QUINOLONAS
La primera quinolona, ácido nalidíxico, se obtuvo como producto intermedio de la síntesis
de cloroquina, utilizándola para el tratamiento de las infecciones urinarias. La introducción
de las cuatro quinolonas fluoradas, como ciprofloxacina y moxifloxacina, representa un
avance terapéutico especialmente importante: estos fármacos poseen actividad
antimicrobiana extensa y son efectivos después de su administración por vía oral para el
tratamiento de diversas infecciones. Sin embargo, una serie de reacciones adversas raras y
potencialmente mortales provocaron que se retiraran del mercado estadounidense la
lomefloxacina, esparfloxacina (efectos fototóxicos, prolongación de QTc), gatifloxacina
(hipoglucemia), temafloxacina (anemia hemolítica inmunitaria), trovafloxacina (efectos
hepatotóxicos), grepafloxacina (efectos cardiotóxicos) y clinafloxacina (efectos
fototóxicos). En todos estos casos, las reacciones adversas se identificaron por medio de
encuestas después de la comercialización.
Estructura química. Los compuestos que se utilizan en la actualidad en Estados Unidos
son quinolonas que contienen un fragmento de ácido carboxílico en la posición 3 del
anillo primario. Muchas de las fluoroquinolonas nuevas también contienen un sustituto
fluorado en la posición 6 y un fragmento de piperazina en la posición 7 (cuadro 52-2).
Mecanismo de acción. Las quinolonas se dirigen contra la DNA girasa bacteriana y la
topoisomerasa IV (Hooper, 2005a). Para muchas bacterias grampositivas (p. ej., S. aureus),
la topoisomerasa IV es la actividad principal que inhiben las quinolonas. Por el contrario, la
DNA girasa constituye el principal objetivo de las quinolonas en muchos microorganismos
gramnegativos (p. ej., E. coli) (Alovero et al., 2000; Hooper 2005a). Es necesario separar
cada cadena del DNA bicatenario para permitir su multiplicación o transcripción. Sin
embargo, lo que separa a las cadenas provoca el “enrollamiento” excesivo del DNA frente
al punto de separación. Para combatir este obstáculo mecánico, la enzima bacteriana
DNA girasa permite la introducción continua de superhélices negativas en el DNA por
medio de una reacción sujeta al ATP que requiere la separación de ambas cadenas de DNA
para permitir el paso de un segmento de DNA a través de la rotura; posteriormente esta
rotura se sella de nuevo.
La DNA girasa de E. coli está formada por dos subunidades A de 105 000 Da y dos
subunidades B de 95 000 Da codificadas por los genes gyrA y gyrB, respectivamente. Las
subunidades A son las que separan las cadenas y constituyen el sitio de acción de las
quinolonas (fig. 52-3). Estos fármacos inhiben el enrollamiento excesivo del DNA
gobernado por la girasa a una concentración que se correlaciona con la necesaria para
inhibir el crecimiento bacteriano (0.1 a 10 µg/ml). Las mutaciones del gen que codifica el
polipéptido de la subunidad A confieren resistencia a estos fármacos (Hooper, 2005a). Las
cuatro subunidades codificadas por los genes parC y parE en E. coli también están
formadas por topoisomerasa IV (Hooper, 2005a). La topoisomerasa IV separa a las
moléculas hijas de DNA interligadas (concatenadas) que son el producto de la replicación
del DNA. Las células eucariotas no contienen DNA girasa, sino una topoisomerasa de DNA
tipo II similar desde el punto de vista conceptual y mecánico al que elimina las
superhélices positivas del DNA para evitar que se enreden durante la replicación. Esta
enzima es el destinatario de algunos antineoplásicos (caps. 60 y 61). Las quinolonas
inhiben a la topoisomerasa tipo II eucariota únicamente a una concentración mucho
mayor (100 a 1 000 µg/ml) que la que se necesita para inhibir a la DNA girasa bacteriana
(Mitscher y Ma, 2003)
Espectro antibacteriano. Las fluoroquinolonas son bactericidas potentes contra E. coli, y
diversas especies de Salmonella, Shigella, Enterobacter, Campylobacter y Neisseria
(Hooper, 2005a). Las concentraciones inhibitorias mínimas (MIC) de las fluoroquinolonas
para 90% de estas cepas (MIC ) suelen ser menores de 0.2 µg/ml. La ciprofloxacina es más
activa que la norfloxacina contra P. aeruginosa; su MIC varía de 0.5 a 6 µg/ml. Las
fluoroquinolonas también poseen buena actividad contra los estafilococos, pero no la
tienen contra las cepas resistentes a la meticilina (MIC 90 = 0.1 a 2 µg/ml). La actividad
contra los estreptococos se limita a un subgru- 90 po de quinolonas, incluidas
levofloxacina, gatifloxacina y moxifloxacina (Hooper, 2005a). Las fluoroquinolonas inhiben
diversas bacterias intracelulares a una concentración que se puede alcanzar en el
plasma. Éstas comprenden especies de Chlamydia, Mycoplasma, Legionella, Brucella y
Mycobacterium (incluida Mycobacterium tuberculosis) (American Thoracic Society, 2003).
