entre Bolivia y
Chile, aceptadas por su gobierno. Habiendo informado de estas bases y
negociaciones al Congreso, vuestra excelencia ha creído útil pasarme un
memorándum de las razones que la justifican, para que los representantes del
pueblo tengan cabal conocimiento de su sentido y ventajas.
Accediendo con el mayor agrado a la insinuación de vuestra excelencia, dicha
nota la he sometido a la apreciación del Congreso.
Aquí debiera haber terminado mi respuesta, pero como vuestra excelencia ha
impugnado invariablemente los motivos en que mi gobierno se apoyó para insistir
en que se conceda a Bolivia un puerto y una zona de territorio sobre el Pacífico,
de mi parte, creo llenar también con un deber indeclinable, exponiendo en esta
ocasión las razones que justifican esta legítima exigencia.
Estamos de acuerdo en que esta base es la única dificultad que impide un
arreglo entre ambas repúblicas. Extraña, vuestra excelencia, que, en cambio, no
hubiese tomado en cuenta la oferta de seis millones de pesos destinados a la
construcción de un ferrocarril, suma que su gobierno estaría dispuesto a aumentar
si se aceptasen sus proposiciones. Extraña, igualmente, que tampoco hubiese
mencionado la concesión de un puerto franco, enteramente favorable al comercio
de Bolivia.
Estas condiciones han sido tomadas en cuenta con la sola circunstancia de
que, en su lugar, se ha puesto una zona de territorio y un puerto de los conocidos
en la actualidad, cuyo valor, más o menos, sería equivalente. Así, mi gobierno, en
vez de dinero y puerto franco, optó por un puerto propio en el Pacífico porque
comprendía que un puerto le proporciona a Bolivia inapreciables ventajas,
superiores a toda indemnización pecuniaria por crecida que ella fuese.
En lo sustancial de la nota, permítame manifestar mi juicio acerca de las bases
propuestas por vuestra excelencia con el calificativo de “grandes concesiones”.
Diferimos de criterio: estas grandes concesiones son para mí restitución y
reconocimiento de derechos, de los que fue privada Bolivia por la fuerza.
Efectivamente, en el pacto de tregua se impuso a Bolivia la obligación de
aceptar la importación de productos naturales y manufacturados en Chile, libres de
derechos, en cambio de una reciprocidad nominal, porque Bolivia apenas tiene
productos que llevar al mercado de Chile. Esta cláusula fue aceptada en 1884 por
el imperio de las circunstancias y para evitar mayores males consiguientes a la
guerra. No hay ejemplo de país vencedor que después de la victoria hubiese
hecho imposición absoluta; y todo tratado de paz, si no salvó los derechos
aduaneros del vencido, por lo menos fijó un plazo para el periodo y goce de las
franquicias.
Una imposición de este género no establece los derechos perfectos, porque la
autoridad inherente al soberano, de arreglar las relaciones comerciales, es un
jusmerae facultatis [sic] que no se prescribe por el no uso. Por consiguiente, la
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cláusula de la cancelación de las franquicias comerciales es la restitución de un


derecho del que se le privó a Bolivia, y no una gran concesión. Y si hubo
reciprocidad con la cancelación de las franquicias, cada Estado habría rescindido
sus derechos y su libertad con ventajas idénticas.
Tampoco es una concesión para Bolivia lo que vuestra excelencia llama puerto
franco, si ha de entenderse, como entiende mi gobierno, el derecho de transitar
por territorios y puertos ajenos. Según el derecho internacional, es una
servidumbre que no admite controversia y los Estados mediterráneos tienen el
derecho de transitar por el territorio, puertos y ríos navegables de los vecinos, por
cuanto que esta servidumbre es indispensable y de ventajas mutuas.
La obligación que se impone Chile de pagar los créditos que gravan el litoral
boliviano y que más o menos asciende a 4.000.000 de pesos cotizables con
rebaja, en rigor tampoco significa una concesión. Quedándose con el litoral que es
territorio gravado y percibiendo sus rentas que alcanzan a 7.500.000 pesos
anuales, le corresponde pagar por estos créditos en conformidad con los principios
del derecho internacional.
De modo que, en claros términos, la propuesta de vuestra excelencia quedaría
reducida a la siguiente:
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1. º A pagar a los acreedores chilenos de las empresas de Huanchaca, Corocoro y
Oruro y el saldo del empréstito levantado en Chile en 1867, cuyo total alcanza
a 5.300.000 pesos, también cotizables.
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2. º A entregar a Bolivia 6.000.000 de pesos, que al cambio del día equivalen a 4.636.353
bolivianos, suma que se aplicaría a la construcción de un ferrocarril.
De parte de Bolivia, la primera cláusula sería igual y, la segunda, quedaría sustituida
con una zona territorial que contenga un puerto.
La discusión, señor ministro, se concretaría dentro de estas condiciones
precisas, advirtiéndose que tanto la suma que se pagase a los acreedores
chilenos y la que se invirtiese en el ferrocarril de la costa, cederían indirectamente
en provecho de Chile, por ser capitales colocados en Chile y en poder de
acreedores chilenos.
Vuestra excelencia tiene la idea de que solamente, en obedecimiento a
opiniones de otro tiempo, se ha consignado entre las bases propuestas por esta
cancillería la aspiración del pueblo boliviano de poseer a perpetuidad una zona de
territorio sobre el Pacífico, y se esfuerza en demostrar, con tal motivo, que no
existen ni ese puerto ni ese territorio, por cuanto que, los que posee Chile en la
costa los necesita, y cualquier concesión comprometería la continuidad del
territorio chileno.
La respuesta es muy sencilla: Bolivia esperará que Chile defina sus derechos
territoriales, concluyendo sus arreglos con la república del Perú y, cuando sean
conocidas sus fronteras por ese lado, transferirá a Bolivia el último puerto que
quede al norte y la zona necesaria para el tránsito a Bolivia. Esta cesión no
comprometerá familias chilenas ni la continuidad del territorio chileno.
Esta cláusula se ha consignado no solo en obedecimiento a opiniones
antiguas, sino también a las que se han mantenido invariablemente entre ambas
cancillerías por común inteligencia.
Es evidente que en las conferencias que precedieron al Pacto de Tregua de
1884 se convino en que una salida al Pacífico, que produjera la solución de
continuidad en el territorio chileno, sería inaceptable por su propia naturaleza, pero
se salvó tácitamente para estipulaciones futuras la cesión de una zona de
territorio, ubicada en la extremidad norte de las posesiones de Chile. Por esta
consideración, se celebró un Pacto de Tregua en lugar de un tratado definitivo de
paz. Desde entonces la cancillería de Chile ha mantenido a Bolivia con la
esperanza de adquirir un puerto. Podría citar muchos documentos, si no fuera
tarea larga, [pero] me limitaré solamente a los últimos años.
Cuando en el año 1895 se quiso arreglar amistosamente las cuestiones
emergentes de la Guerra del Pacífico, territoriales, comerciales y de
indemnización, los tratados respectivos no fueron propuestos por Bolivia. Ellos se
redactaron en Chile por la cancillería chilena y Bolivia se limitó a aceptarlos.
Entonces se estipuló, por tratado reservado de 18 de mayo de 1895, entre el
ministro de Relaciones Exteriores, señor Luis Barros Borgoño, y nuestro
plenipotenciario don Heriberto Gutiérrez, que si la república de Chile adquiría el
dominio permanente de los territorios de Tacna y Arica, los transferiría en iguales
condiciones a Bolivia; en su
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defecto, se obligó a entregar la caleta Vítor u otras análogas con más cinco
millones de pesos.
Diez días después se celebró otro protocolo entre los mismos negociadores, y
se convino en él, que entrando en los propósitos de las altas contratantes,
asegurara a Bolivia puerto en el Pacífico de condiciones suficientes y apropiadas
para responder a las necesidades del comercio exterior de esta república; era
entendido que ambos gobiernos propenderían a la adquisición de los territorios de
Tacna y Arica, y el señor ministro de Relaciones Exteriores de Chile expuso de su
parte que trataría en primer término de obtener la solución prevista por el artículo
primero y que las estipulaciones del artículo cuarto se referirían al caso eventual
de que Chile no adquiriese los territorios de Tacna y Arica por arreglos directos o a
virtud del plebiscito.
En el protocolo de 9 de diciembre de 1895, celebrado entre el plenipotenciario
de Chile, don Juan Gonzalo Matta y el ministro de Relaciones Exteriores de
Bolivia, aquellas estipulaciones fueron confirmadas en la única circunstancia de
que todos los tratados concluidos entre Bolivia y Chile se hizo un todo indivisible; y
en lugar de la caleta de Vítor se habló de un puerto que satisfaga ampliamente las
necesidades del comercio de Bolivia. Que estas fueron exigencias de Bolivia no es
el momento de discutir, pero es el hecho que las aceptó el representante de Chile
y se consignaron en pacto solemne.
Lo que debe llamar la atención de vuestra excelencia es que el día 30 de abril
de 1896, un año después, el gobierno de Chile aprobó, por protocolo especial, el
que acabo de mencionar, con las siguientes aclaraciones:
• Que por “caleta capaz de satisfacer las necesidades de comercio” se
entendería la que tenga fondeadero para naves mercantes, terrenos para
construir edificios fiscales y establecer una población.
• Que el gobierno de Chile se obliga a solicitar de las Cámaras la aprobación de
estas convenciones.
Estas ya no eran de modo alguno exigencias de Bolivia; el protocolo se
firmaba en Santiago y las aclaraciones fueron propuestas por el ministro de
Relaciones Exteriores de Chile, don Adolfo Guerrero.
Después de un año de madura reflexión, el gobierno de Chile ratificaba los
protocolos con la notable circunstancia de que se obligaba a transformar la caleta
en un verdadero puerto con un gasto que representaría algunos millones.
En lugar de solicitarse la aprobación legislativa de estos pactos en Chile,
fueron abandonados y olvidados, y poco a poco quedaron relegados al pasado,
cual si no hubiesen existido.
Algunos años después, en febrero de 1898, se celebraron en Santiago nuevas
conferencias oficiosas entre los señores Joaquín Walker Martínez, José Paravicini
y el ministro de Bolivia, don Emeterio Cano. Entonces se propuso, de parte de
Chile y entre otras bases, la de que su gobierno sustituiría al de Bolivia en la
garantía del ferrocarril de
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Uyuni y Oruro, y garantizaría el servicio de intereses de capital que se emplease


en prolongar este mismo ferrocarril hasta La Paz o puerto Ballivián.
De parte de Bolivia fueron varias las proposiciones y por su nove-dad merecen
llamar la atención las siguientes:
• Que Chile se haría cargo de la garantía del ferrocarril de Uyuni a Oruro.
• Que entregaría 25.000.000 pesos aplicables a la construcción de ferrocarriles.
• Otra proposición reducía esta suma a 20.000.000 pesos.
• Otra, en fin, a 600.000 pesos anuales durante 20 años.

En todas las propuestas era común la base de que Chile se haría cargo de los
créditos que gravaban el litoral y los reconocimientos a favor de las empresas
mineras por indemnización.
Estas tentativas quedaron sin efecto porque no se arribó a ningún acuerdo y el
gobierno de Bolivia, informado, las desautorizó.
Estas últimas conferencias no tienen ciertamente ninguna importancia oficial y
si las traigo a consideración es para poner a la vista la conducta lógica de Bolivia y
para justificar las comparaciones y conclusiones que haré más adelante, poniendo
en claro que las bases nuevas no son mejores que las anteriores.
¿Por qué el gobierno de Chile ha abandonado los primeros pactos sin haber
expuesto oficialmente una sola palabra a Bolivia, de tan grave y súbita
determinación? Vuestra excelencia es del parecer que fue por el protocolo de 9 de
diciembre de 1895 que contenía exigencias bolivianas de última hora.
Siento infinito no estar conforme con esta apreciación. El gobierno de Chile
aprobó este protocolo por otro posterior el 30 de abril de 1896. Lo que quiere decir
que no debió ser esta la causa.
Tampoco debió ser la exigencia de un puerto que satisfaga ampliamente las
necesidades comerciales de Bolivia. Esta condición fue aplicada en términos
precisos en el protocolo que acabo de citar y Bolivia aceptó esta explicación. Hubo
pleno acuerdo en este punto entre ambas cancillerías.
Finalmente, la conducta del negociador chileno fue aprobada y esto basta para
afirmar que el protocolo, tantas veces citado, no ha entrado para
Tampoco estoy conforme con el argumento de vuestra excelencia de que el
tratado de transferencia de territorios, de 18 de mayo de 1895, era condicional,
dependiente de la ejecución del plebiscito estipulado en el Tratado de Ancón y
que, no siendo imputable a la falta de cumplimiento de esta condición a Chile,
aquel tratado debía quedar sin efecto por haber sido un pacto prematuro, “muerto
antes de nacer”, siendo, por consiguiente, la situación jurídica de hoy la misma
que la del año 1884.
En la hipótesis de que todo esto fuese evidente, la caducidad del tratado no
debiera depender de la exclusiva voluntad de una sola de las partes; era menester
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que precediera una convicción que hubiese establecido que la falta de


cumplimiento de aquella condición no era imputable al gobierno de Chile.
En el fondo diferimos, señor ministro, sustancial y radicalmente, en la
apreciación de los hechos. Aquellos pactos fueron celebrados con espíritu serio,
procediendo Chile, como vuestra excelencia dice, “con extremada generosidad al
ceder lo más rico de las provincias de Tacna y Arica”.
Eran tratados obligatorios, concluidos con sujeción a las reglas del Derecho
Internacional y no pactos prematuros muertos antes de nacer. De otro modo, no
se comprendería aquella “extremada generosidad de Chile”.
Los tratados condicionales están permitidos en derechos y, en el caso
concreto, habiéndose estipulado que de la ejecución del plebiscito dependería la
transferencia de Tacna y Arica u otra caleta con fondeadero para naves
mercantes; lo correcto era esperar que esa condición se cumpliera. Bolivia, ahora
como entonces, estaba dispuesta a esperar la realización del plebiscito y sus
consecuencias.
Que el plebiscito se realizará no cabe duda, puesto que está estipulado en el
pacto de Ancón y el Perú lo exige. Y si como vuestra excelencia asegura en su
nota, el éxito tiene que ser necesariamente favorable para Chile, razón demás
para que aquellos protocolos se hubiesen mantenido en todo vigor, puesto que la
previsión principal tiene que realizarse a satisfacción de Chile.
Todavía me atrevería a afirmar que el no cumplimiento del plebiscito es
imputable a la cancillería de Chile, puesto que se resiste a la exigencia del Perú
que no pide otra cosa que se proceda al plebiscito sin pérdida de tiempo, en
ejecución del protocolo Billinghurts-Latorre.
Por manera que, señor ministro, y esto es lo incuestionable, la falta de
cumplimiento de la condición, lejos de ser un motivo para la caducidad de los
tratados, lo es para su vigencia y ejecución.
Pero para qué cansarse de discutir ese punto; cierto es que, como vuestra
excelencia hace constar, el poder ofensivo de Chile “[se] ha centuplicado” y, para
hablar con la claridad que exigen a veces los negocios internacionales, Bolivia no
debe contar con la transferencia de los territorios de Tacna y Arica, aunque el
plebiscito sea favorable a Chile, porque el pueblo chileno, con una uniformidad
que no se ve de ordinario, ha manifestado su voluntad de conservar esos
territorios.
En concepto de vuestra excelencia, Bolivia no tiene necesidad imprescindible
de un puerto y teniendo comunicación actualmente con los puertos poseídos por
Chile, una estrecha faja de territorio no le es necesaria e indispensable o, más
claro, mejor se estaría con las condiciones geográficas presentes.
La falta de necesidad imprescindible, señor ministro, no es una razón para
negar un derecho o desconocer una demanda o exigencia legítima. Y si lo fuese,
sería un argumento contra Chile. Esta república tiene una extensa costa y muchos
puertos y no es imprescindible que [los] conserve todos, y muchos son acaso de
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más inhabitados y desiertos; puede, pues, dejar para Bolivia uno de ellos sin
menoscabo alguno de sus intereses.
Nunca mi gobierno pensó que se desconocieran la utilidad y ventajas de la
posesión de un puerto. Este hecho fue reconocido, no ha mucho, por el gobierno y
pueblo chileno. Por eso creyó de más entrar en demostraciones sobre un punto
que no admite contradicción.
Que un puerto sobre el océano sea útil para una nación es en verdad de
evidencia incontestable. En América todos los Estados están dotados de una
costa más o menos extensa; la única excepción es el Paraguay que, en cambio,
posee un río navegable que le permite comunicar libremente con el mundo
civilizado.
En Europa se puede citar otra excepción, la Suiza, lo que la ha sometido a una
situación política especial garantizada por los Estados que la rodean.
Hay, pues, un derecho por encima de todas las convenciones que asigna a
toda nación por lo menos una pequeña costa para sus relaciones políticas y
comerciales.
Contra este derecho, Chile pretende adjudicarse la costa perteneciente a
Bolivia, excluyéndola del océano y condenándola a un aislamiento excepcional en
América. Esta sola consideración ya sería bastante para que las proposiciones de
vuestra excelencia no fueran equitativas.
Ya que vuestra excelencia pone en duda las ventajas de un puerto porque,
probablemente, poseyendo Chile numerosos no se tiene allí idea de esta
necesidad, consignaré a continuación, aunque muy someramente, algunas de
estas ventajas.
Un puerto es indispensable para Bolivia:

1. º Para su comunicación comercial y política, libre e independiente, con el mundo


civilizado.
2. º Para el mejor arreglo de sus aduanas sin las trabas de las guías ni tornaguías y
demás reglamentos que imponen las naciones vecinas cuando solamente se
goza del derecho de tránsito.
3. º Para modificar sus relaciones comerciales y aduaneras con los Estados
vecinos, apoyándose en la independencia que le daría un puerto.
4. º Para fundar y levantar un crédito, haciendo conocer sus importaciones y
ofreciendo con sus aduanas una garantía segura a sus acreedores.
5. º Para no depender directa ni indirectamente de la voluntad de otro Estado.

No consignaré el mayor poder y la importancia internacional que adquiriría


Bolivia poseyendo un puerto.
Texto Guía – Historia

Estas son verdades que un espíritu tan ilustrado como el de vuestra excelencia
no puede desconocer.
Vuestra excelencia es de opinión que el hecho público positivo e incontestable
es que el gobierno y el pueblo de Bolivia están en la más absoluta libertad e
independencia para sus comunicaciones de todo género, y que un puerto propio
no es indispensable y que su adquisición no aumentaría el poder de Bolivia, ni en
tiempo de paz ni en tiempo de guerra.
Permítame, señor ministro, manifestarle que esta aserción está contradicha
por la realidad. La situación comercial de Bolivia es excepcional.
Por todas sus fronteras y en todas direcciones [Bolivia] tiene el derecho de
tránsito sujeto a restricciones y formalidades reglamentarias en cambio de
concesiones que tiene hechas para el uso y el goce de esta servidumbre.
Puertos hay donde tiene que subordinarse en lo absoluto al arancel extranjero,
limitándose a percibir, por derechos de aduana, una cuota proporcional. De esta
manera, su comercio de importación y exportación lo mantiene en lucha
angustiosa […] a través de inconvenientes y dificultades de todo género.
La decadencia de Bolivia y su atraso en el camino del progreso se debe, en
gran parte, a la única causa de no haber tenido amplia y libre comunicación con el
mundo civilizado, ora por los obstáculos enunciados, ora en su situación
geográfica.
Aun en la época en la que se hallaba en posesión de su litoral, a causa del
extenso desierto que la separaba hasta la costa, tuvo que buscar otras vías de
tránsito, celebrando tratados y haciendo concesiones de todo género. Puedo citar
las siguientes:
• El haber reconocido derechos de tránsito para mercadería de ultramar, desde
el 3 al 20% y para artículos determinados el 15%.
• El haberse obligado a no levantar de cierto nivel las tarifas en las aduana de
Cobija.
• El haber aceptado el régimen de aduanas extranjeras en lo absoluto,
limitándose a recibir una subvención.
• El haber aceptado, invariablemente, la libre importación de los productos
naturales y manufacturados de los Estados vecinos.
Y todo esto, señor ministro, sin contar con las dificultades en el tránsito y en los
despachos, vejámenes y decomisos para el comercio.
Toda la historia de Bolivia, desde su Independencia, todas las dificultades
internacionales, han provenido de la única causa de no haber tenido libre e
independiente comunicación.
El tratado celebrado en los primeros días de su Independencia para la
adquisición de la provincia de Tarapacá, el de Confederación celebrado más tarde
con el Perú y las guerras consiguientes no obedecieron a otro fin que el de
agregar a Bolivia una costa suficiente en el Pacífico y, por consiguiente, a
proporcionarle la anhelada Independencia comercial.
Texto Guía – Historia

He aquí la dolorosa y triste experiencia que se trata de rematar con la


exclusión a Bolivia del Pacífico y su clausura definitiva dentro de sus montañas.
Dados estos antecedentes, el libre tránsito que ofrece vuestra excelencia bajo
la denominación de puertos francos y de facilidades comerciales aduaneras, no
puede considerarse jamás como una comunicación libre e independiente. Es más
bien una servidumbre que se acuerda en conformidad con el derecho internacional
a un país vencido y débil para que no muera de asfixia, y una servidumbre con
todos los inconvenientes de los reglamentos y restricciones que el soberano tiene
derecho a imponer.
Según el parecer de vuestra excelencia, “las bases propuestas por Chile son
equitativas, las únicas compatibles con la situación actual, siendo un error el
afirmar que Bolivia tenga derecho de exigir un puerto en cambio de su litoral,
importando poco que este litoral sea rico y valga muchos millones. Terminada la
guerra, la nación vencedora impuso las condiciones: Bolivia, vencida, tuvo que
entregar su litoral. En consecuencia, Chile no debe nada porque no está obligada
a nada: la entrega del litoral fue absoluta, incondicional y perpetua. En
consecuencia, también, las bases propuestas y aceptadas por su país y que
importan grandes concesiones a Bolivia deben ser consideradas no solo como
equitativas sino como generosas. Chile se ha apropiado del litoral con el mismo
título que la Alemania de Alsacia y de Lorena, con el mismo título con que los
Estados Unidos de la América del Norte de Puerto Rico por el derecho de la
victoria, la ley suprema de las naciones”.
Lamento sinceramente no estar tampoco de acuerdo con vuestra excelencia
en estas conclusiones.
La entrega del litoral no ha sido absoluta, incondicional y perpetua. Si así
hubiera sido, vuestra excelencia no estaría empeñado en estas negociaciones, a
las que les ha dado el carácter de apremiantes e inaplazables. Aquella entrega ha
sido indefinida, en usufructo para que Chile aproveche de las rentas como
indemnización de guerra. El artículo segundo del pacto de tregua establece que
solo durante su vigencia debiera poseer y gobernar Chile el litoral.
No ha habido, pues, cesión absoluta de propiedad y, no habiéndola, la cesión
que exige Chile debiera ser materia de nuevas negociaciones y estipulaciones, y
de ella se trata en la actualidad; por consiguiente es legítimo comparar las bases y
apreciar la equidad de ellas.
Con este fin he traído a consideración el valor del litoral para poner de relieve
que, en cambio de ese valor, se pedía una faja de territorio que representaba a lo
sumo la vigésima parte.
El litoral de Bolivia, señor ministro, es muy rico por su valor intrínseco y por sus
rentas, y es de justicia poner a la vista este dato para que los representantes de
Chile se muestren equitativos en esas condiciones que las llama generosas.
El litoral boliviano comprende una superficie de 158.000 kilómetros cuadrados,
con una población de 32.000 habitantes. Contiene cuatro puertos: Tocopilla,
Texto Guía – Historia

