RUTH
Introducción
El libro. El breve libro de Rut –de sólo siete páginas en esta edición–, está considerado como una de las obras
maestras de la narrativa hebrea. El escenario geográfico es elemental: la región de Moab aparece en la
introducción y pasa pronto a una lejanía recordada, el resto se desenvuelve en la aldea de Belén. En cuanto al
tiempo, todo sucede en un día, una noche y una mañana, saltando tiempos intermedios.
Ni la sustentación narrativa está desarrollada ni los personajes son analizados. Muchas circunstancias se
suponen conocidas de los lectores. El patetismo se concentra en algunas frases y unas pocas lágrimas, el júbilo
estalla en breves felicitaciones. Todo el relato discurre bajo el signo de la contención; pero la sencillez es uno de
los atractivos del relato.
El autor construye sabia y discretamente su relato. Se puede reducir a cuatro escenas centrales con su
respectivo cortejo de preparación, desenlace parcial y pasajes de enlace. La sucesión de las escenas es lineal, en
sugerente alternancia: no sería difícil transformar la narración en un drama de cuatro actos.
Autor, fecha y valor histórico. No conocemos al autor ni tenemos medios para adivinarlo. Tampoco
sabemos con certeza la fecha de composición. Algunos indicios hacen pensar en una fecha tardía, otros en un
origen antiguo. La historia se sitúa en el pasado, en tiempos de los jueces: puede ser el modo de hablar durante la
monarquía o bien un intento de enlazar con el pasado remoto un presente en que ya no hay monarquía.
El interés por David, su patria y su tribu, puede ser recuerdo nostálgico en tiempos de desolación y de
esperanza. La actitud frente a matrimonios con extranjeras es liberal, como en textos antiguos; o bien puede ser
polémica frente a la reforma de Esdras y Nehemías.
El análisis interno del libro no permite su datación, aunque entre los comentaristas actuales, predomina la
datación tardía, post-exílica, que define el sentido. La misma incertidumbre se extiende al valor histórico, aunque
la mayoría de los expertos lo consideran hoy un relato de ficción
Lectura religiosa del libro. A primera vista, el libro de Rut es un hermoso cuento que narra la vida
doméstica de dos mujeres. Este libro se mueve de la tristeza a la alegría, de la angustia a la esperanza, del
desamparo a la protección, y de la escasez a la abundancia. Rut y Noemí como personajes principales, emergen
con la fortaleza de la amistad/amor en la narración, para poder vencer todos los obstáculos que se les presentan.
El libro comienza con una hambruna generalizada, muerte inesperada de todos los hombres de una familia,
expatriación, incertidumbre, «abandono» de parte de Dios y soledad de unas viudas desamparadas en medio de
una cultura machista. Después que el autor nos dramatiza esta historia con tantas calamidades, nos presenta el
valor, la creatividad, la fortaleza y fidelidad de estas dos mujeres que saben amarse y solidarizarse para descubrir
la presencia de Dios en medio de sus tragedias.
A pesar de que Noemí y Rut son dos mujeres de fe, que confían plenamente en Dios, el Señor «interviene»
solamente dos veces en todo el relato. En 1,6 Noemí ha escuchado que Dios se ha compadecido de su pueblo y ha
puesto fin a la época de hambre. En 4,13 Dios bendice a Rut al darle un hijo. En el resto de la narración Dios está
en «silencio», no se comunica a través de sueños, no envía a sus ángeles para aliviar necesidades, tampoco se nos
narra ningún ser celestial que anuncie profecías.
La audiencia es invitada a descubrir la presencia callada de Dios, que provee pan/sustento, que engendra vida,
que bendice la tierra, que manda la lluvia, que multiplica las cosechas, y que suscita un redentor –Booz– para
hacer justicia a las mujeres viudas. Al final de la narración la audiencia tendrá que descubrir que Dios esta
«detrás» de cada evento, solidarizándose con las personas pobres, marginadas, extranjeras y viudas.
El libro, sin embargo, puede también ser leído como parábola del destierro y la repatriación. Apoyándose en el
esquema: emigración a Moab–vuelta a Belén. Noemí podría representar a la comunidad judía, antes madre
fecunda, ahora viuda y sin hijos; antes, hermosa y feliz, ahora desgraciada, desterrada y volviendo vacía; y con
todo, puede esperar un futuro dichoso de fecundidad en su tierra, pues todavía la comunidad del Señor es
fecunda, todavía la tierra dará sus frutos. Todavía se espera a un nuevo David que entronca con Jesé y hunde sus
raíces en Belén de Judá. De ahí es fácil dar el salto a la escatología realizada: Belén, patria de Jesús el Mesías. Así
lo han visto la liturgia y los Santos Padres.