La ciprofloxacina, ofloxacina y pefloxacina tienen valores de MIC de 0.5 a 3 µg/ml para M.
fortuitum, M. kansasii y M. tuberculosis; la ofloxacina y pefloxacina (no disponible en
Estados Unidos) son activas en modelos animales de lepra (Hooper, 2005a). Sin embargo,
la experiencia clínica con estos microorganismos patógenos es limitada. 90 iversas
fluoroquinolonas, incluidas la garenoxacina (no se encuentra disponible en Estados
Unidos) y la gemifloxacina, tie- nen actividad contra bacterias anaerobias (Medical Letter,
2000, 2004). Durante el tratamiento en ocasiones surge resistencia por mutaciones en los
genes cromosómicos bacterianos que codifican la DNA-girasa o la topoisomerasa IV o por
medio del transporte activo del fármaco hacia el exterior de la bacteria (Oethinger et al.,
2000). En las bacterias no se han identificado actividades que modifiquen o inactiven a las
quinolonas (Gold y Moellering, 1996). Después de la introducción de las fluoroquinolonas,
la resistencia ha aumentado, especialmente en Pseudomonas y estafilococos. También se
ha observado mayor resistencia a las fluoroquinolonas en C. jejuni, Salmonella, N.
gonorrhoeae y S. pneumoniae. Como se menciona en el capítulo 48, los parámetros
farmacocinéticos y farmacodinámicos de estos antimicrobianos son importantes para
prevenir la selección y diseminación de las cepas resistentes, generando la descripción de
una concentración para prevenir mutaciones, que es la concentración menor del
antimicrobiano que evita la selección de bacterias resistentes en inóculos bacterianos
abundantes. Los ß-lactámicos son fármacos que dependen del tiempo sin efectos
posteriores importantes, que provocan la erradicación de bacterias cuando la
concentración sérica libre es mayor que la MIC de estos fármacos contra los
microorganismos patógenos durante >40 a 50% del intervalo posológico. Por el contrario,
las fluoroquinolonas son fármacos que dependen de la concentración y el tiempo, lo que
permite la erradicación de bacterias cuando la proporción entre el área bajo la curva
sérica libre y la MIC es mayor de 25 a 30. Este principio es ejemplificado por la
presentación de liberación prolongada de ciprofloxacina.
Absorción, destino y excreción. Las quinolonas se absorben muy bien después de su
administración oral y se distribuyen de manera extensa en los tejidos del cuerpo. Su
concentración sérica máxima se alcanza en las primeras 3 h después de una dosis oral de
400 mg y las concentraciones máximas varían de 1.1 µg/ml para esparfloxacina a 6.4
µg/ml para levofloxacina. La concentración sérica de norfloxacina es relativamente
reducida, por lo que su utilidad en el tratamiento de las infecciones urinarias es limitada.
Los alimentos no modifican la absorción oral pero aumentan el intervalo que transcurre
hasta alcanzar la concentración sérica máxima. La dosis oral en adultos es de 200 a 400
mg cada 12 h en el caso de ofloxacina, 400 mg cada 12 h para norfloxacina y pefloxacina
y 250 a 750 mg cada 12 h para ciprofloxacina. La biodisponibilidad de las fluoroquinolonas
es >50% para todos los fármacos y >95% para muchos. La semivida sérica de norfloxacina
y ciprofloxacina es de 3 a 4 h. El volumen de distribución de las quinolonas es elevado y su
concentración en orina, riñones, pulmón, tejido prostático, heces fecales, bilis,
macrófagos y neutrófilos es mayor que su concentración sérica. La concentración de
quinolonas en el líquido cefalorraquídeo, hueso y líquido prostático es menor que la del
suero. La concentración de pefloxacina y ofloxacina en el líquido de ascitis es similar a su
concentración sérica y se ha detectado ciprofloxacina, ofloxacina y pefloxacina en la leche
materna humana. La mayor parte de las quinolonas se elimina a través de los riñones y las
dosis se ajustan en caso de insuficiencia renal. Las excepciones son la pefloxacina y
moxifloxacina, que se metabolizan principalmente en el hígado y no se utilizan en
pacientes con insuficiencia hepática. Ninguno de estos fármacos se elimina con eficacia
por medio de diálisis peritoneal o hemodiálisis.