Antofagasta, Cobija y Mejillones, y siete caletas: Gatico, Guanillos, Michilla,


Tames, Gualaguala, Cobre y Paquica.
Sus rentas fiscales y municipales alcanzaron el año pasado a 7.500.000 pesos.
Contiene abundantes riquezas minerales de plata, oro, cobre, bórax, azufre,
salitre y sal.
Las salitreras del Toco son bien extensas y ellas solas producen al fisco la
renta anual de 5.545.000 pesos.
Existen otras salitreras con ley de 70 a 40% en las regiones de la Joya, orillas
del río Loa y otros parajes; y por recientes investigaciones y estudios se calcula
que comprenden una superficie de 190 kilómetros cuadrados.
Todas estas salitreras se explotarán con el tiempo, y en pocos años más la
renta del litoral boliviano pasará de 10.000.000 de pesos anuales.
Las propiedades industriales y urbanas, ubicadas dentro [de] este territorio,
están valuadas hoy mismo en 40 millones.
No es aventurado, por consiguiente, asegurar que el litoral boliviano con estas
riquezas representa por, al menos, un valor de 100 millones.
También hay que traer en cuenta que, en los 20 años que Chile ha poseído
aquel litoral desde el Pacto de Tregua, ha percibido por lo me-nos 100 millones.
Durante ese mismo tiempo sus productos naturales y manufacturados [ingresaron]
a Bolivia libres de derechos aduaneros, aprovechando las ventajas consiguientes
a estas franquicias.
A cambio de estas concesiones y de estos valores, ¿cuáles han sido las
exigencias de Bolivia?
Una faja de territorio con un puerto que equivale a lo sumo a la vigésima parte
de lo que cede y la obligación de Chile de pagar los créditos que gravan aquel
litoral y los reconocidos a favor de empresas mineras chilenas perjudicadas por el
secuestro bélico de 1879, pago que directamente cederá en beneficio de Chile
porque todos los acreedores son chilenos y tienen domicilio en Chile.
He aquí probada hasta la última evidencia la generosidad de Bolivia, ya que
vuestra excelencia emplea, con esa palabra, los sacrificios que hace para obtener
la paz. Vuestra excelencia no puede, no tiene motivos fundados para calificar la
conducta de Bolivia de refractaria a las soluciones pacíficas por causa de
exageradas pretensiones.
No me detendré sobre las declaraciones que vuestra excelencia ha creído
conveniente consignar en el oficio a que contesto y, según las cuales, la victoria
sería la ley suprema de las naciones. Si bien vuestra excelencia, de esta manera,
ha comprometido a nombre de su gobierno principios de derecho público que
hasta ahora fueron universalmente admitidos, también es oportuno recordar que
esos principios han sido nuevamente sancionados por las más grandes potencias
en el último Congreso Internacional reunido en La Haya, las cuales, a pesar de las
Texto Guía – Historia

fuerzas militares de que disponen, han perseguido en sus memorables


conferencias fines altamente humanitarios, tratando de prevenir los inmensos
males de la guerras y de asegurar el imperio del derecho y la justicia.
Tampoco es fuera de propósito recordar las declaraciones del Congreso
Americano de 18 de abril de 1890 contra la conquista y las cesiones territoriales
bajo la amenaza de la guerra o la presión de la fuerza armada, y la notable
conducta de las potencias europeas cuan-do, al mediar en la última guerra entre
Turquía y la Grecia, hicieron prevalecer la idea de que la indemnización no
debería ser ilimitada, sino proporcional a la capacidad financiera del vencido.
Ante estos antecedentes autorizados por el concurso de las primeras naciones
militares, permítame vuestra excelencia expresar, con profundo sentimiento, que
un exagerado celo patriótico ha podido influir en su ánimo para negar estos
principios al país que tengo el honor de representar.
“Hace muchos años que mi país desea convertir el pacto de tregua en tratado
de paz, arreglar de una manera definitiva todas sus diferencias con Bolivia. Chile
quiere dedicarse al trabajo con sosiego, sin sobresaltos, y aspira, como es natural,
a una paz honrosa, permanente y que reporte utilidades a ambos pueblos”.
Cualquiera que leyese estos renglones pensaría que Bolivia se ha resistido al
arreglo de aquellas diferencias. No es exacto el cargo.
El pacto de tregua es ominoso y oneroso exclusivamente para Bolivia y, por lo
mismo, está en sus intereses bien entendidos definir la actual situación. Con esta
mira ha propuesto bases en varias ocasiones; unas veces ellas han sido
rechazadas no por otra razón que por haber variado el pueblo chileno en sus
aspiraciones: otras veces, celebrados los tratados, el pueblo y Congreso
bolivianos los aprobaron, mientras que Chile los ha abandonado por propia
voluntad.
Los 20 años transcurridos en negociaciones estériles se deben a la política de
Chile, nación fuerte, armada constantemente en guerra y, por igual circunstancia,
único agente de los hechos y responsable de los acontecimientos.
Aunque a juicio de vuestra excelencia es propio de políticos vulgares aferrarse
a una línea de armonía con el sentimiento público dominante, deberé dejar
constancia, contestando a este punto que en Bolivia los políticos se inspiraron
siempre en el mínimum de las concesiones que el vencedor podría otorgar, y
conformándose en más de los casos con las proposiciones proyectadas y escritas
por la misma cancillería chilena.
Es en Chile que el sentimiento público ha variado y con él la conducta de sus
políticos, siendo, según la propia expresión de vuestra excelencia, digno tema de
meditación para los hombres de Estado de Bolivia investigar por qué un pueblo
sesudo y justiciero, como el pueblo chileno, tiene sobre Tacna y Arica ideas muy
distintas de las que manifestó públicamente en mayo de 1895.
Como quiera que sea, mi país, señor ministro, anhela sinceramente la paz y en
esta vía ha dado numerosas pruebas, y el tenor, la forma de este mismo
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documento y la exquisita cortesía desplegada por esta cancillería, son una prueba
más al frente de la nota de vuestra excelencia.
Habiendo cambiado Chile súbitamente las antiguas bases por otras nuevas e
inesperadas, mi país tiene necesidad de reflexionar. Las cuestiones de Bolivia con
Chile son complejas y difíciles y comprenden territorios, fronteras, comercio,
aduanas e indemnizaciones, y no es la primera impresión que deban y puedan ser
arregladas definitivamente.
Bolivia, por débil que sea, es una nación independiente y soberana al nivel de
las otras y, en las negociaciones, tiene derecho a proceder consultando
tranquilamente sus conveniencias. No aceptaría la imposición de cualquier forma
que ella viniese y, antes bien, en condiciones semejantes, sería de su dignidad
aplazar toda gestión diplomática.

El pacto de tregua de 4 de abril de 1884 puso fin al estado de guerra y fijó las
relaciones políticas, comerciales y aduaneras de ambos Estados. En la realidad ha
sido un tratado de paz por mucho que se ha hecho mención de volver a las
hostilidades, sin otra formalidad que el desahucio anticipado de un año.

La modificación de las cláusulas de este pacto debe ser materia de


negociaciones conducidas con libre y amplia deliberación, en ejecución del artículo
séptimo, que establece que al celebrar el pacto de tregua, el propósito de las
partes contratantes era preparar y facilitar el ajuste de una paz sólida y estable,
comprometiéndose recíprocamente a proseguir las negociaciones conducentes a
este fin. Si por desgracia no se llegase a un nuevo tratado, quedaría vigente aquel
pacto mientras se presente la oportunidad de celebrar otro definitivo.

Dentro de estas convicciones, el congreso boliviano considera las bases


propuestas por ambas cancillerías, sin perder de vista las afirmaciones
categóricas de vuestra excelencia de que el gobierno y pueblo chilenos tienen el
propósito, irrevocable, de conservar la posesión y dominio de los territorios que
actualmente ocupan.
En la seguridad de que las presentes negociaciones continuarán
desarrollándose en términos pacíficos y cordiales, en obsequio de los altos y
delicados intereses que ellos comprometen, me es satisfactorio aprovechar esta
nueva oportunidad para ofrecer a vuestra excelencia mis más altas y distinguidas
consideraciones.
Eliodoro Villazón
Texto Guía – Historia

Ultimátum del gobierno brasileño De Antonio Barba al presidente José


Manuel Pando

Marzo 27 de 1903
Al señor José Manuel Pando, presidente titular de la república y capitán
general del Ejército en campaña. Ribera Alta.
Excelentísimo señor:
El día de hoy he recibido del supremo gobierno el siguiente telegrama.
“Telégrafos del Estado. Recibido en Santa Cruz el 27 de marzo de 1903. De La
Paz a horas 12 del 24. A prefecto. Santa Cruz. Sírvase transmitir al señor capitán
general José Manuel Pando, a Ribera Alta o donde se encuentre, con el expreso
que enviará usted inmediatamente el siguiente telegrama. General Pando. Día 21
de marzo firmóse protocolo estableciendo modus vivendi para cuatro meses, bajo
siguientes bases:
”Primero. Brasil ocupará y administrará territorio al oriente del Yacú, al norte
paralelo 10 grados 20 minutos y hará policía entre Yacú y Purús.
”Segundo. Destacamento fuerzas ocuparán río Acre con avanzadas hasta
Iquiri, fuerzas bolivianas quedarán río Orthon con avanzadas hasta Abuná.
”Tercero. Brasil contribuirá aduana en Acre, dando a Bolivia 50% de la renta
que produzca la zona al sud paralelo 10º-20º.
”Cuarto. Si en cuatro meses no se llegare acuerdo directo cuestión, será
sometido a arbitraje. Cumplido dicho plazo fuerzas brasileñas se retirarán al norte,
paralelo 10º20’.
”Háyenos dirigido cintacue paves lisos sopa ropaje enjuto veloce exuda
novarta jabato pateras ahogo otorgas evacue vejote evacue oidease nigue evacue
toparás duda dosemita. Incluid colas evacue la paz desman plebea evacue limar
tarines cargas exuden otorgas treceretiras quejas intensa hayenos nutrido rodada
bunio glacea evacue retaba muran tea quejas morón palpito dudado ahogo billares
puta lendaba zizas placear chiotas violas hayenos indoles acusen vequera
rodaron evacue nutrido gorrero pujante zampa tupido quejas ropaje veloces
untabas rabeo hayenos roburia glasé, evacue nutrido balden ropaje tarines rodana
hayenos robaría glase evacue ondease, argayo murar han habado ludaba tuteo
engrama evacue ropaje vequera visaya laboro abada robora toparás reseda
algara huía paridas pieri ropaje hayenos inginaces Capriles”.
Que me es honroso transcribir a usted suscribiéndome con altas
consideraciones y respetos, su muy obsecuente.

Seguro servidor
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Antonio V. Barba

Las “bases chilenas” para seducir a Bolivia


De Luis Salinas Vega a Alberto Gutiérrez*

Berlín, 27 de noviembre de 1911


Muy estimado amigo:

El recorte que me manda usted, y que se lo agradezco, se refiere al acto crítico


y decisivo de mi vida, el que ha impreso rumbo a mi existencia [y que] ha dado
lugar a que me muerdan y despedacen y me ha cortado las alas para volar.
Hace tiempo que yo he hecho luz sobre este asunto, primero en el opúsculo
“Mi defensa”, que publiqué cuando me cerraron las puertas de la Convención y
después en el alegato que el doctor Ismael Montes presentó a mi favor en el
Congreso de 1893, cuando la acusación contra Daza y Reyes Ortiz. Ahora tengo
que decirle sincera y lealmente que lo dicho en el recorte que me remite usted es
exacto en el fondo, si bien en los detalles falta algo de verdad.
Santa María propiamente no me buscó, pero aprovechó de mí y de mi viaje a
Bolivia que yo realizaba sin otro propósito que el de repatriarme en ese momento
de guerra para realizar o, mejor dicho, tentar la realización de un proyecto que
todos acariciaban en Chile: la separación de Bolivia del Perú y el cambio del litoral
por Tacna y Arica.
En abril de 1879 todo el mundo, y especialmente los hombres dirigentes,
sentían la necesidad de atraer a Bolivia y rectificar su frontera con la adquisición
de Tacna y Arica. Confieso que a mí me seducía este plan y que siempre he
creído que Tacna y Arica eran indispensables para la vida de Bolivia.
Por eso, cuando vi desarrollarse el proyecto y Santa María me propuso
transmitirlo a Daza, yo lo acepté con entusiasmo, creyendo hacer obra patriótica y
trascendental.
Yo no recibí notas ni comunicaciones de Santa María para Daza. Solo recibí el
encargo verbal de hacer saber a Daza que en Chile había buena disposición para
un arreglo con Bolivia mediante la cesión de Tacna y Arica.
Pero yo no fui tampoco a “tentar” a Daza, y solo me limité a decirle, cuando él
me mandó buscar a la casa en que me alojé en Tacna, la de don Manuel Granier,
que en Chile había buena disposición para un arreglo con Bolivia; que así me lo
había dicho el alma de ese gobierno
Texto Guía – Historia

[…] Domingo Santa María, y que habría posibilidad de entenderse fácilmente con
él si el gobierno de Bolivia se mostraba de algún modo dispuesto a oír [las]
proposiciones de Chile.
Debo decirle que, en ese momento, Daza y todos los bolivianos se
encontraban sumamente descorazonados, desilusionados y hasta heridos por el
modo como se les había recibido en Tacna, en donde habían podido también ver
que el Perú no estaba preparado para la guerra y carecía de elementos.
Y aquí debo declarar que encontré a Daza con ideas muy levantadas, lleno de
espíritu patriótico, ansioso de gloria y con profundo desprecio por el Perú.
Mostróse desinteresado, previsor, pero muy desconfiado con respecto a los
procedimientos de Chile, de los que ya tenía el conocimiento por las cartas de
Justiniano Sotomayor que Reyes Ortiz, Farfán y otros peruanófilos habían hecho
publicar por la prensa, creyendo dañar a Chile y hacerse valer ante el Perú. Daza,
meditando, y con esa rapidez de concepción de los hombres enérgicos, me
preguntó cómo podría hacer para entenderse con Chile.
Le contesté que Chile podría mandar un emisario, secreto o público, siempre
que supiese que él le respetaría y agregué que, a mi juicio, ese emisario podría
ser don Eusebio Lillo. Me preguntó quién era Lillo y muy sorprendido yo de que no
le conociera, pues Lillo había estado varias veces en Bolivia, le dije que era un
poeta muy celebrado y con grandes relaciones en Bolivia. Manifestó cierto
desagrado, diciendo: “Estos escritores nunca sirven para nada”. A lo que yo le
repliqué que Lillo era una persona de importancia, muy amigo del presidente Pinto
y más del ministro Santa María.
Daza se mostraba meditabundo, buscando, a mi juicio, en la memoria quién
pudiera servir para el caso y llegó a preguntarme si podría ser bueno para el
efecto Eguino, un teniente coronel que estaba en Chile como prisionero de
Calama. Le contesté que no, porque no creía que Santa María confiase tan alta
misión a un personaje secundario y fui yo mismo quien entonces le indicó el
nombre de don Gabriel René Moreno.
Antes de salir de Chile, yo había hablado con Moreno de esos asuntos, le
había comunicado las ideas de Santa María, manifestándole que este me
encargaba transmitirlas a Daza y hacerlas conocer en Bolivia. Yo no tenía mucha
intimidad con Moreno, que era de mucha más edad que yo, y le trataba con el
respeto que me inspiraba su carácter, su reputación literaria ya hecha y su
posición superior a la mía, pero en aquellas horas de congoja y ansiedad
patriótica, solíamos departir sobre la guerra, discutiendo el problema de la victoria,
comunicándonos nuestras esperanzas, confesando nuestros temores.
Él era optimista y, aunque habiendo vivido muchos años en Chile, no lo
consideraba pueblo guerrero ni se mostraba consciente de sus elementos de
fuerza. Juzgaba que Bolivia y el Perú, aliados, constituían una fuerza muy superior
a la de Chile; creía que las naciones de Europa y América no habían de consentir
en la expansión de fronteras que Chile pretendía y que, aun cuando el triunfo
favoreciese a Chile en los campos de batalla, la victoria había de ser a la larga de
los aliados, que con su resistencia aniquilarían a Chile.
Texto Guía – Historia

Yo solía discutirle, alegando que las poblaciones del Perú y Bolivia no podían
prestar gran contingente guerrero, que los recursos bolivianos habían de agotarse,
que nos faltaban jefes idóneos y que el Perú era una entidad negativa, que a
Bolivia le convenía más la adquisición de Tacna y Arica que la posesión del litoral,
etc. Y en este punto debo hacer notar que Moreno, que había crecido en Sucre y
cuyas afecciones eran todas por el sur de Bolivia, no daba gran importancia a la
adquisición de Tacna y Arica, que yo consideraba de vital importancia para Bolivia.
Pero el punto en que más divergíamos era el referente a la intervención de la
Argentina (que Moreno creía inevitable), mientras [que] yo la consideraba, más
que dudosa, irrealizable. Moreno había sido amigo de don Félix Frías y de don
Santiago Estrada y de otros argentinos que odiaban fuertemente a Chile y las
ideas de estos las hacía extensivas a todo el pueblo argentino.
A pesar de mi inexperiencia, juzgaba yo que la Argentina, pueblo cosmopolita
y de tendencias especulativas, negligente y flemático, no se lanzaría a la guerra
para sostener un ideal tan abstracto como el del “equilibrio americano” y que, por
otra parte, si quisiese hacerlo, contra la voluntad de sus hombres dirigentes, tan
amigos todos de Chile como enemigos de Bolivia, sería contenido por el Brasil.
Estas discusiones casi familiares o, mejor dicho, charlas íntimas que traslucían
la zozobra de nuestras almas y las ansiedades de nuestro patriotismo, fueron la
base del papel muy importante pero oscuro, y que se prestó a interpretaciones
diversas, por desgracia, que ambos desempeñamos en los meses de abril y mayo
de 1879. Yo intervine, llevado por un ardor juvenil y patriótico, bajo la inteligencia
de que Bolivia podía adquirir Tacna y Arica, con lo que, a mi juicio, sería grande,
feliz y, sobre todo, completa e independiente.
Moreno obró bajo el supuesto de ejecutar un acto patriótico cuya importancia
no se le ocultaba, pero cuyas responsabilidades le asustaban. Conociendo mejor
que yo la vida y los vericuetos de la política, vacilaba, temía y solo se decidió
cuando supo que el presidente de Bolivia estimaba necesariamente su concurso.
Por otra parte, de carácter sibarita y tímido, Moreno se asustaba ante las
contingencias de un proyecto secreto, de una aventura arriesgada, cuyas
emergencias podían ser desagradables. Lo que principalmente hacía vacilar a
Moreno era la mala idea que tenía de Daza, a quien calificaba de déspota,
arbitrario, ignorante y mal intencionado. Se consideraba su enemigo y temía
encontrarse al alcance de la mano de él.
Yo, por el contrario, sin conocer a Daza, tenía de él un concepto muy elevado.
Para mí, militar, joven y valiente, debía ser hombre ansioso de gloria y del bien de
su país. Así me lo pintaron también el coronel Eguino y algunos de los prisioneros
de Calama. Moreno, espíritu recto y tímido, si bien comprendía las grandes
ventajas que podían resultar para Bolivia de un arreglo con Chile, sentía
repugnancia a entenderse con un país que sorpresiva y casi traidoramente había
ocupado el litoral y, a la vez, mostraba resistencia a abandonar al Perú. Juzgaba
Moreno que el Perú podía hacer frente a Chile y que la alianza pactada por Adolfo
Ballivián, de quien era idólatra, debía respetarse. Para él, las ventajas que podrían
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alcanzarse mediante arreglos con Chile nunca serían tantas que las que se
obtuviesen con la victoria.
Hacía poco tiempo que Moreno había estado en Lima y tenía sobre los
recursos, la riqueza, la fuerza y el poder de este país, una idea exagerada. De ahí
sus vacilaciones y repugnancias para aceptar abiertamente un arreglo con Chile.
Conviene tener presente que, antes que a mí, y por diversos conductos muy
autorizados, habían llegado ya hasta Moreno esos proyectos de arreglos. Él,
Moreno, tenía excelentes relaciones sociales con todos los hombres que
ocupaban el gobierno en Chile: Alejandro Fierro, Cornelio Saavedra, Francisco
Puelma, los Concha, los Vicuña… eran todos amigos de él y todos alimentaban
las ideas de paz con Bolivia, que eran dominantes en Chile.
Así pues, cuando yo hablé con Daza, le manifesté que Moreno era la persona
que podía informarle mejor sobre estos antecedentes, y la que podría venir a
Tacna sin despertar sospechas; y aquí es preciso notar que Daza se mostraba
muy temeroso de que el Perú se apercibiese de cualquier tendencia a favor de la
paz.
Me dijo que con la publicación de las cartas de Sotomayor, los peruanos y
especialmente el almirante Montero, estaban muy recelosos, que, además en el
mismo Ejército boliviano, se había despertado un sentimiento de hostilidad al
Perú, hostilidad que sus enemigos trataban de explotar.
Me habló entonces, colérico, de la actitud de algunos políticos bolivianos,
como don Belisario Salinas (que sin embargo patriótica y abnegadamente había
venido a incorporarse al cuartel general) y Federico La Faye, contra el cual se
manifestaba enconado y temeroso.
En resumen, después de muchas divagaciones que es inútil consignar, Daza
me pidió volviese a Chile, especialmente para hacer saber a Moreno que estaría
dispuesto a discutir proposiciones de paz de parte de Chile, que le recibiría con
todo afecto, que nada temiese y que, sobre todo, se convenciese de que,
trasmitiendo las proposiciones de Chile, prestaría un servicio importante a su
patria. Me recomendó todavía dijese a Santa María que yo había sido bien
recibido, que él había escuchado con satisfacción que existía en Chile una
corriente favorable a la paz con Bolivia, y que en todo caso él trabajaría por todo lo
que fuera ventajoso para la patria.
Salí de Tacna, de vuelta para Chile, en el primer vapor, seis o siete días
después de haber llegado allí, llevando en mi ánimo el convencimiento de que
Daza se inclinaba a un arreglo con Chile, pero sin poderme explicar el misterio, la
oscuridad de que se rodeaba. A mí me exigió la más grande reserva y hasta me
obligó a jurar que a nadie revelaría nada de lo que habíamos hablado, lo que sin
embargo se traslució en Tacna, no por indiscreción de nadie, sino por las
cavilaciones y sospechas que se producen siempre acerca de los actos de un
presidente.
Es un punto muy importante y que el historiador debe tener muy en cuenta,
que mientras yo fui a Chile, el presidente Prado, con algunas fuerzas llegó a
Texto Guía – Historia

Tacna, haciendo propalar la voz y afirmando él mismo de que se negociaba la


compra de buques de guerra y mucho armamento en Europa. Esto, renovando las
esperanzas, avivó la alianza de bolivianos y peruanos. Desde Coquimbo avisé mi
vuelta a Moreno y, en cuanto llegué a Santiago, visité a Santa María, que había
tenido cuidado de enviar a mi encuentro a su hijo don Ignacio, no sé si para
protegerme o para celar mi discreción.
Dos o tres días después de mi llegada a Santiago, se produjo la catástrofe de
Angamos, que fue la ruina de la armada peruana y que cambió por completo la
situación bélica dando a Chile la superioridad naval, que fue el elemento principal
de su victoria.
Naturalmente, desde ese momento las cosas cambiaron y la opinión de Chile,
que se mostraba favorable a un arreglo, dejó de manifestarse así. Desde entonces
la ambición de Chile creció. El pueblo vio las probabilidades de un triunfo fácil y los
políticos se mostraron con ideas contrarias a las manifestadas antes. La corriente
de amistad y benevolencia que había existido se cambió por una de animosidad.
De ahí que Santa María, o mejor dicho el gobierno de Chile, del cual aquel era
el alma, recogiese velas, como vulgarmente se dice. Ya Santa María no me volvió
a hablar, y ni aún pude verle más tarde. Con Moreno se entendió, pero según
supe por este mismo, lo hizo con frialdad, con despego, como quien realiza un
hecho que le importa poco, o del cual nada espera.
Esto explica por qué las instrucciones que llevó Moreno y las proposiciones
hechas a Daza, fueron tan mezquinas [y] hasta podría decirse [que] ridículas.
Ningún gobierno, en vista de ellas, hubiera dado el paso trascendental que se
perseguía antes y se aconsejó con tanto empeño. Moreno llegó a Tacna, en donde
encontró ya al presidente Prado y, si bien el hundimiento del Independencia había
debilitado considerablemente el efectivo de las fuerzas peruanas, las ilusiones y
esperanzas de los aliados habían crecido con los rumores de la compra de nuevas
naves, la intervención de otras potencias y la llegada de algunos escasos
contingentes de tropas.
Prado dominaba a Daza quien, además, estaba sugestionado por el círculo
peruano del que formaban parte Reyes Ortiz, Farfán, Carlos Basadre y Guillermo
Mac Lean, y algunos extranjeros como Hellmann, Outram y otros casados con
peruanas. Había aún la sugestión de los políticos guerreros à outrance, como
Camacho, el general Jofré, Nataniel Aguirre, Espectador Rivas y casi todos los
bolivianos que se mostraban iracundos y furiosos contra Chile, al que acusaban de
conducta felona, artera, etc.
Todos estos se mostraban llenos de esperanzas en un próximo triunfo y
creían, como artículo de fe, todo lo que Prado decía respecto a la adquisición de
naves de guerra, armamento e intervención de los Estados Unidos o la Argentina.
Naturalmente, aquel medioambiente influyó en la resolución de Daza, y de ahí
que, en cuanto llegó Moreno y le entregó las proposiciones que llevaba,
desprendiéndose de ellas como ascua que le quemaba la mano, Daza, con infantil
candidez, las entregó a Prado. Ya no veía tan desesperada la situación y creyó
Texto Guía – Historia

