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CAPÍTULO 3: EL BOLERO Y SU HISTORIA Según nuestro criterio, entendemos que el bolero gusta
porque es un género musical que reúne ciertas características armónicas y melódicas, y porque su
expresivo mensaje rápidamente se propagó por los gustos de los pueblos latinoamericanos,
echando raíces en sus corazones. Pasando por diversos momentos, el bolero todavía está ahí, vivo
y con igual o mayor fuerza que ayer, especialmente entre aquellos que se construyeron musical y
románticamente a partir de él, y quienes no renuncian a dejarlo desaparecer. De otra parte,
anotamos que cuando se trata de clasificar los géneros musicales, usualmente se consideran
aspectos como: ― Las características melódicas, armónicas y rítmicas que acompañan al género
musical. ― La instrumentación típica y su lugar geográfico, así como el origen histórico y
sociocultural. ― Las técnicas de composición e interpretación y los métodos de difusión. Dentro
de las categorías musicales que han gozado de una larga trayectoria a lo largo de la historia de la
música se encuentra el bolero, género que desde su aparición ha sido considerado como uno de
los más importantes y significativos para todas las generaciones. Según Russo (2015), el origen de
bolero sigue causando controversia. Para algunos, los ancestros del género se encuentran en la
romanza o décima sentimental que vino al Caribe desde las islas Canarias a principios del siglo XIX:
«De las Canarias pasó a Santiago de Cuba donde experimentó una transculturación afectada por
patrones rítmicos de la habanera, la 21 danza y la guaracha» 3 (párr. 1). Por otro lado, otros creen
que su origen se encuentra en la contradanza y sus compases (siglo XVIII) y que posteriormente
fue influido por el danzón. Lo cierto es que tras llegar a Cuba, el género invadió el resto del Caribe:
República Dominicana, Puerto Rico, México, Colombia, llegando hasta países tan lejanos como
Perú, Argentina y Chile. Para otros estudiosos, el bolero tuvo origen en España, en los compases
de la contradanza del siglo XVIII y a partir de 1830 fue influido por el danzón. El género, que
cuenta con una historia de más de un siglo de música contemporánea, se caracteriza por un ritmo
sentimental y sublime que ha trascendido a varios países latinoamericanos, entre los que se
destaca Cuba. Como ya se indicó, su origen no es único y sigue causando controversia. Al respecto,
Fleites (2000) indica: La country-dance inglesa pasó, en Haití, a ser la contradanza francesa; y en la
mayor de las Antillas se convirtió en la contradanza afro-cubana. Por el camino ―no se puede
precisar cuándo― la contradanza adoptó un elemento rítmico de innegable origen africano: el
cinquillo, que hasta hoy es característico del danzón y del bolero, dos géneros que hunden sus
raíces en la contradanza y que surgieron paralelamente. El bolero, además, toma en sus inicios
elementos del cancionero español, del repertorio operístico internacional, de la canción
napolitana, y de su antecedente literario, el modernismo. Todo ello lo tamiza, lo mezcla, lo amasa
y lo cuece la particular creatividad musical del cubano, hasta dar con un producto singular que,
rápidamente, comenzaría a irradiar en todo el ámbito de la lengua (p. 2). Así, sabores ritmos y
cultura se mezclan, por así decirlo, dando como fruto lo que Cristóbal Díaz denomina “mulatez”, lo
que Natalio Galán llama “truque sonoro”, y que nosotros denominamos interculturalidad y mezcla
sincrética (Russo, 2015, párr. 2-4). Por un lado, la décima sentimental sufrió una modificación
considerable por parte de la percusión afrocubana de ritmo sincopado en tiempo de 2/4. Y por
otro, el sonido de la guitarra y el tiple le dieron una cierta languidez tropical. Estos elementos
originaron ese género un poco italiano, siempre en la nota sentimental o melancólica, ligado a la
canción mexicana y al bambuco colombiano. Los primeros compositores fueron Manuel Delgado y
Leopoldo Rubalcaba, creadores de boleros patrióticos, con textos sencillos y sin interés. Más tarde,
José ‘Pepe’ 3 Como se verá más adelante, muchas canciones en los mencionados ritmos suenan
posteriormente en ritmo de bolero y viceversa, generando así un profundo y rico mestizaje. 22
Sánchez (…) tuvo un intuitivo talento musical y como trovador. Fue el primero que en 1885
compuso el bolero ‘Tristezas’. Pepe Sánchez eleva la calidad de las letras dándole un refinamiento
al bolero. Pero fue Rosendo Ruiz, autor de ‘Mares y arena’ y ‘De mi cubita es el mango’, el primero
en alcanzar un premio internacional en la Feria Iberoamericana de Sevilla en 1929. Para Fleites
(2000): Este santiaguero [Sánchez] inicia o valida lo que después se conocería como trova cubana,
un rico movimiento en la canción de temática fundamentalmente amorosa (y en muy contadas
ocasiones, patriótica), que tiene como características el apego a la guitarra, la interpretación de las
propias composiciones, la vida errabunda y la exacerbada sensibilidad nacional (p. 3). Se anota
también que la primera bolerista cubana «fue María Teresa Vera, quien con el tema Mercedes, de
Manuel Corona, inicia su legendaria carrera cuando apenas tenía 15 años» (Tapia, 2009, p. 3). Del