USOS TERAPÉUTICOS
Infecciones urinarias. El ácido nalidíxico es útil únicamente para las infecciones urinarias
causadas por microorganismos sensibles. Las fluoroquinolonas son mucho más potentes y
tienen un espectro de actividad antimicrobiana más amplio. La norfloxacina está
autorizada en Estados Unidos exclusivamente para infecciones urinarias. Los estudios
clínicos comparativos indican que las fluoroquinolonas son más efectivas que el
trimetoprim-sulfametoxazol para el tratamiento de las infecciones de infecciones urinarias
(Hooper, 2005b). La ciprofloxacina XR fue aprobada por la FDA exclusivamente para las
infecciones urinarias.
Prostatitis. La norfloxacina, ciprofloxacina y ofloxacina han sido efectivas en estudios no
comparativos para el tratamiento de la prostatitis causada por bacterias sensibles. En los
pacientes que no responden al trimetoprim-sulfametoxazol las fluoroquinolonas
administradas durante cuatro a seis semanas son efectivas.
Enfermedades de transmisión sexual. Las quinolonas están contraindicadas durante el
embarazo. Las fluoroquinolonas carecen de actividad contra Treponema pallidum, pero
son activas in vitro contra C. trachomatis y H. ducreyi. Para las cervicitis/uretritis por
clamidia, se puede administrar un régimen de ofloxacina durante siete días en lugar de
doxiciclina durante siete días o una dosis única de azitromicina; las demás quinolonas no
han sido efectivas en forma constante. Asimismo, una sola dosis oral de alguna
fluoroquinolona como ofloxacina o ciprofloxacina ha sido efectiva contra las cepas
sensibles de N. gonorrhoeae, pero su resistencia creciente a las fluoroquinolonas, ha
convertido a la ceftriaxona en el fármaco de primera línea contra esta infección (Newman
et al., 2004). El chancroide (infección por H. ducreyi) se trata con un régimen de
ciprofloxacina durante tres días.
Infecciones digestivas y abdominales. Para la diarrea del turista (a menudo causada por E.
coli enterotoxígena), las quinolonas son tan efectivas como el trimetoprim-sulfametoxazol
y disminuyen la duración de la diarrea entre uno y tres días (Hill et al., 2006). La
norfloxacina, ciprofloxacina y ofloxacina durante cinco días son efectivas para el
tratamiento de los pacientes con shigellosis y en muchos casos se utilizan esquemas
incluso más cortos. El tratamiento con ciprofloxacina y ofloxacina cura a la mayoría de los
pacientes con diarrea por S. typhi, así como infecciones distintas de la tifoidea en los
pacientes con SIDA y elimina el estado de portador fecal crónico. La shigellosis se trata
satisfactoriamente con ciprofloxacina o azitromicina. El potencial in vitro que poseen las
quinolonas para inducir el gen stx2 de la toxina Shiga (que es la causa del síndrome
hemolítico urémico) en E. coli, sugiere que no se deben utilizar quinolonas contra E. coli
productor de toxina Shiga (Miedouge et al., 2000). La ciprofloxacina y ofloxacina son
menos efectivas para el tratamiento de los episodios de peritonitis en los pacientes con
diálisis peritoneal ambulatoria crónica probablemente por las MIC más elevadas
necesarias contra el estafilococo coagulasa negativo, que constituyen una causa frecuente
de peritonitis en este contexto.