preferible seguir con el Perú antes que unirse a Chile, que en resumen de cuentas
no ofrecía nada.
Que Daza aceptó el hecho y reconoció que el viaje de Moreno obedecía al
llamado de él, o mejor dicho a las órdenes que yo le transmití, lo prueba el hecho
de que Moreno pudo volver tranquilamente a Chile y, más que todo, de que Daza
le nombró secretario de la legación de Bolivia en París. Ahí tiene usted, mi amigo,
la relación sucinta y verdadera de los hechos que narra Bulnes y que, como buen
amigo, ha puesto usted en mi conocimiento.
Quizás debo agregar todavía que yo pude ver en Santiago a Moreno de vuelta
de Tacna, desilusionado, abatido, creyendo haber sido el juguete de una intriga y
sintiendo haberse mezclado en un asunto que él no creía perfectamente correcto.
Rabiaba contra Santa María, considerándole el Mefistófeles de Daza, y contra
este, juzgándole falso y artero. Moreno volvió creyendo sinceramente en el triunfo
de los aliados. A pesar de haber vivido tantos años en Chile, desconocía los
recursos y el empuje de este pueblo que, por otra parte, fue para todos una
revelación y un prodigio de esos que solo el patriotismo opera. Venía, además,
con las esperanzas que Daza le hizo consentir, revelándole las que Prado
alimentaba sinceramente o falsamente y [que] propalaba con empeño acerca de la
adquisición de blindados e intervención de la Argentina o Estados Unidos.
Por mi parte yo, después de Calama, nunca creí en el triunfo de los aliados, ni
en intervención alguna, menos en la de la Argentina, y quedé asombrado y
anonadado al ver de cerca el entusiasmo y ardor con que los chilenos de todas las
clases se lanzaron a la guerra. En el punto referente a las expectativas de la
victoria, diferíamos sustancialmente con Moreno, que al principio la creía dudosa a
favor de Chile; después de su viaje a Tacna, muy posible a favor de los aliados, y
solo al último, después de las batallas de Tarapacá, vislumbró el resultado final,
[que] deploramos.
En cuanto a mí, volví a Tacna y de allí a La Paz y mi opinión actual, después
del transcurso de tantos años, es que Santa María obró al principio de buena fe,
queriendo atraer a Bolivia, dispuesto a darle Tacna y Arica, no por favorecerla,
sino a cambio del litoral, en odio al Perú, al que detestaba y porque juzgaba
entonces que Chile, con la adquisición del litoral boliviano y de Tarapacá, se hacía
suficientemente grande.
Mi convicción es que Santa María obrara entonces sincera y lealmente,
tratando de realizar las ideas que alimentaba desde años atrás, desde que estuvo
en el Perú conforme a su patriotismo y criterio de chileno y que, en aquella época,
eran generales en Chile. No debe olvidarse que las proposiciones de Chile, traídas
por Moreno, sirvieron eficazmente para modificar el tratado de alianza, que era
muy oneroso para Bolivia. Merced a ellas, muchas de las obligaciones que
pesaban sobre Bolivia, fueron canceladas o modificadas.
De esta fiel y exacta relación referente al punto histórico que trata Bulnes, se
desprende que obré honradamente y creyendo servir con patriotismo los intereses
de mi país. Si erré, si obré como iluso, si quizás procedí mal, fue en todo caso
honradamente y guiado por el más puro patriotismo. No creo haber sido iluso, ni
Texto Guía – Historia

menos obrado mal, porque la verdad es que en aquella época la opinión chilena
era favorable a Bolivia, y la oportunidad propicia para una rectificación de fronteras
y la realización del sueño dorado de los más ilustres bolivianos: la posesión de
Arica.
El tiempo y los hechos están probando que Bolivia necesita de Tacna y Arica;
y yo fui, guiado por el buen sentido y la sana razón, a la consecución de ese fin.
Desde que todos en Chile, en esos momentos, ansiaban un arreglo con Bolivia
sobre la base de Tacna y Arica, hubo sobrado motivo para que yo juzgase posible
la realización de ese acontecimiento trascendental.
Aquella corriente de opinión era tan poderosa que es ella la que decidió a
Santa María a poner en práctica su plan diplomático que parecía a todos de muy
fácil realización dadas las ventajas que él ofrecía a Bolivia. Aquella idea dominante
persistió con fuerza en Chile, hasta la batalla de Tacna, si bien ya algo debilitada
por la ocupación de Tarapacá que, avivando la ambición chilena, hizo ver la
posibilidad de la victoria sin la necesidad de la concurrencia de Bolivia y le infundió
nuevas ambiciones.
Fue entonces que, para contener y desvirtuar las corrientes de opinión
favorables a Bolivia, lanzó Vicuña Mackenna aquel famoso grito de tan
trascendental consecuencia: “¡No soltéis el morro!”. Ese grito histórico cambió la
opinión y está probado que, hasta entonces, se pensaba en Chile dar a Bolivia
Tacna y Arica, o sea sintéticamente, el morro. Estoy tan convencido de haber
obrado entonces bien y patrióticamente, que si se repitiesen los sucesos narrados,
y se me presentase la ocasión de desempeñar igual papel, no vacilaría en
aceptarlo, aun cuando sea sacrificándome. Las amarguras, sufrimientos y torturas
que he experimentado por mi pasada actuación, no debilitarían mi propósito,
siempre que se tratase de la adquisición de Tacna y Arica. El éxito no coronó el
plan de Santa María, que era la idea dominante en Chile.
El destino frustra así, en veces, los más bien intencionados propósitos y
cambia el curso de los sucesos. El éxito hace a los hombres grandes y les da
gloria. Un fracaso arruina, desprestigia y aún mata. Fui víctima del destino como
Bolivia entera fue víctima del acaso. La victoria la habría hecho grande; la derrota
la ha empequeñecido. ¡Quién pudiera prever los sucesos y predecir el futuro!

Créame siempre su seguro servidor.


L. Salinas Vega

Sobre la génesis del país y el sentimiento de la naturaleza y la religión


De Carlos Medinaceli a José Enrique Viaña
Texto Guía – Historia

Valle de San Pedro, a 12 de abril de 1928


Querido Teodorico:

Desde hace tiempo teníamos interrumpidas estas comunicaciones que con


tanta complacencia manteníamos antes. El curso voltario de nuestras vidas hizo
que las dejáramos. Hoy que nuevamente “me encuentro en el campo” y disfruto de
estas largas horas agrestes que los hombres civilizados no sabemos en qué
emplear, se me ha ocurrido escribirte para desahogarme, para manifestarte una
mínima parte de los sentimientos e ideas que me dominan.
Y, ya que estoy en el campo, te hablaré de él. Son tan contradictorias mis
ideas, tan diversos sentimientos me contristan; tanto es lo que tendría que decirte.
En fin… Empecemos por la geografía. El lugar es una quebrada profunda, entre
altas montañas, en cuyas faldas verdean los sembradíos. Es un valle ya bastante
ardiente, pues se halla en las proximidades del Pilcomayo. La tierra es tan fértil,
acaso más que las de Camargo. En las serranías pizarrozas lozanan los parrales y
hay profusión de árboles frutales, como durazneros, manzanos, naranjos, limones,
chirimoyas, olivos, palmeras…
Según lenguas, la finca en que me alojo fue un condado en la época colonial.
Existe todavía, aunque en categoría de ruina, la casa solariega. Pero la capilla,
consagrada a San Pedro, se alza al centro del viñedo, en la cima de una colina, y
en regular estado de conservación.
Circulan alrededor de la casona multitud de leyendas, cosas de aparecidos,
entierros de tesoros, etc., que le hacen un halo de misterio y poesía. Lo mejor […]
como ya ves, para un hombre como yo, nostálgico y añorante. La naturaleza,
invencible y jocunda, no ha respetado leyendas ni ruinas; y lo que fue salón de
recepciones de los castellanos, hoy cría hierba y los parrales retuercen sus
troncos voluptuosos en torno a los molles. En lo que fuera habitación de solemne
hidalgo, han alzado hoy una falca para la destilación de licores.
Todo esto es muy natural y muy humano… Ya no habitan la morada condes ni
hidalgos; habítanla hombres que han conocido el régimen republicano y viven bajo
gobierno democrático. El actual patrón de esta finca, buen caballero en el fondo,
tal vez tiene un poco de espíritu democrático y, si habla respetuosamente de
libertad, derechos del hombre e invoca con veneración las sombras de Bolívar y
Sucre, entiende la libertad en una forma muy distinta a como la sien-te el
empleado de un ministerio, por ejemplo. Este nunca ha conocido “el sentimiento
de propiedad” y sabe menos qué sea hombre que manda sobre hombres.
Y esto es lo que ignoramos en Bolivia y es necesario comprender. La guerra
de la Independencia, que glorificamos tanto, y el régimen democrático bajo el cual
vivimos, no han logrado (ni podían tampoco) transformar las almas ni subvertir los
hábitos que en nuestro país se formaron en los tres siglos de coloniaje.
Texto Guía – Historia

En nuestras ciudades, solamente comerciantes y burócratas, en general


burguesía y obrerismo, se puede decir que tengan “espíritu democrático” y
veneren los dogmas de la revolución francesa. En el campo, no. Esta corrupción
racionalista y civilizada no ha logrado infundirse. Siguen las gentes viviendo en
una época anterior, con otros sentimientos y costumbres, con un alma campesina
y feudal; y tanto el patrón como los colonos, equivalen al señor y vasallos
medievales.
Y no creas, querido Teodorico, que haga esta observación con desencanto, o
en tono de censura: no. Todo lo contrario. Pienso que, más bien, es porque ni la
civilización ni el modernismo han invadido aún la campiña que Bolivia se puede
considerar todavía un país sano, con grande reserva de energía vital… Lo
corrompido en nuestro país, y más que corrompido, artificioso y falso, son las
ciudades y la vida de ciudad; lo verdadero y sano es el campo, y son las
campesinas costumbres. ¿Que el campesino no conoce la libertad [y] no practica
la democracia? Pues, tanto mejor: la libertad y la democracia son, precisamente,
dos síntomas de decadencia, de corrupción racial, social y política.
Vuelvo a mi idea de antes. Creo que al proclamar nuestra Independencia
(ponderado 25 de mayo) dimos un paso en falso, prematuro y atolondrado, como
toda cosa que se hace por imitar, seguir la moda, no por necesidad vital y
mediante evolución gradual. La llamarada romántica de la revolución francesa nos
deslumbra, cegándonos; el afán de libertad y democracia nos vino de Europa, por
prurito de moda; y la pésima política española (el imbécil de Fernando VII) tuvo en
ello mucha culpa. En suma, nos corrompimos por contagio.
Éramos un pueblo sano, de costumbres y vida aldeanas y feudales, que se
desarrollaba normalmente pero, de repente, se nos ocurrió proclamarnos libres y
soberanos a imitación de Francia, que tenía 10 o 15 siglos de cultura y estaba
arribando con la senectud a sus postrimerías. Fue como si un adolescente, recién
púber, se hubiera contagiado, al primer impacto amoroso, de costumbres y
refinamientos crapulosos y sobre la pureza e idealismo de sus años juveniles se le
hicieran presentes síntomas de impotencia, como a un agotado conde Des
Esseintes. Por eso Bolivia da ese espectáculo “tierno y lastimoso” de país
semisalvaje con las formas de gobierno más civilizadas. Grotesco.
Es una paradoja que tiene, en la práctica, calamitosas aberraciones. Es decir,
la forma de gobierno democrático no existe más que escrita en ese libro, que está
ya mugriento por tanto que lo han sobajeado los tinterillos: la Constitución Política.
En realidad, nuestro gobierno no sabe qué hacer. La mayoría de nuestros
presidentes, si no todos, han sido caciques con trampantojos de leguleyos, por lo
que tuvieron que actuar dentro del caciquismo típico. Y ello por la aberración que
anoto: por el salto precoz que dimos del feudalismo colonial ultramontano al
republicanismo racionalista.
Yo no creo que hasta hoy se haya dado un boliviano, uno, que amara la
libertad porque si amar la libertad es trágico, más trágico es poseerla sin
merecerla. Los hombres que la han perseguido en su forma absoluta han conocido
Texto Guía – Historia

el frío que congela hasta la médula del alma. Nietzsche, por ejemplo. Nosotros no
podremos amarla, ni desearla siquiera.
¿Qué haríamos con ella? Sería tanto como poseer los tesoros de Aladino en
un desierto en donde no tendríamos en qué emplear tanta riqueza.
En fin, largo y tendido podría hablarte de este asunto, pero la carta va
corriendo peligro de transformarse de sencilla misiva, dirigida a un amigo sencillo,
que primitivamente era en disertación sociológica, ya que no de “hombre sencillo y
errante”, cual este tu amigo, sino de alguno de esos tremebundos aspirantes a
licenciado en leyes que se preparan para sus terribles escritos ante los tribunales
ordinarios.
Al diablo las leyes. ¡Viva la libertad!
Ya ves que, sin quererlo, se me ha venido a la punta de la pluma esta
irreductible antinomia de todos los días, tan fatal como el destino. Se la podría
formular en términos silogísticos, así: si existe la libertad, no deben existir las
leyes; si existen las leyes, no puede haber libertad… De este círculo vicioso, como
del tiempo y del espacio, no es “posible librarse”.
La libertad pura, querido Teodorico, no existe sino en las impuras
constituciones, así como el amor (puro también), no se le encuentra en otra parte
que en las novelas. La libertad no existe sino en forma harto restringida, reducida
a nimia expresión: libertad para el gasto de la casa, la llamaría yo.
Es la libertad que se tiene, por ejemplo, de propinar una soberana paliza a la
mujer y armar batiburillo de los mil diablos cuando, medio borracho aún, después
de semana de juerga, uno regresa al hogar.
Esta, nuestra gloriosa libertad, es la que disfruta nuestro pueblo soberano. Yo
no la disfruto porque aún no tengo mujer; el día que la tenga, ya verás… cómo
hago respetar mi libertad. Sí, cada uno de los bolivianos debemos ser, aunque sea
solamente en nuestras casas y delante de nuestras mujeres, unos luises catorce,
reducidos, a ser posible, al diez millonésimo o al uno por mil.
Algunas veces, cuando estoy de mal humor, la pego a mi cocinera: es una de
las pequeñas libertades que me gasto ignorante de si la Carta Magna me la
reconoce. Pero mi cocinera me cuesta 12 pesos mensuales y sin ellos no podría
disfrutar esa mi libertad. Con que hasta la libertad cuesta plata en este mundo.
Nuestros antepasados que, según dicen los libros de historia y los oradores de
plazuela, dieron su sangre por legarnos libertad e independencia, debieron
legarnos además plata para que así la dicha sea completa.
Pero volquemos esta hoja y hablemos de algo menos abstracto y lamentable.
Prefiero narrarte lo que me ha sucedido ayer. Cosa tierna “y lamentable” pero no,
felizmente, abstracta. Tú debes saber, Teodorico querido, que “hay momentos en
la vida” en los que el hombre se siente romántico cuando, hacia el atardecer,
contempla desde un jardín la dulzura del crepúsculo o, en noche de luna, va por la
alameda del brazo de una menegilda, si bien, modernamente, hay hombres de tan
mal gusto, que se romantizan en un cinematógrafo. Yo, quién lo creyera, me he
Texto Guía – Historia

sentido romántico al ver sembrar una miskhita de papas. No te rías, que la cosa es
muy seria.
Y voy a decirte por qué.
Ayer durante la mañana concluí de leer (por fin) el formidable libro de Spengler
(ya apareció aquello: la inevitable Decadencia de Occidente). Me dejó sensación
de malestar, de tristeza, de cósmico pesimismo. De él salí como después de haber
concurrido al Apocalipsis de San Juan… ¿Para qué leerá uno esos libros? Es,
como te decía, una lectura acre, acerba. Eso de ver cómo el hombre es una arcilla
en manos del destino y que todos sus pasos en este pequeño planeta, que se
llama Tierra, son tan vanos como el correr de los vientos, o el vuelo de los
insectos y que todo lo que amamos y veneramos serán ya ni recuerdos mañana.
Me dejó con sensación tal de inanimidad, que me quedé saudoso, suspirante de
mi antigua ignorancia, triste, desencantado como la virgen que ha dejado de serlo
y comienza a saber que la carne es triste.
Tal vez me habría abandonado al pesimismo y hasta me habría arrojado al río
que está, precisamente, en creciente, formidable y seductor como una Loreley que
nos llama desde el fondo de la vorágine. Al no haber encontrado en mí apetito tal
de vivir, espíritu de contradicción tan insofrenable, decidí echar de lado todas las
telarañas metafísicas de Spengler e ir a darme un baño de salud y de vida.
Vamos a la chacra, me dije. Quédate ahí tú, Splenger, con tus ciclos culturales,
yo me voy a ver sembrar papas, que es más lindo… Estaban preparando el
terreno y cuando llegué, mi primo Luis, mocetón alto y robusto, tenía cogido el
arado por la mancera; sudoroso y olímpico iba abriendo los surcos. Encantadora
visión pagana y agrícola… Cuando concluyó, después de que arrojaron la semilla,
se aproximó gozoso, con una sonrisa de salud brincándole en los labios.
—Cuando recoja la cosecha –me dijo luego–, le mandaré de obsequio una
carga de fruta a mi novia…
Y se tiró a descansar a la sombra del bíblico manzano, abiertos los brazos y
perdida la mirada en el profundo azul de ese cielo ático. Y pensé en la tranquila
felicidad de este muchacho, en su bondad de alma y en su ausencia de
complejidades. Cuánto placer ha de sentir cuando, mañana, al levantar la
esperada cosecha, envíe el prometido presente a su novia, fruto de su trabajo, de
su afanosa labor, de su terrígena religiosidad, y su novia le reciba con el ternuroso
sentido femenino, rural y hogareño, que tienen las mujeres, libre de las infecciones
del civilizado…
Allí recordaré los geniales atisbos de Spengler.
“El que cava y cultiva la tierra –dice– no pretende saquear la naturaleza, sino
cambiarla. Plantar no significa tomar algo, sino producir algo. Pero al hacer esto el
hombre mismo se torna planta, es decir, aldeano, arraigado en el suelo cultivado.
El alma del hombre descubre un alma en el paisaje que le rodea. Anúnciase,
entonces, un nuevo ligamen de la existencia, una sensibilidad nueva. La hostil
naturaleza se convierte en amiga. La tierra es ahora la madre tierra. Anúdase una
Texto Guía – Historia

relación entre la siembra y la concepción, entre la cosecha y la muerte, entre el


niño y el grano”.
Y así es. El hogar perfecto ha de tener sustancias campesinas. Hay un hondo
encanto, encanto vital, humano, cósmico, metafísico, en este hombre que, durante
el día, rotura la tierra: la ha regado y preparado y, por la noche, va a dormir con su
mujer a la sombra de la casa que levantó su esfuerzo, cuyo techo fue puesto por
sus manos. En este hombre que ve crecer sus hijos, a la par que fructifican sus
sementeras y sabe que, cuando mañana se rinda al tributo de la muerte, no morirá
del todo, porque los hijos de su sangre seguirán alentando en esta misma tierra,
que fue de sus mayores, es suya y mañana será de los de su estirpe.
Si yo (pienso para mi capote) en vez de hombre de ciudad, de parásito del
Estado, hombre de universidad, un civilizado en suma, pudiera olvidar todo lo
aprendido de los libros y de los hombres y recobrara aquella simpleza de alma,
aquella fe en la gleba, y tuviera mujer a quien pudiera gozosamente mandarle una
carga de papas, sembradas y cosechadas de mi mano, cuán feliz sería… Por solo
esto, que es la paz del alma, diera yo toda la inteligencia que dicen que tengo, los
refinamientos todos que la cultura nos da.
Sí, no hay duda que cuando más se aparta el hombre de la naturaleza y más
aspira a la libertad, es más desgraciado y más esclavo.
Buen Teodorico, siento la nostalgia de una fe que dé sosiego a mi corazón y
paz a mi alma, cansada de preguntar a las estrellas dónde está ese Dios bueno a
quien solía rezar de niño, con aquellas palabras que me enseñó mi madre y que
decían: “El sueño de la inocencia hazme, señor, disfrutar…”. Así decía entonces y
ahora digo, así, de veras.
¿Estaremos llegando, después de haber saboreado el acre fruto del
racionalismo volteriano del siglo XVII y el burdo materialismo del XIX, a la segunda
religiosidad de la que habla Spengler? Lo deseo vivamente, mas a condición de
que implique el retorno a la terrígena de mis mayores, a la santidad campesina de
la vida del hogar, al severo culto hidalgo por la casa, la hacienda, la mujer y la
prole.
Ya ves, Teodorico, que mis propósitos de enmienda no pueden ser mejores.
Son las enseñanzas que se reciben de nuestra madre naturaleza. Ruega por mí
para que así sea, que yo no dejaré de encomendarte en las angustiosas plegarias
que mascullo ante aquel Dios desconocido, al cual Renán rezó hasta morirse de
aburrimiento.
Tuyo, Juan
Sobre Salamanca y la conducción de la guerra Del
expresidente Bautista Saavedra a la opinión pública

3 de febrero de 1933
Texto Guía – Historia

[…] Esta historia, pequeña historia, tiene por protagonista a un político que
ha llegado a gobernante. ¿Qué diremos, pues, de Salamanca? Que ha
equivocado lamentablemente su camino. Ha llevado el desvencijado carromato del
Estado, al cual tiene uncidos cuatro rucios de altiplano, al despeñadero inevitable.
Es que las riendas del gobierno no eran para sus flacas manos. Además, anda
divorciado de las ideas que mueven hoy al mundo. Los estremecimientos que
sacuden el siglo que cruzamos no han resonado en las cavernas en que aún mora
su espíritu sombrío. Sus doctrinas políticas se remontan a aquellas edades en que
las enseñanzas románticas del liberalismo hacían estragos en nuestros
entendimientos…
Fue el parlamento la arena donde empeñó sus mejores lides. Era insuperable
gladiador de la palabra. Académicos discursos, de arquitectura simétrica,
preparados en el apacible retiro de apartadas heredades, le valieron la reputación
de eximio orador parlamentario.
Bien es cierto que la historia de los parlamentos habla poco a favor de oradores
que hubiesen ensanchado los lindes morales o intelectuales de la humanidad. Si
no son sofistas, son embusteros.
Nunca le vimos dibujar en los horizontes patrios designios de reconstrucción
futura, ni despertó jamás en la conciencia de sus oyentes inquietudes de
renovación social. No fue –sin duda– un sembrador de ideales, ni un desbrozador
de estratos del alma boliviana. Tan solo era abogado de lógico y frío razonar que
defendía, sin arrebatos ni exaltaciones, el imperio de las libertades públicas y la
legitimidad de los derechos ciudadanos. Su único ideal político era refrenar a los
gobiernos. Solo que debía llegar un día en que no pudiera refrenarse a sí mismo…
Y de su incurable descontento, de su anarquismo intelectual, hizo un apostolado
dolorido… Y en medio de la borrasca, su única preocupación es aparecer sereno y
tranquilo. Siente inclinación invencible al disimulo. Todos sus actos se revisten de
una simulación cuidadosa. En su discreto mimetismo esconde, bajo una corteza
fúnebre e insensible, una hoguera inextinguible de odios. Es falso, egoísta,
inconsecuente. En sus afables maneras se descubre un desprecio por los
hombres. Su torva mirada se envuelve en un manto de protección irritada. En su
fingida sencillez hay una sincera hipocresía. Y la modestia rastrera que le
acompaña por donde quiera que anda no es sino una exhibición ostentosa de una
infinita soberbia.
El tiempo, cernidor de verdades, ha venido a probarnos que el ídolo no estaba
forjado en metal. Era de barro… Advino la revolución de 1920. El hombre símbolo
contribuyó a su éxito asilándose la víspera en un convento. Otro amigo suyo, su
lugarteniente, quiso también colaborar a su consumación huyendo, días antes,
hacia el mar. Todo lo cual no fue obstáculo a que ellos, y otros como ellos,
sostuvieran, con gran convicción, que ese movimiento político se había operado
para exaltar al gobierno al pontífice de las libertades públicas, que hacía rato
anhelaba alcanzarlo fingiendo no interesarse por él. En vano fue llamarle a la
concordia. Las heridas abiertas en los flancos de sus ambiciones frustradas no
cicatrizaban con bálsamo alguno. ¡Míseros mortales, no somos sino odres de
vanidad! Los partidos y los políticos se hicieron a un lado para dejar la vía libre a
Texto Guía – Historia

ese hombre que se empeñaba en gobernar después de no haber dejado gobernar


a nadie. Su simbólico destino era gobernar a espaldas de sus enseñanzas…
El aislamiento provinciano a que se retrajo le desvincul[ó] de las gentes y de
las ideas (25 años que no hojea un libro), convirtiéndole en un ser huraño, iluso,
insociable, receloso. Y hubo perdido el sentido de la realidad. Ha vivido en un
mundo de su exclusiva elaboración subjetiva, ajeno a los problemas más
acuciosos de su país. No es un hombre de Estado. Nada más parlamentario que
la intervención del parlamento en la formación de un ministerio. Pero Salamanca
se irrita y eleva el grito al cielo, en acentos homéricos, clamando venganza por tan
descomunal ofensa. Recurre a gentes maleantes que manda venir expresamente
de otras poblaciones y con ellas hace atacar a los parlamentarios, a quienes
aquellas huestes desgreñadas ultrajan de palabra y obra, dispersándolos a
pedradas. La audacia de ellas, secundada por agentes de policía, va hasta clavar
herrajes de acémila a las puertas del congreso…
De todas estas paradójicas lecciones, la historia sacará en limpio que
Salamanca no tuvo corazón para hacer el bien y le faltó valor para no hacer el mal.
Es un pobre hombre. Por “pisar fuerte en el Chaco” y escapar de la tormenta
política que amenazaba descargar sobre su cabeza, nos ha llevado a la guerra
cruenta que desangra a la patria y lleva al país a su ruina para después terminarla
con un arreglo claudicante en que nada habremos ganado.
En su rústica rusticidad, creyó que la guerra debíamos ganarla con solo salir
seis meses antes al teatro de ella. Asume el título de capitán general, él, a quien la
vista del uniforme militar le producía náuseas, para solo dirigir telegramas a
comandos militares ordenándoles ofensivas, toma de fortines y ataques a plazas
fuertes. Y cuando los descalabros se suceden, como consecuencia de tan hábiles
maniobras militares de este estratega de tierra adentro, entonces echa la culpa de
ellos a jefes militares. Se lava las manos.
Es que Salamanca pensaba como Calibán que el mejor momento para
gobernar tranquilo un país es cuando sus gentes de armas son batidas: así,
desconceptuadas, no podrán turbar su reposo somnoliento. Y así, a causa de su
falaz inconsciencia, estamos donde estamos: en medio de la bancarrota
económica y financiera, el hambre a la boca, anegados en sangre generosa;
girando en dantescos círculos de dolor, de miseria, de luto, de vergüenza. Estas
son las bienandanzas paradisíacas a que nos ha arrastrado la vanidad, la soberbia
y la ignorancia de este mesías durante 30 años prometido. Los grandes hombres
emprenden grandes empresas porque ellas son grandes. Los locos y los fatuos,
porque las creen fáciles […].
La Guerra del Chaco y la Standard Oil
De Carlos Montenegro a Eduardo Arce Quiroga