Pero también la historia de Rut y Noemí nos muestra el proceso de lucha que realizan estas dos mujeres hasta
obtener sus derechos, aún más allá de lo que la ley exigía. En este contexto, nuestro pueblo afro-indio-
latinoamericano que al igual que Rut y Noemí pasa hambre, tiene que emigrar a otros países, ser dispersado por
los sistemas de muerte del imperialismo, perder su identidad cultural… puede encontrar en este libro las
esperanzas y las fuerzas para creer en el Dios de la Vida, en el Dios de Jesús, de Rut y Noemí, que aunque parezca
que guarda silencio, va transformando la historia.
La muchacha forastera0
1 0
1,1-22 La muchacha forastera. El capítulo primero consta de tres partes (1-5; 6-18; 19-22). En la primera
parte, el autor nos presenta magistralmente la desgracia de los personajes: hambre y muerte, que harán contraste
con el final feliz del libro, donde Rut se casará con Booz, y a través de su hijo el pueblo de Israel será bendecido
con la figura del rey David. La segunda sección describe el viaje que realizan de Moab a Belén, con la confesión
extraordinaria de amor y lealtad que hace Rut a su suegra Noemí. La tercera parte nos describe el regreso a casa
de Noemí con sus lamentos y el encuentro que tiene con las mujeres de Belén.
El libro de Rut presenta la historia en un determinado momento histórico, el tiempo de los Jueces (1). El autor
no menciona a ningún juez en particular, así que el propósito de situar este libro en aquel tiempo parece oscuro.
No sabemos si el autor quería conectar y contrastar esta historia con las terribles historias del libro de los Jueces.
¿Estaremos a punto de escuchar una historia más de idolatría y de injusticia? ¿O quizás esta vez Dios realice algo
nuevo? ¿Reinará la justicia? No solamente la introducción del libro de Rut nos conecta con el libro de los Jueces,
también la versión de los LXX pone el libro de Rut inmediatamente después del libro de los Jueces. En este
contexto la historia de Noemí y de Rut servirá de modelo de amistad y de amor para todas las personas.
El narrador nos informa de la razón por la que Elimélec emigra con su mujer y sus dos hijos: el hambre que
azotaba a la región de Belén. En tiempo de los Jueces no se menciona ninguna hambruna. Quizás el autor quiere
conectar esta historia con la historia de los patriarcas. En el ciclo de Abrahán hay hambre y mujeres estériles, y
estos temas estarán presentes en el libro de Rut. Quizás el tema del hambre sea sólo un motivo literario que no
tiene nada que ver con la realidad. La referencia a que «hubo hambre en el país» (1) sólo quiere recordar al lector
que de la misma manera que Abrahán, Isaac, Jacob y los hijos de Jacob tuvieron que emigrar a otros países por
causa del hambre, también Elimélec tiene que hacer lo mismo. Ahora ellos tienen que vivir refugiados en un país
extranjero y experimentar la inseguridad que esto implica. Elimélec y su familia proceden de Belén –casa de pan–,
tierra fértil. Ahora Belén no tiene lo más esencial para sus habitantes y esto obligará a nuestros personajes a
sobrevivir en tierra de «infieles» y pecadores. Recordemos que los habitantes de Moab, son descendientes de la
relación incestuosa de Lot con su hija la mayor (Gn 19,37). ¿Se pude esperar algo bueno de estos hijos del
pecado? El autor dramatiza la historia al enviar a sus personajes al exilio, a un país pecador, y deja morir a los
hombres allá sin descendencia. ¿Puede ocurrirle alguna otra desgracia a Noemí?
Unos pobres, víctimas del hambre, se ven obligados a emigrar al extranjero, al igual que millones de personas
que se ven obligadas a dejar su país, cultura, a causa del hambre, situación política, guerras, etc. Todas las
personas tienen derecho a buscar una forma mejor de vida y emigrar a otros países, especialmente cuando
nuestros países han sido explotados y reducidos a la miseria con los sistemas de muerte que los poderosos nos
imponen.
Permanecieron allá unos diez años. Después de la muerte de su marido, Noemí perdió también a sus dos hijos:
Majlón –«enfermedad» o «enfermizo»–, y Kilión, –«languidez» o «agotamiento por enfermedad»–, justificándose
su muerte en que ya su nombre la anunciaba.