Infecciones respiratorias. La limitación principal para utilizar quinolonas en el tratamiento
de la neumonía extrahospitalaria y la bronquitis es la actividad in vitro reducida de la
ciprofloxacina, ofloxacina y norfloxacina contra S. pneumoniae y bacterias anaerobias. Sin
embargo, las fluoroquinolonas más modernas como gatifloxacina (disponible únicamente
para aplicación oftálmica en Estados Unidos) y moxifloxacina, poseen actividad excelente
contra S. pneumoniae. Las fluoroquinolonas poseen actividad in vitro contra el resto de
los microorganismos patógenos más frecuentes del aparato respiratorio como H.
influenzae, Moraxella catarrhalis, S. aureus, M. pneumoniae, Chlamydia pneumoniae y
Legionella pneumophila. El antibiótico de elección contra L. pneumophila es una
fluoroquinolona (ciprofloxacina o levofloxacina) o azitromicina (Edelstein y Cianciotto,
2005). Las fluoroquinolonas han sido muy efectivas para erradicar tanto a H. influenzae
como a M. catarrhalis del esputo. Las exacerbaciones respiratorias leves o moderadas por
P. aeruginosa en los pacientes con fibrosis quística responden al tratamiento oral con
fluoroquinolonas. Cada vez se acumula más información demostrando la eficacia de las
fluoroquinolonas nuevas como fármacos aislados para el tratamiento de la neumonía
extrahospitalaria (Hooper, 2005b). Sin embargo, con el tiempo se ha observado una
menor sensibilidad de S. pneumoniae a las fluoroquinolonas (Chen et al., 1999; Wortmann
y Bennett, 1999).
Infecciones de hueso, articulaciones y tejidos blandos. El tratamiento de la osteomielitis
crónica comprende antimicrobianos prolongados (semanas o meses) con fármacos activos
contra S. aureus y bacilos gramnegativos. Las fluoroquinolonas, por su administración oral
y espectro antibacteriano adecuado en estas infecciones, se pueden utilizar en ciertos
casos y las dosis recomendadas son de 500 mg cada 12 h o, en los casos más graves 750
mg cada 12 h. Las infecciones óseas y articulares obligan a prolongar el tratamiento
durante cuatro a seis semanas o incluso más. En los pacientes con insuficiencia renal, la
dosis se debe reducir. La curación clínica alcanza hasta 75% de las osteomielitis crónicas
donde predominan los bacilos gramnegativos (Hooper, 2005b). Los fracasos son
secundarios al surgimiento de resistencia en S. aureus, P. aeruginosa y Serratia
marcescens. En las infecciones del pie diabético, que a menudo son causadas por una
mezcla de bacterias incluidos bacilos gramnegativos, anaerobios, estreptococos y
estafilococos, una opción razonable es una fluoroquinolona combinada con un fármaco
con actividad antianaerobia.
Otras infecciones. L a ciprofloxacina se ha utilizado ampliamente para la profilaxis del
carbunco y se ha demostrado que es efectiva para el tratamiento de la tularemia
(Chocarro et al., 2000; Swartz, 2001). Las quinolonas se pueden utilizar en los regímenes
con fármacos múltiples para el tratamiento de la tuberculosis multirresistente y las
infecciones micobacterianas atípicas, así como las infecciones por complejo de
Mycobacterium avium en los pacientes con SIDA (cap. 56). Las quinolonas, cuando se
utilizan como profilaxis en los pacientes neutropénicos, han reducido la frecuencia de las
bacteriemias por bacilos gramnegativos (Hughes et al., 2002).
Reacciones adversas. Por lo general las quinolonas y fluoroquinolonas se toleran bastante
bien (Mandell, 2003). Sus reacciones secundarias más frecuentes son anormalidades del
aparato digestivo, donde 3 a 17% de los pacientes manifiesta náuseas leves, vómito y/o
dolor abdominal. La causa más frecuente de colitis por C. difficile es la ciprofloxacina. La
gatifloxacina causa tanto hipo como hiperglucemia en los ancianos (Park-Wyllie et al.,
2006). En 0.9 a 11% de los pacientes se observan efectos secundarios en el SNC,
principalmente cefalea leve y mareo. Rara vez provoca alucinaciones, delirio y
convulsiones y suceden principalmente en los pacientes que también toman teofilina o
algún antiinflamatorio no esteroideo (NSAID). La ciprofloxacina y pefloxacina inhiben el
metabolismo de la teofilina y en algunos casos producen efectos nocivos por una
concentración elevada de metilxantina (Schwartz et al., 1988). Los NSAID aumentan la
separación del ácido γ-aminobutírico (GABA) de sus receptores que es inducida por las
quinolonas (Halliwell et al., 1993). En algunos casos también aparecen exantemas. Un
efecto secundario reconocido es la rotura o tendonitis del tendón de Aquiles,
especialmente en los >60 años de edad, pacientes que reciben corticoesteroides y
receptores de trasplantes de órganos sólidos (Mandell, 2003). Estos fármacos causan
artropatía en diversas especies de animales inmaduros. Por esta razón, el uso de
quinolonas de niños estaba contraindicado. No obstante, los niños con fibrosis quística
que reciben ciprofloxacina, norfloxacina y ácido nalidíxico han padecido muy pocos
síntomas articulares que además son reversibles (Burkhard et al., 1997; Sabharwal y
Marchant, 2006). Por lo tanto, en algunos casos los beneficios superan los riesgos del
tratamiento con quinolonas en los niños. En las embarazadas no se administra
ciprofloxacina. Rara vez provocan leucopenia, eosinofilia y elevación leve de las
transaminasas séricas. Se han observado algunos casos de prolongación del intervalo QTc
(que es el intervalo QT corregido para la frecuencia cardiaca) con esparfloxacina y, en
menor grado, con gatifloxacina y moxifloxacina. Quizá las quinolonas se deben administrar
con cautela en los pacientes que reciben antiarrítmicos de las clases III (amiodarona) y IA
(quinidina, procainamida) (cap. 29).