Buenos Aires, 14 de diciembre de 1938


Mi querido Edwards:
Texto Guía – Historia

Tuve una gran alegría al recibir tu carta y, aunque soy el primero en reconocer
que el no contestar una misiva causa un complejo de inferioridad irremediable,
incurrí en el pecado que abomino, debido a que tuve que hacer un segundo viaje a
Monte-vide-eu, que es como se pronuncia el nombre primitivo de la capital
uruguaya, amén de tener ocupaciones retrasadas que llenar aquí –precisamente a
causa de mi viaje–, con todo lo cual el anterior párrafo me va saliendo tan
enrevesado como una página histórico macedueñesca.
Y bien, Edwards. Encantado de poder cruzar contigo el arma visible de las
ideas, arma contra la que, por ser invisible, se estrellan los brutos. (La frase me
descubre un secreto sentido de relación que hay entre el bruto y el huevo, porque
los dos casi siempre resultan o hueros o estrellados, perdonándoseme lo
complicado de la imagen.) Leí, justamente en la revista que me enviaste, unos
apuntes tuyos en materia chaqueña e iba a escribirte sobre ellos con afecto no
menor que interés. Pero lo ocupado que ando me quitó la oportunidad de hacerlo.
Tu artículo, además de la página en que se encuentra y sobre cuyo significado
alusivo (el de la página) reservo todo comentario, tenía un ligero error que me
interesaba esclarecer precisamente a título cordial y aun subjetivo. Ese error
consiste en admitir que Bolivia hubiese sido, en efecto, víctima de un “cuadrillazo
internacional”, frase que, como todas las que burilaba Salamanca, es de una
impresionante graficidad y de un finísimo sentido para penetrar en la psicología del
pueblo. Para Daniel esa era la verdad indiscutible y la afirmaba con un coraje y
una honestidad que, aun en los actos diplomáticos, mostró y mantuvo intactos
aquel hombre que nunca se calló por miedo las cosas que debía expresar.
Pero la realidad no respondía propiamente al enfoque salamanquiano, pues
las naciones no dieron cuadrillazo alguno a Bolivia, víctima de la criminalidad
imperialista que actuaba, por órgano de los gobiernos, utilizando el ropaje de lo
nacional y lo internacional, precisamente para que los hombres honrados y
patriotas como Sala-manca y, mejor aún, los obcecados del patriotismo como
Salamanca lo fue, admitieran que se trataba de un conflicto internacional cuando
no había, por en medio, más que un sangriento juego de damas para que la
Standard Oil pudiese imponer a la Argentina abrir su mercado petrolífero para esa
empresa.
Le interesaba, por lo mismo, dar a este crimen la categoría de un asunto
internacional porque comprendía que era monstruoso el utilizar a dos pueblos en
la tarea de espantar a América con la matanza de esos dos pueblos, para que de
la matanza y del espanto surgiese el arreglo que abriera los mercados del Plata al
petróleo que la Standard robaba de Bolivia. El planteamiento del asunto lo
conocerás pronto en un libro que voy concluyendo y que se llama El petróleo es
nuestro. Este libro desmiente los acertijos con que el socialismo y aun el
comunismo, tanto boliviano como extranjero, ensayaron para dar con la clave del
conflicto, creyendo que él era un resultado inevitable de la pugna imperialista
yanqui británica por el dominio del petróleo. Como acertijos resultaban
aproximados unilateralmente a la verdad, pero no eran la verdad misma.
Texto Guía – Historia

Fue difícil dar con esta verdad hasta después de la guerra que, de todas
maneras, debía arrojar el coeficiente real de sus causas, en una especie de
colofón que señalase también al autor. Pero esa verdad se denunció nítidamente
al hacerse la paz que dejó los petróleos en poder de Bolivia. No hubo, pues, tal
pugna de los dos imperialismos con la finalidad de disputar el dominio de nuestro
petróleo, sin que esto pretenda desconocer la efectiva pugna universal de los
petroleros yanquis con los ingleses. Pero en el Chaco, esa pugna no creó la
guerra sino como un accidente. Si la matanza del Chaco hubiese tenido origen en
la codicia de los petroleros rivales, la paz habría sido, por lo menos, una partija de
petróleo entre los dos imperialismos, ya que uno de ellos no pudo superar al otro.

El hecho de quedarse el petróleo en Bolivia, implica que la Standard Oil no fue


derrotada por la Royal Dutch, sino por nuestro pueblo. Y no habiendo ese rival
petrolífero triunfante –cuando el otro rival estaba perdidoso–, quiere decir que
aquel no luchó con este en el Chaco. Quien afirme, como afirman los comunistas,
que esa guerra fue obra de esa pugna de imperialismos, peca de cómodo al
aceptar, sin tomarse el trabajo de llegar hasta la entraña del conflicto, la fórmula
académica del socialismo que resuelve con ella todos los conflictos económicos
del mundo.
La verdad es que la Standard preparó la guerra en los dos países calentando
la cabeza de ambos con el asunto territorial, [y] los patriotas honestos como
Salamanca eran la más fácil presa para los standardistas. La larga cancillería de
Carlos Calvo durante la guerra puede explicar cómo, a la sombra de la honestidad
de Salamanca, los gallinazos del entreguismo defendían los intereses de la
Standard.
Lo que falta por concretar es que esta preparó esa guerra para forzar a la
Argentina a permitir el acceso del petróleo de la Standard (de Bolivia) a su
mercado. Como no pudo conseguirlo por las vías diplomáticas que utilizó con el
pongueaje de nuestros diplomáticos (Escalier fue el único que no hizo de pongo
en esas gestiones y lo he constatado aquí) y como Salamanca se mostró hostil a
la Standard, declarando nulas las inicuas concesiones administrativas otorgadas
por Siles el 28 y 29, la Standard pretendió amenazar con una guerra bolipila a la
Argentina.
La Standard contaba con que la Argentina, asustada y bajo la influencia de los
Uriburus y los Sánchez Sorondos, abogados de la Standard Oil, transara,
abriendo, por fin, el camino a un oleoducto de Camiri hacia la Argentina. A dicha
amenaza se debió que Justo prestase ayuda al Paraguay para impedir una
hipotética conquista del río Paraguay por Bolivia. Alejado este peligro con las
derrotas bolis, la Argentina procedió a imponer la paz antes de que esta fuese
firmada; pactó con Bolivia para que esta penetrase con su petróleo mediante el
oleoducto que negó a la Standard a sus mercados.
El cuadrillazo internacional no se explica históricamente, aunque se crea en él
–a mi juicio, por obra de la penetrante objetividad que tiene la frase para nuestro
temperamento, con tanto sentido dramático y con tanto conformismo histórico
Texto Guía – Historia

como al que tú mismo aludes en tu artículo–; ese cuadrillazo internacional, ¿por


qué cayó sobre nosotros y no sobre el Paraguay?, ¿por nuestro mal servicio
diplomático que nos aisló simpatías?, ¿por el desdén con que se mira a Bolivia,
país de indios y mestizos sometidos a esclavitud económica? ¿Pero tuvo el
Paraguay mejor diplomacia o tiene menos indios y mestizos que nosotros?
El cuadrillazo internacional tenía que producirse, aparentemente, porque los
gobiernos –no los pueblos– servían al imperialismo yanqui de la Standard. Pero
ese cuadrillazo fue obra del imperialismo y de los enlevados [sic] polizontes
gubernativos que esta tenía y tiene a sueldo en varios países, particularmente en
este, en el Brasil y en el Perú, sin dejar de contar el Uruguay.
Yo creo, sin embargo, que tú y los que dirigen de uno u otro modo la opinión
del país, deben señalar los verdaderos culpables, que no son las naciones, sino
los canallas a salario máximo del imperialismo. La afirmación de tratarse de un
cuadrillazo internacional servirá siempre más al imperialismo que a nosotros
porque nos alejará de los pueblos vecinos y creará en nosotros –o agudizará– el
sentimiento de inferioridad que nos abruma por estas revelaciones, tanto más
impresionantes para nuestro pueblo cuando menos explicables resultan, porque
como tales se nos presentan ahora y solo señalan un odio inmotivado de las
demás naciones hacia Bolivia, odio para el que no hemos tenido la culpa y del que
pareceríamos –si no hallamos al fomentador real de ese odio– víctimas por obra
de una fatalidad y de una predestinación.
¿Puede nuestro pueblo fiar en el porvenir ante estas constataciones
abrumadoras? Claro que no. Pero si conoce a quien le prepara estas celadas
trágicas, ¿no crees que su sentimiento de represalia, tan intenso y astuto como él
[…] le haga pensar cuerdamente en que debe defenderse para ser fuerte y poder
vengarse?
Me gustaría que hallaras objeciones serias a cuanto te digo, pues acaso me
salvarías de graves errores. Claro que me gustaría mucho más que no encuentres
tales objeciones.
Estoy de acuerdo contigo en cuanto a la cualificación del aprismo.
Doctrinalmente, me parece lo puro americano y en el que puede apoyarse todo
movimiento social de bases populares autóctonas –que no hay otras–, pero no
estoy “encantado” del aprismo como crees, pues tácticamente lo considero muy
errado e impotente o defectuoso, aunque este “erramiento” le haya (Haya de la
Torre: afluye para usar esa palabra, según creo) obligado a revelar sus secretas
potencias de sacrificio y le haya (otra vez Haya) inoculado esa mística eminente-
mente andina que muestran los más de sus adherentes (pues conozco algunos
pocos místicos y más bien logieros).
Martín Cárdenas conoció aquí algunos apristas (o arpistas como los llaman los
comunistas peruanos). Son excelentes muchachos. Deben interesarnos a todos
porque nuestro destino casi es común con el de ellos: esto, y posiblemente la
semejanza racial, me acerca a ellos y les acerca a mí. Solemos hablar en quechua
y esto consuela mi nostalgia.
Texto Guía – Historia

Espero conocer tus opiniones sobre el arpismo para hablarte de él más


extensamente. Ahora ya sería para que esta sola carta haga caer el avión en que
va por lo pesada que va quedando.
Tocante a [la] economía puedo asegurarte que tengo la mejor biblioteca que
existe en poder de connacional nuestro sobre la materia. Además, leo y estudio
esta biblioteca. Tengo ciertos conceptos hechos sobre el particular. Los
conocerás, también pronto, en el libraco que voy formulando. Esta será la más fría
y serena y documentada denuncia de la iniquidad que se realiza,
económicamente, contra
Bolivia.
Tu artículo en general tiene mucho mérito; me encanta su formulación sintética
y diáfana, su serenidad, su sustancia, propia y ajena, muy bien lograda. Es un
magnífico artículo, al que solo encuentro el error analizado y el de su afirmación
final sobre la reparación de una injusticia que parece aludir de nuevo a una
culposa actitud de las naciones mediadoras. Mi disconformidad está en el mismo
punto en que considero erróneo lo del cuadrillazo.
Nada de esto te digo porque me sienta solidario del tratado de paz, en cuya
gestión se evitó en lo posible darme un buen papel por mi decidido propósito de
acusar al imperialismo, cuyo agente –documento la cosa– era el embajador
americano Spruille Braden, socio de la Standard en las concesiones bolivianas.
Me he cuidado mucho de complicarme en la feísima manía de nuestros
diplomáticos que han encontrado en el Chaco una verdadera mina de divisas,
razón por la cual, además de su personal ignorancia del problema, nunca llegaron
o quisieron o pudieron llegar rápida y valerosamente a las soluciones. Te hablo
porque así es como pienso sobre el asunto.
¿Qué es de mi amado Gabriel y de Emmita? Salúdalos con mi mayor cariño y
con el de mi esposa, gran amiga de ellos. Saluda y abraza muy afectuosamente a
tu papá. Pronto te enviaré algunas publicaciones interesantes o que a mí me
parecen tales.
Me causa una gran alegría el que me escribas. Tenlo en cuenta. Además, así
podrás figurar “en mi biografía” como dice todo buen cochabambino. Tuyo.

“La ardua responsabilidad de reajustar la vida del país” Del


presidente Germán Busch a Simón I. Patiño*

La Paz, 27 de junio de 1939 Distinguido


amigo:
El viaje de mi estimado amigo, don Miguel Etchenique, me da la oportunidad
de escribirle esta carta que condensa mis inquietudes y aspiraciones patrióticas en
esta hora que considero decisiva para el destino de Bolivia.
Texto Guía – Historia

El señor Etchenique, con quien he celebrado varias entrevistas en las que he


examinado la situación internacional, interna, económica y social del país,
corroborará todo cuanto consigno en esta comunicación confidencial.
He querido salir de las cartas y documentos oficiales y dejar a un lado todo
procedimiento protocolar para dirigirme no al ministro plenipotenciario en Francia,
ni al prestigioso industrial que ocupa un alto rango en las finanzas mundiales, sino
al amigo, al boliviano, al compatriota que, con el mismo fervor mío, aspira a
defender a Bolivia de los peligros que la cercan, a consolidar su unidad moral y
material y abrirle un camino de bienestar que le permita ser fuerte en lo interno, y
respetada en sus relaciones internacionales.
La integridad territorial de Bolivia está amenazada por la codicia de vecinos
más fuertes que ven en ella una reserva inmensa de riquezas destinada a aliviar
sus economías ya declinantes. Tal es el caso de Chile. Se ha dicho que este
temor no pasa de ser una suspicacia nuestra.
El gobierno está en posesión de datos que permiten asegurar que tan nefasta
idea no es ajena a los dirigentes chilenos y a ciertas corrientes de opinión en
aquella república.
Ese pensamiento ha sido concebido y a veces formulado sin reservas.
Informaciones oficiales que poseo confirman la existencia del plan, que no por ser
más o menos lejano en su realización, deja de constituir el mayor peligro para el
país. Después de la absorción por la fuerza de las pequeñas nacionalidades de
Europa, con la complicidad de las grandes potencias, con la quiebra de los
principios universales del derecho internacional, con el desconocimiento de los
tratados y la derrota de los organismos y tribunales jurídicos, diríamos que se ha
legalizado el derecho de conquista.
Fue costumbre en el país invocar peligros internacionales para justificar una
determinada política caudillista y personal. No es este el caso que examino. Yo,
como soldado que todo lo di por la patria, que me entregué a su defensa desde
mucho tiempo antes de la guerra del Chaco y que durante ella llegué al máximo de
sacrificio y de abnegación, luchando siempre en condiciones de inferioridad con el
adversario, yo, lo repito, conozco mejor que nadie el crimen que constituye
precipitar un conflicto bélico o levantar, como una bandera política interna, un
problema internacional.
De ahí que, al señalar el peligro que nos acecha, cumpla únicamente el deber
de gobernante de prever los acontecimientos y anticiparme, con medidas
prudentes, a ellos y no incurra en el viejo error de crear conflictos con fines de
política partidista y de cerrar los ojos a los riesgos que real y efectivamente se
ciernen sobre la patria.
La descomposición interna del país es un hecho innegable. La demagogia y
las luchas partidistas –implacables y sin cuartel– han roto todos los resortes
morales; la inmoralidad pública y privada tienen relieves que pasman, las virtudes
cívicas se relajan cada día más, el patriotismo es apenas una palabra vacía de
sentido y las ambiciones personales constituyen la ley y la satisfacción de ellas, el
Texto Guía – Historia

único fin. Y esta fermentación de pasiones es el medio más propicio para que
prosperen, por una parte, las tendencias regionalistas que amenazan romper la
unidad nacional y, por otra, las corrientes disolventes que pugnan por trastornar
radicalmente nuestro régimen social que no es, que no puede ser otro, que el que
se estructure de acuerdo con principios de justicia y de humanidad.
Ante este cuadro desolador, yo como gobernante no podía ni puedo quedar
indiferente; de ahí que he tomado sobre mí, sin vacilaciones, francamente, sin
ficciones, la ardua responsabilidad de reajustar enérgicamente la vida del país.
No es la primera vez que un presidente de la república formula este programa;
varios lo han iniciado, pero muy pocos pudieron realizarlo. Es que casi siempre los
mandatarios llegaron al gobierno reatados por los mandatos imperativos de un
partido político, imitados por las aspiraciones de un grupo, constreñidos por los
favores que recibieron en la lucha electoral, amarrados por las complacencias, las
obligaciones y por la política siempre turbia del comité. Y lo que es más grave:
desempeñan las funciones de gobierno otorgando a sus propios partidarios todos
los privilegios y persiguiendo sañudamente al partido contrario, el que, llegado a
su turno al gobierno, reeditaba la misma política e idéntico régimen.
Es muy distinta mi situación. He llegado al gobierno sin compromisos con
nadie, sin pactos que puedan torcer mis aspiraciones patrióticas ni convenios que
me obliguen a realizar una política sectaria.
No pertenezco a ningún partido político; ninguna entidad de esta naturaleza
tiene el monopolio gubernamental y no hay un partido oficial, como han sido todos
los que han regido los destinos nacionales.
Creo que es la primera vez en Bolivia que un gobernante se libera de la tutela
de un grupo, de un partido para reclamar la colaboración de los mejores sin
distinción de colores políticos y realizar con ellos una labor que tienda únicamente
al bien del país y no a satisfacer aspiraciones personales y ambiciones partidistas.
En mi gobierno tienen cabida todos los hombres patriotas pero no los que buscan
un interés personal, actual o futuro.
Esa independencia me permite concretar mi esfuerzo a la reconstrucción de la
patria con la misma fe, con el mismo desinterés con que la defendí en los campos
de batalla. Ayer lo di todo por ella, hasta la vida misma, hoy mi deber no ha
cambiado y la finalidad es idéntica.
Lo sé a usted, distinguido amigo, profundamente identificado con Bolivia:
conozco sus inquietudes patrióticas y sé que usted, como yo, libre de todo
compromiso partidista, anhela un porvenir venturoso para el país.
No le habría escrito esta carta confidencial si no supiera que usted mantiene
muy vivo el fuego de su bolivianidad y es por ello que en esta hora que gravitará
fuertemente en el destino nacional, me dirijo a usted para pedirle su valiosa
colaboración para esta tarea histórica que me he impuesto.
Tiene usted en sus manos los medios más eficaces para contribuir a vigorizar
nuestra patria común en lo interno y en lo internacional. Necesitamos escuelas
Texto Guía – Historia

que eleven el nivel cultural de nuestro pueblo, en gran parte analfabeto, caminos y
ferrocarriles que compacten el país que hoy, por desconexión, amenaza
disolverse, hospitales para aliviar la miseria y el dolor de nuestros excombatientes,
minados por la terrible campaña, casas de beneficencia que acojan a los miles de
huérfanos que perdieron a sus padres en defensa de la patria y que hoy viven en
el desamparo e industrias que tonifiquen la economía nacional. Vigorizada la vida
interna del país, Bolivia en lo internacional cobrará mayor responsabilidad.
Dejemos a las generaciones venideras una patria más fuerte, más grande y
más poderosa para que ellas no sufran las torturas y sacrificios de la que hoy
tenemos y estoy seguro que nuestros hijos y nuestros nietos venerarán los
nombres de los que les legaron una nación real y auténticamente libre, a cubierto
de todos los peligros y amenazas. Que ellos no puedan reprochar el pasado, como
lo hacemos hoy, no sin amargura, nosotros.
Tengo la seguridad de que, en esta mi aspiración, contaré con su concurso y
que su nombre quedará vinculado a esta hora que compendia y encierra el devenir
de Bolivia.
Con este motivo, me es singularmente satisfactorio renovarle el testimonio de
mi mayor distinción y estima.

Germán Busch

El desarrollo de la industria minera en Bolivia De Simón I.


Patiño al presidente Germán Busch

París, 25 de julio de 1938


Ministro de Bolivia en Francia

Señor presidente y amigo:


Mi representante en La Paz, señor Miguel Etchenique, ha sido portador de la
importante carta que ha tenido usted a bien dirigirme con fecha 27 de junio último,
que he leído con especial interés y que concentra, según me expresa usted, sus
inquietudes y aspiraciones patrióticas en esta hora que considera usted decisiva
para el destino de Bolivia.
Anoto que ha querido usted salir de las cartas y documentos oficiales y dejar a
un lado todo procedimiento protocolar para dirigirse a mí no como al ministro
plenipotenciario en Francia ni como al industrial que ocupa un alto rango en las
finanzas mundiales, según se digna usted expresar sino al amigo, al boliviano y al
patriota que, con el mismo fervor suyo, aspira a defender a Bolivia de los peligros
que la cercan, a considerar su situación material y moral y a abrirle un camino de
Texto Guía – Historia

bienestar que le permita ser fuerte en lo interno y respetada en sus relaciones


internacionales.
De mi parte deseo también dirigirme ante todo al boliviano patriota, al defensor
de nuestra integridad territorial en el Chaco, a quien asume en el manejo del país
una muy grave responsabilidad para el futuro de Bolivia.
Se refiere usted, en primer término, seguramente por su capital importancia, a
nuestra situación internacional para anotar que la integridad del territorio de Bolivia
está amenazada por la codicia de vecinos más fuertes, que ven en ella una
reserva inmensa de riquezas destinada a aliviar sus economías ya declinantes y
que tal es el caso de Chile.
Para contradecir la versión de que este temor no pasa de ser una suspicacia
nuestra, se digna usted hacerme saber que el gobierno está en posesión de datos
que permiten asegurar que tan nefasta idea no es ajena a los dirigentes chilenos y
a ciertas corrientes de opinión en aquella república y que informaciones oficiales
que posee usted confirman la existencia del plan, que no por ser más o menos
lejano en su realización deja de constituir el mayor peligro para el país. Doy la
mayor importancia a sus apreciaciones, que coinciden del todo con mis ideas e
inquietudes de ahora y del pasado.
Hace ya mucho tiempo, más de treinta años, que haciendo un examen
detenido de la situación internacional de nuestro país, he considerado que el
mayor peligro que tiene para mantener y consolidar su independencia e integridad
radica en Chile, como resultado de diversos factores económicos y geográficos.
Permítame que le haga conocer mi pensamiento al respecto con alguna extensión.
La gravedad del asunto me impulsa a ello.
Debo recordar que pasada la guerra llamada del Pacífico, que nos privó de
todo acceso al mar, la política chilena se caracterizó por una penetración
sistemática en Bolivia en el orden económico. Antes del Tratado de 1904, controló
prácticamente nuestras aduanas, para dominar nuestro mercado con los
productos agrícolas de que entonces disponía. Simultáneamente los capitalistas
chilenos se interesaron en el desarrollo minero del país y hasta 1924 puede
decirse que todas las empresas mineras de Bolivia, con excepción de la mía,
estaban controladas por el capital chileno. Siempre consideré esto como un grave
peligro para el país y tan pronto como el desarrollo industrial de mi empresa lo
permitió, no tuve otro pensamiento que el de corregir esa situación peligrosa a la
que dieron origen los mismos bolivianos.
Es un hecho incontestable que todos los bolivianos que tuvieron la suerte de
encontrar en el país minas de alguna importancia no pensaron nunca en
trabajarlas y no tuvieron jamás otro propósito que el de entregarlas al capital
chileno, muchas veces por sumas insignificantes, lo que originó las grandes
especulaciones de la Bolsa de Santiago y el dominio minero de Chile en Bolivia.
Mi mayor aspiración entonces fue la de nacionalizar, hasta donde alcanzaran mis
fuerzas, nuestra industria minera.
Texto Guía – Historia