El autor dramatiza la historia presentándonos a tres viudas, una anciana y dos jóvenes. Lejos de entregarse al
dolor de sus desgracias y lamentarse por sus pérdidas, estas tres mujeres valerosas reaccionan positivamente y
buscan por todos los medios entender el actuar misterioso de Dios. Noemí, mujer fiel, ha escuchado que «el Señor
ha atendido a su pueblo dándole pan» (6). Belén vuelve a ser ciudad de abundancia y esperanza para sus
habitantes que viven en el extranjero. Las tres mujeres se pusieron en camino para regresar a la tierra de la
prosperidad. Estas mujeres están en continuo movimiento, el autor maximiza los sentimientos de estos personajes.
Orfa no las siguió (14). Noemí dijo a Rut: «Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios. Vuélvete tú con
ella» (15). Noemí, mujer de años, tiene gran respeto por la libertad. Nunca es fácil expatriarse y dejar lo que a uno
le da sentido en su vida. Por esta razón, la decisión que toma Rut es para imitar. El amor de Rut por Noemí no
tiene límites. Esta declaración es el punto culminante de esta sección: compartir la vida y el sepulcro de Noemí, su
pueblo y su Dios. Obsérvese el paralelismo de Rut, con la figura de Abrahán. Al igual que Abrahán, Rut viene de un
país extranjero, rompe todos los lazos con la patria de origen y no tiene más compañía que una mujer estéril.
Como en el caso del Patriarca, el sacrificio de Rut no será en vano; ella sabe que el Dios de su suegra le hará
justicia.
¿Cómo descubrir a Dios en medio de nuestras tragedias? ¿Nos solidarizamos con las personas débiles y
vulnerables como lo hizo Rut con su suegra Noemí? ¿Seríamos capaces de amar sin condiciones y compartir, el
camino, la vida de la persona amada?
Todo Belén se conmueve con la llegada de estas dos viudas. Las mujeres de Belén inmediatamente reconocen a
Noemí –mi alegría, mi dulzura–, pero ahora la triste figura de Noemí se define exactamente con el nombre
contrastado de Mara –amargada–, que ella misma elige. Puede parecer exagerada la afirmación de Noemí, cuando
afirma: «Partí llena de bienes, y el Señor me trae vacía» (21). Uno se puede preguntar: ¿no fue acaso el hambre lo
que les obligó a dejar su casa? No olvidemos que estamos en una cultura patriarcal, donde el hombre es el centro
y sostén de la mujer. El Todopoderoso la maltrató porque la había dejado sin marido y sin hijos y ésta era la peor
tragedia que le podía acontecer a una mujer. La fiel Rut, después que Noemí la ha llamado varias veces «hija mía»
(11-13), ahora es simplemente «la nuera de Noemí», y peor aún, para el pueblo de Israel, Rut es una extranjera –
la moabita–. No obstante esta moabita sabrá entrar en la historia de la salvación del pueblo judío. La alusión a la
siega de la cebada prepara el próximo episodio.
¿Cómo tratamos a las personas extranjeras? ¿Reconocemos sus derechos y les brindamos las posibilidades de
una vida mejor? ¿Las aceptamos y reconocemos los valores que traen consigo?
1
En tiempo de los Jueces hubo hambre en el país, y un hombre emigró, con su
mujer y sus dos hijos, desde Belén de Judá a los campos de Moab. 2Se llamaba
Elimélec; su mujer, Noemí, y sus hijos, Majlón y Kilión. Eran efrateos, de Belén de
Judá. Llegados a la campiña de Moab, se establecieron allí.
3
Elimélec, el marido de Noemí, murió, y quedaron con ella sus dos hijos, 4que se
casaron con dos mujeres moabitas: una se llamaba Orfá y la otra Rut. Pero al cabo
de diez años de residir allí, 5murieron también los dos hijos, Majlón y Kilión, y la
mujer se quedó sin marido y sin hijos.
6
Al enterarse de que el Señor había atendido a su pueblo dándole pan, Noemí
con sus dos nueras emprendió el camino de vuelta desde la campiña de Moab. 7En
compañía de sus dos nueras salió del lugar donde residía, y emprendieron el
regreso al país de Judá. 8Noemí dijo a sus dos nueras:
–Váyanse, vuelvan cada una a la casa de su madre. Que el Señor las trate con
piedad, como ustedes lo hicieron con mis muertos y conmigo. 9El Señor les
conceda vivir tranquilas en casa de un nuevo marido.
Y las abrazó. Ellas, rompiendo a llorar, 10le respondieron:
–¡De ningún modo! Volveremos contigo a tu pueblo.