CARBAPENÉMICOS
Se han sintetizado importantes agentes terapéuticos con una estructura lactámica β que
no corresponde a las penicilinas ni a las cefalosporinas.
Los carbapenémicos son lactámicos β que contienen un anillo lactámico β fusionado y un
sistema anular pentamérico que difiere del de las penicilinas porque no está saturado y
contiene un átomo de carbono en vez de un átomo de azufre; esta categoría de
antibióticos posee un espectro de actividad más amplio que el de muchos otros
antibióticos lactámicos β.
Imipenem. El imipenem se distribuye en combinación con cilastatina, fármaco que inhibe
su degradación por una dipeptidasa de túbulos renales. El imipenem se obtiene de un
compuesto producido por Streptomyces cattleya. El compuesto, tienamicina, es inestable,
pero es estable el imipenem, un derivado de N-formimidoílo.
Actividad antimicrobiana. El imipenem, a semejanza de otros antibióticos lactámicos ß, se
une a las proteínas de unión a la penicilina, interrumpe la síntesis de la pared bacteriana y
causa la muerte de microorganismos susceptibles. Es muy resistente a la hidrólisis por
parte de la mayoría de las ß-lactamasas.
La actividad del imipenem es excelente in vitro, contra muy diversos microorganismos
aerobios y anaerobios. Son susceptibles estreptococos (incluidos S. pneumoniae resistente
a penicilina), enterococos (excluidos E. faecium y cepas resistentes a penicilina que no
producen ß-lactamasa), estafilococos (incluidas cepas productoras de penicilinasa) y
Listeria. Algunas cepas de estafilococos resistentes a meticilina son susceptibles, pero
muchas no lo son. La actividad era excelente contra las Enterobacteriaceae hasta que
surgieron las cepas productoras de carbapenemasa KPC (Jones et al., 2008; Walsh, 2008).
Muchas cepas de Pseudomonas y Acinetobacter son inhibidas. S. maltophilia es resistente.
Son muy susceptibles los anaerobios que incluyen B. fragilis.
Farmacocinética y reacciones adversas. El imipenem no se absorbe cuando se administra
por vía oral. Es hidrolizado rápidamente por la dipeptidasa que se encuentra en el borde
en cepillo del túbulo renal proximal. En la orina son bajas las concentraciones del fármaco
activo y por eso se sintetizó la cilastatina, un inhibidor de la deshidropeptidasa. Se ha
producido una presentación que contiene cantidades iguales de imipenem y de cilastatina.
Después de administrar por vía intravenosa 500 mg de imipenem y cilastatina, las
concentraciones máximas en plasma son de 33 µg/ml en promedio. El imipenem y la
cilastatina tienen una semivida ~1 h. Cuando se administra junto con la cilastatina, en la
orina se recupera ~70% del imipenem administrado en forma de fármaco activo. La dosis
debe modificarse en sujetos con insuficiencia renal. La náusea y el vómito son las
reacciones adversas más frecuentes (1 a 20%). También han surgido convulsiones incluso
en 1.5% de los pacientes, en particular cuando se administran dosis altas a personas con
lesiones del SNC y a las que tienen insuficiencia renal. Los individuos alérgicos a otros
antibióticos lactámicos ß pueden tener reacciones de hipersensibilidad cuando reciben
imipenem.