La Guerra Mundial de 1914 me presentó una oportunidad favorable. Sus


primeras consecuencias se reflejaron en una baja marcada de todos los valores en
el mercado mundial, a la que no escapó la Bolsa de Santiago y así, corriendo todo
el riesgo que ello importaba, adquirí un número importante de acciones de la
empresa chilena de Llallagua, que controlaba la mina más importante de estaño
en Bolivia.
En ese tiempo, Llallagua estaba manejada desde Santiago por los hombres de
negocios chilenos. Su personal era, en su mayoría y comenzando [por el] gerente,
de esa nacionalidad e incluso su ingenio, que más tarde hice ampliar y
modernizar, se denominaba ingenio Chile. Pocos años después tuve en Santiago
una de las más grandes satisfacciones de mi vida al hacer saber personalmente a
los dirigentes chile-nos que la mina de Llallagua sería en el futuro controlada por
intereses bolivianos y americanos.
Debo decirle, sin falsa modestia, que este fue uno de los éxitos de mi vida.
Pasados los años cuando se produjo la nefasta Guerra del Chaco, todo el
esfuerzo que había realizado para llegar a ese fin quedó compensando cuando vi
que mi país necesitaba pedir de la minería todo su concurso para defender su
frontera sobre el río Paraguay, y que podía hacerlo sin temor a la intervención
chilena. Entonces recordé que la Guerra del Pacífico había tomado por pretexto un
impuesto insignificante sobre el salitre, creado con perfecto derecho por los
poderes públicos de Bolivia. Considerando en conjunto nuestra situación minera,
tampoco descuidé otras empresas como la Compañía Minera Oploca de Bolivia y
la Empresa de Estaño de Araca que también se encontraban controladas por el
capital chileno, y mi mayor deseo ha sido desde entonces devolver a estas
empresas su nacionalidad boliviana.
He recordado los antecedentes que acabo de consignar con el único objeto de
establecer, con los hechos, el firme propósito que tuve de poner un atajo a la
penetración económica de Chile en Bolivia y que, por fortuna, he obtenido. Sé que
los intereses económicos creados entre países vecinos tienen más fuerza que
cualquier arreglo de cancillerías para provocar o prevenir la guerra y la conquista.
Así, señor presidente, no solo participo de sus inquietudes de que Bolivia está
amenazada por la codicia chilena sino que considero, de mi parte, que ese peligro
es cada día mayor.
Cuando Chile provocó la Guerra del Pacífico necesitaba de nuestro salitre, [el
cual] obtuvo y con sus recursos pudo sostener su economía interna y hacer
progresar su territorio. Ahora la situación del salitre es muy precaria y las
necesidades crecientes de aquel país lo empujarán a reemplazar la industria
salitrera, en decadencia, con el estaño boliviano.
Pasando la vista por las otras fronteras de nuestro país, encuentro también
que hay peligros latentes que pueden desarrollarse si se presenta una oportunidad
propicia. La frontera paraguaya está ahora muy próxima de nuestros pozos
petroleros y es bien sabido que el Brasil y la Argentina tienen también necesidad
de nuestro petróleo. Su actual actitud puede ser tan amigable como se quiera,
pero mirando el pasado se llega a constatar que Bolivia se encontró siempre sola
Texto Guía – Historia

para hacer frente a la invasión extranjera, que casi siempre se produjo con la
benevolencia de los países vecinos a favor del agresor.
Usted anota, señor presidente, y con mucha razón, la quiebra de los principios
universales del derecho internacional, el desconocimiento de los tratados y la
derrota de los organismos y tribunales jurídicos, que en los últimos tiempos han
legalizado más bien el derecho de conquista. Es otro factor adverso a la integridad
y estabilidad de Bolivia. Hago todo honor a usted respecto de la sinceridad de sus
propósitos sobre la necesidad vital de no permitir mayores desmembraciones
territoriales y sé que no se podrá culpar a su gobierno del crimen que constituye
precipitar un conflicto bélico o levantar, como una bandera política interna, un
problema internacional.
Trata usted luego, señor presidente, de la descomposición interna del país,
que a su juicio es un hecho innegable. Señala usted que la demagogia y las
luchas partidistas implacables han roto todos los resortes morales y que la
inmoralidad pública y privada tiene realidades que pasman, que las virtudes
cívicas se relajan cada día más y que el patriotismo es apenas una palabra vacía
de sentido.
Observando la situación interna del país desde la distancia, como lo hago yo,
tengo también que coincidir con su juicio. Es evidente que el país, especialmente
después de la Guerra del Chaco, sufre una quiebra moral muy profunda. La
Guerra del Chaco ha creado, como todas las guerras, nuevos problemas
económicos y sociales para Bolivia, pero más graves que esos problemas son la
relajación y la inmoralidad reinantes que usted señala.
Reconozco que ha llegado usted al gobierno sin compromisos partidistas, sin
pactos que puedan torcer sus aspiraciones patrióticas, ni convenios que le
obliguen a realizar una política sectaria. Es exacto que usted, como yo, no
pertenece a ningún partido político. Esto lo coloca en una situación excepcional y
anhelo para el bien del país que su gobierno, libre de toda influencia sectaria como
usted lo anota, pueda rodearse de los mejores elementos, es decir de hombres
honrados que laboren con usted por el bien del país.
El resumen de su importante carta que contesto, puede a mi juicio resumirse
así: en el orden externo, Bolivia está nuevamente amenazada en su integridad
territorial y en el orden interno, el país va a una ruina segura con la inmoralidad
reinante, las tendencias regionalistas y las corrientes disolventes que trabajan por
trastornar el régimen social.
Comprendo que, ante este cuadro desolador, usted como gobernante no podía
quedar indiferente, que ha tomado sobre sí sin vacilaciones, francamente, sin
ficciones, como usted mismo lo expresa, la ardua responsabilidad de reajustar
enérgicamente la vida del país y para esta gran obra se digna usted pedirme mi
colaboración. Nunca la he negado cuando se ha tratado de hacer grande, fuerte y
respetado a mi país y esté usted seguro que no le faltará la cooperación que me
pide usted, toda vez que los actos de su gobierno tiendan a ese fin.
Texto Guía – Historia

Lo que hay que determinar, mediante un estudio serio, imparcial y libre de todo
sectarismo, es si las medidas y disposiciones tomadas por su gobierno, por muy
buena y sincera que sea su intención, han de dar por resultado el noble objetivo
que persiguen. Es una necesidad imperiosa hacer ese estudio para evitar medidas
precipitadas que a la larga pue-den producir efectos precisamente contrarios a los
que se buscan.
Está fuera de duda que la economía del país descansa, por desgracia, sobre
una sola industria, la minera, y más concretamente sobre la explotación del
estaño.
Una propaganda constante ha llegado, en cierto modo, a cristalizar la opinión
pública boliviana, en sentido de que la minería no ha hecho otra cosa que extraer
las riquezas del subsuelo boliviano para trasladarlas al exterior y sin dejar nada
que valga en el país. El propio gobierno, para fundamentar un último decreto, ha
recogido esta injustificada apreciación.
Al referirme a este estado de cosas, créame, señor presidente, que habría
deseado hacer total abstracción de mis intereses personales para juzgar la
cuestión desde un punto de vista exclusivamente nacional. Sin embargo, no puedo
prescindir de consignar aquí, aunque solo sea en términos generales, mi
participación en el desarrollo minero del país.
Cuando comencé mis trabajos, hace más de cuarenta años, poseía una
pequeña mina sin capital, sin instalaciones y sin otra fuerza que mi fe
inquebrantable en el porvenir. Después de varios años de labor intensa, de
privaciones, de lucha con los hombres y la naturaleza, pude al fin descubrir las
vetas de estaño que buscaba en una época en que el precio de este metal era
bajo y apenas dejaba alguna utilidad al minero. Era el tiempo en que el
presupuesto nacional no contaba con más de tres millones de bolivianos de renta.
Mis primeros éxitos no me marearon, ni pensé tampoco en vender esta pequeña
propiedad al interés chileno y constituir en Santiago una sociedad chilena para
vivir de mis rentas. Todo mi esfuerzo consistió, por el contrario, en crear una
industria. Todas mis utilidades, absolutamente todas, fueron destinadas a
desarrollar la mina e industrializarla.
Fui el primero en introducir tanto las maquinarias como los más modernos
motores a Bolivia para la explotación minera y cuando mis recursos fueron
mayores debido a mis esfuerzos, amplié paulatinamente mis propiedades mineras
hasta hacer de la pequeña mina en que inicié mis labores la institución que ha
creado los actuales establecimientos de Siglo XX y Catavi, los cuales constituyen
la más completa unidad minera de estaño en el mundo entero y que podrá exhibir
Bolivia con orgullo como una muestra de lo que son capaces sus industriales.
Los campamentos para mejorar y dignificar la vida obrera, los trabajos en el
interior de la mina que representan cientos de kilómetros de socavones, la planta
hidroeléctrica, el ingenio, los depósitos de materiales, las instalaciones para el
bienestar social, entre las que se encuentra el mejor hospital de Bolivia, etc.,
representan la inversión de varios millones de libras esterlinas.
Texto Guía – Historia

El capital pagado de la Patiño Mines, fuera de los millones invertidos en los


trabajos iniciales, es de 6.250.000 libras. Gran parte de este capital, el que me
corresponde fuera de lo aportado por accionistas extranjeros, fue el producto de la
mina. Si no hubiera reinvertido varias veces mi capital original y las utilidades que
obtuve, jamás habría existido ese organismo que ahora se llama Patiño Mines.
Procedí con el mismo principio y con idéntico fin en Huanuni y finalmente en Araca
y Oploca.
El capital de estas últimas empresas, que corresponde al valor invertido, es de
más de 3.000.000 de libras, que también corresponden en gran parte a mis
reinversiones de capital en Bolivia. Quise también devolver a la antigua mina de
Colquechaca su pasada grandeza e invertí para ello algo más de 1.500.000 libras
sin haber obtenido, desgraciadamente, en este caso, un resultado satisfactorio.
Este enorme capital que me pertenecía y que nadie me obligaba a invertir en tal
empresa arriesgada, fue íntegramente perdido.
Es natural que, a medida que prosperaban mis negocios, aumentaran mis
utilidades. Quienes me juzgan en Bolivia con espíritu prevenido no miran más que
este lado. No quieren ni siquiera pensar en los esfuerzos realizados para crear
una industria que no existía y en los millones de libras esterlinas que se han
empleado para crear esa industria, en el desarrollo económico y social que ha
provocado para el país. La industria así creada tiene el privilegio de haber
aumentado considerablemente las rentas del país (el presupuesto nacional excede
ahora los Bs 300.000.000), de haber dado y dar trabajo a cientos de empleados y
a miles de obreros. Se sabe que solo los campamentos de la Patiño Mines
mantienen una población de más de 20.000 habitantes, contando los obreros y
sus familias.
No se quiere tampoco recordar que cuando cayó la desgracia sobre el país, la
Guerra del Chaco no habría podido ser financiada en forma alguna sin el concurso
de la minería. Todo esto no se ve ni se quiere ver. En cambio, se han inventado
cifras fantásticas para hacer concebir que mis intereses en las minas de Malaya
[Malasia] son más importantes que los que he creado y mantengo en Bolivia. Tal
afirmación temeraria es totalmente falsa.
Este interés que mantengo, por intermedio de otras compañías en que estoy
interesado, representa solo alrededor de 700.000 libras en total. Anoto cifras
comprobables para mostrar la exactitud de mis afirmaciones. Cuando me interesé
en las minas de Malaya no fue con otro objeto que el de defender mis grandes
intereses de estaño en Bolivia y al hacerlo así defendí también los intereses del
país. Sin mi intervención en Malaya no habría podido llegarse a formar el Acuerdo
Internacional de Restricción y sin este seguramente el precio del estaño en los
últimos años no habría sido sino entre 100 y 150 libras la tonelada, lo que importa
decir que las minas de Bolivia no hubieran podido trabajarse, puesto que los
costos en nuestro país son más altos de un modo general.
Lo invito, señor presidente, a meditar lo que habría sido de nuestro país si sus
minas de estaño hubieran tenido que suspender sus labores en los últimos seis
años y qué es lo que hubiera ocurrido en ese caso durante la campaña del Chaco
Texto Guía – Historia

y sus consecuencias posteriores. Lastima mi espíritu el considerar que una obra


de alcances tan patrióticos para el país no hubiera sido comprendida por mis
compatriotas y que, al contrario, se hubieran sacado tendenciosas y malévolas
conclusiones.
Por su carácter mismo, debo limitarme en esta carta a mencionar, como acabo
de hacerlo, mi labor como industrial minero. Debo anotar, aunque solo sea de
paso, que con mis legítimas utilidades y sin que estuviera obligado a ello, fundé el
Banco Mercantil, llevando al país en oro metálico la cantidad de 1.000.000 de
libras como capital efectivo […] lo que hasta entonces no había hecho ningún otro
banco en Bolivia.
He organizado luego la granja agrícola ganadera de Pairumani a un costo muy
subido, llevando más de seiscientas cabezas del mejor ganado que existe en
Europa y en los Estados Unidos, a un precio muy alto. He organizado también la
Sociedad Agrícola, Ganadera e Industrial de Cinti, que está ya en condiciones de
producir pronto 3.000 toneladas de trigo para harina, que cubrirá la mayor parte
del consumo de los departamentos de Chuquisaca, Potosí y Tarija.
Es mi anhelo ayudar a los estudiantes pobres de mi país para darles una
profesión, es así que organicé la Fundación Universitaria Patiño con un capital
efectivo de aproximadamente 80.000 libras, capital que, convertido en moneda
nacional, ha sufrido las consecuencias de la desvalorización de nuestra moneda.
Es mi deseo más ferviente reorganizar esa fundación dotándola de todos los
elementos para que corresponda a los fines con que ha sido creada. En repetidas
ocasiones he prestado mi concurso para cooperar al gobierno en financiaciones
de importancia. Puedo recordar, por ejemplo, la financiación de 600.000 libras
para la terminación del ferrocarril de Potosí a Sucre.
En otras ocasiones, la incomprensión de los gobiernos no me permitió realizar
trabajos de la más grande importancia como la colonización de Chimoré y la
construcción del ferrocarril que vincule Cochabamba con uno de nuestros ríos
navegables afluyentes del Amazonas. Todo esto que consigno es simplemente
indicativo y lo hago contra mi voluntad, presionado por la necesidad de demostrar
con hechos lo infundado y lo injusto de las afirmaciones ligeras que se propalan en
Bolivia, en sentido de que no he hecho otra cosa que extraer del país la riqueza
pública.
Si he recordado mi labor personal para crear la industria del es-taño en Bolivia,
ha sido, aparte de la razón indicada, para mostrar el esfuerzo, la perseverancia y
el capital que se requieren para organizar una explotación minera. La minería
constituye ahora en Bolivia un gran factor económico, y estoy orgulloso de ser uno
de sus miembros prominentes. La industria minera ha tenido que soportar
constantes luchas y ataques en todos los tiempos. Esta situación se ha agudizado,
llegando a límites casi insostenibles, desde la Guerra del Chaco.
En un país medianamente organizado se habrían distribuido equitativamente
las cargas y obligaciones de la guerra y la postguerra, pero en Bolivia no ha
ocurrido así, todas esas cargas han pesado exclusivamente sobre la minería y así
se ve el caso raro de que mientras la minería, bajo el régimen anterior, ha estado
Texto Guía – Historia

pagando impuestos de más del 60% sobre sus utilidades, con un precio del estaño
de alrededor de 200 libras, incluyendo en este cálculo las diferencias de cambio
de la entrega de divisas, las otras industrias, la agricultura, la propiedad, etc.,
prácticamente no pagan ningún impuesto.
Con un precio del estaño de alrededor de 160 libras por tonelada, la industria
minera ha entregado al Estado prácticamente el 100% de sus utilidades. A la
sombra de la industria minera se han organizado las llamadas industrias
nacionales, las cuales importan materias primas del extranjero y que constituyen
prácticamente un monopolio. Se sabe que estas industrias han realizado
ganancias importantes, exportadas al exterior, con el exclusivo sacrificio de los
mineros. Sin embargo de todo esto, en el país se ha levantado una ola de
difamación contra la minería y esto acaso se deba a la buena voluntad y la
resignación con que la minería aceptó todas las obligaciones que se le impusieron.
Al tratar de la influencia nacional de la minería, hay que considerar también el
impulso que ha dado al desarrollo industrial, ferroviario y urbano de nuestras
ciudades. Bolivia necesita importar todo del exterior y sin las divisas
proporcionadas por los mineros no se habría construido nuestra actual red
ferroviaria, aparte solamente de la indemnización pagada por el Brasil, si no
recuerdo mal, de algo más de 2.000.000 libras. Tampoco se habría podido
desarrollar la agricultura, las industrias, ni llegar al adelanto urbano de nuestras
ciudades.
Si por mala fortuna para Bolivia se suspendiera la explotación de estaño,
quedaría paralizada la propia vida del país que además de no poder disponer de
divisas para sus importaciones, vería disminuir sus rentas en bolivianos a un nivel
muy inferior a las necesidades fiscales puesto que las rentas que se derivan de las
otras actividades nacionales son apenas un reflejo de la actividad minera. Y lo
más grave de esta situación es que nuestra industria del estaño está amenazada
por la competencia extranjera.
Es bien sabido por quienes estudian estas cuestiones, que se mantiene un
precio conveniente solo por el Acuerdo Internacional de Restricción, es decir por
medios más o menos artificiales. Hay que meditar si, en un mercado libre, podría
el estaño boliviano competir favorablemente, en las condiciones impositivas
actuales, con el estaño de los otros países productores y particularmente con
Malaya y las Indias Holandesas, cuyos costos de producción es conocido que son
muy inferiores a los de Bolivia. En los últimos tiempos, la amenaza viene también
del Congo Belga que está desarrollando intensamente sus yacimientos estañíferos
y probablemente vendrá además de la China.
La lucha de los países en el mercado de materias primas es simplemente una
cuestión de costos. En un mercado libre, si los costos de Bolivia son superiores a
los de sus competidores, su producción sería fatalmente desplazada. Ocurriría
entonces que Bolivia, poseyendo grandes e importantes yacimientos de estaño, no
podría explotarlos comercialmente y el estaño ocuparía en nuestra economía el
mismo lugar secundario que tienen la plata, el cobre, el zinc, la goma, etc., y que a
una cotización baja no pueden ser explotados debido a la concurrencia extranjera.
Texto Guía – Historia

Si esto es así, y es innegable e indiscutible que el país vive y se mantiene de


la minería, habría sido elemental que el Estado procure por todos los medios su
mayor desarrollo y estabilización porque esto representaba y representa también
la prosperidad del país. Desgraciadamente, no se ha procedido así.
Ahora usted, señor presidente, se propone, según los términos de la carta que
contesto, vigorizar la vida del país en lo interno para que así cobre mayor
respetabilidad en lo internacional. ¿Pero cómo podrá hacerse esto si no se
vigoriza la explotación minera, si no se garantizan los capitales invertidos en esta
empresa aleatoria por excelencia, si no se estimula el esfuerzo privado que haga
surgir nuevos y vigorosos campamentos en las cimas desiertas de nuestras
cordilleras, si no se da todo apoyo al industrial boliviano y si no se rodea de
garantías al extranjero? Estoy seguro que usted piensa como yo, en sentido de
que solo una política sistemática pueda hacer la grandeza de Bolivia.
Por lo que observo, llego a la conclusión de que los estadistas de Bolivia no
toman en cuenta los factores geográficos que nos son adversos, nuestro
aislamiento, las montañas y largas distancias que nos separan de las rutas
marítimas, la altitud del territorio en que se encuentran nuestras riquezas mineras,
que dificulta y encarece su explotación y que conspira contra la vida misma.
Me explico que espíritus impacientes encuentren defectuosa y pobre nuestra
organización como país. Sin embargo, si se examinan los grandes esfuerzos que
ha tenido que hacer Bolivia para contrarrestar las fuerzas naturales que se oponen
a su progreso, se encontrará que dentro de lo relativo, con las limitaciones que
imponen estos factores adversos, se han sentado las bases de la nacionalidad y
que lo hecho hasta hoy corresponde exclusivamente al esfuerzo minero de la
época actual y la pasada. Si no se ha hecho más, si no tenemos hoy la patria
fuerte y poderosa que todos anhelamos, debemos confesar que es por la
negligencia de nuestros hombres, su falta de espíritu de trabajo y de disciplina.
Si se han de buscar comparaciones con otros regímenes y otros países, en
lugar de excursionar por estos países europeos cuyos problemas son del todo
diferentes a los nuestros, bastaría examinar lo que ocurre en la vecina república
del Perú, que por su territorio y su raza tiene marcada similitud con la nuestra.
Casualmente acabo de informarme de un reportaje al presidente, general
Benavides. En ese reportaje establece el mandatario peruano que ha dado a su
país un período de prosperidad y de paz que solo es el comienzo de uno de los
más grandes de desarrollo industrial y económico en la historia de la nación.

Señala luego el enorme programa para la construcción de carreteras que se


inició y terminó bajo su gobierno, las mejoras portuarias, obras públicas, el
fomento de la agricultura y la explotación de los vastos recursos nacionales de la
minería y el petróleo. Al hacer el presidente Benavides esta reseña de los
progresos del Perú durante su administración, aseguró que su país nunca
aprobará una ley que pueda considerarse como antagónica al capital y que, por el
contrario, el Perú hará todo lo que esté en su poder para atraer el capital
Texto Guía – Historia

extranjero, sin el cual, a su juicio, sería imposible el desarrollo de los recursos de


la nación.

Considero, señor presidente, que una política económica como la seguida por
el Perú en los últimos tiempos sería la única dentro de la cual usted podría realizar
sus patrióticas aspiraciones, expuestas con tanta sinceridad en la carta con que
me ha favorecido usted. Seguramente con la mejor intención, su gobierno, para
realizar esas patrióticas aspiraciones, ha dictado últimamente disposiciones
administrativas que imponen un nuevo régimen económico a la minería.

No cumpliría mi deber de boliviano si no expresara a usted, con toda lealtad,


que un examen sereno e imparcial de esas disposiciones lleva al resultado que su
aplicación puede producir efectos contrarios a los que se persiguen, porque hieren
las garantías y confianza que requiere el capital y que, concretamente en el caso
de la minería, han de producir a plazo no lejano su decadencia, que será
fatalmente la decadencia de la nación.
Expongo así mi juicio con franqueza y rectitud ante usted, no en defensa de
mis intereses industriales que son transitorios, sino en servicio de nuestra patria y
su destino.
Hecha esta declaración, cuya sinceridad estoy seguro que usted apreciará
debidamente, me corresponde expresarle que, de mi parte, pondré mi mejor
voluntad para cumplir las disposiciones a que me he referido y que haré todo lo
que esté a mi alcance para que los directorios y accionistas de las empresas
mineras en que estoy interesado observen igual conducta. Si el gobierno y
corrientes de opinión consideran que el último decreto y su reglamentación han de
promover el mayor desarrollo de la minería y, por consiguiente, el progreso del
país, no seré yo quien ponga obstáculo a esta obra nacional. Ha sido mi práctica
constante acoger las disposiciones de los poderes constituidos y esta vez tampoco
debo apartarme de esa práctica, que es la norma de mi vida, y mucho más si
usted, señor presidente, invocando los altos intereses del país, se ha servido
demandar mi concurso, que reitero no le faltará para apoyar los actos de su
gobierno que se encaminen a vigorizar y hacer fuerte y respetado nuestro país.
Debo pedirle solamente que a su tiempo se digne considerar, siempre dentro de
los intereses nacionales, las modificaciones y aclaraciones de detalle que le
presentarán mis representantes en Bolivia y el que pudiera designar el directorio
de New York de la Patiño Mines para la mejor aplicación de dicho decreto y su
reglamentación, a fin de que puedan hacerse efectivos los patrióticos propósitos
que persigue su gobierno.
Me es muy satisfactorio renovarle a mi vez el testimonio de mi mayor distinción
y estima.

Simón I. Patiño
Texto Guía – Historia

La negociación del puerto para Bolivia


De Víctor Paz Estenssoro a Hernán Siles Zuazo

Montevideo, 25 de noviembre de 1950


[…] Para nosotros, el problema del puerto no figura entre los de primera
fila que confronta Bolivia. La afirmación que a menudo se hace de que nuestro
atraso proviene principalmente de la falta de una salida al mar, a más de pueril es
tendenciosa, pues busca desviar la atención pública de las verdaderas causas del
estancamiento de Bolivia. Más preciso y conveniente desde el punto de vista del
interés nacional es poner toda nuestra capacidad, energía y recursos en
desarrollar los grandes factores potenciales, el orden económico y humano que
encierra Bolivia. Así, en el curso de 15 o 20 años, habremos hecho de nuestra
patria una nación mucho más poderosa de lo que es hoy día. Entonces, la relación
de fuerzas que ahora existe entre Chile y Bolivia, que necesariamente tiene que
traducirse en la negociación, aun descontando el sometimiento de Urriolagoitia a
los designios de González Videla, se habría modificado a favor de Bolivia.
Entonces, podremos ir a una negociación con Chile pacífica y cordial pero llevada
ya de igual a igual y que podrá ser realmente de mutua conveniencia.
Paradójicamente, a nosotros no nos conviene que la cuestión del puerto tenga
solución inmediata, sino más bien postergarla para el futuro.