11
Noemí insistió:
–Regresen, hijas mías. ¿Por qué quieren venir conmigo? ¿Yo ya no voy a tener
más hijos que puedan casarse con ustedes? 12Vayan, hijas mías, vuélvanse, que
soy demasiado vieja para casarme. Y aunque pensara que me queda esperanza, y
me casara esta noche, y tuviera hijos, 13¿van a esperar a que crezcan, van a
renunciar, por ellos, a casarse? No, hijas. Mi suerte es más amarga que la de
ustedes, porque la mano del Señor se ha desatado contra mí.
14
De nuevo rompieron a llorar. Orfá se despidió de su suegra y volvió a su
pueblo, mientras que Rut se quedó con Noemí.
15
Noemí le dijo:
–Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios. Vuélvete tú con ella.
16
Pero Rut contestó:
–No insistas en que te deje y me vuelva. A donde tú vayas, yo iré, donde tú
vivas, yo viviré; tu pueblo será el mío, tu Dios será mi Dios; 17donde tú mueras, allí
moriré y allí me enterrarán. Sólo la muerte podrá separarnos, y si no, que el Señor
me castigue.
18
Al ver que se empeñaba en ir con ella, Noemí no insistió más. 19Y siguieron
caminando las dos hasta Belén. Cuando llegaron, se alborotó toda la población, y
las mujeres decían:
–¡Si es Noemí!
20
Ella corregía:
–No me llamen Noemí. Llámenme Mara, porque el Todopoderoso me ha llenado
de amargura. 21Partí llena de bienes, y el Señor me trae vacía. No me llamen
Noemí, que el Señor me afligió, el Todopoderoso me maltrató.
22
Así fue como Noemí, con su nuera Rut, la moabita, volvió de la campiña de
Moab. Empezaba la cosecha de la cebada cuando llegaron a Belén.
El rico del pueblo0
2 Rut,
1
Noemí tenía, por parte de su marido, un pariente de muy buena posición
llamado Booz, de la familia de Elimélec.
2
la moabita, dijo a Noemí:
–Déjame ir a recoger espigas al campo, donde un segador me permita ir detrás
de él.
0
2,1-23 El rico del pueblo. El capítulo segundo se divide en tres partes: en los versículos 1-3 la escena se
desarrolla por la mañana en Belén. En los versículos 4-17 el autor artística e idílicamente desarrolla la escena
durante el día en los campos de Booz. Por último los versículos 18-23 nos describen el regreso de Rut por la tarde
a Belén. El capítulo esta estructurado por una serie de diálogos, teniendo el tema de la comida –pan y granos– de
fondo.
El narrador magistralmente trae a escena a un pariente rico del difunto Elimélec, de nombre Booz; con la
aparición de este nuevo personaje, las mujeres –y la audiencia– tienen un motivo para esperar alguna ayuda que
remedie sus necesidades. La solidaridad entre los pueblos del Oriente Medio es fundamental en las relaciones
entre pobres y ricos.
Los ricos tenían la obligación de proporcionar al pobre todos los medios necesarios para que pudiera subsistir.
Éste en cambio le tenía que mostrar lealtad y fidelidad. Claro que los ricos frecuentemente se olvidaban de esta
obligación y en vez de ayudar a los pobres, los explotaban. Rut la moabita, la extranjera, la despreciada, tiene
iniciativa, no se queda de brazos cruzados; es una mujer que sabe ganarse la vida. Rut le pide a Noemí que la deje
ir a recoger –esta es una palabra clave en toda la narración– espigas al campo, donde un segador le permita ir
detrás de él (2). La práctica de recoger espigas en tiempos de la cosecha está muy bien legislada en las Escrituras
Hebreas (cfr. Dt 24,19).
Rut cumple con todos los requisitos para ir a recoger espigas, es extranjera, posiblemente huérfana, y también
viuda. Noemí le da su consentimiento y la vuelve a llamar «hija», reconociendo que las dos están en la misma
situación y que el destino de la una será la suerte de la otra. Rut no planea ir al campo del pariente rico de Noemí
–ni siquiera sabe de él o del parentesco que éste tiene con Noemí–, sino que el «destino» –la presencia callada del
Dios de las viudas– la lleva a una de las tierras de Booz (3).
Dios siempre dirige la vida de las personas que actúan en justicia y se solidarizan con las tragedias de las
personas necesitadas.
El saludo que hace Booz a sus trabajadores es un saludo formal y de etiqueta (Jue 6,12; Sal 129,8). Este saludo
no nos dice nada de la piedad o de la bondad de Booz, simplemente nos informa de las relaciones
desproporcionadas entre el amo y los trabajadores. Booz les desea que el Señor esté con sus trabajadores
mientras éstos cosechan sus campos. De esta manera, los trabajadores se verán obligados a «bendecir» al patrón.