mismo modo, Sánchez (2011, pp. 29-30) revela que: A lo largo del siglo XX la expansión del bolero
en el resto del continente americano se adaptó de diferentes maneras según su similitud con
ritmos de los países donde evolucionaba y se realizaron giras de artistas mexicanos y cubanos por
Perú, Ecuador y Colombia, principalmente. Además, la aparición de modernos medios de
comunicación, principalmente la radio y los discos fonográficos, favoreció enormemente la
evolución del bolero a lo largo de varios países. Podemos empezar recreando dicha evolución,
hablando de la habanera que es un tipo musical que se originó en Cuba a finales del siglo XIX, que
se caracteriza por su ritmo lento. Este género se desarrolló en México junto con la lírica italiana y
la zarzuela española, aunque en Puerto Rico también tuvo raíces de gran importancia gracias a la
influencia musical cubana. Finalmente se expandió al Cono Sur, Brasil, Centro América y
Venezuela. Por otro lado, hay autores como José Emilio Castellanos (…) quien ha realizado grandes
investigaciones en el campo de la música latinoamericana, con énfasis en el bolero, y cree que
posiblemente el bolero se originó por una manifestación musical gitana, ya que su nombre viene
de la expresión “volero”, de volar y las danzas gitanas usualmente involucran movimientos agudos
y rápidos que aparentan el vuelo de las aves. Además, en la instrumentación musical de las danzas
gitanas se encuentran las guitarras y unas cajas de madera que hacen de percusión, al igual que las
palmas de las 23 manos. Con esta instrumentación el bolero llega a América, especialmente a
Cuba, donde la influencia de los ritmos africanos del Caribe dio como resultado el compás clásico
del bolero: con guitarras, bongos y congas como percusión
(([Link] el 20 de abril del 2010). Como dato curioso, el
primer bolero compuesto fue “Tristezas”, escrito por el cubano José Pepe Sánchez en Santiago de
Cuba en 1883. Esta pieza dio origen formal al género con el acompañamiento musical clásico (las
guitarras y la percusión); así el bolero con su toque romántico evolucionó de música de cantinas a
música de serenatas gracias al avance tecnológico (la radio). Además, la llegada de la grabación y
del disco de acetato y vinilo le permitió persistir en el tiempo. Aparte del bolero, la difusión
musical de Cuba en varios países se dio también con el son, el danzón, la guaracha, el mambo y el
chachachá, lo cual permitió la fusión de géneros musicales, obteniendo como resultado
subgéneros como el bolero rítmico, bolero chachachá, bolero mambo, bolero ranchero (mezcla de
bolero y mariachi mexicano), bolero moruno (bolero con mezcla gitana) y la bachata (bolero
dominicano). Y continúa diciendo Russo (2015, párr. 6-11): En los suburbios habaneros se vino
gestando una danza intimista, una coreografía popular de marcado acento tropical. El bolero
canción se transformaba en bolero baile con sus elementos eróticos como el entrelazamiento
sensual de los cuerpos en una performance lánguida y sentimental que tenía mucho de
voluptuosidad y seducción, con una desenfrenada lujuria cargada de intención sexual. El bolero-
baile era una suerte de ataque del guapo caribeño a la bella cubana, en una confrontación de
deseos, con la polaridad del rechazo y la atracción; desenvuelta en un doble sentimiento de
búsqueda y abandono, de amor y de odio; de coqueteos sin límites colmados de movimientos y
cosquilleos, con estremecimientos y caricias incesantes que iban despertando los sentidos hacia
un torbellino que ascendía hasta lo sublime para terminar en un beso intenso, una erección o un
poema. Compositores y cantantes México DF Fue creciendo el bolero, letra a letra, paso a paso,
ritmo a ritmo; compositores y cantantes como César Portillo de la Luz, Pacho Alonso, Moisés
Simons, Miguel Matamoros, Bartolomé ‘Benny’ Moré, Ignacio Villa ‘Bola de Nieve’ y Sindo Garay le
fueron construyendo estructuras firmes y sólidas hasta llevarlo a un primer éxito, glamoroso y
merecido, que llegó a tener una enorme influencia a escala internacional, como aquella que
recibió el compositor francés de origen vasco Maurice Ravel, quien en 1928 compuso su inmortal
Bolero. 24 En Ciudad de México, el corrido, la ranchera y el folclor romántico campesino sirvieron
de almácigo para la llegada del bolero. Compositores y cantantes que no habían logrado sobresalir
obtuvieron sus primeros éxitos. Cientos y cientos de mexicanos se entusiasmaron con la música de
Pepe Guizar, autor de ‘Sin ti’, y de Agustín Lara, quien comenzó de pianista en un burdel con sus
boleros ‘Piensa en mí’ y ‘Noche de ronda’, hacía llorar a meretrices y cuantos desamorados y
desilusionados pasaban por ahí. Eran los años treinta y ya había aparecido la radio. La
comunicación de masas sufrió un notable cambio en Latinoamérica. Las primeras grabaciones
fueron impactantes, los compositores, intérpretes y cantantes más populares tuvieron la
oportunidad de difundir sus éxitos por primera vez. El triunfo del bolero corre paralelo con la
aparición de la radio. Los mexicanos Tata Nacho, Esparza Oteo, María Grever, Tito y Pepe Guizar,
Gonzalo Curiel y Consuelo Velázquez habían encontrado en la radio el medio de expresión
adecuado para difundir la música mexicana urbana denominada “bolero”.