Víctor Paz Estenssor

El dilema del MNR


De René Zavaleta Mercado a Mariano Baptista Gumucio

La Paz, 10 de septiembre de 1962


Querido Mariano:

Hace días que está resuelto el viaje de Carlos Carrasco, pero de principio
pensé que valía la pena utilizar la ocasión y el emisario para escribirte. Espero que
estén bien los tuyos y que te encuentre Carlos con buen ánimo para pensar en lo
que parece que ya es hora de pensar. Presumo que te servirá que te hable sobre
[la] política nuestra aunque hace tan poco que estoy nuevamente en La Paz. El
azar y el doctor Paz me han hecho diputado por Oruro luego de una agitada
campaña por Carangas disfrutando de la siempre magnífica compañía de Car-los
Zaconeta y también estudiando los efectos del voto universal en la tierra donde
Dios es el frío. No fue inútil, en verdad, pero algunas veces quisiera volver a la
Texto Guía – Historia

violenta inocencia de los primeros años de la revolución. No nos concederá tal


retorno el destino y por eso acaso sea más pertinente hablar de lo que es y
también, si nos creemos dueños de un destino en la historia, de lo que debemos
hacer.
Algunos dicen que el pesimismo es un estado de la madurez. Yo lo detesto
pero los que ven terminan así maduros. Es como en la Cámara: si uno no hace
sino votar según lo que se elige como revolucionario acaba de socio incómodo de
gobierno ajeno [y] poco menos que de diputado opositor. Decididamente, la gloria
es magnífica pero de mal gusto. (A causa probablemente de Olmedo, el doctor
Paz pone cara de prócer y compra tinteros al doble del precio). Así se está
estableciendo un hecho que tal vez tenga una procedencia ya biológica, de
cronología y edad: tal vez haya llegado el momento de comenzar a plantearnos ya
no las formas del poder ajeno sino [de] nuestro propio poder.
Es al principio solamente una distancia, un desacuerdo metódico, un disgusto
táctico, un apoyo crítico pero ¿cuándo será nuestra edad de la razón? Lo es ahora
mismo cuando no acatamos y, de hecho, al pensamiento sobre las cosas que son
y que no son. De pronto me invaden dudas sórdidas y descorazonadas. (Es la
influencia del diputado Mario Pando que siempre me anuncia nuestra caída para la
siguiente semana). Bien, de todas maneras hay una acumulación de condiciones
para que tal ocurra. No creas que hay un nuevo Ejército ni que los militares creen
tanto en el orden sagrado como el doctor Paz, no. Por lo demás, nunca se ha
sentido
Texto Guía – Historia

tanto como ahora la inconsistencia clasista de la revolución, al margen de esa


famosa lata de “alianza entre tres clases”.
Creo que ya nadie sensato y sobre el suelo cree todavía que los
panaderos de Bolivia son verdaderos proletarios. Por lo demás, a cada
instante aparece más vulnerable el cuerpo de las milicias, cuya ignorancia de
la estrategia que deben saber es muy conocida por los jungle experts de
nuestro gran Ejército, que reconquistará el Lauca y Cobija y sin gasto de
abaroas. Por lo pronto la solución es muy viable: no saldrá por cierto de otra
parte que del MNR, cuyas derecha e izquierda ideológicas son las únicas
derecha e izquierda con porvenir en el país y, así, bien verás que la solución
podría ser un civil sostenido por militares y salido de una convención del
MNR. Un presidente [sic] Guido obrerocampesino, sostenido por bazookas
anticomunistas regaladas por la ayuda americana. Esto es posible, no cierto,
pero de esta caída que no resulta de pecados propios sino de ajenas entregas
[sic] sacaremos la sola conclusión de que habrá que seguir peleando por los
que no pe-lean por nosotros ni por lo que queremos. Hay una salida, en
verdad, y es la de elegirnos porque ([la cita] es de Gide) “ser es elegirse”. ¿No
lo crees
así? Un
abrazo.
René

“Vuelvo al camino con la adarga al brazo”


Del Che Guevara a sus
padres
1967
Queridos viejos:

Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante; vuelvo al camino
con la adarga al brazo. Hace de esto diez años, les escribí otra carta de
despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor
médico; lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo. Nada ha
cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente, mi marxismo
está enraizado y depurado. Creo en la lucha armada como única solución
para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis
creencias. Muchos me dirán aventurero y lo soy; solo que de un tipo diferente
y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.

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Texto Guía – Historia

Puede ser que esta sea la definitiva. No lo busco pero está dentro del cálculo
lógico de probabilidades. Si es así, va un último abrazo […]. Acuérdense de vez en
cuando de este pequeño condottiero del siglo XX. Un beso a Celia, a Roberto, Juan,
Martín y Patotín, a Beatriz, a todos. Un gran abrazo de hijo pródigo y recalcitrante
para ustedes.
Ernesto

LOS SÍMBOLOS PATRIOS


Símbolo es un término que procede del vocablo latino “simbŏlum” y que se emplea para
hacer referencia a aquello que permite representar una idea percibida mediante los
sentidos. Los símbolos no cuentan con una semejanza o con un vínculo de contigüidad
respecto a su significado: funcionan por una convención.
Patrio, por su parte, es algo vinculado a la patria (el territorio ligado a una comunidad
humana a través de cuestiones afectivas, culturales, históricas y jurídicas).
Se conoce como símbolo patrio, de esta manera, al elemento que permite la
representación de un país, una nación o un Estado. Es habitual es que estos símbolos
resuman valores históricos de la tierra en cuestión a través de una imagen, en ocasiones
acompañada por una frase.
Debido a que representan a un país y, por extensión, a la población, se considera que la
profanación y la vulneración de los símbolos patrios son ofensas graves e incluso delitos.
LA BANDERA BOLIVIANA

La Bandera de la República de Bolivia consta de tres franjas horizontales de igual


ancho y dimensiones, colocadas en este orden: una color rojo en la parte
superior, una color amarillo en el centro y una color verde en la parte inferior.
La franja de color rojo, representa la sangre derramada por nuestros héroes para el
nacimiento y preservación de la República.
La de color amarillo, representa nuestras riquezas y recursos naturales.

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Texto Guía – Historia

La de color verde, representa la riqueza de nuestra naturaleza y la esperanza, como un


valor principal de nuestra sociedad.
PRIMERA BANDERA

Creada por la Asamblea Deliberante del 17 de agosto de 1825. Tres franjas horizontales.
Las franjas superior e inferior de color verde y la del medio, más gruesa, de color rojo. La
franja central 5 estrellas doradas en hojas de laurel, representando a los 5
departamentos que Bolivia tenía al momento de su fundación: La Paz, Potosí,
Cochabamba, Chuquisaca y Santa Cruz.

SEGUNDA BANDERA

La Ley modificatoria del 25 de julio de 1826, en la presidencia del Mariscal Antonio José
de Sucre, sustituyendo la franja verde superior por otra de color amarilla, en lugar de las
cinco estrellas de oro, el escudo de armas de la República.

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Texto Guía – Historia

BANDERA ACTUAL (OFICIAL)


En el gobierno de Manuel Isidoro Belzu por ley del 5 de noviembre de 1851, aprobó con
carácter definitivo los colores de la bandera nacional, en la forma que sigue: el rojo punzó
en la parte superior, el amarillo al centro y el verde en la parte inferior.
Posteriormente, durante la presidencia de Gregorio Pacheco, mediante decreto supremo
del 14 de julio de 1888, se reglamentó su uso manteniendo el orden y los colores,
además en la franja del centro deber llevar el escudo de armas de Bolivia.
El decreto supremo, del 30 de julio de 1924, determina que el 17 de agosto se
conmemore como día de la bandera.
El decreto supremo 27630 reglamenta el uso de la bandera nacional de la siguiente
manera:
USO EN INSTITUCIONES DEL ESTADO
La Bandera Nacional que se use en el Palacio de Gobierno, Palacio Legislativo y Palacio
de Justicia como también los diferentes ministerios, prefecturas y organismos
internacionales, llevarán el Escudo Nacional de Armas de Bolivia en el anverso y reverso
dentro de la franja amarilla. La Ley modificatoria del 25 de julio de 1826, en la
presidencia del Mariscal Antonio José de Sucre, sustituyendo la franja verde superior por
otra de color amarilla, en lugar de las cinco estrellas de oro, el escudo de armas de la
República.
USO GENERAL
Conmemoraciones cívicas patrióticas y en fiestas públicas, los ciudadanos usarán la
Bandera Nacional sin el Escudo de Armas, Izándola en sus casas, edificios, extendiendo
a ciudadanos extranjeros que deseen enarbolarla.
LA WIPHALA

En la actualidad el Art. 6 de la Nueva Constitución Política del Estado, reconoce a la


wiphala como uno de los símbolos del Estado.
La Wiphala procede del término aymara que quiere decir bandera y es un emblema
andino de forma cuadrada, a diferencia de la bandera boliviana que tiene la forma

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Texto Guía – Historia

rectangular, por que expresa la organización, la armonía, la unidad e Igualdad. Es


cuadrada consta de siete colores usada en la actualidad como símbolo de los pueblos
indígenas en Bolivia

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Texto Guía – Historia

SIGNIFICADO DE LOS COLORES DE LA WIPHALA


Rojo; representa al planeta tierra (aka-pacha), es la expresión del hombre andino, en el
desarrollo intelectual, es la filosofía cósmica en el pensamiento y el conocimiento de los
amawtas.
Naranja; representa la sociedad y la cultura, es la expresión de la cultura, también expresa
la preservación y procreación de la especie humana, considerada como la más preciada
riqueza patrimonial de la nación, es la salud y la medicina, la formación y la educación, la
práctica cultural de la juventud dinámica.
Amarillo; representa la energía y fuerza (ch'ama-pacha), es la expresión de los principios
morales del hombre andino, es la doctrina del pacha-kama y pacha-mama: la dualidad
(chacha-warmi) son las leyes y normas, la práctica colectivista de hermandad y
solidaridad humana.
Blanco; representa al tiempo y a la dialéctica (jaya-pacha), es la expresión del desarrollo y
la transformación permanente del qullana marka sobre los andes, el desarrollo de la
ciencia y la tecnología, el arte, el trabajo intelectual y manual que genera la reciprocidad y
armonía dentro la estructura comunitaria.
Verde; representa la economía y la producción andina, es el símbolo de las riquezas
naturales, de la superficie y el subsuelo, representa, tierra y territorio, así mismo la
produeción agropecuaria, la flora y fauna, los yacimientos hidrológicos y mineralógicos.
Azul; representa al espacio cósmico, al infinito (araxa- pacha), es la expresión de los
sistemas estelares del universo y los efectos naturales que se sienten sobre la tierra, es la
astronomía y la física, la organización socio económica, político y cultural, es la ley de la
gravedad, de las dimensiones y fenómenos naturales.
Violeta; representa a la política y la ideología andina, es la expresión del poder comunitario
y armónico de los andes, el instrumento del estado, como una instancia superior, lo que
es la estructura del poder; las organizaciones, sociales, económicas y culturales y la
administración del pueblo y del país.

EL ESCUDO DE ARMAS

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Texto Guía – Historia

PRIMER ESCUDO

Creado en la presidencia del Gran libertador Simón Bolivar, por Decreto Ley de 17
agosto de 1825.
Estaba divido en cuatro cuarteles: uno superior, otro inferior y dos centrales. En el cuartel
superior, sobre campo de fondo azul, figuran cinco estrellas de plata; en el cuartel
inferior, el cerro de Potosí, sobre fondo dorado; en el cuartel izquierdo, una alpaca, sobre
campo verde.
Estaba coronado por un gorro frigio y lleva encima una cinta con la inscripción
“República de Bolivar”, sostenida por dos hadas.
SEGUNDO ESCUDO

Modificado por Decreto Ley de 25 de julio de 1826, en la presidencia del Mariscal Antonio
José de Sucre.
Consta de un óvalo central, en cuyos costados, sobre fondo amarillo, con letras doradas,
se lee: “República Boliviana” y en la parte inferior sobre fondo azul, seis estrellas, en
representación de los departamentos creados hasta esa fecha.

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Texto Guía – Historia

Al interior del óvalo, al centro, el Cerro Rico de Potosí, al costado izquierdo el sol
naciente, y en la parte inferior la Alpaca, el árbol del pan, la Casa de la Moneda y un haz
de trigo.
A los costados del óvalo se alzan cuatro pabellones tricolores: amarillo, rojo y verde,
sujetados sobre cuatro lanzas, cuatro fusiles y dos cañones, símbolo de fuerza y poder.
El óvalo esta coronado por el hacha incaica, en cuyo extremo superior se yergue el gorro
frigio de la libertad.

TERCER ESCUDO
Reglamentado por Decreto Supremo de 14 de julio de 1888, en la presidencia de
Gregorio Pacheco.
Mantiene algunos elementos del anterior el óvalo central, sobre el fondo azul, está
inscrito en letras doradas “Bolivia” en la parte inferior, sobre fondo azul, aparecen diez
estrellas en representación de los nueve departamentos, incluido el Litoral cautivo.

ESCUDO ACTUAL

De acuerdo al Decreto Supremo del 14 de julio de 1888 y Reglamentado por Decreto


Superior Nº 27630 del 21 de julio de 2004.
El Escudo Nacional de Bolivia es de forma elíptica.
En la parte superior lleva un sol naciente apareciendo detrás del Cerro de Potosí con los
celajes del amanecer.
En su centro el Cerro Rico de Potosí y el Cerro Menor.
En la parte superior del cerro menor, la capilla del Sagrado Corazón de Jesús.
En la parte inferior izquierda del conjunto formando por los cerros, una llama blanca.
A su derecha, un haz de trigo y una palmera. Alrededor, el óvalo de color azul con un
filete interior de color dorado.
En la mitad superior del óvalo la inscripción “Bolivia” en letras de oro y en mayúsculas.

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Texto Guía – Historia

En la mitad inferior del óvalo diez estrellas de cinco puntas en oro.


A cada costado, tres pabellones (banderas nacionales), un cañón, dos fusiles, un hacha
a la derecha y el gorro de la libertad a la izquierda.
Remata el Escudo el cóndor de los Andes en actitud de levantar el vuelo.
Detrás del cóndor, dos ramas entrelazadas de laurel y olivo. El laurel a la izquierda y el
olivo a la derecha haciendo una corona.
Cuando corresponda, el campo exterior al Escudo será azul perlado.
SIGNIFICADO DEL ESCUDO NACIONAL DE BOLIVIA
El Escudo Nacional de Bolivia se divide en las siguientes partes y significados:
El Cóndor de los Andes es el ave nacional de Bolivia y simboliza la búsqueda de
horizontes sin límites del país.
El Laurel simboliza el triunfo, la gloria después de la guerra.
El Olivo simboliza la paz y la gloria de los pueblos.
Pabellones se refieren a las tres Banderas Tricolores dispuestas a cada lado del ovalo
con sus respectivos mástiles, la bandera es el máximo símbolo nacional.
La disposición de los fusiles-pica, simbolizan las armas del país.
El gorro frigio también conocido como Píleo, simboliza las de libertad
Ovalo cuyo campo es de color azul celeste, tiene la forma elíptica oblonga, contiene en su
parte inferior las diez estrellas doradas y en la parte superior se lee la inscripción
BOLIVIA, en letras doradas.
El Cerro Rico de Potosí, cuyas riquezas de plata fueron descubiertas en 1545 fue una de
las minas de plata más ricas del mundo, simboliza la riqueza de los recursos naturales.
Cerró Menor está asociada al conjunto del Cerro Rico de Potosí, constituyéndose en una
especie de altar de la montaña, donde se levanta la Capilla del Sagrado Corazón.
Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, es una construcción hecha con granito de
Comanche y la imagen del Sagrado Corazón de Jesús hecha de bronce que a lo lejos es
confundida por una cruz ya que esta con los brazos abiertos.
El Sol simboliza el nacimiento y el esplendor del país.
El Cielo con los colores del amanecer, simboliza el nacimiento y esplendor del país.
La Llama blanca, simboliza la riqueza de la fauna del país.
El Haz de Trigo simboliza los abundantes recursos alimenticios del país.
Estrella simboliza a cada uno de los Departamentos de Bolivia, incluyendo al Litoral.

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Texto Guía – Historia

HIMNO NACIONAL
HISTORIA DEL HIMNO NACIONAL
El Himno Nacional de Bolivia fue estrenado el 18 de noviembre de 1845 en la
ciudad de La Paz, frente al Palacio de Gobierno. A las 12 del día, 90
instrumentistas pertenecientes a las bandas militares de los batallones quinto,
sexto y octavo, hacen escuchar por primera vez los vibrantes acordes de la
“Canción Patriótica”, que así se llamó al estrenarse.
Ese día se festejaba el cuarto aniversario de la Batalla de Ingavi con varios actos
de magnitud extraordinaria, entre los que se destacaban la apertura del Teatro
Municipal y el estreno del Himno Nacional.
En la noche, ante el público congregado en el nuevo Teatro, el Dr. Sanjinés
explicaba sobre la letra de la Canción Patriótica que es interpretada por un coro
de ocho voces con el acompañamiento de una orquesta dirigida por Benedetto
Vincenti.
Las exclamaciones de júbilo premiaron a la brillante actuación coral; el público,
los personeros del gobierno, el mismo héroe de la batalla de Ingavi, Presidente
José Ballivián; felicitaron ardientemente a los autores del Himno Nacional.
AUTORES DEL HIMNO NACIONAL
AUTOR DE LA LETRA

Dr. José Ignacio de Sanjinés, autor de la letra del Himno Nacional, jurisconsulto,
legislador y poeta, nació en Chuquisaca en 1786, ocupó altos cargos en servicio de la
nación, fue diputado representante en las Asambleas Deliberante y Constituyente de
1825 y 1826.
El Dr. Sanjinés dio a los versos del himno Nacional un encendido calor patriótico
de amor a la libertad, de condenación a la tiranía, de loor eterno a los bravos

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Texto Guía – Historia

guerreros de la libertad y de incitación de mantener en alto el nombre de la


Patria.
Después de una larga vida de mentor de la juventud a la que además de instruir,
educaba con el ejemplo de sus cualidades morales, murió en Sucre el 15 de
agosto de 1864.

AUTOR DE LA MÚSICA

Benedetto Vincentti, nacido en Roma, cursó estudios en el conservatorio de


París, en dicha ciudad fue contratado por el Almirante Du Thous, para que los
acompañara en su segundo viaje alrededor del mundo.

Al pasar por Chile, Vincenti se queda contratado como director de la banda de


música del Ejército, posteriormente el Presidente Ballivián lo trajo a Bolivia con
igual cargo.
Se avecindó en la ciudad de La Paz y contrajo matrimonio con una dama boliviana.
Años después regresó a su patria donde murió.
En el gobierno del General Manuel Isidoro Belzú, en 1851 mediante Decreto
Supremo se oficializó el Himno Nacional y se mandó imprimir para que fuera
distribuido en las escuelas, desde entonces se ejecuta y entona en todos los
actos oficiales y escolares.

HIMNO NACIONAL DE BOLIVIA


I
Bolivianos: el hado propicio coronó
nuestros votos y anhelo; es ya libre,

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Texto Guía – Historia

ya libre este suelo, ya cesó su servil


condición. Al estruendo marcial que
ayer fuera y al clamor de la guerra
horroroso siguen hoy, en contraste
armonioso, dulces himnos de paz y
de unión.
II
Loor eterno a los bravos guerreros,
heroico valor y firmeza conquistaron
las glorias que empieza hoy Bolivia
feliz a gozar.

Que sus nombres el mármol y el bronce a remotas


edades trasmitan y en sonoros cantares repitan:
Libertad, libertad,libertad.

III
Aquí alzó la justicia su trono
que la vil opresión desconoce, y
en su timbre glorioso legose
libertad, libertad, libertad.

Esta tierra inocente y hermosa que


ha debido a Bolívar su nombre es
la patria feliz donde el hombre
goza el bien de la dicha y la paz.

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Texto Guía – Historia

IV
Si extranjero poder algún día
sojuzgar a Bolivia intentare, al
destino fatal se prepare que
amenaza a soberbio invasor.

Que los hijos del grande Bolívar


han ya mil y mil veces jurado
morir antes que ver humillado de
la patria el augusto pendón.
CORO
De la patria el alto nombre en
glorioso esplendor conservemos y
en sus aras de nuevo juremos
¡Morir antes que esclavos vivir!
Letra: José Ignacio Sanjines.
Musica: Benedetto Vincentti.

LAS FLORES

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Texto Guía – Historia

LA KANTUTA

Fue declarada Flor nacional, durante la presidencia de Bautista Saavedra, mediante


Decreto Supremo de 1 de enero de 1924.
Se la consagró como Flor Nacional por que ostenta los colores de la bandera
nacional en sus bellos corbados, destinados a reavivar y embellecer la tradición y
las glorias de los pueblos andinos. Esta bella flor ya figuró en la heráldica del
poderoso imperio del tawantisuyo.

EL PATUJU

Flor originaria de los llanos de Bolivia, cuyo nombre científico es Heliconia


Rostrata, que crece en una pequeña planta semejante a un pequeño bananero y
cuya inflorescencia se presenta en largos pétalos en forma de espadines
matizados por líneas brillantes con los tres colores de la bandera boliviana.
Fue declarada Flor Nacional mediante Decreto Supremo del 27 de abril, de 1990.

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Texto Guía – Historia

LA ESCARAPELA

La actual escarapela boliviana es una divisa compuesta por una cinta tricolor,
fruncida alrededor de un punto. Como distintivo y emblema nacional, se la coloca,
generalmente, en el pecho, especialmente en los desfiles y actos cívicos.
Los colores de la escarapela son los mismos de la bandera nacional, dispuestos
de la siguiente manera: el rojo en el borde exterior, el amarillo en la banda central
y el verde en la parte interior.

POLICÍA BOLIVIANA
ETIMOLOGÍA DE LA PALABRA “POLICÍA”
El termino policía deriva del griego "POLITEIA", que significa "ciencia de los fines
y deberes del estado". Politeia era el conjunto de instituciones que integraban la
ciudad o POLIS. Igual significado tiene la voz latín "POLITIA"
ETIMOLOGÍA DE LA PALABRA “DOCTRINA”
Doctrina proviene del verbo latino «DOCERE», «DOCTUM», significa «ENSEÑAR
o ENSEÑADO»
CONCEPTO DE DOCTRINA
La doctrina es el perfeccionamiento de un conocimiento específico, dentro del
proceso evolutivo de una realidad determinada, en base al desarrollo y
sustentación de teorías y principios que, al ser aplicados a un medio social,
prescriben programas de acción, los cuales, orientados por una metodología
adecuada y una estructura de valores éticos-sociales, posibilitan alcanzar una
finalidad concreta.

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Texto Guía – Historia

SÍMBOLOS
HIMNO AL POLICÍA
PROPULSOR DEL HIMNO
En pleno desarrollo de la década de 1940, la Institución estaba comandada por el
Sr. Cnl. Isaac Vincenti Barrientos, rodeado de una bien formada oficialidad, se
resolvió dotar a las fuerzas e carabineros de un himno que
cantara sus hazañas y significara su blasón y en un fondo filosófico la grandeza
de sus actos profesionales, el norte de su sacrificada labor dentro de la
comunidad y su misión dentro de los confines de la patria.
AUTOR DE LA MÚSICA
El Sr. Cap Eduardo Canedo Pelaez, por entonces director de la Revista Policial,
convoco a un concurso para este fin, ganado este concurso en lo referente a la
música el Sr. Cnl. Adrián Patiño del Carpio, quien era Director de Bandas de las
Fuerzas Armadas, un célebre militar y compositor de varias marchas e himnos.
AUTOR DE LA LETRA
El autor de los bellos versos que tiene nuestro himno y ganador del concurso, fue
Don Adrián Pereira, poeta conocido por sus profundas composiciones, y quien de
manera majestuoso logro con sus versos describir la conducta, el
comportamiento heroico y el sueño patriótico del policía. La inspiración es tal que
es capaz de tocar las más íntimas fibras del ser de cada uno de los que hemos
abrazado el verde olivo y que hacemos carne y realidad todo lo que este ilustre
boliviano un día pensó al realizar su bella composición.

HIMNO DEL POLICÍA Y DEL CARABINERO


Autor de la música Cnl. Adrian Patiño del Carpio
Autor de la letra Adrián Pereira

CORO
Del derecho en la antorcha encendida, Te dio el cielo su inmenso poder; Guardia
fiel, qué te importa la vida
Si alumbrando te mata el deber
Contra el crimen tu pecho es muralla Que defiende la paz y el honor;
Si la guerra tu predio avasalla Mata al monstruo que siembra el terror.

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Texto Guía – Historia

Las palomas defienden su nido De las garras del pérfido halcón; De tiranos
protege al vencido,
Hiere al pueblo si el pueblo es felón.
CORO
Del derecho en la antorcha encendida, Te dio el cielo su inmenso poder; Guardia
fiel, qué te importa la vida
Si alumbrando te mata el deber

Contra el crimen tu pecho es muralla Que defiende la paz y el honor;


Si la guerra tu predio avasalla Mata al monstruo que siembra el terror.
En tus manos está la balanza; De la ley, que al hombre igualó
Por dar vida a su muerta esperanza Temis justa, tus ojos vendó.
Sin amor y sin odio domina
A los caídos, que aliente tu voz; Hasta el sol justiciero se inclina Cuando ampara
tu sombra de Dios.

EMBLEMAS DE LA POLICÍA BOLIVIANA


BREVE INTRODUCCIÓN HISTÓRICA
El Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, el 24 de junio de 1826
dispone la creación del primer Cuerpo Policía de la Republica, dotándole de sus
originales y atribuciones y competencias, los miembros de este cuerpo armado
fueron trasplantados de los cuarteles del ejército, su indumentaria también lo fue.
El primer emblema que se conoce que fue utilizado fue una simple, llana y bella
ESCARAPELA en la que se destacaban los colores de la patria.
Las 12 compañías de fusileros que entraron en acción en el campo de batalla
durante el conflicto de la guerra del chaco, usaron un ovalo metálico con fondo en
tela negra y en el centro el escudo de armas de la patria, que llevaba el Ejército
Nacional.
Hasta que en un lejano 8 de septiembre del año de 1960, como una respuesta a la
inquietud de sus miembros se vio la necesidad de crear un emblema que nos
proporcione una personalidad propia y una característica física que sirviera para
imprimir el concurso de muchos factores encerrados en un emblema, cuya suma
es la CAUSA y el IDEAL; el PASADO, El PRESENTE y el PORVENIR DE
NUESTRA INSTITUCIÓN.

