0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas3 páginas

TS

Fragmentos novela en democracia.

Cargado por

Mike
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas3 páginas

TS

Fragmentos novela en democracia.

Cargado por

Mike
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
Sonaba el teléfono y he ofdo el timbre. He cogido el aparato. No me he enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho: «Amador». Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono. Yo miraba por el binocular y la preparacién no pare- cia poder ser entendida. He mirado otra vez: «Claro, cancerosa». Pero, tras la mitosis, la man- cha azul se iba extinguiendo. «También se funden estas bombillas, Amador». No; es que ha pisado el cable. «jEnchufa!». Est4 hablando por telé- fono. «jAmador!». Tan gordo, tan sonriente. Habla despacio, mira, me ve. «No hay més». «Ya no hay mAs». ;Se acabaron los ratones! El retrato del hombre de la barba, frente a mf, que lo vio todo y que libré al pueblo ibero de su inferioridad nativa ante la ciencia, escrutador e inm6vil, presi- diendo la falta de cobayas. Su sonrisa compren- siva y liberadora de la inferioridad explica — comprende— Ia falta de eréditos. Pueblo pobre, pueblo pobre. ;Quién podré nunca aspirar otra vez. al galardén nérdico, a la sonrisa del rey alto, a la dignificacién, al buen pasar del sabio que en la peninsula seca espera que fructifiquen los cere- bros y los rfos? Las mitosis anormales, coagula- das en su cristalito, inméviles —ellas que son el sumo movimiento—. Amador, inmévil primero, reponiendo el teléfono, sonriendo, mirandome a mi, diciendo: «jSe acab6!». Pero con sonrisa de merienda, con sonrisa gruesa. «Qué belfos, Ama- dor». La cepa MNA tan prometedora. Suena otra vez el teléfono. Lo olvido. «;Por qué se rie, Ama dor? {De qué se rie usted?». Si, ya sé, ya. Se aca- baron los ratones. Nunca, nunca, a pesar del hombre del cuadro y de los rfos que se pierden en la mar. Hay posibilidad de construir unas presas que detengan la carrera de las aguas. ;Pero, y el espiritu libre? El venero de la inventiva. El tere- brante husmeador de la realidad viva con ceftido Y tras haber contemplado el impresionante espec- téculo de la ciudad prohibida con los picos gan- chudos de sus tejados para proteccién contra los demonios voladores, descendieron Amador y don Pedro desde las colinas circundantes y tanteando prudentemente su camino entre los diversos obs- téculos, perros ladradores, nifios desnudos, mon- tones de estiércol, latas Ilenas de agua de Iluvia, Megaron hasta la misma puerta principal de la residencia del Muecas. Alli estaba el digno pro- pietario volviéndoles la espalda ocupado en orde- nar en el suelo de su chabola una serie de objetos heterdclitos que debfa haber logrado extraer — como presuntamente valiosos— del montén de basura con el que desde hacfa unos meses tenfa concertado un acuerdo econémico de aprovecha- miento. Mas en cuanto les hubo advertido gracias a un significativo sonido brotado de la carnosa boca de Amador, se incorporé con movimiento exento de gracia y en su rostro, surcado por las arrugas del tiempo y los trabajos y agitado por la ritmica tempestad del tic nervioso al que debfa su apodo, se pinté una expresién de viva sorpres: —jCudnto bueno por aqui, don Pedro! jCuanto por aqui! ;Por qué no me has avisado? Siendo esa pregunta dirigida a su amigo y casi pariente. —Adelante. Pasen ustedes y acomédense. No de otro modo dispone el burgués los aga- sajos debidos a sus iguales haciéndoles pasar a la tranquila, polvorienta y oscurecida sala, donde una sillerfa forrada de raso espera el honroso peso de los cuerpos de aquellas personas que, dotadas de andloga jerarqufa que los propios duefios de la casa, pueden ocupar sus sitiales y disponerse durante lapsos de tiempo variables a una conver- sacién que —aunque aburrida y vacfa— no deja de confortar a cuantos en ella participan a titulo En contra de la opinién de los arquitectos sanita- ios suecos que tiltimamente prefieren construir los quir6fanos en forma hexagonal o hasta redon- deada (lo que facilita los desplazamientos del personal auxiliar y el transporte del material en cada instante requerido) aquel en que yacia la Florita era de forma rectangular u oblonga, un tanto achatado por uno de sus polos y con el techo artificiosamente descendente a lo largo de una de sus dimensiones. No gozaba la paciente casiparturienta de niquelada mesa o de aceroino- xidada mesa con soportes de muslos para mejor obtener Ia posicién ginecolégica preferida por casi todos los artifices, sino acajonada mesa de pino gallego antes servidora del transporte de citricos de la regién valenciana y posteriormente acondicionada a la funcién de lecho, soporte del Jerg6n de muelle y de las s4banas rojas de su pro- pia sangre abundosamente huida. La limpara escialitica sin sombra se sustituta ventajosamente con, dos candiles de acetileno que emanan un aroma a pélvora y a bosque con jaurias més satis- factorio que el del éter y el biéxido de nitrégeno, consiguiendo, a pesar del temblor que la entrada de intrusos (desgraciadamente no dotados de la imprescindible mascarilla en la boca) provocaba, una iluminaci6n suficiente. Tratindose de hembra sana de raza toledana parecié superflua toda anes- tesia, que siempre intoxica y que hace a la paciente olvidarse de s{ misma, y es en este punto en el que mejor se cumplieron los cénones modernos que hoy, por obra y gracia de la refle- xologia, la educacién previa, los ejercicios gim- nésticos relajantes de la musculatura perineal y la contraccién de las mandibulas en los momentos dificiles consiguen de vez. en cuando hermosisi- mos ejemplos de grito sin dolor. Mas inculta la muchacha rugfa con palabras destempladas (en

También podría gustarte