La pregunta inquisitiva de Booz acerca de la moabita describe la superioridad de éste sobre los empleados, y
especialmente sobre la extranjera. Los trabajadores le informan al patrón todo sobre la moabita, al mismo tiempo
que nos informan a los lectores que Rut no recoge espigas por el derecho que le asistía a hacerlo, sino como un
favor. Espigar era un recurso de indigentes, como hemos afirmado arriba. Pero Rut no quiere reivindicar ningún
derecho, sólo busca un corazón generoso que libremente se solidarice con ella y le permita recoger las espigas
caídas.
El «destino», aunque previsto por Dios, la lleva a un campo de Booz. Acude a él cuando los segadores llevan ya
varias horas trabajando. Booz se solidariza con la extranjera y ésta se tira a los pies del amo. Rut expresa gratitud
y sorpresa por la protección que un hombre rico le proporciona, a ella que es mujer y además extranjera. Rut se
merece dicha bendición por el amor y fidelidad a Noemí. Booz conforta a Rut y remedia todas sus necesidades, de
la misma manera que Dios conforta a Israel. Booz toma bajo su protección a Rut. Los trabajadores de Booz no
serán ya una amenaza para la pobre mujer. Booz remedia las necesidades inmediatas de Rut al ofrecerle agua y al
integrarla como un miembro más de la familia durante la comida. No olvidemos que la comida es sagrada y
participar en la comida es consolidar los lazos de amistad. Booz es un hombre generoso que proporciona a Rut
más de lo que ella necesita.
Después que Rut ha majado su cebada, regresa al atardecer con una cosecha abundante. Booz ha cumplido
parte de la bendición que él mismo había expresado (12). Pero el problema de Rut y Noemí aún no se soluciona.
Rut sigue siendo una viuda, sin hijos y sin posibilidades de ser incorporada totalmente a la comunidad.
Rut regresa a casa con provisiones. Noemí reconoce la bendición de Dios a través del trabajo de Rut y bendice
al hombre que se ha interesado por Rut. En este momento, Rut revela la identidad de su protector. Noemí vuelve a
bendecir al Señor que no deja de apiadarse de vivos y muertos. Noemí reconoce que no es coincidencia que Rut
hubiese ido a recoger en los campos de Booz, al contrario, reconoce e interpreta este evento como la presencia del
Señor.
Al final del capítulo primero, Noemí se hacía llamar Mara –amarga–, porque se sentía rechazada por Dios y
distante con Rut. Ahora Noemí habla de Rut como un miembro más de la familia y bendice al Señor por su
fidelidad. Booz no solamente es pariente de Noemí y de Elimélec, Booz ahora también es pariente de Rut (2,20).
Dios ha suscitado un «go’el», un «redentor» para estas dos mujeres que han confiado plenamente en el Dios de
las personas extranjeras, viudas y pobres.
¿Reconocemos las bendiciones que Dios nos proporciona? ¿Reconocemos que Dios siempre está con la
comunidad aun en los momentos más difíciles? ¿Agradecemos a Dios el don de la vida?
Noemí le respondió:
–Ve, hija.
3
Se marchó y fue a recoger espigas en el campo, siguiendo a los segadores. Fue
a parar a una de las tierras de Booz, de la familia de Elimélec, 4y en aquel
momento llegaba él de Belén y saludó a los segadores:
–¡Que el Señor esté con ustedes!
Respondieron:
–¡Dios te bendiga!
5
Luego preguntó al capataz:
–¿De quién es esa chica?
6
El capataz respondió:
–Es una chica moabita, la que vino con Noemí de la campiña de Moab. 7Me dijo
que la dejase ir detrás de los segadores recogiendo espigas hasta juntar unas
gavillas; desde que llegó por la mañana ha estado de pie todo el tiempo, y ahora
está aquí descansando un poco.
8
Entonces Booz dijo a Rut:
–Escucha, hija. No vayas a recoger espigas a otra parte, no te vayas de aquí ni
te alejes de mis servidoras. 9Fíjate en qué terreno cosechan los hombres y sigue a
las espigadoras. Ya he dado órdenes a mis criados para que no te molesten.
Cuando tengas sed, vete adonde están los cántaros de agua y bebe de lo que
saquen los criados.
10
Rut se echó, se postró ante él por tierra y le dijo:
–Yo soy una forastera, ¿por qué te he caído en gracia y te has interesado por
mí?