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Texto Guía – Historia

La autoría del fondo y la forma del emblema, que se denominó ESCUDO-


INSIGNIA DE LA POLICÍA BOLIVIANA, les corresponde alternativamente, al Sr.
Gral. Honoris Causa, Dn. Walker Kaune Arteaga, egregio profesional y, al Sr. Cnl.
DESP. Hernan Gallardo Sempertegui
RESOLUCIÓN MINISTERIAL

El 8 de septiembre de 1960 y después de los tramites de rigor se aprobada la


resolución del epígrafe con el siguiente contenido.
1º. Apruébese el reglamento sobre el uso del escudo” Insignia” para los señores
Generales, jefes, oficiales, Clases y Carabineros, del “Cuerpo Nacional de
Carabineros y Policías de Bolivia”
Elaborado por la Dirección General del Ramo, el mismo que deberá consignarse
como parte integrante del Reglamento de Uniformes Nº3 en vigencia.
2º. El escudo Insignia para Generales será dorado y para Jefes y Oficiales, color
natural del cóndor, debiendo componerse de las siguientes partes:
a) Un cóndor posado de frente que representa la “libertad del pueblo de
Bolivia”
b) A la altura del pecho del Cóndor, el Escudo Nacional, que representa la
“Enseña Patria”.
c) En la parte inferior, dos carabinas cruzadas sobre las que se posa el
Cóndor y representa “el Orden”.
d) Debajo y en forma semicircular con relación al cóndor las ramas de laurel y
olivo que simbolizan la “gloria institucional”.

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Texto Guía – Historia

HERÁLDICA DEL EMBLEMA DE LA DIRECCIÓN NACIONAL DE


INSTRUCCIÓN Y ENSEÑANZA - UNIVERSIDAD POLICIAL “MCAL. ANTONIO
JOSÉ DE SUCRE”.

Dos ramas de Laurel y Olivo que representan la bravura y victorias obtenidas por
nuestra gloriosa Institución a lo largo de su vida Institucional y símbolo de Paz,
que sostienen la efigie del Mariscal de Ayacucho, franja de fondo en campo
verde, que representa el color de la institución policial.
El libro abierto que representa los valores y principios transmitidos en Aulas, con
el lema “Protectum Populi, Suprema Lex”, cuya máxima significa “La Protección
al Pueblo es Nuestra Suprema Ley”.
Dos carabinas Cruzadas que representan la Fuerza y el Orden, protegiendo al
crespón de nuestra Tricolor Nacional.

HERÁLDICA DEL EMBLEMA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE POLICÍAS

Dos ramas de laurel y olivo, que simbolizan las glorias heredadas de Insignes
héroes institucionales encargados de sembrar mediante sus enseñanzas la

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Texto Guía – Historia

doctrina policial, siendo celosos guardianes de la paz y el orden en todos los


confines de la Patria.
La Mano Gloriosa que sostiene la Antorcha, simboliza el poder conferido por la
Constitución Política del Estado, que ampara su razón de ser, le otorga su misión
y atribuciones específicas.
La Antorcha encendida y flameante, significa la libertad lograda por nuestros
antepasados, que es resguardada por la gloriosa Institución, representa también
la luz del conocimiento y la guía del camino del buen Policía.
HERÁLDICA DEL EMBLEMA DE LA FACULTAD TÉCNICA SUPERIOR EN
CIENCIAS POLICIALES (FATESCIPOL)

Presenta las siguientes características:


Dos ramas de laurel y olivo, que representan las glorias heredadas por los
héroes institucionales, encargadas de sembrar mediante sus enseñanzas la
doctrina policial, siendo celosos guardianes de la paz y el orden en todos los
confines de la patria.

La mano gloriosa que sostiene la antorcha, simboliza el poder conferido por la


Constitución Política del Estado que ampara su razón de ser y le otorga sus
atribuciones específicas.
La antorcha encendida y flameante, significa la libertad lograda por nuestros
antepasados, que se resguardan por la gloriosa Institución.
Las carabinas, el poder y la fuerza legal para imponer el orden.

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Texto Guía – Historia

HERÁLDICA DEL EMBLEMA DE LA FACULTAD TÉCNICA SUPERIOR EN


CIENCIAS POLICIALES Y ARTES MUSICALES (FATESCIPOLMUS)

Carabinas cruzadas que simboliza la fuerza y el orden cuya posición le dice al


mal “no pasarás”. Laurel y Olivo que simboliza las glorias heredadas de insignes
héroes institucionales, encargados de sembrar mediante sus enseñanzas la
doctrina policial, siendo celosos guardianes de la paz y el orden en todos los
confines de la patria, Lira que simboliza al instrumento universal que representa
a quienes eligen la vocación y arte de la música.
Partichelas en atril que simbolizan el lenguaje con el que se lee y escribe las
melodías de los himnos y cantos institucionales, estos asentados en un atril de
notas musicales que es el soporte sobre los que se leen las notas a ser
interpretadas por las bandas de policías de música.

EL MANDO
Dentro de nuestra organización de tipo jerárquica, implica el ejercicio de la
autoridad que la ley prevé a los superiores sobre sus subalternos o
subordinados, por razón de Grado Jerárquico, antigüedad, destino comisión, esto
con el objeto de que lo planificado se realiza, mediante la dirección y guía que
requiere el personal, influyendo positivamente en ellas.
Las funciones de mando, en el nivel estratégico u operativo son un conjunto de
actividades que tienden a asegurar la consecución de los propósitos y objetivos
institucionales por medio del trabajo y el esfuerzo coordinado de todo el personal
subalterno.
El mando en la Policía Boliviana se fundamenta en su condición de institución
policial de carácter uniformada, obediente, no deliberante, profesional,
jerarquizada y disciplinada; y, en la autoridad legal de los Oficiales (en general
del personal más antiguo); entendida esta última como dominio, poder, autoridad

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Texto Guía – Historia

o facultad que se tiene para dictar órdenes, y hacerlas cumplir, en materias


propias del servicio policial operativo y del quehacer administrativo.

PODER DE POLICÍA
CONCEPTO. Es una potestad del Estado que tiene por fin la defensa del buen
orden de la cosa pública. mediante el recurso del poder, autoridad. contra las
perturbaciones que los intereses individuales puedan ocasionar.
Esta facultad establece límites a la libertad individual con el fin de asegurar esta
libertad y los derechos esenciales del hombre y la sociedad.
En la doctrina jurídica contemporánea se denomina Poder de Policía en general a
la facultad legislativa de regular la amplitud y límites de los derechos individuales
expresamente consagrados o implícitamente reconocidos en la Constitución
Política y leyes del Estado.
BREVE HISTORIA DE LA POLICÍA BOLIVIANA
FUNCIÓN POLICIAL ENTRE COLECTIVIDADES INDÍGENAS
ENTRE LOS AYMARAS

Rastreando las primeras manifestaciones de la Institución Policial, recurrimos a


los antecedentes históricos más remotos, que permitan descorrer tanto como sea
posible, el brumoso velo de la época precolombina, ayudándonos con las luces
que nos proporcionan los estudiosos e historiadores que escudriñaron los
ámbitos en los que se desenvolvían los habitantes de las tierras en que hoy está
asentada la República de Bolivia. Enrique Finot, se refiere a los sucesos y
acontecimientos protagonizados por los hombres que habitaban la meseta
andina.

"Sobre el origen de los primeros pobladores de la meseta andina hay dos teorías:
la que les asigna una procedencia oceánica y la que les supone procedencia
amazónica o de otras regiones del continente" TIWANACU "El descubrimiento de
los vestigios TIWANACOTAS en las costas del Atlántico es indicio de que en una
época remota una raza antiquísima vino hacia el occidente, buscando las tierras
altas, a causa de un cataclismo ocurrido en las tierras bajas de oriente.
Posteriormente pudo producirse la inmigración de procedencia oceánica, de
donde resultó la raza colla, precursora de los aymaras y de la civilización incaica.
La permanencia en la región, de restos de razas y lenguas diferentes (los URUS,
los PUQUINAS, los ATACAMAS, etc.) que nada tienen de común con los
quichuas y los aymaras, demuestra que en la zona altiplánica existieron varias
culturas superpuestas, anteriores a la dominación incaica". En su estudio sobre la
Historia de Copacabana, al hablar de las raíces de la raza que sentó sus reales
en esa bahía del Lago Sagrado, don Víctor Santa Cruz dice: "Hubo una vez, hace
acaso algunos miles de años, que unos hombres lograron robar a la naturaleza el
secreto de convertir momentáneamente la piedra más dura y tenaz en una blanda

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Texto Guía – Historia

y suave masa, en la cual perfectamente podrían manipular, para darle la forma


que quisieron y para plasmar en el granito imágenes, dibujos y símbolos de un
lenguaje que se ha perdido, conjuntamente con aquel secreto". "Y esto que tiene
visos de leyenda, parece una realidad que por suerte ha quedado cristalizada en
los monumentos megalíticos que dejaron aquellos hombres y que sobreviven
hasta hoy, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces y de la acción
devastadora de los elementos". "En Copacabana, las islas del Sol y de la Luna el
paso de aquellos hombres que parecen de leyenda por su habilidad para labrar la
piedra, ha quedado marcado por monumentos que causan y seguirán causando
la admiración de cuantos vean con la simpleza de visitantes o de aquellos que los
estudian con manuales de arqueología o con libros de investigación histórica". "El
investigador Arturo Posnansky dice en una monografía titulada "Tiwanacu y la
Civilización en el Altiplano Andino", que La época primitiva de Tiwanacu fue el
primer esfuerzo de una de las tribus autóctonas más inteligentes para someter
religiosa y políticamente las hordas que sin sujeción alguna vivían diseminadas
en las islas y orillas del gran lago, en una vida poco sedentaria". "El testimonio de
los cronistas de la Colonia no precisaría mayores ratificaciones para evidenciar la
antigüedad de la época en que vivieron los hombres de Tiwanacu, anterior en
muchos siglos a la dominación incaica, pero, no es inoportuno anotar que
hombres de ciencia que realizaron investigaciones al respecto, como el Conde
Francis de Castelnau entre otros, están acordes en afirmar que "el esplendor de
Tiwanacu" pertenece a una época muy anterior a la aparición de los Incas". "Más
categórico que los cronistas de la Colonia, que sólo basaban sus afirmaciones en
las referencias que hacían los indios de su época, es el investigador boliviano
José María Camacho, quien afirma, como resultado de excavaciones efectuadas
en el suelo de Tiwanacu, que el espesor de la capa sedimentaria que ha venido
acumulándose en siglos, es de más de un metro". "Comparando este espesor
dentro de las condiciones topográficas del lugar, con el detritus depositado en
otras antiguas ciudades cuya época de destrucción es evidentemente conocida,
resulta que, siglos más o siglos menos las ruinas de Tiwanacu cuentan cerca de
cuatro mil años, esto es, que se remontan a las primeras edades postdiluvianas,
y que son contemporáneas de Nínive y Babilonia, los centros más antiguos de la
civilización en el viejo mundo". "La civilización alcanzada por los hombres de
Tiwanacu y de Copacabana, no se circunscribió a la orilla del Lago Titicaca, ni se
detuvo sólo en la meseta altiplánica. Su superficie llegó, por el Norte hasta el
paralelo 8 al Sur de la línea ecuatorial, y por el mediodía parece trazado su límite
en las tierras de Santiago del Estero, República Argentina, ya que las huellas que
se conservan a través de los siglos, permiten asegurar que en todos esos
territorios, muy lejos hacia el Norte y lejos también hacia el Sur, vivieron y
dominaron los misteriosos seres de la era de Tiwanacu". "Así por lo menos, lo
afirman hombres de ciencia, como el arqueólogo alemán Máx Uhle, que realizó
investigaciones y estudios en el Continente, para encontrar los eslabones
perdidos de la civilización prehistórica de América”.

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Texto Guía – Historia

LA NACIÓN AYMARÁ
Remitiéndonos a los estudios de don Pedro Kramer tenemos que: "Los aymaras
se organizaron en nación en el altiplano alrededor del lago Titicaca
principalmente." "Los principales pueblos aymaras que formaban el núcleo de
esta extensa nación eran los Pacajes, habitantes de Pacasa, (actual Pacajes); los
omasuyos que vivían a orillas del lago Titicaca, concentrándose después a los
límites de la actual provincia de Omasuyos; los laricasas que vivían en las
provincias actuales de Muñecas y Larecaja; los yungas que comenzaban desde
el valle de Chuquiapu, y se extendían en la vertiente oriental de 1a cordillera
Real; los unís; sicasicas, curahuaras, carangas, etc." Abundando en otras
opiniones Alcides D'Orbigny, en sus estudios sobre el indígena americano
sostiene el parentesco antropológico de aymaras y quechuas: "...por el carácter,
las facultades intelectuales, modales, costumbres, usos privados y sociales, por
la industria agrícola y la manufacturera, por los vestidos, los aymaras se
asemejaron y se asemejan todavía a los quechuas". Sobre los Mallcus se dice
que: "Los aymaras antes de ser conquistados por los incas, se encontraban
gobernados por los mallcus, que en unas tribus era el guerrero más valiente y en
otras el anciano más responsable; estos jefes gozaban de una autoridad absoluta
y vitalicia, siendo a veces hereditario en su familia el gobierno.
La mujer del Mallcu se llamaba Tahalla; los jefes subalternos eran los apus y en
grado inferior a estos se encontraban los ilacatas". Estos antecedentes, eximen
de dar más extensa información de las funciones que desempeñaban, como jefes
y gobernantes, los Mallcus, Apus e Ilacatas, en sus actividades administrativas y
políticas. Por eso, nos limitamos a citarlos con esos simples títulos y como tales,
suponiendo que dentro de sus obligaciones de mandar sobre sus pueblos y
súbditos, tenían que hacer cumplir las determinaciones de sus normas de
carácter moral y religioso con la autoridad que les permitía imponer la fuerza aún
valiéndose del castigo en los casos de trasgresión de sus preceptos.
LA ACTIVIDAD POLICIAL ENTRE LOS QUECHUAS

Los quechuas inscribían los hechos más salientes de su gobierno y


administración en los QUIPUS, varios significados no se han podido descifrar.
Los quipus estaban encargados a unos funcionarios especializados, los
QUIPUCAMAYUS; que a través de esos cordeles podrían habernos transmitido
quizá una historia completa de los Incas; pero como tales cordeles no tenían el
valor del oro ni de la plata, fueron destruidos por la ignorancia del conquistador.
Sin embargo esta acción devastadora, no ha podido anular del todo el valor que
tienen para la investigación y estudio del incario. Kramer, señala: "Desde
Pachachaca hasta el nudo del Cuzco existían varias naciones sujetas a jefes,
CURACAS, de autoridad permanente o transitoria. Entre estas naciones la más
importante era la quechua considerada como la más numerosa. Su lengua llegó a
ser el idioma oficial del imperio; antes de la conquista fue hablado en la serranía
del Norte y dejó huellas en regiones a donde no llegaron los ejércitos incaicos;

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Texto Guía – Historia

después de la conquista se extendió por medio de los mitimaes a varias zonas


alejadas del Cuzco".
TAHUANTINSUYU

Fundada la capital del Imperio en el Cuzco, su expansión impuso la necesidad


de ser dividido para gobernarlo mejor en cuatro SUYOS o TAHUANTINSUYU. Tal
división estaba orientada en el sentido de los cuatro puntos cardinales y se
denominaban ANTISUYU el que estaba al oriente, CUNTISUYU el del occidente,
CHINCHASUYU el del septentrional y COLLASUYU el meridional. "Dentro de
cada Suyu había otras demarcaciones que llevaban los nombres propios de los
pueblos conquistados, en cada una de estas existían comarcas cada una de las
cuales debía dar cabida a uno o más conjuntos de diez mil familias o JUNU y
hallábanse bajo el gobierno de un JUNUKURAKA. En provincias muy extensas y
pobladas había divisiones en parcialidades de a 40000 familias o WAMANIN,
conducidas cada una de ellas por un WAMANIN APU. El junu se dividía en diez
WARANQA (mil familias), cada una regida por un kuraca. La Waranqa se
componía de dos grupos de a 500 familias y cada uno de cinco PACHAJ
(centuria), (PACHAKA era el mayordomo principal del palacio del Inca); cada
centuria era regida por un PACHAJKAMAYUJ (gobernador de 100 familias) y se
dividía a su vez en dos Phisqachunka, cada una conducida por un
PHISQACHUNKAKAMAYUJ.
Finalmente se tenía la CHUNKA (diez), grupo de diez familias dependiente de un
CHUNKAKAMAYUJ". "Al lado del soberano, aún por encima del consejo imperial
había un alto dignatario conocido con el nombre de INCAJ-RANTIN
(representante suplente del Inca), cuya función consistía en reemplazar en el
gobierno a aquel, cuando se ausentaba en campaña o en viaje por el interior del
país. "Entre el consejo imperial y los JUNU existía otra dignidad, la del
TUKUYRIKUJ. De acuerdo con el nombre, que quiere decir EL QUE LO VE
TODO, el dignatario realizaba una labor de vigilancia en el distrito de su
jurisdicción que por lo general era una provincia, haciéndose responsable del
debido cumplimiento y observancia de las leyes y mandatos del Cuzco,
enmendando errores, reparando injusticias, sancionando infracciones". "De
jerarquía inferior al Tukuyrikuj era el LLAJTAKAMAYUJ, especie de inspector que
visitaba las viviendas para ver el cuidado y diligencia, que el varón como la mujer
tenían acerca de su casa y familia..., escribe Blas Vareta, y al mismo tiempo se
ocupaba de dirigir el trabajo de las heredades de las viudas, huérfanos, soldados
movilizados, inválidos, etc. y también la construcción de viviendas".
DELITOS Y PENALIDADES

Los aspectos de moral, de autoridad y de antiguas costumbres importaban


también una serie de normas para castigar a los individuos que no acataban
ciertas determinaciones lo cual implicaba el castigo para los renuentes a la
observación y cumplimiento de las reglas existentes. Se castigaba estrictamente
el incesto, con penalidades que en algunos casos resultaban exageradas, como
reventar los ojos a los culpables. En otro caso, eran tan rigurosas las penas que

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Texto Guía – Historia

fallecido el culpable, su cuerpo no debía enterrarse sino arrojarse a los barrancos


para alimento de las alimañas. Los malhechores y ladrones debían purgar sus
penas en

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Texto Guía – Historia

establecimientos carcelarios lúgubres y especiales. Asimismo, se daban


penalidades harto fuertes a las mujeres y a los varones adúlteros, tales como
amarrarlos por los cabellos y colgarlos en los riscos además de dárseles el
tormento de privarlos no sólo de la libertad, sino aún en determinadas
circunstancias de ocasionarles la muerte. En los casos en que una doncella se
entregaba a un hombre sin que su hubieran llenado las formalidades
matrimoniales, eran castigados en la misma forma. Y, en los casos de abuso
deshonesto o forzamiento ejecutados por varones en perjuicio de doncellas, los
violadores recibían la pena de muerte colgados en una horca donde permanecían
varias horas. También, dentro de sus principios morales, se castigaba duramente.
a los individuos que se embriagaban con exageración. Las sanciones eran
enérgicas, al extremo de que en algunas ocasiones los ebrios eran privados de
alimentación por lapsos considerables. Llegó este sentido de organización a
determinar que en la capital del Imperio haya un Consejo Real compuesto por
dos Incas de HANAHCUZCO y LURINCUZCO (Cuzco Alto y Cuzco Bajo, en que
estaba dividida la ciudad), cuatro de COLLASUYU, por lo que desde entonces se
les llamaron TAHUANTINSUYU CAMACHI-CONCHIC. Todo este aparato de
gobierno debía ocuparse de ordenar el Imperio, haciendo que se cumplan los
mandatos del Inca, que se respeten las leyes y se cumplan las sanciones
establecidas. Haciendo concurrir la vida del Incario con la llegada de los
conquistadores, Guamán Poma informa que estas ordenanzas generales
dictadas por el TOPA INCA YUPANQUE y su consejo, fueron transmitidas al Rey
Católico don Fernando Segundo por el Virrey don Francisco de Toledo, el cual,
sacando de ellas lo mejor, las conformó para que se observaran en esta parte de
sus dominios. Sin embargo, vale hacer notar que tales ordenanzas, leyes o
costumbres que regían a los Incas, fueron destruidas por los primeros
conquistadores españoles del Tahuantinsuyu, que iniciaron su desmantelamiento
con la prisión y muerte del Inca ATAHUALLPA. LA
POLICÍA Y LOS CONQUISTADORES Fue sin par acontecimiento el
descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492,
así como sus tres viajes consecutivos a las Indias Occidentales como se dio en
llamar a esta parte del mundo, descubriendo en el último las costas de lo que hoy
es Colombia (año 1948). En ninguna de estas aventuras marítimas es de suponer
que se hubiera pensado en la necesidad de establecer un sistema de autoridad
que realmente ejecute actividades específicas de policía, ni aún cuando Colón
anunciara la existencia de un Nuevo Mundo y fuera galardonado con los títulos
de Almirante del Océano y Virrey de las tierras que descubriera y en cuyo honor
debía formar un séquito de autoridades menores. Tenía, indudablemente, gente
armada encargada de hacer cumplir sus órdenes en las naves en que surcaba
los mares y, de proteger la seguridad de sus partidas cuando arribaba a alguna
de las tierras descubiertas. Tales actividades no pueden calificarse estrictamente
como de policía. Posteriormente, cuando se estableció que el Nuevo Mundo,
desde que Américo Vespucio dibujó sus primeros mapas, era una tierra de
ingentes riquezas, las expediciones de los conquistadores se multiplicaron y es
entonces cuando aparece la Institución del Orden en algunas de sus formas más
definidas.

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Texto Guía – Historia

LA POLICÍA EN LA ETAPA DE LA COLONIA

Derrotado Almagro en 1538 y ejecutado en el Cuzco, Francisco Pizarro mandó a


Pedro Anzúrez de Campo Redondo al sur del Collasuyo, quien el 29 de
septiembre de 1538 fundó la ciudad de Charcas, denominada luego La Plata,
Chuquisaca y después Sucre. En 1778 el enorme Virreinato del Perú, al cual
había pertenecido Charcas desde un comienzo, fue dividido en dos Virreinatos
con la creación del Virreinato del Río de La Plata. A la cabeza de cada una se
hallaba un intendente, responsable de sus actos ante el Virrey. Mucho poder,
principalmente de naturaleza política y administrativa se fue así arrebatando a la
Audiencia, que limitó sus facultades casi sólo a lo que corresponde a una corte
de apelación. La erección de las Audiencias de Buenos Aires y Cuzco, más las
reformas administrativas y el cambio de Charcas a un nuevo Virreinato, fueron las
causales para el fin de la edad de oro de la Audiencia de Charcas. Sin embargo,
fue aún así un organismo de innegable poder y sus Ministros, los OIDORES,
comenzaron a sentirse más y más arrogantes. Por ejemplo, aplicaron con
particular estrictez las normas de etiqueta hasta llegar casi al absurdo. No
saludaban a nadie, pero demandaban que todos los saludasen respetuosamente.
Cuando caminaban por la calle los otros habitantes al cruzarse con un Oidor
tenían que descender de la acera. Apoyaron una vez, mediante decisión judicial,
a quien rehusó dirigirse a un intendente con el título aceptado de SEÑORÍA. El
Gobierno comunal lo ejercían los Cabildos que se componían de dos Alcaldes
ordinarios, dos Regidores, un fiel Ejecutor, un Alcalde de Aguas y un Alférez real.
FUNCIONES POLICIALES

Las funciones policiales propiamente dichas se manifestaron como una respuesta


a la necesidad de proteger la vida y la hacienda de los conquistadores, así como
asegurar una convivencia tranquila entre los habitantes de las poblaciones, sobre
la base de medidas que prevenían los delitos y sanciones a los contraventores,
emergentes del derecho consuetudinario que se fue modelando poco a poco con
el transplante de leyes y costumbres del Reino de España. En las capitales de las
provincias los Gobernadores representaban al Virrey y tenían bajo su mando a
los Corregidores y a los Intendentes, cuyas funciones policiales eran definidas,
puesto que encabezaban las actividades de conservación del orden público, el
resguardo de la seguridad personal y real con elementos que en los primeros
tiempos estaban compuestos por piquetes de soldados de las guarniciones
españolas y vecinos honorables voluntarios. El ejercicio de la autoridad estaba
sujeto a las leyes y ordenanzas que se dictaban en el Real Consejo de las Indias
y a las que se daban en las tierras colonizadas por sus propios Virreyes,
constituyendo el cuerpo de legislación más adecuado y sabiamente elaborado, el
conjunto de leyes y disposiciones dictadas por el Virrey don Francisco de Toledo
en 1574 y en 1577 que por su importancia son conocidas por "Las Ordenanzas
de Toledo". A medida que las poblaciones aumentaban en importancia y
habitantes, la necesidad de vigilar las heredades y la seguridad de las personas
se hacía más compleja.