Usos terapéuticos. La combinación de imipenem y cilastatina es eficaz contra muy
diversas infecciones como las de las vías urinarias y respiratorias inferiores, las
intraabdominales y del aparato reproductor de la mujer, y de piel, tejidos blandos, huesos
y articulaciones. La combinación en cuestión al parecer es especialmente útil para tratar
infecciones causadas por bacterias intrahospitalarias resistentes a cefalosporina como
Citrobacter freundi y especies de Enterobacter (con excepción de las cepas cada vez más
frecuentes que producen KPC). Sería prudente utilizar imipenem para el tratamiento
empírico de infecciones graves en sujetos hospitalizados que en fecha reciente recibieron
otros antibióticos lactámicos ß, ante el mayor peligro de infección con bacterias
resistentes a cefalosporinas, penicilina o a ambos fármacos. El imipenem no debe usarse
como fármaco único en infecciones causadas por P. aeruginosa por el peligro de que surja
resistencia durante la terapia.
Meropenem. El meropenem es el derivado dimetilcarbamoil pirrolidinilo de la
tienamicina. No necesita combinarse simultáneamente con la cilastatina, porque no es
sensible a la dipeptidasa renal. Sus efectos tóxicos son similares a los del imipenem,
excepto en que existe menor posibilidad de que cause convulsiones (0.5% corresponde al
meropenem y 1.5% al imipenem). Su actividad in vitro es similar a la del imipenem, y su
actividad se ejerce contra algunas cepas de P. aeruginosa resistente a imipenem, pero es
menos activo contra cocos grampositivos. La experiencia clínica con el meropenem
demuestra equivalencia terapéutica con el imipenem.
Doripenem. El doripenem tiene un espectro de actividad similar al del imipenem y el
meropenem, aunque su actividad es mayor contra algunas variedades resistentes de
Pseudomonas (Medical Letter, 2008).
Ertapenem. El ertapenem difiere del imipenem y del meropenem porque posee una
semivida más larga que permite administrarlo sólo una vez al día y su actividad es inferior
contra P. aeruginosa y especies de Acinetobacter. Su espectro de actividad contra
grampositivos, Enterobacteriaceae y anaerobios lo hacen atractivo para uso en
infecciones intraabdominales y pélvicas (Solomkin et al., 2003).
Aztreonam. Aztreonam es un lactámico ß monocíclico (un monobactámico) aislado de
Chromobacterium violaceum (Sykes et al., 1981). Aztreonam interactúa con las proteínas
de unión a la penicilina de microorganismos susceptibles e induce la formación de largas
estructuras filamentosas bacterianas. El compuesto es resistente a muchas de las ß-
lactamasas elaboradas por la mayor parte de las bacterias gramnegativas, incluidas las
metalo-ß-lactamasas, pero no las ß-lactamasas KPC (Jones et al., 2008; Walsh, 2008). La
actividad antimicrobiana de aztreonam difiere de la de otros antibióticos lactámicos ß y se
asemeja mucho a la de un aminoglucósido. Aztreonam es activo sólo contra bacterias
gramnegativas y no lo es contra bacterias grampositivas y anaerobios. Sin embargo, es
excelente su actividad contra Enterobacteriaceae, al igual que lo es contra P. aeruginosa.
Es muy activo in vitro contra H. influenzae y gonococos. Aztreonam se administra por vías
intramuscular o intravenosa y las concentraciones máximas en el plasma son, en
promedio, casi 50 µg/ml después de aplicar una dosis intramuscular de 1 g. La semivida
de eliminación es de 1.7 h y gran parte del fármaco se recupera sin modificaciones en la
orina. En individuos con insuficiencia renal la semivida se prolonga a ~6 h, en promedio.
En términos generales, aztreonam es tolerado satisfactoriamente. Como dato
interesante, los individuos alérgicos a las penicilinas o a las cefalosporinas al parecer no
reaccionan a aztreonam, con excepción de la ceftazidima. La dosis usual de aztreonam en
infecciones graves es de 2 g cada 6 a 8 h; tal cantidad debe disminuir en individuos con
insuficiencia renal. Se han obtenido buenos resultados con aztreonam para tratar diversas
infecciones. Una de sus características notables es que muestra escasa reactividad cruzada
alérgica con antibióticos lactámicos ß, con la posible excepción de la ceftazidima (Perez-
Pimiento et al., 1998), con la cual guarda notable semejanza estructural. Por esa razón,
aztreonam es muy útil para tratar infecciones por gramnegativos que normalmente serían
tratadas con un antibiótico lactámico ß, si no fuera por el antecedente de una reacción
alérgica previa.