11
Booz respondió:
–Me han contado todo lo que hiciste por tu suegra después que murió tu
marido: que dejaste a tus padres y tu pueblo natal y has venido a vivir con gente
desconocida. 12El Señor te pague esta buena acción. El Dios de Israel, bajo cuyas
alas has venido a refugiarte, te recompense abundantemente.
13
Ella dijo:
–Ojalá sepa yo agradarte, señor; me has tranquilizado y has llegado al corazón
de tu servidora, aunque no soy ni una criada tuya.
14
Cuando llegó la hora de comer, Booz le dijo:
–Acércate, come de este pan y moja la rebanada en la salsa.
Ella se sentó junto a los segadores, y él le ofreció grano tostado. Rut comió
hasta quedar satisfecha, y todavía le sobró. 15Después se levantó a seguir
recogiendo espigas, y Booz ordenó a sus servidores:
16
–Aunque recoja entre los manojos de espigas, no la molesten, más aún,
saquen algunas espigas del manojo y déjenlas caer, y cuando ella las recoja, no le
digan nada.
17
Rut estuvo recogiendo espigas en aquel campo hasta la tarde; después
desgranó lo que había recogido y sacó cuarenta y cinco kilos de cebada. 18Se la
cargó y marchó al pueblo. Enseñó a su suegra lo que había recogido. También sacó
la comida que le había sobrado y se la dio. 19Su suegra le preguntó:
–¿Dónde has ido a recoger espigas hoy y con quién has trabajado? ¡Bendito el
que se ha interesado por ti!
Rut le contó:
–El hombre con el que he trabajado hoy se llama Booz.
20
Noemí dijo a su nuera:
–Que el Señor le bendiga; el Señor, que no deja de apiadarse de vivos y
muertos.
Y añadió:
–Ese hombre es pariente nuestro, uno de los que tienen que responder por
nosotras.
21
Entonces Rut, la moabita siguió diciendo:
–También me dijo que no me apartase de sus servidores hasta que no acaben la
cosecha.
22
Y Noemí le dijo:
–Hija, es conveniente que salgas con sus criadas, y así no te molestarán en otra
parte.
23
De este modo, Rut siguió con las criadas de Booz, recogiendo espigas hasta
acabar la cosecha de la cebada y del trigo. Vivía con su suegra.
La noche en el campo0
3
1
Un día su suegra le dijo:
2
–Hija, tengo que buscarte un hogar donde vivas feliz. Resulta que Booz, con
cuyas criadas has estado trabajando, es pariente nuestro. Esta noche va a ir a al
campo a separar el grano de la paja. 3Tú lávate, perfúmate, ponte el manto y baja
allá. Que no te vea mientras come y bebe. 4Y cuando se eche a dormir, fíjate
dónde se acuesta; vas, le destapas los pies y te acuestas allí. Él te dirá lo que has
de hacer.
5
Rut respondió:
–Haré todo lo que me dices.
6
Después bajó al campo e hizo exactamente lo que le había encargado su
suegra.
7
Booz comió, bebió y se puso alegre. Luego fue a acostarse a una orilla de la
parva de cebada. Rut se acercó de puntillas, le destapó los pies y se acostó.
8
A medianoche el hombre sintió un escalofrío, se incorporó y vio una mujer
echada a sus pies. 9Preguntó:
–¿Quién eres?
Ella dijo:
–Soy Rut, tu servidora. Extiende tu manto sobre tu servidora, porque tienes
derecho a rescatarme casándote conmigo.
10
Él dijo:
–El Señor te bendiga, hija. Esta segunda obra de caridad es mejor que la
primera, porque no te has buscado un pretendiente joven, pobre o rico. 11Bien,
hija, no tengas miedo, que haré por ti lo que me pidas; porque todos los del pueblo
ya saben que eres una mujer virtuosa. 12Es verdad que a mí me toca responder por
ti, pero hay otro pariente más cercano que yo. 13Esta noche quédate aquí, y
mañana por la mañana, si él quiere cumplir su deber familiar, que lo haga
enhorabuena; si él no quiere, lo haré yo, ¡te lo juro! Acuéstate hasta la mañana.
14
Ella durmió a sus pies hasta la mañana, y se levantó cuando la gente todavía
no llega a reconocerse, porque Booz no quería que supiesen que la mujer había ido
a ese lugar.
0
3,1-18 La noche en el campo. El capítulo tercero es muy similar al anterior. Los dos capítulos comienzan y
terminan con un diálogo entre Noemí y Rut. En medio de los dos capítulos tenemos un diálogo entre Rut y Booz.
En el capítulo segundo, la escena se desarrollaba en pleno día, en un lugar abierto –campo de Booz–, donde se
tenían que seguir ciertas normas sociales entre Booz y Rut.