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Texto Guía – Historia

Piquetes especiales de gente armada sobre la base de las fuerzas regulares con
el nombre de VIGILANTES, recorrían durante el día las poblaciones imponiendo
el cumplimiento de las ordenanzas y bandos de carácter policial y comunal. Junto
a estos también se organizaron grupos de funcionarios contratados
exprofesamente para que mediante rondas nocturnas velaran por la tranquilidad
de los habitantes, sirviendo de auxilio a las personas obligadas a transitar las
calles en esas horas. Manifestaban su presencia con anuncios de hora y tiempo,
logrando de este modo ahuyentar a los malhechores que pudieran haber actuado
en acecho. Estos eran los SERENOS, de quienes se han tejido un sinnúmero de
anécdotas interesantes. Para que las leyes del Monarca, las disposiciones de
buen gobierno de las altas autoridades o las ordenanzas de los cabildos y las
órdenes reglamentarias de policía fuesen conocidas por todos los habitantes y
nadie alegara un desconocimiento, se realizaba una ceremonia pública y
solemne, en la que se leía el mandato que adquiría vigencia desde ese momento.
Este era el BANDO. La fidelidad de los indios a las autoridades de sus
antepasados, a sus tradiciones y costumbres, no pudo ser borrada con el nuevo
sistema de gobierno. De ahí que junto a sus prácticas religiosas, continuaban
acatando y respetando a sus jefes, curacas e ilacatas y practicando una evidente
mezcla de ritos paganos y católicos. Con tales antecedentes y la discriminación
que imponían los colonizadores en su trato con los criollos, mestizos e indios, se
impuso una serie de medidas legales de tipo paternalista que estuvieron
encomendadas especialmente a las autoridades menores de policía para que
protegieran sobre todo a los indios, concordando las actividades de estas
autoridades con las que representaban a los aborígenes. Con estas
características hasta entonces pacíficas, se van desenvolviendo las actividades
de la Colonia amparadas en sus leyes y en sus autoridades; mas los trajines
sediciosos se dejaban sentir, si no como un intento emancipador, por lo menos
aparentando adhesión a las corrientes políticas que se estaban desarrollando en
la madre patria, por lo que la actividad de Policía se vuelca al control secreto de
quienes se reúnen en las cantinas, billares y otros lugares de diversión pública,
con la misión de informar de los pormenores de esta latente conspiración, dando
paso a una nueva forma de vigilancia policial destacada para desenmascarar a
los que escudados en el anonimato debían ser tratados como perturbadores del
orden público.
LA POLICÍA DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Sobre esta etapa de la vida de los pueblos sometidos a la dominación española,


los estudios se concretan por lo general a dar relieve a los acontecimientos que
significaron levantamientos, rebeliones, pronunciamientos, escaramuzas y
batallas, sin mencionar que en ellas intervinieron fuerzas en función de policía
que jugaron papeles importantes en cada ocasión. Así tenemos que los ajetreos
políticos que antecedieron a la sublevación de Chuquisaca, hicieron ver a Ramón
García Pizarro, Presidente de la Real Audiencia de Charcas, el inminente
rompimiento entre la Audiencia y su autoridad, y que aquella recibiría el apoyo del

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Texto Guía – Historia

Coronel Arellano y su milicia acantonada en Yamparáez. Por eso Pizarro, el 23


de mayo de 1809, mandó pedir tropas al Intendente de Potosí.
LA POLICÍA EN LA REPÚBLICA

Como primer referente después de la creación de la entonces Republica de


Bolivia tenemos el proyecto de constitución realizado por el Libertador Simón
Bolívar, entre las que se encontraba una Milicia para la conservación del orden
interno.
Posteriormente el 24 de junio de 1826 se instituyó la Ley Reglamentaria de la
Policía con 2 Capítulos y 40 Artículos, firmado por el Mcal. Antonio José de
Sucre, hecho que dio lugar a la creación de la Institución de orden, la cual se
consolidó el 6 noviembre de 1826 con la primera Constitución Política del Estado.
A través del tiempo la población identificó a los funcionarios policiales con los
denominativos de: Alguaciles, Vigilantes, Serenos, Rondines, Celadores,
Gendarmes, Comisarios, Intendentes, Capitanes de Puerto, Corregidores,
Guardias, Agentes de Orden, Carabineros y
El año 1861, la función policial como tal estaba dividida en dos servicios: El
primero bajo órdenes de un Intendente de policía y el segundo bajo el mando de
un Comisario.

El 5 de abril de 1875 en la ciudad de Antofagasta, las autoridades y pueblo en


general, resuelven en un cabildo la creación de un Cuerpo de Bomberos.
El 14 de febrero de 1879, se recuerda la defensa de las costas del Litoral
boliviano con 40 gendarmes de sable, la muerte de los Sgtos. de Policía
Salvatierra y Flores, los cuales junto a 134 héroes defendieron Calama; la actitud
heroica de la niña Genoveva Ríos, hija del Comisario de Policía Clemente Ríos,
la cual rescató la tricolor nacional del mástil de la Intendencia en plena invasión y
la remembranza del Capitán de Puerto Exequiel Apodaca, quien formo parte de la
5ta División del ejercito en la batalla de Canchas Blancas el 12 de noviembre de
1879.
El 28 de Julio de 1930, el gobierno de turno instruye la unificación de las
unidades policiales al mando de la Dirección General de la Policía y Carabineros.
El 16 de Julio de 1932, en el gobierno de Daniel Salamanca se instruye la
movilización del Regimiento de Carabineros Calama al sector de Laguna
Chuquisaca en la campaña del Chaco, además de otros destacamentos como los
Regimientos 15 y 16 de Infantería conformados por gendarmes, comisarios y
agentes de policía al mando de los Tcnls. Aguirre y Babia, participando en las
batallas de Boquerón y Kilómetro 7, además del Regimiento Murguía conformado
por los Carabineros mas aguerridos conocidos como los “cuchilleros de la
muerte”.

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Texto Guía – Historia

El 26 de febrero de 1937, el presidente David Toro Ruilova, firma el Decreto


Supremo de creación de la Escuela Nacional de Policías y Carabineros de Bolivia
hoy Academia Nacional de Policías (Facultad de Ciencias Policiales), con la
finalidad de profesionalizar a los servidores públicos Policiales, la cual inició sus
labores en el Cuartel Policial de la calle Calama (hoy Colorados de Bolivia),
pasando sus instalaciones por el entonces cuartel Sucre, el ex Regimiento
Policial No. 2, ubicado en la calle Loayza y por último en el fundo Seguencoma
de la zona sur de la ciudad de La Paz.
El 19 de mayo de 1937 se registra la llegada de la Misión Italiana de Carabinieris,
con el fin de restructurar la institución del orden.
Los Carabineros y Policías, junto a su pueblo, participaron de la Revolución
Nacional de 9 abril de 1952, donde se registró la pérdida de vidas de muchos
efectivos policiales como la del Brigadier Mayor Remberto Tapia Cuéllar héroe de
la revolución.

En el intento de revolución del 6 de noviembre de 1953 caen acribillados varios


Carabineros en la ciudad de Cochabamba los cuales ofrendan sus vidas con el
afán de preservar el orden público.
El 5 de diciembre de 1954, por orden general de Carabineros No. 2/54, se
proclama Patrona del Cuerpo Nacional de Policías y Carabineros a la Santísima
Virgen de Copacabana, otorgándole el grado honorifico de Generala de la Policía
Boliviana.
El 27 de junio de 1955, cambia el nombre de la Escuela de Policías por el de
Academia, hecho que buscaba inspirar la confianza del pueblo, prohibiendo el
sentido represivo que tuvo en los regímenes anteriores.
Esa misma gestión mas concretamente el 8 de diciembre se aprueba el
financiamiento para la construcción de la academia nacional de policías en bajo
Seguencoma, ambientes que fueron entregados oficialmente 11 años después un
11 de abril de 1964, en los actos de conmemoración xii aniversario de la
revolución nacional del 9 de abril.

El 19 de agosto de 1960 resalta la designación del primer oficial de Carabineros


como edecán de la presidencia en el gobierno de Víctor Paz Estensoro,
recayendo esta designación en el Capitán de carabineros René Mendieta
Arandia, egresado de la Escuela Nacional de Policías y Carabineros el año 1949.

El 8 de septiembre de 1960 tenemos la aprobación del escudo insignia policial


para generales, jefes. oficiales, clases y carabineros. El mismo que se ostenta en
la actualidad.
Como parte importante en este periodo podemos mencionar la aprobación de ley
Orgánica sancionada por el poder ejecutivo en la gestión 1962, donde cambia el
denominativo de Carabineros por Policía Boliviana y a su vez el cargo de Director

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Texto Guía – Historia

General de Policía y Carabineros por el de Comandante General de la Policía


Boliviana.
El 4 de noviembre de 1964, en el golpe militar ejecutado por René Barrientos y
Alfredo Ovando, instruyen la confiscación y entrega de armas en acto público, por
parte de Carabineros y Policías, quienes aceptan el hecho con el fin de evitar el
cambio de color de uniforme café, manteniendo el verde olivo.
El 5 de enero de 1965, se reforma y redacta una nueva Ley Orgánica para la
Policía Boliviana.
El 19 de junio de 1965, se da lugar a la creación del Centro de Adiestramiento de
Canes, con 10 canes traídos de la Guardia Civil del Perú, 10 Pastores Alemanes
de Argentina y Suiza, adiestrados para el rastreo, detección de explosivos,
sustancias controladas, seguridad penitenciaria y control de disturbios.
El 25 de abril de 1967, en Ñancahuazú, Valle Grande, al rastrear la presencia
guerrillera del Che- Guevara en la finca el Mesón, son acribillados el Sgto.
Villanuevo Sánchez Cerro y el can Thempes.

El sábado 20 de agosto de 1971, el Tcnl. Hugo Banzer Suárez, es trasladado de


Santa Cruz a La Paz, más concretamente en el Regimiento Policial No. 1, donde
fue protegido por efectivos policiales y fue vestido con el uniforme del My. Carlos
Vidangos Monroy siendo trasladado posteriormente a palacio de gobierno
consolidado el golpe, siendo escoltado por los Capitanes Jorge Loayza, Rolando
Antezana y Jaime Barrera, donde agradeció haber vestido con honor el glorioso
verde olivo, que le salvó la vida.

El 30 de diciembre de 1971, es designado Comandante General de la Policía


Nacional el Tcnl. Pablo Caballero Díaz, quien ejerció el cargo, en los períodos de
30 de diciembre de 1971 a 21 de mayo de 1973 y del 25 de Octubre de 1973 al 9
de Noviembre de 1976, creando en sus gestiones varias Unidades y Organismos
operativos, como las de Radio Patrulla 110 y la Brigada Femenina un 13 Junio de
1973.

El 24 de diciembre de 1980, el Gral. Luis García Meza, firma el D.S. No. 17864,
con el que se aprueba el ascenso del primer general de la Policía Nacional, grado
que recae en el Cnl. Roberto Quinteros Encinas.
El 10 de octubre de 1982, se reestructura la institución policial, desapareciendo la
Guardia Nacional de Seguridad Pública (Av. Pando) e interviniendo la Dirección
Nacional de Investigación Criminal DIN. (Calle Sucre).

El 8 de abril de 1985, en el gobierno de Hernán Siles Zuazo se promulga Ley


Orgánica de la Policía Nacional No. 734, con 6 Títulos y 138 Artículos,
mencionando en su Art. 35 la desconcentración administrativa, creación de
Comandos Departamentales de Policía, Policía Aduanera y el control de
sustancias peligrosas.

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Texto Guía – Historia

Del 1 enero al 31 marzo de 1995, en cumplimiento a convenios y tratados


internacionales, la Policía envía un contingente policial a la República de Haití
para asistencia técnica de reestructuración a fuerzas policiales de Puerto Príncipe
y Fuerte Libertad y luego a Mozambique.
Del 10 al 14 febrero de 2003, en enfrentamientos acaecidos en plaza murillo en el
denominado impuestazo se registra el deceso de los policías: Omer Nemer
Tatton, Macario Justiniano Colque Monasterios, Édgar Condori Palma, Valerio
Altamirano
Callisaya, Orlando David Ramos Mamani, Ovidio Canaviri Canaviri, Juan Carlos
Humérez Arrieta, Miguel Vega Lucero y Irineo Apaza Bautista, Antonio Castro
Roca.

El 3 de abril de 2007, de acuerdo a resolución No. 0255/07. se prueba la


desconcentración del servicio policial, en Módulos y Estaciones Policiales
Integrales (EPIS), en todo el estado.
Del 28 al 29 mayo de 2013, en la ciudad de Santa Cruz, se da inicio a las
actividades de la Policía Aérea o Patrulla Policial Aérea, con 2 helicópteros con
Matrículas: PB 001 y PB 002, para el servicio de vigilancia y Seguridad
Ciudadana.
De acuerdo a Ley No. 348, para garantizar a la mujer una vida libre de violencia,
el 1 de abril de 2013, se instruye la creación de la Fuerza Especial de Lucha
Contra la Violencia (FELCV) “Genoveva Ríos".

CREACIÓN DE LA ESCUELA NACIONAL DE POLICÍAS

Al haberse fusionado todos los organismos policiales dispersos bajo el


denominativo de "Carabineros de Bolivia", el personal antiguo de policías que
había retornado de la Guerra del Chaco, consiguió que el Gobierno de la Junta
Militar presidida por el Teniente Coronel David Toro, materialice el viejo anhelo de
contar con un Instituto Profesional. Como consecuencia de ello se dictó el
Decreto Supremo de 26 de febrero de 1937, haciendo realidad la creación de una
Escuela de Policías a nivel nacional; en su parte considerativa indicaba "que la
reorganización del servicio de policías, impone la selección y estabilidad del
personal de orden y seguridad; que el ejercicio de las labores policiales exige
idoneidad especializada, etc.” y se decreta "la fundación de un instituto
técnicomilitar denominado "Escuela Nacional de Policías" destinado a
profesionalizar el servicio policial". Se determina que, “la Escuela otorgará títulos
o diplomas a todos los alumnos que concluyan satisfactoriamente sus estudios de
carácter civil o militar, según el curso que se elija", que en lo sucesivo únicamente
los títulos o diplomas otorgados por la Escuela podrán habilitar al personal para el
ejercicio de cargos activos de Policía. De esta manera se marca un hito de
verdadero progreso no sólo para la Policía, sino también para el país, pues el
gobierno considero que la reorganización del servicio de Policías imponía la

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Texto Guía – Historia

selección y estabilidad del personal de Orden y Seguridad y que el ejercicio de


las labores policiales exigía idoneidad especializada, según se trate de la función,
para garantizar el orden público en todo el territorio de la República, mediante un
régimen de disciplina social y una oportuna colaboración a los tribunales
judiciales y administrativos.
Señala además que los cursos y su duración serían los siguientes:
- 2 años para optar el Título de Oficial de Carabineros.

- 1 año para optar el título de Suboficial de Carabineros.

- 6 meses para optar el título de Sargento y Cabo.

- 3 años para optar el título de Agente Civil de Primera Clase.

- 2 años para optar el título de Agente Civil de Segunda Clase.

También se determina que se dicten cursos para habilitar a Oficiales de Reserva,


ex cadetes, empleados y ex empleados de Policía, dictándoles cursos
trimestrales y semestrales, de carácter ordinario y de perfeccionamiento, según el
grado del personal uniformado o el destino de los agentes civiles.

Se debía encargar al director de la Escuela Nacional de Policías, la preparación


de un plan general de estudios y reglamento interno para el instituto y someterlo
a la consideración de la Dirección General de Policías; los requisitos que se
exigirían para su ingreso debían ser:
a) Ser boliviano de nacimiento, haber concurrido a la campaña del
Chaco o haber cumplido el servicio militar.

b) Tener una edad no menor de 21 años ni mayor de 26 años.

c) Gozar de buena salud.

d) Para el Curso de Oficiales, haber egresado del 4° año de


secundaria.

e) Para el curso de Suboficial, haber egresado del 1° año de


secundaria.

f) Para el curso de Sargento, haber concluido el ciclo primario.

Con la finalidad de habilitar en las funciones policiales a los Oficiales de Reserva,


ex cadetes, empleados y ex-empleados y al personal en servicio, debían dictar
cursos trimestrales para personal uniformado y semestrales para Agentes Civiles,
debiendo todo el personal que prestaba servicios en las Brigadas

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Texto Guía – Historia

Departamentales de Policías y Carabineros, legalizar su situación mediante los


grados o diplomas indicados previo examen; para ingresar a los cursos rápidos
fuera de los requisitos anteriores, los postulantes debían cumplir los siguientes:

a) Ser empleado civil o uniformado del servicio de Policía.

b) Haber sido Agente de Policía o Comisaría, con un año de servicio


prestados, cuando menos.

c) Ser bachiller con aptitudes para la carrera policial.


d) Ser ex cadete y Oficial de reserva.

Los alumnos de los cursos rápidos, tendrían privilegio de percibir los haberes
fijados para los cargos que desempeñaban y los restantes percibirían los haberes
que fijaba la Dirección General de Policías conforme al presupuesto nacional por
lo que, en compensación de este beneficio al egresar estaban obligados a prestar
como mínimo cinco años de servicio a la institución.
En resguardo de la eficacia de estos Cursos remunerados, seis faltas
injustificadas motivaban la expulsión de la Escuela y consiguientemente, la
pérdida definitiva del cargo y haberes.

Finalmente, se determinan otros requisitos para que el personal en servicio


legalice su situación mediante grados o diplomas otorgados por la Escuela.

Además de constituir este Decreto Supremo la partida de nacimiento de nuestro


Instituto, constituye una medida atinada e inteligente, puesto que prevé la
formación, habilitación y perfeccionamiento no sólo del personal uniformado sino
el civil y ambos con las jerarquías no sólo a nivel de Oficiales como es en la
actualidad.
Los primeros en concurrir a la flamante Escuela fueron aquellos Oficiales de
reserva que habían sido destinados del Ejército a Carabineros, así como los más
antiguos y eficientes funcionarios civiles, que cumplieron un Curso Rápido de
Capacitación que duró 3 meses; luego se formó otro curso con una duración de 6
meses, para recién en 1938 convocarse al Primer Curso Regular de Cadetes.

CREACIÓN DE LA UNIVERSIDAD POLICIAL "MCAL. ANTONIO JOSÉ DE


SUCRE"

Durante la Presidencia de Don Carlos D. Mesa Gisbert, mediante Resolución


Suprema Nº 222297 del 18 de febrero de 2004, se autorizó la creación de la
Universidad Policial “Mcal. Antonio José de Sucre”, aprobándose al mismo tiempo
el Estatuto Orgánico del Sistema Educativo Policial y el Estatuto de la
Universidad Policial – UNIPOL.

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Texto Guía – Historia

La apertura y funcionamiento de la Universidad Policial “Mcal. Antonio José de


Sucre”, fue autorizada mediante Resolución Ministerial Nº 408/06 del 28 de
noviembre de 2006, del Ministerio de Educación y Culturas.

En fecha 6 de diciembre de 2006, mediante Resolución Ministerial Nº 432/06 del


entonces Ministerio de Educación y Culturas, se autoriza la apertura y
funcionamiento de la Unidad Académica de Postgrado de la UNIPOL.
Siendo la Universidad Policial “Mcal. Antonio José de Sucre” de carácter público
por esencia, un equipo técnico de la UNIPOL tuvo la responsabilidad de gestionar
su incorporación al Sistema de la Universidad Pública Boliviana, proceso que
comenzó con la solicitud enviada al presídium del XI Congreso Nacional de
Universidades Públicas, celebrado en la ciudad de Oruro durante al mes de
agosto de 2009. Evento en el que la solicitud planteada fue discutida y apoyada
por una gran mayoría de los asistentes, tanto estudiantes como docentes, sin
embargo, de ello y por haberse manifestado una mínima, pero férrea oposición
por parte de estudiantes de la Universidad Gabriel René Moreno de Santa Cruz,
es que se difirió su tratamiento para la 1º/ XI Conferencia Nacional de
Universidades que se celebró en la ciudad de Cobija.

Ante la trascendencia que tendría para la Policía Boliviana y en especial para la


UNIPOL, el concretar su incorporación al seno del CEUB, la comisión técnica
desarrolló gestiones personales e institucionales en busca del apoyo requerido
para lograr la aprobación de afiliación de nuestra superior casa de estudios. Es
así que mediante Resolución Nº 8/09 de la 1º/XI Conferencia Nacional de
Universidades aprobó por unanimidad el ingreso de la UNIPOL como parte del
Sistema Universitario Público Nacional.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ACADEMIA NACIONAL DE POLICÍAS

Las cruces del Chaco quedaban ya lejos, pero aquí, la vida continuaba, los
pueblos seguían. La Patria estaba exigiendo un nuevo sacrificio de sus hijos,
para reorganizarla y velar por ella. Es precisamente en estas circunstancias, que
el Cnl. David Toro Ruilova, entonces Presidente de la Junta Militar de Gobierno,
invita a los Oficiales de Reserva de la Guerra del Chaco, a conformar el flamante
cuerpo de "CARABINEROS DE BOLIVIA" que, por Decreto Supremo de 13 de
Enero de 1937, unifica la función policial (Art. 19 Las policías de seguridad, las
comerciales y los Regimientos de Carabineros, formaran una sola entidad
fusionados con la denominación de "CARABINEROS DE BOLIVIA"). En este
Decreto se imparten las normas básicas de su organización.
Una consecuencia inmediata y muy importante es la necesidad de contar con un
personal de Carabineros especialmente preparado. El Gobierno del Cnl. David
Toro Ruilova quiere satisfacer este requerimiento y, el 26 de Febrero de 1937,
promulga un Decreto que es la partida del nacimiento histórico del primer Instituto
de formación profesional de Policías en Bolivia.

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Texto Guía – Historia

La capacidad del estadista se trasluce en la concepción cuyo objetivo es la


"selección y estabilidad del personal de Orden y Seguridad" y porque "el ejercicio
de las labores policiarias exige idoneidad especializada. Fundase un Instituto
Técnico denominado; "Escuela Nacional de Policías", en un primer momento,
para “habilitar a los policías en servicio” y “legalizar su situación mediante los
grados y diplomas por la escuela Nacional de Policías, previo examen”.
Aproximadamente dos décadas después, estando de Director de la Escuela el
Tcnl. Emilio Arce Zapata en la gestión 1955, como emergencia de la
promulgación del

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Texto Guía – Historia

Código de Reforma Educativa Nacional, se crea en la Escuela una comisión


presidida por el Prof. Humberto Bilbao La Vieja cooperado por el Prof. Carlos
Carrasco Ávila, que tiene como misión adecuar los aspectos académicos a los
lineamientos del mencionado Código. Como producto de ese trabajo, el 27 de
Junio, se promulga un Decreto Supremo que cambia el nombre de la Escuela por
"Academia Nacional de Policías y Carabineros". Sus alcances son mucho más
amplios, el acápite considerativo de esa disposición, señala: "Que la importancia
y diversidad de funciones asignadas a la Escuela Nacional de Policías y
Carabineros, determina la necesidad de darle una denominación adecuada a su
reestructuración académica”. Sus proyecciones educativas se amplían a la
“preparación, habilitación, especialización y perfeccionamiento profesional”.
ANTECEDENTES DE LA ESCUELA BÁSICA POLICIAL

En razón de la sentida necesidad nacional de contar con miembros tecnificados


que se hagan cargo de labores policiales se convocó en el año 1941 al primer
curso para Carabineros de tropa, llegando a capacitar a 30 efectivos en la
gestión mencionada, sin embargo, su creación se consolida el año 1973,
mediante Resolución Ministerial N° 271 de 20 de diciembre, creando la “Escuela
Básica" misma que tiene la finalidad de capacitar a Guardias, Agentes de Parada
e investigadores, sujeta a un Plan de estudios previamente elaborado.

Inicia sus labores un 4 de febrero de 1974 en instalaciones anexas a la Academia


Nacional de Policías con un efectivo de 50 alumnos seleccionados en la ciudad
de La Paz. Posteriormente se la ubica en un nivel de formación "BÁSICA
POLICIAL" y se la define como Centro Educativo para la formación y calificación
de los recursos humanos que conforman el nivel de línea de acción directa de la
Policía Boliviana, buscando el desarrollo institucional y un mejor servicio a la
sociedad.
Entre sus objetivos se destaca:

1. Elevar el nivel cultural y académico del Policía.


2. Impartir conocimientos técnico-policiales.

3. Motivar al postulante para que una vez egresado aspire a los ascensos
dentro del escalafón correspondiente.

4. Reemplazar el personal empírico de la Policía Nacional con los egresados


de estas Escuelas.
5. Lograr que sea el único medio de crecimiento vegetativo y evitar nuevas
contrataciones para la Policía Boliviana.
Hasta fines del 2003 mantiene su estructura orgánica, similar al de la ANAPOL;
agrupando a los alumnos en una Compañía, hasta ese momento se encuentran
en funcionamiento (5) cinco- Escuelas Básicas Policiales, mismas que
Texto Guía – Historia

funcionaban en las ciudades de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija y Beni


(Policía

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Montada).
Posteriormente el Sistema Educativo Policial SEP y el Estatuto Orgánico de la
Universidad Policial Mcal. Antonio José de Sucre, creado mediante R. S. 222297
de 18 de febrero de 2004 autoriza el funcionamiento de la Universidad Policial,
debiendo está ofrecer Grados y Diplomas Académicos de igual jerarquía a los
otorgados por las universidades del sistema, es por eso que de acuerdo a
disposiciones legales en vigencia se otorgan títulos a nivel de Técnico Superior
en Ciencias Policiales.

A la fecha existen (13) trece Facultades Técnicas Superiores en Ciencias


Policiales y (1) una Facultad Técnica Superior en Ciencias Policiales de Música,
mismas que funcionan en las diferentes ciudades capitales e intermedias del
Estado.
BIBLIOGRAFÍA

Doctrina Policial, Notas, referencias e ideas, My. MSc. José Luis Cristian Rollano
Peña
Orígenes, Reseña histórica de la Academia Nacional de Policías, Freddy Ronald
Bustillos Almanza

Relatos Históricos de la Policía en Bolivia


[Link]
[Link]
[Link]
Texto Guía – Historia

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