Ahora el autor nos sitúa en la arena opuesta, en plena noche y en un espacio privado. En esta escena no existe
la necesidad estricta de seguir las normas impuestas por el género, la nacionalidad, la edad y clase. Rut y Booz
interactúan de una manera muy diferente. Rut nuevamente es la que inicia y toma decisiones, Booz simplemente
reacciona a las propuestas de Rut. El autor ha creado un ambiente de misterio, de secretos y de ambigüedad entre
los dos personajes. Rut sabe más que Booz. ¡Escándalo para la audiencia! Noemí que en el capítulo anterior estaba
resignada a un futuro incierto, ahora emerge astutamente con un plan –aunque peligroso– que puede asegurarles
la vida. Noemí le da ciertas instrucciones a Rut, y ésta fiel a su suegra las cumple «al pie de la letra».
Una vez que Booz come y bebe, tal y como había predicho Noemí, el autor nos informa de otro detalle: «Booz
comió, bebió y se puso alegre» (7). La borrachera de Booz ayudará a los planes de estas intrépidas mujeres. De
pronto despierta y se encuentra a Rut. Booz no cumple con el rol que ha dicho Noemí, no sabe qué hacer ni qué
decir. Ante la indecisión e ignorancia de Booz, Rut toma la iniciativa y le ordena la obligación que tiene para con
ella y para con Noemí. Booz acepta ser el «redentor» y «salvador» de estas dos mujeres. Rut llega a casa, le
reporta todo lo que sucedió a Noemí, y ésta conforta a Rut. Noemí nos anticipa el desenlace de esta historia
porque sabe que Booz no descansará hasta que se resuelva enseguida la situación de ella y de Rut.
15
Booz le dijo:
–Trae el manto y mantenlo bien abierto.
Le midió seis medidas de cebada, la ayudó a cargarlas y Rut volvió al pueblo.
16
Al llegar a casa de su suegra, ésta le preguntó:
–¿Qué tal, hija?
Rut le contó lo que Booz había hecho por ella, 17y añadió:
–También me regaló estas seis medidas de cebada, diciéndome: No vas a volver
a casa de tu suegra con las manos vacías.
18
Noemí le dijo:
–Quédate tranquila, hija, hasta que sepas cómo se arregla todo esto; que él no
descansará hasta resolver hoy mismo este asunto.
La boda0
(Dt 25,5-10)
4
1
Booz, por su parte, fue a la plaza del pueblo y se sentó allí. En aquel momento
pasaba por allí el pariente del que había hablado Booz. Lo llamó:
–Oye, fulano, ven y siéntate aquí.
El otro llegó y se sentó.
2
Booz reunió a diez ancianos y les dijo:
–Siéntense aquí.
Y se sentaron.
3
Entonces Booz dijo al otro:
–Noemí ha vuelto de los campos de Moab y ha puesto en venta la tierra que era
de nuestro pariente Elimélec. 4He querido ponerte al tanto y decirte: Cómprala ante
los aquí presentes, los ancianos, si es que quieres rescatarla, y si no, dímelo;
porque tú eres el primero con derecho a rescatarla y yo vengo después de ti.
El otro dijo:
–La compro.
5
Booz prosiguió:
0
4,1-21 La boda. Este último capítulo presenta la solución del caso jurídico planteado en el capítulo anterior,
la culminación del romance y el desenlace general del drama de Noemí y de Rut. Los acontecimientos tienen lugar
en la plaza del pueblo y se desarrollan en forma de acto oficial. Después, se narra el matrimonio de Booz y de Rut
y el nacimiento de su hijo Obed. El libro concluye con la genealogía de David.
Muy de mañana, como había prometido a Rut (3,13), Booz se dirige a la plaza del pueblo y se sienta allí. En la
antigüedad, la plaza era el punto obligado de reunión, ahí se resolvían y se discutían los casos jurídicos. La plaza,
al igual que el mercado, eran espacios abiertos, donde los hombres interactuaban y socializaban entre ellos. Por tal
motivo, la plaza también era el sitio ideal para encontrarse con cualquier hombre en las antiguas poblaciones
orientales. Cuando Booz ve pasar al pariente más próximo, le llama y le invita a sentarse a su lado. El autor no
menciona el nombre del pariente más próximo de Elimélec, posiblemente porque se trate de un personaje
secundario –como la mayoría de los hombres que aparecen en la narración–, de la que sólo interesa la renuncia
pública a sus derechos. Booz quiere hacer todo legal, por eso convoca a diez ancianos de la comunidad para que
actúen como testigos cualificados del acto público que se va a celebrar.
Booz comienza astutamente tratando el tema del campo que se debía rescatar, sin mencionar a la «moabita» y
el pariente decide comprar el campo, pero se echa atrás porque la moabita le perjudicaría sus intereses propios y
los de su familia. Como gesto simbólico de la renuncia a sus derechos, el pariente se quitó la sandalia y se la dio a
Booz (Dt 25,7-10). Entonces Booz declaró solemnemente ante los testigos que asumía todas las responsabilidades.
Los ancianos bendicen a Booz por su generosidad, y evocan a las matriarcas de Israel: Raquel y Lía. También
evocan e invocan a Tamar, quizás porque es extranjera como Rut. Según las Escrituras Hebreas solamente en
Tamar y en Rut se cumple la ley del levirato.
El coro de mujeres que había intervenido al principio (1,19) para constatar la aflicción y desolación de Mara lo
hace ahora para glorificar al Dios de las viudas y extranjeras, porque ha resuelto todas las dificultades. El acto de
colocar al niño en el regazo nos recuerda el ritual de adopción (Gn 30,3-8, 48,5-12; 50,23). A través del niño Obed
–servidor–, estas valerosas y fieles mujeres entran en la historia de la salvación, no solamente por ser antecesoras
del rey David, sino por ser antecesoras de Jesús. Concluye aquí la historia de Rut y de Noemí que, a pesar del
ambiente de indiferencia y desamparo que les rodea, siguen siendo modelo para nuestra comunidad cristiana. En
la lucha de Noemí y de Rut por la vida, nuestra comunidad puede ver reflejada su misma lucha. En Rut y en Noemí
nuestras mujeres deben de emerger como sujetos y valorar su género en la Iglesia. En la historia de Rut y de
Noemí, los hombres tenemos un modelo para aprender a valorar y a caminar con nuestras hermanas, las abuelas,
las viudas, las vírgenes que confían plenamente en el Dios de la Vida.
–Al comprarle esa tierra a Noemí adquieres también a Rut, la moabita, esposa
del difunto, con el fin de conservar el apellido del difunto junto con su herencia.
6
Entonces el otro dijo:
–No puedo hacerlo, porque perjudicaría a mis herederos. Te cedo mi derecho; a
mí no me es posible.
7
Antiguamente había esta costumbre en Israel, cuando se trataba de rescate o
de una compra-venta: para cerrar el trato se quitaba uno la sandalia y se la daba al
otro. Así se hacían los tratos en Israel.
8
Así que el otro dijo a Booz:
–Cómpralo tú.
Se quitó la sandalia y se la dio. 9Y entonces Booz dijo a los ancianos y a la
gente:
–Hoy los tomo por testigos de que adquiero todas las posesiones de Elimélec,
Kilión y Majlón de manos de Noemí, 10y de que adquiero como esposa a Rut, la
moabita, mujer de Majlón, con el fin de conservar el apellido del difunto junto con
su herencia, para que no desaparezca el apellido del difunto entre sus parientes, ni
sea olvidado en este pueblo. ¿Son testigos?
11
Todos los allí presentes respondieron:
–Somos testigos.
Y los ancianos añadieron:
–¡Que a la mujer que va a entrar en tu casa la haga el Señor como Raquel y Lía,
las dos que construyeron la casa de Israel! ¡Que tengas riqueza en Efrata y
renombre en Belén! 12¡Que por los hijos que el Señor te dé de esta joven tu casa
sea como la de Fares, el hijo que Tamar dio a Judá!
13
Así fue como Booz se casó con Rut. Se unió a ella; el Señor hizo que Rut
concibiera y diese a luz un hijo.
14
Las mujeres dijeron a Noemí:
–Bendito sea Dios, que te ha dado hoy quien responda por ti. El nombre del
difunto se pronunciará en Israel. 15Y el niño te será un descanso y una ayuda en tu
vejez; porque te lo ha dado a luz tu nuera, la que tanto te quiere, que te vale más
que siete hijos.
16
Noemí tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo. 17Las
vecinas le buscaban un nombre, diciendo:
–¡Noemí ha tenido un niño!
Y le pusieron por nombre Obed. Fue el padre de Jesé, padre de David.
18
Lista de los descendientes de Fares: Fares engendró a Jesrón, 19Jesrón
engendró a Ram, Ram engendró a Aminadab, 20Aminadab engendró a Najsón,
Najsón engendró a Salmá, 21Salmá engendró a Booz, Booz engendró a Obed, Obed
engendró a Jesé y Jesé engendró a David.